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Sáb Oct 31, 2020 1:50 pm
Relatos de
Halloween

   ¡Buenas terrícolas!

   Aquí abajo vais a poder leer los relatos que se han enviado para el concurso en el orden en que se apuntaron los participantes, cuyo nombre desvelaremos una vez se cierren las votaciones.
   Agradecemos a todos que han querido concursar y también a Circe por hacer uso de su premio en la Rifa de Aniversario y darnos las prompts para los mismos.

   - Estoy aquí - Jhin
   - La casa de los espejos - Vicivosdrcams
   - One last night - Polgara
   - Los fantasmas de mis exnovias muertas - Marlowe
   - Halloween 2.0 - Amusarado
   - La abadía - Spring Wizard
   - Cempazúchitl, la Flor de Veinte Pétalos - Chantry
   - The ghost in my room - Hisoka

   Y recordad que tenéis 48 horas para votar a vuestro favorito en este mismo tema. Encontraréis el Concurso de Gráficos y su votación en este hilo.

Si queréis podéis votar usando esta ficha:
Código:
Primer lugar:
Segundo lugar:
Tercer lugar:

Mención de honor:

Recordad que las posiciones en las que votéis a los relatos son importantes. Los primeros puestos otorgan tres puntos, los segundos puestos otorgan dos puntos, y los terceros puestos otorgan un punto. Al terminar la votación, el staff hace una sumatoria y de esta forma se declara al ganador.
   

   
ϟ


   


Última edición por Tree Of Life el Sáb Oct 31, 2020 1:56 pm, editado 3 veces
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Sáb Oct 31, 2020 1:50 pm
Estoy
aquí

Prompt: Ouija
Trigger warning: Mención de suicidio

—El señorito Roman está en su habitación, doctor Aschauer.
Tras dejar su abrigo, sombrero y bastón en la entrada, el hombre se adentró en la enorme mansión y, como siempre, un escalofrío recorrió su espalda. Cada paso que daba era respondido con un eco apenas perceptible; los escalones crujían debajo de sus pies. Apresuró un poco el paso para atravesar el pasillo de la segunda planta, donde los retratos de la familia Stourton decoraban las paredes. Aquellos rostros plasmados en los diferentes lienzos habían sido pintados de tal manera que parecían seguirte con la mirada allá donde fueras.
La puerta de la habitación de Roman Stourton estaba abierta, aun así, el doctor dio unos golpes con los nudillos para que el menor lo invitase a pasar. Roman tardó unos segundos en hacerlo dado que estaba distraído leyendo algo.
—¿Qué leías? —inquirió al darse cuenta del brusco movimiento que Roman hizo para esconder el papel que sujetaba entre sus manos cuando llamó a la puerta.
—Una carta de mamá —la voz del menor salió como un susurro.
—¿Y qué es lo que dice?
—Que me echa mucho de menos y que pronto estaremos juntos.
—¿Puedo verla?
Al darse cuenta de que se trataba de una hoja arrancada de un cuaderno, arrugada y escrita con la letra de un niño, el doctor suspiró. Hacía tres meses que Roman había encontrado a su madre en la bañera, con un corte vertical en cada antebrazo. Desde entonces, Aschauer visitaba al niño cada cierto tiempo para lidiar con su luto.
—Yo también perdí a mi madre muy joven, ¿sabes? —explicó con el tono condescendiente que cualquier adulto utilizaría para empatizar con un niño mientras se sentaba en el borde de la cama del chico para estar a la misma altura. Aunque la historia de cómo la madre del doctor había fallecido durante su infancia no era mentira, no quiso ahondar en el tema, ni en la terrible enfermedad que le arrebató a su progenitora a tan temprana edad, ni mucho menos en la ruina que eso significó para su padre— Y aún la extraño. Sin embargo, no podemos escudarnos en recreaciones ficticias del afecto materno que ya no tenemos. Escribir cartas como si ella te las hubiese mandado no la traerá de vuelta, Roman.
Como respuesta, el pequeño le arrebató la carta de las manos y salió corriendo de la habitación. Aschauer tardó unos cuantos segundos en reaccionar y gritó: «¡Roman!». Las pisadas rápidas del unigénito de los Stourton se escuchaban por el pasillo, poco a poco se alejaban más y más de la habitación. El doctor salió corriendo, llamaba a Roman cada vez que podía, esperando a que el joven le contestase para indicarle hacia dónde estaba yendo, cosa que no ocurrió.
Los cuadros que siempre le habían resultado normales, ahora lo inquietaban. Si bien era cierto que la sensación de que le siguieran con la mirada no era más que un efecto de perspectiva, a medida que atravesaba el pasillo a paso acelerado se sentía observado. Sabía perfectamente que no era más que su mente haciéndole pasar un mal rato debido a la adrenalina y la repentina ola de estímulos varios que estaba recibiendo.
—¡Doctor! ¿Qué ocurre? ¿Dónde está el señorito Roman? —preguntó el ama de llaves, Helen, la misma que le había abierto la puerta y la única persona a quien solía ver cada vez que pisaba la mansión.
—No lo sé. Ha salido corriendo. ¿Alguna idea de dónde puede estar? —Helen lo miraba desde la planta baja, negó con la cabeza y señaló hacia arriba.
—El señor Stourton tiene prohibido que se suba al ático, pero el señorito insiste en ir cada vez que puede. Tenga cuidado, por favor.
Parecía ser que era tradición de los viudos vetar la entrada a algún lugar de las casas cuando sus esposas morían; en el caso de su familia fue el vivero y en la de los Stourton, el ático. Y fue allí a donde se dirigió.
Al entrar al ático entendió el motivo por el cual el señor de la casa no quería que se entrase. Minerva Stourton era conocida por su jovial belleza, impecables modales y, sobre todo, por su elegante sentido de la moda. Sin embargo, nadie sabía de dónde venían aquellos vestidos que todo el pueblo, a sus espaldas, envidaba. Ese era su secreto, ella misma los confeccionaba en su propia casa. En aquel espacio que su marido le había permitido tener, un taller en el ático. Pequeño, quizás, pero suficiente para ella.
Telas de diversos colores, texturas y orígenes; maniquíes con vestidos sin terminar; cintas métricas, tijeras, hilos, agujas… Ahora todo aquello con una fina capa de polvo por encima, como si hubiese quedado atrapado en el tiempo desde que Minerva se quitó la vida.
—Roman, volvamos a tu habitación. Sabes que a tu padre no le gusta que estés en el ático —cuando habló, como si la temperatura del lugar hubiese bajado repentinamente, pudo ver vaho salir de su propia boca. Lo que empezó siendo un escalofrío, ahora se presentaba en su cuerpo como una sensación térmica muy baja, demasiado baja; sobre todo para ser un día de primavera.
—Enséñale, mamá, enséñale que estás aquí, que estás conmigo —atinó a escuchar y descifrar los susurros del menor a medida que avanzaba por la habitación. El doctor se quedó quieto cuando lo encontró, sentado frente a una mesa -donde suponía que Minerva trabajaba-, iluminado apenas por una lámpara de aceite, con un cuaderno abierto y un tablero de madera. Entre las manos de Roman había algo más, algo que no podía identificar. Se acercó lo suficiente para que Roman lo viese, pero este no dejaba de susurrar con los ojos cerrados aquellas mismas palabras.
Antes de poder hablar para sacarlo de su trance, un golpe seco hizo eco en la habitación. Giró su cabeza para encontrar la fuente de aquel sonido: la puerta se había cerrado. Con el ceño fruncido y el corazón acelerado, volvió su mirada hacia su paciente. El niño ahora sujetaba un trozo de madera con un agujero al centro sobre el tablero. En aquel tablero solo estaban las letras del abecedario y los números del cero al nueve, además de símbolos que desde su posición era incapaz de descifrar.
Una corriente de aire sopló y lo hizo temblar de frío, la lámpara se apagó por lo mismo y la sensación de estar siendo observado volvió. No había nadie. Solo él y Roman. Este último lo miró, con una sonrisa dibujada en los labios, había soltado el trozo de madera y dijo:
—Díselo, mamá.
El tablero se había girado, ahora lo podía ver perfectamente. Su respiración agitada seguía presente con el vaho; sus latidos audibles para sí mismo; los temblores incontrolables, y el frío que le llegaba a los huesos. Su mirada fija en el trozo de madera que se arrastraba por el tablero, resaltado una letra a la vez con el agujero.
Incrédulo e incapaz de controlarse, leyó en voz alta en un susurro a medida que las letras iban siendo señaladas:

«E…S…T…O…Y…A…Q…U…I…»

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Sáb Oct 31, 2020 1:50 pm
La casa de
los espejos

Prompt: Casa Encantada/Abandonada

¿No quieres pasar, chiquilla?
Levantó la vista ante aquel hombre de aspecto estrafalario. A juzgar por la falta de color en sus ropas, parecía que había salido del mismo cartel; donde los circos y las variedades tuvieron un gran éxito. Uno que databa de principios de siglo.

Arrugó la nariz. “Estoy… ocupada—mi hermana se ha perdido
Su silueta se encorvó al ver cómo éste la admiraba con un monóculo roto. De cerca podía atisbar marcas extrañas en su faz. Extrañas cicatrices. Hasta sus ojos eran tan pálidos que los confundiría con el blanco de la muerte.

Y dígame ¿su hermana es pelirroja, regordeta y lleva un vestido de flores?’ Quedó asombrada. Fue una descripción completamente verídica.

¡Sí!” gritó, mezcla de júbilo y pesar “Sí, sí. Es ella. No cabe duda ¿usted sabe por dónde marchó?

Si el intento del varón era darle una sonrisa tranquilizadora, fue todo lo contrario. Al estirar su piel ya maltratada se dejaron entrever huecos donde ella juró que vio el brillo del hueso craneal.
Ha entrado ahí’ señaló con un bastón cuya base superior era la cabeza de un caballo en metal ‘Estaba asustada, curioso. Quizás se quedó viendo al hombre elefante’ su risa era decrepita y pese a que le daba mala espina, no podía volver sin Tiffany.

Bueno, gracias… señor” sin fijarse en como sus cejas se movían de interés, Gillian se dispuso a caminar en la repentina oscuridad de la entrada. Se sobresaltó cuando la puerta se cerró de golpe y de hecho, un frío escalofrío le embargó.

Paparruchas” masculló en voz alta “Solamente es mi imaginación” se concienció, ya atisbando reflejos de un halo brillante.
Incorporándose en la senda de la luz, se halló con miles de réplicas exactas de sí misma. Claro que todo tenía un por qué: Una sala de espejos.

Pasó de mirar su aspecto. Sabía de sobra que el maldito grano de su frente explotaría de un momento u otro y que su pelo era un amasijo de cabellos revoloteados. Le dio mal rollo contemplar, de reojo, como su misma figura se movía en distintas aunque si estaba ahí era para buscar a la tonta de Tiffany.

Búscameeeeee’ sonó de pronto, un eco que acompañaba risitas.
Dio un giro entre sus pasos, sobresaltada.

¡Déjate de tonterías y ven aquí! ¡El coche está esperando!” se impacientó Gillian, comenzando a mirar tras los espejos. Éstos comenzaron a mostrar diversas formas de su figura. Una alta, otra esbelta, otra gorda—y una donde luces rojas la seguían. Sentía el nerviosismo subírsele a su tráquea.

La halló. Estaba peinándose con sus propios dedos sus cabellos rojizos. Esos que le hacían parecer una carlota gigantesca. Bufó. Hartura de cría.

Como no vengas aquí, te juro que—

Tuvo que acallar, cuando la cogió de la pechera se fijó en que el rostro de su hermana pequeña estaba blanco como el marfil y algo rojo se extendía en su mano.

Sangre.

Un trozo de cristal estaba entre sus manos y las mismas manchadas de sangre ajena. Pegó un grito, el trozo de cristal estaba incrustado en el pecho de Tiffany y su cuerpo frío.

Muerta.

Alaridos se profirieron, dando golpes por los espejos, manchándolos de la sangre ajena.

Tú querías esto’ susurró alguien, su propio reflejo.

Estabas harta de ella y de que siempre te jodiera tus planes’ alentó otro donde su rostro se deformaba.

Gillian negó con la cabeza ¡Mentiras!

Al fin te has liberado…

En pos de salir a trote, el mismo hombre que vigilaba la entrada iba acompañado de sus padres y de agentes de policía. Sus caras retrataban el máximo horror ‘¡Esa, esa es la asesina de la casa de los espejos!’ quiso negarse y de pronto, los atisbó.

Pilas de cadáveres amontonadas tras los espejos. Todas con la misma herida en el pecho. NO. NO ERA POSIBLE.

IROS AL INFIERNO” y creyendo que podía, trató de cruzar uno de los espejos con tal mala pata, que no vio cómo este se caía a pedazos y uno de sus trozos actuó a modo de guillotina.

La casa de los espejos… seguirá cerrada’.


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Sáb Oct 31, 2020 1:51 pm
One last
Night

Prompt: Samhain
Trigger warning: Muerte y menciones de amor con alguien muerto.

Las últimas luces del día desaparecieron por el horizonte y la oscuridad comenzó a descender veloz y gloriosa, intentando capturar entre sus voraces garras a la ciudad y a sus habitantes.

Más pronto de lo que a algunos les hubiera gustado, la gente que moraba en la ciudad, presa de un temor ancestral que aunque olvidado aún permanecía presente en su sangre, se fue retirando a sus hogares, buscando el amparo del calor y de las luces artificiales.

Los ojos grises de Helaena, fríos como el hielo, contemplaron con oscura fascinación como las calles quedaban desiertas de toda forma de vida humana. Helaena entonces exhibió una sonrisa parecida a la que adornaba los rostros de los niños en la mañana de Reyes cuando recibían regalos, pero la suya era una sonrisa más oscura, pues en ella se encerraba el saber antiguo y casi perdido de lo que de verdad acechaba al caer la noche. La llegada de los féericos reclamando sus ofrendas, la llamada salvaje de la diosa luna y la posibilidad de reunirse una vez de nuevo con sus hermanas, guardianas del antiguo saber.

Ellas, que durante años habían sido purgadas a base de acero y fuego, ellas que eran lo único que mantenía las salvaguardas que protegían la ciudad de las fuerzas malignas… muchas habían sido asesinadas con crueldad y su corazón volvió a gritar por la injusticia que se había cometido con Yure.

Pero aquella noche era diferente. Era la noche de Samhain, la noche que marcaba el inicio del año nuevo, las fronteras que separaban los diferentes planos dimensionales desaparecían, así como la línea que separaba al mundo de los vivos del de los muertos.

Helaena recorrió las calles hasta llegar al monte rodeado por el bosque donde se encontraba el viejo y sagrado altar en que podían apreciarse rastros de sangre de todas aquellas que habían dado su sangre para fortalecer las salvaguardas. Las runas parecían mirarla, sedientas de sangre. Oscuras y hermosas.

Un cuerno de caza feerico resonó en la noche, hablando de una guerra antigua y ya casi olvidada y de una sed de sangre nunca saciada por completo. Casi como si aquella fuera la señal que todas esperaban, las cuatro mujeres que eran las últimas supervivientes de su aquelarre comenzaron su danzar alrededor de la hoguera mientras que el pentagrama que rodeaba al altar comenzaba a brillar, y todos los huecos de aquella danza se llenaban con el de las compañeras asesinadas. Estando una vez más todas completas.

Helaena sintió algo parecido a la textura del agua agarrarle la mano y cuando levantó los ojos se encontró con los fantasmagóricos de Yure mirándola como siempre lo había hecho cuando estaba viva. Fue entonces cuando dejó escapar un suspiro que había estado conteniendo.

Una vez más en la más absoluta perfecta sincronía que daba el conocer a una persona tan íntimamente, Yure y Helaena alzaron sus manos unidas y comenzaron a manipular el tejido de la magia que permitía que las salvaguardas que protegían la ciudad siguieran en pie. Sus manos no se soltaron en ningún momento. Pues saber que sólo podrían estar juntas de nuevo aquella noche les impedía soltarse, incluso cuando el ritual acabó y se encontraron apartándose del resto, buscando aquella intimidad que la intolerancia les había robado.

La luna fue testigo de cómo una vez más sus hijas se amaron a pesar de todos los obstáculos. Pero ni ella podía frenar como la luz iba clareando el horizonte y cómo con los primeros rayos del día las vivas comenzaron a correr con temor a las represalias que sufrirían de ser descubiertas en aquel lugar. Helaena notó como una lágrima traicionera se deslizaba por su mejilla cuando vio la imagen de Yure estallar en mil pedazos en cuanto los rayos del sol la tocaron.

Ella se quedó en el antiguo altar, con las rodillas clavadas en la tierra y el odio y el dolor recorriendo sus venas como caballos salvajes. Así fue como la encontraron los lugareños, pero Helaena no sintió miedo ante su inminente destino.

No cuando sabía que entonces todas las noches serían suyas para estar con ella.


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Sáb Oct 31, 2020 1:51 pm
Fantasmas de
mis exnovias

Título completo: Los fantasmas de mis exnovias muertas
Prompt: Posesiones
Trigger warning: Sangre, asesinato, ¿violencia?

Benjamin Hodge no acostumbraba a vestir de negro. Lució un brillante traje azul marino en la boda de su hermana y uno granate con las solapas oscuras en el bautizo de su sobrina. No, el negro nunca había sido el color de Benjamin… hasta que su esposa Lilah murió.

En el velatorio se sirvieron tartaletas de arándanos y otros muchos aperitivos con nombres rimbombantes y colores llamativos que restaban sobriedad al encuentro para todos menos para el recién viudo, que más que deleitarse con ellos, los contempló desde el primer momento como una ofensiva forma de convertir aquello en algo realmente frívolo. Hodge recuerda la violencia con la que llenó la blanca pared de arándanos y la mancha que días después tendría que ocultar con pintura, así como los cuchicheos descarados de sus invitados tras la susodicha llamada de atención afrutada. Tampoco olvida su dolor, aquel que le hace oler día sí y día también la chaqueta favorita de Lilah, o sus cremas para la cara. Pero el tiempo pasa, y aunque Benjamin ya se haya acostumbrado a vestir de negro, es un color que le sienta tan bien como a cualquiera con sus mismas facciones. Las de un atractivo doctor que siempre ha llamado la atención de las mujeres sin buscarlo.

Lilah Hodge era pelirroja natural y tenía un cálido rostro donde Ben podía apreciar su estado de ánimo con suma facilidad. Cuando estaba contenta sus ojos se desorbitaban, cuando se enfadaba pero no quería que su marido lo viera, hacía un pequeño gesto con la boca donde dos diminutos hoyuelos aparecían en sus mejillas. La nueva novia de Benjamin, por el contrario, era rubia teñida y vestía como si intentara aparentar veinte años menos. Aunque poco duró su idilio pues, un día, simplemente, ya no quiso saber nada más de Hodge. ¿Y quién podía culparla cuando el doctor había entrado en su casa y le había prendido fuego? Una lástima para Benjamin no recordar nada de aquello al día siguiente, ni los días que vendrían. La ruptura lo dejaría desconsolado durante un tiempo, preguntándose qué había hecho mal, regresando a la figura de su esposa en busca de ayuda.

- A veces me pregunto porque te quedaste a mi lado.

Kennedy tenía la piel morena y el pelo alborotado. Fue paciente de Benjamin durante un corto período de tiempo. El suficiente para que pudieran salir a cenar una vez finalizada su relación médico-paciente. Por aquel entonces, Ben ya había notado que le costaba conciliar el sueño más que de costumbre, pero debía ser el único en aquella casa que todavía no sabía el porqué.

Una mañana recibió una llamada de Kennedy. La joven se disculpaba porque su madre estaba gravemente enferma y debía irse a Ohio de inmediato, donde según ella pasaría bastante tiempo. Cuando Benjamin le preguntó si le llamaría o volverían a verse, Kennedy colgó. Falta de modales, podrían pensar algunos. Pero la verdad era que su mano no dejó de temblar mientras hablaba con Hodge y, cuando por fin colgó, se miró al espejo una vez más para fijarse en los moratones que éste le había propinado la noche anterior. Benjamin nunca supo nada más sobre ella, así como tampoco tenía constancia ninguna sobre aquellos golpes, declarando oficialmente y a modo de broma que alguien le había echado un mal de ojo y que por eso no tenía suerte con las mujeres. Se preguntó si tal vez había sido aquella mujer del metro, a la que se negó a darle una o dos monedas. Con una sonrisa disipó aquellos pensamientos absurdos y no tardó en continuar con su vida.

- No me mires así, lo he hecho lo mejor que he podido -volvió a disculparse, esperando que Lilah, donde quiera que estuviera, lo hubiera oído-.

Pero no fue hasta que conoció a Polly Preston que comprendió porque las mujeres no le querían en su vida.
Polly era dulce, rubia natural y vestía siempre como si viviera dentro de una máquina de hacer algodón de azúcar. Lo que Benjamin no sabía es que Polly no sólo era todas esas cosas. También era una mujer fuerte, que sabía lo que quería y que no estaba dispuesta a que nadie se lo quitara. Lo que significaba que, al contrario que las demás, Polly pasó con Ben más tiempo del que solían pasar las otras mujeres. Aguantó más, por así decirlo. Aunque según avanzaban los días, el joven doctor volvía a ver esa mirada en el rostro de su nueva pareja. Algo iba mal y no sabía que podía ser.

La noche del 4 de abril Benjamin recuerda soñar con una enorme macedonia de frutas. Frutas gigantes que debía cortar para poder comérselas y que desprendían un mágico chorro de sirope de fresa cada vez que cortaba una. No recordaba haber tenido un sueño tan feliz en mucho tiempo… hasta que se golpeó la cabeza con una tubería de la calle Spoon y despertó de su ensoñación en esa misma calle, sujetando un cuchillo y convirtiendo en una nada divertida macedonia de frutas a Polly Parker.

¿Quién iba a decirle a Benjamin que Nicola era una cazarrecompensas? ¿O qué Kennedy era demasiado fresca? ¿O que Polly era…? Bueno, llegados a cierto punto ya daba igual lo que cada una fuera porque ninguna volvería a ser nunca más.

No, cuando tu mujer muere ninguna se asemeja a ella. Y por si acaso llegaran a hacerlo, Lilah Hodge se encargaba de que eso no sucediera. Por eso, cuando Benjamin llegó a su casa aquella noche muerto de miedo, con sangre de Polly todavía en sus manos y prácticamente en shock, no recordaba que hubiera colocado su retrato de bodas encima de la chimenea de nuevo. Y no lo recordaba porque había sido la mano de su difunta mujer la que había guiado la suya, como tristemente había sucedido con el resto de actos de los que el hombre no tenía constancia durante la desafortunada vida amorosa que había sobrevenido a la muerte de Lilah.


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Sáb Oct 31, 2020 1:51 pm
Halloween
2.0

Prompt: Almas en pena

Oscuridad infinita. Sensación de frío aunque no tengas frío. No hay nada más aterrador que ese primer instante, cuando tu consciencia se activa. Pienso, luego existo. Tu mente solitaria en la nada. El tiempo sin nada que lo llene es un "espacio" terrible. Hay un acelerón, algo tira de ti. Ha llegado tu turno en la cola de tareas del ordenador. Las imágenes se van formando a tu alrededor, formas básicas que se redefinen en calidad creciente.

Me materializo ante él, ante mi amado. Solo por ver sus ojos cuando aparezco merece la pena todo el proceso de carga. El accidente que nos separó prematuramente ya no tiene importancia, al menos por doce horas. Solo en halloween se permite la interacción de los vivos con las conciencias digitalizadas de los difuntos.

Que cruel es no poder abrazarnos. Solo soy un holograma. Parezco real pero, si me toca, me lleno de interferencias y me atraviesa.
-Me has elegido el disfraz de vampiresa.
-Es el que llevabas cuando me enamoré de ti.
-Nuestras vidas están marcadas por los halloween.- Digo en un tono triste y nostálgico. No quiero arruinar nuestra noche, pero los sentimientos no son controlables.

Nuestro primer beso fue a la luz de velas alojadas en calabazas talladas como cabezas monstruosas en el porche de la Señora Patterson. Una vampiresa y un monstruo de frankenstein. Dos criaturas de la noche incomprendidas por la humanidad que encontraban en la otra una familia que, sin saberlo, siempre habían añorado. Dos halloweens después rompimos en una fuerte discusión, pero nos reconciliamos antes de que saliese el sol. Y tres años después, aun siendo estudiantes universitarios, le dí el "sí quiero" cuando me ofreció el anillo en una cajita llena de ojos falsos. Por desgracia un conductor dormido al volante arruinó nuestros sueños.

-Podría ir en vaqueros y activar el modo transparencia.- Sugiero. -No me avergüenza ser un... "fantasma"- Pronunció la palabra con retintín. Como neurocientífica atea encuentro el término inapropiado y muy desagradable. Se pone triste. Me dice que sabe que en cuanto alguien me intente tocar se dará cuenta de lo que soy, pero que no quiere que los curiosos me asalten a preguntas y malgasten nuestro tiempo.

Hablamos un rato más, me cuenta que ha hecho en el último año, el año desde el accidente de tráfico. Sus progresos laborales, su luto por mi, un nuevo amigo en el departamento. Solo es profesor adjunto, pero es feliz. Yo intento escucharle con toda mi atención, pero no puedo desear nada más que tocarle, aunque solo fuese un roce en la mejilla.

Llega la hora de ir a la fiesta. -Nos vemos allí.- Le digo.
-Ojala tuviera un proyector holográfico portátil.
-No seas idiota. Eso pesa mucho. Además se viaja muy bien por fax.-bromeo. Desaparezco ante sus ojos. Mientras me desvanezco imito los ruidos de un router viejo.

Los "fantasmas" somos los primeros en llegar. Aunque ya hay algunos "vivos" por allí, es difícil mezclarnos, así que hacemos corro entre nosotros: A mi me atropellaron. lo mio fue cáncer. Yo de viejo pero uso un avatar de cuando tenía veinte. Que levante la mano quien se ha fabricado un avatar fiel a la realidad sin retocarse un poco... silencio y risas.

Pero llega mi moderno Prometeo y los demás me importan una mierda. bailamos, reímos y bebemos. Bueno, bebe él, porque yo no tengo cuerpo sólido.

Se acerca la despedida y, con ella, los pensamientos trascendentales. Yo le pido que se busque una chica viva. El se niega y me pregunta cómo es estar muerta. -Cuando no estoy cargada en un procesador no hay paso del tiempo para mi.- respondo. Me viene con alguna mierda de santo Tomas de Aquino y sus chorradas de profesor de filosofía.

¿Hay momento más cruel que la despedida cuando halloween se acaba y los muertos y los vivos se separan por un año? le sonrío y cierro los ojos. El entorno se desvanece…

...Y abro los ojos y desconecto el cable que une mi cerebro a nuestro servidor. Me voy al baño a llorar. Todos opinan que mi participación en el proyecto es inadecuada por mi implicación emocional, pero mi padre aportó la mitad del capital, así que nadie dice nada. Me despido de los muertos mientras apagamos el gran ordenador.

Los próximos días tendré que hacer el papeleo: ¿Que me pareció adecuado y que no? ¿Quien creo que era compañero del proyecto o consciencia de un muerto y quien era solo una IA? Después habrá reuniones, planificaciones, meses de programación. Por último cargarlo todo de nuevo. Incluyendo las conciencias de los muertos, a los que reiniciamos desde su punto de partida. Les haremos vivir un año en su mundo digital que para nosotros serán un par de semanas y, cuando llegue el momento, pasaremos a tiempo real y visitaremos su mundo. El mundo donde algún día viviremos todos para siempre.

Les hacemos creer que ellos siguen vivos y que los visitantes somos los "fantasmas". Las primeras veces fuimos sinceros y fue… desastroso. Mi idea de hacer coincidir su Halloween con nuestra inspección de evaluación ha mejorado también el proceso.


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Sáb Oct 31, 2020 1:51 pm
La
abadía

Prompt: Transformaciones

Se aventuró en el interior, solo con la ayuda de su antorcha. El frío invierno había vuelto a dejarles sin provisiones y el pobre Jacques había decidido tomar cartas en el asunto. Vagaba por los corredores, escuchando el rumor del viento por las grietas y oquedades que habían quedado en el techo. Los rayos de la luna, como dedos plateados, le marcaban el camino que el fuego llevaba.

Era una idea loca, pero necesaria. Necesitaban dinero para sobrevivir esas semanas. Solo les quedaba un poco de pan, un poco de carne mal curada y una fogata que solo quería morir. De hecho, se había llevado el tronco más sano para buscar las reliquias de la antigua abadía, esas que decían que los monjes habían guardado antes de la llegada de los normandos.

Giró a la derecha para encontrarse el scriptorium. Los pergaminos, roídos por el tiempo y las ratas, se quedaban a su lado, al igual que los atriles donde los servidores del Altísimo se pasaban horas escribiendo. Nada se escuchaba más allá que los pasos de Jacques, que avanzaba entre maderas podridas y restos de polvo y huesos. Un pobre monje había muerto ahí, con su cuerpo sobre una copia a medio hacer, y ahí yacía su esqueleto. Por un segundo, el joven granjero pensó que el monje le sonreía.

Al final del scriptorium, en las maderas de un estante ya caído, descansaba la abertura a la cripta. Había escuchado muchas historias en el mercado. Los normandos no se atrevieron a entrar en aquel lugar, los rateros huían de la abadía e incluso muchos decían que brillaba como el infierno. Nada más que habladurías de unos mercaderes que no sufrían si sus hijos palidecían.

La obertura daba a una escalera de caracol de piedra. Cada paso alejaba a Jacques del brillo de la luna y del viento de otoño que erizaba su piel. La luz de su antorcha le hacía esquivar ratas, carroña y manchas dudosas.

Por un segundo, casi se quemó al ver cómo el interior de la cripta desprendía un brillo similar al del fuego.

Jacques bajaba, sin razonar qué ocurría ahí abajo. El rumor del viento era sustituido por una vibración grave, continua. Era una melodía fluctuante, errática, pero construida. La luz de la luna era cambiada por ese fulgor tenue, esa candela más roja de lo que debería ser una llama.

De pronto, la vibración se convirtió en palabras.

Padre nuestro, que estás en el cielo, siempre olvidado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Niéguese tu voluntad, así en la tierra como en el fuego.

Jacques se quedó quieto en la entrada a la cámara principal. El fulgor casi le cegaba y la ropa le quemaba.

Danos hoy tu mal de cada día. Adora nuestras ofensas, como también nosotros adoramos a los que nos ofenden.

Jacques cayó al suelo, con el fuego abrasando su ropa. Su piel, antes clara como la nieve, se oscurecía como el carbón. Sus ojos, antes azules, se tornaban candelas. Donde antes había manos, ahora había garras.

Déjanos sucumbir a la tentación y conviértenos al mal.

Un grito rompió aquella oración cuando dos grandes alas negras salieron de su espalda. La sangre le hervía como si se tratara de brea y todo lo que era Jacques se tornaba cenizas.

Amén.

Dos figuras imponentes, vestidas de rojo carmesí, cogieron al nuevo acólito con sus brazos, llevándole al altar. El ya-no-tan-hombre, con cuernos sangrantes que nacían de su frente y garras de águila en sus manos, murmuraba la oración una y otra vez.

Había una razón por la que los normandos no quisieron los tesoros de la abadía.

Estos se cobraban un alto precio.


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Sáb Oct 31, 2020 1:52 pm
Cempa
zúchitl

Título completo: Cempazúchitl, la Flor de Veinte Pétalos
Prompt: Cementerio a medianoche

Este treinta y uno de octubre, en cuanto las campanas de la iglesia resuenan al mediodía, los pétalos de la Cempazúchitl se encienden en un brillo áureo creando el puente entre el Mictlán, el inframundo prehispánico y la tierra de los vivos.

Las almas de los niños atraviesan este puente para llegar con sus padres que los esperan impacientes. Algunos, los reciben en sus tumbas hermosamente limpias y arregladas, con la ofrenda lista con sus juguetes favoritos, fotografías, imágenes santas, agua, leche, Cempazúchitl, velas, dulces, comida y sal para los no bautizados. En cuanto los inocentes los reencuentran, se dispensan abrazos y besos que no se sienten en el cuerpo, pero apaciguan y calientan el alma.

Este día es bendecido por los dioses prehispánicos del más allá: Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, porque los que tienen el corazón muerto, no dejan de sentir amor. Y ante sus ojos bondadosos, los niños juegan, hacen travesuras, hablan en el oído de sus padres, ríen persiguiendo al perro xoloitzcuintle, el que guía en el otro lado y sus progenitores comen con ellos, recordando con agridulce emoción, cuando los tuvieron en cuerpo, en vida; y rezan rogando por el descanso de sus almas, con lágrimas de pena, pero también con risas porque de nuevo, están ahí, a su lado. Y los niños, los consuelan con sus bracitos pequeños, pero no por ello, faltos de fuerza.

En esta festividad, el cementerio a medianoche no tendrá aspecto de ultratumba, sino de pletórica emoción, color y luz de velas durante dos jornadas, que se antojan cortas. Los inocentes se van justo al mediodía del primero de noviembre, cuando las almas de los adultos llegamos y conforme a la tradición, nos iremos al mediodía del dos de noviembre. ¡Cada quien merece su propio día para ser agasajado!

Algunos de los muertos adultos se quedan en el camposanto disfrutando con su familia. Yo, en cambio, corro desde mi tumba hasta llegar a la que fue mi casa, mi hogar, con el corazón muerto hinchado de emoción y las ansias de verlos.

Atravieso las calles engalanadas con tapetes de aserrín y Cempazúchitl en alegoría a la muerte. El papel picado con diseños intrincados decora lo alto de los caminos, en cordeles multicolores que se mueven con el jugueteo de la deidad prehispánica del aire, Ehécatl, pues hasta los dioses están felices y celebran nuestra memoria.

Es cierto, en este mundo material, hay muchas personas muertas y vivas penando. Son las ánimas que están atormentadas creyendo sus lazos rotos. No entienden que en este mundo, todo tiene un ciclo: nacer, crecer, fallecer. La muerte no es el último estadio. Está la esperanza de Nuestro Día, donde volvemos a estar reunidos.

En casa, antes de la llegada de los niños, se pone el altar de tres niveles. Representa al cielo, el infierno y el purgatorio. Se colocan en él, las fotografías y los objetos que usamos en vida. Se ofrendan calaveras de azúcar, papel picado, Cempazúchitl, pan de muerto, una vela para cada fallecido y otra, por las ánimas del purgatorio, así como agua, que purifica y calma la sed. Es un sincretismo entre lo católico y las costumbres prehispánicas. Una alabanza al ciclo de la vida y la esperanza más allá de la muerte.

Este primero de noviembre, la ofrenda del altar se hace más grande, pues se agrega el tequila, la cerveza, la comida muy picante. Lo que le agrada al adulto, pero está prohibido a los pequeños. En mi honor, mi hija María pone los tamales y el mole de mi predilección. También enciende las velas, que iluminan a Tonantzin, “Nuestra Madre”, hoy llamada Virgen de Guadalupe, quien observa con benevolencia esta costumbre, que es una catarsis, un alivio a la pérdida y a los posibles sentimientos de culpa que embargan a los que se quedan.

Estamos todos los que nos fuimos: mis abuelos, tíos, padres, hermanos, amigos y mi esposo Toño, que falleció este año. En nuestro honor, se pone la música y el mariachi que nos gusta. La familia está completa otra vez y lo celebramos como en la mejor de las fiestas, entre risas, canto, música y alegría salpicada de tristeza.

El aire huele al incienso y al copal que se usan para purificar el ambiente. Mis brazos se alargan y rodean a mi hija María, cuyas lágrimas bajan por sus mejillas. Las desprendo con mis dedos fríos mientras pongo mis labios en sus cabellos y susurro al oído: “Aquí estoy, hijita. Llora si lo necesitas, pero sonríe porque hoy estamos juntas. No me iré mientras me recuerdes. El amor que nos une, nunca se termina”.

Mientras los muertos comemos, los vivos hablan de nuestras vidas a su lado, recordando anécdotas con amor, alegría y una pizca de tristeza por nuestra memoria. Siempre en tono irreverente porque hoy, hay que burlarnos de la muerte. La calaca es la única que es ineludible y algún día nos encontraremos en el Mictlán. Por eso, fumo mi cigarro escuchando a mi nieto Carlos: “Ay abue, el vicio. ¡El vicio no te lo quitas ni muerta!”, lo que me provoca la risa. Entre cantos, bailes y alegría agridulce, reparto besos y abrazos, consolando sus corazones. Es cierto, hay dolor en la partida, en la separación, en el duelo, pero siempre, siempre… hay un Día de Muertos.

“Y en la esperanza del reencuentro, sigo aquí.
Porque no me he ido, ni me iré”.


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Sáb Oct 31, 2020 1:52 pm
The ghost
in my room

Prompt: Seres interdimensionales
Trigger warning: Mención de suicidio y asesinato.

Maddeleine mató a su bebé y luego se suicidó. Muchos siglos habían pasado sí, pero esa realidad nunca cambiaría. Una cruda historia que atraía a gente, gente que creía ser valiente para instalarse en aquella casa, hasta que ella les susurraba en sueños, les instaba a hacer cosas que ni siquiera podían controlar. ¿Por qué no te cortas el dedo? Adelante, quieres saber qué se siente, siempre lo has querido… Maddie hacía moverse los muebles, sangrar las paredes, abrirse los grifos. Todo porque la gente se marchara de allí. Y en esos momentos, otros nuevos inquilinos se instalaban. Traspasó las paredes hasta llegar a su habitación especial, donde se quedó helada, como si aún tuviera un cuerpo físico. Allí, en la habitación de su niña, había otro bebé. Un pequeño bebé de ojos enormes que se quedó mirándola desde el momento que entró, siguiéndola al moverse con aquellos ojos tan distintos a los suyos, cuencas negras sin fondo que sólo mostraban su más oscura desesperación. Aquel niño podía verla. Y por primera vez, Maddeleine no echó a sus inquilinos. Se encariñó de aquel bebé hasta un punto tan obsesivo que cada vez que veía a su madre cuidarlo, las luces comenzaban a parpadear frenéticamente y un sonido chirriante se escuchaba por cada rincón de la casa, como si fuera la angustia y el odio de Maddie resonando en su vacía alma. Día tras día, año tras año, Maddie jugaba con Austin. Veía con curiosidad maliciosa como crecía. ¿Qué pasaría si el bebé fuera a por un juguete que se había caído hasta las escaleras? ¿Y si se caía? ¿Sobreviviría? El fantasma tenía muchas preguntas y ninguna barrera moral que le impidiese buscar las respuestas. Y entonces lo hizo, dejó que el niño acudiera a las escaleras y desde lo más alto de éstas lo vio caer y una sonrisa afloró a sus labios secos, pálidos y agrietados. Aquella especie de cosquilleo en su estómago, aquella satisfacción. Ah... hacía décadas que no lo sentía. Pero después de aquello, la familia desapareció. Con su niño. Con su Austin. La casa se volvió inhabitable por muchos años. El fantasma enloquecido de Maddeleine no permitía que nadie entrara, y si se creía lo suficientemente valiente, ella le hacía llegar un final digno de su afligida alma. El tiempo pasaba pero para el fantasma tan solo eran suspiros, migajas de tiempo. Todo era igual, cada día era un tormento que se parecía al siguiente y aunque parecía sentir, no era capaz de hacerlo. Y todo se volvía más vacío. Pero después de unos años más, un chico entró en la casa, y acudió a la habitación de su hija. Aquella desfachatez era casi suicida. Maddie casi se abalanzó sobre él para hacerle sentir el frío abrazo de la muerte, pero se paró justo delante de su rostro, con su aliento mortífero cayendo sobre su nariz. Aquellos ojos enormes, aquella cicatriz en la cabeza. Era la misma que el pequeño Austin se había hecho al caer de la escalera aquel día. ¡Era su Austin! Era SU Austin. No le interesaba por qué estaba allí, pero Maddeleine sí sabía una cosa. No volvería a salir de allí. Porque aquel era su hogar. Con su verdadera madre. ¿Qué más podría desear? Pero Maddie estaba notando algo que estaba despertando un gruñido confuso de su garganta. Austin no la veía. Miraba a todos lados, sin ni siquiera notar su presencia o su aliento, aunque sí parecía notar el frío en la habitación debido a su naturaleza.

SU HIJO NO LA VEÍA.

Era un desagradecido. Ella le había dado todo el amor que había podido antes de que aquella mujer inútil se lo llevara de sus carcomidos brazos. Después de años de abandono él volvía y ni siquiera la reconocía. No podía aceptar aquello. Y entonces la puerta de la habitación se cerró de golpe. Un golpe sordo y fuerte que resonó en la propia habitación y en el resto de la casa desvencijada. La ventana se cerró también, con tanta fuerza que los cristales se rompieron, saliendo disparados hacia todos lados, haciéndole una herida al chico en la mejilla que comenzó a sangrar. El quejido de la madera era algo común en aquel lugar, pero no de esa manera. Un paso y después otro. Y otro. Hacia su dirección. El último quejido, como si de un alma en llanto se tratara, se paró delante de Austin y un aliento frío y maloliente le sopló en el rostro. Le dieron náuseas. Comenzó a retroceder hasta chocarse con la pared, huyendo de los pasos que cada vez se volvían más frenéticos por alcanzarle. Y notó que había chocado contra algo, contra un gran espejo que ni siquiera recordaba allí. El chirrido cesó, la habitación se quedó en silencio, completamente helada. Su corazón desbocado pareció encontrar un halo de tranquilidad y alivio hasta que una risilla detrás de él le hizo pararse. Con todo el valor que nunca había tenido, miró poco a poco hacia atrás. Por el rabillo del ojo la pudo ver. Una mujer fea y tétrica, con la sonrisa desdentada, con la piel ajada como el cuero viejo. Su cabello de estropajo y sus ropas raídas. Lo primero que hizo fue chillar y echarse hacia atrás, incapaz de dejar de mirar el reflejo de aquel ser. Trastabilló y se cayó de culo al suelo, pero no dejó de mirarla. ¿Por qué? Era una imagen horrible. No sabía por qué su cuerpo actuaba de esa manera, pero era una visión hipnotizante. Se levantó y dio unos pasos hacia delante, el corazón parecía que iba a estallarle. Tragó saliva costosamente y miró a los oscuros huecos que aquella mujer tenía por ojos. Le daban un profundo terror que no sabía describir. Pero lo más inquietante era la sonrisa de la mujer. Triunfante. Apenas sin darse cuenta, Austin alzó la mano, que hasta que no miró, no notó que sostenía un trozo de cristal de la ventana, su mano ensangrentada de haberlo apretado tanto. Volvió a mirar al espejo y casi superponiéndose con la imagen de la mujer, se vio a sí mismo levantando su mano y apretando el cristal roto en su garganta, deslizándolo hacia un lado. Cortando su garganta, cortando su vida. Se llenó de terror, pero no podía moverse, no podía evitarlo y en pocos momentos sus ojos se cerraron, presa del pánico que le invadía y la muerte que lo visitaba. Cuando el cuerpo de Austin cayó hacia delante, los brazos de Maddie lo recogieron, introduciendolo dentro del espejo y acunando aquel cuerpo, aquel alma, que era suya. Que por fin había vuelto a su seno.

Porque aquel era su niño, y ahora lo sería para siempre.


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Sáb Oct 31, 2020 2:39 pm


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Sáb Oct 31, 2020 5:43 pm
Mira, sé que lo diré muchas veces, pero es que el nivel de escritura de este foro es altísimo y sólo puedo decir ¡¡Bravo!!

Primer lugar: Halloween 2.0 no podía parar de leerlo en ningún momento.
Segundo lugar: La Abadía
Tercer lugar: Cempazúchitl, la Flor de Veinte Pétalos, una preciosidad. Me ha pegado muy fuerte porque este año he perdido a dos seres queridos pero este relato me ha hecho sonreír.

Mención de honor: La casa de los espejos.


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Sáb Oct 31, 2020 6:24 pm


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Sáb Oct 31, 2020 6:50 pm
Primer lugar: Halloween 2.0. Me gusta mucho la idea y la forma de ser de la protagonista. PD: El plot twist del final, wow.
Segundo lugar: Cempazúchitl. Me ha hecho llorar mucho. Te da un aspecto más humano de lo que es este día, fuera de sustos o almas en pena. Me ha recordado mucho a Coco (obvio).
Tercer lugar: La casa de los espejos. Todos hemos tenido a alguien insufrible aunque nosotros no los matamos.. Me ha gustado mucho sí.

Mención de honor: Estoy aquí. Me ha gustado mucho la inocencia del niño que puede llegar a resultar escalofriante.


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Amazing variant:

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Gracias Valky   Concurso de relatos: Votación 1f49a
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Sáb Oct 31, 2020 10:45 pm


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Lun Nov 02, 2020 2:51 am
No había podido participar en votaciones, pero hoy me di un tiempo entre escuela y trabajos, así que...

Escritores: Maravilloso, me hicieron ampliar muchos de los panoramas y qué mejor que hoy, para darle algo de terror a la vida.

¡Felicitaciones!

Primer lugar: The Ghost in my Room. Las dos caras de una historia con un final perfecto. Nada más que agregar.
Segundo lugar: La Abadía. Me encantó la descripción, pero sinceramente, la oscuridad en el rezo, me pareció sublime.
Tercer lugar: Fantasmas de mis Ex Novias. Fue... una muy diferente manera de apreciar una posesión. Pobre chico y esperemos que no vuelva a encontrarse a ninguna mujer.

Mención de honor: Estoy Aquí.



Greetings to Chantry by Mermuack!:
— greetings to Chantry —


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