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Jue Dic 03, 2020 9:26 am

When we walked in fields of gold
CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Se estiró perezosamente en el sofá, medio dormida, con el libro que estaba leyendo abierto sobre el vientre. Su abuela le dio una palmada en el tobillo y la zarandeó -Buena anfitriona eres tú, que te duermes estando el pobre Marcus al lado- Luego alargó la mano y le estiró de la falda del vestido, para que le tapara un poco más los muslos. Inútil, porque aquel vestido era bastante corto. Giró un poco forzada el cuello, para observer a Marcus en el sofá de al lado, con su libro- Estaba tranquilito leyendo, aclárate, memé, cuando no le dejo leer te enfadas conmigo- Se incorporó un poco y preguntó con voz adormilada- ¿Qué pasa?- Tu abuelo está haciendo aceitunas, y yo voy a hacer tarta de melocotón, necesito que vayáis a por hierbas, que se le están acabando, y a por melocotones para la tarta- Gal frunció el ceño y se revolvió un poco el pelo aún húmedo de la mañana en la playa- ¿No quedan melocotones?- Su abuela negó- Alguien se los come todos, y no miro a nadie- Gal suspiró y puso carita de pena- Jo, memé que este año solo están aquí cuatro días… ¿En serio me vas a hacer perderme una tarde con él?- Su abuela levantó las cejas- Estoy segura de que Marcus querrá acompañarte- Suspiró. Discutir con su abuela era baldío.

Se levantó y se plantó las zapatillas de tela, y mientras empezaba a atárselas dijo- ¿Nos apareces allí?- Su abuela negó- No puedo, tengo mucho que hacer. Id en la bici- Gal rio un poco y estiró los brazos- Marcus no sabe andar en bici -Pues le llevas en la parrilla de detrás- Eso le hizo reír más aún y se acercó a él cogiéndole de una mano y levantándole del sofá- Ya has oído, señor O’Donnell. Verás la aventura- La abuela le tendió la cesta que se enganchaba en el manillar de la bici y el cuchillito que usaban para cortar las hierbas- ¿Vas a ir con ese vestido en la bici?- ella entornó los ojos ante ese comentario- Hace un calor del demonio, encima que me mandas al campo, al menos podré ir como me de la gana.

Salieron al patio lateral y cogió la bici verde de su tía, que estaba en perfecto estado y apoyada sobre la valla. Claramente, su abuela planeaba mandarla en la bici antes si quiera de ir a despertarla. Metió el libro también en la cesta y le dijo a Marcus- Mete el tuyo también si quieres- con una sonrisilla mientras se ponía las gafas de sol. Y mientras sacaba la bici a la calle se quedó mirándole.

En verano siempre se notaba distinta con él. El verano pasado había llevado el término “distinto” a límites insospechados, pero es que ese verano quedaba peligrosamente cerca de su aventura en el cuarto piso. Y aunque eso creaba un peligroso precedente de no saber exactamente de cómo o cuán lejos acabar, también la hacía sentirse un poco más desfogada que el año pasado. Al menos hasta que le observaba sin camiseta, en la penumbra del salón con las persianas bajadas, que había tenido que empezar a leer por desconcentrarse de aquella visión.

Por fin salió y ella apoyó una pierna en el asfalto otra ya en el pedal y señaló la parrilla- Ahí te sientas tú. Como si fueras en la escoba, levantas los pies y que no te rocen con el suelo. Ni con la rueda. Y te agarras a mí, que te prometo que no te dejaré caer- dijo bajándose las gafas para que la viera guiñarle el ojo.
Merci Prouvaire!


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Jue Dic 03, 2020 8:47 pm

When we walked in fields of gold
CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Tenía tanto lío (y estaba tan pesadito con el tema) sobre a qué dedicarse el día de mañana que su madre le había regalado por su cumpleaños un libro que repasaba la historia de varios oficios mágicos para que pudiera leerlo y quedarse un poquito más tranquilo, o callarse al menos, para que no les diera las vacaciones de verano. Pero Marcus se veía ya con un pie en sexto y sin aún tener muy claro a qué dedicarse, porque le gustaban demasiadas cosas. La Alquimia la que más, claro, pero es que a más profesiones conocía, más cosas le gustaban. Y, por supuesto, tenía que decidirlo YA. Porque solo le quedaban dos años enteros para terminar sus estudios en Hogwarts, y tenía ya la friolera de dieciséis años. Él solo se había montado un drama en su cabeza sobre lo tarde que iba y lo poco digno de él que era ese comportamiento.

Después del baño en la playa se habían quedado leyendo tranquilamente en el salón, cada uno en un sillón, pero Alice se había quedado dormida en un momento determinado. Se dio cuenta por... No supo por qué se dio cuenta, porque técnicamente estaba metido en su libro. Pero una de las veces que la miró la vio dormida. Sonrió y se volvió a su lectura, pero cada vez que se movía un poco la miraba de reojo para ver si se había despertado y meterse con ella, pero seguía durmiendo. Y él... Seguía mirándola de reojo. Pero solo porque quería esperar a que se despertara para decirle algo, o porque quería comprobar que estaba bien y no le estaba perturbando el sol, o esa mosca que acababa de entrar, o el ruido de sus páginas al pasar. Nada tenía que ver ese vestido bastante corto y sobre el que Alice había perdido la voluntad de decidir donde llegaba el límite. Y era absurdo, porque la había visto en bikini varias veces, pero... Ese vestido le quedaba muy bonito y... No lo podía evitar, sus ojos se iban al límite de su falda. Recordando la vez que sus propias manos recorrieron el límite de otra falda que, de hecho, era más larga que esa.

Los pasos que se acercaban le hicieron mover los ojos al libro y alzarlo un poco para cubrir sus huellas, para que no pareciera que estaba mirando. No estaba mirando, estaba leyendo. Aunque volvió a bajarlo un poco, con una sonrisa, cuando la abuela de Alice apareció ante él. Ahm, se ha quedado dormida. Yo creo que está cansada de la pla... No le estaba haciendo el menor caso. De hecho, por más que intentó apresurar la frase para poder decirla entera en vista de las intenciones de la mujer, no le dio tiempo, porque se fue directa a despertarla. Marcus frunció el ceño y se escondió de nuevo detrás del libro. ¿Por qué la despertaba? Allí estaba... Bien... Como estaba...

Por alusiones volvió a asomar los ojos por encima del libro y a intentar excusar. No, no. Yo estoy bien. Estaba aquí leyendo. Pero, de nuevo, su comentario cayó en saco roto. Eso sí, no dejó de atender desde su discreto segundo plano a la conversación, y tan pronto escuchó "necesito que vayáis", cerró el libro y se levantó. Cuando Alice insinuó ir sola él ya estaba de pie, esperando a que ella terminara de despertarse, con las manos tras la espalda y una sonrisa de nieto perfecto. Por supuesto. Vamos juntos. Tenía toda la vida para leer. No iba a desperdiciar un paseo con Alice por ese sitio tan bonito.

Lo que ya no le hizo tanta gracia fue lo de la bici. Había visto algunas, porque Marcus se informaba de todo y en su día tuvo curiosidad por ver como se desplazaban los muggles y se documentó. Pero cuando vio una en persona por primera vez pensó que era un objeto decorativo, no le parecía algo con lo que desplazarse en absoluto. Aun así, siguió obedientemente a Alice, dejando el libro en la cesta tal y como le pedía y mirando como sacaba la bici fuera de la casa con el ceño fruncido. De verdad que no le veía mucha practicidad a aquello, quizás tuviera algún truco que no se veía a simple vista.

Miró donde la chica le indicó que debía sentarse, con el ceño aún más fruncido, y de nuevo a ella, y de nuevo a la bici. ¿Es broma, no? Si no le gustaban las escobas en general, eso menos. Su explicación no le convencía nada, así que antes de montarse dio un par de vueltas alrededor del supuesto vehículo, ojeándolo con expresión nada convencida. ¿Pero y como se supone que se desplaza uno con esto? La tocó y la movió un poco, viendo claramente como se tambaleaba. De hecho, si no hubiera estado contra la pared o ahora Alice no la estuviera agarrando, se caería al suelo. ¿No es como... Muy inestable? Es decir, si no la agarras, se cae. ¿Cómo nos va a soportar a los dos? Se agachó para seguir escudriñándola. ¿No se le hace... Nada? ¿Nada de nada? ¿Ni un poquito de magia? Miró a su alrededor. ¿Y está muy lejos eso? Frunció los labios hacia un lado. No podían hacer magia porque eran menores aún e iban en un vehículo muggle a mitad de la nada. ¿No es un poco... no sé... ¿Arriesgado? ¿Locura? ¿Ganas de quedarse indefenso y sin saber qué hacer y que te tengan que rescatar algunos muggles de por allí y a ver como se lo explicas, y como lo explicas al Ministerio de Magia cuando te lleven a juicio por haber tenido que ser rescatados por muggles y haberles dicho que sois dos magos perdidos y revelado todo el misterio del mundo mágico y...?
Merci Prouvaire!


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Jue Dic 03, 2020 10:27 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Entornó los ojos suspiró mientras escuchaba todas las quejas de Marcus una por una. Pero tuvo que soltar una carcajada a lo de que no se sostenía sola- Como una escoba. Solo hay que hacerla funcionar. Llevo montando en bici desde los cuatro años. Y he llevado gente detrás todo el tiempo- Se subió las gafas y colocó la bici para que Marcus se subiera- Escúchame, no hay otra opción aquí, hay que pasar por la parte muggle del pueblo para llegar al campo y mi abuela no puede aparecernos. Súbete... Y confía en mí ¿sí?- Dijo con un tono más dulce.

Dejó que se subiera y le cogió el brazo, poniéndoselo al rededor de su cintura- Y agárrate fuerte, que no me rompo- Dijo justo antes de pisar el pedal y poner a andar la bici. El manillar se le fue un poco a los lados al principio, pero en cuanto Marcus levantó los pies y dio un par de pedales, logró enderezarlo y hacer como si nada. Obviamente notaba el peso de Marcus detrás, que era un poco más significativo que el de Dylan, pero nada que no pudieran superar. Le gustaba sentir el viento cuando andaba en la bici y el sol calentándole la piel, era muy agradable. Y sin encima tenía a Marcus agarrado a su cintura, se hacía un paseo agradable- Relájate y disfruta de la vista, hombre. La gente viene de todas partes del mundo para ver los pueblos de la Provenza, tu los estás viendo desde un lugar privilegiado- se interrumpió por una carcajada- La bici vieja de la tía Vivi.

Tomaron el desvío del camino rural que dejaba la carretera atrás, eliminando el riesgo de los coches (como odiaba esos ruidosos y malolientes cacharros de los muggles) y recibiéndoles el olor de las flores, de la tierra y del polvo que levantaban a su paso- Ahora agárrate fuerte que viene una cuesta abajo y ya llegamos- Efectivamente, bajando aquella cuesta llegaron a la rivera del río y el antiguo lavadero de piedra. Paró la bici y posó los pies en el suelo, para que Marcus pudiera bajar. Jadeó un poco porque había llegado un tanto cansada y tumbó la bici entre la hierba, cogiendo antes la cesta y dejándosela en las manos a Marcus- No ha estado tan mal ¿eh?- dijo con una sonrisilla. Se quitó las gafas y descendió hacia el lavadero dando saltitos. Se acercó a la fuente de caño que había al lado del lavadero propiamente dicho y se inclinó para beber y para echarse agua por encima. Cuando sintió que Marcus estaba tras ella, dirigió con la mano agua del chorro contra él- Refréscate que te va a dar algo- se mojó las manos con agua y las puso en la frente y el cuello de Marcus con una sonrisa- Los melocotoneros están al otro lado- dijo señalando la dirección con la cabeza, hacia los campos de lavanda tras el lavadero, que parecían una tarta de moras de llenos de flores que estaban.
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Jue Dic 03, 2020 11:38 pm

When we walked in fields of gold
CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Ya. Dijo, sin dejar de investigar la bici como intentando buscarle el defecto definitivo que le sirviera de argumento sólido para no montarse. ¿Tú has estado conmigo en clase de vuelo? Preguntó, aunque sin retirar la mirada del "vehículo". Al final había salido bastante airoso de las lecciones, no volaba mal, pero no le gustaba mucho igualmente. Siempre estaba tenso encima de la escoba. Y discrepo con eso de que sea como una escoba...

Pero la decisión estaba más que tomada así que, tras echar aire por la nariz, se sentó donde la chica le dijo con ninguna seguridad. No era que no confiara en ella, en lo que no confiaba era en la bici. Pero qué remedio. Sujetó su cintura mirándola de reojo desde su posición, y no sin cierta... ¿Incomodidad? No era esa la palabra. Ni que no se hubieran tocado o abrazado nunca. De hecho... Habían hecho algo más que eso ese mismo año. Quizás por eso ya no era lo mismo. O porque había pasado demasiado rato mirándola antes y ahora se sentía intranquilo con su conciencia... O quizás le había dado demasiado sol esa mañana, porque estaba pensando muchas tonterías.

Y claro, Alice no se podía callar, así que frunció el ceño. Ya voy. Me estaba colocando. Porque él tampoco se podía callar. Ya sí, aferró su cintura con fuerza y deseó más fuerzas todavía que realmente no estuvieran haciendo una temeridad. Lo de que "ya lo había hecho antes" no era para él ninguna garantía de seguridad viniendo de esa chica. La había visto intentar tocar el Lago Negro enganchada a la rama de un árbol.

Los primeros minutos fue algo más tenso, pero finalmente se acostumbró. El paisaje era maravilloso y ante el comentario del lugar privilegiado del que verlo solo pudo reír. Dejó reposar la mejilla ligeramente en la espalda de Alice mientras miraba su alrededor. Sí, aquello estaba bien... Pues como siempre. Después de mil dudas, Alice le acababa metiendo en una de sus locuras y, al final, tenía que reconocer que había merecido la pena. Aunque tampoco iba a cantar victoria tan pronto, o al menos hasta que se viera sano y salvo y de vuelta en la casa.

Se había dejado conquistar por el paisaje, el paseo y el tacto de Alice en su mejilla y sus brazos cuando dijo lo de la cuesta abajo. ¿Cómo? Preguntó automáticamente, tensándose de golpe y separando su cabeza del cuerpo de ella, ya totalmente fuera de ese aura de tranquilidad en la que se había sumergido. Además de aferrarse más, cerró los párpados con fuerza porque no le apetecía ver en directo su propia muerte y la de Alice, pero realmente no fue para tanto. Soltó un poco de aire por la boca y descendió de la bici en cuanto la notó totalmente parada. No ha estado tan mal, no. Quitando los primeros minutos y los últimos, de hecho, había estado bastante bien. Aunque no me hubiera importado bajar la cuesta andando. Para algo tenía las piernas largas.

Cesta en mano, vio con una sonrisilla, reprimiendo una risita entre los labios, como Alice bajaba a saltitos al lavadero mientras él la seguía. Daba gusto verla allí, en la Provenza, ese sitio que tanto le gustaba y tan bien le sentaba. El paisaje parecía especialmente diseñado para ella y lo sabía, porque lo disfrutaba como si así fuera. Se quedó mirándola también mientras bebía agua mientras se convencía más a cada segundo que pasaba de que ese era el entorno perfecto de Alice. No había podido olvidar el verano anterior, probablemente no lo hiciera en su vida. A pesar de que pasaban los días juntos en Hogwarts, esos momentos en la Provenza eran de los más felices que guardaba con su amiga.

Su graciosa amiga. Mientras él estaba embobado mirándola y pensando cosas bonitas, ella no tuvo otra cosa mejor que hacer que echarle agua, sacándole de golpe del trance y haciéndole retirarse de un paso atrás, en un respingo y con un chasquido indignado. ¡Alice! Se quejó. Si es que... Continuó refunfuñando mientras comprobaba su camiseta mojada. Nada, no podía uno bajar la guardia con ella ni aunque fuera, precisamente, pensando en ella. Tomó aire frunciendo los labios en una mueca pero la chica se le acercó y colocó las manos mojadas en su frente y su cuello. La mueca se transformó en una sonrisilla mientras la miraba. Terminó de soltar el aire y miró al lavadero. Sí que tengo calor. Se separó de ella y se agachó sobre este, dejando la cesta a un lado, bebiendo un poco de agua y mojándose el pelo. Se levantó y, antes de que ella pudiera reaccionar, se puso a su lado y se sacudió el pelo como un perrillo, salpicándole agua. Cuando terminó, se irguió entre risas y miró donde la chica le había señalado antes. ¿Y ahí podemos ir andando, o tiene que ser también en bici? Preguntó con su sonrisilla habitual, soltando de nuevo un poco de aire tras la sacudida, colocando luego sus manos en su cintura y mirando el paisaje. Creo que no había visto tantas lavandas juntas en mi vida.            
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Vie Dic 04, 2020 12:29 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Las quejas de Marcus con ella caían en saco roto, o si no viviría amargada pensando en todas las cosas que perturbaban la paz mental y la zona de confort de su amigo. Se rio por su amago de ofensa, pero si le conocía de algo, se vengaría. Y lo hizo sacudiendo aquellos rizos tan preciosos, que cuando se mojaban eran, si cabía, más adorables. Se acercó a él y se los apartó de la frente con los dedos, deteniéndose quizá unos segundos de más, en los que se entretuvo en sus ojos, en sus pequitas por la nariz, en sus mejillas sonrosadas del calor. Le recordaba un poco a su expresión aquella noche en el pasillo y eso la hizo suspirar un poco.

-Debemos ir andando, de hecho. Hay que caminar por los carrilitos que hay entre las lavandas- Aprovechó que Marcus estaba embobado y se agachó a la orilla del río y levantó una ola de agua que les mojó a ambos. Salió corriendo con una risa cantarina en dirección al campo y no miró atrás, hasta que oyó los pasos detrás de ella en la tierra y se giró con una sonrisa. Alargó la mano y tiró de su camisa para ponerle a su altura- Venga va, no te enfades, que aquí no eres mi prefecto- se inclinó un poquito y le dio un beso en la mejilla y volvió a salir corriendo en dirección a los melocotoneros.

Tendió el cuchillo de cortar hierbas a Marcus y le dijo- La ajedrea y el tomillo crecen a la sombra de los árboles. Búscalas y corta unos ramilletes, que el abuelo cuando hace aceitunas las hace en cantidad industrial- Ella se acercó al tronco del árbol y puso un pie en la base, agarrándose a la primera rama- Yo voy a coger de los melocotones de arriba, que son los que están menos golpeados y pochos- cuando encaramó la pierna más arriba y se echó sobre la rama, miró a Marcus y se rio- Vamos, que en sitios peores me has visto subirme, no me va a pasar nada- dijo con un guiño.
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Vie Dic 04, 2020 7:07 pm

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CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Alice generaba en él continuamente esa mezcla entre frustración, admiración y adoración un tanto extraña y que le confundía. Cualquier otra persona se hubiera quejado ante su venganza, él al menos lo habría hecho. Ella, sin embargo, se le acercó con una sonrisa y le retiró los rizos de la frente, manteniendo la mirada el uno en el otro por unos segundos. La sonrisa de Marcus permaneció en su rostro incluso después de que ella se hubiera apartado de él. Así era Alice, impredecible. Probablemente lo único que Marcus no podía controlar en su vida y, paradójicamente... Pues ahí estaba.

Tan impredecible (¿o esto sí lo hubiera podido prever de no haberse quedado perdido en sus pensamientos? A ver si iba a resultar que, más que que la chica fuera impredecible, es que él le bajaba la guardia demasiadas veces) como que, de repente, levantó una ola de agua y le puso empapado. ¡¡Alice!! Volvió a quejarse y a chistar, mientras sacudía las manos como un espantapájaros mojado. Mira, de verdad... Y la muy cobarde echaba a correr con una risilla. Marcus fue tras ella, con los labios fruncidos fingiendo enfado pero realmente conteniendo una sonrisita porque, oh, por supuesto que se iba a vengar. Pero, haciendo honor a su impredecibilidad, cuando la chica le sintió cerca, en lugar de huir más, lo que hizo fue tirar de su camisa y acercarle. Se mordió el labio, con esas miradas que se dedicaban cuando jugaban a ver quien podía más, y se quedó un tanto en shock con el beso en la mejilla. Lo dicho... Impredecible.

Tardó unos segundos en salir del aturdimiento y, cuando lo hizo, solo sonrió y negó con la cabeza. Yo voy a ser tu prefecto siempre. Que no se te olvide. Contestó con seguridad mientras la seguía, ampliando las zancadas para alcanzarla de nuevo, pues había salido corriendo. Llegó hasta el árbol, tomó el cuchillo que Alice le tendía y escuchó sus instrucciones, asintiendo muy formalito y procediendo a agacharse para cumplir su cometido. Estaba con la mirada en las plantas cuando escuchó a Alice decir que se subiría al árbol y no pudo evitar reír mientras cortaba los ramilletes. No hay árbol que se te resista, ¿eh? Me sorprende que tu patronus no sea un mono. Comentó divertido, analizando las plantas y colocando los ramilletes a un lado. Otra de las muchas diferencias entre esa bici y una escoba. Comentó haciéndose el enterado, como siempre, y para enfatizar su próxima argumentación miró a la chica, abriendo la boca para empezar a hablar. Y se cortó.

Alice. Vestido. Corto. Árbol. Tragó saliva. Al igual que cuando estaba dormida, parecía que la chica no era muy consciente de donde le llegaban los límites de la falda. Tampoco es que estuviera viendo... En fin, nada, bueno, osea. No pretendía al menos, solo la había mirado para hablarle. Bajó la cabeza y prefirió continuar con la mirada puesta en las hierbas. La escoba te permite coger esos melocotones sin tener que trepar a un árbol. Dudo que puedas hacer eso con una bici. Sí, mejor disimular y hablar de otra cosa. Pero claro, Alice no iba a dejar de tentar y en seguida le lanzó un comentario de los suyos. O le había visto quedarse extrañamente mudo cuando miró hacia arriba y lo había interpretado como miedo, o solo pretendía tirarle de la lengua como siempre. De cualquier forma, a Marcus se le olvidó por un instante por qué había bajado la cabeza e, instintivamente, volvió a mirar hacia arriba para responder. No me... Error. Volvió a bajar la cabeza y negó, tratando de disimular con una sonrisilla de suficiencia. No me da miedo lo que hagas, ya eres mayorcita. No te miraba por eso. ¿Y entonces por qué, eh, Marcus? Se quedó por unos segundos mirando a la nada, pensando. A ver cómo redirigía eso. Suerte que tenía habilidades para expresarse y salir del paso. Solo intentaba calcular la trayectoria de tu caída por si tenía que hacer de colchón. Alzó la cabeza con chulería pero cerró los ojos, dándose un aspecto de niño prepotente que se burla de su amiga y, de paso, no mirando. Ni que fuera la primera vez que te rescato. Y las que le quedaban...
Merci Prouvaire!


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Vie Dic 04, 2020 7:40 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Rio entre dientes a lo de que siempre sería su prefecto. A veces se preguntaba qué sería de ellos al salir de Hogwarts, y siempre se imaginaba que serían así: el eterno prefecto persiguiendo a la eterna alumna díscola. Solo que aplicado al mundo de los mayores. Ya vería cómo enfocaba aquello pero sí, tenía claro que así serían siempre.

Entrecerró los ojos y negó con la cabeza- ¿Pero quién usaría una escoba para coger un melocotón? No es tan difícil subir, por Dios- dijo apoyándose boca abajo sobre la rama, reposando la barbilla sobre sus manos y dejando colgar la pierna derecha, mientras miraba los campos de lavanda- Y no soy ningún mono. Soy un pajarito, como dice mi padre, y los pajaritos se detienen en las ramas. Ser un mono sería muy poco halagüeño la verdad- dijo en tono de broma, siguiendo el pique de Marcus. Reposó la mejilla completa sobre su brazo, mirando enternecida al paisaje que tenía delante- Me encanta estar aquí- Contigo, pensó. Me gusta estar aquí contigo, porque sí, La Provenza siempre le había encantado, pero desde que Marcus venía lo consideraba un paraíso. Un paraíso para ellos dos, aunque siempre estuvieran rodeados de gente. Y ahora estaban solos. Bajó la mirada para enfocar a Marcus, cortando hierbas al pie del árbol y haciendo ramilletes extremadamente perfectos, como no podía ser de otro modo. Qué callados se habían quedado los dos de repente, y qué raro era eso.

Pero ya salió Marcus rebatiendo su afirmación, para siempre poder tener la última palabra- ¿Y por qué mirabas? ¿A ver si aparece Nicolás Flamel volando por encima de un melocotonero provenzal?- dijo terminando con una carcajada. O'Donnell, siempre tan preocupado por todo. Luego se sentó en la rama y se tuvo que reír a lo de ejercer de colchón, imaginándose la escena- Pues no estás precisamente mullidito como para hacerme de colchón- señaló la cesta con la cabeza y dijo- Hazme mejor de recolector anda, coge la cesta y súbemela hacia aquí- Sin moverse, solo alargando los brazos, fue cogiendo melocotones y depositándolos en la cesta que sujetaba Marcus. Pero entonces vio uno encima del todo del árbol que tenía la forma y el color perfectos. Eso no lo podía dejar escapar. Se levantó en la rama, ayudándose de las más pequeñas de al rededor y dijo- Ese tengo que cogerlo. Dejarlo pasar sería un desperdicio.

Tuvo que inclinarse un poco de más, pero volvió sana y salva a sentarse en la rama primera- ¿Qué? Mira qué preciosidad de melocotón. Nadie subiría tan alto por él, y se hubiera desperdiciado- Se lo acercó a los labios y le dio un mordisco. Lo dicho, merecía la pena totalmente- El mejor melocotón del árbol- dijo dándole otro mordisco- Y no debería compartirlo contigo, pero soy benevolente- Se dejó colgar de la rama, sujetándose con el ángulo de sus piernas y quedando boca abajo, y alargándole al chico la mano con la que agarraba el melocotón, mientras con la otra se sujetaba la falda del vestido, que por mucho que aguantara ese vestido, no era ajeno a las leyes de la gravedad- Pruébalo, que no te vas a arrepentir- dijo con un tono un poco... Diferente, por decirlo así, al que había pretendido usar, mientras se relamía el dulcísimo jugo que se le había quedado en los labios.
Merci Prouvaire!


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Sáb Dic 05, 2020 12:29 am

When we walked in fields of gold
CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Miró solo de reojo mientras cortaba la hierba cuando vio como Alice se dejaba caer en la rama, sonriendo y negando con la cabeza. Soltó una risa fugaz entre dientes al tiempo que cortaba una ramita más. Los pajaritos vuelan, como las escobas. Me estás dando la razón. Marcus hilaba todo lo necesario hasta llegar a la conclusión de que tenía razón. Y guardando el ramillete recién cortado en la cesta escuchó a Alice decir que le encantaba estar allí. Y a mí. Contestó bajito y con una sonrisa. Adoraba Hogwarts y adoraba estar en su casa con sus padres. Pero La Provenza... Era especial.

Aunque se estaba metiendo con él, no pudo evitar soltar una carcajada, tras la cual fingió ofenderse. Eh, no blasfemes. Comentó, mirando de nuevo hacia arriba y, tan pronto lo hizo, hacia las hierbas una vez más. Pues eso estaría genial, no te lo discuto. Tendría una anécdota con Flamel que contarle a mi abuelo para variar. Porque su abuelo a él le había contado un montón. Había terminado de recolectar hierbas cuando Alice soltó ese comentario. Entrecerró los ojos con una sonrisita fruncida y se puso de pie, con los brazos en jarra. ¿Lo dudas? No se deben sacar conclusiones sin probar las cosas. Eehh, ¿Marcus? ¿Le estaba diciendo a Alice que le usara de colchón, o qué? Ah, y ya sí se había quedado mirándola. Mira, que más daba. Ella era la que estaba recolgada de la rama, no debería importarle.

Le vino bien que le pidiera la cesta porque así pasó de largo de su propio comentario, suspirando cómicamente y obedeciendo. Yo quiero uno. Comentó mirando los melocotones que la chica iba dejando en la cesta, que tenían una pinta deliciosa y con el calor que hacía, apetecían. Bueno, a Marcus le apetecía todo lo que fuera comida siempre. En cuanto acabaran la recolecta pensaba seleccionar el mejor, pero aún tenía las manos ocupadas agarrando la cesta. Tenía un pequeño problema con donde poner los ojos: si miraba los melocotones, le entraba hambre; si miraba a Alice... Estaba justo debajo de ella y la chica, para no variar, seguía en su empresa de recolectar melocotones sin atender en absoluto a su vestido. Así que fue paseando la mirada por el paisaje, como quien espera pacientemente a que la actividad termine.

Pero por el rabillo de ojo vio a Alice levantarse y la escuchó decir que tenía que coger el último melocotón del árbol. El último. Porque no había otro. Venga, no seas avariciosa, que ya tenemos muchos. Pero era inútil, ya se estaba subiendo. Mira este. Comentó alzando un melocotón al azar. Tiene una pintaza. Si no lo quieres tú, me lo como yo. Nada. No le estaba escuchando. Ya sí se quedó mirándola obviando la falda porque como se cayera de allí, sí que iba a tener que hacer de colchón le gustara a ella o no. Tragó saliva y soltó la cesta en el suelo, tensándose un poco y calculando la dirección de la potencial caída para ponerse debajo, preparado para agarrarla.

Afortunadamente, no hizo falta. Respiró disimuladamente, dejando escapar por la boca el aire que tenía contenido y rodando los ojos. No me cabe duda. Que nadie subiría tan alto por él, ¡pues claro, como que era una temeridad! Rió de nuevo entre dientes, ya más relajado, negando con la cabeza. Creo que el estar en la Torre Ravenclaw te ha hecho perder respeto por las alturas. Y al mirarla la vio tan contenta comerse su premio. Volvió a reír pero se quedó embelesado mirando. Le gustaba ver a Alice feliz, aunque fuera por algo tan nimio a priori como comerse un melocotón.

Seguía mirándola cuando soltó ese comentario que le hizo arquear una ceja y abrir la boca. Encima que iba a arriesgar mi integridad para sostener tus locuras, a pesar de que has puesto en tela de juicio mis habilidades como colchón. Pero tuvo que bufar cómicamente a un lado, rodando los ojos de nuevo y riéndose cuando la vio recolgarse de la rama. Ahora me dirás que los pájaros hacen eso. Eres cien por cien un monito. Entrecerró los ojos y, arrugando la nariz, estiró el cuello hacia ella para pincharla. Un monito travieso y negligente. Sin embargo, alargó la mano y le ofreció el melocotón. Con una sonrisa dibujada, pasó la mirada de la fruta a la chica varias veces, hasta que dio un paso adelante y, sin agarrarlo él sino confiando en que ella se lo sostuviera, dio un bocado al melocotón. Mientras lo hacía, sus miradas se cruzaron por un instante. No sabía por qué la había mirado, pero... Ese segundo que duraron pareció prolongarse. Retiró la mirada, separó los labios y volvió a su sitio, masticando. Al tragar, sonrió, se relamió los labios y la miró con la cabeza ladeada. No está mal para el melocotón menos accesible del árbol. Estaba buenísimo, ciertamente. Miró a la cesta y devolvió la vista a la chica. Aquí hay más. Ya sé que no saben a riesgo de vida o muerte, pero seguro que también están buenos. Bromeó y le tendió una mano, con una sonrisilla ladeada y los ojos entrecerrados. ¿Te valgo como ayuda para descender, o tampoco?
Merci Prouvaire!


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Sáb Dic 05, 2020 1:28 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Si buscabas "agobio innecesario" en el diccionario te salía Marcus con la cara con la que la estaba mirando en aquel momento. Si es que al final la hacía reír aunque no quisiera- Y dale con el monito, tú lo que quieres es hacerme rabiar. Pues tú eres un ficus. Así, tan estirado y serio- dijo con una risilla cristalina- Pero gracias por estar dispuesto a arriesgar tu preciada y estirada estructura ósea por salvarme, querido prefecto- terminó con retintín riéndose, ya boca abajo- Y yo no soy negligente. Soy aventurera.

Vio como se acercaba a su mano y, en aquella incómoda postura, notó el cosquilleo en su estómago, al observarlo desde esa posición, y viendo como le clavaba los ojos mientras lo hacía. Hubiera tragado saliva, pero no estaba en condiciones, y empezaba a arrepentirse de haberse quedado ahí colgada. El momento, que en verdad duró segundos, se le hizo eterno. Eternamente divino, y a la vez... No podían descender otra vez por esa cuesta. Había parado por algo en el pasillo, porque ninguno de los dos estaba muy seguro de cómo continuar. Pero el calor, el verano, la soledad de aquel campo de Francia y Marcus relamiéndose los labios, le hacían olvidarse de aquel pequeño detalle.

No pudo evitar soltar una pequeña carcajada- ¡Sí, hombre! Pretende ser indiferente con lo que quieras, pero no con este melocotón. Sabes que es el melocotón perfecto- Alzó la ceja y puso sonrisilla traviesa- Porque dime ¿hay mejor sabor que el de un poquito de riesgo no dañino?- Se puso el melocotón en la boca para que no se le cayera y se volvió a sentar en la rama, mirando hacia Marcus. Volvió a coger la fruta, comiéndose el cacho que había mordido y miró a su amigo con cara de niña buena y balanceando los pies en el aire- Aunque tú y memé no lo creáis, también sé ser una dama. Así que por supuesto que dejo que me ayudes a descender, si me coges en brazos- dijo manteniendo la expresión. Era completa y absolutamente innecesario que lo hiciera, ni que Gal no estuviera más que acostumbrada a bajar y subir de los árboles (igual sí que era un poco monito) pero quería que Marcus la cogiera. Se sentía tan a salvo con él, que no le importaba sentirse así unos segundos aunque fuera, estando en sus brazos.

Pasó el brazo por sus hombros y descendió despacito las piernas que dejó colgadas en el brazo que no sostenía su cintura. Y allí se quedó, mirándole a los ojos, con esa cercanía. Lo dicho, se sentía más segura que en ningún sitio, aunque el corazón le fuera a tres mil por hora. Se había quedado con los labios entreabiertos y se acababa de dar cuenta. Subió el brazo libres donde tenía el melocotón y se lo puso cerca de los labios a Marcus- Te he guardado el último bocado, aunque pongas en duda su excepcionalidad... Y cuando quieras puedes bajarme, no creo que me pase nada. Ahora estoy más cerca del suelo y debo pesar un poco- Porque sí, se habían quedado mirándose y respirando como dos idiotas. Y ella podría haber estado así toda la tarde.
Merci Prouvaire!


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Sáb Dic 05, 2020 7:21 pm

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CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Abrió mucho los ojos y la boca. ¿Un ficus? Irguió el tronco con altanería. Yo soy un águila majestuosa, no una planta aburrida. Rodó los ojos. Pues de nada. Sí, tú ríete, como nos hagamos daño de verdad me vas a escuchar repitiéndote "te lo dije" hasta que me aburra. Y no iba a aburrirse pronto. Soltó una carcajada sarcástica e hizo un gesto con las manos en el aire como si estuviera presentando un cartel. "No soy negligente. Soy aventurara". El epitafio de todo buen negligente. Aventurera...

Frunció el ceño y siseó. Yo nunca soy indiferente con nada. He dicho que estaba bueno. Solo que no me parece para arriesgar la vida. Pero ahí estaba Alice, como si fuera por delante hasta de lo que él pensaba, añadiendo ese travieso comentario. ¿No dañino? Preguntó lentamente, con las cejas arqueabas. Claro, como no se había caído no era dañino, habría que ver si hubiera pensado lo mismo de haberse despeñado de ese árbol. Pero la frase llevaba más cosas implícitas, o eso o es que él estaba empezando a pensar de una forma un tanto extraña y ultimamente todo lo que Alice decía le sonaba a segundas intenciones. Volvió a mojarse los labios, saboreando el jugo de la fruta aún en ellos, y mirándola con los ojos entrecerrados y la cabeza ladeada. Si reconozco eso lo voy a pagar, así que lo dejaré en un... Depende. Y eso dejaba un mundo de posibilidades abierto que, era consciente, tampoco era la mejor estrategia con Alice... Pero, quizás la chica tuviera razón: le gustaba ese riesgo.

La miró sin poder evitar sonreír con una mezcla entre ternura y... Esa cosa extraña que llevaba embotándole la cabeza todo el día y que ya hacía tiempo que le iba y le venía cuando estaba con Alice y la chica hacía ciertas cosas, decía ciertas cosas o se ponía... En ese plan, en líneas generales. Arqueó las cejas con comicidad solo para provocar a la chica a base de poner en tela de juicio eso de que "era una dama", pero le había dicho que se dejaría ayudar a bajar así que alzó la barbilla, sonriendo muy bien puesto y se colocó bajo ella. Pues cuando la dama desee.

No podía negar que le daba un poco de respeto aquello, Alice había trepado con su agilidad habitual y a ver si por intentar hacerse el caballero listillo ahora se iba a caer de verdad. Sin embargo, por fuera solo dejó ver su expresión de seguridad habitual mientras dejaba que la chica se agarrara a él y sujetaba su cintura, con suavidad pero con la firmeza suficiente para agarrarla bien. La sostuvo cuando ya la tuvo en sus brazos y sonrió. ¿Mejor así, no? Preguntó, y quizás su voz sonó más suave de como pretendía lanzarla. De nuevo se habían quedado mirándose, en unos instantes que se prolongaron como si pudieran estirar el tiempo a placer. ¿Qué tenía la Provenza que provocaba esos momentos entre ellos, ese aura a su alrededor, como si estuvieran solos en el universo? Y lo más importante... ¿Qué significaba? A Marcus le irritaba no saber el significado de las cosas. Pero, paradójicamente, aquel lugar tan muggle parecía tener una magia especial: la magia de hacer que no le importara.

Miró al melocotón, ampliando una sonrisilla ladeada, y volvió la vista a Alice mientras hablaba. Le das el último trozo del mejor melocotón del universo a un aburrido ficus. Qué buena eres. Ironizó, pero sin perder el tono suave y sin dejar de mirarla. Ni de sostenerla. De hecho arqueó una ceja cuando dijo que podía soltarla, sosteniéndola con más firmeza aún. Buena cosa era decirle a Marcus que prescindiera de hacer algo si le suponía mucho esfuerzo. Pesas lo mismo que un pajarillo, osea poco. ¿Insinúas que no puedo contigo? La lógica decía que debía bajarla, ¿por qué seguía sosteniéndola? ¿Por orgullo nada más? Y creí que a los pajaritos os gustaba apoyaros en los árboles. Supongo que un ficus no es lo suficientemente arriesgado para ti. Volvió a bromear, pero su tono era... Distinto. Y no podía dejar de mirar sus labios mientras hablaba. Y su respiración se había acelerado un poco. Y... Habían vuelto a quedarse en silencio y mirándose.

Se mojó los labios y, tratando de cortar aquello, miró al melocotón y sonrió un poco más. Se llevó el último bocado de este y, una vez hecho, ya sí dejó a Alice en el suelo. Entonces, ¿misión cumplida? Se llevó un dedo a los labios para quitarse un poco de jugo sobrante y lamerlo después, echando un vistazo a la cesta. ¿Son suficientes hierbas? ¿Corto más?
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Sáb Dic 05, 2020 9:29 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Con aquello de estar en brazos de Marcus, se le había pasado pararse a pensar en aquello que había dicho del riesgo. Rio entre dientes y acercó su rostro al suyo. Se planteó besarle, no decía que no, pero prefirió dejarlo en rozar su nariz con la de él y susurrar, con una sonrisa- ¿De qué depende?- y se separó, pero no quitó los ojos de los verdísimos ojos de Marcus, suspirando un poquito. En cuanto a su pregunta de mejor así ladeó la cabeza y entornó los ojos- No y sí. No, porque me encanta subirme a los árboles y sentirme un pajarito, libre como el viento. Y sí... Porque juntos todo es mejor. Siempre.

Se rio a lo de que pesaba poco y movió la cabeza- Pues aquí nos quedamos- Movió la mano del melocotón y alzó una ceja, manteniendo la sonrisa- Yo creo que hasta a un ficus se le puede tentar con el peligro ¿no te parece?- Se rio a su afirmación pero no le gustaba lo que había bajo sus palabras. Como si él no fuera suficientemente atrevido para ella, como si... Aquello que dijo su abuela tuviera sentido. Sin ser consciente su sonrisa se desvaneció un poco- Creo que nadie podría ser mejor rama para este pajarito que un ficus aburrido- Dijo con más seriedad. Luego observó de nuevo cómo se terminaba de comer el melocotón y se regañó a sí misma porque pensó "ojalá besarle ahora" demasiado intensamente.

Dejó que la dejara en el suelo, por mucha pena que le diera, y se recolocó el vestido. De tanto correr y de la bici se le había enredado muchísimo el pelo y empezó a peinárselo con los dedos. Se acercó a la cesta y admiró los ramilletes perfecto de Marcus, que le arrancaron una sonrisa- Qué pena que hayas decidido alejarte de la Herbologia. Lo que daría por un compañero tan ordenadito- Le miró y amplió la sonrisa- Están perfectamente. Yo creo que ya lo tenemos todo. Pero si no te importa esperamos a que baje un poquito el calor para irnos. Volvemos al lavadero y nos ponemos allí a leer, que se está mejor- Terminó de desenredarse el pelo y pensó qué podía hacerse para mantenerlo en su sitio. Solo llevaba uno de sus lazos azules atado en la muñeca y no le daba para hacerse una coleta. Y dos trenzas tampoco porque solo llevaba uno. Se giró hacia Marcus y dijo- ¿Te acuerdas de cuando mi madre te enseñó a hacer trenzas? Aquí mismo hará como... ¿Cuatro años?- Se desató el lazo de la muñeca ayudándose con los dientes y se lo tendió- ¿Me haces una para que no se me enrede el pelo?
Merci Prouvaire!


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Sáb Dic 05, 2020 10:24 pm

When we walked in fields of gold
CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Por supuesto que sabía que ese comentario le iba a venir de vuelta como un hechizo rebotado. En el fondo, lo deseaba, Alice siempre le hacía eso, en parte porque él se lo ponía en bandeja. Un tira y afloja nunca funciona si no es cosa de dos, y ellos llevaban así casi seis años. Por algo sería. Supongo que... De con quien... De para qué... Contestó con una sonrisilla, mientras aún la sostenía y miraba sus labios desoyendo a la vocecilla de su cerebro que le decía que eso no era buena idea.

Sonrió de oreja a oreja cuando le dijo que juntos todo era mejor siempre, pero se echó a reír cuando determinó que allí se quedaban. Pues decidido. Comentó divertido. Por poco que pesara, él no es que fuera especialmente fuerte, así que en algún momento la tendría que soltar igualmente. Pero... Estaba bien así. Eso sí, a lo de tentar a un ficus solo contestó mordiéndose un poco el labio inferior y encogiéndose de hombros con una caída de párpados. ¿Qué se respondía a eso? ¿Que no? Era mentira. ¿Que sí? Demasiado directo. Aunque lo de que estaba más cerca del sí que del no lo sabía él, lo sabía Alice y lo sabía cualquiera que les conociera un poquito. Y aunque pareció que Alice había desvanecido un tanto la sonrisa, Marcus ni se dio cuenta, y al contrario que ella, la ladeó y contestó. Este ficus está encantado de serlo. Y será mejor que la sueltes ya, Marcus. Porque empezaba a mirar sus labios demasiado, a notar el cuerpo de la chica rozando sus manos demasiado, y no estaba muy fino ese día. Así que, tras morder el melocotón, la dejó en el suelo.

Rió un poco. Bueno, sigo siendo ordenadito en el resto de materias. Le había costado horrores decidirse por sus asignaturas optativas en el momento en que tuvo que empezar a hacerlo, y no porque no supiera cuales le gustaban, sino porque no sabía cuáles descartar. Había llegado hasta a solicitar un giratiempo al director para poder cursar varias a la vez. "Eso solo trae problemas, O'Donnell". Tss. Por más que intentó venderse como una persona seria, discreta, normativa, protocolaria, perfectamente capaz de dilucidar las cosas y con una salud mental lo suficientemente estable como para no volverse loco con eso, no consiguió nada. Así que tuvo que prescindir de algunas asignaturas y la herbología fue una de ellas, simple y llanamente porque requería destrezas que no eran las puramente intelectuales y había riesgo de que le bajaran la media. Marcus siempre tan práctico.

Sonrió y se guardó las manos en los bolsillos, dispuesto a echar a andar. Me parece genial. No tenía ninguna prisa (menos aún por montarse en la bici) y allí se estaba muy bien. Podían echar el ratito leyendo junto al lavadero, comiendo melocotones y disfrutando de la compañía el uno del otro envueltos por el olor a lavanda. Lo dicho, la Provenza sacaba su lado más relajado. Pero antes de echar a andar, Alice le pidió que le hiciera una trenza. Se quedó apenas dos segundos pensando, pero finalmente salió resuelto. ¡Claro! Y se acercó a ella, sonriente, colocándose a su espalda.

Tomó su pelo entre sus manos y lo peinó un poco con los dedos, con suavidad, intentando no darle ningún tirón, mientras recordaba en silencio. Había sido un día muy bonito y divertido, Janet le había enseñado a hacerle una trenza a Alice justo en aquel mismo lugar. Ahora, al verlo tras lo ocurrido, era un poco... Triste. Sintió una punzada de amargura en el pecho que le diluyó la sonrisa por unos instantes, pero se mojó los labios y se obligó a sacarla de nuevo, dividiendo el pelo de la chica en tres y quedándose solo con la parte de ese día que necesitaba en ese momento: el cómo se hacía una trenza. Ahora tienes el pelo un poco más largo. Aunque igual de bonito, eso sí. Emm... Creo que esto es del monito de los árboles. Dijo sacando una hojita del pelo de Alice y pasándola por delante de la cara de la chica para que la viera, dejándola en la mano de ella con una risilla. Ya sí, empezó a hacer la trenza. ¿Cómo es que solo te has traído uno de los lazos? Se le dibujó una sonrisa boba, mientras miraba el pelo con concentración. Estarías muy graciosa con dos trenzas ahora. Los dos habían cambiado bastante desde que se conocieron en primero, habían crecido, más bien. En todos los sentidos. Seguro que te quedan genial. Eso se le escapó, cuando ya iba casi por el final de la trenza y estaba tan metido en ella que ni lo pensó. De hecho, lo había dicho en un tono bastante más bajo, pero estaba pegado a Alice y en un ambiente tan silencioso que le habría escuchado sí o sí. Se mojó los labios con concentración y disimulando y alargó la mano por encima del hombro de la chica para que le diera el lazo. Listo. Comentó satisfecho cuando hizo un lacito perfecto al final de la trenza. Sin soltarla, giró para ponerse frente por frente a Alice y, con delicadeza, pasó la trenza por encima de su hombro y, lentamente, dejó de tocarla, aunque no de mirarla. ¿Digna de un ficus? Preguntó, con cierto tono de broma, pero mirando a la chica a los ojos. Esos ojos tan azules. Los tuyos son muy Raven. Como tus lazos. Dijo entonces, y se quedó un segundo procesando, casi impactado por sus propias palabras. Sacudió la cabeza y se le escapó una risilla nerviosa, bajando la mirada. Se había ruborizado fijo, esperaba que no mucho o que disimulara con el colorcito que ya traía por estar expuesto al sol. Eem. Vaya idiota. Ya se lo podría haber guardado para sí. Fueron las palabras que le dijo a Alice el primer día, cuando le dijo "qué ojos más verdes tienes". A ver cómo reconducía eso ahora sin que sonara a rarito. Es que siempre que los veo me acuerdo del primer día.
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Sáb Dic 05, 2020 11:52 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
"Conmigo, para seguir donde lo dejamos en el pasillo" le dieron ganas de contestar simple y llanamente a su respuesta, pero lo dejó correr. Marcus se enteraba de más cosas de las que dejaba traslucir, y ya sabía por donde iba ella. Aunque los dos se hicieran los locos y se mataran a indirectas.

Le gustaba ese Marcus que decía que sí a todo, tan tranquilo y que disfrutaba del entorno y del momento, era muy parecido a estar en el paraíso. Pero mientras el paraíso llegaba, les quedaba la Provenza, que era preciosa, embriagadora y un marco perfecto para ellos dos. Para colmo, accedió a hacerle la trenza, y mientras se daba la vuelta para facilitarle la tarea, se acordó de su madre, con su vestido blanco de algodón y a Marcus chiquitito, mirando con curiosidad lo que estaba haciendo. "¿Quieres aprender?" le había dicho, y claro, Marcus O'Donnell jamás decía que no a esa pregunta. Suspiró al acordarse y sonrió débilmente. Qué historia tan larga y bonita tenían, y qué circular, acabar siempre en los mismos sitios, siendo los mismos pero distintos.  Rio y se encogió de hombros- Porque siempre llevo uno encima, ya no es que me haga dos coletas con mucha asiduidad. Pero las dos trenzas sí me gustan, sobretodo ahora que, como tú dices, tengo el pelo más largo- dijo aludiendo a lo que había dicho él. Oyó lo que dijo justo después en un susurro y toda su piel se erizó, al tenerlo tan cerca, a su espalda, con sus dedos entrelazados en su pelo. No había dicho nada especial, pero aquel tono y... Todo el aura que les rodeaba, despertaba los nervios de su piel- Gracias- murmuró de vuelta, porque quería decir muchas cosas, pero no muy apropiadas.

Sonrió, como si no pasara nada, cuando Marcus se puso frente a ella y le tocó la trenza, sintiendo su cosquilleo por encima del hombro. Le adoraba, simple y sencillamente. Adoraba cuando era tan tierno, cuando estaba tan guapo, cuando hacha esas cosas por ella- Es perfecta- dijo de corazón, cuando en verdad lo estaba pensando de él. Demasiado perfecto, de hecho, para una persona como ella, que como mucho podía decir que era un perfecto desastre. Y entonces dijo aquello y el corazón de Gal se saltó un latido. Clavó sus ojos en los de él y se quedó sin palabras un momento. Era lo que le había dicho el primer día. No solo se acordaba de aquel momento en el que ella haba apreciado sus ojos y él lo haba hecho de vuelta, es que claramente estaba fijándose en sus ojos en ese momento. El corazón le latía acelerado y su respiración se sentía pesada. Se moría de ganas de besarle, como aquel día en la playa, como en el pasillo del cuarto piso. Pero aquel hilo de conciencia que le quedaba le dijo "Recuerda que parasteis en el pasillo, no empieces lo que no sabes si puedes acabar o cómo acabar". Pero puso la mano debajo de su barbilla y le subió el rostro para tenerlo cara a cara- Los tuyos siguen siendo de Slytherin. Pero mi madre decía que eran del color del díctamo. Eso me gusta más- Amplió la sonrisa y tragó saliva, separándose un poco- Yo siempre voy a acordarme de nuestro primer día- aseguró. Y era verdad, había marcado su vida.

Cogió la cesta y echó a andar por el campo de lavandas, disfrutando del paisaje y el olor, ideando una nueva trastada para intentar disipar ese deseo que atenazaba su cuerpo entero, hasta que llegaron de vuelta al lavadero. Dejó la cesta apoyada en el muro y dijo- Voy a beber agua- y bajó las escaleritas de piedra hasta donde estaba la canalización del río. Y allí esperó agazapada, echa una bolita, esperando que Marcus volviera para, esta vez sí, echarle una buena ola de agua que le mojara entero y no solo las piernas, porque no serían ellos si no vivieran en ese constante tira y afloja.

Merci Prouvaire!


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Dom Dic 06, 2020 1:14 am

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CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Había dicho una tontería y estaba esquivando la mirada de la chica (justo después de hacer una referencia a sus ojos, casualmente) esperando que aquello pasara de largo. Pero entonces, ella le subió la barbilla y allí que fue él, a clavar su mirada en sus ojos de nuevo. Le gustaban esos ojos, y no simplemente porque fueran azules. Le gustaban muchas cosas de Alice. Alice Gallia en general, como decidió incluir en su lista justo allí, en la Provenza, hacía un año.

Su respiración se había vuelto de nuevo un poco más rápida, estaba seguro de que las pupilas le temblaban mientras la miraba y el tiempo había vuelto a detenerse. Afortunadamente, la chica rompió aquello antes de que a él se le fuera de las manos de alguna forma, no estaba acostumbrado a quedarse sin palabras. Rodó los ojos y rió entre dientes. Es que mi madre era Slytherin. Qué le vamos a hacer, nadie es perfecto. Comentó. No había heredado los ojos de su madre, eran los O'Donnell quienes tenían los ojos claros, pero era por la referencia a la casa. Aunque sonrió de lado, con ternura, cuando dijo que para su madre eran del color del díctamo, su planta favorita. Eso sí que lo recordaba nítidamente de Janet. Como su primer día, al igual que Alice según le había dicho. Podría decir "qué buenos recuerdos" con cierta nostalgia si no fuera porque, al lado de Alice, todo había seguido siendo una sucesión de buenos momentos desde entonces.

Echó a andar un par de pasos tras Alice, mirándola con las manos en los bolsillos, una sonrisa ladeada y la cabeza baja, solo con los ojos hacia arriba. Parecía una de esas imágenes que describían en los cuentos, la chica alegre y bonita paseando por un campo de lavandas, con un lazo en el pelo y bajo el sol del verano. ¿Estaba viviendo eso de verdad? ¿Por qué... Se sentía así, pensaba ese tipo de cosas, cada vez que pisaba la Provenza? Suspiró con los labios cerrados y, al bajar la vista hacia las lavandas, decidió agacharse y coger unas cuantas ramitas. Seguía caminando sumido en sus pensamientos, con los tallos entre los dedos, acercando las flores a su nariz para olerlas, cerrando un poco los párpados al hacerlo. Caminaba tranquilo, en ese estado relajado en el que entraba allí, pensando y a la vez sin querer profundizar mucho en sus pensamientos porque quizás se encontrara con cosas que le perturbaran esa calma y no le apetecía. Solo quería... Oler las flores, ir donde Alice le marcaba, y nada más.

Seguía caminando como ido, con la lavanda cerca de su nariz mientras le daba vueltecitas entre los dedos y la olía. Había visto a Alice bajar al lavadero así que fue detrás, y cuando menos se lo esperó, le cayó una ola encima. Se quedó con la boca abierta, aguantando un poco la respiración por el impacto, con los brazos separados del cuerpo, la boca abierta y los goterones cayendo por su cara. Levantó la mirada hacia ella lentamente, planeando su venganza. Te vas... A enterar... Soltó amenazante. De ser cualquier otro liaría lo más grande... Pero era Alice. Era la Provenza. Era... Su tira y afloja. Tiró la lavanda al suelo y se lanzó a por ella antes de que le diera tiempo a reaccionar, agarrando las muñecas de la chica antes de que le echara agua de nuevo y pegándose a su cuerpo. Ya vale, ¿no? Monito travieso. Comentó haciéndose el harto pero realmente estaba en un tono bastante cómico. Lo cual no quitaba que se pensara vengar. Obviamente que Alice no iba a estarse quieta, y mientras Marcus intentaba por un lado impedir que le echara más agua y por otro devolvérsela, se inició un forcejeo. ¿Pero por qué te gusta mojarme? ¿Qué te he hecho yo? ¿Eh? ¿Qué te he hecho? Insistió, mordiéndose los labios mientras forcejeaba con la chica e insistiendo en hacerse el enfadado, lo cual no colaba en absoluto porque se estaba riendo, aunque tratara de no dejar esta risa traslucir a base de clavarse los dientes.

¿No vas a parar? Intentó pegar su frente a la de ella pero ya le había atacado la risa y, más aún, las ganas de quedar por encima, eso por supuesto. No pensaba dejar eso pasar, se tenía que vengar, y su venganza tenía que ser más grande que esa ola que le había echado. Monito travieso. Me las vas a pagar. Repitió. Monito. Monito. Monito. Intentaba agarrarla y a la vez agacharse para echarle agua, pero no podía hacerlo sin que se le revolviera. Y a la vez quería hacerle cosquillas. Y a la vez no la quería soltar. Y el forcejeo se le fue de las manos.

En uno de los movimientos, agarró a la chica de la cintura, intentó tirarla al agua pero resbaló con ella y cayeron los dos. Él ya estaba mojado, le daba un poco igual, pero había conseguido ponerla a ella empapada. Premio. Hubiera quedado mejor si cayera ella sola y no él detrás, pero bueno, se daba por satisfecho. Sacó la cabeza del agua entre risas. ¿Ahora qué? ¿Eh? Y entonces tomó conciencia, con la respiración agitada y al fin con el forcejeo detenido. Estaba sobre ella. Al caer al agua y salir a la superficie, ella había quedado sentada en el suelo y él de rodillas sobre su cuerpo. Volvían a estar el uno muy cerca del otro. Demasiado, quizás.
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Dom Dic 06, 2020 1:56 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Sabía que la seguiría, y sabía que no se esperaba la segunda ola. Por eso su reacción tan comedida le supo a poco, y previó que iría contra ella con más ira. Pero aun así, no le dio tiempo a huir, porque la maniobrabilidad en el lavadero era más que limitada, y con los brazos tan largos que tenía, Marcus la cazó en un momento- ¡Porque es divertido! ¡Y no te hagas el ofendido, que te he visto reírte!

Trataba de zafarse de Marcus, pero tenía demasiada ventaja sobre ella. Tanto forcejeaba que acababa atrapada en volandas por él, y cada dos por tres sentía los pies despegarse del suelo. Aquella lucha era terriblemente injusta, pero no podía negar que le había cortado la respiración notar sus manos aferrando sus muñecas, y ahora sus cuerpos estaban muy pegados, y su rostro tan cerca- Que yo no soy un monito. Solo pienso más perversamente que tú- Dijo con una sonrisa astuta y superior. Pero la verdad es que se había quedado enganchada en el hecho de que sus labios habían estado muy cerca al hablar. Se había distraído fatalmente. El muy fino del prefecto aprovechó y la arrojó a la corriente, pero ella tiró de él.

Tras unos segundos de confusión en el que notó repentinamente el agua fría del río sobre su cuerpo, que la verdad, no le venía nada mal ahora, se incorporó. Marcus había quedado literalmente encima suyo, y su primera reacción fue reírse- Siempre recordaremos este día como aquel en el que viniste a por lana y saliste trasquilado- puso la mano en su mentón otra vez y lo movió, mientras ella se mordía el labio- perfecto prefecto- y volvió a reírse a carcajadas. Pero ahora de repente, era más consciente de Marcus, sobre ella, cuerpo con cuerpo. Trató de moverse, pero al recoger la pierna, solo consiguió rozarse más con él. ¿Ahora qué? Eso mismo se preguntaba ella. Estaba demasiado cerca, con la ropa empapada, y los rizos goteando sobre ella. Estaba demasiado guapo y sexy, y ella estaba jadeando sin darse cuenta, con el corazón desbocado y mirándole con los labios entreabiertos. Y no pudo más. Recorrió los pocos centímetro que les separaban y besó sus labios intensamente, pegando su cuerpo empapado al de él, abrazándole contra sí, notando cómo se acercaban más que nunca, por efecto de la ropa mojada y pegada al cuerpo.

Fueron unos segundos, segundos de intensidad a cuenta de la situación, segundos en los que su cuerpo gritaba "más" pero no. Estaba descendiendo por aquella cuesta del deseo otra vez, y se estaba precipitando de nuevo. Se separó suavemente del él, sin saber muy bien qué decir y se quedó mirándole- Perdona- susurró, porque no se le ocurría nada mejor que decir. Finalmente puso una sonrisa y se apoyó en el borde del lavadero para levantarse, tratando de bajarse el vestido, que con el forcejeo y el agua había acabado recogido sobre sus muslos- Luego le tendió la mano para ayudarle y dijo- Ofrenda de paz ¿sí? Vamos al sol a secarnos y leemos un rato- Y volvió, con una cosquilleo incesante en los labios y el estómago, y aquella sonrisa tonta e imborrable, al muro donde había dejado la cesta con los melocotones y los libros, estrujándose el vestido para que fuera soltando todo el agua. Se sentó en la hierba y se posó en la pared y cogió su libro, buscando por dónde se había quedado. Debería callarse, de verdad que debería hacerlo, pero no podía- Puedes apoyarte aquí- le dijo palmeando su regazo- Vas a estar más cómodo- Dijo como si no acabara de besarle tirados en el suelo del lavadero hacía segundos, manteniendo la vista en el libro.

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Dom Dic 06, 2020 10:26 am

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CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
¿Qué dices? Yo ya estaba mojado, ahora lo estamos los dos. He vuelto a ganar. Bueno, más o menos, aunque la risa de Alice no le sonaba a derrota. Qué importaba, no podía evitar reír él también cuando ella lo hacía. La miró mientras le movía el mentón y leyó sus labios cuando dijo eso de prefecto perfecto. Porque, sí, era allí donde estaba mirando. Alumna díscola. Respondió, pero su tono salió demasiado susurrado, desmasiado desde su pecho... Demasiado sin dejar de mirar esos labios.

Y no sabía si era peor eso, mirar sus labios, o mirar el resto de su cuerpo. Ese vestido tan bonito y que llevaba todo el día ocasionándole más de un quebradero de cabeza, ahora estaba empapado y pegado a su cuerpo, dibujando su silueta. Notaba su respiración y como su pecho se movía por esta. Veía sus ojos mucho más cerca que antes, y su pelo mojado... Le traía recuerdos. Tragó saliva y decidió mentalmente que lo mejor era apartarse... Pero no lo hizo. Algo le impedía moverse, como si se hubiera quedado allí clavado, como si una fuerza superior a él le obligara a permanecer allí. Y lo estaba sintiendo, estaba sintiendo esa energía que le decía... Que Alice estaba igual que él.

No, igual no. La siempre más atrevida que él Alice dio el paso que él estaba deseando dar sin atreverse a hacerlo, y Marcus solo pudo cerrar los ojos y aferrarse a ella como la chica lo hacía con él. Era como si llevara muerto de sed todo el día y por fin tuviera agua. Quien dice todo el día... Dice meses, meses desde la última vez que se besaron. Colocó una mano en su cintura y la otra en su nuca para tocar su cuerpo, notarla más cerca, mientras besaba sus labios con todo el deseo que tenía acumulado. Todo fue muy rápido y, cuando quiso darse cuenta, la boca de Alice se separó de la suya. Lentamente, como si ninguno de los dos quisiera, tan lento como una despedida. Pero separados, al final.

Parpadeó para salir del embotamiento cuando escuchó esa primera palabra: perdona. Le estaba pidiendo perdón por besarle. Negó con la cabeza casi con una sacudida, subiendo una de las comisuras de sus labios con cierta timidez. ¿Por qué le pedía perdón? ¿Se creía que le había incomodado? Pero si llevaba deseando besarla horas. ¿Sería entonces... Que ella lo había considerado un error? Podría ser eso, sí. No era la primera vez que Alice actuaba por impulso y luego se arrepentía. Quizás ese beso solo fue eso: un impulso, de esos que Marcus podría pasarse la vida sufriendo por contenerlos para evitar un posible desastre pero Alice, no. A él ese beso no le había sabido a desastre, pero quizás la chica lo percibiera así en cierta forma. Al final, él tenía razón: era mejor pensar en otra cosa, desviar la mirada, y dejarlo pasar.

Em, me-me quito. Perdón. Comentó, dejando escapar una risilla nerviosa y apartándose rápidamente para dejar a la chica salir. Se quedó absurdamente sentado en el agua y se rascó la nuca mirando a cualquier otro sitio que no fuera Alice y su vestido con vida propia. Pero por el rabillo del ojo vio una mano extenderse hacia él y giró la cabeza. Ladeó una sonrisa. Era imposible estar incómodo con ella, siempre sabía como salvar una situación. Ofrenda de paz, te tomo la palabra. Te va a costar más trabajo cumplirla a ti que a mí y lo sabes. Él ya venía pacífico, era ella la que había empezado con el agüita. Se ayudó de su mano y se puso de pie.

Se notaba la camiseta pegada al cuerpo y los pantalones chapoteando a cada paso que daba. Ahora en frío ya no le resultaba tan "no tengo nada que perder" dejarse caer al agua por tal de tirar a Alice, no estaba tan mojado antes. Pero hacía bastante calor así que no tardarían en secarse. Antes de salir, encontró las ramitas de lavanda en el suelo del lavadero y se agachó a por ellas, volviendo a hacerlas rodar entre sus dedos mientras las olía, como hiciera minutos antes, como si no hubiera pasado nada entre la última vez que las acercó a su nariz y el momento presente. De nuevo iba en su trance particular cuando, al llegar hasta la chica, ella se palmeó el regazo y le dijo que podía apoyarse en él. Desde luego que iba a estar más cómodo... Según se mire. Pero acababan de decidir que allí no había pasado nada, así que... Nada.

Apoyó la cabeza en el regazo de la chica, boca arriba. Desde allí podía verla muy bien, pero clavó la mirada en un punto indefinido del cielo mientras seguía jugando con la ramita de lavanda entre los dedos, rozando distraídamente sus labios con ella. Tenía el libro bastante cerca pero... Estaba bien así. Allí podría perfectamente quedarse dormido de tan relajado que estaba, pero cuando movía un poco la mirada veía a Alice, su trenza mojada, su lazo azul y sus ojos, leyendo. Y no quería perderse eso.
Merci Prouvaire!


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Dom Dic 06, 2020 1:13 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
No se lo ponía fácil, no se lo ponía para nada fácil. ¿Cómo iba a portarse bien si Marcus la agarraba así?  Trataba de concentrarse en la lectura, pero es que hacía unos segundos había estado, otra vez, entre los brazos de Marcus, había sentido su cuerpo entero contra el de él, y sus labios, ardientes a pesar del agua fría... Por todos los dragones... Esa forma de agarrarse a su nuca. Notó que le daba un escalofrío por el cuerpo entero.

Casi sin darse cuenta, la mano con la que no sostenía el libro, descendió hasta la cabeza de Marcus y empezó a acariciar sus rizos mojados con delicadeza. No quería mirar porque sabía que se iba a poner peor otra vez, pero era demasiado tentador no acariciar aquellos rizos que parecía absorber la luz del sol que les secaba. Pero ahora tenía otro problema: el contenido de su lectura. Con todo, se le había olvidado exactamente lo que estaba leyendo, y no era una cosa cualquiera. Le encantaba el Cantar de los Cantares, y más le encantaba en verano, cuando estaba en Francia, tan cerca del campo. Su madre le había leído partes de pequeña, cuando le hablaba del amor. Y ahora entendía esa censura que Janet había practicado, porque había versos que no hubiera entendido hasta hace... menos de un año. Y que ahora entendía en toda su plenitud. Y no le estaba viniendo nada bien.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el muro,  dejando que el sol la bañara. No quería mirarle, no quería seguir leyendo esos versos que encendían su pasión ¿Y entonces que hacía? Pues abrir los ojos como una idiota y mirarle, mientras su propia mano bajaba por la mejilla de Marcus para poder admirarle. Y él la estaba mirando. Con la lavanda rozando sus labios... Oh, esos labios tan bonitos e incitadores. Suspiró profundamente y decidió que tenía que decir algo para que no siguieran mirándose como dos idiotas- ¿Tan plomazo es el libro que te estabas leyendo que no quieres ni cogerlo ahora?- dijo con una risita. Movió la cabeza y volvió a dirigir su cara al sol, cerrando los ojos y acariciando de nuevo sus rizos entre sus dedos- La Provenza no es un buen sitio para ponerte a pensar en algo tan importante como tu futuro... Aquí todo es como un cuento- Levantó el libro y lo movió- Pásate a la poesía, como yo, va mucho con el paisaje- Y con la situación, pensó Gal, al menos si estaba dispuesta a dejarse encender aquel incendio que sentía en el pecho. Porque no, ya no era como cuando se rozaban en el agua o rodaban en la arena. Ahora era un tirón, una necesidad, algo que sentía que si dejaba fluir no podría contener.
Merci Prouvaire!


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Dom Dic 06, 2020 2:31 pm

When we walked in fields of gold
CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
No era mala estrategia la de mirar al cielo... Si no fuera porque la lavanda rozaba sus labios cuando él aún tenía el sabor de Alice en ellos. Si no fuera porque notaba el cuerpo de la chica rozando el suyo por estar apoyado en ella. Si no fuera porque miraba hacia arriba, donde también estaba ella, y no podía evitar que su vista la enfocara de vez en cuando y viera lo guapa que estaba ese día... Y, para arreglarlo, empezó a tocarle el pelo. Nada más sentirlo cerró los ojos y llenó su pecho de aire, soltándolo lentamente por la nariz, como si estuviera en el estado de relajación más grande en el que hubiera estado nunca... Que lo estaba, aunque paradójicamente tuviera un cosquilleo en su interior que no se le iba, y que con las caricias de la chica no hacía más que crecer. Mejor quedarse con los ojos cerrados, con la luz filtrándose a través de sus párpados mientras ella le acariciaba. Mejor relajarse.

Ojalá su fuerza de voluntad fuera igual de férrea para todo. Él, que apenas hacía segundos se había dicho a sí mismo "es que claro, yo me contengo pero Alice no", empezaba a ver peligrar esa contención. Empezaba a plantearse mandar a tomar viento la contención, porque cuando los dedos de la chica descendieron por su mejilla, abrió los ojos. Su respiración no tenía el ritmo pausado que se presume de una persona que está relajada, recostada en un campo de lavandas. Y no podía dejar de mirarla, y ella le devolvía la mirada. Ambos se miraban, y así se mantuvieron durante unos segundos, en los que Marcus seguía inconscientemente acariciando sus propios labios con el ramito de lavandas. Casi le daban ganas de estirar su mano y que las flores acariciaran los de ella. O sus dedos. O su boca.

Parpadeó y giró casi imperceptiblemente la cabeza, mirando de nuevo al cielo y respirando profundamente. ¿Qué te pasa, Marcus? Debía haberle dado mucho el sol, o sería esa obsesión que había cogido tontamente por el vestido de Alice, o el forcejeo y posterior caída al agua. Algo le estaba anegando los pensamientos de cosas raras y embotando la mente. Tragó saliva y, justo cuando se planteaba coger su libro para volver a leer, la chica habló. Soltó una muda carcajada sarcástica entre dientes. Deshonra para la Casa Ravenclaw que digas que un libro es un plomazo. Suspiró y, acomodando su cabeza, volvió a cerrar los ojos para añadir en tono relajado. Ningún libro mío es un plomazo. Es solo que tengo sueño. Si no le voy a prestar la atención que merece, prefiero estar aquí tranquilito y ya está. Palabrería al más puro estilo Marcus, aunque parte de razón sí que tenía. Estaba para todo menos para concentrarse en qué carrera profesional elegir.

Volvió a esbozar una sonrisa tranquila ante sus siguientes palabras, y contestó sin abrir los ojos. ¿Insinúas que los cuentos no se pueden hacer realidad? Lo dicho, estaba como en un trance extraño que le despegaba los pies del suelo. ¿Había sonado eso muy raro? Tragó saliva e intentó corregir. ¿O que no pueden hacerte pensar en el futuro? Eso sonaba ligeramente más realista y práctico, como él era, aunque no estaba seguro de si lo había arreglado o empeorado más. ¿Estaba él pensando en su futuro ahora mismo? Lo estaba antes de salir de la casa, y quizás... ¿Podía estar una parte de él viviendo ese cuento y pensando "ojalá forme parte de mi futuro"? Aún con los ojos cerrados, sacudió un poco la cabeza. Ponte a la sombra, Marcus, que estás diciendo muchas tonterías.

Abrió los ojos para incorporarse y, al apoyar sus codos en la hierba, vio como la chica movía el libro ante él y le decía que se pasara a la poesía. Rió mientras se sentaba. Lo puedo intentar. Se arrastró un poco por el suelo hasta sentarse con la espalda pegada al muro, al lado de Alice, hombro con hombro. Déjame ver. Comentó con su sonrisilla y su tonito sobrado habituales, tomando el libro de manos de la chica cuidando de que no se cerrara, para leer por la misma página que estaba ella. Tomó aire profundamente y frunció el ceño haciéndose el intelectual, apoyándose el libro en el regazo y aclarándose la garganta para empezar a recitar pomposamente en voz alta.

Mi amado es mío, y yo suya; Uy. No sabía que era un poema romántico. Había empezado a leer muy chulito y altivo él, como siempre, y ya solo en la primera frase casi se estanca. Pero siguió. Él apacienta entre lirios. / Hasta que apunte el día, y huyan las sombras. Se mojó los labios. Era un poema bonito, era un poema en definitivas cuentas y se sentía un poco tonto haciendo... En fin, el tonto. Así que empezó a usar un tono más apropiado para recitar, aunque con cierta timidez. No había recitado nunca un poema en voz alta. Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo / Sobre los montes de Beter. Hizo una pausa al finalizar la estrofa. Ya había hecho la gracia de leer en voz alta, pero... Algo le hizo seguir. Levantémonos temprano y vayamos a las viñas; / veamos si la vid ha brotado, si se han abierto sus flores, y si han florecido los granados. Se detuvo. ¿Por qué se le había acelerado la respiración? ¿Por qué había ido bajando el tono poco a poco? Solo... Era un poema... Allí te entregaré mi amor. Finalizó, en un tono prácticamente susurrado. El corazón se le había acelerado y notaba el pulso en sus dedos mientras estos sostenían el libro, del cual no era capaz de levantar la mirada. Sabía que tenía a Alice al lado, y después de leer eso, después de todo lo que llevaba sintiendo esa tarde... No se fiaba ya ni de sí mismo.

Se mojó los labios, tragó saliva y sonrió, cerrando el libro con suavidad y mirando la portada, como tratando de hacer algo cotidiano que le reencauzara sus pensamientos, su respiración y sus latidos. Tras apenas unos segundos de silencio, soltó una muda carcajada entre dientes. Tú y tus lecturas muggles... Comentó golpeando suave y distraidamente el libro contra sus piernas, con la mirada baja, una sonrisilla que pretendía disimular la inquietud que sentía en su interior y un tono casi susurrado. Y entonces, cometió el error: el error de alzar la vista y mirarla. De clavar la mirada en esos ojos azules una vez más, que ahora tenía tan cerca; de ver su pelo mojado; de ver sus labios.

Tomó aire y, al hacerlo, lo notó: el corazón palpitando a gran velocidad, el escalofrío en su piel y la respiración a un ritmo que ya no controlaba. Volvieron a mirarse durante unos instantes, en completo silencio. Y, tras estos, sin pensarlo ni medio segundo más, dejó el libro a un lado y llevó sus manos a las mejillas y la nuca de Alice, inclinando su tronco y poniéndose de rodillas para tocar sus labios con los de ella, con el deseo renovado que habían dejado a medias en el lavadero. Quizás no fuera amor como recitaba el poema, o no lo sabía, eran amigos supuestamente. Los mejores amigos. Pero amigos que se necesitaban de forma desesperada.
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Dom Dic 06, 2020 5:17 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Suspiró escuchando la voz de Marcus y con los ojos cerrados, pero sin dejar de acariciarle los rizos, lo cual en verdad era contraproducente- Eso me gustaría a mí- dijo a lo de los cuentos. Sí, como en el Cantar de los Cantares. El amado venía a buscarte, el amado lo superaba todo por quererte... ¿En qué estaba pensando? ¿De verdad estaba imaginándose a Marcus y a ella con futuro, superándolo todo... Juntos? Pues evidentemente, sí.

Entonces Marcus le quitó el libro y ella trató de impedirlo pero no le dio tiempo- ¡Oye! ¿No te estás metiendo siempre con mis lecturas muggles? Devuélvemelo- Pero ya estaba leyendo. Al principio detectó su tono de broma... Pero demasiado bien sabía ella que esos versos no eran broma ninguna. Y no eran lirios, pero ahí estaban ellos también entre flores, se acababan de besar y también ellos habían huido ya dos noches a estar solos, a robarle a la noche cada minuto que quedara hasta que les alcanzara la luz del día. Solo que siempre se habían contenido, por mucho que dijeran que no. Y todo eso se iba a acumulando. Y el beso estaba demasiado cercano. Y aquel último verso. "Y allí te entregaré mi amor". Eso era lo que siempre habían hecho ¿no? Irse a donde no les pudieran ver y entregarse el uno al otro.  Primero aquel tímido beso, luego el de la playa y luego lo del pasillo... Su pecho volvió a bajar y subir con intensidad- Es el Cantar de los Cantares. Se supone que habla del amor carnal universalmente... Y que cualquiera que esté enamorado se puede sentir identificado.- Susurró ella también

Y nada más levantó los ojos lo vio en los suyos. El deseo, el que ambos sentían, el que ella no había podido contener en el lavadero. Pero ¿por que contenerlo? Si estaba ahí ¿Por qué seguir negándose lo que tanto querían? ¿Cual podía ser la terrible consecuencia? Ya se habían besado otras veces y nunca había pasado nada malo... Marcus le hizo la bromita de las lecturas muggles y ella bajó de nuevo a la tierra, poniendo cara de superioridad- ¿Ves? Nunca te gustan mis poemas de amor antiguos... En el fondo soy yo la que cree en los cuentos y espera que se hagan realidad...- Y entonces Marcus subió la mirada, se encontraron y estaba calculando como contener ese nuevo oleaje, cuando él volvió a agarrarla y ya no respondió de sí.

Se unió a sus labios con pasión disfrutándolos, más que la anterior. Pasó los brazos por detrás de su cuello y se entretuvo en acariciar los rizos de su nuca. Tentativamente, paseó su lengua por la de él, y aquello le dio un pulso por todos los nervios de su cuerpo. Era como si ellos dos solos pudieran encender una hoguera como todo lo que fluía entre ellos. Se separó y le miró un momento con una sonrisa- ¿Por qué eres tan guapo?- Era una pregunta estúpida, pero es que de verdad le costaba resistirse al conjunto perfecto que eran las facciones y el cuerpo de Marcus. Ya había perdido bastante tiempo. Empujó suavemente Marcus sobre ella, que se tumbó despacio en la hierba. Así habían acabado en el pasillo del cuarto piso, claro que sin la ropa empapada. De hecho, le estorbaba muchísimo la ropa, porque había empezado a descender las manos por el tronco de Marcus, buscando su piel, y al final de la camiseta dio con ella. Toda la pasión contenida la estaba filtrando en enredarse en los besos de Marcus, pero había sido demasiado tiempo esperando poder volver a tocarle, a tenerle entre sus brazos. Su vestido empapado estaba pesadamente recogido al final de sus muslos y la camiseta de Marcus se le pegaba a las manos y le impedía seguir acariciándole. Quizá era ir demasiado lejos pero... Agarró el borde de la camiseta y tiró de él hacia arriba separándose de Marcus y mirándole- Qui... ¿Quieres quitarte esto? Porque me está sobrando bastante- Es más le sobraba su propio vestido más que nada, pero eso era llegar demasiado lejos y no quería espantar a Marcus. Pero estaban solos, ocultos por la hierba y el muro del lavadero, bajo el sol de la Provenza, no se le ocurría ningún motivo por el que contenerse.
Merci Prouvaire!


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Dom Dic 06, 2020 6:22 pm

When we walked in fields of gold
CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
El amor carnal. Eso debía ser. Aunque, ¿acaso no era distinto el carnal del... bueno, el otro? Tampoco sabía muy bien como definir "al otro", ni si él lo sentía, ¿eso era lo que le pasaba? ¿Enamorado de Alice? Nunca se lo había planteado. Es decir, ¡era su amiga! Amor eran palabras muy fuertes, términos en los que no había pensado nunca ni con Alice ni con nadie. Ni siquiera por Poppy, la chica a la que llevaba en teoría siguiendo los pasos como un idiota desde primero. No había llegado con Poppy donde había llegado con Alice, eso estaba clarísimo. "Cualquiera que esté enamorado se puede sentir identificado". Eso le confundía, porque por un momento, se había sentido muy identificado. Lo suficiente como para lanzarse a besar a Alice sin titubear. Aunque bien podía ser "amor carnal", como ella decía... Sí, eso por descontado.

Notaba sus brazos por su cuello, sus dedos en su pelo y su lengua en la suya, arrancándole un suspiro de necesidad, de ese deseo que llevaba conteniendo toda la tarde y que no se había acallado por un beso. Era tal su desenfreno, que se había encendido de cero a cien, que soltó un jadeo cuando la chica se separó de sus labios. Abrió los ojos y la vio sonreír, y la pregunta que le lanzó le provocó una sacudida en su vientre y un cosquilleo en su pecho. Estaba convencido de que debía habérsele quedado una cara de tonto absoluta que contrarrestaba bastante, de hecho, con la pregunta que Alice acababa de hacerle. Soltó una leve y muda risa, prácticamente echando el aire entre los labios, sonriendo y negando con timidez, mientras bajaba la mirada y se notaba el calor en las mejillas que ahora podía venir por muchos motivos distintos. Se mojó los labios y, al volver a alzar la vista a ella, su deseo se encendió aún más. Tú eres preciosa. Susurró, acariciando su mejilla con una mano y pasando sus dedos por su pelo, por esa trenza mojada, por el contorno de su rostro hasta llegar a su cuello, siguiendo el recorrido con la mirada. Notando la respiración desbocada otra vez. Eres preciosa, Alice. Y prácticamente acabó la frase en sus labios, porque no podía esperar más, porque necesitaba devorarlos y perderse en ellos.

Se dejó guiar por la chica mientras esta se tumbaba y tiraba de su cuerpo, acoplándose a este una vez estuvo sobre él. Así acabaron en el pasillo y hasta ese momento no había sido plenamente consciente de cuanto ansiaba repetir. Notar los dedos de Alice buscando su piel le hacía suspirar, notaba escalofríos por todo el cuerpo y le llevó a acariciarla él también. Bajó una de sus manos hasta su pierna, como hiciera en el pasillo, subiendo por su muslo con suavidad, en un roce tan deseoso como prudente... Y no llegaba a la falda, no parecía llegar nunca y empezaba a notar ese fuego en su interior avisándole de que estaba recorriendo un camino que nunca antes había recorrido. Porque la falda del uniforme era bastante más larga que ese vestido, y porque, tal y como llevaba toda la tarde ilustrando, los límites de este último parecían ser bastante difusos. Y por todos los dragones, que ganas tenía de tocarlos con sus propias manos. Cada vez que la había mirado de reojo, cada vez que había incluso esquivado hacerlo, solo ansiaba eso: poner sus manos en la piel de la chica allá donde no tapaba el vestido.

La miró con los párpados casi cerrados y la respiración agitada cuando la oyó hablar, notando el tirón de su camiseta que le ayudó a procesar lo dicho, pues tenía la mente tan embotada que había tardado en llegarle. La miró por un segundo y, como única respuesta, se irguió y se desprendió de la prenda. No necesitaba decir nada más, no quería hablar, solo quería besarla y tocarla. Ni siquiera se lo había pensado dos veces, porque a él también le estorbaba, porque esa tela se le pegaba al cuerpo y ahora lo único que quería pegado a su piel era la piel de Alice. Por eso y porque el calor le quemaba. Por eso y porque el deseo le estaba nublando el entendimiento. Y al volver a sus labios, al volver a las manos sobre su mejilla y sobre su muslo, al pegar su pecho al de ella... Sintió que eso estaba siendo muy real, muy intenso. No era un cuento o un poema, era la realidad. Era su piel desnuda contra la de Alice, era lo que no habían hecho nunca, ni en la playa a escasos metros de allí, ni siquiera en el pasillo. El pasillo... Ese día temió perder el control, pero se contuvieron. Esa noche la prudencia y el miedo tuvieron más fuerza que su deseo, pero no quedaba ni rastro de las dos primeras ahora. ¿Dónde iban a llegar? Si su mente fría tomara el control, gritaría. Diría que estaban en mitad de un campo, en área abierta a plena luz del día. Diría que, si tardaban demasiado, alguien de su familia iría a buscarles, o que un muggle podría pasar por allí... Pero no era su mente fría la que hablaba. Te deseo, Alice. Esa, esa era la voz que hablaba en su interior y cuya fuerza había hecho brotar las palabras de sus labios, mientras estos devoraban los de la chica. Te he echado de menos. Eso. Sus besos, su cuerpo, sus manos. El olor a lavanda, su vestido de verano. La Provenza.
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Dom Dic 06, 2020 7:45 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
La primera visión alucinante que tuvo fue la de Marcus O'Donnell sobre ella, diciéndole que era preciosa, iluminado por el sol de verano, con el pelo mojado y revuelto, goteando sobre ella misma. Y su estómago saltó, y su pecho se encogió, cuando se lo dijo una segunda vez. Y de verdad se sintió preciosa, como para no sentirse así si se lo decía mientras la acariciaba, mientras la recorría y ella cerraba los ojos e inclinaba la cabeza hacia atrás, para poder concentrarse en el tacto de sus dedos por su piel, especialmente cuando llegaron a su cuello.

Volvió a concentrarse en aquellos besos desenfrenados, anhelados por tanto tiempo. Con la mano con la que no estaba buscando su piel, aferró su nuca, agarrándose a sus rizos empapados y reteniéndole contra ella, para que nunca dejara de besarla. Su cuerpo entero se estremeció cuando notó la mano del chico en su muslo. Ya había recorrido ese camino antes en el pasillo, pero ahora el vestido estaba muy recogido al final de su pierna, dejando mucho más camino libre, y eso combinado con la humedad de su piel parecía que resbalaba la mano de Marcus hacia nuevos límites.

Y más límites parecía que iba a descubrir, porque sin pensarlo ni medio segundo, Marcus se quitó la camiseta. Y obviamente le había visto sin camiseta, pero todo era el contexto y las circunstancias. Y lo cierto y verdad, era que, desde el año pasado, cuando se bañaban juntos en la playa, había deseado acariciar su piel detenidamente, y eso hizo. En cuanto volvió a tenerle encima, descendió las manos desde su cuello, con la respiración agitada, clavando poco a poco, las yemas de sus dedos en su pecho firme, bajándolas mientras se deleitaba con su figura, con la suavidad de su piel resbaladiza aún por el remojón. Llegó a su abdomen, cerca de su ombligo, deteniéndose porque sabía que aquello era terreno peligroso, y entonces Marcus dijo aquello.

Pensarlo era una cosa, o verlo en sus ojos, pero oír aquella voz que tanto adoraba decírselo, y encontrarse de nuevo con sus labios, le hizo emitir un gemido desde la garganta. No podía pensar, no podía medir, solo dejarse llevar por Marcus. Incorporó un poco el torso, sin dejar de besarle, hasta que paró para decir- Yo también te he echado de menos- juntó sus labios breve pero intensamente con él- Te he necesitado, te he soñado- dijo casi falta aire, rozando los labios de él con los suyos propios, y sacando un poco la lengua para lamerlos, como hacía él, haciéndola desearlos automáticamente. Clavó la mirada en él, pupila con pupila. Decía que la deseaba, y podía verlo en sus ojos, sentirlo como sentía su mano en su pierna y su vestido recogido, y ya la Gal atrevida y sensual tomaba posesión de ella y no podía pararla. Subió una de las manos y resbaló una de las mangas del vestido por su hombro, dejándola a la mitad de su brazo y puso una pequeña sonrisa ladeada antes de decir- ¿Cuánto me deseas?- Y volvió a bajar la mano por su torso hasta donde la tenía antes, abriendo los dedos y dejando que se acercaran al límite del pantalón, levantando la mirada y enfrentándole, desafiante y deseosa.
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Lun Dic 07, 2020 5:08 pm

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CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
En esos momentos era donde se notaban su inocencia e inexperiencia, porque cuando se quitó la camiseta, dentro de lo poco que podía pensar, solo creyó que notaría el roce de su piel contra el vestido de Alice, contra su cuerpo, o simplemente que esa camiseta empapada y ese calor le dejarían de estorbar. De ahí el escalofrío, el jadeo incontenible, cuando notó los dedos de la chica pasear por su torso y acariciarlo. Tragó saliva, notando el temblor de la excitación que crecía más y más. Aquello que en el pasillo le había hecho avergonzarse y retirarse ahora no le molestaba en absoluto... Y parecía que a Alice tampoco.

A cada beso que se daban, a cada caricia, solo se aferraba más a ella. La chica inclinó el tronco y él se dejó llevar, apoyando una mano en la espalda de ella para notarse más cerca el uno al otro. También le había echado de menos. Le había deseado, le había soñado. Oh, sí, él a ella también, y mucho, cosa que no pensaba reconocer en voz alta porque, a pesar de hasta donde habían llegado en ocasiones, le avergonzaba un poco. Ese punto de vergüenza, de ser políticamente correcto y de orden que Marcus tenía pero Alice no. Porque él solo pensaba "es tu amiga, no puedes pensar así de ella", aunque luego cayera como estaba cayendo ahora. Alice era mucho más atrevida, Alice decía las cosas con naturalidad y sin tapujos. Cómo le encendía eso. Yo también. Susurró en respuesta. Porque sí, ya lo podía decir. Como tantas otras veces en tantas otras cosas, había empezado ella.

Buscó la lengua de la chica con la suya tan pronto esta empezó a jugar con ella en sus labios, porque con eso le estaba haciendo perder el poco juicio que le quedaba en pie, si es que le quedaba algo. Tardó un par de segundos en abrir los ojos cuando sus labios se separaron y se encontró con la mirada de Alice al hacerlo, esa mirada fiera que vaticinaba una travesura de las suyas. Esas travesuras que antes muerto que reconocer que le encantaban, pero ahora, ¿a quién iba a engañar diciendo que no? Sus ojos siguieron el recorrido de la mano de la chica cuando la acercó a la manga de su vestido y comenzó a bajarlo, notando el corazón palpitar más fuerte y más rápido y su respiración descontrolarse. Pero clavó la mirada súbitamente en sus ojos ante esa pregunta, notando como el aire se le cortaba en el pecho. Antes de poder contestar, sus ojos se cerraron y ese aire volvió en forma de jadeo al notar los dedos de Alice por su vientre. Lo dicho, juicio perdido por completo.

Mucho. Susurró, totalmente presa del hechizo que Alice parecía haber lanzado sobre él. Muchísimo. Tanto que estaba dispuesto a no parar. Tanto que había tirado la vergüenza y el miedo a saber donde. Tanto que no veía nada, ni hora del día, ni campo abierto, ni estar sobre un manto de hojas y tierra ni a un segundo de distancia de que cualquier miembro de su familia se apareciera allí. Solo la veía a ella. A Alice Gallia.

Volvió a recortar la distancia, esta vez más despacio y con un toque prudente, y no por falta de ganas de volver al desenfreno que estaba seguro de que no tardarían en recuperar. Besó sus labios brevemente pero bajó los besos por su mandíbula y su cuello, hasta llegar a su hombro, al espacio que la chica acababa de descubrir. Había empezado con suavidad pero notaba como su cuerpo le pedía acelerarse. Se inclinó sobre Alice para que la chica volviera a reposar su espalda y siguió besando su piel, acariciando con una de sus manos la manga del vestido mientras la otra seguía recorriendo sus piernas. Empezó a descender los besos por su clavícula, llevando a la línea superior del vestido. Los límites de ese vestido, cuantos quebraderos de cabeza le estaban dando ese día. Pero antes de bajar, volvió a besar sus labios, rozando el cuerpo de la chica con el suyo en un leve movimiento que le hizo ahogar un suspiro. No sabes cuanto... He recordado esa noche. Susurró sin apenas separarse. En el pasillo. Esa noche. La noche en la que perdieron el control aunque no del todo. Decidieron dejar de contenerse, pero... No del todo. ¿Y si... No me puedo contener? Eso mismo le había preguntado aquella noche, pero había quedado en el aire, en solo una hipótesis. Pero aquella tarde no era una mera hipótesis. Porque hoy sí que no podría... Suspiró, antes de besar sus labios de nuevo con desesperación, dejando un gemido en ellos mientras sus dedos acariciaban el muslo de la chica y la mano que estaba en la manga de su vestido se movía un poco, buscando su cuerpo. Buscando el otro límite.
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Lun Dic 07, 2020 6:52 pm

When we walked in fields of gold
CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Que Marcus reaccionara a sus avances era lo que más le encendía del mundo. Eso la descontrolaba y la incitaba a ir siempre a más. Y más si le correspondía en esas cosas, que de hecho las decía sin pensarlo mucho, y cuando ya las había dicho reflexionaba "¿Será que me haya pasado diciendo eso?" Pero claro, entonces él la correspondía y más lejos llegaba ella.

Cuando chocaron sus lenguas de nuevo, desahogo un gemido en sus labios, porque su cuerpo entero temblaba en deseo hacia él y sus sentidos se centraban en la mano de Marcus en su espalda, haciendo que sus cuerpos se rozaran y acoplaran. Y entonces le confirmó ese deseo por el que ella había preguntado, como una especie de permiso que venía a decir "déjame desmelenarme tal y como quiero, como llevo queriendo desde el pasillo" y le dejó que tomara la iniciativa, tal y como ya había empezado a hacer tumbándola otra vez. Los labios de Marcus en su cuello le nublaron la visión, pero sentir que tomaban aquel camino hacia mas abajo, mientras le bajaba la manga le hizo jadear y murmurar- Marcus vas a volverme loca- dijo dejando escapar un leve gemido en la última palabra.

Al sentirle volver a sus labios le besó con frenesí, arqueando su cuerpo contra el de él, para sentirse en toda su intensidad, pero se separó y tomó sus mejillas para oír lo que tenía que decir. Sonrió y jadeo otro poco- Sí que lo sé- dijo juntando breve pero intensamente los labios con él- Yo tampoco he podido olvidarlo... - Tiró de Marcus sobre ella y recogió la pierna encerrándole sobre su cuerpo, mientras bajaba la mano de nuevo hasta donde la había dejado antes y la iba deslizando lentamente hacia más abajo, aunque su corazón iba a mil y su voz sonaba deseosa y anhelante- Yo no quiero controlarme más...- alzó el rostro para mirarle a los ojos, que los dos estuvieran seguros de lo que estaban diciendo- No paremos esta vez- le dijo con esa voz que proponía un reto y a la vez expresaba un deseo, mientras terminaba de bajar la mano y acariciar esa zona, aunque fuera por encima del pantalón- Lleguemos hasta donde queramos llegar. Sin límites- Y volvió a enredarse en sus labios pasionalmente.

Pues el límite llegó en forma auditiva, cuando los pasos por la tierra de la cuesta llamaron su atención, y poco después oyó una voz masculina diciendo- ¡Gal! ¡Gal! ¡Marcus!¿Dónde estáis?- Era su primo André. Aún estaban refugiados por la pared del lavadero, pero el sobresalto era el mismo. Se escurrió de los brazos de Marcus y se recolocó como pudo el vestido, levantándose entre la hierba- ¡Aquí abajo! ¡En el lavadero!- gritó de vuelta. Luego se agachó frente a Marcus y le tendió la camiseta. Volvió a tomarle de las mejillas y le obligó a mirarla, con una sonrisa pícara, susurrando- Escúchame, Marcus- volvió a apartar los rizos de su frente, como el gustaba hacer- No voy a volver a dejar esto a medias. No puedo. Y si tú tampoco puedes, esta noche, cuando todos vayan a la playa a ver los fuegos artificiales por la fiesta nacional- bajó más aún el tono- Yo te esperaré en el desván- se inclinó hacia él y le besó corta pero intensamente.

Ya oía los pasos de su primo llegar y se levantó de la hierba, con la cesta en brazos. André venía con una sonrisilla en la cara de cierta astucia. Gal no era tonta y sabía que toda su familia de Francia creáis que tenía algo con Marcus, y la verdad fuera dicha, justo antes de que llegara él, estaba a punto de tener un "algo" bastante serio con él- Perdón por interrumpir... - No has interrumpido nada- Menuda mentira. ¿Dónde ha quedado el "es peor negarlo", Gal? Los ojos de su primo se posaron de ella a Marcus y de nuevo a ella- Ya... Bueno la tía Helena me ha mandado a buscaros para que os apareciera. Van a hacer barbacoa porque vienen los Sorel a cenar. Por lo de los fuegos y eso, y dice que necesita sus melocotones- Gal sintió y Marcus se puso a la altura de ambos. Su primo rio al verlos a los dos y dijo, ya en inglés, para que Marcus entendiera también- Alguien o alguienes han acabado en el lavadero. No voy a hacer más preguntas, tranquilos- dijo con una risita. Gal levantó la bici y puso la cesta sobre el manillar- ¿Cómo lo hacemos? Te pones tú en el sillín y nosotros detrás?- Su primo asintió. No era la primera vez que se aparecían con las bicis, era más costoso, y la caída un poco aparatosa, pero ya estaba ensayado- Marcus, siéntate en la parrilla, tú Gal, siéntate encima de él- Él se sentó en el sillín, agarrando el manillar y Gal, después de un segundo de ligera incomodidad porque acababa de estar en brazos de Marcus pero de forma muy distinta, se sentó sobre Marcus y se agarró a su cuello- Agárrala fuerte, tío, que no se te escape en plena aparición.

Sabía que Marcus entraría en pánico en unos segundos, pero André fue más rápido en comenzar la aparición. En unos segundos llegaron, pero la caída, como haba previsto, fue un poco aparatosa, y se agarró más fuerte a Marcus, hundiendo la cara en el hueco entre su hombro y su cuello. Pero la bici cayó de pie y André la estabilizó a tiempo para que no acabaran en el suelo. No podía ser tan fácil. No, claro que no. Levantó la cabeza y ahí estaban los tres mosqueteros: su padre, Arnold y su tía y Dylan, que vendría a ser D'Artagnan. Su hermano les señaló super feliz y su padre asintió con los brazos cruzados- Sí, ya ha llegado tu hermana. Igual nos quiere contar qué ha estado haciendo para acabar empapada y subida encima de Marcus en una bici- Se bajó como si nada y trató de retocarse el vestido- Es inútil- le dijo la tata con una sonrisilla- Bueno, lista, prueba a subirte en una bici con este vestido mojado...- Se miró a sí misma y a Marcus y aclaró- Empecé yo. Que le mojé cuando llegamos por el calor y... Acabamos cayéndonos al lavadero- Se hizo el silencio y notó cinco pares de ojos sobre ella y abrió mucho los ojos y subió las manos ofendida- Oye ¿qué? Hemos traído los melocotones y las hierbas. A ver si es que está prohibido bañarse en el lavadero o algo- Se giró hacia la valla de la casa y sin darse la vuelta anunció- Voy a secarme- Aunque cuando subía, casi chapoteando, hacia su cuarto, iba sonriendo.
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Lun Dic 07, 2020 8:26 pm

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CON Alice EN SAINT-TROPEZ, PROVENZA A LAS 17:00h, 14 de julio de 2000
Soltó un poco de aire por la boca y respondió en un suspiro. Yo ya me he vuelto loco, Alice. Había perdido el norte por completo y le daba igual, y precisamente el hecho de darle igual era la mejor prueba posible de lo loco que debía haberse vuelto. ¿Marcus O'Donnell diciendo que algo le daba igual? ¿Descontrolándose deliberadamente de esa forma? Era una faceta de él totalmente nueva, una faceta que podría jurar que solo Alice era capaz de sacar. Y, debía reconocerlo, le encantaba.

Se dejó arrastrar por ella, sin dejar de besarla, sin dejar de oírla, notando como le atrapaba con su pierna. Esa combinación unida a la mano de Alice descendiendo cada vez más por su vientre le hizo soltar un gemido que ya no podía controlar. No paremos esta vez. Susurró automáticamente tras ella, en un suspiro, mientras se devolvían la mirada a los ojos y esa necesidad crecía hasta sentir que se desbordaba. Sin límites. Repitió también, cayendo sobre sus labios, besándolos con desenfreno y aferrando aún más los dedos a su piel. Iba a ocurrir. No había marcha atrás.

O sí. Por un par de segundos estaba tan enfrascado en la pasión de ambos que su cerebro tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo, se separó de la chica y abrió los ojos de golpe. Una voz, una voz llamando a Alice. Hablaba en francés, que allí podría ser cualquiera, pero había oído nítidamente su nombre y juraría por el tono que era André, uno de sus primos. El corazón se le detuvo y, cuando reanudó, se notó los latidos en la garganta, en las sienes y hasta en los ojos. Se apartó de Alice a toda velocidad, rodando un poco por el suelo y tanteándolo, buscando su camiseta con desesperación mientras ella se levantaba. Afortunadamente, Alice la encontró y se la dio al tiempo que respondía para no levantar sospechas... Aunque delatando su posición. Se vistió a toda velocidad, notando como le temblaban las manos y como ese ardor de la pasión se había convertido en un calor insoportable de vergüenza. ¿¿Qué has hecho, Marcus?? ¿Pero cómo has podido ser tan negligente? Él metiéndose con Alice minutos antes por su negligencia y había que verle en ese momento. ¿¿En qué estaba pensando?? Se quería morir ahora.

Pero si creía que el momento se había roto, estaba muy equivocado. En ese descarrilamiento cuesta abajo y sin frenos de su mente, llegó Alice y le agarró las mejillas, deteniéndole en seco y dejándole mirándola como un idiota. Esperaba lo que iba a decir: "Disimula. No entres en pánico. Esto no ha pasado. Por Dios que no nos pillen". Pero no. Oh, no,
para nada, no dijo eso. Porque si hubiera dicho eso, no sería Alice. Y Alice nunca dejaba de sorprenderle. Notó como su corazón daba un vuelco ante cada frase, pero el más violento sin duda se lo provocó la última. "Yo te esperaré en el desván". Pues no, eso no había acabado ahí. El momento no se había roto. Solo lo habían puesto en pausa.

Esas declaraciones de Alice, ese beso, no ayudaban nada, porque ahora estaba de rodillas en el campo de lavandas, con la mirada perdida y una cara de idiota considerable y con la respiración como quien acaba de darle treinta vueltas al castillo corriendo. Con esa normalidad tan suya, la chica se levantó, agarró la cesta y fue a hablar con el primo, dejándole allí. Lo que daría por tener la habilidad de aparecerse y no tener que salir de allí por su propio pie, pero no podía. Trago saliva, cerró los ojos, respiró profundamente y se levantó. Marcus trataba de aparentar normalidad de una manera bastante menos creíble que la de Alice, pero hasta con la cabeza baja podía ver la expresión de André. Estaban hablando en francés, pero cuando se acercó a ellos cambiaron al inglés, y con lo que dijo Marcus alzó la mirada con un deje casi asustado. Se quedó unos segundos boqueando como un pez, tratando de responder a eso de una forma lo más creíble posible, pero Alice desvió el tema. Sacudió la cabeza. Vale, Marcus, solo ha sido un comentario, no pasa nada. Y volvió a bajarla. Pero cuando dijo que Alice tenía que sentarse encima de él en la bici volvió a levantar súbitamente la cabeza, otra vez con esa expresión de ojos como platos. Eeemm. No, Marcus, para decir eso, mejor cállate. Miró a Alice, que tenía una expresión igual de incómoda que la de él. Pero mejor que aparentaran normalidad dentro de lo que cabía y punto. Así que, obedientemente, se sentó donde le indicaron y esperó a que la chica se sentase sobre él. Al hacerlo se mojó los labios, esquivando la mirada. Y pensar que hacía apenas segundos habían estado a punto de... Y ahora parecían casi personas distintas.

Pasó la mano por la cintura de ella cuando Alice se agarró a su cuello y el comentario de André volvió a interrumpir. Que la agarrara fuerte. Sí, para eso estaba él, que estaba como un flan, apunto de ser él el primero en caerse de la propia tensión y aún con la piel sensible por el tacto de la chica, con todas las sensaciones a flor de piel. Sí sí. Contestó tratando de sonar lo más seguro posible, pero su voz había salido ligeramente quebrada, lo que le obligó a aclararse a la garganta. Miró a Alice y sus ojos se clavaron en los de ella en un instante eterno, pero un instante. Solo un segundo antes de desaparecer de allí.

Aferró su cintura con fuerza ante el impacto, cerrando con fuerza los párpados y encogiéndose ligeramente con la chica, que también había escondido la cabeza en su cuello. Al abrirlos la miró. ¿Estás bien? Preguntó bajito, pero entonces notó que Alice no le miraba a él, sino a... Oh... Oh... Todos. Estaban allí todos. Bueno, todos no, pero los justos y necesarios como para que Marcus sintiera que se iba a desmayar: Dylan, señalándoles con su juguetona expresión; Violet, con esa sonrisita y esa mirada que parecía decir "sé exactamente qué has estado haciendo hace minutos"; William Gallia, el padre de la chica que estaba, literalmente, montada sobre él; y su padre, con una cara de esas que Marcus veía con poca frecuencia pero cuando lo hacía se echaba a temblar. Tras un par de segundos de quedarse una vez más con cara de susto, rápidamente dejó de agarrar la cintura de Alice y se removió para que ella se levantara, bajándose él de la bici automáticamente después y por el lado contrario.

Se había quedado sin habla. William había dicho claramente "empapada y subida encima de Marcus" y el susodicho Marcus quería que se lo tragara la tierra, porque de nuevo solo atinaba a abrir y cerrar la boca sin emitir sonido alguno. Ya lo hizo Alice por él. Y casi hubiera preferido que no lo hiciera, porque cuando dijo que acabaron cayéndose al lavadero giró la cabeza hacia ella a gran velocidad y con unos ojos tan abiertos que, si bien ella intentaba aparentar normalidad, él acababa de delatarse totalmente. ¡¡¡Pero no des tantos detalles!!! Pensó con desesperación, pero apenas segundos después se dio cuenta de que solo había dicho que se cayeron al agua y nada más, que el resto lo estaba poniendo su imaginación, su conciencia intranquila y su conocimiento de los hechos. Así que miró a los demás con una sonrisa tímida y nerviosa, agarrando sus manos tras la espalda y con la cabeza ligeramente agachada. Sí, mejor disimular, aunque a él claramente no se le daba tan bien.  

En esa misma postura de humildad e inocencia siguió con la mirada a Alice cuando dijo que iba a secarse y, tan pronto desapareció por la puerta de la casa, tomó aire y trató de quitarse de en medio de allí. Porque los Gallia le estaban mirando. Y los Gallia mirándole: malo. Yo también voy a-Tú ven conmigo. Interrumpió su padre, que cortó su paso tan pronto él echó a andar y, colocando las manos en sus hombros, le redirigió como a una escoba y le guió hasta el interior de la casa. Tragó saliva mientras caminaba justo delante de su padre. Me he metido en un lío. Me la va a liar. Ya verás. Yo no sé disimular. Pero quién me manda a mí... Iba recitando mentalmente, tratando a la vez de calmarse (lo cual no surtía mucho efecto, obviamente). Arnold le quitó las manos de los hombros para que pudiera subir las escaleras, aún delante de él, pero Marcus dio un respingo cuando notó que le tocaba el pelo. Se giró para ver. Acababa de quitarle una hojita. Ahí se quedaron, en mitad de la escalera, Marcus con el tronco girado hacia atrás y Arnold con la hojita levantada entre los dedos, mirándole con una ceja arqueada. En un tensísimo silencio. Marcus tragó saliva. Eterno era poco como se le estaba haciendo aquello. Anda, sigue subiendo. Cortó su padre, echando la hojita a volar. Marcus se giró cabizbajo con todo ese aura de mala conciencia rondándole como mosquitas a su alrededor y subió las escaleras.

Arnold cerró tras él la puerta de su dormitorio y, tras hacerlo, se cruzó de brazos. Sin mucho convencimiento, Marcus se encogió de hombros. ¿Qué? ¿Qué estabais haciendo? El chico se encogió de hombros una vez más. Recoger melocotones. Traer las hierbas. Teníamos muchas tareas, y la bici no es una escoba. Intentó rebajar la tensión con la estrategia del cambio de tema y rió un poco. Uf, es súper incómoda, si supieras como... Corta el rollo. Lo que se le cortó fue la risa de golpe. Tragó saliva otra vez. No se tarda tanto en hacer todo eso. Pff. Ni pff ni nada. ¡Aquello es inmenso, papá! Y los melocotones están altísimos, no sabes el trabajo que nos ha costado cogerlos. Y las hierbas eran difíciles de diferenciar, y... Su padre estaba mirándole aún con los brazos cruzados y una ceja arqueada. Y a Marcus se le daba muy mal mentir... Y más a su padre. Est... abamos leyendo. Sí, por ahí se podía salvar. Asintió, como si él solo se hubiera dado cuenta de su propia coartada y dijo en un tono más seguro. Nos hemos llevado los libros. Y estábamos leyendo al solecito, que como nos hemos mojado, nos queríamos secar antes de coger las bicis otra vez. A ver, Marcus... Su padre soltó una respiración cansada y se frotó los ojos con dos dedos, dando un par de pasos hacia él. Te voy a dar la oportunidad de que no me mientas. Uh. Mala oportunidad. Marcus no podía lidiar con eso, no tenía esa habilidad, era incapaz.

Estaba mirando a su padre con ojos de corderito degollado. Tragó saliva. Se habían quedado en silencio de nuevo y Arnold no dejaba de mirarle inquisitivamente. Con toda la timidez mezclada con miedo que tenía en su registro, se atrevió a hablar con voz prudente. Te pareces a mamá cuando te pones así. Su padre tardó un par de segundos en contestar. Me dio muy buenas instrucciones antes de venir. El hombre tomó aire y, tras echarlo, empezó a hablar. Ya dejé pasar el año pasado que os escapaseis a la playa sin nuestro consentimiento. Lo dejé pasar porque me aseguraste que tenías las cosas muy claras y que no ibas a intentar hacer nada inapropiado con ella porque solo erais amigos. Marcus se irguió y saltó con una vocecilla ofendida. No voy a hacer nada inapr... No he terminado. Cortó su padre. Él tragó saliva otra vez. He visto cómo la miras. He visto como os miráis. También he visto como has desoido por completo mis recomendaciones de tener cuidado con los jueguecitos de manos. Y si los quince años me parecían peligrosos, mejor no te digo lo que me parecen los dieciséis. Se acercó un paso más a él. ¿Qué estabais haciendo en el lavadero tanto rato? Se mojó los labios, mirando a un punto indefinido de ninguna parte. Silencio. Tenía que contestar. Tragó saliva y respondió, con la voz algo temblorosa. Solo nos... Hemos besado. Un poco. No podía mirar a su padre. Ya está. Notaba la mirada de él sobre sí mismo. Notaba como pensaba "sabía que esto iba a pasar", ¿pero y qué más le daba a él? Era cosa suya lo que hiciera con Alice, ya era mayorcito. ¿Y ya está? Marcus alzó la mirada. Qué mal disimulaba, pero que mal. Su padre debía estar notándoselo en la cara. Fue a asentir lentamente, pero él insistió. ¿Seguro? ¡Sí! Contestó al fin, sin pensárselo más. Porque como le diera más vueltas, le iba a pillar.

Y sabía que su padre no estaba nada convencido, lo sabía de sobra. Retiró la mirada avergonzado, pero con la mandíbula apretada, como si empezara a ofenderle ya tanto interrogatorio. Sécate. Que te vas a resfriar. Por fin, pensó con alivio. Había salvado la conversación, menos mal... O eso creía él. Esta noche son los fuegos. Ya. Lo sabía. Y tanto que lo sabía, después de lo que Alice le había dicho. Pero su padre no había acabado. Y te quiero a mi lado toda la noche. Marcus abrió los ojos como platos y, al enfocar a su padre, frunció el ceño, esta vez ofendido de verdad. Pero el mayor ya iba de camino a la salida. ¿Por qué? ¿Qué tengo, seis años? No, tienes dieciséis. Agarró el pomo de la puerta y, antes de salir por esta, mirándole, añadió. Que es peor.
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Lun Dic 07, 2020 10:18 pm

When we walked in fields of gold
CON Marcus EN Saint-Tropez, Provenza A LAS 17:00H, 14 de julio
Alguien tocó a la puerta. ¿Sería Marcus? Había tardado casi una hora en elegir la ropa interior que se iba a poner y el vestido aún no lo tenía decidido. Estaba sudando a pesar del remojón en el lavadero, así que estaba aún en ropa interior- ¿Quién es?- Soy Jackie ¿puedo pasar?- Sí sí- Su prima pasó y cerró detrás de ella. La miró de arriba a abajo y sonrió- Tú nunca tardas tanto en vestirte. Están todos cenando ya. Pensé que te pasaba algo- Gal se encogió de hombros- Es que no decido aún qué ponerme- Su prima se cruzó de brazos y se pasó al francés, evidentemente, por si Marcus o el señor O'Donnell estaban por ahí- Mi hermano me ha dicho... -André no te ha dicho nada porque no ha visto nada- Jackie soltó una carcajada- A ver si te crees que eres la primera en pensar en el lavadero para ciertas cosas- Gal abrió mucho los ojos pero su sonrisa la traicionó- Que no, que no...- Su prima alzó la ceja- ¿Que no? Que no lo dudes será- y ambas se echaron a reír como idiotas- ¿Tú has... Con el novio ese tuyo...- Su prima asintió con la cabeza- Pero no en el lavadero, desde luego. Pero mi hermano sí, ¿por qué te crees que se ha aparecido arriba de la cuesta? Y el sitio se lo recomendó la tía Vivi que se ha llevado a más de uno... -Jackie, que no he hecho eso...- dijo completamente colorada y yéndose hacia el armario. Cogió el vestido blanco de tirantes. No se lo solía poner porque ese sí que representaba un problema de verdad para hacer nada sin que se viera todo lo que no se tenía que ver... Pero para lo que lo quería esa noche...- Ese es muy bueno- Gal chasqueó la lengua y se lo metió por la cabeza, echándose un vistazo rápido en el espejo- Aquí nadie te va a decir nada si te vas otra vez con Marcus por ahí... A "no hacer nada"- dijo poniendo las comillas con las manos. Ella soltó una carcajada sarcástica- Se me ocurre bastante gente -La tía Vivi no creo. Y al tío William le da igual. Pasa de tu abuela- Gal intentó salir del cuarto pero Jackie se puso en medio- En serio, Gal, aprovecha que el tuyo está aquí -No es "el mío" -Lo que tú digas. Pero aprovecha. Pasa de las miraditas de los mayores y haz lo que quieras hacer. Si es que quieres hacerlo...- Ella apretó los labios y bajó la mirada, asintiendo con la cabeza- Sí que quiero...- Pues ya está. Si te das suficiente prisa, empezaran los fuegos justo cuando...- Gal le dio en el brazo- ¡Jackie! Eres peor que la tata y ya es decir... Vamos a cenar...- y bajaron las escaleras riéndose.

Había la menos catorce personas en el jardín, todos comiendo grandes cantidades de carne. Odiaba las barbacoas, no le gustaba nada, pero nadie parecía darse cuenta de que no comía. Cogió pan de pasas y nueces, que eso sí que le gustaba mucho y buscó a Marcus con la mirada, cuando una mano le tiró del bajo del vestido- ¡Memé! Que se me cae por arriba- Dijo sujetándose los finísimos tirantes del vestido- No sé para que te compramos vestidos, si no sabes llevarlos- Gal, que ya tenía un trozo de pan en la boca, contestó- Este me lo compró la tata- ¡Acabáramos! Ya hablaré yo con Vivi...- ¡Mira! Ahí está Marcus con el primo André. Me voy para allá- ¡Alice! ¡Come! ¡Come un poquito aunque sea! ¡Algo más que pan!- Suplicó su abuela, pero ya iba camino de donde estaban los chicos, sentados en un banco. Ella se sentó en la hierba, al lado de donde estaba Marcus, teniendo que poner una postura bastante incómoda para no enseñar absolutamente todo con ese vestido.

-¿Se nos recibe bien a las chicas aquí?- Preguntó con toda la intención. Su primó asintió sonriente, pero vio a Marcus un poco alicaído. Se levantó y se puso a su lado, susurrando, justo en el momento en el que sentía los ojos de su padre, de Arnold y la abuela sobre ellos. Dejó caer la mano al lado de la de Marcus y rozó el dorso con el índice- ¿Estás bien?- No, claramente no. Marcus no se recuperaba tan fácilmente del escrutinio adulto como ella. Eso o que se arrepentía de lo que había estado a punto de pasar- Marcus... -Dijo susurrando todavía más, mirando a los dos lados, viendo que su primo se había puesto a hablar con los mayores sobre la posibilidad de ser aritmántico en Inglaterra. Perfecto para ella- Si no quieres...- A ver qué dices, Gal- Lo que te he dicho antes... Puedes decírmelo. No me voy a enfadar ni nada así...- dijo con una leve sonrisa que quería transmitirle confianza- Tú siempre puedes confiar en mí, ¿Vale? Nada puede con Marcus y Alice.
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Cause' Alice does belong with Marcus
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Ante todo, amigos
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Ay, los retitos
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Un jour viendra tu me dira je t'aime
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