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Jue Dic 24, 2020 7:19 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Un ruido seco y brusco se metió en su sueño, pero estaba tan a gusto, tan cansado y relajado, en un estado de sueño tan profundo, que ahí se quedó, simplemente arrellanándose en su comodidad y ronroneando como un gato, dispuesto a caer en el sopor otra vez. Pero, entonces, otro ruido, aún más fuerte. Y algo en su cerebro dijo "despierta, porque eso es por ti".

Abrió los ojos y alzó el cuello en un respingo, pero no se despegó mucho más de su sitio. Su sitio que no era otro que el pecho de Alice, su cuerpo desnudo. Se había quedado dormido ahí, sin darse cuenta, no recordaba ni como había sido, creía que estaban hablando. Pero solo le había bastado girar la vista hacia la ventana para ver la luz del día. Y un tercer ruido. Alguien estaba golpeando su pared, aparentemente "sin querer", pero en un claro tono de aviso. Lex. Le debía una a su hermano. Se la debía pero bien grande.

Alice. Susurró, girándose a la chica y acariciando su mejilla con cierto apremio. Alice, es de día. Y no tenía ni idea de qué hora era. Por todos los dragones, como su familia estuviera ya levantaba, iban a tener un problema. Se levantó de la cama, cogió la ropa interior que aún estaba por el suelo y se la puso de camino hacia la pared de enfrente. Dejó un par de toques en esta y apoyó el oído. Cualquiera que le viera se preguntaría qué narices estaba haciendo, pero de alguna manera, si efectivamente Lex estaba haciendo ruidos a posta para despertarle, quería que se enterara de que ya no hacía falta. Pero justo cuando pegó el oído a la pared, vio la varita en el comodín. Mierda, el hechizo. Se dirigió hacia ella y murmuró. ¡Finite incantatem! Quizás ya se había desvanecido, pero por si acaso. Ya sí, dio un par de toques en la pared y esperó a que su hermano captara el mensaje de ese idioma que, al parecer, se acababan de inventar.

Se dirigió a su mesa y cogió el reloj. Las siete de la mañana. Vale, era temprano, sus padres no se habrían levantado aún, menos siendo día festivo. Pero solo ver la hora hizo que casi le diera un mareo, frotándose los ojos con dos dedos para estabilizarse. ¿Cuánto había dormido? ¿Tres horas? Dios, estaba exhausto. Y con el día que le quedaba por delante... Soltó el reloj y miró a la chica, que aún estaba remoloneando en la cama. Quien pudiera quedarse allí con ella, con lo bien que se estaba... Pero se tenían que ir. Maldita sea. Aún les quedaba un poquito para alcanzar la perfección, ese poquito de que no hubiera nadie a punto de pillarles, de que aquello fuera todo suyo y nada más que suyo sin tener que esconderse... Tan temprano y ya estaba empezando a divagar.

Ey, princesa. Susurró buscando el rostro de la chica con el suyo entre risillas, subiéndose de rodillas a la cama. Qué ganas de quedarse allí, de verdad... Pero no podía ser. Alice... Hay que hacer algo antes de que se levanten mis padres si no queremos que... Se enteren de lo que hemos estado haciendo esta noche. Mejor dejaba la frase en el aire. Habla bajito, he cancelado el hechizo. Por algo estaba diciendo todo aquello susurrando. Dejó un beso en sus labios una vez más, como si fuera una despedida. Pero ya tocaba ponerse en marcha.
Merci Prouvaire!


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Vie Dic 25, 2020 11:47 am

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Estaba en La Provenza, con el sol dándole en la cara y los ojos cerrados y se sentía como si bailara por su campo de lavandas. Tenía a Marcus cerca, o al lado, o encima, no sabía bien, pero sabía que estaba ahí. - Te dije que volveríamos. Te quiero, Marcus. Te quiero para siempre...- Y él solo le respondía "Alice". ¿Alice? Eso es todo lo que tenía que decirle?

Pero no. En cuanto Marcus se revolvió de encima de su cuerpo, se dio cuenta de estaba soñando, y de que él se acababa de despertar. Pero se sentía completamente entumecida y dormida ¿Qué clase de terrorista se ponía a dar golpes así? Cosas de O'Donnells. Se revolvió entre las sábanas de Marcus, por Dios, qué cómoda era aquella cama, y qué completa y a gusto se sentía. Y otra vez los golpes ¿En serio? ¿Pero qué estaban haciendo? Pero se espabiló cuando notó el peso de Marcus hacer ceder al colchón. Y esa voz tan bonita, diciéndole princesa... Puso una sonrisa somnolienta y se estiró en las sábanas. - Hola, príncipe azul...

Y ahí ya sí conectó, cuando dijo "padres". Despierta, Gal, no estás en La Provenza, ni precisamente sola con Marcus. Se levantó como un resorte, apartándose el pelo de la cara. Se detuvo un momento a admirar a Marcus, porque aún seguía medio desnudo. Mira, a lo mejor Emma O'Donnell la encontraba desnuda en la cama de su hijo, pero habría merecido la pena por que esa fuera su primera visión del día. Menudo regalo de Navidad. Sonrió y le devolvió el beso, justo antes de ponerse a buscar su ropa por el suelo.

Ponerse de nuevo la ropa de la noche anterior le parecía ridículo, pero claro, nótenla mucha más opción. Y hablando de opciones, no tenía muchas para salir de ahí. La habitación de Marcus estaba pegada a la de Lex, pero justo la suya estaba frente a la de los O'Donnell... La mente de Gal funcionaba como cuando hacía trastadas, y, mientras se subía la cremallera del vestido a toda prisa, hizo un calculo mental mirando por la ventana. Se giró a Marcus y se fue hasta él poniendo las manos en su pecho. - A ver, voy a decirte una cosa que no te va a gustar. - Dijo con media sonrisilla, susurrando. - Voy a salir por la ventana, porque andar con el pasillo con estas pintas va a ser un cantazo. Así que me voy a subir en esa rama - dijo señalando la encina que había en el jardín frente a la ventana de Marcus -, y voy a bajar al jardín. Doy la vuelta y me meto en mi cuarto, y todos contentos. - Le dio un beso tierno, con una sonrisita, y dijo - Cuanto menos tardes en quejarte, decirme que estoy loca y aceptar que lo voy a hacer, menos tardarás en dejarme un abrigo, que no puedo salir así al jardín. - Se miró los pies y chistó, poniéndose las manos en las caderas y suspirando. - Me dejé los tacones en el salón. - Y de todas formas no hubiera podido hacer eso que pretendía con tacones. Ni con medias, para el caso, así que las cogió del suelo pero no se las puso. - ¿Tú no te sabrás por casualidad un hechizo que sea como un impermeable o algo para echármelo en los pies?
Merci Prouvaire!


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Vie Dic 25, 2020 12:57 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
¿Había dicho ya que daría lo que pudiera por volver a tumbarse en la cama con ella? Se pasaría allí toda la mañana, todo el día, las dos semanas que duraban las vacaciones de Navidad o el tiempo que fuera. Pero, para su desgracia, no lo podía hacer, y el Marcus racional había vuelto a tomar el control de la situación. No era ni mucho menos tan divertido, pero con su cerebro pensando con algo más de claridad (algo, porque las escasas horas de sueño y la nochecita que habían pasado tampoco daban para mucho) se sentía seguro con lo que hacía. Al menos mientras Alice siguiera somnolienta. Porque estaba claro como que era de día que cuando Alice espabilase aquello se iba a tomar tintes de peligro.

Pero él seguía trazando su plan de acción. Mientras Alice se vestía fue a su armario y sacó una camiseta, un jersey y unos pantalones para vestirse él también. Se estaba poniendo esto último cuando se giró a la chica y vio que ya estaba vestida. Qué rápida... Era una habilidad vestirse rápido para ese tipo de situaciones, desde luego. No empieces a pensar en esos términos que te lías otra vez. Lo peor era que, mientras se abrochaba el pantalón, empezó a verse venir algo que no le iba a gustar. En concreto, a Alice apoyándose en su pecho mientras le decía "voy a decirte algo que no te va a gustar". No había que ser un lince.

Ya se había quedando mirándola con expresión de alerta y precaución, pero había que verle la cara cuando dijo que iba a salir por la ventana. ¿Cómo? Dijo prudentemente, arqueando una ceja y acercando la cabeza a ella como si de verdad no la hubiera escuchado. Porque quería pensar que no había dicho lo que había dicho... Pero sí que lo había dicho. Se frotó la cara con las manos, echando aire entre ellas. Alice, no empecemos, por favor, que es muy temprano. Y estaba demasiado cansado como para lidiar con sus travesuras.

Daba igual, porque Alice pensaba hacer lo que quería hacer. Eso de que tenía la situación bajo control le había durado el tiempo que la chica tardó en levantarse de la cama. Lo llega a saber y la hubiera dejado durmiendo hasta que tuviera un plan. Miró la rama que le señalaba y abrió los ojos, ya interiorizando que la locura era real e inminente. ¡Alice, ¿cómo vas a salir por la ventana, por Merlín?! Contestó en un susurro apremiante. Ya estaban en las de siempre. Empezó a negar con la cabeza y a mover las manos. No no no no, a ver. Plan de acción, Marcus. Plan de acción. Mis padres siguen dormidos. Me asomo a mi puerta, miro que no haya peligro cerca. Creo que desde aquí puedo lanzar un conjuro para abrir la puerta de tu dormitorio, y con un poco de aire se abrirá del todo. Haces un encantamiento convocador a tu ropa, te vistes aquí y, ¡solucionado! Ya no tienes que salir con esa ropa. Vas con sigilo antes de que nadie se levante y ya está. Un plan sin fisuras. Que no iba a servir absolutamente de nada.

Alice seguía en sus trece de que la ventana era la mejor opción. Marcus frunció los labios con fastidio y bajó los brazos, frustrado, mirándola. ¿Qué clase de cargo de conciencia se me queda a mí si te matas por escaparte de mi cuarto? ¿Lo has pensado? Pues claro que no lo había pensado, ni lo iba a pensar. Y el dato añadido fue lo que faltaba. Esbozó una expresión de irónica sorpresa y se cruzó de brazos. Oh, qué bien, ¿y cómo piensas explicar lo de tus zapatos en el salón? Aquello empeoraba. No lo iba a reconocer en voz alta, pero se alegraba de no haberle visto todas las lagunas que tenía a ese plan la noche anterior, porque se la hubiera perdido. Al menos ya la experiencia se la llevaba... Aunque su agobio fuera a más a cada segundo que pasaba.

Y ella seguía adelante con su plan, ignorándole. Si algo había aprendido en todos esos años con Alice era que, cuando tomaba una determinación, llevarle la contraria no servía de nada. Chistó, mirando a los lados, tratando de encontrar un plan mejor para persuadirla a no hacer esa locura... Pero ya pensaba que su plan era mejor y ella seguía insistiendo. Y ya iba camino de la ventana. ¡Espera espera! La paró. Porque al parecer, en vista de su desacuerdo, Alice estaba ya determinando que ni abrigo, ni hechizo impermeable, ni nada. Esto es una locura... No puede ser... Refunfuñó mientras se dirigía al armario de nuevo y cogía un abrigo. Se fue hasta la chica y sacó la varita, apuntando a sus piernas. ¡Impervius! Estas adoptaron un brillo distinto, pero aparentemente y a simple vista era como si no hubiera ocurrido nada. Ya eres impermeable... Espero que no resbale. Lo que le faltaba era que se cayera más por su culpa todavía de lo que ya de por sí era. Recuerda deshacerlo cuando llegues a tu cuarto. Porque iba a ser rarísimo que Alice fuera impermeable por la vida, que volvían a tener eventos familiares ese día. Y ya debería de dejar de dar directrices, que parecía que estaba aleccionando a un alumno de primero.

Soltó un suspiro de resignación y le puso el abrigo. Me sigue pareciendo una locura, lo sabes, ¿no? Pero ya no podía seguir regañándole, no mientras le abrochaba la prenda y la miraba desde tan cerca. Se acercó y dejó un beso en sus labios, susurrando justo después. Ten cuidado, por favor, que si te haces daño me muero. Y lo decía totalmente en serio. Porque era lo que llevaba siete años pensando, solo que no lo decía, solo refunfuñaba y regañaba... Pero después de esa noche, ¿a quién quería engañar?

Se quedó mirando con el corazón hecho un nudo como se dirigía hacia la ventana. Ojalá pudiera decir que era la primera vez que veía a Alice salir por una ventana o encaramarse a un árbol, pero cada vez le daba más miedo. Tiritó un poco entre dientes cuando el frío de la nieve entró en su dormitorio, recordándole que solo llevaba puesto un pantalón. Se puso la camiseta y el jersey y se apoyó en el alféizar de la ventana, viendo a Alice apoyarse en la rama con las palpitaciones en la garganta y en las sienes, con la varita y los músculos preparados por si tenía que reaccionar rápido. Pero Alice no tardó en poner los pies en la tierra (en la nieve, más bien), y él ya pudo respirar tranquilo. O medio tranquilo, porque aún quedaba que no les pillaran. Se inclinó un poco más sobre  el alféizar, con los brazos cruzados y apoyados en este, y la miró con una sonrisita, susurrándole desde su lugar moviendo los labios para que pudiera leérselos por si no le oía. Eres un monito.
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Vie Dic 25, 2020 6:59 pm

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Tomó aire y dejó a Marcus entrar en pánico, regañarla, rebatir su plan y todo eso con una sonrisa y las manos en su pecho. Y cuando tuvo suficiente, se dio la vuelta y se dirigió a la ventana. Y, tal y como planeaba, fue cuando Marcus entró en razón y fue corriendo a engancharla, con el abrigo. Y, sin decir nada, con una sonrisa de niña buena, se dejó poner el abrigo. Le quedaba tan largo que iba a ir a gustísimo con él. Admiró el hechizo sobre sus piernas con ojos de niña chica y recibió con esa misma sonrisa el beso de Marcus, que correspondió con deleite. - Gracias, cariño, y no te preocupes tanto. - Dio un piquito rápido al chico - Sabía que tendrías un hechizo. Siempre tienes un hechizo. - Asintió a lo de que le deshiciera el hechizo. Marcus se creía que como era una loca también estaba un poco falta de seso o algo. Ella estaba demasiado encantada con que le hubiera dicho que si le pasaba algo se moría.

Se subió en el borde de la ventana y alargó la pierna a la rama, enganchándose con las piernas, boca abajo, como aquel día en La Provenza en el melocotonero. Cuando se incorporó en la rama, se aseguró y le tiró un beso a Marcus. Descendió lentamente por la encina y puso los pies suavemente en la nieve, poniendo una sonrisa ante la sensación de tocar la nieve con los pies pero sin sentir como le calaba. Le saludó desde el sol, admirándole en esa postura en la ventana. Ah, sí, ese canalla de O'Donnell se quedaba su corazón enterito. - Y tú demasiado guapo. - Le contestó a su ataque, y arrebujándose en el abrigo, que le llegaba más abajo aún de las rodillas.

Dio la vuelta sin complicaciones, muy tranquila por detrás del jardín y llegó debajo de su ventana. Justo allí, vio un ajenjo al que le había estado cayendo nieve toda la noche. - ¡Uy pobre ajenjo! Con lo mal que te sienta a ti la nieve. - Se puso a sacudírsela y trató de emular el hechizo protector de su padre. No era lo suficientemente buena como para hacerlo en grande, pero para proteger al ajenjo sí, no era muy grande. Cuando lo consiguió se sintió muy satisfecha consigo misma, y se levantó con una sonrisa. - Ea, ahí estás la mar de calentito, eh. - Ah, sí, estaba de muy buen humor esa mañana a pesar de la hora.

Y estaba pensándose  cómo iba a apoyarse para trepar hasta su cuarto, cuando pensó "Me estoy olvidando de algo" Y además de algo importante ¿Se habría dejado algo en el cuarto de Marcus? Y de repente se acordó y le tembló el cuerpo entero. "Nunca te vayas a dormir sin haberte tomado la poción" . - Mierda, mierda, mierda, mierda, Gal... Eres idiota. - Como no había dado nada la lata con que no era una cría y que no había que repetirle las cosas treinta veces... - Mierda.- Volvió a mascullar. A ver, calma. Romero tenía, siempre llevaba... Pero ruda... No estaba segura para nada. Cerró muy fuerte los ojos, tratando de pensar. Y fue justo al abrirlos cuando vio un arbusto de ruda en la valla del jardín. Sintiéndose enormemente aliviada se fue corriendo allí y con la varita, se puso a cortar ramitas con flores, sacudiéndoles un poco la nieve. Y estaba ya relajada, feliz, como si nada hubiera pasado, caminando de espaldas para asegurarse de que no había dejado la ruda muy desigualada cuando oyó, tras de sí, en el silencio de la nieve, como si fuera la voz más atronadora del planeta - ¿Alice? ¿Qué estás haciendo?


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Sáb Dic 26, 2020 5:08 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
La sonrisa boba no se le iba, era imposible. Se quedó mirando como la chica le sonreía y daba la vuelta por el jardín para volver a entrar en casa hasta que la perdió de vista, y al hacerlo cerró la ventana. Se quedó unos minutos simplemente ahí, mordiéndose la uña del pulgar sin poder contener la sonrisa, con la mirada perdida, rememorando toda la noche minuto a minuto. Aún sentía un cosquilleo por todo el cuerpo de tantas cosas buenas que habían pasado, era tan perfecto que costaba creérselo. Tenía ganas de dar botes por todo el dormitorio... Aunque tenía más ganas de seguir durmiendo, la verdad. Pero sin Alice no era lo mismo. Ah, ya nunca sería lo mismo si ella no estaba.

Ya llevaba varias vueltas erráticas por su cuarto como un tonto, pasándose las manos por el pelo, echando aire por la boca y sonriendo. No le parecía haber escuchado la puerta del cuarto de Alice, quizás aún no había dado la vuelta o había pasado por el baño antes. Ciertamente, no estaba pendiente de eso, estaba demasiado ocupado regodeándose en su día perfecto y sintiéndose el chico más afortunado del mundo. Y aparte de eso... Tenía algo que hacer. Lo primero, recoger aquello. Solo hacía falta echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que allí no solo se había dormido esa noche. Su ropa seguía por el suelo y la cama estaba totalmente deshecha. Bendita la inquietud por el aprendizaje de Marcus, fuera de lo que fuera, y bendita la obsesión de su abuela con los hechizos domésticos. Era muy pequeño cuando se la quedaba mirando hacer todo lo que se podía hacer en una casa a golpe de varita mientras ella explicaba cómo y por qué, y en cuanto empezó a hacer magia lo puso en práctica. Así que ahora solo tenía que sacar su varita y, en apenas segundos, su cama ya estaba hecha y su ropa de la noche anterior perfectamente guardada en el armario. Y él seguía sonriendo y con ganas de saltar de alegría.

Se arregló el pelo como pudo en el espejo, que lo tenía muy revuelto, se colocó bien la ropa que hacía minutos se había puesto de aquella manera y se dirigió a su siguiente parada. Pero antes, volvió a mirar al techo y a sonreír. Al ser de día, todo estaba mucho más claro y las estrellas se veían difuminadas, pero ahí estaba. Ese hechizo eterno que albergaba ahora las dos mejores noches de su vida y que siempre estaría ahí para recibirle. De verdad que no podía querer más a esa chica... Pero ya que había logrado contenerse de decírselo la noche anterior, ya quería hacerlo bien. Se lo pensaría detenidamente y se esperaría a volver a Hogwarts. Pero se lo quería decir, y se lo quería decir al más puro estilo Marcus: bien hecho. Nada de en un impulso o improvisadamente, no. Después de tanto tiempo, quería hacerlo bonito. Quería hacerlo bien.

Pero ya bastaba de charla consigo mismo, que tenía algo que hacer. Salió del cuarto y miró a los lados, pero todo seguía bastante silencioso. Con una sonrisilla, se dirigió al cuarto de Lex y llamó a la puerta. ¿Se puede? Preguntó en un tono un tanto tontorrón, entreabriendo y asomando un poco la cabeza. Su hermano le miró con su ceño fruncido habitual, para no variar. Ya no tenía el pijama puesto y no parecía estar haciendo nada del otro mundo, simplemente... Estar ahí. En fin, Lex era un misterio sin resolver.

Se encogió de hombros como única respuesta a su pregunta y Marcus entró, cerrando tras él. Se mojó los labios y preguntó, ladeando la cabeza. - ¿Eras tú el que estaba haciendo ruido hace un rato? - Lex se irguió aún más, con toda su altura que superaba la de Marcus, que ya de por sí era alto, y le miró con esa sombra de desdén tan frecuente en él. - ¿Es que te he despertado? - Preguntó con tonito, a lo que Marcus asintió. - De hecho, sí. - Lex soltó un bufido y miró a otra parte. - Vaya, pues perdona. - Pero estaba claro que no estaba viendo por donde le iba a salir su hermano mayor. Porque antes de que terminara la frase, Marcus se había lanzado a abrazarle, achuchándole con todas sus fuerzas. - ¡¡¿¿QUÉ HACES??!! - Gracias, tío, gracias, de verdad. - ¡¡Quita, coño!! - Respondió el otro, apartándole de un empujón. Igualmente era como abrazar al sauce boxeador, totalmente rígido hasta que te podía soltar un puñetazo. Pero es que no lo había podido evitar. - ¡Y no me toques tanto! - Añadió ofuscado y sacudiéndose, como si Marcus hubiera llegado cubierto de ceniza. - Que a saber dónde has tenido las manos... - Tío, te debo una, en serio. Y bien grande. - Él insistía. Porque, sí, se la debía, y se la debía por partida doble. Por esa estrategia de la noche anterior que les había permitido quedarse solos y por avisarle a lo justo para que no les pillaran.

Pero a Lex ya se le había acabado toda la complicidad que tenía que dar, y ahora le miraba con cara de asco. A Marcus le daba igual, estaba demasiado en su nube. Se llevó las manos a la cara y volvió a echar aire entre los dedos, dando vueltas sobre sí mismo. - Dios, estoy flipando. Ha sido la mejor noche de mi vida, en serio. - No quiero saberlo. - Es que ni te lo imaginas. Casi no me lo creo todavía. - He dicho que no quiero saberlo. - Bua, y el regalo. Increíble. - ¡Ugh! De verdad que no quiero saberlo. - No es eso, idiota. Es un hechizo, ya te lo enseñaré. - Hizo una pausa en la que miró hacia arriba, como rememorando, y ladeó varias veces la cabeza con una sonrisita. - Aunque de eso también ha habido. - ¡¡Ugh!! Joder, tío, que he dicho que no quiero saberlo. - Qué feliz estaba y qué divertido era aquello. Le encantaba chinchar a Lex, sobre todo porque se hacía el que no le importaba pero, en realidad, le había ayudado bastante. A su manera, pero lo había hecho.

Y para chincharle aún más, se fue hacia él y le pinzó las mejillas. - Si es que en el fondo me quieres. - ¡¿ME QUIERES SOLTAR?! - ¡¡¡Shhhhh!! Pero no grites. - Que ya eran mayorcitos como para despertar a sus padres con griteríos. - ¡Pues no me toques más! - Marcus puso una sonrisilla traviesa y se acercó a él de nuevo, haciendo amago de achucharlo otra vez pero sin tocarle. - Es que eres el mejor hermanito pequeño del mundo. - Este hermanito pequeño te saca una cabeza y te dobla en fuerza. - Le apuntó con un índice, con cara de malas ideas. Pero Marcus no podía dejar de sonreír. - Así que más te vale haber disfrutado de tus manos, porque como me toques otra vez, las pierdes. - Te daré cariño en la distancia, entonces. - Tss. - Refunfuñó y se giró para no mirarle más, porque Lex ya se había cansado de las caritas de Marcus y de sus tonterías. - Si es que me tengo que arrepentir de ayudarte... - Entonces reconoces que me has ayudado, ¿no? - Lex se giró automáticamente con esa expresión tan bien heredada de su madre pero con la mala leche multiplicada por diez. Marcus dio un pasito hacia atrás, dirección a la puerta, con las manos tras la espalda y la sonrisita imperturbable. - Feliz Navidad, hermanito. - Y agarró el pomo de nuevo para marcharse, antes de que la mejor noche de su vida se convirtiera en la última.

Pero antes de que saliera por la puerta, Lex se había girado y le estaba mirando. Si te fijabas bien, podías verle una sonrisita esbozada. Una sonrisita también muy de la parte Horner. - ¿Podemos ya oficialmente dar por sentado que estáis saliendo? - Ah, no, ni se te ocurra. - Marcus abortó la misión de salir de allí, volviendo a entrar y cerrando tras él, aunque quedándose con la puerta sujeta. - Esto... Es cosa nuestra, ¿vale? Tenemos nuestros métodos. - Ugh. - Y dale con el "ugh". Marcus le miró con cara de circunstancias y reanudó la advertencia. - En serio. Tengo... Cosas pensadas. Seguimos siendo amigos, ¿vale? Es decir, somos amigos. Y de cara a todo el mundo somos amigos, porque es lo que somos. Amigos. - Perdona, no me ha quedado claro, ¿qué dices que sois? - Ya, muy gracioso. - Giró el pomo de nuevo. - Tú solo tienes que hacer lo que haces siempre: mostrar que no te importa lo más mínimo y pasar de nosotros. No creo que te cueste ningún trabajo. Yo... Tengo mi plan. - Lex soltó una risotada sarcástica. - Tú y tus planes. - Marcus esbozó una sonrisita y le dedicó una última mirada, arqueando varias veces las cejas y provocando que la cara de desagrado volviera a Lex, antes de cerrar de nuevo la puerta.
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Sáb Dic 26, 2020 10:52 pm

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
No sabía qué era más inculpatorio. El hecho de llevar un abrigo de Marcus, de ir descalza por la nieve, que fueran las siete de la mañana o que tuviera un manojo de ruda en la mano. Se dio la vuelta con media sonrisa y dijo. - Buenos días, señora O'Donnell. - Te he hecho una pregunta. - Ya ya, si la cosa es que no tenía ni idea de cómo responderla, porque ella siempre decía que negarlo era peor, pero no se veía mentalmente preparada para hablar de lo que había hecho con Marcus en línea directa con su madre. - Es que no podía dormir y he bajado a pasear. - La puerta estaba cerrada. - Bueno, es que la he cerrado yo. Por no alterar cómo hacen las cosas en su casa. - Emma la miró con los brazos cruzados y la ceja alzada. - ¿Y en la tuya se sale descalzo a la nieve?- Gal se mordió los carrillos por dentro. Pero era ella. Podía justificarlo con "son cosas de Gallia". - Me he encantado los pies. Es que me gusta sentir la nieve, pero no morirme de frío, claro. - Emma suspiró y bajó los ojos pesadamente, sin cambiar la expresión. - ¿Y el abrigo? Es de Marcus. - Ah, sí, se lo he pedido. - Eh, era verdad, nada de negarlo. - ¿Mi hijo despierto a las siete en Navidad? - Ella se encogió de hombros con una sonrisilla. - A lo mejor le he despertado, pero le he llamado para pedírselo, porque necesitaba uno más gordo para salir a la nieve. - La mujer suspiró. Parecía que no se había fijado en el detalle de la ruda. Disimuladamente, juntó las manos tras la espalda, con el ramillete en ella. - Lo siento si la he molestado. - Emma negó. - No... Vuelve dentro. No quiero que te resfríes. - Asintió con la cabeza y se fue para dentro, pero cuando pasó, le dijo - Alice. - Ella se paró y se giró. - Eso es demasiada ruda. - Miró, culpablemente, la hierba en su mano. Pues sí, pero había cogido de más por si... Bueno mejor ahora no pensar en eso. Asintió con la cabeza, en ese silencio tácito entre las dos, y tiró en la nieve toda la que no necesitaba en una dosis para alguien de su constitución. - Me voy a... - Sí. Mejor.

Llegó a la cocina y luego subió las escaleras hasta su habitación, sin tener que trepar, lo cual era un alivio, para coger el romero y un vaso. Bueno. Parecía bastante evidente que no iba a echarla de su casa, pero mejor no daba nada por sentado. Llenó el vaso de agua, le echó el romero y la ruda partiéndola con sus propias manos y hechizando la poción con la varita. A ver, no tenía por qué enfadarse con ella, al menos estaba tomando precauciones ¿no?- Ay, a quién intento engañar. - Dijo antes de beberse la poción. Suspiró y se rascó la frente. La había cagado, y como Marcus se enterara no iba a haber quien lo aguantara. Se había tirado por una ventana y encima no había servido de nada porque su madre la había pillado igual, y ahora casi que sabía con seguridad que se acostaban. En su casa. Pero al menos tomaba precauciones. O las estaba tomando ahora. El día después. - A más lo pienso, más gilipollas me siento. - Volvió a decirse a sí misma, mientras volvía a su habitación.

Se quitó el abrigo y se miró al espejo, con el vestido de la noche anterior, el pelo despeinado y toda agotada. Pero se sentía guapa, se sentía. sexy, se sentía capaz de todo. Y también. necesitaba una ducha, necesitaba arreglarse el pelo y taparse las ojeras, no iba a dejar nada al azar. La noche con Marcus había sido perfecta, todo era perfecto, y ella se lo iba a devolver tal y como debía: siendo perfecta para él. Miró la pulsera en su mano. Estaba absolutamente extasiada por tener aquella joya, suya, tan significativa para Marcus y para ella. Le dio un besito a la esfera de la pulsera con una sonrisa y dijo. - Lo vamos a hacer. Lo vamos a hacer perfecto, mi amor.
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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Mientras estaba en el dormitorio de Lex había oído algún que otro movimiento fuera, supuso que sería Alice volviendo a su cuarto, o quizás sus padres ya se hubieran despertado. Ni siquiera se planteó que se pudieran haber cruzado, estaba demasiado metido en su propia felicidad. Se dirigió a su dormitorio y cogió ropa limpia para ir a ducharse, pero al asomarse por su puerta vio la del baño cerrarse, y el reflejo de Alice perdiéndose tras ella. Siempre teniendo que llegar antes que yo. Se escondió de nuevo en su dormitorio con una sonrisilla y esperó pacientemente a que terminara, preparado para salir en cuanto ella lo hiciera.

Lo dicho, estaba ilusionado como un niño pequeño, tanto que no le importaba esperar como un poste tras su puerta el tiempo que hiciera falta. Y además era Navidad, en un ratito estaría abriendo regalos, que no se le había olvidado ese pequeño detalle. Al escuchar la puerta abrirse dio un pequeño respingo y, recomponiéndose y con una sonrisita incontenible, salió para cruzarse con la chica en su camino al baño. Pero no era esa la puerta que se había abierto.

- Vaya. Qué madrugador. - Vaya, no era la persona que esperaba encontrar, pero tampoco le importaba. Asintió con una sonrisa infantil. - Feliz Navidad, papá. - Feliz Navidad, hijo. - Hubo un instante de silencio. Él seguía sonriente pero... Su padre acababa de echarle una mirada de arriba a abajo y a él le recorrió una incómoda inquietud que le hizo morderse el labio por dentro. - Veo que... - Señaló la puerta del baño. - Sigue ocupado, así que... - Sí, al parecer Alice también estaba madrugadora hoy. - Se quedó mirando a su padre sin perder la sonrisa, pero quizás estaba tardando en reaccionar más de la cuenta. - Oh, ehm, ¿ah sí? - Se encogió de hombros con una risilla. - No sabía que era ella. En fin... Pues... Ya lo sé. - Volvió a reír. Y su padre no dejaba de mirarle. Tragó saliva. - Pues... Me vuelvo a mi cuarto, cuando me duche bajo. - Muy bien. - Respondió su padre con tranquilidad. ¿Salvado? Eso parecía. Al fin y al cabo su padre había pasado de largo y estaba bajando las escaleras. Aunque... Esa forma de mirarle, con esa leve sonrisa... Solía mirarle así cuando sabía que le estaba ocultando algo, y eso que Marcus prácticamente nunca le ocultaba cosas a su padre. Y cuando lo había hecho, casualmente, había tenido que ver con Alice.

Pero no podía saber nada, había tomado todas las precauciones, y además no le había dicho nada, había bajado tan normal. Sería su conciencia intranquila la que se lo estaba inventando todo, como siempre. Así que volvió a su plan, y cuando escuchó de nuevo la puerta hizo exactamente lo mismo. Y esta vez, sí era Alice. Se asomó a su propia puerta, se mojó los labios y avanzó hacia el baño con una sonrisa y su porte seguro habitual. - Buenos días. - Saludó con normalidad, como si acabara de cruzársela desde anoche. Pasó por su lado, haciendo una caída de párpados para mirarla con un gesto cortés de la cabeza. - Feliz Navidad. - Terminó de dirigirse al baño, mordiéndose el labio y se giró antes de cerrar, guiñándole un ojo a la chica. Qué tontería. Después de tantos años, después de la noche que habían tenido, y se le había puesto el corazón a mil solo con ese encuentro de segundos, como si fueran cómplices de algo que solo ellos sabían. Lo dicho, estaba tontísimo. Pero le daba igual.

Se duchó a toda velocidad, se peinó lo mejor que pudo y bajó a grandes zancadas las escaleras. Antes de poder reaccionar sintió como si le golpearan con una bludger en el estómago, una bludger que se le había encaramado a la cintura. - ¡Ey! Colega, Feliz Navidad. - Era Dylan, que se había lanzado a abrazarle, y él correspondió el abrazó con alegría. Miró a su alrededor y ya estaban todos allí. - Vaya, ¿soy el último? - Comentó alegremente. - Pues eso parece. ¿Es que se te han pegado las sábanas, hermanito mayor? - Ah, no podía ser tan ingenuo de pensar que no tendría tiritos de Lex esa mañana, y con tonito incluido. - Me estaba duchando, listo. Algunos somos muy pulcros y nos gusta abrir nuestros regalos bien aseados. - Se dirigió a su madre, que era la única a la que todavía no había visto esa mañana. Estaba removiendo un buen caldero de chocolate caliente con la varita. - Feliz Navidad, mami. - Añadió dirigiéndose a ella y dándole un beso en la mejilla. Esta le contestó con una sonrisa, pero no dijo nada. Se daba por felicitado. Se dirigió a los pies del árbol y se sentó con una gran sonrisa, frotándose las manos. - Yo no sé vosotros, pero yo quiero empezar ya a abrir regalos. -
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Dom Dic 27, 2020 1:37 am

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Estaba deseando encontrarse con Marcus como fuera. En el pasillo, en la puerta... Oh, por todos los dragones, estaba hasta imaginando qué pasaría si entrara a la ducha ahora con ella. Suspiró y dejó que el agua le borrara ciertas ideas de la cabeza. Cuando salió, con el pelo húmedo pero bastante mejor cara, su deseo se cumplió. Menuda Navidad. Al cruzarse con él, sacó el dedo índice para rozar su mano y dijo, con una sonrisilla a ese guiño. - Buenos días, prefecto O'Donnell. - Siguió hasta la puerta de su cuarto y se asomó al marco. - Y
feliz Navidad a ti también.


Cuando bajó se había peinado cuidadosamente y se había maquillado lo suficiente como para parecer una persona normal. Dylan corrió hacia ella y la abrazó. - Feliz Navidad, patito. ¿Ya ha abierto ese los regalos sin mí?- Dijo mirando con retintín a Marcus junto al árbol. A pesar de la cara de Emma, aquella estampa le gustaba demasiado. Miró a Arnold y Lex y luego a ella. - Señores O'Donnell, Lex, feliz Navidad. - Arnold la miró con cariño y dijo. - Feliz navidad, Alice. Acercaos al árbol, que vosotros también tenéis regalos. - Dylan la miró alucinado y ella también miró extrañada. - Pero mi padre nos dijo que nos traerían los regalos al volver... - Ya, pero estos son de los O'Donnell. - Y sin esperar, Dylan se lanzó a buscar el que tenía su nombre. Gal se sentó discretamente al lado de Marcus, con una gran sonrisa y ojos brillantes.

Dylan quitó el papel a tirones y se giró hacia ella con una pluma especialmente larga y estilizada. Gal sonrió a su hermano. - Es una vuelapluma. Tienen que enseñarte el encantamiento, pero escribe por ti. Lo harás mucho más rápido, desde luego. La tata siempre ha querido una, te la va a robar - Arnold le señaló con una gran sonrisa y dijo. - Bueno, podremos trabajar en ello en cuanto quieras. - Y su hermano salió corriendo a abrazarle. Gal lo observó, emocionada, sonriendo, sintiendo que por fin le estaba dando a Dylan ese calor de que alguien se preocupara por ti. Cuánto le debían a los O'Donnell. Y hablando de O'Donnells, Lex le pasó un paquete pequeño y cuadrado. - En este pone tu nombre. - Ella le sonrió con calidez. Le debían bastante a Lex aquella mañana y ni siquiera le había comentado nada. Ya lo haría. Abrió el paquete y era otra caja de esas donde se metía joyería. - A este paso voy a acabar como el cuadro de la señora gorda de Gryffindor. - Dijo entre risas. Al abrir la caja vio unos pendientes de bronce, en un tono parecido al de su nueva pulsera, y alzó uno de ellos, impresionada, en la mano. Tenían forma de pluma y una piedrecita azul oscuro al final. Mejor no se paraba a pensar en cuanto costaban, se iba a sentir mal. - Son preciosos ¡Madre mía! Son demasiado bonitos para mí. Gracias- dijo mirando a Arnold. Él señaló con la cabeza a Emma. - Los eligió ella. - Se giró ella también y dijo. - Gracias... Señora O'Donnell. Yo no habría sabido elegir algo tan fino y bonito. - Ella alzó una ceja y puso esa sonrisa tan críptica. - Uy, yo diría que sí... - Vale, eso había sido raro. Pero no le dio mucha importancia, o no lo quiso pensar, y se puso los pendientes, mirando a Marcus- ¿Qué? ¿Cómo me quedan?- Pero Dylan la sacó de su ensimismamiento señalándole la pulsera. Maldito niño observador. - Ah, sí... Es...- Cruzó miradas con Marcus y se mordió brevemente el labio. Negarlo siempre es peor. - Me la ha regalado Marcus, por Navidad. Es que anoche nos dieron las doce aquí abajo y nos dimos los regalos. - Bien. Solo había una sutil falta de información. - ¿Qué es? - dijo Emma inclinándose hacia delante y mirándola con los ojos entrecerrados. - Ehm... es una... Flor de espino blanco... - Carraspeó y se puso muy erguida, rascándose la nuca- Bueno, abrid los regalos los demás, que no se diga ¿no?
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Dom Dic 27, 2020 2:50 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
La cara de Alice no tenía precio. La muy ingenua se habría ido allí pensando que no iba a tener regalos, tss. Conocía a sus padres y sabía que les adoraban... Bueno, a su padre se le notaba más que a su madre, pero él estaba seguro de que los dos querían a los chicos Gallia como si fueran suyos. No iban a dejarles sin regalos en Navidad.

Flexionó una rodilla en el suelo, abrazándose a esta y apoyando la barbilla sonriente, mirando a los chicos abrir sus regalos. - Ey, como mola, Dylan. Vas a tener que educarla bien, que si no, a saber lo que escribe. - Dijo medio en broma medio en serio. Eso, a ver qué escribe. El pensamiento de alerta se lo guardó para sí mismo. Dylan, a su modo tierno de hacer las cosas, no tenía muchos filtros en la información que daba. Una vuelapluma en manos de ese niño podía ser un peligro. En manos de Violet, mejor ni lo pensaba. Pero sí, era un buen regalo sobre todo para alguien como él, que se comunicaba escribiendo. Al menos mientras fuera retomando las ganas de hablar.

Luego llegó el regalo de Alice, el cual, por supuesto, él ya sabía lo que era. Porque cualquiera le escondía a Marcus algo, era mejor contestarle lo antes posible a su bombardeo de preguntas si no querías acabar con el cerebro como un queso gruyer. Se quedó mirando a Alice mientras abría su regalo y podía notar por el rabillo del ojo como Lex le miraba a él, pero le daba igual. Total, qué más le daba que le dijera que tenía cara de idiota enamorado si se había compinchado con él para que pasara con Alice la noche. La reacción de la chica le hizo poner los ojos en blanco y negar con la cabeza. ¿Demasiado bonitos para ella? Se le ocurrían muchas respuestas que se tuvo que morder la lengua como nunca para no dar, pero ya se lo diría cuando se quedaran solos. Miró a su madre con una sonrisa de oreja a oreja cuando su padre dijo que los había elegido ella. Perfecto. Aquello estaba siendo sencillamente perfecto.

- Plumitas para un pajarito. - Le dijo risueño, teniendo que agarrarse las manos porque su instinto era acariciar el pendiente, pero eso volvía a establecer una complicidad entre ellos que no consideraba del todo correcta hacer en ese ambiente familiar e íntimo tan cercano... Después de haber bailado con ella la noche anterior delante de más gente aún, pero bueno. - Pre... Fectos. Perfectos, perdón. - Se rio como si quisiera quitarle importancia a su pequeño lapsus. - Digo tanto la palabra que ya me lío. - No, no era eso. Iba a decirle "preciosa", pero redirigió a mitad de camino. Esperaba haberlo salvado.

Pero el que acababa de recibir por regalo una vuelapluma destacó la pulsera de Alice. Que a ver, él no tenía nada que ocultar, era su regalo y pensaba enseñarlo a todo el mundo. El problema era que le estaba atacando de nuevo la mala conciencia. Mejor iniciar la táctica de dar mucha información, para distraer. - Exacto. Conservada con alquimia, además. La he... - Y empezó a soltar una perorata interminable sobre el proceso de conservación de flores en alquimia. Y se entusiasmó tanto con la charla que se acordó de algo que le hizo girarse directamente hacia Alice. - ¡Ah! De hecho, eso era lo que estaba investigando en la Sala Común cuand... - Ups. Se había venido arriba. - ...o me encontrarse allí dormido. - Se echó a reír. - Es que llevaba un día... - ¿Había colado? Creía que sí.

Lex ya llevaba un rato con una notable cara de hastío nada disimulada, pero su madre parecía mirarle con genuino interés, con esa sonrisa tan suya, delicada y apenas perceptible, y las manos sobre el regazo. Su padre tenía su expresión cordial habitual. - Tienes que contárselo a tu abuelo. Le va a encantar. - No dudes que lo haré. - Ni por un momento lo dudes... - Masculló Lex. Marcus le miró con los ojos entrecerrados, negando con la cabeza. De verdad, qué envidioso... - Es precioso, hijo. - Su madre había intervenido, por fin, y él recobró su sonrisa orgullosa. - Se nota que tienes talento para la alquimia, y que le pones mucha dedicación a todo lo que haces... Y cariño. - Gracias mami. - Aquello llevaba algo detrás, se notaba en el tono velado de su madre y en su sonrisa, que podría cortar el hielo. Pero Marcus era experto en no ver lo que no quería ver, en venerar a sus padres hasta el punto de obviar que sus intenciones pudieran ser diferentes a las de él y en autoengañarse cuando estaba feliz y no quería dejar de estarlo. Se conjugaban las tres cosas en ese momento.

- Entonces, ¿os disteis anoche los regalos? - Sip. - Ah, que bien. - ¿Estaba contenta? Sí, parecía contenta, ¿no? Al menos, estaba sonriendo, y miraba a Alice cuando lo hacía. Bien. Bien. - ¿Y donde está el tuyo, cielo? - Arriba. - Contestó jovial. Su madre, sin perder la sonrisa ni inmutar su postura lo más mínimo, arqueó una ceja. - ¿Por qué no lo bajas para que lo veamos? - Es que es un regalo de dormitorio. - Se creó un silencio. Hasta él se dio cuenta de lo mal que había sonado aquello, ¿o sería su conciencia otra vez? No, esta vez no, porque se notaba todos los ojos encima. Bueno, todos menos los de Lex, que estaba demasiado ocupado tapándose la boca para disimular que estaba partiéndose de risa. Siempre enfadado como un puercoespín y tenía que darle por reírse justo ahora. - Quiero decir... Es un hechizo. Sobre mi dormitorio. - No lo estás arreglando. Al revés. Con el último dato solo lo estaba empeorando. Podía verlo en la ceja cada vez más arqueada de su madre, en la boca cada vez más abierta de Dylan, en la cara cada vez más interrogante de su padre y en las vibraciones que le llegaban de Alice con ganas de matarle. Bueno, y en la risita de Lex. - Sobre el techo. Lo ha hechizado para que se vea el cielo nocturno. - ¡Oh, qué bonito! - Saltó su padre entusiasmado, mirando a la chica. Parecía más aliviado que él mismo con la resolución de ese atolladero. Tragó saliva y volvió a esbozar una sonrisa de disimule, lanzando una mirada de reojo a Lex en clara advertencia para que parara y otra a su madre... A la cual se la encontró mirándole directamente. Eso daba miedo.

- Eso es muy elegante, Alice, y creativo. Son las cosas que hace tu padre, desde luego. - Al menos a su padre le había encantado la idea. Claro, como que era genial. - Luego os lo enseño, aunque se ve mejor de noche. - Marcus. Ca. Lla. Te. Que lo había arreglado y casi lo vuelve a estropear. - Pues el nuestro no es tan creativo pero creo que te va a gustar. - Dijo su padre, sacando de debajo del árbol un regalo con su nombre. Marcus lo tomó con ilusión infantil y lo abrió en seguida. - ¡Oh, por fin! - Como para no regalártelo, hijo, con la lata que has dado. - ¿A quién se le ocurre recomendarme algo casi imposible de conseguir? - Su madre rodó los ojos con un suspiro. - Ni que lo digas. He tenido que mover muchos hilos. Demasiados. - Eso último lo dijo mirando a su marido con reproche, lo cual hizo mucha gracia a Marcus. - Tengo una mujer con influencias, lo suyo es que me aproveche un poquito. - Bromeó el hombre, mientras Marcus ya estaba ojeando su regalo. Era ese libro de Aritmancia que su padre le había recomendado meses atrás y se había vuelto loco buscando... Y le había granjeado otro problema con la bibliotecaria por insinuarle, una vez más, que la biblioteca de Hogwarts estaba desactualizada.

- Lo suyo es que lo pongas en práctica con esto. - Añadió su padre, sacando otro regalo. Marcus abrió mucho los ojos y lo desenvolvió. Era un estuche con algunas herramientas de aritmancia, algunas nuevas y otra para sustituir las suyas, que estaban ya un poco deterioradas de tanto uso. - ¡¡Muchas gracias!! - De nada. Aún tengo esperanzas de que dejes la alquimia por la aritmancia. - Suerte con eso, papá. - Dijo entre risas.
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Dom Dic 27, 2020 3:54 pm

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Rio a lo de las plumas para el pajarito y parpadeó. - Sí que son per - dijo haciendo hincapié en la sílaba- fectos. Para un pajarito.- Y pensaba que había sorteado la bala de los regalos cuando Marcus dijo lo de la Sala Común. "Frena, Marcus, que se nos fue bastante de las manos" pensó. Pero más o menos lo pudo salvar, y con eso podía trabajar. - Luego irás diciendo por ahí que soy yo la que se queda dormida en la Sala Común. Pero la verdad es que ahora tiene sentido que te esforzaras tanto en que no viera lo que estabas leyendo. - Y se quedó, sin más, escuchando a Marcus hablar de alquimia, porque podía, porque era Navidad. Pero las preguntas de Emma le estaban escamando, y creía ver por dónde iba.

Y entonces Emma preguntó. No, Marcus, no contestes, es una trampa. Pero nada. Contestó pero por todo lo alto, además. A Gal hasta se le cayó la cajita de los pendientes. Menos mal que, por una vez, el otro lo gestionó medio bien. De hecho, prefirió no intervenir, como si no tuvieran nada que ocultar, como si no estuviera gritando "socorro" por dentro. De hecho, se unió a la excesiva felicidad de Arnold de muy buen grado- ¡Ay, gracias, señor O'Donnell! Sí, me lo enseñó papá cuando... - Mierda, no le había contado a Dylan que su padre había estado con ella, así que tuvo que rectificar rápidamente- Se lo pedí. Hace un tiempo ya. Pero es que tenía muy claro lo que quería. - Y no pudo evitar mirar a Marcus con profundo cariño. Y le daba igual que todos se dieran cuenta. Lo había hecho desde el fondo de su corazón enamorado y estaba totalmente orgullosa de ello.

Por fin se dispuso Marcus a abrir sus regalos y ella se asomó por su hombro con una sonrisa- ¡Pues no has dado nada la tabarra con el libro! Llévaselo a la bibliotecaria, para que te termine de coger manía. - Dijo con una risilla, que provocó las de Lex y su hermano. Y miró asombrada los objetos de Aritmancia, porque le encantaba también. - Oye, pues te lo podrías plantear, a mi me encanta también la Aritmancia, de hecho no la necesitaba para ser sanadora, pero es que me lo paso genial haciéndola. - Y en ese momento se percató del cruce de miradas y tonos de los señores O'Donnell. Y sintió envidia, mucha. De una pareja que había demostrado que pegaban, que eran perfectos el uno para el otro, que tenían todo lo que tenían ellos para enseñar al mundo: así se hacen las cosas. Vamos, lo que quería ella. Algún día. - ¡Te toca, Lex!- Dijo alegremente mirando al hermano de Marcus.

Allí estuvieron un rato más, incluyendo el momento de hacerle pasar vergüenza a Lex poniéndose la equitación nueva de quidditch que le habían regalado. Cuando terminaron, subió a arreglar su cuarto, y mientras estaba con los hechizos limpiadores y ordenadores, vio a Dylan por el jardín correteando por la nieva y con la pluma detrás de él, porque ya le había identificado como su dueño. Estaba muy contenta por él, y en un principio le había parecido una buena idea, pero ahora no paraba de preguntarse si ese paso adelante que habían dado el día del muñeco de nieve no se iría hacia atrás con la pluma. Bajó al jardín, abrigándose esta vez con un abrigo suyo, y se acercó a él. - ¿Qué? ¿Contento con tu regalo? - Su hermano sonrió y asintió, pero ya se había dado cuenta de que algo pasaba y la miró con una ceja alzada. - Tenemos que hablar de esa pluma. - Ya se le quitó la sonrisa y la miró como si le estuviera regañando. - No pasa nada malo ¿vale? Pero ya te dije el otro día que nunca he perdido la esperanza de volverte a oír hablar. Y sería lo mejor para ti. - Seguía con la cabeza gacha. - No tenemos prisa, pero tampoco quiero que lo que has avanzado se pierda porque ahora te vaya a ser mucho más fácil escribir. Así que vamos a hacer una cosa. - Se agachó en la nieve y agarró sus manos, acariciándolas. - Puedes usar la pluma, cuando aprendas a hacerlo, si hablas cinco minutos ese día. Con quien tú quieras, de lo que tú quieras. Pero tienes que hablar ¿Qué te parece? - Su hermano se encogió de hombros pero sonrió un poquito, asintiendo con la cabeza. Detrás suyo, oyó unos pasos sobre la nieve, vislumbrando al señor O'Donnell y miró a Dylan. - Darle las gracias al señor O'Donnell sería una buena forma de empezar. Así cuando te enseñe a usarla, ya puedes empezar del tirón.
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Dom Dic 27, 2020 4:34 pm

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El momento de los regalos ya estaba siendo divertido, pero todo mejoró cuando insistieron a Lex en probarse allí mismo su equipación nueva. Marcus azuzó bastante para ello, recibiendo más de una mirada asesina. No le convenía enfadar a Lex ese día... Pero era tan divertido. Los chicos le dieron cada uno los regalos a sus padres, estos se los dieron entre ellos, tomaron chocolate caliente y galletitas y, tras esto, todos se fueron a hacer sus cosas. No podía estar más contento.

Cada uno se fue a ordenar su dormitorio pero él ya lo tenía más que ordenado, claro, porque se había levantado muy tempranito y esforzado en limpiar sus huellas. Aun así, aprovechó la tesitura para irse él también a disfrutar de su libro nuevo un ratito en soledad. Aunque tumbarse en la cama no ayudaba a la concentración. Antes de perderse en el manual, pasó un buen rato simplemente mirando las tenues estrellas que adornaban su techo, que seguían ahí aunque la claridad del día no permitiera verlas con tanta intensidad, e impregnándose del olor que Alice había dejado en sus sábanas, que aún seguía ahí. Casi se queda dormido de lo relajado y a gusto que estaba, de hecho apenas fue capaz de ojear un poco el libro por encima. Ya lo miraría más detenidamente cuando tuviera la cabeza para ello. Ahora, mejor levantarse de la cama y hacer cualquier otra cosa. O se perdería en sus propios recuerdos de la noche anterior y se quedaría dormido como un tronco.

Bajó las escaleras sonriente de dos en dos sin rumbo fijo. Estaba de vacaciones, era Navidad y… Bueno, estaban yendo bastante bien hasta el momento, así que no pensaba ni a donde se dirigía. Estaba demasiado contento. Al pasar por el pasillo vio a su madre ordenando sus varitas en el estudio pequeño de la planta baja. Se acercó hacia ella por detrás y le dio un beso en la mejilla. Mi niño precioso. ¿Qué haces, mami? Emma se encogió de hombros con un suspiro, con la vista puesta en una de sus varitas. Pensar… Marcus frunció el ceño con una sonrisa de labios cerrados. Estaba de tan buen humor que ni se había parado a pensar en qué significaba eso.

Se quedó unos instantes mirando las varitas hasta que su madre rompió el silencio. ¿Has dormido bien? Sip. Lo dicho, estaba muy contento. Quizás debería empezar a disimular un poco. Muy bien. Me alegro. Dijo, y ahí sí empezó a pillar el tonito ácido. Algo no iba bien. La mujer alzó la vista hacia su hijo con una sonrisa que vaticinaba problemas. Y no me extraña. Marcus volvió a fruncir el ceño con una sonrisa, aunque esta vez de confusión (y de cierto miedo), ladeando la cabeza. No me pongas cara de lechuza, Marcus, que sabes a lo que me refiero. Ahí sí que le entró miedo. Maldita sea, creía que había sido discreto. ¿Les habría…? ¡¡Agh!! Eso era horrible.  

Eeemm… Volvió a intentar disimular con una sonrisilla.  No sé a qué te… ¿Qué te traes con la chica de Gallia? ¿Sois novios o algo? ¿Qué? ¡No! Soltó con una risa evidentemente nerviosa y se siguió riendo artificialmente, negando con la cabeza. No, no… Debería parar. Empezaba a no sonar nada creíble. Solo digo que me lo puedes contar. Ya lo sé. No hay nada, de verdad. Su madre arqueó una ceja. Bueno, eeemm, quiero decir… Solo somos amigos. Si no, os lo contaría. Ya sabéis que os lo cuento todo. La mujer asintió. Bien, mejor así. Y volvió a sus varitas.

Marcus respiró con alivio. Vale, podría haber sido mucho más incómodo… Aunque, ahora que lo pensaba… ¿Qué quieres decir con “mejor así”? Emma suspiró y dejó las varitas en la mesa para girarse de nuevo a su hijo. Marcus, esa chica no está bien. ¿Cómo que no está bien? Respondió automáticamente con indignación, dejando escapar una risa por los propios nervios y el conflicto emocional que empezaba a sentir por lo contento que venía y lo que le enfadaba ese comentario. Yo la veo… Muy… Bien… Ya, ya sé como tú la ves. Oh, vaya. Volvió a reír, esta vez con un deje de indignación más pronunciado. Apenas has sonado desacreditadora con ese comentario. Oh, “desacreditadora”. Su madre rió con dulzura, como si escuchara hablar a un niño de tres años, negando con la cabeza. Qué mono te pones cuando imitas a tu padre… Mamá, hablo en serio. Se le había ido lo contento ya y el ceño se le había quedado fruncido. Pero Emma tenía ahí mucho más poder que él. Sí. Y yo también. Eso le dejó clavado en el sitio. Sabía detectar un problema… Y allí había uno.
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Dom Dic 27, 2020 10:22 pm

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
-¿Qué planeáis por aquí, hermanos Gallia?- Preguntó Arnold alegremente. Gal tiró de Dylan delante de ella por los hombros y dijo. - Creo que Dylan tiene algo que decirle. - Él le miró y se agachó, como había hecho ella antes, dispuesto a leer la libreta, cuando oyó - Gracias, señor O'Donnell. Por el regalo y por tenernos aquí mientras papá está en Francia. Y por jugar tanto conmigo. - Conocía la expresión de Arnold. Era la que se le ponía a ella cuando oía la voz de su hermano, y Arnold era un hombre que se emocionaba con facilidad. Tomó de los hombros a su hermano y le palmeó con orgullo- Me habían dicho que habías hablado, pero no creí que yo fuera a tener el honor de escucharte. Eres un chico muy valiente, Dylan. - El niño se acercó a Arnold y lo volvió a abrazar con una sonrisa. - Alice me ha dicho que tengo que hablar cinco minutos al día si quiero usar su pluma. - Arnold la miró con una gran sonrisa. - Porque Alice es muy buena hermana y solo quiere lo mejor para ti. - Ella sonrió y dijo. - Ya que estás ¿hay algo más que quieras decir? - Su hermano echó la mirada hacia atrás, apoyándose en ella. - Sí ¿Podemos comer galletas de las de mamá? Siempre las hacía el día de Navidad. - Ella asintió con la cabeza. - Pediremos permiso. ¿Algo más? - ¿Puede mi búho llamarse Marcus?- Arnold se levantó con una sonora carcajada y Gal cerró los ojos suspirando. - ¿Cómo vas a llamar Marcus a tu búho, Dylan? - Porque es muy listo. - Ya pero es un nombre de persona, no de animal. - Elio también es nombre de persona. - Gal suspiró otra vez y se frotó los ojos. - Pregúntaselo a Marcus, si se lo dices hablando así, le va a parecer buena idea seguro. - Vale, entonces me guardo los minutos que me quedan para hablar con él. - Y se fue corriendo, con su pluma detrás, a seguir jugando con la nieve. - ¡Dylan puedes hablar más cinco minutos!- Pero su hermano ya no la oía, estaba haciendo surcos en la nieve.

Arnold se puso a su altura, sin perder la sonrisa. - No sé cómo, pero lo estás haciendo genial. - Ella se cruzó de brazos también y entornó los ojos. - ¿Con Dylan? Bueno. Hago lo que puedo. Ni más ni menos. - Arnold le pasó un brazo por los hombros y la abrazó. - Es mucho, Alice. Mucho para cualquiera, pero más para una chica de diecisiete años. -  Ella suspiró pero no perdió la sonrisa.  - Sé que nadie puede sustituir a tu madre, pero estás haciendo muy buen trabajo con Dylan. - Ella negó con la cabeza, mirándole. - Sé que es lo que parece. Pero no puedo si quiera culparle de que no quiera hablar. He estado tan preocupada por papá que le he dejado en esa nube especial que se ha creado él solo. Es que yo tampoco querría hablar...- Se encogió de hombros. - Pero entonces ¿Quién haría rabiar a su hijo?- Arnold rio con ganas y se cruzó de brazos también, mirando a donde jugaba el niño. - Tengo entendido que ya no le haces rabiar tanto. - ella rio entre dientes. - Todo el monte no es orégano... - Pero veía la expresión del hombre, y no le dejaba lugar a dudas. - Le ha contado la señora O'Donnell que estaba esta mañana por ahí con el abrigo de su hijo ¿no?- Él ladeó la cabeza y dijo - ¿Tú que crees? - ¿Estaba muy enfadada? - Arnold negó con la cabeza, pero Gal el miró con cara de circunstancias. - Bueno pero se le pasará, conozco a mi mujer. Ya conocerás tú a tu marido cuando lleves más de treinta años con él, como yo con Emma. - Volvieron a reírse a los dos, pero creía que no por los mismos motivos. Suspiró y dijo - Pero a mí me alegra mucho que hayáis hecho las paces. En verano me preocupé mucho.

Gal tragó saliva. Sí, la había cagado por todo lo alto en verano, pero creía estar arreglándolo. De alguna forma al menos. - No era mi intención hacérselo pasar mal. Marcus es la persona más importante de mi vida...- Se mordió los labios por dentro y Arnold asintió con la cabeza. - Ya veo... ¿Y eso se lo has dicho a él en vez de a su padre? - Gal rio un poco. - A ver... Se lo he demostrado. Mucho. - Se giró hacia él. - Ustedes no me quieren para Marcus ¿verdad?- Arnold alzó las cejas con expresión de sorpresa. - Hace casi dos años, tu padre me dijo que si nos hubieran dicho en Hogwarts que ibais a acabar juntos, brindaríamos con champán. - Gal le miró extrañada ¿Qué quería decir? - ¿Usted se alegraría, entonces? - ¿Tanto te sorprende? ¿No te he demostrado el cariño que te tengo? - Ella ladeó la cabeza, chistando. - No es lo mismo pasar el verano en La Provenza y hablar de Aritmancia que quererme para su hijo favorito. - ¡Oye! Yo quiero a mis dos hijos por igual. - Gal le miró con las cejas alzadas. - Sí, seguro que sí. Pero su favorito es Marcus. - Arnold ladeó la sonrisa. - Marcus es especial. Es muy parecido a mío, es más cariñoso, más O'Donnell. - Está bien.- dijo ella con ternura. - No es lo mismo quererme para su niño especial. - Arnold suspiró y le frotó el brazo. - Alice, para mí tu padre es como un hermano para mí. Te diría que eres lo más parecido a una sobrina que he tenido ni voy a tener, viendo la disposición de mi hermana, si no fuera porque eso lo enturbiaría todo mucho. - Ambos se rieron con ganas y Gal negó con la cabeza- Es usted divertido, señor O'Donnell. - Gracias, creo que eres la única que lo piensa- le dio un codazo suavecito y le guiñó el ojo. - Nuera.
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Dom Dic 27, 2020 11:24 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Creí que te gustaba la niña de los MacKenzie. Poppy. Aclaró. No le gustaba que la llamara “la niña de los Mackenzie”.  Esa. Al menos esa chica parece más centradita. Y viene de una familia mejor… Más o menos. Vaya, “más o menos”. Ya veía por donde venían los tiros y no le gustaba. Para ti las únicas familias buenas son las nuestras, mamá, y eso es un problema. Eso no es cierto, Marcus. No me pintes de injusta, porque no es así. ¿Qué pasa con Alice? No lo entiendo. Se acercó a su madre, porque seguía distrayéndose con las varitas como si aquello no tuviera ninguna importancia y él necesitaba que le hiciera más caso. Ya te he dicho que no es mi novia. Pero, ¿y si lo fuera? ¡Que no lo somos! Se apresuró a re-notificar con un movimiento de las manos. Pero y si lo fuera, ¿qué habría de malo? Nada. Yo no he dicho nada. No que va. Eso era muy de su madre. Te ponía nervioso y luego te decía que tú sabrás por qué te has puesto nervioso. Entiendo que quieras divertirte, Marcus, eres joven. Diviértete con Alice, igual que tu hermano se está divirtiendo con ese chico muggle. Ya estamos… Se frotó la cara con una mano. Si es que lo veía venir… ¿Ves como el problema eran las familias? Marcus… Suspiró, sin mirarle de nuevo porque no debería considerar la conversación lo suficientemente importante. El amor de la vida no se consigue a los diecisiete años. Tú lo conseguiste. La mujer soltó una risita aguda. A la vista está que supe elegir mejor. Marcus arqueó una ceja y se cruzó de brazos. ¿Eso es lo que piensas? ¿Hemos elegido mal? Bufó hacia otro lado.

En mi caso ni siquiera es mi novia, ya te lo he dicho. Pero en el caso de Lex sí, y como te escuche… Aquello iba a ser un drama que no tenía ganas de aguantar. Y sigues sin decirme qué hay de malo con Alice. Marcus. Ya sí que se giró para mirarle, con el tono más severo, y a él le temblaron hasta las venas del cuerpo. Esa chica viene de una familia con muchos problemas. No puedes ser tan ingenuo de pensar que van a tener problemas todos menos ella. Marcus seguía sin ver ni entender esas conjeturas tan rápidas que hacía su madre. Y tú mismo dices que está loca. ¿¿Qué?? ¿¿Cuándo he dicho yo eso?? No con esas palabras, pero… ¡Pues si no es con esas palabras, no lo he dicho! Odiaba las conclusiones precipitadas de su madre. Mira, Marcus. No me merece la pena discutir sobre esto. ¡Pues a mí sí! Porque Alice no era su novia, solo su amiga, pero no le daba la gana de aguantar ciertas cosas. ¿Estás juzgando a Alice por su familia? ¿De verdad? ¡Conoces a William Gallia de toda la vida! ¡Creí que era tu amigo! Compañero de trabajo. Y creo que sabes como está. Por favor, si hasta ha dejado a sus hijos solos en Navidad a saber por qué disparate… Ha sufrido mucho. Ya estaba así de antes. Cortó, mirándole con severidad. Y no voy a hablar contigo más de este tema porque no creo que sean cosas que debas saber.

Se quedó unos instantes en silencio, frustrado y echando aire por la nariz. Estás siendo injusta. Su madre ni se molestó en contestar. Había vuelto a las varitas y debía estar considerando aquello una pataleta. Las personas son las personas y sus familias son sus familias, y ya está. ¿Te ha enseñado tu amiga ese discurso? ¡No! ¿Pero tan influenciable te crees que soy? ¿Por una chica guapa y alocada que se cuela de noche en tu dormitorio? Volvió a mirarle, con una ceja arqueada. No, cielo, seguro que tienes unos principios muy férreos. Las ironías de su madre. La cara de Marcus había perdido severidad y se había tornado un tanto avergonzada, aunque se mantenía lo más firme que sabía. Pues los tengo. ¿Y sabes qué tengo también? La capacidad de ver más allá de los apellidos de la gente. Ay, Marcus… Esa resignación, de nuevo como si le tratara como a un crío, le indignaba. ¿Cómo te sentirías si le hicieran eso a Lex? ¿A Lex? La mujer estalló en una carcajada hiriente que no frenó a Marcus. ¡Sí, a Lex! La familia de Darren son muggles. ¿Cómo te crees que reaccionarían si se enteraran de ciertas cosas? La familia de Darren puede estar muy contenta de tener a alguien como Lex entre ellos. Ese chico no se ha visto en otra. No has contestado a mi pregunta. ¿Qué cosas, Marcus? ¿Qué cosas, a ver? Estaba enfadando a su madre y eso nunca era buena idea. ¡Lo que se dice de la bisabuela, por ejemplo! ¡Tu abuela! Tú lo has dicho: “se dice”. No hay pruebas, son solo rumores. Y es vuestra bisabuela, no son tus padres. Y vuelta a Alice otra vez. ¿Y lo del tío Finneas? Él no se iba a bajar de su burro tan rápidamente. No sé de qué me hablas. ¡Oh, venga ya, mamá! Alzó los brazos con indignación. ¡Se negó a atender a un hombre por ser de familia muggle! ¡Es médico, mamá, no puede hacer eso, no es ético! ¡Va contra las normas del Estatuto Sanitario Mágico! Marcus, a ver cuándo te enteras. Sí, definitivamente se estaba enfadando. Le estaba tocando en un punto que no debería. Las normas de la vida no son las cuatro reglitas que obligas a cumplir a los alumnos de primero en Hogwarts. Lo sabrás cuando salgas. ¡¡Casi se muere!! Y no estuvo bien, pero tenía sus motivos. ¡¿Sus motivos?! ¿¿Qué motivos?? Ese hombre era de padres muggles, tenía una esposa muggle, un hijo muggle y vivía en un pueblo muggle. Pero enferma y viene a que lo atienda la sanidad mágica. Tu tío solo decía que podrían atenderlo en la sanidad muggle, ya está. Claro, ya está… Se frotó la cara con las manos. Pues explícaselo a los Millestone a ver qué opinan. Deja ya de meter a tu hermano en esto, que siempre haces lo mismo. Solo te digo que dejes de mirar los árboles genealógicos de la gente, porque no te gustaría que a nosotros nos hicieran eso. Me sigues hablando de gente de tu familia que no son TUS padres, Marcus. Y solo has podido sacar a dos personas, una sin pruebas y otra con justificación. Bueno, eso de justificación... Se acabó la conversación. Marcus la miró con los ojos como platos. No puedes hab… Puedo y lo he hecho. Marcus bufó con frustración y, tras negar con la cabeza, se dispuso a salir de la habitación.

Marcus. Se detuvo en seco y se volvió, con los labios fruncidos en una expresión enfadada. Su madre había relajado el rostro. Se acercó a él y le acarició la cara. Mi niño… Tenía esa debilidad por sus padres. Ya solo con eso se le relajaba el enfado.  Es buena persona, mamá. No es justo… Ya lo sé. Te prometo que no tengo nada en contra de ella. Le tocó los rizos y sonrió. Yo solo quiero lo mejor para vosotros. Y que seáis felices. Y los chicos como tú... Para. Le quitó la mano y volvió a indignarse. Marcus... No, basta. Ni siquiera alzaba ya el tono. Pero su madre sí endureció el rostro otra vez. Tú mismo te vas a aburrir de ella. Se mojó los labios y, antes de salir, dijo con su altanería habitual, teñida de indignación. Eso ya lo veremos.
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Lun Dic 28, 2020 12:08 am

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Aquella palabra le sacudió. No esperaba oírla. Ni todo lo que implicaba. Pero le gustaba, le hacía sentirse en casa. Ladeó la sonrisa y dijo - Pregúntele a su hijo si le gusta que me llame así- ¡Uy! No me hace falta. A ver si crees que soy tonto y no conozco a mi niño. Es feliz. Cuando os miráis, cuando habláis... Solo veo felicidad.- Ella sonrió, un poco emocionada. - A mí también me hace feliz. - Arnold asintió, con los ojos brillosos. Gal carraspeó y dijo. - ¿Me da permiso para usar su cocina para hacer galletas? No se arrepentirá. Me salen muy parecidas a las de mi madre, y eso también hará feliz a su favorito.- El hombre asintió y dijo- Más que concedido. - Ella asintió, y se inclinó sobre él, dándole un beso en la mejilla, - Gracias. Suegro. - dijo devolviéndole el guiño.

Se fue a la cocina y empezó a sacar todo lo que necesitaba para las galletas. Hacer aquello le relaja y le dejaba la mente. en blanco, lo cual era una sensación muy placentera. Su madre siempre las hacía el día veinticinco de diciembre, y la abuela y las tías de Francia siempre estaban con ella en la cocina ayudando, y se reían, porque así era Jane, contagiaba su felicidad a todo el mundo. Y ahora ella estaba feliz, y no le parecía que hubiera mejor manera de honrar a su madre y tener a todo el mundo contento.

A todo el mundo menos a Emma, claro, que llegó enfadada a la cocina y la miró sorprendida. Ella agachó la cabeza y tragó saliva- Le pedí permiso al señor O’Donnell- dijo con la boca pequeña sin dejar de mover la masa. Emma suspiró- ¿Qué haces?- ella bajó la mirada al bol y dijo- Galletas con chocolate. Mi madre las hacía siempre el día de Navidad y quería hacérselas a Dylan…- Ambas se quedaron en silencio. Gal no entendía bien por qué seguía allí, parecía que le estaba bullendo la cabeza, como cuando Marcus estaba obcecado con algo. Pero ¿Por qué se quedaba allí con ella? Si claramente no le había hecho ninguna gracia verla en su cocina. Ahora se había asomado por la puerta que daba al jardín, y Gal se había puesto a colocar ya la masa en bolitas en la bandeja.

-¿Has tocado tú mi ajenjo?- Por supuesto, la planta más amarga de la casa era de Emma. Se mordió el labio. No tenía ni idea de que ella criaba ninguna de las plantas del jardín. Asintió con la cabeza y dijo- Perdón. Lo vi esta mañana, y al ajenjo le sienta muy mal la nieve y…- ¿Es el hechizo protector de tu padre? ¿El de los díctamos?- Gal suspiró y metió las galletas en el horno, poniendo la alarma y la temperatura- Sí. Ya sé que se usa para cosas más importantes, pero es lo único que se me ha ocurrido cuando lo he visto rodeado de nieve. Lo siento. No sabía que era suyo. Es que me gustan las plantas y cuando veo a una en peligro o en problemas…- Emma no la miraba, solo miraba a la planta. Ahora le diría algo así como que nadie toca las plantas de la señora O’Donnell, y estaba segura de que la echaría de allí si no fuera por Arnold, que no la quería cerca de Marcus- Está… muy bien. No me esperaba que una bruja de tu edad supiera hacer un hechizo así- Se encogió de hombros, sin atreverse a mirarla- Mi padre me lo enseñó hace tiempo. Le recordaba a mi madre, porque lo desarrolló cuando estaban en…- Monument Valley- terminó Emma, aunque aún sin mirarla. Gal alzó la mirada con el ceño fruncido- No me mires así, Alice. Llevo toda mi vida laboral trabajando con tu padre, cómo no iba a saberlo. Esa fue una de las cosas más importantes que ha logrado, en el MACUSA es un héroe… Yo pensé que se quedaría allí y todo…- alzó las cejas y volvió a mirar por la ventana- Pero bueno, tu madre y la vida…- Gal se calló. No quería hacer valoraciones, pero estaba segura de que Emma hubiera preferido que estuviera a un océano de distancia que a tiro de piedra y todos los días en su oficina- No lo hubiera logrado sin ella. No hubiera logrado casi nada de lo que ha hecho sin ella.

Gal se dio la vuelta para mirar las galletas, porque esa conversación empezaba a ponerle mal cuerpo- No soy una desalmada ¿sabes?- ella se giró de nuevo y la miró directamente a los ojos, un poco extrañada- ¿Quién la ha llamado desalmada?- preguntó simple y llanamente. Ella sonrió y alzó las cejas- Más gente de la que te imaginas. Tu tía Violet, sin ir más lejos- Gal negó con la cabeza y apoyó la espalda en la encimera, cruzándose de brazos y mirando a Emma también- No. La tía Vivi no la ha llamado nunca desalmada. Mandona, borde, prefectilla…- No creía que fuera nada que Emma no se esperara ni que a su tata le molestara que dijera- pero nunca desalmada. Usted no es una desalmada, y quien lo piense es su problema. La gente piensa muchas cosas de mí, y de mi padre y de mi madre cuando vivía…- dijo alzando las cejas ligeramente, pero con expresión relajada- Y eso no influye en nada en lo que somos de verdad. A mi no me gusta juzgar a las personas por lo que dicen de ellas. Yo veo más. Veo cuando alguien es un genio, veo cuando alguien es una buena madre, la mejor para sus hijos… La que necesitan- dejó flotando en el aire. No usaba un tono agresivo, si no uno que no traslucía nada, que era suave, como si tuviera la más mínima idea de lo que estaba hablando, cuando en verdad le estaba saliendo sobre la marcha. En ese momento, saltó el timbre del horno y Gal se dio la vuelta para sacar las galletas. Las hizo levitar hasta el plato que había sacado para ponerlas a enfriar, cuando notó que Emma se había puesto a su lado, cogiendo las cucharas para hacer las bolitas de masa de la siguiente hornada.


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Lun Dic 28, 2020 12:58 am

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Menudo ingenuo, ahora se sentía idiota. Y enfadado. Y odiaba estar así. Hacía quince minutos estaba en una nube y ahora tenía una indignación y un enfado monumentales. No podía creerse lo que había escuchado decir a su madre, de verdad que no podía. ¿Pero qué tenía en contra de Alice? Al parecer lo mismo que tenía en contra de Darren: el orígen. Pero después de lo que vieron en el pensadero, después de tantos años... ¿Cómo era posible? Porque podía llegar a entender, y no del todo, que no le gustara que su hijo estuviera con un nacido de muggles teniendo en cuenta... En fin, la opinión de los Horner al respecto. Era lo que había intentado explicarle a Lex en su momento y le había granjeado un enfado con él. Pero, por más que lo intentaba, no entendía dónde estaba el problema con Alice, a cuya familia conocía desde que estaba en Hogwarts. De verdad que no.

Tampoco sabía qué hacía pensando eso ahora... Bueno, sí lo sabía. Marcus, en sus extremas planificaciones mentales habituales, después de la noche anterior se había subido a la última rama del árbol de su imaginación y empezaba a vislumbrar un futuro clarísimo con Alice. Si por él fuera le pedía matrimonio ya, siendo como era él... Pero no quería que Alice le saliera volando cual pajarito escurridizo en cuanto le viera hacer planes tan a largo plazo. Pensó que ese era el mayor de sus problemas a la hora de conseguir algo con ella. La conversación con su madre acababa de demostrarle que se equivocaba.

Subió de nuevo a su cuarto con la cabeza llena de pensamientos corriendo a tanta velocidad que ni él mismo era capaz de diferenciar ninguno. Se sentó al borde de la cama y echó aire, agachando la cabeza y frotándose la cara y el pelo. Volver a la habitación era revivir todo lo bueno de la noche anterior, que ahora se le clavaba como una espina en la garganta. No podían haber cambiado las cosas tan drásticamente en apenas minutos, sencillamente no podía ser. Y no quería que Alice le viera así, porque él no sabía mentir y ella le conocía demasiado bien, ¿qué le iba a decir? ¿"Mi madre sabe lo que hemos hecho y me ha dado a entender que no tenemos futuro de ninguna manera"? Claro que sí. Como cortada de rollo, desde luego, iba a venir genial.

En su nube negra entró de repente una risita musical que parecía venir del jardín, y una voz que conocía demasiado bien. Miró hacia la ventana, levantándose de la cama y asomándose a esta. Donde hacía unas horas hubiera visto a Alice perderse hasta su casa, con su abrigo puesto y tras lanzarse sus últimos comentarios en la intimidad, ahora estaban Dylan y su padre jugando. Frunció los labios. No, no podía echar por tierra unas Navidades espectaculares por una conversación. No era justo.

Bajó de nuevo. A otra cosa no, pero a subir y bajar escaleras, el prefecto de Ravenclaw estaba más que acostumbrado. Salió al jardín por la puerta trasera, la más cercana a donde estaban su padre y Dylan, entre otras cosas para evitar pasar de nuevo por donde estaba su madre. El niño estaba de espaldas y Marcus se acercó con una sonrisilla y las manos en los bolsillos. Su padre le vio, pero Dylan, no. Se llevó una mano a los labios, indicando al hombre que no dijera nada, y sacó la varita. El muñeco de nieve empezó a moverse y Dylan dio un par de pasos hacia atrás. Pero tardó segundos en intuir de donde venía el problema, girándose y mirando a Marcus con la nariz arrugada en señal de enfado, pero una diabólica sonrisa fruncida. Me han dicho que te sabes un hechizo para hacer que los muñecos de nieve sonrían. Terminó la frase a lo justo para tirarse cuerpo tierra y esquivar la bola que el niño le lanzaba. Se echó a reír y siguió chinchándole. Oooh perdona, se me olvidaba que eres un renacuajo y no puedes hacer magia fuera del Castillo. Vas a tener que pedirme a mí el favor. Y otra vez tuvo que esquivar una bola que el niño le lanzaba entre risas.

Se inició una guerra de nieve a tres bandas, porque en algún momento su padre decidió tomar partido por Dylan en contra de él. Al menos se rio un buen rato, revolcado por la nieve. Eso sí, iba a tener que ducharse otra vez, porque estaba chorreando de agua helada y sudando de tanta carrera. ¡Vale vale vale! ¡Me rindo! Dijo tirado en la nieve, alzando las manos, casi sin aliento. Por la vista periférica podía ver la vuelapluma de Dylan dando saltos en el aire como loca. Veo que aún no le has enseñado a usarla. ¡No me ha dado tiempo! Estaba demasiado ocupado ganando a mi hijo en una guerra de nieve. Ja-ja. Eran dos contra uno. Se sentó con un jadeo y señaló la vuelapluma. Pues parece que tiene muchas ganas de decir algo. Su padre miró a Dylan y se encogió de hombros teatralmente. ¿Y qué será? Quizás algo relacionado con un búho al que puede que haya que cambiarle el nombre. Dylan se echó a reír, desternillado por el suelo. Marcus les miraba a ambos con el ceño fruncido y una sonrisilla de no estar enterándose de qué iba la broma.

Su padre se acercó y le tendió la mano para levantarlo. Sí, ya, ahora... Venga, no seas gruñón. Justo al ponerse de pie, su padre se acercó a él y le añadió algo en voz más baja. Al menos tú te llevas mucho mejor con tu cuñado que yo con los míos. La cara de Marcus era un poema, con los ojos abiertos como platos. Su padre se echó a reír. Perdona, me he venido arriba con la terminología. Y de paso le había puesto nervioso de nuevo. Se sacudió la nieve, tratando de disimular. ¿Me esquivas la mirada? Su padre arqueó las cejas, mirándole con cara de circunstancias. Marcus le miraba con la cabeza gacha y los ojos entornados. ¿Es que todo el mundo en esa casa sabía lo que había pasado la noche anterior? Dios... Ahora le daba vergüenza... Ya hablaré yo contigo. Añadió su padre, dándole un par de palmadas en el hombro que hicieron a Marcus tragar saliva.
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Lun Dic 28, 2020 1:41 am

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
-Cuando conocí a tu madre estaba haciendo estas galletas en casa de tus abuelos. Aún no tenían ni casa, y se estaban quedando en la de Robert y Helena. Tu madre quería agradarles, estaba muerta de miedo todo el tiempo…- Gal siguió mirando a las galletas, sintiéndose un poco tensa- Me lo imagino- dijo un poco más bajito y temblona de lo que le gustaría- Pero nunca dejaba de sonreír. Le temblaban las manos, y a veces bajaba la mirada, pero siempre siempre sonreía- Gal asintió con la cabeza- Creo que porque ella sabía que aunque los ingleses podemos ser un poco… Cuadriculados, tus abuelos no tenían nada contra ella- Gal soltó una risa sarcástica- Bueno, es una opinión- Emma la miró directamente con media sonrisa- ¿Crees que me equivoco?- Gal se encogió de hombros, sin mirarla aún y volviendo a meter la bandeja en el horno- Creo que mi madre se pasó toda la vida pensando que estaba en deuda con mis abuelos. Esforzándose por ser la nuera perfecta, por cuidar de mi padre y de nosotros como mejor sabía… Y siempre pensando que la juzgarían más duramente que a las demás. Y creo que tenía razón. Y también me juzgan a mí. Vamos, mi abuela lo hace- Soltó sin más, aunque se mordió los carrillos justo después- Porque me parezco mucho a ella. Y todo el rato ve en mi a la chica americana que vino en un barco, a lo loco y embarazada- Emma se giró bruscamente hacia ella- ¿Tú sabes eso?- Gal puso una leve sonrisilla y se quitó el anillo de boda de su madre del dedo, que llevaba allí desde la noche anterior, poniéndoselo en la palma de la mano a la mujer- 16 de octubre de 1983. Y yo nací el…- 14 de abril de 1984- Gal volvió a mirarla sorprendida pero solo dijo- Bueno que solo hay que restar- Emma sonrió y le tomó la mano, poniéndole otra vez el anillo en el dedo- Eres muy lista, Alice. Como lo es William y como lo era ella…- El silencio se volvió a apoderar de ambas, pero al menos ahora en la cocina hacía calorcito y olía a galletas.

-¿Crees que el ajenjo volverá a ser el mismo cuando lo cuide yo?- Gal la miró con el ceño fruncido y puso cara de confusión- Pues sí, claro. Es su ajenjo. Usted lo conoce y sabe tratar con él. Nadie cuida de las plantas de uno como uno mismo- Emma alzó una ceja, mirando por la ventana otra vez. Arnold y Dylan estaban fuera, y Marcus también, pero estaba como apartado de los otros dos- A veces no puedo cuidarle todo lo que quisiera. Anoche estaba tan cansada y liada con la cena que no me acordé de hechizarlo para que no le cayera nieve encima- La chica se encogió a de hombros, mirando fuera también- Es que nadie puede controlarlo absolutamente todo. Ayer dio una fiesta espectacular que le encantó a todo el mundo. Su familia estaba feliz, sus hijos tenían todo lo que podían desear, y Dylan… Y yo- dijo carraspeando un poco- Nos sentimos en familia para celebrar la Navidad. Creo que son bastantes cosas que conseguir en un día. No pasa nada si se olvida del ajenjo una noche - Y además, ya has llegado tú para protegerle- Gal negó con la cabeza y apretó más sus brazos cruzados- Eso da igual. Dos minutos de cuidados no cambian que sea usted la que lo ha hecho crecer desde el semillero. Yo solo pasaba por aquí. Mañana volverá a ser su ajenjo- Emma asintió lentamente con la cabeza y suspiró- No me molesta que cuides de él. Siempre que sepas que es mi ajenjo…- El horno sonó otra vez y Gal se dio la vuelta sobresaltada. Repitió el proceso y Emma cogió una de las que estaban frías. Después de darle un mordisco dijo- Igualitas que las de tu madre. A tu abuela le encantaban- Gal asintió porque estaba en lo cierto- Me dio la receta pero hace ya tanto tiempo…- ella sonrió- Yo se la escribo, si le gustan también a usted…

Se giró porque oyó a Marcus y a su hermano reír fuera. Se puso a hechizar los cacharros para que se pusieran a la verse y limpiando la encímela. - ¿Quiere que la ayude con algo de la comida?- Emma suspiró y negó con la cabeza. - No, sobró comida anoche y seguro que Molly trae más. Y ya tenemos el postre. - Dijo mirando al plato donde se enfriaban las galletas. - Sal si quieres. Parece que se lo están pasando bien ahí fuera. - Asintió con una sonrisa y fue a por su abrigo. Al menos no parecía tan enfadada con ella. Igual y hasta había deducido adecuadamente que no le había parecido tan mal que tomara precauciones. O quizá Arnold tenía razón y a Emma se le acababa pasando el cabreo por la felicidad de Marcus.

Salió a la nieve y corrió hacia Dylan a hacerle cosquillas. - Alguien ya tiene unas galletas preparadas. - Luego miró a Marcus a través del espacio que había entre ellos. - ¿Tú no tienes algo que contar, Dylan? - Fue hasta donde estaba Marcus y dijo- Alice dice que tengo que hablar cinco minutos al día. Y que aproveche para decirte que quiero llamar a mi búho Marcus, porque es muy listo, como tú. Dice que no puedo porque es nombre de persona. Pero tu lechuza se llama Elio. - El niño seguía con los brazos hacia atrás, pero se encogió de hombros y dijo. - Bueno, mientras te lo piensas me voy a jugar. - Y se puso a hacer que la pluma el persiguiera, lo cual parecía hacerle bastante gracia.

Arnold se había quitado de en medio de alguna forma, y Gal estaba preocupada por Marcus. Sí, se estaba riendo, pero veía algo en su mirada, en las muecas de sus labios. Arnold tenía razón, se conocían solo desde hace siete años, y ya era capaz de identificar los gestos que delataban a Marcus. Se acercó a él, y ya sin cortarse, pasó las manos por su cintura y alzó la cabeza para mirarle- Eh. Te conozco ¿Qué te pasa?- Suspiró y apoyó su frente sobre la barbilla de él, que era donde le llegaba de manera natural. - Sea lo que sea, me lo puedes contar. Y no merece la pena que te amargue. - Dirigió la mirada a Dylan y susurró. - No paramos de conseguir cosas buenas. Dylan habla, tu madre acaba de ser super amable conmigo en la cocina... Será la Navidad

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Lun Dic 28, 2020 11:51 am

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Aún estaba recuperándose de la paliza con la nieve y, peor aún, de ese "ya hablaré yo contigo" de su padre. Por favor, otra conversación tensa no, ya con la de su madre había tenido suficiente. Además, ¿cuándo? ¿Cuando entraran de nuevo en la casa? ¿Antes de la comida? ¿Después? ¿Cuando volvieran de casa de su abuela Anastasia? ¿Mañana? ¿Antes de ir a Hogwarts? Era como estar condenado a muerte y no saber cuándo te iban a matar... Quizás estaba exagerando un poquito. Pero es que ahora que sabía que sus padres sabían lo que pasó anoche, de repente no le parecía tan buena idea. Pero claro, ya estaba hecho... Y más que bien hecho. No, definitivamente no lo querría deshacer. Solo sabía que estaba hecho un lío tremendo. Con lo contento que estaba esa mañana en su ignorancia. Primera vez en la vida que Marcus se lamentaba de saber algo.

Tuvo que sonreír cuando Alice apareció por allí anunciando que tenía galletas. Ah, claro, sí que podía querer más a esa chica, si venía diciendo que acababa de hacer galletas. ¡Por lo que más quieras, Marcus, céntrate! Se había metido en un bucle de enamoramiento que le hacía ignorar todo lo que no fuera Alice siendo maravillosa y así le iba, liándola en su casa con sus padres. Pero era tan tentador embelesarse por todo lo que hacía y perderse en la forma en la que le miraba. Ahora mismo era lo más parecido a una polilla yendo gustosamente a achicharrarse a la luz.

Dylan le sacó de su pensamiento cuando se le plantó delante, y Marcus tuvo que sacudir un poco la cabeza para... ¿Escucharle? ¿Estaba hablando otra vez? Tuvo que disimular que los ojos se le habían abierto más, la mandíbula se le había desencajado un poco y el corazón se le había acelerado. Miraba a Alice de reojo mientras no quería perderse ni un detalle de lo que el chico decía. Ahí estaba Dylan, soltando una perorata como si nada, pero aún podía flipar más. ¿¿Quería llamar a su búho como él?? Ya sí que se le desencajó la mandíbula, aunque dibujando una sonrisita. Ohh. Se le escapó, totalmente enternecido, pero Dylan no le dejó ni contestar. "Mientras te lo piensas". No tenía nada que pensarse, si casi le abraza llorando. Era lo más adorable que había escuchado en su vida.

Se quedó mirándole jugar con las cejas bajas como quien mira a un gatito durmiendo. Fíjate con qué facilidad ha hablado. Y todo porque se lo has dicho tú. Dijo con la voz cargada de ternura, mirando a Alice. Aunque rio un poco. Anda que si lo llegas a saber antes. Suponía que no era tan fácil, que simplemente ya había roto la barrera el otro día. Pero oye, era un gran avance. Como adoro a ese niño, de verdad. Ojalá se quedara así siempre. Eso había sonado a comentario de padre total, pero es que Dylan era muy mono, y sabía que un día crecería y... Un momento... Algo hizo que el corazón le diera un violento latido casi con culpabilidad. Dylan era solo un amigo, el hermano de su amiga para ser más exactos, y le daba pena que dejara de ser un niño adorable... ¿Qué pensarían sus padres sobre él? Sobre todo... Después de lo que sabían que había estado haciendo esa noche...

Genial, ahora se sentía culpable también por algo sobre lo que no tenía ni control. Iba mejorando aquello. Antes de que pudiera decir nada más, Alice le abrazó y, directamente, le preguntó qué le pasaba. Estupendo, a ver qué se inventaba ahora. Decidió dejarla hablar a ver si con lo que decía se le ocurría una vía por la que salir, mientras agachaba un poco la cabeza y la mirada. Mirada que alzó súbitamente con un velo de sorpresa cuando dijo que su madre acababa de ser, textualmente, súper amable con ella. Perdona, ¿qué? Pensó, pero en su lugar intentó disimular. Será la Navidad, sí. Confirmó con una sonrisa un tanto forzada. Mejor atajar el tema. Oye emm... ¿Súper amable, dices? De verdad que le costaba imaginárselo. A ver, su madre no era un ogro, era amable con todo el mundo... Más o menos, a su manera. Pero acababa de decirle cosas muy feas sobre Alice, no hacía ni una hora de esa conversación, ¿y ahora estaba súper amable con ella? ¿Qué se traía entre manos? Eso... Es genial. Sonrió otra vez. Sonrió artificialmente otra vez.

Iba a cambiar el tema hacia las galletas pero iba a sonar falsísimo y Alice le iba a retomar la pregunta de qué le pasaba. Además, le estaba quemando aquello por dentro. Debería controlarse y no decírselo porque, ¿qué necesidad había de que pasaran el mal rato los dos? Con él ya era suficiente, Alice estaba súper contenta. Pero se acabaría enterando tarde o temprano, era demasiado lista, más que él para esas cosas. Y si no solo se enteraba sino que descubría que él lo había sabido todo el tiempo, sería peor. Escucha... Empezó a decir, algo más bajito, acercándose un poco a ella y mirando hacia los lados visiblemente incómodo. Parece... Parece que todos están contentos, y bien, así que... Bien. Se mojó los labios y la intentó mirar directamente, aunque sus ojos estaban un tanto esquivos por la vergüenza. Pero... Creo que... Estoy casi seguro, más bien, de que... Dylan es el único que no sabe lo que pasó anoche. Frunció los labios. Esperaba no haber sido muy brusco, pero de alguna forma lo tenía que decir. No tengo ni idea de cómo se han enterado, o de si me han tendido una trampa y he caído como un idiota... Es decir, no se lo he dicho a nadie, no directamente... Bueno, he hablado un poco con Lex, pero siendo honestos, nos echó una mano bastante grande, se lo tenía que agradecer. Se encogió de hombros. Pero a mis padres no les he dicho nada, te lo prometo... Y no creo que Lex lo haya hecho, podrá ser un borde pero no es un chivato. Así que... No se por qué lo saben, pero... Lo saben. Tragó saliva y se forzó a sonreír de nuevo, acercándose a ella un poco más. Pero mi padre estaba aquí muy contento, y mi madre... Bueno, dices que ha sido amable, ¿no? Eso... Eso es buena señal...
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Lun Dic 28, 2020 7:06 pm

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Esbozó una sonrisa a lo de que Dylan no cambiara nunca. eme parte ella pensaba así, y en parte... No podía esperar a que su hermanos upiera volar solo. Porque se lo merecía, se merecía ser libre como ella, poder tomar decisiones y disfrutar su vida con plenitud, y, sin embargo, ahora veía a un patito enjaulado. Y quizá ella era otro pajarito enjaulado también, los dos en sus propias jaulas, esas que te pones tú solo. Esas que no puedes ver.

Vaya, se le estaba contagiando el humor de Marcus. - Ha hablado porque le he chantajeado y le he dicho que no puede usar la pluma. Se ha tomado bastante en serio lo de los cinco minutos, pero estaba muy seguro de que quería llamar a ese bicho Marcus. - Rio un poquito y le miró con la ceja alzada. - Dudoso honor, desde luego. Pero es que te admira mucho. - Y era verdad. Una vez más, los hermanos Gallia, conquistados por el encanto de un O'Donnell. De distinta manera, claro. Apoyó la cabeza en su pecho y le escuchó hablar.

Vaya, así que Emma había acabado por decirle algo a Marcus, y probablemente Arnold también. Y a juzgar por el cabreo que traía Emma cuando entró en la cocina, no había sido tan amable como con ella ni de coña. Suspiró y entornó los ojos, separándose de Marcus. Ya se iba a enfadar con ella. Se cruzó de brazos y dijo - Yo sí lo sé. Me he encontrado con tu madre en el jardín esta mañana. Vamos, más bien me ha encontrado ella a mí, porque venía bastante directa. Lo siento. Sé que tu plan era mejor. Me imagino que ella sola se habrá hecho cargo de qué hacía con un abrigo tuyo por el jardín... - No le dijo lo de la ruda porque, ahora que lo pensaba, no había hablado de ese tema con Marcus, y a lo mejor no era este el mejor momento para empezar. - En fin. No me ha dicho mucho tampoco... - Le miró, tratando de arreglarlo. - No sé qué te habrá dicho a ti, o qué le habrás dicho tú, pero ahora cuando estábamos en la cocina... Creo que ha intentado hacerme sentir bien. - Se encogió de hombros y torció la sonrisa. - Bueno, a su manera. Me ha hablado de mi madre. Y de lo agobiada que estaba siempre al rededor de mis abuelos, al principio. Pero me ha dicho que mis abuelos no tenían nada contra ella. Y creo que estaba haciendo una especie de analogía. - Y ahora que lo estaba pensando... El ajenjo... Apretó los ojos y sacudió la cabeza. - Lo que quiero decir es que lo siento. Siento haberte metido en un lío, una vez más. Pero... no cambiaría lo de anoche por nada de lo que he vivido en mi vida... - Tomó aire y volvió a abrazarle, porque lo necesitaba, porque le gustaba apoyarse en su barbilla y sentir su calor, olvidar todo lo que tenían y recordar lo que tenían a favor: ellos.
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Lun Dic 28, 2020 9:59 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Arqueó una ceja divertido, con una sonrisa de lado, y balanceó un índice de advertencia ante ella. - A partir de ahora no puedes llamarle bicho. Un respeto al búho Marcus. - Sonrió y miró a Alice con una mezcla entre ternura y admiración. - Pues me parece una buena táctica, y al parecer se la ha tomado al pie de la letra. - Le había faltado tiempo para cumplir con sus cinco minutos diarios, lo cual le hizo un poco de gracia. Dylan sabía más que todos ellos juntos. Bajó la mirada y notó como se ruborizaba un poco, lo cual no tenía ningún sentido siendo como él era. Al fin y al cabo, le encantaba pavonearse y sentirse admirado, era uno de los motivos por los que quería ser prefecto y por los que aspiraba a ser alguien importante, por la sensación de ser admirado por los demás, de ser un referente. Pero Dylan... Era Dylan. Los Gallia eran un mundo aparte, no eran simplemente el resto de estudiantes de Hogwarts, ni siquiera eran el resto del mundo mágico en general. Eran una parte de su vida muy importante. Sentirse admirado por ellos significaba mucho más que por el resto de la gente. - Es un honor grandísimo. - Y él no era el mayor amante de los animales del mundo ni muchísimo menos, pero no era por eso. Le sabría igual de bien si le hubiera puesto ese nombre a su vuelapluma. La cuestión no era qué se llamara Marcus, sino que hubiera querido llamar a algo suyo como él.

Ver a Alice separarse y cruzarse de brazos hizo que le recorriera un escalofrío de miedo. No quería que se enfadara con él, no quería romperlo todo con lo bonito que estaba siendo. Temía que se sintiera súper incómoda y todo porque él era penoso disimulando. Pero no iban por ahí los tiros, al parecer, todo lo contrario. Abrió un poco los ojos y dibujó una sutil expresión de sorpresa en el rostro. Así que por eso lo sabían, porque había visto a Alice. Vaya metedura de pata, y qué incómodo debía haber sido para las dos. Y él tan tranquilo en su cuarto... Escalofríos le estaban dando otra vez, por no hablar de que solo imaginarse el momento le hacía morirse de vergüenza. - Dios, Alice, lo siento. - Susurró con los párpados cerrados con fuerza y una mueca en la cara. Es que vaya liada. Si es que tenía que haber pensado un plan mejor, pero estaba él como para pensar.

Abrió los ojos de nuevo cuando dijo que lo sentía y que su plan era mejor. - Bueno... Tampoco era un planazo, se me había ocurrido sobre la marcha. - Trató de excusar, quitándole importancia. Ya ni se acordaba de lo que había propuesto. Lo dicho, estaba demasiado embotado cuando se levantó, y milagro que se despertara porque su hermano tuviera a bien ponerse a dar golpes. Si no, capaz era de estar todavía durmiendo, y eso sí que hubiera sido una liada.

Según Alice no le había dicho mucho, y conociéndolas a las dos, se lo creía. Su madre no era de demasiadas palabras y Alice no habría estado tan contenta minutos después si hubiera tenido con ella una conversación similar a la que él había tenido. - Bueno, no... No hemos hablado mucho, en realidad. - Dijo con los brazos cruzados y la mirada baja. Pero eso no iba a colar. - Bueno, emm... No le ha hecho mucha gracia que... En fin, ya sabes. Supongo que... A los padres les incomodan esas cosas... No sé, no he indagado mucho en el tema, la verdad. Tragó saliva, aún sin mirar a Alice. Esperaba que la chica no le pidiera más detalles porque a él ni le gustaba ni se le daba bien mentir, y no quería decirle los términos reales de la conversación con su madre, que se salían un poco del hecho de "no me gusta que te acuestes con tu no-novia e invitada en nuestra casa en la habitación de al lado en la que yo duermo". Que ahora que lo pensaba, era una incorrección absoluta... Pero lo que no hiciera él por Alice...

Eso de que intentó hacerla sentir bien le sorprendió tanto que alzó la mirada, y no debería ser tan obvio en sus sorpresas o Alice sospecharía. Arqueó un poco las cejas. - ¿A... Analogía, dices? - ¿Qué analogía? ¿De qué era la analogía? ¿Qué había dicho? ¿Qué había querido decir? Primero la conversación con su madre, luego los términos que había usado su padre... ¿Qué analogía? Pero Alice recondujo. La miró extrañado y se dejó abrazar, correspondiendo el abrazo y ya sí, sacando una sonrisa. - ¿Pero qué dices, Alice? - Preguntó con una suave risa, acariciando su espalda. - No me has metido en ningún lío. Esta es mi casa, en todo caso soy yo el que... En fin, que no me has arrastrado a nada, te lo puedo asegurar. - Colocó las manos en sus brazos y la separó para mirarla a los ojos, sin dejar de sonreír. - Yo tampoco la cambiaría por nada del mundo. Ha sido la mejor noche de mi vida. Miró de reojo a los lados y acercó su rostro al suyo para rozar su nariz mientras susurraba. - Te lo prometo. - Volvió a tomar una distancia prudencial pero no dejó de sonreír.

Se mojó los labios, bajando un poco la mirada y encogiéndose de hombros. - Mi padre me ha dicho que "ya hablará conmigo"... Creo que me espera una conversación un poco incómoda. - Dijo haciendo una mueca con la boca y rodando los ojos, pero rio un poco. - Menos mal que al menos tu familia no lo sabe. - Bromeó. Ya con que pasara por ese trago él tenían de sobra. Y no quería saber cómo reaccionaría William Gallia a esa información.
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Mar Dic 29, 2020 12:22 am

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Bueno, al menos se lo había tomado bien. Se perdió en el tacto y las manos del chico en su espalda y puso de nuevo las manos sobre su pecho, disfrutando de la cercanía, de la intimidad que sabían conseguir en cualquier momento o situación. - ¿Puede esta ser la primera vez en la que te meto en un lío y tú no me llamas monito negligente o cualquiera de esas cosas que se te ocurren a ti?- Rio y rozó su nariz con la suya, para luego quedarse ahí, en ese abrazo tan cercano. - No, a los padres no debe hacerles ninguna gracia. Pero bueno, ya está hecho, y creo que, dentro de lo malo, no se lo ha tomado fatal. Solo es que será incómodo... - Alzó las cejas y torció la sonrisa. Tuvo que entornar los ojos y reír otro poco, palmeando suavemente el pecho de Marcus. - ¿Eso crees? - Se tuvo que reír otro poco. - Tú te fuiste de rositas en la Provenza, pero aquel día- dijo significativamente para supiera a qué día se refería- mi tía Vivi me pilló por banda y me tocó a mí mi correspondiente charla incómoda. Pero bueno, la tuya llega con unas... Tres noches de retraso. No será tan incómoda como la mía. Créeme, mi tata es muy gráfica. Demasiado para una chica que por aquel entonces solo se había revolcado por un campo de lavandas. - Se rio un poco más y pegó su frente a la de él. - Repetiría todas y cada una de las veces que he estado contigo.

Justo entonces oyó unas voces a la espalda. - Ya lo veo, Dylan... Sí, claro que me gusta, a mí me encanta que todo el mundo sea muy educado, tanto más los muñecos de nieve ¿no crees?- Gal se giró y bajó poco a poco las manos de donde las tenían, con una sonrisa, mientras veía a los abuelos acercarse. Iba a separarse, pero la abuela se puso entre ellos y le cogió de la mano- La abuela está aquí para ver la afamada pulsera. - Gal se rió y miró de reojo a Marcus, empezando con la ronda de sonrojos otra vez. Pero simplemente sonrió y tiró de la manga para enseñarla.- ¡Ay, por favor! ¡Me encanta! No sabes cómo tuve que aguantarme ayer para no decir nada. Pero Larry me dijo que era una sorpresa y que no te le podíamos arruinar. Eres un artista de la alquimia, mi niño- Dijo acariciando la mejilla de Marcus con la otra mano. - Es que tiene a quien parecerse. - Él también inclinó la mirada a la pulsera. - Muy buen trabajo, hijo. Y muy buena modelo para llevarla. - Le dijo con un guiño del ojo. Luego cogió a Marcus por los hombros y se lo llevó hacia el interior de la casa, pero la abuela Molly se había quedado mirando su mano. aún estaba ahí el anillo. - ¡Ah! Es el de la boda de mi madre. - Dijo son una sonrisilla un poco nerviosa- Ayer me puse sus joyas porque, hasta que Marcus me ha regalado esto, yo no tenía y... - Demasiadas explicaciones, Gal, te estás liando. Molly le dio unas palmaditas en la mano con una astuta y gran sonrisa- Pues te sienta muy bien, querida. Vamos para dentro que en seguida está la comida.

Como siempre, estaba la mar de a gusto con los O'Donnell, pero aquello no iba a durar. Tenían que irse a casa de los Horner en breves, y ella sintió la necesidad de ir a arreglarse. ¿Pero cómo se arreglaba una para algo así? Subió a su habitación, pero estaba segura de que no había nada que le sirviera de verdad. Estaba sentada delante del espejo, tomando profundas respiraciones antes de entrar en agobio, cuando oyó unos toquecitos en la puerta - Adelante. - El amable rostro de Molly apareció por la puerta- ¿Se puede, cariño? - Ella se giró y asintió son una sonrisa, pero no tan exultante ni mucho menos como estaba antes de la comida. La mujer se acercó y le acarició la barbilla - ¿Y esa carita? A la abuela no puedes engañarla con esa sonrisita- Ella negó con la cabeza y tragó saliva. - Es que no sé qué ponerme para ir a casa de los Horner- La mujer se giró a ver lo que tenía encima de la cama, prácticamente su armario entero. - ¿Qué tienen de malo todos esos pobres? - Ella se encogió de hombros. - Pues, precisamente, que creo que parecen pobres. Sin elegancia, ya sabe... como la de la señora O'Donnell- La abuela soltó una risita. - ¡Vaya por Dios! No creo que nadie espere que te vistas como Emma... - Gal ladeó la cabeza con un poco cara de circunstancias. - A ver, Alice ¿Qué quieres conseguir? - Ella se quedó mirando a la nada y negó, sacando un poco los hombros. - No lo sé... No meter la pata. Que Marcus no se dé cuenta de que no encajo aquí, que soy la pieza que no era de este puzzle de familia perfecta y estructurada... - Molly rio y se acercó a ella, poniéndole las manos sobre los hombros y haciéndola girarse hacia el espejo otra vez. - Pues eso no lo vas a conseguir con un vestido. Pero si lo que te preocupa es no dar la nota en casa de los Horner... Pídele uno a una Horner. - Gal la miró con sorpresa a través del reflejo del espejo. - ¿A Emma? Digo, perdón, a la señora O'Donnell. - La abuela rió y asintió con la cabeza- Pues sí, no hay más Horners que se pongan vestidos en esta casa. - Le palmeó los hombros y cogió el cepillo que estaba en la mesita de al lado, peinando su melena hacia atrás. - Eres una buena chica, Alice. Eres buena, eres muy inteligente y, sobretodo y más importante, hagas lo que hagas, haces sonreír a mi nieto como nunca ha sonreído con nadie... Lo importante ya lo tienes. Ponerte un vestido u otro... Son minucias del momento. Y a Emma le hará ilusión que se lo pidas. Para que lleves algo Horner. - Gal suspiró y sonrió. Pero entonces la abuela dejó un paquete en la mesa y lo abrió. - Y para que lleves algo O'Donnell... - Sacó una diadema preciosa, que le pasó por delante de la cara, colocándosela recogiendo su melena perfectamente. - Esta diadema era mía. Me la hizo Larry cuando éramos novios. Son carbones transmutados con cristal, por eso las piedras negras brillan tanto. - Le acarició el pelo y sonrió más aún- Feliz navidad, cielo- Gal se mordió el labio con los ojos empezando a humedecerse- Pero, señora O'Donnell... No puede dar esto ¿No sería mejor para Erin o para la señora O'Donnell?- La abuela rio- A mi hija nunca le han gustado estas cosas, y su padre ya le hizo bastantes de joven. Y Emma... tiene su propio gusto y mucho dinero para comprarse las que quiera. Esto es una cosa que quiero que tengas tú, de nuestra parte. - Pero era suya. - La abuela volvió a reír y pasó la mano sobre su melena. - Ya, pero yo ya no tengo una melena como esta para que luzca. Quédatela, te sienta bien. Como todo lo que llevas. - Gal cogió aire profundamente y se levantó para abrazarla. - Gracias, señora O'Donnell, me encanta, la voy a guardar como un tesoro- La mujer la tomó de las mejillas. - Llámame abuela Molly, que mi marido me ha dicho que a él le llamas abuelo Larry- ambas rieron - Y no es para que la guardes, es para que te la pongas... Por decir... Para ir a casa de los Horner- Ella asintió con la cabeza.

Justo en ese momento la puerta volvió a sonar y ella se limpió un poco los ojos. - Adelante. - Por ahí apareció Emma, ya perfectamente arreglada, con un vestido en la mano- Alice, me preguntaba si necesitabas que te prestara... - al mirar la escena y todos los vestidos en la cama dijo- Oh... - Molly se adelantó y se enganchó del brazo de su nuera. - ¡Mira! He venido a darle a Alice su regalo y justo me estaba diciendo que quería pedirte prestado un vestido porque no se aclaraba con los suyos ¡Hay que ver! Las grandes mentes piensan igual. - Y salió, después de palmear el brazo de Emma. Gal la miró y asintió con la cabeza. - Se lo agradecería... No soy muy buena en esto... - Dijo con la boca pequeña. La madre de Marcus se acercó y le midió el vestido por encima- Es de cuando yo era más joven... Igual te queda un poco largo pero no será un problema... - Ella asintió y alargó la mano a la cajita de música donde llevaba las cosas de joyería y objetos preciados, sacando el imperdible que Emma le había dado años atrás. - ¿Entonces no necesito esto?- Dijo con media sonrisa. Emma la miró extrañada y dijo. - Vaya, aún lo tienes. - Ella se limitó a asentir con la cabeza, sonriendo un poquito, y Emma amplió un poco más la sonrisa- No creo que haga falta. Ya eres una mujer hecha y derecha, Alice. - Se dirigió a la puerta- No tardes, te esperamos en el vestíbulo.

Bajó tensa, toqueteándose los bajos del vestido que, efectivamente, le quedaba más largo de lo normal, y acariciándose la diadema y las puntas del pelo. Vislumbró a Marcus al final de las escaleras. - El vestido es de tu madre y la diadema...- Pero, por la cara de Marcus, vio que la reconoció- Tu abuela es la mejor- murmuró con una sonrisa. - ¡Wow! Pareces mamá- Dijo Lex. Eso la hizo reír un poco- No lo creo... Pero... ¿gracias?- Lex les miró a los dos. - Qué raritos sois, en serio.
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Mar Dic 29, 2020 7:43 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Se rio. Si quieres te lo digo... Monito. Negó con la cabeza suavemente, para no perder demasiado esa cercanía, con una sonrisa. Prefiero no decirte nada porque yo tampoco es que estuviera muy despierto esta mañana. Bromeó, aunque lo decía en gran parte en serio. Por eso y porque después de lo de anoche no pensaba quejarse de lo más mínimo.

Esbozó una graciosa expresión de sorpresa, echando ligeramente el cuello hacia atrás y abriendo mucho los ojos y la boca. ¡De rositas, dices! Rio echando el aire en una carcajada sardónica. Tú no sabes la que me cayó cuando volvimos a casa, listilla. Sacudió la cabeza para señalar con un gesto seco hacia el interior de la casa. Ríete de mi tendencia a clarificarlo y definirlo todo. Y a hacer preguntas. Su padre era mil veces peor. Prefería ni acordarse, pasó mucha vergüenza ese día, no quería esa conversación... Y aquella vez estaban hablando en un plano hipotético y futuro. Miedo le daba la conversación que quisiera tener con él sabiendo ya lo que sabía. Escalofríos le daban, y más escalofríos le dieron con ese "mi tata es muy gráfica" porque ya tenía la edad suficiente como para imaginarse por donde iba la personalidad de Violet, a la cual conocía desde hacía años, y aquello sí que hubiera sido incómodo de vivir. Aunque le hizo gracia. El acercamiento de Alice le pilló riendo y se tuvo que contener muy mucho de no besarla. Yo también. Con los ojos cerrados. Quizás el mal rato del desván... Lo enfocaría de otra manera, porque vaya si tenía lagunas el plan, ¿en qué estaba pensando ese descerebrado Marcus de dieciséis años?

Se apartó ligeramente y miró a la chica con una mueca en los labios que parecía ser una sonrisilla traviesa, juntando las manos tras la espalda, cuando escuchó a sus abuelos. Su abuela, tal y como esperaba, no tardó ni medio segundo en buscar la pulsera. - Ya tiene mérito que no dijeras nada anoche. - Tu abuela tiene una fama inmerecida, jovencito. - Marcus hizo una muequecita tras ella, mirando a Alice. Inmerecida, decía, pues anda que no había desvelado regalos. Pero cualquiera le ocultaba nada, claramente había heredado de ella el no soportar un misterio, preguntaba hasta la saciedad. La cuestión es que él, al menos, sabía guardar mejor la información. Pero fueron demasiadas las veces que le dijo "por favor no digas nada", tanto que la mujer hizo un esfuerzo por comportarse.

Puso esa expresión tan Marcus que le hacía parecer un niño bueno, arrugando la nariz y cerrando los ojos con una sonrisita, cuando su abuela empezó a tocarle la mejilla y a alabarle. - Estoy totalmente de acuerdo. - Contestó a su abuelo. - En las dos cosas. - Y le guiñó un ojo a la chica, aprovechando que sus abuelos estaban más centrados en la pulsera que en él. Se acercó un pasito, sacando el dedo índice que vaticinaba que estaba a punto de soltar una perorata de las suyas, pero tan pronto abrió la boca notó las manos de su abuelo en sus hombros y como le arrastraba al interior de la casa. - Iba a... - - Ya se sabe el proceso. Se lo has contado tú, se lo he contado yo y me ha visto mil veces hacerlo. - Zanjó su abuelo, metiéndole dentro de la casa y dejándole a un lado para saludar a los demás. ¿Para qué se lo había llevado allí entonces? A veces las personas mayores hacían cosas raras.

Aprovechó el momento de saludos para escabullirse e ir a arreglarse. En elegir la ropa no iba a tardar porque Marcus ya tenía todos los conjuntos pensados para cada día, y para ese había elegido una camisa blanca y unos pantalones elegantes, combinados con un chaleco negro con reflejos verdes. Por congraciar a su abuela... Como si no fuera a eclipsarle la simple presencia de Lex allí, pero bueno, a Marcus le gustaba quedar bien igualmente. Se reajustó la ropa varias veces frente al espejo, ya más seguro y menos nervioso que la noche anterior (que era su gran momento, según su propia cabeza, y vaya si resultó salir bien), se peinó, se echó colonia y se dirigió alegre hasta la puerta. Pero apenas había cruzado el umbral se vio atropellado por otra persona. - Y yo que creía que la fase de las conversaciones incómodas ya la había pasado cuando se casó tu padre. - Marcus dio un paso atrás, sorprendido por el atropello y más sorprendido aún por el comentario, con los ojos como platos. Su abuelo hizo un gesto con la mano. - Ah, chico, tranquilo, ni tú ni yo queremos hablar de esas cosas así que relájate. - Lawrence soltó una carcajada. - Pero es que le he visto la cara a tu padre, a tu madre, a ti y a tu amiga y uno tiene ya demasiados años como para ser tan tonto. - Marcus estaba como un tomate. - Por no hablar de lo poco frecuente que es ver a mi nieto Alexander riéndose y hoy lo estaba haciendo. - No podía ser. Su abuelo no podía saber eso. Osea, no. De ninguna de las maneras.

- Pero lo dicho, el problema se lo va a tener que cargar tu padre. Yo ya estoy en otra fase de la vida y no echo nada de menos esa, mi función es consentirte. - Comentó jovial mientras se dirigía a su silla de escritorio y se sentaba con un pequeño quejido, ignorando por completo lo que había provocado en su nieto, que estaba que no sabía ni a donde mirar. - Entonces... ¿Le ha gustado la pulsera? - Mucho. - Contestó con una sonrisa alegre y de cierto alivio. Necesitaba el cambio de tema. - Gracias por la ayuda, abuelo. - De nada. ¿Me aceptas otra ayuda? - Marcus asintió con obviedad. - Claro. - Su abuelo le miró con una sonrisa tierna pero no dijo nada. Parecía estar esperando a que Marcus dijera o hiciera algo, y eso intrigó al chico bastante. Hasta que le sacó de dudas. - ¡Pero acércate un poco al menos, hijo! - Ah, ya, sí, perdón. - Se había quedado como un pasmarote al lado de la puerta, justo donde su abuelo le había sorprendido. - Ya no puedo sentarte en mis rodillas pero al menos te puedes apoyar ahí en la mesa. - Marcus se rio y se acercó, con las manos en los bolsillos, apoyando la cadera en el borde de su escritorio. - Pues no te creas, porque sigues siendo más alto que yo, abuelo. - Pero estoy hecho un enclenque, no me hagas hablar. Y en esta familia somos altos todos menos tu querida abuela... Y tu novia, claro. - Ya estaban otra vez. De verdad, hasta su abuelo sacaba conclusiones precipitadas.

Marcus echó un poco de aire entre los labios, rodando los ojos aunque con una sonrisita ladeada. - No es mi novia, abuelo. - Dijo con una tranquilidad casi tierna. - ¿Y por qué no? - Eso le hizo fruncir el ceño con desconcierto. - ¿Cómo que por qué no? - Su abuelo no se molestó en contestar, solo le miraba con esa expresión de mago sabio que tenía siempre. Al cabo de unos segundos, Marcus se rindió, echando aire de nuevo en un suspiro mudo. - No es tan fácil. - Hijo, a los diecisiete años es cuando las cosas son más fáciles y, paradójicamente, cuando se ven más difíciles. - Su padre de por sí conseguía callarle y hacerle reflexionar, pero su abuelo directamente jugaba en una liga superior. Se quedó mirándole con los ojos entornados, humildemente, hasta que el hombre añadió. - Te considero un hombre inteligente, Marcus, siempre lo has sido y lo serás. Más que yo. - Al chico se le escapó una carcajada apurada. - Eso lo dudo. - Al menos te crees lo suficientemente listo como para contradecir mis predicciones. - Le miró con cara de circunstancias y una sonrisilla ladeada, mientras Lawrence le devolvía esa mirada de cejas arqueadas y sonrisa inteligente que su padre tan bien había heredado de él. - No sé en qué andas pensando ni cuál es la parte difícil del asunto, pero si dejas a esa chica escapar, o si directamente rechazas aunque solo sea el intento, habrás cometido una estupidez impropia de ti. - Su abuelo era directo, eso sin duda, más que su padre. - Sin prisas pero sin pausas, Marcus, que todo llega a su debido momento. Pero no te dejes contaminar. Tú tienes la capacidad de tomar buenas decisiones, pero a veces razonas tanto que en tus mismos razonamientos, te pierdes. De mí has sacado el cerebro, chico... - Se levantó y se puso frente a él, dándole un par de toques con el índice en el pecho. - ...Pero de tu abuela has sacado el corazón. Úsalo. Sabiamente, pero úsalo. - Y se giró, con una sonrisa, para salir a paso prudente de su habitación, dejando a Marcus allí, tragando saliva. - Gracias, abuelo. - Le dijo antes de que abandonara la estancia. Este se rio, sin siquiera girarse, ya habiendo atravesado la puerta de la estancia. - De nada. Y baja ya, deja de echarte colonia que me vas a matar. - Se tuvo que reír. Su abuelo era genial.

Bajó los escalones al trote y se encontró con Lex al final, quien le miró de arriba a abajo. - ¿Sabes que no hace falta que te vistas con los colores de las casas de todo al que visitas, verdad? - Que tonto eres. Es un chaleco de fiesta, y es negro. - Con reflejos verdes. - Tú sí que tienes reflejos verdes. - Masculló, rodando los ojos y girándose. Y al hacerlo, vio a Alice bajando las escaleras, y la cara debió cambiársele tanto que escuchó el desagrado de Lex a su lado. Estaba distinta, pero estaba guapa igualmente, y llevaba... - ¿Te la ha regalado? Vaya... Te queda genial. - En lo del vestido de su madre no se había fijado, la verdad, pero ya estaba ahí Lex para hacerlo notar. Entrecerró los ojos y le miró con cara de "¿se puede saber qué dices?". Tss, "pareces mamá", anda que... - De hecho te has fijado tú antes que yo, listo. Háztelo mirar. - Contestó, pero su hermano ya les había dejado solos. Raritos, él llamándole a ellos raritos. Lo que había que oír.

Se quedó viéndole marchar negando con la cabeza con expresión desdeñosa, pero se giró hacia Alice y volvió a centrarse en ella y la diadema. - Estás guapísima, como siempre. - Llevó los dedos a la diadema para admirarla y acariciarla levemente. - Mi abuelo me explicó como se hacía. - Recordó el momento, él pequeño sentado sobre la mesa de la cocina de sus abuelos, comiendo chucherías y escuchando sus historias de noviazgo. Como su abuela contaba con cara de enamorada el momento en que Lawrence le regaló la diadema, mientras él explicaba todas las técnicas que utilizó para hacerla. El recuerdo acudió a su mente con tanta nitidez como si lo estuviera viviendo.

" - Cuando sea mayor le voy a regalar a mi novia una igual.
- ¿Igual? De eso nada, chico, esto es creación mía. No querrás copiarme, ¿no? Marcus O'Donnell tiene que ser original.
- Es verdad. Pues... mmmm... ¡Otra joya! Pero hecha con alquimia. Y me saldrá muy bonita, porque la querré mucho, y la haré con mucho cariño como tú, y ella se pondrá tan contenta como la abuela.
- ¡Ay, mi niño! Que suerte va a tener la chica que se enamore de ti."

Tragó saliva y sonrió. No se acordaba de eso, no lo había recordado hasta que no vio la diadema. Se mojó los labios y agarró su mano, descubriendo su muñeca y admirando la pulsera. - Ya llevas dos cosas fabricadas con alquimia. - Comentó, mirando después a sus ojos. - Te favorece la alquimia. - Dijo con una risilla. Pero tenía que preguntar. - ¿Cómo es que llevas un vestido de mi madre? -
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Mar Dic 29, 2020 11:05 pm

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Miró a Lex y a Marcus y puso los ojos en blanco, para acabar girándose a Marcus, asintiendo y apoyándose cariñosamente en su brazo, mirándole, lo elegante y guapo que estaba. -Pues sí. He intentado rechazarla, porque en fin... Parece demasiado importante para que la lleve yo, pero ha insistido. Y no se le puede decir que no a tu abuela. - Rio un poquito y se miró a sí misma de arriba abajo. - No estaba segura de qué ponerme para ir a casa de los Horner. Son gente importante y elegante, y yo ni lo uno ni lo otro. Así que fui a pedírselo, pero ella había tenido la misma idea y me lo estaba trayendo. - Dijo ya un poco tensa, corta de respiración y tragando saliva. Empezaban a darle ganas de temblar, y tenía que contener la mandíbula para no echarse a temblar. - Pero creo que me queda bien, y va divinamente con la diadema. - Subió la mano y acarició la cara de Marcus. - Y llevo muy buen acompañante. Muy guapo, muy elegante y que es el más importante para mí, que es lo que cuenta. - Estaban solos, porque todos los demás ya estaban en el comedor, y le dieron ganas de besarle, pero con la suerte que estaba teniendo esa mañana, probablemente les pillaran así que simplemente susurró, después de mirar con ilusión la pulsera. - Claro que me sienta bien la alquimia. Soy muy buena alquimista, y me rodeo de alquimistas aún mejores. - Inclinó la cabeza hacia él y susurró- Y besaría a mi alquimista favorito ahora mismo, pero creo que ya hemos tentado bastante la paciencia de todo el mundo. Vamos a comer.

Y estar con los O'Donnell era genial, claro, y todo estaba buenísimo, y onírico la historia de la diadema, contada por Molly era precioso. Pero ella tenía el estómago cerrado y unas ganas de llorar que no se podía aguantar. Todas sus inseguridades, todas juntas, estaban saliendo a flote solo de pensar en ir a casa de los Horner. Comió muy poco y no probó ni siquiera sus propias galletas, pero eso le dio para tema de conversación aunque fuera un rato, para distraerse y descentrarse de lo otro. - Mi madre se las hizo a mi padre la primera vez que salieron juntos. Fue un viaje de trabajo, en verdad, porque ella era su secretaria en América. Y desde entonces siempre que quería hacerle feliz o agradar a alguien, las hacía. - Esta vez puso una sonrisa más sincera y amplia, pasándole una a Marcus a su lado. - Aunque a Marcus es más fácil hacerle feliz, si es comida ya va bien. - Dijo con una risita. Molly asintió con la cabeza. - Sí, a nosotros también nos las hizo una vez. Y tu abuela se las comía hasta a escondidas. - Eso la hizo reír, porque se lo creía a pies juntillas. - Es muy bonito que tú las sigas haciendo, tu madre estaría encantada. - Y asintió con los ojos húmedos, tendiéndole la mano a la abuela Molly, que parecía que sabía qué había que decir en todo momento.

Vio como Emma empezaba a levantarse para recoger junto a Arnold, lo cual quería decir que se iban en poco, así que se levantó y cogió a Dylan de los hombros, llevándoselo al lado de la abuela y de Erin. - A ver, me tengo que poner seria. Tienes que prometerme que te vas a comportar como en la vida. - Dylan asintió con la cabeza. - Prométeme delante de Erin y de la abuela que vas a ser el niño más responsable y bueno del mundo. - Volvió a asentir y le escribió en la libreta "Te lo prometo". Levantó la manita y acarició la diadema, casi como había hecho Marcus "Es la joya más bonita que tienes". Y entonces recordó algo. Era ella, de pequeña, sentada en la cama de sus padre y viendo a su madre arreglarse, para una fiesta o una boda o algo así.

"-¿Y eso que te estás poniendo qué es?
-Es mi colgante de diamantes. Me lo regalaron el tío Martin y la tía Simone cuando me casé, para que lo llevara en la boda.
-Es la joya más bonita que tienes.
-Sí, pero no la más importante. - Y le enseñaba el anillo del dedo. - Esta lo es.
-¿Porque es tu anillo de boda?
-Porque me la dio tu padre con todo su corazón. Y eso vale más que cualquier joya"

Casi involuntariamente, miró la pulsera y la tocó con las manos. Subió la vista y asintió. - Sí que lo es. - Pero otra vez tuvo la sensación de que se iba a echar a temblar. Hasta Erin le puso una mano en el hombro - ¿Estás bien?- No - Susurró la abuela, inclinándose sobre ese corrillo que acababan de crear. - Está aterrorizada de ir a casa de los Horner. - Erin entornó los ojos y dijo. - No me extraña. Quédate. Seguro que lo pasamos mejor si estás tú. - Molly le dio una palmada en la mano a su hija. - No digas tonterías. Tiene que ir ahí con Marcus. - Puso la mano bajo su barbilla y le hizo subir la cara. - Y con la cabeza bien alta. Nadie es menos ni más que nadie, cariño. Los irlandeses sabemos mucho de eso. - Ella sintió y se levantó con un hondo suspiro. - Gracias, abuela. Y gracias a ti también por quedarte con él, Erin. - La mujer sonrió y era tan guapa cuando sonreía, que le llamaba mucho la atención la diferencia. - Es un placer. Este patito es amigo mío. - Dijo cogiendo la manita de Dylan. Bien. Ya lo tenía todo establecido. Dylan estaba controlado, llevaba un vestido y joyas elegantes e iba al lado de Marcus. Ya está, no podía ser para tanto.

Se acercó a Marcus, con una sonrisa, esta vez más sincera y se puso el abrigo, comprobándose un momento en el espejo, que la diadema estuviera en su sitio. Luego se giró hacia él y le acarició un rizo. - Lista y preparada. - Se inclinó hacia él y le miró con una ceja alzada. - Hoy también hueles muy bien. Pareces realmente un señor mago importante. - Se enganchó de su brazo y le miró con media sonrisilla. - Fingiré estar a la altura. Literalmente, porque estos zapatos casi no tienen tacón. No quería accidentes.
Merci Prouvaire!


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Miér Dic 30, 2020 12:15 am

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Rodó los ojos negando con una sonrisa de lado, y tras mirar de reojo que no había nadie allí, se acercó y susurró en su oído. - Eres importante para mí. - Odiaba que Alice se quitara importancia o que le mirara como si ellos fueran superiores a ella. Él no lo sentía así en absoluto, nunca lo había pensado, de hecho probablemente él fuera el mayor fan de William Gallia del planeta. No sabía de donde sacaba Alice esas conclusiones erróneas. Siguió mirándola mientras hablaba sin dejar de sonreír ni de negar sutilmente con la cabeza. - Alice, solo es la otra parte de mi familia. - Dijo con una sonrisa tranquilizadora. ¿Por qué estaba tan nerviosa? Vale, no eran tan simpáticos como los O'Donnell ni les conocía tanto, pero solo eran sus tíos y primos, y su otra abuela, nada más.

Recibió su caricia y sus elogios, lo cual le hizo pronunciar la sonrisa aún más y llenar su pecho de aire. - La mejor de las alquimistas. - Matizó. Se encerraría en un taller de alquimia con Alice a pasar las horas muertas haciendo cosas con ella... Vale, se le acababa de cruzar otra cosa por la cabeza que podía hacer a puerta cerrada con Alice. Ultimamente estaba fatal. - Pienso cobrarme ese beso, que lo sepas. - Susurró con una sonrisilla pícara cuando se acercó a su rostro. Claro, es que encima esas cosas... Pues no ayudaban. Sí, mejor se iban a comer.

Marcus tenía la capacidad de hablar y comer, pero allí habían tomado la voz su abuela primero y Alice después, y él estaba encantado de escuchar. Porque si le gustaba hablar, cuanto más le gustaba escuchar historias. Las dos se las sabía, las dos se las habían contado, pero no importaba. No perdía la sonrisa mientras seguía comiendo y las miraba a ambas con adoración. Cogió la galleta con la ilusión de un niño pequeño y asintió al comentario, pero ya comiéndosela. - No te puedes quejar, soy fácil de contentar. - Dijo cuando pudo tragar, con una risilla y encogiéndose de hombros mientras ya tenía la mano en el plato para coger otra. La mordió, alzando la mirada sonriente mientras masticaba para oír a su abuela... Pero por la vista periférica vio otros ojos mirándole. Básicamente los de los otros tres O'Donnell: su padre, su abuelo y su tía Erin. Tragó con dificultad, ya con la sonrisa algo desvanecida y bajando la mirada con timidez. Ese momento había sido muy de novios, sí. O eso o le estaban ya comiendo demasiado la cabeza los dos hombres, y si la mujer encima le miraba con esa cara de confusión, para qué quería más. Malditos O'Donnell, le estaban metiendo ideas raras en la cabeza. ¡¡Que eran amigos!! Al menos... Por el momento...

Empezaron a recoger y aprovechó que la gente se había reagrupado para irse detrás de su madre, a quien había visto dirigirse a la cocina y, después, a su dormitorio. Subió las escaleras y se quedó unos segundos en la puerta de este, con las manos en los bolsillos. Sabía que ella sabía que él estaba allí. Así se comunicaba con Lex, "sabiéndose" el uno al otro pero sin decir nada. Marcus no era así, a él le incomodaba estar allí en un silencio que para su madre era llevadero pero para él era tenso. - Estaban muy ricos los canapés. - Su madre le miró. - Gracias. Pero ya los comiste anoche. - Sí, ya, bueno, pero no te dije nada. Solo... Eso, quería decírtelo. - La mujer asintió y se dirigió a sus cosas de nuevo. Marcus se mojó los labios. - Gracias por... Dejarle el vestido a Alice. Se siente mejor así. - Lo sé. - Dijo ella. Se giró con una expresión más tranquila y Marcus asintió, tragando saliva. - Por eso lo he hecho. - Ya... Se mordió un poco el labio. - Y... También dice que se ha sentido muy bien contigo... Mientras hacía las galletas. - Su madre tenía la costumbre de dejar las palabras reposar en el aire, pero no dejar de mirarte. Solo era unos segundos, pero se hacían larguísimos. Parecía una estrategia para hacerte confesar hasta cuando no eres culpable de nada, y lo peor es que ni siquiera parecía intencionado, lo cual lo hacía más inquietante. Él tenía muy buena relación con ella, no solían tener momentos... En fin, como ese que estaban teniendo ahora. Pero cuando los tenían, hacía que te temblara el cuerpo entero. - Me alegro. No pretendo lo contrario. - Seguía mordiéndose el labio, con las manos en los bolsillos, la cabeza baja y mirando hacia arriba. Echó un poco de aire, como si ese muro invisible entre ellos le generara una insoportable desazón. - Yo solo quiero que esté a gusto, mamá. - Mientras no vaya en contra de tu propio bienestar, te honra. - Frunció un poco el ceño. ¿Por qué iba a ir eso en contra de su propio bienestar? Abrió la boca para preguntarlo pero esta vez Emma no dejó espacio para más pausas. - ¿Algo más? - Cerró los labios. La miró un par de instantes y, finalmente, negó con la cabeza y salió de allí.

Se frotó un poco los ojos mientras bajaba las escaleras, ya con el abrigo puesto, y se dirigía a la puerta de la casa, resoplando por lo bajo. Odiaba estar en tensión con alguien, mucho menos con alguien de su familia, muchísimo menos con su madre. Porque lo de Emma no era simplemente "estamos tensos" o "estamos enfadados". Las disputas con ella tenían un aura distinta y a Marcus se le retorcía el estómago solo de acordarse. Tenía que solucionar aquello a como diera lugar... Pero no iba a ser ese día. Más le valía ir asumiéndolo y centrarse en otras cosas.

Se giró hacia Alice cuando la sintió llegar hasta él, sonriendo ampliamente. - ¿A que sí? El exagerado de mi abuelo me ha acusado de querer intoxicarle. - Bromeó. Arqueó una ceja, mirándola con una expresión chulesca bastante graciosa. - Hm, ¿solo parezco? Tendré que esforzarme más, entonces. - Se enganchó de su brazo con una sonrisa radiante, pero antes de salir al jardín donde desaparecerían para aparecerse ante la puerta de la Mansión Horner, bajó la mirada y rozó los dedos de la chica. - Tú siempre estás a la altura. Los dos lo estamos, podemos tocar las estrellas, no lo olvides. - Si estaban el uno con el otro, no habría altura imposible para ellos.

En un abrir y cerrar de ojos estaban ante la puerta de su abuela, y parecía que eran los últimos en llegar, como siempre. Sus tíos solían pasar allí todo el día de Navidad, ellos llegaban después de comer. Entraron en la casa y empezaron a saludar a todos. Su abuela estaba la última, como no podía ser de otra forma, sentada en su señorial sillón del que cada vez parecía costarle más trabajo levantarse. Antes de empezar a saludar a la gente, se acercó a Alice para susurrar en tono bromista. - Recuerda que esto está lleno de Slytherins y nosotros somos Ravenclaw. Estamos más altos geográficamente como mínimo. - Mejor cortar el hielo con una bromita porque, ciertamente, el ambiente en casa de los Horner no era el de los O'Donnell.

Fue saludando y presentándoles a Alice a sus tíos y primos, pero había una que se llevaba una sonrisilla especial por su parte y a la cual le revolvió un poquito el pelo. - Miri Miri. - No me llamo Miri Miri, me llamo Miranda. - ¿Y no puedo llamarte Miri Miri? Es de cariño. - La niña frunció el ceño en claro desacuerdo. - Venga, Miranda, no seas así. Hola, cielo. - Hola, tía. - Su tía Andrómeda era la más agradable de aquella casa con diferencia... Claro, la única Hufflepuff. No podía demorarse mucho con sus tíos porque si no, no llegaría nunca a su abuela, así que se adelantó un poco hasta llegar allí. - Hola awe. - Marcus. - Se agachó sonriente a darle un beso en la mejilla y entonces vio como la mujer miraba tras él y se le cambiaba la cara. Vaya, que sonrisa. No tenía ni que girarse, sabía que acababa de ver a Lex. Estaba más que claro quien se llevaba el favoritismo O'Donnell y quien gozaba del de los Horner, pero no le importaba. Estaba más que contento con su parte.
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Miér Dic 30, 2020 1:12 am

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
¿Cómo no iba a sentirse feliz? si Marcus le decía que se cobraría el beso, que ellos siempre estaba a la altura, si, en general, el mundo parecía un lugar mejor solo con mirarle. Asintió calladamente y besó fugazmente la mano de Marcus- Podemos. - Aseguró.

Y no debería haber asegurado tan rápido. Solo de aparecerse en aquella casa, se le pusieron todos los pelos de punta. Solo había otras de ese estilo con Poppy y Tabitha, pero los McKenzie y los Harlow, sobretodo los primeros, eran gente muy cercana y amable con ella. Allí no conocía a nadie y le daba miedo hasta pisar el suelo de una casa tan señorial. Y entrando no mejoró la cosa, por Merlín, si es que la casa olía a "no me lo podría permitir ni en mil años". Todo el mundo estaba muy bien vestido, y por un momento se le pasaron por la mente escenas de los sucesivos veranos de Marcus en la Provenza, con los Gallia y los Sorel en bañador, llenos de arena y morenos como tizones, entrando y saliendo como tal cosa por la casa de Saint-Tropez. Y pensar que Marcus haba crecido viendo a gente como esta de normal. Se soltó de él y juntó las manos sobre el regazo. Al final, iba a tener razón Lex y se parecía a Emma, pero donde fueres haz lo que vieres, y su abuela siempre le afeaba de pequeña que gesticulaba demasiado.

Se sentía como en una pecera, en la cual ves y oyes, pero todo distorsionado por el agua y el cristal. Agachaba la cabeza y saludaba, pero no decía nada, Alice Gallia sin palabras, eso tendría que verlo su propia abuela. Dedicó una sonrisa al momento de Marcus con su prima pequeña, él siempre tan adorable con los niños. De momento todos parecían bastante serios estilo Emma, pero el que era el primo mayor de Marcus la miraba fijamente y la estaba poniendo nerviosa, tanto que se llegó a plantear que llevara algo desabrochado, o descolocado, o manchado y por eso no paraba de mirarla. Pero no le dio tiempo a pensar más, porque ya se acercaron a ver a la abuela Horner. Sentada y todo, sintió como el imponía con la mirada y fue entonces cuando le dio por pensar que Emma era la más descafeinada de los Horner. Al menos comparada con aquella señora, cuya mirada la hacía temblar y envararse. Marcus se acercó a ella y la saludó exactamente igual que había hecho con Molly, como si nada. Gal se limitó a inclinarse y tomar la mano de la señora brevemente- Buenas tardes, señora Horner. Gracias por invitarme y feliz Navidad. - La abuela no dejó de mirarla en todo momento y se limitó a agachar la cabeza también. - Hola, Alice. Feliz Navidad. - Pero entonces, fue como si hubiera entrado un faro en la habitación. Gal se giró y entre Marcus y ella apareció Lex, con lo más parecido a una sonrisa que sabía poner y se sentó del tirón junto a su abuela. Pues bien, ya si que no tenían nada que hacer allí.

Marcus se le había perdido momentáneamente hablando con alguien, y estaba empezando a ponerse nervios y estrujarse los dedos, cuando notó como algo tiraba del bajo del vestido. Bajó la mirada y vio a la niña de antes, tam perfectamente rubia, con sus dos grandes lazos, que hacían juego con su vestido. Se rio internamente pensando que ella no habría durado ni diez minutos en ese atuendo cuando tenía la edad de la niña. Y qué zapatos más brillantes, esos no habían conocido el barro.- Eres una niña- le dijo. Gal asintió con una leve sonrisa- Sí, efectivamente. - La niña la miró muy seria y diplomática.- ¿Quieres jugar a tomar el té conmigo? - A falta de Marcus, Gal levantó la mirada levemente hacia Emma, buscando aprobación, mientras la niña ya estaba tirando de ella. La señora O’Donnell, sin dejar de hablar con otro señor, la miró y asintió levemente- Soy Miranda Horner, hija de Philip y Andrómeda Horner ¿Tú cómo te llamas?- Vaya, pensó, esta conversación ya la había tenido antes- Alice -¿Alice qué?- Debía ser que les enseñaban a preguntar eso desde pequeños- Alice Gallia. Me puedes llamar Gal si quieres, mis amigos me lo llaman- La niña asintió satisfecha y la llevó hasta un sofá, donde estaba la señora joven con el bebé que había saludado antes a Marcus, y a sus pies había varios muñecos, una mesita y un juego de té en miniatura.

-Esta es Alice Gallia, mamá, la he invitado oficialmente a tomar el té y me ha dicho que la puedo llamar Gal- Y se puso a repartir las tacitas y los platos, luego se lo pensó mejor y recogió ese juego de té- Vamos a poner el de porcelana de Sévres, que esto es una reunión más importante que las que solemos tener. - Dijo ella sola. Gal se tuvo que reprimir una risa por oír a una niña que no debía tener ni siete años hablar así. Se sentó de rodillas junto a los muñecos y sonrió a la madre de la niña- Pues qué amable por parte de Alice ¿no, Miranda? -Hubiera sido rudo por su parte rechazarme, la verdad. - Y otra vez tuvo que reprimir la risa- Encantada, Alice Igualmente, señora Horner. - Dijo con una sonrisa. Le resultaba agradable la expresión de la mujer, y se había fijado de inmediato en ella porque parecía que tampoco encajaba mucho en aquel ambiente y estaba muy centrada en sus niños.

Miranda sentó a varios de los muñecos entorno a la mesa, excepto a una, que era de trapo y la dejó apoyada en un mueble- ¿Esa por qué no se sienta?- La niña se encogió de hombros. - Porque es la criada. Esto es una reunión social. - No pudo evitar entornar los ojos. Lo que oía en casa, claro - Bueno pero es Navidad… Podemos invitarla también ¿no crees?- La niña la miró como si estuviera loca, pero levantó las cejas y puso a la muñeca más cerca pero no la sentó. - ¿Cómo tomas el té?. - Sin azúcar ni leche. - Le siguió el rollo, y se puso a colocar las tazas que Miranda le iba pasando.  –¿Vas a Hogwarts?- Le preguntó la niña. - Sí, pero ya termino este año. - Yo voy a ir a Slytherin. - Gal entornó los ojos y puso una sonrisa- Qué bien que lo tengas tan claro…- La señora Horner se rio por lo bajini y Gal siguió pensando que le caía bien esa mujer- Yo soy de Ravenclaw. - Como el primo Marcus. ¿De eso le conoces? -Gal asintió - ¿Eres amiga suya? Porque los niños suelen jugar separados de las niñas. - Ella frunció el ceño e hizo como que bebía de la taza, estirando exageradamente el meñqiue. - ¿Tú crees? Yo creo que si le dices a tu primo que venga aquí y se tome un té te dirá que sí. - Miranda hizo una pedorreta y “bebió” de su taza. - Los niños no juegan con muñecos. - No, ni yo, pensó Gal, y aquí estamos. Pero la señora Horner seguía mirándola con ese toque de curiosidad y dulzura.

La niña señaló a su madre. - Aquí todos han ido a Slytherin menos el primo y mamá, que iba a Hufflepuff. - Gal la miró sonriente y dijo. - Mi hermano también está en Hufflepuff, y mi madre iba a Ilvermony en América, pero era de Pukwudgie y siempre decía que hubiera sido de Hufflepuff. -Es la casa de los débiles. - Dijo la niña muy segura, haciendo que servía té imaginario en las tazas.


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Última edición por Ivanka el Miér Dic 30, 2020 12:37 pm, editado 1 vez


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Golden Shields:


Alice Gallia
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Cause' Alice does belong with Marcus
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Ante todo, amigos
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Ay, los retitos
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Un jour viendra tu me dira je t'aime
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Miér Dic 30, 2020 12:03 pm

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CON Alice EN Casa de los O'Donnell A LAS 07:00h, 25 de diciembre
Con su abuela Anastasia tenía menos conversación que con su tía Erin, que ya era decir, y no sería porque no lo intentara. Además, los motivos eran distintos: mientras que su tía no tenía más conversación porque su ratio de palabras era escueto y no estaba demasiado cómoda entre la gente, su abuela directamente decía las palabras justas y necesarias para hacerte saber que con ella no ibas a llegar mucho más lejos. Por no hablar de que él le preguntaba y ella contestaba mirando a Lex. Vaya, que su abuelo Larry sería descarado en su favoritismo, pero su abuela Anastasia no se quedaba atrás. Pero él era educado, protocolario y familiar igualmente, y si algo tenían los Horner eran protocolos y él pensaba cumplirlos todos. Así que se quedó los requeridos minutos de cortesía hablando con su abuela y luego se la dejó todita a Lex.

Se levantó con la excusa de ir a saludar a los demás, pero realmente estaba buscando a Alice con la mirada, que se le había perdido. La vio a lo lejos jugando al té con su prima Miranda y casi se cae al suelo de ternura. Y eso que la niña tenía unas salidas... Pero seguro que Alice la llevaba bien. Sonriente, fue a girarse sobre sus talones para ir a hablar con su tío Phillip, pero se topó de frente con otra persona. - Hola de nuevo, primito. - Hola, Percival. - Respondió automáticamente, recolocándose en su sitio porque casi se lo come al girarse y estar tan cerca. "Primito"... Odiaba que le trataran como a un crío. Una cosa era hacerse el niño bueno con los adultos, de manera voluntaria, y otra que le trataran como un niño. Y más con el tonito que lo hacía Percival. Llevaba dejándole patente que era siete años mayor que él desde que nació, como si hubiera algún mérito en eso, como si hubiera sido decisión de alguno de los dos. - Hace mucho que no te veo, desde... El verano, diría yo. - Le pasó un brazo por los hombros y le giró para llevárselo a otra estancia. Otro que era más alto que él. Era curioso como en Hogwarts era más alto que el ochenta por ciento de los alumnos y llegaba a su casa y se quedaba pequeño por todas partes. Dirigió una última mirada hacia donde estaba Alice que su primo detectó. - Bah, deja a las mujeres y a los bebés con sus cosas, vamos a hablar los hombres. - Apretó la mandíbula, pero se forzó a reírle la gracia, con él era mejor así, porque el maldito las captaba todas. Y las usaba en tu contra.

- Deberíamos pasar más tiempo juntos, primo. Las grandes mentes de la nueva generación Horner se tienen que complementar. ¿Por qué solo nos vemos en vacaciones? - ¿Será porque sigo en Hogwarts? - Contestó con una sonrisa y una risa artificiales y que, si pudieran matar, ya habrían asesinado a Percival. El cual, ante ese comentario, dio una palmada y se echó a reír. - ¡Es verdad! Siempre se me olvida que nos llevamos tantos años. - Y una vez más, frunció los labios en una sonrisa tremendamente falsa, pero no le iba a dar el gusto a Percival de picarse con eso. Porque eso de que se le olvidaba no se lo creía ni él. Era su saludo cada vez que le veía. - ¿Y como te va como prefecto, Marcus? ¿Has conseguido ya superarme? - ¿En qué? ¿En sobornos a la autoridad? Pensó, pero prefirió seguir mirándole sonriente y dejarle terminar. - Iba a preguntarte si sigue mi retrato en la Sala Común, pero como no puedes entrar... - Ya, una pena que no pueda comprobarlo. - ¿Han puesto ya uno tuyo en la de Ravenclaw? - Uy no. Creí que eso se hacía solo con los muertos. - Los dos se echaron a reír con las risas más heladas que Marcus hubiera oído en su vida, de él mismo o de otro. Aunque en sus conversaciones con Percival eran bastante frecuentes. Lex ya se habría ido de allí, no habría aguantado ni el "hola", pero Marcus y su necesidad de quedar por encima con alguien que se creía ya por encima más que de sobra... - Espero que mi sucesor este siendo digno. - Meh, no te creas. El prefecto de Slytherin nunca se entera de nada, pero claro, no le culpo, estando en el subsuelo del Castillo... - Vaya, como que vosotros estáis muy accesibles en lo alto de esa torre. - Las torres se han usado de vigilancia de toda la vida. No recuerdo a nadie que haya hecho historia desde una mazmorra. - Si estuviera alguno de sus padres allí (de los suyos, no de los de Percival, que azuzarían más) ya habrían cortado aquello, porque las risitas y las sonrisitas que se dedicaban empezaban a ser puro hielo. Pero estaban solos. Aquello iba para largo.
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