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 :: Squad :: A Period Drama

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Jue Dic 31, 2020 7:21 pm

El picnic de los Flaversham
Lizabeta Wakefield
Con Christopher &
Edwin Sinclair
En Mayfair Park

Sin querer decepcionar antes de tiempo al hermano mayor de los Sinclair, Lizabeta Wakefield se levantó aquella mañana con una sonrisa que intentó aplacar producida por el picnic que los Flaversham organizaban todos los años y al que asistiría acompañada de su familia favorita de Netherfield.

Por suerte o por desgracia, el padre de Christopher y Edwin debía ausentarse por motivo de trabajo -algo que Liza pensó que también le encantaría hacer al hijo mayor- y no sabría si finalmente podría acudir aunque ya fuera entrada la tarde, así que en el birlocho de la familia Sinclair había un hueco para ella y con mucho gusto la aceptaron.

No tardó en sonar el timbre y colocando la última horquilla de su sombrero y atando el lazo que lo acompañaba, escuchó la voz de Marguerite y bajó las escaleras encontrándose a los hermanos Sinclair en el umbral de la puerta.

Como siempre desde la primera cena en el hogar de los Sinclair, Lizabeta tuvo que inventarse alguna anécdota de porque sus padres no podían acudir al evento. Al principio la señora Sinclair pareció curiosa, impaciente por volver a ver a los padres de la joven de una vez puesto que sus hijos habían hecho tan buenas migas, pero finalmente se centró más en esta segunda parte y en la idea que podía dar a sus amigos y conocidos que Liza fuera con ellos, encantada de pensar que los jóvenes de la ciudad que ese día visitaran Mayfair Park se lo pensarían dos veces al intentar acercarse a la muchacha, yendo ésta tan bien acompañada.



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Sáb Ene 09, 2021 7:35 pm

El picnic de los Flaversham
Edwin Sinclair
Con Christopher &
Lizabeta
En Mayfair Park

Los meses llegaban y se marchaban a una velocidad pasmosa. La ciudad había estado algo más animada que de costumbre y, para variar, Edwin había encontraro algún que otro entretenimiento que lo sorprendió haciéndole los días tan llevaderos que parecía que se le escapaban entre los dedos. La cita anual que tenían con los Flaversham por fin había llegado. Sobre las colinas brillaba un sol reluciente, que bailaba sobre las aguas en forma de hermosos destellos, y entre los árboles y los callejones soplaba una ligera brisa que traía consigo los perfumes de la naturaleza. Edwin había esperado con cierto entusiasmo el picnic del que ya habían hablado tanto en su casa como fuera de ella algo así como un millón de veces, puesto que era una ocasión tan válida como otra cualquiera de salir de la rutina y relacionarse con alguien que no formase parte de su familia. Este año, en particular, tenía especial interés por la cita, puesto que sería la primera vez que vería allí a Lizabeta, y en ello había cierta familiaridad, sí, pero también una parte de ella que desconocía y se le antojaba irresistible.

La cuestión es que portó sus mejores galas para la ocasión y se unió a su madre y a su hermano en el coche de camino a la hacienda de los Wakefield. Dado que el padre de los Sinclair no podría asistir al evento, era de esperar que tuviesen la cortesía de ofrecerle su puesto en el birlocho familiar para llevarla hasta los Flaversham. Edwin se dedicó a charlar animadamente con su madre sobre sus expectativas al respecto del evento. En un momento dado, el rubio se fijó en el rostro de su hermano, y sonrió.

No te preocupes, hermano, seguro que no es tan malo como el año pasado.

Mentía, por supuesto, porque a Christopher se le hacía toda clase de eventos sociales absolutamente insoportables, y Edwin era consciente de que lo más probable era que el picnic de los Flaversham no fuese una excepción. Sin embargo, tuvo a bien dedicarle unas palabras de ánimo. Al fin y al cabo, no creía que fuese completamente incapaz de divertirse, aunque fuese por equivocación.

El carro se detuvo en su destino y los hermanos Sinclair bajaron de él para presentarse en la puerta de los Wakefield. Edwin entrelazó ambas manos tras la espalda, y así ocultó su nerviosismo, que hervía bajo su piel. Tras unos momentos que se le hicieron eternos, la madera de la puerta crujió. Se abrió con un quejido y tras de sí apareció Lizabeta. Con el pelo recogido se veían distinto su rostro, quizá algo más dulce, y, sin adornos, le pareció hermoso, de una belleza tan natural como la de un amanecer. El joven Sinclair sonrió sin darse cuenta de ello.

Buenos días, señorita Wakefield — la saludó —. Estáis… ¡bellísima! ¿Verdad, Christopher? — miró a su hermano brevemente antes de devolver su atención a Lizabeta. — ¿Lista para el picnic? — le ofreció su brazo para llevarla hasta el coche que los esperaba en el camino.



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Lun Ene 11, 2021 6:48 pm

El picnic de los Flaversham
Christopher Sinclair
Con Edwin & Lizabeta
En Mayfair Park

Intentó tomárselo con diplomacia, después de todo ya debería estar acostumbrado, pero las ausencias de su padre a los eventos le despertaban cierta envidia. Aunque precisamente a este sentía que tenía la obligación de acudir. Después del desayuno en que su hermano había insistido tanto como su madre en las indisposiciones de los señores Wakefield, sentía que debía estar presente y respaldar cualquier invención que Lizabeta hubiera fabricado para ellos. Si bien era una situación que no creía que pudieran alargar durante demasiado tiempo. Con suerte, el picnic ocasionaría alguna ocasión en la que poder comentarlo sin despertar sospechas.

Quizá se había perdido demasiado en sus divagaciones, pues apenas notó que Edwin se había dirigido a él en mitad de la conversación animada que mantenía con su madre sobre el evento.- Ojalá fuera así. -Respondió, no queriendo sino agradecer que su hermano tuviera unas palabras que no parecían buscar incomodarle.- Pero prefiero mantener bajas mis expectativas. -Qué podía decir, Mayfair Park no era precisamente un lugar tranquilo del que disfrutar, menos aún cuando estaba plagado de familias que buscaban forzar ciertas relaciones.

En ello divagaba cuando llegaron a la residencia de los Wakefield. Los jovenes descendieron, dejando que su madre supervisara desde allí. Preferible para Christopher, ya que así no podría insistir en saludar personalmente a los padres de la joven y asegurarles que cuidaría de ella.
- Señorita Wakefield. -Saludó con una ligera inclinación cuando tras la doncella apareció ella. Bella, sin duda, con aquel recogido que parecía sencillo bajo el sombrero que la protegería del sol. Mucho más discreto que el que su madre había decidido llevar para destacar entre la multitud.- Ciertamente. -Respondió pues, de acuerdo con la apreciación de su hermano.- Me alegra que pueda acompañarnos.

Edwin ofreció su brazo a la joven, con lo que él quedaba algo desplazado, pero dado que llegó antes al birlocho, no dudó en ofrecer su mano a Lizabeta para que pudiera subir con más facilidad, escuchando incluso antes de subir las palabras de su madre sobre la ausencia de los Wakefield o el hermoso vestido que lucía para la ocasión.

Una vez acomodados, los caballeros frente a las damas, indicó al cochero que podían continuar el viaje, con suerte no se haría muy largo y la conversación no sería extremadamente pesada, si bien estaría más atento que antes para poder distraer el tema de asuntos problemáticos de ser necesario.



Última edición por Timelady el Jue Ene 21, 2021 6:25 pm, editado 1 vez


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Lun Ene 11, 2021 8:46 pm

El picnic de los Flaversham
Lizabeta Wakefield
Con Christopher &
Edwin Sinclair
En Mayfair Park

Imposible de ignorar el comentario de Edwin acerca de su aspecto, Lizabeta no pudo evitar sonreír tímidamente al hermano pequeño de los Sinclair en agradecimiento y cambiar de interlocutor con un gesto en los labios más moderado cuando Christopher también secundó a éste. Con su pensamiento en duda al menos unos segundos, finalmente se prendó del brazo de Edwin que tan galantemente le había ofrecido e hizo lo mismo cuando Christopher le ofreció su mano para subir al carruaje.

Durante el viaje la señora Sinclair no dudó en seguir su conversación, y reparo en 'su' porque al menos Lizabeta estaba absorta pensando en otras cosas y así parecían mantenerse también los hermanos frente a ella, a los que miró indistintamente dependiendo de su pensamiento del momento. Edwin, con un gesto tan natural y considerado como el de ofrecerle su brazo, y Christopher ayudándola a subir al birlocho familiar, caballeroso hasta decir basta.

Cuando el carruaje se detuvo, la señorita Wakefield dejó de mover la pierna bajo el faldón, nerviosa como se encontraba para bajar de éste y hallarse en un enorme parque con lago incluido donde un número indefinido de familias se escondían del sol bajo carpas con sus correspondientes sillas y mesas repletas de tentempiés o paseaban paraguas en mano, incluso los más pequeños correteaban sin mesura cerca de la arboleda. Uno de ellos hasta chocó con Liza cayendo de bruces al suelo, lo que alentó a la joven a agacharse y tratar con el muchacho en un intento por saber si se encontraba bien.

Por fin llegaron después de un grato paseo a la zona que habían reservado y donde sus criados ya habían predispuesto todo en favor de la familia. Lizabeta todavía no había hablado más que lo justo, ocupada como estaba en observar todo a su alrededor. Y así se mantuvo, en silencio, cuando la señora Sinclair rompió éste para hablarle a su hijo menor:

- Mira, querido, por ahí viene la hija de los Higgins acompañada de su hermano -una sonrisa pícara apareció en su rostro-. Me han dicho que ha estado preguntando por ti.




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Vie Ene 15, 2021 12:55 pm

El picnic de los Flaversham
Edwin Sinclair
Con Christopher &
Lizabeta
En Mayfair Park

La presencia de Lizabeta mejoró notablemente el ánimo de Sinclair. Cuando la joven decidió aceptar su ofrecimiento y dejarse guiar por él hacia el coche de caballos, Edwin se sintió flotar sobre el camino que los llevó hasta allí, puesto que, aunque aquel gesto por sí mismo no significaba nada, era suficiente la cercanía para ponerlo de buen humor. Christopher ayudó a la muchacha a subir al carruaje y juntos marcharon al fin hacia el parque. Lo único que lamentó Edwin fue no poder charlar con Lizabeta tanto como le habría gustado. Su madre tenía la maldición de ser incapaz de cesar con sus parloteos cuando la situación así lo requería y, aunque el joven Sinclair tuvo la deferencia de continuar su conversación, reconocía que podía ser algo apabullante.

En fin, no pareció molestar en demasía a su hermano y su amiga la charla de ellos dos. El paisaje ofrecía una agradable distracción a lo que ocurría en el interior del carro, y su madre se encargó de mantener la charla en un terreno superficial. Conforme se acercaron al evento era más sencillo advertir el aroma a flores que les traía la brisa desde la arboleda. Su vehículo se detuvo en el emplazamiento adecuado. Los recibió el servicio y algún transeúnte que les dedicó un breve saludo en lo que terminaban de colocarse. Edwin respiró los perfumes de la naturaleza y suspiró con una amplia sonrisa en el rostro.

Es el día perfecto para un picnic — trató de animar la conversación entre él, su hermano y Lizabeta, quien hasta entonces no había hablado más que lo justo y necesario —. Qué lástima que nuestro primo no haya podido venir. Hace tiempo que no nos vemos — aquella parte de su familia gozaba de alta estima por aquellos lares, pero tenían su vida a cientos de millas de donde ellos se encontraban y no podían reunirse más que en contadísimas ocasiones —. ¿Son aquellos los Harrels? — oteó el horizonte con cierta discreción y se giró en dirección a su madre. — Creí que estaban de viaje.

Tras una breve discusión sobre la situación geográfica de aquella familia, la madre de Edwin llamó su atención sobre la pareja que se acercaba a ellos. El joven sonrió. Lanzó un rápido vistazo a Lizabeta y en su gesto advirtió que la mención de las intenciones de los Higgins al respecto de su situación sentimental despertó su curiosidad. Edwin carraspeó.

Oh, ¿en serio? — inquirió.

— Sí, sí — replicó su madre, henchida de orgullo —. Deberías considerar el llevarla a dar un paseo, Edwin, querido, los Higgins son una muy buena familia. No solo en lo económico, claro, sino en lo personal. Los padres de esa jovencita han sido siempre amigos nuestros.

Estoy seguro de que es una mujer encantadora, madre, pero… — hizo una breve pausa y miró a Lizabeta antes de devolver la vista al frente. — no lo estoy tanto de que sea la mujer adecuada para mí. La última vez que tuve la oportunidad de hablar con ella se me hizo algo difícil encontrar algo que tuviéramos en común.

Lo cierto es que Edwin había hallado a aquella jovencita tan aburrida como los ensayos más áridos que había tenido la desgracia de leer, pero, claro, no sería caballeroso exponer así los vicios de la mayor de los Higgins ante los demás. Aún así, cuando ella y su hermano acudieron a su encuentro, Sinclair los saludó con una sonrisa, quizá provocada por la ligera indiscreción de su pretendienta, que no le quitaba ojo de encima.

¿Os conocíais? — le preguntó a Lizabeta una vez la hubo saludado.



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Mar Ene 26, 2021 7:54 pm

El picnic de los Flaversham
Christopher Sinclair
Con Edwin & Lizabeta
En Mayfair Park

Cuando llegaron al lugar y el carruaje se detuvo, aún les quedaba un paseo hasta el lugar donde habían debido acomodar sus cosas. Su madre reclamó su brazo, por tratarse él del heredero y estar supliendo a su padre en aquellas funciones. Debía reconocer que le sorprendía que no le hubiera empujado directamente hacia Lizabeta y apartado a Edwin, que ya comentaba lo agradable del tiempo.

- Quizá podamos extender una invitación a nuestros parientes para algún otro evento cercano, pero dudo que sea posible reunirnos hasta alguna fecha especialmente importante. -Intervino él ante el comentario sobre su primo, normalmente ausente en aquellos eventos por no residir precisamente cerca.

En cuanto a la conversación sobre los Harrels, dejó que fuera su madre quien interviniera con toda suerte de detalles poco considerados sobre la familia y las razones por las que no aparecían ya tan asiduamente en sociedad.
Notó el gesto amable que Lizabeta tuvo para con el niño que se cayó justo frente a ella, le dirigió una leve sonrisa y una mirada con la intención de preguntar si se encontraba bien, pero su madre anunció que habían llegado a sus lugares...

Y que ya había quienes tenían interés en acercarse a saludar, por lo visto con intenciones para su hermano, nada menos.
Hizo una indicación a uno de los sirvientes para que fuera sirviendo y se hizo con una copa de limonada dulce y fresca, apropiada para aquel día soleado que iban a pasar de esa forma. Mientras escuchaba lo que su hermano decía después de que su madre quisiera desplegar sus dotes de casamentera.
Si bien, estaba de acuerdo en que los Higgins eran una buena familia, en los sentidos mencionados, prefirió mantenerse al margen de la conversación y no hacer opiniones sobre los motivos por los que su hermano no podría encontrar nada en común con una dama virtuosa, como se suponía que era la joven.

- ¿Un poco de limonada? -Ofreció a los tres, no obstante, aunque es un decir, ya que era el criado quien acercaba la bandeja con las copas. Justo dando el tiempo suficiente para que los hermanos Higgins terminaran de acercarse. Saludó a ambos con una inclinación cordial, aunque era demasiado evidente que a la señorita en cuestión quien le interesaba era su hermano pequeño.

- Permítanme que les presente. -Decidió adelantarse, teniendo en cuenta que aún si conocían a Lizabeta sería de hace demasiado tiempo.- La señorita Lizabeta Wakefield, nuestra invitada. Cressida y Fitzwilliam Higgins.



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Mar Ene 26, 2021 10:14 pm

El picnic de los Flaversham
Lizabeta Wakefield
Con Christopher &
Edwin Sinclair
En Mayfair Park

Apabullada en cierta medida por aquel encuentro social después de tantos años lejos del lugar, Lizabeta Wakefield agradeció con una sonrisa casi inapreciable esa naturaleza intranquila del joven de los Sinclair para soltar comentarios aquí y allá mientras caminaban hacia la zona indicada.  Tal vez por ese mismo motivo continuó en silencio, comprendiendo que las andanzas del primo Sinclair no era asunto suyo, tanto como la situación de los Harrels o incluso los Higgins, a quienes no recordaba si ya conocía de antes o sería la primera vez. Más todavía fuera de lugar se sintió Liza cuando la señora Sinclair habló sobre la señorita Higgins, su interés por el hermano menor de la familia y cuando éste, curioso, se interesó en ello.

La muchacha escuchó la conversación de la matriarca con cierta curiosidad, recordando que si bien ella había tenido una familia acomodada y habían sido buenos amigos de los Sinclair, ya no había familia ninguna, sólo una joven intentando apañárselas en secreto esperando que tarde o temprano todo aquello diera tantos frutos que nadie se atrevería a privarla de aquella situación y los rumores que ya habrían circulado sobre ella, desaparecieran. En ese aspecto era difícil sentir un respaldo como el que podía tener la señorita Higgins y, a veces, poco importaba lo que una supiera o dejara de saber, sólo importaban las inseguridades personales. Aunque Edwin Sinclair, encantador como nadie, dedicó en el momento más oportuno una inesperada mirada a Lizabeta mientras valoraba en voz alta su interés por la dama en cuestión y acción semejante no pasó desapercibida para la joven, que se sintió sumamente agradecida, aún ahogada en sus inseguridades.

La voz de Christopher surgió de la nada y con ella una promesa refrescante que Liza aceptó enseguida, pero también un compromiso ineludible al presentar a la señorita Wakefield a los hermanos Higgins.

- La verdad es que tienen que perdonarme, llevo un tiempo fuera y no recuerdo si nuestras familias han podido encontrarse antes -se presentó así la muchacha, cabizbaja debido a la vergüenza de no saber contestar a aquella pregunta-. Aún con todo, me alegro de conocerles, sea esta nuestra primera presentación o no -bromeó-.

El hermano mayor ciertamente parecía cortés, pero la joven Higgins parecía incluso más entusiasmada, pensando que Liza podía ser algún pariente lejano de la familia y que trabar amistad con ella le sería de gran ayuda para sus intereses.

- Menos mal, señorita Wakefield, por fin alguien interesante en este lugar -comenzó Cressida intercalando su mirada con la de Edwin, dándole a entender que para nada lo encontraba interesante, a pesar de no parar de preguntar por él. Un truco como muchos otros-. Estoy segura de que seremos grandes amigas. Por ejemplo, ¿qué opina usted del nuevo corbatín de mi hermano? Él piensa que es demasiado llamativo, pero yo creo que le hace juego con los ojos.

Lizabeta no sabía si aquel entusiasmo con su, al parecer, nueva amistad sería compartido, pero de momento intentó ser todo lo agradable que pudo y tras observar el corbatín del caballero, guió a continuación su mirada hacia sus ojos con los que, efectivamente, hacía juego. No sólo la señorita Higgins era preciosa, sino que su hermano era igual de apuesto y éste no dudó en dedicar una de esas miradas a la señorita Wakefield, una de esas miradas que dicen algo más que un encantado de conocerla y que Liza recibió apartando la vista algo avergonzada, pero no desagradada. ¡Que peligro tenían los Higgins!

- Me gusta su corbatín, señor Sinclair -dijo por fin Cressida dirigiéndose a Edwin-. Tal vez un día podría llevarme a su sastre de confianza y así poder encargar alguno para mi querido Fitzwilliam.

Y a pesar de que, por algún motivo, esos comentarios no eran del gusto de Liza, ésta no pudo evitar reírse en voz baja, siendo más que evidente la actitud predispuesta de la joven, rozando lo vulgar. No tardó en acercarse ciertamente disimulada al mayor de los Sinclair sin quitar el ojo de encima a la escena.

- Supongo que cuando habló de ciertos comportamientos se refería a estos.




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Miér Feb 03, 2021 2:56 pm

El picnic de los Flaversham
Edwin Sinclair
Con Christopher &
Lizabeta
En Mayfair Park

Así, de pronto, los Sinclair, junto a Lizabeta, se convirtieron en actores; y el parque, en su escenario. La llegada de los Higgins los obligó a ponerse las máscaras que todos portaban en sus vidas públicas y, aunque Christopher no lo soportaba, Edwin lo encontraba de lo más entretenido. Al fin y al cabo, era un hombre enamorado de las artes, y eso incluía las escénicas.

Declinó con un gesto el vaso de limonada que le correspondía. En ese momento, otras cuestiones reclamaban su atención, como la curiosidad que le despertaba ver a Lizabeta desenvolverse en aquellos ambientes después de haber pasado tantos años a tantas millas de aquel lugar. A efectos prácticos, era una forastera, y solo Dios sabía lo inmisericorde que podía llegar a ser una comunidad como la suya con alguien que les resultaba ajeno.

Edwin arqueó ligeramente las cejas ante la declaración de la muchacha. Lanzó un breve vistazo a su hermano, que parecía más preocupado de contar las burbujas que se habían formado en la superficie de su limonada que de lo que quiera que fuese que Cressida Higgins tenía que decir, y arqueó ligeramente las cejas antes de responder.

Completamente de acuerdo — miró a Lizabeta con una sonrisa cómplice, recordando la conversación que tuvieron durante su accidentado paseo, y, acto seguido, en derredor, como si no hubiese visitado ya un millar de veces aquel parque y hubiese algo nuevo en las copas de los árboles. Regresó a la conversación cuando escuchó su nombre en los labios ajenos, consciente de que, como Christopher parecía dispuesto a pasar por completo desapercibido ante los ojos de los Higgins, le tocaría a él charlar con ellos, y asumiría su papel con la tranquilidad de quien conoce lo suficientemente bien el guión como para no tener que mirarlo —. Oh — sonrió e inclinó la cabeza ligeramente —. Gracias, señorita Higgins, es usted muy amable. Será un placer para mí indicarles a usted y a su hermano todo lo que deseen saber sobre corbatines, sastres, medidas… y cualquier otra cosa que precisen.



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Miér Feb 17, 2021 8:09 pm

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Christopher Sinclair
Con Edwin & Lizabeta
En Mayfair Park

Cressida Higgins no tardó, como de costumbre, en intentar entablar conversación sobre el dato más absurdo que pudiera encontrar. Aunque esta vez, al menos, quizá si había un tema de conversación relevante, como lo era la presencia de Lizabeta.
Si bien, Christopher no se vio decepcionado, ya que apenas después de haber reconocido su presencia y expuesto sus buenas intenciones de amistad, empezó a hablar de corbatines. El mayor de los Sinclair decidió ocultar su expresión tras su copa de limonada.

Gesto que tuvo que repetir cuando la joven insistió en que su hermano la llevase al sastre para tratar el tema de los corbatines.
Intentó disimular su mezcla entre desagrado y divertimento, al ser esta vez Edwin el blanco de los vulgares intentos de captar atención de las damas disponibles, cuando vio que la joven Wakefield se acercaba a él. Se giró discretamente, esperando no ofender a nadie para mostrarle una leve sonrisa.- Parece que está usted de acuerdo conmigo en algo. -Intervino, dado que había reconocido que aquello rozaba lo ridículo.

No obstante, tuvieron que regresar a la conversación. O más bien se vieron arrastrados a ella por parte de sus interlocutores. Fitzwilliam Higgins, por ejemplo.- Estoy seguro de que la señorita Wakefield también disfrutaría de esa visita a la sastrería. -Insinuó, dando por hecho que ese era el gusto de la joven.- Parece tener buen gusto y elegancia en el vestir. ¿No opina lo mismo, Christopher? -Un halago que dejaba paso a una invitación a la conversación que sabía que no iba a ser bien recibida por el caballero.

- ¿Sobre qué, Fitzwilliam? -Devolvió la pregunta, puesto que había sido poco concreta.- Sobre la visita a la sastrería, considero que corresponde a la señorita Wakefield decidir si gusta de ese tipo de salidas. Sobre su buen gusto y elegancia no cabe la menor duda pues queda expuesto a la vista. Si bien me permito decir que la buena conversación es lo que más aprecio de su persona. -Respondió con cierto tono que dejaba ver que el señor Higgins no contaba en demasía con su simpatía, como él no contaba con la ajena.



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Jue Feb 18, 2021 12:36 am

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Lizabeta Wakefield
Con Christopher &
Edwin Sinclair
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La señorita Wakefield no tenía del todo claro si aquella pequeña burla que había encontrado respaldo en Christopher estaba motivada por las más que evidentes intenciones de la otra dama o tenía algo que ver el hecho de que Edwin parecía resuelto a seguir aquel juego infantil y, aunque no pretendía ser injusta, Lizabeta se había dado cuenta de que prefería que las atenciones del menor de los Sinclair fueran dirigidas hacia ella. Aunque compartir la jocosa indiferencia de Christopher tampoco le resultaba desagradable.

- Deberíamos brindar en ese caso -señaló la mujer todavía intentando no llamar la atención y acercando su copa a la del caballero con un leve movimiento-. Por el fin de nuestras discordancias. Y que el resto de eventos sociales favorezcan más cónclaves secretos.

Los ojos que todavía no llevaba demasiado bien tener pegados a ella eran los del señor Higgins, que aunque ciertamente agraciado, poseía algo que no terminaba de encandilar a la joven. Aunque escuchar a Christopher Sinclair hablar a continuación tampoco ayudaba, pues sin ni siquiera proponérselo hacía parecer a cualquier otro hombre poca cosa hasta para abrir la boca.

- El señor Sinclair tiene razón. Mis visitas a la sastrería son más prácticas que ociosas y no encuentro gran divertimento en que manoseen mi cuerpo por muy hermoso que sea el vestido -bromeó sacando una leve risa nerviosa a la señora Sinclair, que habría esperado otro tipo de respuesta más acorde a una dama que busca la aprobación del resto-. Aunque seguro que se lo pasarán los tres estupendamente en el sastre del señorito Sinclair -finalizó mirando a Edwin con unos ojos que decían `lo siento, pero eso no es para mi`-.

Entonces, el señorito Higgins, que a cada respuesta disuasoria de la dama, parecía más interesado todavía en aquel espécimen, ya fuera por su peculiaridad o por su insistencia a la negativa -la opción más plausible-, continuó en su esfuerzo por buscar interesar mínimamente a la muchacha, pues no llevaba del todo bien que le ignoraran.

- Dígame entonces, señorita Wakefield, ¿qué le divierte?

- Ahora mismo, su insistencia -bromeó de nuevo, esta vez riéndose ella-.




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Dom Mar 07, 2021 6:06 pm

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Edwin Sinclair
Con Christopher &
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En Mayfair Park

A Edwin lo sorprendió el devenir de la conversación. Su hermano logró mantenerse correcto en todo momento, aunque lo más extraordinario era sin duda que no se hubiese desmayado de aburrimiento, y su madre, por supuesto, se tomó las licencias que consideró oportunas para mantener vivo el diálogo entre los demás. Lo que más llamó la atención del joven Sinclair fue el desparpajo de Lizabeta a la hora de responder a quizá demasiado corteses Higgins, ignorando por completo los convencionalismos al respecto de la cortesía hacia quienes eran prácticamente unos desconocidos. A tal punto llegaron las palabras de la señorita Wakefield que Edwin tuvo que ahogar una risa tras la copa que sostenía, recreándose, sin duda, en el compungido gesto de su madre, que debía andar ya al borde de un ataque.

Continuaron, pues, hablando, dado que los Higgins no se daban por aludidos cuando bien Lizabeta o bien cualquiera de los Sinclair les ofrecían la oportunidad de charlar con cualquiera de las otras familias que se repartían por el parque. La intrasdencencia de los temas tratados debía de estar matando a Christopher, que, desde luego, no estaba hecho para la vida social que requería ser alguien de su posición, y tras un tiempo la única persona que parecía disfrutar de aquella conversación era la madre de los Sinclair.

Conforme pasó el tiempo los jardines se fueron llenando con el resto de visitantes convocados por los Flaversham. Una pareja ya entrada en años, dedicada al comercio, llamó la atención del grupo por lo elegante de su vestir.

Oh, sí, los Ainsworth — comentó Edwin poniéndose una mano en la frente para ver mejor —. Deberían ir a saludarlos — hizo su sugerencia mirando a los Higgins, y sonrió cuando notó los ojos de Cressida posarse sobre él —. Y usted también, madre. Hace ya mucho tiempo que no los vemos.

Sí, es verdad — asintió ella al tiempo que dejaba a un lado su copa. Los Higgins hicieron lo propio y parecían decididos a emprender la marcha —. ¿Venís? — inquirió, al ver que ellos no los seguían.

Enseguida — dejó también el vaso y el plato que había estado usando hasta el momento y aquello les valió como prueba de su predisposición a perderse en otra absurda conversación sobre el color de las nubes y lo verde del césped. Cuando su madre les dio la espalda, le hizo un gesto a Christopher y se inclinó sobre Lizabeta para susurrar con complicidad —. Si no queréis seguir hablando de cortes de chaqueta, será mejor que nos marchemos antes de que vuelvan. Estarán un rato entretenidos con los Ainsworth. ¿Por qué no damos un paseo?



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Vie Mar 19, 2021 8:48 pm

El picnic de los Flaversham
Christopher Sinclair
Con Edwin & Lizabeta
En Mayfair Park

Si bien Christopher no aprobaba que se perdieran las formas y no se mostrase la debida educación, la respuesta de Lizabeta ante la insistencia de Higgins le pareció digna de aplaudir. Simplemente porque el hombre no parecía entender que alguien pudiera disfrutar de su compañía tanto como lo hacía él mismo, mucho menos si se trataba de una dama.

Tras aquel momento, que pareció sorprender al caballero, fue su madre y la señorita Cressida quienes volvieron a monopolizar la conversación, con intervenciones de Edwin y Fitzwilliam. Mientras que Christopher prefería seguir en un segundo plano e intervenir solo cuando se le pedía o para defender a alguna pobre víctima de los comentarios malintencionados de su madre acerca de la familia.
La llegada de los Ainsworth fue otro punto de inflexión en la conversación, que en cierto modo iba a permitirle zafarse de aquel encuentro, dado que podría simplemente esperar allí mientras el grupo iba a realizar los pertinentes saludos.

De no ser porque Edwin tuvo otro plan.
Si era sincero, Christopher consideraba un poco descortés abandonar el encuentro sin despedirse, por mucho que le apeteciera alejarse del bullicio en un paseo. Pero sus ojos atisbaron a la familia Fairbanks tras la figura de Edwin. Hacía mucho que no les veía, pero era fácil reconocerles por la unión que habían tenido sus familias.

- Me parece una idea excelente. -Aceptó, con la intención de que ese encuentro no se produjera tan pronto.- ¿Nos acompaña, señorita Wakesfield? -Esperó a que la dama asintiera antes de decidir tomarse la libertad de indicar el camino a seguir, tras decir al criado que avisara a su madre de la decisión y evitar que se preocupase.- Quizá podríamos intercambiar opiniones de cómo se está desarrollando el picnic, ¿está a la altura de sus recuerdos o expectativas? -Preguntó a la dama. Si bien su interés era comenzar una conversación en la que posiblemente dejara a los dos intervenir sin necesidad de decir demasiado.



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Mar Mar 23, 2021 3:37 pm

El picnic de los Flaversham
Lizabeta Wakefield
Con Christopher &
Edwin Sinclair
En Mayfair Park

La joven Wakefield se sorprendió ante la astuta estratagema del menor de los Sinclair, pues aunque ésta no supiera hacia donde iban encaminados sus intereses, poco tardó en desvelar -únicamente para los más sagaces- sus intenciones. Ciertamente era un muchacho desenvuelto y su sonrisa encandilaba de la misma manera a la señorita Higgins que a otras personas.

- La verdad es que es una verdadera lástima, pues mi intención al venir a este picnic era precisamente hablar sobre cortes de chalecos -bromeó sin poder evitar reírse de una forma que algunos considerarían vulgar, pero otros encantadora-. Sin embargo, no me lo perdonaría si les dejara irse solos, pues quien sabe las maldades que harían en mi ausencia. Considero como obligación el acompañarles para que, por lo menos, dispongan de alguien que les brinde algo de mesura a sus actos -declaró como si esa figura no tuviera ya nombre y apellidos: Christopher Sinclair. Mas añadirle también algo de picardía al carácter del hombre que se conocía por ser todo razón y nada diversión, por decidir escabullirse junto con su hermano, era algo que correspondía en aquella ocasión a ojos de la joven-.

Los pasos de aquel trío comenzaron a sucederse dejando atrás su lugar en el picnic y la muchacha, que en condiciones normales habría disfrutado observando al resto de familias que más tarde o más temprano terminaría conociendo o con las que tendría el placer de reencontrarse aunque Liza ni siquiera pudiera mantenerlas en su memoria, puso sus atenciones en la conversación que el mayor de los Sinclair había abierto para ella.

- No sabría que decirle. Preferiría finalizar la tarde para poder formarme una idea más justa de semejante despliegue de concesiones. ¡Y para saber si la señorita Higgins consigue las atenciones que reclama! -volvió a bromear mirando en primera instancia a Christopher, incitándole a compartir su siguiente mirada, hacia su hermano-.



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Mar Mar 30, 2021 4:11 pm

El picnic de los Flaversham
Edwin Sinclair
Con Christopher &
Lizabeta
En Mayfair Park

El joven Sinclair no se molestó en reprimir una carcajada cuando se vio a su hermano mandar al demonio al protocolo para escapar de aquella tediosísima conversación en la que seguramente él se sentiría atrapado. Edwin dio por supuesto que Lizabeta los acompañaría, puesto que no la veía soportando por mucho más tiempo los jocosos comentarios de los hermanos Higgins, pero Christopher, tan caballeroso como de costumbre, tuvo a bien preguntarle, y aduciendo ella la imperiosa necesidad de cuidarlos en su paseo, accedió entonces a recorrer junto a ellos los inmensos jardines que los invitaban a disfrutar de una caminata bajo el sol.

Siempre es un placer contar con su compañía — replicó antes de que Christopher avisase al servicio de sus intenciones.

No tardaron mucho en hacerse al camino, dado que ninguno de los tres tenía el menor interés en que cualquiera de las familias a las que habían decidido ignorar lo más educadamente posible se diese cuenta de cuáles eran sus intenciones. Edwin estaba seguro de que Christopher no soportaría un largo paseo por los alrededores teniendo que oír aburridas disertaciones sobre tejidos, cortes o algún otro de esos temas que no le interesaban lo más mínimo.

¿Os preocupan las intenciones de la señorita Higgins? — inquirió con las cejas arqueadas. — Es cierto que puede parecer algo atrevida, pero…

El final de la frase se perdió por el camino. El rubio había pretendido defender a la joven que con tanto interés se les había acercado, pero no halló las palabras para hacerlo, y tampoco se molestó en buscarlas. Al final, se encogió de hombros, dando por zanjado el asunto, y la conversación marchó por derroteros más amables. El camino que escogieron los llevó a cruzar un riachuelo, cuyo murmullo se fundía con los cantos de los pájaros y el susurrar de la brisa entre las hojas. Edwin ofreció su mano a Lizabeta para garantizar su seguro pase al otro lado, y una vez allí, se mantuvo a su lado.

Me alegra que hayamos tenido este momento para charlar, porque lo cierto es que…

¿Edwin? — lo llamó una voz a su espalda.

El grupo detuvo su avance. El joven Sinclair miró hacia atrás y se encontró con la figura de una joven que, besada por el sol, parecía resplandecer sobre el brillante lienzo que a su alrededor pintaba la primavera.

Lilibet — musitó él con un hilo de voz.

Al reconocer la amable expresión de la mujer que lo llamaba, se escapó su nombre de sus labios. Ella asintió, y él marchó a su lado. Ambos se miraron por un instante antes de que él la estrechase entre sus brazos, dejando de lado todos aquellos convencionalismos que durante tantos años le habían inculcado. Al separarse de ella le tomó el rostro entre las manos y escudriñó sus rasgos con una sonrisa en los labios.

Dios mío, Lilibet, ¡cómo has cambiado! — la muchacha se rio.

Qué exagerado — murmuró —. Tú también has cambiado.

¿Cuándo tiempo ha pasado?



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Mar Abr 13, 2021 8:48 pm

El picnic de los Flaversham
Christopher Sinclair
Con Edwin & Lizabeta
En Mayfair Park

Confiaba en que tanto su hermano como Lizabeta hubieran interpretado su ánimo por dar aquel paseo y alejarse de la zona que ocupaban como un intento de huir de la conversación sobre telas y modistas que le aburría en lo más absoluto. Porque la verdadera razón seguramente tendría otra respuesta en ellos, o más bien en Edwin especialmente.

Caminaron con tranquilidad para alejarse hacia el arroyo que pasaba por allí, mientras la dama hacía alguna burla acerca del comportamiento de la señorita Higgins y su poco disimulado interés por su hermano. Seguramente Edwin se crecería al interpretarlo como un síntoma de celos, dado que él mismo había mostrado estar dispuesto a dedicar atenciones a la señorita Wakefield.

Se quedó con la curiosidad de saber qué era aquello que tenía que decir su hermano, dado que una voz que apenas reconocía por el paso de los años interrumpió su frase a medias. Christopher observó el modo de reaccionar de su hermano, cómo se desprendía de la mano de Lizabeta para acercarse a la otra joven para saludarla de un modo demasiado familiar para lo que dictaba el protocolo, pero que en cierto modo era capaz de entender. Apartó la mirada para darles cierta privacidad en el reencuentro que él había tratado de retrasar un poco.

Ofreció su mano a la señorita Wakefield para sustituir la que había perdido y quizá dar alguna explicación.- Elizabeth Fairbanks. -Susurró el nombre de la joven.- Nuestras familias estuvieron muy unidas en el pasado, especialmente Edwin con las dos hijas del matrimonio. -No quiso levantar la voz para no avivar ningún recuerdo triste. Decidió que dieran un par de pasos en su dirección y carraspeó un poco.- Es un placer volver a verla, señorita Fairbanks. -Saludó con la debida educación, recibiendo una dulce sonrisa por parte de la joven. Aquellos ojos se posaron sobre la dama que iba de su mano y una ceja se alzó, seguramente malinterpretando ligeramente el gesto.- La señorita Lizabeta Wakefield, una amiga de la familia también. Imagino que recordará que vivían en la zona hace años. -Ofreció a modo de recordatorio, pues los Fairbanks también se habían alejado de allí durante los últimos años, aunque no tanto tiempo como Liza.



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Vie Abr 16, 2021 8:08 pm

El picnic de los Flaversham
Lizabeta Wakefield
Con Christopher &
Edwin Sinclair
En Mayfair Park

Apelando a la parte más juiciosa de su pensamiento, Lizabeta hasta sonrió cuando cambió el brazo de un caballero por el de otro y escuchó aquella historia que narraba el segundo pero que pertenecía al  primero. Mas, aunque su compostura dictaminaba lo que se esperaba de ella, la joven entendió sin dificultad que Edwin Sinclair era alguien de quien encariñarse con facilidad dado su carácter risueño y coqueto, por lo que no podía culpar a nadie más de hacerlo, sino valorar el buen gusto. Aún con todo, demasiadas eran las mariposas que se posaban sobre él y creyó conveniente apartar cualquier idea de su cabeza que no comulgara con la sencilla y afectuosa amistad. En el caso de existir alguna de esas volubles ideas.

Agradeció también en silencio la acogida de Christopher y su intención no sólo de ponerla al día, sino de hacerla partícipe en aquel encuentro.

- Es un placer conocerla, señorita Fairbanks -declaró sin dejar ver atisbo de duda sobre si decía la verdad o no, dada su cálida sonrisa-. Que el señorito Sinclair la tenga por una persona tan cercana probablemente sea el mayor sello de calidad para que ambas entablemos una relación, pues seguro que no es de esas mujeres que se olvidan y me gustaría compartir de igual forma con usted un pedazo de ese postre tan dulce llamado amistad.

Temía haber sido demasiado halagüeña. Por un momento incluso se comparó a la tan absurda señorita Higgins en su cabeza. Pero bien cierto era que no tenía ninguna amiga en aquel lugar y que su actitud no debía ser distinta a aquella, siendo en todo momento lo que se esperaba de ella.

- ¿Le gustaría pasear con nosotros?

No hay motivo para que sea de otro modo, pensó finalmente Lizabeta, volviendo a asir el brazo del Sinclair mayor una vez se hubo presentado.



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Lun Abr 19, 2021 8:25 pm

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Edwin Sinclair
Con Christopher &
Lizabeta
En Mayfair Park

El resto del mundo desapareció en el preciso instante en el que Edwin tomó el rostro de Lilibet entre las manos. Los rayos del sol caían con sumo cuidado sobre sus rasgos, que si bien habían cambiado a lo largo de los años, seguían mostrando el dulce carácter de la muchacha que el joven Sinclair tanto recordaba.

Estás preciosa, Lilibet — le confesó, suspirando, con el corazón henchido de euforia, fundiéndose con ella en un abrazo.

Después de tantos años de correspondencia, volver a verla parecía más propio de una ensoñación que de la aburrida realidad de aquel lugar, y Edwin temía que, si la soltaba, desaparecería. Lilibet le dejó un beso en la mejilla. Después, le susurró algo que lo hizo sonrojar. Cuando se separó de ella, ambos sonreían, y el menor de los Sinclair le apartó los cabellos del rostro para besarle la frente. Lilibet miró a sus dos acompañantes y Edwin supo que era momento de regresar a la realidad.

Lo hizo sin soltar la mano de la jovencita Fairbanks en ningún momento, aún sin estar seguro de que aquel encuentro no fuese producto de su imaginación, y la acompañó con Christopher, que ya la había reconocido, y con Lizabeta.

El placer es mío, señor Sinclair — asintió ella, con aquella sinceridad que la caracterizaba —. Señorita Wakefield.

A pesar de su ausencia, la señorita Fairbanks aún recordaba a los Sinclair, dado que Edwin llevaba años carteándose con ella con independencia de lo apretado de su agenda. El joven siempre encontraba tiempo para escribirle a su Lilibet, y, con el tiempo, sus cartas podrían llegar a convertirse en su diario personal, dado que muy pocas cosas había que no le contase a la señorita Fairbanks tras tantos años de amistad.

Oh, claro — recibió la propuesta de Lizabeta con una sonrisa —. Siempre es grato poder contar con una amiga.

¿Vendrás con nosotros, Lilibet? — inquirió ante la propuesta de la señorita Wakefield.

No, no puedo, están allí mis padres — se excusó ella, frunciendo los labios —. Solo venía a saludarte. Estaremos aquí una temporadita. Mi padre tiene algunos asuntos que tratar y… bueno, ya sabes cómo es — se encogió de hombros —. Pero podemos vernos más tarde, o quizá en otro momento, si quieres.

Claro que quiero, Lilibet — replicó, echando la vista atrás, allá donde debiera estar el resto de su familia —. Déjame acompañarte — Edwin se resistía a dejarla marchar —. Volveré enseguida — terminó excusándose ante su hermano y Lizabeta.



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Lun Abr 19, 2021 9:25 pm

El picnic de los Flaversham
Christopher Sinclair
Con Edwin & Lizabeta
En Mayfair Park

Podía ver que la unión entre su hermano y la joven Fairbanks no se había roto en ningún momento. La forma en que Edwin demostraba su afecto públicamente y sin ningún tipo de decoro se ganaría alguna reprimenda de su madre si estuviera ahí para verlo.
Por suerte no era así y por su parte no veía motivo para delatar el comportamiento de su hermano, al menos en esta ocasión.

Así pues, lo pasó por alto e hizo lo que pudo por devolver a su hermano a la realidad, acercándose en compañía de Lizabeta e implicando a ambas jóvenes en la conversación. Si bien le sorprendió la forma en que la señorita Wakesfield describía la relación con Edwin como un pastel, sinceramente le pareció un comentario poco propio de ella y por un instante no estuvo seguro de si lo decía con las intenciones que esperaba o con las contrarias.
Pero no había motivo para la desconfianza por su parte, conociendo el talante de la dama que iba de su brazo.

Por supuesto, en cuanto Elizabeth rechazó su invitación, no vio motivo para insistir de más.- Le ruego que envíe saludos a sus padres de nuestra parte. Estoy seguro de que pronto mi madre querrá organizar algún tipo de reencuentro. -De eso no le cabía duda, su madre aprovechaba cualquier ocasión para organizar un evento social y en este caso quizá incluso se viera con motivos para ello.

Edwin por su parte decidió acompañarla, cosa que no le parecía mal, pues era buena idea que saludara él mismo a los Fairbanks.- ¿Le parece si regresamos? Imagino que los Higgins habrán encontrado ya algún otro blanco para sus entretenidas conversaciones. -Ofreció a Lizabeta una vez estuvieron a solas, dándole la oportunidad de no pasar a solas con él más tiempo del imprescindible, para que no se levantasen habladurías sobre ella.
Cuando volvieron su madre se mostró complacida por verles juntos y no tardó en preguntar por Edwin, para después responder a la puntual pregunta de Christopher acerca de los Higgins y otras familias presentes.



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