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Sáb Ene 02, 2021 10:03 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Llevaba ya un buen rato despierto, no sabía cuánto pero perfectamente podía ser una hora. Ya se filtraba luz por la ventana pero seguía siendo muy temprano, y el silencio de fuera daba pistas de que aún no había salido nadie de sus habitaciones. Por eso se forzó a sí mismo a quedarse un rato más en la cama. Pero cuando cerraba a los ojos, veía a Alice allí con él, la noche anterior, y si los abría veía el cielo estrellado de la Provenza sobre él. Al menos estaba bastante más relajado, pero le seguía emergiendo el enfado cuando recordaba que se estaba cociendo algo de lo que él no había sido informado, y la preocupación de saber cómo estaría Alice. Quería creerse las palabras de Dylan y pensar que solo había sido un mal momento, que estaba muy contenta y que se le pasaría cuando se levantara. Esperaba.

Se puso a ojear su nuevo libro de aritmancia, regalo de Navidad de sus padres, cuando un ruidito llamó su atención y le hizo asomar los ojos detrás del manual. Efectivamente el sonido era inequívoco: alguien había colado un trozo de pergamino por debajo de su puerta. Se le aceleró un poco el corazón en anticipación pensando que podía ser Alice... Pero era Dylan. Otra cosa no, pero su letra se la conocía a la perfección. "¿Estás despierto?". Ladeó una sonrisilla y abrió la puerta, dando así la pregunta por contestada. El niño dio un par de aplausitos y volvió a escribir. "Quiero hacer el desayuno para tus padres pero nunca he cocinado nada". Arqueó una ceja y se aguantó la risa, mirando a los lados del pasillo. - Pues ya somos dos. - El niño esbozó una mueca con la boca, al parecer no contaba con que Marcus no supiera cocinar. "Puedo intentar hacer algo, pero necesito que me digas donde están las cosas, y que hagas magia si algo sale mal. Y que me des permiso para entrar en tu cocina". Otro con los permisos. Rio bajito para no despertar a los demás y le dijo. - Me cambio y bajo contigo. -

Allí estaban los dos, en la cocina sin saber ni por dónde empezar, mirando por todas partes como si acabaran de aterrizar allí por primera vez y, para complicarlo todo más, intentando no hacer ruido. - Mira, vamos a hacer una cosa. - Susurró Marcus, rebuscando en uno de los cajones cercanos. - Por aquí tiene que haber algún... ¡Bingo! - Efectivamente, justo lo que andaba buscando: un listado de hechizos culinarios. Su madre no sería su madre si no tuviera algo de eso por ahí. - Mira, tortitas. Podemos intentarlo. - A pesar de que se le veía bastante ilusionado, Dylan escribió. "Pero yo no puedo hacer magia. Lo vas a hacer tú, no yo". Marcus le quitó importancia. - Yo hago lo mecánico, pero la idea ha sido tuya, y la intención. Y puedes adornar tú las tortitas, ahí hay frutas, sirope y nata. Eso sí sabes. - El chico asintió conforme y se pusieron manos a la obra.

- Vale, vamos a dejarlas aquí para que no se enfríen y luego las adornas. - Lanzó un par de hechizos para limpiar el estropicio que habían montado, porque no sabía cómo lo habían hecho pero habían manchado hasta los azulejos. - Y cuando empiecen a bajar las AH. Mamá, por Dios. - Se había girado y se había encontrado a su madre en la puerta como una estatua. Menudo susto, ya tenía el corazón en la garganta. Dylan también pegó un respingo, pero más por su reacción que por ver a su madre. - Si no estuvierais haciendo algo a hurtadillas, no os habríais llevado ese susto. - Contestó, muy en su línea. Pero al menos estaba sonriendo. - Es lo que tienen las sorpresas, que no se pueden contar. - Dijo, aún recuperando el resuello por el susto. Señaló al niño con un gesto de la cabeza. - Ha sido idea de Dylan. - El chico se irguió orgulloso y su madre se agachó un poco ante él y le acarició las mejillas. - Eres un encanto, Dylan. La verdad es que nos va a venir muy bien hoy. - Emma recuperó su postura y les miró a los dos. - ¿Por qué no despertáis a los demás? Así no se enfrían. - Dylan asintió pero escribió. "Aún tengo que adornarlas". - No te preocupes, cielo. Yo voy poniendo la mesa. Tú ve a avisar a tu hermana, que seguro que le hace ilusión. - Él también lo había pensado. De hecho, era lo único en lo que pensaba durante todo el tiempo que estuvieron haciendo las tortitas, si al menos animarían a Alice con eso. Pero no le parecía buena idea meterse en su cuarto en vistas de como estaba la noche anterior. Tenía un as en la manga para eso, de todas formas.

- Yo despierto a mi padre y tú a Lex. - El niño le miró con el ceño fruncido. Chistó y rodó los ojos. - Vaaaaaale. Tú a mi padre y yo a Lex. No sé de que te quejas, se lleva mejor contigo que conmigo. - Subieron las escaleras y se detuvieron ante el destino al que él quería llegar. - Pero primero tu hermana. - Se agachó ante la puerta, llevándose un dedo a los labios para que Dylan no hiciera ruido y le enseñó el arándano que llevaba en la mano. Le pidió el bolígrafo a Dylan y, con un toque de la varita, el arándano se transformó en un trocito de pergamino de un delator color morado. "Hay tortitas Gallia-O'Donnell para desayunar", escribió, y rápidamente lo echó por debajo de la puerta. - Desde que lo coja, tiene el tiempo justo de leerlo para que se vuelva a transformar. - Le explicó al niño en un susurro. - Espero que esté despiert... - Pero, antes de que terminara la frase, Alice abrió la puerta y ahí estaban los dos, acuclillados frente a ella y mirándola desde abajo con cara de culpables. Saludó con la mano y una sonrisilla infantil, esperando que al menos le hubiera hecho gracia aquello.
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Sáb Ene 02, 2021 10:58 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Llevaba horas despierta, pero había dormido con un sueño tan profundo y pesado que no estaba cansada. No, cansada no. La luz del día hacía que las cosas se vieran distintas. No es que estuviera bien, no como hacía dos días, que le parecía que podía comerse el mundo. Pero no estaba como ayer. Por fin se levantó y se miró en el espejo. Apartó la mirada un par de veces, pero a la tercera se obligó a mantenerla. Se miró a sus propios ojos y se dijo a sí misma. - Eres Alice Gallia. Eres libre como el viento y nadie puede atrapar al viento. No pueden encerrarlo, ni cambiarlo. El viento entra donde quiere, y si intentas encerrarlo... Se desvanece. - Recordó cómo Percival la había acorralado en la cocina. No. Nadie volvería a encerrarla así. Ni metafóricamente tampoco. Ella seguiría su camino, y aquel tipo despreciable no le haría cargarse todo lo que tenía con Marcus. No lo conseguiría en un día, claro, pero lo iba a conseguir. Suspiró y fue a vestirse.

Iba a ponerse a peinarse cuando se acordó de que había echado un Silentium la noche anterior. Y justo cuando estaba cancelando el encantamiento, oyó susurros tras su puerta. La abrió de golpe y allí estaban, con cara de culpable, dos de los hombres de su vida, recordándole mucho al tercero. Su hermano porque cada día se parecía más a él y Marcus por este brillo de adoración que tenía al mirarla. Oh, Dios, aquel brillo podría curar hasta la más profunda de las heridas. - ¡Pero bueno! ¿Esto que es? Alice Gallia pillando al prefecto infraganti haciendo algo...- Dylan se miró a sí mismo indignado. - Tú eres un desastre Gallia, es normal que te pillen en cualquier circunstancia. - Dijo con tono de broma y cruzándose de brazos. Se dio cuenta de que estaba ronca de tanto llorar la noche anterior, así que carraspeó un poco, mientras les daba sendas manos a ambos, para levantarlos y ponía la mano para que le dieran la notita, que era morada, lo cual le hizo sonreír. - ¿Tortitas Gallia-O'Donnell? ¿Pero qué Gallia y qué O'Donnell?- Preguntó muy exagerada, como si no fuera evidente. Dylan se señaló a sí mismo y a Marcus. - ¡Uy! Pero si yo a ese Gallia y a ese O'Donnell solo los he visto en una cocina para comer lo que otros han cocinado... Esto no me lo pierdo. - Su hermano puso una sonrisa que habría iluminado la casa entera y se fue alegremente por el pasillo, deducía que a despertar a alguien.

Eso la dejaba sola con Marcus. Justo entonces, la notita se transformó en un arándano. Eso la hizo sonreír ampliamente y de verdad y se sintió infinitamente mejor. Se comió el arándano y levantó la vista con una sonrisa. Ahora sí podía hacerlo, se sentáis completa otra vez. Pasó los brazos por el cuello de Marcus para abrazarlo y le estrechó. De nuevo notó como si ese sitio, en su cintura y sus costillas, le quemara, como si estuviera más bien cosido a su piel, pero ya no era... Dañino. Es más, era como si los brazos de Marcus rodeándola fueran calmantes. De nuevo sintió la amenaza del llanto en sus ojos, pero no le costó retenerlo. Tenía a Marcus allí, era suficiente. Se separó pero dejó una de las manos en su pecho y le acarició la mejilla con la otra. - Te dije que hoy estaría mejor. Pero perdóname igualmente ¿Vale? - Dijo pasándole el dorso de la mano por aquella cara tan bonita y que tanto adoraba. - Después de desayunar hablamos. Tú y yo. Solos. Y trataré de explicarme mejor que ayer. - No podía decirle que le contaría todo, pero sí podía abordarle con más tranquilidad que ayer. Puso media sonrisa de lado. No estaba muy segura de eso que iba a decir, pero creía que lo necesitaban. Los dos. - Y... Si aún lo quieres... Nos debemos un beso. A mí tampoco se me ha olvidado. - Y según lo dijo, sintió que se le quitaba un yunque del corazón, lo cual le hizo ampliar la sonrisa.

Tan oportuno como siempre, apareció Dylan tirando de un somnoliento señor O'Donnell, que se frotaba los ojos. - Buenos días, hijo. Hubiera preferido seguir durmiendo, pero me han dicho que has cocinado y eso no me lo puedo perder. Buenos días, Alice ¿Cómo estás? - Carraspeó de nuevo con una sonrisa y se tocó la garganta. - Creo que un poco afónica, pero definitivamente mejor. - Luego desvió la mirada a Marcus. - Mucho mejor. Creo que voy a bajar a probar ese manjar de los dioses que son las tortitas Gallia-O'Donnell. - Dijo pasando por su lado bajando las escaleras. Cuando llegó y vio a Emma, se le aceleró el pulso un poco otra vez, pero se acercó a ella y le dijo. - ¿Tiene romero, señora O'Donnell? - Ella se giró y la miró ojiplática, y se dio cuenta, que viendo la escena del día anterior en el jardín, podía llevarse a malinterpretación. - Es para hacérmelo con miel y tomarlo para la garganta... Estoy un poco afónica. - Emma tomó aire y asintió. - Claro, claro... Toma. - Y le pasó un tarro. Cuando terminó la poción, se sentó y Dylan señaló su plato y escribió "Este es para ti. Las tortitas son más pequeñas porque no te gusta comer y tienen un montonazo de arándanos. Miró a su hermano, y le acarició. Sentía que no se los merecía a ninguno, pero notaba como al vida y la alegría iban volviendo a ella y eso era suficiente.
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Dom Ene 03, 2021 12:17 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Solo la reacción de la chica ya le hizo respirar con alivio. Esa sí, esa era su Alice, no la de anoche, y no podía alegrarse más de verla. - No me has pillado, Señorita Gallia. Me he dejado deliberadamente descubrir. - Dijo muy chulito mientras dejaba que le ayudara a levantarse. Puso las manos en los hombros de Dylan con una pose orgullosa. - Pues resulta que somos unos maestros de las tortitas, como de todo lo que hacemos. - Lo cierto es que no las habían ni probado, a lo mejor ni se podían comer. Esperaba que no fuera así, y si lo era, ya se buscaría una excusa.

Dylan se metió en la habitación de su padre y Alice aprovechó para abrazarse a él, con esa sonrisa que adoraba. Solo su contacto ya le recargó la energía por completo, como si no hubiera pasado nada el día anterior... Más o menos. Pero al menos estaba con ella y volvía a sentir que había recobrado algo de la felicidad que tenía en Nochebuena. - No tengo nada que perdonarte, Alice. - Si él solo quería verla bien, tampoco pedía tanto. Creía. - Hecho... Y hecho. - Lo de la conversación y lo del beso. Qué alegría escuchar eso, se le notaba en la sonrisa que tenía en la cara.

Dylan había bajado las escaleras a toda velocidad para poder preparar la decoración de las tortitas, mientras Marcus y Alice bajaban detrás, su padre tras ellos y Lex muy muy tras ellos. Miró con complicidad a la chica, escondiendo una risilla de verse a ellos tan despiertos y a los otros tan somnolientos. - Venga, no seáis quejicas, que os hemos hecho las mejores tortitas que vais a probar en vuestra vida. - Muy altas estaba poniendo las expectativas. Lo cierto es que estaban bastante bien para ser las primeras... Pero las mejores del mundo tampoco eran. Eso sí, él se pasó todo el desayuno dándole bombo y platillo a lo maravilloso que había quedado su plato, con Dylan secundándole orgulloso. Hicieron reír hasta a su madre, que ya era decir. A Lex no, eso sería un milagro. Pero algo era algo.

Se levantó para recoger pero su padre le puso una mano en el hombro y anunció. - Yo creo que los cocineros se merecen librarse de recoger, ¿no? - Marcus se irguió y fue a soltar un comentario de los suyos... Cuando le vio la cara a su padre. Oh, eso sonaba a trampa. - Bueno, realmente no me importa... - Ya no te escaqueas más. - Le susurró su padre, dándole un par de palmaditas en el hombro. - Vamos. - Y le condujo hasta su cuarto. Pues algo le decía que la conversación con Alice iba a tener que esperar un poco más.

Entró un poco tenso en su cuarto, notando como su padre cerraba la puerta tras él. Se rascó un poco los rizos de la nuca y vio como Arnold se sentaba en su silla de escritorio, así que él se sentó en el borde de la cama. - A ver... - Suspiró su padre, juntando las manos, claramente pensando como empezar y echando un poco de aire por la boca. - Mejor vamos al grano. - Marcus había puesto su mejor cara de perro apaleado a ver si así ablandaba a su padre, pero algo le decía que no iba a colar. - Alice y tú dormisteis juntos en Nochebuena. Bueno... "Dormisteis". -Tragó saliva. De verdad que no le apetecía nada esa conversación. - No te quiero hacer un interrogatorio, Marcus, pero comprenderás que tengo algunas preguntas. - El hombre se aclaró un poco la garganta. - ¿Estáis juntos? - Marcus negó con la cabeza. - Os lo habría contado. - Ya, lo imaginaba... Pero es innegable que algo tenéis. - No sabía cómo responder a eso, y su padre debió notárselo, porque siguió. - Esto... ¿Es la primera vez que pasa? - Marcus se le quedó mirando con cautela, mordiéndose sutilmente el labio. Al cabo de unos segundos, negó con la cabeza otra vez. Aquello iba a ser una conversación bastante larga...

- ¿Desde cuándo? - Se mordió un poco más el labio. Ya no le valía con gestos, tenía que hablar. - Pues... Emm... ¿A qué te refieres? - Su padre arqueó una ceja. - Miedo me da si me pides que especifique. - A ver, quiero decir... - Volvió a rascarse la nuca. No lo quería decir en voz alta, pero es que... - Marcus, no te estoy preguntando por tu primer beso con Alice. Ya tuve suficiente con la conversación de La Provenza, me puedo hacer una idea. - A él tampoco se le había olvidado esa conversación. Pero ya con esa respuesta le quedaba más claro lo que su padre le preguntaba. - Desde... Mi cumpleaños. De este último año. - Arnold arqueó una ceja sorprendida. - ¿El día que volvisteis? Pero si viniste directamente a casa. - Bueno, eemm, la noche anterior... Quiero decir. - Ahá. - Su padre echó aire por la boca, asintiendo pesadamente, frotándose lentamente las manos mientras miraba a ninguna parte. - Y pasasteis sin veros todo el verano. - No era una pregunta sino una afirmación, pero aún así Marcus asintió lentamente. - Eso explica muchas cosas... - Al menos ya sabía el motivo de su mal humor.

- ¿En qué quedasteis a la vuelta? - Marcus bajó la mirada de nuevo y notó como se ruborizaba un poco. - No... No hablamos... Mucho... Del tema. - Su padre se reclinó en el asiento y se cruzó de brazos. - Marcus, agradecería que no me hicieras sacarte las palabras una a una. - El chico resopló. - ¿Qué quieres que te cuente, papá? - Lo de Nochebuena no parecía lo de dos amigos sin más que se acostaron un día, se pasaron tres meses sin verse y dejaron el tema estar. ¿Qué habéis hecho estos meses? - No sabía a qué se refería con la pregunta, pero su cara debió delatarle, porque su padre suspiró y rodó los ojos. - Esta no ha sido la segunda vez, ¿verdad? - Marcus volvió a tragar saliva y a negar con la cabeza. - Madre mía... - Pero ya no ha habido más. Solo tres. De verdad. - A ver si se iba a pensar que estaban todo el día... En fin, que no. Pero aun así a su padre parecía considerar que eran muchas, a juzgar por su cara de resignación.

- Mira, Marcus... No voy a juzgar lo que haces o dejas de hacer, pero te conozco muy bien. Y tú no quieres... Este tipo de relación con Alice. - Le miró con prudencia. - ¿A... qué te refieres? - A que te conozco lo suficiente como para saber que no percibes a Alice como una simple amiga o como un lío pasajero, que no harías algo tan íntimo con alguien por quien no sintieras algo muy fuerte y que eres ordenado hasta el exceso, ya me extraña que lo hagas sin ser tu pareja oficial, cuanto más que lo hagas reiteradamente. Y que hablas las cosas hasta el cansancio, ¿por qué no has hablado con ella de esto, de lo que tenéis? - Se encogió de hombros. - No sé, papá, ¿qué más da? Así estamos bien. - Marcus. - No. A su padre no le engañaba. Bajó la vista de nuevo, con un toque taciturno, y confesó. - Porque no creo que pueda aspirar con ella a más. -            
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Dom Ene 03, 2021 12:47 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
El desayuno la devolvió un poco a la vida. Bromearon sobre las tortitas sin parar, le robó los arándanos a Dylan y se rio como necesitaba reírse. Pero, como todo lo bueno, se acaba, y ella iba muy derecha con su excusa favorita. - Marcus, tenemos que mirar lo de Aritmancia que no me salía... - Y cuando Arnold apareció en escena, mucho se temió que cogiera y dijera "ah sí, yo os ayudo" Porque, vaya tela, Gal, no se te había ocurrido otra asignatura. Pero no. Directamente se llevó a Marcus. Peor se lo ponía. Y ahí se quedó, compuestísima, hasta que Dylan se puso a su lado con la libreta "Yo también tengo deberes ¿Los hacemos juntos?" Ella asintió y lo condujo hacia el salón.

Se había acomodado tumbada boca abajo sobre el libro y el cuaderno de Aritmancia, junto al fuego, y aunque estaba a gusto, no estaba para nada concentrada. Su cabeza saltaba de Marcus y Arnold a Marcus y ella y a ella y Percival. Suspiró. Y justo entonces, oyó los pasos de Emma, que esa mañana no llevaba tacones pero que era inconfundible. "Que no venga para acá" pensó. No, pues sí que iba para allá. -Dylan ¿Nos dejas un momentito? Así le explico tranquilamente lo de Aritmancia a tu hermana. – Su hermano iba a protestar, pero vio la cara a Emma y luego la miró a ella, que asintió brevemente. Gal, por su parte se incorporó y se sentó con las piernas cruzadas, la espalda apoyada en el bajo del sofá, y los brazos cruzados sobre sí. Emma avanzó lentamente hacia ella y se sentó en el sofá, quedando así por encima pero más cercana que mirándola de pie. Suavemente bajó su mano hasta una de las muñecas de Gal y la levantó, abriéndole el nudo. – Tranquila. Solo quiero que no estés a la defensiva. Tranquila ¿Vale? – Se removió y dejó los brazos caer a ambos lados. – No estoy a la defensiva. No me pasa nada con usted. – Ella soltó aire y se apoyó en el brazo del sofá dándole espacio. – Ya. Pero no vayas a decirme que estás bien. Sé que no lo estás. – Gal se mantuvo callada, moviendo los dedos de la mano dentro del puño, esperando a ver qué quería. – Fue Lex quien me lo contó ayer. Estaba muy preocupado por ti, no le culpes. Y muy enfadado con Percival. Y por cierto, te agradezco que no le dejaras darle un puñetazo. A veces mi hijo es un poco impetuoso. – Se mordió el labio y agachó la mirada. Mierda. Otra vez. Todos implicados. Al menos le había dado las gracias, tan malo no sería lo que le había dicho Percival. - ¿Me lo quieres contar tú?

Querer, querer, no quería. Pero sentía que tenía que hacerlo. Porque con Lex no es que se hubiera desahogado mucho. Frunció los labios y se abrazó las rodillas. – Yo no hice nada. Ni si quiera había hablado con él. Fui a lavarme las manos cuando Miranda tiró la pintura azul. Y de repente estaba allí. – Tragó más saliva y se frotó los ojos. – No sé, me dijo… Me hizo sentir… Me dijo que o me plegaba o yo nunca encajaría allí. Y aún estaba pensando en cómo contestarle y me dijo que si yo era… - No quería decirlo delante de Emma, pero ya lo estaba contando ¿no? – Que si yo era la muñeca de Marcus… - Dos lágrimas acudieron a sus ojos y se las limpió rápidamente. – Y yo le dije que no, que me dejara en paz, que no nos conocía a ninguno de los dos, pero no paraba de reírse y entonces, se me puso aquí… - Notó que el suspiro de Emma era más profundo y, aunque no cambió la expresión, detectó el mismo temblor en la ceja y en el ceño que tenía Marcus cuando se estaba conteniendo de algo. No tenía que haber sido tan gráfica. Y entonces los ojos de Emma la enfocaron. - ¿Qué más te hizo? Tienes que contármelo todo. – Gal miró a ambos lados y se pasó la lengua por dentro de la boca y tomó aire. – No me hizo… O sea, no llegó a… - Vale, no podía verbalizar nada, era completamente incapaz. – Me agarró de aquí de la cintura y estaba… Subiendo las manos, pero justo llegó Lex y yo… - Miró al techo tratando de frenar las lágrimas. – Es como una quemadura. Así lo he pensado esta mañana. Es como si pudiera decirle exactamente dónde puso las manos porque me ha quemado ahí. Nunca me había pasado algo así, y yo no sabía qué hacer que no supusiera un escándalo.

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Dom Ene 03, 2021 1:03 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Arnold resopló hacia arriba y Marcus, por contra, miró más hacia abajo. Hubo unos instantes de silencio tras los cuales, su padre alargó el brazo y cogió de la repisa el pequeño cubito de colores, con formas geométricas en cada cara, y lo miró entre sus manos por unos momentos. Uno de tus primeros regalos cuando naciste. Alzó la mirada con esa sonrisa de lado tan suya, alzando el cubito entre sus dedos. ¿Sabes quién te lo regaló? Marcus asintió, con los labios fruncidos.  William Gallia. Arnold asintió y se lo dio. Marcus lo tomó con cierta reticencia, porque sabía lo que iba a pasar cuando lo hiciera.

Efectivamente, escasos segundos después de tenerlo entre las manos, el cubito se transformó en un alegre y diminuto pajarito que se apoyó en su dedo y empezó a cantar. Jugabas mucho con él. Su padre le miró con ternura, ladeando la cabeza. El pajarito te hacía reír, y con el cubo te entretenías mirando las formas y los colores. Didáctico y divertido. Así era William. Debió suponer que era el regalo idóneo para un bebé. Ambos rieron con suavidad. Marcus bajó de nuevo la mirada al pajarito, que seguía piando como si nada y moviendo las alas, y su padre continuó. Llegó un punto en que ya eras demasiado mayor y te habías aprendido el cubo de memoria, así que lo de las formitas y los colores se te quedaba corto: tu interés era el pajarito. Y de eso sí se acordaba más. Era demasiado pequeño para recordar cuando y cómo se aprendió los colores, pero sí recordaba haber pasado mucho tiempo con el pajarito. Empezaste a tratarle como un pajarito de verdad y no como un simple encantamiento, hasta llegaste a construirle un nido… Pero… Cada vez que lo soltaba, volvía a convertirse en cubo. Arnold asintió. Exacto. El encantamiento está hecho para que solo se convierta en pájaro si lo tocas tú. Y, si él no estaba, no era más que un simple cubo que ya no tenía nada que aportar a nadie. Así lo vivió él, y sabía que su padre conocía su pensamiento.

Te obcecaste en hacerle un nido porque pensabas que, si el pájaro estaba cómodo, se quedaría siempre siendo un pájaro. Pasaste horas trabajando en eso, lo hacías y lo deshacías, y cada vez que lo dejabas en el nido y lo soltabas, volvía a convertirse en cubo. Y te frustrabas, y llorabas. Se acordaba muy bien. Lo había olvidado, o lo había querido olvidar, pero… Se acordaba. A tu madre le preocupaba que te estuvieras obsesionando con el pájaro. Y a mí… Me preocupaba el pájaro. Marcus alzó la mirada extrañado. Llegó un punto en que te enfadaste tanto que tiraste el nido por los aires, dejaste al pájaro en la repisa… Y ya no lo volviste a tocar. Hasta hoy. Volvió a bajar la mirada con culpabilidad hacia el pajarito que, enganchado en su dedo, seguía cantando como si no hiciera diez años que no lo tocaba.

¿Por qué te preocupaba más el pájaro que yo? Arnold ahogó una muda carcajada con los labios cerrados. Porque no lo entendías. Marcus tragó saliva y negó con la cabeza. No hay nada que entender. Solo es un encantamiento. Un encantamiento hecho expresamente para ti. Un encantamiento que solo sale si tú estás presente. Se mojó los labios, sin levantar la mirada. No era cuestión de hacerle un nido perfecto, Marcus. El pájaro solo quería… Estar contigo. El nido le daba igual. Volvió a alzar la mirada hacia su padre. Este seguía devolviéndosela con expresión tierna y ese toque de enseñanza que tenía siempre. Crear el entorno ideal no es garantía de éxito, Marcus, no siempre lo es. A veces lo único que tienes que hacer es entender que, lo que está hecho para ti, no siempre será como tú quieres. Que a veces será un pájaro… Y otras será un cubo. Se encogió de hombros. Y no puedes obsesionarte solo con una de las facetas, porque el cubo también te hizo feliz en su día y también era útil. Tragó saliva y preguntó con cierta inquietud aunque tono monocorde. ¿Por qué me cuentas esto? Arnold tomó aire y respondió. Porque no quiero que te obsesiones con el nido… Y descuides al pájaro.            
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Dom Ene 03, 2021 1:20 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Y entonces, sin esperárselo para nada, notó la mano de Emma en su hombro, aunque seguía mirando a su regazo. – Hay hombres que se creen con derecho a lo que quieran. Sin más. Es injusto, es horrible. Y sobretodo, no es tu culpa. No es tu culpa, Alice ¿Me oyes? – Ella sintió como las lágrimas acudían ya sin control a sus ojos. – Mírame a los ojos y dime “no es mi culpa”. – Levantó la cabeza y la miró, tratando de contener la temblona de su barbilla. – No es mi culpa. No es mi culpa, señora O’Donnell.Bien. Quiero que te creas eso que acabas de decirme. Que lo lleves en el corazón. Y que no te tortures más de lo necesario por esto. – Suspiró y alargó aún más la mano para tomar la suya. – Vamos a arreglar esto y lo vamos a arreglar como tú quieras. ¿Quieres que hablemos con mi hermano? Probablemente mi cuñada Linda salte a la defensiva, pero puedo hablar a solas con él, sabe de sobra el hijo que ha tenido. – Gal tomó aire rápidamente. – Si lo hago ¿Cambiará algo? – Emma suspiró y se encogió lenta e imperceptiblemente de hombros. - ¿La palabra de una sola adolescente contra la de un abogado del Ministerio de familia influyente? No. Me temo que no. – Era fría, mucho, pero también era sincera, y la verdad, en esos momentos, Gal no necesitaba otra cosa. – Pero podemos intentarlo, si es lo que quieres. – Ella negó. – Si se enteran los Van Der Luyden… - No pienses en eso, Alice. No va a pasar. – La interrumpió rápidamente. Claramente, aunque no quisiera hablar de ello, ya lo había barajado. - ¿Quieres que se lo contemos a Marcus? – Negó con la cabeza y alzó el rostro, surcado de lágrimas. – Si se lo cuento… Se va a poner como un loco contra su primo. Y yo no quiero eso. Y si luego no quiere… - Volver a tocarme si quiera, pero eso no se lo iba a decir a Emma, claro. – Eso tampoco va a pasar. – Dijo Emma retirando la mano de su hombro, pero imperturbable. – Hazme caso a mí. Soy su madre. – Cruzó las manos y la miró de reojo, con una levísima sonrisa. – Nadie conoce como yo a mi ajenjo. – Eso la hizo sonreír un poco. Sí, tenía que haberse imaginado que lo del ajenjo iba por ahí.

Ahora, si no quieres que lo contemos, tienes que dejarlo atrás. No puedes dejar que te persiga o que te coarte. Es que no es tan fácil. – dijo un poco enfadada, más consigo misma que con Emma. - Ya le he dicho que es como una quemadura, y se lo digo en serio. Cuando Marcus me agarró de la mano... - Casi dice "dijo de besarme" pero se contuvo- Salté como una loca. Y cuando Dylan me abrazó, igual. No podía quitármelo de la cabeza, como si oyera aún esa frase, el miedo que me atacó el cuerpo y el segundo en el que pensé “todo el mundo va a pensar que me lo he buscado”. Y ahora cierro los ojos y es como si lo tuviera aquí delante, mirándome, jugando conmigo porque lo único que quería era meterme miedo… Manejarme, demostrar que estaba por encima…- Notó cómo la expresión de Emma se contraía y tragó saliva. - Eso no puede ser. No, Alice, escúchame, esto no puede coartarte así, impedirte... - Ya, estaba pensando lo mismo que ella, y no quería verbalizarlo. "Pues mejor para las dos, señora O'Donnell" Pensó de corazón. Se quedó callada demasiado rato, y se vio obligada a decir algo. – Perdón. No quería decir eso de su sobrino… - No, no, no es eso… Es que si solo nos hubiéramos dado cuenta de que salió detrás de ti y hubiéramos podido evitar esto… - Rio sarcásticamente, mirando a la nada. – O si mi hermano y mi cuñada se hubieran preocupado de criar a un ser humano con principios y no a un niñato colmado de ego a quien le ponen todo por delante y cree que tiene derecho a cualquier cosa… - Tomó aire y la miró de nuevo. – Puedo… Hacerte olvidarlo. Si quieres. Si crees que así vas a estar mejor. Podemos llamar a Andrómeda si te fías más de ella. – Gal apretó los labios. Era una opción, claro. Quizá si simplemente lo olvidaba podía seguir adelante y… Pero Emma lo seguiría sabiendo. Lex lo seguiría habiendo visto. Marcus no olvidaría, hiciera lo que hiciese, que se había apartado de él… No, olvidarlo no tenía ningún sentido. – No. No, de ninguna manera. Los hechizos no sirven para evitar enfrentarnos a los problemas. – Tomó aire y se apartó el pelo de la cara. – Tiene razón. Dejar que esto se agarre a mí es como darle la victoria. – Emma se movió un poco en el sofá y le tomó de los hombros, haciendo que la mirara, viendo un brillo de ¿Fiereza? ¿Fuerza? ¿Podía incluso ser orgullo? – Exactamente. Ve al baño, lávate la cara, y cuando te mires al espejo, eres Alice Gallia, una alumna excelente de Ravenclaw, una hija y hermana estupenda y… - Vio como tragaba saliva y dijo – ¿Qué me dijiste ayer? Que una madre es la mejor para sus hijos, la que necesitan al menos, independientemente de lo que piensen las demás. Pues tu eres la mejor compañera para mi hijo, porque eres la que él ha elegido. Que eso sea todo lo que veas ¿De acuerdo?

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Dom Ene 03, 2021 10:58 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
¿Y qué se respondía a eso? Ojalá tuviera algún argumento para llevarle a su padre la contraria, de verdad que lo quería sacar. Algo como que él no tenía a Alice descuidada... Porque, sí, había captado la metáfora a la perfección. ¡Maldito William! ¿Es que no había más animales? ¿Tenía que usar lo de los pajaritos para todo? Estaba escrito...

Era obvio que llevaba desde que sabía que Alice iba a pasar la Navidad con ellos intentando que todo fuera perfecto, y que cuando el día anterior la vio así la impotencia le hizo perder los nervios, porque sentía que no podía controlar nada de lo que pasaba, porque sentía que Alice no debería encontrarse mal si todo a su alrededor era perfecto. Y no, no llevaba así desde hacía un mes, lo tenía que reconocer: llevaba así prácticamente desde que la conoció, pero sobre todo desde la muerte de Janet. Y no servía para nada...

Sé lo que sientes, Marcus. Se mordió el labio, solo mirando a su padre de reojo, mientras enlazaba los dedos de sus manos. Y créeme, dudo que Alice te lo ponga más complicado de lo que me lo puso tu madre a mí. Marcus rió un poco y negó con la cabeza. No es una cuestión de que sea complicado, es… Es que no queremos lo mismo, papá. ¿Qué es eso, según tú? Pues… Echó un poco de aire, algo nervioso. Que yo quiero una familia como esta, como la que habéis formado mamá y tú. Y Alice no quiere eso. Hijo, dos cosas. Puso una mano en su hombro. Una: ¿sabes quién es la última persona en el mundo a la que esperaba ver casado y con dos niños? A William. Tú no lo conociste, era la antítesis de una vida estable. Y mírale. Vale que ha tenido muy mala suerte y la vida ha sido injusta con él… Pero le conozco lo suficiente como para saber que no se arrepiente lo más mínimo de lo que hizo y volvería a hacerlo con los ojos cerrados. Su padre hizo una pausa y continuó. Y dos. Agachó un poco la cabeza para mirarle con los ojos vueltos hacia arriba. Sé un niño de diecisiete años normal y corriente por una vez, Marcus. No pienses en esposa e hijos desde ya. No es desde ya, papá, no lo quiero ya. Pero si nuestros objetivos a largo plazo son incompatibles, ¿qué hacemos? Vivir. Eso no se lo esperaba. Es la mayor enseñanza que he aprendido de William en todos los años que hace que lo conozco: que a largo plazo no merece la pena planificar nada, que nunca sabes lo que va a pasar. Que lo que tienes es que vivir y punto, y ya dirá el futuro qué pasa después. Marcus bajó la mirada y se quedó un rato en silencio.

¿Qué piensas? Tragó saliva. Que me gustaría tener las cosas más claras. Su padre se echó a reír. Marcus le miró con ofensa. ¡No te rías de mi desgracia! ¿Desgracia? Creo que no has estado siendo precisamente desgraciado estas Navidades. No me hagas sacarte los colores, Marcus O’Donnell. Bajó la mirada de golpe, y sí, le había sacado pero bien los colores. Se pasó unos instantes en silencio y después, con mucha vergüenza, empezó a intentar explicarse. Es… Que… No… Se mojó los labios y tragó saliva. No puedo… Evitarlo. Finalizó Arnold, y Marcus simplemente asintió con la cabeza. El encanto Gallia. Solo tienes que ver los años que hace que nos conocemos y sigo sin poder evitar despegarme de William. Y, hasta donde yo sé, no estoy enamorado de él. Marcus le miró con los ojos entornados. No estaba para bromitas… Pero entendía el punto, por lo que no pudo evitar reír un poco. Y mira Violet. Es la única persona de fuera de la familia capaz de hacer que tu tía Erin se relacione como un ser humano. Volvieron a reír los dos. Arqueó un poco las cejas. Pues al parecer, a mamá no le caen tan bien. Arnold chistó y negó un poco con la cabeza. Tu madre es muy metódica y formal y los Gallia son caos, solo la ponen un poco nerviosa. Pero no le caen mal. Marcus le miró con una ceja arqueada. Bueno, tampoco bien, pero no mal. Marcus siguió mirándole con una ceja arqueada. Hijo… Violet dijo que la miraba como si fuera una… Se detuvo porque no le gustaba usar malas palabras y la tía de Alice podía ser demasiado gráfica. Bueno, quiero mucho a Violet pero lo que dice hay que ponerlo en cuarentena la mayoría de las veces. Contestó su padre, sin perder demasiado la compostura. Estaba claro que no quería mojarse en defender a ninguna de las dos en eso.

Volvió a mojarse los labios en silencio, pensativo, y preguntó con un toque de miedo. ¿Crees que… A mamá… No le cae bien Alice? Arnold le miró enternecido, se acercó a él y le acarició un poco el pelo, bajando la voz. Tu madre adora a Alice. Miró a otro lado y negó con la cabeza. Pues no lo parece. No todo es lo que parece siempre. Solo se preocupa por ti. Se mojó los labios y miró a su padre con expresión impaciente. ¿Sabes que si tú insinúas que me acerque y mamá insinúa que me aleje lo único que conseguís es liarme más? Su padre amplió una sonrisa que no cuadraba nada con la impaciencia de Marcus y, señalándole con ambas manos, le dijo. ¿Sabes entonces qué tienes que hacer? Marcus rodó los ojos y suspiró. ¿Decidirlo por mí mismo? Su padre estiró el brazo de nuevo y le revolvió el pelo. Ese es mi chico listo.            
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Dom Ene 03, 2021 1:38 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Las dos lágrimas que le cayeron ya no fueron de tristeza, fueron de emoción. Porque por primera vez, no veía a Emma O'Donnell como la madre de Marcus, que la miraba mal cada vez que tenía una salida demasiado Gallia, que era demasiado elegante para ella, que nunca la aceptaría como novia o lo que fuera de su hijo. Vio a otra mujer, que entendía lo que estaba pasando, que quería ayudarla, que debajo de toda esa fachada de frío acero, realmente tenía voluntad de ayudarla. Se sintió tan confiada, que se vio capaz de preguntar algo que llevaba dentro, aunque no lo estuviera manifestando deliberadamente, aquellas vacaciones. - ¿Cree que Percival se lo contaría a los Van Der Luyden? O a quien sea que hacen que nos vigile. - Emma suspiró. Vio que iba a hacer amago de que no sabía de lo que estaba hablando pero Gal se adelantó. - Cuando se lo conté al señor O'Donnell estaba contando con que se lo contaría a usted. Es lo lógico. Solo le pedí que se lo ocultara a Marcus. - Emma suspiró y volvió a cruzar las manos sobre el regazo. - Pues hiciste muy mal. Igual que entiendes que Arnold me cuente a mí las cosas, lo lógico sería que tú se las contaras a Marcus. - Pero lo dijo con la boca pequeña. Sabía que Emma prefería mantener a su hijo alejado de los problemas, que entendía sus motivos. Pero claro... "Si su madre le petrifica antes de que acabe el verano te haré responsable" Le había dicho Arnold en su casa, hasta la propia Emma tenía que haber acabado desquiciada con un Marcus malhumorado que no sabía qué estaba pasando.

Emma pareció retomar el hilo de lo que le había preguntado. - Me gustaría decirte que no, que no creo a mi sobrino capaz de hacer una mezquindad tan grande, pero si antes de ayer me hubieran preguntado si le creía capaz de hacerte lo que te hizo, en la casa de su abuela, con todos nosotros allí en el salón... - De nuevo la ceja temblona y el ceño. Casi le hacía hasta gracia lo muchísimo que se parecía Marcus a ella en eso. - No lo hubiera esperado de él. Así que ahora no me atrevo a decir qué hará o qué no... - Gal asintió y se abrazó las rodillas. Bueno, si lo iba diciendo, ella se defendería, como había hecho siempre y ya está... - ¿Qué es lo que temes de los Van Der Luyden? - Ella suspiró. No iba a contarle que se había acostado con otro en Francia, aunque fuera una vez. Pero más o menos lo podía reconducir. - En aquella carta me dijeron que yo no era apta para cuidar a Dylan y que mi padre está loco. No quiero darles la razón con nada. Es muy difícil controlar a mi padre estando yo en Hogwarts, pero... Si Percival les insinúa que de alguna forma yo he buscado esto... Más material para ellos, más razones para respaldar lo que dicen. - Emma se reclinó en el sofá asintiendo, y casi podía ver el humo salir de su cabeza. - ¿Tu familia de Francia se está ocupando de esto? - Gal asintió. - Entonces dejemos que lo hagan. Tú ahora tienes que centrarte en ser una alumna de séptimo, en conseguir tus metas... Te lo dije hace años, no es bueno que nos carguemos de tantas responsabilidades desde tan jóvenes... - O nos convertimos en adultos destruidos. - Terminó ella. Emma rio un poco. - A ti hay que tener cuidado con lo que see te dice ¿Eh? Lo registras todo como un fonógrafo. - Gal sonrió también y se encogió de hombros. - Lo que sé que me va a servir de por vida, sí. - La mujer sonrió un poco más y allí se quedaron en silencio durante unos segundos.

-Señora O'Donnell... ¿De verdad piensa que soy buena para su hijo?- Estaba tentando a su suerte, pero bueno ya que estaban... - ¿Había algo que te hiciera pensar lo contrario?- Hombre, pues sí, pensó. Esa cara con la que me ha mirado siempre, el hecho de que nunca haya venido a La Provenza, esa frialdad y esos comentarios... - Supongo. - Emma tomó aire, mirando a la nada. - ¿Es por mí o, realmente, por ti? - Gal asintió con la cabeza, mirando el suelo a sus pies. - Supongo que en gran parte es por mí. Siento que no encajo aquí. Ni en los planes de su hijo. - Mi hijo no tiene planes. El cree que sí, los necesita en su cabeza, para poder vivir el presente. Pero no son tan firmes como te crees. - La miró, y Gal giró la cabeza también. - Y si yo fuera tú, no me preocuparía de ellos. Preocúpate de aclarar el presente, y ya pensaréis en el futuro.  

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Dom Ene 03, 2021 4:15 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Echó un poco de aire por la boca. Papá, lo que yo decida da igual. Ese no es el problema. Bueno, obviamente tendrás que aceptar lo que decida ella, pero algo me dice que no te va a rechazar. Marcus miró hacia arriba, negando con una carcajada seca y sarcástica. Papá, no cree en el amor. O no quiere creer. O no quiere someterse a eso, o algo así, no lo sé. Se frotó la cara con las manos con frustración, resoplando. Y no quiere una familia. Tú no la escuchas hablar, no sabes como vino del verano. Ha pasado un verano duro, Marcus. No puedes juzgar a una persona por una mala vivencia. No la estoy juzgando, papá, solo oigo lo que dice. Lo que dice está muy sesgado. ¡Pero es lo que dice! Remató, encogiéndose de hombros con impotencia. Sesgado o no, es lo que dice una y otra vez. Y me parece inútil empezar una relación que sé que va a acabar mal porque tenemos objetivos radicalmente opuestos. Bajó la cabeza, jugando con los dedos entre sus manos, con el ceño fruncido y voz apesadumbrada. La noche de Nochebuena lo había visto tan claro, cuando despertó lo vio tan claro: solo tenía que hacer la declaración perfecta y ya estaba. Pero el día se había torcido de más y ahora había vuelto a la realidad, a la realidad que le repetía una y otra vez que ese no era el mundo de Alice, que lo que vivieron en Nochebuena solo fue uno de tantos episodios bonitos con ella que por un momento le hicieron confundirse. Nada más. Ya está, solo eso. Remató.

Los dos se quedaron en silencio unos instantes, en el que el chico no levantaba la vista de sus manos, con las que jugaba nervioso y entristecido, mientras su padre le miraba. Marcus. No levantó la cabeza, solo esperó en silencio a que su padre le dijera el motivo por el que le llamaba de nuevo. Este tomó aire e, inclinándose un poco hacia su hijo para buscarle la mirada, preguntó. ¿Tú la quieres? Marcus dejó de jugar con los dedos, mirando hacia su padre pero sin mirarle a él, solo de reojo, sin levantar la cabeza. Tras unos instantes de silencio, lentamente, asintió con la cabeza. A su padre le valía con esa respuesta, él lo sabía, sabía que veía mucho en ese gesto tan simple. Podría haberlo dicho con más palabras: sí, mucho, muchísimo, estoy enamorado de ella no sé ni desde cuando y no quiero separarme de su lado. Sabía que no hacía falta decirlo porque su padre había captado todo ese mensaje solo en su gesto de afirmación.

Arnold suspiró mudamente y apoyó la espalda en la silla. No sabía que te fiaras tanto de la adivinación. Marcus levantó la mirada hacia él con el ceño fruncido. ¿A qué viene eso? Viene a que estás intentando basar tus decisiones presentes en lo que tú adivinas que va a pasar en un futuro. Marcus bufó hacia un lado con desdén. Esto no es adivinación, papá, no estoy leyendo los posos del té. Estoy escuchando lo que Alice dice bien alto y bien claro desde que… Desde que, ¿qué? Marcus se calló. Dilo. Los dos sabemos en lo que estás pensando. Silencio. Venga. Dilo. ¡No quiero decirlo! Reaccionó. Porque lo sabía. Sabía desde cuando pensaba Alice así y en el fondo… Lo peor era que podía entenderla.

Pues quizás deberías. Marcus miró de nuevo a su padre con cara de no entender. Arnold se movió un poco en la silla, poniéndose serio. De hecho, vamos a hacer un ejercicio. Vas a imaginarte que la historia de William y Janet os pasa a vosotros, a Alice y a ti. No. Marcus negó con la cabeza varias veces, casi como un movimiento automático, de nuevo con la mirada esquiva. No quiero imaginarme eso. Pues tienes que hacerlo, Marcus. Tiene que aprender que no todo en esta vida está planificado ni controlado, que no puedes tener el control sobre todo, que no sabes lo que va a pasar. Que por mucho que planifiques, las cosas se pueden torcer. Tragó saliva y frunció los labios. Se estaba irritando un poco, y era inútil enfadarse con su padre porque sabía que tenía razón. Más bien se enfadaba con esa realidad que no le permitía, como él decía, controlarlo todo. Imagina que vuestro destino no es daros cuenta de que tenéis objetivos distintos y que os separáis. Imagina que vuestro destino es el de William y Janet, que os separa la vida, no vosotros. Se le estaban humedeciendo los ojos. De verdad que no quería pensar eso. Y ahora, contesta con sinceridad. Si supieras, si ahora te dijeran con total seguridad que uno de los dos va a perder al otro más pronto que tarde, ¿pasarías este tiempo sin ella? Levantó la mirada y la clavó en su padre. Estaba tan obcecado en no querer imaginar ese escenario que no había visto venir por donde venía la pregunta. ¿Dejarías de disfrutar de estar con ella los años que le queden solo porque sabes que la vas a perder? Volvió a tragar saliva, esta vez mirando a su padre y haciendo un gran esfuerzo por contener el nudo que se le había formado en la garganta. Bajó la mirada y no contestó, pero sabía que su padre podía ver la respuesta en él: no, por supuesto que no. Se aferraría a ella hasta el último segundo, de no hacerlo se lamentaría toda la vida. El tiempo que tuvieran querría que lo pasaran juntos, aunque luego… Acabase como William. O peor.  

Entonces… ¿Lo intentarías? Marcus se quedó unos instantes en silencio, tras los cuales, asintió. Arnold echó un poco de aire. Pues ya tienes ahí una respuesta. No sabes lo que va a pasar en el futuro, pero si estarías dispuesto a soportar ese dolor por no perder tu presente con ella… Y ahí lo dejó, en el aire, como él hacía tantas veces, dejando a Marcus con la sensación de que todos sus sólidos y maravillosos argumentos no eran más que papel mojado.

Volvió a quedarse en un silencio esta vez mucho más prolongado. Finalmente, lo rompió. Ya, pero no es lo mismo. Arnold resopló, haciendo rodar los ojos, pero miró a Marcus con una sonrisilla de suficiencia escondida. Eres más insistente en la argumentación que tu madre, que ya es decir. Pero se te olvida que llevo casado con ella veinte exitosos años. Y a ti se te olvida que ella gana el noventa por ciento de las discusiones. ¿El noventa? Wow, sí que me quieres para creer que de verdad gano el diez restante. Los dos se echaron a reír, y Arnold le revolvió el pelo a su hijo. Puede que en eso hayas salido a ella, pero que no se te olvide que eres idéntico a mí en todo lo demás. Le miró con las cejas arqueadas y un atisbo de condescendencia. Así que no cuela, Marcus.
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Lun Ene 04, 2021 11:45 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Estaba tan sorprendida con la respuesta de Emma que solo pudo quedarse mirándola, impresionada. A ver, pues eso llevaba intentando desde los catorce años, pero no hallaba la forma de arreglar el presente, la verdad. Pero no le iba a decir eso precisamente a Emma. Que en ese momento la enfocó directamente con la mirada y la hizo ponerse un poco más recta. - ¿Estás bien? ¿Estamos bien? - Ella asintió efusivamente, más sorprendida aún por la doble pregunta. - Sí, señora O'Donnell. Claro. Gracias. - Ella asintió una sola vez y se levantó. - Voy a llamar a tu hermano, se le veáis preocupado. - Y se quedó allí, alucinando en colores con la conversación, tanto que no se dio cuenta de que Dylan cayó ante ella, libreta en mano "¿Qué ha pasado? ¿Están enfadados? ¿Nos van a echar?" Vaya. Estaban de interrogatorio, por lo visto.

-A ver, tú usas tus cinco minutos para hablar conmigo y yo trato de contestarte. - Dylan asintió y se giró hacia ella. -Vale - Aún seguía haciéndole ilusión escuchar esa vocecita, así que no pudo evitar sonreír con ternura. - Y antes de nada, nadie está enfadado contigo. Ni conmigo, no nos van a echar a ninguna parte. La señora O'Donnell y yo teníamos que hablar de cosas... De mujeres. - Eso provocó que su hermano contrajera la cara unos segundos e hiciera un gesto con la mano. - ¿Y Marcus? - No, el no habla de cosas de mujeres. - Dylan la miró con cara de "Hermana, no eres graciosa"  y dijo - Que si está enfadado contigo. - Ella asintió. - Un poco sí. Pero eso lo arreglo yo en cuanto baje. - Eso pareció darle por satisfecho, pero se quedó pensativo, con el ceño y los labios fruncidos. Se notaba que le gustaba más expresarse por escrito, pero eso era normal. - ¿Qué te pasaba ayer? Y no me digas que nada conmigo, me quedó claro. - Pues empezaba fuerte el niño. "Se van a decir cosas que un niño de once años no debería oír" Había dicho su padre de lo de Francia. Pues anda que aquello... - Tuve un... Encontronazo, con un primo de Marcus. Es un cretino y mala persona, no hay que darle más importancia. - Suerte con eso. - ¿Qué te dijo? - Pues cosas muy feas. Que no encajaba allí. Que Marcus me estaba utilizando. - ¿Utilizando cómo? - Bravo, Gal, vaya elección de palabras. Estaba buscando otras mejores para explicarlo, cuando su hermano, solo, dijo- ¿Para besarte y no ser tu novio? Siempre estáis diciendo que no lo sois. - Eso le provocó una risita. La sinceridad de su hermano era como un jarro de agua fría: refrescante, necesario, pero cuando te acaba de caer te deja sin respiración. - Es un buen resumen, sí. - ¿Y eso te molesta? - Gal sonrió y ladeó la cabeza. - Un poquito. Pero, la verdad, es que tampoco hago nada por cambiarlo, así que... - Su hermano se quedó mirándola intensamente en silencio. - Pues yo diría que a él también le molesta. Luego que si soy yo el que no habla. - Eso le provocó a Gal una carcajada sincera, y alargó el brazo para abrazar a su hermano por los hombros, haciendo que se inclinara sobre ella.

Se quedaron así un rato, en silencio, pensativos, hasta que Dylan dijo. - Tienes miedo ¿Verdad?- Ella asintió en la cabeza y el niño no se movió. -Pues sí. - Yo también. ¿A qué tienes miedo tú? - Suspiró, mientras acariciaba el pelo de su hermano. - A no saber hacerte feliz. A no poder ayudar a papá. A no conseguir lo que me he propuesto y ser una decepción... - Soltó todo el aire y dijo en bajito. - A romperme el corazón irremediablemente. - Dylan asintió. - Yo tengo miedo de que papá no vuelva porque le recordamos mucho a mamá. Yo por dentro y tú por fuera.- Gal se levantó como un resorte y separó a Dylan, mirándole a los ojos y tomándole por los hombros. - Eso no va a pasar, Dylan. Escúchame, papá nos quiere más que a nada en el mundo ¿Me oyes? - Él negó con la cabeza. - No, a lo que más quería era a mamá, y todo lo que quiere es volver a la época en la que estaba viva. Por eso te llama Janet a veces y por eso habla con el cuadro. - Tenía razón. Entre todos, habían asumido que, como no hablaba, no se enteraba tampoco de lo que pasaba a su al rededor. Y claro que se enteraba, pero tenía las limitadas herramientas de alguien que está aprendiendo a vivir, a quien no le han explicado aún muchas cosas. Apretó los labios para evitar el llanto. - Dylan... Papá... Siente un dolor aún más grande que el que sentimos tú y yo. Papá... Estaba solo en el mundo ¿Sabes? Porque papá es... Muy listo, pero... - Mamá decía que era un genio. - Gal asintió con una sonrisa, tratando de paliar el llanto. - Exacto. Pero nadie más le entendía, nosotros mismos no le entendemos, ni si quiera Arnold puede, y es su mejor amigo desde hace treinta años. - Tomó aire, con fuerzas renovadas. - Mamá sí le entendía. Y le ayudaba a que lo demás le entendieran también ¿Sabes? Entonces... Cuando mamá murió... Se quedó muy solo en el mundo. Y papá nos adora, Dylan, precisamente porque nos parecemos a ella. Somos lo que queda de mamá aquí... - Miró al techo pensándose muy fuerte lo que iba a decir, pero que creía necesario. - ¿Sabes una de las últimas cosas que le oí decir a mamá? Que no se quedaba solo. Que nos quedábamos tú y yo con él y que éramos lo mejor que habían creado juntos. - Dylan la miró asintiendo, también amenazando con el llanto. Gal tiró de él para abrazarle. - Ven aquí, patito. Papá nunca va a dejarnos solos, te lo juro. Sé que la vida es complicada y que no te la explico como debería, pero te juro que papá nos quiere muchísimo, tal y como somos. - Se quedaron así un rato, en silencio, controlando el llanto y abrazados, juntos, como habían estado siempre.

- No creo que tú decepciones a nadie, Alice. - Ella asintió y besó su cabecita. - Gracias, patito. Lo intento. - Dylan se separó de ella y dijo. - También tengo miedo de otra cosa. - A ver. - De que un día te pelees con Marcus y nunca vuelva a estar con nosotros. O que no volvamos a esta casa o que no pueda volver a ver a los O'Donnell. - Gal se rió un poco, aunque con una nota de tristeza. -Me gustaría decirte otra cosa pero... Yo también lo tengo ¿Sabes? - Dylan subió las manos ofendido y dijo. - Pues haz algo al respecto, hermana. No puedo hacerlo yo por ti. - Eso le sacó una carcajada sincera. - Ya, si tienes razón, pero... - Yo siempre he pensado que tú no tenías miedo de nada. Me entero ahora. - Eso la hizo reír y revolverle los rizos. - Todos tenemos miedo, patito, de una cosa u otra. - La señora O'Donnell no. - Dijo muy seguro, lo cual le hizo reír de nuevo. - Créeme que sí. Y Marcus, y papá y la tata... - Él se encogió de hombros, en ese gesto tan suyo. - La tata nunca tiene miedo. Va a sitios muy peligrosos, llenos de delincuentes, memé lo dice mucho. - Oh sí, ya lo creo que lo tiene. - ¿De qué? - Preguntó con los ojos muy abiertos. - De quedarse sola, por ejemplo.- Él asintió comprensivo. - Ah, sí, me imagino... Con lo que habla... Quedarse sola debe ser una tortura. - Gal volvió a reírse y su hermano se volvió a recolocar donde estaba antes, a su lado.

- ¿Ya no tienes miedo a no ser libre? - Eso, para variar, la hizo pensar. Se quedó mirando a ningún punto en concreto. Puede que su entendimiento de la libertad hubiera cambiado con el tiempo, aunque ella siguiera diciéndose que era libre como el viento. Y lo era. Solo que las implicaciones de ello, ya no eran las mismas. Y había dejado, en cierto modo, que pasara lo que siempre había dicho que no le pasaría, que no la atraparían. Y Percival lo había hecho. Y no físicamente, si no que había sembrado la semilla de los barrotes en su propia cabeza, los que ella estaba como loca por alimentar de puro miedo. - Sí, sí que me da miedo. Pero yo soy como el viento, Dylan. Tarde o temprano... Apareceré por otro lado y ya está. - Su hermano la miró con el ceño fruncido y una ceja alzada, en un gesto que le recordaba demasiado a su padre, lo cual le causó mucha risa. Entonces, sacó la libreta y escribió. "Ya se han pasado los cinco minutos", lo cual la hizo sonreír y negar con la cabeza. Vaya cabezota estaba criando.

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Vie Ene 08, 2021 1:01 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Soltó un poco de aire por la boca, con una sonrisa casi resignada, y se pasó un par de dedos por la frente... Y, de camino, por los ojos, que se le habían humedecido con ese "ejercicio" de su padre que se le había clavado en el alma. Quería olvidarlo lo antes posible, dejar de pensar en eso, pero algo le decía que ese fantasma iba a estar haciendo ruido y dando vueltas por su cabeza durante un tiempo. - Tendré que intentarlo entonces, ¿no? - Comentó al aire. Arnold soltó una risa. - Con ese tono que lo dices cualquiera diría que te están mandando trabajos forzados. - No es eso, papá... - Contestó con un suspiro. - Es que creo que va a ser un fracaso estrepitoso. - ¿Pero y a qué viene esa inseguridad? No te creía por alguien inseguro, Marcus. Y no estamos hablando de una chica cualquiera, estamos hablando de Alice. - Marcus dejó escapar una risa sarcástica. - Es verdad, estamos hablando de una chica que lleva años diciendo que no se piensa atar a nadie. Éxito garantizado. - Su padre chistó hacia un lado. Estaba consiguiendo acabar con su paciencia.

- Te pones muy penoso cuando entras en este modo melodramático, Marcus. Veo lo mucho que nos vamos a reír de esto en la Nochebuena de dentro de veinte años cuando William y yo se lo contemos a esos nietos comunes que vamos a tener. - Marcus soltó una sonora carcajada que sonó más melancólica de lo que pretendía. - Claro que sí, papá, seguro que pasa eso. - Otro comentario que, al igual que la risa, había sonado más triste de lo que quería. - Por lo pronto me conformo con que los nietos vengan a su debido momento. Y con esto vuelvo al inicio de la conversación. - Por un momento se había perdido, quedándose mirando a su padre con expresión de no entender mientras este recomponía una expresión más seria. - Quiero pensar que si estás siendo lo suficiente maduro para hacer ciertas cosas, lo estás siendo para todo lo demás. - Definitivamente se había perdido, debía notársele en la cara porque su padre arqueó una ceja. Tras unos instantes de silencio, llenó el pecho de aire y lo soltó lentamente, en un gesto que dejaba claro que estaba haciendo acopio de paciencia. - Creo recordar que ya tuve una conversación contigo sobre qué pasa cuando tienes relaciones íntimas con una persona. - No, por favor, ese tema otra vez no. Ya estaba empezando a jugar con los dedos de la mano otra vez y había bajado la cabeza. - Sí, sí, claro que lo sé. - Vale... ¿Y te estás asegurando de que Alice está tomando medidas para no quedarse embarazada? - Directo. Porque su padre, que habitualmente era bastante sutil y diplomático, debía estar empezando a cansarse de esa conversación y del poco creíble despiste de su hijo.

Lo peor no era que la conversación se hubiera tornado incómoda otra vez... Sino que algo le decía que a su padre no le iba a gustar su respuesta. Notaba que le sudaban las manos y tuvo que tragar saliva, encogiéndose un poco de hombros y con la mirada cada vez más en sus dedos. - Bueno... Sí, osea, Alice es responsable, yo supongo... Que lo estará haciendo, claro. - ¿Supones? - Uh, con qué mal tono había sonado eso. Con tan mal tono que Marcus alzó la mirada por instinto, con un toque asustado, tragando saliva de nuevo y volviendo a bajarla justo después. - S...Sí, osea... - ¿No te has asegurado? ¿No lo has hablado con ella? - Tragó saliva otra vez, mirándole de nuevo, notando como la vergüenza le estaba haciendo ponerse colorado y que le temblaran las manos. - No, bueno... Es que Alice es muy responsable, y a ver, se le dan bien las pociones, osea se la está tomando seguro. - Ya te confirmo yo que se la está tomando porque tu madre la vio ayer cogiendo ruda del jardín. - Hostia... Había sentido una sacudida de vergüenza tan fuerte recorriendo todo su cuerpo que debían haberle temblado hasta los rizos, y tenía una sensación de vértigo muy parecida a la de lanzarte en picado hacia el suelo con la escoba... Cosa que, dicho sea de paso, a él no le gustaba hacer porque odiaba la sensación. Así de bien estaba.

Su padre se había puesto muy serio de repente y Marcus era bastante consciente de que la había liado pero bien. - Marcus, no me esperaba esto de ti. - Ese tono serio, esas palabras. Ahora sí que iba a echarse a llorar, pero solo bajó la cabeza y le miró con cara de niño arrepentido. Porque cuando Arnold se ponía así, Marcus retrocedía automáticamente a los seis años. - Creí haber tenido una conversación muy seria contigo en su momento. - Sí, sí, si yo... - No, no te excuses. - Tragó saliva otra vez. - Esto es tan responsabilidad de ella como tuya. Lo mínimo que tenías que haber hecho era preocuparte, asegurarte de que se la estaba tomando. - Es que... No la vi después la primera vez y... Yo sé que ella es responsable... Y no me quería meter... - ¿No te querías meter? ¿En serio, Marcus? - Mejor se callaba ya. Bajó la cabeza otra vez. - En cuanto salgas de aquí la estás buscando y hablando de esto con ella. - ¡Hala, más conversaciones incómodas! - Pero... ¿no has dicho que la vio mamá cogiendo ruda del jardín? - ¡Que es una cuestión de responsabilidad, Marcus! - Vaya. Sí que había ofendido a su padre. - Y de empatía. Tú estás en esto tanto como ella. ¿Te imaginas que después del verano que pasasteis aparece Alice en septiembre diciéndote que está embarazada? - Abrió los ojos como platos, ahí sí que le tembló todo. Ni por el más mínimo asomo, pero ni por un segundo, se le pasó esa posibilidad por la cabeza. Se estaba hasta mareando. - No estoy poniendo en duda la responsabilidad de Alice, estoy resaltando la tuya. - Añadió, señalándole. - Lo siento... - No es a mí a quien me debes la disculpa. - Asintió, con la cabeza gacha. - Soluciónalo, ¿de acuerdo? - Volvió a asentir, con un poco de más vehemencia. Entonces... ¿Habían terminado con la conversación? ¿Podía irse ya? Marcus también necesitaba un permiso para eso...

Permanecieron un par de segundos en silencio, él tensísimo, mojándose los labios y jugando con los dedos entre sus manos. Su padre no sabía como estaba porque no le podía mirar. Lo escuchó soltar un poco de aire. - En vez de gastar tanta energía en pensar cómo hacer bien cosas que no están en tu control... Empieza por hacer bien lo mínimo que tienes que hacer bien. - Asintió una vez más. - Y quita esa cara que no te estoy regañando. - No que va, pensó, mirándole con una ceja ligeramente arqueada. No pensaba discutir eso, de todas formas, tenía que reconocer que se lo merecía. Su padre se levantó, se acercó a él y le revolvió un poco el pelo, antes de pasar una mano por su hombro y atraerle hacia sí en una especie de abrazo. - No quería defraudarte, papá. Lo siento. - Marcus, deja de tener tanto miedo a defraudarme. No podrías ni aunque te empeñaras. - Le miró desde su posición con una leve sonrisa que su padre correspondió. - Lo único que quiero, lo que he querido desde que... En fin, desde que empezasteis a tener las hormonas revueltas... - Papá, por favor... - Contestó, un poco ruborizado y rodando los ojos mientras se separaba de su abrazo. - ...Es que no os hagáis daño, que no sufráis, que no hagáis algo de lo que podáis arrepentiros y, por supuesto, que no metáis la pata. - Mientras Marcus esquivaba la mirada vio como su padre se agachaba ante él. - No te voy a decir que esté encantado con esto porque... Para mí seguís siendo niños pequeñitos... Y, en fin, está claro que no. - Marcus dibujó una sonrisa de lado, mirando a su padre con la ternura con la que él le miraba. - Pero en el fondo sé... Que solo estáis demostrándoos el uno al otro que os queréis. Ni puedo ni quiero oponerme a eso. - Al final iba a conseguir hacerle llorar. Pero se había quedado con una palabra muy concreta de lo que había dicho su padre en esa frase. - ¿Crees que ella también me quiere a mí? - Su padre se puso en pie de nuevo con un suspiro. - Marcus, no te pega nada cuanto te haces el tonto. - Va en serio. - Él también se había puesto de pie. - ¿Lo crees? - Lo que creo es que deberías dejar de preguntarme a mí cosas que deberías preguntarle a ella. - Su padre señaló con un gesto de la cabeza la puerta y se dirigió hacia esta. - Vamos, andando. Ve a hacer lo que te he dicho. -
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Vie Ene 08, 2021 2:02 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Su hermano se quedó mirándola largamente y escribió "Arregla esto". Gal asintió y suspiró . - Que sí. Pero ahora a estudiar, vamos, a ver qué tienes ahí. - Dylan señaló el cuaderno de Herbología y puso cara de aburrimiento. Ella le miró con cara de ofendida. - ¿Perdona? ¿Te estás metiendo con la Herbología? - Chasqueó la lengua y negó con la cabeza. - Debiera echarte de esta familia, Dylan Gallia. - Su hermano se encogió de hombros y escribió "A papá tampoco le gusta. Desde que murió mamá no ha tocado el invernadero ni el jardín". Eso la hizo poner una sonrisa triste, y extendió la mano hasta su hermano. - ¿A ti te gustaría ver el invernadero y el jardín como los tenía mamá? - Él volvió a encogerse de hombros y escribió "Las plantas son bonitas. Y así se parecería a cuando mamá vivía. Si lo que no me gusta es estudiarlas". Gal se escoró un poco hacia él con una sonrisa y dijo. - Bueno, vamos a hacer una cosa. Haz bien esos deberes de Herbología y déjalos hechos, todos ellos... Y yo arreglo el jardín y el invernadero de casa de papá ¿Vale?- Su hermano asintió con una sonrisa y siguió con ello, esta vez con un poco más de ímpetu.

Pero el silencio, o, para ser más concretos, la tranquilidad, no podían durar mucho. Dylan volvió a pasarle la libreta. "Has dicho la casa de papá, no nuestra casa". Gal suspiró. - Es nuestra casa. Solo es una forma de hablar. - El niño volvió a escribir "Yo también siento muchas veces que no es nuestra casa. Esta me gusta, pero sé que tampoco es nuestra" Ella se encogió de brazos con una sonrisa y dijo. - Bueno, pero los O'Donnell seguro que nos invitan más veces. - Dylan la miró significativamente y luego escribió "¿Tú cual dirías que es tu casa?" Gal alzó una ceja y amplió la sonrisa. - Ningún lado en concreto. Es donde está la gente que quiero. Papá, tú, la tata... - "Marcus" escribió el niño y eso la hizo reír. - Sí, donde esté Marcus también es mi casa. Pero si me tengo que quedar con un lugar en el mundo, sería con la Provenza. - "Te pega" ella asintió de nuevo y se dispuso a volver a sus propios deberes, cuando ambos vieron a Arnold bajar las escaleras y pasar por delante del salón. Se miraron y su hermano puso cara de impaciencia. Ella se incorporó nerviosa y le miró desesperada. - A ver, Dylan, te voy a contar un secreto. Ser el niño mudito adorable te da pasaporte para pasar por delante de las personas mayores, pero yo no puedo ser tan descarada de ir a ahora a la habitación de Marcus ¿Tú sabes lo que va a parecer?- Su hermano le sostuvo la mirada un momento y escribió "¿Qué?". Bravo, una vez más, Alice Gallia. Soltó aire fuertemente por la nariz y dijo. - Bueno ¿Cuál es tu plan? - Y su hermano se puso a escribir a toda velocidad "Yo voy a por el señor O'Donnell a que me enseñe un poco más a usar la vuelapluma porque ya he hablado mis cinco minutos, y tú subes a hablar con Marcus, como en Saint Tropez cuando los fuegos" Qué vergüenza, por Dios, pensó rascándose la frente, usar a su hermano pequeño para esas cosas y que se acabara dando cuenta. Asintió con la cabeza. - Vale, está bien.

Esperó en la puerta del salón hasta que oyó al señor O'Donnell preguntarle a Dylan lo de los cinco minutos, y aprovechó para ir escaleras arriba sigilosamente. Ya le había dicho antes que quería hablar con él, pero quería una excusa, como una cuña que poder meter para empezar a hablarle, así que, pensando en lo que acababan de hablar Dylan y ella de la Provenza, antes pasó por su cuarto y cogió una gomita de pelo.

La puerta de Marcus estaba abierta, pero aún así se quedó apoyada en el marco y dijo. - Toc, toc. - Y en cuanto él la vio, pasó, tratando de empezar con una sonrisa.- Estaba buscando alguien que supiera hacer trenzas en esta casa, y me he acordado... - Pero Marcus estaba mal. Se lo veía en la cara, en los gestos, todo su lenguaje corporal gritaba "socorro". Avanzó hasta él y le tomó de las mejillas, obligándole a parar y a mirarla. - Eh ¿Qué pasa? Tú no estás bien. - Pasó los pulgares por su mejilla y tragó saliva, bajando la voz. - ¿Es por mí? Venía a hablar contigo precisamente. Pero no quiero que estés así, no pasa nada malo. - Le dijo con voz dulce y tranquila. El maldito Percival y los dichosos secretos estaban logrando acabar con la paciencia y la cordura de ambos.
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Vie Ene 08, 2021 6:25 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Su padre parecía esperar verle salir disparado en busca de Alice. Y lo iba a hacer, sí, es decir, claro que lo iba a hacer. Cuanto antes se lo quitara de encima, mejor. Además, era una orden directa de su padre, Marcus no se pensaba esas cosas dos veces. Solo necesitaba... Un par de minutos. Unos minutos consigo mismo, relajándose y poniendo en orden las palabras que quería decir, e iría a buscarla.

Estaba dando vueltas en círculo sobre las dos mismas losas del suelo de su cuarto, mesándose la barbilla con el ceño fruncido, murmurando erráticamente y pensando cómo iba a decir lo que tenía que decir. Tanta palabrería que usaba él prácticamente en cualquier situación, tan inteligente que era y tan sociable, tan chulito que se ponía... Y ahí estaba, sin saber cómo demonios iba a preguntarle a la chica con la que se estaba acostando, a su amiga del alma desde hacía siete años, a una de las personas con las que más confianza tenía en su vida, si se estaba tomando una poción. Pero es que esa aparente sencillez llevaba demasiadas cosas implícitas. Era incómodo. Y el abanico de posibles reacciones de Alice hacia esta pregunta era demasiado grande.

Como no podía ser de otra forma con la chica, por allí apareció sin que la solicitara, cortando esos estudiadísimos minutos que él iba a tomarse para pensar y desbaratándole los planes. Trató de sonreír al verla pero debió ser lo suficientemente artificial como para que ella se le acercara con preocupación. - ¿Eh? No, sí, estoy bien. - Trató de responder con una risita, pero no coló en absoluto, no le sonó creíble ni a él. La miró con culpabilidad cuando preguntó si era por ella, echando aire por la boca y ya sí sonriendo con más tranquilidad, al tiempo que negaba con la cabeza. - No es por ti. De verdad. - Contestó, dejando una caricia en su mejilla. Ciertamente no era por ella... Bueno, ella tenía mucho que ver, pero no había hecho nada directamente. Eran más sus rayadas mentales y su inacción en ciertas cosas lo que le tenían así. Aunque no podía negar que su extraña actitud del día anterior dejaba una gotita más en el vaso de su inquietud.

- De hecho... Emmm... Iba a... - Se mojó los labios, agachando la mirada. Se aclaró la garganta, frunciendo un poco el ceño como si fuera a hablar de algo que tenía súper controlado. Ojalá. - Ahora que recuerdo... Hay una cosilla que quería... Bueno, solo comentarte, y eso. - Echaba de menos la seguridad en sí mismo que le aportaban otros temas. Se aclaró la garganta una vez más. - Eeemm Alice... ¿Tú sab...? - Vale, no. Recapitula, Marcus. No podía entrarle a Alice preguntándole si sabía lo que pasaba cuando un chico y una chica se acostaban, le iba a decir que si era imbécil. - Es decir... ¿Estas... Las veces...? - ¿Pero como puñetas se preguntaba eso? Y encima quería ponerse formal y bien puesto cuando estaba como un flan. ¿Por qué tienen que existir estas cosas incómodas? Solo esperaba que con una vez bastara, que no tuviera que estar preguntando eso cada vez que... Bueno, dando por hecho que lo iban a hacer más veces, claro. Que en su cabeza era un por supuesto que sí, pero... En fin, que se liaba. - Eeeemm te... ¿Te vino bien... La ruda? - ¿Y por qué no empezar por ahí? Un punto tan bueno como cualquier otro para iniciar la conversación. Se rascó la nuca. - Quiero decir... Que nosotros tenemos en el jardín... Viene muy bien... - Tragó saliva y trató de alzar la cabeza, pero solo miraba a Alice de soslayo, forzándose a sí mismo por mostrar una expresión lo más neutral posible.

Algo le decía que no estaba llegando a ninguna parte, que Alice le iba a preguntar de qué narices estaba hablando e iba a ser peor. Mejor iba al grano... A ver cómo se iba con esas cosas al grano... - Tú... Tú eres genial en pociones. - Bien, Míster Obvio. - Supongo que... Osea, supongo no, lo sé, porque a ti se te dan genial esas cosas... Que sabes que existen pociones... Me refiero, que la otra noche cuando estuvimos aquí, nos quedamos dormidos y eso... Que a lo mejor te levantaste y yo no te vi, pero quiero decir... Sí, ¿no? - De verdad que no podía decirlo más directo que eso.
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Sáb Ene 09, 2021 12:29 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
¿Qué? ¿Cómo? ¿Marcus O'Donnell sin ser capaz de hablar? No le había visto trabarse tanto en la vida. Además parecía que estaba hablando con una desconocida y no con ella. A pesar de la caricia en su rostro, se aparto un poco de él con el ceño fruncido. – Pues tú diras. – Dijo cuando él pareció por fin abordar el tema al que le estaba dando vueltas,

Durante unos confusísimos segundos, no entendió ni una sola palabra de lo que Marcus estaba diciendo. Hasta que llegó a lo de ruda. Anda, claro, algo le habría querido decir Arnold a ese respecto ¿Pero como para ponerlo así de nervioso? A ver, ella sabía que había magos que no aprobaban el uso de pociones contraceptivas ni nada que se le pareciera, pero no le daba la impresión de que los O'Donnell fueran así ni mucho menos. Es más, ellos mismo solo tenían dos hijos. Y entonces, se quedó pensando, mirando las mejillas muy muy coloradas de Marcus. Es verdad que nunca habían hablado de eso abiertamente, Gal se había tomado la poción siempre, tal y como el dijo su tía bastante antes de acostarse con él por primera vez, y él le había asegurado que Arnold también el había dado una charla al respecto... Así que ella simplemente había asumido que, por su propio bien se la tenía que tomar, pero es verdad que de haber querido liársela a Marcus, se lo podría haber hecho y el muy huevo no se lo habría visto venir.

Y ahora le daban las dudas, seis meses después de la primera vez. Y cada vez se trababa más y le daba más vueltas. Sabía que si se empezaba a reír en su cara, solo lo iba a empeorar, pero de verdad que en su interior estaba desternillada. El prefecto siempre tan correcto se había olvidado convenientemente de que teniendo relaciones sexuales se podía dejar embarazada a una chica, y si no lo llega a pensar ella, hubiesen hecho una buena. Bueno, una Gallia para ser más exactos. Le estaba costando horrores no morirse de risa en su cara, pero iba a hacerle decirle las palabras. Si quería hablar de cosas de mayores, hablarían.

A ver... Me he quedado un poco pillada en lo de la ruda, y creía que entendía de que estabas hablando... – Se fue hacia la cama y se sentó, subiendo una pierna y apoyándose en su mano. – Pero de repente me dices que soy buena en Pociones, y mira, gracias, pero luego hablas de anoche... Y ya ahí me he perdido. Pero... – Frunció el ceño y sacudió la cabeza. – No... No me levanté ¿Pero por qué me lo preguntas? – Dijo abrazándose las rodillas. Se mordió los labios por dentro como si estuviera confusa, aunque realmente se estaba muriendo de risa, pero le clavó los ojos y esperó a ver qué más le decía.
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Sáb Ene 09, 2021 1:33 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
La confusión de Alice no ayudaba nada. Esa forma de retirarse y ese "tú dirás" solo le pusieron más nervioso, porque claro, en la cabeza de Marcus la chica podría haber sabido el tema del que estaba hablando y el esfuerzo que estaba haciendo y seguro que sería más tierna... Pero eso era prácticamente pedir que le leyeran la mente, lo cual él odiaba y, sin embargo, ahora no le vendría ni tan mal. Estaba empezando a entrar en contradicciones hasta consigo mismo.

Tragó saliva, haciéndose el sereno y tranquilo cuando ella empezó a hablar... Pero solo haciéndose, por dentro seguía sintiendo esa cosa dando saltos en su interior que le hacía temblar el cerebro y que las palabras parecieran extrañas. La siguió con la mirada cuando se sentó en la cama, pensando para sí mismo bien, lo ha pillado, saber por donde voy, hasta que escuchó ese "pero". Pero, ¿qué? Pero nada. Vas bien por ahí. Ante la pregunta arqueó las cejas como si lo acabara de sacar de una divagación mental. - ¿Eh? No, ya, sí, no, por nada. - ¿Qué acababa de decir? - Sí sí, si ya me... Imaginaba... - Se rascó un poco la frente. A ver, Marcus. Empieza de nuevo.

- Tú has... Has... - Empezó a señalar con el pulgar hacia la habitación de Alice como si estuviera diciendo algo carente de importancia, cuando en realidad estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por encontrar las palabras. - ...Traído cosas... De pociones y eso... Tus cosas... - Sacudió un poco la cabeza, en un gesto de normalidad absoluta, cruzándose de brazos y adoptando un tono de conversación distendida, aunque mirando a otra parte. - Vaya, sé que las has traído porque las he visto... Tus cosas de pociones... - Tragó saliva. Muy bien, había llegado al punto "pociones" otra vez, ¿ahora qué?

Si realmente era muy fácil: Alice, ¿te estás tomando la poción para no quedarte embarazada? Ya está. Fin. Así de sencillo... Claro que sí, sencillísimo. Quizás debería adoptar la estrategia de su padre. A él siempre se le veía muy tranquilo, ¿y acaso Marcus no llevaba toda la vida escuchando lo mucho que se parecía a Arnold? Pues era un buen momento para dejarlo traslucir. Descruzó los brazos, se frotó un poco las manos en el pantalón aun sin mirar a Alice y, echando un poco de aire por la boca, se sentó en la cama al lado de ella. - Tú... Me imagino que... Respiró hondo, mirando hacia arriba. - Tú sabes de pociones más que yo... Y de mujeres... Osea, de cosas de mujeres, quiero decir, de... - A ver, Marcus, ya está bien. Hasta él se estaba dando cuenta de que estaba haciendo el idiota. Miró a Alice y... Un momento, ¿se estaba aguantando la risa? Oh, ya te digo que sí. Que la conocía desde hacía muchos años ya.

Frunció el ceño y giró un poco el tronco hacia ella, apoyando una mano en su propia rodilla. - Sabes perfectamente de lo que intento hablarte, ¿verdad? - Chistó, girando la cabeza hacia otro lado y negando con un suspiro cansado. Es que de verdad... No aprendía con ella. - Como te gusta torturarme, en serio... -
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Sáb Ene 09, 2021 2:09 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Marcus trabándose era el Marcus más divertido que se había topado en la vida. La sucesión de palabras sin sentido pensaba recordársela siempre. Por fin, pareció volver a enfocarse en las pociones y ella asintió a lo de que había traído sus cosas. – Pues sí, claro, como no practique voy lista para los EXTASIS. – Volvió a decir como si fuera lo más evidente del mundo.

Ya sí empezaba a darle pena, porque empezaba a no saber qué hacer con las manos, pero, una vez más tuvo que aguantarse mucho la risa con lo de "de mujeres". Afortunadamente, mucho se le debió notar porque Marcus en seguida la pilló y fue a quejarse. Ella se desplazó sobre la cama hacia él y tiró de su mano, acercándose. – ¡No! No quiero torturarte. Te he entendido desde que has dicho "ruda" porque, la verdad, solo sirve para eso. Pero estaba intentando hacerte decir la palabra "contraceptiva" que te juro que no te mueres ni nada al decirla. – Dijo entre risas. Acarició la mejilla del chico y sonrió tiernamente. – ¿Y cómo que "de mujeres"? Hacen falta una mujer y un hombre para que te tengas que tomar esa poción ¿Eh? – Le dijo pegándole suavecito con el dorso de la mano en el pecho, pero luego volvió a engarzarse a su brazo. – Pero si te refieres a que soy yo la que tiene que tomársela, pues efectivamente.

Se separó un poco, pero sin soltarle, girándose sobre la cama para poder enfocarle de frente. – Si lo que me estabas preguntando es si me he tomado la poción contraceptiva, la respuesta es sí, evidentemente. Y las otras dos veces, también, por si te cabía la duda. Aunque permíteme que te diga, que preocuparse seis meses después de hacerlo, igual es un pelín arriesgado. – Dijo arrugando un poco la nariz al decirlo, pero volvió a darle la risa muy fuerte al ver la expresión de Marcus. Claramente ni se había planteado que algo así podía ocurrir. Madre mía, con lo planificado que era él para todo, que no hubiera llegado él solito a la conclusión antes. – Es porque tu padre ha hablado contigo ¿No? – Rio un poco. Ya sabía ella que habían tenido conversaciones radicalmente distintas en la Provenza con sus correspondientes adultos. Se reasentó en la cama un poco y volvió a agarrarse las rodillas. – ¿Crees que después de lo que le pasó a mi madre dejaría algo así al azar? Me sé esa poción de memoria, no tienes de que preocuparte. Ni tienes por qué preguntarme más, no es ningún drama. – Porque se estaba imaginando la herida en el pundonor de Arnold O'Donnell que había sido la cara que debía haberle puesto su hijo cuando le preguntara por el tema. Ese complejo de caballeros andantes de los O'Donnell. Se levantó y fue al escritorio de Marcus, cogiendo un cachito de pergamino y escribiéndole las proporciones y los dos ingredientes. Luego volvió a la cama y le puso el papelito en la mano. – Pero si quieres tranquilizar tu conciencia, ahí la tienes. La próxima vez vas tú a por la ruda y el romero y me la haces. Pero sé preciso con las proporciones, si no, la puedes liar. – Dijo citando palabras de su tata. – A no ser que crezca o engorde mucho, pero lo veo poco probable. – Terminó con una risita. Sin darse cuenta, acababa de asumir que iba a haber una próxima vez, pero es que conociéndoles... No era muchísimo asumir.

Y eso le llevaba a por lo que ella había ido allí, antes de encontrarse con aquel conato de drama. Le puso la gomita en la mano y sonrió con dulzura. – Y ahora, por favor ¿Puedo pedir mi trenza? – Era así, con una acción distendida como pretendía abordar su comportamiento del día anterior, y tratar de arreglarlo aunque fuera un poco.
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Sáb Ene 09, 2021 3:42 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Rodó los ojos. - Eres muy graciosa, ¿lo sabes? - Con el mal rato que estaba pasando y ella metiéndose con él. Lo peor era que no sabía ni de qué se sorprendía. Pero a pesar de esa confesión de que sabía desde hacía un rato lo que decía (lo cual solo le hizo sentirse aún más idiota, ¡solo tenías que decir "poción contraceptiva", Marcus! No era tan difícil), se dejó acercar por ella y la escuchó, aunque con los ojos entornados y expresión digna. - ¡Ya lo sé! - Contestó con vocecilla de niño ofendido. Eso sí, dejándose acariciar. - Me refería a... - Hizo un par de gestos con la mano, señalando el cuerpo de Alice, pero en seguida dimitió. Total, era inútil intentar explicarse ya.

La miró cuando ella le habló de frente, notando como se tranquilizaba en sus adentros por esa forma tan segura y aliviada con la que ella confirmaba que sí, que se había tomado la poción tras cada uno de sus encuentros. Menos mal, y menos mal que no se había tomado a mal su pregunta. Se la había tomado incluso demasiado bien para su gusto, que no paraba de hacer bromitas y reírse, lo cual le hizo rodar los ojos de nuevo. - Ya, eso, tú sigue riéndote. Que sepas que lo que estaba haciendo era depositar toda mi confianza en tu responsabilidad, sé perfectamente como funcionan estas cosas. - Comentó con altanería, intentando recobrar un poquito de orgullo, aunque no se sentía especialmente orgulloso de eso. Pero no iba a iniciar una disculpa con Alice riéndose.

Al menos paró un poco, mientras él miraba a otra parte con expresión enfurruñada, para preguntarle si había sido a raíz de la conversación con su padre. Eso le hizo rodar los ojos otra vez, pero agachó un poco la cabeza y asintió con resignación. La miró de reojo cuando volvió a hablar y eso que dijo sí que le tranquilizó, incluso esbozó una sonrisa. Se giró él también en la miró de frente, soltando aire con alivio. - No he dudado de ti, de verdad, ni por un instante. Es solo que... - Bajó la mirada y esbozó una mueca en los labios. - Tenía que haberme interesado más, la verdad. No es justo que te ocupes tú sola de esto, que como bien dices es cosa de los dos. Lo siento... - Negó con la cabeza y se rascó un poco el pelo. - Es que, bueno... Entre que la primera vez no nos vimos... La segunda estábamos... Con las clases y eso... - Con las clases y con una conversación con Sean a raíz de la cual salió corriendo para declararse fallidamente. Era mejor dejar el tema correr. Otra vez.

En lo que él elaboraba una disculpa, Alice se había puesto a escribir algo en un trocito de pergamino. Al principio frunció el ceño con extrañeza, estirando el cuello para ver qué apuntaba, pero apenas tardó segundos en darse cuenta de lo que era. Contuvo una muda carcajada en los labios cerrados, con una sonrisa. - Gracias. - Comentó mientras lo agarraba. - Desde luego, ya no se me olvida... - Pensaba aprenderse esa poción como su nombre aunque no fuera a tomársela nunca. De hecho, en cuanto volviera a Hogwarts iba a hacer una remesa de tarritos para dársela a Alice... Eso le hizo pensar en si no sería muy descarado darle a la chica una docena de tarritos de poción contraceptiva, o muy estúpido. Porque era como afirmarle que quería hacerlo mínimo doce veces más, o como ponerle en bandeja la solución para cuando lo hiciera con otro. Mejor no pensaba tanto.

Aunque algo le decía que Alice se inclinaba más hacia la primera opción. Alzó la mirada con una ceja arqueada y una sonrisilla de las suyas. - Ahá... La próxima vez... - Pensaba aferrarse a eso. Suspiró mudamente, ya habiendo recuperado su suficiencia característica. No iba a tardarle mucho en volver. - Perfecto, lo tendré en cuenta... La próxima vez... - Ya estaba contando los minutos.

Sonrió aún más ampliamente y se irguió en su asiento, ya siendo Marcus en toda su esencia, más seguro y con ese puntito chulesco. - Por supuesto. - Corroboró, acomodándose tras ella, pero antes se guardó el pergamino en el bolsillo del pantalón. Y lo pondría a muy buen recaudo en cuanto esa conversación terminara, que lo que le hacía falta era que lo encontrara quien no debía. Tomó su pelo con suavidad y empezó a desenredarlo con los dedos. Era la mejor herencia que le había dejado Janet, saber hacer trenzas. Algo en apariencia muy poco útil teniendo en cuenta que era un chico... Pero le servía para acercarse a Alice, para tener un momento especial con ella. O, al menos, era su particular manera de hacerle un homenaje a Janet con algo muy simple. Al fin y al cabo y por desgracia, no tenía muchas más cosas que hacer a ese respecto.

- Vuelves a tener el pelo más largo. - Comentó con una sonrisa, cuando ya estaba llegando al final de la trenza. Fue lo que le dijo en el campo de lavandas, aquel día que acabaron bastante enredados con los acercamientos, los jueguecitos y las trenzas. Tuvo que contener una risita mientras terminaba su tarea. Lo loco que le estaba volviendo esa trenza y ese vestido... No sabía lo que estaba por venir... - Creo que ya está. - Concluyó, dejándola con suavidad sobre su espalda y acercándose a ella para dejar un leve beso en su cuello. - Sigo teniendo un beso pendiente. - Susurró, aprovechando su privilegiada posición.
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Sáb Ene 09, 2021 5:49 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Asintió. Sí, ya se imaginaba que sabía cómo funcionaba, pero no se había pensado a pensar que acostándose con ella podía pasar. Ese era Marcus O'Donnell, una de las personas más inteligentes que había conocido o conocería jamás, pero que sabía ignorar un hecho que conocía deliberadamente hasta que se diera de golpe con él. Al menos el golpe había sido su padre abroncándole y no un problema más grande. Sonrió y volvió a acariciarle, porque aquella forma de hablar y de liarse le parecía extremadamente tierna. – Lo entiendo. Yo tampoco sé muy bien cómo hacer estas cosas ¿Sabes? – Rio un poquito y notó como se estaba poniendo roja. – Es solo que yo soy yo, y todo me lo tomo con más... Tranquilidad, y me río. Pero no tenemos por qué acertar siempre a la primera. Para eso estamos aprendiendo. Juntos. – Dijo a modo de respuesta por sus preguntas. Se sentía tan infinitamente mejor que esa mañana que tuvo que responder a la aseveración de Marcus al darle la fórmula de la poción que se inclinó hacia él y le dio en la punta de la nariz con el dedo, asintiendo con la cabeza. – Sí, Marcus, la próxima vez. – Dijo con una sonrisilla traviesa, jugando con los rizos de su frente entre los dedos.

Mientras dejaba que le trenzara el pelo y disfrutaba del tacto de sus dedos en su pelo, aprovechó para respirar hondo y pensar en qué iba a decirle. No quería mentirle abiertamente, no quería decirle lo que le había hecho Percival, así que no sabía muy bien cómo afrontarlo. De nuevo la sensación de ayer la atacó un poco al cuerpo entero, pero entonces Marcus besó su cuello y, al contrario que la había ocurrido el día anterior, no sintió ese rechazo inmediato, esa necesidad de alejarse. Más bien todo lo contrario. Respiró hondo y dejó salir el aire por la boca, con los ojos cerrados subiendo una mano para acariciarle el pelo, enredando los dedos en su pelo otra vez. – Lo sé...– Acertó a decirle, girándose y buscando sus labios. Había tenido miedo, mucho miedo de volver a encontrarse de esa forma con Marcus y no ser capaz. Pero estaba comprobado que no había nada que esos labios no pudieran curar. Le besó lentamente, disfrutando de sus labios y del roce, pasando las manos por su cuello y abrazándose a él. Notó cómo se caían sobre la cama, como si algo les hubiera empujado, como si fuera la cosa más natural de hacer. Entonces abrió los ojos y miró las estrellas, sonriendo un poco, y volviendo a mirar a Marcus, porque, al fin y al cabo, su rostro era lo que más le gustaba ver.

Se quedó allí y dejó que él apoyara la cabeza sobre su vientre, mientras ella acariciaba distraídamente sus rizos y miraba las estrellas. – No sabes cuánto siento cómo me puse ayer. Me agobié muchísimo porque... – Tomó aire y y soltó, resoplando. – Sé que parece que siempre estoy muy segura de lo que hago y orgullosa de cómo soy pero... – Tragó saliva, recordando lo que había hablado con su hermano hace un rato. – Me da pánico decepcionarte. Y no solo a ti, pero en este caso concreto, a ti. Porque me has invitado a tu casa en Navidad, porque me diste una de las mejores noches de mi vida el día veinticuatro y yo solo tenía que caerle bien a tu familia y ser... – ¿Ser qué, Gal? Porque no sois nada oficial. No tenías que ser nada, estaba todo en tu cabeza. – Ser buena, presentable, yo que sé... – Dijo suspirando otra vez y negando con la cabeza, pero sin dejar de acariciarle. – Y la casa de los Horner es tan grande y tan elegante y todo el mundo va tan bien vestido... Son gente importante y en fin, mi apellido ni les suena... – Dijo con una risa sarcástica pero un poco triste. – Sentí que yo tenía nada que hacer, y todas esas veces que me han dicho que no pegamos que... – Que los chicos como tú no acaban con las chicas como yo, si no con las chicas como Poppy, pensó, pero no dijo. – En fin que somos demasiado diferentes, pues se me hicieron demasiado evidentes. Más todo lo que te dije de que llevaba pensando en mi padre toda la tarde... – Se llevó la mano a la frente y se mordió el labio inferior. – ¡Por Merlín! ¿Tú te imaginas a mi padre en esa casa? Ay no... Mira, mejor no lo pienso que me vuelvo a agobiar. No obstante, siento mucho haber reaccionado así, me sentía tan... Incómoda conmigo misma que necesitaba espacio. Literal y figurado. Pero no debí reaccionar así. – Bajó la mano de su cabeza buscando la mano de él. – Me encanta que me toques, que me acaricies, que... Que me mimes. – Dijo con una risita y apretando su mano. – Pero bueno, estaba en lo mío y ni pensé en lo que hacía cuando me alejé así de ti. Pero de verdad, no tenía que ver contigo, si no con cómo me sentía yo, y en ese momento estaba bloqueada y no supe explicártelo. – Nada de lo que le haba dicho era mentira. Se había sentido así enteramente. Solo había obviado todo lo ocurrido con Percival. Pero hasta Emma opinaba como ella. No sabía si podía guardar un secreto así mucho tiempo, pero de momento lo haría, por el bien de los dos.
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Última edición por Ivanka el Dom Ene 10, 2021 2:51 am, editado 1 vez


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Sáb Ene 09, 2021 7:08 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Escuchar a Alice no dándole importancia, no pensando mal de él y reiterando que habría próxima vez era todo lo que necesitaba para que la sonrisa le volviera y no se le fuera, y para quedarse mucho más tranquilo. Por si fuera poco, apenas había dicho lo del beso cuando Alice se giró hacia él y decidió no demorarlo más. Se abrazó a ella mientras disfrutaba de ese roce que tanto había echado de menos, como si no hiciera ni veinticuatro horas desde el último, pero daba igual. Había temido que las cosas se hubieran torcido y eso había dilatado considerablemente el tiempo.

No supo bien como, antes de darse cuenta ya estaba tumbado con ella en la cama, como si necesitaran recuperar esa posición, como si el recuerdo de la noche del veinticuatro les arrastrara hacia allí. Obviamente no iba a quedarse más que en un beso y un abrazo, que estaban a plena luz del día, con toda su familia por allí y la puerta abierta. Pero, ¿qué más quería? En tantos años con Alice nunca había tenido tantas oportunidades de tumbarse con ella en una cama, aunque solo fuera para hablar. Estaba más que bien.

Con el alivio que sentía después de tanta tensión acumulada entre lo del día anterior, la conversación con su padre y la posterior con Alice, echó aire por la nariz con tranquilidad y se apoyó en el vientre de la chica, cerrando los ojos tan pronto notó los dedos de esta por su pelo. Aunque volvió a abrirlos en cuanto la escuchó hablar. No quería interrumpirla, sabía que estaba explicándose por lo del día anterior y él de verdad que también necesitaba escuchar eso. Además, debía estar costándole decirlo, así que mejor simplemente callaba y escuchaba, con la mirada perdida en un punto indefinido y el corazón ligeramente menos relajado de lo que estaba segundos antes.

"Me da pánico decepcionarte". Eso le hizo fruncir el ceño sorprendido, y levantar lentamente la cabeza para mirarla, aunque sin interrumpir lo que decía. Se quedó mirándola, escuchando atento, con una expresión entristecida, y desde luego no era porque se estuviera creyendo lo más mínimo: para Marcus eso no tenía ni pies ni cabeza. Lo que le entristecía era que hubiera llegado a ponerse así por eso. Mientras ella terminaba, se recolocó un poco, apoyando el costado y un codo en la cama, subiendo un poco para poder mirar su rostro de frente. Solo frunció el ceño una vez más: ante eso de que "no pegaban". - ¿Quién te ha dicho eso? - Ahí no pudo evitar interrumpir, le salió del alma. A él no se lo habían dicho nunca, porque claro, sabía que si lo hacían se llevarían un corte. La cuestión era quién habría tenido la desfachatez de decirle algo así a Alice.

Aunque no pudo evitar reír un poco. Desde luego que William en casa de su abuela sería una estampa digna de ver. Oh, sí, y deseaba verla, seguro que le callaba la boca al estúpido de su primo. William le daba mil vueltas a Percival. - Alice, no te disculpes más. De haber sabido que era por eso... - Echó un poco de aire por la boca. Ahora se arrepentía de haber reaccionado así, seguro que solo había conseguido empeorar como se encontraba. Se acercó un poco a ella de nuevo y acarició levemente su mejilla con el pulgar. - Alice, ¿cómo me vas a decepcionar? - Preguntó con voz leve y una sonrisa suave. - Parece mentira, todo lo que haces me gusta... Bueno, alguna que otra travesura no mucho, pero dudo que pensaras hacer eso ayer. - Dijo en  tono distendido, con una risa. - Va en serio: tú eres la mejor tal y como eres, y me encanta que estés aquí. Están siendo las mejores Navidades de mi vida. - Bufó hacia un lado. - Y si no les suena tu apellido es porque son unos incultos. Y unos incultos desinformados, a más señas. Porque tu padre es uno de los mejores creadores de hechizos de su generación, y a tu tía Violet para conocerla solo tienes que abrir El Profeta y ya te encuentras una columna suya. - Negó con la cabeza con una sonrisa. - Reconozco que mi familia puede ser... Un poco estirada, pero no son idiotas, claro que os conocen. Y si no os conocieran, tss, ¿qué pasa? Pues te conozco yo, que soy quien te ha invitado. - Y ya estaba. Solucionado con eso.

Apoyó de nuevo la cabeza en la cama, con una sonrisa aún más amplia, acercando su nariz hasta rozarla con la de ella. - Eso puedo hacerlo. - Que la tocara, que la acariciara, que la mimara. Y tanto que podía hacerlo, todos los días de su vida si ella quisiera. Besó sus labios levemente de nuevo y acarició su mejilla una vez más. Vaya rollo no estar más solos. Pero bueno, ya tenía mucho más de lo que había soñado tener cuando estaba frustradísimo tumbado en esa cama en los meses de verano. - Intentaré no agobiarme tanto cuando necesites tu espacio... Pero es que... Temía haber metido la pata. - Negó un poco con la cabeza, y tras esto alzó la mirada a los ojos de ella. - Cuando te sientas mal... Cuéntamelo, ¿vale? Porque todas esas cosas que pensabas... No tienen sentido, Alice. A mí me encanta que seas así. Y a mi familia le caes bien, a todos los que hablaron contigo les caíste bien. Casi te conviertes en la favorita de Miranda y me quitas el puesto. - Dijo con una risa.

Entonces cayó en algo. No solo había hablado con su padre de la poción contraceptiva, había hablado de más cosas. "Temo que te obsesiones con el nido... Y descuides al pájaro". Giró el rostro para mirar su escritorio y allí estaba: el cubo de colores, donde él lo había dejado. Miró de nuevo a Alice, sonrió y se incorporó, sentándose. - ¿Ves eso? - Preguntó señalándolo mientras la chica se sentaba de nuevo junto a él. - Pues observa. - Lo tomó con cuidado, lo puso en la palma de su mano entre ellos y, apenas segundos después, el cubito se transformó en un pajarito de colores que empezó a piar con alegría en su mano. Esbozó una sonrisa sincera. - Adivina quién me lo regaló cuando nací. - Movió la mano y el pajarito se le posó en el dedo. - Pues lo dicho, uno de los mejores creadores de hechizos de su generación. - Comentó orgulloso. Admiraba muchísimo a William, no iba a dejar de repetirlo.

- Y esto no es todo. Mira. - Ya estaba tan entusiasmado con el encantamiento como cuando era pequeño. Tomó la mano de Alice, con la palma estirada, y depositó el pajarito con cuidado en esta, esperando a ver como este se transformaba en cubo... Pero no lo hizo. Frunció el ceño extrañado, ladeando un poco la cabeza. El pajarito encantado, en lugar de volver a su estado de cubo de colores, se había girado hacia Alice y ahora le piaba a ella. - Qué raro... ¿Se habrá estropeado? - La chica no debía estar entendiendo de donde venía la confusión, pero ahora Marcus quería enterarse de qué pasaba. Tomó al pajarito de nuevo y, con cuidado, lo dejó sobre la cama. En apenas segundos, el encantamiento se puso en marcha y, al contacto con la colcha, el pajarito volvió a adoptar la forma de un cubo de colores con un sonido de madera golpeada. Marcus arqueó las cejas. - Emm... Quizás no lo has tenido suficiente tiempo... A ver, cógelo. - Mejor no lo tocaba él, para no confundirlo. Esperó a que la chica cogiera el cubo y, de nuevo, apenas segundos después, ahí estaba el pajarito. Abrió la boca y se quedó mirándolo unos instantes. Eso... Eso era...

- No... No lo entiendo... - Musitó, mirando como el encantamiento cantaba con alegría como si estuviera con él. - Creí que había sido un fallo... Al fin y al cabo tiene muchos años... - Se pasó un par de dedos por las sienes, sin dejar de mirarlo. Hacía mucho eso cuando intentaba entender algo que no tenía sentido. - Pero antes lo ha cogido mi padre y no ha hecho eso. - ¿Y si... Pudiera ser que...? Miró a Alice. - Me lo hizo tu padre... Es un encantamiento personalizado, en teoría... Solo se transforma en pájaro cuando lo tengo yo. Y así ha sido siempre. - Se mordió un poco el labio y, sin saber muy bien por qué, una sonrisa empezó a aparecer en su rostro. - Quizás... También esté hecho para ti. -
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Dom Ene 10, 2021 12:45 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Acarició la cara de Marcus suavemente con una sonrisa triste y se encogió de hombros antes su pregunta. – ¿Qué más da quién lo dijera? Hay cosas que, una vez oídas, no se pueden desoír... – Y hacen daño, mucho daño. Y coartan, y asustan... Y Gal no podía evitar pensar en ellas una y otra vez, más cuando lo tenía delante de las narices como el día anterior en casa de los Horner.

Pero entonces llegaba Marcus, con aquella actitud, diciendo que no la podía decepcionar... Ojalá eso fuera cierto. Pero ahí estaba diciéndole que le estaba haciendo pasar las mejores Navidades de su vida, y ella solo podía enredar más los dedos en su pelo y mirarle con devoción y una sonrisa. – El sentimiento es mutuo, cariño. – Se estaba empezando a acostumbrar a llamarle así y le gustaba, les unía aún más. Pasó los brazos por su cuello y recibió su beso otra vez. Notaba como su cuerpo se pegaba al de él, buscándole. Es que siempre le buscaba, daba igual lo que hubiera vivido, daban igual sus miedos y hasta lo que reflexionara su cabeza, siempre le buscaría.

Trató de reprochar cuando dijo que en su familia eran incultos y estirados, pero la verdad es que no le salía. Le miró con media sonrisa y una ceja alzada y entornó los ojos. – Bueno, yo no diría tanto. – Y se rio, pero en cuanto le oyó hablar así de las dos personas a las que más quería en el mundo, su padre y su tía, notó un nudo en la garganta y cómo se emocionaba. Acarició sus mejillas y dijo con voz quebrada. – Si papá te oye decir eso, se hincha como un pavo de orgullo. – Rio un poco más y soltó el aire. – No sabes cuánto aprecio que me digas esas cosas. Pero no puedo evitar pensar que tu vida es ordenada, y bonita y... Perfecta, como tú. – Echó aire con fuerza. – Y yo... Pues bueno. Ya viste mi casa. Y ni si quiera estoy con mi familia porque la hemos liado tan parda que estamos intentando arreglarlo antes de que nos explote en la cara. – Suspiró de nuevo e incorporó el tronco para besarle con una sonrisa. – Pero sí, sé que les caí bien. – Lo iba a dejar ahí, pero caer bien no era lo mismo que aceptar, estaba muy lejos de aceptar. Rio un poco más y tiró de él sobre ella. – Bueno ahora no necesito espacio ¿Sabes?

Pero suerte con eso, porque Marcus O'Donnell ya había tenido una revelación de las suyas e iba a por algo. Se sentó en la cama y lo admiró en su mano. – ¡Oh! ¡Pero si es un... – Era un pajarito. Le había puesto una sonrisa emocionada en la cara y, ciertamente, sentía que empezaba a ver profecías en todas partes o... Por las palabras de Marcus, dedujo quién era la mente detrás del encantamiento. – Mi padre. Le encantan estas cosas, él mismo ha sido siempre un poco niño. – Quizá no eran profecías, quizá solo era William Gallia sembrando semillas de algo que solo su cabeza entendía y que se empezaban a descubrir ahora. Muy de su padre. Cogió el pajarito en su dedo y le acarició la cabecita con una gran sonrisa, porque le estaba cantando. – Es monísimo, vaya ideas tenía mi padre... – Y entonces, levantó la cabeza y vio que Marcus estaba confuso. – ¿Qué? ¿Qué pasa? – Hizo lo que Marcus le decía y lo dejó en la cama. Otra risa le salió cuando vio que se convertía en cubo de colores, su padre era de veras divertido. Y entonces se quedó mirando a Marcus al oír su explicación. – ¿En serio? – Y se lanzó a cogerlo de nuevo. El pajarito volvió a aparecer ¿Sería posible que su padre hubiera hecho aquello a posta. Miró a Marcus entre emocionada, alucinada y... – Recuerda que cuando éramos pequeños nos conocíamos... Quizá mi padre lo hizo así aposta... – Se acercó un poco por la cama hacia él. – Pero... A veces... Las cosas más hermosas no tienen explicación... – Le puso el pajarito en el dedo y se quedó rozando el dorso de su mano en círculos, y acercando el rostro a él. – Sé que odias eso. No tener la explicación de todo pero... Yo simplemente diría que es mágico. – Como nosotros, pensó, como el amor, que, como decía su madre, es la magia más poderosa y extraña de todas.
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Dom Ene 10, 2021 1:28 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Alice estaba maravillada con aquello pero Marcus aún seguía dándole vueltas. Se estaba devanando los sesos intentando encontrar una explicación. Pensaba que el encantamiento reaccionaba al contacto con la piel, pero quizás reaccionara a la esencia de la persona o algo así, y al haber estado Alice acariciándole la cara y el pelo, a lo mejor le detectaba. Eso podía ser... Pero seguía sin tener sentido en su cabeza. Cuadraría como explicación para el encantamiento de cualquier otro, pero no de William. Dentro de todo su caos era muy detallista y sus hechizos eran impecables, no tendría un fallo tan simple, porque si no, el pajarito aparecería y desaparecería en todo lo que Marcus fuera tocando. Tenía que haber otra explicación.

La voz de Alice le sacó de su ensimismamiento. Un poco. La estaba escuchando con una parte del cerebro mientras la otra seguía intentando entender qué pasaba. Porque aunque había dicho que quizás también estuviera para ella, alguna explicación tenía que haber, alguna más técnica. Hasta que lo dijo: "a veces las cosas más hermosas no tienen explicación". La miró a los ojos, notando como su corazón se saltaba un latido. En otros momentos habría dicho que la frase era muy bonita pero que a él no se le aplicaba, que todo tenía su explicación y que Marcus era experto en encontrar explicaciones hasta debajo de las piedras. Ahora... Empezaba a creerlo de verdad. Alice podría decirle lo más increíble del mundo y se lo creería sin dudar si se lo decía allí, así, con esa sonrisa, bajo sus estrellas.

Bajó la mirada al pajarito, tomándolo en su dedo de nuevo cuando ella le depositó allí. Cada vez cantaba más y más alto, alegre, batiendo sus diminutas alas de colores y dando saltitos. Eso le hizo sonreír. Qué idiota había sido de ignorar ese precioso encantamiento durante diez años, todo por una cabezonería. La miró de nuevo y soltó una breve risa entre los labios. - Aunque te cueste creerlo... Empiezo a acostumbrarme a eso. - Dijo con una breve risa resignada, aunque sin dejar de sonreír. Sí, no tener la explicación de todo empezaba a a convertirse en una norma en su vida.

Se quedó unos segundos en silencio, mirando al alegre pajarito, sonriendo. - ¿Crees que jugamos los dos con él? - Solo de imaginárselo soltó una risita. - Aunque mi padre no me dijo que también funcionaba contigo... - Quizás no lo sabía. O quizás lo había omitido muy oportunamente. Su padre hacía esas cosas. Estaba seguro de que, en cierto modo, se le había pegado de William, aunque su abuelo también era un poco así. - No quiero imaginarme la que habríamos liado los dos de bebés con este pajarito revoloteando. - Dijo con una risa, alzando la cabeza para mirarla. ¿Y si era ese el momento? ¿Y si... Se lo decía? Te quiero, Alice. Esto está escrito, lo sabemos nosotros, lo sabe todo el mundo, lo saben hasta los encantamientos. Empezaba a desesperarse. Todo ese discurso que había soltado tantas veces de "no quiero perder lo que tengo" se estaba desvaneciendo y dando paso a una urgencia, por la cual lo que tenía se le quedaba ya corto. Quería más, quería todo. Y no era una cuestión de ambición, como podría intuirse viniendo de Marcus O'Donnell. Era que no concebía su vida sin Alice, prácticamente desde su nacimiento aunque no lo recordara. No podía nacer con ella y morir sin ella, eso sí que no tenía sentido, por mucho que Alice misma le dijera que no todo en la vida tenía un orden y una explicación. Para él sí. Aunque fuera descabellado, aunque fuera solo para él.

Tragó saliva y bajó la mirada otra vez. No era el momento, de todas formas, después de lo ocurrido el día anterior. Ni ahí en su habitación, en un momento cualquiera cuando podría entrar alguien de un instante al otro e interrumpir algo que llevaba currándose en su cabeza tanto tiempo. Se mordió los labios y sonrió de nuevo. - Llevaba tantos años sin jugar con él... - Empezó a contar, aunque le daba un poco de vergüenza su propio comportamiento. Como tantas otras veces. - No entendía por qué no era un pajarito siempre... A mí me gustaba así, como está ahora. Cantando y contento. Pero no siempre estaba así... Y me enfadé con él. - Vaya. Justo lo que le había hecho a Alice el día anterior. Muy bien, Marcus. Pensó, cerrando los párpados en un suspiro mudo. - Siento haberme puesto así. - Dijo, y la disculpa valía para los dos. Para esos dos pajaritos que querría ver toda la vida cantando, aunque no le quedaba de otra que asumir que no podía ser siempre así.
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Dom Ene 10, 2021 6:17 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Casi podía ver salir el humo de la cabeza de Marcus, pensando, cómo estaba pensando ella, qué demonios debía significar todo aquello. Pero él le daba todavía más vueltas, y se podía meter en un bucle O'Donnell formidable. Se rio cuando le dijo que se estaba empezando a acostumbrar a no tener la explicación de todo. – ¿De veras? – Dijo tentativa sin llegar a creérselo. Se acercó a su rostro y rozó la nariz con la suya. Se quedó prendada de sus ojos clavándose sobre los propios

Se rio, tumbándose en la cama a su lado de nuevo. – Perdona ¿En plural? Creo que quedó bastante claro que yo era mucho peor que tú de niña. – Le hizo tumbarse a su lado, sin que soltara el pajarito para poder seguir admirándole, su alegría, sus colores. – Probablemente nos habríamos peleado porque yo querría echarlo a volar y tu mantenerlo así en las manitas. – Dijo poniendo un cuenco con las manos y recogiéndole ella. Levantó las manos rápidamente, como incitándole a volar (total, dentro de la habitación no iba a ir a ninguna parte) pero el pajarito describió una pirueta en el aire y volvió a posarse en la mano de Marcus, lo cual la hizo reír. – Y hubiese sido para nada, porque ya ves, es un pajarito, sabe volar... – Sus ojos se clavaron en el encantamiento y en la mano de Marcus, que acarició suavemente con los dedos. – Pero prefiere estar en tus manos...– Terminó, ausente. "¿Ya no tienes miedo de no ser libre?" Le había preguntado la vocecita de su hermano. Y no... No lo tenía. Volvería a la mano de Marcus, como aquel pajarito, si él se lo pidiera, si él así lo quisiera, como quería al pajarito.

Escuchó la historia del pajarito. Sí, era muy de Marcus cabrearse así cuando se esforzaba hasta la saciedad en algo y al final no salía... Y cuando ella lo presenciaba, siempre lo intentaba arreglar, ahí tenían de testigo al boggart. Pero aquello, aunque hubiera estado para vivirlo, no hubiera podido cambiarlo. – Supongo que eras demasiado pequeño para entenderlo. Tú querías el pajarito, porque cuando era un cubo no era suficiente para ti... No está mal desear algo mejor ¿Sabes? – Pero él también había visto clara la analogía entre el pajarito y ella, y aunque le ponía un poco triste saber que Marcus nunca estaría al cien por cien feliz con ella, porque no podría ser el pajarito siempre, dejó un beso en su sien y volvió a coger al pajarito, acercándoselo a la cara. – ¿Qué dices? ¿Le perdonamos? ¿Sí, no? Es demasiado guapo para no perdonarle. – Se giró un poco sobre sí misma, poniéndose de costado y besó sus labios con ternura. – Ya te he dicho que tenemos que aprender. Yo a contarte las cosas, tú a que no todos podemos ser perfectos... Pero para eso somos dos Ravenclaws curiosos, para aprender, juntos. – Volvió a besarle brevemente y sonrió. – Todo.
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Dom Ene 10, 2021 7:34 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
La miró tumbarse y rio también, emulando sus palabras y su tono. - Perdona, ¿de niña? - Se tumbó a su lado, mirando el pajarito en sus manos, entre ambos. Parecía tan feliz, más de lo que recordaba haberle visto nunca. Aunque era muy pequeño cuando jugaba con él, quizás ahora lo estaba percibiendo desde otra perspectiva.

Observó con una sonrisa ilusionada como ella recogía al pajarito, con cierta inquietud por miedo a que al echarle a volar se cayera, o se transformara en cubo en el aire, pero también con curiosidad e ilusión por ver si se ponía a recorrerse la habitación él solito. Pero lo que hizo fue dar una pirueta en el aire y volver a posarse en su mano, y Marcus le miró con ternura, con el mismo cariño y adoración con la que lo miraba de pequeño. Miró a Alice y sonrió aún más, antes de dedicarle de nuevo su mirada al pajarito. Sabía volar pero prefería estar con él... Ojalá no estuvieran hablando de ese pajarito...

Se quedó acariciando sus plumitas, de ese extraño tacto a madera suave, mientras escuchaba a la chica hablar. Sí, era pequeño, pero fue un cabezota, una cosa no quitaba a la otra. Aunque alzó la mirada, dejando de acariciar al animalito, cuando dijo que no estaba mal desear algo mejor. - El cubo me enseñó muchas cosas. Sin el cubo no hubiera sido lo mismo, aprendí mucho. - Bajó la mirada y volvió a acariciar al pajarito, encogiéndose de un hombro. - No quería algo mejor... Quería esto. - Ese pajarito, su pajarito, cantando y contento siempre.

Recibió el beso con una sonrisita y rio con ternura y un cosquilleo en el pecho de ver a Alice hablar así con el pajarito, negando con la cabeza con ese piropo. De nuevo se besaron, y se hubiera quedado ahí horas besándose con ella, perdido en ese momento tan tierno que estaban viviendo y que, una vez más, le había hecho olvidarse de que existía más gente en el mundo que no fueran ellos dos. Sonrió y acarició su nariz con el índice, tiernamente. - Tú eres perfecta. - Susurró, sin dejar de sonreír. Se acercó un poco más a su rostro. El pajarito se había apoyado sobre su cabeza, lo que le hizo alzar los ojos y reír un poco. - Y decíamos que Elio era cotilla. - Bromeó. Se mordió el labio, conteniéndose de nuevo de decírselo, de decirle que la quería... Y simplemente, en otro susurro, repitió la palabra de la chica. - Todo. -
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Dom Ene 10, 2021 10:48 pm

Escenas de Navidad (parte I)
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Había estado evitándolo, y creía que podía tirar más o menos con la ropa que tenía pero... No quería ponerse la misma ropa en Nochevieja que se había puesto en Nochebuena. Y no iba a volver a pedirle un vestido a Emma. Y necesitaba comprarse vestidos y ropa con urgencia y había quedado demostrado. Pero es que en La Provenza siempre estaba con ropa cómoda y no iba a fiestas ni nada de eso, y en Inglaterra menos. Así que más le valía meterse bien hondo en el armario y buscar como una loca. Y para eso tenía que volver a su casa, y no le hacía ninguna gracia que Marcus fuera con ella, pero menos gracia le haría hacerlo sola. Y si lo hubiera intentado, se acababa viendo con todos los O'Donnell y Dylan en la casa y por ahí sí que no pasaba.

Así que se lo había pedido y a Marcus le había faltado tiempo de ofrecerse a ir con ella, con la aparente mala cara de Emma al respecto, pero aceptó que era mala idea volver a llevar a Dylan así que, simplemente, les había puesto hora de vuelta. A comer para ser más precisos. Y allí se habían aparecido, estrenando su recién adquirida habilidad, para llegar al jardín de entrada en un momento. Mientras abría la valla volvió a suspirar. – Recuérdame por qué te he dejado venir otra vez y ver el desastre en el que vivimos. – Miró a ambos lado del caminito e hizo una mueca. – El otro día, Dylan me dijo que le gustaría volver a ver el jardín como cuando mamá vivía. Y aún no he visto el de atrás, aunque el invernadero lleva años en un estado deplorable, y viendo cómo está este, me hago una idea. Supongo que podemos sumarlo a la lista de cosas que están patas arriba en nuestras vidas.

Antes de abrir la puerta se giró hacia él y le dijo. – Nada de hablar con el cuadro esta vez ¿De acuerdo? Pasamos sin hacer ruido por la planta de abajo y directos a mi habitación. Arriba no nos oye. – Y una vez dadas las órdenes, abrió lentamente la puerta y pasaron hasta las escaleras sigilosamente. Cogió la mano de Marcus para guiarle hacia su habitación y, de paso, que no pasara por las otras y viera todos los vestidos de su madre por la habitación de sus padres, y una vez en la suya, cerró la puerta suavemente, dejando soltar un suspiro que no se había dado cuenta que estaba aguantando. – Bueno primera prueba superada. – Miró a su al rededor. Su habitación era como una cuarta parte de la de Marcus, y menos bonita y acogedora. "Vamos igualito esto que Nochebuena" Pensó para sus adentros, como si pudiera decírselo a Emma y sus temores de dejarles solos. Soltó aire fuertemente y abrió el armario.

Vale, pues he venido yo muy derecha aquí, pero no sé a ciencia cierta si tengo un vestido para Nochevieja. – Se giró hacia Marcus y dijo. – Hazme un favor y mira en los baúles que hay debajo de la cama. Solo hay vestidos viejos y juguetes polvorientos, pero tampoco es como que haya crecido mucho desde los catorce, así que, con suerte, das con algo. – Con esa petición, se dio cuenta de que Marcus había dejado de lado una mañana de vacaciones perfectamente productiva con tal de venir a ayudarla y que estaba siendo un poco desagradecida, así que se acercó a él, al abrazó de la cintura y echó la cabeza para atrás para mirarle. – Y gracias. Por venir y por ayudarme. Es solo que me pongo un poco tensa cuando estoy aquí.
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Lun Ene 11, 2021 12:36 am

Escenas de Navidad (parte I)
CON Alice EN Casa de los O'Donnell Días del 26 al 30 de diciembre
Cuando Alice le dijo que necesitaba ir a su casa, Marcus ya estaba trazando en su mente que iría con ella. La petición vino después, y menos mal, porque no iba a dejarla ir sola y no le apetecía discutir. El motivo al parecer era coger algo de ropa. A él no le parecía necesario, pero tampoco iba a decir nada al respecto, la acompañaría y punto. Era su casa, sus motivos tendría para ir. Quizás simplemente la echara de menos, al fin y al cabo era Navidad... Aunque algo le decía que Alice en su casa solo conseguía ponerse más triste. Le partía el alma eso. Pero no iba a entrar a divagar, su misión era acompañarla. Y pedirle a sus padres su beneplácito, claro, el cual iba a conseguir como que se llamaba Marcus. Y así fue.

Echó una ojeada a la casa, un paso detrás de Alice, mientras esta abría la valla, y le esbozó una sonrisa tierna ante ese comentario tan taciturno. - Porque los dos hemos aceptado que llevarnos la contraria solo nos hace gastar energía tontamente. - Contestó con las cejas arqueadas, tratando de distender un poco el ambiente. Echó un vistazo al jardín y ladeó un par de veces la cabeza. - O también podemos sumarlo a la lista de actividades navideñas que podemos hacer. - Se encogió de hombros, sin dejar de sonreír. - Otra cosa no, pero la Alice Gallia que yo conozco es una crack en herbología. Y, querida Alice Gallia, estás en presencia del mejor alumno que tiene Hogwarts en estos momentos. - Volvió a arquear las cejas. Claro, su cometido no era simplemente acompañar a Alice, sino que se sintiera bien en el proceso, aunque fuera a base de decirle tonterías. - Yo creo que entre los dos podemos hacer algo por adecentarlo un poco. - Estaba convencido de que sí, en ese optimismo tan suyo cuando a metas se refería y bañado por el buen humor del que estaba en esas vacaciones.

Se detuvo en seco y la miró cuando le dio la orden, asintiendo. Nada de hablar con "el cuadro"... Con Janet. Le costaba distinguirlo. Sabía perfectamente que era un cuadro, solo un cuadro, no era ella... Pero era una imagen de ella tan real, era parte de su esencia, la esencia que el retratista captó de Janet en ese momento. Esbozó una sonrisa tranquila para acatar su directriz pero, cuando se dio la espalda, tragó saliva y se guardó un suspiro. La siguió, dejándose guiar de la mano, pero no pudo evitar mirar de reojo hacia allí. Marcus sabía perfectamente lo que era un cuadro, hablaba con todos los de Hogwarts, y aunque todas las pinturas fueran retratos de personas fallecidas... No era lo mismo. Solo les había conocido siendo cuadros. Lo de Janet era totalmente distinto. Era como si le faltara el respeto por no entrar aunque fuera a saludarla... Entendía a William, lo entendía tantísimo. Si él estaba con ese lío mental, no querría imaginarse lo que sería que ese cuadro fuera el recuerdo del amor de tu vida... No, no quería imaginárselo, definitivamente. Mejor se centraba en su propio amor de su vida, que ahora le estaba arrastrando por su casa de la mano. Y dejaba de pensar cosas raras, que se las iba a notar en la cara.

Hasta el cuarto de Alice emanaba cierta tristeza, como toda la casa. Había estado allí hacía muchos años ya, llevaba muchísimo tiempo sin ir a su casa, así que no pudo evitar echar un vistazo a su alrededor. La miró con los brazos en jarra y asintió obedientemente a su petición. - Hecho. - Pero antes de agacharse a mirar, la chica se abrazó a su cintura. La rodeó él también, mirándola con una sonrisa y negando con la cabeza, acariciando su pelo. - No tienes que darme las gracias, Alice. Estoy aquí encantado. - Lo decía totalmente en serio. A ver, no le gustaba ver a Alice tensa, pero por tal de estar con ella le daba igual la actividad. Y si necesitaba ir a su casa, ni por un asomo no iba a acompañarla. Lo tenía asumidísimo. - Si quieres, te ayudo a buscar la ropa y luego vamos al jardín y miramos qué podemos hacer. Seguro que se te ocurre qué podemos plantar. Si no lo tienes aquí, buscaremos semillas cuando volvamos a Hogwarts y en verano las plantamos. ¿Qué te parece? - Le guiñó un ojo y, con una última caricia, se separó de ella para hacer lo que le había pedido.

Tuvo que arrastrarse un poco debajo de la cama para llegar al baúl, pero como tenía los brazos largos no le supuso mucho esfuerzo. - A lo mejor tienes aquí tu vestido de la Provenza. - Comentó como una broma, como si no le hubiera gritado el subconsciente, como si no recordara esos preciosos vestidos y le salieran estrellitas de los ojos. Qué tonto, Marcus. Como que estaba el clima en Londres para ponerse un vestido de esos. Negó con la cabeza por su propio pensamiento mientras abría el baúl y sacaba algunas cosas. - Hay un poco de todo aquí. - Empezó a poner algunas ropas en la cama. - No te lo quiero desbaratar mucho... A ver si algo de eso te sirve. - Que ya le había dicho mil veces que ella estaba guapa con cualquier cosa que se pusiera, pero mejor lo iba sacando todo y la dejaba decidir a ella. Total, a él igualmente le iba a venir bien.

- Oh, esto me suena. - Comentó con una risa, sacando un diminuto uniforme de Ravenclaw perfectamente dobladito. La Alice de once años, tan pequeñita, ahora no le cabría esa ropa por ninguna parte. A él tampoco le cabría su ropa de primero. La miró con ternura y una risita residual, dejando el uniforme doblado en un lado de la cama para seguir sacando lo que había en el baúl, cuando, al mirar a este de nuevo, un objeto llamó su atención. Frunció el ceño con interés y una sonrisita, fue a cogerlo... Y se quedó con la boca abierta. - Alice. - Musitó para llamar su atención, mirando el cubito entre sus manos con una expresión de sorpresa total. La miró, con los ojos muy abiertos, alzando el objeto. - ¿Es... Lo que yo creo que es? - Lo recordaba perfectamente, como que lo vio hacía apenas unos días. El cubo azul con la letra A. El bloque que Marcus le regaló a Alice cuando apenas tenían un año, en su casa. Sin dejar de tener la boca abierta, sonrió. - Lo tenías guardado. - No se lo podía creer.
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