Últimos temas
Afiliados
Élites
Créditos
Tree Of Life es un foro de rol libre y su contenido es propiedad intelectual de los administradores del mismo y los usuarios que crean sus tramas. El diseño general del skin y las tablillas staff fue creado por Red, a quien agradecemos su contribución. Agradecimientos especiales a los foros dixinmortal y al foro de ayuda de Foroactivo, así como a los tumblrs de necromancercoding, Flerex, Gitanodoescodes y Maryskins, pues sin sus tutoriales y zonas de ayuda habría sido imposible completar esta skin. Las imágenes utilizadas no son de nuestra propiedad si no sacadas de las páginas Google, DLPNG, Pngflow, Freepng y DeviantArt (Captain-Kingsman16, DUA-PNGS, Weirdly-PNGS y nickelbackloverxoxox). También agradecemos a Mario Montagna de freepsdfiles por las imágenes de los botones, así como a freepik y a Flaticon por las imágenes de los iconos. Los iconos web pertenecen a la página FontAwesome. Por último, el diseño de la página html para las dinámicas es creación de ethereal-themes, que cede el código gratuitamente en su tumblr del mismo nombre.
Hermanos

Tumblrs de recursos para el rol

Gods & Monsters [+18] Empty

Lun Ene 11, 2021 4:17 pm


GODS & MONSTERS
Cuando Lucille Bertram fue por fin presentada en sociedad, los regalos procedentes de los jóvenes que buscaron cortejarla no entraban en la hacienda de los Bertram. La joven poseía una belleza natural pero misteriosa que no sólo llamó la atención de galanes y apuestos caballeros, sino también, sin esperarlo siquiera, del Duque de Larroquette. Hombre serio y respetable donde los haya, que despreciaba a las madres casamenteras que se acercaban a él con intención de endosarle a sus hijas cada cual más vulgar. Sus ojos, como los del resto, se posaron en la joven Bertram y en menos de un mes ya estaría desposándose con ella.

Lucille, por su parte, encantada con la idea de que un Duque se hubiera interesado por ella y particularmente uno tan formal, no comprendería hasta después de la boda que todos aquellos modales escondían en la intimidad a un hombre violento y egoísta que sólo codiciaba lo mejor sin preocuparse luego por ello. Fue así como al principio la muchacha pensó que tal vez la culpa fuera suya, nueva en los quehaceres de una esposa y más todavía, una Duquesa.

Sin embargo, por mucho que la actitud de Lucille fuera inmejorable, esperando que tarde o temprano el Duque observara cuanto era capaz de hacer por él y comenzara a amarla, eso nunca sucedió. La ira, las malas formas, el sexo sin amor, sin consentimiento o intimidad, las lágrimas... Lucille no tardó en perder el brillo de sus ojos que tan bellamente la había caracterizado y convertirse en algo bien distinto...

...hasta que volvió a ver a Alexandre Bradbury.
Alexandre
Bradbury
TOM HIDDLESTON — PHANTOM
Lucille de Larroquette
EVA GREEN — MARLOWE
One on One | Original | Épocas pasadas




Última edición por Marlowe el Mar Nov 23, 2021 8:36 pm, editado 4 veces


I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Jue Ene 14, 2021 5:32 pm

The Season
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Baile de temporada

La temporada oficial había iniciado sin muchos contratiempos, el corrillo de damas que habían sido presentadas en sociedad, se disponían a abrir el baile principal acompañadas de sus respectivos chambelanes. El jolgorio se hacía escuchar desde las habitaciones del palacete hasta el jardín repleto de rosas blancas y amarillas, allí, perdido en la oscura compañía de la noche, se encontraba Lord Bradbury, el menor de los hijos de la ya casi olvidada, pero respetable, familia Bradbury de Gales.

En soledad, el joven cavilaba a cerca de sus intereses, pues aunque disfrutaba como el que más el inicio de la temporada con sus bailes multitudinarios y sus festividades alegres, aquella noche vio algo que pensó que tenía ya olvidado; aunque más que algo se debía a alguien, concretamente una mujer cuyo nombre aún retumbaba en su corazón y su memoria: Lucille Bertram, o más bien debía decir Lady Larroquette.

Un año atrás, cuando toda la atención estaba puesta en la inminente boda de su hermana mayor Simone, con el conde de Orleans, el benjamín de la familia Bradbury quedó encandilado por la joven promesa de la temporada, una muchacha de profundos ojos verdes y sonrisa inquebrantable. Aquella dama hizo añicos su corazón en el momento que aceptó la propuesta de matrimonio del Duque Larroquette y no la suya; pero tampoco podía culparla, ¿qué podría ofrecerle el hijo menor de un Vizconde? Ni si quiera el título lo llevaría él, pues estaba apalabrado al segundo hijo de la familia, Charles. Así que dolido y derrotado, se marchó a Francia donde pasaría los últimos diez meses llevando una vida llena de excesos con el único fin de borrar de su memoria a Lucille.

No en vano pasa el tiempo, pues lo que él creía haber superado, volvía a tambalear su mundo interno al materializarse frente a él con la gracia propia de una mariposa, revoloteando en su mente incesantemente, hasta ahogarlo en una copa de champán.

Esto es una broma del destino o un castigo divino, yo mismo me lo busqué al volver tan pronto —. Se sermoneaba a sí mismo mientras daba una calada a su cigarro. La excusa de salir a respirar aire fresco no le duraría eternamente, sabía que debía afrontar con rigidez y caballerosidad una derrota tan antigua, sin embargo, él que adoraba bailar hasta que le doliesen los pies, parecía estar disfrutando más de la compañía de las polillas que la de los invitados.

Suspiró profundamente y cerró los ojos, deseando fundirse en la oscuridad para no volver a sentir aquel vacío en el pecho que provocaba cada mirada y cada movimiento que Lucille realizaba.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Jue Ene 14, 2021 6:42 pm

The Season
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Baile de temporada

Frío como el suelo que pisaba podía apreciarse el semblante de la duquesa de Larroquette. Tiempo atrás había gozado de la alegría que aportaban las celebraciones y encuentros de aquel tipo y había desgastado sus pies en cada una de las danzas. No obstante, tras un año de matrimonio con el duque de Larroquette, sólo pensaba y temía por todas aquellas jóvenes ilusionadas con la empresa de casarse y formar una familia, deseando que no tuvieran la suerte que había tenido ella, nefasta a sus ojos. Pues las imprudencias tarde o temprano terminan pagándose y aunque para sus padres las gestiones pertinentes a su matrimonio les habían resultado del todo correctas en forma y tiempo, Lucille Bertram se arrepentía día a día de haber tomado la peor decisión de su vida: casarse con un hombre que no la amaba. Pero, ¿qué iba a saber ella? Convencida con palabras maternas de que un regalo es siempre muestra de amor y que cuanto mayor sea su coste, mayor es el amor profesado.

Dulce como ha sido siempre para toda joven el idilio cuando finalmente llega el ser amado, Lucille ha pasado todo un año esforzándose en conseguir algo que a estas alturas parece ya imposible y su corazón empieza a resignarse entre lágrima y lágrima, esperando que su cicatriz sane de una vez para poder centrarse en otros asuntos que no atañan al corazón.
Aún con todo, alejada de estar todavía preparada, acompaña a su esposo a toda gala y abre cualquier baile que sea necesario con el hastío volviendo sus pies pesados y sus movimientos gráciles, torpes. Danzar eleva el espíritu, pero el de Lucille Bertram está ya tan quebrado que sus alas no pueden asegurar el vuelo. Lo único que puede hacer es alejarse del bullicio escabulléndose por la puerta de madera y cristal que da al jardín, como hizo en el baile de la temporada, y tomar una bocanada de aire que la purifique antes de que el veneno de la sociedad la consuma por completo. Perdida y sola recuerda mirar la luna acompañada de sus estrellas y sentirse melancólica, libre para desahogarse en silencio hasta que siente una figura cercana y pone un dique a su tristeza, orgullosa como es ella.

- Creí que estaba sola -se excusó, esperando que aquella figura masculina diera la cara como caballero que parecía ser-.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Vie Ene 15, 2021 12:53 am

The Season
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Baile de temporada

El humo de su tabaco lo rodeaba completamente, haciendo que sus sentidos se viesen ahogados por aquel fuerte aroma, lo que lo privó de percibir el aroma de un perfume femenino que se había instaurado en el mismo trecho del jardín donde Alexandre dudaba a cerca de volver al baile o huir como el cobarde que siempre había sido. Optó, en cambio, por quedarse con la disyuntiva de una sensata elección, escondido en las sombras pero ya no en soledad como pensaba. Una voz con tono hastiado provocó un ligero sobresalto en él, obligándolo a girarse repentinamente, llevándose una sorpresa igual de grande que la vez que se encontró el trineo con el que tanto soñaba, justo debajo del árbol navideño, y de eso hacía ya décadas atrás.

Esa debería ser mi línea—, reprochó el muchacho, al contemplar aquel rostro familiar. — Duquesa, es un placer volver a verla —. Hizo una reverencia digna de galantería, pues a pesar de su discusión interna, y del hecho que no esperaba encontrarse con Lucille a solas de buenas a primeras; debía guardar las apariencias. De nada serviría hacerle el vacío a una dama de su posición, al menos si no quería acabar en el ostracismo social.

Es una noche preciosa, ¿no cree? El bochorno me estaba saturando allí dentro, aunque disfruto como el que más de bailar, creo que el calor ha podido conmigo—, una risa nerviosa escapó de sus labios, mientras sus ojos se paseaban de las flores al suelo y del suelo a las flores, evitando encandilarse con aquellos ojos que tanto extrañaba, sin si quiera fijarse que la mirada que en su día lo encandiló, lejos estaba de ser la misma, los sueños parecían haberse esfumado de ella y el brillo que tanto la caracterizaba, era solo la sombra de una vida pasada.

Sin darse cuenta, había pasado la mano izquierda ya tres veces por su cabellera, a modo de tic, mientras sus pensamientos volvían al baile que se orquestaba en el gran salón, esperando que ningún alma echase la vista al jardín. Lo último que quería era ser la comidilla de la temporada, tenía suficiente con ser uno de los candidatos a futuro marido.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Sáb Ene 16, 2021 12:43 am

The Season
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Baile de temporada

El asombro de Lucille fue tal que sus ojos se abrieron de par en par y sus labios hicieron lo mismo.

-Alexandre -recordó en voz alta olvidando, sin embargo, sus modales, los cuales recobró tras un parpadeo que duró demasiado y algo de sentido común-. Quiero decir, Lord Bradbury.

En menos de lo que un corazón roto tarda en cicatrizar, Lucille Bertram se había olvidado de su pesar al tener ante si aquella visión del pasado. No obstante, cuando el caballero comenzó a hablar de forma vacua sobre lo que les rodeaba, la duquesa regresó a sus pensamientos sin mover siquiera un músculo de su rostro, todavía sorprendida, cerca de pedir ayuda con una única mirada. Pero, ¿era justo aquello? las noticias vuelan y aquellos que se alejan para olvidar al amor perdido, bueno, esos van en otro medio de transporte distinto.

Su mirada se alejó de Alexandre cargada de vergüenza, antes de hablar.

- Me comunicaron que se había ido de tierras británicas.

El trato de respeto estaba matando a Lucille, acostumbrada como había estado a la cercanía de su nombre, el cual ya no consideraba correcto pronunciar.

- Yo... -comenzó de nuevo, pero una pequeña historia empezó a contarse en su cabeza. Una historia que le era bien familiar-.

La historia hablaba de una joven a la que pretendían muchos caballeros y la casualidad hizo que conociera a uno con el cual daba largos paseos y se reía a diario. Un dulce juego pueril que no tendría futuro, pues un rico duque había posado también sus ojos en ella y le hacía promesas a su familia que el joven enamorado nunca podría haber hecho aunque quisiera. Y aunque la joven todavía conservaba la idea de poder elegir, una revelación le obligó a hacer lo correcto. Su padre, pobre diablo, jugaba más de lo que su hacienda o la dote de su hija podía permitirle  y a Lucille no le quedó más remedio que servir como moneda de cambio para garantizar el nombre de su familia. No fue fácil, la muchacha hablaba en sueños con su enamorado y su madre se encargaba de meter en sus pensamientos al duque por el día, eso sin contar con los primeros bailes de toda gala, que siempre debía reservárselos al caballero. Su familia, lejos de ayudarla, mintió en más de una ocasión al pretendiente menos afortunado asegurando que la señorita no estaba en casa o no quería verlo, o que incluso se había citado con su futuro esposo. Así fue como Lucille Bertram se olvidó de Alexandre Bradbury y, al mismo tiempo, al casarse con el duque y vivir junto a él varios meses, de la idea de volver a enamorarse.

Cargada de valor, la duquesa miró por fin a su acompañante de forma directa, comprendiendo que con el tiempo transcurrido sus rasgos se habían endurecido, sus ojeras eran algo más pronunciadas y su cabello tenía otra longitud. Sus ojos, sin embargo, reflejaban un hermoso color azul que brillaba como Lucille ya no podía recordar y eso hizo que todo valor desapareciera, volviéndola débil. Por lo que, cuando parecía que por fin iba a pronunciar palabra, Lucille de Larroquette se echó a llorar.





I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Sáb Ene 23, 2021 2:04 am

The Season
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Baile de temporada

Alexandre apretaba los labios en una sonrisa casi forzada, mientras sus ojos flanqueaban el perímetro en busca de una salida rápida. Era irónico que estando en los jardines, el muchacho se sintiera encerrado entre paredes de cristal, como un conejillo acorralado por una loba.

No pude rechazar la invitación del Conde de Orleans. Un tiempo en el extranjero te llena de vida nueva, aunque también de confusión, porque al volver a casa no lo encuentras todo como lo habías dejado, quiero decir, el tiempo pasa igual en todos lados aunque la esperanza de volver a nuestra vieja vida permanezca allí... ¿lo entiende?— se descubrió a sí mismo hablando demasiado, un tanto asombrado por sus propias palabras, medidas en una especie de filosofía existencialista cuyo único propósito parecía ser el confundir tanto a su interlocutora como a sí mismo.
Carraspeó entrelazando las manos tras espalda, mientras su pies comenzaron a trazar pequeños círculos en el césped, sintiendo como la vergüenza se apoderaba de sus mejillas hasta el punto de enrojecerlas como hierro candente.

Perdone, no quería aburrirla con mi soliloquio, a decir verdad me encuentro un tanto abrumado por su presencia, yo...— sus palabras quedaron ahogadas por un sutil "yo" salido de los labios de la duquesa, en cuyos ojos parecían reflejarse un horror maquiavélico que ensombrecía su precioso rostro. Alexandre se sorprendió al verla de aquella manera, pues en sus recuerdos no existía imagen semejante a esa, la sonrisa amable y los brillantes ojos esmeralda de Lucille era lo que él más añoraba en ella; pero la que tenía delante no era ni si quiera la sutil sombra de aquella encantadora muchacha. ¿Tanto podía cambiar alguien en menos de un año? Solo bastaba con mirarse a un espejo, él tampoco era el mismo, pero su escala no se comparaba con la de Lucille.

Lucille...— pronunciar aquel nombre había endulzado sus labios, en cambio el corazón le dio un vuelco cuando esta rompió en lágrimas. — ¿Qué sucede?— dio un paso hacia ella con intención de tomarle las manos, pero las luces que se reflejaban por la ventana alumbraban parte del jardín, dejándolos a vista fácil de cualquier persona chismosa que los dejaría como la comidilla de la temporada. Así que dejando de lado su galantería y buenos modales, le tomó de la mano y tiró de ella hacia un angosto camino de setos y rosas bañados en la oscuridad de la noche, que los protegía de la vista de los invitados, y sin mediar palabra, la tomó entre sus brazos.

El cálido abrazo con el que había soñado durante tanto tiempo ocurría de la forma en la que menos se imaginaba, escondidos de la sociedad, en un secretismo ulterior casi tildado de pecado. ¿Pero cómo podía ser pecado algo que salía del corazón? Alexandre sólo quería calmar el profundo dolor de Lucille.

¿Por qué lloras, Lucille? Me parte el corazón verte así...— musitó contra su sien, mientras sus alargados dedos se hundían en los cabellos de color azabache de la muchacha.

Lucille, musitó aquel nombre una vez más, saboreando los matices dulces y amargos que le provocaba, mientras su preocupación aumentaba del mismo modo que los latidos de su corazón.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Sáb Ene 23, 2021 7:00 pm

The Season
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Baile de temporada

Casi como el duque, pensó la mujer. Pues entre lágrima y lágrima todavía había hueco para algo de sarcasmo y cinismo. Siempre lo había desde que se casó. Y es que, ¿qué acto caballeroso podía compararse a los bufidos de su esposo o su condescendencia, o incluso su abandono? Por eso cuando Alexandre Bradbury no sólo no intentó zafarse de aquel compromiso inesperado y puede que algo violento con ella, sino que la condujo a un sitio apartado en el que poder atajar aquella pena repentina y en lugar de propinarle una bofetada, la abrazó, ésta recibió el gesto con el mismo ímpetu que el caballero. Siendo más consciente si cabe de su vida y su pesar. ¡Y qué hacer ahora! Ahora que sus emociones ya la habían descubierto ante la peor persona posible, mientras intentaba mantener cierta compostura sin conseguirlo. Oh, pero aquellos brazos, aquellos brazos eran el lugar perfecto donde pensar y así continuó mientras Alexandre la interrogaba, sin saber Lucille cual debía ser su respuesta. Sin saber si debía recobrar su dignidad y hacer como si aquello nunca hubiera pasado o simplemente...

Así fue como la mujer alzó la vista por fin, colocando su mano en el rostro del caballero, mirándolo primero a los ojos y cerrando éstos después, necesitando el suave roce de sus mejillas contra las de ella y mesando sus cabellos con la mano que le quedaba libre, notando contrariamente a la naturaleza como su corazón se aceleraba al mismo tiempo que se detenía.

- Lo siento -fue lo único que pudo articular en primera instancia, todavía perdida en aquel paraíso oscuro. Y así era, lo sentía por tantas cosas: haber arruinado la vida de ambos, haberse casado con otro hombre, haberle hecho daño y lo peor, volver a hacérselo aquella noche en la que, de todos los invitados, él era el que menos podía merecérselo. Pero allí estaba, sujetándola para que no se cayera en el agujero oscuro de su pena-.

Y aunque no quería, se separó de él. Titubeante todavía en cuanto a su próximo paso, e incluso a decidirse a mirar a Alexandre a los ojos. Cobarde como nunca había sido, comenzó a caminar con intención de abandonar aquel sitio, disculpándose una última vez para poder dejar atrás a Alexandre, a aquella Lucille que no podía permitirse ser, e incluso la situación, totalmente impropia.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Miér Ene 27, 2021 1:57 am

The Season
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Baile de temporada

No tenía palabras para reconfortar a Lucille, y exponer sus dudas sólo harían que esta se hundiese más en su miseria, por ello, se quedó rígido, ofreciéndole aquel abrazo con el que esperaba dar calor a su corazón, dejando que derramara un río en lágrimas contra su pecho si así quisiera.

En la turbulenta espera de Alexandre Bradbury por tener a Lucille entre sus brazos, no se había imaginado a ella llorar en ninguna escena, por lo que verla de aquel modo lo desconcertaba completamente. ¿A caso no era feliz? Su familia aseguraba que la vida de Duquesa le sentaba como anillo al dedo, su vida se había vuelto interesante y ella irradiaba felicidad. ¿Era a caso mentira todo aquello? Aunque la noticia de su boda y su nueva vida lo dejó derrotado, esperaba al menos que ella viviera feliz, al fin y al cabo, uno de los dos debería serlo.

Pero qué funesto es el destino, pues la dulce historia de amor se convirtió en una tragedia Shakespeariana, y al igual que Romeo y Julieta, los dos parecían haber sido envenenados al por la misma copa.

Alexandre suspiró, tan profundo, que los cabellos de Lucille danzaron al compás, haciendo que bajara la vista a su coronilla y depositara un beso entre sus cabellos, justo en el momento en el que la triste mujer se disculpaba, interponiendo distancia entre los dos al separarse del abrazo del caballero que solo deseaba postrarse a sus pies.

Lucille, espera— musitó Alexandre, cogiendo del brazo a la muchacha para tirar de ella y volver a pegarla contra su pecho. — No te vayas—. Deseaba con todas sus fuerzas gritar todo lo que su corazón bombeaba, y es que cada vez que la tenía cerca, sus latidos se oían como el trote de un caballo de carreras.

No medio palabra alguna, ni si quiera volvió a preguntar qué afligía el alma de la pobre Lucille, en cambio, actuó de manera indecorosa, en un acto llevado por sus entrañas más que por la razón, pues sus manos recorrieron la cintura de Lucille, pausada y con delicadeza, como el artista que moldea su escultura, temiendo romperla si se movía con brusquedad. Sintió las varillas de su corsé con los dedos y las recorrió desde sus costillas hasta su ombligo, trazando varias eses por el camino. Cualquier hombre en su estado cabal, se habría alejado de una situación tal, pero Alexandre sucumbió a sus bajas pasiones y aprovechó el silencio de los labios de Lucille para obrar como un íncubo, y aprovechando su cercanía, rodeó la cintura ajena con ambos brazos, mientras escondía el rostro entre su cuello y su clavícula, donde depositaría un suave beso en la digna piel de porcelana, surcando el camino prohibido que trazaba su cuello hasta llegar a sus labios, donde se detuvo para volver la vista a sus ojos. Y entonces tomó su mentón con la mano derecha y acarició sus labios con el pulgar, disfrutando de aquel tacto húmedo que se tornaba cálido por la respiración de Lucille.
No pudo evitar que aquella caricia encendiera su fuero interior, y la bestia que había guardado bajo llave, había encontrado la manera de escapar de su jaula, apoderándose de los impulsos de Alexandre al besar los labios de Lucille sin pedir permiso, sujetándola contra su cuerpo de manera casi desesperada. Atreviéndose incluso a morder su labio inferior, sin causar daño, preso de una pasión desbocada que, de no haber sido por un ruido repentino, habría acabado raptándola a su lecho.

Alexandre se separó de ella bruscamente, mirando a su alrededor para comprobar que ningún alma había presenciado tal escena. Sentía que el corazón saldría escopetado de su pecho, pero logró apaciguarlo cuando comprobó que el artífice de aquel estruendo había sido un felino aburrido. O al menos eso es lo que esperaba.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Miér Ene 27, 2021 9:49 am

The Season
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Baile de temporada

Cobarde en lo que atañe al corazón, Lucille de Larroquette parecía haber sido todo lo contrario a simple vista: valiente en cuanto a no dejarse llevar por las ominosas pasiones. Pero aquel golpe de valor había durado lo que dura un suspiro, dejándose atrapar de nuevo por los brazos de Alexandre Bradbury. Esta vez sin lágrimas en los ojos, con otro sentimiento muy distinto reinante.

El camino que recorrieron los dedos del caballero no le fue ajeno a Lucille, que se debatía entre mantener la mirada con Alexander o cerrar los ojos y dejar que sus sentidos hicieran el resto. No tardó mucho en tomar aquella difícil decisión cuando éste se lanzó al vacío para aterrizar en su cuello, pues no le dejó más remedio a la joven que permitir a sus ojos cerrarse y a sus rodillas temblar, asiéndose al caballero para no caerse y saboreando casi tanto como él el tacto de aquella transgresión hacia la integridad de su persona y la integridad de su juicio.

Pero, ¿quién es este hombre?, se preguntó la duquesa cuando sus labios rozaron dedo ajeno, cuando sus miradas volvieron a cruzarse, más amenazantes que nunca la una sobre la otra. Aquel no era el Bradbury que ella conocía, galante pero comedido, pícaro pero sujeto por completo a las formas. Si un año entero había sido suficiente para cambiar a Lucille, lo mismo había debido suceder con su antiguo amigo. Porque, aunque cautivador, el miedo de la dama a que sus intereses hacia el género femenino hubieran menguado -así como su recato hacia éstas- hasta convertir todo en poco más que decorosas noches aisladas, era algo que aunque no podía enfrentar en aquel momento, se asentaba como duda en la cabeza de Lucille.

Mucho se demoró, pero por fin llegó la parte álgida de aquella sonata que de momento sólo había incluido piano -dedos virtuosos donde los haya- y ahora se atrevía a frotar las cuerdas de su arco contra las del violín, creando una música que invitaba al drama. Una música desesperada pero pasional, llena de miedo, de certeza. Una obra maestra que no necesitaba de notas o pentagramas, sólo de dos pares de labios llevados por el deseo. Y Lucille, amante de la música como cualquiera, se afanó a aquellos besos con suma facilidad, siguiendo el tempo que le marcaba Alexandre sin saber cuanto podrían llegar a tocar de aquella sinfonía, pero entregados al virtuosismo del ansia, de la codicia y del capricho.

No fue hasta que oyeron un oportuno ruido que ambos se separaron y el miedo a ser descubierta en situación tan decorosa hizo, esta vez sí, marchar a la dama. No sin antes dirigirle unas últimas palabras a Alexandre, esperando que su mensaje fuera claro, por mucho que pareciera esquivo:

- El baile de los Fitzherbert. El jueves.

No más palabras antes de volverse. Aunque, ¿eran acaso necesarias? No creía ella, que esperaba que su mirada pudiera aclararlo todo, rogando porque aquello no terminara ahí, incluso reclamando al caballero para otra velada, sabiendo Lucille por gracia divina que el despacho del señor Fitzherbert se bloqueaba con un cerrojo en la puerta que evitaba a su mujer molestarle en los momentos más inoportunos y que podía ser igual de útil en el intento de que ella y el señor Bradbury pudieran... recuperar el tiempo perdido.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Lun Feb 01, 2021 1:02 am

I can't breathe
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Despacho de los Fitzherbert

Soltar el abrazo de Lucille se había sentido como si desgarraran su propia piel, dejándola latente y sangrante a merced de la muerte. Solo la promesa de volver a verla bajo el embrujo de aquellas palabras en clave, despertó en él un sentimiento similar a la esperanza, el saber que no todo estaba perdido, daba vida a su polvoriento corazón.

A los ojos de Alexandre, las noches pasaron a la velocidad de un caracol, dejando la marca de su impaciencia como rastro. Apenas dormía o probaba bocado, porque sentía que con cualquier aspereza borrarían las marcas invisibles que dejó Lucille en su piel, en su pecho y, sobre todo, en sus labios.
Un suspiro se le escapó, mientras los caballos que tiraban de su carruaje dejaban atrás la oscura inmensidad del bosque, y el sonido de los cascos contra las piedras desgastadas del camino, daban a entender que habían traspasado la propiedad de los Fitzherbert, donde su afamada fiesta de primavera tendría lugar.

Nuevamente, sus latidos se aceleraban a medida que las luces del caserón dejaban entrever el corrillo de carruajes e invitados haciendo acto de presencia. Pero entre todos los recién llegados, no pudo distinguir la silueta de aquella a la que esperaba. Suspiró. Tal vez aquella noche no gozaba de suerte.

Alexandre Bradbury entró al gran salón haciendo gala de su elegancia, pero ignorando los suspiros de algunas jóvenes que se abrían paso a su camino. Entre ellas, no estaba aquella por cuyos labios perdía la noción del tiempo.
Tuvo que jugar al caballero perfecto cuando las madres se acercaban a él, copa en mano, para presentarles a sus hijas, muchachas de sonrosadas mejillas y miradas perdidas, aún en la edad de la inocencia. Su mejor baza era no mostrar interés por ellas, así que escabulléndose entre la multitud, siguió el rastro de una cabellera negra que llamó su atención.

Allí estaba ella, inmaculada y perfecta, sonriendo sin gracia a los despliegues de elogios que las marujas y sus maridos repartían hacia la duquesa a partes iguales. Alexandre no pudo evitar soltar una risita al comprobar ninguno de los dos se encontraba cómodo en sus propios zapatos.
La vio escabullirse de la señora Fitzherbert con una mueca de cansancio fingido, dirigiendo su andar hacia la zona privada de la casa. Alexandre, listo en el arte del escapismo como era, hizo lo propio, para minutos después, seguir los pasos de Lucille hasta la única habitación con la puerta abierta; el despacho del señor Fitzherbert. Cerró la puerta tras comprobar que ninguna presencia o mirada lo seguían y echó el pestillo, cuya existencia lo sorprendió gratamente.

Esto no está bien— su voz queda y ronca rompió el silencio de la habitación, mientras a oscuras se acercaba a la silueta que bañaba la luz de la luna y que se encontraba justo por detrás del escritorio. — Te he echado de menos— susurró, esta vez contra la oreja de Lucille, mientras sus dedos buscaban la piel ajena, rozando sus manos en una caricia más recatada que la última vez que se vieron.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Lun Feb 01, 2021 2:33 am

I can't breathe
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Despacho de los Fitzherbert

Los largos días con sus largas noches llegaron y se fueron, todos ellos con una Lucille ensimismada en sus pensamientos, miedosa incluso ante la idea de tomar sus propias decisiones y lo que ello acarrearía si se equivocaba. Por un lado, la figura tétrica de un amante esposo que parecía preferir el papel de carcelero, el de bestia y el de bárbaro sin corazón, lo cual le hacía echar un vistazo de forma necesaria al otro extremo de la balanza, donde le esperaba el pasado mismo en la figura de un caballero bien distinto. Ojalá aquello hubiera sido todo, una toma de decisiones donde únicamente el si o el no tenían cabida, pero la sociedad... oh, la sociedad. Da igual que una mujer pueda estar deseando que el próximo golpe sea el último para escapar de un infierno que nunca esperó ni pidió, que la sociedad la juzgaría a ella y los suyos si decidía buscar algo de ayuda en brazos ajenos.

Y así se encontraba Lucille Bertram -que ya había desistido de referirse a ella con el apellido de aquel a quien detestaba-, presa de las dudas, mirando hacia un lado el primer día y hacia otro el segundo. Dándose cuenta, finalmente, de que no sería hasta que llegara a aquel lugar que entendería lo que realmente quería e iba a hacer.

Acostumbrada ya a guardar silencio en el carruaje del duque, Lucille no debía fingir y podía mantenerse ocupada en sus propios pensamientos. Así estuvo también gran parte de la velada, esperando encontrarse tanto como no hacerlo con Alexandre Bradbury. Al principio se alegró de no vislumbrar el rostro del caballero entre los invitados. Pensó incluso que podría haber declinado la invitación en aras de no cometer ninguna locura. Sin embargo, según transcurría la noche, se volvió más ansiosa. Había tenido que saludar a demasiadas personas y la compañía del duque no era la mejor para mantener una sonrisa. Le cogió del brazo con brusquedad varias veces. La primera porque se le había roto una copa, la segunda para aleccionar a la mujer sobre lo que debía mencionar y no delante de los Halpert. Cuando la sujetó del brazo una tercera vez, por fin sus ojos toparon con los de Alexandre, convencida ya de la decisión que había tomado en aquel mismo momento.

Una pobre excusa, un ligero paseo y un click en la puerta aseguraron que Lucille ya podía respirar con alivio. Se volvió para ver que ya no estaba sola en el oscuro despacho y cerró los ojos cuando la figura que la acompañaba se acercó a la mujer, susurrante. Si le dijeran a ella cuantas cosas no estaban bien en su vida, cuantas cosas no eran justas... valoraría más las palabras de culpa que profería Alexandre. No, no necesitaba aquello, lo que necesitaba era otra cosa. Pero... ¿a qué precio?

- Lo siento. Esto no es justo para ti -volvió a disculparse mientras sentía las manos de su acompañante. Ahora que lo tenía tan cerca no podía evitar culparse, no por sus actos, sino por el impacto que podía estar teniendo en Alexandre-. ¿Por qué has venido? -preguntó necesitada de saber la motivación del caballero antes de hacer lo que quiera que fueran a hacer allí-.

La pasión estaba encorsetada en los trajes de ambos, pero el sentir, el mirar a la otra persona a los ojos y saber que también te ve, aquello era igual de importante. Al menos en la situación de Lucille, harta de carecer de todas estas cosas, necesitando que el brazo que la sujetara con fuerza mientras se besan, fuera el mismo sobre el que también pudiera llorar.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Jue Feb 04, 2021 12:05 am

I can't breathe
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Despacho de los Fitzherbert

Trémula y titilante vigilaba la luna en lo alto del firmamento, en cada esquina veía amantes intercambiando sonrisas, un golpe de cristal a modo de brindis y secretos con sornas susurrados al oído mientras las sonrisas se escondían detrás de los abanicos. Pero solo aquellos que se escondían de la intensa mirada de la sociedad, eran sus favoritos. Porque con ellos guardaba el secreto de ser la única testigo.

No está bien el no poder tenerte en mis brazos...— aclaró el caballero, mientras sus dedos acariciaban el blanco perlado de la piel ajena, subiendo y bajando por su brazo al compás del viento, suave y ligero—.  Déjame contarte una leyenda primero— susurró contra su oído, mientras cerraba los ojos para comenzar con aquel despliegue de sabiduría romántica.

Cuando los astros aún no tenían nombre, una joven pareja de enamorados juraron ante un altar su amor eterno, en aquel tiempo debían prometerse sólo dos cosas, una era el respeto y la segunda, guardar secreto. Él prometió ser la luz que la guiaría cada día y ella el resguardo que su corazón necesitaba; cada mañana, antes de que saliera el sol, el hombre desaparecía y volvía solo en la noche, cuando la oscuridad desplomaba su negro manto. Ella, quien había prometido no cuestionar sus decisiones, una madrugada lo siguió hacia el este, donde atónita comprobó que su amado era el Sol que cada día brillaba para ella. El Dios que todo lo veía, castigó a la mujer por su osadía, obligándola a brillar pálida en la noche y la llamó Luna, y desde ese día, los amantes viven separados por el día y la noche, incapaces de volver a declararse amor eterno.— Los dedos de Alexandre llegaron hasta los mechones sueltos de Lucille, donde las caricias se habían convertido en una osadía que se balanceaba entre lo justo y lo desmesurado—.  Si me aceptas, puedo ser tu protector cada día al caer la noche, a luz de la luna que guía a los amantes clandestinos, pero si no lo haces, tendremos que aceptar nuestras vidas como el sol y la luna, quiene viven su amor brillando por separado.— Por fin había dejado en claro sus intenciones.

En una sociedad donde el matrimonio era sagrado y el divorcio una vergüenza para la mujer, la única solución de no perder a su amada, era presentándose a los pies de su ventana cuando todos durmieran y solo las estrellas fuesen testigos de su osadía.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Sáb Feb 06, 2021 11:30 am

I can't breathe
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Despacho de los Fitzherbert

Cada frase de Alexandre volvía a hacer sentir a la dama como esa niña que había dejado atrás hacía mucho. No sólo en el buen sentido. Lucille no podía evitar rememorar, al mismo tiempo, la inocencia que le había hecho tomar la decisión de casarse con el duque y valoró que no quería volver a ser tan estúpida si aquella iba a convertirse en una de esas situaciones, por lo que apretó los labios a cada frase que seguía escuchando sin darse cuenta de que, para cuando el muchacho ya había terminado de cortar su historia, Lucille, que aún sin el brillo en el rostro que el duque le había arrebatado durante aquellos meses, se sintió rejuvenecer, con una mirada refulgente que hacía siglos no podía verse en la dama.

Si tener que hacer lo que otros querían significaba vivir de esa manera, entonces ya nada le importaba de aquellos que la obligaban a soportar aquel infierno.

- No podré brillar si no es contigo a mi lado -manifestó por fin tras mucho pensar, como si ambos vivieran en un mundo paralelo todavía, a pesar de cumplir años, donde la magia y el amor todavía significan algo y aquellas frases no suenan ridículas. Como tampoco las historias-.

¿Y qué si hacía tanto que no lo veía que ni siquiera sabía que clase de persona era en aquel momento? No podía ser más peligroso que Larroquette, ni huraño, ni violento. Sólo sabía que enjugaría sus lágrimas y le susurraría al oído historias de amor y, siendo sinceros, llegados a ese punto, con poco se conformaba una Lucille ya hastiada en exceso.

El joven Bradbury había llegado a la meta de una carrera que ya creía haber perdido y probablemente aquellos acontecimientos eran más de lo que su pobre corazón podía soportar, de ahí que Lucille notara como casi se le salía del pecho segundos antes de besarle de nuevo. No obstante, el baile de caricias duró poco, pues aunque necesitada de aquel desfile de arrumacos, lo que realmente necesitaba la duquesa de Larroquette era desquitarse de todo mal de una forma casi violenta, airada con todo lo que le rodeaba. Fue así como sus besos se convirtieron en trampas y la pared una más en aquella prisión de instintos.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Miér Feb 10, 2021 11:13 pm

I can't breathe
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Despacho de los Fitzherbert

Las tímidas caricias se convirtieron rápidamente en agarres necesitados que comprimían sus cuerpos con la nefasta necesidad de fusionarlos en uno solo. Los tímidos besos en las mejillas, ahora sucumbían contra los labios ajenos, húmedos y entreabiertos, dejando escapar las melodías asonantes de los suspiros y los jadeos. Alexandre Bradbury era incapaz de pensar con claridad, pese a que parte de su atención se centraba en los sonidos que llegaban más allá de la puerta y la otra, en su querida Lucille; dio gracias que las cortinas estuviesen echadas y la luz tenue de la luna y las estrellas se colasen por las finas rendijas de las ventanas, para poder ver el rostro de su amada, quien ya no temblaba temerosa en sus brazos.

La Duquesa parecía haberse convertido en una fiera indomable en cuestión de segundos, había convertido las descaradas caricias de Alexandre en rasguños que castigaban la carne ajena, pero el dolor parecía convertirse en placer cuando eran las uñas de aquella dama las que se clavaban en su piel. Con la misma necesidad y descaro, el señor Bradbury, a quien poco le quedaba ya de porte y elegancia, la tomó de la cintura con la facilidad con la que se recoge una pluma del suelo, y la sentó sobre el amplio escritorio de roble maciso, solo para poder abrazarla aún más contra su pecho exaltado por los rápidos latidos de su corazón.

Desde el lado oscuro de sus caricias, desamparó sus largas piernas de la tela de su vestido, agarrando sus muslos con ensombrecida sed de perro hambriento, dejándose mostrar como el lobo que caza de noche y se abastece de la débil carne. Subió titubeante hasta el inquieto bosque, donde sus dedos se apresuraron a recorrer el camino al mar, guiados por un oleaje salvaje de media noche. La calidez de aquellas aguas turbulentas despertaron la sed del náufrago, que hartándose de morder espinas, descendió entre arenas movedizas para beber de la fuente de vida, cansando a su seca lengua en un incesante devaneo por llegar al tan ansiado manantial. Pero no contento con solo beber, hondó sus dedos de luna menguante en la oscuridad de la cueva, intentando invocar mediante un ritual de movimientos repetidos a la Luperca romana para que no aúlle en soledad. Y cuando las aguas de marea iluminada empaparon su ser, solo entonces el náufrago dio por abastecida su sed, levantando la cabeza en una sonrisa extasiada, buscando volver a encontrarse con unos labios de rojo pétalo de rosa.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Jue Feb 11, 2021 7:22 pm

I can't breathe
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Despacho de los Fitzherbert

El corazón de la duquesa no tardó en sincronizarse con el del caballero, quedándose ésta casi sin respiración entre sus vertiginosos latidos y los besos desesperados de Alexandre que comprimían sus labios, su cuerpo y su alma, incapaz de escapar ya a aquella vorágine opresora que, irónicamente, no les traía más que libertad. Libre entonces como comenzaba a saberse Lucille, no fue consciente de que poco a poco aquel caballero terminaría bebiendo de su libertad para volver a hacerla esclava de un sentimiento que la ataría a él de forma candente y que dejaría grabadas en su cuerpo las marcas de aquel cautiverio contra su voluntad, pero que también contaba con el beneplácito de ésta. Las marcas visibles que simbolizaban su triunfo contra la bestia de su esposo y que luciría con cariño y recelo, rememorando como fueron hechas cada una de ellas y quien había sido el valiente guerrero que había logrado domar un animal salvaje como los que ya no quedaban.

Y a pesar de que la noche era silenciosa, aquella bestia de dos espaldas se negaba a serlo. Totalmente fuera de la realidad gemían y rogaban por encima de sus posibilidades mientras las paredes de aquella habitación intentaban contenerlos, brindándoles ese necesitado escape de cualquier acto ligado a la cordura. Hasta los muebles se ruborizaron, cerrando los ojos cuando la duquesa se dejó apoyar con aquella violencia contra el escritorio antes de que las manos del caballero desaparecieran en su falda y más tarde todo él. La robusta madera intentó mantener la compostura cuando la dama se dejó caer hacia atrás, arqueando la espalda, confusa ante las intenciones de su amante y ruborizándose a continuación mientras su realidad se perdía en un mar de sensaciones nuevas a las que se estaba arrepintiendo de haber abierto la puerta si tenía que renunciar a ellas de nuevo tarde o temprano. Asustada y agradecida a partes iguales, con la desesperación todavía encendida en su rostro, la duquesa volvió a enroscar su lengua con la de su compañero mientras sus manos ignoraban botones y ojales para arrancar todo lo que impidiera que no fueran ellos mismos, lejos de retazos de aquella sociedad juiciosa e inmoral que aplaudía la tragedia de un matrimonio malaventurado pero condenaba un instante furtivo de felicidad como podía ser aquel.

Los cuadros del despacho, lejos de ruborizarse, parecían beber de la morbosidad del momento, viendo ojipláticos como ahora Alexandre Bradbury era obligado a tumbarse en la moqueta, apresado por el ímpetu de Lucille y por sus piernas, que compartían temperatura con un volcán cuya intención era volver a entrar en erupción una vez más. Lejos de castradores corsés y asfixiantes chalecos, el cuerpo de la señorita Bertram se movía con la libertad y ligereza necesarias para arrastrarse de forma serpentina sobre su pobre víctima que ahora parecía atrapado y desesperado bajo los designios de aquella mano caprichosa que la dama había tenido a bien ofrecerle al caballero en su búsqueda del placer, sintiendo por fin la mujer que había tomado el control de algo en su vida después de que su marido se lo arrebatara todo y dedicándole cruelmente los gemidos de su amante a la par que disfrutaba de éstos.





I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Lun Feb 15, 2021 11:46 pm

I can't breathe
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Despacho de los Fitzherbert

La sonata de la que eran partícipe solo los dos había inundado por completo aquella habitación, donde sus cuerpos se entremezclaban entre gemidos y sudores, incapaces de susurrar nada más. Las palabras no eran partícipes de lo que allí acontecía, y es que muchas sobrarían en caso de ser pronunciadas. Cuando los cuerpos hablaban por necesidad, las palabras ya no tenían cabida en el murmullo incesante del silencio.  

Las manos del bien dotado inventaban historias de caricias que subían por el torso de su musa desnuda, fuertes y delicadas a la vez, asían las dos frutas prohibidas que pendían tersas e inmaculadas. No falto de tiempo, incorporó su espalda para encontrarse frente a ella, sediento nuevamente de sus besos, pero el hambre pudo con él, quien, olvidándose de beber, propinó un mordisco a las rojizas cerezas que sus dedos habían estado pellizcando, dulces y jugosas retozaban en su lengua.

Su boca profesaba la necesidad inconstante de sentirse acompañada, como si la soledad fuera la muerte que rajaba sus entrañas por dentro. Cual animal salvaje consumido por la luz de la luna, abalanzó su cuerpo contra el de ella, mientras sus labios volvían a unirse presas del instinto, la levantó entonces en el aire y se postró sobre ella, dispuesto a seguir el ritmo de su acelerado corazón, como oleaje que rompe contra las rocas, desatado y salvaje, buscando quebrar el aire que los separaba, como surco prolijo cuya armonía se tensa en la sombra de un vientre que concibe la muerte. Inconsciente de su brutalidad animal, gozaba saboreando la miel de sus labios, como hambriento que no sabe cuándo volverá a probar manjar.  

Dispuesto a inmolar sus cuerpos, la sentó a horcajadas sobre él, dejando nuevamente que llevase el ritmo inconstante de la prima ópera que componían con la melodía de sus gemidos. Sus ojos fijos de tigre a punto devorar a su presa se posaron en la curva de su pétreo cuello; posó sobre él su boca y sus blancos caninos caníbales, aprisionando en llamas la piel apenas dorada, descendieron nuevamente por su garganta hasta llegar a la cascada petrificada de sus montañas, sus brazos aprisionaron su cintura de arcilla, dispuestos a moldearla hasta conseguir un quejido agudo que se mezclara con el compás de sus gemidos. Entre sus piernas, el pozo de agua desbordaba cual bahía, donde el mar de noche se aquieta con negra espuma en llamas, sonaban como goterones el caer del agua, mientras golpeaba el eje de su simetría, allí donde sus cuerpos confluían y se hacían uno.  

El sudor caía de su frente como fina gota de oro y aceite, a punto de alcanzar el éxtasis de un verano sin fin, con el corazón palpitando al galope de los caballos, la piel erizada como felino salvaje y las uñas clavadas en la perlada piel de su amada, el ruido de un rojo intenso, apasionado al pegar sus carnes como espigas, un disparo en medio de la nada, imperceptible, sacudió el cuerpo extasiado de un hombre que ya no recordaba el sonido de su alma gritando a las puertas del paraíso. Como dos mitades se hicieron uno y cayeron en el agujero sin fin que provocó el huracán desatado de su pasión.




Última edición por Phantom el Jue Mar 11, 2021 1:07 pm, editado 1 vez


Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Mar Feb 16, 2021 1:30 am

I can't breathe
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Despacho de los Fitzherbert

'No tan deprisa', le decía su madre a Lucille cuando montaba a Caliban, su caballo favorito. Con salvaje crin oscura y cuerpo dorado, la joven se olvidaba de sentarse cual amazona y dando de si los faldones de sus vestidos cabalgaba a horcajadas sobre Caliban en más de una ocasión sintiendo el cuerpo encendido del animal y el suyo propio.

Las palabras de su madre regresaron a la mente de una Lucille más adulta cuando ésta se detuvo un momento para apreciar al semental que cabalgaba en aquella ocasión. De cabello igual de oscuro que Caliban y cuya piel ardía de forma semejante bajo ella, el joven parecía empeñado en demostrarle a la duquesa que había una enorme diferencia entre un caballero y un bárbaro y que, aún así, el primero podía compartir de igual forma los apetitos del segundo.

Como ya sucediera con Escila y Caribdis, Alexandre Bradbury fue atrapado por aquellas dos bestias que hacían terriblemente peligroso el estrecho de Mesina en el cual el caballero estaba a punto de perderse. Lejos de sentir una vez más el incómodo tacto de su esposo y ver con desagrado a la mañana siguiente sus pechos agrietados y de un tono púrpura, el tacto de aquel hombre calmaba a las bestias y adormecía sus sentidos a la perfección para convertir al cazador en cazado por decisión propia, inmolándose la asustadiza criatura sobre el cañón de aquel tirador certero empeñado en dejar a su víctima sin aliento una y otra... y otra vez.

Desesperada por aquella sensación, Lucille se aferró a la crin negra del caballero mientras continuaba trotando a gran velocidad esperando escuchar a su madre preocupada, diciéndole que Alexandre no podría aguantar más. Cuan equivocada estaba la señora Bertram, cuya hija ahora sufría la envestida del ímpetu de su joven corcel y terminaba postrada admirando la decoración del techo de los Fitzherbert.

Casi de forma imperceptible, la duquesa comenzó a manifestar indicios de estar profiriendo con sus labios algo más coherente que los indómitos gemidos. Sus palabras rezaban el nombre de su captor, como si el no hacerlo volviera la situación ficticia, un eco únicamente en su mente. ¿Pero cómo, tratándose de un eco, aquel vendaval estaba haciendo lo que quería con ella, regresándola de forma involuntaria a la carrera por un trofeo que, en esta ocasión, su corcel se afanaba más en conseguir que ella?

Pronto el trote de uno y el del otro fue semejante y, aún con todo, al margen de aquella perseverancia desbordante en mantener una carrera digna, la duquesa se quedaba atrás cuando el caballero volvía a asaltarla con su boca, pero retomaba el movimiento de sus caderas cuando por fin podía volver a concentrarse en su abandono ante esas manos, ante ese cuerpo, ante la pasión que emanaba de él incansable y la contagiaba a ella de una forma casi tan mortal como la peor de las enfermedades. No, aquello no podía tener otro nombre. La enfermedad que les corroía en aquel momento era peor que cualquier fiebre, que cualquier tifus. Tan rápida como la belladona, tan mortal como la cantarela. Un veneno que se arrastraba desde la boca de Alexandre pero que se esparcía dentro de la mujer con cada una de sus peligrosas embestidas. Aquejada ya de semejante mal, Lucille, vulnerable, dejó caer una lágrima y después otra, pues los gemidos ya no eran compás suficiente de aquel baile interminable cuyo fin se atisbaba con facilidad ahora en los movimientos del animal al que aquella jinete no pensaba dejar escapar.

Consciente de la levedad de aquel momento de placer, Lucille se inclinó hacia adelante y tirando de la crin de Alexandre con las dos manos aumentó la velocidad de su carrera hasta que los espasmos le impidieron continuar cerrando aquella competición de hípica con un quejido lleno de dolor por caer de nuevo en la realidad.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Jue Mar 11, 2021 4:18 pm

I can't breathe
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Despacho de los Fitzherbert

Un silencio prohibido tremaba el aire que recorría alrededor de ellos, anunciando la pequeña muerte que los llevó al paraíso. Alexandre y Lucille habían consumado lo prohibido, condenando sus almas a las llamas del infierno; pero, aunque se calcinaran eternamente, ninguno de los dos se arrepentía de aquel blasfemo pecado.  

Bajo el oscuro secreto, sus cuerpos se derrumbaron uno encima del otro, tentando a su mano a realizar suaves caricias sobre la iluminada piel de luna de su amante. Derribado por el calor de sus límites, intentando calmar aquella desesperada respiración, Alexandre tomó el rostro de Lucille entre sus manos y besó el reguero de sus lágrimas saladas, esperando dar sosiego a su corazón. Abrazó su cuerpo con la necesidad intrínseca de fundirse en ella y que así ningún hombre ni ninguna deidad osase a separarlos jamás. Aquel solo pensamiento partía su alma en dos, oscureciendo sus cabales pensamientos hasta el punto que la idea de la muerte le parecía más tentadora que una vida entera sin ella. Él mismo cabaría su propia tumba.  

Lucille, mi Lucille, si tan solo pudiera darte alas, volaríamos lejos de aquí, y aunque el sol nos calcinara, ser cenizas a tu lado es mil veces mejor que vivir sin ti.— Aunque su corazón bombeara con la fuerza de diez caballos, la agonía de saber que al traspasar la puerta de aquella estancia, debían volver a representar los papeles de dos conocidos en un teatro inhóspito y dramático, lo llenaban de un dolor similar a la estocada de una espada. Ojalá no tener corazón.

El silencio enmudeció sus labios, mientras que su mente imaginaba mil y un escenarios, donde la sangre como corría ríos pantanosos, manchando sus manos y su ser, donde sus labios no se despegaban de aquella mujer que perturbaba su sosiego, desgarrando cada centímetro de su piel. La sola idea de matar o perecer en el intento, iluminaban sus ojos con fuego endemoniado, nublando su conciencia y desertando la maldad de su ser enroscado en la amargura de no ser él quien comparta lecho con aquella joven de negros cabellos.  

A lo lejos creyó oír el sonido de huesos rotos, como la piel se despegaba de la carne y sus besos sonaban a cristales rotos. Su imaginación volaba más allá de aquel mundo, partiendo su alma en dos mitades opuestas, una que miraba a su solitario futuro y otra que solo deseaba ver el mundo arder. Como el arrebol del atardecer, su rostro se iluminó al pensar en el rapto de Perséfone, siendo él un malicioso Hades enamorado.  

Escapénos de aquí, huyamos lejos de todo este mundanal castigo y seamos libres, por favor, no me digas que no, no ahora, dame tu respuesta cuando lo hayas pensado mejor, yo te esperaré lo que haga falta. Lo haré, no volveré a marcharme sin ti. — Cobarde podría llamarlo por ofrecerle una vida alejada de la sociedad, por pensar que el sopor de la quietud llenaría sus afinados gustos hasta hacerla olvidar que la promesa de una aventura la haría prisionera de una cárcel completamente distinta a la que ya estaba ligada, siendo los grilletes y no el carcelero la única diferencia en su condena.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Jue Mar 11, 2021 5:14 pm

I can't breathe
Lucille de Larroquette
con Alexandre Bradbury

Despacho de los Fitzherbert

Una vez rendida ante los acontecimientos, pero incapaz de separarse de aquella fuente de calor, de júbilo, de vida, por miedo a que se lo arrebataran, Lucille escuchó con pánico en su corazón las palabras de Alexandre, que evidentemente hablaba desde una posición mucho más sencilla que la suya.

Sus labios seguían calientes y así los sintió Lucille cuando se posaron en sus mejillas para succionar el veneno aguado de aquella vida miserable a la que había regresado. Renegada a desaprovechar la oportunidad, volvió a beber de aquel manantial de ternura que acongojaba su corazón y siendo el caballero tan generoso como sus besos, la joven Bertram no pudo evitar sentir como estaba a punto de arrastrar a ambos a una de las peores condenas: la de ser y no ser.

- No puedo irme -contestó a pocos centímetros del rostro de Alexandre, todavía saboreando su aliento-. No puedo hacerle eso a mi familia.

El desgarro en el tejido frágil de su corazón pudo oírse en toda la habitación. Ya no se trataba de ella, que gustosa abandonaría aquella vida llena de recepciones vacías y decepciones copiosas.

- No puedo ser más de lo que soy ahora, aquí contigo. Ni nunca podré.

Sus lágrimas volvieron a brotar y sus ojos luchaban entre perderse en los del caballero y no atreverse a dirigirle la mirada por haberle arrastrado a semejante trampa en la que ahora estaba preso con ella. Sus labios, sin embargo, tomaron su propia decisión volviendo a encontrarse con los de Alexandre, exprimiendo aquella sensación todo lo que pudieran antes de... ¿despedirse? Finalmente su cuerpo, que todavía no tenía interés en abandonar la tarima, volvía a enroscarse inconscientemente con el de Bradbury, sin ser la pasión carnal motor en aquella treta, sino el amor desesperado, ansia equiparable a la de cualquier mantis religiosa que termina devorando a su presa por supervivencia.

- Por favor -le suplicó entre besos-. Sé mi amigo durante el día y cúbreme de caricias al amparo de la luna. No me dejes sola, prisionera de mi propia desdicha.

Lucille se recreaba en la jugosa ternura de aquellos labios de tal manera, como la nube que algodona el cielo, que poco meditó lo egoísta de sus palabras.




I have been half in love with easeful Death, call'd him soft names in many a mused rhyme.
Marlowe
Marlowe
Mensajes: : 1396
Reputación: : 697
Mis links
https://www.instagram.com/marlowegraphics
Rango Marlowe

Volver arriba Ir abajo

Gods & Monsters [+18] Empty

Sáb Oct 30, 2021 11:47 pm

I can't breathe
Alexandre Bradbury
con Lucille de Larroquette

Despacho de los Fitzherbert

Las vanas palabras de Alexandre flotaron en el aire cuando la mujer que acababa de tener entre sus brazos habló, marchitando sus deseos hasta volverlos cenizas y devolviéndolo a una cruda realidad, donde ninguno de los dos era partícipe de una felicidad en conjunta. Frunció entonces los labios, sabiendo su derrota por aquel día, pero dispuesto a no darse por vencido, pues no habían pasado los años en vano como para achantarse ante la primera derrota, y tampoco quería obligar a Lucille a tomar una decisión precipitada, para eso ya tenía al Duque de Larroquette y Alexandre Bradbury era todo lo contrario a aquel déspota.

Está bien, no hablemos de ello ahora— quiso cellar las palabras de Lucille con un beso, porque aquella negativa volvía a romperle el corazón como años atrás lo hicieron sus acciones al casarse con el Duque, pero no hizo ni dijo nada para contrarrestar aquella negatividad tan rotunda.

Se volteó hacia ella, acurrucándola en sus brazos para saciar su remarcada soledad, enjugando sus lágrimas en besos tiernos y delicados que nadie antes le había otorgado. Le dio cobijo de hambre en el hueco de sus brazos, deseando no desprenderse de ella ni en cien años, aun sabiendo que lo imposible era inalcanzable y que aquella noche volvería a decirle adiós, dejándola partir hacia una vida miserable como la suya propia. Aquel pensamiento le provocó el dolor de cien agujas clavándose en su garganta, pero amordazó todos sus silencios, mostrándose alentador y sosegado, a pesar de querer raptarla y no soltarla nunca.

Lo seré, seré todo lo que me pidas, Lucille, seguiré siendo tu amigo y te cubriré de todas las caricias que me pidas, solo tienes que encender una vela junto a tu ventana y sabré llegar a ti cuando me lo pidas.— Llenó su rostro y sus labios de besos, enraizándose en cada latido de su corazón, intentando postergar el momento en el que tuviese que abandonar sus caricias y entregarla de nuevo a la realidad que los golpeaba hasta dejarlos moribundos. Pero en su revoltoso pesar, a pesar de la sosegada sonrisa que le regalaba a su bien amada, Alexandre pensaba en la terrosa sangre de Larroquette resbalando en la hoja de su espada, la vida era todo lo que se interponía entre él y su querida Lucille, por lo que sería la muerte la única libertadora de aquella guerra silenciosa; pero eso no tenía por qué saberlo ella, no aún.




Phantom
Phantom
Mensajes: : 742
Reputación: : 545
Mis links
Woolf - Nivel 2

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba