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Mar Mar 09, 2021 1:05 am

Comme mille rayons de soleil
CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Ya entraba un poco de luz por la ventana redonda del desván, a pesar de que estaba tapada por un estor. En verano siempre le pasaba que tenía tanto calor por las noches y acababa con las sábanas reliadas por el cuerpo y en posturas extrañísimas cuando se levantaba. Pero aquella mañana, algo le decía en su cabeza que había algo distinto. Algo de lo que se tenía que acordar. Y cuando abrió un ojo, lo vio. La cama de al lado ya no estaba ocupada por Dylan, a él le habían puesto en colchón al otro lado de esa cama. El que estaba ahí era Marcus, en el séptimo sueño aún, boca abajo. Pero ella se moría de ganas de empezar el día porque tenía como mil planes pendientes.

En un salto se bajó de su cama, y de otro se subió en la de Marcus, zarandeándole. – ¡Marcus! ¡Marcus, despierta! Hay que desayunar temprano, que si no nos van a arrastrar a la playa y hoy quería que fuéramos al monasterio abandonado… – Como si fuera un resorte, su prima Jackie se puso igual de rápido sobre su cama, completamente despierta. – ¡Sí! Hay que darse prisa, que como vengan los Sorel, esos se apuntan a todo. – Dijo bajándose de su cama y buscando ropa como loca. Una cabecilla rubísima asomó por el otro lado de la cama de Marcus. – ¿Vais a ir al monasterio?Sí, pero...¡Eh, André! – Le interrumpió su hermano, saliendo como loco en dirección a su primo, que también estaba dormido como un tronco, y se puso muy ofendido delante de su cama. – ¡Ayer me pisaste cuando entraste por la ventana! Bastante que me han echado de mi cama porque… ¡Oye, André! – Insistió su hermano, cuando su primo simplemente se dio una vuelta con un gruñido. Dylan, cada vez más enfadado, trepó a la cama y se dejó caer encima de él. – ¡Ah! ¡Dylan! – Gritó su primo, molesto, intentando quitárselo de encima. – ¿Ayer te colaste por la ventana? ¡Qué fuerte! ¿Estabas con Marine Youcernal? – Su primo volvió a gruñir, tratando de enterrar la cabeza en la almohada, malhumorado. – Métete en tus asuntos, Jacqueline ¡Y, Alice, cállate y quítame de encima esto! – Dijo en francés, justo antes de dar un giro brusco y dejar caer a Dylan a un lateral de la cama, y el niño, por supuesto, ya fue a quejarse. – ¡Hermana! ¡Que me ha tirado! ¡Y ayer me pisó! – Alice se limitó a girarse con hastío y decir. – André, habla en inglés, que si no Marcus no se entera. – El chico le tiró una almohada. – Marcus ahora mismo no se entera de nada ¿Qué tenéis en contra de la gente que duerme? – Jackie se acercó a su altura y le dio con la mano en la suya. – ¡Es una cuestión de educación, zopenco! – Ante eso André se incorporó fieramente, señalando a su hermana. – ¡Cómo te las estás jugando hoy, Jacqueline! ¡Cómo te la estás jugando! – Y su prima se subió rápidamente de pie en su cama, en espera de una reacción más violenta por parte de su hermano mayor.

Qué alegría que mis niños ya están todos despiertos, se respira paz y armonía nada más entrar. – Alice, que ya tenía la almohada en la mano e iba toda dispuesta a por su primo, la bajó como si nada y puso una sonrisita. – Buenos días, mami.Buenos días, pajarito travieso. – Dylan, que en verdad ya se había sanado bastante de la caída, de repente volvió a poner toda la cara de pena y corrió hacia su madre, que se había quedado a la mitad de las escaleras del desván, pero ya asomaba su cuerpo lo suficiente como para ver el panorama. – ¡Mami! El primo André me ha tirado de la cama. – Su madre sacó los labios y apretó sus mejillas. – ¿De verdad, mi patito? Bueno, pero no hay que amputar nada ¿a que no? – Su hermano negó con la cabeza. – Pues baja que la abuela ya te tiene el desayuno. – Luego siguió subiendo las escaleras despacito, porque si no se ahogaba. – Venía a deciros que bajarais a desayunar, que hoy me encuentro mejor y vamos a ir con los invitados a dar un paseo por el campo de lavandas. – Alice y Jackie abrieron mucho los ojos y se miraron de reojo. El monasterio abandonado estaba justo al otro lado del campo. – Controla tu entusiasmo, pajarito… – Buah, de verdad que su madre tenía que leer las mentes o algo. Janet se acercó a Marcus y le acarició la cabeza. – Buenos días, cariño ¿No te han dejado descansar estas locas? – Y luego se dirigió a André. – ¿Y a ti tampoco verdad, chicarrón? – Dijo con pena fingida sentándose en su cama. Se acercó un poco a él y susurró. – Igual tiene algo que ver las horas a las que llegaste anoche. – André abrió los ojos de golpe y se incorporó. – Tía…Que el tío William y yo dormimos por donde tú trepas, querido. Pero tranquilo que no le he dicho nada a tus padres. Pero no vuelvas tan tardísimo, que un día te van a pillar – Y su primo solo puso aquella expresión de niño pillo que dice “lo siento” pero sin decirlo. – Siempre es peor negarlo ¿No? – Janet asintió. – Anda, andando todos. – Y Alice volvió a tirarse al lado de Marcus con una sonrisa y le dio con el dedo en las costillas. – Venga, que sea como sea nos lo vamos a pasar de infarto.
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Mar Mar 09, 2021 8:56 am

Comme mille rayons de soleil
CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Estaban todos jugando en la playa: Alice, Dylan, los Señores Gallia, sus padres, Lex. Estaban también sus abuelos. Bueno, la abuela Molly, que traía un caldero lleno de sus moneditas de chocolate mágicas que siempre ponía en Nochebuena. Estaban en la playa, pero... En fin, era chocolate, y a su niño le gustaban mucho, como ella decía. Al que no veía era al abuelo Larry... Ah, sí, allí estaba, le estaba llamando. Echó a correr en bañador hasta la puerta de esa especie de casita desde la que le llamaba. Era la Provenza, así que obviamente estaba rodeada de flores bonitas por todas partes. - Eh eh eh, primera regla de un taller de alquimia, Marcus O'Donnell. ¿Cuál es? - Él dibujó una mueca. - Si quieres usar el taller, tienes que estar en el taller. - Su abuelo se echó a reír con una carcajada. - ¡No! ¡Estamos en la Provenza! Aquí la primera norma es, no se entra en bañador. - Marcus rio con él. Ya iba a girarse para coger su ropa cuando se cruzó de bruces con Alice. - ¿Qué es eso? ¿Es un taller de alquimia? ¿Vais a entrar? - ¿Es que quiere entrar con nosotros, Señorita Gallia? - Marcus se puso muy bien puesto. - Si no come, no puede entrar. Esa es mi norma. - Pues mira, listillo. - Alice alzó el calderito con las monedas de su abuela. Marcus sonrió, pero cuando fue a estirar la mano, ella la retiró con una sonrisilla traviesa. - También te había traído tu camiseta para que no tuvieras que volver. Pero si no me dejas entrar... - Marcus la miró con los ojillos entrecerrados y una sonrisita, pero escuchó a su abuelo reír de fondo. - Venga, tortolitos. ¿Queréis entrar, o no? - ¿Tortolitos? ¿Qué había querido decir con eso? No importaba, porque ambos respondieron al unísono. - ¡Sí! -

Notaba la emoción del momento. Su abuelo les miraba, con la mano en el pomo de la puerta de esa casa-taller tan bonita. Alice se había enganchado de su brazo. De repente tenía la camiseta puesta... No, era una túnica, ¿no era una camiseta? Bueno, daba igual. Respiró hondo pero la chica le llamó, supuso que quería darle una moneda de chocolate. Pero solo decía su nombre. Una vez. Y otra. Y otra. Y le tiraba del brazo. Y otra vez le estaba llamando, y ahora le decía algo de... ¿Un desayuno? ¿Qué?

Soltó un gruñidito de queja adormilada, arrastrando la cara por la almohada, pero entonces sintió como si se le cayera un árbol encima de la cama por el bote que dio el colchón. Alzó la cabeza, aún con los ojos apenas abiertos, y escuchó la voz de Jackie diciendo algo a toda velocidad que no entendía. ¿Y la playa? ¿Y el taller de alquimia? Espera... ¿Estaba soñando? Bufó y volvió a enterrar la cabeza en la almohada. - MmmffAlice estaba durmiendo. - Se quejó, pero su voz sonaba amortiguada por tener la cara tapada por la almohada. ¿Podría volver a donde estaba? Quizás si se quedaba dormido otra vez viera el final de eso.

Y estuvo a punto. Se había iniciado una especie de conversación a gritos entre los presentes, que en el estado que estaba Marcus no sabía ni quiénes eran, y él seguía con la almohada abrazada y la cara en esta. Poco a poco se le fue apaciguando la respiración otra vez y... Alice volvió a decir su nombre y él alzó la cabeza de un respingo, pero sin terminar de abrir los ojos. Miró a los lados con los ojillos entrecerrados, pero solo recibía más luz de la que quería, lo cual no favorecía lo de despertarse poquito a poco. Se revolvió, de nuevo con un gruñidito de queja, y se llevó la almohada abrazada con él, dándole la espalda a Alice. Como si la chica no fuera a seguir insistiendo en que se levantara solo porque le diera la espalda.

Pero entonces escuchó la voz de la Señora Gallia. Eso sí era un motivo real para despertarse, aunque fuera solo por educación, porque seguía deseando dormir más incluso que desayunar, que ya era decir en él. Se frotó un ojo con pereza y bostezó, notando poco después la caricia de la mujer en su pelo. Miró hacia arriba con carita de niño bueno. - He dormido muy bien, Señora Gallia, pero estaba teniendo un sueño muy chulo y... - Miró de reojo a Alice. Janet rio. Tenía una risa muy bonita. - Se ha metido cierto pajarito dentro para interrumpirlo, ¿verdad? - Le dijo con ternura, y él asintió con un pucherito. La estrategia Marcus: llevarse de calle a los adultos con adorabilidad. - Oh, pobrecito. Bueno, intentaremos compensar haciendo algo divertido el día de hoy. - Marcus sonrió ampliamente, con cierto toque digno de cara a Alice, la culpable de haber dejado su sueño a mitad. Janet era genial.

Estaba viendo como la mujer se metía con André pero con ese toque dulce que hacía que no te importara ni que se metiera contigo, cuando se le clavó un dedo en las costillas. - ¡Ay! - Se quejó de la propia impresión, chistando. Luego se puso digno otra vez. - Que sepas que tú salías en el sueño también. Ahora, por despertarme, no te lo voy a contar. - Dijo, añadiendo un mohín de superioridad. Se levantó y cogió su ropa, le daba un poquito de vergüenza pasearse por una casa que no era suya en pijama, la verdad. Bajó corriendo a uno de los baños, se cambió, volvió a subir a dejar su ropa en el desván y bajó de nuevo a la cocina. Saludó a todo el mundo y se sentó contento en la mesa, esperando el desayuno, al lado de Alice. - ¿Qué es eso tan guay que vamos a hacer? - Preguntó, ya más ilusionado y menos enfadón. - Espero que merezca la pena como para haberme sacado de mi súper sueño. - Añadió con tonito. - Te recuerdo que si es un taller de alquimia, tienes que comer un montón primero. Si no, te quedas fuera. - Apostilló con una sonrisilla. Porque en su fuero interno había muchas cosas de ese sueño que le gustaría que se hicieran realidad.
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Mar Mar 09, 2021 1:51 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Entornó las ojos. Bueno ya, lo que le faltaba a Marcus era tener a una adulta mimosona diciéndole que pobrecito. Se limitó a hacer una pedorreta. Luego la del mal despertar era ella. Pero Marcus le dijo que ella estaba en el super sueño y se incorporó curiosa. – ¿Y qué hacía? ¿Qué pasaba? ¡Marcus, cuéntamelo! ¡Marcus! – Pero su amigo ya se había ido al baño a cambiarse. Hay que ver, se creía que seguían en Hogwarts o algo. Se encogió de hombros y bajó dando saltos por la escalera, y llegó a la cocina en pleno drama de sus primos, y ya iba a sentarse cuando alguien la levantó y la puso boca abajo agarrándola de los tobillos. – ¡Papi! – Gritó entre risas. – ¡Papi, bájame! Me han dicho que un pajarito ha despertado al aguilucho O'Donnell ¿Es que no te he enseñado a tratar a los invitados o qué? – Y ella venga a reírse, porque nadie en la vida le hacía reír como su padre. – Es que quería hacer muchas cosas, papi, tenía que despertarle.¿Y dónde está ahora? ¿Te lo has guardado por aquí? – Dijo su padre agitándola en el aire como si fuera una bolsa. – ¡Papi! ¡Papi, ya vale, que ya va a bajar!Uuuuy ¿y ahora nos da vergüenza hacer el cabra porque viene Marcus?¡No! – Dijo partida de risa. A ver un poquito sí, no por nada, si ella también hacía el loco en Hogwarts, pero es que Marcus era tan protocolario allí y ella tan... Ella. – ¡Pues razón no le falta, William! – Dijo memé, llegando a su altura y ayudándola a darse la vuelta para que se pusiera de pie. – A ver si empieza a aprender modales, que está salvajada, y tú también. – De repente oyó la risa del señor O'Donnell, que estaba detrás de papá. – Pasan los años y no paran de reñirte, eh. – Su padre se encogió de hombro y se sentó. – Ya lo ves, uno se casa, tiene un trabajo estable, los niños... Y sigue siendo el mismo William, así que te siguen regañando. – Aportó su madre echándole la leche y poniéndole un croissant por delante.

Justo entonces bajó Marcus y ya se puso a relatar con que no comía. Suspiró y le dio un mordisco al croissant y cuando tragó le dijo. – ¿Contento? – Iba a contestar emocionada a lo que iban a hacer, pero su primo se coló, asomándose por detrás de ella. – ¿Te gusta la alquimia Marcus? Aquí hay un montón de leyendas sobre antiguos laboratorios de los alquimistas franceses del renacimiento. – André no seas fantasioso... – Riñó su tío Martin. – ¡No soy fantasioso! Si le gusta la alquimia, Francia es el sitio, desde luego. – Su primo se giró otra vez a Marcus y le guiño un ojo. – Luego te cuento más. – ¡Eh a mí nunca me cuentas nada de alquimia!Porque eres una canija y no sabes de alquimia. – Le contestó André con retintín. Alice le dio un pellizco en la pantorrilla por debajo de la mesa. – Esta canija te puede ganar si quiere, y sé más de alquimia de lo que te crees. – Y casi se le escapa que ya había estado en un laboratorio, pero no quería meter a Marcus en un lío con su padre, así que simplemente siguió desayunando refunfuñona. – Bueno, no hay que discutir porque lo que vamos a hacer es ir a los campos de lavandas, a que veáis las flores y a recoger melocotones y hierbas ¿Te gustan los melocotones, cariño? – Dijo su madre, poniéndole también por delante el desayuno a Marcus. – ¡Mami! ¿Y si hace calor nos podemos bañar en el lavadero? – Su madre suspiró. – Qué tendrá esta niña con el agua... – Ella se limitó a reírse y se giró a Marcus.  – Hay pececillos en el río y son así como que brillan con el sol, y a veces se encuentran huevos de codorniz, que son así de pequeñitos, yo antes pensaba que eran de juguete. – Se puso a narrarle a Marcus, porque ella encontraba diversión en todo, aunque en verdad, estaba deseando ir por tener bien claro en su cabeza el camino al monasterio abandonado para poder volver cuando los mayores les dejaran salir solos. Apuró la leche, porque cada vez tenía más ganas de ir y se levantó derechita a ponerse las deportivas para poder ir agosto por el campo. – ¡Hija! Que te tienes que vestir primero. – Le dijo su madre cuando ya estaba atándose las zapatillas. Anda, era verdad, iba a tan rapidilla que se le había olvidado. Rápida como el rayo, subió las escaleras, buscando como loca algo que ponerse y bajar e irse cuanto antes.

En seguida, oyó a su primo subir las escaleras del desván y soltar un suspirito. – Alice, empieza a cambiarte en el baño. – Ella se giró con el ceño fruncido con profunda extrañeza. – Que está aquí Marcus, podría haber sido él. – Seguía sin comprender. – ¿Y qué? Me ve en bikini en la playa, no es como que vaya en pelota picada ni nada, solo me estoy cambiando la camiseta. – Su primo negó con la cabeza y fue a cambiarse el también. – ¿Y tú qué?No es lo mismo.No veo por qué no, la verdad. – Dijo ella ofendida, ya camino de las escaleras. – Oye si vas a venir con nosotros no vayas a ponerte molestón eh... – Y mientras bajaba, oía a André decir. – Hay que fastidiarse con la mocosa... – Pero ella bajo toda contenta y se reunió con todos en el vestíbulo. – Alice pero no te has peinado. – Dijo su madre suspirando. – ¡Pero da igual! Es verano ¡Vamos, Marcus! Vas a ver qué guay es el camino. – Y salieron mientras daba botecitos, hasta llegar al camino de tierra, con los adultos y Dylan delante, Jackie, Marcus y ella en medio y André el último con ese humor que parecía que se había instalado en él en el último año.

Vamos a jugar a algo. – Dijo Alice. – Yo os traigo plantas y por el olor las tenéis que reconocer. – Se fue corriendo al borde del camino diciendo. – ¡No se vale mirar! – Cogió una jara y una varita de romero y se las puso a la espalda. – A ver, cerrad los ojos. Esta para ti, Jackie. – Dijo poniéndole la jara en la mano. – Y esta para ti, Marcus. – Dijo agarrándole la mano y dejando la varita de romero en la palma.
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Mar Mar 09, 2021 3:23 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Había un montón de cosas ricas en esa mesa y a él ya se le estaba haciendo la boca agua. Además, le gustaban mucho los croissants, sobre todo si le echabas cositas dentro, y allí había muchas. Abrió uno de ellos y le untó mantequilla, metiéndole una lonchita de pavo y dándole un mordisco tan grande que se llevó la mitad del tirón, casi no podía masticar. Y Alice apenas le había dado un mordisquito al suyo. La miró con ojitos de circunstancias, porque no podía hablar con la boca tan llena, pero contestó cuando tragó. - Ni siquiera le has puesto nada dentro. - Tss, se creía que lo podía contentar así de fácil. - Aquí tienes chocolate, cielo, por si quieres algo dulce. - Marcus miró a la abuela de Alice con ojos ilusionados. - ¡Sí! Gracias, Señora Gallia. - Marcus, no comas tanto, que ahora vas a pasar muchas horas al sol. - Advirtió su padre. El chico se encogió de hombros. - Solo son dos croissants. - Rellenos. Y un zumo. Y leche. Mojada en galletas. - ¿Dónde metes tanta comida? - Preguntó William, mirándole cómicamente por todo el cuerpo, lo cuál le hizo reír. - ¿Es que la llevas en un zurrón? - Es que subo y bajo muchas escaleras, Señor Gallia. - El hombre rio. - Es verdad, nuestra querida Torre Ravenclaw. Por lo que veo no la han bajado. O le han puesto un ascensor. ¿Te acuerdas, cariño? - Dijo mirando a su mujer, que se estaba riendo de fondo. - Qué miedo pasé. Es un cacharro muggle, una especie de caja gigante de metal, que te mueve de un piso a otro. Y encima se mete todo el mundo a la vez. Qué horror. - Seguías siendo el más alto de todos. Le sobresalía la cabeza por encima de la gente. - Dijo Janet entre risas, pero la abuela de Alice bufó. - Venga ya, William, deja de hacerte el cateto. Los magos también tenemos ascensores, en el ministerio hay montones de ellos. - El hombre puso una muequecita y se inclinó hacia su mujer susurrando. - Será que no me dejan entrar. - Esta se tuvo que tapar la boca para echarse a reír. A Marcus también le hacía mucha gracia, y a su padre. Aunque a la madre de William, al parecer, no tanto.

Antes de que pudiera seguir atendiendo a la conversación de los mayores, cosa que a Marcus le encantaba hacer, André apareció entre ellos. Le miró mientras masticaba otro bocado de su croissant, abriendo mucho los ojos. - El abuelo dice que en Francia hay un montón de laboratorios, muchos más que en Inglaterra. Estuvo trabajando aquí unos años. Conoce a Flamel, trabajaron juntos. - Le encantaba decir que su abuelo había trabajado con Flamel, no todo el mundo tenía ese honor, había que ser realmente bueno. Se giró a Janet cuando le habló y asintió con una sonrisa. - Mucho. Me gusta toda la fruta, Señora Gallia. - Este niño come de todo, Janet. De pequeño lo pillamos una vez comiéndose la tierra del jardín. - ¡Papá! -Protestó, notando como se ponía rojo como un tomate. - Sería un error. Yo no como tierra. - Su padre soltó una carcajada. - Hombre, menos mal. Aunque creo que no volviste a hacerlo porque te cayó una buena bronca de tu madre después, no porque no te gustara. - Frunció el ceño y siguió comiendo con expresión enfurruñada, porque eso había provocado risitas en los presentes. Muy gracioso su padre, burlándose de él delante de todo el mundo. Con lo que le gustaba a él quedar bien.

Se le pasó el mal humor en cuanto Alice empezó a narrar todo lo que verían, mientras él la miraba con cara ilusionada y sin dejar de comer, ahora el segundo croissant, el cual había rellenado con el chocolate que le había dado la Señora Gallia. Nunca había estado en la Provenza, así que tenía muchas ganas de verlo todo. Pero en mitad de la historia, Alice apuró la leche y se levantó de un salto. - ¿No quieres chocolate? - Le preguntó con una voz, pero la chica ya se había ido. Hizo una muequecita. - No te preocupes, Marcus. Ha habido días enteros que la he visto comer menos de lo que ha desayunado hoy. - Comentó William. - Es que no quiero que se desmaye. Y tampoco es bueno que te dé el sol sin haber comido nada. - Dijo mirando de reojo a su padre con expresión enterada. El hombre solo buscó una mirada cómplice en Janet, que rio por lo bajo, mientras William seguía hablando con él. - Bueno, estando contigo, seguro que está bien. - Marcus sonrió. Sí, él iba a hacer todo lo posible, desde luego.

- Así que vamos a tener otro O'Donnell alquimista en unos años, ¿eh? - Le preguntó el Señor Gallia, pasando su brazo por sus hombros cuando ya se dirigían hacia la puerta. Marcus asintió sonriente. - Pero, ¿ya te deja Lawrence usar su taller? - Marcus negó, con los ojos muy abiertos. - Qué va, Señor Gallia. Mi abuelo dice que hay que mirar mucho antes de hacer nada cuando se trata de alquimia. - El hombre soltó una risita y dijo por lo bajo. - Yo diría que eso se aplica a muchas cosas. - Eso no lo entendió bien, pero bueno. William Gallia era raro. Aunque a él le caía genial. - Pues yo no sé hacer alquimia. ¿Me enseñarás algún día? - Marcus abrió los ojos, con la viva imagen de la emoción en la cara. - ¡Por supuesto, Señor Gallia! ¡En cuanto sea alquimista, le enseñaré! - ¡Pues trato hecho, entonces! Yo te enseño hechizos, y tú me enseñas alquimia. - Concordó el mayor, dándole una palmada en el hombro. Marcus estaba inflado de alegría. Admiraba muchísimo a ese hombre, solo de pensar que él podía enseñarle algo algún día... ¡Bua, sonaba genial!

Llegó Alice y salió junto a ella, muy contento. La chica propuso un juego y él enseguida entró. - ¡Venga! - Pero cuando lo propuso, rodó los ojos con una sonrisilla. - Vaya, qué raro, Alice proponiendo hacer algo con plantitas. - Se burló para meterse con ella, pero en verdad le encantaba que Alice supiera tanto de plantas, Herbología era la asignatura que menos dominaba, a pesar de haberla acabado con matrícula de honor (como todas), y ella le ayudaba mucho en clase. Cerró los ojos con fuerza, deteniéndose, porque como caminara con los ojos cerrados se veía de bruces en el suelo, que aquel terreno no era muy liso que digamos. Notó la ramita en su mano y, sin abrir los ojos, le tocó las hojitas con cuidado. Pero, nada más llevársela a la nariz, no tuvo dudas. - ¡Es romero! - Dijo abriendo los ojos, y moviendo la ramita con triunfo entre sus dedos, mirando a Alice. Jackie, sin embargo, seguía con los ojos cerrados, arrugando la nariz, no muy convencida. - ¿Me has dado un palo? - Dijo la chica con un toque desesperado, confuso e indignado. - No, pero no vas mal. - Respondió Marcus, por intentar ayudar. Jackie, sin abrir los ojos, puso cara de aburrimiento. - ¿Una rama? - Marcus miró a Alice, pero respondió paciente. - Piensa en algo que pueda oler así, como a leña o madera. - La chica soltó un bufido. - Ay, no sé, me rindo. - Abrió los ojos y miró a Alice, quejosa. - Nooo si casi lo tenías. - Dijo Marcus, pero Jackie parecía defraudada con lo que le había tocado. - No vale, la mía era más difícil. ¿Y cómo que ya lo tenía? - Marcus se encogió de hombros. - Pues... Es que la jara huele como a madera, por eso te he dicho que estabas cerca con lo del palo. - Jackie rodó los ojos y volvió a bufar. - Sois los dos igual de retorcidos. -
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Mar Mar 09, 2021 7:19 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Le encantaba que Marcus le entrara a todos los juegos. Obviamente, lo adivinó. Sonrió y le quitó la varita. – ¡Toma! Un punto para Marcus. – Le quitó la varita de romero y empezó a frotársela por las manos porque le encantaba cómo olía, mientras su prima seguía intentando averiguar lo suyo, con las indicaciones de Marcus. – A ver, era un poquito más difícil porque eres más mayor, Jackie. – Ella soltó una carcajada. – Sí, ya, ya... Como que no hay preferencias aquí... – Dijo entornando los ojos hacia Marcus. Bueno, claro, Jackie estaba rabiosa porque ellas siempre estaban juntas en La Provenza y ahora se había traído a Marcus. Pero él era muy majo con ella y estaba segura de que se llevaban bien y solo era un poquito de ganas de llamar la atención de su prima. – Venga, ahora cuando lleguemos jugamos al juego ese que te gusta que se pinta en el suelo. – Dijo pasándole un brazo por los hombros y abrazándola.

Me parece a mí que sois demasiado críos para lo que queréis hacer. – Alice se giró alzando las cejas. – No sé de lo que me hablas."Ni si di li qui..." – La imitó André ridículamente. – Queréis ir al monasterio ¿verdad? – Alice arrugó los labios, un poco mosqueada porque su primo se metiera en aquello. – No te enfades, canija, que yo también quiero ir. – Ella suspiró y miró a Marcus, poniéndose a su altura, bajando la voz, por si los mayores estaban con la oreja puesta. – Al otro lado del campo de lavandas, hay un monasterio abandonado. Los muggles creen que son unas ruinas sin más, pero los magos de aquí dicen que por las noches hay luces y tal... Y queremos ir, de día. – Puntualizó. – Para ver si es verdad que hay algo mágico allí. – Y ya se le estaba poniendo la sonrisilla, es que no lo podía evitar. Su primo rio con superioridad. – No solo hay algo mágico... Es que hay textos alquímicos. – Se fue hacia Marcus y dijo con mirada astuta. – Y aquí mi amigo alquimista sabrá apreciar de lo que hablo. – Alice le miró con un mohín despreciativo. – Dicen que el aspecto derruido es para ocultar que dentro, muy escondidos, están los textos que hablan sobre de qué está hecha la piedra filosofal. – Terminó con tono misterioso y teatral. Miró a Alice alzando las cejas y una sonrisilla. – ¿A que no sabes lo que es?Sí lo sé, estúpido. – No lo sabía, pero se iba a enterar antes de que su primo se diera cuenta. – Pero seguro que es mentira, solo son unas ruinas. Igual ni vamos, fíjate lo que te digo, me has quitado las ganas. – No se lo creía ni ella. Pero no quería ir con él haciéndose el listillo.

A donde sí llegaron fue al lavadero, así que Alice cogió la mano de Marcus y tiró de él hacia la parte en la que el río entraba en el mismo. – ¡Mira! Ahí se ven los pececillos. – Su hermano ya estaba en cuclillas sobre el agua señalándoselos al señor O'Donnell. – Y los hay amarillos y naranjas, pero no los hay azules, lo siento, señor O'Donnell. ¡Oh, pero a mí me gustan también esos, son muy bonitos! – Tiró otra vez de Marcus como si le señalara el campo de lavandas y susurró. – No mires directamente, pero desde aquí se ve el monasterio. Me muero de ganas de ir. Pero mi hermano es idiota, a ver si le perdemos de vista. – Dijo Jackie asomando la cabeza por el otro lado de Marcus. – De momento nos van a llevar en dirección contraria porque los melocotoneros están por allí. Pero ya me he aprendido el camino. – Aseguró Alice. Luego miró de reojo al señor O'Donnell, y dejó a Marcus y a Jackie en el lavadero con Dylan se fue hacia donde estaba y le tiró de la mano. – Señor O'Donnell, ¿le puedo hacer una pregunta? – Le dijo bajito. Él se rio y abrió mucho los ojos, mirando sospechosamente a los lados. – Uy, miedo me da una copia de William diciendo eso tan bajito. – Eso le hizo reír, porque sí, no solía tener idea buena. – No, esto es de alquimia. – Eso hizo al hombre soltar una carcajada. – Pues a mal sitio has venido, fui alquimista muy poco tiempo y ese me daba muy mal.Pero seguro que sabe lo que es la piedra filosofal. – Dijo con una sonrisilla. Arnold se agachó ante ella y se rio entree dientes. – ¿Por qué? ¿Quieres una?Quiero saber de qué está hecha. – Y otra carcajada. – Haces preguntas más difíciles que las de mi niño. Nadie lo sabe, Alice. La piedra filosofal es única, hasta el día de hoy, solo sabemos que es el único material que canaliza la energía, la quintaesencia, que es... Con lo que funcionan las transmutaciones alquímicas. – Terminó ella. Arnold asintió muy satisfecho. – Muy bien. Hasta tú vas a saber más alquimia que yo, dentro de nada. – Entrecerró los ojos y observó a André de lejos. – Sabía que nos la estaba pegando... – Luego enfocó a Arnold otra vez. – Ellos saben más alquimia que yo. – Arnold se levantó y le pasó una mano por los hombros, conduciéndola hacia donde estaban todos. – Pero tú te los comes en Herbología. Y en voluntad, no he conocido a una niña más echada para adelante que tú. – Ella sonrió orgullosa y un poquito sonrojadita, porque eso era bonito. Solían llamarla terremoto, o pesadilla, o cosas así, pero el señor O'Donnell no se lo había dicho en ese plan.

Más contenta de lo que estaba antes, volvió junto a los demás, y su padre estaba poniéndose a Dylan en los hombros. – ¡Eh, pajarito! Tu prima estaba un poco picada porque creo que alguien le ha ganado un punto con las plantas. – Le dio con el índice en la nariz. – Menuda Gryffindor estarías hecha si estuvieras en Hogwarts. – volvió a girarse a ella. – Así que vamos a echar una carrera hasta los melocotoneros. Jackie, Marcus y Dylan, yo soy su caballo de carreras ¿Quieres ponerte tú allí a ver quien llega antes a la línea de meta? – Alice asintió y salió corriendo por entre las lavandas hasta el melocotonero. Se puso a la sombra porque había cogido un calor terrible. Pero cuando estuvo lista, hizo la señal de que podían empezar y observó expectante como si le fuera la vida a ella en aquella carrera.
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Miér Mar 10, 2021 1:16 am

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Cerró los puños y los alzó con un gestito triunfal cuando Alice le dio el punto por ganar, aunque a Jackie no pareció sentarle muy bien perder. Si estuvieran en Hogwarts y se tratara de algún alumno envidiosillo, ya estaría soltando comentarios altivos de los suyos. Pero era la prima de Alice y se alojaban en la misma casa, así que mejor no hacerla rabiar, que estaba allí de invitado.

Lo que le extrañó fue el comentario de André. Él no pretendía hacer nada, solo había salido a pasear y a ver aquello, por lo que miró a Alice extrañado... Oh, claro. Alice. Seguro que tramaba algo, ya llevaba demasiados meses con ella como para no imaginárselo. Asintió ceñudo a las palabras de André, entre intrigado y un poco asustado, porque... En fin, con Alice nunca se sabía, y su primo era mayor que ellos y se conocía aquello muy bien, si él decía que no era buena idea... Quizás había que hacerle caso. Pero no, no decía que no era buena idea, solo que él quería ir y que ellos eran "muy pequeños". - Somos los mejores alumnos del castillo. Si se trata de un misterio, seguro que lo podemos resolver. - Dijo mirando a Alice con orgullo, aunque si había hecho ese comentario era solo para no sentirse un crío en aquel ambiente... Porque eso de "monasterio" sonaba a lugar abandonado en mitad del campo y tétrico y eso no le hacía tanta gracia, pero ya se inventaría alguna excusa para no ir... Como si las excusas para no hacer algo solieran funcionar con Alice.

De hecho, allí estaba la chica acercándosele con ese susurro y esa expresión en la cara que indicaba travesura inminente. ¿De verdad? ¿Hasta en un campo de flores en mitad de la nada tenía que estar ideando cosas? Si hasta él estaba en modo relax y no pensar, ¿por qué esa chica no paraba de idear cosas ni un segundo? Que a ver... Intrigarle, le intrigaba. Pero... - Si está abandonado... Y eso de que solo haya movimiento de noche... - Se frotó un poco el brazo, disimulando que le había dado un pequeño escalofrío. - No sé, Alice, quizás... - Sea mucho más seguro para nuestra supervivencia quedarnos a ver pececitos y flores junto a los adultos. Por dar ideas. Pero el comentario de André le hizo girar el rostro hacia él con los ojos muy abiertos. - ¿Cómo que textos alquímicos? - Eso sí que le interesaba, aunque le seguía pareciendo peligroso. ¿Un lugar abandonado, que los muggles veían en ruinas, que solo se activaba de noche y con textos alquímicos dentro? Desde luego, no era un lugar para niños, estaba claro. Solo le faltaba un cartelito en la puerta. Qué rollo, con lo que le gustaría a él saber lo que había dentro... Pero también le gustaría seguir vivo. O no acabar en Azkaban. O conservar los dos brazos. O a saber.

Abrió la boca con asombro. - ¿¿La piedra filosofal?? - Preguntó anonadado. - Pero... El abuelo dice que eso es súper peligroso. Y avanzadísimo. Solo lo sabe Nicolás Flamel, el único alquimista de Vida del mundo. ¿Cómo va a estar en mitad de la nada? Podría verlo cualquiera. - Eso no tenía sentido. Un texto sobre la piedra filosofal no podía estar tirado en mitad de un campo, porque si no, cualquiera lo tendría, y Nicolás Flamel no sería único en el mundo, sino que habría muchos Nicolás Flamel. Y muchos alquimistas de Vida. Y eso era... Una locura. No es que Marcus supiera demasiado del alcance y las implicaciones de la piedra filosofal, pero su abuelo había hecho hincapié en que era algo para lo que se necesitaba un nivel de conocimientos muy avanzado, y mucha madurez, y que aun así no estaba al alcance de casi nadie, que él sabía solo lo justo del tema. ¡Y su abuelo era un gran alquimista, de los mejores! Si él sabía solo lo justo... O al menos eso le había dicho a Marcus.

Ahora Alice estaba diciendo que no iban. Bueno... Mejor, en realidad, sonaba peligroso e inseguro, y daba un poco de repelús. Pero miró de reojo a André y el chico seguía mirándole con ojos astutos. - Tú sí quieres ir, ¿a que sí? - Marcus hizo una pequeña mueca, pero antes de responder, Alice le estaba arrastrando de la mano hacia el lavadero y André le dijo a su prima en voz en grito. - ¡Y esta también, solo que es una picajosa orgullosa! - Ni contestaron, porque Alice ya le llevaba hasta el lavadero en volandas. - Wow, hay un montón. - Respondió con una sonrisa. El comentario de Dylan le hizo reír y encogerse un poquito de hombros. - Sí, con la de colores que hay, podrían ser azules algunos. Aunque supongo que si lo fueran, no se verían y no tendría tanta gracia. - Señaló. - Pero aquellos parecen bronces, como nuestra águila. - Eran más bien naranjas, pero Marcus tenía una imaginación muy selectiva.

Un nuevo tirón de Alice le sacó de la imagen de los pececitos de colores. Porque estar con Alice era eso, un cambio de foco continuo, no sabía ni de qué se sorprendía ya. Igualmente, él allí tenía ganas de verlo todo, porque todo era precioso. Pero ese tono de la chica y esa expresión... Mentalmente, Alice seguía metida en una travesura. Es que la estaba viendo venir. La presencia de Jackie por su otro lado, lo cual le hizo dar un leve respingo, no ayudaba. Marcus miró de reojo, pero estiró un poco el cuello. Efectivamente, se veía un edificio con no muy buena pinta desde allí. - Parece que está lejos... - Empezó a intentar disuadir a la chica. - Si los adultos van en dirección contraria será por algo, ¿no? Adem... - Ah, bien, Alice se había ido. Ya ni le escuchaba. Pues... Estaba sentenciado aquello.

Suspiró con una mueca y, al mirar hacia su lado, vio que Jackie le estaba mirando con una sonrisilla malévola. Frunció un poquito el ceño, pero la chica no se hizo esperar hasta hablar. - ¿Es que te da miedo? - La miró con dignidad, aunque no muy convencido. - No es miedo, es prudencia. - La chica soltó una risilla. - Eso suena a que sí. - Entonces cayó: estaba hablando con una chica de Beauxbatons. Podía usar eso a su favor. Esbozó una sonrisa de superioridad y se metió las manos en los bolsillos. - Eso es porque no me conoces bien. - Dijo con seguridad en sus palabras. - Las personas que pertenecemos a la casa Ravenclaw somos sabios, inteligentes y valoramos todas las opciones de las cosas hasta dar con la correcta. No nos arriesgamos tontamente y a lo loco, valoramos el conocimiento y el razonamiento, así como la lógica. Y la lógica dicta que un lugar abandonado, en mitad de un campo, protegido ante los muggles y casi ante los magos y que solo se activa de noche, y que quizás se use para hacer alquimia, que es peligrosísima si no se sabe usar, no es el lugar adecuado para unos chicos de doce años. - La chica se puso las manos tras la espalda, con una sonrisilla, y se acercó a él con los ojos entrecerrados y cara de mala. - Me suena a muchas palabritas difíciles para decir que te da miedo. - Marcus se cruzó de brazos, sin perder ni un ápice de dignidad. - Es una argumentación perfecta que cualquier buen hijo de Ravenclaw entendería. -Pues mi prima también es "hija de Ravenclaw" y quiere ir. - Dijo la chica con tonito de burla, haciendo las comillas en el aire acompañadas de un bailecito de caderas. - Será porque también es hija de mi tío. - Soltó una risita y se fue de allí. Por desgracia, era un argumento sólido. Me cachis.

- Tito William, haznos de árbitro. Que voy a echarle una carrera a Marcus. - El mencionado Marcus miró hacia donde estaba Jackie, sin esperarse la alusión. Se había quedado tan tranquilo mirando los pececitos de colores junto a Dylan. El niño salió corriendo también hacia allí. - ¡Yo también quiero! ¡Yo también quiero! - Tú eres muy chico, vas a perder. - Dylan hizo un puchero enfadado y miró a su padre. - Jooo papiiii yo quiero. - Espera, patito, que yo creo que tu prima trama algo. - Dijo William, en lo que Marcus se acercaba a ellos. Jackie se encogió de un hombro con una caída de ojos. - Quiero ver si al inglesito se le da tan bien correr por el campo como adivinar plantas en juegos amañados por mi prima. O como poner excusitas. - Marcus la miró con los ojos entrecerrados y una sonrisilla. - Huelo tu envidia desde aquí. - La chica se acercó, con expresión burlesca. - No tanto como yo tu miedo. - A ver, necesitamos un adulto por aquí antes de que estos dos se desafíen a un duelo a muerte o algo de eso. - Bramó William entre risas, señalándoles y mirando al resto de mayores.

Alice volvió junto a ellos y Marcus puso una sonrisita de superioridad una vez más cuando William dio a entender que, efectivamente, Jackie se había picado porque él había ganado al juego de las plantas. Lo que le hacía falta al ego de Marcus para subirse, con lo fácil que era de picar. Pensaba ganar también esa carrera sí o sí. Se pusieron a sus puestos, y estaban esperando la señal de Alice cuando escuchó a su prima hablar. - Vas a perder, inglesito. - Perdona, no te oigo. Sigues aquí y yo ya he llegado. - Respondió con chulería. Y al gesto de salida de Alice, empezó a correr como si le fuera la vida en ello. Jackie estaba prácticamente a su altura, iba muy rápida a pesar de tener las piernas más cortas. En un momento determinado, vio como se le metía en el camino. - ¡¡¡Eeeehh!!! - Pero su única respuesta fue reírse. Aceleró aún más. Estaba tan centrado en superar a Jackie, que ni siquiera veía por donde iba el Señor Gallia, que era bastante más alto que ellos y seguro que más rápido. Pero en un momento determinado, le escuchó. - ¡Y ahora el caballo relincha! ¡Brrr! - ¡¡Papiiii!! ¡¡No hagas el tonto, que perdemos!! - ¡¡Te voy a ganar, inglesito!! ¡¡Te estoy ganando!! - Gritó Jackie, pero ya estaba medio ahogada. Él también, pero el sprint de ella empezaba a perder fuerza, mientras que él seguía teniendo las piernas igual de largas. - ¡¡Te quedas atrás!! ¡Estoy llegando! - ¡¡No vale!! ¡Eres un larguirucho! - Ya casi podía tocar a Alice. Casi casi, estaba llegando, y se estaba separando de Jackie...

Y llegó. Demasiado rápido y demasiado intenso. Prácticamente arrolló a Alice, casi la tira al suelo. Llegó atropellado, se agarró un poco a ella pero, apenas segundos después, se dio cuenta de que la iba a tirar y la soltó, dando él los últimos pasos de frenado por ahí y habiéndola arrastrado un par de centímetros apenas. - ¡¡Triunfo de Ravenclaw!! ¡¡O'Donnell gana de nuevo!! - Bramó victorioso, girándose con los puños en alto y jadeando. Jackie acababa de llegar y estaba agachada con las manos en las rodillas, recuperando el aliento. - Tu amigo dice muchas tonterías. - Le dijo una Jackie ofendida a Alice. Marcus se tiró de espaldas en la hierba, con un suspiro, riendo y recuperando la respiración. Vaya, ahora sí que notaba el haber comido un montón.

- ¡Eh! ¿Tenemos un caído? - Dijo William alegremente, que acababa de aterrizar por allí. Marcus alzó la cabeza, casi ahogado, pero atinó a decir con una sonrisa. - ¡He ganado yo! - ¡Hurra! ¡Ese es mi chico! - Jackie le estaba mirando con mala cara. Pero si había allí alguien ofendido, era Dylan. Pataleó con enfado aún sobre la espalda de su padre hasta que logró descolgarse y volver a pisar tierra. - ¡Tu chico soy yo! - Pues claro, mi patito. - ¡No! ¡No claro! - Dijo Dylan enfurruñado, dando una patada en el suelo con los puños apretados. - ¡Hemos perdido porque has hecho el tonto! - William se encogió de hombros, alzando las palmas de las manos. - Yo te dije que era un caballo divertido, no rápido. - ¡Pues no quiero! - Concluyó, con otra patada en el suelo, y se fue con la cabeza baja y los puñitos cerrados de vuelta por donde había venido para buscar a su madre. Marcus no pudo evitar reír un poco. Giró la cabeza y, desde su postura sin levantarse, y aún jadeando, miró a Alice. - Ya llevo dos puntos. ¿Cuál es mi premio? -
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Miér Mar 10, 2021 9:16 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Cuando dio la señal, su prima y Marcus salieron corriendo como si les fuera la vida en ella. Su padre, para variar, se puso a hacer el idiota, porque si no, sería otra persona. Se quedó un poco bastante alucinada con la reacción de Jackie, porque corría rapidísimo (sería cosa de los Gallia, que siempre tenían que salir corriendo para que no les pillaran en lo que estuvieran haciendo). Pero, de repente, ya pasada la mitad, Marcus empezó a adelantarla y su prima a quedarse atrás. Estaba tan concentrada que ni oyó las quejas de su hermano. Finalmente, parecía bastante evidente que iba a ganar Marcus y cuando iba a proclamarlo ganador, se vio arrastrada por el mismo de golpe, con la inercia que traía de la carrera. Tuvo que hacer funcionar su equilibrio y agarrarse un poco a Marcus para no caerse, peor en cuanto estuvo estable, dio un saltito. – ¡Buah, qué pasada! Ganador oficial de la carrera modalidad campo de lavandas: Marcus O'Donnell. – Dijo poniendo tonillo de comentarista de quidditch.

Miró a Jackie, que venía agotada y la miró con una sonrisa. – Pero Jackie, si eso ha sido impresionante ¿Tienes que huir mucho de los profesores tú también? – Su prima puso media sonrisilla astuta. – Tsss pues claro, en Beauxbatons sí que sabemos pasarlo bien. Deberías dejarte de tanto Ravenclaw listillo y venirte a Vantard. Tenemos más picardía. – Dijo con tonillo de superioridad hacia Marcus. Alice se rio. – Es que Ravenclaw es lo mejor, Jackie, somos los más listos del colegio. – Su prima puso una muequecita y parecía que iba a contestar, pero entonces escuchó que la llamaban desde otro lado. Se asomó junto a ella, para veer a un grupo de chicos que estaban también hacia los melocotoneros y Jackie fue corriendo hacia ellos. – Ahora vuelvo. – A lo que Alice aprovechó para sentarse en la hierba junto a un Marcus tumbado. – Ahora lamentas haber comido como un dinosaurio ¿eh? – Dijo riéndose. Se encogió de hombros a lo de los dos puntos. – Ah... Sorpresa. Si ganas el tercero y Jackie no te adelanta en lo siguiente que juguemos. – Se inventó sobre la marcha, porque la verdad es que no se le había ocurrido ningún premio concreto. – Pero ha sido super guay cómo has ganado, viene muy bien tener las piernas tan largas como tú... Aunque mi prima en verdad corre más rápido, es la costumbre de huir. – Terminó con una risita. Atendió al drama de su hermano y su padre y se cruzó de brazos. – ¡Ay, papá! Ya sabes que le sienta regular que no juguemos en serio, ve y pídele perdón anda. – Su padre la miró con las cejas alzadas. – ¿Ahora también me regaña mi hija? Lo que me faltaba ya.No te regaño. Pero luego va a estar insoportable todo el día si le chinchas. Ve y hazle alguna tontería de las tuyas. – William suspiró pero acabó haciéndola caso, y se fue hacia donde estaban Janet y Arnold, porque ella iba a paso más lentito para no cansarse.

Justo entonces llegó André. – ¿Dónde está mi hermana? ¿Ya os ha desterrado por ganarla demasiado? Está con esos, creo que son amigos suyos del colegio. – La cara de sus primo se ensombreció y se sentó al lado de ambos, enfurruñado. – Ese idiota de Jean Malreaux y su amigo Noel. Mi hermana se pone tontísima con él. – Pero entornó lso ojos hacia Marcus con media sonrisilla. – Aunque creo que le estás empezando a entrar por el ojito derecho, eh tío... – Alice se giró y enfocó a los chicos en la distancia. El rubio estaba mirando en su dirección, como si intentara reconocerles o algo. A ellos no, a ella concretamente ¿Le conocía de algo? ¿Habrían jugado alguna vez en verano? – El rubio me estaba mirando. – Dijo al darse la vuelta. – Pues que no te mire tanto. Me cae fatal. – Alice se rio un poquito, cortando hierbitas a su al rededor. – A ti te cae mal todo el mundo.No, este me cae mal de verdad. Es un suavón, nunca va de cara. Ojalá mi hermana no estuviera siempre pegada a ellos en el colegio. – Sí, a los Gallia la gente así les caían mal, porque ellos ran muy liantes, pero nunca negaban nada. iban de frente con todo, lo bueno y lo malo. Se apiadó un poco de su primo y dijo. – Bueno. Puedes venir con nosotros al monasterio. Pero vamos de día, y déjate de historias fantásticas sobre alquimia que no se cree nadie ¿eh? – Su primo se tumbó en la hierba con chulería, mirándola como diciendo "ya lo sabía", pero lo dejó correr.

Una vocecita irrumpió en su conversación. – ¡Mirad, papá ya no es caballo, ahora es una grúa como las de los muggles y me va a subir para coger melocotones! – Alice sonrió y se puso de pie de un salto, tendiéndole la mano a Marcus. – ¿Quieres recogerme los melocotones? – Preguntó a Marcus, porque deducía que el chico no iba a querer treparse con ella al árbol. – ¡Mami! Dale una cesta a Marcus. – Dijo mientras empezaba a subirse en el árbol. – ¡Alice! ¿Eso es seguro? – Exclamó Arnold. – No, qué va, pero lo va a hacer igualmente. Hija, por favor, no te caigas y le des un disgusto a Arnie. – Dijo su madre, pasándole la cesta a Marcus. – Descuida, mami. – Dijo, pasándose de una rama a otra y empezando a recolectar melocotones a la altura de Dylan. –¡Hermana! Pásame ese que tú llegas. – Y trepó un poquito más alto para cogérselo con una sonrisa. – ¿Sabes cuál tiene una pinta maravillosa? El de ahí. – Dijo señalando el de la parte más alta del árbol. – Alice Gallia... Que vale, mami, que no lo cojo. – Durante un rato, estuvo pasándole melocotones a Marcus, pro el estaba entrando un calor tremendo. – Me estoy asando. – Notificó. – Claro, con todo el pelo por medio. Bájate anda, y te hago unas trenzas. – Dijo su madre, que se había sentado en la sombra. Alice le dio en la naricilla a su hermano y dijo. – Me retiro con deportividad. Todos los melocotones para ti. ¡Toma! Ahora sí que ganamos, papi. – A lo que William contestó haciendo ruiditos metálicos. – Las grúas no hablamos, solo nos tomamos muy en serio nuestro trabajo. – Se bajó y se puso delante de su madre, que empezó a desenredarle el pelo con los dedos y oyó que decía a su espalda. – ¿Te gusta? ¿Quieres que te enseñe como se hacen las trenzas?
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Miér Mar 10, 2021 5:02 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Marcus aún estaba tirado en la hierba recuperando el aliento, con los brazos y las piernas estirados como una estrella de mar, pero levantó la cabeza con un gestito de superioridad. - ¡Jah! - Dijo con una carcajada triunfal. - Ravenclaw es lo mejor y somos los más listos. Lo ha dicho tu prima. - Eso por decirle "pues mi prima también es hija de Ravenclaw y no es como tú". Sabía que Alice se pondría de su parte, porque era lógico, era la purita verdad. Pero antes de que la conversación se prolongara, otros chicos de por allí llamaron a Jackie y esta salió corriendo. Marcus se limitó a dejar la cabeza reposar en la hierba de nuevo.

Rio al comentario de Alice pero negó con la cabeza, sin despegarla del suelo, por lo que se estaba llenando los rizos de hojitas. - En absoluto, lo volvería a hacer. A los cuerpos hay que echarles combustible, Alice, si no, dejan de funcionar. - Dijo mirando a la chica con una sonrisilla. Pero sí que se notaba los dos croissants en la boca. Arqueó las cejas mirando al cielo y esbozó una sonrisita de superioridad. - Eso está hecho. - Confirmó. Lo de la planta no le había costado ningún trabajo. La carrera había sido un poco más costosa, pero igualmente había ganado él. Si Alice proponía un tercer reto, teniendo en cuenta que pensaban similar muchas veces, seguramente no tendría problemas para ganarlo. Estaba con la seguridad en sí mismo por las nubes. Soltó un poco de aire después de tomarlo profundamente y miró a Alice. - La verdad es que me ha costado. - Dijo entre risas. Si Jackie y él hubieran tenido la misma altura, habría ganado ella, era más rápida. Pero de algo tenía que servir una buena zancada y un ritmo constante.

Cuando llegó André, se incorporó, sentándose con las piernas cruzadas, y desde esa postura ya sí miró bien hacia donde Jackie se había ido. Estaba con otros dos chicos, al parecer a André no le caían muy bien. Y hablando de André, ante su comentario le miró y frunció el ceño un poquito ladeando la cabeza, extrañado. ¿Eh? ¿Qué quería decir con eso? - Creo que está picada porque le he ganado dos veces. - Contestó con su sonrisilla orgullosa. André no había cambiado su expresión, solo asentía lentamente. - Ya... Picada... - Seguía con la sensación de estar perdiéndose algo. Igualmente, Alice habló y giró el foco a los chicos otra vez. Marcus miró con el ceño levemente fruncido, atendiendo a la explicación de André. Sonrió un poquito, con una leve risa. - Entonces a ti también te va a caer mal. - Le dijo a la chica. A Alice no le gustaba nada la gente así, así que más le valía a esos chicos no acercarse, porque no iban a ser bien recibidos visto lo visto.

La vocecita de Dylan, al cual al parecer ya se le había pasado el enfado, les hizo mirar hacia el melocotonero. Otra vez estaba sobre los hombros de su padre. Miró a Alice y agarró su mano para levantarse. - ¡Vale! - Dijo contento, dirigiéndose hacia Janet al trote para que le diera la cesta. Pero el comentario de Arnold y la mujer le hizo sospechar. Miró a Alice y observó con los ojos como platos que la chica se estaba disponiendo a subirse al árbol. - Pero... - Dijo con horror. No quería ponerse alarmista delante de Janet, que parecía muy tranquila, por no hablar de que tenía a William al lado y estaba tan normal también. Pero Marcus estaba de acuerdo con su padre, ¿no era eso peligroso? - Tranquilo, cielo. Tú te pones cerca y seguro que no le pasa nada. - Le dijo la mujer, poniendo una mano en su hombro. Él ya se estaba tomando eso como una misión vital. La miró y asintió. - Si veo que se resbala, la cogeré, Señora Gallia, se lo prometo. - La mujer soltó una risita adorable (no como su padre, que se estaba tapando la boca para ocultar que se estaba riendo de él, que ya lo conocía). - No dudo que lo harás, cielo. - Por supuesto que lo iba a hacer, aunque su padre se riera. Se fue diligentemente hacia el árbol y se colocó bajo el mismo, temiendo seriamente por la integridad de Alice. Aunque tenían a William cerca, que era un adulto... Supuestamente.

Tenía la cestita lo más alzada posible para que Alice llegara, pero estaba en tensión. - Ten cuidado, ¿vale? Yo estoy aquí de todas formas. - Aseguró, tratando de mantener la calma. Afortunadamente, aquella aventura no duró mucho, y Alice se bajó para que su madre le recogiera el pelo. Eso sí, se tuvo que reír con el comentario de William como si fuera algo hecho de metal. William era muy divertido. Se fue tras Alice, que ya se había sentado con su madre, y Janet se dirigió a él. Marcus sonrió. Todo lo que fuera sugerirle enseñarle a hacer algo, le encantaba. - ¡Vale! - Dijo contento, sentándose a un lado de Alice. Pero... Quizás debería perdirle permiso a ella, que era su pelo, al fin y al cabo. - ¿Puedo? - Esperó a la confirmación de la chica, oyendo la risita musical de Janet de fondo. - Vale, yo me pongo por este lado, y tú por ese otro. - Le dijo la mujer. Marcus se removió en el suelo, con una sonrisa, poniéndose donde le decía. - Dividimos el pelo así, en dos partes. - Hizo eso mismo, poniendo la mitad de la melena de Alice sobre el hombro que estaba en su lado, y quedándose con la otra mitad en sus manos. - Ahora, esa parte que tu tienes, la divides en tres partes lo más iguales posible. Así. - Marcus miró muy atentamente, como se ponía en clase, pero miraba de reojo a Alice con una sonrisita. - Inténtalo. - Le dijo Janet. Tomó con cuidado el pelo de Alice en sus manos y lo dividió en tres. - ¿Así está bien? - Perfecto. - Eso le puso muy contento. Nunca había peinado a nadie que no fuera a sí mismo, y tenía mucho menos pelo. - Ahora, coges un mechón y lo pasas por encima del central, así. Y luego, con el otro, haces lo mismo, así. - La mujer lo iba haciendo muy despacito. No parecía una mecánica muy complicada, así que empezó a hacerlo. - Uy, se me sale un poco. - No te preocupes, cielo, eso pasa. Sobre todo a pajaritos de pelo revuelto como mi niña. - Dijo haciéndole una pequeña burlita a Alice que le hizo reír. Siguió haciendo la trenza muy despacito, bajando poco a poco hasta llegar a abajo del todo. - Y, ahora, el broche final. - Dijo la mujer, sacando un par de lacitos del bolsillo. - ¡Mira, son como los que llevabas el primer día! - Dijo él, y Janet rio. - Qué observador. - Él esbozó una amplia sonrisa, mientras ataba el lacito al final de la trenza. - Me dijo que se los había dado porque sabía que entraría en Ravenclaw, y yo estaba tan nervioso que, cuando nos bajamos de la barca, ella me prestó uno y me lo ató en la muñeca. Me dijo que se lo devolviera si entrábamos en la misma casa, y si no, que me lo quedara de recuerdo. Pero entramos juntos, así que se lo devolví. - Narró con una sonrisa, encogiéndose de hombros, y terminó de contar justo cuando ató el lacito. - ¡Ya está! ¿Cómo ha quedado? - ¡Preciosa! Haces una trenzas muy bonitas, Marcus. - El chico rio, sonrosándose un poquito por el halago, y miró a Alice, alzando las cejas con un toquecito orgulloso. - Fíjate, hago unas trenzas muy bonitas, yo creo que eso son ya tres puntos. - Aunque no estuviera Jackie para competir. Pero lo que más le importaba no era eso. - ¿Te gusta? -
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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Desde arriba, oyó a Marcus ponerse en modo caballero medieval y le dio la risa. Avanzó hacia la rama que estaba más cerca de él y se dejó descolgar, agarrándose con la piernas de la rama y apareciendo al lado de Marcus boca abajo. – ¿Que tú me vas a coger a mí? – Dijo con voz bromista. – No lo creo, querido Marcus. – Se volvió a incorporar en la rama, pero ya no le picó más y se dedicó simplemente a pasarle los melocotones. En el fondo, le daba mucho cariño que Marcus se preocupara tanto por ella, parecía que vivía preocupado por todo, y le gustaba, por algún motivo, estar en aquella lista. Pero, efectivamente, se estaba muriendo de calor y llevar el pelo suelto jugaba un papel importante en ello, así que se posicionó para que su madre le hiciera las trenzas.

La verdad es que no contaba con que Marcus quisiera aprender a hacer trenzas, no es como que lo fuera a necesitar mucho en su vida, pero se apuntó en seguida a hacerlo. Y más raro todavía, fue y le pidió permiso. Ella abrió mucho los ojos y sonrió. – Pues claro. – Volvió a recolocarse, notando como tiraban cada uno de un lado, y por un momento, desvió la mirada al señor O'Donnell, que los miraba como si le hiciera especial ilusión que su hijo le hiciera trenzas. Rio un poco cuando su madre dijo lo del pelo revuelto. – Eh, eh, eh, no es para tanto. – Dijo con falsa ofensa pero riéndose. Sí, el primer día le había dado uno de aquellos lazos, y había sido como el pistoletazo de salida de una amistad genial. Lo mejor que había sacado de Hogwarts. – Es que sabía que Marcus iba a ser de Ravenclaw segurísimo, vamos, si nada más llegar ya estaba hablando de mirar cosas en libros. – Y desvió una mirada tierna a su amigo. Sí, estaban hechos ambos para Ravenclaw. Cuando terminaron, tiró de ambas trenzas hacia delante y las observó con una sonrisa. – ¡Guau! Me encantan. – Dijo volviéndose hacia su amigo. Miró a su padre. – Se le da mejor que a ti, papi.¡Sí, claro! Como que con él te quedas quietecita, así cualquiera ¡Ay! Perdón. Las grúas no hacemos juicios de valor. – Y volvió a hacer ruidos mecánicos, lo que hizo reír a todos. – No, esto no se vale como punto, que luego Jackie se enfada y dice que te tengo... – Pero no terminó de hablar porque, de la risa, a su madre se le encadenó la tos. Inmediatamente se levantó hacia una de las cestas que habían traído y fue a por la botella de agua, ofreciéndosela a su madre. – No pasa nada, solo es tos. – Dijo ella volviéndose, imitando el discurso que hacía su madre una y otra vez cuando se ponía así y todos los adultos la agobiaban. Extendió la mano para que no se acercaran a ella hasta que se le pasó y se agachó frente a ella. – ¿Ves? Ya estás bien ¿a que sí? – Su madre sonrió brillantemente. – Sí, pajarito, muchas gracias. Algún día vas a ser una enfermera fantástica. – Ella asintió con una gran sonrisa, orgullosa. Cogió la botella y miró a Marcus. – ¿Vienes conmigo al lavadero a rellenarla? – Y se alejaron juntos hacia allá.

Bajó las escaleras a saltitos y se dirigió a los caños de la fuente, que estaban paralelos al discurrir del río. Allí se estaba mucho más fresco gracias a la sombra y el agua. Mientras rellenaba la botella dijo. – Oye... Ahora sin bromas. Si no quieres... No vamos al monasterio. Ya liaré a Jackie para ir en algún otro momento. – Dejó la botella en la repisa de la fuente y se aceró a la orilla del lavadero, quitándose los zapatos y metiendo los pies en el agua, notando su frescor. – Yo lo que quiero es jugar contigo, y aprovechar que estamos de vacaciones para hacer lo que nos apetezca. – Miró para arriba mirando a Marcus con una gran sonrisa. – Con eso me vale. Las cosas peligrosas las puedo hacer cuando no estés tú. – Porque no quería que Marcus se arrepintiera de haber ido a Saint-Tropez y no quisiera volver. Justo entonces apareció por allí Jackie, de considerable mejor humor que cuando había ido con sus amigos. – ¿Qué hacéis? ¿Esperabais para mojarme? – Alice abrió los ojos y la señaló con el índice. – ¡No, pero qué gran idea! ¿Viene por ahí tu hermano? Porque se lo hacemos.– Su prima se sentó a su lado. – ¿Que hacías? Estaba con Noel y Jean. Son mis amigos de Beauxbatons. ¿Y no te los traes porque le caen mal a tu hermano? – Ella se encogió de hombros. – A André le cae mal todo el mundo. Está muy adolescente. Mamá lo dice todo el tiempo. – Alice la miró con el ceño fruncido. –Además... Noel me gusta... – Vio que entornaba un poco los ojos hacia Marcus un segundo y luego volvía distraídamente al agua. Igual no quería hablar de eso delante de él porque le daba vergüenza. Y justo cuando iba a decir algo más, su prima se levantó y dijo. – Venga, vamos a escondernos los tres, y cuando venga André, salimos de esa esquina, y le echamos agua los tres a la vez. – A Alice le dio risa solo de imaginarlo y corrió detrás de su prima, tirando de Marcus.

Efectivamente, se colocaron en el escalón que descendía ya al río natural, saliendo del lavadero, y no se les veía. – Oye, canijos ¿Vamos a...? ¿Hola? Alice, Jacqueline, veo vuestros zapatos aquí... – Uf eso había sido un fallo. Jackie hizo una señal y salieron a levantar el agua del curso del río a oleadas, empapando a su primo. – Os vais a enterar. – Y fue directo hacia ellas, pero Jackie fue más rápida y su primo cayó sobre ella. – ¡No! ¡André! ¡Ha sido tu hermana! ¡No se vale! – Se dedicó a forcejear y levantar agua en el proceso, muerta de risa,  y entre tanta salpicadura, vio cómo Jackie tiraba de Marcus. – Venga inglesito, que es agua ¿A esto también le tienes miedo? – Dijo levantando una oleada contra él. La verdad es que se lo estaba pasando como en la vida, no necesitaba mucho más que jugar todos juntos en el agua de aquella manera.
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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Su sonrisa se hizo aún más grande cuando Alice le dijo que le encantaban las trenzas. - Te quedan muy bien. - Dijo sinceramente. Era verdad. No es que él fuera experto en peinados, porque nunca había tenido el pelo largo, pero las trenzas eran bonitas, a Alice le quedaban bien. Pero el comentario del Señor Gallia le hizo reír a carcajadas. Ya se le había cortado la risa y se disponía a quejarse cuando Alice dijo que no iba a darle puntos, pero la chica se detuvo por algo. No, no por algo, porque Janet no paraba de toser. Se le cayó la sonrisa y se preocupó, viendo como la chica rápidamente iba a por agua y como todo su alrededor parecía haber cambiado. A pesar de que Alice decía que solo era tos, el Señor Gallia se había quedado parado y miraba hacia allí, ya sin hacer bromas, y a su padre también se le había quitado la sonrisa. Hasta André les miraba de soslayo, ya no con la cara de mosqueo que traía toda la mañana, sino con cierta preocupación. Pero no duró mucho. En seguida, Janet dijo que estaba bien y que Alice sería una enfermera fantástica, lo que hizo a Marcus sonreír un poquito. Aunque ese ambiente que se había creado alrededor... No le había gustado. La gente no solía ponerse así simplemente porque alguien tosiera.

Asintió y siguió rápidamente a Alice hacia el lavadero. Ella parecía haberlo tomado con mucha normalidad, así que él también lo haría. Se sentó junto a la chica y cuando escuchó lo que dijo, perdió la sonrisita otra vez. - No, bueno, no es eso... - Se rascó la nuca. ¿De verdad iba a quedar como un miedica? Pero es que... No le parecía buena idea. Quizás podría recabar un poquito más de información sobre el monasterio ese, a lo mejor no era para tanto, o podrían ir con algún adulto, su padre por ejemplo. Pero lo que Alice decía le hacía sentir un poquito aguafiestas. - Bueno, a mí me gustan mucho los misterios. Además, ¿a que no sabes qué? - Pero no le dio tiempo a contárselo, porque Jackie apareció por allí y les acusó de querer mojarla. Jo, pero que manía con pensar que iba contra ella. Frunció un poquito el ceño para decir que cómo iba a hacer algo así, pero ya saltó Alice diciendo que era una idea genial. Rodó los ojos. Si es que con ella no podía uno ser políticamente correcto.

Se quedó escuchando la conversación de las dos chicas, aguantando un poquito la risa cuando Alice dijo abiertamente que a André le caían mal los amigos de Jackie. Pero ella confesó directamente que uno de ellos le gustaba. Pues eso sí que iba a ser un problema, si a su hermano no le caía bien. Cuando le miró de reojo abrió un poquito los ojos y se encogió de hombros, aunque ya no le estaba mirando. ¿Es que pensaba que se iba a chivar o algo? Él no hacía esas cosas. Entonces se levantó y, cuando se quiso dar cuenta, estaban las dos orquestando un plan de ataque contra André. - Pero, ¿en serio? Se va a enfadar. - Pero ya estaba Alice tirando de él. Lo cierto era... Que ese espíritu travieso de las chicas era contagioso. Solo por como se reían le dio por reírse a él. Y, lo dicho, no quería ser el aguafiestas del grupo. Solo esperaba que André no la tomara con él. Según Jackie le caía mal todo el mundo, pero a él le había dado la impresión de que se llevaban bien. No quería cambiar eso.

Nada más aparecer André, le echaron tal manta de agua encima que lo pusieron empapado, mojándose ellos en el proceso. Cuando se quiso dar cuenta venía hacia ellos, Jackie había salido huyendo y él apenas dio un par de pasos hacia atrás, pero André fue directamente a por Alice. - ¡¡Yo te ayudo!! ¡¡Dos contra uno!! - Dijo, encaminándose hacia allí para ir en favor de su amiga, pero Jackie se adelantó y tiró de él, lanzándole una oleada de agua. - Yo no le tengo miedo a nada, francesita, ¿te lo demuestro? - Respondió chulito, devolviéndole el agua a raudales con todas sus fuerzas. Pero la muy tramposa arremetió contra sus piernas y le tiró al río. - ¡¡Eeehh!! - ¡Vaya, para esto no eres tan listo! - Le dijo, sin dejar de echarle agua mientras él se revolvía en el río, intentando levantarse. - ¡Te vas a enterar! - Se incorporó y tiró de sus muñecas, pero la chica se resistía. Recibió una ayuda inesperada, sin embargo. - Así que ha sido ideita tuya, ¿eh? - André había agarrado a su hermana de la cintura, levantándola en volandas y lanzándola al río. Marcus se echó a reír a carcajadas. - Vaya, quien no fuera de metal para poder participar, pero me temo que me oxidaría. - Dijo el Señor Gallia, que había aparecido por allí de repente. A Marcus ya le dolía el estómago de tanto reírse, ni siquiera podía ponerse de pie en el río. Se arrastró por allí hasta donde estaba Alice. - Cuidado, no se te vayan a perder. - Dijo, llevando las manos a sus trenzas y moviéndolas graciosamente para alzar los lacitos. - Jo, se te han mojado, que pena... Pero ya que están mojadas igualmente... - Y, antes de que la chica reaccionara, empezó a echarle agua a mares.

Alguien se coló entre ellos y se enganchó a Alice como un koala. - ¡Para! ¡La vas a resfriar! - Le dijo Dylan, que le miraba con el ceño fruncido. Marcus volvió a reírse. - Ha sido idea de ella, que tiene mucha inventiva. - Dijo Marcus, mirando a la chica con una sonrisilla y los ojitos entrecerrados. - Y si se resfría, no pasa nada. Yo ya he prometido que la iba a cuidar. -
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Jue Mar 11, 2021 9:10 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
No podía parar de reírse, le encantaba jugar con su primos y con Marcus y le encantaba el agua. encima lo que le faltaba era su padre diciendo tonterías, iba a hacerla llorar de la risa. Consiguió librarse de André porque fue a por Jackie y vio como Marcus iba hacia ella. – Me parece feísimo que no hayas acudido en mi búsqueda cuando mi primo ha venido a por mi como un colacuerno feo. Si fuera un dragón yo ahora sería un pincho de barbacoa. – Luego se mordió el labio inferior y vio que él estaba calado también y se le escapó la risa. – Aunque tienes tus propios problemas, mi prima te ha dejado como si te hubieras metido hasta la cabeza en el mar. – A ver si iba a tener razón André, y Jackie le estaba cogiendo manía a Marcus, no quería eso. Ya encontraría la forma de hallar la paz entre aquellos dos. Miró a las trenzas con una sonrisa y se encogió de hombros. – ¡Ah, no pasa nada! Están bien hechas. – Dijo con un guiño. Pero no fue el muy traidor y la llenó de agua. – ¡Oye! ¡Eso es fuego amigo de Ravenclaw! – Iba a contestar con su terrible venganza tirándole al agua como había hecho Jackie, pero algo se interpuso en su camino. Bajó la mirada y vio a Dylan abrazándola. – ¡Patito! Pero... – Notaba a su hermano como preocupado o enfadado y miró a Marcus con el ceño fruncido pero una sonrisa. – Dylan, estamos jugando, no pasa nada... Es verano, nos bañamos todo el tiempo. – Pero su hermano no contestaba, solo la abrazaba más fuerte. – Además él me cuida. – Dijo con una sonrisa mirando a Marcus. – ¡No! ¡Yo te cuido! Yo soy tu hermano.

Justo entonces, llegaron los adultos y Arnold les miró suspirando y apoyándose las manos en las caderas. – Si hay un Gallia cerca siempre acabamos así. Si hay tres... Para qué queremos más. – Su madre se rio al fondo. – Anda, vamos a volvernos para llevar todo esto a Helena y a que estos niños se cambien. Mejor nos aparecemos en casa directamente, para que se quiten la ropa mojada. – Todos salieron chapoteando del agua y su padre levantó en el aire a su hermano, dándole la vuelta como le hacía a ella. – A ver, los chicos Gallia con la grúa. Vente André. Las chicas Gallia juntas. – Dijo señalando a Jackie y a su madre. – Y los pipiolos con Arnold. – Dijo poniéndole la mano en la cabeza. – Yo soy una chica Gallia.Bueno pero ya te contamos como O'Donnell. – Ella se encogió de hombros. Pues vale, ¿Por qué no? Pero Arnold rio y negó con la cabeza mientras los cogía a ambos por los hombros. – Vaya tela tienes.¿Qué? ¿No has oído que él la cuida? – Y sí, era verdad, Marcus acababa de decir eso, pero había algo en el tono de su padre que la tenía un poco confusa. Pero su padre siempre decía muchas tonterías, así que simplemente se agarró a Arnold y se aparecieron en la puerta de la casa. Entraron todos en tropel, dirección de las escaleras. – ¡Hala! Ya están los niños empapados. Yo no sé cómo lo hacéis, de verdad... – Se quejó memé. Pero Dylan pasó delante de ella. – Ah, pero mi patito no ¿verdad? Tú eres más bueno que todas las cosas. – Generalmente, Dylan contestaba a los mimos de su abuela, pero se fue derechito, con la cabeza baja, al jardín de atrás. Le extrañaba ver a su hermano tan tristón. – Alice, a cambiarse. – Advirtió su madre. – Sí, mami ahora mismo subo. – Pero antes quería averiguar lo que le había pasado a su hermano, porque él era un niño muy alegre y no entendía por qué estaba tan enfadón.

Pero alguien se le había adelantado. Cuando llegó a la puerta del salón, vio que Marcus, aún mojado, se acercaba a él, y prefirió no meterse. Se quedó tras la puerta en silencio, observando a su hermano, enfurruñado, cubriendo sus juguetes con la espalda, que le daba a Marcus, como si los protegiera. – No quiero que estés aquí. – Dijo poniendo el pico de patito, como le decía su madre, porque sacaba los labios para afuera cuando se enfadaba. – Cuando estás tú, Alice solo quiere estar contigo. Juegas mejor que yo y sabes más cosas de… Todo. Y cuando no estás, solo sabe hablar de ti. Antes de irse a Hogwarts estaba todo el tiempo conmigo. – Siguió colocando sus juguetes. – Y ahora no quiere estar en casa porque prefiere estar en Hogwarts contigo, y todo el día que si Ravenclaw, que si Marcus dice… – Se giró y le miró muy serio. – Mi hermana es muy guay, pero MI hermana. Si tú quieres una búscate una que no tenga ya un hermano. – Dijo airado, aunque la verdad es que sonaba un poco ridículo con su vocecilla y rodeado de peluches. Así que era eso. Igual que Jackie, estaban celosos de que ahora atuviera a Marcus. Bueno, tenía arreglo. Prefirió no entrar en la conversación en ese momento, porque probablemente lo iba a empeorar y se fue arriba a hablar con su prima.

Al llegar, la encontró cambiándose en la habitación y André no estaba, lo cual le vino muy bien, porque así podía hablar a solas con ella. – Oye. – Dijo mientras ella see quitaba también la ropa mojada. – ¿Estás enfadada porque ahora viene Marcus y juego con él? – Su prima se giró con el ceño fruncido. – ¿Qué? ¿Enfadada porque... – Abrió los ojos y la boca y asintió. – Ah... No, no es... No estoy enfadada, Alice. Para nada. Ya sabes como soy... Solo le pico, así me divierto yo. – Se quedó en silencio, y ella había dado la conversación por terminada, porque si no estaba celosa pues tanto mejor, pero entonces se acercó a ella. – ¿A ti te gusta Marcus? – Ella la miró extrañada. – Pues claro. Es mi mejor amigo y mola muchísimo. Es super listo y divertido. Un poco miedica pero... Así yo no hago tanto el loco, que luego me meto en líos. – Su prima suspiró. – No me refería a... – Y otra vez suspiró. – Es igual, prima. Pero vamos, no te preocupes por mí. No tengo ningún problema con el inglesito. – ¿Era ella o notaba un punto de tristeza en Jacqueline? – Seguro que nos lo pasamos bien todos juntos. Cuantos más mejor ¿no? – A eso sí asintió alegre, considerado ese frente cerrado, así que se dispuso a terminar de vestirse y bajar, a ver si Marcus haba logrado solucionarlo con su hermana o tenía que hacer otra intervención.
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Jue Mar 11, 2021 11:38 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Se rio con una fuerte carcajada, pero en seguida se defendió, aunque entre risas. - ¡Eh! Venía a salvarte, pero tu prima me ha interceptado. Está claro que aquí hay dos equipos: ellos dos contra nosotros dos. Solo tienes que darme más tiempo de reacción. - Comentó. Seguro que si Alice y él se aliaban, serían imbatibles. Pero claro, su amiga iba tan rápido con sus ideas, sus descabelladas ideas, que le dejaba atrás. Rodó los ojos. - Eso es porque me ha metido de cabeza en el río. - Confirmó.

La reacción de Dylan era graciosa, aunque parecía un poquito enfadado con él. Ni que hubiera sido idea suya, él era el último que había decidido todo aquello, lo podía jurar. - ¿Y si me resfrío yo? - Le preguntó al niño con una sonrisa, pensando que estaban jugando. Al fin y al cabo, él también estaba empapado. Pero Dylan simplemente le miró con desconfianza. Qué raro. Marcus solía llevarse muy bien con los niños pequeños, pero a Dylan parecía no gustarle mucho su presencia.

Salió del agua sacudiéndose como un perrillo, y volvió a reír con los comentarios de William. - Anda, ahora eres una O'Donnell, ¿qué te parece? - Le dijo a Alice entre risillas. Con lo distintos que eran, era gracioso pensarlo. Pero ante el diálogo de los dos hombres, les miró e hinchó el pecho. - Efectivamente. Yo cuido de la Señorita Gallia-O'Donnell. - Dijo entre orgulloso y divertido, mirando a Alice. Eso pareció hacerle gracia tanto a su padre como a William. Alice y él se agarraron a Arnold y, en un abrir y cerrar de ojos, estaban ante la puerta de los Gallia.

Nada más poner un pie dentro esbozó una muequecita. - Uy, lo siento mucho, Señora Gallia. - No te preocupes, cielo. Algo me dice que esto ha sido idea de mi nieta, ¿a que sí? - Marcus rio. - Un poquito. - Contestó. La abuela de Alice siempre le trataba muy bien, pero igualmente se sentía mal por estar mojándole la casa. Había visto por el rabillo del ojo como Dylan se iba al jardín trasero enfurruñado, y él tenía demasiada curiosidad por saber qué le pasaba, por no hablar de que le encantaban los niños, pero los niños felices. Iría tras él, así dejaba de mojar el pasillo de los Gallia y, de paso, alegraba un poquito a Dylan. Salió al jardín de un trote rápido y cuidadoso para no dejar demasiada agua a su paso y se acercó al niño con una sonrisita. - Hola, ¿estás jugando? - Preguntó cordial, pero lo que se encontró de vuelta fue un flagrante rechazo. Eso le hizo abrir los ojos sorprendido. Intentó aportar, pero Dylan había iniciado una perorata que, ciertamente... Era muy graciosa de ver. Había boqueado un par de veces para contestar, pero al verse imposibilitado de meter baza, cerró la boca. Y tuvo que fruncir los labios para que no se le escapara una sonrisilla.

Así que era eso: Dylan se sentía desplazado. Pobrecito. No se había parado a pensar que, si él estaba allí, como eran de la misma edad, Alice iba a jugar más con él que con su hermano. El niño había soltado su sentencia y ahora le daba la espalda, mientras Marcus se había quedado con una muequecita en los labios, las manos en los bolsillos y balanceándose hacia adelante y hacia atrás con los pies. Tras un minutito en silencio, le rodeó para mirarle y se acuclilló cerca de él. - ¿Y si... Me quedo ahora jugando contigo un ratito? - Dylan le miró de reojo, pensándoselo un par de segundos. Pero, finalmente, volvió a retirar sus juguetes y a girarse. - No. - Y fin. No tajante. Marcus se mojó un poco los labios y se rascó la nuca, de nuevo con una muequecita. Pues estaba difícil la cosa.

Esperó un par de segunditos en silencio otra vez y, finalmente, suspiró y se sentó con las piernas cruzadas. - Lo siento, no me había dado cuenta. - Dijo con naturalidad, encogiéndose de hombros. Dylan le estaba mirando de reojo, pero no perdía la dignidad. - Tienes razón, Alice es muy guay, por eso es mi mejor amiga. Pero es mi amiga, no mi hermana. Siempre va a ser tu hermana, no te la voy a quitar. Y ella te quiere un montón. Mucho más que a mí. Me lo ha dicho. - Ahí pareció dar con una clave, porque la mirada del niño había cambiado. - ¿Sí? - Preguntó. Marcus asintió convencido, con una gran sonrisa. - Y cuando estamos en Hogwarts, siempre habla de ti. Pero a mí no me importa, porque sé que es porque te quiere y te echa de menos. A lo mejor cuando yo no estoy habla de mí porque... Me echa de menos, supongo. - Volvió a encogerse de hombros. - Es que es raro hablar de alguien que está delante. ¿A que nosotros ahora estamos hablando de ella? Porque la queremos y no está delante. ¿No sería raro que estuviéramos hablando de Dylan? ¿O de Marcus? ¡Si estamos aquí! - Dijo con una risa. Las defensas del chico parecieron relajarse un poco. Se giró sobre el césped, con uno de sus muñecos en la mano, y le miró. - ¿Y en Hogwarts habla de mí? - Marcus asintió con los ojos muy abiertos. - Toooooodo el tiempo. Tenía muchas ganas de conocerte, de hecho. - Dylan sonrió. Bien, iba por buen camino.

El niño cogió uno de los peluches y se lo puso en el regazo de un golpe. - Toma. Tú eres ese. - Marcus volvió a fruncir los labios para reprimir una sonrisilla, pero asintió. - Vale. ¿Qué hago con él? - El niño volvió a mirarle con el ceño fruncido. - Tú eres el mayor. Tú sabrás. - Claro. - Contestó, tratando de reprimir la risa otra vez. Dylan no se andaba con paños calientes. Sin embargo, antes de poder iniciar juego alguno, el niño volvió a hablar. - Entonces, ¿no va a cambiarme por ti? - Marcus le miró sorprendido. - ¡Claro que no! Alice te adora, yo solo soy un amigo, tú eres su hermanito pequeño. - Esbozó una sonrisita de lado. - Nosotros podemos ser colegas, ¿qué te parece? - Dylan le miró analítico. - ¿Qué es un colega? - Buena pregunta. - Pues, son dos chicos que son muy amigos y se llevan muy bien, y además son aliados, y se ayudan. - ¿Y pasan tiempo juntos? - También. - ¿Sin hermana o con hermana? - Vaya, se estaban poniendo difíciles las preguntas. Hizo una muequecita pensativa, mirando hacia arriba, hasta que contestó. - ¿Ambas? - No había sonado muy convencido eso, pero Dylan pareció conforme. - Entonces, tienes que pasar tiempo conmigo, no solo con Alice. - Hecho. - Confirmó él, sonriente.

- Te propongo un trato, a ver qué te parece. ¿Has dicho que yo sé muchas cosas y por eso Alice quiere estar conmigo, no? - Dylan asintió. - Pues sé esas cosas porque leo mucho. - Yo no sé leer. - Lo sé, por eso te propongo este trato. - Se recompuso, contento. - Cada vez que venga, por las noches, antes de dormir, te leo un cuento. Así sabrás un poquito más y se lo podrás contar a Alice al día siguiente, seguro que le encanta. - Dylan sonrió y dio un par de aplausitos. - ¡¡Sí!! ¡Eso es como leer! - ¡Exacto! - Confirmó. Cerró el puño y lo extendió ante Dylan con una sonrisita, para que se lo chocara. - ¿Trato de colegas? -
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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Se llevó el melocotón a la boca y lo mordió, sin moverse un ápice. Estaba tumbada bajo uno de los árboles del jardín, concentrada tan solo en la luz que se filtraba por las hojas, y a sus lados, tumbados en diferentes direcciones, estaban Marcus, Jackie y Dylan. – Pues yo tendré un invernadero. – Dijo muy segura, tras tragar el melocotón, porque estaban hablando de cómo serían sus casas. – Hermana, ya tenemos un invernadero.Ya lo sé, pero eso es la casa de papá y mamá. Algún día no viviré allí. Y la mitad de mi casa, será un invernadero y tendré una planta de cada sitio del mundo en el que haya estado. – Jackie hizo un suspiro ahogado. – Buah, sí, podemos ser como la tía Vivi y viajar por todo el mundo ¿Para qué quieres una casa? Ella no la tiene pero vive en los sitios más guays. Marcus, ¿los colegas también viajan por el mundo? A mí el invernadero me da igual, la verdad. – Dijo de corazón. Parecía que cualquier problema que Dylan tuviera con Marcus lo había solucionado antes de comer, y luego se había tirado el resto del día con la palabra "colega" todo el día en la boca. Pero bueno, le valía por tal de que no estuviera enfurruñado y ahora sí quisiera estar con Marcus.

De repente, vio movimiento en la zona de la valla y vio a su primo con una chica. Al principio pensó que era una chica del pueblo, sin más, que estaría por allí, pero de repente se inclinó hacia su primo y le plantó un beso. Pero un beso en la boca, así tal cual, impresionante. – ¡Qué fuerte! ¿Has visto eso? – Le dijo a Marcus dándole en la mano. – Que mi primo se va besando con las chicas por ahí. – Jackie se crio un poco. – Y no es la primera. ¿Qué dices? ¿Que ha tenido más novias? Mi prefecto tiene novia pero no se besa en la boca con ella. No que yo haya visto, vamos. – Pero ya que lo hiciera André, con toda la familia allí, como si nada, la tenía extasiada. – No pasa nada por besarse, papá y mamá lo hacen todo el tiempo. – Dijo Dylan, un poco ajeno al jaleo que habían montado las otras dos. Pero Jackie negó con la cabeza. – No son sus novias.¿Y entonces qué son? – Preguntó Alice curiosa. Pero a us prima no le dio tiempo a contestar porque ya apareció André por allá.

-¡Ey, Dylan! Los Sorel han traído una máquina de Zoltar, es un autómata que te echa las cartas si le echas una moneda. Las abuelas y tu madre están como locas con ella. – Y Dylan se levantó como un cohete y salió disparado para dentro de la casa. Desde luego, no había nadie con la habilidad de su primo para quitarse de encima a alguien, y por la cara que traía, planeaba algo. – ¿Aún queréis ir a ese monasterio? – Alice torció el gesto. Antes a Marcus se le había quedado algo por decirle, y parecía medio convencido de que quería ir pero... Le conocía, y sabía que no las tenía todas consigo. Así que torció el gesto y dijo. – Bueno, en verdad es que no creo que haya nada realmente y... – Su primo alzó las cejas y se sacó una cosa del pantalón. – ¿Y esto qué es? – Dijo tendiéndole una cadena de metal plateada. Alice la cogió y la examinó y se encogió de hombros. – ¿Una cadena? Una cadena de plata ¿No sabes que todos los alquimistas licenciados llevan un reloj de plata que les acredita como tal y amplifica su poder? – Ante eso, se quedó muda, porque ahí la había pillado. Su primo lo sabía y puso esa sonrisita que conocía perfectamente porque era la suya de cuando estaba pensando algo. – ¿De dónde lo has sacado?Me lo ha dado Marine, lo encontraron el otro día al rededor del monasterio. Y está nuevecita, no lleva mucho tiempo allí. – Se mordió los labios por dentro y levantó a Marcus del suelo. – Ven un momento. – Y se lo llevó a otro lado del jardín para hablarle en privado. Puso la cadena en su mano y dijo. – ¿Es verdad lo de los alquimistas? ¿Tu abuelo tiene uno así? – Porque no quería obligar a Marcus a ir, pero si realmente había textos alquímicos allí, quizá ocultos o abandonados... Aunque no fueran de la piedra filosofal...
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Vie Mar 12, 2021 5:17 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
- Y este y este son colegas. - Ah, ¿también? - Dijo Marcus, guardándose la sonrisilla. - Sí. - Contestó Dylan contento. La conversación con él antes de la comida le había dado un giro absoluto a su relación. Ahora entendía por qué Alice le llamaba patito, porque de repente le seguía a todas partes, hasta se había sentado a su lado en la comida. Una de las veces le había tenido que pedir que se le separara, porque por poco se mete en el baño con él. Pero era muy gracioso, y a Marcus le gustaban los niños, así que no le importaba en absoluto. Desde luego, lo prefería así a enfadado con él. Ahora estaba tumbado en el césped del jardín, boca abajo y con la cabeza apoyada en una de sus manos, mientras miraba como Dylan, a su lado, agrupaba todos sus peluches por "parejitas de colegas". Si llega a saber que iba a ser tan efectivo se lo hubiera dicho nada más llegar.

Entonces Alice empezó a hablar de los planes de futuro para su casa. Marcus sonrió cuando dijo aquello de una planta de cada lugar del mundo, la verdad es que sonaba bastante bien. - Pues yo tendré un taller de alquimia como el del abuelo. - Dijo con voz de soñar despierto. A nadie le debería sorprender aquella afirmación viniendo de él, o al menos no a Alice, que ya le conocía bastante. - Y el salón de mi casa será gigante, porque haré un montón de reuniones con alquimistas famosos. Y tendré una biblioteca enorme en casa. - Se dio la vuelta, tumbándose de espaldas en el césped y estirando los brazos hacia el cielo. - Y las estanterías llegarán hasta el techo. Y tendré un escritorio gigante para escribir mis libros, y tantos tarros de tintas de colores que no se me van a acabar nunca. - Estaba con la mirada en el cielo, sonriente mientras pensaba en su casa ideal, cuando Jackie dijo que quería viajar por el mundo. Sí, él también, para conocer alquimistas y talleres, como su abuelo. Pero no le atraía demasiado dejar Inglaterra, él quería tener su casa y a sus padres y a su hermano cerquita siempre. Aunque, al parecer, Dylan se había sumado al carro de los viajes. Rio. - Supongo. Pero que no te escuche tu hermana decir que el invernadero te da igual, con lo que a ella le gustan las plantitas. - Dijo mirando a Alice desde su posición.

La exclamación y posterior toque en su mano de Alice le sacaron de su estado de relajación y le hicieron alzar la cabeza hacia donde ella miraba. Cuando lo vio, abrió la boca sorprendido. Se había iniciado un debate entre Alice y Jackie y quería atender, pero para eso necesitaba adoptar otra postura, así que se sentó junto a su amiga con las piernas cruzadas. Seguía teniendo un ojo en André y... Wow, vaya beso. Y en la boca. Jolin. Abrió mucho los ojos. Al menos ya había cerrado la boca. No supo si le sorprendió más la naturalidad de la reacción de Dylan, o el hecho de que Jackie afirmara que ninguna de esas chicas (sí, chicas, en plural) era su novia. Los ojos se le iban a salir de la cara mirando a Alice y Jackie mientras hablaban. Y él que se ponía todo nervioso por hablar con Poppy siquiera. Bueno, a ver, André era un poquito mayor que él, pero... No se imaginaba besándose por ahí con una chica, no, con varias chicas, en apenas dos años de edad que les separaban.

Cuando André llegó con ese desparpajo y esa naturalidad, Marcus aún le estaba mirando como si acabara de verle caer de la luna. Lo de ir al monasterio le agarró un pellizquito en el estómago. Ya se le había olvidado, y si bien le picaba la curiosidad, ya no era tan de día como cuando lo dijeron esa mañana y seguía sin parecerle el mejor de los planes. Pero cuando lo vio sacar la cadena del bolsillo, frunció el ceño y se acercó para mirarla. Volvió a quedarse mudo y a abrir la boca, pero antes de poder preguntar de dónde la había sacado, Alice se le adelantó. Se lo había dado "Marine". ¿Sería la chica esa con la que se estaba besando? Fue a preguntarle si se trataba de su novia, porque claro, alguna explicación tenía que tener: se besaban, se regalaban cadenas de alquimistas... Eran novios, vamos, fijo, ¿qué iban a ser si no? Sin embargo, apenas abrió la boca y antes de emitir sonido alguno, Alice tiró de él y le levantó, arrastrándole fuera del alcance de André. Pues se iba a quedar con la duda por el momento.

Tomó la cadena entre sus manos y tragó saliva, de nuevo con ese pellizquito en el estómago. Si era de verdad una cadena de alquimista, no la deberían tener ellos, no, para nada. No deberían estar pasándosela de mano en mano tan alegremente. Debía haber... No sabía, algún comité de alquimia o algo así al que pudieran llevarla para que su dueño la recuperara, ¿no? Es que... Aquello era mucha responsabilidad. Y la tenía ahora en sus manos. La miró unos segundos y dijo, dubitativo. - A ver... Sí que es verdad. Es decir, mi abuelo tiene un reloj de plata con una cadenita, en el que vienen todos sus rangos. Dice que se lo dieron cuando joven, te lo dan nada más empezar casi. - Siguió mirando la cadena, analítico. - Pero... Esto podría ser la cadenita de un reloj, o una cadenita de plata normal y corriente y ya está. - Se encogió de hombros. - Porque vaya alquimista si pierde su reloj, ¿no? O sea... Es como una de las cosas más importantes que te dan, tienes que cuidarlo muy bien. Y la plata es súper valiosa para los alquimistas, potencia las trasmutaciones. No solo es un descuido perderla, podría ser peligroso. - Y hablando de peligroso, él la tenía en las manos. ¿Y si ahora iban, era un laboratorio de verdad, alguien tocaba algo que no debía, transmutaban algo y él, por tener la cadena en las manos, sufría algún efecto? - Quizás... - Dijo, pinzando la cadena entre los dedos y separándosela un poco, como si fuera una raspa de pescado podrido. - Deberíamos llevarla donde corresponda, ¿no? No sé... Para que vuelva a su dueño. -
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Vie Mar 12, 2021 8:11 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Las palabras de Marcus no le despejaron mucho las dudas. En verdad, a cada segundo que pasaba, más ganas tenía de ir. – Bueno, para ser justos, se le ha caído la cadena, no el reloj entero... – Dijo saliendo en defensa dde un supuesto alquimista que no conocía. Y en verdad, Marcus tenía razón, no tenía por qué ser la cadena de un alquimista... Pero... – ¿No son ya muchas coincidencias? Las leyendas, la cadena... – Pero estaba segura de que a Marcus le daba miedo incluso tocar aquella cadena, así que la cogió de su mano otra vez y dijo. – Bueno esto se lo devolvemos a André como primera medida. Si su novia-no-novia se la ha dado y él es tan listo, pues que la lleve él, que encima es el mayor. – Suspiró y miró a su amigos. – A ver. Podemos ir... Cerca. Realmente solo está el campo de lavandas donde hemos estado esta mañana y ya has visto que no pasa nada. Vamos. Dejamos la cadena allí, donde fuera que la encontrara Marine, y ya está. Si vemos algo raro nos vamos. Solo quiero verlo de más cerca. Te lo prometo. – Dijo con una sonrisa sincera. No quería asustar a Marcus, pero es que imagínate que realmente hubiera textos alquímicos allí perdiéndose y ellos no hicieran nada por recuperarlos. De locos.

Volvió con sus primos y dijo. – Venga, vamos antes de que se haga más tarde. Pero si vamos algo sospechoso, nos vamos. – Miró hacia la casa. – Voy a ver qué me invento para los mayores. – Y se dirigió al interior. – ¡Papi! ¡Señor O'Donnell! – Susurró desde la puerta haciéndoles un gesto. – ¿Qué estás planeando tú ahora, pajarito? Nos vamos al campo de lavandas otra vez. Para resolver el tema de las competencias y los puntos.Espera, espera, espera... ¿Al campo de lavandas? – Preguntó sospechosamente el señor O'Donnell. – Sí, pero no diga nada, que no queremos que se nos endose Dylan. Que ahora va pegado a Marcus como si vinieran en pack. – Ambos adultos rieron. – ¿Va André con vosotros? – Alice asintió con cara de niña buena. Su padre reprimió una carcajada. Sí, eso no era garantía mas que de más problemas, pero eso el señor O'Donnell no lo sabía. – Volved antes de que esté oscuro. Delo por hecho, señor O'Donnell. – Dijo ella con una gran sonrisa y vio como el hombre le daba la aprobación a su hijo en la distancia. Menos mal, porque si no sabría que no iba a haber forma de convencerle de que tenía su beneplácito. Y de la misma, salió corriendo hacia él y salieron por la portezuela del jardín.

Cuando iban ya por la mitad dedal camino, atravesando el lavadero, sus primos se dieron cuenta de que estaba pensativa. – ¿Ya te está entrando miedo, canijilla? – Le picó su primo. Ella suspiró, entornando los ojos y negando con la cabeza. No, no tenía miedo, pero llevaba un rato dándose cuenta de algo. El aire estaba cargado de electricidad y hacía un calor muy especial. Ese calor de antes de las tormentas de verano. Y le daban un poco de miedo las tormentas. Y no quería por nada del mundo que les pillara la tormenta en el monasterio abandonado. Pero ya estaban por medio del campo de lavandas, así que hizo acopio de serenidad y fue recortando flores aquí y allá. – Ya que estamos, le llevo un ramito a mamá... – Murmuró con una risa hacia Marcus, para que no notara que estaba inquieta.

Llegaron por fin a los terrenos de al rededor del monasterio. Imponía mucho, pero le gustaban aquellos arcos desnudos, había algo atrayente en sus ruinas. Fue corriendo donde André y le puso la cadena en la mano. – A partir de aquí la llevas tú.¿Ves como estás cagada? Cállate y avanza. – Se quedó esperando a Marcus y le dio la mano. Entraron despacito en las ruinas de lo que algún día fue la iglesia del convento de la que, como ocurría con el resto, solo quedaban los arcos desnudos. Desde luego, la magia en ese lugar era latente, pero no era capaz ni de explicar por qué. De repente oyó un deslizarse de Mirra y rocas y vio a Jackie agachada frente al altar. – Yo no sé alquimia... Pero ¿esto no es un círculo de transmutación? – Alice se acercó corriendo y sacudió con la palma de la mano la tierra que había allí. – Tiene toda la pinta. Pero ten cuidado, Jackie. Una vez activé uno sin querer.¡Os dije que aquí había habido alquimistas! – Dijo triunfal André. – Pero si fueras un alquimista... ¿Cuál sería tu sitio favorito de un monasterio? – Alice alzó los ojos y sonrió de medio lado. – La biblioteca. – Su primo se encogió de hombros y asintió, porque ya conocía la respuesta en verdad. – Pues ya sabemos donde buscar. – Ella levantó la vista al cielo, que se veía perfectamente desde allí. No parecía que la tormenta estuviera cerca, aunque estaba cien por cien segura de que la iba a haber. Se levantó pero miró a Marcus. – Si quieres, tú y yo esperamos aquí. – Ofreció con una sonrisa tranquilizadora. – Alguien tiene que vigilar que no se metan en líos y sacarles de ellos llegado el caso. – Aunque en el fondo se moría de ganas de entrar.
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Vie Mar 12, 2021 10:07 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Rodó los ojos y miró a Alice con cara de circunstancias. Ya, se le había caído la cadena, no el reloj. A saber dónde estaba el reloj. Al menos le quitó la cadena de las manos, que no es que le tranquilizara mucho más saber que la llevaba ella. De hecho, casi que eso era peor, que la última vez que tuvo alquimia cerca transmutó una piedra. Igualmente había dicho que se la iba a dar a André, se conformaría con eso. Pero tuvo que volver a poner cara de circunstancias otra vez, entrecerrando los ojos y esbozando una sonrisa artificial. - Ya. Me acuerdo de la última vez que "solo querías mirar". - Y, lo dicho, acabó transmutando una piedra. Pero sabía que, como a Alice se le metiera algo en la cabeza, no iba a parar hasta conseguirlo. Y no quería estar los días que le quedaban allí escuchándola quejarse continuamente de por qué no iban al monasterio. Echó la cabeza hacia atrás y soltó un gruñido desesperado. - Vaaaaaaaaale. - Volvió a mirarla. - Pero no toques nada esta vez. Que esto no es el laboratorio del colegio. Bueno, a lo mejor no es ni un laboratorio siquiera, pero por si acaso. - Se estaba metiendo en la boca del lobo de cabeza. De verdad, esa amiga suya no dejaba de inventar ni en vacaciones. Y al final le acababa liando.

"Antes de que se haga tarde", "si vemos algo sospechoso, nos vamos", "a ver qué me invento para los mayores". En una sola frase, Alice acababa de hacerle cortocircuitar tres veces. No le gustaba aquello. No, definitivamente no le gustaba. Con lo bien que estaban allí tranquilitos charlando y jugando con los peluches de Dylan. Pero, ¿qué iba a hacer? ¿Ser otra vez el aguafiestas cobardica del grupo? Le iban a odiar. Y Alice no le iba a invitar más. Se quedó mirando en la distancia como Alice hablaba con los dos padres, con una muequecita poco convencida en los labios. Quizás si ellos se oponían... Pero no. Devolvió el gesto a su padre con una sonrisa incómoda. Vaya por Dios, tenía que darle permiso justo para esto... A saber lo que Alice le había contado. - Eemm, les has dicho la verdad, ¿no? - Preguntó, sin querer ofender pero sin tragarse del todo que su padre hubiera visto con buenos ojos que se fueran a un supuesto laboratorio de alquimia abandonado. Y a él no le gustaba mentir.

Iba barruntando por todo el camino, lo cual era medio normal en él. Lo que no era tan normal era ver a Alice así de callada. Marcus iba abanicándose con una mano, hacía un calor pesado y cargante, más que el de por la mañana, y el cielo estaba raro. Pero como para pensar en el cielo estaba con la que tenían delante. A más se acercaban al monasterio, más inquietud le generaba. De vez en cuando miraba hacia atrás como si tuviera la esperanza de que algún adulto hubiera decidido seguirles. Pero con la única mirada que se encontró una de las veces que se giró, fue con la de Jackie. - Estás muerto de miedo, inglesito. - Marcus chistó. - Si tuviera miedo, no estaría aquí. No soy tan manipulable. - Un poquito sí, en vista de los acontecimientos. - Pues yo recuerdo un montón de palabritas por las cuales no era buena idea venir. - Insistió ella. Marcus esbozó una sonrisita de lado. - He cambiado de opinión. - No. Para nada. Seguía pensando exactamente lo mismo, pero al final, Alice le había arrastrado igual. Alice siempre le arrastraba.

Cambió el foco de la conversación y decidió ignorar que Jackie volvía a meterse con él, porque Alice le había dicho algo que le hizo sonreír. - Me tienes que ayudar a hacer un ramo bonito a mí también el día que yo me vaya, para llevárselo a la mía. - Era buena idea, y allí había flores muy bonitas, seguro que a su madre le encantaba. Oyó de fondo una especie de ruidito digno de Jackie, que se había cruzado de brazos y cambiado de sitio, poniéndose al lado de su hermano. No le gustarían las flores.

El monasterio era enorme y... Un poquito tétrico, al menos a él se lo parecía, o sería que se sentía muy lejos de casa y que la luz comenzaba a bajar. Sintió un cosquilleo cuando Alice le dio la mano, porque por unos momentos se había quedado perdido mirando el entorno, y avanzó con ella, tratando de esbozar una sonrisa tranquila. El ruido le hizo sobresaltarse y girar la cabeza hacia allí. Pues, al parecer, sí que era un lugar destinado a la alquimia, porque Jackie había encontrado un círculo de transmutación. Se fue tras Alice a comprobarlo. Efectivamente. - ¡No toquéis nada! - Dijo, alzando las palmas. - Es muy peligroso. Podríamos transmutar algo sin querer. - Jackie suspiró. - ¿Ves como tenías miedo? - ¡Va en serio! - Marcus tiene razón, mejor no toquéis. - Dijo André, pero cuando Marcus le miró estaba muy tranquilo, incluso le daba vueltas a la cadenita entre los dedos. Marcus tragó saliva. - Deberías... Alejarte de eso. - André le miró con el ceño fruncido, extrañado. Luego miró la cadena, y a él de nuevo después. - ¿De esto? Si solo es una cadenita de plata. - Pero transmutan muy bien, con más potencia y más rápido que sin ella. Solo los alquimistas profesionales deberían manejar alquimia con ella. - André hizo un gesto con la mano. - Tss, solo voy a mirar. - Otro igual. Se conocía él los "solo voy a mirar".

Se quedó pensativo, con una muequecita en la boca, mirando el lugar. Estaba bastante abandonado, pero era bonito, o lo fue en algún momento. Lástima que la inquietud no le permitiera disfrutar del todo del escenario. Si tan solo hubiera allí algún adulto, estaría mucho más tranquilo. Alice le habló y le ofreció quedarse allí. Iba a asentir... Pero podía ver en el tono de la chica que se moría de ganas por entrar, ya la iba conociendo. Y, al fin y al cabo, era una biblioteca... Se moría por verla. ¿Y si tenía escritos antiguos? Se lo pensó unos segundos, mirando con la misma mueca en los labios de reojo a los chicos, que ya se adentraban. - Si se meten en un lío... No vamos a poder hacer nada desde aquí. - Dijo, como si intentara convencerse a sí mismo en voz alta. Ni desde allí tampoco, pensó, porque realmente no podían hacer nada que no fuera correr despavoridos pidiendo ayuda si pasaba algo grave. Respiró hondo. - Si solo es una biblioteca... Supongo que no pasará nada. - Ya le estaba viendo a Alice la carita de ilusión. Antes de que echara a andar, agarró su mano y la miró con intensidad. - Prométeme que no vas a hacer ninguna trastada. Por favor, Alice, estamos solos en mitad de la nada, esto no es el colegio. ¿Vale? ¿Me lo prometes? - ¡Eh, parejita! ¿Venís o no? - Bramó André en la distancia. Marcus le miró un segundo, pero luego se giró a su amiga y ladeó una sonrisa. - Si me lo prometes, te cuento luego el sueño ese en el que salías tú. -
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Sáb Mar 13, 2021 2:18 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Sonrió un poco, mientras pasaba las manos por las flores. – Les he dicho que veníamos al campo de lavandas y que volvíamos antes del anochecer. – No, Marcus, si quieres les digo que estamos buscando unos textos antiquísimos sobre la piedra filosofal en un monasterio abandonado... Vaya ideas tenía a veces. Pero le gustó aquello que dijo del ramo, de hecho al entusiasmó. – ¡Hala, sí! Pero me tienes que decir cual es el color favorito de tu madre, y que tipo de fragancia le gusta más y... – Ya está, así de fácil era entusiasmarla.

Cuando Jackie se puso a meterse otra vez con Marcus cuando lo del círculo de transmutación resopló. Pues menos mal que no tenía ningún problema con él... Y para terminar de crispar las cosas, André jugando con la cadenita. Pero, sorprendentemente, Marcus accedió a ir a la biblioteca. Ah, si es que si tenía que ver con libros, acababa aceptando sí o sí. Ella sonrió entusiasmada y fue hacia él. – Te lo prometo, Marcus. Un solo signo de problemas o de algo prohibido y salimos volando, de verdad. – Puso una sonrisa más sincera y le miró, acercándose un poco más. – Lo último que quiero es que no lo pases tan genial como yo cuando estás aquí. Te lo he dicho esta mañana, me importa más eso ¿vale? – Resopló con la intervención de su primo, que ya estaba cruzando el claustro, donde había un pozo. – ¡Que ya! – Y negó con la cabeza, de parejitas estaba ese para hablar. Pero s giró a Marcus con una sonrisa, avanzando en la misma dirección que sus primos. – Sí que me estás haciendo rabiar con el sueño... A ver que yo piense... ¿Somos tú y yo sacando muy buenas notas? ¡No! Pudiendo ir a Hogsmeade por fin o... ¿Siendo prefectos los dos? Porque me temo que eso, como no sea en un sueño tuyo, no va a pasar. – Llegaron a la biblioteca, que sí tenía techo, pero donde no quedaban muchos libros, estaba todo manga por hombro. Hizo un sonido de desilusión. – Pues vaya... A ver dónde están esos textos ahora, listillo. – Dijo con toda la intención en dirección a André.

Se puso a pasear por la sala y acabó en una de las mesas donde los monjes copiaban, sentándose allí a ver qué se sentía, y se iba a poner a hacer el tonto, cuando see fijo en el grabado de uno de los candelabros. – ¡Eh! Esto tiene el símbolo alquímico del fuego... – Dijo haciéndola una señal a los demás y apuntando al candelabro. – Qué curioso... Igual están los otros elementos reflejados por ahí. – Alice se bajó de la silla y se puso a mirar al rededor como todos los demás. – ¡Mira! La tierra. – Exclamó André, que estaba con Marcus, señalando unos maceteros de piedra, en cuyo fondo estaba grabado el símbolo alquímico de la tierra. – ¿Cuáles faltan? – Preguntó Jackie. – Aire y agua... – Respondió Alice, ausente. A ella siempre le decían que era como el viento... Y ¿qué haría el viento en una habitación como aquella? Salir... Alzó la mirada a la vidriera y, con una sonrisa astuta y orgullosa, la señaló. – El aire lo tenemos... Solo falta el agua... – Y su mirada y la de André se juntaron a la vez en el pozo del claustro. Fueron hacia allí corriendo y se asomaron. Blanco y en botella, no tenía agua, pero sí tenía unas escaleras que bajaban, pero parecían muy viejas y mohosas. Alice alargó el pie, y al tocarlas, se convirtieron en unas escaleras nuevas y perfectamente mantenidas, lo cual les hizo soltar un sonido de expectación.

Voy a bajar. – Declaró André. – Yo también. – No podía aguantarlo. Habían encontrado aquel camino no podían simplemente dejarlo pasar. Terminó de pasar al otro lado y estrechó la mano. – Te juro que subo ahora mismo, espérame aquí ¿vale? Te prometo que solo bajaré un poco para ver qué hay abajo, pero no entraré en ningún lado y enseguida. Y voy con André, no pasará nada. – Terminó con una sonrisa tranquilizadora. Siguió a su primo lentamente, descendiendo en forma de caracol, en un camino que cada vez parecía menos amable por la oscuridad y la humedad. Por fin abajo, había una pesada puerta de lo que parecía cemento u hormigón. – Vaya. Tapiada. Qué lástima, molaría tanto saber qué hay detrás... – Su primo se adelantó. – ¿Segura de que es maciza? – Y tocó la superficie con su mano. En ese momento, un sonido se activó y una especie de luz interior enmarcó la puerta. – Cantidad de plata insuficiente. Acceso restringido a alquimistas licenciados. – Dijo una voz que no sabían de donde venía, en francés. Alice solo acertó a darle un manotazo en la mano a su primo para que soltara la cadena, que quedó a los pies de la puerta y tirar de él escaleras arriba. – ¡Vamos, André vamos! – Pero él estaba un poco en shock. – Es un laboratorio estatal. De verdad es un laboratorio estatal, no me lo puedo creer.
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Sáb Mar 13, 2021 1:48 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
La miró con cierta desconfianza, pero en el fondo... Es que no lo podía evitar. Alice le ponía carita de estar hablando en serio, y de que se moría de curiosidad, cuando él también estaba muriéndose de curiosidad y emocionado solo de pensar que realmente fueran textos sobre alquimia y... Chistó. - No me traiciones, ¿eh? - Esbozó una sonrisita de lado. - Sí que me lo estoy pasando genial. - Solo esperaba que no se acabara ahí la diversión. O sus vidas, porque como eso fuera alquimia de verdad...

Echó la cabeza atrás para reír. - Eso por despertarme en mitad. Y ahora te quedarás con la intriga de lo que pasaba al final del sueño para siempre. No, los dos nos quedaremos con la intriga para siempre. - Que él también se había quedado con las ganas. A la primera propuesta, negó con la cabeza exageradamente, con una sonrisa. - Frío frío. - Volvió a negar con la segunda. - Frío frío también. - Pero con la tercera directamente soltó una carcajada. - Eso está tan frío que te vas a congelar solo pensándolo. - Hizo un gestito de la cabeza con un mohín de sabiondo. - Tú no podrías ser prefecta porque eres muy malilla. - Él sí, y ya lo había soñado más de una vez. Igualmente, les estaban llamando para entrar, así que respiró hondo y se acercó al lugar junto a su amiga.

Cuando llegaron a la biblioteca, en el caso de Marcus, no se llevó ninguna sorpresa: tan en ruinas como parecía por fuera, lo estaba por dentro. Es lo que tienen los sitios abandonados. Que están abandonados. Pensó, ante la desilusión patente de sus tres acompañantes, pero no dijo nada. Se limitó a ojear el entorno. La verdad es que tenía su encanto, seguramente en su día fuera bonito. Pero allí no había ni rastro de nada medio interesante. O no lo había, al menos, hasta que escuchó el bramido de Alice. Estaba mirando uno de los candelabros. Si el candelabro tenía el símbolo del fuego... Miró el macetero que tenía justo a su lado y, tal y como dijo André, ahí estaba: el símbolo de la tierra. Abrió mucho los ojos y la boca. - ¡Cómo mola! ¡Es como un acertijo! ¿Estarán los demás? - Pensó dónde podrían estar el aire y el agua. Quizás el aire estuviera por el techo, o en una de las ventanas... Efectivamente, Alice lo vio antes que él. Se acercó a la chica. - ¡Esto es genial! Parece un edificio en honor a la alquimia. - Porque un laboratorio no era, allí no había ni rastro de alquimia, solo símbolos alquímicos. O, si lo fue, hacía tanto tiempo ya que no quedaba nada.

Se acercó corriendo al pozo junto a Alice y André, y Jackie fue tras ellos. - ¡Sí, míralo! ¡Está ahí! - Dijo con una sonrisa, asomado al pozo con satisfacción. Pues misterio resuelto. A priori, aquello no parecía peligroso, podría echar un vistazo a alguno de los polvorientos libros que había por allí y marcharse. Pero justo cuando se daba la vuelta, escuchó a André decir que iba a bajar. Espera, ¿qué? Pensó mientras se giraba automáticamente hacia él. Para su espanto, Alice se unió a la marcha. - ¿Qué? ¡No! No, no, no podéis bajar. ¡Mirad las escaleras! Están destrozadas. - O lo estaban. Al parecer, en lo que Marcus pensaba en los libros, ya Alice había puesto un pie en ellas y ahora parecían unas escaleras perfectas. Marcus negó con la cabeza. No, no no y no, no se podía meter ahí. Pero ahí estaba su amiga convenciéndole otra vez. Ni cinco minutos después de haberle dicho "te prometo que no voy a hacer nada peligroso".

- ¡Pero no puedes bajar! - Rogó Marcus, preocupado. Que la cosa no era pasar mucho o poco tiempo abajo, ¡era bajar siquiera! - ¡No, Alice! ¡Jolin, ya te he dicho que esto no es el colegio, no sabes qué hay ahí abajo! - Ni caso, la chica ya estaba bajando por las escaleras tras su primo. Se asomó preocupado al pozo, pero sus dos acompañantes se estaban perdiendo cada vez más en la oscuridad. Se mordió el labio, con las manos aferradas a la piedra, intentando verles y notando que su respiración se aceleraba. - ¿Ves como estás muerto de miedo? - Saltó Jackie a su lado. Y Marcus no tenía la paciencia en su mejor momento. - ¡Sí, Jackie, sí, me da miedo! Se están metiendo en un pozo oscuro en un sitio abandonado en mitad de la nada, ¡claro que me da miedo! - Contestó con la voz preocupada y asustada, mientras seguía estirando el cuello intentando mirar. - Vale, pero no te enfades. - Dijo la chica con tono bajo, como si se arrepintiera de haberle preguntado. Se quedaron unos segundos en silencio, los dos mirando a ver si les encontraban. Pero desde allí no se veía nada. - Oye, Marcus... - Empezó Jackie. El mencionado Marcus estaba demasiado pendiente de que su amiga volviera de una pieza. - ¿A ti te gusta mi prima? - Cuando hace estas cosas, no, para nada. - Contestó irritado. No sabía ni a lo que estaba contestando. - Ya, bueno, pero... ¿Y en general? - ¡Alice! ¡Di algo! ¿Estáis bien? - Bramó, porque no estaba para conversaciones. Su voz resonó por el pozo... No solo su voz.

Querría haber escuchado una respuesta de Alice o de André, pero lo que oyó fue una intensa y profunda voz que hablaba en otro idioma. Abrió los ojos asustado. - ¿¿QUÉ PASA?? ¿¿QUÉ ES ESO?? ¿¿HOLA?? ¿¿ALICE?? ¿¿ANDRÉ?? ¡¡VOLVED!! ¿QUÉ HA SIDO ESO, QUE LENGUA ES ESA? Ya está, voy a bajar. - Dijo, poniendo un pie tembloroso en las escaleras. Jackie abrió mucho los ojos y le agarró una muñeca. - ¡No! ¿Qué haces? ¡Has dicho que te daba miedo! - ¿¿Pero y si están en peligro?? ¿¿Y si eso que se ha oído era un ser arcano de ultratumba de esos?? - ¿Qué ser arcano, Marcus? ¡Solo era francés! - Ah, ¿sí? - Dijo Marcus un poco menos alterado, pero aún con temblor en la voz. Jackie le miraba con la nariz y el labio arrugados como si pensara que era imbécil o algo así. - ¡Bueno, da igual! ¡Podrían estar en peligro! - ¡Qué guapo! - Resonó la voz de André. Marcus miró súbitamente a las escaleras y, cuando pudo procesar, respiró aliviado. Alice y su primo ya venían escaleras arriba.

Se agarró a la piedra del borde del pozo de nuevo y respiró hondo. Menos mal, casi le da algo de pensar que podían estar en peligro o algo así, y aún así iba de cabeza a buscarles. Ahora que lo pensaba, solo de verse en un sitio oscuro, desconocido y peligroso le hacía morirse de miedo. André seguía hablando. - Es un laboratorio estatal. - Dijo dando un saltito fuera del pozo, con la sonrisa de quien ha hecho el descubrimiento de su vida. Marcus le miró con expresión de no comprender. - Nos han denegado el acceso por no tener rango suficiente. Bueno, el tío o tía que perdió la cadena no tenía rango suficiente. - Entonces André se quedó pensativo. Segundos después, empezó a palparse los bolsillos y el cuerpo. - Oh, creo que me la he dejado abajo. - Y se giró. Eso hizo a Marcus reaccionar. - ¡No! - Bramó, dando un paso hacia delante. Los tres le miraron. - Si es un laboratorio estatal, no deberíamos estar aquí. Si esa cadena es de un alquimista licenciado, sea en el rango que sea, quedárnosla sería robar. - No la hemos robado. Estaba en el suelo. - ¡Da igual! No es nuestra y es un elemento preciado y que solo se concede a ciertas personas en el mundo mágico. Si es un laboratorio estatal, algún alquimista de verdad la encontrará aquí cuando vuelva y se la entregará a quien corresponda. Si nos la quedamos nosotros, podríamos meter a esa persona en un lío. O hacer algo peligroso. O que algún día nos encuentren y nos acusen de robarla y nos juzguen y nos metamos en un lío. - André y Jackie le estaban mirando con la misma expresión, con una ceja arqueada y como si estuviera loco. - ¿Y te da miedo un edificio en ruinas? Porque el que empieza a dar miedo eres tú. - Dijo la chica, con voz poco convencida. - ¡Vale! Dejaré un objeto preciadísimo ahí tirado en el suelo para que no caiga la desgracia sobre todos nosotros. - Ironizó André, y justo después suspiró. - Lo que nos va a caer encima es una tormenta, pero bueno. - Echó a andar y siguió mirando a su alrededor, aunque al parecer ya carente de interés, en comparación con lo que había descubierto.

Marcus miró a Alice y soltó aire por la boca, con cierto toque de reproche. - Me prometiste que no ibas a hacer nada peligroso. - Bajó la mirada, con el ceño fruncido. - Siempre acabo preocupándome por ti. - En ese momento, Jackie pasó de largo por su lado y la oyó murmurar. - Lo tomaré como un "sí". -
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Dom Mar 14, 2021 1:41 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Mierda, mierda y mil veces mierda. Le había prometido a Marcus que no iba a hacer nada peligroso, y no se sabía la pena por allanamiento a un laboratorio estatal, pero sí sabía que debía ser importante. Buah, no le iba a volver a hablar en la vida. Y su primo como el que nada. Volvió a empujarle, porque iba por delante de ella. – Tira. Y no te des más la vuelta. No quiero acabar en el Azkaban que tengáis aquí. – Su primo se echó a reír. – Uy, si fuera por eso, hubiera echado yo ya unos cuantos meses allí. – Ella entornó los ojos pero no dejó de empujarle. No se fiaba.

Por fin llegaron arriba y casi pudo ver la expresión de Marcus como si estuviera a punto de desmayarse. Le miró con disculpa, pero su primo siguió diciendo barbaridades. Ya iba a regañarle, cuando Marcus se adelantó, soltando una perorata de las suyas, prometiendo unas penas del infierno, solo por estar en posesión de la cadena, bastante peores que las que ella había imaginado por acercarse a la puerta del laboratorio estatal. Y encima André tenía razón, ya sí se notaba la tormenta encima. Y las tormentas de verano de La Provenza no eran las de Inglaterra. Eran más eléctricas, levantaban las olas del mar y un viento que, por mucho que a ella le gustara, daba miedo. No quería que pillara a Marcus fuera, o ya sí que seguro que se moriría de miedo y no querría volver. Suspiró y urgió con un gesto al chico para que fueran saliendo, esta vez sin pararse a observar y con los ojos clavados en el cielo.

Atendió a Marcus cuando se puso a regañarla. – Bueno, para ser justos, lo peligroso estaba detrás de la puerta. Las escaleras eran seguras, y en cuanto me he dado cuenta de lo que ra, he arrastrado a André para arriba, tal y como te he prometido. – Dijo significativamente. Pero luego se acercó, con la cabeza un poco gacha. – No era mi intención preocuparte. Pensé que si te quedabas arriba, no te pondrías como cuando entramos en el laboratorio del colegio... – Torció un poco el gesto y rozó su mano. – Lo siento. No lo puedo evitar. Necesito saber más. Siempre. – Y siempre que lo hacía, se sentía un pelín mal, porque algún día iba a enfadar de verdad a Marcus. Escuchó de fondo el comentario de su prima y miró a su amigo dee refilón. – ¿Qué ha sido eso? – Pero su razonamiento se vio cortado por el primer trueno. Y aún estaban saliendo del campo de lavandas. Pero como si el cosmos hubiera escuchado sus ruegos, allí aparecieron su padre y Arnold. – ¿Ves? Y tú que no confiabas en que estuvieran aquí ¿Necesitáis que os lleven, pipiolos? – Corrió hasta su padre y se agarró a su cintura como si le fuera la vida en ello, esperando solo poder aparecerse en su casa cuanto antes.

Como siempre que llovía, ya estaba su familia organizando alguna actividad para hacer dentro hasta que pasara la tormenta, pero a ella le estaba paralizando el miedo, cuanto más cerca notaba los truenos y veía la luz de los relámpagos entrar por las ventanas. Y todos se estaban riendo, y Dylan había vuelto a enganchar a Marcus y ya le estaba contando algo, pero ella solo podía pensar en la tormenta y el rugir del mar. Y odiaba estar así. Todos parecían entretenido así que see escabulló y se encerró en la despensa, sentándose en el suelo y agarrándose las rodillas. Ese lugar le gustaba para las tormentas. not tenía ventanas, estaba muy cerrado y seguro, muy delimitado y silencioso, y no había nadie diciéndote "va, si las tormentas no son nada". Vale, se tenía que relajar, pensar en sus cosas favoritas, como le decía su madre... Pero es que en ese momento ni se acordaba de ellas. Trató de respirar con normalidad, pero le estaba costando, porque notaba cómo le pesaba el pecho. Y justo entonces, la puerta see abrió, y ella levantó la vista. – ¿Quién te ha dicho que estaba aquí? – Preguntó un poco ofendida. No lee gustaba que la vieran pasar miedo, y Marcus menos. Seguro que había sido su primo, que adoraba fastidiarla.
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Dom Mar 14, 2021 11:27 am

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Miró a Alice con los ojillos entrecerrados cuando empezó a excusarse, y estuvo a punto de replicar eso que había dicho... Pero luego se puso en modo disculpa. Hizo una muequecita con la cara. - A mí también me gusta saber más cosas. Pero, ¿sabes qué hace falta para saber más cosas? Seguir vivo. - Ironizó, pero al final suspiró. - Mi miedo no es solo por mí, ¿sabes? No quiero que te pase nada. Eres mi amiga. Y se lo he prometido a nuestros padres. A ver con que cara vuelvo a tu casa sin una Alice. Ya sí que tu hermano me mata. - Y toda la familia. Pero un trueno le hizo mirar al cielo dando un respingo. - Pero si hace un calor tremendo, no me digas que va a... - Comenzó, mirando a Alice, pero al verla la vio muy asustada. Fue a preguntarle si estaba bien pero no le dio tiempo, porque sus padres aparecieron por allí.

- ¿Qué hacíais dando vueltas por el campo? - Preguntó su padre con tono preocupado cuando llegó hasta él. Aprovechó que Alice había ido a abrazarse al suyo y que André y Jackie se habían ido tras ella y miró a su padre, asegurándose de que ninguno de los presentes le oía. - Si te cuento algo, ¿me prometes que no se lo vas a decir a nadie? - Marcus debía ser el único niño del mundo que le contaba una trastada a su padre pensando que había alguien peor que se podía enterar. Pero básicamente lo que no quería era quedar de chivato. Su padre se agachó ante él e hizo como si le quitara un poco de polvo de los pantalones, para disimular. - ¿Qué pasa? - Marcus miró de reojo al monasterio que dejaban atrás. - Hemos estado allí. - Su padre miró por encima de su hombro, frunció el ceño y le miró a él. Marcus se apresuró en excusarse. - ¡Yo no quería ir! De verdad. - Su padre rodó los ojos, suspiró y se puso de pie. - Ojalá fuera el más indicado para decirte que no te dejes contagiar por la locura Gallia. - Puso las manos en sus hombros mientras Marcus le miraba con ojitos de cordero degollado y añadió. - Pero ten cuidado con hasta qué punto te contagias. - Y, acto seguido, desaparecieron del campo de lavandas y aparecieron de nuevo en casa.

Los poquitos avances que había hecho con respecto a Dylan se habían esfumado en cuanto el niño vio que se iban sin él. Cuando llegaron a casa estaba de brazos cruzados, con un mohín de desaprobación. - En realidad, sí que he hecho de buen colega. - Dijo Marcus, después de una conversación a base de él intentando que Dylan les perdonara y el otro soltando monosílabos irritado. - Cuando un colega es mucho mayor que el otro, le protege. - Se lo estaba inventando sobre la marcha, pero por la cara de Dylan parecía que empezaba a colar. - Y hemos ido a un sitio abandonado, muy lejos y en ruinas. Súper peligroso. - El niño ya había desfruncido el ceño y le miraba con los ojitos muy abiertos. Bien, iba por buen camino. - Y he pensado, ¡eh, quizás no deberíamos ir! Pero ellos han insistido, y entonces he dicho, ¿pero cómo vamos a llevar a Dylan a un lugar así? ¿Y si le pasa algo? Porque tú eres mi colega, y un colega nunca deja a un colega atrás. - Ya está, ya lo tenía convencido. El niño se había sentado delante de él con las piernas cruzadas y le miraba con atención. - ¿Y qué pasó luego? - Preguntó con los ojos muy abiertos, como si le estuviera contando una historia de misterios de la que no se sabía el final. - Que pensé, ¡soy Ravenclaw! Tengo que ser más listo, voy a pensar algo de listo. - Mi hermana también es Ravenclaw. - Pero tu hermana estaba demasiado ocupada en meterse de cabeza en un pozo, pensó, pero decidió obviarlo. - Y entonces me dije, ¡voy a proteger a mi colega! Primero voy yo, averiguo que es, si mola, se lo cuento y le llevo, si no mola, le ahorro el viaje en plena tormenta. Y si es peligroso, te protejo de eso. - Dylan estaba intrigadísimo. - ¿Y qué ha pasado? - Que no ha molado. - Concluyó Marcus, encogiéndose de hombros. Dylan hizo un pucherito de decepción. Lo cierto es que sí que molaba, pero era algo demasiado complejo como para explicárselo a Dylan, y desde luego no pensaba volver. Menos aún con un niño de cinco años.

- ¿Qué le pasa a mi patito? ¿Qué te cuenta Marcus? - Janet había aparecido por allí y, sentándose en una silla junto a ellos, que estaban ambos en el suelo, levantó a Dylan y le puso en su regazo. La mujer le miró con una sonrisita. - Se había quedado muy triste porque os habíais ido sin él. - Marcus hizo una muequecita con los labios. - Lo siento, Señora Gallia. - Janet se rio con musicalidad y respondió. - No te preocupes, cielo. - Mientras le acariciaba el pelo a Dylan, hizo un rápido movimiento para taparle al niño los oídos y susurró en dirección a Marcus. - Habéis hecho bien. - Eso le hizo reír por lo bajo. - Mami, Marcus y yo somos colegas. - Ah, ¿sí? Qué bien. - Y no me va a dejar atrás. Y va a jugar conmigo. - Pero tú sabes que Marcus es amiguito de Alice, ¿verdad? Y que ha venido para estar con ella. ¿Qué te he dicho de compartir? - Dijo Janet con dulzura. Hablando de Alice, ¿dónde estaba? Miró a su alrededor pero no la veía por más que estiraba el cuello. La mujer pareció captar su desconcierto. - Creo que mi niña se ha metido en la despensa cuando nadie la veía. - Marcus la miró extrañado. Dios, ¿qué tramaba esta vez? Pero Janet hizo un gestito hacia la ventana, donde justo caía un rayo en ese momento. Oh. ¿Era eso? ¿Le daban miedo las tormentas? ¿Por eso ya no estaba tan alegre cuando salía, y se había enganchado a William corriendo? ¿Por eso llevaba un rato sin verla? Marcus se levantó, y Dylan hizo el amago de salir tras él, pero Janet le enganchó en su regazo y empezó a decirle tonterías para entretenerle. Eso le permitió irse de allí.

Abrió la puerta despacito y, efectivamente, allí estaba. Y no había dudas de que tenía miedo. Se quedó un segundito pensativo cuando le lanzó la pregunta, pero la resolvió poniendo su pose altiva habitual. - Nadie. Lo sé porque soy un chico listo y observador. - No iba a chivarse de Janet para que se enfadara con ella o algo así. - ¿Puedo pasar? - Cerró tras él y se sentó a su lado. Le dio un toquecito en el hombro con el suyo. - Ahora casi me pareces una persona normal. - Bromeó con una sonrisita. - Venga, no me mires así. Tú me has visto a mí con miedo mil veces, creía que no tenías miedo nunca. Ya era hora de que te tocara a ti, ¿no? No voy a hacer el ridículo yo siempre. - Se acercó un poquito más a ella. - No has cumplido tu promesa muy del todo, pero... ¿Quieres que te cuente el sueño? -
Merci Prouvaire!


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Dom Mar 14, 2021 12:15 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Pensaba que Marcus estaría mosqueado de veras con ella, pero apareció por allí como si nada. Estaba segura de que ya había empezado su familia a reírse de ella. Pero Marcus dijo que era porque él era muy observador y la había pillado. Bueno, eso estaba por ver. Es verdad que él era muy listo, pero no había coincidido con que hubiera tormenta en Hogwarts aquel año, y aparte, allí no le daban tanto miedo.

Le miró de soslayo, sin descruzarse, cuando se sentó a su lado. Pues eso no le gustaba, lo de ser una persona normal, ella era guay, era Ravenclaw y era curiosa, y su curiosidad siempre podría más, menos con aquellas tormentas. – Qué estupidez. – Dijo con los labios fruncidos, un poco como hacía Dylan cuando se enfadaba. Genial, ahora parecía una niña de cinco años. – Claro que tengo miedo, a muchas cosas. Las tormentas de verano en La Provenza no son como en Inglaterra. Aquí, por el calor, son mucho peores, muy peligrosas, hacen un ruido estruendoso, y ni los magos pueden protegerse bien de ellas, y el mar se levanta y ruge, y yo siempre pienso que yo no sé nadar y nosotros vivimos al lado de la playa ¿Y si llega el mar hasta aquí? ¿Han pensado ellos en eso? No, ya te digo yo que no, porque aquí todos saben nadar, y yo no... Así que no hago el ridículo, es un miedo muy real y muy justificado, solo que en esta casa no se puede tener un miedo, porque ya están que se ríen de ti y te persiguen con ello. – Ya le estaba quedando un poco larga la argumentación, pero para alguien que no venía y se reía en su cara abiertamente, pues se desahogaba. Empezó a jugar con sus dedos, mirándoselos. – Y me dan miedo más cosas. Me da miedo que te enfades conmigo porque me meto en muchos líos y que no quieras venir más a Saint-Tropez. Me da miedo... – Empezó a dibujar con el dedo en el suelo de la despensa. – Cuando mamá se pone a toser como esta mañana, porque se agobia mucho y la gente la agobia más aún, y eso solo la empeora, porque ella está bien solo necesita espacio... – Tragó saliva y justo entonces un trueno retumbó por toda la casa y volvió a encogerse como un escarabajo pelotero cuando le tocas, refugiando la cabeza entre su cuerpo y sus piernas.

Marcus también sabía nadar, nadaba en la playa, él no tenía miedo de que el mar se viniera sobre ellos, pero no parecía estar metiéndose con ella. Levantó la cabeza y le miró un poco. – Bueno, la he cumplido porque en lo que era peligroso no he entrado y en el momento en que he visto lo que era, he salido corriendo, tirando de mi primo porque él ya se iba a quedar allí como un señor. – Pero ese no era el punto, Marcus quería ayudarla claramente, así que se calló y se pegó a su costado. – Sí. Cuéntame el sueño. Seguro que era más bonito que una tormenta.
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[/quote]


Última edición por Ivanka el Dom Mar 14, 2021 8:43 pm, editado 1 vez


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Dom Mar 14, 2021 1:59 pm

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
Al parecer Alice no era tan fácil de camelar como Dylan, parecía incluso enfadada. Hizo una muequecita y escuchó toda su argumentación, pero tuvo que fruncir un poquito los labios para impedir que se le escapara una sonrisilla. Y no porque le gustara ver a su amiga así ni mucho menos, sino porque... Ahora resultaba que sus razones para tener miedo eran perfectamente lógicas y los demás se estaban riendo de ella sin motivo. Ya. Le quería sonar eso.

- Así dicho sí que da miedo... Y dudo que yo pudiera librarme de eso aunque sepa nadar... Aunque creo que eso no ayuda. - Pero al menos no se ahogaría sola, era lo que quería decir... Lo dicho, eso no ayudaba. Pero se entristeció un poquito cuando dijo que tenía miedo de que no quisiera volver allí porque se enfadara con ella. - Noo, no me enfado. Solo me asusto... Bueno, me mosqueo un poquito, porque me dices "no lo voy a hacer" y luego lo haces igualmente, pero... - Se encogió de hombros. - No es como que no lo hicieras en el colegio también, y sigo siendo amigo tuyo. - Dijo con una sonrisa. - Además, al final descubro cosas guays... Pero mis miedos también son argumentados, por si te sirve para comprenderme un poquito la próxima vez. - No pudo evitar añadir, arqueando una ceja. - Yo me lo estoy pasando genial aquí, Alice. En todo caso... Era a mí al que le daba un poquito de miedo que me tacharais de aburrido y no quisieras que viniera más. - Reconoció, con una muequecita en los labios y la mirada baja.

Luego añadió algo peor, algo que sí que daba miedo de verdad. Bueno, más que miedo, agobio o pena, ¿no? A él no le gustaría ver a su madre sufrir así, y que todo el mundo la agobiara. - Si te sirve... Ahora estaba hablando conmigo y con Dylan y yo la veía muy contenta. - Y no estaba tosiendo. Algo era algo. El trueno le sorprendió intentando ver qué más decirle a Alice y le hizo sobresaltarse, pero la chica se hizo directamente una bolita en el suelo. Vaya, no le gustaba ver a Alice así. Se iba a arrepentir de ese pensamiento, pero... Prefería a la Alice sin miedo, haciendo trastadas por ahí, que a la Alice encogida sobre sí misma que tenía ahora al lado. No sabía ni qué hacer.

Pero la chica alzó la cabeza y se volvió a excusar. Eso le hizo rodar los ojos con una risilla, fingiendo que se desesperaba pero contento de que siguiera siendo la Alice de siempre aun estando asustada. - No has entrado porque no te han dejado, pero vale, lo daré por bueno. - Más o menos. Todavía intentaba entender qué se le pasaba por la cabeza a una persona que se mete en un pozo de un monasterio abandonado. Pero la chica se pegó un poco a él, y él hizo lo mismo y se acercó a ella. Ahora estaban mucho más juntitos, pero pensó que le vendría bien su cercanía. Al fin y al cabo, cuando él tenía miedo le gustaba tener a alguien cerca que le hiciera sentir mejor.

Sonrió y se puso en posición de contar. - Pues sí, mucho más. Estábamos aquí, en la Provenza, en la playa, pero había venido más gente de mi familia, porque estaban mi madre y Lex, y también el abuelo Larry y la abuela Molly. Mi abuela había traído sus monedas de chocolate de Navidad... Ya sé que no es Navidad, pero están súper ricas. Algún día, cuando vengas a mi casa en Navidad, las pruebas. Ya verás que son las mejores. - Ya se estaba emocionando hablando de las monedas. Volvió al sueño. - Total, que estábamos todos en la playa y de repente escuché a mi abuelo llamándome. Y no te lo vas a creer. - Se movió un poco, entusiasmado, para poder mirarla de frente mientras lo contaba. - Estaba en un edificio chulísimo en mitad del campo, como el que hemos estado hoy pero no en ruinas, sino bien y lleno de flores por todas partes. ¡Y era un laboratorio de alquimia! Por eso cuando me has dicho lo del monasterio he pensado ¡Wow, no puede ser! - Rio, llevándose las manos a la cabeza. - Y entonces tú venías en plan "¿qué es eso? Yo quiero entrar". - Dijo imitándola y riendo un poco. Luego se irguió de nuevo y se puso muy bien puesto. - Y yo te decía "pues sin comer no puedes, porque es una regla del taller de alquimia" y mi abuelo decía "sí sí, tienes toda la razón". - Eso no había sido así, pero qué más daba. Era su sueño y lo contaba como quería. - Y entonces tú decías "pues mira", y llevabas el caldero de monedas de mi abuela en la mano, pero como tienes que ser así de malilla hasta en mis sueños. - Añadió, con una burlita. - Me dijiste "pues si no me llevas contigo no te doy", o algo así. - Luego era cuando su abuelo le llamaba tortolitos, pero decidió que esa parte de la historia no tenía relevancia y se la saltó. - Total, que fuimos a entrar, pero mi abuelo dijo que en bañador no podíamos, pero entonces yo llevaba una túnica puesta... No sé, algo raro. - Hizo un gesto de la mano. - Y te agarré así del brazo. - Continuó, enganchando su brazo al de la chica. - Y justo cuando fuimos a entrar... Alguien se me tiró encima y me despertó. - La miró con los ojillos entrecerrados en señal de reproche cómico.

Fue a abrir la boca para quejarse oficialmente, pero un trueno aún más fuerte le hizo dar otro sobresalto y notó como Alice le estrujaba el brazo, que aún tenía agarrado al de ella. La miró y se acercó un poquito más a ella de nuevo. - Puedo... Quedarme así contigo, hasta que pase la tormenta, si quieres. - Le dijo, sin desengancharse de su brazo y colocando también la mano libre sobre el hombro de la chica en señal de apoyo. - A mí también me dan miedo muchas cosas y... No me gusta estar solo. -
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Dom Mar 14, 2021 9:58 pm

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Genial, nuevo miedo desbloqueado, que Marcus se ahogue también en la tormenta. Pero bueno, si fuera un peligro real, Marcus ya estaría dando gritos y pidiendo una solución, así que realmente no debía creer que pudiera ocurrir. Pero puso media sonrisa cuando escuchó lo que dijo a continuación. – Ya sé que te asustas... De verdad que desearía ser más tranquila, pero, ¿es que no has sentido nunca que necesitas más? Es como un tirón aquí, en el pecho. – Dijo poniéndose la mano en el centro del pecho, como si tirara de una cuerda que salía de ella. – Veo unas escaleras y necesito saber a dónde llevan, como necesito respirar... Si estoy oyendo una historia, necesito saber cómo acaba, si veo un camino, a dónde lleva... – Se encogió de hombros y sonrió un poco más. – Soy como Ícaro. Quiero subir más alto. Aunque, quizá yo sería un poco más inteligente y lo haría en escoba. – Dijo entre risitas, acordándose de aquel cuento que su padre le contaba de pequeña para que se durmiera. Luego miró a Marcus con calma y sinceridad. – Ya sé que tus miedos están fundados. Eres muy inteligente, no tendrías miedos tontos... Pero me alegro que al final te lo pases bien. Los Gallia estamos locos, pero somos divertidos. – Dijo ya más convencida. Sí, por algún motivo que no lograba comprender, Marcus quería ser su amigo, estar cerca de ella, a pesar de que no podían ser más distintos y de que era consciente de que lo pasaba mal por ella (y por sí mismo cuando estaba con ella, algunas veces). Puso carita de disculpa pero sin quitar la sonrisa. – Tengo suerte de tenerte de amigo. – Dijo de corazón. Porque sí, la había seguido, con sus peroratas y todo, pero la seguía, jugaba con ella, y ahora estaba haciéndole sentir mejor, incluso se había pegado a ella para que no tuviera miedo. Luego dijo lo de su madre y ella asintió, no queriendo darle muchas más vueltas al tema. – Si ella está bien, lo dice todo el tiempo, y quién lo va a saber mejor que ella.

Atendió a lo que le contaba del sueño, porque llevaba con la intriga desde que se lo había contado aquella mañana. En cuanto oyó lo de su familia exclamó- ¡Qué guay! Deberíamos hacerlo alguna vez. Tus abuelos son amigos de los míos, seguro que se quieren venir. Pero lo de las monedas no es muy buena idea, se van a derretir, por buenas que estén. – Este Marcus, con tal de glotonear, se las comería antes de que se deshicieran o algo. Abrió mucho los ojos cuando le dijo lo del laboratorio. – ¡Buah! Si te llega a oír mi madre te dice que ha sido un sueño premonitorio fijo. Seguro que tu abuelo sí que tiene rango para entrar por esa puerta que hemos visto André y yo. – Se rio cuando la imitó y asintió con la cabeza. – Eso es muy yo, qué sueño más realista. – Ladeó la cabeza a un lado y a otro cuando dijo lo del bañador. – A ver, tiene sentido. Seguro que en el laboratorio del monasterio tampoco dejan entrar en bañador, aunque esté tan cerca de la playa. Hay que ser profesional. – Decía ella que se colgaba de la primera rama que encontraba y que no se había parado a pensar en que Marcus no la había visto desnuda todavía porque Merlín no había querido, porque se vestía y desvestía en la habitación sin pensárselo dos veces. Se rio cuando la cogió del brazo y dijo que justo le había despertado. – Pues esta noche piensa mucho en ello antes de acostarte y así a lo mejor cuando te duermas, sigues soñando con ello y mañana me cuentas más. – Siempre más, ya lo había dicho ella misma.

Se acurrucó a su lado cuando se lo ofreció y asintió con la cabeza, porque justo se fue la luz de la casa y se quedaron a oscuras. Apoyó la cabeza sobre su hombro. – Cuando tú estás cerca, nunca me siento sola. – Dijo simplemente, no sabía ni por qué, aparte de porque era verdad y le salía del corazón. Allí se quedaron, juntitos, en silencio en la oscuridad, hasta que su madre abrió la puerta con la varita encendida. – Tranquila, no se lo he dicho a nadie. – Dijo dulce, como siempre, su madre. – Pero he pensado, seguro que mi niña y su príncipe protector quieren cenar sopita de pollo, que eso cura todos los males ¿a que sí? – Alice miró con una sonrisa a Marcus y asintió con la cabeza, levantándose y dándole la mano. La sopa de pollo siempre sentaba bien a la vida y Marcus todo lo que fuera comer le venía bien.

Después de la cena, los adultos les mandaron a la cama rápido, porque al no haber luz, no había mucho que hacer abajo. Esta vez tuvo la precaución de cambiarse en el baño, seguida por su madre con la varita y Jackie, porque si no no habrían visto nada, para ponerse el pijama y cuando subió ya estaban los chicos en sus camas. Le extrañó ver a André allí tan temprano y tan dispuesto a dormir, pero no dijo nada. Ya se lanzó Jackie tan pronto como se quedaron solos. – Vaya, vaya... Hoy no puedes ir a besuquearte tus novias con esta tormenta, te mataría un rayo.¡Jackie! No digas eso. – Se apresuró a contestar. Pero aprovechó y se sentó con las piernas cruzadas en la cama. – Eso, cállate. Al menos mis novias no em besuquean porque hay tormenta, no porque pasen de mi cara estando... – Pero Jackie ya le había dado con la almohada en la cara. – Eh, parad parad, que estamos a oscuras y os vais a hacer daño. – Qué responsable se volvía cuando había rayos sobre su cabeza. – Oye André... ¿Es verdad que no son tus novias y te besas con ellas? – Su primo se giró hacia ella, como si fuera lo más obvio del mundo. – No es asunto tuyo, canija, pero sí ¿Qué problema hay? – Alice giró la cabeza al mismo tiempo que Marcus para mirarse y le dio la risita tonta. – Pero... No puedes besar a una chica si no es tu novia ¿no? – André suspiró, pero Alice estaba ya con la barbilla apoyada n sus manos esperando una explicación.
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Lun Mar 15, 2021 12:12 am

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CON Alice EN Saint-Tropez EL 6 de julio de 1996
La miró y sonrió. - Es genial que te guste saber tanto... A mí también me pasa, solo que me da miedo mirar en los sitios a veces. Me limito a preguntar. - Recordó algo que le hizo reír un poco. - De pequeño mi padre me puso una vez un máximo de "por qués" al día, porque preguntaba a todo "por qué". Me dijo "Marcus, no puedes preguntar por qué más de diez veces al día", y me las iba contando. "Ya llevas siete". - Rio un poco, y luego se encogió de hombros. - Pero supongo que me pasa como a ti... No lo puedo evitar, siempre quiero saber un poquito más. Es divertido. - Y por eso eran buenos Ravenclaw. Y buenos amigos.

A veces tenía la sensación de que pensaban las cosas a la vez, aunque Alice fuera en plan loco y él más prudente, pero lo mismo al fin y al cabo. Porque, mientras él pensaba en lo buenos amigos que eran, ella le dijo eso. Le agarró un pellizquito en el corazón y sonrió, arrimándose un poco más a ella. - Yo también. Todo sería mucho más aburrido sin ti. - Arqueó las cejas. - Y tú ya te habrías descalabrado sin mí, o habrías dejado sin puntos a tu casa. Así que... Somos un buen equipo. - Y esperaba que fuera así siempre. Serían grandes amigos toda la vida y descubrirían un montón de cosas juntos.

Se quedó pensativo, con una muequecita divertida en los labios. - Pero si se derriten todas a la vez en el caldero, sería como... Sopa de chocolate. - Se echó a reír, casi seguro que a Alice le daba asco eso. Pero era chocolate igual, qué más daba si estaba sólido o líquido, estaría igual de bueno. Pero a lo siguiente abrió mucho los ojos. - ¡Es verdad! Seguro que puede entrar. Si algún día viene, le diré que lo intente. Y a lo mejor nos deja entrar con él. Aunque si es un laboratorio estatal... Quizás no puedan entrar invitados. - Ladeó varias veces la cabeza y soltó una risilla. - No sé si los sueños funcionan así, pero lo intentaré. De hecho lo estaba intentando antes de que las primas Gallia no me dejaran tranquilo. - Dijo picándole el costado entre risas.

De repente se fue la luz. Tampoco es que él fuera especialmente fan de la oscuridad, así que le vino bien acurrucarse con Alice. Al menos sabía que estaban sus padres fuera, y los abuelos de Alice, y eso le relajaba. Pero el comentario de Alice le hizo sonreír con sinceridad y acurrucarse un poco más con ella, como si la tormenta no existiera. - Yo contigo tampoco. - Respiró hondo. - Siempre que tengamos miedo... Podemos buscarnos. Aunque si el miedo me lo provocas tú no sé cómo lo voy a hacer, pero bueno. - Comentó divertido. Pero sí, eso estaba bien, tener una amiga como Alice con la que no sentirse nunca solo.

Se quedaron en silencio, simplemente haciéndose compañía. Al menos notaba a la chica más tranquila, y para eso estaba él allí con ella, por si lo necesitaba. Hasta que entró la Señora Gallia. Abrió mucho los ojos. - ¡Sí! ¡Qué rico! - Dijo poniéndose en pie de un saltito, y dándole la mano a Alice. - ¿Mejor? - Preguntó, y cuando la mujer se fue le arqueó las cejas con un toque chulito. - ¿Has oído eso? Soy un príncipe. - Rio y salieron juntos de la despensa.

- Jope, ¿es que te cambias con un hechizo? Siempre estás con la ropa correcta en el sitio correcto. - Le dijo André cuando subió al desván y le vio ya perfectamente empijamado y metido en la cama. Marcus se encogió de hombros. - He ido a cambiarme cuando nos han dicho que subiéramos. - Dijo con normalidad. André aún llevaba la ropa de calle y empezó a cambiarse allí. ¿Y si venían las chicas y le pillaban? Bueno, eran su prima y su hermana, pero... Aún así. Él, por si acaso y a pesar de ir con bastante adelanto, se había cambiado en el baño. - ¿Qué hacías con Alice en la despensa? - Le preguntó mientras se metía en la cama. Marcus volvió a contestar con obviedad. - Le estaba haciendo compañía. - André amplió su sonrisita. - ¿Cómo? - Marcus parpadeó. ¿Cómo que cómo? ¿Cómo qué? - Pues... Sentado. Hablando. - No entendía muy bien la pregunta. André rio un poco mientras se metía bajo las sábanas. - Que a mí me lo puedes contar, ¿eh? No se lo voy a decir al tito ni nada. - Marcus se extrañó. ¿Es que sabía que a Alice le daban miedo las tormentas? Pues Marcus creía que, si la chica no lo quería contar, era más por sus primos que por sus padres. Creía. O sea que esa conclusión de André no le era indicativo de nada.

Dio un poco igual, porque antes de que pudiera siquiera decirle que no sabía a qué se refería, llegaron las chicas. El comentario de Jackie le hizo esconderse de nariz para abajo debajo de las sábanas para que no se le viera la risa. Se quedó observando el espectáculo de los dos hermanos pelearse mientras Alice, sorprendentemente, intentaba poner la parte racional (sí que la había dejado tocada la tormenta). Pero claro, como bien le había reconocido antes, ya tenía la chica que indagar un poquito más... Aunque lo cierto era que Marcus también tenía curiosidad. Se había quedado un poco pillado con lo que había visto esa tarde. Y la respuesta de André le hizo abrir la boca y mirar a Alice al tiempo que ella le miraba a él, teniendo que esconder una risa otra vez. Alice volvió a preguntar y a adoptar una pose de interés, lo que le hizo pensar que ahí se iba a originar un debate interesante, así que se salió él también de las sábanas y se colocó boca abajo con la cabeza a los pies de la cama para ver bien a André.

- ¿Pero cómo no se va a poder? ¿Es que te lo impide la ley o algo? - Dijo André entre risas, y miró a Marcus. - Vaya tela... Ya no hace falta que me contestes a lo de antes, tío. - Marcus se extrañó. Seguía sin tener ni idea de a lo que se refería. A veces creía que André decía cosas al azar... Ah, claro, era eso. De repente lo vio claro. Chistó. - Está de broma. - Dijo con una risa. - Nos está tomando el pelo. - Jackie bufó. - ¡Jolín, André! ¿En serio? - ¿Qué? ¡No os estoy tomando el pelo! ¿Me lo estáis tomando vosotros a mí o qué? - Los cuatro empezaron a mirarse entre sí, a cual más desconcertado. André rodó los ojos. - Sí que sois unos críos, aunque yo con vuestra edad no estaba tan empanado... ¡Pues claro que se puede besar a una chica que no es tu novia! Yo ya he besado a un montón de chicas, y ninguna era mi novia. - Marcus descolgó la mandíbula y abrió los ojos como platos. - ¿Insinúas... Que esa chica... Marine, creo que se llamaba... No era tu novia? - André le miró con cara de obviedad. - No lo insinúo, es exactamente lo que he dicho. - Marcus casi se espantó. - Pero, ¿cómo vas a besar a una chica que no es novia tuya? - Es que no lo entendía. André hizo una caída de ojos con cara de interesante. - Bueno... Si ella quiere besarte a ti... - Es que la pobre está ciega. Ugh, qué asco. - Aportó Jackie. Pero Marcus aún intentaba enterarse de qué iba aquello. - Espera espera... Pero... Marine sabe que no sois novios, ¿verdad? - No quería pensar mal de André, pero es que ya le parecía súper raro que alguien fuera besando por ahí a gente que no era novia suya, ¡pero que fueran dos personas igual de locas! ¡Eso sí que era de locos!
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Lun Mar 15, 2021 1:30 am

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CON Marcus EN Saint-Tropez A LAS 6 de julio de 1996 9:00
Aquello estaba interesante no, interesantísimo. Aunque su primo les miraba y les hablaba como si estuvieran en planos diferentes. No, y claramente lo estaban. Le dijo algo de antes a Marcus y ella les miró de hito en hito con la ceja alzada, pero su amigo aclaró que se estaba quedando con ellos. – Si es que no se te puede preguntar nada. – Se quejó Alice chasqueando la lengua. Y ahora era André el que se estaba riendo, y aquello era contagioso. Dylan se levantó de su colchón en el suelo. – Sois súper tontos y no me dejáis dormir. – Alice se limpió las lágrimas de la risa. – Atiende, patito, que si no luego creces y tu primo mayor dice que no te enteras de nada.

Se llevó las manos a la boca cuando dijo lo de un montón de chicas, pero en seguida puso cara incrédula. – No, no, no. Es que no te creo ¿Cuántas son un montón, fantasma?Eso, eso. – Jaleó Jackie. – Aquí datos concretos. – Su primo se rio a carcajadas. – ¿Pero qué creéis? ¿Que llevo una lista? Soy un caballero, hombre. No os voy a decir a cuántas chicas he besado. Ni quiénes son, antes de que lo preguntes, Jacqueline. – Dijo girándose hacia su hermana. – Esas cosas se quedan entre dos personas. A nadie más le interesa. Grabároslo a fuego, ni lo hagáis ni dejéis que os lo hagan. Los demás solo tienen por qué enterarse de lo que los dos hayáis decidido contar. No se debe traicionar esa confianza. – Dijo ya abandonando un poco el tono chulesco. Jackie hizo una pedorreta. – Una ya sé. La de segundo de Souplé. No sé ni cómo se llama, pero te seguía a todas partes. – Y otra vez le dio la risa a Alice, pero abrió mucho la boca. – Que encima también has besado a una que es más pequeña que tú. – André se encogió de hombros. – A esa solo le di un piquito, porque estaba muy colada por mí. – Ya iba a preguntar la diferencia entre "piquito" y lo que le había dado a Marine aquella tarde, cuando Marcus se le adelantó y preguntó que si Marine sabía que no eran novios. Su primo rio de nuevo entre dientes. – Marcus, querido, todas las chicas que se acercan a mí saben que yo no tengo novias. Estoy totalmente en contra del concepto y lo voy proclamando a los cuatro vientos. – Ella abrió mucho los ojos. – ¿Por qué? – André se encogió de hombros. – Porque no me gustan las obligaciones que vienen con ser novio de alguien. – Alice torció la cabeza con la ceja alzada, un poco extrañada. – ¿Obligaciones? ¿Como qué? – Ahí Jackie se rio. – No poder besar a otras. – André frunció el ceño. – No. Bueno sí, pero vamos, si tuviera novia y quisiera irme con otra, la dejaría y ya está. No, no es eso. Es que cuando estás de novio con alguien te tienes que preocupar por esa persona... Cuidarla... Los detalles y eso... Y a mí todo eso no me va. Yo solo quiero la parte física, para lo otro tengo amigas de verdad y ya está. – Alice parpadeaba y no daba crédito a lo que estaba oyendo. Ella había observado muy mucho cómo era Howard con su novia, y efectivamente, era super detallista y cuidadoso con ella, y como ya había pensado esa tarde, nunca le había visto besarla. – Pero entonces, vamos a ver. – Dijo intentando poner todo aquello en pie. – Se puede ser novios y tener también lo de besarse ¿no? – André asintió. – Es la idea, sí. Pero se puede no ser novios y hacer eso. Pero entonces ¿qué gracia tiene? Quiero decir, besar y ya está, no sé, no me parece tampoco para tanto, si no vas a tener nadie a tu lado que te trate... – Como el prefecto Graves a su novia. – Como sea que te tienen que tratar los novios. – Y se hizo un silencio un poco incómodo, en el cual, ambos hermanos Gallia estaban mirando a Marcus y a ella.

Tú no te has besado nunca con nadie, ¿verdad, canija? – A ella se le escapó una carcajada. – Pues no. – Dijo con media sonrisa. – ¿Con quién me iba a besar? Solo me ha gustado en plan así el prefecto, y es más mayor y tiene novia, no puedo besarle.¿Pues no has oído que este se besó con una de segundo? – Alice alzó las manos. – Bueno, pero eso es un año. El prefecto Graves me saca cinco años a mí. E insisto, tiene novia, y la verdad, me parece guapo y super guay, pero no sé si lo besaría. – André siguió riéndose con la risa esa zorruna que ponía de cuando sabía algo que tú no, y se recostó en su cabecero. – Entonces es que no te gusta. Es un amor platónico.¿El qué? ¿Y cómo sabes que te gusta alguien como para besarle? – Jackie suspiró y alzó los ojos, soñadora. – Pues porque te parece muy muy guapo. Y porque es interesante, o porque tiene algo... Que te hace no dejar de mirarle, y que estás a su lado y quieres rozarle, darle la mano... – André señaló a su hermana. – Como ves, a tu prima sí que le gusta alguien como para besarle. Pero me temo que el otro no tiene mucha intención. – Jackie parecía que iba a decir algo, pero prefirió callarse y Alice frunció el ceño y la miró. – ¿Es por eso que te has ido hoy a buscar a Noel? – Preguntó ya abiertamente, porque André parecía saberlo. – Ehm... Sí. – Dijo Jackie, aunque no la notó muy convencida. – Oye ¿y cuál es la diferencia entre un pico y un beso normal? – André se echó a reír y se tapó la cara con una mano. – No me creo que esté teniendo esta conversación. – Alice suspiró. – Oye, si no me lo vas a contar, ya preguntaré por ahí. – Dijo muy digna, aunque, en verdad, no tenía con mucha gente aquella confianza.
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