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Jue Mar 25, 2021 5:02 pm

Once upon a dream
CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
¡Gal! – Abrió los ojos de golpe y se dio cuenta de que estaba jadeando. Se frotó los ojos y trató de regular al respiración. Hillary y Donna estaban sentadas al borde de su cama con cara de preocupadas. – Tía, estabas teniendo una pesadilla. De las feas además, mírate, no puedes ni respirar. – Gal carraspeó. – ¿Una pesadilla? – A ver, a ver, un momento, porque ella no se sentía como en una pesadilla... De hecho... Se llevó la mano a la frente y dijo. – ¿He dicho algo? Estoy un poco confusa... – Pero ya iba recordando. Y no. No tenía nada que ver con una pesadilla. Cerró los ojos y tragó saliva. Su cerebro le reprodujo amablemente las imágenes de Marcus y ella... Ay, por todos los dragones, eso no estaba bien. Que hacía un mes que se habían peleado muy fuertemente, aunque ya se hubieran perdonado, y encima por lo que se habían peleado. Suspiró. Hillary le tomó la mano. – Al menos esta vez no te has puesto a toser. No, pero tenía pinta de que iba a empezar en cualquier momento, porque estaba la pobre que no podía respirar. – Gal suspiró. Se sentía mal haciéndoles creer aquello a sus amigas, pero es que no les iba a explicar que en verdad eran jadeos y lo que su cabeza le estaba enseñando. – Voy a... A ducharme. – Terminó por decir. – ¿No quieres dormir un rato más? Es domingo.Ya, ya... Pero no, no. De verdad, creo que la ducha me va a venir bien.

Se puso el agua tan caliente que el picaba en la piel, pero es que eso le gustaba, le hacía sentir mejor. Aunque, ciertamente, no ayudaba con... Ah, quien fuera prefecta solo y exclusivamente para poder meterse  en el baño de los prefectos, ella sola, con las bañeras enormes, y los chorros de colores... Y allí podrían entrar todos los prefectos, ¿no? Y Marcus era prefecto... Ay, por Merlín, qué mal estaba. Eso lo tenía que remediar antes de enfrentarse al día. Pero claro, ella no era un prefecta con acceso a un maravilloso baño casi privado. Aunque... En verdad era muy temprano... Y era domingo...  Sacó la cabeza por la portezuela de la ducha. Por allí no había nadie y raro sería que apareciera alguien a esas horas. No sería el baño de prefectos, pero...

Una hora más tarde y considerablemente más tranquila, mientras se hacía una trenza, bajaba a uno de los patios con uno de sus libros de poesía, que no era una gran idea teniendo en cuenta cómo se haba levantado, pero hacía sol, y no le apetecía estar dentro del castillo, y tampoco le apetecía charlar demasiado con su amigas, porque iba a acabar soltando algo que no debía sobre su sueño... Había que fastidiarse con su cabeza, justo ahora decidía producirle un sueño así. Y llegando al patio sur, el más soleado, vio al protagonista del sueño allí sentado en un banquito, con los ojos cerrados y puesto al sol. "Eres como el sol de verano", le había dicho en el pasillo. Y así le veía ella, como un sol eterno, siempre brillante, siempre alumbrando el camino, siempre dándole más calor del que necesitaba o le convenía.  Suspiró. Lo inteligente sería ir en dirección contraria hasta que se le pasara la tontería del sueño de esa noche, pero sus pies se habían dirigido solos hasta su altura. Mejor afrontarlo con humor y ligereza, como si no hubiera pasado nada. Bueno, y es que no había pasado. Solo en su imaginación. Se dejó caer a su lado con una sonrisa. – ¡Ja! Pero O’Donnell, yo pensando que estabas estudiando y mira dónde te encuentro. – Deslizó la cabeza casualmente hasta su regazo, estirándose en el banco, y abrió su libro. Ahí estaban, el jin y el jan, el sol y la luna. Le sonrió y dejó caer, sin quitar la vista de por donde tenía marcado el libro. – Te gusta más el sol que a mis plantitas. – Parpadeó un poco y dijo en tono más bajo. – A mí también. – Y no se refería al sol que había en el cielo. Pero eso solo lo sabía ella.  
Merci Prouvaire!


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Jue Mar 25, 2021 7:23 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Domingo. Solecito. Nada de exámenes a la vista. Eso sí que era vida. ¿Que podría estar aprovechando para adelantar trabajo? Podría. ¿Que podría estar dando una vuelta por el castillo vaya que alguno estuviera aprovechando el domingo para hacer lo que no debía? Podría también. Pero se había levantado especialmente tranquilo ese día, relajado. Serían los rayos de sol que entraban por la ventana. Sería saber que el año pasado, por esa época, ya estaba con la planificación para los TIMOs exhaustivamente hecha y en vías de ejecutarse, y prefería no pensar cómo iba a estar al año siguiente a esas alturas. ¿Qué tenían en sexto por delante? ...Nada. Una estupenda y maravillosa nada. Bueno, a ver, tenían trabajos y parciales y eso. Pero en lo que a exámenes oficiales y terroríficos se refería... Absolutamente nada. Y un domingo de solecito por delante, que en febrero en Inglaterra era entre poco y nada frecuente. Desde luego que no lo iba a desperdiciar.

No dedicó demasiado tiempo a decidirse. Se puso delante de la estantería de su sala común que sabía que solo tenía libros de entretenimiento y cogió el primero que le llamó la atención y aún no se había leído. Tocaba lectura ligera, nada de estudiar, nada de avanzar temario, nada de investigar cosas. Tampoco quería una novela en la que se tuviera que concentrar. Lo dicho, algo ligerito. Encontró uno de mitología celta que parecía contar algunas leyendas y cómo y para qué se usaba la alquimia en Irlanda hacía siglos y le pareció interesante. Seguro que a sus abuelos les gustaba hablar de ello cuando fuera en Pascua.

Se había sentado en uno de los banquitos del patio sur, en un lugar que daba el sol, ligeramente reclinado sobre uno de los brazos, con una pierna sobre este y la otra apoyada lánguidamente en el suelo. Apenas llevaba allí media hora y entre el solecito y la lectura le estaba entrando hasta sueño, o más que sueño un estado de relajación muy agradable. Respiró hondo, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, absorbiendo los rayos de sol. Esperaba no quedarse dormido, aunque ciertamente... Le daba igual hacerlo. Lo dicho, estaba muy tranquilito.

¿Y qué solía pasar cuando Marcus estaba tranquilito? Que llegaba su alborotadora personal a darle entretenimiento. Abrió solo un ojo como si quisiera constatar que era ella, como si no lo supiera, esbozando una sonrisa de lado. A su comentario, simplemente llenó el pecho de aire, cerró el ojo abierto otra vez y volvió a dejar caer la cabeza hacia atrás con un suspiro de relajación, soltando el aire por la nariz. - Es domingo, Gallia, y mira qué día hace... También es de inteligentes no desaprovechar esto. - Bajó la pierna para no estorbar a la chica, que se había sentado a su lado, y aun con los ojos cerrados notó que dejaba la cabeza caer en su regazo. Esbozó una sonrisa y pasó el brazo plácidamente por encima de su hombro, dejándolo caer sobre el de ella, sin abrir los ojos. O le daba conversación, o sí que se iba a quedar dormido de verdad.

Le daba conversación. Claro, viniendo de Alice, ¿qué esperaba? Su comentario le hizo ampliar la sonrisa de labios cerrados y reír en silencio entre estos. Subió la mano con cuidado, porque no había abierto los ojos y tenía que tantear, pero al final llegó a la mejilla de la chica y dejó un leve toque en esta. - Eres como un girasol. Pero en pequeñito. - Y volvió a reírse él solo de su propia comparativa, sin abrir los ojos y en silencio. Al bajar la mano para colocarla donde antes, entre el brazo de Alice y el respaldo del banco, como seguía a ciegas, rozó su trenza. Ah, las trenzas de Alice, qué tontería que le gustaran tanto. Trenza, solecito, ella con un libro de poesía, él con un libro cualquiera pero sin leer, con los ojos cerrados. Uno de los dos tumbado sobre el regazo del otro. A qué le quería sonar eso. Mal recuerdo para evocar, no estaba la cosa como para... Ciertos recuerdos. Ya estaban bien, ya se había resuelto la pelea monumental que habían tenido hacía más de un mes... Sí, pasada y enterrada... No quedaba nada de eso ya... Solo el run run de todo lo que se dijeron, de la no-vuelta al pasillo, de lo que podía haber pasado en el campo de lavandas y no pasó, de lo que sí pasó entre Alice y ese francés en Navidad...

Mejor se centraba de nuevo en el solecito. Alzó ligeramente la cabeza y, de nuevo abriendo solo uno de los ojos, echó un vistazo al libro que tenía la chica entre manos. Pues eso, poesía. - ¿Qué lees? - Comentó distendidamente, más que nada para que la chica le hablara. Que al final se iba a quedar dormido de verdad.
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Jue Mar 25, 2021 8:47 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Estaban tan en silencio, tan en paz, que casi pareciera que no había alumnos en Hogwarts. Oh, ¿te imaginas? Eh. Alto ahí, Alice Gallia. Que los había. Y profesores, y fantasmas y... De todo. Y Marcus y ella habían acabado de aquella forma... Aquella por la cual todavía podían tener un momento como el que estaban teniendo, aquella confianza innata de poder estar así, y que no quería perder por nada del mundo. Ella rio un poco y cerró los ojos a su tacto. – ¿Un girasol yo? – Dejó caer un poco la cabeza sobre la pierna de Marcus, dejando el libro abierto sobre su vientre. – Los girasoles son amarillos, Marcus, y yo tengo el pelo muy oscuro... Y no crecen en Inglaterra. Solo en sitios donde el clima es más benévolo. Yo lo aguanto todo.– Inspiró y espiró, en un estado de completa relajación al notar cómo dejaba la mano sobre su brazo. – Además el que busca el sol eres tú. – Y el sol en sí mismo, pensó, y ella era la luna. Qué claro lo había visto aquella noche de San Lorenzo.

Y hablando del verano, todo aquello se parecía demasiado al día del campo de lavandas. Y de verdad, que alguien le pusiera freno a su mente, por Dios, porque no podía estar todo el día así, y, estando a su lado como estaba, en algún momento se lo iba a notar. Y otra vez, su cuerpo respondió solo y dobló el codo para poder subir la mano y acariciar la de Marcus distraídamente. Notaba la respiración de Marcus y sabía que se estaba quedando medio dormido, hasta para eso le conocía. Y a ella le vino un bostezo que trató de tapar con la mano. – Qué sueño tengo, me he levantado tempranísimo. – Mierda, y su cerebro dando permiso para decir esas cosas. Que luego no tenía cómo explicarlas. Así que aprovechó la oportunidad de desvío de la conversación y dio un golpecito al lomo del libro abierto sobre sí. – A un maestro del terror. – E hizo unos ruiditos como de fantasmas y movió la mano libre como si hechizara a Marcus. Era una buena forma de describir a Poe, aunque precisamente había buscado ese libro porque sabía que allí estaba el poema del sueño, de cómo el ser humano se aferra tontamente a las esperanzas porque son más bonitas, aunque sepas que la realidad no es así.

¿Y tú? Espera, espera, no me lo digas, oclumancia. No, runas. No, encantamientos de los difíciles que ni nuestros padres ni la mismísima señora Granger, dueña y señora de nuestra casa, pueden llevar a cabo. – Se giró un poco hasta tumbarse sobre sí misma, aplastando un poco al pobre Poe y cogió el libro de Marcus con una sonrisa pilla, y se volvió a recostar, tal como estaba antes, pero dejando el libro entre su costado y su brazo. Cuando tuvo el libro de Marcus ante sí abrió un poco los ojos con sorpresa. – ¡Oh! Mitología celta. Qué bonito. Qué poco te pegan estas cosas. – Lo abrió y se puso a echarle un ojo. – Ah, Irlanda. Lo estás leyendo por tus abuelos, ¿no? – Siguió pasando las páginas, viendo algunos dibujos y nombres que más o menos conocía, pero a medida que avanzaba se le hacían más complicados. – Los nombres irlandeses son un quebradero de cabeza. Menos mal que te llamaron Marcus. – Buscó con la mirada algunos de los nombres propios que veía por ahí. – Si hubieras sido una chica, te podían haber llamado... Caoimhe, que según dice aquí, se pronuncia "kivah". Caoimhe O'Donnell– Abrió más los ojos y ladeó un poco la cabeza. – Qué complicación. – Siguió pasando hojas y dijo. – ¡Oh, mira! Pero Erin significa Irlanda, literalmente. Qué bonito que tus abuelos llamaran así a tu tía. – Se rio un poco y siguió mirando. – Qué entretenido es esto...
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Vie Mar 26, 2021 1:12 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Sonrió y rio un poco para sí. Le encantaba cuando Alice se ponía a hablar de plantas, pero también le encantaba meterse con ella, así que lo que dejó traslucir fue un suspiro, sin abrir los ojos. - Luego soy yo el repelente. - Chinchó, aunque con una sonrisita. Su siguiente comentario le hizo reír. - Ah, bueno, pues entonces soy yo el girasol, aunque tampoco sea amarillo. ¿Y aguantarte a ti cuenta como aguantarlo todo? - Volvió a pincharla, pero para ilustrar que estaba de todo menos incómodo a pesar de sus palabras, se acurrucó un poco en el banco, dejando que su brazo entrara aún más en contacto con ella, y sin abrir los ojos.

Tan relajado como estaba se fue dejando caer poco a poco en el banco. No se había quedado dormido... Creía. Juraría que alguna imagen confusa, de esas que no sabes si estas soñando o no, se le había pasado en un momento determinado por la cabeza. El cerebro debía habérsele desconectado durante un par de segundos, pero reconectó al tacto de la mano de Alice, que le hizo mover inconscientemente los dedos. Lo que le faltaba era oírla bostezar. Sería mejor que hablaran de algo, o se veía pegando un cabezazo encima de su amiga. - Yo también tengo sueño. - Contestó con voz adormilada, aunque él no se había levantado temprano. - Es que aquí se está muy bien. - Añadió, porque ese era el motivo de su adormilamiento.

Aunque había abierto los ojos para mirar el libro de Alice, en un claro intento por forzarse a no quedarse dormido, seguía sintiéndose los párpados pesados. Al menos el sonido seco del golpeteo que esta dio en el lomo del mismo le espabiló un poco más. Rio un poco con la parodia y puso una fingida cara de susto. - Oh, no. Ya sí que no me voy a poder dormir. Menos mal que es de día. - Bromeó. Alzó un poco más la cabeza. - No he leído casi nada suyo, ya sabes que el terror y yo no nos llevamos bien. - En otras palabras, que era bastante asustón. - Pero claro, leer terror a plena luz del día en un lugar público es un poco trampa, ¿no crees, chica valiente? - Añadió, para seguir metiéndose con ella un poquito más.

Echó la cabeza hacia atrás con una risa suave mientras Alice intentaba averiguar de qué iba su libro. - Vaya imagen tienes de mí, que solo sé leer cosas complicadas. A uno también le gusta divertirse, ¿sabes? - Dijo sin perder ni la sonrisa ni el tono amodorrado que llevaba trayendo toda la conversación. - Ya te lo he dicho, es domingo y hace un día muy bonito. Quería algo ligero. - Aunque no le estuviera haciendo mucho caso. Tan poco caso le hacía que Alice se lo quitó casi sin que se diera cuenta. La miró con la cabeza ladeada y una sonrisita. - Para que veas, soy toda una cajita de sorpresas. - Frunció el ceño en una cómica expresión indignada. - ¡Eh! ¿Por qué no me pega? Son mis raíces, las tengo muy en cuenta. - Mentira de todas todas, Marcus no podía ser más inglés. Su abuela se encargaba de suspirar y lanzar indirectas cada vez que podía de lo poco irlandeses que le habían salido los hijos y los nietos. Asintió feliz con una sonrisa de buen nieto a lo de que lo leía por sus abuelos, qué bien le conocía esa chica. Aunque claro, Marcus iba gritando a los cuatro vientos que su abuelo Larry era su persona favorita en el mundo, tampoco era muy difícil deducirlo.

Se tuvo que reír con lo de los nombres, incorporándose solo ligeramente en el asiento, lo justo para poder leer el libro por encima del hombro de la chica. - Ya te digo yo que mi padre no estaba muy por la labor de ponerme un nombre raro de esos, y mi madre ni te cuento. Como verás, ni mi hermano ni yo tenemos nombres demasiado irlandeses. - Asintió, haciendo un gesto con los ojos. - Y a ella no le gusta nada su nombre, dice que a quien se le ocurre ponerle a una persona nombre de país. Mi abuela se lamenta como quien recibe una herida mortal cada vez que la escucha. - Dijo con una risa, reacomodándose en el banco, juntándose un poco más a su amiga en esa extraña postura que habían adoptado. - Pero a mí me gusta, me suena muy bonito. De hecho, mucho más que la otra opción que barajaba mi abuela. Siempre dijo que, si hubiera tenido dos niñas, a la segunda le hubiera puesto Aoibhe. Me suena horrible, a mí y a todos, pero ella siempre se ofende. "Pues significa belleza en gaélico". - Dijo imitando de aquella manera la voz de su abuela y riendo después. - Pues al destino no le sonaría muy bien tampoco porque no tuvo a bien ni darle una segunda hija, ni que tuviera nietas. Porque mis padres aseguran que intentó venderles el nombre por si Lex o yo hubiésemos sido niñas. - Lo dicho, menos mal que le habían puesto Marcus.

- A ver el tuyo. - Dijo cogiendo el libro que la chica había dejado en su costado. - ¿Algo de lo que advertirme antes de que empiece a leer? ¿Me moriré de miedo? - Bromeó. Bueno, mejor no recordaba lo que ocurrió la última vez que le quitó a Alice su libro de las manos y empezó a leer. Abrió por donde tenía la marca y echó un vistazo por encima. La luz del sol le cegaba un poco los ojos y los tuvo que entrecerrar, no veía muy bien, pero algo captó. - ¿Sueños? Uh, de esto a acabar tomando el té con la Profesora Hawkins hay solo un paso, ¿eh? - Bromeó entre risas. Le ofreció el libro a su amiga y, con voz melosa, dijo. - Anda, porfa, recítamelo tú esta vez. Que para sueño el que yo tengo. -
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Vie Mar 26, 2021 3:07 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Suspiró, aunque se le estaba escapando una sonrisa, sin abrir los ojos. – Aguantarme a mí solo cuenta como aguantar una Gallia, y además una bastante descafeinada. En eso, tu padre te lleva ventaja. Yo soy muy tranquila comparada con otros. – Dijo, acurrucando la cabeza contra la pierna de Marcus. Sabía que la estaba vacilando, y a ella le encantaba entrarle al trapo y crear esa complicidad tan de ellos. Notó los dedos de Marcus moverse en su brazo y, casi como un gesto natural, como si fuera lo que sus cuerpos atraían, entrelazó los dedos de su mano con los de él. Estaba tentando a la suerte con tanto contacto y lo sabía. Y lo estaba permitiendo. Y lo estaba buscando, porque lo disfrutaba pero a base de bien. – Sí que se está bien. – Aseguró, a media voz, sin quitar la sonrisa ni abrir los ojos.

Le sacó la lengua cuando se burló de ella con el miedo y le miró, haciéndose una visera con la mano. – Puedo leerte a Poe a oscuras cuando quieras. – Eso era muuuuy interpretable. – Yo no le tengo miedo. El terror de los libros, se queda en los libros. Además, muchas veces hablan de fantasmas y cuadros mágicos y tal como si dieran miedo. Absurdo. – Luego soltó una carcajada con lo de divertirse. – Sí, y tú te diviertes aprendiendo oclumancia, que nos conocemos ya muy bien. Pero me parece super bonito y tierno que te dediques a leer sobre mitología celta. En Francia el equivalente serían las novelas de amor cortés y los poemas épicos, así que puedo considerar que conozco mis raíces a la perfección. – Con lo que siempre le habían gustado a ella las historias románticas y de princesas. No para aplicárselas a sí misma, pero sí para escucharlas y , en su mente, darles un par de vueltas de tuerca que las mejorarían.

Rio un poco a lo de los nombres. – Mejor que a mí, que me lo pusieron porque la profesora de Adivinación le dijo a mi madre que tendría una hija llamada Alice. Asegurándose el acierto, ¿eh? – Negó un poco con la cabeza, mordiéndose el labio inferior, mientras seguía pasando las páginas del libro, ojeando leyendas y dibujos que le sonaban y además le interesaban, tenía que echar un ojo más detenidamente. Soltó una carcajada seca a lo de que a su tía no le gustaba su nombre. – ¡Ja! Pues bienvenida al club de los que tenemos un país en el nombre. Me apellido, literalmente, Francia, para despistar, ¿sabes? – Y se tuvo que reír de sí misma. Y luego rio más viendo a Marcus imitar a su abuela. Hasta Gal la había visto quejarse de que los hijos y los nietos le habían salido poco irlandeses para su gusto, y si memé estaba cerca, aprovechaba para ponerla como ejemplo de cómo se inculcaba la cultura de origen a las nuevas generaciones, porque ellos hablaban francés y todo eso. Abrió mucho los ojos ante la otra opción que planteaba la señora O'Donnell. – Madre mía, como para que se lo hubiera aprendido nadie en Hogwarts. – Le hizo gracia lo de que intentara "venderles" el nombre a los padres de Marcus y negó con la cabeza. – Por algo será, desde luego. – Alzó la vista y le acarició el rostro fugazmente. – Pero hubieras sido una niña muy guapa. Lex hubiera sido una niña muy mona pero extremadamente borde. – Vaya, Emma, pero eso no lo iba a decir.

Vio que le cogía el libro, pero decidió no forcejear más, que el final de ese cuento ya lo había leído. Hizo una pedorreta. – Pero que vaguísimo estás, O'Donnell, qué vergüenza para un prefecto, aunque sea domingo. – Cogió el libro y se lo puso en el pecho, pero antes volvió a levantar la vista. – Oye, soñar no tiene nada que ver con la Adivinación. – Ojalá, pensó sin permiso, su cerebro. – Yo sueño mucho, desde pequeña, y además sueño a lo grande. – Y tanto. En fin. Carraspeó y abrió el libro. – ¡Recibe en la frente este beso! / Y, por librarme de un peso / antes de partir, confieso / que acertaste si creías /que han sido un sueño mis días; / ¿Pero es acaso menos grave / que la esperanza se acabe / de noche o a pleno sol, / con o sin una visión? / Hasta nuestro último empeño / es solo un sueño dentro de un sueño. – Vaya tino tenía siempre Gal con la tontería de los poemas. Es que era certera, vaya. Se mordió los labios e inspiró, tratando de calmar eel ritmo de su corazón. – ¿Ves como se puede hablar de sueños sin tener nada que ver con la Adivinación?
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Vie Mar 26, 2021 7:21 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Se echó a reír con una carcajada relajada. - Mi padre es mi modelo a seguir, ya lo sabes. - Pero tenía toda la razón. Comparada con William y con Violet, Alice era hasta tranquila, y su padre les llevaba estupendamente. Él quería pensar que también llevaba bien a Alice... Demasiado, según se mirara. ¿Le estaría dando mucho el sol? Vaya... Otra cosa que le recordaba al campo de lavandas, lo de plantearse si le estaba dando demasiado el sol.

Hizo una burlita. - Uuh, qué valiente. Como se nota que eres dos meses mayor que yo, eso es madurez. - Con lo siguiente tuvo que reír. - Ah, claro, olvidaba que es literatura muggle. Aquí la lista lee cosas que a los muggles le dan miedo siendo bruja y va de valiente. - Inclinó el cuello para abrir un ojo y mirarla. - Me vuelve a parecer trampa entonces. - Esbozó una sonrisita graciosa y chulilla y volvió a echar el cuello hacia atrás con los ojos cerrados.

Se encogió de hombros ante lo de divertirse con la oclumancia, pero a lo otro sonrió. - Desde luego. - Volvió a inclinar el cuello para mirarla. - Ahora va a resultar que eres toda una romántica por tus raíces francesas. - Dijo en tono distendido. Bueno, romántica no era la palabra, suponía... Suponía. Tampoco se había parado a pensarlo mucho. Que le gustaban las novelas y poemas y ya está. Para qué iba a darle más vueltas. A lo de su apellido arqueó las cejas. - ¡Es verdad, Gallia! Bueno, Gallia suena más bonito que Francia. - Volvió a reír. - ¿Te imaginas? Creo que me vería obligada a sacar bajas notas si me llamara así. Los profesores no podrían lidiar con repetir tantas veces "¡bien hecho, Aoibhe O'Donnell!". ¿Y lo de ser prefecta? Totalmente descartado. - Remató con un movimiento de la mano, en tono cómico. - Hogwarts no puede permitirse tres generaciones de alumnos frustrados por no poder llamar a su prefecta. - Rio. - Ya tenemos el apellido irlandés. Lo de ponernos también el nombre sería rizar el rizo. - Además que todo el mundo le identificaba como irlandés o descendiente de irlandeses por su apellido. De hecho, más de uno de sus compañeros irlandeses le habían preguntado de qué parte del país era. Conclusión precipitada. Y al acabar su broma, Alice dijo que sería una niña muy guapa. Inclinó una vez más el cuello y la miró con una sonrisita, riendo a la definición de Lex. - Eso desde luego. - Volvió a apoyar la cabeza en el banco, perdiendo la mirada. - Tú serías un niño malvado. - Bromeó, pero le había salido un extraño tono dulce en la voz, e inconscientemente había llevado su mano a la trenza de la chica. - Sería una pena que no pudieras ponerte trenzas y lacitos. - Dijo mientras acariciaba su pelo. Llenó lentamente el pecho de aire y, con la misma suavidad, lo echó por la nariz, con la mirada perdida en la trenza que tocaba. Mejor paraba y dejaba la mano reposar donde la tenía antes, mientras la otra llevaba ya un rato entrelazada con la de su amiga.

- A ver, cuando estoy de servicio te quejas, y cuando estoy de descanso me llamas vago. Y solo es un pequeño receso. En cuanto vea una travesura inminente, me activo. Por si te lo estás pensando. - Advirtió en tono cómico, y se acomodó para oírla recitar. Cuando acabó, sacó un poco el labio inferior. - Qué bonito. - Al final Alice le iba a pegar su gusto por los poemas. - Aunque un poco críptico para una mañana soleada de domingo. ¿Al final estaban soñando o no? - Bromeó, pero se removió un poco para replicar a su último comentario. - Ah, discrepo. De hecho, el protagonista del poema ha dicho "acertaste si creías que han sido un sueño mis días", y luego algo de una visión. Siendo muggle, creo que es lo más cerca de la adivinación que vas a estar. - Dijo con una risa. Sin soltar la mano que entrelazaba la de la chica, comenzó a mover ligera y alegremente el brazo mientras fijaba la vista en el cielo, con la cabeza de nuevo hacia atrás. - Pues para hablar de sueños solo veo dos opciones: o los cuentas, o dejas que el otro lo adivine. ¿A cuál de las dos quieres jugar? - Ladeó un poco la cabeza para mirarla, aunque sin inmutar la postura. - Venga, has dicho que sueñas mucho y a lo grande, ahora tengo curiosidad. -
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Vie Mar 26, 2021 10:52 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Chasqueó la lengua y sonrió, traviesa. – A ti todo te parecen trampas, querido Marcus. – Pero ¿de dónde salía esa voz? Ese jueguecito que se traían era peligroso. Y lo sabía. Y lo provocaba. Y él la seguía también, porque se lo notaba en los guiños, y en el tono de voz, y en todo, porque le conocía a la perfección. – Y por mucho que te duela así es. Soy dos meses más mayor que tú. – Se giró hacia él para enfocar su rostro. – Oye, perdóname. Yo soy muy romántica. De espíritu. Pero es que aún no he tenido oportunidad de demostrarlo. – En verdad sí. Había hecho muchas cosas solo por Marcus, por su amor a él, movida por él. Sorpresas, regalos, ideas, había aprendido poemas, había soñado, como aquella última noche. Pero mejor, dejarlo correr.

Se echó a reír cuando oyó a Marcus referirse a sí mismo como una chica y hacer todas aquellas bromas. – Qué divertido eres cuando te lo propones, idiota. – Dijo limpiándose las lágrimas mientras trataba e controlar la risa. Subió un poco la cabeza y rozó la punta de la nariz con la de él, estrechando los ojos. – Sería un niño muy divertido, permíteme que corrija. – No, sería malvadísimo, la verdad, pero no podía seguirle el rollo a Marcus siempre, en eso consistía su pique. Un escalofrío al recorrió de arriba a abajo, y trató de contener su cuerpo para que él no lo notara, cuando tocó su trenza ¿Por qué algo tan tontísimo se le antojaba tan...? Pero es que estaba muy cerca, y es que sabía que a Marcus le gustaban las trenzas. Y de repente era tremendamente consciente de dónde reposaban las manos de Marcus. Trató de normalizar su respiración y mantuvo la sonrisa ligera.

Dejó caer los ojos de nuevo y dijo. – Yo siempre estoy pensando travesuras. – Como toda contestación a su queja de prefecto llorón. Sonrió cuando dijo que el poema era bonito, pero alzó una ceja ante su pregunta. – ¿De verdad lo dudas? Por favor, eres demasiado listo para eso. – Rio entre dientes y cruzó una pierna por encima de la otra. – Todo lo bueno ocurre solo en los sueños. Pero es más llevadero plantear la duda de si no será esa realidad más bonita la auténtica realidad. Justo antes de eso que dices de la visión dice "Pero es acaso menos grave / que la esperanza se acabe". – Se encogió de hombros, sin abrir los ojos. – Él mismo admite que sería más duro aceptar que es un sueño todo lo bueno que ha vivido, que plantear la pregunta de cual es la auténtica realidad, y por eso juega con ello. – El campo de lavandas no había sido un sueño. El cuarto piso, tampoco. Pero no lo hablaban, porque eso lo haría real, y hablarlo significaba enfrentarse a un posible rechazo, mientras que dejándolo en el aire... Siempre cabía la posibilidad de que pudiera acabar ocurriendo otra vez. – Es como este sol. – Dijo alzando la mano que tenía libre y moviendo los dedos en el aire. – Te puede hacer pensar que es primavera. Y mientras te está alumbrando... Puedes engañarte y decirte ¿Será que es primavera anticipada este año? – Hinchó el pecho de aire y lo dejó salir lentamente. – Pero la verdad es que sabes que es febrero, que esto es cosa de un día, así que lo disfrutas hasta que vuelvan las nubes, pero es más bonito disfrutarlo y pensar todo lo anterior que pensar "uf, mañana volverán las nubes". – No había perdido la sonrisa pero la había torcido un poco. – ¿Ves? Nada es tan intrincado. – Recuperó un poco su risa. – Y no tiene nada que ver con Adivinación. Los sueños son una cosa bonita, se disfrutan y ya está.

Oyó su pregunta, y de nuevo su cuerpo entero se tensó tratando de frenar un escalofrío Volvió a reírse y esta vez sí abrió los ojos para mirarle. – Hay sueños que no se pueden contar, prefecto, que se los tiene que quedar uno... Para uno mismo. – Se reasentó un poco, recolocando la cabeza en su regazo y apretó la mano que le tenía agarrada. – Cuéntame tú uno de los tuyos. Seguro que tienen mucha alquimia. – Sacó el labio inferior con fingida indiferencia – Y te invito a adivinar alguno mío. Como el de esta noche. – Wow, esa última parte no al había meditado ni dos segundos. Va. De perdidos al río.
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Sáb Mar 27, 2021 8:38 am

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Rio a su comentario y apoyó la mejilla en su pelo levemente, mientras soltaba la burla. - Oh, vaya, pobrecita. - Y volvió a reír, recuperando su posición. En realidad sí que le parecía una persona romántica, hasta con él había tenido gestos que, en cierto modo, se podrían considerar "románticos"... Si no fuera porque eran amigos, claro. No serían románticos entonces, serían de buena amiga... Suponía... Bueno, lo dicho, que era domingo y no tenía ganas de pensar tanto.

Escucharla reír de esa forma le hacía reír a él también. Odiaba a la Alice triste, le encantaba la Alice risueña. - Yo soy divertido siempre. - Dijo sin poder evitar reír, pero adoptando una pose chulesca. Y a su respuesta en reflejo, a eso de que "siempre estaba pensando travesuras", soltó una carcajada seca. - Desde luego, no hace falta que me lo jures. Pero a mí no se me escapa ni una. El ojo del prefecto no falla. - Fardó, aunque era algo muy concreto que le decía a Alice y solo a Alice y que formaba parte de su juego particular.

Chistó con la lengua y echó el cuello aún más hacia atrás, cerrando de nuevo los ojos, empapándose del sol. - Pues claro que soy listo, pero ya te he dicho que hoy estoy de domingo. - Eso y que le encantaba cuando Alice interpretaba los poemas, justo como hizo a continuación. Se quedó escuchándola con la cabeza un poco menos retrepada, abriendo los ojos para perder la mirada en su trenza de nuevo... Porque en algún sitio la tenía que poner, y ya que se la había hecho y le quedaba tan bonita... Ladeó una sonrisa y comentó. - Ahora es aún más bonito... Pero también da un poco de miedo. - Marcus no era especialmente fan de las confusiones mentales, esas que mezclan realidad y no realidad, pensar cosas reales o solo soñar, o que los sueños se cumplan, o cosas así. Aunque claro, dicho así, por boca de Alice y con esa explicación... Sonaba precioso. Un tanto descorazonador, pero bonito.

Miró hacia el sol, entrecerrando un poco los ojos por su brillo, cuando Alice le hizo referencia y movió los dedos como si pudiera alcanzar los rayos. Igual que hizo en la Provenza, aquella noche en la playa, intentando tocar las estrellas. Sin darse cuenta se le había esbozado una sonrisa, y se había quedado mirando a la chica hablar como atontado... Uf, sí que le estaba dando demasiado el sol. Se llevó una mano al pelo y se palpó la cabeza. La tenía bastante caliente. Al final se le iba a derretir el cerebro de verdad. Menos mal que no tenía ningún examen a la vista. - Ojalá fuera verano. - Concluyó, dejando patente que, efectivamente, se le estaba derritiendo el cerebro. Sacudió la cabeza. - Es decir, no porque me quiera ir de aquí... Es porque, es verdad, se está muy bien al solecito. Pero siendo Inglaterra, seguro que mañana llueve. O esta tarde. - O en veinte minutos. Por eso había que aprovechar momentos como ese.

Rio un poco y estrechó los brazos en torno a ella, adoptando un tonito bromista otra vez. - Bueno... Un poquito intrincado sí que es, pero es que si no, no sería tuyo. - Comentó distendido. Relajó los brazos de nuevo, colocándolos donde los tenía antes, y la escuchó hablar de los sueños una vez más. Arqueó las cejas y la miró con curiosidad y un leve toque de sorpresa forzada. - ¿Hay sueños que no se pueden contar? ¿Y eso? ¿Qué tienes tú que esconder, Alice Gallia? Porque con la de locuras que haces al día, miedo me da que haya algo tan loco que no lo quieras ni contar. - Comentó. Miró hacia arriba pensativo, con una muequecita en los labios mientras llenaba el pecho de aire, tratando de encontrar algún sueño. Pero la segunda parte de la frase le hizo mirarla de nuevo con una ceja arqueada y una sonrisilla doblada. - Hemos vuelto a la adivinación, al final. - Es que él se tenía que salir con la suya siempre, si no, no era él. - Aham, el de esta noche... Vale, pensaré. Dame al menos una pista, ¿es de los que se pueden contar o de los que no? - Rio un poco y volvió a mirar hacia arriba, pensando qué sueño contarle.

- De hecho... Más difícil todavía, y más divertido. - Comentó, sin cambiar la postura. - Voy a contarte una historia que tiene tres partes: una es un sueño real que he tenido, otra es algo que me ha pasado de verdad, y la otra me la estoy inventando. Y tú tienes que adivinar cuál es cual. - Se encogió de un hombro con un mohín de superioridad. - Eso por meterte conmigo y llamarme vago e insinuar que no soy listo. Pues nada, a pensar en domingo. Y así ponemos en práctica eso que dice el poema de los sueños y la realidad. - Se reacomodó en el asiento, tratando de no perturbar la postura de la chica sobre su regazo y se aclaró la garganta ceremoniosamente antes de empezar a narrar. - De pequeño soñé que el abuelo Larry y la abuela Molly nos llevaban a Lex y a mí a un pueblo muggle porque era importante que conociéramos ese mundo, no solo el nuestro. Entramos en una tienda cualquiera y vimos unas escobas feísimas. Mi hermano se empeñó en que quería una escoba muggle de recuerdo y yo le dije que eso no le serviría para nada, que no volaban. Yo siendo racional hasta con siete años en una tienda muggle. - Dijo con una risa. - Como Lex, para no variar, no me hacía caso, fui a un señor que había por allí, que debía ser el dependiente, y le dije "disculpe, señor, ¿a que estas escobas no sirven para volar?", para demostrarle a mi hermano que no tenía razón. Entonces llegaba mi abuela y nos sacaba corriendo de allí, pero se escuchaba al hombre reírse a lo lejos. - Puso una sonrisilla astuta. - Como era un sueño, de repente en la siguiente imagen estábamos en el jardín de mi casa. Resultó que mi hermano había robado una de las escobas de la tienda, no me preguntes cómo, y estaba empeñadísimo en hacerla volar... Y lo consiguió. - Arqueó las cejas. - Se puso a voletear por el jardín, y aquí al Marcus pequeño, que en los sueños es igual que el real, le entró el miedo y el "eso no se puede hacer" por el cuerpo. Por más que le perseguía por el suelo no podía alcanzarle, porque yo iba corriendo y él volando. Me enfadé, agarré la varita de mi madre e intenté prenderle fuego a la cola de la escoba para obligarle a bajar. Pero como era la primera vez que trataba de usar una varita y solo tenía siete años, aunque fuera en un sueño, porque uno es sensato hasta en los sueños, no lo conseguí... Pero hice explotar los cristales de la casa. Me desperté asustadísimo. Y llorando, porque ya me estaba viendo a mi madre venir con cara de castigo. - Frunció los labios para reprimir una risa y se encogió de hombros. - Y eso es todo. ¿Qué parte es un sueño, cuál es una vivencia real y cuál me he inventado? -
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Sáb Mar 27, 2021 10:33 am

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Gal alzó las cejas con superioridad. – Bueno, dejémoslo en que eres divertido muy a menudo. Cuando estás como hoy, en modo prefecto solo vigilante, no mandón ni regañón, en plan "Alice, esto está prohibido" "Nos van a quitar puntos" "Te vas a caer al lago" – Dijo imitándole con una voz cómicamente chirriante, que obviamente no era la suya, pero si se parecía un poco a como lo oía Gal en su cabeza cuando la regañaba.

Se giró de nuevo un poco para enfocarle cuando dijo lo de que daba miedo. – A ti no debe dártelo. No he conocido a nadie con los pies más en la tierra que tú. Tú siempre sabes lo que es realista y lo que no. – Que se lo dijera a ella, que llevaba toda la vida intentando arrastrarle a las cosas que se le ocurrían en la cabeza y que puesta en la práctica podrían resultar un poco conflictivas. – Miedo tengo que tener yo. Que a veces creo que los sueños se pueden a hacer realidad. Hasta que viene un prefecto a decirme – bajó el tono con una sonrisilla – "Estás loca, Alice". – Dejó la sonrisa y se mordió un poco el labio inferior. Puede que su sueño no pudiera hacerse realidad, pero tenía aquellos momentos con Marcus.

Dejó que la abrazara y puso una sonrisita infantil y satisfecha, como la niña a la que le dicen que está bien lo que ha hecho y se siente satisfecha. Qué bien la entendía. Demasiado bien quizá, para su propio bien. – Sí que dan ganas de verano. – Sobretodo porque precisamente era en La Provenza donde más se soltaban, donde pasaba eso de confundir el sueño con la realidad y no saber bien cuál estabas viviendo ni cuánto duraría. Se dejó caer un poco de nuevo sobre él, sintiendo sus manos donde las tenía antes, como si fuera su lugar natural. – Pues para ser tan intrincado lo has resumido muy bien con ese deseo de que fuera verano. De lo que habla el poema es del deseo de que los sueños no se acabaran. Aunque sepas que lo van a hacer. – Ante la amenaza de ponerse intensos de nuevo, se tuvo que reír a lo que dijo de los sueños que no se podían contar. – Ni te lo imaginas, O'Donnell. – Volvió. cerrar los ojos para recibir el sol y se dio con el índice en la sien. – Esta cabecita inventa de todo. – Y Marcus no era muy sesudo para travesuras ni cosas prohibidas, perversas o de la índole que había soñado Gal aquella mañana. Amplió la sonrisa por un lado, con expresión pilla. – De los que no se pueden contar, obviamente, pero te doy una pista. El Lago Negro está implicado. – Sí, bueno, podía hacer lo que hacía siempre, contar las cosas a la mitad, sin mentir, pero sin contarlo todo y ya está.

Pero la siguiente propuesta lee encantó. Los jueguecitos, más aún con Marcus – Ya estoy dentro. – Dijo incorporando un poco el cuerpo y girándose totalmente hacia Marcus, porque no hacía falta mucho para que Gal se metiera de cabeza en algún juego-reto, más difícil y más divertido que él le propusiera. Escuchó atentamente la historia, muerta de risa cuando contó lo de que Lex quería llevarse una de las escobas. – Desde luego que si hubiera que decir una sola cosa que despierta algo de vida en tu hermano, es el quidditch. – Y seguía riéndose imaginándose la escena. Cuando paró de reírse, volvió a limpiarse las lágrimas y carraspeó. – Vale, vale, creo que lo sé. A ver. – Enfocó los ojos de Marcus y enumeró con los dedos. – Si lo adivino, lo hago yo, si fallo, tengo que darte otra pista de mi sueño ¿Estamos? – Luego enumeró con los dedos. – Lo de verdad es que tus abuelos os llevaran al pueblo y todo lo de la tienda, porque me pega mucho con tu abuela querer enseñaros algo así, y tu abuelo regañadientes pero aceptando. – Entornó los ojos. – El sueño es lo de que Lex quiera volar una escoba muggle y lo consiguiera, porque no se me ocurre cómo un niño tan pequeño pudiera hacerlo de verdad. Y la mentira es que cogieras la varita de tu madre y estallaras hasta los cristales de tu casa. Es que no eres ni capaz de soñar con ser tan travieso, cuanto menos con incendiarle la escoba a tu hermano. Es que ni de casualidad, vaya. – Y se echó a reír de nuevo, apoyándose en su pecho. – Claro, que si yo al hubiera liado así de grande en tu casa, también estaría llorando con la posibilidad de que me pille tu madre, vamos. – Igual a su padre le había pasado algo parecido.
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Sáb Mar 27, 2021 1:12 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
- Ja ja. - Respondió irónicamente a su burla. - Es muy fácil llamarlo a uno regañón cuando le dan motivos. Si tú no estuvieras todo el día ideando maldades, sino aquí tranquilita tomando el sol y leyendo como ahora, yo podría ser un prefecto relajado. - Arqueó las cejas para enfatizar lo dicho. Desde luego que allí se estaba divinamente bien, pero como habían hecho notar antes, en Inglaterra los días de sol no abundaban. ¿Qué iba a hacer sin su divertimento particular en los días de mal tiempo, que eran la mayoría? Pero con lo siguiente tuvo que reír. - ¿Y por qué iba a darte miedo que los sueños se cumplieran? - Dijo inclinando un poco el tronco hacia delante y asomando la cabeza como si le buscara la mirada desde su posición. - Miedo me da lo que tú sueñas para que digas eso. - Volvió a recostarse con una sonrisa y dijo. - Pero sí. Un poquito loca sí que estás. - Pero era parte de su encanto, al fin y al cabo. Aunque ese "ni te lo imaginas" y ese "esta cabecita piensa de todo" le intrigó tanto como le dio escalofríos... Si bien no podía evitar esa sonrisita de lado.

- Uh. - Dijo ante la pista, con fingido miedo aunque escapándosele una risita. - Cabeza que piensa de todo, sueños, cosas que no se pueden contar, Lago Negro y una Alice loca. Miedo es poco lo que tengo. - Chasqueó la lengua, mirando hacia arriba con chulería. - Pero vamos a pensar que este prefecto tan bien anclado a la tierra no va a dejar que corras ningún peligro innecesario, así que estoy deseando saberlo. Ya valoraremos luego si es potencialmente cumplible o no. - Tratándose del Lago Negro y de Alice, probablemente no.

Sabía que Alice iba a entrarle de lleno al juego, hasta se había incorporado para atenderle con esa curiosidad infantil que la desbordaba, tan Ravenclaw, y con esos ojos, igualmente Ravenclaw, abiertos e ilusionados. Como para no proponer mil y una tonterías, siempre merecían la pena. Apenas podía contarla entera sin que se le escapara la risa, y solo porque la estaba viendo a ella desternillarse (y porque ciertamente era divertida). Asintió enérgicamente a su propuesta y la confirmó. - Estamos. Entrecerró los ojos, esbozó su sonrisita y se mojó los labios mirándola, evaluando y deseando ver si acertaba o no, aunque estaba seguro de que no. Se lo había puesto más complicado de lo que parecía. Soltó una carcajada ante lo que dijo de su madre y, cuando paró de reír, siseó un poco, moviendo la cabeza hacia los lados para dar expectación a su veredicto. - Tiene mucho sentido lo que dices... Tiene mucho mucho sentido... Pero... - Arqueó las cejas. - ¡Mec! Te has equivocado, y además de todas todas, porque no has dado ni una. - Dijo entre risas, y luego suspiró, abriendo los brazos en cruz con una soberbia caída de ojos, sabiéndose ganador. - Así que ve pensando en tu próxima pista, Gallia. - Dejó caer las manos sobre sus rodillas y sonrió satisfecho. - Pero antes, te concedo el honor de saber lo que ocurrió de verdad. - Y se reacomodó para narrar de nuevo.

- Resulta que en las navidades en las que yo tenía siete años y Lex tenía seis, mi tía Erin le regaló a Lex una escoba infantil, porque sabía lo mucho que le gustaba el quidditch y que era bastante ágil, para que fuera practicando. No sé como giró el tema, pero mi abuelo, que había empezado hacía poco a moverse por entornos muggles, dejó caer que si sabíamos para qué usaban los muggles las escobas. Lex perdió el interés por el tema en cuanto supo que la respuesta no era "para volar", pero yo no paré de soltar hipótesis. Lo último que me imaginaba era que la respuesta fuera para limpiar el suelo. - Rio. - La cuestión es que estaba tan asombrado con eso que empecé a insistirle a mis padres con que quería ir al mundo muggle para ver qué otras cosas raras hacían con nuestros objetos. - Se encogió de hombros. - Mis padres me dieron largas, pero mi abuela Molly me dijo "un día nos vamos a ir los cuatro de excursión", y claro, ya estaba yo todo emocionado con eso. Tan emocionado que esa noche soñé que iba con mis abuelos a un pueblo muggle y entrábamos en una tienda de escobas, Lex se ponía pesado con que quería una y yo iba al dependiente para que le dijera a mi hermano que esas escobas no servían para volar. Esa parte, era el sueño. - Esbozó una triunfal sonrisita infantil. - Al final conseguí que me llevaran al pueblo muggle, pero fui con mis padres y meses después. No era tan atractivo como yo me lo imaginaba. - Se había pasado demasiado tiempo imaginando y cuando fue, todo era mucho más aburridamente normal de lo que había fantaseado.

- Por otro lado. - Continuó. - Con la susodicha escoba regalada, uno de los días ya en primavera, efectivamente, Lex se puso a voletear por el jardín. Yo estaba jugando tranquilamente con mis juguetes y empecé a quejarme porque pasaba demasiado cerca de mí y me lo tiraba todo, y me iba a hacer daño como calculara mal. Pero ya sabes cómo le gusta provocar a Lex. - Y lo fácil que era provocarle a él, dicho sea de paso. - En una de esas me enfadé y Lex, para vengarse porque no dejaba de regañarle, se llevó uno de mis juguetes volando por ahí. Ni que decir tiene que perseguir por el suelo a alguien que vuela con la agilidad y la velocidad de Lex, por mucho que no cogiera demasiada altura, es inútil. Me cabreó tanto que, harto ya, entré en la casa, cogí una de las varitas de mi madre y me puse muy bien puesto a decirle que papá me había enseñado a hacer fuegos y que, o se bajaba de la escoba y me devolvía mi juguete, o se la quemaba. Obviamente ni sabía hacerlo ni, aunque supiera, lo iba a hacer. - Se encogió de hombros. - Pero claro... El enfado se me había ido un poco de las manos y solo con coger la varita me puse aún más nervioso, porque a mí en mi sano juicio jamás se me hubiera ocurrido coger una varita de mi madre. Pero me tenía de los nervios. ¡Y yo no iba a hacer nada! Solo era una amenaza vacía, le quería impresionar en modo hermano mayor, pero él pasó de mí olímpicamente, lo cual me enfadó aún más... Y, de repente, estallaron los cristales. - Abrió mucho los ojos. - Casi. Me da. Algo. - Dijo lentamente y le atacó una risa avergonzada, llevándose las manos a la cara. - Dios, me quería morir. - Separó un poco los dedos y miró a Alice entre estos. - Y no le vista la cara a mi madre cuando salió al jardín a por mí... - Negó con la cabeza. Lo recordaba y se le ponían los pelos de punta. Volvió a reír y se quitó las manos de la cara. - Me cayó el castigo de mi vida, por los siguientes motivos. - Empezó a enumerar con los dedos. - Por no tener paciencia con mi hermano pequeño. Por coger un objeto de mamá sin permiso. Porque ese objeto fuera una varita, sin yo saber hacer magia. Por amenazar a mi hermano. Y, por supuesto, por romper los cristales de la casa. - Ladeó la cabeza. - Ni que decir tiene que no volví a tocar una varita hasta que tuve que comprarme la mía en Ollivanders. - Rio un poco y alzó un índice. - Eso sí, a mi hermano también le castigaron: por provocar a su hermano hasta el punto de ponerle así, por aprovecharse de alguien que no está en posición de defenderse de él para robarle y por no hacerle caso a su hermano mayor cuando le dijo que tuviera cuidado con como volaba. Aunque mi falta era bastante más grave. - Suspiró en silencio. - En mi defensa diré que esa ha sido, con diferencia, la mayor liada de mi infancia. - Dijo entre risas. - Pero la única. Que yo siempre fui un niño muy bueno, eso es verdad. Y también es verdad lo de que me llevé un susto de muerte y acabé llorando nada más por verle a mi madre la cara. - Ahora se podía reír, pero se pasó una semana martirizándose por eso en su día. Y llorando.

- Lo que no era verdad, sino invención mía, era que quisiera prenderle fuego a la escoba de mi hermano, obviamente, yo nunca haría eso; lo de que fuera una escoba muggle, porque mi hermano como bien dices no podía conseguir eso con seis años; y lo de que fuera una escoba robada. Lo mata mi madre si hace eso. - Rio. Y ya con su anécdota terminada, se reclinó de nuevo, muy satisfecho, y se cruzó de brazos con una sonrisa expectante. - A ver esa pista. Aunque si me quieres contar otro sueño-anécdota como el mío soy todo oídos. Pero primero la pista. -
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Sáb Mar 27, 2021 10:26 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Entornó los ojos y chasqueó la lengua y cuando le echó en cara sus travesuras. – Marcus, Marcus... ¿Qué harías tú sin mis locuras? – Deslizó el dedo por el puente de su nariz, mientras sonreía y le miraba a los ojos. – Aburrirte como una ostra. El sol necesita a la luna, si no, nadie se acuerda de él... Y la luna necesita al sol. Si no, no brilla. – Lo estaba diciendo en tono broma, pero había días en que, si lo pensaba fríamente, llegaba a esa conclusión de verdad. Que sí, que serían muy contrarios pero... Les iba bien juntos. – No, no estoy loca. Soy curiosa y disfruto de la vida, ¿qué más? – Terminó con una sonrisita orgullosa.

Pero se concentró en su rostro para ver si había acertado... Y no. Dio una sacudida y puso cara de falsa ofensa. – ¡Joe! Era una teoría perfecta, admítelo. – Y lo admitió, pero eso no quitaba que estuviera equivocada. Escuchó la explicación, que más o menos había empezado en la dirección que ella lo había llevado, pero entonces Marcus describió su sueño. Contuvo una carcajada y entornó los ojos. – La verdad es que pensé que soñabas un poquito más a lo grande, tío. – Más que con una tienda muggle normal y corriente. Pero apretó los labios y siguió escuchando. Entrecerró los ojos. – Eh, yo vivo en un pueblo muggle. En una barriada de magos, pero el pueblo es mono, y los muggles son entretenidos. Trabajan de más, pero inventan muchas cosas, a mi padre le chifla cada vez que vamos al centro. – Soltó un suspiro ofendido. – Claro, ¿y qué sabía yo de lo de la escoba de tu tía Erin? Me lo has vendido como un sueño, publicidad engañosa es esto. – Pero en seguidas se tuvo que empezar a reír de imaginarse a Marcus todo ordenado con sus juguetes y el otro vuela que te vuela por encima. – Tu hermano parece soso pero esta hecho un vacilón. – Le hacía demasiada gracia la estampa. Pero abrió mucho los ojos cuando dijo que la realidad era lo de la varita. – No. – Contestó abriendo la boca en una sonrisa. – No, no, no, no... No te creo en absoluto. – Se rio sorprendida tapándose la boca. – O sea, suena a algo mío al cien por cien. – Y vuelta a reírse hasta llorar cuando dijo que casi se moría. – No, ni que lo jures, es que no te imagino. – De nuevo se interrumpió por su propia risa. – Hay que ver con el prefecto O'Donnell. – Se limpió las lágrimas y enfocó su mirada, levantando la mano para acariciarle la cara. – Pobrecito, me das mucha lastima. – Dijo sacando el labio inferior en un puchero. – Tú no tienes madera para aguantar esas broncas y esas emociones tan fuertes. – Es más, lo que más le dolía de más pequeños cuando se metía en algún lío y Marcus estaba por ahí, era que le cayera bronca a él también. Se tuvo que reír. – Me encanta que en tu casa se repartieran los castigos como en los sistemas de puntos de Hogwarts. Eso sí, tu hermano se lo merecía, las verdad. – Negó con la cabeza y entornó los ojos. – No y es que encima la invención estaba repartida por el relato... Como para enterarme de algo, madre mía. Pero ya no me pillas más.

Claro, que antes tenía que cumplir su propio trato. Apretó los labios, mordiéndoselos por dentro y sonrió un poco. – Hay que honrar los retos. A ver, que piense la pista. – Tenía que ser prudente. Debería ser prudente. Pero con Marcus mirándola... No le apetecía ni un poquito ser prudente. Era culpa de esos ojos verdes y ya está. Se llevó el índice a la barbilla como si pensara y oteó el cielo azul. – Veamos... Mi sueño... Empezaba en el Lago Negro y terminaba... – Enfocó los ojos de Marcus y puso una sonrisa pícara. – En el baño de prefectos. – Arqueó las cejas y le miró de medio lado. – Va, dame otra oportunidad de adivinar. Y así si pierdo ya tendré que darte otra pista... Y ya vas a tener una buena cantidad dee pistas. Aunque te advierto que voy más preparada.
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Dom Mar 28, 2021 12:42 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Rio con suavidad, arrugando graciosamente la cara cuando le tocó la nariz y acercándose a ella. - ¿Insinúas que nadie se acordaría de mí si tú no estuvieras? Me das un disgusto. - Bromeó, y ladeó la cabeza. - Es broma... Y yo creo que tú tienes tu propia luz para brillar, chica luna. - No era la primera vez que se decían esas cosas, pero sí la primera vez que no estaban completamente solos. Se estaba acostumbrando... Y estaba bien. ¿Qué tenía de malo decirle algo bonito a tu amiga? Se apreciaban y se querían, ¿no? ¿No se lo podían decir? ¿Es que era malo? Pues ya está.

Fingió ofenderse, irguiéndose en su posición. - ¡Y sueño a lo grande! A ver, señorita "no estoy loca soy curiosa", que tenía siete años. Y el sueño involucraba ir a un mundo para mí totalmente desconocido, separarme de mis abuelos para explorarlo y arriesgarme a hablar con un habitante local para demostrarle una teoría a mi hermano. ¿Te parece poco? - Dicho así parecía toda una odisea, en lugar de lo que era: básicamente ir a una tienda de escobas y preguntar si se puede volar con ellas. No era para tanto, pero Marcus tenía que hacerlo todo muy grandilocuente. A su respuesta entrecerró los ojos y se acercó mucho a ella, poniendo su rostro a un palmo del suyo con una muequecilla infantil. - Ah, ¿sí? Pues a ver cuándo me llevas. - Una excusa como otra cualquiera para verse fuera de Hogwarts. Ladeó la cabeza. - Si tan mono y tan interesante es, llévame este verano. - Ahí quedaba la oferta.

Abrió los brazos y se encogió de hombros con teatralizada incomprensión, mirando a los lados. - ¿Acaso no consistía en eso el juego? De engañosa nada, la idea era que yo te lo vendiera todo como un sueño y tú averiguaras qué es verdad y qué no. Pierda usted con deportividad, Señorita Gallia. - Dijo devolviéndole el toque en la nariz. A medida que iba narrando la reacción de Alice era justo la que esperaba: risa y sorpresa. En su momento pasó un mal rato de los gordos, pocos peores recordaba, pero ahora con el tiempo era bastante gracioso. Aunque tenía que mantener su imagen de niño que lo ha pasado muy mal, por lo que tan pronto su amiga le acarició la cara, hizo un pucherito y asintió, mirándola con ojos tristes, y negando después para confirmar que, efectivamente, él no tenía madera para aguantar broncas. - Eh, bueno, lo de las broncas vale, pero yo aguanto las emociones fuertes que me eches. - Dijo cambiando automáticamente al tono chulesco, aunque eso no tuviera ni pizca de verdad.

Abrió los ojos ladeando la cabeza. - Tú dices que yo soy disciplinado, ¿de dónde te crees que me viene? No has visto a mi padre dando sermones educativos a cada mala conducta... Ni a mi madre castigando. - Que él no es que hubiera necesitado muchos castigos, pero las miradas de su madre enfadada... Eso te hacía portarte bien en el acto. Ni Alice hubiera llevado a término una travesura de encontrársela. Rio. - Pues díselo a él, aunque yo creo que ni se acuerda, el trauma me lo llevé yo. Este que está aquí se pasó una semana llorando por el susto y la culpabilidad, la misma semana que Lex se pasó sin dirigirnos la palabra a ninguno, aunque eso de retirar la palabra lo extrapoló a todo el mundo. Yo estaba descompuesto, Lex nos miraba como si nos quisiera echar una maldición. - Ninguno de los dos llevaba bien que se les regañara, pero por motivos y con reacciones muy distintas.

Se encogió de hombros con una muequecita en los labios. - Somos Ravenclaw. Deshonra sobre ambos si te lo hubiera puesto fácil. Venga ya, no te hagas más de rogar. - Instó, pinchándole un poquito las costillas con el índice. Quería su pista, porque ya le había picado con lo del sueño. Aunque fuera una tontería, ya lo quería saber. Escuchó con una sonrisa pero automáticamente se le compuso una cara de sorpresa, con los ojos muy abiertos. - Pero si tú ahí no puedes entrar... Ah, claro, olvidaba que eras tú. - Añadió, relajando la expresión y convirtiéndola en una más burlona, rodando los ojos y ladeando una sonrisilla. - Y encima un sueño, que tienes vía libre para hacer lo que te dé la gana... Lo dicho, miedo me da. ¿Qué estabas haciendo? ¿Intentar llevarte una sirena del lago a una de las bañeras para haceros amigas? - Dijo entre risas. Pero ya al menos iba hilando por dónde podía ir el sueño, quería pensar.

- ¿Otra vez? Te estás aprovechando de mí. Tú lo que quieres es sacarme todos los sueños y no contarme el tuyo. - Replicó, pero sin ningún convencimiento sobre la queja, porque se reacomodó en el banco con expresión de quien está relajadamente tomando el sol y suspiró. - A ver, déjame que piense... - Se mojó los labios, mirando hacia arriba con los brazos cruzados, pensativo. Al cabo de un par de segundos, chasqueó los dedos. - Lo tengo. Y si la otra era difícil, prepárate a esta. Y prepara la pista, ya de paso. - Contestó muy chulito. Se lo pensaba poner muy complicado. - En este sales tú. - Arqueó las cejas. - Así que, si tiras de memoria y de lógica, lo puedes acertar. Pero precisamente por eso, porque lo puedes acertar, te lo pienso poner más enrevesado. - Y mejor iba al grano y no le daba ya más pistas. Se aclaró la garganta y se reacomodó en su asiento una vez más. - Habíamos ido a casa de mis abuelos porque era el cumpleaños de mi tía Erin. Le íbamos a regalar el tarro de conchas que cogimos en la Provenza, pero tú te empeñaste en dejárselo en su cama para darle una sorpresa en vez de dárselo en mano. Una mentirijilla de las tuyas, solo querías husmear. - Le dijo entrecerrando los ojos. - Intenté retenerte, pero para no variar, no me hiciste caso. Yo te decía "Alice, que mi tía es magizoologa, que podría tener cosas peligrosas en su cuarto" y tú dándole toda la vuelta a la frase, que seguro que tenía cosas muy guays. - Suspiró con exagerada resignación. - Total. Efectivamente, te pusiste a toquetearlo todo hasta que dijiste, "uy, aquí hay un libro que tiene pelo"... - Asintió, con los ojos muy abiertos. - Efectivamente. El monstruoso libro de los monstruos. Nada más que lo tocaste, el libro dio un salto y empezó a perseguirnos a los dos, dando dentelladas en el aire. Salimos corriendo y yo me fui al jardín, asustadísimo, huyendo despavorido de esa cosa y dando por hecho que venías detrás mía... Pero no. Mi tía Erin me alcanzó y me tranquilizó, pero... Un momento, ¿dónde está Alice? - Abrió mucho los ojos, con una pausa dramática. - ¿Tú no querías cuentos de terror? - Bromeó, dejando una risa escapar, y prosiguió. - Me puse como un loco a buscarte, y, ¿sabes dónde estabas? Metida en un tarro. En vez de salir corriendo detrás mía, le habías echado un engorgio a uno de los tarros de su habitación y te habías metido dentro. Solo se te veían los dos ojitos así. - Abrió mucho los ojos y se los rodeó con los dedos, emulando unas gafas. Luego se echó a reír. - Todos estaban preocupadísimos, pero entonces tuve una idea. "¡Tía Erin, dame tu varita!". Claro, con once años no podía hacer magia fuera del castillo, pero según mi sueño, si la varita era de una mayor de edad... No pasaba nada. - Claro, tenía todo el sentido. Solo de pensarlo se echó a reír. - No sé ni qué hechizo era, creo que mi cerebro se lo inventó por completo. Pero te saqué del tarro. Y entonces, y agárrate porque aquí viene la mejor parte. - Alzó un dedo índice. - Me dijiste, palabras textuales. "Gracias, Marcus, eres el mejor amigo del mundo y el mejor mago. He aprendido la lección, ya no volveré a portarme mal. A partir de ahora, te haré caso siempre". - Arqueó varias veces las cejas y, con una sonrisa fruncida de oreja a oreja, preguntó. - ¿Qué ocurrió, qué soñé y qué me he inventado? -
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Dom Mar 28, 2021 5:50 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Sonrió un poco embobada cuando le dijo lo de que brillaba con luz propia. "Pues alguien que me escuche" les había dicho a los amigos de Theo que quería de un chico. Y Marcus siempre lo haba tenido claro con ella, que brillaba con luz propia. Y eso la hipnotizaba, le hacía admirarle y quererle aún más, completamente embelesada con su visión. – Me gusta lo de chica luna. – Dijo dulcemente. Parpadeó y soltó una carcajada, apartando los pensamientos de su mente y limitándose a las bromas, que, al fin y al cabo, era el tono en el que estaban. – Sí que me parece poco la verdad, si supieras los sueños locos que tengo yo. – Dijo frotándose los ojos y volviéndose a reír. Qué imaginación tan ordenadita tenía. No limitada, solo demasiado... Cuadriculada. Vamos, Marcus siendo Marcus.

Se quedó un poco paralizada cuando le tuvo tan cerca de golpe. Sonrió, tratando de mantener la respiración a un nivel normal, aunque era consciente que su pecho subía y bajaba agitado, solo un poquito disimulado por la chaqueta. – Puedo llevarte en Pascua si quieres... Si te aburres y no tienes nada mejor que pedir que te traigan a Guildford... – Y la sola idea le puso de buen humor y la hizo recogerse un poco en sí misma con una sonrisa. Recuperó un poco el tono bromista. – Ya vengo avezada, esta vez no perderé. – Dijo muy puesta ella. Se tuvo que reír con lo de los castigos, y le miró ladeada cuando dijo lo de las emociones fuertes. – Eso quieres hacerte creer a ti mismo, pero, admítelo Marcus, tú solo puedes con las emociones en comedidas dosis. – Dijo con condescendencia y acariciando un poco más su rostro. En el fondo sabía que a Marcus le gustaba un poquito el riesgo, que le veía su puntillo, pero se quedaba un poco oculto entre capas y capas de regañinas, normas y paranoia. – Yo, por mi parte, admito que me gusta que me propongas un retito intelectual. – Le encantaba.

La primera reacción que tuvo con la contestación de Marcus a su pista fue reírse a carcajadas. – ¿Ves como no se te puede contar nada? – Volvió a las carcajadas y paró solo para decir con retintín. – No puedes quitar puntos por infracciones cometidas en un sueño, ¿no? – Ladeó la cabeza rápidamente a ambos lados y entrecerró los ojos. Porque... Desde luego que tendría que quitárselos a sí mismo por la cantidad de cosas prohibidas que había acabado haciendo. Soltó una carcajada seca a lo de la sirena y negó con la cabeza. – Qué va, qué va, no va por ahí. – Sabía que Marcus iba a estar bastante alejado de imaginar lo que habría imaginado ella solo con esos dos datos. Aunque... En La Provenza... No le había costado tanto adaptarse a la situación y a su ritmo en el lavadero... Mejor no pensaba en eso porque no estaban precisamente en Saint-Tropez. – Pero obviamente, si quieres que te cuente lo que pasaba, te lo tendrás que ganar. – Dijo con una sonrisa, siendo ella esta vez la que se acercó peligrosamente a su rostro.

Se concentró y escuchó la historia. Vaya, aquí estaba ella liada, así que sabría a ciencia cierta lo que era verdad por lo menos, ahora solo le quedaba distinguir apropiadamente lo que era sueño y lo que era mentira. Pero Marcus era un experto armando galimatías lingüísticos y dándole mil vueltas a los detalles, porque claro, como extremo detallista que era, sabía luego retorcerlos y mezclarlos. Suspiró y se apoyó con el codo en la rodilla de Marcus, dejando caer la cabeza sobre su mano, resoplando como si estuviera rendida. – En esto juegas nivel experto, prefecto. Y yo pensando que por estar yo implicada lo iba a saber mejor. – Estrechó los ojos y empezó a enumerar. – Vale, lo del cumple de tu tía Erin es verdad, y lo de querer regalarle las conchas también. Lo recuerdo perfectamente. Lo traje de Saint-Tropez como si fuera un tesoro. – Dijo con una risita. Estrechó los ojos y le señaló. – Y ahí acaban las verdades. Mentirosillo. Porque el resto de cosas que cuentas no pasaron como dices. Porque recuerdo perfectamente cuando me quedé encerrada por echar un engorgio donde no debía y no fue en un tarro en casa de tus abuelos. Y lo del libro ese que muerde se lo cuentas siempre a los de tercero que empiezan Cuidados para asustar. Así que creo que has hecho un mix. Y como has hecho un mix, sabiendo que yo sabía qué haba pasado de verdad, deduzco que justo esos dos episodios son sueños, que esta cabecita tuya – dijo tocando su frente con el dedo –, produjo para meterte miedo. – Se encogió de hombros y puso cara de evidencia. – Lógicamente, la mentira es que cogieras la varita de tu tía Erin, primero porque sabías perfectamente que no podías, y segundo, porque después de la que te debió caer cuando te cargaste los ventanales de tu casa no creo que te quedaran ganas de hacer el tonto. Y también es mentira esa frasecita tan resabiada del final, obviamente. – Se acurrucó un poco en aquella postura tan cómoda y cercana que tenían y sonrió. – Aunque eres el mejor amigo del mundo y un gran mago. Lo demás pues... – Se encogió de hombros con una sonrisita pilla y ladeó la cabeza como una niña inocente. – ¿Y bien? ¿Cuánto he acertado esta vez?
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Dom Mar 28, 2021 7:10 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Asintió sacando un poco el labio inferior. - Me parece genial. Apuntado queda para Pascua. - Sonrió, y ya iba a hacerle una burlita por esa seguridad de Alice de que no iba a perder cuando le dijo lo de las emociones. - ¿Perdona? ¿Acaso no te he demostrado que puedo con las emociones fuertes? - ¿Qué has querido decir con eso, Marcus? Se preguntó automáticamente. Siempre podía reconducirlo a cualquier cosa a la que Alice le hubiera arrastrado, que no tenía por qué ser... En fin. Será que no le había arrastrado la chica a cosas en esos seis años. También podía dejarlo como un comentario chulito de los suyos y ya está. Para disimular, chistó y ladeó la cabeza un par de veces. - Todo es mejor en comedidas dosis, Alice, ahí está la clave del éxito. - Porque después a él no le gustaba ir a lo grande, que va.

A las carcajadas de Alice se sumaron las suyas propias cuando dijo lo de que no podía quitar puntos por infracciones en sueños. - A ver... Depende de si tienes intención de cumplirlos. - Arqueó una ceja. - Conociendo esa cabecita tuya, si está en tu sueño... Está en tus planes. - Que a Alice se le ocurrían muchas ideas tan peregrinas que no le extrañaría nada que más de una la hubiera sacado de un sueño. Al parecer, no iba por el tema sirenas. Arqueó ambas cejas y la miró echando el cuello hacia atrás. - Que me lo tendré que ganar. ¿Acaso no lo estoy haciendo desvelándote mis sueños y confesando mis pasajes más oscuros? - Volvió a chistar y a negar con la cabeza con desaprobación. - Tiene usted un gran rostro, Señorita Gallia. - Bromeó.

La miró con expresión interesante cuando se apoyó en su rodilla, tratando de averiguar por su expresión si tenía la más leve idea de por donde tirar con su historia. Su primer comentario le hizo reír con los labios cerrados y hacer una chulesca caída de ojos. - Yo todo lo hago en nivel experto. Y piensa que si no te considerara una digna oponente, no me molestaría en complicarlo tanto. - Eso era verdad. Alice era muy inteligente, o complicaba las cosas, o no tendrían ningún misterio para ella. Escuchó atento su razonamiento, pero lo de mentirosillo le hizo soltar una carcajada divertida, mientras la seguía escuchando hablar. - Eh eh, ¿cómo que para asustar? Lo que hago es prevenir, porque el Profesor Kowalsky vive en su nube particular y debe considerarlo otro de sus bichos adorables. Un día un alumno va a perder una mano y lo vamos a lamentar. - Es que vaya libro de lectura obligatoria, en serio. Solo se le podía ocurrir a ese ser de los bosques disfrazado de profesor.

Rio como un niño cuando le tocó la cabeza, aunque se hizo el digno una vez más. - Y dale con el miedo. - Como si no fuera verdad y él no reconociera abiertamente las cosas que le daban miedo. Pero la referencia a cargarse los ventanales de su casa le arrancó una carcajada sincera y casi estruendosa. - Ahí me has pillado. - Desde luego que eso no podía pasar en la vida real. ¿Marcus haciendo magia fuera del castillo? Muy de vida o muerte tenía que ser la cosa, y menos aún con la varita de otra persona. Y una vez más volvió a reír, y a tratar de disimular chistando con fingida decepción, con lo de la frasecita resabiada. Cuando le pidió el veredicto, asintió lentamente con expresión impresionada. - Sorprendentemente, y aunque con matices... Todo. - Arqueó las cejas, mirándola. - Estoy impresionado. - Miró hacia arriba en una teatralizada pose pensativa y siseó. - Aunque... ¿Estás segura de que nunca me has dicho que soy el mejor del mundo y que me prometes que vas a portarte súper bien? - Se tuvo que reír incluso antes de que le contestara. - Mira, para mi desgracia, no me lo dices ni en mis sueños. - Ahora fue él quien se apoyó con los antebrazos cruzados en las rodillas de la chica y la miró con una sonrisa fruncida en los labios y los ojillos entrecerrados. - A pesar de que me has llamado mentirosillo cuando te estaba contando mi sueño, he de reconocer que has atinado bastante. ¿Ves como merece la pena ponértelo difícil? - Se mojó los labios y ladeó la cabeza. - Oye... - Empezó, utilizando su mejor tono de convencer. - Yo creo que me lo he currado bastante con mis historias, ¿no? Me merezco más pistas de ese sueño... O al menos que me cuentes tú una tuya. - Se arrastró un poco por el banco para recortar la distancia con ella con toque divertido. - Va, venga. Quiero burlarme de los sueños locos de Alice Gallia un poquito. Aunque con la de locuras que haces en tu vida real, me va a costar diferenciarlas. -
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Dom Mar 28, 2021 8:03 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Por un segundo, cuando dijo lo de las emociones fuertes, el corazón se le saltó un latido y se quedó enganchada en sus ojos, con los labios ligeramente separados. – Sí. – Respondió simplemente. Porque de repente, entre el sueño, el recuerdo de La Provenza en verano, el campo de lavandas, el desván... Le habían entrado una ganas de besarle que no podía por ellas. Así que, como siempre que le pasaba eso, apretó los dientes, cogió aire, e hizo como que nada, sonriendo. volvió a reírse, bajando la mirada, un poco azorada con lo de hacerlos realidad. – Bueno, yo no me preocuparía por eso... No es un sueño que puedas planificar precisamente. Y dudo que se dé la circunstancia. – Y ya, que estaba dando muchas pistas. Se mordió el labio riendo. – Pobre profesor Kowalsky, me da ternura. Además, adora a la profesora Mustang, siempre está rondando el invernadero... Solo por eso se merece mi cariño. – Otros que, quizá en otra vida, hubieran tenido una oportunidad. Ladeó la sonrisa y apoyó la cabeza directamente en la rodilla de Marcus, mirándole desde allí. – Admite que te gusta un poquito meterles miedo a los d tercero en tu papel de prefecto muy curtido en la vida y la magia. – Y a ella le encantaba cuando se ponía en ese plan, le hacía mucha gracia y le daba ternura como Marcus quería ser sabio y curtido sin haber llegado aúna. los diecisiete. Siempre tenía prisa por todo en la vida. Desde allí le guiñó un ojo cuando le dijo que era una digna oponente. Lo sabía, esa era la gracia de su relación y su tira y afloja.

Dio un saltito con un gritito, sentándose bien en el banco y levantando las manos. – ¿En serio? ¡Buah! ¡Sí señor! Punto para la señorita Gallia de mucho rostro. – Dijo sacando los morrillos y una mirada de superioridad. Se dejó sentar otra vez y miró divertida a Marcus. – Bastante segura. Pero quizá algún día lo diré, quién sabe. – Le miró embelesada apoyarse en sus rodillas. Con esa carita, en verdad, podría pedirle lo que quisiera y lo haría, pero mejor no se lo decía o no lo dejaba ver, porque capaz era de pedirle que se hiciera prefecta o que no volviera a romper una sola norma, y eso se le iba a hacer bastante difícil. Lo que no pudo evitar fue acariciarle los rizos mientras le sonreía. Se puso un poco colorada cuando se acercó a ella, y aún un poco atontada, con esa sonrisa que no se le iba de la cara, se encogió de un hombro y dijo. – Veamos... Tengo muchos sueños, a ver qué puedo contarte. – Entornó los ojos. Quizás era un buen momento para meter parte del sueño (la parte no conflictiva) y cerrarlo con eso cuando le revelara qué era cada cual. Sí, eso iba a hacer.

Pues empezaba en el Lago Negro. Yo estaba intentando coger unas algas que me venían muy bien para Herrbología por medio de un hechizo, y entonces estaba metida en el agua, con el uniforme, hasta la cintura. Pero tú me encontrabas, yo te decía que estaba bien, pero tu te ponías hecho un energúmeno y venías al agua, y tratabas de llevarme, y yo que quería mis plantas, que no me iba sin ellas. Entonces te enfadabas y me levantabas de la cintura para llevarme a la orilla. Justo entonces hacía así – dijo abriendo los brazos y subiéndolos hacia arriba, mirando al cielo –, y me convertía en un búho. Volaba y volaba, viéndolo todo desde mucho más alto que en una escoba, y me llevaba el viento, como a mí me gusta, hasta que llegaba a mi casa, y en jardín estaba mi padre. Y entonces él no se daba cuenta de que el búho era yo, y me lanzaba un hechizo y yo me caía. – Bajó los brazos y echó teatralmente la cabeza hacia atrás. – Pero como era un sueño, cuando abría los ojos ya no estaba ahí, estaba en el techo de mi habitación de Saint-Tropez, flotando, con la tata pegando chillidos y mi padre intentando bajarme sin tirarme. – Dijo riéndose a carcajadas. – Y cuando me bajaba, salía corriendo y tú me estabas esperando en la puerta, te daba la mano y te llevaba a la cueva de las medusas, y de repente era el atardecer, y con esa luz, en la cueva, encontrábamos un cristal rojizo brillante, y yo este decía "es un trozo de piedra filosofal" y tú me rebatías y me decías que era un cristal normal que solo reflejaba la luz del atardecer. – Se acercó a él. – Entonces subía la marea, y yo tenía que agarrarme a ti porque la cueva se empezaba a inundar. – Dijo pasándole el brazo por detrás del cuello y pegándose a él como cuando nadaban. – Y me sacabas de allí, dejándome en la arena. – Se separó y le miró, mordiéndose el labio y jugueteando con la trenza entre los dedos. – ¿Qué es verdad, que me he inventado y qué he soñado?
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Lun Mar 29, 2021 6:37 am

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Lo de que el sueño no se pudiera planificar era un impedimento para él, pero no para Alice. Aun así, simplemente se encogió de hombros con una sonrisa, cada vez más intrigado, aunque en cierto modo más tranquilo porque hasta la propia chica reconociera que era demasiado locura como para llevarlo a cabo. Que se estaba viendo metido en una trastada de dimensiones épicas antes de que acabara el domingo.

El comentario sobre los profesores le hizo abrir ligeramente los ojos con sorpresa y esbozar una sonrisilla. - Ah, ¿sí? - Rio. - Vaya, he ido a no cogerme justo las asignaturas de los cotilleos. Y sí, será todo lo tierno que tú quieras, pero es tierno nivel Hufflepuff: inconsciente. Y quizás lo que esté haciendo sea intentar compensar a la Profesora Mustang después de que uno de sus murtlaps se escapara y se comiera sus petunias. Que hasta yo me enteré de ese drama. - Había sido hacía dos años y se habría reído más si no estuviera esperando a que le confirmaran que la manada de murtlaps sueltos por los terrenos estaba ya contenida y en su sitio. Volvió a reír y a mover los hombros en una pose chulesca. - Es que soy un prefecto muy curtido en la vida y en la magia, y al cual de verdad le ha perseguido ese libro. Solo comparto mi experiencia para evitar traumas innecesarios. A lo que tú llamas gusto por meter miedo yo lo llamo ser buena persona. - Remató muy digno, aunque sin perder la clave cómica.

No pudo evitar echarse a reír mientras miraba a la chica con cariño ante esa reacción por haber acertado. Reacción bastante lógica, porque se lo había puesto considerablemente difícil. Se conocían ya muy bien Alice y Marcus. Se recolocó como si le fueran a leer un cuento antes de dormir, muy atento y con sonrisita expectante, escuchando minuciosamente a Alice contar su supuesto sueño pintado con vivencias reales y mentiras. Rodó teatralmente los ojos solo para provocarla cuando empezó a decir que quería coger algas del lago, pero contuvo la sonrisa y no dijo nada. Lo de la repentina transformación en búho le hizo abrir mucho los ojos. - Wow, normal que te pareciera que yo sueño en pequeño. - Lo dicho, las ideas peregrinas de Alice. Pero la aparición de William, que le había hecho sonreír ante la mención, le hizo poner cara de susto por su desenlace. - ¡No! - Alzó los brazos y los dejó caer en una cómica y artificial expresión ofendida. - ¡Pero bueno! ¡Qué manera de romper el momento! ¿Es que pretendes darme miedo al final? A ver si no voy a dormir, que esto empieza a dar repelús, yo te he contado cosas divertidas. - En realidad él pretendía darle miedo con la persecución del monstruoso libro de los monstruos y posterior atascamiento en tarro, pero eso de generar entornos tétricos se le daba mejor a Alice que a él. - Te voy a confiscar esto. - Le dijo de broma, cogiendo su libro de Poe y poniéndoselo en el regazo, pero sin poder evitar la sonrisilla burlona.

Siguió escuchando el supuesto sueño y frunció los labios para disimular, haciéndose el interesado por todo aquello, pero ya había detectado una cosa clarísima. Se quedó obnubilado con el resto de la cueva, riendo un poco ante lo que intuyó que era mentira, pero quedándose ligeramente hipnotizado, con una sonrisa leve dibujada en los labios, cuando ella le echó los brazos por el cuello. Las playas de Saint-Tropez. Si supiera aparecerse, y si no estuviera en Hogwarts en ese momento, en un pestañeo estarían allí. Pensaba hacerlo todas las veces que hicieran falta cuando acabara el colegio. - Hmm. - Dejó escapar un ruidito pensativo junto con aire por su nariz después de haber respirado hondo. - Dame unos segundos... Pero creo que lo tengo. - Él se hubiera quedado agarrado a ella, de hecho su primer instinto cuando se enganchó a su cuello fue rodear su cintura, como si realmente estuvieran en el agua. Pero se había separado y ahora jugaba con su trenza y a él se le fueron los ojos detrás. Solo un segundo, hasta que volvió a su pose pensativa, porque si no se iba a desconcentrar.

- A ver... Hay una vivencia real clarísima que es lo de que te despertaras en el techo con tu tata y tu padre intentando bajarte. Te pasó cuando comiste meigas fritas, me lo contaste la noche de San Lorenzo. - Y yo recuerdo cada segundo de esa noche, pensó, pero se lo guardó para sí. - Lo del Lago Negro es algo que perfectamente podría haber pasado, salvo lo de que yo me ponga hecho un energúmeno, porque soy un chico muy diplomático. - Dijo con carilla de superioridad. - Hemos tenido algún que otro debate en torno al Lago Negro. - Sí. Debate. - Pero voy a decir que eso es el sueño, entre otras cosas porque me has dicho que el sueño de esta noche empezaba ahí. Diría... Que ahí hay dos sueños mezclados. Uno el del lago, y otro el del búho. Aunque el William Gallia que yo conozco nunca le lanzaría un hechizo a una criatura de su jardín. Me voy a chivar de que piensas así de mal de él. - Le dijo señalándola con tono bromista. - Por otro lado, lo de la cueva... Creo que ahí hay mezcla. Me creo que soñaras realmente lo de la cueva, incluido lo de la inundación. Pero todo ese rollito de la piedra filosofal... Eso te lo estás inventando, Alice Gallia.- Rio y alzó un índice. - Si bien es cierto que tuvimos un interesante intercambio de opiniones y vivencias sobre si había algo relacionado con la piedra filosofal en Saint-Tropez... - En concreto por boca de André, en un monasterio en mitad de un campo de lavandas que resultó ser un laboratorio federal, pero que ni rastro de piedra alguna, menos aún de la piedra más importante del mundo. - Creo que eso es una mentirijilla de las tuyas para hacerme quedar de regañón otra vez. - Le dijo dándole un toque en la nariz. - Pero me alegra ver que hasta en tus mentiras soy más sensato que tú. - Dijo con una infantil expresión de burla en su rostro.

- Y en cuanto al desenlace... Eso de que te sacara y te dejara en la arena... - Esbozó una sonrisilla de lado, mirándola de reojo, pero siseó pensativo y ladeó varias veces la cabeza. - No sé, no sé... Creo que le has querido dar un toque bonito al final de la historia, pero siendo tú probablemente no acabara ahí. - Aguantando la sonrisilla, lo dejó unos segundos en el aire hasta que dijo. - Me la intentarías jugar de nuevo y empezarías con el "ay Marcus que no es para tanto, qué aburrido eres, solo quiero tocar el agua, vamos a volver que no hay tanta", y al final acabaría yo con el agua hasta el cuello y tú disfrutando de nuestros últimos segundos de vida como si fuera la mejor idea del mundo. - Rio y se reclinó en el asiento con una pose chulesca, dejando un pie en el suelo y el otro en el banco, apoyando el antebrazo en la rodilla que tenía flexionada. - Ah, y no he terminado. Te subo la apuesta. - Añadió, sin perder la chulería y alzando un índice. Porque se había dejado su guinda para el final. - Creo que como buena tramposilla que eres, has intentado colarme un dato falso dentro de un sueño. Pero olvidas que intentas colársela a Marcus O'Donnell y... No puedes. - Arqueó las cejas con una caída de ojos y pronunció la sonrisa de lado. - Has dicho que te transformabas en un búho. Plausible, te encantan los pájaros. Sin embargo... Creo que, de ser uno, serías un halcón. Es tu patronus, será por algo. - Se mojó los labios y la miró. - ¿Qué? ¿Lo he hecho bien? ¿Me merezco un premio? -
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Lun Mar 29, 2021 11:55 am

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Se rio haciendo un sonidito de adorabilidad a los de los Hufflepuff. – Pero es que hay que quererlos así. Yo creo que Dylan va a ser Hufflepuff al cien por cien, como lo hubiera sido mi madre. – Entornó los ojos y dijo. – Y lo de los murtlaps creo que lo hizo aposta para tener una excusa para pasar un mes replantando todas las tardes en el invernadero con la señora Mustang. Yo les rompía un poco el ánimo, claro, ahí con mis plantitas, pero creo que por ahí iban los tiros. – Dijo con una risita tierna. Le gustaba ver cosas así. al menos no era la única que hacía el imbécil por amor.

Se tuvo que echar a reír con le reacción de Marcus cuando dijo lo de su padre. – ¡Pero a ver! Que es un sueño, Marcus. No me seas tú como la profesora Hawkins, no significa que mi padre me vaya a hechizar. Además no sabía que era yo. Y quizá no era un hechizo malo, solo quería recuperar un pajarito que se le había volado. – Dijo alzando las cejas, sin perder la sonrisa y con tono ligero. Chasqueó la lengua y se echó a reír cuando le quitó el libro. – Pero que ese no es de miedo, es de poemas. – Y otra vez a reírse, mientras intentaba recuperarlo sin éxito, porque no quería inclinarse demasiado. Bastante cerca y tensa estaba ya.

Se recolocó y cruzó los brazos con una sonrisilla para escuchar la deducción de Marcus. Chasqueó los dedos con gesto de fastidio. – ¡Ah, mierda! Se me había olvidado que te lo conté entonces. – Claro, con todo lo que pasó a continuación, había detalles que se le perdían. – Efectivamente eso es verdad. – Se tuvo que reír. – Sí, Marcus, tú nunca te has puesto hecho un energúmeno por nada ahora. – Dijo sarcásticamente con una carcajada. – Pero qué listo era el condenado. Lo estaba acertando todo del tirón y a la primera. Se puso digna cuando dijo lo de su padre. – Suerte intentando que mi padre se ofenda. Como mucho preguntará que cuál era el hechizo. – Negó y se recostó un poco sobre él. – No es para hacerte quedar de regañón, es que eres regañón. – Dijo entornando los ojos, pero sin perder la sonrisa, porque le encantaba estar así. Suspiró y dijo. – Para mi desgracia, lo has acertado todo con una precisión que asusta. Eres demasiado bueno para mí. – Se mordió los labios por dentro, porque le había salido demasiado triste aquella afirmación. – En este juego. – Aclaró, recuperando su expresión risueña. Negó con la cabeza cuando decía lo de la cueva. – Si serás dramático. – Y estaba esperando el momento de corregirle el único detalle que se le había pasado y no puedo hacerlo, porque hasta eso lo dedujo bien. Levantó los brazos y los dejó caer con expresión de fastidio. – Si es que no se puede jugar a esto contigo. – Se rio un poco. – Eso o soy muy predecible. Así que menos quejas. Efectivamente, era un halcón. Siempre me he sentido como un halcón, que vuela y vuela, pero siempre vuelve al mismo sitio... – Terminó con una sonrisa. "A su cetrero" pensó ¿Y quién iba a ser el cetrero de Gal si no Marcus? Lo intentaba, y al final siempre acababa así, tal y como estaba ahora. – Solo un detalle. Lo de las arena si que lo soñé. No volvíamos a la cueva, porque esa arena donde me dejabas no era la de Saint-Tropez, si no la continuación del sueño de antes del Lago Negro. – Dijo, disfrutando de poder corregirlo al menos en algo. – Y tú no me dejarías ahogarme, así que todo ese drama es una de tus operetas. – Terminó, moviendo la mano el aire.

Ladeó la cabeza y alzó los dedos, sin perder de vista los preciosos ojos verdes de Marcus, y jugó con los rizos de su frente entre sus yemas, mirándole hipnotizada a través de los rayos de sol. – Lo has hecho de diez, como haces todo siempre. – Amplió la sonrisa y dejó caer los párpados. – Bueno, diría que sí, que te mereces un premio, aunque me pondrías firme y te diría que nos fueras muy pedigüeño. – Soltó una risita entre los labios sin dejar de acariciarle. – Pero viendo lo poco megalómano que has resultado con los sueños, adelante, pídeme un premio. – "Porque te daría lo que fuera", pensó, embobada en aquellos ojos y aquellas pecas.
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Lun Mar 29, 2021 2:29 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Asintió y sonrió. - Pues sí, a ambos les pega mucho Hufflepuff. Pero porque son buenos, adorables y con un sexto sentido para la gente. El sexto sentido del Profesor Kowalsky es para los animales y a veces le falla. - Se llevó la mano al pecho. - Pero le tengo mucho aprecio, siempre me ha tratado muy bien aun no teniendo su asignatura. - ¿Y a Marcus qué profesor no le trataba bien? - Eso sí, con el trabajo que tienen las petunias, si un bicho feo de esos se come las mías te aseguro que hubiera llamado mi atención pero para mal. - Dijo entre risas, y más se rio con el último comentario de la chica. - Eso es por no conocerte bien, porque tú llevas siempre una flor contigo, siempre te lo digo. Lo cual implica que, habiendo flores, siempre estés en medio. - Le dijo en tono bromista, volviendo a picarle las cosquillas.

Entrecerró los ojos con una sonrisita triunfal. - A mí no. - Contestó orgulloso, aunque mérito ninguno. No solo porque Marcus tuviera buena memoria, sino porque esa noche era imposible olvidarla. Y porque toda anécdota que involucrara chucherías a Marcus no se le olvidaba. A lo siguiente rodó los ojos. - Insisto: no me pondría así si te portaras bien. - Que era muy fácil llamarle energúmeno y regañón cuando estaba poniéndose en peligro de muerte día sí y día también.

Pero lo que quería escuchar se lo estaba confirmando la chica sin darle ni siquiera expectación. Apretó los puños en un gestito victorioso bastante infantil que desentonaba por completo con la chulería que intentaba mostrar con sus hipótesis, pero así era Marcus. - Me lo podías haber puesto más difícil, eso es verdad. Pero me encantan tus casi sueños locos así. - Le dijo, guiñándole un ojo y pasando por alto el tono en el que iba la frase de que era demasiado bueno para ella, tomándosela a lo literal. Tampoco era la primera vez que se lo decían, y tenía que reconocer que habitualmente... Se creía mejor que los demás. Pero con Alice no le pasaba eso. Con Alice no se creía nada, simplemente... Estaban bien. Eran amigos. Se retaban, se picaban y al final, quedaban en tablas. Y tan contentos los dos.

La reacción de fastidio de Alice cuando apuntó lo del halcón, justo cuando ya parecía haber acabado de adivinar y claramente no esperándoselo, le arrancó una carcajada que le hizo echar la cabeza hacia atrás. Ah, cómo le gustaba dar en el clavo con las cosas hasta el extremo de lo irritable. - Venga ya, no te piques. ¿Te vas a sorprender ahora de que te conozca tan bien? - Volvió a reír. - No eres predecible, es que yo soy muy listo. - Dijo con una sonrisilla satisfecha fruncida en los labios. Puso cara de leve sorpresa ante la única corrección que le pudo hacer pero rodó los ojos con una pedorreta. - Eso era ya demasiado enrevesado. - A él no le quitaba ya nadie su victoria total. Se acercó de nuevo a ella con una sonrisa sincera cuando empezó a decir que no dejaría que se ahogara, pero el final de la frase le hizo ladear irónicamente la cabeza. - ¿Sabes? Ibas súper bien hasta que lo has estropeado con lo de la opereta. - Dijo en falso tono de queja, pero no pudo evitar sonreír de nuevo y reposar su cabeza en el respaldo del banco, mirándola desde abajo y un poco más cerca. - Pero es verdad, para mi desgracia es verdad: nunca dejaría que te ahogaras. Aunque también me ahogara yo. - Volvió a guiñarle un ojo dulcemente. Pero él también se tuvo que cargar su propia frase. - Te atormentaría en el más allá, pero moriríamos ahogados juntos. ¿Qué te parece? Teniendo en cuenta que te parece tan bonito el terror, te tiene que parecer precioso esto: los dos amigos que se mueren ahogados juntos y luego se pasan la eternidad atormentándose. La parte buena es que sería prefecto eternamente. - Bromeó entre risas.

Cerró los ojos cuando notó los dedos de Alice en su pelo, como solía hacer, dejándose acariciar porque le encantaba cuando lo hacía. Con los ojos cerrados, volvió a poner esa sonrisita orgullosa de niño al que le dicen que ha hecho algo bien cuando le confirmó que lo había hecho de diez. Sin embargo, con lo siguiente levantó lenta y teatralmente la cabeza del apoyo sobre el que la reposaba, con la mandíbula entreabierta y mirándola con fingida ofensa durante unos segundos. Miró a otro lado y dejó escapar el aire entre los labios en una seca y muda carcajada sarcástica. Se mojó los labios y la miró de nuevo con los ojos entrecerrados. - Te estás pasando hoy metiéndote conmigo, Gallia. - Susurró con una voz suave y que, aún no sabía muy bien por qué ni qué significaba, sacaba de vez en cuando a relucir con Alice y solo con Alice. Se acercó un poco a ella, entrecerrando aún más los ojos. - Que sea domingo no quiere decir que no siga siendo tu prefecto. - Hizo un mohín de advertencia y se cruzó de brazos, mirando al cielo. - Vale, ahora por provocarme voy a pensar a lo grande. - Amenazó en balde, porque pensaba pedirle una tontería, como hacía siempre. Pero había que darle cancha al jueguecito.

- Sabes que podía pedirte ejercer de prefecta sustituta a partir de ahora, ¿verdad? - Dijo mirándola con malicia. - Oye, no se te dio mal el día de la fiesta de principios de curso, ya te has estrenado como quien dice. Solo pulir algunas cosillas poco ortodoxas como las amenazas a Creevey, pero bueno, mejor que hayas entrenado con él. - Se echó a reír. - Es broma. No ganaría para infartos contigo de prefecta. - Entonces recordó algo y puso cara de interés. - Eh, aunque antes has dicho que soñabas que ibas al baño de prefectos. Al menos así podrías hacerlo por las vías legales. ¿Te imaginas que fuera un sueño premonitorio? - Volvió a reír y él solo fingió un escalofrío y frunció el ceño. - Uh, tienes razón, cuando me relajo hablo como la Profesora Hawkins. - Bromeó. Mucho tenía que desconectar él su cerebro para hablar así, pero bueno. - Mira, te lo voy a poner muy sencillito: cuéntame el sueño. - Arqueó las cejas, pero entonces dio un saltito en el sitio. - Espera, espera, que se me ha ocurrido otra cosa. - Dijo emocionándose, alzando un índice y conteniendo la risa. - Te voy a pedir dos cosas pequeñitas, ¿no dices que no soy nada megalómano? Pues en vez de una cosa grande, dos pequeñas. Y no me puedes decir que no porque soy un crack que te conoce estupendamente y que se ahogaría contigo, me lo debes. - Avisó, señalándola, y luego se aclaró la garganta. - Una de las cosas es esa, que me cuentes tu sueño. La otra es, y esto va por la de veces que me has llamado "regañón", "energúmeno" y demás calificativos que desprestigian a mi persona a lo largo de esta conversación, que me debes un "por supuesto que sí, Marcus". En otras palabras: la próxima vez que tenga un problema como prefecto en el que me vea obligado a ponerme firme, me tienes que dar tooooooda la razón, alabar mi trabajo y decirme que, en mi lugar, habrías hecho exactamente lo mismo. Que soy el mejor prefecto del mundo y que Hogwarts será un lugar menos seguro el día que yo me vaya. - Hizo un gesto con la mano. - Eso como mínimo. Aparte dejo en tu mano todos los halagos que se te ocurran. - Movió la cabeza con satisfacción y arqueó las cejas. - Ese es mi premio. ¿Me lo darás? -
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Lun Mar 29, 2021 4:18 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Entornó los ojos y negó con la cabeza. – Dejémoslo en que era un plan ideado por un Hufflepuff. – Dijo con una risa. – Y claramente no contó conmigo, de hecho siempre que me ve por el invernado me dice "¿Cómo estás, Gallon?" Le corregí los tres primeros años, luego ya me di por vencida. Y eso que fue compañero de la tía Vivi, pero nada, lo de Gallia no se le queda en la cabeza. – Movió la cabeza lentamente a ambos lados cuando volvió a escudarse en lo de que se portaba mal. Era su eterna pelea, y además, Gal sabia que tenía razón, que ella era un trasto, pero es que no tenía ningún intención de limitarse. Al menos no en sus sueños sus ideas locas. En lo que hiciera de verdad o con su corazón ya...

Se echó a reír con la ofensa de Marcus. – Es que, por favor, ¿tú te has oído? "y al final acabaría yo con el agua hasta el cuello y tú disfrutando de nuestros últimos segundos de vida como si fuera la mejor idea del mundo." ¡Por favor! Más dramático cuando puedas ¿Quién quiere a Poe teniendo a Marcus O'Donnell? – Se rio, porque en el fondo es que le resultaba muy divertido cuando su amigo se ponía en ese plan. Pero se le quitó la risa cuando planteó aquello de los amigos ahogados juntos. No le gustó un pelo. Ya soñaba bastante con que se quedaba sin aire como su madre, y ahora encima, pensar en Marcus... No, no, no. Le dio suavecito en el hombro con la mirada baja. – Eh, eso no lo digas ni en broma. – Y eso que le había hecho gracia imaginarse a Marcus siendo el fantasma prefecto más pelma del castillo, pero... No, no, era demasiado oscuro pensarlo, y hacía un día demasiado soleado.

Pero recuperó la animación cuando Marcus le habló en ese tono de voz aterciopelado que avecinaba reto, pique, jueguecito, cualquiera de esas cosas que les encantaba hacer. Negó levemente con la cabeza y puso una sonrisa, sin perder de vista sus ojos. – Es que usted es muy sensible, prefecto O'Donnell. – Le salió una risita final de niña mala porque sabía que le estaba vacilando e hizo un gesto con la mano como diciéndole "adelante". – No me das miedo la verdad, ya me imagino que voy a poder cumplirlo.

Ente lo de la prefecta, simplemente se echó a reír con la misma cara que cuando tenía cuatro años y le decían que era un desastre con patas o un terremoto. – No puedes. No se elige así. Hasta yo me conozco el reglamento a ese respecto ¿Es que no te acuerdas que quién era tu mejor amiga en cuarto, cuando aquello se elegía y tú querías dar...? ¿Un discurso puede ser? – Preguntó haciéndose la no enterada. Asintió sacando los morros con orgullo. – Uy, amenazas. De amenazas nada, se lo hice directamente, y muy bien que le vino ele remojón, por impertinente, y lo agarré del cuello de la camisa en cuanto lo vi correteando por la sala de Hufflepuff. – Puso cara de despreocupación. – No me gusta que se metan con Kyla. La pobre siempre esta sola y creo que es porque todos hablan así de ella y nadie da un paso al frente y le saca la cara en el momento, cuando lo oyen. – Otra vez le dio la carcajada máxima cuando dijo lo del sueño premonitorio. – Imaginármelo me lo imagino. De ahí a que lo vea probable... – Arqueó las cejas mirándole cuando dijo lo de las dos cosas pequeñas y negó con la cabeza. – Mira te diría que no, que no te flipes, que era un premio. Pero como en verdad lo segundo es una estupidez, pues mira sí. – Se encogió de hombros. – Porque no sé para qué pides algo así, si yo siempre te estoy diciendo cosas bonitas, porque las pienso mas que nada, no para regalarte el oído. Y desde que eres prefecto, soy mejor alumna y lo sabes. – También, la intranquilidad de la última infancia y la disciplina de la señora Granger habían tenido bastante que ver. – Así que, probablemente, la próxima vez que tenga que hacer una opereta de prefecto, puedo ser tu cantante secundaria y recordarte lo buen alumno y mago que eres. Ahí queda eso. – Deslizó la mano en el aire, como si tirara algo a un lado. – Ahora, hablemos del sueño. – Se levantó y se alejó lentamente, caminando hacia atrás sin dejar de mirarle. – Estoy dispuesta a contártelo... – Se encogió de un hombro, mirándole con cara angelical. – Si me atrapas. – Y salió corriendo por el pasillo del claustro.

Haciendo buen uso de la distancia que había ganado con la sorpresa, se metió tras la estatua de un caballero con armadura medieval de piedra, y al ser bastante más grande que ella era un buen sitio. Se asomó por el hombro del caballero, apoyándose en él mirando a un Marcus que por fin había llegado frente a donde estaba. – La primera parte, ya te la he contado. Me sacabas del agua en volandas, pero lo que hacía yo era tirarte contra la arena, como en La Provenza. De la fuerza, nos poníamos a rodar, y nos llenábamos del barro de la orilla, poniéndose el uniforme y el pelo perdidos. Y ahi, te ponías tú encima mío y empezabas a regañarme y mee decías "Bañarse en el lago está prohibido, te van a quitar puntos por esto". Y yo tee contestaba "Pues mira tú como estás, te vas a delatar tu solo" Así que me decían que teníamos que ir al castillo a limpiarnos y cambiarnos, para evitar el drama. Pero, yo te decía... Que si iba a las duchas, me iban a ver todas las chicas y que ojalá, pudiese entrar al baño de prefectos, donde nunca hay nadie... – Aprovechando que Marcus estaba enganchado a la historia, se escabulló bajo el brazo de la estatua y salió corriendo, metiéndose tras el pozo del centro del claustro, echa un huevito, esperando a que Marcus la encontrara.
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Lun Mar 29, 2021 6:53 pm

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Se tuvo que reír a carcajadas, primero por la confusión del profesor con su apellido y después por imaginárselo compartiendo años de colegio con Violet. - No es por darte envidia, pero mi nombre sí se lo sabe. Me estuvo llamando O'Donoghue muchos años, pero en cuanto empecé de prefecto ya no se volvió a equivocar. - Y eso que en cuarto se había metido en el comité de ética, del que el hombre era presidente. Pues nada. Hasta que no fue prefecto, no se le quedó. - No me imagino para nada al Profesor Kowalsky y a tu tía Violet siendo amigos. - Dijo entre risas.

La miró con los ojos entornados y una sonrisa burlona. - Ja-ja, sí, un discurso. No te burles ahora que ganaste muchos puntos por ser tan buena amiga en ese momento. - Al menos le escuchó más que los demás, que le huían bastante. Aunque alguna que otra vez también la pilló huyendo, pero menos. - Ya sé que no se elige así, por eso he dicho prefecta sustituta. En caso de que Kyla o yo tengamos algún problema. O, mejor todavía, en caso de que queramos cogernos un día de vacaciones. - Se estiró y cruzó sus largas piernas por encima del regazo de la chica. - Como hoy. Un domingo de solecito, yo me pongo aquí a relajarme y a dejar de ser el prefecto regañón y tú trabajas por mí. - Se echó a reír. - No estoy tan loco como para arriesgarme a eso, puedes estar tranquila. - Si supiera que Alice iba por ahí ejerciendo de prefecta en su nombre, estaría de todo menos relajado. Sería contraproducente al final.

Bufó negando con la cabeza. - Tus intenciones podían ser las más loables del mundo, que lo eran y estoy contigo, pero los métodos no eran los más ortodoxos. El fin no justifica los medios, Señorita Gallia. - De nuevo alzó un índice, poniéndose muy padre pomposo. - Ahí es donde se muestra la categoría humana para ejercer una posición de poder. No puede usarse el título de prefecto para actuar llevado por la impaciencia o por las emociones. No señor. Los conflictos siempre se solucionan mejor hablando. O castigando por los cauces establecidos, como por ejemplo quitando puntos. - Entornó los ojos hacia ella e hizo las comillas con los dedos. - No "dándole un remojón". Que te gusta mucho a ti el agua. -

Algo que podía imaginarse pero que veía poco probable que se cumpliera. Cada vez tenía más intriga con el puñetero sueño, y seguro que al final era una tontería, como si lo viera. Estaba barajando opciones cuando Alice concluyó el por qué le daría su premio. Abrió la boca y los ojos una vez más. - ¡Anda! ¿Una estupidez dices? Vale vale, más te vale ponerme una alfombra roja como mínimo, ya que tan fácil y tan tonto te resulta. - Pero no pudo evitar reír un poco. Colocó una de sus manos en los mofletes de la chica, apretándolos con los dedos como cuando se le estruja la cara a un niño pequeño, pero con cuidadito. - Me dices cosas bonitas cuando te interesa, pero luego bien que me llamas regañón. Eso está súper feo. No me das el mérito que merezco. - Bromeó. Claro que le decía cosas bonitas, muchas además, a veces hasta le ruborizaba y le bloqueaba. Tenían momentos preciosos juntos, pero también tenían ese jueguecito por el que se tenían que picar continuamente. Y ambas versiones le encantaban. Eran tan diferentes como complementarias. Eran Marcus y Alice, en esencia.

Se mordió los labios y se frotó las manos varias veces porque ya, por fin, le iba a contar el sueño. Ya se estaba preparando todos los registros de sorpresa por si era una locura, todas las carcajadas por si era algo desternillante y todos sus comentarios quejicas por si era una tontería, para tener buen registro. A lo mejor hasta lo tenía que usar todo. En lo que hacía el teatrito gestual, Alice se levantó y la siguió con la mirada... Y de repente salió corriendo. Dejó caer los brazos con cansancio. - Oh, venga ya. - Empezó la frase como una queja pero acabó riéndose, como siempre. - ¡Aaaalice! ¡Que estoy de domingo, no tengo ganas de correr! - Y no tenía ganas de correr, pero sí tenía ganas de pillarla. Las contradicciones en las que le metía esa chica continuamente. Bufó con una pedorreta de los labios, mirando hacia arriba totalmente tumbado en el banco. - Sabes que siempre te atrapo, ¿por qué no nos ahorramos esto? - Bramó desde su sitio... Pero no, es que era demasiado irresistible. De verdad que no le servía de nada hacerse el duro, no había quien se lo creyera. No podía evitar seguirla a todas partes.

Se levantó de un salto de nuevo mordiéndose el labio con una sonrisilla y fue tras ella. La chica ya le había tomado bastante ventaja entre lo improvisto y que se había pasado un rato quejándose, pero él daba unas buenas zancadas. Se tuvo que reír cuando vio esos ojillos azules y esa cara de traviesa asomando por encima del hombro de la armadura. - Eres lo que no hay. ¿Así es como me vendes que desde que soy prefecto te portas mejor? - Dijo sin poder evitar reír con la escena. Tan pronto llegó a su altura, la chica empezó a contar el sueño y a él se le agarró al pecho esa sensación de conocer por fin aquello con lo que te llevan dando intriga una hora. Rio un poco pero sin perder lo más mínimo la atención cuando le dijo que le había tirado en la arena. Cuidado con los juegos, le había dicho su padre una de las veces que les vio en ese plan en la playa. Él estaba totalmente ajeno, nada más oírlo se escandalizó... Pero, después de eso, habían pasado muchas cosas. Y habían crecido un poco más. Y ahora... Desde luego que no serían simples jueguecitos. Disimuló con una sonrisa que había tragado saliva ligeramente y siguió atendiendo, tratando de no visualizarles a ellos mismos rodando por ahí demasiado nítidamente. Se le pasaron las posibles ralladas mentales en cuanto le empezó a imitar, haciéndole soltar una carcajada. - Hay que ver, qué mal me imitas. - Mentira. Eso sonaba a él al cien por cien. - Pero también te digo que el Marcus de tu sueño tiene toda la razón del mundo, y si me dieras la razón tanto como dices hacer, lo reconocerías. - A lo siguiente abrió mucho la boca y los ojos. - ¡Qué fuerte! ¡Extorsionándome! - Dijo con cómico tono indignado. Entonces prosiguió y, sorprendentemente (porque, tonto de él, no se lo vio venir) la conclusión lógica resultante fue ir al baño de prefectos. Eso le dejó unos segundos sin habla.

Los segundos suficientes para que la muy graciosa de su amiga saliera corriendo otra vez y le dejara allí con cara de tonto, procesando. Cuando pudo reaccionar, se volvió a quejar. - ¡Oh, venga ya, Alice! - Sí que era un poquito quejica, y eso que estaba de domingo de desconexión. Trotó hasta donde la vio esconderse, pero en lugar de ponerse al otro lado como había hecho con la armadura, directamente derrapó y se arrodilló en el suelo junto a ella. - Qué escurridiza estás hoy. ¿Es que no me quieres contar lo demás? - Le dijo con esa voz de nuevo, la que sacaba a veces con ella casi sin darse cuenta, y mirándola con los ojos entrecerrados. Se mojó los labios y ladeó la cabeza. - Muy precipitada me parece esa conclusión de "vámonos al baño de prefectos que no hay nadie". Ahora dirás que yo me opuse, claro, y encima no entenderás por qué. - Rio y ladeó la cabeza hacia el otro lado. - Antes has dicho que el sueño empezaba en el Lago Negro y acababa en el baño de prefectos, por lo que deduzco que al final hiciste lo que te dio la gana... Como siempre. - Entrecerró aún más los ojos y puso una sonrisilla intrigada. - Pero ¿qué pasó en medio? Porque no me creo que me hayas rehuido solo para decirme que te saltaste mi indicación y ya está. -
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Lun Mar 29, 2021 8:45 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
A pesar de sus quejas, sabía que Marcus saldría detrás de ella, y el día que no lo hiciera, algo dentro de ella se rompería, porque había pocas sensaciones que le causaran más satisfacción que saber Marcus la perseguía. – ¡Venga, O'Donnell! Sácale partido al domingo. Vive la vida, es la única manera de dejar de tener miedo a la muerte. – Dijo gritándole, de espaldas, citando a su tía Vivi.

Mirándolo desde la estatua no podía evitar poner cara de niña mala y mover la cabeza de lado a lado. – De momento no me has atrapado exactamente. – Dijo refugiándose tras la estatua y dejando solo los ojitos tras el hombro. Sacó la mano por encima haciendo el gesto con los dedos. – Un poquito. Pero sigo siendo Alice Gallia. – Añadió con una risita. Pero se ofendió, y sacó medio cuerpo por la estatua. – ¡Eh! No te imito mal, de hecho me sales igualito porque me regañas mucho así. – Pasó la mano hacia delante y la movió hacia los lados. – Bueno, el Marcus de mi sueño es un poco exagerado, y además, bien que se tiró al barro conmigo, porque al Marcus de mi sueño – se apoyó con el brazo en el hombro de la estatua, sacando ya todo el cuerpo en posición chulesca –, como al de verdad, le va un poquito el rollo de perseguir en sus locuras a Alice Gallia.

Obviamente, aunque había aprovechado un renuncio de Marcus, la encontró rápido, y no contento con eso, la desarmó. Porque tener a Marcus justo delante, con esa sonrisa que conocía, esa sonrisa ávida de conocimiento, de que había picado su anzuelo de jueguecito total, podía con ella. Y pensaba dejarlo estar, hablar de otra cosa. Pero Marcus quería saberlo, ella quería contarlo, y sabía que esa sonrisa encerraba algo más detrás. Y Noe estaba bien, liaba las cosas, eran amigos... Pero ya habían descendido esa cuesta ¿Por qué detenerse por un error en el que ya habían metido la pata? Mejor meterse enteros y disfrutar de lo que pudieran, total, ella iba a sufrir las consecuencias igualmente. – Hay que ver. – Dijo alzando la ceja con unas sonrisa ladina. – Qué rapidez, prefecto. Tienes curiosidad por el sueño, ¿eh? – Acercó un poco el rostro a él. – Sí que has sacado conclusiones precipitadas, ¿eh? Pero sí, el Marcus de mi sueño se resistía sí, se quejaba. Pero al final admitías que yo tenía razón, y me llevabas al baño de prefectos. – Se sentó en el suelo y empezó a bailar las rodillas de lado a lado. – Y entonces, yo te decía que entraras conmigo, porque a ver qué ibas a hacer en la puerta, lleno de barro, era como poner una flecha gigante flotando sobre la puerta. Y tú nombrando todos los preceptos del código de conducta. – Dijo riéndose fuertemente, porque es que era un sueño realista, al menos hasta ahí. Se inclinó un poco más en el suelo hacia él. – Así que yo te decía que entraras pero no miraras. Y ahora me ponías la bañera, y eso, y aquello era como el paraíso, vaya. Y tú, pobrecito, todo manchado de barro, de pie, mirando a la puerta. – Se puso de rodillas, sin desclavar los ojos de él. – Pero empeñadísimo en que estaba prohibido ver alumnas desnudas. Y yo me metía en la bañera que tenía montón de espuma y te decía "Métete, que esto es muy grande, y con la espuma no se ve nada..." – Se inclinó hacia él y le puso la mano sobre los ojos, acercándose a su oído y susurrando. – Si no lo ves... No es una infracción. Y si quieres saber cómo sigue... Encuéntrame. Pero quédate al otro lado. – Se levantó y salió corriendo poniéndose con la espalda apoyada en una de las grandes columnas del claustro.
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Mar Mar 30, 2021 7:20 am

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Estaba mirando a la chica mordiéndose el labio inferior, sin poder evitar sonreír y aguantándose la risa, porque desde luego que Alice era única para esas cosas. Asintió con confirmación cuando dijo que el Marcus de su sueño era un poquito exagerado, pero si conocía a esa chica de algo sabía que la frase no acababa ahí... Efectivamente. La miró con los ojos entrecerrados y se quedó en la misma posición, mordiéndose el labio con una sonrisa, cuando se escabulló nada más soltar eso. Que le iba un poquito el rollo de perseguir en sus locuras a Alice Gallia, decía... Ya... Un poquito...

Obviamente iba a perseguirla, obviamente la había encontrado y, obviamente, Alice tenía que hacerse la digna al igual que lo hacía él. Era una de las muchas pesquisas de su juego: tratar de quedar ambos por encima. Marcus no pensaba reconocer que se moría de curiosidad y ganas por saber lo que pasaba después de ese sueño, simplemente fingía querer hacer a la chica contarlo porque sí, porque "era su premio". Y dejando a un lado el cosquilleo en el pecho que le producía saber que Alice soñaba con él, aunque él soñara con ella constantemente. Hizo una chulesca caía de ojos cuando ella respondió también en ese tono, diciéndole que sí que tenía curiosidad, y se mantuvo sin moverse ni un ápice ni cambiar la expresión cuando se acercó a su rostro, si bien sus ojos estuvieron a punto de traicionarle y dirigirse a donde no debían.

El Marcus de su sueño se parecía peligrosamente a ese Marcus real que se resistía y se quejaba pero acababa yendo... Eso sí, una cosa era ir, y otra darle la razón. Se agarró a eso para recuperar un poco de poder y soltar una carcajada sarcástica e incrédula mirando a otro lado. - ¿Que admitía que llevabas la razón? Sí, definitivamente era un sueño. - Dijo con una risita de superioridad, volviendo a mirarla. Emulándola, se sentó en el suelo frente a ella en la misma postura, solo que sin mover las rodillas, simplemente atendiendo, expectante, aunque sin perder por fuera su estampa de sobrado habitual que tan bien le salía con esa chica. Pero por más que intentó disimular, con lo siguiente no pudo evitar echarse a reír. - Es que hasta en los sueños me metes en callejones sin salida. Y no me extraña que te recitara todos los preceptos del código de conducta, es que está fatal eso que estaba usted haciendo, Señorita Gallia. ¿Quieres que te los recite también ahora? - Entrecerró los ojos y acercó su rostro ligeramente hacia ella con una sonrisa ladina. - Aunque si tu cerebro te los ha podido reproducir para el sueño, deduzco que te los sabes, solo que no les haces ni caso. - Esa era una deducción extremadamente obvia, pero lo quería reseñar igual.

Él se había acercado un poco, pero ella también, y ahí se quedaron los dos, como si el resto del mundo no existiera. Como si no estuvieran detrás de un pozo del claustro, deliberadamente escondidos por alguna razón que no llegaba a entender (¿tenían razón la mitad de las cosas que él hacía siguiendo a Alice? ¿De verdad iba a empezar a importarle eso ahora?), cada vez más cerca, hablando de sueños en los que salían ambos y cada vez estaban más alejados de todos y usando esos tonos susurrados que parecían tener reservados exclusivamente para ellos. Esas situaciones. Esas situaciones en las que, de repente y sin saber como, se veía metido con Alice. Se veía metido porque él se metía de cabeza.

Se mordió un poco el labio instintivamente, no recordaba haberlo hecho de forma deliberada en absoluto, cuando empezó a hablar de la bañera. Solo hizo un gesto penoso muy fingido, por acompañar ese "pobrecito" de la chica al verse mirando hacia la puerta manchado de barro. - Las cosas que hago por ti... - Y era verdad. Aunque lo hubiera dicho en ese tono que ya ambos conocían, aunque no sabía por qué le había salido decirlo sin pensar siquiera en lo que podía significar, sin querer profundizar en si tenía dobleces lo que Alice le estaba contando probablemente por miedo a lo que encontrara... Pero era verdad. Entonces la chica se puso de rodillas, con esa mirada, con esa voz y sin dejar de contar... Y Marcus empezó a notar que se ponía nervioso. Igual de inconscientemente que se había mordido el labio dejó de hacerlo, siguiendo sus movimientos con la mirada, clavando los ojos en los suyos como quien usa un ancla para no escorarse a otra zona más peligrosa. Escuchando su relato. Escuchando su voz. Notando como iba cayendo poco a poco presa de ese hechizo otra vez, un hechizo que ya conocía... No, Marcus, mala idea. Solo es un sueño. Solo son las provocaciones de Alice. Mantente donde estás.

Soltó una muda carcajada confirmatoria con los labios cerrados y trató por todos los medios de que su ligero desvío mental y su corazón un poco más acelerado que antes no se notaran en absoluto. - Es que lo está. - No lo estaba. No había ninguna norma expresa que dijera que estaba prohibido ver alumnas desnudas, solo era una de las edulcoraciones de Alice. Había preceptos éticos, pero norma como tal, no. Pero lo que le faltaba era decirle a Alice "no, no lo está" para ya terminar de darle cuerda del todo a esa fantasía que se estaba empezando a poner un poco compleja. No hizo falta, de todas formas. Aquello estaba tomando un cariz que hacía que su corazón empezara a latir casi con violencia, y que su sonrisa chulesca empezara a tambalearse. Y eso que ocurrió después. Eso sí que era peligroso.

Había notado como su cuerpo entero se erizaba solo porque Alice, con ese susurro y con ese preludio, le cerró los ojos. El susurro en su oído casi le deja en el sitio, figuradamente hablando, pero sí que le dejó en el sitio literalmente hablando. La chica se había ido, le había dicho que la buscara si quería saber cómo seguía, pero él se había quedado congelado, solo allí, sentado detrás de un pozo, con los ojos cerrados y la respiración contenida. Soltó aire entre los labios entreabiertos y, abriendo los ojos poco a poco, constató la evidencia: sí, estaba solo, Alice había salido corriendo a saber donde. Se frotó la cara. A ver, Marcus, no seas tonto. Era una bromita de Alice. Tenía que serlo. Capaz y seguía jugando todavía y todo eso era mentira, solo destinado a neutralizarle en venganza por haber dado en el clavo con la historia anterior. Porque, oh, y tanto que le había desarmado. Tragó saliva y respiró hondo antes de levantarse. Ah, porque por supuesto que la iba a seguir, por supuesto que quería saber como continuaba ese sueño aunque la parte racional de su cerebro le estuviera diciendo a gritos "no, Marcus, no quieres, ya te digo yo que no quieres, o no deberías querer". ¿Pero quién era él si no seguía a Alice allá donde fuera, por locura que supusiera... Aunque solo fuera para decirle eso: Alice, estás loca?

Un vistazo al claustro, cuando logró desembotar un poco su mente, y la vio tras una columna. Por muy pequeña que fuera la chica y robusta la columna, se la veía. Rio para sí y se fue hacia ella. Sin embargo, cuando llegó se detuvo y se mordió el labio una vez más. Le había dicho que se quedara al otro lado, por lo que en lugar de ponerse frente a frente con ella, apoyó él también su espalda en el lado opuesto de la columna. Ahora estaban espalda contra espalda, separados por la piedra. - La ley es la ley... La veas o no... - Empezó a decir, pero su tono no era ni mucho menos regañón, era ese tono susurrado otra vez que no sabía ni de dónde le salía. La empresa de desacelerar su corazón no había sido en absoluto exitosa. - Por mucho que la ignores... O quieras hacer como que no la sabes... Sigue siendo un incumplimiento... Y de los graves, además, por saberlo e ignorarlo. - ¿Seguía hablando de la ley? Porque por el ritmo de su corazón y por su tono, bien pareciera que hablaba de otra cosa. Negó con la cabeza, espantando esos pensamientos raros con una risa muda y un suspiro silencioso. Tras esto, apoyó la cabeza en la piedra y miró hacia arriba. - Aquí estoy... ¿Cómo sigue el sueño? -
Merci Prouvaire!


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Mar Mar 30, 2021 9:07 am

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Sí, sí, mucha fachada de que tenía que ser un sueño para que le diera la razón, pero ya se la estaba dando, persiguiéndola por todo el claustro. Y podía disfrazarlo de lo que quisiera, que conocía esa mirada. Y por un momento, Gal se preguntó si no estaría haciéndole creer a Marcus que todo esto era un juego para ella, y solo eso, un juego. Porque por mucho que le gustara aquel tira ya floja, ella ponía el corazón en cada pista de más que le daba al chico sobre sus sentimientos. Pero eso era lo que hacía. Disfrazarlo de un juego, para no darle la importancia que tenía.

Así que prefería centrarse en esa sonrisa que no auguraba precisamente ese código en el que se estaba amparando. – Pues claro que los conozco. Necesito conocerlo para saber cuánto puedo pasarme, qué consecuencias tendrá... – Dijo usando el mismo tono que él, que no era precisamente el tono institucional. Habían creado una cercanía que no pegaba nada con el lugar, una tensión que se podría cortar con un cuchillos, pero le atraía irremediablemente como un imana. Como siempre que habían acabado así, como un animal que cae en la trampa pero esta disfrutando enormemente del cebo. En esa cercanía alzó una ceja sin moverse un centímetro ni cambiar la sonrisa. – ¿Lo está? – Quizá no así propiamente dicho, pero venía implícito en otro desarrollo de la norma. – A ver... Recítame esa parte del código que dice "los prefectos no se pararán a mirar a las alumnas díscolas desnudas" . – Se rio, pero no le dio tiempo a contestarles, porque ya se había ido.

Una vez en la columna, aprovechó para coger aire y tratar de normalizar su corazón. No se podía creer de verdad que estuviera contándole aquello. Gal era muy de parecer lanzada y atrevida, y en el momento de quedarse sola, sentir todo el miedo y el "¿qué estoy haciendo?". Y hasta que notó a Marcus ponerse al otro lado de la columna, en el que reguló sus respiración y se concentró en recuperar el tono. Si no podía retroceder, porque ya había contado demasiado, huiría hacia delante y que fuera lo que tuviera que ser. Pero lo haría a su manera. – La ley es interpretable. Además, los prefectos aun no podéis actuar sobre lo que ni si quiera estáis presenciando. – Se mordió el labio y apretó los ojos al oír aquel tono. Lo reconocía. Era el tono de "me estoy cayendo por una cuesta y no es que no me acuerde dónde están los frenos, es que los he cortado". – A veces tienes que olvidar todo lo que sabes y dejarte llevar, para aprender cosas nuevas... Que no aprenderías de otra manera. – Tragó saliva. Ya estaba preguntándole cómo seguía el sueño, y eso la hizo sonreír y a la vez temblar entera. – Si te lo cuento... No puedes darte la vuelta. Porque la verdad... Me da vergüenza contártelo, así que no quiero mirarte mientras lo cuento. – Echó los brazos hacia atrás, como si abrazara la columna. – Pues yo me daba la vuelta para no verte, y tú te metías en la bañera también y la verdad es que el agua y la espuma tapaba bastante. Y ya abríamos los ojos, empezábamos a vacilarnos, como siempre... Y acababa ahí enfrente tuya y... Tenía una de estas ideas marca Gallia... Y te decía... Puedes no mirar... – Soltó un suspiro porque se estaba ahogando con su propia respiración. – Pero puedes tocar, con los ojos cerrados. – Inspiró y se rio un poquito. – Dime, prefecto, ¿hay alguna norma que prohiba tocarse? – Volvió a inspirar hondamente para tratar de calmar su corazón. – En todo caso, yo te cogía las manos y te las llevaba a mi cuello, a mis hombros... Y las iba bajando... – Y como si de su sueño se tratara, fue bajando las manos por la lisa superficie de la columna hasta que alargó el meñique, rozando la mano de Marcus. – Me recordaba a Saint-Tropez, cuando me cogías en brazos en el agua y me agarrabas tan fuerte para que no m hundiera, pero tines la piel mojada y resbaladiza, y te tienes que agarrar más fuerte para no escurrirte. – Terminó deslizando toda su mano encima de la de Marcus y agarrándola fuertemente, como para canalizar esa pasión sin medida que sentía.
Merci Prouvaire!


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Mar Mar 30, 2021 11:54 am

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CON Alice EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Recítame esa parte del código que dice "los prefectos no se pararán a mirar a las alumnas díscolas desnudas". Se le habían quedado las palabras de Alice retumbando en la cabeza, palabras que por supuesto no le dio tiempo a responder antes de salir corriendo, pero que ahí quedaban. Seguía apoyado en la columna del claustro y ni siquiera era capaz de distinguir si había ya más gente ahí o no, porque estaba demasiado imbuido por esa historia... Y, por los tintes que estaba cogiendo la historia, y porque iba conociendo a Alice y empezaba a identificar sus miradas, sus juegos y sus tonos de voz... No debería. Había que parar eso, por algún motivo, o por muchos, a saber. Pero había que pararlo... En teoría.

Lo cual no estaba haciendo ni muchísimo menos. Allí estaba, apoyado en la columna con el corazón golpeando su pecho y deseando a la par que temiendo saber más. Esbozó una sonrisa de lado con una automática carcajada muda. - Hay demasiadas cosas interpretables... - Dijo en ese tono susurrado que se había instaurado en ellos, y sin llegar a entender por qué no estaba dando una respuesta más tajante a eso, o simplemente callándose, en lugar de rizar ese rizo. Giró la cara con la cabeza apoyada en la columna, entornando los ojos hacia atrás como si pretendiera verla desde allí, aunque supiera que no podía. - ...Pero la ley no es una de ellas. - Y menos mal. Ya tenían suficientes cosas con varias interpretaciones en la vida... Pero claro... Alice siempre quería más.

Se mojó los labios, volviendo a dirigir su rostro al frente y su mirada al cielo, a ese sol que tan bien les estaba alumbrando esa mañana y que no dejaba de ver sus peripecias mientras le ponían de excusa. Olvidar todo lo que sabía... Dejarse llevar para aprender cosas nuevas... Esa había sido una buena excusa todo ese tiempo para seguir a Alice en sus locuras. Locuras que temía que en algún momento se le fueran de las manos. Aunque, ¿qué era "irse de las manos", exactamente? No se había arrepentido de nada de lo hecho hasta ahora... Si bien apenas un mes y medio atrás habían tenido una bronca monumental delante de media sala común solo por haber jugado al "un poquito más" cuando solo eran amigos. Sí, ese debía ser, ese debía ser el motivo razonado por el que deberían parar... Pero solo un poquito más.

Abrió mucho los ojos y el corazón se le aceleró. - Vale. - Musitó en un susurro que trató de sonar lo más convencido posible, pero que había sonado tembloroso, como estaba. ¿Vergüenza? ¿A Alice dándole algo vergüenza? ¿Y ya con ese contexto en el que se estaban moviendo? Marcus era experto en no ver lo que no quería ver, pero hasta él empezaba a intuir lo que acababa pasando en ese sueño. Y una parte de él se moría de ganas de oírlo, aunque fuera solo por aumentar su ego, aunque fuera solo... Por lavar un poco su conciencia. Porque, sí, él también había soñado con Alice en alguna que otra ocasión, sueños que no eran propios de unos amigos, pero sueños que daban pistas de lo que podía haber ocurrido en el campo de lavandas si no les hubieran interrumpido no una, sino dos veces. Otra parte de él, en cambio, casi preferiría que fuera una broma. Porque si no lo fuera... Nadie, ni él mismo, podía garantizarle que aquello no tomara otro rumbo de cuesta abajo y sin frenos una vez más. Volveremos cuando tú quieras. Ahí estaba, el fantasma del pasillo del cuarto piso, y un castillo que los domingos estaba prácticamente deshabitado. Temía que las cosas se pusieran tan complicadas como se habían puesto a la vuelta de Navidad. Quería muchas cosas con Alice, en vista de los acontecimientos. Lo que no quería de ninguna de las maneras, era perderla.

Estaba empezando a contar el sueño y él se notaba el corazón hasta en las sientes. Escuchó atentamente, mojándose los labios y perdiendo la mirada en ninguna parte, ya que no podía mirarla a ella. Tuvo que sonreír con lo de que empezaban a vacilarse como siempre, y con lo de las ideas marca Gallia. Eso era demasiado propio de Alice, y demasiado propio de él era no poder evitar sonreír ante ello, porque por mucho que se quejara, los piques y locuras de la chica eran grandes culpables de su felicidad. La sonrisa se le diluyó y le tembló en cuanto el sueño empezó a avanzar.

"Puedes no mirar... Pero puedes tocar, con los ojos cerrados". Solo con oír eso tuvo que tragar saliva, porque su maldita imaginación le estaba haciendo visualizarlo con peligrosa nitidez. Y ni siquiera había acabado todo ahí. "Dime, prefecto, ¿hay alguna norma que prohíba tocarse?". Perfectamente se podía haber desmayado ante esa pregunta, y si algún día Alice se la hiciera de verdad estaba claro que solo veía dos posibles caminos: o, efectivamente, desmayarse, o que la cosa acabara como debió acabar en el campo de lavandas y ya se aseguraría él de que no les interrumpieran. Parpadeó y bajó la cabeza, notándose ruborizado y carraspeando en silencio. Dime que te despertaste ahí. Porque le estaba entrando un calor que nada tenía ya que ver con el sol. Por supuesto, no terminó ahí, y no contenta con los estímulos auditivos tan intensos que le estaba mandando, pasó al terreno del tacto. Solo fue un leve toque con el dedo y ya notó un escalofrío pasar como un rayo de su cabeza a sus pies. Tragó saliva y notó como la respiración se le había vuelto temblorosa. Solo es un sueño, Marcus. Capaz y se está quedando contigo y es mentira. No, sabía que no era mentira. Sabía que Alice con esas cosas no mentía. Y sería solo un sueño, pero las ganas que tenía de besarla en esa misma columna eran muy reales.

El recuerdo de Saint-Tropez al menos le hizo reír en silencio de nuevo, esbozando una sonrisa automática, lo cual relajaba la tensión. - No pienso soltarte. - Susurró, de nuevo hablando por él alguien que supuestamente era él mismo pero que no estaba procesando las cosas antes de lanzarlas, ni le pedía permiso, porque él las oía cuando ya estaban dichas. Sacudió un poco la cabeza, sonriente y tragando saliva. - Eso te decía siempre en el agua. Aunque... Dudo que aquí... Te fueras a ahogar. - E igualmente dudo que pudiera soltarte. Parpadeó un par de veces de nuevo, y entonces lo notó. Como Alice agarraba su mano con fuerza, con mucha fuerza, y como su corazón se desbocaba. Se mordió el labio. Le había dicho que no la mirara, que no se pusiera frente a ella. Marcus era obediente hasta cuando estaba a punto de perder la cabeza, pero de alguna forma necesitaba... Sentirla. - No te puedo mirar entonces, ¿no? - Dijo pretendiendo que saliera en tono de broma, pero sin dejar de susurrar, mientras bajaba la mirada a sus manos. En ese momento, entrelazó sus dedos con los de ella y él también apretó con fuerza. - Pero te puedo tocar. - Y ese sueño se estaba volviendo de repente demasiado real.

- Entonces... - Empezó, tratando de destensar aquello, pero era imposible. Tragó saliva y cambió la mirada de sitio.  ¿Cómo pretendía mirarla a ella a los ojos, a los labios, si ni siquiera podía ver su mano entrelazada con la suya? - ¿Acaba... Ahí? ¿Te despertaste? -
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Mar Mar 30, 2021 1:31 pm

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CON Marcus EN Patio sur A LAS 11:00 del 25 de febrero de 2001
Que la ley no era interpretable. Ja. No se lo creía ni él, pero Marcus tenía que aguantar su pose de prefecto hasta las últimas consecuencias, fueran estas las que fueran. Y aquel "no pienso soltarte" le trajo como flashes, escenas a su cabeza de Marcus, sus ojos verdes en el agua azul de Saint-Tropez, sus cuerpos pegados en el agua, piel con piel... Rio un poco al comentario. – Yo no las tendría todas conmigo con lo de no ahogarme. Estaba demasiado centrada en otra cosa... Y distraída del agua. – Y entonces sintió a Marcus cerrar la mano entorno a la suya también y dijo aquello... Soltó una respiración repentina, buscando aire, que se pareció más a un jadeo. Si se ponía racional, sabía que solo le había dado la mano, se la había dado cientos de veces. Y ojo, que cada vez que le daba la mano, un cosquilleo la recorría, pero esto que estaba sintiendo no era un cosquilleo. Ni se parecía remotamente a un cosquilleo. Era echar madera al fuego, al incendio que sentía perfectamente arder dentro de ella, y al que debería ponerle un cortafuegos antes de que se descontrolara del todo. – Pues claro que puedes tocarme. – Dijo sin aliento.

Y ella quería parar pero, para ser sinceros, Marcus no parecía querer ser prudente, y cuando Marcus no lo era, ella no podía cambiar repentinamente y volverse un angelito. – No... No acababa ahí. – Tomó aire y abrió los ojos, concentrándose en la piedra del techo. – Porque entonces me alejaba, como hacemos siempre con los juegos. Pararlos antes de que vayan a más... Pero entonces me decías "Ciérralos tú". Y hacías lo mismo que había hecho yo, pasar todas mis manos por tu cuerpo... Bajo el agua... – Le tembló la voz, no pudo evitarlo, porque lo recordaba vívidamente, la sensación, el deseo... Inspiró y cogió fuerzas. – Y te temblaban las manos, y a mí también. Bueno me temblaba el cuerpo entero, y me castañetean los dientes, y tú me decías que si tenía frío, y para que dejaran de temblarme los dientes, me rodeabas con los brazos, pegándote a mí y besándome. – Agarraba con fuera su mano, pero era como si talmente pudiera sentir aquellos brazos al rededor de ella, rodeándola y llegando a su espalda, aferrándola contra sí. – Y yo me agarraba a tu cuerpo y te decía... – En un arrebato de valentía, giró sobre sí misma, soltando su mano y acercándose a él, tapando sus ojos de nuevo con la mano ante ellos y apoyándose con la otra mano en su hombro, para acercarse a su oído y susurrar ardientemente. – ¿Y si no me puedo contener?

Sin esperar a la reacción de Marcus, porque podía ser demasiado para ella, salió corriendo de nuevo por el claustro, sin rumbo fijo, hasta que vio una de las ventanas que se asomaban al Lago Negro. Giró rápidamente y se quedó aferrando sus manos a la barandilla de piedra, como si así pudiera liberar todo lo que sentía dentro, aquella necesidad de ir hasta Marcus de vuelta, besarle, arrastrarle a cualquier lugar donde pudiesen estar solos y darle rienda suelta a los impulsos y los sueños. Se mordió el labio inferior e inspiró por la nariz, con los ojos cerrados. Ahí mismo, ante ella, había empezado todo, y quién le diría hasta dónde iba a llegar. Oyó sus pasos tras ella, alcanzándola donde estaban. – Ya no hace falta que me sigas... No hay más sueño. – Al fin y al cabo, estaban en la vida real, no en un sueño, por mucho que ella, al igual que Poe, quisiera confundir ambos. Deseara. Necesitara.
Merci Prouvaire!


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Cause' Alice does belong with Marcus
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Ante todo, amigos
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Ay, los retitos
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Un jour viendra tu me dira je t'aime
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