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Sáb Jun 12, 2021 10:29 am
Recuerdo del primer mensaje :

Chan eil tuil air nach tig traoghadh
There isn't a flood which will not subside.
La inquietud sobrecogía a los habitantes de Escocia, cuando tres clanes entraron en rencillas después de haberse roto una unión que había preservado la paz durante casi siete años. La corona estaba segura de que era necesario enviar regimientos que vigilaran y mantuvieran el orden, mientras en el Reino Unido victoriano, una guerra sobrenatural también parecía desatarse entre vampiros y licántropos, cazadores contra cada ser sobrenatural que estuviera entre sus callejuelas y edificios, atormentando a los humanos.

Es en medio de esta situación que Lady Sutherland, luego de un proceso largo, tedioso y humillante logró probar la bigamia ejercida por su marido, que había “contraído nupcias” con otra mujer. La pérdida de su pequeño hijo había destruido a la pareja, nunca se recuperarían de ello por más que lo hubiesen deseado y cuando ese viaje a Londres debía haber sanado las heridas, solo las había profundizado.  Fue luego del proceso largo de divorcio, que ella abandonaba esa residencia londinense para retornar a las tierras altas de su familia y dejar el camino libre para que su ahora ex marido hiciese su vida donde su verdadera felicidad estaba.

Negándose a habitar en la casa familiar, pidió expresamente que el segundo asentamiento familiar fuese preparado para ella y el tiempo que necesitaba para sanar.

Mientras tanto, Lord Wellesley, era comunicado de su traslado con su regimiento a Escocia, encargado directamente por la corona de investigar la situación entre las familias involucradas en las rencillas que amenazaban la paz de nuevo. Al mismo tiempo una situación alterna dada en algunos territorios lejanos, le fue igualmente encargada, desapariciones, eventos misteriosos que no tenían respuesta y, sobre todo, la posibilidad que se estuviesen enfrentando a una amenaza mucho más terrible de lo que parecía.

Así que, contra toda la voluntad del soldado, fue despachado a una tierra que no le gustaba, a los peligros de lo inesperado y a la sorpresa de lo inevitable, comenzando así un trayecto en los nuevos tiempos que vivía la sociedad escocesa en 1889
Personajes
George Wellesley
Soldado/Noble | Ben Barnes | Alistair
Violetta Sutherland
Noble | Adelaide Kane | Sorceress
Cronología
ORIGINAL | OTHERS | ONE ON ONE


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Imagen a la Izquierda:

Código:
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Imagen a la Derecha:

Código:

<link href='http://fonts.googleapis.com/css?family=Playfair+Display' rel='stylesheet' type='text/css'><center><div id="pomecuadrex"><div id="pomecuadtit"><table cellspacing="10" cellpadding="0"><td><div id="pomesub2"><div id="pomesubtit">TÍTULO CORTO AQUÍ</div><div id="pomesubtit2">CONTINUACIÓN DEL TÍTULO, SUBTÍTULO, LO QUE QUERÁIS AQUÍ</div></td><td><div id="pomepjsmargen2"><div style="width:200px; height:130px; background:url(LINK GIF AQUÍ) center;"></div></div></td></table></div><div id="pomepost">POST AQUÍ</div><div id="pomedats">DATO | DATO | DATO | DATO</div></div>[url=https://treeoflife.foroactivo.com/u8][b]∞[/b][/url]</center><style type="text/css">#pomecuadrex {width: 500px; padding: 20px; border: solid 1px #adadad; background-color: #fff;} #pomecuadtit {background-color: #171717; padding: 6px;} #pomepjsmargen2 {width:200px; height:130px; padding:8px; border:1px solid #eee; margin-left: -15px;} #pomesub2 {width: 245px; height: auto; padding: 15px; margin-left: -20px;} #pomesubtit {width: 240px; height: auto; text-align: center; color: #eee; font-family: Playfair Display; font-size: 25px; letter-spacing: -1px; text-shadow: 2px 1px 1px #4e4e4e; border-bottom: solid 1px #adadad; line-height: 100%; padding-bottom: 5px;} #pomesubtit2 {padding: 10px; color: #eee; font-family: times new roman; font-size: 8px; letter-spacing: 2px; text-transform: uppercase; text-shadow: none; text-align: justify; line-height: 100%;} #pomepost {width: 480px; padding: 10px; color: #333333; font-family: georgia; font-size: 12px; text-align: justify; line-height: 100%;} #pomedats {width: 480px; height: auto; padding: 10px; background-color: #171717; color: #eee; text-align: center; text-transform: uppercase; font-size: 8px; letter-spacing: 2px;}</style>


Última edición por Sorceress el Lun Jul 12, 2021 9:44 pm, editado 6 veces
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Signs in the Woods
Disappearances and Tales
Ella solo rio al escuchar su respuesta, Sir George era un santo comparado a lo que ya había visto en Londres, aun así, se permitía disfrutar de aquellos comentarios salados que a cualquier otra mujer hubiese escandalizado. Quizá era porque Violetta, ya no era la misma niña ingenua de alcurnia que alguna vez fue, su estancia en Londres le enseñó la oscuridad de las personas en su peor etapa, así como la oscuridad de lo sobrenatural en todo su auge, al punto de saber que tenía que aprender a defenderse porque no siempre estaría acompañada para confrontar el peligro.

Es una gran preocupación y la entiendo, aunque no me parecéis de los que se suavizan con facilidad –murmuró mirándolo entonces con la misma sonrisa inicial- inspiráis fortaleza y liderazgo a vuestros soldados –dicho eso afirmó ante su invitación-Lo recordaré al visitar Londres de nuevo –lo cual era poco probable, pero no lo descartaría.

Y sí que creía en aquellas cosas, Sir George era el ejemplo perfecto de los humanos que vivían su vida sin ese tercer ojo abierto al conocimiento de lo sobrenatural. A veces consideraba que era lo mejor para muchos, pero para esos soldados en sus tierras no era para nada bueno... al no creer en esas cosas, podían exponerse a peligros insospechados que seguro ya habían cobrado su primera víctima y esa era su mayor preocupación.

***

Le siguió hasta ese claro y deteniendo su galope, fue que se dejó ayudar apoyando sus manos enguantadas sobre los hombros masculinos acabando por reconocer aquella diferencia de altura que le hizo sentir extremadamente pequeña, percibiendo el olor tan propio del soldado que había percibido la noche anterior.

Gracias... –murmuró mientras retomaba estabilidad y así empezar a caminar con cuidado, bajando su mirada hacia el suelo y las marcas de cascos dejadas por el caballo del soldado, el campo abierto parecía marcar un paisaje bizarro, con aquella roca gigante tallada con símbolos arcanos que ella pudo sentir vibrando protectoramente con esa magia que ella se ocupaba de mantener viva- Vuestro soldado llegó hasta aquí... –dijo entonces acercándose a la roca, mientras se retiraba su guante de la mano derecha y acercaba la mano para tocar la roca con suavidad.

Y aunque no fuese visible para él, o notorio, inhaló profundo, sintiendo como había sido jalada hacia atrás mentalmente. El aire de sus pulmones se esfumó y las imágenes de aquel jinete militar recorriendo el área le llegaron a la mente, el hombre pudo escuchar algo, estaba confundido y realmente preocupado, cuando estuvo a punto de ver a donde había ido, sintió los pasos sobre el césped del coronel y abriendo sus ojos apartó su mano observando el suelo para esconder la inquietud por aquellas visiones vertiginosas.

Y entonces dio con lo que ella no deseaba encontrarse, huellas que indicaban que se había bajado del caballo y que se acercaban a un límite donde el césped se tornaba verde oscuro y delineaba el inicio de un bosque mucho más antiguo y neblinoso que el que habían dejado atrás, justo en el cambio de césped verde claro a verde oscuro, como si estuviese queriendo marchitarse, había una densa mancha de sangre, algunas tiras de su uniforme desgarradas y el arma del soldado con el seguro quitado lista para dispararse- Sir George –lo llamó para que observara aquella escena, mientras perdía su vista entre los arboles antiguos que le causaron escalofríos- Creo que su soldado ha sido atacado por un animal salvaje... –claro, un animal muy salvaje, tan salvaje como sobrenatural y que ya había cobrado otra víctima y tenía que buscar cómo mantener al coronel y sus hombres, lejos del peligro también.

La morena se giró para encarar a George y atender a sus reacciones, mientras escuchaba los sabuesos y cazadores acercarse al área, junto con los soldados. Ignorando el zumbido que generaba la roca para sus sentidos adaptados a lo sobrenatural- Mis cazadores y yo hemos estado trabajando por despejar estos bosques de peligros, pero como ha de imaginar, son vastos territorios que habían estado sin regulación hasta que volví a habitar aquí, aún quedaban animales peligrosos que capturar o cazar, para hacer seguros estos bosques. - por un segundo permaneció en silencio, escuchando y divisando a lo lejos por donde habían llegado, a los cazadores con los sabuesos y los soldados. Indudablemente aquel bosque mas oscuro, parecía tornarse mas siniestro, el aire se densaba haciendo mas difícil el respirar y el olor metálico de la sangre en  la línea natural que dividía el bosque iluminado y el bosque ensombrecido, acompañaba aquel olor a tierra.

Los cazadores aseguraron el perímetro y se apostaron en el entorno, mientras los sabuesos olfatearon y uno, se detuvo junto a la morena emitiendo esos suaves chillidos naturales de los perros cuando algo los inquietaba. Ella acarició su gris pelaje con su mano desenguantada, antes de fruncir el ceño un poco y preocuparse por las elecciones que el hombre delante suyo podría tomar. El paisaje era extraño en si, ya que el cielo parecía nublarse sobre las copas de los tétricos arboles del bosque antiguo, mientras que a sus espaldas, entre las grises nubes los rayos del sol se colaban un poco, iluminando la roca y el campo abierto cuyo pasto era de un verde brillante.

Raro, todo era extraño... para quien sabía leer las señales.
Domingo | 9:10 a.m. | Elderwood, Bosques Sutherland | Escocia
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Signs in the Woods
DISAPPEARANCES AND TALES.
Le sonrió, más con los ojos que con el gesto, cuando la ayudó a descender. La pose le recordaba a la que habían adoptado al bailar la noche anterior durante aquel momento en que había decidido ir hasta la pista para comenzar a danzar en lugar de seguir soportando las habladurías de la maleducada dama escocesa que los había abordado de forma imprudente. Esas eran las maneras de las damas de sociedad, capaces de dar puñaladas más profundas que las de los hombres y ciertamente más bajas que de las que eran capaces.

La siguió cuando se acercó a uno de los monolitos de piedra tallada, con una inscripción que no logró reconocer más que como grabados celtas o pictos, propios de los pueblos que habían habitado la Britania de tiempos pretéritos. No se lo diría, pero le gustaba su pelo, era tan negro como el propio y caía como una cascada por su espalda, brillante y espesa como el bosque en que se encontraban.

O sea que habéis traído a los cazadores solo para que luzcan el tartán —le comentó, acercándose por su espalda mientras la veía poner la mano sobre la piedra— ¿Estáis bien? —le preguntó antes de empezar a seguirla en rumbo desconocido. Había logrado notar que se afirmaba en la piedra, como si necesitase apoyarse en algo, preguntándose por un momento que quizás había sido mala idea que viniese con ellos, pero después lo descartó, seguro que la escocesa conocía esas tierras tan bien como se había jactado de hacer y que no iba a agobiarse por estar metida en el bosque un rato como el que llevaban.

Atendió a su explicación, pero no le llamó la atención mayormente. Cualquiera que hubiese oído de la desaparición del jinete podía haber supuesto que se habría encontrado con algún oso o lobo por el camino, que hubiese asustado a su caballo como para que lo tirase de su silla y después el resto solo era historia. Tal como si se hubiese caído a un río y ahogado por el camino.

Ya, son dominios extensos. Apostaría a que muchos de los nobles prefieren vivir en la capital y solo cobrar las rentas —le dijo, notando como las hojas y ramas crujían bajo el peso de sus botas al andar. Tenía la precaución aprendida en África de mirar muy bien dónde pisaba, las trampas que sembraban los bóers no se diferenciaban demasiado de las que podía poner un cazador en el bosque.

¿Os atreveríais a descartar la posibilidad de cazadores furtivos en vuestros bosques? —le preguntó, cruzando una parte del bosque mucho más lúgubre que la anterior, donde todo olía a tierra y la humedad que se levantaba bajo la completa sombra que cernían los altos árboles que los rodeaban— Los zorros que se yerguen sobre dos patas suelen ser los más peligrosos —dejó caer el comentario. Los nobles tenían grandes extensiones de terreno para poder cazar ciervos y jabalíes de gran tamaño, no habría sido raro que alguien hubiese decidido colarse y cazar alguna de esas presas para si mismo.

Los hombres aparecieron en compañía de los sabuesos que revisaban alrededor en búsqueda de algún rastro. Bastó con que uno se detuviese al lado de Lady Sutherland como para llamar su atención lo suficiente— ¿Y tú qué has olido de raro? —le preguntó al sabueso, arrodillándose delante de Lady Violetta para pasarle una mano por encima de la cabeza, mirándole hacia sus ojos nerviosos antes de que saliese disparado en una dirección. Corrió detrás de él, deteniéndose cuando el sabueso lo hizo.

Sacó su revólver y apuntó. Un par de lobos se estaba alimentando de un resto de algo que ya podía suponer de qué era de lo que se trataba. El martillo repicó al echarlo para atrás y sin cerrar uno de los ojos, su muñeca extendida a la manera de los duelistas antiguas y disparó, hiriendo a una de las bestias con un sonoro chillido, mientras el otro lobo salía corriendo en dirección contraria por el efecto de la pólvora estallando. Se acercó entonces andando hasta los restos sanguinolentos de lo que parecía una criatura, hasta que pudo distinguir los retazos de tela azul oscuro.

Misterio resuelto, que el capellán prepare la carta para su familia —señaló a los demás cuando se acercaron, mirando al lobo herido que se lamentaba a un lado del cadáver. Le apuntó, disparó y esta vez ese estallido fue el último que hizo falta.

Enfundó su arma y regresó caminando hasta donde estaba Lady Violetta.

Vuestra ayuda ha sido inestimable, mi señora —le dijo, acercándose entonces a su oído— Esos lobos no eran lo suficientemente grandes. Estaban carroñando —le confesó, con una mirada fría en sus ojos.

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Disappearances and Tales
La morena estaba certera que algo muchísimo más grande había hecho la atrocidad que estaban por encontrar, sus ojos puestos en la mancha de sangre y luego en el canino que gimoteaba con inquietud- Lo descarto –dijo entonces respondiendo a sus palabras- Nunca hemos tenido problemas con ellos ... –contestó volviendo la vista hacia donde el canino miraba y dejó que se adelantara junto al Coronel, momento aprovechado por Bernard, el cazador líder del grupo que ella había llevado- ¿Ya saben lo que es?

“Tenemos una sospecha...”

Ella miró repentinamente a su cazador con seriedad- estos soldados van a estar por estas tierras durante un tiempo, no podemos tener un monstruo haciendo destrozos, necesitamos solucionar esto de una vez –murmuró mientras tomaba su falda y finalmente cruzaba esa línea del marchito pasto, que, marcaba el inicio de ese oscurecido bosque que le heló la sangre con cada paso que daba en la dirección en la que había corrido el coronel y el sabueso- empiecen esta noche, cacen a la criatura, les proveeré de los aceites y guardas necesarias para su oficio –simplificó, deteniéndose a una distancia prudente sobresaltada ante el sonido del disparo que resonó en el paraje sobrio.

Uno esperaría que las aves de todo el bosque se asustaran gracias a ello, pero solo las aves del bosque verde parecieron haber detectado el peligro. Porque de las copas del bosque oscuro y antiguo ninguna había surgido.

“Si Lady Violetta, montaremos campamento aquí”

Háganlo en el claro, es más seguro –murmuró la escocesa que no avanzó, viendo desde su lugar como el coronel analizaba el hallazgo que el sabueso había señalado.

Sentía como si pasara por un velo sobrenatural que erizó su piel, cortándole un poco la respiración y ejerciendo cierta resistencia en contra de su avance, mientras el talismán que llevaba en su cuello se calentaba y finalmente una extraña brisa fría le llevó a sus sentidos, un olor a sangre más profuso que el que desprendía la mancha en el límite.
Sus labios se tensaron un poco pensando en el posible hallazgo macabro que la hizo llevarse su mano no enguantada a la nariz ¿Cuál era la sospecha que tenían sus cazadores? Algo había traído a sus bosques un ente peligroso que debían encontrar cuanto antes. ¿habrían profanado el monolito que protegía lo profundo del bosque? ¿habían lanzado una maldición? Todo era posible sabiendo que la bruja aquella que había destruido su matrimonio, hacía pactos diabólicos y trabajaba con una poderosa magia oscura. O quizá no tenía nada que ver con ella, si no con la creciente oscuridad que ella había presentido desde Londres, invadía con mayor ahínco la vida cotidiana de las personas.

Y eso la preocupaba sobremanera.

Cuando el coronel se acercó a ella y murmuró aquellas palabras, correspondió su mirada en absoluto silencio, sumergiéndose en los ojos oscuros que la miraban con esa frialdad que por un momento la hizo sentir las entrañas comprimirse. Pudiendo sostener su postura inquebrantable, volvió sus ojos hacia el lugar donde los otros hombres se aproximaban para recuperar los restos aún no perdidos del pobre hombre – Me temo que no me sentiré tranquila hasta que el otro lobo sea cazado al menos –murmuró entonces, volviendo a mirarlo sin mostrar las dudas que creaban una tormenta en su interior.

“Lady Violetta, ya hemos montado una base de campamento”

En un rato voy –contestó mientras volvía su mirada a lo que hacían los soldados y como la escena se hacía tan surreal como tétrica- Concuerdo con usted Sir George y mis cazadores acamparán para armar un plan de acción inmediato – No, no los había llevado para que lucieran los tartánes- Por el momento... ¿podría hacerle una petición? –dijo suavemente girándose hacia él- pídale a sus hombres, no adentrarse desde aquí, sé que son hombres valientes, pero me gustaría que mis exploradores aseguren cada tramo de este bosque antes que se aventuren más profundo. Por favor... –murmuró con preocupación- Desearía que estuviese a salvo... – a salvo de cualquier criatura demoniaca que estuviese libre- hasta que sepamos a que nos enfrentamos –agregó en un intento de recuperar un poco de compostura.

Volvió a perder sus ojos en los de él demostrando una genuina preocupación sin palabras más exactas- Mi hogar debe ser seguro para quien esté aquí... –agregó con pesar.
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DISAPPEARANCES AND TALES.
Entrecerró los ojos ante la respuesta de la escocesa. No le encantaba cuando la gente hablaba en términos de absolutos, quizás era el hecho de que su imaginación daba para demasiado y que había aprendido a desconfiar mucho de las situaciones, especialmente de cuando algo parecía estar demasiado a salvo o ser inamovible, porque esas estructuras de ideas ancestrales como castillos eran precisamente las que tenía más fácil tambalearse para acabar cayendo con un solo estruendo lo suficientemente fuerte como para quitarle su punto de equilibrio.

La mirada de Lady Violetta se alzaba al igual que ella a la manera de un dique de contención, de los que eran capaces de detener todo el caudal de un río por completo y permanecer así. Pero George no podía ver tanta entereza sin sentir la tentación de buscar el punto débil, allí donde una grieta por minúscula que fuese era capaz de comenzar a crecer hasta caer con la presión contenida durante largo tiempo. El cómo era algo que le interesaba, por mucho que aún no tuviese siquiera una idea del por qué podría interesarle averiguarlo.

Por supuesto, aunque dado su tamaño lo más seguro es que acabe alejándose en búsqueda de su manada —observó, de haber sido un lobo adulto no se habría separado demasiado de los suyos y no habría cometido la imprudencia que le había costado la vida al otro de los canes salvajes. Los hombres parecían responder a las órdenes de la joven con la misma presteza que lo hacían los soldados del inglés, se notaba por su tono que no tenía miedo a utilizar el donde mando cuando era necesario.

Ladeó el rostro para mirarla, le resultaba casi enternecedor la manera que tenía de preocuparse de él y de los suyos, como si no hubiesen estado allí más que para cumplir una labor y largarse en cuanto las órdenes de Londres los enviasen en alguna nueva tarea. Quizás lo subestimaba, quizás él subestimaba los peligros, pero aún así había algo tremendamente divertido en la forma altruista de actuar de la morena que la hacía mirarla de esa manera.

Lady Violetta, no somos los huérfanos del hospicio como para que nos cuidéis tanto —le comentó, asomando una media sonrisa en lo que los demás estaban ocupados cumpliendo sus tareas— Después de todo somos soldados, hemos venido aquí con un cometido y no nos iremos sin cumplirlo, sin importar el coste —mencionó. Por supuesto, la muerte de un hombre debía parecerle una tragedia, pero eso era porque no había visto nunca lo que una descarga de artillería de montaña podía hacer sobre una formación cerrada de casacas rojas.

Echó un vistazo hacia los lados para verificar que ningunos ojos indiscretos pudiesen detenerse a observarlos en ese momento. Su mano enguantada de negro ascendió veloz para sostener el mentón de la escocesa, acercándose a mirarla a los ojos en búsqueda de cierto brillo particular en sus ojos oscuros. No lo encontró. Nada en el cuello tampoco, solo una piel blanca impoluta. Había algo en ella, estaba convencido, tanta intención de hacer el bien solo podía venir de un espíritu anormalmente bondadoso o de la constricción más profunda, propia de quienes habían cometido los pecados más terribles y se esforzaban en vida por enmendar aquello que podía condenar su propia alma en la otra vida.

Teníais algo en el rostro —se disculpó, retirando los dedos de su barbilla mentiroso como él solo. — Confío plenamente en vuestras capacidades como anfitriona y el deseo de procurarnos la mejor de las estancias en vuestras tierras, pero a pesar de ello no quiero pensar que esa amabilidad está condicionada de alguna manera. Menos aún, que vuestros cazadores se acerquen demasiado a nuestro campamento, por su propia seguridad —señaló, porque el bosque podía ser su terreno, pero se fiaba tan poco de esos hombres con tartán como de las bestias que habitaban esos parajes. Bien fuese sin el conocimiento de la Sutherland, todos los locales eran sospechosos de colaborar con los MacKenzie y ella desde Londres poco podría haber estado al tanto de lo que ocurría en esas tierras. Menos cuando su atención estaría del todo centrada en el escándalo de su propio marido.

Confío en que sabréis entenderlo, así como todo lo demás —le dijo, dejando en el aire la exactitud de lo mismo. Porque si pretendía apoyarlo, lo mejor que podía hacer era confiar en que era más que capaz de lidiar con un bosque espeso y un jinete demasiado inexperto como para responder a una bestia salvaje.

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Disappearances and Tales
Ella esbozó una sonrisa entonces, en respuesta a sus primeras palabras- Sir George... –murmuró con suavidad- No dudo de vuestras capacidades y las de sus hombres para defenderse propiamente de cualquier amenaza en lo salvaje –dijo entonces, colocándose aquel guante en su mano derecha con mucho cuidado- Que no sea común entre las personas, preocuparse y responsabilizarse, no significa que todos seamos iguales –sobre todo sabiendo que en ese mundo había cosas más oscuras, que un animal salvaje libre y era el deber de quienes conocían eso, proteger a los que no.

Sin embargo, su línea de pensamiento se vio cortada cuando lo notó mirar a ambos lados y finalmente hacer algo que no esperaba en lo más mínimo. Paralizada en su lugar, no podía creerse la osadía de tocarle el rostro de ese modo, nadie había actuado tan impulsivo con ella y el único hombre que la había tocado tan íntimamente había sido quien era su ex esposo.

Los ojos oscuros de la morena estaban fijos en los del coronel, con una seriedad confusa. La sociedad había hecho un gran trabajo con todas sus normas y reglas que le enseñaban tanto a hombres como mujeres, más a las mujeres que estaban restringidas a casi aparentar que nada las afectaba, sin importar la ocasión. Gracias a esto, pudo conservar su entereza ante la calidez que representaba el tacto de aquel hombre, aunque su mano estuviese enguantada, siendo el olor a cuero lo que llegaba a su nariz, junto a una mezcla de aquel aroma tan propio de George... tan representativo como discreto y masculino.

Cuando la liberó, aclaró su garganta y desvió ligeramente su mirada para esconder con decoro ese color rosado que a lo mejor se confundía con el rosa provocado por el clima.

Volviendo su mirada al coronel, negó con suavidad antes de inhalar y luego exhalar contestando- espero que ya no esté... –susurró refiriéndose a ese algo que “había tenido” en su rostro, mientras movía su mano derecha para mover unos mechones de su cabello tras su oreja del mismo lado- Mis cazadores no estorbarán vuestras faenas, tiene mi palabra, lo que menos les interesa son los asuntos de la corona –agregó con suavidad- son hombres entrenados y capaces en su área de conocimiento, que es la cacería y nada más. así como conocen otros caminos para no molestarles y no rozar el territorio ocupado por vuestros soldados, confío en sus manos mi vida fácilmente y son leales a mi sin dudarlo.

Ella confiaba en aquellos soldados y en la valentía del coronel, pero temía por esa oscuridad que sus sentidos lograban captar con una facilidad palpable-  esta zona está lejos del área que acordamos sería la que vuestro campamento ocuparía, mírelo de ese modo Sir George –dijo persistente y muy tranquila, aunque aún podía sentir su corazón latiendo sonoramente en su pecho, respirando con profundidad cada cierto segundo, antes de presionar sus manos entre sí, al sentir una brisa fría recorrer su columna vertebral- No me conocéis lo suficiente para confiar en mi palabra, lo comprendo –agregó entonces- y espero llegue el momento en que pueda hacerlo...

Y fue cuando lo sintió...

Una mirada ardiente y pesada que la había notado por fin, ella volvió su rostro hacia donde la sentía y aguardó en completo silencio a escuchar o ver algo. El ritmo de su respiración cambió y su vista se perdió en el bosque oscuro y antiguo junto a ellos, su mano derecha automáticamente había buscado un revolver platinado que mantenía bien escondido bajo aquella chaqueta a nivel del muslo, negándose a desenfundar sin antes comprobar lo que la había alterado.

Dio uno o dos pasos en esa dirección antes de detenerse y retroceder.

Y lo vio, apenas una sombra con una cornamenta imponente, una altura prominente y rojos ojos que le helaron la sangre- me temo... –murmuró entonces recordando que no estaba sola- que la preocupación por encontrar respuestas, me ha llevado a sentirme algo exaltada –se disculpó un poco, antes de mirarlo de reojo- además, es mejor estar alerta. ¿No lo cree?
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Signs in the Woods
DISAPPEARANCES AND TALES.
Todos sus instintos le decían que no debía fiarse de las escocesa, no al menos de la manera en que lo haría una persona normal al encontrar tal nivel de amabilidad en otro ser humano. De alguna manera eso despertaba todas las alarmas en la mente del Wellesley, que acostumbrado como estaba a buscar fantasmas en todas las esquinas, tenía difícil ver en los demás lo que había que reconocer. Y sin embargo, en ella reconocía esa bondad imposible de encontrar, propia de los libros que las damas devoraban en que aparecían protagonistas fuertes y nobles por igual.

El que "no todos fueran iguales" era algo que se habría dado el tiempo de discutir en otras circunstancias y ante alguien a quien pretendiese aplastar en argumentos, mientras que Lady Violetta era la materialización de esos ideales que para el soldado se habían vuelto anatemas a esquivar. Midió su reacción al tocarla, podría haber esperado que se escandalizara por ese hecho, que hubiese alzado la voz o que incluso pretendiera poner distancia entre ambos.

Otra vez la educación de la morena quedaba patente. Pues no solo no había reaccionado, sino que había elegido mantener las apariencias ante la pobre excusa que le había dado el moreno. Pretender para sobrevivir, eran las maneras de la corte y de la sociedad en que vivían.

Todo impecable —le contestó, como si realmente hubiese tenido algo que quitarle de encima. Quizás había visto miedo o algo más, pero al final lo único que quedó fue la discusión acerca del espacio que debía separar las funciones de los hombres que le servían a él y los que guardaban las tierras Sutherland de las supuestas amenazas del bosque oscuro. Al final el rubor era inocultable en el rostro de Violetta, pálida como era, el menor color la ponía en evidencia. Interesante cuando menos, pensó.

Eso acordamos, es verdad. Un soldado de Su Majestad murió aquí hoy, así que espero que entendáis que cualquier margen que os de es solo porque he llegado a confiar en vos, cosa sorprendente a decir verdad —repuso. No sabía si acaso la escocesa había pretendido demarcar los límites de los que debía ocuparse, pero el coronel había llegado investido de un poder que le permitía no tener mayores consideraciones a la hora de lidiar con los problemas que pudiese provocar la remoción de los Mackenzie y todo lo que involucrara el peligro que se había cernido en esas tierras.

Y sin más, la joven se alejó un par de pasos en dirección desconocida. Pensó que posiblemente la había incomodado antes, más un breve contacto físico que con cualquiera de las cosas que le podría haber dicho. Ni siquiera cuando le había contado el verdadero motivo de su misión en Escocia, cuando estaban charlando en el balcón, la había visto ponerse de esa manera.

Ya veo que estáis de sobra preparada para lo que se os venga, Lady Violetta —dejó caer, mirando hacia su muslo, el mismo punto donde antes había levantado la chaqueta, dejando entrever un brillo metálico que para el soldado fue fácilmente reconocible con un solo vistazo— Seguro que en un vestido resulta más difícil de ocultar —sugirió, levantando la mirada desde su pierna hacia sus ojos, jugando a tantear otra vez el carácter de la morena. Tenía que haber un punto en que esa fachada de perfección cayese, eso antes de que se decidiese a solicitar que la beatificara la Santa Sede y eso que él era anglicano como toda la gente de bien del reino. Quizás era eso, que Lady Sutherland era católica en lugar de presbiteriana.

En fin, todo este asunto me ha abierto el apetito. Haré que se encarguen del... cuerpo y vos podéis regresar al castillo, dudo que hoy hallen más que al otro lobo y no es lo que buscamos, ¿Cierto? —le hizo la pregunta, probando en búsqueda de la respuesta que buscaba realmente.


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Signs in the Woods
Disappearances and Tales
Para todos, la imagen de Violetta como señora de aquellas tierras había sido una corriente de aire fresco. Era muy querida por que esas tierras la habían visto crecer en la mujer que alguna vez se casó enamorada de su esposo, pero el divorcio, junto con lo que sea que hubiese pasado en Londres la había endurecido y convertido en lo que era en ese momento: Una mujer más dura de roer que lo común, visto y conocido.

Pero ese día, había alcanzado un peligroso límite que casi la hacía perder toda compostura, gracias al tacto cálido de aquel noble y militar que parecía estar poniendo a prueba su propia templanza. Su puro terror al sentirlo tan cerca y violentar de una manera tan repentina su espacio personal, la habían dejado desequilibrada por algunos segundos, no solo por sus acciones, si no por lo ocurrido en su mente una vez sintió aquel tacto.

Imágenes violentas se habían precipitado como cascada en su cabeza y la habían llevado a creer que él se encontraría en un grave peligro en un futuro, pero ella había logrado mantener un temple envidiable, a costa de la contención del aire en sus pulmones. Sus palabras hostiles recordatorios de que bien podría no ser tan considerado al querer lidiar con sus asuntos, la hicieron tensarse mucho más.

Parte de ella deseaba advertir a su cuñada, pero desde su transformación en Londres, la Mackenzie había decidido desaparecer entre los bosques con otros de su clase. Y sabía que Nimueh sabía dónde encontrarla, después de todo... sin embargo lo que más le preocupaba era la ira que podría caer sobre ella y sus tierras, cuando llegara a oídos de su ex marido y su nueva esposa, que estaban perdiendo toda potestad de elegir sobre lo que alguna vez fue de los Mackenzie y entonces aquellos soldados caerían bajo la terrible desgracia de ganarse como enemiga a una bruja oscura y ella... la posibilidad de un ataque directo.

¿Por qué todo tenía que complicarse tanto? Estaba cansada, quería correr y perderse en las emociones que tanto reprimía y luchaba por mantener escondidas.

Por un momento su temple se había tambaleado, luego de aquella visión perturbadora que la dejó mucho más preocupada aún. ¿Cuánta presión más iba a poder tolerar antes de quebrarse? El peso de una violenta carga hacía mella en ella, mientras intentaba mantener dos mundos separados y a aquel curioso soldado a salvo... de sí misma, de la oscuridad que ya había visto a la cara con pavor y huyendo de las profecías y los malos augurios que Londres le había traído. Manteniendo un enigmático silencio sin apartar la mirada del punto en que la criatura había aparecido a sus ojos, solo se relajó cuando la vio esfumarse pocos segundos luego, para mirar sobre su hombro al soldado.

No, no es lo que buscamos –finalmente compartió mientras se giraba hacia él completamente- buscamos un... animal más grande, poco común y peligroso y estoy segura que entre la noche de hoy y la de mañana darán con el verdadero culpable –dijo con una inusual seguridad. Ella no sonrió, sin embargo, notándose un destello de preocupación que intentó ocultar, sobrecargada de emociones no podía ser fuerte para siempre y todo lo ocurrido empezaba a afectarle nuevamente- Por favor –murmuró con un gesto- que tengáis un buen almuerzo, no quisiera detenerlo mucho más –deseó inhalando profundamente, como si quisiera recomponerse, antes de ir a encontrarse con los cazadores en la tienda que habían puesto para planificar sus accionares futuros.
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Lun Jul 12, 2021 9:40 pm
The Woodland Spirit
Night of the Hunt
Una semana había pasado desde el suceso en los bosques y bien es dicho que a la tercera es la vencida.

Los soldados de la reina no volvieron a toparse con los cazadores de Violetta, e incluso ella misma se había mantenido alejada y atendiendo sus “propios asuntos”, señales de su presencia había por todos lados, incluyendo el orfanato que ya mostraba signos de estar en remodelación segura y también llevaba reuniones continuas con sus cazadores y Bernard como líder, varias veces durante la semana. Recibió la visita de Lord Christopher Stewart, otro noble escocés con quién tuvo una reunión en sus jardines mientras practicaban arquería.

Y por supuesto que no realizó más fiestas por el momento, atendiendo con la misma conciliadora paciencia a Sir George y las visitas que realizaba, para tratar los varios asuntos en los que le permitía ser partícipe a la morena, compartiendo de distintos momentos como el té de la tarde, caminata por las extensiones de pasto verde desde las cuales se veían las colinas y los parajes salvajes de Escocia, a veces solo conversaciones a des tiempos por alguna consulta o necesidad que se presentase.

Tratando de fingir que lo de hace una semana no era nada más, pero esa aparente “cosa sin importancia” demostraría ser algo.

***

Los sucesos paranormales no se hicieron esperar; los límites del bosque verde eran un área de alta actividad que ya había resultado ser extraña desde un principio. Soldados cuyo trabajo era patrullar ciertas zonas, si llegaban a acercarse demasiado, podían quizá sentirse inquietos... todo empezó con uno que sintió que algo lo llamaba del bosque, su versión directa era que había escuchado “la voz de su Lola llamándolo” sabían pues, que Lola era la muchachita que el joven soldado cortejaba por carta, estuvo a punto de dejarse engatusar por el llamado, cuando uno de esos cazadores de Violetta lo sacó de su “embelesamiento” para indicarle que no se adentrara en aquellos bosques.

Luego, prosiguió el caso de dos que realizaban mediciones de perímetro y otras labores, sin querer perdiéndose por unos segundos, acabando en un área desconocida del bosque que “lucía igual”, ¿cómo habían llegado allí? Quien sabe, pero se habían perdido brevemente y uno de ellos juraba haber visto una silueta viéndolos de lejos desde la parte sombría del bosque, en esta ocasión, fue un parpadeo lo que los sacó de la duda cuando no lo vieron más. “Debo dormir mejor” decía el que lo había visto.

Porque las noches... eran frías y en la oscuridad a veces, el bosque no emitía sonido alguno como si todas las criaturas se escondieran y tuvieran miedo ellas mismas de aventurarse a crear sus sinfonías que en otras noches si era notoria.

El último suceso ocurriría al final de la semana, cuando al atardecer uno de los soldados en patrullaje con su caballo, se aventurara sin querer y quizá por curiosidad hacia uno de los monolitos y cruzara la “línea”, luego de ... literalmente esconderse tras uno y orinar contra la roca, escuchó a su equino compañero inquieto, espantado por algo mientras escuchaba pasos y en horror vio algo surgir de entre los árboles, obligándolo a correr como loco en la dirección contraria. Trató de disparar y lo hizo unas dos veces y la criatura emitió un gruñido de cabreo intentando alcanzarlo más pareció desaparecer en un parpadeo, dejando solo la marca de tres profundos arañazos en la tierra de pasto oscuro y casi marchito; Y a un soldado extremadamente aterrado.

Nuevamente, como si la zona verde estuviese protegida por algo invisible, el hombre a salvo pudo salir huyendo y tomar a su caballo para regresar al campamento y contarles a sus compañeros lo que había vivido. Obviamente, nadie creyéndole nada, justificándolo a que seguramente había estado bebiendo a escondidas del Coronel Wellesley, pero el hombre juraba que no era así y lo comprobó ya que no olía a licor, ni cerveza y su cantimplora estaba llena de agua.

***

Violetta estaba en una reunión cuando escucharon los disparos, obviamente esperaban que no fuese lo que pensaban que era, pero a ese punto algo les decía que no podrían seguir fingiendo por mucho más tiempo que algo no estaba pasando, algo fuera de lo común.
Sábado | 4:10 p.m. | Territorio Sutherland | Escocia


Última edición por Sorceress el Miér Jul 28, 2021 9:04 pm, editado 1 vez
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Miér Jul 14, 2021 9:38 pm
Signs in the Woods
DISAPPEARANCES AND TALES.
Habían salido temprano por la mañana, siguiendo las primeras luces del alba para internarse en aquel bosque que desde el principio había mostrado signos de peligrosidad. La corrupción sin duda había alcanzado aquellas tierras y desde las mismas raíces de los árboles manaba un aire denso, cargado de humedad como lo sería seguramente en todos y cada uno de los bosques de las Tierras Altas, pero sobre todo que era pesado de respirar y que con cada paso provocaba que se erizasen los vellos de la nuca de los soldados que en él se internaban, como si una presencia extraña los estuviese vigilando con cada paso.

La incursión había dado comienzo como tantas otras, una partida de exploración por aquí y otra allá, cerrando un movimiento en pinza para dar caza a las amenazas que pudiesen quedar cerca del campamento. Se habían cruzado ya con los hombres de Lady Sutherland en varias ocasiones, sin establecer mayor contacto que para pedir indicaciones y seguir con sus tareas, cada uno por su parte.

La diferencia estaba en que tras talar la sección del bosque que la propietaria había indicado utilizarían como leña durante el invierno, los caminos se habían despejado y ahora los exploradores podían ir desde el campamento hasta los confines sin tener que atravesar por aquella densa masa de árboles que se interponía antes entre el campamento de los soldados ingleses y el castillo escocés.

Sin embargo, había algo más en ese bosque que le interesaba al coronel, algo que albergaba en lo más profundo, allí donde los monolitos llenos de símbolos rúnicos habían rodeado al coronel y a la hija del duque. Había algo más y ello implicaba una posibilidad que no pretendía dejar pasar. Los hombres salieron del campamento en dos columnas de jinetes, pero al internarse en el bosque una parte de ellas desmontaron para acompañar al grupo a pie, abriendo camino mientras el destacamento desaparecía tras el manto sombrío del espeso follaje.

A diferencia de otros días ahora iba al menos un centenar de hombres en el grupo, guiados por su comandante y en lugar de una formación de batalla, aquella parecía más una partida de las grandes cacerías que se celebraban en Balmoral cuando la monarca estaba de visita y al príncipe de Gales le apetecía regresar con una serie de trofeos con que incrementar la colección de su muralla.

Mantengan los ojos bien abiertos caballeros, no sabemos aún a qué nos enfrentamos —alzó su voz en tono marcial, ocasión en que todos desenvainaron sus largos sables curvos de la caballería ligera y sus revólveres de pólvora blanca en la otra mano. Dos zapadores se adelantaron al resto del grupo en el punto donde se habían detenido, mucho más allá del claro en que habían encontrado el cadáver del cabo hacía una semana.

Una chispa bastó y las mechas empezaron a correr, humeando a medida que se consumían a gran velocidad en dirección a los cartuchos de dinamita que estaban atados a al menos una docena de pinos ancestrales que había en mitad del bosque. Entonces detonaron todas a la vez en un estallido ensordecedor, no, no habían sido simples disparos los que se habían podido oír en toda la comarca alrededor, pero no pasó mucho tiempo hasta que las armas comenzaron a descargarse también.

¡Por San Jorge! —exclamó el coronel antes de arrojarse espada en mano hacia el peligro.

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The Woodland Spirit
Night of the Hunt
Cuando los cazadores que estaban preparándose para la captura y caza de la criatura vieron que los soldados marchaban a los bosques y sus profundidades, enviaron un mensajero para alertar al resto que debían apresurarse en la campaña para evitar más muertes. Y esos soldados marchaban a la suya.

La mirada intercambiada entre los cazadores en la sala de conferencias, fue el augurio de una noche en la que se podrían perder muchas vidas. La morena los miró y supo que sería peligroso- Parece que adelantaremos la cacería... –murmuró con voz muy suave y una palpable preocupación en sus ojos. Los hombres afirmaron y empezaron a moverse para salir de la sala secreta donde la señora de la casa trataba los temas sobrenaturales que correspondían a sus tierras; Una última mirada por la ventana hacia las copas de los arboles la hizo preocuparse por aquel coronel que había resultado más terco de lo esperado. Deseando que se mantuviera a salvo mientras llegaban.

Sospechaba que él sentía que algo se ocultaba a gran escala, pero no podría verlo hasta que recibiera aquel té de la Revelación que las hechiceras como ella podían hacer. Por lo que literalmente estaba inmiscuyéndose a ciegas contra algo que no iba a poder manejar con los medios humanos. La morena caminó por la estancia y cruzando una puerta bajó por unas escaleras mientras los cazadores se armaban para ir a por esos soldados, Violetta buscó en un estante con cristales y frascos con distintas pociones, uno que contenía un líquido tornasolado y transparente, guardándolo en la pequeña bolsa que se había colgado cruzada sobre uno de sus hombros y descansaba en su cadera.

Tomó unas cuantas cosas más antes de salir de los pasillos secretos y apresurarse hasta los establos donde la esperaban para montar y cabalgar en dirección a donde se escuchaban las detonaciones.

***

Los oscuros bosques no dejaban de mostrarse densos y neblinosos, las sombras mostraban que el sol no había tocado el suelo en mucho tiempo, no crecían flores normales, purpuras con corazones naranjados parecían desprender un aroma dulce y diferente, las setas que las acompañaban en colores vivos, amenazaban a los extraños de las posibles propiedades tóxicas que poseían. No había animales ni aves cantando... y el frío, no dejaba de ser extraño por igual, porque calaba hasta los huesos de una forma que el frío común haría. ¿Qué estaba pasando?

Los soldados miraban a todos lados, armados y sosteniendo firmemente sus rifles, mientras la niebla densa se mezclaba con aquella humareda causada por los explosivos que representaron un ataque directo a lo que sea que estaban atacando, rodeándoles como dándoles la bienvenida a un mundo diferente. Crujiendo las secas ramas bajo sus pies, aquel límite se llenó de ese olor a pólvora quemada y el silencio se hizo por unos segundos, antes que pudiesen creerse que nada pasaría, algo... con la velocidad única de lo no natural, clamó sus dos primeras víctimas: Dos soldados que se acercaron demasiado a ese límite e indiscretamente habían cruzado la línea del pasto verde, lo que sea que los había agarrado los jaló hacia las sombras y solo sus gritos fueron escuchados junto al ruedo de una de sus cabezas hasta el borde. Verduzco tras el que los otros se apostaron para atacar lo que sea que los atacaba.

No podían verlo y no podrían verlo, era un enemigo al que habían enojado y su poder había oscurecido los lindes protegidos del bosque, a medida que la noche caía y cobraba a quienes pisaran ese suelo oscurecido, incluso un espantado caballo sufriría un destino cruento en el que se perdería entre los oscuros árboles y sería devuelto en dos piezas arrojadas contra los soldados.
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Miér Jul 21, 2021 4:57 pm
Signs in the Woods
DISAPPEARANCES AND TALES.
Hacía falta mucho más que un bosque y monolitos para detener el ímpetu del coronel. Pero no había sido solo la prisa por cumplir su misión y acometer contra el antiguo clan escocés de una buena vez lo que lo había impulsado a adelantar la cacería en el bosque junto con una tropa de sus mejores jinetes. Una carta proveniente desde la capital llegó con el último correo de la semana y con él, la señal que el Wellesley había estado esperando durante demasiado tiempo. Había roto el lacre con tanta fuerza que temió haber roto parte del papel, pero aunque no fue así tampoco le traía demasiado de cuidado. Sus ojos repasaron las líneas dos veces y dio la señal de llamada a las tropas.

Por supuesto que contar con el apoyo de los cazadores locales podría haberle sido de ayuda, no podía negar que su conocimiento del terreno era importante, tanto como los guías de algunas de las tribus zulúes les servían para encontrar caminos seguros por los que poder transitar sin ser blanco fácil para los francotiradores. Ese era un asunto de la corona y los hombres de la corona eran los llamados a resolverlos, no unos locales cuya lealtad podía resultar dudosa más allá de la debida obediencia que guardaban hacia la hija del duque.

Después de las explosiones vino el silencio y después de este, comenzaron los gritos.

¡Que nadie se mueva de su posición, desenvainen y prepárense para lo que sea! —gritó, intentando mantener el orden de la formación entre sus hombres. Cualquier otro podría haber perdido los estribos en esa situación, pero para el inglés no había nada que temer más que al propio miedo. Era el bosque que se defendía, pero nunca en la historia ni la mayor de las leyendas había logrado detener el avance del hombre, incluso cuando estas habían cobrado vida con tal de intentarlo.

Los caballos relinchaban y uno desapareció entre la vegetación, pero aquello era como enfrentarse a un animal normalmente dócil, ahora embravecido por el dolor y el combate que habían provocado los soldados. Una rama saltó en su dirección, pero el sable de caballería la partió en dos igual que un machete, manteniéndose en su sitio.

¡Por Inglaterra! —animó a sus soldados, acercándose hasta la posición de los zapadores y de entre las provisiones de estos, tomó un cartucho de dinamita y lo arrojó hacia el bosque, disparándole cuando todavía iba en el aire, provocando que estallara y derribase varios árboles a su alrededor, ampliando el claro en que se encontraban.

No podían ver lo que los atacaba, pero no haría falta. Cada nueva explosión solo provocaba más ataques, como los de un animal herido, pero así como vio a uno de los caballos desaparecer y ser despedazado entre las ramas que los atacaban, también las explosiones empezaban a hacer mella. El humo comenzaba a ascender en una columna de varios metros que esperaba se vería en todos los poblados a la redonda.

¡Todos en formación! ¡Conmigo! —alzó la voz, con los jinetes que empezaban a alinearse detrás suyo para empezar a retroceder. Habían probado el peligro de la bestia, una desconocida del todo, pero que aún así había mostrado su poder y sus debilidades. Su prisa lo llevaba a no querer esperar más de lo necesario, su misión no era limpiar el bosque de amenazas, pero sí el abrirse camino para poder desalojar a los Mackenzie de sus tierras y lo que fuese eso se había llegado a convertir en un obstáculo.

Los zapadores abandonaron sus cargas y empezaron a retroceder también, dejando las mechas encendidas para detonar esa parte del bosque, los caballos se encabritaban, pero habían oído explosiones antes y el miedo que los invadía era distinto, se podía dar cuenta.

Fuego... —ordenó, batiéndose en retirada mientras las mechas se acortaban y entonces lo oyó. El sonido de cascos que se avecinaban desde una dirección conocida, cuando la detonación ya había comenzado. Consciente de que sería capaz de detener la explosión. se subió a su corcel y cabalgó por entre el bosque, dejando a sus hombres para retroceder en lo que se acercaba a los jinetes que se aproximaban y tal como se temía, con Lady Sutherland a la cabeza.

¡Alto! —les gritó, acelerando hasta interceptarlos y se cruzó en su camino, mirando los ojos marrones de la escocesa, justo al momento en que se iluminaron por la nube de llamas que se alzó varios metros más allá.
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Night of the Hunt
Podía escuchar el cabreo de la criatura a la distancia mientras cabalgaban por los bosques con apresurada premura ya que sabía muy bien que esa criatura podía masacrar a los soldados en un parpadeo y por la humareda y las explosiones que habían hecho eco en el perímetro, sabía que la furia de la criatura iba a desatarse. Sus cazadores azotaron a sus caballos para hacerlos correr con mayor rapidez y alcanzar el caos en lo profundo del bosque.

Pudo escuchar el chillido sobrenatural de la criatura y un escalofrío recorrió su piel, llegando para encontrarse con el fuego, el humo y a los soldados retrocediendo ante los ataques seguros mientras el suelo se agrietaba con sobrenaturales raíces que ella podía ver, mas no aquellos soldados, capturando por la pierna a uno que otro más, antes de arrebatarlos a las sombras como tentáculos siniestros, mientras los otros soldados retrocedían. Cruzó su mirada con el coronel George y por un instante la sorpresa brilló en sus ojos, seguido de frustración palpable antes que ella instara a su corcel a cabalgar en la dirección de la línea limítrofe del bosque, deteniéndose allí entre el caos para desmontar mientras sus cazadores se posicionaron, flanqueándola.

De entre las llamas una oscura figura emergió y con un soplido sobrenatural logró apagar parte de las llamas mientras sus raíces como ventosas oscuras y crudas se movilizaban entre la tierra rompiendo el suelo con agresividad. Ella se apresuró y antes de que la silueta arremetiera contra el coronel y sus hombres, cruzó esa línea y quitándose su collar y sosteniendo aquel medallón frente a ella, todos fueron testigos de una nube oscura y el centelleo de aquel medallón que se iluminó con una luz blanca muy poderosa y cálida, y solo en ese único momento de choque entre luz y oscuridad, es que los soldados iban a poder ver la gigantesca forma real de la criatura, con la contextura de árbol, brazos como ramas y garras alargadas, con una cabeza con el esqueleto de lo que podría ser un alce, con una cornamenta que lo hacía verse mucho más siniestro.

Los soldados no lo habían herido, solo invadido y alterado "su" territorio.

Las sombras de sus brazos en forma de ramas con garras peligrosas estaban dispuestas a despedazar a los soldados aprovechando que no podían verlo, pero al ser descubierto por la wiccana, este chilló y esta vez sí pudieron escucharlo, un lamento escalofriante que acompañaría las pesadillas de todos los que lo recordasen- ¡ATAQUEN! -ordenó a sus cazadores,  cuyos rifles, grabados con runas especiales que se iluminaron al contacto, empezaron a disparar a la criatura y herirla por fin. Lo observaron desvanecerse en varios cientos de cuervos oscuros huyendo al interior del bosque- Está retrocediendo, sigámoslo –dijo a sus cazadores y estos no dudaron en apresurarse para seguir el rastro de la criatura que se había esfumado frente a los ojos de los que la habían visto por pocos segundos.

Fue justo en ese momento que la escocesa miró al Coronel en silencio, sabiendo que ya no había vuelta atrás.

El contacto con lo sobrenatural nunca sería menos traumático para nadie, no lo fue para ella y no lo sería para los demás- No lleve a sus hombres al bosque, por favor... mis cazadores se encargarán de la criatura –dijo con suavidad, posando su vista en los heridos que habían sido atacados por el guardián del Bosque. Un cazador regresó hablándole:

“Lady Violetta, necesitamos de su ayuda para colocar la trampa”

Algo le decía que no iría sola, afirmó con suavidad y miró al Coronel con atención de nuevo, preocupada de lo que había visto seguramente y las preguntas que acarrearía esa visión o descubrimiento. ¿Cómo haría olvidar a todos esos hombres lo ocurrido? Ya pensaría en aquello, en ese momento había cosas más importantes que atender- ¿Está herido?... –quiso saber entonces con preocupación.

Otro chillido espeluznante creó un eco oscuro en el ambiente, tan oscuro y conflictivo que parecía tornarse pesado el aire y una niebla muy densa, comenzaba a apoderarse de cada metro de tierra, miró hacia el bosque y sin dudarlo mas se colocó aquel medallón al cuello y llamando a su caballo lo montó con cuidado. Si el Coronel decidía seguirla, no lo detendría, algo le decía que o debía hacerlo olvidar o tendría que abrir sus ojos a lo sobrenatural.
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Miér Jul 28, 2021 1:00 am
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DISAPPEARANCES AND TALES.
El combate hacía que su corazón galopase como nada más, la proximidad de la muerte ciertamente lograba que se sintiese vivo otra vez y en busca de esa sensación era que se había vuelto cada vez más adicto a ser enviado a las regiones más peligrosas del extensísimo Imperio Británico. El bosque era una trampa mortal, eso era algo con lo que contaba desde el primer día en que habían encontrado los restos del jinete solitario, había visto en Lady Violetta un atisbo poco usual, siguiendo una proximidad que no había buscado en principio, pero que una vez encontrada le hizo falta resistirse de buscar el brillo en aquella mirada.

Fuego, hacer de tal bosque un pasto de llamas bastaría para reducir el peligro si es que no destruirlo, al menos serviría para confinarlo. Podría haberse conformado con ello, pero la existencia de un peligro como aquel era algo que lo atraía y entender su naturaleza se le había antojado algo digno de mención, si es que finalmente el despacho del primer ministro no acababa acallando toda la historia y atribuyendo los sucesos a bandidos o alguna otra explicación racional con la que cubrir la historia, como seguramente ocurriría.

La figura que se formó en la distancia reveló más de lo que se habría esperado en un millón de sueños. No era un escéptico, razón por la cual solo había llevado a los mejores entre sus jinetes hacia aquella persecución.

¿La criatura? —preguntó a la escocesa cuando le instruyó a abandonar la caza de la forma monstruosa que había aparecido entre los árboles. Sostenía las bridas de su montura con firmeza, intentando que no se encabritara más de lo necesario ante el terror que producía en bosque en ella— ¿Conoce usted a "la criatura"? —la interrogó ahora. El tiempo era algo muy preciado en esos momentos y aún así, sabía que esa era una conversación que tendrían que tener en algún momento y que sería inevitable, como todas las cosas que habrían de suceder y que sucederían finalmente.

Lo mejor será ponernos en marcha —fue su única respuesta ante la pregunta, ni siquiera se había percatado si es que tenía alguna herida o no, prefería dejar que fuese la adrenalina la que gobernase el momento mientras todavía luchaban contra lo que fuese que fuese ese monstruo con el que se habían encontrado. Algo le decía que Escocia era todavía más indómita de lo que la mayoría se pensaba después de más de un siglo de dominación de la corona.

Ni aunque estuviese herido se habría detenido, necesitaba ver y necesitaba saber, dos cosas que en ese momento eran su prioridad, más aún que las llamas que se habían encendido producto del estallido de la dinamita entre las líneas de los árboles.

Cabalgó a toda prisa junto a la joven dama, siguiendo algo que ya no veían pero que se sabía que estaba allí. El caballo de la dama era veloz, pero no era un corcel de guerra como tal, por lo que a ratos el garañón del coronel intentaba rebasarlo a pesar de no tener idea de en qué dirección ir.

¡Por allí! —gritó, señalando hacia los cazadores que se habían adelantado, disparando sus rifles de repetición hacia la nada. Una rama se alzó, amenazando con derribarlo desde su montura, pero Wellesley fue más rápido y reaccionó de la manera menos ortodoxa. Saltó directamente hacia el caballo que conducía Lady Sutherland.

Bon voyage —le dijo una vez había aterrizado a sus espaldas, consciente como era de que ella sí que parecía tener alguna mayor idea de cómo lidiar con aquello y de la dirección en la que había que ir. Tampoco le hizo falta mucho más, pues cuando ya estaban cerca, sus ojos se desviaron hacia donde no debían y adelantando su mano desde el costado de la joven del que se sujetaba, estiró sus dedos hasta coger el revólver que sabía que esta guardaba sobre su muslo, desenvainándolo rápidamente y alzándolo por delante de las cabezas de ambos. Apuntó hacia adelante, entrecerrando un ojo y dirigiendo su atención hacia donde veía que disparaban los cazadores, un punto invisible en el que confluía el movimiento de las hojas de los árboles cercanos. Se relamió y el disparo salió desde el arma plateada, impactando contra algo que no llegó a ver, pero que por como retrocedieron los escoceses, se había desplomado o arrojado en su dirección, igual que un animal herido.

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Miér Jul 28, 2021 6:06 am
The Woodland Spirit
Night of the Hunt
Las respuestas vendrían en su momento, sus acciones hablaron de que si conocía a la criatura y contra lo que estaban enfrentándose. Ella podía ver las raíces que el espíritu del bosque enterraba en la tierra creando trampas para evitar su acercamiento, pero lo esquivaba con agilidad al maniobrar con su corcel que encontraba el camino para evitar los intentos por atacar, enfrentándose a una fuerza invisible para el coronel.

Ella estabilizó a su montura para recibir a George y redirigir su galope hacia donde él indicaba con premura, el bosque se había tornado más denso, pero pronto fueron visibles arboles antiguos que poseían runas talladas en sus troncos, sin iluminación mágica para los humanos ojos del coronel, pero claramente visibles para ella, y marcaban el camino a donde anclarían a la criatura. Al sentir como él tomaba su revolver decidió facilitarle la ayuda tan necesaria en esos momentos agitados, aun cuando quizá en otras circunstancias habría emitido alguna protesta.

Coló una de sus manos para sacar un cristal de su alforja y sin demorarse lo arrojó en una dirección, murmurando unas palabras en un antiguo idioma que se asemejaba al gaélico ancestral, provocando que el cristal brillara con una luz blanca, para luego estallar, pulverizándose como una lluvia escarchada en un punto del bosque y sobre las cabezas de los cazadores, haciendo visible a aquella criatura para que George pudiese verla temporalmente- No durará el efecto para vuestros ojos, pero lo suficiente para enfrentarlo... –explicó sobre su hombro antes de orillar al caballo y sin apuro detenerse y hacer un ademán para desmontar.

***

La criatura de varios metros de alto, con cabeza de cráneo animal era amenazante y las balas de los rifles y el revolver rúnicos de los cazadores y de la morena, ahora en manos del coronel. Lastimaban su anatomía y mientras era contenida por las balas de los presentes y luchaba por defenderse, la morena se acercó hasta un punto para hacer una mezcla de hierbas y especias específicas, recitando en el mismo lenguaje que provocó que las runas de los arboles brillaran por igual y en la tierra un fuego azulado nació, formando un círculo con las mismas runas de los árboles, capturando al endemoniado espíritu y debilitándolo notoriamente.

La trampa había funcionado, ya no se regeneraba por lo que sus ataques se tornaron más violentos, y poco a poco se veía como el cuerpo de la criatura se despedazaba como corteza de árbol viejo, a medida que los chillidos sobrenaturales hacían eco agónico. De cada herida provocada una humareda oscura brotaba, enfocando su atención en la morena como fuente que alimentaba aquella trampa mortal, comenzando a querer dirigirse a ella.

Estaban rompiendo su coraza y a medida que lo hacían, una luz rojiza se visualizaba entre las grietas de la “madera” que actuaba como su “piel”. Se notaba que necesitaban destruir su cobertura para descubrir su “centro” y finalmente acabarlo de una vez por todas, pero este luchaba con violencia y agresividad, estirando sus garras como queriendo alcanzar a Violetta que solo retrocedió dos pasos de modo que el fuego la protegía mientras murmuraba ese poderoso encantamiento que anclaba a la criatura a ese círculo.

“¡Tengo que acercarme más!”

Gritó Bernard a sus hombres desenvainando una espada con runas brillantes, preparándose para el momento en que pudiese asestar el golpe final. Una ventisca friolenta y lluvia comenzaron a azotar la tierra, siendo la respuesta elemental del espíritu del bosque poseído por esa fuerza oscura y peligrosa. La morena continuó recitando aquellas palabras, no cediendo ante el frío, viendo como el monstruo arremetía contra el círculo y con cada golpe un reflejo del mismo color del fuego actuaba como “campo de fuerza” conteniéndolo- ¡DEBEN ACABARLO DE UNA VEZ! ¡No sé cuánto más pueda contenerlo! –avisó la morena sin quitar los ojos de la criatura enfurecida.
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Signs in the Woods
DISAPPEARANCES AND TALES.
Había poco de qué hablar en esos momentos, especialmente porque ambos estaban cabalgando juntos y a toda velocidad en dirección al punto en que los cazadores parecían haber logrado arrinconar a la criatura que acechaba en el bosque. Se había cobrado la vida de sus hombres, de sus caballos y sobre todo, le había obligado a desprenderse de sus propias armas para valerse de las de la escocesa. La veía como una aliada poderosa y aún así, a pesar de haber intentando descifrar parte de su ser desde un primer momento, sentía que algo no iba del todo bien cada vez que se le revelaba un nuevo secreto acerca de su propia vida y de las cosas que ocultaba.

Era una charla que reservaría para después, pero los secretos eran la especialidad de George y como tal, le carcomía el deseo de averiguar algo más acerca de la misteriosa noble norteña. Para eso primero tenían que acabar con el monstruo del bosque, lo que implicaba callarse y empezar a colaborar. Vio el destello emerger desde el cristal y al monstruo aparecer por fin ante sus ojos, pero no le temió ni por un segundo, solo lo observó con detalle para encontrar el punto en que poder apuntar otro disparo más que hiriese su corteza protectora.

Le recordaba a un ciervo de 5 puntas, de la clase que se encontraban solo en las cacerías organizadas por la familia real, solo que estaba enclavado en un cuerpo que andaba sobre dos piernas y medía más de dos metros de alto. Había visto cosas peores, nada que lo impresionara más allá de lo irreal que resultaba su presencia en ese lugar desconocido y aparentemente mágico en todo lo que obedecía a las órdenes de los hombres.

¡Cuidado! —le advirtió a Violetta, apartándola cuando un pedrusco salió volando en su dirección con la velocidad y la fuerza de una bala de cañón que fue a estrellarse varios metros más allá, quebrando troncos de árboles por el camino. Los cazadores avanzaron y George hizo lo mismo, sin detenerse y sin mirar atrás dejó a Lady Violetta y se fue a enfrentar al monstruo también, solo cuatro balas restaban en el revólver.

La primera fue a la cabeza, fracturando aquel cráneo de animal. La segunda y la tercera abrieron más las grietas de la gruesa corteza que envolvía a esa especie de luz roja que emanaba desde su interior, desconocida en todo para él, pero lo suficientemente sugerente. Uno de los escoceses le dio alcance, cortando con su antigua espada uno de los brazos, igual que si cortase un tronco de leña, pero el monstruo reaccionó y le hizo salir volando con un golpe.

Una última bala, no sabía a qué se enfrentaba ni qué ocurriría cuando lo hiciese. Sin embargo no vio más opción posible, tomó el último cartucho de dinamita de entre sus ropas y se arrojó en dirección al monstruo, saltando sobre este, depositando el explosivo dentro del espacio del cuerpo del monstruo y corrió. Corrió tan rápido como nunca había hecho en toda su vida, vio a la morena haciendo esfuerzos por contener a la criatura y en el último momento se giró hacia atrás, apunto hacia el monstruo que lo perseguía y disparó en la mitad de su pecho, donde había alojado el cartucho.

No vio lo que ocurrió, tampoco le importaba. Saltó sobre la escocesa, derribándola y envolviéndola con su cuerpo, cubiertos ambos por la capa negra del soldado mientras las llamas devoraban todo por encima de sus cabezas.

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Night of the Hunt
Algo no estaba bien, la criatura estaba dando demasiados problemas para ser inusual, quizá era más antigua de las que ya había visto. Como fuese, sostener el encantamiento protector estaba costándole un poco más de lo habitual debido a la fuerza que la criatura demostraba sin piedad, por lo que había que someterla de una buena vez para darle un final pronto. Ella se apartó al sentir como la piedra pasó muy cerca y se centró en sostener aquel encantamiento para que la criatura no escapara, sus ojos se posaron sobre el coronel y la preocupación aumentó al verlo cercar al espíritu del bosque que chilló resintiendo cada una de las balas y ataques certeros recibidos por el noble militar. Pero estaba funcionando.

Lo que ocurrió después fue inesperado, al ver a Bernard salir volando por un golpe del monstruo y luego a George corriendo hacia la criatura. Por un momento quiso detenerlo, pero decidió confiar a que tenía un plan y eso fue lo que demostró al incrustar algo que reconoció como dinamita, aguantando la trampa hasta que el ultimo disparo activó la carga y en pocos segundos se vio derribada al suelo protegida por el soldado al que se aferró, sintiendo la falta de aire ante la caída.

Por un momento, el llameante sonido del fuego y la explosión era lo único que se escuchaba, el olor a pólvora inundó sus fosas nasales, junto con el olor proveniente del hombre que la había protegido. Aturdida trató de recuperar su concentración, pero no pudo más que aferrarse y abrir sus ojos para enterarse que estaban bajo la capa aún- Sir George... –susurró- George... –llamó en voz muy baja queriendo asegurarse, si estaba bien- ¿Os encontráis bien? –tosió un poco recuperando un poco de control para asomar por el borde y ver que en el lugar donde había estado la criatura había restos esparcidos, una hendidura en la tierra y en su centro una brillante cosa que emitía una humareda oscura. ¿Un corazón?

Entre gruñidos de los cazadores, Bernard se escuchó levantarse y hablar a lo lejos.

“Método inusual pero efectivo...”

El cazador cojeó un poco para acercarse al centro del “cráter” creado por la explosión, el “corazón” brillante de un rojo sangre sobrenatural palpitaba y amenazaba con una extraña regeneración que no iban a esperar, así que lo atravesó con la espada rúnica y este perdió su brillo en un instante, mientras una humareda en forma de un espectro flotó en el aire con un chillido, desvaneciéndose y fue casi instantáneo que la oscuridad de los bosques se disipó y finalmente se respiraba mejor.

La pesada presencia sobrenatural ya no existía, aunque la magia continuaba vibrando en cada partícula de aquel bosque, pronto escuchándose los sonidos de los animales nocturnos que parecían volver de a pocos. El cazador se inclinó sobre el corazón ahora apagado y agrietado, de color cenizo, esperó a que finalmente Violetta y el militar se acercaran.

Violetta sacudió un poco su ropa a medida que se dejaba ayudar a levantar y luego de intercambiar miradas caminaba para acercarse al punto donde estaba el corazón agrietado y quitándose uno de sus guantes, tocó este y el objeto se deshizo en una mezcla de polvo oscuro como el carbón, la morena acercó una pisca de ese polvo cerca de su nariz y murmuró- ... Estaba maldito…por eso era tan fuerte... es lo mismo que sentí en Londres –negó con suavidad y miró a Bernard- Ve a la Orden, informales de esto y diles que tenemos un problema, y avísale a Lord Stewart, necesitamos reunirnos pronto.

Bernard afirmó y miró al militar.
“Bien hecho Coronel, no esperábamos un movimiento tan atrevido, pero efectivo, muy efectivo. Es muy raro ver semejante despliegue de parte de un militar civil”

El hombre parecía orgulloso, luego de unas cuantas palmadas se retiró a dar órdenes a sus hombres de encontrar otra piedra con glifos para que la morena la restableciera. Uno de los cazadores murmuró “Lady Sutherland, ¿y los soldados?”

Yo me encargaré de ellos, avisa en el castillo que necesitaré las hierbas adecuadas para crear el Canto de Sirena – mientras ella sacaba de su alforja un frasco vacío, que destapó y con el que recogió parte del polvo dejado por aquel corazón maldito- Yo y el Coronel tenemos mucho de qué hablar - El hombre afirmó obedeciendo sus órdenes para retirarse, dejándolos solos por fin ante la bizarra situación que habían experimentado- Me alegra ver que sois lo suficientemente centrado para actuar en la más extraordinaria de las situaciones... –hizo una pausa, guardando aquel frasco en su alforja con cuidado para ver a George con preocupación, seguramente los efectos de aquella magia que le permitió ver y sentir las energías, ver las runas y a la criatura, empezaba a desvanecerse – Os agradezco enormemente, así como lamento que hayáis tenido que ser testigo de esto... este es un conocimiento que si bien habéis sabido manejar perfectamente, no es para todos y por ello, os ofrezco dos opciones... –dijo sin rodeos.

La morena volvió su mirada al entorno que se sentía limpio finalmente- Os puedo hacer olvidar a vuestros hombres y vos lo que habéis visto en esta noche, o puedo solo hacer olvidar a vuestros hombres y otorgaros el conocimiento completo de lo que habéis vivido... pero ANTES de decidir, debéis saber que una vez abierto vuestros ojos, no habrá vuelta atrás y deberéis aprender de este mundo para sobrevivir, porque una vez nuestra energía se entrelaza con la magia, la esencia que compone nuestra alma cambia y es detectada por todo lo que se mueve en este plano sobrenatural, paralelo a la realidad diaria de los humanos comunes –al decir “humanos comunes”, una sonrisa media cruza sus labios, revelando aquel nuevo destello en sus ojos. Tan genuino como misterioso, quizá apenada por la enorme decisión que pesaría sobre sus hombros.
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DISAPPEARANCES AND TALES.

No tenía miedo a nada, eso era algo que lo había caracterizado durante toda su vida y como la fortuna favorecía a los audaces, según decían siempre, de milagro había sobrevivido hasta ese momento sin más que varias cicatrices que habían acabado repartidas por su piel en lugares que no eran visibles, no al menos con el uniforme puesto. Muchos otros habían caído a su lado, ya fuese producto de las balas enemigas, la metralla de la artillería y también de las enfermedades, plagas que se extendían entre los ejércitos cuando luchaban en los lejanos y exóticos destinos del imperio británico repartidos por todo el mundo.

Había sido la última opción que había visto, por eso actuaba por el instinto en instancias como esa, era como si algo le dijese que tenía que agacharse en algún momento y así esquivar un peligro, pero no sabía qué era, solo que ahí estaba y que le advertía. Así saltó sobre Violetta y se arrojó al suelo junto con ella, después todo lo que sintió fue el estruendo y su visión se oscureció.

Una voz le decía su nombre, un par de veces hizo falta escuchar para poder intentar abrir los ojos y espabilar. Después ya todo vino a su mente, todo lo que había ocurrido pareciera increíble o no.

Sí, aquí estoy —respondió, limpiándose la tierra del rostro, ya lo que quedaba de su uniforme era otra historia, seguramente tendría que desecharlo del todo— Y entero por lo demás, así que asumo que no salió mal —respondió con un dejo de ironía en sus palabras, la explosión había sido lo suficientemente grande como para dejar un cráter en medio del bosque, uno al que los cazadores se acercaron inmediatamente después. Ofreció su mano a la dama escocesa para ayudarla a levantarse también y se juntos fueron hasta el lugar señalado.

Ya, supongo que usted nunca ha estado en África —le respondió con arrogancia al cazador, porque si creía que eso había estado siquiera cerca del efecto que podían tener los cañones y los rifles modernos, estaba bastante lejos de haber visto las cosas que él había presenciado en la guerra. Una criatura deforme no estaba cerca siquiera de intimidarlo, no necesitaba felicitaciones de nadie.

¿Canto de Sirena? Las palabras de la dama habían escapado hacía rato del vocabulario del inglés, eso significaba que conocía mucho más de lo que demostraba, que no le había contado todo y que por ende, le ocultaba cosas. Ocultar era una forma falsamente inocente de mentir y mentir a los hombres de la reina era un crimen, así que la repasó con la mirada mientras daba órdenes como una general en medio de la batalla, diciéndole a los hombres que fueran por cosas, que se prepararan y que en resumen, le hicieran caso.

Su mirada fue transformándose a medida que ella le habló, dándole opciones y tratándolo como a un niño pequeño que acababa de descubrir a sus padres en la cama, cosa que en el caso de George jamás llegó a pasar, no al menos entre ellos. Así como eran los matrimonios de conveniencia de la alta sociedad londinense— No tenéis absolutamente nada que agradecer, esa "criatura" atacó a mis hombres, tales ataques deben ser pagados con sangre —señaló, al igual que en África: 10 vidas por cada una de las que ellos perdían en las emboscadas bóer, era un método cruel pero eficiente para poner orden entre la población que desafiaba al imperio.

¿De qué se supone que estáis hablando? —preguntó con seriedad, frunciendo el ceño al mirarla, acercándose a ella a una distancia mínima, una con la que buscaba desaparecer esa confianza que exhibía la joven— ¿Vais a borrarle la memoria a mis hombres, me la borraréis a mí? —nada en su voz hacía parecer que cualquiera de las opciones le bastaría, no estaba en su naturaleza aceptar condiciones de nadie, su impulso en ese momento era rodear sus delgadas muñecas con grilletes y ponerla junto con todos sus "cazadores" bajo custodia hasta que confesaran todo acerca de aquella "magia" y del ataque que habían sufrido en el bosque.

Necesitamos saber a qué nos enfrentamos mientras estemos aquí, os prometo que después de cruzar los limes del emperador Adriano podréis hacer con mis soldados lo necesario para que olviden todo esto, pero ahora mismo sería como dejarlos ciegos en mitad de una guerra —hizo la observación, quería dejar claro que con su mente no iba a jugar nadie, odiaba la idea de sentirse ciego como cuando había necesitado el medallón de Lady Violetta para ver más allá de lo que se veía a simple vista.

Mañana ordenaré el desalojo de las tierras de los Mackenzie y no quiero más sorpresas, ni de usted ni de nadie. Ya he recibido las órdenes desde Londres y no dudaré en cumplirlas —señaló, alzando la mano otra vez hasta el mentón de la escocesa, sujetándolo con firmeza pero sin hacerle daño, quería que lo mirase a sus oscuros ojos— Espero toda vuestra colaboración, no quiero que penséis ni por un segundo en ocultar enemigos de la corona en vuestras tierras. Me parecéis una persona adorable, interesante y aguerrida... y sobre todo alguien razonable —alzó una ceja para recalcar esa última palabra, pues no era él quien tenía que escuchar las condiciones que se le ofrecían.

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Ella no perdió la calma a medida que escuchaba la respuesta del Coronel, su postura siempre correcta y atenta a lo que este pronunciaba- Contrario a lo que pueda parecer Lord Wellesley... –murmuró- La corona está muy al tanto de las operaciones de la Orden de Cazadores... –informó- un secreto que se ha mantenido por el bien estar de todos los ciudadanos de Reino Unido y el mundo, a quien orgullosamente resguardan en las sombras –murmuró con preocupación mientras lo observaba aproximarse y nuevamente romper esa distancia al sujetar su mentón.

Debería sentirse ofendida, pero el tacto del coronel le invitaba a pensarse dos veces sobre la idea de llevarle la contraria, él podría ser capaz de sobrellevar toda aquella situación con mente clara y estoico ante los peligros que albergaban las sombras.

Y ella hace mucho no había sentido la protección de un hombre fuerte que de alguna manera si se preocupara por ella, aunque fuese por cordialidad o caballerosidad. ¿Tan abandonada se había sentido? ¿tan sola se sentía?

Empujó esos pensamientos de su cabeza, con sus ojos oscuros fijos en los de él, mientras su tono de voz se tornaba suave- Una vez se ha abierto el conocimiento a lo sobrenatural, aquellas criaturas se verán atraídas a la esencia de un alma humana iluminada –formuló- no solo sus hombres se verán afectados, entre más personas sepan de esto, más seres como el que ha visto ahora surgirán de las sombras, aquí, en Londres o en la India –continuó explicando con una preocupación palpable- incluso usted... Sir George... demonios, espectros, brujas oscuras,  fantasmas, almas en pena o necrófagos y muchos otros –ella avanzó hacia él- si mañana hará el requisamiento, hágalo, pero no los exponga a todos.

Sus manos se alzaron y tocaron su brazo con suavidad, como si le suplicara- Por favor, considérelo, la única razón por la que habemos quienes escudamos al común denominador de la población de estas cosas, es precisamente por no querer ver más humanos sucumbir a estas criaturas infernales – su agarre fue cediendo entonces dispuesta a no insistir más- No todos tienen vuestra fortaleza, valentía y sentido del deber... –susurró con un dejo de admiración y rendición, demostrando que su preocupación era genuina, mas no insistiría.

Apartándose con delicadeza la morena se volvió a colocar los guantes- De proceder según vuestros deseos... quienes hayan visto a la criatura, la recordarán –explicó- al tener un roce frontal con lo sobrenatural el aura que posee cada persona cambia de tonalidad, y según esta tonalidad cambia, vuelve al propietario presa fácil para los seres regulares: demonios menores, fantasmas, espectros... – enumeró, llamó a su caballo en aquella lengua antigua a la que respondió con un galope grácil- Para poder ver tras el velo de realidad permanentemente, es necesario un ritual al que llamamos “Despertar”, tengo lo necesario si decide que es realmente lo que desea usted, puedo proporcionarle todo lo que necesite en su faena también –dijo mirándolo una última vez antes de montarse en el caballo, con sus riendas en manos- Estaré en mi castillo y ya no os perturbaré en vuestro trabajo.

De momento a otro se vio cansada, había usado mucha de su magia y necesitaba reponer fuerzas, con un toque de sus talones en los costados del caballo, lo hizo galopar en la dirección de su castillo, un atajo que conocía más directo que cualquier otro camino que evitaba todo el desastre ocurrido. ¿Qué decisión tomaría el coronel? Cómo prometía no le estorbaría, pero la preocupación ¿la dejaría estar?
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La escocesa parecía muy segura de si misma, pero ya la había visto jugar ese truco antes, ya fuese para mantenerse indemne ante la habladuría de una imprudente dama o para hablar con los cazadores a los que daba órdenes como una señora debía hacerlo con sus sirvientes. Tanta autoridad, que parecía tener toda la situación bajo control y seguro que se esforzaba mucho en que así fuese,

Sir George —la corrigió, porque había comenzado en el peor punto posible, confundiendo su rango con aquel de su padre y que algún día utilizaría su hermano mayor, no él— Y usted puede resguardar todo lo que quiera, pero eso no significa que no vaya a llegar al fondo de esto, eso y que si Londres lo sabe, las órdenes siguen sin cambiar —le dijo, porque por mucha orden de cazadores, él seguía teniendo un mandato amplio para terminar con los tumultos en el norte y lo haría a cualquier precio.

La sola idea lo intrigaba, al mismo tiempo que la elección que debía hacer entre permanecer en la sombra de la ignorancia o aventurarse hacia la luz, incluso a riesgo de que esa luz lo expusiera como un potencial blanco.

Resulta, mi señora, que se supone que tengo que privar a los Mackenzie de cualquier bien o propiedad, expulsarlos de estas tierras... —agregó, tan cerca de ella que podía percibir el perfume cada vez que el viento soplaba removiendo sus cabellos oscuros— Para tal misión no puedo estar ciego, para tal misión necesitaré ver todo lo que se interponga en mi camino —le dijo, notando como ella se acercaba un poco más, incluso cuando él ya había acortado la distancia más de lo que se podía considerar apropiado.

Sentía sus manos y aunque ello podía aflojar el tacto de sus dedos, no se separó en absoluto.

¿Cómo puedo confiar en vos si no habéis sido sincera conmigo? —le preguntó, porque había algo en sus ojos que temblaba cuando lo hacía, era un rasgo que había notado durante la primera noche, que no se había presentado hasta que la noble escocesa empezó a importunarla con todos aquellos detalles desagradables acerca de su divorcio— Y ese despertar que mencionáis, sé que lo necesitaré si quiero cumplir mi misión —le dijo, no podía seguir postergando lo que debía hacer, no cuando ya habían destruido la amenaza del bosque antiguo y que ahora solo restaba proceder al desalojo, la persecución y lo que no le había dicho a Lady Violetta tampoco, el exterminio de cualquier criatura que mantuviese presencia dentro de las islas británicas para el final del mes.

Hacen falta más que cuentos antiguos para hacerme retroceder en mi empeño —sus manos se movieron rápidas hasta las bridas de la dama, dispuesto a retenerla si era necesario, pero la verdad era que solo quería hablar— Ahora podréis iros, pero volveremos a vernos y ya que habéis demostrado vos y vuestro séquito ser de tal utilidad, estaré encantado de que sirváis a la corona como auxiliares del regimiento de dragones. Nos harán falta ojos precisos y manos ágiles cuando llegue el momento de sacar al lobo del bosque —dejó caer, guiñándole un ojo a la joven antes de apartarse, dándole un golpe a su caballo para conminarlo a echar a andar.

Ya tendrían tiempo más adelante para hablar de los detalles y las implicancias de tales promesas. Se quedó mirándola mientras se alejaba a toda prisa y por su mente pasaron dudas de si demostraría ser una aliada o si cobijaría a los enemigos del rey, porque en el pasado ambas órdenes del reino habían tenido sus propios conflictos.

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Will see you again
So safe at home

Un último espoleo a su caballo y en cosa de minutos vio el castillo que se alzaba en el horizonte, ahora más cerca suyo y de día, cosa que durante la primera visita no había podido apreciar del todo debido la oscuridad reinante. Y es que la noche en Escocia era del todo negra cuando las estrellas no se asomaban en el firmamento, ni cuando no había luna llena como era el caso de esos días donde esta ya se encontraba del todo menguante.

El día anterior habían llegado los soldados del regimiento hasta las tierras de los Mackenzie. Era curioso como la gente se aferraba a las tradiciones y a los nombres al mismo tiempo que ya no quedaban prácticamente miembros de ese clan, precisamente una de las razones por la que se había facilitado tanto la decisión de desalojarlos, pues solo los arrendatarios de sus tierras podrían poner alguna oposición, pero las horcas y las azadas poco pudieron hacer en tiempos de los jacobitas y de menos iban a servir contra las armas modernas y el poder de la ley estando de su lado.

Llevaba su uniforme de ese color azul tan oscuro que casi parecía negro, con su caballo igual de sombrío mientras se acercaba hasta el portal del antiguo castillo de los Sutherland, el otro clan más importante de la región, pero con un expediente de lealtad bastante más impecable que el de sus vecinos.

Llevaba en las alforjas de su montura una serie de artículos, todos con un fin y objetivo claro, uno que había elegido reservarse así como se había reservado la mayoría de las explicaciones para con los hombres de las tierras altas cuando llegó el momento de expulsar a los propietarios de esa tierra. Lo único que podían decir sus hombres era que se respetaría el contrato de los arrendatarios, que seguirían su vida como hasta entonces, pues con el heredero Mackenzie sin haber sido vistos en esas latitudes en largo tiempo, poco podían extrañar de su antiguo yugo.

Avísale a tu señora que el Coronel Wellesley ha venido a verla —dijo a uno de los guardias de la entrada, sin descender de su caballo. Esperó hasta que el guardia regresó y le indicó que podía pasar, en ese momento desmontó y se adentró en el castillo mientras su corcel era llevado a los establos.

Cruzó el patio y después la puerta de entrada, era la secundaria igual que la primera vez cuando habían llegado de sorpresa y sin invitación a esa fiesta en que al final se lo habían pasado tan bien, en especial sus ayudantes que habían aprovechado de lucirse ante las damas escocesas con el auspicio de su comandante.

Esperó muy poco, hasta que por fin Lady Violetta hizo acto de aparición en la sala.

Mi lady, confío en que hayáis logrado consolar el sueño —le dijo realizando una inclinación ante ella para besar su mano. Sabía que a la morena no le faltaban herramientas y que se acabaría enterando de todos los detalles tarde o temprano, pero prefería ser él quien le diese las noticias personalmente.



MARTES | 8:30 A.M. | CASTILLO SUTHERLAND | ESCOCIA
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Will See you Again
So safe at home.
Dormir era algo que había intentado permitirse, pero sabía que era solo cuestión de tiempo para que su ex esposo se enterase de lo ocurrido y contra todo lo que Violetta deseaba, se decidiera aparecer en su propiedad para buscar explicaciones y con él, el aura oscura y maldita que se había apoderado de él, perdiéndolo al punto de no retorno.

Las siluetas que formaba el poco de leche para nublar el té en su superficie, crearon formas que ella observó en silencio, siluetas que, para un humano normal, serían solo creadas por la cucharilla utilizada para revolver. Más para ella, eran vaticinadas sombras amenazantes que podrían poner de cabeza su vida en un dos por tres.

El toque de la puerta la sobresaltó, entre los crujidos del fuego y el viento entre los arboles- Adelante –permitió, pudiendo apreciar un aroma que había llegado a su nariz con el viento que corría en el interior de la residencia, el viento susurró un nombre casi en un suspiro, que desapareció interrumpido por la voz de la sirvienta.

“Mi señora, el Coronel Wellesley ha venido a verla”

Por un rato permaneció en silencio con su mirada perdida en el paisaje que se desplegaba desde aquellos ventanales monumentales y que dejaban a sus ojos la vista de las tierras verdes que tanto amaba y aún permanecían casi inexploradas sobrenaturalmente. La morena permaneció allí, quieta, antes de girar su rostro para ver a su sirvienta y afirmar con suavidad- Háganlo pasar...voy en seguida –dijo entonces dejando la taza sobre la mesa en su respectivo platillo, bajando sus piernas del diván donde estaba sentada.

Acomodó su vestido y levantándose caminó hacia una de las ventanas para ver su rostro en el reflejo y asegurarse que estaba presentable. Con eso, empezó camino hacia la sala donde lo recibiría, encaminándose con sus manos juntas al frente y esa postura tan elegante, que pocas veces perdía. Vestía un sencillo vestido con un estampado de pequeñas flores celestes cada una con sus respectivas hojas verdes, parecía ligero y vaporoso y cubriendo su espalda y hombros llevaba una frazada de tartán con el estampado escocés de su familia, de fondo verde, con franjas azul real, líneas blancas y rojas entrecruzándose en el patrón de cuadriculado. Sus largos cabellos negros estaban libres y sueltos en su espalda, con trenzas que recogían apenas lo suficiente.

Coronel –murmuró como saludo a medida que se aproximaba y extendía su mano derecha hacia él, recibiendo ese saludo caballeroso- Lo he hecho, gracias –confirmó, aunque parte de ello no fuese tan cierto- Asuntos importantes me intentaron quitar el sueño, pero nada que un buen té ayude a mitigar –respondió esbozando una sonrisa pequeña- ¿Y usted? Espero que sus labores hayan fluido sin mayores complicaciones –deseó indicando con un gesto suave, que tomara asiento mientras esperaban a que té les fuera llevado por una sirvienta que no tardó en llegar con ese juego de té con quien Violetta solía agasajar a las visitas- Y también que haya descansado propiamente...

Reconociendo internamente que a lo mejor ellos no habían terminado en tan buenos términos la última vez que se habían visto, la noche de la caza de aquel espíritu del bosque que estaba causando estragos. Suceso tan extraordinario como todo lo acontecido en Londres, esas cosas estaban pasando por algo y la Orden debía investigar de qué se trataba antes que empeorara en todo rincón.

La sirvienta ingresó con premura y solo cuando se hubo ido, la morena extendió sus manos y delicada tomó la tetera para servir el agua caliente en dos tazas, para colocar las bolsillas de té y aguardar a que su invitado hablara. Quería preguntar que pasaría con esas tierras, por que de poder comprarlas, ella lo intentaría... el mausoleo de su fallecido hijo se encontraba en ese lugar, no se atrevía a desenterrarlo para llevarlo a un lugar nuevo, solo los cielos sabían que no tendría la fuerza para algo así. ¿Qué pasaría con los empleados de las tierras de los Mackenzie?
Martes | 8:30 a.m. | Castillo Sutherland | Escocia
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Will see you again
So safe at home

Había hecho falta enviar un contingente completo de soldados desde el sur para acallar los rumores de desórdenes en el norte. Aquel extremo rincón del país donde ni siquiera los escoceses de Edimburgo se sentían en casa, todo era tan salvaje que cualquiera que no hubiese nacido allí se sentiría extranjero sin duda. Había algo salvaje en esos bosques imperecederos de extensión inalcanzable, donde incluso los romanos habían desistido de adentrarse por lo agreste del terreno y lo hostil de las gentes que allí habitaban.

Pero los hombres de su regimiento no tenían miedo, muchos, como él mismo, eran veteranos de las guerras de Sudáfrica y habían conocido horrores inimaginables para la mayoría de los simples mortales. Y no, no necesitaba cruzarse con alguna especie de árbol o de venado gigantesco para entender que el efecto de un disparo de un proyectil de artillería moderno era capaz de destrozar una formación completa de soldados por bisoños que estos fuesen.

Miró las paredes del castillo mientras esperaba en el salón, todo allí era antiguo y parecía despedir un olor particular que evocaba todo lo que había sido, cosas que habían estado guardadas durante muchísimo tiempo esperando una oportunidad para volver a brillar.

Milady —saludó a la joven escocesa cuando entró en el salón, realizando una leve inclinación de cabeza a manera de reverencia, se inclinó tomando su mano para depositar un beso en el dorso de esta, que olía a una mezcla de flores silvestres y mandarina. Atendió a su respuesta con una sonrisa, pues ambos sabían que tenían asuntos pendientes el uno con el otro— Me alegra oír eso, un té puede ser un buen compañero en momentos de tensión —o un vaso con scotch, dado el caso del coronel cuando los pensamientos se arremolinaban en su cabeza por las noches.

Le dirigió una sonrisa cuando mencionó sus labores, resultaba evidente que ambos tenían algo pendiente de lo que hablar, varias cosas en realidad y que el interés de ella se centraba en una cosa en particular.

Como si fuese la mejor seda de Bombay —respondió sin darle demasiados detalles en ese momento, solo su sonrisa de autocomplacencia por la labor realizada y por la idea de tener información que compartir con ella, así como la morena conocía aspectos del mundo, de un mundo, que para él eran casi del todo ajenos.

Aceptó la taza de té de buena gana, ambos sentados como en cualquier charla coloquial, cuando en realidad lo que los unía eran motivos bastante trascendentales, unos con los que cada uno lidiaba a su manera, incapaces de mostrar ningún tipo de fragilidad o de pérdida de control delante del otro. Obviamente que cada uno tenía su predilección por tener el control de las situaciones, pero por mucho que ella conociera más acerca del mundo sobrenatural, sabía que la curiosidad que la consumía era por el mundo natural en que vivían.

Es un té delicioso —halagó la bebida después de dar un trago, esperando a que ella fuese la que diese el primer paso para entrar en términos reales de esa conversación— Ciertamente habéis demostrado ser una anfitriona generosa conmigo y con mis hombres, si es lo que os preocupa, ya se ha decidido lo que sucederá con las tierras del antiguo clan MacKenzie —señaló, sin entrar a dar detalles otra vez, esperando a que fuese ella la que revelara su interés en ese asunto.

MARTES | 8:30 A.M. | CASTILLO SUTHERLAND | ESCOCIA


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Una sonrisa complementó su asentimiento al sentirse bien que el té fuese de su agrado, se esforzaba por dirigir aquel estado impecablemente y nunca les ofrecería a sus invitados algo malo o de mal gusto.

A la mención de las tierras de su anterior familia por matrimonio, la morena alzó la vista de su té, para enfocar su mirada en el semblante del militar, sin embargo su compostura no perdida para nada se mantuvo para formular- Es lo propio Coronel, ¿Cómo no voy a ser hospitalaria con vuestros hombres y usted? –preguntó, aunque estuviese sintiéndose conflictiva y preocupada por los empleados que alguna vez le sirvieron con lealtad y por ese mausoleo construido en esas tierras, donde dormitaban los restos de ese único hijo que había tenido y perdido.

Se rehusaba a exhumar el cadáver de su hijo, mucho menos conociendo lo perturbador que era para las almas del otro lado, el remover su lugar de descanso sin un ritual apropiado para que pudiesen continuar descansando. Siendo su conocimiento sobrenatural, el que le salvaba de cometer tan monumental error.

Parte de ella sentía pena por el clan de su ex cuñada, ella siempre sería como una hermana para la morena y la idea que ya no tendría un lugar que llamar hogar, le comprimía las emociones en el pecho, pero estaba segura que ella había encontrado un lugar donde pertenecer junto con seres sobrenaturales en algún rincón de Gran Bretaña. Cierto, Nimueh finalmente era libre de las ataduras sociales que siempre la habían contenido, ahora era libre de experimentar lo que quisiera y un terreno, una mansión y sirvientes no le darían la misma felicidad.

Solía olvidar aquellos pequeños detalles.

Con delicadeza y mucho cuidado colocó la taza sobre la mesa de centro y descansando sus manos en su regazo, enderezó su postura para prestar toda su atención al moreno delante de ella- Se puede saber ¿Qué es lo que sucederá? – dijo acomodando un poco su postura y ese tartán que cubría sus hombros.

Ella sabía y recordaba muy bien que había temas más profundos que hablar, pero estos no iban a surgir de la nada, sin antes saber primero lo que tanto la había estado preocupando. Aparte de la inminente amenaza de lo que estaba por venir sobre ella, cuando su ex marido se enterase de lo acontecido y que ya no tenía tierra que llamar suya, temía, pero no lo demostraba.
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Hasta el momento los reportes eran bastante satisfactorios, los mismos que tenía que transmitir a sus superiores en Londres. Habría mentido de negar que no le encantaba el clima de esa latitud y que tenía ganas de dar la misión por concluida, pero todavía quedaba algo más que hacer, la parte de sus órdenes que solo le había sido entregada de manera verbal, sin dejar evidencias y que al mismo tiempo le podían poner en aprietos en caso de tener que rendir cuentas de ellas.

Bueno, hay a quien puede parecerle que hacer respetar la ley es una imposición intolerable para sus principios —le respondió, descendiendo el ángulo de sus labios y negando con la cabeza, como si hubiese visto nada más que una fila de hormigas intentando amenazar un picnic en el parque real de Londres, algo molesto, pero en absoluto una amenaza para lo que todavía tenían por delante.

No habían sido simplemente algunos alguaciles de Aberdeen los que habían sido enviados al norte, sino que el ejército de Su Majestad, algo más que aguardaba en ese lugar y que sin duda tenía relación con la aparición con la que se habían encontrado en el bosque en la jornada anterior. Esa criatura sobre la cual la escocesa parecía tener un conocimiento acabado, fuese producto de hechicería o de alguna protección espiritual del antiguo bosque.

Ambos tomando el té como buenos amigos, una charla en apariencia cordial pero que entrañaba una cantidad de misterios a revelar bastante considerable. Tanto uno como el otro tenía conocimientos que deseaban adquirir y la cuestión pasaba por cuál de los dos sería el primero en dar un paso adelante detrás de sus sonrisas amables. Fue ella.

De momento todo seguirá funcionando igual que hasta entonces, los arrendatarios permanecerán en sus tierras y habrán de pagar el arrendamiento a la corona, al menos hasta que un nuevo propietario ocupe esas tierras —le dijo, como si estuviesen hablando del clima o del último chisme que provenía desde la sociedad de Edimburgo.

Es cuanto sé por el momento y entiendo que os preocupe, después de todo ambos clanes han sido vecinos y tanto amigos como rivales durante generaciones —comentó, inclinándose un poco sobre su asiento— Imagino que será raro tener otros vecinos —dejó caer, sabía que su ex-marido era uno de los Mackenzie, el heredero de las tierras para ser más preciso, por lo que esas tierras algún día habían sido las suyas, las que sus hijos conjuntos heredarían. No podía compadecerse, pero le parecía muy mala suerte de su parte. Se acomodó en el respaldo de su asiento.


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Entonces eso significa que están abiertas y disponibles para la compra –dedujo con una serenidad firme, como era habitual en la morena.

Tras sus palabras estaba por supuesto la intención de hacer el atrevido movimiento de adquirir las tierras que habían pertenecido a los Mackenzie, eso luego de arreglar cualquier problema que fuese a tener con su ex marido, que iba a darse cuenta tarde o temprano de que la corona lo había despojado del último patrimonio que su familia poseía y nada bueno iba a salir de esa confrontación con una bruja oscura siendo su sombra.

Su estómago se revolvió un poco ante la idea y por un momento, una de esas muchas heridas que buscaban sanar lentamente, ardió. Y fue el pensamiento de sus últimos días en Londres, toda una pesadilla.

No me entusiasmaría demasiado tener gente desconocida como vecinos, además, aprecio las memorias que hice allí, aunque hayan quedado en el pasado –agregó finalmente, mientras se levantaba de su silla y caminaba hacia los ventanales y con cuidado, ataba otra de las cortinas para que más luz ingresara en la tan cómoda estancia, notando como el cielo se despejaba de forma agradable, dejando que los rayos del sol, se reflejaran en las vastas planicies verdes que conformaban esas tierras que ella protegía desde ese estado tan orgulloso.

Por un momento se mantuvo silenciosa, mientras una de sus manos se alzaba para acariciar su gargantilla y elegir bien sus palabras- pero cualquier acción que tome vendrá luego de que haya pasado un tiempo prudente que me permita lidiar con cualquier eventualidad –dicho eso se giró para volver al sofá donde había estado sentada, acomodando su falda para sentarse un poco dudosa con la expectativa de lo que podría ocurrir- la gente que vive en ellas también han sido leales sirvientes que han sabido servir bien a cada miembro de la familia, odiaría que no tuvieran una vida cómoda o buenos patrones cuidándolos... –simplificó.

Lamento mucho, sin embargo, la rivalidad histórica que menciona, tontamente pensé que podría cambiar eso...  –y lo había logrado, pero el salir lastimada, no hizo a su familia sentirse muy bien, por más que le había suplicado a sus hermanos y a su padre, ninguno había querido ceder y por supuesto que no lo harían cuando se trataba de su honor.

Un profundo suspiro escapó de sus labios ante el pensamiento, notándose algo agobiada. Sus finos dedos presionaron su sien izquierda un poco y negó con lentitud- Pero ya es un asunto fuera de mis manos, por lo que debo enfocar mi atención en otros asuntos -posó entonces sus ojos en el semblante del moreno- ¿Cómo están sus soldados? -se atrevió a preguntar finalmente.
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