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Jue Jun 17, 2021 7:30 pm

El que no sabe de amores...
CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
- A ver, Marcus, mejor vamos a mantener la calma porque... — ¿¿Tú eres consciente de lo que ha pasado?? — Contestó, un tanto fuera de sí mientras avanzaba por el pasillo a zancadas. Kyla alzó ambas manos, deteniéndose un segundo por la impresión de ver a su compañero más enfadado que en toda su vida, pero retomó el caminar. Un poco corriendo tras él, porque Marcus tenía las piernas muy largas y tanta furia que iba prácticamente volando, con la túnica ondeando a su paso. — ¡¡Esto es un insulto!! ¡¡Es indignante!! — Vale, Marcus, pero cuando nos pongamos delante de los alumnos... - Marcus interrumpió con una seca y agresiva carcajada, apretando los dientes. — Me van a oír... — No te van a oír como vayas hecho una furia. - Insistió Kyla, que llevaba casi la lengua fuera detrás de él. Marcus se detuvo en seco y la chica casi tuvo que pegar un frenazo brusco para no pasarse, mientras él la miraba con una enfadada expresión de incomprensión absoluta. — ¿¿Eres consciente de la que nos puede caer a nosotros por esto?? — Kyla suspiró, claramente fastidiada también, y se cruzó de brazos. - Pues lo tendremos que asumir. — ¿¿Lo tendremos que asumir?? — Volvió a soltar una seca e indignada carcajada y retomó el caminar mientras decía. — Estos sí que van a tener que asumir hoy... —

Abrió las puertas del aula de castigo totalmente decidido y, por supuesto, enfadado. Kyla se había puesto más o menos a su altura y entró por el aula con la misma dignidad que él. Iba tan enfurecido que asustó hasta al Profesor Antares, encargado en ese momento de vigilar a los castigados. - Quedáis a disposición de los prefectos de vuestra casa. - Le dijo el hombre con tono neutral a los chicos, tras lo cual dirigió la mirada a ellos. - Que no se vuelva a repetir esta circunstancia. - Descuide, profesor. — Dijo Marcus con mucha seriedad, el semblante tenso y el tono imperturbable. Kyla y él parecían un matrimonio de padres tremendamente cabreados, y algunos de sus metafóricos hijos ya tenían cara de estar temblando. Le daba absolutamente igual. Estaba muy enfadado. — Todo el mundo a la sala común. Ahora. — Sentenció. Kyla hizo un gesto de la cabeza y dijo muy seria. - Detrás de mí. - La chica encabezó la marcha y todos fueron como patitos dóciles tras ella, con las cabezas gachas... Bueno, casi todos, aunque los más gallitos tuvieron el buen tino de no pronunciarse por el momento. Marcus se giró al profesor, le agradeció quedarse con ellos hasta que llegaran y salió, cerrando la comitiva de alumnos. Vigilando que ninguno tuviera la fantástica idea, encima, de querer escabullirse.

Valiente manera de empezar el lunes. Ya le extrañó marcharse del Gran Comedor tras la hora del almuerzo y ver que todos los alumnos de segundo curso de Ravenclaw estaban ya allí, sin excepción, todos reunidos y muy juntitos como pollitos. Pero iba distraído hablando con sus amigos y pensando en la próxima clase, clase de la que le habían sacado cinco minutos antes de terminar a Kyla y a él para comunicarles "un incidente con los alumnos de segundo". Con TODOS los alumnos, sin excepción. El incidente no era otro que el hecho de que no estaban en clase de Historia de la Magia, donde debían estar. Y había tenido que enterarse porque el mismísimo profesor de historia había ido a buscar a los dos prefectos de Ravenclaw después de esperar a la promoción de segundo durante quince minutos, salir del aula y descubrirles a todo en un aula de estudio apiñados. Les llevó al aula de castigo con el Profesor Antares y se fue a buscar a Marcus y Kyla como máximos alumnos responsables, pensando que sabían algo y pidiendo una explicación. Al parecer, los alumnos de segundo alegaban que "estaban en huelga". ¿¿Huelga?? ¿¿Huelga por qué demonios?? Arabella Granger les iba a asesinar por no haberlo impedido, toda una promoción saltándose abiertamente una clase y teniendo que ir el profesor a buscarles. Y los dos prefectos de la casa, en la inopia absoluta. Qué vergüenza. Si es que tenía que haberse parado en el Gran Comedor y haber preguntado, en vez de solo pasar de largo y decir "venga, a clase". A empujones tenía que haberles llevado a clase. Indignado era poco, estaba hecho una furia. Pero esos alumnos le iban a escuchar. Esperaba que hubieran disfrutado de su primera huelga, no iban a tener una segunda.
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Jue Jun 17, 2021 8:08 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Tengo que contárselo a Donna. Va a flipar en mil colores, con toda la tabarra que el hemos dado con Cuidado de criaturas mágicas. — Dijo entre risas. Theo se apartó el pelo de la cara, riéndose también. — Ha sido genial, la verdad, a la mayor parte de la gente le dan miedo los thestrals, pero tú has estado hasta tranquila. — Gal asintió. — Sí, es que los había visto cuando volví en cuarto. Son superbonitos, aunque espero que tardes en verlos. — Le dijo con una sonrisa, tratando de hacer una broma. Él alzó las cejas. — Tengo unos hermanos mellizos, hay más probabilidades de que los vean ellos antes que yo porque me hayan matado de agotamiento. — Gal tuvo que soltar un sonidito de adorabilidad, porque, de verdad, no se podía ser más tierno que Theo. — Mira, me parece superadorable que seas ese hermano mayor modélico. Yo de mi hermano soy, en todo caso, modelo de desastre.

La había invitado a ir a donde se daba Cuidado de Criaturas, justo cuando salían de Herbología. Últimamente hacían mucho eso, porque, tras la debacle con Marcus en Navidades, había momentos en los que se había replanteado que Marcus quisiera pasar tiempo con ella. Y luego había pasado lo del sueño, momento en el que había estado a punto de pedirle que…  Y luego, volvían los miedos, y sentía que nunca le iba a perdonar lo de Jean, que su relación, al menos en el plano del “más allá de ser amigos” ya nunca volvería a ser igual. Y quizá era lo mejor. Así que ahora estaba más abierta a que chicos como Theo se interesaran por ella, e hiciera cosas con las que se sentía cómoda, como lo de hacer algo que no fuera ir a buscar a Marcus desesperadamente en cuanto salía de una asignatura que no compartían.

Entraron al castillo, y se giró, en el principio de los escalones, para despedirse de Theo, cuando se dio cuenta de que había subido detrás de ella. — ¿Dónde vas?Te acompaño a tu sala común. — Dijo muy seguro. Gal sonrió. Theo hacía mucho eso. Discretamente, hacía un montón de cosas por ella, y no se daba ningún crédito por ello. — ¿Que me acompañas? — Dijo cruzándose de brazos y alzando una ceja. — ¿Qué crees que soy? ¿Una damisela en apuros o algo? — El chico se puso a titubear. — Bueno, no, claro que no… Yo… Eh… — Bajó un escalón y, sin previo aviso le hizo cosquillas en el costado, antes de salir corriendo escaleras arriba. — ¡No vas a acompañarme! ¡Vas a perder contra mí que no es lo mismo! — Dijo alejándose. Oyó la carcajada de Theo antes de seguirla. — ¡Gal, espera! ¡Dios, no paras quieta!

Llegaron jadeando y riendo al pasillo de Ravenclaw, donde Theo se paró a su lado y la levantó, agarrándola desde la espalda, por la cintura. — Ya no te escapas más. Eres como una culebrilla. — Ella rio, forcejeando. — ¡Poneos de acuerdo! Monito negligente, pajarito, culebrilla… — Theo la dejó en el suelo, riendo también. — ¿Quién te llama así? — Murmuró él con una risita, pero sin darle la vuelta, quedándose a su espalda y rodeándola aún con el brazo. Eso la dejó un poco callada. Suspiró, tomando aire y se apartó el pelo de la cara. — Bueno, mi padre me llama pajarito… Y… — Carraspeó. Marcus. Marcus la llamaba monito negligente. Pero no le parecía bien decirlo cuando estaba literalmente en el brazo de Theo. Se le erizó la piel y miró a los lados. No estaban en un área muy transitada, y estaban tan cerca... — ¿Vas a tenerme atrapada toda la tarde? — Theo la giró desde la cintura, pero sin soltarla, enfrentándose cara a cara. — Es que tengo miedo de que te me escapes, ¿sabes? — Mantuvo la sonrisa, pero esa conversación el sonaba de algo. — ¿Por qué iba a hacer eso?Gal...Theo... — Contestó ella con una risita y tono obvio. Estaban muy cerca, pero no terminaba de ver muy seguro al chico... O era ella la que no lo veía claro, también era posible... — ¡¡¡Más os vale mantener el silencio!!! No lleváis buena tarde. No la lleváis para nada. Si oigo una palabra más acabáis expulsados. — Gal frunció el ceño y se separó de Theo de golpe. — Esa es Kyla.Esa es Farmiga MUY enfadada. — Concretó Theo. Gal resopló y se recompuso un poco. — Voy a enterarme de qué pasa. — Si Kyla está enfadada, Marcus está liado en algo seguro, pero eso no lo dijo.

Theo se fue por el pasillo y la agarró de la mano. — Voy a hacer que no te escapes. Antes de la cena, a las seis, en el patio sur ¿Te parece? — Ella sonrió. El entusiasmo de Theo era difícil de combatir. Con él todo era fácil y bonito. El chico se inclinó hacia ella y le dio un beso en la mejilla. Mantuvo su sonrisa, mientras él se alejaba. — Nos vemos luego, chica guapa. — Se le veía tan contento… Ella alzó la mano. — Nos vemos luego, chico guapo. —Y con un suspirito, le vio marcharse por el pasillo. Era extremadamente bueno con ella, adorable, y claramente le gustaba. Pero no le había pedido nada. Y ella estaba bien así, pero… A veces, cuando se rozaban las manos, o como antes cuando le había cogido en brazos… No sentía para nada lo que había sentido cada vez que había estado así con Marcus. Claro, que con Theo no había llegado ni a besarse y con Marcus… Mejor dejaba de pensar en ello. Llegó corriendo a la altura de su amiga, sin pararse, andando a su lado. — Ahora no, Gal.¿Qué ha pasado?Una huelga ilegal de los de segundo. Y Marcus está hecho un basilisco Y CON RAZÓN. — Dijo alzando la voz. Gal miró para detrás y buscó a Creevey con al mirada. Se jugaba una mano a que era cosa suya. — ¡Gal! Escúchame. — Dijo Kyla cuando la vio mirando erráticamente hacia atrás. — Marcus está al límite, ya sabes cómo se pone con todo eso del honor y sus cosas. Súbete a tu cuarto, por favor, no vayas a decir algo que le tuerza y lo empeoremos todo más. — A ver, no quería llevarle la contraria a su amiga, porque la veía bastante agobiada, pero sabiendo los dramas de Marcus, ella podía hacer mucho por paliarlos. Eso y que no iba a perderse la bronca del siglo, la verdad. No lo reconocería ni bajo tortura, pero Marcus en modo prefecto regañón la ponía a cien. Así que subió un par de escalones de los dormitorios y se sentó, muy pegadita a la pared, esperando oír todo lo que allí aconteciera, mientras Kyla hacía lo que podía por despejar la sala común y vigilar a los de segundo, que Gal sospechaba que no iban a volver el sol en unos cuantos años.

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Jue Jun 17, 2021 9:23 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
— ¡Todo el mundo fuera! — Entró bramando por la sala común. Marcus era correcto y protocolario, pero cuando se enfadaba... Se enfadaba. Él tenía que hacerlo todo al extremo, hasta enfadarse. Era un auténtico tifón entrando por la sala común, donde ya Kyla había situado a todos los alumnos en el centro de la misma e intentaba librarse de los demás. — ¡He dicho fuera! — Insistió, porque aún había más de uno remoloneando por irse, y no tenía ganas de que su discurso se convirtiera en motivo de cotilleo de los demás. Eso era algo entre los prefectos y esos alumnos de segundo que se creían en posesión de las normas.

Se colocó frente a ellos y al lado de Kyla, de brazos cruzados. Fue a hablar, pero Kyla se le adelantó, dejándole con la boca abierta un segundo antes de cerrarla de nuevo con los dientes muy apretados. - Os vamos a dar la oportunidad de que, aunque muy a destiempo, nos contéis qué ha pasado. - Silencio. Todos estaban con las cabezas gachas y las miradas huidizas y avergonzadas, algunos hasta asustados. Todos menos uno: Benjamin Creevey. Tenía los pulgares enganchados en el cinturón y una postura erguida y chulesca, con media sonrisa desafiante, pidiendo a gritos que le dieran algún tipo de atención. Marcus estaba demasiado en furia como para entrar en eso tan fácilmente. - ¿Nadie? - Insistió Kyla con tono severo. Y a Marcus se le había agotado ya la paciencia que de entrada no tenía para conceder oportunidades que no creía merecidas. — Vuestra prefecta os ha hecho una pregunta. ¿Para organizar revueltas estáis todos dispuestos pero no para contestar? — Más silencio. Muy bien, pues si no querían hablar, le iban a escuchar.

— ¿Queréis que os explique yo lo que ha pasado? — Dijo con una ceja arqueada, mojándose los labios y dando un paso adelante de brazos cruzados. — Resulta que la Prefecta Farmiga y yo hemos tenido que abandonar nuestra clase por un incidente grave por parte de los alumnos de segundo de Ravenclaw. ¿Qué incidente? Que no han acudido a clase de Historia de la Magia. Ninguno. Y el propio profesor nos ha tenido que buscar. — Descruzó los brazos para enfatizar sus palabras con un gesto de la mano, uniendo el pulgar y el índice. — ¿Sois consciente de lo privilegiados que sois? ¿De lo que cuesta la educación en este castillo? ¿De lo que miles los magos y brujas antes que vosotros han hecho para que VOSOTROS estéis aquí estudiando? — Soltó una carcajada despectiva y alzó ambos brazos. — ¡No, por supuesto que no! ¡Porque la historia es aburrida! ¡Porque eso no sirve para nada! ¡Y por eso nos saltamos la clase! ¿¿A quien le importa que quemaran a cientos de brujas por defender nuestros derechos?? ¿¿A quien le importa que cientos de magos hayan tenido que vivir en las alcantarillas de las ciudades para poder escribir los libros que hoy vosotros tenéis en vuestras manos, protegidos de los muggles?? ¡¡A NADIE!! — Ya estaba empezando a hacer sentir mal a más de uno, que le miraba con ojos de culpabilidad total. Pero no había hecho más que empezar.

Continuó por un amplio recorrido histórico por todas las torturas y desventuras sufridas por sus ancestros "para que ellos pudieran disfrutar de un castillo seguro en el que estudiar". Si llegan a saber la que les iba a caer, se hubieran quedado en clase de historia. El recorrido llegó hasta la época de los fundadores, y ahí sí que se vino arriba. — ¡¡VOSOTROS habéis sido seleccionados a la Casa Ravenclaw!! ¡¡La casa de los sabios, los cultos, los intelectuales!! ¡¡La casa de aquellos cuya sed de conocimiento nunca descansa!! ¿¿Y qué hacéis con esa oportunidad?? ¿¿Saltaros la clase a placer?? — Estiró el brazo y señaló con el índice justo frente a donde él estaba. — ¡MIRADLA! — Algunos alumnos se giraron, otros solo agacharon la cabeza aguantando el chaparrón. — ¡Miradla todos, no vale avergonzarse ahora! ¡Mirad a Rowena Ravenclaw, vuestra fundadora! ¡Miradla a la cara y decidle que las clases os aburren! ¡Que el conocimiento no os interesa! ¡Que no queréis ser sus hijos, los hijos de Ravenclaw, porque preferís decidir lo que es útil y lo que no! ¡Y que la historia, SU HISTORIA, LO QUE ELLA CONSIGUIÓ PARA VOSOTROS, no os interesa! — Ya había dos o tres alumnos llorando, pero le dio igual. Porque aún había muchos esquivos, y Creevey seguía no solo sin perder la chulería, sino que intensificándola aún más. — ¡¡Vergüenza!! ¡¡Deshonra sobre vuestra casa, vuestra fundadora y todo lo que representa!! — Estaba empezando a notar que Kyla a su lado comenzaba a percibirle como un dramático exagerado, casi le veía la cara de circunstancias. De nuevo: le daba igual.

— Diez puntos menos para Ravenclaw. Por cada uno. — Los alumnos abrieron los ojos como platos y le miraron como lechuzas espantadas. - Pero... Prefecto O'Donnell... - Se atrevió un alumno tembloroso, uno de los que estaba con los ojos vidriosos. - Eso son doscientos veinte puntos. — Buen cálculo. Veo que al menos las matemáticas las controláis. — Hubo un par de murmullos, y otra alumna alterada y temblorosa aportó. - ¡Pero nos vamos a quedar cuartos! Va a ser imposible ganar la Copa de las Casas. — ¡Pues no la ganaremos! — Respondió, abriendo los brazos en cruz. Kyla se estaba tragando un suspiro por presenciar tanto dramatismo, y porque probablemente estaría igual de fastidiada que él con aquello. Pero era lo que había. — ¡Pensadlo mejor para el año que viene! ¡Si no merecemos ganarla, no la ganaremos! Y una casa que se define a sí misma por su erudición, sus ansias de conocimiento y su integridad académica, ¡no merece ganar la Copa de las Casas el año que se organiza una huelga estudiantil clandestina! — A ver, Señor Prefecto, ¿puedo hablar? - Ya estaba tardando en saltar. Creevey había dado un paso adelante, con toda su altanería, aunque ahora con un velo de fastidio pintado en la cara. Kyla también dio un paso al frente. - No, no pued... — No, que hable. — Interrumpió Marcus, también avanzando un paso. La tensión se podía cortar con un cuchillo. — Me interesa saber qué tiene el Señor Creevey que aportar en todo este asunto. — Porque podía poner la mano en el fuego porque él había sido el artífice de todo aquello.

Y no se equivocó. - La idea ha sido mía, yo dije de hacer la huelga. Había algunos alumnos que no querían. Quítame cincuenta o sesenta puntos o algo de eso, me castigáis a mí y ya está. - Kyla se mojó los labios y agachó la cabeza, recomponiéndose las gafas y tragando saliva. Porque claramente la chica sabía que Creevey acababa de tocar donde no debía. Solo había que ver que Marcus se había quedado mirándole con falsa cara de interés, asintiendo lentamente con el ceño fruncido y el labio inferior sacado, manteniéndole por unos segundos la mirada totalmente en silencio, de brazos cruzados. Y eso era muy mala señal. — Guau. — Dijo en tono monocorde. Dios, qué cabreo tenía. — Resulta que tenemos un Gryffindor entre nuestras filas. ¿Eres el héroe ahora? ¿El libertador? — Eh, que tampoco hace falta que me vaciles. - Creevey, cállate. - Cortó Kyla, pero Marcus hizo un gesto con la mano, con un tono de tensa no-alteración que predecía otra tormenta inminente, y eso que ya había sucedido una considerablemente intensa. — No, por favor, que hable. Ahora resulta que él sabe mejor que nosotros como dar y quitar los puntos y como establecer las normas. — Solo digo que no es justo que paguen todos por algo que ha sido idea mía. - Insistió el chico, pero Marcus estaba muy lejos de ser convencido. Se señaló a sí mismo y replicó con tono digno. — A mí no me hubieran convencido para hacer una huelga JAMÁS. NUNCA, bajo ningún concepto, me habría saltado una clase, ¡y menos porque se le ocurra una idea revolucionaria a un alumno de mi curso! — Señaló al grupo de alumnos. — Todos vosotros, todos y cada uno de vosotros, le habéis faltado el respeto a un docente, a la materia, al castillo, a vuestra casa, ¡¡y a vuestra fundadora!! — Él insistía en el respeto hacia la figura de Rowena Ravenclaw. — ¡Y habéis organizado una huelga a espaldas de la autoridad de vuestra casa, que somos vuestra jefa de casa y los dos prefectos! ¡No hay justificación! — Miró a Creevey. — Y si lo que quieres es un castigo ejemplar para ti solito, por mí no hay problemas: diez puntos menos a cada uno excepto a ti, que pierdes treinta, por instigador. ¡Así que nada, que sean doscientos cuarenta puntos menos para la casa! — El chico bufó, pero Marcus ya estaba harto de tonterías. — Quiero veros a cada uno en una esquina de esta misma sala, SOLOS, escribiendo una disculpa al profesor de Historia de la Magia por semejante agravio. ¡Y no quiero ver a nadie fuera de aquí hasta la hora de la cena! ¿Estamos? — Todos, excepto Creevey, asintieron y se fueron a sus correspondientes espacios en silencio. Este también se fue, pero mascullando y bufando despectivamente.

Su compañera se le plantó delante de brazos cruzados mientras él resoplaba y se frotaba la cara y el pelo. - ¿No crees que te has pasado un poquito? — Mira, Kyla, por favor. — Detuvo con un gesto de la mano, respirando hondo. — Estoy muy cabreado. — Ya, ya, no hace falta que lo jures. - La chica bufó y se apartó, dirección a las escaleras del dormitorio de las chicas. - Voy a refrescarme un poco antes de la reunión. — Joder, la reunión... — Murmuró, frotándose el pelo otra vez. Encima tenían reunión de prefectos esa tarde. Genial, no podía ir el día más genial. En fin, expondrían el caso y que al menos sirviera de escarmiento para que no le pasara al resto, aunque se muriera de vergüenza reconociendo que no se lo había visto venir. - Y a ver qué hacemos con tu maravillosa idea del castigo en la sala común, teniendo en cuenta que nos vamos los dos en un rato. - Remató la chica antes de irse, dejando a Marcus con la mirada perdida y expresión de fastidio. Genial, en serio. Menuda tardecita...
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Jue Jun 17, 2021 11:09 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Nunca había oído a Marcus hablar en ese tono, no se había dado la circunstancia para nada. Las que pasaron por su lado para subir, la miraron significativamente, pero ya todo el mundo tenía bastante claro que Marcus y ella iban en un aparte. Además, desde ahí no podía verla, pero ella sí podía oírle. Bueno, con los berridos que estaba pegando, igual podía oírle su propio hermano desde las mazmorras. Sabía que aquel intento de Kyla no iba a servir de nada y que, ante el muy previsible silencio de aquellos niños de doce años que claramente no habían medido muy bien la proporcionalidad entre sus opciones y las consecuencias de las mismas, solo hizo que Marcus se creciera más. Todo mal en aquella estrategia.

Por supuesto, a lo primero a lo que tenía que aludir Marcus era a dónde le dejaba aquella huelga en su lugar como prefecto. Pero, una vez habiendo dejado claro la posición en la que le habían dejado, empezó con la acusaciones pasivo-agresivas, y ya ese tono empezó a causarle cosas. No sabía por qué, pero ya lo había descubierto a lo largo del año anterior: cuando Marcus se ponía a regañar, algo en su tono, en las palabras elegidas, en la mirada fiera y fría que le salía (aunque ahora no podía verla), así tan de Slytherin oscuro... La ponía a mil. Cuando no era contra ella, obviamente. Y ahora encima hablaba de historia... Pues lo que le faltaba. Cuando estaba enfadado estaba tan inspirado... Cómo les estaba enseñando todo aquello a los de segundo, lo de las brujas quemadas, los magos en las alcantarillas... Si es que era como una de esas novelas que a él tan poco le gustaban y a ella le hacían soñar, y encima con la voz de enfado y regañina, que era lo último. Se sacudió el pelo porque ese estaba muriendo de calor, y se quitó la corbata y botón de la camisa, porque es que iba a acabar con ella.

Ahora, casi se delata con la risa que tuvo que detener antes de que saliera, con lo de mirar a la estatua de Rowena Ravenclaw. Estaba tardando en sacarla, si cuando era pequeño se sentaba a sus pies para estudiar. Si alguna vez iban a París, le llevaría los pies de Notre-Dame y le diría, ante la portada, como decía como decía Victor Hugo "Mas no tiene perdón la maldad de tu acción porque ahí, mil ojos hay en Notre-Dame", para recordarle ese momentazo con los de segundo, que probablemente se rieran en su cara si no estuvieran muertos de miedo. Lo que ya no le hizo tanta gracia fue lo de los puntos. En marzo, esa pérdida era catastrófica, irrecuperable. Ella ahí intentando no perder quince puntillos con sus locuras y los de segundo hala... Y para mejorarlo, Creeveey tenía que abrir la bocaza. Algún día aprendería que así solo se echaba más tierra encima.

La cosa se saldó con los de segundo escribiendo una carta de disculpa después de haberse tragado una lección más larga y con más trabajo que si hubieran ido a la clase, solo que sabía que ninguno se iba a retractar, solo acatarían callados (bueno, Creevey no, Creevey seguro que tenía algo que decir) y aquello sería la típica anécdota que se cuenta a fin de curso y todos dicen "puf qué liada" y a otra cosa. Kyla apareció por las escaleras y, según la vio, suspiró hondamente. — Gal... — Ella torció el gesto. — ¿Qué? ¿Crees que lo voy a empeorar? Para eso ya está Creevey. — Kyla suspiró otra vez y de frotó los ojos bajo las gafas. — Ahora todo lo puede empeorar. — Pero Gal estaba subida. Ya iba un poco en una nube cuando había entrado, pero ahora es que se veía capaz, no solo de no empeorar a Marcus si no de hacerle flotar en la misma nube que ella, iba a darle la vuelta a esa situación. Se levantó y adelantó a Kyla. — Yo no. — Kyla soltó aire y dijo. — Haz lo que quieras...

En la sala común flotaba el silencio tenso de cuando ha habido una pelea, así que pisó muy suavemente, acercándose a Marcus por la espalda. Le notaba tenso y frustrado, con los miembros rígidos, así que muy despacito, alargó la mano y acarició su muñeca, acercándose a su espalda y susurrando. — Nunca te había visto tan enfadado. — Hizo una risa muy pequeñita, casi una respiración. — La ocasión lo merecía, sin duda. — Tiró suavemente de él para que se diera la vuelta y le miró a los ojos, manteniendo el tono susurrado. — Desde luego que han superado cualquier travesura que pudiera haber hecho yo. Para mí es un castigo perderme las clases. — Y tenerle tan cerca, con esos aires derrotados, y no poder besarle, era otro castigo inmenso. — Todo eso que les has dicho... Sobre las brujas y los magos... La historia... — Dejó salir el aire por sus labios. — Es lo más inspirador que he oído en la vida. — Le dijo, completamente perdida en sus ojos, sin abandonar el susurro y completamente perdida en aquella versión de Marcus. — Eres un prefecto perfecto, esto no va contigo, lo sabes ¿verdad?
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Jue Jun 17, 2021 11:51 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Se cruzó de brazos y empezó a dar vueltas lentamente por la sala común, vigilando. Creevey le estaba mirando desafiante desde su sitio, tirado en una esquina de la sala con una pierna flexionada y la otra estirada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Marcus ni le miró, sabía que solo le estaba provocando. Quizás debería hacer como Kyla y refrescarse un poco, o llegaría a la reunión de prefectos echando humo como una tetera. Pero tendría que esperar primero a que bajara.

Ni siquiera la oyó acercarse, solo notó la caricia en su muñeca, pero estaba tan tenso que se tensó aún más, apretando los dientes y sin quitar la vista de los alumnos. No necesitaba mirarla, sabía de sobra quien era. Que nunca le había visto tan enfadado, ya, ni él mismo se había visto nunca tan enfadado. Su única respuesta a eso fue soltar aire por la nariz como un toro. Aunque la afirmación de que la ocasión lo merecía hizo que se le escapara una carcajada seca y sarcástica, con los labios cerrados. Seguía paseando la mirada severamente por todos los alumnos hasta que Alice tiró de él, y con cierta reticencias se giró. Sabía que Alice le mejoraba el humor, y podía ver que ella venía muy contenta. No sabía por qué. Marcus estaba tan sumamente enfadado que no sabía que una persona pudiera estar contenta en ese preciso minuto, no entraba en sus esquemas. Y no quería que entrara. Estaba enfadado y pensaba regodearse en su enfado todas las horas que hiciera falta.

El comentario le hizo asentir, abrir mucho los ojos y volver otra vez la vista al entorno. — Pues sí, Alice. — Dijo en voz descaradamente alta, claramente con intención de que los demás le escuchasen. — Para cualquier Ravenclaw de corazón es un castigo perder clases. — No pensaba dejar de aprovechar cualquier hilo del que pudiera tirar para que no cayera en el olvido la tremenda falta que esos alumnos habían hecho. Se había perdido otra vez en mirar uno a uno a esos chicos, pero Alice seguía hablando, y su voz la hacía mirarla de reojo, si bien el gesto de enfado no se iba. La estaba escuchando como de fondo, metido en su burbuja de cabreo, hasta que dijo que era lo más inspirador que había oído en su vida. La miró, pasando sutilmente la mirada de arriba abajo como si intentara evaluar si iba en serio o se estaba burlando de él. Había notado una punzada de orgullo importante al oír eso, alzando levemente la barbilla con una expresión que a su madre le haría sentirse muy orgullosa, porque era cien por cien heredada de ella. La altanería Horner en su máxima expresión.

Pero seguía enfadado. Le había gustado la frase, pero el muy cabezota de Marcus quería seguir enfadado, porque ahí estaban todos los alumnos y no le daba la gana de que aquello se le pasara tan fácilmente. La última frase, si bien seguro que Alice la lanzó con la mejor de sus intenciones, solo le reforzó el enfado aún más. Soltó otra carcajada de labios cerrados, mirando a otra parte, y esta sonó tan sarcástica como amarga. Se mojó los labios y, vigilando que todos estaban a sus cosas, se acercó a ella y contestó en un susurro indignado. — Se ha organizado una huelga delante de mis narices y ni me he dado cuenta. Ha tenido que venir el profesor a buscarme. ¿Perfecto? Perfecto idiota, más bien. — Apretó los labios y se giró, apuntando la mirada directamente a Creevey. Este se la estaba devolviendo con toda la chulería que tenía. — Creía que eras el único culpable. No te veo escribir. — Es que no tengo nada que poner. - Contestó el otro. De verdad, ¿en qué momento había decidido el Sombrero Seleccionador poner a ese niñato en Ravenclaw? - ¿Me puedo ir? — No. — Respondió tajante. El otro soltó un descarado bufido. Lo que tenía que aguantar.

Respiró hondo y echó el aire por la nariz, lentamente pero considerablemente exasperado, clavando la vista en otra parte otra vez. No podía mirar a Alice, sabía que intentaría neutralizarle, que le diría que era estupendo y maravilloso y cuatro tonterías más, ¡y no estaba para eso! ¡Estaba muy cabreado! — No lo intentes, por favor. — Dijo con los dientes apretados, en voz baja pero firme, mirando a los alumnos. — No estoy de humor. —
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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Ladeó una sonrisa, porque nunca se imaginó que acabaría ayudando a un prefecto a reñir a los alumnos con sus frases. Seguía enfadado y tenso, pero es que eso le hacía parecer mucho más guapo. Y por todos los dragones, tenía la mandíbula tan tensa que se le marcaba perfecta y se perdía en esa línea cada vez que giraba la cara para reñir una vez más a los alumnos que estaban por allí. Alargó un poco más los dedos desde su muñeca, rozando su palma, para que sintiera que estaba allí, que no paraba de mirarle.

Ah, y lo había conseguido. Conocía a Marcus como se conocía a sí misma, y ese alzar de barbilla y ese brillo... Ahora encima se ponía orgulloso, sin que se le quitara el cabreo, vamos, parecía que intentaba poner a prueba a todas las hormonas de su cuerpo. Pero en seguida volvió a fustigarse, lo cual hizo chistar a Gal y entornar los ojos. — Bueno, ¿y qué pretendías? ¿Tener orejas mágicas en los dormitorios o las aulas o donde sea que se ha planeado esto? No podías ver venir esto, no puede interrogar a todos los alumnos de tu casa. Ya demás has reaccionado divinamente... Aquí no va a volver a haber una huelga en los próximos diez años... — Dijo con una risita. Subió la mano y apartó fugazmente un rizo de su frente, muy rápido, muy ligeramente, pero rozando su ceja, su sien, y muy levemente la oreja. Lo suficiente como para que notara su tacto. — Marcus O'Donnell es muchas cosas pero no es ningún idiota. en ninguna circunstancia.

Obviamente, Creevey se había propuesto acabar con la paciencia de Marcus, y de paso con su plan de... Bueno no sabía muy bien cual era su plan, pero total, siempre que hacía planes se le iban al garete. Cerró la mano entorno a la de Marcus, entrelazando sus dedos con los de él. — No escuches el piar de un pollito feo y desplumado que solo quiere llamar tu atención piando más alto que los demás. — Dijo sin perder la sonrisa y el tono susurrado, y ciertamente un poco arrebatado. — Tú y yo somos águilas, de las grandes, de las de verdad, que vuelan alto ¿qué es un pollito contra ti? — Miró dee reojo a Creeveey y se rio con desprecio. — ¿Por qué era conocido Marcus O'Donnell a los doce años? Por ser el único que había conseguido la transformación perfecta en no sé cuántos años... — Se acercó un poco más a él. — ¿Y por qué va a ser recordado Benjamin Creevey? Por haber perdido el duelo contra ti, y seguir echándose tierra encima sin parar, mientras todos hincaban la rodilla, y él seguía intentando librar una batalla contra un muro. — ¿Sería posible que le estuviera poniendo aún más aquella circunstancia? Más le valía relajarse, que estaba rodeada de niños.

Soltó una risita suspirada cuando le dijo que no lo intentara. — ¿Qué crees que intento? — Era una buena pregunta para la que ni ella conocía bien la respuesta, así que podía ser interesante dialogarlo. Se situó tras él, porque era tan alto que así le tapaba un poco los movimientos. Apoyó las manos en su espalda y tiró un poco de su camisa hacia ella. — Pues yo sí. — Contestó a lo del humor. — ¿Sabes por qué? — Bajo aún más el tono, y se puso de puntillas, para llegar más cerca de su oído, aunque más bien llegaba a la nuca. — Porque me encanta cuando te pones así. Eres como un mago sabio que lo sabe todo, como los buenos alquimistas, hablas como si estuvieras en lo alto de una torre y todos pudiéramos verte ahí arriba, como si tuvieras todo el poder del mundo. Suenas tan seguro... — Suspiró. — Solo hay dos cosas que anhelaría en ese momento. La primera, poder estar en lo alto de esa torre contigo... — Dejó en el aire.
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Vie Jun 18, 2021 1:17 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Estaba escuchando a Alice y mirando de reojo a los alumnos. La chica hablaba de fondo mientras él pasaba la vista de uno en uno. Realmente no sabía por qué estaba tan tenso: salvo el maldito Creevey, que no tenía remedio alguno, todos estaban cabizbajos y tristones, algunos molestos, pero todos en silencio y escribiendo. En algún momento les tenía que salir la vena Ravenclaw. Él seguía enfadado, no obstante, porque ahora que las aguas se habían calmado solo sentía la indignación y la herida en su orgullo por haber sido burlado de esa forma. — Eso espero. — Contestó, de nuevo en voz descaradamente alta. Pero sí, más le valía a esos alumnos o a ningún otro no volver a hacer una huelga. Quizás no hubiera sido mala idea dejar a los de otros cursos viendo su espectáculo, así tomaban nota.

Y como seguía en tensión, el roce le hizo actuar automáticamente, mirando a la chica y notando un fuerte latido en el pecho. Había dirigido la mirada al recorrido de la mano de ella en ese fugaz roce, y luego a su rostro, aunque sin perder la expresión de enfado. Lo que le hacía falta ahora, emociones antagónicas: cabreo y... En fin, que mejor que Alice no le tocara mucho. Que no estaba para procesar bien. Volvió a pasear veloz y sutilmente los ojos por el rostro de la chica, evaluando si estaba de broma o no. Parecía que no. Lo que no sabía, insistía en pensar, era por qué estaba de tan buen humor. Y por qué intentaba pasárselo a él. Suerte con eso, no iba a funcionar.

Su miraba bajó a su mano entonces, cuando su amiga entrelazó los dedos con la suya. ¿Por qué le iba el corazón tan rápido? Bueno, llevaba yéndole bastante rápido desde que se enterara de lo que estaba pasando, como si el profesor de Historia de la Magia le hubiera lanzado un hechizo directo al pecho cuando les dio la noticia. El propio enfado le tenía muy acelerado, y ahora Alice le estaba acelerando más, pero no por el enfado. Le estaba confundiendo, o algo. No necesitaba confundirse, así solo se enfadaría más... Creía. No se notaba más enfadado, sino igual de enfadado, pero ahora con una pizca de algo más que ni identificaba ni quería pararse a identificar. ¡¡Porque estaba enfadado!! Y para refocalizar en su enfado, volvió a girar la mirada a los chicos que escribían. Por eso y porque no le apetecía que nadie hiciera ni el más mínimo comentario, y Alice cada vez estaba más cerca y susurraba más. Y Creevey cada vez estaba con el cuello más estirado mirándoles.

Lo del pollito feo le hubiera hecho mucha gracia en otro contexto, pero ahora solo podía imaginarse echando a Creevey a una cazuela, a ver si así dejaba de liarla. Pero Alice volvía a regalarle el oído, lo detectaba en su tono y en sus palabras, en esa forma de decir "tú y yo somos águilas". Volvió a mirarla con los ojos entornados, la mandíbula tensa y ese punto de superioridad nada bien disimulado. Quizás eso era lo que necesitaba, que le regalaran un poco el oído y le dijeran lo bien que hacía las cosas mientras esos desalmados la liaban, que no había sido culpa suya. Porque la bronca de Arabella Granger le iba a caer igual, y milagro sería que no le quitara puntos. ¡Joder! Quería irse de Hogwarts sin perder un maldito punto. Iba a matar a Creevey, de verdad, y odiaba que un niñato así le estuviera ganando la partida.

Pero Alice seguía en su línea, y ahora se había acercado un poco más a él, y el clavó su mirada en ella, sin destensarse, pero escuchando ahora con más atención. Ah, pero lo que dijo le sentaba muy bien, muy muy bien. Tanto que las comisuras se elevaron muy ligera y sutilmente, sin perder la barbilla alzada. Alice estaba alimentando demasiado su ego, demasiado peligrosamente teniendo en cuenta el cabreo que llevaba encima, diciendo cosas como lo de la transformación perfecta a los doce años, que Creevey estaba perdiendo un duelo contra él y que todos se habían rendido a sus palabras. Lo que le faltaba a Marcus: enfado y saberse victorioso, con el ego por las nubes. Pero aún le picaba no haberse dado cuenta, porque él era tremendamente cabezota y no iba a salir de ahí tan fácilmente. Eso sí, las palabras de Alice hicieron que echara una despectiva mirada de reojo sobre Creevey, sin moverse de su postura frente a ella. Si quería guerra, ese niñato la iba a tener. Y la iba a perder.

Volvió la mirada a ella con esa pregunta. ¿Que qué creía que intentaba? Ni idea, no estaba para pensar en eso, tenía el cerebro hecho fuego de ira, no podía pensar ni hipotetizar así. En ese momento detectó un ruido por la sala que le hizo girarse, pero no era nada, aunque ya había dado la espalda a Alice por culpa de su alerta. Ella aprovechó muy bien la circunstancia, como solo ella aprovecharía las cosas así, y ahora notaba un escalofrío muy extraño bajando por toda su espina dorsal. Tragó saliva y la miró de reojo desde su postura, sin decir nada, cuando ella hizo esa pregunta retorica susurrando en su oído. El corazón cada vez le latía con más fuerza. Miró de soslayo a Creevey para tenerlo localizado y este, milagrosamente, estaba ya haciendo como que paseaba la pluma por el papel con cara de aburrimiento, aunque no les perdía de vista. Y entonces lo oyó. "Me encanta cuando te pones así". Tenía erizados todos los vellos de la piel, y a la vez insistía en seguir enfadado, y esa combinación era muy confusa. Y lo que dijo después, oh, tamaño discurso el que dio Alice en su oído después, susurrando de esa forma. Vale, acababa de identificar muy bien lo que quería hacer con ella. Y ni podía, ni era el sitio, ni el momento, ni tenía el humor que debería de tener. Pero ya le estaba provocando un poquito de más. Y el vaso de la paciencia de Marcus estaba muy al borde, y tenía la sensación de que todos sus vasos estaban al mismo límite. Un empujoncito y caería. En lo que fuera. Y sin perder el cabreo.

"Solo hay dos cosas que anhelaría en ese momento". Al decirle eso se giró, lentamente, mirándola. Y le dijo la primera, pero se guardó la segunda para sí. Le estaba provocando y lo sabía, sabía que Alice se lo estaba poniendo en bandeja para que le preguntara por la otra. Pero lo dicho, Marcus tenía todos los vasos a tope, no estaba para autocontrolarse. Se mojó los labios varias veces, pasando la mirada por los alumnos, y lentamente se fue girando y caminando en otra dirección, como quien vigila, con las manos en la espalda. Sabía que ella le seguiría, ¿se creía Alice que ella era la única de ese dúo que sabía manipular? Estaban en mitad de la sala común. Y, por lo que pudiera pasar, o simplemente porque le apetecía que así fuera, o porque no quería que Creevey mirara, prefería decirle eso en un lugar del espacio en el que no estuvieran tan a la vista.

Continuó dando pasos pesados en un igual de pesado silencio hasta llegar a las estanterías. Y una vez llegó a estas, dejó estratégicamente a Alice en un pequeño punto ciego y se giró hacia ella. — ¿Cuál es la otra? — ¡Ya estoy abajo! - Maldita sea, que oportuna era Kyla cuando quería. Pero no le iba a venir ni mal. Se giró y le dijo desde su posición, viendo como la chica estaba en mitad de la sala buscándole con la mirada. — ¡Dame un minuto y nos vamos! — Y no le dio tiempo a pedirle que vigilara por él, cuando Creevey saltó. - Se ha ido a hacer manitas con Gallia al hueco ese de la estantería. - Lo iba a matar, de verdad. Presa de su cabreo, se mojó los labios echando aire por la nariz (que bien podría ser humo, porque se notaba fuego por dentro) y dio un par de zancadas hacia la estantería de enfrente. Sacó un libro enorme y se dirigió hacia Creevey, dejando el libro pesadamente caer en el suelo, tan cerca del pie del chico que lo retiró de un respingo. Claramente no se lo esperaba. — "Normativa de Hogwarts y su modificación a lo largo de su historia". Le diré al profesor de Historia de la Magia que mañana tendrá un trabajo sobre esto a primera hora en su mesa, firmado con tu nombre. — El chico alzó los brazos. - ¿¿Estás de coña o qué?? — Kyla, por favor, estate pendiente. En un minuto nos vamos. — Dejó a Creevey protestando, pero su compañera había asentido con convicción y ahora se dirigía a ese pollito feo con el índice alzado para que no le piara ni una sola vez más y se pusiera a trabajar.

Con el mismo torrente con el que había salido, volvió a la estantería. Estaba tan enfadado que ya ni medía sus reacciones, así que entró en el hueco ciego y, quizás con un poco más de vehemencia de la cuenta, apoyó la mano en la estantería y se puso frente por frente a Alice, más cerca de lo que había calculado y con la respiración agitada. Tajante, volvió a preguntar. — ¿Cuál es la otra? —
Merci Prouvaire!


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Vie Jun 18, 2021 1:49 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Y nada, allí seguía, persiguiendo a Marcus como un patito por toda la sala común, vigilando a los de segundo. Lo bueno era que parecía que todos estaban bastante liados en lo suyo, menos Creevey claro, que no paraba de mirar. Pero ni eso podía pararla. Veía las venas de cuello de Marcus latir, sentía su intenso silencio, y sabía que, aunque seguía cabreado, sus provocaciones estaban teniendo efecto. Más aún cuando se puso tan bien puesto con las manos a la espalda y cambió de dirección. Le hubiera seguido al infierno mismo en ese momento.

Lo bueno es que al infierno no iban, se iban hacía las estanterías. Un lugar tan estupendo como otro cualquiera. Cuando se pararon, escuchó la pregunta y alzó los ojos, mirando a Marcus y poniendo una sonrisa ladeada, antes de acercarse a él para susurrarle la respuesta. Pero vaya, justo tenía que bajar Kyla, que oportunidad. Y Creevey aportando, claro. No cabe duda de que las dotes perceptivas del niño lo pusieron en Ravenclaw. Aunque qué más le gustaría a ella que haberse puesto a hacer manitas con Marcus. Se le ocurrían muchas cosas que hacer con las manos, desde luego. Y aquella cortada de rollo debería haberla parado, obviamente, pero es que Marcus se vino más arriba (alguien debería pararle o alguno iba a acabar realmente mal ese día) y le mandó agresivamente un trabajo. Por todos lo dioses, ¿desde cuando le ponía tantísimo Marcus en modo tirano y mandón? Y encima en el peor momento, porque tenía que irse y lo sabía. Y ahora que lo pensaba, ella también, pero es que a quien menos ganas tenía de ver ahora era a Theo precisamente.

Y para no ayudar en nada a su calentón, Marcus dejó a Kyla al cargo. ¿Iba a volver con ella? Pues sí. Pues a por todas. Primero, le sacó al lengua a Creevey, que era la única venganza que le podía aplicar, porque era demasiado para fastidiarle algún lío por ahí. Después, se tiró un poco más de los lados de la camisa, porque pretendía terminar de poner a Marcus al nivel que estaba ella. Lo que no se esperaba era ese Marcus casi agresivo. Daba igual, más le ponía. En un segundo, se vio entre Marcus y la estantería, mucho más cerca de golpe de lo que había esperado, con su brazo por un costado. Pues bien, ella usaría el que le quedaba libre. — La primera era estar contigo en esa torre... — Subió la mano y tiró más de su cuerpo, agarrándole de la camisa. — Y la segunda... Era estar solos ahí y que me dijeras otra vez todo ese discurso. — Alzó la barbilla para llegara a su oído sin tener que moverse. — Aunque ahora que te he visto mandar un trabajo de esa manera... Lo haría encantada... Con lo que me gusta a mí conocer las normas para saber cómo saltármelas... — Volvió a su sitio y le miró a los ojos mordiéndose el labio inferior. — Sobretodo si mi prefecto me va a regañar así... — Se notaba la respiración casi en un jadeo y veía. Marcus exactamente igual. Adoraba ese juego que ese acababa de inventar y pensaba jugarlo aunque fuera solo un minuto. — Puedo convertirme en la alumna más díscola que hayas visto en tu vida.
Merci Prouvaire!


Última edición por Ivanka el Sáb Jun 19, 2021 1:19 am, editado 1 vez


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Vie Jun 18, 2021 2:31 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Era consciente de como había caído prácticamente sobre la chica, era consciente de como tenían ambos la respiración. Y, oh por supuesto, era consciente de como llevaba Alice la camisa, con esa corbata mal aflojada y los primeros botones desabrochados. Y podría preguntarle qué hacía, por qué estaba jugando con él de esa forma, por qué elegía justo ese maldito momento en el que estaba que echaba humo para provocarle así. Por qué tenía que ponerle a sus límites siempre, por qué manejaba su cerebro de esa manera. Quería tener la cabeza en otra parte, necesitaba poner la cabeza en otra parte porque estaban pasando cosas muy graves en su casa mientras él no se daba cuenta. Pero así era imposible. Como que se llamaba Marcus O'Donnell, no obstante, que Alice Gallia no le iba a arrastrar al caos. En todo caso iría él, tendría lo que al parecer se llevaban pidiendo a gritos demasiado tiempo, y luego volvería a su sitio. Y punto. Y a ocuparse de ser prefecto, que era lo que le correspondía ahora.

Y mientras él trazaba todo ese plan sin fisuras en su cabeza, en el que podría tenerlo todo bajo control (incluso a la propia Alice, qué ingenuo), la chica tiró de su camisa y él tuvo que apoyarse con más fuerza en la estantería para no perder el equilibrio, conteniendo un suspiro, apretando los dientes. Tú no sabes como me estás poniendo. Quería pensar que no lo sabía, porque ni él era capaz de medirlo, porque la palabra "enfado" seguía brillando en letras enormes y en rojo fuego en mitad de su cabeza. Entonces ella empezó a hablar, en ese tono que hacía que el corazón le fuera cada vez más rápido, que su respiración se acelerara más y que no pudiera dejar de mirar sus labios. Más se intensifico todo ante la palabra "solos", ante el susurro en su oído. El comentario sobre las normas le arrancó una carcajada seca y casi muda de garganta, devolviendo en un susurro, mirándola de reojo en esa postura. — No es el mejor día para saltarse más normas. — Pero él se las saltaría todas siguiéndola a ella, eso era lo peor. Ah, y más cabreo le daba pensarlo siquiera.

Volvió a clavar la mirada en ella, en esos labios que se mordía, cuando se retiró a su sitio otra vez. Arqueó levemente una ceja, con el ceño en tensión y los ojos entrecerrados, y se acercó aún más a ella si es que era posible. — ¿Es que quieres que te regañe? — Preguntó en un susurro altanero. No sabía en qué clase de juego se estaba metiendo, pero estaba entrando de cabeza. — Ya lo eres. — Contestó. A la vista estaba, que nadie en su sano juicio se acercaría a Marcus cuando estaba así, peor que un basilisco, y ella parecía quererle más cerca que nunca. Se acercó un poco más a su cuerpo, sin quitar la mirada de sus labios, y volvió a susurrar, aunque con un deje regañón en su voz, como si su paciencia estuviera a punto de acabarse de una vez. — No sé que pretendes con... — ¡Marcus, tenemos que irnos! - Interrumpió la voz de Kyla una vez más, con tono autoritario. En apenas una milésima de segundo, al verse interrumpido tan tajantemente, apretó los dientes, rodó los ojos y echó aire por la nariz. — Por Dios... — Murmuró en una queja al límite, y acto seguido, sin pensarlo ni un leve instante, agarró las mejillas de Alice y la besó. Solo quería poner punto y final a aquello, sentenciar, o desfogar aunque fuera un poco del fuego que tenía dentro. Pegar sus labios a los de ella un instante, con cierta fuerza, y separarse. Eso hizo, pero una vez sintió el roce, no se podía simplemente separar. Con la misma intensidad, buscó su lengua en un roce breve y, tan brusco como inició, se separó. — ¿Contenta? — Dijo chulesco casi echando al hablar la respiración que había contenido en ese beso, alzando los brazos y dejándolos caer, mientras daba un par de pasos atrás. — Tengo que irme a la reunión. — Fue toda su despedida, mientras se giraba y se marchaba.

Atravesaba la sala común en dirección a la puerta cuando ese crío irritante volvió a hablar. - Ojo al morreo. — ¡PONTE A TRABAJAR! — Bramó, apuntándolo con el índice y saliendo tan a zancadas de la sala común que Kyla tuvo que ponerse al trote otra vez para alcanzarle. Iba por lo menos por la mitad del pasillo cuando la chica le dijo, al fin logrando ponerse a su lado. - ¡Eh! Relájate un poquito, ¿no? Que no veas como vas. ¡Y ya te vale! — ¡Kyla por favor! — Dijo deteniéndose en seco, más alto de lo que debería y llevándose las manos a la cara. Resopló mientras se frotaba la cara y el pelo, aprovechando que se había parado en mitad del pasillo. Iba tan rápido y con tanta intensidad que se sentía hasta mareado. - Marcus, de verdad, relájate. Te va a dar algo. — ¡Es que lo que ha pasad...! — ¡Bueno ya vale con el honor y el fustigarse y la deshonra, Marcus! - Zanjó la chica, autoritariamente y con un gesto de los brazos, casi dando una patada en el suelo. - Sí, te han tomado por el pito del sereno. A ti, a mí, a la Señora Granger y a todo el castillo, ¿o es que somos los únicos que no se han enterado? — Pero nuestra función... — ¡Nuestra función no es ser omnipresentes! Si no existieran las travesuras, si todo el mundo tuviera un código de honor y siguiera las normas a rajatabla, nuestro puesto no existiría. - Marcus echó aire por la nariz, mirando a otra parte, no demasiado convencido del discurso de su compañera. Esta se acercó un poco a él con las manos alzadas en señal de calma. - Vamos a ir a la reunión, vamos a exponer nuestro caso y aguantaremos lo que nos tengan que decir. Los prefectos de Slytherin son nuevos, que tomen nota de lo que puede pasar. Los de Hufflepuff tienen la misma experiencia que nosotros y los de Gryffindor también, pero estos últimos son de séptimo, así que quizás nos puedan dar su perspectiva y echar una mano para que no vuelva a ocurrir. Y aguantaremos la bronca de la Señora Granger y punto y final. ¿Estamos? - Marcus apretó los labios, sin desviar la mirada perdida, y asintió. - Bien. - Confirmó la chica. - Y ahora, vamos a la reunión. A velocidad de persona normal, a ser posible. Que me vas a matar con tanto perseguirte. -
Merci Prouvaire!


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Vie Jun 18, 2021 10:27 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
La mirada de Marcus en ese momento era lo más intenso que había sentido jamás. Sentía cómo cada nervio de su piel se tensaba y le buscaba, cómo un escalofrío recorría toda su columna. Y notaba también cómo Marcus intentaba resistirse, casi podía oír su cerebro preguntándose si eso era una buena idea. Ella misma no sabía si lo era, pero es que ahora no lo veía relevante. Ahora lo único que veía era a ese Marcus de porte chulesco, tono autoritario y labios entreabiertos que gritaban “cómeme”.

Yo creo que es exactamente el día. — Dijo entre susurros, casi encima de los labios del chico. Se rio un poco y simplemente dijo. — Sí. Sí que quiero… — Jadeó cuando le dijo que ya lo era y murmuró. — Y tú siempre serás mi prefecto. — Le encantaba decirle eso Y estaba cumpliendo sus deseos, poniendo esa voz y es tono regañón y prepotente, cuando Kyla tuvo que intervenir. Mira, no se lo podía creer, con lo que le había costado poner a Marcus a ese nivel… Y entonces, casi sin vérselo venir, la besó. Y qué beso. Por los segundos que los labios de Marcus se encontraron con los suyos solo fue capaz de sentir eso, sus cuerpos pegados, sus manos agarrándose a sus mejillas, sus lenguas acariciándose. Por el momento que duró aquello, el mundo había desaparecido por lo que a Gal respectaba, tratando de ahogar las ganas de gemir en aquel beso. Pero no duró mucho más.

¿Contenta? Ni por asomo. Quería más, lo quería todo de Marcus, pero sabía que allí y ahora no se lo iba a dar. Ahora mismo no pensaba con claridad, ni si quiera podía responder, así que simplemente sonrió y asintió cuando le dijo que tenía que irse, y le lanzó un beso antes de que desapareciera tras las estanterías. Ella se concedió un momento para recuperar la respiración con los ojos cerrados, y salió.

En cuanto dio la vuelta a la estantería, se dio de frente con Creevey. — Estás liada con O’Donnell, lo sabía. Él echándonos la peta como si se creyera aquí el salvador del honor de Ravenclaw y al momento metiéndote mano fraudulentamente. — Gal suspiró y tomó al niño de los hombros, dirigiéndole a donde estaban sus pergaminos y sus libros. — Benjamin, por favor, ya tienes muchos clavos en tu ataúd, y nadie quiere un Marcus más cabreado cuando vuelva. — Le empujó hacia abajo y le abrió el libro de la normativa, dejándose caer con los pies en alto en una silla a su lado. — ¿Vas a quedarte aquí siendo la perrita guardiana de O’Donnell? — Gal se giró hacia él alzando la ceja, pero el chico alzó las manos y cambió la expresión. — Perdón, no lo he pensado mucho antes de decirlo. No quería decir… — Gal hizo una pedorreta y entornó los ojos. — No me ofende. Eres un crío pretencioso que quiere llamar la atención, la mía no la tienes. — Él chistó y se rio. — Sí, ya, y por eso estás aquí vigilándome en vez de metiéndole la lengua a O’Donnell. — Gal se miró las uñas con desinterés. — ¿Por qué te interesa lo que Marcus y yo hagamos con la lengua? — El otro se rio como un neandertal. — ¿Por qué te interesa a ti la lengua de O’Donnell? Tú no eres así, Gal. — Ella alzó mucho las cejas y le miró. — ¿De veras? ¿Y qué sabes tú de mí, Benjamin? — El chico se encogió de hombros y puso sonrisa de duendecillo. — Que te gusta meterte en problemas, como a mí. Y que eso, por algún motivo, le pone a O’Donnell. — Ella soltó una carcajada. — ¿Y buscas lo mismo o qué?¡No! — Exclamó el niño, poniendo una voz muy aguda y ofendida. Ella volvió a reírse. — De todas formas, yo me meto en líos por curiosidad, no para que hablen de mí. No me gustan los líos, pero a veces las normas se meten en mi camino. — Señaló a Creevey.— Tú, sin embargo, buscas meterte en el camino de las normas. — El aludido se encogió de hombros. — Es divertido. — Gal negó con la cabeza. — No cuando perjudicas a todo el mundo, Benjamin. Tenemos que ser mejores que eso. Es lo que Marcus intenta enseñarte. Si quieres estar por encima, no lo hagas así. Demuestra que estás en esta casa por algo. — La miró con esa carita pilla otra vez. — ¿Y ser como O’Donnell? — Gal ladeó la cabeza y movió la mano en el aire. — Por ejemplo. ¿Y me meterás a mí también la lengua? — Contestó en tono lascivo. Gal puso una sonrisita y se inclinó hacia él lentamente. — Sí… Esta noche… — Aprovechó la cercanía y le metió una colleja. — En tus sueños. Escribe, joder. — Se separó y volvió a su posición de brazos cruzados. Estaba frustrada porque lo de Marcus no había llegado a más, y ahora encima tenía que aguantar las tonterías del aquel crío. — Pues todos dicen que te dejas. — Soltó una carcajada de garganta. — Pues que lo intenten, verás las risas. — Benjamin se encogió de hombros. — Bueno, a O’Donnell le dejas, y a Matthews también. — Frunció el ceño, e iba a responder, cuando cayó en algo. — ¡Mierda! ¡Amber! — Llamó a la chica de cuarto, porque estaba segura de que estaba por allí espiando. — Vigila y encárgate de que Creevey termina lo que tiene que hacer. Los prefectos te lo sabrán agradecer. — La chica apareció de detrás de una cortina, con su habitual expresión circunspecta, y asintió. Y ahora a darse prisa que llegaba tarde a una cita.

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Vie Jun 18, 2021 10:39 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
- ¿En serio los de segundo de Ravenclaw se han saltado en grupo la clase de historia? - Layne Hughes solía pasar olímpicamente de las reuniones. Estaba sentado en una pose chulesca y pasota, retrepado en la silla con una pierna flexionada y el codo apoyado en el brazo del asiento. Eunice McKinley siempre estaba a su lado, mirando a todos con desconfianza, y ambos se hablaban en confidencias, murmullos y risas sobradas. El portavoz de las brabuconadas solía ser él, aunque ella lanzaba comentarios mordaces de vez en cuando. A pesar de que su actitud corporal no había cambiado, al parecer lo de la huelga había despertado su interés. Como no, algo que fastidiara a los demás había despertado su interés.

Marcus cogió aire y dejó que fuera Kyla quien explicara la circunstancia al completo. Ignoró las risitas de Layne por lo bajo, como si le estuvieran contando una historia divertidísima. Simplemente no cruzó la mirada con nadie. - ¿Y cómo lo habéis resuelto? - Preguntó Olympia. La prefecta de Hufflepuff era la más genuinamente preocupada y pendiente de todo aquello, aunque su compañero de casa y el prefecto de Gryffindor también escuchaban con atención. Maggie parecía bastante neutral. Estaba cruzada de brazos escuchando a Kyla, sin mirarle. Mejor. Sabía que le gustaba a la chica, prefería no tener que lidiar con su decepción hacia él. Ya tenía bastante. - Están todos en nuestra sala común, la cual hemos despejado del resto de estudiantes. Están redactando una carta de disculpa al profesor. - Más risitas cómplices de los prefectos de Slytherin entre ellos. - Y... Les hemos quitado puntos de casa. A todos. - Añadió Kyla, un tanto incómoda y mirándole de soslayo. Claramente había considerado la medida excesiva por su parte, pero no quería ponerle en evidencia delante del resto de prefectos. El primer año acordaron que, de cara a los demás, iban a ir siempre a una. Discutirían lo que tuvieran que discutir de puertas para adentro. - ¿Cuántos? - Preguntó Layne. Kyla tomó aire, pero Marcus se adelantó para contestar. — Diez por persona, treinta a Benjamin Creevey por ser el ideólogo y no mostrarse arrepentido, todo lo contrario, faltarnos al respeto justo cuando estábamos regañando. — ¿¿Les habéis quitado doscientos cuarenta puntos de casa?? - Preguntó Eunice, con una voz entre la admiración, la incredulidad y el morbo, sin poder disimular una sonrisilla. Layne se estaba riendo como un idiota, con los ojos muy abiertos, haciendo aspavientos con una mano. Marcus no se inmutó. — Diez puntos por saltarse una clase deliberadamente, participando en una revuelta, siguiendo las indicaciones de un alumno claramente problemático y faltando el respeto de esa forma al profesor, me parecen pocos. Pero dado que la sumatoria iba a ser una pérdida considerable, creo que es lo adecuado. — Al decir eso, oyó un bufido despectivo a su izquierda. Al mirar vio que era Maggie, quien seguía de brazos cruzados, negando con la cabeza y mirando a otra parte. No sabía muy bien qué había querido manifestar con eso.

- Total, que ya solo nos queda ganar a los gatos para tener la Copa de las Casas. - Dijo Layne sobradamente, dándole un codazo cómplice a Eunice y señalando con la cabeza a los prefectos de Gryffindor. Él en su mundo. A su comentario, Olympia compuso una expresión empática y miró a Kyla y a Marcus. - Oh, es verdad, os quedáis los últimos. Lo siento, chicos. - Kyla hizo un gesto de restarle importancia al asunto. Ambos estaban muy fastidiados con aquello, y probablemente Marcus se frustraría bastante cuando viera el último día como quedaban cuartos, terceros con suerte. Después de llevar todo el curso en segundo puesto, pisándole los talones a los de Gryffindor, en una tarde habían bajado en picado a la última posición. Como había dicho, sin embargo, era lo que había. Prosiguió. — En cuanto a Creevey, como bien ha dicho mi compañera, nos ha faltado el respeto a ambos mientras interveníamos. No ha mostrado el más mínimo arrepentimiento y no quería acatar nuestra directriz. — Si me lo hace a mí, le pongo a limpiarme los zapatos con la lengua en mitad de la sala común. - Contestó Eunice, haciendo que Layne emitiera ruiditos de impresión que hicieron a la chica venirse más arriba aún. A Marcus empezaba a sobrarle bastante el teatrito Slytherin, lo que estaba contando era muy serio. Simplemente les ignoró y, una vez más, continuó con lo que estaba contando. — Por todo esto se le han restado veinte puntos más que al resto. Por esto y por agitador. — ¡Oh, por favor! - Murmuró alguien despectivamente a su izquierda otra vez. Se creó un tenso silencio en el que todos la miraron, porque lo dijo bajito, pero la había escuchado todo el mundo. Además de que se notaba que le había salido del alma.

Marcus se giró lentamente y la enfocó, con una expresión nada amistosa. — ¿Algo que objetar? — Primero el bufido, y ahora ese comentario pasivo-agresivo y cargado de desprecio. Maggie se recompuso en su asiento, irguiéndose, y le miró desafiante. - Pues mira, sí. - Dijo con seguridad. - Me gustaría saber si te has parado siquiera a preguntarle a Benjamin por qué ha hecho lo que ha hecho. - Ahora el que soltó la risa despectiva fue él. — ¿Preguntarle a alguien que ha provocado que toda una promoción haga una "huelga" y deje tirado a un profesor por qué lo ha hecho? — Efectivamente. ¿Puedes, o se te va a descolgar la chapa de prefecto si lo haces? - Le espetó. ¿¿¿Perdona??? Le gritó su propio cerebro, mientras miraba a Maggie con ojos de ofensa absoluta. El silencio se hizo más pesado todavía, y ni un hacha de leñador podría cortar la tensión que había allí. — Ya te puedo responder yo a la pregunta: lo hace por agitar, por fastidiar, por llamar la atención. Lo hace por montar un numerito, porque es lo que lleva haciendo desde que puso los pies en este castillo. Puedes pedirle confirmación a mi compañera. — Apoyó un brazo en la mesa y se giró hacia ella. — ¿Insinúas que no me paro siquiera a escuchar a los alumnos de mi casa, o me lo parece? — Nadie parecía estar ni siquiera respirando. Allí se iba a iniciar un duelo dialéctico en cuestión de segundos, todos eran conscientes.
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Vie Jun 18, 2021 10:55 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Estaba ella para bajar así, tal como estaba, a hablar con Theo precisamente. Encima antes habían estado a punto de besarse y ahora… Resopló. Si es que todo le salía al revés. Tomó aire, se apartó el pelo de la cara y subió a coger la chaqueta. Ya lo pensaría de camino al patio.

Dieron las campanadas mientras bajaba las escaleras, atribulada, sin ser capaz de disipar la imagen de Marcus yendo hacia ella y besándola. Sin poder evitar aquel cosquilleo en sus labios y aquella sensación de sentir aún sus manos… Oh, por Dios, y solo había sido un beso. Pero es que últimamente su psique no le daba descanso.

Theo, por supuesto, ya estaba sentado esperándola, asomado hacia los terrenos y el lago, exactamente donde le dijo que estaría. En cuanto oyó sus pasos, se giró y avanzó hacia ella con una sonrisa brillante en la cara, y los ojos llenos de ilusión. – Ya pensaba que no vendrías. – Dijo con una risita. Y esta vez iba lanzado, porque no guardó la típica distancia que él solía dejar y luego iba prudentemente recortando. Esta vez rodeó su cintura con un brazo, tal como había hecho antes, atrayéndola contra sí y con la otra mano le acarició el brazo. – Gal tengo que decirte… Espera, Theo. – Le dijo ella, apretándole el brazo con cariño, y mirándole con una mezcla entre ternura y culpabilidad. – Déjame hablar a mí primero. – Se separó lentamente de él, pero aún veía esa emoción en los ojos de él que solo la hacía sentir más culpable. Inspiró. – Creo que… Antes de que me digas nada… Tengo que ser sincera contigo. – Tragó saliva y terminó de separarse.

Aquello era mucho más difícil de decir que de pensar, más cuando estaba segura de que se le iba a declarar. Cuando ella se lo había dejado a huevo para declararse antes, para ser justos, porque le gustaba. Le gustaba de verdad, y creía firmemente que podía hacerla feliz, que su vida sería más fácil si Marcus solo fuera su amigo pero… Había tenido a Theo a la misma distancia que Marcus aquella misma tarde y no había sentido ni la mitad de lo que acababa de sentir solo al oír hablar a Marcus. Por no hablar que con uno había acabado besándose apasionadamente, aunque fuera un minuto, y con el otro no. Theo era guapo, bueno e ideal, pero no podía cometer la estupidez de empezar algo con él. No cuando sabía lo que sentía por Marcus. – Theo, yo te quiero muchísimo. En menos de un año te has convertido en una persona importantísima para mí… – Dio un paso hacia él y le cogió de las manos. – Pero… Como mi amigo. Yo… – Suspiró. – No te voy a mentir y te voy a decir que no me he planteado ir a más contigo porque no sería cierto. Pero, Theo… – Le miró a los ojos y apretó los labios. – No puedo estar contigo. No puedo estar con nadie. Mi cabeza ahora mismo es un huracán, un desastre… No puedo permitir que nadie se vea arrastrado por el desastre. – El chico se había quedado mirándola como un cachorrito apaleado, pero estaba tan cortado que ni las manos le había soltado. Solo cuando ella paró de hablar se soltó de su mano, para pasársela por detrás de la cabeza. Ay, ya le estaba poniendo nervioso e incómodo.

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Sáb Jun 19, 2021 12:03 am

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
- Pues tú me dirás: no sabías que había una huelga, no sabes por qué todos la han secundado, no sabes por qué Benjamin la ha organizado... - Marcus no salía de su asombro, pero Maggie parecía absolutamente segura de lo que decía. Kyla estaba igual de desconcertada que él, y los prefectos de Hufflepuff y el de Gryffindor tenían cara de haberse perdido algo. Como si Marcus supiera a qué venía todo aquello. Los que parecían estar disfrutando de lo lindo, que solo les faltaba comer palomitas, eran los dos de Slytherin. - No da buena cuenta de lo mucho que escuchas a los tuyos. - Flipando era poco, tanto que se había quedado sin palabras. Solo le quedaba mirarla con ofendida incomprensión, con el ceño fruncido y la boca entreabierta, negando con la cabeza.

- Yo tampoco lo sabía. - Dijo Kyla, que prefirió adelantarse antes de que Marcus soltara veneno por la boca. La chica se encogió de hombros con expresión convencida. - Lo han organizado a escondidas, obviamente, y estoy bastante segura de que ha sido algo improvisado si no hoy, ayer o antes de ayer como mucho. Ninguno de los profesores lo sabía tampoco. - Miró al resto de sus compañeros. - ¿Algunos de vosotros sabía algo? - Eunice soltó una carcajada despectiva y soberbia. - ¿Me ves pinta de ponerme a hablar con críos de segundo de una casa que no es la mía? - Si yo me llego a enterar de eso, les dejo. - Soltó Layne, que cada vez estaba más retrepado en la silla, disfrutando de aquello. Si no fuera porque Maggie le tenía muy tenso y sabía que Kyla estaba haciendo lo posible por hacerle quedar bien, le espetaría que se sentara en condiciones al menos. Estaba ya hasta las narices de sus faltas de respeto y tonterías, y todo lo que habitualmente ignoraba, hoy le sentaba mal. - Nosotros no teníamos ni idea, ¿a que no? - Respondió Olympia, mirando a su compañero de Hufflepuff, el cual confirmó que tampoco sabía nada. El prefecto de Gryffindor se unió a esta confirmación. Solo faltaba ella.

Y no dijo nada. Estaba con la mirada puesta en un punto indefinido, con aspecto de superioridad. Olympia trató de echar un cable y repitió. - ¿Ves, Margaret? No lo sabíamos ninguno, no es cosa de Marcus. No se puede estar en todo. - Espera espera espera... - Interrumpió Layne, que de repente parecía haber recobrado interés. Todos le miraron, pero él estaba mirando analítico a Maggie Geller, quien seguía manteniendo su expresión. - Tú lo sabías, ¿verdad? No paras de llamar a ese crío por su nombre de pila en vez de por su apellido. - Todos miraron a la chica súbitamente, Marcus incluido, con el ceño tan fruncido que se le juntaba con la nariz y los ojos desencajados. Estaba rezando todo lo que se sabía porque la chica dijera que no, que como iba a saber nada, que si estaba loco o algo... Pero no lo hizo. - Vino a pedirme asesoramiento sobre qué hacer con una asignatura. Al parecer no tiene muy buena relación con su prefecto. — ¿¿¿Perdón??? — Saltó Marcus, girándose totalmente a ella, indignadísimo. - Hostia, colega... - Dijo Layne entre risas. Kyla también estaba mirando a Maggie sin salir de su asombro. - ¡No nos ha dicho nada a nosotros! ¡En ningún momento! Y no tiene una mala relación con Marcus en concreto, es un alumno problemático. Nuestro deber es apercibirle cuando hay que hacerlo. - En algún momento agradecería todos los intentos de Kyla por hacer equipo con él. Pero ahora estaba demasiado enfocado en su propio enfado.

- Benjamin lleva año y medo pasando de un aula de castigo a la otra y perdiendo puntos para su casa a cada paso que da. Dice que se siente etiquetado e ignorado. — Por Dios bendito... — Suspiró Marcus, que estaba como para seguir escuchando sandeces ese día, mientras se pasaba las manos por el pelo y la cara. Olympia fue la que interrumpió esta vez, alzando un dedo índice para pedir la palabra. - Yo he hablado con ese chico. Una vez le llevé yo al aula de castigo y hablé con él, y no me dio la sensación de ser una persona muy receptiva. Todo lo convertía en una burla, y no mostraba arrepentimiento alguno. Y parece que le tiene una inquina especial a cualquier figura de autoridad que se le ponga por delante. - Sobre todo si es una figura alta, morena y con apellido irlandés. - Apuntilló Layne, mirándole mientras se balanceaba en las patas traseras de la silla. Marcus le ignoró, pero Olympia estaba dejando algo sobre la mesa: que Creevey había manipulado estúpidamente a Maggie. Y ella no solo se había dejado manipular, sino que les había metido en un follón con ello y ahora pretendía justificarse.

— ¿Me estás diciendo que tú sabías que había una huelga, y no solo no nos dijiste nada, sino que no lo impediste? — Preguntó Marcus, intentando que el tono no se le fuera de más, y eso era mucho contener. Porque no podía estar más enfadado. La chica siguió erguida y orgullosa, y con tono altivo, contestó. - No solo lo sabía y no lo he impedido. Fue idea mía. - La cara de Marcus era un poema, mientras Layne volvía a hacer una exclamación de las suyas, Kyla se llevaba las manos a la cara como si ya hubiera perdido aquel partido por completo y el prefecto de Gryffindor soltaba una exclamación a su compañera, pues claramente tampoco sabía nada. Pero ahí estaban Maggie y él, manteniéndose la mirada el uno al otro. El combate acababa oficialmente de comenzar.

Se empezó a escuchar un aplauso lento y sarcástico. Layne, con cara de falsa impresión, paró el teatrillo de aplaudir y dijo. - Brillante, la tía, dinamitando a la casa que le pisa los talones en la competición. Con un par. Así también gano yo la Copa. - No pensaba hacer el menor caso a sus estupideces, porque demasiado tenía con lo que tenía ya. — ¿Sabes que hacer una huelga está expresamente prohibido por el reglamento interno del colegio? — Preguntó Marcus con tono indignado y ya bastante más subido. Hizo un gesto con la mano y añadió. — ¿Necesitas que te recuerde que los prefectos debemos velar porque el reglamento se culpa, o te ha sugerido Creevey que pienses lo contrario? — Como claramente no te has molestado en hablar con Benjamin, te voy a explicar yo lo que pasa. - Dijo la chica, cruzando los dedos sobre la mesa e inclinándose ligeramente hacia delante. - El profesor de Historia de la Magia lleva desde el curso pasado ignorando deliberadamente a Benjamin, así como cualquier sugerencia del alumnado. Todos los que cursáis la asignatura os habréis dado cuenta de que este año está especialmente pasota. - Ese profesor no había sido nunca el colmo de la alegría y la implicación, Marcus lo sabía. Pero seguía esperando el grandioso motivo que justificara todo aquello, porque ese no lo era, desde luego. - En concreto con el segundo curso va especialmente retrasado con el temario. Cosa que los de Ravenclaw deberíais tener muy en cuenta. - Gracias por recordarme qué deberían hacer los de mi casa, pensó Marcus, pero tenía los dientes tan apretados que no podía ni hablar. Ella siguió. - Benjamin vino a decirme que sus compañeros estaban muy preocupados porque habían hecho un cálculo estimado y, al ritmo que iban, no les iba a dar tiempo a ver el tema sobre La Asamblea Medieval de Magos de Europa, donde se hizo el tratado de paz con la comunidad muggle y se firmaron los Estatutos del Secreto Mágico. Y este tema, como sabréis, es fundamental para comprender el fin de la quema de brujas de la Edad Media que se da a principios de tercero. - Eunice y Layne ya estaban murmurando entre sí, pero los demás estaban considerablemente intrigados por saber en qué iba a acabar eso. - Hablaron con el profesor para solicitarle que fuera más rápido y este poco menos que les dijo que "unos alumnos de doce años no le iban a enseñar ahora como dar clases", y que el ritmo que llevaban era el que era y punto. Y que si no les daba tiempo a terminar el temario, que se lo estudiaran en verano o que ya lo darían el año que viene. - La chica abrió mucho los ojos, mirando a Marcus como si se creyera que había ganado la batalla con ello. Tras esto, añadió. - Por las buenas el profesor no había cedido, y los alumnos tienen derecho a defender sus derechos. Por eso les sugerí que hicieran huelga. Estaba perfectamente argumentada. - Esta tía es imbécil. - Oyó decir a Eunice. Pero Marcus aún estaba procesando.

- Vale, Margaret, cariño. - Se adelantó Olympia, cuyo pelo había adoptado un conciliador tono celeste y rosado que claramente quería sembrar paz. - Es muy loable por tu parte querer ayudar, se nota que eres una Gryffindor de corazón. Pero creo que tenías que haberlo hablado con Kyla y Marcus antes. Y debe haber otra manera de hacer las cosas, ¿no? Pienso yo. - Agradecía el tono agradable de Olympia, pero la ignoró por completo. — Entonces, según tú, si a la primera que le propongo algo a un profesor que, como bien dice, él sabrá cómo se organiza que para eso es SU asignatura, convoco una rebelión y se acabaron las clases, ¿no? Porque claro, cuando te estás quejando de falta de tiempo en clase, lo mejor es directamente no ir. — Ironizó, en un tono ligeramente agresivo. La chica se giró hacia él, también hostil. - ¿Cuál hubiera sido tu propuesta, entonces? — Hubiera hecho una propuesta si me lo hubieran comunicado a tiempo. — Vale, pues ya lo sabes, ¿cuál es tu propuesta? — ¡Habría que valorar muchas cosas! — Ah, ¿sí? ¿Como cuales? - Marcus llevaba muy mal muchas cosas: que le interrumpieran, que le lanzaran comentarios a toda velocidad, que le cuestionaran, que le preguntaran una y otra vez lo que ya había respondido. Maggie estaba haciendo todo eso a la vez. Y antes de dejarle contestar, volvió a atacar. - Porque si me vas a decir "seguir las normas", te lo puedes ahorrar. Me importa una mierda la normativa cuando se violan los derechos de los alumnos. — ¿¿Pero qué derechos?? ¿¿De qué estás hablando?? — Saltó, ya perdiendo los nervios. Se había vuelto a crear un silencio tenso. — ¡¡No hay ningún derecho violado!! Lo que hay es un niñato queriendo revolucionar el gallinero que ha encontrado en ti el argumento perfecto para hacer lo que le daba la gana. — O ha encontrado en mí a alguien que le escuchaba por una vez. — ¡O ha encontrado en ti a la negligente de turno con autoridad de sobra como para hacerle un puente de plata a sus fechorías! — Ahora la que tenía la mirada indignada y ultrajada era ella. Todos los presentes estaban pasando la mirada de uno al otro, visiblemente incómodos. Todos salvo Eunice, que ni estaba incómoda ni le quitaba la mirada de encima a él. Bueno, y Layne. Ese tipo no se incomodaba por nada porque se la traía al pairo todo.

Olympia alzó levemente las manos. - A ver, compis. - Dijo manteniendo el tono, aunque el pelo se le estaba tiñendo de un anaranjado tan tenso como la situación que estaban viviendo. - Todos tenemos nuestros motivos y estamos nerviosos, pero sois dos personas que habláis muy bien. Vamos a hablarlo bien entre todos, ¿sí? - No te preocupes, Oly, sino hay nada que hablar. - Dijo Maggie, cruzándose de brazos y retrepándose en la silla de nuevo, mirándole con soberbia. - Algunos ya tienen el don divino concedido de tener la razón siempre. -
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Sáb Jun 19, 2021 12:58 am

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Finalmente, el chico enfocó sus ojos y le dijo. – ¿Es por eso? ¿Es porque crees que me arrastras a algo? – Se mordió el labio. – Porque, Gal, yo estoy enamorado de ti. De ti y de lo que venga contigo. Si tú quieres, si sientes algo por mí, yo puedo esperar… A que te aclares, a que olvides o establezcas lo que necesites. – Ella dejó salir el aire por sus labios. Eso sería una solución, ¿no? Olvidar a Marcus, estar con un chico bueno como Theo que la quería incondicionalmente… Pero es que… Ya había cometido ese error con Jean. Coger la opción fácil rápida y que estaba en bandeja. La lógica. Pero es que los Gallia no se regían por la lógica, y menos cuando estaban enamorados. – Theo. El amor incondicional no es bueno. – Le dijo tragando saliva, pensando en su propio padre. – Ojalá pudiera decirte que esperaras algo distinto pero, con sinceridad, no sé si… Si siquiera si puedo querer a alguien. A alguien que no sea Marcus, claro. Se quedaron así en silencio unos momentos. Ella vivía por no romperse el corazón, y ahora se lo estaba rompiendo a Theo.

– ¿Quieres seguir siendo mi amiga? – Rompió él el silencio. Ella levantó la mirada y se mordió el labio. – Sí, pero, Theo, no creo que… No quiero darte la idea de que lo nuestro puede cambiar… – Él negó con la cabeza y se encogió de hombros. – Todos me han dicho que me ibas a decir que no. Que estás enamorada, o colada, o lo que sea por Marcus. Todos. Ethan, Darren, Neil, Poppy… – Y puso media sonrisa. – No se puede decir que me esperara otra cosa. – Gal estaba con palabras, pero si llorara sería terriblemente injusto para él. – Pero tenía que intentarlo. Si no, siempre me lo preguntaría. – Avanzó un paso hacia ella con una sonrisa. – Esto es bueno, Gal. – Ella abrió mucho los ojos. — ¿De veras…?Ahora… Ahora puedo ser tu amigo sin preguntarme sin parar si tu me querrías como yo te quiero a ti. Ahora tengo la seguridad, aunque no sea lo que yo querría. Y seremos amigos. Ya está. – Ese alma Hufflepuff nunca dejaba de sorprenderla. De hecho la había dejado un poco pillada y no sabía bien qué decir. – Pero… No es justo para ti… Si lo que quieres es… – No quería hacerle sentir mal ni decirlo. – Otra cosa. – Él se giró y la miró de lado. – Yo lo que quiero es estar contigo, Gal. Si tú decides que es como amigos, pues como amigos será. – Se encogió de hombros y rio un poquito. – Sería un cretino si me hubiera portado bien contigo con todo esto y al decirme que no quieres que estemos juntos, te hubiera dicho que hasta luego, ¿no? – Sí, visto así, tenía un poco de razón. Era solo que… No estaba acostumbrada a gente tan buena y considerada…

Theo se sentó en el poyete que miraba al lago. Ahí mismo habían estado Marcus y ella hace nada insinuándose… Cosas, a colación de los sueños de ella. — ¿Sabes cuándo fue la primera vez que te vi? — Gal negó. — Fue en segundo. Estabas con Poppy haciendo el loco por ahí, yo iba a buscarla porque teníamos que hacer un trabajo que, para variar, se me había olvidado. — A pesar de la circunstancia, se tuvo que reír. — Y pensé, guau… Qué sonrisa tan bonita tiene esa chica de Ravenclaw. Su risa es contagiosa. — Ladeó la cabeza. — Y te veía a veces por ahí, con Darren, con mis amigos, y nunca me atrevía a acercarme. Y pensaba, “eh, si Darren y Poppy pueden hablar con ella, ¿por qué yo no? — Él solo se rio. — Pero es que me temblaba todo. Y entonces empezamos a ir juntos a Herbología el año pasado, y aquel día que quedamos por la tarde para hacer los arreglos, me dije “voy a hablarle por fin”. Y ese día llegaste hecha un basilisco, e Ethan no paraba de decir que te habíamos fastidiado el polvo con Marcus y... — Él rio y rascó la cabeza. — Y luego, cuando Neil te cabreó, me dijiste "ni con Marcus ni con nadie. Yo soy libre, libre como el viento". — Alargó la mano para tomar la suya y Gal le dejó. Ni se acordaba de que aquel chico era Theo. — Y fui un idiota y un egoísta porque pensé... Al menos... No es que yo sea un cobarde y me pierda al amor de mi vida, es que no quiere estar con nadie. — Alzó las cejas y suspiró. — Pero el ser humano es absurdo, y cuando viniste a hablarme a principio de curso me dije... Quizá la convenza... De que me deje volar con ella. — Se le había puesto un nudo en la garganta, y enfocó a Theo con una carca de pena que no quería poner pero que no podía evitar. — Tenía que haberte besado aquella noche. — Dos lágrimas resbalaron sus ojos. Hubieran empezado poco después. Nada de sueños, nada de Jean... — Sí. — Dijo ella asintiendo, peor acto seguido reculó. Theo era una persona con sentimientos, no una solución con patas. — No... No... Yo no... Puedo quererte así, Theo. — Él sonrió y le limpió las lágrimas. — Pero no llores, Gal. Sigo queriendo volar contigo. Solo... Acabamos de definir cómo... — Ella asintió. — Es que nunca me había sentido tan perdida en mi vida... — Confesó. El chico negó con la cabeza. — El viento siempre sopla en la misma dirección, Gal... — Le acarició la cara. — Descubre cuál es la tuya. — Se habían quedado mirándose, tan cerca como estuvieron eel día de la fiesta, y la cabeza de Gal era un avispero que no se callaba, y ahora mismo no sabía qué hacer.


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El que no sabe de amores...
CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
De verdad que no podía dejar de mirarla sin salir de su asombro. De nuevo la tensión hasta pesaba, caía como una pesada burbuja de agua sobre ellos, hundiéndoles poco a poco contra el suelo. Encima de todo, en aquel cuarto era bien sabido lo que había pasado entre Maggie y él hacía menos de tres meses. Ese hecho solo lo hacía todo más intenso, incómodo y morboso. Marcus, sin embargo, tenía el cerebro demasiado a mil por hora como para preocuparse por eso en ese preciso instante. No sabía ni si reconocía a la persona que tenía delante diciéndole eso. ¿Cómo había podido liarse con ella? Maldita sea, al final Kyla tenía razón...

— En este caso, claramente tengo razón. No es don divino, se llama normativa. Deberías echarle un vistazo algún día. — Insistió Marcus, en un tono menos alterado pero igual de afilado. La chica soltó una risotada despectiva, mirando a otra parte. - Qué fácil es refugiarse detrás de un libro cuando se tiene la vida resuelta. - No tenía ni idea de lo que le quería decir con aquello, le descuadró tanto que hasta sacudió la cabeza. — ¿Disculpa? ¿Me explicas eso de "la vida resuelta" qué es? — La chica se reajustó de nuevo en su asiento para mirarle con seguridad. - El genio, el erudito, el que hace todos los hechizos perfectos a la primera y tiene la mejor media del castillo. El prefecto de primera y alumno favorito del profesorado... — ¿Sabes como se consigue eso? Estudiando. — La chica hizo un gestito con la boca y contrapuso. - Y siendo hijo de un montón de eruditos, que han sido prefectos, que han escrito libros y, oh, ¿no era un tío tuyo antiguo profesor de este castillo? De Historia de la Magia, de hecho, qué casualidad. - No le gustaba nada el tonito, y menos aún sus palabras. Ahora fue él el que se recompuso en la silla para mirarla aún más de frente. — ¿Puedo saber qué estás insinuando? — La chica hizo una caída soberbia de ojos y arqueó las cejas, mirando a otra parte. - Si no lo sabes tú... - Dejó en el aire. Eso sí, añadió algo más. - Pero todos sabemos la familia materna de la que vienes. - Y ahí sí que le dejó descolocado del todo. A ver qué demonios iba a tener su familia que ver en todo eso.

Pero la última persona que esperó que fuera a contestar salió en su defensa. - A ver, niñata. - Espetó Eunice con tono sobrado y violento. - ¿Qué tienes tú que decir de la familia materna de Marcus? - Eso, ¿es porque son de Slytherin? - Apuntó Layne, aunque solo por sentirse que aportaba algo, porque seguía balanceándose en las patas traseras de la silla como si aquello no fuera con él. - Joder, ¿qué os pasa a los Gryffindor con nosotros? Nos la tenéis jurada, ¿eh? - Esta lo que le pasa es que es medio muggle y de ahí que sea medio tonta también. - Coronó Eunice, lo que hizo saltar a la defensiva a los chicos de Gryffindor y Hufflepuff. Pero la que volvió a mediar fue Olympia, como siempre. - A ver, por favor, compis. - El pelo se le estaba poniendo canoso. Le pasaba siempre que estaba estresada. Ahora Olympia lucía una caótica melena de vetas de un irritante y nervioso naranja surcado de preocupadas y blancas canas. - No nos faltemos el respeto, ¿vale? Por ahí no. Y vamos a ceñirnos al problema de la huelga... - Quizás el ser medio muggle me haya hecho ver el mundo con más amplitud de miras que vosotros. - Interrumpió Maggie a la defensiva, pasando por encima de la mediación de Olympia. Los dos prefectos de Slytherin soltaron pedorretas y risas cómplices entre ellos.

La Gryffindor continuó con su alegato. Marcus se había quedado tensamente callado, apretando los dientes, tratando de calmarse. La mención de su familia había sido lo que le faltaba por oír y aún no sabía a cuento de qué venía. - Quizás me haya hecho percibir la importancia de escuchar todas las partes. - Ya no aguantó más y tuvo que saltar. — O quizás te haya hecho perder el norte sobre como se hacen las cosas en el mundo de los magos. — Marcus. - Le llamó Kyla, y al mirarla vio como la chica negaba rápidamente con la cabeza, mirándole intensamente. Sabía lo que le estaba diciendo: "no vayas por ahí. No entres en ese juego. Tú no eres así. Te vas a arrepentir". Demasiado tarde. - Yo estoy contigo, tío. - Señaló Layne. Eso no le hacía quedar en buen lugar, definitivamente. - Para que te enteres, mi madre es muggle, sí. Pero dentro del mundo muggle se dedica a la política. - Oyó las risas despectivas y cómplices de Eunice, y de repente Layne puso la silla sobre sus cuatro patas. - ¿Tu madre muggle se dedica a la política muggle y está casada con un mago? - El chico soltó una risotada y, volviendo a ponerse en las patas traseras, hizo un gesto concluyente con el brazo en el aire. - Venga, gente. Ya sabemos aquí la que nos va a delatar a todos. Con razón le interesa tanto lo del Estatuto del Secreto y la quema de brujas. - Layne, por favor, no digas eso. - Dijo Olympia, agobiada. Maggie les ignoró ampliamente y no se detuvo. - La huelga es un derecho perfectamente válido de todo aquel que es sometido... — ¿¿Pero qué sometido?? — Saltó Marcus otra vez, indignado. — ¡¡Creevey no está sometido!! ¡Ni ningún alumno de esta escuela! Lo que ha hecho ha sido aprovecharse para hacer lo que le daba la gana. — El profesor... — ¡El profesor es la máxima autoridad de la asignatura! — Zanjó Marcus, bastante alterado. — ¡Y no vas a venir tú, con tus ideales y tus historias de la política en el mundo muggle, a darle alas a un alborotador para que genere un caos en la escuela! — Marcus, da igual, ya se lo has explicado. - Dijo Kyla, seria. Porque le estaba viendo perder los papeles y sabía que eso solo le haría echarse tierra encima. Pero ya no le podía parar: iba cuesta abajo y sin frenos.

— ¡La normativa está para algo! Y te digo más. — La apuntó con un índice. — Si grave es saltarse una norma, más grave es ser la persona con la autoridad para hacer que se cumplan y fomentar el incumplimiento, no por parte de un alumno, sino de toda una promoción. Y de una casa que no es tuya, para más señas. — ¿Y qué vas a hacer, O'Donnell? ¿Denunciarme? — Exactamente. — Confirmó. Les estaba dando el espectáculo de su vida a los prefectos de Slytherin, que estaban encantados con la situación, mientras los otros pasaban un mal rato. — Algo así podría hacer que te quitaran el puesto. — ¡Pues adelante! ¡Hazlo! ¡Hazlo y dame la razón! — ¿Que te de la razón en qué, a ver? — Respondió de malos modos. El tono de la conversación estaba ya bastante subido. La chica frunció los labios y, entrecerrando los ojos, se inclinó sobre la mesa en dirección a él y dijo con voz hiriente. - En que no eres más que un clasista de mierda. -

Ahora sí que se notaba caldeado el ambiente. Marcus había abierto los ojos, sintiéndose absolutamente insultado. Kyla alzó las manos. - Vale. Se acabó la reunión. — No. No se acabó la reunión. — Cortó Marcus, sin dejar de mirar a Geller. — ¿Me dices en qué te basas para decir que soy un clasista de mierda? — La chica soltó una carcajada sarcástica. - ¿Tú no te oyes? ¿No ves la actitud que tienes? Vas de prepotente por la vida, no hay quien te sople. Lo que dices es estamento y es así porque sí, y no hay quien te saque de ahí. Llevas la insignia de prefecto como quien porta un poder oficial, y estás todo el día con los nombres de tu familia en la boca. Te pasas el día haciéndole la pelota a los profesores y te crees mejor que todo el mundo solo por tus orígenes y tus buenas notas. ¿Pues sabes qué? No todo el mundo tiene tu suerte. Benjamin no la tiene. — Benjamin no hace las cosas bien porque no le da la gana de hacerlas. — Insistió él en mitad del discurso épico de la otra, viéndose en la necesidad de matizar justo eso a pesar de lo dolido que estaba por todo lo demás. Ella siguió. - Y para que lo sepas: prefiero mil veces ser hija de un mago y una muggle y tener valores, a ser una estirada como tú que solo oye a los que consideran a su altura. - A Marcus se le escapó una hiriente y sarcástica carcajada, mirando a otro lado. No eres la más indicada para acusarme de eso, pensó, pero no dijo nada. Porque a pesar de lo que la chica le estaba soltando, tenía un mínimo de decencia y unos límites que no pensaba rebasar.

- Margaret. - Dijo Olympia, que se había atrevido a meterse en medio de ese fuego cruzado aunque con prudencia. - Conozco a Marcus desde primero. Te aseguro que no es así. Ha tenido que haber un malentendido con ese chico. — Gracias, Oly. — Dijo Marcus, cruzado de brazos y con tono monocorde y altanero. — A veces los que hacemos las cosas bien tenemos que aguantar que nos acusen de, ¿como era? ¿Don divino de tener siempre la razón? — ¿Por qué no me recuerdas otra vez como, por ser hija de muggles, sé menos sobre normas que tú? - Preguntó sarcásticamente Maggie. Eunice soltó un bufido despectivo. - ¡Joder, tía! ¡Qué pesada, colega! — ¿¿En qué momento te he dicho que sea por tu origen?? ¡Ese argumento lo has sacado tú sola! — ¿Te hago un repaso de lo que me has dicho? Me has llamado negligente, has insinuado que me ha manipulado, por no hablar de tu sarta de palabrería sobre normativa que te pone tan subidito siempre. — De repente no te gusta mi tono subidito. — Murmuró por lo bajo, pero no lo suficientemente bajo como para no ser escuchado, y lo sabía. En el fondo lo había hecho a posta, y era consciente de que era un golpe bajo, y de que por ahí no debería haber tirado. Pero había perdido el control. Y Maggie también, porque de repente la oyó levantarse e increparle. - ¿De qué vas, niñato? ¡No te lo tengas tan creído, eh! - Un golpe en la mesa les sobresaltó a todos. - ¡Se acabó la reunión! - Kyla se había levantado, apoyando con fuerza ambas manos en la mesa. Y ya sí que no iba a haber más que hablar ahí.

Su compañera le miró y, rodeando la mesa, repitió. - Esto no va a llegar a ninguna parte. Se acabó la reunión. Nos vemos el lunes que viene. - ¿Ahora mandas tú? - Sí. - Layne había soltado una pregunta con su tono de niñato habitual, sin dejar de balancearse en la silla, y Kyla le había zanjado rápido. Su compañera abrió la puerta y se quedó junto a esta, claramente esperando a que todos salieran. La primera en obedecer indignada, recogiendo con furia sus cosas y largándose de allí fue Margaret Geller. Su compañero de casa la siguió, en silencio, y tras ellos se fue el prefecto de Hufflepuff. Olympia suspiró con tristeza, recogió sus cosas y se marchó, pero le dejó un beso a Marcus en la mejilla antes de irse. Esa chica era todo corazón, lástima que él estuviera tan de mal humor que no le saliera responderle nada, aunque sintió el afecto. Le hacía falta, porque llevaba una tarde que no era para decirla. Recogió sus cosas, ignorando a los dos prefectos de Slytherin, que aún estaban allí. Al parecer no tenían mucha prisa por recoger. Se levantaron los tres prácticamente a la vez, siendo Layne el primero en dirigirse a la puerta con una risa de villano como hilo musical saliendo de su garganta. Fue a girarse para irse, pero antes de hacerlo notó como Eunice se le acercaba, tanto que le pilló desprevenido. - Entre tú y yo: es inferior. - Dijo. Marcus solo parpadeó, estaba tan irritado que ni siquiera procesaba ya bien. La chica ladeó una sonrisa malvada y dejó una fugaz caricia en su barbilla que no se hubiera imaginado recibir de ella jamás. - Qué pena que algunas se queden tan despechadas. Algo debiste hacer muy bien. - Soltó una risita y se giró para irse. La cara de Kyla observando la escena era un poema, aunque no tanto como la de Marcus. La chica no fue la única que les vio: Layne, que había salido ya, parecía haberse girado al ver que su compañera no le seguía. Ya no se estaba riendo, más bien le miraba con extrañeza. Cuando la chica se puso a su altura, la miró inquisitivo, volvió a mirarle a él y los dos se perdieron por el pasillo.
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Sáb Jun 19, 2021 11:45 am

El que no sabe de amores...
CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Theo sonrió, pero retiró la mano de su mejilla. — Gal. Quiero ser tu amigo, pero no me mires así, por favor. Me lo pone un poco difícil. — Cerró fuertemente los ojos y se pasó la mano por el rostro, tratando de despejarse. — Lo siento. Lo siento, de verdad. Es que me siento tan rara... — Él juntó las manos y se quedó mirando a la nada. — Bueno... Lo raro a veces mola. ¿No te gusta nada raro? — Ella se rio un poco. — Supongo. — El chico se giró un poco sobre sí mismo para mirarla, apoyando la pierna en el poyete. — A mi me gustó la carne de cocodrilo. Una vez viajamos con mis padres a Florida y allí la ponen un montón. Y todo el mundo como... PUAJ que asco. Y yo encantado de la vida, ¿sabes? — Lo contaba con tanto entusiasmo, poniendo tantas caras y con aquella sonrisa, que Gal no pudo evitar soltar una carcajada. — Sí que es raro. — Él asintió. — ¿Ves? Pero lo raro tiene su encanto. No obstante, creo que no eres rara... Creo que... Todos somos nuevos en esto, no sabemos cómo actuar... — Le dio con el hombro suavemente y dijo. — Y todos tenemos. derecho a equivocarnos, aunque los Ravenclaw no penséis igual. — Eso la hizo también sonreír y asentir. La habilidad de Theo, hacerte sentir bien siempre.

Los toffees de agua salada.¿Qué?Has dicho algo raro... A mi madre le gustaban esos dulces.Pero si has dicho agua salada. — Gal asintió levantando una mano. — Es que, por lo visto, con unos caramelos blandos que los meten en agua salada y los sacan, para que tengan esa capa por fuera. — Rio y le dio un codazo. — Pensé que con los muggles veíais películas y que esas cosas salían ahí. Mi madre hablaba mucho de eso, del cine. — Theo se llevó el índice a los labios. — Yo es que soy muy despistado hasta para las pelis, pero lo buscaré en internet.¿Qué? — Su amigo rio y negó con la cabeza. — Otro día te explico eso. La mayor parte de los muggles tampoco lo entiende. Aún, verás en unos años. — Era imposible no sentirse bien con aquel chico. Casi le daba pena irse, y sobretodo, le daba mucha mucha pena no ser capaz de quererle como ese merecía. — Suena muy a ti, ¿sabes? — Ella frunció el ceño. — Los toffees. Salado por fuera, dulce por dentro, raro, le gustaba a tu madre... Y el despistado de Theo Matthews tiene que buscar información en internet sobre ello. — Volvió a reírse, viendo que estaban en buena sintonía. — Bueno, te dejo que me llames toffee si quieres. — Él frunció el ceño y negó con la cabeza. — No... No. Tú para mí siempre vas a ser la chica guapa de Ravenclaw. Pase lo que pase. — Con un nudo en el corazón, se giró y le abrazó. Se quedaron así unos segundos, y sentía el corazón un poco pesado, pero la tranquilidad de que no era una despedida. — Me voy, hay jaleo en mi sala. — Theo asintió. — Mañana voy a buscarte para Herbología. Tienes alquimia antes, ¿verdad? — Ella asintió. — Nos vemos, chica guapo. Nos vemos, chico guapo. — Confirmó.

Estando con Theo las cosas parecían más fáciles, pero cuando se separó de él, ese sintió la peor persona del mundo. ¿Por qué no podía quererle? ¿Por qué tenía que sgeuir enamorada de Marcus, haciendo tamañas tonterías como la que había hecho antes? ¿Por qué iba detrás de él, buscando provocarle para que no pudiera controlarse y tener un cachito de Marcus? Entró en la sala común y se acercó al fuego, sentándose en el suelo y abrazándose las rodillas. No le apetecía hablar con Hillary y Donna y contarles lo que acababa de pasar, y oír "has hecho bien" cuando los ojos de ambas decían "vaya cagada, linda". Pero alguien se sentó al otro lado de la chimenea. — He cumplido con mi cometido de vigilar a Benjamin. Después de unos cuantos comentarios soeces sobre ti, ha accedido a seguir con su trabajo. — La asepsia de Amber no terminaba de venir mal en un momento de altísima emocionalidad como en el que estaba ahora Gal. Sonrió un poco. — Gracias, Amber. — Se estableció un silencio entre las dos, hasta que por fin, la otra dijo. — Siempre me ha llamado la atención por qué la gente llora. — Frunció el ceño, pero entonces se dio cuenta de que le estaban cayendo lágrimas, sin darse ella cuenta. — Yo no lloro. Mis padres creían que estaba enferma. Pero no. Me han hecho pruebas. Y simplemente, es que no lloro. No encuentro motivos. — Tuvo que aguantarse la risa, pero se encogió de hombros. — Yo lloro cuando estoy triste. — Amber frunció un poco el ceño. — Yo también estoy triste a veces. Pero cuando lo estoy, busco la solución al problema. No lloro. — Gal ladeó la cabeza y se limpió las lágrimas. — Yo también... Solo que mi primera reacción es llorar. — La chica asintió. — Oh. Interesante. Yo hubiera dicho que estabas feliz, a pesar de todo el lío de la huelga. Con O'Donnell siempre se te ve feliz. — Ladeó una sonrisa. — Lo suelto estar, sí. Porque es mi mejor amigo. — La chica la miró con más curiosidad. — Has cambiado el tono al decir eso. ¿No estás conforme con esa condición? Yo diría que mejores amigos es el último y superior estadío de una relación. — Eso le rizo soltar una risita. — Ojalá fuera así de fácil. Las cosas tienen matices, Amber. Las relaciones sobretodo, como las personas que están implicadas en ellas. — Ella asintió. — Ya veo... — Se encogió de hombros. — Tendré que buscar otro modelo, pues. — Gal frunció el ceño. — ¿Modelo de qué?De relación. Yo busco modelos de todo, así me guío apropiadamente en la vida. Pensaba que O'Donnell y tú erais un buen modelo de relación. — Ella suspiró y tragó saliva. — Bueno, depende de para qué, claro. Pero Marcus y yo nos queremos muchísimo, nos entendemos y conocemos el uno al otro como nadie, y somos capaces de perdonarnos... Todo, diría yo. — Sí, vaya, amor incondicional del que le acababa de decir a Theo que no era bueno. La respuesta a todos los por qué que se había planteado antes. Amber asintió. — Eso me parecía. Me cuesta expresar felicidad, pero cuando veo que tú se la expresas a O'Donnell, me parece bonito. Y él a ti. Os brillan los ojos, tenéis sonrisas involuntarias y siempre intentáis tocaros, aunque esa mínimamente. — Eso la hizo reír. — Siempre es agradable oírlo todo tan claro y ordenado. — Amber puso una leve sonrisa. — Gracias, es lo que mejor se me da. — Gal al miró con cariño. — Yo también lo veo, Amber. Cuando estas feliz o triste, o lo que sea. Ignora a los que duden de ti porque no se te da bien expresarte. Lo haces con otros gestos. Y mucho sabemos leerlos.Gracias, Gal. Creo que serías una buena madre, das buenos consejos y eres comprensiva. Ya eres un poco madre de todos aquí. — Eso la hizo reír más aún y ese frotó los ojos. — Pues sí que tengo trabajo.

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Sáb Jun 19, 2021 3:10 pm

El que no sabe de amores...
CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
- ¿Qué te ha dicho McKinley? - Preguntó Kyla con un tono que intentaba ser curioso y amable, pero que ambos sabían que llevaba desconfianza detrás. Y que lo único que intentaba Kyla era romper el hielo. Iban subiendo desde el primer piso, donde se celebraba la reunión, y habían llegado ya casi al quinto y Marcus no había abierto la boca. En líneas generales eso era raro en él, pero teniendo en cuenta lo ocurrido esa tarde, y en la última hora más exactamente, más que raro era preocupante. A la pregunta de la chica, hizo un gesto con los hombros y la cabeza que pretendía ser una preocupada negación, algo así como un "nada interesante". - No te fíes de ella. Tiene mala leche. - Apuntilló la chica. Marcus no contestó.

Siguieron subiendo escaleras. Justo cuando terminaban las de la Torre Ravenclaw, antes de enfilar el pasillo hacia su sala común, Kyla le agarró con suavidad de la muñeca y le detuvo. - Marcus. - Él se paró en seco, rodando los ojos y suspirando. Valoraba mucho su buena intención, de verdad que sí, pero no tenía ganas de hablar. - Sé que estás jodido. Sé lo mucho que te afecta todo esto. Pero no estaba en tu mano controlarlo, ¿me oyes? Ni en la mía. - La escuchaba con los labios fruncidos y la mirada en otra parte, perdida. La chica continuó. - Y a Geller no le hagas el menor caso. Ha metido la pata hasta el fondo y ha querido exculparse de ello arremetiendo contra ti. — ¿Crees que me he pasado? ¿Que el castigo ha sido excesivo? — Preguntó. Sabía que Kyla no le iba a dejar en evidencia delante de los demás, pero también sabía que era sincera y que le diría las cosas claras. Sin embargo, no se mostró tan tajante como siempre. Se cruzó incómodamente de brazos, un tanto encogida y con la mirada baja, y respondió. - Bueno, a ver... El planteamiento era bueno, es decir... — Dios... — Resopló, girando sobre sí mismo y maldiciéndose. — Menuda cagada... — A ver, Marcus, ya vale, deja de fustigarte por todo. — ¡Le he quitado a nuestra casa todas las oportunidades de ganar la copa! ¡Esa Gryffindor me ha tendido una trampa y he caído como un imbécil! — Punto uno: Merlín me libre de defender a Geller, pero no la veo con tanta capacidad de estrategia como para hacer eso. De Hughes y McKinley me lo espero, pero de ella... Creo que simplemente Creevey se la ha liado y ha resultado en beneficio para su casa. Punto dos: ¿Has? ¿Tú? Tú no has sido el que ha incitado ni secundado una huelga ilegal. Se lo han buscado ellos, y los argumentos que has expuesto eran perfectamente lógicos. Punto tres: yo hubiera hecho lo mismo. Quizás hubiera quitado cinco puntos por cabeza, no diez, pero tienes razón en que diez puntos son pocos para todo lo que han hecho. Igualmente cinco puntos por persona más el añadido a Creevey nos hubieran sepultado en el cuarto puesto, así que da igual. — Genial. Pues cuando toda la casa me odie por haber quitado doscientos cuarenta puntos del conteo, les explicas eso. — Respondió frustrado.

Kyla se frotó los ojos por debajo de las gafas y suspiró. - Geller no tiene razón, ¿vale? Y nadie te va a odiar, puedes estar tranquilo. - Marcus arqueó las cejas, aún mirando a otra parte. — Eso no lo sabes. — La chica se encogió de hombros, cruzando de nuevo los brazos. - Es verdad, no lo sé. Pero bueno... Hacemos lo que podemos. Supongo que estoy más acostumbrada a lidiar con las malas caras de la gente que tú. Al final te acostumbras. - Marcus la miró de soslayo, con las defensas un poco más bajas. — No te mereces las malas caras de la gente. — Esbozó una leve sonrisa de lado y la miró con los ojos entrecerrados. — Tienes madera de Ministra de Magia, ¿sabes? Te pones bastante firme, y eso que esta reunión no era nada fácil de llevar. Me ha gustado ese "¡se acabó la reunión!" — ¡Ohg, cállate! De verdad, para qué habré hecho que hables. - Contestó la chica, arrugando la nariz y echando a andar. Ahora fue Marcus quien la detuvo a ella. — Kyla... Gracias. Por todo. — La chica le miró unos instantes, con una mueca en los labios que parecía una media sonrisa avergonzada, y se encogió de un hombro. - No hay de qué. Eres un buen compañero. Y un buen prefecto. - Marcus sonrió. Le hacía falta oír eso. Se encaminaron hacia la sala común, pero entonces Kyla apuntilló algo más. - Y Geller es imbécil. - Se le escapó una risa bufada, pero justo después suspiró, asintiendo. — Adelante. Puedes decirlo si quieres. — La chica le miró con superioridad y una sonrisa mucho más segura y sentenció. - Te lo dije. -

Todos los chicos de segundo estaban cada uno donde los dejó, en silencio, Creevey incluido. Ahora había alumnos de otros cursos desperdigados por la sala común también. Suspiró y dijo en voz alta. — Mañana le dais vuestras cartas al profesor. Podéis iros a cenar. — Los chicos se levantaron obedientemente y fueron saliendo uno a uno de la sala, Creevey el primero, con chulería y paso veloz y ofendido. Se frotó los ojos y fue a decirle a Kyla que iba a subir a darse una ducha antes de cenar, aunque fuera por despejarse un poco. Pero cuando se quitó las manos de la cara, vio una niña plantada ante ambos. Con cara de pena, les tendió un pergamino. - Esta es para vosotros. - Marcus se quedó un poco descolocado, por lo que fue Kyla quien tomó el pergamino en sus manos y la chica se fue. Cuando hubo desaparecido, lo abrieron. Era una carta de disculpa hacia ellos. Que no era su intención enfadarles, ni que perdieran tantos puntos, ni siquiera saltarse la clase. Que simplemente no quería ser la única que se quedara atrás, que le habían dicho que si uno iba, no iba a servir de nada lo que habían hecho los demás. Y que le preocupaba no dar todos los temas de historia, por eso le pareció buena idea, pero que no lo era. Que la perdonaran. Marcus quería echarse a llorar. - Oh, qué tierna. — ¿¿Tierna?? — Respondió él al comentario de su compañera, con voz emocionada. Le quitó el pergamino y lo leyó como si fuera lo más bonito y triste al mismo tiempo que le habían escrito. — Pienso sentarme a hablar con ella en cuanto vuelva. — Ya no le iban a acusar más de no escuchar a los alumnos.

Soltó aire fuertemente por la boca, echando el cuello hacia atrás con los ojos cerrados. Vaya torrente emocional llevaba esa tarde, ¿qué más le faltaba? Al devolver la mirada al frente, la vio: Alice. Oh, eso otra. Le había soltado un beso un tanto agresivo justo antes de irse, por lo tanto ahora bien podía decirle que de qué iba o que qué se creía. Segunda vez que oiría eso por parte de una chica esa tarde. Su amiga estaba hablando con Amber, así que se acercó con cautela. Sinceramente, no le apetecía nada hablar de lo del beso, no le apetecía hablar de nada relacionado con ese puñetero lunes. Esbozó una sonrisa tensa y saludó con un gesto de la mano. - Oh, Prefecto O'Donnell. - Dijo la menor protocolariamente nada más verle, girándose en el sofá para enfocarle. - Me he quedado al mando en tu ausencia. No ha habido incidencias a destacar. Algún comentario inapropiado por parte de Creevey, pero nada que se haya salido de la norma. Una chica me ha pedido permiso para escribiros una carta de disculpa a vosotros también porque ya había terminado la tarea que le habíais mandado y le he dicho que podía. - Marcus asintió. — Sí, nos la ha dado antes de irse. Muchas gracias, Ming. — La chica también asintió. Y se creó un breve silencio de unos instantes hasta que ella misma cayó en algo. - Empiezo a detectar que preferís comunicaros entre vosotros a solas, y como ya no quedan alumnos de segundo, creo que voy a aprovechar para irme a cenar. - Marcus frunció una sonrisa y Amber se levantó y se fue. Miró a Alice, llenó el pecho de aire y rodeó el sofá, dejándose caer en este con un resoplido de cansancio. Se frotó los ojos y murmuró. — Y solo estamos a lunes... —
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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
La contestación de Amber no fue dirigida a ella. Allí estaba Marcus de nuevo, pero traía muy mala cara. Cara de derrota. Quizá no debería haberle besado, o provocado para que la besara, que era lo que había hecho. No slo lo había empeorado para él, si no para ella. Acababa de romperle el corazón a Theo y había hecho sentirse mal a Marcus. Todo mal. Suspiró y sonrió a Amber. — Va a ser una prefecta fantástica. Creevey la teme. — Hizo un ruidito de adorabilidad a lo de la carta y miró a Marcus. — ¿En serio? Ay pobre... — Frunció el ceño. — A todo esto, ¿sabemos qué piden? — Amber asintió. — Sí, yo les he oído. Estaban enfadados con el señor Ferguson, porque no llegan al final del temario. Lo que crean que eso tenga que ver con la huelga, ya escapa de mi conocimiento. — Gal soltó una carcajada de garganta. — Sí, desde luego que mucho sentido no tiene... — Uy, la expresión de Marcus empeoraba por momentos. Se aguantó una risa a lo que dijo Amber y le dio unas palmadas sobre la mano. — Sí. Gracias, Amber, por todo.

Se levantó del suelo y se sentó en el sofá, donde Marcus se dejó caer, y ella se acercó. Ahora le daba medio cosa establecer contacto, primero por lo que había dicho Amber de que siempre buscaban tocarse, por lo cual debía ser bastante evidente, y segundo porque la última vez que se habían tocado acabaron empotrados en la estantería, y ahora Marcus ya no estaba en ese modo, se lo podía ver a leguas. No regañaría ni a su sombra si le abandonara. Sonrió débilmente a lo del lunes y se mordió el labio. — Puede pasar a ser conocido como el lunes negro de Ravenclaw. Mi madre usaba mucho esa expresión, es algo neoyorquino, creo. — Ah, a quién quería engañar, reptó un poco por el sofá y tomó la mano de Marcus entre las suyas. Nunca hablaban de nada de lo que pasaba entre ellos. Cada vez que se habían besado que habían... Estado a punto de hacer otras cosas, simplemente lo habían dejado correr, pero aquel día lo veía derrotado de verdad. — Dime que no estás así por el beso. — Apretó los labios y le miró con disculpa. — Lo siento. O sea, no siento que me hayas besado. — Dijo en voz baja. — Solo haber estirado tanto de ti y tú autocontrol antes. Nunca lo haría si creyera que no te iba a gustar... O que te iba a dejar así. Solo es que eres terriblemente sexy cuando te enfadas y no puedo resistirme a ti, pensó. Subió una mano y acarició su rostro, apartando con los dedos los rizos de su sien para mirarle bien a los ojos.

¿Ha pasado algo en la reunión? — Porque empezaba a pensar que lo suyo no había tenido que ver nada con esa tristeza que arrastraba Marcus. — ¿Te han dicho algo Eunice y su novio? Ethan le odia, es un prepotente. — Dijo entornando los ojos. Oh, ya se lo veía venir, lo de perder la copa por goleada le iba a pasar factura. — Pasa de ellos, Marcus, se regodean en el sufrimiento ajeno, y mira, parece que la que va a ganar es Gryffindor, así que a lo mejor hasta te gana puntos con Geller... — Viendo la reacción de Marcus casi que se arrepintió al segundo de haberlo dicho. Genial, Gal, hija, después de morrearte con él, le hablas de la tía con la que se lio en Navidad. ¿Podía hacer algo peor? — Perdona... Era una bromita a ver si sonreías... Pero ya veo que hoy no paro de meter la pata... — Se mordió los labioso dentro. Guay, ahora cuéntale que se te han declarado, para hacerlo todo más incómodo.¿Te has... Enfadado con Geller? ¿Por lo que ha pasado con la huelga? — Preguntó con cautela. Esperaba que no por ella. No podía con más culpas ese día.

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Dom Jun 20, 2021 1:02 am

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Sentía como si el sauce boxeador le hubiera dado una paliza, no tenía ni hambre, y en Marcus ya era decir. Solo quería meterse en su cama y hacer una cura de sueño, tirarse veinte horas durmiendo cuanto menos. O meterse debajo de la ducha caliente y quedarse dormido ahí. Pero ahora que se había tirado en el sofá, sentía como si se lo fuera a tragar. Se estaba demasiado bien en esos cómodos cojines, al calorcito del fuego, y con una Alice que apenas le había visto sentarse se había sentado con él y seguramente escucharía sus penas. Penas de las que no quería hablar, aunque acabaría hablando. Penas que no podían hacerle sentir cómodo aunque estuviera en el mejor sofá del mundo, porque lo ocurrido esa tarde daba vueltas por su cabeza y oía las palabras de todos (del Profesor Ferguson, de Creevey, de Maggie) repetirse en su cerebro a voz en grito.

Dejó caer el brazo en peso muerto después de frotarse los ojos y la cara, mirando a Alice con expresión absolutamente derrotada. A lo del lunes negro arqueó las cejas. De verdad que no le quedaban fuerzas, ya las había echado todas. Había sentido tanta rabia, un enfado tan efervescente e intenso, que no estaba acostumbrado a sentir (y que aún no había desaparecido del todo), que cuando este se había rebajado, parecía haberse llevado todo su espíritu con él. Se acomodó en el respaldo, viendo como Alice se acercaba y tomaba su mano. Si la chica le dejaba su hombro, estaba seguro de que se quedaría dormido. Pero entonces habló, y él alzó la cabeza y la miró, parpadeando un par de veces un tanto desconcertado. No esperaba eso, pero el cerebro le iba a menos de un kilómetro por hora. Directamente no le iba. — ¿Eh? — Dijo simplemente, en un susurro, sin quererlo ni decir siquiera. Era una forma de darse una oportunidad a sí mismo para pensar, como si su garganta hubiera dicho "voy a hacer ruido al menos, a ver si así espabila". Estaba totalmente aturdido. — No... No, no, qué va. — Dijo, ya tomando tierra. Negó con la cabeza y se recolocó un poco mejor en el sofá. — No... No tienes que sentir nada, yo... Perdona, no era muy dueño de mí. Lo siento. Ha sido una estupidez. No... No quería incomodarte. — Se frotó la cara otra vez. Ya no sabía ni lo que decía. Tampoco sabía en qué puñetas estaba pensando en ese momento. Le llegaban los recuerdos de ese momento como si estuviera viendo actuar a una persona que no era él.

Y entonces le preguntó que si había pasado algo en la reunión. Bufó automáticamente, aún con la mano en la cara. "Algo". Ojalá solo hubiera sido "algo". Negó cuando se refirió a Eunice y a Layne, de verdad que se sentía pensando a cámara lenta, no era capaz de responder más rápido. Pero entonces mencionó a Geller. Fue escucharla y se le tensó el rostro, dejando caer de nuevo en peso muerto la mano con la que se tapaba la cara y desviando la mirada al fuego. Era recordarlo y se enervaba de nuevo... ¿Cómo podía haber hecho algo así? ¿Y haberle hablado así? ¿Y delante de todos los demás? Se sentía absolutamente insultado, burlado, avergonzado... Y estúpido. Por liarse con ella. De verdad, ¿quién le mandaría?

Como él iba procesando tan lento y Alice parecía detectar mucho más rápido, en seguida le detectó la cara y se disculpó. — No te preocupes. — Murmuró, frunciendo el ceño y negando. — No has metido la pata. — Ella no tenía ni idea de lo que había pasado, pero vaya, no iba a tardar en enterarse. Las noticias volaban en ese castillo y habían liado una buena, iban a ser la comidilla de la cena, entre la huelga, la pérdida de puntos y el momentazo de la reunión. No le apetecía nada hablar del tema, no tenía ni fuerzas. Pero, en primer lugar, Alice era la mejor persona con la que podía desahogarse. Y en segundo, si se iba a enterar de todas formas, casi que prefería que conociera su versión antes.

Asintió lentamente a su pregunta y, aclarándose un poco la garganta, se reajustó en el sofá. — Enfadado, sí... Es una manera suave de decirlo. — Miró hacia arriba y se mojó varias veces los labios. — Digamos que... Todo lo que podía salir mal en la reunión, salió mal. — Ladeó un par de veces la cabeza. — Bueno, no todo. Kyla ha intentado defenderme todo el tiempo, aunque no haya servido de una mierda, más que para que al final se cabree y nos mande a todos a paseo. Olympia estaba tan conciliadora como siempre, pero eso no es nuevo. Y los prefectos de Hufflepuff y Gryffindor no se pronuncian demasiado... Eso sí, en un curioso giro de los acontecimientos, parece que he ganado dos nuevos aliados: los prefectos de Slytherin. — Esbozó una sonrisa artificial y miró a Alice, con expresión irónica. — En otras palabras: estoy cada vez más cerca de convertirme en un villano de novela. — Rodó los ojos y volvió a desviar la mirada al fuego, mordiéndose el labio y negando con la cabeza.

Respiró hondo y bajó la mirada a sus manos. — Fue idea de ella. — Hizo una mueca sarcástica y arqueó las cejas, aunque sin subir la mirada, dedicándole la expresión al sofá. — Resulta que Creevey le comió la cabeza y ella no tuvo otra cosa que hacer que sugerirle hacer una huelga. — Respiró hondo otra vez y volvió a mirar al fuego. — Y cuando le he dicho que un prefecto tiene que asegurarse de que las normas se cumplen, y no promocionar precisamente lo contrario... — Ladeó la cabeza y se mojó los labios. Chistó y completó la frase. — En resumen: soy un estirado, un engreído, un incomprensivo que no se para a escuchar a los alumnos, tengo la perspectiva distorsionada porque "mi vida es muy fácil" porque soy listo y vengo de una familia de prestigio, prácticamente odio a los muggles (cosa que no sé qué tenía que ver con todo esto) y, oh, mi favorito, palabras textuales: soy un clasista de mierda. — Alzó las manos y las dejó caer, palmeándose las piernas. — Y de paso le he regalado la victoria a Gryffindor, o a Slytherin, que vaya alegría les he dado a Layne y Eunice cuando se han visto segundos. — Bufó. — Y ese Layne encima, que no para de meter mierda todo el tiempo... — Apoyó el codo en su rodilla y la boca en su puño cerrado, frustrado, negando con la cabeza con la mirada perdida en el fuego. Porque no era capaz de mirar a Alice mientras contaba todo eso. — Y todo porque una promoción entera se ha burlado de Kyla y de mí en nuestras narices... Ha sido un desastre. No. Ha sido una auténtica mierda. —
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Dom Jun 20, 2021 1:59 am

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
El pecho de Gal se quitó una losa pesadísima cuando oyó ese "no" repetido tantas veces. Bueno, por lo menos no era por eso. Aunque eso de que le pidiera perdón y de fuera una estupidez... — No ha sido una estupidez. — Dijo muy seria. Trató de poner una sonrisa leve y le miró a los ojos. — Nunca me vuelvas a pedir perdón por besarme, Marcus. Era lo que quería. — Confesó con una risita. Realmente quería más, pero no era el momento de hablar de eso.

Pero es que le estaba costando hablar. A Marcus O'Donnell. Tenía que ser, grave no, gravísimo lo que haba pasado. Y de verdad que le dolía que algo como aquella huelga le hubiera pasado siendo prefecto. Aunque, en el fondo, sabía que nadie sabría gestionarlo como él. También le quitó culpa en lo de meter la pata, pero si no lo había hecho, ¿qué estaba pasando? Porque le veía peor cara cada vez. Volvió a acariciarle y le dijo. — Pareces agotado. ¿Por qué no bajamos a cenar y...? — Pero por fin empezó a hablar. Pues sí, tenía pinta de que la reunión había salido mal, pero bueno, tampoco es queso prefectos pudieran presumir de falta de problemas en sus casas. Lo de Kyla se lo esperaba (iría de muy dura, pero Gal sabía que adoraba a Marcus y que aprobaba casi el cien por cien de todas sus ideas) y Olympia era un amorcito de persona. Lo que no se esperaba era lo de los prefectos de Slytherin, a lo que frunció el ceño. Y Marcus, desde luego, no parecía muy contento con ello tampoco. — ¿Qué dices, Marcus? ¿Qué villano ni villano? — Preguntó un poco extrañada, con una risa que quería salir despreocupada pero salió nerviosa.

Lo que no se esperaba para nada, fue el girito final de la trama. — ¿De Geller? — Preguntó alucinada por la mente ideadora de la huelga. Parpadeó muy seguido cuando oyó que Creevey le había comido la cabeza. — Pero, pero... ¿Qué hace Geller metiéndose en un asunto de Ravenclaw? — Vamos lo que nos faltaba ya, los Gryffindor metiéndose en sus asuntos. Y cuando Marcus empezó a enumerar todas las cosas que, aparentemente, Geller le había llamado, solo pudo asistir con una tremendamente indisimulada expresión de asombro, con los ojos como platos y los labios entreabiertos. — ¿Te ha llamado todo eso de verdad? – Frunció el ceño de golpe y se echó un poco para atrás de la indignación. — ¿Cómo que odias a los muggles? ¿Qué eres ahora Salazar Slytherin o qué? ¿Y qué tiene que ver eso con lo de Creevey? — O Marcus no le estaba contando todo, o de verdad que no entendía aquella hostilidad repentina de Geller hacia Marcus cuando... — No le parecías todas esas cosas en Navidad... — Dijo con tono un poco socarrón, porque haba que fastidiarse... Oh. ¿Y si era por eso? Que ella supiera, no habían llegado muy lejos tampoco, y desde entonces no habían vuelto a liarse... ¿Y si era por eso? ¿Estaba resentida con él? Pues sí que la había hecho buena. — ¿Clasista de mierda? Madre mía, no se ha cortado ni un poquito... — Pero sabía por dónde iba. Sabía que Marcus, con su O'Donnell y su reglamento por bandera, podía parecer... Un poquito prepotente. Pero jamás le haba negado la ayuda a nadie, ni trataba peor a uno que a otro, y menos si eran sus compañeros. — ¿En base a qué? — Preguntó con una risita.

Pero Marcus no estaba ni mirándola ya, estaba apoyado sobre su puño mirando al fuego. Ella tiró fuertemente de su hombro para ponerlo otra vez contra el respaldo del sofá. — Marcus, mírame y escúchame. No estarás haciendo caso de eso que te dice Geller, ¿verdad? — Le tomó de las mejillas y le obligó a mirarla. — Marcus, primero de todo: no se han burlado de ti. Son niños que no valoran la historia ni lo que tienen hoy en día, no están en ese estadío, por muy Ravenclaws que sean. Segundo: no eres nada de todo eso. Puedes preguntar a todos los alumnos que quieras. Cada vez que alguien te ha necesitado, lo has dado todo, y eres superpesado con el reglamente pero que... — Se rio porque era evidente. — Eres prefecto. Es tu trabajo... — Le miró con cariño y ternura. — Y adoras tu trabajo, ¿cuántos prefectos pueden decir eso de verdad? — Pasó los pulgares pro sus mejillas, dándole cariño. Dio un hondo suspiró y negó con la cabeza. — Y por supuesto que no eres un clasista. Puede que seas un pelín orgulloso de Ravenclaw, ¿y quién no lo es en esta torre? — Se rio un poquito más y se acercó, poniendo su rostro a su altura. — No debes pedir perdón por quién eres. Tu vida ha sido fácil, ¿y qué? ¿Pone algo de tu vida en el reglamento? Lo bueno de tu vida haya sido fácil es que te ha permitido aprender sin obstáculos, y lo que sabes, lo usas para ayudar y saber lo que es justo y lo que no. — Relajó los hombros pero no se separó ni cambió la expresión. — No confiaría más en nadie para emitir un veredicto que tú. — Le dijo desde el corazón. — Marcus, Maggie Geller no es nadie. No puede hacerte dudar de lo que consigues todos los días. ¿Van las palabras de una descerebrada, porque dejarse liar por Creevey es de descerebrada, a cambiar todo por lo que vives, que es ser el perfecto prefecto? — Se rio y negó con la cabeza. — No merece la pena. De verdad. — Bajó las manos y estrechó sus manos. — Estás cansado y enfadado, pero en cuanto te levantes y veas la luz, y te hinques un desayuno de esos que haces tú con cincuenta cosas y torres de tortitas que ríete de la nuestra, te darás cuenta de que, si Benjamin era un pollito desplumado, Geller es un gatito al que le han pisado la cola y no se ha dado cuenta hasta que se lo has dicho... — Bajó la mirada a sus manos y las acarició. — No dejes que le quite brillo a lo que eres... — Alzó los ojos y los clavó en los de él. — El sol que nos calienta y nos da luz a todos.

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Dom Jun 20, 2021 6:09 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
La miró entornando los ojos y respiró. Al menos tengo a Alice, se descubrió pensando automáticamente. Sí, al menos tenía a Alice, ellos siempre se tenían el uno al otro. Ladeó una sonrisa sutil y algo triste, y no porque le entristeciera ni mucho menos lo que le decía, todo lo contrario. Era más bien por toda esa nube que traía, aunque Alice diciéndole que nunca se disculpara por besarla... Eso era, sin duda, un buen rayo de luz. Dejó una caricia en su mejilla y no dijo nada, solo la miró con esa media sonrisa. No estaba hoy muy fino en general, y menos a la hora de dar las gracias a esas personas que intentaban hacerle sentir bien. Pero Alice y él siempre se entendían con una mirada y un gesto. Esperaba que ese sirviera.

Buena pregunta, qué hacía Geller metida en los asuntos de Ravenclaw. Ciertamente, todos los alumnos del castillo eran asunto de cualquier prefecto, pero por algo estaban distribuidos por casas. Cuando había algo destacable o grave en alumnos de una casa que no era tuya, tenías que informar a los prefectos de su casa. — No me importa que trate con los alumnos de Ravenclaw y les intente ayudar, es nuestra obligación como prefectos, estar para todos. Pero si sabía esto nos lo tenía que haber dicho a Kyla y a mí... Y no idear una rebelión, encima. — Es que aún no daba crédito, ni de lo ocurrido en sí, ni de los medios por los que había ocurrido, ni de la actitud de la chica a posteriori. Y su actitud con él, encima. Entonces Alice hizo "ese" comentario, el comentario que él no había podido evitar pensar pero se había contenido mucho de hacer, aunque se le hubiera ido un poco la lengua al final de la reunión. Soltó una carcajada socarrona y ladeó irónicamente la cabeza. — Pues no, en Navidad le parecía interesantísimo. Adivina quien es un estirado insoportable ahora. — Se mordió los labios con rabia, negando y mirando a otra parte. De verdad, qué indignación... Y qué vergüenza haber caído de esa forma... Menos mal que paró a tiempo, si se hubiera dejado arrastrar del todo, ahora sí que estaría arrepentido. Juntó las manos y respondió a la siguiente pregunta. — En base a ser Horner. — Separó las manos y las volvió a juntar. — Al parecer, yo soy un clasista de mierda por mirarla a ella por encima del hombro por ser hija de madre muggle, cosa que, dicho sea de paso, no hago. Pero ella sí puede llamarme a mí clasista que ha tenido una vida muy fácil porque mi madre es Horner. — Miró a Alice. — Esos son todos sus motivos. Y que soy muy listo y le hago la pelota a los profesores y me creo mejor por ser prefecto. — Era tan injusto...

Volvió a desviar la mirada, melancólico, enfadado y derrotado. Entonces Alice tiró de él y lo devolvió al respaldo del sofá, y él se dejó arrastrar. Le costaba mirarla, pero lo hizo en cuanto le tomó de las mejillas. Sabía lo que estaba haciendo, sabía que intentaba decirle "Marcus, no pienses tonterías, eso no es así", sabía que intentaba darle mil argumentos para animarle... No sentía que fuera a funcionar. Pero era Alice. Con Alice siempre tenía que funcionar. El comentario de que era perfecto le hizo soltar un bufido sarcástico y desviar la mirada otra vez, solo los ojos, porque la chica seguía agarrando su rostro. Aunque devolvió la vista a ella, porque ni mucho menos había dejado de hablar. Frunció una sutil sonrisa en los labios cerrados, de nuevo con un toque triste, cuando dijo que era orgulloso de Ravenclaw. Sí, eso no lo podía negar. Alice se acercó más a él, poniendo su rostro a su altura, y clavó la mirada en sus ojos. Y cuando lo hizo, a Marcus se le cayó todo el enfado al suelo, y solo quedó lo mal que lo había pasado aquella tarde, el dolor que sentía por todo lo ocurrido y que, en realidad... Quizás solo tuviera altura, y título, y uno de los cursos más altos del castillo. Y dentro de eso solo hubiera un niño que quería hacer las cosas bien. O al menos todo lo bien que sabía, todo lo bien que creía que tenía que hacerlo.

Se le inundaron los ojos y tuvo que fruncir los labios, pero si bien antes prefería ni mirarla, ahora no podía quitar los ojos de su amiga mientras hablaba, aunque las lágrimas le hicieran verla borrosa. Se había pasado tantas horas tan en tensión, con un enfado que solo iba a más, que una vez bajado todo se había derrumbado estrepitosamente. Agarró las manos de la chica cuando esta las tomó, sin dejar de escucharla. Lo del desayuno le arrancó una risa suave y sincera, derramándole una lágrima que se limpió en el acto. Lo que le faltaba para terminar de sentirse estúpido esa tarde, ponerse a llorar. Negó con la cabeza y volvió a mirarla a los ojos. — Gracias. — Se acercó a ella y la abrazó, o más bien rodeó su cintura y apoyó la cabeza en su hombro, dejándose abrazar, pidiendo un abrazo de consuelo como si acabara de salir de una pesadilla. Soltó aire por la boca y dijo. — Tengo que darles las gracias a Kyla y Olympia. Han intentado ayudarme hoy, pero no les he hecho mucho caso... Estaba demasiado enfadado. Pero... Te he echado de menos. — Porque si alguien le hacía sentir bien en el mundo, era Alice. A la vista estaba. Todo lo que nadie había conseguido en todo ese día, lo había conseguido ella en un minuto. Aunque su actitud era más receptiva ahora, a la vista estaba que antes en la sala común... Bueno, antes en la sala común había conseguido que le besara en pleno cabreo solo por tres frases apuntadas en buena dirección. Lo dicho: había cosas que solo conseguía Alice.

Sin soltar el abrazo, con los ojos cerrados y la cabeza en su hombro, tragó saliva. — ¿Y si tiene razón? — Preguntó en voz taciturna. — Geller... Sabía más de Creevey que yo, sabía por qué los alumnos de segundo no estaban contentos con la asignatura... Yo no sabía nada. — Kyla le había dicho que no tenían el poder de saberlo todo, pero le daba igual. Debió saber eso. Se separó del abrazo y la miró a los ojos... Y al hacerlo frunció el ceño. — ¿Has llorado? — Oh, podía estar hundido en la miseria, pero esas cosas no se le escapaban. Eso sí que no.
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Dom Jun 20, 2021 7:42 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Sí, bueno, tratar, no creerse a la primera de cambio la pena que le haya ido a contar Creevey y encima empujarle a hacer algo que sabes que te va a dejar en mal lugar. — Eso era más propio de los Slytherin, luego la otra iría de muy Gryffindor orgullosa. Y tonta, también era tonta, la verdad. La teoría del despecho cada vez cogía más sentido en su cabeza. Al menos le hizo reír con lo de Navidad. Alzó una ceja ys e encogió e hombros. — Peor para ella, de verdad. Hay gente que lleva muy mal no ser el centro de la atención de alguien. — Se rio cuando explicó las supuestas razones de Geller. — Esa necesitaba una excusa para consigo misma de por qué no te acostaste con ella en Navidad. — Le soltó sin más. — Y siendo mitad Horner, pues ahí lo tienes. Más facilón imposible. Claro, que tampoco le íbamos a pedir un debate dialéctico de altura. — Terminó con otra carcajada y negando con la cabeza. Había que fastidiarse, la que se había liado en un momento y todo por la dichosa prefecta.

Parecía, al menos, que Marcus estaba escuchando sus palabras, y no simplemente flagelándose teniéndola a ella soltando el discurso de fondo. Pero lo que no se esperaba era ver aquellos ojos preciosos inundados de lágrimas. — Eh, pero no llores... — Limpió la otra lágrima que a él no le había dado tiempo a limpiar, con delicadeza. Miró a los lados, pero casi todo el mundo estaba cenando, y nadie de los que quedaba estaba fijándose en ellos. — ¿Sabes qué? Llevas una tarde de mierda. Han sido injustos contigo. Llora. Ahora no te va a oír nadie, solo yo. — Y le rompía el corazón verle así, pero sabía que lo necesitaba, y teniendo al seguridad de que estaba ella allí para consolarle, era lo mejor. Dejó que se agarrara de su cintura, instintivamente le rodeó con los brazos, como si lo protegiera de algo, y le condujo a hundir la cabeza en su hombro. — Bueno, ahora estoy aquí. No tengo prisa. No hay otro sitio en el que quisiera estar. — Ahora estaba segura de que había hecho lo correcto. Si le hubiera dicho que sí a Theo, se hubiera quedado con él en el patio donde fuera, y Marcus ahora estaría solo, o con Sean, pero Sean tampoco era el mejor consolando. Aprovechando su ventaja sobre Marcus, besó con ternura su coronilla y acarició su pelo. — No tiene razón, Marcus. Y no te equivoques, ella tampoco sabía lo que estaba pasando. — Dijo en un susurro reconfortante, con los labios aún sobre su pelo. — Ella sabe una historia que Creevey le contó y see creyó, pero no es lo que pasó. No te lo contaron a ti, porque sabían que no llevaban razón y tú se lo ibas a decir. Y Creevey se lo contó a Geller porque sabía que era la que le iba a seguir el rollo institucionalmente. El chico está en esta casa por algo. — Se separaron, aunque no mucho, pero lo justo para mirarse. — No sé de nadie que haya necesitado algo y tú no le hayas ayudado a conseguirlo. Eres de la élite de los magos, y lo usas para hacer el bien, yo soy el mejor ejemplo de ello, ¿no crees? Me faltan manos en Hogwarts para contar cuántas veces me has ayudado y has cuidado de mí. Y no seré medio muggle, pero no soy precisamente de la clase alta, así que Maggie Geller puede comerse sus palabras de postre. — Terminó con una sonrisa, acariciando su mejilla otra vez.

Vaya, y se había tenido que dar cuenta de que había llorado. Lo cierto es que no se acordaba, lo habría disimulado como fuera. Suspiró. y se separó un poco de él, reasentándose en el sofá. — Sí... Es que... — Tomó aire, tragó saliva y rio un poco nerviosamente. — Ha sido una hora muy frenética. — Se apartó el pelo de la cara y se quedó mirando al fuego. — Había quedado con Theo y resulta que... — Se giró, mirándole sin saber muy bien qué expresión poner. — Me ha dicho que está enamorado de mí. — Se mordió el labio y volvió a perder la mirada. — Que quería estar conmigo, que me quiere con todo... — Puso una sonrisa triste y entrelazó los dedos, jugando con ellos. — Y le he... Dicho que no... Yo no le quiero. No así al menos. Es muy buen chico, y me encanta ser su amiga, pero no puedo... — La garganta y el pecho tenían nudos tan grandes que se estaban juntando. — Y me siento una persona horrible porque yo siempre estoy diciendo que no quiero romperme el corazón... Y ahora se lo he roto a él. — ¿Y ahora qué pensaría Marcus de ella? ¿Que había jugado con Theo? Seguro que más de uno ya lo andaba diciendo por ahí. Neil Holbein, sin ir más lejos.
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Dom Jun 20, 2021 10:26 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
La miró cuando dijo esa frase tan directa, con los ojos un tanto entornados. Ya había supuesto un conflicto en Navidad entre ellos... En fin, todo lo que pasó, y no había vuelto a mentar a Maggie en presencia de Alice más de lo estrictamente necesario. Parpadeó y, justo después, se le escapó una risa, desviando la mirada y negando con la cabeza. Las cosas que tenía su amiga... — No creo que sea por eso... — Dijo un tanto avergonzado, pasándose una mano por el pelo. Aunque Eunice también lo ha interpretado así, pensó, en referencia a lo que le dijo antes de irse del aula. Pero prefirió dejarlo pasar. Suspiró, pero se tuvo que volver a reír con lo del debate dialéctico a la altura. — Yo intentaba argumentar por qué había hecho lo que había hecho y ella solo estaba arremetiendo contra mí... Y aun así, me ha dejado fuera de juego. — Mejor no lo pensaba más o se volvería a cabrear.

Frunció los labios y se aferró más a ella cuando le dijo que llorara, que solo ella le iba a escuchar. No era tanto porque alguien le viera o no, simplemente se sentía estúpido viéndose tan hundido en la miseria, sobre todo por cosas que no podía controlar, como le había dicho Kyla, o por insultos sin sentido, como decía Alice. Pero así estaba, derrumbado. La escuchó decir que no tenía prisa y sintió su beso, y solo se apretó más a ella como si fuera un peluche que le pudiera consolar, dejando un leve sollozo incontrolable escapar junto con un par de lágrimas. — Eso le he dicho. — Dijo con voz penosa, sin separarse de ella. Sonaba a niño tristón que le explica a sus padres por qué los otros niños se han metido con él. — Pero... Se lo he dicho enfadado y mal... Creo que solo me he echado más tierra encima. — Básicamente le dijo que Creevey la había usado a ella porque era una negligente. No, no había estado muy fino desde luego, le dio todo el pie del mundo a llamarle estirado que siempre lleva la razón. Aunque no fuera cierto, o eso quería pensar... No se consideraba tan mala persona como le había puesto ella sobre la mesa...

Volvió a secarse las lágrimas al separarse, mirando al suelo, pero levantó la vista a ella al escucharla. Sonrió cuando dijo que la había ayudado. Él no consideraba que hubiera hecho gran cosa, pero se pasaría la vida ayudándola en lo que hiciera falta encantado. Por algo era su mejor amiga, por algo era la persona que estaba allí con él en ese momento, consolándole, escuchándole y diciéndole lo que, si bien no sabía del todo si creerse, definitivamente necesitaba oír. Pero un comentario le hizo contestar de manera automática. — Eres hija de William Gallia. — Y a Marcus, ese gran clasista que Margaret Geller describía, le importaba tres pueblos la clase de la que viniera Alice. Primero por ser Alice y ser como era, que era perfecta así. Y segundo porque era hija de uno de los mejores magos que había conocido en su vida, con un talento imposible de igualar ni emular. ¿Quién necesitaba "clases" siendo así? Recibió su caricia con una sonrisa y dejó un beso en su mejilla. — Eres la mejor. — De todo corazón lo decía.

Cuando le preguntó a Alice si había llorado, vio que se removía un tanto incómoda. O sea que sí, pensó. La miró expectante mientras parecía querer encontrar las palabras... Hasta que lo dijo. Abrió los ojos, con las cejas arqueadas. — Oh. — Dijo simplemente. Lo cierto es que Theodore Matthews... Le pasaba un poco desapercibido. Le parecía muy buen chaval, pero... No había tenido oportunidad de hablar mucho con él, y era tan discreto, que solo se acordaba de su existencia cuando le veía, aunque eso pudiera sonar un poco cruel. Era cierto que había hecho muy buenas migas con Alice en los últimos meses, pero... Debía estar en la inopia, porque tampoco se había percatado de por qué podría ser eso. Tragó saliva y siguió escuchándola. Y entonces confirmó que le había dicho que no. Y cuando lo hizo... Tuvo una sensación extraña. Al escuchar que Theo se le había declarado, había dado por hecho que los sentimientos eran unilaterales. Pero la confirmación de Alice de cual había sido su respuesta le hizo pensar... Que podría haberse despistado de eso también. Que su amiga podía haber llegado esa tarde con novio y él se habría quedado a cuadros por completo, sin esperárselo. Que había dado por hecho que Alice no sentía nada por nadie, ni siquiera por Theo, y que eso... Podría no haber sido así, y haberse enterado en ese momento. Se preguntaba donde puñetas estaba ese año en la escuela, porque parecía que allí no.

Había algo más raro todavía: había sentido cierto alivio. ¿Por qué? Espera, ¿tan sumamente orgulloso y egoísta era que prefería que su amiga le dijera que no a Matthews solo porque era algo que él no se veía venir, que le hubiera pillado descolocado? No, eso no podía ser así, Marcus no era así, se hubiera alegrado por ella. Era solo que... Bueno, no lo sabía. No es que estuviera hoy para pensar, así que mejor escuchaba y ya estaba. Su cara mostró una expresión aún más sorprendida, aunque con el ceño fruncido, ante su última afirmación. — No, ¿por qué dices eso? — Rio un poco y se acercó a ella, agarrando sus manos. — Alices, es... Es una putada que hayas tenido que hacer eso, para él y para ti. Ha tenido que ser... Uf, no sé, difícil supongo. Duro. — La miró a los ojos. — Pero has hecho lo que tenías que hacer. A mí no me gustaría que una chica quisiera estar conmigo por pena, o simplemente porque le caigo bien como amigo y bueno, ¿por qué no? — Se encogió de hombros. — Si estuviera enamorado de alguien, querría que ese alguien lo estuviera de mí, y supongo que Theo querrá lo mismo. — Bueno, eso último no lo sabía. Si casi no conocía al chaval, pero era lo mejor que podía decir para consolar. — Has hecho lo más justo para él, que se merece que la persona que esté a su lado le corresponda... Y para ti. — Puso un par de dedos en su barbilla para alzar la mirada de la chica y sonrió. — No dudo que Theo te querría muchísimo, pero... Tú te mereces querer a quien te quiera también. No puedes estar con alguien por descarte. Eres la mejor persona que conozco... Te mereces la mejor relación del mundo. — Retiró los dedos y le hizo un gesto de la cabeza. — Y que no me entere yo de que ese corazón tuyo se rompe, que quien sea se las va a tener que ver conmigo. Y ya has visto como soy cabreado. —
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Lun Jun 21, 2021 12:53 am

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CON Marcus EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Pues él podía no creerlo, pero tenía todos los visos de ser por eso. Porque Geller era perfectamente consciente de que Creevey era Ravenclaw, y en cuanto le mencionara sentirse abandonado por Marcus, le costó conectar un total de dos segundos, y ya tragarse todo lo que el niño quisiera decirle, y montar el numerito que más pudiera dolerle a Marcus en el orgullo. Se encogió de hombros y contestó. — No, hombre, si quieres se lo dices dulcemente después de la que te ha liado, echarte la culpa por ello e insultarte a ti a tu familia. Vamos, Marcus, por favor, ni tú puedes aguantar elegantemente algo así. — A veces las autoimposiciones de Marcus eran leoninas, y no le dejaban ver con claridad, y al final acaba flagelándose. Como pillara a Geller... Le iba a decir todo lo que Marcus y Kyla, por ser siempre tan correctos seguro que no le habían dicho.

Tener a Marcus agarrado a ella como un monito le encantaba, y ya que ensalzara así a su padre la emocionaba directamente. si encima se llevaba apreciación y beso en la mejilla, para qué quería más. — Qué va. Pero te entiendo y te conozco mejor que nadie. Para bien y para mal. Sé lo bueno que eres, no solo como prefecto, si no como persona. O quizás es que ser tan buena persona te hace buen prefecto. Y eso no lo cambia nadie, Marcus. — Le miró con un suspiro. Algún día podría dejar de ser tan guapo, incluso lloroso. Le haría la vida más fácil.

La reacción de Marcus fue controlada, pero de genuina sorpresa. Y como le conocía perfectamente, tal y como acababa de señalar, sabía que su mente ahora mismo era un hervidero. Desde luego comparar aquella reacción a lo de Jean era como la noche y el día. Probablemente por el resultado bastante distinto de ambas. Pero claramente, Marcus no haba considerado ni por un momento que Theo y ella tuvieran algo. Y eso que les pilló muy juntitos en la fiesta de principio de curso. Y que les vio bailar juntos y hacer las bromitas de lo del té francés y la predicción de Hawkins en el cumpleaños de Hillary. Pero todo eso no había llamado su atención. Bueno, claro, ¿y qué iba a ver? No tenía nada con Theo, no tenía nada con Marcus, no había discusión ni sospecha posible.

Obviamente, reaccionó cuando la vio afectada por ello, para consolarla, exactamente como había hecho ella cuando le había visto así. Rio un poco amargamente y torció el gesto. — Pues porque no se merece alguien que le rechazase, y más con lo bueno que ha sido conmigo, y sigue siendo, porque me ha asegurado que quiero seguir siendo mi amigo como si nada... — Suspiró y volvió a apartarse el pelo. — Sí que es difícil, sí... — Dijo más para sí misma que para Marcus. Pero efectivamente, Theo lo que desde luego no se merecía que estuviera con él por pena. Y a ver, no era pena pero... — Si estuvieras enamorado... Si lo estuvieras, creo que no habría mujer en este castillo capaz de resistirse. — Se le escapó, con aquella sonrisa triste y una anilla en el corazón. ¿Qué, Gal? ¿Qué esperabas? ¿Que ahora de repente Marcus se diera cuenta de que está enamorado de ti y qué bonito todo? No, pues claro que no. — Es buena resolución. — Dijo, tratando de reconducir. — Aunque... No estés enamorado... Y no sea un consejo de primera mano. — Amplió la sonrisa y alzó la mirada cuando le subió la barbilla. Sus ojos se inundaron. La mejor persona... Ojalá. — Me ves con muy buenos ojos, Marcus. — Tragó saliva. Tomó aire fuertemente, tratando de no llorar cuando le dijo lo del corazón roto, y apretó los labios. — Creo que eso no entra en las funciones de prefecto. — Le salió una risita, pero también dos lágrimas. — No es descarte. Es que Theo me ha dicho que me quería tal como soy... Y yo sé que eso es muy difícil. Y quizá he mordido una mano amiga... Quizá el amor también es eso... — Bajó la mirada y negó con la cabeza. — No sabemos nada de amores... Y así nos va. — No sabría nada de amores, pero sabía lo que sentía por él. Lo que quería que sintiera por ella. Más que los besos, más que ese conocimiento profundo que tenían el uno del otro. Más. Siempre más. Pero cogió su mano y la besó. — Ojalá todo el mundo pensara de mí como tú lo haces. Ojalá yo misma lo hiciera. Quizá así me atrevería a hacer cosas que me dan miedo. — Levantó los ojos y enfocó los de Marcus. — Sí, hay cosas que me dan miedo a mí también, ¿vale? — Dijo con tono cómico porque ya sabía por dónde le iba a salir Marcus. Tiró de él para que se apoyaran los dos en el respaldo del sofá y se quitó los zapatos, para poder subir las piernas y hacerse una bolita, sin soltar sus manos. — ¿Te acuerdas aquel verano que nos quedamos dormidos en el sofá de tus abuelos? La vida era completa, era simple, solo había que hacer lo que te pidiera el cuerpo y todo salía milagrosamente bien. — Daría lo que fuera por volver a esas días, aunque solo fuera un ratito, para aliviar su corazón.
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Lun Jun 21, 2021 12:10 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 16:00h, 19 de marzo de 2001
Frunció los labios y se encogió de un hombro. — Ya... Pero tampoco se merece que alguien esté con él sin sentir lo mismo. — Si era tan buen chico como parecía, se merecía alguien que le quisiera de verdad. Si Alice no era ese alguien... Pues nada. Y ahora que se paraba a pensarlo... Podían hacer buena pareja. En fin, a los dos les gustaba la Herbología, los dos eran buenas personas... Y... Vaya, pensó que la enumeración le quedaría más larga. Si Alice tenía más cosas en común con él que con Matthews... Y ellos no eran más que amigos...

Salió de sus reflexiones cuando Alice recalcó la frase que él había dicho. "Si estuvieras enamorado...", frase que tenía un final, y vaya lapidario final. Se le escapó una risa avergonzada. — Hala, sí, seguro. — Dijo por decir algo, negando después con la cabeza. — Solo tienes que ver todas las que están haciendo cola en la sala común para verme. Tss... Y con el numerito que he montado hoy de cabreo, con la que he liado con Geller que sí era la única que había mostrado un interés en mí... — Demasiado, la verdad. — ...Y con la forma en que me ha burlado toda una promoción de segundo... — Arqueó las cejas y chasqueó la lengua. — Seguro que me están rifando ahora mismo, vaya. — Ironizó. Mira que no le había dado por pensar eso ese día... Pues, definitivamente, aún se podía hundir un poquito más.  

Y la chica lo recalcó una vez más. "Aunque no estés enamorado". Porque no lo estaba, ¿no? A ver, si tenía que preguntárselo era que... ¿No? ¿Pero y qué pasaba con Poppy? Se suponía que sentía algo por ella... Se suponía. Pero ahora pensaba en ella y sus sentimientos eran cada vez más difusos, y ciertamente... Casi que tenía en común con la Hufflepuff las mismas cosas que Theo y Alice. Es decir, era muy buena persona, y tenía una risa preciosa y contagiosa, y siempre le regalaba galletitas, siempre tenía una palabra bonita para ti, y le gustaban mucho su pelo y sus pequitas... Pero... Ya está. No había más. Y ya ni siquiera sentía lo que sentía de pequeño cuando se la encontraba por los pasillos. ¿Se había desenamorado? ¿Había llegado a estar enamorado alguna vez, realmente, o solo le gustaba? Lo más raro de todo era que hacía tiempo que había notado que Alice desataba unas chispas en su interior que no había desatado ninguna otra chica en ningún momento, ni Poppy con sus sonrisas y gestos bonitos, ni Maggie con sus besos e insinuaciones. Y doblemente raro era todo, teniendo en cuenta que Alice y él, insistía, solo eran amigos. ¿Por qué medía a todas las chicas en comparación con su amiga? Parecía que estaba buscando alguna que lograra superarla. Claro, como si Alice se pudiera superar. Espera... ¿Estaba pensando lo que creía que estaba pensando? Uy, no, ese camino hoy no, Marcus. Definitivamente no es el día. Definitivamente estaba demasiado destruido. Empezaba a pensar cosas raras. Mejor parar.

Se encogió de hombros con una sonrisilla. — Tú haces lo mismo. Me has dicho un montón de cosas buenas hoy después de mi liada monumental. — No la miraba con buenos ojos, la miraba con los ojos que la tenía que mirar. Se consideraba perfectamente objetivo y podía reafirmar con datos que Alice era buena persona. De ahí sí que no le iban a mover. Frunció el ceño, divertido, cuando dijo lo de las funciones de prefecto. —  Vaya, ¿y eso quien lo dice? ¿Tú? — Bromeó, y mira que tenía pocas ganas de bromas. Suspiró y negó con la cabeza. — No me hables de las funciones de prefecto... Y si esa no está, pues yo la hago igual. Si total... — Para lo que he hecho hoy. No iba a dejar de flagelarse tan fácilmente.

Salvo que viera a Alice llorar otra vez. Eso le hacía echar todos sus dramas estúpidos aparte. La escuchó mientras le quitaba las lágrimas de las mejillas, y algo que dijo le hizo responder sin pensar. — Eh, no es tan difícil. Yo también te quiero tal y como eres. — Vaya, ¿qué había querido decir con eso? Le había salido del alma, desde luego, no había podido ser más honesto. Aunque... Acababa de comparar sus sentimientos a los de Theo, y por un lado pensó eso puede sonar confuso. Pero otra parte de él afirmaba convencida no, mis sentimientos no son como los de Theo. Son mayores. A ver. Conocía a Alice desde el primer día de colegio, lo habían compartido todo juntos, la adoraba. Theo y ella solo se conocían de hacía unos meses. El chico estaría enamorado, sí, pero... En fin. Aunque el querer de Marcus era... Distinto... Creía... Que no tires por ahí, que no es el día. Que te vas a liar tú y la vas a liar a ella. Que aún podía acabar en drama todo eso.

Al menos lo siguiente que dijo le hizo reír. — No sabemos nada de amores, no. — Suspiró y se arrellanó en el sofá. — Menudos Ravenclaw... — Estaba claro que había cosas que los libros no enseñaban, y ahora a ver cómo se aprendían. La miró cuando besó su mano y volvió a esbozar una sonrisa de lado cuando dijo lo de los miedos, aunque no le dio tiempo a responder antes de que ella saltara. — No he dicho nada. — Dijo con una leve risa. No había dicho nada, pero lo hubiera dicho. Se conocían demasiado bien. Dejó una caricia en su pelo y dijo. — Pues deberías hacerlo. — Debería pensar así de ella misma, sí, porque era la pura verdad. Porque estaba convencido de que lo que pensaba de ella iba en la línea correcta... Qué fácil era para Marcus identificar los pensamientos, con los sentimientos solía liarse más. Se dejó arrastrar en el sofá, acurrucándose con la chica y cerrando los ojos con un suspiro, aunque recordar esa anécdota le sacó una risa. — Sí que me acuerdo, sí. Me acuerdo de despertarme de un salto, también. — A veces pensaba que era más protocolario de chico que ahora, y eso que parecía imposible. Frunció una sonrisa y la miró de reojo. — ¿Pues sabes qué? A mí me pide el cuerpo dormirme. — Se quitó él también los zapatos y se acomodó un poco, acurrucándose junto a su amiga y cerrando los ojos. — Y total, ¿qué más da una liada cuando ya llevas varias a tus espaldas? — Abrió un ojo y miró a su amiga. — Oh, Dios, empiezo a parecerme peligrosamente a ti. — Rio y lo volvió a cerrar, acariciando su mejilla contra el brazo de Alice.

— Podemos intentarlo. — Dijo simplemente. ¿Se había entendido lo que había querido decir? Habían hablado de muchas cosas, así que mejor matizaba. — Quedarnos aquí, como aquel día... Imaginarnos que todo es igual de simple. — Respiró hondo, sin abrir los ojos. Notaba el cansancio cayendo sobre él, y su voz cada vez salía más tenue. — Quizás, cuando despertemos, todo se haya solucionado milagrosamente. —
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