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Lun Jun 21, 2021 6:12 pm

Let's make it serious
CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Tenía la frente perlada en sudor, porque llevaba cosa de dos horas etiquetando todas las plantas y los remedios y dejarlo todo listo para simplemente repasarlo una y otra vez y llevarlo perfecto a los TIMOs. Pero la gente era muy desordenada en Herbología, y ella lo había dejado un poco pasar por atender a Transformaciones, pensando que, como Herbología era su asignatura favorita, lo llevaría lo suficientemente bien. Y sí, pero es que sus compañeros eran un desastre. Estaba escribiendo tan rápido que le dolía el brazo, pero es que había quedado con Marcus, Sean y Hillary para el trabajo de Astronomía y tenía que dejar eso hecho, aunque ahora mismo fuera un desastre de suciedad, ya lo pasaría a limpio y bien cuando no fuera tan pillada de tiempo. — ¡Gal! ¡Holi holi! ¡Guau! No reconozco este sitio. – Dijo Olympia entrando al taller de Herbología de quinto. — Ya, ya, no me extraña, esto era una locura. — Se apartó el pelo de la frente sin dejar de escribir. Entre la humedad del invernadero y su prisa, tenía la frente perlada. — Vaya trabajal, podrías habernos avisado y te hubiéramos ayudado. — No quería ser borde con Oly, pero bien podrían no haber permitido que el taller de quinto se convirtiera en un campo de guerra. — Ya está hecho. — Contestó simplemente. Oly se acercó cautelosamente. — Oye... ¿Mi estornudo del diablo... La has etiquetado también? — Gal resopló. — Y su rato me ha llevado. Esta por ahí detrás. He tenido que sacarle un capullo, espero que no te importe. — Se frotó los ojos, porque le picaban y ya hasta veía puntitos. Como se desmayara, Marcus la mataba. — ¿Ah sí? — Preguntó la chica con un deje preocupado. — Claro, yo ni idea de que ibas a pensar de que era para Herbología... Y... Y.... ¿Te has lavado las manos después? — Ella soltó aire por los labios. — Ahora mismo me viene regular lavarme las manos. Cuando acabe. — Se notaba la lengua pastosa. Realmente debería dejar de trabajar. — Claro, claro... Eh... ¡Ethan! ¡Ethan, ven, que tenemos un problema! — Pero ella estaba demasiado centrada en terminar lo suyo a pesar de que cada vez tenía en cerebro embotadísimo.

— ¿Qué pasa ahora? Que tengo a los de sexto esperando... — Su amigo apreció recalar en ella, pero Gal le oía como si estuviera en una pecera. — ¡Hombre, golfilla! Tú trabajando, qué raro.Ethan es que... Gal ha tocado un capullo de... ¡Joder, Oly! — Le interrumpió Ethan, rodeando la mesa. Bruscamente la apartó del papel y le agarró de las mejillas mirándola a los ojos, aunque el efecto pecera se había extendido también al sentido de la vista, así que lo veía completamente borroso. — Buah, esta está flipando ya. ¿Cómo se te ocurre dejarlo aquí? Bueno es que dicen que para esconder algo, mejor hacerlo a plena vista... Y como esto estaba hecho una pocilga y nadie lo ordenaba...¿No pensaste que viniera la Ravenclaw del grupo y lo arreglara y ordenara a la perfección? — Oly pareció pensárselo. — No conté con ello, no. — Gal cerró los ojos y tragó saliva. — Creo que me voy a desmayar.No, no, no... Ahora te vamos a echar un poco de agüita en la cara y tú vas a estar divinamente, porque te vas a echar un ratito en tu cama hasta... Mañana, por ejemplo. — Ella negó y trató de levantarse rápidamente, pero tuvo que agarrarse a Ethan y la mesa. — No puedo... He quedado con Marcus. — Ethan bufó. — No me lo puedo creer. Bueno lo del agua lo mantenemos. Nosotros le decimos a Marcus que no te encuentras bien. — Ethan soltó una carcajada. — ¿Conoces de algo a tu compañero O'Donnell? En el momento en el que le digamos que a esta le pasa algo, monta un operativo especial. No, no, se tiene que serenar e ir. ¡Aguamenti! — Y Gal recibió un chorro de agua fría en la cara que la hizo parpadear y recuperar momentáneamente los sentidos. Y acto seguido se empezó a reír. Era gracioso, muy gracioso, que Ethan acabara de empaparla de aquella manera. — ¡Qué tío! — Y siguió riéndose. Miró a otro lado y vio suss papeles, poniéndose a recogerlos. — Qué curioso que salgan estrellitas de mis apuntes. Pues verás cuando los pase a limpio, va a ser genial. — Hizo un gesto con las manos como si fueran fuegos artificiales, porque estaba feliz. Pero Ethan y Olympia no lo parecían tanto.

Se van a dar cuenta, Ethan.Que no, que ahora hablo yo con ella. A ver, Gal, mírame... — Pero ella acababa de ver algo y salió corriendo detrás de ello. — ¿Qué haces ahora?  — ¡Se me escapa! — Dijo recorriendo el invernadero (ella muy segura de que iba en línea recta) – ¡Gal, cuidado! ¿el que se te escapa? El tiempo que queda para mi cita con Marcus. Lo he visto claramente. Me ha pasado por aquí y se ha ido para allá. — Se giró hacia Oly muy segura, porque sabía que ella comprendería. — Es como de este tamaño. — Dijo haciendo el gesto con las manos. — Y azul, claro. Porque es para ir a ver a Marcus. — Oly asintió, sabía que no la defraudaría. — Claro, tiene todo el sentido. ¡No! ¡No tiene ningún sentido y Marcus se va a dar cuenta! Y Hillary y Sean. También he quedado con ellos. Pero les da igual el color. — En su cabeza tenía perfecto sentido, pero Ethan bufó otra vez, lo cual le resultó extremadamente gracioso, y él más bufó. — Qué desastre. A ver, Gal, mírame. — Ella obedeció. — Qué serio, McKinley, tú nunca te pones serio. Dices que salen arrugas.Escúchame. ¿Cómo hay que estar en la biblioteca?Estudiando. — Contestó ella muy segura. — No, mi querida Ravenclaw hasta cuando está drogada...Estoy drogada de sabiduría. — Apostilló con una sonrisa. Para eso llevaba dos meses estudiando. — Lo que yo decía... Gal, en la biblioteca hay que estar en silencio. Pero hemos quedado en el aula de trabajos. — Le pareció oír cómo Ethan mascullaba algo, junto con unas campanillas de fondo. Qué cuqui. — Bueno, pero tú tienes que quedarte en silencio, vale, para no molestar. Y sobretodo, no te rías. Que a Marcus no le gusta que no se tomen en serio su trabajo. — Ella, que había vuelto al efecto pecera, asintió muy gravemente. — Oly, acompáñala y déjala en la puerta, pero asegúrate de que entra y se queda con Marcus y los demás. — Y ella se dejó llevar, porque. al menos iban en la misma dirección que el tiempo que se les había escapado.

Llegaron al aula, pero Gal nunca se había dado cuenta de la de cosas fascinantes que había por Hogwarts, era increíble, Oly casi había tenido que arrastrarla. — Tú recuerda que tienes que estar seria, ¿vale? Para que Marcus no se enfade. — Ella asintió y se dirigió a la mesa donde estaban Marcus y Hillary cantando. A medida que se acercaba, pensó que era una canción muy rara, y al final le pareció más como si recitaran un poema. O más bien dos poemas diferentes y se pisaran al decirlos. — Qué mal se les da organizar recitales, deberían preguntarme a mí. — Dijo en voz baja a Sean, sentándose a su lado. Eel chico soltó una carcajada y negó con la cabeza. — Qué tía, cómo eres. — Pero ella cambió la expresión a una muy seria (estaba segura de ello) y dijo. — Sean, por favor, hay que estar serio. Marcus se puede molestar. — Pero eso le hizo reírse más fuerte, lo cual hizo que los otros dos dejaran los poemas y la miraran. — Yo no me he reído. Ha sido Sean. ¿Habéis empezado ya sin mí? — Se inclinó sobre la mesa y miró el mapa de la nebulosa de Ringali — ¡Oh! Más estrellitas, en mis apuntes también hay. — Levantó la mirada y le dedicó una sonrisa a Marcus, que miraba fijamente. Y aunque estaba aún en la pecera, podría distinguir aquellos ojos verdes donde fuera y le parecían preciosos como fuera.
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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Estaban a quince días de los exámenes. Quince días. Dos semanas. Se notaba en tensión constante, iba por todas partes corriendo y se irritaba más de la cuenta, sobre todo si le llevaban la contraria. No era el único. Estaban todos un poco así, pero la que se llevaba la palma definitivamente era Hillary. Estaba insoportable, se pasaba el día temblando y hablando con un tono tenso y agudo que le perforaba el cerebro. Estaba a muy poquito de tener una bronca con ella, o de pedirle de malas maneras que dejara la histeria durante cinco minutos al menos. Pero ese día su amiga tuvo la grandiosa idea de llevarle la contraria. Primero en Runas y luego en Astronomía, y ahora hasta cuestionaba la existencia de los libros. De verdad. Se iba a tirar ya de los pelos.

- Te digo que no está. - Quinta vez que se lo decía. Marcus se detuvo en seco y se mojó los labios, desesperado, girándose hacia ella. — ¿Lo puedo comprobar? ¿Puedo ir a la biblioteca y comprobarlo? ¿Puedo? ¿Me das permiso? — ¡Oh, por favor, faltaría más, adelante! - Dijo la chica exageradamente, alzando las manos y la voz. - ¡No vaya a ser que en cinco años que llevo aquí no sepa yo buscar un libro en la biblioteca! ¡Vaya usted, Prefecto O'Donnell, a comprobarlo! La Señora Binns va a estar encantada de que le pidas un libro que no existe OTRA VEZ. — ¡¡Que sí existe!! Lo tendrá alguien pedido. — Uy sí, es el tema de conversación candente en la mesa en todas las comidas, debates encarnizados sobre las posibles interpretaciones de un libro de Astronomía que se escribió hace cuatrocientos años. — Trescientos ochenta y uno. Y, por si en cinco años aún no te ha quedado claro ese concepto básico, el universo tarda en hacer una modificación millones de años. Así que, en términos de Astronomía, es como si lo hubieran escrito ayer. — ¡¡Ooooisssshhhh Dios, qué insoportable te pones!! ¡Anda a por tu puñetero libro! - Y eso hizo, pero eso sí, la chica iba tras él. Claro, porque el libro no existía, pero ella bien que iba. Pues no se iba a leer ni una letra como lo encontrara, por negarlo.

Treinta minutos más tarde estaba con los codos apoyados en el mostrador de la biblioteca, después de habérsela pateado entera, frotándose la cara con ambas manos. La bibliotecaria iba a acabar con su paciencia, y Hillary cruzada de brazos a su lado soltando risitas, también. Estaba ya que echaba fuego. — A ver, Señora Binns, creo que no me he hecho entender... — Se ha explicado usted perfectamente, Señor O'Donnell. No soy tonta, lo ha repetido veinte veces, es usted el que parece no querer entender. — Se trata de un tratado básico para... — No será tan básico cuando no lo tenemos. - Marcus frunció los labios con fuerza y echó aire por la nariz como un toro enfurecido. No le gustaba que le interrumpieran. — Quizás la biblioteca necesite una actualización. — La mujer entrecruzó los dedos ante sí en el mostrador. - Señor O'Donnell, llevo escuchando sus sugerencias de actualización cinco años. Le digo que acuda al director y haga una petición formal al respecto. — Ya lo he hecho. — Lo hago todos los años, pensó. Empezaba a sentirse flagrantemente ignorado. La mujer esbozó una sonrisa maliciosa, sarcástica y hastiada y dijo. - Bien. En ese caso, asuma su derrota, deje de preguntar por libros que no tenemos y elija otro o márchese. - Y otro ruidito entre la risa y la superioridad de Hillary, para terminar de cabrearle más. No podía estar más ofendido. — Sepa que su actitud me parece totalmente contraproducente al espíritu que debería tener una persona que trabaja en una de las bibliotecas más importantes del país. — Oh, ¿no me diga? Por favor, ilumíneme con sus conocimientos como sobre hacer mi trabajo. - La mujer hizo un despótico gesto de la mano y, con mala cara, le echó de allí. - ¡Deje de darme la lata! ¡Ese libro no está, ni estará nunca por mucho que se actualice la biblioteca porque es tan antiguo que no lo conocen ni los árboles! ¡Vaya a la sección de Astronomía a por otro o busque sus conocimientos en otra parte! - Marcus resopló y cogió el libro que sí tenía, dispuesto a largarse de allí. Pero al pasar por el lado de la mujer, le dijo. — Algún día escribiré mi propio libro. Y usted se pasará el día escuchando mi nombre cada vez que los alumnos se lo pidan. — Procuraré que un libro suyo no esté nunca en mis estanterías. — Oh, ya lo creo que estará. — Y se fue, enfadado y digno.

Solo para seguir escuchando a Hillary con su chillona voz diciéndole "te lo dije" cuarenta veces. — Que no esté en la biblioteca no significa nada. — Nooooo claaaaro, ¿qué va a significar? Salvo que no es el tratado hiper maestro e importantísimo e indispensable del que llevas hablando un mes pero que, oh, ni está en la biblioteca ni la Profesora Granger lo ha recomendado. — ¡Es un tratado escrito por los primeros astrónomos! — ¡Astrónomos que no tenían los medios que tenemos ahora y podrían haberse equivocado! Por no hablar de que ni siquiera usan tecnología, o sea que a saber... - Eso hizo a Marcus detenerse en seco, cuando ya llegaban a la puerta del aula, con la boca y los ojos muy abiertos y casi con la mano en el pecho. La ofensa más grave que podías hacerle a Marcus O'Donnell: decirle que la tecnología muggle era más útil que sus medios mágicos. — ¿¿Insinúas que la "tecnología" muggle podría haber obtenido datos que los primeros astrónomos no captarían?? — La chica se giró lentamente y de brazos cruzados hacia él, con altanería. - No lo insinúo: lo afirmo. - Pues ya la tenían hecha para toda la tarde.

- ¡Ey! No veas si habéis tardado. ¿Empezam...? — ¡¡Es que me parece indignante vamos!! — Interrumpió Marcus a Sean, prácticamente lanzando el libro contra la mesa, lo que hizo que el otro pegara un salto en su asiento. La chica le seguía a paso rápido. - ¡Ya vale con el teatro de la ofensa, Marcus! Eso es un hecho objetivo te pongas como te pongas. — ¿¿¿Hecho objetivo??? Pero pero pero... — Se llevó las manos a la cabeza. — Tú, tú, tú,.. — ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? -La cara de Sean era un poema, mirándoles de hito en hito. Definitivamente se les había ido el cabreo mutuo de las manos. — Tú no estás bien. Tú no riges bien. — ¡¡Oh, perdona!! Por favor, cuéntame OOOTRA VEZ la maravillosa historia de por qué un tratado de hace quinientos años... — ¡¡Trescientos ochenta y uno!! — ¡¡Que me da igual, Marcus!! ¡¡Que está desactualizado, joder!! ¡¡Es que de verdad!! ¿¿Cómo hay que decirte las cosas?? — ¡¡Que es un tratado sobre el universo!! ¡¡Que tienen validez milenaria!! — ¡¡Oooohhhgg por Dios otra vez!! ¡Que no es porque haya cambiado el universo! ¡¡Es porque han cambiado los medios para estudiarlo!! — ¡¡La astronomía es una ciencia ancestral que no ha cambiado tanto en los últimos siglos!! — ¡¡Y por eso no hay quien la entienda!! ¡Dios! ¡Que ganas de que llegue el año que viene para no cogerme esta asignatura! — ¡¡Pues ya somos dos!! —

Y en ese momento llegó Alice. Marcus resopló, abriendo el libro y estirando el mapa de la nebulosa de Ringali delante de él. Su amiga iba a empezar a preguntar qué pasaba y se estaba viendo venir que la discusión no iba a acabar ahí. Pero no hizo falta ni que Alice preguntara, porque ya siguió Hillary ella sola. - Entonces seguimos sin saber de donde viene esa formación. - Marcus dio con las palmas de las manos en el libro, en un golpe seco y harto. — ¿De verdad? ¿Otra vez? — Mira O'Donnell, no empieces. Que me quiero enterar de esto antes de que caiga en el examen y suspenda. — Te he dicho como quince veces que se sospecha que se trata de un cúmulo cósmico en formación. — No me lo has dicho quince, me lo has dicho quinientas. Y las quinientas veces te he dicho que decir "cúmulo cósmico en formación" y no decir nada es lo mismo. — ¡Cómo va a ser lo mismo! — Señaló insistentemente el mapa con un índice. — Un cúmulo cósmico en formación es una masa de caos formada por esquirlas y fragmentos de estrellas y meteoros, que pueden estar ahí o bien porque eran un sistema que ha estallado, o bien porque es un sistema en nacimiento que aún se está formando. Por eso hay que estudiar el movimiento de las esquirlas, para ver si están fugando o fusionando. — Vaya, una masa que no sabemos si era y se ha roto, o si no es pero será dentro de mil años. En otras palabras: NADA. — ¿¿¿Pero de verdad??? — Se frotó el pelo, incrédulo. En serio, ¿¿cuántas miles de veces había que explicarle a su amiga las cosas??

Y entonces Sean soltó una carcajada. Tanto Hillary como Marcus se giraron a los otros dos con los ceños fruncidos y caras de muy pocos amigos. - ¿Y tú de qué te ríes? - Le espetó Hillary a Sean, y acto seguido la chica miró a Alice. - ¿Y tú qué pasa? ¿Cuándo pensabas llegar? — Habíamos quedado hace diez minutos. — Dijo Marcus, serio. Y ya tuvo Hillary que hablar otra vez. - Sí, y si hubieras llegado a tu hora, te habrías encontrado solo con Sean porque aquí tu amigo el prefecto tenía que pelearse con la bibliotecaria por un libro que no existe. — ¡¡Que si existe, por todos los dragones!! — Respondió alterado, mirando a la chica. Pero Alice se había inclinado sobre el mapa y hecho un comentario muy raro. O quizás él estaba tan alterado que ya todo le sonaba torcido. Se quedó mirándola con expresión entre enfadada y extrañada, hasta que Hillary dijo. - ¿Y a esta qué le pasa? - Bueno, a ver, que si no, no vamos a empezar nunca. - Interrumpió Sean, haciéndose con el mapa, quitándolo de donde estaba y llevándoselo ante él. El chico se puso a escudriñarlo, bajo el silencio de los tres. Marcus estaba con un mohín de enfado e impaciencia. Dios, Sean era lentísimo leyendo mapas, estaba a dos segundos de quitárselo de las manos. Pero eso sí... Aprovechó mientras el chico leía para mirar a Alice, aún con extrañeza. Algo le pasaba... - Yo aquí no veo nada. - Sorpresa para nadie, Sean no viendo nada en un mapa. - Anda, trae. - Dijo Hillary, quitándoselo y quedándoselo ella.  — ¿Puedes ponerlo en la mesa para que lo veamos todos? — ¿No tienes un libro de mil años en el que buscar tus respuesta? - Ese trabajo tenía mal pronóstico.
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Mar Jun 22, 2021 12:22 am, editado 1 vez


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Lun Jun 21, 2021 11:02 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Los poemas de Marcus y Hillary cada vez estaban más cargadnos de tensión, y empezaba a detectar que tenían que ver con la nebulosa de Ringali. Oh, qué bonito, poemas sobre una nebulosa. Le gustaba la Astronomía. Y entonces Marcus dijo eso de "tú, tú, tú" y Hillary "qué, qué, qué" y había quedado por fin bien compenetrado. Fantástico. Aunque no recordaba bien para qué clase necesitaban aquello poemas, y estando los TIMOs tan cerca, no creía que Marcus y Hillary precisamente se dedicaran a hacer cosas que no fueran productivas para los exámenes. Y entonces empezaron a gritarse y pisarse otra vez y ella arrugó el gesto. Y lo que dijeron después no le gustó. — Pues a mí me va a dar mucha pena. Me gustan las estrellitas. — Dijo acariciándolas en el aire con el dedo. De verdad qué bonitas y estéticas quedaban.

Marcus le dio un susto cuando pegó el golpe al libro, y Hillary empezó a decir un montón de cosas sin sentido, de esas que decía cuando estaban de exámenes. — ¿Qué sentido quieres que tenga? Buscarle sentido a la Astronomía le quita la gracia... Son... Estrellitas... — Dijo con una sonrisa. — Cúmulos en formación... Como dice Maaaaaarcus. Que listo eres. — Le dijo mirándole con una sonrisita. — ¿No os parece genial? Millones de estrellas, creando formaciones que no podemos ni imaginar, quemando y reaccionando a miles de millones de años luz... — Dijo haciendo el movimiento en el aire. — Lo que hay que hacer es admirarlo. — Aseguró. Y luego hubo algo que le hizo mucha gracia. — ¿Habéis pensado... Que venga de los Gallia? Rin... Galli... A — Dijo con una sonrisa, aunque se guardó de reírse. — Tengo una nebulosa. — Pero Hillary en vez de reírse o alabarle su ingenio, se enfadó con ella. — ¡Eh! Estaba en el invernadero, trabajando un montón. Había plaaaaaaantas y plaaaaaantas y venga a etiquetar y... — Hizo un ruido con los labios y un gesto con la mano como si estuviera segando las plantas con sus propias manos, a raíz de lo cual se dispersaron algunas estrellas. — ¡Ay no! Ahora ya nada tiene sentido cósmico. ¿En serio? ¿Es una estrategia para volverme loca? — Dijo su amiga mirándola. Ella see encogió de hombros. — La que está intentando encontrar lógica en una nebulosa en formación eres tú, ¿eh? — De verdad, qué mala leche tenía Hillary cuando estaba n época de exámenes.

Y ahora, iba Sean y se quedaba le mapa. — ¡Hastings! Qué descortés. Los trabajos en grupo son para fomentar la buena relación y cooperación entre compañeros. No seas avaricioso... — Y empujó con la mano el mapa para dejarlo sobre la mesa. Abrió mucho los ojos y lo miró. — ¡Eh! ¡Eh! ¡Marcus! — Dijo mirándole con emoción. — Haz un Engorgio. Así vemos las esquirlas esas mejor y así podemos. — Movió las manos en el aire. — Desentraaaaaamaaaar el misterio de la nebulosa. — Se percató de que Sean la estaba mirando muy raro. — Gal, ¿estás bien? ¿O estás de coña? — Se puso muy seria. — Yo me lo tomo todo muy en serio, Sean, no sé por qué insistes en lo contrario. — Hillary dijo algo, pero el efecto pecera ahora estaba en sus oídos, así que cerró los ojos fuertemente y trató de concentrarse. — Bueno, pero es que necesitamos un manual aunque sea para establecer las trayectorias, así a primera vista no lo podemos calcular. Otra vez con los libros no, por favor. Coge tus apuntes, Hillary. — Su amiga soltó un suspiró de indignación, que a ella le hizo tanta risa, que le costó mucho contenerse. — ¿Ahora estás de su parte? ¿En serio, Sean? De Gal me lo esperaba pero de ti... — A lo cual, ella se abalanzó sobre la mesa. — ¿Dónde? ¿Dónde está mi parte? A lo mejor es lo que he visto pasar antes, ya no se me escapa.¡Bueno ya está bien, Gal! Deja de vacilarme, ¿vale? No a todos nos gustan las estrellitas. — Dijo con mucho retintín. Gal puso cara de pena y dijo. — Jo, Hills, me hablas fatal. No me extraña que las esquirlas huyan de ti. — Se giró a Sean y dijo. — Dile algo, ¿no? A ti te escucha. ¿A mí? Si yo soy el tonto del grupo, no em dejan ni mirar el mapa y conmigo no cuentan. — Gal sacó un puchero y le acarició la cabeza. — Oh, pobrecito, ¿te sientes así? — Miró a Marcus también con pena y dijo. — Y tú no me defiendes. Ya no eres un caballero. Tu dama ahora es el Harmonices Mundi de Kepler, que es el único libro que se me ocurre que puedas estar buscando. Pues ve y pídeselo Amber Ming, tiene uno como si fuera un tesoro ahí en el cuarto. — Se hizo un tenso silencio de dos segundos y de repente oyó la silla moverse y a Hillary levitando. — ¡Marcus, no! ¡Marcus que me voy y yo suspendo Astronomía pero tú también! — Y lo amenazaba señalándole con el dedo índice que se estiraba muchísimo. Se inclinó hacia Sean y dijo. — Alucinante, ¿verdad?
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Mar Jun 22, 2021 12:15 am

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
A Alice le pasaba algo, definitivamente. Estaba rarísima, estaba diciendo muchas tonterías, y cuando la dejó para que ella se fuera al invernadero y él a clase no estaba en ese modo para nada. Ni era propio de ella hacer el tonto cuando tenía, en primer lugar, un trabajo que hacer; en segundo, exámenes importantísimos a las puertas; y en tercero, pero no menos importante, a Marcus cabreado delante.

Abrió mucho los ojos con el ceño fruncido cuando le mencionó de esa forma, diciéndole "qué listo eres". Luego soltó un discurso un tanto extraño que dejó a los tres presentes completamente fuera de juego. Y luego dijo que "si venía de Gallia". — ¿Qué? — Preguntó, ya sin poderlo evitar. Si era una broma, más valía que lo dejara, porque no estaba de humor. Pero ya tuvo que saltar Hillary chillando otra vez. Tomó aire lentamente, lo soltó tratando de aunar paciencia y dijo. — Alice, por favor. Vamos a centrarnos en el trabajo. — Sí, mejor eso. Hacer el trabajo y, si eso, que se fuera cada uno a una puñetera esquina a estudiar solo. Estaba de los nervios ya.

Se echó el pelo hacia atrás, apoyó los codos en la mesa e intentó centrarse en el mapa, pero Alice empezó a llamarle. Solo alzó los ojos, sin quitarse las manos del pelo. ¿¿Y ahora qué?? De verdad que no tenía paciencia suficiente para eso. Respiró y fue a contestarle a lo del Engorgio, pero Alice hizo una cosa rara otra vez y se quedó mirándola. Se mojó los labios lentamente, con una mueca, y los chasqueó. — No se puede hacer un Engorgio en un mapa con una nebulosa porque se distorsiona y se dispersa. No veríamos nada. — Cosa que no nos pasaría si tuviéramos cierto aparataje. - Dijo Hillary, otra vez. Marcus la miró, con tantas posibles respuestas en la cabeza que no dijo ninguna, solo se quedó mirándola. Y, mientras tanto, Sean le preguntó a Alice si le pasaba algo. Marcus miró a la chica, pero esta aseguró que estaba muy seria. ¿De verdad? ¿Le estaba tomando el pelo? Porque no era el día.

Su ausencia de respuesta hizo que Hillary cambiara de tema... Hacia los libros. Soltó una carcajada seca con los labios cerrados. Sean se adelantó, pero Marcus, que también sabía pinchar donde dolía, echó la cabeza hacia atrás, mirando hacia arriba, y soltó un profundo suspiro. Ya sí llamó la atención de la chica. - ¿Y ahora qué? — Nada. — Contestó él. Sean alzó las palmas. - Bien, pues entonces vamos a empez...— Solo me sorprende que de repente necesites un manual. — ¿¿Tú eres tonto o eres tonto?? — ¡No lo sé! ¿Qué dicen tus maquinitas muggles sobre eso?? — Hillary soltó un gruñido desesperado, mirando al cielo. - ¡¡No puedo contigo!! - No sabía qué había dicho Alice mientras él pensaba la mejor forma de contestar a Hillary, pero de repente Sean estaba haciéndose el mártir y Alice estaba... ¿¿Qué narices estaba haciendo ahora??

La cara de Marcus cuando empezó a decirle que no era un caballero era un cuadro, tanto que empezó a boquear como un pez fuera del agua, desconcertado. — ¿Qu...Pe...? — Y entonces lo dijo. El libro. Abrió los ojos como platos. — ¿Qué has dicho? — Preguntó con la respiración contenida, mirando a Alice. Oyó a Hillary suspirar a su lado. - No, por favor, dime que es broma... — ¿¿Que Ming tiene una copia?? — Pues ya estaba tardando en conseguirla. Se levantó de un salto, pero Hillary tuvo que levantarse tras él. — ¡¡Te digo que ese tratado podría resolvernos la duda!! — A ver, Marcus, por todos los santos del cielo. - Dijo la chica, poniéndose en su camino. - Ese tratado tiene un millón de años. — Sí que envejece rápido, a mil años por minuto. — Ironizó Marcus. — Déjame pasar, por favor. — ¡¡NO!! ¡¡¿¿ES QUE NO TE DAS CUENTA DE QUE VAMOS A SUSPENDER??!! — ¡¡JODER HILLARY, OTRA VEZ!! ¡¡QUE NO VAMOS A SUSPENDER!! — ¡¡Ey ey ey!! ¡¡Esas voces!! - Dijo Sean, sin levantarse de su sitio pero girado hacia ellos. - Tíos, venga ya, vamos a ponernos con el trabajo. — Voy a por el manual y vuelvo. — ¡¡Que no va a venir nada que no venga en ese!! - Insistió Hillary. Ya no podía más, de verdad que no.

Como un tornado, se giró y volvió a la mesa, tomando violentamente el manual, recolocándolo en mitad de la mesa y pasando abruptamente las páginas. — ¡¡Mira!! — Bramó, mirando a Hillary mientras señalaba una de las páginas. — "No se han descrito descripciones concluyentes desde las que elaborara Kepler en su Harmonices Mundi en el año 1619, basadas en los primeros estudios de Gallileo seis años antes". ¡¡Es el tratado más importante de Astronomía!! — ¡Es antiquísimo, Marcus! — ¿¿Te lo repito otra vez?? "No se han descrito descripciones concluyentes..." — ¡¡Que sí!! ¿¿Pero qué pretendes encontrar, en serio, qué?? ¿¿Qué que no se haya encontrado ya?? - La chica apartó violentamente el libro y señaló el mapa. - ¡¡Esto!! ¡Esto es lo que tenemos que mirar! ¡¡Que hay que sacar las conclusiones de esta MIERDA DE NEBULOSA QUE NO SE VE NADA!! — ¡¡Pues te estoy diciendo que tendremos que estudiarnos los primeros tratados para poder desentrañarla!! — ¡¡Que no lo vas a desentrañar tú cuatrocientos años después, Marcus, que no te enteras!! - ¿Y si nos centramos en el mapa un rato? - Aportó Sean, que intentaba tranquilizar. Marcus y Hillary le miraron por unos instantes. Pero al menos consiguió callarles.

— Si en veinte minutos no hemos sacado ninguna conclusión, voy a por el libro. — Haz lo que te dé la gana con tu vida. — Me lo vas a tener que pedir de rodillas. — Sigue soñando, flipado. - ¡¡Vale!! - Volvió a interrumpir Sean la discusión. Marcus echó aire por la nariz y los cuatro se pusieron a mirar el mapa en silencio... Apenas un minuto. Ya tuvo el propio Sean que ser quien interrumpiera la concentración. - Tío yo aquí no veo una mierda. - Marcus rodó exageradamente los ojos y dejó caer la cabeza en la mesa, dándose un cabezazo. Con suerte se la abría y le entraban los conocimientos solos y dejaba de estudiar con ese grupito de amigos que había tenido a bien elegir. - Dios mío, es que vamos a suspender. - Lloriqueó Hillary. Ya no podía más, de verdad que no. — A ver, por favor. — Dijo, llenando el pecho de aire y subiendo la cabeza otra vez, tratando de acumular una paciencia que no tenía. — Tú. Ya has dicho veinte veces que no ves nada. Para. Y si no ves nada, lee. — Le dijo a Sean. — Tú. Deja de decir que vamos a suspender. Por favor, en serio, para. — Dijo mirando a Hillary, que de verdad que parecía que se iba a echar a llorar de un momento a otro. — Y tú. — Miró a Alice. Estaba totalmente en la inopia, ella sí que parecía estar en una nebulosa. ¿Qué narices le pasaba? — Por favor te lo pido: céntrate. — Rogó, juntando las manos bajo la barbilla. Al final el que iba a llorar de la desesperación era él.
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Mar Jun 22, 2021 1:17 am

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Se había quedado un rato largo con la mirada colgada en el mapa de aquella nebulosa, que se le antojó como los montoncitos de arena de la playa... Sí... La arena arremolinada como cuando hacía viento... — Me estoy intentando centrar... Si solo.... Soplara un poquito más de viento aquí... — Dijo achicando los ojos y mirando más de cerca el mapa de la nebulosa. Estaba a punto de encontrarle sentido a todo. Levantó la mirada a Marcus y sacó un puchero a lo del Engorgio. — No... Si sabemos dónde buscar y lo que estamos buscando. — Por primera vez desde que salió del invernadero, se dio cuenta de que tenía muchas ideas pero estaba encontrando enormes dificultades para expresarlas con sentido. Soltó un sonido quejoso y se cogió la cabeza con las manos, cerrando los ojos. — Tengo taaaaantas ideas y no puedo... Explicarlas... — Se dejó caer con frustración entre sus brazos un momento. Le estaba entrando muchísimo calor. Se quitó la túnica de golpe y se recogió el pelo, acalorada. — Hace más calor que en el centro de la nebulosa. Igual soy yo, y de ahí que no lo encontremos. — Ella había decidido que tenía algo que ver con la nebulosa de Ringali, y nadie la iba a bajar de su burro.

Y, sin comerlo ni beberlo, Marcus y Hillary sse pusieron a pelear otra vez. Le salió una sonrisilla y ahí no puedo evitar reírse bajito. Se inclinó hacia Sean y susurró sugerente. — ¿No te parece que cuando se enfada esta suuuuuupersexy? — Su amigo se separó y la miró con los ojos muy abiertos. — Espera, espera... Es... ¿Gal? ¿Me acabas de decir eso en serio? — Ella sacó los morrillos y asintió. — Y tan en serio, ¿tú te has fijado cómo regaña el tío? — Se quedó mirándoles, porque ya se habían puesto a gritarse muy alto y, por algún motivo, a más gritaban más crecían e iban ya por la altura de las estanterías. — ¿Qué le ha dicho Hillary para ponerle así? Para decírselo yo... — Susurró muy segura, sin quitar la mirada del Marcus creciente. Pero Sean se había levantado y estaba regañándoles también. Ella dio un suspirito y negó con la cabeza balanceándose en la silla y chasqueando la lengua. — No, tú no regañas igual. Algo hay... — No sabría explicarlo, pero es que Marcus regañaba demasiado bien. Hizo un gesto de desprecio hacia Hillary y dijo. — Eso mismo debieron pensar los que descubrieron las cosas por primera vez antes de hacerlo. No hay que tener miedo a ser Ícaro, Hills... — Dijo levantando la mano y mirándola, haciendo onditas en el aire. — Solo... Tener cuidado si vuelas cerca del sol...

Uh. Veinte minutos. Marcus le había puesto un tiempo. Y encima le había dicho que se centrara. — ¿Me estás regañando? — Preguntó sugerente, alzando una ceja. Pero él dijo algo más. Centrarse. Centro. Sí, esa debía ser la pista para desentrañar el misterio de la nebulosa. Solo esperaba que el tiempo no volviera a aparecer por allí a molestarla. Pero vaya si apareció. Y se subió a la mesa, y esta vez era más largo, porque eran veinte minutos, y antes, cuando se le había escapado eran solo diez. — ¡Ay! ¡Quita, no puedo ver! ¡Y deja de moverte! — Dijo apartando con el brazo al tiempo, y dando sin querer a Sean. Y él se apartó, pero el tiempo no, así que suspiró cansada y dijo. — Así no se puede. — Y de un salto, ese puso de pies sobre la mesa. Ah sí, así así se veían los montoncitos de arena. Eso era. — ¿Estás loca, Gal? ¡Bájate de ahí! — Dijo Hillary tirando de su brazo. Ella se zafó. — Suéltame Hills. Tengo que encontrar el centro... El centro... — Volvió a achicar los ojos y se puso andar en círculos concéntricos entorno al mapa, aunque no tenía mucho margen de maniobra. Y dio con ello. — ¡Ya está! ¡Kepler! Si es que él tenía razón. — Hillary resopló como un caballo. — Como todo esto haya sido para justificar a Marcus... ¡Calla tonta! — Le soltó con una risita. — La teoría planetaria de Kepler dice que todos los planetas órbita entorno al sol en círculo... Y si bien estaba equivocado... En Harmonices Mundi dice que por la ley de Armonía Planetaria, los mismo círculos se pueden aplicar a todos los espacios cósmicos. — Y tan contenta como estaba, anduvo hacia el final de la mesa y dio un salto hasta el suelo. Creyó oír cierta reacción de sus amigos que en su cabeza se tradujo en murmullo. — Silencio hasta que acabe por lo menos ¿no? — Volvió a su sitio y con gestos cuidadosos, señaló en el mapa. — Hay que calcular el área a partir del radio del círculo, cuyo centro, pongamos estará en el núcleo principal. — Y ya tuvo que llegar Hillary con sus dedos gigantes a preguntar. — ¿Aquí? — Y ella, fastidiada, le dio un cate en la mano. — ¡Hillary Vaughan! Sé más cuidadosa con las estrellas, yo aquí con cuidado y tú me las alborotas todas. — Suspiró con impaciencia. — Tomando esto como centro, el radios es desde ahí hasta el Cinturón Hydiano por lo menos. ¡Salud! — Le dijo al tiempo, que acababa de estornudar, aunque sonó tal cual como un bebé, porque cada vez era más pequeñito, lógicamente porque se estaba agotando. Se dejó caer en su silla. — Ea, ya tenéis la sección calculada. Haz un Engorgio ahí, y que alguien vaya a por Kepler, por favor, que estamos usando su teoría. — Ella sola empezó a reírse fuertemente, porque Kepler llevaba casi cuatrocientos años muerto. — O sea, que nadie vaya a desenterrarlo ni nada, eh... — Se rio un poco más y miró al tiempo, haciéndole un gesto con la mano. — Ya puedes irte, lo he resuelto. — Se giró hacia Marcus y le guiñó un ojo y le tiró un beso. — Me he centrado. — Sean se acercó muy lentamente a ella, y era raro porque s había vuelto a hacer el silencio. — Gal, ¿qué narices te pasa? ¿Estás...? ¿Tienes fiebre o algo? ¿Te has probado una poción en ti misma? — Ella negó, sacando mucho los morros. — He etiquetado plantas toda la tarde, y he ordenado el taller de quinto de Herbología. He etiquetado hasta una planta de Oly que no era de clase, era suya, pero la tenía por ahí.
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Mar Jun 22, 2021 8:20 am

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Suspiró cansado. A Sean no le había hecho mucha gracia que le dijera que se pusiera a leer si no entendía el mapa; Hillary estaba mascullando que si se había creído el líder del grupo o algo así; y Alice... ¿Qué estaba haciendo Alice? Había dicho que iba a centrarse, lo cual le hizo dar gracias a Merlín porque al menos alguien le hubiera escuchado, pero luego dijo algo del viento que volvió a provocar que la mirara sin comprender. Estaba muy rara. Demasiado rara...

Después de esa forma un poco abrupta de quitarse la túnica y recogerse el pelo, y de las idas y venidas de comentarios y discusiones, la chica le preguntó si le estaba regañando. Volvió a suspirar. — N... — Pero a pesar de que solo iba a decir un monosílabo, se quedó a medias. ¿Y ese tono? Porque no sonaba a queja precisamente. Parpadeó un par de veces. Mira, lo que le faltaba ya era rayarse por la actitud de Alice. De verdad que necesitaba centrarse en el maldito trabajo. Así que echó aire por la boca y miró el mapa. — ¿Podemos centrarnos ya, por favor? —

Y para qué dijo nada. Algo debió hacer click en la cabeza de Alice, porque después de decirle a alguien (¿a él? ¿A Sean?) que dejara de moverse y se apartara del mapa, se subió de un salto a la mesa. Marcus ni siquiera atinó a decir nada, no salía de su asombro ni de su desconcierto. Lo que quería era bramar pidiendo un poco de seriedad y hasta suplicar si hacía falta que se centraran en ese puñetero trabajo que no iba a acabar nunca, pero estaba tan a cuadros que ni atinaba. A Alice le pasaba algo... A Alice le pasaba algo y grave, estaba convencido. Quizás cuando saliera de su actual estado de shock mezclado con enfado lo pudiera averiguar.

Apoyó los codos en la mesa una vez más y se frotó la cara con las manos. Estoy soñando. Esto no está pasando. Es una pesadilla. Pero no, en cuanto se destapó los ojos, tirándose con los dedos de los párpados y los mofletes hacia abajo de la pura desesperación, ahí seguía Alice. Dando vueltas encima de la mesa, sobre el mapa. No daba crédito, de verdad que no, ya tenía que haberle dejado fuera de juego para que estuviera simplemente allí, con ganas de arrancarse la piel pero sin decir nada. Y entonces se puso a hablar de la teoría de Kepler. Primero la miró de reojo, pero al escucharla... Lo que decía tenía sentido. Sí, tenía sentido. Se envaró en la silla y se puso a mirar el mapa, sin perder el hilo de lo que decía (bueno, más o menos). - Sí, ¿pero y es...? — ¡Ssh! — Marcus mandó a callar a Sean automáticamente con un gesto de la mano y un chistido, mientras no quitaba los ojos del mapa y atendía a Alice. Dejando a un lado que seguía diciendo cosas raras, como si pudiera percibir fuera del mapa, eso que decía... — Nos daría la progresión y un posible punto de fuga. — Murmuró pensativo, aún sin bajar la mano con la que había callado a Sean. Se inclinó sobre el mapa, sin desclavar la mirada de él. — Si tomamos este cúmulo como núcleo central, y trazamos un radio hasta aquí, podríamos interpretar la nebulosa como un círculo. — ¿A quién le has dicho "salud"? - Preguntó Sean desconcertado, pero él ni le escuchó. Ya estaba haciendo cálculos en su cabeza.

— Necesito un libro de aritmancia. — ¿¿Otro libro?? - Saltó Hillary indignada, mientras Marcus miraba a sus lados, tratando de que no se le perdiera la información de la cabeza. Empezó a pensar en voz alta. — Los primeros aritmánticos usaban las constelaciones para sus cálculos. Tienen progresiones especiales, lo del radio tiene mucho sentido, pero una formación caótica no es un círculo perfecto. Ellos saben calcular áreas en progresiones imperfectas e inestables que... — Y entonces Alice se dirigió a él y... ¿Le acababa de tirar un beso? Parpadeó varias veces. - ¿Pero se puede saber qué le pasa a esta? - Preguntó Hillary, ya menos alterada y más desconcertada, porque era ciertamente desconcertante. Y entonces la propia Alice les dio la pista.

Las plantas. Las horas en el taller. Y lo peor: plantas de Olympia. Conocía a su compañera, hacía como que no, pero sabía que trasteaba con cosas con las que no debería trastear. Se levantó de su sitio, rodeó la mesa y se acercó a Alice un poco bruscamente, pero si aquello era lo que pensaba... Era mucho más grave que la tontería de Alice paseándose por la mesa. La agarró de la muñeca y le miró una de las manos. La tenía un poco manchada de tierra, pero eso no era de extrañar si había estado trabajando en el invernadero toda la tarde y había ido corriendo hasta allí porque llegaba tarde. La cuestión era... Si no tenía solo tierra en las manos. Se la acercó con cuidado a la nariz y olisqueó, y la expresión de su cara de endureció. — No la toquéis. — Ordenó automáticamente. Olía fortísimo. Ahí estaba el problema: Alice estaba colocada. De verdad, ¿podía ocurrir algo más esa tarde?

- ¿¿Qué pasa?? - Preguntó Hillary asustada. Ella y Sean le miraban expectantes y con los ojos desencajados, pero la única respuesta de Marcus fue tirar de Alice hacia fuera del aula, llevándola casi a rastras, sin soltar su muñeca. Iba a la enfermería de cabeza, no tenía ni idea de lo que era aquello pero no podía ser bueno. Pero, nada casualmente, estaba seguro, nada más salir del aula vio correteando por el pasillo una chica con un cabello que, torpemente, intentaba camuflarse con el entorno, pero igualmente se veía a la legua. — ¡OLYMPIA! — Dio tal bramido que debieron haberle escuchado en el castillo entero. La chica se frenó en seco, tardó un segundo en girarse que utilizó para componer una cordial y disimulada sonrisa y se giró, mientras él iba con Alice a rastras a grandes zancadas hacia ella. - Maaaarcuuuuss cieeeloooo... — ¿Qué le pasa? ¿Qué ha tocado? — La chica seguía intentando disimular, pero había visto como tragaba saliva y le temblaba la sonrisa. Por no hablar de que su cabello estaba adoptando un delator tono sonrosado, como el de sus mejillas. - ¿Quién? ¿Gal? Pues... No sé, ha estado trabajando y... - Si le iba a hacer perder el tiempo, mejor se iba. — Me la llevo a la enfermería. — ¡No, no, espera! - La chica le había detenido casi con súplica, y Marcus la miró anonadado. Ya sí soltó a Alice y dio un paso hacia ella. — ¿¿Cómo que espere?? ¡Oly, que podría ser grave! — Te juro que no es grave, Marcus, te lo prometo, déjame que te lo explique. - Rogó la chica. De verdad que no daba crédito de la circunstancia.

Resopló y fue a llevarse las manos a la cara, pero la prefecta de Hufflepuff le agarró las muñecas antes de que pudiera hacerlo. - No te toques. - Dijo firme. Marcus se quedó mirándola un par de segundos, ya no podía más con el desconcierto, era un no parar. La chica le soltó y, tragando saliva, empezó a explicar. - Es un compuesto que se adhiere a las mucosas y las del ojo son especialmente sensibles... — ¿Qué es? — Preguntó con firmeza. Olympia se encogió un poquito, se agarró las manos tras la espalda y se mordió el labio. - Pues... Puede que sea un poquito de... Estornudo del diablo. - ¿¿COOOOMO?? - Bramó Hillary tras él, pero Marcus se había quedado con los ojos desencajados. Su amiga empezó a mascullar plegarias al aire mientras él procesaba. — ¡Pero eso es venenoso! — ¡No! No es venenoso técnicamente, no daña el organismo. Solo es... Un poquito alucinógeno. — ¿¿Un poquito?? — Otra vez fue a llevarse las manos a la cara, pero se contuvo a tiempo.

— Nos vamos a la enf... — ¡No, Marcus, por favor! - Volvió a implorarle Olympia, acercándose a él con las manos en señal de súplica. - De verdad que no es peligroso, se le pasará en un ratito. Solo asegúrate de que se lave bien las manos y la cara, quizás debería irse con Hills y darse una ducha... — Oly... — ¡Marcus, porfi! - Volvió la chica a pedir. Le estaba notando los ojos vidriosos del puro agobio y como la voz le sonaba temblorosa. - No la lleves a la enfermería. Te juro que se le va a pasar en un ratito. Es que como la lleves y descubran lo que es... — Esa planta está prohibida, Olympia. — Dijo Marcus en un susurro urgente, apretando los dientes y acercándose a ella para que nadie les oyera. — ¡Y eres prefecta, por las barbas de Merlín! — ¡Lo sé! ¡Solo estaba investigándola, te lo juro! Dicen que tiene propiedades medicinales. Porfa porfa porfa, Marcus, tú valoras mucho el conocimiento... — Oly no puedes hacerme esto... — Te juro que si a Gal fuera a pasarle algo asumiría las consecuencias, pero solo esta un poquillo flipandillo, de verdad que no es nada grav... - Y entonces un griterío les interrumpió la conversación.

- ¡NO, GAL, PARA! - Había gritado Hillary. Marcus se giró, y cuando lo hizo se encontró con un forcejeo de sus amigos con Alice... Y con un chorreón de tinta que le impactó de lleno. Olympia aspiró un gritito, llevándose las manos a la boca, y Hillary y Sean se quedaron mirándole como si temieran que fuera a explotar de un momento a otro. Marcus, por su parte, despegó un poco los brazos y se miró el cuerpo lentamente. Parecía un espantapájaros frustrado. Se había puesto de tinta hasta arriba, tenía la cara llena de gotitas y la túnica desgraciada de por vida. Echó aire por la nariz, frunciendo los labios y dijo en tono derrotado. — No me merezco esto, de verdad que no. —
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Mar Jun 22, 2021 12:18 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Sin venir a cuento, Marcus se desinfló y volvió a su tamaño normal, y dio la vuelta a la mesa, cogiéndole la mano. Eso la hizo levantarse de golpe y mirar a Marcus con una ceja alzada. — Guau, ¿a dónde me llevas O'donnell? ¿Nos escapamos? — Preguntó traviesa. Pero Marcus debía querer darle una sorpresa, pero vamos a que a ella no la engañaba. Se inclinó hacia delante y le susurró. — ¿Me llevas al pasillo del cuarto piso? ¿Te lo has pensado mejor? — Sabía que volverían. Y mientras no se pusieran un límite de hora y apareciera el tiempo por allí, la cosa se iba a poner muy interesante... Al menos hasta que Marcus soltó un grito tal que se resquebrajaron todos los muros del pasillo. Soltó un silbido por los labios y se llevó la mano a la frente. — La jefa se va a mosquear tela por esto... — Pero entonces reculó en que estaban con Olympia. Hm, no, no le apetecía mucho que ella se viniera también al pasillo. Que le caía muy bien pero no tanto.

Y ahora empezaron una discusión muy complicada, de la que salían montones de números, y se les estaban escapando. — ¡Ay que esto podría ser importante! — Y se puso a dar saltitos, cazando los números al aire. ¡Claro! Eran operaciones, las que necesitaban para los cálculos de la nebulosa. Buah, qué contento se iba a poner Marcus cuando viera que él solo estaba sacando las operaciones. Y Hillary más, que no habían necesitado libros, y ella tenía ese día una especie de cruzada contra los libros. Se puso a recoger todas las operaciones que podía, pero de repente Hillary llegó y gritó también, y las grietas que había ocasionado Marcus, terminó de romperlas. — ¡Hala! — Dijo llevándose las manos a la cabeza. — Vaya boquete has hecho, Hillary. Terrible. — Y las operaciones que no había recogido empezaron a escaparse por el boquete. — ¡No! ¡El trabajo! — Y corrió a por ellas, pero Sean la agarró de los brazos y la detuvo. — ¡Gal, no! Madre mía, casi te comes la pared. — Dijo resoplando. Se giró y levantó las manos. — Vale, vale, todo el mundo tranquilo, que me acuerdo de las operaciones, pero tengo que escribirlas antes de que se me vayan. — Miró a su amigo de arriba a abajo y pensó en dónde podía llevar una pluma. A un lado llevaba un pozo, así a cuestas, que Gal no tenía ni idea de a dónde daría, y al otro la mochila... Se acercó y metió la mano en la mochila, buscando la pluma. — ¿Pero qué haces? — Preguntó el otro muy alterado. — Ay, Sean, no seas mojigato, que solo estoy buscando una pluma. — Este Sean, qué mal pensado. Al final dio con la pluma y la sacó. Ay, pero ahora a ver dónde escribía.

Miró al rededor y, de repente, de Marcus empezaron a salir estrellitas, como de sus apuntes. Claro, eso era una señal. Se lanzó y fue a la túnica de Marcus y se puso a apuntar las operaciones en la tela, que era un poco difícil de escribir, pero si echaba estrellitas, sería por algo. Y ahora Hillary y Sean volvían a agarrarla. — ¿Pero qué? — Alargó el brazo para seguir escribiendo, pero la pluma de Sean lanzó un escupitajo de tinta que fue a dar a Marcus y le borró todas las estrellas. — Sean tienes que comprarte otra pluma. En Hogsmeade hay una tienda guay. — Dejó caer. Luego se volvió a Marcus y le miró con una sonrisa. — ¿Cómo se puede estar guapo hasta con la cara llena de tinta? — Preguntó con una risita. Vaya, y Oly le estaba tocando mucho. Pues igual era con ella con quien quería irse al pasillo, al fin y al cabo había salido corriendo detrás de ella... ¿Pero para qué la había agarrado, entonces? Pero ahora Hillary tiró de ella en la dirección contraria. — ¡No, no, no, no! ¡Las operaciones! — Forcejeó y llamó la atención de Marcus. — ¡Marcus! Escúchame.Gal, para, ven conmigo. ¡Marcus escúchame tú, que es importante! — Dijo tirando para el lado contrario. — Si me quieres aunque sea un poquito, escúchame. — Soltó el brazo del agarre de Hillary y extendió la mano a Marcus. — Dame un pergamino, de los que llevas siempre, dámelo, que tengo que escribir las operaciones para el trabajo. Nos vamos a arrepentir si no las escribo. — Notaba que todos la estaban mirando y ahora todas las operaciones estaban por el suelo tiradas manchadas de tinta, pero si se daba prisa, las podía apuntar. — De verdad, que ninguno queremos suspender, ya bastante bronca nos vamos a llevar por el boquete. — Increíble que tuviera que poner ella orden.
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Mar Jun 22, 2021 6:14 pm

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Se había creado un tenso silencio. Con pasitos cautos, Olympia se acercó a él con un pañuelito en la mano y empezó a limpiarle la cara. – Bueno, bueno, ya está, solo es un poquito de tinta, ¿ves? – Como si fuera una madre intentando amortiguar a tiempo un berrinche. Marcus la miraba, con los dientes apretados, en silencio. Estaba a tres segundos de estallar. La chica le seguía pasando el pañuelo por la cara como quien le limpia los churretes de helado a un bebé, pero entonces miró el pañuelo, le miró a él, volvió a mirar el pañuelo y, al mirarle de nuevo a él, hizo una muequecita con la boca. – Bueno, sigues un poquito manchadito. Creo que tú también te vas a tener que dar una duchita… —  ¡Por Dios, Oly! — Dijo llevándose el pañuelo y pasándoselo de mala manera por toda la cara. Estaba seguro de que solo se estaba expandiendo la tinta aún más. —  ¡No me lo puedo creer! — Y menos se podía creer la respuesta de Alice a continuación. Que estaba guapo hasta con la cara llena de tinta. Esa chica estaba fatal, de verdad, había que hacer algo.

— Hillary, por favor, será mejor que la acompañes a los dormitorios para que se dé una ducha. — Dijo Marcus mientras se quitaba tinta hasta de los párpados. — Vamos con vosotras... — Comenzó, en referencia a que él no pensaba separarse de ella hasta que no llegaran a las escaleras, pero dio igual. A la primera que Hillary hizo amago de llevársela, empezó a decir tonterías otra vez. Fue a suspirar con hastío, pero entonces su amiga le empezó a suplicar. Se quedó mirándola sin parpadear. "Si me quieres aunque sea un poquito, escúchame". Frunció los labios. ¿Era posible, con lo cabreado que estaba por todo lo que estaba sucediendo, que le hubiera encogido el corazón? A ver, sabía que su amiga estaba ida, que no estaba en pleno uso de sus facultades... Ah, pero Alice no podía atacarle a sus sentimientos de esa forma. ¿Un poquito? La quería un montón. Y ahora tenía ganas de matar a Olympia por ponerla así. Pero no podía seguirle el rollo de esa locura, es que era demencial. ¿Qué hacía ahora?

— Alice, escúchame. — Dijo en el tono más tierno que encontró aunque seguía sonando serio, acercándose a ella. — No estás bien. Tienes que darte una ducha para que se te pase. — Pero nada, ella erre que erre con el pergamino. Se mojó los labios, pensando... Y maldita fuera su debilidad por su amiga. Miró a los lados del pasillo, temiendo cuanta gente pudiera estar presenciando aquel espectáculo, y se llevó una mano al bolsillo, sacando un trozo de pergamino. Fue a dárselo, pero lo retiró para poner una condición antes de hacerlo. — Te lo doy, escribes lo que quieras, y te vas a la ducha. ¿De acuerdo? — Parecía un padre chantajeando a su hija. De verdad, ¿en qué momento se había vuelto TAN adulto? El año anterior estaba haciendo pancartas de colores con Alice y ese año la estaba mandando a ducharse mientras ella alucinaba con el puñetero estornudo del diablo.

La chica se puso a escribir como si estuviera apuntando algo importante, pero cuando Marcus miró por encima solo vio números sin sentido y, encima, desperdigados por todo el pergamino. Miró de reojo a Sean y Hillary, que estaban igual de a cuadros, pero todos tan tensos que no querían ni interrumpir. El único estímulo que le sacó de esa imagen fue un dedo índice tocando suavemente su brazo. - Eemm... Marcus, se me acaba de ocurrir una ideita. - Miró a Olympia y arqueó una ceja. — ¿Otra? Pues espero que no sea igual de buena que esta. — La chica suspiró y rodó los ojos. - Vaaaaaaaale sí, no tenía que haber dejado la planta sin supervisión, ya me lo ha dicho Ethan... — ¿Ah que McKinley también está en esto? — Preguntó con los ojos muy abiertos, soltando una carcajada bufada y sardónica después. — Por qué no me sorprende... — Escúchame, que aún podemos remediarlo sin que nadie lo sepa. — Eso va a ser imposible. — ¿Por qué? — ¡¡Porque yo lo sé!! — Exclamó, señalándose dignamente el pecho. — ¡Me estás pidiendo que haga la vista gorda con una ilegalidad! — ¿Quieres que Alice deje de hacer... Esas cosas? - Dijo señalándola con una mano y expresión de pena. Su amiga seguía como una niña pequeña que dibujaba encima de una mesa, escribiendo números sin sentido. Daba una mezcla entre ternura y pena verla. - ¿O no? Porfa, me conoces desde primero, sabes que no ha sido mi intención, solo ha sido un despistillo. ¡Y es que Gal mete las manos en todo, jolín! Déjame que intente arreglarlo al menos. -

Marcus tomó aire, pensando. Ya tuvo que saltar Hillary a interrumpirle los pensamientos. - ¡Haced lo que sea ya, por Dios! Yo no me la llevo así al cuarto. - Y yo creo que ya he tenido suficiente con que me meta mano una vez. - Dijo Sean, que estaba un paso más separado de Alice y la miraba con ojos recelosos, como si fuera un guepardo que le fuese a saltar encima de un momento a otro. Marcus rodó los ojos y suspiró. — A ver, ¿cuál es tu plan? — Olympia se mojó los labios, mirando a los lados y bajando la voz. - Llevémosla al baño de prefectos. — ¿¿QUÉ?? — Espetó. Olympia empezó a hacer aspavientos. - ¡¡¡Shhhhhh!!! ¡Pero baja la voz, hombre! — Oh, perdona, chica a la que se le acaba de poner el pelo del color de las burbujas de la bañera. — Oly se llevó las manos al pelo, extrañada. Marcus continuó. — No podemos meterla ahí porque, por si el nombre no te da pistas, solo es para prefectos. Si nos pilla cualquiera de nuestros compañeros... — Oh, venga ya, Marcus. ¿Cada cuanto entras tú a ese baño? Está vacío siempre. Ya sería mala suerte que alguien nos encontrara. — ¿Tan mala suerte como que alguien pille tu planta prohibida y se drogue con ella? — ¡Oh, por Dios, Marcus! - Suspiró Hillary otra vez, en voz en grito. Porque si Marcus llevaba mal lo de disimular, su amiga directamente es que no lo llevaba. - ¡Cede en algo aunque sea por una vez en tu vida! ¡Te digo que yo así no me la llevo! -

Se lo pensó unos segundos, echando aire por la nariz y apretando los labios. — ¡Vale! Pero porque no veo mejores opciones. — Aunque cualquier opción se le antojaba mejor que romper deliberadamente una norma. Iba a tener cachondeito por parte de la propia Alice para toda la vida, y solo porque le había llevado a saltarse una norma. Otra vez. Y esta vez "sin querer". — Vale, a ver: tú entras con ella y yo monto guardia fuera. — Le dijo a Olympia. — Vosotros dos. — Añadió, señalando a Sean y Hillary. — Quedaros cada uno en una esquina del pasillo. Si veis un prefecto acercarse, gritad "Kepler". — ¿¿¿En serio??? — ¿¿¿SE TE OCURRE ALGO MEJOR??? — Bramó alterado, ya más que harto de las quejas continuas de Hillary. La chica bufó. - Esto es para matarse, vamos. - No le hizo el menor caso. En su lugar, dejó que Olympia encaminara la marcha y que sus dos amigos la cerraran, agarrando él del brazo a Alice y diciéndole con cariño. — Ahora vamos a ir a un sitio que seguro que te va a encantar visitar. Pero es un secreto, ¿vale? Y tienes que prometerme que vas a hacer todo lo que yo te diga, ¿sí? —
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Mar Jun 22, 2021 7:40 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Y ahora Marcus se ponía filosófico. Pero cuando el dijo que no estaba bien, frunció el ceño. Si que tenía mucho calor, y el efecto pecera era una basura, pero bueno, tampoco se sentía mal, mal... — ¿Ducha? — Suspiró. — Se van a ir todas las operaciones spor el desagüe, hombre... — Dijo lastimeramente. ¿Por qué no la tomaban en serio? ¿Ni siquiera él? Pero entonces, por fin, accedió a darle el pergamino. Asintió a todo sin escuchar si quiera, porque entonces perdería la información de las operaciones, y se puso a escribirlas frenéticamente. Intentaría que fueran en orden. — Buah, Hills se va a molestar fijo, esto es Kepler cien por cien. — Dijo con una risita, pero los otros parecían muy ocupados en otras cuestiones.

Marcus la asustó con un "¿Qué?" muy alto y pronunciado, a lo que ella se giró y dijo. — No os pongáis a recitar ahora que me voy a perder con las cuentas, hombre. — Pero nada, ellos siguieron a lo suyo, así que ella se esforzó lo más grande para apuntar todas las operaciones antes de que intentaran tirar de ella para otro sitio, que tenia la firme sospecha de que lo harían. Dijeron algo del baño de prefecto y levantó la cabeza. — ¡Eh! ¡Qué gran idea! Y seguro que allí hay más operaciones, y les podemos lavar la tinta. Y va a haber burbujiiiiitas. — Abrió los ojos y sonrió. — Oh y a lo mejor hay estrellas dentro de las burbujitas. — Pero se volvió a escribir, porque necesitaba dejar eso terminado... Ya había tenido esa sensación antes esa tarde. Sí, con las plantas. ¿Qué había pasado con las plantas? ¿Y no estaba Oly allí también? Sí, y llegaba tarde... ¿Ethan? Ethan estaba en sus recuerdos también.

Pero entonces Marcus se agachó junto a ella y le miró ilusionada, levantando el pergamino. — ¡Mira! Ya está. Toma, guárdalo para el trabajo. Ya lo podemos terminar. — Y le dedicó una sonrisa brillante. Ah, qué guapo era, y tan bueno, haciéndola caso por fin en toda la tarde... Ahora lo entendería todo. Se rio un poquito cuando dijo lo del sitio y le dio la mano para levantarse. — Anda, por fin. Ya pensé que no querías ir. — Se rio un poquito más. — Pues claro que es secreto, solo lo conocemos, tú yo y la Condesa. — Dijo encogiéndose de hombros. Luego apoyó la cabeza en el hombro de Marcus. — Yo siempre hago lo que tú me pides, prefecto. — Pero, espera. Oly iba liderando la marcha, y Sean y Hillary detrás, riéndose y cuchicheando. — Uhhhhh... — Dijo frunciendo el ceño. — No sé cómo vamos a caber todos en el pasillo, ¿eh? Además, Oly todavía, ¿pero para qué quieres a Hillary y Sean ahí? A mí que solo van a molestar. — Entonces Marcus dijo que si veían un prefecto había que gritar Kepler y ella les señaló a él y a Olympia. — ¡Kepler! ¡Kepler! Gané. — Dijo satisfecha. Se giró a sus amigos. — Estáis lentos, ¿eh? — Pero de repente ya se habían separado, y ahora Olympia tiraba de ella.

Pensó que iban a entrar ya al pasillo, pero no, entraron en un sitio muy guay que estaba segura de que no conocía. Echó a andar entorno al círculo que había en el centro, cuando de repente empezaron a salir colores de... ¿De dónde? No sabía, pero los colores caían al círculo grande del centro. Qué genial, eso era mejor que el pasillo. — ¡Marcus! ¡Marcus, ven! ¡Mira, hay colores! — Pero en la puerta solo vio a la prefecta. — ¡Eh! ¡Marcus me dijo que me traía a un lugar secreto! — La chica avanzó hacia ella y la tomó de los brazos. — Y secreto es. Porque no deberías estar aquí. — Contuvo una respiración y señaló al aire. — ¿Ves la burbujitas, Oly? Son como decía Kepler. Armonía esférica. Sí, sí, ya lo creo. A ver, Gal, tenemos que meterte en la bañera, ¿sí? Ayúdame a quitarte la camisa. — Ella se echó para atrás. — ¿Qué? ¡No! — Se acercó al borde del círculo, un círculo como decía Kepler, si es que el trabajo estaba clarísimo. — Quiero meterme ahí, pero no sé nadar. Llama a Marcus, él siempre me sujeta, es su deber protegerme. — Oly fue a su lado y con delicadeza la separó del agua. — Aquí no te hace falta, no es profundo. Pero no te irás a meter con ropa. — Y le llevó las manos a los botones de la camisa del uniforme. Ella miró a la chica hacia abajo y luego enfocándola otra vez. — ¡Oye! Que tú no entrabas en el plan. ¿Dónde está Marcus? — Oly se rio un poco por lo bajini y eso hizo que le salieran flores por toda la cabeza. — Hala qué guay tu pelo. — ¡Gracias! — Dijo contenta. — Pero, Gal, te prometo que no vamos a hacer nada que no sea meterte en la bañera, que verás que te vas a sentir mejor. ¿En la nebulosa? — Preguntó emocionada. — Sí, claro, en la nebulosa, venga quítate esto. — Y eso la dejó desconcertada por un momento, y le dio tiempo a Oly de desabrocharle gran parte de la blusa. — ¡Que no! ¡Que avises a Marcus! ¡Que no me meto sin él! ¡Que él me protege! ¡MAAAAAARCUUUUUS! ¡MAAAAARCUUUUS! — Gritó desesperada, aunque resquebrajara las paredes. Oly le tapó la boca. — ¡Vale! ¡Vale! Pero no grites, Gal, te lo pido por favor. Voy a llamarle, si no viene del solo con esos berridos que estás pegando. — Le juntó los lados de la camisa. — Tápate anda, que si no ya si que se va a poner frenético. — Y la dejó allí tratando de abrochar la camisa, pero los botones se movían como bichitos, y no sabía si la estaba atando muy bien.

Pero en cuanto vio a Marcus, se le pasó todo y corrió hacia él, abrazándole como un monito. — ¡Marcus! Marcus... Marcus... — Hundió la cabeza en su hombro. — Ya pensé que me ibas a dejar hundirme. — Se separó un poco, lo justo para mirarle. — No me dejes sola. Tú me proteges, Marcus, tu deber es protegerme, tú lo dijiste. No me dejes sola, Marcus, métete conmigo en la nebulosa.
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Miér Jun 23, 2021 12:03 am

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Sonrió paternalmente y agarró el pergamino. — Claro, yo lo guardo. — Olympia tenía suerte de ser quien era, de ser prefecta y de ser su amiga, porque si no... Iban a llegar al cielo sus quejas por el estado de Alice y la enorme imprudencia. A esa chica le quedaba mucho que escuchar a Marcus, de todas formas, pero no se chivaría de ella. Y luego quería vender que tenía unos principios férreos y que no se dejaba llevar por amiguismos... Claro. Al igual que quería vender que él jamás incumpliría una norma. Pues ahí estaba: utilizando sus privilegios de prefecto en su primer año para meter en el baño privado a quien no podía entrar, y por encubrir una irregularidad de una compañera. De lujo. Le estaba saliendo todo esa tarde de lujo.

Iba con cuarenta ojos mirando a todas partes del pasillo, agarrado de Alice para que no se le cayera o se le escapara por ahí, que dado su estado todo podía ser. A pesar de ir pendiente de todo, intentaba escuchar lo que la chica le contaba. Aunque era ciertamente desconcertante. — ¿Eh? Ah, bueno, vamos a hacer una excepción hoy. — Porque para qué se iba a poner a darle explicaciones a una persona que no le iba a entender. Sin embargo, cuando dijo eso de que solo ellos y la Condesa conocían el sitio, frunció el ceño extrañado. Sería alguna de las idas de cabeza de Alice... Pero no, no lo era. Cuando oyó el resto de las pistas, supo a qué se refería a la perfección. Abrió los ojos. — Oh... Eh... — Vaya, a eso no le podía decir que sí y punto, le iba a pillar. Tendría que reconducir. — No, no vamos todos a... ¿Como que Oly todavía? — Espera, ¿¿qué?? Recuerda que está drogada, Marcus. No sabe lo que dice. Carraspeó un poco, mirando de nuevo a los lados tratando de disimular, y dijo. — Ya, esto... No vamos ahí. Vamos a otro sitio primero. Pero te va a gustar, te lo aseguro. — Eso al menos podía asegurarlo, que le iba a gustar.

Dio un sobresalto de la propia tensión cuando Alice exclamó Kepler dos veces. Rodó los ojos. Ya estaba tardando en escuchar la queja de Hillary... - Yo sé de un prefecto que no va a poder ejercer el año que viene a este paso, porque yo te juro que hoy mato a alguien. Y él tiene todas las papeletas. - Y ahí estaba. Iba a tardar mucho su amiga en dar la lata. Frunció los labios y negó con la cabeza, respirando hondo. Mejor la ignoraba porque estaba el ambiente como para ponerse a discutir en mitad del pasillo. Al menos estaban ya llegando. — Vale, me quedo fuera. — Confirmó Marcus. Sean asintió y dijo. - Yo me voy por allí. - Se fue hacia la izquierda y Hillary caminó hacia la derecha, colocándose cada uno en un extremo del pasillo. Olympia se acercó a Alice, sonriente, y le dijo. - Ven conmigo, cielo. - Y las dos entraron en el baño de prefectos. Esperaba, de verdad deseaba, que saliera su Alice de siempre de allí. Que aquello se le pasara rápido y sin secuelas. Porque fue verla perderse tras la puerta y se le agarró la inquietud en el estómago.

Se giró y se puso de espaldas a la puerta, dando disimuladas vueltas delante de ella como quien pasa por allí, pero claramente sin separarse. Y, por supuesto, rezando porque no les pillara nadie. A priori estaba la zona bastante tranquila, al fin y al cabo el quinto piso solo tenía las aulas de arte y música, y un aula de trabajo, por lo que no era ni mucho menos el pasillo más frecuentado del castillo. Poco después de entrar oyó a Alice llamarle y automáticamente se tensó y se dirigió a la puerta, pegando el oído, pero solo estaba hablando de los colores de la bañera. Vale, relájate. Sigue diciendo tonterías. Y está con Olympia. Bueno, no sabía si eso era buena señal, que la última vez que la dejó en manos de Olympia, de hecho, acabó así. Pero la chica tenía una dulzura especial para hablar y se llevaban muy bien, podría con ella. Creía. Tenía que creer, no le quedaba de otra. No era apropiado que fuera él quien entrara... Aunque estuviera histérico de saberse separado de una Alice tan vulnerable por una maldita puerta, una norma que ya estaban incumpliendo y sus estúpidos principios caballerescos.

Se notaba la inquietud por todo el cuerpo: en lo errático y ansioso de su caminar, en la manera de mover los dedos de las manos y en la de veces que se mordió los labios. Pero el corazón le dio un salto (y él también dio un salto) y los ojos se le abrieron como platos cuando oyó su nombre así. Se dirigió a la puerta sin pensárselo, abriendo de golpe. — ¿QUÉ PASA? — Preguntó alterado, y después de entrar se planteó que, quizás, debería haberse tapado los ojos. Pero si se los tapaba y había una emergencia, no iba a poder actuar sin ver. Sin embargo, no parecía estar pasando nada grave. Olympia estaba calmando a Alice y... Oh. Vale, sí que debería no mirar, que tenía la camisa abierta.

— ¿Todo bien? — Preguntó haciéndose visera con la palma de la mano y con la mirada en el suelo. - Bueno, digamos que la niña nos ha salido un poquito cabezota. - Dijo Olympia con una risita. Antes de poder hablar, algo le cayó encima. No algo, alguien. Alice le estaba abrazando como si llevara tres años sin verle, y Marcus se quedó un tanto desconcertado, teniendo que quitarse la mano de la cara y reaccionar a duras penas. Lo peor fue lo que dijo. ¿Podía ser que le hubieran entrado ganas de llorar? Estaba muy tenso y preocupado. La estrechó entre los brazos y respondió. — ¿Pero cómo te voy a dejar? Yo siempre voy a estar contigo, ¿recuerdas? — Miró de soslayo a Olympia, sin soltarse del abrazo. La chica parecía enternecida con la escena. Ya, pues no es el momento. Tenemos un problema grave que solucionar. — Alice, escúchame. — Le dijo separándola y mirándola a los ojos. Tragó saliva. Dios, qué trabajo le iba a costar decir eso... — No te abandono, ¿vale? Te lo prometo. Estoy en la puerta, es que... Tienes que quedarte con Oly, pero yo estoy aquí, de verdad. — Marcus, ¿puedo comentarte una cosita? - Le dijo la chica. Marcus se mojó los labios y miró a una y a otra. Alice tenía esa cara de pena y vulnerabilidad que... Es que no podía dejarla ni para hablar con la otra, ¿cómo se iba a salir? ¡Pero no se podía quedar! ¡Que se tenía que bañar!

Sacó la varita y apuntó a la bañera, haciendo saltar varias burbujas en el aire. — ¡Eh! ¿Qué tal si calculas esa progresión? Pero desde aquí, ¿vale? El reto es hacerlo desde lejos. — Dijo, colocándola en un punto concreto de los baños mirando a la bañera. A ver si se le iba a tirar al agua de cabeza y ya la tenían montada. Se alejó con Olympia y la chica le dijo. - No me deja ni tocarla casi, solo quiere estar contigo. Me salgo yo y tú te quedas. - Marcus arqueó las cejas y, cruzado de brazos, acercó la cara a Olympia como si no hubiera entendido lo que le había dicho y preguntó. — Perdona ¿qué? — La chica suspiró. - ¿Es que no has oído como te llamaba? Estaba inconsolable. — A ver, que no es un bebé. Solo hay que decírselo y ya, no me necesita. — Era imposible convencerla, Marcus. Vas a tener que meterla tú en la bañ... — No no no no no no... — Empezó a reírse del puro nerviosismo y a hacer gestos con las manos, dando un paso atrás. — ¿Cómo voy a hacer eso? ¿Estamos locos? ¡Es mi amiga! ¡Es indecoroso! ¡E irrespetuoso! ¿¿Y si nos pilla alguien?? ¡¡Por Merlín!! ¿¿Tú es que me quieres buscar la ruina a mí hoy?? — Marcus, cielo. - La chica se acercó a él y le puso ambas manos en las mejillas. Mirándole a los ojos, le dijo con toda la tranquilidad del mundo. - No me gustan las discusiones, así que me voy a salir, ¿vale? - Marcus abrió los ojos como platos, observando anonadado como la chica se giraba y se iba. Se había quedado tan en shock que solo atinaba a boquear. — Pero... ¡Oly! — Ya tarde. La chica había salido.

Se pasó las manos por el pelo y bufó. Alice seguía entretenida, al menos. Se aclaró la garganta. A ver cómo abordo yo esto... De verdad, ¿qué había hecho él mal en la vida para merecerse esa tarde? — Ey, Alice. — Se mojó los labios, se rascó los rizos de la nuca y, riendo un poco, improvisó. — Vale, a ver. ¡Reto conseguido! ¡Bien! — De verdad que alucinaba de tener que estar tratando a Alice como una niña pequeña. — El segundo reto es en la bañera, ¿vale? — Hizo un gesto con la mano. — Yo me voy a girar, y tú te vas a meter en la bañera con mucho cuidadito. Y sin locuras. Y... — ¿Y qué, Marcus? No, es que no, es que no podía ser. Fue a frotarse la cara, pero se acordó a tiempo de que Oly le dijo que no lo hiciera. — A ver, no, cambio de plan. — Tomó aire fuertemente y dijo. — Vale, eeem... Quítate los zapatos y la corbata, solo eso. Y vamos a entrar en la bañera poquito a poco, ¿vale? Bueno, vas a entrar tú, yo te llevo. — Ni loco la dejaba sola en el agua, para que le pasara algo, y él de espaldas, y ella desnuda y... ¡No, por Dios! ¡¡Si es que todo mal con ese plan, de verdad!! — Luego te seco con un hechizo, pero vamos. ¿Es que no te apetece probar la bañera? Mira, tiene burbujitas. —
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Miér Jun 23, 2021 11:43 am, editado 1 vez


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Miér Jun 23, 2021 12:56 am

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Ah, pero qué inmensamente bien sentó oírle decir eso. Le estrechó más todavía. — Si es que yo lo sabía. Pero Oly venga a insistir en que me metiera sin ti... Y yo no me meto en el agua sin ti, Marcus. — Luego se acercó al oído del chico y susurró. — Y quería quitarme la camisa. Yo creo que quiere algo conmigo y por eso se quería venir al pasillo. — Escuchó las palabras de su amigo y se negó lastimeramente. — Nooooo, Marcus yo no entro en el agua sin ti... No puedo nadar sin ti, me hundo, tienes que venir conmigo. — Se separó con un pucherito y observó cómo Oly iba a hablar con Marcus. Probablemente fuera a decirle que quería algo con él también. — ¡Oh! ¡Pero cuantísimas burbujas! Anda que no hay progresiones que calcular ahí.

Y se fue derecha hacia las burbujas, recogiéndolas y colocándolas en el tiempo. Una escuadra y un cartabón muy amables se presentaron por allí y se dirigió a ellos. — ¡Oh! Qué oportunos, justo tengo que calcular unas progresiones por aquí, ¿tenéis ajuste de armonía planetaria? — Y en la charla con los instrumentos estaba cuando oyó a Marcus decir muchas veces "no, no, no, no, no" y sonrió. — Qué melodía más bonita, cuando no está Hillary por ahí se le ocurren mejores canciones. — Les dijo a los instrumentos, a modo informativo. Y se puso a bailar al ritmo de aquella melodía tan guay que acababa de salirle a su amigo. — Noooooo, nononoooo noooonono nooooonono nononononononooooo... — Sonaba super guay, y ahora las burbujitas le hacían la percusión, y podía oler los jabones esos que salían de los grifos, y todo iba en sintonía con la música, era absolutamente genial. Mira, podía diseñar los pasos de baile según la progresión, el baile aritmántico.

Pero entonces llegó Marcus y ella dio un saltito. — ¡Sí! ¡Bien! ¡Te has quedado! — La verdad, Olympia estaba empezando a ponerse un poco pesadita. — Yo con quien quería estar era contigo. Contigo, contigo y solo contigo. — Dijo colgada de su cuello, mirándole con una sonrisa. Escuchó lo del segundo reto. — ¡Oh, genial! ¿Tienes algún bikini por ahí? — Se encogió de hombros y dijo. — En verdad, me da un poco igual... — Y empezó a desabrocharse la camisa otra vez, pero Marcus cambió de plan. Le hizo bastante gracia, de hecho empezó a reírse a carcajadas, pero se encogió de hombros y dijo. — Venga, vale. — Se quitó los zapatos con sus propios pies y se sacó la corbata por la cabeza, lanzándola hacia arriba. — ¡Wiii! ¡Vuela como el viento! — Le dijo muy en serio. Luego escuchó a Marcus y asintió sonriendo. — ¡Sí! Hay un montón. — Y del tirón, estando ya allí Marcus, alargó un pie y se dejó caer a la bañera. No era muy profunda, pero dejó que el agua la cubriera entera y salió a la superficie de un salto. — ¡Buah! Brutal vuestro baño, en esta bañera hay de todo. — Dijo mirando al rededor. — Mira, florecitas, peces y pajaritos que vuelan pero también nada. Que me enseñen cómo se hace. — Dijo entre muchas risas y quitándose eel agua de la cara y los ojos. Avanzó por el agua con la cabeza fuera como un perrillo y llegó al borde donde estaba Marcus, tirándole del brazo. — ¡Vamos! ¡Ahora tú! Tú siempre te bañas conmigo, tú me coges para que no me hunda... — Sacó medio cuerpo y se puso de rodillas en el fondo de la bañera. — Ven aquí conmigo... — Bajó el tono y pasó los brazos por su cuello, mirándole a los ojos. — Como en La Provenza, Marcus, cuando me mirabas en el mar... Y me agarrabas de la cintura... Y me quitabas la respiración. — Dijo acercándose a su rostro, y eso que le costaba porque la ropa pesaba.
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Miér Jun 23, 2021 12:22 pm

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Tuvo que fruncir con fuerza los labios, arqueando las cejas y conteniéndose, ya no sabía si de reírse o de llorar. Pero es que ese susurro de Alice diciéndole que Oly quería quitarle la camiseta porque se la quería llevar al pasillo... — Ya. — Dijo, simplemente, por decir algo. ¿Qué iba a decir? Si es que de verdad que no tenía ni pies ni cabeza nada, y mejor así, porque como le buscara el sentido era peor todavía.

A pesar de que Alice seguía insistiendo en meterse en el agua con él, Marcus seguía sin verlo claro. No, no es que no lo viera claro, es que no lo pensaba hacer. ¡Que era una bañera, por todos los dragones! Lo que pasa es que la chica estaba tan confundida que a saber lo que estaba viendo, pero en cuanto se diera cuenta de que no era más que una bañera con burbujas dejaría de reclamarle. A saber si no le echaba entonces, ¡porque no debería estar allí! Bueno, técnicamente era Alice la que no debería estar allí, pero con eso había tirado la toalla ya. Siguió intentando convencer a Olympia, pero ambos se giraron pasmados a ver como Alice bailaba sola con a saber qué canción se estaba inventando. Aquello iba de mal en peor. Le daban ganas de cogerla en brazos y meterse en el agua con ella aunque fuera con ropa y a la fuerza, para acabar con ese espectáculo dantesco de una maldita vez y salirse del baño de prefectos, donde no deberían estar. Pero Marcus y su maldita manía de hacerlo todo pausadamente y bien. ¿Pues sabes qué, Marcus? ¡No hay nada bien en este plan! ¡¡Así que quizás deberías cambiar la estrategia!! Él solo quería terminar el trabajo de Astronomía y ponerse a estudiar. ¿Por qué? ¿Por qué le pasaban estas cosas?

Olympia ya se había ido y ahora le quedaba a él lidiar con una situación que jamás, ni en todos los posibles universos que hubiera podido imaginarse, pensó que viviría ni como prefecto, ni como amigo ni como simple alumno del castillo. "El erudito Marcus O'Donnell metiéndose en la bañera con ropa con su mejor amiga, la enfermera Alice Gallia, que iba drogada hasta las cejas, en un baño en el que ella no tenía permitido el acceso". Esto va a quedar genial en mis memorias. Pensó amargamente. No, no se pensaba meter, ya convencería a Alice para que se metiera sola. Porque claro, tenía un larguísimo historial de victorias convenciendo a Alice de que hiciera lo que él quería, y no al revés... A más lo pensaba, más crudo lo veía.

Alice recolgada de su cuello y diciéndole que solo quería estar con él, no facilitaba las cosas. Recuerda que está drogada y no sabe lo que dice, Marcus. Que acababa de verla bailar sola en mitad del baño, subirse a una mesa para calcular una progresión y usar su túnica de pizarra. No era tan difícil repetirse ese mantra una y otra vez. Ladeó la cabeza y fue a negar, pero vio las intenciones de Alice, el tonito de sus palabras y como se desabrochaba la camisa. Abrió mucho los ojos y, rápidamente y con una risilla nerviosa, agarró sus manos para pararla. — Nop, no tengo bikini. Por eso te vas a meter con el uniforme, pero yo te seco después, no te preocupes. — Ay Dios, por poco. Quería pensar que había evitado que Alice se quitara la ropa delante de él. Eso solo empeoraría las cosas.

Menos mal que esa Alice era relativamente fácil de convencer, aunque Olympia dijera lo contrario. Al parecer, la Alice drogada le hacía mucho más caso que la Alice sobria. Que bien todo. Pero no era el momento de dramatizar (más aún). Fue a abrir la boca para dar la siguiente indicación, pero vio la forma de lanzar la corbata y pedirle que volara. Tuvo que fruncir los labios otra vez, alucinado y aguantándose la risa. No estaba bonito reírse de Alice estando así... Pero, oh, la que le iba a caer cuando se le pasara. Se iba a pasar burlándose de ella toda la vida, solo por hacerle pasar el mal rato que estaba pasando en ese momento. Y para que se lo pensara dos veces antes de trastear con plantas desconocidas otra vez.

Contuvo una expresión de júbilo cuando vio que la chica, finalmente, se metía en la bañera sin chistar, respirando con alivio. Vale, solo tenía que esperar a verla un poco más centrada, secarla y salir de allí, ya estaban más cerca de la resolución de aquella locura. Miró alrededor e intentó sonreír. — Claro. — Sí sí, todo lo que ella quisiera ver y más, pero Marcus sabía que ahí solo había burbujas. Igualmente no ganaba nada llevándole la contraria, ya se le pasaría y se daría cuenta sola. Pero no se lo iba a poner tan fácil, porque tuvo que agarrarse firmemente al borde para no caer de cabeza cuando tiró de él. — ¿Eh? No, estás tú, no cabemos los dos. — Vale, eso no iba a colar porque la bañera era inmensa. Y Alice estaba cada vez más insistente, y le oía el tono. No, definitivamente no podía acceder a eso, no estaba bien. — Es que me duele un poco la garganta. — Dijo fingiendo una afonía falsísima y súbita y llevándose la mano a la garganta con expresión dolorida. — Yo creo que estoy un poco resfriado. — Y tosió falsamente. Vale, si fracasaba en su empresa de ser erudito por anécdotas como esa manchando su historial, que no se le ocurriera meterse a actor, porque se veía en la ruina.

Por supuesto que Alice no se convenció. Solo se acercó más a él, pegó su rostro al suyo y mencionó La Provenza, el mar y su cercanía. Ah, maldita sea, qué bien se le daban a ella ciertas cosas aun estando así, y qué torpe era él. Pero no, insistía en que no podía hacer eso, y menos en el estado que estaba la chica. No sabe lo que dice, no sabe lo que hace, está drogada. Se repitió mentalmente una vez más. Compuso una sonrisa amable y dijo. — Y... Yo te agarro, y te miro. — Dijo, tomándola por los brazos con suavidad. — Y no voy a dejar que te hundas, porque estoy aquí, no me voy a mover. — Añadió, con amabilidad y sin perder la sonrisa. Esperaba que colara. — Y puedo jugar contigo. Mira, mira esto. — Hizo un cuenco con la mano y cogió una montañita de burbujas (y un poco de agua ya de paso), poniéndola en la cabeza de Alice. — ¡Anda! Mira qué guapa. — Sí que estaba guapa. ¡Céntrate, Marcus! — ¿Sabes cómo se quita eso? Metiendo la cabeza debajo del agua y contando hasta... Tres. — Mismamente. Lo que quería era que Alice se echara agua en la cara como fuera. A ver si se le quitaban ya los restos de la maldita planta.
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Miér Jun 23, 2021 5:06 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Se hundió hasta la altura de la nariz en al agua y se puso a hacer burbujitas mirando a Marcus. Salió otra vez con una sonrisa más pronunciada. — ¿Qué bañera? Esto es una nebulosa. La he calculado antes y hay sito de sobra para los dos. — Dijo volviendo a acercarse, aunque se echó para atrás violentamente cuando Marcus tosió, porque salió un unicornio trotando de aquella tos. — ¡Wow! Con lo poco que te gustan las criaturas, me parece super curioso que tosas un unicornio. Increíble. — Dijo genuinamente sorprendida, mientras veía al unicornio perderse por la sala aquella. Pero el hecho es que Marcus seguía ahí subido, al borde de la nebulosa... ¿O era el agua de La Provenza? Se rio un poquito de pensarlo y se llevó una mano a la boca para ocultar una risita. — No le he pedido permiso a papá para bañarme. — Se giró sobre sí misma y dijo. — ¿Dónde estará? — Habían aparecido por allí el tiempo, los instrumentos de aritmancia, y su padre ni se había dejado ver. Pero bueno, no se enfadaría, con al de cosas guays que estaba descubriendo. Se encogió de hombros y dijo. — Le diré que hable contigo, eres su favorito, tú se lo explicas. — Afirmó muy segura.

Pero Marcus parecía dubitativo, incluso ido. — Desde ahí no puedes agarrarme bien, ven aquí conmigo... — Y tiró un poco más de él. Pero ahora Marcus le puso algo en la cabeza y eso le nubló la visión un momento. Se metió bajo el agua, contó hasta tres, haciendo burbujitas, como Marcus le indicaba, pero volvió a salir, más cerca que antes. — Ahí abajo no hay medusas luminosas. Y mira que hay cosas, pero medusas luminosas... Nada de nada. — Luego se volvió a apoyar en el borde para acercarse al rostro de su amigo. — Desde ahí no puedes agarrarme bien... No como lo hacías en la playa... — Bajó las manos por su rostro acariciándole y mirándole con devoción a los ojos. — Métete conmigo, Marcus. Mírame y agárrame como lo haces cuando estamos en Francia y no como cuando estamos en Hogwarts... Yo soy la misma Alice... — Luego susurró sobre sus labios. — Tu Alice... — Todo su objetivo era que Marcus se metiera con ella, le daba igual si la escuadra o el tiempo estaban mirando. Oly se había ido y solo estaban ellos dos en aquel sitio tan aparentemente cómodo y solitario...

¿Dónde estaba? No podía estar en La Provenza... Ella estaba en Hogwarts... Miró a ambos lados y se vio rodeada de agua... Pero, ¿en qué sitio de Hogwarts había tanta agua caliente? ¿Y por qué Marcus, si estaban solos allí, no quería meterse con ella? — Ya no quieres venir conmigo, ¿no? ¿Es por el trabajo? — Chasqueó la lengua enfadada y chapoteó ofendida con las manos. — Oye que yo he encontrado el centro de la nebulosa, ¡si está aquí! — Avanzó pesadamente por el agua y se puso en el centro. — ¡Está aquí! ¿No lo ves? Yo no he hecho nada malo, la que te llevaba la contraria era Hills. — Dijo lastimeramente. Dio una vuelta sobre sí misma. — Y he escrito todas las operaciones, y sé que te he llenado de tinta, y estarás enfadado porque me reía, pero he logrado escribirlo casi todo, y encima he encontrado a los dos prefectos del juego... — Pero nada, era inútil. Dejó caer la cabeza con tristeza y dijo. — Es que ni con esas quieres estar conmigo... Ni me quieres... ¿A que no? No, no, los chicos como Marcus... — La escuadra se acercó y le palmeó la mano, y ella hizo lo mismo de vuelta. — Gracias, pero solo eres una escuadra. Aunque eres muy maja para ser un instrumento de trabajo. — Suspiró y negó, sin levantar la mirada. — Haga lo haga... Ni aunque encontrara la estrella más brillante del cielo, y calculara la progresión para llegar a ella... Y traértela... Ni siquiera entonces dejarías... — Levantó la mirada para dirigirla a él, y ese mero gesto hizo que se extendiera un terrible dolor por sus cejas y el interior de sus ojos. — ¡Ah! — Gritó llevándose una mano a los ojos, haciendo presión a ver si aliviaba el dolor, y sintiendo cómo se caía de rodillas al fondo, quedándose con el agua a la altura de la cintura. — ¡Cómo duele! ¿Qué me pasa? ¿Oly?... ¿Ethan? — Era lo último que recordaba... El invernadero... ¿Por qué estaba rodeada de agua?
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Miér Jun 23, 2021 6:26 pm

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
— Una nebulosa, sí. — ¿Qué iba a hacer? ¿Decirle que no? Pues le decía que sí, mismo. Y con todo y con eso, era muy difícil seguir el hilo de su pensamiento, porque de repente había dicho algo de un unicornio que le había salido y de verdad que no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Mejor lo dejaba pasar, porque ya lo que le faltaba era enredarse en cada locura que Alice decía. Quería pensar que se le pasaría pronto todo aquello, que Olympia no se había equivocado en que con el agua se le pasaría. Quería pensar. Como en un ratito no se le hubiera quitado, lo sentía mucho por su amiga de Hufflepuff pero pensaba llevar a Alice a la enfermería.

Y entonces Alice habló de su padre. La miró confuso una vez más, parpadeó un par de veces y le volvió a seguir el rollo. — Claro, claro, yo se lo digo. — Eh, Señor Gallia, genio de los encantamientos al que llevo admirando desde que tengo uso de razón, ¿qué le parece que me meta en la bañera con su hija drogada? De verdad, aquello iba de mal en peor, no lo quería ni pensar. En lo que se lamentaba internamente se tuvo que agarrar en un acto reflejo al borde otra vez, porque la chica le había dado otro tirón. — ¡Ay, Alice! De verdad que no puedo. — Le salió del alma. Pero por supuesto que la chica no iba a parar. Fue salir del agua y mencionar las medusas. Esbozó una sonrisa tierna, de lado, y dijo con voz suave. — Esas solo están en los lugares más especiales. — Eso sí que le había salido del corazón, pero total, Alice estaba... Como estaba. A saber si estaba entendiendo lo que le decía. Suspiró y esperó a que se le pasara el efecto de la planta.

Pero no iba a pasar eso tan pronto, y el proceso no se lo estaba poniendo nada fácil. Tuvo que tragar saliva cuando Alice le acarició y le miró de esa forma. Sus ojos... Siempre estaban mucho más azules cuando había agua cerca. — Alice no me hagas esto... — Susurró, haciendo amago de negar con la cabeza, pero la chica estaba susurrando demasiado cerca de sus labios. — No puedo... — No sabe lo que dice ni lo que hace, Marcus, no está bien. No lo hagas. Habían tenido momentos tan... Intensos en el último año, que esa cercanía le activaba demasiadas sensaciones. Y las tenía que parar en seco porque, como se había empeñado en repetirse una y otra vez, Alice no estaba en pleno uso de sus capacidades. Su función ahí era devolverla a su estado normal y asegurarse de que estaba bien, y nada más. Lo que dijo después le hizo alzar la mirada de sus labios a sus ojos y fruncir los labios, mirándola con cariño. — Siempre lo has sido. — Le dijo, acariciando su mejilla. Su Alice, la misma de siempre, la del primer día. Siempre lo había sido y siempre lo sería.

Abrió los ojos con un toque apenado cuando le dijo que no quería ir con ella, aunque lo del trabajo le sacó una leve risa. Negó con la cabeza. — No, Alice, no es por eso. — Dijo con suavidad. — Es que... ¡Mira! Estás en el baño de prefectos, y... Es un baño especialmente hecho para ti. Tienes que disfrutarlo. — Se le estaban acabando las excusas para no meterse con ella en el agua, porque la más sensata, que era decirle "no, Alice, estás aquí porque tienes que quitarte el colocón de una planta alucinógena y yo no voy a meterme contigo en un baño clandestino y con la ropa puesta", algo le decía que no la iba a entender. Se llevó la mano a los labios, aunque no pudo evitar reír con cariño. Alice, su Alice, tenía que ser divertida y adorable hasta estando en ese estado. — La veo, sí. — Contestó. — Están muy bien los cálculos, ya los pondremos en orden, descuida. — Muchas cosas tenían que poner en orden... Pero Alice seguía, y parecía estar entristeciéndose por momentos. — No estoy enfadado, Alice. Solo un poquito preocupado... Nervioso por los exámenes, pero estoy bien. Tú aprovecha este baño tan guay que... — Su conversación se interrumpió, porque ella seguía. Y se lo estaba poniendo difícil, realmente difícil.

Dejando de lado la cara de desconcierto que se le tuvo que quitar con la referencia a una escuadra que no sabía de donde había salido, y que le hizo mirar a los lados, lo que dijo se le agarró al corazón. Dibujó una expresión triste en su rostro y negó. — ¿Pero cómo no te voy a querer? — Dijo en voz baja. Se le antojaba imposible eso. Chistó y, mirándola con la expresión entristecida, añadió. — No necesito nada de eso, Alice... De verdad que no. — ¿Se estaba abriendo demasiado? Igualmente Alice todo lo malinterpretaba por su propia confusión, podría confesar lo que quisiera y daría igual porque... Espera, ¿acaso tenía algo que confesar? Si lo tenía, daba igual, porque el grito de Alice le hizo tensarse. — ¿Qué te pasa? — Preguntó súbitamente, observando con los ojos como platos como la chica se apretaba los ojos, en tensión y ligeramente inclinado hacia delante. Al final se veía en el agua, porque un movimiento en falso de su amiga y se lanzaría de cabeza antes de que le pasara nada.

En cuanto la vio ponerse de rodillas y llamar a Olympia y a Ethan, con esa confusión, empezó a quitarse los zapatos. De perdidos al río, pero Alice no estaba bien, podía vérselo en la cara, y al final la chica tenía razón: desde allí no podía agarrarla. Tenía que estar con ella. — Ey, Alice. Voy contigo, ¿vale? Mírame. Soy Marcus. — Porque por algún motivo estaba llamando a otras personas. ¿Sería que eran los últimos a los que recordaba antes de tocar la planta? No podía pensar tanto. Ya con los zapatos quitados, se sacó la túnica y la corbata y dio un salto al interior de la bañera. — Mira, al final lo has conseguido, ¿eh? — Por Merlín, al final se había metido en la bañera, con ropa y todo. Pero eso era lo de menos, el problema era estar bañándose con una chica en el baño de prefectos, con una chica que no debería estar allí, para más señas. Ya estaba hecho, y a mucha honra lo defendería si era por evitar que a Alice le pasara algo. Solo esperaba que no se diera la circunstancias. — Estoy aquí. ¿Estás bien? — Se acercó a ella y la agarró de las mejillas, mirándola a los ojos. — Alice, dime que estás bien. — Casi suplicó, en un susurro. — Estoy contigo, no pienso irme... Te dije que nunca te soltaría. —
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Miér Jun 23, 2021 8:05 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
"Siempre lo has sido" resonaba en su cabeza. ¿Eso le había dicho Marcus? ¿Que siempre había sido... El qué? Solo podáis recordar su tono, su sonrisa... Eso le había hecho sentir tan bien... Pero es que ahora no entendía nada. Y ahora decía que cómo no le iba a querer... Oh, por Dios ¿qué había dicho? ¿Y por qué intentaba hablar pero no le salían las palabras? Aquello era demasiado para ella, no estaba entendiendo nada. Que no necesitaba nada de eso... "Ni aunque encontrara la estrella mas brillante..." ¿No le habría dicho a Marcus que estaba enamorada de él, no? ¿Por qué seguía rodeada de agua? Ah, tenía que pensar, pensar... Pero aquel dolor de cabeza no le dejaba. Parpadeó muy fuerte, de rodillas en aquel agua que no sabía de dónde había salido. Abrió los ojos lentamente y se miró las manos. Y vio las manos de un esqueleto, y le dio tanto miedo que tuvo que cerrar los ojos de golpe otra vez con un sollozo.

"Soy Marcus" oyó de fondo. Ya, ya, reconocería su voz en cualquier parte. Aunque ya no estaba muy segura de qué era real y qué no. Juraría haber visto una escuadra con patas, brazos y ojos, y eso no podía ser real. Y esperaba que lo de las manos nos fuera real tampoco, pero por si acaso las tenía alejadas. Oyó como Marcus (de verdad, ojalá fuera Marcus) entraba en el agua y avanzaba hacia ella. Notó cómo le tomaba de las mejillas y alzó los ojos, pero no podía verle bien, era un borrón parecido a Marcus, y el fondo era negro, con formas de colores, y eso le mareaba. — Marcus, mis manos... Mírame las manos, pero no las toques... ¿Están bien? ¿Están normales? — Estaba muy asustada y podía oír su corazón latiendo estruendosamente. Necesitaba respuestas, pero no sabía si aquel Marcus era real o era una producción de su imaginación. Pero la estaba tocando, le agarraba de las mejillas y se sentía tan real. — No puedo mirarte, veo muchas cosas y me mareo... — Si era una imaginación, se arriesgaría a las consecuencias. Abrazó con sus manos el tronco del chico y cerró los puños en la tela de su camisa. — No estoy bien, y no sé si realmente estás aquí. Principalmente porque no sé qué es aquí. — Dijo con la voz lastimera cargada de miedo. Agradeció el agua calentita porque estaba temblando. — Yo estaba en el invernadero, llevaba horas trabajando y pensé que me iba a desmayar... Pero el resto de cosas que recuerdo son un sueño o una pesadilla... — "Te dije que nunca te soltaría" Eso sonaba demasiado a lo que quería oír para no ser un sueño.

Abrió los ojos lentamente y se despegó poco a poco del pecho de Marcus. Para ser un sueño, lo sentía bastante, y estaba mojado también. — ¿Por qué... Estamos rodeados de agua caliente? ¿Dónde estamos? — Se había quedado mirando el rostro de Marcus y movió una mano vacilante para acariciar su cara. — ¿Eres tú de verdad? Te siento real pero... — ¿Pero por qué ibas a estar conmigo en un bañera, diciéndome estas cosas, si yo supuestamente estaba en el invernadero? — Ojalá sea verdad que eres tú... Solo... Ojalá... — Se rio y cerró los ojos. — ¿Qué te he dicho? ¿Te he pedido que no me sueltes? — Preguntó ya abiertamente. Volvió a abrazarse a Marcus fuertemente. — Porque no quiero que lo hagas, ahora mismo no podría soportar que no fueras real, que me soltaras y me dejaras sola, cuando no entiendo nada... Tú siempre me has salvado Marcus... — Alzó y el rostro y buscó pegar su frente a la del chico, y si correspondía, tendría que ser él a la fuerza, aquel era su gesto. Cada vez que se había sentido así, Marcus había estado ahí... ¿Valdría eso de crédito para sí misma y su cordura? — ¡Ay! ¡Perdón! Como no oía nada no sabía si... Pero perdón, perdón. ¿Oly? — Preguntó. ¿Sería un recuerdo? ¿Estaba Olympia allí con ellos? — ¡Oly! ¡Oly, escúchame! — Dijo separándose de Marcus pero agarrándose a sus brazos, porque temía perder el equilibrio. Ahora solo veía el negro de fondo con las formas de colores. — ¿Qué me ha pasado? ¡Tú estabas conmigo! — Trató de ponerse de pie, pero le fallaron las piernas y volvió a caer de rodillas en la bañera. — No puedo levantarme... Estoy como muy... Cansada. — Dijo casi más para sí misma, intentando analizar todos sus síntomas.
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Jue Jun 24, 2021 1:31 am

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Igual que no tenía ni idea de a qué se refería Alice con los unicornios, las escuadras y los peces de colores, tampoco tenía la menor idea de por qué se había puesto así de repente. Pero había escuchado un sollozo y la veía con los ojos apretados, asustada. Ojalá pudiera apartar lo que quiera que fuera que estuviera viendo o pensando como si fueran moscas molestas. Lo único que podía hacer, sin embargo, era lanzarse al agua y asegurarle que estaba allí para ella. Que no le iba a pasar nada. Que él no lo iba a permitir.

Abrió mucho los ojos y dirigió automáticamente la mirada a las manos de la chica. — Están perfectamente, Alice. Estás bien, créeme, solo un poco confusa. — Esperaba que fuera eso, que solo estuviera un poco confusa. ¿Qué creía que tenía en las manos? — ¿Te duelen? — El agua ni quemaba ni estaba fría, y a simple vista no tenía nada en las manos. A saber qué le estaba diciendo su cerebro. Le dijo que no podía mirarle, que se mareaba. Tragó saliva y le acarició la mejilla con una mano y un brazo con la otra. — Vale, tranquila. Cierra los ojos, yo estoy aquí contigo. No tenemos prisa. — Igual un poquito de prisa sí que tenían, pero no quería agobiarla más. Lo que quería era que se le pasara ese estado, les llevara el tiempo que les llevara.

Entonces la chica se abrazó a él, aferrando su camisa, y la notaba temblar contra su pecho. La abrazó con fuerza y se agachó un poco más, para que estuviera lo más cubierta de agua calentita posible. "No estoy bien". Se le estaba pasando el efecto alucinógeno de la planta, pero ahora se encontraba mal, y no sabía qué era peor. Se estaba agobiando porque no sabía qué hacer, más que abrazarla y acariciarle el pelo para intentar calmarle sus miedos. — Estoy aquí, estoy contigo. No voy a dejarte, Alice, te lo prometo. — Siguió acariciándola, tratando de tranquilizarla, como si él no estuviera asustado también. — No es un sueño ni una pesadilla... Pero no te preocupes, que vas a estar bien en un rato, ya verás. —

La chica se despegó suavemente de él y su pregunta le hizo soltar una breve y muda risa. — Te va a encantar saber donde estamos. — Volvió a acariciar su mejilla y dijo. — Estamos en el baño de prefectos, te morías de ganas por entrar. Pero no se lo digas a nadie, ¿vale? Ya te explicaré luego qué hacemos aquí. — No creía que ahora se fuera a enterar, e igualmente él seguía demasiado centrado en comprobar que estuviera bien. No la quería aturdir más. Vio como trataba de acariciarle, así que agarró su mano y la condujo a su rostro para que lo hiciera. — Soy yo, soy Marcus. Estoy aquí de verdad. — Confirmó de nuevo, y lo haría todas las veces que se lo pidiera. Asintió cuando le preguntó si le había dicho que no la soltara, con una sonrisa dibujada en los labios. Y lo siguiente que dijo volvió a dibujarle una expresión triste en el rostro y a encogerle el corazón. Se acercó a ella, porque vio lo que intentaba hacer. Ese gesto, su gesto. Pegó su frente a la de ella y susurró. — Nunca te soltaría... — Susurró. Nunca lo haría, le costara lo que le costara. No podría soltarla ni aunque le obligaran a ello. No soportaba que le pasara nada. No podría soportar perder a su Alice.

Una voz tras ellos le hizo volver a la realidad. Olympia había entrado, y por un momento temió que lo hubiera hecho para avisarles de que venía alguien, lo que le hizo tensarse. La irrupción de la chica provocó que Alice se alterara un poco, y cuando la vio caer en su intento de ponerse de pie, se agarró a ella con fuerza inmediatamente. — ¡Alice! Agárrate a mí, venga. Vamos a salir, ¿vale? — Miró a su compañera. — ¡Ayúdame! Yo la guío y tú la ayudas a salir. — Oly se aproximó al borde de la bañera, inclinándose sobre esta, y entre los dos sacaron poco a poco a Alice. — No te suelto, tranquila. — Le dijo a la chica. — Agárrala un momento, Oly. — Le pidió a la otra chica una vez estuvieron los dos fuera, ayudando a que Alice se sentara en el suelo mientras Olympia y él se arrodillaban a su lado. Para no incumplir su promesa, agarró una de sus manos y buscó su varita con la otra. Conjuró el hechizo secador para secar a su amiga, porque estaba empapada, y cuando lo hizo se apuntó a sí mismo. En apenas un par de minutos estaban secos los dos.

Guardó la varita en su bolsillo y se acercó a ella. — Vale, ya queda menos. — Le dijo con una sonrisa y el tono más tranquilizador que podía usar, mientras le ponía los zapatos y la corbata. Cuando acabó, se soltó con cuidado, sin querer hacerlo y mirándola como si se le fuera a caer por un abismo. Se puso su túnica y su corbata lo más rápido que pudo, y mientras se ponía los zapatos oyó a la chica de Hufflepuff susurrarle. - Oye que... No quería interrumpir. Pero se os veía tan bien, ha sido precioso. — ¿Qué? — Preguntó desconcertado, mirando a Olympia. Tardó un par de segundos en comprender lo que la chica decía. — ¡No! ¡Por Dios! ¡Está fatal! ¿¿Por quién me tomas?? — ¡Por nadie! - Respondió la chica apurada, mostrando las palmas de las manos. - Si sé que os adoráis, solo decía que... — ¡Estaba asustada! Ha empezado a dolerle la cabeza y ha perdido el equilibrio, estaba temblando de miedo y no me atrevía a dejarla sola. Necesitaba sujetarla. — Aaww, pero eso es precioso.— ¡No! ¡Es horrible! — ¿Es que no se daba cuenta de lo mal que estaba Alice y de lo asustado que estaba él?

Mejor dejaba esa conversación que no llegaba a ninguna parte. Se centró de nuevo en Alice, pero la veía agotada y temblorosa. No podía pedirle que se levantara. Miró a Olympia y dijo. — Asómate, diles a Sean y Hillary que se acerquen y me avisas cuando esté todo despejado. — La chica asintió enérgicamente y salió de allí. Él se puso frente por frente a su amiga y susurró, tomándola de las mejillas de nuevo. — Alice, escúchame con atención. Vamos a hacer una cosa un poco rara, sé que estás muy cansada pero... Confía en mí. — Hizo que su amiga rodeara su cuello con los brazos y pasó un brazo por debajo de sus piernas y el otro por su cintura. — Agárrate fuerte. Vamos a salir de aquí. — Y la cogió en brazos. Se dirigió con ella a la puerta, mirando a través de esta y esperando a ver a sus tres amigos allí. Pero giró el rostro a Alice y le dijo. — ¿Estás más tranquila? — Se mojó los labios. — Te prometo que no te voy a dejar. Pero tienes que hacer un esfuerzo... Y hacerme un poquito de caso. — Sonrió de lado. — ¿Podrás? — Esperaba que sí. Lo que venía ahora no era mucho más fácil de lo que llevaban.

— Cubridnos. — Susurró a sus amigos, y con cuidado intentó poner a Alice de pie en el suelo, sin soltarla. - Ayúdame, Sean. - Pasó un brazo de Alice por su propia cintura y su amigo hizo lo mismo. Apuntó a los pies de la chica con la varita y dijo. — ¡Wingardium Leviosa! — Las chicas se colocaron estratégicamente una delante y otra detrás. Ya podían hacer bien el teatrito de disimular que iban en grupo como si nada, porque tenían que llegar hasta la Torre Ravenclaw desde el quinto piso. Al menos Alice no tendría que hacer el esfuerzo de andar, porque iba un par de palmos por encima del suelo y sujeta por sus dos amigos, mientras las chicas intentaban tapar lo más posible para que no se notara. — Ey, mírame. — Le dijo a su amiga, poniendo un dedo con suavidad en su barbilla y haciendo que girara el rostro hacia él. Sonrió con la mayor normalidad que encontró, tratando de no mostrar todo lo tenso que se sentía, y preguntó. — ¿Por qué no me cuentas cómo van esos cálculos que has sacado? —
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Jue Jun 24, 2021 12:27 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Vale, sus manos estaban bien, o Marcus estaría en pánico absoluto, y no tendría mucho sentido tener la manos solo en huesos así por las buenas y que ni le doliera. — No... No me duelen, es solo... — Suspiró y se apretó más contra el pecho de su amigo. — No sé que me está pasando, esto es muy desagradable. — Sentía cosquilleos por todas sus extremidades, y se temía que no iba a poder moverse un palmo de donde estaba. Pero tenía a Marcus abrazándole, diciéndole que nunca iba a dejarla, y eso era suficiente. Él sabría lo que hacer, aunque estuviera en aquel estado extrañísimo que no era ni sueño ni pesadilla, aunque ella se sentía más en el segundo. — Gracias. —Murmuró.

¿En el año de prefectos? Cuando Marcus dijo aquello, se planteó por un momento otra vez que estuviera alucinando. ¿Cómo se iba a creer que estaba en una bañera en el baño de prefectos con Marcus. Aunque fueran vestidos. Y que no parara de decirle cosas bonitas y dulces. Vamos es que tenía todos los visos de ser un sueño. Se perdió en el tacto de su mano con su mejilla y dijo. — Pues espero que tengas una explicación supercreíble, porque de momento todo pinta como un sueño... Un muy buen sueño. — Terminó poniendo una sonrisa dulce y un poquito incrédula. Pero él seguía confirmándole que era Marcus, que nunca la soltaría... A ver, tenia todos los visos de ser un sueño, pero si fuera la realidad... Significaría... ¿Significaría que todas esas cosas que pensaba siempre no tenían sentido? Que quizá Marcus realmente no quería soltarla, aferrarse a ella, como se aferraba ella a él.

Fuera un sueño o no, Olympia lo interrumpió. Quería preguntarle mil cosas, pero no le salían las palabras, pero principalmente quería preguntarle qué le pasaba, porque a ella y a Ethan era a los últimos que recordaba y no podía ser casualidad que también anduviera por allí. Pero es que su cerebro parecía estar un poco desconectado de su cuerpo, y todo lo que estaba pensando no se traducía ene palabras. Encima la estaban moviendo como si fuera una muñeca. Le vino bien, eso sí, el hechizo secador, porque el aire salía muy calentito, y le hacía sentir mejor a su cuerpo. Olympia y Marcus parecía estar hablando entre ellos, porque los oía muy lejos y ella se dedicó a intentar hacer recuento. Siempre volvía a al invernadero. Había llegado justo después de comer, con intención de hacer la etiquetación lo más rápido que pudiera y luego irse a biblioteca a por manuales para lo de Astronomía, y se había encontrado aquello como la guerra. Y había estado etiquetando y etiquetando... Lo último que recordaba era Olympia entrando y comportándose a lo Hufflepuff despistada diciendo que le podía haber avisado de recoger... ¿En qué momento de todo eso se había puesto así y por qué? Solo iba a agobiada de tiempo...

Pero Marcus llegó y se puso a hablar con ella. Tenía que concentrarse en lo que decía y hacer un esfuerzo muy grande por responder. Vamos a hacer una cosa un poco rara decía... No podía ser más rara que todo aquello que estaba pasando. Hizo el esfuerzo de entreabrir los ojos y asintió. — Confío en ti. — Dijo susurrando, porque su cuerpo no le permitía mucho más, la verdad, pero eso tenía que decírselo, tenía que saber que confiaba en él más que en nadie. Sintió que le hacía abrazarle otra vez y cómo la agarraba de la cintura. ¿Acababa de levantarla en brazos? Como todo eso no fuera un sueño y tuviera que estar viviendo aquella experiencia con los sentidos tan embotados, se iba a vengar de lo que fuera que le había causado ese embotamiento. Ahora se preguntaba qué sería la cosa rara a la que se refería Marcus. Antes su pregunta dijo. — Más tranquila sí, pero me encuentro fatal... — Y ahora notó cómo se resbalaba de los brazos de Marcus y se agarró a su camisa como si ese fuera a escurrir por un desagüe. Pero, realmente, Marcus no la soltó, y oyó como llamaba a Sean. — ¿Sean? ¿Tú qué haces aquí?Vaya, vuelve a ser Gal. ¿Cómo estás, astrónoma? — Ella arrugó el gesto y se apoyó en su otro amigo también. — Peor que en toda mi vida, ¿tú sabes lo que me pasa? — Él le dio unas palmaditas en el brazo. — Algo me han contado. Tú tranquila que ya se te ve mucho mejor. — Pues no quería ni pensar en cómo debía estar antes si ahora estaba mucho mejor. De repente, notó cómo sus pies se separaban del suelo, y le había parecido oír un Wingardium Leviosa. — ¿Marcus? ¿Estoy levitando? — Pero su amigo le hizo una pregunta sobre unos cálculos y ya se quedó descolocada del todo. — ¿Qué cálculos? Para calcular nada estoy yo... — Dijo quejosa. Estaba mejor en el agua con Marcus... De repente flashes cruzaron su cabeza. Ella en el agua con Marcus, agarrándole de la cintura y diciéndole que no la iba a soltar... Como en Saint-Tropez. Y ahora estaba levantando, como cuando se comió la meiga, y Marcus la cogió en brazos para que no se fuera volando demasiado alto... — Voy a coger una preseida, Marcus... — Le dijo, aunque su voz salió un poco débil y adormilada. — Hermano sol... Hermana luna... — Pero no estaba muy segura de si había pronunciado eso o si no tenía demasiado sentido.

Se sentía demasiado cansada, y notaba cómo la llevaban, así que se dejó un poco y dijo. — Voy a descansar... Necesito descansar... — Y según lo decía, sentía como si se resbalara por un tobogán muy largo y tiraran suavemente de ella unas manos muy amables. Tan amables que le recordaban... — ¿Mamá? — Vale, ahora sí que estaba en un sueño. Todo estaba oscuro y no podía abrir los ojos, pero reconocería el tacto de sus manos en cualquier parte. — ¿Mami?Pajarito... ¿Mami? ¿Qué haces en mi sueño?Eres una hermana estupenda... — Eso se lo había dicho aquel día en La Provenza. — Van a la contra porque están muy seguros de a dónde quieren llegar... — Los peces, eso se lo dijo de los peces que nadaban hacia arriba. — Tienen a sus crías lejos, donde no puede pasarles nada... Y las dejan allí porque saben que volverán hasta ellos... — ¿Por qué estaba oyendo esas palabras de su madre ahora? En verdad daba igual, con tal de oírla. — Mami, te echo de menos... — Y de repente en medido de aquella oscuridad oyó. — ¡Kyla, por favor! Ya la hemos traído hasta aquí, y no sabes cuánto ha costado... ¡Me estás pidiendo que infrinja una norma! Ya han infringido los otros dos perfectos bastantes normas. No necesitamos perder puntos todos... No me puedo creer que O'Donnell... Mira, habla tú con Olympia, pero a Gal déjala tranquila... — Parecía que se estaba perdiendo una batalla campal, por lo visto. Y ahora estaba Kyla también... Ay, Dios, ¿habría liado alguna muy grande? Ahora le quedaba la duda. Pero al menso tenía las manos de su madre. — No te dejo solo, mi amor... — No. No, eso fue lo que le dijo a su padre antes de morir. — Mamá... Mamá, espera. Mamá, dime algo.... ¡Mamá! Siempre tan libre... Libre como el viento... ¡Mami! ¡Por favor! — Quería abrir los ojos pero no podía y todo era negro, y sentía cómo su madre se soltaba de ella. — Gal, Gal, soy Hills... Despierta. ¡Hillary! Se va, se va y me suelta. — Gal estás soñando, tienes que despertarte. — ¡No es un sueño, se va...! Hills... Llama a Marcus. Dile que venga, que le necesito... — Oyó una risita de su amiga. — Verás cuando te cuente esto mañana. — Pero Gal estaba pasando realmente un rato horrible, se notaba sudar y le costaba respirar. — ¡Mi madre! Hills dile que tiene que ayudarme a encontrarla... Llámale... — Notó cómo se echaba a llorar. Él se lo prometió en La Provenza... Que no dejaría que la oscuridad la consumiera. — Marcus por favor... Está muy oscuro... Marcus tú me lo prometiste... Marcus... — Notó como la zarandeaban. — Gal, despiértate... Marcus, por favor... Ayúdame a buscarla... No puedo verla... Marcus, mamá... — Y sintió como si se hundiera en algún sitio del que no podía salir, y ni Marcus ni su madre podían sacarla.
Merci Prouvaire!


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Jue Jun 24, 2021 3:15 pm

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Definitivamente, el baño le había quitado a Alice las alucinaciones, pero la había dejado como un trapo. No parecía recordar todo lo ocurrido, porque no supo contestar a su intento de distraerla con los cálculos, y además seguía bastante confusa. — Los de Kepler, si ha sido hasta idea tuya. — Dijo en tono distendido, tratando una vez más de mejorar su ánimo. Pero Alice estaba cada vez peor, y lo que dijo a continuación la hizo mirarla súbitamente y notar un pellizco en el pecho. Tragó saliva y le dijo en un susurro. — Todas las que quieras. No voy a soltarte. — Esperaba con el tiempo reírse de todo aquello, pero en esos momentos estaba pasando un mal rato.

- Pues parece que sigue alucinando. - Dijo Sean, que no le había escuchado a él pero sí a Alice, y claramente pensó que seguía viendo estrellitas por ahí. Marcus no dijo nada, solo siguió caminando, deseando llegar a la sala común. Y ya estaban enfilando el pasillo de la Torre Ravenclaw cuando un comentario de Alice llamó su atención. Más que su comentario, ella en sí, porque lo de que estaba cansada ya lo sabía... Pero parecía que se había quedado inconsciente. Fue lo que necesitaba para terminar de entrar en pánico. — ¿Alice? — No le contestó. Se detuvo frente a ella, cortando la marcha súbitamente. — ¿¿Alice?? Ey, Alice, dime algo. — Parece que está dormida. - Dijo Sean, que ahora cargaba con casi todo el peso de la chica, porque Marcus se había puesto frente a ella y le tocaba la cara intentando hacerla reaccionar. — Alice, contéstame por favor. — ¡Tío! No te pares ahora, que ya estamos llegando. - Se quejó Hillary, pero su amiga también se puso junto a él y preguntó preocupada. - ¿Qué le pasa? ¿Está inconsciente? - Solo está dormida. - Dijo Olympia, en tono tranquilo. - Cuando se pasan los efectos del estornudo del diablo da mucho sueño. - Pero Marcus no se quedó nada convencido, casi ni la estaba escuchando. Solo podía mirar a Alice intentando de alguna manera cerciorarse de que estaba bien. — Alice, ¿me oyes? Cuéntame lo de las perseidas. Dime algo. Alice, dime algo. — La voz le estaba empezando a temblar de los puros nervios, hasta que Olympia le puso las manos en los hombros y le retiró. - Está dormida, Marcus. Es mejor así, déjala que descanse. — ¿¿Pero cómo se va a quedar dormida de repente?? ¿¿Y si está inconsciente??  — Te aseguro que solo está dormida. Metedla en la sala y verás que todo va bien. - ¿Qué tiene que ir bien? - Interrumpió una voz firme tras Olympia. Marcus debería de maldecir, en el hipotético caso de que le preocupara algo que no fuera el estado de su amiga. Pero no estaba para eso.

- ¿Qué hacéis todos aquí apiñados? - Preguntó Kyla, metiéndose en medio del corrillo. Su cara compuso una expresión de espanto cuando vio a Alice dormida, levitando y sujeta en el aire por Sean. - ¡¡Ay, por Dios!! ¿¿Qué le pasa?? — Me la llevo dentro. — Sentenció Marcus, volviendo a coger a Alice en brazos e inhabilitando el hechizo levitador. Hillary fue la primera en saltar. - ¡Espera! ¡Así vas a llamar muchísimo la atención! — ¡Me da igual! — Contestó bruscamente, adentrándose en su sala común. Si lo hubiera pensado fríamente no le daría igual, pero Alice estaba por encima de todo lo que pudiera llegar a pensar. Por suerte para ambos, la sala estaba prácticamente desierta. Debía ser la hora de la cena, de lo contrario no estaría así, pero Marcus llevaba demasiado rato sin mirar el reloj y sin acordarse siquiera de que existía algo llamado tiempo. La dejó con suavidad en su sofá favorito y se arrodilló en el suelo a su lado. Ciertamente, sí que parecía dormida, porque tan pronto tocó el sofá se amoldó cómodamente a él, en lugar de caer en peso muerto como lo haría de estar inconsciente. Eso le hizo respirar un poco más tranquilo, echando aire por la boca. — No te suelto. Te lo prometo. — Dijo, acariciando su pelo. No podía dejarla así. De verdad que no podía.

Pero no le iba a quedar más remedio. Cuando la puerta de la sala común se abrió de nuevo le llegaron las voces de Olympia, Sean y Kyla discutiendo entre sí en la puerta, mientras Hillary se acercaba a toda velocidad hacia él por el pasillo. - ¿Está dormida o...? - Marcus tragó saliva y asintió. — Parece que sí, que solo está dormida. — Hillary suspiró con alivio y se llevó una mano al pecho. - Menos mal. Por Dios, qué mal rato. Oly insiste en que esto es normal, que solo está dormida y que se despertará con normalidad. Es probable que no se acuerde de nada. - La chica hizo un gesto con la mano. - No sé, ha dicho muchas cosas y Kyla no paraba de interrumpirla, así que he pasado y he preferido entrar con vosotros. - Marcus no podía dejar de mirar a Alice. Respiraba tranquila y se había hecho un ovillo en el sofá, así que solo le quedaba relajarse y entender que estaba dormida, y punto. - Es mejor que la dejemos en la cama. - Dijo su amiga, y Marcus la miró súbitamente. — No. — Hillary suspiró, aunando paciencia. - Marcus, sabes que es lo mejor. De verdad, no voy a discutir contigo otra vez esta tarde... — No voy a separarme de ella, Hillary. — Pues métete en los dormitorios de las chicas entonces. — Eso está prohibido. — Que un no-prefecto entre en el baño de prefectos también, y hoy lo has incumplido. Así que... - Hillary se encogió de hombros, pero antes de que Marcus pudiera dar la réplica, Kyla y Sean entraron discutiendo por la sala común. Hillary les mandó callar urgentemente, pero lo único que hicieron fue discutir más bajo. A Marcus le daba igual: estaba pendiente de Alice.

Hasta que Sean apareció a su lado, interrumpiendo. - Mejor llevadla a la cama. — No. — Volvió a decir Marcus, prácticamente haciendo pantalla delante de Alice como si fuera un tesoro que le querían robar. — Aquí está bien. — Tío, no la podemos dejar aquí toda la noche, y tiene que estar muerta de cansancio. Deja que las chicas se la lleven al dormitorio. Venga, entre los dos la subimos por las escaleras y... — Por favor no me hagáis esto. — Dijo alterado, con los ojos vidriosos y la voz temblorosa, sin quitarse de delante de Alice. — Se lo he prometido. Estaba asustada, me lo ha pedido y se lo he prometido. — Kyla estaba alteradísima y Sean se había quedado sin saber que decir. Hillary pareció entender su postura y, dejando a un lado su alteración de toda la tarde, se acercó lentamente a él para hablarle. Pero Marcus estaba esquivo y, antes de que su amiga empezara, dijo. — No me vais a convencer. — Marcus, ya sé que se lo has prometido, pero... No sabía lo que decía, y ahora está dormida, no se va a dar cuenta. Se despertará en su dormitorio como si nada, y probablemente ni se acuerde de que se lo prometiste. — Pero yo sí me acordaré. — Contestó, sin perder el tiemble en la voz y con la vista cada vez más nublada. Ahora fue Sean el que se acercó a él y le susurró con tono urgente. - Tío, nos ha costado horrores convencer a Kyla y aún se puede chivar, ¿quieres perder todos los puntos que llevas ganados todos estos años? ¿Quieres perder el puesto? - Sean hizo un gesto con las manos y añadió. - Vamos a hacer las cosas bien. Me lo vas a agradecer cuando se te pasen los nervios, hazme caso. - Tragó saliva, miró a Alice... Y, a duras penas, asintió.

Subieron las escaleras a los dormitorios de las chicas con Kyla quejándose de fondo y Marcus disculpándose internamente con ella por dejarla sola, aunque sabía que sus amigos tenían razón. Era lo más lógico, dejarla en la cama descansando y que a la mañana siguiente despertara y aquí no ha pasado nada. Pero no podía, no era tan sencillo. — No la dejes sola, por favor. Te subimos la cena si quieres. — Hillary asintió y él añadió. — Y estoy aquí en la puerta, por si acaso. — Vale, pero no va a pasar nada. Vete tranquilo a cenar y me traes chips de coco, que seguro que han sobrado del almuerzo. Y luego te vas a dormir. Que no la voy a dejar sola, de verdad. - Más valía que Sean se hubiera enterado de los chips de coco, porque Marcus estaba encabezonado en que no pensaba moverse de allí.

Se pasó un rato de pie en la puerta, en tensión, pero dentro solo se escuchaba silencio. Sean ya se había ido a por la cena y Marcus empezó a notar el cansancio de todo el día, así que se sentó en el suelo, en la puerta de los dormitorios de las chicas. Por fortuna no entró ni salió ninguna, todas debían estar cenando. Y de repente lo oyó. Era la voz de Alice, y estaba... ¿Llamándole? Se puso de pie de un salto y agudizó el oído, deseando que fuera un error. Pero no lo era. Le estaba llamando. Y algo le pasaba, porque su voz sonaba aterrada. — ¡Kyla! ¡¡KYLA!! — Empezó a llamar agobiado, pero no hizo falta que la llamara tres veces porque su compañera apareció en la puerta. — ¿¿Qué le pasa?? — Relájate. Solo está teniendo pesadillas. — Tengo que entrar. — ¿¿QUÉ?? - Bramó su compañera. - ¿¿Estás loco?? ¿Cuántas normas piensas infringir hoy, O'Donnell? Esta prohibido. - Pero no podía escucharla, porque solo oía a Alice llamándole. — Que no entre nadie hasta que cierre la puerta. — Y, sin pensárselo más, entró como un rayo en los dormitorios. - ¡Pero Marcus! - Oyó a Kyla espantarse de fondo. Marcus ya estaba dentro y tenía un objetivo claro. Y, por primera vez en su vida, las normas no le importaban lo más mínimo.

- Alice, cariño, solo es una pesadilla, venga... - Oyó a Hillary mientras se acercaba. Entró en el dormitorio de ambas y cerró la puerta, apuntándola con la varita acto seguido. — ¡Fermaportus! — Con un sonoro crujido, la puerta quedó sellada. Hillary se giró hacia él, con los ojos como platos. - ¿Qué...? ¿Has...? - Estaba tan desconcertada por la circunstancia no solo de verle allí, sino verle atrancando la puerta, que solo podía balbucear. Marcus se dirigió directamente a la cama de Alice, se sentó con ella y la abrazó. — Ey, estoy aquí. Mírame, soy Marcus. — Dijo, agarrándole las mejillas para que le mirara. Pero apenas tenía los ojos abiertos. Miró a Hillary, extrañado. Su amiga tenía la cara descompuesta. - Creo que sigue soñando. Est... Estaba... Llamándote a ti, y a... - No hizo falta que terminara la frase, él la oyó con sus propios oídos. Estaba llamando a su madre.

Tragó saliva y los ojos se le inundaron otra vez, pero se contuvo. No podía darle a su madre, ojalá pudiera. Pero estaba él. Él sí podía entregarse a sí mismo todo lo que ella le pidiera. — Estoy contigo... Estoy contigo... — Susurró, tumbándose junto a ella y abrazándola, tratando de calmarla. — No me voy a ir, Alice. Te lo prometo. No te voy a soltar. — Hillary estaba mirando la escena entre entristecida y agobiada, porque si alguien les pillaba... Eso sí que iba a ser una liada de proporciones monumentales. Y Marcus no estaba ni mucho menos en esas, porque miró a su amiga y afirmó. — Me quedo aquí. — Hillary abrió los ojos como platos. - ¿Como... Que...? ¿Toda la noche, quieres decir? - La chica negó, agobiada. - ¡No puedes quedarte aquí a dormir! ¡Podríamos meternos en un lío bestial! — Me quedaré el tiempo que haga falta. — Confirmó, y se abrazó más a la espalda de Alice, acomodándose junto a ella. No la pensaba soltar. Definitivamente no.

— El viento... Saltar en los charcos... — Empezó a susurrar muy bajito, junto a su pelo, para calmarla y que se quedara dormida. — Las estrellas... Cuidar las plantas... Eso te ha traído algún que otro problemilla hoy, ¿eh? — Dijo en un susurro divertido, con una risa leve. Como si tuviera la más mínima gana de reírse, pero lo que fuera por tranquilizarla. — Los libros viejos... Oler las flores... El olor a tinta... La lavanda seca... — Acarició su pelo y dijo. — Tu lista... Para que no tengas miedo. Estoy contigo, Alice. — Y dicho esto, volvió a empezar. Repitió la lista dos veces más, hasta que notó que su amiga se había quedado plácidamente dormida otra vez, respirando tranquila. Se acomodó, sin soltar su abrazo, y se quedó simplemente ahí, en silencio. Al cabo de unos segundos, notó una mano en su hombro. - Vaya... Esto sí que es querer a alguien. - Marcus giró un poco el cuello y miró a Hillary, con la expresión ligeramente extrañada, y dijo con normalidad. — Pues claro que la quiero. — Hillary sonrió, mirando a la chica, y dijo. - Ya... - No estaba para pararse a pensar en qué había querido decir su amiga con eso, estaba demasiado preocupado por Alice. - No te vas a ir, ¿verdad? - Susurró Hillary. Marcus no contestó, solo se quedó allí. La chica suspiró, se acercó a él y le dijo. - A veces, cuando me colmas los nervios, me planteo cómo es posible que seamos amigos, con lo que chocamos, con lo mandón y repipi que eres. - Marcus la miró de reojo, sin inmutar su postura, y vio que su amiga se acercaba a él y dejaba un beso en su mejilla. - Cuando veo estas cosas, sé por qué. - Y otra vez estaban los ojos de Marcus llenos de lágrimas. No llegó a hablar, Hillary se levantó y le dijo. - Descuida. Yo me encargo de que nadie se entere de que estés aquí. Déjalo en mis manos, ¿podrás, Prefecto O'Donnell? - Y, con una sonrisita, se giró, abrió la puerta a punta de varita y, saliendo de allí, la volvió a cerrar. Y, por cosas como esa, sabía él por qué era amigo de Hillary.

Se quedó en silencio y abrazando a Alice, pero con los ojos abiertos. No podía cerrarlos, no quería cerrarlos porque no quería quedarse dormido, quería estar atento por si algo pasaba. A su espalda escuchaba las voces de Kyla, de Hillary y de Donna, que también dormía en ese cuarto y debía estar enterándose de todo el percal en ese momento. Oía murmullos de chicas yendo y viniendo de sus dormitorios. Y oyó como Hillary y Donna entraron, le dijeron que todo estaba bajo control y se metieron en sus camas, con la puerta cerrada. En algún momento debió cerrar los ojos y perder la consciencia. Y entonces, una mano en su mejilla le hizo sobresaltarse. - Marcus. - Susurró Hillary. Él miró a Alice, temiendo haberla despertado con su respingo. Pero la chica estaba dormidísima. - Son las cuatro de la mañana. - Siguió susurrando su amiga. - Tienes que irte a tu cuarto antes de que amanezca. Kyla está esperándote en la puerta de los dormitorios de las chicas y Sean en el de los chicos. - Parpadeó varias veces, intentando espabilar, y luego miró a Alice. Hillary volvió a hablar. - Lleva horas dormida. Creo que puedes irte tranquilo ya. - Asintió y, un poco somnoliento, se levantó y fue siguiendo las instrucciones de sus amigos hasta caer en su cama, en completo silencio. No tenía ni idea de como habían hecho todo eso sin que nadie se enterara. Pero Marcus acababa de protagonizar la travesura más épica de su vida, por supuesto por Alice. Y lo más paradójico de todo era que ella no había decidido nada. Y, probablemente, ni siquiera lo fuera a recordar.
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Jue Jun 24, 2021 4:56 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Estoy enamorada de ti. Tu sonrisa está en mi lista porque es lo que más feliz me hace en el mundo y es porque te quiero. — Y Marcus la estaba mirando sonriendo, pero tenía que girarse para verlo, porque estaban tumbados en la arena de la playa de Saint-Tropez. Ella acariciaba sus brazos y sus manos, y se embriagaba de su olor. — Me crees, ¿verdad, Marcus? Sé lo que digo siempre... Libre como el viento... Pero siempre vuelvo a ti, Marcus... — Cerraba los ojos y simplemente se pegaba a su pecho, disfrutando de la brisa marina de La Provenza. — Quedémonos aquí... Y no volvamos a Inglaterra. Quedémonos aquí siempre... Donde somos nosotros sin miedo... — Y era feliz, se sentía feliz y a salvo, como siempre con él

Oyó el despertador como muy lejos. Y poco a poco le pareció que se iba acercando. Llenó los pulmones de aire y, para su alivio, ni le costó ni le dieron náuseas al hacerlo, como el día anterior. ¿Qué había pasado? sentía como si hubiera dormido dos días. Llevaba puesto el uniforme... El día anterior había sido muy extraño y no recordaba prácticamente nada desde el invernadero. ¿Cómo había llegado a su cuarto? ¿Y en qué condiciones? Hillary se incorporó ojerosa, pero en cuanto la vio sentada en la cama, se lanzó a su lado. — ¡Gal! ¿Estás bien? — Casi se asustó más aún con la reacción de su amiga. — ¿Qué ha pasado, Hills? — La chica movió la mano ante sus ojos y la observaba como si fuera una criatura especialmente exótica que tuviera que estudiar. — ¿Por qué me miras así?¿Me ves bien? ¿Me oyes bien? ¡No te voy a ver si estás encima mío casi! — Dijo quejosa echándose para atrás. Su amiga dio un suspiro de alivio y se llevó una mano al pecho. — Sí que estás bien. Menos mal. No podía más con la Gal hippie, y la Gal en coma tampoco me molaba nada... — El corazón se le aceleró y se llevó las manos al pelo, echándoselo para atrás. — Pero ¿de qué estás hablando? — Hillary suspiró y se levantó a abrir la ventana, momento en el que se dio cuenta de que había un olor muy agradable en su camisa del uniforme. Olía a una mezcla entre jabón carísimo y... ¿Marcus? — Oye... ¿Por qué huelo a...? — Ay, Dios, ¿qué había estado haciendo sin saberlo? — ¿Me puedes explicar de una vez qué ha pasado? — Hillary se sentó con ella en la cama. — ¿Te acuerdas de etiquetar una planta muy complicada que no debía estar en el invernadero? — Ella frunció el ceño. ¿Cómo lo sabía Hillary? Si estaba sola, bueno, con Olympia al final... — Ay, no. ¿Era de ESAS plantitas de Olympia? — Hillary torció el gesto y asintió. — Eso parece. — Se tapó la cara con las manos. — ¿Y qué hice? — Porque se imaginaba para qué usaba Oly (e Ethan, estaba segura de que Ethan también) aquellas plantitas no muy legales. — Pues... Dijiste un montón de locuras, hiciste bastante el cabra en el trabajo de Astronomía, casi nos matamos entre todos, y cuando nos dimos cuenta de que estabas drogada, pues... — Se estaba viendo venir la pérdida instantánea de puntos, eso si no se encontraba con una expulsión hoy. — Supongo que dije que había sido sin querer y no me creerían. — Hillary hizo un gesto con al mano. — No hizo falta, ya estaba Oly por ahí y lo explicó todo... Marcus te salvó bastante el culo a ese respecto. — Echó el aire, hinchando los carrillos. No le tenía que haber hecho ninguna gracia. — ¿Puntos? ¿Expulsión? — Su amiga negó. — Nada de eso. Fue una irresponsabilidad de Oly, y Marcus, por alguna razón, le dejó irse de rositas. La verdad es que da un poco de pena, es tan cuqui... Aunque te la lio pero bien. — Gal se giró en la cama y subió el brazo para acercarle la manga a la nariz a Hillary. — ¿Por qué huelo así? Yo no tengo ningún jabón que huela tan a carísimo. — Su amiga rio y le bajó la mano. — Hubo que... Limpiarte la ropa, por si quedaba algo del estornudo del diablo... Pero mejor pregúntale sobre lo que pasó al prefecto, el pasó más tiempo contigo. Pero no pasó nada grave, de verdad, te trajimos aquí y nadie importante se enteró. — Alzó la mirada y notó cómo se sonrojaba. — Oye.... ¿Dije...? Ya sabes... Algo... — Vio como su amiga se aguantaba una risa, pero al final parecía pensárselo mejor. — Dijiste un montón de cosas, casi todas sin sentido. Pero pregúntale a Marcus, de verdad, él fue el que más estuvo contigo. — Tragó saliva y asintió.

Fue a darse una ducha, aunque se sentía bastante limpia, pero lo necesitaba para despejarse. Eso sí, ese día tenía que maquillarse pero bien, porque vaya cara de muerta. Estaba aún batallando con ocultar las ojeras (si le viera la tata, diría esas cosas como que había que extirparle los ojos y ponerle unos nuevos), cuando apareció Kyla por allí. Otra que parecía que se había enterado de todo. Venía con un vaso de poción. — Es poción revitalizante. — Dijo con media sonrisa. — Nunca he tenido resaca de alucinógenos, pero imagino que también servirá para eso. — Ella sonrió y tomó el vaso. Sabía horrorosa, de un sabor que no podría ni describir, pero de necesitarla, la necesitaba. — ¿Estoy en un lío? — Kyla rio un poco. — Has estado cerca de estarlo. Pero tienes un O'Donnell que te guarda y unos muy buenos amigos. — Ella sonrió más aún, mirándola agradecida. — Y una muy buena prefecta también. Gracias. — Kyla se sonrió de vuelta y le apretó el brazo con cariño. — Baja, O'Donnell está dando vuelta por la sala común y temo que horade el suelo. Le diste un buen susto. — Inspiró y se miró al espejo. Pues mejor cara ya no iba a tener, y ya se secaría el pelo cuando viera a Marcus y se enterara de que le había dicho. Como se hubiera declarado drogada a su mejor amigo, se iba a meter en una madriguera y no iba a salir en la vida.

Bajó abrochándose la crobata y, efectivamente, allí estaba por la sala común. Cuando sus miradas se cruzaron, se acercó con media sonrisa. — Buenos días... — Era el primero al que le decía "buenos días" aquella mañana, aunque era más bien porque no se le ocurría cómo empezar. — Ehmm... Antes de nada, estoy bien. O sea, bien. — Soltó una risita seca y entornó los ojos. — Estoy un pelín asustada... Porque no sé nada de lo que pasó, solo que me drogué sin querer... — Suspiró. — Y que me ayudaste en todo... — Dio otro suspiro y avanzó hacia él y le abrazó. — Sea lo que sea, gracias y lo siento. Esta vez no sé ni lo que he hecho, pero lo siento. — Se separó y le miró con una sonrisita de disculpa. — Oye... ¿Me lo cuentas desayunando? Por primera vez en mi vida necesito un desayuno O'Donnell. — Dijo justo antes de que le rugiera el estómago.
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Jue Jun 24, 2021 6:41 pm

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CON Alice EN Aula de trabajo A LAS 16:00h, 10 de mayo de 2000
Se despertó de un salto, dando un bote en la cama. Tuvo que dar un grito o algo así, o un amago al menos, porque Sean se giró automáticamente hacia él. - ¡Tío! Qué susto. — ¿Qué hora es? — Preguntó alterado, mirando a los lados. Se sentía cansadísimo y confuso, como si no hubiera dormido absolutamente nada o, por el contrario, hubiera dormido pocos minutos repartidos en muchas franjas distintas y ahora tuviera totalmente perdida la noción del tiempo. - Para ti, la hora de levantarse. Para mí... Media hora antes de la hora de levantarse. - Comentó Sean, frotándose los ojos y bostezando. - Pero estoy despierto. Dudo que nadie haya pegado ojo esta noche. - Bufó y añadió. - Voy a matar a Olympia por lianta, a Gal por imprudente y a ti por arrastrarme en tus epopeyas. — Voy a bajar. — Dijo, levantándose de la cama.

Conforme se le iban despertando los sentidos se iba dando cuenta de cosas. Tuvo el buen tino de entrar al baño antes de bajar y tomar conciencia de su realidad: de que había dormido con el uniforme puesto y estaba hecho un desastre (y con restos de jabón y de tinta por todas partes), de que tenía los pelos fatal y de que las ojeras le llegaban al suelo. Se recompuso como puso, se cambió de ropa y bajó al trote las escaleras. No había nadie, como era de esperar. Se sentó en uno de los sillones, pero empezaron a comerle los nervios, por lo que se levantó y empezó a dar vueltas. El estómago le rugía como si llevara meses sin comer, no era nada habitual en él saltarse la cena y llevaba desde el almuerzo sin llevarse nada a la boca. Parpadeó con fuerza, porque entre los nervios, el hambre, el sueño y la de vueltas que estaba dando, empezaba a ver turbio. Y entonces oyó unos pasos bajando las escaleras del dormitorio de las chicas. Con el corazón en la garganta, se apresuró hasta el pie de las mismas esperando que fuera Alice... Pero era Kyla.

La chica cogió aire y lo soltó con reproche. - ¿A ti también se te ha borrado la memoria, o tú sí te acuerdas de la que liasteis anoche? — ¿Cómo está? — Preguntó él, pasando totalmente por alto la pregunta. - Está bien. Confusa, cansada... Y desmemoriada. No se acuerda de nada. - Marcus arqueó una ceja. — ¿De nada? — De nada que ocurriera después de que "etiquetara una planta muy extraña que no debería estar allí". - Respondió su compañera, haciendo las comillas con los dedos. Marcus soltó aire por la boca, cerrando pesadamente los ojos. No sabía determinar muy bien por qué, pero eso... Le aliviaba. Si Alice lo había borrado de su cabeza, y todos los implicados tenían algo que perder con el tema, nadie diría nada. Aquello no tendría por qué salir de allí y, por tanto y a todos los efectos, sería como si nunca hubiera ocurrido. Quería pensar. — ¿Ya no está asustada entonces? ¿Y le ves alguna secuela? ¿Física o psicológica? ¿Puede caminar? ¿Habla bien? ¿Está llorando? — Si quieres te relleno el parte de urgencias para que lo leas por ti mismo. - Respondió Kyla en tono sarcástico, con una sonrisa helada. Marcus rodó los ojos y la chica añadió. - No tengo tanto lujo de detalles, O'Donnell, solo sé que está despierta, que ha entrado a darse una ducha y que la única secuela que parece tener es que no se acuerda de nada. Y estarás de acuerdo conmigo en que es mejor así. - Marcus asintió. - Voy a prepararle una poción revitalizante. — La espero aquí. — Confirmó, y se dirigió a los sillones para sentarse, un poco más tranquilo.

Aunque no lo suficientemente tranquilo como para permanecer más de cinco minutos sentado. Al rato volvió a ponerse a dar vueltas por la sala. Alice no se acordaría de nada, pero él sí, y a más lo pensaba, más monumental le parecía la liada. Tenía que hacer algo. Tenía que poner en orden sus pensamientos, hablar con sus amigos y que todos acordaran no hablar de ello, porque si no... Aquello les iba a salir muy caro, a todos. Podía sostener firmemente que todo lo que había hecho lo había hecho por el bienestar de Alice y lo volvería a hacer... Pero no sabía si eso sería argumento suficiente para impedir que cayeran todas las consecuencias de las muchas normas que había roto en una sola tarde-noche sobre él.

El sonido de pasos bajando por las escaleras le hizo girarse de nuevo hacia ellas. Esta vez sí, allí estaba Alice. Abrió los ojos y se acercó a su amiga. Parecía mucho más tranquila, así que se contuvo mucho de mostrar sus nervios y simplemente devolvió el saludo con normalidad y una sonrisa. — Buenos días. — La escuchó atentamente, asintiendo a lo que le decía, contenido. Tragó saliva cuando hizo ese resumen, pero antes de poder responder, la chica se abrazó a él. La rodeó y cerró los ojos. — No tienes que dármelas, ni una cosa ni la otra. Fue sin querer y... Solo hice lo que tenía que hacer. — En realidad hizo lo que NO tenía que hacer, pero con respecto a ella, hizo lo que debía. Volvería a hacerlo si se diera la circunstancia. La apretó un poco más antes de que se separara. Yo también estoy asustado, pensó, pero no dijo nada. Ciertamente, parecía que Alice estaba mucho mejor. Todo parecía haber quedado como una anécdota de la que era mejor no hablar nunca... Sin embargo, su amiga se separó y le pidió que se lo contara. Dejó escapar una leve risa y dijo. — Hecho. — Ya pensaría por el camino como abordar el tema sin dar demasiados detalles.

Conforme se iban acercando al Gran Comedor se dio cuenta de que le iba a dar un desmayo como no comiera ya. Impresionante el hambre que tenía, y la noche anterior ni se dio cuenta, se le pasó totalmente por alto comer. — Has dicho desayuno O'Donnell, así que... — Arqueó las cejas y le señaló a la chica los asientos, indicándole que se sentara, que ya llevaba él la comida. Directamente cogió dos fuentes y un plato para cada uno, y empezó a echar de todo en ellas: huevos, salchichas, judías, bacon, pan y demás cosas grasientas y contundentes en una de ellas, y bollitos de chocolate, pastelitos, frutas y más postres y dulces en la otra. Colocó todo ante ellos y dijo. — Primero: come. Anoche no cenaste y... He leído los efectos secundarios de esa planta y dice que, para que el organismo se recupere del todo, hay que comer. — Una mentira como ese castillo de grande. Pero total, después de todo lo que había hecho, ¿qué importaba una pequeña mentira para mantener a su amiga lo más sana posible? — Y segundo... — Empezó a comer él también, porque ya ni veía. Ladeó un par de veces la cabeza y trató de elaborar una versión de los hechos lo más ligera posible sin faltar a la verdad.

— Vale, a ver... Pasaste un montón de horas en el invernadero etiquetando plantas. Al parecer, por lo que nos ha contado Olympia, fuiste a toparte con un estornudo del diablo. — Hizo un gesto con la mano. — Mejor... No preguntes. Ya hablaré yo con ella. — Sí, tenía que hablar con ella y con todos. Prosiguió. — En algún momento debiste darte cuenta de que habías quedado con nosotros y te presentaste en el aula de estudio. Nos extrañó que llegaras diez minutos tarde, debió ser por eso... Y venías muy rara. Decías cosas sin sentido y parecía que tenías alucinaciones... Nos extrañamos, y cuando me fijé, me di cuenta de que tenías restos de plantas en las manos y olían muy raro. Te sacamos del aula para llevarte a la enfermería, pero Olympia debió haberse quedado preocupada porque estaba rondando por allí. — Se llevó otro bocado a la boca, suspirando, y cuando pudo retomó. — No hace falta que entremos en detalles sobre la conversación. La cuestión era que, según ella, simplemente con una ducha se te pasaría el efecto. — Y a partir de ahí era donde empezaba el relato que no debería contar. Se dio unos segundos con la excusa de seguir comiendo, hasta que decidió acortar convenientemente la historia. — Te llevamos hasta la sala común y te acompañamos hasta la puerta de los dormitorios. Entre Kyla, Donna y Hillary te llevaron a las duchas y se te pasó. Pero al dejar de alucinar te entró sueño de manera repentina, así que tuvieron que meterte en la cama directamente y te quedaste dormida. Por eso no cenaste nada. Y hasta esta mañana. — Versión extremadamente reducida de los hechos, pero no ganaba nada dando tantos detalles sobre cosas que solo la confundirían más, y que probablemente le dejaran en mal lugar. Lo que le faltaba era una Alice que le recordara continuamente que, cuando le convenía, bien que se saltaba las normas.

Volvió a llevarse un enorme bocado de comida a la boca y llenó el pecho de aire, echándolo lentamente por la nariz mientras masticaba. — Como verás, hice lo que tenía que hacer. Bueno, tenía que habérsela liado a Oly, pero... Al menos se había quedado contigo, te acompañó al aula de estudio, nos acompañó a nosotros a la torre y nos dio la pista de como quintarte las alucinaciones, así que... — La excusa no era muy buena, pero en fin. — Y no tienes que disculparte de nada, no hiciste nada malo. Fue un accidente. — Volvió a comer, y mientras masticaba entrecerró los ojos, mirándola con una sonrisilla. — Bueno... Algo sí que hiciste. — La señaló con el tenedor y le dijo en tono bromista. — Decidiste que mi espalda era muy buena pizarra y te pusiste a escribir en ella mientras yo hablaba con Oly. Cuando Sean y Hillary intentaron quitarte la pluma, soltaste un chorreón de tinta. Me pusiste hasta aquí. — Dijo señalándose el pelo. Rio un poco y, pinchando comida con el tenedor, añadió. — Me desgraciaste una túnica, que lo sepas. — Mejor tomarlo a broma, sí.
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Jue Jun 24, 2021 8:38 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 16:00 del 10 de mayo de 2000
Marcus tenía una pinta horrorosa. Claro, con lo preocuposo que era él, debía haber pasado la noche en blanco imaginándose que le podía pasar lo peor. Ya se sentía mal por haberle hecho pasar ese trago. Pero no parecía enfadado, ni listo para decirle "eres una negligente, Alice Gallia, lo voy a poner en tu tumba" o algo así. Se le veía aliviado, y eso casi que le hacía sentir peor, porque quería decir que lo había pasado mal previamente. Pero esta vez no se podía ni si quiera decir a sí misma "para que me habré metido ahí" porque, realmente, no lo había planeado para nada.

Echaron a andar al Gran Comedor y se dedicó a observarle en silencio. Ya en cuarto, por aquellas misma fechas, tuvo miedo de ser demasiado traviesa para ser la mejor amiga del prefecto (y ni hablar de otras cosas), cuando aún ni tenía el cargo, y aquella mañana había tenido miedo, por mucho que no fuera culpa suya, de haber hecho algo que de verdad hubiera roto con los principios morales de Marcus, porque las normas ya estaba segura de que las había roto, de alguna forma. De entrada, no actuando de oficio cuando la vio drogada y contando lo que había ocurrido. Por eso no emitió una sola queja cuando Marcus le señaló su sitio, para evitar que le parara de coger comida. Se sentó, con las manos cruzadas sobre la mesa, tratando de recordar algo... Y nada. Nada desde el invernadero, ¿cómo podía ser? Eso eran doce horas al menos. Desde luego no pensaba probar el estornudo del diablo pro diversión en la vida. Por muy bien que te lo pasaras, si luego lo olvidabas todo... Suspiró y se apoyó sobre su mano. Ella intentaba ser buena, ser... Ser esa chica que Marcus necesitaba, o quería o... Pero es que cada vez se le ponía más difícil, y es que ya si ni siquiera eran problemas en los que se metiera ella... Que sí, que le podía haber pasado a cualquiera, pero es que le había pasado A ELLA precisamente. Esperaba no haber dicho ninguna tontería. O demasiadas verdades, quién sabe.

Por supuesto, Marcus aprovechó su transitoria y culposa docilidad para ponerle por delante tanta comida como pudo, pero qué menos que comportarse bien y sonreír y aceptar. Cogió un platito y se echó huevoss, salchichas, pan y con las manos empezó a picar de uno de los dulces. A ver, que tenía hambre, de hecho, le sentó divinamente el dulce. Sí, necesitaba la comida, la verdad. Para mejorar (o empeorar, no lo sabía), Marcus empezó por fin a hablar. Asintió a lo de los efectos secundarios de la planta y levantó significativamente el pollito de chocolate a medio comer. — Pues ya me dirás dónde, porque yo solo lo encontré en un manual fitogeográfico, y de los efectos ni mu. — Paró para beber café. — De hecho, tuve que coger un capullo para identificarla, y creo que así fue como se lio. — Suspiró y se encogió de hombros, mientras seguía comiendo con bastante más ánimo del que solía tener, y escuchaba a Marcus.

Ya, si ella sabía que Olympia tenía plantitas indebidas por ahí, pero no sabía ni cuales eran ni dónde las guardaba. Desde luego, el taller de quinto del invernadero no le parecía el mejor sitio, la verdad. Se rio, porque le hacía gracia que hasta drogada, no se perdiera una cita con Marcus y sus amigos, y menos si era para un trabajo. Tragó lo que estaba masticando y cogió un cacho de pan, aunque se puso a jugar con él entre los dedos nerviosamente. — Espero que no dijera... — Que te amo, o peor, cosas que me gustaría hacer contigo que no te gustaría para nada que los demás escucharan y que hagan que me mires raro. — Nada que cabreara a nadie... — Tragó saliva y se comió el pan por hacer algo. — Sobretodo a ti. — Terminó, mordiéndose los labios por dentro. rio un poco solo de pensar en la bronca que le había caído o estaba pro caerle a Oly, pero sabía, por el tono de Marcus, que en el fondo al perdonaba. Olympia no es que buscara los líos, es que se le iba tanto lo Hufflepuff de las manos que la acababa liando. — Eres un buen compañero. Que no oiga yo que te llaman estirado en la vida. — El resto del relato tenía bastante sentido, sobretodo si el maldito estornudo del diablo actuaba por contacto. Obviamente al ducharse se le pasaría. — Pues no sé qué jabón usaron pero olía de maravilla, esta mañana ya estaba bastante extrañada, pero cuando me he olido el uniforme he flipado un poco. — Dijo con una risita. Y también olía a él. Y eso no se lo explicaba, pero bueno, igual eran imaginaciones suyas. Después del diíta que había tenido, no le extrañaría. — Sí tengo que disculparme. Bueno, sé que no fue culpa mía... Pero ya llevamos más de un disgusto pro mi culpa y... — Negó la cabeza pero mantuvo una sonrisa tierna, mirándole. — No me gusta preocuparte, sabes. Estás mucho más guapo cuando estás tranquilo y contento. — Dijo acariciando fugazmente su mejilla. — Había empezado a comerse una manzana, pero casi la escupe cuando dijo lo de la espalda. — ¡No me digas! — Se llevó la manos a los ojos pero no perdió la sonrisa. — Gracias por no matarme, tú sí que eres un amigo. — Se quitó la mano de los ojos y la alargó hasta la de Marcus. — Gracias, ahora en serio. Sé que dices que no hace falta pero... — Se rio y se puso un poco roja y agachó la mirada. — En La Provenza, aquella noche... Me dijiste que no te apartarías de mi vida, por mucha oscuridad que hubiera... Y la verdad es que lo de ayer para mí ahora mismo es un enorme agujero oscuro... — Le miró a los ojos. — Gracias por ser siempre la luz de mi vida.

Se había quedado mirándose así, en aquella posición, cuando oyó. — ¡Abran paso que tengo que ver a una astrónoma! ¡Mira, Kepler! — Dijo Hillary, revolviéndole los rizos a Marcus. Ella volvió a llevarse las manos a la cara. — Uh, vergüenza, alguien vuelve a ser ella misma. Estamos deseando vacilarte con Kepler y las nebulosas para la eternidad. — Ella fingió un sollozo entre sus dedos, pero se estaba riendo. — Dios, no quiero saberlo.Oh, pero lo sabrás. Y que me metiste mano para quitarme la pluma con la que cometiste el crimen contra Marcus. — Eso la hizo reír y negar con la cabeza. Hillary hizo un gesto n el aire. — Está exagerando. En lo de meterle mano, lo del crimen es todo verdad. — Ella levantó las manos y dijo. — Bueno, ya tendréis tiempo de contarme mis tropelías. Pero hoy no, por favor, hoy... Necesito centrarme y... ¿Terminamos el trabajo de Astronomía? — Los otros tres negaron. — Mira pues, a eso me voy a dedicar hoy, a buscar manuales para el trabajo. Precisamente, ya que hablas de Kepler ¿Tendrán el Harmonices Mundi en la biblio? — Se hizo un tensísimo silencio que no comprendió en absoluto, hasta que Sean y Hillary se echaron a reír, y su amiga se frotó los ojos. — Impresionante... Es que parece de chiste vaya...
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