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Jue Jun 24, 2021 9:27 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
— Creevey. ¡Creevey! — Frunció los labios, dando vueltas por delante del dormitorio de las chicas como un león enjaulado. —  ¡Creevey, sé que estás ahí! ¡Kyla! — ¡Ya, ya, Marcus, tranquilo, que lo estoy buscando! – Resonó la voz de la chica, impaciente, desde dentro. Marcus resopló. Y por eso era bueno tener prefecto y prefecta, para cuando pasaban estas cosas y a algún alumno le daba por colarse en los dormitorios contrarios. Creevey tenía que ser. No sabía ni de qué le sorprendía.

- ¡No estoy haciendo nada! – Escuchó la voz quejica del chico desde dentro. Eso le hizo aproximarse a la puerta, con la mandíbula apretada, pero sin llegar a asomarse. - ¡Creevey te estoy escuchando! ¡Sal ahora mismo! - ¡Solo estoy hablando con una compañera! – Le escuchaba, y ya no sabía si discutía con Kyla o con él, pero no tenía paciencia para comprobarlo cuando ni siquiera veía qué estaba pasando dentro. - ¡Pues hablas en las zonas comunes, que para eso están! - ¡Si el Prefecto O’Donnell quiere que salga, que entre a buscarme! - ¡¡Ya sabes que no tengo acceso!! – Dijo, perdiendo la poca paciencia que le quedaba. De verdad, le ponía de los nervios.

Pero no salía. Y él venga a dar vueltas por delante de la puerta mientras echaba humo como una tetera. Lo peor es que escuchaba al otro argumentando dentro. – Vengo aquí, como buen Ravenclaw, a traerle un libro a una compañera enferma, y me llevo una bronca. – Marcus negó con la cabeza, con la mandíbula apretada. Siempre tenía que tener una argumentación para todo, y la mayoría de las veces era mentira, o solo parcialmente verdad, o una verdad muy manipulada. - ¿Y qué culpa tengo yo si mis amigas quieren aprovechar que estoy aquí para que charlemos un rato? ¿Es que queréis que sea mal amigo? ¿Es eso lo que queréis? - ¡Benjamin Creevey, no te lo digo más! ¡O sales ahora mismo o…! – Pero no le dio tiempo a terminar la frase, porque una muy malhumorada y empijamada Kyla le estaba ya sacando por el cuello de la túnica y prácticamente se lo tiró encima. – Llévatelo de mi vista. – Gracias. – Confirmó Marcus, mirando al chico con enfado. - ¿Es que no puede pasar ni un solo día en que no la líes? – Soltó aire por la boca en un bufido y se giró a Kyla. - ¿Ha pasado algo indecoroso, Kyla? – La chica alzó una ceja, con su cara inexpresiva rozando el desprecio habitual. – O’Donnell… Tiene trece años y es básicamente el payaso del castillo, ¿tú qué crees? – Marcus se encogió de hombros, pero antes de contestar, el apercibido se rebeló. – A este payaso solo hace falta que le deis un poquito más de tiempo, listillos. – Tú te callas. – Zanjó Marcus, girándose a Kyla de nuevo tratando de relajar la expresión, haciendo un gesto de la cabeza. – Perdona por las molestias, intentaré que no se me vuelva a escapar. Gracias. –

La chica fue a girarse, dando su misión por concluida, pero antes de que pudiera hacerlo, Marcus dio un paso hacia ella, poniendo una mano en su brazo. – Oh oh, espera… Eem… - Se mojó los labios, con una sonrisilla, y se aclaró la garganta. - ¿Puedes darle las buenas noches a Alice de mi parte? – La chica le miró unos segundos con la misma cara de antes, por encima de las gafas, mientras Marcus la miraba con cara de niño que acaba de pedir un favorcito. Suspiró y esbozó una sonrisa artificial. – Se las daré. – Gracias. Ah, y, ¿puedes decirle que tengo ganas de que llegue mañana para verla? – La cara de Kyla era un cuadro. - ¿Estás de coña? ¿Tengo cara de lechuza del amor o algo así? – No, no, es solo que… - Trató de justificarse, pero entonces sus ojos se abrieron y su sonrisa se ensanchó. Al parecer, Alice le había escuchado, porque oía su voz venir desde dentro de los dormitorios y responderle. Ya hasta se había olvidado de Creevey. Se mojó los labios emocionado y contestó en voz más alta. - ¡Buenas noches, mi amor! – Binis nichis, mi imir. – Ah, sí, por supuesto que el niño seguía allí. Al menos Kyla ya se había ido no sin antes rodar los ojos con cansancio.  

Se giró hacia él con los ojos entrecerrados. – Andando. Que me tienes contento. – Pero el chico se estaba partiendo de risa. – Oh, Gal, mi amor, ven a darme un besito dentro del marco de la legalidad, pero que no sea indecoroso. – Tú sigue así, que vas a perder puntos hasta del año pasado. – El otro soltó una carcajada. – Uh, seguro que tenéis un montón de juegos pervertidos de esos. Oh, sí, prefecto, ven a quitarme los puntos… - ¡Ya está bien! – Bramó, pero se había puesto delatoramente colorado. - ¡Para el dormitorio! ¡Ahora! ¡Y diez puntos menos! - ¡¡Eh!! ¿¿Por burlarme de ti?? ¡Eso es abuso de poder! – No por burlarte de mí, Creevey, por colarte en una zona que para ti está prohibida, que son los dormitorios de las chicas. Y cierra ya la boca, que todavía puedes perder más. -
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Mar Jun 29, 2021 1:22 am, editado 1 vez


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Jue Jun 24, 2021 10:16 pm

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Nooo por favor, Donna no. El señor Handsgold no, hombre, que está casado. – Donna se rio un poco y se encogió de hombros. – Pero eso no quita que sea el profesor más guapo de Hogwarts, seamos claras. – Estaba tumbada boca abajo en su cama, con Hillary sentada en el suelo a sus pies y Donna imitando su postura, pero en su cama, con Kyla a los pies. Admitía que las había tenido un pelín abandonaditas durante el día desde que estaba con Marcus porque, a ver, tenía que aprovechar el día que luego por la noche no podían estar juntos, y más ahora, que cuando se quedaba sola tendía a rallarse por su padre y su situación familiar. Pero le encantaba estar con ellas y hablar de chorradas, tal como hacían ahora. – Yo si me tengo que quedar con alguien me quedaría con la profesora Mustang. – Dijo ella encogiéndose de hombros. – ¡Pero esa es una mujer! – Dijo Hillary volviéndose sorprendida. – Bueno es que de los profesores no me va ninguno ¿Qué quieres que te diga? – Kyla la señaló. – Eh, eh, esa es mía. Voy primera. Soy la única a la que le van solo las chicas de aquí. Todas tenéis vuestros tórtolos babeando por vosotras. – Donna frunció el ceño. – Yo no. – La prefecta se giró y le dio unas palmaditas de consuelo en la mano. – Es verdad, me he dejado llevar. Esas dos son las que tienen tórtolos. – No sé de qué estáis hablando. – Contestó Hillary muy digna. – Pues si valen mujeres también…¡Claro que valen! – Dijo Gal con cara de obviedad. – A ver qué iba a elegir Kyla si no. – Donna asintió y dijo. – Pues entonces la señora Handsgold. Esta quiere romper ese matrimonio a como dé lugar. – Dijo Kyla señalándola con el pulgar por encima del hombro y una risa. – Marcus estaría de acuerdo contigo. Lleva colgado por la señora Handsgold desde tercero. – Hillary se volvió y la miró. – ¿Y a ti no te molesta? – Gal se dejó caer con una carcajada incontrolable sobre la cama. – Pero, Hills ¿Cómo me va a molestar? Es un cuelgue, no es que me esté poniendo los cuernos precisamente con una profesora que encima está casada con otro profesor. – Su amiga ponía cara de enfurruñada y se cruzó los brazos. – Pues a mí no me haría tanta gracia, chistosa, que eres una chistosa. – Gal seguía muerta de risa, tanto que casi estaba llorando, sobre la cama. – Pues a mí sí. – Y siguió partida de risa. – Hay que ver, Hills, qué antigua eres… – Dijo Donna arrugando el gesto. – ¿Antigua yo? Vamos, lo que hay que oír…Gal… ¿Puedes salir un momento? – Una vocecilla la llamó desde la puerta.

Beverly estaba en pijama, pero aún con sus trenzas perfectas, y cara de enfado. Ella la miró sonriendo. – Ey, Beverly ¿Qué pasa?Prefiero… Contártelo solo a ti. – Dijo mirando con recelo a las demás, especialmente a Kyla. – Sí, claro. – Contestó levantándose y saliendo con ella al pasillo, pasándole la mano por los hombros. – Ey ¿Estás bien? Benjamin está en la habitación de allí con Ursula Laker. – Dijo en un susurro apresurado, señalando una de las puertas cerradas. Se notaba que se moría de ganas de decirlo. – Pero no quiero que se entere la prefecta Farmiga y nos quite puntos a todos solo porque Benjamin es idiota y Ursula una buscona que… Eh, eh, eh. Para ahí… – Aún tenía que enseñarle un par de cosas más a Beverly sobre sororidad. Pero antes Creevey, el maldito Creevey, no había conocido un solo alumno que diera tantísimos problemas, ni si quiera ella misma. Entendía un poco a Emma cuando se quejaba de su tata. – A ver, voy a intentar sacarlo sin que se dé cuenta Kyla… Y tú espérame aquí que tenemos que hablar. – Y se acercó a la puerta, abriéndola despacio y tratando de no clavar mucho la vista. – ¡Creevey! – Dijo en un susurro fuerte. Dentro se hizo el silencio y escuchó a Laker decir. – ¿Qué? Estoy yo sola. – Gal suspiró y metió la cabeza, porque dedujo que Creevey ya se habría escondido. – Laker, primera norma, siempre es peor negarlo, créeme, sé lo que me digo. Y menos por este, que se le va a caer el pelo, pero te va a arrastrar con él. – Suspiró ya, perdiendo la paciencia. – Creevey sal de detrás de la cortina, por Dios. Vengo a sacarte de aquí antes de que te pillen.¿En serio? – Dijo él sacando la cabeza. – ¡Gracias, Gal! Desde que estás con Marcus eres aún más enrollada. Cállate ya, pelma, y vamos antes de que… – Pero oyó la voz de Marcus al pie de las escaleras y suspiró. – Ya nada, ya te han pillado. – Salió corriendo por delante de ella como un cohete. – ¡No si la prefecta Farmiga no puede encontrarme! – Suspiró y negó con la cabeza. Volvió a donde estaba Beverly y Kyla ya se había enterado y estaba corriendo por todo el pasillo y abriendo y cerrando puertas. Las chicas estaban ya todas alteradas y Gal le pasó de nuevo el brazo por los hombros, llevándosela a otro lado, donde pudieran hablar más tranquilamente, sentándose ambas en el suelo del pasillo.

¿Te has enfadado porque me he chivado? – Preguntó enfurruñada, pero con ese tono de “explícame por qué” que ya había aprendido a reconocer en Beverly. – No. Además, no te has chivado, porque has venido a ver si yo podía hacer algo por Creevey… – Se quedaron en silencio un momento. – ¿Es posible… Que te guste Creevey un poquito? – No. – Contestó la niña, determinada, mientras oía a Marcus y Kyla pegarse gritos por las escaleras. – Para nada. Es un idiota. – Gal ladeó la cabeza. – Un idiota que te hace sonreír. – Beverly se encogió de hombros. – No quiero ser su novia. Y definitivamente no quiero que me bese como estaba besando a Laker. – Ella asintió. – Pero te ha molestado que lo haga. – Beverly soltó un suspiro ofendido. – Porque está como loco por besar a las chicas. Y Ursula es la única que se deja, así que ahí va él, como el tonto que es. – Gal negó con una risa. – Estoy segura de que eso lo has oído, pero déjame que te diga… Que no hay nada de malo en dejarse besar. O en besar tú, si es eso lo que quieres. – Sacó el labio inferior y dijo. – Y si no quieres, también está bien. A lo que voy es que no puedes meterte con una chica solo por lo que quiera hacer o no con un chico. Aunque ese chico te guste. – Beverly se iba a quejar, pero se quedó mirándola y, un poco alicaída. – Porque la vida ya es suficientemente complicada para nosotras ¿No? – Gal amplió la sonrisa y la aferró contra sí. – Esa es mi chica. Eres demasiado lista hasta para Ravenclaw. – Entonces oyó a Marcus lo de las buenas noches y gritó. – ¡Buenas noches, mi amor! Que descanses. – Kyla se acercó hacia ellas con cara de cabreo y dijo. – Muy fuerte esto, de verdad, vaya tontería tenéis… ¿Con quien estaba Creevey? – Gal miró de reojo a Beverly, pero esta puso una mirada completamente limpia y se encogió de hombros. – No tengo ni idea. – Daba un poco de miedo lo bien que mentía. – Pues ha dicho que estaba viendo a una amiga. – La niña negó con la cabeza. – Te digo lo que he visto, prefecta Farmiga, ha entrado aquí él solo y andaba deambulando por ahí. No le he visto con nadie en concreto. – Gal tuvo que contenerse muy mucho para no mirarla llena de orgullo, pero apretó un poco más su abrazo. Kyla suspiró y miró a su amiga. – Y a ti ya te vale ¡Menuda tontería tenéis en el cuerpo! – Ella se levantó del suelo riéndose. – Pero no te enfades mujer, nada vámonos otra vez al cuarto. No, que te vas a soñar con el prefecto O’Donnell. – Gal rompió a reír y puso las manos en los hombros de una enfurruñada Kyla hacia su cuarto. – Vamos, vamos, Ky, no seas tan enfadona… – Y se alejaron riendo.

Pero sí había soñado con él. Otra vez esos sueños, como cuando estaba en sexto reprimiéndose lo que sentía. Y lo que deseaba. Y ahora le estaba pasando un poco eso, porque claro, entre los exámenes, los amigos, los estudios, las citas románticas y preciosas... Al final, de eso justo no habían tenido. Y se levantó como aquella mañana, demasiado temprano y acelerada. Así que se vistió y se arregló un poquito de más. Aquel día sabía que había conquistado bastante a Marcus contándole aquel sueño con pelos y señales... Podría hacer algo parecido. Empezaría por darle una sorpresa esperándole en la puerta, y se bajó con ellas dos fantasmitas de coco. Cuando le vio bajar, notó el calor dentro de sí invadirla. Es que era demasiado guapo... ¿Cómo lo hacía antes de acostarse con él? — Buenos días, amor mío. — Se acercó a él y le dio un besito casto. Había que ser comedido. — No debería estar permitido estar tan guapo de buena mañana. — Le dio el fantasma y lo chocó con el suyo. — Uy, besito de buena mañana, como nosotros. — Subió de puntillas a su oído y dijo. — Llevo desde anoche pensando en ti sin parar. — Se separó y sonrió angelicalmente. — ¿Desayunamos?

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Vie Jun 25, 2021 1:21 am

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
La tabarra que le había dado Creevey a la vuelta a los dormitorios era como para haberle quitado otros trescientos puntos, pero de verdad que no podía más con él. Llegó un punto en que Marcus le dio el ultimátum de que se fuera a su cama y él se fue a la suya, pero el otro siguió y siguió, hasta que oyó un revuelo que le hizo levantarse. No era Marcus el único al que Creevey ponía los nervios de punta, y en un momento determinado se plantaron en su puerta un par de alumnos bastante cabreados que tenían al día siguiente un parcial y querían dormir. Total, que se tuvo que dirigir al lugar antes de que alguien echara un Petrificus Totalus a ese crío... Que, bien pensado, se podía haber hecho el tonto y haberles dejado. Un problema menos para todos.

- ¡¡Prefecto O'Donnell, que se te pegan las sábanas!! - De verdad, ¿a ese niño no se le acababa la cuerda nunca? Se había acostado pegando berridos y se levantaba pegando berridos. Suspiró con hastío y contestó mientras se ataba los cordones de los zapatos. - Estoy despierto. - Y listo para castigarte como sigas así. Oyó un enorme y quejoso bostezo y vio como las mantas de Sean se removían como un fantasma emergente. - Tío, si temes perder el puesto de prefecto por matar a ese niño, lo mato yo por ti. No me importa. - Marcus sonrió a su amigo mientras seguía atándose los cordones. Sean se quitó las sábanas de malos modos y bufó. - De verdad. Como escuche un "O'Donnell" más, le meto una piedra en la boca. - No pudo evitar una carcajada por la forma en la que su amigo había imitado a Creevey cuando decía su apellido con esa vocecilla irritante. Se levantó de un salto y le dijo. - Te agradezco el gesto, pero no arriesgues tu honor por él. No merece la pena. - Honor ni honor... - Masculló Sean. Marcus se dirigió hacia la puerta y le dijo con una sonrisilla. - Para el tiempo que nos queda aquí... Ya va a ser problema del prefecto del año que viene. - Que todos sabemos que va a ser Evans. Se lo va a comer con patatas. - Marcus soltó una carcajada y señaló a Sean. - Te olvidas de Ming. - Hostia, Ming. - Dijo Sean, y ya sí se le escapó una carcajada. - Definitivamente, hay destinos peores que la muerte para Creevey. - Marcus volvió a reírse a carcajadas y, ya sí, bajó las escaleras hasta la sala común.

Amplió una sonrisa sorprendida y alegre al ver a su novia allí. - Pero bueno, qué madrugadora. - Le devolvió el beso y dijo. - Buenos días, mi amor. - Abrió mucho los ojos y ladeó una sonrisa. - Uhh, qué pronto empezamos con los piropos. Aunque me temo que el reglamento no dice nada al respecto de eso, lo siento. - Se acercó a su oído y susurró. - Si no, vivirías en una continua ruptura de la normativa... Bueno, como siempre. - Rio un poco y se retiró a tiempo de que su chica le diera el fantasmita. - ¡Oh, chuches! - Marcus ponía cara de niño pequeño cada vez que miraba una chuchería. - Piropos y chucherías en los primeros cinco minutos del día. ¿Dónde tengo que firmar para que esto sea siempre así? - Chocó el fantasmita con el de su novia, riendo, y justo cuando se lo llevaba a la boca ella le susurró algo en su oído. - Ah, ¿sí? ¿Y puedo preguntar sobre qué, o es muy temprano para hablar de eso? - Le guiñó un ojo y se llevó el fantasmita a la boca. Mientras lo masticaba, alzó un índice como si quisiera crear expectación en su novia y, al tragar, hizo una formita con la boca y el fantasmita salió de una forma muy graciosa, haciendo una espiral y chocándose con la frente de Alice, lanzando un gritito adorable. Eso le hizo reír, y al hacerlo salieron varios fantasmitas más. - Me ha costado, pero con la suficiente práctica puedes manejarlos. Bueno, más o menos, la intención era que te diera un besito. Te lo ha dado en la frente. - Rio de nuevo y se enganchó de su brazo. - Vamos a desayunar. -

Fueron bajando las escaleras mientras charlaban. - ¿Llevabas mucho esperándome? Más tarde podría haber bajado, teniendo en cuenta hasta las horas que me tuvo ese crío despierto. Por casualidad no sabrás en qué habitación estuvo, ¿verdad? - Tan pronto preguntó eso, rodó los ojos e hizo un gesto con la mano. - Da igual, no me interesa. Me interesas mucho más tú. - No iba a invertir sus primeros minutos del día con su novia hablando de Benjamin Creevey, la verdad. - Me gustan los viernes. Tenemos Aritmancia Avanzada juntos y luego tiempo libre. - Le dio un toque con la nariz en la mejilla con una sonrisita y dijo. - Para que te hartes de mí. -
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Vie Jun 25, 2021 12:13 pm

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CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Ah, poner de buen humor a su novio, eso compensaba cualquier mal que pudiera tener. Además, con Marcus era muy fácil: un piropo, un dulce, y ya lo tenía en el bote. Y más que lo iba a tener, aquello era solo el principio. — Es que después de esas "buenas noches" tan cuquis que me diste ayer tenía que verte cuanto antes. Tienes suerte de que quiera ser la novia ideal para el prefecto ideal, porque si no me habría colado del tirón en tu cuarto. — Se rio sobre lo del reglamento. Qué le gustaba que le siguiera el rollo con las normas. — Eso no es cierto. — Dijo separándose de él con una risita y dándole un toque en la nariz. — Ahora solo rompo el reglamento cuando mi prefecto me pasa la mano. — Terminó alzando la ceja. — Pero no lo digamos muy alto, se vayan a enterar tanto tus admiradores como tus detractores. — Dijo en referencia a Creevey, que parecía que estaba esperando pillar en un renuncio a Marcus para atormentarles. Miró a ambos lados con una sonrisa traviesa y contestó, de nuevo en susurros. — Puedes preguntar, pero no tengo por qué contártelo ahora... Quizá te lo voy contando durante el día para que tengas que estar pegado a mí todo el día. — Como que no estaban pegados igualmente, pero por darle una razón más y hacer uno de sus jueguecitos.

Rio cuando dijo lo de las chuches y los piropos. — Puedo hacerlo todos los días si es lo que quieres. — Observó con una sonrisa a su novio, que parecía que quería demostrar algo con el fantastmita, que efectivamente, salió haciendo como un rizo y acabó en su frente. — Awwww, pero qué adorable. — Luego le miró con la ceja alzada y sonrisa curiosa. — ¿Cuántos te has comido con la excusa de "dominarlos"? — Preguntó tratando de aguantarse la risa. Todo lo que tenía de contenido y protocolario en lo demás, lo tenía de glotoncillo, como decía su abuelo. Asintió a lo de desayunar y le dio la mano, camino de las escaleras y reafirmándose en su excelente humor.

Negó con la cabeza a su pregunta. — Mucho no, pero me he levantado bastante temprano. He aprovechado y me he arreglado un poquito y me he puesto esto. — Se tocó la peineta que llevaba prendida en la coronilla, que era de un colibrí azul. — Y esto. — Y movió la cabeza para que viera los pendientes de plumitas que le habían regalado los O'Donnell. — Porque me he dicho "¡Es viernes! Vamos a darlo todo" — Dijo con una sonrisa. — ¿Y qué mejor manera de empezarlo que darle una chuche a mi novio, que seguro que ya se ha comido todas las que se quedó de la última visita a Hogsmeade? — Se rio a lo de Creevey y le volvió a acariciar. — Pobrecito, que te falte el sueño por ejercer de prefecto... — Se acercó a su oído de nuevo. — Y no porque tu novia no te deje dormir... — Ahí, tanteando el terreno, preparando. Se rio cuando le preguntó aquello y le picó en la mejilla con la mano libre. — Ya sé que estás muy interesado en mi mí. Malo sería que no. — Alzó las cejas con cara de interesante. — Pero sí sé dónde estuvo, yo me entero de todo, mi amor. Y Bevy también. Peeeeeero me tienes que prometer que no vas a actuar de oficio contra la chica. — Se acercó a Marcus y susurró. — Ursula Laker, la de tercero. Esa rubia pero muy pecosa, que tiene la naricilla tan mona. No veas cómo las elige el Creevey. Según Beverley, se estaban besando. — Dijo significativamente, para rematar el cotilleo. — Pero no vayas a decir nada, que aquí te cuelgan el cartel en seguida y no es agradable. — Advirtió, sin perder la sonrisa peor señalándole con el dedo índice.

Llegando al comedor cayó en lo que le decía Marcus de la hora libre después de Aritmancia y abrió mucho los ojos. No había contado para nada con esa hora y eso era un regalo divino o una señal. O una necesidad, viendo cómo se había levantado aquella mañana. — Pues que vivan los viernes, la verdad. Si me tengo que empachar de algo, que sea de atención de Marcus O'Donnell, aunque ya sabes que yo siempre quiero más... No creo que me llegue a empachar, y menso de ti. — Dijo con una risita. Una vez se sentaron en la mesa, metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó la taza transmutadora que le haba regalado. — Mira lo que me he traído, para hacer más diver el desayuno. ¡Hala, Gal! ¿Es una taza transmutadora? Transmuta algo para que lo veamos poooorfa. — Le dijeron un grupito de alumnos de tercero, que se habrían acercado a decirle algo a Marcus y ya que estaban... Ella miró a su novio como un angelito. — Tú dirás, prefecto. ¿Tengo permiso? — Lo había dicho con tono inocente, pero ella sabía qué solía ir implicado en esa expresión para ellos, y le encantaba hacer las cosas a fuego lento, es que hasta le aceleraba el corazón. Y no que fuera la primera vez que lo hacía.
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Vie Jun 25, 2021 6:36 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Alzó una ceja, mirándola con una fingida expresión cuestionadora a eso de "pasarle la mano", pero se tuvo que reír con lo que añadió después. - No tengo nada que ocultar porque soy muy íntegro. - Dijo en voz alta, pero luego se acercó a ella y susurró. - Pero, por si acaso, sí, mejor que quede entre nosotros. - Sí, él era muy íntegro, y también se había saltado más de una norma por Alice incluso después de ser prefecto. Tenía sus puntos débiles y favoritismos muy claros desde siempre.

Miró con una sonrisilla de curiosidad y el ceño fruncido a Alice. - Hm, me gusta eso de tener que estar todo el día pegado a ti. Aunque pensaba hacerlo sin necesidad de intrigas. - Quizás el año pasado aún colara lo de hacerse el tonto, porque había temas que no quería sacar ni siquiera en su cabeza por tal de no confundirse. Pero ahora era absurdo pretender que no sabía por donde iban los tiros de Alice: conocía a su novia, conocía el tono de su novia, conocía las miradas de su novia y, en definitiva... Sabía que, aunque no fuera ese el rumbo, ya se las ingeniaría su novia para desviarlo a conveniencia si hacía falta. Y él no pensaba soltar ni media queja al respecto.

Miró a otro lado con los ojos entornados, disimulando (mal) y respondiendo. - No sé de qué me hablas. - ¿Que cuantos fantasmitas se había comido para lograr eso? Pues... Varios. Hizo una caída de ojos y, estirándose, se puso muy digno. - Punto uno, me ofende que pienses que necesito multitud de intentos para lograr hacer algo que ni siquiera me ha salido perfecto, así que no sé qué insinúas con eso de cuantos me he comido. Y punto dos, reserve usted la numerología que hoy tenemos Aritmancia Avanzada, no queramos calcular cosas antes de desayunar. - Palabrería marca Marcus para desviar la atención de la verdadera respuesta a la pregunta: que se había comido la bolsa entera.

Miró lo que señalaba en su pelo y sonrió. - Oh, un pajarito pequeñito y azul. Como tú. - Rio cuando la chica sacudió sus pendientes. - Me gusta tu forma de pensar. - Dijo jovial. - Te quedan preciosos. - ¿Cómo podía estar guapa siempre, estuviera como estuviera y llevara lo que llevara? No, esa no era la pregunta. La pregunta era como había estado todos esos años a su lado día tras día sin decirle lo guapa que estaba a cada instante. Ahora se le hacía impensable estar de otra forma que no fuera así, continuamente diciéndole lo que sentía por ella y lo perfecta que era, que además Marcus era un poquito pesado cuando se lo proponía. Pero a Alice le gustaba su actitud, así que no pensaba parar, por mucho que sus amigos les llamaran agapornis y cosas por el estilo.

Chistó con teatral fastidio a la nueva acusación de haberse comido todas las chuches, rodando los ojos y mirando a otra parte mientras se aguantaba la risa. - Menudo prejuicio sin fundamento... - Sobre todo sin fundamento. El susurró de la chica hizo que volviera a mirarla y a ladear una sonrisa. - ¿Es esa la primera pista de lo que ibas a ir diciéndome a lo largo del día? Es por ir tomando nota. - Ocho de la mañana y ya estaban metidos en el jueguecito de lleno. A ver como llegaban a las ocho de la tarde. Lástima que tuvo que dejarse ganar por sus ganas de ser el mejor prefecto de la historia y preguntar por Creevey, malditos fueran los dos, él y el crío. Rodó los ojos otra vez, aunque en este caso no era fingido. - Venga ya, Alice, no puedes contarme una infracción y hacerme prometer que no la diga. Eso es una irregularidad. - Chistó. - Ya le quité puntos a Creevey por colarse donde no debía, y lo correcto sería quitárselos también a ella por permitirlo... Pero supongo que podemos conformarnos con la resta de él. - A ver si era posible que ese año no quedaran también cuartos, como el año anterior. Al menos se ahorró el mal rato de verse en cuarto puesto, y todo gracias a estar pasando un muy buen rato con Alice, todo fuera dicho.

Abrió los ojos como platos. - ¡Oh, venga ya! ¿Laker? - Se dio cuenta de que lo había dicho un poco alto y miró a los lados. Menos mal que los pasillos estaban aún medio desiertos. - Esa chica es encantadora y listísima, ¿qué hacía con este mendrugo? - Y encima besándose. Rodó los ojos una vez más, esta vez con un gruñido, pero ya tuvo que recordarle su novia que no dijera nada. Él que ya estaba elaborando el discurso paternalista de "por qué este tipo no te conviene" especialmente adaptado a Ursula Laker. - No diré nada. - Masculló, disconforme. - Pero esa chica tiene uno de los mejores expedientes de su promoción. Como me entere de que baja medio punto la media por culpa de Benjamin... - No diría nada, no. Pero pensaba estar pendiente.

Agarró a Alice de la cintura y dejó un beso en su mejilla mientras entraban en el comedor, después de que la chica le dijera que nunca se empacharía de él. Ah, pues ya eran dos, y Marcus era muy difícil de empachar. Abrió los ojos y sonrió ampliamente cuando, ya sentados a la mesa, vio que Alice sacaba la taza. - ¡Wow! Empieza bien el día enton... - Su frase se vio interrumpida por el entusiasmo de varios alumnos de tercero que se acercaron al ver la taza. Mientras todos hablaban con Alice y él sonreía con la mano tapando sus labios, alguien le dio con un dedito prudente en el hombro. - Prefecto O'Donnell. - Susurró muy bajito, al lado de él. Era la misma chica rubia y tímida que el año pasado les había escrito una carta a Kyla y a él después de la liada de la huelga. Desde ese día, se les acercaba muy prudentemente y decía con mucho cuidadito que había visto una irregularidad, "para que no se preocuparan" o "para que la tuvieran en cuenta". El noventa por ciento eran de Creevey. - Ey, Coraline. ¿Qué tal? - La chica le hizo un gesto con el dedo para que se acercara. Siempre con tanto secretismo. - Benjamin no entró en los dormitorios para prestarle un libro a una amiga enferma. Estaba en la habitación con Ursula Laker. - Marcus frunció los labios y arqueó las cejas, mirando a Alice, mientras la niña seguía murmurando en su oído. Y su novia preocupada porque no se corriera la voz. - Gracias, lo tengo en cuenta, ¿vale? - Se retiró, pero la niña le volvió a dar un toquecito con el dedo en el hombro, así que se volvió a inclinar para que le susurrara. - ¿La taza transmuta de verdad o es mentira? - Casi se le escapa una carcajada, pero solo rio un poquito de forma contenida. - Transmuta de verdad, ¿quieres verla? Seguro que Alice te la enseña, acércate. -

Su novia le lanzó esa pregunta y él sacó el labio inferior, con un toque chulesco, alzando las cejas y encogiéndose de un hombro. - Tienes todos los permisos. - Y se llevó el primer bocado de comida a la boca, mirando a su novia. Lo dicho, ya estaban empezando bien la mañana. Terminó de tragar y, poniendo los codos encima de la mesa, dijo. - ¡A ver, sondeo! - Los cuatro chicos le miraron con los ojos ocupándole toda la cara, como lechuzas expectantes. - ¿Cuántos de aquí queréis ser alquimistas el día de mañana? - Silencio, casi se escuchaban los grillos de fondo. Marcus abrió mucho los ojos con una teatral mueca ofendida. De entre el grupo, una manita se fue levantando poco a poco. - ¡Coraline! ¡Esa es mi chica! - En realidad iba a preguntar si sirve para transmutar leche en galletitas. - Marcus dejó caer cómica y frustradamente la cabeza, mirando a la mesa. Suspiró y levantó la mirada otra vez. - Me vais a dar la mañana. -
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Sáb Jun 26, 2021 1:21 am

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Se echó a reír con lo de los fantasmitas y se mordió el labio inferior. — Vamos, vamos, O'Donnell glotoncillo, a tu novia no la puedes engañar. Llevo siete años contribuyendo a tu glotonería dándote mi comida. De hecho, he pensado ¿qué le haría feliz a mi novio para empezar un viernes felices? Y me he dicho: seguro que se le han terminado ya los fantasmitas. ¿Me equivoco? — Dijo mirándole entornando los ojos. Daba gusto pensar en detallados, si Marcus iba a darse cuenta de todos. Siempre le habían hecho pensar que no era una chica de joyas, pero empezaba a encantarle que Marcus le regala y alabara esas cosas.

Puso una sonrisita enigmática y se encogió de hombros. — Lo sabrás cuando te lo vaya diciendo... A lo largo del día... — Subió uno de sus dedos para acariciar su muñeca suavemente. — O de la mañana, porque no sé si voy a aguantar tanto. — Se mordió los labios con expresión inocente y y dijo. — Puedes ir tomando nota... Ya sabes que me encanta lo rápido que aprendes. — Dijo con toda al intención. Menos mal que el tema viró a lo de Laker y el permitió abandonar ese tono. — ¡Ay, Marcus, por favor! Seguro que había, y hay, mucha gente que piensa que yo no te convengo, te lo he dichos siempre. No hay que ser tan simplista. Si Laker es tan buena estudiante, besarse con Creevey una noche no va a cambiar ese hecho. — Pero nada, él ya estaba en modo Sir Garreth y el honor. Entornó los ojos y negó con la cabeza sin perder la sonrisa. — Y para que te quedes tranquilo, a veces la gente se besa y eso se queda ahí, sobretodo a esa edad. Igual a Laker simplemente le atrae Creevey y saltarse un poquito las normas, por la adrenalina. Y el otro, que va loco con las hormonas, se cree un Don Juan y en verdad al que le están utilizando es a él. — Y se rio solo de pensarlo. Mente masculina, más simple que un cubo, y más a esas edades. Ya se lo dijo su padre en La Provenza aquel verano de segundo a tercero.

Sabía que la alquimia curaría cualquier mal, y más si los chavales se ponían de espectadores, porque nada crecía más a Marcus que una multitud, y a Gal le alegraban y motivaban, así que ahí salían ganando todos. Por allí se acercó Coraline, que desde el incidente de la huelga era como el angelito de la guardia de los prefecto y que era extremadamente dulce y mona. De hecho, hizo eso tan cuqui de hablarle a Marcus al oído, mientras ella buscaba algo líquido interesante en la mesa para transmutar y enseñárselo a los chicos. Iba al curso de Ursula y Benjamin, y juraría que compartía cuarto con la primera, así que al final había hecho bien en contárselo a Marcus para que no le pillara la noticia de nuevas. Justo entonces Coraline se acercó tímidamente y Marcus hizo un sondeo rápido. Sí, ellos amaban la alquimia, y a la gente le solía encantar verla, pero en cuanto se enteraban de cuánto había que saber, se echaban para atrás. No obstante, la chica levantó tímidamente la mano. — Pues la futura alquimista, sitio en primera fila. — Dijo haciéndole sitio entre Marcus y ella. — A ver, echadme de ese zumo de frutas, así va a ser más entretenido que el café. — Se estaba viniendo un poco arriba, pero bueno, no sería Alice Gallia si no se probara a sí misma. Uno de los chicos de tercero le echó el zumo en la taza y ella dijo con una risa. — Gracias, amable ayudante. A ver, silencio ahora eh, que me tengo que concentrar. — Estaban todos como si fuera a dar un triple salto mortal hacia atrás. Cerró las palmas creando el círculo con los brazos y luego tocó la taza con las manos, concentrándose en las estructuras moleculares. Por la vibración, supo que algo había pasado. Y efectivamente, cuando abrió los ojos y miró en la taza, haba por ahí gajos de pomelo, un par de uvas y cachitos de melocotón. — ¡Eh, ha salido! ¿Veis?¡Buah, flipante! — Comentó el que le había echado el zumo. — ¿Ahora la puedes revertir y beberte el zumo? — Preguntó la voz agudilla de Coraline a su lado. Claro, no en vano estaba rodeada de Rvaneclaws. Rodeó la espalda de la chica y cogió sus manos, porque revertir una transmutación era muy fácil. — No, la vas a hacer tú. — En verdad la estaba haciendo ella, porque el círculo con las manos lo estaba haciendo Gal, la manos de Coraline solo era un material más por el que pasaría inocuamente su alquimia, pero Lawrence lo hacía con ella, y le hacía muchísima ilusión. Como la cara que puso la chicas al asomarse a la taza y ver el zumo otra vez. — ¡Me encanta! ¿Creéis que podré coger Alquimia en sexto? Sí, eso, ¿no es horriblemente difícil? — Ella chistó y dio un trago del zumo. — Venga, hombre, que somos Ravenclaw, por favor, no me seáis simples. Deberíais cogerla todos, si oso interesa. No hay nada que un Ravenclaw deba dejar pasar si le interesa. — Y ya aprovechó y miró a Marcus. A ella le había costado entenderlo, desde luego.

El corrillo se disipó y Coraline se fue de un salto a contarles a sus amigas lo que había hecho, lo que le permitió deslizarse por el banco hasta pegar su costado a Marcus. — He sido una buena alquimista, ¿no me merezco un premio o algo? — Y cogió un bollito de chocolate del plato de su novio, mirándole mientras masticaba. — ¿Fresas por ejemplo? — Dijo mirando de reojo las que había en la mesa, esperando a que Marcus las cogiera y se las diera. Cuando las tuvo al lado cogió una y pareció que iba a dársela, pero se la quitó en el último momento y ese la comió sin dejar de mirarle, relamiéndose los labios después de tragar. Estaba ella muy contenta con su actuación personal para ir llevando a Marcus al camino de la perdición, cuando alguien se le sentó enfrente. — A ver, que hay menores. Sí, pero ellos de todo hacen una porno.¿Qué es una porno? Luego te lo explico. No lo digas tan alto, que hay más muggles por aquí. — Qué encanto tener amigos. Suspiró y se giró, aunque no se despegó mucho de Marcus. — Controla tu entusiasmo por vernos, Gal. — Dijo Hillary sarcástica mientras se servía el café. — Sí que me entusiasma, sí. Teniendo en cuenta que los sábados no se puede contar con vosotros porque desaparecéis pro Hogsmeade. — Dijo haciendo hincapié en la última palabra. Le dio con el hombro a su novio y sonrió. — Claro, como no atendieron en el trabajo de Historia de tercero, se tienen que recorrer el pueblo todos los fines de semana, el día entero.
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Sáb Jun 26, 2021 1:12 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Rodó los ojos. Otra vez el temita de que Alice no le convenía o a saber qué historias. - A mí no me lo dicen. - Comentó con altanería, como si quisiera manifestar que nadie se atrevería a hacerle a él semejante afirmación porque la cortaría de raíz. Realmente sí que había oído algún que otro comentario, pero Marcus tenía una gran habilidad para no oír lo que no le interesaba. Y para que le diera exactamente igual. - Y no es lo mismo. ¡Por favor, Alice! ¿De verdad te estás comparando con Creevey? - ¿O a mí con Laker? Ninguno de los dos llegaba a los otros dos. Ursula era una chica muy aplicada y de buenas notas, pero no era la estudiante más concienzuda y brillante del castillo, con fijación por su vida académica, como lo era Marcus. Y creía que no hacía falta determinar por qué Creevey y Alice no tenían nada que ver. El chico era un desastre. Su novia era genial, solo un poquito traviesa, pero no era por el placer de incumplir normas, sino porque la curiosidad le podía... Oh, por todos los dragones, estaba empezando a sonar como ella. Al final, después de tantos años escuchando su discursito Gallia, se lo había terminado creyendo.

- Mientras se quede solo en un beso... - Dijo, mientras rodaba los ojos y ponía expresión de cansancio. Alzó un índice. - Solo digo que lo nuestro ha sido siempre amor verdadero y no hemos cometido semejantes locuras. - Eso habría que cogerlo con matices, pero Marcus ya había iniciado un discurso y no lo pensaba parar. - Y no nos besamos hasta cuarto, y fue algo precioso y circunstancial y en un lugar al aire libre y en el que podíamos estar sin infringir norma alguna. E insisto en que espero que quede en un beso porque tu querido Profesor Antares sigue sin hacer las modificaciones pertinentes en el itinerario curricular y... ¡Por Dios, que solo tienen trece años! - Se preguntaba qué iba a dejar para cuando tuviera la edad de su abuelo, si ya con diecisiete años tenía discursitos de señor cascarrabias.

Alice ya había bautizado a Coraline como futura alquimista en lo que Marcus suspiraba su desgracia de no tener una generación tras él que siguiera sus pasos, porque la chica parecía solo interesada en obtener galletitas a cambio de leche. Se puso a observar la pequeña lección de alquimia en el desayuno de su novia... Y podría haberse quedado allí horas. Tenía a los chicos encantados, y se la veía tan... Bien. Todo lo que Alice hacía, lo hacía bien. Seguro que tenía una sonrisa de bobo puesta en la cara sin darse cuenta. Podía ver lo entusiasmada que estaba, la cara de ilusión de los niños, como alucinó Coraline cuando vio que ella misma revertía la trasmutación (o eso le había hecho Alice creer), y como se los llevaba a su terreno para que cursaran Alquimia, lo cual le hizo reír entre dientes. Buen argumento para cuando... Se detuvo, y eso que solo había sido una línea de pensamiento. Tragó saliva y, con una sonrisa un poco más tenue, agachó la cabeza y se llevó un poco de comida a la boca, respirando hondo. Ojalá pudiera evitarlo, pero era muy difícil. No podía ver a Alice rodeada de chicos ilusionados con la alquimia, haciendo transmutaciones con ellos y pidiéndole consejos sobre la asignatura y... No pensar en lo felices que serían haciendo eso con sus propios hijos. Pero ya se había dicho hacía unos días mentalmente que dejaría el tema estar, que era lo más inteligente que podía hacer, que ahora Alice no quería pensar en ello y tenía que darle tiempo. Y como se pasara todo ese tiempo fantaseando allá por donde iba, se le iba a hacer muy cuesta arriba.

La fracesita final de su novia sí le hizo mirarla con una sonrisilla, mientras masticaba, y una ceja arqueada. Señaló con el tenedor, tras unos segundos de intercambio de miradas, y dijo. - Eso es totalmente cierto. No hay reto intelectual demasiado grande para un Ravenclaw. Si bien es de sabios sopesar donde están nuestros límites, creo que ninguno de los aquí presentes tenéis limitación alguna para cursar Alquimia, así que, ¡adelante con ello! - ¿Hay algún libro que nos puedas recomendar para ir sabiendo cosas? - Oh, ese chico no debía conocer a Marcus de nada si le hacía esa pregunta. Miró a Alice con cara de "ya has perdido a tu novio para todo lo que queda de desayuno", porque aquel discurso le iba a quedar largo. Pero simplemente se rio un poco y dijo. - Hoy tenéis Encantamientos y detrás las optativas, ¿no? - Los chicos asintieron. - Vale, pues vamos a hacer una cosa. Después de vuestras optativas, reuniros y buscad... Lo que sea. Lo que creáis que pueda ser útil para un alquimista. Y esta tarde, después de comer, nos vemos en la sala común y me lo contáis. Y en base a eso, os recomiendo cosas. - No había un solo Ravenclaw en la historia de esa casa que no entrara de lleno en un reto intelectual. Los chicos se fueron contentos y él miró a Alice... Dándose cuenta de que acababa de comprometerse a un plan con otras personas después de decirle que iba a pasar todo el día con ella. Hizo una mueca con la boca, encogiéndose de hombros. - Solo va a ser un ratito. - Dijo a modo de disculpa, añadiendo con vocecita de niño bueno. - Mi abuelo va a estar muy orgulloso de mí. - Por descontado que le iba a narrar en una carta esa misma noche su epopeya inculcando la alquimia a las generaciones venideras. Pinchó comida con el tenedor mientras decía. - Te prometo que antes y después de eso soy todo tuyo. - Le guiñó un ojo y se llevó la comida a la boca. Cuando tragó, añadió. - También puedes venir con nosotros, y así tienen más puntos de vista. Y les cuentas tu intención de aplicar la alquimia a la enfermería, que seguro que les parece súper interesante. - Que apenas se note que quieres que Alice vea lo bien que se os daría hablarle de alquimia a niños, Marcus. No iba a dejar el tema, definitivamente.

La miró con una leve risa, de soslayo, y respondió. - Te mereces todos los premios del mundo. Salvo que estés sugiriendo alguno concreto. - Ladeó la cabeza con un chistido, sin perder la sonrisa ladeada. - Fresas, por ejemplo. - Respondió, como si fuera ese el "algo concreto" al que ambos se referían, que se conocían ya. Estiró el brazo para acercar el bol de fresas, cogiendo Alice una de ella y acercándosela a los labios. La miró unos instantes a los ojos y, justo cuando bajaba la mirada a la fruta para morderla, la chica se la retiró de allí. Se mordió el labio, mirando los de ella mientras se comía la fresa, dejando escapar una risa entre los labios. - ¿Es que yo no me la merecía, chica alquimista? - Preguntó en un susurro. Pero ya se les tuvo que cortar todo el rollo con sus amigos apareciendo por allí e interrumpiendo.

Con un suspiro, se inclinó de nuevo hacia su plato y siguió comiendo, escuchando de fondo las paparruchas de aquellos dos. Comió otro bocado y añadió, con una floritura del tenedor en el aire, tras reír de la pullita de Alice a los chicos. - Déjales que se metan con nosotros, mi amor. Ya se arrepentirán cuando prueben de su propia medicina, llevamos años almacenando nuestra venganza. - No sé de qué narices hablas, pero eres imbécil. - Contestó Hillary. Marcus puso una fingida expresión impresionada. - Oh, llamar imbécil a alguien cuando ni siquiera sabes de lo que habla. Muy Ravenclaw. - Ya iba la otra a gruñir, pero Sean salió en su defensa. - No le hagas caso, está de mal humor porque Creevey no le ha dejado dormir. - Habla por ti, que querías matarle esta mañana. Yo estoy perfectamente. - Ladeó la cabeza, con una sonrisilla hiriente, y miró a Sean con los ojos entrecerrados. - Sé lo que estás haciendo. Y, oh, como vas a empezar a arrepentirte en breves... - Para tener tan claro que casi mato a alguien esta mañana estás corriendo muchos riesgos. - Replicó Sean con mala cara. Desde luego que vaya humorcito gastaban sus amigos.

- En fin. - Suspiró limpiándose con las servilletas y mirando a Alice. - Nosotros ya hemos terminado con el desayuno y vamos a ir preparándonos para Aritmancia Avanzada. Ya sabéis, esa asignatura... - "Solo apta para las mentes más perspicaces y despiertas, aquellos que han sido bendecidos con el don de la erudición y siempre aspiran a ampliar sus conocimientos y horizontes. Es decir, unos pocos afortunados". - Completó Hillary. Marcus arqueó una ceja, mientras Sean se reía y su amiga le devolvía una mirada burlona. - Una pena que no emplees esa memoria tan brillante que tienes en cursar Aritmancia Avanzada. - Vete a la porra, O'Donnell. No pretendo ser "la graaan erudiiita que escribe liiibros y liiibros". - Replicó Hillary, haciendo aspavientos con las manos. - Voy a ser abogada en el Ministerio de Magia, y por tanto la extracurricular de Teoría Mágica me viene muchísimo mejor. - Entrecerró los ojos y se inclinó un poquito en la mesa, con una sonrisilla. - Así sabré bien diferenciar la magia de verdad de la pura palabrería. - Buen argumento. - Dijo Marcus con normalidad teñida de superioridad, mientras se levantaba. - Estoy deseando conocer el del Señor Hastings para cogerse la asignatura contigo. Algo me dice que es muy similar al de por qué se cogió Adivinación. - Pues mira, sí, para no tener que verte la cara a ti, o veros ligando en clase. - Sean estaba ciertamente de malas pulgas esa mañana. Marcus se inclinó hacia él y, dándole una palmadita en el hombro, le susurró. - Más te vale ser coherente con eso último. Un prefecto tiene ojos y oídos en todas partes. - Se irguió y, mirando a Alice, le tendió el brazo. - ¿Nos vamos, mi amor? -
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Dom Jun 27, 2021 12:12 am

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CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
A veces, por mucho que le fastidiara reconocerlo porque solía mantener que no decía más que locuras, su padre tenía razón, Marcus era más cuadrado que un cubo cuando quería. Suspiró y entornó los ojos. — No, ni yo soy Creevey, ni tú eres Laker, pero lo que quiero decirte es que todo depende del prisma con el que lo mires. Igual Laker es buena para Creevey. Tú has sido muy bueno para mí. — Dijo con una sonrisita tierna. Podría aprovechar y llamar puritano a Marcus y hacerle ver la tontería que acababa de decir, pero es que estaba de muy buen humor, así que se quedó con la parte bonita del discurso y se acercó a él, sin dejar de mirarle. — Sí que fue precioso, amor mío. Como todo lo que hemos hecho. Lo repetiría una y otra vez. — Y si bien había mantenido un tono bastante dulce en toda la frase, al fina de esta lo varió lo suficiente como para su novio entendiera por donde llevaba los tiros esa mañana.

Y, si le conocía de algo, sabía que Marcus no iba a poder resistirse a ese momentazo de los alumnos haciendo preguntas sobre alquimia. Y por supuesto, se vino arriba y ya les estaba proponiendo un reto a los chavales, y daba gusto ver cómo entraban a él, cómo ya les veía haciendo cálculos mentales de qué libros iban a escoger, cuál sería más apropiado, cual sorprendería, cual ganaría la admiración del prefecto. Había sido esa niña, y ahora le gustaba verlo en los demás. Cuando los chicos se fueron y su novio se giró, dándose cuenta de que ya se haba comprometido ella sonrió y le acarició una mejilla, con mirada y tono orgullosos. — Eres un novio maravilloso. Pero eres aún mejor prefecto. — Entornó los ojos y movió la cabeza a los lados. — Lo cual... Paradójicamente, te hace aún mejor novio. Y así eternamente. — Rio y rozó su nariz con la de él. Se separó y siguió terminando sus desayuno. — Me encantaría, mi amor. Ya sabes que adoro hablar de alquimia, y encima contigo y un montón de críos mirándonos como si fuéramos gurús... — Rio un poco y alzó una ceja. — Eso sí que es un planazo.

No obstante, su novio había entendido a la perfección el humor del que estaba, y ya le estaba entrando al trapo. Fantástico, inicio de la partida por lo que a ella respectaba. Lástima que antes de poder pensar en premios concretos que reclamar, mientras se comía la fresa, tuvieran que ser interrumpidos. Aún así se inclinó hacia su oído y susurró muy bajito. — ¿Y tú, prefecto impecable? ¿Hay algo que te gustaría comerte? — Y atendió a la discusión entre Hillary y Marcus y las malas pulgas de Sean, mientras simplemente entornaba los ojos y terminaba de desayunar. — ¿Y tú por qué estás de tan buen humor? Es irritante. — Dijo Hillary mirándola. Ella contestó con una risita, que ocultó tras su taza transmutadora y se encogió de hombros. — No es posible que os haya dado tiempo a... — Dejó la taza en la mesa y se limpió con una servilleta. — No todo en la vida se reduce a eso, Hills, aunque veo que está bastante presente en tus pensamientos. ¡Uh! Chocolate. Eso viene bien para el cerebro. — Dijo cogiendo una de las chocolatinas que había por allí en un plato y comiéndosela. — ¿Qué? Tenemos Aritmancia Avanzada, esa asignatura tan Ravenclaw que acabáis de determinar que no tenéis, tú en favor de ser abogada y Sean en favor ser eel fan número uno de la letrada Vaughan. — Su amigo al miró ofendida. — ¡Eh! ¿Y ahora por qué cobro yo? — Ella se rio. — Pues porque estás de muy mala leche, y es muy fácil hacerte entrar de cabeza en los piques. — Se levantó y se enganchó del brazo de Marcus y se deslizó dos chocolatinas más en el bolsillo de la túnica, que conocía a su novio. — Y nosotros ya no ligamos, disfrutamos de nuestro amor, que somos NOVIOS. — Dijo mirando a los dos antes de irse. — Sí, no nos habíamos enterado... — Refunfuñó su amiga, mientras ellos caminaban entre risitas.

Iban ya hacia el pasillo del séptimo piso, que por cierto, solía estar muy solitario, y encima eran muy pocos en Aritmancia Avanzada, por lo que ella la iba cogiendo ideas. — Me ha gustado eso de que los prefectos tienen ojos en todas partes... Podrías... Digamos... Si un alumna díscola estuviera a punto de cometer una travesura, verlo antes de que ocurriera... ¿No? — Preguntó en tono meloso y sugerente. Deslizó la mano a su muñeca y volvió a acariciarle la muñeca. — Y cómo la castigarías... Me encanta que tengas ese poder... — Se separó un poquito y dijo. — ¿Entramos? — Se puso en una mesa junto a la pared, resguardada pero en las primeras filas, para ser sospechosos. Dedicó una brillante sonrisas a todos los presentes y se puso a sacar los instrumentos, como si no pasara nada, aunque podía sentir la presencia de su novio a su lado como si fuera magnética, mientras copiaba los ejercicios de la pizarra, aunque en verdad solo podía pensar en la respiración de Marcus a su lado.
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Dom Jun 27, 2021 12:50 am

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CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Hizo como que pensaba, alzando la mirada pensativo y conteniendo una risita, y dijo. - Me gusta eso de ser aún mejor prefecto... Mientras estemos en Hogwarts. Voy a tener que hacer muchos más méritos como novio, que el título de prefecto lo pierdo el año que viene, pero el de novio espero conservarlo. - Pero la paradoja posterior le hizo reír. Su novia sabía muy bien como congraciarle.

Malditos fueran sus amigos que habían interrumpido lo que pintaba como un momento interesante... O benditos fueran, porque Marcus aún seguía descuadrándose ligeramente cuando Alice era tan directa, sobre todo en lugares públicos. Ni por esas aprendía, porque siempre tenía una frasesita chulesca que decirle que solo la provocaba más, como si no la conociera ya, y como si no supiera que ese juego se le daba mejor a ella que a él. Había abierto ligeramente los ojos a esa pregunta, notando el cosquilleo en su pecho, pero se quedó sin respuesta por la irrupción de los otros. Rodó los ojos al comentario de Hillary, menos mal que ya estaba ahí su novia para darle un corte que provocó que Marcus se riera. Se tapó la boca, mientras se reía, y antes de que los dos que ya le miraban con mala cara dijeran nada, simplemente suspiró. - Como se nota que... - Termina la frase y este será tu último desayuno, O'Donnell. - Amenazó Hillary, lo que solo le hizo reír más todavía.

Se marcharon felizmente de allí y dejaron atrás a sus amigos, mascullando y refunfuñando. - Nosotros nunca tuvimos tan mal carácter, ¿eh? - Dijo a su novia. Le encantaba dárselas de mejor que los demás, no lo podía evitar. Y ahora no era solo "Marcus O'Donnell superando al resto del mundo como siempre", era "Marcus O'Donnell y Alice Gallia siendo mejor pareja que ninguna otra jamás". Doble motivo para ir hinchado de orgullo por la vida. Se encaminaron hacia el aula de Aritmancia, pero en lo que lo hacían, Alice referenció una frase que le había dicho antes a Sean. La escuchó con normalidad... Hasta que detecto ese tono y esa doble intencionalidad en sus palabras. Ladeó una sonrisa, mirándola unos segundos. Justo después, para seguir el teatrillo, apartó la mirada a ninguna parte y tomó aire, como si sopesara. - Bueno, no sé si tengo exactamente el poder de predecir... Más bien... De pillar a quien se cree más lista que el prefecto con las manos en la masa. - La miró y arqueó una ceja, con los ojos entrecerrados y la sonrisa ladeada. - Aunque creo que hay algunas... A las que ya conozco lo suficiente como para verlas venir. - Se encogió de un hombro y dijo. - Y ya sabes que el ojo del prefecto nunca descansa. -

Pensó que con eso quedaría ahí la bromita, pero no. Oh, por supuesto que no. Antes de entrar en clase, Alice añadió algo más, acariciando su muñeca mientras lo hacía. Paseó la mirada hacia esta y volvió a alzarla al rostro de la chica, hasta que terminó su frase. Menuda sacudida en su estómago, se le había embotado el cerebro en un segundo, y solo atinó a entreabrir ligeramente los labios, sin perder la sonrisa de lado aunque congelada por la incapacidad para responder, y arquear una ceja. Y con toda la normalidad del mundo, la chica sugirió entrar y eso hizo, dejándole allí plantado como un idiota al que se le había olvidado ya hasta como se respiraba. Parpadeó un par de veces, con una sonrisa idiota en la boca y procesando aún. ¿Era eso algún tipo de jueguecito? No, si al final Creevey iba a tener razón... Pero oye, que si Alice quería entrar en él... A ver, Marcus, concéntrate, que tienes clase. Sí, las cositas de su novia, desconcentrarle justo antes de clase. En fin. Menos mal que él, en cuanto empezaba la lección, ya no había quien le moviera mentalmente de allí.

Se sentó con un suspiro, mojándose los labios con una sonrisilla oculta y mirando a Alice de reojo. Se le escapó una muda risa. Anda que... Pensó, pero no dijo nada. Lo dicho, ya estaba en clase, ya estaba centrado. Retomaría el temita cuando salieran. - Al final me lo traje. - Dijo, sacando el estuche de útiles de Aritmancia que su padre le había regalado por Navidad. - Me daba miedo que se perdieran o estropearan, pero ciertamente... No sé cuánto uso voy a darles cuando salga de aquí, y realmente en esta clase siempre estoy solo contigo, con Kyla como mucho, y hay poca gente. Y en mi dormitorio lo tengo bien guardado. - Se encogió de hombros, sacando los útiles del estuche. - Cuando tenga que trabajar fuera de clase usaré los viejos y para aquí y para el examen aprovecharé estos, ya que los tengo. - Comentó distendidamente, mientras esperaba a que el profesor diera las indicaciones, aunque por lo que veía en la pizarra sospechaba que iba a ser una lección de repaso. Bueno, eso que avanzaban en el estudio.
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CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Obviamente, esa mañana su novio estaba empeñado en pensar como un cubo. Pues nada, habría que ponérselo en bandeja. Al menos al final de la frase parecía por dónde le iban los tiros. Bien, eso le daba material para trabajar. Casi podía ver el humo salir del cerebro del chico, cuando le dijo lo del castigo. Eureka, tiraría por ahí.

De momento, su novio había intentando cambiar la mentalidad a clase de Aritmancia. Pero eso también lo podía virar en su favor. Cuando Gal estaba creativa y excitada, todo podía tomar un cariz muy concreto. — Espero que no te oiga tu padre decir eso de que no sabes cuánto los usarás, le darías un disgusto. — Comentó con una risita, antes de meterse en harina. — Es una pena que las cosas bonitas se queden sin usar... — Comentó distraída, mientras echaba un ojo a las progresiones, y garabateaba operaciones sencillas con la mano derecha, mientras con la izquierda deslizaba distraídamente un dedo por los objetos nuevos y relucientes de Marcus, trazando las formas con suavidad. — Ya sabes, quieres disfrutarlos... Tocarlos... — Susurró. Su instinto de niña traviesa le avisó de que el profesor se daba la vuelta y retiró la mano de donde la tenía y fijó la mirada en su pergamino, aunque se dejó la pluma nueva acariciando sus labios, como si fuera un acto reflejo pero más que sugerente. — A ver, dejad eso. — La culpabilidad que Marcus solía provocar en su cabeza, le hizo pensar por dos segundos que el profesor Adams era legeremante o algo. Ay, Dios, ¿habría profesores legeremantes? La jefa Granger seguro que lo era, eso explicaría muchas cosas. — Esto os lo lleváis de deberes para el fin de semana. — Hubo un leve murmullo de queja. — Que estáis a dos meses de los EXTASIS, los fines de semana no deberían existir para vosotros. — Efectivamente, y por eso tenía que hacer de su tiempo oro. — Ahora lo que quiero es que os juntéis en parejas o tríos y hagáis una parte de la función numerológica de predicción de probabilidades de una tormenta solar visible desde la Tierra, por si echabais de menos Astrología. — Eso le hizo reír un poquito. — Gallia y O'Donnell, asumo que vosotros sois un grupo. — A lo cual ella respondió con una sonrisa y un asentimiento de cabeza. Se preguntó si Kyla se pondría con ellos, pero había un chaval agobiado de Gryffindor (¿qué haría allí?) al que parecía estar ayudando. Mejor no le podía salir el plan. — Si todos hacéis vuestro trabajo como es debido, la función saldrá sola. — Y su plan también.

En cuanto tuvieron asignado su tramo de función, se giró sobre su propio asiento, poniéndose la mesa de lado para poder mirar frente a frente a Marcus. — Bueno, bueno, O'Donnell, ¿no te parece que podríamos hacer esta función en cinco minutos? — Dijo en voz baja pero con una sonrisa traviesa. — Hagámoslo un poquito más interesante, que es viernes y hace mucho que no echamos un retito de los nuestros. — Volvió a llevarse la pluma a los labios, acariciándoselos, sin perder la expresión juguetona. — Intentemos hacer cada uno por nuestro lado la función. El primero que la termine correctamente gana... — Entornó los ojos y se aseguró de que el profesor estaba distraído. — Lo que cada uno exija si gana el reto nos lo decimos mientras estemos calculando... Así nos lo ponemos un poquito más difícil. — Se puso el pergamino al lado y cargó la pluma de tinta. — Y por supuesto... Vale el juego sucio. — Dijo alzando una ceja. — Porque me encanta cuando te pones Slytherin. — Dijo terminando con una risa casi inaudible. — Empieza el tiempo. — Y se puso a hacer los cálculos iniciales de la función a toda velocidad, para dejar lo básico establecido, y mientras lo hacía, fue subiendo lentamente la pierna, rozando la de Marcus por la parte que su propia mesa y la de delante tapaban. — ¿Y bien, prefecto? ¿Qué recompensa demandas si consigues batirme en el cálculo de funciones? — Preguntó con una sonrisa pero sin levantar la mirada.
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Dom Jun 27, 2021 5:28 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Ladeó varias veces la cabeza mientras terminaba de sacar los útiles. - Ya, pero también es una pena romperlas. - Porque claro, él seguía totalmente metido en la conversación sobre los útiles y en el modo empezamos la lección. Había obviado por completo si el tono de Alice seguía siendo el mismo que antes de entrar y pudiera estar queriendo decirle otra cosa, porque en su mente no entraba hablar en ciertos términos durante una hora lectiva. Iba a tener que empezar a pensar de otra forma, porque el siguiente comentario de la chica mientras acariciaba los materiales le hizo mirarla de reojo. Parpadeó un par de veces. ¿Pudiera ser que estuviera... En ese modo?

Pues más le valía cortarlo porque el profesor acababa de empezar la lección. Giró la vista a él, muy bien puesto como siempre... Pero volvió a mirar a Alice de reojo. No se fiaba de ella ni un pelo, y algo le decía que esa cabecita suya estaba tramando cosas que a él no se le pasarían ni por la mente. A priori, sin embargo, parecía pendiente de sus apuntes... Así que nada, se centró en oír al profesor y determinó que deberían ser solo imaginaciones suyas. Apuntó lo que el profesor estaba mandando como deberes, no sin antes rodar los ojos con desdén por el murmullo quejoso de los alumnos. De verdad, alumnos quejándose de tener que hacer deberes. Absurdo. Asintió con una mueca de convicción, sin dejar de tomar nota, cuando el profesor dijo que los fines de semana no deberían existir para ellos. Mucho había hecho citándose con los alumnos de tercero esa tarde, porque uno era prefecto y le gustaba mucho divulgar alquimia. Si no, estudiando debería estar. Bueno, y compartiendo tiempo con su novia, sí. Pero Marcus y Alice podían hacer perfectamente las dos cosas.

Hizo su paripé habitual de recolocar las cosas que tenía frente a sí y que ya estaban bien colocadas en su sitio mientras asentía con una sonrisa orgullosa, guiñándole un ojo a su novia cuando el profesor se giró a otros alumnos. Sí, Gallia y O'Donnell irían juntos, y que fuera así para siempre. El ejercicio sonaba más rimbombante y difícil de lo que en realidad era, los patrones estaban bastante claros, solo era seguir una simple progresión numérica. - Y encima con función asignada. Ahora entiendo por qué mi padre decía "¿Aritmancia Avanzada? A ver, tampoco era muy difícil avanzar mucho más lejos de la aritmancia normal que enseñan". - Era ponerle un reto académico en clase, y Marcus O'Donnell se subía a la nube más alta que su orgullo pudiera alcanzar. Su padre no era muy fanfarrón, no tanto como él, que había sacado eso de la rama Horner... Hasta que le tocabas los números. Hablarle a Arnold O'Donnell de números era sentenciarte a escuchar una chapa tremenda sobre por qué la gente tiene el cerebro dormido y no sabe hacer ni los cálculos más básicos. Soltó una risita sarcástica y sobrada y respondió a su novia. - Y en tres. - Si iban a tardar más en escribir la ristra de números que en elaborar como hacer el problema. En su mente ya estaba casi hecho, en realidad.

Para qué diría nada. Parecía que no conocía a Alice, no podía decírsele que algo era demasiado fácil sin que se le ocurriera la maravillosa idea de "hacerlo más interesante". Se mojó los labios con una sonrisilla y, mientras terminaba de copiar, dijo. - Sorpréndeme. - Otra mala elección de término por su parte, de verdad, parecía que no conocía a su novia... ¿O sí? Realmente, su excusa de la inocencia cada vez se la creían menos personas, ya prácticamente ni él lo hacía. A priori, sin embargo, solo había propuesto hacerla por separado. Se giró hacia ella y, tras mirar hacia arriba fingiendo pensárselo, sacó el labio inferior y asintió. - Hecho. - Lo dicho, en su cabeza ya tenía prácticamente todo el camino del problema recorrido, solo lo tenía que plasmar ordenadamente en el pergamino. Se giró hacia el mismo para empezar, pero Alice no había terminado. Oh, por supuesto que no había terminado. Entornó los ojos hacia ella, porque eso del premio contado mientras calculaban para ponérselo más difícil... Ese tono, esa forma de buscar al profesor con la mirada (él hizo lo mismo al verla, instintivamente) y la manera en que se pasaba la pluma por los labios... Sí, Alice estaba en "ese" modo. En clase. Solo Merlín sabía por donde iba a salir aquello.

Arqueó las cejas. "Vale el juego sucio". Ah, y esa referencia a su vena Slytherin. Dejó escapar una muda risa entre los labios, bajando la cabeza y pasando la mirada por su alrededor para comprobar que el profesor no estaba por allí. Se mojó los labios y la miró de soslayo. - Creía que mi mejor vena en clase era la Ravenclaw. - Arqueó una ceja, mirándola con intensidad y sin perder la sonrisilla, bajando el tono. - Porque estamos en clase, ¿recuerdas? - Sí, se lo estaba diciendo a gritos con los ojos: Alice, ojito con lo que haces, que estamos en clase. Su novia, por su parte, dio comienzo a la competición y empezó a escribir como si nada. La miró con una leve sonrisa en los labios, con esa mirada de "a ver dónde me vas a meter", mezclada con la admiración que no dejaba de sentir por ella, porque Alice nunca dejaría de sorprenderle... Y también teñida con un poco de miedo. Porque, insistía, Alice nunca dejaría de sorprenderle, y no tenía ni idea de por donde iba a salirle esta vez.

Bajó la mirada, respirando hondo, y empezó a plasmar los primeros cálculos en el pergamino. Casi hace un rayón en los apuntes porque notó la pierna de Alice rozar la suya sin esperárselo, pero disimuló. Bueno, "disimuló". Su reacción automática fue buscar de nuevo con la mirada al profesor, pero no le vio por allí, así que simplemente bajó los ojos al pergamino de nuevo y no dijo nada. No podía darle rienda suelta a Alice y sus locuras porque aquello podía acabar descarrilado de todas las maneras posibles, así que simplemente hizo como que había sido un roce casual y continuó escribiendo. La melosa voz de la chica sonó de fondo mientras escribía, haciéndole esbozar una sonrisa de lado. Tonó aire, hinchando el pecho, y lo echó poco a poco con las cejas arqueadas. - Pueees... - Se mojó los labios y dejó escapar una muda carcajada entre estos, sin dejar de escribir. - Si consigo... - Arqueó las cejas. - En el caso de que lo consiga... - Básicamente estaba diciendo, con su tonito chulesco muy velado, que tenía claro que él iba a acabar esa función antes que ella. A ver, por favor: Alice era listísima y una portento en muchas cosas, pero la Aritmancia se le daba mucho mejor a él. Su padre era aritmántico, llevaba haciendo esas progresiones toda la vida, tenía un procesamiento rapidísimo y prácticamente había resuelto el problema en su cabeza antes de ponerse a escribir, mientras Alice ideaba trastadas de las suyas y a saber en qué andaba pensando. En fin. No sabía ni por qué se estaban batiendo en ese duelo improvisado.

- A pesar de haber sido flagrantemente acusado de jugar sucio, que he captado la no-tan-sutil referencia... - Comentó, escribiendo y pensando los cálculos al mismo tiempo. - Me voy a conformar con poquito, hoy me he levantado tranquilo y bondadoso. - Y lo de bondadoso era otro tirito, porque lo dicho, pensaba ganar él. - Alguien me ha quitado la comida de la boca en el desayuno después de dejármela prácticamente en los labios... Eso está muy feo. - Hizo un gestito con la cabeza, sin retirar la vista del pergamino ni dejar de escribir. - Así que espero en el almuerzo una fuente de fresas, de las más jugosas y dulces, todas para mí. - Esta vez sí y porque se lo podía permitir, detuvo la pluma y la miró de reojo, con una sonrisa ladeada. - Y no me voy a quejar si la perdedora decide amablemente dármelas una a una. -
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Dom Jun 27, 2021 7:16 pm

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Tuvo que aguantarse una risa. Se lo iba a tomar a bien porque le dijo lo mismo de su conjunto de lencería francesa, que sería una pena romperlo, y así mantenerse en ese humor que intentaba provocar en su novio. Lo bueno era que es que era tan bueno en Aritmancia que, entre que se ponía orgulloso, y que no necesitaba mucha concentración para hacerlo, era relativamente fácil distraerlo. — Uhhh, tres.. ¿Tienes prisa por algo? — Preguntó con muy fingida curiosidad, alzando la ceja pero sin levantar los ojos del papel, jugando muy bien su papel de alumna aplicada y concentrada. Vale, ya tenía la operación, le faltaba hacerla, pero es que eso le quitaría la gracia a todo el jueguecito que había planteado, y no era cuestión. Ese que su novio tenía tan seguro que le iba a salir perfectísimo.

Y a ver, que él era muy listo y muy aplicado, pero no se le pasó su reacción cuando le acarició la pierna. Contuvo una risa y puso cara de falso despiste. — Pues claro que lo recuerdo, ¿estoy haciendo yo algo que no sea de clase, aparte de proponernos un reto intelectual digno de Ravenclaw? — Rio entre dientes otro poquito mientras hacía algunas de las primeras operaciones. — Yo no he dicho tu mejor vena, he dicho que esa me encanta. — Suspiró, como si recordara algo de hace mucho tiempo. — Ah sí, cuando sacas ese estilo mafioso y autoritario, y se te pone la cara de soy frío y metódico... — Se mordió el labio inferior solo de pensarlo y entornó los ojos. Y por supuesto, era invocar esa vena, y más en Aritmancia, y Marcus ya estaba poniendo ese tonillo de "no me vas a ganar" y el problema la verdad es que empezaba a darle un poco igual. — ¿Sí, en el caso de que lo consigas...? — Preguntó, animándole a terminar su discurso, mientras cruzaba las piernas, lo cual las hacía visibles entre ambos lados de la túnica. Siguió escribiendo con una mano, pero la otra la dejó caer distraídamente sobre el regazo y subió muy lentamente y muy poquito, la tela, sin dejar de mirar su pergamino.

Cuando Marcus empezó a argumentar, ella sacó los morrillos y asintió mientras seguía escribiendo los cálculos. — Oh magnánimo prefecto, hoy estás tranquilo y bondadoso... — Dijo en voz baja pero grandilocuente. — Qué buen día entonces para ser una alumna díscola muy traviesa. — Aquel juego la estaba poniendo a mil, y se estaba apuntando aquella estrategia para cuando no tenía tiempo o circunstancia para llegar a más. Que lo mismo no era, pero desahogar desahogaba divinamente. Escuchó lo de las fresas y sonrió de medio lado. — Ay, mi querido prefecto, o eso es una metáfora muy elaborada, o me estás poniendo en bandeja tu triunfo porque no me importe perder... — Paró un momento de escribir y alzó la mirada al techo. — Lo cual sería tremendamente Slytherin, ahora que lo pienso... — Volvió a reírse un poquito y repasó las primera operaciones antes de seguir, que como se equivocara en la aritmética básica se iba a morir de la vergüenza, por muy caliente que estuviera. — Yo te doy las fresas encantada, aunque pensé que lo que ibas a hacer era castigarme... — Dijo tono muy bajito pero sugerente. — Por ser una alumna traviesa de esas que te ves venir. — Subió un poco más su falda. — No te haces idea de lo mucho que me gusta cuando regañas... Como aquel día de la huelga en sexto. — Terminó con una risita de garganta y siguió escribiendo, como si nada y sin mirarle. — Pues si tú pierdes... — Se rio con superioridad y dijo. — ¿Te acuerdas de la noche de San Valentín? — Se llevó la mano derecha a la boca, ahogando un suspiro. — Si pierdes, tienes que prometerme, que la próxima que te haga lo mismo que aquella noche... Con aceite o sin él... — Matizó, que se conocía con su novio, y allí eran dos Ravenclaws con capacidad de encontrar huecos legales y el ramalazo Slytherin suficiente para usarlo a su favor. — Me dejarás hacerlo hasta el final... — Dibujó una sonrisa de satisfacción inevitable, mientras terminaba los cálculos y los repasaba a toda prisa, tirando la pluma sobre el pergamino en cuanto lo terminó. Su novio también había soltado la pluma pero no sabía si mucho antes o prácticamente a la vez.
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Dom Jun 27, 2021 11:38 pm

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CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Rio entre dientes y negó con la cabeza, con esta clavada en el pergamino que seguía rellenando. Intentaba concentrarse, de verdad que sí, y una parte de su cerebro estaba muy metido en la progresión que tenía que hacer. Solo una parte. Eso no era habitual en él, pero si alguien podía conseguirlo, indudablemente era Alice. Sin despegar la vista del pergamino, contestó. - Es que soy frío y metódico. - Metódico sí, lo de frío... Fachada pura. Por algún motivo a Alice parecía gustarle cuando se ponía de esa forma, que ciertamente no tenía tan bajo control como él quería dar a entender. Al final, sus emociones le acababan traicionando, por mucho que quisiera ir de persona extremadamente práctica y racional.

En lo que escribía detectó un movimiento por el rabillo del ojo, un movimiento que no le pasaría desapercibido por muy concentrado que estuviera... ¿No? Quizás no de un tiempo a esa parte, desde quinto sobre todo para ser exactos, considerablemente fuera de control en sexto y ya totalmente desmadrado en séptimo. Alice había movido la pierna estratégicamente y los límites de su falda no iban a tardar en jugarle una mala pasada. Él lo sabía, ella lo sabía, a esas alturas todo el maldito mundo debería saberlo ya. ¿Pretendía desconcentrarle? Oh, qué lista. Con que juego sucio, ¿eh? Vaya con la que le gustaba la vena Slytherin... Y bien que sabía usarla.

A tu función, Marcus. Ya hablarían cuando salieran de clase. Tenían todo el día libre y... Mierda, has quedado con los de tercero. ¿De verdad, Marcus? Bueno, no importaba. Seguía teniendo casi todo el día libre. Ahora tenía una progresión que hacer, ni se quería desconcentrar ni le iba a dar la satisfacción a Alice de conseguirlo, que ya se iban conociendo. Arqueó las cejas mientras escribía y respondió. - Según se mire. ¿Se merece tu prefecto que le robes la tranquilidad de esa forma? - Comentó, fingiendo ser un comentario distendido mientras estaba más centrado en calcular que en seguirle el rollo. En el fondo, en cambio, le estaba diciendo "para, Alice, que estamos en clase". Como si fuera a colar de alguna manera. Terminó uno de los cálculos justo cuando Alice respondía a su propuesta. Soltó la pluma, entrecerró los ojos y la miró con una sonrisilla, cruzando los brazos ante la mesa. - ¿Y no pueden ser ambas? - Miró hacia arriba, en una pose teatralmente pensativa con una mueca chulesca, y añadió. - Y en ese caso, sería más bien muy Ravenclaw. Una estrategia lo suficientemente inteligente que me permita matar dos pájaros de un tiro... - Tomó la pluma de nuevo y señaló al pergamino. - Y sin dejar de calcular. - Y a eso volvió, a sus cálculos. A lo que debería estar haciendo sin distraerse un solo segundo, pero siempre acababa contestando a su novia.

Estaba en el tramo final de la progresión, y por lo que veía por el rabillo del ojo Alice aún estaba a mitad (no le extrañaba, no paraba de buscar estrategias retorcidas para confundirle mientras él no había dejado de trabajar). Al final iba a ganar él, y en eso parecía estar ella, en decir que no le importaba darle la victoria. A ver por dónde le salía eso, Alice no se caracterizaba precisamente por ponérselo fácil. Frunció un poco el ceño con una sonrisilla confusa, pero seguía escribiendo, y más rápido ahora que se veía a punto de terminar. De nuevo el tema de los castigos, ¿qué le estaba queriendo decir Alice con eso? Aunque soltó una muda y seca carcajada de garganta cuando mencionó la huelga de sexto. Vaya diita, de los peores desde que tenía el cargo, aunque... Le plantó un beso ahí sin venir a cuento. Alice estaba un poco como ese día, jugueteando con él, solo que hoy estaba muy tranquilito y concentrado y aquel día iba cabreadísimo... Y, aún así, cabreadísimo que estaba, teniendo un asunto urgente e importante que resolver y sin ser novios, le dio un beso y más que le hubiera dado de haber tenido tiempo. Qué no conseguiría hoy, ¿iban por ahí los tiros? ¿De esa rama pensaba tirar?

Ya iba a decir lo que ella quería, pero no iba a servirle de nada. Amplió la sonrisa y se dispuso a escucharla por mera cortesía, dispuesto a decirle "pues lo siento, princesa, porque no va a poder ser", ya que estaba apenas a un par de números de acabar la progresión. La pregunta le hizo asentir, pero sin dejar de escribir a toda velocidad. Sí, se acordaba de la noche de San Valentín, y sí, sabía que estaba haciendo eso para desconcentrarle. Pero no, no iba a colar. Antes de que Alice continuara, puso punto y final con satisfacción, se irguió con una sonrisa orgullosa y soltó la pluma prepotentemente en la mesa, dispuesto a decirle "no, por favor, haz tu petición, que no se diga", aunque no sirviera de nada en absoluto, porque él ya había terminado. Bueno, no había terminado, le quedaba el último toque. En concreto, sacar su varita y, apuntando con el marcador de longitudes (uno de los instrumentos del estuche que iba a estrenar justo en ese momento, dicho fuera de paso), trazar la línea mágica final para su correcta comprobación y se acabó el ejercicio. En ello estaba, en coger su varita con una mano y el marcador con la otra, mirar bien donde lo tenía que colocar, apuntar con la varita mientras lo hacía... Y, antes de poder dejarlo en su sitio y lanzar el hechizo, Alice acabó la frase.

No esperaba eso. Definitivamente no esperaba eso, y en un alarde de lo bien que se le daba disimular y lo nada nervioso que le ponía Alice, todo se le fue de las manos. Literalmente, porque automáticamente se le resbalaron ambas cosas, la varita y el marcador de longitudes, y ambos parecieron cobrar vida en sus manos. Por más que intentó hacer malabares con ellos (priorizando salvar el instrumento que acababa de sacar del estuche por primera vez), solo consiguió pasarse un par de segundos haciendo el estúpido con las manos, haciendo bailar los objetos en el aire, y acabando con su varita (y su impecable estatus) por el suelo. Dejó el marcador en la mesa y se agachó torpemente a recogerla. - ¿Todo bien por aquí?- ¿Eh? - Respondió bruscamente al profesor mientras se erguía de golpe, no dándose con la mesa en la cabeza de milagro. - Sí, no, sí, bien, bien todo. - ¿Cómo va el ejercicio? - Hecho. - ¿Hecho? - No. O sea, sí. - El profesor arqueó una ceja. Tenía el corazón en la garganta, más le valía tranquilizarse porque en fin. Menudo espectáculo estaba dando. - Planteado. - Se aclaró la garganta y trató de recomponer una expresión más adecuada para estar en clase. - Estábamos intercambiando opiniones, pero está... Está. - Estaba, sí. Mejor dejarlo ahí.

El profesor asintió y se marchó para continuar preguntando a otros alumnos. Marcus echó aire por la boca y se frotó la cara y el pelo, por ese orden. Bajó las manos y miró a Alice. No sabía ni lo que decirle, ¿por donde empezaba? Tenía como un millón de pensamientos cruzando su mente a toda velocidad, y el noventa por ciento eran alarmas de lo que estaban haciendo en plena clase. - Seguimos en clase. - Afirmó, de nuevo con ojos intensos, queriendo decirle con estos a gritos "córtate". Porque claro, era necesario precisar donde estaban, porque seguro que Alice no se había dado cuenta. En vistas de su comportamiento, no lo parecía. - Vamos a... - Se le había ido la mirada hacia abajo, hacia la falda. ¡Maldita sea, Marcus! Tornó los ojos hacia el profesor otra vez y continuó con lo que iba a decir. - Vamos a continuar... Con el ejercicio. - No con el jueguecito, por todos los dragones, que le iba a dar algo. Se aclaró la garganta y volvió a tomar la varita con una mano y el marcador con la otra... Pero claro, Marcus tenía que nacer de nuevo para callarse. - ¿Ahora quien pretendía que al otro no le importara perder? - No sabía qué diablos hacía entrando al juego otra vez, si sabía que Alice le daba mil vueltas en eso. Acto seguido, lanzó el hechizo pertinente y comprobó la progresión. - Listo. Función acabada. - Soltó todo sobre la mesa y miró a la chica con inexpresividad. - He ganado yo. - Dijo en tono monocorde, muy lejos del triunfo que habitualmente solía mostrar. Y eso que... Había ganado él... Maldita sea.
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Lun Jun 28, 2021 1:02 am

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Frunció los labios en una sonrisa satisfecha y movió un poquito la cabeza. — ¿Te estoy robando la tranquilidad, prefecto O'Donnell? ¿Eso cuántos puntos son? — Y rozó un poco con el pie su pantorrilla. Su plan, entre otras cosas, se basaba en estimular a Marcus desde tantos puntos que no supiera ya de dónde le venía y no pudiera batallarlo con efectividad. Alzó mínimamente los ojos para verle apoyado en la mesa y sonrió más aún. — Pues claro que pueden ser ambas, mi amor. Tú siempre consigues lo que quieres. — Y volvió a mover el pie, clavando la mirada en el pergamino. — ¿No te lo demuestro ya? — Susurró.

Ah, pero sabía que no se esperaba esa petición por su parte, Y Gal sabía lo que se hacía, porque ahora no solo no iba a poder evitar desearlo, si no que no se lo podía negar alegando el calor del momento, haciéndola dejarse llevar por la pasión como había hecho las otras dos veces. Casi le dio pena que se le cayera el medidor nuevo. Casi. — Sí que estas perdiendo la tranquilidad por segundos, O'Donnell. ¿Has escuchado algo que te interese, o qué? — Pero claro, tan escandaloso tenía que ser el pobre, que el señor Adams se pasó por allí. Ella negó con naturalidad sin dar de sonreír. — Los EXTASIS lo tienen nervioso, señor. Ya le conoce. — Y lo mejor es que con el profesor colaba, que le sonrió y le asintió pero Gal sabía la implicación de esa frase para Marcus, porque había una inmensa suerte en que aquellos exámenes del demonio tuviera un nombre tan utilizable en otros contextos. Oh sí, habría perdido con la función, pero estaba ganando en todos los terrenos posibles. — Además, ¿por qué tanta prisa? Con lo que a mí me gustan las cosas hechas despacito... — Dijo alzando las cejas y bajando el tono, sabiendo que implantaría en su cabeza el recuerdo de su petición en la Sala de los Menesteres, cuando estaban en su cama.

Le miró agacharse y siguió su mirada. Ajá. Con Marcus los límites de las faldas no solían fallar. Si es que le iba todo a pedir de boca. Como siempre que improvisaba sobre lo que iba pasando. Cogió su propio medidor y lo puso sobre el ejercicio. — Sí, Marcus, ya lo sé, estoy midiendo la progresión. — Dijo con voz angelical lo de que estaban en clase. — No he hecho nada fuera de las normas... Creo. — Dijo rodando los ojitos. Dejó bajar de nuevo la mano izquierda distraídamente y se acarició a sí misma la pierna, pasando los dedos uno a uno como si fuera un abanico, y al final, devolvió la mano al regazo. Negó con la cabeza mientras le veía rematar la progresión. — Yo no pretendía que perdieras precisamente. De hecho diría que ganaríamos los dos. — Dijo frunciendo el ceño y apoyando la barbilla en la mano derecha. — Pero sí, has ganado tú, enhorabuena, O'Donnell. — Dijo tendiéndole la mano con una sonrisa y al estrechársela deslizó con deleite sus dedos por su palma y los de él. Le encantaban sus manos. Dee repente se hizo la sorprendida y miró el pergamino de Marcus. — ¡Oh! Qué función tan perfecta... — Movió la silla al lado de la de Marcus y apoyó ambos codos sobre la mesa y la barbilla en las manos, para no levantar ninguna sospecha sobre su cercanía, aunque estaba pierna con pierna con Marcus. — Explícamela. — Dijo con la mirada brillante y sonrisa angelical. Volvió a mirar al pergamino y comenzó a decir. — Entiendo que empieza con los números más sencillos... Y van creciendo... — Deslizó el índice sin llegar a tocar el papel por encima de la primera línea de operaciones. — Y se va complicando la cosa. A veces hay que subir la función... — Dijo rozando el muslo con el de él para que se le recogiera un poco la falda. — Y a veces la clave esta en pasar por debajo... De la línea. — Dijo señalando aquella hecha por el medidor. Soltó un suspirito al aire. — Y entonces sigues... Y sigues... Hasta que tiende al infinito... — Sonrió y le miró con los párpados bajos. — ¿Crees que este planteamiento me ayudará con el EXTASIS... De Aritmancia? — Y tuvo que contener una risita porque aquello era muy divertido.

Aprovechó que el profesor se había puesto hablar con un grupo y acarició el dorso de la mano de Marcus. — Sé que te dije que te daría pistas durante el día... Pero eso era antes de que nos comprometieras el mediodía... Y yo no puedo quedarme sin contarte esto. — Miró a ambos lados y bajó la voz hasta un susurro que era casi un suspiro contenido. — Llevo toda la noche soñando contigo, amor mío. Con tu piel, con tus manos acariciándome, casi podía sentirlas, contundente lengua. Necesito sentirte, Marcus. No sabes cuánto. — Soltó otro suspiro, esta vez más contenido, y se llevó una mano a los labios. — Y ya sé que eso es portarse muy mal pero... Mi amor, sabías quién era Alice Gallia cuando te enamoraste de mí... No puedo evitar ser un poquito díscola.— Dijo encogiéndose un hombro retomando el aire angelical. — Y tú siempre eres tan perfecto prefecto... — Se mordió el labio. — ¿Nunca has oído hablar de la erótica del poder?
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Lun Jun 28, 2021 2:49 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Que los EXTASIS le tenían nervioso. Ya. Muy hábil su novia con el jueguecito de palabras, que por supuesto tardó un par de segundos en pillar pero lo acabó captando. Estaba respirando hondo para reajustarse cuando dijo lo de hacer las cosas despacito... No le iba a dejar en esa clase, lo empezaba a asumir. Alice había iniciado un recorrido y no pensaba pararlo hasta... ¿Hasta qué? ¿Hasta que buscaran algún recoveco del castillo para desahogarse? Solo de pensarlo tuvo que parpadear otra vez, no pensó tener "ese" tipo de planes en el día de hoy... No iba a poner ninguna objeción al respecto, por supuesto que no. ¿Pero tenían que empezar justo en mitad de la clase? ¡Que se le iba a notar, que él disimulaba de pena!

Iba a decírselo. Iba a comprobar que el profesor estaba lejos, inclinarse sobre su oído y decirle "sé lo que estás haciendo, y sí, aquí me tienes, ya lo sabes, no puedo negarte nada, pienso buscar un rincón en cuanto salgamos de aquí y demostrarte lo que tú quieras pedirme. Pero ahora, por favor, PARA". Iba a decírselo. Iba. Si no fuera porque su novia empezó de nuevo el teatrillo del "estoy trabajando y no he hecho nada estrictamente marcado como ilegal por las normas", y claro, de nada le iba a servir decir eso entonces. Alice le daría la vuelta y diría que él lo había interpretado así en todo caso. Un día más de Alice Gallia haciendo lo que le daba la gana con su cerebro, poniéndoselo del revés, porque ya no sabía por donde atajar el asunto. Aunque había vuelto a trabajar en la progresión, quizás debería fingir junto a ella que solo estaban trabajando y hacer lo que quería hacer el resto de la clase: estar en la aritmancia y solo en la aritmancia.

No iba a ser tan sencillo. Vio por el rabillo del ojo como se acariciaba su propia pierna, pero retiró la mirada con dignidad y simplemente dijo. - Gracias. - Uy, sí, Marcus, qué bien, has ganado un bol de fresas. De verdad que a veces era tonto con mayúsculas. Le estrechó la mano sin perder la pedantería en los ojos, pura fachada una vez más. Fachada que casi se cae al suelo con ese roce de sus dedos. Casi, tragó saliva y simplemente lo dejó estar. Hasta que Alice prácticamente se le lanzó encima, súbitamente entusiasmada por su función. Abrió mucho los ojos y automáticamente buscó con la mirada al profesor, pero estaba agachado resolviendo dudas a otros alumnos. Giró la vista a ella con un cuestionador arqueo de cejas cuando le pidió que se la explicara. - Creía que sabías hacerla. - Elevó un poco más una de las cejas. - Me acabas de proponer retarnos a ver quién la hace primero. - ¿Qué hacía buscándole un razonamiento a todo aquello? Si estaba claro que Alice le estaba provocando. Pero Marcus tenía que intentar llevárselo al terreno de la racionalidad en contexto lectivo, porque si no, se le volverían a caer las cosas de las manos.

Tenso como pocas veces en la silla, y no porque la cercanía de su novia le estorbara precisamente (más bien todo lo contrario, pero es que no era el sitio, no lo era), escuchó lo que ella iba diciendo. Ese tono, ese roce del pergamino, esas segundas intenciones. Esa pierna de ella acariciando la de él. Otra vez estaba buscando al profesor con la mirada con ojos culpables, desde luego él no había nacido para las travesuras, a diferencia de Alice. Tragó saliva y la miró de nuevo, fijándose en sus labios al hablar. Uh, mal camino ese. "Y entonces sigues... y sigues..." Estaba sudando ya en pleno invierno. Y entonces Alice soltó una pregunta. - ¿Eh? Sí. No. - Otra vez estaba contestando nerviosa y atropelladamente. Tragó saliva una vez más y se aclaró la garganta, removiéndose en su asiento y tratando de recuperar la compostura. - Es, es... Un buen planteamiento. No es malo. Es... - Se aclaró la garganta otra vez, haciendo un esfuerzo estoico por mirar al pergamino y solo al pergamino. - Hay... Ciertos problemas que se resuelven con ciertas funciones. Como este problema. Y esta función. Para el problema. - Premio al orador del año. Se rascó la frente y ya sí se dijo a sí mismo que debía articular una frase más coherente, que parecía idiota. - La clave está en saber qué usar... Y cuando usarlo. Algo puede ser perfecto, pero si lo usas en el momento inadecuado... Podría generar un problema mayor del que ya de por sí tienes. - Y ahí sí que la miró con ojos de aviso. En otras palabras, Alice: me encanta lo que haces, eres perfecta, ¡pero este no es el sitio! De verdad que ya no sabía cómo decírselo sin decírselo.

Al menos dejó las indirectas y fue al grano... Lástima que ya sabían ambos de qué grano estaban hablando y escucharlo directamente no le hacía estar menos nervioso, más bien al contrario. Volvió a buscar al profesor con la mirada antes de centrarse en Alice, sin dejar de echar vistazos de reojo. Puso la expresión más neutra que pudo, con un muy leve arqueo de cejas como si tuviera curiosidad por saber de qué se trataba, a pesar de que ya se lo veía venir desde hacía horas, cuanto menos en los últimos minutos. La maniobra de mirar de reojo al profesor se vio gravemente afectada en cuanto Alice empezó a hablar del sueño, porque ya estaba cayendo en el hechizo otra vez, ese que le hacía mirar sus labios como un idiota y que su corazón se acelerara al triple de su ritmo habitual. - Muy mal... - Susurró como hipnotizado cuando ella dijo que "eso era portarse muy mal". ¿Pero a quién quería engañar? ¿A quien quería venderle que estaba haciéndole pasar un mal rato? Le estaba poniendo muy nervioso, sí, le estaba desconcentrando. Pero su mayor problema real era que no podía salir corriendo a cumplir todas las fantasías que Alice le proponía. Encima era una lección de repaso y ya tenía el problema hecho desde hacía un rato, y con semejantes factores distractores. Es que le daban ganas de preguntarle al profesor si se podían ir.

Pero claro, Marcus O'Donnell jamás haría semejante cosa. En su lugar, se quedaría ahí sudando la gota gorda y reaccionando a cada aparición del profesor como si hubiera cometido un crimen, mientras su novia le ponía todos los pelos del cuerpo de punta. Se mojó los labios. Que ya sabía quien era cuando se enamoró de ella. Oh, qué mentira más grandísima. Él se enamoró de ella el primer día que la vio, y todo eso había sido una cuesta abajo desde entonces, cuando ni siquiera imaginaba lo que le esperaba. Ni ahora sabía hasta donde podía llegar su novia, porque ella volaba más alto a cada minuto. Y aún así, loco por ella estaba, y más y más que lo estaría. Eso sí que era verdad: podría no predecir sus locuras, pero a cada una que cometía, solo podía amarla aún más. Y eso sí que era una locura en sí misma.

Volvió a tragar saliva cuando le hizo la pregunta, sin dejar de mirar sus labios, y se encogió de un hombro. - Algo he oído. - Algo, decía, qué mentiroso. Pues no había usado él nada esa frase para sus fanfarronadas. Pero podía poner la mano en el fuego porque Alice le estaba dando un cariz y una profundidad que él no se había parado a pensar en absolutamente ninguna de las ocasiones que la hubiera dicho. Se mojó los labios y giró la cabeza, buscando al profesor. Seguía distraído. Se inclinó ligeramente hacia Alice, clavando la mirada en sus ojos, y susurro. - Nuevo reto. Pacto, más bien. - Miró de soslayo el pergamino y volvió la vista a la chica otra vez. - Yo hago todas las funciones perfectas que me pidas. Aquí... Fuera... O donde quieras. - Bajó ligeramente la cabeza para mirarla con los ojos entornados hacia arriba, de nuevo en señal de aviso. -  Para lo cual necesito concentración. Cada cosa en su entorno. - Insistió. Una vez más, comprobó tornando la cabeza que el profesor no estaba cerca, y volvió a recuperar su postura para seguir susurrando. - Y tú... Me explicas en qué consiste eso de la erótica del poder... Cuando salgamos de aquí. - Agarró firmemente su mano y la apretó como quien sella un acuerdo, mirándola con intensidad y diciendo en un susurro tajante y serio. - Y este prefecto autoritario no admite discusión. - Ladeó la cabeza y, con los ojos entrecerrados, dijo. - ¿Vas a llevarle la contraria? -
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Lun Jun 28, 2021 5:52 pm

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
No es que le gustara fastidiar a su novio ni mucho menos, pero no podía evitar que le atrajera el hecho de que era muy evidente que hubiera preferido perder con aquel reto que le había planteado. — Oh, pobrecito, ¿no estás contento con tu premio? — Dijo con falsa lástima, sacando un pucherito. — Siempre podemos apostarnos otra cosa y que pierdas estrepitosamente. Estoy dispuesta a mantener mi premio... — Se acercó un poco más a él. — Sabes que me encanta experimentar, y me muero por hacerlo con eso concretamente. — Terminó ladeando la sonrisa. Ah sí, todo eso era cierto, pero le gustaba más todavía poder picarle y provocarle de aquella forma, nadie se hacía una idea del subidón de adrenalina que le daba. Y mientras, el pobre creyéndose que decía en serio lo de la función. — ¿Por qué no me la corriges a ver si está bien y he entendido como se hace? Para, una vez más, ser los mejores de la clase. — Sí, esa era otra técnica que usar con Marcus, la de ponerse por encima de los demás.

Tuvo que aguantarse la risa al oírle intentando razonar lo que le acababa plantear de la función, que ella misma sabía que no tenía sentido porque lo que había hecho era retorcer términos matemáticos para insinuar guarradas. Pero ya pro fin, Marcus pareció ponerse al día consigo mismo y tomó el relevo de las metáforas aritmánticas. Sonrió y entornó los ojos. — Yo no estoy usando ningún instrumento. — Dijo angelical. — Aunque yo soy experta en buscarte problemas, prefecto. Pero creía que a ti te gustaba un poquito de emoción controlada. — Dijo, moviéndose de su lado, más alejada de él y subiéndose un poquito más la falda en el proceso, aunque luego la devolvió a su sitio. — Qué calor das, ¿estás bien? — Susurró, traviesa, mientras echaba la cabeza para atrás y se acariciaba el cuello.

Ese "muy mal" le dio un escalofrío que le recorría el cuerpo entero. Igual lo decía muy en serio, pero sabía que lo tenía a él también muy encendido, aunque su cerrada mentalidad O'Donnell sobre lo correcto le impedía disfrutar de aquel momento tanto como ella. Casi le veía echar humo por la cabeza. — Veo que tú también me tienes ganas, amor mío... — Bajó más aún la voz y se puso la mano cerca de la boca, para disimular. — Ni te imaginas de qué ganas tengo de hacerte disfrutar... Para compensarte este rato tan malo. — Dijo con tono de falsa pena al final. Por fin, su novio pareció recuperar la capacidad de hablar ampliamente. Sonrió y asintió cuando le dijo lo del reto, escuchándole atentamente. — Aja. — Se mordió el labio inferior y le brillaron los ojitos. — ¿Donde yo quiera? — Preguntó encantada de la vida. Alzó las cejas cuando le dijo lo de "cuando salgamos de aquí". Sí, no se le había olvidado que tenían una hora libre, por supuesto, e iba a hacer que le mereciera la pena el día entero, y hasta la semana. Y ahí estaba ella, dispuesta a portarse bien, cuando Marcus agarró así de la mano y dijo eso. Por todos los dragones, que sintió que la sangre del cuerpo le bullía entera. Si le hablaba así después, cuando salieran de la clase, iba a ir ciega de pasión por los pasillos y se iba a aguantar más poco que en toda su vida las ganas. Suspiró, entreabriendo los labios, y le clavó la mirada. — Si lo que querías era calmarme, con ese tono y esas palabras estás teniendo el efecto contrario. — Bajó las manos juntas debajo de la mesa y le hizo rozarse casualmente con el interior de su pierna, cerca de la rodilla, antes de soltarle. Y aquel roce parecía echar chispas. — Sabes que cuando haces eso solo me pones más, Marcus. — Se mordió el labio enfocando sus ojos. — Demando pruebas. Dime dónde vas a llevarme después... A que te explique eso... — No hizo más hincapié porque el profesor volvía al frente de la clase.

¡A ver! Primer grupo, Gallia, O'Donnell, ¿quién de los dos sale a resolver?Yo, señor. — Dijo ella dando un saltito de la silla (porque siempre le colgaban los pies, desventajas de ser bajita) y poniendo la mano para que le dejara la tiza. — Siempre se puede contar contigo para el entusiasmo, Gallia. ¿No quieres tu papel? — Ella ladeó la sonrisa y miró fugazmente a Marcus y dijo. — Quiero intentar volver a hacerla sobre la marcha, señor. Es como mejor se me da hacer las cosas. — El señor Adams levantó las manos como diciendo "toda tuya". Ella alzó la mirada al reloj "Tres minutos, ¿eh?". Se puso a escribir a toda prisa en la pizarra y, por un momento, solo los números invadieron su mente. Se separó al terminar y lo comprobó satisfecha. — Impresionante, Gallia. Hay que dejarte improvisar más. — El profesor se sentó en la mesa de ambos, al lado de Marcus y estiró el cuello para ver el pergamino del chico. — Y por supuesto O'Donnell también lo tenía perfecto. Y qué limpio y bien trazado. Diez puntos para Ravenclaw, cinco por cada uno del dúo. Farmiga y Cooper, la segunda parte. — Gal se fue más contenta que nada su sitio y se sentó de nuevo, mientras la atención derivaba de ellos. — ¿Has pensado en a dónde vas a llevarme para cumplir tu parte del trato, prefecto querido? — Dijo mientras volvía a acariciarse los labios con la pluma, esperando a copiar el resto de la función según se fuera resolviendo de la pizarra. — Ya has visto que también sé ser las alumna perfecta... Para el perfecto prefecto...
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Lun Jun 28, 2021 9:51 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
¿Que si no estaba contento con su premio? Pues no, en comparación con el que hubiera "ganado" Alice, lo cierto es que le sabía a poco ya. La miró con los ojos entornados con una expresión que pretendía que fuera neutra, pero era un poquito de niño enfurruñado. Pero el comentario de Alice le hizo volver a buscar al profesor con la mirada, asustado de que la hubiera escuchado (y supiera a lo que se refería). Se había puesto delatoramente colorado. - Ya... Veremos.  - Dijo, por decir algo, mientras tragaba saliva y se planteaba donde debía uno mirar cuando le decían esas cosas.

Asintió y miró por encima el pergamino de su novia. Pues sí, estaba bien hecha la función, lo cual era sorprendente. Por muy fácil que esta fuera, según el punto de vista de Marcus, por supuesto, la chica se había pasado todo el tiempo ideando maneras retorcidas para insinuársele y ponerle nervioso, ¿cómo podía hacer eso y una función aritmántica a la vez? Por todos los dragones, ¿y por qué le ponía eso tanto? Estaba fatal. Estaba realmente mal. Pero es que Alice mezclando erotismo con brillantez intelectual... Era demasiado para un pobre proyecto de erudito recién ennoviado como él.

La emoción controlada, sí. La cuestión era si esa emoción estaba bajo control o no, porque como se emocionara de más... Iba a tener un problema en clase. Claro, era muy fácil decirlo para ella, que era la que manejaba el timón, la que mantenía una tranquilidad pasmosa ante esas cosas y a la que no se le notaba su estado desde fuera. La miró con un "¿en serio?" escrito en la mirada cuando le dijo que daba mucho calor. Ya, ¿no me digas? Pensó. - No. - Respondió sardónico a la pregunta de si estaba bien, clavando la mirada en ella, viendo entonces como se acariciaba el cuello de esa forma y... Respiró hondo y apartó la mirada. Qué bien se lo estaba pasando Alice y qué mal rato estaba pasando él... Bueno, tampoco mal rato, mal rato...

Y ella seguía. Volvió a respirar hondo cuando dijo eso de hacerle disfrutar, porque el escalofrío había sido muy real otra vez, y comprobando de nuevo que el profesor no andaba cerca se inclinó hacia ella. - Alice, por favor... - Pero Alice ni caso. A pesar de la advertencia, de esa pose autoritaria que no engañaba a nadie (cuanto menos a ella) y de su seriedad, pidiendo que postergaran aquello para el final de la clase, al parecer lo único que consiguió fue entusiasmarla más. Contuvo el sobresalto ante el roce, sin poder evitar llevar allí la mirada, y movió los ojos de nuevo hacia los de ella. Se mojó los labios. Que cuando hacía eso solo la ponía más, vaya. Tomo nota, pensó, cuando debería estar pensando "para esto, que estamos en clase". Pues no. Ahí estaba su orgullo viniéndose arriba ante las reacciones de Alice.

Arqueó las cejas. ¿Que donde pensaba llevarla? Pues a la sala de los menesteres, obviamente. Les pillaba extremadamente cerca y, si bien el pasillo era especial, la sala era más cómoda. Si estuviera ocupada o el séptimo piso muy transitado, recurriría al cuarto piso. Pero a las horas que estaban del día, era más probable que estuviera vacío el séptimo piso a que lo estuviera el cuarto. Al final Alice lo estaba consiguiendo: en vez de estar pendiente de la clase, estaba calculando lo que no debía calcular, en concreto como quedarse a solas un viernes a plena luz del día. Fue a abrir la boca para contestar, pero el profesor reanudó la clase y ahí sí que dio un delator respingo en su silla, poniéndose recto en el acto, y notando que el corazón iba a salírsele por la boca cuando oyó su nombre. Ya pensó que les había pillado y casi le da algo, pero no, el profesor solo estaba señalando una evidencia y no era precisamente que estuvieran con conversaciones subidas de tono en clase. Solo manifestaba que uno de ellos sería quien saldría a resolver.

Estaba tan aturdido que no le dio tiempo a reaccionar, su novia se presentó voluntaria antes. La siguió con la mirada con un velo sorprendido en los ojos, porque no salía de su asombro de la naturalidad con la que Alice le decía ese tipo de cosas en plena clase y, al mismo tiempo, hacía una progresión perfecta y, encima, salía a la pizarra a resolverla. En lo que la miraba tratando una vez más de mantener una expresión lo más neutra posible, la chica respondió al profesor mirándole directamente y hablando... Así. Maldita fuera su novia, maldito fuera él, y maldito fuera el mundo entero. ¿¿Le acababa de tirar una indirecta desde la pizarra?? Sí. Y a él se le acababa de resbalar la pluma de las manos otra vez. Mejor no tocaba nada más.

Se reclinó en la silla y se cruzó de brazos, aclarándose mudamente la garganta. Así tenía más sensación de control, mientras miraba como Alice simplemente escribía en la pizarra... Y escribía, y escribía, y escribía la progresión entera prácticamente de memoria. Arqueó las cejas, inexpresivo. ¿En serio? ¿¿Cómo se la había aprendido, si estaba distraidísima?? Se había quedado congelado en el sitio mirándola escribir, impresionado, obviando algún que otro murmullo de impresión de sus compañeros, a quienes les costaba seguir el ritmo hasta estando tan tranquilos delante de sus pergaminos. Como no podía ser de otra manera, el profesor la felicitó, tras lo cual se fue a sentarse a su lado para comprobar su progresión. Se reajustó un tanto incómodamente en el asiento, frunciendo los labios en una sonrisa protocolaria y mirando de reojo a Alice, aún al frente de la clase. El profesor no solo les felicitó sino que le dio puntos de casa. Se le dibujó la sorpresa y la alegría en los ojos, sonrió y asintió agradecido, sin acertar siquiera a dar las gracias.

Se mojó los labios y respiró hondo de nuevo, mirando al papel, esperando a que Alice se sentara. La nueva pareja salió a exponer su trabajo y su novia se sentó junto a él, tirito incluido por supuesto. Como si no la estuviera escuchando, como si estuviera simplemente metido en la clase, con una pose claramente fingida, se colocó el pergamino por delante de nuevo y mojó su pluma, escribiendo el resto del ejercicio en él conforme iban resolviendo. Cuando la chica terminó, sin dejar de copiar, dijo. - Hay un cuarto de baño abandonado justo en esta planta. - Comentó. De perdidos al río: ni sala de los menesteres, ni pasillo, ni "no son horas". Marcus O'Donnell había tirado la toalla con resistirse ya, porque había una parte de él que sabía que saldría ganando con aquello. Que siempre salía ganando. - Se suele usar para... Ilegalidades varias. Para hacer lo que no se debe. - Sacó el labio inferior, alzando la vista a la pizarra con expresión concentrada y ceño fruncido. - Creo que debería pasarme a echar un ojo por allí cuando acabe la clase... Vaya que haya alguien dentro, que no debería estar allí. - Siguió copiando, bajando la mirada al papel. - Y si no hay nadie... - Terminó de apuntar la función y, dando un punto y final con la pluma, la soltó con superioridad y miró a su novia. - Quizás la alumna díscola pueda decirle al prefecto qué tiene ese lugar que atrae tanto a quien no quiere seguir las normas... Y cómo lo hacen para que nadie los pille. - Porque si Alice sabía usar sus armas mientras trabajaba... Él, también.
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Lun Jun 28, 2021 11:45 pm

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Bueno, podía relajar las indirectas, aunque ahora ella misma estaba bastante caliente, y le iba a costar concentrarse y portarse bien estando así y sabiendo lo que sus provocaciones ocasionaban en su novio. Encima ganaban puntos, le salía bien la función... Cuando un día salía bien, no había quien le parara, y solo había hueco en su cabeza para pensar en cosas que quería probar, y las normas, los EXTASIS y todos los demás seres del castillo estaban, ya no en un segundo plano, en el último.

Y para no paliar su zozobra, de repente, Marcus le dijo aquello. Siendo sincera, había esperado que su novio el dijera "la Sala de los Menesteres" y ella ya se había puesto a pensar en opciones para hacerla un poco más divertida o diferente, pero lo del baño la dejó en el sitio. Tuvo que retenerse a sí misma muy fuertemente de no mirarle con la boca abierta. Y de no besarle, de no lanzarse sobre del y demostrarle cuánto le gustaba y cómo la volvía loca. Agarró fuertemente su pluma y dejó caer los párpados, soltando el aire. — Sabía que algún día el hecho de que fueras un prefecto que forma parte del Club de Misterios nos iba a ser tremendamente útil. Sabes que me encantan las ilegalidades... — Y sabía también cómo la estaba poniendo diciéndole aquellas cosas. Porque sí, cuando Marcus perdía la cabeza, se acababan los juegos, ella simplemente se iba sin pensar en nada más con él. Asintió a lo de que tenía que pasarse por allí. Había que fastidiarse, todo lo que se resistía y lo bien que sabía jugar él a sus juegos. — Yo creo que sé lo que te vas a encontrar. — Suspiró, tratando de desahogar un poco la aceleración en la que estaba ahora. — Un alumna díscola que está deseando encerrarse con su prefecto para que le explique por qué se ha portado taaaaan mal. — Y, para desahogar, se puso a copiar a toda velocidad lo que ponían en la pizarra. Se relamió los labios y cerró los ojos cuando le dijo aquello. — Te lo voy a demostrar, que es mejor todavía. — Soltó el aire con fuerza por la nariz y susurró. — Pues la clave está en no hacer ruido... Por mucho que uno quisiera... Gritar. — El corazón casi le estalla al decir eso.

Bueno, con mínimas correcciones, pero habéis hecho bien las funciones, os ha quedado completa. Vamos a trabajar las del quinto tramo, que es en las que ha habido fallos. — Y el profesor escribió varias parecidas en la pizarra, aunque a Gal los números le bailaban ya. — Resolved las funciones y me las traéis, y me preguntáis si hay dudas. Los que las terminen correctamente, pueden salir, y el martes las quiero todas hechas, ¿eh? — Nunca había tenido más interés, en toda su vida, de terminar unas funciones. Nota mental para el futuro: no calentarse tanto si no podía luego gestionarlo bien, por mucho que le molara el jueguecito de hacerlo en público. Se puso a copiar a toda prisa y susurró entre dientes. — Si terminas antes, espérame en la esquina nada más salir a la derecha, y luego... Me llevas a donde me quieras castigar, prefecto. — Terminó en un tono sugerente, con toda la intención. Por Dios, tenía que concentrarse a como diera lugar en aquellas funciones, poner su intelecto a trabajar. Es por un bien mayor, Gal, si no las terminas, no hay excursión ilegal.

Marcus terminó antes que ella obviamente. Vaya, ¿a quién le gusta llegar antes ahora? No. Mala línea de pensamiento, Gal, concéntrate. Solo le quedaban dos. Casi que terminó en un jadeo y se levantó como alma que lleva el viento a entregarlas. Volvió. toda prisa a por sus cosas, y justo cuando creía que estaba lista para salir literalmente corriendo, ese le puso Kyla en medio. — Gal, ¿puedes acompañarme a...? Ahora no, Ky, lo siento. Tengo que irme con Marcus a un tema... De las vacaciones. Que tenemos que gestionar antes de la vacaciones. — ¿Dónde había quedado el "negarlo siempre es peor"? Bueno, era un poco verdad, porque como no desahogaran aquello antes de las vacaciones, no iban a poder ni estudiar los días que iban a estar separados. — Es que... Está Oly fuera y... — Vaya, lo que le faltaba ahora, Olympia también. Si hay nunca había nada. Llegaron a la puerta y ella se giró violentamente. — Ky, ¿qué te da miedo? ¿Por qué quieres que esté yo, o cualquiera? — Su amiga titubeó, y cayó en que era la primera vez que la veía hacer eso. Se ajustó las gafas y le huyó la mirada. — No, no tengo miedo... Es que... No sé qué quiere de mí o cómo se procede... — Terminología de prefectos, lo que le hacía falta ahora para pensar en el que estaba esperándola. — Mira, Kyla, ¿a ti te gusta? — La chica se quedó callada y suspiró, pero finalmente dijo. — Sí. Pues déjate de términos y procedimientos... Déjate llevar... Ya. ver qué pasa. — Eso hizo reír a su amiga. — Eso suena tan a ti... — Ella sonrió y dijo. — Pues siempre me ha funcionado. — Salieron al pasillo y, efectivamente, ahí estaba Olympia con eel pelo azul tirando a turquesa, el favorito de Kyla. No pudo evitar sonreír. — ¡Os dejo, chicas! Disfrutad de la mañana. — Y salió corriendo a la esquina donde había quedado con Marcus. Gracias a las ninfas, o a Cupido o a quien gobernara sobre esas cosas, no había nadie más. Según vio a Marcus, se lanzó sobre sus labios, porque los necesitaba como el aire que respiraba. Tiró de su túnica sobre ella y se acorraló a sí misma sobre la pared. — Me estabas volviendo loca, mi amor. — Y besó su cuello con frenesí, pegando todo su cuerpo al de él. — Esta alumna díscola necesita un prefecto.
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Mar Jun 29, 2021 1:21 am

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CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
A Alice le encantaba sacarle la baza del Club de Misterios, y él le ponía en bandeja que la usara. Lo cierto es que en el Club de Misterios habían investigado por qué el baño estaba en desuso, pero saber que se usaba para ilegalidades lo descubrió por querer ser prefecto. Porque, por supuesto, Marcus ya tenía un ojo puesto en ese lugar antes de coger el título. Había pillado a mucha gente haciendo lo que no debía por allí. Y hoy iba a ser él quien lo usara. Brillante jugada: correr la voz de que el Prefecto O'Donnell tiene vigilado el baño para que deje de usarse, y luego ser el propio Prefecto O'Donnell quien lo use. Si lo llega a hacer a conciencia, no le sale mejor.

Soltó una muda carcajada de garganta, con los labios cerrados, y la miró de reojo mientras hacía como que miraba su pergamino otra vez. - Muy mal. - Susurró de nuevo. No sabía en qué clase de jueguecito extraño se estaban metiendo, pero no iba a tardar en averiguarlo. Eso si no se desmayaba antes, porque su Alice, esa que siempre apostaba un poquito más largo, le acababa de soltar un comentario que dejaba lugar a pocas dudas. Parpadeó una vez más, aunque esta vez mantuvo mejor la pose estoica que en sus torpes intentos anteriores. Mejor dejaba de escucharla, de verdad que sí, porque excitarse por adelantado en plena clase no lo valoraba como la mejor idea del mundo.

Quedaba muy poco tiempo de clase, y el profesor no parecía tener ganas ese día de dar temario nuevo. Mejor, porque él tampoco. Lo que jamás en la vida imaginó: que tendría ganas de que un profesor aligerara una clase y les dejara marchar. En lo que el profesor iba escribiendo, Marcus también, casi iba más rápido que él y tenía que esperar a que avanzara para poder seguir copiando. Si él ya de por sí iba motivadísimo a las clases, ahora tenía una motivación añadida, porque ese "si las termináis correctamente os podéis ir" era justo el estímulo que necesitaba para que su cerebro fuera a más revoluciones todavía. Volvió a dejar escapar una carcajada con los labios cerrados, con un toque prepotente esta vez. - Si termino antes... - Dijo, al igual que antes había dicho "si lo consigo". Lo anterior le salió un poco del revés. Esta vez no iba a ser así. Ladeó más la sonrisa mientras escribía, disimulando el nuevo escalofrío por las palabras de Alice (ah, ahora sí que tenía los nervios bajo control, nada como ponerse chulito de verdad para ayudar a sus emociones a no descontrolarse). Con otro punto y final muy remarcado por su pluma, dejó esta en la mesa y miró a la chica. - Este prefecto ha terminado. - Se levantó y, mientras lo hacía, apoyó las manos en el pupitre y se le acercó un poco para susurrar, en un movimiento que perfectamente podía confundirse con recoger sus pergaminos. - Eso pasa por distraerse... Voy a tener que ayudarte a centrarte. - Le guiñó un ojo con chulería y se dirigió a la mesa del profesor para enseñar su ejercicio.

El profesor le felicitó, como siempre, y le dejó marcharse. Al menos ya sí pudo agradecerle en condiciones los puntos para su casa, y hasta se permitió el lujo de preguntar una duda. No porque la tuviera, él sabía responder a eso perfectamente (ni que fuera la primera vez que le preguntaba algo a un profesor que él ya sabía responder). Lo que no tenía era la conciencia tranquila con respecto a su concentración en esa clase. El profesor le respondió, le hizo una bromita sobre lo que se parecía a su padre y lo que se le notaban los genes (otra vez, porque claro, no le había hecho ninguna en todos esos años) y le dejó marcharse. Se dirigió al pupitre a por sus cosas, miró de soslayo a su novia con una sonrisita y salió del aula. Fue cruzar la puerta y aceleró el paso como si le persiguiera un león, porque no quería cruzarse con NADIE, y le había parecido ver una melena azul acercarse alegremente hacia el aula. Como Olympia se le cruzara, se le iba al traste el plan, porque su compañera de Hufflepuff hablaba por los codos. A saber si no iba buscándole a él, de hecho, de lo contrario a ver qué iba a hacer la chica por allí. Se escabulló hasta la esquina en la que se había citado con Alice y la esperó, manteniéndose ligeramente oculto y con pose de prefecto en vigilancia, por si acaso se cruzaba con alguien. Por suerte, el pasillo estaba tan poco transitado como imaginaba. La situación no podía ser más propicia.

Oyó los pasos de Alice acercarse, pasos que reconocería a kilómetros de distancia, y antes de poder girarse hacia ella, la chica se abalanzó sobre él. Respondió ese beso que llevaba deseando darle desde que empezaron con ese jueguecito, dejándose caer hasta donde ella le guiaba. Cuando ella besó su cuello, Marcus se mordió el labio y cerró los ojos, esperando a que volviera a hablar para alzar su barbilla y mirarla, ladeando la cabeza y la sonrisa, con los ojos entrecerrados. - Esta alumna díscola parece no saber que este prefecto tiene un estatus que mantener. - Se acercó un poco más a su rostro, casi rozándolo. - Y que lo está poniendo en peligro. - Hizo amago de besar sus labios de nuevo, pero se retiró a tiempo. Con un gesto de la mano, le indicó que se mantuviera donde estaba y miró a los lados. No había nadie. Pretendiendo que Alice no estaba allí, respiró y se dio media vuelta, caminando como quien ronda por el pasillo, como tantas veces hacía día tras día desde que fuera prefecto. Sabía que su novia captaría su lenguaje no verbal y sus intenciones, estaba convencido, pero ahora más que nunca necesitaban disimular. Porque estaba metiéndose en una locura de cabeza y, para más señas, manejando él el timón. A ver qué tal le iba eso.

Con toda la tranquilidad del mundo, se metió en el cuarto de baño, como hubiera hecho ya mil veces en su búsqueda de cosas mal hechas. Primero verificó que no hubiera nadie, y una vez comprobado, se escondió en una de las cabinas. Esperó a escuchar a su novia entrar, aprovechándose no solo de conocer sus pasos, sino de que tenía un espejo a la vista desde donde estaba escondido, espejo sobre los lavabos que apuntaba hacia la puerta y por el que pudo ver perfectamente a Alice aparecer. La chica empezó a buscarle y, cuando pasó por su puerta, tiró de ella hacia el interior de la cabina y cerró la puerta, apoyándola sobre esta y apoyando en ella ambas manos, una a cada lado de su cuerpo. - ¿Buscas algo? - Ladeó la cabeza. - Porque yo tengo un motivo justificado para estar aquí... ¿Y tú? - Se acercó un poco más a su cuerpo y susurró. - ¿No sabes que hay determinados lugares en los que no se pueden hacer ciertas cosas? O... No se debería, al menos. -
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Mar Jun 29, 2021 1:59 am

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CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Centrada estaba. El asunto era en qué. Y ahora mismo era en la piel de Marcus, en su cuerpo entero pidiendo más, en cómo le devolvía aquel beso como si les fuera. los dos la vida en ello. Pero su novio se había venido bastante arriba con el jueguecito, y como estaba tan acostumbrado al papel de prefecto, lo bordaba. Se dejó levantar la barbilla, mirándole arrebatada, con la respiración agitada, como si estuviera mirando a un dios. — Me he propuesto sacar una cara del prefecto que los demás no ven. — Y que ella misma no sabía muy bien que existía, porque si hace un año, o ni un año, si haces seis meses le hubieran dicho que iba a poder hacerle un ficcioncita de cariz sexual a Marcus utilizando el puesto de prefecto y sus beneficios y estatus, hubiera dicho que sí, que ya le gustaría a ella, pero que no lo veía factible. Ya ahí estaba, buscando sus labios como sis fueran un imán, y entornando los ojos y soltando el aire de la desesperación de no poder besarlos. Pero era parte del juego y oh, cómo lo disfrutaba. Se quedó con la espalda puesta en la pared, cerrando los ojos y tragando saliva, tratando de recuperar un ritmo normal de respiración. Marcus se iba por el pasillo como si hiciera la ronda, y ella fue tras de él, pegada a la pared, como si lo quisiera seguir sin ser vista.

Esperó un poco después de que entrara al baño. Realmente parecía mentira que en un castillo tan silencioso hubiera un pasillo tan desierto, y que la llevaba de cabeza a un sitio en ello que todavía no había estado y todo para estar con su novio a solas, y disfrutar de él como solo ellos sabían hacerlo. Esperó un momento más, asegurándose de que no venía nadie por los pasillos, y se metió en aquel baño. A la puerta le costaba abrirse y cerrarse, pero se aseguró por todos los medios que estaba bien cerrada. Nadie quería una Nochevieja segunda parte. Vaya, y no lo veía por ninguna parte, ahora jugaban al escondite. Con una sonrisa caminó lentamente entre los lavabos y las cabinas, pasando los dedos por las puertas, esperando el momento en el que su novio decidiera manifestarse, y Merlín sabría con qué nueva estrategia o etapa del juego. Estaba dispuesta a todo.

Cuando la agarró y la metió en una de las cabinas, contuvo un grito, de la sorpresa pero también de la emoción. Estaba tan alterada para bien, que hasta se le nublaba la vista, y esa toma de iniciativa por parte de Marcus la tenía completamente anonadada y entregada. Tiró la mochila al suelo y se desprendió de su túnica, sintiéndose en el bloqueo de los fuertes brazos de Marcus. — Sí. — Contestó. — A un prefecto que me recuerde por qué es mala idea incumplir las normas. — Alzó la cabeza y besó sus labios con frenesí, mientras subía las manos para quitarle la túnica a él también. Luego empezó a desabrochar su camisa. No pensaba quitársela, pero sí dejarla abierta para permitirle maniobrar con las manos por allí. — A que me diga que el motivo de estar aquí es por su ronda y no porque me desea ciegamente. — Dijo bajando las yemas de sus dedos por el pecho y el vientre de Marcus. — Hay muchas cosas que no debería hacer en según qué sitios. — Llegó hasta el pantalón y dio con la cinturilla, lo que le vino muy bien para tirar de ella contra sus caderas, en aquel espacio tan reducido que habían creado entre sus cuerpos. — ¿Sigues creyendo que no debería...? — Desabrochó sus pantalón y subió la mano hasta su vientre para acariciarlo. — Yo creo que te estoy convenciendo bastante. — Dijo deslizando la palma e su mano abierta en dirección a su entrepierna, pero sin llegar ahí. — ¿O vas a parar y a castigarme ahora por traviesa? — Y justo después de la pregunta, se dirigió a sus labios, pero, en vez de besarlos, mordió su labio inferior y tiró un poco de él, antes de dejarse contra la puerta y dejarle actuar como más le conviniera, porque aquel Marcus salvaje y juguetón estaba cumpliendo sus deseos más oscuros.
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Mar Jun 29, 2021 12:38 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Aquello estaba más que encendido desde hacía un rato, pero igualmente Alice entró y se desprendió de la túnica, besándole y quitándosela a él también. Tenía en la cabeza continuar con el jueguecito de palabras, pero de esa forma se le iba a hacer difícil, porque para poder hablar debía dejar de besarla y... Tenía demasiadas ganas de lo segundo como para interrumpirlo por hablar, que era algo que hacía continuamente. Lo otro, no.

- Estoy por mi ronda. - Mintió en un susurro acelerado, sin separarse de sus labios, mientras la chica le desabrochaba la camisa. - Como antes estaba en clase... Pero Alice Gallia siempre hace lo que le da la gana. - Besó su cuello y, acercándose a su oído, susurró. - Siempre hace lo que le da la gana conmigo. - Eso sí que era una verdad como un templo, como que no lo llevaba haciendo desde que entraron en el castillo. Y él se dejaba. Ya lo tenía asumido: no era "no me arrastra, voy porque quiero" como pretendía hacer creer. Era "me arrastra Y voy porque quiero", que era ligeramente distinto.

Subió las manos por la camisa de ella, levantando ligeramente la tela, sin dejar de besarla. Una de sus manos se dedicó a desabrochar también aunque fuera los primeros botones, porque aún le quedaba una mínima parte racional que le decía que no deberían desnudarse allí, menos mal. Pero sí necesitaba besar cuantos más rincones de su piel, mejor. En lo que bajaba los labios por su cuello, notó como la chica se agarraba a su pantalón. Tuvo que tragarse un suspiro, y ahí recordó algo. - Creo recordar que la clave estaba en no hacer ruido. - Susurró casi inaudible, porque otra parte racional se le había activado como una bombillita que se encendía: a ver si iba a entrar alguien y les iba a escuchar. Ya tenía que ser mala suerte, porque ahí entraba muy muy poca gente y muy muy pocas veces, porque ya de por sí en el séptimo piso no había nadie y los pocos que había eran alumnos de séptimo que acababan de salir de Aritmancia Avanzada. ¿Quién iba a querer entrar a un baño que no funciona, que está en el último piso del castillo? ¿Qué alumno lo suficientemente aplicado como para querer Aritmancia Avanzada iba a decidir hacer una trastada en plena mañana un día lectivo? A parte de... Marcus y Alice, claro.

Muchas partes racionales estaba escuchando ya, y así no iba a ninguna parte. Había dicho que esa vez manejaba él el timón, así que se buscó las suficientes excusas mentales como para desoír los avisos y, en su lugar, oyó las insinuaciones de la chica. Ya le había desabrochado el pantalón y su mano estaba tomando un rumbo interesante, mientras él se notaba más y más acalorado a pesar de tener cada vez menos ropa. No pudo contestar a esa preguntas antes de que la chica aferrara su labio inferior entre los dientes, haciéndole acercarse aún más a ella. - Teníamos un trato... - Susurró, tan cerca de su rostro que podía rozar sus labios al hablar. - Y no lo has cumplido... - Ladeó la cabeza. - Pero lo dicho... Hoy me he levantado bondadoso. - Colocó una mano bajo el muslo de la chica, alzando su pierna a la altura de sus caderas, y se acopló a su cuerpo. Sentía como la piel de su vientre se rozaba con la de Alice en lo poco que había levantado su camisa, y como su cuerpo entero la sentía cada vez más cerca. No iba a tardar en perder la ropa que estorbaba ahí. - Al menos dime... En qué consiste la erótica del poder. -
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Mar Jun 29, 2021 5:48 pm

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Sintiendo las manos de Marcus subir su camisa, su cuerpo entero se contrajo como si así pudiera atraerlo contra sí y terminó lo que sus dedos parecían querer empezar, dejándose la camisa abierta como había hecho con él, para facilitarse los movimientos pero coon la posibilidad de cerrársela rápidamente. Y adoraba sentir su piel contra la suya, y sus besos en el cuello, que le arrancaban jadeos de placer. — No debí decirte eso. — Susurró entre suspiros de placer. — No sé si voy a poder mantenerlo. — Porque aún solo se estaban besando y ya hubiera gemido un par de veces, solo con esa forma en la que la tocaba, la agarraba, la poseía.

Alzó la mirada retadora cuando le dijo que tenían un trato, como queriendo decir "¿Y qué vas a hacer al respecto?" — Mmmm qué magnánimo. — Susurró ella también sobre sus labios, aunque dejó un tonito sugerente en ello. Deslizó la mano empezando a acariciarle un poco y ampliando la sonrisa. Iba a contestarle pero entonces la agarró de la pierna, haciéndole soltar otra jadeo, porque de verdad que no había nada que le gustara más que el hecho de que Marcus tomara el timón en esas situaciones. — La erótica del poder... Reside en el hecho de ver que tienes la determinación, la frialdad... — Sacó al lengua y lamió sus labios. — Y la ambición, como para hacer cosas enormes y yo podría verlo... — Bajó la mano ya totalmente sobre su miembro pero aún por encima de la ropa interior. — Y disfrutarlo contigo. — Bajó los besos por su barbilla y su cuello. — Y me gusta cuando das órdenes, y regañas, porque te gusta tanto que te brillan los ojos... Casi tanto como cuando te doy placer. — Subió uno de sus dedos y lo enganchó en el tope de su ropa interior. — Porque así me demuestras que tienes el poder la iniciativa... — Metió la mano poco a poco agarrándole con un jadeo en sus oído. — Y de hacerme hacer lo que tú quieras, porque estoy deseando obedecerte... — Rio un poquito. — Lo que nadie más consigue.

Era consciente de que estaban en el baño, que no podía quitarse mucha más ropa, pero algo tendría gestionar si quería llevarse aquello más lejos. Y mientras pensaba, se dedicaba a besar con frenesí los labios de Marcus, recorriéndole con su lengua. Con la mano que tenía libre, y en aquel lío de cuerpos que habían creado, buscó debajo de su falda y tiró de su ropa interior hacia abajo, dejándola caer al suelo y apartándola a un lado. — Yo siempre hago lo que me da la gana, pero solo para hacerte disfrutar, mi prefecto. — Fue besando su pecho y dejándose resbalar por su tronco mientras seguía besando su piel hasta quedarse de rodillas, que era un poco incómodo por estar entre la puerta y él, pero tampoco planeaba estar mucho tiempo allí. Levantó la mirada de donde estaba y dijo con una sonrisita. — Yo también estoy magnánima, ¿sabes? — Bajó sus manos, tirando con ellas a lo justo de la ropa interior de Marcus para lo que quería hacer. — Y aunque no hayas perdido... — Se rio por el término. — Nuestro reto, voy a darte un adelanto. Para que veas cómo me gusta complacerte. — Amplió una sonrisa sugerente y con un tono cargado de intenciones dijo. — Pero no hagas ruido, mi amor. — Y dicho eso, deslizó su lengua por su miembro y lo rodeó con su boca, sintiendo como cada fibra de Marcus se electrificaba con ella y la llenaba de él.
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Mar Jun 29, 2021 6:41 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Sí que era algo difícil, lo de no hacer ruido. Si Alice, que era quien lo había advertido, no sabía si lo iba a poder hacer, él tampoco las tenía todas consigo que digamos. Las voces de alarma de su cabeza intentaban decirle que aquello no era buena idea, pero al parecer, la madurez de Marcus había decidido oírlas cada vez menos. Él que nació maduro, y a más crecía, más tonterías hacía. Pero es que, definitivamente, no iba a parar eso. Eso ya era imparable.

Escuchó con toda la atención que su respiración y su mirada pasando por el cuerpo de Alice le permitían. Ah, la erótica del poder, definida en labios de su novia y en esas circunstancias... Ni en sus mejores fantasías se le habría ocurrido. Se mordió los labios y se aguantó las ganas de besar los de ella cuando su lengua los acariciaron, pero aún tenía que dejarla terminar, ya que estaba respondiendo a su pregunta con esa entrega. Notaba por donde iba pasando su mano y contuvo un jadeo, cerrando los ojos y apretando los dientes. No iba a conseguir hacer menos ruido porque su respiración le estaba jugando malas pasadas, por lo que se dejó caer hasta su piel para besarla, aprovechando que ya tenía la camisa abierta. Pero Alice tenía otro plan, y algo le decía que le convenía no interrumpirla. Sonrió de lado, pero la leve risa salió casi como un gemido. - ¿Te gusta cuando regaño? - Susurró. - Eso explica muchas cosas. - Vaya, ahora iba a resultar que a Alice le gustaba ponerle de los nervios a posta porque... Se le estaba empezando a nublar la mente, mejor no pensaba más y se limitaba a sentir. Que solo con eso ya tenía tarea por delante.

El agarre le hizo jadear de nuevo, pero esta vez abrió los ojos y la miró. Esa mirada, ese tono, esas palabras que le decía... ¿El poder de la iniciativa? No, él no tenía poder alguno ahí. Alice le manejaba como quería. Y, por todos los dragones, como le gustaba eso. Sonrió de lado de nuevo, arqueó una ceja e hizo un gran esfuerzo por seguir ese jueguecito, controlando el placer que le invadía. - Qué honor. - Susurró. - Pero eso de que me obedeces... Más bien me llevas a tu terreno, propones algo descabellado, yo lo perfilo... Y los dos fingimos que ha sido una orden mía a la que te has adaptado. - Así llevaba siendo desde siempre. Solo que ahora se lo estaban llevando a un terreno que nunca imaginó que explorarían.

Se fundieron en un beso intenso y percibió que Alice empezaba a desprenderse de su propia ropa interior, y él ya la tenía también casi quitada. No tenía tanta experiencia y el espacio era reducido, así que esperaba no hacer el ridículo con la maniobrabilidad. Sin embargo, su novia parecía tener otros planes, al menos por el momento. Tragó saliva mientras veía como iba besándole y bajando poco a poco, hasta quedarse de rodillas. Solo la visión ya le tenía con la respiración totalmente agitada en anticipación, y por un momento miró hacia la puerta como si temiera que al otro lado hubiera alguien que pudiera interrumpir aquello. Si lo había, desde luego no se iba a enterar, porque su mundo solo eran en ese momento Alice, él y esa estrecha cabina. Se mordió los labios y su frase le hizo sonreír con un toque nervioso. - Lo intentaré... - Y casi no la pudo terminar. Solo la primera caricia ya le había arrancado un jadeo que le hizo llevarse una mano a la boca automáticamente, porque así no empezaba bien y aquello solo iba a ir en crescendo... Y lo fue, vaya si lo fue. No sabía como se las ingeniaba Alice para sorprenderle siempre, hasta en el placer que podía llegar a darle, porque sentía que a cada encuentro que tenían era más y más. Lo que no había pensado jamás en la vida era tener un encuentro en ese entorno. Y sería por la novedad, o a saber por qué, pero... Le estaba costando mucho trabajo no hacer ruido.

La mano libre la apoyó en el hombro de la chica mientras trataba de gestionar su propia respiración, casi rogándole que no saliera ruidosa, que los gemidos se quedaran guardados en su garganta. Maldita sea, como se echaba de menos un Silentium cuando no se podía echar, y no sería porque no había echado un ojo al entorno a ver si era viable. Pero no lo era: solo funcionaba en habitáculos cerrados, y esa cabina tenía demasiadas aperturas. Sintió como una corriente eléctrica que le atravesó de la cabeza a los pies y le hizo ahogar un gemido con relativamente poco éxito. Su cuerpo empezaba a advertirle de que las sensaciones iban a ser difíciles de gestionar en breves, ya lo estaban siendo, porque sus dedos se aferraban al hombro de Alice y apretaban su propia boca cada vez más. A falta de poder gritar, al menos sus manos no hacían ruido. Pero un nuevo escalofrío y un jadeo incontenible le hicieron reaccionar. - Para. - Susurró. Tragó saliva y, en lo que trataba de modular la respiración, ayudó a Alice a ponerse de nuevo de pie. Si seguía ahí... No iba a poder hacer nada más. Y quería hacer algo más.

Volvió a aprisionarla contra la puerta, besando sus labios como si le fuera la vida en ello, acariciando su cintura y subiendo las manos por su cuerpo, bajando los besos por su cuello y su pecho, ya totalmente presa del descontrol. Volvió a elevar su rostro hasta sus labios y susurró sobre estos, mientras los acariciaba con sus dedos. - Me gustas demasiado... - Se le escapó una risa jadeada. - Este reto no está nada compensado. - Volvió a devorarlos, pero esta vez bajó una vez más una mano a su muslo para elevar su pierna. - Pero yo he cumplido con mi parte. - Sí, bueno, no había hecho todo el ruido que querría, pero algo se le había escapado. Para como estaba, había sido extremadamente silencioso. Se encajó con su cuerpo, conteniendo un nuevo jadeo, y la miró a los ojos. - ¿Podrás hacerlo tú también? - Ella, y él, porque aquello iba a ser tarea difícil para ambos. Lo dicho: eso estaba absolutamente descompensado. Alice se movía como pez en el agua en esas lindes traviesas, pero él... La seguía, simplemente la seguía, la seguiría al mismo infierno. No esperó más, porque tampoco es que dispusieran de todo el tiempo del mundo, y las ganas le quemaban. Se guió hacia su interior, entreabriendo los labios como si esa fuera la única forma de respirar. Y si había hecho ruido... Mala suerte, ya estaba hecho. No podía contenerse más.
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Mar Jun 29, 2021 8:01 pm

La erótica del poder
CON Marcus EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Le encantaba el juego, pero más le encantaba llevar a Marcus al límite. Era consciente de cuánto le estaba costando contenerse, y eso más le animaba a seguir, a subir la intensidad de sus movimientos y de su lengua, y un escalofrío la recorrió entera cuando notó los dedos de Marcus cerrarse en su hombro. Pero, como las otras veces que lo había hecho, le pidió que parara, y ella obedeció, separándose y dejándose levantar. — Algún día no voy a parar cuando me lo digas... Verás qué día. — Comentó con una sonrisita, dejándose caer en la puerta y dejándose encerrar por los brazos de Marcus entreabrió los labios, reposando la cabeza en la puerta y jadeando. — Pues tú a mí me vuelves loca. — La verdad es que estaba tan cegada por el placer que se dejó hacer por Marcus. Siempre que besaba su cuello y sus pechos la hacía descontrolarse, y llevaba automáticamente las manos a su pelo, agarrándolo con fuerza para frustrar aquellas oleadas de placer que le provocaba.

Y vio por dónde iba, levantándole la pierna. Pues sí, era lo que los dos necesitaban. Pero antes aprovechó y le miró, admirando aquellos ojos verdes que ahora estaban dilatados de pasión, ese cuello en el que podía ver el pulso de Marcus tan acelerado como el suyo. — A mí me encanta obedecerte, Marcus. Pero también me gusta arrastrarte cuando sé que vamos a disfrutar... — Y se entregó a sus labios, disfrutando de sus caricias. Rio con la garganta, mientras le dijo lo del ruido. — Lo voy a intentar... — Se acercó al oído de su novio. — Pero si me haces gritar, amor mío, no me castigues, por mucho que me guste que me regañes... — Bajó la mano para ayudarle a llegar a su interior. — Y no pares por nada del mundo. — Terminó en un susurro jadeante. Sabía lo que quería su novio, lo notaba mientras iba entrando, y aunque le encantaba tentarle y calentarle, lo necesitaba como el aire.

Nunca lo habían hecho de pie, y no sabía muy bien cómo iba eso, pero simplemente empujó las caderas hacia abajo para facilitarle llegar hasta lo más profundo de ella, y contuvo un gemido en la garganta. No sabía si era por la cercanía, la postura o lo que fuera, pero sentirle así le hizo abrir los ojos y a la boca, tratando de coger aire de tomar tierra como fuera. Se agarró al cuello de su novio, pegando aún más sus cuerpos y retorciéndose del placer al hacerlo. — No sé si voy a poder contenerme. — Dijo balanceando las caderas contra él rítmicamente. — Tápame la boca. — Le pidió, porque ella estaba enganchada a él y en equilibrio sobre una pierna, no podía prescindir de su apoyo, y no quería parar, pero a cada movimiento sentía un placer más intenso y abrasador, tanto que solo podía echar la cabeza para atrás y dirigir la mirada al techo tratando de encontrar algo de control sobre sus reacciones, al mismo tiempo que se pegaba a Marcus desesperadamente para conseguir más placer. — Me encanta obedecerte, prefecto O'Donnell. — Susurró sin aire, pero con una risita.
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Mar Jun 29, 2021 9:16 pm

La erótica del poder
CON Alice EN Sala común A LAS 08:00h, 1 de marzo de 2002
Ya se lo había dejado caer en clase: que un día no iba a parar. De nuevo, una de esas cosas que él ni imaginaba y Alice estaba dispuesta a hacer. Ya iba ciego de pasión por ella, y su novia no dejaba de encenderle aún más con el movimiento de su cuerpo, con sus roces, con sus manos en su pelo y con sus palabras. Soltó una risa jadeada y dijo, rozando sus labios con la piel de su cuello. - ¿Crees que sería capaz de castigarte ahora? - Besó su piel y añadió. - ¿Crees que sería capaz de parar? - No podía parar, no, por nada del mundo. Ni podía ni quería. Volvió a acercarse a sus labios y a acariciarlos con sus dedos, como si sentir su tacto en las yemas fuera otra forma diferente y especial de degustarlos. - Si tú supieras... Lo que me gustan tus gritos... - Ladeó una sonrisa. - Pero no es el lugar... Aunque eso de los lugares para ti es solo una sugerencia, ¿no? - De lo contrario, no estarían ahora en las que estaban. Pero de verdad que no deberían de hacer ruido. Se le estaba yendo peligrosamente de las manos el jueguecito si permitía eso... Pero la pasión estaba hablando por él.

No era la postura más cómoda del mundo, ¿pero a quién le importaba eso? Cuando entraba en ella no importaba absolutamente nada más, podría caerse el mundo a pedazos y le daría igual, ni se enteraría. Solo quería que ella disfrutara tanto como estaba disfrutando él, y parecía que lo estaba consiguiendo, por tanto no había incomodidad que valiera ahí. Se aferró a su muslo con la mano que había subido a su pierna, abrazando con la otra su cintura para no perder el equilibrio y poder moverse como deseaba hacerlo, aunque su cuerpo estaba dejado de caer sobre ella y contra la puerta. Quizás sus gargantas se estuvieran comportando, pero el mobiliario de aquel viejo castillo no era tan fácil de dominar. Otra cosa en la que Marcus no estaba reparando en absoluto, estaba demasiado cegado por el deseo.

Soltó un fuerte jadeo inevitable ante el aviso de Alice. A él le estaba costando horrores contenerse, y tampoco las tenía todas consigo. La forma en la que se agarraba a él y la manera en que la intensidad subía más y más entre los dos, le estaban haciendo perder el control de su respiración, que no salía tan ruidosa como siempre, pero tampoco tan silenciosa como debería. Y entonces, esa petición, casi como una orden. Movió su rostro para mirarla a los ojos, sin detenerse. Aún estaba procesando cuando su novia le provocó un fuerte escalofrío, otro más. "Me encanta obedecerte, Prefecto O'Donnell." Se mordió los labios y susurró. - Agárrate a mí. - Porque él iba a soltarla, y por nada del mundo quería romper el delicado a la par que frenético equilibrio que habían logrado.

Soltó su cintura y llevó la mano a su boca, notando como todo su interior se sacudía. Apoyó su frente con la de ella, sin dejar de mover sus caderas, cerrando los ojos con fuerza y notando como la ropa que se había dejado puesta se pegaba a su piel por el calor que sentía. A él tampoco le vendría mal taparse la boca, dicho fuera de paso, pero no había más manos disponibles. Y aquello empezaba a dar visos de no durar mucho más tiempo. - La perfecta alumna díscola... - Susurró, pegado al rostro de la chica, sin detenerse. - Que hace lo que quiere con este prefecto... - Ahogó un gemido, porque notó una fuerte sacudida en su interior. No destapó la boca de la chica, a falta de poder taparse la suya. Se acercó a su oído y añadió. - Pero al final... La tengo donde yo quería... - Y dicho esto, se aferró con más fuerzas a ella, mordiéndose los labios para contenerse lo máximo posible mientras notaba todo su cuerpo vibrar de forma incontenible.
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