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Miér Jun 30, 2021 9:27 pm por Maga

Du bist meine Seele
Mit dir wusste ich Liebe


Enero de 1945.

Cuando las tropas soviéticas comenzaron a entrar a Auschwitz los miembros de la SS supieron que las cosas no terminarían bien para ellos. Desde el momento en que los soviéticos se metieron donde no los llamaban las cosas terminaban por tornarse complicadas en gran manera. Jamás pensaron aun así el hecho de que fueran juzgados y cazados de la manera en la que lo estaban siendo en esos momentos.

Muchos inclusive aún creían en los ideales dados por su Führer, era lo más importante para ellos y pensaban ser juzgados con todo el honor. Otros simplemente pensaban en como escapar de ser asesinados o pasar el resto de su vida en prisión, como era el caso de Sylvie, que no quería desaprovechar toda su vida allí.

Encontrarse con Athalia fue algo bueno, por lo menos para ella, encontró una chica bondadosa que podía llegar a ayudarla eventualmente. Inclusive si tenia que fingir que le caía bien alguien que era inferior a ella pero, en ese momento, estaba en una posición mejor a la propia inevitablemente.






personajes

Athalia Heller
30 años - Scarlett Johansson - NeverOne

Sylvie Seyler
28 años - Nicole Kidman - Myshella

CAPITULOS
CAP I: ...


1x1 — ORIGINAL  —  EPOCAS PASADAS


XIII




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Última edición por Maga el Miér Mayo 18, 2022 11:12 pm, editado 1 vez


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a la maga le encantaban los lios inverosimiles:

Voy a capturar nuestra historia en tan solo un segundo:
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Jue Jul 01, 2021 6:07 pm por Myshella

Das Ende
ist nur der Anfang


Arbeit macht frei

Rezaba ese cartel sobre la entrada del enorme complejo, el campo de concentración al que, por supuesto, ninguno de los ciudadanos de Auschwitz se acercaba.

Oh, por supuesto que el viento de madrugada traía consigo ese desagradable y clarificador olor a carne putrefacta. Ninguno era tan tonto como para ignorar lo que ocurría tras esas rejas, por mucho que hubieran asegurado a las tropas aliadas, al llegar a la población.

Claro que lo sabían.

Pero de ahí a llamarles monstruos asesinos había un trecho, a su modo de ver.

Hacía mucho que las cosas se les habían ido de las manos, quien lo dudaría. Mucho.

El Führer había llegado justo en el momento indicado. Con ese extraño carisma, esa gestualidad teatral, que atrapaba la mirada y te obligaba a escuchar su discurso. Qué curioso hombre.

Había llegado en el momento indicado, y le había dado a una Alemania sumida en la desesperación justo lo que necesitaba: orgullo, y lucha.

Luego...luego las cosas habían derivado en una vorágine de acontecimientos, en los que uno ya no era dueño -o dueña-de sí, sino de las circunstancias.

Había escapado del programa Lebensborn, al no estar casada de antes, por los pelos y sólo porque habían priorizado a mujeres más jóvenes que ella. Y porque se había puesto a trabajar como enfermera, atendiendo a los soldados del III Reigh que tenían el deber de mantener el orden entre aquellas rejas, a las afueras de Auschwitz.

¿Le daban pena? En parte sí, desde luego. Era...inhumano. ¿Quién lo habria negado?

Pero la disidencia no existía, desde la noche de los Cuchillos Largos. Y no había más que hablar.

Hasta que el ejército rojo alcanzó las puertas de sus casas. Abrieron esa reja, y el horror salió a la luz.

Entonces, los lobos se convirtieron en corderos. Y el cazador abrió la veda. Uno tras otro, serían detenidos, o directamente asesinados. Ellos. El pueblo ário.

Había preparado una pequeña maletita. Había tomado una luz de gas. Y había confiado su suerte a un oficial, al entrar en los túneles que, según él, la llevarían suficientemente lejos, a las afueras de la población. Desde allí, alcanzar la costa era trabajo suyo. Tenía algunas referencias, sí. Pero nada seguro.

Claro que tampoco había otra opción. Así que...atravesó esa puerta pozoñosa y, con el corazón en un puño, se adentró en ese túnel.

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Sylvie


XIII



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Myshella
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Lun Jul 05, 2021 2:04 am por Maga

Das Ende
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Arbeit macht frei

Ese cartel en la entrada del complejo no era más que una gran tontería de los nazis, eso era claro. De alguna manera llamar esclavitud al trabajo no tenía ni pies ni cabeza, pero para ellos sí al parecer. La mayoría de los que habían tenido el valor de hablar con ellos mantenían esa idea, no sabía qué tipo de lavado de cabeza les había hecho Hitler pero definitivamente su poder de manejo de las masas era increíble. Hasta ella, que obviamente tenía diferencias irreconciliables con esa gente, veía admirada como podían cortarse ambos brazos si es que él se los pedía.

Ver a su gente de aquella manera no era algo que le gustara, desfilaban cuerpos cadavéricos saliendo del campo de concentración haciéndole pensar que no entendía como el cuerpo humano podía soportar tantas cosas. Era claro que siquiera habían recibido la comida necesaria para sobrevivir, pero lo hacían, y caminaban algunos con sonrisas en los rostros a pesar del horror.

Veía familias reencontrarse, veía absolutamente todo lo que los Alemanes habían querido arrebatarle a su gente renacer. Quería justicia o más bien, venganza, ese era el sentimiento que predominaba en su corazón cuando veía a niños buscar a sus padres de manera desesperada.

Sin embargo, ella no era así, por lo que intentaba quitar todo aquello de su mente. Habían sido repartidos para vigilar la ciudad y las afueras en búsqueda de desertores. Al parecer no eran tan valientes cuando se enfrentaban con personas que realmente podían hacerle frente a la fuerza que ellos demostraban. A ella le toco las afueras de la ciudad, una zona que parecía desierta, un bosque casi seco que simbolizaba perfectamente lo que había sido el régimen alemán y como se encontraba en ese momento. Había pensado que no encontraría a nadie hasta que escucho ruidos provenientes de un túnel, por lo que se quedó a un costado esperando que el animal saliera con su arma en la mano, solo por si acaso.

Grande fue su sorpresa al ver un cuerpo esbelto y una cabellera rubia salir de allí. – Las manos arriba e identifiquese. – Espeto en perfecto Aleman, habe crecido en Alemania antes que sus padres se fueran a Rusia había sido de mucha ayuda para el ejercitó en las negociaciones con algunos desertores.

En ese momento también servía, pero para detener a alguien más.

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Athalia


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Vie Jul 16, 2021 12:02 am por Myshella

Das Ende
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Hubo de hacer un esfuerzo superbo por contener el corazón en el pecho y el grito que pugnaba por salir de su garganta, en el instante en que se topó, de frente, con esa arma alzada en su dirección.

Alzó las manos, a lado y lado de sí, mirada fija en el suelo...justo antes de regresarla al arma que la encañonaba.

Identifíquese, le había pedido una voz femenina.

Y fue, al oírla, cuando se atrevió a alzar la mirada, sólo un poco, en busca de la propietaria de esa voz.

Porque lo primero que pensó, justo después de darse por muerta, fue justo eso.

Una mujer, era una mujer, quien la había encontrado. No un hombre, un soldado vengativo, uno de esos soldados rusos desprovisto de corazón y presto a atacar a una alemana como ella del modo en que más daño causa un hombre, desde que la Tierra tiene memoria, a sus congéneres femeninos.

Tras el fusil de francotirador se encontró con un rostro atractivo, una mirada decidida y un cabello rojizo.

Paradójicamente rojo. De no ser por la situación, se habría reído por la ironía que encerraba este color de cabello en su oponente.

-Frä-fräulein Seyler-murmuró, más que pronunció- soy...soy una enfermera-atajó, la voz algo más alta, aunque igualmente trémula, mientras simplificaba la máximo sus posibles credenciales, obviando, por supuesto, cuanto de esa tarea médica pudiera comprometerla- yo...¡no he hecho nada! Soy sólo una civil ¿Quién es usted?

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Sylvie


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Vie Jul 16, 2021 5:26 pm por Maga

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Ella podía decir lo que quisiera realmente, pero no había manera que no pensara que era parte del régimen cuando estaba saliendo de una maldita alcantarilla. La mayor parte de los civiles se encontraban tranquilos ante su llegada, sabían bien que ellos no harían nada contra los mismos, que su problema era con las fuerzas, además de que estaba muy lejos de todo lo que pudiese significar cotidianidad en la ciudad.

Mantuvo su arma arriba, porque por su mirada se había dado cuenta que no le había gustado nada ser descubierta. No le importaba que le dijera en ese momento, era claro que no era una simple ciudadana, una simple ciudadana no saldría de allí como si estuviera escapándose justamente de ellos. – No creo que sea solo una enfermera. – Le dejo en claro, de lo contrario no debería estar ahí en ese momento. – Una civil no estaría escapando como una rata por las alcantarillas. – Le hizo un gesto para que se moviera del ingreso. – ¿Hay alguien más con usted? – De ser así debería atacar, los refuerzos más cercanos estaban bastante lejos.

Su ceño se frunció, odiaba ese tipo de situaciones que la tomaban desprevenida. – Quítese el saco y lo que tenga, debo corroborar que no tenga armas ¿Hacía donde pensaba que iba? Si es, como dice usted, una simple enfermera, iremos a que corroboren sus registros.

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Athalia


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Dom Jul 18, 2021 11:36 pm por Myshella

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Acabó de salir al exterior, paso trémulo y mirada baja, apenas un vistazo de vez en cuando, de soslayo, a la mujer que la encañonaba aún.

-¿Y qué otra cosa iba  a ser?-se quejó, cuando aquella que no había respondido a su pregunta ponía en duda lo que le acababa de decir.

No, no era un simple enfermera. Pero sí, en el más estricto sentido de la palabra, ese era su cometido.

Una civil no escaparía por las alcantarillas...claro que lo haría. Cualquier alemana con dos dedos de frente escaparía, ante la llegada de los rojos. Eran el enemigo ¿es que no estaba claro?¿No era justamente eso, lo que les habían dicho tantas veces? ¿Quiénes habían bombardeado, sino, Berlín? Lo comunistas rusos.

Que su lealtad al Führer estuviera, como al de tantos otros, más basada en el miedo que en la convicción no quería decir que esa mujer no fuera poco menos que la encarnación de todos los males que asolaban Europa. Y que entonces les derrotaban, A ellos.

Huía, sí. Por miedo a las represalias. Como tantos otros.

Tragó saliva y se guardó para si todos esos argumentos.

Se limitó a negar con la cabeza.

-No. No hay nadie más.

No allí. Sí al otro lado del túnel. El oficial que la había ayudado.

Y luego, la escuchó.

-¿Qué?-preguntó.

Hacía frío. ¿Porqué debía quitarse el abrigo?

-No llevo armas, ni nada peligroso- le dijo, casi implorante.

Había dejado su maleta y la lamparita de gas a sus pies. Apretó el cierre, para que se abriera. Dentro, apenas unas prendas de ropa y un par de fotografías. Papel, una pluma.

Volvió a mirarla. Serena, al menos en apariencia, a la soldado rusa no le temblaría el pulso si tuviera que disparar. Eso le pareció.

Así que desabotonó su abrigo, el corazón en un puño, y lo dejó sobre la maleta, para que -suponía-revisara ella los bolsillos.

Llevaba, por supuesto, su cartera con algo de dinero.



CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Sylvie


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Myshella
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Dom Jul 25, 2021 9:18 pm por Maga

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La miro de mala manera cuando le respondió de aquella manera porque, de alguna manera, creía evidente que aquella mujer no se daba cuenta en el lugar que se encontraba en esos momentos. Estaba en una posición vulnerable como para tener la valentía de responderle de mala manera, cualquiera de sus compañeros ya le hubiera dado un disparo entre medio de las cejas por ese tipo de contestación pero ella no era ese tipo de personas. – No lo sé, una desertora seguramente. – Porque no podía creerle, no le importaba lo que le dijera, no había manera que creyera que era una enferma que no tenía nada que ver en la situación.

Miro por unos segundos hacia dentro de la alcantarilla, tampoco se escuchaba nada por lo que dudaba que hubiera alguien más con ella. Era una locura que se encontrara sola en aquel lugar, no era coherente, por eso mismo estaba segura que si bien quizás no era parte de las fueras del führer, eso no quitaba que tuviera algo que esconder. – Debo asegurarme, como imaginara.

Una vez que se quitó el abrigo, la miro una vez más antes de revisarlo pero siempre manteniéndole un ojo encima y con su arma en la mano. No podía bajar la guardia ante alguien de esa calaña.

No había encontrado nada, lo cual la inquietaba, si había un poco de dinero pero nada más. No había nada que pudiera hacerla sospechar de ella, más allá de su propio instinto y, para lastima de la Alemana, ella se dejaba guiar mucho por el mismo. – Estas limpia, de acuerdo, pero eso no quita que tu historia no tenga ni pies ni cabeza. – No dejaría que se fuera tan fácil, además, por allí no había nada más que soldados y cualquier otro que se la encontrara no sería tan amable como ella. Inclusive cuando a la mujer seguramente le pareciera una hija de puta.

Tenia que pensar que hacer. – O me dice la verdad o la entregare a mis superiores para que hagan las averiguaciones pertinentes. Créame que ellos no son tan amables como yo, así que es el momento de hablar si no quiere que la obliguen a hacerlo de maneras poco felices.

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Athalia


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Miér Jul 28, 2021 1:56 pm por Myshella

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La vió revolver sus pertenencias, corazón encogido y frío instalado en la garganta.

-¿Qué espera encontrar?-preguntó, antes siquiera de darse cuenta de lo poco que jugaba a su favor una pregunta como aquella. Tan inocua, tan sospechosa, al mismo tiempo.

Aún así, alzó el mentón, altiva y orgullosa, cuando hubo de reconocer la rusa que estaba limpia.

-Ya se lo dije- puntualizó.

Y, sin embargo, aquella mujer estaba más que dispuesta a encontrar un recoveco por el que acusarla, por el que detenerla. Lo sabía.

Oh, claro que lo sabía. ¿Acaso no era ese el modo de actuar de toda guerra?¿Había sido distinto, para los suyos?

Claro que no.

Sólo que ahora, cuando el vencedor juzgara, fingiría que estas cosas no pasaban en su bando. Los buenos, y los malos.

-¿Y qué pretende que haga?- siguió protestando, a su amenaza?- ¿Que me invente una historia horrible, que le diga que como niños, o algo así, para que su necesidad de encontrar una excusa para detenerme quede satisfecha?

¿No decían eso de ellos, de los comunistas, a los pequeños? Que se comían a los niños.
Estaba segura de haber oído a algún oficial nazi bromear con esa cuestión, ante los ojos atónicos de algunos pequeños, vestidos con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas.

-Soy una enfermera-repitió, tenaz- me destinaron aquí para ejercer como tal. Debía atender soldados.

Los de Auschwitz.

Ya impaciente, contenido el miedo, porque sí...sabía bien a qué se refería ella. De qué métodos se valía, no un soldado ruso, sino cualquiera, los varones en general, para amedrentrar, interrogar o torturar a una mujer, hizo un intento por apelar a su empatía.

No tenía, a fin de cuentas, nada que perder.

-¿O es que a ustedes les dejan elegir destino, pacientes, en mi caso?¿Se les permite, con ese Camarada Jefe suyo?

Había cruzado los brazos entorno al cuerpo. Empezaba el frío a calar en sus huesos.

-Sólo quiero irme de aquí. Yo no soy nadie, no represento amenaza alguna. ¿De qué iba a servirles a ustedes?

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Sylvie


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Jue Jul 29, 2021 6:07 am por Maga

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La verdad era que ni ella misma sabía que era lo que estaba buscando en ese momento, quizás porque había esperado que cualquier miembro del régimen se encontrara armado intentando escapar. Aquella mujer no tenía absolutamente nada con lo cual defenderse, por eso también si bien no bajaba la guardia, se tomaba las cosas de otra manera. Si le disparaba no podría repeler el ataque, pero jamás había sido de los soldados que simplemente asesinaba o torturaba por gusto, otra cuestión era si se encontraba con alguien que no había tenido piedad de su gente, como seguramente lo serian la mayoría de los miembros de las fuerzas militares.

Hizo una mueca, no le gustaba como le respondía. – No necesito una excusa para detenerla, ya la situación sospechosa en la que la he encontrado es motivo suficiente para mis superiores para que la detenga o inclusive la ejecute si considero que usted era una desertora. – Porque inclusive para ellos que eran los contrarios, los desertores no tenían derecho ni al juico que tendrían los demás.

Asintió, comenzaba a hablar un poco más por lo menos. – ¿Quién la destino aquí? ¿Quiénes son sus superiores y a quien responde? – Si la convencía quizás podía dejarla ir, en el peor de los casos simplemente hubiera sido alguien que sano a nazis, pero aún no estaba segura del todo. Su deber le marcaba que bajo ningún concepto debía dejarla ir, el conocer a sus superiores la hacía saber que si la llevaba con ellos sufriría hasta morir y no por una tortura normal sino sexual, era una mujer muy atractiva y ellos no dudarían en aprovecharse.

Tenso la mandíbula ligeramente. – Que no represente una amenaza no significa que no nos puede servir, inclusive sus tareas de enfermería podrían ayudar a nuestra gente. – Al final, ahí no habían llevado enfermeras. – Ira conmigo y se quedara bajo mi custodia hasta que pueda confirmar todo lo que me ha dicho y su identidad. Si todo está bien, la dejare ir, sino, la entregare a mis superiores. Ahora, camine delante mío, vamos. – No le daría otra opción, era eso o entregarla.


CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Athalia


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Sáb Jul 31, 2021 10:20 pm por Myshella

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Es que, aunque hubiera querido, no podría haber respondido a esa pregunta. Quien era su superior.

Su superiora, para ser más concretos.

Porque bien sabía ella que el nombre de esa mujer alzaba mundos de odio. Sylvie tampoco le había tenido aprecio.

Le había tenido miedo. Miedo, como todos. Y eso que apenas contaba los veintiséis años de edad.

Frau Volkenrath era terrible.

Lo era con los presos, con sus subordinadas y con quienes, como ella constituían el apoyo logístico a la guardia del campo de concentración.

Ella había atravesado aquellos muros. Sabía bien qué pasaba allí. Eso era cierto.

No había participado en los atroces experimentos, o estirilizaciones. Aunque, de hecho, y siendo francos, de haber recibido una orden en esa línea...¿qué opciones habría tenido? Ninguna. No habría podido desobedecer y vivir para contarlo.

Escuchó, derrotada, a aquella soldado soviética. A algunas como ella había visto morir en Auschwitz.

Y asintió, sintiendo que de nuevo no tenía opción.

Pero cuando iban a ponerse en camino, el pánico se apoderó de ella.

Quizá...quizá aquella mujer tuviera corazón, y se pudiera apelar a él.

-¡Espere!-le dijo, alargando la mano para tocar su brazo.

Tragó saliva.

-Soy una enfermera, como le he dicho. He trabajado atendiendo a las guardia femeninas del pavellón de mujeres. Casi en ninguna ocasión he llegado a tener que ver con las presas. Pero si usted busca mi expediente, verá que las órdenes aquí las daba frau Volkenrath. y...-miró al suelo, las lágrimas inundando sus ojos- y no podré, no tendré modo de demostrarle que sólo he atendido a guardias.

Intentó calmar la voz lo suficiente como par continuar.

-¿Conoce usted el programa para el nacimiento de niños ários? Yo no entré en ese programa porque me alisté con las enfermeras. Tiene que entender que, en estos años, muchos hemos sobrevivido como hemos podido. Si me lleva usted con sus superiores, y da ese nombre...el de esa mujer, me matarán. Y yo no soy nadie, le juro que no soy nadie.

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Sylvie


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Última edición por Myshella el Vie Ago 06, 2021 1:10 pm, editado 1 vez


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Mar Ago 03, 2021 4:25 am por Maga

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Aquella chica tendría que comenzar a decirle cosas que le cerraran porque de lo contrario no la dejaría irse como si nada. Había mucho peligro en dejar libre a los nazis, los miembros de las fuerzas en cualquier momento podrían querer vengarse de lo que estaba pasando y poner en riesgo las vidas de todos sus compañeros, en la causa había mucho más de lo que ella podía llegar a admitir. Todo eso, claro estaba, sin contar con la masacre hacía los judíos que harían si el destino les daba una nueva oportunidad, habían mostrado de lo que eran capaces y eso no era de nada bueno.

Se quedó mirándola con atención, sorprendida por lo que estaba diciendo, porque en parte no esperaba que fuera a hablar y porque por primera vez desde que se habían conocido su relato comenzaba a ser convincente. Aún tenía bastantes dudas que no hubiera tenido contacto con los prisioneros, pero que le hubiera dado un nombre y apellido significaba mucho. – Comenzamos a entenderlos. – Mantenía la distancia porque de esa manera podía convencerse de alguna manera de todo lo que estaba sucediendo, de que no estaba equivocándose al emitir ciertos juicios de valor sobre ella.

Era verdad, muchos habían sobrevivido como habían podido, no los culpaba porque su familia había terminado yéndose de Alemania porque veían que las cosas comenzaban a complicarse. – Haremos esto, conseguiré un lugar donde pueda quedarse un tiempo a salvo y mientras usted me dará la información que tenga y que yo necesite. Si sigue caminando mis compañeros la atraparan rápidamente, están totalmente rodeados, está totalmente rodeada. – No había manera que pudiera escapar. – Si me termina diciendo cosas que nos sirvan y, además, corroboro de alguna manera sus dichos, yo misma la ayudare a irse y estar a salvo. ¿Está de acuerdo? Tenemos cinco minutos antes que pasen compañeros míos por aquí, es momento de escoger.


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Vie Ago 06, 2021 1:26 pm por Myshella

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Había bajado la mirada al suelo, al tiempo en que apretaba una mano contra otra, nerviosa. Los dientes apretados, el pulso trémulo, empezaba a aceptar que no iba a llegar ni un paso más allá del dichoso conducto en que se había metido, pensando, ilusa ella, que podría escapar.

Pero entonces la mujer, la soviética, le dijo justo lo que no esperaba oír. Justo lo que podía salvarla, una posibilidad, una esperanza.

Levantó la vista de inmediato, contenido el aliento.

-¡Si! Si, lo que usted quiera. La ayudaré.

Tomó aire, una nueva vez. Una bocanada que le supo a alivio, y amplió sus pulmones.

Ese tiempo podría ser indefinido. En realidad, no sabía hasta qué punto se estaba convirtiendo en prisionera. Pero no le importaba, no entonces. Era, con diferencia, la mejor opción que se le ofrecía.

Porque si llegaba cualquier otro soviético, estaba completamente segura de que, entonces, sí estaba perdida por completo.

Recogió su maletita, y la afianzó con fuerza, entre las dos manos.

-¿Vengo con usted?¿Nos vamos ya? -preguntó, lanzando una mirada entorno.

Cuanto antes, mejor, sí, sin duda alguna.

-Le estoy muy, muy agradecida- le dijo.

Y era cierto. Lo era. A pesar de que fuera una roja comunista, una soldado de las fuerzas enemigas del Reich y todas esas cosas, le estaba agradecida.

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Miér Ago 11, 2021 11:21 pm por Maga

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Aquello era lo mejor que podía ofrecerle por el simple hecho de que faltar a su palabra podía llevarla a tener innumerables problemas. Estaba jugándose el honor y su posición al aceptar darle un tiempo para que le demostrara que nada tenía que ver con todo aquello. Había algo en aquella mujer que la inspiraba a confiar en ella, sabía bien que eso podía ser algo muy malo o muy bueno por partes iguales pero intentaba pensar que su instinto no le fallaba y que encontraría perfectamente algo que le sirviera para justificar su propia decisión.


Se quedo mirando a su alrededor, tendrían que hacer aquello medianamente rápido si es que querían lograr irse de allí sin tener realmente ningún problema más. – Vamos, tenemos que ser rápidas. Se quedara en el apartamento de mi familia, espero que sepa que cualquier mínimo intento suyo queriendo escapar o demostrándome justamente que tenía mis razones para desconfiar se traducirá en su entrega y posterior ejecución. – Quería que eso quedara bien en claro porque, si bien no se consideraba alguien deshonesta, tampoco pensaba jugarse el pellejo por alguien que no valia la pena.

Hizo que tomara sus cosas y, comportándose lo más normal posible, simplemente comenzó a caminar en dirección a la vieja casa de su familia, donde bien sabia que nadie iría a buscarla porque había pedido autorización de quedarse allí mientras estuvieran en el territorio alemán.

Solo esperaba que su instinto no estuviera equivocado, sino le costaría algo más que la muerte de aquella mujer.

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Sáb Ago 14, 2021 1:21 pm por Myshella

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El asombro, estaba segurísima de ella, mutó todo su rostro cuando la soviética dijo que iba a quedarse en una propiedad de su família, allí.

Porque era absolutamente imposible que hubieran adquirido nada ya, y no había hablado de ocupación o expropiación, sino de propiedad familiar. Con esos tintes que enmarcan las palabras cuando se tienen asumidas desde la infancia.

Aquella mujer tenía casa en territorio alemán. La había tenido siempre. Por tanto...¿tenía família alemana?¿Tenía ella algún vínculo con Alemania?¿Antepasados, tal vez?

Se apresuró a seguirla, procurando controlar el temblor de sus piernas y de sus manos, maleta sujeta ante ella y pasos pequeñitos pero rápidos.

Y la fue observando, de soslayo, con renovado interés.

¿Había en ella algo de sangre alemana?

-Le doy mi palabra- dijo, en voz baja. Porque no...no iba a traicionarla. No sabiendo que se estaba implicando de un modo tan personal, sin motivo alguno, como para refugiarla en su casa.

Tragó saliva. Y siguió. Con un creciente regusto a admiración en la garganta.

CAPíTULO 1— 27-1-1945  — Sylvie


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Jue Sep 02, 2021 12:08 am por Maga

hier bist
du sicher

No era que considerara que tener encerrada a aquella mujer era la mejor idea del mundo, de hecho, distaba mucho de eso, pero lamentablemente no le quedaba otra opción. Mantenerla a salvo significaba tenerla encerrada allí. Nadie llegaría, era algo que ya había asegurado, pero simplemente no había manera de que las cosas fueran diferentes en esos momentos. Había optado por intentar conseguir información, pero tardaría semanas en llegar, además de que sus compañeros seguían purgando la zona, en búsqueda de desertores y cobardes. Por lo que tenía entendido, el trabajo duraría bastante tiempo así que no debía haber ningún otro problema con eso.

Había salido en la madrugada a una misión, le había dejado todo perfectamente acomodado para que comiera lo que quisiera. Era una prisionera, pero allí dentro, intentaba que estuviera cómoda. Hasta que simplemente estuviera segura que ella era parte de los nazis, no podía hacer nada contra su integridad. Por lo menos no ella, Athalia era una muchacha muy correcta, sus padres la habían educado de esa manera y con el paso de los años, independientemente de haberse unido a las fuerzas, había conservado aquella esencia que tanto la había caracterizado por tanto tiempo.

Cuando volvió estaba sumamente cansada, lastimada y queriendo simplemente comer algo y echarse a dormir. Estaba de tan mal humor que no había dejado que la enfermera curara las heridas de su rostro, la habían atacado y se sentía inútil porque no había podido hacer nada para evitarlo.

Una vez ingreso a la casa puso los seguros, dejando algunas cosas tiradas al costado de la puerta y suspirando, esperaba poder comer algo rápido y dormir, quizás darse una ducha primero, relajarse era fundamental en aquel momento.


CAPíTULO 2— 30-1-1945  — Athalia


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Lun Sep 06, 2021 4:03 pm por Myshella

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Sabía que era una prisionera.

Pero las paredes de aquella casa le proporcionaban un escudo, una pantalla tras la que esconderse, al menos por un tiempo. Eso esperaba.

De un modo algo irracional, se encontró confiando su vida a aquella mujer, aquella roja, aquella soldado soviética.
Confiándole su vida y pensando, respiración contenida, cuando la vio salir por la mañana -desde luego ella no preguntaría a dónde- que si no regresaba, si la mataban, era su fin. Estaba en sus manos.

Así que deambuló por la vivienda. Arriba y abajo, sin saber muy bien que hacer.
Acabó por ordenar un poco. Por buscar una radio, llevársela a un rincón e intentar sincronizar alguna emisora que estuviera mandando información.
Los locutores ponían todo su empeño en procurar dar información a los civiles. Sesgada, claramente partidista, más dirigida a mantener los ánimos de la población que a decirles la verdad.

Aunque...aunque, cuando logró que las voces entrecortadas se estabilizaran, cuando consiguió que el periodista le llegara con claridad, en esta ocasión no hubo alabanzas al Fürher; nada de mensajes gradilocuentes.

La Armada Soviética acababa de hundir mediante torpedos al buque alemán KS Wilhelm Gustloff, causando la muerte de 9343 personas, entre civiles y soldados.

Sylvie giró rápidamente la ruedecilla, intentando alcanzar alguna otra cosa, algo menos descorazonador.

Las voces que ocuparon el lugar de la primera pasaban recuento de las personas rescatadas de Auschwitz. Unos cinco mil prisioneros. Cinco mil.

Judíos, gitanos...se repitió a sí misma, como el mantra impuesto.

Apagó la radio y la devolvió al lugar en donde la había encontrado.

El resto del día lo pasó, nerviosa, entre labores absurdas y algo compulsivas y deambular, cual animalillo enjaulado.

Finalmente, cuando oyó abrirse la puerta, se encontró suspirando aliviada.

Si Athalia regresaba viva, ella estaba a salvo una jornada más.

Tomó la lamparita de gas, y se acercó hasta ella, cuidadosa. No olvidaba quien era una y quien la otra y, por supuesto, nada garantizaba que pudieran confiar...más allá de lo que ya estaban confiando, un tanto a ciegas, ambas.

De espaldas, la vio echar los cerrojos y asegurar la puerta. Luego, al voltear ella, lo primero que vio fue las marcas en la cara.

-Debería limpiar esos rasguños-le dijo- yo puedo hacerlo, le recuerdo que soy enfermera.

Dejó la lamparilla sobre la mesita auxiliar más cercana, y se aproximó, ceño fruncido. Fue a alzar la mano, para voltearle el rostro, tomándola del mentón, y examinarlo...pero el gesto se truncó en el último ápice de segundo.

Cruzó las manos ante sí.

-Me tomé la libertad de preparar cena. Espero que no le importe.

CAPíTULO 2— 30-1-1945  — Sylvie


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Sáb Sep 11, 2021 9:38 pm por Maga

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En ese momento aún estaba cuestionándose porque no había logrado detener el ataque al momento justo, como era que aquel maldito nazi había logrado lastimarla de aquella manera. Siempre había estado preparada para ese tipo de eventos, justamente su preparación militar tenía que ver con poder superar ese tipo de momentos sin ningún rasguño pero había fallado. A pesar que sus compañeros se lo tomaron a broma, ella no lo hacía, no cuando para ellos seguramente habría fallado por ser mujer y no por simplemente estar distraída.

Aún no había obtenido los informes que había buscado sobre aquella mujer, lo cual la inquietaba pero al mismo tiempo le daba cierta tranquilidad. La verdad era que, simplemente, que no estuviera por ningún lado significaba que no era buscada por su propia gente. Que no fuera buscada por su propia gente la alejaba del nazismo, que era lo que en realidad la inquietaba. Proteger a alguien que había sido parte activamente de aquella mierda no era algo que estuviera en su cabeza.

Cuando la miro simplemente asintió, porque bien sabía que si no se lo curaba terminaría siendo peor y no podía tener ningún rasguño ante una nueva misión. Todo era significado de debilidad para los demás y, simplemente, no podía permitírselo. – Esta bien, creo que me aprovechare de sus servicios de enfermería. – Intento que su voz sonara un poco más amena de lo que realmente era, con el mal día que había tenido simplemente no podían culparla por estar con un humor de perros.

Cuando logro sentarse en el sofá, esperando que la curara, se relamió los labios. Apenas nombro comida su estómago gruño, demasiado ruidoso para su propio gusto y haciendo que un ligero rubor tiñera sus mejillas. – Creo que mi estómago ha dicho que si antes que yo lo haga, la verdad es que muero de hambre. – Admitió, dejándose mirar por ella. – El botiquín está en el baño, podemos curar esto y luego comer ¿Usted lo ha hecho? – Sería lo más normal, era tarde, de hecho le sorprendía que estuviera despierta.


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Dom Sep 12, 2021 10:55 am por Myshella

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Pues claro que debía dejar que la atendiera. Esa era su labor. No dejaría de atender a quien la necesitara, en cualquier circunstáncia...¿Y esperaba que no se ocupara de ella, teniéndola escondida?

-En el baño-repitió. Habría que ver, por otro lado, con qué contaba aquella casa, si no solía estar ocupada, como le había dicho en le momento de traerla aquí.

Había volteado ya sobre sí misma, para ir  en busca de, al menos una gasa que empapar en agua para ir limpiando cortes superficiales, cuando aún se sorprendió más, al preguntar su anfitriona sobre la cena. Sobre si ella había cenado.

-Su estómago sabe lo que le conviene- fue lo primero que respondió- y no, evidentemente no. La esperaba a usted.

¿Cómo iba a comer nada? Tenía el estómago cerrado por el miedo, la incertidumbre y ese corroborar que la necesitaba, que estaba en sus manos. Más aún...que confiaba en ella.

Tomó aire.

-Enseguida vuelvo

Ser ella quien recorría el pasillo de la casa, primero en dirección al baño, luego a la cocina, no dejaba de ser terriblemente paradójico.

Ella, la alemana oculta, la amenaza nazi, la vencida, moviéndose como si la casa fuera suya en la vivienda de aquella soldado rusa, vencedora y juez en lo que no tardaría en ser el fin de aquella horrible guerra.

Recordó las notícias en la radio.

Pensó, mientras encontraba gasa y yodo y recogía unas tijeritas, que debía obligarse a escuchar esa emisora, o la que pudiera emitir, cada día. Que necesitaba saber qué ocurría fuera.

Luego fue a la cocina. Recogió una bandeja.
Primero, un bol de agua que tendría por función la asistencia de enfermería, y jabón disuelto en ella.

No le costó encontrar los utensilios precisos para servir dos platos de una especie de estofado - había hecho lo que había podido, con lo que encontró en la casa- recoger dos vasos, y una jarra de agua.

No le costó porque había tenido tiempo de sobras para abrir y cerrar cajones y armarios, de mientras lograba prepararlo, claro.

Regresó con su anfitriona llevando esa bandeja con todo.

La dejó primero sobre la aparadora. Acercó la mesilla, esta donde había quedado la lamparita, que entonces hubo de bajar al suelo, y luego puso la cena sobre ella. Cerca del sofá, a mano para evitar que tuviera que cambiar de asiento.

-Empiece usted-le dijo- yo puedo ir revisando esos cortes.



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Miér Sep 22, 2021 7:05 pm por Maga

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Asintió, si no mal recordaba había un botiquín allí y como su familia no había vuelto a aquel lugar en mucho tiempo debería seguir todo de la misma manera. Habían tenido vecinos que habían cuidado su hogar en el tiempo que nadie estaba allí, Judios que en ese momento seguramente deberían estar muertos porque aún no había podido dar con el paradero de ninguno de ellos.

Hizo una mueca, no sabía bien como sentirse acerca de que la esperara para comer, aunque no estaba mal tener algo de compañía luego de tanto tiempo sin poder tenerla. – Esta bien, le agradezco. – Simplemente menciono, porque no encontraba otras palabras realmente en lo absoluto.

Dejo que se fuera y se quedó pensando un poco en la situación que tenían ambas, estaban en lugares terriblemente opuestos, pero eso no quitaba que no pudieran sentirse cerca de alguna extraña manera. La más perjudicada podría ser ella, se estaba jugando la cabeza si estaba junto a una nazi que había destrozado a su gente, pero tampoco figuraba en ningún sitio y eso solo hacia todo mucho más extraño. Intentaba ganar tiempo, pero cada vez se hacía más complicado teniendo en cuenta que el avance de las tropas.

Cuando volvió con ella, simplemente se dedicó a mirarla, negando. – No voy a comer si no lo hace conmigo, me ha esperado, lo correcto es que yo lo haga también. Mucho más si me va a curar antes. – Menciono, acomodándose para que la curara de manera correcta y dejando en claro que no planeaba comenzar a comer, por más hambre que tuviera, hasta que ella no lo hiciera también.

Si bien todo era una completa locura, eso no significaba para nada que fuera descortés con alguien que, al final, estaba haciendo algo bueno por ella. jamás había sido así y no comenzaria en ese momento.



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Vie Sep 24, 2021 3:32 pm por Myshella

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Sylvie negó con la cabeza, más por manifestar desacuerdo que porque fuera a tomar medida alguna, o insistir en que empezara ella.

De hecho, dio por supuesto que aquella era una batalla perdida y, simplemente pronunció un breve de acuerdo.

Puso atención y empeño en desinfectar los cortes.

-Por fortuna, nada profundo o preocupante. Aunque sí incómodos- estimó, en voz alta- debe haber tenido usted una guardia complicada.

O un asalto, o a saber en qué había estado metida.

¿Habrían muerto alemanes?¿Habrían encontrado algùn escondrijo? No sabía de dónde podía venir ella. Desde luego, no quiso preguntar. ¿De qué le serviría?

Cuando acabó, recogió los enseres utilizados, y los dejó a un lado, para llevárselos después.

-Podemos cenar- anunció.

Acercó una silla, para ella, y se sentó al otro lado de esa mesita.

-Espero que no tenga usted alergias que desconozco. Y que sea de su agrado- aunque sabía bien que, en los tiempos en que les había tocado vivir, cualquier cosa que llevarse a la boca era más que bienvenida.

Empezó a cenar.

No sabía de qué podía hablarle.

Optó por algo simple, inocuo. Que difícilmente pudiera ocasionar conflicto entre ambas. La cena.

-Este guiso solía hacerlo mi abuela materna- explicó, esbozando una sonrisa- esto y, en ocasiones, un bizcocho de zanahoria al que ella era muy aficionada, y al que yo acabé por tenerle manía.

Con esa sonrisa, bandera blanca, mantenida, le preguntó.

-¿Tiene usted algún plato aborrecido así, de niña?

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Última edición por Myshella el Dom Oct 17, 2021 8:08 pm, editado 2 veces


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Lun Oct 11, 2021 5:35 pm por Maga

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La verdad era que sí, eran bastantes incomodos y no le gustaban para nada. Más allá del dolor que pudiera sentir, era la incomodidad de sentirse vulnerable de alguna manera, algo que odiaba que sucediera. De por sí, ser una mujer en aquella fuerza, era complicado, aún más si tenía errores que sus compañeros no solían tener.

Suponía también que, por algo, aquel hombre la había atacado. Había seguramente notado su debilidad y se había aprovechado, lo que haría cualquiera en su lugar, si era sincera consigo misma.

Su silencio fue la respuesta a aquella mención, porque no podía hablar de trabajo con ella hasta que no estuviera segura que no estaba dándole información a ningún nazi. Tampoco podría hacerlo luego, pero quizás con un poco más de cotidianeidad por lo menos podría comentarle que había pasado sin que fuera un peligro, sin revelar ningún detalle especifico de sus misiones.

Una vez se sentó a comer y comenzó, casi suelta un pequeño gemido por el placer que le dio probar algo así. Se había olvidado completamente lo que era comer una comida así, casera, sumamente deliciosa. Siempre se conformaba con lo que le daban, así fuera pan duro, debía comerlo igual y así lo hacía.

Se limpió la boca luego de comer bastante rápido la primera parte, temiendo parecer una muerta de hambre, aunque, en ese momento, quizás lo estuviera siendo por lo menos un poco. – Esta delicioso. – Halagó, bebiendo un poco de agua mientras pensaba en lo que le preguntaba. – Nunca me gusto el Rouladen, me obligaban a comerlo bastante de niña cuando nos quedamos en el cuidado de una vecina alemana. – Finalmente la miro a los ojos. – Nunca he probado un bizcocho de zanahoria, pero si no le gusta, teniendo en cuenta lo rico que esta esto, dudo que valga la pena.

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Dom Oct 17, 2021 8:15 pm por Myshella

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Parecía mentira como algo tan tonto como hablar de la cena podía alegrarla a una. Como podía, de hecho, destensar los músculos de los hombros y de el estómago, y aportar sensación de tranquilidad, de paz a fin de cuentas.

Eso se debía al hecho de que, en la situación en que ellas estaban, un atisbo de cotidianidad traía consigo justamente eso: un respiro ansiado.

Sonrió.

-Me alegra que le guste-le dijo, en primer lugar- y en cuanto al pastel, más bien es que lo aborrecí. Un poco como usted con el roulanden. Pero creo que puedo intentar hacerlo ahora, que  soy adulta y han pasado tantos años.

La sonrisa se tornó un poco forzada, un poco cómplice.

-Y, desde luego, no es lo mismo ahora. Ahora que los alimentos nos son escasos.

Ella había oído decir que en Rusia siempre era así. Que no permitían que los niños comieran golosinas, ni chocolates. Que todo era al estilo militar. Incluso que comian en comedores comunales, en lugar de entorno a una mesa, con sus famílias.

No pudo evitar preguntar.

-¿Seguía usted una dieta estricta, antes de la guerra?

Y, al momento, se arrepintió de haberlo hecho. ¿Y si la había ofendido?

-Perdone, no se si es indiscreción. Es que como siempre nos dicen que ustedes llevan una vida tan diferente a la nuestra... O llevaban. O llevábamos, antes de la guerra, claro.

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Miér Nov 17, 2021 12:42 am por Maga

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La verdad era que ciertos traumas de la niñez terminaban haciendo mella en los adultos, a ella le pasaba con el Rounlanden, lo había comido tanto cuando era una niña obligada, que simplemente en ese momento no podía comerlo como si nada porque le traía muchos recuerdos. – Tal vez sí, pero en todo caso no está obligada a hacerlo, a veces hay cosas que nos llevan a determinados recuerdos que no queremos tener. – Psicológicamente era muy sencillo de entender, pero no era tan así la mayor parte del tiempo.

Se quedó un poco sorprendida por su pregunta, pero con lo bien que la estaban pasando no creía que fuera correcto responderle de mala manera. – Si, en mi época de entrenamiento tenía que estar en perfecto estado, no podía permitirme absolutamente nada fuera de la dieta que me indicaban. – Comento, comiendo con bastantes ganas por el tiempo hacía que no comía algo así. Comenzaría a agradarle tenerla en su hogar.

Limpio su boca y bebió un poco de jugo, asintiendo inevitablemente – Claro que tenemos una vida diferente, pero hasta mi niñez viví aquí en Alemania. – No sabía si estaba bien comentarle eso, pero estaban hablando tan cómodamente que no lo veía mal en lo absoluto. – Nos fuimos cuando era una niña, mis padres creyeron que era lo mejor para la familia. Ya desde esa época había diferencia entre alemanes y judíos.


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Miér Dic 08, 2021 10:10 pm por Myshella

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Ya desde esa época había diferencia entre judíos y alemanes.

La sangre se le heló en las venas en el mismo instante en que la oyó.

Se había sentido incipientemente cómoda, en esa conversación que justo, justo, arrancaba y les daba un momento de...¿normalidad? Por supuesto. La normalidad se presenta de las maneras más curiosas en mitad de la guerra. Justamente, porque la gente está muy falta de ella y necesita aferrarse a esos retazos de tiempo para sobrevivir.

Para mantenerse cuerdo.

Pero acababa de decirle que era judía.

¡Judía!

Por todos los santos, ¡Ella venía de atender en Auschwitz! A las cuidadoras de Auschwitz.

Se calló de golpe, y bajó la mirada al suelo.

¿Cuanto empeño había puesto el Reigh en convencerles, en explicarles, el peligro que suponían los judíos? Esa gente desarraigada y sin patria, avara, que no formaban parte ni de Alemania ni de ninguna nación del mundo. Esa gente de sangre distinta. Ese...mal para la humanidad.

Y su salvadora era una de ellos. Una judía.

Se forzó a alzar la mirada y a dibujar algo parecido a una sonrisa, que le salió temerosa y tensa.

-Comprendo-le dijo, antes de levantarse con cuidado-¿Querrá un segundo plato?

El pulso le temblaba.

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Lun Dic 20, 2021 2:50 am por Maga

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 Si había algo que le habían enseñado en el ejército era a ser una persona observadora, hacía mucho tiempo había aprendido a leer el lenguaje corporal de las personas. Lo complicado era el lenguaje corporal ajeno cuando había dicho la palabra judía, de repente se había tensado y, si fuera otra persona, inclusive podría haber jurado que casi hubiera lanzado un escupitajo al piso en deshonra.

A pesar de ello suponía que la rubia sabía bien que cualquier mal comentario podría decantar en su propia muerte, en una entrega de ella a sus superiores que terminaría de muy mala manera. Enjuiciada en el mejor de los casos, asesinada y vaya a saber uno que más en el más normal. Lamentablemente, había muchos rumores de los que ellos hacían con las nazis que encontraban.

Negó ante el ofrecimiento, limpiándose la boca. – Estaba delicioso, gracias. – Se levantó como si nada, suponiendo que ella se encargaría de lavar el plato, al fin y al cabo, era quien estaba haciendo las tareas del hogar previamente. - Iré a darme una ducha para luego poder descansar, usted debería hacer lo mismo, estimo que ha tenido un día largo aquí. – todo estaba mucho más limpio que antes, así que se habría cansado.


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