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Dom Jul 18, 2021 6:02 pm

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Ya llevaban un mes en Hogwarts, se le había pasado rapidísimo. Había hecho muy buenas migas con Sean Hastings, uno de sus compañeros de dormitorio, y se habían hecho bastante amigos. Era más pausado que él, a veces parecía que estaba un poco despistado, pero era muy listo. Claro, estaba en Ravenclaw. Con él pasaba mucho tiempo, porque claro, en los dormitorios solo estaban los chicos. Pero con quien más tiempo solía pasar era con Alice Gallia, la chica que conoció en las barcas... Era un poco rara. Hablaba sin parar, pegaba saltos y a veces tenía la sensación de que, mientras hablaba, iba pensando por encima a toda velocidad y se le iban quedando cosas por el camino porque su entusiasmo las atropellaba. Era muy graciosa y divertida, se reía mucho con ella... Aunque aún le asustaba un poco a veces. Lo dicho, iba demasiado a toda velocidad para todo, sentía que le llevaba rodando por todas partes. Su mejor amiga era Hillary Vaughan, una chica que había vivido con su madre muggle todo el tiempo antes de llegar allí. Era sorprendentemente lista para ser de madre muggle. Es decir, que no es que él tuviera nada en contra de los hijos de muggles, pero... Bueno, pues no había visto magia nunca, y aun así sabía  un montón, sobre todo sobre leyes. Le dejó con la boca abierta la primera vez que hablaron, ¡se había estudiado la ley mágica entera antes de entrar! Increíble.

La cuestión es que los cuatro hacían un buen equipo Ravenclaw y habían resultado ser imparables en clase, ya se habían llevado la nota más alta en más de un trabajo. Estaba contentísimo, aunque estaba tan acostumbrado a ser el más listo con diferencia que ahora sentía más presión todavía: ¡solo en su grupo había gente listísima! Claro, debió imaginarlo, por algo era la casa de la sabiduría, el conocimiento y la inteligencia. Y él que quería destacar por encima de todo el mundo... Bueno, no lo tenía descartado todavía. Cuando trabajaban a nivel individual, siempre sacaba un diez, y quería mantenerse así todo su recorrido en Hogwarts. Iba a tener que esforzarse un montón para eso.

Sobre todo con Herbología. La asignatura había resultado ser su pequeña debilidad, no porque se le diera mal, sino porque no era tan sencillo como estudiar y ejecutar. Las plantas, a veces, hacían cosas raras... Y la profesora, también. Le decía, "¡O'Donnell, improvisa, levanta la cabeza del libro, comprueba el entorno!". Le ponía un poquito nervioso, pero era una profesora, y ante todo la respetaba. Le recordaba a cuando su abuela le decía a su abuelo "¡menos hacer la receta cuadriculada tal cual y más tirar de intuición, que con amor y buen ojo sale la comida más rica!", y era verdad, porque la comida de su abuela estaba superbuena, pero él no se atrevería a cocinar nada sin una receta delante. Pues lo mismo le pasaba en Herbología, pero la Profesora Mustang hacía como su abuela, actuar por instinto y decir que oía a las plantas y cosas de esas. Sería porque las dos eran Gryffindor. Los Gryffindor eran gente rara a veces. Como su amigo Peter, que hablaba a gritos y no se estaba quieto.

La cuestión era que se estaba agobiando. Tenían una prueba la semana que viene en la que tenían que cultivar una vainilla del viento, una planta totalmente impredecible para alguien tan ordenadito como él. Si entraba en contacto con un cuerpo sólido, florecía automáticamente. Pero si florecían demasiado rápido, los frutos no maduraban. Sus vainas se cargaban de habas rosáceas, brillantes y jugosas, pero si empezaban a salirle flores sin parar, podrían salir las vainas vacías. Se estaba agobiando un poquito de imaginarse su maceta tropezándose con cosas y echando flores y teniendo que tirar vainas vacías. Como Marcus era cabezota, en vez de pedirle ayuda a Alice, por ejemplo, que parecía desenvolverse bastante bien en la asignatura, se había empeñado en resolverlo solo. ¿Por qué? Porque había entrado decidido a llevarse la mejor media del castillo, a ser el mejor de su promoción y a dejar el apellido O'Donnell bien alto. Y si iba por ahí pidiendo ayudas, pues iba a hacer una versión cutre de lo que le había dicho otra persona, y por tanto como mucho quedaría en segundo puesto por detrás de ella. Eso no podía ser. Él quería ser el primero.

Pero por más que leía en el libro la explicación, no le resolvía nada. Solo decía que había que tener cuidado con que no estuviera en contacto continuo con otros entes para evitar la hiperfloración. ¡Claro, qué fácil era decirlo! Seguro que quien escribió eso no estaba en un invernadero con cincuenta personas que no paraban de moverse de aquí para allá. Y cuando llegaba a la parte de como mejorar los frutos, había un montón de terminología y trucos de cultivo que no entendía. Intuía que estaba un poco bloqueado, necesitaba un poco de inspiración... Y sabía donde conseguirla.

Se llevó el libro a su sala común y se sentó en la mesa, mirando la estatua de Rowena Ravenclaw. Era alta, de mármol, y cuando la miraba le daba la sensación de estar delante de la mujer más inteligente del mundo. Eso le daba mucho ánimo, aunque en días como hoy... Le hacía sentirse un poco mal. Como si la estuviera defraudando, como si no fuera tan listo como creía. ¿Y si sus padres pensaban lo mismo? ¿O su abuelo Larry? Ya le estaban dando ganas de llorar, y con la mirada turbia sí que no iba a poder leer nada, y encima iba a manchar el libro. Todos le consideraban muy listo, pero no se estaba enterando de nada de esa puñetera planta. Alzó la mirada otra vez. ¿Y si le pedía ayuda a ella? ¿Quién mejor que ella podría dársela?

Miró a su alrededor. La sala estaba casi vacía, así que se levantó y se dirigió hacia la estatua. No era la primera vez que lo hacía, aunque otras veces había oído cuchicheos y risitas, así que se había cortado un poco. Pero ahora no había casi nadie y los demás parecían a sus cosas... Se sentó a sus pies y abrió el libro de nuevo, apoyando la espalda en las piernas de mármol. Echó la cabeza hacia atrás y la miró desde abajo. - Aún es muy pronto, ¿verdad? - Preguntó en voz baja. Rowena le miraba desde arriba, con su sonrisa serena. Hizo un pucherito. - Quiero decir... Que solo llevo un mes. Y tengo buenas notas... No quiere decir nada que no me entere de esto, ¿no? - Ser listo era lo que más le definía. No podía fracasar en eso tan pronto. Suspiró hondo, se acomodó y se puso a leer. Y no tardó en detectar miraditas otra vez. Le dio igual, estaba con Rowena y eso le iba a ayudar. Frunció el ceño y subió el libro hasta tapar su cara con él. Mejor no les hacía caso. Mejor se centraba en ser el mejor alumno del castillo. Y a ver quién iba a reírse después.
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Dom Jul 18, 2021 8:21 pm

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Llegó dando saltos por el pasillo, para liberar energía más que otra cosa. Siempre le habían dicho que le costaba quedarse quieta, y ella no se había dado cuenta de cuánto era así hasta que haba entrado en Hogwarts. Pero es que las horas de clase eran eteeeernas. A ver, que a ella le encantaba, si estaba feliz de la vida de que le contaran tantas cosas, pero ojalá la dejaran moverse por la clase mientras tanto. Pero estaba dispuesta a hacer el sacrificio por tal de aprender tanto. En casa solo tenía a sus padres para eso, y claro, dos personas no podían contar tantas cosas como todos los profes que había en Hogwarts. — Mi favorita es Herbología. ¡No! Pociones. ¡No! Herbología, porque sin la Herbología no puedes hacer Pociones... Y sin Encantamientos nada de todo eso. La favorita de mi padre era Encantamientos, igual también debería ser la mía. ¡Oh! Y Astrología... — Los ojos le brillaron mirando al techo. — Me encantan las estrellas. — Su amigo Hillary la miraba con una sonrisa. — No te cansas nunca, ¿eh? — Ella se giró sonriendo. — Sí, sí me canso, pero me cuesta. Y más en un castillo tan grande, con tanto que ver, no podemos perder tiempo. — Hillary volvió a reír. — Te quedan seis años, además de este en el que ya estás, para ver todo esto. — Ella se giró y dijo. — ¡Y seguirá sin ser suficiente! Yo quiero más. Yo siempre quiero más. — Eras su palabra favorita: más. Su amiga se encogió de hombros. — Yo no quiero más deberes. Ni más castigos. — Ah sí, eso. Bueno, podía ser que la prefecto Harmond la hubiera castigado ya una vez, por estar leyendo a horas intempestivas y ser algo así como la quinta vez que se lo decía. Ella le intentó explicar que es que no tenía horas en el día, y al final, Hills se vio envuelta y puf, menudo lío.  — Sí, perdón por eso, por cierto. — Su amiga levantó la mano. — No pass nada. Solo había quedado con Sean al día siguiente... ¿Para qué? Si era sábado. — Preguntó con curiosidad, pero la chica se puso muy roja. — Pues... Para... Ya sabes hacer... Cosas de Ravenclaws. Leer y estudiar. Ahhh claro. — Asintió Alice. Lógico. Ella también estudiaba mucho con Marcus.

Entraron en la sala común, cargadas con macetas y semillas que habían ido a coger al invernadero, cuando Hillary le pegó un codazo. — Mira, Marcus está haciendo eso otra vez. ¿Haciendo el qué? — Iba tan rápido en la vida que a veces se perdía cosas fundamentales. — Lo de ponerse en la estatua de Rowena. Que vergüenza, no le digas nada. — Alice ella miró con el ceño fruncido. — ¿Por qué no? ¡Eh, Gallia! ¿Por qué es tan rarito tu amiguito O'Donnell que se pone a leer a los pies de Rowena? — Le dijo uno de quinto. Ella le miró con desprecio. — No es rarito, es brillante. — Dijo ella muy segura. Otro le contestó al primero. — ¿Qué te va a decir la hija de William Gallia? ¿Por qué dicen eso de tu padre? — Preguntó Hills muy bajito en su oído. — Envidia. — Dijo bien alto para que la oyeran. —  Os habéis equivocado de sala común. — Los otros se miraron y se rieron. — ¿Qué?Demasiado tontos para Ravenclaw, igual deberíais estar en la sala de los envidiosos. Esta en las mazmorras. — Dijo con la barbilla bien alta, y se acercó dando saltitos a donde estaba su amigo.

Nunca había conocido a nadie como Marcus O'Donnell. Su primo André era muy listo, pero era un flipado, y le gustaba mucho picarla, pero Marcus no solo era más listo que él, si no que era extremadamente bueno con ella. Vale, garantizado que al chiquillo le faltaba un poco de malicia y no había sido muy aventurero, pero Alice pensaba cambiar eso a golpe de carácter Gallia, al fin y al cabo, era el chico más listo con el que se había cruzado, y era curioso como ella. Solo que tenía mucho apego por las normas, en plan, que se las sabía de memoria y las aplicaba estrictamente. Pero bueno, ella acabaría encontrando el hueco al final. Y le encantaba escucharle. Era como una enciclopedia con patas, y le gustaba cómo se reía y lo verdes que eran sus ojos. En definitiva, era un amigo genial. Llegó al pie de la estatua y se sentó con él. — Hola, Marcus. — Dijo alegremente. — ¿Te molesto? — Preguntó, aunque ya estaba poniendo la cabeza por encima de su hombro, mirando lo que estaba leyendo. — ¡Oh! Estás con Herbología. Del invernadero vengo, para plantar la vainilla voladora. Mamá la usa muchísimo y yo siempre la ayudo en el jardín. Luego se la echa a la créme broulée y queda buenísima. — Sonrió y se giró para mirarle. — A ti con lo que te gusta comer, te encantaría. — Se separó un poco y miró a los lados. — Oye... ¿Por qué estás leyendo aquí? ¿No es un poco incómodo? — Preguntó sin más. Porque ella defendía a capa y a espada a los genios, pero necesitaba entender el por qué de las cosas.
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Lun Jul 19, 2021 9:14 am

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Por muy vacía que estuviera la sala, los de dentro estaban haciendo el suficiente ruido como para no dejar que se concentrara. Igualmente y a pesar de que estaba agobiado, Marcus tenía una importante vena soberbia que salía a relucir cuando cuestionaban el por qué de lo que hacía. Claro que esos alumnos eran mucho mayores que él, y él solo llevaba allí un mes... Así que hizo una mezcla. Siguió dignamente leyendo, porque él consideraba que estar con Rowena le ayudaba y podía dar muchos argumentos al respecto, pero eso sí, con la cara escondida detrás del libro. Odiaba que se burlaran de él. Algún día, sería un erudito y un mago importantísimo y a ver si se reían tanto.

Lo que le hizo asomar los ojillos por encima del libro fue la entrada de sus amigas. Parpadeó un tanto sorprendido cuando vio que Alice le defendía con tanta naturalidad delante de uno de esos chicos, notando como se le encendían las mejillas, pero hizo como si no hubiera visto nada y se volvió a esconder tras el manual. Lo dicho: estaba estudiando. Estaba concentrado. Si estaba concentrado y estudiando, estaba pasando de todos los demás... Ojalá pudiera cerrar las orejas y no escuchar nada.

Aunque tuvo que apretar mucho los labios desde su escondite, porque había oído como Alice llamaba tontos y envidiosos a esos chicos y le había hecho mucha gracia, casi se echa a reír. Él era muy prepotente cuando quería, pero no sabía si se habría atrevido a hablarle así a alumnos tan mayores. Notó como Alice se acercaba y se encogió un poco más, escondiendo la cara más todavía tras su manual, pegando los ojos a las páginas. Quería hacer ver que realmente estaba concentrado leyendo y que los comentarios de esos chicos le daban exactamente igual, que ya se verían los resultados. Pensó que le saludaría y pasaría de largo, o que cotillearía por encima de su libro y se iría cuando le viera tan concentrado. Pero no. Se sentó con él y se pegó a su lado. - Hola. - Respondió con una sonrisita, solo entornando los ojos, sin mover ni un ápice su posición con su libro. Negó con la cabeza cuando le preguntó si le molestaba. No, por ahora no le molestaba, le molestaría si empezaba a burlarse de él como hacían todos. Aunque hacía apenas un minuto le había defendido, así que esperaba que no lo hiciera.

Antes de que se diera cuenta tenía la cabeza de Alice en su hombro, lo que le hizo mirarla un tanto extrañado y notar mucha vergüenza de repente. Marcus era muy cariñoso y pasaban mucho tiempo juntos, pero Alice era como un monito, se echaba encima de la gente en un segundo, no esperaba encontrársela tan cerca. Aunque no le molestaba. Era muy simpática, y lo que quería era ver su libro, que como él era más alto que ella, si no se le encaramaba, no lo iba a ver. Lo bajó un poco para facilitarle la lectura mientras la oía hablar. - Ah, ¿sí? - ¡Vaya! Qué coincidencia, justo estaban con la vainilla voladora. - Pues... Estaba repasándomela. Ya sabes, para el parcial de la semana que viene. - Para qué iba Marcus O'Donnell a pedir ayuda. Tenía en bandeja preguntarle todas sus dudas a Alice, que parecía que controlaba el tema, pero el orgullo le hizo frenarse.

El comentario sobre la comida le hizo reír. - Seguro. - Comentó, aunque le estaba cogiendo tanta manía a la planta esa que dudaba que le apeteciera comerse nada preparado con ella. Lo que ya no le hizo tanta gracia fue la pregunta de después. Realmente, Alice no le había dicho nada, solo le había preguntado si estaba incómodo. Pero estaba demasiado a la defensiva por culpa de las burlitas de los demás. - No. - Contestó infantilmente, frunciendo el ceño y escondiéndose otra vez detrás del libro. - Se está perfectamente. Y es inspirador. Y me está ayudando mucho. Y me gusta leer aquí porque Rowena siempre es una buena compañía. - Vale, eso había sonado un poquito triste. Parecía que no tenía amigos o algo así. Redirigió. - Es la fundadora de nuestra casa, la casa de los sabios. Cuando leo aquí, me siento un sabio, y sé que me apoya. - Dijo muy digno, pero sin salir de detrás del libro, solo se oía su voz haciendo eco contra las páginas. - Así que estoy comodísimo. - Realmente estaba más cómodo en la mesa, pero tenía una fachada que mantener. Ya no se iban a burlar más de él.
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Lun Jul 19, 2021 12:19 pm

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Alice asintió a lo del parcial. — ¡Sí! pues para eso precisamente me he traído las macetas. Mi madre siempre dice que no hay que dejar que la flor roce nada, así que me he devanado los sesos para encontrar algo con lo que cubrir la mía, y al final lo he logrado. — Se puso describirlo con las manos. — Lo normal es tener campanas de cristal, con las que tapar la planta, pero claro, aquí de eso nada, así que he construido un armazón de palitos con forma de campana, más o menos, y se lo pondré por encima, con un plástico transparente encima, que he prácticamente he tenido que suplicar por él en el almacén de material del invernadero. El encargado es un Hufflepuff superdesagradable. Debe ser el único Hufflepuff desagradable del mundo, te lo juro. — Se dio cuenta de que llevaba hablando de seguido demasiado rato. — Perdona, es que me vengo un poco arriba. — Dijo con una risita. — Me encanta que me planteen retos. Si quieres te enseño mi campana rústica luego. — Terminó, sacudiendo los pies.

Pero Marcus parecía enfadado. Igual no quería que le interrumpiera, su madre siempre le estaba diciendo que podía molestar a la gente siendo... Ella. Jo, no quería ser pesada. Agachó la cabeza y se cerró un poco, como las tortugas con los caparazones. — Oh... Sí que es inspiradora. — Ella sonrió tímidamente. Ahora le daba miedo haber hablado de más y seguí hablando sin parar y empeorarlo. — A mí también me parece inspiradora, ¿sabes? No hay muchas mujeres que hayan llegado tan alto como Rowena Ravenclaw. Bueno, Helga Hufflepuff, pero a mi me gusta más Rowena, porque es Ravenclaw en esencia. Como nosotros. — Ea, ya estaba hablando sin parar. Tragó saliva y se reasentó en la peana. — Oye, pues tienes razón, es un sitio guay de la sala, y seguro que Rowena era tan poderosa que hasta su propia estatua te ayuda a estudiar. — Dijo con una sonrisilla. Ojalá me enseñara también cómo ser una amiga guay y no una pelma, pensó con amargura. — Igual me ayuda a mí con Transformaciones. A ti se te da de lujo, las haces perfectas. A mí me salen, pero la señora Fenwick dice que son imperfectas, porque las hago a lo loco.

¡Oh! Quizá era eso lo que le pasaba. Aquellos chicos podían llegar a ser muy tontos y hacerte sentir mal, ellos acababan de entrar, y Alice ya estaba breada en que la gente murmurara sobre ellos y sobretodo sobre su padre, pero Marcus parecía tan perfecto y adorable que no parecía que se hubieran metido mucho con él. Se pegó un poco más a él, aunque se quedó mirando a otra pared, por si Marcus no se sentía muy cómodo hablando del tema y no quería que estuviera mirándole, eso también se lo decían, que clavaba mucho la mirada. Otra cosa que nunca pensó que fuera malo y que ahora resultaba que ponía incómoda a la gente. — Oye... No te veo muy cómodo. — Demasiado sincera, igual. — No cómodo en plan que esto esté muy duro o que te encorve la espalda... Si no que... Pareces como enfadado. Y no sé si es porque hablo sin parar, o porque la gente te mira y cuchichea... — Encogió un hombro, mirándose el regazo y jugando con los dedos, como siempre que s ponía un poco nerviosa. — Pero... Conmigo a veces también lo hacen. Pero no te tienes que enfadar, a mi no me enfada cuando me dicen que soy un torbellino o que tengo mecha infinita y cosas así... Que a ver, yo soy como soy, y estoy contenta de serlo. Tú eres... — Rio un poco. — El chico más listo que he conocido en la vida. Si sentarte a los pies de Rowena te hace ser más listo aún pues... — Rio otra vez y señaló a los de quinto con la barbilla. — Probablemente eso te haría sacar más nota en los TIMOs de esos dos que las que ellos vayan a poder sacar. — Se encogió de hombros. — De mi papá lo dicen también. Mucho, además. Genio loco y no se qué más... Pero mi papá es un mago maravilloso, y mamá siempre dice que no está loco, que es un genio. — Ya por fin se giró y enfocó los ojos de Marcus. — Tú también lo eres.
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Lun Jul 19, 2021 2:40 pm

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Ese era su principal problema, lograr que la planta no se rozase con nada, por lo que cuando Alice dijo que había conseguido evitarlo abrió mucho los ojos y los rodó hacia ella, aunque sin moverse de su posición. Un armazón de palitos cubierto por un plástico. Se le descolgó ligeramente la mandíbula, mientras perdía la mirada en ninguna parte, imaginándolo. ¡¡Pues claro!! Si se sostenía lo suficiente, podría quitarlo y ponerlo como una campana de cristal e impedir que la planta se rozara con nada. ¿Cómo no se le había ocurrido? ¡¡Y era superingenioso!! Claro, era la hija de William Gallia, que era un genio, como para no ser ingeniosa. Negó, aún sin decir nada y procesando aquel invento, cuando pidió perdón. Y en el mismo silencio asintió cuando le sugirió que se lo enseñara. No estaba acostumbrado a que alguien de su edad le dejara con la boca abierta, de hecho los chicos que había conocido eran un poco tontos, incluso quienes eran mayores que él. De su edad solo conocía a Peter Bradley de fuera del colegio, había caído en Gryffindor y era muy buen chico y muy simpático, pero un poco simplón. Y cuando él se ponía a leer, Peter se iba con su hermano a volar con la escoba. Bueno, Lex no era lo más amistoso del mundo, pero volar sí que le gustaba, ahí se complementaban bien los dos. La cuestión era que Marcus solía hablar de las cosas que sabía y la gente le miraba raro y decía que no le entendía. Y ahora, Alice acababa de dejarle sin palabras a él. ¿Y si resultaba que no era tan listo, simplemente que era más listo que los chicos que había conocido hasta el momento? Menos mal que ya estaba asignado a Ravenclaw, si llega a plantearse eso antes hubiera llegado a Hogwarts muerto de miedo.

Se escondió un poco detrás del libro otra vez. Alice haciendo cosas prácticas y él ahí, esperando que le llegara la inspiración divina de Rowena Ravenclaw. Qué vergüenza. Aunque la chica volvió a hablar y él a asomar los ojitos por encima del libro. También le parecía inspiradora. Sonrió. - También son mis dos fundadoras favoritas. - Dijo tímidamente. Se encogió de un hombro. - Mi padre siempre dice que la cultura y las ganas de aprender son muy importantes, pero que sobre todo hay que ser buena persona. Y eso era Helga, buena persona. - Alzó la mirada. - Pero también me gusta más Rowena. - Con Gryffindor no se sentía demasiado identificado, la valentía no era lo suyo, ciertamente. Y en cuanto a Slytherin... La familia de su madre, y ella también, eran de Slytherin. No le hubiera importado entrar en esa casa de quedarse fuera de Ravenclaw, pero algunos Slytherin hacían cosas que no siempre estaban bien. Su padre decía que había de todo en todas las casas, pero en Slytherin parecía ser especialmente frecuente eso. Estaba más tranquilo en Ravenclaw.

Que Alice le diera la razón le hizo sonreír un poco más y rebajar las defensas, mirando de nuevo a la estatua. - Yo también lo creo. Tienen un aura mágica. Leí en un libro sobre la Historia de Hogwarts y sus fundadores que sus retratos transmiten cosas, lo que eran ellos en vida. En realidad, todos los retratos transmiten lo que era en vida la persona retratada. Y no sé... Con las estatuas supongo que funcionará igual, ¿no? Y esta impone mucho. - Imponía un montón. Él la miraba y pensaba, ojalá no defraudarla. El sombrero le había designado a Ravenclaw, tenía que ser digno para ella, que fue quien fundó la casa. Miró a Alice. - Puedo ayudarte con Transformaciones si quieres. - Ladeó una mueca con los labios. - Y tú... Me enseñas tu cúpula rústica. - Le parecía un buen intercambio, aunque su orgullo seguía haciendo que le supiera un poco mal tener que ser ayudado. Él ofrecía su ayuda encantado, pero que le tuvieran que ayudar no lo llevaba igual de bien. Así de ilógico era a veces.

Pero se le debía estar notando que estaba avergonzado y preocupado, o a la defensiva, porque Alice dijo que no le veía muy cómodo. Frunció el ceño otra vez, dispuesto a responder que de eso nada, que estaba perfectamente, pero ella siguió hablando antes de que pudiera contestar. Miró de reojo a ella y a su alrededor alternativamente. - No... No es eso... - No había sonado muy convincente. Bajó la mirada. - Bueno, un poco sí. - Solo se conocían de hacía un mes, pero hasta el momento la chica se había portado muy bien con él. Quizás si le confesaba como se sentía se metía con él después, pero algo le decía que no iba a hacer nada de eso, que Alice era buena persona. Al fin y al cabo, su segunda fundadora favorita era Helga Hufflepuff, sería por algo.

Ella siguió hablando y él escuchó. Se puso colorado automáticamente cuando le dijo que era el chico más listo que había visto, con una sonrisa tímida. Necesitaba oír eso en el día de hoy, ciertamente. Lo de que podía sacar más nota en los TIMOs que los dos alumnos de quinto le hizo reír. - Ojalá. - ¡Uf! Pensaba en los TIMOs y le daba hasta vértigo. Frunció un poco el ceño con lo siguiente que dijo. - ¿Quién dice eso? ¡Si tu padre es genial! ¡Es listísimo! Es el mejor mago de su generación, estoy de acuerdo con tu madre: es un genio. - Admiraba muchísimo a William Gallia. Tanto que cuando dijo que él también era como él, eso sí que le dio vértigo y le hizo ponerse colorado. - Ojalá... - Dijo otra vez, aunque con un toque visiblemente más avergonzado, rascándose el pelo con la mirada baja. - Algún día, me aprenderé todos sus hechizos. - ¿Te imaginas trabajar codo con codo con William Gallia? Sería bestial. Aunque también quería trabajar en el taller de alquimia con su abuelo. Bueno, podía hacer las dos cosas.

Por lo pronto, tenía que bajar sus reticencias con Alice, porque estaba siendo muy buena con él. Bajó el libro y se movió en su asiento para mirarla con una sonrisa. - Me gusta que me cuentes cosas. Me gusta aprender cosas nuevas. - Se encogió de hombros. - Por mí, no tienes por qué dejar de hablar. - Era una persona interesante. Y desde luego que si le hablaba de Herbología le iba a venir bien. Miró de reojo otra vez a los chicos. - Perdona... Creía que habías venido a meterte conmigo. Siempre hay gente que cuchichea cuando me pongo aquí. - Bajó la mirada y empezó a jugar con los dedos, encogiéndose de hombros. - Pero he escuchado como me defendías antes... Gracias por eso. - Alzó la mirada con una sonrisa fruncida en los labios. Aunque volvió a poner expresión entristecida. - Es que... Siempre me han dicho que soy muy listo, y me encanta serlo, y quería sacar la mejor nota de clase... Pero la Herbología no se me da tan bien como otras asignaturas. Me he empeñado en enterarme con este libro, pero no estoy entendiendo nada. - Suspiró. - Me da un poco de miedo no ser tan listo como yo pensaba... Que solo llevamos un mes y ya estoy así. - Añadió con una mueca en los labios. Estaba muy desmoralizado. Esperaba que Alice le levantara un poquito el ánimo.
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Lun Jul 19, 2021 4:28 pm

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Asintió con una sonrisa y dijo. — Mi mamá también dice siempre que hay que ser buenas personas, y que la gente no es más feliz cuanto más tiene si no cuanta más gente te quiere. Casa mucho con lo que dices de Helga. Mamá siempre dice que hubiera sido Hufflepuff. — Le gustaba cómo pensaba Marcus también en ese sentido. En todos, si es que se llevaba mejor con él que con nadie que hubiera conocido, en verdad, mejor incluso con Poppy que era amiga suya desde siempre.

Escuchó lo que contabas sobre las estatuas y los cuadros como escuchaba todo, muerta de curiosidad y almacenándolo todo en su cerebro. — Buah, qué chulo, ya la vez que raro, ¿no? Porque hablaran como gente de la Edad Media y eso... Que tendrán ideas diferentes. Pero bueno debe ser guay escucharlos. — ¿Y qué pensarían los cuadros y las estatuas de los que les rodeaban ahora? Era curioso y a la vez daba un poco de abismo. Volvió a la tierra cuando Marcus le dijo lo de Transfomaciones, y asintió muy seguido. — ¡Sí! Fenwick te dijo que lo hiciste impecable, eres el mejor para enseñar, sin duda. Y tu mamá es hechicera, como papá, seguro que también te ha enseñado cosas chulas. Mamá no el deja a papá enseñarme a mí, pero a veces hace cosas guays conmigo, como levitarme o... Hace cosas guays en plan chispas o figuritas en el aire. — Y se rio recordando a su padre. Ay, a veces le echaba un poco de menos, porque nadie era tan alegre como él. Le miró ilusionada cuando dijo lo de la cúpula. — ¿Te ha parecido buena idea? Ay, Hills nod ice nada, está más preocupada por... — Hizo un gesto con las manos. — Todo. Y a Mustang todavía no se lo he enseñado, así que no sabía si era una buena idea. — Y se alegraba mil de que al menos Marcus quisiera verlo.

Escuchó lo que le decía. Claro, si ya sabía ella que algo le pasaba, peor bueno, al menos no parecía ser con ella. Marcus no parecía muy seguro de sí mismo, pero sí de su padre y de su admiración hacia él, lo cual le hizo poner una sonrisa enorme. — Yo admiro a papá más que a nada, es genial. Pero mamá también es muy buena bruja, todo lo que sé de Herbología me lo ha enseñado ella. Y Astronomía. Pero sobretodo, es la que ayuda a papá a ser tan brillante. — Lo recordaba siempre, por si acaso, que nadie se olvidara del papel de su madre en todo aquello. Se rio a lo de que se aprendería sus hechizos. — Los que no se esté inventando en ese momento, claro, porque papá se inventa tres hechizos al día mínimo. Solo que al final solo perfecciona y hace públicos los mejores, o los que no puedan dar efectos adversos. — Para eso estaba su madre, entre otras cosas, para contrarrestar los desastres provocados por su padre.

Por fin, Marcus pareció estar menos incómodo y se movió su lado, lo que le hizo sonreír más ampliamente. — Uf, qué alivio. — Se le escapó y desvió un pco la mirada, avergonzada. — Quiero decir... Que a veces hablo y hablo sin parar y la gente me dice que a ver si me callo, o me relajo, o no interrumpo... Pero me alegro que te guste escucharme. A mi también me gusta escucharte a ti. — Aportó con sinceridad. Frunció el ceño extrañada cuando dijo lo de burlarse de él. Rio un poco y los miró con una ceja alzada. — Yo no soy así... No soy como nadie, de hecho... — Le miró y amplió la sonrisa. — Y nunca me metería contigo, menos por esto. Solo quería saber por qué. — Recogió las piernas y se las abrazó, balanceándose en sus sitio. — Siempre quiero saber por qué, y cuando lo sé, quiero saber más. — Se giró. — Siempre más. Y tú lo has hecho. Me has contado por qué, y encima me cuentas más cosas, como lo que leíste de Historia de la Magia. Es perfecto. — Dijo con los ojos brillantes y una amplia sonrisa. Negó con la cabeza cuando le dijo lo de defenderle. — No hay de qué. Eres mi amigo, y quiero creer que tu también me consideras tu amiga. Eso hacen los amigos. Cuidan el uno del otro. — Para ella era obvio.

De nuevo frunció el ceño cuando le dijo que le daba miedo no ser listo. — Pero si nadie te supera en clase. — Entornó los ojos. — Pero a ver... Tienes once años, te queda como una vida entera para aprender a hacer cosas, Herbología entre ellas. Cuando no has hecho algo nunca no se te da bien a la primera y los libros pueden ser un poco liosos... A mí me pasa casi todo, en verdad, pero no me preocupa equivocarme, lo intento y lo intento... Hasta que sale. — Dijo con una risita motivadora final. — Mira, eres el más listo de todas formas, cuando te sientas así y no veas la solución — alargó la mano y le cerró el libro, cogiéndolo —, cierras el libro y pones esto a trabajar. — Le dio con el índice en la sien. — Imagina una solución, así llegué yo a lo de la campana. Luego vuelves al libro y compruebas si se puede, lo intentas, y si no sale, empiezas otra vez el ensayo y error también puede ser divertido, y lo que importa es el resultado final. — Se acercó a él también y bajó la voz, como si le diera un poco de cosa contarle a todo el mundo cómo había llegado a la campana. — Me encantan los pájaros, ¿sabes? Y odio las jaulas. Peeeeero... Las jaulas son perfectas para algo que no se mueve pero a lo que hay que observar. — Ladeó la cabeza. — Como una planta. Piensa en algo que te inspire... Y aplícalo a la Herbología. — Señaló a la estatua y dijo. — Ella te ayuda.
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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Asintió con una sonrisa. - ¡Sí! Por eso conozco a tu padre, porque a veces iba a la oficina de mamá. Pero sus hechizos son muy complicados y algunos peligrosos, así que solo me enseñaba los más fáciles... Igualmente no los podía hacer, pero ya los sé para cuando pueda. - Dijo encogiéndose de hombros. - De todas formas, solía ir más al trabajo de papá. Es aritmántico, pero también se sabe un montón de hechizos, y sabe muchísimo de matemáticas y de astrología, y de casi todo en realidad, porque él también era de Ravenclaw. - Se acercó a Alice y susurró, como si su padre pudiera escucharle. - Aunque mamá hace magia mucho mejor que él. - Rio un poco. Realmente, su padre era el primero que reconocía eso, porque era bastante evidente. Emma O'Donnell era una de las mejores brujas del mundo, no porque fuera su madre. Que también.

Volvió a reír. - Sí, tu padre hace cosas muy guays. Una vez pasé por su despacho y estaban todas sus cosas por los aires y él así, pensando. - Esbozó una expresión pensativa, imitándole, imaginándose que tenía todos los cachivaches levitando a su alrededor tal y como le vio aquel día, y volvió a reír. Miró a la chica y dijo con entusiasmo. - ¡Pues es una idea genial! Lo que más me agobiaba era que la planta se chocara con cosas, así lo impides. Eso sí, tiene que ser muy firme y tienes que poder quitarla y ponerla, pero si es así, es una gran idea. - Y, de nuevo, le ofendía que no se le hubiera ocurrido a él. Pero bueno, tendría días mejores, quería pensar. Al parecer, a su madre se le daba muy bien la herbología. Claro, a su madre se le daban genial los encantamientos y las transformaciones, y por eso él era tan bueno. Alice habría heredado el don de su madre para la herbología, tenía sentido. Solo que él seguía empeñado en querer ser igual de bueno en todo. Lo que le hizo abrir mucho los ojos fue lo que dijo de su padre. - ¿¿Tres al día?? Wow. - Sacudió una mano, impresionado. - Mi madre le dedica casi un mes a un hechizo, se lo prepara muchísimo, se dedica exclusivamente a él. Eso sí, cuando sale, sale impecable. No hay quien lo pare. - Suerte intentando contrarrestar un hechizo de su madre.

Se encogió de hombros. - Dices cosas guays. Pero guays de verdad, de que se nota que sabes cosas. No guays en plan... Tonterías y eso. - Se había explicado un poco mal. Cuando los chicos de más o menos su edad se juntaban entre ellos, a veces hablaban de cosas muy tontas, y cuando él hablaba de lo que sabían, decían que era un muermo y un sabelotodo. Pues Alice no, y realmente en Ravenclaw había mucha gente como él. Eso sí que era guay de verdad. Sabía que el tiempo le daría la razón. Lo que le hizo mirarla con una sonrisa de lado fue lo que dijo de que ella no era como nadie. Eso era verdad, lo cierto es que no había conocido a nadie como su amiga. Era rara pero en plan bien, es decir, distinta, y divertida, y graciosa, y sabía mucho de plantas y eso. Y de más cosas, pero ahora a él le venía bien lo de las plantas.

Dejó el libro apoyado en su regazo y se giró un poco más hacia ella, menos tenso y más sonriente. - A mí también me gusta saber siempre el por qué. Mis padres dicen que mis palabras favoritas son "por qué". De hecho, mi padre asegura que llegó a contar una vez en la que dije "por qué" treinta y ocho veces seguidas... Le gusta hacer cuentas porque sí. - Concluyó encogiéndose de hombros. Cosas de aritmánticos, suponía. Amplió la sonrisa. - Pues siempre que quieras saber por qué, o saber más... Búscame. Y si no lo sé, lo buscamos juntos. - Le parecía un buen objetivo con su amiga, la verdad. Si los dos se divertían aprendiendo, podían hacer eso todas las veces que quisieran. Justo entonces, de hecho, le ratificó que le consideraba su amigo, y él asintió convencido. - ¡Claro! Eres la mejor amiga que tengo, de hecho. - Se sinceró. Se llevaba muy bien con Sean, pero en el escaso tiempo que llevaban allí, se había dado cuenta de que tenía más conversación con Alice, y le daba ese tipo de confianza para poder hablar tranquilo sin miedo a que se metiera con él o algo. Se irguió. - Así que si algún día alguien te dice algo, o dice algo de tu padre, me lo dices. - Ni que él fuera el más valiente del mundo, pero si Alice le defendía, lo mínimo que podía hacer era devolvérselo.

Escuchó atento lo que la chica le decía con ánimo de tranquilizarle, aunque hubo algo que le hizo fruncir el ceño, confuso. - A mí se me dan bien muchas cosas a la primera. - Contrarió extrañado. Si ese era el problema, que no estaba acostumbrado a que no le salieran las cosas a la primera, a la segunda como mucho, o a no pillar algo. Igualmente, Alice le seguía motivando con ese discurso tan tranquilo y positivo, hasta que hizo algo que sí le descuadró del todo. Abrió mucho los ojos viendo como le cerraba el libro, y parpadeó cuando le tocó la sien. - Pero... En los libros es donde se aprenden las cosas. Bueno, o viendo a magos muy buenos hacerlas, como a los profesores, pero... Para algo están los libros, ¿no? - Todo lo que no le habían enseñado sus padres, sus abuelos o magos como William Gallia cuando le había visto trabajando, lo había aprendido de los libros. Eso de encontrar soluciones por tu cuenta cuando un libro no te convencía se le antojaba poco menos que una locura o una temeridad, porque como ella misma decía aún tenía solo once años, no es que fuera un mago superpoderoso y culto. Algún día, puede que creara sus propias cosas de su cabeza y ya está, sin mirar libro alguno. Pero ahora...

Dibujó una mueca pensativa en los labios y frunció el ceño. - ¿Pero eso del ensayo y error no puede tener consecuencias? - Preguntó con cautela, porque parecía que Alice no se había parado a pensar en eso. Todo sonaba demasiado fácil y bonito, aunque era tentador hacerlo así, la verdad. La chica se acercó como si quisiera contarle una confidencia, así que él puso el oído. Se le escapó una risa. - Sí, eso tiene sentido. - Pobre pájaro, sería una pena enjaularlo. Si hasta Elio estaba siempre suelto por ahí, bueno excepto cuando se montó en el tren, porque tenía miedo de que se le asustara y se le fuera volando. Pero en casa siempre lo tenía suelto, y ahora también estaba libre en la lechucería. Sin embargo, a una planta le daba igual, porque total, no se iba a mover. De hecho, a esa le vendría hasta bien, así no le saldrían flores a lo loco. Cuando señaló a Rowena, la miró desde su posición. Respiró hondo y sonrió. - Lo haré. Seguro que ella me ayuda. - Bajó la vista a Alice y le dio un leve codazo cómplice. - Y tú también. - Y de hecho, probablemente, fuera más productivo pegarse a su amiga que a la estatua de Rowena. Lo tendría en cuenta.

Su atención se puso en la puerta de la sala común, porque un murmullo advirtió de que acababan de entrar varios alumnos de sexto. Entre ellos, la Prefecta Harmond. Se le aceleró el corazón y tragó saliva, apresurándose en abrir su libro y acercándose más a Alice para abrirlo sobre las piernas de ambos. - Haz como que leemos. - Susurró. Ni un par de segundos pasaron hasta que vio la silueta de la estilizada prefecta ante ellos. - Oh, Marcus, ¿buscando inspiración de Rowena otra vez? - Preguntó la chica con tono adorable, agachándose y apoyando las manos en sus rodillas para verle más cerca. Él alzó la mirada y asintió. - ¿Y qué estudias? - Preguntó la prefecta, ladeando la cabeza para mirar el libro. - Herbología. Mi amiga Alice me está ayudando. - Hola, amiga Alice. - Saludó la chica, tan dulce como siempre. - Qué bien, Marcus. Me alegro de que estéis trabajando en equipo. Dos cerebros piensan más que uno. - Él volvió a asentir y añadió. - De todas formas, me gusta estar aquí... Me inspira. - Miró a Alice con una sonrisa y matizó. - Nos inspira. - Ya que estaban juntos en eso, qué menos que hacerlo notar. En ese momento, la prefecta le agarró con una mano de los mofletes. - ¡Aayy! ¡Pero qué monísimo eres! - Le revolvió los rizos mientras Marcus notaba como se ponía rojo como un tomate, y ella se irguió de nuevo. - Voy a los dormitorios. Suerte con eso, chicos. - Gracias. - Respondió con un hilo de voz y cara de idiota, siguiendo a la chica con la mirada mientras esta se marchaba escaleras arriba hacia sus dormitorios. Suspiró y, cuando la prefecta se perdió, se irguió con un bailecito de hombros y, con una caída de ojos, miró al resto de la sala común, en concreto a los que antes se metieron con él, y dijo en voz que se le pudiera oír. - ¿Has oído eso? Soy monísimo. - Ah, el halago de los mayores. El mejor regalo que le podían dar. A ver si ahora se reían tanto.
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Lun Jul 19, 2021 8:25 pm

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Ella sonrió y abrió la boca cuando dijo lo de su padre. — ¡Oh! Me encanta la aritmancia. Mi padre siempre dice que menos adivinación y más aritmancia. Yo me muero de ganas de darla, la verdad. Qué guay que te puedan enseñar esas cosas en casa. — Rio con ganas cuando le dijo lo de su padre con las cosas flotando. — Lo hace un montón. En Navidad, colocando el árbol, cuando hay que montar algo y hasta pare poner la mesa, le he visto así a veces. Dice que piensa mejor, pero mamá le dice que solo es un payaso petulante. — Se rio solo de recordarlo. — Son muy divertidos, la verdad, en mi casa siempre nos estamos riendo. — Alzó una ceja cuando dijo lo de su madre. No, pues definitivamente sus padre NO trabajaba así. Probablemente la madre Marcus se encontrara con menos problemas a la hora de desarrollar los hechizos si los pensaba y los llevaba a cabo con cabeza. Su padre no, pero su madre ya había aprendido a lidiar con fuegos, pequeñas explosiones, rebotes y tintes. Una vez dejó a Alice en blanco y negro. Fue hilarante, y ella estuvo el día entero muerta de risa, pero a su madre no le hizo tanta gracia. Sospechaba que a los O'Donnell tampoco les hubiera hecho mucha.

Se echó a reír con los treinta y ocho "por qués". — Sería un record muy mío, sinceramente. Si alguna vez me ve tu padre, le va a faltar aritmancia para contar cuántas veces pregunto. — Confesó entre risas. Miró a su amigo con una sonrisa y asintió. — Lo haré. Nos quedan siete años aquí, todo forma parte de la aventura. Lo bonito es descubrir las cosas juntos. — Aseguró. Y lo creía realmente. Notó algo en el pecho cuando le dijo que era la mejor amiga que tenía. Se aguantó las ganas de darle un abrazo, porque eso también se lo decían mucho, que era muy pegajosa, sobretodo su abuela. — Tú también eres mi mejor amigo. — Le dijo con una sonrisa cálida. Qué bien, siempre había querido tener al lado alguien así. Quizá ella era un poco demasiado desastrosa para él, pero bueno, parecía estar bastante conforme con su desastrosidad. Se rio y dijo. — Te lo agradezco, pero tengo mucho carácter, suelo defenderme sola, salto con nada. Prefiero buscarte para disfrutar de tu inteligencia. — Y sincera, también era tremendamente sincera, tanto que a veces le gustaría tener un filtro detector de barbaridades, porque luego las decía, y le daba como vergüenza justo después, cuando ya no tenía arreglo.

La cara de Marcus cuando le cerró el libro era un poema. Sí, era demasiado alocada para él, definitivamente, pero estaba tan segura de ello como de que le iba a venir bien. Dejó que el chico expresara sus duda y ella simplemente se encogió de un hombro. — Mira, yo leo muchísimo, todo lo que puedo, pero los libros no se escribieron para ti, Marcus O'Donnell, o para mí, concretamente. Si Marcus O'Donnell o Alice Gallia tienen un problema que resolver, los libros pueden ayudar, pero tinas que usar tu propia cabeza también, porque nadie como tú va a conocer su problema. — Levantó los ojos, soñadores, al techo. — Si yo no mirara a los pájaros, pensara en volar... — Dijo alzando la mano inclinada, como si surcara el cielo. — No habría tenido la idea de la campana. Y eso no viene en ningún libro, la he tenido porque era mi circunstancia. Luego tuve que mirar a ver si era viable, claro, y para eso sí necesité varios libros. Y preguntarle a los que saben claro, eso es fundamental. Pero tienes que intentar idear por ti mismo, no esperar a que alguien lo idee por ti, y tú solo lo ejecutes. — Se encogió de hombros cuando aludió al peligro el ensayo y error. — Bueno... A ver... Si lo haces con cabeza... — Cosa no siempre ella misma aplicaba. — No tiene por qué. — Con una sonrisa se pegó un poco más a él. Sí, ella también le ayudaría, hacían un buen equipo.

Pero de repente y sin venir a cuento, Marcus volvió a abrir el libro y le dijo que fingiera que leían. Y bien, eso podía hacerlo, pero no entendía... Justo entonces, apareció por ahí Anne Harmond, que al parecer se llevaba bien con Marcus. A ver, con ella también, cuando no leía a horas intempestivas. — Hola, Anne. — Dijo con una sonrisa. Espera... Si Anne estaba allí, entonces... Subió la vista y lo vio allí. El prefecto Graves era el chico más guapo que hubiera visto en su vida. Era altísimo, moreno, parecía en sí mismo la Torre Ravenclaw y tenía una voz que... Además siempre era amable y atento, y sabía de todo lo que se te ocurriera preguntarle sobre el castillo y las normas. Siempre que le veía se ponía rojísima. Justo aterrizó de vuelta con los otros dos cuando Anne se despedía de ellos, y parecía haber dejado a Marcus muy contento. Sonrió ligeramente y dijo. — Sí lo eres. Y a la prefecta le caes muy bien, se le nota. — Quién era ella para negarlo. — Oye voy a... A chocarme como sea con el prefecto Graves. Por la campana, para que la veas. — Aseguró, bajándose de un saltito, y see fue de cabeza a eo, a chocarse con el prefecto Graves.

¡Uy! — Dijo cuando se chocó con su costado. — Lo siento, prefecto... — Él la miró con esa sonrisa tan bonita. — ¡Ojo! Que casi me llevo una Gallia por delante. ¿No hay desperfectos? ¿Pido revisión de la jugada?— Es que encima era gracioso, de hecho le dio una risita muy tonta. — No, qué va... Estoy perfectamente. — Él amplió la sonrisa. — Bien, así me gusta. — Se giró y señaló a Marcus con la cabeza. — Me alegro de que hagas buenas amistades. — Ella le miró también y asintió. — Sí, Marcus es el mejor. Me contesta todas la preguntas y es superlisto. — Graves rio. — Pues lo primero sí que tiene mérito. ¿Dónde ibas? — Bueno pregunta. Tenía que recordarlo. — Ah, pues... A por una cosa a mi cuarto. — Alguien puso dos manos en sus hombros. — En ese caso voy contigo, chavala, que ya te ibas para los dormitorios de los chicos. — Ah, Monica Fender. Molaba mucho, llevaba el pelo rosa y se reía cuando Anne reñía en los dormitorios. A Alice le pareció genial cuando entraron, pero ahora... Estaba todo el día con Graves. Puede que le tuviera un poquito de envidia. — Te dejo en manos de la horma de tu zapato. — Le dijo Graves con aquella sonrisa divina. Luego bajó las manos y movió sus coletas. — Me encantan tus coletas, Gallia. — Por todos los dragones... Había sentido cómo se le debía poner la sonrisa más tonta de la historia. Suspiró y se dejó arrastrar por Monica. — Anda, que ya te vale, rompecorazones. — Le dijo la chica al prefecto, aunque Alice no estaba muy atenta.

Al menos, cuando bajó con la campana de palitos y el plástico bajo el brazo, ya estaba más despejada. Se acercó a por la maceta y se fue a sentar de nuevo con Marcus. — Mira, sujétamela. — Dijo dejándoles la maceta en el regazo y montando la campana encima. La cogió y ese la puso en el regazo. — Cuando esté llena de tierra, irá mejor. Pero para que te hagas una idea, luego por aquí va el plástico. — Dijo marcándolo con la mano libre. — Y aquí arriba tendría un agujero, para que le entrara aire, pero yo podría quitar y poner la campana para cuidarla si hace falta. — Miró a su amigo, ahora un poco más insegura, fuera que al final le hubiera quedado demasiado cutre o algo. — ¿Qué te parece? ¿Crees que funcionará?
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Mar Jul 20, 2021 7:00 am

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Se quedó pensando en el razonamiento de Alice. Ya, sabía que los libros no se escribieron para él, pero... Si todo el mundo pensara así, nadie leería, ¿no? Era raro, le tenía que dar un par de vueltas en su cabeza. Cuando ella levantó la mirada, él hizo lo mismo, pero solo vio la bóveda estrellada de su sala común. Miró a Alice y se le esbozó una leve sonrisa. Ella veía más, estaba seguro. Era soñadora e ingeniosa, tenía mucha más imaginación que él, por eso se le había ocurrido algo tan guay sin mirar el libro primero. Quizás tenía que hacer eso. Podrían ser una buena combinación. Él podía aportar toda la teoría de los libros, y ella la imaginación. ¡Vaya! Él con todo su conocimiento y ella con todo su ingenio, si se pusieran juntos en clase a resolver las cosas más difíciles, ¡serían imparables!

Igualmente toda esa corriente de pensamiento se frenó en cuanto la Prefecta Harmond pasó por allí. Miró a Alice levemente sorprendido. ¿La llamaba Anne? ¿Tanta confianza tenían? Jo, él seguía llamando a los prefectos por título y apellido. Pero no le importaba que fuera así, eran muy importantes y él quería darles su importancia, y si algún día les decían que les llamase por su nombre de pila se iba a sentir muy halagado. Por lo pronto, se sentía halagadísimo con que Anne le echara ese piropo, piropo que Alice corroboró. En otros momentos se habría encogido y habría esbozado una sonrisita tímida, con las mejillas coloradas, pero ahora estaba en pleno momento Marcus viniéndose arriba ante los que se habían metido con él hacía minutos. Porque a ver, nada más y nada menos que Anne Harmond le había dicho que era monísimo y había valorado, como buena hija de Ravenclaw que era, que buscara inspiración en Rowena para estudiar. Si no se estaban muriendo de envidia, no sabía qué hacían en esa casa.

Fue a contestar a Alice, pero en lo que abría la boca, la chica ya se había ido. La buscó extrañado a su alrededor y la vio chocarse con Howard Graves. Ah, el Prefecto Graves. ¡Era supergenial! Era listísimo, el más amable de todos los prefectos, siempre sonreía, le daba buenos consejos, ¡y un día le dijo que iba a ser un prefecto genial! Le encantaba Graves. Aún le daba un poco de vergüenza perseguirle mucho, pero igualmente le contaba muchas cosas. Ojalá se hicieran amigos, serían muy buenos amigos, si en el fondo se parecían mucho, estaba seguro. Se quedó mirando la escena y, cuando detectó que el prefecto le señalaba con la cabeza, sonrió y saludó con la mano. ¿Le había llamado buena amistad? Si es que lo sabía, sabía que le caía bien, iban a ser superamigos.

La repentina aparición de un grupito al lado de la estatua de Rowena le hizo desviar la atención. Vaya, ahora iba a querer todo el mundo estar con Rowena, en cuanto aparecían los prefectos. Qué previsibles. Aunque no parecía que buscaran inspiración, más bien un sitio en el que cuchichear. - ¿Habéis visto que sonrisa? Es que es el más guapo del castillo. - Marcus frunció el ceño y se asomó. Ah, era Hillary, suspirando y hablando de Graves con un corrillo de chicas. - Tengo que preguntarle a Alice como lo hace, que siempre le dice cosas. Estoy por ponerme dos coletas yo también, a ver si me dice algo. - Marcus rodó los ojos con un suspiro y giró la vista al libro de nuevo. En fin...

Pero, al parecer, la amiga de su mejor amiga le detectó. - Oye, Marcus. - Hillary se le había puesto delante, o más bien sentada a sus pies, y le miraba con ojillos de mascota pidiendo comida. - Tú pasas mucho tiempo con el Prefecto Graves, ¿verdad? - Marcus se encogió de hombros. Sí, bueno, no todo el que le gustaría, pero sí. - ¿Y qué te dice? - Él esbozó una expresión pensativa, haciendo memoria. - Que es importante cumplir las normas, que hay que ser buen compañero, que le busque cada vez que le necesite. ¡Ah! Y que primero y segundo son los cursos ideales para ir descubriendo tus vocaciones y... - ¡No de eso, tonto! ¡De nosotras! ¿Te ha hablado de alguna de nosotras? - Volvió a preguntar Hillary, con cara de ilusión pero con tono de demandar una respuesta inmediata. Marcus frunció el ceño. - No hablo de chicas con él. Los prefectos no están para eso. - Lo sabría él, que estaba decididísimo a ser prefecto y no venía en los estatutos por ninguna parte eso. Hillary hizo una pedorreta. - Pues vaya. Qué oportunidad perdida. - De verdad que Marcus no estaba entendiendo nada, por segunda vez en el día de hoy. Aunque eso le daba igual no entenderlo, sinceramente.

Se metió de nuevo en su libro con expresión ceñuda. Hablar de chicas con Howard Graves, qué tontería, como que no había cosas mucho más importantes de las que hablar. Salió de su enfurruñamiento personal cuando notó que Alice se le sentaba al lado otra vez, poniéndole casi sin esperárselo la maceta en el regazo. Al menos era la maceta, no su gata otra vez. Admiró lo que había construido mientras dejaba que ella lo explicara, con los ojos muy abiertos, pensando a toda velocidad como estaba hecho y como se le habría ocurrido, y si él podría replicar algo similar pero sin copiarle la idea. Cuando terminó, esperó un par de segundos y miró a Alice. - ¡Es genial! - Se puso de rodillas para mirarla. - Así está protegida, y solo tienes que quitarla para trabajar con ella. ¡Es perfecto! - Se mesó la barbilla. - ¿Se podrá conseguir esto mismo con algún hechizo? - Tuvo una idea... Pero su idea era ir a buscar un libro de encantamientos para ver si podía hacer algo, o uno de transformaciónes. Y había dicho que nada de libros, que mejor darle a la imaginación. Así que se quedó pensando un poco más.

Y entonces cayó en algo. Abrió mucho los ojos. - ¡Un encantamiento de paraguas! - Bramó, y él mismo se dio cuenta de que lo había dicho a gritos y bajó la voz. Lo que le faltaba era que le robaran su idea. - ¿Me dejas probar? - Pidió a la dueña de la planta. Quitó el armazón con cuidado, se lo dio a Alice y apuntó a la maceta, concentrado y cuidadoso. El hechizo para generar un paraguas era muy sencillo, llevaba viendo a sus padres hacerlo toda la vida y fue uno de los primeros que probó cuando entró en el castillo. Tan pronto pronunció el encantamiento concreto, y haz brillante emergió de la maceta y desplegó la magia a su alrededor, creando un paraguas que sería de un tamaño adecuado para él, pero que para la planta era enorme. Así no iba a rozarle nada, porque movió la varita por el contorno del paragua mágico e hizo que la supuesta tela impermeable del mismo cayera hacia los lados. Sonrió y se encogió de un hombro. - Me vale por el momento, aunque lo perfeccionaré. ¿Qué te parece? -
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Mar Jul 20, 2021 10:40 am

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Le extrañó ver a Hillary y las demás revoloteando al rededor de Marcus. ¿No se estarían metiendo con él? No, Hillary era un poco picona, pero no se metía con la gente porque sí. Miró a su amigo y le preguntó bajito. — ¿Qué te estaban diciendo? — Ya iba a tener ella unas palabritas con su amiga si le había dicho algo, que le podía demasiado la vergüenza en general, no podía preocuparse tanto por esas cosas.

La reacción de su amigo le interesaba más, la verdad. Sonrió ampliamente. — ¿De verdad te lo parece? Buah, entonces sí que es una buena idea. — Dijo emocionada. Le miró y asintió. — Seguro que sí. Mi padre se inventaría uno sobre la marcha, pero seguro que damos con alguno que sepamos hacer. — Dijo entrecerrando los ojos y pensando. Casi rebotó un poco del susto cuando Marcus dio con ello, pero inmediatamente abrió ella también los ojos. — ¡Es verdad! Así te aseguras de que nada la toque, pero tú lo puedes maniobrar. Brillante, Marcus. — Dijo dándole suavecito con en puño en el brazo. — Has necesitado bastante menos tiempo que yo en dar con ello, la verdad. — Dijo con una carcajada.,

Asintió a lo dejarle la maceta y observó cómo echaba el hechizo. Qué bonito y con qué elegancia lo echaba, la verdad, que envidia, ella siempre iba un poco más a lo loco con los hechizos, por la adrenalina que le provocaba hacer magia, después de tantos años esperando a poder imitar a sus padres. — ¡Hala! Qué grande. Ni le va a rozar el viento. Podemos plantar la tuya cuando quieras, a mí me encanta cuidar las plantas, me relaja un montón, podría pasar horas haciéndolo. Y tú me ayudas con la transformación de la copa, que aún no la he hecho. — Y todo eso daba para la tarde entera como mínimo. Fue a por la maceta vacía y las semillas para que Marcus pudiera plantar la vainilla y las dejó en el suelo junto a Rowena, porque aún no controlaba mucho el hechizo levitador. Sin más dilación, se puso a hacer la base de la maceta mientras le contaba. — Me sale la transformación, ¿vale? El problema es que aún me quedan restos de la original impurificando el cristal, y la señora Fenwick se enfada un montón, me grita y dice que soy una atolondrada... — Que le afectaría si no fuera porque lo llevaba oyendo toda la vida, y ella ya sabía que iba un poco acelerada de más a todo. Y en ese momento, pasó por allí Graves de nuevo, saliendo hacia la puerta con Monica. — Hasta luego, parejita. — Dijo con aquella bendita sonrisa, revolviéndole el pelo a Marcus al pasar. — Hasta luego, prefecto Graves. Adiós, eh, Gallia. — Dijo Monica con una sonrisilla y un gesto gracioso. Ella arrugó un poco la nariz. — Adiós, Fender.

Cuando ya estuvieron un poco lejos le dijo. — Vaya, al prefecto Graves también le caes bien, ¿cómo lo haces para ganarte a todos los prefectos? — Ella sola se rio, mientras seguía asentando la maceta para echar semillas. — A mí me regañan un poco, porque bueno, a veces hago cosas como quedarme leyendo hasta demasiado tarde y eso. — Se encogió de un hombro. — Yo no sería buena prefecta porque permitiría demasiadas cosas. Y probablemente las hiciera también, pensó, pero eso no lo dijo. — Pero viendo al prefecto Graves, te dan ganas de serlo... — Dijo un poco soñadora. En verdad, se conformaría con ir de su brazo, como Monica Fender... Aunque para cuando ella tuviera esa edad, el prefecto Graves ya no estaría ni en Hogwarts. — ¡Aguamenti! — Dijo lanzando el hechizo al lecho que les había hecho a las semillas. Luego le tendió las semillas a Marcus. — Haz los honores. Va a ser tu vainilla al fin y al cabo. — Terminó con tono cariñoso, sorniéndole.
Merci Prouvaire!


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Mar Jul 20, 2021 8:19 pm

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Marcus se encogió de hombros. - Nada, solo estaban cuchicheando entre ellas y preguntándome de qué me hablaba el Prefecto Graves cuando estaba con él. - Bobadas varias a las que él no le dio la más mínima importancia. Se centró en la planta y asintió. Y tanto que era una buena idea, pero lo que le hizo abrir muchísimo los ojos fue lo que dijo de su padre. - ¡Bua, me encantaría ver eso! - Nunca iba a dejar de sorprenderse con William Gallia. ¡Inventarse un hechizo sobre la marcha! Ojalá llegara él a saber hacer esas cosas algún día.

- ¿Te gusta? ¿Te parece que sirve? - Preguntó ilusionado, porque la chica parecía bastante impresionada con su hechizo de paraguas. Miró su propia obra con una sonrisa orgullosa. - ¡Sí, creo que he dado con ello! - Aunque lo dicho, como aún tenía una semana, intentaría perfeccionarlo, por si acaso. A Marcus le gustaban que las cosas fueran perfectas, no se conformaba con un "no esta mal" o "puedo salir del paso con esto", no. Tenía que ser perfecto. Lo más importante era cultivar la planta, pero dado que uno de los requisitos era evitar que floreciera sin parar, intentaría diseñar el hechizo perfecto para impedirlo.

En lo que él miraba su propio hechizo y le daba a la cabeza para ver como podía mejorarlo, Alice trajo otro macetero y las semillas. - ¿Aquí? - Preguntó. ¿Se podían plantar cosas en la sala común? ¿No deberían irse al invernadero? Bueno, estaban amparador por Rowena, ¿no? Supuso que no había nada de malo. - ¡Vale! - Confirmó contento y se dispuso a plantar su vainilla del viento. En lo que lo hacía, Alice le fue contando sus problemas con la asignatura de Transformaciones y con la Profesora Fenwick. Era muy estricta y seria, y el primer día le preguntó "tú eres el hijo de Emma Horner, ¿no?" con un tono que le puso los pelos de punta. Pero bueno, después había sido justa poniéndole la nota... Aunque tampoco le gustó el tono en el que le dijo "impecable, como tu madre". Se suponía que era un piropo, pero no lo parecía, la verdad. - No eres una atolondrada. - Dijo muy seguro, encogiendo un hombro. - Lo que pasa es que los Slytherin son un poco bruscos diciendo las cosas, es como que quieren picarte a ver si así te salen bien. Yo creo que hay otras formas de hacerlo, pero en fin. - Comentó mientras aplanaba la tierra con las manos. - Es normal que aún queden restos, mi madre siempre dice que las transformaciones en cristal son muy difíciles. Es que es cristal, es superchivato, cualquier cosa que no sea transparente se ve un montón. En otros materiales no se ve tanto. Seguro que la Profesora Fenwick tiene puesta la transformación a cristal de las primeras del curso a posta. Si te sale bien esa, las demás no te van a costar ningún trabajo. Yo te ayudo a perfeccionarla. - Marcus tenía tanta capacidad de concentración y de visualizar el ideal de las cosas, que los encantamientos y las transformaciones le salían muy bien porque estaban muy nítidos en su cabeza. Alice tenía mucha imaginación, seguro que era capaz de hacerlo genial.

Howard Graves pasó por allí y le revolvió el pelo, saludándoles. Sonrió de oreja a oreja. - Adiós, Prefecto Graves. - Es que no podía admirarle más, era uno de los mejores alumnos de la escuela. Ojalá ser así cuando llegara a sexto. Saludó también con un gesto de la mano a la chica que iba siempre con él, que era como su mejor amiga, un poco como Alice para él seguramente. Y hablando de Alice, se ve que se le había olvidado saludarla, porque Monica se despidió de ella como si no la hubiera visto. Esa chica era muy graciosa, aunque hablaba un poco raro y muchas veces no entendía lo que quería decir, y la Prefecta Harmond la regañaba mucho... Lo dicho, como Alice.

La pregunta de Alice le hizo pensárselo un poco, pero al final se encogió de hombros. - No lo sé. - Aunque la respuesta de ella le dio alguna pista y le hizo reír. - Quizás porque yo no hago nada de eso. Aunque parece que tú también les caes bien... - No tanto como él, pero sí. O sería que eran igual de amables con todo el mundo. - Yo me sé muy bien las normas, y las cumplo. Y les pregunto si necesitan ayuda con algo, y trato de portarme muy bien, y ser educado, y sacar buenas notas... Lo normal. - Lo normal para él, pero que por algún extraño motivo que no alcanzaba a entender no era el modus operandi de todo el mundo allí. Rio de nuevo. - Sí que dan ganas. - Se irguió orgulloso y afirmó. - ¡Yo lo seré! Voy a seguir el ejemplo de Graves y Harmond y voy a ser un prefecto estupendo, porque seré una mezcla de los dos. Y de mis padres. Y de mi abuelo Larry. Quizás les caiga bien por eso, porque tengo el gen del prefecto. - Bromeó (en parte) con una risa y se centró en su planta. Tomó las semillas y las dejó donde correspondían, con mucho cuidado y procurando plantarlas lo mejor posible.

Una vez acabó, se limpió las manos. - Van a ser las mejores vainillas de viento que se hayan hecho jamás. - Dijo convencido, mirando la estatua de Rowena de reojo. Con esa inspiración, seguro que salían estupendas. - ¿Te he contado que mis padres fueron prefectos? - Seguramente sí, porque Marcus se pasaba el día hablando de todo lo bueno que había hecho su familia, sobre todo sus padres y su abuelo Larry. - Espérame aquí. - Dijo, levantándose entusiasmado, porque ahora podía contarlo con documentos gráficos. Fue a la estantería correspondiente, sacó un libro y volvió. - Mira, en este libro están recogidos toooodos los prefectos y prefectas de la casa Ravenclaw a lo largo de su historia. - Pasó las páginas hasta llegar donde quería. - ¡Mira! ¡Este es mi padre! - Señaló con el dedo. La foto del libro le devolvía un sonriente y orgulloso Arnold que se parecía bastante a él, porque todo el mundo decía que era un clon de su padre. Aunque Marcus tenía el puntito altivo de los Horner, mientras que su padre se veía a la legua que era un buenazo. - "Arnold O'Donnell. Prefecto en las promociones de 1972-1973 y de 1973-1974". Fue prefecto en sexto y en séptimo. - Empezó a pasar las páginas hacia atrás mientras narraba. - Mamá también fue prefecta, pero de Slytherin. Y mi primo Percival. Supongo que estarán en el libro que hay en la sala común de ellos, aquí solo están los de Ravenclaw. ¡Mira! - Había llegado a la página que quería, escrita en un pergamino mucho más antiguo. - Wow, sí que se parecen. Es mi abuelo, pero parece mi padre, ¿verdad? - Eran casi idénticos, aunque su abuelo tenía el pelo más claro, pero por lo demás, clavaditos. Su abuelo tenía una expresión de señor más importante a pesar de ser un chico joven en la foto, o sería por como le veía él. - "Lawrence O'Donnell. Prefecto en las promociones de 1938-1939, de 1939-1940 y de 1940-1941". Guau, tres años: quinto, sexto y séptimo. - Frunció los labios en una expresión soñadora, mientras seguía mirando el libro. - Yo también quiero. - Miró a Alice. - ¿Te imaginas? Algún día, yo también podría estar en este libro, y dentro de muchos años, algún alumno lo verá. ¡O mis hijos! ¡O mis nietos! ¿No sería genial? -
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Miér Jul 21, 2021 11:44 am

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Le sonrió ampliamente cuando dijo lo de que no era atolondrada. Marcus era muy bueno con ella y nunca le decía cosas malas, en todo caso le pedía que fuera más tranquila, pero siempre sin criticarla, y no estaba muy acostumbrada a eso. Y sí, le pegaba con Fenwick eso de poner una transformación imposible en primero y luego regañar mucho. — Pues menudo método hundirle la moral a la gente. — Dijo entornando los ojos. — "Voy a poner algo que es casi imposible de hacer bien para que sientan que no son suficiente y se hundan estando ya en primero". — Dijo con un tono un poco pasivo-agresvio. Pero lo cambió por una sonrisa para mirarle. — ¡Sí, porfa! Cuando acabemos con esto, si no tienes otra cosa que hacer. — Ella miró de reojo a Hillary y el resto de chicas con el que solían ir. Todas la estaban mirando y hablando entre ellas. Le caían bien, y se lo pasaba guay, pero era un poco infantiles, y en verdad, le gustaban nada más que para un ratito. Marcus le gustaba más.

Sonrió cuando dijo la retahíla de cosas por las que Graves y Harmond le tenían cariño. Sí, ella muchas veces s proponía ser así, y a veces lo conseguía, pero a veces... Las normas eran un poco asfixiantes y no dejaban mucho margen a la creación y el descubrimiento. Abrió los ojos y amplió la sonrisa mientras echaba un Aguamenti en la maceta para ir haciendo el ambiente habitable. — Qué guay, una combinación de Graves y Harmond molaría. — Lee dio la risa con lo del gene de prefecto. — ¿Qué dices? ¿En serio? entonces tienes que ser prefecto fijo. ¿Cómo se hace eso? Lo hacemos. Para ti, claro, no para mí, yo creo que no tengo mucha madera de prefecta. — Ya estaba hablando otra vez a toda velocidad. Pero si Marcus quería ser prefecto, ella le asfaltaría el camino. ¿Había algo más guay que que tu amigo fuera tan importante y conociera tanto las normas? Así, se alguna vez se le pasaba la típica regla estúpida que te la podía liar... Pues él estaba para recordársela. Y no en plan Fenwick, en plan amigo.

Miró a Marcus y asintió. — Acabas de decirlo, pero no, hasta ahora no lo sabía. — Confirmó. Ya era casualidad. ¿Se podrían hacer los prefectos novios entre ellos? Vamos no se le ocurría ningún impedimento para ello, pero no se lo había planteado... Cuánto poder junto. Entonces Marcus se levantó y le trajo un libro, momento que Alice aprovechó para limpiar un poco el suelo con un hechizo doméstico bastante facilón que su madre siempre usaba, y se limpió un poco las manos en la túnica, pegando las macetas a los pies de Rowena para que no molestaran en el camino. Alzó la vista y enfocó su rostro marmóreo. — Cuídalas, porfi. Si salen mal se va a poner triste... — Susurró mirando a Marcus de reojo acercarse con el libro. — No me gustan sus ojos cuando está triste. — Dijo con un suspiro, como si lee estuviera confesando algo a Rowena precisamente. Amplió la sonrisa y se puso a su lado. — No me digas que hay un libro donde recogen a los prefectos. — Dijo alucinada, mirando las páginas. Miró al padre de Marcus y sonrió. — ¡Eh! Te pareces a él. — Dijo con una sonrisa. Luego vio a su abuelo, que era prácticamente igual que su padre, pero más serio y con porte de señor importante. — Guau, qué pose tan monárquica tenía tu abuelo. Parece un caballero de los de los cuentos. — Dijo emocionada. Luego ladeó la cabeza. — Uf, prefecto tres años, vaya trabajal, eh. Eso son muchos castigos y conteo de puntos y de todo. — Puede que estuviera informada de más de las funciones de un prefecto. — Pero seguro que tú puedes con ello. — Soltó una carcajada con lo de sus hijos y sus nietos. — Oye pues no veas si van a tener trabajo con tu familia. Yo no tengo dónde buscar a mi padre aquí, y mi madre ni si quiera vino a Hogwarts. Y dudo que mis hijos me puedan encontrar por ninguna parte aquí. ¡Oh! — Dijo entusiasmada cayendo en algo. — Quizá Mustang pueda grabar mi nombre en una vidriera para que mis hijos lo vean y digan "eh, nuestra madre era la mejor en Herbología". — Y se sonrió de imaginarlo. — Para cuando entre mi hermanito Dylan creo que no me dará tiempo a ser famosa aún. — Comentó con una risita.

Hablando de Herbología. — Se giró y señaló las macetas. — Las he dejado aquí a los pies de Rowena a ver si también las inspira a ellas. — Se rio y tocó con un dedito la campana improvisada. — Tanto cristal por el colegio y yo no puedo cogerlo y transformarlo en una campana que ese más estética... — Recogió las piernas y se las abrazó, mirando de nuevo al techo, como siempre que ponía la cabeza a trabajar. — ¿Te imaginas que se pudiera hacer con magia? Tener algo, cristal, madera... Y darle la forma que tú imagines.
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Miér Jul 21, 2021 7:29 pm

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Asintió, entusiasmado. - Pues, tienes que tener muy buen expediente, y que no te hayan castigado ni quitado puntos muchas veces para que se vea que eres un buen ejemplo y eso, y solicitarlo. Y pasar una prueba. Es decir, hacer como un discurso y exponerlo ante los jefes de las casas y los prefectos y eso. - Miró hacia arriba, soñador. - A veces me pongo a pensar qué diría, ya tengo algunas cosas pensadas... Pero supongo que de aquí a cuarto o a quinto, cuando pueda presentarme, se me ocurrirán más. - Al decir eso parpadeó y se ruborizó un poco. ¿Acababa de reconocer que se ponía a fantasear con su discurso para postularse a prefecto? Eso había sonado rarito hasta para él. Se encogió de un hombro. - Bueno, es por ir preparado, ya sabes... - Trató de arreglar, con la vista esquiva y un tanto avergonzada. Ya le pediría consejos a Graves y Harmond.

Miró a Alice con ilusión y una gran sonrisa cuando dijo que su padre se parecía a él. - ¿Tú crees? Me lo dicen mucho. Ojalá, mi padre es genial. - Admiraba muchísimo a su padre, le encantaría parecerse a él, lo intentaba siempre. Todo el mundo se llevaba muy bien con Arnold y la gente le quería mucho y le consideraba un gran profesional, él quería ser igual. Rio cuando dijo lo de su abuelo. Otra persona a la que admiraba muchísimo. - Si le dices eso, le va a gustar. - Pensaba contárselo en su propia carta, que su amiga Alice había dicho de él que parecía un caballero de cuento. Parecía que estaba oyendo la risa de su abuela cuando lo leyera. Su abuela tenía una risa muy graciosa y contagiosa, y se reía mucho, sobre todo con cosas que tuvieran que ver con su abuelo. Hizo un gesto de quintar importancia, con una sonrisita. - No es tanto trabajo, realmente. He visto a Howard y a Anne trabajando y realmente en una horita lo tienen hecho. Les ofrecí ayudar, pero me dijeron que era confidencial. - Lo que dijo de Herbología le hizo mucha gracia. - Oh, pues sería genial. Yo algún día tendré una vainilla del viento y le diré a mis hijos "tenemos esta planta gracias a mi amiga Alice, que me enseñó a cultivarla". - Dijo entre risas, dándole un toquecito hombro con hombro. - Oye, me tienes que decir como se hace la crema esa... Ahora sí la quiero probar. - Ya se le había quitado la manía que le tenía a la planta.

Sonrió. - Ahí están perfectas. - Dijo viendo las macetas a los pies de Rowena. Aunque lo que dijo después le hizo mirarla extrañado. - Emm... Claro que existe. - Dijo, sorprendido de que alguien tan listo como Alice no supiera algo que para él era extremadamente obvio. - Se llama alquimia. - Se quedó mirándola, pero en vistas de su reacción, parecía que de verdad no sabía lo que era. - Mi abuelo Larry es alquimista, yo llevo desde pequeño entrando en su taller. Aunque sin hacer nada, claro, porque es muy peligroso. Pero, algún día, trabajaré codo con codo con él y seré alquimista. - Miró a los lados y se acercó a ella para susurrar. - ¿Sabes qué? La Prefecta Harmond me dijo que a lo mejor se presentaba a los exámenes de alquimista. - Pero si Alice no sabía ni lo que era, probablemente no se estuviera enterando de nada, así que decidió que lo mejor era empezar por el principio.

Se reacomodó, entusiasmado e ilusionado de poder hablar de algo que le encantaba, y cruzó las piernas en su sitio para mirarla de frente. - La alquimia es una ciencia mágica. Consiste precisamente en lo que tú decías, transformar una materia en otra... Bueno, no exactamente transformar. Pagas un precio y quitas la esencia a una cosa, y se la pasas a otra, para crear algo nuevo, inmutable o incluso inmortal. - Quizás eso fuera una información demasiado compleja para alguien que no sabía nada. Miró a su alrededor, haciendo una mueca pensativa con los labios, hasta que se le ocurrió algo. - ¡Mira! Por ejemplo. - Acercó de nuevo las dos macetas y las puso entre ellos. - Imagina que tenemos esta planta de vainilla voladora, pero que esta otra es, pues... Romero, por ejemplo. - Dibujó con el dedo en el suelo, imaginando. - Necesitamos un círculo de transmutación. Se pone cada cosa en su sitio, y por medio de la alquimia, usaríamos el romero como precio, es decir, es como si entregáramos su esencia a la magia para que esta permita a la vainilla vivir para siempre, ser inmortal. Algo así. - Hizo un gesto con la mano. - Pero esa es la parte supercomplicada, aún no sé explicártela bien porque mi abuelo no ha querido profundizarme mucho. Lo que sí sé, es lo que tú has dicho, transformar un material en otro. - Volvió a dibujar con el dedo. - Por ejemplo, podríamos coger un cubito de hielo, ponerlo en un círculo de transmutación de la sal, concentrarnos mucho en su estructura molecular y... ¡Boom! - Lo había dicho demasiado fuerte y había asustado a Alice. Se encogió un poquito. - Perdón. Es que me gusta mucho este tema. - Se disculpó, ruborizado. Continuó. - El hielo se descompondría en cristalitos de sal, y con estos, puedes manipularlos y crear, no sé... Un cristalito. Una joya o alguna figurita o lo que quieras. O una campana para tu planta, si tienes suficiente. - Se irguió sonriente. - Hay una optativa de alquimia, se cursa en sexto y en séptimo. ¡Yo me la voy a coger seguro! -
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Jue Jul 22, 2021 8:55 am

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Buen expediente, hecho; que nunca te hayan castigado... Bueno si solo era una vez (en un mes que llevaba ahí, pero aún podía reconducir), igual podía colar. Lo del discurso no tenía por qué ser un problema, Alice hablaba con quien fuera de lo que fuera, y estaba acostumbrada a tener que convencer a su madre y su abuela de que la dejaran hacer cosas, salir, subirse a ciertos sitios... Pero quizá ella no estaba tan dispuesta a cumplir las normas como debería estarlo una prefecta. No, definitivamente no era para ella. — Eh, pues es muy buena idea. Así, para cuando puedas hacerlo tendrás fragmentos de todos los años y quedará un discurso como muy completito y que será un reflejo de tu paso por Hogwarts. — A Alice le gustaba mucho hacer las cosas así, estructuradas y completas. Aunque luego le diera por encaramarse a una ventana, eso no tenía nada que ver. Entornó los ojos respecto a lo del trabajo de prefecto y aseguró. — Vas a ser muy bien prefecto. Yo me conformaré con seguir siendo tu mejor amiga. — Dijo con una risita, porque bueno, ya lo había pensado antes, en verdad ser su amiga sería todavía más guay. Beneficios de prefecto sin tener que serlo. Se rio con lo de la vainilla voladora y dijo. — Oye, pues eso sería superbonito. Estoy segura de que me vas a enseñar tantas cosas que casi mejor te cito una vez al principio y ya que valga para todo, porque si no, los míos van a estar cansado de oír "Marcus O'Donnell Marcus O'Donnell" todo el tiempo. — Terminó con una carcajada y alzando los ojos. Asintió con la cabeza a lo de que se parecía a su padre y su abuelo. — Mucho. Todos tenéis unos ojos muy bonitos. A mí me dicen que soy igual que mamá, pero a mí no me parece que nos parezcamos tanto. Pero bueno, la gente insiste mucho, así que será verdad. Ojalá, mi mamá es muy bonita, si cuando sea mayor me parezco a ella, estaré más que contenta. — Dijo orgullosa. — Y es muy buena y también me gustaría parecerme a ella en eso, pero siempre dicen que yo tengo más el carácter de mi padre. — Se encogió de un hombro. — Es posible, la verdad.

Bajó la vista y al enfocó en él cuando le dijo que ya existía algo así. — ¿De verdad? — Preguntó con los ojos brillantes. Se giró por completo y se puso sobre sus rodillas, mirándole con más atención de la que creía haber puesto en nada, jamás en su vida. Abrió la boca mucho cuando dijo lo de su abuelo. — ¿Y encima lo vas a ser tú también? Buah, he elegido como amigo al tío más guay de todo Hogwarts. — O sea, iba a ser prefecto y alquimista, aunque aun se tenía que enterar bien de cómo funcionaba aquello pero... ¿Hola? Era lo más guay del mundo si podía modificar la esencia de las cosas. Pero se calló y atendió, porque de verdad que necesitaba entender bien cómo funcionaba aquella magia. Se quedó mirando los labios de su amigo cuando dijo aquello, y casi le dan ganas de llorar de la pura emoción que le causaba. — Crear algo nuevo, inmutable o incluso inmortal... ¿Sabes lo increíblemente genial que suena eso? Es como la meta de todo el conocimiento, la respuesta a "¿para qué sirve todo lo que estudiamos?". Pues para logra controlar tanto los elementos como para poder hacer algo así. Dios, me muero por conocer a tu abuelo. — Aseguró.

Volvió a bajar la mirada para observar las macetas tal como se las ponía Marcus por delante. — Vale. — Dijo aceptando la premisa. — El romero es mi planta favorita, porque sirve para todo y es tan fuerte que crece en todas partes.Y atendió a lo del círculo de transmutación, atónita. ¿De verdad se podía haber algo tan poderoso con magia? ¿Y eso haría la vainilla eterna? ¿Pero se podría comer? ¿Y qué le pasaría al romero? — Vale, ya estaba otra vez en todo lo alto, y el propio Marcus había dicho que él mismo todavía no controlaba mucho de alquimia. Se calló y atendió a lo del hielo, la sal y el cristal, inclinándose sobre el imaginario círculo de transmutación, tan concentrada en entenderlo todo, que cuando Marcus hizo aquella onomatopeya se llevó un buen susto y dio un salto para atrás, como acto reflejo. Menos mal que era experta en reírse de sí misma y negó con la cabeza. — Perdón nada, estoy encantada, quiero saberlo todo de la alquimia. — Asegurando, gateando de nuevo hasta su posición previa al susto. Entornó los ojos la planta asintiendo a lo de la campana. Uf, y había asignatura de ello, pero hasta sexto nada. — Yo no sé si voy a poder esperar tanto, la verdad. Quiero que me cuentes todo lo que sepas y que me digas libros donde pueda leer sobre ello... Oh, voy a matar a mi padre por no haberme hablado nunca de eso. — Se dio cuenta de que ese había venido tan arriba hablando con Marcus que había acabado inclinada frente a él. Se echó hacia atrás con una sonrisa tímida y murmuró. — Perdona. — Se reasentó y carraspeó, sin saber muy bien cómo expresar lo que quería decir. — Oye y... ¿Crees que la alquimia puede modificar... A las personas? — Había salido demasiado rara esa afirmación. — Quiero decir, si hay algún órgano que no te funciona... ¿Te lo podrían curar? — Tragó saliva. No le entusiasmaba mucho romper el humor pero... — Es que mi madre está enferma, tiene como un catarro que no se quita nunca ¿sabes? Y a lo mejor un alquimista podría curarla.
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Jue Jul 22, 2021 1:28 pm

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Le hizo mucha gracia lo de que le mencionara muchas veces. - Me gustaría escribir libros, como mi madre o mi tío Phillip. Cada vez que escriba un libro, te lo regalaré. Así solo tendrás que decirles a tus hijos, "toma, este es mi amigo, aquí está todo". - Comentó entre risas. Era guay imaginarse el futuro, le gustaba soñar despierto y planear todas las cosas que iba a hacer. Porque las iba a hacer, lo tenía clarísimo. La risa se le transformó en una expresión ruborizada de nuevo. - Gracias... Aunque sean de Slytherin. - Bromeó con una sonrisilla cuando le dijo lo de los ojos. Ella también tenía unos ojos muy bonitos. Sonrió. - Tú también eres muy buena. - En lo del físico no podía juzgar si se parecía a su madre o no porque no la conocía, pero Alice era muy buena persona, se lo había demostrado en el tiempo que hacía que se conocían.

Probablemente nadie le hubiera escuchado con tanta atención como lo estaba haciendo Alice, lo cual solo le hizo venirse más arriba con la explicación. Lo de que era el tío más guay de Hogwarts sí que no se lo habían dicho nunca. Bueno, en Hogwarts en concreto llevaba un mes, pero en general, quería decir. Su familia y los adultos le solían valorar mucho, pero la gente de su edad no tanto. Se ruborizó un poco de nuevo, pero notó su orgullo enormemente inflado. Sí, iba a ser alquimista, iba a escribir montones de libros e iba a ser prefecto. Un tío muy guay, en resumidas cuentas. El resumen de Alice le hizo abrir mucho los ojos, con ilusión. - ¿¿Verdad que sí?? - ¡Por fin alguien lo veía como él! Llevaba todo ese mes hablando con Alice, pero se estaba sintiendo más comprendido que en toda su vida en ese momento. ¿Sería el poder de Rowena, que les había inspirado a los dos para unirse en su afán por el conocimiento? Sonaba bestial... Fuera o no fuera así. - ¡He leído un montón de cosas chulísimas de los alquimistas! Te prestaré libros, seguro que en la biblioteca hay alguno, y en esa estantería. - Dijo, girándose y señalando con el dedo una de las imponentes estanterías cargadas de libros de su sala común. - Están los libros sobre alquimia. Son muy específicos, y están casi todos en las estanterías más altas, porque se supone que es para los alumnos más mayores. - Se encogió de hombros y, con una muequecita de superioridad, dijo. - ¡Tss! Como que no aprendemos a usar el Wingardium Leviosa desde primero y podemos cogerlo levitando. - Es que, menuda tontería creer que no iba a leerlo solo porque estuviera arriba. Estaba claro que solo era una prueba para ver quienes tenían realmente interés. - ¡Tienes que leer a Fulcanelli! ¡Es chulísimo! Es un alquimista, ya te hablaré de él algún día. Pero hay rumores que dicen que llegó a La Verdad. - Antes de que Alice le preguntara, se explicó él. - Ya sabes, el todo, el conocimiento supremo de las cosas. Saberlo todo todo del mundo, obtener la quintaesencia y eso... - Hizo un gesto con la mano. - No te preocupes, demasiada terminología para el primer día. Ya lo descubriremos. - Porque, sí, acababa de subir a Alice al carro de la alquimia.

Asintió efusivamente. - ¡Pues en Navidad quedamos y te lo presento! ¡O en Pascua! ¡O en verano! - En definitiva, cuando pudieran salir del castillo. Sonrió. - ¡Vaya! Pues lo he dicho por decir, no lo sabía. - Que coincidencia que hubiera ido a dar justo con la planta favorita de Alice, aunque ciertamente quizás la había elegido precisamente por eso, porque era una planta muy completa. Sin querer, pero lo podía haber hecho inconscientemente, a saber. Se quedó pensativo con sus preguntas. - Mmm pues no sé si se podría comer... Aunque yo diría que no. No es como que se quede... Viva, es decir. Parece que está viva, pero está como... Como si la hubieran congelado en el tiempo, ¿sabes? No puede morirse porque no está viva realmente, está como preservada con magia. O algo así. - Se rascó la cabeza. - Ya te digo que es un poquito complicado. - Definitivamente, tenía que ponerse con la alquimia, porque tenía muchas lagunas. Aunque claramente sabía mucho más del tema que cualquier otro niño de once años, aunque claro... Eso no era nuevo en él. - En cuanto al romero... Creo que desaparece. - Se encogió de hombros. - Es como si se sacrificara para darle vida a la otra planta, o sea no vida exactamente, por lo que te he dicho antes... Su esencia, más bien. Deja su esencia en la otra planta y él, simplemente... Puf. Por eso se le llama precio a pagar. - Algunas personas se asustaban cuando se hablaba de esas cosas, pero él estaba más que acostumbrado. Toda magia tiene su precio, al fin y al cabo, no era tan raro.

Estaba tan centrado en explicar lo del círculo, y Alice tan entusiasmada escuchándole, que se la encontró casi encima cuando alzó la cabeza, lo que le hizo parpadear un poco. Iba a tener que empezar a acostumbrarse, porque al parecer Alice lo de las distancias interpersonales no lo controlaba mucho. Pero bueno, si eran amigos, daba igual en realidad, había confianza y eso, y se veía que solo era tan curiosa que se acercaba mucho a las cosas. A él también le pasaba eso de pequeño, solo que su madre se lo fue corrigiendo poco a poco, porque se subía encima de las mesas de la gente y eso no estaba bien. Asintió enérgicamente. Lo dicho, él le prestaría todos los libros que quisiera, para una vez que podía ser él quien le hablara de alquimia a los demás y no al revés. De hecho, estuvo a punto de salir corriendo a su dormitorio a por uno, pero Alice le detuvo con una pregunta. Frunció el ceño extrañado y ladeando la cabeza, porque no entendió lo que quería decir. Con el matiz que hizo lo entendió, si bien no sabía responder a la pregunta. Flexionó una rodilla y se frotó la barbilla, perdiendo la mirada, muy concentrado y pensativo. - Hmm... Pues no lo sé. - Ladeó una mueca en la boca, aún con la vista perdida en un punto indefinido. - Es un poco raro... Mi abuelo siempre dice, "estas cosas, siempre siempre con plantas o con objetos. Nunca nunca con animales o personas", pero no especifica más... Sé que hay alquimistas que hacen cosas para medicina y eso, creo, algo he leído... - Frunció el ceño. ¿Debería contarle eso a Alice? A lo mejor la asustaba. Bueno, realmente tampoco es que él supiera mucho del tema. - ¿Sabes ese Fulcanelli del que te he hablado antes? Dicen los rumores que hizo algo que no se debía con gente... Pero mi abuelo no ha querido contarme el qué, y en los libros que he leído no viene nada. - Se encogió de hombros. - Aunque supongo que, como toda la magia, se puede usar para cosas buenas y para cosas malas. Tú lo quieres para algo bueno, así que, ¿por qué no? - Miró a Alice con los ojos entornados. - Aunque... No quiero darte esperanzas, porque yo no he oído que se pueda hacer nada de eso... Lo siento. - Sonrió sutilmente. - De todas formas, como mi abuelo es alquimista y mi tío Finneas es médico, les preguntaré a los dos en Navidad. Y cuando vuelva te lo digo. - Hizo un gesto tranquilizador con la mano. - Y si es un resfriado, no creo que sea tan difícil de quitar. Mi tía Erin cogió una vez una fiebre superrara por un bicho que estaba tratando y le contagió algo, ¡y le duró cuatro meses! Qué susto. Pero al final se puso bien. - Y si su tía Erin se había recuperado de esa cosa tan rara, ¿no iba a recuperarse la madre de Alice de un resfriado? Dudaba que fuera tan complicado.
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Jue Jul 22, 2021 7:54 pm

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Escuchó lo de los libros con entusiasmo, y asintió, soñadora. — Guau, qué genial. Es como que aprenderías un montón de cosas, y luego las transmitirías para todo el que quisiera. Eso es lo mejor. Cada vez que descubro algo, se lo intento explicar a mi hermanito Dylan, pero me escucha solo a veces. Otras coge, se levanta y ya se va a hacer algo que le interese más. Pero yo se lo cuento todo por si acaso, porfi cuando llegue a mi edad se hace las mismas preguntas. — Se rio con lo de que le regalaría cada libro que escribiera. — Hecho. Pienso leerme todo lo que escribas. — Le tendió la mano. — Y prométeme que siempre guardarás uno para mí. — Sonrió con un poco de timidez cuando le dijo que era buena y miró al suelo, encogiéndose de un hombro. — Gracias. — Vaya ahora como que no le salía la voz, había que fastidiarse.

Se entusiasmó tanto que dio un pequeño saltito en su sitio, sin levantarse mucho. Qué bien, Marcus conocía libros sobre alquimistas. Lo de la estantería alta le hizo reír. — Pues sí que voy a necesitar que me los cojas, eres mucho más alto que yo. — Dijo entre risas por lo del Wingardium Leviosa. — Menudo genio el que lo hizo. Ese mucha picardía no tenía. — Dijo con obviedad. Y entonces le mentó a un tal Fulcanelli. — Oh, mola el nombre. Suena misterioso, eh. — Pero atendió a lo siguiente que decía. ¿La verdad sobre qué? ¡Ah! La Verdad con mayúscula. Muy iluminadora tenía que ser esa verdad para ser LA VERDAD. Ahora quería saberla, pero por cómo hablaba Marcus del tal Fulcanelli... No parecía que fuera precisamente el ejemplo a seguir de los alquimistas. — Todo el conocimiento del mundo. — Dijo arrebatada. Eso siquiatrías ue lo quería. Lo había querido siempre. Y esa otra palabra. — Quintaesencia... Me gusta. Me gusta mucho como suena. Todo lo que dices es maravilloso, en realidad. — Dijo de corazón. Ya está, ya tenía nuevo tema favorito de conversación: la alquimia. Miró a Marcus y asintió. — Lo descubriremos. — Estaba segura de ello. Se encargaría de ello.

Asintió a lo de presentárselo en vacaciones, aunque subió el índice para apuntar algo. — Lo malo es que solemos irnos a Francia en vacaciones. Peor también pasamos tiempo aquí. Es que la mitad de mi familia es francesa, por eso nos llamamos Gallia. Y nosotros hablamos francés, pero ellos hablan inglés también y saltamos de una a otra como si nada, así que si quisieras venir a conocer La Provenza no sería un problema... — Toma invitación así por las buenas. — Hay flores por todas partes, podrías aprender mogollón de cosas de Herbología solo paseando, y la playa es muy bonita y el mar es precioso... — Bueno, ahí lo dejaba, por si Marcus lo quería coger. — Pero seguro que hago un hueco para escuchar a tu abuelo hablar de alquimia antes de que lleguemos a sexto. — Atendió a lo del romero y el precio. — Sí, claro, tiene sentido. Pero son plantas, en seguida crece otra. Corto romero todo el tiempo, ¿por qué no usarlo para crear algo... Eterno? — Solo de pensarlo se le ponían todos los pelos del cuerpo de punta y le brillaban los ojos.

Se le borró un poco la sonrisa cuando dijo lo de animales o personas. Pues vaya. Y otra vez Fulcanelli por ahí. Se acercó a Marcus para oír sus susurros. No, si sabía ella que el Fulcanelli tenía más peso y más oscuridad que la que Marcus dejaba traslucir. Pero, en verdad, daba igual, porque su amigo tampoco lo sabía. — Ya, suena la frase esa que tanto oigo de "ya lo entenderás cuando seas mayor" o "eres demasiado pequeña para eso". — Uf, qué frenética la ponía. O sea, tenías el conocimiento ahí, y te lo estaban negando por la cara, solo porque "eres muy pequeña". Bueno eso debería considerarlo ella. Si le daba la cabeza para preguntárselo, por qué no respondérselo. — Querré saber más de ese Fulcanelli. — Sentenció. Enfocó a su amigo de nuevo y negó con la cabeza. — Oh, no te preocupes, es que a veces sueño despierta, y quiero que mi madree esté bien. Solo eso. — Un poquito si le haba dolido, porque por un momento pensó que quizá así descubrían algo que no habían probado hasta ahora con mamá. Rio un poquito. — En tu familia sois muy listos. Joe, un medico también... — En la suya no había gente tan importante. O no así, vaya. Decir "mi tía viaja por todo el mundo haciendo fotos y dando reportes" tampoco le parecía nada comparable a todo eso. — Gracias. Eres un gran amigo, de verdad. — Le dijo para confortarle un poco, porque a él también se le veía un pelín decepcionado. Se rio y dijo. — Mi tata tiene una amiga que también se llama Erin y tuvo una cosa de esas. Pero ella en verdad se curó en una semana, y luego se vino a La Provenza sin que nadie lo supiera a estar con nosotras. Fue cuando nació Dylan y lo pasamos super bien. Es magizoologa experta en dragones y es una caja andante de datos, cuando quiere hablar. — Le gustaba la amiga de su tía. — Aspiro a que tengamos una amistad tan guay como ellas, la verdad. Se fueron de Hogwarts hace tiempo y aun asi se siguen viendo cuando no están viajando.

En ese momento, apareció por allí Hillary. — Oye, Alice... Si no interrumpo... — Mmmm no, no estaba interrumpiendo pero en fin, estaba teniendo una conversación interesante, la verdad. Pero simplemente la miró, invitándola a hablar. — Que nos vamos a bajar al invernadero ya a plantar eso. Por si te vas a venir o qué. — Miró a Marcus, y Hillary pareció darse cuenta. — Marcus se puede venir también. — Así, era una opción. Pero... — Id yendo. Que Marcus iba a enseñarme las transformaciones con cristal, para el parcial de Fenwick. Es que a su madre se le dan muy bien. — Su amiga las miró. — Ya... Vale, pues nada. Ahora nos veremos si eso. — Y se fue hacia la puerta. Alice miró a Marcus. — Luego iré... Es que estoy bien aquí. Y de verdad quiero que me enseñes eso. Bueno y todo lo que quieras enseñarme. Me encanta escucharte.
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Vie Jul 23, 2021 12:21 pm

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CON Alice EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Asintió enérgicamente, con los ojos muy abiertos. - ¡Exactamente eso! - Que bien que alguien pudiera entenderte taaan bien, ya era hora. A ver, sus padres y sus abuelos le entendían, pero llegaba un punto en que le pedían que se callara o le decían cosas como "qué mono eres". ¡A ver! No quería ser mono, quería que se le valorara su inteligencia y buen saber. Al menos había topado con Alice en el camino. - Al menos te escucha un rato. - Dijo, rodando los ojos. - Mi hermano ni eso, casi ni se me acerca. Y mejor, porque es... - Se detuvo. Quizás no debería decir eso, era algo privado de su hermano y... Daba un poquito de miedo. Bueno, daba bastante miedo, su familia estaba como que tan normal pero a él no le hacía ninguna gracia. Su hermano era legeremante, de nacimiento al parecer, y su padre siempre decía que no lo podía evitar y que estaba esforzándose mucho en controlarlo, pero Marcus se lo creía solo a medias. Se metía mucho con él, y lo peor de todo, se metía a ver qué había en su cabeza. Marcus tenía muchas cosas interesantes en la cabeza que eran suyas y solo suyas, nadie tenía por qué verlas. Y menos Lex, con lo borde que se ponía siempre, para que se metiera con él. ¿Pero podía decirle eso a Alice? ¿Y si se asustaba y no quería hablar nunca con Lex? Porque el año que viene estaría en Hogwarts... Mejor que decidiera su hermano si contarlo o no. - ...Un poco rarito. - Lo dejaría ahí, que mentira no era tampoco.

Suspiró en silencio, con la mirada soñadora perdida en ninguna parte. - Lo es. - La alquimia era genial, era muy difícil y compleja pero era genial. Algún día, sería alquimista, y llegaría a La Verdad, estaba seguro. Llevaba toda la vida intentando descubrirla y solo tenía once años, seguro que para cuando llegara a la edad de su abuelo lo sabía prácticamente todo del mundo ya. No en balde era Ravenclaw. Su abuelo siempre decía que él no lo sabía todo todo, pero Marcus pensaba que era modestia. Lawrence O'Donnell estaba considerado uno de los hombres más sabios del mundo, había trabajado hasta con Nicolas Flamel, ¿cómo no iba a saberlo todo? Salió de su ensoñación para hablar de las vacaciones, que al parecer no iba a ser tan fácil quedar. - Ah, ¿sí? Oh, qué guay saltar de un idioma a otro. - Dijo entre risas. - Mis abuelos son irlandeses, y mi abuela Molly ha intentado enseñarme algunas palabras en gaélico. Pero es dificilísimo... Creo que un día pronuncié un hechizo sin querer... Aunque puede que fuera mi padre haciendo una broma porque no paraba de decir palabras raras. - Es que fue decirla y se cayó la cortina del salón, menudo salto dio. Pero teniendo en cuenta que solo tenía seis años y que no vino el Ministerio de Magia a por él por uso indebido de la magia en menores de edad... Y que su padre estaba sospechosamente muerto de risa... Supuso que había sido un malentendido. Aunque fue muy gracioso ver a su abuela echándole la bronca a su padre. - Bueno, pero podremos vernos algún día. - Las vacaciones eran muy largas, al fin y al cabo, dudaba que estuvieran todo todo el tiempo en Francia.

Abrió mucho los ojos y amplió la sonrisa. - ¡Sería genial! No conozco Francia. - ¿Ir por la calle aprendiendo asignaturas solo paseando? ¿Dónde tenía que firmar? - A mi casa puedes venir cuando quieras, seguro que a mis padres le caes genial. O a casa de mis abuelos, les encanta recibir visitas. Le puedo pedir permiso a mi abuelo para ver su taller, aunque hay que tener mucho cuidado, no se puede entrar así como así. Tiene un montón de normas. Quizás este año aún no nos deje, pero en cuanto nos vea lo bueno Ravenclaw que somos, seguro que ya mismo sí. - Estaba convencido de que su abuelo iba a estar muy orgulloso de ellos.

Asintió con gravedad, mirándola con los ojos muy abiertos. Dios, como odiaba cuando le decían esas cosas a él también. "Aún no lo puedes entender", ¿cómo que no? ¿Es que era tonto o algo? ¡Él era listísimo! La edad no debería ser un impedimento para saber cosas. Alice tenía toda la razón del mundo, vaya, ya era hora de encontrarse a alguien que pensaba como él. Volvió a asentir con comprensión cuando dijo que solo quería que su madre estuviera bien. Ya, normal, él también querría. Lo de que en su familia eran todos muy listos le hizo erguirse, orgulloso. Pues sí, en su familia había muchos profesionales de áreas distintas, todos buenísimos en lo suyo, y él sería el próximo en triunfar. Aunque cuando le dio las gracias, negó con la cabeza, restándole importancia. No tenía por qué dárselas, estaba encantado de que alguien le escuchara, y si encima podía ayudar, pues mejor aún.

Empezó a escuchar con mucho interés la historia que le contaba sobre su tía, pero fue frunciendo el ceño con extrañeza conforme avanzaba. Esa tan Erin amiga de la tata de Alice se parecía sospechosamente a su propia tía. - Mi tía también es magizoóloga y experta en dragones... Y habla poco... - Pensó un poco más. - ¿Y tu hermano no tiene cinco años? Es que juraría que yo tenía seis o por ahí... O sea, que hace cinco años de eso. ¿Es pelirroja? - Es que era todo demasiada coincidencia. Se colocó una mano en la barbilla, pensativo. - Ahora que lo recuerdo... Cuando mi tía se curó, mi abuela estaba superenfadada. Que yo decía, qué raro, debería estar contenta, y creo que era porque había estado por ahí, pero eso es habitual en mi tía, estar por ahí. - Miró a Alice con ojos de no podérselo creer. - ¿Crees que tu tía y mi tía son amigas? - Abrió la boca, impactado. Se removió en el asiento. - ¡Tendría sentido! ¿No? Es decir, si tu padre y mi padre eran amigos en Hogwarts, sus hermanas se conocerían, ¿no? O sea, cuando venga Lex, tú lo conocerás, y cuando venga Dylan, pues se conocerán entre ellos, ¿no? Es que tiene sentido. - Bajó las manos y frunció el ceño otra vez, con la vista en un punto indefinido. - Pero mi tía no me había dicho nada. Jolín, ¿por qué nadie de mi familia me había dicho nada de que conocían a la tuya? - ¡Es que no era justo! Lo guay que hubiera sido su infancia con Alice, y se la habían perdido porque a los adultos se les había pasado decirlo o a saber. Es que, vaya crimen.

Apareció Hillary por allí, pero él seguía metido en su necesidad de unir los datos para ver si la amiga de la tía de Alice y su tía Erin eran la misma persona. Sonrió, porque Alice había preferido quedarse con él, y eso le gustaba. Al fin y al cabo, ya lo tenían plantado, no tenían por qué ir al invernadero... Pero había sido guay que prefiriera quedarse. Tenía que compensarla de alguna forma, así que dio un saltito entusiasmado en su sitio y dijo. - ¡Te voy a traer mi libro! ¡No te muevas, bajo en seguida! - Se levantó y salió al trote hacia su dormitorio, subiendo las escaleras de dos en dos. Buscó entre sus cosas su manual "Paso a paso: los siete estados de la alquimia", que era muy básico pero fue su primer manual adulto sobre alquimia y para alguien que no supiera nada, venía muy bien para comprender la alquimia desde el inicio. Con este entre los brazos, salió corriendo escaleras abajo, pero en mitad de camino se topó de bruces con Sean. - ¡Hola! Te he visto subir corriendo. - Ah, sí, hola. - Dijo un tanto desprevenido. Fue a pasar de largo, pero su amigo le dijo. - ¿Sigues teniendo problemas con la vainilla de viento? Las chicas han bajado a plantarla al invernadero. - Ah, ya, esto... Creo que ya lo he resuelto. Me ha ayudado Alice. - Su amigo miró hacia abajo de las escaleras y luego se giró de nuevo hacia él con expresión extrañada. - Me ha parecido raro verla ahí a los pies de Rowena con dos macetas, la verdad... - Sí, es que una es mía. - Sean sacó el labio inferior. - Ah, bueno, eso es un poco menos raro, para ser ella, claro... Bueno, ¿bajas conmigo y me enseñas? Y así vemos como lo hacen las chicas. - Ya, es que... Iba a dejarle este libro a Alice. - Sean se encogió de hombros. - Vale, te espero. - Marcus hizo una muequecita con la boca y miró desde el hueco de las escaleras. La chica seguía esperándole. - Ya, estooo... Es que es de alquimia, y no sabe nada del tema, y querría explicárselo y eso... Y le he dicho que le iba a ayudar con Transformaciones... - Se encogió de hombros y sonrió. - Puedes ir bajando tú y luego vamos nosotros, Alice también le dijo a Hillary que bajaba luego. - Notó como Sean se ruborizaba. Se le notaba un montón a pesar de su tez oscura, se le ponía cara de vergüenza total. - ¿Yo solo con las chicas? - Marcus se encogió de hombros de nuevo, extrañado. - ¿Qué pasa? - Pues que es yo solo. Con las chicas. - Solo son chicas. No te van a morder. - Mira que la tontería. Sean no parecía conforme, de todas formas. - No tengo tanta seguridad como tú. - Eso le hizo extrañarse otra vez. - Tss, no tengo tanta seguridad. - Sí la tenía. - Es que no me parece para tanto. Además te llevas muy bien con Hillary. - Ya, pero es que no está solo Hillary, están las amigas. - Marcus rodó los ojos. Ya se le estaba agotando la paciencia. - Bueno, yo he quedado con Alice, lo siento. Pero si quieres te aviso cuando acabemos y vamos los tres. - Y ya sí bajó las escaleras. De verdad, qué diálogo absurdo. Con las ganas que tenía él de hablar de cosas profundas como la alquimia con su amiga.

- ¡Ya estoy! Perdona, me ha entretenido Sean. - Se volvió a sentar con las piernas cruzadas y abrió el manual entre ambos. - ¡Mira! El proceso que te he explicado de pagar un precio y de que algo le pase su esencia a otro algo, no se hace así, pum, y ya. Pasa por siete estados, y aquí te los explica todos, uno a uno. - Ladeó varias veces la cabeza. - Este no es de Fulcanelli, es de un alquimista más moderno. Es que Fulcanelli lo explica un poco raro, no siempre le entiendo, este es como el más básico, ¡pero! Es para adultos. - Dijo con importancia. Nada de libros para niños, no señor. Era básico, sí, pero básico para un adulto que estaba conociendo la alquimia. Palabras mayores ya. - Toma, te lo presto. Podemos quedar otro día cuando ya te lo hayas leído para que me cuentes qué te parece. -
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Vie Jul 23, 2021 8:58 pm

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CON Marcus EN Sala común EL 2 de octubre de 1995
Alzó una ceja a lo de que su hermano era rarito. Parecía que había necesitado pensárselo un poco de más, pero bueno, quizá es que no quería meterse abiertamente con su hermano, Marcus era muy así, siempre tan correcto. Pero bueno, a ella todo eso le daba igual, porque Marcus la hizo reír mucho con lo del hechizo en gaélico. — Pues mira, me encantaría aprender a hablarlo, seguro que es superinteresante hablar un idioma tan rarísimo. aunque sin hechizos de por medio, por favor. — Dijo entre risas.

Y a su amigo no solo le pareció bien lo de La Provenza, sino que le devolvió la invitación a su casa con la misma facilidad. — Qué guay tiene que ser estar rodeado de gente que sabe tanto. — Vamos, iba a tener que ir con un par de libros leídos por lo menos. Juraría que los ojos le brillaron como luciérnagas cuando dijo lo del taller. — Buah, te aseguro que con que me dejara mirar por una ventanita ya me haría superfeliz, vaya... — Y más si tenía a Marcus para explicárselo todo, que era lo más guay del asunto. La cosa se torció un poco cuando dijo lo de su tía, y el corazón ese le aceleró, como el pasaba siempre que se daba cuenta de que había metido la pata hasta el cordejón hablando de más. Porque claramente estaban hablando de la misma persona, de hecho... — Sí, sí parece la misma... — Tragó saliva. Bueno, al menos parecía que la abuela de Marcus sí que lo sabía. Ella torció la sonrisa y le miró de reojo. — ¿Sabes que dice mi padre siempre? Que negarlo siempre es peor. Mejor admitirlo. Y sí, creo que hablamos de la misma Erin. Así qu reno creo que sean amigas, es que sé a ciencia cierta que lo son, porque pasé con ellas todos esos días, y ha venido más veces a Saint-Tropez. — Entornó los ojos y frunció el ceño. — Sí que es muy raro que no ese les haya ocurrido comentarnos nada... Hay que fastidiarse. — Porque le hubiese encantado tener a Marcus ahí todo el tiempo. Habría tenido un amigo de verdad y habrá conocido la alquimia. Quién sabe, quizá su vida hubiera sido menos solitaria... Bueno ahora no tenía sentido pensarlo, ya estaban ahí, y Marcus iba a traerle un libro — ¡Oh! Sí, aquí te espero.

Se abrazó las piernas como siempre que se quedaba, mirando la vainilla, y fantaseando con que los hijos de Marcus algún día verían su nombre en una vidriera y sabrían quien era porque él see lo había contado y que ella sería amiga de un escritor famoso... Hasta que lo vio bajar de nuevo. — ¿Eh? ¡Ah! No te preocupes, si a veces es que me pongo a pensar e imaginar y se me pasan las horas. — Era cierto. Solo que no solía quedarse quieta mientras lo hacía, pero bueno, ella había asegurado que no se movía y, por Marcus, no le costaba hacerlo. Atendió a lo que le contaba y le enseñaba en ele libro, que era bastante ilustrativo y bien explicado. Se encogió de hombros y sonrió. — Bueno, paso a paso. Supongo que si entiendo esto primero, entenderé mejor a Fulcanelli después. — Tenía mucho que leer y aprender si quería ponerse al nivel de Marcus, que conocía la alquimia de toda la vida. Pero ella odiaba ir pasos por detrás, no lo iba a permitir. Ella puso cara orgullosa. — Bueno pero tú y yo somos muy maduros, en verdad, y más para los libros.

Lo que no se esperaba era que se lo prestara así como así. Le miró con los ojos muy abiertos y la boca un poco también. — ¿En serio me lo prestas así sin más? Yo casi no tengo libros. — Porque no se los solían poder permitir. Tenía los que le regalaban por su cumple y alguno por Navidad, pero para ella eran tesoros, y de hecho lo únicos momentos en los que ese peleaba con Dylan era cuando se los tocaba, por molestar, realmente. — Te prometo que lo cuido a la perfección. — Aseguró. Y luego asintió. — Sí, tengo que ponerme ya de ya, porque quiero ser la mejor compañera de laboratorio en sexto que exista. — En ese momento apareció por allí Sean. Ella sonrió y le saludó. — Hola, Sean. Ey, Alice... — Luego miró a Marcus. — Oye, que si vais a ir a eso... — Alice se giró hacia Marcus, que no parecía muy conforme con la aparición del chico, y luego al otro. — ¿A qué? Al invernadero. Ah, pues Hillary me ha dicho que fuéramos... — Miró a Marcus. Probablemente su amigo le estaba esperando y ella le estaba entreteniendo. — Podemos ir, total tenemos que volver a quedar. Yo te hablo del libro y tú me ayudas con transformaciones. — Le tendió la mano para que se levantara y se puso el libro bajo el brazo, acariciándolo como si fuera un tesoro. — ¿De qué habláis? — Preguntó Sean, mientras les ayudaba a recoger las macetas. — De alquimia, ¿sabes lo que es? — Sean se encogió un poco de hombros. — Pues no controlo mucho de ello. ¿Hillary también habla de alquimia?— ella se giró con una sonrisilla astuta a su amigo. Si es que eran perfectos el uno para el otro. — Pues es lo mejor del mundo. Pero yo creo que Hillary no controla tampoco.— Y Marcus se lo haba enseñado. Y le enseñaría muchas cosas. Y eso sí que era lo mejor del mundo, tenerle como amigo.
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