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Sáb Jul 24, 2021 2:49 am

Que a vida eterna sabe
CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
¡Oh llama de amor viva / que tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro! / Pues ya no eres esquiva / acaba ya si quieres, / ¡rompe la tela de este dulce encuentro! / ¡Oh cauterio suave! / ¡Oh regalada llaga! / ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado / que a vida eterna sabe / y toda deuda paga! — Pero, ¿qué hace una chica de quince años leyendo estas cosas? — Casi se cae de la silla del susto. De hecho no se había dado cuenta de que había puesto la silla sobre dos patas. Tenía el cerebro muy embotado, estaba de maratón de estudio para los TIMOs y llevaba con la cabeza metida en los libros desde las nueve de la mañana casi sin parar. Pero como se conocía a sí misma, se había llevado un libro para hacer descansos (aunque fuera seguir leyendo) y al menos no pensar tanto en los exámenes. ¿Por qué se había llevado ese? Bueno, porque... Llevaba tiempo queriendo leérselo, desde que lo vio en una librería muggle de Guildford y ese dio cuenta de que tenía la escultura del Éxtasis de Santa Teresa. Desde que Marcus se la enseñara de su viaje a Roma, aquella escultura la había perseguido hasta en sueños. Adoraba sus formas lánguidas, y aquella expresión de Santa Teresa... A veces simplemente se quedaba pensando en la intensidad que transmitía. Así que cuando vio aquel libro, ni se lo pensó. Y menuda joya había encontrado. Eran poemas de la propia Santa Teresa y de un amigo suyo, un tal San Juan. Y bueno, esos deberían reevaluar su estatus de santos y de amigos porque... Cómo la ponían aquellos poemas. Qué manera de hablar de... Sensaciones.

Lo que no se esperaba es que nadie se le pusiera a leer por el hombro, porque siempre que se sumergía en aquellos poemas el calor le salía del cuerpo, y la mente la llevaba a la playa de Saint-Tropez, al pasillo del cuarto piso... Y entonces ese calor le brotaba de dentro, y a veces sin querer se llevaba la mano al cuello o a los labios como si anhelara el contacto que allí tuvo... Y así tal cual la había pillado el prefecto Jacobs. — ¡Qué susto me has dado! — Dijo crítica, dejando caer la silla a su posición normal. — Y tengo dieciséis. — Aclaró. Eso hizo reír al chico. — ¿De veras? ¿Ha sido tu cumple y no me he enterado? — Ella puso media sonrisa y cerró el libro. — Hace un mes, pero me doy por felicitada, prefecto Jacobs. — Él se apoyó en la mesa frente a ella. — ¿Ya no soy Hassan? — Eso le hizo soltar una risita. — Me lo guardo para cuando te gane la final del club. — Sí, había llegado a la finales del club de duelo, tal como le había dicho a Marcus que haría, pero su contrincante iba a ser, precisamente, Hasan Jacobs, prefecto de Slytherin, mejor persona, y con el que había traído un esporádico tonteíto. Él era de séptimo, y muy competitivo, y estaba segura de que haría lo que fuera por llevarse su último triunfo. — ¿Has venido a distraerme? — El otro se rio. — Noooo, yo también tengo exámenes, ¿sabes? Y quiero ser auror, eso es fastidiado. — Gal asintió. — Pero he visto a mi futura contrincante muy tranquilita y he dicho "uy, qué raro". — Se inclinó un poco hacia ella. — La Alice Gallia que yo conozco siempre está metiéndose en líos o preparando uno. — Ella entornó los ojos y se rio un poco. — Pues ahora estoy estudiando. Mentira. — Dijo Jacobs cogiendo el libro y mirando la portada. — Anda, ¿qué haces con un libro muggle? — Ella se encogió de hombros, como quitándole importancia. — Leer poesía. — Él se volvió a reír. — Semejante poesía, según he visto. — Gal chasqueó la lengua. — ¿Qué sabrás tú de poesía? — Él se volvió a reñir. — De esa, más de lo que te imaginas. — Negó con la cabeza y le quitó el libro de la mano. — Es un éxtasis, idiota. — Jacobs tuvo que contenerse una carcajada. — Ya lo creo que sí. — Gal le dio con el libro en el brazo. — No de ese. Éxtasis celestial. Visiones. ¿Qué sabrás tú de eso? — Él alzó la ceja. — ¿Y tú? — Ella suspiró y se dejó caer en la silla.

¡Ah! Y ahí está, me extrañaba no verle por aquí. — Gal se dio la vuelta y vio a Marcus acercarse. — ¡Prefecto O'Donnell! Me preguntaba cuánto tiempo tardarías en venir a vigilar que Gallia no hace nada ilegal. Por si acaso, te estaba guardando el sitio. — Lo dijo con un tono que le hizo mirarle ligeramente mal. Marcus no pillaba mucho esos sentidos y si lo hiciera... Estaba segura de que no lo aprobaría. — ¿Vas a venir a ver cómo derroto a tu amiguita? — Eso si la hizo contener a ella una carcajada. — Eso ya lo veremos, ¿no? Estás un poquito mayor, Hasan. — Él se giró con al sonrisa astuta. — ¿Ah sí? ¿Ahora sí soy demasiado mayor? — Eso era un tirito para ella y lo sabía. Se cruzó de brazos y levantó una ceja. — Sigues siendo dos años mayor que yo, y yo dos menor que tú. Como siempre. — Ella también sabía jugar a los tiritos. — Uno y medio por lo visto. — Dijo levantándose de la mesa. — Aún así puedo ganarte. Voy a ganarte de hecho. — Vio que Marcus se sentaba a su lado y le dedicó una sonrisita. — Tranquilo, Marcus, tu compañero es un poco bocazas pero no va hacerme nada. — El otro rio y simplemente dijo. — Casi nada. — Luego miró a Marcus y señaló los libros que traía. — Pociones ¿eh? Quien hubiera podido quitárselas de en medio en los TIMOs. — Sí, claro qué buenecito se hacía delante de Marcus.  
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Sáb Jul 24, 2021 9:10 am

Que a vida eterna sabe
CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
En general estaba bastante tenso, porque apenas quedaban días para los TIMOs, sus primeros exámenes en los que realmente se estaban jugando algo importante. Sin embargo, sentía que lo llevaba todo bastante bajo control, y esa mañana había sido muy productiva. Y cuando Marcus se sentía productivo, sobre todo en el ámbito académico, se ponía de buen humor. Como estaba de buen humor, decidió despejarse durante la comida e ir a sentarse con los chicos de primero... Y Colin, que a pesar de ser de segundo, le seguía a todas partes. Al final sí que tenía un fan, un fan con muchas ganas de aprender a hacer las cosas como él. Le recordaba a sí mismo cuando seguía como un patito a Howard Graves por todas partes. Resultó que una de las chicas de primero, Coraline Morelli, casualmente hija de una artmántica compañera de su padre, también tenía tendencia a pegarse a él como una lapa. Todo aquello había dado como origen una muy buena coreografía entre una Coraline con muchas dudas de cara al parcial final de Transformaciones y un Colin con mucho interés por ayudarla pero que quería de la supervisión de Marcus porque se le daban muy bien. Y una hora se había quedado con los dos resolviendo dudas de primero y refrescando contenido de segundo. No le había venido ni mal, así recordaba sus inicios con Fenwick, que en su caso no fueron tan accidentados como los de otros compañeros, pero no venía mal no perder de vista lo dura que era esa profesora. Sin duda, el TIMO más difícil a superar era el de su asignatura.

Estar con chicos que te admiraban y solo te decían lo bueno que eras le subía el ego a cualquiera, sobre todo a alguien como Marcus, que tenía dicho ego siempre a las puertas de salida esperando a salir disparado al primer halago. El primer año como prefecto le había granjeado aún más fama de la que ya tenía en el castillo, haciendo que conociera prácticamente a todo el mundo, y sintiéndose importante y útil. Primeros visos de lo que sería en un futuro como mago cuando saliera de la escuela. Por supuesto, había renovado para el próximo año, y también lo haría para séptimo si podía, estaba encantado con sus funciones. Más motivos para estar de buen humor. De ese buen humor y con el autoestima por las nubes, se fue a la biblioteca a buscar a Alice. La había dejado allí por la mañana antes de irse a comer, no habían coincidido en el comedor y algo le decía que allí se la iba a encontrar, donde la dejó. Tenía ganas de verla. Tenía... Ganas de mostrar su buen humor, no sabía explicarlo. Solo le apetecía compartir la tarde de estudio con su amiga. Alice le seguía el cuento mejor que cualquier otra persona del castillo, salvo que coincidiera que no estuviera de buen humor ese día, y aunque así fuera, estaba tan arriba en el ánimo que se veía capacitado para darle la vuelta a eso. En fin, que quería estar con ella, tampoco había que darle demasiadas vueltas al asunto.

Amplió la sonrisa y se acercó con mucha seguridad, muy erguido, tan pronto divisó a Hasan Jacobs con su amiga y le saludó con ese desparpajo tan habitual de él. Se llevaban bien, estaba seguro que, si Marcus hubiera caído en Slytherin, hubieran sido grandes amigos. Le daba la sensación de que tenían un estilo relativamente similar, como si Marcus estuviera a mitad de camino entre él y Graves. Howard había sido su mentor indiscutible, pero Hasan era un buen tío y le había guiado en sus primeros pasos, y ahora era un buen compañero. Sí, definitivamente le caía bien. - Estaba cumpliendo mis funciones con las generaciones más jóvenes. Pero ya sabes, un prefecto tiene ojos en todas partes. - Comentó, mirando a Alice y guiñándole un ojo. Su amiga, sin embargo, parecía estar mirando a Jacobs como si hubiera dicho algo malo. No lo había captado, puede que hubiera llegado en mitad de alguna conversación, o que Hasan estuviera picando a Alice mientras estudiaba. Ah, sí. Su amiga odiaba que la desconcentraran de sus tareas, él era igual, y el prefecto de Slytherin podía ser un poco... Slytherin, a veces. Pero era buena gente. Marcus provenía de una estirpe de Slytherins y podía decir con conocimiento de causa que tenían muchas fortalezas, pero que la nobleza de corazón no era una de las características que más abundaban en esa casa. Jacobs la tenía, lo dicho, era buen tío. Solo había que saber pillarle el humor.

La pregunta le hizo arquear una ceja, pero no le dio tiempo a responder, Alice se adelantó. Observó el pique de uno a otro, alternando la mirada como si se estuvieran pasando una pelota en lugar de un puñado de comentarios no escasos de acidez. Definitivamente, se había perdido un trozo de conversación, pero bueno. Estaba de buen humor, no le importaba. - Veo que hoy toca aritmancia. - Dijo en tono de broma, con una leve risa, mientras se sentaba junto a Alice. Es que, ¿a qué venía tanto "dos años más", "dos años menos", "no uno y medio" y demás? Miró a Alice cuando esta se dirigió a él, y luego de vuelta a Hasan cuando habló de nuevo. Miró los libros con un suspiro. - Espero echar el resto en este examen, porque va a ser el último. No me la he cogido para el año que viene. - ¿No recomiendan las pociones a los alquimistas? - Marcus hizo un gesto con la mano. - Tss, qué va, tío. Lo nuestro es maestría y poder mental. - El otro soltó una carcajada. - Qué sobrado eres. - ¿Sabes quién va sobrada también? - Pasó un brazo por detrás de su silla inclinándose levemente hacia ella y, mirándola con una sonrisa y la cabeza ladeada, dijo. - Mi amiga Alice en duelos. - Cambió la vista a Hasan. - Yo no me confiaría... A mí aún me duran las secuelas de cuando me enfrenté a ella. - ¿Había sonado a indirecta? Jacobs tenía razón, venía muy subidito, y no se le había olvidado... Bueno, las "consecuencias" de cuando se enfrentaron en el duelo. A ver como derivaba la tarde. Deberían concentrarse, que tenían los exámenes a las puertas, no deberían estar en tonterías... Pero es que era tan agradable y tentador entrar a ciertos jueguecitos...

- Ya veremos qué ocurre. Pero ya veo que me vas a traicionar, prefecto de Ravenclaw. Luego dicen que los Slytherin somos desconfiados. - No te ofendas, Prefecto Jacobs, no es ninguna traición. Yo voy con Alice a muerte, esas cosas se saben. - Contestó con mucha seguridad, de nuevo mirando a su amiga con los ojos entornados y la sonrisa ladeada. El otro volvió a reír y, antes de irse, dejó caer. - Ya te digo que se saben. - Se despidieron deseándose suerte con sus respectivos exámenes y Hasan se fue, dejándoles solos. Marcus suspiró mientras adoptaba una postura normal en su silla, abriendo el libro y mirando hacia este. - No sabía que os mezclaran por cursos en el duelo final. Que digo en serio lo de que voy contigo... Me ha quedado claro que te sabes defender sola. - Rio con esto último y ladeó varias veces la cabeza, chistando. - Pero me parece un tanto descompensado en favor de los de cursos superiores, se supone que deben conocer más hechizos y que llevan más años de práctica. Pero en fin. - Torció el tronco hacia ella en tono chulesco, sin quitar la mirada del libro, y susurró. - Más te vale cerrarle la boca, que estos Sly se ponen muy insoportables cuando ganan. - Rio un poco, volviendo a su sitio otra vez, y preguntó con tono cotidiano. - ¿Cómo vas? -
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Dom Jul 25, 2021 4:22 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Le tuvo que reír la gracia de la aritmancia, la verdad. dudaba que Marcus detectara nada que no fuera su compañero prefecto tocándole un poco las narices a Gal, pero parecían estar en un aura bastante tranquilita y buenrrollera, así que no iba a ser ella quien la rompiera. Aquello se trocó en sonrisita de orgullo cuando respondió aquello de los alquimistas. Estaba subidito Marcus, y eso la ponía por las nubes. Y encima habiendo leído aquello justo antes. — Lo está porque puede. — Dijo entornando los ojos y alzando las cejas. No, que como ese juntaran los dos de ese humor, podían con toda la plantilla de Slytherin.

Y entonces le pasó la mano por la silla y se inclinó hacia ella, lo cual hizo que automáticamente se inclinara ella hacia él, dejándose cobijar por Marcus y mirando a Jacobs con media sonrisita y una ceja alzada, orgullosa de su fan. Pero se le tuvo que cambiar la cara y notó un escalofrío que le subía por toda la espalda al oír aquello. Gal podía malinterpretar o leer subtextos en muchas cosas cuando no lo había. Era posible. Pero aquello no. Aquel duelo había acabado de una forma muy concreta: a punto de meterse al pasillo del cuarto piso a lo que surgiera y si Marcus decía que le duraban las consecuencias... Pero mantuvo la media sonrisa y dijo. — Pues algo habrá que hacer para paliarlas. Qué contrincante tan poco digna sería si no.— Porque si ya estaba encendida, aquello solo había encendido más su fuego. Y ahora encima decía que iba a muerte con ella, y juraría que el corazón se le aceleró de maneras insospechadas, pero trató de mantener la sonrisa y mirar a Jacobs sin temblar. — ¿Has visto? Tengo las de ganar, prefecto. Marcus va a muerte conmigo. No necesito nada más. — Dijo significativamente, a ver si así, Hasan entendía. Porque sí, ahora mismo, Gal solo veía a ese Marcus vacilón, seguro, tan extremadamente guapo. Cuyo toque, tal como decía San Juan, era único, era intenso, aunque solo dijera algo evidente, como que iba a muerte con ella.

Realmente, no habían dejado mucho lugar a dudas de que querían estar solos. Porque sí, eso era lo que querían, y Jacobs tendría que conformarse con intentar ganarla. O no, porque en cuanto Marcus se inclinó hacia ella y el dijo que le ganara, ya no conocía otro objetivo. Se inclinó ella también, más de la cuenta, y sonrió como un diablillo a Marcus. — Me encanta callar bocas. Y más si estás tú para ver como lo hago. — Eso sí que había sido una entrada a tope. Y cómo lo estaba disfrutando. Pero el tira y afloja formaba parte de ellos, así que Marcus reculó, y ella se apoyó en la mesa con cara de niña buena. — Cansadita, llevo muchas horas aquí. — Entornó los ojos y ladeó la cabeza. — Pero tú te has traído mi asignatura favorita. Y eres mi alumno favorito. — Eso tenía más peso del que parecía, pero lo aligeraba con la sonrisa. — ¿Igual lo que querías era que esta alumna díscola te echara una manita? — Y alzó una ceja al decirlo. Ya que estaba, aprovechó para apartar un poco el libro entre sus papeles, porque no le apetecía tocar el temita de ese libro, ya lo que le faltaba. — Aunque hoy no parece que te haga falta, ¿qué te trae tan contento?Y tan atractivo, y tan sobrado, y tan lanzado a tirarme indirectas que estoy dispuesta a recoger. Pero bueno, temas ligeros, como si nada. Como si no ansiara ese tacto de Marcus más que nada.  
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Lun Jul 26, 2021 9:16 am

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Se mordió el labio y miró a Alice de reojo un segundo, con esa sonrisilla de superioridad que ya traía de antes, solo un instante antes de girar la mirada al chico y encogerse de hombros. Pues sí, ¿qué se le va a hacer? ¿Qué podían hacer Alice y él, si cuando se aliaban de esa forma eran imparables? Ah, pero no le había pasado por alto el comentario sobre paliar las consecuencias. Mejor que no tiraran por ahí, porque Marcus venía demasiado subido ese día. Y cuando estaba así de subido, todo lo que percibía a su alrededor era favorable para él. Incluida esa energía que su amiga parecía emanar, una energía que él podría seguir perfectamente, con ese ánimo tan por las nubes que llevaba, perfectamente seguro de lo que hacía y sobradísimo, como bien había señalado Jacobs. Era el día perfecto para descarrilar por donde fuera. Y Marcus, que de tonto no tenía un pelo, casualmente se había ido de cabeza con ese excelente humor a buscar a Alice. Como si no supiera que ella solo iba a hacer que su tontería aumentara aún más.

Ahí estaba, Alice entrando al juego, tal y como él sabía que ocurriría, aunque luego fuera por ahí haciéndose el bueno y diciendo "yo no he hecho nada, solo mostraba mi apoyo, ha sido ella". Porque sí, su vena Slytherin sabía utilizar sus armas a su conveniencia, y sabía como era Alice, y sabía como era él mismo, y sabía qué tecla tocar para activar cierta maquinaria. Otros días actuaría con más raciocinio. No era ese el día. Se mordió el labio otra vez y arqueó las cejas en una teatral aunque muy sutil expresión impresionada. - No me cabe duda. - Otra cosa no, pero Alice callaba bocas. Y, efectivamente, le encantaba estar ahí para verlo. - Estaré. Te lo prometí. Soy un hombre de palabra. - Comentó, con una sonrisa esbozada de lado y una mirada de esa seguridad consigo mismo que llevaba siempre por bandera, una bandera que hoy ocupaba lo que todo Hogwarts. Se retiró a su lugar sin quitar ni la mirada de ella ni la sonrisita, pero haciendo como que hablaban de nada. Sí, ambos eran tan listos que hasta hacerse los tontos se les daba bien.

Esbozó una cómplice expresión de comprensión. - ¿Llevas aquí todo el día? ¿Desde que me fui esta mañana? Pobrecita. - Le dio un par de palmaditas al libro ante la mención. - Como sabía que habías estado siendo una buena alumna todo el día, quería traerte un regalito. No había arándanos, así que tendrás que conformarte con un poco más de estudio... Pero de tu asignatura favorita. - Hizo un gestito con la cabeza y le guiñó un ojo. - Gracias, tú también lo eres. Por eso he dicho, "hasta aquí con mis funciones por hoy, me voy con Alice Gallia". Vaya que pases tantas horas en la biblioteca que te engulla o algo así. Yo eso no lo puedo permitir. - Le encantaba ese jueguecito, como lo disfrutaba. Marcus era protocolario, correcto y cuadriculado, lo tenía que llevar todo bajo control, y desde que era prefecto las normas eran ya no simplemente algo que había que cumplir por obviedad, sino prácticamente una religión. Pero también le gustaba divertirse, también le gustaba venirse arriba, y también le gustaba, por supuesto, estar con Alice. Habían adquirido un nuevo lenguaje entre ellos en el último año que no sabía ni cómo había nacido, pero que sabía muy bien lo que le despertaba. Y era muy placentero. Y a nadie le amarga un dulce. Y era final de curso, con los TIMOs en la puerta, después de todo el año siendo prefecto. Que viniera alguien a decirle que no se lo merecía.

Ya tuvo que sacar lo de la alumna díscola con ese tonito. Si es que lo sabía, sabía que Alice mejor que nadie le seguiría ese rollito, por eso había ido a buscarla. Del duelo entre Alice y Hasan no lo sabía, pero del que acababan de empezar ellos... Iba a disfrutar muchísimo. - Hm. - Dijo pensativo, hinchando el pecho de aire y mirando hacia arriba. - Igual. - Contestó con ese tono de hacerse el interesante, de hacerse de rogar. - Y en ese caso, ¿habría hecho bien recurriendo a ti? Hoy me sale todo bien, solo digo eso. No puedes romper mi racha diciendo que me he equivocado. - Bromeó, sin perder el tono. Se mojó los labios y abrió el libro despreocupadamente mientras comentaba. - Vengo de estar con Evans y Morelli. Tenían dudas sobre Transformaciones, y claro... Mi nombre está en la lista de alumnos de primero con una ejecución perfecta, ya sabes. - Si es que no necesitaba que nadie le dijera nada, ya se lo decía él todo. - Al chico le gusta estar conmigo, y quiere que le enseñe a explicar cosas y eso. Y Coraline es hija de Lia Morelli, es compañera de mi padre, los dos son aritmánticos, así que me conoce. Me lo pregunta todo. Es muy adorable, así que le respondo encantado. - Se encogió de hombros con una caída de ojos. - Eso, y que me ha cundido mucho la mañana. - Terminando de colocar sus cosas, estiró los brazos sobre la mesa al tiempo que giraba la cabeza hacia la chica. - Y que vengo a ver como le va el estudio a mi amiga. ¿No es eso motivo para estar contento? -
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Lun Jul 26, 2021 3:48 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Puso una sonrisa más dulce, aunque le costaba poner otar expresión que no fuera la propia de ese modo pícaro en el que habían entrado. — Lo sé. Y sé que te da un poco de miedito que Jacobs sea más mayor que yo... Pero da igual todo lo que sepa y lo mayor que sea... Si yo pongo mis escudos y no dejo que pase nada. — Y alzó una ceja terminando. Tenía que haber hecho esa analogía delante de Hasan, le habría dejado unas cuantas cosas muy claritas de una sola tacada. Siempre se le ocurrían las mejores cosas tarde. Suspiró y volvió a centrar su atención en Marcus, que al fin y al cabo era lo que le interesaba.

Aprovechó la coyuntura y sacó un pucherito. — Sí. Historia de la Magia es mi Pociones, más me vale echar el resto con ella. Amo la asignatura pero no computa en nada para sanadores, y bastante lío voy a tener. Porque a la alquimia no renuncio. — Terminó ladeando una sonrisita y mirando a su amigo. Sí, llevaba desde que Marcus le hablara por primera vez, bajo la estatua de Rowena sobre, la alquimia estaba deseando que llegara ese momento. Y estaba deseando vivirlo con él precisamente, y sabía que el chico también se moría de ganas. Ahora las ganas físicas se le estaban mezclando con las ganas intelectuales. Buenos estaban. Puso cara de ternura y dijo. — Qué detalle por tu parte. — Dijo a lo de las Pociones, aunque se puso un poco coloradita con lo de que ella también lo era. — No me digas esas cosas que me las acabo creyendo. — Dijo mirándole con la cabeza gacha y alzando los ojitos. Luego, se apoyó con el brazo en el respaldo de la silla, sujetándose la cabeza. — Pues si no me ha engullido en cinco años, no creo que lo haga ahora. Pero no me voy a quejar si mi prefecto quiere salvarme... — Y con eso último ya había vuelto a ESE tono, y había dejado un suave toque en la nariz de Marcus, como quien no quiere la cosa, pudiendo tocar su piel, aunque fuera un milímetro.

Oh, y Marcus ponía esa miradita que pedía batalla a gritos, y ella pensaba dársela, aunque saliera ardiendo en el intento. Se inclinó sobre la mesa, apoyando los brazos sin dejar de mirarle. — Has hecho lo mejor que podías hacer. Yo nunca te rompería tan buenísimo humor. — Dijo melosa, aprovechando para recogerse el pelo en un moño y acariciándose el cuello, como si tuviera calor, pero en realidad era para sentir es tacto que tanto estaba ansiando cuando Jacobs la había interrumpido. Mierda, y ahora se lamía los labios, abriendo el libro como si nada. Eso siempre le daban ganas de besarle. — Perfecto, por supuesto. — Corroboró ella a lo de Transformaciones. Se rio con un tonillo adorable cuando dijo lo de Colin y Coraline. — Son muy monos. Son ese tipo de Ravenclaw adorable sin ninguna malicia, solo una inteligencia desbordante en varios aspectos. — Volvió a apoyar la cabeza en su mano, pero inclinándose sobre el libro, como si leyera sobre lo que Marcus estaba estudiando. — Es muy adorable que ayudes a los niños así. Cada vez que te veo hacerlo me muero de ternura y digo "qué buen prefecto es". — Entornó los ojos buscando los suyos. — Mejor que Graves incluso. — Dejó caer los párpados. — Aunque me gustaría que tuvieras en cuenta que yo fui tu primer fan... — Se acercó muy lentamente y atravesó el brazo por delante de Marcus para coger una pluma, con la que tachó una cosa del libro y le cambió la fórmula. — Y a veces los nuevos fans te tienen secuestrado... Y me quitan el lugar preferente... — A ver, que ella no se quejaba nunca, pero ahora los niños seguían a Marcus como patitos, y los no tan niños no le dejaban vivir. Y a él le gustaba, pero ella echaba de menos a veces aquellos días en los que tenía al cien por cien de Marcus O'Donnell, aunque siempre supo que sería un gran prefecto. — Y no solo a mí, por lo visto. — Señaló con la barbilla lo que le acababa de tachar y reescribir. — Antares dijo el otro día que era una errata de imprenta, pero tú aún estabas liado en la puerta con no se qué de un fantasma y los de tercero, si mal no recuerdo. — Se retiró un poquito para poder girarse y enfocarle cara a cara sin... En fin... — Pero por eso soy siempre buena compañía. Soy tu primera fan, te hago hacer cosas que no te plantearías... — Dijo bajando en tono con mirada traviesa. — Y cuido de que no te falten apuntes por cumplir tus funciones. ¿Existirá algo así como la secretaria del prefecto? — Vaya. Su madre fue la secretaria de su padre. Se rio un poco cuando dijo lo último y aseguró. — Y me encanta que lo hagas. Empezaba a consumirme entre tanto juicio. — Bajó la voz y miró a los lados. — Que no me oiga Hills. No te chives, que eso no son funciones de prefecto
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Miér Jul 28, 2021 8:37 am

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Sacó un poco el labio inferior y asintió, con ese gestito impresionado muy sutil y sobrado que le gustaba usar de vez en cuando. - No me cabe duda de que eres una excelente defensora. Y eso que cuando quieres atacar, atacas estupendamente. - Era verdad, ¿no? No estaba diciendo mentira alguna. Otra cosa era el doble tono que le quisieran dar a lo que estaban diciéndose. Era divertido eso. Él siempre podría escudarse en que estaba hablando en el más puro y estricto tono literal, pero... Eran listos, eran muy listos. Sabían usar las palabras, sabían usarlo... Todo, porque eran muy listos, lo dicho. Solo era llevar su intelecto y jueguecitos de palabras al terreno del tonteo. ¿Era malo? Para nada. Ellos no hacían nada mal, no iban a hacer mal eso precisamente, ¿no?

Chasqueó la lengua, ladeando la cabeza. - Alguna asignatura hay que dejarse fuera. En mi caso será Pociones, en el tuyo Historia de la magia. Todo sea por no dejarse Alquimia atrás. - Encogió un hombro, con una sonrisilla ladeada y una caída de ojos, poniendo la mirada en el libro ante él. - No me cabía duda que hasta en eso íbamos a estar complementados. No la cursaremos juntos, pero podemos contarnos lo más interesante el uno al otro. Será como aprender dos asignaturas por el precio de una... Se nos da bien enseñarnos cosas nuevas el uno al otro. - Ahí quedaba la oferta, cargada de doble sentido otra vez. Y no contento con eso, siguió, porque parecía que le habían dado cuerda antes de entrar a la biblioteca. - Te dejo que elijas tú el método más adecuado para enseñarme Pociones. La Historia de la Magia es fácil, es como un cuento... Podría contártela como un cuento antes de dormir. Seguro que se me daría genial... Porque llevo un par de años haciéndolo para tu hermano en La Provenza, claro. - Sí, claro, a eso se refería. A ver si se le iba a ir aquello de las manos, que venía subidito de más.

Se encogió de un hombro emulando la misma expresión que había puesto antes cuando le dio las gracias, y su comentario posterior le arrancó una suave carcajada casi muda. - Harías bien en creértelo, es verdad. Yo nunca miento, Alice Gallia. - Estaba viendo la miradita de falsa inocencia de la chica, así que él lanzó de vuelta una de su registro de altanerías, sin perder la sonrisa. Lo dicho, se seguían el juego el uno al otro divinamente, seguro que Hillary ya le habría mandado a paseo y Sean le hubiera dicho que qué le pasaba, que por qué estaba así, y que fuera a fanfarronear con sus fans y le dejara tranquilo. Alice, no. Alice se las seguía todas, y él a ella, lo cual le provocaba un agradable cosquilleo en el pecho que estaba seguro de que ninguna otra persona podría sacar, ni Hillary, ni por supuesto Sean. Cuanto menos Sean. Aquello tenía unos tintes que todos sabían, por mucho que él renegara de ello en voz alta y se hiciera el bueno y el ignorante. Era para lo único para lo que le veía de lujo hacerse el ignorante.

Entrecerró los ojos y pronunció la sonrisa cuando le tocó la nariz. Ah, y ese comentario, ese tonito. Se retrepó un poco más en la mesa, plegando un codo para apoyar la cabeza en su mano mientras su otro brazo seguía estirado en toda su longitud. - Vaya, ¿ahora quieres que el prefecto te salve? Creía que las alumnas díscolas nos querían, cuanto más lejos, mejor. - Ladeó la cabeza, sin moverla de su apoyo en su mano. - ¿Y traerte un manual de Pociones se considera salvación suficiente, o esperabas otra cosa? - Hizo un gesto con la cabeza y las cejas. - Yo soy muy solícito y obediente, solo hay que decirme lo que tengo que hacer. -Menos mal que no había nadie por allí... O quizás debería, porque esa escalada era muy divertida, pero a saber hasta donde podía llegar. Su versión oficial seguiría siendo que solo iba a continuar su estudio en compañía de su mejor amiga en un día en el que estaba de un excelente buen humor.

Ella se inclinó también sobre la mesa y él solo la miró, sin quitar la sonrisita de suficiencia y sin moverse ni un milímetro de su postura. Sus ojos siguieron el recorrido de sus movimientos mientras se recogía el pelo y rozaba su cuello de esa forma, haciendo que por su mente se cruzara cual cometa el fugaz deseo de ser él quien hiciera ese gesto en su piel. Lo dicho, aquello estaba escalando, y ya estuvieron a punto de hacer una locura después del duelo, pero el destino pareció impedírselo... Pero, ¿tan malo sería que ocurriera algo? Es decir, es cierto que eran amigos, pero lo de que tenían una química y una conexión especial lo sabían hasta las criaturas del Bosque Prohibido, y no sería por lo mucho que él lo frecuentaba. Podría estar bien. En el pasillo estuvo muy bien, y no tenía por qué ir a más. Por mucho que lo pensaba, no podía imaginar qué podía haber de malo en besar la piel que la chica acababa de acariciarse de esa forma delante de sus ojos. Insistía en pensar que ellos no hacían nada mal. No iba a estar mal precisamente eso, que se antojaba tan divertido y placentero.

La miró de reojo y pronunció la sonrisa de lado cuando le dijo que era buen prefecto. - No me digas esas cosas, que me las acabo creyendo. - La parafraseo, con ese tono pseudosusurrado que requería la proximidad con la que estaban. Como que no se lo creía de sobra ya. Arqueó las cejas. - Wow, mejor que Graves. Eso son palabras mayores. - Soltó una leve risa de nuevo. - Jamás lo olvidaría. -Respondió a lo de que fue su primera fan, pero Alice no había terminado. Volvió a seguir sus movimientos solo con los ojos, porque se estaba acercando mucho, cruzándose por delante de él para coger algo que estaba a su espalda, una pluma al parecer, no le dio la menor importancia. Le dio tan poca importancia que la chica se puso a escribir en su libro y él solo la estaba mirando a ella. No se había movido ni un ápice, solo los ojos para mirarla, y la lengua para pasársela levemente por los dientes en una sonrisa tentadora. Vaya vaya. Él venía con el humor altísimo, pero Alice parecía estar bastante en esa línea también, a saber por qué motivos. Le daban igual los motivos mientras continuaran siguiéndose el rollo de esa forma tan descarada y, a la vez, tan como quien no quiere la cosa.

Chistó levemente. - Vaya... - Dijo en falso tono penoso. Ladeó la cabeza. - Tú no vas a perder tu lugar preferente nunca, te lo aseguro... Pero uno tiene unas funciones que cumplir. Debiste saber donde te metías cuando te echaste de mejor amigo a un futuro prefecto. - Bromeó. La mención al profesor le hizo girar la vista a lo que había escrito en su libro para fijarse. - Hm, sí que me había perdido esto. Gracias por la anotación. ¿Ves? Eres la mejor para enseñarme todo lo que necesito saber. Sobre Pociones. - La pausita en mitad de esa frase había sido innecesaria, pero ahí quedaba. La escuchó y volvió a entrecerrar los ojos en mitad de su discurso, aún con una mueca sonriente y retadora, con la lengua apoyada en sus dientes. - Existe la mejor amiga del prefecto, que es la mejor en Pociones y que parece saber mucho sobre las funciones de un prefecto. - Ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos un poco más. - Y... ¿Cuáles son esas cosas que me haces hacer y que no me plantearía? - Hizo un gesto con la mano. - Quizás me haya perdido también eso, vas a tener que explicármelo. - Comentó sin perder el tonito que llevaban usando todo el tiempo. Volvió a chistar y a ladear la cabeza varias veces, mirando a otra parte. - Hm... Depende de lo que no tenga que chivarme. Supongo que chivar comentarios acerca de lo aburrida que puede llegar a ser tu amiga no entra entre mis funciones, no. - Dijo sin poder evitar una leve risa, girando después la mirada a ella. - Con respecto a otras cosas... Habría que estudiarlo. Pero lo dicho, pareces muy bien informada sobre las funciones que tiene un prefecto. -
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Miér Jul 28, 2021 10:55 am

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
No podía decir que se le acelerara el corazón, porque, ahora mismo, su corazón era una bomba de relojería a punto de estallar. — Cuántos halagos, prefecto. Si fuera Jacobs, pensaría que quieres distraerme.— Dijo con una sonrisa y una mirada ladeada, poniendo un tono aún más meloso. — A ti nunca he pretendido atacarte... Te prefiero a mi lado que contra mí... — Eso le hizo soltar una risita. ¿Lo decía? ¿No? Venga, lo decía. — Aunque a ti también se te da bien estar contra mí. — Ea, que vida solo hay una y aquel día, Marcus parecía estar más que dispuesto a aceptar esa clase de tiritos.

Al menos habían cambiado al tema de las asignaturas. — Siempre nos ha ido bien así, sí. Si tus funciones de prefecto vitalicio no te impiden escuchar a tu amiga o verla hacer pociones en el club. Realmente aprendo bastante más ahí que en la clase, así que te puedes venir conmigo y aprender con la práctica. No creo que Antares te pusiera problema. — Dijo encogiéndose de un hombro. Aunque Antares iba a llorar la pérdida de Marcus. Ya le había instado cincuenta veces a no dejar sus asignatura, que ya no vamos a tener a O'Donnell... Y Gal cincuenta veces le haba asegurado que no se iría, pero ahí estaba el hombre sufriendo. Ah, pero claro, Marcus aprendía sobre todo y muy rápido, incluido sobre llevarse al terreno peligroso los temas aparentemente inofensivos. Tuvo que contenerse para no lanzarle una mirada animal después de eso, porque le estaba diciendo lo que claramente le estaba diciendo, aunque luego lo disfrazara. — ¿No te ha contado nunca mi padre que yo siempre pido más? — Dijo con tono casual. — A mí nunca me vale solo con un cuento. Te pasarías muuuuchas noches despierto si me quisieras enseñar Historia así... — Debería mirarse por qué le resultaba tan placentero todo aquello, el mero hecho de saber que eran lo suficientemente agudos como para darle esa vuelta de tuerca a las conversaciones. — Me lo creeré entonces. — Sentenció a su contestación, más directa que lo demás que se habían dicho, con esa misma sonrisita Gallia que no se le quitaba. Que alguien la parara que iba a subirse al tren del deseo descontrolado con dos indirectas más.

Que era muy solícito... Pues si le solicitara lo que quería ahora... Torció la sonrisa y alzó un poco las cejas. — Si te quisiera lejos no estaría aquí precisamente... — Dijo con una risita. — Pues... Si quiero algo te lo pediré... Aunque ya me has dedicado tu atención en tu mejor día... Eso es todo un premio a un día intenso de Historia de la Magia. — Porque como le dijera lo que quería... Inclinó la cabeza para atrás, mirándole con ojos angelicales cuando dijo que se lo iba a acabar creyendo. — Pues yo nunca miento, Marcus O'Donnell. Ya sabes mi máxima: negarlo siempre es peor. La sabiduría de William Gallia es muy útil a veces. — Ahora estaban muy cerca gracias al movimiento que había hecho para apuntarle la fórmula, y sus manos estaban prácticamente pegadas. Oh, toque delicado... Lo acababa de leer, y ya lo había pensando en el momento, pero ahora era una necesidad vital rozar su piel. Alargó el meñique y lo pasó por todo el dorso de su mano, sin moverse ni un centímetro de su posición ni dejar de mirar el libro. — Me gusta serlo. Tu fan número uno, digo. Me da ciertos privilegios... — Susurró con una risita. Pero casi se le escapa un suspiro, porque ahora mismo cada roce con la piel de Marcus ers como si lanzara mil descargas por todos sus nervios. Apartó la mano, deslizándola sobre la de él y volvió a sus sitio, inspirando, llenándose los pulmones, a ver si así se sosegaba un poco.

Rodó los ojos con una sonrisita malévola. — Y más podría enseñarte si tú quisieras, o aprenderlas juntos que es lo que se nos da bien... — Vale eso haba sido un poco directo, peor es que su cerebro estaba ya en las nubes. Ya se había advertido a sí misma que no aguantaría muchas más indirectas sin perder el control. Levantó las manos cuando explicó sus recién inventado cargo y dijo. — Mira, pues me vale. — Pero claro, él tenía algo más que decir. Y no se le ocurrían más respuestas intelectuales muy bien elaboradas con doble sentido. Solo pudo reírse y deslizar los dedos por las páginas. — Prefecto O'Donnell... Se me da muy bien portarme como una niña buena... — Empezó, sin poder evitar una sonrisa. — Pero no soy de piedra... No me tientes a contarte cosas que un perfecto prefecto nunca haría. — Suspiró, intentando liberar un poco de calor de su interior, pero tampoco logró nada, por lo que siguió con la mirada clavada en el libro, aunque no leía ni una palabra. — Así no tendrás que chivarte ni quitarme puntos.Aunque quizá te pierdas cosas que te gustaría MUCHO hacer... Porque si Marcus le dejara, oh, qué bien se lo haría pasar.
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Jue Jul 29, 2021 8:55 am

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Frunció el ceño con esa expresión de sonrisa ladeada, aunque un punto genuinamente extrañado. - ¿Distraerte? Nunca haría eso. Tampoco Jacobs debería, ¿es que acostumbra a hacerlo? -Movió la cabeza, arqueando las cejas y pasando la mirada al libro. - Por principios, un prefecto, no debería. Pero siendo Slytherin... Nunca te puedes fiar. - A ver si se iba a estar perdiendo algo de verdad. No, dudaba que Alice tuviera ningún tira y afloja de ese tipo con Jacobs, es decir... No pegaban nada. Estaba seguro de que les conocía a ambos mejor de lo que se conocían entre ellos. Ya aseguraba él que no pegaban. Eso sí, el tirito de estar contra ella le hizo mirarla de nuevo, pronunciando la sonrisa sobrada. - A mí se me da todo bien. - Insistió, aunque el tono no era el que usaría con cualquiera ni muchísimo menos.

Sacó el labio inferior y asintió. - Me gusta eso de prefecto vitalicio. - Chistó, con un leve y teatralizado suspiro. - No me lo impide en absoluto. En primer lugar, porque los valores humanos son algo con lo que un prefecto debe dar ejemplo, y la amistad es un valor en alza. En segundo porque, ¿dónde voy a estar mejor que aprendiendo pociones nuevas con mi amiga Alice? - Se encogió de hombros. - No se me ocurre nada mejor en lo que invertir mi tiempo. - Lo decía en serio, de hecho, a pesar del tonito de tonteo que estaban usando. Marcus llevaba pasando su tiempo libre aprendiendo cosas nuevas con Alice desde que puso los pies en el castillo, si bien en ese año había estado considerablemente más ocupado. Pero en sexto tendría más dominado el puesto y no tenían unos exámenes tan importantes como ese año, o como tendrían en séptimo. No veía que nada lo impidiera.

No sabía si le gustaba o si debería asustarle lo rápidamente que Alice se había enganchado a su referencia sobre los cuentos. Soltó una risotada casi muda y soberbia. - No me hace falta que nadie me diga eso. He podido comprobarlo por mí mismo. - Tremenda directa. Se encogió inocentemente de un hombro, sin perder el punto de chulería. - Llevo trabajando codo con codo contigo cinco años, y eres una Ravenclaw de corazón. Me ofendería que no quisieras más. - Sí, bueno, medio arreglado. Los dos sabían por donde empezaban a llevarse aquel jueguecito de palabras. Se giró ligeramente hacia ella y, dibujando de nuevo la sonrisa en sus labios, dijo en tono interesante. - Yo no me canso tan fácilmente, puedo pasarme todas las noches que haga falta despierto, y toda la noche. Ya sabes que no me voy hasta que no me aseguro de que la lección está debidamente aprendida. - Y solo estaba hablando de Historia. Por supuesto. Le podrían torturar y seguiría diciendo que solo estaba hablando de Historia, pero los dos presentes allí sabían que estaban empezando a ser bastante evidentes. La chica, encima, no paraba. Volvió a poner esa sonrisa retadora y a entrecerrar los ojos. - ¿Dudas de si creértelo? Pues... - Y lo dejó en el aire, porque decirle cuando quieras te lo demuestro sonaba demasiado hasta para su elevadísimo ego de ese día. - Tú misma. - Remató segundos después, vaya que se prestara a confusión. Como si hubiera mucha confusión a la que se pudiera prestar.

Negarlo siempre es peor. Cuantas veces había oído esa frase por parte de ella, y qué sentidos cobraba ahora. No es que lo negara, no lo negaba, simplemente... Tampoco tenía por qué reconocerlo en voz alta. Hacía apenas un año y medio que había empezado a percibir a su amiga... De otra forma. Es decir, era su amiga, su mejor amiga, y eso iba ante todo y por delante. Eso, y que era una persona esencial en su vida, de las más especiales, al nivel de su familia (por encima de algunos miembros de su familia, de hecho). Pero también era guapísima y atractiva, y la persona que mejor le seguía el rollo. ¿Le atraía? Pues sí. Había tirado ya la toalla con renegar de eso, y en otros días se atormentaba un poco más, pensaba si estaría haciendo algo incorrecto o impropio con respecto a una amiga. Pero luego Alice le hacía esos juegos de palabras, se acercaba a él, le miraba de esa forma, le respondía o incluso le buscaba... Se perdían por un pasillo o por una playa y acababan como acababan, se batían a un duelo y se encendían... Y claro... No era de piedra. Ni tenía intención de serlo ese día, porque siempre podías mejorar un helado echándole virutas de chocolate.

Se mojó los labios mirando como rozaba su mano y oyendo lo que le decía. Ahogó una muda risotada de superioridad. - Yo no concedo privilegios tan a la ligera, Gallia... Tengo unos principios de prefecto que cumplir. - Principios que iban a caer por la borda ese día como aquel jueguecito se prolongara un poco más. Siguió escuchándola y mirándola con los ojos entornados y una sonrisa de lado. - Pues yo siempre estoy dispuesto a aprender. - Dejó caer, porque él no se podía callar, siempre tenía que apuntar algo. Pero ahora fue Alice la que reconoció abiertamente que no era de piedra. Interesante. Puso cara de falsa incomprensión y dijo. - Es que no me imagino a qué puedes estar refiriéndote... Y ya sabes que no me gusta quedarme con la duda. ¿Te crees que te has llevado toda la curiosidad de nuestra casa? Yo también puedo ser ese tipo de Ravenclaw. - Se mojó los labios con una sonrisilla malvada y ladeó la cabeza, buscando la mirada de la chica. - ¿Insinúas que a eso te refieres con los privilegios? ¿A contarme ciertas cosas sobre las que debería chivarme o quitarte puntos... Y que no lo haga? - Se mordió el labio y movió la cabeza de lado a lado. - Tendría que valorarlo. - Y al pasar la mirada por ella y su entorno, lo vio.

Pronunció la sonrisa y el entrecejo fruncido y estiró el brazo estratégicamente para rozarlo con el de ella, solo para elevar con los dedos un par de pergaminos que tapaban un libro. Alice podía ser un poco caótica a veces, pero lo de que tuviera un libro tapado no sería casual en ningún caso. Ese libro estaba oculto de manera deliberada. Solo jugó un poco con los pergaminos que lo cubrían entre los dedos, haciendo como que miraba por debajo de estos, pero no lo llegó a descubrir. - ¿Qué es esto? - Preguntó como quien no quiere la cosa, sabiendo que la respuesta iba a dar para más juego. A ellos les daba juego todo lo que se propusieran. - ¿Alguna lectura que tu prefecto pudiera no aprobar? -
Merci Prouvaire!


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Vie Jul 30, 2021 12:41 am

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Sabía que Marcus no la distraería aposta, y, para ser justos, Jacobs no la estaba intentando distraer, solo estaba recogiendo el testigo de algo que ella misma había empezado más de un año antes casi sin pensar... Y prefería tomárselo como una estrategia para el Club de Duelo que como nada más. Con Marcus, simplemente se encogió de hombros y dijo. — Sí, tienes principios, pero también quiere ganar las finales por última vez. — Ladeó la sonrisa. — Una técnica atacante como otra cualquiera. Ya sabes que, a pesar de todo, prefiero la defensa. — La verdad es que ahora mismo, Jacobs recibía el menor porcentaje de sus atenciones. Rio un poquito y entornó los ojos. — Lo sé. — Contestó sin más. Volverla loca de deseo a ella, lo que mejor se le daba, al bandido de él, pero eso no se lo iba a decir... En la biblioteca al menos.

Una de las típicas parrafadas justificatorias de Marcus, pero seguida de lo que le importaba: que no se le ocurría mejor manera que pasar el tiempo que con ella. — A mí tampoco, sobretodo teniendo en cuenta que mi mejor amigo es bueno... En todo. — Dijo de nuevo con ese tono susurrado. Pero casi tiene que contener una risa cuando le soltó aquello de que lo había comprobado por sí mismo, pero sí amplió la sonrisa y se inclinó un poco más hacia él. Aquello estaba cogiendo unos tintes que... — Qué lástima que no puedas entrar en los dormitorios de las chicas para hacerlo... ¿Verdad?Sí, mira qué lástima que siempre quieras cumplir las normas, porque las rompería contigo ahora mismo, quería decir, pero temía romper el delicado equilibrio en el que siempre estaban. Negó con la cabeza sin perder la sonrisa. — Es que, mi querido prefecto, nosotros somos gente sistemática y científica. Trabajamos con resultados patentes, no con "me lo creo" sin más. Aunque yo confío en ti... En que quizá quieras probar lo que dices. — Dijo apretando los labios y subiendo las cejas como diciendo "y ahí te lo dejo, lo coges si quiere". De todas formas, estaban dejando tantas cosas caer, que al final se le suba a llenar el suelo de indirectas.

Intentó volver a mirar su libro, pero, cada vez que ella intentaba dejar las cosas un poco más tranquilitas, Marcus le deba otra vuelta de tuerca. Rio brevemente sin mirarle cuando dijo lo de los privilegios, pero siguió fingiendo leer. Cuando no pudo evitar contestar fue cuando Marcus se puso a hacerse el loco. Ella chasqueó la lengua y dijo. — Te había quedado muy bonito y muy Ravenclaw so de que siempre quieras aprender, hasta que has dicho que no sabes a qué me refiero. — Giró la cabeza para mirarle. — Marcus, querido, si te contara todo eso que me pides, ¿qué clase de Ravenclaws seríamos? — Ladeó la cabeza con cara de niña buena y pestañeó. — Si tanta curiosidad tienes... — Se inclinó de nuevo muy cerca de su rostro y susurró casi sin aire. — Descúbrelo por ti mismo. — Y volvió su sitio a seguir leyendo, y a tratar de calmar su corazón, que se había vuelto loco al acercarse tantísimo a Marcus. El esfuerzo que estaba haciendo por no besarle ahí mismo no lo sabía nadie, vaya.

Y, como siempre que ella intentaba calmarse, el otro quería más. Al libro precisamente se tenía que ir. La verdad es que tenía mucha poesía que era únicamente interpretable desde el punto de vista religioso, pero, entre que tenía el marcador en ese poema que no era tan religioso y que, aunque no lo tuviera, con su suerte, seguro que Marcus lo abría al azar por ahí. Y encima con jueguecitos. Pues ella no iba a resistirse más. Sin dejar de mirar a Marcus a los ojos en un claro desafío, se giró hacia él en la silla pero descendió al mano bajo los pergaminos donde la tenía Marcus, pero sin llegar a tocarle. — Un libro. — Contestó. — Siempre estamos rodeados de libros. — Dijo simplemente, como si no fuera nada. — Solo es poesía. — Añadió, ligera, pero acercó los dedos a la mano de Marcus y empezó a acariciar el dorso. — Y yo creo que mi prefecto aprobaría mucho esa lectura... Para ayudarme a lidiar con el estrés de los exámenes... — Bajó los dedos suavemente por su mano entrelazándolos con los suyos. — No en vano, él me inspiró a leerla. — Tuvo que reírse un poquito, porque hace dos años, cuando le enseñó a Santa Teresa en el itinerario de Roma, estaban bastante menos espabilados. — Y a lo mejor hasta le daría pistas sobre esas cosas que nunca haría en una biblioteca, de las que no sabe a lo que me refiero para nada...
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Vie Jul 30, 2021 11:42 am

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Alice corroborando que era bueno en todo, y con ese tono establecido entre ellos, sonaba a música para sus oídos. Estaba provocando totalmente la situación, pero lo dicho, no todo el mundo le seguiría el rollo. Alice no solo le seguía el rollo, sino que subía el tono aún más. Y él, lo subía más, y ella lo volvía a subir. Y así iban, escalando cada vez más rápido, y sin pensamiento de parar al parecer. ¿Por qué iban a parar? Él, por su parte, se lo estaba pasando estupendamente, y no parecía que ella estuviera muy disgustada que digamos.

Lo siguiente que dijo, en cambio, casi le hace titubear. Marcus era muy malo disimulando, pero tenía una importante vena Slytherin, como Alice bien remarcaba cuando le interesaba, heredada ni más ni menos que de Emma Horner: si decía que algo no había ocurrido, es que no había ocurrido. Y eso no había ocurrido. Alice no se había drogado por accidente, ni la habían metido en el baño de prefectos, ni se había bañado con ella, ni él se había colado en los dormitorios de las chicas y había dormido con ella hasta que Hillary le llamara a las cuatro de la madrugada para volverse a su cuarto. No, eso no había ocurrido hacía apenas diez días de ninguna de las maneras. Así que, en una actitud de la que su madre estaría muy orgullosa, simplemente mantuvo la mirada a la chica sin perder un ápice de su chulería, con la sonrisa trazada en sus labios y doblada hacia un lado. Sin decir nada, encogiendo levemente un hombro como única respuesta. Si todo lo que puedes decir puede ser usado en tu contra, es mejor no decir nada. Al fin y al cabo, Alice ya debía saber cual sería su respuesta a eso: que no lo pensaba a hacer, que iba contra las normas y que, simplemente, no iba a ocurrir. Pues eso.

Rio un poco. - No pongo en duda tu carácter científico. Solo digo... Que creía que ya lo sabías. - Volvió a encoger un hombro. - Pero supongo que una comprobación más, o una experimentación nueva, nunca sobra. - La miró. - Y yo, dispuestísimo a probar todo lo que se me pida. - Al igual que tras esa escalada después del duelo, empezaba a avisarle una vocecita en su interior de que, cuando se le pasara el humor que tenía y recapacitara en lo que estaba diciendo, quizás se preguntaba en qué estaba pensando. Pero ya estaba subido a ese tren, no se iba a bajar. Lo siguiente le hizo arquear una ceja y mirarla con falsa ofensa. - Es de buen Ravenclaws y de hombres sabios reconocer cuando no se sabe algo. Así es como se aprende. Tú pareces saber algo que yo no sé, y creía que habíamos quedado en que somos mejores cuando nos enseñamos el uno al otro. - Mucha palabrería y aún más indirectas. Ah, y por supuesto que Alice no iba a dejarlo ahí, con esa forma de jugar con las palabras, de acercarle y de hablarle casi sin voz. Se mordió el labio con una sonrisilla y ahora fue él quien se acercó ligeramente a ella para responder en voz susurrada. - La clase de Ravenclaws que hace tiempo que establecieron que hacían muy buen equipo juntos. - Sacó fugazmente el labio al tiempo que hacía un gesto con la cabeza. - Pero lo descubriré. - Volvió a su sitio, mojándose los labios y pasando las páginas del manual ante él mientras comentaba. - Porque ya sabes que no soy de quedarme con la duda... Y ya hay una cosa pendiente que tengo por descubrir porque no me la quieres contar, sino que la adivine yo. - Sí, la pregunta. La supuesta pregunta que quedó pendiente cuando estuvieron a punto de irse al pasillo como dos locos. Ahí había quedado, en el aire, y no sería porque no hubiera jugado con el tema lanzando alguna que otra indirecta en esos meses que habían transcurrido, o porque incluso intuyera cual pudiera ser pero temiera lanzarla en el momento inadecuado y romper todo aquello. Volvían a estar en un plano similar al de aquel día... - Se me van a acumular los asuntos pendientes... - Y quizás fuera hoy el día de resolverlos.

Un libro, ya. La cuestión era qué libro. Ese "solo es poesía" no le resolvía nada, porque Alice no iba a darle tanto misterio a algo que no tuviera motivo alguno para ser ocultado. El roce en su mano le hizo llevar allí la vista, para devolverla justo después a los ojos de la chica, pues al fin y al cabo no podía ver lo que ocurría bajo los pergaminos, solo sentirlo. La expresión de sutil sorpresa que se dibujó en su rostro no fue tanto por sentir sus dedos entrelazados con los de ella (que más le provocaron un escalofrío que sorpresa), sino por la declaración de que fue él quien inspiró dicha lectura. - ¿Yo? ¿Poesía? Vas a tener que refrescarme la memoria, porque no recuerdo yo eso. -Y otra indirectita. Iba a empezar a dejarse de indirectas y empezar con las directas, porque el roce de su piel era ahora más evidente por tener las manos entrelazadas, oculta bajo esos papeles que escondían un supuesto libro que él había recomendado, que la ayudaba a desestresarse y que "podría dar pistas sobre cosas que nunca haría en una biblioteca". ¿Estaban hablando en el mismo idioma? Porque él juraría que sí. Aunque con aquello estaba genuinamente perdido.

Eso sí, no tenía prisa ninguna por salir de la duda, porque estaba disfrutando de lo lindo con aquel teatrillo. Miró a los lados, comprobando que no había nadie por allí, y arrastró apenas un centímetro la silla, inclinándose hacia la chica y rozando sus dedos con los de ella, sin quitarlos de donde estaban. - Estoy muy intrigado. - Susurró, mordiéndose el labio y clavando la mirada en ella. - No se me ocurre qué poesía puedo haberte recomendado, que de ideas para hacer algo que yo nunca haría... No suelo promover cosas que yo nunca haría... - Ladeó la cabeza, volviendo a rozar la piel de su mano con el pulgar, mientras el resto de los dedos seguían entrelazados con los de ella. Con mirada y tono seductores, pidió. - ¿Por qué no me lees alguna? Llevo muchas horas estudiando, se me puede haber olvidado... Quizás eso me... Inspire. Y lo recuerde. -
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Vie Jul 30, 2021 12:48 pm

Que a vida eterna sabe
CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Ladeó la sonrisa e inclinó la cabeza, entregada ya a ese humor. — No tan dispuesto como yo, te lo aseguro. Lo que sea por mi curiosidad Ravenclaw. — Dijo sin más. Y que lo recogiera si quería. Le esperaría todas las noches si supiera que una, al menos una, aparecería él allí. Y a la mierda las chicas como Alice, y el corazón y todas las trabas que se ponía. Ella era de Marcus, eso era así, y de lo que él quisiera hacer y se estaba demostrando abiertamente ahí.

En respuesta a su parrafada sobre lo de que reconocer no saber algo es de sabios y demás, solo tuvo que aportar. — Pensé que estábamos estudiando Pociones e Historia... — Entornó los ojos con una sonrisa diablesca. — Sobre esa materia sobre la que tanto preguntas... No podemos aprender con libros. No con estos desde luego. Es más práctica... Creo que ya te hablé una vez del ensayo y error a loss pies de Rowena.— Dijo con una risita, y notó cómo se sonrosaba un poco. A ver, que ella era muy lanzada, pero seguía siendo inexperta y Marcus seguía siendo... Marcus. El chico más guapo del colegio, la primera persona por la que había sentido algo más en su corazón y atracción pura y dura en su cuerpo... Y tenía miedo de meter la pata, de pasarse, de no llegara de no interpretar bien... Pero aún estaba esperando el día en el que Marcus y ella no se entendieran. Alzó la ceja y se hizo un poco la loca cuando habló de los asuntos pendientes. — ¿Una duda? — Ladeó la sonrisa y exageró el tono despistado. — ¿De Pociones? ¿O de otras... Materias? — Dijo haciendo hincapié en la palabra. Por todos los dragones, cómo le gustaba ese juego.

La situación debajo de los pergaminos se estaba poniendo... Intensa podría ser una buena palabra. A ver, ellos se daban la mano fácilmente, si estaban todo el día juntos... Pero aquello era diferente. No podía quitarse ese verso de la cabeza, ese que expresaba tan bien cómo un solo toque podía volverte loco, hacerte recordar todas esas cosas que habían vivido. Rio un poco ante su confusión. — Sí, digamos que no eres muy de poesía. Pero la busqué por algo que me enseñaste tú... Hace un tiempo ya. — Lo último lo dijo con un suspiro, porque Marcus había empezado a acariciarla también. Y encima se mordía el labio. Vale, adiós autocontrol, estaba dentro de aquel juego con todo. — ¿Quieres que te lo lea? — Dijo imitando su tono y su mirada, que le estaban dando un calor tremendo. A ver, necesitaba pedirle algo que les alejara de aquel bullicio del aula de estudio en época de exámenes. Algo que Marcus pudiera hacer y ella no, para que pareciera que le leía la poesía a cambio, aunque estuviera deseando leérsela. A ver lo más evidente...

Bájame un libro al que no llego... — Sí, Marcus era mucho más alto que ella. Por poner un caso. Y los pasillos formados por las estanterías eran más recogidos que estar en medio del aula de estudio. — Uno del pasillo de Historia. De los juicios de Salem. El estudio es lo primero. — El farol más grande de su vida, solo había calculado qué letra estaría más alta en la parte de las estantería más pegada a la pared, y por lo tanto, más alejada del ir y venir de gente por los pasillos centrales. Separó las manos (muy a su pesar) y arrastró el libro con ella, escondiéndolo rápidamente a su espalda. — Y cuando lo hayas hecho... Te leo un trocito de la poesía... Y luego vamos viendo. — Se giró, pegándose el libro al pecho, y se fue dando saltitos al pasillo de Historia Moderna. Allí, see apoyó en la estantería escondiendo el libro tras de sí de nuevo y alzó la mirada la parte de arriba. La suerte favorece a los valientes, y también a los Ravenclaws que se saben tan bien la biblioteca que puede calcular esas cosas en su favor. Puso una sonrisita de niña buena y dijo. —El de "Las condenas de Salem". — Y ya que estaba, disfrutaría de espectáculo que era ver a Marcus, al lado suyo, estirándose para llegar ahí arriba.
Merci Prouvaire!


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Vie Jul 30, 2021 4:03 pm

Que a vida eterna sabe
CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
¿Que no estaba tan dispuesto como ella? Eso habría que verlo. A ver, Marcus, ¿en qué exactamente te estás retando con ella? La voz de la conciencia intentaba gritarle cada vez más, pero él seguía sin hacerle mucho caso. Solía poner la racionalidad por encima de otras cosas, del divertimento pasajero o del placer personal. Él era una persona sensata, un erudito en formación, no se dejaba llevar por tonterías... Eso creía. Eso se diría a sí mismo cuando se le pasara aquello. Esperaba no tener ninguna consecuencia de la que arrepentirse.

Entrecerró los ojos y, como ambos sabían por dónde iban los tiros, siguió haciéndose el tonto, para forzar que fuera ella quien lo dijera y no él. - ¿Qué materia? - Práctica... Ya. Chasqueó la lengua. - Es que yo lo de equivocarme... No lo llevo bien. Me gusta hacer las cosas perfectas a la primera. -Oh, se había sonrojado. Qué mona. Eso hizo que le diera una leve risa a él y apartara la mirada, mordiéndose el labio y probablemente ruborizándose también. Apenas le duró un par de segundos, el tiempo de tomar aire y volver a recuperar el tonito de tonteo. Al fin y al cabo, si Alice no se tomaba descansos, él tampoco. Ah, y ahora era ella la que se hacía la despistada. Miró de nuevo a los lados y se acercó a ella, un poco más que las veces anteriores, susurrando. - De Duelo. - Total, ya estaban todas las cartas sobre la mesa prácticamente.

Esperó a que le confesara de qué se trataba el libro, porque a pesar de su pose de seguridad, estaba ciertamente intrigado. La poesía no era lo que más frecuentara él en cuanto a lectura, así que de verdad que no sabía de qué libro podía tratarse, lo que tenía seguro es que no era un libro normal y corriente. Su pregunta le hizo ampliar la sonrisa. - Por favor. - Respondió en su mismo tono. Claro que eso no iba a salirle gratis, no sería tan ingenuo de pensarlo. Reprimió una risa y llenó el pecho de aire. Que le bajara un libro. Muy sencillo le parecía eso, por no hablar de que era una excusa mala para pedirle algo. Hacía años que habían aprendido un hechizo bien sencillo que te descendía los libros desde la altura que fuera, bastaba con un simple Wingardium Leviosa, que se aprendía en los primeros meses de primer curso. No sería él quien se opusiera a lo que quiera que fuera que pretendiera con eso, por lo que se puso de pie, muy dispuesto. Asintió. Salem, Historia... Sabía en qué pasillo estaba y hasta en qué balda. Estaba muy arriba, hasta él iba a tener que estirarse, pero al parecer Alice quería acceder a él por medios no mágicos, ¿no? Por algún motivo.

Esbozó una sonrisa divertida y se guardó una risa cuando vio las maniobras de su amiga para que no viera ni una esquina del libro. Se dirigió con seguridad hacia el pasillo, viendo como ella iba dando saltitos hacia él... Y, por algún motivo también, comprobó una vez más que nadie estaba pendiente. Todos parecían a sus cosas, así que aceleró el paso para que nadie le viera meterse entre esas estanterías tras ella. No porque fuera a pasar nada, pero... En fin. No quería miradas indiscretas ni malentendidos. Mientras se acercaban, alzó la vista. Efectivamente, todos los libros sobre Salem iban a estar en las estanterías más altas. Antes de que Alice se girara y de llegar al lugar, se llevó una mano a la parte de la camisa que tenía justo encima de su cinturón y tiró apenas un centímetro de ella hacia arriba, algo que nos ería fácilmente perceptible desde fuera pero que... Bueno, quizás le daba un toque un poco más interesante si se estiraba lo suficiente. A ver, ¿era malo sentirse deseado? Marcus era bastante admirado entre los alumnos y valorado por los profesores, y por su familia. Lo de sentirse deseado era algo nuevo, y le gustaba tanto como todo lo demás. Alice se lo ponía en bandeja, además, y ese día tenía ganas de sentir ese tipo de emociones. Solo las estaba facilitando un poquito.

Se colocó junto a ella y, cruzado de brazos, chistó con una artificial expresión de acabar de darse cuenta de donde estaba el libro. - Mm, vaya... Me va a costar llegar a él. - Mentira, pero había que pintarlo interesante. Se acercó a la estantería, entrecerró los ojos, ladeó la cabeza, calculó... Teatro todo. Hizo el amago de estirarse, pero volvió a chistar. - Ah, es un poco incómodo... - La miró con forzada normalidad y empezó a desatarse la túnica. - ¿Te importa? - Como quien no quiere la cosa. Se la quitó y se la tendió a la chica, volviendo a colocarse ante la estantería y a mirar hacia arriba. - "Las condenas de Salem", ¿no? - Como que no lo sabía de sobra. Estiró el brazo y se puso de puntillas, porque sí que estaba alto, tan alto que las formas más lógicas de acceder a él eran por medio de un hechizo, o usando una escalera. Lo bueno es que era altísimo. Lo mejor, que esa ficcioncita le venía de miedo para sus intereses. Se estiró todo lo que pudo y, efectivamente, la parte de la camisa de la que había tirado estratégicamente hacia afuera se estiró con él, dejando parte de la piel de su vientre al descubierto. Un despiste, qué se le iba a hacer. Se tomó su tiempo hasta agarrar el libro, refugiándose en la dificultad para acceder a él, hasta que lo agarró entre los dedos y lo descendió. Dejó escapar el aire entre los labios y se acercó a ella. - Todo tuyo. - Dijo tendiéndoselo, pero justo cuando ella iba a tomarlo, flexionó el codo y lo retiró. - Pero... Primero, el poema. - Entrecerró los ojos y ladeó la sonrisa. - Un trato es un trato, ¿no? -
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Sáb Jul 31, 2021 3:00 am

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Vale, la cosa estaba bastante encendida. Porque Marcus diciendo "de duelo" la había terminado de dar la pista de por dónde iban los tiros. Porque aquel día que se retaron la cosa escaló tanto que hubiera... Parpadeó. De momento, más le valía mantenerse en el momento y no romper ese delicado equilibrio que siempre alcanzaban cuando se ponían... Así.

Se dio cuenta de que Marcus no paraba de fijarse en si alguien les seguía, por si necesitaba más confirmación de que no tenían intención de leer libros precisamente y lo que querían ambos era quedarse solos. Y lo necesitaba desesperadamente, aunque se limitaran a decirse aquellas cosas o a rozarse. Y allí en las estanterías había semioscuridad y mucho silencio, tenían que susurrar y ponerse muy cerca si querían verse... Y aquello empezaba a ponerse tan interesante que iba a dejarse de tientos y recelos. Disfrutarían, como hacían siempre, y se acabó, que fuera lo que tuviera que ser después. Quizá con el corazón no bastaba para todo en la vida, pero para lidiar con aquella tarde, le sobraba.

Marcus, interpretando el papel que ella misma le había impuesto, se puso a calibrar cómo llegar al libro. Cuando se quitó la túnica, ella estiró uno brazo para recogerla y alzó las cejas. — Vaya... Sí que se pone interesante el asunto. — Dijo con tono susurrado pero un toque de broma. — Las condenas de Salem. — Confirmó ella con una sonrisita ladeando la cabeza. Se había puesto muy cerca de donde estaba el libro, así que cuando Marcus se acercó a por el libro, quedó prácticamente al lado de su costado izquierdo. Y cuando se estiró para coger el libro, sus ojos se fueron directos al borde del pantalón. Sí, hombre, era tonta ella ahora. Eso lo había hecho aposta no, apostísima. Marcus O'Donnell siempre iba perfectamente arreglado, con la camisa, el pantalón y todo a punto, así que para que se le levantara así la camisa tendría que habérsela sacado primero. La estaba provocando, y Gal era de esas personas que, aun sabiendo que la están provocando, entra en la provocación de mil amores si es para conseguir lo que desea. Y ahora mismo deseaba la piel de Marcus más que nada en este mundo. Al fin cogió el libro, aunque ella se había perdido mirando su cuerpo, mordiéndose el labio inferior, y ahora mismo las condenas de las pobres brujas de Salem le daban un poquito igual, solo podía pensar en tocarle. Aun así, alargó la mano para coger el libro, ya que lo había pedido, pero Marcus se lo quitó. Eso le volvió a poner los pies en la tierra.

Estaría un poquito cegada por el deseo, pero le seguía gustando jugar, y seguía queriendo siempre más. Se separó de Marcus y se acercó a la pared, sabiendo que ella también tenía armas que podía usar. Se giró hacia él y le llamó moviendo el dedo hacia sí, hasta ponerse de espaldas a la pared. — ¿Tanta curiosidad te da el poema? — Preguntó con la ceja alzada. — No te lo puedo poner tan fácil, solo has cogido un libro... — Señaló con la cabeza su hueco al lado también contra la pared, mientras distraídamente, apoyaba uno de los pies en la pared, y deslizaba un poco su mano sobre la falda para subírsela mínimamente, pero lo suficiente como para que alguien tan observador como Marcus se diera cuenta. — Ponte ahí y cierra los ojos, porque si ves la portada en seguida vas a saber de qué es, es un poquito reveladora. — Dijo con una risita. Cuando se colocó, sacó el libro de su espalda y lo abrió por el poema, inclinándose sobre Marcus y susurrando, mientras rozaba su pierna contra la suya. — ¡Oh cauterio suave / ¡Oh regalada llaga! / ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado / que a vida eterna sabe / y toda deuda paga! / Matando, muerte en vida has trocado. — Y terminó prácticamente en un jadeo, porque decirlo así, entre susurros, en aquella circunstancia... Era demasiado para ella. Pero trató de mantener la compostura, sin moverse de donde estaba, solo acercando un poco más los labios a su oído. — Solo es una estrofa. ¿Te vale o todo se pega y ahora quieres... Más? — Dijo poniendo fuerza en la última palabra, que iba cargada de deseo.
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Sáb Jul 31, 2021 7:24 am

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Se mojó los labios para contener una sonrisilla de triunfo y disimular, mientras continuaba con su teatrito autoimpuesto. Sí, sí que estaba interesante la cosa, y que Alice lo confirmara en voz alta solo le daba más alas a él. Eso, y que se pusiera tan cerca mientras él alcanzaba el libro, no retirándose ni un ápice, y llevando la mirada justo al cebo que él había puesto. Maravilloso. Si lo llega a hacer a posta, no le sale mejor... Bueno, un poco a posta sí que lo estaba haciendo.

Estaba expectante por la reacción de Alice, pero ella simplemente no dijo nada. La miró con curiosidad y sin perder la sonrisa ladeada mientras ella se dirigía a la pared, se apoyaba en esta... Y le llamaba. Al infierno mismo iría teniendo el humor como lo tenía y si Alice le llamaba de esa manera. Se mordió el labio y echó una nueva mirada hacia atrás, comprobando que no había nadie por allí. A ver, estaba más alto que una cometa ese día, pero Marcus seguía siendo Marcus. Iba a aprovechar la privacidad de ese lugar que, además, le gustaba tantísimo, pero... Quizás si aquello se iba un poco de las manos, optaba por salirse de allí. No dejaba de ser la biblioteca, él le tenía un respeto a la biblioteca. Y también quería que la gente le siguiera teniendo un respeto a él, que no se le olvidaba que era prefecto y estaban en plena época de exámenes, las probabilidades de que le pillaran eran altas.

Fue de todas formas, por supuesto que fue. Se mojó los labios antes de responder a la pregunta. - Mucha. - Muchísima, porque intuía las connotaciones y porque, de nuevo, estaba bastante intrigado por saber en qué momento había recomendado él un libro de poesía. Arqueó las cejas. - Un libro muy alto. -Justificó, pero por supuesto que no iba a ser tan sencillo. Ah, eso también estaba claro, que no iba a ser él el único que jugara con su propia ropa. Sus ojos se dirigieron a la falda de Alice automáticamente en cuanto ella la tocó, notando como el pulso se le aceleraba. En su cabeza ya estaba trazando una ruta para salir de allí e ir a otra parte, pero Alice no pensaba como él, al parecer. Le iba a llevar al límite, como si no la conociera ya. El corazón le dio un fuerte latido cuando le pidió que cerrara los ojos, imaginando por un momento que besara sus labios justo cuando él menos lo esperaba. Mejor dejaba de imaginar, o se le iba a poner la cosa complicada antes de salir de la biblioteca. Recuperó su expresión chulesca y asintió, obedeciendo y colocándose donde le decía, dedicándole una última mirada antes de cerrar los ojos. Él solito se había puesto en manos de Alice. Que pasara lo que tuviera que pasar.

El susurro tan cercano de la chica agarró su pecho de nuevo y casi le hace perder la concentración sobre el primer verso. Lo dicho, él no era muy de poesía, demasiado etéreo y demasiado "digo sin decir nada"... Pero el tono era inequívoco, y las sensaciones que recorrían su piel mientras ella susurraba, también. Vamos, podía apostar su propio cuello a que él no había recomendado ese poema de ninguna de las maneras, aquello tenía truco. Y empezaba a sentirse tan cautivado por toda esa energía que compartían, que le estaba dando ya bastante igual de donde hubiera salido el poema, mientras Alice no dejara de susurrarlo. Pero se detuvo, o al menos detuvo el recitar, pero no los susurros. Tragó saliva y sintió justo después como la chica se había acercado más aún a su oído... ¿Que si quería más? Tú no sabes lo que me estás preguntando, Alice Gallia.

- Me temo que aún no he sacado una conclusión en firme... - Susurró, sin moverse ni abrir los ojos. - Así que... Sí, quiero más. No solo quiero más... Necesito más. - Lo dicho, para trazar sus conclusiones. Claro que sí. - Aunque quisiera cambiar una condición. - Al finalizar la frase, abrió los ojos y buscó los de ella, intensificando la energía cargada en ese juego de susurros. - Quiero verte recitar. - Afirmó. Lo que quería era besarla, se moría de ganas. Pero solo mantuvo la frase sostenida unos segundos, mirando los labios de ella y mordiéndose los suyos, hasta que hizo un leve gesto de inocencia con la cabeza para añadir. - Como buen Ravenclaw y buen científico, necesito disponer de todos mis sentidos. -Y el sentido común, a la vista estaba, ya se encontraba lo suficientemente mermado como para prescindir de más.
Merci Prouvaire!


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Sáb Jul 31, 2021 3:22 pm

Que a vida eterna sabe
CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Un libro lo suficientemente alto para que pudieras hacer tu numerito de la camisa levantada y poner a mí a mil, pensó con la quejica de Marcus. Pero eso en verdad le daba un poco igual, porque ahí estaba él, con sus ojos cerrados, cumpliendo con lo que ella misma le había pedido. Casi podía sentir sus pulsos acelerados compensarse mientras leía. Podía ver cómo peleaba por abrir los ojos, y no pudo resistir una sonrisita de satisfacción, sabiendo que le estaba tentando al extremo.

Cuando dijo lo de la conclusión, alzó una ceja, aunque no pudiera verla. — ¿Ah, no? Estoy mermando tu capacidad deductora, creo. — Dijo con una risita entre dientes. Vale, no podía evitarlo, cuando dijo que necesitaba más. su suspiro se convirtió en un jadeo. — ¿Más? Creo que no estas calibrando bien lo que significa "más". — Dijo deslizando la mano libre sobre la de él y acercando todo el cuerpo sobre su costado. — Aunque si mi prefecto necesita cualquier cosa... Yo no puedo negársela. Además, me ha cogido un libro muy alto. — Terminó, siguiendo con el cachondeíto del libro de Salem. Ya no iba a volver a tomarse en serio esa materia en la vida.

Cuando abrió los ojos y enfocó los de ella, el corazón le dio un vuelco, o se le saltó un. latido, o simplemente le mandó una señal de "no aguantas más esto. Haz algo, bésale, tócale, lo que quieras." — Una condición. — Repitió ella. Sí, claro que la quería ver. Ella se hizo la interesante. — ¿Y exactamente qué rigor científico te dará verme recitar? Si lo importante es el poema... — Estaba tan cerca, que solo tuvo que alzar la cabeza para llegar a su oído de nuevo. — Si lo que quieres es verme... Yo estoy aquí entera para ti... No tienes que escudarte detrás de un poema... Por muy sugerente que este sea. — Se rio un poquito y subió la mano, reposándola en el pecho de Marcus y acariciándolo lentamente. — A mí también me gusta verte... Y más tocarte. — Dijo alargando los dedos por su cuello y acariciándolo fugazmente, antes de volver a agarrar el libro con ambas manos y, por primera vez, enseñándole la portada, colocándolo justo bajo sus ojos.

¡Oh lámparas de fuego / en cuyos resplandores / las profundas cavernas del sentido, / que estaba oscuro y ciego, / con extraños primores / calor y luz dan junto a su ansiado! — Calor y luz, sí vamos, lo último que le hacía falta. Calor porque ya bastante tenía ella, y luz ni de broma, porque estaba ella muy agosto ahí en la semioscuridad, haciéndolo todo más interesante. Cerró el libro con una sonrisa y acarició la portada. — Desde que me enseñaste el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini en tercero lo he tenido en la cabeza. Me encanta el elemento del fuego, la llama de amor viva... — Ladeó la sonrisa y le miró con ese deseo intenso que sentía y con la cercanía de sus cuerpos. Deslizó el brazo que pegaba con la pared por su costado, pegándole a ella. — ¿Te acuerdas de cuando no sabías lo que era un éxtasis y no entendías esa estatua? — Rio un poco, y mantuvo los susurros. — Yo tampoco lo entendía, no sabía por qué tenía esa cara, ni lo que significaba esa llama de la que habla en los poemas... — Se acercó más aún a su rostros, cerrando los ojos pesadamente y disfrutando de aquella cercanía. — Por qué quería que le clavara esa flecha... — Terminó mordiéndose los labios. — ¿Suficientemente claro, mi científico prefecto?
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Sáb Jul 31, 2021 4:06 pm

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Pues no, no estaba calibrando bien lo que significaba pedirle más a Alice, sobre todo en ese contexto. Por supuesto, no pensaba reconocer que tenía algo poco calibrado o pensado, ya lo justificaría de alguna forma. Aún con los ojos cerrados, contuvo las sensaciones que le provocaban su cercanía y el roce en su mano, y simplemente asintió con una artificial expresión de niño bueno cuando le dijo que le había cogido un libro muy alto.

Abrir los ojos y mirarla directamente no causó el efecto de desconcentrarla que a él le gustaría, pero tuvo un efecto mucho mejor, si bien como siguieran así... Él no tenía tantas habilidades como ella, ya lo había aprendido, por muy subidito que estuviera. No perdió la pose chulesca, de todas formas: aún podía mantenerla un poco más. No le dio tiempo a responder a su pregunta retórica, porque ella se acercó para susurrarle y lanzarle esa indirecta que ya tenía cada vez menos de sutil. Rio un poco, sin sonido, y llevó la mirada a su pecho cuando ella puso la mano en él. Se mordió el labio y subió de nuevo la vista al rostro de la chica. - Yo no me escudo en nada. Solo intento dejar dudas resueltas... Te recuerdo que... No quiero que se me acumulen a las que ya tengo. - Pero hoy las iba a resolver todas. Vamos que sí. El roce en la piel de su cuello casi le arranca un jadeo. Vale, definitivamente tenían que salir de allí.

Pero no aún, porque Alice, tal y como le había pedido, volvió a recitar. Aunque mientras lo hacía, pudo ver la portada. Aaah, ahora sí, recordó. Sabía que tenía truco, y sabía que él no habría recomendado poesía, cuanto menos ese tipo de poesía. Echó la cabeza hacia atrás con una muda risa que ocultó mordiéndose el labio mientras oía los versos, más sugerentes aún si era posible que los anteriores. Ladeó la cabeza para escuchar su explicación sin perder la sonrisilla casi divertida. Si es que sabía que tenía truco aquello... - ¿Cuando no lo sabía? ¿Supones... Que ya sí lo sé? - Preguntó tentativo, arqueando las cejas, después de haber seguido de nuevo con la mirada el recorrido de sus manos al rozarle. Aún le quedaba mucho por conocer sobre lo que era un éxtasis, pero como Alice siguiera por ese camino, no descartaba conocerlo hoy. Mejor se relajaba, eran amigos y... A ver si iban a meter la pata. Pero es que... Le tentaba tanto... Y era tan agradable dejarse tentar...

Sobre todo, así. Alice se había acercado tanto a su rostro que solo podía mirar sus labios, notar como su aliento ligeramente acelerado se mezclaba con el de ella. Y esa frase... Le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Eso no era una indirecta, era una directa directísima, de las que pensó que jamás oiría y mucho menos de una amiga. Pero ahí estaba, y él que le había temblado el cuerpo entero y casi se cae al suelo solo ante la perspectiva de... Que Alice le estuviera diciendo... Uff. Bueno, a ver, composición de lugar: Alice le atraía, mucho, muchísimo. Llevaba con ganas de besarla bastante rato, no descartaba la posibilidad de que se hubiera ido a buscarla esa tarde precisamente porque tenía ganas de algo más que estudiar con ella, porque estaba muy subidito y era consciente de que ese tonteo lo había iniciado él. Si aquello derivaba en... Cosas... Más... Intensas... No estaba seguro. No sabía si era buena idea llevarlo... Hasta el final. Pero recorrer parte del camino, como ese mismo día dijeron, hacer aunque sea todo el camino que pudieran juntos... Eso sí podía estar bien. Oh, por supuesto que eso podía estar muy bien. Y no iba a perder más tiempo planteándoselo siquiera.

- Perfectamente claro. - Susurró con más seguridad aparente de la que sentía en su interior. Se mojó los labios, pasando una última vez la mirada por su alrededor, y susurró casi sobre sus labios. - Tienes razón... Hay cosas que nunca haría en una biblioteca... - Ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos. - Y tengo... Ciertas cosas que necesito resolver esta tarde, algunas dudas, ya sabes. - Puso el libro de Salem en una de sus manos y, aparentando normalidad, le dijo. - Tu libro, la ayuda que me has pedido. - Entonces agarró la otra. - Ahora necesito que me ayudes con algo tú a mí. - Sentenció, y antes de darle opción a réplica o a escaparse, tiró de ella con paso decidido hacia el exterior de la biblioteca. Lo bueno de estar en el Club de Misterios era que descubrías cosas. Lo malo, que no eras el único que las descubría. Se dirigió a los pasillos intermedios, en uno de los cuales descubrieron años atrás el espejo de Oesed, pero que solía estar muy poco transitado. No inhóspito, puesto que en cualquier momento alguien del club (o algún alumno despistado o con ganas de hacer una trastada, como ellos en ese momento) podía pasar por allí. Pero era un buen recoveco temporal. Le servía de sobra para lo que quería hacer.

Miró hacia atrás y hacia los lados, en otra de sus comprobaciones para asegurarse de que no había nadie. Se ocultó tras unas de las columnas del pasillo, que les ocultaría en caso de venir alguien, y colocó las manos en la cintura de la chica, sin llegar a aprisionar su cuerpo contra la pared pero recortando bastante el espacio entre ambos. - Sigo queriendo saber cuál era la pregunta correcta. - Susurró, acercando su rostro al de ella como lo hubieran estado antes de abandonar la biblioteca. - Pero... Me voy a arriesgar con una... Así que... -Subió una de las manos a la mejilla de ella y, acercando sus labios a los de ella sin llegar a rozarlos, formuló la frase que ella le pidió que dijera. - Alice, tengo algo que preguntarte. - Musitó, con los ojos casi cerrados, sintiendo su aliento y el de ella, rozando su nariz con la suya y con sus labios tan cerca que era un crimen no besarlos. No iba a tardar mucho en ocurrir. - ¿Quieres que te bese? -
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Dom Ago 01, 2021 2:45 am

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Amplió un poco más la sonrisa y lee clavó la mirada. — Supongo que ya sabes identificarlo cuando lo ves... Supongo que... Ya se te ocurre otra manera de describirlo cuando lo ves... Supongo que ere un Ravenclaw muy listo y que aprende muy rápido. En todo. — Dijo significativamente antes de morderse los labios por dentro. — Y si no, tú mismo has dicho que siempre aprendemos mejor juntos... ¿No? — Su tono había escalado a lo sugerente y lo directamente sensual, que era donde estaba ella y donde todo le daba absolutamente igual, solo veía a Marcus.

Eso creía ella, que había quedado bastante claro. Y para su sorpresa (bueno solo en parte era sorpresa), Marcus tomó el control y le plantó el libro en las manos, llevándosela de la mano. — Te ayudo con lo que me pidas. — Dijo con total sinceridad. La verdad es que le daba igual a dónde la llevara, ahora mismo solo podía pensar que todos su esfuerzos le habían quedado más que claros a Marcus y se iba, con él, sola. Reconoció el sitio de cuando se fueron a buscar el espejo de Oesed. No era mal sitio, era difícil encontrar el espejo incluso si estabas en el Club de Misterios. De momento allí no había nadie, y Marcus parecía bastante determinado a lo que fuera que estaba bullendo en su cabeza. Deduciendo que iba a necesitar las manos libres, se dobló del tronco hacia un lado para dejar ambos libros en el suelo a su lado con primor, porque una estaría muy caliente, pero también era Ravenclaw, y los libros eran sagrados.

En cuanto se recolocó, sintió las manos de Marcus en su cintura, provocando un escalofrío en todo su cuerpo que le hizo arquear la espalda y entreabrir los labios de puro gusto y anticipando lo que iba a pasar ahí. Estaban en medio de un pasillo, y tratar de escaparse al cuarto piso ya habían comprobado que solía tener como consecuencia perder la oportunidad. Gal era experta en eso, en aprovechar lo que la vida le daba, cuando se lo daba, y eso pensaba hacer, aprovechar el momento lo que pudiera, como los obvios límites de estar en un pasillo, pero también la obvia ventaja de tener a Marcus agarrándola de aquella manera, mirándola como la miraba, entregados el uno al otro.

Sonrió de lado cuando dijo que se iba a arriesgar con una pregunta. ah sí. Recordaba perfectamente la pregunta correcta del día del duelo. No creía que la acertara, pero podían jugar con ello. — Adelante. — Dijo sugerente. Su mano en su mejilla y esa cercanía volvió a darle un escalofrío, pero mantuvo su postura. Cómo odiaba su nombre, pero cómo le gustaba cuando Marcus lo decía. Era una contradicción como aquel castillo de grande, pero de verdad, que no podía evitarlo. — ¿Sí, Marcus? — Susurró, siguiendo el jueguecito. Ya se imaginaba por dónde iba a ir la pregunta, y aunque no era la correcta, le gustaba aquella pregunta. Rio brevemente y rodeó con un brazo la cintura de Marcus como había hecho antes. — No. — Respondió, manteniendo aquella distancia casi roce de sus labios. — No quiero solo que me beses. — Dejó caer la espalda sobre la pared y tiró de él sobre ella. — Quiero que me beses, y que me toques — mientras la mano que tenía en sus costado se movía para acariciar la piel que había quedado expuesta al levantar los brazos, subió la otra mano acariciando su cuello y terminando en su nuca, metiendo los dedos entre sus rizos —, y que me desees, como te deseo yo a ti.
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Dom Ago 01, 2021 9:15 am

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Que Rowena no le escuchase, pero si esa era la pregunta correcta o no, realmente ya le importaba más bien poco. Lo que le interesaba de verdad era la respuesta, y la sabía, la tenía clarísima, solo necesitaba una confirmación. Quería oír la confirmación antes de lanzarse. La respuesta que obtuvo, sin embargo, fue un "no". Otra cosa que tenía truco. Ya conocía a Alice lo suficiente como para saber de sobra que la respuesta era un claro "sí", que ese "no" solo era otra travesura retorcida de las suyas, un jueguecito más para quedar por encima, para tentarle, para hacerle preguntar otra vez o romper con su ruta perfectamente trazada. No se equivocó.

De todas formas, si quería jugar, jugarían. Por esto arqueó una ceja cuando oyó ese "no", en lo que la chica añadió lo que vino después. Se dejó guiar cuando tiró de él, sin perder la vista de sus labios, notando como el corazón se le aceleraba y sentía escalofríos por toda su piel a cada contacto de sus dedos. Se mordió el labio inferior y ahogó una risa. - Lo dicho... Solo tenías que decírmelo. - Agarró sus mejillas con ambas manos y la besó, dejando de caer su cuerpo sobre el de ella en la poca distancia que le quedaba por recorrer, topándose con la pared y refugiándose tras la columna, sin pensar en nada que no fuera buscar sus labios casi con desesperación. El beso del lago fue una cosa, su momento en la playa de La Provenza fue algo muy especial... Lo que ocurrió en el pasillo... Ahí ya empezaron a teñirse las cosas de un color más intenso. Y meses después, pasó lo del duelo. Se quedaron a punto de volver a ese pasillo, y no habían llegado a besarse siquiera, a pesar de que tenía todas las sensaciones agolpadas en su cuerpo y luchando por salir como un torrente. Quería pensar que se le había pasado... No era verdad.

El beso fue todo lo apasionado y necesitado que pudo entregar, por no hablar de que quería demostrar que era capaz de dejarla enganchada a él por un beso suyo, como ella le tenía a él enganchado con sus tretas: que si la preguntita, que si te leo un poema, que si te reto... Él también podía jugar a ese juego. Y reconocer lo que le había pedido que reconociera para dejar claro de qué humor estaba. - ¿Y cómo me deseas tú a mí? - Susurró casi sin aliento, sin soltar sus mejillas, besando sus labios de nuevo sin darle opción a responder. Cuando se separó de estos, añadió. - Porque yo también sé ser siempre más... - Empezó a descender los besos por su cuello. - Seguro que yo... Te deseo más... Mucho más... - No era muy difícil, porque se moría de deseo ese día. Si es que había ido con un rumbo muy claro en la biblioteca, y oh, qué satisfactorio era haber conseguido lo que quería. Nada más peligroso con Marcus O'Donnell que darle lo que quería justo en el momento en que más lo quería del mundo. No iba a haber quien le bajara de la nube.

Volvió a apoyar una mano en su cadera, y estuvo muy tentado de bajar la otra hasta esa falda que ella misma había subido en la biblioteca, claramente para provocarle en un gesto análogo al que él había hecho minutos antes con su camisa. No lo hizo, por una razón muy sencilla: porque estaban jugando. Estaban demostrando que se deseaban, que necesitaban esos besos. Pero también estaban jugando a ver quién daba más, quién podía más, quien deseaba más. - Guíame tú. - Susurró tentativo, subiendo los besos de la piel de su cuello hasta su oído. - Dime si soy tan listo... Y aprendo tan rápido... Si he mejorado con respecto a la última vez que... - Dejó la frase en el aire con la excusa de seguir besando su piel, de aferrar aún más la mano que se apoyaba en su cadera a la tela de su ropa, a falta de tocar su piel. - Y si no... Aquí estoy, para que me enseñes. -
Merci Prouvaire!


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Dom Ago 01, 2021 10:24 am

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Se empezaban a conocer demasiado bien también en esas lides, y Marcus la tenía más que fichada en este sentido. Vaya tonta estaba hecha, que creía que le podía vacilar. Tenía que habérselo pedido desde el segundo uno, porque en el momento en el que agarró sus mejillas y la besó, fue como si volviera a ver las estrellas de La Provenza otra vez. Buscó sus labios y su lengua con ansia. Y mientras notaba sus labios rozarse todo su cuerpo se activó y se pegó al suyo, porque necesitaba sentir en cada fibra de su ser.

¿Que cómo lo deseaba? Oh, si respondiera a aquello... Igual hasta le espantaba, porque ahora mismo Gal estaba dispuesta a todo, le deseaba con cada fibra de su ser. Pero Marcus no la dejó responder, se limitó a besarla y ella a responderle, porque cuando Marcus la besaba el mundo desaparecía, la cordura desaparecía también, y nada le importaba que no fueran sus labios. Tanto que tuvo que contener un gemido que salió como un jadeo, y ya no era solo por el placer que le estaba provocando besando sus cuello, si no por aquellas palabras. Oh, por todos los cielos, sentirse tan deseada por ese chico era mejor que cualquiera de sus sueños, muy vívidos por cierto, pero nunca tan buenos como el real. — No te haces una idea de todo lo que te daría... De todo lo que quiero... — Subió la mano a su pelo y la volvió a enterrar allí. — Marcus... Me estás poniendo al límite. — Advirtió susurrada pero casi suplicantemente.

Notó cómo ponía la mano en su cadera, y empezaba a anticipar movimientos muy interesantes, cuando vio que se paraba. Que le guiara, menudo chiste, pues no se estaba guiando nada mal él solito. Rio un poco cuando dejó lo de la última vez en el aire. Pero ella era experta en seguirle el juego a Marcus (allí mismo habían acabado, precisamente, por seguirle el rollo a Marcus). Rozó su nariz con la suya con una sonrisita sugerente. — Eres muy listo. Demasiado. — Dejó un poquito en sus labios y bajó una de sus manos a la que él reposaba en la cadera. — Te lo voy a pasar porque la última vez no podías verme, solo tocarme... Y un buen Ravenclaw necesita todos sus sentidos. — Dijo recuperando la frase que había dicho él antes. Muy lentamente bajó la mano de Marcus hasta terminar el límite de la falda, tocando su piel. — La última vez llegaste hasta ahí tú solito. — Susurró juguetona. — Pero hemos quedado en que quieres aprender, ¿no? Yo te enseño el camino. Pero atiende bien. — Dijo bajando la mirada, invitándole a que hiciera lo mismo. Con el meñique y el anular, levantó lo justo la tela para pasar sus dos manos por debajo, su mano sobre la de Marcus y la de él sobre su piel, provocándole echar la cabeza hacia atrás y buscar aire, solo por sentirle así.

Recuperó la compostura para soltar esa mano de Marcus y coger la otra. — Y si mal no recuerdo, con la otra mano... — La deslizó sobre su propio cuello, haciendo que la acariciara, gozándolo, porque llevaba toda la tarde deseándolo, pero la llevó más abajo. No tenía la blusa tan desabrochada como para sentirle en la piel de su pecho, pero bueno, por encima también le valía. — Llegaste hasta ahí. — Y aprovechando el momento, se lanzó ella a besar su cuello y descendió las manos por su camisa. — Suerte que yo soy más lanzada, y no necesito que me guíen, me lanzo a ciegas. — Metió las manos por la camisa de Marcus donde se la había levantado, jugueteando con los dedos en su piel y en la cinturilla del pantalón. — ¿Sigues creyendo que me deseas más? — Y ese lanzó, sin mover sus manos, a besar sus labios de nuevo, perdiéndose en esa danza no ensayada pero absolutamente natural.
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Dom Ago 01, 2021 12:01 pm

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Se podía hacer una idea solo con que Alice estuviera la mitad de excitada de como estaba él. Si no fuera porque no quería separarse ni un milímetro de ella, porque no quería arriesgarse a que aquello se rompiera, a que les interrumpieran en un ir y venir de gente otra vez, se iría de cabeza a ese pasillo. Pero eso estaba bien, eso estaba muy bien, y ahí podían disfrutar bastante el uno del otro sin necesidad de perder la cabeza, de perder el control y verse como se vio a principios de curso, sin saber si era buena idea seguir o no, cubierto de dudas; tampoco se arriesgaban a que les cortaran el rollo, como pasó hacía menos de dos semanas. Ahí estaban bien. Estaban muy bien, y pensaba llevarse todos los buenos momentos que pudiera de ahí hasta que se tuvieran que marchar.

Esa advertencia le arrancó un gemido mientras seguía besando su piel. ¿La estaba poniendo al límite? Genial, era lo que quería. Quería que ambos disfrutaran todo lo que pudieran y un poquito más dadas las circunstancias, porque igual que Marcus no se conformaba con un ocho o un nueve, sino que buscaba el diez, ese día había decidido no conformarse con tener un buen día: quería un día perfecto. Estaba muy cerca de la perfección ya, y la guinda de la tarta era estar como estaba con Alice. Tenía su diez. Estaba más que satisfecho.

Ladeó una sonrisa chulesca y arqueó una ceja. Sí, era muy listo, y le encantaba oírlo. Se mordió el labio. - Totalmente de acuerdo. - Qué bien se había quedado con su frase y que oportunamente había decidido usarla. Le encantaba ese juego, podría pasarse jugando a eso todos los días, a cada minuto. Dirigió la mirada hacia lo que hacía con sus manos. - Ahá. - Susurró casi sin sonido, porque estaban en esa dinámica de poderes en la que no podía simplemente callarse y ya está, pero notaba el corazón tan desbocado que le retumbaba en el pecho. Podía rozar la piel de Alice con las yemas de sus dedos, y no, ni por un asomo había olvidado esa sensación, aunque por muy vívidamente que la recordara, no era nada comparado a vivirlo otra vez. - Yo siempre atiendo bien. - Fanfarroneó en un susurro, aunque la sonrisita ya le tambaleaba. No podía quitar los ojos de la piel que ahora tocaban sus dedos... A ver si el deseo le iba a hacer perder el control. Él se había programado estupendamente: no pasa nada si no vamos al pasillo, no pasa nada si esto son tres besos y no va a más. Es suficiente así. Ahora empezaba a plantearse si realmente era tan descabellado ir a un lugar más privado.

Su mano fue avanzando por su pierna conforme Alice la guiaba, acelerando su respiración. Estaba procesando las sensaciones cuando la chica agarró su otra mano y la redirigió, y con esta su mirada. Se deleitó en observar esa caricia que él mismo le estaba dando a ella bajo su guía. Qué gran idea había tenido al pedirle que le guiara, que agradable era aquello. No solo era sentir su piel, no solo era tocarla, no solo era llegar hasta su pierna o a su pecho... Era saber que estaba haciendo justo lo que ella quería que hiciera. Aún estaba mirando su propia mano cuando sintió los besos por su cuello, que le obligaron a soltar el aire entre los labios y a cerrar los ojos. Sonrió de lado, dejando escapar una muda carcajada, aunque conteniendo el aliento al notar como se enganchaba a su pantalón. - Eso es de negligentes... Será tu vena Gryffindor... - Bromeó, controlando las sensaciones placenteras en post de aumentar la carga de energía entre ellos. - O serás... Que eres de ese tipo de Ravenclaw... - Pero luego vino esa pregunta que le hizo abrir los ojos para mirarla con fiereza, aunque fuera una milésima de segundo hasta que la chica se lanzó a devorar sus labios otra vez. Correspondió el beso, acariciando aquellos lugares donde ella misma había posado sus manos, pero se separó para responder. - ¿Después de decirme que te lanzarías a ciegas a por mí? - Dijo sobre sus labios, con un hilo de voz. Se mordió el labio con una sonrisa y añadió. - Mucho más. - Y aún más se acercó a ella, con más deseo, recorriendo más su piel con sus manos, dejando la falda atrás y lamentando no poder hacer lo mismo con la blusa. Pero tenía sus labios, su lengua y la cercanía de su cuerpo. Eso ya era mucho más de lo que pensaba llevarse consigo ese día cuando se levantó esa mañana.

Seguía tan perdido en sus labios, como si necesitara besarlos para respirar, que el castillo podría haberse caído y él no se habría enterado. De lo que sí que se enteró fue de ese sospechoso ruido que amenazaba con romper su momento de intimidad. Los murmullos le hicieron separarse de los labios de Alice y girar ligeramente la cabeza para agudizar el oído. – Sí, sí, es por aquí. - ¿Seguro? Pero si esto está muerto. – Abrió mucho los ojos y colocó un índice en los labios de ella, sin decir nada, pero en un gesto para que no hiciera ningún ruido. Alumnos de segundo, seguro que venían del Club de Misterios. Oyó las pisadas aproximarse mientras los dos chicos debatían si iban o no en la dirección correcta, por lo que rápidamente se apretó un poco más contra el cuerpo de la chica para refugiarse en la columna. Usando su propia túnica, que ella había dejado junto a los libros porque ya no la llevaba puesta, les tapó a ambos y se agachó, pidiéndole a la chica con gestos que hiciera lo mismo. Parecían dos armadillos bajo una tela. Discretamente, la retiró un poco con el dedo a la altura de sus ojos y vio como los chicos pasaban de largo, pero se detenían a mirar un mapa. Frunció los labios, tratando de no reírse, porque vaya despiste tenían esos dos. Miró de reojo a Alice. Ah, mala idea para no reírse, fue tal su impulso de hacerlo que lo que hizo fue pedirle silencio a ella otra vez, como si fuera un recordatorio para sí mismo. Tras unos tensos segundos, los alumnos se dieron media vuelta, decidieron que lo que estaban buscando no era de por allí y se marcharon por donde habían venido.

Esperó agazapado bajo la túnica, hecho un ovillo junto a Alice, hasta que el ruido de los pasos y los reproches de uno a otro se desvaneció. Miró a la chica y ya no pudo evitar que se le escapara la risa, aunque se llevó una mano a la boca para disimular. Ahí se quedaron como dos idiotas, riéndose solos bajo la túnica, él tapándose la boca para que no se le escuchara desde fuera, y hasta con las lágrimas saltadas. No sabía ni qué le hacía tanta gracia, debía ser su buenísimo humor de aquel día, que todo le venía bien. Entre las risas, trató de respirar hondo y abrir los ojos, mirando a Alice. Desde primer curso, desde que se conocieron en las barcas, desde esas primeras clases y momentos de estudio que pasaban juntos, supo que podía compartirlo todo con ella. Que siempre le entendería, que le seguía el rollo con cualquier cosa. Nunca pensó hasta donde podían llevar eso de compartirlo todo, de entenderse, de seguirse el rollo... Pero, ah, qué bien sentaba.
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Dom Ago 01, 2021 3:04 pm

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CON Marcus EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Una de esas cosas que Marcus era y ella no, que era ser extremadamente obediente. Y como muchacho obediente que era, había dejado las manos exactamente donde ella se las había dejado, pero la estaba acariciando muy placenteramente. Tanto que su temperatura estaba subiendo, su necesidad de Marcus creciendo más y más y con ella, la intensidad de aquellos besos en los que estaban enredados. Tanto ese habían embrollado, que ahora a ver quien era el listo que paraba. Que en la teoría, el pasillo estaba muy bien para no venirse arriba y no se qué, pero en la práctica, aquello se les estaba quedando corto, muy corto.

Soy el mejor tipo de Ravenclaw. — Dijo ella con una risita y sin dejar de deslizar los dedos sobre su piel, besando brevemente su barbilla. — Y no soy negligente, Marcus, soy curiosa... — Se acercó a su oído y dijo. — Y te estoy descubriendo, como tú a mí. — Y no sabía él cuánto más le gustaría descubrirle, aunque era plenamente consciente de que allí no iba a poder hacerlo. Pero de momento podía disfrutar, y si la cosas se ponían más intensas... Confiaría en su ingenio. Solía funcionar. Claro, que cuando le decía aquellas cosas su ingenio no podía trabajar con propiedad. "Mucho más". Mucho más estaba dispuesta a descubrir con él. Le besó desenfrenadamente y tiró de su cuerpo sobre el suyo, rozándose con él y jadeando un segundo cuando sintió su mano adentrándose por la falda, mientras ella seguía jugueteando con sus dedos por la zona de arriba del pantalón. Quería más, y Marcus también, lo sabía, se lo acababa de decir... Pero en el pasillo paró varias veces... No quería espantarle, no quería perder aquella oportunidad.

Y de hecho, estaba a punto de perderla. Dos chavales que podían haber sido ellos dos hace tres años perfectamente, completamente ignorantes de lo que estaba ocurriendo, e ignorantes de todo un poco porque tampoco venía muy enterados de a dónde ir, llegaron pegando voces. Marcus, con un sentido travieso que no se esperaba de él, improvisó un escondite y ella simplemente le siguió el rollo. La verdad es que si los otros hubieran tenido un mínimo de luces o de curiosidad, les habrían pillado flagrantemente. Pero de la misma se fueron, y ella se encontró en el suelo, al lado de Marcus, tapados, y casi al mismo tiempo que él, se echó a reír a carcajadas. Qué maravilla. Cómo surgían aquellas cosas entre ellos. — Ravenclaw no son. — Dijo entre las carcajadas. — Por favor, es que ni se lo han pensado, esa gente no merece estar en el Club. — Y venga a reírse, le dio un empujoncito en el hombro a Marcus. — Anda, que tú también... Tendrías que haberle pedido a tu amigo y compañero Hasan el turquito del camuflaje con mobiliario. — Y volvió a las risas.

Y así, riéndose, se paró a mirarle. Estaba aún colorado y le brillaban los ojos del momentazo que acababan de tener, pero se estaba riendo aún y... "La sonrisa de Marcus O'Donnell". Amaba esa risa, más que nada en el mundo. Tenía un efecto más hipnótico en ella incluso que sus caricias, por intensas que estas fueran. Porque estaba profunda e irremediablemente enamorada de él. Y sí, le deseaba, con todo su cuerpo, pero su corazón estaba completamente cautivado. — Marcus. — Dijo desde el corazón. Se puso de rodillas y ese acercó a su rostro, acariciando su mejilla. — Sé que van a volver. Si no ellos, alguien más que nos interrumpirá. — Tragó saliva y le miró a los ojos. — Pero abrázame. Y bésame aunque sea un momento como si no hubiera nada más que yo. — Se acercó y besó sus labios con suavidad brevemente. — Yo solo puedo verte a ti. — Y le rodeó con los brazos, allí mismo en el suelo, y el besó con ternura. No se veía capaz de decírselo. Pero podría demostrárselo. Que no era solo pasión. Que ella le amaba, que para ella solo existía él en el mundo.
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Dom Ago 01, 2021 3:33 pm

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CON Alice EN Biblioteca A LAS 15:00 del 20 de mayo del 2000
Entre las risas, abrió mucho los ojos cuando dijo lo del Club de Misterios. - ¿Verdad? Lo digo desde el primer día, que es insultantemente fácil entrar. Debería haber un casting o algo. - Hizo una mueca y ladeó cómicamente la cabeza, bajando la voz como si le contara una confidencia. - En fin... Esta Peter Bradley... - Y vuelta a reír. Y ahí residía toda la magia entre ellos: podían estar haciendo lo que estaban haciendo hacía apenas dos minutos, y de seguido reírse juntos con bromas que solo entre ellos entendían. Sentir que pensaban igual, que se sincronizaban para todo, para los estudios, para sus pensamientos, para las risas... ¿Por qué no sincronizar sus cuerpos también? Si es que no había fisura posible en ese plan. O, al menos, hoy no la veía.

Hizo como que perdía cómicamente el equilibrio cuando le dio el empujoncito en el hombro, sin dejar de reír. Aunque lo que le dijo le hizo fruncir el ceño extrañado. - ¿Qué truquito? - Preguntó entre risas. ¿Hasan se sabía algún hechizo de camuflaje? Vaya, pues eso era interesante, no sabía que se pudiera. - Le pienso preguntar. Si realmente se puede, eso es un arma impagable para un prefecto. - Comentó, solo de imaginarse la de travesuras que pillaría si se pudiera camuflar con el mobiliario. En el hipotético caso de que tuviera paciencia suficiente como para quedarse quieto en un sitio por un número indeterminado de minutos hasta que a alguien le diera por aparecer, claro. Y por supuesto, le habría venido más que bien en la situación en la que estaban. Sí, definitivamente le iba a preguntar.

Vaya estampa la que tenían. Los dos bajo su túnica, hechos un ovillo el uno frente al otro, ocultos de dos niños que no sabían ni donde tenían la cara, y justo después de... Buah, menudo calentón. Es que no podía evitar que le diera por reír, porque no sabía si la situación era más ilógica, ridícula, o absurdamente perfecta a su manera. Solo sabía que se sentía bien, que estaba feliz, que estaba de buen humor, y que la risa de Alice era preciosa y tremendamente contagiosa. Entonces ella le llamó, mientras él seguía entre risas, pero la forma en la que se colocó frente a él y el tono que usó para hablarle le hicieron mirarla intrigado, diluyendo poco a poco su risa. Frunció los labios, haciendo amago de suspirar con resignación. Pues sí, les iban a interrumpir, casi seguro. Qué rabia, él quería seguir... Pero bueno, ya contaba con eso cuando se puso en el primer pasillo que pilló, que no dejaba de ser un pasillo del tercer piso por poco transitado que estuviera. Lo que le dejó descuadrado e hizo que un latido golpeara con fuerza su pecho fue lo que dijo después. Cerró los ojos durante el breve instante en que duró ese beso, sin llegar a responder, abriéndolos lentamente para mirarla de nuevo y escucharla hablar. Solo pudo parpadear varias veces, hasta que ella le rodeó con los brazos y le besó otra vez.

Correspondió el abrazo y el beso, un beso desde el corazón, desde todo el cariño que le tenía. Sentía un cariño infinito por Alice, la adoraba, estaba en su pensamiento continuamente... Era su mejor amiga. Una amiga a la que besaba, a la que deseaba, en la que no podía dejar de pensar. Una amiga que le hacía sonreír cuando sonreía y sentir un profundo pesar cuando estaba triste. Amigos. Sí, lo aclaraban continuamente, que eso es lo que eran, los mejores amigos del mundo. Los que mejor se entendían, y los más listos. Lo suficientemente listos como para tener algo que los demás no entenderían, pero ellos sí, y no necesitaban que nadie más que ellos lo entendieran. Se separó de sus labios y apoyó una mano en su mejilla, mirándola a los ojos. - No lo hay... Por eso he venido a buscarte, ¿no? - Susurró con una sonrisa. - Somos Marcus y Alice, y cuando estamos juntos... Solo estamos nosotros. Solo existimos nosotros. - Rozó su nariz con la de ella. - Hoy es mi día, solo puedes verme a mí. Voy brillando por ahí. - Bromeó, con una leve risa. Se mordió el labio y apoyó su frente en la de ella. - Que nos interrumpan cuanto quieran... No acabará si no queremos que acabe. - Aseguró en un susurro, besando sus labios con menos desenfreno que antes, pero con más ternura, abrazándola contra él. Porque acabarían, sí, en algún momento se levantarían de allí y volverían a la normalidad, como si nada hubiera pasado de puertas para afuera. Pero, en su mente, eso no había acabado. En su mente, seguirían allí, o en la playa de La Provenza, o en el pasillo del cuarto piso. Allí sí que podía quedarse horas y horas, le daba igual que estuvieran bajo una túnica en mitad de un pasillo. Eran Marcus y Alice. Ellos eran quienes eran, estuvieran donde estuvieran. Y aunque nadie les entendiese.
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