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Dom Ago 22, 2021 10:47 pm por Little Cash



Ein Pakt der Gerechtigkeit
ORIGINAL ÉPOCAS PASADAS . IIWW . ONE ON ONE
La época del Tercer Reich fue uno de los episodios más oscuros de la humanidad a la vez que supuso un avance tecnológico en diversos aspectos de la vida desde el armamentístico hasta la medicina, las telecomunicaciones o la aeronáutica. Una nación entera se volcó en los esfuerzos se contentar al Führer y demostrar al mundo que Alemania era algo más que el país derrotado en la Primera Guerra Mundial.

Pronto, el afán de Adolf Hitler los empujó a conquistar el mundo hasta que los Aliados decidieron oponerse y tratar de frenar su ambicioso avance. En medio de tamaña contienda militar existía una realidad más cruenta: la de la discriminación y exterminio de judíos, discapacitados mentales, personas de otras razas y enemigos políticos. Hitler no dudó en deshacerse de todo aquel que no correspondiese a su bucólica imagen de alemán perfecto, ni tan siquiera a la hora de apostar por experimentos y expediciones médicas y místicas. Todo un país se había rendido a las promesas del hombre que les devolvió el esplendor robado.

El terror que se escondía en los campos de concentración no era ningún secreto, menos aún para Gretchen Schäfer, esposa de un algo cargo del Ejército Alemán encargado de asegurar el correcto comportamiento de los "internos". Residente en las cercanías del campo se conformaba con ver a su esposa de vez en cuando ya que el mismísimo Goebbels la había contratado como actriz del Régimen para actuar en sus películas propagandísticas. Una tapadera perfecta para la mujer que decidió convertirse en espía de los aliados en pos de finalizar con la barbarie nazi.

En el otro lado, Gustav von Bergen era un oficial de Kriegsmarine, de orígenes aristocráticos que vio la llegada del tercer Reich como una oportunidad para que Alemania recuperase su lugar en el mundo después de la Gran Guerra. Pronto las atrocidades de los nazis lo hicieron arrepentirse de ello, acercándose a elementos discordantes con el régimen en el seno de las fuerzas armadas, así que ha sido trasladado a la Abwehr, la oficina de inteligencia de la marina alemana que tiene como misión secreta subvertir los esfuerzos bélicos de Alemania para intentar acabar la guerra lo antes posible. Un oficio que lo llevó a cruzarse con Frau Schäfer y, tal vez, a confiar en ella.

Gustav von Bergen
Michael Fassbender . Oficial de Kriegsmarine. Alistair
Gretchen Schäfer
Diane Krugger . Actriz. LittleCash




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Última edición por Little Cash el Sáb Mayo 21, 2022 7:09 am, editado 1 vez


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Miér Sep 01, 2021 3:53 pm por Alistair



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

La fiesta había comenzado como tantas otras en la lujosa casa del Reichsminister de propaganda, el doctor Goebbels. Célebres eran sus películas en Alemania desde que Hitler había llegado al poder, porque como todos los lacayos de un dictador se había mantenido leal casi desde el origen del partido y gracias a ello había podido ir escalando puestos como el don nadie que era.

Así que sí, era una fiesta como tantas otras en que la mitad de los invitados asistía con la intención de congraciarse con los jerarcas del partido y la otra mitad iba por compromiso, para no quedar expuestos en la mira de uno de los ministros más poderosos del gobierno. A eso había que sumar los periodistas, fotógrafos y claro, las actrices que trabajaban en el ministerio, que en ese momento era el único autorizado para grabar películas en Alemania, por lo que era el ministro quien designaba a dedo quien triunfaba y a quien se le hundía la carrera de un día para el otro.

El coronel von Bergen había asistido con su característico traje de gala de la marina, aprovechando que a los oficiales de la oficina central los invitaban había decidido asistir, solo que sus intenciones eran unas muy diferentes a las de la mayoría. Como cada vez, había entrado saludando a los demás, la gran congregación de militares y políticos de alto rango que se sonreían a la cara y después se apuñalaban por la espalda en cuanto tenían la más mínima oportunidad.

Con una copa de coñac en la mano se acercó hasta un rostro conocido, no porque le agradase, sino por precisamente lo contrario. El comandante Schäfer, un hijo de puta de cuidado que lucía orgulloso la calavera sobre su cuello, uno de los esbirros de Himmler y uno de los hombres cuyas atrocidades en Polonia habían convencido al Coronel de que el régimen al que servía estaba podrido desde dentro.

Herr Schäfer —saludó al nazi con un saludo militar, no alzando la mano al cielo como hacían los fanáticos de las SS y algunos militares que se habían dejado seducir por sus ideas. La verdad era que se trataba de un tipo que le provocaba un tremendo rechazo.

Frau Gretchen, ¿Cómo está la luz más radiante del Reich? —saludó después a su mujer, una de las actrices más importantes del país y que había llegado hasta allí por su talento, no por encamarse con el enano del ministro que era aspirante a cineasta— Espero ansioso el estreno de su siguiente película —afirmó, centrándose exclusivamente en ella, pasando del hombre que la acompañaba y que parecía más interesado en ir a rodearse de sus colegas carniceros.





Última edición por Alistair el Vie Sep 10, 2021 4:44 pm, editado 1 vez
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Sáb Sep 04, 2021 12:00 pm por Little Cash



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942
La música de época sonaba atmosférica, electrizante, sublime. La banda de músicos personal de Goebbels y sus fiestas era de las mejores y más cotizadas de la ciudad porque si la elegía el Ministro de Propaganda, debían ser buenos.

El estreno de su última película había sido todo un éxito en taquilla. La prensa halagaba su fabulosa interpretación y la situaban como una de las grandes obras fílmicas del Doctor. Cualquier buen nazi que se terciase debía acudir a verla para comentarla con sus amigos y vecinos para estar a la moda y seguir ignorantes de las atrocidades que su esposo, y otros tanto como él, ejecutaban a unos pocos kilómetros de sus hogares.

Gretchen no se movía, ella danzaba con maestría sobre los pulidos azulejos y mullidas alfombras del hogar de su superior, director y supuesto amigo; nada más lejos de la realidad porque detestaba profundamente a ese hombre por mucho que fuese un genio del audiovisual. No obstante, su desprecio no era tan siquiera comparable al que le despertaba su esposo cada vez que se veían. Afortunadamente, sus laboriosas carreras los mantenían lo suficientemente alejados para verse unas pocas veces al mes y, como era de esperar, él solo la quería para exhibirla, en la intimidad prefería otro tipo de compañías.

Los saludos iban y venían, formaban parte de toda la parafernalia que rodeaba a las películas. Su marido se codeaba con altos mandos y ella conocía a sus esposas repudiadas a ser meros floreros. Sin conversaciones interesantes, procuraba despacharlas rápidamente aunque siempre rascaba datos interesantes que compartir con los aliados cuando nadie se fijaba en ella. Supuestamente su compromiso era inquebrantable.

El coronel von Bergen apareció de la nada, como un haz de luz novedoso que llamó su atención al hacerle más caso a ella que a su marido, que era la estrella del Führer. Gretchen le sonrió con cordialidad agradeciendo con un gesto de sus ojos sus palabras.

—Disfrutando del cielo mientras siga quedando un espacio para las actrices menos jóvenes—admitió notando como su marido parecía desligarse de la conversación, odiaba hablar de cine —En la confidencia puedo adelantarle que prácticamente ya hemos finalizado el rodaje de la siguiente—susurró consciente de que su esposo ya se había retirado definitivamente tras un escueto "hail hitler" —Pero háblame de usted, coronel von Bergen. No sé dónde se encuentra destinado—se interesó —Como ha podido observar mi compañía es la de otras estrellas o las de los oficiales relacionados con los campos—no solían abandonar ese círculo excepto cuando era de obligado cumplimiento.





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Vie Sep 10, 2021 5:13 pm por Alistair



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Aquella que oían era música preciosa, interpretada por los mejores músicos del Reich y todo ese espectáculo, toda la pompa que rodeaba al ministro de propaganda, no era nada más que la orquesta del Titanic, que mientras el barco se hundía cada vez a mayor velocidad, más fuerte tocaban para intentar acallar el ruido de los gritos y del pánico. Los camareros servían tragos para todos los hombres y el ambiente era de felicitaciones entre todos los presentes, el buen trabajo que hacía el ministro convenciendo al todos de que la guerra marchaba excelente, era un trabajo bien hecho.

En la mente del prusiano las preocupaciones eran otras, en especial desde que el Fúhrer había decidido invadir Rusia con todo lo que ello estaba significando para el país y el peligro cada vez más evidente de quedar atrapados en una guerra de dos frentes contra los soviéticos y los aliados a la vez. Esa noche nada de eso importaba, tenía otras cosas por las que preocuparse.

Su rostro pareció iluminarse ante la aparición de la actriz, una de las pocas personas que habían asistido a esa reunión a la que toleraba sin tener que fingir nada. Le sonrió amablemente mientras ambos charlaban, esperando a que el esposo de esta se marchase para poder distender un poco el ambiente, de mal humor que se ponía Gustav siempre que tenía que tratar con los hombres de las SS y de la Gestapo.

No tenga dudas de que mientras actúe, yo compraré mi entrada para ir a verla, así como hará todo el país —afirmó, Grethen Schäfer había llegado a consagrarse como actriz y como el rostro más bonito del cine alemán antes de que los nazis tomaran el poder y sí, cada vez aparecían nuevas actrices que podían intentar hacerle sombra— No debería preocuparse por las muchachas que aparecen un día y desaparecen al siguiente, son moda pasajera —le dijo, porque estas normalmente dependían de ser amantes del ministro Goebbels y podían caer de su gracia con la misma facilidad con que ascendían.

En la Abwehr, con el almirante Canaris, tengo que admitir que extraño el mar en ocasiones, pero mis opciones eran la oficina de inteligencia o confinarme en un submarino —le explicó, pues con la necesidad cada vez mayor de combustible para el frente oriental, pocos eran los barcos de la Kriegsmarine que zarpaban a alta mar, salvo por los U-Boot que azolaban el comercio inglés desde las profundidades— Así que heme aquí, asistiendo a bailes con los altos dignatarios y atractivas estrellas de cine. No tengo derecho a quejarme —se excusó con sencillez, además de que desde la inteligencia podía hacer todo lo posible para combatir a los nazis y su barbarie.

Pero como le decía, no tengo demasiado qué contar —le guiñó un ojo mientras alzaba su copa para beber de ella, siempre le había resultado divertida la coquetería de la actriz, lástima que se hubiese casado con ese monstruo que la había acompañado esa noche— ¿Un cigarrillo? —le ofreció, sacando su cigarrera personal y el encendedor para ponerse uno para si mismo.





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Lun Sep 13, 2021 6:29 pm por Little Cash



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942


La ausencia de su marido no pareció importunar al Coronel. Seguramente, ya estaba acostumbrado a que sus compañeros se reunieran con los que convivían a menudo. No obstante, había sido un tanto maleducado aunque se mordería la lengua para no decírselo cuando se subieran al automóvil que los llevaría a su hogar en la ciudad, el sitio donde residía Gretchen prácticamente a solas. Era un matrimonio inusual pero totalmente aceptable ya que el primer compromiso era para-con el país y Frau Shäfer debía cumplir con el Ministro y la propaganda independientemente d de su matrimonio.

El halago fue recibido con una sonrisa espléndida de cariz sincero en los labios de la actriz. Gretchen sabía que no le estaba regando los oídos con falsos comentarios porque se le daba bien descubrir cuándo alguien estaba interpretando un papel ya que, a fin de cuentas, era una profesional del arte dramático. Y no, no le cabía ni la menor duda de que Gustav valoraba su talento y eso, estando rodeada de hombres que seguían ciegamente las órdenes de su líder sin tener una opinión propia, era un soplo de aire fresco.

—¿Quiere un autógrafo?—era un ofrecimiento divertido, una broma realmente pero estaba dispuesta a dárselo —Mi marido no se molestará, diría que está acostumbrado—continuó antes de seguir alimentándose de sus comentarios porque, como actriz, era un pelín narcisista —Creo que cuando sienta que el cénit de mi carrera se aproxima, le llamaré para que me anime—agregó sin perder ni un ápice su carácter alegre.

Desconocía que hubiese sido trasladado a la organización de inteligencia militar y descubrirlo encendió todas sus alarmas. Gretchen mantuvo la compostura sin mostrar nerviosismo pero su corazón había dado un vuelco y, por primera vez en toda la conversación, se planteó que no fuese una charla amistosa sino una especie de comprobación. ¿La habían descubierto?

—Una labor crucial para el futuro del Reich. Imagino que debe ser más entretenido que un submarino, ¿no?—era una forma sutil de averiguar algún detalle —No sé si estás fiestas son más entretenidas que Kriegsmarine pero procuraré no aburrirle con mi banal conversación sobre cine aunque sigo creyendo que su oficio es más interesante que el mío—apostilló.

El Coronel se excusó retirándole importancia a su oficio que le parecía tan temible como el que ejercía su marido en los campos, tal vez no tanto. Se concentró en la conversación y en el guiño del ojo que el Coronel le dedicaba a pesar de estar casada y rodeados de otros oficiales y sus esposas. Sin embargo, nadie se percató del gesto.

—Por favor—estiró la mano dejando que se lo ofreciera —Buena calidad, nacional—esperó a que le diese fuego para aspirar el aroma a adicción —¿Así que estoy ante uno de mis fans más antiguos? Cuénteme, ¿Cuál de todas mis películas es su favorita? ¿Nunca ha asistido a un rodaje?—se podía considerar como una particular invitación aunque era más bien una forma de acercarse a él y demostrarle que no ocultaba nada. Que estaba libre de toda sospecha.





Última edición por Little Cash el Lun Oct 25, 2021 7:24 pm, editado 1 vez


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Vie Sep 17, 2021 3:05 pm por Alistair



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Cuando por fin el hombre se fue ambos se encontraron visiblemente más cómodos, el coronel no tenía problema en tratar con los demás miembros del partido, pero en las SS encontraba a las personas que le provocaban mayor repulsión de todos. Por suerte la sonrisa de la actriz era incentivo más que suficiente como para quedarse ahí, verla tan contenta sin la sombra de su marido al lado le agradó en realidad.

Necesitó meditar como durante medio segundo antes de dar su respuesta.

Pues ya podría importarle. Pero así es la vida, ya me gustaría a mí tener un autógrafo de la misma Gretchen Schäfer y poder ver la cara larga de su marido al mismo tiempo —le dijo a manera de broma, por supuesto que quería tener un autógrafo de ella, pero lo mejor sería que no se lo diese delante de todos los demás dignatarios o todavía lo mirarían mal— Puede ser que así descubra otra vocación por si el trabajo de la guerra empieza a ir a la baja — "o nos rendimos de una vez" "o nos despiden a todos", omitió agregar en su respuesta.

Ladeó la cabeza hacia ambos lados, una señal de dualidad para el oficial, que había estudiado para luchar en los grandes acorazados y batallas llenas de cañones, unas que desde la Gran Guerra habían dejado de tener un verdadero sentido.

Podría decirse que mi oficina es cuanto menos más cómoda y que me permite asistir a fiestas o ir a tomar un café en la ciudad —respondió, bien sabía que la vida a bordo de un submarino era más que incómoda, además de los peligros de que cualquier falla mecánica dejase a toda la tripulación sepultada en un ataúd de metal a una profundidad de la que sería imposible escapar— Sin arte dudo que nada de esto tuviese sentido —le dijo, arte de verdad, no las ridículas películas que solo eran propaganda para el régimen.

En ese momento al marino no se le pasaba por la cabeza que la actriz pudiese estarse sintiendo perseguida, era la simple amabilidad de un hombre solitario en una fiesta que había decidido acercarse a una estrella del cine a la que siempre había admirado.

Eso es lo que dicen en los anuncios —respondió con una sonrisa amable, por algo los alemanes tenían siempre el mejor tabaco aunque no es que en Alemania hubiese demasiadas plantaciones, pero de momento el régimen se permitía toda clase de lujos en las importaciones, que no se notara escases era lo más importante— Si tuviese que elegir y digamos que estoy obligado a elegir, me decantaría por la primera que vi, la película de la corista —mencionó la película que ya no se podía emitir porque era previa al régimen y el director de la misma era judío. Sin embargo, seguía siendo la película en que la había visto por primera vez.

Dio una calada a su cigarrillo y dejó el humo escapar con toda tranquilidad.

Dicen que su familia logró llegar a los Estados Unidos, pero de él ni pista —comentó, mentando al hombre que seguramente ya estaría muerto, un genio detrás de la cámara condenado por algo tan ridículo como tener un padre que no pertenecía a la nación aria— Ni siquiera nosotros pudimos dar con él —señaló, la Gestapo guardaba celosamente toda información al respecto de sus prisioneros y lo que hacían con ellos.





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Miér Sep 22, 2021 10:18 pm por Little Cash



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942


La hizo reír pero de verdad no como cuando fingía a raíz de los chistes sin gracia del Ministro o las ocurrencias burdas de los compañeros de su marido. En esa ocasión, fue un sonido natural y nada sobreactuado, de hecho, Gretchen se sorprendió por la risa armoniosa que abandonó su garganta durante unos breves segundos. Su mano ocultó sus labios para no llamar en demasía la atención.

—Disculpadme—procedió como se esperaba que lo hiciera una mujer decente y casada —Pero debo admitir que vuestras palabras me han producido una honesta gracia—en sus labios seguía pendiendo el último rastro del pecado: una sonrisa ladina que iluminaba su tez —Si es discreto prometo dárselo en cuanto tengamos ocasión—prometió dispuesta a ello —¿Cree que se quedará pronto sin trabajo, Coronel?—su opinión no pasó desapercibida para la audacia femenina y, aprovechando la situación de confianza creada, se atrevió a preguntarle al respecto.

Él aparentaba normalidad como si estuviesen viviendo realmente una escena distendida y natural alejada de amenazas o dobles intenciones. Frau Schäfer se cuestionaba demasiados detalles en esos momentos desde el acercamiento supuestamente aleatorio del Coronel hasta los comentarios que había realizado sobre su esposo. ¿Comprobaba su lealtad hacia el Reich? ¿Hacia al hombre con el que se había desposado? ¿Había dicho algo sospechoso?

—Entonces disfrute de sus nuevas comodidades, Coronel von Bergen—elevó la copa a modo de ligero brindis y después saboreó las burbujas de la misma —Le percibo alicaído en lo referente a la guerra aunque coincido con usted en que el arte inunda de color y brillo nuestras vidas—compartió su opinión en el comentario más sincero de todos —¿Y no es lo que dicen en los anuncios lo que todos debemos creer?—en esa ocasión fue ella la que le guiñó un ojo con diversión y complicidad.

Que eligiese de todas sus películas la primera, que encima había sido dirigida por un judío, la consternó visiblemente. Gretchen guardaba un grato recuerdo del judío, un buen amigo al que la Alemania Nazi le había arrebatado sin posibilidad de despedida. El primer cineasta que había creído en ella otorgándole la oportunidad de mostrar su talento al mundo.

—Era un gran profesional...espero que pudiese descansar—reconoció y, acto seguido, inhaló el humo del tabaco para disipar las brumas del pasado y la melancolía de su mente —Así que ha seguido mi carrera desde los inicios, estoy realmente sorprendida—confesó —Si le interesa, podría conseguirle una invitación para uno de los días de rodaje. Seguro que se le ocurre alguna excusa y, quién sabe, hasta podría hacer un cameo—propuso recuperando la invitación velada de hacía unos minutos.





Última edición por Little Cash el Lun Oct 25, 2021 7:24 pm, editado 1 vez


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Lun Oct 18, 2021 9:03 am por Alistair



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Todo el ambiente festivo que los rodeaba no se condecía con los pensamientos del militar, en realidad lo que veía a su alrededor era a un montón de personas que guardaban las apariencias después del desastre en que había acabado la invasión de Rusia. Podían negarlo, podían decir que se estaba triunfando y que una nueva ofensiva terminaría por aplastar al ejército rojo, pero craso error era creer esa mentira, como se la habían creído todos en el alto mando al pensar que bastaría con un año de lucha para terminar la guerra.

Por supuesto, no hay nada que podría querer más —le respondió, ir al estudio sonaba como una fantasía, mientras que un autógrafo era algo que se podía realizar y ser también bastante significativo— No sé si pronto, pero dentro de un par de años —dejó caer, ella era lista y entendería el mensaje, pero tampoco era tan imprudente como para admitir la eventual derrota futura— Y de momento la flota se sienta en el puerto —señaló.

Los acorazados y cruceros consumían una enorme cantidad de petróleo, un recurso del que por lo demás carecían y que se necesitaba para los tanques y los aviones, bien podían desarmar la flota para usar el metal en otra cosa. Pero los barcos eran una señal de orgullo muy grande y sus jefes se habían obstinado en construirlos, aunque los submarinos resultaban infinitamente más útiles.

En eso tenéis mucha razón Frau Grëtchen, es nuestra obligación creer lo que dice la propagando —le sonrió, señalando con la mirada en dirección del ministro Goebbels, la voz de la nación, el pequeño hombrecillo que se había asentado tan cómodo en ese puesto de poder, manipulando a los alemanes para que siguieran arrojándose a su destrucción— Así como al ver una película, todos creemos durante su duración que lo que ocurre en la pantalla es la verdad —solo que en las películas, al salir de la sala, ese espejismo se esfumaba.

Cada segundo de hablar con ella era una distracción, algo que al igual que las películas lo hacía olvidar las circunstancias en que estaban todos, incluso los que vivían en la negación dentro de ese salón. No quiso responder a su comentario acerca del cineasta, si tenía suerte le habían pegado un tiro certero en la cabeza o en el corazón, casada con quien estaba la actriz debía ser consciente del destino que le deparaba a aquellos a los que subían a los camiones por la noche.

No creo ser tan guapo como sus compañeros de rodaje, ni ser capaz de no mirar a la cámara fijamente —se excusó, rehuyendo de la posibilidad de lo que sin duda debía haber sido una broma— Además, no creo estar demasiado en gracia con su marido, pareciera que no le caigo muy bien —dijo con tono de ironía, era él el primero que hubiese pasado a todos los miembros de las SS por un tribunal militar por crímenes de guerra.

A vuestra salud, disfrutad de la velada —le dijo, alzando la copa en su dirección, esperando que fuese ella la que se alejara primero como correspondía hacer. Todavía tenía una misión que cumplir esa noche.





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Lun Oct 25, 2021 4:01 pm por Little Cash



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942


Ya se estaba imaginando al distinguido caballero —tan acostumbrado a la rectitud del ejército— sumergido en un ambiente tan distinto como era el de una película. Por supuesto, no se asemejaba a la cumbre del cine estadounidense pero había alegría en los sets de rodaje y muchas risas cuando el alcohol corría por los caminos adecuados. Sí, Gretchen ya estaba deseando ver al Coronel sobreviviendo a un día en la farándula.

—Será divertido como mínimo, se lo prometo—comentó ella con su derroche de coquetería habitual —Más pronto de lo que auguran algunos estadistas pero no se preocupe. Si eso sucede, le ofreceré un hueco en mi siguiente película como atractivo figurante—si perdían la guerra estaba segura de que los aliados harían pagar a Alemania por todo el dolor infligido a los judíos o los negros sino a las personas con discapacidades, a los sujetos de experimentos, a los homosexuales o a los disidentes políticos. Hitler odiaba a todo aquel que no pensaba como él. Era un enemigo de la humanidad.

Asintió despacio sin pasársela desapercibida la mirada que el Coronel dedicó a Goebbels. El hombre al frente de una de las maquinarias más poderosas de propaganda no estaba dispuesto a que nadie dijese nada contrario a sus películas. Por eso, estaban todos a su alrededor riéndoles sus burdos chistes o granjeándose su supuesta amistad. Nadie quería caer mal a tan cercano hombre del Führer.

—La propaganda surte efecto en las personas más ignorantes aunque he de reconocer que mi interpretación es magnífica y consigue conquistar a personas más letradas—comentó tras dejar escapar un poco de humo por sus carmesíes labios —Pero sí, el cine es poderoso y ayuda a las personas a olvidarse de sus propias vidas y soñar con otras mejores—reconoció finalmente.

Se encogió de hombros otorgándose un poco de misterio para que él solo discerniera si hablaba en broma o no. Después el Coronel mencionó a su esposo y el gesto de Gretchen se agrió sin una pizca de esfuerzo por esconderlo. Detestaba a ese hombre y se alegraba enormemente de no tener descendencia con él.

—No es un hombre muy dado a las relaciones sociales excepto con sus cercanos—susurró tras el cigarro —Pero eso no debería importunaros, la invitación sigue en pie—prometió con una sonrisa sincera —Buenas noches, Coronel. Ha sido un placer conoceros—se retiró dedicándole una última mirada antes de reconocer el rastro inequívoco de sangre que dejaba su esposo tras de sí. ¿Qué mejor tapadera para una espía que ser la mujer de uno de los hombres a cargo de uno de los peores campos de concentración nazis?





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Miér Nov 03, 2021 7:55 pm por Alistair



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Después de despedirse de la actriz había continuado con su continuo paseo entre los invitados. Los oficiales del ejército, la marina y la fuerza aérea tenían la costumbre de permanecer cerca, incluso de hablar entre ellos en pequeños grupos, aunque para opinión de Gustav, muy pocos de ellos se mostraban hostiles hacia los hombres de la SS o del partido.

Oportunistas todos, pululaban cerca de las figuras de poder, muchos prefiriendo ver sus carreras alzarse al alero de la protección de los políticos que arriesgándose en el frente de batalla. Claro, Berlín y las fiestas del ministro de la propaganda eran un lugar mucho más cálido que las heladas estepas de Rusia.

El objetivo del prusiano era uno muy distinto, pues esperó pacientemente a que el alcohol hiciera efecto y la música empezara a volverse animada, con la multitud danzando en el gran salón del ministro y pronto entre hombres y mujeres alcoholizados, el coronel fue abriéndose paso intentando no llamar la atención.

Llevaba en su mano un vaso de whisky, buen whisky, whisky escocés. Curioso, considerando que ese era un producto de sus enemigos británicos, pero a la hora de beber hasta los más fervientes nazis preferían rendirse ante una botella de origen extranjero. Avanzó, colándose entre los guardias de los pasillos, esquivando a parejas felices y comensales demasiado ebrios como para poder andar en línea recta.

Se fue infiltrando hasta que dobló finalmente en una esquina y llegó al despacho mismo del ministro, empezando a rebuscar entre cajones de su escritorio hasta que dio con uno que estaba cerrado con llave.

Maldito capullo paranoico —protestó mientras intentaba en vano abrir el cajón, esperaba encontrar ahí los documentos de importancia que necesitaba, con un poco de suerte podría dárselos al almirante y... su pensamiento se interrumpió, unos pasos de tacones se acercaban. Se alejó a toda prisa, tomando escondite tras un biombo que había a un lado junto a un espejo.

Pensó que se trataría de la amante de Goebbels o alguien por el estilo, pero en lugar de eso distinguió una cabellera rubia que se adentraba, ¿Qué podía estar haciendo Fräu Schäfer ahí? Ni idea, quizás buscando algo con que chantajear al ministro para darle un papel. La vio acercarse y entonces emergió desde la sombra.

Ni lo intentéis, está cerrado con llave —señaló el oficial de inteligencia, mirándola como quien había encontrado a su presa.






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Vie Nov 05, 2021 12:25 pm por Little Cash



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GUSTAV. 1942


Por mucho que todos esos hombres poderosos e impolutos aparentaban ser perfectos eran incapaces de no sufrir los efectos y las consecuencias de la ingesta continuada o excesiva de alcohol. Sus lenguas se soltaban, sus miradas se volvían más descaradas y las risas aumentaban en frecuencia dando paso a conversaciones distintas. Ya no solo hablaban de los planes de Hitler o de la guerra sino del glamour, del tabaco, de sus mujeres o esposos y del cine. Todos eran pecadores y escondían secretos que no eran del todo inadvertidos para Gretchen.

La actriz no solo vivía de la industria cinematográfica sino también del espionaje. A veces un admirador secreto depositaba una cantidad de dinero en forma de presente en su buzón y otras, se reunía con empresarios que querían financiar nuevas producciones. Sin embargo, no realizaba aquellas acciones traidoras al Tercer Reich por ambición económica sino por desprecio y repugnancia. Ella amaba la vida y no toleraba que se llevasen a cabo crímenes de semejantes magnitudes en el país que siempre había amado. Si debía morir sería haciendo algo bueno, lo tenía claro.

Tras despedirse de Gustav se reunió con su esposo que era de todo menos atento o cercano, simplemente le gustaba pasarle el brazo para dejar patente que la actriz de mayor renombre de Alemania era su mujer y, encima, era preciosa. Ella se limitaba a contemplar a todos los oficiales con su sempiterna sonrisa y a reírles las gracias cuando la situación la requería pero, en el fondo, todos le aburrían. Peor, le asqueaban.

Cuando la conversación derivó en otros temas que no eran de su interés se despreció del agarre masculino con la excusa de que necesitaba acudir al baño para acomodarse el cabello y el maquillaje, en definitiva, cosas de mujeres que resultaban totalmente vacuas para los uniformados.

Su visita al cuarto de baño fue escueta porque su verdadero objetivo era el despacho de Goebbels y aquel cajón que había observado en sus múltiples reuniones. Sabía que escondía información confidencial porque el Führer creía firmemente en su opinión y ella la quería.

Cautelosa como una felina atravesó el umbral de la puerta y cerró con total discreción dispuesta a aproximarse al escritorio hasta que, de repente, la voz del Coronel Gustav la sobresaltó provocando que diese un respingo.

—Mierda, Coronel—espetó llevándose el corazón al pecho —Me ha asustado—ya estaba trabajando en una excusa —¿Qué hace aquí? ¿El Ministro va a reunirse con usted?—lo observó con total atención —Porque a mí me ha pedido que le llevase una de las plumas de su escritorio, está dispuesto a dar un discurso para sus ebrios invitados—comentó con tanta naturalidad que cualquiera la creería.



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Jue Nov 18, 2021 12:00 pm por Alistair



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Si antes la reunión social se había tratado de saludar a viejos conocidos, charlar con actrices famosas y hasta conseguir un autógrafo, todavía quedaba demasiado por hacer esa noche. Secretamente y durante muchos años la oficina de inteligencia de la Wehrmacht había estado trabajando en planes para derrocar al régimen nazi, pero cada vez estos habían sido frustrados por la mala suerte o la simple coincidencia, parecía ser que el führer estaba protegido por la divina providencia y que jamás podrían alcanzarlo. Gustav tenía una opinión diferente.

Primero que nada, necesitaba acceder al cronograma de actividades del ministro de la propaganda, pues así podría saber la resistencia militar dónde se reuniría con Hitler y cuándo. Sabido era que Goebbels gustaba de llamar la atención, por lo que esperaba que no fuese difícil dar con alguna ocasión de importancia en que poder coincidir. Su misión se limitaba a ello, el cómo se ejecutaría el resto del plan no entraba dentro de sus competencias como parte de la conspiración.

Se estaba jugando el cuello y eso lo sabía, lo que más lo aterraba era la posibilidad de caer en manos de la Gestapo. Sabía de lo que eran capaces esos carniceros y antes preferiría pegarse un tiro en la sien que aceptar ese destino final.

Lo que no esperó nunca fue el encontrarse con su actriz favorita de cine, esa con la que había estado hablando hace tan poco en la fiesta y que incluso le había hecho más de un comentario gracioso. Mil dudas los asaltaron al verla ahí,

Ella negó, intentando desviar su atención con una excusa, pero Gustav había visto claro que ella había intentado abrir la gaveta, la misma a la que él había intentado acceder anteriormente.

Fräulein Schäfer, es lo mismo que le preguntaría yo —le dijo con tono calmado, como si realmente su objetivo allí hubiese sido el atrapar a una presa y no el intentar robar el contenido al que ella, a propósito o no, había estado a punto de acceder— Pero por supuesto que el ministro no perderá la oportunidad de dar uno de sus famosos discursos, sin duda la oratoria es un don que yo echo en falta —agregó.

Se acercó un poco, rondando a la actriz, como si él no hubiese estado también actuando como un intruso dentro de esa habitación.

Ahora bien, ¿Ha encontrado la pluma del ministro —metió la mano a su bolsillo, un gesto amenazante, pero desde este no salió ningún arma sino que una pluma negra, acercándose hasta la actriz para ofrecérsela— ¿Fue su esposo el que la envió a buscar información? —preguntó, era sabido que todas las incontables ramas del partido se enfrentaban las unas a las otras para obtener ventaja propia sobre los demás.






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Miér Nov 24, 2021 11:17 pm por Little Cash



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GUSTAV. 1942


—Le he explicado el motivo de mi visita al despacho, Coronel—replicó con suavidad y sin subir el tono, no le convenía convertirse en sospechosa de ese hombre aunque, en el fondo, sabía que tenía todas las de ganar porque era el ojito derecho de Goebbels, su gran estrella. El Ministro nunca dudaría de su implicación con el Tercer Reich gracias a la absoluta ausencia de pruebas porque era de todo menos idiota.

—Debería venir más a menudo por la capital, Coronel. Podría disfrutar de muchos debates políticos y discursos, los hombres siempre aprovechan la mínima oportunidad para alzar la voz ante un auditorio—todos los buitres de Hitler buscaban impresionarle con los comentarios más brillantes o halagadores. No era ningún secreto que todos pugnaban por la atención y el favor del hombre más importante de Alemania y, según ellos, del mundo entero.

Desafortunadamente estaba ante un peso pesado, un hombre perspicaz que había olvidado la admiración que sentía por ella para rondarla con actitud, a su parecer, amenazante y poco apropiada. ¿De verdad deseaba el Coronel enfrentarse a ella cuando estaba detrás de dos de los caballeros más relevantes del Régimen Nazi? Le había caído bien y le resultaba interesante pero apreciaba más su libertad.

—Sí—la señaló encima de la mesa donde la había dejado porque, por supuesto, que su tapadera era real o, al menos, debía parecerlo. Se centró entonces en los movimientos del varón llegando a mantener la calma cuando lo vio introducir la mano en el interior de la chaqueta.

—Cogeré la del Ministro—no quiso aceptarla porque la desconfianza era mutua —¿Perdone?—la mención de su marido la obligó a entrecerrar los ojos con gesto pensativo —Mi marido no me ha mandado a buscar nada, Coronel. Ha sido el Ministro—repitió consciente de que era una buena forma de hacer calar su mensaje —¿Va a dejar de interrogarme y dejarme marchar?—preguntó con un tono más serio —Las insinuaciones que está realizando están totalmente fuera de lugar—agregó con aire de ofendida.



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Lun Dic 20, 2021 5:12 pm por Alistair



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Tenía la leve impresión de que ninguno de los dos tenía que estar ahí y que en caso de que la actriz sí hubiese sido sincera en cuanto a su coartada, estaba seguro de que empezar a revisar los cajones del escritorio del ministro no estaba dentro de lo que implicaba ir a coger una pluma y largarse de ahí.

Por supuesto que lo ha hecho —asintió, lo que en su idioma significaba que no se había creído nada de lo que le había dicho.

Sinceramente, Fräulein, creo que los políticos son un círculo que me resulta todavía más ajeno que el de los actores —respondió, negando con la cabeza y citando la oferta que ella le había hecho rato atrás— Pero si algún día necesita grabar una película a bordo de un velero, soy su hombre —dejó caer, mirando a la actriz con una sonrisa amable, la que contrastaba claramente con las sospechas que corrían entre ambos.

Y como era de esperar, no le costó demasiado cambiar de actitud ante ella ahora que no estaban en el salón. Por mucha admiración que pudiese tenerle como actriz, el futuro de Alemania estaba en juego y no solo el de su secuestrada industria cinematográfica.

Por supuesto —volvió a repetirse, la frase de muletilla cuando quería evitar responder a algo. Sabía el riesgo que corría involucrando al esposo de la actriz en eso, pero el marino prefería ser cauto a la hora de las acusaciones, al menos en público— Para nada es esto un interrogatorio, faltaría más, nunca me atrevería a algo parecido con una dama como usted. Espero que a la luz de las circunstancias... —y para graficar la luz encendió su encendedor para prenderse un cigarrillo— Entienda que esto no es nada más que una charla acerca de trabajo, solo que antes fue acerca del suyo y ahora del mío —comentó, dando una calada al cigarrillo.

Ahora yo iré a fumar al pasillo, quizás así tenga oportunidad de seguir buscando la pluma con más calma —sugirió, acercándose a la salida, dando la espalda en todo momento a la mujer.





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Miér Dic 29, 2021 8:45 pm por Little Cash



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GUSTAV. 1942


Estaba casi segura de que estaba jugando con ella porque Frau Schäfer también conocía tales artimañas. Ella interpretaba un papel o varios —dependiendo del escenario— incluso cuando no estaba trabajando. Formaba parte de su naturaleza, de su técnica para sobrevivir en medio de un mundo que no aceptaba las lealtades a medias o la falta de adulaciones, sobre todo, en tales esferas de poder e influencia.

Ella asintió también como una confirmación necesaria para zanjar el asunto, al menos, hasta que volviera a contratacarle. Menos mal que se le daba bien caminar por la cuerda floja. ¿Cómo si no iba a ayudar a los aliados y a los judíos? Cada maniobra implicaba jugarse la vida y realmente no le importaba, excepto porque podía morir y, con ello, dejar de ser útil para los que sufrían.

—Sinceramente es un mundo más aburrido que el de la farándula. No es divertido—prefería a sus compañeros de rodaje que a los hombres trajeados que fingían saber de cine solo para que Goebbels los viera conversar con su estrella y, de paso, ganarse su atención —Sería divertido contar con su experiencia marítima—admitió sin perder la sonrisa, incluso, hasta se permitió imaginarse la escena con cierta curiosidad.

Por primera vez en toda la conversación, una gota de sudor frío recorrió la espalda de Gretchen. Desconfiaba de ella y de sus palabras y eso, como es de imaginar, no resultaba nada bueno. Ese hombre tenía acceso a una parte del sistema político que lograba arrancar al aliento hasta a los miembros del partido. Un paso en falso y podías acabar muerto; con suerte.

—Curiosa formar de charlar la suya, Coronel. No sabía que deseara hacerme una representación gráfica de cómo trabaja—el hombre abandonó el lugar y ella se quedó sola. No podía irse con las manos llenas, debía coger la pluma y desaparecer momentáneamente. Tal vez...pudiese volver más tarde pero era demasiado arriesgado, así que tomó la estilográfica que conocía de primera mano y la sostuvo entre su palma con firmeza.

—Yo encontré la pluma, Coronel. Lo que me cuestiono es si usted halló lo que buscaba—comentó al pasar por su lado y detenerse frente a él con su mirada fija en la del contrario. Ella escondía secretos pero él, también.





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Lun Ene 10, 2022 2:26 pm por Alistair



CAPÍTULO III
Abrakadabra
ESTUDIOS UFA . CON GRETCHEN . 1942

Habían transcurrido casi 3 años de guerra, muchos hombres luchaban con valor en el frente, otros aprovechaban la oportunidad para actuar con la mayor de las crueldades en medio de la impunidad. Él no era ninguno de los dos, los militares se habían convertido en corderos de los nazis y pocos entre ellos se atrevían a alzar la voz contra el régimen, menos todavía a hacer algo concreto para cambiar los destinos del país. Todo lo que había visto con sus ojos hasta entonces le indicaba que había tomado la decisión correcta al embarcarse en esa locura de intentar derrocar a su propio gobierno en medio de una guerra.

Los verdaderos héroes eran los que luchaban y morían en el frente, derribados de sus aviones o hundiéndose con sus submarinos en el Atlántico, él solo era alguien que no podía dormir en las noches pensando que todo eso sería para nada. Solo retrasaban lo inevitable y las noticias alentadoras que llegaban desde Rusia no eran más que propaganda orquestada por un fanático capaz de convertir cualquier verdad en mentira y sobre todo, transformar toda mentira en una verdad que millones creerían.

Y ahí estaba, en el centro de su poder. No era el ministerio, eran los estudios de cine del Reich, desde donde salían todas las películas en que se ensalzaba el valor de los héroes de Alemania.

No olvidaba su conversación de hacía unas semanas durante aquella fiesta del ministro. Que lo partiese un rayo si es que estaba equivocado, pero él creía que no lo hacía, que había algo más que ver más allá de la fachada. La barrera se levantó de inmediato en cuanto presentó su identificación en la entrada y llegó conduciendo hasta el plató en que le indicaron se encontraban filmando aquella película.

Su protagonista no era otra que la única, la incomparable: Gretchen Schäfer.

Y ahí estaba ella, recitando sus diálogos como la profesional que era, poniendo buena cara ante ese grupo de parásitos de Goebbels. Esperó paciente a que terminase la escena para aproximarse hasta su camerino y llamar a la puerta.

Fräu Schäfer, soy yo —la llamó, asomando su rostro por la puerta cuando la entreabrió, no fuese a pensar que se trataba de otro extra o algún asistente molestándola. Claro que sí la iba a molestar, pero no precisamente para llevarle agua mineral— He venido a cobrar ese paseo por el estudio —dijo con una sonrisa en su rostro, una que bien le podría haber ganado un premio de la academia por lo real que parecía.

Creo que ambos nos debemos una conversación —agregó, sacando su cigarrera para ofrecerle algo de tabaco con que alivianar la tensa situación.





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Lun Ene 10, 2022 10:32 pm por Little Cash



CAPÍTULO III
Abrakadabra
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Desde la fiesta acaecida un par de semanas atrás en el hogar del Ministro Goebbels, Gretchen había entregado varios secretos a los espías de los aliados. Gracias a su información habían desbaratado un par de operaciones destinadas a enviar material de exterminio a los campos aunque en nada se asemejaban esos logros a su sueño de salvar a los que estaban allí presos. Los camiones habían sido robados y todavía no se habían encontrado a los culpables, mucho menos, al que había dado tales chivatazos aunque se rumoreaba que habían rodado un par de cabezas.

En todo ese tiempo no había tenido noticias del Coronel von Bergen por lo que supuso que había concluido que no era sospechosa de nada excepto de ser una grandísima actriz. Fue así como se relajó en los días previos al nuevo rodaje, incluso se permitió salir de compras y continuar con su aparente y deslumbrante vida social. Su rostro siempre estaba en cada fiesta, era una de las invitadas estrellas a esas reuniones de la farándula, la moda, la cultura o la política. ¿Quién iba a atreverse a no invitarla cuando Goebbels firmaba sus películas?

Era un día muy apacible para tratarse de una época de guerra. Gretchen iba vestida como una ama de casa dedicada a su familia mientras recitaba sus líneas de memoria con una facilidad pasmosa. Apenas hicieron falta unas pocas tomas para terminar con la planificación del día y retirarse a su camerino para beberse un zumo recién exprimido de plátano. Ya saben, los caprichos de los artistas.

Lo que no esperaba era escuchar la voz del hombre al otro lado de la puerta, ni verlo reflejado en el espejo de su lugar sagrado sin haber sido invitado. Oh, mierda, sí lo había hecho. Gretchen se giró despacio hacia él y se puso de pie para observarlo con fingida sorpresa. Ella estaba impecable aunque su aspecto distaba del presentado días antes.

—Veo que no ha dejado de pensar en mí, Coronel—cogió un cigarro —Ya le dije lo que buscaba aunque usted eludió mi pregunta pero, como dama educada que soy, sé comprender cuando se debe cambiar de camino. ¿Por qué no hace usted lo mismo?—sugirió como una propuesta pacífica —¿Damos ese paseo?—lo invitó a salir —Pensaba que quería actuar junto a mí, me entristece su falta de interés—comentó antes de detenerse para que él le diese fuego —¿Quiere arrestarme por coger una pluma?—preguntó mirándolo fijamente.





Última edición por Little Cash el Lun Ene 17, 2022 8:49 pm, editado 1 vez


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Sáb Ene 15, 2022 10:59 am por Alistair



CAPÍTULO III
Abrakadabra
ESTUDIOS UFA . CON GRETCHEN . 1942

Había elegido ese día en particular porque era el día en que estaba libre del servicio, por mucho que se pudiese decir que un militar que vivía en la capital durante una guerra ya tenía suficientes comodidades y falta de peligro como para tener cara de pedirse un día libre de verdad. Pero eso era lo bueno de trabajar en inteligencia, que no tenía que rendir cuentas a nadie salvo a su superior directo de qué era lo que hacía y eso también lo ubicaba fuera del alcance de las SS o la Gestapo.

No se esperaba una recepción amable después de la última vez, no al menos amable de verdad, como mucho una simpatía interesada por el hecho de que ambos se había encontrado en el lugar donde se suponía que no debían estar, haciendo algo que no se suponía que debían hacer. Por supuesto que algo había llamado poderosamente su atención durante esa velada, después de su encuentro, después de lo cual se había marchado a su casa, conforme con lo obtenido por una noche.

El ver su rostro en los letreros de cada esquina no ayuda mucho a hacerlo —le respondió, sonriendo como si ese hubiese sido un comentario más, siendo cierto que le había costado sacársela de la cabeza durante los últimos días— No debe preocuparse por eso, tuve que marcharme antes de que el ministro comenzara su discurso, lamentablemente —dijo con completa falta de sinceridad, solo tenía deseos de desaparecer cada vez que ese hombre comenzaba a transmitir como una radio vieja.

Asintió ante su proposición y sacó un cigarrillo a su vez, encendiéndolo y ofreciendo fuego a la actriz para que hiciera lo mismo.

Lo cierto es que no es falta de interés, pero no veo que su película necesite un capitán de barco ahora mismo y menos tan cerca de Berlín —comentó a manera de broma, intentando distender un poco el ambiente enrarecido que había ahora entre ambos— Para nada, esta es una visita amistosa y como ve, hoy no llevo uniforme —dijo tras encenderle el cigarrillo, separando los brazos para que pudiese apreciar el traje civil que llevaba por una vez.

Continuó el paseo por el estudio, antes de que Gretchen tuviese que regresar a filmar.

Así que usted dirá, ¿Amigos nuevamente? —preguntó, sonriéndole mientras sostenía el cigarrillo con una mano y extendía la otra en su dirección.






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Lun Ene 17, 2022 9:07 pm por Little Cash



CAPÍTULO III
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—Supongo que no podré culparle por ello—aunque sabía que no eran precisamente los carteles el motivo por el cuál había pensado en ella —Lo que es una verdadera lástima es que no haya pensado en mí porque le resultara encantadora sino por el azar que nos situó en el mismo lugar—en otras circunstancias hubiese disfrutado su visita de sobre manera porque no estaba realmente enamorada de su marido y siempre agradecía el interés masculino, sobre todo, si procedía de un hombre apuesto e inteligente como el que tenía delante. Por desgracia, ese caballero trabajaba para sus principales enemigos.

—Oh, una auténtica lástima. Los discursos del Ministro siempre son inolvidables—era un maestro de la retórica que sabía cómo mantener el ritmo sin resultar pedante o aburrido. Nadie podía dudarle que era un gran comunicador aunque si no comulgar con sus ideas imposibilitaba el disfrute. Sin embargo y, cambiando de tema, a Gretchen le había parecido de todo menos casual que el Coronel desapareciese después de su encuentro. ¿Habría encontrado lo que había ido a buscar al despacho? ¿De qué se trataría? ¿Estaba el Tercer Reich detrás de uno de sus hombres clave? ¿Por qué? Es decir, no tenía sentido sospechar de la lealtad de un hombre como Goebbels.

El mechero del Coronel prendió la punta de su cigarrillo con la misma eficacia que la primera vez. Hay que ver cómo había cambiado el significado de un mismo gesto en apenas unas semanas: de la cordialidad hasta la fingida simpatía.

—Con su porte, Coronel, usted podría interpretar lo que quisiera. Es un hombre atractivo, todo depende de la versatilidad de cada uno. ¿O es que no está dispuesto a abandonar su uniforme para jugar a ser, no sé, un zapatero?—propuso antes de detenerse para observarle —Quisiera creerle porque disfruté enormemente su compañía—admitió con cierta pena hasta que observó su mano extendida —¿Sería inteligente confiar en usted conociendo a que se dedica?—terminó aceptando el gesto —Entonces ha venido por simple y llana curiosidad cultural—abandonó la textura cálida de su mano y le dio una nueva calada al cigarro —¿Querrá tomarse algo conmigo después del rodaje?—le invitó antes de mostrarle uno de los estudios que no estaba en funcionamiento en esos momentos. Era amplio y contaba con todo lo necesario.

—Aquí suelen rodarse largometrajes destinados a los más pequeños—mencionó la rubia.





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Miér Ene 26, 2022 11:01 am por Alistair



CAPÍTULO III
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Si en algo se equivocaba la mujer era en decir que no había pensado en ella, lo cierto era que lo había hecho y no solo porque le prometiese una visita al estudio, algo que no se había tomado en serio hasta que finalmente decidió presentarse, o porque le hubiese dado un autógrafo la otra noche. No, sus motivos eran mucho menos artísticos y bastante más cercanos a la cruda realidad en la que vivían junto con todo un continente y un mundo que se había arrojado a una locura absoluta, su país en el medio de todo ese impulso autodestrutivo.

Bueno, ya sabe usted que lo mío no es demasiado la política —contestó educadamente a sus palabras acerca del ministro. Se preguntaba si es que acaso llegaba a creer una centésima de lo que decía, porque en lo que a él respectaba, oír hablar a ese hombre era lo más cercano a visitar el interior de un manicomio, solamente que el resto aplaudía por pura obligación y la necesidad de quedar bien ante sus ojos durante sus eternas diatribas contra el mundo y los supuestos enemigos de Alemania— Es un negocio peligroso por estos días —alzó una ceja que dejaba en el aire a lo que se había referido exactamente.

Miró a la mujer, a la actriz, a la estrella y lo único que podía seguir pensando era hacia dónde virarían sus lealtades, si hacia su marido, el partido, el ministro y a ella misma, hacia dónde podía seguir apuntando si quería seguir en la cima en ese imperio que se derrumbaba con cada día que avanzaban los soviéticos sobre los territorios conquistados a costo de sangre por los jóvenes soldados.

Todo era un simbolismo, el encendedor y hasta la ropa con la que había aparecido. Lo cierto era que prefería evitar llamar la atención al acercarse a una mujer casada con un monstruo como era su marido.

Un zapatero no sé, quizás se me daría mejor aparentar ser sastre —sugirió, siguiendo adelante con esa pretendida amabilidad. Le habían confeccionado tantos trajes en la vida que ya tenía memorizados muchos de los gestos técnicos o la manera de hablar de estos— Usted es una artista, es de esperar que le fascine la cultura antes que las armas —contestó con una sonrisa, él también había disfrutado mucho su compañía esa noche.

¿A ser marino? —preguntó en tono divertido— Ya sabe que lo nuestro es espiar a los ejércitos de los demás países, no a perseguir compatriotas inocentes —"no como lo que hace su esposo", omitió agregar a la frase— Puede estar tranquila en lo que respecta a mi curiosidad cultural —más sutilezas, no, no estaba ahí para detenerla ni nada parecido.

Cuando llegaron al otro estudio, completamente vacío y con una interesante carga de eco, dio una calada a su propio cigarro y la miró fijamente.

Es impresionante sin duda —comentó al ver el estudio, aunque su opinión era que también al estar vacío y con todos esos decorados, parecía una versión del Mago de Oz en que solo estaban ellos dos— ¿Me guiará por el camino amarillo? —preguntó divertido mientras andaban, señalando los adoquines pintados en el suelo— Porque espero el premio al final del camino... como esa copa que mencionó —entrecerró los ojos ante su velada insinuación.





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Mar Feb 01, 2022 8:44 pm por Little Cash



CAPÍTULO III
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—Tampoco se crea que es mi especialidad, simplemente me desplazo entre los distintos escenarios de la vida para no desencajar en ninguno de ellos. Una actriz debe saber adaptarse—era una persona camaleónica destinada a ir integrándose en cada evento que surgiese para no dar motivos de sospecha. El Tercer Reich era especialmente duro con sus disidentes, básicamente terminaban muertos en lugares poco hogareños en los que Gretchen no quería acabar tan pronto. No sin ver caer a Goebbels y Hitler.

—Ummm—lo contempló pensativa unos segundos —Sí, puede ejercer perfectamente de sastre, solo le ofrecía un ejemplo—el Coronel era un hombre atractivo y carismático, solo necesitaba pulir algunos detalles pero delante de la cámara quedaría de maravilla —Cualquier evento es mejor que una reunión política donde, encima, solo se deja conversar a los hombres—opinar de esa manera delante de uno no se le antojaba peligroso, sobre todo, cuando sabía de la animadversión del Coronel hacia su esposo. Se podía decir que estaba a salvo.

El replique contrario la hizo sonreír con cierta tristeza que escondió debajo del carmín que adornaba su boca. A Gretchen no le hacía feliz que su país exterminase a sus ciudadanos simplemente por sus creencias o condiciones. Como esposa de quién era sabía más que la mayoría. Conocía la verdad de los campos de concentración y de los de exterminio. Allí los mandaban a trabajar, sí, para luego deshacerse de ellos cuando no le servían. Hasta había oído que en Dachau experimentaban con algunos sujetos. El horror llegaba a diversos estratos sociales y tenía que acabar cuanto antes.

—Me alegra—contestó con sinceridad aunque siguiera desconfiando un pelín de él. Todavía era pronto para creer ciegamente en las palabras de un hombre desconocido por mucho que le pareciese interesante y más entretenido que su propio marido.

La sala de grabación estaba desprovista del equipo humano pero sí contaba con elementos del técnico desde el atrezzo hasta varias  tandas de vestuario. Era un sitio extraño para una mujer como Gretchen que nunca había tenido hijos. El hecho de que su cónyuge contase con un heredero la desprendía de dicha obligación. Es más, su vínculo era un mero acuerdo beneficioso para ambas familias.

—¿Cree que podría abandonarle?—preguntó dedicándole una sonrisa más amplia —Me queda una escena, de hecho, deben estar esperándome. Después, soy toda suya—dijo con una mirada menos falsa y más sincera. Sí, quería compartir una copa con él.

Con un gesto de la cabeza le indicó que había llegado el momento de emprender el viaje de vuelta hacia el plató que estaba operativo —Recuerde que lo que vea aquí es confidencial—Gretchen dio una larga calada a su cigarro todavía despierto y se lo tendió al contrario antes de ser retocada por maquillaje y peluquería. En apenas unos segundos, estaba lista y delante de la cámara en medio de una cocina que representaba el hábitat natural de la mujer alemana.

Un par de niños corretearon por la escena mientras ella les recordaba que no lo hicieran entre risas divertidas. De repente, entró un actor uniformado como miembro de las SS que la levantó en volandas y le regaló algunos besos cariñosos a los que ella respondía con dulzura.

—¡¡Has vuelto!!—declaró entre lágrimas emocionadas al estrechar a su compañero de reparto —¡Niños! ¡Niños! ¡Alemania ha ganado la guerra!—declaró con emoción antes de ser besada por el otro actor.

"¡¡Corten!!", exclamó el director. Seguidamente, los aplausos se adueñaron del lugar y todos empezaron a felicitar a Gretchen que, tras su habitual paciencia, fue al encuentro del marine.

—¿Qué le ha parecido?—preguntó alargando la mano a la espera de su cigarrillo.





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Mar Feb 08, 2022 4:37 pm por Alistair



CAPÍTULO III
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Por supuesto que así lo era, no cabía duda en la cabeza del marino de que la actriz no ejercía su profesión solo ante las cámaras. Prefería no insinuarlo, pero por lo poco que había visto se podía decir que era experta en aparentar ser lo que no era y aprobar cosas que cualquier persona con un poco de humanidad en su interior no habría aprobado. Había una buena razón por la que el régimen ocultaba las atrocidades a buena parte del pueblo alemán e incluso a su propio ejército, salvo aquellos que eran tan ciegos como para aceptar órdenes de las SS.

Naturalmente, como verá no soy tan hábil con las sutilezas —respondió con una sonrisa a la mujer, siguiendo sus ojos claros a medida que avanzaban por el estudio. Sastre o no, lo cierto era que él también había adquirido habilidades a la hora de fingir— Si no la dejan hablar, será que no están seguros de que no los avasalle por el camino —se rio, la inseguridad funcionaba de manera curiosa, pero por lo general cada quien acababa resaltando sus propias carencias en lugar de cubrirlas.

Y mientras tanto, se odiaba a si mismo por estar ahí jugando al cortesano en lugar de luchando en el mar. Pero creía firmemente que lo mejor que podía ocurrirle a Alemania era acabar esa guerra por todos los medios necesarios, incluso si eso implicaba derribar al propio gobierno que los había conducido a esa carnicería, con algo de suerte lograrían exculpar al país de las atrocidades que sus líderes y sus perros cometían.

Ladeó un poco el rostro como respuesta a su aclaración, una que le dejó con más dudas dando vuelta en su cabeza, ¿Acaso la mejor actriz del Reich acababa de invitarle a una copa? Así había sido y además lo había recalcado. Podría haberse alegrado, de no ser porque ella podía pensar que él querría sacarle información o que ella podría intentarlo a su vez. Seguía siendo la mujer de uno de los hombres más peligrosos del régimen, pero también seguía siendo una mujer, ¿Contribuiría eso a su misión? ¿Estaba pensando demasiado? Demasiadas preguntas sin respuesta.

Se me da bien guardar secretos —respondió, como una broma, como si todo ello fuese una broma. La siguió hasta el estudio donde estaban todos reunidos para grabar. Estaban tan concentrados que apenas nadie le miró y aun menos fue alguien a preguntarle por su presencia ahí, todos los ojos estaban puestos en Gretchen, los suyos también.

Al menos el actor parecía más agradable que su esposo, de seguro era demasiado amable para ser un SS y de seguro la actriz no era ni la mitad de feliz en su vida diaria de lo que demostraba ante las cámaras.

¿Alemania ha ganado la guerra? Tuvo que contenerse de poner un gesto descompuesto cuando oyó los diálogos, de verdad pensaban que la gente se iba a tragar tamaña tontería cuando cada día llegaban más y más ataúdes desde el frente y lo que era peor, a veces directamente no llegaba nada para las familias más que una carta de notificación.

Creo que el doctor Goebbels es tremendamente optimista —dejó caer, mirándola de forma cómplice. Su expresión le bastó para saber lo que tenía que hacer— Aparte de ese detalle, creo que ha estado espléndida como siempre, Gretchen —afirmó, sacando un cigarrillo y ofreciéndose a encendérselo como parecía era ya una costumbre entre ambos, además de que les obligaba a acercarse bastante, pudiendo ver así los ojos de la estrella y sus labios cubiertos de carmín cuando sostenían el cigarrillo entre ellos. Así era exactamente como se suponía que debía sentirse cualquier mortal cuando estaba a centímetros de la actriz a la que había admirado toda su vida desde el otro lado de la pantalla.

Mencionó antes que en las reuniones políticas no se le deja opinar libremente, ¿Le importaría compartir alguna de esas opiniones conmigo? —preguntó mientras daba llama al propio, se sabía que el tabaco calmaba los nervios, pero no se sentía precisamente tranquilo en ese momento, por mucho que lo aparentase, su corazón se había acelerado a medida que fueron quedando solos en el plató— Ya sabe que no soy amigo de su marido ni de su jefe, así que hay pocas posibilidades de que vaya a delatarla —alzó las cejas, como si supiese de antemano que lo que ella le iba a decir era digno de delatarla por ello.

Recuerde que lo que vea aquí es confidencial —la parafraseó con una sonrisa complaciente y rozó su mano libre con la propia. Poco más le daba, que le matasen por coquetear con la mujer del Gestapo o por hablar lo que no se debía, no podían matarlo más que solo una vez.





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CAPÍTULO III
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ESTUDIOS UFA . CON GUSTAV. 1942
—Permítame decirle, Coronel, que eso no se lo cree ni usted. Es evidente que sabe moverse en el terreno de las sutilezas y las perspicacias. Un hombre tan inteligente como vos no debería subestimarse—puede que la discreción no fuera su fuerte porque, después de ese día, todo el mundo sabría que había ido a visitar a la actriz favorita de Goebbels. Los rumores circularían sin recaer en sus oídos directamente para ser finalmente acallados por el círculo del ministro. Nadie quería que la fama de Gretchen se viese perjudicada por un admirador masculino más. La lista era extensa.

—Los hombres suelen temer que una mujer opine en voz alta por si resulta que es más inteligente que ellos. No se ofenda, pero es lo que he aprendido de observar a sus compañeros de género—la mayoría cambiaban de tema para reafirmar su superioridad y no quedar en evidencia aunque lo más sencillo era educarlas desde niña en la inferioridad y la sumisión para que no resultasen molestas.

Como miembro del ejército nazi, no le cabía la menor duda de que sabía guardar secretos. Ninguno de esos hombres contaba con permiso para hablar de las operaciones que realizaban con civiles. El clima de silencio sepulcral que rodeaba a los soldados era similar al de una cofradía religiosa. La devoción por el Führer solo podía compararse a la fe de un fervorosa creyente.

Cuando finalizó el rodaje y ella le preguntó acerca de su opinión, él se la dio. Gretchen sonrió con complicidad porque también era consciente de que los aliados les estaban cercando en toda Europa. Era cuestión de tiempo que perdiesen y ella estaba deseosa de contemplar ese espectáculo aunque sería tarde para muchos.

—Sois un admirador muy halagador. Pienso que si lo hiciera mal no podríais daros cuenta debido a que os obnubilo o que no me lo diríais por vuestra exquisita educación—relató las dos posibilidades sin cortarse en absoluto. Si él la quería sincera y libre, ella lo sería con placer culposo.

El Coronel se había convertido en su hombre del tabaco. Ni siquiera tenía que pedirle un cigarrillo para que él acortase la distancia que los separaba y se inclinase con la cajetilla abierta. Sus largos dedos tomaron uno para colocarlo entre sus labios sin dejar de mirarle ni un instante. La tensión que se arremolinaba en su interior era tan fuerte que no estaba pensando con la cabeza. No podía olvidarse de quién era su marido pero resultaba sencillo con conversaciones como las que mantenía con ese caballero.

—Pienso que la grandeza de Alemania no debería estar unida a la deshumanización—opinó sin tapujos antes de inhalar lo que residía dentro del cigarro y expulsar después el humo para que él sintiese el roce de su aliento perfumado contra su rostro —Hay demasiada crueldad y esa no es la Alemania que debería representarnos. ¿No cree?—le devolvió la pregunta sin molestarse en apartarse de él, de hecho, tampoco lo hizo cuando sus manos se rozaron. Se habían quedado solos y Gustav no podía imaginarse cuánto anhelaba Gretchen escuchar que, dentro de toda aquella barbarie, había un hombre que opinaba como ella.

El corazón de Gretchen latía de miedo y entusiasmo.





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Jue Feb 24, 2022 6:01 pm por Alistair



CAPÍTULO III
Abrakadabra
ESTUDIOS UFA . CON GRETCHEN . 1942

En contra de lo que podía parecer de primeras, había más razón para que Canaris lo hubiese llamado a las filas de la Abwehr y lo sacase con ello de la línea de la acción en las grandes naves de batalla de la marina. Además de un registro familiar impecable, aristocrático y lejano de cualquier simpatía por el régimen, pero aun así patriota hasta estar dispuesto a dar su vida.

Mucho me temo que si fuese más sutil, no estaría hoy aquí —comentó con esa sonrisa que era tan suya, pero que asomaba tan seguido cuando se encontraba en presencia de la famosa actriz. Prefería subestimarse a si mismo y a sobrestimar a todos los demás, así evitaba llevarse sorpresas desagradables.

Después de la campaña de África y con el frente de Rusia sosteniéndose en un peligroso tira y afloja, estaba claro que el ejército no era invencible y que de las iniciales victorias fáciles ya quedaba poco.

Ladeó la cabeza cuando mencionó la posibilidad de que no estuviese siendo sincero con ella.

¿Conoce usted a la mujer del ministro? —preguntó, porque si acaso había alguien más fanático de Hitler que Goebbels, esa era su mujer. Imaginaba que por supuesto que la conocía, aunque dudaba que fuese demasiado admiradora de su trabajo, sabido era que dadas las numerosas infidelidades de su marido, odiaba a las actrices en general.

Despreciar a Magda Goebbels era despreciar a todo lo que podía estar mal en una persona.

Permitir que nos gobiernen carniceros nos perseguirá por toda la eternidad como pueblo —dijo directamente y sin tapujos. Realmente no tenía nada que temer, sin otros testigos había poca alternativa a ser sincero— Y aunque no podemos dejar que los demás países nos invadan, tampoco podemos quedarnos sin hacer nada —afirmó. Era la dualidad de un soldado en su posición, tener que luchar contra ingleses, americanos y rusos, pero también contra sus propios líderes.

El olor dulce de rubia inundaba su nariz y a él no podía parecerle mejor.

Escuche Gretchen, voy a ser sincero con usted —se apegó un poco más a ella, al punto de tener que bajar la mirada para poder ver hacia sus ojos— No tengo claro si acaso estamos así de cerca por miedo a que nos oigan o por otra razón, así que dejaré mis opiniones de lado para verificarlo —dijo, sin volver a mencionar sus opiniones acerca del régimen y lo que reclamaba de los hombres. En ese momento su atención era reclamada por el fino rostro de la estrella a la que nunca había esperado ver más que a través de una pantalla. No, definitivamente no tenía ganas de moverse ni un centímetro de su lado.

¿Y bien? —preguntó finalmente, esperando saber si ella no se movía por la misma razón. Sabido era que lo prohibido aumentaba la adrenalina, ¿Y quién más prohibida que la mujer de su férreo enemigo?





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Jue Mar 10, 2022 9:28 pm por Little Cash



CAPÍTULO III
Abrakadabra
ESTUDIOS UFA . CON GUSTAV. 1942
Sonrió para darle la razón al caballero en su pensamiento. Gustav se había presentado en el estudio y la había buscado directamente aun sabiendo lo que la sociedad podía pensar de él o, incluso, de ambos. La visita privada y ese instante a solas, que parecía haber sido preparado, desvelaban el interés del militar por la actriz y viceversa.

—A veces la mejor forma de pasar desapercibido es paseándose delante de todos actuando como el resto lo harían—en ese pensamiento se basaban las estrategias de Gretchen Schäfer. La actriz se colocaba delante de las cámaras y se codeaba con el Ministro mientras luchaba por la libertad de esas pobres personas sin que nadie se diera cuenta. ¿Quién iba a creer que la esposa de un alto cargo del Régimen Nazi iba a estar confabulando para auxiliar a los judíos encerrados? Nadie tenía la suficiente imaginación o valor para dudar de la actriz favorita de Goebbels.

La mención de Magda le arrancó una mirada inquisitiva. ¿Por qué le interesaba al marine su relación con una mujer tan especialita? Magda era la esposa del Ministro y una de las mayores seguidoras de la doctrina del Führer. Rara era la vez que se la veía contenta en uno acto fílmico y no con cara de amargura. Por fortuna para ambas, Magda no tenía que preocuparse de Gretchen. La rubia tenía muy claros cuáles eran los límites de su trabajo y acostarse con ese hombrecillo no era una opción. Bastante había tenía con su marido.

—Una mujer que prefiere la literatura sin lugar a dudas—contestó entre líneas —¿No irá a decirme que ha venido hasta aquí porque quiere que actúe de alcahueta?—bromeó con una sonrisa maliciosa en su boca. Divertirse a costa de los hombres le entretenía considerablemente aunque nunca solía haber una maldad real en sus chanzas.

Las palabras del Coronel la dejaron momentáneamente de piedra porque seguía sin poder precisar la honestidad de las mismas. Los militares eran hombres muy complicados que se abanderaban en sus estrictos juramentos para cometer actos atroces que atentaban contra todos los derechos humanos o, peor, para justificar el bienestar de sus pueblos.

—Veo que no luce con mucho orgullo sus medallas—susurró sintiéndose ciertamente aliviada por descubrir que aparentemente tenían una opinión compartida —Puede que existan dos motivos para esta cercanía, Coronel—la distancia que los separaba era prácticamente nula, Gretchen podía alargar su mano libre y recorrer el perfil masculino sin ningún problema, de hecho, una parte de ella deseaba dar ese paso y entregarse a un hombre que no le provocase una absoluta repulsión —Es un hombre atractivo e inteligente, negar que me siento atraída por usted sería demasiado infantil—reconoció, entonces sí, dibujando el contorno de la barbilla masculina con la mano —Iremos al Infierno por esto—masculló antes de deshacer los últimos milímetros que los separaban para buscar los labios del varón y depositar un beso tan sincero como el frenético ritmo de su corazón.





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