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Lun Ago 23, 2021 1:47 am



Ein Pakt der Gerechtigkeit
ORIGINAL . IIWW . ONE ON ONE
La época del Tercer Reich fue uno de los episodios más oscuros de la humanidad a la vez que supuso un avance tecnológico en diversos aspectos de la vida desde el armamentístico hasta la medicina, las telecomunicaciones o la aeronáutica. Una nación entera se volcó en los esfuerzos se contentar al Führer y demostrar al mundo que Alemania era algo más que el país derrotado en la Primera Guerra Mundial.

Pronto, el afán de Adolf Hitler los empujó a conquistar el mundo hasta que los Aliados decidieron oponerse y tratar de frenar su ambicioso avance. En medio de tamaña contienda militar existía una realidad más cruenta: la de la discriminación y exterminio de judíos, discapacitados mentales, personas de otras razas y enemigos políticos. Hitler no dudó en deshacerse de todo aquel que no correspondiese a su bucólica imagen de alemán perfecto, ni tan siquiera a la hora de apostar por experimentos y expediciones médicas y místicas. Todo un país se había rendido a las promesas del hombre que les devolvió el esplendor robado.

El terror que se escondía en los campos de concentración no era ningún secreto, menos aún para Gretchen Schäfer, esposa de un algo cargo del Ejército Alemán encargado de asegurar el correcto comportamiento de los "internos". Residente en las cercanías del campo se conformaba con ver a su esposa de vez en cuando ya que el mismísimo Goebbels la había contratado como actriz del Régimen para actuar en sus películas propagandísticas. Una tapadera perfecta para la mujer que decidió convertirse en espía de los aliados en pos de finalizar con la barbarie nazi.

En el otro lado, Gustav von Bergen era un oficial de Kriegsmarine, de orígenes aristocráticos que vio la llegada del tercer Reich como una oportunidad para que Alemania recuperase su lugar en el mundo después de la Gran Guerra. Pronto las atrocidades de los nazis lo hicieron arrepentirse de ello, acercándose a elementos discordantes con el régimen en el seno de las fuerzas armadas, así que ha sido trasladado a la Abwehr, la oficina de inteligencia de la marina alemana que tiene como misión secreta subvertir los esfuerzos bélicos de Alemania para intentar acabar la guerra lo antes posible. Un oficio que lo llevó a cruzarse con Frau Schäfer y, tal vez, a confiar en ella.

Gustav von Bergen
Michael Fassbender . Oficial de Kriegsmarine. Alistair
Gretchen Schäfer
Diane Krugger . Actriz. LittleCash




Post de rol:

Código:

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Miér Sep 01, 2021 6:53 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

La fiesta había comenzado como tantas otras en la lujosa casa del Reichsminister de propaganda, el doctor Goebbels. Célebres eran sus películas en Alemania desde que Hitler había llegado al poder, porque como todos los lacayos de un dictador se había mantenido leal casi desde el origen del partido y gracias a ello había podido ir escalando puestos como el don nadie que era.

Así que sí, era una fiesta como tantas otras en que la mitad de los invitados asistía con la intención de congraciarse con los jerarcas del partido y la otra mitad iba por compromiso, para no quedar expuestos en la mira de uno de los ministros más poderosos del gobierno. A eso había que sumar los periodistas, fotógrafos y claro, las actrices que trabajaban en el ministerio, que en ese momento era el único autorizado para grabar películas en Alemania, por lo que era el ministro quien designaba a dedo quien triunfaba y a quien se le hundía la carrera de un día para el otro.

El coronel von Bergen había asistido con su característico traje de gala de la marina, aprovechando que a los oficiales de la oficina central los invitaban había decidido asistir, solo que sus intenciones eran unas muy diferentes a las de la mayoría. Como cada vez, había entrado saludando a los demás, la gran congregación de militares y políticos de alto rango que se sonreían a la cara y después se apuñalaban por la espalda en cuanto tenían la más mínima oportunidad.

Con una copa de coñac en la mano se acercó hasta un rostro conocido, no porque le agradase, sino por precisamente lo contrario. El comandante Schäfer, un hijo de puta de cuidado que lucía orgulloso la calavera sobre su cuello, uno de los esbirros de Himmler y uno de los hombres cuyas atrocidades en Polonia habían convencido al Coronel de que el régimen al que servía estaba podrido desde dentro.

Herr Schäfer —saludó al nazi con un saludo militar, no alzando la mano al cielo como hacían los fanáticos de las SS y algunos militares que se habían dejado seducir por sus ideas. La verdad era que se trataba de un tipo que le provocaba un tremendo rechazo.

Frau Gretchen, ¿Cómo está la luz más radiante del Reich? —saludó después a su mujer, una de las actrices más importantes del país y que había llegado hasta allí por su talento, no por encamarse con el enano del ministro que era aspirante a cineasta— Espero ansioso el estreno de su siguiente película —afirmó, centrándose exclusivamente en ella, pasando del hombre que la acompañaba y que parecía más interesado en ir a rodearse de sus colegas carniceros.





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Sáb Sep 04, 2021 3:00 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942
La música de época sonaba atmosférica, electrizante, sublime. La banda de músicos personal de Goebbels y sus fiestas era de las mejores y más cotizadas de la ciudad porque si la elegía el Ministro de Propaganda, debían ser buenos.

El estreno de su última película había sido todo un éxito en taquilla. La prensa halagaba su fabulosa interpretación y la situaban como una de las grandes obras fílmicas del Doctor. Cualquier buen nazi que se terciase debía acudir a verla para comentarla con sus amigos y vecinos para estar a la moda y seguir ignorantes de las atrocidades que su esposo, y otros tanto como él, ejecutaban a unos pocos kilómetros de sus hogares.

Gretchen no se movía, ella danzaba con maestría sobre los pulidos azulejos y mullidas alfombras del hogar de su superior, director y supuesto amigo; nada más lejos de la realidad porque detestaba profundamente a ese hombre por mucho que fuese un genio del audiovisual. No obstante, su desprecio no era tan siquiera comparable al que le despertaba su esposo cada vez que se veían. Afortunadamente, sus laboriosas carreras los mantenían lo suficientemente alejados para verse unas pocas veces al mes y, como era de esperar, él solo la quería para exhibirla, en la intimidad prefería otro tipo de compañías.

Los saludos iban y venían, formaban parte de toda la parafernalia que rodeaba a las películas. Su marido se codeaba con altos mandos y ella conocía a sus esposas repudiadas a ser meros floreros. Sin conversaciones interesantes, procuraba despacharlas rápidamente aunque siempre rascaba datos interesantes que compartir con los aliados cuando nadie se fijaba en ella. Supuestamente su compromiso era inquebrantable.

El coronel von Bergen apareció de la nada, como un haz de luz novedoso que llamó su atención al hacerle más caso a ella que a su marido, que era la estrella del Führer. Gretchen le sonrió con cordialidad agradeciendo con un gesto de sus ojos sus palabras.

—Disfrutando del cielo mientras siga quedando un espacio para las actrices menos jóvenes—admitió notando como su marido parecía desligarse de la conversación, odiaba hablar de cine —En la confidencia puedo adelantarle que prácticamente ya hemos finalizado el rodaje de la siguiente—susurró consciente de que su esposo ya se había retirado definitivamente tras un escueto "hail hitler" —Pero háblame de usted, coronel von Bergen. No sé dónde se encuentra destinado—se interesó —Como ha podido observar mi compañía es la de otras estrellas o las de los oficiales relacionados con los campos—no solían abandonar ese círculo excepto cuando era de obligado cumplimiento.



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Vie Sep 10, 2021 8:13 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Aquella que oían era música preciosa, interpretada por los mejores músicos del Reich y todo ese espectáculo, toda la pompa que rodeaba al ministro de propaganda, no era nada más que la orquesta del Titanic, que mientras el barco se hundía cada vez a mayor velocidad, más fuerte tocaban para intentar acallar el ruido de los gritos y del pánico. Los camareros servían tragos para todos los hombres y el ambiente era de felicitaciones entre todos los presentes, el buen trabajo que hacía el ministro convenciendo al todos de que la guerra marchaba excelente, era un trabajo bien hecho.

En la mente del prusiano las preocupaciones eran otras, en especial desde que el Fúhrer había decidido invadir Rusia con todo lo que ello estaba significando para el país y el peligro cada vez más evidente de quedar atrapados en una guerra de dos frentes contra los soviéticos y los aliados a la vez. Esa noche nada de eso importaba, tenía otras cosas por las que preocuparse.

Su rostro pareció iluminarse ante la aparición de la actriz, una de las pocas personas que habían asistido a esa reunión a la que toleraba sin tener que fingir nada. Le sonrió amablemente mientras ambos charlaban, esperando a que el esposo de esta se marchase para poder distender un poco el ambiente, de mal humor que se ponía Gustav siempre que tenía que tratar con los hombres de las SS y de la Gestapo.

No tenga dudas de que mientras actúe, yo compraré mi entrada para ir a verla, así como hará todo el país —afirmó, Grethen Schäfer había llegado a consagrarse como actriz y como el rostro más bonito del cine alemán antes de que los nazis tomaran el poder y sí, cada vez aparecían nuevas actrices que podían intentar hacerle sombra— No debería preocuparse por las muchachas que aparecen un día y desaparecen al siguiente, son moda pasajera —le dijo, porque estas normalmente dependían de ser amantes del ministro Goebbels y podían caer de su gracia con la misma facilidad con que ascendían.

En la Abwehr, con el almirante Canaris, tengo que admitir que extraño el mar en ocasiones, pero mis opciones eran la oficina de inteligencia o confinarme en un submarino —le explicó, pues con la necesidad cada vez mayor de combustible para el frente oriental, pocos eran los barcos de la Kriegsmarine que zarpaban a alta mar, salvo por los U-Boot que azolaban el comercio inglés desde las profundidades— Así que heme aquí, asistiendo a bailes con los altos dignatarios y atractivas estrellas de cine. No tengo derecho a quejarme —se excusó con sencillez, además de que desde la inteligencia podía hacer todo lo posible para combatir a los nazis y su barbarie.

Pero como le decía, no tengo demasiado qué contar —le guiñó un ojo mientras alzaba su copa para beber de ella, siempre le había resultado divertida la coquetería de la actriz, lástima que se hubiese casado con ese monstruo que la había acompañado esa noche— ¿Un cigarrillo? —le ofreció, sacando su cigarrera personal y el encendedor para ponerse uno para si mismo.





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Lun Sep 13, 2021 9:29 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942


La ausencia de su marido no pareció importunar al Coronel. Seguramente, ya estaba acostumbrado a que sus compañeros se reunieran con los que convivían a menudo. No obstante, había sido un tanto maleducado aunque se mordería la lengua para no decírselo cuando se subieran al automóvil que los llevaría a su hogar en la ciudad, el sitio donde residía Gretchen prácticamente a solas. Era un matrimonio inusual pero totalmente aceptable ya que el primer compromiso era para-con el país y Frau Shäfer debía cumplir con el Ministro y la propaganda independientemente d de su matrimonio.

El halago fue recibido con una sonrisa espléndida de cariz sincero en los labios de la actriz. Gretchen sabía que no le estaba regando los oídos con falsos comentarios porque se le daba bien descubrir cuándo alguien estaba interpretando un papel ya que, a fin de cuentas, era una profesional del arte dramático. Y no, no le cabía ni la menor duda de que Gustav valoraba su talento y eso, estando rodeada de hombres que seguían ciegamente las órdenes de su líder sin tener una opinión propia, era un soplo de aire fresco.

—¿Quiere un autógrafo?—era un ofrecimiento divertido, una broma realmente pero estaba dispuesta a dárselo —Mi marido no se molestará, diría que está acostumbrado—continuó antes de seguir alimentándose de sus comentarios porque, como actriz, era un pelín narcisista —Creo que cuando sienta que el cénit de mi carrera se aproxima, le llamaré para que me anime—agregó sin perder ni un ápice su carácter alegre.

Desconocía que hubiese sido trasladado a la organización de inteligencia militar y descubrirlo encendió todas sus alarmas. Gretchen mantuvo la compostura sin mostrar nerviosismo pero su corazón había dado un vuelco y, por primera vez en toda la conversación, se planteó que no fuese una charla amistosa sino una especie de comprobación. ¿La habían descubierto?

—Una labor crucial para el futuro del Reich. Imagino que debe ser más entretenido que un submarino, ¿no?—era una forma sutil de averiguar algún detalle —No sé si estás fiestas son más entretenidas que Kriegsmarine pero procuraré no aburrirle con mi banal conversación sobre cine aunque sigo creyendo que su oficio es más interesante que el mío—apostilló.

El Coronel se excusó retirándole importancia a su oficio que le parecía tan temible como el que ejercía su marido en los campos, tal vez no tanto. Se concentró en la conversación y en el guiño del ojo que el Coronel le dedicaba a pesar de estar casada y rodeados de otros oficiales y sus esposas. Sin embargo, nadie se percató del gesto.

—Por favor—estiró la mano dejando que se lo ofreciera —Buena calidad, nacional—esperó a que le diese fuego para aspirar el aroma a adicción —¿Así que estoy ante uno de mis fans más antiguos? Cuénteme, ¿Cuál de todas mis películas es su favorita? ¿Nunca ha asistido a un rodaje?—se podía considerar como una particular invitación aunque era más bien una forma de acercarse a él y demostrarle que no ocultaba nada. Que estaba libre de toda sospecha.





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Vie Sep 17, 2021 6:05 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Cuando por fin el hombre se fue ambos se encontraron visiblemente más cómodos, el coronel no tenía problema en tratar con los demás miembros del partido, pero en las SS encontraba a las personas que le provocaban mayor repulsión de todos. Por suerte la sonrisa de la actriz era incentivo más que suficiente como para quedarse ahí, verla tan contenta sin la sombra de su marido al lado le agradó en realidad.

Necesitó meditar como durante medio segundo antes de dar su respuesta.

Pues ya podría importarle. Pero así es la vida, ya me gustaría a mí tener un autógrafo de la misma Gretchen Schäfer y poder ver la cara larga de su marido al mismo tiempo —le dijo a manera de broma, por supuesto que quería tener un autógrafo de ella, pero lo mejor sería que no se lo diese delante de todos los demás dignatarios o todavía lo mirarían mal— Puede ser que así descubra otra vocación por si el trabajo de la guerra empieza a ir a la baja — "o nos rendimos de una vez" "o nos despiden a todos", omitió agregar en su respuesta.

Ladeó la cabeza hacia ambos lados, una señal de dualidad para el oficial, que había estudiado para luchar en los grandes acorazados y batallas llenas de cañones, unas que desde la Gran Guerra habían dejado de tener un verdadero sentido.

Podría decirse que mi oficina es cuanto menos más cómoda y que me permite asistir a fiestas o ir a tomar un café en la ciudad —respondió, bien sabía que la vida a bordo de un submarino era más que incómoda, además de los peligros de que cualquier falla mecánica dejase a toda la tripulación sepultada en un ataúd de metal a una profundidad de la que sería imposible escapar— Sin arte dudo que nada de esto tuviese sentido —le dijo, arte de verdad, no las ridículas películas que solo eran propaganda para el régimen.

En ese momento al marino no se le pasaba por la cabeza que la actriz pudiese estarse sintiendo perseguida, era la simple amabilidad de un hombre solitario en una fiesta que había decidido acercarse a una estrella del cine a la que siempre había admirado.

Eso es lo que dicen en los anuncios —respondió con una sonrisa amable, por algo los alemanes tenían siempre el mejor tabaco aunque no es que en Alemania hubiese demasiadas plantaciones, pero de momento el régimen se permitía toda clase de lujos en las importaciones, que no se notara escases era lo más importante— Si tuviese que elegir y digamos que estoy obligado a elegir, me decantaría por la primera que vi, la película de la corista —mencionó la película que ya no se podía emitir porque era previa al régimen y el director de la misma era judío. Sin embargo, seguía siendo la película en que la había visto por primera vez.

Dio una calada a su cigarrillo y dejó el humo escapar con toda tranquilidad.

Dicen que su familia logró llegar a los Estados Unidos, pero de él ni pista —comentó, mentando al hombre que seguramente ya estaría muerto, un genio detrás de la cámara condenado por algo tan ridículo como tener un padre que no pertenecía a la nación aria— Ni siquiera nosotros pudimos dar con él —señaló, la Gestapo guardaba celosamente toda información al respecto de sus prisioneros y lo que hacían con ellos.





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Jue Sep 23, 2021 1:18 am



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942


La hizo reír pero de verdad no como cuando fingía a raíz de los chistes sin gracia del Ministro o las ocurrencias burdas de los compañeros de su marido. En esa ocasión, fue un sonido natural y nada sobreactuado, de hecho, Gretchen se sorprendió por la risa armoniosa que abandonó su garganta durante unos breves segundos. Su mano ocultó sus labios para no llamar en demasía la atención.

—Disculpadme—procedió como se esperaba que lo hiciera una mujer decente y casada —Pero debo admitir que vuestras palabras me han producido una honesta gracia—en sus labios seguía pendiendo el último rastro del pecado: una sonrisa ladina que iluminaba su tez —Si es discreto prometo dárselo en cuanto tengamos ocasión—prometió dispuesta a ello —¿Cree que se quedará pronto sin trabajo, Coronel?—su opinión no pasó desapercibida para la audacia femenina y, aprovechando la situación de confianza creada, se atrevió a preguntarle al respecto.

Él aparentaba normalidad como si estuviesen viviendo realmente una escena distendida y natural alejada de amenazas o dobles intenciones. Frau Schäfer se cuestionaba demasiados detalles en esos momentos desde el acercamiento supuestamente aleatorio del Coronel hasta los comentarios que había realizado sobre su esposo. ¿Comprobaba su lealtad hacia el Reich? ¿Hacia al hombre con el que se había desposado? ¿Había dicho algo sospechoso?

—Entonces disfrute de sus nuevas comodidades, Coronel von Bergen—elevó la copa a modo de ligero brindis y después saboreó las burbujas de la misma —Le percibo alicaído en lo referente a la guerra aunque coincido con usted en que el arte inunda de color y brillo nuestras vidas—compartió su opinión en el comentario más sincero de todos —¿Y no es lo que dicen en los anuncios lo que todos debemos creer?—en esa ocasión fue ella la que le guiñó un ojo con diversión y complicidad.

Que eligiese de todas sus películas la primera, que encima había sido dirigida por un judío, la consternó visiblemente. Gretchen guardaba un grato recuerdo del judío, un buen amigo al que la Alemania Nazi le había arrebatado sin posibilidad de despedida. El primer cineasta que había creído en ella otorgándole la oportunidad de mostrar su talento al mundo.

—Era un gran profesional...espero que pudiese descansar—reconoció y, acto seguido, inhaló el humo del tabaco para disipar las brumas del pasado y la melancolía de su mente —Así que ha seguido mi carrera desde los inicios, estoy realmente sorprendida—confesó —Si le interesa, podría conseguirle una invitación para uno de los días de rodaje. Seguro que se le ocurre alguna excusa y, quién sabe, hasta podría hacer un cameo—propuso recuperando la invitación velada de hacía unos minutos.





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Lun Oct 18, 2021 12:03 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Todo el ambiente festivo que los rodeaba no se condecía con los pensamientos del militar, en realidad lo que veía a su alrededor era a un montón de personas que guardaban las apariencias después del desastre en que había acabado la invasión de Rusia. Podían negarlo, podían decir que se estaba triunfando y que una nueva ofensiva terminaría por aplastar al ejército rojo, pero craso error era creer esa mentira, como se la habían creído todos en el alto mando al pensar que bastaría con un año de lucha para terminar la guerra.

Por supuesto, no hay nada que podría querer más —le respondió, ir al estudio sonaba como una fantasía, mientras que un autógrafo era algo que se podía realizar y ser también bastante significativo— No sé si pronto, pero dentro de un par de años —dejó caer, ella era lista y entendería el mensaje, pero tampoco era tan imprudente como para admitir la eventual derrota futura— Y de momento la flota se sienta en el puerto —señaló.

Los acorazados y cruceros consumían una enorme cantidad de petróleo, un recurso del que por lo demás carecían y que se necesitaba para los tanques y los aviones, bien podían desarmar la flota para usar el metal en otra cosa. Pero los barcos eran una señal de orgullo muy grande y sus jefes se habían obstinado en construirlos, aunque los submarinos resultaban infinitamente más útiles.

En eso tenéis mucha razón Frau Grëtchen, es nuestra obligación creer lo que dice la propagando —le sonrió, señalando con la mirada en dirección del ministro Goebbels, la voz de la nación, el pequeño hombrecillo que se había asentado tan cómodo en ese puesto de poder, manipulando a los alemanes para que siguieran arrojándose a su destrucción— Así como al ver una película, todos creemos durante su duración que lo que ocurre en la pantalla es la verdad —solo que en las películas, al salir de la sala, ese espejismo se esfumaba.

Cada segundo de hablar con ella era una distracción, algo que al igual que las películas lo hacía olvidar las circunstancias en que estaban todos, incluso los que vivían en la negación dentro de ese salón. No quiso responder a su comentario acerca del cineasta, si tenía suerte le habían pegado un tiro certero en la cabeza o en el corazón, casada con quien estaba la actriz debía ser consciente del destino que le deparaba a aquellos a los que subían a los camiones por la noche.

No creo ser tan guapo como sus compañeros de rodaje, ni ser capaz de no mirar a la cámara fijamente —se excusó, rehuyendo de la posibilidad de lo que sin duda debía haber sido una broma— Además, no creo estar demasiado en gracia con su marido, pareciera que no le caigo muy bien —dijo con tono de ironía, era él el primero que hubiese pasado a todos los miembros de las SS por un tribunal militar por crímenes de guerra.

A vuestra salud, disfrutad de la velada —le dijo, alzando la copa en su dirección, esperando que fuese ella la que se alejara primero como correspondía hacer. Todavía tenía una misión que cumplir esa noche.





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Lun Oct 25, 2021 7:01 pm



CAPÍTULO I
Der Party
EN BERLÍN . CON GUSTAV . 1942


Ya se estaba imaginando al distinguido caballero —tan acostumbrado a la rectitud del ejército— sumergido en un ambiente tan distinto como era el de una película. Por supuesto, no se asemejaba a la cumbre del cine estadounidense pero había alegría en los sets de rodaje y muchas risas cuando el alcohol corría por los caminos adecuados. Sí, Gretchen ya estaba deseando ver al Coronel sobreviviendo a un día en la farándula.

—Será divertido como mínimo, se lo prometo—comentó ella con su derroche de coquetería habitual —Más pronto de lo que auguran algunos estadistas pero no se preocupe. Si eso sucede, le ofreceré un hueco en mi siguiente película como atractivo figurante—si perdían la guerra estaba segura de que los aliados harían pagar a Alemania por todo el dolor infligido a los judíos o los negros sino a las personas con discapacidades, a los sujetos de experimentos, a los homosexuales o a los disidentes políticos. Hitler odiaba a todo aquel que no pensaba como él. Era un enemigo de la humanidad.

Asintió despacio sin pasársela desapercibida la mirada que el Coronel dedicó a Goebbels. El hombre al frente de una de las maquinarias más poderosas de propaganda no estaba dispuesto a que nadie dijese nada contrario a sus películas. Por eso, estaban todos a su alrededor riéndoles sus burdos chistes o granjeándose su supuesta amistad. Nadie quería caer mal a tan cercano hombre del Führer.

—La propaganda surte efecto en las personas más ignorantes aunque he de reconocer que mi interpretación es magnífica y consigue conquistar a personas más letradas—comentó tras dejar escapar un poco de humo por sus carmesíes labios —Pero sí, el cine es poderoso y ayuda a las personas a olvidarse de sus propias vidas y soñar con otras mejores—reconoció finalmente.

Se encogió de hombros otorgándose un poco de misterio para que él solo discerniera si hablaba en broma o no. Después el Coronel mencionó a su esposo y el gesto de Gretchen se agrió sin una pizca de esfuerzo por esconderlo. Detestaba a ese hombre y se alegraba enormemente de no tener descendencia con él.

—No es un hombre muy dado a las relaciones sociales excepto con sus cercanos—susurró tras el cigarro —Pero eso no debería importunaros, la invitación sigue en pie—prometió con una sonrisa sincera —Buenas noches, Coronel. Ha sido un placer conoceros—se retiró dedicándole una última mirada antes de reconocer el rastro inequívoco de sangre que dejaba su esposo tras de sí. ¿Qué mejor tapadera para una espía que ser la mujer de uno de los hombres a cargo de uno de los peores campos de concentración nazis?



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Miér Nov 03, 2021 10:55 pm



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Después de despedirse de la actriz había continuado con su continuo paseo entre los invitados. Los oficiales del ejército, la marina y la fuerza aérea tenían la costumbre de permanecer cerca, incluso de hablar entre ellos en pequeños grupos, aunque para opinión de Gustav, muy pocos de ellos se mostraban hostiles hacia los hombres de la SS o del partido.

Oportunistas todos, pululaban cerca de las figuras de poder, muchos prefiriendo ver sus carreras alzarse al alero de la protección de los políticos que arriesgándose en el frente de batalla. Claro, Berlín y las fiestas del ministro de la propaganda eran un lugar mucho más cálido que las heladas estepas de Rusia.

El objetivo del prusiano era uno muy distinto, pues esperó pacientemente a que el alcohol hiciera efecto y la música empezara a volverse animada, con la multitud danzando en el gran salón del ministro y pronto entre hombres y mujeres alcoholizados, el coronel fue abriéndose paso intentando no llamar la atención.

Llevaba en su mano un vaso de whisky, buen whisky, whisky escocés. Curioso, considerando que ese era un producto de sus enemigos británicos, pero a la hora de beber hasta los más fervientes nazis preferían rendirse ante una botella de origen extranjero. Avanzó, colándose entre los guardias de los pasillos, esquivando a parejas felices y comensales demasiado ebrios como para poder andar en línea recta.

Se fue infiltrando hasta que dobló finalmente en una esquina y llegó al despacho mismo del ministro, empezando a rebuscar entre cajones de su escritorio hasta que dio con uno que estaba cerrado con llave.

Maldito capullo paranoico —protestó mientras intentaba en vano abrir el cajón, esperaba encontrar ahí los documentos de importancia que necesitaba, con un poco de suerte podría dárselos al almirante y... su pensamiento se interrumpió, unos pasos de tacones se acercaban. Se alejó a toda prisa, tomando escondite tras un biombo que había a un lado junto a un espejo.

Pensó que se trataría de la amante de Goebbels o alguien por el estilo, pero en lugar de eso distinguió una cabellera rubia que se adentraba, ¿Qué podía estar haciendo Fräu Schäfer ahí? Ni idea, quizás buscando algo con que chantajear al ministro para darle un papel. La vio acercarse y entonces emergió desde la sombra.

Ni lo intentéis, está cerrado con llave —señaló el oficial de inteligencia, mirándola como quien había encontrado a su presa.






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Vie Nov 05, 2021 3:25 pm



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GUSTAV. 1942


Por mucho que todos esos hombres poderosos e impolutos aparentaban ser perfectos eran incapaces de no sufrir los efectos y las consecuencias de la ingesta continuada o excesiva de alcohol. Sus lenguas se soltaban, sus miradas se volvían más descaradas y las risas aumentaban en frecuencia dando paso a conversaciones distintas. Ya no solo hablaban de los planes de Hitler o de la guerra sino del glamour, del tabaco, de sus mujeres o esposos y del cine. Todos eran pecadores y escondían secretos que no eran del todo inadvertidos para Gretchen.

La actriz no solo vivía de la industria cinematográfica sino también del espionaje. A veces un admirador secreto depositaba una cantidad de dinero en forma de presente en su buzón y otras, se reunía con empresarios que querían financiar nuevas producciones. Sin embargo, no realizaba aquellas acciones traidoras al Tercer Reich por ambición económica sino por desprecio y repugnancia. Ella amaba la vida y no toleraba que se llevasen a cabo crímenes de semejantes magnitudes en el país que siempre había amado. Si debía morir sería haciendo algo bueno, lo tenía claro.

Tras despedirse de Gustav se reunió con su esposo que era de todo menos atento o cercano, simplemente le gustaba pasarle el brazo para dejar patente que la actriz de mayor renombre de Alemania era su mujer y, encima, era preciosa. Ella se limitaba a contemplar a todos los oficiales con su sempiterna sonrisa y a reírles las gracias cuando la situación la requería pero, en el fondo, todos le aburrían. Peor, le asqueaban.

Cuando la conversación derivó en otros temas que no eran de su interés se despreció del agarre masculino con la excusa de que necesitaba acudir al baño para acomodarse el cabello y el maquillaje, en definitiva, cosas de mujeres que resultaban totalmente vacuas para los uniformados.

Su visita al cuarto de baño fue escueta porque su verdadero objetivo era el despacho de Goebbels y aquel cajón que había observado en sus múltiples reuniones. Sabía que escondía información confidencial porque el Führer creía firmemente en su opinión y ella la quería.

Cautelosa como una felina atravesó el umbral de la puerta y cerró con total discreción dispuesta a aproximarse al escritorio hasta que, de repente, la voz del Coronel Gustav la sobresaltó provocando que diese un respingo.

—Mierda, Coronel—espetó llevándose el corazón al pecho —Me ha asustado—ya estaba trabajando en una excusa —¿Qué hace aquí? ¿El Ministro va a reunirse con usted?—lo observó con total atención —Porque a mí me ha pedido que le llevase una de las plumas de su escritorio, está dispuesto a dar un discurso para sus ebrios invitados—comentó con tanta naturalidad que cualquiera la creería.



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Jue Nov 18, 2021 3:00 pm



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GRETCHEN . 1942

Si antes la reunión social se había tratado de saludar a viejos conocidos, charlar con actrices famosas y hasta conseguir un autógrafo, todavía quedaba demasiado por hacer esa noche. Secretamente y durante muchos años la oficina de inteligencia de la Wehrmacht había estado trabajando en planes para derrocar al régimen nazi, pero cada vez estos habían sido frustrados por la mala suerte o la simple coincidencia, parecía ser que el führer estaba protegido por la divina providencia y que jamás podrían alcanzarlo. Gustav tenía una opinión diferente.

Primero que nada, necesitaba acceder al cronograma de actividades del ministro de la propaganda, pues así podría saber la resistencia militar dónde se reuniría con Hitler y cuándo. Sabido era que Goebbels gustaba de llamar la atención, por lo que esperaba que no fuese difícil dar con alguna ocasión de importancia en que poder coincidir. Su misión se limitaba a ello, el cómo se ejecutaría el resto del plan no entraba dentro de sus competencias como parte de la conspiración.

Se estaba jugando el cuello y eso lo sabía, lo que más lo aterraba era la posibilidad de caer en manos de la Gestapo. Sabía de lo que eran capaces esos carniceros y antes preferiría pegarse un tiro en la sien que aceptar ese destino final.

Lo que no esperó nunca fue el encontrarse con su actriz favorita de cine, esa con la que había estado hablando hace tan poco en la fiesta y que incluso le había hecho más de un comentario gracioso. Mil dudas los asaltaron al verla ahí,

Ella negó, intentando desviar su atención con una excusa, pero Gustav había visto claro que ella había intentado abrir la gaveta, la misma a la que él había intentado acceder anteriormente.

Fräulein Schäfer, es lo mismo que le preguntaría yo —le dijo con tono calmado, como si realmente su objetivo allí hubiese sido el atrapar a una presa y no el intentar robar el contenido al que ella, a propósito o no, había estado a punto de acceder— Pero por supuesto que el ministro no perderá la oportunidad de dar uno de sus famosos discursos, sin duda la oratoria es un don que yo echo en falta —agregó.

Se acercó un poco, rondando a la actriz, como si él no hubiese estado también actuando como un intruso dentro de esa habitación.

Ahora bien, ¿Ha encontrado la pluma del ministro —metió la mano a su bolsillo, un gesto amenazante, pero desde este no salió ningún arma sino que una pluma negra, acercándose hasta la actriz para ofrecérsela— ¿Fue su esposo el que la envió a buscar información? —preguntó, era sabido que todas las incontables ramas del partido se enfrentaban las unas a las otras para obtener ventaja propia sobre los demás.






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Jue Nov 25, 2021 2:17 am



CAPÍTULO II
Die Reise
EN BERLÍN . CON GUSTAV. 1942


—Le he explicado el motivo de mi visita al despacho, Coronel—replicó con suavidad y sin subir el tono, no le convenía convertirse en sospechosa de ese hombre aunque, en el fondo, sabía que tenía todas las de ganar porque era el ojito derecho de Goebbels, su gran estrella. El Ministro nunca dudaría de su implicación con el Tercer Reich gracias a la absoluta ausencia de pruebas porque era de todo menos idiota.

—Debería venir más a menudo por la capital, Coronel. Podría disfrutar de muchos debates políticos y discursos, los hombres siempre aprovechan la mínima oportunidad para alzar la voz ante un auditorio—todos los buitres de Hitler buscaban impresionarle con los comentarios más brillantes o halagadores. No era ningún secreto que todos pugnaban por la atención y el favor del hombre más importante de Alemania y, según ellos, del mundo entero.

Desafortunadamente estaba ante un peso pesado, un hombre perspicaz que había olvidado la admiración que sentía por ella para rondarla con actitud, a su parecer, amenazante y poco apropiada. ¿De verdad deseaba el Coronel enfrentarse a ella cuando estaba detrás de dos de los caballeros más relevantes del Régimen Nazi? Le había caído bien y le resultaba interesante pero apreciaba más su libertad.

—Sí—la señaló encima de la mesa donde la había dejado porque, por supuesto, que su tapadera era real o, al menos, debía parecerlo. Se centró entonces en los movimientos del varón llegando a mantener la calma cuando lo vio introducir la mano en el interior de la chaqueta.

—Cogeré la del Ministro—no quiso aceptarla porque la desconfianza era mutua —¿Perdone?—la mención de su marido la obligó a entrecerrar los ojos con gesto pensativo —Mi marido no me ha mandado a buscar nada, Coronel. Ha sido el Ministro—repitió consciente de que era una buena forma de hacer calar su mensaje —¿Va a dejar de interrogarme y dejarme marchar?—preguntó con un tono más serio —Las insinuaciones que está realizando están totalmente fuera de lugar—agregó con aire de ofendida.



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