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Miér Sep 01, 2021 7:37 am por Yaguchi
Recuerdo del primer mensaje :

Ophélie Parent
« Astrid Bergès-Frisbey. 23. vicivosdrcams. »
... and forthwith came there out blood and water.
El reino prusiano bajo el mando de Federico el Grande continúa con su espíritu beligerante por toda Europa, cambiando de aliados, estrategias y tácticas según sus propios intereses. La importancia de la guerra no se reduce solo a las victorias ganadas contra países rivales; también está en las reuniones, las misiones secretas y los conflictos en el propio palacio.

Federico el Grande se ha prometido dos cosas tras la primera guerra de Silesia: extender la fe más allá de Europa y asegurarse la victoria con un objeto de esa misma religión, la Lanza Sagrada de Longino con la que el centurión Cayo Casio Longino ensartó a Jesucristo en la cruz para comprobar que estaba muerto.

Para ello, se vale de un pequeño grupo de soldados, entre los que están Hartmut Bonnay, sacado directamente de la Guardia de Potsdam, y Ophélie Parent, devota de la fe cristiana y monja que hasta entonces no ha conocido la vida fuera de la capital prusiana. Su camino les llevará a lo largo de Europa con nada más que unos cuantos caballos, provisiones y dinero para hospedarse de vez en cuando en posadas y paradores. En sus manos está servir a la patria y ser buenos compatriotas.
« 1x1 . ÉPOCAS PASADAS. + vicivosdrcams »
Hartmut Bonnay
« Jack Lowden. 25. Yaguchi. »


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Última edición por Yaguchi el Miér Sep 01, 2021 9:47 am, editado 4 veces


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Sáb Ene 22, 2022 1:00 pm por vicivosdrcams


EL ASALTO
III
«i'm think... i'm falling»
Extrañamente, le hacía ilusión que otra persona pudiera gozar del colgante y de los sentimientos que se veían envueltos en la piedra. Desde que entró, había carecido de pertenencias materiales y que podían denominarse obscenas por el resto de las hermanas. Sonrió de medio lado, aguardando que sus buenos deseos para el guerrero se cumplieran antes de que uno de los dos perdiera el aliento por cualquier calamidad del destino.

Claro que al sorpresa pronto bañó el rostro de Ophélie al vislumbrarle devolviéndoselo. Abrió la boca con deseo de insistirle mas terminó escuchando la posible razón para negarse ante tal humilde presente. La mano de Hartmut era hastía por el trabajo de portar las armas pero no era, ni mucho menos, desagradable “—igualmente, me gustaría que lo tuvierais. Precisamente, por ser algo de valor, quisiera que así mi memoria no se viese en el olvido” musitó la mujer, ni siquiera notando la cercanía entre ambos. Ella adoptó una expresión de ligera tristeza, quizás porque no comprendía el interior de su corazón.

“Me recordáis a un niño pequeño” terminó musitando con una sonrisa de ternura, llegando hasta revolverle cariñosamente su mata rubia. En esos momentos de no saber si sobrevivirían al día siguiente, se mantuvo próxima a éste no solo por el frío, sino porque la soledad podía terminar matándola antes.

Necesitaba descansar y reposar, cambiar las telas manchadas del fluido… aunque aquella pregunta creía haber sido respondida, era normal olvidarse. Le miró de soslayo, quedándose con una pequeña llama en su corazón.

“Mi padre y mi madre murieron por el tifus… fue un milagro, dijeron, que no acabara muerte. Eran gentes humildes. Mi padre trabajaba duro para que tuviéramos algo de comer, sé que luchó también en la guerra—poco más” suspiró, el sueño queriendo vencer sobre sí “¿Y vuestros padres? Os extrañaran”







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Sáb Feb 12, 2022 7:25 am por Yaguchi


EL ASALTO
III
«i'm think... i'm falling»
El soldado asintió con cautela a la pequeña historia y volvió a disculparse, una forma de darle el pésame a Ophélie. De ser tan creyente como ella le habría asegurado que estaban en el Cielo, cuidándola, observándola, pero ella ya lo sabía. Y si su destino no mejoraba, ni ella ni él tardarían en dar con ellos en aquel reino que solo se alcanzaba con la muerte.

Supongo que me han escrito, pero ahora... bueno, dudo que los mensajeros den conmigo —se dio el capricho de sonreír, de hacer aquella broma inofensiva sobre lo perdidos que estaban. Solo de pensar en todo lo que tenían que hacer (recuperar sus ropas o comprar nuevas, restablecer sus armas, su caballo, etcétera) sentía que se le caía el mundo encima. Sentía, también, que una puta lanza no era tan importante como para hacerles pasar por ello. Al menos a Ophélie.

Hartmut no se molestó en volver a peinarse, y de hecho aquel gesto de la monja le arrancó una sonrisa. No, él no se sentía como un niño, pero se encontraba a gusto así. Y sabía que todo tendría que cambiar en cuanto el sol saliera de nuevo.

Será mejor que duermas. Te noto cansada. Yo me quedaré despierto y avivaré el fuego. —. Miró su camisa de soslayo, que ya debería haberse secado tras haberla lavado en el arroyo antes de encontrar aquel pequeño escondrijo. —Si tienes frío, ponte mi camisa por encima.

Que fuera su única prenda limpia y libre, aparte de los largos calzones que llevaba, no significaba no se la cediera a Ophélie por la noche.




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Miér Feb 16, 2022 7:27 pm por vicivosdrcams


DESPUÉS DE LA TEMPESTAD
IV
«what are we going to do?»
En algún momento de esa temible emboscada, Ophélie cae rendida hasta el pagano mundo de Morfeo. El agotamiento ha logrado que sucumbiera y dormitarse en el torso mal herido de Hartmut, donde el calor que procesa ha conseguido parar ese hilo de frío por la llovizna que se desató y las almas que se perdieron por el terraplén.

La novicia, antes de caer rendida, no paró de rezar en voz baja: ya no por su mecha de vida sino por la del guerrero. No quería rendirse, de veras que no mas ella no estaba destinada a tomar la lanza junto al hombre. Nunca pidió mucho, únicamente una vida plena donde poder ayudar y servir a los más desafortunados. Es con la propia lanza que se ve en la ensoñación, guiando a un puñado de malheridos con tal de parar la guerra y asustar a los demonios que poseen a los mundanos con puros deseos de sangre.

Una vez despierta e ilusamente considera que la misión se ha acabado, vuelve a la cruda realidad. Enrojece cuando su visión se aclara y se ve sobre el joven. Dormido, parece más joven de su edad actual y desde luego San Miguel debería otorgarle la máxima bendición. A pesar de que alega que no es 'especial', la monja sí ve una luz interior en éste...

Se aleja de él, cuidadosa, porque aún siente las piernas débiles. Primero se asoma desde una distancia prudencial del escondrijo. Solamente se oye el canto de las aves y el arroyo, oh. Mira en ese momento sus andrajos y la poca sangre que no le pertenece a ella. Traga saliva. Debe, no ¡necesita lavarse y purificarse! Antes de marchar a donde se oye el eco del agua, tapa al joven con un par de hojas y le acaricia la frente, rezando para no solo tener un momento de tranquilidad, sino también de hallar bayas salvajes que puedan servirles de alimento.




Última edición por vicivosdrcams el Lun Mar 07, 2022 5:57 pm, editado 1 vez




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Lun Mar 07, 2022 3:26 pm por Yaguchi


DESPUÉS DE LA TEMPESTAD
IV
«what are we going to do?»
A pesar de su promesa, él también cayó dormido. Aguantó unas cuantas horas más antes de que su cuerpo decidiera apagarse, allí mismo, sentado, rodeando sus piernas desnudas, antes de acurrucarse en posición fetal cerca del fuego. Le costó cortar contacto con aquella cabeza tan frágil pero inteligente, aquellos cabellos que le acariciaban el pecho haciéndole sonreír en una situación donde poca gente sonreiría.

Cuando despertó, solo quedaban las ascuas, y poco a poco la realidad volvió a él. Tiritaba; seguro que el fuego se había apagado hacía mucho tiempo. El sol estaba lo suficientemente alejado del horizonte como para que Hartmut atestiguara que habían perdido muchas horas, pues podrían haber salido al amanecer.

Se rascó la barba, mientras su cerebro procesaba la mala situación en la que se encontraban.

Hartmut apartó aquellas extrañas hojas. Supuso que Ophélie, a la que no encontraba ahora, se las había echado encima. Hartmut se puso en pie en aquel refugio improvisado y salió al bosque, al valle donde sus pies desesperados le llevaron la noche anterior. Le consoló ver su camisa allí donde la había colgado, seca y ahora cálida por las horas de sol que habían incidido sobre ella. Mirando a ambos lados, se aseó las axilas, el cuello y la cara antes de ponérsela. Aunque era su única prenda además de la interior, era lo suficientemente larga para taparle casi hasta las rodillas.

¿Hermana? —preguntó a la nada, el bosque respondiéndole con un eco de su voz. Tragó saliva. —¿¡Ophélie!? ¿Dónde estás? —sin perder de vista el camino que trazaban sus pies para no desviarse de la pequeña cueva, se alejó para buscarla, siempre siguiendo el lecho del arroyo. —¿Me oyes?

De momento, la única respuesta fue su estómago, que ansiaba por recibir cualquier cosa, fuera comestible o no.




Última edición por Yaguchi el Lun Mar 14, 2022 6:33 am, editado 3 veces


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Sáb Mar 12, 2022 9:27 am por vicivosdrcams


DESPUÉS DE LA TEMPESTAD
IV
«what are we going to do?»
Una pequeña comisura se centraba en la faz de la novicia. Aunque su hábito y su pañuelo quedasen reducidos a meras tiras de tela, su positividad trataba de adueñarse del horrible paso de la noche anterior. Había prestado especial atención antes de marcharse de la cueva. Quizás la lluvia había borrado, afortunadamente, sus huellas y cualquier rastro que indicara su actual ubicación. La zaina iba con pies de plomo... bueno, de forma literal, porque descalza trataba de no romper ni una ramita ni ninguna hoja caída por el cambio de estación.

El sol se escondía, tímido a regalar sus rayos de sol. Trató de perseguirle sin perder la ruta de su camino que era acabar mojando su faz en agua clara para sacarse cualquier atisbo de maldad de sí. Aparte, debía cuidar de Hartmut. El soldado había desempañado más que una simple función de protegerla, estaba dispuesto a entregar su vida y no solo porque hubiera sido ordenado, sino porque lo sentía. En esos momentos Ophélie se sentía confusa. Estaba pasando por un río de emociones tan variadas...

Su corazón quería decirle que esa admiración iba pasando a otra categoría sin embargo, era demasiado pronto para comenzar a hilar esos cambios de percepción. Cuando al fin llegó al pequeño arroyo, suspiró con una tremenda ilusión. El agua cristalina y dulce iba a ser el mejor presente para los dos. Y es que a pesar de haber estado cuidadosa a la hora de buscar el rumor del agua, ya no puede soportar seguir con la tierra y el rastro de la muerte sobre sí. Buscó unas hojas amplias para transportar, como mejor pudiera, el agua y con cuidado se fue retirando las prendas sobrantes. Aunque no tuviera gran profundidad, sí la bastante para quedar sumergida por un efímero momento.

Se echó a reír por el cambio de temperatura. Que estuviera helada era lo de menos pues en el convento no tenía un trato especial y los aseos aunque asiduos, eran escuetos. Quedó con la espalda arqueada, disfrutando de cada gota que recorría su persona. Ajena a los avisos del guerrero, ajena a que era una diana fácil porque necesitaba, por una vez, un momento egoísta para sí. La sangre se retiró, dejándola como una pequeña figura inmaculada. Porque eso era: pura.

Si tuviera de una vez la ansiada lanza en sus manos, entonces se encargaría que la guerra acabase con un solo toque a la tierra.







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Lun Mar 14, 2022 6:53 am por Yaguchi


DESPUÉS DE LA TEMPESTAD
IV
«what are we going to do?»
No recibir respuesta hizo saltar todas las alarmas. Observó el cielo, de nuevo tan nublado como la noche anterior. Inútilmente buscó huellas antes de dar la vuelta hasta la cueva, de donde cogió la daga de Frederick. Era ridículo que solo tuvieran esa arma, pero haría el trabajo.

Hartmut mantuvo la calma e intentó no pensar en todo lo que le podía haber ocurrido a Ophélie. Sin perder de vista la cueva, seguía la línea del arroyo ahora más lejos. Sujetaba la daga con ambas manos, contra su propio pecho, presto a apuñalar a quien se interpusiera en su camino. De no haberla tenido agarrada tan fuerte, se le habría caído al ver aquella espalda, pálida, inmaculada.

El soldado sabía que estaba cometiendo todos los pecados habidos y por haber; aunque tal vez fuera el hecho de que no había visto el cuerpo de una mujer desnuda en meses. Muchos meses. Tragó saliva, intentó articular palabra y sin embargo solo pudo negar con la cabeza y admirar durante aún más segundos a Ophélie, sus cabellos más sueltos que la noche, sus hombros, su espalda.

Cuando carraspeó, se dio la vuelta. —Estaba buscándote, hermana —dijo en voz alta, sus manos agarrando la empuñadura de la daga con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Ni siquiera la extrema unción le perdonaría aquellos pensamientos. Al menos le quedaba el consuelo de no haber pecado por obra, solo pensamiento. —Temía que te hubiera ocurrido algo. ¿Necesitas ayuda?

Se sonrojó. ¿Qué clase de depravado ofrecería si ayuda en una situación así?




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Lun Mar 14, 2022 10:02 am por vicivosdrcams


DESPUÉS DE LA TEMPESTAD
IV
«what are we going to do?»
El sol parecía haberse marchado y las nubes únicamente dejaban una sensación de día triste aunque no sería similar a la desgracia que acontecía tanto a ella como al soldado. Respiró hondamente, aliviada al comprobar que las manchas iban desapareciendo de su persona. El maravilloso, y egoísta, sentimiento de verse en un momento de completo silencio y paz sería su único regalo hasta que volvieran a la ciudad.

No fue consciente de que estaba agotando el tiempo previsto para darse un mero capricho. Hartmut seguía en la cueva y en cualquier momento podía despertar y preocuparse de no verla alrededor. Se abrazó a sí misma, cavilando en su faz. Ya visualizó todos los sentimientos posibles: ira, tristeza, apatía, consternación, felicidad, sorna y valentía. En especial, esa última. Era un bello ser dispuesto a cometer la promesa a su majestad y a pesar de todo, mantenerla con vida. Su corazón latió con mayor brío al ser éste el causante de nuevos pensamientos que estaban prohibidos y se lavó la cara, queriendo borrarlos.

"No seas tonta" le recriminó al reflejo cristalino, ignorando que ya había regalado al hombre una imagen que podía torcer el equilibrio del respeto y su promesa. Ahogó un grito. Se tapó lo mejor que pudo aunque éste, con suerte, únicamente habría advertido su figura de espaldas mas eso no quitaba que la joven tuviera pudor.

"Y—yo... necesitaba, bueno, quitarme el barro— y la sangre" su tono era nervioso y no iracundo. Cualquier otra fémina podría el grito al cielo. En cambio, Ophélie estaba acostumbrada a adecentarse con el resto de hermanas. Hermanas, claro, no varones "Estoy bien, de verás—como dormíais tan plácidamente, no quise molestaros"

Se las quería ingeniar para recoger el montón de ropa y volver a mirarle sin rubor en sus marcados pómulos. No obstante, algo no fue bien. La cabeza de Ophélie se nubló y el riego de sus pensamientos se opacó. De pronto olvidó cualquier rastro de inocencia y una mueca pretenciosa adornó aquellos labios que nunca habían maljurado. En un lento compás, el cuerpo de la fémina salió del arroyo y dio los primeros pasos hasta el soldado. Aposentó sus brazos en la cintura de éste, arrimándose al calor que transmitía. El aroma de la guerra, de la rabia, de la sangre...

Ophélie ya no era Ophélie... algo en su mirar lo dictaba.

"¿Por qué continuáis aguantando vuestros deseos? ¿Por qué no tomáis a la mujer como está escrito en las escrituras?" se burló cerca de su oído, su aliento soplando tras la oreja del hombre.







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Vie Mayo 13, 2022 4:30 am por Yaguchi


DESPUÉS DE LA TEMPESTAD
IV
«what are we going to do?»
Hartmut no pudo hacer más que negar con la cabeza, aguantando todos los deseos de girar esta para observar de frente a Ophélie. Él tenía derecho a dormir y ella a lavarse, y aunque Hartmut había visto ya a muchas mujeres desnudas (no solo en líos de faldas, también a sus hermanas y su madre, pues siempre había sido algo natural al lavarse todos juntos), hacerlo con una monja parecía algo peor. Un pecado de esos que te mandan directos al infierno.

De ahí la exhalación de sorpresa que dejó sus labios al sentir las manos en su cintura. Sin poder evitarlo, Hartmut se inclinó hacia detrás lo suficiente para sentir cómo su camisa se humedecía al entrar en contacto con la piel mojada de Ophélie aquí y allá.

Respeto tu fe lo suficiente como para mandarte al Infierno por mi culpa, hermana —respondió en voz baja, ahora sí con la cabeza ladeada para poder observar su rostro de cerca. —Y me parece una falta de respeto tomar a una mujer, como tú dices, en una posada, mientras tú me esperas en el cuarto de al lado.

Una solución sencilla sería que le dejara solo y, mientras se aseaba él en el arroyo, aliviar su pasión con la mano. Pero resultaba que el placer propio también era un pecado a ojos de Dios. Hartmut suspiró, bajando sus manos hasta colocarlas sobre las de Ophélie.

Las ganas de respetarla eran superiores a su necesidad de invitarla a que siguiera descubriendo su cuerpo.

¿Nunca has yacido con un hombre, Ophélie? —era la pregunta menos indicada para hacer, pero Hartmut la formuló con tanta curiosidad como ganas de saber hasta dónde era capaz de llegar aquella nueva versión de la hermana.




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