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Miér Sep 01, 2021 2:47 pm

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
- ¿¡DÓNDE ESTÁN MIS ÁGUILAS ORGULLOSAS!? ¡HOY ES EL DÍA DEL ORGULLO RAVENCLAW! ¡QUIERO ESAS ALAS DESPLEGADAS Y ESAS MENTES DESPIERTAS! VAMOS VAMOS VAMOS. - Dios, qué ganas tenía de hacer eso. Se había pasado toda la noche recordando a su mentor y admiradísimo prefecto Howards Graves cuando les despertaba así estando él en primero y segundo. El siguiente prefecto fue menos efusivo, pero Marcus sabía de sobra qué testigo debía recoger. Estaba deseando ser prefecto para poder ser él quien animara a toda la casa, ahora no como un simple alumno pesado y demasiado orgulloso de sus colores, sino como el prefecto de la misma. No todo podía ser perfecto: ese año, justo ese año, tenía que coincidir el día del Orgullo Ravenclaw en Pascua. Vaya por Dios. Daba igual, porque no iban a quedarse sin festividades, así que simplemente las habían adelantado a los días ocho, nueve, diez y once de marzo, siendo ellos los últimos, como siempre. A Marcus le valía más que de sobra, total, él estaba orgulloso de ser Ravenclaw todos los días. Ese en concreto, estaba con el orgullo y la emocionalidad más arriba que la propia torre.

Ya había advertido a Sean de que no quería gruñidos ni aspavientos, que no le amargara el día por lo que más quisiera, y su amigo había accedido. Casi pudo ver como se tragaba las ganas de quejarse cuando sintió a Marcus levantarse a las cinco de la mañana para empezar a disponerlo todo. Ahora iba armado con su varita, la cual había hecho levitar una cacerola y un cucharón amablemente cedidos por los elfos de las cocinas (otros que no tenían ganas de que les diera la tabarra más) y estaba haciendo ruido por todo el pasillo de los dormitorios de los chicos.

- ¡HOY ES EL DÍA DEL ORGULLO RAVENCLAW! ¡QUE SE ENTERE TODO EL MUNDO! - ¡Dios, O'Donnell! - Interrumpió un alumno de séptimo, saliendo de su habitación mientras se frotaba un ojo, tan adormilado como mosqueado. - Joder, no has cambiado nada desde primero, tío. - Y a mucha honra. - Respondió orgulloso y con un puntito pedante, mirándole con una caída de ojos. Sí, ese chico sería de séptimo, pero Marcus era más alto que él. El otro bufó. - Si ya eras pesado antes... - Un respeto, que soy tu prefecto. - Sí, gracias por el recordatorio, otra vez. - Se metió de nuevo en su dormitorio, mascullando. - Anda que... A quién se le ocurriría hacerte prefecto justo a ti. - ¡A personas con muy bien criterio! ¡Que te he oído! - Alzó la voz para responderle, asomando la cabeza por la habitación, pero el otro ya se había perdido de su vista.

- Tío. - Dijo Sean, apareciendo por allí arrastrando los pies y con voz cansada, aunque haciendo el esfuerzo por sonar lo más amable posible por la promesa realizada. - Estoy contigo, ¿vale? - Eso es lo que quería escuchar. - Peero. - Interrumpió su amigo, con un gesto de las manos. - Como sigas así, te vas a tragar la cacerola. No por mí, sino por cualquier otra persona de este dormitorio. Literalmente cualquiera. - No es mi culpa si HOY ES UN DÍA PARA FESTEJAR Y QUIERO VER A TODO EL MUNDO DESP... - ¡Eh, prefecto! - Dijo una voz cantarina y traviesa hacia él que le hizo detenerse y mirarle. Vaya por Dios. No se fiaba de ese diablo de Benjamin Creevey ni un pelo. El chico señaló la cacerola con una sonrisilla malintencionada y dijo. - ¿Eso es para despertar nuestro espíritu Ravenclaw? - Correcto. - ¿Y cuando acabes me la vas a prestar? - Ni de coña. - Zanjó rápido e imperturbable, girándose de nuevo y continuando su andadura por el pasillo. - ¡ARRIBA ESAS ÁGUILAS! ¡HOY ES NUESTRO DÍA! -

- Eem, tío, así como recordatorio. - Marcus giró los ojos y suspiró. - ¿Qué, Sean? - Que hoy no es el día del Orgullo Ravenclaw. - Sí que lo es. - No, no lo es. Falta más de una semana. - Marcus se mojó los labios lentamente, haciendo acopio de paciencia, y suspiró. Tras esto, se aclaró la garganta y bramó. - ¡REUNIÓN EN LA SALA COMÚN! - No, por Dios... - - ¡Todo el mundo en la sala común en diez minutos! - No quería pasarse el día entero escuchando quejitas, así que lo iba a solucionar rápido.

- ¡Kyla! Avisa a las chicas. - ¿Qué? ¿Para qué? - Tú procura que estén todas abajo a las ocho en punto. - O'Donnell, te recuerdo que las reuniones solo se convocan con carácter urgente, emergente o importante. ¿Cuál de las opciones es? - Sí. - Contestó Marcus, continuando su camino y dejando a Kyla con cara de descuadre total. Vamos, que las tres opciones, o la que él quisiera que para eso era prefecto, era lo que había querido decir.

Se subió en una de las mesas, ignorando el hecho de que pudiera parecer un demente total, a la espera de que todos, tanto los chicos como las chicas, se congregaran a su alrededor. Detectó con la mirada a Sean junto a Hillary, Donna y, por supuesto, Alice, que estaba allí la primera. Guiñó un ojo a su amiga, porque esa sí que sabía que no le iba a fallar, y se aclaró la garganta. - ¡HOY ES EL DÍA DEL ORGULLO RAVENCLAW! - ¡Es once de marzo! - Dijo una voz, y Marcus le señaló con una sonrisa, como si hubiera dado un dato clave. - ¡Justo a eso voy! ¡Mirad! - Señaló a la estatua de mármol al fondo de la sala. - ¡Esa es Rowena Ravenclaw, nuestra fundadora! ¡Todos los aquí presentes somos hijos de Rowena! - Él estaba tan metido en su speech que ignoró por completo las caras de hastío que pudiera haber, o las risitas. Porque, sí, también había caras de admiración, sobre todo de los niños más pequeños. A eso se pensaba agarrar. - Recuerdo como Howard Graves y Anne Harmond, así como el resto de alumnos, lo dieron todo el primer día del Orgullo Ravenclaw que pasé en este castillo. Y como nuestro esfuerzo, nuestra perseverancia y nuestras ganas de ser los mejores hicieron que ese día fuera inolvidable para mí. - Y ahí miró a Alice, ladeando un poco la sonrisa, solo por un segundo. Había muchos alumnos que ya no estaban en el colegio para agradecérselo, pero Alice estaba, y se lo merecía. - ¡Por eso siempre supe que, el día que yo fuera prefecto, querría regalar esa experiencia a todos los que comparten casa conmigo! - ¡Eres prefecto, no rey! - Gritó otro, pero Marcus le volvió a señalar. - ¡No seré rey, pero la sangre azul corre por mis venas! ¡Como por la de todos vosotros! ¡¡Somos Ravenclaw!! ¡¡Y da igual si es veintitrés de marzo, u once de marzo, o cualquier otro día del año, porque yo mantengo mi orgullo de serlo siempre!! ¡¿DÓNDE ESTÁN MIS ÁGUILAS ORGULLOSAS?! - ¡¡AQUÍ AQUÍ!! - Ah, sí, los niños de primero y segundo, se los había metido a todos en el bolsillo del tirón. También a unos pocos de tercero y cuarto. Los mayores estaban más reticentes, pero veía alguna que otra cara que pretendía disimular su entusiasmo. Con eso le bastaba.
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Miér Sep 01, 2021 6:32 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Se pasó el dorso de la mano por la frente y suspiró. El último muffin con glaseado azul. — ¿Me pasas las estrellitas, Kramer? — El elfo se las pasó y miró con admiración las infinitas bandejas de muffins. — Igualitos que los de la señorita Harmond. — Gal asintió y suspiró con una sonrisa, mientras terminaba de espolvorear las estrellitas. — Sí, eso parece. Al menos por fuera. — Cogió el último con delicadeza y lo bajó a la altura de Kramer. — Dime si también por dentro. — ¿Kramer, señorita? — Preguntó extrañado, señalándose. Ella asintió con la cabeza. — Tú me has ayudado a cocinarlos, y tú recordabas un montón de cosas que no estaban en la receta que Anne me dio. — El elfo negó. — Pero un elfo no puede ser el primero en probar las delicias del Orgullo Ravenclaw, señorita Gallia. ¿No es trabajo tuyo también asegurarte de que no he mezclado la sal y el azúcar o que estoy dando algo comestible a los alumnos? — Él suspiró y lo cogió. — Kramer nunca permitiría que la señorita mezclara sal y azúcar… — Dijo con cierto tono ofendido que casi la hace reír. Pero en cuanto dio un bocado al muffin y vio su cara, lo vio claro. — Esto está más que comestible, señorita. Está delicioso. Como los de la señorita Harmond. — Ella rio y cogió otro. — Pues mi trabajo aquí ha terminado. Muchas gracias por la ayuda, Kramer, te daré el mérito, cuando alguien pregunte. — Con la boca aún medio llena y cara de satisfacción, el elfo negó con la cabeza. — Qué cosas tiene usted…

Subió rapidillo pero no todo lo que le gustaría, porque llevaba el muffin en la mano, no quería que le pasara nada. Se había levantado a eso de las seis menos cuarto para hacer los muffins, con tiempo de subir, cambiarse y asearse y bajar a comprobar que todo iba según el plan. Sí, ese años había empezado a planear el Orgullo después de San Valentín, porque era el primero de Marcus como prefecto y no quería que fallara absolutamente nada. Este año, el sistema de puntos sí que iba a ser perfecto, las pruebas adaptadas a cursos, y cualquiera podría puntuar la asignatura que quisiera, solo tendría que hacer la prueba de su curso. Oh, sí, qué ganas de comprobar si había jóvenes alquimistas, y de descubrirle a Marcus todas las sorpresitas que le había ido planificando aquí y allá. Llegó a su cuarto y se sorprendió de ver mucho movimiento en los dormitorios. — ¡Bueno, bueno! Pero si hemos aprendido de estos últimos años y todo, así me gusta, todo el mundo activo. — Hillary la miró malamente. — Tu rey ha convocado una reunión. Ahora que es prefecto no nos libra nadie de esta vorágine. — Suponía que se refería a Marcus. — Espero que se esté quemando algo. — Aportó Donna. Gal resopló y negó con la cabeza. — Pero estoy pringadísima de la cocina. Con lo glotón que es seguro que le pone. — Soltó la otra, bajando las escaleras. — Qué borde eres cuando madrugas, rica. — Le contestó alzando la voz y bajando tras ella.

Marcus ya había comenzado el discurso que iba a dar. Un discurso que solo era necesario hacer en Ravenclaw, donde la gente es tan inmensamente cuadriculada que no veían claro eso de celebrar un día por y para su casa en otra fecha que la oficialmente establecida. No obstante, Marcus con sus alusiones a Rowena y su insinuación de que los Ravenclaw eran de sangre real, estaba ganando más adeptos y orgullo Ravenclaw que William Wallace levantando a los escoceses. Sonrió ampliamente y subió la mano siguiendo el rollo a los más pequeños. — ¡AQUÍ! — Exclamó, riéndose justo después, riéndose al ver el efecto. Aunque no todos se habían manifestado, sí que se notaban los ánimos más arriba, y ya veía a Creevey y su grupito dando saltos. Sí, eso era lo que querían ver. Se fue hacia la estatua, escondiendo el muffin en la espalda y viendo a Colin hablar entusiasmado con Marcus. — Entonces he pensado que, si me necesitas, puedo estar de asesor en las pruebas de vuelo, y comprobando que todo el mundo lo hace todo legalmente y eso, ¿sabes?Colin. — Dijo ella con una sonrisa. — Amber tiene una duda sobre las pruebas de Encantamientos. — El niño la miró ilsuionad. — ¿De verdad? Voy en seguida a ayudarla, ¿dónde está? — Ella hizo un gesto con la cabeza en su dirección y así sin más, logró quedarse sola con Marcus. — Es mentira solo a medias. — Dijo con una sonrisilla traviesa. — Amber siempre tiene dudas sobre todo. — Se acercó un poco más, con una gran sonrisa. — Estoy hecha un desastre, lo sé. Ahora subo a cambiarme. — Iba con un moño medio deshecho, y tenía reesto dde harina y glaseado por la cara y los brazos. — Pero antes… — Sacó el muffin, poniéndolo a la altura del rostro de Marcus. — Feliz día del Orgullo Ravenclaw, prefecto O’Donnell.

Merci Prouvaire!


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Miér Sep 01, 2021 11:32 pm

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Se mordió el labio para ocultarse una sonrisilla, porque ese entusiasmo de Alice clamando su presencia como si siguiera en primero le provocaba mucha ternura, y solo le daba más alas para venirse aún más arriba, por si le hacían falta. Bajó de la mesa y ya tenía Colin Evans esperando con los ojos como platos. - ¡Ese discurso ha sido genial! - Gracias, Colin. - ¿Puedo darte las ideas que tengo? - ¡Claro! - Y dejó que el chico hablara sin parar con ese entusiasmo que tanto le recordaba a sí mismo.

Pero Marcus ya había avistado a Alice, que se acercaba a ellos, y se estaba conteniendo una sonrisilla para que Colin no se diera cuenta, mientras le asentía y contestaba con todo el interés. Su amiga le soltó una muy buena excusa para que se fuera de allí, sin embargo. Se preguntaba si alguna vez Howard o Anne habían hecho algo parecido con él para quitarle de en medio... Nah, no creía, se hubiera dado cuenta.

Rio un poco a lo que dijo, aunque rodó los ojos. - Lo sé. ¿Te acuerdas cuando creíamos que éramos los más preguntones del mundo? - Amber les había superado con creces, desde luego. Ladeó la cabeza, entrecerró los ojos y esbozó una sonrisilla. - Yo te veo muy... - Pasó un dedo por el pómulo de la chica y se llevó un poco de glaseado azul en este. - ...Dulce. - Bromeó, y ya que tenía glaseado en el dedo era una pena tirarlo, así que se lo llevó a los labios, con una sonrisilla y clavando la mirada en la chica. Trató de disimular una vez se quitó el dedo de la boca, bajando la mirada con una sonrisa de quitarle importancia al gesto. No hacía tanto que... Se les había ido un poco la cosa de las manos. Mejor empezaban el día comportándose.

Y en lo que subía la mirada de nuevo dispuesto a preguntarle como le había ido en las cocinas, Alice sacó el muffin. Debió ponérsele la misma cara que se le puso en primero cuando los vio en el Gran Comedor. - Oh, ¿me has traído uno? - Dijo con ilusión, perdiendo toda la estudiadísima pose de impoluto prefecto con un puntito de chulería. Lo tomó en sus manos, lo admiró y suspiró, frunciendo los labios y mirando a Alice. - Eres la mejor. Gracias. - Le dio un beso en la mejilla, y al separarse puso una cómica expresión pensativa y se mojó los labios. - Sí. Confirmamos que estás dulce. - Rio un poco y le dio un buen bocado al muffin, cerrando los ojos en un gesto muy exagerado. - Mmmm, oh, por Merlín. - Se relamió el glaseado, porque debía haberse puesto perdido, y él sí que se había arreglado lo máximo posible para estar impecable ese día. - Está buenísimo. Anne Harmond estaría orgullosa. - Dio otro bocado y, mientras masticaba, suspiró. - Espero que Howard Graves lo esté también. Creo que él era un poco más discreto que yo, pero bueno... No quería pasarme el día escuchando que "hoy no es veintitrés de marzo". - Se encogió de hombros y se acabó el muffin.

- Vaya favoritismo. - Dijo Creevey, pasando por allí mientras él se chupaba los dedos. Rodó los ojos y suspiró. - Hay que ganárselo. Lo tendrás cuando seas prefecto. - Uuuh. - No vas a ser prefecto. - Apuntó, porque el otro había puesto una cara como si eso pudiera ser una posibilidad. - Eso ya lo veremos. No vas a estar tú para impedírmelo, algún día te tendrás que ir. - Pienso dejar mi voluntad tallada en las paredes. - Aseguró, y el otro se fue por allí riéndose como un poltergeist. Marcus suspiró. - Aún tengo que coordinar un poco esto por aquí, y asegurarme de que todo está apunto. ¿Me esperas para desayunar? -
Merci Prouvaire!


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Jue Sep 02, 2021 2:14 am

Sangre azul
CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Se rio a lo de ser preguntones y le señaló con la mano. — ¿A qué sí? Y luego no me creen que las hay peores que yo por ahí. — Qué guapo estaba, qué arregladito y qué luminosidad le daba a la cara el hecho de ser prefecto. Y sintió de repente ese abismo que te da en el estómago cuando haces algo muy guay pero que te altera mucho, cuando Marcus le quitó el glaseado de la cara y lo lamió. Suspiró profundamente al escuchar la palabra “dulce” dicha por sus labios… Ay, por Merlín, sí que empezamos pronto hoy. Llevaban una temporada que hubiera escandalizado a sus yos de primero en La Provenza. — Es más bonito… Más apetecible al menos. — No, Alice Gallia, no, no te metas en ese jardín. ¿Pero cómo iba a pensar en otra cosa si encima le daba un beso y le decía que estaba dulce? — Pues igual me quedo así… Y voy un poquito azul y más dulcecita por la vida. — Y diciendo tonterías por lo visto. Pero sus pensamientos se difuminaron al ver la reacción de Marcus al muffin. Su sonrisa se amplió, satisfecha y, en parte, aliviada, de que hubiera salido como ella quería. — No sabes cuánto me alegro… — Y también se alegraba de verle relamerse los labios. Oh, por Dios, no debería estar permitido ser tan sexy.

Menos mal que siempre se podía confiar en Creevey para arruinar cualquier circunstancia potencialmente alegre o distendida o… Lo que fuera. Ella entornó los ojos y luego miró a Marcus. — Mira, Graves estaría orgulloso, porque él nunca tuvo un Creevey. Y tú con uno y con una Marcus elevada a la quinta potencia, que es Amber, te manejas igual de bien que él. — Le dijo cruzándose de brazos y guiñándole un ojo. — Gaaaaaal, ¿yo no tengo muffin?Sí, cuando se los den a todos los demás. Ve a desayunar como todos que hay que estar listos y bien listos para cuando empiece el jaleo. O’Donnell te ha dado un beso en la mejilla. — Añadió, como dato que aportara algo. — Ve y cuéntaselo a El Quisquilloso. Pero antes desayuna y haz lo que te toca en las pruebas. — Luego miró alrededor cuando Marcus dijo que tenía cosas que organizar y sonrió. — Es bonito lo que hemos conseguido en nuestro primer Orgullo organizado por nosotros. — Le miró. — Estoy deseando verte ahí subido con la jefa… Lo que me recuerda que me tengo que arreglar. — Hizo un gesto de pena. — Pero no puedo esperarte, tengo cosas que hacer en el comedor… — Entornó los ojos y puso una sonrisilla astuta. — Pero creo que te va a gustar lo que verás abajo. — Y se fue trotando hacia los baños para ducharse.

Sabía perfectamente lo que iba a ponerse: un vestido de punto azul con un escote super bonito y de un tono que era idéntico al de su escudo, con un cinturón color bronce en el medio y las botitas a juego. Y en el pelo, por supuesto, su colibrí azul, recogiendo la mitad de su melena. Bajó rapidito y pasó como una flecha por la sala común para que Marcus no la viera y se llevara la sorpresa al bajar cuando terminara con los preparativos, y ahora estaba rodeada de bandejas de muffins, ofreciéndoselas a profesores y alumnos, o haciendo danzar a los vasos en dirección al zumo azul. Los de primero de Ravenclaw y los profesores se habían llevado la mayoría de sus atenciones, así que se fue acercando por las otras mesas. — ¡Mira Pitufina! Qué bien le sienta la cocina.— Reconoció la alegría inconfundible de su amigo Mike, que estaba en las rodillas de Ethan. — ¿Qué haces tú en la mesa de Slytherin? ¿Y qué es Pitufina? — Mike rio y dijo. — Luego te lo explico. Y estoy aquí con mi serpientilla. — Gal se mordió el labio inferior. — Pues un muffin para cada uno de mis tortolitos. — Dijo dándoles uno a cada uno entre risas y avanzando. — Os veo en las pruebas, eh, no me vayáis a fallar. Especialmente en Herbología.Vaya, vaya… Qué camarera más interesante. ¿A qué hora sales? — Ella ladeó la cabeza y alejó la mano con un muffin del chico que se había dirigido a ella. — A la estrictamente legal, si me pregunta un prefecto. Vamos, Hasan, que es el día de Ravenclaw, vas a tener que decirme algo más inteligente si quieres un muffin. ¡Ah! ¿El premio es el muffin? — Se rio y miró las bandejas. — Pero eso no es un premio, Gal. Primero, hay muchos, segundo, están demasiado expuestos, si lo quisiera, te hechizaba las bandejas y listo. Hassie eres tan Slytherin que me vuelves loca. — Dijo Ethan apoyando la barbilla en la mano y mirándole. El otro entornó los ojos y rio. — Me gustan las cosas más únicas… Más difíciles… — Dijo alzando los ojos. Ella chasqueó la lengua y suspiró. — Pues de eso no tengo.¿No?¿Vas a querer el muffin? A mí que no te llega bien el azúcar al cerebro, y lo vas a necesitar si quieres ganar las pruebas puestas por una Ravenclaw auténtica. ¿Las has hecho tú?Varias, sí. Y esto también — Dijo tendiéndole la comida. Jacobs cogió el muffin y se rio, mientras le iba quitando la envoltura. — Pues deja que me lo piense cuando sepa el premio… Así funcionamos aquí… — Gal entornó los ojos y se rio, justo a tiempo de volverse a Marcus y hechizar uno de los vasos que iban tras de ella bailando. — ¿Quieres zumo, mi prefecto? Que te tienes que alimentar bien hoy. — Ethan, Mike y Jacobs rieron al unísonos. Ah, aquellas mentes sucias.

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Jue Sep 02, 2021 9:43 am

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
- Anda, ya sabemos por qué estás en Ravenclaw. - Dijo cargado de sarcástico, aún chupándose los dedos, cuando Creevey apuntó que le había dado un beso a Alice en la mejilla. Su comentario quedó eclipsado por las contestaciones de su amiga, que le hicieron aguantarse la risa mientras terminaba de quitarse el glaseado. Hinchó el pecho de aire y él también miró a su alrededor, orgulloso, y luego se mordió el labio y le dijo confidencial. - No se lo digas a nadie, pero estoy nerviosísimo. - Aún podía ver a los prefectos anteriores junto a Arabella Granger mientras él deseaba para sus adentros estar ahí, y ahora que iba a estarlo se sentía como un flan. Lo cual no quitaba que no lo estuviera deseando igualmente.

Sacó el labio inferior en un gesto penoso cuando le dijo que no podía esperarle para desayunar, tratando de aludir a la pena para que Alice cambiara de opinión, pero parecía bastante decidida y, al parecer, iba a haber algo que le iba a gustar, así que se encogió de un hombro. - Seguro que sí. - Y vio como se marchaba. Tocaba ponerse manos a la obra y dejarlo todo bien dispuesto para que pudiera irse a desayunar tranquilo y empezar el día yendo todo rodado.

Se había entretenido un poco más de lo que quería, pero bueno, ya iba en camino. Había perdido la cuenta de con cuantas personas había hablado ya y el día solo acababa de empezar. Iba por los pasillos hablando con unos y con otros, cruzándose con gente y felicitando el día del Orgullo Ravenclaw. Como ya había pasado el tiempo prudencial suficiente desde que se levantaron, y algunos venían o iban a desayunar, ya parecían un poco más receptivos en general. Estaba hablando medio a gritos y gesticulando a lo lejos con un par de compañeros de Gryffindor que le estaban felicitando por las decoraciones cuando alguien se paró a saludarle también. - Qué dispendio, ¿eh? - Dijo el chico con una amplia sonrisa de superioridad, la cual Marcus respondió ligeramente tensa cuando se percató de quien era. - Eh, tío, me alegro por ti. Que siempre te ha motivado un montón este día, al menos ya eres prefecto y lo puedes organizar tú. - Gracias. - Contestó educadamente. Hughe Layne y él empezaron con muy mal pie en primero, pero después del altercado, precisamente, en el día del Orgullo Ravenclaw de aquel curso, prácticamente no se habían vuelto a cruzar ni a dirigir la palabra más de lo estrictamente necesario de clase. Le parecía cuanto menos sospechoso que viniera tan agradable precisamente hoy.

- Me vas a tener que dar pistas para el mío del año que viene, ¿eh? - Dijo con colegueo. Marcus ladeó la cabeza con una sonrisa y mirada levemente confusas. - ¿Te presentas a prefecto? - Lo que oyes. - Contestó el otro con chulería y esa sonrisilla como si fueran colegas de toda la vida. - Ya me estoy preparando el discurso y esas cosas que piden. También se presenta Eunice McKinley. - Miró a los lados como si estuvieran de confidencias y le dio un codazo cómplice. - Me la estoy trabajando, ya sabes. - Marcus acentuó la expresión confusa, pero esta vez con el ceño ligeramente fruncido. Se iba a ahorrar los comentarios porque no le apetecía demasiado seguir hablando con Layne, pero no le gustaba esa forma de expresarse. - Y eso de ser prefectos los dos tiene que tener su morbazo. Aunque no tanto como lo del alumno con autoridad persiguiendo a la ovejita descarriada, ¿no? - Dijo con una risa casi escalofriante. Ahora sí que se había perdido del todo. - Aunque has tenido que ponerla bien firme hoy, que está por ahí repartiendo muffins... - Perdona, pero no sé a qué te refieres. - Cortó, porque de verdad que esa divagación empezaba a no gustarle y, además, ni siquiera sabía de qué puñetas le estaba hablando. El otro soltó una carcajada y volvió a los toques de complicidad. - ¡Te estoy hablando de Gallia! Dios, menudo vestido se ha puesto hoy, y pretenderá que miremos los muffins... - Oye me tengo que ir. - Atajó con rapidez y falso tono de disculpa, porque ya estaba mirando a ver si podía engancharse a alguien del entorno mientras ese tipo solo decía sandeces que no estaba dispuesto a escuchar. - Lo siento, es que voy con prisas... - Ya se estaba alejando, de hecho, con una sonrisilla artificial. El otro se pasó la lengua por los dientes con una sonrisa de villano y, con un gesto de la cabeza, le dijo. - Pásalo bien hoy, Prefecto O'Donnell. -

Fue un alivio perder a Layne de vista y volver a los saludos por los pasillos. Al menos ya no se burlaba abiertamente de él como en primero, pero aun así no era su persona de preferencia para pararse a hablar. Igualmente, cualquier energía negativa que pudiera haber depositado en él se esfumó de inmediato nada más entró en el Gran Comedor. Se le pusieron los ojos como la primera vez que lo vio, totalmente ilusionado, y volvió a hablar con gente de por aquí y de por allí, picando de la mesa principal alguna que otra cosa de pasada mientras buscaba a Alice con la mirada. - Tu amiga está en mi mesa. - Dijo una voz apareciendo junto a él, que le hizo tratar de disimular (mal) que se había llevado un par de arándanos a la boca y los estaba masticando a toda prisa. - ¡Eh! ¡Te estás comiendo un muffin! - Celebró Marcus, contento de ver a su hermano participando en algo, y de que ese algo tuviera que ver con él aunque fuera en parte. El otro subió la mirada mientras masticaba, con expresión anodina. - Algo tengo que desayunar. - Qué agradable eres. - Contestó Marcus con tonito y expresión burlona. Buscó por el entorno pero no la vio. - ¿Con quién está? - Lex se encogió de hombros. - Yo no estaba allí, solo la he visto pasar y me he llevado un muffin de su bandeja sin que me viera. - Marcus frunció los labios y le dio un toquecito con el dedo índice en el hombro. - Eso no se hace. - Perdón, superprefecto. No me quites puntos. - ¡Oish! - Masculló, decidiendo que lo mejor era pasar de largo de su hermano. - No me vayas a dar el día. - Dudo que me veas más hoy. - Aseguró Lex, ya a su espalda, porque Marcus iba en dirección a donde había divisado a Alice.

Puso una sonrisa radiante a la chica y tomó el vaso que había hechizado. - Muchas gracias, Señorita Gallia. - Por favor, que hay menores delante. - Dijo Ethan con tono aburrido. Hasan soltó una carcajada socarrona. - ¿Te refieres a ti mismo, por ejemplo? - Yo ya no me espanto de nada, bombón. Pero sí. - Marcus rodó los ojos y se giró a Hasan para chocar la mano con él a modo de saludo. - Qué radiante viene el tío. - Tss, por favor. - Dio una vuelta sobre sí mismo para dejarse admirar y mostrar que, efectivamente, venía radiante, coreando los demás con un "uuuuh". - Para, para, por favor, Señor Prefecto. Que me veo pasando esta noche entre rejas, que no estoy pensando nada bueno. - Dijo Ethan otra vez. Mike se volvió a reír, pero esta vez le dio un golpecito en el brazo como si quisiera que parara.

- Vengo radiante porque... - Espera, espera, déjame adivinar. - Interrumpió Hasan, haciéndose el pensativo. - ¿Porque es el día del Orgullo Ravenclaw y el primero que haces como prefecto? - ¡Exactamente! Te daría puntos, pero no puedo porque no eres de mi casa. - Eso provocó sonidos y risotadas, pero el otro contestó. - Puedo dármelos a mí mismo si quiero, chaval. - Va contra el reglamento y lo sabes. - Contestó, sin perder el toque distendido. Entonces dejó el vaso en la mesa y miró a Alice de arriba abajo, señalándola con ambas manos. - Pero, por favor, si alguien merece una ovación aquí es mi otra mitad en el equipo. - Sí, Alice y él siempre fueron un equipo, eso lo sabía todo el castillo a esas alturas. Mike empezó a aplaudir con entusiasmo, mientras los otros dos seguían de risitas. Marcus se dirigió a ella. - Está todo espectacular. Y tú también. - Miró a los demás. - Elegante y apropiada para un día como hoy, como yo, como debe de ser. - Ya estaba recibiendo pedorretas y sonidos de burla por pavonearse. Se giró de nuevo a Alice y se encogió de un hombro. - Estabas más dulce antes de ducharte, pero... - Sonó otro "uuuh" generalizado mucho más alto. Rodó los ojos con un deje de desesperación (y otro de vergüenza) y les dijo. - ¡Porque venía manchada de muffins, Dios! Que hay que explicarlo todo. - Ponte como quieras, O'Donnell, pero eso ha sonado pornográfico que te cagas. - Saltó Ethan, lo cual hizo a Mike esconderse una risilla tras la mano y a Jacobs, menos disimulado, estallar en una carcajada. Marcus volvió a rodar los ojos y a mirar a Alice, ignorándoles. - Lo dicho. Que estás guapísima. La mejor Ravenclaw del castillo con diferencia. -
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Jue Sep 02, 2021 12:35 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Cuando Marcus llegó y dio la vuelta sobre sí mismo le miró y movió los hombros con una sonrisita. — Las pasiones que va a ir levantando mi prefecto. — Entornó también los ojos a los comentarios de Ethan, aunque en el fondo estaba super contenta de que estuviera yendo todo tan bien. Se rio, con los brazos en jarras, observando a Marcus y Hasan bromeando con cosas de prefecto y justo entonces tuvo esa sensación de “ojalá esto no acabara nunca, ojalá nos quedáramos así, simplemente como estamos ahora”. Volvió en sí cuando Marcus le dijo que estaba espectacular, momento en el que entornó los ojos y se mordió el labio inferior con vergüenza. — Gracias. Bueeeeeeeno bueeeeeeeno, esto sí que no esperaba verlo, Alice Gallia sonrojada. ¿Y eso sí es inteligente y lo mío no? — Dijo Jacobs con una risa. Gal negó con la cabeza, pero justo dijo lo de que estaba más dulce, y ahí sí que se notó ponerse roja, y otra vez el abismo en su estómago… Ese prefecto iba a acabar con ella. — Tenéis la mente enferma. — Dijo cruzándose de brazos. Ethan se rio y estrujó a Mike. — Pero eso ya lo sabías antes de comprarnos, ¿a que sí tejoncito? — Mike se rio abiertamente y le dio en el brazo. — Para, que se van a enfadar.Naaaah, ¿por qué dices eso? — Dijo Hasan sarcásticamente. Gal suspiró, fingiendo cansancio. — No se puede tener una conversación normal con vosotros, Slytherins.

Se acercó a Marcus y cogió sus manos. — No, el mejor Ravenclaw del castillo está a punto de subir a explicar el mejor sistema de puntos de la historia. — Le sacudió los hombros y luego bajó las manos hasta su pecho. — Estás impecable. — Pasó suavemente los dedos por los rizos de su frente, más admirándolos que colocándolos y por último dejó una caricia en su mejilla. — Sube ahí y déjalos impresionados a todos, prefecto O’Donnell. — Y le dio un beso en la mejilla, susurrando en su oído. — Tú siempre estás guapo. — ¡Ah! ¿Por qué había hecho eso? Pues porque le había dicho que estaba guapísima, como cuando estaban en el pasillo, y ella le había contestado lo mismo… Más valía que parara ese tren. — Ve a por todas. — Terminó con una sonrisa, apartándose para dejarle pasar, y mirando cómo iba hacia la mesa de los profesores y el estrado, con los brazos cruzados. — Eso que acabo de ver es un matrimonio, querida. ¿O te llamo señora O’Donnell? — Ella volvió a suspirar, aunque ahora tenía el pecho cogido. — Ya te digo. — Dijo Jacobs negando con la cabeza. — No digas bobadas, Ethan… Marcus es mi mejor amigo, mi prefecto, y solo quiero que salga todo bien hoy… Y yo soy li… Libre. Como el viento. — Terminó Jacobs mirándola significativamente. — Porque lo digas muchas veces, no llevas más la razón, y una Ravenclaw eso lo sabe. — Iba contestar, pero decidió tratarlo como una broma. — No se puede hablar con vosotros. Le amargáis el día a cualquiera, eh. — Los dos chicos si rieron y Mike dijo. — Ni caso, mi Pitufina. Todo es precioso y Marcus y tú sois adorables. — Se agachó hacia Hasan y le dio unas palmaditas en el hombro en el hombro. — Más Hufflepuffs y menos Syltherins es lo que necesito. — Fue muy sutil, pero notó como Jacobs le ponía la mano en la cintura y susurraba de vuelta. — Qué va. Se dejan cazar muy fácilmente. — Guay, qué buen momento para irse. — Os veo en las pruebas. ¡No hagáis trampas! — Dijo mientras se alejaba con sus muffins y su zumo.

Se dirigió a su mesa y vio a Kyla sentada y cabizbaja en el banco de su mesa. — ¡Ey! Prefecta Farmiga, ¿y esa cara? — Kyla pareció sobresaltarse, y la miró recolocándose las gafas. — ¡Gal! Eh… Es que… — Suspiró, ordenando su discurso. — No veo lo de ponerme delante de toda la gente y hablar de esto. Yo no soy Harmond, y desde luego no soy O’Donnell, yo soy más de celebrar para dentro, ¿sabes? Nunca he participado en los Orgullos de hecho, pero… No quiero arruinárselo a O’Donnell y a los demás, la verdad. — Ella se sentó a su lado y le puso un muffin por delante. — Esto como primera medida. — Kyla sonrió y lo cogió. — Mira, no hay por qué celebrarlo como lo hacemos Marcus y yo, ¿sabes? Creo que nuestro entusiasmo es excesivo para casi todo el mundo. — Dijo con una risita. — No he dicho… No no, tú no, pero medio castillo sí. Kyla, nadie espera nada de ti, aparte de que figures, que eres prefecta y tienes que estar ahí arriba. Igual no eres el alma de la fiesta, pero tú eres muy buena explicando, hablas muy claro y muy tranquilamente, cosa que hoy, te aseguro, Marcus no tiene. Déjale jalear a las masas y tú haz lo que se te da bien y en lo que vas a ayudar: explicando los sistemas de puntos y las pruebas. La gente lo va a agradecer. No tienes que hacer nada que no quieras, solo explotar lo que mejor se te da. — Kyla se le quedó mirando unos segundos, en silencio (hacía mucho eso) y luego le dio un mordisco al muffin y asintió. — Confiaré en ti.Y harás bien. — Dijo ella poniéndose muy recta. Se levantó del banco y se fue hacia uno de los pilares no sin antes decirle a la chica. — Suerte. Lo vas a hacer genial. — Y se colocó allí para poder ver bien a Marcus y disfrutar de ese momento que llevaban cinco años esperando.


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Vie Sep 03, 2021 12:25 am

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Chistó, con una sonrisa ladeada. - Venga, Hasan, no seas envidioso, que no te pega... - ¿Envidioso de ti, renacuajo? - ¿A quién llamas renacuajo? ¿A mí? Pero si soy más alto que tú. - Continuaron con la broma. Se llevaba bien con ese chico, era un buen ejemplo a seguir. Iba a echarle de menos el año que viene, desde luego era un buen compañero... Mucho mejor que Hughes, quien de verdad esperaba que no heredara el puesto de Jacobs.

Alice había cogido sus manos y lo que antes era una sonrisa chulesca, ahora se volvió una sonrisa de agradecimiento por su gesto, mezclada con nervios. Sí, efectivamente, en unos minutos subiría junto a Kyla y a la Señora Granger para acompañar a la mujer en su discurso, y se moría de ganas... Pero también estaba muy nervioso. Se mordió el labio, mientras seguía con la mirada el recorrido de sus manos, y susurró. - Gracias. - Siempre le pasaba lo mismo. Se pavoneaba delante de todo el mundo sin despeinarse, pero luego Alice le decía que estaba impecable, básicamente lo que él llevaba pregonando todo el tiempo, y lo agradecía como si le hubiera regalado años de vida. La miró a los ojos y sonrió cuando acarició sus rizos, asintiendo convencido y alzando la barbilla. - Lo haré. - Y luego le devolvió el beso en la mejilla, como él se lo hubiera dado antes, y ese susurro le hizo morderse el labio inferior, ahogando una risa muda. Le guiñó un ojo cuando le despidió y él miró al resto de los presentes, haciendo una reverencia con una floritura y marchándose de allí.

Vale, antes de ponerse junto a la Señora Granger tenía que comer un poco más, porque si no, le iba a dar un desmayo. Como siguió saludando gente fue picando de aquí y de allá por las mesas, y al final estaba seguro de que habría comido más que cualquiera de los que estaban sentados. Ya sí, tenía que ir a buscar a la Señora Granger antes de que se le hiciera tarde... Aunque quizás llegó demasiado temprano. La mujer suspiró y dijo. - ¿Puedo terminar de desayunar? - Oh, lo siento, disculpe. - Dijo dando un paso atrás... Solo uno. Ahora, ahí de pie y con las manos ante el regazo, parecía un guardaespaldas. Arabella rodó los ojos de nuevo y dijo. - Marcus. - Sí, señora. - Estaba ya a su lado otra vez antes de que la mujer terminara de pronunciar su nombre. Esta le miró con cara de circunstancias, pero en vistas de que el chico no pillaba que no era necesario que estuviera allí, esta sonrió forzadamente y dijo. - ¿Por qué no te aseguras de que esté todo como debe estar? - ¡Voy volando! - Dijo muy dispuesto, pero no podía irse sin antes mirar con cierta complicidad a la mujer y decir. - Volando... Como buen águila que soy. - Vete ya, Marcus. - Sí, señora. - Sí, mejor se iba antes de que perdiera el puesto de prefecto justo ese día.

En lo que él revisaba que todo estaba en orden y se aseguraba de que todo el mundo pudiera ponerse donde les pudiera oír, su jefa de casa ya había terminado de comer y estaba hablando con Kyla cerca de la tarima en la que se subirían para dar el discurso. Kyla estaba a la izquierda de la mujer, así que él se colocó a su derecha, muy erguido, con una sonrisa y las manos agarradas ante el regazo, echando aire por la boca. Arabella, visiblemente menos suspicaz que mientras estaba desayunando, le miró con los ojos entornados. Antes de que pudiera decir nada, Marcus empezó. - Quiero que sepa, señora, que es para mí todo un honor estar aquí. Llevo desde que entré en este castillo y vi a Howard Graves y a Anne Harmond de su mano, deseando formar parte de... - - Marcus. - Le interrumpió, sin perder la sonrisa ni esa mirada que parecía poder ver a través de él. - Tranquilo. - ¿Eh? ¿Qué? No. - En medio segundo había pasado de la confusión a una risa casi histérica. Chistó. - Estoy muy tranquilo. - Estás atacado. - Naah estoy bien. - Estás contento, pero también estás atacado. - Marcus seguía negando con una sonrisa, aunque mirando a otra parte, porque clavar la mirada en su jefa de casa iba a ser venirse abajo en su inestable fachada inmediatamente. Ella fue quien le puso un dedo en la barbilla y le hizo mirarla. Maldita sea, pues ahí se iba a acabar todo su disimule.

- Lo vas a hacer genial. - Marcus tragó saliva. - Quiero dar buena impresión, señora. - Recuerda que nadie te lo pide, solo tú. - Asintió. - Lo sé... Pero quiero hacerlo. - Dijo con voz vulnerable, pero en seguida se puso bien puesto otra vez, carraspeando. - Quiero ser digno de estar a vuestro lado cuando... - Marcus, para. - Apretó los labios. La mujer ladeó la cabeza. - Tú simplemente habla desde el corazón, sin tanto revestimiento. Como has hecho esta mañana en la sala común. - Marcus abrió mucho los ojos. - ¿Lo sabía? - La mujer soltó una carcajada de garganta con los labios cerrados, miró hacia el frente con un suspiro y se irguió. - Nunca pongas en duda si un Ravenclaw sabe algo. - Y dicho esto, Arabella dio un paso al frente y subió a la tarima. Marcus miró un segundo a Kyla, que le devolvió la mirada de "subimos también, ¿no?", así que ambos hicieron lo mismo, a cada lado de su jefa.

El discurso de Arabella era tan conmovedor y memorable que Marcus quería llorara... Bueno, en realidad era más o menos lo mismo de todos los años, pero hablaba tan bien, emanaba tanta sabiduría, y él la escuchaba siempre desde allí abajo con tanta ilusión, que verse ahora al lado de ella... Qué contento estaba de ser prefecto. Tomó la palabra cuando se la dio y, con más comedimiento que en la sala común pero tampoco tan sobrecargado como lo llevaba en su cabeza, dio su discurso motivador. Luego Kyla pasó a explicar las pruebas y el sistema de puntos y, cuando quisieron darse cuenta, todos estaban corriendo por los pasillos, sobre todo los más pequeños, sin tiempo que perder para llevarse los puntos. La Señora Granger les felicitó a ambos y Marcus sentía que iba a explotar de orgullo. - ¡Dios! Qué subidón. Ha sido genial, ¿verdad? - Creía que me iba a desmayar. - Dijo Kyla, echando aire por la boca, pero sin evitar poder reír justo después. Marcus también rio, de los nervios y de la felicidad. - ¿Te estudias esos discursos por las noches, O'Donnell? - Nah, es talento natural. - Dijo él con tono chulesco, haciendo que la chica rodara los ojos, pero estaba tan aliviada de que todo hubiera salido bien que hasta se rio. - Venga, vente con nosotros. - Le dijo Marcus convencido, antes de reunirse con sus amigos. Pero Kyla volvió a su modo atribulado, agachando un poco la cabeza y reajustándose las gafas. - Uy, no, qué va... - ¡Venga, mujer! Que hemos trabajado un montón, nos merecemos divertirnos. - Él, por lo pronto, ya estaba bajando de la tarima para reunirse con sus amigos.

- Bueno, bueno, bueno. La sensación del castillo. - Le recibió Sean, entre risas, junto a Hillary, Donna y Alice. Marcus abrió los brazos y dio una teatrera vuelta sobre sí mismo, señalando luego a su amigo. - Así, sí. Ese es el ánimo en el que me gusta a mí verte. - Tú engórdale más el ego, a ver si no vamos a caber aquí dentro. - Ironizó Donna con una sonrisilla ladeada, provocando las risas de Hillary. Marcus chasqueó la lengua. - ¿Ves? Ese ánimo ya no me gusta tanto. - Se giró y tiró de la mano de Kyla, que se había quedado rezagada, para meterla en el grupo. - ¡Ay, O'Donnell! - Hacedle un hueco a mi compañera. ¿Se lo ha ganado, o no se lo ha ganado? - ¡Desde luego! Qué porte, chica. - Le dijo Hillary, enganchándose del brazo de Kyla, haciendo que esta se ruborizara y escondiera un mechón de pelo tras su oreja, murmurando un casi inaudible "gracias". Marcus sonrió ampliamente y, ya sí, se dirigió a Alice, enganchándose él también del brazo de esta. - ¿Qué? ¿Cómo he estado? -
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Vie Sep 03, 2021 1:43 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
No sabía si estaba más nerviosa por que Kyla no muriera de pánico escénico o por que para Marcus todo fuera tan perfecto como imaginaba, pero de verdad que necesitaba que aquel Orgullo saliera, en una palabra, perfecto. Desde el discurso inaugural, a cuando dieran el premio, tenían que meterse en la cama con la sensación de que lo habían logrado, con esa satisfacción única de cuando las cosas salen bien hechas. Pero para eso quedaba un día entero de muchas cosas que organizar y asegurarse de que funcionaban. Y de entrada, el discurso tenía que quedar bonito y espectacular. De momento, los muffins habían sido un éxito, y eso le recordó algo. Se acercó despacito a la mesa de los profesores, apareciendo por detrás de la silla de la señora Granger. — Jefa. — Dijo con tono suave y de niña buena, lo cual no fue óbice para que la otra no resoplara y contestara con cansancio. — ¿Ahora tú, Gallia? ¿Qué quieres cambiar ahora del sistema de puntuación? — Puede, solo puede, que hubiera estado un poco pesadita el último mes con el tema de hacer un sistema de puntuación infalible y adaptado por cursos, pero es que se le había clavado en el corazón cuando Graves se lo dijo en su día. — No, no, solo es un favorcito que le quiero pedir de cara al discurso. A ver… — Dijo su jefa con otro largo suspiro. — ¿Puede mencionar que ha sido el elfo Kramer el que ha hecho posible que desayunemos los muffins? Y que la receta era de la ex-prefecta Harmond. — Arabella puso esa sonrisilla sutil que le salía cuando algo le gustaba. — Muy bien. Eso mismo haré.Gracias señora. — Empezó a alejarse, pero Arabella la llamó de nuevo. — Alice. — Ella se giró. — Buena chica. Diez puntos para Ravenclaw. — Amplió la sonrisa y agachó la cabeza en señal de agradecimiento. Bueno, y encima ganando puntos de casa, Marcus se iba a poner como loco.

Volvió a su pilar, dispuesta a presenciar tal espectáculo, pero realmente, al poco de oír la parte del discurso que Arabella le había prometido, se perdió en Marcus. En su voz, en sus rizos… Por todos los dragones, había nacido para dirigirse a la gente, para estar ahí arriba y animarles. Podría convencer a todos de lo que quisiera ahora mismo. Eso sí, que no le preguntara por el contenido, porque se había quedado un tanto perdida. — ¿Quieres un babero, mona? — Dijo Hillary poniéndose a su lado cuando el asunto terminó, aunque ella aún estaba aplaudiendo. Puso una mueca y miró mal a su amiga. — ¿Y tú un hechizo de verruga? O mejor, uno de calvicie, a Sean le salen muy bien. — Dijo con retintín, recordando un momentazo que había tenido su amigo en Encantamientos hacía unas semanas con un chavala de Gryffindor a la que dejó calva. — ¡Eh! La chica era de cuero cabelludo débil y estaba predispuesta a ello. Lo dijo Durrell. — Gal alzó las cejas y asintió. — Síííí, ahórrate las explicaciones conmigo. ¿Ya estamos peleando? — Preguntó Sean, entrando entre las dos y poniendo un brazo por encima de los hombros de cada una. — ¿Por mí? Precisamente. — Contestó Gal con tono sarcástico, aunque notó la mirada de pánico de Hillary. Uf, qué tontita se ponía. — Pues dejadlo, nenas, que hay que ir a felicitar al rey de Ravenclaw. — Y se acercaron a por donde bajaba Marcus.

Dejó que los demás le felicitaran y ella se limitó a esperar, mirándole con una sonrisa embobada, aunque paró un momento para guiñar un ojo a Kyla y decir. — ¡Sí, sí! Fichad a la prefecta Farmiga, que eso sí que es una estrella para el equipo. — Lo cual… Le recordaba algo. Se acercó a Marcus con su sonrisita embobada de nuevo y le dijo. — El prefecto Graves no tiene nada que envidiarte. Absolutamente nada. Has nacido para esto, prefecto O’Donnell. — Se mordió el labio inferior , y estaba pensando en la mejor manera de contarle su sorpresa, cuando Sean apareció otra vez por allí. Qué energía, a alguien él había motivado el discurso. — ¡Venga, tíos! ¿Por dónde empezamos las pruebas? — Gal miró a ambos lados, como bajando a tierra. — Eh… Por… Oye, voy a hablar un momento con Marcus. — Sean les miró a los dos y soltó una risita. — Vaaaaaale, hablad… Lo que tengáis que… Hablar. — Dijo haciendo hincapié en la palabra con un tono que él se creería que era disimulado y que no lo era para nada. — Nosotros empezaremos por Pociones. — Y luego Criaturas, que ahí me necesitáis a mí. — Aportó Donna, mientras se alejaba con las chicas. — Vale. — Dijo ella queriendo cortar.

Por fin parecían haberse quedado solos así que se volvió a acercar, retorciéndose los dedos. — Tengo una sorpresa para ti. — Dijo en tono susurrado. Luego miró hacia arriba y ladeó la cabeza. — Bueno, en verdad es para ti y para Lex, tienes que ir a buscarlo para… ¡Señorita Gallia! ¿Ya le ha contado al señor O’Donnell nuestro plan? — Suspiró hondamente, aunque el señor Weasley estaba tan contento que como para llevarle la contraria. — Estaba a punto, señor. — El hombre abrió mucho los ojos y se llevó las manos a la boca. — Soy un bocazas, perdón. — Ella negó con la cabeza y sonrió. — Bueno es parte de la sorpresa… Te dije que no había prueba de Alquimia, pero en verdad la estaba preparando en secreto con el señor Weasley. ¿Robándome las alumnas, Alastor? — Él levantó las manos. — Nada más lejo de mi ánimo, y en todo caso, tú tienes muchos más alumnos que yo, si te robo una no pasa nada. — Mustang la miró con su sonrisa pícara y la señaló. — Esa no. — Weasley rio y la picó en la mejilla. — Vamos, vamos, no seas acaparadora, Ruthie. ¿No te enseñé nada en tus dos años de Alquimia? — Ahí Gal no se pudo contener y la miró con la boca abierta. — ¿Dio usted alquimia? — Ruth rio un poco y se estiró. — Pues claro. La fermentación y la destilación son procesos muy útiles en el mundo de la herbología, ¿qué te creías tú? — Pasó por su lado, cogiendo del brazo a Weasley, cosa que le agradeció con una mirada de cariño. — Se puede ser todo, Gallia, si eres lo suficientemente valiente para ir a por ello. — Qué Gryffindor era.

Por fin se quedó a solas con Marcus otra vez, aunque ya para nada. — Bueno aún puedo sorprenderte con la prueba en sí. Ve a buscar a Lex y os espero en la puerta principal. — Dijo, y se alejó hacia la puerta. Cogió uno de los grandes lazos azules que había por ahí y lo deshizo, para quedárselo en la mano. En seguida vio aparecer a ambos O’Donnells, Lex con su cara habitual. No le apetecía ni un poquito ser maja con él, la verdad, y menos después de la escenita de Navidad, pero ella hizo una promesa en primero y tenía que cumplirla. Sonrió ampliamente a Marcus y se puso tras él, atándole la tela en torno a los ojos. — Vas a tener que confiar en que te guiaré bien, prefecto. Y no sabes lo que te vas a encontrar al final… — Tiró de su mano y con la otra le hizo un gesto a Lex para que les siguiera, con más cara de acelga todavía. — O quizás eres tan buen prefecto que te conoces los terrenos con los ojos cerrados. Ni Graves sabía hacer eso. — Dijo tentativa.


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Vie Sep 03, 2021 4:55 pm

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Se llevó una mano al pecho. - No me digas eso, que me vas a hacer llorar. - Contestó con una enorme sonrisa. Ojalá estuvieran allí sus adorados Graves y Harmond y le hubieran visto, había cambiado tanto en esos años, y ahora cuando se recordaba solo veía a un niño saltarín, y no al impecable y elegante prefecto de Ravenclaw en el que se había convertido... Sí, ese día estaba con el autoestima por las nubes.

Se frotó las manos, dispuesto a contestarle a Sean, que sí que parecía muy animado por empezar las pruebas, pero Alice dijo que tenía que hablar con él. Arqueó una ceja curiosa y la miró con una sonrisa ladeada. Tenía muchas ganas de empezar, pero Marcus no desechaba nunca un "tengo que hablar contigo" de Alice porque, punto uno, casi siempre era para algo de lo que no se arrepentía después, y punto dos, si era una diablura, prefería enterarse por ella a que la hiciera igualmente y le pillara desprevenido. Aunque el tonito de Sean no lo estaba pillando, ¿estaban compinchados, o solo se estaba metiendo con Alice? Les miró de hito en hito. - De algo no me estoy enterando, pero vale. - Ya se enteraría. No había muchas cosas de las que él no se enterara tarde o temprano.

Sus amigos se fueron por su camino y él se quedó con Alice. Abrió mucho los ojos en una expresión sorprendida, con genuina ilusión aunque sin perder el velo de chulería que llevaba hoy puesto. - ¿De verdad? - Respondió contento, aunque se le cambió la cara a una de fastidio cuando dijo que tenía que ir a buscar a Lex. - ¿De verdad? - Bueno, mejor no ponía pegas, que Alice estaba dándolo todo ese día para que el Orgullo Ravenclaw fuera perfecto y seguro que lo que tramaba era bueno... Y precisamente por eso le parecía mala idea llamar a Lex. Su hermano era un aguafiestas, y ya la habían tenido en Navidad, y él mismo había dicho hacía un rato que no le iba a ver mucho en todo el día. No tenía ganas de cortadas de rollo.

Lo que no esperaba para nada fue que, en mitad de la explicación de Alice, apareciera por allí ni más ni menos que el Profesor de Alquimia. Ahora sí que miró a uno y a otro con cara de no entender nada. - ¿Qué está pasando? - Murmuró, pero seguidamente se giró al hombre y le saludó con cortesía. - Señor Weasley, un placer verle. - Bonito discurso. Muy Ravenclaw. - Gracias. - Dijo con una risilla nerviosa e irguiéndose con una leve sacudida de los hombros, como un niño orgulloso. Tenía que mejorar eso.

Al parecer, la irrupción del hombre había "estropeado" la sorpresa de Alice. Supuestamente, porque ahora Marcus solo podía intuir que algo tenía que ver con la alquimia, pero por lo demás, ni idea. Y desde luego, le descuadraba totalmente la implicación de Lex. - Si te sirve de consuelo, sigo sin saber de qué se trata. - Dijo. Cuando Alice confesó lo de la prueba de Alquimia, le miró a uno y a otro. - ¿¿En serio?? - Vale, ahora sí que había sonado a niño chico total. Carraspeó un poco para recomponerse. - ¡Eso es genial! ¿Cuál es? - No respondieron, porque la Profesora Mustang apareció por allí. La saludó a ella también y asistió al duelo dialéctico con una sonrisilla escondida, mirando de reojo a Alice. Le dio un pequeño codazo y le susurró. - Qué cotizada estás. - Que dos profesores se pelearan por ti, eso sí que era Ravenclaw.

Ya sí, los profesores se fueron y Alice le pidió de nuevo buscar a su hermano, alejándose hacia donde habían quedado. Suspiró. ¿Por qué no podía tener un hermano un poquito más entusiasta? No necesitaba ni que fuera tan entusiasta como él, se conformaba con que no le pareciera todo mal. Respiró hondo para no ir demasiado predispuesto a una bronca, porque ya se estaba viendo venir lo que iba a pasar y quería la fiesta en paz. - Ey, Lex. - Le dijo al chico, que por supuesto ya se alejaba en dirección a las escaleras, dispuesto a refugiarse en su sala común hasta nueva orden. Este se giró. - Alice me ha dicho que vengas. Quiere enseñarnos una cosa a los dos. - Le dijo sin muchos rodeos, aunque un poco tenso. Su hermano seguía en silencio, y Marcus, que se había dicho a sí mismo que iba a decirlo directamente y sin muchas opciones a réplicas, empezó a dar explicaciones absurdas que solo podrían empeorar las cosas tratándose de Lex. - Es una sorpresa. Para mí. Bueno, o para los dos, no lo sé, eso me ha dicho, que tienes que venir, pero no sé qué es. Solo sé que tiene que ver con la alquimia. Que ya sé que no te importa, pero me muero de intriga, y solo me ha dicho que te llame y que nos vemos en la puert... - Vale. - Interrumpió Lex, con normalidad. Marcus parpadeó. - ¿Qué? - Que vale. ¿De verdad eres capaz de decir todas esas palabras y no entiendes un "vale"? - Rodó exageradamente los ojos. Si ya te ha dicho "vale", Marcus, ¿para qué sigues preguntando? Si es que le ponía lo de ser borde en bandeja.

- Bien, pues... Vamos. - Dijo aparentando normalidad, aunque no salía de su asombro. Bajaron en un tenso silencio las escaleras, no dando crédito de lo que estaba ocurriendo. Pero si a su hermano no le gustaba... Nada, en general, salvo el quidditch. ¿Cómo es que quería ir con él a una supuesta sorpresa de una amiga suya con la que había tenido además un momento bastante feo hacía meses y por el día del orgullo de una casa que no era la suya? - ¿No te da vergüenza hacer esos discursos? - Dijo de repente, lo que hizo que Marcus le mirara casi ofendido. El tono no había sido agresivo, pero la preguntita... Lex mismo debió darse cuenta. - Perdón, ha sonado mal. Quiero decir, que si no te pone nervioso. Que estaba todo el castillo y eso. O sea, mucha gente, escuchándote, y tú hablando. Que es como para decir, qué vergüenza, yo no quiero. Pero tú sí quieres... ¿no? - Casi hubiera preferido que dejara la pregunta como estaba. Pero sí, le había entendido. - Bueno, a la gente le gusta cuando hablo. - Yo no. - Le volvió a mirar parpadeando. Lex agachó la cabeza y se guardó las manos en los bolsillos. - Que a la gente cuando hablo yo, no. Creo. Vamos, no lo he intentado... Perdón, sigue hablando. - Marcus echó aire por la nariz. - Llevo desde primero deseando ser prefecto y por fin lo soy. Me gustan las fiestas, me gusta mi casa, me llevo bien con mucha gente, me llevo bien con la Profesora Granger, que es mi jefa de casa... - Se encogió de hombros, mientras seguían bajando escaleras. - Sí, estaba bastante nervioso porque es la primera vez que hago algo así, pero tenía muchas ganas de hacerlo, así que he pasado de los nervios y lo he hecho. Y parece que a la gente le ha gustado, así que... - Lex asentía, con la mirada en el suelo, como si estuviera procesando lo que le decía.

- No participé en nada en el día de Slytherin. - Marcus le miró. - ¿Por qué? - Lex se encogió de hombros. Marcus miró al frente, divisando ya a Alice en la puerta, esperándoles. - Participa en el nuestro, entonces. - Al fin y al cabo, la idea de esos días era dar las casas a conocer a los de fuera. Era lo ideal, que participasen todos. Antes de llegar hasta ella, se giró y le dijo a su hermano. - Por favor, sé que a ti te dan igual estas cosas, pero a nosotros nos hace ilusión... - No me eches chapas. - Solo te pido que... - ¡Que ya! Que ya lo sé. No soy idiota. - Marcus asintió, pero antes de girarse frunció el ceño y miró a su hermano, separando los labios para preguntar... Pero se lo ahorró. Como le preguntara si lo sabía por leerle la mente, ya sí que lo iba a mosquear. Pero vamos, que esperaba que lo supiera porque era de lógica, y no por estar haciendo lo que ya le había dicho mil veces que no hiciera.

Llegó sonriente y un par de pasos por delante de él hacia donde estaba Alice, pero antes de decir nada, la chica se colocó tras él y le vendó los ojos. Se le escapó una risita nerviosa y dijo. - Oh, vaya... - Oh, vaya. - Dijo Lex también, pero en su voz sonó con asco absoluto. Le ignoró. En su lugar, siguió sonriendo, aunque sin ver nada más que un fondo azul oscuro, y le dijo a la chica. - Me dejo guiar, pues. - Rio un poco. - ¿Eso es otro reto? - Respondió, pero hasta él se había dado cuenta de como había sonado, y estando en situación de ceguera no se sentía con mucha confianza de decir ciertas cosas sin saber ni cómo iba a reaccionar Alice a ellas ni quien estaba escuchando (y mínimo una de esas personas era Lex, ni más ni menos). - No me subestimes. El castillo, te aseguro que me lo sé con los ojos cerrados. Los terrenos... Ya trazaba rutas en primero, aunque ayudado por un mapa, quizás ahor... - Y se paró en seco, casi notando que perdía el equilibrio, lo que le hizo agarrarse a Alice en un acto reflejo. ¿¿En serio no le había avisado de que había un escalón??

Ah, no, solo era una piedra un poco más levantada de la cuenta. - Pues tan bien no te lo sabes. - Oyó decir a Lex. Él rio con suficiencia, recomponiéndose. - Solo estaba comprobando que la guía estaba atenta. - Ya. ¿Y si inviertes tus energías en no matarte en vez de hablar tanto? - Replicó Lex. Marcus le volvió a ignorar y le habló a Alice. Bueno, técnicamente le hablaba a Alice, pero como iba con los ojos vendados, simplemente hablaba en voz alta a la espera de que la receptora supiera que era a ella. - Lo dicho. Que no me subestimes. Nunca se sabe hasta donde puede llegar un prefecto. -
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Sáb Sep 04, 2021 12:08 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Rio, tirando de Marcus. — No es un reto, solo quiero ver la cara que se te queda cuando lo veas por primera vez. — Estaba ignorando un poco a Lex, pero es que, la verdad, lo que le interesaba era cumplir su promesa con Marcus, y para eso necesitaba a Lex. Estaba entornando los ojos y negando con la cabeza a l discursito de Marcus, cuando se vio cortado por un tropezón. Instintivamente, Gal se agarró a él, con un susto, fuera a ser que hubiera algo en el terreno que no hubiera visto y Marcus tuviera un accidente antes de llegar incluso. Al ver que estaba todo bien, solo acarició un poco su costado y rio. — Si querías abrazarme solo tenías que pedirlo, eh… — Dijo en tono de broma… Aunque, en verdad… Sí. Bueno, mejor dejaba de pensar en eso. Se rio un poco del comentario de Lex, y se separó del cuerpo de Marcus, pero le agarró más fuerte de la mano. — Venga, un poquito de concentración, que ya estamos llegando.

Según se estaban acercando al campo, se oía más bullicio, y Lex preguntó. — ¿Vamos a…? Shhhh. Un momento, que quiero que lo vea en un sitio concreto. — Pasaron por los túneles y salieron al centro del campo, y allí ya sí, se situó detrás de Marcus. — Ahora sí. — Le quitó la banda de los ojos y señaló el campo, engalanado con telas con círculos de transmutación en ellas y los símbolos de los cuatro elementos y sus colores en vez de los de las cuatro casas y un aro dorado y brillante gigante en el centro del campo, justo donde estaban ellos. — Bienvenidos a la primera prueba de Vuelo y Alquimia de la historia. Más os vale ganar, O’Donnells. — Miró a los ojos de Marcus entrelazando las manos con nerviosismo. — Una promesa es una promesa y hay que cumplirla. — Se mordió los labios y saltó de entusiasmo. — Guau… — Dijo Lex pasando la mirada por todo el campo. — ¿Por qué hay siete aros?Ahora mismo os lo cuento. — Dijo ella señalándoles. — Venid, que os explico el funcionamiento. — Y les condujo hacia una mesa con un montón de elementos por la mesa, algunos tal cual y otros en tarritos. — Esto son la esencias que corresponden a los siete estados de la alquimia. Los seis primeros son evidentes — dijo haciendo un gesto sobre la mesa —, pero como el séptimo sería el sol y no podemos ssacar su esencia, pues… — Cogió un botecito y lo batió ante Marcus. — Oro líquido. — Se rio de pura felicidad, y entonces se dio cuenta que había sonado exactamente igual que la risa de su madre. Aquella risa como campanillas que la acompañaba a todas partes, cada vez que veía esas pequeñas cosas que le alegraban el día. Lex y Marcus estaban mirándola, especialmente Lex, así que carraspeó y continuó. — Ahora, Lex, aquí entras tú. — El otro la miró suspicaz. — Tú sabes qué aro puntúa más en el quidditch. Sí.Pues Marcus tiene que ir dándote las esencias en el orden que corresponde a su estado, y tú tirarla por el aro correcto, como si fuera una quaffle. Cuando consigáis las seis, te dará el oro líquido, y tendrás que tirarlo ahí. Si lo conseguís, tendréis la máxima puntuación. — Lex suspiró y miró a su hermano y cogió el trozo de estaño, como si lo pesara con la mano. — ¿Tú te has enterado? — Gal suspiró un poco y Lex la miró de refilón. — Bueno, yo solo tengo que volar en orden, ¿no? Efectivamente.Los aros de ambos campos puntúan igual, ¿cómo sé cual va primero? Primero todos los de la derecha y luego los de la izquierda, y por último el central. — El chico rio. — ¿Y por qué… Todo esto? — Miró las cosas en la mesa y dijo. — No pegan nada, no tiene mucho sentido.

No lo admitiría delante de Lex, o quizás estaba leyéndoselo en la mente, quién sabe, pero en aquellas Navidades había temido mucho haber creado una brecha entre hermanos, que ya estaban bastante separados de por sí. Quería intentar repararlo. — Cierto. Es una prueba que solo puede ganarse con el trabajo en equipo de dos expertos en ambas materias. Por poco que se parezcan. — Les señaló con los brazos. — Y eso sois vosotros. Tú solo tienes que aterrizar y lanzar lo que Marcus te dé por el aro correcto. — Sonrió y miró a Marcus. — Veréis como sale solo, simplemente, haced lo que mejor se os da a cada uno y confiar en que el otro sabe lo que se hace. ¿Cómo sabemos que está bien? — Eh, parecía que había ganado mínimamente el interés de Lex. — Si es la correcta, saldrán estrellitas azules y doradas del aro, si no, humo negro.Hecho. — dijo Lex, yéndose a por una de las escobas que estaban repartiendo los del puesto de inscripción. — ¡Aprovecha y apúntate con tu hermano en un equipo! — Le gritó, mientras el otro se iba. Ella se acercó a Marcus y le miró ilusionada y nerviosa. — ¿Te gusta? ¿Se entiende el juego? ¿Me he pasado? — Se rio un poco y volvió a retorcerse las manos. Se sentía como la Alice de once años. — ¿Estoy hablando demasiado?

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Sáb Sep 04, 2021 1:50 am

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
- Ah, ¿pero puedo? - Dijo en el mismo tono bromista y... Bueno, ese tono, ese tono que dijo que no iba a usar porque no veía nada y su hermano no estaba delante. Pero Marcus ese día estaba muy contento y muy seguro de sí mismo, y Alice se las ponía demasiado en bandeja. Se guardaba esa bromita del abrazo para cuando la pudiera usar. Mientras tanto, sí, haría bien en estar pendiente del suelo.

Estaban entrando en el campo de quidditch, no le hacía falta tener los ojos abiertos para saberlo. El tacto del césped no era el de la hierba de los terrenos, se notaba al pisarlo. Además, de repente se habían ensombrecido, lo que solo podía significar que estaban pasando por un sitio cubierto, y el único sitio cubierto en los terrenos eran los túneles del campo de quidditch. Frunció los labios, relamiéndoselos, ocultando una sonrisilla. - Dónde estaremos... Dónde me llevarán... - Fue diciendo en tono bromista por el camino, porque sabía que Alice estaba haciendo eso con toda su ilusión y quería fomentarla. En un momento determinado se detuvieron, y la chica le quitó la venda de los ojos. Parpadeó un poco para acostumbrar estos a la luz y, una vez lo hicieron, los abrió con sorpresa, quedándose mudo mientras miraba a su alrededor. - Pero... - No podía dejar de mirarlo todo, los ojos le brillaban de ilusión. - Esto... - Se giró a Alice. - ¿Has hecho tú esto? - Volvió a mirarlo todo y se le escapó la risa. - ¡¡Es increíble!! Dios, cómo mola. - Es que no daba crédito. Había círculos de transmutación con los elementos por todo el campo, y un montón de gente participando. Nada comparado a lo solos que estaban cuando fueron en primero a buscar elementos allí, y desde entonces no se había hecho nada ni mínimamente parecido. Se había quedado sin palabras, solo podía admirar, con sorpresa mayúscula.

Miró a sus ojos cuando ella también lo hizo, lleno de felicidad, y tan pronto les dijo que más les valía ganar, palmeó un par de veces con emoción desbordada el brazo de su hermano. - Au au. - Oh, venga ya, que estás hecho de hierro. - Desde que hubiera entrado en el equipo, y con el último estirón que había dado, Lex no solo estaba altísimo, sino que cada vez tenía los músculos más tersos. Empezaba a dar un poquito de miedo, porque la cara de mala leche no la perdía, y ahora no era un simple niño antipático, ahora era una mole. Como para meterse con él. - Quiero ver esa competitividad Slytherin, ¿eh? - ¿Esa que curiosamente luces más tú que yo? - El otro día casi le robas el bate al golpeador de Hufflepuff para darle en la cabeza con él. - No paraba de reírse. Que se centre en su trabajo, que casi me destroza la cara. - Si mi memoria sobre reglamento de quidditch no me falla, entonces estaba bastante centrado en su trabajo. - Antes de que Lex replicara, alzó las manos. - Vale, vamos a centrarnos. - Porque con esa discusión absurda no llegaban a ninguna parte.

Atendieron ambos a Alice, cada uno claramente centrado en su cometido, pero los dos tan sumamente concentrados que por un momento casi se parecían en algo. Él ya se imaginaba por donde iba la historia solo con ver los elementos de las mesas. - Uno por cada estado de la alquimia... - Murmuró, y se mordió un poco el labio. - Brillante. - Pero se quedó callado, escuchando a Alice, sin querer adelantarse aunque le estaba costando horrores contener la emoción. Negó con la cabeza con una sonrisa impresionada cuando vio el oro líquido. Increíble, las cosas que hacía Alice eran sencillamente increíbles, y eso que aún no había estudiado nada de la materia, qué no haría cuando tuviera la formación adecuada.

Marcus se frotó las manos, dispuesto a empezar, cuando Lex preguntó si se había enterado. Rodó los ojos. - Sí. - Le quitó el tarro de las manos. - Y por aquí no se empieza, así que déjame a mí con esto. - No te vayas a poner impertinente, ¿eh? - Ni tú a boicotear. - Dijo con firmeza, porque de verdad que estaba muy entusiasmado con eso y no quería que su hermano se lo chafara. Quitó el tono serio y se giró a Alice de nuevo, y ahí su hermano pareció contagiarse levemente del entusiasmo. En algo tenía razón: ¿Vuelo y Alquimia? Jamás se le hubiera ocurrido mezclarlos. Su materia favorita, su vida, frente a la que menos le gustaba, algo de lo que prefería totalmente prescindir. Y Alice había hecho algo alucinante mezclándolo... Y ahí lo vio claro. - Porque es la alquimia en esencia. - Murmuró mirando los elementos, alzando la vista a los ojos de Alice. - Hacer posible lo imposible. - Y sonrió, manteniendo su mirada unos segundos, en silencio. Al menos hasta que oyó a Lex suspirar teatralmente y removerse a su lado, como si quisiera hacer notar que seguía estando allí.

Cuando su hermano preguntó que como sabrían que estaba bien, ladeó cómicamente la cabeza, mirándole con cara de circunstancias. Obviamente va a estar bien. Por favor, ¿con quién se creía que estaba hablando? Llevaba sabiéndose los elementos asociados a los estados de la alquimia desde que no levantaba un palmo del suelo. Lo bueno es que su hermano parecía considerablemente entusiasmado, y seguidamente se fue a por una escoba. Arqueó las cejas impresionado y miró a Alice. - Lo dicho. Haces posible lo imposible. - Porque entusiasmar a Lex con algo sí que parecía un milagro. Antes de que pudiera decirle nada a Alice, esta se acercó y podía jurar que se estaba muriendo de ternura de ver su reacción, tanto que bajó las cejas y rio un poco, totalmente enternecido. Con una pose cómica, empezó a asentir lentamente varias veces, frunciendo los labios. - Sí, sí, sí y sí. Y de todo me alegro, y todo es bueno. - Volvió a reír y agarró sus manos para que dejara de retorcérselas y le mirara. - ¿Que si me gusta? Dios, Alice. - No podía dejar de reír de pura felicidad. - Esto es impresionante. No tengo ni idea de cómo lo has hecho, pero en cuanto gane ese juego, porque lo voy a ganar... - Aseguró, apuntando con un dedo a los aros. - Espero que me lo cuentes todo con pelos y señales. Te has pasado, pero me encanta, es algo que solo hubiera hecho yo, al menos ya me siento menos loco. - Dijo entre risas. Encogió un hombro. - Y siempre me ha gustado que hablaras demasiado. Lo dicho, como yo. - Le guiñó un ojo.

- ¡Eh! ¿Empezamos o qué? - Bramó Lex, que ya estaba subido en la escoba y tenía una cara de impaciencia como si llevara una hora esperando. Rodó los ojos con un suspiro, aunque a quién quería engañar, estaba deseando empezar. - Perdona, tengo un Slytherin en mi equipo y... En fin. - Se acercó a la mesa, pasando con chulería los dedos por la madera. - Él quiere una victoria, y este Ravenclaw claramente puede dársela. - Arqueó las cejas, ladeó la sonrisa y dijo. - Atenta. - Se giró e hizo un gesto con el brazo a Lex. - ¿PREPARADO? - Bramó desde su posición. El chico asintió, ladeando él también la sonrisa, y se inclinó sobre la escoba para dirigirse hacia él.

Marcus cogió el primer elemento. - Primer estado, calcinación. Plomo. - Le lanzó el elemento a Lex, quien lo cogió en el aire y lo lanzó por los aros. Efectivamente, salieron estrellitas por todas partes, lo cual le hizo soltar un ruidito de superioridad e impresión. - ¡Vamos con el segundo! Ahora sí, estaño, elemento de la disolución. - Se lo lanzó a Lex y este se dirigió al segundo aro, haciendo saltar de nuevo las estrellitas azules. Se mordió el labio con satisfacción. - Eeem puede que este tenga que dármelo... - Miró a Alice, pero Lex pasó volando a gran velocidad a su lado, haciendo que se les revolviera el pelo a ambos. - ¡Venga ya, deja el teatrillo, joder! - ¡Plata! El elemento de la separación. - Se apresuró a decir ante el regaño de Lex, lanzándoselo. Mientras él marcaba, se acercó a Alice rápidamente para susurrar. - Perdona, creí que tenía que esperar que la luna me lo diera. - Hermano Sol, Hermana Luna, qué bellos recuerdos de la noche de San Lorenzo que solo podían hacerle venirse más arriba si los recordaba ahora. Se dirigió con un giro sobre sí mismo para chulearse un poquito más, aun a riesgo de que Lex soltara otro exabrupto, y dijo. - ¡El cuarto! Hierro, por la conjunción. - Se lo lanzó también a Lex y este marcó el tanto tan rápido que se echó a reír, haciéndole un gestito con el dedo para que su hermano se acercara. Este también se estaba viniendo arriba, así que voló hacia él, mientras Marcus alzaba el brazo con el siguiente elemento en la mano. - ¿Quieres el quinto? - Cuidado con esa mano, hermanito. - Oh, venga, ¿dónde está esa precisión de cazador? ¡Aquí lo tengo si lo quieres! - Lex afinó el vuelo y cogió el metal de su propia mano, pasándolo por el aro y provocando otra lluvia de estrellas. Marcus vitoreó, señalando con ambas manos al aro justo después. - ¡Por si alguien se lo ha perdido, era mercurio, el metal de la fermentación! ¿Seguimos? - Parecía estar hablándole a una audiencia porque, de hecho, el show de los dos hermanos había acaparado la atención de un corrillo de gente. Lex, que se volvía extrañamente feliz sobre una escoba, se estaba permitiendo el lujo de hacer piruetas entre los aros mientras Marcus seguía con su espectáculo particular. - Y el siguiente es... Hmmm, si no es el oro, solo puede ser... - Como si no lo supiera de sobra. - ¡Cobre! - Dijo alzándolo en la mano, chistando después. - Metal muy útil y metal de la destilación. ¡Cógelo, Lex! - ¡Lo tengo! - Dijo el otro, haciéndose con él en el aire y pasándolo por el aro correspondiente. Solo quedaba uno.

- Oro líquido. - Dijo mirando a Alice de reojo, con tono interesante. - Coagulación... El estado final, el estado ideal. Aquello a lo que todos aspiramos. - Alzó los brazos y bramó. - ¡Miradme! ¡Soy el sol! - Lo agarró con decisión y lo ofreció a su hermano. - Haga los honores, Señor O'Donnell. - Será un placer. - Dijo su hermano con esa sonrisa tan Slytherin que le salía de vez en cuando, agarrándolo a toda velocidad y lanzándolo con todas sus fuerzas por el aro final. Un montón de fuegos artificiales salieron de todas partes, y Marcus empezó a vitorear con todas sus fuerzas, así como Lex. - ¡¡SÍ, JODER!! - Lex también sabía venirse arriba, era muy competitivo. Marcus ya estaba dando saltos, dirigiéndose hacia él, y el otro bajó de la escoba y Marcus se le echó encima, abrazándose a él como si acabaran de ganar el premio de su vida cuanto menos, y Lex estaba tan emocionado que hasta le levantó del suelo. Eso sí que parecía imposible y, una vez más, había sido posible. Alice lo había hecho posible.

Se separó de él y si dio cuenta de que su hermano, de repente, se quedó casi contrariado, como si se hubiera dejado llevar por la emoción del momento y ahora no supiera bien como reaccionar. Marcus, en cambio, continuó con la emoción por las nubes, y tan pronto se separó de Lex, se lanzó a abrazar a Alice. Ahora fue él quien levantó a la chica del suelo y hasta dio un par de vueltas. - ¡¡Esto ha sido una pasada!! - Bramó mientras daba vueltas con ella agarrada por la cintura. La dejó de nuevo en el suelo, jadeando por tanta emoción y esfuerzo, y se separó para mirarla. - Oh, perdón, te he abrazado sin pedírtelo primero. - Dijo entre la broma y la chulería, con la respiración agitada. Arqueó una ceja, con una sonrisa doblada y añadió. -  ¿Me das permiso? Aunque sea con carácter retroactivo. -
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Sáb Sep 04, 2021 2:14 pm
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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Ni en sus mejores sueños, los hermanos O’Donnell habían reaccionado así a su prueba, especialmente Marcus. Solo podía sonreír sin parar e ir riéndose cada vez que Marcus hacía un nuevo descubrimiento y lo alababa, le hizo incluso gracia ese pique que traían preparando el juego. Casi notó que se quedó sin aire cuando le dijo lo de hacer posible lo imposible y la miró. Ojalá pudiera hacer todo lo imposible posible, de verdad que sí. Entonces simplemente le diría lo que sentía y descubriría lo que significaba estar con alguien, estar en serio, con todas las letras… ¿Qué hacía pensando en eso ahora? Probablemente tuviera que ver con que le habían dado unas ganas enormes de besarle delante de todo el mundo. Pero simplemente sonrió con ternura y dijo. — Una hija de William Gallia no debe creer nunca que haya nada imposible. — Aunque no fuera así, pero bueno.

Cuando se quedaron solos solo pudo reír entusiasmada a la alegría de Marcus. — Claro que lo vas a ganar, no me cabe duda. — Volvió a reírse y levantó las palmas de las manos hacia arriba. — El señor Weasley me ha ayudado un montón, aunque yo ideé la puntuación de este, él tuvo las ideas para los otros cursos. Y ha hecho todas las decoraciones y todo… Todo porque un día, estando en el comedor pensé que qué guay sería que en vez de casas tuviéramos elementos. — Contó entre risas. — Y de ahí pensé… Este año tengo que organizarle algo así. — Iba a decirle que lo hacía por compensarle todo el año anterior, por ser el mayor apoyo que había tenido nunca y… — Quería... — Pero nada, porque Lex ya quería empezar. Sí, mejor empezar, antes de que el milagro del entusiasmo se agotara.

Y el espectáculo que vino justo después, no solo la dejó a ella completamente anonadada, si no a todos los que estaban allí, y sintió de veras que Lawrence O’Donnell no estuviera allí para ver a sus nietos hacer semejante proeza. No solo Marcus no dudaba en qué elementos usaba y en qué orden iban, es que Lex parecía otra persona, metiéndose de lleno en todas las cosas que Marcus hacía, lanzándole los elementos y cazándolos todos al vuelo y haciendo piruetas sin parar. Y ella jaleaba y aplaudía, al menos hasta que le pareció que Marcus iba a hacer una referencia a… ¿La luna? ¿En serio? ¿Se estaría refiriendo a aquella noche en La Provenza? No le dio mucho tiempo a pensar, porque todo parecía ir sucediéndose frenéticamente y nunca había visto a Lex de tan buen humor. Pero ya cuando dijo lo de la coagulación y el sol… Amaba a ese chico. Le amaba y más le valía irse haciendo a la idea y pensando cómo lo iba a gestionar. Mejor centrarse en lo que tenía delante, que era Lex a punto de ganar. Cuando saltaron los fuegos artificiales, todos hicieron un sonido de sorpresa y Gal se puso a saltar. — ¡Sí! ¡Sí! ¡Lo sabía! — Lo inimaginable. Su padre estaría orgulloso y Marcus, y hasta Lex, estaba feliz. Rio y aplaudió cuando vio a Lex levantar a su hermano. Bien, una brecha menos de la que preocuparse.

Casi ni se vio venir a Marcus abrazándola y levantándola del suelo, haciéndola gritar un poquito entre las risas de felicidad imparables. — ¡Lo ha sido! ¡Menudo espectáculo! — Y se agarró fuerte a él, disfrutando de aquel momento tan feliz, de Marcus sujetándola en sus brazos… Para el reloj, pensó. Páralo y que la vida sea siempre así, Marcus abrazándola, ella feliz, haciendo cosas de alquimia, sin problemas en vista solo… Ellos, siendo felices. Negó con una risa, sin separarse de él, mirándole a los ojos. — Te doy todos los permisos que quieras. — Y no se lo dijo con ese tono que usaban a veces, se lo dijo feliz y de corazón. — Con carácter retroactivo y futuro… Puedes abrazarme siempre que quieras… — Pero ya se acercaban otros alumnos y mejor no decir más. Estaba por allí también el profesor Weasley que iba riéndose. — ¡Ay, juventud, divino tesoro! Hay que ver qué buen equipo hacéis los tres. Qué maestría de vuelo, muchacho. — Le dijo a Lex, que también llegaba por allí, de nuevo con su semblante de siempre. — Y no puedo creer que te hayas sabido con tanta rapidez los elementos, tengo alumnos de séptimo que aún me los confunden. — Luego la miró a ella. — Aunque no hubiera sido posible sin el empeño de la señorita Gallia. Esto se merece diez puntos para Ravenclaw, y otros diez para Slytherin, señor O’Donnell, porque menudo espectáculo. — Ella sonrió más aún. Estaba ganando más puntos en una mañana que en toda su vida. — ¡Eh, equipo O’Donnell-Gallia! Venid a recoger la puntuación. — Gal se giró a Lex y le miró con los ojos muy abiertos. — ¿Me has puesto en el equipo? — Él se encogió de hombros. — Bueno, sí… Es que ha sido idea tuya… — Ella sonrió y asintió con la cabeza. Lex seguía confundiéndola, pero… Bueno también sabía portarse bien a veces… Y ya cuando se estaban acercando a la mesa le dijo en bajito. — Sabes… Hacer feliz a… Marcus, claro, pero… A la gente, en general… Como hacía ella. — Cogió su cartón y se fue. ¿Se refería a su madre? No le había dado tiempo a preguntárselo. — ¡Espera Lex! — Le dijo, levantando el cartón. — Ya que estamos inscritos los tres… ¿Nos dividimos para hacer las pruebas y ver cuánto podemos conseguir? Seguro que tú puedes hacer Criaturas y nosotros otras… ¿Quieres?¿Y los puntos si ganamos qué casa se los queda? — Pregunta Slytherin, sin duda. — Se dividen entre los participantes proporcionalmente. — Se encogió de hombros y siguió andando. — Vale. Me voy a los de Criaturas. — Bueno, menos era nada.

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Dom Sep 05, 2021 12:08 am

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Ya la había dejado en el suelo, pero seguía mirándola, sin dejar de reír. - ¿Todos los permisos? Eso suena bien, lo quiero por escrito. - Ladeó la cabea. - Y en ese caso. - Volvió a abrazarla con fuerza, pero esta vez sin hacer el tonto, ni levantarla ni hacerla girar. Solo apoyando su cabeza en el hombro de su amiga. - Ha sido genial. Eres la mejor. - Marcus a veces se pasaba de entusiasta, y no era fácil que los demás le siguieran el ritmo. Alice lo hacía. Por eso hacían el mejor equipo.

Se separó de nuevo justo a tiempo de ver al Profesor Weasley por allí, lo cual le hizo dibujar una sonrisa nerviosa y que le recorriera un leve escalofrío por el cuerpo. Para él era muy importante causar buena impresión, sobre todo a los profesores, y el Señor Weasley sería el profesor de la asignatura que más ganas tenía de dar del mundo, Alquimia. Además, era colega de profesión de su abuelo, habían trabajado juntos. Le importaba muchísimo su opinión. La sonrisa se le ensanchó aún más al oír sus palabras, haciendo un gesto cortés con la cabeza. - Gracias, señor. - Se encogió de un hombro. - Lawrence O'Donnell no permite fallos en su taller. - Dijo medio en broma medio en serio, lo cual hizo al hombre reír. Miró a Alice orgulloso cuando se refirió a ella, asintiendo, porque tenía toda la razón: no habría sido posible sin su amiga. Pero giró la vista con los ojos muy abiertos y la sonrisa aún más ancha cuando les dio puntos de casa. - Muchas gracias, Señor Weasley. - Es vuestro premio por hacer que cosas tan viejas sigan más que vivas... Y no me refiero a la alquimia. - El hombre rio de su propia broma, con ese humor tan particular de los señores sabios, y se marchó de allí.

No le llamó la atención eso del equipo O'Donnell-Gallia, porque él tenía demasiado interiorizado que eran un equipo, hasta que cayó en que no había sido él quien les había inscrito, sino Lex. Arqueó las cejas y miró con sorpresa y felicidad a uno y al otro. Lo de Navidad le había dejado con mal sabor de boca: Lex era su hermano y le quería, Marcus ponía la familia por encima de todo, pero Alice... Era Alice. Alice era su familia también, de otra forma pero lo era, y Alice era... Especial, simplemente especial. Era su equipo, era su contraparte, como el sol y la luna. Su mejor amiga desde que la conoció, y dudaba que nada pudiera separarles. Lex y ella no podían llevarse mal, o le dejarían en una posición muy comprometida... Y con el corazón partido en dos.

Le dio un par de palmadas en el hombro a Lex, con una sonrisa fruncida, en agradecimiento por la idea de poner a Alice en el equipo con ellos, y se dirigió a la mesa. Aprovechó para hablar con varias personas, y le pareció que Lex y Alice hablaban entre sí, pero Marcus necesitaba atender a su público... Bueno, a los alumnos que había por allí y le estaban preguntando cosas, pero a su ego le gustaba pensar que realmente tenía un público que atender. Se acercó a ellos justo cuando Alice proponía hacer las pruebas juntos y dejar que de Cuidado de Criaturas Mágicas se ocupara Lex. - ¡Eh! Qué gran idea. - Concluyó, después de haber pensado a toda velocidad varias cosas: la primera, que era buena señal la sola propuesta; la segunda, que quizás era muy arriesgado, que a saber hasta cuándo duraba el buen humor de Lex, y que... A una parte de él no le disgustaría en absoluto hacer las pruebas solo con Alice, total, ni que fuera la primera vez; la tercera, que con ese acuerdo no solo se libraría de hacer la prueba de Cuidado de Criaturas Mágicas pero se beneficiaría de los puntos, sino que seguiría estando a solas con Alice y quedando bien con Lex, dejándole su espacio para que no se agobiara pero compartiendo equipo. Era perfecto.

Se mojó los labios, viendo como su hermano se alejaba. Miró a los lados y vio que todo el mundo parecía a sus cosas, así que se enganchó del brazo de Alice. - ¿Qué ha hecho este pobre prefecto para merecer una amiga tan guay? - Rio un poco y dejó una caricia en su mejilla. - Ha sido bestial, todo. Y... Gracias. Por la prueba en sí, porque me ha encantado, y por incluir a Lex. - Llenó el pecho de aire y echó a andar, sin soltar el brazo de su amiga. - Y como te veo muy orientada con las pruebas y yo aún estoy... - Hizo un cómico gesto con la mano libre, inspirando profundamente y soltando el aire por la boca. - Intentando rebajar lo arriba que me he venido con el juego. - Se echó a reír. - Te dejo decidir a ti nuestra próxima parada. - Ladeó la cabeza y la miró con los ojos entrecerrados. - Por cierto... Me he quedado pensando en eso que has dicho de que estaría guay que las casas fueran como los elementos. - Se llevó la mano a la barbilla, entrecerrando los ojos en una mueca pensativa. - Si eso fuera así... ¿Cuál sería la nuestra? - Se desenganchó de su brazo solo para alzar ambas palmas de las manos diciendo. - Tenemos que estar en la misma, ¿eh? - Volvió a la mueca pensativa, chistando. - Lo más obvio sería pensar que el agua, porque en fin... Es azul. - La miró con complicidad. - Pero demasiado simple para ser nosotros, ¿no crees? - Se mordió un poco el labio. - Y creo que habíamos quedado en que... Tú eres el aire. Y yo soy la tierra. - Chasqueó la lengua, con una sonrisa ladeada. - Se complementan, sí, pero no parece la misma casa... Y eso nos deja solo con uno. - Pronunció dicha sonrisa y entrecerró más los ojos, mirándola a los suyos y bajando el tono. - No sé si no me parece un peligro compartir el fuego contigo, Alice Gallia. -
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Dom Sep 05, 2021 2:06 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Podría pasarse la vida recibiendo abrazos de Marcus por una cosa o por la otra. — No tendría ningún problema. Si me lo escribes tú, lo firmo con los ojos cerrados. — Dijo con una risita, aunque lo decía completamente en serio. ¿Era ella o estaban aquel día especialmente… Algo? Uf, o estaba muy influenciada por la euforia, porque a Macus seguía pareciéndole todo genial. Por fin parecieron alejarse de la gente y simplemente sonrió por sus halagos. — Lo que tú haces, ser un amigo todavía mejor. — subió la mano y retuvo un poco la de Marcus en su mejilla con cariño. Soltó una carcajada y asintió. — Sí, claro, yo comando hacia la próxima prueba, que acabo de decidir que va a ser de Pociones. — Y echaron a andar hacia el castillo.

Sí, ya sabía ella que se iba a quedar con lo de las casas por elementos, y no descartaba que fuera a ponerle una instancia al director para proponerlo para Hogwarts. Se rio cuando dijo nuestra. Ella había asumido que estarían en dos distintas. Como muy distintas. — ¿Tan terrible sería no estar en la misma casa que yo? Estaríamos todo el día juntos igualmente y lo sabes. — Pero no, él quería una común y ella miró al cielo nublado, como pensando. — El agua también puede ser salvaje y descubridora. Es más, tú le abres un camino y desliza por él sin dilación. No me pega tan mal el agua. — Advirtió señalándole con un dedo. — El aire obviamente es un elemento muy mío pero, que sepas, señor Tierra, que esa también me pega. Se me dan muy bien las plantas, y tiene muchas caras. Puede ser un desierto, la tundra o un huerto, incluso una macetita de terraza. Me gusta esa versatilidad. — Pero sabía por donde iba. Se paró y se puso frente a él, mirando a esos ojillos que sabía que estaban maquinando en verdad, y ella los entrecerró, acercándose más a él. — Estoy de acuerdo. El fuego es poderoso y puede ser imparable, como dos que conozco yo. — Dijo con retintín. Ladeó las cabeza y abrió la boca con ofensa. — ¿Un peligro? Marcus, Marcus, Marcus… — Se acercó un poco más. — ¿Tú no has aprendido que el fuego no solo quema? Que el fuego también da luz y calor, que el fuego lleva a la calcinación, estado primigenio y más puro de la alquimia… El fuego puede ser vida, si se sabe usar. Ilumina como tú, cuando explicas las cosas y ayudas a los niños pequeños… Como cuando estoy triste y me alegras el día… — Dijo pasándole los dedos por los rizos de la frente. “Y calienta como yo”, pensó, pero se calló. — Hay otras cosas peligrosas que te gustan, como la alquimia. ¿Y a que tú siempre la usarías con sabiduría? Pues el fuego igual… Yo creo que sería nuestra casa ideal. — Y no solo por el fuego que sentía en su corazón. — ¡Eh, prefecto! Ven un momento que tenemos una disputa. — Gal rio y entornó los ojos. — Ve. Podré apañármelas en Pociones hasta que bajes. — Sí, y así se relajaba un poquito porque… Madre, como se le había puesto el corazón.

Llegó jadeando a la torre de Astronomía. Vale, tenía bastante claro que tenía que mirar a la bóveda celeste. No sabía si era por lo de tener que subir hasta la Torre o qué, pero la prueba de Astronomía siempre la dejaba baldada y era cuando empezaba a notar la cantidad de horas que llevaban con las pruebas. Marcus se había quedado en el aula de Aritmancia para ganar tiempo y ella había subido. La tenía bastante clara y, gracias a Dios, no había nadie allí ya. Escudriñó la bóveda celeste del techo y siguió las instrucciones. — Vaaaale… Alfa Centauri… Sirio… Virgo… Ahí está. Un, dos, tres, cuatro… La cuarta estrella de Casiopea. — Apuntó con la varita a la estrella en concreto y le cayó una pequeña bolita brillante en la mano que le hizo soltar una risita. De repente que dio cuenta que Marcus estaba allí y se sobresaltó, llevándose la mano al pecho. — ¡Qué susto! ¿Estás practicando sigilo para pillar a la gente o qué? — Se acercó con una sonrisa. Qué día tan maravilloso llevaban a cuestas, solo tenía ganas de sonreír. — ¿Ya has terminado? Qué velocidad, yo también. — Dijo levantando la bolita entre el pulgar y el índice. Se fijó en la cara de Marcus y se acercó con una ceja alzada. — ¿Por qué sonríes tanto? — Miró alrededor y sus ojos se posaron en el sol. — Qué recuerdos de nuestro primer Orgullo, ¿eh? — Se apoyó en las barandilla que separaba las esferas del pasillo y miró el sol. — Siempre que vuelvo aquí, me acuerdo de cómo me enseñaste el águila y el león… — Sobre todo desde que entendía a que vino ese escalofrío cuando él la agarró de la cintura para ponerla en el telescopio. — Y cómo dimos con la salamandra. — Alzó el dedo y lo puso en la superficie del sol. — Estaba… ¿Aquí? — Los que seguro que estaban eran ellos dos, solos, en aquel sitio tan significativo para ellos.


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Dom Sep 05, 2021 5:58 pm

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
La miró con los ojos entrecerrados, echando el cuello hacia atrás con una sonrisilla. - ¿Ya me quieres echar de tu casa? ¿Ya te has hartado de mí? - Chasqueó la lengua. - No, Señorita Gallia, no tendrás la suerte de que este prefecto no esté pendiente de las diabluras que haces. - Se encogió exageradamente de hombros, alzando las palmas de las manos. - Y si no estamos en la misma casa, no puedo esperarte al pie de las escaleras para desayunar. Tú misma, tú te lo pierdes. - Siguió bromeando.

Escuchó su disertación sobre qué elemento les vendría mejor, asintiendo con comprensión. Se detuvo y pronunció la sonrisa de lado cuando vio que se colocaba frente a él, en su camino. No había llegado el día en que Alice no le siguiera el rollo o pillara perfectamente por donde iba, y esperaba que nunca llegase. Tuvo que aguantarse la risa para mantener su pose digna, mientras ella hablaba con esa ironía, haciendo como que se metía con él. Pero toda esa dignidad, esa altanería y esa sonrisa chulesca temblaron un poco cuando le dijo que iluminaba y cuando y como lo hacía, y mientras le acariciaba los rizos. Frunció los labios en una sonrisa tímida, esa que parecía salirle solo con Alice, con quien no necesitaba pavonearse ni pretender nada, y agachó la cabeza. - Eso es muy bonito. - Dijo en tono suave, y levantó la mirada para seguir escuchándola. Rio un poco. - Que sea pues, la casa del fuego... Procuraré usarlo con sabiduría... Espero no quemarme. - Dijo, mirándola a los ojos. Lástima que le interrumpieran justo después. Bueno, tenía todo un día por delante con Alice. Podía entretenerse un poquito aunque fuera.

- ¡O'Donnell, no corra usted tanto! No sé a quién ha salido. - Bromeó el Profesor Adams entre risas. Marcus tuvo a bien detenerse en su carrera para mirarle y encoger un hombro con chulería. - Tss, pues usted conoció a mi padre y son compañeros de profesión, todos dicen que a él. - Y precisamente por eso lo digo. A tu madre no la vi correr en todos mis años de Hogwarts. Las pruebas acudían a ella, no al revés. - Eso le hizo reír. - Y tu padre solo corría para perseguir a ese diablo de Gallia... Oh, claro, ya veo a quién has salido. - Le diré que corro por mí mismo, pero... Sí, señor, puede que esa diablo de Gallia tenga un poquito que ver. - Dijo riéndose. El hombre también reía, aunque veía ciertos gestos que no sabía muy bien qué le querían decir. Igualmente, Marcus prosiguió. - Si bien somos más organizados de lo que lo eran el Señor Gallia y mi padre con nuestra edad, con todos mis respetos... - Desde luego, William Gallia y la organización nunca fueron de la mano. - Mientras que nosotros nos hemos dividido momentáneamente para ser más eficientes. Brillante. - Dijo él de su propia organización y la de Alice, porque Marcus ya se regalaba el oído solo. El profesor asintió entre risas y dijo. - Buen equipo, no cabe duda. Venga, no te entretengas más. - Marcus asintió y, ya sí, echó a correr hasta la Torre de Astronomía, donde Alice debía estar.

Y, efectivamente, allí estaba. Iba a gritar que lo tenía, que traía el resultado de la prueba de Aritmancia, pero la vio tan concentrada mirando a la bóveda que se quedó a un par de escalones de subir, apoyado en la baranda de la escalera, respirando acelerado desde allí para recuperar el ritmo normal tras la carrera. Miró con una sonrisa como la bola brillante caía a sus manos, sonrisa que pronunció aún más cuando vio la felicidad de Alice. Esa sí. Esa era su Alice, la Alice que era una versión mucho más inteligente y avispada que la niña de once años que conoció, pero que mantenía su entusiasmo, sus ganas de saber cosas nuevas, su ilusión por esas pruebas que muchos consideraban una tontería, pero en las que ellos estaban entregados como los que más. No eran tan distintos de los niños de primero que un día fueron, hacía no tanto tiempo realmente, aunque hubieran pasado tantas cosas en esos años que pareciera una eternidad.

Terminó de subir las escaleras y se colocó tras ella, y casi le pega el sobresalto cuando la asustó, pero se echó a reír. - Sí, el sigilo es indispensable para pillar a alumnas traviesas que pueden meterte en un problema si te descuidas. - Bromeó. Alzó la mano para mostrar el cartoncito. - ¡Sip! Puntos de Aritmancia conseguidos, alabanza del Profesor Adams incluida. - Bueno, eso último había sido un adorno de Marcus, más bien. Miró la bolita con ilusión, pero sus ojos en seguida se posaron en los de la chica, y debió ser muy delatora la ternura y la felicidad que sentía, porque Alice se la vio en la cara. Encogió un hombro, frunciendo los labios en una sonrisa, sin apartar los ojos de ella. No dijo nada, pero él sabía bien por qué sonreía tanto.

Siguió mirando sus ojos, ese brillo de felicidad en ellos, aunque la chica ya hubiera cambiado la mirada al entorno. Miró al enorme sol de la Torre de Astronomía cuando ella lo mencionó, con una leve y muda carcajada. - Muchos... - Musitó, apoyándose él también en la barandilla, sintiendo el viento azotar sus rizos. Ese día estaba siendo especial, pero el primer Orgullo Ravenclaw que pasó allí no lo olvidaría jamás. Era ahí donde estaba puesto el listón, tan alto que superarlo se antojaba imposible. - Lo hemos superado. - Murmuró, y tras esto miró a Alice con una sonrisa. - Había puesto un listón ridículamente alto a este día, y... Lo hemos hecho. Lo hemos superado. - Clavó la mirada en sus ojos. - Lo has superado. - Oh, sí, con todo, sin Alice no hubiera sido posible. Desde ese desayuno tan fantástico hasta ese último momento en la Torre de Astronomía, ya con la noche sobre ellos, pasando por todas las pruebas, pasando por esa increíble prueba de Alquimia y pasando por el hecho de involucrar a su hermano en algo y hacerle pasárselo bien y sentirse integrado, con lo difícil que era eso.

Alice rozó entonces la superficie del sol con sus dedos y él volvió a sonreír y a dejar una insonora risa salir de sus labios. - Aquí. - Corrigió con suavidad, colocando su mano sobre la de la chica para moverla apenas un par de centímetros hacia la izquierda, el lugar exacto en el que recordaba la salamandra. Podía ver a esa Alice de once años señalarla como si la tuviera delante... Y, en realidad, la tenía delante. No ya con once años, con algunos más, con más experiencias a sus espaldas, unas más deseables y otras que hubieran preferido no tener... Pero allí estaba, ella misma, la de siempre. - Porque estás feliz. - Contestó a esa pregunta, la que le había hecho ya minutos antes. - Sonrió tanto porque... Me gusta verte feliz. Y hoy lo estás. - Notaba el peso de su propia respiración y el del silencio de la torre, tan llamativo fuera del bullicio del castillo y tras detener esa carrera imparable que llevaban haciendo todo el día. Estaban parados, en silencio, mirándose el uno al otro, con sus manos sobre el sol, los dedos de él rozando los de ella... Y quería besarla. Porque estaban solos, porque era la ocasión propicia, porque el cuerpo se lo demandaba... Y porque era otra manera tan buena como cualquiera de darle las gracias y de expresarle, sin tanta palabrería, lo mucho que le importaba.
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Dom Sep 05, 2021 11:31 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Abrió la sonrisa y entornó los ojos. — Oh, por supuesto, Marcus O’Donnell no puede hacer una prueba y considerarla ganada sin la alabanza del profesor. — Pero toda la seguridad y cachondeo que tenía por fuera, por dentro se convirtieron en nervios cuando Marcus se apoyó también en la barandilla. Tenían las manos muy cerca… Quizás podía rozarle… Últimamente las cosas se les iban de las manos muy rápido, no podía ponerse a recordar ahora mismo el pasillo, o el duelo del otro día… Tarde. Ya se sentía arder por dentro, y ya solo podía verle a él. ¿Cómo no iba a verle? A la media luz del atardecer, con esos rizos… Oh, por Dios, solo de mirarle la iba a hacer perder los papeles. Rio muy brevemente a lo que había dicho del listón. — Nunca es ridículamente alto para nosotros. — Puede que ella se hubiera contagiado un poquito de él y también estuviera en todo lo alto. — Somos Marcus y Alice. — Alice. Cuánto hacía que no se refería a sí misma así. Pero no podía decir esa frase de ninguna otra manera. — Somos imparables. — Y al terminar, dejó salir un suspiro entre sus labios entreabiertos, como si así pudiera paliar la necesidad que tenía de devorar los de Marcus.

Y para no ayudarla, Marcus rozó su mano, y su yo racional gritó “¡Para decirme eso no había por qué tocarme, ahora necesito más de ti!”, pero no era capaz de decir nada. Y ahora encima le contestaba a lo de antes haciéndola sonreír con ternura, derritiendo su corazón y sus frugales defensas. — Sí, sí que lo estoy. — Tragó saliva. — Tú… Tú siempre sabes como hacerme feliz. Te lo dije… Tú alumbras siempre la oscuridad… Tú le das luz a la luna, hermano sol. — Oh sí, la noche de San Lorenzo era imposible de olvidar. Y ahora volvían a estar solos, y en esa circunstancia tan… Especial. — ¿Sabes también qué hay en el sol? — Dio un paso hacia él, entrelazando sus dedos. — Que también da luz… Y calor… — Se paró muy cerca de él y alzó el rostro, quedándose mirando a sus ojos directamente, notando su respiración acelerada. — El fuego. — Dijo en un susurro suspirado. ¿Ya qué más daba? ¿Por qué no hacía lo que quería como siempre y ya está?

¡OH! ¡JÓVENES RAVENCLAW! Qué día más animado he tenido gracias a vuestra fiesta. — El Barón de Cauldron. No se lo podía creer. Dejó caer la cabeza con un suspiro. — ¡Y es mi gran amiga la señorita Gallia! Y el joven prefecto, ya pensé que no os vería por aquí. — Inspiró y puso la sonrisa más amable que le salía, resbalando la mano de donde la tenía, pero manteniéndola agarrada a Marcus. — Buenas tardes, barón. ¡Juventud, divino tesoro! Yo a estas horas de tardes nada, estaría ya cenado y con el salto de cama puesto. — Dijo con sonoras carcajadas. Qué humor tan ridículo tenía el pobre. Pero cuando dejó de reírse, les miró de hito en hito a los dos y carraspeó. — Ehm… Yo no es que piense para mal de ambos. En absoluto, eh… Pero… ¿No deberían dos jóvenes… En edades… Casaderas, llevar con ellos mínimo un acompañante? Ya sabéis, por decoro más que nada, que yo se de buena tinta que ambos sois de fiar, pero… — Gal tuvo que aguantarse la risa. Si llega a tardar dos segundos más, se hubiera escandalizado de veras. — No se preocupe, barón, era solo por la prueba. Nosotros nos íbamos ya, tenemos que hacer un recuento de puntos. ¡POR SUPUESTO! Os deseo muy muy buena suerte con todo mi corazón de fantasma, de verdad que sí. — Ella bajó la cabeza en agradecimiento y tiró de Marcus, echándose a reír mientras bajaban, cuando estuvieron lo suficientemente lejos. — Edad casadera, lo que hay que oír. — Se giró y se puso a caminar hacia atrás, mirándole. — ¿Preparado para entregar tu primera águila dorada? Va a ser precioso. — Aseguró con una risita, tratando de dispersar el deseo que había sentido tan intensamente hace unos minutos. — Te aseguro que va a ser recordado como un de los mejores días del Orgullo Ravenclaw de la historia. Y para que veas, a todo el mundo se le ha olvidado que es once de marzo. Y todo el mundo hablará que "aquellos discursos del prefecto O'Donnell" — dijo poniendo voz épica y haciendo un cartel con la mano en el aire.


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Lun Sep 06, 2021 1:50 am

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Se había quedado mirándola, pero esa referencia a la noche en La Provenza le hicieron sonreír de nuevo, aunque estaba bastante seguro de que debía tener una cara de bobo considerable. De nuevo, como ya le hubiera pasado otras veces, muchas en el último año, estaba mirando sus labios al hablar, fijándose en estos más de lo que habitualmente lo hacía. Pensando si... Sería muy raro que se besaran. No se había sentido raro las veces anteriores, no se lo habían pensado tanto cuando estuvieron a punto de irse deliberadamente al pasillo hacía unos días. No debería importar... Eran Marcus y Alice, ella lo había dicho, llevaban desde que se conocían haciendo cosas que solo ellos entendían. Esto solo era... Otra de esas cosas, ¿no?

Por si pudiera quedarle algún freno, Alice estaba empezando la maniobra de quitarlos todos. Esa forma de acercarse a él, de susurrar... De volver a mentar el fuego, y de provocarle un escalofrío de pensar en las implicaciones que esa palabra empezaba a tomar... Necesitaba besarla, y ella se lo estaba pidiendo a la manera en la que Alice pedía las cosas, tirando de él, estirando su cuerda para ver hasta donde podía llegar. Se acercó a su rostro, y casi podía rozarla, cuando el bramido rompió la pompa en la que se habían metido sin darse cuenta.

Giró el rostro y agachó la cabeza rápidamente, mojándose los labios, tratando de disimular y conteniendo una risa que no sabía si realmente era de que algo le hiciera gracia o, más bien, de todo lo contrario, de pura frustración. Maldita sea, ¿es que estaban condenados a ser interrumpidos? Espera, ¿sería cosa del destino o algo así? ¿Querría alguna fuerza superior decirles que mejor dejar las cosas como estaban y no enredarlas más? Nah, Marcus no creía en misticismos. Había sido solo una puñetera coincidencia. Otra vez.

Su amiga seguía manteniendo su mano agarrada, así que entendió que lo mejor era hacer como que no estaban a punto de besarse cuando les había interrumpido, que solo estaban allí pasando el rato y poco más, y frunció una sonrisa cortés para saludar al Baron de Cauldron. Miró de reojo a Alice cuando el fantasma empezó a reírse de su propio chiste, frunciendo los labios para no reírse. Lo que le hizo arquear las cejas fue lo que dijo después. ¿Se creía que...? - Oh. - Se le escapó una leve risa, la cual había sonado delatoramente nerviosa, y soltó la mano de Alice, poniéndose muy bien puesto. - Podéis estar tranquilo, Baron, no ha ocurrido nada impropio aquí. - Oh, no me cabía la menor duda. Parecéis un buen caballero. Y por lo que a mí respecta... - Hizo una floritura en el aire, dando la vuelta sobre sí mismo como quien da una voltereta en el agua, y añadió. - No he visto nada. - Y volvió a reír con esa risa que sonaba casi medieval, porque en fin, a saber de qué época era ese señor.

Se despidieron y el fantasma pareció quedar conforme con que solo estaban haciendo la prueba, lo cual, de hecho, era verdad. Que a ver... Solo habían tenido un momento de... Que bueno, le hubiera gustado besar a Alice, porque estaba... Bien. Se sentía bien cuando lo hacía, y al parecer ella también, así que por qué no, no hacían daño a nadie. Pero en fin, eso, que había sido solo cosa del momento. Ellos estaban a lo que estaban: a las pruebas. Se echó a reír con lo que dijo Alice. - Casadera... Pues ni lejos que nos pilla eso. - Bromeó. Bueno, a él le pillaba lejos, pero a Alice ni hablar de como le pillaba. Al fin y al cabo no paraba de decir que ella era libre y no se pensaba casar...

Se irguió y recuperó la chulería. - Por favor, nací preparado para ello. - Estaba deseando entregar el premio, y además tenía una apuesta muy clara de quiénes podrían ser los ganadores. Se moría de ganas. Se echó a reír con lo siguiente, aunque le hizo verdadera ilusión. - Me gusta como suena eso. Y esto solo es el principio de mis discursos, Señorita Gallia, que acabo de empezar en este puesto y pretendo que me dure el tiempo que me queda en el colegio. - Trotó un poco para alcanzarla y le dijo. - Quien me habrá ayudado a que sea el mejor Orgullo Ravenclaw de la historia... Quizás se merezca una mención especial en el discurso de cierre. - Dijo con una caída de ojos y una sonrisa, acelerando el paso y dirigiéndose hacia el Gran Comedor, donde seguramente ya se estuviera sirviendo la cena.

- Y el equipo ganador del día del Orgullo Ravenclaw del año 2000... El primero de este milenio... Muy especial a pesar de no estar en su fecha, pero todos nos sentimos orgullosos todos los días, y por tanto todos los días es el día del Orgullo Ravenclaw... Y en el que además... - ¡Venga, guapetón, que mañana querrás madrugar! - Bramó Ethan McKinley desde el público. De verdad, la condena que tenían en el castillo con ese chico. Marcus echó aire por la nariz, mientras escuchaba como algunos le mandaban callar, pero otros escondían risillas. Él mantuvo su pose digna y feliz y prosiguió. - Lo dicho, el equipo ganador es... - Movió su varita, y un papelito color azul con los bordes en bronce salió del recuento de puntos y se colocó en su mano. - ¡El formado por Amber Ming y Colin Evans! - Se oyeron aplausos de felicitación y vio como, entre el público, todos se giraban hacia los protagonistas. A Colin le brillaban tanto los ojos que podría iluminar el castillo entero. Amber, por su parte, lucía una sonrisa casi imperceptible, y estaba tan tranquila como si le hubieran dicho la hora.

Ambos se dirigieron al estrado, Colin dando saltos y claramente a punto de llorar de felicidad, y Amber como quien entra por la sala común. Antes de subir, vio como el chico se giraba desbordando entusiasmo hacia su compañera. - ¡¡Hemos ganado!! ¡¡Es increíble, Amber, hemos ganado!! - Lo sé. He contado los puntos. Y nos acaban de llamar. - Marcus miró de reojo a Kyla, a su lado, y frunció los labios con tanta fuerza que debía tenerlos blancos, pero es que se estaba muriendo de risa por dentro. Colin y Amber no podían ser más distintos. El chico era todo ilusión, de hecho le recordaba mucho a él, aunque con un punto más... Hufflepuff, por así decirlo. La chica, por su parte, era pragmática hasta los extremos más insospechados, y mostraba un entusiasmo tan moderado que era prácticamente inexistente. Cuando hubieron subido, Marcus tomó el águila dorada con mucha pomposidad y se la entregó ceremoniosamente a Amber, que estaba visiblemente más tranquila, porque Colin estaba tan tembloroso que, como se la diera, la iba a tirar al suelo. De todas formas, el chico le había decido a ella el honor de cogerla, y ella lo hizo, agradeciendo con un gesto de la cabeza. - Enhorabuena, chicos. Dos Ravenclaw de verdad, dignísimos ganadores. Disfrutad de vuestra victoria. - Estaba viendo a Colin que parecía tener algo en el pecho a punto de estallar, así que Marcus le miró con la cabeza ladeada. - ¿Quieres...? - Luego. - Contestó el chico, exultante. Marcus asintió, aguantándose la risa otra vez. Pues nada, "luego" quería decirle algo, le daría vergüenza hacerlo sobre la tarima.

Finalizaron el discurso, dieron el día del Orgullo Ravenclaw por concluido y se despidió de la Señora Granger, acordando con Kyla organizar a los chicos de la casa para asegurarse de que la gente retomaba el horario normal y no se dejaba llevar por la euforia de la fiesta, que ya había acabado y al día siguiente tenían clase. Mientras bajaba los escalones de la tarima, vio a Amber muy quieta y tranquila con su águila en las manos, y a Colin a su lado, igual de emocionado que minutos atrás, tanto que casi daba botes en el sitio. Marcus sonrió y se dirigió a ellos. - ¿Os han gustado las pruebas? Sois unos campeones, ¿eh? Habéis sacado un montón de punt... - Pero antes de terminar, el chico se lanzó a él con tanta fuerza que casi lo tira al suelo, estrechando su cintura como una boa constrictor. - ¡¡Gracias gracias Marcus gracias gracias gracias!! - Vale, vale, colega. - Dijo con un hilo ronco de voz, entre risas. - Que me dejas sin aire. - Ay, perdón, Prefecto O'Donnell, perdón. - Primero Marcus y ahora Prefecto O'Donnell. Si es que se tenía que reír, ese chico era genial, y el pobre se había separado apurado de él y casi se pone a plancharle la túnica. Le revolvió el pelo. - Cuantísimo te pareces a mí, Evans. - Eso hizo que Colin le mirara con ojos enormes. - Eso es que voy por buen camino, ¿no? - Marcus soltó una enorme carcajada. Pero qué tierno era. - Bueno, esperemos que sí. -
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Lun Sep 06, 2021 12:01 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Y ya está. Salían de la torre y… No es que se rompiera el hechizo, pero simplemente andaban por los pasillos como siempre, con sus bromas, sus cosas… Y a ver, a ella le encantaba todo aquello. Es solo que… Había estado tan cerca… — Uy, y ya te veo queriendo ser prefecto del Ministerio, proponiendo que exista la figura o algo así. — Dijo entre risas. — Estoy deseando ver ese momento. Como tengas que dárselo a un Gryffindor, vas a tener que ir ensayando la cara de estatua, eh… — Y ya volvían a las risas, a los piques… A eso que también les definía. Se quedó un poco parada cuando dijo lo de la mención. Gal no estaba acostumbrada a que le reconocieran nada, de hecho, nunca hacía las cosas con intención de que se las reconocieran… Y, para no perder su costumbre, Marcus la dejaba sin palabras. Se quedó un poquito atrás, para entrar al comedor sola y poder quedarse en una esquinita mirando sin que Hillary le dijera nada, o sus amigos la interrumpieron.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué se permitía a sí misma estar tan perdida? ¿Es que no había visto lo que podía hacer el amor cuando faltaba una de las partes? Y Gal sabía que ella era igual que su padre. Y, siendo sinceros, viendo a ese Marcus tan perfecto, con su reluciente chapa… ¿Tenía ella ninguna posibilidad de ser la que estuviera a su lado? Suspiró hondamente. Muchas veces pensaba que no, que los chicos como Marcus no acaban con las chicas como Alice, pero en días como aquel, en los que veía a Colin y Amber, tan distintos, juntos allí arriba, siendo felices cada uno a su manera… ¿Por qué no? A veces, si se sabe cómo… Podría ser, ¿no? Buscó a Poppy con la mirada. Estaba sentada con los de su casa, riéndose brillantemente. A veces le recordaba mucho a su madre, y eso la hacía tenerle un cariño especial. Si ella le tenía ese cariño especial… ¿Cómo no iba a tenérselo Marcus? Y él siempre le estaba diciendo que quería verla feliz, riéndose… Y Gal había hecho un esfuerzo muy grande por salir de su pozo, pero no siempre lo conseguía, mientras que Poppy… Vivía en ese estado.

¿Puedo sugerir que deberías echarte un rato? — Una voz a su espalda la sobresaltó. En cuanto reconoció a su dueño, entornó los ojos y rio. — Viniendo de ti, Hasan, no sé si es para incapacitarme para los cuartos de final del Club de Duelo, para algo indecente o porque realmente tengo cara de muerta y debería dormir. — Eso le hizo al Slytherin soltar una carcajada muy fuerte, apoyándose al otro lado de la columna donde estaba ella. — ¿Cuál te apetece más de las tres? — Eso la hizo reír a ella. — No vas a poder ganarme así en el duelo. Tendrás que derrotarme en la tarima. — Él se cruzó de brazos y alzó las cejas. — Cuento con ello. — Dijo con chulería. — Pero ahora que lo dices, estoy un poco muerta de cansancio, la verdad.¿Ves? Y tú malpensando de mí. — Eso le hizo poner media sonrisa. — Nunca, prefecto Jacobs. Me quedó claro que eres un tío con principios. — Ambos se rieron y Hasan señaló con la barbilla a la tarima. — Pero no ibas a perderte el debut de tu prefecto, ¿eh? Ni tú. — Dijo ella mirándole significativamente. Él se rio. — Claro que no. Adoro a ese libro con patas muy largas y mucha cuerda para hablar. Debí haber sobornado al sombrero para que lo pusiera en mi casa. Me iría mucho más tranquilo dejándolo de sucesor. — Gal le miró con cariño. A veces, con tanta tontería, se olvidaba de que Hasan era, de verdad, un buen tío. — Pero yo no me he currado un día entero, con prueba combinada de Alquimia y Vuelo, desayuno Ravenclaw y todo eso. — Por fin se giró a ella. — Deberías irte a descansar. — ¿Y vas a proponer acompañarme tú? — Hasan encogió un hombro sacando el labio inferior. — ¿Dirías que sí? ¿Incluiría llevarme en brazos a la Torre Ravenclaw? Levitarte es mi última oferta. — Eso le hizo soltar una carcajada. — Voy a echarme solo un ratito. Hasta que suban todos y continuemos la fiesta en la sala. — Concluyó. Pasó por al lado de Hasan y le apretó el brazo. — Él no será de tu casa, pero te admira muchísimo… Y eso es mucho decir con Marcus. Puedes estar tranquilo cuando te vayas. — Se estaba yendo ya, cuando oyó. — También te admira a ti… Por si no te habías dado cuenta… — Se giró y se encontró con esa sonrisilla tan Slytherin. — Tan avispada para unas cosas y tan parada para otras, Gal… — Ella negó con la cabeza, sonriendo, y decidió tomárselo a broma, la verdad. Mejor así.

La sala estaba vacía, lógicamente, así que se fue derecha a su sofá favorito, se descalzó y se hizo un ovillo en la esquina. Sí, al estar ahí solo descansaría los ojos y ya está… Cuando todos entraran, el bullicio la despertaría. Le pareció que habían pasado entre diez segundos y diez horas, cuando notó a alguien tocándola, y se despertó sobresaltada. Tenía una manta encima y Marcus estaba allí en el sofá también, pero no veía mucha más gente. De hecho no veía a nadie, ¿estaría soñando? — ¿Eres de verdad o eres un sueño? — Preguntó incorporándose y quedándose sentada. Subió una mano al rostro de Marcus y luego la pasó por los rizos de su frente. — Pareces bastante real. — Dijo con una risita antes de parpadear varias veces. — Eres una visión muy bonita para ver nada más despertar. — Guau, menuda sinceridad, sí que estaba atontada. Pero es que había sido muy tierno encontrárselo ahí así. Se llevó los dedos al pelo, atusándose. — ¿He dormido mucho? — Preguntó tratando de cambiar de tema.

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Lun Sep 06, 2021 2:02 pm

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
- Pues es un honor para mí que una personalidad tan ilustre haya visto mi discurso, y encima le haya gustado. - Dijo con un tono que haría a Sean y Hillary poner cara de asco, que no era la primera vez que pasaba. Qué se le iba a hacer, estaba con el ego y el entusiasmo muy subidos ese día, y ya lo que le faltaba era que le alabaran también los cuadros. Bueno, ese cuadro en concreto, que siendo honestos siempre le andaba haciendo carantoñas, pero Marcus era muy bueno llevándose a su terreno lo que le interesaba. - Es todo lo que quiero. Inspirar a las generaciones de Ravenclaw venideras, y honrar a las pasadas. - La Dama de las Violetas soltó una risita, removiéndose de nuevo en su sillón, desde el que le miraba apoyada en el respaldo. - Es que eres un prefecto ideal, desde que te vi de pequeñito lo supe. - Gracias, hermosa dama. - De nada, caballero. - Y volvió a soltar una risita. Era muy divertido hablar con ella, aunque cualquiera que le viera, que parecía que estaba ligando con un cuadro, diría que estaba fatal. Pero es que todos los cuadros eran de personas muy mayores, esa era la única chica casi de su edad... Bueno, lo que estaba pintado de ella, claro. Él sabía lo que quería decir.

- He visto que ha ganado las pruebas ese niño tan mono de tu casa, el que está en segundo. - Marcus asintió. - Colin Evans, en efecto. - La mujer hizo un sonidito de adorabilidad. - ¡Qué ricura de chiquillo! Y se parece muchísimo a ti... - Quiere seguir mis pasos. - Dijo él, con una caída de ojos, apoyado en la pared. Ella soltó otra risita. - No me extraña, eres un gran mentor. - Marcus hizo un gestito de falsa modestia con la cara. - Ha ganado junto a Amber Ming, otra gran Ravenclaw. - La mujer desdibujó la ternura de su rostro y esbozó una muy evidente expresión de asco, sonido de disgusto incluido.Esa niña es extraña, y desagradable. Se me queda mirando y mira, miedos me entran. Una vez le hablé y, ¡oh! Error el mío, nunca más. - Marcus ladeó la cabeza, mirándola con los ojos entrecerrados y una sonrisa irónica.  - ¿Me lo parece a mí, o todos los chicos te caemos bien y las chicas te disgustan? - La mujer parpadeó y le miró, tapándose los labios con el pequeño libro que siempre llevaba consigo. - Solo me gustan los buenos caballeros. - Eso hizo a Marcus soltar una risa suave y negar con la cabeza.

- Es cierto que Amber puede ser un poco... Seria, a veces, pero es una chica muy especial. - La mujer soltó un suspiro. - Oh, Marcus, pensé que nunca llegaría el momento de discreparte. - Dijo con dramatismo. - ¿Puedes creer las cosas tan horribles que me dice? Un día empezó a soltar una perorata sobre que si las personas que estamos en los cuadros solo somos restos del alma de los retratados, y que nos activamos cuando el cuerpo muere o algo así. ¡Oh, tamaño horror! Me tiembla el cuerpo entero solo de oírlo. - Volvió a dejar la cabeza apoyada melosamente en sus brazos, cruzados en el respaldo. - Tú no crees eso, ¿verdad, Marcus? - Él esbozó una leve sonrisa fruncida en los labios. - Creo que sois una persona superinteresante con la que me encanta hablar. - Respondió cortés, pero entonces vio que la chica había cerrado los ojos y lucía plácidamente dormida. Su sonrisa se tornó algo triste. Sí, desgraciadamente, Amber tenía razón: eso eran los cuadros, y su capacidad de hablar era limitada, al cabo de un rato, se dormían. Hizo un gesto de la cabeza, aunque ella ya no pudiera verle, y murmuró. - Buenas noches. - Emprendiendo rumbo a su sala común.

Aún había revuelo por el castillo, pero tenía a la mayoría de los alumnos localizados. Había algunos rezagados con la cena y otros haciéndose los remolones antes de volver a sus salas comunes. Solo había una persona a la que no había visto: Alice. Hasan le dijo que se había ido a la sala común, así que fue a buscarla, porque su amiga se merecía que acabara el día con ella. Quería al menos despedirse antes de que se fuera a dormir, porque Marcus y Kyla desde luego iban a acostarse tarde, que los prefectos no estaban solo para lo bueno, tenían que quedarse a recoger toda la decoración y poner el castillo a punto para las clases tras las fiestas. Fue con intención de despedirse y de agradecerle una vez más el día, porque sin Alice, desde luego, las cosas no hubieran ido tan bien, eso lo tenía claro. Pero al llegar se encontró la sala vacía. Vaya, ¿estaría ya en los dormitorios? Pues qué rabia.

Pero su mirada tenía que posarse donde ella solía estar y, efectivamente, allí estaba. Sonrió con ternura y se acercó a ella. Se había quedado dormida hecha un ovillo en el sofá, aún con el vestido de todo el día, al calor de la chimenea pero bastante encogida. Cogió una de las mantas de por allí y la tapó con cuidado de no despertarla, aunque quizás debería hacerlo y decirse que se fuera a su cama antes de que el tropel de gente la despertara de mala manera. Pero le daba pena, se la veía tan tranquila y... Podría jurar que la veía sonreír. Eso le hizo sonreír a él, quien instintivamente recogió un poco el pelo que tapaba su rostro y lo guardó tras su oreja. Mala idea, porque la despertó.

Se mordió un poco el labio, pero antes de disculparse por despertarla, ella le preguntó que si era de verdad. Su primer impulso fue reír, pero no llegó a hacerlo porque... Algo en su forma de decirlo le había gustado, parecía un poco desorientada pero... No parecía una broma. Se sentó junto a ella, con una leve sonrisa, y lo siguiente sí le hizo reír con suavidad. - Diría que voy a ser real, al final. - Dijo medio en broma, aunque con ese tono íntimo que a veces adoptaban sin querer. Parpadeó, un tanto aturdido por lo siguiente, y notó que se le encendían las mejillas. Se le escapó un poco de aire en forma de risa entre los labios cuando pudo reaccionar. - Voy a tener que despertarte más a menudo. - No sabía qué clase de tontería acababa de decir. Solo quería decir que... En fin, que decía cosas muy bonitas cuando estaba adormilada. Negó un poco con la cabeza, como si se estuviera diciendo a sí mismo Marcus, estás fatal, pero dejándolo solo en un pensamiento.

Miró su reloj. - Son las ocho y media. - Dijo con ternura, como toda respuesta a si había dormido mucho. - Hace casi doce horas exactas que salimos de aquí. Le hemos dado la vuelta al reloj. - Dijo entre risas, aunque eso también le sonó a suprema tontería, pero bueno. No supo por qué, de nuevo instintivamente y sin pensar, colocó un mechón de pelo de la chica tras su oreja. - No me extraña que estés cansada. - Susurró, y se había quedado ahí, bajando los dedos por su pelo, mirando sus ojos. Estaban solos. Quizás el momento en la Torre de Astronomía se había roto, pero... Ah, ¿en qué estaba pensando? Maldita sea, Marcus, no la líes. Él también debía estar cansado y adormilado, empezaba a decir y a pensar muchas tonterías. Quizás debería... Decir lo que había ido allí a decir, y marcharse, y que el día del Orgullo Ravenclaw finalizara, como él mismo había anunciado minutos atrás. Tragó saliva y, oh, mala idea, había mirado sus labios otra vez. Pero ya estaba arrancando a hablar. - Ha... Sido un día perfecto. - Dijo, con convicción aunque con una evidente carencia de toda la seguridad en sí mismo de la que llevaba haciendo gala el día entero. - Y ha sido por ti. Tú lo has hecho perfecto. -
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Lun Sep 06, 2021 4:20 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Sí que era real y, de hecho, no podía alegrarse más de que lo fuera. ¿Qué clase de alegría le estaba poseyendo? Era como si todo lo que había sentido durante la tarde estuviera ampliándose. Rio un poco y se acercó a él por el sofá. — Siempre dicen que tengo muy mal despertar… Pero supongo que depende de quién me despierte… — Y ojalá fuera él siempre. Oh, por Dios, ¿pero qué le estaba pasando? ¿Qué les había echado a los muffins aquella mañana que la hacían ponerse… Así? Volvió a reír suavemente cuando dijo lo del reloj, asintiendo con la cabeza. — Eso solo se consigue en los días que merecen la pena. Que el reloj avance… Y simplemente desear que las manecillas se pararan. — Sonrió y ladeó la cabeza. — Cuando me pasaba eso de pequeña, mi último recurso era siempre decirle a mi padre “¡Papi, mañana lo volvemos a hacer todo otra vez!”, porque nunca tenía suficiente. — Y se quedó mirándole. Todo merecía la pena si lo hacía con él, la verdad, y todo lo repetiría, si estuviera él implicado.

Cuando le colocó el pelo, dejó caer los párpados, tratando de controlar sus impulsos. Cuando era tan tierno y considerado, la desarmaba por completo. A la altura de un reto, siempre podía ir escalando, pero ante esos gestos simplemente se derretía. — Sí que lo estoy. Pero estoy muy contenta. Ya lo has dicho tú. He sido… Muy feliz. Como antes… — Antes de que muriera su madre, de que todo cambiara para ellos, de que tuviera que batallar con sus sentimientos día tras día. Y otra vez estaban tan cerca, en se contexto tan íntimo y tan de ellos. Habían vuelto a quedarse callados, y quizá simplemente debería sonreírle, darle las buenas noches y ya está. Había sido un día precioso, no le había faltado de nada, mejor dejarlo como en primero… Pero claro, Marcus tenía que hablar, con esa voz preciosa, que cautivaba a todos los alumnos en los discursos multitudinarios, ¿no iba a cautivarla a ella estando solos? Alzó los ojos y los fijó en los suyos, sorprendiéndose de su cercanía, aunque había sido ella misma la que se había arrastrado hacia él por el sofá. — Sí que ha sido perfecto. — Rio un poco. — Lo quería así desde primero. — Dejó salir un hondo suspiro y acarició la mejilla de Marcus con devoción. — Pues lo he hecho por ti… Por los dos. Quería que superáramos ese primer Orgullo, con un sistema de puntos infalible, pero, sobre todo, quería verte como te he visto hoy, en tu primer año como prefecto, y saber que he participado al menos en una parte de ello. — Tragó saliva y trató de respirar. — Tú sacas la mejor versión de Alice Gallia.

Él quería verla feliz, ella era mejor a su lado y, tal como había dicho Lex y había insinuado Jacobs, sabía hacerle feliz. ¿Por qué no? ¿Por qué las chicas como Alice no acababan con los chicos como Marcus? ¿Por qué se decía a sí misma una y mil veces que no podía ser? Si le tenía allí, al alcance de su mano. Y de sus labios. Muy muy cerca de sus labios. — Marcus… Yo… — ¿Qué iba a hacer? ¿Declararse ahora? ¿Así sin más? ¿Y si no le correspondía y le arruinaba el día o algo? Bueno, vale, no tenía por qué declararse, pero ahora no podía dejarlo a medias. Soltó un suspiro. — No sabes todo lo que se me ha pasado por la cabeza cuando te he visto en la prueba. — Dijo con una risita, y volviendo a acariciarle. — Y cuando me has abrazado así… — Inspiró. — Siempre me haces sentir las cosas más bonitas que se pueden sentir. Y desde que te he visto ganar ahí, he tenido ganas de hacer esto. — Y recortó la distancia con sus labios, rozándolos con ternura. Así empezó, sin duda, un beso tierno, un beso que solo quería ser… Un cierre por así decirlo. Pero los labios de Marcus eran adictivos para ella, y poco a poco iba profundizando el beso, así que buscó su lengua. Aquello activaba todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo, como las luces de una feria encendiéndose todas a la vez. Pasó los brazos por detrás de su cabeza, rodeando su cuello y sin separarse de sus labios, fuera a ser que aquel hechizo tan delicado se rompiese.


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Lun Sep 06, 2021 8:20 pm

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CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Rio un poco. - Ojalá pudiera repetirse todo mañana otra vez. - Sí, él también era así de pequeño, y de no tan pequeño, realmente. Ladeó la cabeza varias veces. - Aunque ya me has oído, ¿no? Todos los días es el día del Orgullo Ravenclaw para mí... Sin tantas fiestas, pero... - Tenía muy claro que lo de las pruebas había sido muy divertido, sí, pero lo que marcaba la diferencia era tener a Alice para compartirlas.

La miró a los ojos y notó como su sonrisa se ensanchaba, de pura felicidad. "Como antes". Qué bien sonaba eso, aunque ambos supieran de lo que hablaban. Que se pare el tiempo aquí, entonces. El Marcus optimista siempre había estado aferrado a la esperanza de volver a ver a la Alice de siempre, y creía que eso solo podía ir ya cuesta arriba. Pero ahora había otro Marcus que temía que aquella magia tan delicada pudiera romperse irremediablemente por alguna vicisitud que el no pudiera controlar.

Miró su mano aproximarse a su mejilla, tornando la mirada a sus ojos de nuevo, sintiendo un cosquilleo en el pecho al oír a Alice decirle que lo había hecho por él. Por los dos. Por superarse a sí mismos, porque el primer Orgullo Ravenclaw de su historia como prefecto fuera inmejorable. "Tú sacas la mejor versión de Alice Gallia". Sonrió como un idiota, no podía verse pero estaba seguro. - Tú sacas la mejor versión de Marcus O'Donnell. - Replicó. Se mojó los labios y dijo. - Estaba muy nervioso. - Se le escapó una leve risa, y con esta pareció soltar todas las emociones del día. Se frotó un poco el pelo. - Me había puesto el listón altísimo, lo quería todo perfecto, quería que fuera memorable y no equivocarme y... - Resopló un poco. - Creo que lo he conseguido. Pero hubiera sido imposible sin ti. Absolutamente imposible. Tú haces posible lo imposible. - Le volvió a decir, más convencido de lo que lo hubiera estado en toda su vida con nada.

Alice empezó a hablar de nuevo, casi en un suspiro, y su mirada se fue a sus labios otra vez, expectante, deseando saber que venía tras esa llamada. Sus palabras ya no provocaron un simple cosquilleo, sino una sacudida en todo su pecho. "Siempre me haces sentir las cosas más bonitas que se pueden sentir". ¿Lo hacía? ¿Lo había conseguido? ¿Iba por buen camino? Se juró a sí mismo que Alice siempre sería feliz, que haría todo lo que estuviera en su mano por conseguirlo. Que sería la de siempre. ¿Era eso una buena señal? A veces sentía que sus esfuerzos por hacerla feliz eran como lanzar un mensaje en una botella al mar, y simplemente esperar a que volviera, y a que lo hiciera con noticias positivas. ¿Serían pequeños avisos?

Fuera lo que fuera, lo que Alice parecía querer decirle con palabras lo resumió después con un hecho, y en ese sentido, iban los dos en la misma línea. Cerró los ojos y contuvo un suspiro, sintiendo como ahora sí que todos los nudos de su interior se deshacían, y ya no había nada más a lo que atender que no fuera a esas sensaciones. Correspondió su beso con la misma ternura, y con la misma necesidad, porque él también llevaba deseando besarla horas, todo el día más bien, o varios días mejor dicho. Acercó su cuerpo por el sofá al de ella cuando rodeó su cuello y colocó una mano en su mejilla, sin dejar de besarla. Ahora sí que quería parar el tiempo. No quería que entrara nadie en esa sala, no quería ser interrumpido, y le daba igual si pasaba horas besándola. Porque, por todos los dragones, qué agradable era, qué bien se sentía. No supo que era la guinda perfecta para la tarta de ese día hasta que la saboreó con sus propios labios, nunca mejor dicho, y ahora sentía que nada hubiera sido lo mismo sin ese beso como cierre perfecto.

Podrían haberle dado la vuelta al reloj de nuevo perfectamente y no se habría dado cuenta, porque se había perdido en sus labios, deleitándose en el roce de estos, en buscar su lengua y acariciar su piel con las yemas de los dedos, dejando que ambos reposaran cómodamente en el respaldo del sofá sin que se separaran ni un instante, como si se necesitaran para respirar. Se separó de estos unos instantes, pero no se apartó ni un milímetro, ni abrió los ojos. Seguía sintiendo su respiración mezclarse con la suya, y su nariz rozando la de ella.  - ¿Qué se te ha pasado por la cabeza? - Susurró, pero acarició sus labios de nuevo con los propios antes de dejarla responder, como si él mismo se hubiera arrepentido de separarse de estos. Pero volvió a hacerlo y añadió. - Durante la prueba. - Matizó, volviendo a besarla otra vez. - Yo pensaba... - Dijo sobre sus labios, determinando que podía hablar y besarlos casi al mismo tiempo, porque quería seguir susurrándole, pero no quería dejar de besarla. - Que eres... La mejor amiga del mundo... Y la más inteligente... - Tras el último beso, abrió lentamente los ojos, y bajó la mirada a su cuerpo. - Y que me encanta tu vestido. - Se mordió un poco el labio, y su mirada volvió a los de ellas. - Y que estás guapísima. - Y quizás volvió a su boca con un poco más de necesidad, porque verbalizarlo había hecho que su fuego se encendiera más en su interior. Y porque Alice se lo estaba empezando a pegar: quería más.
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Lun Sep 06, 2021 9:40 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Ojalá, pensó mientras no paraba de besarle. Ojalá pudiera hacer posible lo imposible, pero es que en sus brazos, tan cerca de él, besándole, nada le parecía imposible. Subió una de sus manos a su pelo, porque le encantaba enredarse en él, cegada de deseo, feliz de poder tener por fin lo que quería, que era Marcus, ahí con ella. Qué caricias tan tiernas, qué entrega ponía, ¿por qué tenía que ser perfecto hasta en eso? Eso sí, el corazón se le paró un segundo cuando el preguntó aquello. ¿Se habría dado cuenta? ¿Querría que… Se lo dijera? ¿Para seguir o para pararlo ahí? Parar no parecía que quisiera, desde luego, porque no le dio tiempo ni a contestar, y besar podía hacerlo sin dar muchas explicaciones.

Pero cuando empezó a decirle aquellas cosas, tan cerca de sus labios… Oh, qué sensación tan agradable era aquella, las mariposas en el estómago volando libres, el corazón acelerado, y ella en un estado de realización completa al oírle hablar así. Rio un poco, aún besándole. — Pensaba… Que era lo más bonito que he visto en mi vida. — Le dio un piquito rápido. — Que vas a ser un alquimista maravilloso… Ni siquiera te has parado a pensar en los elementos, es tu hábitat natural… — Suspiró y acarició su rostro mirándole a los ojos. — Y cuando has dicho que eres el sol… — Venga, Gal, dilo, ya qué más das. — Solo podía pensar que no podías tener más razón. Eres el centro, alumbras, iluminas a todos los que te rodean, y no paras nunca, no te apagas, solo te vas a otro lado. Tú eres perfecto, como el séptimo estado. — Oh, por Dios, perder la cabeza por amor, incumplir todos los tabúes que hicieran falta, todo lo haría por Marcus. Cómo entendía ahora a Fulcanelli.

Y como piropo alquímico no estaba mal, pero mucho más directo y comprensible lo de que le gustaba su vestido. — Estaba deseando que te fijaras en él, no te voy a mentir. — Dijo con una risita. Sí, porque era azul, era escotado, era perfecto para ese día, como él mismo señaló después. No era perfecta, no, pero le daba un poco igual, porque la intensidad de aquel beso, habría acallado cualquier cosa. Pegó su cuerpo al suyo, queriendo sentirle lo más cerca posible, deleitándose en sus labios y volviendo a enredar la mano en su pelo, antes de separarse un momento. — El hecho de que brilles tanto es lo que me hace querer ser mejor a mí, brillar. Como la luna, que solo se ve gracias al sol. — Con la otra mano acarició su mejilla y le besó brevemente pero con intensidad. — Hermano sol… Hermana luna. — Y volvió a perderse en sus labios, en la intensidad del momento, dejándose caer un poco, porque no quería hacer fuerza para nada más que retenerle sobre ella.


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Lun Sep 06, 2021 11:22 pm

Sangre azul
CON Alice EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Las respuestas de Alice le hacían sonreír e incluso reír de felicidad entre los besos. - Soy el sol... - Susurró. - Y tú la Luna... - Y luego le dijo que era perfecto. Se mordió el labio y la miró. Ella lo era también, y su mente embotada y emocionada por todo ese día estaba empezando a rodar... Pero un nuevo beso la detuvo. Y él decidió centrase en eso y solo en eso, en besarla. Quedarse ahí, en aquello que tan bien les hacía sentir y que tan bien hacían juntos, como todo lo demás. Sin tener que entrar en nada más que no fuera ellos siendo ellos, siendo Marcus y Alice, como lo habían sido toda la vida.

Colocó también su otra mano en la mejilla de Alice para intensificar los besos, para acercarse más. Su comentario sobre el vestido y su risa le hicieron reír a él también. - ¿Crees que no me he fijado hasta ahora? - Preguntó con una ceja arqueada. - Me fijé nada más verte. - Se lo había dicho en el Gran Comedor, y ahora que se tenían en ese sofá, le costaba entender como había podido controlar no ser más efusivo. Y ahí lo dijo, ese poema. Hermano Sol, Hermana Luna. Tomó la mano de la chica que acariciaba su rostro y se la llevó a los labios, dejando un beso en esta, colmado de ternura. La noche de San Lorenzo viviría en su memoria para siempre, y ahora que lo pensaba... No necesitaba una playa y un cielo estrellado para revivir lo que había sentido, solo que Alice y él estuvieran así, como estaban en ese momento. Llevaban esa noche con ellos.

Bajó una de las manos por su espalda para agarrar su cintura con suavidad, pero para acercarse más a ella, dispuesto a quedarse en sus labios horas y horas... No iba a ser posible. - Técnicamente el día no ha terminado, no hasta las doce. - Escuchó el eco de la voz tan pronto la puerta de la sala se abrió, lo que le hizo separarse automáticamente. - Por última vez, Creevey, las festividades finalizan cuando finaliza el horario estipulado. - Pero entonces no debería llamarse "Día del Orgullo Ravenclaw", debería llamarse "horario estipulado del Orgullo Ravenclaw", porque el día entero no es. - Oh, por Dios, dónde estará tu prefecto. - Miró a Alice fugazmente, como si quisiera decirle con los ojos que debían disimular, y se levantó de un salto del sofá. - Aquí estoy. - Kyla dibujó una expresión entre el alivio por encontrarle y el reproche porque no fuera él quien se estuviera ocupando de semejante elemento. - ¿Qué pasa? - Pasa... - Empezó Creevey, a pesar de que él le había lanzado la pregunta a su compañera. - ...Que tu compañera prefecta me ha mandado aquí el primero injustamente, porque a ver, ¿dónde están los demás? ¿Por qué me tengo que venir el primero? - Eres de primer curso, los de primero son los alumnos que antes hay que verificar que están donde tienen que estar, y tú estabas saliendo a los terrenos. - ¡La culpa es de esa de ahí! - Creevey empezó a señalar a Alice. Marcus dibujó puro desconcierto en el rostro, hasta miró hacia donde señalaba, como si allí hubiera alguien más, solo porque no le cuadraba en absoluto que Alice estuviera metida en ese plan. - Que pone pruebas guays para que el prefecto se luzca y las pone de Vuelo y de una asignatura que no he cursado todavía y que es peligrosa que flipas y yo quería ver si seguían los círculos allí. - Marcus rodó los ojos. Valiente excusa mala y menuda forma más torpe de echar balones fuera.

Suspiró. - Creevey, a la cama. - ¡Oh, venga ya, no es justo! ¡Están todos fuera! - Convenientemente, empezaron a entrar en tropel alumnos de todos los cursos hasta ir poco a poco llenando la sala común. Marcus frunció una sonrisa irónica y extendió los brazos en cruz. - Ea, problema resuelto, ya no eres el único. - Me mandáis a la cama porque he encontrado un vacío legal en esta fiesta. - Último aviso. - Dijo Kyla con dureza. El otro resopló exageradamente, pero entonces divisó a Colin entrando exultante con el premio en las manos (al menos ya podía sostenerlo porque había dejado de temblar). - ¿Me dejáis que vea el premio? Anda, que antes estaba entre el público, y soy muy chiquitito, no lo he visto. ¿No os doy pena? - Marcus estaba de tan buen humor que, a pesar de lo mucho que le crispaba ese chico, casi le hace gracia. Suspiró, frotándose los ojos con los dedos, y antes de que Kyla le soltara un tajante "no", dijo. - Cinco minutos para verlo y subir. En diez, subo a comprobar que estás metido en la cama con el pijama puesto. - Cuando quieres te enrollas, ¿eh? - Venga ya, que está corriendo el tiempo. - Amenazó antes de arrepentirse de la medida tomada, y el otro salió corriendo.

Acordó con Kyla el plan de trabajo en cuanto todos hubieran subido a los dormitorios y se disculpó por haber estado desaparecido en los últimos... Vaya, treinta y cinco minutos. Pues sí que se les había pasado rápido el tiempo en ese sofá. - Le digo una cosa a Alice y vengo. - Aseguró, y volvió hacia su amiga. Se aclaró un poco la garganta y dijo en voz audible. - Al final no hemos mirado el libro ese de mañana. ¿Lo buscamos antes de que me vaya? - Y señaló con un gesto las estanterías. Definitivamente, nadie las estaba usando en ese momento. No estaban muy ocultos, pero sí lo suficientemente distanciados. Se mojó los labios, mirando a su alrededor y, tras comprobar que no llamaban la atención, la miró y sonrió. - Vete a descansar. Te lo has ganado. - Y mientras lo decía, rozó suavemente su mano con un dedo, de forma discreta. - Ha sido genial... Todo. Ha sido perfecto. - Le guiñó un ojo y añadió. - Somos perfectos. -
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Mar Sep 07, 2021 12:48 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 8:00 del 11 de marzo del 2000
Vale, si Marcus seguía diciéndole esas cosas, iba a tener un ataque al corazón, de verdad que sí. Ese vestido iba escalando posiciones en ser reconocido como el mejor vestido de la historia si hacía falta. Se quedó mirándole embobada mientras besaba su mano de aquella manera. El momento en el pasillo había sido… Intenso, pasional, y cuando lo del duelo… Había sido un poco de lo mismo. Pero ese momento que estaban viviendo ahora mismo… No. Eso era íntimo y tierno. — Marcus… — Le brotó aquel susurro del corazón. Y no sabía qué quería decirle o pedirle, solo quizá estaba suplicando “no pares nunca, que esto dure eternamente, esta sensación, este… Amor, sea de la clase que sea”. Notó cómo su mano acariciaba su espalda y la atraía contra él, y ella cerró más los brazos a su alrededor.

En un segundo, sus pensamientos pasaron de estar en el sol y la luna, a su primo André. Sí, su primo André. Porque ahora más que nunca le resonaba la pregunta “¿Cuándo deja uno de besarse?” Cuando te interrumpen. La respuesta debería haber sido “cuando te interrumpen”. Pero claro… Qué le iba a pedir a un colegio. Suspiró y empezó a calzarse, sabiendo que Marcus tendría que acudir a sus deberes de prefecto, aunque la verdad… Le daba igual. Estaba de muy buen humor y aún sentía el sabor de Marcus en sus labios. De hecho, se dejó caer sobre el sofá, acariciándoselos. Hasta el exabrupto de Creevey, a lo que simplemente levantó la mano con un gesto despreciativo y dijo. — Llevan cargándome de culpas más años que a ti, Creevey, di lo que te dé la gana por tal de salvarte.

Había vuelto a perderse mirando el fuego de la chimenea, tan significativo para ellos ese día, cuando Marcus la llamó. Estaba tan atontada que al principio iba a contestar, “¿qué dices ahora?” hasta que entendió que era una excusa y asintió con la cabeza, siguiéndole a las estanterías. Una vez allí miró a sus ojos, esos ojos de Slytherin en los que tanto se perdía, y notó su piel erizarse con el roce. Tomó aire y dejó caer los párpados. — Eso haré. — volvió a mirar sus ojos y se puso de puntillas para juntar su frente con la de él. — Buenas noches, mi perfecto prefecto. — Y antes de separarse, rozó su nariz con la suya brevemente y susurró muy muy bajito. — Hermano sol… — Y se alejó hacia las escaleras.

Realmente tenía mucho sueño, iba con los ojos medio cerrados, cuando oyó una voz a su espalda. — ¡Gal! — Se giró con una sonrisa amable, porque siempre intentaba serlo con Kyla. — ¡Ey! ¿Qué tal? No ha sido tan horrible al final, ¿eh? — Kyla suspiró y sonrió un poco. — Sí, supongo… Oye, eh… ¿Eres… ? O sea… sé que no me incumbe pero… O’Donnell y tú… No es que me quiera meter. Solo me lo pregunto. Si no me lo quieres…No soy su novia, si es lo que te estás preguntando. — Respondió con calma. Kyla asintió. — Ah… No, es que… Tenéis eso… Ya sabes, parecéis… Somos especiales. De hecho, no hay nadie para mí como Marcus. Pero él es el sol y yo la luna… Estamos condenados a… Estar juntos pero separados. — Kyla pareció quedarse pensándolo y ella se volvió a girar hacia la habitación. — Me voy, que estoy… ¿Y los eclipses? — Por un momento se quedó rayada y la miró sin comprender. — El sol y la luna… Se juntan en los eclipses. — Eso la hizo reír y asintió. Le encantaba vivir rodeada de Ravenclaws. — Sí… Hay eclipses. Pero todos los eclipses se acaban y… El sol vuelve al día y la luna a la noche… Como siempre. — Le dedicó otra sonrisa y un gesto. — Buenas noches, Kyla. — Sí, había eclipses. Y oh, cómo le hacían soñar esos eclipses.

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