Tree Of Life :: One on oneTramas One on One :: Épocas pasadas
Tree Of Life
¿Quieres reaccionar a este mensaje? Regístrate en el foro con unos pocos clics o inicia sesión para continuar.
2 participantes

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Vie Oct 15, 2021 8:43 pm por Myshella
Recuerdo del primer mensaje :


Freedom winds

Dicen que el nuevo contiente es una tierra salvaje y por explorar. Repleta de oportunidades. Que en ella todo es posible.

Puede que sea cierto. O puede que, tan sólo sea un lugar al que huír. En el que empezar de nuevo.

Los motivos que llevaron a Annette hasta estos bosques y estas montañas, a orillas del Missouri quizá sí estuvieran ligados con esa ansiada libertad.

Ella, que pudo escoger.

Para Tara todo es completamente distinto. Ella no ha escogido nada. Ni ella, ni su madre, que fue quien se vio arrastrada hasta aquí. Para Tara esta no es tierra ni de libertades, ni de sueños, ni de futuro.

Es una prisión de la que huir.

Al menos...al menos de uno de esos incipientes Estado sureños, a otro, un poco más...digno.

Quizá ninguna de las dos llegue a sentirse en casa, puede que el nuevo continente no sea la tierra prometida para ninguna de las dos mujeres.

O puede que,  simplemente, ese nuevo horizonte ansiado no dependa de la tierra que pisan, sino del hecho de encontrarse la una a la otra.

personajes

ANNETTE HARTLEY
Dueña de saloon - Haley Bennett - Hisoka

TARA NASSOUMI
Esclava fugada - Madeleine Madden - Myshella

CAPITULOS


1x1 — Original —  Épocas pasadas. Far West.


XIII



código de respuesta:




♪Stand up♪
freedom is calling you

Había memorizado cada una de las palabras de aquella canción. Ella, y el resto del grupo. Cada letra que desdibujaba un indicio, un punto en el camino, el nombre de a quien buscar.

Nadie daba un penique por ella. ¿Cómo iba a lograrlo, cuando encontraría la oportunidad?
Pero lo había hecho. Madrugadas en vela, cuando el burdel quedaba en silencio y le dolía el alma más que cualquier marca en el cuerpo.

Samuel se había apostado en la esquina, un día y otro, esperando durante al menos una hora que esa puerta o alguna de las ventanas se abriera.

Al fin, ella logró escabullirse. Y se la llevaron. Rápido, sin mirar atrás. El corazón encogido y el miedo marcando cada paso a la carrera.

Sam era un hombre mayor, de piel más negra que la de ella, y el mismo orígen que su madre. Esa madre a la que no volvería a ver nunca más.
Por eso, por un inusual sentido de la responsabilidad hacia la hija de quien en otro tiempo fue robada de su hogar, como había sido él mismo, allá en las costas africanas, el hombre se había empecinado en lograr que la muchacha escapara. De otro modo, se habría sentido ya demasiado viejo para meterse en semejante aventura.

A la muchacha le agradaba la voz cascada, grave y solemne, con que ese esclavo se dirigía a ella en el wólof. de su Senegal natal.
Tara lo había aprendido de esa madre suya, en la quietud de la noche, antes de que la vendieran. Y así podía el hombre hablarle del ferrocarril.

No de la máquina de hierro, esa que empezaba a surcar las tierras del continente. No. Se refería a otro.

El ferrocarril subterranio, lo llamaban por darle un nombre en clave. A las rutas por donde se jugaban esa vida que nunca había sido suya. Maquinistas, a sus guías; pasajeros a ellos mismos.

No eran muchos, apenas media docena, incluyéndoles a ellos dos.

No sabría decir cuánto les llevo alcanzar el norte del paralelo 36, allá donde la esclavitud no existia. Porque, en realidad, lo de menos eran las horas interminables de marcha, cuando podían. El pavor cada vez que se oían caballos, las prisas por esconderse, por obedecer a su guía de inmediato.
Lo peor venía en esos escondrijos de mala muerte, esos sótanos a oscuras, esos espacios claustrofóbicos donde se esforzaban por ni siquiera respirar.

No tan sólo se trataba de alcanzar esa frontera, les decía su maquinista. Había que adentrarse en tierras del Missouri. En ese basto territorio sin apenas organización aún.

Porque si daban con ellos a pocos metros de la línea imaginaria, de la franja de tierra en donde eran simples objetos, ¿qué impediría que un jinete les arrastrara de los pelos, si era preciso, de vuelta al otro lado? ¿Quién abogaría por ellos, atestiguando que se encontraban en territorio abolicionista? Nadie, nadie lo haría.

Dormir poco y mal, olvidar la última vez que pudiste llevarte un trozo de pan a la boca. Sentir la sed y el miedo, constante. Añorar el simple hecho de poder detenerte a lavarte la cara.

Habían cruzado, sí. Y entonces les oyeron.
Caballos, por supuesto. Soldados, u hombres de ley, quién sabe. Blancos.

Corre, niña. Corre, a la espesura del bosque. Busca un escondrijo, lo más oscuro que puedas. Y métete en él. No salgas hasta que no oigas nada. Ni a ellos, ni a nosotros, ni nada. Y sigue el río. No pierdas el río de vista.


Samuel era mayor para acelerar aún más la carrera. Le crujían las rodillas, más por el trabajo constante que por los años en sí.

La empujó, y le gritó para que se fuera. Tanto, que pronto los cascos de los caballos resonaron en su dirección. Ella obedeció, porque tampoco le quedó otra.

Se metió en un agujero entre rocas. Y, llanto en silencio y temblores, no supo cuando el sueño la había vencido. Tan, tan profundamente, que podrían haberla dado por muerta. Si es que alguien hubiera llegado a distinguir el rostro sucio y demacrado dentro de esa mínima caverna.




capítulo 1— 1835  — Tara


XIII



Última edición por Myshella el Dom Mayo 15, 2022 9:53 pm, editado 6 veces



The Sleeping Sorceress



☾:

Myshella
Myshella
Midnight - Nivel 5
Myshella
Myshella
2996Mensajes :
475Reputación :

Miér Jun 01, 2022 12:30 pm por Hisoka

♪Swing Low♪
Sweet charriot

El apretón devuelto por Tara era esperanzador y la hizo sonreír levemente. Esperaba que, con el tiempo, pudiera confiar del todo en ella. La petición de la chica le sorprendió, pero quizás no debería haberlo hecho. Sin embargo, tuvo que hacerle una advertencia. “Siempre que tengas cuidado con el arma, sí” explicó. “Cargar un arma, saber disparar, es una gran responsabilidad” le advirtió la rubia.

Portar un arma significaba que podía quitar una vida. Y no quería que disparara a alguien por odio o venganza, tenía que ser responsable y consecuente.

Finalmente Tara aceptó ir al médico y Annette le sonrió. Ella le acompañaría, aunque no sabía hasta que punto podría estar a su lado. El médico, y ella misma, necesitaban cierta intimidad para examinarla. Pero la pregunta de cómo había llegado hasta allí ella misma la hizo parpadear un poco, sorprendida por la pregunta.  

¿Yo?” preguntó sin más. “Bueno, es una larga historia” comentó ella con una ligera sonrisa. Su historia no había sido fácil, pero ni de lejos como la de ella. “Yo nací en Francia, muy muy lejos de aquí, ¿sabes?” le contó. Francia era algo que echaba mucho de menos, pero no podía permitirse volver, sobre todo porque había escapado de allí y no había vuelto.  “Mi familia tenía mucho dinero, y yo fui educada en todo tipo de conocimientos, para ser una mujer decente” recitó, aunque era algo que agradecía, el conocimiento, el saber coser, el saber tocar instrumentos.. años después se dio cuenta de que no era solo un objeto bonito que mirar.

Como muchas mujeres, me casaron muy joven con un hombre bastante más mayor que yo, al que no amaba y nunca amé” confesó, mirando el vaso que había vaciado, tocando ligeramente el cristal con su uña, pensativa. “También tuve que.. satisfacerlo cuando él deseaba, porque supuestamente, era mi deber” se encogió de hombros al decirlo, era algo que quedaba ya muy lejos en su vida. Había llorado, había chillado, se había intentado resistir, pero al final él era más fuerte que ella y con el tiempo, había dejado de llorar.

Gracias a Dios que nunca tuve un hijo suyo” comentó, haciendo un gesto divertido, teniendo después un evidente escalofrío de repelús y repugnancia. Annette tenía la teoría de que su marido había sido estéril, por eso nunca había ocurrido nada. O quizás el problema era de ella, no lo sabía. “Pero como era mayor, un día murió de repente y me quedé viuda” el final de una historia, de un capítulo que no sabía que traería, pero que se alegraba de cerrar. “Pero tiempo después me enamoré de un joven aventurero, era un soplo de vida, me abrió un mundo de posibilidades” la sonrisa en su rostro era genuina y sincera, recordando tiempos mejores.

Cómo había adorado a Peter y todo lo que él le había traído.

También me enseñó a defenderme, y a quererme a mi misma” apuntó, refiriéndose a las armas, a la lucha por su libertad, de expresión, de decisión. De no ser un objeto para nadie más. “Él soñaba con este nuevo mundo, abrir un saloon, vivir tranquilos.. pero desgraciadamente murió antes de llegar al pueblo, hace unos años” su voz, soñadora, se fue apagando, al recordar que Peter nunca llegó a completar su sueño, pero ella terminó lo que él habría deseado. Annette suspiró profundamente, pero le mostró una sonrisa leve a Tara. “El final es algo triste” mencionó, intentando bromear después de todo.

Dia 2 — 1835  — Annette


XIII



Freedom winds - Página 2 ObH2qbI
Hisoka
Hisoka
Medusa - Nivel 6
Hisoka
Hisoka
4746Mensajes :
116Reputación :
Miér Jun 08, 2022 5:10 pm por Myshella

♪Swing Low♪
Sweet charriot

Asintió repetidamente con la cabeza, boca cerrada y mirada baja, sumisa.

Entendía lo que Annette le pedía, desde luego. Ella no pensaba convertirse en una asesina. Aunque...en ese instante, tampoco hubiera podido asegurar con cuanta rapidez apretaría a futuro el gatillo si un hombre blanco con intenciones dudosas se le acercara. O qué gestos la pondrían ya, directamente, sobre aviso.

No iba a ser fácil para ella medir en su justo calibre...lo sabía.

¿Y quien podría culparla?

Luego, la señora empezó a relatar su historia, y la muchacha de piel oscura alzó la cabeza, para observarla mejor. Atenta, por completo.

Las piernas se habían ido encogiendo sobre la silla, el camisón bien tensado sobre esas rodillas, y hasta rozar las puntas de los dedos de sus pies; las manos, rodeándolas.

Francia...

Tara no sabía donde estaba Francia, aunque ese era un nombre que había oído en anteriores ocasiones. No con tanta frecuencia como Inglaterra, pero sí.

No tenía idea de cuan lejos estaba. Pero sí sabía una cosa: también su madre había llegado a aquellas tierras salvajes desde el otro lado del mar. Desde un lugar muy distinto. Sunu gaal, le había susurrado en ocasiones, cuando ella era niña. Así que volvió a asentir, comprensiva.

Y quizá se sorprendió por el modo en que seguía el relato.
Por dos motivos.
El primero, porque Annette también se hubiera sentido usada, aunque fuera propiedad de un sólo hombre y sin un título de propiedad que lo confirmara. O...con título. Porque en ocasiones creía que las actas matrimoniales que los blancos firmaban eran más o menos eso. Títulos de propiedad, sólo que más o menos privilegiadas.
El segundo, porque ella esperaba que, como su madre, fuera la desgracia la que hubiera arrancado a la ma'am de su tierra de orígen. Y resultó que no...que era justamente al revés. Este nuevo continente le había proporcionado la libertad.

Exacta e inequívocamente al contrario que a ella.

Había dado un ligero respingo cuando la dama había mencionado que se alegraba de no tener hijos de su difunto esposo. Pensó...en quien de los dos no podía concebirlos.

Siguió escuchando.

-Lo siento mucho- murmuró, voz efectivamente compungida, cuando supo de la muerte del segundo esposo.

¿De qué debía haber muerto? Existían dos opciones; la enfermedad, o un disparo de bala. Los blancos se mataban entre sí con mucha más frecuencia de la que pudiera una considerar medianamente aceptable.

Decidió...que era mejor no preguntar. Porque no sabía si podía hacerlo sin molestarla, o sin revolver aún más un recurdo doloroso.

-Cuando uno de los nuestros moría, siendo yo niña, mi madre y las demás esclavas cantaban para despedirle- le explicó.

Y luego...guardó silencio. Un par de segundos alargados.

-¿Puedo quedarme a dormir aquí?-preguntó, de golpe- en la cocina. No se...me da miedo volver arriba, sola- aseguró.

Y era cierto.

No tanto porque la pulcritud de la estancia, la comodidad del lecho se le antojara extraña cuando era destinada a ella, como porque, en cierto modo, aún creía que aparecería alguien. Algo. A buscarla, y arrastrarla de vuelta.



Dia 2 — 1835  — Tara


XIII




The Sleeping Sorceress



☾:

Myshella
Myshella
Midnight - Nivel 5
Myshella
Myshella
2996Mensajes :
475Reputación :
Sáb Jun 11, 2022 9:53 pm por Hisoka

♪Swing Low♪
Sweet charriot

Annette siempre se preguntaba qué pensaba la gente cuando le contaba su historia. Si sentirían pena por ella, por su mala suerte. Primero usada y después sola por la muerte de Peter. Desde luego sus parejas no tenían mucha suerte a su lado, eso era cierto. Pero las suaves palabras de Tara, dándole el peso, la hicieron sonreír levemente, aunque no podía evitar esa sonrisa de algo de tristeza.

Gracias” susurró ella también. Habían pasado años, años que había pasado sin Peter. Su recuerdo era algo que guardaba con cariño, y luchaba por vivir como él le había enseñado. Al parecer, en la cultura de Tara – o al menos en su familia – acostumbraban a cantarle al fallecido, para despedirle. “Es una bonita forma de decir adiós” confesó Annette, que recordaba haber cerrado los ojos de su amado y haberlo enterrado. Siempre que podía, iba a visitarlo, a dejar flores sobre su tumba y a contarle cómo le iba la vida.

Ambas se quedaron en silencio por unos momentos, pensando, recordando.. pero la pregunta de Tara hizo que la rubia volviera a la realidad y parpadeara un poco, sorprendida, y sobretodo, desconcertada. “¿En la cocina?” preguntó por inercia, quizás también por asegurarse. Pero cuando ella se explicó mejor, ella lo comprendió y suspiró por un momento. Entonces tuvo una gran idea.

¿Quieres dormir conmigo?” le preguntó la rubia, con una ligera sonrisa. Tomó sus manos entre las suyas y las acarició con cariño. “Así no te sentirás sola” le dijo, intentando alentarla. No podía – ni quería – dejar que esa muchacha durmiera en la cocina, porque era incómodo y porque de entrar a robar alguien, era uno de los primeros lugares que vería. Eso la hacía más vulnerable, pero no se lo dijo.

Y cuando se levantó, tomó el libro en una mano y después le tendió la mano libre, para que la cogiera y llevarla cálidamente hasta su cama, un poco más grande de lo normal, para que pudiera descansar con tranquilidad.

Dia 2 — 1835  — Annette


XIII



Freedom winds - Página 2 ObH2qbI
Hisoka
Hisoka
Medusa - Nivel 6
Hisoka
Hisoka
4746Mensajes :
116Reputación :
Miér Jun 15, 2022 8:07 pm por Myshella

♪Swing Low♪
Sweet charriot

¿Dormir con ella?

Que a Tara no se le cayera la taza que acababa de recuperar de entre las manos fue pura casualidad. Justo porque la apretó entre las mismas, en el instante en que sintió que empezaba a resbalarle, dedos allá.

-¿Con usted?-preguntó, abriendo mucho los ojos.

Y no, no se trataba de desconfianza, sino de perplejidad.

En el burdel las chicas no dormían- desde luego que no- en las alcobas preparadas para recibir a los clientes.

No se usaban como dormitorios por dos motivos, básicamente.
El primero y más importante, que se trataba de habitaciones acomodadas para y por el cliente. Al gusto del hombre que hiciera uso de sus servicios.

Y habría de explicarse así, al gusto del hombre, porque quizá hubo ocasión en que viera ella, desde detrás de las cortinas, atravesar el umbral de la  casa a alguna mujer. Pero su madamme las ahuyentaba enseguida. En su negocio no eran bienvenidas clientas.

Por tanto, no iban ellas a descolocarlas, desordenarlas, ni mucho menos a tener sus pocas pertenencias en esas habitaciones. Además, ¿para qué iban a malgastar sábanas de raso y colchones mullidos con esclavas?

Ese era el argumento de la dueña del local.

El de ellas, el segundo, resultaba tanto o más importante para cualquiera de las chicas. No habrían podido dormir, ni un poquito, sobre las camas en las que se abusaba de ellas. Se sentían más seguras- si es que tal concepto podía existir entre aquellas cuatro paredes- en el dormitorio común, en el desván. Y allí se apretujaban, las unas con las otras, buscando calidez y comprensión.

Estaban acostumbradas a dormir juntas.

Tara tomó la mano que se le tendía, soltando primero la taza sobre la mesa.

Y se dejó llevar, sin atreverse a protestar.

-¿No la molestaré?-preguntó. Al instante pensó que quizá había una butaca en el dormitorio de Annette.

Pero no. Se encontró con un lecho grande, en el que cabian ambas, desde luego.

Aguardó, un tanto cohibida, un tanto incrédula, a que la dueña de la casa se acostara. Se sentó en el borde de la cama y, al ver que lo de quedarse a dormir con ella para no dejarla sola lo decía seriamente...se tumbó.

Le sorprendió el agradable aroma que desprendía el cojín que había recogido, de los del lecho, y colocado a modo de almohada.

Replegó las piernas, doblando las rodillas, y las cubrió bien con su camisón, bajo la sábana. Tan suave y tan ligera...tan extrañamente acogedora, para ella.

Se había tendido encarada a Annette. Y la observó, durante un momento, en silencio.

-Gracias-musitó, entrecerrando los ojos, para volver a abrirlos.- no se que he hecho exactamente para merecer dar con usted. Pero le estoy profundamente agradecida.

Dia 2 — 1835  — Tara


XIII




The Sleeping Sorceress



☾:

Myshella
Myshella
Midnight - Nivel 5
Myshella
Myshella
2996Mensajes :
475Reputación :
Mar Jun 21, 2022 1:52 pm por Hisoka

♪Swing Low♪
Sweet charriot

Annette simplemente le sonrió divertida ante la pregunta que realizó y lo sorprendida que parecía. Era algo que podía esperar de ella, ciertamente. Para Tara había muchas cosas extrañas que para el resto eran cosas normales. Y no era su culpa, solo tenía que acostumbrarse, con el tiempo. Pero ella no se negó y la rubia la llevó hasta su habitación.

Por supuesto que no” negó Annette cuando ella preguntó si es que no la iba a molestar. La cama era lo suficientemente grande como para que no se tocasen, si es que era eso lo que le preocupaba o incomodaba. La rubia lo trató en todo momento como algo normal y, con el camisón de dormir, se metió en la cama y abrió el otro lado de las sábanas para que Tara se viera invitada y pudiera entrar. Ambas quedaron cara a cara y Annette le sonrió, mientras la joven la observaba.

El agradecimiento de Tara, junto a esas palabras, hicieron que se emocionara. ¿Qué hubiera sido de Tara si no la hubiera encontrado? ¿Cómo hubiera podido dejarla allí después de encontrarla? Sabía que no todo el mundo era como ella, sobre todo en esos nuevos pueblos y ciudades, donde creían que no existía ley alguna. Annette buscó la mano de Tara y la apretó con cariño. “No tienes que agradecerme nada, Tara” aseguró ella y su sonrisa se volvió más dulce.

Duerme tranquila” le pidió ella y cerró los ojos. Aunque sus manos se quedaron unidas, con leves caricias que pretendían relajar a la joven. Y así se quedaron dormidas, pasando una noche tranquila y con sueño profundo. Solo el sol del amanecer las hizo despertar, descubriendo que Tara estaba sobre su pecho y sus brazos también la agarraban en una especie de abrazo que buscaba calor y cariño,  y así lo recibía.

Annette respiró profundamente, aún adormilada y se dio unos minutos para despejarse y no despertar bruscamente a Tara. Les esperaba una visita al médico que, seguramente, no sería agradable para ella.

Dia 2 — 1835  — Annette


XIII



Freedom winds - Página 2 ObH2qbI
Hisoka
Hisoka
Medusa - Nivel 6
Hisoka
Hisoka
4746Mensajes :
116Reputación :

Página 2 de 2. Precedente  1, 2


 
a