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Mar Oct 26, 2021 5:19 pm
El Secreto de Harrington Hall

"No sé de qué están hechas nuestras almas, pero la suya y la mía son una misma cosa"
El Secreto de Harrington Hall 6aae48f4e436bf9f9dbb8fc066275bee44f49702

En el descolorido imaginario de dos jóvenes que el destino quiso reunir bajo el mismo techo tiempo ha, Henry y Lilibeth no podían ser más felices en un mundo que no les entiende pero tampoco necesitan que lo haga.

Cuando el señor Evancaster regresó a Harrington Hall una noche de diciembre sin regalos a la vista, una muy joven Lilly dejó escapar unas pocas lágrimas que más adelante se verían olvidadas por la sorpresa que siguió a lo que su padre había traído de aquel viaje: otro niño como ella, pero algo más sucio. Al principio sintió desconfianza, incluso jugó a hacerle la vida imposible unos meses, pues no quería que los besos de sus padres fueran para nadie más que para ella. Con el tiempo sería ella misma la que concedería más cariño a aquel joven que a sus propios padres, entendiendo que la vida no comienza hasta que no miras a alguien a los ojos y te ves a ti misma reflejada.

Aunque si había dos personas que parecían no entender aquello eran los señores Evancaster. Henry no sólo se convirtió en un hijo querido para ellos, tanto como su adorada Lilly, sino que le dieron también el apellido familiar y no tardaron mucho en hacerlo, para evitar así desde bien pronto que trataran a éste como si fuera inferior. Así pues, cuando los padres de la muchacha decidieron que sus dos hijos estaban ya en edad casadera, se encargaron de invitar a los pretendientes de Lilly que adjuntaran las fortunas más copiosas y los modales más intachables, y de arreglar visitas para que Henry conociera a jóvenes promesas de belleza y cuna -pues, a pesar de sus orígenes humildes, tras de si estaba la herencia de los Evancaster, que no podía recaer en Lilly al ser mujer-.

Y ellos... Bueno, ellos sólo querían tumbarse en el jardín a dejar que el aire de invierno les cortara el rostro y enrojeciera sus mejillas mientras miraban las estrellas y se cogían de la mano.
HENRY EVANCASTER
TOM HIDDLESTON — PHANTOM
LILIBETH EVANCASTER
EVA GREEN — MARLOWE
ONE ON ONE — INSPIRED — WUTHERING HEIGHTS





Última edición por Marlowe el Miér Dic 01, 2021 8:10 pm, editado 2 veces


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Miér Oct 27, 2021 8:04 pm
A family affair
Secrets and confessions
En los tiempos modernos, nadie se maravillaba ya de las hazañas de un hombre joven en años casaderos, la juventud había sucumbido a los poemas contemporáneos y las banalidades sociales, dejando de lado el ideal familiar que todo padre deseaba para su prole, entre la acracia soberana ante las imposiciones paternales, se encontraba Henry Evancaster, el vástago adoptivo del señor y la señora Evancaster, y en quién confiaban como futuro heredero de Harrington Hall; sin embargo, el joven, atosigado de los nudos de corbatines y las imposiciones familiares, prefería idear malévolos planes para rechazar las invitaciones de damas interesadas en dicha unión, fingiendo una irremediable astenia que le imposibilitaba soltar la mano de su hermana pequeña, su querida Lilly.

La señorita Pemberton me insta a no volver a aparecer ante su presencia, los señores Pemberton alegan que mi comportamiento ha sido “francamente tétrico y desdeñable”, si lo único que he hecho fue reconocer que Annabel se asemeja al galgo de la señora Hallworth. Solo he remarcado la verdad, además, en Asia eso sería un cumplido.

Soltó un largo y pesado suspiro al cerrar la puerta de la habitación de su Lilibeth, antes de dejarse caer en el suelo frente a la chimenea, apoyando la espalda en el banco frente a la cama y echando la cabeza hacia atrás para mirarla, mientras ella seguía con la vista en su libro.

Por cierto, te ha llegado una carta— extendió la mano con el sobre en mano, mirándola un tanto intrigado, pero antes de entregarle la misiva, la apartó ligeramente, para dificultarle el acceso —Es del señor Dalloway...— la mandíbula se le tensó ligeramente al pronunciar aquel nombre, sabiendo que era uno de los tantos nombres en la larga lista de pretendientes que acampaban a las puertas de la mansión. —Le urge una respuesta.

¿O era a él a quién le urgía conocerla? Las intenciones de Henry nunca quedaban en entredicho, pues aún a sabiendas de que la carta no iba dirigida a él, esperó a que Lilibeth la leyera en alto para saber la urgencia por la que se dirigía a su hermana y no a sus queridos padres.

Vamos, Lilly, no me dejes en ascuas, yo también quiero oír los buenos versos de un hombre desesperado— se giró ligeramente para quedar de frente a la cama y apoyó los codos sobre esta, mirando a la pequeña Evancaster con los labios fruncidos en una mueca un tanto cómica para un hombre cuya seriedad marcaba su personalidad; aquel reflejo delicado sólo era capaz de mostrarlo con ella.
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Miér Oct 27, 2021 9:46 pm
A family affair
Secrets and confessions
Hedonista como ocupación única y principal, Lilibeth Evancaster siempre conseguía el permiso de sus complacientes padres para ausentarse de la sala y pedir a la criada que encendiera un fuego en su habitación con el que calentarse mientras se perdía entre páginas. Cualquiera hubiera estado encantado admirando a aquel ángel que se iba transformando en demonio según se cansaba de las posturas más correctas y sustituía estas por situaciones de miembros imposibles, terminando en el suelo, frente a la lumbre, dejando que su imaginación vagara entre aquellas viejas palabras y los nuevos pensamientos de cambio que le traicionaban privándola de su concentración. ¿Cuándo llegará mi Henry?, se preguntaba con el pasar de las horas hasta que dejó de hacerlo, absorta en su libro. Justo entonces una figura familiar se hizo eco en su habitación, y sus palabras, de igual forma, inundaron también la estancia, así como su aroma.

Un sonoro "Henry" escapó de su boca al tiempo que lo hacía una cálida sonrisa, antes de escuchar las nuevas de su hermano y mutar su expresión acorde a una sorpresa fingida.

- Piensa que "francamente tétrico y desdeñable" también se considerará un halago en otra parte del mundo. Yo creo que le gustas a los Pemberton. Atisbo un futuro cegador de incoherentes insolencias entre la hija de los Pemberton y tú. Deberíais casaros mañana mismo.

La sonrisa de Lilibeth era atronadoramente sarcástica y su mirada no se quedaba atrás. Como la que finge pensar en algo más que en el objeto de su auténtica atención, no tardó en desviar la vista hacia el libro que tenía entre manos mientras Henry se sentaba a su lado. Con aquel brazo ahora junto al de ella, Lilly giró el rostro para mirar a su hermano dejando atrás la ironía y mostrando toda la complicidad que podía caber en su gesto. No tardó en apoyar su cabeza en el hombro ajeno, pero poco le duró aquello, pues al cabo de unos instante un sobre desconocido llamó su atención y fingió quizás más interés del que realmente tenía sólo al comprender que no era la más curiosa de semejante misiva en aquella habitación.

- Oh, el señor Dalloway -exclamó falsamente entusiasmada antes de desvelar sus auténticas cartas-. ¿Es el de los chalecos de flores o es el que se ríe como un asno? Porque -se interrumpió a si misma imposibilitándose hablar al dejar escapar una risa- es imposible que una dama no se sienta atraída por semejantes prendas.

Tras forcejear lo justo con Henry -y más que sus manos o su voluntad, fue su rostro el que convenció al joven de que le entregara lo que era suyo-, finalmente la carta llegó a sus manos y abriéndola con sarcástica delicadeza se aclaró la garganta, dispuesta a desvelar los pensamientos de cualquier caballero en son de burla para el deleite de los oídos de su hermano.

- "Adorada señorita Evancaster". ¿Quién pone adorada y después no continúa jugando al juego de la cercanía? -aunque para eso ya estaba ella, jugando de nuevo a semejante juego con Henry, apoyándose una vez más en él-. "Le escribo a riesgo de que sus padres descubran mi osadía y que no me perdone por ser más apasionado que rico." Me gusta que sean apasionados, ¿no piensas lo mismo? "No dejo de pensar en usted desde el otro día. Aparece en mis pensamientos en los momentos más inoportunos y se resiste a marcharse hasta que la echo, molesto, casi desesperado." -el tono con el que Lilibeth leía pasó, sin darse ella cuenta, de la ironía a la melodía-. "Discurro la mejor forma de repetir nuestro encuentro, sintiéndome culpable por la falta de conversación, pero ahí deberá perdonarme de nuevo, pues me deja usted sin discurso" ¡Oh! Ya sé, es el caballero mudo. Vaya. Quién iba a decir que tenía don de palabra después de todo.

La vanidad de Lilibeth se alimentaba de aquellas cartas. De algunas más que de otras, pues muchas eran terriblemente simples o estoicamente aburridas.

- ¿Qué? Me gustan las cartas -se disculpó al observar el rostro de su hermano, justo antes de reir-. No puedo decir lo mismo de los hombres que las escriben.

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Vie Nov 19, 2021 2:52 am
A family affair
Secrets and confessions
Cuando Henry Evancaster pensaba en hogar, la imagen que le venía a la cabeza no era la del señor y la señora Evancaster ni su generosidad al criarlo como si de su propio vástago se tratase; la única imagen que le venía desdibujaba en su mente era la de Lilly, tan inmaculada y perfecta que en cierta forma la había tenido como su pequeño paraíso durante toda su vida. Muchas veces sentía la necesidad imperiosa de acunarla en sus brazos y llenarla de besos hasta que las cosquillas recorrieran todo su cuerpo y pidiese que parase o que no lo hiciera nunca más; pero otras, cuando la oía hablar de los hombres que hacían cola en el portal de la casa, esperando recibir sus atenciones y una respuesta positiva a sus peticiones matrimoniales, pensaba en esconderla en el lugar más recóndito, húmedo y oscuro de la tierra, algún lugar lejos de toda civilización o incluso bajo tierra, donde nadie se atreviese a querer tocarla jamás, ni si quiera el mismo Caronte.  

Tan frágil que podía romperle el cuello en dos, tan suave que podía llenarla de caricias eternamente; y sin embargo, allí estaba, pensando en la cantidad de besos que deseaba depositar en sus finos labios y no en esconder su belleza en una cripta.

No seas tan fría con ellos, no pueden optar a nada más...— bromeó mientras la escuchaba leer aquella patética carta de otro hombre ciegamente enamorado —¿Apasionados de los que leen poemas o de los que te raptan de casa de tus padres para enterrarte en los ladrillos de una solitaria mansión? Porque sinceramente, considero a los segundos la mejor opción— una pequeña risa irónica salió de sus labios, mientras se tumbaba a su lado, llevando los dedos a os bucles sueltos de su cabello para recrear los pequeños tirabuzones que se le marcaban cuando se despeinaba.  

Se ha sobrepasado al imaginarte de tantas formas...— arrugó la nariz en una mueca cómica para no mostrar su verdadero disgusto por las palabras tan hábilmente escogidas por el caballero, a fin de cuentas, Henry conocía a su hermana y saber de sus pequeños placeres era a lo que él dedicaba tiempo y devoción—. Las disfrutas de más.

Aunque solo hablaban de las cartas y no de los hombres que exponían sus sentimientos en palabras, el mayor de los Evancaster podía sentir el odio iracundo subir por sus entrañas en ciegos celos que lo llevaba a imaginar la más cruenta de las muertes para cada uno de los caballeros.  

¿Qué vas a responderle?— preguntó primero pensativo, pero luego saltó de la cama y fue a por una pluma y un papel de los tantos esparcidos en el escritorio de Lily —¿Le hacemos llorar u odiarte terriblemente?— de todos los juegos que llevaban, aquel era su favorito, cuando llegaba el momento de exponer la forma en la que rompían el corazón de otra conquista y los alejaban eternamente de ellos, porque no podía haber nadie que se interpusiera entre el inmenso cariño que se profesaban los hermanos Evancaster, ni si quiera sus propios padres.
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Sáb Nov 20, 2021 3:56 pm

A family affair
Secrets and confessions
- ¿Insinúas que no soy el principal objeto de sus deseos? ¿Qué sólo me buscan porque alguna otra ya los ha rechazado antes? Cuida tus palabras Henry, o los dos nos llevaremos una sorpresa el día menos pensado.

La vanidad de Lilibeth Evancaster era desmesurada. Ella, que se jactaba de las caricias que le robaba a su hermano, y todavía juraba que tenía una mano libre para cualquier otro caballero que precisara de lo mismo. Un monstruo se volvía, además, cuando jugaban a intentar destronarla de su silla, por otro lado, de cristal.

- ¿Y cuánto tiempo podrías vivir tú sin mi, querido Henry? Las paredes de otro hogar se llenarían de mis risas, mis palabras y mi olor, y tú sólo podrías intentar recordar vagamente cómo eran. ¿Podrías, o caerías enfermo antes?

Como si ella no fuera a caer redonda el mismo día que su hermano lo hiciera, enredados ambos por el fino hilo del destino que les ahogaba a la par desde pequeños.

- ¿Tú crees, que se ha sobrepasado? Yo creo que ha estado arrebatador -bromeó a un Henry con poca cara de amigos-. Ojalá tú me escribieras cartas como estas. Me quedaré con el caballero que me escriba la mejor carta, ya está decidido.

Excepto si es gordo, o poco agraciado, o falto de pelo, o sin sentido del humor, o pobre, o un amargado, o demasiado condescendiente, o no cumple mis caprichos..., pensó Lilibeth. O si no es tú.

- Vaya. ¿Tan pronto? Deja que me escriba más. Me gusta leer como se desesperan por algo de mi atención.

Aunque no tanto como le gustaba que su pobre hermano se desesperara ante la idea de perder a su querida Lilly por alguno de esos patanes.

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