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Sáb Oct 30, 2021 12:57 am
WELTSCHMERZ
"Weltschmerz es lo que se siente cuando se asume todos los males del mundo, sumados a la preocupación por los problemas presentes y la posibilidad de lo incierto carcomiéndonos. Esta tristeza y melancolía todos la sentimos a veces."

1940.

Los racionamientos, los bombardeos, el pánico, la falta de suministros y un futuro incierto dominaba al mundo de entonces. La Alemania Nazi desató el Blitzkrieg contra Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Una táctica militar que tenía como fin el desarrollo de una campaña rápida y contundente que culminaría en victoria, evitando la posibilidad de una guerra total y el desgaste de vidas y recursos a las tropas germanas.

Con Adolfo Hitler en la cumbre de su poder, las campañas antisemitas se propagaron como fuego salvaje a lo largo de los territorios ocupados que sufrieron el azote del nazismo, obligando a los civiles a abandonar sus tierras y marchar a los países neutrales o a Gran Bretaña y América. En medio de esta guerra y las confrontaciones, los que eran lo suficientemente orgullosos para abandonar lo que era suyo, sufrieron la intimidación de los alemanes que buscaban estar presentes para recordarles quienes eran y la fuerza de su mando, bajo su ocupación.

En este ambiente hirviente de guerra, confusión, precariedad y conflicto es que muchos trataron de vivir sus vidas, contra toda adversidad. Encontrando de formas extrañas, giros que cambiarían la perspectiva de quienes se dejasen llevar.

Aquí, el destino pondrá a prueba a Friedrich Lehmann, un orgulloso miembro del ejercito germano, que se encontrará con esta encrucijada cuando sea enviado a Países Bajos, cruzando su camino con Nina, una joven dama de la alta sociedad holandesa que tampoco se imagina las vueltas que puede dar la vida.

Sin importar bandos ¿Sabrán encontrar su camino?
Friedrich Lehmann
Piloto | Jay Courtney | Mermeladita
Ninnette Van Der Aart
Civil | Lily James | Sorceress
Cronología
Original | Épocas Pasadas | Mermeladita & Sorceress


Última edición por Sorceress el Lun Nov 01, 2021 2:50 am, editado 1 vez
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Dom Oct 31, 2021 7:32 pm
Backpfeifengesicht


Friedrich Lehmann vislumbraba a través de la ventana abierta la floración de los campos de lavandas cuyos colores y dulzuras lo ensimismaban, había un molino de tejado rojo, y un ramillete de casas campestres; de vez en cuando al soplar el viento, el ligero estremecimiento de las formas le recordaba a los cuadros pintados con acuarela donde las líneas se desdibujaban en el perdón de su encanto.  

Según su costumbre, Friedrich había consumido ya la tercera parte de su ración de tabaco por lo que ponía todo su empeño en maniobrar con la muñeca para prolongar la expectativa de vida de la colilla; desde el movimiento antitabaco hacía una década, la Iglesia Alemana proclamó que aquello era comportamiento de judíos, de africanos, también el Furer, he aquí, se aumentaban los impuestos por tabaco y racionaba la cantidad. Él siempre fue un partidario predilecto y admiraba muchísimo con que diligencia y con que caridad el gobierno se preocupó por las prácticas insanas, sin embargo, habiendo aprendido a fumar incluso antes de comenzar a mamar, la campaña le parecía insufrible.

Déjalos entrar.  

Dijo a su secretario y este se retiró apresuradamente, divisó desde la misma ventana cuando los escoltas permitieron la entrada de la familia cruzando el pórtico, entonces él también bajó. La casa había sido desprovista de la parafernalia de ornamentos que la decoraban según el barroco cuando residían los Roosevelt, ahora era un sitio militarizado de interior neoclásico —según un diseñador del partido, cosa que él ignoraba— de columnas rectas y aroma a Jagermeister; tenía varios muebles sencillos, alfombras rústicas, un retrato de Hitler encima de las puertas o en cada pared notable.    

Señor y señora Van de Art — Friedrich no apagó el tabaco ni había terminado de descender las escaleras, pero les saludó con un rústico neerlandés; por último, saludó a la dama más joven, mientras bajaba los últimos peldaños reluciendo bajos las luces amarillas el uniforme ceremonial. —. Señorita Ninnette, es la primera vez que nos vemos.  

Luego les sucedió el silencio por su parte.

Francamente no estaba entusiasmado con la cena, éste había sido de carácter privado por lo que toda intriga e imaginación se hallaba frustrada, sin embargo, tenía una necesidad que le superaba el fastidio; era, además, político que de vez en cuando celebrara alguna reunión con los propietarios, al verlos podía recordarles su posición, no obstante a la animosidad. Viéndola allí con sus primorosa —endemoniadamente primorosa— boca roja que le robaría la atención desde entonces, y le incomodaba, recordó la amargura con la que eran presentados, él no se inclinó a besar su mano ni sus mejillas, pero habría matado para que esos labios no fuesen de una zorra extranjera, los estaba viendo demasiado; al estar al frente, estiró su brazo a un costado donde un sirviente le estiró el cenicero, para espabilarse dejó caer intencionadamente ceniza caliente sobre su anular.

Pasen al comedor.— no era un hombre extraordinariamente elocuente, y en esa situación era demasiado agradecerles por comparecer, aún más, fingir congracia; era tan estoico como una piedra, y fumando así, parecía una chimenea andante...  



Una semana después, Friedrich cabalgaba en un corcel negro y brisa fría sobre los valles rociados, bajo una lluvia sin precedentes. Corrían tan furiosamente que tras los cascos del animal se rompía la tierra y esta salían como pedazos de un desastre, era un ávido piloto, sí, pero también un formidable jinete.  

Tenía una hija de cuatro años a la que adoraba con su corazón, recelosamente sabía que la amaba más de lo que amaría jamás a su patria, y esto era un pensamiento que de oírse pudiera condenarlo; sí no hubiese querido a otra hace tanto tiempo como tenía Eda ella no hubiera existido, y tal vez no se sintiera tan atormentado y prejuicioso cada que la imagen de una boca roja invadiera sus pensamientos.  

Ninnette Van de Art, Ninette, Nina, con sus grandes ojos oscuros y el pelo oscilante en halos de luz y miel, su nariz delgada en el tabique y ligeramente ensanchada en sus fosas, con un rostro fuerte, la piel divinamente blanca, y que gesto más compasivo; cuando hablaba, ¡era divertido escucharla! Lo ridiculizó al evidenciar que no era una mujer superficial como había asumido, y eso le gustó.

Oh Ninnette— sonrió al recordar, y mira que gracioso es el destino, o que pequeño era Zaanze Schans, que al ver a través del rabillo del ojo se percató, había surcado la que era seguramente otra casa de los Van de Art, porque estaba de pie bajo un techo de rocas. —... Señorita Ninnette.                  
   
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Lun Nov 01, 2021 2:45 am
Backpfeifengesicht
Cuando sus padres supieron de los nazis que se habían apoderado de la primera residencia vacacional de la familia a las afueras de Ámsterdam, se enfurecieron al punto de casi confrontarlos por tal injuria. Pero el párroco de la iglesia de Zaanze-Schans los detuvo, convenció a ambos que era lo mejor, por lo que cuando las cosas familiares fueron sacadas para reemplazarlas por cosas “germanas”, lograron recuperarlas para encontrarles un lugar en la segunda residencia vacacional que estaba mucho más alejada.

Ninette, era la tercera de cuatro, el hermano mayor estaba en américa con su esposa, la segunda estaba en Suecia, igualmente casada con un empresario y luego estaban ella y su pequeña hermana de apenas seis años. Nina había estado viendo a un muchacho de una familia importante, pero estos habían abandonado Holanda cuando Hitler subió al poder y la relación había sido condenada a no sobrevivir.

Su padre Alphonse Lievin Van Der Aart, era un médico cirujano de gran renombre en Países Bajos conectado lejanamente con la nobleza holandesa, poseía por herencia campos de frutillas silvestres que recolectaban y como segundo sustento las convertían en una muy reconocida jalea de frutos local, conocida como “Van Derr”, por lo que tenían vastas propiedades de plantaciones de los frutos que utilizaba, aunque el patriarca continuara ejerciendo como médico en su propio espacio y clínica, que cerró en el instante que supo que los alemanes invadirían Ámsterdam, luego del bombardeo a Roterdam, para retraerse con su familia a la casa familiar.

Aunque menuda sorpresa había sido al encontrársela desvalijada de sus cosas y siendo ocupada por los invasores, por lo que la casa de las plantaciones de frutos había sido el segundo destino, donde quizá encontrarían mayor tranquilidad, fuera de la vista de los nazis.

La casa era preciosa, mucho más alejada del pueblo, entre los arboles junto a un lago, tenía su propia huerta, árboles frutales y algunos animales que eran criados por los sirvientes de la familia. Allí es que la familia se ubicó, primero para hacer distancia con los invasores germanos y proteger a sus dos hijas de la violencia que se levantaba en las ciudades entre los que se resistían contra los nazis y los nazis. Y habían tenido éxito hasta esa cena a la que fueron invitados por el germano que ocupaba ahora la que alguna vez hubiese sido su casa vacacional, de parte de abuelos... esa casa tenía muchos recuerdos para la familia y había dolido como un aguijonazo el llegar como invitados.

Pero aun así la familia logró mantener una cena no tan incómoda, cierto era que fue menuda impresión al encontrarse con el germano delante de ella y que le saludase con tanta familiaridad. Ella llevaba un vestido rojo oscuro que contrastaba con su blanca piel y su cabello marrón de suaves ondas bien peinado, con zapatos negros a juego y ese labial rojo que igualmente contrastaba con su piel “Herr Lehmann...” había pronunciado con educación y quizá una distancia que era apropiado tener sobre todo con un desconocido.

***


Anki, su hermana menor hacía sus tareas asignadas para continuar con sus estudios, aunque fuera educación en casa.
“Ninaaaaaa, tengo mucha hambreeeee, déjame ir a buscar algo de comida”

Debes acabar las planas que te asignó mamá, vamos, tu puedes... le diré a mamá que te dé dos galletas en vez de una –prometió la hermana mayor mientras miraba sobre el hombro al trabajo curvilíneo de escritura de su hermanita, antes de dejar una mano en su espalda y animarle de buena manera. Con eso la niña balanceó sus pies que colgaban un poco, con mayor entusiasmo para trazar las siguientes letras con mayor energía y finalizar rápidamente su trabajo que alzó victoriosa entre sus manitas: “¡TERMINE NINA! ¡Mira, mira!” La morena esbozó una sonrisa para tomar el cuaderno y leyó el trabajo con orgullo- Bien Anki, ve con mamá –dicho eso miró a su hermana bajarse y correr hacia la casa, quedando ella sola en esa terraza tranquila, mientras recogía un poco el desorden de su hermanita. Ella llevaba su cabello oscuro suelto abundantemente sobre sus hombros en ondas fluyentes y casi rojizas con la luz que cruzaba entre los arboles de naranjadas hojas y eran el indicativo que otoño estaba en su mejor momento, llevaba un conjunto de falda crema, unos zapatos negros a juego, una blusa blanca de manga larga con un chaleco crema claro de cuello en uve.

La muchacha caminó hasta un bastidor de arte bajo la sombra de un árbol de hojas naranjadas, donde había estado sentada antes, con algunas pinturas y un cuadro a medio pintar, donde figuraban una mesa, con unas frutas con el paraje del lago de fondo. Era talentosa sí.

En ese trayecto el relinchar del caballo llamó su atención y pudo ver con toda claridad al germano imponente sobre aquel corcel en la lejanía. Y ella permaneció de pie mientras sostenía entre sus manos un libro que devolvió junto a las frutas y abandonando su intención de pintar un poco más, cambió su postura para ver al hombre con fijeza como si decidiera. ¿Saludar estaba bien? su madre pegaría el grito al cielo, pero tampoco podía fingir que no lo había visto, el recelo con aquel invasor barbárico del ejercito germano aún cosquilleaba a flor de piel, pero su educación estaba más arraigada y con ella, la capacidad de reconocer que el hombre no pareció tan desagradable en la cena, como había pensado que sería uno de esos que su padre llamaba en privado y a sus espaldas "malditos bárbaros invasores". Si compartiera su sentir con su madre, probablemente esta creería que el susto de la guerra la había vuelto loca, nada mas distante de la realidad.

Por lo que finalmente dio el primer paso en esa dirección, solo para saber si necesitaba algo... “solo para ser amable”.

Sus pasos eran elegantes y con cautela miró por sobre su hombro hacia la casa en la lejanía para acercarse lo suficiente como para sentir que él podría escucharla- Buena Tarde Herr Lehmann –saludó fijando sus ojos en el germano, conservando aquella postura delicada y muy serena, como desde el primer día que se conocieron.                  
   
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Mar Nov 02, 2021 7:08 pm
Backpfeifengesicht


En el salón había cuatro sillas y una mesa circular, las sillas tenían un sencillo, aunque fino bordado en hilo de oro sobre tela azul, el cual recordaba a las formas de las flores silvestres que crecen sobre las trepaderas; la mesa acababa de ser pulida, un tierno clavicordio de madera rosada estaba detrás a un lado del ventanal abierto. Friedrich trató de anticiparse a cualquier acontecimiento. Se sentó de espaldas al jardín, a su diestra debía sentarse Alphonse, a la de este su mujer y por último la hija, de modo que la señora Van de Art se acomodaba al frente de él y la señorita Ninnette a su siniestra mirando al padre, ¡observa el cuidado y la malicia con la que ideó la noche! Porque a la pared detrás de la hija Friedrich había movido desde su oficina su más grande retrato de Hitler, un metro y cincuenta por un metro y cincuenta lo que lo hacía una auténtica monstruosidad; he aquí, dispuestos a los ojos del señor Van de Art, guerra y primavera sólo para él.  

También pensó qué comida habría de servirse, algo que pudiera comerse rápido y pesara tanto para no requerir un segundo plato acortando el tiempo de visita, Maultaschen; y qué vino se sirvió, y qué sirvientes lo trajeron.  

¿Se acomodaron bien en su segunda propiedad? — preguntó y su gesto era andino.  

En todo el rato desde su frígido recibimiento, Friedrich no los miró de vuelta, esto no era ninguna cobardía ni vergüenza, pero un desprecio, cuando fingía que eran unos súbditos o unos floreros; quizás a estos les prestara más atención. Satisfecho por el vicio, buscó apagar el tabaco en un cenicero, mientras buscaba halló aquella boca roja cuando un camarero interpuso su brazo entre los dos para ofrecerle un cenicero de cristal, entonces sólo vio sus ojos oscuros; al retirar la mano, él carraspeó por sentirse atraído por los labios de Ninnette.

Escuché que eres algo así como una escritora, ¿qué escribes? — era un hombre instruido, pero de maneras directas, sin querer, estaba iniciando una conversación que no debía...


El aire arrancó algunas floraciones de los árboles y por el ligero estremecimiento de las ramas las luces cayeron del cabello de Ninnette al suelo, y se volvieron a sus ojos. Cantaron las cigarras y los grillos, Friedrich bajó del caballo con miedo a caerse por sus propios pies, escuchaba con suma agudeza y temió que como él oía sus pensamientos alborotados y su pasión desbordante, ella pudiera percibirlo también, ¿huiría de hacerlo?

Su brazo bronceado, descubierta por la manga de su camisa recogida al codo, llevaba las riendas del corcel, el rocío había mojado los vellos, acomodó su cabello desprolijo por las rudezas del trote.

… Tengo razones para creer que he perdido la cabeza, aunque tú, por mis fachas, eso ya lo puedes saber. — dijo impostado.

Se acercó a Ninnette sujetando su caballo tan lento y tan sigiloso para que la familia no les escuchara, de pronto, al contemplar de qué forma lo estaba haciendo, se sorprendió de considerarse un fugitivo, y que avergonzado se sintió de sí mismo. Ella era una mujer deseable, sin embargo, el que cabalgara hasta sus aposentos por el placer de verla, fue la mayor traición de su inconsciente.  

No es necesario que llames a tus padres, no he venido por nada en particular, prefiero que no sepan que estoy aquí — su sombra caía sobre la figura de la joven novelista, desde la cena se preguntó cómo mujer tan menuda podía ser tan corajosa. —. Sí tu madre me ve aquí, se enfadará tanto y quizás me acuse de querer quitarle esta casa... Lo cierto es que yo no soporto hablar con los diseñadores de interior, volver a elegir cortinas me mataría.— hizo una pausa. —¿Sabes cabalgar?        
   
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Mar Nov 02, 2021 10:42 pm
Backpfeifengesicht
Los padres de la joven escritora habían sabido llevar todas las incomodidades dignamente, la advertencia del párroco de la iglesia les había quedado muy grabada, sobre todo con lo que había visto al visitar la curia en Róterdam, luego del bombardeo. Un insulto fue para Alphonse Van Der Aart, el ver aquel cuadro del bárbaro dictador que estaba queriendo apoderarse de Europa, pero su mirada clavada en su hija, le tranquilizaba al verla conversar y comer lo que les habían ofrecido.

“Claro que si Herr Lehmann, gracias por preguntar, es pequeña, pero es un lugar bueno”

Era obvio que su padre hubiese preferido mantener la casa en la que estaban, pero reclamarle podría hacer que se ganase una ejecución o prisión. Por lo que el gusto por ese segundo terreno debía bastar. Su mujer, esbozó una sonrisa pequeña y agregó alguna banalidad que sirviera de acomode al humor de su marido que le agradeció con una sonrisa, mientras Ninette permanecía silenciosa a lo largo de la charla hasta que el germano se dirigiera a ella directamente.

Relatos cortos –murmuró con suavidad- literatura de misterio, a veces poesía, pero me destaco en historias más largas -contestó escuetamente bajo la mirada de sus padres y los sirvientes. Que a lo mejor esperaban que no respondiera nada.

Las finas manos de la holandesa hacían trabajo breve de aquel platillo que no era su favorito, pero cierto era que muchos allí fuera estaban sufriendo de la escases provocada por los invasores y la guerra, hasta un plato poco apetecible como ese de dos ravioles empapados en caldo y relleno de carne condimentada, parecía tener su valor. Por lo que el siguiente bocado iba seguido de una silenciosa plegaria a su temple para tolerar lo que habían hecho con la casa de su amado abuelo, empujando la comida para que bajara por su garganta cruzando los dedos para que no tuviese veneno.

Las miradas de reojo no faltaron, escuchando como su padre se apoderaba de la conversación y volvía a entablar contacto con el germano que ahora vivía allí. “brutos bárbaros invasores” como le llamaba su madre, que juiciosa también conservaba su silencio, pero casi podía escuchar sus pensamientos al conocerla muy bien.

****

La brisa fría parecía anunciar que podría llegar a llover, mientras las nubes a la distancia se arremolinaban juntas, oscureciéndose apenas un poco. Sus pasos se habían detenido prudentemente a una distancia adecuada desde la cual podía ver al corpulento hombre de rubio cabello y ojos azules y cada acción que realizaba. Incluyendo ese desmontar firme y estable y le llevó a avanzar hacia ella, entre ese verde pasto que se removía con la brisa.

El caballo resopló dejándose guiar por su jinete hasta ese punto de encuentro en que ambos se miraron fijamente y con atención- Ha de ser el estrés, asumo que por su posición ha de tener mucho, la época se está poniendo fría y es fácil verse afectados también –la morena relajó sus brazos a los lados de su cuerpo- ¿Ha venido para hablar con mis padres? –quiso saber, recibiendo una pronta respuesta que la hizo presionar un poco sus labios en curiosa duda. Cierto era que su madre detestaba a los alemanes, los odiaba hasta con la médula de sus huesos, sobre todo a uno que les había robado la casa con más historia familiar, pegaría un grito al cielo, se treparía por las paredes y le exigiría una pronta lejanía de aquel varón.

Pero Nina tenía su propio sentido, la joven escritora mantuvo su mirada puesta en el piloto de la Luftwaffe y no dudó en mantener sus ojos avellana sobre ese semblante ario que seguro provenía de padres igualmente “perfectos”, según lo que el Führer llamaba la raza dominante de todas las demás- Si, se hacerlo –respondió finalmente mientras una mirada distante se enfocaba en la residencia y con un suave movimiento empezó a caminar fuera del rango de visión, silenciosamente indicándole al germano que caminara a su lado si deseaba- Mi abuelo me enseñó cuando era una niña -recordó al hombre que quería tanto y extrañaba mucho, amante de los puros y la música de Chopin- solía practicar la equitación seguido antes de su fallecimiento.

La llamarían loca de verla caminando tan solo unos cuantos pasos junto a él, pero la correcta postura de la muchacha la hacía conservar bien el misterio de sus sentires y pensamientos conflictivos, ante la presencia inesperada del soldado nazi.

“Es un nazi, un invasor” pensó para sí, pero algo poco desagradable hacía imposible que se atreviese a cortar de lleno su acercamiento. Quería hartarse, quería volverlo insoportable a su presencia y que, de solo escuchar su nombre, prefiriera morder un molusco a la extraña curiosidad que la ataba a permanecer más tiempo junto a él.

“Ayúdame Dios” pensó de nuevo, antes de volver a verlo con atención- Aprendió desde joven también, asumo ... –no debería importarle.                  
   
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Vie Nov 05, 2021 12:11 am
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… Ya veo. — dijo, y procedió a comer muy aburrido.

Friedrich masticaba concienzudamente para evitar el espectáculo soporífero de los señores Van de Art: Alphonse le extendía una conversación monótona mientras su mujer oficiaba de aval. Y qué manera más rastrera de vivir pensó, observando los más extenuantes esfuerzos de avenencia y desvergüenza, descubrió entonces quien — a saber, el párroco al que ya había conocido— aconsejó a estos damnificados suyos...

El padre actuaba con desgracia, en ningún asedio vislumbró semejante falta de orgullo; él hablaba animosamente, pero Friedrich sólo musitaba, cual ganado, o le ignoraba. La madre, más valerosa que el primero, tenía un gesto desagradable en las fosas nasales. En cuanto al maultaschen, mira, él comía muy bien cualquier cosa que pudiera ser mordida por lo que sí esto de pronto se hubiese levantado en cuatro patas y caminado fuera de la mesa, sólo le habría clavado el tenedor.  

Habiendo limpiado la mitad de su plato en menor tiempo que cualquiera, dirigió la conversación distraídamente a recovecos menos insufribles.

Entonces misterio — repitió, y acaeciendo varios minutos uno asumiría que lo había olvidado hacía rato. —. ¿En qué se basa? ¿Era popular en...? ¿Dónde vivían antes?

Su aparente desconocimiento, como la madre al padre, fue enfatizado por un descuidado ademán de la mano, mientras prestaba atención a la señorita Ninette quien era tan encantadora de ver como un ramo de hibiscos en el yermo, y particularmente sus manos. Resopló, incrédulo, en un mofado alemán: enserio, ¿qué clase de misterios podrían escribir tan adorables dedos?


Friedrich anduvo a su lado por caminos irregulares, a ambos lados los árboles rebosaban de color, uno de nombre que no conocía tenía sus hojas anaranjadas como las yemas de un huevo, pero de otro colgaban glicerinas rojas; sólo un viejo roble resistía el cambio, era verde pálido, muy pálido, y dorado.  

En realidad, observaba sus pantorrillas regordetas y endurecidas, quizás los tobillos eran un poco delgados, sin embargo, qué piernas. Subiendo por sus curvas cinceladas halló de vuelta sus brazos caídos a los lados de su falda, ellos aludían a la silueta del ala de un ave; de nuevo, se burló:

Me pregunto sí manos tan bonitas ya sostuvieron una soga sin los guantes — le seguía desde muy cerca. —. No te imagino arreando a un animal, además de a un perro o un gato, quizás un pony.

Su pecho y brazo golpeaban a Ninnette mientras caminaban, iba tan cerca que con cada arriba y debajo de los pasos su cuerpo se frotaba a su hombro, el colmo era que se flexionaba ligeramente cuando le hablaba para que sus labios soplasen sobre los pelos levantados del tocado.  

Así es, cómo o quién es menos fascinante de oír, me basta decir que estudié en un internado. Pronto me di cuenta que habiendo puesto la mira en el cielo, difícilmente desearía correr en la tierra —hizo una pausa. —... Señorita Ninnette, ¿me acompañaría a cabalgar? Sólo hasta el molino. No se sienta presionada porque soy el hombre que asedió su casa, puede negarse... Claro que sí lo hace, insistiré.      
   
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Miér Nov 10, 2021 2:42 am
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Bueno, suele ser muy leído el misterio, ya sabe, leyendas, mitos, fantasmas y cosas poco comunes –habló Ninette ignorando la expresión de sus padres, ella no planeaba dejarse intimidar en la casa de su abuelo, menos por aquel nazi que con tan pocas maneras actuaba delante de ellos. Le desagradaba, aunque el hombre fuese de buen ver... (cómo todo germano que luchaba por el dictador), en lo posible todos rubios, de ojos azules.

A la escritora podía importarle menos, al menos eso deseaba creer, pero tampoco era ciega.
Aquella cena era un infierno insufrible que quería que ya acabara.

***

Mientras caminaban con tranquilidad por el verde pasto que contrastaba con los arboles de hojarascas marrones, naranjadas, amarillas y rojas, acompañados del frío típico de otoño. Ante el peligroso acercamiento del germano, la holandesa hizo un espacio sutil que simuló al llevar sus manos para recoger su cabello sobre el hombro del lado que tenía a su acompañante, como si con ello cubriera su cuello y se protegiera con dignidad de los ojos furtivos del militar- Bueno... –hizo una pausa por unos segundos- Fue parte de mi educación aprender a montar –ella había tenido una educación de alta sociedad, a la espera de conseguir un buen prospecto que se interesara en ella para comenzar una vida juntos.

Pero evidentemente los planes habían cambiado drásticamente con el inicio de la guerra y el rápido avance de los germanos por Europa y el régimen que invadió sin clemencia Países Bajos- De niña arreé un pony y conmigo creció mi caballo, así que si he tratado con animales temperamentales –contestó con suavidad y soltura.

La mirada de la castaña se alzó y divisó las nubes que se oscurecían un poco más- supongo que ha de ser una experiencia agradable cuando se hace por gusto y añoranza – y no para acabar con cientos de vidas inocentes, como lo ocurrido en Róterdam, pensó para sí sin exteriorizar sus pensamientos de ningún modo- se le nota en su voz el amor que le tiene al vuelo –dicho eso dejó que el silencio se apoderara del entorno, a lo lejos podía ver los molinos, los campos de tulipanes y las casas lejanas, un paisaje que en cualquier momento podía ser destruido por cualquier bombardero alemán si así decidieran.

Mas su meditación se acabó con aquellas palabras que la hicieron abrir mucho sus ojos y preguntarse si él estaba hablando en serio ¿La estaba invitando a cabalgar? No deberían hacer nada de eso y aun así parte de ella quería, más otra parte no lo quería. ¿A quién debía escuchar? – Me temo que no es correcto –murmuró entonces con algo de duda- aunque cierto era que deseaba hacerlo desde hace días... –confesó entonces con un dejo de nostalgia. Pero cada rincón de su amada tierra era peligroso, los grupos radicales estaban a la orden del día y cualquiera que fuese “amable” con los invasores, se ganaba un blanco directo en la espalda.

Pero su deseo era palpable, el “sí” estaba atorado en su garganta y la punta de la lengua, mientras buscaba el azul de los ojos del alemán a su lado, pese a que estaban tan cerca, parecía haber un abismo entre medio, complicando cada fragmento de pensamiento que pudiese acompañarlos. ¿Por que todo tenía que ser tan complicado?¿Realmente insistiría en que aceptase su invitación?                  
   
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Jue Nov 25, 2021 7:59 pm
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Friedrich blandió diana de sorna, pero Ninnette aludía a las aguas calmas lo cual le escocía hasta los cimientos pues el hombre natural eleva el espíritu por conquistas; Ninnette era la más deseable victoria entonces. Le estudió por largo rato su rostro sereno, para arrojar palabras frescas:

¿Qué clase de misterios ofrece la mente de una joven y hermosa, pero despatriada novelista? — aquí acabó con lo último de su plato, se limpió los labios antes de continuar. —. Imagino que sus demonios serán muy parecidos conmigo, de pelos rubios y ojos azules, arios perfectos. Digo, soy consciente de lo que nuestra imagen supone para los suyos. Tal vez un antagonista muy pequeño que describe “tiene un bigote chistoso”, como el hombre detrás de usted.


Friedrich se deleitaba en el rechazo de su mirar, al contemplar la rigidez de su cuerpo imaginaba con que soltura ella habría de arquear su espalda bajo el placer de un tacto amigable, y cuan gozoso podría ser besar el espacio en su cuello que se revelaba cuando estiraba el mentón para observarle; con delicia le oía, no obstante se entretuviera pensando cosas impronunciables, y esto le era un cargo de consciencia tanto como para ella era congeniar con un germano.

Quizás algún día le convide a volar — dijo y se arrepintió al instante por la imprudencia con la cual hablaba, su boca hizo una mueca. —, pero primero, debo conseguir que me acompañe a caballo.

Sí, insistió como prometió, incluso su brazo le estiró, grueso y velludo, él era firme y sus ojos sinceros en llevarla. Echó un vistazo a su corcel, fiero y testarudo, un buen amigo cuanto menos, que era testigo del encuentro; Friedrich conocía el enorme infortunio que supondría para Ninnette ser descubiertos, una joven dama holandesa, hermosa e inteligente, junto a un caballero germano, divorciado, pero de buen porte, juntos en un día otoñal a la soledad que les concedía el mal tiempo...

Tomaré la culpa, sí algo pasa, sea frente a su madre o frente a una horda indignada por la desobediencia a las leyes del recato entre hombre y mujer. Mi intención es cuidarla, y ahora, sólo quiero divertirla, su compañía me es muy grata — se colocó enfrente de Ninnette y agitó este mismo brazo. —. Es un caballo ejemplar, y me han contado que el molino tiene una vista hermosa. Por favor, señorita Ninnette, complazcame ahora.      
   
Chapter one, in Zaanze Schans, with Nannette
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Vie Nov 26, 2021 6:05 pm
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Una sonrisa entonces cruzó sus labios, no una alegre, no una simpática, una irónica podría decirse- Al contrario –murmuró entonces la morena fijando sus ojos en los azules del germano que no dejaba de escupir veneno en un intento de aplastar la moral de ella y su familia- no hay germano alguno en mis historias y los horrores son criaturas con historias singulares nacidas de los horrores de la vida. Ese tipo de criaturas son el centro de mis historias, por su interesante desarrollo –no tenía tiempo para escribir sobre soldados invasores, entre más importancia les daba, más poder tenían y no iba a ofrecerle eso al que tenía delante.

Con delicadeza limpió la comisura de sus labios y dejó la servilleta sobre la mesa- es cuestión de percepción –dijo rematando su afirmación con una última estocada al insoportable germano del otro lado de la mesa- Si me disculpan, iré al servicio –dicho eso se levantó con elegancia y con una dignidad vivaz caminó por donde sabía estaba el baño. Sus padres por supuesto de haber podido desmayarse, lo hacían, agregando su madre con premura “La guerra nos ha tenido a todos preocupados y muy tensos, comprenderá” queriendo justificar la actitud de su hija esperando que eso no le costara la vida.

****

Delante de ella, aquel germano no era tan insoportable como en esa cena, pero ¿cómo confiar en un invasor como él? hombre de muchas caras que probablemente solo buscaba dar con algún punto flojo que tuviese para alimentar su machismo. Pero sus siguientes palabras le robaron la atención que estaba dándole a los campos, para fijarla en él... ¿qué? ¿La acababa de invitar a volar?

¿Acaso no estaba prohibido semejantes cosas?

Con un sutil movimiento de su cabeza sus cabellos oscuros se balancearon sobre sus hombros hasta caer acariciando suavemente la tela de aquellas prendas que llevaba. Sus ojos recorrieron desde los azules por la silueta fuerte de su hombro y como había arremangado las mangas de la camisa blanca hasta los codos y como allí, su piel blanca comenzaba. Una sutil mirada de soslayo, un suave enderezar de su postura y un silencio ligeramente prolongado por la tormenta existencial de pensamientos conflictivos.

Sus labios se separaron para dar una respuesta, retrasada solo por las garantías de seguridad que distaban mucho de las palabras crudas pronunciadas en la cena que había servido para dar una muy mala primera impresión. Sus hombros se relajaron un poco, la tensión de su mandíbula se redujo y sus ojos se entre cerraron con sospecha, que poco a poco se tornó en una sorpresa... con una grata sensación que supo esconder bien, tras el asombro.

No iba a dejarle percatarse de que había sido grato para ella el tono utilizado para pedirle su compañía. “Si así lo pide...” pensó para sí misma antes de finalmente relajar sus brazos y manos y permitirse mirar por sobre su hombro a la casa en la lejanía ya distantes y protegidos por el follaje de los árboles y arbustos de la campiña- Está bien –dijo entonces con una voz más conciliadora y suave que la usada antes con neutralidad, alzando su brazo derecho para agarrarse del firme brazo ofrecido del germano, que seguramente la ayudaría a montar y ella se dejaría ayudar para acomodarse en una elegante postura de montura de lado, una técnica que era enseñada en las academias de equitación, que eran visitadas por familias con los recursos para costear ese tipo de educación- El camino atravesando esa arboleda es mucho más llano y menos agitado, el bosque es despejado y hay un paraje mas agradable a la vista para llegar al Molino, hay un riachuelo que emula una cascada pequeña –dijo finalmente como dato para que el trayecto no fuese incómodo para los dos.

Estaba mal, todo estaba mal.

No debía haber aceptado esa invitación, no debía permitir que la llevase de paseo como deseaba, ya que, si el germano se proponía ser un villano, podría intentar sobrepasarse y nadie estaría para socorrerla, sin embargo, algo.... en las promesas y garantías de protección le hicieron creerle. Algo en su voz era genuino y le había dado la silenciosa certeza de que en serio él no la lastimaría y de todos modos, no es que era una mujer indefensa, su inventiva la llevaba a pensar en maneras coloridas de ponerlo en su lugar si sobrepasaba sus límites.                  
   
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Ayer a las 8:23 pm
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Complacido por la respuesta, el germano elevó su voz por encima de la madre y dijo:

No lo hago, no lo comprendo. Es inconcebible para mí qué terrores asola la dulzura de su edad por lo que me gustaría leer un ejemplar de su hija, Señora Van de Art, quizás entonces pudiera yo empatizar mejor con sus preocupaciones, a sus palabras.

Más observando el arco laureado de su espalda enarcada le faltó el respeto a ella y a los padres al no ocultar el agrado por su cuerpo, sería digno de alabanzas por semejante proeza, pensó al ser consciente, porque ningún hombre podría no imaginar las glorias alcanzadas por esa espalda en auge.

Esperemos a su hija en el jardín, conviene tomar aire frío.

Se levantó de la mesa con pocas gracias mientras Eda corría imprudentemente cerca del mismo baño para invitados. Su hija tenía sus mismos ojos, sus orejas y sus gruesas cejas, pero el cabello era el de la madre, cual pelo de un ángel. Eda sólo vestía un pijama mal puesto que se transparentaba con su pelo mojado, eso no era razón para sentir vergüenza; cuando divisó al otro extremo del pasillo a Ninnette se detuvo en seco, segura de haber llamado su atención movió los brazos para comunicarse.

La hija de Friedrich Lehmann, Eda Lehmann, era sorda-muda.


Ninnette le sabría coronado por los astros cuando sonrió con brillante risa, fresca y luminosa como el alba, acaecida sobre sus hombros castaños porque, con pocas palabras, le aceptó. La escoltó hasta su caballo donde habría bastado ofrecerle su estabilidad para apearse a la montura, pero él quiso ser malicioso y hacer un poco más, por lo que sus manos rodearon su cintura y la alzó al lomo del animal. Descubrió que, aunque con algunas onzas de grasa en su vientre, era esculpida y muy deseable.

Tanto que al subir detrás de ella le asió nuevamente y se aseveró con su cordura para no abrazarla con el largo de sus brazos, los dedos iban posados alrededor del ombligo con los pulgares apoyados en la espalda baja, desde tal proximidad todo su perfume le embriagaba. Que delicia. Que tortura.

Es triste que para entretenernos sólo se te ocurra hablar de geología, me hace pensar que soy un compañero de conversación indeseable. Toma las riendas del caballo, hoy cabalgas, yo intentaré no caerme.

Friedrich intentaba mantener sus yemas tan inamovibles como le era posible, no quería asirle hasta el dolor, pero con el movimiento del caballo a veces le bailaban los dedos. Intentaba oler el aroma de la lluvia que el viento traía, en su lugar respiraba en su cabello que izado le golpeaba de vez en cuando el rostro, era dulce de almizcle y jazmín.

Piensa que tu lengua es más letal que cualquier cosa que yo pueda hacer. Claro que no es mi intención, de hecho, temo por mí mismo. Sí lo desearas, podrías matarme con sólo tu boca — comentó y pensaba que enserio, un beso suyo podría ser motivo de defunción. Atravesaban una arboleda como ella describió. —. Señorita Ninnette, quizás sea atrevido de mi parte, sí lo es puede darme un codazo y me dejaré caer. ¿Tiene un hombre en su vida?

No aspiraba a más con ella, recordaba, él era un orgulloso alemán, ella una holandesa rebelde, sus mentes los separaban, ni siquiera deseaba su mano con sinceridad, pero sí pudiera consolar este anhelo de verla, ¿crearía una persecución sin precedentes? Tampoco supo por qué le preguntó así.
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Ayer a las 10:53 pm
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Ninette necesitó de varios minutos en el lavabo para tomar fuerzas de nuevo y no mandar por un caño al germano insoportable que había quitado las decoraciones de su abuelo para estamparse las horribles banderas nazis que repudiaba con creces. Cómo deseaba tener el poder de comandar que lo echasen de su casa y se cumpliera al instante.

Mientras miraba el reflejo mortal de su mirada asesina en el espejo, acomodó sus rizos oscuros, mientras respiraba varias veces antes de enderezarse y repetirse que “solo por un rato más” tendría que soportarlo. Fue luego de este mantra titánico que la morena se secó sus manos delicadas y con un determinante orgullo abrió la puerta para toparse con la imagen escurridiza de la pequeña niña que traviesa y desvergonzada corría por allí en sus pijamas.

¿Acaso era la hija de algún visitante? ¿sería que el militar estaba casado y era su hija? ¿su hermanita? ¿su quién?

Casi olvidaba que era eso lo que el Reich quería de sus ciudadanos, tener perfectos niños arios, pero la pobre criatura no tenía la culpa de la retorcida sociedad en la que le había tocado vivir y ella, nunca culparía a una criatura tan tierna por la desgracia que el líder que seguía su gente, provocaba sobre las otras personas. La niña la miró y con sus infantiles reflejos, la pequeña la saludó sin emitir sonido como haría una niña normal y ella casi pudo entender por la fluidez de sus deditos que era lenguaje de señas.

Uno que ella no tardó en responder con elegancia “Hola, mucho gusto ¿Cómo te llamas?” señalizó con maestría ¿Cómo sabía lenguaje de señas? Pues en sus estudios de literatura hizo prácticas enseñando en una escuela y tuvo tres estudiantes que necesitaban aquel lenguaje especial, no siendo tan popular como lo sería en el futuro.

****

Bueno, no es que haya conocido otros temas más amenos para conversar de su parte Herr Lehmann... es la primera vez que convivimos y no dice algo que me haga querer mandarlo de regreso a Berlín –dijo con honestidad, recordándole con ello que la última vez que se vieron había sido en la horrorosa cena aquella... o no, no había sido la primera vez, también se habían visto a la distancia, cuando ella había ido al mercado del pueblo a comprar algunos víveres.

Trataba de ignorar a los nazis, trataba de no hacerles caso y menos cuando todo mundo los repudiaba por insufribles.

Con elegancia sus manos afirmaron las riendas, cual amazona y con un sonido de chasquido de su lengua y un suave sacudir de las riendas instó al caballo a andar. En la fortaleza de los músculos del animal, su altura y el cómo los llevaba a ambos pudo notar la belleza del corcel, pero el calor del agarre masculino en su cintura le hizo dejar de apreciar al animal y la llevaron a mitigar la tormenta de sus pensamientos permitiendo que le brisa diera de lleno, fría en su rostro, aunque totalmente agradada por la idea de que él iba a mantenerse bajo control- Recordaré entonces que tengo el arma adecuada para que tenga cuidado.

Dicho eso, guio al corcel por entre la línea de los árboles cuyas hojas ya habían creado una hermosa alfombra de naranjas, amarillos y rojizos, con moteados verduzcos por el musgo sobre los troncos de los árboles, tanto caídos como aún en pie anunciando la llegada del invierno. Fueron la forma en la que la llamó que la hizo emitir un suave “¿Mh?”, ligeramente ladeando su cabeza para ver sobre su hombro derecho y encontrar la mirada del germano como si buscase una pizca de genuinidad en la curiosidad que lo había llevado a preguntarle aquello.

Guio al corcel por un nuevo sendero más estable y tranquilo y se permitió guardar un largo silencio antes de finalmente responder- Actualmente no, pero en algún momento mi familia consideró un compromiso con un buen hombre amigo de la familia, pero supongo que la guerra cambia las emociones de las personas –musitó un poco más bajo- No llegamos a construir nada concreto, por lo tanto, mi corazón no sufrió como lo hubiese hecho si hubiera dejado que me cortejara como es costumbre. Ya que estamos en esto ¿Y usted? ¿Tiene alguna mujer en su vida? -No estaba de mas querer saber, no sabía si preguntaba por curiosidad o cortesía, a lo mejor por intentar hacer conversación o quizá era por que quería saber, si un hombre como él tendría a alguna mujer ya esperándole en la capital Alemana.

Su voz siempre suave y conciliadora, conservaba la amabilidad y la tranquilidad necesarias para aquella conversación, sin abandonar aquella barrera que escondía orgullosamente las emociones variopintas que pudiera tener revueltas por una u otra razón. Con entereza paseó sus ojos por el paraje mientras salían a una loma alta desde la cual el molino era visible, junto con las montañas a lo lejos y los campos de tulipanes coloridos que se removían con la brisa. Un suspiro escapó de sus labios dibujando una sonrisa ante el paraje frente a sus ojos.                  
   
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