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Vie Nov 05, 2021 12:36 pm

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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
Entonces a ver que yo me entere. — Dijo Jackie, mientras se comía una galleta. — Tenéis una asignatura de Estudios Nonmagique. Muggles. — Corrigió Alice, que estaba sentada al pie del árbol con su prima, chupando un bastoncillo de caramelo y examinando las macetas que le habían regalado. — Pero a partir de quinto tenéis que quitaros asignaturas, entre ellas algunas como Herbología o Runas que son importantísimas. — Eso la hizo reír. — Qué habilidad para quedar bien con todo el mundo, Jackie.¿Por qué?Porque yo probablemente me quede con Herbología. Obviamente, te han regalado macetas inteligentes y una guía de plantas medicinales por Navidad... — Dijo su prima con evidencia. — Pero Marcus probablemente no hay quien le despegue de las Runas hasta que nos vayamos. No sé qué les ve, aparte de a la profesora Handsgold. — Su prima se inclinó hacia ella de forma maliciosa. — ¿A don Perfecto le gusta una profe? — Alice se encogió de hombros. — Creo que es platónico. Está casada.Ojo que por fin se ha aprendido la palabra. — Dijo su primo apareciendo por allí de un salto y dejándose caer sobre el sofá, ajustándose la chaqueta de cuero con una sonrisa seductora. — ¿Os gusta? ¿A que parezco una estrella? — Alice y Jackie se encogieron de hombros. — Solo es una chaqueta, te saco el patrón de cinco como esas. — André puso cara de burla y alzó las manos. — Oy, la señora diseñadora, disculpe usted, que le regalan una cajita de costura y papel de patrones y ya puede sacar chaquetas de artista como si nada. — Jackie arrugó el gesto. — Pues podré dentro de muy poco, tú solo sabes sumar bien y ya por eso todos se creen que eres listo.

Alice en verdad, estaba más concentrada en ojear el libro de plantas, cuando André se le puso al lado y la rodeó con un brazo. — ¿Ya estás buscando venenos, canija? ¡No! Solo estoy echando un vistazo. — Sí estaba buscando venenos. De hecho había pedido una guía de venenos, y habían pasado de su cara. Ni que fuera a envenenar a nadie… Pero se lo prohibían tanto, que más le hacían querer conocerlo, vaya. — Venga, cuéntaselo a tus primos… Tú y el inglesito… — Levantó la cabeza y les miró a ambos, esperando a que alguno de los dos respondiera. — ¿Qué?¿Tú no me estabas preguntando hace un año y medio por los tipos de beso? Sí. ¿Y…? ¿Todavía estamos así? — Alice sacudió la cabeza mirando a su primo. — ¿A qué te refieres? — Los otros dos se rieron y se miraron. — Están en Babia, déjala. En Babia estaréis vosotros que no termináis las preguntas. — Ambos se echaron a reír y ella simplemente se encogió de hombros. — Voy a cambiarme, ahora bajo. Eso… Ponte guapa… — Dijo Jackie con un tonito que no entendía.

Arreglarse no se pensaba arreglar, que ya había tenido bastante con la fiesta de navidad de Hogwarts, pero se puso un jersey azul con copitos de nieve, que pegaba mucho con la nieve de fuera. Cuando bajaba de nuevo, oyó a la tía Susanne, la tata y su madre reírse en la habitación. — Hay que tener mala baba para regalar un vestido tan estrecho que te quede bien ahora que estás en los huesos. — Decía Susanne aguantándose la risa. — Y rosa. Si odia el rosa, no quiso vestir a Alice de rosa ni por casualidad. — Su madre se reía y tosió un poquito. — Callaos las dos que al final me va a dar la risa delante de ella. — No tenía ni idea de qué estaban hablando, pero le alegraba oír a mamá tan alegre Últimamente tenía muy pocas fuerzas, se ahogaba mucho y tosía sin parar.

¡André! Ven con los hombres a cortar leña. — Llamaba su padre desde el exterior. — Sí, hombre, con la nevada que está cayendo y sin poder hacer magia. — Respondió el otro muy chulito. — Yo me quedo aquí dentro, oliendo a dulce y al lado del fuego. — Aspiró y sonrió. — Podría acostumbrarme a celebrar la Navidad aquí. Nieve, dulces, no huele al guiso de la abuela… — Alice rio. — Porque lo están haciendo en la otra casa, esta es demasiado pequeña para todo lo que había que hacer.Jo, yo quiero dormir aquí, está toda la diversión. — Se quejó Jackie. — Nah, no te creas, cuando os vais por la noche nos metemos a dormir. Además, ya vamos justos de sitios con la tata por aquí.¡OYE TÚ! ¿No estarás llamando gorda a tu tata? — Dijo Vivi desde las escaleras. — ¡Que no, tata! — Pero no le dio tiempo a escapar porque ya se había abalanzado sobre ella y le había echado hechizos de cosquillas a los otros dos. — ¡No! ¡Pero sí tienes un montón de cremas! ¡Y maquillaje! ¡Y zapatos! ¡Presumida! — Gritó entre carcajadas. Y ahí estaban los cuatro muertos de risa, cuando entró Dylan gritando como una bocina. — ¡Ya están aquí los O’Donnell! ¡Y los abuelos! ¡Todos! A ver, paso, que llevamos ollas. — Dijo su abuela apartando a todo el mundo. — ¿Aún no está la mesa puesta? Y los invitados en la puerta. — Suspiró la tía Simone. Pues sí. Navidades Gallia, Navidades caóticas, eso era así. Lo que no sabía era por qué les molestaba eso ahora, en Saint-Tropez siempre era así.
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Vie Nov 05, 2021 4:33 pm

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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
- Creo que nos agradecería que hiciéramos una pequeña merienda aquí, en nuestra casa. - Arnold suspiró y dijo con tono cansado. - Ellos han querido celebrar las fiestas así este año. Siempre la pasan en La Provenza, pero no habrán querido salir de viaje... - Porque no está en condiciones. - Completó su madre. - No me parece que debamos fomentar esto. - Emma, no seas dramática... - ¿Dramática? - Preguntó la mujer, sin perturbar el tono, aunque se notaba la leve indignación. - Está enferma, está cansada. Las Navidades de por sí son agotadoras y William se ha traído a toda la familia al completo a una casa minúscula, y encima vamos nosotros. Y tus padres, y Erin. Creo que no le estamos haciendo ningún favor. - No deberías estar espiando. - Dijo la voz de Lex a su espalda, haciéndole dar un sobresalto. Marcus se giró, chistando ofendido. - No estoy espiando. Venía a decirle a papá y a mamá que ya estoy listo, pero están hablando. Estoy esperando a que acaben para no interrumpir. - ¿Y por qué no esperas dentro de la cocina? Si esperas detrás de la puerta, estás espiando. - No creo que seas el más idóneo para decidir si alguien está espiando o no. - Yo no lo puedo evitar. Tú sí. - Lo que tú digas. - Masculló, pero sus padres ya se habían callado. Genial. Gracias, Lex.

No quería espiar a sus padres, él no hacía esas cosas. Pero llevaba con la mosca detrás de la oreja de que le ocultaban algo, de que algo no iba bien, desde que volviera a empezar el curso. Y ahora, cuando estaban ya vestidos y a punto de salir por la puerta, escuchaba a su madre decir que no le parecía bien ir a casa de los Gallia porque Janet estaba cansada. ¿Cansada? ¿De qué? ¿De la Nochebuena anterior? A ver, era cierto que la familia de Francia podía armar mucho revuelo, pero Janet siempre parecía encantada de estar todos reunidos. ¿Por qué iba a ser ese un motivo para no ir? Sí, vale, estaba enferma, ¡pero llevaba mucho tiempo enferma! Y nunca había rechazado una reunión. Su madre no tenía razón. No, Marcus estaba decidido y convencido a no darle la razón. Porque pensar que estaba tan cansada y tan enferma como para no quererles allí, no era algo que le esperanzase en absoluto. Así que estaba decidido a no creérselo. Iban a ir allí, se lo iban a pasar en grande como siempre y a Janet le iba a dar muchísima alegría verles a todos juntos en casa. Pff... Su madre a veces se ponía de un aguafiestas...

- ¡Ya hemos llegado! - Oyó la voz de su abuela en la puerta. Marcus sonrió y fue a recibirles como siempre, pero algo atacó su interior y le hizo volver a tener un mal presentimiento: Molly no había sonado tan contenta y cantarina como siempre, más bien parecía resignada, como si no le quedara de otra que estar allí. Debía haberla entendido mal, sí, tenía que ser eso. - ¡Mi niño precioso! - Cualquiera diría que lo vio hace apenas diez horas. - Bromeó Lawrence, riendo entre risas. La mujer hizo un sonido de desaprobación y le agarró los mofletes. - Yo cinco minutos que pase sin mis niños ya los echo de menos. - Le dio un beso a él y un achuchón a Lex, porque a Molly el lenguaje verbal de su nieto pequeño le daba exactamente igual, no iba a dejar de darle cariño. Mientras Marcus saludaba a su abuelo, oyó como su abuela le decía a Emma. - Ya, hija, yo tampoco lo veo esto, yo creo que... - Y no oyó nada más, porque las dos mujeres entraron confidencialmente en la cocina y se perdió la conversación. ¿Otra igual? No, no otra, ¡su abuela! La misma que se apuntaba a un bombardeo y reía a carcajadas en las fiestas. ¿Tampoco quería ir? No entendía nada, vamos. Ya se estaba empezando a mosquear. A ver qué cable se le había cruzado a su familia para estar así esa Navidad. Luego que si el cuadriculado era él, pero pasaban los Gallia una Navidad en Londres, y en vez de alegrarse de que iban a estar todos juntos, ponían pegas. Es que, de verdad...

- Qué buena idea ha sido, ¿verdad, abuelo? - Dijo en voz perfectamente audible, muy seguro de sí mismo. Su abuelo le miró esperando a que añadiera más datos. - Lo de pasar todos juntos la Navidad. - Estaba escuchando a su padre suspirar de fondo. Odiaba cuando hacía eso, lo de "sé por donde vas". ¿Puedo terminar? El legeremante es Lex, no tú. Pensó molesto, pero no dijo nada, solo continuó su alegato. - Yo creo que los Gallia han tenido una idea estupenda. Tú no lo crees. Por primera vez vamos a estar todos juntos. Tú ibas a La Provenza con papá cuando era pequeño, ¿verdad? Pues está toda la familia aquí. Seguro que los echas de menos. Y no conoces a André y a Jackie, te van a encantar, son supergraciosos... - Venga, Marcus, ponte el abrigo. - Cortó su padre. Ni media respuesta había recibido, ni de su abuelo ni de su padre, ni de nadie. El único que le miraba era Lex... Oh, espera. - ¡Para! -¿¿Qué?? - ¡¡Que pares!! - ¡¡No estoy haciendo nada, pedazo de idiota!! - ¡Lex! - Bramó Arnold. - No insultes a tu hermano. - ¡Es que es idiota! No lo puedo ni mirar, y todo porque está rayadísimo y no lo quiere reconoc... - ¡¡Que dejes de hacer eso!! ¡¡Papá!! ¡Jopé! ¿Por qué no le castigáis? ¡No puede ir leyéndole la mente a la gente! - ¡Ojalá no tuviera que escucharte pensar continuamente, pesado, que siempre piensas lo mismo! - Al próximo comentario que oiga, nos quedamos en casa. - Interrumpió su madre, sin alterar el tono lo más mínimo. El ambiente estaba tenso y tan cargado que pesaba, con todos en un silencio incómodo. Marcus fue a abrir la boca para replicar, porque ese castigo parecía para él, porque desde luego que para el asocial de su hermano sería un triunfo quedarse en casa. Pero la amenaza de su madre había sido muy clarita, no se pensaba arriesgar. Vaya, lo que tú quieres, quedarte en casa. Qué bien te hemos venido de excusa...

Su tía Erin estaba esperando en el jardín, bajo la nieve. ¿Que por qué no había entrado en casa? Otra rara, como su hermano. Uf, a veces su familia le ponía de los nervios, ya ni en sus abuelos podía confiar, que estaban superserios hoy, a saber por qué. Menudo ambiente, con las ganas que tenía él de ir a casa de los Gallia, vaya impresión de sosos y aburridos le iban a dar a esa familia tan divertida. Pensaba pasar de todos ellos y dedicarse a pasárselo en grande, como siempre que estaban todos juntos, y si ellos se querían aburrir era su problema. Desaparecieron de su jardín para aparecerse en el de la casa de Alice, y tan pronto lo hizo amplió la sonrisa y se dirigió a la puerta. - ¡¡Colega!! - Dylan le cayó encima como un yunque, casi lo tira a la nieve, pero eso hizo a Marcus reír. - ¡Feliz Navidad, Dylan! - ¡Sí! - Dijo el niño, que estaba tan emocionado que ni atinaba, y se separó de él para ir a toda velocidad hacia la puerta para anunciar su llegada. Tan pronto lo hizo, volvió para saludar al resto de la familia. - Vaya, vaya, el colega el primero que se lleva el saludo. - Bromeó su padre mientras abrazaba al pequeño, y Marcus se ahorró rodar los ojos. Será que ha detectado que soy el único que realmente tiene ganas de estar aquí.

Se dirigió a la puerta, con los ojos brillantes, y empezó a saludar a todo el mundo. Qué guay era ver allí a los abuelos de Alice, y a Susanne y Marc, se le hacía rarísimo pero molaba un montón. Violet ya andaba por ahí pegando berridos, pero sus ojos se fijaron en otra persona. - ¡André! -¡Ey! ¿Qué pasa, inglesito? - Le saludó cordial, abrazándole. - Cuanto tiempo sin verte. Feliz Navidad. - Feliz Navidad. Bonita chaqueta. - ¿Verdad? Si ligo con ella, te la presto. - Eso hizo a Marcus reír y negar con la cabeza. - No necesito una chaqueta. Tengo clase, como buen caballero inglés que soy. - Wow, wow, perdone usted, caballero inglés. - Contestó André, entre risas. Marcus se divertía mucho con André, pero estaba buscando por detrás de él a ver si veía a... - No se te pierde mi prima, ¿eh? Llevas su nombre escrito en la cara, casi. - Marcus rio con un gesto de quitar importancia otra vez. - Son los anfitriones, y solo he visto a Dylan. Tendré que saludar educadamente a quien me acoge en su casa. -Madre mía, tú, qué de palabrería sueltas. Menudo peligro en cuanto espabiles. - Añadió el chico con una risa otra vez. - ¡Eh, señoritas! Un tal Marcus O'Donnell parece muy interesado en verlas. -
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Vie Nov 05, 2021 9:25 pm

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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
Ay, madre mía, cuanta gente hay aquí… — Oyó una voz más bajita que las demás. Era Erin, con cara de horror viendo todo lo que se estaba cociendo, y traía a Lex pegado a ella como si fuera un salvavidas. — ¡Erin! ¡Lex! Me comen, una ayudita. ¡Uy! Ya está mi pelirroja aturullada. — Claro, no faltaba más, era llegar Erin y ya estaba su tata en pie, liberándola. Ella miró a los alrededores buscando a Marcus, pero su prima Jackie fue más lista y se levantó acercándose a Marcus. — Hola, Marcus, feliz Navidad. — Y le dejó un beso en la mejilla con todo el descaro. Qué tía, le daba todo igual. — ¡Feliz Navidad! — Dijo ella encantada echándose a los brazos de su amigo. Luego se giró hacia Emma. — Feliz Navidad, señora O’Donnell. — Pero la veía con cara de agobio y malestar. Bueno, claro, debería estar en casa de su madre, ¿no? Habían cambiado la tradición ese año por ellos, así que se vio en la obligación de decir. — Muchas gracias por venir. Significa mucho para mis padres y a mí me hace superfeliz tenerles a todos aquí. — De repente, la expresión de Emma cambió, y le pareció que iba a echarse a llorar, pero finalmente la sonrió y acarició una de sus coletas. — Es un placer, cielo. Estás preciosa. ¡Y eso que no se ha puesto un vestidito azul! — Dijo alguien, agarrándola del los brazos hacia atrás como si la aprisionara. — ¡Ay! ¡Señor O’Donnell! ¡Marcus, tu padre me apresa! — Él rio. — ¡Hombre no! ¿Tú te crees? Que ni me ha saludado todavía.La vamos a transmutar, la vamos a hacer una quimerita, como quería mi Erin. — Completó Lawrence apareciendo y haciéndole cosquillas. — ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Feliz Navidad a todos! ¡Paz, por favor! No habrá esa suerte… — Dijo Emma entre dientes. —

Cuando la soltaron, corrió hacia donde estaba Molly, hablando con su abuela y la tía Simone. — ¡Señora O’Donnell! ¡Feliz Navidad! — Dijo abrazándola. — ¡Ay, mi reina! ¡Pero qué alegre es mi niña, y más bonita cada día! — Alice, no seas salvaje. — Dijo su abuela resoplando y dándole en el brazo. — Memé, no se resopla, es de mala educación. — Le dijo con retintín. Si iban a jugar a los protocolos, jugaban las dos. — ¡Ay, Helena, eres única! Si yo estoy encantada de tener aquí a mi niña, tan alegre ella. — Su abuela chasqueó la lengua y entornó los ojos y siguió encantando encantando muebles del salón para empequeñecerlos y que cupiera la mesa. — ¡Venga! ¡Quiero enseñarles algo a Marcus y usted. — Y cogiendo a uno de cada mano, los llevó a la cocina. — Uy… Aquí estamos un poquito apretados…¡Ya! — Dijo ella con una carcajada. — En verdad íbamos a celebrarlo en casa de los abuelos, que es más grande. Pero con esta ventisca no queríamos sacar a mamá… — Se puso de puntillas y susurró a Molly. — Y allí siempre hace más frío, pero eso a memé no se le puede decir. — A lo que la mujer rio con ganas. — ¡Mirad! — Dijo señalando los dispensadores que había puesto su padre. — Hay bebidas de todo tipo: vino caliente, sidra especiada, té… Lo que se le ocurra. Y mamá le ha hecho una infusión especial de hierbas a cada uno. Y tooooodo eso de ahí — dijo señalando la encimera y el horno —, son galletas de distintos tipos. — Se giró a Marcus. — Pero no puedes comer aún eh, glotoncillo. Primero va el pescado y el ratatouille y luego ya los postres, y el queso…¿Y vamos a meter todo eso aquí? — Preguntó Molly abriendo mucho los ojos.

¿Qué clase de pregunta es esa? — Dijo su padre entrando por la puerta, lleno de nieve y con un montón de troncos. — ¡Hala! Lo que faltaba… Troncos ahora. — Su tío Marc iba limpiando la nieves y la suciedad detrás de su padre y secándolos a los dos con la varita. — Para que no le falta chimenea a mi Janet, que pasa frío. — Molly puso los brazos en jarras, pero su padre le dio un beso en la mejilla . — Tu Janet, en verdad, un poquito de tranquilidad la valoraba también. — William rio. — ¡Pero si a mi Janet le gusta más una jarana que a este que está aquí, y eso ya es decir! — ¿Era cosa suya o estaba Molly un poco molesta con papá. — ¡Lawrence! Transmútanos otro cachito de casa, anda. — Dijo su padre alejándose hacia donde estaban los demás.

Señora O’Donnell… ¿No le gusta algo? — Preguntó un poco preocupada. — ¿Qué? ¡No, mi vida! Si estoy encantada de tener a todos mis niños juntos. — Dijo con una gran sonrisa. Ah, pues se habría confundido. — ¡Anda mira! Por ahí baja tu mamá. — Fueron al pie de la escalera, y media familia pareció tener la misma idea. — ¡Bueno bueno! ¡Pero si se siente una famosa y todo! Actriz de teatro tenía que haber sido. — Y todos se rieron. — Mami, qué guapa estás. — dijo Dylan mirándola con admiración absoluta. — ¿Sí, mi vida? Es que la tía Susanne maquilla muy bien y me ha puesto divina porque hay que celebrar la Navidad. — Terminó de bajar, pero ya con Dylan pegado a sí y arrebujándose en la toquilla, porque la pobre siempre que salía de la cama o el sofá, tenía frío.

Ella aprovechó que todos hablaban con su madre para coger a su amigo del brazo y decirle. — Sí que es un poco locura esto pero… Muchas gracias por venir, Marcus. — Se lo pensó un momento y, como había visto hacer a su prima Jackie, se inclinó a él y le dejó un beso en la mejilla. — Tengo un regalo para ti… Bueno y para todos, que los vamos a dar después de comer… — Se mordió los labios por dentro. — Pero si quieres, luego nos escapamos un momento de toda esta locura y te lo doy estando solos.Uuuuuuuy, ¿qué tiene que darle la canija al inglesito cobardeeee? — Dijo su primo con voz de idiota metiéndose entre los dos. Ella le puso una mano en la mejilla y lo empujó. — ¿Ves por qué? Hay mucho idiota suelto. Yo también te quiero.Yo no. Se lo decía a mi amigo Marcus. — Se dijeron en un rápido diálogo, con tono de burla y poniéndose caras.

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Última edición por Ivanka el Sáb Nov 06, 2021 9:58 am, editado 1 vez


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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
A la primera que vio fue a Jackie, que de hecho le dio un beso en la mejilla sin pensárselo siquiera. Sonrió, con una caída de ojos. - Hola, Jacqueline, Feliz Navidad. - Buenoo... - Murmuró André, riendo entre dientes detrás suya. ¿Qué? Le había dado un besito, tendría que hacerse un poquito el interesante aunque sea, y no parecía que a la otra le disgustara. Se llevaban bien, se entendían así. E igualmente fue desplazada por un torrente llamado Alice que se le echó directamente a los brazos. Rio y la abrazó. - ¡Feliz Navidad! - Celebró. Qué ganas de verla, de tener un poquito de alegría. Menos mal que estaban Alice, André y Jackie, poco a poco estaban consiguiendo que se le pasara el mosqueo con su familia. Alice se puso a saludarlos, y como Marcus aún estaba en modo digno y le quedaba mucha gente a la que ver, se dirigió a Violet. - ¡Feliz Navidad! - ¡Anda! Mi caballerito andante favorito. Delante de tu madre no te cojo de los pies, pero espera a que se dé la vuelta. - ¿Estás segura de eso? Mira que está cada día más alto. - Comentó Erin entre risas. Violet se giró hacia ella con una expresión muy graciosa que mezclaba la ofensa y la incredulidad muy artificialmente. - Habla de atrevimientos la que le cepilla los dientes a los dragones. - ¡No les cepillo los dientes! - Respondió Erin, como si fuera obvio, aunque se notaba que había un pero. - Se ponen agresivos si les duelen las encías, es por protección. - Justificó. Si sabía él que había un pero.

Como vio que Alice se iba hacia su abuela, se fue detrás. - Qué jersey tan bonito. - Dijo Jackie, que se le había colocado al lado. La miró con una sonrisa. - ¡Gracias! Me lo han regalado por Navidad. -Jackie le estaba mirando con una sonrisita y las manos tras la espalda. - La lana es preciosa. - Marcus se miró y se encogió de hombros. Sí, suponía, no era él experto en lanas. - No parece un patrón muy complicado a simple vista. Si te gustan, cuando tenga mi taller, te hago uno por navidad. - Ladeó una sonrisa. - Yo te haré alguna transmutación guay de mi taller a cambio. - La chica también encogió un hombro, con una caída de ojos. - Hecho. Pero vas a tener que poner tu taller cerquita del mío. - Vente a Londres a montarlo. -¿Te gustaría que montara mi taller en Londres? - Claro. Y te vendría bien si pretendes hacer jerseys de lana, en La Provenza hace calor. -La chica soltó una risita. - Como sigas así, inglesito, me vas a obligar a tomar una decisión complicada. - Jackie bufó repentinamente. - ¿¿No te puedes callar ni un rato?? - De repente se había iniciado una batalla de burlas ciertamente hostiles. Se ve que no era el único que tenía problemas con su hermano.

Mejor los dejaba y se iba a buscar a Alice, que era la ruta que llevaba desde un principio. Llegó a lo justo para que Alice le agarrara de la mano y tirara de él hasta la cocina. Vale, puede que su madre tuviera un poquito de razón en eso de que había demasiada gente en una casa que no era tan grande como la de él. A Marcus le dio bastante igual el espacio, porque todo estaba lleno de galletas, y lo de los dispensadores era bestial. - ¡Wow! Pienso probarlo absolutamente todo. - Se giró a Alice, ilusionado. - ¿Cuál es la mía? - Ya se estaba viendo a su amiga venir: que era una sorpresa. Pero es que quería probar tantas cosas y le apetecía todo tanto que tenía que intentar al menos tener alguna pista. Ni siquiera le salió la falsa ofensa porque le dijera que no podía comerse las galletas todavía, porque se le estaba haciendo la boca agua solo de oír el menú. Y sus padres no querían ir... De verdad, quién les entendía, con lo bien que se estaba allí.

El Señor Gallia apareció entonces por la puerta y, ciertamente, Marcus también tenía serias dudas sobre si los troncos cabrían en alguna parte entre tanta gente y comida. Al menos compartía su espíritu, lo cual le hizo sonreír. ¡Pues claro que sí! A Janet le encantaban las fiestas, si aún se acordaba de lo contenta que estaba en el cumpleaños del año pasado, que lo celebraron juntos. Este año pensaba hacer una fiesta más grande aún, se iba a poner contentísima, solo esperaba que sus padres no pusieran pegas oooootra vez. La petición a su abuelo para que le transmutara una casa más grande le hizo soltar una carcajada. - Señor Gallia, cuando sea un alquimista de prestigio, le prometo que le transmuto lo que quiera. - Este es exactamente el espíritu que necesito esta Navidad. - Celebró el hombre entre risas. - Feliz Navidad, Señor Gallia. - Feliz Navidad, copia de tu abuelo, porque Arnold desde luego no podría transmutarme ni un tintero. - ¡Te he oído! - Bramó su padre desde fuera de la cocina, lo cual hizo a Marcus reír otra vez. Ah, le encantaba que el tiempo le demostrara que tenía razón, porque ahí estaba todo el mundo pasándoselo en grande, PUES LO QUE ÉL DECÍA.

Ya bajaba Janet, y Marcus sonrió y fue a saludarla, pero al parecer no pensó solo él en eso. ¿Cuánto tiempo llevaba escondida, para que todo el mundo se lanzara por ella? Se acercó a las escaleras, pero de repente se detuvo en seco y se le borró la sonrisa, parpadeando. Estaba delgada. Como muy delgada. Mucho más delgada que cuando la vio en verano. Sacudió la cabeza. Bueno, estaría comiendo poco, como Alice, que comía poquísimo. Y parecía contenta, y llevaba un vestido bonito para celebrar la Navidad. Sí, el vestido era muy bonito, muy pequeño, pero... Le quedaba bien. Sí, eso iba a hacer, decirle que el vestido le quedaba bien, Alice se puso muy contenta cuando le dijo que su vestido era muy bonito en su cumpleaños, funcionaría también con su madre, si se parecían mucho. - ¡Mucho! - Corroboró el halago de Alice, sonriendo y haciendo una reverencia caballeresca. - Está muy guapa, Señora Gallia. Me gusta su vestido, es muy bonito. - Susanne dejó escapar una expresión enternecida, pero Janet rio con ternura y le dio un beso en la mejilla. - Gracias, cielo, Feliz Navidad. Tu jersey es precioso. -Feliz Navidad. ¡Y gracias! A Jackie también le ha gustado, dice que me va a hacer uno cuando tenga su taller. -- Mira mi hija, qué lista. - Comentó Susanne entre risas.

Alice volvió a arrastrarle a otra parte. Y así era su vida, Alice arrastrándole por donde le daba la gana y él detrás como un muñeco de trapo. Parpadeó. - ¿A mí? - Se extrañó y rio un poco. - Gracias a vosotros por invitarnos, con toda vuestra familia aquí. Es como si fuéramos todos una familia enorme. - Con lo pequeña que era su casa y estando por primera vez los Gallia de Francia allí, era de agradecer que les hubieran invitado. Y en lo que daba las gracias, Alice dejó un beso en su mejilla, y él se sonrosó como un idiota. Antes de atinar a decir nada, solo a sonreír tontamente, su amiga siguió hablando. Abrió mucho los ojos. - ¿Ah sí? -Asintió. - Vale. - Pero ya vino André a decir cosas de las suyas, de esas que no sabía si terminaba de entender. Se tuvo que reír con ese diálogo. - Es porque aquí hay mucha gente, es normal que se hagan grupitos. - Ya, ya... - Dijo André riendo entre dientes. - Entre lo listilla que es la canija y la labia que tienes tú... Qué peligro. - ¿Qué querría decir André con esas cosas? Se las decía continuamente.

Marcus, de todas formas, tenía otra tarea ahora, por lo que miró a Alice. - Hablando de regalos, acabo de caer en una cosa. - Se giró y alcanzó a Janet de nuevo. - Perdón, no quiero interrumpir. -La mujer le miró con una sonrisa y él dijo. - Quería darle las gracias por invitarnos a casa, Señora Gallia. - Oh, no hay de qué, cariño, a vosotros por venir. Y ha sido idea de mi marido, de todas formas. - Contestó con una risita humilde. Marcus sacó su obsequio del bolsillo, encogiendo un hombro. - Bueno, pero yo le quería hacer un regalo igualmente. - Le tendió el pergamino enrollado y miró a Alice. - El encantamiento es mío, pero lo hice antes de salir de Hogwarts, ¿eh? Que es ilegal que los menores hagan magia fuera de la escuela. - La mujer soltó una risita musical, asintiendo. - No me cabía duda. - Pero la idea me la dio Alice el año pasado. - Miró a su amiga y le guiñó un ojo. - Tiene que leer el hechizo del pergamino en voz alta. - Janet lo desenrolló y, al pronunciar el encantamiento, el pergamino se transformó en un ramito de flores. - ¡Oh! Prímulas moradas. Pero qué preciosidad. - En mi cumple dijo que las infusiones de prímulas le sentaban bien, y el morado es su color favorito. -Janet frunció los labios y le miró con ternura. - Eres un encanto. - Marcus alzó el índice para interrumpir en un gesto de maestro de ceremonias y se escabulló un segundo, solo para tirar de la mano de su madre, que se encontraba un poco despegada del tumulto, y arrastrarla allí. - No, Marcus, estate quieto, que ya hay mucha gente... - Déselas a ella, Señora Gallia. - Dijo ceremonioso y contento, porque por supuesto había ignorado la petición de su madre y la había puesto ante la otra mujer. De repente la veía apurada, casi como se ponía Lex cuando estaba incómodo. - Lleva cultivando las prímulas todo el verano, y la transformación es suya, me la enseñó de pequeño. Así que es un regalo de mi madre también. - Emma frunció una sonrisa tensa con mirada esquiva, pero Janet, tras mirarla unos segundos, le dio un abrazo. Eso sí que debió descuadrarla, porque tardó unos segundos en devolvérselo. - Gracias, Emma... Gracias por venir. -
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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
— Sí, a ti. — Dijo con una sonrisilla, entornando los ojos. — Esta casa es un absoluto caos, pero tú has venido todo contento, con ganas de pasártelo genial, que es lo que nos hace falta aquí. — A ver, que no era tonta. Todos estaban un poco tensos porque había muy poco espacio (sí, le había quedado claro ese punto) y estaban preocupados por mamá y su salud. Y sí, era preocupante, pero mamá odiaba que la gente dejara lo que estaba haciendo por atenderla, así que lo mejor que podían hacer era eso, celebrar.

Ignoró un poco bastante a su primo y susurró a Marcus. — Bueno, hay regalos para todos, pero el tuyo es un poquito especial. — Dijo con una risita. Pero Marcus también tenía regalos, concretamente para su madre. En cuanto vio el pergamino supo que era la transformación, pero en cuanto lo vio transformarse en el ramo, los ojos le brillaron. — ¡Qué cosa más bonita! — Corrió un poco atropelladamente hasta su madre y se acercó al ramo. — Es el mejor, ¿a que sí, mami? — Janet asintió con una sonrisa y le acarició la cabeza. — Sí que lo es. — Entonces llegó Marcus con Emma, que parecía la más tensa de todos, y dijo que las prímulas las había cultivado ella. Alice sonrió agradecida. La señora O’Donnell era… Especial, por decirlo así, pero claramente quería a su madre, y su madre a ella, aquel abrazo se lo demostró.

¡Venga! Todos a comer. — Llamó memé. Bueno, pues el regalo tendría que esperar. Ella que quería dárselo en privado a Marcus… No por nada, si no porque le había hecho una modificación especial y… Bueno, que daba igual. Se sentó a su lado en la mesa, y al otro lado de Marcus, se dejó caer Jackie. — Oye, ¿quién te ha dicho que ese es tu sitio? — Dijo André. — Siéntate con la canija, ¿qué más te da?¿Qué más te da a ti? — Replicó el otro. Si conocía de algo a sus primos, eso era una discusión en ciernes. — Chicos, ya está bien. Por favor, que no necesitamos peleas hoy. — Atajó su tía Susanne muy cortante. André se sentó a su lado un poco refunfuñante y su padre llamó la atención dando con el tenedor en una copa que rompió. Le brotó una carcajada tremenda y lanzó un Reparo. — Claramente, no soy bueno haciendo discursos, siempre tengo que romper algo. Bueno. Lo único que quería decir es que os agradezco a todos enormemente estar aquí hoy, aunque haya habido que levantar hasta los muebles de la casa. Es muy especial para mí poder celebrar la Navidad con mis dos familias, la de mi sangre y la familia que, literalmente escogió quererme así tal y como soy. — Miró a su madre y acarició su mejilla. — Como hizo la aquí presente mejor esposa del mundo. Así que vamos a brindar antes de empezar, por los Gallia y los O’Donnell, todos juntos bajo un mismo techo, que podamos repetir esto muchas veces. — Alice alzó su copa toda contenta contestando, pero se dio cuenta de que justo los cuatro niños y su padre se habían quedado un poco solos con el entusiasmo. Enseguida, los mayores corrigieron y levantaron la copa otra vez. — Mira. — Le dijo a Marcus, girándose a él directamente. — Tú le susurras a la copa lo que quieres y ella va a dispensador y se lo rellena sola, por ejemplo. — Y cogió las de ambos. — Sidra especiada. — Y sus copas “asintieron” y salieron volando hacia el dispensador. Lo malo es que casi se chocan con dos más en el aire. — William, este plan tiene lagunas. — Advirtió Arnold. — ¡Qué va! Más divertido, a ver quién es el que sobrevive. — Dijo su padre muy jocoso y riéndose. Un poco complicado sí que era, pero bueno, las copas volvieron con sus sidras especiadas y ella sonrió. — ¡Mira! ¡Ya están aquí! — La levantó y la chocó con la de Marcus, guiñando un ojo. — Feliz Navidad O’Donnell.

Empezaron a servir los platos, que también levitaban, y los adultos cada vez estaban más tensos. — ¡Mira, Marcus! — Dijo ella tratando de distraer su atención del caos. — En Francia, en Navidad, siempre se empieza por el pan con mantequilla y el queso. — Señaló unos tarritos. — Todo eso de ahí son confituras que se le echan al queso, para que sepa a distintas cosas. — Yo me lo como entre el pan con mantequilla, la combinación es espectacular. — Dijo André. — No tiene ni idea de cuisine, te lo aseguro. — Replicó Jackie suspirando. — El pan lo ha hecho la tía Helena, porque generalmente en Francia lo compramos en la boulangerie, pero aquí no vimos muchas panaderías que nos convencieran. — Comentó su prima con un tono un poco pomposo. ¿Por qué hablaba así ahora? — Eh… Cariño… ¿Y si… Dejamos a alguien encargado de servir las bebidas? Vivi, ¿te encargas tú? — Sugirió su madre, que ya debía ver muy evidente la tensión de todo el mundo. — ¿Qué? — Dijo su tía, saliendo de su conversación con Erin. — Que si te ponemos los dispensadores ahí y te encargas tú de servir las bebidas. — ¿Era ella o su madre empezaba a traslucir cierta impaciencia en su voz? — ¡Ah! Por supuesto, si yo tengo unas habilidades de barman maravillosas, que no pienso revelar cómo he conseguido. — Eso relajó un poco el ambiente.  — Me hago una idea, con la fuerza policial que tuve que ejercer cuando llevaba a mis niños a La Provenza de pequeños. — Comentó Lawrence con una risa. Pero el ambiente seguía tensísimo. Bueno, pues nada, ellos verían, comerían así, como enfadados, para una Navidad que podían estar todos juntos…

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Sáb Nov 06, 2021 1:32 pm

Recuerdos destilados
CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
¡A comer! Qué ganas. Contento por el efecto que su regalo había causado, se fue a la mesa y se sentó. - Qué buena pinta tiene todo, Señora Gallia. -Gracias, ricura. - Contestó Helena mientras seguía disponiendo la mesa, aunque refunfuñada y se la veía visiblemente agobiada porque no cabían las cosas. Masculló algo que no atinó a oír y Robert le murmuró. - Venga, Helena, vamos a tener la fiesta en paz, lo hacemos por William... - Pero ya no oyó nada más porque tres de los cuatro chicos Gallia prácticamente se le cayeron encima. - Nada, tío, se nos han metido las chicas en medio. Tú tienes más poder de atracción que yo y todo, ¿eh? - ¡André! - Chistó Jackie, pero ya no hubo más aspavientos, porque Susanne les estaba mirando con esa cara que ponían las madres cuando ya te habían advertido una vez, así que optaron por callarse.

Parpadeó un poco cuando vio que el Señor Gallia partía la copa del discurso, pero ver como la reparaba y empezaba de nuevo le hizo contener una risita y mirar a todos. Nadie parecía para risas. Buf, menudos muermos, anda que vaya Navidad. Mejor miraba a Alice, que ella seguro que sí se estaba riendo. El discurso fue muy bonito y Marcus tenía una gran sonrisa dibujada mientras lo oía, por lo que alzó contento su copa para brindar, ya directamente ignorando a quien no quisiera hacerlo y brindando con quien sí. Lo que le pareció una pasada fue lo de las copas yendo a llenarse solas. - ¡Wow, cómo mola! - Aunque hizo una muequecita y se encogió un poco al ver que varias de ellas casi se estrellan en mitad del pasillo. Vale, la integridad de esas cosas estaba en serio riesgo, pero una vez pillaran bien el camino que debieran seguir, y cuando no fueran todos a la vez a llenárselas, aquello iba a ser una ideaza. La copa volvió a su mano y, contento, la alzó de nuevo para brindar solo con Alice. - Feliz Navidad, Gallia. - Y encima la sidra estaba buenísima, y su amiga estaba tan normal y feliz. Y se iban a hinchar de comer, y como decía William, eran todos una enorme familia y esa sería la primera de muchas Navidades juntos. No podía ser mejor.

Atendió a lo que su amiga y sus primos le contaban con los ojos muy abiertos, y conforme mencionaban ingredientes se los echaba en el plato. - Pienso probarlos todos. - Todas las confituras, la combinación de queso y mantequilla, los panes, todo. Ya solo el pan estaba delicioso. - ¡¡Mmm!! ¡Qué rico, Señora Gallia! ¿De verdad lo ha hecho usted? - La mujer se forzó a sonreír al mirarle. - De verdad de la buena. - ¡Pues está riquísimo! Abuela, ¿lo has probado? - Su abuela pareció despertar de una ensimismación. - ¿El qué? ¿El pan? Ay, no. Helena, hija, dame un poquito. ¿Cómo lo has hecho? - Pues mira, en teoría tenía que haber subido más, pero... - Y las dos abuelas empezaron una conversación sobre comidas. Y en esas, Violet se había quedado con los dispensadores, por lo que dejó de haber correteo de copas en el aire. Bueno, si lo que importaba era que estuvieran todos juntos.

Poco a poco se fueron creando diferentes conversaciones en esa mesa tan llena de gente y de comida, y Marcus se puso hasta arriba, charlando y riendo con Alice, André y Jackie, y de vez en cuando con Dylan, que iba y venía entre su madre y los mayores. Lex estaba retirado en una esquina, como siempre. El único hueco libre que había encontrado había sido al lado de André, pero cada vez estaba más retirado de él y más hacia la esquina de la mesa, mirando a todos con esa expresión tan rara que ponía a veces. Quién le entendía, no iba a dedicarle tiempo a rayarse por su hermano porque no merecía la pena, la verdad. Además, André estaba intentando ser amable, le hablaba de vez en cuando, y él solo se retiraba más. En fin, él se lo perdía, porque André era un tío muy guay.

Conectó con la conversación de los mayores porque una alarma interna parecía estar avisándole. En concreto, porque Janet había empezado a toser. Miró preocupado, notando el ambiente ligeramente tenso de nuevo, pero solo estaba riéndose. - Ay, perdón. - Dijo la mujer con una tos residual, pero entre risas. Marcus sonrió. Ah, lo dicho, no era nada, solo se estaba riendo. - Es que este marido mío... - Y así la llevo haciendo reír desde el primer día, ¿verdad que sí? - Eso hizo a Janet reírse otra vez, aunque intentaba ser comedida para no ponerse a toser. - Mírala, si es que no puede conmigo. - Ay, para. - Dijo la mujer con una risilla, dándole en el brazo. - Sí, William, déjala tranquila, anda. - Dijo Helena Gallia, mirando a su hijo con intensidad. Pero William hizo un gesto despreocupado con una mano. - Me encanta su risa. Me pasaría escuchándola toda la vida. - Le dijo con cariño, lo cual enterneció a Marcus. Janet le miró también enternecida, aunque con ojos emocionados.

El mismo William cortó su propio momento tierno para dirigirse a los demás. - ¿Os he contado la primera cita que tuvimos? - Varias veces. - Comentó su padre, que también parecía querer atajar esa conversación. ¡¿Pero queréis dejarles hablar?! Pensó Marcus, que de verdad que no entendía nada. William soltó una carcajada. - A ti seguro, pero mis sobrinos de sangre y los adoptivos seguro que no la conocen. - ¿Es la de la tía Janet y tú en el desierto ese de Nueva York? - Preguntó Jackie con ojos ilusionados, apoyando los codos en la mesa y la cabeza en sus manos. William la señaló. - Luego me dicen que por qué tengo favoritismos. Sí, mi querida Jacqueline, esa es, aunque el desierto estaba en Utah, pero te la doy por buena. - Jackie soltó una risita entre ilusionada y orgullosa de haber acertado, dispuesta a escuchar una historia que claramente ya se sabía pero le gustaba. - Yo no me la sé. - Dijo Marcus, sumándose al entusiasmo. William se acomodó en la silla y se pegó a su mujer, mirándola con una amplia sonrisa. Esta estaba ruborizada como una niña pequeña, escondiendo una sonrisilla en sus labios. - Conocí a Janet un 23 de febrero de 1983, y fue... - Hizo un gesto con las manos como si presentara un cartel. - Amor a primera vista. - Ella soltó una risilla. - Qué tonto es. Diles donde estabas, anda. - Trabajando. - En mitad del desierto de Monument Valley de Utah. Y tenía una reunión en el MACUSA, que está en Nueva York. Para que os hagáis una idea, aunque sea el mismo país, está tan lejos que hay que cruzar una aduana mágica, y encima en plena medio guerra o a saber qué problemas estaban teniendo con los rusos, y no dejaban pasar a nadie así como así, y menos a alguien tan rubito como él... - Si por eso estaba allí, de hecho. - ¿Por rubito? - William soltó una estruendosa carcajada y los niños rieron también. Le gustaba como empezaba esa historia.

- Bueno, que tenía una aburridísima reunión en el MACUSA... - Para lo que le habían contratado. - Susurró Janet en confidencia en dirección a ellos, tapándose los labios como si quisiera que William no la oyera y haciéndoles reír. - Señora Gallia, ¿me haría el favor de no interrumpir? Estoy contando una historia. - Dijo William en un tono ofendido muy cómico. Todos rieron (bueno, los niños, los adultos estaban con ese humorcito raro que traían hoy). - Total, que estaba yo muy concentrado trabajando en el desierto, y viene el jefe de la señorita montando un drama. "¡Señor Gallia! ¿Qué hace usted aquí? ¡¡Tenemos una reunión en cuatro horas!!" - Dijo con un exagerado tono burlón que intensificó las risas de los chicos. Janet rodó los ojos con una risilla también. - No eran cuatro, eran dos. La reunión era a las doce y a las diez de la mañana tenía yo al pobre Wennick desesperado porque no aparecías... - En fin, que me saca de allí, me arrastra al MACUSA, y llego y aparece... - William miró a Janet con adoración. - La chica más guapa que había visto en mi vida. - Oooh. - Exclamó Jackie, que al parecer no dejaba de entusiasmarse con la historia aunque ya se la supiera. - Y me dicen que es mi secretaria. ¡Mi secretaria! Y yo no sabía si me desconcertaba más el "mi" o el "secretaria". - Se empeñó en que éramos compañeros y ya está. - Comentó Janet con una risita resignada, pero le devolvió la mirada de admiración a él. - Y claro, un hombre que venía con tratamiento de genio, tan guapo y tan rubio, cuando yo no era más que una pobre paleta de Maine... - Casi olvido lo de la paleta de Maine. - Dijo él entre risas. Marcus les miraba con ojos brillantes. Por un momento, no parecían estar contando esa historia para público alguno, sino... Para ellos. Se estaban contando su propia historia el uno al otro. Y era precioso.

- Nos llevamos bien en seguida. Normal, era la única que no me miraba mal por haber llegado dos minutos tarde... - Media hora. Y lleno de arena. - Puntualizó Janet, sin perder la sonrisa. - Tenía que volver a Monument Valley a terminar mis investigaciones al día siguiente porque, ¡en fin! Me habían interrumpido. - No solo era divertido como William contaba la historia, era muy divertido ver a Janet riéndose sin poderlo evitar como si estuviera viviendo el momento de nuevo. - Y la señorita no conocía el lugar, y como en teoría "era mi secretaria", le dije, ¡eh! Pues vamos juntos mañana. - Hizo un gesto con la mano. - Total, que una cosa llevó a la otra... - Uy, ya sabemos qué cosa llevó a qué otra. - Comentó socarronamente Violet, provocando alguna que otra risita incómoda. Bueno, André se estaba riendo abiertamente, nada de incómodo, pero los más pequeños se habían perdido un poco en ese chiste. - No esa cosa, Viv, no en ese momento, al men... - Ejem, William... - Carraspeó su padre, artificialmente, y vio como les señalaba con un gesto de la cabeza. Marcus rodó los ojos. Pues vaya, encima censurando la historia, con lo interesante que estaba.

- Lo que estaba contando antes de que el angelito malo y el angelito bueno me interrumpieran, era que nos fuimos a pasar el día en Monument Valley. - Había más díctamos de los que he visto jamás. - Dijo Janet con emoción contenida. William asintió, mirándola. - Y gracias a ella no me detuvieron en plena aduana. - Eso le hizo soltar una risita musical. - Tú siempre demasiado sincero... - Y tú llevabas una tarta escondida. - Le miró a él. - ¿Has oído, Marcus? Me trajo una tarta. ¿A que es la mejor mujer del mundo? - ¡Desde luego! - Corroboró él. - ¿De qué era? - De cereza. - Corearon al unísono William y Janet, riendo ella justo después. - Siento romperos la ilusión, pero no llevaba una tarta. Llevaba galletas. - ¡Oh, es verdad, eran galletas, lo de la tarta fue otro día! - Lo de la tarta fue que le dijiste al de la aduana que llevaba escondida una tarta, por eso casi me registran. Si es que no se puede viajar con él a ninguna parte. - Dijo la mujer entre risas, tosiendo un poco justo después. - A mí me gustan las galletas casi más que las tartas. - Contestó Marcus, para aliviar un poco el momento, y William prosiguió su historia. - Esta se pone muy bien puesta pero se me tiró al cuello. - ¡Eh! ¡Para abrazarte! Estaba muy emocionada, nadie me había llevado a ninguna parte hasta entonces. - Y tanto que no estaba acostumbrada. Imaginaros como brillaba el sol allí, en mitad de un desierto. Yo llevaba mi gorrito, claro, que aquí uno tiene fama de desastre, pero iba bien protegido. Pero ella no llevaba nada, así que le di mi gorro. Porque uno es caballero, ante todo. - También miró a Marcus al decir eso, y él asintió. Claro, claro, él habría hecho lo mismo. - Pero resulta que la paleta de Maine tenía recursos para todo, y unos conocimientos fabulosos sobre plantas. - Dijo mirándola a ella. - Así que cortó un poco de aloe, no sin antes disculparse con el aloe por cortarlo... - Eso no hacía falta contarlo... - Hace falta porque es parte de la historia y es adorable. - Los niños compartieron risitas, y William siguió. - Extrajo el jugo del aloe, se lo untó en las manos, se acercó muy prudente a mí para ponérmelo y me dijo... - Te vas a quemar, Señor Gallia. - Contestó ella, con voz suave, acariciándole el pómulo como si realmente estuviera untando el jugo del aloe en él, y ambos se quedaron mirándose.

Lex se levantó de golpe, arrastrando la silla, y se fue de allí a paso rápido, haciendo que todos dieran un sobresalto por lo inesperado y le miraran. Tras los dos segundos iniciales de sorpresa, Marcus dibujó la indignación en su cara. ¿Pero qué? ¿¿Se puede ser más maleducado?? Se había creado un tensísimo silencio, ahora que por fin estaban contando historias tan animadamente. La que solía ir tras Lex era su madre, pero en ese momento se había quedado sentada en su sitio como si no hubiera pasado nada. Arnold la miró un segundo, extrañado de que no se levantara, y se dispuso a ir él tras su hijo. - Creo que solo necesita un poco de aire. - Dijo Emma, en ese tono pausado y sereno pero inamovible que usaba cuando quería decirte que no la contradijeras, poniendo una mano en la de su marido, ya en proceso de levantarse. Miró a los presentes y esbozó una sonrisa cortés. - A veces se agobia cuando hay mucha gente. Volverá en un ratito. - Susanne estiró un poco el cuello en dirección a donde el niño se había perdido. - ¿Pero ha salido? Fuera hace muchísimo frío. - Estará bien. - Atajó su madre, de nuevo en ese tono sutil tan de ella, pero tajante. Nadie dijo nada más.

- Mejor vamos a ir recogiendo un poco, que está esto hasta arriba. - Dijo su abuela, levantándose y poniendo una sonrisa que tampoco era la suya habitual, y haciendo que varios la siguieran y empezaran a recoger la mesa. Marcus miró a unos y a otros desde su sitio. ¿Por qué. Estaban. Todos. Así? ¿Era por Lex? No, ya estaban así de antes, lo de Lex solo lo había empeorado, porque claro, las cositas de su hermano, que parecía que le obligaban a atajar todo posible buen rollo en el lugar. Se levantó y empezó a recoger cosas, pero Marc se les acercó. - Chicos, idos si queréis. Ya somos muchos recogiendo. - Es verdad que eran muchos recogiendo y se chocaban por los pasillos, así que se encogió de hombros y miró a Alice, esperando que ella dijera el siguiente paso a dar.
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Dom Nov 07, 2021 12:54 pm

Recuerdos destilados
CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
Le hacía mucha gracia tener a las abuelas juntas, y a Marcus probando ese pan que tanto le recordaba a La Provenza, y todos tan contentos. Además,su amigo no entraba en las discusiones de sus primos, él simplemente lo probaba todo y contentaba a todo el mundo, a ella la que más por verle tan entregado a aquella reunión. Y así se pasaba la comida, haciendo el tonto con la comida, las cucharas, las copas que servía la tata. — Tata, a mí échame de la que viene aliñada. — Decía André guiñando el ojo. — ¿Aliñada? — Preguntó Erin, confusa, lo cual les hizo reír a los dos. — Nada, hija, cosas del terrorista este, que ya quiere emborracharse y que los padres me la carguen a mí. — Y ella se inclinaba a Marcus para aclararle. — Quiere decir con alcohol. Es que es un vivo este. — Dejó caer con una risita.

Siempre que a su madre le daban las toses delante de la gente, ella intentaba no reaccionar del tirón, porque eso era lo que hacía todo el mundo y acababa agobiándola. Por ello simplemente miró su plato y jugó un poco con las verduras del ratatouille y el puré de patata. — No has comido casi nada. — Le dijo su abuela juzgadora, justo después de abroncar a su padre, y ella simplemente subió los ojos y la miró fijamente como diciendo “¿en serio? Puedes no darme la Navidad?”. Pero no era la única que no estaba de humor porque el señor O’Donnell, que solía estar siempre alegre y de buenas, no parecía muy inclinado a escuchar la historia de sus padres, y no entendía por qué, si eso solía poner de buen humor a todo el mundo, la verdad.

De hecho, fue empezar a escucharla y se le cambió el humor hasta a ella. La había oído mil veces, y de hecho, ya no era la historia en sí, era el cómo la contaban, completándose las frases, riéndose, mirándose como si fuera aquel primer día. A Alice no le importaba mucho el amor fuera de las novelas, pero… — Algún día tendré alguien sobre quien contar una historia… Y espero que sea exactamente así. — Susurró con una sonrisa a su amigo. Le daban ganas hasta de llorar de felicidad oyendo a su padre hablar así de su madre. — Sí que es la mujer más guapa del mundo. — Dijo ella mirando con infinita admiración a su madre, y riéndose con las tonterías de su padre.

El comentario de su tía le hizo abrir mucho los ojos y sonrojarse un poquito, pero enseguida se giró hacia ella y dijo. — ¡Tata no fastidies! ¡Que están contando algo bonito!¡Eh! Que yo también estuve allí, ¿sabes? Con tu madre escondida en el baño porque le daba vergüenza conocerme. — Pero entre su padre y Arnold, claramente la disuadieron de seguir por ese camino. De todas formas, la ilusión de su madre al hablar de los díctamos lo protagonizaba todo. Rio con la alusión a Marcus de su padre. — Marcus va a ser de esos hombres que dice la tía Simone que se conquistan por el estómago. — Se rio y miró a Molly. — Ya está conquistado por su abuela entonces. — Molly rio y dijo. — Todo lo que esta abuela sabe se puede enseñar, señorita. — Y le dio en la nariz con un guiño. Siguió escuchando la historia, y cuando llegaron a aquella frase ella la susurró a la vez que su madre. — Te vas a quemar, Señor Gallia… — Miró a Marcus y dijo. — A mamá le encanta contar esa parte, se lo dice mucho a papá.

Pero entonces Lex se levantó y se fue, dejando un ambiente un poco raro. A ver, todo estaban raros, a saber qué estaría escuchando. — ¿Qué le pasa a tu hermano, Marcus? — Preguntó Jackie. — No, nada. — Se adelantó ella. — Es que se agobia un poco con la gente.¿Por eso no le conocíamos hasta ahora? — Alice asintió. — Es que los Gallia podemos ser agobiantes, pobre chaval. — Justificó André. Pero Jackie era más profunda que su hermano y se había quedado con la mosca detrás de la oreja.

De repente, todo el mundo tenía algo que hacer, y se empezaron a mover por allí. su madre apareció a su espalda y dijo. — Cariño, ¿por qué no repartes y explicas tú las infusiones? Verás cuánto le gustan a todo el mundo y lo bien que vienen después de la comilona, y sacas también las galletas, que se de alguien que quiere probarlas. — Dijo acariciando la mejilla de Marcus y guiñándole un ojo. — Mami, ¿pero no las cuentas tú? Tú las has hecho. — Su madre negó. — No, mi vida, estoy un pelín cansada y creo que me voy a echar un poquito. Tú eres mi heredera, tú lo vas a hacer divinamente. — Y en ese momento, para Alice las infusiones se convirtieron en lo más importante del mundo.

Cuando todos volvieron, se puso de rodillas en la silla que presidía y dijo. — ¡Papi! ¿Me vas hechizando las infusiones para que se vayan poniendo una en una delante de la gente? — Su padre se cuadró y se puso detrás de ella. — A sus órdenes, maestra. — Cuando todos menos su madre y Lex se volvieron a sentar, Alice empezó a dirigir. — La primera la señora O’Donnell. ¡Uy! A ver por qué, ¿qué interés tienes tú en conquistar a la prefecta Horner? — Saltó su tía. Emma entornó los ojos y no dijo nada. — Porque lo digo yo, no seas metiche, tata. — Sí, la quería contentar, porque sabía que sufría cuando a Lex le daban esos arrebatos y estaba agobiada. — La suya es de lynola y nueces de cola, porque es digestiva, y mamá sabe que a la señora O’Donnell no le gustan las comilonas. — Emma esbozó una sonrisa y agachó la cabeza con agradecimiento, pero a Alice le pareció que la miraba con… ¿Como pena? ¿Por qué? Si lo estaba haciendo bien… En fin. Pasó por todos los miembros, haciendo comentarios divertidos mientras su padre iba mandando las tazas. — ¡Eh! ¿La mía por qué pica? — Se quejó André. — Porque es de anís y nuez moscada, porque a poquito eres dulce y cuando entras en profundidad, picante. — Su primo rio y dijo. — No creo que la tía Janet haya dicho eso. — Ella encogió un hombro y puso una sonrisilla. — Pues no te lo creas. — Y ya solo le quedaban la suya y la última, que cogió con ambas manos. — Toma. — Dijo poniéndola ante Marcus — La tuya es de regaliz, bergamota y leche, y cuando la echas… — Dijo echando la leche en la taza, viendo cómo el té se ponía azul oscuro. — Mamá lo ha hechizado para que se te pusiera azul. — Dijo con una sonrisita tierna. Si es que su madre estaba en todo.

Pajarito, ya que estamos todos, ¿por qué no les damos esos regalos tan bonitos que has hecho para los O’Donnell? — Ella frunció el ceño y dijo. — ¿Y mamá? ¿No esperamos a que baje? — Y además, ella hubiera preferido dárselo a Marcus a solas… Tenía cosas que comentarle. — ¡Uy con las ganas que tengo yo de ver lo que ha hecho mi querida señorita Gallia! — Saltó Lawrence. Y había sonado un poco… ¿Artificial? Bueno, Lawrence hablaba un poco así. Así que Alice fue a por la caja donde los tenía y repartió unos silbatos a los O’Donnell. Cuando todos tuvieron dijo. — Pues soplad todos, y atentos. — Soplaron al unísono y de la caja salieron unas libretas con anillas que fueron cada una con el dueño de su silbato. — Son libretas fieles. Para cuando se quiere apuntar algo y no tienes nada a mano, la llamas con el silbato y viene. — Molly rio. — ¡Pero menuda ocurrencia! ¡Es estupendo, Alice! Lo bien que me va a venir para las recetas.Venga sí, a ver si así empiezas a apuntar qué llevan tus recetas con cantidades y esas cosas. — Dijo Lawrence, a lo que mujer entornó los ojos con un suspiro cansado. — Alquimistas... Con sus cantidades y sus esencias... — Dijo con pesadez, pero Lawrence solo se rio y miró a Alice. — Es un gran regalo para un alquimista, Alice, muchas gracias.Pues para un aritmántico ni te cuento. — Dijo Arnold riendo. — ¿Cada uno tenemos una portada distinta? — Preguntó Emma. Ella asintió y su padre apuntó. — Y las ha dibujado ella, todas y cada una. Quería que tuvierais algo personalizado. — Se sentía contenta y orgullosa de su regalo, pero mientras los demás comentaban se inclinó a Marcus. — La tuya es especial. — La señaló con la barbilla para que la abriera y viera que dentro no estaba en blanco, si no que le había diseñado páginas para la lista de libros que leer, hechizos que practicar, diario de viajes, excursiones etc. — Quería dártelo a solas porque yo me he hecho una igual y para comentar con qué la rellenaríamos y eso… Pero bueno, ya lo haremos en Hogwarts.


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Dom Nov 07, 2021 4:36 pm

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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
Ya estaba bastante tenso por lo de su hermano, primero porque había sido muy maleducado irse así, ¿qué iban a pensar los Gallia de ellos? Segundo, porque había cortado la historia mientras la contaban; tercero, porque ahora sus padres harían lo de siempre de sobreprotegerlo y le dirían a él que no se enfadara, ¡pues claro que se enfadaba! Es que vaya actitud tenía, siempre igual, fastidiándolo todo; y cuarto por lo que pasó a continuación: los Gallia se iban a dar cuenta de que a su hermano le pasaba algo raro. No quería que toda la familia se enterara de que era legeremante, además, iban a pensar que era un rarito, y claro, como su hermano era legeremante, lo iba a ver, se iba a enfadar, no iba a querer quedar más con ellos, se iban a perder esas fiestas y Marcus iba a tener que pagar los platos rotos y todo porque a su hermano no le daba la gana de ser un poco más normal. Todo mal.

Lo dicho, ya le estaba Jackie preguntando y él supertenso, pero afortunadamente, Alice se adelantó. Jackie no pareció quedar muy convencida (normal, si es que había sido muy maleducado) pero André no le dio importancia. Se tendría que conformar con eso. Tragó saliva cuando vio aparecer por allí a Janet, diciendo que se iba porque estaba cansada. Se adelantó un poco antes de que se fuera. - Ha sido una historia muy bonita, Señora Gallia, a mí me ha encantado. Si quieren pueden terminar de contárnosla después. - No quería que la mujer se enfadara o se sintiera mal. Pero ella simplemente rio y le quitó importancia, marchando de allí no sin antes darle a Alice un cometido que fue diligentemente a cumplir.

Se sentó en su sitio, contento, viendo la explicación de Alice y tratando de desterrar lo que acababa de ocurrir. Jackie se sentó a un lado suyo. - ¿Seguro que está bien? Parecía que iba como llorando cuando se ha ido. - ¿De qué habláis? - Comentó alegremente André, metiéndose en medio antes de que Marcus pudiera contestar. Señaló al frente y dijo. - Mira, Marcus. Mi prima se está ganando a tu madre, mientras otras intentan que no atiendas. Uuuhhh eso es ganar puntos... - Idiota. - Masculló Jackie. - ¡Eh, Jacqueline! Atiende que viene la tuya. - Clamó alegremente William. Jackie se levantó y les miró muy digna. - Mira, mi infusión antes que la vuestra. - Les miró con una caída de ojos y añadió. - Le diré a mi prima que me enseñe la receta para que pueda hacérsela a mi novio cuando vuelva. - Y ese "mi novio" lo dijo con un tonito muy remarcado. Marcus se extrañó. No sabía que Jackie tenía novio, la verdad, pero bueno, se alegraba por ella, ya podía haberle hablado de él.

Cuando esta se fue, André bufó. - Espero que le dure poco el novio ese, es un idiota. - Entornó los ojos a él y le miró de arriba abajo. - Qué lástima que... - Una carcajada de William había interrumpido el final de la frase de André. Marcus le miró desconcertado, intentando que la repitiera para enterarse, pero el otro hizo un gesto con la mano y cambió de tema. - En fin. - Se giró a Marcus, y podía ver en él la sonrisilla tan típica de los Gallia, muy parecida a la que ponía Alice a veces, pero sobre todo, a la de Violet. - Tu hermano es legeremante, ¿verdad? - Marcus abrió mucho los ojos. - ¿Eh? No... No, qué va, solo es que es muy antipático. - Ey, tío, no pasa nada. Tengo una amiga, bueno, una chica que conozco del colegio, que es legeremante tan bien. - Hizo una caída de ojos y encogió un hombro. - Me vino de miedo, porque me vio las intenciones sin tener que decirle nada, y mira por donde dio el primer paso ella. - Marcus no tenía ganas de historias de ligues y volvió a mirar donde las infusiones, tenso. André debió vérselo en la cara. - Venga, tío, no te rayes con eso. Ya lo irá controlando. - No se lo digas a nadie. Por favor. - André le miró con el ceño fruncido. - ¿Te avergüenzas? - Marcus chistó. - No es eso. Es que... Es raro, y ha creado un ambiente raro. -Venga ya, tío, tú eres más listo que todo esto. El ambiente ya estaba raro desde antes de que llegarais. - ¡André! Que tu prima te está llamando, hijo. Deja a Marcus tranquilo, anda. - Dijo Susanne. El chico se levantó con una sonrisilla, pero antes de irse le dijo. - Y al fin y al cabo, a mi prima no parece importarle. - Le guiñó un ojo y fue a recoger su infusión. Ya, pues a él sí le importaba, a sí que no era ningún consuelo.

Se aguantó un poco la risa con la infusión de André, y al reconectar con el momento se dio cuenta de que quedaban ya muy pocas. En concreto, solo la de Alice y la suya. Con una sonrisa ilusionada, se acercó a ella para que la chica le diera la suya, atendiendo con los ojos muy abiertos a la explicación, cerrándolos con gusto cuando le llegó el olorcillo. - Me encanta el regaliz. - Olía tan bien, Alice sabía que el regaliz le gustaba muchísimo... Bueno, a Marcus le gustaban muchas cosas. A otro que le gustaba el regaliz era a Lex... Pero no estaba por allí, así que nada, se la perdía. Lo que le hizo alucinar fue lo del color. - ¡¡Wow!! - Miró a los lados, pero la Señora Gallia aún no había vuelto. Se lo agradecería después. - ¡Me encanta! Gracias, Alice. - Y dio el primer sorbito. Por Merlín, qué rica estaba.

Se le había pasado la tensión con Lex, casi se olvida de él y sus dramas, porque estaba demasiado a gustito en aquel ambiente familiar mientras se tomaba su infusión azul con sabor a regaliz. Miró a Jackie y se la enseñó. - Me ha echado bergamota porque soy un caballero inglés. - La chica soltó una risita y se pegó un poco a él en el asiento para enseñarle la suya. - Pues la mía es de flor de lis, muy de dama francesa, ¿quieres probarla? - Marcus sonrió. - ¡Vale! Prueba la mía. - Se la pasó a Jackie, pero antes de ver su reacción, dijeron que iban a empezar a dar regalos. La chica le devolvió su té y él se levantó para acercarse a Alice de nuevo. Miró el silbato con interés, pasando la mirada hacia sus padres lleno de emoción, porque seguro que era una de esas cosas superguais que solo se le ocurrían a gente como William y Alice, y le encantaba que su familia la viera en directo... Bueno, su madre debería estar acostumbrada, trabajaba con William, pero él estaba en el colegio con Alice y eso sí que no lo veían todos los días.

Soplaron los silbatos y unas libretas volaron hasta sus manos. Marcus miró la suya con los ojos muy abiertos, planteándose qué clase de encantamiento le habían lanzado al silbato porque era impresionante, y atendió aún más sorprendido a la explicación. Estaba con la boca abierta mientras su familia comentaba. - ¡¡Es increíble!! Buah, qué ideaza. ¡Gracias! - Él siempre llevaba pergaminos en los bolsillos, ¡pero aquello le iba a venir genial! Había cosas que quería tener recopiladas, no en pergaminos sueltos. Rio un poco y dijo. - Vas a tener que enseñarme a hacer el hechizo para cuando se me gaste esta, porque voy a querer mil libretas fieles. -O también puede no enseñártelo... - Le murmuró André al lado, con tonito. Marcus le miró extrañado. ¿Por qué iba a no querer aprender algo? No podía tener a Alice toda la vida al lado hechizándole libretas, tenía que ser autosuficiente... Bueno, aunque tampoco le importaría la excusa de pedirle libretas para verla de vez en cuando. A lo mejor era eso lo que quería decir.

Se fue junto a sus padres y sus abuelos para ver las portadas. - Cómo mola, y las ha hecho una a una. -Murmuró, pensando en voz alta, alucinado. Pero su amiga le llamó, así que fue con ella, atendiendo ilusionado a por qué la suya era especial. Abrió la boca. - ¡Es increíble! Está chulísima. - No se lo pensó mucho, le dio un fuerte abrazo. - Mil gracias. Espero que te guste el nuestro, porque este ha puesto el listón altísimo. - Dijo entre risas. Se separó y añadió. - No hay prisa. En cuanto volvamos a Hogwarts, nos quedamos en la sala común y hacemos planes. - Ya lo estaba deseando. Pero ahora les tocaba a ellos el turno de dar los regalos, así que miró a su madre, pero esta miró a su vez a Molly, que les estaba mirando a ellos con ternura. Vale, no se estaban entendiendo con el cruce de miradas, porque se estaban mirando los unos a los otros y nadie hacía nada.

Su abuela salió de la pompa en la que se había metido a base de que varios de los presentes le abrieran mucho los ojos. - ¡Uy, que lo tengo yo, perdón! - Y soltó una carcajada adorable. Si es que te tenías que reír con ella. Abrió su bolso de extensión indetectable y sacó una caja muy bonita, con un lazo de adorno en la tapa, y la puso sobre la mesa. - ¿Dónde está mi hombrecito? - Dylan, que llevaba mucho rato callado por ahí, se acercó con rápidas pisaditas y una sonrisa de oreja a oreja hasta la mesa. - Ábrelo con mucho cuidadito, ¿vale? - Le dijo Molly a Dylan, mientras le ayudaba a ponerse de pie en la silla para que pudiera ver la caja desde arriba. Quitó la tapa y aparecieron un montón de frasquitos aparentemente idénticos, solo que cada uno tenía un letrerito con un nombre. - Algo bueno tiene que tener que tu hija se pase el año entero dando vueltas por el mundo. - Dijo Molly con retintín. Erin rodó los ojos y suspiró. - Mi madre necesitaba algunas hierbas muy específicas, y alguna que otra esencia de criatura, así que las he ido recolectando. Esa ha sido mi parte. - ¡La idea ha sido mía! - Dijo Marcus, alzando un brazo. - Y Lex ha decorado la caja. Le ha quedado muy bonita, era una antigua caja en la que tenía guardadas pelotas de quidditch, pero ya no la usa. - Ya que no estaba allí su hermano para explicarlo, lo hacía él. - Mi Marcus tuvo una idea tan bonita que dije, ¡me ofrezco! - Comentó su abuela, con una risita. - Coged el vuestro cada uno y oledlo. - Todos los Gallia (excepto Janet, cuyo tarro permaneció en la caja) hicieron eso, y a todos les encantó su olor. - ¡Eh! Tiene un puntito a café, ¿esto sí me está permitido? - Comentó William, divertido. Violet fue la siguiente en hablar. - Violetas, original. Y brisa marina... - De las costas de Egipto. - Completó Erin. Se encogió de hombros y añadió. - Por... La última vez que coincidimos en un viaje. - Violet le guiñó un ojo y Erin se puso un poquito colorada. Ay, su tía, qué tímida era...

Susanne dio un hondo suspiro con una sonrisa. - Mira, Marc, huele como nuestra tienda. Ah, la madera de cedro, me encanta... - La mía es de pino. Muy fresquita. - Comentó el hombre. Marcus estaba encantado con las reacciones. - Helena, huele. ¿No es... La colonia de mi hermano? - Preguntó Robert, con un toque emocionado, acercándose a su mujer. Alzó la cabeza y preguntó. - ¿Cómo habéis conseguido estos aromas? - Una de las veces que estuve de pequeña en La Provenza, me dijo que su perfume llevaba unas gotas de veneno de acromántula. Que mezclado con las hierbas adecuadas, desprendía un aroma estupendo... - Dijo Erin prudentemente, encogiendo un hombro de nuevo. - No son muy frecuentes las acromántulas, suelo guardarme un poco de veneno cuando trabajo con ellas, y hace un par de meses vi una. - Robert puso una sonrisa emocionada y dijo. - Gracias, Erin. Es precioso. - Y otra vez su tía ruborizada y con una sonrisilla en su cabeza agachada. - ¡Huele cada una distinta! Y por fuera parecen todas iguales. ¿Cómo lo habéis hecho? - Preguntó Jackie, alucinada y disfrutando de la suya. - Mmm, y el olor es perfecto, ni demasiado suave ni muy pesado. - Alguien tenía que calcular las proporciones. - Comentó Arnold, divertido. André se pegó rápidamente a él. - Tiene que enseñarme a hacer eso, Señor O'Donnell. - El hombre rio y dijo. - La parte difícil ha sido de mi madre, que ha hecho la infusión de cada esencia para crear los aromas, y sobre todo de Emma, que es la que ha hecho las... - Transformaciones sensoriales. - Completó William, con voz y mirada emocionada, mirando a Emma. - El olor se activa cuando su propietario abre el frasco. - Emma esbozó una sonrisa sutil y asintió. William sonrió ampliamente. - Las sensoriales son mi especialidad. - Lo sé. Sé que no hay perfume que pueda gustarte tanto como un buen hechizo. - El hombre frunció los labios, sin perder la sonrisa. - Completamente de acuerdo. Gracias, Emma. - La mujer asintió, y se crearon unos instantes de silencio. Su abuelo lo interrumpió. - Bueno, ya que nadie me da los créditos, diré que los frascos son cosa mía. No sería un regalo O'Donnell si no llevara un poquito de alquimia. -
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Dom Nov 07, 2021 7:45 pm

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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
Por fin lo que ella quería de esa tarde. Todos concentrados en las infusiones, compartiendo y comentando la de cada uno. Pero todo el caos, la tensión y el trabajal de las libretas tenían absoluto sentido viendo las reacciones, especialmente la de Marcus, claro, para eso era su mejor amigo, a ver. Le devolvió el abrazo encantada y con una gran sonrisa e ignoró el tonito de su primo y sus pullitas, (por Dios, con la edad mala, a ver si se le pasaba ya) y dijo. — ¡Por supuesto! En cuanto volvamos y podamos hacer magia. Es superguay, papá lo domina para muchas cosas. — Asintió a lo de la sala común. — Buah, con lo que me gusta la Navidad y ya tengo ganas de volver. Ya, menuda sorpresa… — Dijo su primo otra vez con ese tonito, aunque esta vez Jackie se rio también. Anda que menudo quinario tenía con esos dos. — Oye, toma la de Lex. — Le dijo dándosela a Marcus con el silbato. — Tiene el escudo del equipo de Slytherin, y le hice unas tablas para seguir el conteo de los partidos hasta séptimo. — Dijo con una sonrisita. — A ver si le gusta aunque sea un poquito. — Esperaba que sí, no quería que pensara que no lo quería por allí ni nada.

Pero, espera, que había regalo para los Gallia. Menos mal que le dio por hacer las libretas, si no, ¿te imaginas que les hubiesen llevado algo y ellos como si nada? Bueno, daba igual, porque el regalo de los O’Donnell era mil veces mejor. No daba crédito mientras cada uno iba diciendo a lo que iba oliendo. Cuando su abuelo dijo que olía a la colonia del tío Martin, André y Jackie se lanzaron a olerla y Alice miró a los O’Donnell enternecida. — Qué bonito, abuelo. Los olores son lo que más activa la memoria. — Dijo. Lo había leído por ahí y se le había quedado porque era completamente verdad. Cuando su hermano hubo olido el tarrito la miró y dijo. — Huele a galletas de vainilla y limón. Es genial, hermana. ¡Y ha sido idea de mi colega! — Dejó con extremo cuidado el botecito en la mesa y fue repartiendo efusivos abrazos con todos los O’Donnell. Lentamente, Alice cogió su botellita y sonrió. — Romero y lavanda. — Sonrió y miró con cariño a Marcus y a todos. — Es perfecto. Huele como Saint-Tropez entero en un bote. — Señaló Dylan y todos rieron con adorabilidad. — Sí, es que Saint-Tropez nos trae los mejores recuerdos… — Y era verdad. Marcus y Alice eran distintos en Francia. Si de normal les encantaba estar juntos y vivir mil cosas, en Francia se amplificaba diez veces más. — Ahora voy a poder ir oliendo a perfume siempre, como tú. — Y eso sí que provocó las risas de todos los comensales, a los que miró alucinada. — ¿Qué pasa? Es que él siempre huele muy bien. Tú di que sí, cariño mío, que mi niño huele divino. ¿A que a ti te gusta? — Dijo Molly entre risas y Alice asintió con una sonrisa. — Buah y las botellas son alquímicas. — Dijo mirándola a trasluz. — Cristal no sé si llegaré a aprender a transmutar nunca, es complicadísimo. — Lawrence rio y dijo. — Sé de alguien que va a estar encantado de enseñarte. — Alice le miró con ojos brillantes. — ¿Usted? — Eso hizo, de nuevo a todos reír. — También, también, Alice, cuando quieras. — Miró a los O'Donnell y dijo. — Gracias a todos. Es genial. Verás mamá cuando huela la suya. — Y otra vez todos en silencio, de verdad, ¿qué pasaba hoy? No podía una venirse arriba.

Entonces se echó la esencia en las muñecas y el cuello, como solía hacer su madre, y estiró el cuello hacia Marcus. — Mira, ¿te gusta cómo huele? — André y la tata se rieron. — No, si es que no se cortan ni un poquito no… — Erin soltó una risita y dijo. — Que son niños… — Vivi la cogió de los mofletes y dijo. — Tú sí que eres la niña dragón. — Alice miró a Marcus. — Gracias. Es supergenial… Yo nunca había tenido una colonia para mí, solo de esas que viene un bote muy grande y en verdad huelen a bebé. — Dijo un poco avergonzada. En verdad ya debería ir usando cosas menos de niña y más de chica mayor.

¡Bueno! Vamos a hacer esto entretenido, amigos! — Declaró André. — Me han regalado este juego, para el que se necesita mente negociadora y genio numérico. — Alice rio. — ¿Vas a sacar un juego al que solo tú puedes ganar para ganarnos a todos? — Le dio un toque a Marcus en el hombro y dijo. — Luego dice que Vantard no es Slytherin, que no hay equivalencia clara. — Y se rio mirando a su primo. — Ja, ja, me parto contigo, canija. — Abrió el tablero del juego en una esquina de la mesa y se puso a explicar. — Tenemos que comprar sitios encantados, y está agrupado por países. El más barato es Italia, y el más caro Rumanía. Si caes en uno lo puedes comprar, y si ya es de otro vas pagando más según el dueño lo vaya gestionando. ¿Por qué? — Preguntó Alice curiosa. — Ya estamos con el por qué… — Suspiró Jackie. Ay siempre se estaban metiendo con ella con eso. — Porque en Italia está el Vaticano que persigue mucho a los magos y en Rumanía el castillo de Drácula, que es el sitio más encantado del mundo. — Explicó André con más paciencia que su hermana. Se puso a señalar el tablero. — Está Haití con el mercado vudú, Estados Unidos con Salem, Roanoke y Amityville… En fin, hay un poco de todo. ¿Está la Casa de los Gritos? — Preguntó ya casi subida en la mesa porque estaba deseando jugar. — No seas paleta, Alice. — Le replicó Jackie. — ¡Ay déjame! Que a mí me gusta la Casa de los Gritos. — Se había creado un espeso silencio, y cuando levantó la cara se encontró a todos los mayores mirándola. — Pero no por nada, tranquilos… Si es solo porque está cerca de Hogwarts. — Soltó una risita y por fin la encontró en el tablero. — Va a ser mía. Y tiene al lado el Lago Ness y Hampton Court, qué guay.Yo quiero jugar. — Dijo Erin bajito. — ¿Tú? — Preguntó extrañada la tata. — ¿Tienes tú mente empresarial? — Erin puso cara como si se disculpara. — Mmmmm es que Rumanía es lo más guay y ahí hay dragones. — Vivi suspiró y entornó los ojos. — Anda, me quedo aquí de asesora, que si no no ganas ni por casualidad. Hermana, ¿puedo ser yo tu “sersor”?Asesor. Sí, venga, siéntate aquí entre Marcus y yo. — Total, siempre se les acababa metiendo en medio, mejor invitarle. Se prepararon para jugar y miró a su amigo. — Hay que ir a por André. A muerte. No nos puede ganar un Slyhterin de palo.


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Dom Nov 07, 2021 9:33 pm

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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
No cabía en sí de alegría viendo las reacciones de todos los Gallia. - Cuidado, Dylan, que a lo mejor me la bebo. - Bromeó al niño cuando dijo a qué olía su frasco. Este soltó una carcajada. - Nooooo, que es colonia, te vas a poner malo. - Todos estaban riendo, aunque las risas aumentaron cuando Alice dijo que olería a colonia, como él. No le veía la gracia, sinceramente. Se irguió y dijo muy digno. - Pues claro, es que hay que oler bien, sobre todo en las ocasiones especiales. - La única que les defendió fue su abuela, claro, porque su abuela siempre veía lo mejor de ellos, porque era buena persona y no buscaba dejarles en ridículo, como parecía ser últimamente el pasatiempo de todos los adultos. Asintió enérgicamente a lo de que el cristal estaba transmutado con alquimia, y de nuevo no entendió las risas, pero las ignoró. Ciertamente, les prefería riendo que de ese humorcito del que venían hoy, aunque preferiría que no fuera a costa de él. - Yo aprenderé algún día. Abuelo, el día que me enseñes a mí, nos puedes enseñar a los dos. - Le había parecido que el hombre había insinuado que querría enseñarle Marcus, y por él encantadísimo, pero siendo de la misma edad iban a cursar Alquimia y a acabar el colegio a la vez, así que podrían aprender juntos. Alice aprendía rápido.

Su amiga se probó su colonia y él se acercó a olerla (los comentarios de los demás ni los oyó, la verdad). - Me encanta. ¿Te has fijado a que huele la mía? - Se acercó a ella. Más risitas. Ni caso. - Mamá y la abuela me han hecho otra a mí. Romero, como la tuya, porque ya acordamos que era muy útil, para alquimia también. - Le guiñó un ojo. - Y ciclamen, porque es el aroma de Ravenclaw. - Se acercó a ella para susurrar. - Pero en poquita proporción, papá me la ha calculado perfecta, que si no huelo mucho a flores. - Rio un poco.

André les llamó entonces para que se sentaran juntos, sacando un juego que no había visto nunca, por lo que atendió mucho a la explicación. Rio con la broma de Alice y la reacción de André, pero se giró para buscar a su padre con la mirada. - ¡Eh, papá! Un juego de negocios y números. - Uy, yo para números muy bien, pero los negocios son más cosa de tu madre. - Contestó el hombre jocoso, pero volvió a la conversación en la que estaba enfrascado con Marc. Siguió atendiendo, asintiendo a la explicación. La dinámica no parecía muy complicada, y los precios de los países tenían bastante sentido con esa explicación. - Pero en Italia están las Iglesias de la Luz, eso es supermágico. - Y conectadas bajo tierra, ¿a que sí? Lo dicho, es un rollo porque todo lo nuestro está perseguido y tapado por un montón de cosas religiosas de las suyas. - Marcus se encogió de hombros con una muequecita. Sí, en verdad sí que parecían cosas de muggles a simple vista, y había un montón de historias de alquimistas muertos a manos de ellos porque no huyeron lo suficientemente rápido. Qué rabia...

El comentario de Alice le hizo rodar los ojos y reír un poco. - Qué le gusta ese sitio... - Aunque tuvo que erguirse y salir en su defensa. - Es patrimonio inglés, del único pueblo cien por cien mágico de nuestro país. No es de ser paleta. - Le hizo una muequecita a Jackie y le dijo. - ¿Qué habrías puesto tú? ¿El monasterio ese ruinoso en mitad del campo? - El monasterio ruinoso, como tú lo llamas, es un laboratorio estatal, listillo. Tanto que te gusta la alquimia. - Le devolvió Jackie la burla, y André alzó un índice. - Y de hecho, Francia es uno de los países más caros de comprar, por su gran patrimonio mágico. - Marcus se inclinó hacia Alice y le susurró con malicia. - Adivina dónde han fabricado el juego. - Rio un poco junto a su amiga y se dispuso a jugar. Si a él le encantaba Francia y sabía que tenían razón, era por meterse con ellos. Ellos habían empezado metiéndose con Alice por defender cosas inglesas.

La sorpresa fue que su tía Erin quisiera jugar, lo que sacó una sonrisa de oreja a oreja a Marcus. Le hicieron hueco a Dylan entre ellos y asintió a Alice, convencido de ir a por André. - Yo seré un Slytherin de palo, como tú dices, pero os pienso barrer a todos. - Vaya por Dios, les había escuchado. Marcus soltó un bufido de superioridad, con una caída de ojos, y dijo muy subidito. - Si alguien tiene sangre Slytherin aquí soy yo, y combinada con una mente Ravenclaw. No tienes nada que hacer, André. - Bueno, bueno, bueno, lo que me faltaba. - Dijo Violet, poniendo las manos en la mesa y sentándose junto a su tía. - Venga, pelirroja, que hay que darle para el pelo a estos mocosos, que están muy arriba. - Eso hizo a Erin reír, y todos comenzaron a jugar.    

A pesar de la amenaza de Violet, la mujer estaba tan centrada en soltar tonterías mientras Erin se concentraba, tan tímida y adorable como siempre, que los chicos las ignoraron y se centraron en su guerrilla particular: Marcus y Alice (y Dylan) iban a muerte a por André y Jackie, tal y como la chica había sugerido, y viceversa. Por allí apareció Lex en lo que ellos jugaban, quien llevaba a Janet de la mano. Marcus se extrañó. Ah, ¿estaba con ella? Siendo su hermano, no le hubiera extrañado que hubiera estado sentado en la nieve. Esperaba que al menos se hubiera disculpado por interrumpirle la historia. Se la llevó directamente donde estaba la caja con los frascos y vio como le enseñaba la tapadera. Pero dale su perfume, hombre, pensó, pero claro, Lex había decorado la caja, la querría enseñar. Ya sí vio como Janet olía el frasco y sonrió, viendo lo contenta que se ponía, justo cuando su madre se acercaba a ella y a Lex. - ¡Colega! ¡Que te iban a saltar el turno! - Nos ha salido chivato el renacuajo. - Contestó André, empujando flojito a Dylan para hacerlo rodar por la alfombra entre risas. Marcus chistó. - Habrán entendido que es la única forma de ganarme, Dylan, haciéndome trampas. - Ooooh mira como se sube el inglesito. - Comentó André, mientras se reía abiertamente. Qué bien le caía el primo de Alice, ese sí que era un buen colega.

El juego se prolongó bastante, casi más de una hora, y para disgusto de todos los adolescentes, ganaron las dos mujeres. Habían estado tan centrados en su guerra personal que Erin en su discrección y Violet en su caos les habían hundido sin darse cuenta. Iban a hacer un turno más, pero Marcus sugirió que era mejor dejarlo ahí, que había molado mucho el juego, porque aún podían retirarse con dignidad: como Erin y Violet compraran también Irlanda, que tenían dinero de sobra para ello, de hecho, ya sí que los dejaban en la quiebra. Y encima su abuela no paraba de pasar por allí y azuzar, diciendo que era indignante que su hija no hubiera adquirido el primero el país que le daba su nombre y que le vio nacer, pero Erin tenía una estrategia tan clara en su cabeza que no le hizo ni caso. Había hecho bien, porque ahora nadaba en galeones (y en dragones, porque por supuesto se había comprado Rumanía lo primero).

- Vale, mantenemos los equipos para el siguiente juego. - Anunció Jackie, aunque André señaló a Erin y Violet. - Yo creo que esas dos deberían separarse. - La envidia hace que te salgan arrugas, sobrino. - Contestó Violet socarrona. Miró a la otra, que parecía una niña jugueteando con uno de los dragoncitos que había conseguido y que echaba una bolita de fuego por la boca, y añadió. - Y yo me da que esta ya tiene juguete para toda la noche. - ¿Eh? ¿Qué? - Dijo Erin, saliendo de la ensimismación y provocando las risas en todos. Marcus se puso muy chulito y dijo. - Vosotros dos contra nosotros dos. El duelo decisivo. - Uuuuh. - Contestaron Jackie y André al unísono, aunque este último añadió una carcajada. - ¿Insinúas que vosotros dos tenéis mejor conexión que mi hermana y yo? - No lo insinúo, estoy convencido. - Yo creo que me voy a retirar. - Murmuró Erin, levantándose y llevándose todos sus dragoncitos entre los brazos. Marcus prosiguió.  - Dylan será el árbitro. -¡Sí, hombre! Si lo tenéis compradísimo. - Marcus miró a André con cara de circunstancias. Es por darle un oficio en este juego. Básicamente para poder jugar él solo con Alice. ¡Si no sabía ni llevar un recuento, solo estaba allí figurando! - Jo, tía Violet, ¿de verdad no vais a jugar? - Pidió Jackie, pero Marcus miró a Alice con suficiencia y añadió.  - No saben qué hacer para tener más posibilidades. - Eso hizo que Jackie pusiera un mohín y ella y su hermano se devolvieran miradas malvadas, para volverse luego a ellos y que André dijese. - Os vamos a machacar, chaval. -
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CON Familias Gallia y O'Donnell EN Casa Gallia A LAS 12:00 del 25 de diciembre de 1997
Aquel juego era más complicado de lo que parecía, y la tata y Erin hacían un equipo extrañamente funcional, especialmente para ese juego. Y la sangre Slytherin y las dos mentes Ravenclaw no habían contado con el punto flaco de su cabezonería e inexperiencia en el juego. A la hora y pico de juego, Alice se sentía mareada como cuando llevaba muchas horas estudiando, y al final no sirvió de nada porque perdieron. Al menos no ganaron sus primos, que hubiera sido lo que le hubiera molestado en lo más hondo de sí. Solo por ver a Erin toda ilusionada con el dragoncito mereció la pena. Pero para recuperar el orgullo de su amigo, que estaba segura de que se había visto aunque fuera ligeramente herido, dijo. — Bueeeeeno pero no han sido capaces de recuperar Irlanda, y nosotros sí. — De hecho solo tenían Irlanda y Reino Unido. — ¡Señora O’Donnell! ¿A que Irlanda nos hace ganadores morales del juego?¡Pues claro que sí, mi niña! Si es que mi Alice sabe. Qué zalamera es la condenada. — Decía la tata mirándole con los ojos achicados. — Que vendes tu ancestral sangre francesa nacida del lazo eterno de Gallias y Sorels… Menos cachondeíto, Violet, que todavía la tenemos en el día de Navidad. — Saltó memé. Sí, es que estaba sonando peligrosamente como la abuela cuando se ponía megalómana.

Pero, por supuesto, sus primos no se rendían, ya le extrañaría. No le importaba, ella tenía cuerda para rato, y encima mamá había vuelto y Lex estaba con ella y parecía “contento”, si es que Lex podía estar contento. — Te da miedo que te ganen las tías. — Dijo sacándole la lengua, y se dio cuenta de que había contado a Erin como tía, pero bueno estaba bien, porque tanto la tata como ella no tenían hijos, solo tenían la dimensión de “tías”. Pero Marcus ya estaba arriba, y ella por supuesto lo iba a respaldar. — ¡Eso eso! — Luego se dio cuenta que ni sabía a qué iban a jugar, así que mejor atendía, porque como implicara habilidades físicas iban a tener que mojarse las palabras en la infusión.

Ahora, su primo y Marcus todavía no habían explicado a qué demonios iban a jugar. — ¡Mímica! — Dijo por fin Jackie. — Hemos traído las tarjetas.¿Están en francés o en inglés? — Dijo Alice inquisitorial, porque si estaban en francés ya partían con desventaja. — En latín, porque son hechizos y nombres científicos de plantas y criaturas, así que… — La miró superioridad. — No puedes empezar dando pena porque tu inglesito lleva desventaja.Mi inglesito te va a machacar. — Le salió natural, y se arrepintió un poco, porque ella siempre hacía la especificación de “no es MI inglesito”, pero Marcus sabría entender. — ¿Qué? Ahora te arrepientes de haberte retirado. — Dijo la tata mirando a Erin, que asintió como una niña que no se atreve a pedir lo que quiere. — ¡Bien! Las tías vuelven al juego. A volver a machacar a los criajos. — Celebró Vivi toda contenta. — ¡Y nosotros! — Saltó su padre. — ¿Qué nosotros? — Preguntó ella, que no veía a su madre muy predispuesta a jugar. — Arnold y yo. ¿YOOO? — Dijo el aludido señalándose. — ¡Pues claro, Arnie! Somos amigos desde los once años, aquí — dijo señalándose la frente y luego la de Arnold —, hay conexión perpetua. Los niños no tienen nada que hacer contra nosotros. ¡Y yo con la hermana y mi colega! — Dijo con todo entusiasmo su hermano. Tuvo que sostener un resoplido, porque claro, tanta peleíta de André y Marcus y al final no se habían librado de Dylan. — ¡Vente aquí conmigo, patito! — Dijo, salvadora, su madre. Claro, a Dylan no se le podía decir nada mejor, — Que yo me ahogo gritando, y alguien tendrá que ir anunciando los ganadores de las rondas, aquí con Lex y conmigo.

Una ronda aguantaron Arnold y su padre, porque o la conexión se había averiado, o directamente nunca se habían entendido a ese nivel, y terminó de reventar en un momento en el que su padre estaba saltando a la pata coja, con los brazos como un grabado egipcio y moviendo la cabeza como un pollo muy estirado. — ¡Tiempo! — Anunció Lex, exultante. Realmente daba hasta pena pararlo, porque estaban todos tirados en el suelo de risa, hasta Lex. Las únicas que solo sonreían, pero muy sinceramente, eran las madres. — ¡Pero, Arnie! ¡Si estaba clarísimo!¿QUÉ? — Se quejó el otro. — ¿El qué de todo eso que estabas haciendo estaba clarísimo, William?¡Un junco egipcio gris! ¿Cuántas plantas egipcias conoces?¿Y la pata coja? Como los burros, que son grises.¿Los b…? ¡William! ¡Eso carece de toda lógica! Ni todos los burros son grises ni tienen nada que ver con la cojera. — Su padre chasqueó la lengua y negó con la cabeza. — Es que si vamos a jugar con la lógica…

La segunda ronda se eliminaron las tías, siendo continuamente interrumpidas por su padre, al que se le había explicado unas cien veces que no tenía que adivinar nada ya, pero él a lo suyo. — ¡Un Alohomora! ¡Yo lo mato hoy, eh! Cállate, William, que es una criatura. — Y Erin desesperada haciendo más movimientos de los que le había visto hacer en la vida. — ¡Tiempo! Eliminadas. ¡Vivi! ¡Que era un ghoul por el amor de Merlín! — Dijo Erin más ofendida de lo que la había oído nunca. En su asiento de espectadora, Molly se reía con ganas, hablando con las otras abuelas. — En el fondo la niña es mía, por mucho que su padre diga que lo sacó todo de él cuando era joven. Si es que esto estaba perdido en el momento en el que entraban criaturas en juego, eres demasiado lista para esta loca, cariño. — Y ambas se reían, porque parecía que a Erin se la había pasado el cabreo instantáneamente. — Al menos he ganado a mi hermano. — Completó entre risas con la tata.

Así que la ronda final quedó la batalla que ella quería: Marcus y ella contra André y Jackie. Les costó varias rondas porque no perdía ninguno, pero entonces, Jackie falló y, si ellos ganaban, se coronarían ganadores. Buah, sería alucinante. Le tocaba a ella hacer la mímica y Marcus adivinar. Tomó un hondo suspiró, le miró y dijo. — Confío en tí. — Y sonrió, saliendo al centro. Babosa de fuego. Perfecto. En cuanto dylan dio la señal hizo el signo de una serpiente por el suelo con la mano, para indicar criatura e ir dando pistas. Se señaló la barbilla hacia abajo, como si se le cayeran las babas y, finalmente, apuntó a la chimenea. Sabía que no le fallaría. En cuanto Marcus lo adivinó, pegó un grito y un salto. — ¡Lo sabía, O’Donnell! ¡Lo sabía! ¡Eres el mejor!— Y de la misma se tiró sobre él para que la levantara con la emoción del momento. La verdad es que por un momento, todos parecían contentos (hasta sus primos, que les miraban con sus sonrisitas sibilinas). — Somos imparables, Marcus. — Le dijo, con una gran sonrisa, desde el fondo de su corazón. Le dio un abrazo y se bajó al suelo. — ¡A ver! Que vengan aquí los ganadores. — Dijo Lawrence, y fueron de nuevo hacia la zona del comedor improvisada, donde les señaló dos sillas vacías, tendiéndole la mano a Alice. — Subiros ahí. — Cuando ya estuvieron arriba, el abuelo de Marcus dijo. — Orchideus. — Y sacó una corona de laurel para cada uno. Alice miró a su amigo y dijo. — O traéis una escalera o a Marcus no llegáis para ponérsela en la cabeza. — Aquello provocó otro ataque de risa generalizado y mira, ella encantada si lo que iba a conseguir era estar todos contentos. Cuando ya tuvieron las coronas puestas Lawrence, con esa voz profunda ys abia anunció. — ¡Los ganadores de la prueba! ¡Marcus O’Donnnell y Alice Gallia! — Y todos aplaudieron entre risas, mientras ella se sentía en lo más alto del mundo. — ¿Y yo no tengo corona? He ganado el otro. — Replicó Erin. — Hemos, nena. — Aportó su tía. — ¿Mi niña quiere una corona? Su papá se la hace.¡Hombre! No faltaba más. — Dijo Arnold exagerando el tono. Ah sí, esa era exactamente la Navidad que quería.

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Mímica. Quizás se había venido un poquito arriba con la apuesta, pero confiaba en su conexión con Alice. Aquí solo influían el uno y el otro, y no los tejemanejes económicos de gente más mayor que ellos que claramente partía con ventaja, así que seguía convencido de que podían ganar. - ¡Eh! - Dijo medio ofendido cuando Jackie insinuó que pretendían dar pena por el idioma, pero Alice lo atajó rápidamente y él le dedicó a la francesa una muequecita de superioridad... Espera, ¿había dicho "mi"? Bueno, es que esos dos les liaban continuamente. Él la había entendido.

Las tías volvieron al juego, pero Marcus dudaba fuertemente de que dos caracteres tan diferentes como Erin y Violet se fueran a entender, por muy amigas que fueran. Bueno, Alice y él también eran distintos en muchas cosas, pero no tanto. Lo que no esperaba ver era a su padre uniéndose al juego con William (o más bien a William arrastrando a su padre al juego). Le miró con la viva imagen de la ilusión en la cara, y por un momento se giró para buscar a su madre con la mirada, a ver si se apuntaba con Janet... No, no tendrían tanta suerte, le bastó apenas un segundo para darse cuenta. Se contuvo la risa, mirando a Alice, porque ver a los dos padres iba a ser muy gracioso, ya estaba siéndolo solo mientras se apuntaban al juego. No se equivocó. El juego solo acababa de empezar y ya estaba rodando por el suelo de la risa, porque definitivamente William y Arnold no se entendían. Le daría la razón a su padre, porque vamos, ni en toda la vida habría adivinado que eso era un junco egipcio gris, si no fuera porque ver a William imitando era tremendamente gracioso. Las siguientes en caer fueron las tías, y después de morirse de risa otro rato entre las interrupciones del Señor Gallia, el desconcierto de Erin y la impaciencia de Violet, se giró con cara maliciosa hacia los hermanos. - Lo dicho, el duelo definitivo. - Porque al final se habían quedado Alice y él contra André y Jackie, como debía ser.

Y como debía ser, ganaron. Asintió muy serio cuando Alice empezó a imitar, porque se la estaban jugando en esa ronda, que los otros habían perdido por primera vez. Se centró solo en sus gestos, y en apenas tres lo tuvo clarísimo. - ¡¡Babosa de fuego!! - ¡Habían acertado! Dio un salto él también y recogió a Alice en sus brazos, triunfal, dando un par de vueltas con ella abrazada, separándola del suelo, que por algo él era bastante más alto. - ¡Lo somos! - Corroboró. Sí que eran imparables. Se separaron para acudir exultantes a la llamada de su abuelo. Miró la silla y preguntó a su abuelo. - ¿Seguro? - Y, aún así, se subió, y efectivamente y tal y como intuía, se puso demasiado alto para prácticamente todo el mundo. Había dejado bajita hasta a su madre y a William, que eran los más altos, y eso ya era mucho decir. Se tuvo que reír con la broma de Alice. - Desde una silla te ves igual de pequeñita. - Bromeó, dándole un par de palmaditas en la cabeza mientras todos reían. Mejor se bajaba, así que se puso en pie al lado de su amiga pero en el suelo. - ¿Qué se siente al ser más alta que yo por un ratito? - Le dijo en tono bromista, mientras su abuelo les ponía las coronas y les proclamaba ganadores. Y en lo que todos reían porque su abuelo le estaba haciendo una corona a Erin por el juego anterior, se giró a Alice con una sonrisa enorme. - Te ayudo a bajar. - Como que a una persona que trepaba a los árboles con los ojos cerrados le hacía falta, pero... Bueno, estaba muy contento, así que dejó que apoyara las manos en sus hombros y la agarró de la cintura, para que diera un saltito al suelo con más seguridad. Buena excusa... - Masculló André, burlón, pasando de largo por detrás de él, pero no hizo ni caso. Estaba demasiado contento y solo atendía a su amiga y a la victoria que habían conseguido juntos.

La tarde se había alargado y entre juegos y risas habían acabado los cuatro chicos mayores tirados en la alfombra frente a la chimenea (Dylan y Lex andarían por ahí con las madres, siempre andaban pegados a las madres). André estaba jugueteando con el palo que movía las brasas, mientras Alice y él se habían sentado el uno al lado del otro, frente al fuego aunque un espacio retirados. Ese espacio lo había aprovechado Jackie para tumbarse, mirándoles y charlando con ellos entre risas. Janet les había dejado unas mantitas, y estaban acurrucados, calentitos y charlando, se estaba tan a gusto... Y ver a Jackie tumbada lo hacía bastante apetecible, aunque claro, él era tan largo que le iban a sobrar piernas, Jackie era más recortadita, apenas ocupaba a lo largo lo que Alice y él sentados uno al lado del otro... Pero se podía encoger un poquito y tumbarse. Poco a poco, se fue retrepando hasta que, no supo como, acabó con la cabeza en el regazo de Alice, mirando de frente a Jackie y al fuego tras ella, mientras André seguía haciendo chisporrotear las llamas. - ¿Qué hechizo estás haciendo ahora, Marcus? ¿El "ganarsus a mi primus"? - Preguntó la voz burlona de Jackie. Él rio con voz adormilada. - El "tumbatus a gustitus". -Y tan "a gustitus". El "dormidus ya mismus" diría yo. - Apuntó André, lo cual también le hizo reír. - Que no, que no estoy dormido. - Respondió con una voz pastosa que hacía su frase muy poco creíble, hasta tenía los ojos cerrados. Pero es que sí, se estaba muy a gustito...
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Todo el caos de la Navidad había merecido la pena por ese momentazo. Miró a las madres desde lo alto de la silla y sonrió a la suya, que se veía supercontenta por todo aquello. Si sabía ella que era una buena idea. O’Donnells y Gallias siempre acababan divirtiéndose muchísimo: su abuela se reía a carcajadas con Molly, su padre y Arnold eran únicos aunque no tuvieran mucha conexión mental, Erin y la tata se templaban en sus dos caracteres y en fin… Para qué hablar de Marcus y ella. Si es que hasta se reía cuando le daba así en la cabeza. Al bajarse y verle junto a ella, de hecho, tuvo un impulso, probablemente de lo contenta que estaba, de pasarle los brazos alrededor del cuello para contestarle con un comentario socarrón… Pero eso igual hubiera sido raro, demasiado contacto. Así simplemente rio y dijo. — A mí mientras vaya a tu lado, me da igual si desde más o menos altura. — Asintió a lo de que la ayudara, y le vino hasta bien, porque al final estaba colocando los brazos donde quería. Se dejó agarrar y aterrizó con una sonrisita en el suelo. Realmente, Alice podía bajar y subir casi a cualquier sitio, pero… ¿Por qué no dejarse ayudar? Era guay, era trabajo en equipo… — Gracias. Eres el mejor compi de equipo del mundo. — Eso sí, el comentario de André la envaró. ¿Se había dado cuenta de lo que iba a hacer antes? Nah, solo eran sus ganas de molestar.

La verdad es que la tarde se había quedado para estar pegados a la chimenea tal y como estaban, con las mantitas, porque fuera solo se oía la ventisca rugiendo, y se estaba tan bien así… Vale que su casa era muy pequeña, pero en Navidades así… ¿Por qué no podían hacer eso más? Lo cierto es que estaba agotada, y su prima Jackie, que era más directa, se tumbó, mientras André seguía atizando. — Creo que ni en Marsella ni en Saint-Tropez he pasado nunca tantísimo frío. — Alice rio. — ¡Venga ya! Beauxbatons está en los Pirineos. — Su primo se revolvió. — Está mejor aislado que esto. — Ella negó con la cabeza. — Si tantas ganas tienes de venirte a Inglaterra, es lo que hay, esto no es La Provenza. — André puso esa carita que ponía también su tata cuando iban a soltar burradas y dijo. — Ya encontraría formas de calentarme. — Y Alice entornó los ojos. Ya iba pillando por dónde iba su primo cuando decía esas cosas, de verdad, siempre pensando en lo mismo. Entonces empezó Jackie a meterse con Marcus, y él a contestarla, haciendo reír muchísimo a Alice. Se recolocó un poco para dejarle apoyarse en su regazo y, sin darse mucha cuenta, empezó a acariciarle los rizos, porque le encantaba.

Eso sí, antes de que se diera cuenta, los dos se habían quedado completamente dormidos. — Vaya tela. Anda que hay que ver con la heredera fiestera. — Dijo señalando con la cabeza a Jackie. — Se echa novio a los catorce y no aguanta una farra navideña. La tata está decepcionada. — Eso hizo reír a André. — El heredero soy yo, obviamente. Sí, en lo que a amores se refiere, seguro. Y no te caes dormido como si te hubieran apagado, como le pasa a esta.Si tú haces igual. — Ella se estiró y le miró con superioridad. — Nadie lo sabe porque soy la última en dormirme. — Su primo rio y negó con la cabeza, pero se quedó mirándola un rato. — ¿Qué? — Preguntó, intrigada. Él se encogió de hombros y volvió a mirar al fuego. — Deberías ser al menos sincera contigo misma. — Contestó bajando la voz. — ¿Con qué? — Dijo, completamente perdida. André señaló a Marcus con la barbilla. — ¿Con qué tengo que ser sincera? — Insistió, porque no comprendía. — Con lo que sientes. — Frunció el ceño un momento y, en cuanto comprendió, entornó los ojos. — ¿Crees que eres el primero que lo piensa? Solo es mi amigo. Me entiende mejor que nadie, y nos gusta estar juntos. El hecho de que os hayamos ganado lo demuestra. — André rio un poco y miró de reojo a su hermana. — Ha sido porque esta desde que está con Noel no se entera de nada.Ya, ya… — Siguió ella el pique. Pero su primo volvió a ponerse serio. — Canija, te lo estoy diciendo en serio… Contra lo que todos dicen y quieren creer… Ya no sois niños, y menos lo vais a ser dentro de muy poco. Cuando empieces a sentir cosas de verdad, y él también… — La miró a los ojos. — Sé muy sincera, Alice, no te hagas daño…Marcus y yo nunca nos haríamos daño, y nos queremos un montón, no sé qué más vamos a sentir. — Dijo un poco ofendida ya, porque ya estaba un tanto cansada de que todos les dijeran lo que sentían, lo que parecía y todas esas cosas. Su primo negó suavemente con la cabeza. — Ya… Por eso te dejas coger en brazos, cuando no te gusta que te agarren, y ahí estás, que no has dejado de acariciarle los rizos. — Alice miró su propia mano, un poco sorprendida, y al hacerlo se quedó mirando el rostro de Marcus dormido sobre ella. Pero al cabo de unos segundos, parpadeó y dijo, con un tono más duro. — Somos amigos. Los mejores amigos. Somos inseparables, y eso es todo, que no es poco. — Pero aquella conversación se vio interrumpida por Arnold diciendo. — Está parando de nevar, deberíamos aprovechar para irnos. — Jo, no quería. Pero esta vez no iba a insistir en que se quedaran, iban demasiado justos de espacio. Solo le daba pena despertar a Marcus.


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Lun Nov 08, 2021 10:46 pm

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Ups, se había quedado dormido. Estaba charlando con Jackie cuando cerró los ojos, y esta había parado de hablar, por lo que intuyó que se había dormido, y se estaba tan bien con el calorcito de la chimenea, la mantita, tumbado en la alfombra y con Alice tocándole los rizos... Pero la voz de su padre diciendo que tenían que irse había tenido el efecto de una alarma en su cabeza. Abrió los ojos y parpadeó, tratando de espabilarse. - Uff, perdona, me he dormido encima tuya. - Le dijo a Alice con voz adormilada. André rio entre dientes y fue a abrir la boca, pero vio que Arnold estaba allí y se lo pensó mejor. A saber qué iba a decir, Marcus tenía el cerebro demasiado adormilado para darle muchas vueltas.

Bostezó y se puso en pie, despidiéndose de cada uno de los presentes. No vería a los Gallia de Francia hasta verano, así que prometieron verse en unos meses y aseguraron habérselo pasado muy bien en Inglaterra. En lo que los adultos se despedían, recordó algo. - ¡Eh, Lex! Mira, Alice te ha hecho esto. - Le dijo a su hermano. Este se acercó y Marcus le dio la libreta, explicándole junto a su amiga lo que llevaba. Este alzó la mirada y dijo un tímido. - Gracias. - Y se giró para irse, pero luego se dio la vuelta y volvió a ella. - ¿Puedo...? - Empezó, pero no llegó a terminar. - Da igual. - Concluyó, y volvió a irse. Marcus se encogió de hombros y miró a su amiga. - Le ha gustado. Te lo aseguro. - Era difícil, pero se iba conociendo las expresiones de su hermano.

Se dirigieron a la puerta y todos fueron saliendo. Alice, Dylan, William y Janet se acercaron con ellos para despedirles. - Quédate dentro, Janet, hace muchísimo frío. - Dijo Emma, despidiéndose de la mujer. La verdad es que el tiempo no estaba como para quedarse en la puerta, y menos para alguien tan delicado de salud como Janet, por lo que William, Dylan y Alice salieron al porche y Janet se quedó en el interior del pasillo. Marcus se acercó con una sonrisa y le dijo. - Me lo he pasado muy bien, Señora Gallia, gracias por invitarnos. -Ella soltó una risita musical. - A vosotros por venir, cielo. Ha sido una Navidad muy especial. - Marcus asintió, pronunciando la sonrisa. - Espero que no le hayamos dado mucho la lata. -Eso hizo que la mujer diera una carcajada más pronunciada, aunque no demasiado sonora. De hecho, jadeó un poquito antes de volver a hablar. - Créeme, vivo y convivo con Gallias, vosotros no dais ninguna lata. - La mujer le acarició y añadió. - ¿Me voy a quedar con las ganas de que me llames Janet? - Marcus soltó una risita, encogiendo un hombro y mirando a su alrededor. Bueno, sus padres estaban ya en la puerta, se lo podría permitir. - Ha estado bien, ¿no? ¿Te lo has pasado bien? - La mujer frunció una sonrisa y asintió. - Muy bien. - ¡Me alegro! Ya mismo empiezo a plantear la fiesta de mi cumpleaños, la organizo siempre con muchísimo tiempo, pregúntale a Alice. Les diré a mis padres que lo celebremos juntos otra vez, como el año pasado. - Janet amplió una sonrisa, aunque sus ojos estaban vidriosos, y no dijo nada, al respecto. Más bien pareció cambiar de tema. - Eso que ha dicho mi niña… - La mujer se inclinó para mirarle más de frente y más cerca, casi en confidencia, aunque él era ya casi de alto como ella. – No lo olvides nunca, ¿vale? Sois Marcus y Alice. Sois imparables. Que nadie os diga lo contrario. – Marcus frunció una amplia sonrisa con los labios cerrados y asintió. - ¡Marcus! Venga, vámonos antes de que empiece a nevar otra vez. - Dijo su padre desde la puerta. Miró de nuevo a la mujer, con un toque cómplice, y se despidió. – Adiós… Janet. – La mujer sonrió, con los ojos emocionados, y dejó una caricia en su cara antes de despedirse. – Adiós, Marcus. -
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