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Dom Dic 05, 2021 6:58 am por Genie
DONDE QUIERAS QUE VAYAS
YO TE SEGUIRÉ

La guerra estalla cuando Hitler conquista Polonia. Europa se enciende en una guerra constante. Estados Unidos permanece neutral a la guerra, teniendo en cuenta los intereses de su pueblo, que consideran que es una guerra muy lejana a ellos. Pero entonces, Japón ataca Pearl Harbor y se declara la guerra con Estados Unidos. Ella es una simple joven de un pueblito del medio oeste de Estados Unidos, que decide alistarse como enfermera del ejército y colaborar con sus conocimientos. Él es un soldado de rango sargento que ya estaba alistado en el ejército por herencia familiar. Ellos se encuentran en Fort Knox, en los entrenamientos del nuevo grueso de soldados alistados. Surge la complicidad entre ambos e inician una amistad que puede terminar en romance


VIVIAN BELL
ENFERMERA — 21 — LILY COLLINS — GENIE

EDWARD PRICE
SARGENTO — 30 — CHRIS EVANS — AMARYN

ONE ON ONE — ORIGINAL — ÉPOCAS PASADAS

XIII






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Genie
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Lun Dic 27, 2021 10:02 pm por Amaryn
Confidence at first sight
Capítulo 1

Principios de enero de 1942


- ¡Mar-chen!

El sargento Price había elegido un muy mal momento para cortarse accidentalmente un dedo con un filoso y oxidado alambre.

Se estaban preparando para cualquier cosa. Su oficial al mando tenía cierto dejo de paranoia con los japoneses, y estaba convencido de que atacarían el continente más pronto que tarde. Edward no iba a discutirle nada, no porque tuviese razón, si no porque tenía la certeza de que lo mejor era callar y trabajar, e intentó terminar de atar una cerca aquella mañana, pero la punta del alambre que estaba usando se le terminó enterrando en el dedo pulgar de la mano derecha, terminando con su récord de no visitas a la enfermería en casi toda su carrera. El oficial no iba a permitirle seguir sin curarse, claro estaba.

Así que mientras el sol se posaba sobre el cénit del cielo sin paliar el frío invernal que congelaba los huesos, Edward Price estaba con el dedo pulgar sentado en la camilla de la enfermería de Fort Knox, como si aquella herida punzante del alambre fuese un miembro amputado por una mina antipersonal. Se sentía por completo ridículo, y las miradas divertidas de la mujer que oficiaba de recepcionista no ayudaban a su moral. Lo único que supo era que la enfermera del turno se había ido a buscar agua para beber, y volvería pronto. El problema era que, como el sargento no la vio irse, no podía determinar que era pronto, por lo que la espera, más que larga, se le hizo eterna de la vergüenza.

¿Quién lo había mandado a obedecer órdenes de un oficial tan imbécil?

Finalmente, después de lo que parecieron eternos minutos (aunque seguro solo fueron 5 o 10) una figura femenina de contextura pequeña y mirada calma, envuelta en un uniforme de enfermera, se acercó primero a la recepcionista para luego mirarlo a él. Price de alguna manera se sintió más tranquilo, no tenía claro si porque la joven chica le inspiraba confianza a simple vista o porque por fin podría salir de allí, el caso es que le sonrió con amabilidad mientras la muchacha se acercó, y le tendió la mano izquierda para saludarla.

- Buenos días, soy el sargento Price. De verdad, esto es una completa pérdida de tiempo...

Pero luego recordó otra cosa que había aprendido con los años, y era que si no debías desobedecer a un oficial superior, mucho menos a una enfermera.


Price - Fort Knox - Mediodía

XIII




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Compassion and strength in equal measure:

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Amaryn
Amaryn
Space - Nivel 2
Amaryn
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Mar Dic 28, 2021 10:25 pm por Genie
Confidence at first sight
Capítulo 1

Principios de enero de 1942

La guerra tomó de sorpresa a Vivian Bell, cuando atacaron Pearl Harbor el pasado diciembre, causando una especie de amargura entre los americanos en las Navidades pasadas y por ende, un fuerte sentimiento patriótico, en la que cientos de jóvenes fuertes se alistaban en las filas de los distintos tipos de ejército. Aquello también había causado el mismo efecto entre las jovencitas no pudientes, queriendo colaborar con el país y con sus familias al alistarse a la Cruz Roja y el ejército. Vivian Bell era una jovencita de no más de veinte años, hija de un panadero y una ama de casa. Lamentablemente, su familia no le dio el permiso o la bendición de alistarse como enfermera, así que tuvo que marcharse de casa tras una fuerte pelea con sus progenitores. Abandonó su hogar en el sur de Louisiana y marchó a alistarse en una ciudad más grande. Hizo las prácticas pertinentes de enfermería en el ejército, antes de ser derivada a Fort Knox, centro de entrenamiento militar.
Allí se hizo amiga de varias enfermeras con quienes compartía barracas, en una zona fuera del cuartel militar. Todas las mañanas madrugaba a las cinco am, desayunaba en las barracas y marchaba a pie hasta el cuartel para comenzar su día a las siete en punto de la mañana. Así eran sus días en la base militar, siempre abrigada hasta las cejas, pues allí el invierno era muy crudo. Le gustaba ese cambio de aires, aunque echaba de menos a su familia.

Ese día de principios de Enero, era un día común y corriente, sin ningún incidente que resolver o sanar. Estando allí en el ejército norteamericano, había terminado adoptando la costumbre de fumar y viendo que no había pacientes que atender, le había dicho a la recepcionista que saldría a fumar. El frío caló hondo en sus huesos pero se mantuvo en movimiento, mientras fumaba aquel cigarrillo. Cuando lo terminó, regresó raudamente al calorcito de la enfermería, cuando su colega recepcionista le señaló un paciente. Vivian volteó la mirada para ver al soldado con una mano herida. Asintió a la recepcionista y le entregó su abrigo, antes de tomar el portapapeles con los datos de este. Al llegar donde él, este empezó a decir que era una completa pérdida de tiempo y Vivian se echó a reír con jovialidad.

—Dudo que desee perder la mano, Sargento Price.—murmuró con dulzura, dejando el portapapeles en la camilla donde él estaba sentado y pese a que sus manos estaban heladas, las extendió para tomar la mano herida del sargento y la examinó de forma concienzuda.—Esto será así: desinfectaré la herida y le coseré puntos con maestría, que tan solo le quedará una fina cicatriz de guerra.—le explicó el paso a paso mientras se movía con habilidad en el lugar, buscando la botella de desinfectante, gasas variadas como aguja e hilo.—Si le molesta o duele o algo, no dude en decírmelo, sargento Price.—dijo manteniendo la dulzura y calma en su voz.

Procedió a desinfectar la herida con mucho cuidado y mimo, como si estuviera curando a un infante de tres años. Tras ello, enhebró el hilo en la aguja y con mucho cuidado, fue cosiendo la herida, atenta a cualquier reacción del sargento. Al finalizar, limpió el pulgar de cualquier resto de sangre, antes de vendarlo lo más prolijo posible.—Y...ya está.—dijo, contenta de su trabajo.—Recuerde no presionar mucho el dedo en cualquier actividad y en unos días estará como nuevo.—comento toda sonriente.—Ah, antes de que se me olvide...—dijo, acordándose de algo y se movió en el cubículo en busca de una piruleta roja para el sargento.—Para que no se le baje el azúcar en la sangre y por buen niño portado.—se lo entregó, sin perder la sonrisa.

Ella y sus colegas enfermeras solían hacer eso con los soldados, sintiéndose en la necesidad de darles aliento, pues se entrenaban y preparaban muy duro para una guerra catastrófica. Eran como animadoras en uniformes blancos impolutos.—En unos días regrese para chequear cómo están los puntos.—añadió, mientras anotaba en el portapapeles la visita del sargento Price.—¿Alguna duda?—preguntó, mirándolo a aquellos ojos azules o celestes o verdes.


Bell - Fort Knox - Mediodía

XIII


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