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Dom Dic 19, 2021 10:58 am por Freyja
Recuerdo del primer mensaje :


El efecto Kepler
CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
- Mira, iba a decirte que nadie quiere ver esto... Pero sí que quiero verlo en el fondo. - Dijo Sean. Marcus se llevó una mano al pecho. - Qué bonito es cuando ves madurar a una persona. - Qué imbécil eres. - Eso le hizo reír. Era el cumpleaños de Alice, el primero que pasaban como novios oficiales (qué le gustaba decir eso) y tenía que echar el resto. Su novia le había pedido un regalo muy concreto y particular: un último reto. Y no le había dicho cual. A lo largo del día, le pediría la última travesura juntos y él no se podía oponer, porque básicamente su regalo era que le dijera que sí. Mejor no lo pensaba porque se echaba a temblar. Pero era la mujer a la que había elegido a su lado, así que más le valía acostumbrarse.

Por supuesto, Marcus tendría que nacer de nuevo para presentarse de manos vacías en una ocasión como esa, y tenía un as en la manga. Aparte de que ya tenía un regalo trabajado desde hacía tiempo para ese día, el cual le daría cuando tuvieran un momentito para ellos, quería hacer una entrada espectacular de cumpleaños. - ¿No temes que Creevey te lo boicotee? - Preguntó Sean, y Marcus se llevó un índice a la sien con una sonrisa ladeada. - Ya había pensado en eso, tengo a Colin vigilándole. Que se vaya ganando el puesto de prefecto. Este de aquí está en todo, Hastings. - Fardó. Terminó de arreglarse y bajó a esperar a su novia al pie de las escaleras, como cada mañana, aunque esta vez Sean se había subido unos cuantos escalones para hacerle de avanzadilla.

- ¿Le vas a hacer un regalito especial? - Dijo la vocecilla de Beverly, que obviamente ya estaba por allí sin perder pista de lo que pasaba. Marcus se irguió, orgulloso. - Por supuesto. - ¿Lo puedo ver? - Preguntó, y claramente la niña quería llevarse la primicia para sentirse importante. Tenía demasiada elegancia (y afán por quedar bien) para decirle simplemente que no y largarla, así que lo manipuló un poco, a su estilo. - ¡Claro! Vas a presenciar el espectáculo en primería, como debe ser, porque la Princesa de Ravenclaw no podría perderse algo así. - Eso sí que era orgullo hinchado y lo demás eran tonterías, la cara de Beverly había sido para enmarcarla. - Y una princesa tiene un lugar fijo y de importancia, no se pone al pie del espectáculo, eso no está a su altura. - Le dijo bajito. La niña miró a los lados, localizó el sillón y puso expresión maliciosa. - Lo veré desde mi trono, pues. - Y allá que se fue, a sentarse con toda su figurada imponente presencia. Marcus le guiñó un ojo. Genial, tema resuelto. Deberían de dar puntos por saber colocar a los niños donde le convenía como si fueran piezas de ajedrez.

- ¡Felicidades, cumpleañera! - Oyó la voz de Sean, que claramente era su señal. - A ver, a ver, que eres tú muy adelantada, y alguien me ha encargado que no mires tanto. - Frunció los labios, nervioso, colocándose muy bien puesto, y apenas segundos después vio a su novia bajar tentativamente las escaleras, con Sean detrás tapándole los ojos. Con la varita, empezó a dibujar un remolino en el aire, que salió como unas vetas azul claro y cada vez se fue haciendo más intenso. Con el rápido movimiento, a medida que el viento giraba, empezó a escucharse el piar de unos pajarillos. Le hizo un gesto a Sean y este destapó los ojos de Alice justo cuando el remolino de aire y pajaritos encantado se dirigió a ella para rodearla. - Feliz cumpleaños, mi reina de Ravenclaw. - Y al decirlo, los pajarillos se fueron a su cabeza y se transformaron en una corona de flores azules. Había conseguido dejar mirando a toda la sala común. Tras su novia, Hillary frunció los labios y dijo monocorde. - Esto es injusto. -
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Miér Dic 22, 2021 6:48 pm, editado 1 vez


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Vie Dic 24, 2021 10:46 am por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Sentir cómo Marcus recuperaba el ritmo y se movía así le hizo cerrar los ojos, mientras volvía a gritar de placer, casi ahogándose con aquella sensación tan intensa. Jadeó al sentir el beso en su espalda y se agarró con fuerza a los brazos que la rodeaban. — Sigue así, mi sol, no pares. — Le suplicó, mientras sentía sus piernas contraerse y atraparle a él entre ellas, y de repente lo sentía todo más fuerte, su respiración en su espalda, sus dedos en su vientre, sus propios gemidos en su garganta, y, finalmente, un escalofrío que le recorría el cuerpo, justo para sentir como Marcus alcanzaba el final también. Se quedó recuperando la respiración, y mirando a su alrededor, como si se hubiera elevado unos metros y acabara de aterrizar de nuevo en aquella agua calentita y la espuma.

Se dejó conducir de nuevo sobre Marcus, sentados en aquella bañera tan divina, mientras daba un profundo suspiro, recuperando su ser. Ladeó la cabeza y le miró con infinita ternura y sonreía como una idiota. — Pues claro que nos quedan. Infinitas. Tú y yo hacemos las mejores historias. — Se inclinó sobre él y le besó con suavidad, mientras le pasaba los brazos por el cuello y se acariciaba con su piel. — Me encanta contarte historias, ¿sabes? — Susurró, con una sonrisa boba, envuelta en aquella nube de amor en la que estaba en ese momento, como si estuviera borracha, pero mucho mejor. Escuchó lo que le dijo y amplió la sonrisa con un toque de tristeza. — ¿Qué le decías siempre a Hills? Que hacen falta miles de millones de años para que las galaxias cambien… — Volvió a besarle. — Voy a ser tuya miles de millones de años, mi sol. — Qué idiota había sido de hacerle pensar lo contrario. — Y a veces volaré… Pero siempre contigo. De tu mano. Te lo dije en primero y lo mantengo. — Rio y le dejó un beso en la mejilla. — A Roma. — Le dejó otro en la frente. — A París. — Y otro en la otra mejilla. — A Damasco… A todos los sitios donde seguir escribiendo nuestra historia. — Suspiró con puro amor y emoción. — Porque la eternidad es nuestra, mi amor. —

Se bajó de su regazo y se sentó en el fondo de la bañera, notando cómo le llegaba el agua hasta los hombros, y reposó la cabeza en el borde, cerrando los ojos y respirando hondamente. — Podría acostumbrarme a esto, ¿sabes? — Tiró de Marcus y le colocó entre sus piernas, haciendo que apoyara la espalda sobre su pecho y pasando los brazos hacia adelante, como si le encerrara y le impidiera irse, y apoyando la barbilla en su hombro. — Desde aquí se te ve muy bien, ¿sabes? — Dijo admirando su rostro y dejando otro beso sobre su mandíbula. — Y hablando de historias… ¿Es posible que alguien tenga un ejemplo Kepler que demostrar? — Preguntó con una sonrisilla, pero manteniendo el tono bajo, mientras acariciaba sus rizos mojados.


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Sáb Dic 25, 2021 9:29 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
- Siempre de tu mano. - Susurró, recordando esas palabras que se dijeron en primero unos Marcus y Alice que se creían con el mundo a sus pies, y a quienes ahora recordaba muy pequeños. Y justo cuando pensaba en todos esos proyectos grandilocuentes que se prometieron y como estos se habían modificado ligeramente, haciéndose más realistas y dando paso a otros incluso mejores, ella empezó a recitar los sitios a los que irían juntos. Rio, encantado. - Aún tengo mi libreta fiel, esperando ser estrenada con todos esos viajes que vamos a hacer. - Dijo sonriente, haciéndole parecer el Marcus de trece años que alucinó con el regalo de Navidad que le hacía su amiga. - Lo mejor de ese regalo era que venía de ti. Era pensar... Que iba a usarlo contigo. - Dejó un beso en sus labios. La eternidad era suya, y en ella tenían una historia muy larga que contar y que solo acababa de empezar.

Se recolocó, dejándose abrazar por ella y cerrando los ojos, riendo un poco entre dientes a su comentario. Respiró hondo y dijo, con la voz adormilada y placentera. - Podríamos tener una bañera así en nuestra casa, ¿como de viable lo ves? - Rio un poco con su propia fantasía. A ver, era una bañera un poco grande para una casa, pero eh, iban a ser dos alquimistas de renombre y él estaba en una nube muy maravillosa en ese momento. Soñar era gratis y él y su éxtasis actual no le veían laguna alguna a ese plan. Abrió los ojos para mirarla con una sonrisilla. - Tú te ves impresionante desde todos los ángulos. - Se puso las manos ante los ojos, como si mirara a través de una mirilla, achicando uno de ellos y cerrando el otro, cómicamente. - Pero sí, digamos que, en estos momentos, el mejor es este. - Rio y se alzó para dejar un piquito en su barbilla antes de volver a reposar donde estaba.

Ah, la historia, por un momento se le había olvidado. Con los ojos cerrados, rio y soltó un hondo suspiro antes de empezar. - Está clarísimo, Alice Gallia, no sé como no lo has pillado todavía. - Bromeó, sin perder la voz tomada por la relajación y sin abrir los ojos. Se mojó los labios, se removió y la enfocó, apoyándose de costado en la bañera y mirándola a los ojos. - Digamos que... Como te dije antes, no es la primera vez que entras en este baño. - Se encogió de hombros con una mueca graciosa en los labios. - Hubo que tomar medidas desesperadas, fue todo muy rápido y confuso, temía que me pillaran y, sobre todo, temía que la planta esa tuviera malos efectos sobre ti... Y a la mañana siguiente, decías no recordar nada, así que... - Chasqueó la lengua, retirando la mirada. - Supongo que era más fácil no volver a tocar el tema. Y así sería como si nunca hubiera pasado. - Rodó los ojos y la miró, curioso. Porque ciertamente él había querido hacer como que nunca había pasado, pero era tan llamativo que el tema no hubiera salido de ninguna forma, de ninguna manera, en todo aquel tiempo... - ¿Qué recuerdas de aquel día? - Preguntó con genuina curiosidad. - ¿De verdad... no recordabas en absoluto haber estado aquí? ¿Ni... nada más de lo que ocurrió? -
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Dom Dic 26, 2021 8:29 am por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Le miró enternecida cuando dijo lo de la libreta fiel. — Ohhh. No sabes con qué cariño la hice, imaginando todo lo que haríamos. Desde que te habías ido a Roma aquel verano, tenía ganas de ir contigo, pero la lista de destinos solo ha crecido desde entonces. — Suspiró y acarició su pecho desde su posición. — Cuando era más pequeña, quería ir a Nueva York, porque mis padres hablaban constantemente de ello, pero… Creo que ya no quiero. No podría ir con mi madre ya y… Es un poco meterse en la boca del lobo. — Se acercó de nuevo a la mejilla de Marcus y dejó un beso. — Ya no me gusta acercarme al peligro. La emoción controlada es lo mío.

Alejó los pensamientos más nublados de su mente y se rio, porque nada mejor que los pensamientos a lo grande de su novio para despejar cualquier mal pensamiento que pudiera tener. — ¿Qué clase de casa esperas tener, querido? — Se rio y estrechó a Marcus contra ella. — Pero si tú la quieres, la tendremos, ¿por qué no? — Se rio un poquito y deslizó un dedo por su pecho, dibujándole formas al azar. — Me ha gustado esto, estaría bien repetir. — Terminó con una risita. — Pero no confío en ser capaz de arrastrarte tres veces al baño de prefectos, la verdad.

Se arrellanó un poco para escuchar esa historia que, la verdad, desde que sabía que existía, tenía muchas ganas de escuchar, aunque hubiera tenido otro temilla antes, que le quemaba demasiado por dentro como para pararse a escuchar esa historia. Ahora, con la tranquilidad de estar en aquel agua azul, rodeados de burbujas y espuma, mucho mejor. — ¿Pero tan mal me puse? — Preguntó con una risita, aunque también un poco preocupada de haber llevado a esos niveles de preocupación a sus amigos. Le acarició el pelo y dijo. — Es increíble que lo hayas guardado todo este tiempo y que te encargaras de ello en tu primer año de prefecto. — Dejó un beso en los rizos mojados.

Negó con la cabeza, mirándolo a los ojos. — ¿De aquí? Nada de nada. Ese día es superconfuso para mí… Pero como no fue culpa mía, y todos me dijisteis que simplemente me había caído redonda, pues… Suponía que no era un capítulo demasiado interesante de mi vida. — Se rio y movió la cabeza a un lado y otro. — Hay que fastidiarse. — Respiró hondo y perdió la vista por el baño, tratando de recordar. — Recuerdo llegar a nuestro taller de Herbología de quinto, el que compartía con Ethan, Darren y Oly. Imagínate cómo estaba eso. Así que, como la única Ravenclaw del grupo que era, me puse a ordenar y a etiquetar todas las plantas que teníamos. Y ahora apareció una que no había visto en la vida, y me volví loca buscándola en los botanicum, y no daba con ella, y al final tuve que cortarle un capullo para verla por dentro y mirarlo en el manual de anatomía de plantas. — Entornó los ojos. — Y claro, venga a limpiar y colocar, estaba ya sudando, y solo Merlín sabe cuántas veces me tocaría la cara. Lo último que recuerdo antes de levantarme en mi cama es a Oly llegando y preguntándome por la planta y llamando corriendo a Ethan. — Se rio. — Sí, claro, ahora tiene sentido… — Apoyó la mejilla en el pelo de su novio. — Y al día siguiente, Hillary me dijo que me habían metido en la ducha con el uniforme, porque me olía un montón a jabón, y yo estaba como… ¿Y por qué no me quitaste el uniforme? Vamos, ni que Hillary, Donna y yo nos fuéramos a asustar de nada… — Se rio un poco más y se mordió el labio. — Pero en mi cerebro sí debió quedar algo porque aquel sueño que tuve… Pensé que mi mente había imaginado el baño, pero claramente estaba utilizando un recuerdo que tenía inconscientemente.

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Dom Dic 26, 2021 2:07 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
La miró con los ojos muy abiertos. - ¿He conseguido que Alice Gallia acepte la emoción controlada y quiera alejarse del peligro? - Muy cómicamente, hizo como que se desmayaba y se resbaló hasta zambullirse en el agua, saliendo de esta entre risas y dándole un piquito. - Esto sí que es un regalo adelantado de cumpleaños. - Bromeó.

Sonrió levemente. Pues sí, no supo ni cómo lo hizo y ahora, llevando de prefecto tres años, se habría puesto igual de atacado, no sabía como no le había dado algo aquel día, con el puesto prácticamente recién estrenado y los TIMOs a las puertas, que ya era de por sí un estrés añadido. Contuvo una risa entre dientes con eso de que "no había sido un capítulo demasiado interesante de mi vida". No te imaginas lo interesante que fue, pensó irónicamente, y se lo podía haber dicho en voz alta, pero llevaba tres años acostumbrado a guardarse ese día para sí. Al fin lo iba a contar, pensó que nunca lo haría, o que no lo haría hasta que no abandonara Hogwarts... Pero, lo dicho. Esas Pascuas le habían cambiado la forma de pensar en algunos aspectos, relativizar cosas a las que antes le daba mucho dramatismo, y esa parte de su historia, la historia de los dos alumnos de Hogwarts, se iba a acabar en un par de meses. Ya no tenía nada que perder, y al menos tendrían otra anécdota conjunta que compartir.

Efectivamente, eso era todo lo que Alice recordaba, lo mismo que dijo a la mañana siguiente. Se mojó los labios, respiró hondo y dijo. - Bien, pues... Empiezo. - Se aclaró la garganta y se recolocó, apoyándose de lado en la bañera y mirando a Alice frente por frente. - Ese día habíamos quedado los cuatro para hacer un trabajo de Astronomía que, si te digo la verdad, me lo plantas ahora por delante y sigo sin saber cómo resolverlo, porque ahí la Profesora Granger nos tendió una trampa, ahora lo veo clarísimo. - Comentó entre risas. Vamos, de hecho nadie dio con la respuesta correcta y ellos, después de todos los incidentes y peleas, fueron los que más se acercaron a llegar a una conclusión medio decente. - Mientras tú etiquetabas plantas, yo andaba como loco buscando el Harmonices Mundi en la biblioteca... De ahí que no recordaras la pelea con la bibliotecaria. Y con Hillary. Tuve las pocas luces de pedirle a ella que lo buscara mientras dejaba gestionado algo, no me acuerdo que era, algo con unos alumnos de segundo creo. Y cuando llegué a la biblioteca me encontré con Hillary en modo Hillary pre-exámenes: "Eso no existe, O'Donnell, eso es muy antiguo, no sirve para nada, me has hecho perder el tiempo, ¡¡por Dios eres insufrible!!" - La imitó con voz chillona e irritante. Lo cierto es que se había saltado muchas partes ahí, porque él también estuvo bastante insoportable ese día. Había que aguantar a dos Ravenclaws sin respuestas antes de uno de los exámenes más importantes de sus estudios en Hogwarts. - Volví a pelearme con la Señora Bins por no tener el libro y, en mitad de la bronca con Hillary, llegué al aula de estudio en la que habíamos quedado, más tarde de la hora. Deberíais estar Sean y tú, pero solo estaba Sean, tú llegaste después. Pero estábamos tan metidos en la pelea que el único que se dio cuenta de que te pasaba algo fue Sean. Ya sabes, él y su ojo para el detalle... Eso y que empezaste a hacer y decir tonterías. - Se pasó los dedos por los labios, aguantándose una risa. Ahora que lo rememoraba... Mejor no estallaba en carcajadas delante de la pobre Alice, por respeto, pero fue muy divertido. Si eso cuando acabara con la historia objetiva entraba en detalles.

- Nos habíamos metido en una discusión bestial, no sé como no nos echaron del castillo con el griterío que teníamos, y yo estaba tan en lo mío que simplemente pensé que ese día tenías ganas de bromas, así que seguí discutiendo con Hillary y traté de ignorar tus tonterías para no cabrearme contigo también... Pero no eran simples tonterías. - Se mojó los labios, haciendo un gran esfuerzo por no reírse, y añadió. - Y entonces te subiste a la mesa. - Se le escapó una carcajada de garganta y se tapó la boca. - Perdón, no tiene gracia. Bueno, ahora en la distancia sí la tiene, pero en su momento te aseguro que hice de todo menos reírte. - Respiró hondo para recomponerse. Lo dicho, si eso los detalles luego, se iba a centrar en la historia. - Cuando dijiste que venías de etiquetar plantas en el invernadero, incluyendo "una planta de Oly que no era de clase", sumado a la cantidad de barbaridades que estabas diciendo y haciendo... Hice así. - Abrió mucho los ojos e hizo como si detuviera todo lo que una audiencia invisible estuviera haciendo. - Me acerqué a ti, y en una actuación impecable de digno prefecto que soy... - Ya iba a tardar él mucho en darse importancia. - Hice... - Le agarró la mano como aquel día, la miró, se la acercó a la nariz y la soltó rápidamente. - "No la toquéis". - Representó, como si fuera aquel día. - Te olía la mano muy fuerte, a algo que no había olido nunca, y solo me acerqué levemente y un segundo. Era obvio que te habías colocado con eso. Más obvio fue en cuanto me dirigí a la puerta y vi que Oly estaba huyendo como un ratón de allí. - Bufó. Anda que vaya estampa.

- Oly nos confirmó que te habías intoxicado con estornudo del diablo. Casi me da un infarto, no tenía ni idea de cuales eran las consecuencias que eso podría tener, lo que sí sabía es que era del todo ilegal tenerla en el colegio. - Esa parte ya no le hacía tanta gracia, porque recordó lo agobiado que estaba. - Sean, Hillary y yo nos asustamos mucho... Y tú no parabas de hacer el tonto, lo cual no ayudaba. - Comentó con los ojos entornados. - Quise llevarte a la enfermería, pero Oly me rogó que no lo hiciera porque... En fin, lo dicho, esa planta no es legal tenerla aquí. Perdería su puesto como mínimo, podría arriesgarse incluso a que la echaran de la escuela. Pero yo estaba muy agobiado y asustado, y tú estabas cada vez peor, y no teníamos ni idea de como quitarte lo que te pasaba sin que nadie se enterase, ni de si podría pasarte algo peor. Oly me juraba y me perjuraba que no era nada grave, que se te pasaría en un rato, pero... En fin, ya sabes como me pongo. - Dudaba que esa parte fuera necesaria de relatar.

Se frotó un poco la cara, suspiró y continuó. - Oly dijo que mientras siguieras teniendo restos de la planta y tocándote la cara, los ojos, la boca y en definitiva todo lo que pillaras, los efectos no se te iban a pasar. Que lo mejor sería meterte en la ducha hasta que se te eliminaran los restos y se te fuera pasando el alucine poco a poco... Hillary quiso llevarte a los dormitorios para meterte en la ducha, pero... - Se mojó los labios y la miró. - No sé de qué narices hablabas de unas operaciones que no se te podían olvidar, y empezaste a rogarme que te dejara un pergamino y que no me separara de ti... - Se encogió de hombros, con una mueca en los labios. - No podía verte así y perderte de vista, menos aún si me estabas pidiendo que no te dejara. Se me rompía el corazón. - Se rascó la frente, suspirando de nuevo. - Pero claro, las duchas estaban en los dormitorios de las chicas y yo ahí no me podía meter, y encima quería que Oly diera alguna solución ya que toda esa liada había sido culpa suya... ¿Qué punto tenemos Oly y yo en común en el que podemos meterte en agua? Aparte del Lago Negro, claro, que ya lo que nos hubiera faltado. - Se encogió de hombros con las palmas hacia arriba, mirando a su alrededor. - El baño de prefectos. - Bajó las manos. - La idea fue de Oly y ni que decir tiene que yo no la aprobaba, pero todos empezaron a echárseme encima en plan "¿¿se te ocurre algo mejor??" ¡Pues se me ocurre no tener plantas ilegales en el colegio, por poner, pero se ve que es mucho pedir por mi parte! - Contestó repipi, como si hubiera alguno de los presentes aquel día allí con él. - Así que le dije a Oly que ella se metería aquí contigo, porque... Bueno, teníamos quince años, pensé que iba a quitarte la ropa para bañarte y... - Se le escapó una risa mientras se rascaba los rizos. - Qué te voy a contar, lo que me faltaba aquel día era ya verte sin ropa. Me hubiera muerto, vamos. -Suspiró. - Sean y Hillary se quedarían cada uno en un extremo del pasillo y yo en la puerta, montando guardia... Ni que decir tiene que eso no iba a ser así de simple. -

Tragó saliva y disimuló media sonrisilla. Qué claras veía ahora ciertas cosas... - Estando en la puerta, empezaste a llamarme a gritos. - La miró a los ojos. - Decías que no podías meterte en el agua si yo no estaba contigo, empezaste a decir que yo prometí no soltarte nunca... Que no te dejara sola, que yo te protegía. - Enterneció una sonrisa nostálgica. - ¿Cómo crees que podía resistirme yo a eso? Estaba preocupado y agobiado, pero sobre todo, me moría de miedo por ti. Y tú... Me querías a tu lado. No podía simplemente quedarme en la puerta. - Se encogió de hombros. - Así que te quitamos solo los zapatos, la túnica ya te la habías quitado tú hacía un rato, y te metimos en la bañera con ropa... Nos metimos, para ser exactos. - Rio un poco. - Sí, me bañé contigo, y con ropa. En las condiciones que estabas, no me atrevía a dejarte sola en el agua, aparte de que tú no consentías que te soltase. Me daba hasta lástima pensar que no te acordabas, lo que hubieras disfrutado de la anécdota. - Ladeó varias veces la cabeza, mirando hacia arriba. - El momento de estar dentro, y cuando salí y te ayudé a secarte con un hechizo secador, fue... Dejémoslo en tenso. Estabas alucinando mucho y... Decías muchas cosas. Aunque no se te escapó una declaración, puedes estar tranquila. Solo varias insinuaciones que me esforcé mucho en intentar desoír. - Comentó entre risas. Suspiró, apoyó un codo en el borde de la bañera y frunció una sonrisa. - Y esa es la historia de como nos bañamos con ropa en el baño de prefectos, los dos solos porque Oly salió a relevarme en la guardia, en mi primer año como prefecto. Incumplí una norma basiquísima por ti... Y lo he vuelto a hacer. Por ti haría lo que tú me pidieras. - Se mordió los labios y, con un toque resignado, bajó la mirada y dijo. - Y ni siquiera fue la única norma que incumplí ese día... -
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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Se rio mirando a Marcus haciendo que se desmayaba y disfrutando del momento. — Puede. Igual que yo he conseguido que el prefecto me cuele en este baño para hacer cosas prohibidas en una bañera. — Le abrazó un poco más fuerte, aprisionándolo contra sí, como si temiera que se le fuera a arrepentir y escapar. Pero Marcus tenía una historia que contar y no iba a desaprovechar aquella oportunidad de contarle algo que ella no supiera, más siendo ellos dos los protagonistas.

Se giró un poco para verle hablar, apoyándose con el brazo en el borde de la bañera, y acariciando con el dedo su brazo, porque no podía dejar de estar en contacto con él. Ya empezó riéndose cuando hizo la imitación de Hillary y describió la situación, entornando los ojos. — Cuéntame más, llevo bastantes más noches con ella que contigo. Es así hasta de madrugada, no tiene fin. — Aseguró. Luego se rio y asintió a lo de Sean. Sí, su amigo era muy detallista, pero Hillary y Marcus es que se perderían un erumpet entrando por la puerta cuando estaban discutiendo.

Pero cuando dijo lo de la mesa, abrió mucho los ojos. A ver, que Alice había hecho cosas peores, pero no con sus amigos discutiendo y tratando de hacer un trabajo, y también ella tuvo que contener la risa. Entornó los ojos, porque mucho estaba tardando su novio en echarse flores, pero tuvo que volver a sorprenderse. — ¡Oye! Qué agudo. Si es que tenía razón la abuela Molly, tenía que haber seguido en Herbología. — Ella, si podía, metía su agenda por ahí. Se mordió el labio y negó con la cabeza, imaginándose la escena. — No quiero ni pensar cómo te pusiste con Oly. — Y eso que la chica era la persona del mundo a la que Marcus daba más manga ancha, más que a ella incluso. Pero suspiró y negó con la cabeza. Menuda liada le habían hecho, vaya, ella hubiera entrado en pánico si le hubiera pasado a otro, desde luego.

Ladeó la cabeza y se mordió los labios por dentro. — ¿Yo pidiendo hacer cuentas y que no te vayas de mi lado? Mira, si no fuera porque no recuerdo nada, te diría que no estaba tan drogada. — Se le escapó una carcajada con lo del Lago Negro. — Hubiera sido espectacular. Aunque tu infarto hubiese estado casi asegurado. — Pero tuvo que seguir riéndose porque el Marcus recién estrenado como prefecto se apareció ante ella durante unos instantes. Luego ladeó la cabeza y sacó el labio inferior, haciendo un sonido de adorabilidad. — Ohhh qué mono… — Pero entonces frunció el ceño. — Espera, ¿creías que era mejor idea dejar que Oly me quitara la ropa? No ibas tú desconcentrado… Vamos… — Y se echó a reír, recordando de golpe todas las aventuras que sus Hufflepuffs habían tenido entre ellos y con otros, y más concretamente Oly, con cualquiera que tuviera un aura bonita.

Asintió, como si fuera evidente. — Bueno es que eso me lo dijiste en La Provenza, en el verano de segundo, así que tampoco era ninguna mentira, y vaya Merlín a saber qué me parecía la bañera esta tan grande… — Y se tuvo que reír al imaginarse a Marcus metiéndose en la bañera vestido, con ella, y Oly con la túnica y los zapatos esperándolos fuera. Se mordió el labio y se tapó la cara. — Menos mal que no me lo dijiste entonces, me hubiera muerto de vergüenza. Pero me creo lo de las insinuaciones. — Se acercó a él por la bañera lentamente, con una sonrisa tentadora. — Es que me pone mucho el rollito prefecto… Y el rollito bañera… Y todo junto y sin ninguna inhibición… — Le besó lentamente, pero entonces le dijo que había roto otra norma. — ¿Perdón? — Volvió a reírse y pasó los brazos por su cuello. — Pero, ¿desde cuándo te metes tú en tantos líos? No se si me pone más el rollito prefecto o el rollito problemático? — Dijo, antes de besarle otro poco, que quería oír la historia, pero también su ración de Marcus O’Donnell solo para ella.

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
Chistó con sarcasmo. - Sí, para que nos hubiéramos drogado los dos. - Respondió a lo de que no tenía que haber dejado Herbología. - Y a ver quién nos hubiera liberado de esas, porque Sean estaba sobrepasado y Hillary ni te cuento. Y de Oly mejor no hablamos, que su concepto de "arreglar el problema" había sido dejarte con nosotros en el aula de estudio y espiar desde la puerta confiando en que ninguno nos diéramos cuenta. -Quería muchísimo a su amiga, pero era tan lianta que él mismo se planteaba qué tenía para que todos, sobre todo él, le pasaran tantísimo la mano. Sería que era adorable, eso debía ser un don con el que se nacía, porque no era normal de la cantidad de cosas que se libraba.

Y hablando de la prefecta de Hufflepuff, se volvió a mover y a enfocar a Alice, ladeando la cabeza. - Nos acabábamos de liar y no es que estuvieran muy definidas las cosas entre nosotros precisamente. Y estábamos en una edad muy mala. - En la que él se calentaba a la primera insinuación de Alice, y más o menos seguía igual, pero no había necesidad de decir eso en voz alta. - Y yo soy un caballero y tú eras mi amiga y estabas desvalida y te debía un respeto. Olympia es otra chica, prefecta y la causante del problema, por supuesto que era la opción más adecuada. - Chistó y sacudió la cabeza, haciendo un gesto con la mano. - Fue una situación muy complicada, Alice... Y no manejaba la presión con la maestría con la que la manejo ahora. Y estaba preocupado por ti. - Comentó muy digno, con una caída de ojos.

Tuvo que reír con los comentarios de su novia, pasando las manos por su cintura y acercándose a su rostro, embelesado por sus palabras. Después de su beso, frunció una sonrisilla culpable y se encogió de hombros, aún con las manos en su cintura. - Desde que apareciste en mi vida. - Acarició su nariz con la de ella y susurró. - Y no me arrepiento de ninguno. - Volvió a dejar un beso lento y prolongado en sus labios, soltando aire por la nariz al separarse. - Me temo que la segunda parte no es tan divertida... Aunque es de la que me siento más orgulloso. Y esa sí que no te la esperas. - Comentó con una risa. Se colocó se nuevo como estaba y continuó con la historia. - En mitad del baño empezaste a encontrarte mal. Decías cosas sin sentido, te pusiste de rodillas y asegurabas que te pasaba algo raro en las manos y que te dolía mucho la cabeza. Me asusté mucho, intentaba que me oyeras y te centraras pero estabas muy confusa. Oly debió escucharme desde fuera y entró. Te saqué de la bañera en brazos, y al salir, entre Sean y yo te llevamos levitando hasta la sala común. - Ladeó la cabeza. - Te hubiera llevado en brazos sin duda, pero hubiera sido muy llamativo. Así que intentamos ponerte lo mejor posible de pie y te agarramos entre los dos mientras ibas levitando unos centímetros por el suelo. No es tan gracioso como parece al contarlo. - Ahora lo pensaba y no sabía como no le había dado algo aquel día.

- Cuando estábamos llegando a la sala, de repente dejaste de hablar, por más que intentaba distraerte, y te quedaste dormida. Oly insistía en que solo estabas dormida, pero yo creía que te habías quedado inconsciente y casi me da algo... Ahí nos encontramos con Kyla. Oly se quedó fuera, y los demás intentaban decidir qué paso dar a continuación, pero yo no podía verte así. Te cogí en brazos de nuevo y entré contigo en la sala común, ya me daba igual si alguien nos veía, e igualmente no había casi nadie, o yo no me di cuenta. Te dejé en el sofá y me quedé ahí contigo. - Bajó la mirada, encogiendo un hombro. De repente parecía tener quince años otra vez. - Me habías pedido tantas veces... Que no te dejara sola... Que simplemente no podía irme. Hillary entró y dijo que lo mejor era llevarte a la cama, que estabas dormida profunda y lo suyo sería que descansaras, y yo sabía que tenía razón... Pero no quería separarme de ti. - Negó. - Kyla, Sean y Hillary empezaron a discutir sobre lo que era mejor hacer, yo les ignoré por completo, tenía claro que no iba a separarme de ti. Al final, los tres concluyeron que lo mejor era llevarte a tu cama, que no podíamos dejarte toda la noche en el sofá, que tenías que descansar... - Alzó la mirada hacia ella con una sonrisa culpable. - Ya sabes lo que pasa cuando me obceco con algo, ¿verdad? - Suspiró. - Podrían encadenarme y ni por esas hubiera consentido que te llevaran a la cama y te separaran de mí. Te había prometido que no iba a dejarte sola. No quería incumplir mi promesa. - ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta antes de lo que sentía por Alice? Sí que había estado despistado.

- Tras muchas presiones, me convencieron. - Prefería no incidir en lo dramático de la decisión tomada, porque la llevaba al dormitorio prácticamente llorando, aunque Alice le conocía lo suficiente como para imaginárselo. - Las chicas te metieron en el dormitorio, pero yo no consentí moverme de la puerta. Quería una confirmación de que estabas bien... Y entonces, te escuché llamarme desde dentro. Parecías muy asustada y me llamabas a gritos, claramente estabas teniendo una pesadilla y debía ser muy horrible, o quizás estabas delirando, no lo sé, pero te escuché llamarme y... - Negó, con una sonrisa triste. - Kyla intentó detenerme pero no sirvió de nada. Entré en tu dormitorio, cerré la puerta con un Fermaportus y nos encerré allí a Hillary, a Donna, a ti y a mí, con la orden de que de allí no salía ni decía nada nadie. Me metí en la cama contigo y te abracé... Y te prometí que no iba a dejarte sola más. No tenía que haberme despegado de ti ni un segundo. - Se le escapó una carcajada muda con los labios cerrados. - Hillary no osó llevarme la contraria más, desde luego, y la pobre Donna se estaba enterando en el momento de lo que estaba pasando. - Se acercó a ella y le acarició el pelo. Notaba como los ojos le escocían, emocionado por el recuerdo, casi reviviendo el miedo que pasó. - Empecé a recitarte tu lista... El viento, saltar en los charcos, las estrellas... - Tragó saliva. - "Tu lista, para que no tengas miedo. Estoy contigo, Alice". - Susurró, recordando sus propias palabras. - Recuerdo que Hillary me dijo "esto sí que es querer a alguien". - Rio un poco. - Y yo con mis respuestas habituales, muy digno, "pues claro que la quiero". - Volvió a reír, resignado, negando. - Y tanto que te quería... Estaba loco por ti. Pocas veces lo he pasado peor en mi vida que viéndote así, y sin saber qué hacer más que estar contigo. - Respiró hondo y bajó la mano. - Me quedé dormido sin querer. No quería soltarte bajo ningún concepto, así que me quedé abrazado a ti hasta que te dormiste, en tensión. Pero en algún momento debí cerrar los ojos y me quedé dormido. Me despertó Hillary a las cuatro de la mañana. Entre ella, Donna y Kyla me ayudaron a salir de los dormitorios de las chicas sin ser visto, y Sean a volver al mío. Al día siguiente te esperé en las escaleras, como siempre... Y no te acordabas de nada. -Se encogió de hombros. - Y en vistas de eso, recapitulando todo lo que había hecho y la cantidad de normas que me había saltado, me salió la vena de Emma Horner que llevo dentro. Reuní a todos los implicados y les dije que esto no había pasado, que tú no te acordabas, y que si alguno decía algo, caeríamos todos. Que nos jugábamos no solo puntos, nos podríamos jugar hasta la expulsión... - Ladeó la cabeza. - Puede que exagerara un poco en eso, pero no dejaba de ser un prefecto diciendo muy seriamente en un aula cerrada a un grupo de chicos que saben que han cometido infracciones que más les valía que eso no saliera de allí. - Hizo un gestito con la cabeza y añadió. - Así que, ya lo ves. Te metí en el baño de prefectos, y me colé en los dormitorios de las chicas para acostarme contigo, solo que quizás no fuera en las circunstancias que tú hubieras deseado. - Comentó entre risas, y luego alzó las palmas. - Pero ¡eh! Hacerlo, lo hice. No soy tan "prefecto aburrido" como algunas piensan. -
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Dom Dic 26, 2021 8:08 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Soltó una carcajada a la descripción de cómo habrían ido las cosas si se hubiera drogado él también. — Ay, cariño, menos mal que te he tenido siempre cuidando de mí. — Dijo negando con la cabeza, porque, la verdad, el panorama se hubiera puesto muy complicado de no tenerle por allí. — Eres maravilloso lidiando con el caos Gallia… — Acarició su mejilla con cariño. — Eres maravilloso haciendo muchas cosas.

Se rio, mordiéndose el labio inferior. — Quinto fue un año muy convulso, sí… — Acarició su costado. — Me tenías loca… ¿No te daba pena yo? Todo el día soñando con tocarte… — Dijo tentativa, acercándose a sus labios, pero sin besarle. Asintió. — Sí, mi amor, si solo te estoy vacilando un poquito. Todo lo que no pude ese día, por lo visto. — Volvió a besarle suavemente. — Mi ángel de la guarda…

Pero se separó de él para escuchar esa segunda parte. Puso una expresión un poco de pena. — No me extraña que te asustaras. — Sí, ver a alguien tener alucinaciones era difícil, muy difícil, porque esa persona creía que eran reales, lo sabía mejor que nadie, y se imaginaba el miedo que debió pasar al verla con ellas. Se llevó una mano a la frente. — Madre mía. Levitándome como una marioneta. Más bien suena tétrico. — Dijo, estremeciéndose solo de imaginárselo. También debió asustarle mucho verla tan dormida, pero con drogas como aquella era bastante normal… — Ah, pero que también se enteró Kyla. Madre mía, ¿pero cómo me habéis guardado todos un secreto así? — Asintió a lo de obcecarse con algo. Se estaba viendo venir que echó la noche entera en las escaleras o algo así.

Pero no se vio venir para nada que se atreviera a subir a los dormitorios. — ¿Que hiciste qué? — Preguntó abriendo mucho los ojos e incorporándose en su asiento. — No puedo creerlo. — Dijo casi sin voz. — Las caras de Hillary y Donna debían ser un poema. — Como la suya ahora. — ¿Cómo se te ocurrió? ¿Y todas la veces que te he vacilado con lo de colarme en el dormitorio o que vinieras tú? Y tú con esa cara de poker y de prefecto estupendo de “no digas tonterías, Alice Gallia, sabes que no se puede hacer”. — Rio incrédula. Es que era como para flipar vamos. Pero entonces le miró, mientras le acariciaba el pelo. — Eso es… — Tomó aire y le acarició la mejilla. — Es una expresión perfecta de nosotros. Yo, perdiendo la conciencia hasta de mí misma, pero teniendo muy claro que al que quería a mi lado era a ti, y tú… Encontrando la forma de calmarme y guiarme hacia la luz siempre. — Le besó con ternura. — Te amo y te he amado siempre, y con muchos motivos además. — Suspiró y juntó su frente con la de él. — Ya te dije que mi palabra favorita era “segura”. Siempre me haces sentir así, hasta en la peor de las situaciones.

Asintió a todo y parpadeó. — Te diría que tu madre estaría orgullosa, pero mejor se lo contaremos cuando no pueda impedir nuestra boda y tal. — Rio y volvió a asentir. — Nunca dejas de sorprenderme. Aunque permíteme que te diga, que yo no te llamo prefecto aburrido. — Se pegó más a él y lo volvió a abrazar, mirándole a los ojos arrebatada. — Te llamo perfecto prefecto, y perfecto eres, amor mío. — Se encogió de hombros y sacó el labio inferior. — Es más bonito incluso que te colaras para dormir conmigo y mimarme que para otras cosas… — Rio y le besó, dejándose caer en sus brazos. — Eso, tú y yo siempre encontramos un hueco para hacerlo. — Y volvió a sus labios, besándole con deleite, antes de separarse de sus labios, pero envolviendo su costado con la pierna. — Llevas construyendo un nido para este pajarito toda la vida, mi amor. Tú y yo nacimos para estar juntos, y realmente nos lo hemos demostrado siempre. — Volvió a besarle y se retiró brevemente para decir. — Solo éramos demasiado… Nosotros mismos, para darnos cuenta. — Y volvió a perderse en sus brazos, sus labios y el roce de sus cuerpos bajo el agua.

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Dom Dic 26, 2021 8:54 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
Soltó una carcajada. Sabía que Alice se iba a sorprender, es que no se lo podría ni imaginar, pero su cara de sorpresa era mejor de lo que había imaginado. - ¿Que cómo se me ocurrió? - Soltó una carcajada casi amarga, mirando a otra parte, y luego la miró a ella. - Por encima de ti no hay nada, Alice, ese día lo dejé muy claro para todos e incluso para mí mismo. Ninguna norma del castillo, ninguna regla, ni la prefectura... Nada ni nadie está por encima de ti. - Aseguró, de corazón. Ese día no se habría parado a pensar qué significaba eso, si era amor o no, pero sus actuaciones dejaban muy claro eso mismo: para él, Alice estaba por encima de cualquier cosa. Y después de ese alegato tan serio, chasqueó la lengua y compuso una expresión sobrada para decir. - Aunque yo diría que alguien me debe una disculpa. ¿Cómo era? Ah, sí, creo que has dicho algo así como "te conozco, O'Donnell, y no tienes capacidad para guardar un secreto", me quiere sonar algo de eso. - Se mojó los labios y se cruzó de brazos. - ¿Y bien? Tengo todo el tiempo del mundo para oír como te retractas. Has caído presa del efecto Kepler, Alice Gallia. - Efectivamente, disimular no era su fuerte. Salvo que se tratara de algo de suma importancia. Ahí le salía la vena Slytherin que tenía dentro.

Correspondió su beso y juntó su frente a la de ella. - Yo también te amo. No podía soportar que tuvieras miedo... Me pediste que no te dejara sola. Tendrían que haberme matado para que lo hiciera. Ya sabes... Estoy aquí para andar por el lado seguro del precipicio, mientras tú me enseñas ese precioso paisaje. - Dijo con una sonrisa. Lo de su madre le hizo reír. Sí, mejor ese pasaje se lo ahorraban. - En realidad fui todo un caballero. Yo creo que me lo valorarían. Te me insinuaste bastante, ¿sabes? Y tú también me tenías loco ese año, contenerse fue muy duro. - Bromeó, y luego negó. - Es broma. Estabas preciosa, como siempre, y me decías cosas muy... Llamativas.  - Sí, podía ser una buena definición. - Que podrían hacer a un chico de quince años perdidito por ti plantearse sus principios. Pero estabas demasiado mal, se te notaba, y me pudo más la preocupación y el miedo que otra cosa. - La recogió en sus brazos y se besaron, disfrutando de esa cercanía, de ese precioso momento, del agua calentita que les bañaba y de ver como todo se había resuelto de la mejor de las maneras. - Mi pajarito. - Dijo con cariño, suspirando a su siguiente afirmación. - Pues sí... Pero lo bueno se hace esperar, supongo. - Comentó entre risas.

Se mordió el labio y, ya que había contado los hechos objetivos, podía aprovechar para burlarse un poquito de eras. - Te pusiste muy pero que muy boba, ¿sabes? - Rio y luego empezó a imitarla, separándose de ella y haciendo como que miraba alucinado un mapa ante sí. - "Son... Estrellitas... Cúmulos en formación... Como dice Maaaaaarcus. Todo tiene sentido cósmico". - La imitó, y luego se echó a reír, pero cortó su propia carcajada para continuar. - No, no, lo mejor era cuando le hablabas a cosas que solo veías tú. Decías que las esquirlas huían a Hillary por hablarles mal. - Se le escapó una carcajada. - Con el cabreo que teníamos, estábamos para esas tonterías, vamos. También había una escuadra mágica al parecer que hablaba contigo, y podías ver el tiempo. ¡Ah! - Empezó a picarle las costillas. - Y me desgraciaste una túnica con tinta. ¿De eso tampoco te acuerdas? Me llenaste toda la cara de tinta, señorita. Y Oly intentando quitármela para que no me enfadara más, y yo como, "¡Oly, por Dios!", y ella así. - Empezó a tocarle la cara a Alice mientras imitaba a su amiga. - "Ay, te has manchado un poquito, bueno, venga, no pasa nada". Y yo tratando de gestionar mi ataque de nervios y a un pajarito que no paraba de decir locuras. - Siguió riendo, y luego se acercó a Alice. - Pero lo peor no es eso. Lo peor fue cuando alguien, en esta misma bañera, empezó a decirme que si iba a llevarla al pasillo, cosa que creo que también dijiste delante de todos, menos mal que nadie daba crédito a lo que decías. Ah, y también insinuaste que quería un trío con Olympia porque le dije que entrara ella contigo aquí. - Negó, riendo. Ahora podía reírse, claro, aquel día no estaba para eso. - Me decías muy seria "ha intentado quitarme la camisa, Marcus, yo creo que quería algo conmigo", y yo como, "Alice, venga, tienes que meterte en la bañera, por favor te lo pido". - Ya sí que le dio la risa.

- Cuando dejaste de decir que esta bañera era una nebulosa y que tenías que calcular la progresión de las burbujas... Ah, y que estaba llena de flores y pajaritos, y que yo tosía unicornios... Creo que en ese momento no lo estabas pasando ni tan mal. - Comentó entre risas, antes de retomar la frase. - Empezaste a decirme, a mí, a ese Marcus de quince años tan nervioso, y al que ponías... Tan nervioso. - Rio un poco, acercándose más a ella. - Que eras mi Alice, que te agarrara fuerte, que te cortaba la respiración... Me mirabas a los ojos y me tocabas el pelo. Aquí, en la bañera. - Se mordió el labio. - Y entonces me dijiste... Que no quería estar contigo, ni te quería... Textualmente, dijiste "ni aunque encontrara la estrella más brillante del cielo, y calculara la progresión para llegar a ella... Y traértela...". Pero entonces empezó a dolerte la cabeza y dejaste la frase en el aire. Pero, como verás... Se me quedó grabada en la cabeza. - Acercó su rostro al de ella y, mirándola a los ojos, susurró. - Me pasé años sin querer ver lo que sentía porque creía que este nido no era lo que tú deseabas, que solo querías ser libre... Pero cuando me dijiste eso... Una parte de mí deseó con todas sus fuerzas que acabaras la frase para poder decirte lo equivocada que estabas. - Hizo una mueca con los labios y se encogió de hombros. - Pero simplemente te dije, "qué tontería, Alice, claro que te quiero", con toda la normalidad, como si solo estuvieras diciendo tonterías porque estabas drogada... Y luego hice todo lo que hice después... Como si con eso dijera... "Estás por encima de todo, Alice. Te quiero por encima de todo". - Cerró los ojos, con su frente en la suya y añadió. - Te amo por encima de todo, Alice. -
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Lun Dic 27, 2021 7:50 am por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Sintió cómo el estómago le daba un vuelco cuando le dijo que por encima de ella no había nada, y suspiró enamorada, acariciándole con devoción y cariño. — No hace falta que yo te diga el lugar que ocupas en mi mundo, Marcus. — Aunque se tuvo que echar a reír con lo que dijo justo después, abalanzándose sobre él en el agua. — Ohhhh sí, perfecto prefecto, perdóóóóneme usted. — Empezó a darle besitos por la cara. — Eres peor que un Gallia ocultando ilegalidades y maquillando la realidad. — Le hizo cosquillas debajo del agua. — Sí, sí, me trago mis palabras, pequeño delincuente de cada vez más fuerte vena Slytherin. — Y se puso a besarle en el cuello, entre risas.

Paró un poco y sonrió, dejándose besar cuando le dijo aquellas cosas tan bonitas. Pero no había terminado con ella, no, claro que no, con todo el tiempo que se había aguantado sus burlas. Alzó una ceja y le miró con media sonrisa. — ¿Ah sí? Qué trauma para ti, que me insinuara, eh… — Dijo haciéndole cosquillas en el costado otra vez, y riéndose con lo que seguía contándole. Cuando se puso a imitarla, se tapó los ojos con una mano. — O sea, que sí que hice algo del trabajo de Astronomía, aunque no recuerde nada… — Le dio la risa fuerte con lo del sentido cósmico. — Ahora se entiende esas cosas que dice Oly… — Dijo mientras seguía riéndose, mirándole incrédula cómo le contaba que hablaba con cosas que solo veía ella. Entornó los ojos y chasqueó la lengua. — No, no me acuerdo, pero creo que es la única parte de ese relato que no has omitido y que me habéis recordado durante aaaaaaños. Todos. Incluso se lo contaste a aquellos niñitos de la biblioteca… — Entonces cayó en que Marcus no sabía que ella había estado allí. Le miró, con una expresión un poco más culpable. — Aquel día fui buscando el manual de Aritmancia Avanzada para mi calendario de los EXTASIS… Y lo tenías tú. Y me quedé mirándote a través de la estantería, pensando… — Tragó saliva y contuvo la emoción. — Que no serías para mí. Que algún día estarías con otra mujer que te vería así con vuestros hijos, estabas siendo tan bueno y gracioso y comprensivo… — Le acarició los rizos y bajó las manos hasta su cara. — Eres un tesoro, Marcus O’Donnell, y eres mi tesoro. — Dijo acercándose para besarle de nuevo, para sentir que estaba allí para ella, que no se le iba a escapar.

Abrió mucho los ojos cuando dijo lo del pasillo, y se llevó las manos a la cabeza. — ¿Que qué? Nononono… Qué vergüenza. — Se echó a reír y se tapó la cara con las manos. — ¿Un trío? — Y se echó a reír fuertemente no dando crédito a lo que estaba oyendo. Sonrió, pero ya un poco más triste con lo que le estaba contando. — Suena a lo que pensé durante mucho tiempo, la verdad, menos mal que no dije nada más. — Miró a sus ojos escuchando lo que le decía y torció una sonrisa, aunque tenía los ojos húmedos. — Y yo debía darme cuenta antes de que me estabas diciendo que me amabas. Si te hubiera dicho cómo me sentía antes… — Suspiró, pero puso una sonrisa pillina, para quitarle hierro al asunto. — Te habría leído más veces para haber venido aquí. — Y entre risas, se encaramó a su cuerpo, rodeándole con las piernas y besándole. — Ya sé que tenemos que irnos, antes de que me lo digas. — Volvió a besarle y enredó los dedos en los rizos de su nuca. — Pero déjame disfrutar un poquito más de ti antes. Solo un poquito. — Se paró para seguir besándole y al fin susurró en sus labios. — Tú y yo, por encima de todo y todos, tú yo volando por la eternidad, mi amor.

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Lun Dic 27, 2021 3:37 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
Se hizo el digno y se dejó besar, recibiendo las disculpas, aunque tuvo que matizar con lo siguiente. - Eh, de delincuente nada, tampoco exageres. - Hizo una caída de ojos y añadió. - Soy una brillante mente Ravenclaw aderezada con una vis estratega de mi vertiente Slytherin que hacen una muy buena combinación para este tipo de circunstancias. -

Se estaba riendo mucho de las reacciones de Alice, sobre todo cuando comentó lo de que lo de la tinta sí que se lo recordaban (era la única prueba material que tenían, el uniforme desgraciado de Marcus al que hubo que darle una explicación, y después del mal rato le pareció de recibo vengarse un poquito culpándola, que mentira no era). Pero se quedó extrañado cuando dijo lo de la biblioteca, porque no sabía a qué se refería. Se quedó pensando unos instantes, mientras ella le explicaba... Hasta que cayó. Esa horrible semana en la que estuvieron peleados, si que recordaba haber pasado un par de horas tutorizando sobre Astronomía a unos niños. Probablemente su único recuerdo agradable de esos días. Chistó, apenado, porque no tenía ni idea de que Alice había estado viéndole... Sonrió con ternura. - Algún día me verás así. - Aseguró, besando su mano, y luego bromeó entre risas. - Les daremos nociones básicas de Astronomía para que no se vuelvan locos y se enfaden con sus amigos cuando lleguen aquí... Y tendremos un Harmonices Mundi en casa. Pero escóndelo de la vista de Hillary si no quieres que me asesine con él. - Se mordió el labio y encogió un hombro. - Y va a tener un cielo estrellado al que mirar siempre que quiera. Eso siempre ayuda. - Sus estrellas en el cielo de su habitación. Algún día, sus hijos las verían. Él replicaría el hechizo para ellos en su propio cuarto, de hecho, para que las tuvieran siempre presentes.

Se recogieron en sus brazos el uno al otro, mirándola con cariño, y rio un poco con su comentario, si bien puso expresión digna después. - De eso nada, Alice Gallia. Esto ha sido porque quería que tuvieras lo que más ilusión te hacía en tu último cumpleaños, que es entrarte al trapo en un reto sin poner mil pegas... Como si no hubieras hecho ya lo que te ha dado la gana conmigo todos estos años y sin ser novios, pero bueno. - Bromeó. En algún momento debió pillar que Marcus ya empezaba a mirar para los lados y seguro que se le veía en la cara que estaba preguntándose cuánto tiempo llevaban allí, pero no pasaba nada si se perdían en besos un poco más. Al fin y al cabo, esa era la última vez que estarían allí, que menos que estirarla un poquito. - La eternidad es nuestra. - Susurró de vuelta, una vez más, entre besos y con una sonrisa. Disfrutando de esa intimidad y de ese reto que marcaba la cuenta atrás de su tiempo en el castillo, pero no de su historia.

Ya sí tenían que irse, y costaba mucho separarse de sus labios y de sus caricias, pero no se fiaba de que les pillaran, llevaban demasiado tiempo ausentes y con ese baño cerrado a cal y canto. No le había parecido oír ruido fuera, pero tampoco es como que hubiera prestado demasiada atención. Se movió por el borde para alcanzar un par de toallas y salieron de la bañera. - Casi que prefiero no pensar cuánta más gente ha hecho esto antes de nosotros. - Dijo mientras se frotaba los rizos con una toalla para quitarse el exceso de agua. - Algunas veces cuando entro, esto está en unas condiciones muy poco discretas. - Suspiró, bajando la toalla y reconoció. - Siempre pienso que es Oly, para qué te voy a engañar. - Movió la cabeza de lado a lado, arqueando una ceja, pensativo. - Aunque también podría haber sido Hughes, no me extrañaría... - Y nada más decirlo se le puso expresión asqueada. Por qué habría tenido que pensar eso. Igualmente, ya no era prefecto, así que más le valía no pasarse por allí.

Cuando ya se hubieron secado, cerró los grifos y se aseguró de que el entorno quedara como si nadie hubiera pasado por allí. Se vistió y, mientras se ponía los zapatos, miró a Alice con una sonrisilla. - Por cierto, lo del efecto Kepler me lo he inventado. Así que no vayas usándolo por ahí, porque no existe. - Amplió la sonrisilla orgullosa y dijo. - Pero es que me venía muy bien para mi historia. - Se puso en pie de un salto, se acercó a su novia y, colocando las manos en su cintura, dijo. - Reto cumplido. Tú dices cuál es la próxima parada, princesa. -
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Lun Dic 27, 2021 6:25 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Le miró hipnotizada cuando besó sus manos. Aún sentía el escalofrío de la inseguridad recorrer su espalda cuando Marcus decía esas cosas. No quería tener miedo, quería hacer planes con su novio, quería ser capaz de ver ese futuro tan bonito. Pero aún sentía ese abismo en el estómago, ese miedo a perderlo todo de golpe. Pero sonrió, ¿cómo no iba a sonreír al visualizar algo así? Su cielo en la habitación de sus hijos… Era algo precioso. — Cuando hablas tú del futuro, parece más brillante aún. Será porque eres el sol. — Se inclinó y le besó brevemente.

Movió la cabeza, echándola para atrás y riéndose. — Oigo muchas quejas y muy pocos “cariño, me encanta que le eches sal a mi vida…” — Le besó. — "Y que me hagas hacer cosas que nunca imaginaría… Que pruebas cosas nuevas que me acaban gustando mucho…" — Dijo con voz seductora, antes de besarle otra vez y alejarse, agarrando sus manos. — Lo es, mi sol. — Y por mucha pena que le diera despedirse de ese baño, tenían que salir. Le juntó de nuevo con su cuerpo y dijo. — Prométeme tú que va a haber muchas veces en sitios así… Diferentes… Secretos… — Le dio un beso acariciando su lengua. — Igual prohibidos… — Se rio y rozó la nariz con la de él. — En definitiva, descubriendo todo juntos. Siempre.

Mientras se secaba miró alrededor y soltó una risita sarcástica. — Y tú preocupado de que te pillen… Cuando claramente los prefectos entran y hacen lo que les da la gana. — Achicó los ojos y le miró mientras se vestía. — ¿Crees que Kyla y Oly…? — Se rio y levantó la mano. — No. No lo vayas a imaginar. Era una suposición. — Se rio y terminó de ponerse los botines. Luego buscó la chaqueta y sacó la poción contraceptiva, bebiéndosela del tirón. Luego le echó un Reducio a la botellita y se la metió en el bolsillo de nuevo.

Ahora… — Dijo buscando con la mirada la cinta, que recogió del borde de la bañera. — Voy a probar eso que hace mi novio de los hechizos silenciosos, como primera medida. — Cogió la varita y cerró los ojos concentrándose en el hechizo que acababa de echar a la botella también. Y cuando los abrió, el lazo había vuelto a su tamaño habitual. — ¡Sí! ¡Toma! — Se rio y le dio un piquito. — Me inspiras. — Fingió sorpresa y se tapó la boca, abriendo mucho los ojos. — ¿Que te lo has inventado? Quién lo habría dicho… — Se rio y asintió. — Bueno, puede que lo use… Si alguna vez quiero vacilar a mi padre y a mi hermano. — Dejó un besito en su mejilla y susurró. — Pero no te chives. Y vámonos, mi rey de Ravenclaw, que nos esperan en la sala común.

Llevaban horas en la sala común, comiendo chuches y aperitivos muggles que Hillary había traído para la ocasión, contando anécdotas y, en ese momento, Alice estaba haciendo a las chicas coronas con las flores que su hermano le había traído, mientras todos iban probando el jarabe que cambiaba de sabor, como el de la feria de navidad, que Sean había conseguido durante la Pascua Merlín sabría dónde. La verdad es que estaba siendo un cumpleaños sencillo pero feliz, disfrutando de aquellos últimos momentos como aquel, con los pequeños, con sus amigos, sabiendo que luego se iban a dormir todos juntos, siendo de esos momentos que luego, cuando los recordabas, brillaban con luz propia. — ¿No lo pruebas tú, Gal? — Preguntó Beverley. — Siempre me salen arándanos, soy extremadamente poco original. — Sean soltó una carcajada. — Será en cuanto a comidas. — Ella le puso una mirada de advertencia, que estaban allí Beverley, los de tercero, Creevey poniendo la oreja y Colin, que era fácilmente impresionable. Y mientras lo hacía, captó una mirada de su Marcus. Sí, ella conocía es amirada de su novio. — Me he quedado sin horquillas, voy a por más, pero no paréis. — Se dirigió hacia las escaleras, subió, y esperó unos segundos. Al volver a bajar, se fue discretamente por un lado de la sala hasta la puerta y salió, quedándose al lado del águila. — ¿Sales o entras?Shhhh. Calla. Es mi cumpleaños. — Y cuando la oyó abrirse de nuevo, se arriesgó y se giró sobre quien salía. — ¿Buscas algo fuera, prefecto? ¿Una alumna díscola, quizás?


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Lun Dic 27, 2021 7:11 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
Cuando estaban en primero, a sus cumples apenas iban Sean y Hillary, como mucho Poppy y Peter por ser amigos de la infancia. A medida que habían ido pasado los años, cada vez se reunía más gente con ellos. Trasladaron la fiesta a la sala común cuando ya se habían reunido con más de medio castillo, y se les habían unido hasta los más pequeños. Marcus disfrutaba mucho con aquello, parecían una gran familia, su familia de Ravenclaw. Quería atesorar esos momentos antes de que acabaran.

Aunque aún le quedaba una cosa que hacer. Su novia pensaba que el teatrillo de por la mañana y su promesa de cumplir con cualquiera fuera el reto propuesto iban a ser su único regalo. Le conocía muy poco si se había creído eso. Tenía aún un as en la manga, un último regalito, algo que llevaba queriendo darle muchísimo tiempo y que, por fin, había logrado perfeccionar. Otro secretillo que se llevaba guardando un tiempo, y otra "conspiración" que había tenido que hacer para llevarlo a cabo, puesto que había necesitado la ayuda de Hillary en los últimos días. Había llegado el momento de dárselo.

Por eso empezó a lanzarle a su novia esas miraditas que sabía que pillaría, y ocultó una sonrisilla cuando ella puso como excusa subir a los dormitorios a por... algo, bueno, qué más daba. Se mordió el labio, tratando de disimular pero viendo de reojo como Alice volvía a bajar y salía de la sala común. Como un cangrejillo, se levantó de su sitio y, con mucho disimulo y como quien no quería la cosa, fue hacia la puerta. - ¡Eh, prefecto! ¿Qué pasa? ¿No habéis tenido ya suficiente? - Dijo Creevey con tono burlón, acompañando sus últimas palabras con un gesto considerablemente obsceno de las caderas y las manos. Eso hizo que algunos de los presentes miraran con curiosidad qué había desencadenado el exabrupto. - Recuerda que aún puedo quitarte puntos. - Contestó como única respuesta, saliendo de la sala y dejando sus comentarios soeces atrás.

Sonrió de lado a la pregunta de Alice, nada más salir. - Puede. ¿Debería preocuparme? ¿Está haciendo algo que no debe? Yo diría que ya has cubierto tu cupo de ruptura de normas diaria. - Se mojó los labios y la agarró de su mano. - Solo quería dar un paseíto contigo. Creo que... - Le colocó un mechón de pelo tras la oreja con ternura y, sin perder el tono de quien sabe la información que maneja, añadió. - ...Necesitas que te dé el viento en la cara. - Y con esa premisa, caminaron hasta la Torre de Astronomía. Había sido sorpresa donde irían hasta que dijo esa frase, con la cual estaba convencido de que su novia le iba a pillar, lo que aún no sabía era para qué la llevaba. Subieron las escaleras de la torre y paseó por esta, mirando a su alrededor, melancólico. - Nos ha dado muy buenos momentos este sitio. - Ladeó varias veces la cabeza. - No del tipo de los de esta mañana, pero buenos también. - Comentó, riendo un poco, y luego volvió a reflexionar. - ¿Te acuerdas de nuestro primer Orgullo Ravenclaw? Menuda paliza nos dimos. -Volvió a reír, fijando entonces la mirada en la enorme esfera central, en el sol. - Nos creíamos los reyes del castillo... Los reyes de Ravenclaw. - La miró, doblando la sonrisa y dijo. - Lo hemos conseguido, ¿eh? - Le guiñó un ojo. Tras esto, volvió la vista a la esfera, rozándola con los dedos. - En quinto estuve a punto de besarte. - Confesó. - Cuantas veces he estado a punto de besarte... - La miró de nuevo. - Me ha parecido bonito acabar tu cumple aquí. ¿Qué te parece? -
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Lun Dic 27, 2021 7:51 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Rio y alzó las cejas. — Quién sabe. Igual quiero liarla una última vez. — Miró a ambos lados. — Nah, no están aquí Ethan y Oly, no puedo liarla grandemente sin esos dos a mi alrededor. — Le dio la mano y se dejó llevar. — Cómo sabes lo que me gusta. — Y ya se imaginaba a dónde iban si mencionaba el viento.

Una vez arriba asintió a lo que iba diciendo. — Me acuerdo de primero… Cuando me agarraste para ponerme en el telescopio… Recuerdo que algo me saltó dentro. Pero entonces no sabía lo que era, la verdad. — Rio y se fue hacia la barandilla y miró al Lago Negro. — Pero ya lo había sentido antes en las barcas, prácticamente cuando te vi. — Se giró y caminó hacia él. — Y lo volví a sentir aquella noche de tormenta. — Alzó la cabeza y le miró a los ojos. — Comme mil rayons de soleil. Como mil rayos de sol atravesándote el pecho. Lo dijo mi primo André, y eso era exactamente lo que sentía. — Sonrió y asintió. — ¿Qué nos hemos propuesto que no hayamos logrado, mi vida? — Preguntó mirando al sol.

Se rio de lo de quinto. — Toma, y yo. Pero apareció por aquí el Barón de Cauldron. — Dio un paso hacia él y volvió a subir la cabeza. — Bésame ahora, que ya has pasado unas pruebas infernales para ser digno de mí, yo creo que ni el Barón pondrá pegas a un besito. — Y juntó sus labios con los de él con dulzura. Cuando se separaron miró alrededor y asintió. — Pues sí, me parece ideal, mi amor. — Suspiró. — Porque es un resumen perfecto de nuestra relación. Aquí nos han pasado cosas divertidas, cosas románticas, hemos soñado con volar muy alto… — Miró al rincón donde se había dejado caer durante horas aquel fatídico día de la pelea. — Y hemos conocido lo peor. — Se acercó a él y le dio las manos. — Pero el desenlace es que aquí estamos, el rey y la reina de Ravenclaw. Juntos para siempre, a pesar de lo malo y gracias a lo bueno. — Le miró arrebatada, admirando lo que, efectivamente había conseguido, tras tanto tiempo temiendo no hacerlo. — Pero dime, mi amado prefecto… ¿Para qué me has traído aquí? No es solo para que me de el viento, por mucho que me guste. — Dijo recolocándose el pelo agitado por la brisa, y peinando con los dedos el suyo también.

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Lun Dic 27, 2021 8:44 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 14 de abril
Enterneció la sonrisa y se inclinó hacia ella para dejar un beso en su hombro. - Tu primo André es un sabio. Y sí que estábamos perdidos en primero, ahora entiendo a lo que se refería. - Comentó entre risas. Como mil rayos de sol... Qué hermosa definición que en aquel momento no era capaz de entender, y ahora sentía que pocas cosas más claras había en la vida que esa. Amplió la sonrisa. - Y lo que nos queda por conseguir. -

Soltó una carcajada. - No lo digas muy alto, a ver si lo vas a invocar. - Que además, como buen fantasma que era, aparecía de la nada y casi siempre te pillaba desprevenido. Sonrió de oreja a oreja. - Sí que las pasé. Soy digno merecedor del eterno amor de Alice Gallia. - Y devolvió su beso. Sí que era como mil rayos de sol, y único cada vez, y siempre le daba la sensación de ser el primero, el mismo cosquilleo en el pecho. Era perfecto.

Se dirigió a la barandilla para apoyarse en esta, mirando a la inmensidad con una sonrisa, mientras escuchaba a su novia reflexionar en voz alta sobre lo que ese sitio significaba para ellos. Cuando mencionó la pelea sintió como si algo le golpeara el pecho. Todo lo que estuvieron a punto de tirar por la borda, de perder... Bajó la cabeza y dijo. - Ese día sí que debí besarte. - Frunció los labios. - No tenía que haberme ido. Estábamos cometiendo un error enorme. - La miró. - Pero nunca es tarde para recomponerlo. - Rio con un toque amargo. - Y quién iba a decirnos que Poppy iba a ser una de las que lo fomentase. - Chistó. - Maldito Peter, cómo no me vi venir que me estaba engañando... Pero menos mal que lo hizo. Y que no me di cuenta. - Se encogió de hombros. - Aunque tarde o temprano hubiera acabado buscándote. No iba a aguantar mucho más sin ti... Y estaba entrando ciertamente en barrena, que casi pego a Layne. - Arqueó una ceja. - Aunque al menos en mi caso fue "casi". - Se mojó los labios con una sonrisilla, miró a los lados y se acercó para susurrar, como si hubiera más gente allí que pudiera oír su confidencia. - Es broma, hiciste bien, pero no le digas a nadie que te he dicho esto. - Que como prefecto no lo podía aprobar... Pero, como novio de Alice, indudablemente.

Entonces su novia le recolocó el pelo y, en definitiva, le puso contra las cuerdas. A ver, ni que Alice fuera tonta, solo tenía la esperanza de que se hubiera creído de verdad que quería dar un simple paseo. - No sé a qué te refieres. - Dijo con las cejas arqueadas y un tono de despiste demasiado obvio. - A mi novia le gusta el viento, y yo la traigo aquí para que disfrute de la brisita nocturna, mientras filosofamos sobre nuestra preciosa relación en soledad. No sé qué más quieres. - Fingió, girándose tras sus palabras hacia la baranda de nuevo y mirando a la inmensidad. Ahí se quedó en silencio... Dos segundos. Porque como lo dejara más tiempo, su novia iba a volver a insistir, y no quería que se le rompiera el teatro que tenía preparado.  

- Estar aquí... Recordando todo esto... Mirando el lugar en el que nos conocimos... Es inspirador, ¿no crees? - Y entonces, como si acabara de caer en algo, frunció el ceño, pensativo, y empezó a palparse la ropa. - Se me acaba de ocurrir una idea... Por casualidad no tendrás un pergamino por ahí, ¿verdad? - Y, obviamente, ni medio segundo después de decir eso, encontró un trozo en uno de sus bolsillos. Chasqueó la lengua con suficiencia. - Deja, ya he encontrado uno. Soy un hombre previsor. - Lo sacó de su bolsillo y se lo tendió a Alice. - ¿Me lo sujetas? - Ella lo cogió y él se apoyó en la baranda de costado, suspirando teatralmente, mirando hacia arriba. - Los reyes tenían un sello personal, ¿sabes? Hace tiempo que quiero uno... Pero... - Chasqueó la lengua. - No se me ocurre qué puede ser. Ojalá tuviera algo que claramente me identificara. Ojalá fuera... - La miró y ladeó una sonrisa. - Un pajarito. - Dejó de apoyarse en la baranda y se llevó una mano al bolsillo interior de la chaqueta mientras decía. - ¿No has notado si te faltaba algo entre tus cosas últimamente? Una reina debe tener bien vigiladas sus pertenencias. Son muy valiosas. -Cogió el objeto pero, antes de mostrarlo y aún con la mano en el bolsillo, la miró a los ojos y añadió. - Hay algo que te prometí hace tiempo y tenía pendiente mejorarlo... Espero que sea digno de una reina. - Sacó la mano del bolsillo y, al abrirla, un pajarito de madera con un particular color a tinta salió volando y piando de su mano, se apoyó en el pergamino que Alice sostenía y, tras dejar sus huellas en él, volvió a volar, posándose en la mano de su dueña, convirtiéndose de nuevo en un inanimado pájaro de manera. Al despegar las patas del pergamino, de cada huella brotó una estilosa A y una G. - Tu sello. De algo tenía que servir que manchase. - Comentó con una leve risa. Frunció una sonrisa. - Feliz cumpleaños, mi amor. -
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Lun Dic 27, 2021 9:34 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 14 de abril
Ladeó la cabeza con una sonrisa triste. — Y un montón de días antes yo debí haberte hecho saber lo que sentía por ti. Recuerdo el día en el puente de Guildford, cuando te hablé de los salmones… A contracorriente… Estuve a punto de decirte. — Bajó la voz, un poco emocionada. — Marcus, vayamos a contracorriente y amémonos. Da igual que vayamos a contracorriente, si estamos seguros de a dónde vamos. — Amplió la sonrisa y rio un poquito, acariciando su cara. — ¿No te ha enseñado estar con una Gallia que, aunque te equivoques, siempre puede admitirlo y empezar a recomponerlo? — Luego entornó los ojos a lo de Layne y dijo. — No tengo remordimientos al respecto, prefecto. Igual que el día que le pegué un pisotón a Cassie Roshan por llamar gorda a Donna y el prefecto Graves me quitó diez puntos. — Dijo con fingido orgullo y riéndose justo después.

Se quedó mirando a su novio cuando fingió que no pasaba nada, que la había llevado ahí a pasear. — Sí. Será cosa del efecto Kepler. — Dijo socarrona. A ella la iba a engañar. Alzó una ceja y asintió. — Sí que lo es. — Y cuando dijo lo del pergamino se cruzó de brazos. — No, no llevo nunca, porque tú llevas siempre. — De hecho, cuando lo sacó, que sabía que lo haría, lo señaló. — Como yo decía… — En verdad es que le encantaban sus numeritos, y entraba de cabeza en ellos.

Sostuvo el papel y le miró achicando los ojos cuando dijo lo del sello. — Tienes una flor de espino, ¿no crees? — Y ella un pajarito, claro. Pero cuando le preguntó aquello, frunció el ceño. — En las cosas que uso todos los días, no, claro… — Afinó más los ojos y le miró de lado. — ¿Qué has liado ahora, Marcus O’Donnell? Y has tenido que tener una colaboradora necesaria… — Pero estaba demasiado intrigada por el trasfondo de aquello. Se habían prometido tantas cosas, que solo Merlín sabía cuál de ellas estaba Marcus por cumplir.

De la mano de su novio salió volando el pajarito de tinta que le transmutó en segundo con la ayuda de Anne Harmond. — ¡Mi mirlo! — Lo recibió en el papel y miró a Marcus. — Decidí que era un mirlo porque era esencialmente negro, básicamente. — Pero se calló para admirarlo volar y posarse en su mano de nuevo. Cuando las patitas se convirtieron en sus iniciales, no pudo evitar que se le descolgara la mandíbula y mirar a su novio, completamente impresionada. — Pero… Es precioso… Mira esas letras tan bonitas y mi pajarito… — Dijo mirándolo en su mano, admirada. — ¿Cómo se te ha ocurrido después de tanto tiempo? — Rio, incrédula de nuevo, y se acercó a besarle, acariciándole la cara con la mano con la que no sostenía su mirlo. Luego miró al pajarito de madera y rio. — En San Valentín de cuarto también me regalaste algo aquí. — Dijo emocionada. Luego miró el pajarito en su mano. — Siempre, desde el principio, has sabido entender que era un pajarito. Que para mí era fundamental volar… — Rio y se mordió el labio inferior. — La profecía, como todas las profecías, era una patraña. — Negó con la cabeza. — No estaba profetizando nada. Nunca me hiciste una jaula y llevas años construyéndome un nido. Desde que me acompañabas en la tormenta, me hacías pajaritos de tinta, me consolabas, me regalabas cosas que tenían que ver con el viento, velabas por mi felicidad… Llevabas construyendo un nido desde mucho antes de esa profecía… Y yo he tenido espino blanco en mi vida siempre. — Se acercó y le besó. — No solo me has hecho los dos regalos de cumpleaños más preciosos que podía imaginar… — Puso expresión astuta. — Es que una vez más, hemos demostrado que no existe la Adivinación. — Y se rio, juntando la frente con él, disfrutando de ser lo que habían sido siempre, Marcus y Alice, adorándose, sintiéndose los reyes de Ravenclaw y los dueños de los elementos, de la Vida, del Todo.

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