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Lun Ene 03, 2022 9:50 am por Freyja

Fear is the mindkiller
CON Alice EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Suspiró, aunándose de paciencia. - Benjamin, no voy a irme hasta que no salgas. - El chico resopló desde dentro. - Madre mía, O'Donnell, qué pesado, colega. Que me estoy duchando, hostias, ¿me puedo duchar? - No te estás duchando, te estás escondiendo. - Corrigió, sin perturbar el tono lo más mínimo, muy paciente y tranquilo. Sabía por qué Creevey estaba escondido en los vestuarios de quidditch a pesar de que el entrenamiento había terminado hacía más de una hora. El otro soltó una risotada hiriente. - Ahora soy un cobarde y me voy escondiendo, vamos. ¿Qué pasa? ¿Que me persiguen o algo o qué? Bueno, claro, el puto prefecto, que lo tengo hasta en la sopa, vamos... - No sé como no lo mandas a la mierda. - Le dijo Lex. Marcus se frotó los ojos, aunándose de mucha, muchísima paciencia, porque tenía que reconocer que la propuesta de su hermano se le antojaba tentadora. Había sido Colin quien le había dado la voz de alarma de que Creevey estaba en los baños encerrado, no queriendo salir. De hecho, ahí estaba el chico, dando soporte emocional a la par que aguantando la preocupación, y de paso, practicando para cuando le tocaran las papeletas a él. En el caso de Lex, ya estaba allí cuando Marcus llegó, a punto de perder la paciencia porque Creevey estaba atrincherado en los vestuarios y él quería entrar a cambiarse para entrenar un rato antes de la cena.

- Está acojonado perdido. - Le susurró su hermano, pero Marcus hizo un gesto con la mano para que parara. Ni Benjamin ni Colin sabían de su legeremancia y no era el momento de que se enteraran. Suspiró hondo y lo intentó una vez más. - Benjamin... - Hostia, que sigue aquí, tío... - Se quejó el otro con tono desdeñoso. - Pero vamos a ver, ¿no tienes nada mejor que hacer? Vete a darle la turra a otro, macho, por variar aunque sea. - Quiero ayudarte. -¡Que no necesito ayuda, hostia, la necesitarás tú, macho, es que de verdad! ¡El colega, que por huevos tengo que tener un problema! - Mira, chaval, o abres o entro. - Lex. - Paró Marcus, mirándole con severidad. Su hermano frunció los labios, con su ceño de mosqueo habitual. Mucho estaba tardando en perder la paciencia.

- Yo tengo una teoría de lo que le pasa. - Dijo Colin, en voz bajita, claramente para que Creevey no le escuchara desde dentro. - Tienen la semana que viene un parcial de Defensa importante, hay que enfrentarse al boggart. - Uf, el boggart. El peor tema de tercer curso, se atrevería a decir que de toda la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, y apostaría aún más alto añadiendo que de todo el currículum escolar. - El día que lo dieron se saltó la clase, en teoría porque estaba malo. - Marcus asintió. Sí, recordaba el parte de la enfermería. Durrell decía que a priori no le pasaba nada pero Benjamin estaba tan emperrado en que estaba malo, montando un numerito porque "nadie le creía y como le pasara algo de verdad se les iba a caer el pelo", que al final se perdió la clase. - El día de la recuperación, estaba castigado. - Siguió Colin. Marcus hizo memoria. Eso ya era más difícil de recordar, porque Creevey pasaba demasiado tiempo castigado, pero siempre intentaban que el castigo no irrumpiera las clases. Aquello tenía pinta de que Creevey estaba evitando deliberadamente el tema del boggart. - Y por lo que me ha contado Coraline, ayer la tuvo con la profesora y empezó a decirle que no le podía examinar de un tema que él no había dado, que eso no era lícito. - Mira, cuando quiere se sabe el reglamento, pensó Marcus, pero no interrumpió a Colin. - Que no pensaba suspender porque "ella quisiera examinarle de una cosa que no había dado", pero la Profesora Antares insistió en que le ha propuesto recuperar el tema incluso en clases particulares y él se ha opuesto. Él dice que eso es mentira... En fin, que hubo un debate. - Claro, y conociendo a Rhada Antares, que no es como que fuera la típica profesora que te perseguía hasta que te supieras el temario, debieron dejarlo pasar hasta ahora. Y ahora, evidentemente, venían los problemas.

- Los de tercero de Ravenclaw le habían solicitado a la profesora una clase extraordinaria esta tarde para repasar los temas más difíciles y seguro que el boggart iba a ser uno de ellos... Creo que no quiere ir. - ¡Tú no eres ni de mi curso, flipao, no sepas tanto! - Sonó la voz de Creevey, sin salir de los vestuarios. - Vete a sacar conclusiones a otra parte. - A ver, Creevey, ya está bien. - Retomó Marcus, sin perder la compostura pero en un tono serio. - Tienes que salir. Veremos la manera de solucionarlo pero tienes que... - ¡¡Que me quiero duchar, me cago en todo!! - Pues tienes cinco minutos para ducharte y salir, y si no lo haces en ese tiempo, habrá consecuencias. - Y derivada de la amenaza vino una sucesión de insultos e improperios cortesía de Creevey. Pero los tres que estaban en la puerta no se pensaban mover hasta que no saliese.
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Lun Ene 03, 2022 10:57 am por Ivanka

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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Levantó los ojos del libro y por tercera vez, miró el reloj. Su novio NUNCA se retrasaba tanto. A ver, de hecho, su novio siempre llegaba pronto, si podía, pero las labores de prefecto podían retrasarle, hacerle surgir algún imprevisto, y casi siempre la avisaba si habían quedado y tal cosa ocurría. Y además, no solían retrasarle tanto tiempo. Pero no quería ser una novia pesada de esas que iban detrás de sus novios… Y como tenía mucho que estudiar, volvió a su lectura de Defensa contra las artes oscuras.

Yuuuuuhu, cuñadita míaaaaa. — Dio un respingo en su sitio y agarró el libro para que no se le cayera. — Darren, tienes que dejar de hacer eso. ¡Ay, perdón! Es que te he visto así como un poco abstraída y digo, voy a ponerle los pies en la tierra, que se va volando el pajarito. — En su regazo apareció el puffskein, mirándola con los ojos muy abiertos. — Hola, Muf. — Dijo acariciándole con una sonrisa. — ¿Qué haces tan solita? Espero a mi O’Donnell. — Darren soltó una carcajada y miró al horizonte. — Yo me iba a ver al mío. Que en verdad ni idea de donde está, pero cuando no aparece, suele estar volando por ahí. Así que he cogido a Muffin y vamos para allá. La verdad es que Marcus se está tardando más de lo que yo esperaba. En verdad solo íbamos a estudiar Aritmancia. Ahí tienes Defensa. — Alice miró libro. — Ah sí, sí, es que estaba leyéndome el manual en lo que hacía tiempo. — Darren rio. — ¿Puedes estudiar dos asignaturas distintas en una sola tarde? — Alice alzó las cejas y le miró. — ¿Dos? Intento estudiar todas todos los días, aunque muchas veces todas no se puede, pero al menos tres o cuatro. — El puffskein salió disparado al hombro de Darren y este rio a carcajadas. — Has asustado hasta a Muffin. Qué tía, qué perseverancia. — Le dio unos golpecitos con la mano en el muslo. — Anda, sé buena cuñada y vente conmigo a ver a mi Lexito, así se siente arropado y tú te despejas de tanto libro. — Creo que las cosas con Lex no funcionan exactamente así, pero tú mismo, pensó, recogiendo sus cosas. — ¿No tienes forma de avisar a Marcus que estás allí? — Ella sonrió y dijo. — Mira, pues sí. — Sacó la palomita de su bolsillo y le puso un papelito dentro que decía “estoy con Darren en el campo de quidditch”. La palomita le encontraría, y ya él sabría dónde buscarla. — Buah, qué inventiva tenéis. Yo habría tenido que ir berreando “LEEEEEEEX LEEEEEEEX” por todo el castillo hasta que alguien, para hacerme callar fuera a darle el recado. — Y riendo, se fueron los dos colina abajo hacia el campo.

Llegaron y se sentaron en las gradas, pero Lex tampoco estaba por allí. — Oye, es raro que Lex tampoco esté aquí… ¿Estarán juntos?... — Y justo entonces, un ruido que llevaba oyendo un rato, pero al que no había prestado atención, penetró en su cerebro. — ¿Eso es un discusión? — Darren pareció aplicar el oído también y cogió al puffskein. — Pues sí, así que a Muffin lo guardo, que este bicho ha salido Huffie también y lo pasa mal en las discusiones, como Oly. — ¿Se estarían peleando Marcus y Lex? Hace un año le hubiera parecido plausible, pero ahora era bastante más improbable… Bajaron y siguieron el camino de los vestuarios. A la mitad del pasillo, Alice se paró y dijo. — Ve tú, que es el de chicos. — Darren la miró y se rio. — ¡Por favor, Alice Gallia! ¿A estas alturas de la película? — Ella se cruzó de brazos y su cuñado la miró incrédulo. — Espera, ¿de verdad no te has colado nunca en los vestuarios de los chicos? — Ella se encogió de hombros, abriendo mucho los ojos. — No tenía por qué, la verdad, no es como que me cuele en los sitios por deporte. Marcus este sitio no lo pisaba ni por casualidad. — Y, como si lo hubiera mentado, oyó la voz de su novio y fue para allá. — ¿Cariño? — Preguntó desde fuera, pero acercándose ya a la entrada.

Colin se asomó a la puerta. — Oh, Gal… Vaya, la que faltaba… — Murmuró. Ella frunció el ceño. — ¿Lex? ¿Estás tú también ahí? — Miró a los tres. — ¿Pero qué pasa aquí? — Darren apareció a su espalda. — Sí… Claramente solo necesitabas la motivación correcta para entrar sin miramientos.

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Lun Ene 03, 2022 12:15 pm por Freyja

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- ¡Mira, niñato! A ver si te voy a meter la lengua en el... - Lex, por favor. - Se giró hacia su hermano. Lo bueno era que ese día, por algún motivo, estaba especialmente sereno y paciente. Menos mal, por que si no ya habrían montado una batalla campal. - Esto ya es un asunto de orden de la escuela, así que tengo que pedirte que te... - Déjate de hostias, Marcus. - Le interrumpió. No, si la autoridad cuando se trataba de familiares y conocidos íntimos se le iba al garete. - El final de liga está a la vuelta de la esquina, necesito entrenar. - Al menos con esa frase sí le había dado un poco de pena, y ciertamente no era justo que una persona aplicada se perdiera su entrenamiento por culpa de una niñatada de Creevey. Eso sí, no pudo evitar pensar que ojalá tuviera el mismo interés para los estudios.

- A ver, Benjamin. - Dijo con un suspiro cansado. - Vas a tener que salir de un momento a otro, sabemos que no te estás duchando, así que, por favor. Todavía puedes librarte del castigo. - ¡Que me castigues! ¡Que me la suda! ¿Pues no me estáis castigando todo el día? - Fue a abrir la boca para contestar, pero algo impactó contra su sien, en concreto la palomita que le regaló a Alice. "Estoy con Darren en el campo de quidditch." Sonrió de lado y le pasó la notita a Lex. - Mira, la otra mitad de la Orden de Merlín nos anda buscando. - Lex tomó la notita con cara confusa y Marcus se giró a Colin. - Tonterías de gente de séptimo, no nos hagas caso. - El chico rio un poquito y Marcus, que aún tenía una sonrisa residual, volvió a dirigirse a Creevey. - A ver, Benjamin, venga, que estoy de buen humor hoy... - ¿Quieres otra insignia? Deja de tocarme los huevos a mí para celebrarlo y vete a toquetear a tu novia. - ¡MIRA, NIÑATO! TE ESTÁS COLANDO. - Lex, de verdad, te voy a echar. - Advirtió otra vez. Su hermano se indignó. - ¿¿Pero tú te crees, el niñato este?? Evans, haz tú algo. - Colin puso cara de susto, como si lo último que esperara en la vida fuera que tuviera que actuar a él. - ¿Me dejas que haga las cosas a mi manera, por favor? No me ha ido mal estos tres años. - Pues te está yendo mal hoy, porque este gilipollas no sale. - Marcus se acercó a Lex y, con tono de urgencia, le susurró. - Por favor, Lex, no lo estás arreglando. - ¡Gilipollas tú! Que te gusta mucho un buen palo y no los de las escobas precisamente. - ¡Cinco puntos menos para Ravenclaw y solo acabo de empezar! ¡Sal ya, Benjamin Creevey, no te lo digo otra vez! - Hasta ahí llegaba la paciencia de Marcus, hasta escuchar insultos.

Y como si no estuviera ocurriendo drama alguno, ahí entró, efectivamente, la otra mitad de su orden. Primero escuchó a su novia llamarle, y Colin fue diligentemente a la puerta a comprobar. Allí estaban Alice y Darren. Suspiró, pero antes de contestar, se adelantó su hermano. - Pasa que el puto Creevey de los huevos se ha atrincherado en los vestuarios y aquí el negociador del equipo de aurores no consigue nada y yo no puedo entrenar. - Marcus le miró con los ojos entornados. Muy graciosa la ironía. - Ay, ¿pero se habrá quedado encerrado? - Preguntó Darren. Sí, por eso estamos discutiendo y perdiendo el tiempo, porque se ha quedado la puerta atascada, como no habremos caído antes, ironizó mentalmente, pero lo que le faltaba a Lex era que se metiera con su novio abiertamente... Ah, claro, a su hermano el legeremante. Obviamente ya se lo había oído y le estaba asesinando con la mirada. Suspiró y se dirigió a Alice y Darren para explicar. - Algo le pasa por lo que no quiere salir, ya le he dicho que tiene que hacerlo a la voz de ya, y ya hemos perdido cinco puntos de casa, pero aún está en ello. El siguiente paso será avisar a la Profesora Granger. - Porque algo le decía que ni porque le quitara cien puntos iba a salir. Darren chistó con tono empático. - Pobre, tiene que estar pasando un mal rato para no querer salir. - ¿¿Tú también estás ahí?? - Gritó Creevey desde dentro. - ¡Mira, ya vale con el circo, me cago en la puta! Todo porque me quiero duchar. ¿Eso es lo que queréis? ¿Verme la...? - Y otra ristra de comentarios de dudoso contenido ético. Darren ladeó la cabeza varias veces. - Pues no, no parece estar pasando muy mal rato. -
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Lun Ene 03, 2022 3:18 pm por Ivanka

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Vale, no estaban discutiendo entre ellos, y debía haberse visto venir que algo tendría que ver Creevey. Suspiró y se cruzó de brazos. Pero entonces le plantearon el caso y pensó en sí misma con esa edad y un poco más mayor. Miró a su novio y le acarició el brazo. — Los Ravenclaws tenemos que ser difíciles, me lo dijo la jefa en cuarto, cuando te hiciste prefecto y yo me lamenté de que había sido difícil de tratar… — Sonrió. — Si lo pudiéramos fácil… Vaya basura de Ravenclaws.Yo no lo pillo. — Dijo Colin, con cara de pez fuera del agua, y ciertamente, un poco agobiado. Ella suspiró y se acercó a la puerta, mientras Darren le ponía una mano en el hombro. — Hay cosas que las da la experiencia, Colin, querido, no la casa. Pero a ellos les gusta decir que es cosa de Ravenclaws.

Se puso junto a la puerta. — La verdad es que no tengo ningún interés en verte nada, Creevey, pero como me obligues, a mí no me da ninguna vergüenza lanzarle un hechizo a la puerta y que todos veamos todo. Yo no soy prefecta. Y mi cuñado tiene más mala leche que yo, y los puntos de casa le importan todavía menos que a mí. A ti es a la única que te dejaría entrar, Gal, pero cerrando detrás de ti. Venga, Benjamin, ya has intentado cabrear a Marcus de todas las formas posibles, no me rebajes a ser un recurso más y abre la puerta. No sé quién tiene más ganas de verme desnudo, si O’Donnell y su novio, mi compañero Colin, que por lo visto me sigue por los pasillos, o tú, guapa. — Suspiró y se sentó contra la puerta.

Benjamin, tú y yo nos parecemos mucho. ¿En qué? — Dijo el otro, altanero, desde dentro. En que no tenemos madre, pensó Alice, que después de saber la historia de Constance, sentía un cariño diferente hacia ese demonio de Creevey. — A los dos nos gusta ir por libre. Tú eres un pajarito, como yo. — Silencio en la puerta, y los otros tres la miraban como si estuviera hablando en chino, excepto Marcus, que esperaba, expectante. — A veces el mundo terrenal nos agobia tanto que necesitamos volar lejos de todo. Y cuando algo nos da miedo, salimos volando, es nuestra forma de combatir los problemas… ¿Verdad? — De nuevo, silencio. — Pero escúchame, Benjamin, ¿ves lo que estás haciendo? Te estás enjaulando. Sin darte cuenta. Mientras sigas ahí y no enfrentes lo que sea que te está agobiando, no serás libre. De verdad, hazme caso. — El silencio seguía siendo pesado, y Lex parecía querer decir o hacer algo, pero Darren lo estaba agarrando, con efecto calmante, del antebrazo. — Además, si viene la jefa va a ser infinitamente peor. Te lo digo por experiencia, y tú lo sabes también.

Gal. — Dijo Creevey. — ¿Qué?Estoy desnudo de verdad, por si me abrían la puerta, y tengo la ropa fuera. Por si me ponían en duda y eso… — Eso le hizo reír un poco. En el fondo era Ravenclaw. — ¿Puedes irte? Es que me da vergüenza que estés ahí. — Se levantó y amplió la sonrisa. — Claro. Esperamos fuera. — Se levantó y se dirigió a donde estaban los otros, señalándoles la salida y dando la espalda a donde estaba Creevey. — Oye, ahora puedes decir que te has metido en los vestuarios por una buena razón. — Sonrió a Darren y apoyó la cabeza en el hombro de su novio con cariño. — Bueno, ahora falta lo difícil: saber qué le pasa y ayudarle. — Se giró y dejó un beso sobre este. — Y en eso, el prefecto O’Donnell es el mejor.


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Lun Ene 03, 2022 7:17 pm por Freyja

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Miró a su novia con una sonrisa cansada y dijo. - No podíamos ser perfectos. - Lex soltó un bufido. Pues sí, los Ravenclaw podían llegar a ser complicados, demasiado listos para lo bueno y para lo malo, y Creevey sabía muy bien como utilizar sus capacidades estratégicas. Cuando Alice se puso a hablar con el chico, se frotó la cara. Otra amenazando. Al final, los únicos con autoridad para amenazar, que eran básicamente él y, como muchísimo, Colin porque él le diera permiso, eran los que más diplomáticos estaban siendo. Encima tuvo que aguantar los comentarios soeces de Benjamin. Negó con la cabeza con resignación, guardándose un suspiro. Qué manera de perder la tarde.

Ya iba a contestar que se acabaron los improperios y los cinco minutos y que, por tanto, iba a echar la puerta abajo, cuando Alice se sentó con la espalda en esta. Se cruzó de brazos, escuchándola... Y si bien estaba muy sereno, los últimos minutos se había ido tensando, y Alice con sus palabras estaban consiguiendo destensarle. Esbozó una sonrisa de lado. Un poco falta de protocolo, puede, pero Alice hubiera sido una prefecta estupenda. Tras su discurso, el chico se lo pensó un poco, pero finalmente habló. Marcus estaba preparado para reaccionar a otro improperio, pero no, parecía que las palabras de Alice habían tenido más efecto que las suyas. Eso sí, lo que dijo le hizo rodar los ojos. - Por Dios... - Suspiró, negando. - Qué asco. - Masculló Lex. Marcus le miró con advertencia y luego, les hizo un gesto a todos. - Venga, vamos a esperar fuera. - Se giró. - Sé lo que tardas en vestirte, Creevey. - ¡Joder, qué presión! - Se quejó el otro. Mejor no contestaba más. Se acercó a Alice y le dio un leve codazo, con una sonrisilla. - Eso ha estado genial. - Chasqueó la lengua. - Que gran prefecta ha perdido este castillo. - Comentó con cariño.

Asintió. Pues sí, ahora tocaba saber qué le pasaba a Creevey. Salió al cabo de unos segundos, bufando y con toda la intención de pasar de largo. - Ya está, ya he salido, todo vuestro el vestuario. - No tan rápido. - Le detuvo Marcus, sin perder el tono tranquilo. Ni siquiera le dio opción a decir nada más, ya estaba el otro dispuesto a liarla. - ¡Mira! Ya con la de los pájaros he tenido suficiente, ya he salido, ahora no me vayáis a venir con el rollito de los sanadores mentales, que me habéis hecho ducharme a toda hostia, y yo no me voy a poner aquí ahora a hablar delante de medio Hog... - Para. - Interrumpió Colin. Todos le miraron, porque al último que esperaban oír tan tajante era a él. - No te estabas duchando, deja de decirlo porque no se lo cree nadie ya, te has montado un teatro, has retrasado el entrenamiento de un compañero cuando tú sabes lo que es eso, has intervenido en los horarios de todos nosotros y has faltado el respeto tanto al prefecto como a otros compañeros. Demasiado que solo has perdido cinco puntos. Sabemos que lo que te pasa está relacionado con la asignatura de Defensa, así que tú eliges: o nos lo cuentas a uno de nosotros, quien tú elijas, o se lo cuentas a la Profesora Granger. Y luego, te vas a Defensa, que tus compañeros te deben estar esperando. - Había dejado mudos a todos los presentes, incluso al propio Creevey. Al terminar de hablar se le notaba que tenía la respiración acelerada, pero Marcus se aguantó una sonrisilla. Sabía que había depositado sus confianzas en la persona correcta.

- Pues lo que me faltaba, vamos... - Dijo Benjamin, aunque había reducido la chulería considerablemente. - Con lo tranquilo que estaba yo de que este se iba ya... - Creo que Colin te lo ha dejado muy claro: o alguno de nosotros, o la Profesora Granger. - Repitió Marcus. Benjamin frunció los labios, mirando a otra parte, y tras unos instantes se rindió. - ¡Venga, tú mismo! Si total, te vas a enterar igual. - Le dijo, con un gesto de la mano. Marcus asintió, miró a los demás para pedirles un momento y se adelantó unos pasos junto al chico, al menos hasta distanciarse lo suficiente como para que no pudieran ser escuchados. Benjamin se cruzó de brazos, con un mohín de aburrimiento, echando aire por la nariz. Marcus simplemente lo miraba. Finalmente, el silencio lo rompió él. - ¿Tanto os cuesta entender que pase de la clase? Ni que fuera la primera. - Nunca te habías tomado tantas molestias por saltarte un tema concreto, lo máximo fue la huelga de Ravenclaw y fue más por darle en las narices a Ferguson que por otra cosa. Y precisamente Defensa es la asignatura en la que más destacas. - Y por eso no quiero que me baje la media, para una asignatura en la que tengo una buena nota. La tía, que me quiere examinar por huevo de una cosa que yo no he dado... - Porque no has querido. - Puntualizó Marcus. - ¿Qué te pasa con el boggart? - Creevey bufó. - ¡Que me parece un coñazo! Es una mierda eso, de verdad, no sé porque lo tenemos que dar. ¿Y tú has escuchado el hechizo que hay que echar? "Ridikkulus". Pues eso, que me parece una ridiculez eso, ni que hubiera boggarts por ahí por la calle. - De hecho sí que los hay. - Respondió Marcus. Se cruzó lentamente de brazos y dijo, muy sereno. - Los boggarts están por la calle, están por todas partes. Aparecen cuando menos te lo esperas. De hecho, cosas peores que los boggarts. Boggarts a los que no puedes combatir con hechizos. - Creevey tenía la mirada retirada. - ¿Te ha enseñado tu novia a hacer metáforas? - Nunca podrás vencer al miedo si no lo enfrentas. - No tengo miedo. - Marcus soltó una carcajada irónica aunque amarga. - No te haces una idea de como me suena esa frase. - Enhorabuena. - Benjamin, te hablo en serio. - ¡Y yo también, hostia! ¡No voy a enfrentarme a esa mierda, no me va a ver toda la clase llorando como un puto crío! ¿Estamos? - Bueno, al menos había sido sincero por fin.

Creevey retiró la mirada de nuevo, pero esta vez más en tensión. Marcus seguía eminentemente sereno. Respiró hondo y dijo. - Yo lo hice. - Reconoció. Creevey le miró. - Yo salí el primero de la clase a enfrentarme al boggart y fue un fracaso absoluto. Me ridiculizó delante de todo el mundo, soltó todas mis inseguridades de golpe y desveló que me gustaba Poppy McKenzie. - Creevey alzó una ceja. - ¿Cómo? ¿La de Hufflepuff? - Marcus asintió y el otro puso un amago de sonrisa malévola, pero dudó un poco, y en el tono más respetuoso que encontró aunque sin abandonar la burla, preguntó. - ¿Lo sabe Gal? - Marcus soltó una carcajada. - Ya lo creo que lo sabe. ¿No te digo que lo dijo delante de toda la clase? - Creevey asintió, frunciendo los labios. Tras una pausa entre ellos, dijo. - Sé que me va a dar miedo. No quiero pasar por eso. No quiero comprobar si puedo soportarlo o no, prefiero quedarme con la duda. - Marcus asintió, resignado. - Puedo entenderlo... Aunque eso no es nada Ravenclaw. - Creevey le miró con cara de circunstancias. Marcus añadió algo más. - Estoy seguro de que mi boggart ha cambiado desde entonces, y si te soy sincero... Me da pánico enfrentarme a él, me da pánico descubrir cual es, porque me hago una idea y solo de pensarlo me echo a temblar. - Le buscó la mirada. - Pero estaría dispuesto a enfrentarme a mi boggart para ayudarte a ti con el tuyo. - Eso debió ser una salida que el chico no esperaba para nada, porque le miró con un punto que Marcus podría jurar que era emoción, debajo de las capas de desconcierto. Creevey tragó saliva. - Cuando lo veas... Te va a resultar muy paradójico esto que está pasando ahora. - Marcus hizo una mueca pensativa, mirando hacia arriba. - Eso suena enigmático, y como no lo he terminado de entender y yo sí soy muy Ravenclaw, has despertado mi curiosidad. - Que venga Gal también. - Dijo entonces el chico. Eso sí que le sorprendió.

- Total, si lo va a ver todo Dios, pues... Ya que me ha sacado ella del baño... - Puntualizó. Marcus asintió y volvió con los demás, con Creevey tras él. Sin decir nada al resto, se giró a Creevey y le dijo. - Vamos a ir todos. - Los demás parecían desconcertados, pero Benjamin se turbó. - A ver, tampoco te cueles, ¿no? Que sois muchos... - Yo voy a estar, ya te lo he dicho. Has pedido que Alice esté, y creo que Colin debería estar, le va a venir bien... Saber como dar apoyo a un compañero. -Le guiñó un ojo al chico, que sin saber aún lo que tenía que hacer hinchó el pecho de orgullo. - No sé si Lex y Darren querrán unirse, lo dejaremos en sus manos. - Miró a todos y aclaró. - Vamos al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Hoy toca repaso de tercero. Hoy vamos a vencer a nuestros boggarts. -
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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Sonrió a su novio y dejó un beso en su mejilla. — Siete años, O’Donnell. Siete años y sigues intentándolo. — Se encogió de un hombro y negó con la cabeza. — Todos los que han necesitado mi ayuda la han tenido y la tendrán, así que Hogwarts no se ha perdido nada de nada. — Subió la cabeza para susurrarle. — Pero si quieres un día me pongo tu insignia… Y me puedes llamar prefecta. ¡A VER! Que yo lo oigo, ¿vale? — Se quejó Lex suspirando, mientras Darren le acariciaba el hombro y decía. — Vamos, vamos, Lexito no te enfades tanto…

Por fin, Creevey salió, intentando escaquearse, pero Colin le dio un discurso que la dejó con los ojos como platos. Marcus se retiró a hablar con Benjamin, y ella aprovechó para hablar con el chico. — Oye, Colin. — De nuevo, la expresión del mismo niño que había conocido en cuarto, muy cerca de allí, llorando de miedo por el Bosque, apareció. Eso la hizo sonreír. — Has hablado muy bien. Marcus está muy orgulloso de ti. ¿Lo está? ¿Te lo ha dicho? — Rio y negó con la cabeza. — No así, pero le conozco mejor que nadie, y lo veo cuando haces cosas así. Yo antes pensaba que eras demasiado blandito para el puesto, pero visto lo bien que te desenvuelves con Creevey… — Le puso una mano en el hombro. — Vas a ser un prefecto Evans fantástico. — El chico se puso muy colorado, y claramente no sabía qué hacer con las manos. — Eso… A ver… No depende de mí. O sea sí… De demostrar que valgo claro, pero tú sabes, la decisión final no es mía. — Alice asintió. — Así es, pero llevas muy muy buen camino. Y Amber también, ¿verdad? — Volvió a asentir y esta vez con una risita. — No lo sabes tú bien. — Achicó los ojos. — Pero igual puedes ayudarle con el tema de la empatía…

Pero en ese momento volvían Creevey y Marcus, y su novio anunció que se iban todos al aula de Defensa. Ah, claro, el boggart, ¿cómo no lo había visto antes? Sabía lo paralizante que podía ser el miedo al boggart, mejor que nadie, y reconocía esa cabezonería de Creevey, aunque Marcus lo hubiera dicho de otra manera. Y aquella pena que sentía por el chico se intensificó, pero sabía perfectamente que si mostraba algo de esa lástima, tenían perdido a Benjamin. Pero… Eso de enfrentarse al boggart otra vez… ¿Ellos? ¿Era absolutamente necesario? Carraspeó y sonrió. — Claro, vamos. — Ahora mismo iba a intentar hacer comprender a su novio por qué, por muy buena intención que tuvieran de ayudar a Creevey, era una malísima idea enfrentarse a ello después de las vacaciones que acababan de pasar. Pero nada, allá que iban.

Se giró a Lex y Darren, esperando que pusieran cordura en el asunto pero, para su sorpresa, su cuñado dijo. — Venga. — Alice abrió más los ojos y miró a Darren, buscando un aliado, pero él solo fue a hasta Creevey y le revolvió el pelo. — Vamos, aguilucho, que cuantos más para vencer al boggart mejor. Además, lo que te ha dicho Gal es verdad: si tienes miedos no puedes volar de verdad. — Me tenéis hasta los cojones y no hemos llegado todavía.

Cuando ya estaban subiendo hacia el aula, tiró un poco de su novio. — Marcus, mi vida… Entiendo lo que intentas hacer, pero… — Tragó saliva y le apretó un poco. — ¿Entiendes por qué no me parece la mejor idea del mundo? — Pero ya estaban ahí en la misma puerta, y podía ver las dudas en el rostro de Creevey, y ese abismo de entre miedo y determinación en los de Lex, y si mostraban debilidad ahora, se iban a arrepentir o les iba a dar más miedo. Miró a su novio y volvió a sonreír, pero con los ojos dejó cierta advertencia en su ánimo. — Confío en ti. En lo buen mago que eres. A mí ya sabes que no se me da tan bien. — Se dirigió a la puerta y se asomó, viendo cómo se mováis el armario. — ¡Ay! Qué escandaloso es... — Le dio un codazo a Colin, que también parecía un poco pálido. — Vas a tener muchos alumnos Gryffindor conflictivos que se van a portar como ese. — Dijo haciendo la bromita a ver si rebaja el ambiente.


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Mar Ene 04, 2022 8:55 am por Freyja

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CON Alice EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Era consciente de que acababa de meter a su grupo en un marrón, porque enfrentarse al boggart no era nada agradable. Pero si le decían algo, se pondría muy digno. "No haber venido". A ver, Colin quería hacer méritos, a Lex le había dicho varias veces que se fuera y se había quedado y Alice y Darren habían pecado de impacientes por ir a buscarle. Gajes de estar con un prefecto, no solo iba a traer beneficios. Realmente él solo se estaba contestando a algo que no le había dicho nadie, pero por si acaso. Y así, de paso, se sentía un poco menos mal consigo mismo por el mal rato que iba a hacer pasar a todo el mundo.

El primero en apuntarse fue Lex. Marcus se ahorró tanto alzar la ceja en señal de sorpresa, como la sonrisita de orgullo fraternal, pero le gustaba esa nueva versión de su hermano. También fue un drama cuando él estuvo en tercero y tuvo que enfrentarse a su boggart, aunque ese año estaban bastante distanciados y tensos el uno con el otro por lo que, obviamente, no fue precisamente a Marcus a contárselo. De hecho juraría que la Profesora Antares le hizo el examen en privado... Claro, temerían que se desvelara lo de la legeremancia delante de todo el mundo, que no era como decir que te gustaba una niña de Hufflepuff, eso eran palabras mayores. Darren también se unió y, tras ignorar el exabrupto de Creevey, se dirigieron todos al aula de Defensa.

Alice tiró de él cuando aún iban de camino. Se mordió un poco el labio. Si Alice le hablaba así, el Marcus chulito no podía salir. Realmente era un mal rato innecesario y no tenía por qué hacérselo sufrir a su novia, así que puso la sonrisa más tranquilizadora que encontró y dijo. - No tienes por qué enfrentarte tú. Él ha pedido que estés pero porque creo que le haces sentir tranquilo, solo hay que ver quien ha conseguido hacerle salir del vestuario. - Comentó con una risa leve. Estaba hablando lo suficientemente bajo como para que los demás no les oyeran. - Solo quédate con él, no va a hacer falta que te enfrentes al boggart. Confío en su orgullo y su necesidad de quedar por encima, cuando nos vea actuar a un par de nosotros, saldrá a resolverlo él. - Dejó una caricia en su mejilla. - Y en cuanto a mí, no te preocupes. Soy prefecto, vienen con el oficio estas cosas, no solo tener acceso a un baño bonito. -Bromeó y luego puso una sonrisilla. - Además, ya me da igual si dice delante de todos que me gusta Alice Gallia. - Le dejó un beso en la mejilla y le confirmó. - Será como una clase más. - Y con eso intentaba relajar a Alice y, de paso, a sí mismo. Porque le daba pánico lo que se pudiera encontrar. No sería una criatura tan temible si no provocara esas reacciones.

Sonrió a la bromita que Alice le hizo a Colin. El chico quería ir decidido, pero aún no sabía disimular tan bien la tensión que llevaba. Le recordaba tantísimo a él con su edad, y a él hasta hace no mucho, realmente. Se puso más sereno y miró a Creevey. - Benjamin... - Mira, tío. - Dijo el otro, mostrando las palmas y en el tono más conciliador que claramente tenía en el registro. - Yo aprecio mucho esto, de verdad que sí, sois cojonudos. Pero que no hace falta... - No te pega nada ser tan cagueta. - Saltó su hermano, con esa diplomacia que Merlín le había dado, y claro, ya hizo al otro activar las defensas como un erizo. - Cagueta serás tú, pedaz... - ¿Nos podemos comportar como adultos, por favor? - Detuvo Marcus, mirándoles a ambos pero sin perder la serenidad. - Benjamin, es una putada tener que pasar por esto, siendo sinceros. Todos lo hemos pasado mal porque es horrible, y no se pasa mejor con el paso de los años. El boggart simplemente muta, cambia de forma y se adapta a tu nuevo yo, a tus nuevos miedos. Nunca dejamos de tener miedos, estos solo cambian de forma. Pero es importante saber enfrentarse a ellos, porque si no, ellos ganan. Ellos te vencen y paralizan tu vida, y al final, es el boggart quien te controla a ti y no tú a él. -Creevey le miraba, con un punto de desconfianza pero las defensas claramente más bajas. - Este boggart lleva todo el curso ganándote. - Eso le hizo tragar saliva y mirar al armario con odio.

- Vamos a hacer una cosa. - Propuso Marcus. - Imaginemos que estamos en clase. Puedes esperar a que algunos de nosotros lo hagamos, ves como se hace, y luego sales tú. Verás que lo pasamos mal, sí, pero que solo hay que cuadrarse, serenarse, respirar hondo y lanzar el hechizo. Pensar en lo más ridículo que se te ocurra y devolvérsela a tus miedos. A ti otra cosa no, pero ridiculizar a quien te molesta se te da genial. - Eso hizo al chico reír con una sonrisa de lado, y rodar los ojos hacia él. - Me vas a hacer hasta sentir mal por hacerte pasar este mal rato, O'Donnell. - Marcus se encogió de un hombro, quintándole importancia. - Por todas esas veces que has querido vengarte de mí. - Alzó las cejas y añadió. - Y, como todas esas veces, voy a darte ejemplo de lo que hace un buen prefecto. - Capullo. - Respondió el otro, pero con una risa. Marcus se giró entonces, sacó su varita y enfrentó el armario. Respiró hondo, pero antes de pedir que lo abrieran, Colin le puso una mano en el brazo. - Deja que empiece yo. - Marcus le miró, así como todos los demás. El chico parecía asustado pero decidido. - Por favor. - Marcus bajó el brazo, sin dejar de mirarle. - No es necesario que demuestres nada, Colin. Te lo aseguro. - Le dijo, comprensivo, porque sabía lo que estaba haciendo. - Tú ya has dado todos los buenos ejemplos que podías dar y muchísimos más. Yo... Quiero hacerlo también. Sé que aún no está decidido que lo sea, pero tengo la esperanza, así que, si lo soy, más vale que empiece ya, y si no lo soy... Al menos aquí voy a tener la oportunidad de serlo por un ratito. - Tragó saliva y, mirándole a los ojos, bajó el tono para confesar. - Y necesito hacer esto. - Vale, claramente Colin tenía un boggart al que vencer. Marcus asintió y le dio paso, y al echar un paso hacia atrás, oyó como Darren se inclinaba hacia Lex para susurrarle. - No me digas que no es una monada. -
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Mar Ene 04, 2022 10:35 am por Ivanka

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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Marcus decía que no hacía falta que se enfrentara al boggart pero, ¿qué clase de ejemplo estaba dándole a Benjamin diciéndole que se enfrentara al boggart y no haciéndolo ella? No, ella era coherente por encima de todas las cosas, y odiaba cuando los mayores no lo eran. Ahora ella era la mayor, y tenía que actuar como le hubiera gustado que actuaran los demás. Aprovechó la refriega y el discurso de Lex y Benjamin y tomó la mano de su novio. — Si tú y yo estamos juntos, yo puedo con todos mis miedos. — Y lo creía de verdad. Ya enfrentaron una vez al boggart juntos, y no sabían todo lo que sabían ahora, ni eran tan fuertes entonces.

Sonrió y se cruzó de brazos, sentándose sobre una de las mesas y observando cómo Marcus organizaba todo y tranquilizaba a los chicos. Qué bueno era haciendo eso, se le daba tan bien… — Podría oír a tus hormonas manifestarse aunque no fuera legeremante. — Dijo su cuñado, sentándose de un salto a su lado. Ella le dio suavemente con el brazo. — Es muy bueno en lo que hace. — Le miró y dijo. — Y tú eres como él, solo que no te va demostrarlo. Prefieres ladrarnos a todos. — Ambos se rieron, y justo Colin se ofreció a empezar. Lex levantó las cejas y negó con la cabeza. — Para no haber ningún Gryffindor en este grupo estamos haciendo una burrada muy de esa casa. — Pero Alice negó con la cabeza, mirándole enternecida. — Colin es valiente, pero sobre todo, quiere ser prefecto. Más que nada. Quiere ser como Marcus, y sabe lo que cuesta. — Se encogió de hombros y dijo. — Pero por eso mismo va a ser un gran prefecto. Porque está dispuesto a hacerlo. — Darren aportó la parte Hufflepuff al asunto, y ella miró a Colin con una sonrisa cálida y tranquila. Asintió con la cabeza y, con la aprobación de Marcus y su tranquilidad, pareció imbuirse de energía y allá fue.

Como siempre, el boggart se alteró y se movió más fuerte, poniéndole un nudo en el estómago, y estaba segura que al resto de los presentes también. Por un momento parpadeó, porque juraría que… ¿El boggart de Colin era el propio Colin? Parpadeó y miró a Marcus, pero justo empezó a hablar. — Ya has perdido el puesto de prefecto. Veinte segundos y aún no me has vencido. — Se giró hacia Benjamin. — Mira a Creevey ahí, se debe estar descojonando de ti. Y no va a ser el único que te tome por el pito del sereno. — El Colin de verdad parpadeó y levantó la varita, inspirando para lanzar el hechizo. — ¿Y Amber? ¿Por qué ibas a interesarle tú? No eres el prefecto O’Donnell, no eres el mejor jugador de quidditch del colegio ni de lejos, ¿qué tienes que ofrecer? ¡MEDIOCRIDAD! ¡CALLA! — Le gritó Colin cerrando fuertemente los ojos, claramente intentando concentrarse. — Una desgracia para la casa Ravenclaw, a todo el mundo le das pena, por eso te escuchan y te consienten, y llevas siendo una carga para el prefecto O’Donnell desde que llegaste… Admiras a tanta gente que al final no eres capaz de llegar a ser tan bueno como ninguno. Ni prefecto como Marcus, ni tan bueno al quidditch como Lex, ni tan querido como Gal, ni tan inteligente como Amber... Qué destino más vergonzoso para un Ravenclaw. ¡Ridikkulus! — Bramó. Y entonces se obró la magia. El Colin falso pareció paralizarse, y de repente se vio subido a un monociclo, pedaleando sin parar, mientras hacía malabares con muchísimas pelotas, y la vaez parecía querer sostener unos palillos con platos, todo eso mientras se le derretía el maquillaje de payaso de la cara. Automáticamente, a Alice le dio la risa, y en ese momento, el Colin falso se cayó del monociclo, con toda la parafernalia cayéndole encima y rebotando por todas partes, mientras corría de nuevo hacia el armario.

En cuanto se encerró, todos se levantaron para ir a felicitar a Colin. — ¡Impresionante! Vamos, has tardado bastante menos que yo en su día. — Le dijo Alice, pasándole un brazo por los hombros, aunque el chico tenía expresión de aún no terminar de creérselo. Creevey tenía un sonrisilla y le dio en el hombro. — A veces se me olvida por qué estás en Ravenclaw. Y luego veo cómo se te dan los encantamientos, tío, y ya está, eso lo explica todo. — Y detectó la sonrisa en la cara de Colin por ello. — Bueno, y el Ridikkulus ha sido genial, me he partido de risa con el malabarista. — Dijo ella riéndose de nuevo al recordarlo. Luego miró a los demás. — ¿Veis? Todos podemos hacerlo. Pero más mérito aún tiene hacerlo el primero. — Y todos vitorearon al chico, que se lo había merecido.



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Mar Ene 04, 2022 12:58 pm por Freyja

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CON Alice EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Se retiró unos pasos y dejó a Colin al frente para que pudiera enfrentar a su boggart. Fue sorprendente ver que el boggart no era otro que él mismo, y en cuanto abrió la boca Marcus frunció los labios, agachando la cabeza. Otro como él. El suyo había venido en forma de legeremante, porque siempre era mejor echar las culpas a otro de tu destrucción que reconocer que te habías destruido tú mismo. El fondo, en cambio, era igual: inseguridad, miedo a fracasar, a hacer el ridículo, a no ser suficiente. No le escuches, pensó. No es verdad, solo quiere hacerte daño.

El chico demostró ser muy fuerte, porque Marcus recordaba su boggart de tercero y sentía un escalofrío, y él seguramente estaría muerto de miedo, pero el hechizo salió limpio y certero, y el resultado no pudo ser más gracioso. Soltó una carcajada, porque esa estampa había sido muy original y efectiva, y la criatura tardó segundos en retirarse. Dejó que todos le felicitaran y luego se acercó a él, poniéndole las manos en los hombros. - Impecable. - El chico le miró, aún con un punto de miedo. - Pase lo que pase en los años que te quedan en la escuela, Colin, eres un grandísimo mago, y serás aún mejor con los años. - Se le acercó un poco y le susurró en confidencia. - Y jamás has sido una carga para mí, al contrario. Eres mi mano derecha. - Eso le iluminó la mirada y le enrojeció las mejillas. - Gracias, Marcus. - Y eres el mejor de tu equipo con diferencia, tío. - Aseguró Lex. - Hay que temerte, cuando menos te lo esperas, tienes ya la puta snitch. Si Corner es capitán es porque es el más veterano, pero si los Ravenclaw son tan inteligentes como dicen, no tardarán en ponerte a ti. - Lex se guardó las manos en los bolsillos. - Y hasta aquí mis halagos ante un jugador del equipo rival. - Eso hizo reír al grupo.

Creevey no parecía muy convencido aún. Marcus miró a su alrededor y Darren y Alice seguían un tanto reticentes, pero Lex se le adelantó. - Que no se diga de los Slytherin. Sigo yo. - Marcus le miró y le preguntó para él. - ¿Estás seguro? - Lex asintió con tranquilidad. - Yo también necesito vencer ciertos demonios. - Bajó la mirada y, tras mirar de reojo a los demás, bajó la voz y le dijo. - No te pongas muy lejos. - Eso le agarró un pellizco al corazón, pero sonrió con los labios fruncidos y asintió. - No me voy a ninguna parte. - Aseguró. Dejó que Lex avanzara y esta vez fue Colin quien se colocó junto al armario, y Marcus se quedó de pie, unos pasos por detrás de su hermano para no agobiar pero que le notara cerca. Lex soltó aire por la boca fuertemente, alzó el brazo de la varita e hizo un gesto con la cabeza. Y el armario se abrió.

No salió nada, solo una especie de neblina. Marcus se extrañó. ¿Niebla? ¿Temía tener un accidente de escoba por culpa de la niebla? No, eso no tenía sentido. Pero la niebla se disipó, dejando un suelo nevado bajo ella, y a alguien agazapado sobre la nieve, entre un grupito de flores nevadas y medio marchitas, encogido sobre sí mismo y con la cabeza escondida entre los brazos. Le era demasiado familiar como para no reconocerle: era Lex hacía unos años. Su hermano tragó saliva y, con una sonrisa torcida, pronunció una sarcástica carcajada de garganta, aunque se le notaba tenso. - ¿La misma imagen que en tercero? ¿No te has molestado en conocerme un poco más? - Vaciló al boggart, y fue a lanzar el hechizo, pero una voz resonó atronadora por toda la habitación. - ¿También me tenías miedo en tercero? - Marcus abrió mucho los ojos y miró a Alice automáticamente. Lex se había quedado congelado también. Era la voz de su abuela Anastasia, resonando como un eco dentro de sus cabezas, más cruel que nunca. - Si siempre fuiste mi nieto favorito, mi ojito derecho... Sabes que nadie mejor que yo puede protegerte. - La imagen del Lex niño levantó la mirada con los ojos tristes y suplicantes. Temblaba de la cabeza a los pies. Lanza el hechizo, pensó Marcus, pero por una vez, él quería que su hermano le leyera la mente, pero Lex no lo estaba haciendo.

- Hiciste bien aquel día. Qué locura de casa, que simpleza de gente con la que tú no pegas nada... - No... No lo digas. - Susurró Lex, con voz atemorizada. No sirvió de nada. - Hiciste bien en no decirle a nadie que se moría. - Marcus miró a su hermano. ¿De qué estaba hablando? ¿A qué día se refería? ¿Acaso... hablaba de Janet? - Si ellos son inferiores y estúpidos... - ¡¡CÁLLATE!! ¡DEJA DE HABLAR ASÍ DE LA GENTE! - Bramó Lex, pero la voz de Anastasia no se detuvo. - ...No es culpa nuestra. Somos superiores, tenemos un poder que nos hace superiores al resto. La gente como nosotros... - ¡¡YO NO SOY COMO TÚ!! ¡TÚ ERES UN MONSTRUO! - Gritó. Sí que tenía ganas de desahogarse con su abuela. Marcus miró de reojo a Alice, pero seguidamente se inclinó hacia Lex, aún guardando la distancia. - Lanza el hechizo, Lex. No puede hacerte nada. Estoy contigo. - No lo está. - Dijo Anastasia. - ¿Dónde estaba ese día? ¡Mírate! - Y Lex lo hizo, cometió el error de mirar al niño que le devolvía una mirada llorosa, temblando de frío y miedo sobre la nieve. - ¿Dónde está Marcus? Dentro de la casa, en el calor de su estúpida familia de ignorantes, que se creen mejores por hacer cositas con cristales y hechizos de colores. Odiándote. Él te odia, tu padre te odia, todos los Gallia te odian. Tu madre te tiene pena, se arrepintió de tenerte, nunca quiso tenerte.  - Eso es mentira. - Le aseguró Marcus a Lex. - Es todo mentira. -¿Y qué muggle va a querer estar con alguien con un poder como el que tienes tú? ¿Es que quieres que te linchen, que te quemen vivo como hacían antes? Nunca te aceptarán, ni tú deberías aceptar a gente como ellos. Menos aún a otro hombre. Es asqueroso. - Veía como Colin y Creevey intercambiaban miradas de no comprender nada. Darren estaba sufriendo desde su sitio, y Lex tenía los dientes apretados y las lágrimas saltadas.

- Ellos jamás nos entenderían... - Siguió Anastasia. Lex negó. - Te equivocas. No estoy solo. - Anastasia soltó una carcajada hiriente y respondió. - Tienes razón, no estás solo. - La expresión de Lex se tensó, y entonces Anastasia añadió. - Estás conmigo. - La mano de la varita le temblaba, pero algo debió tocar en el interior de Lex, porque eso le hizo saltar. - En ese caso, prefiero estar solo. Prefiero estar muerto. - Movió el brazo con fuerza y bramó. - ¡¡RIDIKKULUS!! - Se produjo un fogonazo luminoso que les hizo a todos parpadear, y cuando volvieron a mirar, la estampa nevada seguía ahí, pero ya no era lúgubre y nocturna. Había un muñeco de nieve, y el niño que estaba allí ya no era Lex, era Marcus, que colocaba con mimo los botones del muñeco. Y de repente, el niño Lex salió del interior de muñeco, rompiéndolo y derrumbando la nieve mientras decía "¡BUH!". El niño Marcus dio un saltito asustado hacia atrás mientras el niño Lex se moría de risa. - ¡¡Mi muñeco!! ¡¡Era perfecto!! - ¡¡Pues era yo!! - Decía el pequeño Lex entre risas. Eso hizo al niño Marcus pensárselo un segundo, pero luego se echó a reír también y se abrazó a él, los dos entre carcajadas. - ¡Tengo un hermano perfecto lleno de nieve! - Dijo el Marcus pequeño, y al mayor se le encogió el corazón y miró al Lex de verdad. De repente empezaron a salirle bolas de nieve del pelo a los dos niños, que se morían de risa y le contagiaban la risa a los otros, porque la estampa era un poco boba, parecían una fuente de nieve. - ¡Que me los quiero comer! - Dijo Darren de fondo, muerto de risa, aunque Marcus vio que se secaba las lágrimas mientras reía. Y otra risa se sumó al grupo, pero no era de ninguno de ellos, ni tampoco de Anastasia. - Qué bueno eres. - Dijo la voz, y a Marcus le latió el corazón con tanta fuerza que le dolió, y automáticamente miró a Alice. Era Janet. Había sido la voz de Janet. - Gracias. - Oyó susurrar a Lex, mirando hacia arriba, como si realmente hablara con ella, con una sonrisa aliviada. - Gracias por decírmelo ese día. -

Tan pronto Lex contestó, el boggart desapareció en el armario otra vez. Al hacerlo, Lex paró de reír y agachó la cabeza, girándose lentamente hacia ellos. Subió una mirada culpable hacia Alice y le dijo. - Lo siento. - Con voz quebrada. Marcus frunció los labios y se interpuso, colocando las manos en los hombros de su hermano y haciéndole mirarle. - Eres perfecto, Lex. - Su hermano sonrió conmovido y Marcus, devolviéndole la sonrisa, añadió. - Y todos estamos contigo. -  
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Mar Ene 04, 2022 4:28 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
El momento había sido muy bonito y emotivo. Era lo que tenía superar los miedos, que siempre ponía de buen humor a la gente. Era complicado, pero, como solía pasar con los grandes retos, la recompensa era mayor. Y los O’Donnell eran geniales reconociendo los logros de los demás. Lo malo era que Creevey aún parecía dudoso y ella… Iba a decir algo, y ofrecerse, aunque siguiera sin verlo claro, pero Lex se le adelantó. Y seguridad no le dio mucha, pero bueno, eso era lo que necesitaba su cuñado ahora, que estuvieran a su lado.

Al principio no entendió lo que estaba viendo, pero entonces reconoció al pobre Lex de pequeñito, solo, en la nieve, llorando. Qué lástima. El miedo de Lex era ser un niño abandonado siempre… Ojalá hubiera entendido muchas cosas que ahora sí entendía para haber podido ayudarle. Y cómo no, la invitada más ingrata a esa fiesta era Anastasia. Que pensaba así de los Gallia no era ninguna sorpresa, y casi le hacía reír, porque prefería ser todo eso que le llamaba, pero no ser mala gente como los Horner, que se odiaban entre ellos. Pero aquello que dijo de no contarles que se moría… Nunca lo había pensado. Que Lex debió saber bastante antes que ellos que su madre se iba a morir. Pobrecito, menuda carga para un niño de doce años. Abrió la boca cuando dijo lo de Emma. Qué malo y absurdo podía ser el miedo. No había ninguna forma de vida en el universo a la que Emma quisiera más que a Lex, por encima de todo, así que ni de broma se iba a arrepentir de haberle tenido. Y ni hablar de Darren, vaya. Y se jugaría una mano a que a la familia de Darren le daba completamente igual cómo fuera Lex o qué poder tuviera, viendo como había salido su amigo. Lo peor es que se temía que esas afirmaciones las había oído de su abuela seguro. Asco da que creas que está mal algo tan hermoso como lo de ellos, pensó Alice, torciendo el gesto solo de imaginar oír algo así.

La cosa empezaba a ponerse un poco fea, pero, finalmente, Lex reunió el valor y lanzó el Ridikkulus. Hubo unos segundos de tensión, pero, de repente, vio la escena más tierna que sus ojos habían visto. Menos mal que los demás estaban riendo, porque ella simplemente podía mirarles enternecida, derretida de amor. Hasta que oyó esa voz. La reconocería en cualquier parte y las lágrimas acudieron a sus ojos. Cuando Lex le miró, ella esperó unos segundos, dejando hablar a Marcus, pero ella se acercó a su cuñado, se puso de puntillas y lo abrazó. — No lo sientas. Ella siempre decía que iba a vivir para siempre a través de Dylan y de mí. Pero vive en ti, también, y cuantas más Janets nos acompañen en nuestro interior, más la sentiremos con nosotros. — Notó la mano de Lex en su cintura (que era a lo máximo que llegaba parecido a un abrazo) y se separó sonriendo. — Es cosa de O’Donnells ser perfectos. — Y le guiñó un ojo.

¡Ahora yo! — Se ofreció Darren dando un salto. — Vamos, después de semejante demostración de adorabilidad y valentía de mi Lexito, no puedo quedarme yo atrás. — Creevey se rio con esa cara de ratoncillo travieso que ponía, y Alice le miró alzando una ceja. — No te rías tanto, que ya te gustaría a ti que ciertas damas dijeran eso de ti. — El niño se cruzó de brazos y se puso muy digno, pero no contestó. Luego miró a su amigo y puso, de nuevo, aquella sonrisa, que empezaba a sospechar que había heredado precisamente de su madre, para darle fuerzas.

Cuando el boggart salió, lo hizo en forma de cuatro personas, y dio un grito ahogado cuando vio que una de ellas era Emma. Miró a Lex y pensó “si el año pasado hubiera hecho yo esto mismo, también hubiera salido. Es que impone un montón, pero sabemos que no es mala”, para no tener que decirlo delante de los niños, que no entendían mucho de lo que estaban viendo. Había otra señora, que le miraba como con más cariño, y, de hecho, se acercó a él. — Ay, cariñín… — Vale, tenía que ser su madre. — Deja de hacer cosas raritas cuando vengan los Lundy a comer ¿vale? Ya sabes que se asustan. Y no digas cosas de las tuyas cuando la abuela esté jugando al bingo con las amigas porque ya sabes que a lo mejor no lo entienden… — Emma se abrió pasó y la empujó a un lado. — La que no entiende soy yo por qué estás con mi niño. Un jugador de quidditch con un futuro brillante, tan alto y guapo, que podría tener a quien quisiera… Y no a alguien que hace… ¿Qué? ¿Chucherías? ¿Cómo iba a formar parte de la Orden de Merlín alguien como tú? ¿Te creíste lo que te dijo mi hijo el de la labia? Y encima hijo de muggles. — Dijo una señora, que llevaba un bicho en brazos, que no alcanzaba a reconocer. — Yo no dejaré que ningún sangre sucia maltrate a mi cuchicú… Mi comadreja vale más que el nulo talento de un Hufflepuff sangre sucia. Darren, lanza el hechizo. — Dijo preocupada. A fuerza de verlo, había empezado a entender cómo funcionaba el boggart. Empezaba por los miedos más evidentes pero un poco más superficiales, pero a medida que avanzaba… llegaba a los más profundos y complejos. — No les dejes hablar más Darren, ¡dale! El mundo mágico se olvidará de ti, Millestone. Un hijo de muggles… Homosexual… Tendrás que volver a tu casa, a tu barrio muggle, aprender a vivir sin magia… Resignarte.¡Ridikkulus! — Al contrario que los otros, Darren no había intentado ni callarlos, solo estaba buscando la concentración. Inmediatamente, a dos de ellos, les salieron patines en los pies y empezaron a desestabilizarse. — ¡A mí no me calla nadie así como así! — Aseguró la Emma falsa en un tono peligrosamente cercano a la realidad. — ¡Ridikkulus! — Lanzó de nuevo, y a Emma lo que le salió fue un monopatín, que la llevó de vuelta atropelladamente al armario, mientras los demás trataban de levantarse y se les hacía imposible, sin parar de resbalar, hasta que se acabaron arrastrando al armario de vuelta.

Terminando de reírse, se acercó a su amigo. — Joe, todo lo que tenías guardado, tío. — Darren se encogió de hombros y puso una sonrisilla. — Miedos tenemos todos, ¿ves, Benjamin? — Lex se acercó a él dándole la mano y riendo. — Ahora se ríe, pero ya le he cabreado para un tiempecito sacando a su madre ahí. — Creevey abrió los ojos como platos. — ¿La rubia era vuestra madre? Buah, chaval, vaya cagada. — Colin le dio un codazo. — Benjamin… — Perdón, perdón… — Se rascó la cabeza y miró a Darren. — Pero, tío… Tú le caes bien a todo el mundo y a la gente no le importa si eres hijo de muggle o qué. O sea… Y claramente a O’Donnell menos. — Lex entornó los ojos. — Gracias por el análisis psico-sociológico, Creevey. — Pero eso les hizo reír a todos de nuevo, lo cual era lo mejor para esa práctica. Lo malo es que sabía que le tocaba a Marcus y a ella, y no sabía si estaba preparada.


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Se estaba mentalizando para continuar él, pero Darren se le adelantó. Pensó que solo él haría el sacrificio del boggart, al fin y al cabo era el prefecto y quien había tenido la idea, pero todos estaban animándose no solo a superar sus miedos, sino a ayudar a un compañero asustado y bloqueado. Y esa era la mejor magia que había en Hogwarts. El boggart de Darren salió en forma de cuatro personas, pero sus ojos se fueron directamente a una de ellas: a su madre. Miró a Lex. Lo peor es que ni siquiera debería sorprenderle...

Por lo poco que sabía de los Millestone, dudaba que la madre de Darren, claramente la primera señora en hablar, dijera eso alguna vez. Pero lo que tenía claro es que su madre no diría eso. Es decir... Era una frase fácilmente esperable en alguien como Emma, pero Marcus la conocía bien, y había visto lo feliz que su hijo era con Darren. Para ella, eso lo era todo, y que alguien intentase interponerse en ello. Había quedado claro en casa de los Horners que la felicidad de sus dos hijos y sus elecciones personales estaban por encima de cualquier otra cosa, sobre todo de cosas como el estatus. A los otros dos no les reconocía, pero el hombre que habló último parecía un trabajador del ministerio, y la mujer... ¿Sería la abuela de Ethan? Por lo como se refirió a él como "sangre sucia", hablando de un romance con un miembro de su familia, perfectamente podría serlo. Darren cumplía muchos criterios para ser excluido por gente que valoraba las cosas que menos valor tenían. Pero los O'Donnell y los Millestone, por fortuna, no eran esa gente.

Rio con lo ridículo del boggart y, cuando este acabó, se acercó a Darren. - Mi madre nunca diría algo así de ti. La conozco bien, te aprecia, y haces feliz a su hijo. Para ella no hay nada más importante que eso. - Ladeó la cabeza varias veces, mirando hacia arriba. - Eso sí... Como se entere de que la has subido en un monopatín... - Eso sacó una carcajada en Lex, y Darren se tapó la cara con las manos. - Prométeme que no se lo vas a contar, por favor. - Rogó con una risilla avergonzada. Marcus puso una mano en su hombro y, con un guiño, le dijo. - Te lo prometo... Por la Orden de Merlín. - Eso hizo a Darren sonreír. Creevey soltó una carcajada. - Joder, es que sí que da miedo la señora, ¿eh? Incluso si no hubiera dicho nada, como para tenerla de suegra. - Todos le miraron con ojos serenos, y no por su comentario. El chico no tardó en pillarlo, ensombreció el rostro y miró el armario con desconfianza. Tragó saliva. - Creo... Que me estoy poniendo peor. - Reconoció, negando con la cabeza. - No voy a poder hacerlo.  - Todos pensamos que no vamos a poder, pero podrás. - Le dijo Marcus. Luego miró a Alice y, tras sostenerle la mirada unos segundos, miró de nuevo a Benjamin y le preguntó. - De todas formas, aún quedamos dos... ¿Quieres que sigamos? - Le miró con expresión de padre advirtiendo. - Pero lo vas a enfrentar antes de irte, más tarde o más temprano, eso tenlo claro. - Creevey volvió a tragar saliva, les miró al uno y al otro y bufó flojito. - Joder... Ahora me siento fatal. - Afirmó. Se quedó unos instantes callado, pensando, pero Marcus estaba viendo que no estaba nada seguro, así que se acercó a él. - No hay ninguna prisa, y ya has visto que aquí nadie se ríe de nadie, y que estamos todos listos por si tenemos que intervenir... - Se mordió levemente los labios y dijo. - Pero voy a hacerlo yo ahora. - Y Merlín sabía que estaba muerto de miedo. Pero tenía que predicar con el ejemplo... Y superar sus propios miedos, como habían hecho todos.

Sacó la varita y se dirigió al centro de la sala, pero Lex se le puso rápidamente a su lado. - No lo hagas. - Le pidió en voz baja, para que los demás no le oyeran. - Tiene que hacerlo él, ya nos ha visto a los tres. - Marcus le miró y, simplemente, le dijo. - No te pongas muy lejos. - Con cariño, como Lex le había pedido antes a él. Su hermano pareció entristecerse, pero bajó la cabeza y respondió. - No me voy a ninguna parte. - Acto seguido, se retiró unos pasos y le dio su espacio. Marcus le dedicó una última mirada a Alice, con seguridad. Todo iba a ir bien. Estaba convencido de ello. Alzó lentamente la mano de la varita, asiéndola con fuerza, e hizo un gesto de asentimiento a Colin. Y el armario se abrió.

Casi se le cae la varita en el acto del propio sobresalto, y seguro que todos dieron un respingo en su sitio, porque lo que salió no fue una forma, sino un sonido. Un grito desgarrador desde el fondo del alma que prefería no saber quien lo había emitido... Pero no tardó en saberlo. Se notaba temblar de los pies a la cabeza, y en ese momento, la forma se materializó ante ellos, y su varita amenazó con caerse de su mano. Él mismo casi se lanza al suelo con desesperación. No... No... No es real, se mentalizó a sí mismo una y otra vez. Pero estaba ahí, ante sus ojos, y era imposible no verlo. - Hostia... No, parad esto. - Escuchó a Creevey tras él, atemorizado, pero alguien debió pararle. Tenía que derrotarle el propio Marcus. El propio Marcus tenía que derrotar a esa imagen... De sí mismo, en el suelo, arrodillado y llorando con desesperación sobre el cuerpo de Alice, inerte en sus brazos. No es real, no es real. Y lo peor aún estaba por llegar.

No le salía el hechizo de los labios, y el que optó por hablar fue el Marcus que había ante él, el del boggart. - No irás a permitir esto, ¿verdad? - Dijo, con voz sombría y el pelo tapándole la cara, enterrada en el cuerpo de su novia. Lenta y amenazantemente levantó la mirada, enrojecida por el llanto y la ira, con una sombra en los ojos y el odio y la desesperación en las pupilas. Estaba tenso y le clavaba la mirada como si quisiera matarle a él, como si él tuviera la culpa. - Tú... Cobarde. - El Marcus real estaba temblando. Nunca pensó que un reflejo de sí mismo podría darle tanto miedo. - Vas a dejarla morir. - No eres ese, Marcus. Ese no eres tú. - Dijo Lex, pero Marcus no podía quitar la vista de su otro yo... Peor, no podía quitar la vista de ella, y notaba como las lágrimas se le agolpaban en sus ojos, y tenía ganas de lanzarse al suelo y suplicarle que abriera los ojos. Casi había olvidado que estaba tras él la Alice de verdad, solo veía... A esa. - Desagradecido. - Le dijo el otro Marcus, haciendo que volviera a mirarle. Su expresión cada vez era más tenebrosa, más siniestra... Era un mago oscuro, no cabía duda alguna. - Después de todo lo que William Gallia ha hecho por ti. Le juraste que le enseñarías alquimia, mentiroso. - No para esto. - Respondió con un hilo de voz, puede que ni siquiera se le hubiera alcanzado a oír. - Nunca para esto.  - ¿Y para qué quieres la alquimia, entonces? ¿Para qué quieres tanto poder? ¿Para escribir libros? - Ironizó, hiriente, el boggart. - Has permitido que su mujer se muera y ahora le vas a hacer perder a su hija también. - Marcus negó. - Yo no he hecho nada de eso... - Tú podrías hacer lo que quisieras. - El boggart ladeó una sonrisa malévola, con la cara surcada de lágrimas. Daba auténtico pavor. - Tanto que dices que la amas... ¿Qué va a ser de tu vida sin ella? ¿Cómo vas a entrar en ese taller que compartís, un día detrás del otro, sin ella allí? - Rio, malvado. - Fulcanelli no era nadie comparado contigo, un inútil. Tú sabrías ocultarlo. Tú podrías conseguirlo. Tú puedes hacerla volver a la vida, y no quieres. - Endureció el rostro y le espetó. - Tienes tanto miedo a ser malvado... Y es lo que eres. Eres del peor tipo de maldad que existe, la que tiene el poder en sus manos y no lo usa. - No tengo ese poder. Nadie lo tiene. - Pues despídete de tu vida de ensueño entonces. ¡Y mírala si te atreves! - Mala idea: lo hizo. El corazón le dolía de una forma que no le había dolido jamás. - Plántate delante de William Gallia y dile que no vas a salvar a su hija de la muerte. Y piérdela para siempre. El taller va a engullirte, va a acabar contigo. ¿Es esa la vida que quieres? - El boggart rio y dijo. - No. Lo vas a hacer. Eres peor que Fulcanelli. - ¡MARCUS! - Bramó Lex, y el grito de su hermano le hizo reaccionar, como si despertara de un sueño. Y fue la energía que necesitaba.

- No te tengo miedo. - Le murmuró con ira, y con toda la fuerza que tenía en su interior, gritó. - ¡¡RIDIKKULUS!! - El hechizo impactó directamente en la imagen de Alice. La chica abrió los ojos, miró al Marcus real con esa sonrisita pilla que tanto adoraba, y se llevó un dedo a los labios para pedir silencio. Acto seguido, se sacó un globo de agua del bolsillo y se lo estampó al Marcus boggart en la cabeza. El otro compuso una expresión infantilmente sorprendida. - ¡¡Alice!! ¡¡Mis rizos!! - ¡A ver si me pillas, O'Donnell! - Dijo la chica, levantándose de un salto después de empujarle para hacerle rodar por el suelo y, entre risas, corriendo alrededor del armario, con un Marcus que trastabilló a levantarse y se puso a perseguirla. - ¡Eso sí que es real! - Dijo Darren entre risas, y las carcajadas se intensificaron por la persecución absurda que estaban visionando, aunque se notaban tensas y artificiales. El boggart, rendido, se ocultó de nuevo en su armario. Cuando lo hizo, Marcus se llevó una mano a los ojos y casi dio un paso atrás. Sentía que le habían robado toda la energía. - ¿Estás bien? - Preguntó su hermano, poniendo las manos en sus hombros. - Joder... - Dijo Creevey, con un hilo de voz, tras unos segundos. - Esto sí que ha dado mal rollo... -        
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Miér Ene 05, 2022 7:46 am por Ivanka
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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Efectivamente, se estaban quedando sin opciones, y ella seguía teniendo mucho miedo, y con miedo ya de base no podía enfrentarse al boggart. Pero allí estaba su novio, su Ravenclaw que siempre decía que era cobarde, enfrentándose a algo que ambos sabían que podía ser muy muy terrorífico (y enrevesado viniendo de la mente de Marcus), todo por demostrarle a un niño que podía superar sus miedos. Miró a Marcus, con Lex al lado y asintió, aunque esta vez no le salió ni sonreír. Pero confiaba en él, en lo buen mago que era.

La confianza casi se le esfuma de un plumazo cuando oyó ese grito. El corazón se le aceleró y podía notarlo latir en sus sienes y sus oídos, ahogando el sonido de lo demás. Para su desgracia, no tanto como para no oír o percibir lo que estaba viendo. Casi ni veía a su propia réplica, solo veía a ese Marcus doblado de dolor sobre ella, hablando con aquella voz. Las lágrimas acudieron a sus ojos. Lo había visualizado millones de veces, siempre que se había preguntado si debía empezar con Marcus sin saber si podría cuidar de él siempre, sin poder jurarle que no le dejaría como a su padre. Y su padre el tema central del discurso de aquel boggart tan malvado y oscuro… No. — ¡No! — Gritó. — Yo confío en ti, Marcus. Tú no eres ese. — Dijo desde su sitio, con las lágrimas resbalando por sus ojos y la respiración agitada. — Gal… — Colin le había puesto delicadamente la mano en el brazo. — Deja de llorar, Gal… No es real… — No lo era pero podía serlo. Y sería culpa suya. Allí estaba, muerto de dolor, pensando esas cosas… Casi parecía su propio boggart, y a ver si al final no era el mismo. Cada vez que aquella maldita voz hablaba, le temblaba el cuerpo entero, y aquellas menciones a su padre…

Pero entonces, Marcus lanzó el Riddikulus, y su yo se despertó. Frunció el ceño, extrañada, como si no supiera cómo funcionaba un Ridikkulus, como si realmente se esperara que aquella Alice estuviera muerta de verdad. El boggart no era más que una pesadilla, ella estaba allí, Marcus aún era capaz de encontrar felicidad en… Ellos. Corrió a abrazarle, estrechándole contra ella y enterrando la cabeza en su hombro. — Estoy aquí. Estoy bien. Es una pesadilla, nada más. Por real que parezca. — Se quedaron así unos segundos y nadie se atrevió a romper el silencio. Se separó para mirarle, pero sin soltarle y dijo. — Menos mal que no he sabido que lo empaparte te divertía, lo hubiera hecho mucho más a menudo. — Y rio un poco, aunque se dio cuenta de que su cara estaba llena de lágrimas. Se las limpió corriendo y se encogió de un hombros, pero sin perder la sonrisa. — Eres un poquito retorcido, cariño. — Dejó un breve beso en sus labios. — Pero solo son eso, pesadillas. — Aunque el corazón le latía a mil todavía. — Tío… Dais muchísimo miedo… Ahora me parece que mi boggart ni tan mal… ¿Esto lo ha visto alguien más? — Preguntaba Creevey, claramente nervioso. — Yo diría que no, Benjamin… — Le dijo Darren acariciándole la espalda. — Pero ya has visto que hasta los miedos más terribles se pueden vencer. Y más si eres tan valiente como mi cuñadito. — Les dijo, mirándoles con cariño. Ella devolvió la expresión y dijo. — Pero yo me alegro que estéis aquí con nosotros. Es más fácil así. — Colin también les miró, y también parecía un poco traumatizado. — Marcus... No solo eres un prefecto genial es que... Eres el mago más fuerte que conozco en Hogwarts. En serio... — Y lo decía cargado de admiración, y con un puntito de pena, el que todos debían estar sintiendo en ese momento de haber visto semejante escena.

Y si quería demostrar que aquello no era más que una pesadilla, más le valía aplicarse el cuento. Inspiró fuertemente y miró al armario. Luegos e giró hacia Creevey. — Prepárate, porque después de mí, ya no habrá nadie más que tú. — El chico, que aún parecía un poco traumatizado, asintió y tragó saliva, y ella se colocó frente al armario. — Alice… No tienes por qué hacer esto. — Insistió Lex. Sí, claro, él sabía que no estaba nada segura. Pero le miró y asintió. — A mi nadie me enjaula. Yo soy libre como el viento. Y un boggart al que puedo vencer con un hechizo y la risa, menos. — Ladeó una sonrisa. — ¿Qué clase de Gallia sería?

Con una leve neblina, el boggart fue dejando ver un objeto. Era como un mueble bajito. se acercó a él, intentando ver mejor, y un llanto la sobresaltó. Era una cuna, pero estaba de espaldas a ella, así que no veía al bebé de dentro. Frunció el ceño y puso media sonrisilla. ¿Solo eso? ¿De verdad? No, ahí había trampa. — Eso no me da tanto miedo… ¡Ridi…! — Pero entonces, combinado con el llanto, oyó otro ruido. La tos. Igual que la última vez. La tos de su madre. Pero su madre ya estaba muerta, no podía tenerle miedo a algo que ya había pasado y se había terminado… Pero entonces, del armario, salió arrastrándose ella misma, tosiendo sin parar, mucho más delgada, como le pasó a su madre, y claramente sin fuerzas para levantarse. — Ayúdame… Ayúdame… — El llanto era cada vez más fuerte, pero la Alice del suelo apenas podía moverse y se ahogaba en toses. — Mi bebé… No llego… No puedo ayudarle… Está solito… — Y más tosía. Alice intentó aislarse del ruido para invocar el hechizo, pero el boggart volvía a hablar. — Tú lo sabías… Lo sabías y lo has permitido… Sabías que ibas a morir… ¡NO! — Gritó, tapándose los oídos. — ¡Sí! llevas ahogándote desde los catorce años y lo sabes. A tu madre le pasó igual, y luego cuando te tuvo a ti empezó a morirse de verdad… Y tú has hecho lo mismo… Sabiendo que te vas a morir… ¡CÁLLATE! — Pero esa Alice volvió a toser, alargando la mano a la cuna. — Mi bebé… Tan solito… Pobrecito... Sin nadie que le consuele y le coja en brazos. ¡ALÉJATE DE ÉL! — Le gritó, poseída por una ira que no conocía. — ¡RIDIKKULUS!

La otra Alice había desaparecido, y el bebé había dejado de llorar. Pero de repente, la Alice apareció otra vez por el otro lado de la cuna, pero poniendo caras muy cómicas: sacando la lengua, poniéndose bizca… Y de repente, una risa que sonaba como un coro celestial. Una risa pura del bebé, imparable y contagiosa, como la que les dio a todos. Y entonces, la otra Alice, metió la mano dentro de la cuna, como si acariciara al bebé y le dijo. — No llores más, mi colibrí. Mira, mira esto. — Y sacó el cubo de colores, que en su mano se convirtió en pajarito, que con una pirueta, rodeó la estampa, y se los llevó, con una neblina, de vuelta al armario. Se llevó una mano al pecho y respiró profundamente cerrando los ojos. Cuando los abrió, el boggart seguí encerrado, y una sonrisa en su cara. — Colibrí... — Repitió, en un susurro, con cariño. Se agarraría a ese momento tan bonito, tan luminoso, para apartar la negrura que sentía en su interior.



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Miér Ene 05, 2022 1:13 pm por Freyja

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CON Alice EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Aún estaba embotado y aturdido, y en algún momento había empezado a llorar y ni siquiera se había dado cuenta. No hasta que su novia le abrazó con fuerza y le limpió las lágrimas. Sentirla con él era como despertar de la peor pesadilla del mundo, y correspondió su abrazo como si temiera de verdad que se le desvaneciera. Tengo miedo, Alice. Tengo tantísimo miedo, pensó, pero no fue capaz de articularlo, y mejor no hacerlo. Alice ya lo había visto, no tenía por qué oír de su voz que le aterraba no solo perderla, que ya le daba pavor de por si, sino convertirse en ese tipo de mago, perder la cabeza, que la desesperación le hiciera saltarse las normas y no pudiera controlar su propio poder. Porque Marcus siempre había tenido poder, y este iba a más con el paso de los años, y estaba muy lejos de haber llegado a su cúspide. Tenía miedo de la persona en la que podría convertirse si esa vida de ensueño que tenía en su mente se torcía.

Su novia, con esa magia que solo ella tenía, le hizo reír, entre el miedo y las lágrimas. - He hecho bien en no decírtelo entonces. - Comentó entre risas, aunque su voz salió temblorosa. Arqueó las cejas con resignación. Sí, era un poquito retorcido, pero... - Menos mal que te tengo, entonces. - Terminó en voz alta la frase que empezó en su cabeza. La miró a los ojos y tragó saliva. - No sabes cuanto te quiero. - Y que nunca le faltaran esos ojos, esa mirada y esa sonrisa que le devolvía. Los demás comenzaron a hablar, pero Marcus no dejaba de mirar a su novia, al menos hasta que Colin se dirigió directamente a él. Sonrió, emocionado. - Gracias, Colin. - Miró a Creevey. - Eso sí... Me habéis dado mucha fuerza. Todos. - Miró a Lex y Darren. - Mi hermano... Mis hermanos. - Darren dibujó una sonrisa radiante, aunque Lex se emocionó visiblemente más. - Tener aquí a mi familia apoyándome, cerca de mí, siendo vulnerables conmigo... - Miró a Colin. - Mi compañero, un gran Ravenclaw que, si todo va bien, seguirá mis pasos, y de quien no puedo estar más orgulloso. Me siento muy tranquilo de tener a alguien como tú aquí. - Miró a Alice y dejó un beso en su mano. - Mi amor... Contigo llegaría al fin del mundo. Me das fuerzas para conseguir cualquier cosa. - Miró de nuevo a Benjamin. - Aunque si de alguien estoy orgulloso y me alegro de tener aquí, es a ti. - El chico negó, claramente tan poco acostumbrado a un halago así que no sabía ni que decir. - Aún no he hecho nada. Solo haceros sufrir a los demás. - Pero nos estás dejando ayudarte, y nos estás ayudando a vencer esto. Me hubiera ido de Hogwarts sin enfrentarme a este boggart, y lo he hecho en la mejor compañía posible, y con el mejor resultado posible. Y ahora me siento más capaz de superar lo que la vida tenga que darme. - Creevey frunció los labios en una media sonrisa. Pero aún no era su boggart el último que quedaba por vencer.

Al igual que Lex, estuvo a punto de decirle a Alice que no había por qué hacerlo, pero la miró, apretó su mano... Y le sonrió, dándole fuerzas. - Confío en ti. - Aseguró. Lo iba a pasar mal, tanto ella como él, pero Marcus se había alegrado de poder vencer a ese horrible boggart, y al igual que él, Alice estaba en buena compañía. Era el mejor momento para enfrentarlo y no podía robarle esa oportunidad. Ella se acercó al centro de la sala y él se quedó detrás, tratando de mostrar serenidad y apoyo por fuera, pero temblando por dentro. El boggart de Alice, seguramente, le daría miedo a él también. Aunque cuando salió, frunció el ceño con extrañeza, notando un fuerte latido en su corazón, que no se decidía por qué emoción optar, aunque el desconcierto era la opción más clara. ¿Una cuna? ¿Un bebé? A Alice no le daban miedo los bebés en general, al revés, le gustaban. Era... ¿su hijo? Tragó saliva, sintiéndose repentinamente mal. ¿Tanto miedo le daba tener hijos? ¿Tanto como para ser su boggart? Pero no, el problema no era el bebé en sí, sino... Lo que vino después. - Recuerda que no es real, Marcus. - Le susurró su hermano, poniendo una mano en su brazo, porque debió verle la cara y notar el miedo en él. Estaba desencajado, y sentía un impulso demasiado fuerte de correr hacia allí y ayudar a esa Alice que no era real... Y coger al bebé. No soportaba las toses, pero tampoco los llantos. No sabía qué era peor.

De hecho, dio un paso adelante, pero Lex le agarró del brazo. - No es real. - Es mi hijo. - Dijo, sin pensar, automáticamente. - Es culpa mía. - Le salió del alma, junto con otra lágrima. Había dejado a Lex sin palabras, pero en ese momento, Alice lanzó el hechizo. Todo su malestar se esfumó de golpe cuando la vio hacerle caras graciosas al bebé, y escuchó como se reía. Le hizo reír a él también, y se limpió rápidamente las lágrimas, porque no quería que Alice le viera llorando otra vez. Y entonces, la Alice que hacía monerías al bebé dijo algo que le dejó parado en el sitio, y su corazón volvió a saltar. - Colibrí... - Susurró él también, como en trance, mientras miraba su cubo de colores, el que se convertía en pajarito, divirtiendo a un bebé al que no alcanzaba a ver. Y la imagen se borró, y todo se quedó en silencio. Cuando Alice se giró, se dirigió hacia ella y la abrazó con fuerza. - No quiero que tengas miedo. - Le susurró de corazón, con los ojos cerrados, y se separó lo justo para apoyar los labios en su frente, dejando un largo beso en ella, conectando su energía con la suya. - Solo quiero tu felicidad, Alice... Nuestra felicidad. - La miró entonces. - Venga en la forma que venga... Pajarito. - Dejó un tierno beso en sus labios.

- Pues yo me pido padrino. - Creevey rompiendo el momento, qué raro. Marcus le miró con cara de circunstancias y el otro se encogió de hombros. - A ver, que esto si no es por mí no sale. - Yo diría que saben hacer eso sin ayuda tuya, pero vale. - Comentó Darren entre risas, y Colin rio también por lo bajo, claramente tapándose para que su adorado prefecto no lo percibiera como falta de respeto. Creevey bufó. - Bueno, yo por si acaso me lo he pedido. - Tú te vas a poner a la cola. - Contestó Lex. Marcus bajó los brazos, mirándole sin podérselo creer. Eso, su hermano metiendo cizaña con la bromita también, lo que faltaba, vamos. - Vaya hostias tenéis con los pájaros, en serio, pero bueno, entre que el colibrí vuela o no vuela, ya le voy mirando yo una escoba infantil. Con suerte no sale igual de palurdo en los deportes que sus padres... - Bueno vamos a no tener tantas prisas ¿eh? - Dijo Marcus, haciendo un gesto de detención con las palmas de las manos. Parecían que no acababan de ver que el boggart de Alice era ella no pudiendo atender a su hijo, así que mejor no hacer más presión. Marcus ya se había impuesto dejar a Alice lo más relajadita posible con el tema... A ver cuanto le duraba. Por lo pronto, volvió a mirarla con cariño y a decirle con una sonrisa. - Lo que sea, y tenga el nombre que tenga, será lo que ambos queramos. Y será perfecto. - De eso estaba convencido.

Y aliviado ese momento, todos miraron a Creevey. El chico echó aire por la boca. - Puedes decirlo: estás aterrado. - Le dijo Marcus. El otro se lo pensó unos segundos, pero luego asintió. - Todos lo hemos estado. Todos nos hemos apoyado. Haremos lo mismo contigo, y lo superarás. - Benjamin miró al armario, volvió a asentir y dijo. - Vamos allá. - Dando un paso al frente, tembloroso, pero varita en mano. El armario se abrió... Y todo se llenó de un espeso silencio, tanto que era molesto y pesado. Era un silencio artificial, vacío, hueco, doloroso. Como si estuvieras metido en el lugar más hermético del planeta, era hasta claustrofóbico. Y en mitad de la sala, apareció una réplica de Creevey, con su misma sonrisa ladeada, pero con una tristeza en los ojos imposible de ignorar. No decía nada, solo estaba rodeado de un aura oscura, como si estuviera en el más absoluto vacío, y de ese silencio tan horroroso. Clavaba la mirada apenada en el Creevey de verdad, y este alzó la varita, pero no se atrevió a pronunciar hechizo alguno. Pasaron segundos, pero se hicieron eternos. Y entonces, el boggart se encogió de hombros con resignación, y el Creevey real dio un paso atrás. - No puedo. - Dijo, tembloroso, negando con la cabeza. - Quitadlo vosotros, me voy... - Benjamin, estamos contigo. Lanza el hechizo, eres muy fuerte. - Le dijo Colin. Creevey tembló un poco, pero volvió a encarar al boggart. Antes de que pudiera animarse a hechizarlo, este habló. - No hay nadie. - Dijo simplemente, y su voz resonó como si efectivamente no hubiera nadie en millas a la redonda. - Nadie te quiere. Nadie va a venir aquí por ti. - Todos estamos aquí por ti, Ben, no lo olvides. - Susurró Darren, y eso infundió de fuerza al Creevey de verdad. Pero no detuvo al boggart.

- ¿Te lo has creído? Tendrán sus propios intereses para estar aquí, pero por ti, no están. - Soltó una risa hiriente. - ¿Quiénes son? ¿Unos tíos del castillo mayores que tú, que el año que viene se van y seguramente te giren la cara cuando te vean por la calle? - El boggart alzó los brazos. - ¿Quién va a quererte? ¿Quién va a sacrificarte por ti? Si tu propia madre no lo hizo. - Creevey apretó los labios y se le cayó una lágrima. - Eres un niño abandonado y vas a ser un niño abandonado toda la vida. Eres insoportable porque prefieres que te echen por inaguantable a que te echen sin motivo, como hizo ella. - Mis abuelos siempre me han querido. - Respondió, apretando los dientes. El boggart arqueó una ceja. - ¿Y dónde está tu abuelo? Muerto. Y tu abuela se morirá ya mismo, y no te quedará nadie. Y no te equivoques, no te querían, te tenían pena. ¿Qué iban a hacerte? ¿Dejarte en un bosque? Te acogieron porque no les quedó de otra, porque tu padre no te quiere, no sabe ni que existes, y tu madre peor, porque lo sabe y no te quiere ni ver. Hasta ha renunciado a la magia por tal de no estar contigo. - El boggart frunció una sonrisa triste, alzó los brazos y los dejó caer. - Nadie va a quererte nunca, Benjamin Creevey. No vas a ver en el boggart de nadie a alguien con miedo a perderte o llorando tu muerte, porque vas a estar solo toda la vida. - ¿¿ES QUE ESTÁS PUTO CIEGO O QUÉ?? - Bramó el Creevey real, haciendo que todos se sobresaltaran. - ¿EN SERIO TE PONES A MIRAR LOS OTROS BOGGART Y NO VES LO QUE HAY AQUÍ? ¡MIRA ESTO, CHAVAL! MIRA TODA ESTA GENTE AQUÍ CONMIGO. VETE A LA MIERDA. ¡¡RIDIKKULUS!! - Lanzó con rabia, impactando en su otro yo, y tan pronto lo hizo, el silencio cayó y empezó a sonar una música circense y ridícula. Del armario salieron un montón de payasitos, muñequitos con platillos y trompetas y animalillos ruidosos, que empezaron a rodear ridículamente al boggart, haciendo mucho ruido y sonando la trompeta en sus narices, mientras el otro, enfadado, intentaba hablar por encima del ruido y la música y no se le escuchaba. Todos estallaron en carcajadas, el que más el propio Creevey. - Mira, nunca pensé que me haría tanta gracia que me vacilaran de esa forma. - Eso hizo que el boggart le mirara con mala cara y se retirara, con todo el coro musical tras él haciendo un ruido ridículo y estruendoso, hasta encerrarse en el armario. Colin puso el enorme cierre en este, y el boggart quedó encerrado... Lo habían conseguido, Creevey había ganado, todos ellos lo habían hecho. Y Marcus esperaba no tener que volver a ver un boggart nunca más.
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Miér Ene 05, 2022 6:48 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
El abrazo de Marcus la pilló reflexionando, en una especie de desasosiego y calma resignada mezclados, pero le rodeó con los brazos igualmente y le estrechó contra ella. Trató de calmar la respiración mientras él le besaba en la frente y abrió los ojos, mirándole. Venga en la forma que venga, sí, pero Alice sabía qué forma quería él. Y qué miedos tenía ella, ahora todos lo sabían. Pero no pudo impedir una sonrisa cuando la llamó por su mote de siempre. — Para siempre, mi espino. — Le dijo bajito, pero desde el corazón.

Rio un poco por las reacciones del resto de chicos, mientras volvía a apoyarse en el pecho de Marcus y dijo. — Se agradece, no os digo que no, las bromitas y cachondeíto. — Miró a Marcus y alzó las cejas. — Pero como sigan dándonos la tabarra, te dejo dar un discurso sobre la adecuación y necesidad de poner la poción contraceptiva en el itinerario curricular de Pociones. — Los dos jóvenes y Lex hicieron ruidos desdeñosos de inmediato, haciendo gestos con las manos. Luego se giró y miró a Marcus con una sonrisa. Sí, le daba miedo, mucho, formar una familia y terminar dejándoles abandonados… Pero había algo que había batallado a ese miedo, que lo había derrotado. — Colibrí… — Susurró. — Como sea… Será el colibrí… Un pajarito azul. — Y sí, si Marcus ella lograban derrotar juntos ese miedo… Sería perfecto.

Se quedó rodeando a Marcus con un brazo, pero miró a Bejamin, con esa sonrisa, que parecía que funcionaba con todos. — Ya lo has visto. Se le puede vencer. — Amplió la sonrisa y asintió, como había hecho con los demás. No obstante, se imaginaba un poco por dónde iban los tiros. Lo que no esperaba era ver al propio Benjamin, pero claro… Si el pobre no sabía quién era su padre y probablemente no recordaba a su madre… Solo podía aparecer él. Sí, le sonaba ese discurso. Darren intentó disuadirle, pero ahora mismo, el chico solo oía al Creevey falso y oscuro que tenía enfrente. — Benjamin te he visto hacer mil encantamientos mucho más difíciles en tres años. No va a ganarte un flipado como ese. — Azuzó, junto a todos los demás.

La clave, claramente, fue atacar a los abuelos y su amor por él. Creevey respondió como solía responder él y le lanzó el hechizo tan fuerte que lo calló de inmediato, formando un pandemonio de ruido y personajes deslizándose por allí tan caótico, que la hizo reír de inmediato, igual que a todos los demás. Cuando por fin Colin encerró a la criatura, avanzó hacia Benjamin y le hizo mirarla, sujetándole por el hombro. — ¿Lo has visto? ¡Le has vencido! ¡Lo has logrado, Ben! — El chico la miró un poco apenado. — Pero no he podido hacerlo solo… Y os he hecho ver esas cosas… — Levantó los ojos y los clavó en ella, claramente apenas y asustado aún. Sí, bueno, la había visto muerta literalmente hacía minutos, normal que estuviera así. — Pero nadie ha dicho que haya que hacerlo solo. A los miedos es mejor enfrentarse acompañado. — Miró a Marcus y a sus cuñados. — Como hemos hecho todos. Y siempre nos tendrás para eso. Y tú también, Colin. — El pequeño se llevó las manos a la frente. — Joder, que os vais en un mes… Madre mía… — Tragó saliva. — Al final todo el mundo se va… — Resopló y Alice se acercó a él, abrazándole. Al principio, el chico se quedó en silencio, quieto, pero al final la abrazó de vuelta. — Pero no estás solo. No lo vas a estar nunca. — Y se quedaron así un poco, hasta que ella le preguntó. — ¿Estás bien? — Benjamin pareció pensárselo y al final dijo. — La verdad es que la cabeza me llega justo por tus… — Con un resoplido y rodando los ojos, le apartó de ella de golpe y dijo. — Sí, está perfectamente. Ea, pues cada mochuelo a su olivo. Ese no lo teníais todavía. — Dijo Lex con una risita. — Colibrí… Mochuelito… Bencejito mío… — Ella se giró y le dio en el hombro. — Vaya con la vis cómica de tu hermano, cariño. — Y todos rieron. Menos mal, falta les hacía. — Venga, vámonos a buscar a la profesora Antares para decirle que ya te puedes enfrentar al boggart y que te examine. — Dijo Colin pasándole el brazo por los hombros a Creevey. — Hay que joderse… Al final he salido escaldado… Con este haciendo méritos para la prefectura. — Se rieron de nuevo, mientras le perdían de vista, discutiendo, volviendo a donde pertenecían, a ese castillo que ellos pronto abandonarían.

Con un suspiro, se sentó en la mesa y, tras unos segundos de silencio, dijo. — Joder. — Lex asintió. — Ya ves. — Estamos fatal de la cabeza. — Darren frunció el ceño. — No, mujer por qué dices eso. No ha sido nada tétrico ni preocupante, ninguna de nuestras cuatro visiones. — Ella negó con la cabeza y se apartó el pelo de la cara, antes de tenderle la mano a Marcus. — Sabes que nada de eso es real, ¿verdad? — No sabía si lo decía más por él o por ella misma. — No lo es. — Dijo apretándole la mano. — Tú me lo prometiste. No tienes nada que temer. Nunca romperías una promesa hacia mí.



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Jue Ene 06, 2022 7:34 pm por Freyja

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CON Alice EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Alice fue la primera en felicitar a Creevey, y él se puso tras el chico, colocándole las manos en los hombros. - Sabía que podrías. - Benjamin giró la cabeza para mirarle, sin perder el punto apenado. No decía nada, y Marcus interpretó el silencio y arqueó las cejas. - ¿Te sorprende que confíe en ti? - El otro hizo una mueca resignada. - Si no confiara en ti, si no confiáramos todos en ti, te habríamos dado por perdido. Quizás algunas personas lo han hecho, pero otras tantas no. No estaríamos aquí contigo de lo contrario. - Sacudió ligeramente su hombro y, con una sonrisa, le dijo. - Deberías empezar en confiar en ti mismo tú. - El chico siguió hablando con Alice, que tenía un don alentando a la gente y claramente había conectado con él mejor que Marcus, mientras les miraba con una sonrisa orgullosa... Hasta que, tras el abrazo, el chico hizo ese comentario. La sonrisa de la cara fue automáticamente sustituida por una expresión circunstancial. - Todavía estoy a tiempo de lanzarte un hechizo. -

Menos mal que Colin le puso en su sitio a base de reconducirle donde tenía que ir. Marcus chasqueó una lengua con una sonrisilla y le guiñó un ojo a Creevey. - ¿Te creías que te ibas a ir de rositas cuando yo no estuviera en el castillo? - Nos ha jodido, vamos... - Refunfuñó, aunque Marcus juraría que le había visto algo como una expresión agradecida antes de irse con su compañero. Se sentó junto a Alice, y el silencio hizo que se le fuera borrando poco a poco la sonrisa de la cara y ensombreciéndose, porque lo que habían visto... Había sido muy duro, y pesaba. Cogió aire por la nariz y lo soltó poco a poco. Tenía que discrepar con Darren, si bien agradecía su espíritu positivo, porque lo que habían visto había sido bastante tétrico, pero claro, su cuñado intentaba quitar hierro, porque a alguien tan positivo como él debía dolerle el estado de ánimo que tenían. Estaba un poco en su mundo cuando Alice agarró su mano, y la miró como si acabara de despertarle de una ensoñación. Asintió lentamente, tratando de poner una sonrisa tranquilizadora, aunque sin saber qué responder. No, no era real... Pero podría serlo, si no, no le daría tanto miedo. Respiró hondo y negó, asegurando. - Nunca lo haría. - Para ella y para sí mismo.

Volvieron a quedarse en silencio, él con la mirada perdida. En un momento determinado, alzó la vista hacia Lex. Este se levantó. - Bueno, yo... Me voy a ir. A ver si me da tiempo a entrenar un poco aunque sea. - Miró a Darren. - ¿Te vienes? - El otro se puso en pie de un salto y dijo. - ¡Claro! - El Hufflepuff miró a Marcus y a Alice y dijo. - Animad esas caras, ¿eh? Ha sido un mal ratillo, pero somos más fuertes ahora. - Marcus sonrió. - Gracias a ambos por venir. - Pero quería decirle algo a Lex antes de irse, así que miró fugazmente a Alice y a Darren, que parecieron entender su mensaje, se levantó y se alejó unos pasos por él. - No tenías por qué hacerlo. - Lex se encogió de hombros. - No ha estado tan mal. Otro tipo de entrenamiento, supongo. - Se quedaron mirándose a los ojos unos segundos. - Recuerda que no es real, ¿vale? - Le dijo Lex. - Y que estoy contigo. Pase lo que pase. - Marcus frunció una sonrisa emocionada. - Y yo también... Aunque no lo haya estado antes. - Ladeó una sonrisa y arqueó las cejas. - Me debes un muñeco de nieve. - Lex soltó una carcajada. - Hecho. -

Se despidieron y, cuando su hermano y Darren se fueron, volvió a sentarse junto a Alice. Respiró hondo y la miró. - Siento haberte hecho pasar por esto. - Esbozó media sonrisa triste y dijo. - Aunque lo de Colibrí me ha gustado. - Se mordió el labio, y la sonrisa se le desvaneció. - No quiero que esto te haga sufrir... - Bajó la mirada. - Tengo mucho miedo, Alice. - Frunció los labios y negó. - No quería entristecerte o preocuparte, yo tampoco quería pensar en ello, pero ya que el boggart lo ha mostrado delante de ambos... - Soltó aire entre los labios. - Me aterra perderte, y aún más... Me aterra perder el control. Que mi inteligencia se me vuelva en contra, que mi amor por ti, que mi pasión por la alquimia, se me vuelvan en contra... Y me aterra incumplir mis promesas. - Alzó la mirada a sus ojos, notando como estos le escocían. - No quiero... Sobrecargarte con esto. No quiero pensar en esto, no quiero contemplarlo como una posibilidad. - Bajó las cejas con tristeza, con una leve sonrisa. - Pero ya sabes que siempre fui muy asustadizo. - Juntó su frente a la suya. - Prometo no dejarme llevar por este miedo, no obsesionarme, no creer que pueda ser real... Pero prométeme que... Si algo te aterra... Tanto... - Si tener un hijo te aterra tanto, si crees que no vas a poder con ello, que tu miedo a abandonarle es más fuerte que la felicidad que te daría, pensó, pero prefirió solo dejarlo implícito, no verbalizarlo. - Dímelo. Por favor. Derrotemos a nuestros boggarts juntos... Como nos prometimos. -
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Jue Ene 06, 2022 8:31 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Sí, mucho estaba tardando Lex en subirse a una escoba, después de lo que acababan de pasar, la verdad. Y podía entenderle. Ella necesitaba el viento, él necesitaba volar… Era lógico para criaturas como ellos, muy libres, más aún Lex, que estaba acostumbrado el pobre a arreglar las cosas él solo, y tanto rato haciendo cosas tan intensas. — Luego te burlarás de los pajaritos. Vete a volar un rato, anda. — Le dijo guiñándole un ojo con una sonrisa. Luego apretó la mano de Darren a modo despedida y susurró. — Gracias.

Pero llegaba el momento de quedarse a solas con su novio y hablar de lo que acababan de ver. Negó con la cabeza y le miró a los ojos. — Me estaba enjaulando a mí misma. Tenía que hacerlo. — Extendió los brazos para rodearle y se quedó así, mirándole, porque necesitaba estar en contacto con él, sentirle cerca. Asintió, callada, cuando dijo que tenía miedo. — Lo raro sería que no lo tuviéramos, después de la Pascua que hemos pasado. — Tragó saliva cuando le oyó enumerar sus miedos. Cuando terminó, inspiró y clavó la mirada en un punto indefinido, aunando fuerzas. — Todo eso que has descrito… Son sentimientos muy fuertes, fortísimos. Eres el mago más inteligente que conozco, eres una mente privilegiada, y eso siempre es peligroso. — Rio un poco y entornó los ojos. — Pero hay tantas cosas que lo son… ¿Sabes eso que cuento siempre de que mi madre nunca tuvo miedo al venir a Inglaterra? Porque confiaba ciegamente en que mi padre no la dejaría tirada y todo eso… — Ladeó la cabeza y puso una leve sonrisa. — Yo no tengo miedo de que tu inteligencia y tu poder se vuelvan malvados. Ningún miedo. Confío ciegamente en ti, algo que quizá a otros les diera miedo, pero a mí, el amor me hace ver la verdad: que eso no pasaría nunca. — Eso no, dejarte muerto de tristeza y encerrado en tu trabajo, sí. Los ojos se le inundaron. — No incumplirás la promesa que me hiciste, mi amor. Lo sé, simple y sencillamente. — Acarició su mejilla con ternura y dijo. — Confío en ti, Marcus. Nunca jamás me has incumplido una promesa.

Lo malo era su boggart, claro. Negó con la cabeza y tragó saliva. — No me sobrecargas. — Pero entonces juntó su frente con la suya, haciéndole sentir inmediatamente menos pesada la losa del pecho. Escuchó sus promesas y cuando llegó a lo que le pedía, supo a lo que se refería. Ya habían tenido una pelea por eso el primer día de vacaciones, y ya ella le había prometido que algún día tendrían una familia. Se separó de él y le agarró de las manos, alzando la mirada hacia la suya. — Mi amor, mírame y escúchame. ¿Te acuerdas de lo que te dije en el campo de lavandas? Que a veces las matas que más tardan en florecer son las más hermosas, solo hay que darles tiempo. — Suspiró y miró al armario. — ¿Crees que no conozco mis miedos? Si te pedí tiempo, es porque necesito superar ese miedo. El miedo a dejar a unos pajaritos como los del nido de la Casa de los Gritos, a unos huérfanos como yo, como mi pobre Dylan. — Sonrió. — Pero lo puedo superar. La manera de superar un miedo no es dejar de hacer lo que te da miedo, sino aprender a combatirlo. — Frunció el ceño y miró al suelo, porque eso no se atrevía a decirlo mirando a Marcus. — Yo… No sé a qué edad se puso enferma mi madre. Y me da mucho miedo que a mí me pueda pasar. Por mí, por mi padre, pero sobre todo por ti y nuestra familia… — Levantó la vista. — Pero lo superaremos. Juntos. Como te prometí. — Besó sus labios. — Confía en mí como yo confío en ti. No en vano, el Ridikkulus era yo misma… Haciendo reír a nuestro colibrí… Y escuchando la risa más bonita que he oído jamás, más que la de mi madre incluso. Tú lo dijiste. Será perfecto sea como sea. Porque será nuestro. Solo necesito…Asegurarme que no voy a dejaros como mi madre nos dejó a nosotros. — Superar mis miedos. Sentirme segura. Pero tú eres experto en eso. Y tienes muchos años por delante para lograrlo a mi lado. — Le aseguró. — La eternidad es nuestra, mi amor, ya lo sabes. — Rio y entornó los ojos. — Además, a ver quién els dice a todos esos que no van a ser padrinos, ni poder comprar escobas infantiles ni nada...


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Vie Ene 07, 2022 1:35 pm por Freyja

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CON Alice EN Aula de DCLAO EL 23 de abril de 2002
Con el paso de los años había comprendido que eso que decía Alice, por desgracia, era verdad: una mente privilegiada podía ser peligrosa. Él lo era, y le daba miedo volverse así. Lex le repetía continuamente que él jamás llegaría a esos puntos, Alice también, y sus padres también se lo habían dicho. Pero claro, ¿qué iba a decirle la gente que le quería? Tampoco ningún familiar de William Gallia pensaría que iba a acabar así... Creía. La miró a los ojos cuando empezó a hablar de sus padres y su conclusión le hizo sonreír, sin perder el punto de tristeza. Alice confiaba ciegamente en él y eso le abría el camino de querer no defraudarla jamás, ni siquiera... Si ya no estuviera con él. ¿Pero y si eso le desestabilizaba? ¿Y si el no poder oírla decir "confío en ti", ver como le miraba y le sonreía, era lo que torcía ese camino? Sea como fuere, no podía obsesionarse con eso, o alimentaría un boggart que acabaría mandando sobre él. Y sobre Marcus O'Donnell no mandaba nadie, porque podría ser muy asustadizo, pero también era muy orgulloso.

- Y nunca lo haré. - Aseguró, mientras ella acariciaba su mejilla y él mantenía los ojos cerrados. Se agarraron de las manos y la miró a los ojos, escuchándola atentamente como le pedía. Asintió a sus preguntas, comprendiendo perfectamente lo que le decía y dispuestísimo a darle ese tiempo, todo el tiempo del mundo si era para superar sus miedos, para hacerla feliz, para construir la mejor de las vidas juntos. Aunque un nudo se agarró a su garganta cuando dijo lo de los pajaritos huérfanos, porque le dolía el pecho solo de pensarlo. Perder a Janet siempre fue horrible, pero a más crecía, a más adulto se hacía y veía lo que era la vida de verdad, mas terrible le resultaba su pérdida. Su determinación, sin embargo, le sacó otra sonrisa. - Me gusta esa actitud. - Dijo con ternura. - Siempre fuiste la valiente de este dúo. - Añadió en tono divertido, si bien lo decía totalmente en serio. Vencer los miedos, mirarlos de frente para poder superarlos y seguir adelante, ser libres. Como el viento.

Lo siguiente que dijo Alice ensombreció su rostro mientras bajaba la mirada, intentando él buscársela, sin soltar sus manos. Tragó saliva para volver a deshacer el nudo que se había apretado de nuevo y asintió. - Juntos podremos con todo. - Besó su frente, cerró los ojos y susurró. - No va a pasarte nada, Alice. - No podía asegurarlo, no sabía lo que les tenía deparada la vida, pero quería creer en ello con todas sus fuerzas y hacer lo que estuviera en su mano para que ella así lo creyera también, para darle la felicidad que se había prometido a sí mismo, a ella y a las estrellas que le daría. Y entonces dijo eso que le hizo reír de ternura, notando como los ojos se le humedecían de emoción. - Sí que era la mejor risa del mundo... Junto con la tuya. - Dijo al mirarla, dejando después una caricia en su mejilla. - Y la has creado tú. - Sonrió ampliamente. - Sí que será perfecto. - Y solo necesitaba tiempo, superar sus miedos. Y pocas cosas tenía Marcus más claras que el hecho de que Alice no solo era valiente, sino que era tenaz, y podía conseguir todo lo que se propusiese y mucho más.

- La eternidad es nuestra. - Repitió tras ella, poniendo sus manos en sus mejillas y dejando un beso en sus labios. Lo siguiente que dijo le hizo reír con ganas. - Ese niño va a ser más popular que nosotros dos juntos. - Bromeó, y luego compuso una falsa expresión indignada, abriendo mucho los ojos. - ¿Sabes lo que me dijo mi hermano el otro día? - Ciertamente la conversación había sido más tensa y grave de lo que iba a ponerla a continuación, pero ya la había hablado con Alice en su momento y, tras lo vivido, le apetecía desdramatizar las cosas. - "Los genes O'Donnell mueren conmigo, yo no quiero niños, no me gustan los niños". - Le imitó con voz burlona, y luego señaló a la puerta con el pulgar como si aún siguiera allí. - Le ha faltado tiempo para querer comprar una escoba infantil. Como nos descuidemos, nos lo afilia al equipo infantil de quidditch antes de que nazca siquiera. Y el otro le compra un puffskein, y mi tía un dragón, y ya puestos montamos en casa un zoológico. - Se echó a reír, después de lo cual volvió a besarla, con una sonrisa. - No sé si voy a dejar yo entrar a muchos bichos en casa. Solo admito pajaritos. - La miró con ternura y dijo. - Te amo, Alice Gallia. No hay miedo que pueda con nosotros. Somos imparables. -
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