Tree Of Life :: One on oneTramas One on One :: Épocas pasadas
Tree Of Life
¿Quieres reaccionar a este mensaje? Regístrate en el foro con unos pocos clics o inicia sesión para continuar.
2 participantes
Miér Ene 05, 2022 7:15 pm por Olympia
In the name of art
Múnich, 1936.
A lo lejos sonaban los tambores de guerra y los vientos de cambio envolvían a todo aquel que prestara atención. Desde su ascenso al poder en 1933, el Partido Nacionalsocialista habría buscado no solo conquistar la política, sino la mente y el corazón de generaciones enteras.

El arte sería el medio perfecto.

El rechazo al arte moderno solo fue uno de sus frentes de ataque, pero para algunos, fue suficiente para enterrar y destruir tesoros; tildándolos  como síntomas de la degeneración mental de los artistas, o de su ansia por pervertir y mentir a la nación con sus ideales judíos y bolcheviques.

Con el paso de los años, los amantes del arte y artistas por igual, comenzaron a perder la pista de obras y colecciones completas que antes habían estado en manos de banqueros, doctores y abogados; propiciando que nacieran los planes de contingencia.

La Resistencia fundada por egresados de la Bauhaus comenzó a contactar a sus amigos y artistas con el afán de proteger obras que serían catalogadas como ofensivas, falsificándolas para conservar el original.

Un secreto a voces. Una vida en el filo de la ley. Una carrera contra el tiempo para proteger el amplio catálogo de la Entartete Kunst de 1937.
Emma Büllow » 25 años » Mycelium
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Sed vel felis interdum, pellentesque est eget, laoreet neque. Aliquam commodo venenatis ultricies. Aenean varius turpis quis tortor pulvinar, luctus malesuada turpis convallis. Aenean in dapibus justo, at placerat lorem. Mauris accumsan orci eget iaculis hendrerit. Etiam at sem eu mi porttitor hendrerit. Morbi mattis, sem in feugiat viverra, sem purus tincidunt metus, sed aliquam diam urna eu lectus.
Sed vestibulum leo eget dui molestie tincidunt. Nam commodo dignissim lacus quis auctor. Phasellus quis gravida est.
Joachim Dressler » 27 años » Olympia
Joachim Dressler, mejor conocido como Jo en su ciudad natal, salió de Kaufberuen a los 19, siguiendo su sueño de servir a su país e inspirar a otros jóvenes, como su padre lo había hecho durante la Gran Guerra. Previamente involucrado en las Juventudes, Jo rápidamente encontró su lugar en la Waffen SS. Sin embargo, dada su reticencia al uso injustificado de armas, pronto buscó un cambio hacia la división de inteligencia. Actualmente, se le considera parte del equipo que custodia de las bodegas del régimen.




CÓDIGO PARA POST:

Código:
<div class="BT-Post1"> <div class="BTP1-Barra"> <img src="https://placehold.jp/80x80.png"/> <i bt-postitle="NAME" class="fas fa-user-secret"></i> <i bt-postitle="CITY" class="fas fa-map-marked-alt"></i> <i bt-postitle="TIME" class="fas fa-clock"></i> <i bt-postitle="DATE" class="fas fa-calendar-alt"></i> </div><div class="BTP1-Contenido"> <div class="BTP1-CTitulo">Why can't you <br/>just <span style="color:#F99B7E; font-style:italic;">let me go?</span></div><div class="BTP1-Texto">Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Vivamus id congue ligula. Donec posuere non justo non viverra. Suspendisse potenti. Aenean venenatis eleifend metus, id tempor lacus tempus at. Ut malesuada accumsan dolor, in varius turpis lobortis ut. Etiam dictum, velit quis aliquam vulputate, enim tortor lobortis purus, vitae ornare ante mauris quis felis. Nunc congue velit velit, sit amet finibus sem vulputate in. Donec quis risus sit amet velit placerat posuere. Suspendisse potenti. In diam lacus, dapibus nec bibendum in, rutrum nec nibh.<br/><br/>Duis aliquam tempus mattis. Suspendisse ut mauris a velit sodales laoreet. Aliquam rhoncus iaculis leo nec tempus. Maecenas tempor quam et nibh mattis, eu molestie sem laoreet. Cras eget nibh blandit, vulputate risus id, cursus lacus. Curabitur in rhoncus augue, quis vulputate neque. Nullam id libero a justo facilisis maximus. Proin a varius ipsum, eget sollicitudin nulla. Aenean tristique interdum congue. Orci varius natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Fusce dignissim dapibus augue, et dapibus mauris tincidunt nec.<br/><br/>Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Vivamus id congue ligula. Donec posuere non justo non viverra. Suspendisse potenti. Aenean venenatis eleifend metus, id tempor lacus tempus at. Ut malesuada accumsan dolor, in varius turpis lobortis ut. Etiam dictum, velit quis aliquam vulputate, enim tortor lobortis purus, vitae ornare ante mauris quis felis. Nunc congue velit velit, sit amet finibus sem vulputate in. Donec quis risus sit amet velit placerat posuere. Suspendisse potenti. In diam lacus, dapibus nec bibendum in, rutrum nec nibh.<br/><br/>Duis aliquam tempus mattis. Suspendisse ut mauris a velit sodales laoreet. Aliquam rhoncus iaculis leo nec tempus. Maecenas tempor quam et nibh mattis, eu molestie sem laoreet. Cras eget nibh blandit, vulputate risus id, cursus lacus. Curabitur in rhoncus augue, quis vulputate neque. Nullam id libero a justo facilisis maximus. Proin a varius ipsum, eget sollicitudin nulla. Aenean tristique interdum congue. Orci varius natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Fusce dignissim dapibus augue, et dapibus mauris tincidunt nec.</div></div></div><div class="cred" style="position:relative; left:55px"><a href="http://bettyleg.tumblr.com">bettyleg</a></div>


<link href="https://fonts.googleapis.com/css2?family=Montserrat:wght@900&family=Noto+Sans+HK&display=swap" rel="stylesheet">
<link rel="stylesheet" href="https://use.fontawesome.com/releases/v5.8.1/css/all.css" integrity="sha384-50oBUHEmvpQ+1lW4y57PTFmhCaXp0ML5d60M1M7uH2+nqUivzIebhndOJK28anvf" crossorigin="anonymous"><style>.BTP1-Barra i{color:#F99B7E;} .BT-Post1{width:460px;border:0px solid #ddd;margin:10px auto; display:flex;}.BTP1-Barra{width:80px;height:100%;} .BTP1-Contenido{width:360px;margin-left:20px; border:1px solid #ddd; background:#fff;} .BTP1-Texto{margin:20px 25px; text-align:justify; font-size:13px; color:#777;line-height:18px; font-family: 'Noto Sans HK', sans-serif; font-weight:400;} .BTP1-Barra img{display:block; width:80px; margin:20px auto; outline:1px solid #ddd; padding:3px; height:80px;} .BTP1-Barra i{display:flex; margin:10px auto 20px; width:60px; text-align:right; font-size:22px; height:30px; align-items:center; justify-content:flex-end;} i[bt-postitle]:hover:after {content: attr(bt-postitle); position: absolute; font-size: 12px; padding: 10px 10px;font-family:'Catamaran', sans-serif; background: rgba(255,255,255,1);border:1px solid #eee;display:block; border-r adius:0px 10px 10px 0px;} .BTP1-CTitulo{padding:50px 25px 20px; text-align:center;font-family: 'Montserrat', sans-serif; font-weight:900; text-transform:uppercase; font-size:20px; line-height:18px; color:#444;}.cred{margin:0px auto; margin-top:-5px; width:280px; text-align:center;background:#fff;border:1px solid #eee; } .cred a{text-decoration:none; color:#888; text-transform:uppercase; font-size:8px; font-family:arial; letter-spacing:2px;}</style>


Última edición por Olympia el Vie Ene 21, 2022 3:23 am, editado 1 vez


The only difference between the saint and the sinner is that every saint has a past, and every sinner has a future.
Olympia
Olympia
User
Olympia
Olympia
41Mensajes :
12Reputación :
Vie Ene 07, 2022 2:18 am por Mycelium
CHAPTER 1: IF YOU’RE EVER IN MY ARMS
arms AGAIN
Su llegada a Múnich no era reciente, pero cada día que salía a la calle se sentía como el primero. Era una ciudad desconocida y con cosas por recorrer, pero mucho miedo de hacerlo. El aire que se respiraba en Alemania era distinto, opresor, exigente y que poco a poco comenzaba a sembrar el temor y las restricciones. Y si bien le encantaba la naturaleza, el aire libre y los paseos, Emma se sentía perseguida con cada paso que daba.

Por supuesto que tenía más de una razón, empezando porque su estadía en la ciudad del cambio no era por puro capricho, sino porque se encontraba involucrada en un movimiento clandestino destinado a proteger todas aquellas pinturas y obras de arte que se consideraban impuras, degeneradas, modernas y poco patrióticas. El cambio y la evolución estaban prohibidos en Alemania, y tanto ella como otro montón de artistas se sentían amenazados y atrapados como canarios en una jaula. Sin embargo, Emma no iba a aceptar tan fácilmente aquellas restricciones a su creatividad, pero debía hilar cada uno de sus movimientos con cuidado, porque el ser descubierta en ese entonces representaba un gran peligro para su integridad.

Todos los días al terminar su jornada solía ir a una cervecería que quedaba bastante cerca de su casa, de modo que la caminata a la vuelta era más simple y segura. Así que ahí estaba, sentada en la mesa más recóndita del bar, esperando la copa de vino tinto que acababa de pedirse mientras garabateaba cosas sin sentido en un cuadernillo que solía llevar consigo todo el tiempo. Muchas veces eran palabras, otras veces eran dibujos, y muchas otras veces se quedaba mirando la página sin saber qué hacer. No solía reprimir su impulso artístico, pero cuando llegaba en situaciones públicas como aquella, no podía arriesgarse a que alguien del régimen la viese perfilando algo indebido.

La cervecería era bastante rústica y casi todo estaba conformado por madera de tonos oscuros. La luz era tenue, y en la lejanía sonaba una tonada que estaba segura acabaría pegándosele por días, pero daba gracias por no conocerla. Había algunas personas a su alrededor, pero era consciente de que conforme pasara la hora, la cervecería empezaría a poblarse y acabaría tornándose más animosa con cada jarra empinada.

Y esa solía ser su clave para irse.

Para cuando le trajeron su copa acabó por sobresaltarse. Se encontraba demasiado concentrada mirando la página en blanco frente suya mientras en su mente no podía parar de repasar la idea de terminar sí o sí una pintura en los próximos días. Se disculpó con una leve sonrisa de sus labios ligeramente carmines por el frío y, en cuanto el camarero se fue, dejó el cuadernillo a un lado para evitar problemas. Su mente siempre estaba un estado de ansiedad constante, y no estaba segura de qué tan buena idea sería caer en un atacazo artístico justo ahora.

De cualquier manera, esperaba que el alcohol apaciguara su energía y la dejase dormir esa noche, aunque seguramente necesitase varias copas más.






Última edición por Mycelium el Vie Ene 07, 2022 1:08 pm, editado 1 vez
Mycelium
Mycelium
User
Mycelium
Mycelium
49Mensajes :
0Reputación :
Vie Ene 07, 2022 5:58 am por Olympia
Chapter 1: If you’re ever in my arms
again


Se avecinaba un cambio. Lo sentía en el ambiente, en sus pasos apesadumbrados y en sus pensamientos dispersos. Se giró un par de veces, buscando la fuente de aquella inquietud como si pudiese encontrarla en las sombras, en el viento o detrás de la mirada de los transeúntes. Quizá la respuesta estuviese al reverso de un cuadro. No, había algo en el ambiente pero Jo no era capaz de discernir qué estaba pasando aquél día.  

Su reloj marcó las cinco con un click sordo, y como era de esperarse en aquellos círculos, la siguiente patrulla se asomó en la esquina para relevar a su equipo. Ese día habían estado dando vueltas por la ciudad, creando una falsa imagen de seguridad y control mientras buscaban lo mismo para la bodega que habían requisado un par de semanas atrás.

La invitación a distraerse con el fondo de una cerveza le pareció un regalo divino, por lo menos así no tendría que ir a casa y fingir que no estaba perdiendo la cabeza. Con un paso mucho más relajado que aquellos que significaban que estaba de guardia, Joachim y sus amigos más cercanos se internaron en una taberna cercana a la bodega.

Si bien en las últimas semanas habían evitado reunirse en un lugar tan cercano a su base, ese día no pensó en darle voz a sus pensamientos, simplemente siguió a su tropa y se aflojó la corbata tanto como podía sin faltarle al respeto a su uniforme. Una sonrisa trepó a sus labios en cuanto uno de los soldados a su cargo depositó la primera ronda de cervezas en la mesa. -Qué día, ¿no?...¡Prost!.- fue lo único que dijo antes de levantar el tarro y dejar que el líquido se llevara sus ensoñaciones y sus palabras.

Un par de cervezas siguieron a la primera y, armados con el valor que da el alcohol, los soldados comenzaron a mirar a su alrededor en búsqueda de la presa perfecta. Con una sonrisa resignada, el Scharführer observó como uno de los soldados se alisaba el uniforme para dirigirse a la única mujer que no había levantado la mirada cuando entraron. Un desafío, habían dicho los demás; una tontería, había contestado él.

La posición defensiva y el franco ridículo que estaba haciendo su subalterno lo empujaron a acercarse a la mesa. -Es suficiente, Schütze, hora de marcharse.- le dijo al hombre, tomándolo del hombro con firmeza y utilizando aquel tono que solo los soldados reconocían como advertencia para guiarlo lejos. -Una disculpa, señorita.- le dijo a la pelirroja antes de girarse para forzar al otro hombre a caminar de regreso con sus compañeros. Por lo menos eso había intentado pero la mirada de aquella extraña le hizo voltear de nuevo.  -¿Nos conocemos?.- preguntó sin que su cerebro pudiera detener las palabras. Seguro eran las cervezas o aquella sensación de que algo no estaba en su lugar.






The only difference between the saint and the sinner is that every saint has a past, and every sinner has a future.
Olympia
Olympia
User
Olympia
Olympia
41Mensajes :
12Reputación :
Sáb Ene 08, 2022 5:32 am por Mycelium
CHAPTER 1: IF YOU’RE EVER IN MY ARMS
arms AGAIN
Tal y como había previsto, la estancia comenzó a llenarse después de un rato. Sin embargo, la joven pelirroja mantenía la mirada fija en la ventana y el pasar de los peatones por las calles. No le estaba prestando demasiada atención a la gente que entraba y salía de la cervecería, y poco a poco el fondo de su vaso lucía cada vez más tentador.

Recién cuando iba por su tercera copa, la joven alzó la mirada para observar a su alrededor, encontrando muchísima más gente de la que recordaba al entrar, y fue entonces cuando sacó un reloj de bolsillo de su cartera para consultar la hora. Era un artilugio viejo, pero que aún servía a su propósito. Había sido un regalo de su padre y se había mantenido en su familia por dos generaciones. Se suponía que el reloj debía acabar en las manos de un hombre, pero siendo hija única no les dejaba demasiada opción a sus progenitores.

Era apenas una hora más tarde, pero como todavía no estaba lo suficientemente cansada, decidió aprovechar la cantidad de gente para retomar sus garabatos. Luego de todo, nadie le prestaría especial atención a ella ahora que había tanto bullicio.

Pero se equivocó, porque poco tiempo después de abrir el cuadernillo y abocetar lo que veía —o quizá imaginaba— a través de los grandes ventanales de la cervecería, escuchó una voz masculina a su lado. Permaneció estática un segundo, mirando la hoja y cerrando lentamente el cuaderno mientras alzaba la mirada. El hombre parecía unos años mayor que ella, y ciertamente iba ya un poco tocadillo con lo que sea que hubiera tomado: tenía la corbata desalineada, el uniforme del régimen —el cual le ocasionó un escalofrío— y el cabello no tan peinado como a primera hora de la mañana.

Lo recorrió con la mirada y los labios apretados por un segundo, pero entre la tonada del lugar y las voces del resto de la gente, sumado al tonillo arrastrado del hombre, poco podía entender qué era lo que le estaba diciendo. O quizá sí y quería disimular que no. No sería la primera vez que lo hacía.

Vaya día. ¿Y este borrachuzo de dónde ha salido? Por favor, ayuda.

Lo siento, no te puedo escuchar bien. —Le hizo una seña al resto del entorno y luego a su propia oreja, negando con la cabeza. Por supuesto que algo le entendía, y eso iba entre las líneas de qué guapa estaba, cómo se llamaba y si no quería que le invitara un trago, todos comentarios a las cuales su respuesta se remitía a una clara y fija negativa. No le interesaba salir con absolutamente nadie.

Emma había tenido muy mala suerte con los hombres a lo largo de su vida, empezando porque su primer amor de la adolescencia acabó por romperse cuando ella entró en la universidad y se mudó de ciudad. Pudieron mantener el contacto un tiempo a partir de correspondencia, pero la realidad era que ambos tenían prioridades diferentes y, probablemente, ella por sus estudios y él por alguna otra razón, ya no tenían tiempo para dedicar a escribirse.

A partir de Joachim, todos los hombres que vinieron a su vida eran uno peor que el anterior: alguno borracho, otro que quería hacerla su esposa y que dejase de trabajar, y otros que consideraba al arte una mierda que no tenía ningún sentido. Al final, acabó por rendirse ante la soltería, a la cual abrazaba desde hacía algunos años con mucho cariño. Especialmente ahora.

Inspiró profundamente, armándose de valor para rechazarlo de la mejor manera posible, pues no quería tener más problemas con la especie masculina. Por favor, trágame tierra lo antes posible.

Disculpa, la verdad es que no estoy interesada. Lo… —Y en ese momento, justo cuando iba a disculparse por… ¿por qué? ¿por qué no le atraía un papanatas? Bueno, sí. Era exactamente eso lo que iba a hacer. Apareció su príncipe azul al rescate: lo apartó de la mesa con un tono firme, y en su mente poco más ya le estaba imaginando bajando de un apuesto corcel blanco. Emma odiaba cualquier tipo de situación incómoda con hombres, especialmente los que venían a ligar con ella en el bar un viernes a la tarde. No era la primera vez, y esa era otra de las razones por las cuales apenas se empezaba a llenar el lugar, era su señal de retirada.

El muchacho era bastante más joven que el otro y tenía un aire conocido, a alguien que ya había visto alguna vez en su vida. El problema es que era la primera vez que venía a Múnich, así que probablemente estaba alucinando o sería el doble perdido de alguno de sus conocidos. La cosa es, que doppelganger o no, el muchacho era demasiado apuesto. Tanto que, mientras le hablaba a su compañero, no pudo evitar quedársele mirando con la boca entreabierta, admirando el físico escondido detrás de aquel uniforme que, si lo llevaba puesto él, bien podría olvidarse de los nefastos ideales que se escondían detrás.

Al escuchar su disculpa iba a decir algo, pero se quedó congelada en el momento con cara de, por decirlo alguna manera, idiota.

Lentamente, la imagen de alguien se le vino al cerebro dibujada a la perfección, como si lo hubiera visto por última vez el día anterior. Él, en quien pensaba hace menos de cinco minutos atrás justo cuando este… señor había venido a interrumpirla. Un cruel sonrojo se apoderó de sus mejillas y sus labios se cerraron enseguida al mismo tiempo que sus orbes claros se abrían de par en par. ¿Era Joachim? ¿Aquí, en Múnich? ¿Vistiendo el uniforme enemigo, pero que perfectamente podía obviar?

El corazón le palpitó con fuerza y, cuando él se volteó para preguntarle aquello, la pelirroja sintió que se olvidaba de cómo respirar, esperando que su cuerpo tomase el control, como siempre, de aquella función básica para sobrevivir.

Luego de instantes de mirarlo estupefacta, Emma recobró control de su cuerpo y fue capaz de responderle. Había desechado completamente la idea de que su expareja estuviera frente a ella, pues sonaba como una de las ideas más descabelladas que había tenido hasta ahora considerando que el pueblo de origen de ambos se encontraba a varios kilómetros de distancia. Sin lugar a duda, sería el doppelganger. Y aún así, no pudo evitar preguntarse cómo luciría él ahora, luego de casi diez largos años sin verse. Maldita sea, esta será otra de esas noches largas de depresión, pensó.

No creo, es la primera vez que vengo a la ciudad. —Una leve sonrisa curvó sus labios carmines por el frío, y señaló al otro muchacho con la cabeza. —Gracias por… —Y no continuó, pues se sobreentendía qué era lo que iba a decir, así que, en lugar de ceñirse a un silencio incómodo, decidió devolver la cordialidad extendiéndole la mano para estrechar la suya luego de acomodarse un mechón de cabello detrás de la oreja. —Soy Emma Büllow, encantada.





Mycelium
Mycelium
User
Mycelium
Mycelium
49Mensajes :
0Reputación :
Sáb Ene 08, 2022 10:21 pm por Olympia
Chapter 1: If you’re ever in my arms
again

De acuerdo con su estricta brújula moral y el panfleto que le habían dado en cuanto le agregaron un par de adornos a su uniforme, Joachim tenía la responsabilidad de velar por su grupo aún cuando estaban fuera de turno. A final de cuentas él y sus hombres debían representar lo mejor que el Reich alemán tenía por ofrecer y una parte de él se sentía atado por las normas sociales y la banda que llevaba en el brazo. La única forma en la que saldrían de la miseria en la que habían quedado era esforzarse por ser y hacer lo mejor posible. Por el bien de todos.

Jugando con aquella idea, Jo fue incapaz de dejar pasar la forma en la que se estaba comportando su soldado. Negó con la cabeza, terminando la cerveza de un sorbo antes de dirigirse a él con paso resoluto. Mentiría si dijese que había prestado atención a la muchacha que habían señalado los demás, le había parecido interesante aquel color de cabello pero fuera de eso, sus ensoñaciones parecían mucho más vívidas que la escena en aquel bar.

Sin embargo, tras unos segundos que parecieron eternos, Dressler notó lo que sus compañeros habían visto y no los culpó por intentarlo. Por una mirada como esa había estado a punto de dejar su propio camino para seguirla alrededor del mundo. -Wagner, hágame el favor de acomodarse el uniforme y regresar a su lugar.- le pidió a su subalterno sin darle opción a réplica, retirando solo un momento su propia mirada de la de la chica. La verdad era que todos sabían las consecuencias de desafiar a un superior y ni siquiera por una mirada como esa estarían dispuestos a intentarlo. No estaban jugando al policía bueno y el policía malo, aquella era una táctica que había dejado enterrada en su adolescencia y una que negaría rotundamente a cualquiera que preguntase.

Habiéndose deshecho de la fuente de incomodidad, Jo estuvo a punto de darse la vuelta y seguir el mismo camino, como habría hecho en incontables ocasiones para salvar a otras mujeres de los avances de sus compañeros; pero su pregunta seguía flotando en el aire. En aquellos segundos de indecisión, Joachim observó miles de pensamientos cruzar por la mirada contraria, y sus labios apretados casi le dieron la negativa que estaba esperando.

“No, cómo la vas a conocer” se reprendió mentalmente cuando escuchó la respuesta en viva voz, asintiendo como quién está procesando sus propios pensamientos antes de dedicarle una sonrisa. -No hay problema, no tendría que haberla molestado.- aseguró con un ligero filo en su tono, aquel no era el tipo de comportamiento que se esperaba de ellos.

Aún procesando su decepción ante la mala jugada que le habían hecho sus recuerdos, el soldado no pudo evitar tomar nota de la fina línea de grafito que había dejado la pelirroja en su mejilla al acomodar su cabello. Lo envolvió entonces una sensación de déja vu. Había visto la misma línea miles de veces. En otra vida. -Un placer. Joachim.- respondió casi en automático, distraído por la línea de grafito que le rogaba por desvanecerla. Quizá aquella vida no estaba tan lejos y esa era la mirada por la que habría dejado todo. Por lo menos en eso cayó en cuenta. Demasiado tarde como para retractar su presentación.

Tal y como había hecho otras miles de veces, Joachim tomó su pañuelo, uno de los tantos que sus hermanas habían bordado con sus iniciales, y se lo extendió. -Nunca dejaste el grafito, Em.- le dijo con un tono que tiró hacia arriba la comisura de sus labios. Por un momento quiso acercarse a ella y comprobar que era la misma persona, que aún seguía utilizando aquel perfume que lo había perseguido por años, pero no, seguramente no serían los mismos.

Ese gesto pareció abrir la puerta a una serie de “hubiera” que había mantenido firmemente fuera de su mente. Su relación adolescente había terminado por desvanecerse. Nunca se habían dicho adiós, simplemente un día las cartas se detuvieron para no volver. La distancia y su puesto itinerante habían escrito el final de esa y otras historias, pues ninguna de las mujeres en su vida había estado dispuesta a seguirlo a cada cambio de ciudad y aceptarlo con la montaña de secretos a sus espaldas.






The only difference between the saint and the sinner is that every saint has a past, and every sinner has a future.
Olympia
Olympia
User
Olympia
Olympia
41Mensajes :
12Reputación :
Dom Ene 16, 2022 6:48 pm por Mycelium
CHAPTER 1: IF YOU’RE EVER IN MY ARMS
arms AGAIN
No iba a negar que, pese a la incomodidad que sentía por la situación, el tono autoritario y aquella reprimenda del que ahora consideraba su príncipe azul le habían hecho contener una risilla. Era el tono propio de quien le hablaba a un hermano borracho que quiere embaucar una señorita, el típico pesado que busca compañía y el típico pesado que a ella no le caía demasiado bien. Por esa razón, tras aquella regañuza de hermano mayor, la pelirroja tan solo se limitó a apretar los labios en una sonrisa, observando la escena en silencio.

Estaba segura de que podría acostumbrarse a tener un guardaespaldas como aquel rondándole más seguido, pero cuando se presentó y le extendió la mano, no cayó en cuenta de la mancha de grafito que le decoraba la cara. Su sonrisa era amplia y agradecida, haciendo resaltar dos hoyuelos en sus mejillas con los que solían molestarla de vez en cuando. Sin embargo, cuando escuchó el nombre ajeno su sonrisa se borró de su rostro para dar paso a la estupefacción y a la creciente sorpresa que se veía reflejada en sus ojos bolones, casi tanto que parecía iban a salírsele de la cara en cualquier momento. ¿Era él? ¿Joachim? ¿Su Joachim?

La pelirroja abrió la boca para decir algo, sintiendo cómo el mundo se cerraba alrededor de ambos y los engullía. Quizá estaba haciéndose ideas raras y su mente jugaba juegos con su cordura haciéndole pensar que era aquella persona de antaño. Luego de todo, ¿cuántos otros Joachim podría haber en Alemania?

Su mente luchó por articular una mísera palabra, pero sus labios permanecían estáticos y sus ojos claros no se apartaron de él en ningún momento, ni siquiera cuando le tendió aquel pañuelo con sus iniciales: JD. Uno de sus recuerdos más añorados era de cuanto esta escena se había repetido incontables veces en el pasado. Excepto que, en su memoria, era él quien borraba las líneas de su rostro con el pañuelo, reprendiéndola mientras lo restregaba por sus mejillas negras. Era él quien se quedó incontables veces con ella hasta terminar un cuadro. Era él quien admiraba su arte sin rechistar, sin quejarse. Era él el único que podía entender más allá de un simple boceto suyo.

Emma solo fue capaz de salir de su trance en el momento que volvió a escucharlo, apartando la mirada de una vez al sentirse una completa idiota. ¿Acababa de quedarse congelada en el tiempo o qué le pasaba? Se relamió los labios, volviendo a abrirlos para decir algo, aunque las palabras tardaron un poco en salir.

¿Eres tú de verdad? ¿Cuántos…? ¿Cuántos años han pasado ya? —Preguntó en un tono que le raspó la garganta de la impresión mientras tomaba el pañuelo entre sus manos, sintiendo la suave tela entre sus dedos. Lo llevó a su rostro, restregando el grafito y probablemente también su propio sonrojo, porque sentía que las mejillas le ardían de la vergüenza.

Esto no podía estar pasando, ¿no? Lo estaba soñando. O quizá en realidad estaba tan borracha que ya imaginaba cosas. O quizá no. ¿O sí?

Quién iba a decir que iba a encontrarte dando órdenes y vestido con… Con… —Las palabras se le volvieron a atragantar al recordar que hasta hace no muchos minutos atrás lo había recorrido de arriba abajo y hasta estaba dispuesta a ser quien le acomodase la corbata todas las mañanas de su vida con tal de que lo usara siempre. —Ese uniforme tan chulo. —Se limitó a decir, abriendo los ojos un tanto antes de terminar de limpiarse la mejilla. No le devolvió el pañuelo, pues se encontraba demasiado absorta en asimilar lo que estaba pasando. —Me alegro que hayas podido continuar con el legado de tu padre.

Decir que quería que la tragara la tierra era poca cosa, pero juntó valor para continuar la conversación. No sabía qué preguntar ni por dónde empezar. ¿Qué se supone que debería preguntar primero? Una sensación extraña se anidó en su pecho, como un cosquilleo intenso que le dictó que la ansiedad estaba a punto de consumirla. Quería saber muchas cosas: quería quejarse por la negligencia de ambos en mantener el contacto, quería saber cómo le estaba yendo en su trabajo porque sabía que aquello era lo más importante para él y por fin lo había logrado, quería saber de su familia y también quería saber qué demonios hacía ahí en el mismo bar que ella. Demasiadas cosas, y probablemente muy poco tiempo, así que tenía que elegir cuidadosamente.

¿Cómo has estado? Tenemos años sin saber el uno del otro.






[
Mycelium
Mycelium
User
Mycelium
Mycelium
49Mensajes :
0Reputación :
Vie Ene 21, 2022 3:58 am por Olympia
Chapter 1: If you’re ever in my arms
again

Más allá de los años y la distancia, Joachim se encontró con la misma chica que había visto partir de la estación de tren. Los mismos hoyuelos y el brillo en la mirada que parecía diseñado para robarle el aliento. En algún lugar del camino, Jo había perdido la capacidad para sorprenderse, así que por una vez tuvo la oportunidad de ver cómo se formaban ideas en la mirada contraria, congelada en la sorpresa. -Ocho, siete desde… ya sabes.-  contestó en automático, algún rincón de su mente ya había hecho el cálculo y la respuesta estaba lista para él.

En un par de meses se cumplirían ocho años desde que las cartas se habían detenido, enterradas entre su responsabilidad con el Reich y la Bauhaus. Habían sobrevivido un año a distancia pero los kilómetros le habían puesto fin. Acompañada por una ceja alzada, una sonrisa reacia se abrió paso por sus labios ante la descripción de su uniforme, pero por una vez podía estar agradecido de haberlo planchado en la mañana. -Es lo menos que podía hacer por el viejo.-  contestó con sencillez, Joachim nunca había sido de los que alardeaban de sus logros pero las insignias en su uniforme hablaban por él.

De pronto notó la mirada de sus compañeros sobre sus hombros y le invadió una sensación de incomodidad. ¿Qué podría decirle a la pelirroja que no supiera ya? Encontrarla en aquel rincón del mundo parecía una señal, una que estaba envuelta en espinas. -¿De verdad, Em?.- preguntó con una ceja alzada, -¿Eso es lo que me vas a preguntar y no las cuarenta cosas que pasaron antes por tu mente?-  agregó con la confianza de toda una vida. Su inconsciente ya había tomado una decisión y no le había informado. -Dame un segundo.-  le pidió antes de tomar su copa e ir en búsqueda de su propio tarro.

Tras una explicación vaga a sus compañeros y la instrucción de que no lo esperaran, el Scharführer se dirigió a la barra para pedir lo único que sería capaz de consumir la ansiedad. “¿Qué estoy haciendo?”  se preguntó en más de una ocasión mientras esperaba pero una vez que sus bebidas estuvieron listas, regresó a la mesa con la calma que años en el ejército conferían. -Veamos…-  le dijo luego de robar la silla de la mesa contigua para sentarse frente a ella.

-¡Prost!.-  brindó viéndola a los ojos antes de beber de su coraje líquido. -En realidad no hay mucho que contar, he estado bien. Esto me ha llevado a ciudades bastante más grandes que la nuestra, Düsseldorf, Bremen, Köln y hace poco nos llamaron a Múnich. En algún punto del camino confiaron que era capaz de dirigir adultos que se comportan como niños.-  sonrió ante la mención de su equipo, la verdad era que se habían convertido en una pequeña familia disfuncional. -¿Qué hay de ti? Supe que movieron la escuela un par de veces.-





The only difference between the saint and the sinner is that every saint has a past, and every sinner has a future.
Olympia
Olympia
User
Olympia
Olympia
41Mensajes :
12Reputación :

 
a