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Mar Feb 01, 2022 4:05 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Le encantaba la Navidad, y tenía unos recuerdos buenísimos de las fiestas anteriores en Hogwarts, sobre todo en la época de Howard y Anne. Disfrutaba mucho de todo y veía a los prefectos como si fueran dioses, no podía esperar a que llegara su turno de organizar cosas para los demás, de poner esa fiesta que tanto le gustaba a su gusto. Sin embargo, casi le da algo en la de Halloween, por lo que se lo tomó con más tranquilidad. También estaba con mil ojos mirando por dónde podía salirle ese diablo de Creevey, quien ya había asumido que iba a ser su némesis de aquí en adelante, pero parecía bastante distraído en general, lo tenía bien localizado y, por el momento, se estaba limitando a comer dulces como si le fuera la vida en ello. Que siguiera así, dudaba que fuera a agotar las reservas de comida así que, todo controlado.

- Ha sido una idea súúúúperguay, Marcus. - Le dijo Oly, quien miró los símbolos y entrecerró los ojos, acercándose y alejándose y tratando de encuadrar el espacio metafóricamente con sus manos. - Dosmil... Dosmil... Los nueves que van y vienen... Tan numéricamente musical... - Es que cambiamos de milenio. - Comentó él, encogiéndose de hombros con una sonrisa. - Había que hacer algo especial. - La chica asintió, sin dejar de mirar el entorno. - Me acuerdo de tu muñequito de nieve de segundo. Era tan mono. - Marcus chasqueó la lengua. - No he conseguido el nivel de hechizos para hacerlo este año, pero confío en conseguirlo para el año que viene, me queda poco. Aunque, mira. - Se sacó del bolsillo una servilleta y se la enseñó. La chica rio con ternura, aplaudiendo. - ¡Le has puesto unas gafas en las que pone 2000! - Marcus rio y asintió. Había vuelto a hacer el hechizo de los muñecos de nieve en las servilletas, que ese sí que lo controlaba, pero con el añadido de las gafas. - Lo dicho, este año había que hacer algo especial. -

Y hablando de cosas especiales, tenía algo en mente desde que empezó a organizar la fiesta, y se lo había estado guardando. Sabía, además, en qué momento se lo iba a decir. Estaba seguro de que la idea le iba a encantar, solo de pensarlo se le escapaba una sonrisilla pilla que no sabía como Alice no le había pillado a esas alturas, con lo malo que era él disimulando. Acordó con sus compañeros que todo lo de la fiesta estaba ya más que en orden y que podían irse cada uno con sus amigos, aunque sin bajar la guardia por si hacía falta algo, y la buscó por el entorno. Estaba en la misma mesa que se habían puesto en las fiestas de Navidad previas, su mesa de siempre, y allá que fue él.

Cayó en el asiento junto a Alice, haciéndose el dramáticamente cansado, aunque con una sonrisilla, apoyando su espalda sobre su hombro y cerrando los ojos. - ¿Recuerdas cuando solo teníamos que venir, comer dulces y dar vueltas entre los árboles de Navidad? - Echó aire por la boca y se incorporó, mirándola. - Pero parece que está todo en orden... ¿Cómo lo ves? - Preguntó, realmente deseando que su amiga viera aquello bonito y perfecto. Antes de que hablara, alzó un índice. - Que conste que aprendí la lección de la fiesta de Halloween y no me he estresado TANTO. - Enfatizaba el "tanto" porque se había estresado igualmente, pero al menos lo había disfrutado más y no había sentido tanto descontrol. Se colocó bien en el asiento y sonrió a la chica. - Ya echaba de menos ser un alumno normal. ¿Cómo ha ido hasta ahora la fiesta de Navidad de Alice Gallia sin Marcus O'Donnell? -
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Mar Feb 01, 2022 5:46 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Tenía la música puesta a tope, y se había probado como cinco vestido diferentes, se había arreglado el pelo de veinte maneras distintas y se había maquillado más que en toda su vida. A ver, aquí no estaba memé para darle sus milongas, pensaba aprovechar y ponerse GUAPÍSIMA. — Vaya, vaya, recuerdo a cierta niña con coletas chilloncilla que decía “¿Pero desde cuándo hay que arreglarse? ¿Y esto es todos los años?” — La imitó Hillary con voz de ratón entre risas. Gal se acercó a ella bailando y le agarró las manos. — Suéltate, Hills, anda, deja de quejarte. — Le revolvió el pelo y se rio. — Y vente arriba, que se acaba el milenio y vamos a verlo. Y hoy estamos de fiesta. — Donna se rio fuertemente. — Pareces Oly. — Y ella más se rio. — Pues mira, a mí no me cambia el pelo, pero me lo voy a recoger así. — Dijo cogiéndose media melena y haciéndose una coleta alta con ella. — Y en honor a los colorines, me voy a pintar los ojos de los colores de Ravenclaw. — Dijo poniéndole morrito a Donna, que se lanzó a donde estaba ella. — ¡Y a mí! ¡Píntame a mí también! ¡Claro! Vente.Uuuuuy, ¿por quién se estará poniendo tan guapa? — Dijo Hillary acercándose y agarrándola de la cintura moviéndola hacia los lados. —  ¿A quién le ponen cachondo los colores de su casa? — Susurró su amiga, pícara. Ella le dio un golpe con la cadera. — A todo buen Ravenclaw, malpensada. Ahora ya no te pinto, ea. — Hillary se tiró en la cama riendo. — ¡Que no, dice! Me debes una. Un vestido más concretamente. ¿Y si te robo este que pasa? El de terciopelo azul no. — Señaló Gal con el lápiz de ojos en la mano. Hillary se echó a reír y salió corriendo vestido en mano. — ¿Quién quiere el vestido de matar de Alice Gallia? ¡Mano de santo con los Ravenclaws resabiados y enamorados de los colores de su casa! — Berreaba por el pasillo. Menos mal que Marcus debía llevar mucho rato fuera organizando la fiesta, si no, estaría ligeramente más preocupada. Ligeramente.

Al final, consiguió que su amiga le devolviera el vestido de terciopelo azul, con estrellitas (que eran plateadas no doradas, pero eran tan pequeñas que no se había atrevido a echarles el cambio de color). No había convencido a Jackie de que recortara y ajustara  aquel viejo vestido de la tata en balde. Si se enteraba, igual se llevaba una colleja, pero habría merecido la pena. En el espectáculo había aplaudido como la que más, y estaba tan contenta, que se lo había contagiado a todo el mundo, y le había dado hasta por cenar. — ¡Eh! ¡Pero no me robes patatas, Gal! — Se quejó Sean. Ella levantó la servilleta y la movió, tapándose la cara. — No le grites al muñeco milenario, mira que cuqui es.¿Qué le has dado antes de salir, Hills? Va como loca. — Dijo Darren, riéndose en el regazo de Ethan, que lo estrechaba, mientras comía. — Esta hoy triunfa, mírala, si te crees que se ha puesto así por casualidad... — Aportó su amigo, levantando las cejas. Ella chasqueó la lengua. — Cuando me enfado porque me enfado, cuando, no es que estoy demasiado feliz. — Le lanzó miga de pan a Sean. — Alégrate Hastings. — Y Sean rio también, pasándole las patatas. — Anda, coge. Si Marcus se entera de que te he dicho lo más mínimo por comer, me quita puntos ahora que puede.

Iba ya por la segunda crema de castañas, muerta de risa con las historias que Ethan les estaba contando. — Y yo le dije “que no, señora Fenwick, que no era yo. Que es un chaval de Hufflepuff que me tiene manía y se hace pasar por mí. Se llama Neil Holbein, y es que nos damos un aire, ¿no se da cuenta usted? Es pura envidia a mi belleza y ritmo imparables.” — Hillary estaba llorando directamente. — Dime que no se lo creyó. — Ethan hizo un gesto con la mano. — Nena, era Slytherin, prefiere creérselo que asumir que he pasado más noches en la sala de Hufflepuff que en la mía. — Darren hizo una risita vergonzosa y miró distraídamente los premios de los crackers. Justo en ese momento, le cayó un Marcus al lado, que recibió con la sonrisa más brillante del mundo. Estaba radiante, guapísimo, encantador… No tenía palabras. Le dio con el dedo en la nariz. — Nooooo, no lo recuerdo, porque siempre has andado entre los prefectos, tratando de organizar tú algo. Así que eso de sentarse a comer y correr por los árboles, no ha ocurrido así tal cual nunca. — Apoyó la cabeza sobre la suya. — Lo veo precioso y estoy feliz. — Literalmente más feliz que lo que la he visto en años. — Dijo Sean lanzándole un bombón a Marcus. — Ya empezábamos a pensar que nos abandonabas por los prefectos.Yo lo habría hecho, teniendo una última oportunidad de fiesta con Hasan Jacobs. — Dijo Ethan con tono tentador. — En el hipotético caso de que yo fuera prefecto más de… Dos horas, antes de que me retiraran el cargo. — Y todos volvieron a reír. Ella acarició los rizos de la nuca del chico, fugazmente, pero para no quedarse con las ganas, por si no podía después. — Sííí ya se ve, qué tranquilo estás. — Le dijo sarcásticamente entre risas.

Pero dejó una sonrisa pícara para responder a su pregunta. — Pues haciendo ilegalidades, aprovechando que el prefecto no podía ponerme el ojo encima… — Vale, eso le había quedado más sugerente de lo que pretendía. Cambió a una expresión más tierna y alegre. — Es broma. No tan bien como ahora que por fin estás con nosotros, ahora empieza lo bueno. Pero me han estado haciendo compañía. — Dijo enseñándole la servilleta con el muñeco. — Quiero unas gafas como esas, apúntatelo. — ¡Venga! Tortolitos, vamos a brindar. — Dijo Hills, pasándole una copa de sidra de frambuesa a Marcus. — ¡Eso! — Bien, alguien le seguía el espíritu. — Por nuestro quinto año, los amigos, y el cambio de milenio. — Dijo muy resuelta, chocando las copas en el centro, pero mirando de reojo a Marcus porque es que, de verdad, no se podía ser tan guapo.

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Miér Feb 02, 2022 5:53 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Rio un poco, encogiéndose de hombros con falsa modestia. - ¡Qué le vamos a hacer! Algunos nacimos con un deber asignado. - Comentó, pero tanto su fanfarronada como la sonrisa que se le dibujó en la cara oyendo a Alice decir que estaba feliz se vieron interrumpidas por un bombonazo de Sean. Chistó. - Tío, no tires comida, que cuesta mucho trabajo conseguirla. - Sí, vamos, toda la tarde cocinando te has pasado, seguro. Tienes que tener a los elfos de las cocinas hasta las narices de ti. - Pues no, listo, porque soy un buen prefecto, cariñoso y justo, que VALORA la comida que hacen y no la va tirando por ahí. - Vamos, que eres una trituradora humana, en otras palabras. - Se burló Sean, mientras Hillary hacía burlas como si comiera a toda velocidad, hinchando los carrillos. Rodó los ojos y se centró en Alice, que al menos no se metía con él.

- Si te ha hecho feliz, entonces todo el trabajo ha merecido la pena. - Le dijo, guiñándole un ojo, y con cualquier otra persona podría ser una galantería de las suyas, pero con Alice... No. Si estaba en su mano hacerla feliz, lo iba a hacer. Tenía un pacto con las estrellas, un deseo que pidió en verano en la noche de San Lorenzo. Que Alice sea siempre feliz. Y como él era mago de ciencia y no terminaba de fiarse de que las estrellas hicieran el trabajo por él... Haría todo lo que pudiera. Esa sonrisa no tenía precio, y el año anterior había echado demasiado de menos verla.

El comentario de Ethan le hizo mirarle con cara de circunstancia. Iba a contestar que siendo Jacobs su prefecto, y con la de castigos que llevaba a cuestas, ya debía tenerlo más que visto, pero en el escaso tiempo que hacía que conocía a aquel chaval ya había aprendido que era mejor no ponerle en bandeja más comentarios, que todos los aprovechaba y los retorcía. La caricia de Alice en sus rizos hizo que la atención se centrara en ella de nuevo. La miró con una sonrisilla doblada, disimulando el cosquilleo que su gesto le había provocado, y contestó tan seguro como siempre. - Pues estoy tranquilísimo, ¿no me ves? - Hizo un gestito de superioridad y señaló la mesa con elegancia. - Aquí, tranquilamente, sentado junto a mi mejor amiga, comiendo semejantes manjares y disfrutando de un ambiente tan distendido. - Cuando hablas así eres muy gracioso. - Saltó Darren con una risilla infantil, quien al parecer estaba con la oreja puesta en su conversación con Alice. Marcus frunció el ceño.  - No pretendo ser gracioso. - Comentó con un punto de extrañeza, aunque sin sonar hostil, porque en fin, con ese chico era imposible ser antipático. Pero no pretendía sonar gracioso, quería sonar al excelso prefecto seguro de sí mismo que era, gran organizador de fiestas... Bah, a quién quería engañar. Solo le estaba siguiendo el rollo a Alice, como siempre, porque le encantaba hacerlo. Porque como se entendían entre ellos, quedaba demostrado, no se entendían con nadie.

Los demás seguían con sus bromas y comentarios, pero Alice y él ya habían instaurado su modo particular de conversaciones solo para ellos, ignorando al resto. Arqueó una ceja, sin perder la sonrisa ladina. - ¿Ilegalidades? ¿Aprovechando que tu prefecto está organizando la mejor fiesta de Navidad de la historia? - Chistó varias veces, negando. - Que feo por tu parte, Alice Gallia. - Miró de soslayo a los demás, comprobando que estaban distraídos, y se acercó a ella para decirle en voz más baja. - Tu prefecto siempre tiene un ojo encima para ti. - Arqueó una ceja. - Porque no se fía de tus diabluras. - Sí, por eso... Menos mal que Alice había cambiado a un registro más tierno, y cuando señaló la servilleta rio con suavidad. - ¿Quieres unas? Yo te las consigo. - Volvió a chistar. - Aún no ha acabado la noche. Y no me tires más de la lengua, Alice Gallia, no me destripes la fiesta. - Hillary interrumpió para brindar y Marcus tomó el vaso que le tendía, poniéndose de pie. - Uh, sidra de frambuesa, qué exquisito. ¿Quién habrá tenido el buen gusto de ponerla...? - Ofú, se va a pasar toda la noche así. - Se quejó Sean. Ethan soltó una risotada y, con el vaso en alto, dijo. - Déjalo, hombre, que disfrute de sus logros. Un prefecto orgulloso de sí mismo es un prefecto de buen rollo, y un prefecto de buen rollo es un prefecto del que se pueden obtener muuuuuuchos beneficios. - Marcus le miró con cara de circunstancias, pero el otro le devolvió una sonrisa y un arqueo de cejas digno de un lobo feroz. - ¡Por nosotros! ¡Y por todo lo bueno que está por venir! - Corroboró Marcus, chocando los vasos con sus amigos y bebiendo. Casi se atraganta porque alguien gritó un nuevo brindis por encima de su hombro cuando ya ellos habían acabado el suyo. - ¡¡Y POR LAS BUENAS VIBRACIONES!! - ¡Oly! - Reaccionó, asustado y tosiendo porque casi se le va el líquido por donde no debía. La chica siguió argumentando, feliz de la vida y con su vaso en alto. - ¡Este año, el cambio de milenio trae una fuerza mística y súperespecial que SSSHUUUUUMMMM se apodera de todos nosotros y trae cosas muy positivas! - Empezó un bailecito. - Trae sueeeeerte y trae amoooooorr. - Anda, qué falta me hace de las dos cosas. - Comentó socarrón Ethan, entre risas nada contenidas (a diferencia de los demás, que por respeto al buen rollo de Oly disimulaban las suyas). - ¡Y trae súper vibraciones de inteligencia, y nos va a venir genial! ¿Os dais cuenta de la suerte que hemos tenido? ¡Que este año son nuestros TIMOs! - Se oyeron varios gruñidos quejosos. - Oly, tía, que estamos de fiesta, no nos recuerdes los exámenes ahora. - Se quejó Hillary, pero la otra mostró las palmas y negó, convencida. - ¡No, no, no! ¡No lo entendéis, eso es bueno! Nos va a dar súper suerte y nos van a salir genial! - Menos mal que cambiamos de milenio entonces, no sé que sería de mí si no. - Le murmuró Marcus a Alice, irónico y aguantando la risa. - Y la energía del universo, y las estrellas, y los planetas, y todo, está de nuestra parte ahora. ¡Es momento de grandes retos, chicos! - Añadió la chica, y eso hizo que Marcus mirara a Alice de reojo, sonriera como quien se trae algo entre manos y ocultara dicha sonrisa dando otro sorbo a su sidra. Sí, puede que fuera el momento de hacer grandes retos... O retos pequeños. Pero, fueran como fueran, tenía claro con quién los quería compartir.
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Miér Feb 02, 2022 4:36 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Se rio, enternecida con el Marcus en modo prefecto. Le gustaba demasiado. Y había tenido mucho miedo de que no fuera así, de que empezara a parecerle estirado e insoportable, pero… En fin, qué tontería. Si Marcus siempre había sido así, y ella siempre había querido pegarse a él, por muy traviesa que fuera. Eso sí, le hizo gracia la imitación de Hillary, porque a veces sí que era un poco así.

Las mariposas de su estómago volaron con libertad cuando dijo lo de que le había hecho feliz, y se le escapó un suspirito. Más le valía centrarse y mantener la calma cuando le decía esas cosas, porque la gente empezaba a notárselo. De hecho, Ethan y Darren ya estaban susurrando y mirándoles con las risitas. Se mordió los labios por dentro para aguantarse la risa con el comentario de Darren, porque era tan Hufflepuff que todo lo decía así, sin malicia ninguna, pero a Marcus no parecía haberle hecho mucha gracia. — Se refiere a que es curioso ver a alguien de nuestra edad hablar tan protocolariamente, ¿a que sí? — Dijo mirando a su amigo, que asintió y la señaló con una mano. — Claro, justo eso.

Y menos mal que estaba de risas, porque lo que le provocó aquella afirmación de que siempre tenía un ojo sobre ella, fue como si sintiera esa mirada directamente sobre su piel. Al menos la risa le ayudó a disimularlo, ayudado por el brindis y la repentina presencia de Oly. Se aguantó un poco la risa y levantó la copa. — ¡Por todo eso, Oly! Que no nos falte. — Y casi mira a Marcus. Casi casi. Menos mal que se contuvo en el último momento. Miró mal a Hillary con la queja. — No seas tonta. Escúchame, Oly, se puede hablar de exámenes si es para desear suerte de forma tan adorable. — Dijo levantando la copa hacia la prefecta. Ella estaba muy contenta y tenía que celebrarlo todo. — Ay, Gal, muchas gracias. — Se le cambió rápidamente el pelo y se sonrojó. A ver, con Oly siempre había ese riesgo, que se lo tomara a la… Bueno, a la Oly. Pero esa noche le daba todo un poco igual.

Pero entonces dijo la Hufflepuff lo de los grandes retos y ahí sí, ahí notó la mirada de Marcus sobre ella y se llevó la copa a los labios a la vez, sosteniéndosela. Luego la dejó sobre la mesa y dijo. — ¿Qué pasa, prefecto, tienes ganas de retos? — Susurró, paseando la vista por la mesa, y viendo que todos estaban un poco distraídos con Oly, y Darren e Ethan estaban con las carantoñas, aprovechó y se pegó un poco. — ¿No irás a decirme que el perfecto prefecto O'Donnell se ha venido en plena fiesta de Navidad a buscar una alumna traviesa que le vayan los retos? — Dijo encogiéndose de un hombro y parpadeando como una niña buena. El último reto, el de llegar hasta el final del pasillo, se les había ido un poco de las manos, pero bueno, eran Marcus y Alice, lo suyo eran los retos. No es como que cambiara nada.

De repente empezó a sonar la música bien fuerte y Hills pegó un salto. — ¡Donna! ¡Vamos a bailar esta. — Dijo con una gran sonrisa. — ¡Y tú, Oly!¿Ay sí? Ay, qué gran idea, qué bonito que nuestra auras vibren con la misma música en la pista. Claro, tía, venga vamos. — Dijo Hills entre carcajadas. Ocasión que Gal aprovechó para inclinarse sobre el oído de Marcus. — Si era eso lo que buscabas… Me lo puedes decir ahora, con la música no te oyen. — Dijo, en ese nuevo tono que se le ponía a veces en la intimidad con Marcus. Lo malo es que no estaban exactamente en la intimidad.


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Miér Feb 02, 2022 5:46 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Ante la palabra "retos" se activaba algo en ellos que les hacía buscarse instantáneamente, mirarse, conectarse. Él lo sabía, y su amiga también, de ahí que nada más rodar los ojos hacia ella, Alice le correspondiera la mirada. Sin embargo, y porque le encantaba hacerse el bueno y tensar la cuerda, ante su pregunta teatralizó una respuesta confusa, poniéndose la mano en el pecho. - No sé qué te hace pensar eso. - Encogió un hombro, con una caída de ojos. - Aunque puedo escuchar propuestas... - Como que él no tenía sus propias propuestas. La siguiente pregunta, sin embargo, le hizo mirarla con los ojos entrecerrados y una sonrisa ladina, apoyando el codo en la mesa para mirarla frente por frente. - ¿Qué pasaría si así fuera? - Se mordió un poco el labio. - Puede... Y solo puede, y no pienso reconocer esto fuera de aquí... Que esté un poco saturado de tanto protocolo y estandarización y quiera un poco de... Emoción controlada. - Le guiñó un ojo. Sí, emoción controlada, lo que hacía años le dijo a Alice que era lo que le gustaba, un poquito de diversión pero sin pasarse... Empezaba a pensar que cada vez se le descontrolaba más... Y que, de hecho, no es como que le importase demasiado.

Alzó la mirada cuando escuchó que la música sonaba y se mojó los labios. Tenía un plan en mente y lo tenía pensado justo para el momento del baile, pero ahora estaban con las canciones animadas, así que dejaría que Alice se fuera a bailar con las chicas y maceraría de mientras lo que iba a plantear... O no. Porque su amiga, lejos de levantarse e irse, se inclinó hacia él. Se giró ligeramente para mirarla a la cara, y al hacerlo, con la cercanía que ella había adoptado para susurrarle en el oído, se quedaron bastante cerca. - ¿Qué te hace pensar que no quiero que me oigan? - Susurró, mimetizándose con ese tono que últimamente empezaban a adoptar. - Yo no propongo nada ilegal, alumna traviesa... Ni peligroso... O que no se deba oír... - Su mirada se fue a sus labios automáticamente. Mal asunto, no estaban solos. De hecho, ya estaba escuchando a Sean carraspear descaradamente. - ¿Os dejamos solos? - Preguntó el chico. Marcus miró a su amigo con normalidad, como si no acabara de estar muy muy cerca de Alice, susurrándole cosas fácilmente malinterpretables, y se encogió de hombros. - Perdona si no quiero seguir aplaudiendo como tiras comida por ahí. - Hablando de tirar. - Interrumpió Ethan, levantándose con Darren de la mano. - Con vuestro permiso, me llevo a este, a ver si tengo suerte. - ¡Ethan! - Reprendió el otro, aunque sin disimular la risilla avergonzada. Marcus prefirió hacer oídos sordos a eso.

Se giró a Sean. - ¿Qué? ¿Bailas? - Su amigo le miró con el ceño fruncido. - Eeem... Creo que paso. - Marcus se encogió de hombros con falsa resignación y miró a Alice. - ¿Y tú? - Vamos, como que no sabía él a la perfección que Sean iba a decirle que no y Alice que sí. Pero al menos si lo hacía así, evitaba los comentarios estúpidos de sus amigos. - Ah, espera, espera, no contestes. - La detuvo, poniéndose de pie de un salto e irguiéndose, muy bien puesto y con una sonrisilla. Colocó una mano tras su espalda y tendió la otra con galantería. - Señorita Gallia, ¿me concede este baile milenario lleno de vibraciones positivas? - Pffffffff vaya. - Soltó Sean. Tomó la mano de Alice, muy digno y erguido y, sin soltarla cuando esta aceptó y se puso de pie, dijo. - Ella me enseñó a pedir los bailes así, y por tanto merece que muestre mi aprendizaje a ella. Además, te lo he pedido a ti y no has querido. - Bueno, creo que así no me lo has pedido, pero vale. - ¿Quieres que te lo pida así? - Preguntó seductor, con una ceja arqueada. Sean puso cara de espanto. - ¡No! - Pues deja de quejarte ya. - Zanjó. - Y ahora, si me disculpas, preferiría no hacer esperar más a la señorita. - Y se giró, con Alice de la mano, mirándola y echándose a reír con complicidad mientras se dirigían a la pista.
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Jue Feb 03, 2022 8:04 am por Ivanka

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Marcus y su auténtica manía de ser un suavón, que en cuanto Gal empezaba a tirarle de la cuerda, la hacía creer que era cosa suya. Rio entre dientes y se encogió de un hombro. — ¿Yo? Ideas muchas, pero no sé si sugerírselas a una perfecto prefecto, la verdad. — Dijo tentadora, pero haciéndose la loca. Pero bajó la mirada para observar cómo se apoyaba en la mesa para mirarla, tan guapísimo, con esa sonrisita y lo rizos cayéndole por la frente. — Que habrías venido al sitio adecuado a preguntar. — Contestó con tono interesante a su pregunta. Ladeó mínimamente la cabeza y dejó caer los párpados. — Justamente, la emoción controlada es lo mío.

Y claro, con la tontería de los susurritos, se habían quedado muy cerca, tanto que lo pensaba aprovechar, no retirándose ni un poquito. A la pregunta contestó, con cara de no saber de lo que le estaba hablando. — Ah, es que como has dicho que no ibas a admitir fuera de aquí que querías emoción controlada… Pensé que era nuestro secreto. — Y terminó clavando la mirada en la suya. Por supuesto, algo tuvo que decir Sean. — No, Sean, cariño, ¿quién estaría contigo entonces? Si has dejado que las chicas se vayan a bailar sin ti. — Dijo con una sonrisa dulce. Es que de verdad, no había ratito que tuviera con Marcus que no se pusieran a murmurar y lanzar pullitas. Al menos Ethan y Darren iban a lo suyo, y ella solo pudo mirarles con una sonrisilla pícara y guiñando un ojo. — Cuidadito con lo que tiráis… — Les dijo moviendo los hombros. Se alegraba por sus amigos, se les veía bien, aunque uno de ellos fuera ethan liándola permanentemente.

Se giró ante la pregunta de Marcus, un poco despistada momentáneamente y, en cuanto se enteró de la petición, puso una sonrisa ilusionada, e iba a decir que sí, pero Marcus, como no, quería hacer el paripé que le enseñó ella misma a hacer en segundo. Y desatendiendo a las tonterías de Sean, se sacudió las manos y se levantó, haciendo una reverencia. — Por supuesto, prefecto O’Donnell. — Y le tendió su mano ceremoniosamente. Tuvo que contenerse la risa ante la escena de sus amigos, que terminó felizmente en ella yendo de la mano del prefecto O’Donnell a la pista de baile.

Esto no es muy de vals vienés tal como te enseñé. — Le susurró, pero según lo dijo, la música cambió a una más clásica y de baile de salón, y ella se posicionó para bailar, meciéndose suavemente. — Hacía mucho que no me sacabas a bailar, prefecto… Al menos en Hogwarts. — Habían sido un par de años difíciles, de cambios, pero ah, habían tenido La Provenza, la noche de San Lorenzo, y podría jurar que algo había pasado bajo las estrellas que les había cambiado. — Qué bien te veo los ojos cuando bailamos. — Dijo un poco poseída por el momento. Si no pudiera volver a ver nunca más, seguiría siendo capaz de describir cada matiz de verde de aquella mirada. — Ojos de Slytherin cada vez más acordes a su dueño y su vena Slytherin, sobre todo desde que es prefecto. — Dijo con una risita, notando cómo todo iba desapareciendo poco a poco a su al rededor.



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Jue Feb 03, 2022 10:48 am por Freyja

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Efectivamente, la música era bastante más animada. Miró a Alice con una ceja arqueada y expresión cómicamente ofendida. - ¿Retiro la petición entonces? Con lo bien que me había quedado... - No dio tiempo a que la chica le siguiera la broma, porque la música cambió. Chasqueó la lengua con expresión chulesca. - ¿Ves? Si es que lo tenía todo controladísimo. - Se agarró a ella en posición de baile y añadió en el mismo tono. - Lo que yo quiero que ocurra, ocurre. Beneficios de estar con un prefecto. - A él mismo le sonó rara la frase nada más decirla, pero ahora no podía rectificar sin perder el carácter de sobrado que le había dado, así que solo añadió más palabrería. - Así que, ya sabes, cuenta siempre con un prefecto a mano... A no ser que te compense más escabullirte de él para hacer tus trastadas. - Se acercó un poco, arqueando la ceja y bajando la voz. - Y si sabes hacerlo. Ya sabes que siempre tiene un ojo controlándolo todo. - Y volvió a su lugar, bailando.

Sonrió a su comentario. - Es verdad... - Encogió un hombro. - Puedes recordarme que lo haga más a menudo si quieres. - Siseó un poco, graciosamente, mirando hacia arriba. - Es que me he malacostumbrado a las canciones francesas de feria y claro... - Rio un poco. También bailaron en Saint Tropez, en la feria de San Lorenzo. Lo recordaba y le recorría un cosquilleo... Que no sabía definir muy bien. Como el que sintió cuando dijo lo de sus ojos. La miró directamente a los suyos, con una sonrisa más leve y más sincera, ya no tan chulesca y cómica, ya perdiendo un poco ese tono de sobrado con el que le gustaba bromear con Alice. Ya siendo solo... Marcus y Alice. Como ellos sabían ser, para ellos y para nadie más.

Se le escapó una risa muda al comentario posterior, si bien no dejó de mirarla con el cariño con el que la miraba cuando estaban solos (bueno, estaban en plena fiesta, pero hablando el uno para el otro, y en esa pompa en la que nadie más les estorbaba) y se hablaban así. - Eh, que ahora soy prefecto de la excelsa casa Ravenclaw. No puedes decirme que tengo vena Slytherin. - Comentó, bromista, pero en tono suave y privado. Ladeó la cabeza. - ¿En qué tengo vena Slytherin, a ver? - Preguntó, sin dejar de hablar con suavidad, de mirarla... Con ese cariño que sentía. - Y yo que creía que era el chico más listo del mundo... Ahora resulta que solo era astucia. - Rio un poco y se mordió los labios. - Tus ojos también se ven muy bien. - Confesó, pero acto seguido arqueó una ceja, con un puntito sobrado de nuevo. - Muy Ravenclaw, te lo digo yo, que entiendo de eso. Palabra de prefecto. - Y volvió a reír.

Miró un poco a los lados, con una sonrisilla pícara, y alzó el brazo para hacer a Alice girar durante el baile. Al volver a su sitio, aprovechó el cambio de posición para acercarse más a ella. - Tengo un reto para ti. - Le susurró, tras lo cual sonrió y arqueó varias veces las cejas. - Por si no te has enterado aún, cambiamos de milenio... - Hizo una caída de párpados. - Puedo conseguirte unas gafas de esas tan chulas... A cambio de algo. - Ahora que se escuchaba a sí mismo, sí que sonaba tremendamente Slytherin cuando quería. Alzó la mirada y la clavó en sus ojos de nuevo. - Retos. - Se encogió de hombros. - Emoción controlada. A partir de mañana, nos vamos y no volveremos a vernos... Ufff hasta el próximo milenio. - Puso expresión dolorida. - Oh, eso es muchísimo. - Continuó con la broma mala. - Hay que hacer algo. Para despedirnos, y para reencontrarnos. Se me ocurre... Mmmm... - Pensó unos instantes. - Una colección de retos. Los iremos haciendo en las vacaciones, cada uno en su casa, y cuando volvamos, los ponemos en común. El que más retos cumplidos traiga, gana. - Hizo una pausa. - No he decidido aún qué gana. Eso... Ya lo iremos viendo. - Ladeó la sonrisa y, sin dejar de bailar, preguntó. - ¿Acepta la alumna díscola la propuesta de este perfecto prefecto? -
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Jue Feb 03, 2022 2:53 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
“Lo que yo quiero que ocurra, ocurre”. Ojalá tener ella esa seguridad. Quería bailar siempre con Marcus, quería que todo Hogwarts la viera en sus brazos, quería poder besarle sin pensar en si estaba haciendo bien, en si sería la última vez, simplemente besarle. Solo había pasado en tres ocasiones, nada le hacía augurar que hubiera más, no seguro, desde luego. Y sin embargo se estaba tan bien allí, bailando… De hecho, estaba tan pendiente de bailar, que la afirmación de Marcus y la referencia a La Provenza le pillaron desprevenida, y estaba segura de que se le debía haber puesto cara de estúpida enamorada. Rio un poco y solo dijo. — Te tomo la palabra.

Eso sí, a lo de la vena de Slytherin le hizo reír. — Noooo, en nada, ¿cómo habré osado decirlo? — Dijo sarcástica, terminando con una risita. Luego negó con la cabeza. — No. Por eso eres Ravenclaw. Eres tremendamente inteligente, pero digamos que tienes ramalazos Slytherin… — Puso media sonrisilla. — Lo cual es un cóctel maravilloso para ser muy grande. — Dijo muy convencida. Cuando dijo lo de sus ojos, ella solo podía ver los ojos de él, suspirando. — Ya lo creo que son de Ravenclaw… Todo lo tienen que ver, todo lo buscan…A ti, te buscan a ti siempre que estás cerca, y cuando no, te buscan desesperadamente hasta que apareces. Pero no podía decirle eso.

Alzó la ceja con lo de las gafas. — Oh, ¡gracias! — Dijo ilusionada como una niña, porque se lo había tragado como un gesto de buena fe de su amigo, que, cuando se destapó como algo más, le hizo alzar la ceja. — Vaya, ¿dónde estará la vena Slytherin? — Dijo alzando los ojos al techo haciéndose la loca, y riéndose después, antes de dar la vuelta bajo el brazo de Marcus. — Sabes que me encanta retarme contigo. — Se pegó un poco más a él, lo cual dejaba sus rostros MUY cerca. — Sabes que es un sí, Marcus. ¿Cuándo te he dicho yo que no a algo? — Y como eso le había salido más intenso de lo que pretendía, se separó para luego enrollarse en su brazo a modo de floritura de baile. — Así que retos… — Puso media sonrisilla, la sonrisilla Gallia de cuando se ponía a pensar algo. — De entrada se me ocurren tres. — Dijo recuperando la posición para bailar agarrada a él. — Y eso que ni me han dicho la recompensa, pero es que yo soy una Ravenclaw al noventa por ciento, que por poner a prueba mi curiosidad no necesito ni el premio. — Dijo con retintín. — Siempre dicen que antes de morir deberías escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. — Ladeó la cabeza. — El cambio de milenio nos ha pillado un poco a traspié con eso, así que, ¿por qué no lo modificamos un poco? — Miró a Marcus con esa sonrisa de cuando eran pequeños y se emocionaba con algo. — En vez de un libro, que ya escribiremos muchos de mayores, escribamos un cuento. Un cuento que represente al otro. Y nos lo leemos el uno al otro. En vez de un árbol, que tardaría mucho en crecer, encontremos una planta que el otro no se espere, sorprendámonos el uno al otro. — Dijo con un guiño, ahí ella llevaba las de ganar, claro. — Y en último lugar… Tenemos que hacer una manualidad mágica que gustaría a un niño. Sea una pancarta, una cenefa... Lo que sea. Esas cosas se nos dan bien. — Dijo encogiéndose de hombros. — Como ves, me he portado bien con las propuestas. — Dijo poniendo cara de niña buena.

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Vie Feb 04, 2022 5:06 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Se irguió con seguridad cuando dijo que su espíritu Ravenclaw y su vena Slytherin hacían un cóctel maravilloso, una buena mezcla para ser muy grande. Eso es lo que quería, quería llegar a lo más alto... Y le gustaba que su amiga lo viera así, la verdad, porque así es como él quería que la viera. Bueno, en realidad... Quería que todo el mundo le viera ser el mejor, y ella también, aunque en el caso de ella... Prefería tenerla a su lado, de la mano, como estaban ahora. Quería mantener una parcelita privada de ser simplemente un chico que hace tonterías y retos, y nadie se había ganado mejor el derecho a disfrutarla que Alice.

A su pregunta, esa que le hizo estando tan cerca, arqueó una ceja con falsa expresión pensativa, y no quería despegarse ni un milímetro, pero Alice giró bajo su brazo. Esperó a que se enrollara en él para soltar su comentario. - Pues veamos... ¿Cada vez que te digo que cumplas las normas? ¿Cuando te digo "Alice no hagas eso", "Alice no entres ahí", "Alice eso es peligroso", y Alice me hace un argumento eterno para acabar haciendo lo que le da la gana? - Ironizó, tras lo cual ladeó la sonrisa, aunque ella por su posición no le pudiera ver. - Claro que, y conforme lo he dicho en voz alta me he ido dando cuenta, ninguna de esas cosas era una negativa a un reto, más bien tirarse de cabeza a un reto. Así que... Sí, debí haber intuido que no ibas a decirme que no. - Ladeó la cabeza y se mojó los labios. - Por eso te lo he propuesto. Ya te he dicho que yo acabo consiguiendo lo que quiero. - Se acercó a su oído, mucho más cerca al tenerla de espaldas, y susurró. - Algún día conseguiré que seas aún más fan de las normas que yo. - Dejó que recuperara la posición original y la miró con esa expresión segura que siempre había portado muy bien, pero más aún desde que tenía su ansiado puesto de prefecto.

Abrió exageradamente los ojos. - ¿De entrada? - Rio. Si sabía él que era buena idea proponerle eso a Alice, y no se hacía ella una idea de lo que le gustaba verla así, siendo su Alice de siempre. Una de las cosas que dijo le hizo entrecerrar los ojos y pronunciar una maliciosa sonrisa de labios cerrados, pero no quería interrumpir, así que se la guardó para sí. Lo que no esperaba es lo que dijo después. - Aham. - Comentó con normalidad a lo que había que hacer antes de morir, manteniendo su pose lo mejor posible, tan solo parpadeando un par de veces, y esperando haber disimulado lo suficiente por fuera. A ver, aquello tenía que tener alguna vuelta porque los tres retos no podían ser escribir un libro, plantar un árbol y... ¿Tener un hijo? Esperaba que no se refiriera a ese momento, no esperaba algo TAN loco. E igualmente... ¿Alice no decía que no quería hijos? Que a lo mejor había sido solo un arrebato puntual por lo malos que habían sido los años anteriores... Pero algo le decía que aquello solo era un preludio de otra cosa. No se equivocó.

Respiró internamente con alivio cuando dijo de modificar un poco esa premisa y siguió escuchando. Su primera sugerencia le hizo sonreír genuinamente. - Oh, un cuento. Me gusta eso. - Y que representara al otro. Eso le hizo reír. - Hecho, ¿qué más? - Pidió, porque la Alice ingeniosa y que siempre quería más era su mejor Alice. Eso sí, la segunda propuesta le hizo rodar los ojos y aguantarse una risilla, esperando a la tercera para dar su opinión completa. Rio un poco. - Demasiado bien. - Se mordió los labios. - Me gusta... Aunque, viniendo de ti, esperaba algo un poco más atrevido. - Miró a los lados y, cuando detectó lo que buscaba, se acercó a su oído susurrando de nuevo. - Que me retaras a sacar a bailar a mi compañera prefecta, por ejemplo. - Bromeó, mirando a la chica y soltando una risilla maliciosa. Kyla estaba sentada en una silla, sola y con cara de aburrimiento, con un cuenco de copitos de nieve helados que se estaba comiendo ella sola. Volvió a mirar a Alice, pero no se despegó ni dejó de susurrar. - Al menos ha venido. No me digas que no sería un gran reto. - Puede que esos susurros y esas cercanías fueran malinterpretables... Para otros. Alice y él estaban en ese juego sabiendo lo que hacían... Sí, sí... Lo sabían muy bien... Y lo que los otros dijeran, le daba igual. Siempre podía alegar que los susurros eran porque nadie tenía por qué cotillear sus conversaciones, no era secreto para nadie lo celoso que era Marcus de su intimidad. Y en cuanto a la cercanía... La música estaba muy alta, si no se acercaban, no se podrían escuchar. En fin, que estaba todo perfectamente justificado.

- Me gustan esos retos, si bien creo que la balanza de los mismos está peligrosamente inclinada en tu favor, Alice Gallia. - Arqueó una ceja. La canción había cambiado, pero seguía siendo lenta, así que podían continuar bailando. - Lo de los cuentos me gusta, si bien a ti se te da contar historias mejor que a mí y te sabes más. Ligeramente descompensado, peeeero... Yo tengo mucho don de la palabra, también he leído miles de libros y sé mucho de historia, así que será un gran reto superarte. Perdón, será un gran triunfo superarte. - Matizó, chulesco, dando por sentado que iba a ganar él. - Lo de la manualidad mágica es algo que se me da genial y en lo que espero que no te quepa la menor duda de que voy a ganar, pero no sé si has caído en un pequeño detalle. - Volvió a arquear una ceja. - Mañana nos vamos de Hogwarts, y fuera no podemos hacer magia, que seguimos siendo mayores de edad. Espero que no pretendas lanzarme al abismo de las ilegalidades o, peor aún, obtener mi beneplácito para que tú cometas una. - Chasqueó la lengua. - Y bueno, ¿qué te digo sobre el reto de las plantas? - Suspiró, negando con la cabeza. - Ay, Alice Gallia. Semejante descompensación en tu favor es demasiado cantosa hasta para ti. - Miró hacia arriba, pensativo. - Quiero más retos, pero los siguiente los decidiré yo. Solo... Déjame que piense unos minutos... Así, tranquila y silenciosamente... - No lo pensaba reconocer, pero le encantaba tensar la cuerda de Alice. Le provocaba... Cosas. Cosas que ni sabía explicar, ni tenía por qué hacerlo.

Pasaron más de media canción en silencio, con Marcus haciéndose el pensativo y el interesante, como si estuviera pensando un reto muy complicado, cuando realmente... Solo estaba bailando con ella. Alargando ese momento, porque podía y le apetecía. Rompió el silencio para decir algo, que técnicamente debería ser el reto propuesto, pero que no era más que aquello que se guardó de decir anteriormente. - Así que... Una Ravenclaw al noventa por ciento... - Se mojó los labios lentamente, como si pensara. - ¿Cuál es el diez restante? ¿Hufflepuff, como te dijo el pastelito de aquellas Navidades? ¿Quizás Gryffindor, por lo temeraria? ¿O me vas a decir que compartes la vena Slytherin conmigo? -
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Vie Feb 04, 2022 6:37 am por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Rio brillantemente mientras le relataba todas las veces que le decía que no, no pudiendo evitar reírse de su amigo. — Eso no cuenta como decir que no. — Dijo entre risas. Sí, sí algo podía destacar de Marcus y ella era dos cosas: cuánto confiaban el uno en el otro, y cómo se reían. Esa seguridad de que se entendían, de que aunque estuvieran en una sala llena de gente, estaban solos. Rio y se encogió de un hombro, con una sonrisita apretada en los labios, cuando le susurró aquello. Aunque esa risita era para tapar el suspiro que quería dar, de cómo se le erizó la piel al sentirle tan cerca. — ¿Y qué no consigues tú si te lo propones? — Dijo antes de separarse.

De nuevo bailando normal, abrió suavemente la boca, fingiendo ofensa. — ¿Más atrevido? ¿Pero en qué quedamos, prefecto? ¿No dices que quieres que me haga fan de las normas? — Pero se tuvo que reír con lo de Kyla. — Pensé que eso no era un reto, si no parte del protocolo que tiene que cumplir un buen prefecto en la fiesta de Navidad. ¿Qué diría Graves si supiera que te haces el remolón con el protocolo? — Le pinchó, con una sonrisita pilla, y simplemente se dejó llevar por el momento, por la cercanía, por la forma en la que le agarraba.

¿A mi favor? — Preguntó ofendida. — No sé por qué dices tal cosa ofensiva. — Ladeó la cabeza cuando empezó a hablar de los cuentos. — ¿Ves? Ningún favorecimiento ahí. — En verdad sí. Marcus había leído mucho, pero sobre todo, divulgación. La de las historias fantásticas y amorosas era Gal, pero no dijo nada y asintió. Con lo de la manualidad, chasqueó la lengua. — Si te soy sincera, ni lo uno ni lo otro, es que ni había caído… ¿Nos vamos ya tan pronto? — Dijo con tono fastidio. — Se me ha pasado volando este primer trimestre. No es justo. — Suspiró y se encogió de hombros. — Pues supongo que ese no podemos hacerlo. — Pero puso cara de circunstancias y ladeó la cabeza. — ¿De verdad, prefecto O’Donnell? ¿De qué te quejas tanto, a ver? Si eres tan bueno en Herbología como en todo lo demás, ¿qué tienes contra las pobres plantitas? — Dijo dramatizando un poco, como solía hacer él. Soltó un suspirito y sonrió. — Está bien… Piensa más… Pero lo de la planta lo vamos a hacer. — Aseguró. Y veía que lo que quería era picarla, pero hasta de su silencio disfrutaba, así que apoyó la cabeza sobre su pecho, oyendo retumbar la música, acompasada por su respiración y el latido de su corazón, sin dejar de mecerse.

Pero cuando por fin rompió el silencio, no fue para contarle ningún reto, lo que hizo que le mirara fingiendo fastidio, con una sonrisa apretada. — ¡Cómo eres! — Le criticó, aunque al final le salió una carcajada, y volvió a la posición normal de baile, mientras le miraba hacer el teatrito de pensarse las cosas. — Hufflepuff. — Dijo, ya fuera del tono de broma. — Como mi madre, tiene que quedar algo de ella en el mundo. Y como las buenas enfermeras. — Le dio con el índice en la frente. — Cabeza de Ravenclaw. — Bajó el dedo a su pecho, acariciándole por el camino levemente. — Corazón de Huffelpuff. La combinación ganadora. — Volvió a colocar la mano en su hombro y alzó una ceja. — Y yo no soy temeraria, Marcus O’Donnell. Soy curiosa, eso es todo. — Y se dejó inclinar, dejando su peso en el brazo de Marcus y tirando de él sobre ella brevemente. — Pero, o me propones otros retos mejores ya, o voy a pensar que me tienes miedo en verdad. — Susurró con tono aterciopelado, antes de volver a su posición.

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Sáb Feb 05, 2022 9:53 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
El que fingió ofensa tras esa afirmación fue él. - El prefecto Graves estaría muy orgulloso de mí. Yo quiero cumplir el protocolo, ¿acaso no estoy aquí elegantemente bailando con mi mejor amiga, como hacía él? - Conforme iba terminando la frase se estaba dando cuenta de lo que estaba diciendo, pero ya la había empezado y pararla a mitad iba a ser raro. Howard y Mónica bailaban juntos, sí, y eran mejores amigos, eso creía él. Pero antes de irse, resultó que acabaron de novios. Quizás no era el ejemplo más apropiado. Estaban hablando de Kyla y el protocolo, no obstante, así que recondujo. - No es por mí, es por ella, es ella la que no quiere bailar. - Abrió mucho los ojos, haciendo el tonto con una voz susurrada e impostada. - Ella es la mala de esta historia, Alice, no te dejes convencer. - Se echó a reír.

Siguió riendo con las quejas de Alice, le hacía mucha gracia cuando se ponía así. - Eres... - Ahí sí se calló, y lo disimuló por seguir riendo. Adorable, quería decir. Pero adorable como... Cuando tenía once años y decía que las cosas se le quedaban cortas, que quería más, en el fondo seguía siendo así... Sí... Eso era totalmente lo que quería decir. - Si se te ha pasado tan volando este primer trimestre quizás sea por la maravillosa gestión de tu prefecto, que os ha facilitado una vida estudiantil sin problemas ni preocupaciones para que solo tengáis que disfrutar de la vida en la escuela y centraros en vuestros estudios. De nada. - Comentó sobrado, aun sabiendo que se acababa de marcar un discursito sin base ninguna, porque era altamente probable que su gestión no tuviera nada que ver con ese hecho.

La miró con un exagerado punto de sorpresa. - Ah, ¿ya está? ¿Así de rápido te rindes? - Chasqueó la lengua, negando. - Me defraudas. - Para nada, pero es que disfrutaban tantísimo picándose el uno al otro, que podrían no parar hasta que se bajaran al día siguiente del tren. - Tiremos de originalidad. Somos dos grandes magos, pero sobre todo, somos dos grandes mentes. Hagamos una manualidad usando... Otros recursos que no sean la magia. - Miró hacia arriba y comentó. - Recuerdo a cierta niña haciendo con todo su cariño un montón de libretas fieles a mano sin necesidad de usar ella la magia... - Separó una de sus manos de donde la tenía para alzar un índice de advertencia. - No valen libretas fieles. Ni pedirle hechizos a otros. - Sonrió, enterado. - Usa tu imaginación. - Y, con ese mismo índice, le dio un toquecito en la frente. Chistó con suficiencia cuando se metió con él por lo de Herbología, aunque su resolución le hizo reír otra vez. - Pues ya verás lo bueno que soy, como bien dices soy bueno en todo. - La miró con los ojos entrecerrados. - Así que ya te lo puedes currar. - Y en lo que decía esa fanfarronada, ella apoyó la cabeza en su pecho. Sonrió, cerró los ojos y reposó su cabeza suavemente sobre la de ella, dejándose llevar por la música, olvidándose por un momento de que estaban en mitad de una fiesta. Alice tenía ese efecto, Alice sacaba de él un bienestar que nadie sacaba, conseguía que se olvidara de todo, que el mundo solo fueran sus retos, sus proyectos, sus piques, sus cosas. Sus ojos de Ravenclaw... Abrió él los suyos, porque el corazón se le había disparado ligeramente sin saber por qué. Mejor se centraba en lo que estaba, porque... No sabía en qué estaba pensando.

Tuvo que reírse de nuevo con esa fingida ofensa de la chica por su pique. De verdad, como se reía con ella, no se reía con nadie. Asintió con una sonrisa cuando dijo que era como su madre y las buenas enfermeras. Estaba totalmente de acuerdo con eso. Amplió levemente la sonrisa con el toque en su frente, pero esta tembló un poco, mientras se quedaba mirándola a los ojos, cuando acarició su pecho. Porque sí, se había dado cuenta de que no le había dado un simple toque, que se había entretenido por el camino, y le había gustado demasiado esa idea. Volvió a la realidad con su siguiente frase, rodando los ojos. - "Yo no soy temeraria, soy curiosa". La mejor excusa que he oído en mi vida para saltarse a la torera las normas como haces tú. - Y en lo que se metía con ella, la chica se inclinó, y él sobre ella, ligeramente, de nuevo mirando sus ojos y sus labios. Se mordió un poco el suyo y susurró de vuelta. - Yo no te tengo miedo, Alice Gallia. - Aunque algo dentro de sí le generaba una sensación extraña, quizás no miedo exactamente, pero... Que no sabía, o más bien no quería, definir, porque por alguna razón, algo le decía que no era el camino correcto y que lo iba a pasar mal si tiraba por ahí. Y a Marcus O'Donnell, efectivamente, se le daba todo bien. Incluido ignorar lo que le convenía.

Cuando volvieron a su sitio, puso una sonrisa de superioridad y dijo. - Puede... Que tenga ya cierto reto pensado. - Sabía que la canción se estaba acabando, y que no habían ordenado más de dos canciones lentas seguidas porque la gente se aburría, que no todos tenían con quien bailar. Por eso dijo eso justo cuando la canción llegaba a su fin, dando paso a una mucho más movida que revolucionó la pista e hizo levantarse a muchos de los que estaban sentados, lo que redujo el espacio y lo volvió más caótico. Dejó de agarrar sus manos y su cintura, porque la canción ya no lo requería, y tan pronto vio un grupito numeroso y escandaloso acercarse, dijo. - Vas a... Tener que encontrarme. - Se dio media vuelta rápidamente y se mezcló en el tumulto de gente, metiéndose inmediatamente una mano en el bolsillo y sacando uno de esos bombones que, al comerlos, te volvías invisible por unos minutos. Básicamente, lo que hizo su amiga con él en segundo, y lo que provocó que, en un abrir y cerrar de ojos, Marcus desapareciera de la vista de Alice.

Se dirigió hasta la parte de atrás de los árboles. Estaba convencido de que Alice no le había visto de ninguna manera, porque había aprovechado la confusión para comerse un bombón de invisibilidad que ella ni siquiera sabía que él llevaba. Pero, si él la conocía a ella y ella a él tan bien como creía, iría hacia allí. Iría tras los árboles de Navidad, porque su maniobra había sido la misma que ella hizo en segundo. No se equivocó, en apenas un par de minutos, Alice apareció por allí, buscándole confusa, porque él seguía siendo invisible. Se acercó sigilosamente, consciente de su propia invisibilidad, si bien no iba a tardar en desvanecerse (solo era un bombón, no duraba más de cinco minutos el efecto). Se colocó tras ella y susurró en su oído. - Qué bien me conoces. - Y le gustaba que le conociera tan bien. Sacó del bolsillo interior de su chaqueta una de esas graciosas gafas con un dos y un cero a cada lado que hacía que se viera un colorido dos mil en ellas y se las colocó. - Su premio prometido. - Al ponérselas, él mismo comprobó que se le empezaban a ver las manos. Se estaba pasando el efecto de la invisibilidad, así que dejó que Alice se diera la vuelta para mirarle de frente. - No eres la única que sabe jugar al despiste, Alice Gallia. -
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Sáb Feb 05, 2022 4:03 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Entornó los ojos y dijo. — Ay, prefecto, por favor, no me intentes liar. A ti no hay mujer que se te resista a bailar, y lo sabes. — Y sí, estaba hablando por ella, pero tendría que picarle con algo. Se encogió de hombros y puso cara de niña buena. — ¿Qué soy? — Se mordió el labio y puso cara de pilla. — ¿La que le pone sal y pimienta a tu perfecta vida de prefecto? ¿La razón por la que no te aburres? — Rio y negó con la cabeza. — Tu mejor amiga. Es la expresión que buscas. — Y nadie sabía cuánto podía gustarle y a la vez dolerle tal cosa, pero no dejaba de ser la realidad. Puso los ojos en blanco y suspiró. — El tiempo contigo se me pasa volando siempre. Prefecto o no prefecto.

Ladeó la cabeza y puso una expresión un poco vergonzosa cuando le recordó las libretas fieles. — Esas me las hechizó papá. — Le recordó pero recuperó la sonrisa y la posición. — Pero algo se me ocurrirá por tal de ganar al gran Marcus O’Donnell. — Le imitó el tono chulesco y se meció en sus brazos. — Y me lo curraré y lo vas a fliiiiiiipaaaaar. — Ella también sabía ponerse chulita, y más si había un reto de por medio.

Lo malo era que sentirlo así de cerca, de golpe, diciéndole que no le tenía miedo le dieron unas ganas enormes de besarle, sobre todo cuando volvieron a su posición habitual. Pegaba, y ya que no le tenía miedo… Pues que no le tuviera ella miedo a sus sentimientos, ¿no? Soltó una risita nerviosa y entornó los ojos, recuperando el discurso. — Oh, por fin, a ver ese reto. — Pero entonces le soltó y se perdió, como solía hacer ella. Se echó a reír, viéndose sola en medio de la pista de baile y se mordió el labio inferior. — No me lo puedo creer. — ¿Y ahora dónde iba? Miró a los lados y pensó. Y entonces lo entendió. Esperaba no equivocarse, porque deseaba con todas sus fuerzas encontrarse con Marcus, como si algo importante dependiera de ello.

Llegó, con la respiración agitada tras los árboles de Navidad, paseando por la espalda de ellos, mirando en los rincones, bajo las mesas y las cajas que había por allí, y entonces sintió algo a su espalda, y no pudo evitar soltar un jadeo. Si le preguntaba, diría que era del susto. Sonrió y simplemente dijo. — Nuestra historia es nuestra, de los dos. Yo también recuerdo los momentos importantes, y aquí te enseñé a bailar… Muy bien además. — Añadió, con un tono chulesco que intentaba disimular cómo le había acelerado el pulso y la respiración. Rio un poco cuando le colocó las gafas, como una niña pequeña que disfrutaba de las cosas por primera. — Graaaaacias. — Dijo toda contenta. Pero entonces Marcus la giró, y se quedaron muy cerca, con él materializándose frente a ella. Subió las manos y se quitó las gafas lentamente. — Desde aquí también veo muy bien tus ojos, como el día que te enseñé a bailar. Sí, y no sabía entonces la que le esperaba, no sabía poner nombre a esa sensación. — Y tus labios… — Susurró. Eran demasiados recuerdos, demasiados momentos a solas… — No te asustes por lo que voy a hacer… — Empezó a decir. — Solo quiero besarte otra vez antes de que acabe el milenio. — Y con una risita se unió con los labios de Marcus, acariciándolos con suavidad.

Oye, alumna problemática, no habrás venido aquí huyendo de un prefecto, ¿verdad? — Aquella voz hizo que le diera un vuelco el estómago y se separara de Marcus como si estuviera haciendo algo malo. Bueno, más bien algo que no quería que le vieran haciendo. — Hasan… — Pero el prefecto de Slytherin se había quedado congelado en su sitio, mirándoles con una sonrisa un poco confusa. — Ya… Veo que no estabas huyendo de un prefecto precisamente. — A Gal no le salían las palabras, solo les miraba a los dos, porque ella siempre decía que negarlo siempre es peor, y no era como que estuviera haciendo nada malo precisamente. — El beso a medianoche es en Nochevieja, pero… Vosotros a los vuestro. — El chico se rio y ladeó la cabeza, mirando el entorno. — Ojito, que no estáis tan ocultos como os puede parecer. — Suspiró. Genial, ahora Marcus se rayaría, y Hasan a saber cómo exprimía aquello para meterse con ella…

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El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Sí que lo era. Sí que era la que le echaba sal y pimiento a su vida, la que la hacía mucho menos aburrida. Por eso estaba allí, comiéndose un bombón de invisibilidad que había robado de una bandeja antes de que todos llegaran y escondiéndose tras unos árboles en vez de estar pavoneándose por el Gran Comedor por la gran fiesta que había organizado. Por eso se había guardado una de las gafas en el bolsillo antes de empezar la fiesta, en vez de dejarla para los premios de los crackers. Por eso tenía una navidad de retos por delante.

Ladeó la sonrisa. - Eso es cierto. - Encogió un hombro. - Y yo soy un alumno agradecido que mejora cada año, y que siempre enseña sus progresos a su maestra antes que a nadie. - Y que, como bailaba con Alice, no bailaba con nadie, eso también. Además de que tampoco es como que le llovieran las ofertas para bailar... Bueno, no es que se lo hubiera pedido a mucha más gente, ciertamente. En cuanto él empezó a hacerse visible, ella le miró y se quitó las gafas. Hubiera soltado algún comentario bromista de los suyos, si no fuera porque lo que decía le estaba dejando un tanto anulado, simplemente mirándola, siendo consciente de que, a pesar de que tenían la habilidad de sentir que estaban solos aun estando rodeados de gente, ahora sí que estaban solos de verdad. Se le aceleró el corazón, pero la advertencia de que no se asustara le hizo fruncir un poco el ceño, confuso. No le dio tiempo a preguntar, porque ella dijo lo que iba a hacer y, acto seguido, de hecho, lo hizo. Y, por Merlín, cuantísimo lo había deseado durante toda la noche, aunque acabara de darse cuenta ahora. Aunque no pudiera explicar de manera racional por qué tenía tantas ganas de besar a su mejor amiga.

Y, al igual que en segundo, quien fue a encontrarles allí fue la misma persona. Se separaron tan pronto le oyeron, aunque Alice reaccionó más rápida, Marcus se había quedado un poco aturdido. Probablemente porque... Se le había hecho muy corto ese beso. Se aclaró un poco la garganta y se rascó la nunca cuando vio al chico aparecer. - Ey... - Dijo algo avergonzado. Nadie sabía que... Alice y él se habían besado, varias veces además. Se habían liado en un pasillo, de hecho. Ni siquiera se lo había contado a Sean, y era su mejor amigo. El comentario sobre si andaba huyendo le hizo alzar una mano. - Culpa mía. - Bromeó, aunque no parecía que Hasan quisiera seguirle mucho la broma. Vaya, ¿había metido la pata? ¿Sería incorrecto hacer... lo que había hecho, teniendo en cuenta su puesto? Cierto era que muy protocolario no había quedado, la verdad. Esperaba no haber defraudado a su compañero, le estaba ayudando mucho ese año con todo lo que tenía que ver con la prefectura. Llevaba ayudándole desde que entró en primero, de hecho.

Sí que pareció hacer una broma con lo de Nochevieja, así que Marcus rio, si bien un tanto incómodo. Se mordió un poco el labio cuando dijo que no estaban tan ocultos. - Ya, emm... Ha sido cosa mía, de verdad. Una tontería. - Negó. - Lo tendré en cuenta para la próxima, prefecto Jacobs. - No te estoy regañando, prefecto O'Donnell. - Comentó el otro, con su sonrisa afable habitual, aunque un punto... ¿Decepcionado? ¿Triste? ¿Se estaría aburriendo en la fiesta o algo? - De verdad. Me... Me alegro por vosotros. - Marcus parpadeó. Miró a Alice, y luego a Hasan, y luego a Alice otra vez, y volvió a Hasan. - ¿Eh? ¿Nosotros? - Se le escapó una risa incómoda. - No, no no... Solo... - Hizo un gesto despreocupado con la mano. - Estábamos con retos y esas cosas... Todo sigue... Igual que... - Ya. - Dijo el otro con una risa. Estaba tardando mucho en explicar simplemente que había sido un beso y ya está, que Alice y él eran mejores amigos y que... Bueno, que ellos se entendían, pero por algún motivo se le hacía muy raro explicarlo a los demás.

Hasan sonrió y dijo. - Bueno, que tres son multitud. Solo recordaros que yo soy discreto, pero no es lo habitual por aquí... - Advirtió, tras lo cual se marchó. Marcus hizo una mueca. Ahí tenía razón, confiaba en que Hasan no fuera divulgando lo que había visto por ahí, era buen tío, pero... Si llega a pillarles cualquier otra persona, ahora podrían estar siendo la comidilla del colegio. Y no tenía ganas de aguantar burlitas, ni mucho menos la indignación de sus amigos más cercanos por haberse enterado por otros en vez de por ellos... Es decir, que tampoco había nada de lo que enterarse. Que ellos... Eran los de siempre... Y eso... - Mejor volvamos fuera. - Comentó, con una risa. Pero, antes de salir de entre los árboles, miró sus ojos. - Pero... Me ha gustado este reto. - Sonrió genuinamente, y luego encogió un hombro y transformó su expresión, de nuevo, en una más chulesca. - Podría ser... Otro reto. - Arqueó una ceja y se acercó para decirle más bajo. - Que no sea el último. - Y, cuanto antes viniera el próximo, mejor... Buf, ¿qué hacía pensando así? No, no, eso era muy confuso, no debería dejarse llevar tanto por... No sabía por qué se estaba dejando llevar, pero... Le gustaba besar a Alice. Mucho, lo suficiente como para que no le importara en absoluto que les pillaran, como para plantearse seriamente quedarse allí y reanudar el beso interrumpido. Pero su sensatez le decía que no era la mejor opción, por lo que solo podía... Mojarse los labios, sentir el cosquilleo en su cuerpo al recordarlo y sonreír. Guiñarle un ojo y transformarlo en otro reto que cumplir. Y salir de allí, como si no hubiera pasado nada. A la espera de la próxima ocasión.

- Vamos a ver si es verdad eso de que no hay mujer que se me resista a bailar. Tengo un nombre que mantener en honor a mi prefecto y mentor Howard Graves. - Comentó, erguido y sobrado, una vez fuera de la zona de los árboles y mientras miraba a Kyla en la distancia, que seguía con la misma cara de aburrimiento, aunque ya comía más lentamente. El cuenco había menguado bastante desde la última vez que miró. Se giró hacia Alice. - Ve pensando en cómo vas a hacer todos esos retos, Gallia. Ya has visto que yo tengo muchas más cosas bajo control de las que tú te crees. - Y dio un paso atrás para marcharse, pero antes... - Por cierto... Me gusta tu vestido. - Sonrió y se giró, ya sí, en dirección a su compañera.
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Sáb Feb 05, 2022 8:15 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
“Cuando te interrumpen” recordaba aquella frase de André, en respuesta a su pregunta de cuándo se paraba un beso. Desesperante era poco para describir lo que sentía. Con lo que le costaba decidirse a besar a Marcus… Para acabar así. Espera, ¿tontería? ¿Culpa? Sí, bueno, no parecían términos incorrectos para referirse a lo que sentía ahora, la verdad. Frunció el ceño cuando les dijo que se alegraba por ellos, e iba a desmentirlo, pero ya se le adelantó Marcus. Bueno, pues no había dudas. Los retos, retos eran. Aunque bueno… Quizá mejor así, ¿no? Ella ganaba besos con Marcus, pero quedaba claro que solo eran amigos. Sin falsas esperanzas, sin quebraderos de cabeza, solo… Disfrutar del momento. Era algo que iba con ella, sin duda. Iba a decirle algo a Jacobs, pero se le fue antes. Estaba lenta esa noche.

Asintió a lo de volver a la fiesta, pero entonces le dijo aquello, que hizo que se le erizasen todos los pelos del cuerpo y la recorriera un escalofrío. — No lo será, si tú lo quieres. — Le digo en un susurro, poniendo la sonrisa de las travesuras. — Creo que habíamos quedado en que yo no te digo que no a nada, prefecto. — Dijo alzando una ceja. Eso sí, toda la pose se vino abajo cuando le dijo lo del vestido y allí la dejó, tratando de recuperar la respiración y haciéndose una composición de lugar de a dónde ir ahora. No había planeado su noche más allá de salir de aquella burbuja con Marcus.

Volvió con Hillary, que ya no estaba con Oly y Donna, y se dejó caer a su lado con un suspiro. — Uuuuuuy, ¿qué ha pasado con el alma de la fiesta? — Ella puso una sonrisa y negó con la cabeza. — Que todos nos agotamos, supongo. — Hillary puso los ojos en blanco. — Claaaaaro, tanto bailar con el prefecto. — Gal alzó una ceja. — ¿Y tú qué tal el sandwich con Oly y la bebé? — su amiga se rio. — Que a Donna y a mí nos hubiese gustado más con algún otro, desde luego. Oly es que le viene todo bien. — Eso le hizo soltar una carcajada. — ¿Uy sí? ¿Con qué afortunado caballero? — Hillary rio y señaló la sala. — Pues echa un ojo, por aquí hay de todo. Mira, los de Hufflepuff ya están rondando por aquí. — Gal se encogió de hombros y miró. Parecían estar empujando a uno hacia ellas. — Ahí hay uno pasando un mal rato. — Hillary asintió. — Pobre Matthews, si no encadena tres palabras seguidas. — Ella afiló la vista y asintió. — ¡Ah! Es el de Herbología, le he visto alguna vez. Tía, es Theodore Matthews, llevamos en clase con él desde primero. Cada clase que damos con Poppy y Darren, está él. — Sacó el labio inferior sorprendida y le dio un codazo. — No veas si lo tienes fichado. — Hillary rio un poco. — Demasiado cuqui para mí. Pero Sean y yo nos sentábamos mucho con él en Adivinación. — Y se le escapó un suspirito. Ya, ahí había de todo menos un Sean dispuesto a bailar y ese era el problema de la chica, si no lo sabría ella. — Pues decídete, amiga, y ve a por el susodicho, que las parejas de baile no caen del cielo. — Y oyó un carraspeo, a lo que su amiga contestó con una carcajada. — ¡No, qué va! — Se dio la vuelta y allí estaba Jacobs, con su sonrisa Slytherin. — ¿Quiere bailar con un prefecto que no sea de su casa, señorita Gallia?Ya te digo yo que sí. — Dijo Hillary, antes de que ella pudiera decir nada, empujándola de la silla, y haciéndola caer un poco encima de Marcus. — Los prefectos mayores son su tipo. — Remató, guiñándole un ojo, a lo que Jacobs rio entre dientes. — Luego vengo a por ti, Vaughan, si Matthews no se decide. — Hillary hizo un gesto con la mano. — Déjate, algo me dice que al pobre Theo se le acaba de resolver un dilema. — Gal les miró al uno y al otro, de hito en hito. ¿Qué se estaba perdiendo?

Pero se fue con Jacobs a la pista y se dejó llevar en el baile. Desde luego no se parecía nada a bailar con Marcus, era más firme, guiaba más, y la miraba con una intensidad que no se parecía a la de su mejor amigo, como si pudiera leerle la mente. ¿Sería legeremante también? — ¿Estás incómoda? — Le preguntó el chico. Ella puso una leve sonrisa y negó con la cabeza. — No. Solo asombrada de que te manejes tan bien en los bailes de salón. — Jacobs rio. — No te haces una idea de la de cosas que se me dan bien, Gal. — Eso le hizo soltar una risita. — Por supuesto, eres el prefecto de Slytherin. — Él rio un poco también. — Puedo guardarte el secreto de que solo te gustan los prefectos si son de Ravenclaw. — Ahí sí bajó un poco la mirada. — No me gusta tener que dar explicaciones. Ni que hablen de mí. Ya, a ninguno nos gusta. Por eso nos vamos a donde no nos pueden pillar.Yo te pillé con Roslin. Dos veces. — Le recalcó con una mirada cuestionadora y una sonrisa astuta. — Y yo a ti con Marcus, que ha valido por dos. — Ella negó con una carcajada. — Qué va. Yo me estaba dando un besito con Marcus. Tú con Roslin… ¿Qué? Te lo estabas pasando mejor. — Dijo eufemísticamente. — Conmigo uno siempre se lo pasa mejor. — Contestó él con tono chulesco. — Total, que, en todo caso, la tuya cuenta doble.Venga, si te hace sentir mejor. — No, no era eso… Pero no podía explicarlo. — Yo no te pedí explicaciones sobre Roslin. Ni yo te las estoy pidiendo de Marcus. ¿Y qué me vas a pedir por no contarlo? — Y entonces la inclinó, con delicadeza pero firmeza, acercándose mucho a ella y susurrando. — Nada. — Volvieron a la posición y Gal todavía estaba parpadeando. — Tú nunca das nada sin obrar en tu beneficio, Hasan. Tú me lo dijiste. — Ahí sí que se rio de forma más triste. — A ti sí. Tú eres la excepción, Gal. — Ella respondió con una risita sarcástica. — Seguro que sí.Tus secretos siempre estarán a salvo conmigo, Gal. — Le dijo más serio, y notó cómo le rodeaba más la cintura y le pegaba más a él. — Cualquier cosa que hayas hecho, cualquier cosa que hicieras… — Ahí sí frunció un poco el ceño y ladeó la cabeza. — No me des via libre para hacer diabluras en tu presencia, prefecto. — Él negó con la cabeza. — Hay cosas que no son travesuras. No las pienses así. — Ella entornó los ojos. — ¿Y qué son? — Pero volvió a apretarla un poco más. — Deseos. Y los Slytherin entendemos mucho de eso. Y yo soy el prefecto, o sea algo así como el Slytherin más Slytherin del castillo. — Le hizo darse la vuelta, y casi que le vino bien, porque juraría que seguía sin saber muy bien por dónde le venían los golpes con Jacobs. — ¿Yo no era una niña que no sabía lo que quería para ti, Hasan? — Preguntó con tono ligero, como si nada. — No. — Dijo sin más. — No lo eras ni siquiera entonces, pero uno tiene unos principios. — Rio entre dientes. — Y no sabes cuánto me he acordado de esa tarde.¿Por si te enveneno?Ya me envenenaste hace mucho tiempo, Gallia. — Y entonces la levantó, porque tocaba en el baile, pero no dejaban de mirarse a los ojos. — Pero yo soy una serpiente. Aguanto cualquier veneno. — Ahí Gal se había quedado sin palabras. — Y como buen Slytherin que soy, lo quiero todo, lo ambiciono todo… — Tomó aire. — Pero puedo compartir las ganancias. — Eso la hizo reír y chasquear la lengua. — No lo creo.¿Con alguien a quien desee por encima de lo demás? Sin duda. — Y entonces se paró la música, dejándola casi más confusa que cuando empezó. — Recuérdalo, Gal. Yo sé qué y quiénes poner por encima.¿De qué? — Preguntó, desorientada. — De todo. Por si quieres pensar en ello. — Tomó su mano y dejó un beso en sus nudillos, guiñándole un ojo. — Buenas noches, preciosa. — Y se quedó allí, apartándose de la pista. Y entonces se dio cuenta de que Jacobs le había dejado un papelito en la mano, con una dirección, y detrás ponía “escríbeme”. Rio un poco. Slytherins… Qué forma de hacer las cosas, casi se lo cree y todo. Y se volvió a los bancos, rozándose los labios, aturdida, pensando en ese último beso del milenio, en que podía hacer ella para convertir aquello en otro reto, en buscar los labios de Marcus otra vez. Que, por cierto, ¿dónde estaba Marcus?

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Dom Feb 06, 2022 5:11 am por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Lo que le faltaba a esa noche para terminar de redondearla era un beso con Alice. Estaba exultante y caminaba tan erguido y sonriente que la seguridad en sí mismo debería poder verse desde fuera. Le encantaba la Navidad en general, después de tantos años por fin había podido organizar la fiesta como prefecto, todos le saludaban y le felicitaban, con Alice... En fin, no es como que fuera una sorpresa que con ella las cosas fueran perfectas (aunque sí era un alivio que estuvieran así después de lo turbulento del curso anterior), pero es que estaba prácticamente en una nube. Ah, y no había bajado su media ni media centésima a pesar de que quinto suponía un salto importante (que tenían los temibles TIMOs a final de curso) y que lo había compaginado con las labores de prefecto. Sí que había estado el pequeño contratiempo de que su beso se viera descubierto e interrumpido por la aparición de Jacobs... Pero eran buenos colegas, siempre se habían llevado bien y más aún ese año, que compartían prefectura. No iría diciendo nada por ahí, confiaba en él, estaba seguro. En esos momentos, estaba seguro de cualquier cosa que le preguntasen. Y, con dicha seguridad, se dirigió hacia Kyla.

Se plantó frente a ella, bien recto, con las manos tras la espalda y con una sonrisa dibujada en los labios. La chica le miró desde abajo con escepticismo, sin decir nada. Ceremoniosamente, tendió una de sus manos hacia ella. - Mi querida compañera... - Oh, no puede ser esto... - Murmuró Kyla, agachando la cabeza y con ese tono y expresión que ponía cuando quería que se la tragara la tierra. Eso estaba muy lejos de detener a Marcus. - ...Prefecta Farmiga. ¿Me concede el honor y el orgullo de bailar juntos...? - O'Donnell, no. - Cortó ella, mirándole desde su nada elegante posición en la silla, sin soltar el cuenco de caramelos. Ya sí, Marcus dejó los brazos caer y se quejó. - ¡Jo, Kyla! ¿Por qué no? - Porque no. - Te lo he pedido como un caballero. - ¿Tengo cara de necesitar un caballero? - Pero es que... - ¡Aish, que no, O'Donnell, por favor! - La chica miraba a los lados, azorada. - Demasiado que estoy aquí... - ¡Pero es que somos los prefectos de Ravenclaw! - Hizo un pomposo gesto con el brazo, señalando el centro del comedor. - Deberíamos estar iluminando a todos con nuestra presencia en la pista de baile... - No recuerdo ninguna parte del contrato de prefectos en la que ponga que tenemos que hacer eso. - De hecho, sí. - Dijo muy puesto, alzando un índice. Lo que Kyla alzó fue una ceja. - En nuestro contrato pone que un prefecto debe mostrar su imagen de cara a actos oficiales de la escuela, celebraciones públicas u otros eventos organizados para la entidad o la casa de pertenencia de dicho prefecto. - No he oído nada de bailar. - Marcus, que creía que había lanzado un argumento irrebatible, chistó, dando un amago de patada en el suelo como si tuviera cuatro años. - ¡Pero somos prefectos! ¡El baile! ¡Es bonito! ¡Es el protocolo que el prefecto y la prefecta bailen! - ¡¡Yo bailo!! - Bramó alegre la cantarina vocecilla de Oly, que acababa de aparecer en su lado de un salto, lo cual le hizo sobresaltarse. La chica tenía esa sonrisa radiante de cuando consideraba que había tenido una maravillosa idea.

- Yo bailo contigo si quieres, Marcus. Sería un bonito hermanamiento entre los prefectos de dos casas diferentes, un símbolo de amor y unión entre todos. Porque tendremos espíritus diversos, cuerpos que habitan en una sala común u otra, pero en el fondo, todos pertenecemos a este maravilloso mundo mágico. - Kyla miraba el alegato de Oly con confusión absoluta. Marcus se lo pensó un instante, y si bien no era lo que esperaba recibir de una compañera prefecta cuando le ofreciera bailar, al menos había dicho que sí. Se encogió de hombros internamente y, por fuera, volvió a erguirse y a prestar el brazo a Oly para que se enganchara. - Sea así pues. - ¡Wiii! - Dijo la chica con una risita, dando saltitos. Vale, Oly no era lo más protocolario del universo, definitivamente, pero era una prefecta. Graves le daría su aprobación en cuanto a protocolo en caso de rechazo de la prefecta de Ravenclaw. Antes de irse junto a la Hufflepuff a la pista, miró a Kyla con suficiencia y una caída de ojos. - Que sepas que si quieres ser Ministra de Magia... - ¡Hala, Ministra de Magia, qué chulo! - Interrumpió Oly. Suspiró para sí mismo. Su adorado protocolo, como lo maltrataban todos... - ...Vas a tener que acudir e incluso presidir muchos bailes oficiales, y no está bonito que alguien de tu posición se quede en una silla comiendo copitos de nieve helados. - Se iba a ir... Pero, antes, robó un copito del cuenco, se lo metió en la boca, le dedicó una burlita a Kyla y, ya sí, se fue.

- Uy, esos están superfresquitos. - Dijo Oly en referencia al caramelo que Marcus tenía en la boca. Él asintió. - ¿Puedo probar? - Y, antes de responder, tenía a la chica casi encima. La parapetó a lo justo. - ¡¡Ey!! - Casi se traga el caramelo. ¡¡Por Merlín!! ¿¿Iba a besarle, en serio?? ¿¿Así?? ¿¿Allí en medio?? ¿¿Qué?? Lo peor es que ella parecía bastante extrañada con la reacción de él. - ¿Qué ibas a hacer? - Probarlo. - Respondió ella con normalidad. Luego pareció comprender el por qué de la extrañeza de Marcus... Desde una perspectiva Oly, claro, que no se parecía en nada a la de él. - Aaah que no lo sabes. Es que tienen como un encantamiento de frescor que se transmite, es superpotente, entonces se pasa de una boca a otra... - No, no quie, que, no, es... - Balbuceó atropelladamente. Sacudió la cabeza, a ver si con eso al menos se despejaba. - Creo que sería adecuado un consentimiento expreso por ambas partes para hacer dicha transmisión. - La chica hizo una mueca pensativa, asintiendo, como si estuviera valorando que eso pudiera tener sentido. - Si lo que querías era un caramelo, habérmelo pedido y te hubiera cogido a ti uno. - Ah, es que Kyla no parecía muy dispuesta a compartirlos, no me he atrevido a quitarle uno o a que tú te llevaras más. - Marcus echó aire helado a causa del caramelo por la boca y se frotó los ojos. Mejor se ponían a bailar y no hablaban más.

Al menos Oly bailaba bien, y parecía brillante de alegría bailando con él, sonriendo como una princesa de cuento y saludando a todo el mundo. A ver, ¿tan difícil era algo así? Le había tenido que tocar la compañera antipática, vaya por Dios. - Ay, qué bonito esto, qué bien le caemos a todo el mundo. - Suspiró la chica. Él arqueó una ceja divertida. - No me cabe duda, aunque te veo muy convencida. - Ella chasqueó la lengua con obviedad. - A ver, Marcus, que somos tú y yo. ¿Cómo no vamos a caer bien? - Eso le hizo reír. Argumento irrefutable, sin duda. Aunque, si conocía a Olympia Lewyn de algo, esa cabecita suya que ahora lucía unos bonitos tonos amarillos y azules en el pelo estaba tramando alguna cosa de la que no sabía si debía preguntar, porque acababa de soltar un suspirito con una sonrisilla, mirando a otra parte. - A ver, Marcus. - Empezó, con tono dulce. Miedo le daba cuando se ponía así, no quitaba la sonrisita y ahora le miraba a él con los ojos entornados. - Es muy bonito estar contigo peeeeero... Vamos a tener que aclarar una cosita. - Marcus ladeó la cabeza, interrogante. Ella suspiró. - Tienes.... Así por aquí... - Empezó, haciendo gestos con una mano alrededor de su cabeza. - Un aura que... Buuuuufff. Así tienes a todas las chicas del castillo, y a más de un chico. - Oly miró hacia un lado como si quisiera señalar algo y Marcus la imitó. Había un grupito de niñas de tercero que, ante su mirada, soltaron varias risitas y se escabulleron de donde estaban mirando.

Miró de nuevo a Oly, confuso, y esta siguió explicando. - Emites unas vibraciones románticas fortíííííísimas. Y, después de lo que acabo de ver, dudo mucho que sean por Kyla. - No, desde luego que no son por Kyla. - Corroboró con una risa, y luego se dio cuenta de que le estaba siguiendo el rollo a Oly en sus locuras. ¿Pero qué haces, Marcus? La chica puso cara pillina, ladeando la cabeza varias veces. - Pues mi otra opción es que sean por Alice Galliaaaaa. - ¿Eh? - Se atropelló, otra vez. Con lo seguro y natural que había respondido a lo de Kyla, no sabía por qué no contestaba con la misma normalidad a lo de Alice. Rio, nerviosamente. - Alice es mi amiga. ¿Romántica? Noo, no no, Oly, que somos amigos. - Lo dicho, muy creíble no quedaba, pero era la verdad, vamos. Oly no pidió más argumentación, pareció convencerse... Y eso era malo, porque acababa de dejar la mirada caer y de suspirar. - Vaya, lo que me temía, vamos a tener que aclarar una cosita. - Marcus la miró confuso y ella le devolvió la mirada, suspirando casi con compasión. - Marcus, cariño, tienes una energía muy bonita, y eres guapísimo, y no rechazaría un encuentro sexual contigo... - ¿¿Perdón?? - Preguntó, nervioso, casi la suelta de golpe. Por Dios, qué canción más larga, ¿es que no terminaba nunca ese baile? Eso le pasaba por listo. - ...Pero yo no creo en las concepciones románticas y de compromiso a largo plazo que mantienes tú, que eres más... Medieval. - ¿Cómo que medieval? - A ver, Marcus, que eso no es lo más importante de lo que te ha dicho. Sacudió la cabeza. - Em, Oly, creo que está habiendo una confusión aquí. - La chica le miró con normalidad, parpadeando. - ¿Las energías románticas no son hacia mí? - ¡No! - Contestó, azorado. Tenía hasta calor. Ella se echó hacia atrás con expresión aliviada. - Aaaaaaaah, ¡menos mal! Porque yo decía, buf, pobrecito, a ver como lo rechazo yo ahora... - Pe, pe... ¡Pero si eres tú la que ha intentado besarme hace dos minutos! - De verdad que no entendía nada. Oly hizo un gesto despreocupado con la mano, chasqueando la lengua. - Pero eso es porque me caes bien. - ¿Besas a todos los que te caen bien? - La prefecta se encogió de hombros. - Si me dejan, sí. - Marcus rodó los ojos y se frotó la cara. Tremenda manera de acabar el milenio...

- Entonces son por Alice Gallia. Vale, vale, me quedo más tranquila. - A ver, que no. - Insistió él. De verdad, ¿¿qué hacía debatiendo sobre auras?? - Alice es mi amiga. No hay nada romántico. - La chica le miró como se mira a un niño pequeño que no sabe nada de la vida. - Las auras no engañan, Marcus, y la tuya es muy fuerte, y muy reciente. Se ha activado por alguien que te hace muy feliz y con quien has tratado en los últimos cinco minutos, y por eso pensaba que era o Alice o yo. Lo de Kyla, ciertamente, lo veía poco probable, porque no estás nada triste, y después de ese rechazo deberías estarlo mucho en caso de estar enamorado de ella. - Marcus suspiró. - Yo no estoy enamorado de nadie, Oly. - Insistió, con tono resignado. No... De nadie. Todos estos años había mantenido que le gustaba Poppy, pero... Se había dado cuenta de que... Puede que solo fuera curiosidad, o un encaprichamiento infantil. Seguía viéndola y pensando que era adorable, y dulce, y guapa, pero... A veces, pensaba en ella, y de repente... Se le cruzaba Alice. No debería comparar, y no tenía sentido, porque en fin, Alice era su amiga. Pero con ella sentía algo... Especial, una conexión diferente, algo que con Poppy no sentía. Y suponía que... Debería sentir algo así por quien estuviera enamorado... Si lo estuviera... Algún día...

- ¿Quieres más datos? - La risueña pregunta de Oly le sacó de su ensimismamiento, en el que estaba tan metido que debió salir con cara de confusión, porque la chica soltó una risita. - Sé que te gustan los datos, y te has quedado muy callado. Y el aura estaba como... - Hizo una mueca muy graciosa con la cara y se sacudió. Eso le hizo reír. - A ver, ¿qué datos son esos? - Preguntó. La chica miró divertida a su alrededor y luego se acercó un poco más a él para decirle en confidencia. - Esto está lleno de auras supercargadas de energía sexual. - ¡Oly! - Se azoró otra vez. De verdad, solo se le ocurría a él preguntar. - ¿Por qué tienes que estar siempre hablando de lo mismo? - ¿Qué? Son datos, pensé que te interesarían, entre otras cosas porque muchas de ellas apuntan a ti. - Marcus abrió los ojos. - ¿Cómo que a mí? - Su confusión hizo que Oly soltara una carcajada muy graciosa. - Marcus, vienes radiante, tan seguro, con ese puntito de chulo que al parecer le provoca cosillas a mucha gente, y eres alto y guapo, y prefecto, que tú sabes, hay gente que con eso del poder es como uuuuh, y vas sonriendo y saludando a todo el mundo y ofreciendo bailes y esas cosas... Y las auras sexuales hacen, SHHUUMM, y se ponen BOOOM, intensísimas. Tienes a más de medio sector femenino del castillo pendiente de ti. No son todas, lo siento, hay muchas lesbianas. - Marcus no podía dejar de parpadear tratando de asimilar a cada dato más rocambolesco. - Y a más de un chico, uh, y de dos y de tres, también. El que más, ese muchacho de Slytherin, el que es así como muy traviesillo, aunque a ese le brilla el aura sexual con medio colegio. Bueno, con medio no, que a mí ya me ha dicho varias veces que las chicas no le interesamos... - ¿¿Ethan?? - Preguntó Marcus, que se había quedado un poco atrás porque aún estaba procesando. - ¡Ese! Gracias, no me acordaba de su nombre. - Marcus se frotó la cara. Oly chistó y le acarició el pelo, lo cual solo provocó que él la mirara confuso otra vez. - Ay, pobrecito, es que no es tu mundo este, ¿verdad? Qué lastimita... Pero yo creo que, si te abrieras un poquito, te lo pasarías genial. - Y yo creo que pasas demasiado tiempo con la Profesora Hawkins. - Concluyó él, casi asustado. De verdad... Olympia y sus cositas...

La chica dio un hondo suspiro. - Creo que te he puesto un poco incómodo. - Él la miró, frunciendo los labios. - No, no es eso... Bueno, es raro... - Oly se encogió de hombros. - Yo creo que es bonito. A mí me gustaría saber algo así, pero a mí me ignora mucha gente. Tú no. - Ladeó la cabeza. - Por eso me he dicho, jo, espero que esto del enamoramiento no sea hacia mí, porque puf, que faena, con lo bien que me cae, y yo sé que también te caigo bien, Marcus. - Se llevó una mano al pecho. - Yo no estoy hecha para el amor romántico, pero, de verdad, de corazón, sí que creo que nuestros cuerpos podrían... - ¡Ay, Oly, deja de hablar de cuerpos y de... Cosas! - Cortó, inquieto. Ella soltó una risita y se dejó caer sobre su pecho. - Eres muy mono cuando te pones nervioso. - Rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír. Oly tenía eso, hacía que le tuvieras cariño a pesar de sus locuras... O, al menos, eso le pasaba a él. Por el siguiente comentario de la chica, dedujo que no era lo más frecuente. - Yo sé que me quieres a tu manera. Por eso me gusta estar contigo. Por eso quiero mucho a mis amigos los que me quieren de verdad. - Comentó ella, sin separarse de su pecho. Hizo una mueca y la separó un poco para mirarla. - Oly, eres una de las personas más buenas que conozco... Es solo que... - Ya. Incomodo a la gente. - Concluyó ella. Él suspiró. - Es que... Es raro cuando dices cosas como lo de... En fin, ya no sé... Qué piensas de mí. - La chica dibujó una expresión enternecida. - ¡Oh, no, Marcus, no te preocupes! Solo te veo como un amigo, de verdad. - Chistó. - Ay, lo siento, creo que al final sí que me faltaban datos... Yo creo en el amor libre, Marcus, no en el compromiso férreo. Creo que se puede disfrutar de muchas relaciones a la vez y ser feliz, y no pasa nada, y que estas relaciones no tienen por qué ser románticas. Puedo estar con... No sé, tres chicas y dos chicos al mismo tiempo, y está bien, ¿lo entiendes? - Marcus estaba confuso. - Eeemm... No mucho, la verdad. - Ladeó la cabeza. - Entonces... Te gustan... ¿Tanto los chicos como las chicas? - Ella sonrió, de nuevo enternecida. - Soy pansexual, Marcus. Creía que era obvio. - Él parpadeó, y eso la hizo a ella reír. - ¡Uy, he descubierto una cosita que el prefecto O'Donnell no sabe! - Eh, menos burlas, que aún soy nuevo en todo esto. - A lo máximo que había llegado en ese tipo de cosas es a liarse con Alice en un pasillo, Oly parecía ir bastante más adelantada que él. - A mí no me gustan los hombres por ser hombres o las mujeres por ser mujeres. Me gustan... Las personas. Si alguien es bueno, conecta conmigo, me cae bien... Irradian una luz como la que irradias tú... Me atrae. Me gusta. Podría tener algo con esa persona, aunque como tampoco creo en el compromiso, pues sería algo puntual, que puedo tener con más personas. Entonces, si me gustan muchas personas, y a esas personas no les importa que esté con más, pues... ¡Más divertido! Es una buena combinación, no crees. - Marcus rio un poco, pero sonrió a su amiga. - Creo que no está hecha para mí esa combinación. - Ella soltó una risita. - Estoy de acuerdo. - Confirmó.

Justo en ese momento, acabó la canción. Oly sonrió e hizo un gestito de despedida con la mano. - Espero que hayas tenido el baile de prefectos que querías. - Él asintió, pero antes de despedirse, quería decirle algo. - Puede que... Haya más gente que piensa como yo a que piensa como tú, así que... - Se mojó los labios. No quería ofenderla, pero, sobre todo, no quería que le hicieran daño. - Ten cuidado con... a quien le propones según qué cosas. Cuídate, Oly, ¿vale? - La chica se acercó y le dio un besito en la mejilla. - Lo tengo en cuenta, prefecto O'Donnell. - Oly, de verdad... - Marcus, ¿te crees que no me doy cuenta de cuándo se ríen de mí? Sé como soy, y no soy tonta, de verdad que no. Tú lo sabes, porque me conoces muy bien. Pero ¿sabes qué? Se encogió de hombros. - Que me da igual. Yo creo en lo que siento, y siento lo que creo. Me da igual lo que digan de mí. Y prefiero a mi lado a gente como tú, que aunque no me comparta me quiere así, a dejar de ser yo por tres idiotas que se ríen. - Marcus sonrió. - Pues tienes toda la razón. - Sí que la tengo. - Confirmó alegremente, lo cual le hizo reír, pero vio que Oly le señalaba y le guiñaba un ojo. - La tengo, Marcusín. Aura romántica. Hazme caso. -
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Dom Feb 06, 2022 12:10 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
PRIIIIIIIIIIIMO. — Cayó sobre André desde los dos escalones que faltaban. — SACRE BLEU! Cette fille… — Maldijo el chico, molesto, manteniendo el equilibrio de milagro. — ¿Qué quieres ahora? Llévame contigo a Inglaterra. — André puso los ojos en blanco y suspiró, haciendo por quitarse a Gal de encima. — ¡Qué pesada eres! No conoces la mesura. Que no voy a divertirme, Gal, que voy a una conferencia sobre la cam... — Ahora la que puso los ojos en blanco y echó la cabeza hacia atrás, haciendo una pedorreta, fue ella. — ¿Desde cuándo te has vuelto tan aburrido? Desde que quiero entrar a trabajar a la cámara de comercio del Ministerio. — Gal le zarandeó. — Pues persigue tu sueño, pero aparecer a tu prima en Londres no te va a costar. — André la miró con cara de circunstancias. — Te dejo en casa de los tíos. — Ella sacó un pucherito. — No seas malvado, llévame a casa de los O’Donnell. — André suspiró. — Gal, no he estado nunca, como si no fuera suficientemente difícil aparecer a dos personas… Pero tú has estado en el mercado de Wimbeldon, y la casa de Marcus está supercerca de allí. De ahí voy volando, y así ya lo sabes para cuando vengas a por mí. Ah, que encima te tengo que recoger. — Volvió al tono ultralastimero. — Poooooooor fi. Es que si no mi memé no me va a dejar ir. Porfa, es de vital importancia. — Y ahí la expresión de su primo cambio, a una que le recordaba mucho a sí misma y la agarró de un brazo, haciéndole cosquillas con la otra mano. — ¿Ah sí? ¿Por qué, eh? ¿Que vas a hacer con Don Perfecto Inglesito? — Ella se echó a reír y negó con la cabeza. — ¡Que no! ¡Nada de eso! Solo es un reto.¿Nada de qué? Yo no he dicho nada, te delatas tú solita, chèrie. Y ya me conozco yo esos retos. — Ella seguía retorciéndose y riéndose. — ¡Que no! Que son retos del milenio. ¡Para, André!

¿Se puede saber qué estáis haciendo para meter tanto jaleo? — Salió memé por la puerta de la cocina, poniéndose la bata. — ¿Pero qué hacéis? Ay, memé, es André, que es que no tiene remedio… — Dijo jadeando, recuperándose de la risa. El chico negó. — ¿Yo? Hay que fastidiarse. ¿Qué haces tú levantada, Alice? Cazar a André antes de que se vaya para que me lleve con él. — Memé la levantó del suelo, agarrándola del brazo. — ¿A Inglaterra? ¿Otra vez con eso?¡Memé! Que papá dijo que si me llevaban podía ir. — Su abuela entornó los ojos y suspiró. — ¿Qué más te da si vuelves dentro de cuatro días? ¡No, memé! Es que Marcus me debe una cosa que teníamos que hacer con el cambio de año y… — Su abuela suspiró profundamente e hizo un gesto con la mano. — No lo quiero saber. Anda, ven, que le he preparado el desayuno a André. Si desayunas como una persona normal y no como un pajarito, te dejo ir.Bueno, es que tú no decides si voy o no, es mi padre, así que no me vengas con historias de Slytherin como si me concedieras algo, pensó, pero no lo dijo, que todavía su abuela se mosqueaba y le echaba un Incarcerous. — Y ve decente, por favor, eh, ya que vas a ir a casa de los O’Donnell. — Dijo, sentándola en una silla de la cocina. — ¿Estás dando a entender que no voy decente de normal? — Su abuela solo concedió un bufido. — Oye, memé, que yo me visto muy normal, no me fastidies. No me fastidies tú a mí con los modales que todavía te quedas en tierra. — Dijo poniéndole el café por delante. — Ponte una falda decente y un jersey. Sí, y una cofia también… — Dijo entre dientes. — ¿Cómo has dicho?¡Espera, que os traigo croissants de crema a los dos! — Dijo su abuelo entrando por la puerta en el mejor momento. — Hala, sieeeeempre malcriándola, cuando no es uno es el otro. — Se quejó su abuela, porque tenía que quejarse. — ¡Cómo huele eso, tío! — Dijo André, escurriéndose por la silla. — ¿Te llevan a Londres al final, mi niña? — Preguntó su abuelo agarrándola de la mejilla, mientras se comía un croissant. — Sí, el primo. — Pero su abuela tenía que dajar clar su posición. — Bueno, eso está por verse, a ver como se porta. Cómete un plátano también, anda, algo que alimente… — André casi se atraganta con el café y trató de esconder la risa culpable detrás de la taza y ella le miró mal. — ¿Y ahora tú qué?Nada, tía Helena, nada… — Dijo limpiándose la boca y negando, pero con la sonrisilla subrepticia.

¡Y abrígate! Que en Inglaterra ha nevado. Yaaaaaa sé. Y compórtate, Alice, que no me venga luego a quejárseme de ti. ¿Cuándo se han quejado los O’Donnell de mí? — Dijo girándose y abriendo los brazos, mientras seguía caminando por el sendero del jardincillo delantero. — A las ocho a más tardar os quiero a los dos aquí. ¡André! — Él simplemente hizo el saludo militar y se alejaron un poco para aparecerse. — Oye, espera. — Le dijo Gal en cuanto la abuela se metió para adentro. Se quitó el abrigo y se lo tendió, metiéndose en el solar de casa de al lado de los abuelos, que tenía la hierba bastante alta. — Hazme de cortina con esto. — Y empezó a quitarse las botas. — ¿PERO QUÉ HACES AHORA? Shhhhh, ¿quieres que salga memé y nos regañe? — Dijo mientras se quitaba la falda que llevaba y la camiseta. Su primo chasqueó la lengua. — Si te ve desnudarte en la calle seguro que nos regaña, vaya. — Luego la miró de arriba abajo con el vestido de la fiesta de Navidad. — Y si te ve con ese vestido también. — Gal puso los ojos en blanco. — André te he visto ir con tías a las que este vestido les hubiera parecido un hábito. — Su primo rio y alzó la cabeza. — Es que cuando le echas tanta cara no puedo contigo. ¡Y hablando de cara! — Se puso el abrigo y sacó el maquillaje y un espejito de la mochila. — ¿Es la de extensión indetectable de mi hermana?Ajá. — Dijo ella mientras se maquillaba los ojos. — Pues mira, vas a estar de suerte porque lleva desmaquillante ahí, para quitarte todo eso luego. — Gal le señaló. — ¡Eh qué bueno!¿Qué habrías hecho si no te lo digo? — Ella se encogió de hombros. — Meter la cabeza en el mar antes de entrar, ya ves tú. — Dijo pasando a los labios. — Eres de lo que no hay. — André se inclinó hacia ella. — Venga, dime, ¿por qué es tan importante ir? — Se frotó los labios, expandiendo el pintalabios y se miró brevemente para retocarse. — Porque le dije que iría. Que quería comprobar que habíamos hecho los retos. Y yo cumplo con lo que le digo a Marcus. Y voy a ganar los retos, te loa seguro.— Dijo con voz traviesa. — Además… No le dije a qué hora exacta llegaba.— Y alzó las cejas con cara pilla. — Solo que llegaba temprano. — André rio. — Ay, pobre inglesito, me lo vas a matar.

Corrió desde el mercado hasta casa de Marcus, ignorando la nieve y el frío. — ¡A las siete y media, Gal! Ni un minuto más. — Le gritó André desde donde la había dejado. — ¡Que sí! — Gritó sin darse la vuelta ni pararse. — ¡Eres el mejor primo del mundo! — Llegó hasta casa de los O’Donnell y trató de recuperar la respiración. Sacó el espejo y se miró de nuevo, lo guardó, se atusó el pelo y ya sí, llamó a la puerta. Igual estaba dormido, pero le daba igual, de hecho, así igual podía despertarle y eso sería bonito…


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Dom Feb 06, 2022 3:11 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Arnold pasó por su puerta y, al verle, suspiró sonoramente para hacerse oír. - Hijo, ¿ya estás con eso tan temprano? - Ssshhh... - Pidió en un murmullo casi inaudible. Estaba concentradísimo porque aquello necesitaba la precisión de un reloj. Con unas pequeñas pinzas, introdujo el diminuto papel dentro de huevo de dragón, al que le había hecho una hendidura mínima para que no se resquebrajase. Era el último que le quedaba por hacer, los otros seis ya estaban. Pensaba pasarse el reto de Alice a lo grandísimo, y sabía que ella llegaba hoy, lo cual la muy traidora se lo había hecho saber ANOCHE. O sea, manda a Elio a las doce y un minuto de Nochevieja para felicitarle el año nuevo, se lo manda de vuelta, y al día siguiente manda a otra lechuza para decirle que venía. Todo por tal de pillarle desprevenido. Pues se iba a enterar.

Eso sí, se estaba dejando la espalda y los ojos en eso, pero le daba igual. Un Marcus concentrado era un Marcus sin dolores, ni noción del tiempo, ni sueño, ni hambre, ni nada. Y dado que le había pillado el toro con lo de la planta (tss, en verdad la había dejado ganar... Sabía la ilusión que le hacía... Y que él tenía todas las de perder igualmente, así que prefería volcar sus esfuerzos en lo que tenía posibilidades. Sí que tenía pronunciada la vena Slytherin), pensaba matarse con el juguete. Además, a Marcus le gustaban los juguetes, porque le gustaban los niños. Alice no pensaría tener, pero él sí, y pensaba atiborrarlos a juguetes. Iba a dejar a su amiga con la boca abierta con eso, ¡a saber si hasta no se planteaba eso de tener hijos por tal de tener un juguete así!... No sabía a qué había venido ese pensamiento.

- No te he visto ni desayunar. - Insistió su padre, pero Marcus solo movió los labios como quien pide silencio de nuevo, pero estaba tan, tan concentrado, que ni llegó a emitir sonido siquiera, ni por supuesto a retirar los ojos de donde los tenía. Por fin, introdujo el papel. - Sí. - Murmuró al verlo dentro, y con el mismo procedimiento y muchísimo cuidado, sacó la pinza, sin resquebrajar el delicado huevo... Y lo consiguió también. Estaba hecho, los tenía todos, los siete. - Sí, sí, ¡SÍ! - Vaya, ya se puede hacer ruido. - Comentó su padre, irónico, y una voz se añadió a la conversación. - Ay, hijo, deja que el muchacho se concentre. De verdad, menudo genio Ravenclaw estás hecho. - Marcus se frotó las manos. Ah, justo a tiempo. En el quicio de la puerta, vio como Arnold miraba extrañado a su derecha. - ¿Papá? ¿Qué haces aquí? - Te veo desinformado. - Ya sí, vio a su abuelo aparecer. - Me ha llamado mi nieto. ¿Qué, muchacho, como va ese reto? - De maravilla. - Dijo Marcus, satisfecho, soltando aire por la boca en un gesto de satisfacción porque de la propia emoción lo tenía hasta contenido. Su abuelo se acercó y miró. - ¿Así que esta es mi parte? Bien, bien... - Rio, levantando el pequeño huevo de salamandra y alzándolo entre los dedos. - ¿Cómo has conseguido meter el papel aquí dentro? - Uf, pasándolo fatal. - Dijo Marcus entre risas. - Pero he preferido no modificarle el tamaño porque no quería arriesgarme a que se deformara después. Los voy a poner a todos al mismo, no quería andar agrandando y encogiendo innecesariamente. - Lo cierto es que es impresionante, chico. - Comentó su abuelo, mirando uno a uno los siete huevos de criaturas que había en su mesa. Marcus estaba que no cabía en sí de orgullo. - Tampoco hubiera pasado nada si se te hubiera roto alguno. Tu tía se ha traído un cargamento. - Marcus rio. - Ya, ya me puso al día en Nochevieja cuando lo trajo. A mamá casi le da algo de ver nada más y nada menos que cinco huevos de acromántula en su salón. - El hombre rio. - Te perdiste la bronca que le echó tu abuela a tu tía, ya no sabía como decir la pobre mía que solo eran las cáscaras, que no había nada dentro. - Le pinzó la mejilla y dijo. - Pero ella por su sobrino, lo que sea. - Sí, y que cualquier cosa que le pidas relacionada con bichos le viene bien. - Dijo su padre, interrumpiendo el buen rollito para mirarle, cuestionador. - ¿Se puede saber a cuánta gente has liado por un simple retito con Alice? - Marcus suspiró y se puso bien puesto. - Papá. - Se puso una mano en el pecho. - Yo valoro a mi familia por encima de todas las cosas, no concibo un trabajo en equipo sin que ellos estén presentes... - No seas manipulador. Ya veremos si sigues diciendo eso cuando puedas usar magia fuera de la escuela. No has respondido a mi pregunta. - Deja al chico, Arnold. - Riñó su abuelo, y luego le señaló. - Vergüenza debería darte, siendo Ravenclaw como eres, hijo de uno y padre de otro, y nieto de otro. - Y seguramente abuelo de otro. - Comentó Marcus entre dientes, bromista, lo que hizo que su padre le mirara con una ceja arqueada. - Menos bromas, que todavía no sé a qué viene esto. - Jóvenes, respetad al señor que está hablando. - Llamó su abuelo, tras lo cual, continuó su alegato. - Como decía, Arnold, tu hijo solo está explorando sus herramientas y capacidades, la creatividad mágica que habita en su cabeza y sus herramientas para una ejecución no-mágica de las mismas, como buen genio que es. No deberías meterte con él. - Anoche su madre tuvo que obligarle a acostarse a las dos de la madrugada, y hoy me he levantado y ya estaba ahí sentado liado con eso. - Marcus rodó los ojos y su abuelo soltó una carcajada. - Si estuviera aquí tu madre, te diría que esto no es lo peor que podría hacer tu hijo de quince años despierto a las dos de la mañana. - Suspiró sonoramente. - Te quejas por quejarte, hijo. - Marcus se irguió más aún. Si es que su abuelo era el mejor.

- Bueno, ¿qué queda por hacer? Mi transmutación tiene que ser ya lo último, trabajamos con materiales muy delicados y no quiero hechizos que trastoquen mis modificaciones. - Llamo a mi madre. - Aseguró Marcus, que salió al trote de su dormitorio, rumbo al despacho de su madre. En el pasillo, se topó de bruces con Lex. - ¡Uy! - Dijo con una risa, porque casi se lo come, pero su hermano le miró mal y pasó de largo, casi le da un empujón al pasar. Marcus arqueó las cejas. Vaya, qué raro, Lex estando de mal humor, apenas pasaba nueve de cada diez días. En fin, no se lo iba a amargar. Llamó a su madre y esta, tan templada como siempre, se fue tras él hasta su dormitorio, donde se habían quedado su padre y su abuelo. Marcus había vuelto al trote de nuevo, dando saltitos ilusionados, mientras su madre caminaba elegantemente con las manos entrelazadas en el regazo, básicamente como siempre. - Vale, el hechizo de animación que te enseñé, el que creaste tú de levitación permanente, y luego se ponen todos los huevos del mismo tamaño. - Su madre, silenciosa e impertérrita, sacó la varita, mientras Marcus miraba a Arnold. - Papá, ese último lo lanzas tú, que eres el más preciso con los tamaños. ¿Cuál decías que era el diámetro ideal? - Para que se vea correctamente lo de dentro, no se deformen demasiado los materiales, el hechizo de levitación quede holgado y el hilo lo sujete correctamente sin que pese demasiado, seis centímetros. - Genial. - Aseguró, estaba emocionadísimo. En lo que su padre decía eso, su madre había encantado ya cuatro de los siete huevos. La capacidad de Emma con los encantamientos era impresionante.

Cuando terminó, volvió a guardarse la varita y le miró, inexpresiva. - ¿Para qué decías que era esto? - Un momento, que ya solo queda un paso. - Contestó, demasiado excitado para pararse siquiera a pensar que, quizás y solo quizás, no contestar a una pregunta de su madre después de pedirle un favor no fuera muy buena idea. Esta solo arqueó una ceja, pero Marcus seguía a lo suyo. - Ya se puede hacer la transmutación, abuelo. - Tráemelos aquí. - Dijo el hombre, que ya había pintado un círculo de transmutación en el suelo de su dormitorio. Marcus se mordió los labios. - Como mola esto. - Murmuró, sin dar crédito de que estuvieran participando en su reto tantas personas de tal poder mágico. Alice iba a flipar. En unos minutos, su abuelo había reforzado todas las cáscaras de huevos para convertirlas en un material mucho más resistente y a su vez transparente, para que el papel de dentro se viera. Estaba hasta temblando de la emoción, ya solo le quedaba montarlo.

- Listo. - Suspiró, con los ojos abiertísimos de la pura emoción, admirando como había quedado. Sonrió radiantemente. - ¿Qué? ¿Qué os parece? A Alice le va a encantar ¿verdad? - Dijo con la voz cargada de emoción. Arnold y Lawrence miraban el móvil emocionados, pero su madre, tan imperturbable como siempre, esbozó una casi imperceptible sonrisa y ladeó la cabeza, mirándole a él. - ¿Puedo saber ya el motivo por el que a Alice le va a encantar que le construyas un móvil de cuna para bebés? - Ah, claro, no le había contestado a su pregunta. Y, por supuesto, la excitación no le permitía plantearse el tono con el que su madre podría estar lanzándola. - Es un reto. Por el cambio de milenio. - Ella seguía mirándole, como si esperara más datos. - Queríamos hacer algo guay y nos planteamos tres retos: un cuento sobre el otro, una manualidad para un niño y una planta difícil de encontrar. - Ladeó varias veces la cabeza. - Lo de la planta estaba más que perdido, ella me supera en eso, así que quería echar el resto con esto. - ¿Y quién tuvo la idea de lo del juguete? - Preguntó Arnold con una sonrisilla. De nuevo, su emoción no le permitía captar el subtono. - De ella. - Su abuelo rio. - Bueno, eso que llevan de adelanto. - Papá. - Advirtió Arnold. Marcus siguió a lo suyo. - Quería hacer algo BESTIAL, porque en fin, es el cambio de milenio y, já, me la conozco, me va a barrer con lo de la planta, tenía que hacer algo MUY guay, y, ¡eh! Lo he conseguido, ¿eh? ¿Verdad? Mola ¿eh? - ¿Cómo que no habéis destinado la manualidad a algo que podáis usar? - Preguntó su madre, sin perder su expresión, muy tranquila. Marcus, inocente de él y aún presa de la emoción, hizo un gesto con la mano y soltó. - Ya lo usaremos con nuestros hijos. - Se dio cuenta nada más decirlo, pero ya tenía todos los ojos encima. Mostró las palmas. - O sea, cada uno con los suyos. Bueno, ella con los suyos, yo con los míos. En fin, o con los míos solos, porque. - Soltó una risa demasiado nerviosa. - En fin, ella no quiere niños, vamos, que lo ha dicho como mil veces. Pero vamos, que no era por eso, o sea, que ya se le dará utilidad. La que queramos, vamos. O no. O de recuerdo. En fin. Que es una tontería, vamos. O sea, una tontería no, un reto. - Se estaba excediendo en las explicaciones y allí nadie hablaba. Rio otra vez, nerviosamente y retirando la mirada. - Que vamos, que lo dijo por decir. - ¿Es que nadie tenía nada más que hacer? En fin, que ya habían terminado, vamos, se podían ir.

Como caído del cielo, sonó el timbre de la puerta. - ¿¿YA?? - Se le escapó, nervioso, y empezó a dar vueltas como un trompo sobre sí mismo, mientras se recolocaba el pelo. - ¡Maldita sea! Es muy temprano. - Y tú sin desayunar. Hay que ver. - Se burló su padre, pero Marcus ya estaba atropelladamente recogiendo todo el desastre de su habitación, a toda velocidad, y por supuesto guardando el móvil para que no lo viera. Bufó. - Si es que así no se puede. Sin avisar, vamos, luego dirá que no hace trampas... - El pobre, apenas tiene ganas de verla. - Volvió a burlarse su padre, mirando a Lawrence, quien se reía entre dientes. Emma suspiró y dijo. - Voy a abrir la puerta. - Girándose y saliendo de allí. Marcus seguía recogiendo a toda velocidad, y cuando terminó, abrió el armario. ¡Por Merlín, que estaba en pijama! Fue a quitárselo y... - ¿Os importa? - Preguntó, sardónico, a los dos hombres que al parecer no tenían nada mejor que hacer que mirar su desesperación sin mover ni un dedo ni plantearse darle intimidad para cambiarse. Su padre alzó las palmas. - Disculpe, genio de los juguetes. Ya nos vamos. - Se burló, y su abuelo volvió a reír. Pero al menos salieron de la habitación.
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Dom Feb 06, 2022 5:13 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
No se esperaba que la señora O’Donnell le abriera la puerta. Arnold mejor, o un Marcus muerto de nervios por sus retos. Pero ahí estaba Emma, tan reposada y perfecta como siempre. — ¡Feliz año, señora O’Donnell! — La mujer amplió muy ligeramente la sonrisa y se inclinó para dejar un beso en su mejilla. — Feliz año, Alice. Pasa. — Todos esos años, lo que habían vivido juntas y a veces seguía saludándola como al cartero. Y ahora le daba un poco de vergüenza que los O’Donnell la vieran con aquel vestido, la verdad es que con ese detalle no había contado. Solo quería que Marcus volviera a decirle que le gustaba, la verdad. — ¿No te quitas el abrigo?¿Eh? Sí, es que… Como acabo de llegar de La Provenza aún estoy un poco fría…

¡Pero si es la señorita Gallia! — Hala, el abuelo, más gente. — ¡Señor O’Donnell! Cómo me alegro de verle. — Le dijo genuinamente, porque la verdad es que, aunque había venido con la esperanza de estar un ratito a solas con Marcus, aquel hombre era un tesoro viviente, no le importaba que estuviera allí. Su problema era más bien con el vestido y el maquillaje de discoteca a las diez de la mañana. Lawrence cogió su mano y la besó, como los caballeros medievales, como le decía siempre Gal a Marcus. — Y yo de verte a ti. Hola, mi niña. — Dijo Arnold, apareciendo por detrás y pasándole un brazo por los hombros y un beso en la frente. Igualito que Emma. — ¿No te quitas esto? — Dijo señalando su abrigo y la mochila. — Ehm pues… Es que viene un poco con frío de La Provenza. — Explicó Emma, quizá un tanto escéptica. — ¿Y la mochila? — Ah es que es de extensión indetectable, y ahora que lo comenta, igual hay alguna chaqueta ahí dentro. — Ojalá, la haría sentirse más cómoda. Se la quitó, se agachó para apoyarla en el suelo, y empezó a buscar. No veas si había cosas, vaya tela con su prima. — ¿Para traer los retos? — Preguntó Lawrence con una sonrisita, a lo que ella levantó la mirada. — ¿Se lo ha contado Marcus?Hija, a mí que se han enterado hasta los O’Donnell de Irlanda. — Contestó el hombre con una carcajada. — Ay, no me ponga nerviosa, señor O’Donnell, que ahora pienso que seguro que se lo ha tomado a la tremenda y ha hecho algo más grandioso que yo. — Arnold y Lawrence rieron. — No se nos permite decir nada… Oye, ¿necesitas ayuda con eso? — Preguntó el primero, señalando la mochila, y estuvo a punto de decir que sí, pero había visto por ahí hasta ropa interior de su prima, y no quería dar una impresión equivocada. — No no, ya mismo lo tengo. — Metió hasta el hombro en la mochila y por fin sintió el tacto de una chaqueta de lana. — Por fin. — Por favor, que no trajera nada pegado que fuera vergonzoso. Bien, ahora al menos tenía algo que echarse por encima. Se quitó rápidamente el abrigo y se puso la chaqueta, frotándose los brazos. — Es que… No veas la diferencia con Saint-Tropez. — Dijo con una risa nerviosa.

¿Has desayunado? — Preguntó Emma, pasando a la cocina y llevando algunas cosas al comedor. — Sí. — Los tres la miraron con cara de circunstancias. — De verdad que sí, se lo juro. Memé me ha dicho que si no desayunaba no me dejaba venir. Y mi abuelo me ha traído corissants de crema de la panadería del pueblo.¡Oh! Recuerdo aquellos croissants. A ver si le traes unos a tu padre, descastado. — Dijo Lawrence dándole en el brazo a Arnold, que entornó los ojos. — De momento, lo que voy a traer es un té a esta señorita para que entre en calor. — Y pasaron los tres al comedor, donde estaba Lex, desayunando en silencio. — Hola, Lex. Feliz año. — El otro levantó brevemente la mirada pero no dijo ni mu. Pues nada, suspiró, siempre tan amable. Mientras se tomaba el té estaba admirando lo preciosa que estaba la casa de los O’Donnell en Navidad, con su fuego en la chimenea, el desayuno… Qué perfectos eran. — ¿Y nos vas a explicar tú el por qué de los juguetes de bebé? — Se puso un poco roja, pero consiguió no atragantarse con el té ni liar nada. No tenía nada por lo que estar nerviosa. — Ah, es por lo de los tres retos vitales. Lo de escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Le dije que íbamos a pasar de milenio sin hacerlos, porque no nos daba tiempo, o no teníamos intención de hacerlos, así que lo adaptáramos. Ah sí, definitivamente, no veo a mi hijo plantando un árbol. — Dijo Arnold, en tono jocoso, abriendo el periódico, pero claramente pendiente de la conversación. Ella rio. — Bueno no se le da tan mal. — Lawrence parecía estar haciendo recuento. — Pues si los tomates y las patatas valen como árboles yo ya las tengo todas. Bueno y todas las hierbas del taller — Gal rio y asintió. — Pues creo que no, pero mire, una tomatera puede llegar a ser muy alta, valdrá. Y Marcus va a escribir muchos libros, y yo si puedo también, pero bueno… El resto estaba más difícil y había que adaptarlos, por si no los cumplimos. Sí, ya nos ha dejado medio claro que lo de los hijos tú no… — Trató de no perder la sonrisa pero se mordió las mejillas. No le gustaba hablar de eso. — No… ¿Se imagina una madre como yo? — Rio un poquito y fue a darle un sorbo a la taza de té. — Desastre. — Dijo más bajito. — Bueno, conozco uno que no era capaz de hacer nada comestible de comer ni pasar más de dos meses en un sitio y… — Empezó Lawrence, pero justo llegó Marcus, y ella se levantó de golpe para ir a abrazarle. Que si llegan a estar solos se hubiera lanzado en sus brazos, pero bastante cortada estaba ya, así que simplemente le rodeó con los brazos y apoyó la cabeza en su pecho, como cuando bailaban. Vaya, cómo olía el perfume de Jackie en la chaqueta, ¿qué hacía esa cuando iba a ver a su novio? ¿Fumigarse en colonia? — Feliz año, prefecto O’Donnell. — Dijo separándose un poco y mirándole. — ¡Vaya! Sí que hacía tiempo que no oía yo ese título. Qué bien sienta. — Lex se levantó de golpe, cogió sus cosas de mala manera y salió del comedor, rozando un poco a Marcus. Pero ni eso le iba a quitar el buen humor. — Me están poniendo las expectativas muy altas con los retos por aquí. — Dijo pillina, moviéndose de lado a lado con las manos entrelazadas.
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Dom Feb 06, 2022 6:03 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
¿Por qué estaba tan nervioso? Ni que fuera la primera vez que viera a Alice. Ni que fuera la primera vez que venía Alice a su casa. Ni que fuera la primera vez que veía Alice a su familia. Ni que fuera la primera vez que tenían retos pendientes... Debería parar. La estaba escuchando entrar en casa, y él aún quitándose el pijama. ¿¿Qué demonios hacía en pijama a esas horas, si él iba siempre como un pincel?? Claro, como que se había levantado con los ojos más abiertos que Elio, directamente para sentarse en su escritorio a trabajar. Si no había desayunado, cuanto menos se había cambiado de ropa. Escuchaba la voz de la chica cada vez más hacia el interior de su casa, y él quitándose el pantalón de pijama, y por un momento le entró un miedo absurdísimo de que Alice se materializase en su cuarto de repente. Intentó ponerse los vaqueros tan rápida y atropelladamente que trastabilló y casi cae de bruces al suelo, se apoyó en el escritorio a lo justo. Con tanta carrera absurda, al final, estaba tardando más.

Se quitó la camiseta del pijama, se puso un jersey verde agua muy cómodo pero que le favorecía especialmente, le resaltaba los ojos (¿por qué era importante eso ahora?) y se peinó delante del espejo, con dedos temblorosos. Echó aire por la boca. - Va a ser geniaaaal va a ser geniaaal. - Canturreó en voz baja. ¿Desde cuándo canturreaba? Últimamente hasta él se daba cuenta de que estaba muy raro, sería la alegría de ser prefecto, o la emoción por un reto. Ah, bueno, era eso, seguro. Era claramente la emoción de estar haciendo con Alice lo que habían hecho siempre: diversión, retos, investigaciones, más, siempre más. Cuarto fue un año de mierda, siendo honestos, pero habían vuelto. Marcus y Alice habían vuelto, sí sí. Uf, estaba muy acelerado. Respiró hondo y soltó el aire lentamente. Puede... Y solo puede... Que tuviera un poquito que ver en sus nervios el beso que se dieron tras los árboles antes de venir. No esperaba ver a Alice en vacaciones, creyó que no la vería hasta la vuelta, y... Estaba... Como más emocionado que de costumbre por quedar fuera de la escuela. Quizás debería poner en orden sus pensamientos... O quizás debía centrarse en lo de los retos y ya estaba, que al fin y al cabo habían quedado para eso.

Se le fue un poco la mano echándose colonia. Se había quedado haciéndose un planning mental de como expondrían los retos mientras le daba al difusor como un loco y, cuando se quiso dar cuenta, casi se ahoga él solo. Necesitaba aprender algún hechizo que rebajara la colonia cuando te pasabas, porque le ocurría con demasiada frecuencia eso. Dios, iba a quedar rarísimo salir ahora de su cuarto tan perfumado... Mira, daba igual. Alice iba a flipar tanto con su juguete que no se iba a dar cuenta de eso... Esperaba. - Vale, bien. - Murmuró, mirando toda su habitación. - Está todo recogido ¿no? Todo listo. Bien, bien. - A ver, tampoco tenía Alice por qué entrar en su habitación, no sabía por qué la preparaba tanto... Pero por si acaso.

Bajó al trote las escaleras y, nada más hacerlo, la vio. Sonrió espontáneamente. Vaya, estaba guapa... Él debía estar hecho un desastre con una nube de colonia flotante a su alrededor, pero bueno. Maldita sea, con lo bien preparado que iba él a la fiesta de Navidad... Bueno, si le hubiera avisado con un poquito más de tiempo, estaría más presentable. Sí, mejor echarle la culpa a ella, de lo contrario se iba a obsesionar, y tenía cosas más importantes en las que centrarse. Igualmente, nada de eso importada, porque la chica le detectó y fue a abrazarle inmediatamente. - Feliz año, y feliz milenio, Alice Gallia. - Estuvo a punto de decir una bromita de las suyas, "alumna díscola" o algo así, pero su cerebro recondujo a tiempo por la presencia de sus familiares. Se separó de ella, mirándola, y acto seguido notó el violento roce de Lex al pasar por su lado. Giró la cabeza para mirarle, con el ceño fruncido. Era la segunda vez que se lo hacía esa mañana, no le había dado ni los buenos días. Rodó los ojos y se centró en su amiga, porque acababa de llegar nada más y nada menos que desde Francia solo por cumplir los retos pendientes con él. No iba a dedicarle al maleducado de su hermano ni medio segundo de atención.

Arqueó las cejas y ladeó la sonrisa. - Hacen bien. - Miró de reojo a su padre y a su abuelo. - Aunque espero que no te hayan chivado nada. - Merlín me libre. - Dijo su padre con tonito. Rodó los ojos y volvió a dirigirse a Alice. - No he desayunado. Estaba... Ultimando detalles. - Comentó, haciéndose el interesante. - ¿Has desayunado? - Ya ha contestado a esa pregunta, hijo. - Comentó su abuelo. Marcus se encogió de hombros, sin dejar de mirar a la chica. - Bueno, espero que no te importe acompañarme mientras lo hago yo. Me lo debes por avisar con tan poca antelación. - Bromeó, porque claro, obviamente Marcus no iba a tardar mucho en destacarlo. Hizo un gesto con la cabeza, señalando la cocina. - ¿Vienes? - Y al hacerlo y echar a andar, rozó la mano de la chica ligeramente, intencionadamente, mirándola un instante y luego avanzando. No sabía ni él a qué estaba jugando, solo... No iba a darle la mano así sin venir a cuento delante de toda su familia, pero podía darle a entender que... Metafóricamente, o en una realidad paralela en la que su padre y su abuelo no les estaban mirando, lo había hecho. Por algún motivo, no importaba. Solo... Le apetecía hacerlo.

Entró en la cocina y se puso a coger su desayuno. - ¿Nada? ¿Segura? ¿Un poco de zumo aunque sea? - Preguntó, porque si no ofrecía comida a Alice no era él. Cuando lo tuvo todo, lo colocó en la mesa central y se sentó, frente a su amiga. - ¿Con quién has venido? - Preguntó, llevándose el bollo a la boca. Después de masticar, añadió. - Si ya vienes con tanta velocidad sin saber aparecerte, ¿qué no harás cuando sepas? - Comentó, con una leve risa, y luego arqueó una ceja, mientras mojaba el bollo en la leche. - A lo mejor me presento yo un día en tu casa sin avisar. - Instintivamente y solo una milésima de segundo, miró a la puerta, frente a él, y luego la miró a ella de nuevo. No por nada, solo... No quería que vinieran sus padres y le malinterpretararn... Por algún motivo. Tampoco había dicho nada del otro mundo, pero en fin. Estaban muy tontos con las indirectitas últimamente. Su padre, más bien, y sus abuelos. Su madre no entraba en jueguecitos de adolescentes, faltaría más. Dio otro bocado al bollo y, mientras masticaba, entrecerró los ojos y señaló a su amiga con este. - Sé lo que has hecho. - Hizo una pausita dramática antes de seguir. - Has venido prácticamente de improvisto para intentar ganarme mediante la baza de la sorpresa. - Se mojó los labios. - Buen intento. - Miró de nuevo a la puerta un segundo. No parecía haber nadie ni siquiera cerca, así que se inclinó un poco hacia delante y, sin perder la sonrisa ladina, bajó la voz. - A los prefectos no nos gustan nada las trampas, alumna traviesa. -
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Dom Feb 06, 2022 7:35 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Alzó la ceja y dijo. — ¿Ultimando detalles? ¿Desde cuando el prefecto se deja algo para última hora? — Dijo picajosilla, dándole en las costillas. Se rio y dejó que Lawrence contestara por ella. — Yo es que vengo preparada, prefecto. — Rio y negó con la cabeza. — No me importa, claro que no. — Dijo con una sonrisa, de corazón. Dios, cómo se alegraba de verle. Pero entonces, volvió a preguntarle, a lo que ella frunció el ceño. Pero entonces sintió el roce en su mano y casi se le escapa un jadeo. ¿Eso había sido una provocación directa de Marcus a ella? — Sí. — Dijo como hipnotizada, saliendo detrás de él. A ver, cálmate Alice Gallia, que solo te han rozado TRANQUILIDAD.

Llegaron a la cocina y se apoyó en la encimera, cruzándose de brazos, y negando con la cabeza. — Memé me ha obligado a desayunar contundente, si no, no me dejaba venir a verte… — Entornó los ojos con cara de niña buena. — Y eso no me lo podía permitir. — Terminó, mordiéndose el labio inferior. — Con André, que ya puede aparecerse y tenía una conferencia en el Ministerio. Está como loco por trabajar aquí. — Se rio un poco a lo de la rapidez. — Y antes habría llegado si hubiera podido. Así te habría pillado con las manos en la masa. — Dijo mirándole de lado con una ceja alzada, pero se quedó congelada con aquella afirmación. Esa no la iba a dejar pasar. — ¿Ah sí? ¿Y sin avisar por qué? ¿En qué me quieres pillar? — Preguntó, bajando el tono, pero manteniendo la pose tentadora. Que a eso podían jugar los dos.

Aprovechó que Marcus comía para respirar profundamente y calmarse. Que estaba allí todo el mundo. Que Lex podía leerles la mente. Y su mente ahora mismo era un racimo de opciones muy poco ortodoxas para que las leyera el hermano del implicado. Casi se sobresaltó cuando le dijo “sé lo que has hecho”, pero luego chasqueó la lengua y negó con la cabeza. — O sea, que me arrastro por los suelos para que mi primo me traiga, me rebajo a seguir los designios de mi abuela… — Bajó la voz. — Me cambio en el campo detrás de un abrigo para ponerme este vestido. — Volvió a su tono normal. — Todo por venir a verte a ti porque te echo de menos cuando estoy en Francia… — Y había dicho eso mirando a sus labios… Ay, se estaba perdiendo. — Y tú me lo tachas de estrategia. — Se encogió de un hombro y alzó las cejas. — Se cree el Slytherin que todos son de su condición… — Dijo, fingidamente despectiva, antes de soltar otra risita.

Pero los ojos de Marcus se habían dirigido a la puerta otra vez, y ella no pudo evitar alzar los ojos lentamente y clavarlos en los suyos. — Yo nunca te he hecho trampas, prefecto… — Movió el brazo que tenía apoyado en la encimera para acercar la mano a la de él y acariciarla suavemente con el dedo como había hecho él. — En todo caso, si he pecado de algo, ha sido de ponerte las cosas demasiado fáciles. — Dijo alzando una ceja, y quedándose mirándole. — ¡Alice! — Oyó desde el salón la voz de Arnold. — ¿A dónde has dicho que ha ido André?A una conferencia de aritmánticos de la cámara de comercio del Ministerio. — Contestó ella alzando la voz. Oyó cómo arrastraba la silla e iba hacia la cocina, lo cual les dio tiempo a recolocarse. Llegó con las tazas del desayuno y el periódico y miró el reloj. — ¿Creéis que llego si me apuro? — Gal asintió. Un adulto menos en la casa sería de agradecer. — Sí, sí, no se preocupe, va con tiempo, si es que André está hecho un angustias, seguro que se siente mejor si le ve ayer. Quiere ser como usted. — Dijo con una sonrisa adorable. Y eso era completamente verdad. Arnold rio y le dio con el dedo en la nariz a ella y le revolvió los rizos a Marcus. — Voy a ver qué me dice tu madre, por si tenía algo pensado para hoy. — Y subió todo contento las escaleras. Ella volvió a aprovechar para suspirar, pero el olor de la colonia de Marcus se coló en su nariz, y dejó caer los párpados. — Qué bien hueles… — Rio y se mordió los labios por dentro y volvió a poner la mano donde la tenía antes. — No puedo concentrarme. Eres tú el que me está intentando liar a mí para que no pueda pensar y presentar mis retos como es debido. — Dijo apretando los labios y volviendo a mirarle a los ojos.

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Lun Feb 07, 2022 10:28 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Ya con el desayuno por delante, retomó la pregunta que Alice le había lanzado antes expresamente para picarle. - Que sepas que no lo he dejado para última hora, porque esto en teoría no era última hora. Nosotros íbamos a vernos a la vuelta de Hogwarts, esto ha sido improvisado... Que no me quejo. - Añadió, con una caída de ojos y encogiéndose de hombros. - Y aún faltan cinco días para volver. Si he podido terminarlo en el escaso hueco de la mañana que me has dejado, imagina lo que hubiera hecho con cinco días. - Se puso a jugar con el bollo, mirándolo mientras toqueteaba la miga, con ambos codos apoyados en la mesa. - Ya verás que es bastante elaborado. No sabes cuanto tiempo llevo con ello. - Desde el día que salió, básicamente.

Ladeó la cabeza con ternura y sonrió, con puntito chulesco, aunque que le dijera que quería venir a verle le enternecía de verdad. Así era Marcus: mucha fachada, pero por dentro era un tierno, sobre todo con Alice. Arqueó las cejas, genuinamente interesado. - Ah ¿sí? Eso mola. - Es verdad que André, siempre que se habían visto, le había dicho que le gustaría vivir en Inglaterra, y que le encantaba la aritmancia. Y teniendo en cuenta que ya estaba en su último año, con un pie en el mercado laboral como quien decía, seguramente aprovechara las vacaciones para ir investigando donde poder trabajar. Él lo haría, desde luego.

Pero ya volvieron al modo de antes, y la afirmación de Alice hizo que imitara su gesto con la cabeza. - ¿Pillarme a mí? Asume que eso nunca va a pasar. - Y la pregunta siguiente le hizo pronunciar aún más la sonrisa chulesca, con los labios cerrados, y entrecerrar los ojos. - Con las manos en la masa. Como tú nunca me pillarías a mí. - Ladeó la cabeza hacia el otro lado. - Yo soy prefecto y tú siempre andas haciendo lo que no debes, ¿recuerdas? - Bajó la vista al bollo como quien no quiere la cosa para mojarlo en la leche de nuevo, e intencionadamente dejó caer. - Ya te pillaré. - Levantando un segundo la mirada, sin perder la sonrisilla, y volviéndola a bajar. Desde lo que ocurrió en el pasillo estaban con un tonteo... Curioso. Pero le gustaba, y tampoco es como que fuera nada del otro mundo, quería pensar. Seguían siendo Marcus y Alice en esencia haciendo de las suyas, solo que "las suyas" eran cosas cada vez más elaboradas, distintas a medida que crecían y que le hacían sentir muy bien, como siempre. No eran ya unos críos que hacían juguetitos y corrían por los pasillos... Bueno, quizás lo de los juguetitos lo seguían haciendo, en vista a los retos que se habían puesto. Pero él se entendía con lo que quería decir.

Soltó una carcajada cuando Alice empezó a enumerar todo lo que había hecho para poder venir, carcajada que automáticamente se le cortó con la referencia al vestido, si bien su sonrisa se mantuvo intacta. Sus ojos se dirigieron a dicho vestido directamente, y luego a los ojos de Alice, ladeando la sonrisa, tentador. Se mordió un poco el labio. Quizás había que apuntar, dentro de su discurso de que eran los mismos de siempre solo que adaptados a un modo menos infantil, que ahora pensaba de Alice cosas que no pensaba antes. No siempre se sentía orgulloso... Sin embargo, a medida que ella parecía demostrarle que no solo no lo consideraba irrespetuoso sino que podía provocar que lo pensara aún más, e incluso que lo quisiera hacer, como pasó en Noviembre, y sintiéndose tan bien con ello... ¿Por qué no? Los dos parecían querer seguir aquel reto. No sería él quien se echara atrás. - Es un vestido muy bonito. - Comentó, porque sí, ya se lo había dicho en la fiesta, ya se había fijado en "lo bonito que era el vestido" en la fiesta, y se jugaba una mano a que Alice se lo había puesto muy a conciencia a causa de su comentario. Le gustaba provocarle... Pues bien. Pensaba entrar al trapo, si era lo que ella quería. - Un poquito de estrategia sí que es. - Replicó en tono tentador, mirándola con la cabeza ladeada. - Ya te he dicho que yo no soy Slytherin, chica diez por ciento Hufflepuff. Solo... Aprovecho los recursos que tengo a mi alrededor. - Acababa de definir a un Slytherin con palabras muy bonitas y lo sabía, pero precisamente esa oportuna elección de palabras era lo que le convertía en Ravenclaw. Volvió a mirar el bollo, que estaba ya casi acabado, y antes de llevárselo a la boca, dijo. - Yo también te he echado de menos. - No debería ser sorpresa para nadie a esas alturas.

Se estaba lamiendo los labios tras terminar su comida cuando ella hizo ese comentario, con ese tono y esa caricia en su mano, que hizo que devolviera la mirada directamente a sus ojos, tal y como ella le miraba a él. - ¿Demasiado fáciles? - Preguntó, irónico, con un tono muy suave. - No estoy nada de acuerdo con eso... Alumna díscola. - Él también sabía llamarla a ella en base a títulos, si es que a eso estaban jugando. Se rompió la pompa del tonteo tan estupenda que habían creado porque su padre irrumpió a voces en la conversación, lo cual le hizo rodar los ojos y retirar la mano (puede que la hubiera dejado más cerca de ella como quien no quiere la cosa) para terminarse el zumo y limpiarse con la servilleta. En esas, su padre entró y alargó la conversación, aunque cuando Alice le dijo a su padre que André quería ser como él, la miró pícaro y sonrió. Menuda forma de ganárselo, vamos... Él hubiera hecho lo mismo, con lo que le gustaba usar la labia para llevarse adultos a su terreno, pero tendría que nacer de nuevo para no hacérselo a otro notar.

Hizo amago de apartarse cuando su padre fue a revolverse los rizos pero se contuvo, forzando una sonrisa, que luego tenía que oír "qué antipático", aunque la mirada se la echó igual. O sea, él peinándose CADA RIZO a TODA VELOCIDAD, y va su padre y, hala, a ponerle como un perro callejero. Miró a Alice de reojo, comprobando que seguía pendiente de su padre, y se agachó un poco para colocarse el pelo en su sitio otra vez. A saber las pintas que llevaba ahora, es que, en fin. Cuando su padre se marchó fue a suspirar, pero el comentario de Alice le cortó la queja y le hizo volver al modo anterior como si no hubiera pasado nada. - Gracias... - Contestó. La verdad es que se había pasado bastante con la colonia, pero oye, si a Alice le gustaba... No le pasó desapercibido que había colocado la mano donde la tenía antes, y él la miró intencionadamente, y luego pasó los ojos a los de ella. Quería hacer notar que había percibido el gesto claramente. Arqueó las cejas en un gesto teatralmente cuestionador. - ¿Liarte yo? - Acercó un poco la mano, como quien no quiere la cosa. - ¿Qué pasa, Alice Gallia? ¿Has venido para pillarme "con las manos en la masa"...? - Alzó ambas manos para hacer las comillas en el aire, y cuando las bajó de nuevo, colocó la que se acercaba a la de Alice un poco más cerca, casi rozando sus dedos. - ¿...Y resulta que tú no tienes tus retos preparados? ¿Y me haces esta estrategia barata para decir que yo te lío y no te permito concentrarte? - Acercó un poco más su mano. Ya sí estaba rozando sus dedos, pero no dejó de hablar, ni de mirarla. - Yo estaba aquí muy tranquilito, si ni siquiera he desayunado... - Chasqueó suavemente la lengua. - Eso que haces... No es nada propio de una Hufflepuff... - Movió un poco el índice para acariciar su mano. Racionalmente... No sabía qué estaba haciendo. Era Alice, era su amiga desde hacía cuatro años, ni que no le hubiera dado la mano nunca, ¿por qué estaba ahora todo tan cargado de... esa energía? ¿Y por qué le gustaba tanto? ¿Y por qué llevaba desde que supo que venía tan nervioso? ¿Y por qué, por Merlín, sentía que estaba haciendo algo prohibido y, aún así, lo estaba haciendo en la misma cocina de su casa, con su familia deambulando por allí?

A diferencia de su padre, que anunció su llegada a base de venir gritando desde el salón, Lex entró tan bruscamente en la cocina que se retiró de un sobresalto, como si, efectivamente, estuviera haciendo algo malo. - ¿Y papá? - Preguntó, hosco, con esa voz de hombre que tenía desde hacía muy poco tiempo y a la que aún les costaba acostumbrarse, porque le daba un carácter más antipático aún, que ya era decir. Marcus se encogió de hombros, un tanto desubicado. - ¿Se ha ido? - Insistió el otro. Ah, sí, claro, puede que se hubiera ido a lo de André. Sería mucho más sencillo simplemente responder eso, "ha salido a una reunión en el Ministerio", pero a Marcus le molestaban mucho las malas formas de su hermano. Si quería malas formas, tendría malas formas. - Y yo qué sé. ¿No ves que estoy desayunando? - El otro soltó un fuerte bufido y se fue mascullando de allí. En su camino debió tropezarse con su abuelo, porque oyó las voces, la de su abuelo interrogante y amable, la de Lex, tan quejosa como siempre, y encima con el tono más alto. Ya estaría cabreado a saber por qué. Lawrence entró en la cocina acto seguido. - Hijo, si mi trabajo aquí ha terminado, yo con vuestro permiso me voy a ir. - Entró y pinzó con cariño la mejilla de Alice. - Como se entere mi mujer de que te he visto, me hace volverme con una cesta de magdalenas. Y con ella, claro, que no perdería la oportunidad de verte también. - Luego le miró a él. - Anda, ve a enseñarle ya a tu amiga el lío ese que has montado, y deja de comer. - Va, abuelo, que solo me he tomado dos bollos, un vaso de leche y un zumo, tampoco es tanto. - Se dio un par de toques en la sien con el índice. - Este cerebro hay que alimentarlo para que siga generando ideas brillantes. - Eso hizo a su abuelo soltar una carcajada. - Anda, anda, embaucador, que no sé a quién has salido. - Se giró a Alice de nuevo y añadió. - Ya te contará todo lo que ha hecho. No me cabe duda de que no se va a dejar ni un detalle. - Y, tras decir eso, abandonó la cocina.

Marcus se mojó los labios y dijo. - Pues cuando quiera la señorita empezar. - Se puso de pie y salió él también junto a Alice, rumbo a las escaleras. - Lo tengo en mi cuarto, así que... - Su camino por mitad de los escalones se vio interrumpido por la figura de su madre, allí plantada como un centinela. La mujer pronunció una muy sutil sonrisa, sin descruzar los brazos ante el regazo. - ¿Dónde vais? - A mi cuarto. - Contestó con normalidad. Su madre ni se movió ni inmutó la expresión. Entendido, por algún motivo a saber cuál NO le parecía bien. De verdad, a veces los adultos se empeñaban en hacerlo todo de un difícil. - Tengo allí mi reto. - Añadió, mirando a su madre con los ojos muy abiertos. A ver, mamá, que Alice ha venido expresamente para esto, se lo tendré que enseñar por lo menos, pensó, pero obviamente no estaba tan loco como para decir eso en voz alta. La mujer buscó la solución que más le convino. - He preparado la sala de estar con la chimenea. Alice me ha dicho que tenía mucho frío cuando ha llegado. - Comentó, con su tono tranquilo, mirando a la chica. Tras esto, le miró a él. - Coge lo que tengas que coger y os quedáis allí. - Pues nada, lo que dijera la señora. Ahora no podía él estar con su propia amiga en su propia casa donde él quisiera, vamos. Pero bueno, en verdad daba igual un sitio que otro, y si podían estar calentitos, pues mejor. - Ahora bajo entonces. - Y trotó escaleras arriba, dejando a Alice con su madre.
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Lun Feb 07, 2022 2:54 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Ya estaba Marcus agobiado con el pelo, y escondió una risita mirándole. Si es que cada segundo con él era oro… Especialmente cuando volvían a aquel modo en el que se aislaban del mundo. Escuchó todo su discurso paseando la mirada de sus ojos a sus labios, con una sonrisilla de suficiencia. — Porque soy Ravenclaw. En mucho más que la mayoría de mí, soy puramente Ravenclaw. — Dijo como sentencia a lo último que le había dicho. — Y como buena miembro de la excelsa casa de Rowena, siempre necesito saber… Más. — Dijo lo último bajando el tono y mucho más intensamente, como si en realidad quisiera decir algo más… No sabía qué, pero algo más. — Soy Alice Gallia, yo siempre quiero más.

Por supuesto, momento que se ponía interesante, aparecía por allí alguien. En este caso, Lex. Y siempre de mala leche, claro. Marcus le contestó de la misma mala leche, e igual eso solo le echaba leña al fuego al chico, pero es que, de verdad, ¿qué necesidad había de ser tan desagradable? Si era Navidad, y no le habían hecho nada… Gal suspiró y negó con la cabeza, pero justo apareció Lawrence por allí para despedirse y sonrió enternecida a lo de Molly. — Dígale que ningún croissant se parece a las magdalenas de Molly O’Donnell. — Se puso de puntilla y dejó un beso en su mejilla. — Y que la echo mucho de menos a ella también. A ver si nos vemos en Pascua aunque sea, o en verano. — Rio a lo del lío y miró a Marcus con cara traviesa. — Lo estoy deseando.

Y allá que iba ella muy dispuesta a subir al cuarto, cogiendo la mochila del recibidor, y teniéndolo todo muy claro en su cabeza, cuando se encontraron a mitad de escalera con Emma. Problemas, eso siempre era problemas. Le dieron ganas de entornar los ojos y suspirar, pero no iba a jugársela tanto. Si ella supiera la cantidad de veces que se quedaban solos en Saint-Tropez, y ni hablar de Hogwarts y el pasillo… Como para que les pusiera trabas allí. — Podemos dárnoslo en otro lado. — Emma dijo lo de la sala de estar y ella amplió la sonrisa, tratando de quitarle hierro al asunto. — ¡Venga! Más calorcito. — Claro, con lo que no había contado ella era con quedarse con Emma a solas. A ver ahora de que hablaban.

Llegaron a la sala de estar y se sentó en el sofá, sacando las cajas donde traía los retos. — Vaya, es más manejable que lo de Marcus. — Ella se rio y asintió. — Sí, bueno, es que su hijo siempre tiene que hacerlo todo a lo grande. — ¿Y cómo os surgió la idea esta? — Preguntó de nuevo. Vaya, hoy tenía ganas de hablar. Ella se encogió de hombros. — Nos gustan los retos intelectuales, y había que hacer alguno por el cambio de milenio y salí yo con la idea esa de los tres retos porque me pilló un poco desprevenida, bailando en la fiesta... Ah, bailando. — Dijo la mujer con un tono levemente sorprendido. — En mi época los prefectos bailaban con las prefectas. — Ella apretó un poco los labios y puso cara de desconcierto. — Bueno, también bailó con la prefecta Lewyn, de Hufflepuff, pero es que Kyla no quiso bailar. ¿Kyla Farmiga es la prefecta? ¿La hija del ministro? Vaya… — Dijo genuinamente sorprendida. Sí, ya, la hija de un ministro y prefecta sí que puede bailar con Marcus, ¿no? Aquellos pensamientos siempre le ponían un nudo en la garganta. — ¿Qué es eso? — Levantó la vista y vio que Lex estaba en la mesa, con los cuadernos por delante, ni se había dado cuenta. Miró a donde dirigía la vista el chico y vio su caja de las manualidades. — Es mi reto del juguete… — Dijo con media sonrisa, contenta de que le cambiaran de tema. — No hace ruido, ¿no? — Gal suspiró. — No, tranquilo. Solo va con… — Me la suda. Tengo que estudiar. — Leeeeeex. — Dijo Emma con tono cansado. Gal suspiró y se dejó caer sobre el respaldo. Pues sí que estaban bien las cosas, ¿no podía irse a estudiar a otra parte? — No. — Dijo entre dientes el chico. Ya se iba a quejar de que le leyera la mente, pero apareció Marcus, y solo quería disfrutar de echar el día con él, y no enfadar a Emma, así que simplemente hizo un sonido de sorpresa viendo que traía un bulto grande. — ¿Pero qué es eso? ¡Qué grande! — Dijo con los ojos brillantes y una gran sonrisa. Si es que le ponían un reto con Marcus por delante y se le olvidaba todo. De hecho Emma se levantó y dijo. — Os dejo. Disfrutadlo. — Y el tono de frialdad de antes había desparecido y ahora la miraba con una sonrisa que podría parecer la de siempre pero tenía un toque más… ¿Tierno? Eso o el reto y Marcus la habían obnubilado y ya todo lo veía mejor.


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Lun Feb 07, 2022 4:21 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Aunque la transmutación de su abuelo había hecho que los huevos fueran mucho más resistentes, no dejaba de ser un móvil que se movía mucho, con estos colgando de un hilo, cada uno en su barra de madera, y no quería salir corriendo con el entusiasmo y que chocaran entre sí y se rompieran o enredaran los hilos. Se quedó unos instantes mirándolo, con una mueca, planteándose cómo llevarlo. Iba a taparlo con una sábana para desvelar la sorpresa, y entonces cayó. En vez de poner la sábana por encima, podría ponerla bajo el móvil y envolver el mismo como si fuera un saco, así los huevos no irían balanceándose y chocando entre sí. Sonrió satisfecho, envolvió bien el móvil para que estuviera protegido y no se intuyera desde fuera qué era, y bajó de nuevo.

Apareció contento por la sala de estar, y más sonrió aún con la reacción de Alice. Pero, antes de contestar, se dio cuenta de que su hermano estaba allí, con todos los deberes regados por la mesa. ¿En serio? ¿No podía estudiar en su cuarto? O sea, Lex se pasaba la gran parte del día en su cuarto y, justo ahora, tenía que estar en la sala que estaban ellos. Y estudiando, que eso era otra, sus padres llevaban persiguiendo a Lex para que estudiara todas las vacaciones y él haciéndose el remolón, y tenía que decidir que el mejor día para concentrarse era justo hoy. Sonrió a su madre cuando dijo que les dejaba y se acercó a Alice, emocionado. Aunque primero echó una mirada de soslayo a Lex que parecía decirle "sobras", pero no se molestó en pensarlo, porque si no, volverían a la guerra del "no me leas la mente" versus "no lo puedo evitar". Recuperando el tonito chulesco, dijo. - Yo todo lo hago a lo grande, Alice Gallia, parece que no me conoces. - Eso provocó un bufido automático en su hermano, pero cuando le miró estaba escribiendo con la cabeza clavada en sus apuntes. Se ahorró el suspiro y la contestación. Prefería centrarse en su amiga, definitivamente.

Se sentó en el sofá, junto a ella. - He pensado lo siguiente, a ver qué te parece: los juguetes los usamos de niños, luego de adolescentes aprendemos a reconocer y cultivar las plantas, y por último de adultos escribimos historias, así que ese puede ser el orden en el que expongamos los retos. - Se cruzó de brazos. - Si bien como ALGUIEN ha venido antes de tiempo sin decírmelo y avisando con muy poco margen, el de la planta no me ha dado tiempo a hacerlo porque me he currado tantísimo los otros dos que... - Hizo un gesto digno con la cabeza. - Yo me trabajo mucho las cosas para que sean indudablemente perfectas. - Lex había mascullado algo entre dientes, pero apenas era audible, por lo que no le entendió. Si lo que buscaba era boicotearle aquello, con lo importante que era para él, lo llevaba claro, porque no pensaba hacerle el menor caso. - Ya lo verás. Vas a alucinar solo con lo primero, y la historia... Tú me dirás, tu historia es. - Comentó, sobrado, y luego hizo un gesto con la mano. - Y ya si eso en medio hacemos un descanso para lo de la plantita. - La picó.

Se mojó los labios, emocionado, removiéndose en el sofá. - Bueno, ¿preparada? - Preguntó, aunque había algo que le pinchaba. Algo llamado la presencia de su hermano allí. En serio ¿por qué tenía que estar allí? Suspiró, aunque disimulando y con una sonrisa fruncida. - Desde mi punto de vista, el mejor juguete es el que además de entretener, enseña. - Alzó un índice. - Además... - ¿Puedes hablar más bajo? - Interrumpió Lex. Se volvió para mirarle, con una mezcla entre indignación e incomprensión. - ¿Te has planteado estudiar en un sitio más tranquilo? - Este es un sitio tranquilo si os calláis. - Claro, porque Alice se ha venido de Francia para que nos sentemos el uno al lado del otro en silencio, pensó, irónico. De verdad, ¿no sabía que estaba con lo del reto? Creía que lo había dicho delante de él estos días, pero vamos, con lo muchísimo que pasaba Lex de él, capaz y ni se había enterado. Echó aire por la nariz. - Vamos a empezar con lo de los ret... - No pudo ni terminar la frase, porque Lex soltó un fuerte bufido, recogió sus cosas de mala manera y se fue. Negó con la cabeza, mirando indignado a la puerta. - Ni caso. - Le dijo a Alice, tratando de quitarle importancia, pero visiblemente molesto. El primero que debería no hacerle mucho caso sería él, pero es que se lo ponía muy difícil.

Había perdido el hilo de lo que estaba diciendo. Suspiró y decidió centrarse en eso, que Alice había hecho el esfuerzo de venir y él se había matado porque fuera perfecto, no iba a dejar que el hecho de que Lex se hubiera levantado hoy con el pie torcido se lo empañara. - Bueno, eso. Ya sabes que me encantan los niños, y los bebés. Si vieras lo que hacía reír a mi prima Miranda... - Comentó entre risas. Volvió a alzar el índice, ya se acordaba de por donde iba. - Y aparte de felices, los niños tienen que aprender, y cuanto antes, mejor. - Arqueó las cejas. - Por eso he creado un juguete que todo bebé tiene en su casa peeeero... Dándole un toque vistoso, bonito y, por supuesto, didáctico. - Giró el tronco para darle la espalda a Alice y sacar el juguete de la sábana sin que ella lo viera, para poder mostrarlo en todo su esplendor. - ¡Tachán! - Celebró, mostrándolo ya colgando de su mano. - Es un móvil para una cuna. Y tú dirás, ¿qué tiene de especial? Atenta. -

Se acercó un poco a ella en el sofá para mostrárselo de cerca. - Hay siete esferas, pero no son esferas normales. Son huevos. - Alzó la palma de la mano libre. - Tranquila, no tienen nada dentro, solo son las cáscaras. Mi abuelo les ha hecho una transmutación para que el material sea más firme, disminuyendo las probabilidades de que se rompa por lo que, aparte de duradero, es más seguro para el bebé. La proporción es perfecta, calculada por el gran aritmántico Arnold O'Donnell, por lo que el bebé lo verá perfectamente sin que sea invasivo, los cordeles tienen el tamaño ideal para que soporte el peso de las esferas y las barras de madera los mantienen a todos separados lo suficiente para que no choquen entre sí o sus hilos se enreden. - Hacía gestos ceremoniosos con las manos mientras explicaba lo que había hecho. - Se trata de huevos de...  - Empezó a señalar cada uno de ellos conforme los mencionaba. - Acromántula, salamandra, fénix, dragón, cangrejo de fuego, ashwinder y, por supuesto, no podía faltar siendo mío, occamy. - Era su criatura mágica favorita, no en balde era su patronus, de hecho. - Esta es una de sus partes didácticas: los niños se familiarizarán con el aspecto de los huevos. Mira, toca. - Pasó el dedo por las escamas del huevo de dragón y dijo. - El material es diferente por la transmutación, pero la textura se mantiene. - Cogió la mano de Alice y puso su dedo en el huevo de occamy. Sonrió, emocionado. - Parece que realmente estás tocando plata ¿verdad? - Él no era mucho de criaturas, pero todo lo que fuera conocimiento, llevarlo más allá, le alucinaba. - Aprenderán a reconocer los huevos por aspecto y textura, lo cual está muy bien no solo porque el saber no ocupa lugar, sino porque el familiarizarse con ellos les puede prevenir de muchos peligros el día de mañana. En otras palabras, "oh, resulta que eso que parecía una pelota era un huevo de acromántula, es el momento de huir". - Bromeó entre risas. - Y tú dirás, "¿cómo es que tienen todos el mismo tamaño? No es así en la vida real". - Se encogió de hombros con una sonrisa ladina. - Otra obra del artmántico Arnold O'Donnell. Tienen todos el tamaño exacto, algunos agrandados y otros reducidos, tienen el tamaño perfecto para que sea estético, seguro y equilibrado, y para otra cosa más... Que aún no has visto. -

- Por supuesto, los huevos han sido amablemente cedidos por la gran magizoóloga Erin O'Donnell... Que sobreestimó el favor que le pedí y ha traído material como para confeccionar veinte móviles más. - Su tía y todo lo que estuviera relacionado con criaturas, no tenía fondo. - Y eso no es todo. Gíralo. - Pidió, y esperó a que Alice tocara la madera e hiciera el móvil girar. Al hacerlo, el interior de cada esfera se iluminó. - Los siete estados de la alquimia, presentes en cada uno de los huevos. - Señaló. - Calcinación dentro de la salamandra, obviamente. Coagulación dentro del fénix... Lo dicho, divertido, llamativo y didáctico. - Se mordió los labios. Estaba tan emocionado con aquello. - ¿Te suena la animación? - Sonrió aún más. - No podía invertir mi hechizo de animación de dibujos solo en muñecos de nieve en servilletas para la fiesta de Navidad. Son dibujos de los siete símbolos que representan a cada estado, mi madre ha lanzado el hechizo a los papeles que están dentro para que parezcan animados, además de uno de levitación permanente para que estén siempre flotando. Y la luz interna corresponde, en cada uno, al planeta que representa dicho símbolo, lo cual, al ser un móvil con esferas, da aspecto de sistema planetario. - Miró a la chica y sonrió ampliamente, con los labios cerrados. - ¿Qué? ¿He cumplido con el reto? - Y ya, más alejado de la chulería, añadió. - ¿Te gusta? -
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Lun Feb 07, 2022 6:14 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Estaba tan emocionada por lo que fuera que Marcus traía ahí, que estaba pasando bastante de Lex. Asintió a lo que proponía Marcus y rio. — No podría esperar mucho para ver esa maravilla, me estoy muriendo de curiosidad. — Aunque entornó los ojos a lo de la planta y suspiró. — Venga ya, Marcus. Es que ni te has molestado en buscarla… — Suspiró de nuevo y negó con la cabeza. — Supongo que al menos ya he ganado un reto seguro. — Dijo haciendo un gesto con la mano, sin borrar la sonrisa. Junto las palmas y puso cara de ilusión. — ¡Venga venga! que tengo ganas de todo. Es el mejor reto de la historia, como correspondía al cambio de milenio. — Dijo, dando botecitos de la ilusión.

Estaba atendiendo a lo que decía Marcus y asintiendo, cuando Lex les interrumpió. Ay, si tanto le molestaban ¿por qué se quedaba ahí? O sea estaba en una casa que era como tres veces la suya, y tenía que estar ahí, sin aportar nada. — Ni que estuviéramos en la biblioteca. — Dijo cruzándose de brazos molesta. Hasta que por fin, Lex pareció reaccionar y se fue. Por fin. Vaya lo que tenía que hacer una para quedarse a solas con su mejor amigo. Ni que fuera un crimen.

Retomaron la conversación y le miró con adorabilidad al imaginarlo con su prima pequeña. Se apoyó en su mano y puso cara soñadora. — Yo también hacía reír a mi Dylan, mucho. Y le mecía para que no llorara, y me pasaba horas asomada a su cuna, mirando esos ojazos azules. Estaba ahí cuando aprendió a andar y cuando dijo la primera palabra. — Subió la mirada y rio. — Que, por supuesto, fue “mamá”. — Se puso un poco nostálgica. Casi se le olvidaba que alguna vez en su vida tenía a su madre todos los días a su lado y su hermano hablaba. Pero entonces Marcus destapó el juguete y solo pudo abrir mucho los ojos y la boca, con una sonrisa incrédula. — ¡Es un móvil! ¡Pero mira qué preciosidad! — No se atrevía ni a tocarlo. — ¿Son huevos? — Preguntó alucinada. Pero se calló para atender a la explicación, completamente hipnotizada. Parpadeó cuando dijo todas aquellas criaturas. — ¿De dónde has sacado todo eso? Si tú no te acercas a un bicho ni por casualidad. — Ahhhhh amigo, que se los había traído Erin. Y ahora que lo pensaba, ya había mencionado a Arnold también. — ¡Oye! Supuestamente no podíamos pedir ayuda. Jo, lo mío es supercutre en comparación porque no tiene mucha magia, ninguna que se pueda conseguir sin varita, de todas formas. — Pero la queja le duró poco. Estaba demasiado extasiada por el juguete. — ¿Los niños? — Dijo con una risita. — ¡Lo quiero yo! ¿Has visto qué cosa más bonita? — Pasó las yemas con muchísimo cuidado por las escamas del huevo de dragón, impresionada. Se notaban firmes, más que las de uno de verdad, y eran de una escala perfecta y colorida. Se rio con lo de la pelota y el huevo de acromántula. — Un hijo tuyo, sin duda. — Dijo negando con la cabeza y sin dejar de reírse.

Estaba entretenida de acariciar con devoción el de occamy, con aquellos tonos irisados perfectos, cuando dijo que eso no era todo. — Pues no sé qué más puede haber. — Y con una sonrisa infantil y emocionada, lo hizo girar. Ya casi ni atendía a las palabras de Marcus, se limitó a mirar las lucecitas y las animaciones de los estados de la alquimia. Fue pasando las yemas por todos ellos, sin poder parar de mirarlos, como si ella misma fuera un bebé impresionado por aquel artefacto. — Es… Es increíble. — Estaba segura de que le brillaban los ojos, que subió del móvil a los de Marcus. — Es perfecto, Marcus. Me encanta. Es… el juguete más bonito y, como tu dices, educativo, que he visto en mi vida. — Alzó la mano con la que acariciaba el móvil y acarició su mejilla. — Has ganado de calle.

Suspiró y se separó, bajándose al suelo para abrir una de las cajas, y la volcó sobre el suelo. — Hemos tenido ideas parecidas. Pero la tuya, efectivamente, es como mil veces más grande.— Señaló los cubitos de madera, que ahora le parecían lo más tosco del mundo. Le tendió el guante con recubrimiento metálico. — Pongamos que eres un bebé curioso de ricitos oscuros. — Dijo con cariño. — Y como buen futuro alquimista que quieres ser, tienes que aprender los estados. — Revolvió los cubitos y los señaló. — Colócalos en orden. — Rápidamente los cubos se fueron atrayendo al guante por orden porque, obviamente, Marcus los conocía. — Pero imaginemos que eres un bebé de verdad, y aun no te los sabes. Coge la Calcinación. — Dijo señalando el cubito. — Y ahora intenta coger… La Fermentación. — Marcus alargó la mano, pero el cubo huyó en la dirección contraria. Gal cazó el cubito y le enseñó el símbolo con el dedo. — El símbolo esta dibujado con metal en polvo, por eso no es tan bonito como el tuyo, pero muy útil para usar un guante metálico con un imán configurado para atrae los elementos en un orden concreto y repeler el cubito si no se coge en el orden correcto. — Rio un poco y los dejó a su lado. — No es ni la mitad de bonito que eso. — Dijo apoyándose con los dos brazos en el asiento del sofá, desde el suelo, y reposando la cabeza en ellos, mirando el móvil. — Lo mío también tiene un girito… — Entornó los ojos sin moverse de su posición, pero enfocando a su amigo. — Pero hay que apagar la luz para verlo… — Dejó caer como quien no quiere la cosa, volviendo a admirar como una idiota el móvil.

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Miér Feb 09, 2022 6:41 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Soltó una carcajada de superioridad. - Dije que teníamos que utilizar los recursos que teníamos a nuestra disposición. Y yo tengo... Contactos. - Comentó, encogiéndose de hombros. Tuvo que volver a reír con su reacción. - ¿Quieres uno? Ya te digo que mi tía ha traído cargamento para varios, te pudo hacer otro. - Comentó entre risas. Le encantaban las reacciones de Alice, esa alegría y ese entusiasmo, y que le gustara tanto todo lo que él hacía. Por eso le merecía la pena el esfuerzo, por eso podría pasarse horas y horas, días incluso, trabajando en algo, solo por verla así.

La miró a los ojos cuando dio su conclusión, y su orgullo estaba deseando escuchar de su boca precisamente eso, que había ganado de calle... Y, sin embargo, la victoria no le provocó ni la mitad de la emoción que esa caricia en su mejilla, la forma en que le miraba a los ojos o verla tan feliz y emocionada. Debía tener una sonrisa bastante boba en ese momento. - Me alegro de que te guste. - Fue lo único que atinó a decir, con voz entregada y sin dejar de mirarla. ¿Para qué había hecho toda aquella tontería de los retos si no era precisamente para eso, para verla sonreír, para... sentir que él podía hacer cosas que la hicieran feliz? A falta de que las estrellas cumplieran su deseo de que Alice estuviera siempre feliz, podía intentarlo él... ¿No? Todo lo que ella le dejara, al menos.

La siguió con la mirada cuando se bajó al suelo, aún un tanto embobado, pero rápidamente se le pasó y se aguantó una risa. - Ahora sí que pareces una niña. - La picó, porque entre lo alto que era él y ella bajita, y estar ahora él en el sofá y ella en el suelo con un montón de juguetes alrededor, podía meterse con ella por lo infantil que le parecía. Frunció el ceño con curiosidad, no obstante, cuando vio no solo los cubitos de madera sino el guante metálico que le tendía. Se lo puso, escuchándola con atención, y la mención al bebé curioso de ricitos oscuros le hizo reír levemente. - No es muy difícil imaginarse eso. - Comentó mientras se ponía el guante, porque de hecho estaba deseando saber qué se hacía con esos cubos. Miró a Alice con la expresión de ese niño que siente ahora mucha superioridad porque sabe ordenar a la perfección los estados de la alquimia, y cuando fue a agarrar el primer cubo, este se atrajo rápidamente. - ¡Eh! ¡Qué guay! - Lo dicho, no era difícil imaginarle como un bebé curioso, seguía siéndolo.

Cuando lo tuvo ordenado, Alice le hizo otra propuesta. Rio entre dientes. - ¿Cómo sabes que este bebé de verdad en concreto no se lo sabe? - Se burló con tonito superior, pero hizo lo que le decía. Abrió los ojos como platos cuando vio que el cubo incorrecto le había huido al intentar cogerlo. - ¡Oh! ¡Pero esto mola un montón! - Directamente, se bajó al suelo él también. Lo dicho, era facilísimo comprarlo con un juguetito intelectual. La miró para atender a su explicación, mientras él solo fue experimentando y comprobando como, efectivamente, si cogía el cubo correspondiente no había problema, pero si intentaba tomar el incorrecto, este le huía. La chica se había apoyado del sofá y había vuelto a alabar su móvil, pero Marcus seguía jugando a coger los cubos y ver como los atraía o le huían según cuales cogiese. Volvió un poco en sí y rio. - Perdón. Se ve que sigo siendo un bebé curioso de rizos oscuros. - Comentó entre risas. Miró los cubos. - Pero es que esto es muy divertido, a los niños les encantaría, y es muy fácil de seguir, llegarían a Hogwarts ya sabiéndose los... - Un violento ruido fuera de la sala le hizo sobresaltarse, pero acto seguido rodó los ojos. Echó aire por la boca. - Tranquila. Es Lex pegando quafflelazos. - Su hermano debía haber salido al jardín para ponerse a volar con la escoba y jugar a lanzarse la pelota a sí mismo, o contra la casa más bien. No era la primera vez que lo hacía y sus padres solían llamarle la atención, porque hacía mucho ruido, era muy molesto. Pero nada, él a lo suyo. "Es lo único que me relaja". Ya. Pues a los demás les ponía de los nervios.

No iba a dejar que los balonazos de su hermano le distrajeran de en lo que estaba, así que sonrió a Alice. - Me ha parecido una idea genial. - Y entonces ella añadió que aún quedaba algo, para lo cual deberían apagar la luz. Ladeó la cabeza, mirándola con los ojos entrecerrados y una sonrisilla. - ¿En serio? - Lo cierto era que se moría de curiosidad, así que se levantó de un salto. - Así sea, pues. - Corrió las cortinas y, mientras se dirigía a la chimenea para cerrarle la puerta momentáneamente y que no diera tanta luz, dijo. - ¿Piensas dejar a un bebé jugando a oscuras? ¿Es buena idea eso? - Obviamente tenía que seguir picándola. Solo le faltaba cerrar la puerta, y cuando se acercó a esta... ¿Se molestaría su madre porque estuvieran a puerta cerrada? Bueno, solo era un momento, y la mujer estaba en esos momentos en su despacho en el piso de arriba. Sería mucha coincidencia que bajara. Aunque su oportuno hermano acababa de dar otro estruendoso balonazo y Emma no se caracterizaba por su paciencia con las salidas de tono, ya mismo estaría llamándole la atención. Pero bueno, serían rápidos y ya está. - Y bien... - Comenzó, ya a oscuras, volviendo a sentarse junto a ella en el suelo. - Soy todo oídos. -
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