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Mar Feb 01, 2022 11:05 pm por Freyja
Recuerdo del primer mensaje :


El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Le encantaba la Navidad, y tenía unos recuerdos buenísimos de las fiestas anteriores en Hogwarts, sobre todo en la época de Howard y Anne. Disfrutaba mucho de todo y veía a los prefectos como si fueran dioses, no podía esperar a que llegara su turno de organizar cosas para los demás, de poner esa fiesta que tanto le gustaba a su gusto. Sin embargo, casi le da algo en la de Halloween, por lo que se lo tomó con más tranquilidad. También estaba con mil ojos mirando por dónde podía salirle ese diablo de Creevey, quien ya había asumido que iba a ser su némesis de aquí en adelante, pero parecía bastante distraído en general, lo tenía bien localizado y, por el momento, se estaba limitando a comer dulces como si le fuera la vida en ello. Que siguiera así, dudaba que fuera a agotar las reservas de comida así que, todo controlado.

- Ha sido una idea súúúúperguay, Marcus. - Le dijo Oly, quien miró los símbolos y entrecerró los ojos, acercándose y alejándose y tratando de encuadrar el espacio metafóricamente con sus manos. - Dosmil... Dosmil... Los nueves que van y vienen... Tan numéricamente musical... - Es que cambiamos de milenio. - Comentó él, encogiéndose de hombros con una sonrisa. - Había que hacer algo especial. - La chica asintió, sin dejar de mirar el entorno. - Me acuerdo de tu muñequito de nieve de segundo. Era tan mono. - Marcus chasqueó la lengua. - No he conseguido el nivel de hechizos para hacerlo este año, pero confío en conseguirlo para el año que viene, me queda poco. Aunque, mira. - Se sacó del bolsillo una servilleta y se la enseñó. La chica rio con ternura, aplaudiendo. - ¡Le has puesto unas gafas en las que pone 2000! - Marcus rio y asintió. Había vuelto a hacer el hechizo de los muñecos de nieve en las servilletas, que ese sí que lo controlaba, pero con el añadido de las gafas. - Lo dicho, este año había que hacer algo especial. -

Y hablando de cosas especiales, tenía algo en mente desde que empezó a organizar la fiesta, y se lo había estado guardando. Sabía, además, en qué momento se lo iba a decir. Estaba seguro de que la idea le iba a encantar, solo de pensarlo se le escapaba una sonrisilla pilla que no sabía como Alice no le había pillado a esas alturas, con lo malo que era él disimulando. Acordó con sus compañeros que todo lo de la fiesta estaba ya más que en orden y que podían irse cada uno con sus amigos, aunque sin bajar la guardia por si hacía falta algo, y la buscó por el entorno. Estaba en la misma mesa que se habían puesto en las fiestas de Navidad previas, su mesa de siempre, y allá que fue él.

Cayó en el asiento junto a Alice, haciéndose el dramáticamente cansado, aunque con una sonrisilla, apoyando su espalda sobre su hombro y cerrando los ojos. - ¿Recuerdas cuando solo teníamos que venir, comer dulces y dar vueltas entre los árboles de Navidad? - Echó aire por la boca y se incorporó, mirándola. - Pero parece que está todo en orden... ¿Cómo lo ves? - Preguntó, realmente deseando que su amiga viera aquello bonito y perfecto. Antes de que hablara, alzó un índice. - Que conste que aprendí la lección de la fiesta de Halloween y no me he estresado TANTO. - Enfatizaba el "tanto" porque se había estresado igualmente, pero al menos lo había disfrutado más y no había sentido tanto descontrol. Se colocó bien en el asiento y sonrió a la chica. - Ya echaba de menos ser un alumno normal. ¿Cómo ha ido hasta ahora la fiesta de Navidad de Alice Gallia sin Marcus O'Donnell? -
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Miér Feb 09, 2022 3:57 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Asintió y sonrió. — Me encantaría, aunque no le fuera a dar mucho uso. — Porque a ver, ¿para qué iba a querer ella un móvil si no iba a tener bebés? Bueno porque quizá en su casa sí hubiera bebés algún día si Dylan tenía hijos, o Jackie… En fin. Que lo quería tener por tener algo así de bonito, independientemente del uso. Mejor dejaba de darle vueltas. Además parecía que tenía un bebé allí mismo, jugando con los cubitos. Rio y se apoyó en su propia mano. — Me alegro de que te parezca útil. Al menos eso me queda en el expediente de los retos. — Porque con aquella preciosidad de móvil, la había hundido en la competición.

El ruido la sobresaltó de golpe, pero claro, es que por lo visto era Lex MOLESTANDO. Pues anda, que a ella, que había venido desde Francia para pasar un rato bonito con Marcus, con sus retos, como les gustaba a ellos, no le iba a fastidiar el día, vaya. Esperó a que Marcus cerrara todo para lograr la semioscuridad que necesitaba y dijo. — No es tanto jugar… Como admirar. — Más me gustaría a mí jugar contigo a… Ups. Pensamiento que se le había colado sin permiso. Tenía que tener cuidado que Lex andaba por allí.

Cuando Marcus volvió a su lado, señaló los cubitos y dijo. — Ponte el guante y dales un toque con el dedo índice, en el orden correcto, bebé sabihondo. — Dijo guiñándole el ojo y dándole con el dedo en la mejilla a modo de cariño e ilustrativo de lo que tenía que hacer. A medida que lo fue haciendo, los bloques iban levitando y colocándose a cierta altura. Cuando lo hubo hecho con todos, se situó en la alfombra y, poniendo la mano en el pecho, lo empujó levemente sobre el suelo. El resultado fue que se quedaron una postura demasiado tentadora, con Marcus tumbado y ella ligeramente inclinada, apoyada en su pecho, sobre él. Decidió moverse, porque si se quedaba más así iba a acabar metiendo a Marcus en una situación inequívoca y Emma estaba rondando cual perro guardián por allí. Se tumbó a su lado, sin dejar de mirar sus ojos y señaló con el dedo índice hacia los cubos, que flotaban sobre sus cabezas. — Mira ahí. — Y ambos levantaron la mirada. — Los bloques forman un puzzle que imita la bóveda celeste y dónde se ubican los planetas y cuerpos celestes que representan los estados de la alquimia. Y he hecho que brillen con las algas de la cueva de las medusas, claro. Ventajas de haberme ido de vacaciones de Navidad a La Provenza. — Dijo con una voz susurrada y tierna. — Cuando era pequeña, quería dormir bajo las estrellas todos los días. — Dijo, anhelante, en un suspiro. — Así que sería un regalo para la pequeña Alice. — Bajó la mano y la dejó caer entre su pierna derecha y la pierna izquierda de Marcus, muy cerca de los nudillos de él, casi rozándose. — Lo que hice fue comprar poción levitadora que se activa al contacto. Nada de magia. En Saint-Tropez la venden mucho por las meigas. — Dijo con una risita. Estar tumbados, hablando de las meigas y la playa le estaba despertando demasiados recuerdos. — Entonces… ¿Te gusta? — Y ya no estaba segura ni de por qué estaba preguntando.

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Miér Feb 09, 2022 9:24 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Rio espontáneamente y, con la misma espontaneidad, claramente sin pensar, dijo. - Yo creo que jugarías tú más que el bebé. - Y luego se calló, con una risa residual para disimular. Acababa de decirle que no le iba a dar mucho uso refiriéndose a que no iba a tener hijos, no era tan difícil de pillar. ¿Cómo tenía el cerebro para meter la pata en algo tan tonto? En fin, se había dejado llevar por el tema de los juguetitos de bebés. Él siempre había dado por hecho que tendría hijos porque le encantaban los niños y, sobre todo, porque era muy cuadriculado y tenía unos esquemas de vida muy definidos, quería ser como sus padres y sus abuelos, con su trabajo de renombre, sus libros escritos, su casa preciosa y sus niños. En su cabeza no entraba otra opción... En la de Alice, a la vista estaba, sí. Y estaba bien, es decir... Ella sabría... Lo que hacía con su vida...

Volvió al lado de Alice cuando consiguió poner toda la habitación lo más oscura posible teniendo en cuenta que era pleno día, sentándose junto a ella en el suelo y esperando a que le diera indicaciones. Asintió, poniéndose el guante, y el toque en la mejilla junto con el calificativo le sacaron una risita un poco estúpida. Vaya como estaba últimamente. - Veamos. - Dijo, y empezó a hacer lo que le decía. Con ilusión, observó que los cubos no solo comenzaban a levitar, sino que brillaban. Definitivamente, parecía un bebé curioso y emocionado. Ese Marcus chulito de quince años aún conservaba mucho del niño Marcus que se emocionaba con absolutamente todo, y abría los ojos hasta que le ocupaban media cara, empezando a hacer preguntas a toda velocidad. Estaba tan alucinado con lo que estaba pasando que Alice le puso las manos en el pecho y él se dejó conducir hasta quedar tumbado casi sin darse cuenta... Y cuando se dio cuenta, ahí sí que se bloqueó del todo. Ahora veía a la chica desde abajo, tumbándole, iluminada por los destellos de los cubos... Se mordió el labio. No sabía si aquello había sido una buenísima idea o una muy mala, solo sabía... Que estaba guapísima vista así...

Volvió en sí cuando se retiró y empezó a hablarle, parpadeando para centrarse de nuevo. Miró donde le indicaba y escuchó, atento y ligeramente embobado. Los planetas, los estados de la alquimia... Habían pensado lo mismo... Y, encima, lo de las medusas. - ¿En serio? - Preguntó en un susurro, sin dejar de admirar los cubos. - Es impresionante... - Susurró. Debían reflejársele las luces brillantes en los ojos, además de la emoción. Lo siguiente hizo que la mirara y se le esbozara una leve sonrisa. - Tumbarse bajo las estrellas está bien. - Susurró con cariño, recordando aquella noche hacía unos meses en La Provenza. Qué recuerdos le traía, que distinto era el entorno en el que estaban y, sin embargo... Qué similar le resultaba. Las sensaciones eran muy parecidas, y cada vez le quedaba más claro que el entorno daba un poco igual siempre y cuando Alice estuviera presente. Lo de la pequeña Alice le hizo reír, y siguió atendiendo a la explicación. Eso sí, no le había pasado inadvertida lo cerca que estaba su mano de él, de la suya, y... Se mojó los labios, mirándola, pero volvió a mirar a Alice, sonriendo al proceso que le contaba. - Ahora se me han antojado unas meigas fritas. - Bromeó, pero sin abandonar ni el tono susurrado ni la expresión de... No sabía qué expresión debía tener en la cara ahora mismo, solo... La miraba y...

- Está genial. - Concluyó. Sí, mejor centrarse en el reto. - Muy guay, muy currado, muy original y... - Ladeó levemente una sonrisa. - Muy parecido al mío. - A la pregunta arqueó las cejas y se le escapó una leve risa. - ¿Que si me gusta? Me encanta. - Dejó arqueada solo una en expresión cuestionadora. - Creo que me has montado todo este ecosistema tan bonito para que me plantee darte la victoria por este reto. - Comentó chulesco, pero luego volvió a bajar la mirada a su mano, tan cerca de él, y susurró. - Te la merecerías... - Alargó el índice y rozó levemente su mano, y justo al hacerlo, Lex dio otro balonazo que le puso el corazón en la garganta. Puto Lex, pensó automáticamente, porque vaya cortada de rollo. A ver si se lo leía en la mente y se estaba quietecito.

Volvió a centrarse en Alice. - Insisto en lo sorprendente que me parece que hayamos pensado justo lo mismo. - Comentó divertido, acercándose, tumbado, apenas un centímetro a ella. Estaban en tono distendido, solo que como estaban hablando bajo, pues tendría que acercarse, ¿no? No era plan de ponerse a gritar... En fin, hasta él mismo se daba cuenta de la grandísima excusa que se estaba poniendo para acercarse a Alice. - Parece que... Vamos a educar a los niños igual. - Volvió a bromear, aunque esa risa le salió un poco más incómoda. ¿Qué estás diciendo, Marcus? Se aclaró la garganta. - Es buen recurso ese de las medusas luminosas... - Encogió un hombro, tratando de recuperar el tono chulesco. - Lo dicho, me gusta ser un hombre de contactos. - La miró y... Se mojó los labios. - Me ha gustado este reto. - Susurró, y al decirlo giró los ojos hacia la puerta, porque un ruido tras ella había activado sus alarmas. En concreto, los tacones de su madre pasando de largo por allí. Tragó saliva. Por las pisadas que oía, había bajado del piso de arriba y estaba saliendo al jardín, probablemente a decirle a Lex que dejara de hacer tanto ruido, pero había pasado convenientemente por delante de su puerta... Y se la había encontrado cerrada. - Eemm... - Quizás deberían levantarse, pero... Maldita sea, quería quedarse allí, así, con Alice. Más cerca, incluso... Porque... Se estaba bien... - ¿Tienes... Las plantitas...? -
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Miér Feb 09, 2022 11:59 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Rio un poco a lo de las meigas fritas y negó con la cabeza. — Ahora estoy segura de que estoy con Marcus O’Donnell, si se me pone a hablar de comida cuando acaba de desayunar. — Giró la cabeza para mirarle y se quedó enganchada en aquella imagen, en Marcus mirando aquella bóveda celeste y… Ojalá pudiera dárselo todos los días, un cielo lleno de estrellas, que le hicieran brillar los ojos así, sería lo más bonito del mundo. Mordió el labio y rio con lo de la victoria. — Que yo no soy Slytherin, O’Donnell, cómo me intentas liar. — Se acercó un poco más a él, ya sin huir de la cercanía, buscándola con ansia, y puso una sonrisa cuestionadora. — Yo no tengo problema en darte la victoria… ¿Qué premio quieres? — Y justo entonces notó que le rozaba la mano en un tacto que le erizaba el cuerpo entero y le miró con intensidad, deseando más, como siempre.

Por desgracia, Lex seguía en su peculiar partida de jode-a-tu-hermano-jugando-al-puto-quidditch contra la pared. Trató de atender a lo que le decía Marcus y rio un poco, negando con la cabeza. — A mí no me sorprende nada de nada. Eres la persona que mejor me entiende en el mundo. — Pero entonces dijo lo de los hijos y la hizo suspirar. Qué manera de hacerla quedar mal, de verdad. — Bueno yo no voy a tener que preocuparme de eso concretamente. — Se rio un poquito y dijo. — Y menos mal, porque me sale uno como tu hermano y le quemo la pelota. — Dijo, intentando hacer una bromita, tras oír otro pelotazo. Entornó los ojos a lo de las medusas y dijo. — Un poco manido ya, pero como yo no tengo contaaaactos. — Dijo con vocecilla irritante pinchándole con un dedo en las costillas y riéndose. Paró y fue bajando la risa hasta convertirla en una sonrisa hipnotizada. — A mí también… Y espero que no sea el último… — Dijo replicando sus palabras el día de la fiesta justo después de besarse a ver si así iba pillando por dónde iba. Pero, por supuesto, la interrupción, o al menos la amenaza de ello, llegó en forma de tacones de Emma. Ya se les había roto el momento. — Sí, sí la tengo. — Dijo con una sonrisita. Mierda, no quería moverse, pero… — En esa categoría sí que voy a ganar yo. — Y se incorporó, dispuesta a acercarse a la mochila, pero al hacerlo, rozó ella también la mano de Marcus.

Fue hasta la caja, y sacó el tablón de corcho, mientras Marcus abría todo, y el ambiente terminaba de desvanecerse. Dio un toque a los cubitos y les puso la caja debajo, para que cayeran sanos y salvos, que no quería perder su manualidad, y la dejó a un lado. — Ahí está mi reto de las plantas. — Dijo señalando el tablón. Tenía dibujado un mapamundi con rotulador negro, sobre el corcho liso. Puso carita de pilla y dijo. — Las plantas están escondidas, tienes que hacerlas brotar… — Señaló Italia. — Venga, ¿probamos ahí? — Pasó el dedo por la forma del país y brotaron unas margaritas diminutas, muy juntas, en todo el perimetro. — Margaritas, la flor nacional de Italia. Por la reina Margheritta de Saboya, que les puso nombre. — Señaló sin tocar todo el mapa. — Hay tantas plantas alucinantes en el mundo, que no podía buscar una sola. Así que me volvía loca haciendo poción reductora para semillas de flores de todas partes, que fueran representativas del país de cada sitio, y eché poción acelerante que se activa al contacto, cuando señalas el país en sí. Así que tienes plantas que son preciosas por lo elegantes, tienes cosas exóticas y raras, plantas que no crecerían en ningún otro lado como las carnívoras de Australia… En fin. — Miró al chico y sonrió. — Es para ti. Es para que descubras todo lo que la Herbología te puede dar y para que veas que puede ser interesante, preciosa y completa… — Suspiró y amplió la sonrisa. — Venga, dime algo, ¿hubieras preferido solo una plantita o algo así? — Sabía que no, pero aun así, necesitaba su opinión, porque había echado muchas horas y, sobre todo, ilusiones en aquello.

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Jue Feb 10, 2022 1:00 am por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
La miró automáticamente cuando hizo esa afirmación y podía jurar que su corazón se había saltado un latido. - ¿Qué me darías? - Preguntó, sin pensar. ¿Que qué quería de premio? Pues... No lo había pensado, y desde luego, no sabía en qué estaba pensando ahora. Tenía la mente un poco... En blanco. Sí, prefería pensar que la tenía en blanco. Menos mal que cambiaron de tema, así que se mojó los labios y se recompuso un poco en base a seguir mirando los cubitos luminosos. Puede que se hubiera puesto un poco nervioso... Y no sabía por qué. En fin, que solo le había preguntado qué quería de premio por lo de los retos, que era normal, vamos, que en teoría había un ganador, y cuando alguien ganaba, pues se llevaba un premio... Le estaba dando demasiadas vueltas.

Se rio un poco con el comentario, aunque levemente incómodo. A ver, Marcus, es que ¿para qué sacas el tema? Si Alice ya había dicho claro muchas veces que no quería hijos... En fin. Harían esos juguetes para los hijos de él y ya está, porque ella no iba a tener, le había quedado ya muy claro. Anda que Lex ya podría estarse quietecito. Podría habérselo pensado con el tema de los juguetes, pero claro, con su hermano dando por saco, como para tener ganas de... Espera, ¿qué le importaba a él si Alice quería hijos o no? A veces se metía él solito en unas rayadas... Se encogió violentamente, con una carcajada, cuando le picó las costillas, aunque le vino muy bien para dejar de pensar tonterías. - ¡Eh! No te burles de mis contactos, no tengas tanta envidia, Gallia. - Con la risa un poco más residual, la miró a los ojos. - No lo será. - Aseguró, con la voz más tenue. Llevaban haciendo retos desde que se conocieron... Podría pasarse haciendo esos retos toda la vida... O mientras ella quisiera, al menos.

Rio con superioridad. - A ver, claro que vas a ganar. Has venido de improviso, aprovechándote de lo inesperado, dejándome sin tiempo para preparármelo... - Se quejó una vez más, teatralmente, porque él sabía que no le había dedicado tiempo a lo de la planta porque había preferido dedicarse a lo demás, pero tenía que quedar de digno o no sería Marcus. Eso sí, no le pasó desapercibido el roce de su mano cuando se levantó, lo que hizo que se mantuviera mirándola con una sonrisilla. Se levantó y lo primero que abrió fue las cortinas, pero acto seguido abrió la puerta. No sabía si era peor dejar la puerta cerrada un segundo más, o abrirla con todo oscuro. Luego destapó de nuevo la chimenea y ya respiró tranquilo de ver que su madre no estaba por allí... Aunque la vio pasar de nuevo hacia el piso de arriba justo cuando él se sentaba de nuevo junto a Alice, y al mirar, cruzó la mirada con ella, que había mirado al interior de la sala claramente para ver qué estaban haciendo. Tragó saliva y disimuló, mirando rápidamente a otra parte, aunque ya su madre le había visto mirándola, pero no quería que pensara que... En fin, estaba haciendo algo malo, porque no. Pero a su padre se atrevía a ponerle los ojos en blancos y decirle que no fuera pesado o desconfiado. Con Emma... Mejor no hacer la prueba.

Miró curioso el corcho que Alice le mostraba, dibujando una expresión alegremente sorprendida cuando dijo que las plantas estaban ocultas. - Nunca dejas de sorprenderme, ¿eh? - Comentó, acercándose más al corcho para escudriñarlo. La miró con una sonrisa pilla cuando dijo lo de Italia y el resultado le hizo abrir mucho los ojos. - Wow. - No dejaba de sorprenderse ante un buen hechizo o una maniobra de Alice. Se acercó un poco más al corcho, admirando las margaritas que acababan de brotar mientras escuchaba la historia que Alice le contaba. - Impresionante. - Concluyó, sin dejar de mirarlo. Pero cuando le dijo que era para él, la miró súbitamente. - ¿En serio? - Miró varias veces al corcho y a ella. Rio un poco. - Vale, lo pillo. - Obviamente le tenía que dar un tirito a la Herbología, pero en esos momentos le daba exactamente igual. Estaba demasiado encantado. La pregunta le hizo ladear la sonrisa y mirarla. - Yo también quiero siempre más. - Vale, menos mal que habían encendido de nuevo las luces. Se centró en el corcho. - Has ganado de calle... Ibas a ganar de todas formas porque yo no tengo nada, pero hubieras ganado igualmente, te lo aseguro. - Comentó entre risas. - No sé yo si habrá en nuestro huerto algo digno de esto... Podrías ayudarme a buscarlo. Pero quiero seguir investigando un poco más esto primero. - Se mojó los labios, mirándola. - ¿Me enseñas más? -
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Jue Feb 10, 2022 4:02 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Emma no pareció considerar que necesitaban una de sus intervenciones, a pesar de que Marcus tenía una cara de culpable que no podía con ella, así que eso le dejó vía libre para simplemente quedarse admirando esa carita tan preciosa, que alucinó con las margaritas brotando en Italia. Luego puso una sonrisa y asintió. — Pues claro que es para ti. — Se inclinó sobre el tablero y dejó un beso en su mejilla. — Feliz navidad, prefecto O’Donnell. — Y se separó lentamente, mirándole a los ojos, sin quitar la sonrisa, disfrutando de aquella cercanía inocente, pero cercanía, a fin de cuentas.

Pero recuperaron ese tonillo cuando Marcus dijo lo de que también quería más, a lo que ella sonrió y cogió su mano. — Pues tienes el mundo entero para ti. — Y fue pasando el dedo al azar por encima de los países hasta hacerle caer en Colombia. — Flor de mayo… Se parece al díctamo, ¿verdad? — Dijo con una risita. Luego se lo llevó a Japón, al otro lado, aprovechando para acariciarle suavemente. — La flor de cerezo… Que se parece mucho a mi favorita, la del almendro. Es preciosa, ¿verdad? — Volvió a entornar los ojos para mirarle. — Mira vamos a las raras… — Llevó su mano a Nueva Zelanda. — Las kowhair amarillas… Son flores muy alegres, pero que están siempre tristonas hacia abajo, y son de las pocas que pueden crecer en los climas extremos de allí. — Llevó su dedo a Inglaterra. — Y para que veas cuánto me lo he currado que he puesto hasta las rosas inglesas, por poco que me gusten. — Soltó una risita y le miró a los ojos. — Pero la mejor es la francesa… — Ladeó la cabeza. — La flor de Francia es la flor de lis, pero yo no podía ponerte Francia y flores juntas y que no fueran… — Hizo que pasara el dedo por encima del mapa y empezaron a brotar muchas lavandas muy pequeñitas. Rio y se separó un poco, porque si seguía ahí, su autocontrol peligraba. — Venga, vamos fuera, para salvar un poco tu honor en esta prueba.

Salió a ponerse el abrigo, con una sonrisita muy estúpida, cuando oyó una voz que decía. — ¿Dónde vas, Alice? — Y se envaró, mientras se ataba el abrigo. — Mmmm es que… Marcus me ha dicho que vayamos al jardín a buscar alguna planta para su reto, que como no lo tenía… — Emma la miraba desde las escaleras, cruzada de brazos. — ¿No tenías frío? — Ella puso una sonrisa tranquilizadora. — Ah sí, pero ya he entrado en calor en la salida. — Mierda. Era una trampa y se dio cuenta en cuanto lo había terminado de decir. Suspiró para consigo misma, pero sonrió a Marcus cuando salió. — ¿Qué? ¿Qué tipo de plantita quieres? — Preguntó, distraídamente, como si nada, dirigiéndose a la puerta.

Salieron al jardín y pasaron por cerca de Lex que seguía con cara de toro enfadado, dando quafflelazos, pero siguieron hasta el terrario y el huerto. — A ver, ¿qué buscamos? ¿Quieres flores como un caballero medieval? ¿Algo que se pueda comer a lo Hufflepuff en consideración a mi corazoncito? ¿O plantas que hagan una poción innovadora o útil como buen Ravenclaw? — Preguntó dándose la vuelta para agarrar sus manos y tirar de él, dejándole así bastante cerca de nuevo… Pero a ojos de todos solo estaba tirando de él hacia dentro del jardín.

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Jue Feb 10, 2022 4:52 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
A estas alturas debía ser un tanto absurdo que se pusiera nervioso por un besito en la mejilla, y sin embargo, ahí estaba: Marcus O'Donnell ruborizado y con una sonrisa estúpida por un besito y un feliz Navidad. De hecho, sonrió como un tonto y ni contestó, de lo cual se arrepintió segundos después cuando se dio cuenta de que, efectivamente, no había contestado. Pero contestar tan tarde iba a ser más raro todavía que no contestar, así que... Bueno, en fin, no estaba fino ese día, debía haberse dejado todas las neuronas en hacer el móvil.

Le cogió la mano y le dijo que tenía el mundo entero para él, y pocas cosas podían activar más la grandilocuencia de Marcus que una frase así, si bien Alice le enternecía tanto que le rebajaba el ego bastante. Se mordió el labio y contestó. - Un mundo entero para mí solo... Espero que no sea demasiado. - Se mojó los labios y miró al corcho, aunque dejó escapar. - Si alguien quiere conocerse las fiestas populares, o ver estas plantas en persona, podría recorrérselo conmigo. - Se lo prometieron de niños, que harían miles de viajes, desde la inocencia del "qué buenos amigos somos y cuántos planes hacemos juntos". Lo seguía viendo factible, si bien... Ahora viajar los dos solos se le antojaba a que tenía otras connotaciones. Pero bueno, ellos eran Marcus y Alice, hacían lo que querían y les daba igual lo que pensaran los demás. Sonrió a su paso por los diferentes países, viendo brotar las flores y atendiendo a las explicaciones. - Lo es. - Respondió en un susurro cuando le dijo que la flor de Japón era preciosa... Aunque no estaba mirando las flores, la estaba mirando de reojo a ella. Pero se refería a las flores. Sí... Se recentró y el comentario sobre las flores australianas le hizo reír. - Alegres pero tristonas. La verdad es que dan un poco de penilla, tan agachadas. - Comentó, torciendo la cabeza como si quisiera buscarle la mirada a las flores, divertido. La miró con una sonrisa fruncida y con un puntito irónico cuando dijo lo de las rosas inglesas. - Oh. Qué detalle. - Rio. Aunque al llegar a Francia y crecer las lavandas, se activaron todos sus recuerdos, todos preciosos. Volvió a mirarla, en silencio, en un silencio un tanto pesado en el que... Dio igual, porque Alice se apartó entre risas, así que él rio también para no sentirse demasiado estúpido (aún más, quería decir). - Mi honor está perfectamente preservado, Gallia. Insisto en el hecho de que me has reducido tiempo de preparación de los retos. - Sí, sí, palabrería y quejas. Eso siempre venía bien para volver a pisar tierra.

Como siempre, Alice se escabulló antes que él, así que dejó todo medio en orden y salió detrás. Cuando lo hizo, vio a su madre en las escaleras. Cuando la gente le decía que su madre daba miedo, se ofendía y respondía a la defensiva, porque para él su madre era muy buena y la tenía en un pedestal, y con sus hijos y su marido siempre había sido muy cariñosa... En momentos como ese, entendía el miedo. Pero igualmente no lo pensaba reconocer. Además, ni que hubiera hecho nada malo... Menos mal que el legeremante de la casa era Lex, el cual debía estar, dicho sea de paso, muy entretenido con la puñetera quaffle. Aunque a decir verdad, no había vuelto a oír un balonazo desde que su madre bajó al jardín. Se dirigió a Alice ante su pregunta. - Pues a ver si eres capaz de localizar alguna típica de algún sitio que no sea Inglaterra y que no esté en tu mapa. - Comentó, con toda la normalidad del mundo, aunque mirando a su madre de reojo. Seguía en las escaleras. Señaló la puerta. - Vamos... A... - Muy bien. - Dijo ella con una sonrisa cordial. Vale, estaba sonriendo, eso era bueno, así que suspiró aliviado y sonrió él también. Fue a girarse para salir, y entonces Emma añadió. - Cuidado con lo que tocáis... Hay cosas muy delicadas que se podrían estropear. - Comentó, con ese tono de hielo, y no había perdido la sonrisa, pero ahora sonaba de todo menos cordial, o sería la conciencia de Marcus la que lo estaba tergiversando todo... Vale, eso no era bueno. Igualmente, Emma se había dado media vuelta para volver a su despacho, así que Marcus salió tras Alice al jardín.

Dejó de rayarse por su madre y ahora sus esfuerzos mentales se centraron en Lex, a quien miró con el ceño fruncido. Su hermano le devolvió la mirada. Ah ¿le estaba leyendo la mente otra vez? ¡Qué raro, oye, ni que no llevara toda la vida haciéndolo a pesar de que le hubiera rogado por activa y por pasiva que parase! Pues a ver si le leía que más le valía no molestar, que estaba más puñetero de lo habitual últimamente y vaya mañanita llevaba. Algo debió leer, porque se giró enfurruñado y lanzó la quaffle al hueco entre los árboles con más violencia que de costumbre, y luego desapareció en su escoba a más velocidad de la que podía jurar que su madre le tenía permitida en casa. En fin, que hiciera lo que le diera la gana mientras no les molestara. Ya sí iba a centrar su atención en Alice.

- Hmmm. - Hizo pensativo, acariciándose la barbilla en un gesto muy teatral. - Veamos... Podría ser...  ¿Una mezcla de las tres? - Dio un pequeño trote, de camino al huerto, poniéndose las manos tras la espalda, claramente tramando algo. - Quizás algo con lo que pueda hacer... - Cogió el primer hierbajo que encontró en el camino y, de un salto, se plantó frente a Alice hincando la rodilla en el suelo. Tendiéndoselo, con mucha comedia y voz pomposa, dijo. - Oh, dama de corazón Hufflepuff, ¿me concede el honor de preparar conmigo una poción perfectamente útil e innovadora? - Arqueó una ceja, abandonando el papel pero no la postura. - Esto cumple los tres requisitos. - Rio y se puso de pie, acercándose a ella. - Es una broma. No soy tan cutre de regalarte... Esto. - Comentó, alzando el hierbajo que había cogido y lanzándolo por ahí. - Pero si encuentras algo así, es todo tuyo. -
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Jue Feb 10, 2022 8:06 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Frunció el ceño cuando dijo lo de la combinación de las tres y se giró diciendo. — Vamos a ver, ¿cuándo se ha convertido esto en un reto para mí y no para…? — Pero se quedó sin palabras al encontrarse a Marcus en el suelo, con la rodilla. El corazón le dio un latido ensordecedor y la respiración se le había parada. A ver, Gal, que está de broma. Y trató de reír. Pero es que aquella visión… Y de hecho, él mismo admitió que era una broma. Rio otro poco, ya de forma más natural y negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior. — Total que la que tiene que buscar soy yo. — Dijo con una risa. Le dio con el índice en la mejilla y rio. — Tiene usted mucha cara, su excelencia. — Pero soltó una carcajada y negó de nuevo. — Bah, ¿a quién quiero engañar? Me muero por cumplirlo, soy Alice Gallia, no sé no cumplir un reto.

Se puso a recorrer el huerto, mirando los setos, acariciando las plantas con mimo mientras pasaba y arrancando hojitas secas o que estaban feas. Le encantaba estar entre las plantas, y se iban parando y señalando cosas de las mismas. — Mira, los capullitos de las buganvillas, ya listos para salir en verano de colores… Invítame en verano antes de que me vaya para verlas, porfa, las buganvillas son preciosas. — Pidió como una niña pequeña que pide otra vuelta más, otro juego más. Se agarró del tronco de la encina, dejándose caer para girar a su al rededor. — Ojalá tuvieras un almendro como yo, cogería las flores y las pondría por todo el pelo, sería un regalo precioso. — Le dijo guiándole un ojo. Se rio y se encogió de un hombro y volvió dando saltitos hasta Marcus. — Es broma. Los almendros florecen en febrero. — Sacó el labio inferior. — Por San Valentín algún año, entonces. — Y siguió mirando plantas.

Y entonces, un arbusto llamó su atención, y se lanzó al suelo para manipularlo. — ¡Ajá! — Ya estaba como una niña pequeña. Separó suavemente las ramas para coger la vaina y la flor que estaba buscando. — La tengo. — Dijo dándose la vuelta, sin levantarse, para que Marcus se agachara frente a ella. — Vainilla. La vainilla es de Madagascar, pero en el mapa he puesto la vinca rosácea porque es más bonita. Pero esta cumple las tres cosas: tiene una flor superbonita que, como caballero medieval, puedes ofrecer, se usa en las pociones destensoras de músculos, de esas cuando te da una contractura o te duele el cuello… Y lo mejor de todo. — Abrió la vaina con la uña, de arriba a abajo y, con el dedo, cogió en el polvillo negro y se lo llevó a la boca. — Está buenísima. Puedes cocinar el dulce que quieras con ella. — Dijo justo antes de relamerse el dedo. — ¿Y bien, prefecto? ¿Cómo lo he hecho? — Preguntó alzando una ceja y cogiendo un poco más de la vainilla. — ¿Quieres? — Dijo ofreciéndole el índice. Enseguida cayó en que le había ofrecido la vainilla en su propio dedo y rápidamente, con una risita nerviosa le puso la vaina también al lado.

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Jue Feb 10, 2022 9:55 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Alzo la barbilla, trayendo a sí de nuevo la sonrisita chulesca. - ¿No eras tú la que quería el reto de las plantitas? - Se aguantó la risa con el toque en la mejilla solo para poder seguir con el pique. - Prefecto, Lady Gallia. Aunque excelencia también me gusta. - Y su conclusión le hizo reír. "Soy Alice Gallia". Eso, eso era lo que quería él escuchar, lo que más feliz le hacía. Oír a su Alice.

Y su Alice, por supuesto, era pasar por alrededor de las plantas y empezar a cuidarlas casi sin querer, arrancando hojitas secas y acariciándolas. Podías perderte fácilmente en quedarte mirando como la chica disfrutaba de ese entorno, y eso hizo, caminar a su lado sin dejar de mirarla con una sonrisa... Hoy la estaba mirando demasiado, se estaba dando cuenta hasta él, pero es que... Estaba feliz, y muy guapa, y en fin, que estaban acostumbrados a verse a diario y llevaban sin verse muchos días... Bueno, una semana y media, pero para gente que se ve a diario, eso es mucho... Y sí, se habían escrito, pero es que estaban con lo de los retos y... ¿¿A quién demonios le estaba dando tantas explicaciones??

Rio y asintió. - Tomo nota. Le diré a mis padres que me tengan informado sobre el proceso de floración de las buganvillas. - Bromeó, pero clarísimamente pensaba hacer lo que Alice le había pedido, vamos, clarísimo lo tenía. Sonrió y encogió un hombro. - Bueno, cuando vengas a esa quedada veraniega puedes traerte las flores del tuyo en el pelo. - Aunque con lo de que florecían en febrero chasqueó cómicamente la lengua. - ¡Ah, vaya por Dios! - Pero luego dijo lo de San Valentin y la miró de reojo, con una sonrisilla. - Nos pilla en la escuela, pero... Supongo que acabamos de agendar nuestra primera quedada con fecha para cuando salgamos. - Porque no es nada raro que dos amigos hagan planes futuros justo para San Valentín... La vocecita esa de su conciencia que no paraba de molestarle hoy podría callarse.

Miró intrigado como se lanzaba al arbusto y se acercó, sin dejar de sonreír. Como seguía agachada, se acuclilló él también, frente por frente a la chica. No pudo evitar abrir los ojos y sacar un poco el labio inferior, asintiendo impresionado. - Nunca deja de sorprenderme lo mucho que sabes de plantitas. - Comentó, con total sinceridad. Rio un poco cuando empezó a enumerar las tres condiciones del reto, volviendo a asentir. - Impecable, no me cabía duda. Este caballero está encantado con la flor, le va a venir muy bien la poción de los músculos porque se ha dejado el cuello metiendo papelitos dentro de huevos diminutos, y le encanta la vainilla. Es muy Hufflepuff. - Y entonces, le ofreció probarla. De su dedo. Y acababa de verla a ella lamérselo y... ¿Es que... Quería... Que...? Un momento, Marcus, párate, que seguro que te estás confundiendo. Parpadeó, pero la cara debía habérsele quedado de tonto total. Los escasos segundos que Alice tardó en ofrecerle la vaina se le hicieron tan largos que le dio tiempo a pensar todo eso, pero claro, efectivamente, la había malinterpretado, así que dejó escapar una risa en forma de aire entre los labios. Luego chasqueó la lengua, cogiendo la vaina. - Yo siempre quiero comida, Alice. - Sí, mejor hacer comentarios chulescos para disimular, y lamerse el dedo con la mirada en el suelo, también. Anda qué... Pensar que ella querría... Menudo idiota...

- Muy bien. Justísima ganadora de este reto. - Confirmó, poniéndose de pie y tirando de su mano para levantarla con él. - Bueno, "justísima". Ya sabes, has venido antes de tiempo y... - Se alejó de un salto, entre risas y con las palmas levantadas. - Vale, vale, ya no lo digo más, no me mates. - Si es que le gustaba mucho picarla. - Vale, ya solo nos queda uno. - En ese momento, Lex pasó a toda velocidad por allí subido en su escoba, tan rápido que les alborotó la ropa y el pelo. - ¡¡NO VUELES TAN RÁPIDO!! - Bramó molesto cuando pudo reaccionar, pero claro, veloz como iba, Lex estaba ya en la otra punta del jardín. Ahora resultaba que iba a "entrenar" dándole vueltas a la casa. Si es que cuando se proponía fastidiar, se le daba estupendamente. Echó aire por la nariz y se centró en su amiga de nuevo. - Este es importante porque es el cuento de desempate. - Hizo un caballeroso gesto con la mano y la señaló. - ¿Haría mi lady el honor de empezar? -
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Vie Feb 11, 2022 12:13 am por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Cuando dijo lo de la quedada, mantuvo la sonrisa, pero le miró de reojo. ¿Le había dicho que quedaran en San Valentín fuera de Hogwarts? Guau… — Hecho. — Dijo simplemente, aunque cada vez le costaba más mantener la compostura y la naturalidad en la voz. Decidió centrarse en la plantita y contestar a lo que le iba diciendo. — Sacamos la misma nota en Herbología. — Dijo sin más, para reír luego con lo del dolor de cuello. — Qué teatrero. ¿Y yo no me he dejado la vista en el mapa de las flores ni me he arriesgado a una neumonía por ir a la cueva a por el líquen luminiscente? — Dijo ella imitando el tono lastimero de él.

Se dejó levantar por él con una gran sonrisa y se cogió las manos a la espalda, como una niña buena. — Venga, prefecto… — Y cambió el tono de voz a ese, ese que usaban solo el uno con el otro. — Dime mirándome a estos ojos de Ravenclaw que no tenías de verme cuanto antes. Porque he venido por eso. Por poder aprovechar el tiempo juntos. Hala, el autocontrol verbal brillando por su ausencia. Pero es que ya se contenía demasiado, y Marcus le seguía el rollo divinamente. Hizo una breve reverencia cuando le propuso contar la historia. — Encantada. — Pero justo voló Lex por allí, dándole un susto de muerte. Marcus parecía realmente enfadado con el chico, así que disimuló un poco el susto, porque la verdad, no quería que les rompiera aquella aura particular en la que estaban. — ¿Nos vamos debajo de… — iba a decir “nuestro árbol”, por los momentos que habían tenido allí — El árbol más bonito de tu jardín? — Dijo con una sonrisa cariñosa. — Ahí Lex no nos puede volar por la coronilla.

Se sentaron bajo el árbol, como siempre hacían cuando estaban allí y ella se puso de lado, reposando sobre el tronco, para mirarle. — Mi historia va sobre el conocimiento, porque una es Ravenclaw al fin y al cabo, así que atiende muy bien y no te vayas a perder los detalles. — Advirtió señalándole con el dedo. — Érase una vez una niña que poseía todo el conocimiento del mundo, estaba dentro de ella. Solo le faltaba un conocimiento: cómo romper la maldición que pesaba sobre ella, que era convertirse durante el día en una rosa, que vivía en lo alto de una montaña. Esa montaña, durante la noche, cuando ella era humana, se rodeaba de espinas venenosas, y nadie podía subir ni ella escapar. Y la chica pasaba las noches sola, deseando que alguien fuera lo suficientemente curioso como para subir durante el día a la cima, por lo que parecía una simple rosa, y la suficiente paciencia como para quedarse allí hasta la noche, pues entonces ella daría todo el conocimiento del mundo a cambio de romper la maldición y ser libre, pero también la suficiente bondad como para no arrancarla sin más. — Le había fallado un poco la voz al final. — Y un día, un chico muy inteligente se preguntó por qué estaba aquella rosa allí arriba, y por qué no moría comida por las espinas que salían por la noche. Así que un día al amanecer, empezó a subir la montaña y cuando llegó, su primer impulso fue ir a cortarla, pero se quedó observándola, porque sabía que no podía ser tan fácil, era un chico muy inteligente. El caso es que se quedó hasta la noche y entonces la rosa se convirtió en la chica y ella, al verle, se lanzó a sus brazos. “Oh has sido tú. Has sido la persona lo suficientemente curiosa para verme, suficientemente valiente para subir y quedarte hasta la noche y suficientemente bueno para no cortarme”. El chaval estaba un poco confuso. — Dijo con una risita. — Pero ella le explicó su historia, y él le dijo “claro, claro que sí, yo investigaré y te sacaré de aquí” y ella contestó “si lo haces, te daré todo el conocimiento del mundo”. Cuando amaneció, el chico pudo volver a bajar al desaparecer las espinas y se fue a investigar, pero volvía algunos días y esperaba allí hasta la noche para hacerla compañía y contarle los avances que iba haciendo. Lo malo es que, investigando se dio cuenta de que el alma de la chica estaba ligada a aquellas espinas venenosas que no la dejaban huir, y que si intentaba cortarlas, la chica perdería todo aquel conocimiento que se le había estado transmitiendo desde el corazón mismo de la tierra. Cuando se lo contó, la chica se desesperó, pensando que no podría escapar nunca de allí y le pidió a él que, al llegar la mañana, la arrancara. Que no podía vivir así, eternamente en aquella y él le dijo que no, que por supuesto que no iba a arrancarla, que si hacía falta él se quedaría allí arriba a vivir con ella, y que compartirían el conocimiento del mundo. Pero ella le dijo que el conocimiento del mundo no servía para nada si no se tenía libertad, y entonces él entendió qué era eso que ella nunca había entendido, aquello que nunca le había sido concedido. “Ya sé qué es lo que te hace falta para liberarte, el conocimiento que no tienes. Tú dijiste que hay que ser inteligente, bueno y valiente para subir hasta aquí, y se te olvidó lo que te da la fuerza definitiva: la ambición de conquista. Necesitas ambición, porque al haber tenido siempre todo el conocimiento ya de base, nunca has necesitado la ambición.” Ella le dijo que no entendía qué era eso, así que él se sentó junto a ella durante una noche y un día, y le contó todo lo que quería aprender, lo que quería ver en el mundo… Y entonces ella ambicionó justo eso. Enseñarle todo lo que sabía, vivir esas aventuras con él… Y la maldición se rompió, en cuanto sintió el deseo, la necesidad, de conocer algo más, junto a otra persona, algo que no tenía que ver con el conocimiento si no con el corazón. — Terminó dándole a Marcus en el corazón con el índice y le miró con una sonrisa tierna. — Y la moraleja no es "hay que tener un poco de todas las virtudes" y todo eso. — Suspiró y le miró. — Es que, si solo tienes una noche para convencer a alguien, más te vale que valga más que ninguna otra de tu vida. — Y no sabía bien por qué había dicho eso al final pero... Lo necesitaba.


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Vie Feb 11, 2022 11:18 am por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Su pique por venir antes de tiempo se lo devolvió Alice con una fracesita retadora de las suyas, a la cual, por supuesto, pensaba entrar. - Por supuesto. Yo siempre tengo ganas de verte. - Comentó con normalidad, pero replicando ese tono suyo, y mirándola a los ojos como le había pedido, lo cual... Por muy normal que hubiera querido sonar con la frase, había quedado un poco intenso. Menos mal que Alice propuso cambiar de sitio (para evitar a Lex, de paso, aunque le fastidiaba enormemente tener que andar escondiéndose en su propia casa), y él asintió sonriente y fue con ella, encantado.

Abrió mucho los ojos, curioso y en disposición de que comenzara con la historia. - Uhh, sobre el conocimiento. Me gusta como empieza esto. - Y más aún le gustó como continuaba. Estaba escuchando con una sonrisita infantil en los labios, pero esta se fue diluyendo poco a poco para dar paso a esa cara que ponía Marcus cuando algo no solo captaba toda su atención, sino que le emocionaba y le entusiasmaba y... Bueno, que no podía dejar de mirarla, ni de escucharla, ni de visualizar esa historia como si la estuviera viendo ante sus ojos y... Debía estar volviéndose loco, porque le veía las caras a los dos protagonistas y no eran precisamente dos desconocidos. Sí, la premisa era un cuento sobre ellos, pero... Le estaba dando... Muchas vueltas hoy a demasiadas cosas. Pero cada frase, cada palabra... La sentía como si fuera de ellos dos. Y más la sintió cuando Alice dio un toque en el corazón, el cual esperaba que la chica no hubiera notado desde fuera el latido que había dado, porque se había sentido bastante fuerte en su interior. Sonrió de vuelta y frunció un poco el ceño cuando dijo que la moraleja no tenía que ver con las cuatro virtudes... Y dijo lo otro. Se había quedado sin saber como reaccionar, solo mirándola.

Tragó saliva y sonrió, reaccionando un poco, porque puede que se hubiera quedado mirando a Alice unos segundos sin decir nada y ya empezaba a ser raro. - Es preciosa. La historia. - Claro ¿qué va a ser, Marcus? - Me cae bien ese chico con esa vena ambiciosa tan marcada. - Le dijo con retintín y una ceja arqueada, pero rápidamente volvió al tono de antes, a la voz suave y a lo embelesado que se había quedado con la historia. - Y... Espero que esa chica pudiera recorrer todo el mundo con él y... Contarle todas las historias que se sabe. - Frunció los labios. - Te advierto de que mi historia no es tan buena, pero... Espero que te guste igual. - Con lo prepotente que era, ya tenía que haberle conquistado la historia de Alice para que partiera de la base de que la suya era peor sin siquiera haberla contado aún.

- Empiezo. - Se mojó los labios y se recolocó... Un poco más cerca de Alice. Estaban allí los dos solos, contando historias, no le apetecía hablar alto, y si iba a hablar con voz tenue, mejor que estuvieran cerca para escucharse... Ni él mismo se tragaba esa excusa. - Érase una vez un niño que vivía en un enorme castillo, muy antiguo, con unas rocas muy fuertes que le protegían, y que tenía dentro todo lo que podía necesitar. Sobre todo, tenía... Conocimientos. - Le guiñó un ojo, divertido. Podrían bromear con la vena Slytherin y el corazón Hufflepuff todo lo que quisieran, pero eran dos Ravenclaw de manual. - Los magos que vivían con él en el castillo eran muy poderosos, y él estaba destinado a serlo también, ser el próximo rey de ese castillo, un mago que albergara los conocimientos de todos... Pero ese castillo era todo su mundo, el único que conocía. Todos los libros que leía y las personas que vivían con él le decían que, fuera de este, el mundo podía ser hostil, peligroso. Que podrías salir y nunca más regresar. Que tu conocimiento se perdería si tú te perdías con él, que no serviría de nada. - Se encogió de hombros. - Pero al niño le daba igual. Él era feliz entre sus libros. Leía y leía y no dejaba nunca de aprender cosas, y sabía que aún había millones de libros en ese castillo por leer, que puede que ni en toda su vida consiguiera terminarlos. Por eso le gustaba estar en su habitación, leyendo y leyendo, sintiéndose cada día un poco más sabio. El castillo era tranquilo y silencioso, y él simplemente estaba en paz, en su cuarto, con sus libros. -

Apoyó la espalda en el árbol, flexionando una rodilla y agarrándola con sus manos. - Pero un día, un ruido le desconcentró. Se asustó, porque algo empezó a sonar que perturbó su lectura. No sabía de donde venía, es decir... Nunca había oído algo similar. Mirando por su habitación, descubrió que el ruido parecía venir... De fuera del castillo. En su cuarto había una ventana que el nunca había abierto: entraba la luz del sol de día y veía las estrellas por las noches, no necesitaba abrirla para nada. Se dirigió a esta... Y vio al causante del ruido. - Ladeó la cabeza, mirando a Alice con una sonrisilla. - Era un pajarito. Lo reconoció por los libros, los dibujos que había visto, pero nunca antes había visto uno en la realidad. Tal era su desconcierto que no sabía como sonaban, no lo había identificado, y por tanto no sabía qué le pasaba. Solo que... Le gustaba. - Hizo un gesto con la mano. - Sí, bueno, le desconcentraba un poco de leer, pero tenía tiempo de sobra para leer, y era la primera vez que veía un pajarito de verdad, y él era un chico sabio y curioso. Así que se quedó en la ventana, simplemente mirándolo, apoyado en la rama del árbol frente a esta. A base de mirarlo descubrió que solo estaba cantando y feliz, y eso le alegraba el corazón... Entonces llegó la noche, el pajarito se fue, y el se fue a dormir con una experiencia muy bonita. Pero al día siguiente... Ahí estaba el pajarito otra vez. - Se mordió un poco el labio. - Pasaron días y días, y todos ellos, a la misma hora, el pajarito venía y cantaba junto a su ventana, y él miraba y escuchaba. Un día se planteó... Si no lo escucharía y lo vería mejor si abriera la ventana. - Se encogió de hombros alzando las palmas con una risa. - Parece bastante obvio. Al final no iba a ser tan listo el chaval. - Bajó los brazos. - No solo disfrutó de la brisa, lo cual le resultó agradable y fresco, algo que tampoco había vivido nunca, sino que, efectivamente, el pajarito se veía y se oía mejor así. Cada vez estaba más cerca de él: primero abrió la ventana, luego se asomó, y al cabo de unos días, el pajarito se pasó al alféizar, cantando ya prácticamente dentro de su habitación. Él era un chico listo, pero con muchos miedos, prácticamente no se atrevía ni a tocarlo... Pero estaba muy cerca, y era demasiado tentador... - Bajó la mirada y acercó levemente el índice a la mano de la chica. - Preguntarse... Si era así verlo y oírlo... Cómo sería tocarlo... - Rozó muy levemente su mano, pero enseguida alzó la mirada y sonrió. - Tenía las plumitas muy suaves. - Dijo divertido, por rebajar el ambiente.

- Un buen día, el chico se despertó, corrió a su ventana... Y el pajarito no estaba. - Hizo una pausa. - Lo buscó por alrededor de su ventana y por todo el árbol, preocupado y agobiado. Ahora entendía lo que querían decir esos magos con que el mundo exterior solo traía preocupaciones. No podía entender que el pajarito le hubiera abandonado así como así, quizás... Le había pasado algo que le había impedido venir. No sabía qué era peor pensar. - Se mojó los labios. - Pero a base de mirar, lo encontró. No estaba en el árbol, sino en el suelo, y él sintió un fuerte dolor en su corazón. "Los pájaros vuelan", pensó, "no debería estar en el suelo. Si lo está, es porque algo grave le pasa". Estaba muy asustado, tan asustado estaba... Que perdió de vista todas esas limitaciones que tenía, el miedo a salir y lo que habría fuera, se olvidó de la comodidad de su castillo porque tenía algo mucho más importante para él: ese pajarito. Quería saber si estaba bien, si era... El mismo de siempre. - Tragó saliva. - Salió corriendo, tanto que nadie llegó a pararle, y abandonó el castillo, dirigiéndose al punto en el que el pajarito se encontraba. Por fortuna estaba sano, solo estaba... Triste. Se arrodilló junto a él, desesperado, y lo cogió entre sus manos. "¿Por qué no cantas?", le preguntó. "¿Por qué no vuelas?". El pájarito... Es un pájaro, al fin y al cabo, no le podía contestar. Por primera vez en su vida, había algo que el chico no lograba entender. No podía comunicarse con él, no hablaban el mismo lenguaje. Solo veía su tristeza, veía que no era el mismo, y se desesperaba, sin saber qué hacer. "Te llevaré conmigo", le aseguró, y con todo su cariño lo introdujo en el castillo, y se encerró con él. Cerró todas las puertas y ventanas, convencido de que el mal venía de fuera, de que algo del mundo exterior había dañado al pobre pájaro y él, con sus conocimientos y su protección, le podría curar... - Ladeó la cabeza con una mueca triste. - Pero no daba los resultados que él esperaba, y estaba cada vez más y más desesperado. Ningún libro le decía qué hacer para que un pájaro triste volviera a cantar, y lo peor es que estaba cada vez peor. Una noche de tormenta, su desesperación llegó al límite. "¡Dime qué puedo hacer! ¡No sé qué hacer contigo! ¿Por qué no cantas? ¡Antes cantabas!", le dijo frustrado, enfadado y entre lágrimas. Jamás se había sentido así. Él solo quería traer al alegre pajarito de vuelta, y lo único que hacía era ponerlo aún más triste. Y entonces... La tormenta pasó... Y salió el sol. Esa noche, el chico se quedó dormido sobre los libros, llorando, y salir el sol, le despertó el sonido del pajarito cantando en su oído. Abrió los ojos como platos. ¿Qué había pasado? ¿Había vuelto de repente? Seguía sin cantar con la misma alegría, pero entonces, el pájaro se dirigió a la ventana y picó el cristal. ¿Y si lo dejaba salir y no volvía? Tenía mucho miedo, pero... El mundo del pajarito era el mundo exterior. No podía recluirle en su cuarto, eso no le haría feliz. Y quizás... Fuera le pasaran cosas, pero... - Encogió un hombro. - Quizás podía... Dejar su ventana abierta, para que cuando él quisiera, pudiera volver. - Miró a Alice. - Lo primero que hizo el pájaro al salir fue posarse en el suelo y mirarle desde allí... Puede que fuera un poco provocador el pajarito. - Bromeó. - A pesar de que no hablaban la misma lengua, se entendían, y él lo entendió: quería que saliera. Salió tan desesperado cuando le vio allí, que no se había dado cuenta de que, por primera vez en su vida, había salido del castillo. Volvió a salir y... El pajarito estaba más contento que nunca. Volaba a su alrededor y cantaba, y jugaba con él. Se metía en su cuarto cuando él estaba en el suelo, volvía a salir cuando él regresaba al castillo... Pero a ambos le gustaba. Ambos habían conseguido... La libertad. El niño seguiría viviendo en su castillo, pero sin menos miedo al mundo exterior, y el pájaro podría volver a la fortaleza siempre que el mundo fuera demasiado hostil con él. -

Miró a Alice con ternura. - Moraleja... Ni el mejor castillo del mundo te va a proteger eternamente, y solo puede hacer que te pierdas cosas... Puede merecer la pena correr el riesgo. - Entornó los ojos y añadió, en tono más musitado. - Aunque también viene bien... Saber que tienes un lugar protegido en el que estar, siempre que quieras. Siempre que te canses de... volar continuamente. - Tragó saliva y sonrió, un tanto avergonzado, con la mirada retirada de Alice. - Como verás... El mío es mucho menos sutil. - No era nada sutil y él lo sabía. Era una alegoría de ellos tan clara como el día, sin medias tintas, y no iba a ganar nada negándolo. De hecho... Quería que lo supiera. Quería que Alice supiera que le había dado una alegría que ninguna protección, ningún castillo inmenso y ningún libro podía darle, que con ella estaba conociendo la vida de verdad. Y también quería que supiera... Que él estaba ahí. Que tenía las ventanas de su fortaleza abiertas de par en par para que ella entrara siempre que quisiera hacerlo, y que él la acogería encantado. Que sabía... Que los pájaros tenían que volar libres... Y los niños vivir en el interior. Pero bueno, que no eran dos mundos tan incompatibles, solo... Un poco... Difícil de compenetrar...

- No es tan buena como la tuya. - Susurró, acercándose un poco más. Tras decirlo, alzó la mirada a sus ojos. - Pero espero que te haya gustado. - Ladeó una sonrisa leve. - Enhorabuena. Has ganado el reto. - Porque él seguía dándole vueltas a la historia de la chica, y por su parte, le daba la victoria. Ahora estaban muy cerca el uno del otro, y con la mirada peligrosamente puesta en sus labios. - No hemos... Definido el premio todavía... - Susurró. - ¿Hay algo que... Quieras tener...? -
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El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Había tenido sus dudas sobre la historia. Sobre si sería demasiado… ¿Explícita? ¿Sobre si le daría demasiadas pistas sobre… Lo que… Desearía? Pero no parecía asustado para nada… Y la palabra “preciosa” en sus labios era… En fin. Se limitó a suspirar y dejar caer los párpados, con alivio y felicidad. Pero no lo había dicho todo. Como le había pasado cuando le vio de rodillas frente a ella, el corazón le golpeó muy fuerte en el pecho, y solo le salió decir. — Sí. Claro que sí. — Le miró a los ojos y bajó el tono. — Todas las historias que él quisiera oír… — Dijo, como si fuera una promesa. Como si significara muchísimo más.

Sonrió a lo de la historia, y le miró con la ilusión de una niña. Al principio, su expresión era de pura ternura, porque no tenía ni que cerrar los ojos para ver claro como el día a aquel Marcus chiquitito, ávido de saber, encerrado tras sus libros. Que hubiera un pajarito lo hacía todo más tierno y precioso. — No le desconcentró, le acompañó. — Dijo, picajosa, pero estaba escuchando con una sonrisa. Sonrisa que casi se borra al tener que contener un jadeo cuando Marcus le acarició la mano. ¿Por qué hacía esas cosas? ¿Qué esperaba que hiciera ella? ¿Qué hacía para no liarlo todo? Pero entonces imaginó a ese Marcus pequeñito preocupado a morir por el pajarito y le miró con pena, tragando saliva. Le dejó terminar claro, pero eso le había cogido el corazoncito. Suspiró y agarró su mano, directamente. Pero cómo s mordía el labio, cómo imaginaba a ese pajarito volando como un loco entorno al niño inteligente, porque era lo que hacía lela, volar feliz a su lado. El final de la historia era feliz, era muy feliz, y eso compensaba cómo le habían dado ganas infinitas de llorar al leerlo. — Los pajaritos saben volar, necesitan la libertad… Pero también necesitan a sus seres queridos cerca. A sus compañeros de viaje. — Sonrió un poco más y dijo. — No le hace falta ser sutil. Porque es tierna, es preciosa, es real y… — Miró a sus ojos con intensidad. — Es nuestra. — Ese corazón solo se iba a volver loco. — ¿Cómo no va a ser tan buena como la mía? Es perfecta, Marcus. Es tuya, obviamente tenía que ser perfecta.

Pero bajó la mirada y la fijó en sus manos. Tomó aire, calmando su respiración, y tratando de no parecer muy emocionada. — ¿De verdad… Pasaste tanto miedo por mi culpa? ¿Sufriste tanto? — Volvió a enfocar sus ojos. — Si lo hubiese sabido… — Negó con la cabeza. — No sé qué hubiese hecho, pero no te hubiese permitido sufrir. — Subió la mano y acarició su mejilla. — Hubiera hecho lo que fuera, si hubiese sabido a hacerlo, para ahorrarnos ese sufrimiento. — No quería que su oscuridad llegara a él, y a veces no había podido evitarlo, ni lo había pensado. Era un poco descorazonador. Pero no quería hacérselo ver, romper ese aura.

Rio ligeramente. — No había pensado en un premio, ya que lo propusiste tú, pensé que lo habrías pensado tú… — Quitó la mano de su mejilla y le dio en la nariz con el índice, cariñosamente. Pero estaban tan cerca, en su burbuja particular… La mano no la había soltado, así que se dedicó a acariciarla con suavidad y acercarse un poco más a él. — Sí. — Admitió. Claro que había algo que quería tener. — Pero tu historia era maravillosa, y yo creo que nos merecemos ganar los dos. Así que… — Clavó los ojos en él y bajó aún más la voz, aunque podía ser que fuera algo parecido a un jadeo, una necesidad. — Deseáramos los dos. Con lo que disfrutáramos los dos… — Se acercó un poco más a su rostro. — Se nos dan tan bien las cosas que hacemos los dos… Y teniendo un solo día juntos…

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Sáb Feb 12, 2022 6:09 pm por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Dejó escapar aire entre los labios, como una risa muda y aliviada. Le había gustado su historia y, de hecho, había captado a la perfección lo que quería decir, y la había categorizado de "nuestra". Era lo que quería, sí... Bueno... Lo cierto es que no lo pensó bien mientras la confeccionaba, no se imaginó... Lo que podría ocurrir al contarla... Marcus sabía muy bien dónde ponerse los topes, hasta donde debía pensar, porque si iba más allá... Quizás era arriesgado o peligroso. Las lindes de los lugares peligrosos e inexplorados estaban para respetarlas, para estar protegidos, como el niño del castillo... Puede que él mismo estuviera desoyendo la metáfora de su propia historia.

Frunció los labios y encogió un hombro. - Me gusta que los pajaritos vuelen y canten. - Dijo en tono tierno, pero sabía que Alice preguntaba en serio. - No me gusta verte sufrir, verte tan triste... Lo pasé mal por ti. - Negó. - Pero no tienes que evitármelo. No lo cambiaría. Yo quiero seguir siendo... Tu mejor amigo. - Tragó saliva. Iba a decir "alguien especial para ti", pero... Bueno... No era él quien debía ponerse ese título. Mejores amigos era lo que eran, sí, eso estaba claro y asignado como tal, sin dudas. - No fue tu culpa, no me hiciste sufrir tú. Fueron las circunstancias. Y bueno... Los libros no te explican como enfrentarte a algo así. - La miró a los ojos y sonrió con humildad. - Hice lo que pude. - Hago lo que puedo, pensó, transformando la frase al presente. Porque, sí, seguía intentando cada día preservar al pajarito que cantaba feliz.

Arrugó la nariz, riendo divertido cuando le dio en esta con el dedo, pero ni se había perturbado la distancia entre ellos ni tampoco el ambiente que habían creado, por lo que seguía siendo muy fácil mirar a sus ojos y sus labios, tan cerca. Lo que no esperó fue su resolución, lo cual le hizo parpadear como si eso le ayudar a entender mejor, mientras seguía escuchando sus propuestas. "Algo que deseáramos los dos. Con lo que disfrutáramos los dos. Se nos dan tan bien las cosas que hacemos los dos…" Se mojó los labios y miró los de ella. Sí, tenían un solo día juntos, como los chicos del cuento de Alice, que solo tenían una noche para convencerse el uno al otro... No sabía... Si ellos tenían algo de lo que convencerse, y si realmente tenían solo una oportunidad... Pero estaban muy cerca, y él deseaba besarla tanto como ella a él, porque lo notaba, sabía que ese era el premio que los dos querían compartir. Fuera una sola oportunidad o no... No iba a desperdiciarla.

Se estaban acercando muy lentamente, notando su aliento, rozando su nariz con la de él, cuando súbitamente el momento se rompió por un fuerte golpe. Un golpe en el tronco del árbol, peligrosamente cerca de sus cabezas, justo encima, muy violento y que hizo saltar varias hojas, provocado por... La quaffle. No me lo puedo creer. El impacto les había roto el momento por completo y les había asustado a ambos, que se sobresaltaron, y ahora Marcus se notaba el corazón en la garganta y... Unas ganas de matar a Lex inconmensurables. - Bueno ya está bien. - Murmuró, enfadado. Apretó los labios, echó aire por la nariz como un toro enfadado y se levantó de un salto. Agarró la quaffle del suelo justo cuando Lex se aproximaba a cogerla, y la escondió tras su espalda, encarándose a su hermano. - Dámela. - No. - Zanjó. No se la pensaba dar. Que se la quitara a la fuerza si quería, a ver si pudiera ser que tuvieran un problema más grande esa tarde. - ¿Vas a dejar de dar por culo en el día de hoy? - Perdón, ¿he interrumpido uno de tus estúpidos retitos? - Marcus apretó los dientes y dio un paso más hacia su hermano. Maldito Lex, le había superado en altura y estaba bastante más cuadrado que él por culpa del estúpido quidditch. Cuando decía de imponerse, daba bastante miedo, era como una versión muy agresiva de su madre. Pero Marcus estaba muy cabreado y no le iba a achantar. - ¿Sabe mamá que sigues haciendo lo que te da la gana a pesar de que ya te ha llamado la atención? - ¿Sabe mamá que andas besuqueándote con Alice a escondidas? - Uf, su hermano estaba tocando donde no debía. Iban a tener un buen problema al final.

- Yo no me estoy besuqueando con Alice ni me estoy escondiendo de nada. Estamos hablando de... - "Los maravillosos retos del milenio". - Interrumpió, con una hiriente y rimbombante voz burlona. - Supongo que ya lo sabes porque ni te has molestado en preguntarme, pero te lo dejo claro por si acaso: me importan una mierda tú y tus idas de pinza de ser superior. - ¿¿Pero de qué hablas ahora?? - Saltó Marcus, ya oficialmente enfadado. - ¿¿Qué ser superior, de qué hablas?? - ¡Oh, miradme, soy el gran Marcus O'Donnell, un erudito capaz de hacer magia solo con el poder de mis manos y aun no pudiendo hacer magia fuera de la escuela, porque utilizo a toda mi familia para que me lama el culo! - Oh, vaya, resulta que lo que estás es muerto de envidia. Qué sorpresa. Haber empezado por ahí. - Uy, sí, por supuesto que te tengo envidia, ¡cómo no! ¡Todo el mundo envidia al gran Marcus O'Donnell! - ¿¿Te quieres callar, idiota?? ¿Es que no puedes dejarme en paz ni el día que viene Alice a visitarme? - Ni el día que viene Alice a visitarte, ni el día que tienes un asunto importantísimo que tratar con el abuelo, ni el día de Nochebuena porque es tu favorito del año, ni el día en el que le has pedido un favor a papá que es la graaaaaaan ilusión de tu vida y yo te estoy rompiendo, ni el día que... -¿Te has planteado no joder? Así, como idea. - ¿Te has planteado no ser el puto protagonista continuamente? - Ahora fue Lex quien dio un paso al frente. - Todo el puto mundo tiene que girar en torno a ti permanentemente. Llegamos para las vacaciones y, ¡oh, Marcus viene con una gran idea, que tiene un retito de mierda con su amiguita Alice Gallia, todos a colaborar! Y a Lex que le den por culo. - ¡¡Haber colaborado tú también si era lo que querías!! - ¡¡No quiero saber nada de tus mierdas, Marcus, joder, que no te enteras!! - ¿¿Qué diablos quieres entonces?? ¿¿Eh?? ¿Te dejo la casa para ti solo para que puedas estar aislado del universo como estás siempre? - ¡Quiero poder al menos jugar al quidditch en mi propia casa! - ¿¿Y me lo dices a mí?? - Se señaló el pecho, indignado. - ¡No soy yo quien pone las normas aquí! ¡Dile a mamá que te deje volar a cincuenta kilómetros por hora alrededor de la casa y punto! - ¡No, es que si toco la pelota molesto al gran erudito y a su amiga mientras se meten mano delante de la chimenea! - ¡¡¡Estábamos hablando!!! - Gritó, alterado. ¡Joder! Con lo confuso que estaba él ese día, lo que le faltaba era su hermano soltando mierdas.

- Pues nada, seguid "hablando" y dejadme con mi puta vida en paz, que no es tan interesante como la vuestra. - ¡¡Pero si eres tú el que no para de molestar!! - Bramó Marcus, que de verdad que no daba crédito de cuan infantil podía llegar a ser su hermano. - Claro, porque tú siendo el sol alrededor del cual giramos todos no eres un puto incordio. - ¿¿Puedes dejar de decir una palabrota por frase, por favor?? - ¡Uy, perdón, don prefecto, no quería ofender sus principios de mierda! - Marcus soltó un gruñido frustrado. Le estaba poniendo de los nervios. - ¿¿Qué te he hecho yo para que me trates así?? ¿Eh, a ver? - Que sepas que debería estar estudiando Astronomía y no puedo por vuestra culpa. - ¿¿¿¿Perdón???? - Bueno, ya lo que le quedaba por oír, vamos. Ahora era culpa de Marcus que Lex no estudiara. Inaudito esto. - Me habéis echado de la sala de estar. - ¡No te hemos echado! ¡Mamá nos ha puesto ahí! ¡Haberte ido a tu cuarto! ¡No tiene sentido nada de lo que dices! - ¡Iba a ayudarme papá! - Saltó a Lex, y luego señaló a Marcus con un índice acusador. - Llevo toda la puta Navidad intentando que alguien me ayude con los deberes porque no me entero de una mierda y los tienes a todos distraídos con tu mierda de retitos. - ¡¡Eso es mentira!! - Vamos, es que por ahí no pensaba pasar. - Papá y mamá te han dicho treinta veces que te pongas a estudiar y tú te has negado. - ¡Porque no me entero, hostia, que es muy difícil! - ¡Pues haberme pedido ayuda, Arabella es mi jefa de casa! - ¿¿Que te pida ayuda a ti?? - Bramó Lex, con los ojos muy abiertos, y luego empezó a señalarse la sien. - ¿¿Pero tú estás tonto o qué?? ¡Que llevas toda la Navidad con lo de los retos, te estoy diciendo, hostia, que solo prestas atención a eso! ¿Sabes a quién le he pedido ayuda? ¡A papá! Iba a ponerse hoy conmigo con el parcial, ¿y dónde está papá ahora, eh, dónde? ¡En no se qué mierda que lo habéis mandado vosotros! - ¡Yo no he mandado a papá a ninguna parte, se ha ido solo! - ¡¡Porque vosotros le habéis dado la idea!! ¡¡Había quedado conmigo!! - Gritó aún más fuerte. Su hermano empezaba a perder los papeles. - Tú no me entiendes, Marcus, no me vas a entender nunca, porque no sabes lo que es no ser perfecto y que todo el mundo te toque las palmas constantemente. No sabes lo que es no ser nadie en tu propia casa. -
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Dom Feb 13, 2022 1:29 am por Ivanka

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CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Lo había tenido ahí, al alcance de la mano, bueno, de los labios para ser más precisos. Pero el ruido estruendoso sobre su cabeza le hizo separarse de golpe, con un salto del corazón. — ¿Pero qué haces? — Saltó ya enfadada. Pero los hermanos no necesitaban que ella azuzara, desde luego.

Estaba demasiado confusa para comprender qué llevaba a Lex a ponerse de esa forma con Marcus. — ¿Sabes lo que es besuquearse acaso? — Le dijo, hiriente. Vamos, encima aguantando tiritos de un niñato. Obviamente, su amigo estaba levantando el tono también, pero es que Lex estaba diciendo barbaridades. Barbaridades injustas y que no entendía, la verdad, porque estaba pintando a Marcus como un monstruo. Y Marcus lo único que quería era encajar con él, pero así se lo ponía imposible. — ¿Por qué haces eso? — Le dijo sin más. — ¿Por qué te metes con lo que le hace ilusión? Con que le guste estar con su familia, ¿por qué en vez de estar venga a quejarte no haces algo como lo que hace él por estar con los demás? — Pero nada, ahí seguía él, venga a meterse con Marcus. Y ella no debería meterse más, que aquello era una cosa de hermanos, pero es que la estaba poniendo de los nervios.

¡Deja de hablarle así! ¡Deja de gritarle! ¡Cállate! — Dijo finalmente, porque ya no podía más. Los hermanos se callaron y la miraron. Igual se le había calentado la boca, pero es que estaba sufriendo por oír esas cosas de Marcus. — ¿Por qué dices eso de tu hermano? ¿Eh? Explícamelo. ¿Yo por qué iba a explicarte nada a ti? — Le dijo Lex con desprecio. — Tú solo estás como loca por ser la coprotagonista a su lado. — La miró con una sonrisa maliciosa y levantó la ceja. — Y no solo la coprotagonista… ¿De qué vas? — Dijo dando un paso hacia él y encarándole, para lo cual tenía que levantar la cabeza. — ¿Qué te crees? ¿Que a mí me echas para atrás? ¡Pues no! Léeme la cabeza, grítalo a los cuatro vientos si te da la gana, a mí no me das miedo. — A ver, un poco le había dado empezando aquella frase pero le daba igual. — Yo no soy tu hermana, y me alegro de no serlo, porque no te consentiría que me hablaras así. — No se achantó pero ya se le quitó la sonrisa. — Tú solo lees lo que te interesa, ¿no? — Dijo ella, hiriente también. — Tú solo oyes que tu hermano quiere ser el mejor y perfecto. ¿Pues sabes que quiere ser? Buen hermano, bueno hijo y buen nieto. ¿Y sabes qué más? Buen amigo. En definitiva, buena persona. — Lex soltó una risa ácida y dijo. — Tú sigue, que hoy no te lo vas a tirar. — Gal suspiró fuertemente por la nariz y se dio la vuelta, tratando de controlarse. Si no fuera tan fuerte, le habría metido un tortazo ya. — Inténtalo, verás qué bien se te queda la mano. — Se giró y le encaró, mirándole intensamente. — Eres un gilipollas.

Apretó la mandíbula y se acercó lentamente a Lex. — ¿Qué te ha hecho tu hermano? ¿Qué? — Preguntó retadora. — ¿Ser brillante? ¿Ser todo lo que tú no eres? — Se apoyó una mano en la cadera. — Sabes de sobra que no te ha quitado nada, que todo lo que tiene lo tiene porque se lo merece y eso es lo que no puedes aguantar. — Los ojos le brillaban de pura rabia. — ¿Y tú qué sabes de mí? Tú solo ves MarcusMarcusMarcus, tanto que dices que eres libre y aquí estás pegada a él y no eres capaz de ver nada más. — Dijo con voz burlona. — A mí no me hace daño que me acusen de estar con gente. Pero a Marcus sí. Le duele que le eches en cara que le guste estar con la familia, que se entusiasme por cosas que no sean joder a los demás. — Puso un tono mucho más afilado. — ¿Sabes qué si sé? Que llevamos años intentando hacerte sentir bien. ¡Pues no quiero vuestras sobras! ¿Pues qué quieres? ¿Eh? ¿Qué tengo que hacer para hacerte entender que no éramos tus enemigos? Nunca te hemos hecho daño. Y tú no paras de hacérselo. — Lex rio hiriente y dio una vuelta sobre sí mismo. — ¿Y tú qué sabrás? Hay muchas formas de hacer daño, Alice, y tú mi hermano con esa forma de creeros por encima del bien y del mal es una de ellas. ¿Creer el qué, Lex? — Le gritó desesperada. — Solo hemos hecho unos retos y hemos echado el resto en ello, ¿qué te afecta eso a ti? Y no me vengas con esa mierda de la soledad porque mira, nadie está solo en el mundo.Tú no lo entiendes… — Dijo Lex entre dientes. — No. No lo entiendo. No entiendo que tengas un hermano que hace lo que puede por acercarse a ti, que se rinde y te deja en paz cuando ya le has echado y gritado tantas veces y tú simplemente seas mala persona con él.¡YO NO SOY MALA PERSONA! ¡Sí, sí lo eres! Y a mi no me vengas con cuentos. ¡YO TAMBIÉN SÉ LO QUE ES SUFRIR! — Se quedó un silencio tensísimo en el aire, que se podía sentir después de los gritos. — Pero al menos me quitaba de en medio y trataba de no hacer daño a los demás. — Dijo ya bajando la voz. — Pues eso será tú problema. Yo no tengo por qué apartarme, yo no tengo por qué aguantar vuestras mierdas. Tengo derecho a estar en mi casa jugando al quidditch sin más, te pongas como te pongas con el discursito de mierda. — Y Marcus tiene derecho a un hermano mejor. Pero supongo que no nos vamos a contentar ninguno. — Tú menos que nadie. — Dijo Lex mirándola de lado, con ese tono hiriente y malévolo. — Nunca vas a tener lo que quieres. — Sintió un abismo en el estómago y los ojos llenos de lágrimas. — Ni tú. No vives solo en el mundo. — Dijo, más herida de lo que quería sonar. — Pero tu hermano es demasiado bueno para dejarte tirado como te mereces. — Se había dado la vuelta y miraba el árbol con dolor, sin atreverse ni a mirar a Marcus.


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Dom Feb 13, 2022 5:24 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Lo último que quería es que Alice se viera envuelta en esa discusión, que acabaran peleados Lex y ella, pero por un momento se había enfadado tanto con su hermano que hasta se había olvidado de que ella lo estaba presenciando todo. Cuando saltó, la miró. No, no quería eso, no era esa la idea que tenía para ese día, ver a su mejor amiga y a su hermano gritándose y discutiendo. Se frotó la cara. Para Marcus su familia era importantísima, estaba por encima de todo, pero... Lex no tenía razón ahí, y además Alice había entrado por defenderle. Odiaba tener que ponerse así con su hermano, pero si tenía que elegir un bando en esa discusión... Lo tenía clarísimo.

De hecho, la forma en que habló a Alice le hizo mirarle con los ojos muy abiertos y expresión de absoluta indignación. - No le hables así. - Ordenó. "Y no solo la coprotagonista". Mira, no iba a pararse ni a pensar en qué había querido decir con eso, el primer lugar, porque estaba hasta las narices de que su hermano le llamara "protagonista", y en segundo, porque no iba a dar ni medio crédito a palabras que solo buscaban desacreditar a Alice por ponerse de su parte. Pero lo que añadió tras la defensa de Alice, a la cual iba a pedirle que se retirara y no hiciera más caso a Lex, que no merecía la pena, sí que le dejó en el sitio. ¿Cómo podía ser su hermano TAN maleducado y... vulgar y...? No tenía ni palabras. Obviamente, Alice se giró, y Marcus se murió de vergüenza de que su amiga tuviera que soportar algo así en su casa. Y, encima, Lex continuó. - ¿Qué parte de "cállate" no has entendido? - Le espetó. Dio unos pasos hacia él. - Es la última vez que le faltas a Alice el respeto de esa forma. Y que le lees la mente. - Tú no me das órdenes. - Sí, sí que te las doy. Y te las seguiré dando mientras sigas demostrando que no eres más que un niñato. - Aseguró.

Alice no había terminado, porque reunió fuerzas para girarse de nuevo y seguir enfrentándose a Lex. Tragó saliva, porque estaba muy tenso y la defensa de Alice estaba transformando su enfado en tristeza, en la pena de que tuviera que venir su amiga a decirle a su hermano cosas que él debería saber, en vez de odiarle tanto. - Déjalo, no merece la pena. - Le dijo, acercándose a ella y tocando su brazo, pero Alice no se detuvo. Tenía razón, no le estaban dando a Lex ninguna "sobra" como él decía, solo habían querido integrarle, llevarse bien, pero Lex no ponía absolutamente nada de su parte. Al revés, a cada día que pasaba estaba más esquivo y amargado. Sí, definitivamente ese era su problema. - No, el que no lo entiendes eres tú, pero porque no quieres entender. - Interrumpió. Pero la conversación siguió y escaló, tanto que los dos empezaron a gritar. Marcus apretó los párpados y volvió a frotarse la cara, echando aire por la boca. Mataría a Lex en ese momento si pudiera, de verdad que sí. Qué manera de arruinarles el día gratuitamente.

Se quitó las manos de la cara cuando oyó esa sentencia de Lex a Alice. "Nunca vas a tener lo que quieres". Y la chica, obviamente, tras contestarle, se giró, dolida. Marcus dio un paso hacia su hermano. - ¿Y tú qué sabes? - Preguntó, hiriente, sin alzar más el tono. - ¿Qué sabrás tú lo que es querer algo? Hablas de querer como si quisieras. - Eso le había dolido a su hermano, se lo vio en la mirada y en la forma en la que dio un paso atrás. Lex aún conservaba algunos gestos de cuando era niño, como el de dar un paso atrás como un animal acorralado cuando se sentía herido. Lástima que a Marcus ya no le quedara más compasión que darle. - Tú no tienes ni idea de... -¿De qué? - Interrumpió, alzando una ceja, cuestionador. Lex se estaba viniendo abajo y él arriba, y quizás debería parar, ¿pero había parado su hermano de hacer daño? No. Pues Marcus, tampoco. - Leernos la mente a todos no te hace conocernos. Sabrás lo que pensamos, y lo interpretarás a tu manera retorcida de ver las cosas, pero no tienes ni idea de cómo nos sentimos. - Tú tampoco tienes ni idea de como me siento yo. - ¿Tú? Tu solo sientes envidia y odio, lo estás demostrando. - Le dijo con desprecio. Lex apretó los dientes y su mirada empezó a humedecerse, pero tenía tanta rabia y orgullo que estaba seguro de que no derramaría ni media lágrima. - Ese es tu mayor problema, Lex: que estás amargado, y pretendes amargarnos a todos los demás. - No es así como un hermano mayor debe hablar a su hermano pequeño. - Marcus parpadeó lentamente cuando oyó la voz a su espalda, templada y, a la vez, como el hielo. Mierda. Su madre. Pues ya la tenían hecha.

Se mojó los labios y se giró. - Ha empez... - No tiene justificación, así que no lo intentes. - Cortó Emma, mirándole con severidad. Luego miró a Lex. - Te he dicho que hicieras lo que quisieras siempre y cuando no perturbaras a tu hermano y nuestra visita. - ¡Es que no puedo ni jug...! - He dicho. Sin. Perturbar. - Volvió a cortar, esta vez a Lex, siendo tan implacable como siempre, tanto que dejó a su hijo callado y cabizbajo, aunque con una mueca muy enfadada. Al menos Marcus agachaba las orejas ante su madre. Después, se giró a Alice. Le tembló todo por dentro de pensar que ella se tuviera que llevar un regaño de su madre también, pero no fue así (si bien con Emma nunca terminabas de saber las intenciones ocultas que podían llevar sus palabras). - Siento que hayas tenido que ser partícipe de un comportamiento inaceptable por parte de dos O'Donnells. - Lex soltó un bufido que hizo que Emma le mirara inmediatamente. - ¿Alguna objeción, Alexander? - Lex fue a abrir la boca, pero en ese momento escucharon el sonido de sus abuelos apareciéndose en el jardín, con Molly llamándoles tan alegre como siempre. Su hermano echó aire por la nariz y, con una mueca sarcástica, señaló. - Ahí vienen dos O'Donnels más a darle dulcecitos al verdadero O'Donnell de esta casa. Ya me voy yo, que todos no cabemos. - Y, tal cual lo dijo, se fue en la otra dirección, rodeando el jardín para entrar por la puerta trasera. Marcus estaba sintiendo miedo ajeno por la que le iba a caer a su hermano por parte de su madre en cuanto todas las visitas se fueran de allí.

Emma le miró y, en tono más bajo, dijo. - Ya hablaremos de esto a la noche. - Tragó saliva. Vale, ya no era miedo ajeno, ya era miedo propio. - Pero si es lo más bonito que ha dado Inglaterra y Francia y América y el mundo entero. - Entró su abuela, ajena totalmente a la tensión del lugar (o haciéndose deliberadamente la ignorante) y dirigiéndose a Alice para darle una serie de sonoros besos en la mejilla. - ¿Cómo está mi niña? Ay, venirte directamente desde La Provenza para un ratillo. - Se giró entonces a él y le agarró la mejilla. - Claro que por mi niño tan hermoso me iba yo a la otra punta del mundo. - Recuerdo cuando eso me lo decía a mí. - Suspiró teatralmente su abuelo. Le hubiera hecho reír más si no fuera porque le seguía llegando la tensión del enfado de su madre, si bien estaba muy disimuladamente erguida en su sitio, con las manos entrelazadas ante el regazo, como siempre. Molly chistó y le dio en el brazo a su marido. - ¡Qué hombre gruñón! Anda, te quejarás, te recuerdo que por ti es que sigo fuera de mi Irlanda natal. - Se inclinó hacia Alice y oyó como le susurraba. - Pero claro, una es muy independiente hasta que llega un señor alquimista con esos ojos tan bonitos y claro, cae como una tonta. - Marcus miró a su abuelo con ternura. Era increíble como, por mucho que disimulara, seguían ruborizándole los halagos de su mujer después de tantos años.

- ¡Bueno! ¿Dónde está mi otro niño? - Ahora mismo está un poco indispuesto, vendrá más tarde. - Trató de salvar Emma, discreta pero tajante, lástima que Molly llevara sus propias normas. - Uh, hija, me conozco yo ya esas indisposiciones. ¿Te crees que no lo he visto irse gruñendo mientras me acercaba? - Suspiró y, con un gesto de la mano, fue por el camino por el que había salido huyendo su hermano. - Voy a ver lo que le pasa, a su abuela sí le contesta. Vamos, por la cuenta que le trae. - Emma se quedó imperturbable, pero claramente su suegra y ella no compartían métodos. Emma era más de tensarle a su hijo la cuerda hasta que viniera suplicándole perdón por su conducta, mientras que Molly lo pensaba zarandear hasta que se le pasara la tontería. En fin, a Marcus ya le daba bastante igual lo que Lex hiciera con su vida. - ¿Dónde para mi hijo? - Preguntó su abuelo, y Emma decidió centrarse en responder como si todo estuviera tan normal y obviar el drama que acontecía en su casa (por ahora). - Ha ido a una reunión sobre aritmancia en el Ministerio. Por lo visto, eso es lo que ha traído a André Gallia aquí, y por tanto a nuestra invitada. - Comentó, mirando a Alice. Lawrence rio y suspiró. - Si es que a un O'Donnell no se le puede dar una buena reunión intelectual porque nos perdemos. - De fondo empezaba a escucharse a Lex soltando bramidos. Su abuela debía haberle tirado de la lengua. Lawrence pasó el brazo por los hombros de Alice y dijo. - Bueno, hija, de cara a la galería diremos que he venido arrastrado porque mi mujer quería verte, pero entre tú y yo, y este mocoso de aquí que no me quito ni con agua caliente... - ¡Eh! - Se quejó Marcus, porque su abuelo le había señalado con el pulgar mientras conducía a Alice al interior de la casa y él les seguía los talones. El hombre prosiguió. - ...La verdad es que venía porque me muero de curiosidad por saber cuál ha sido tu parte en estos retos. Y yo soy un hombre muy objetivo, puedo evaluar si habéis elegido a un justo ganador. - Y los tres entraron en la casa, mientras su madre permaneció clavada en el jardín, aunque siguiéndoles con la mirada.
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Lun Feb 14, 2022 12:18 pm por Ivanka

El reto del milenio
CON Marcus EN Casa de los O'Donnell EL 2 de enero del 2000
Nunca vas a tener lo que quieres. Era verdad. Y el cabrón mala idea de Lex lo sabía. Porque lo leía en su mente y en la de su hermano. Sentía que le oprimía y el pecho y no sabía ni por qué, porque a ver, ella ya lo sabía. Que Marcus no la quería así, se lo decía así misma todos los días. Pero igual los besos y esas cosas despistaban… Pero más le valía caer a tierra. Esta vez fue ella la que fue a acercarse a Marcus. — Marcus, ya está… — Y tanto que estaba. Porque en cuanto se giró, vio a Emma allí. Ahora sí que tenían un problema. Negó con la cabeza cuando le pidió disculpas a ella. — No, señora O’Donnell, he sido yo la que se ha enfadado con Lex… — No iba a mentir ni a dejar vendido a su mejor amigo, pero claramente a Emma le daba igual lo que ella tuviera que decir. Gal no tenía un papel en aquella casa, era algo pasajero.

Dirigió la vista hacia la casa con lo que dijo Lex. Eres un gilipollas, yo no tendré lo que quiero, pero a ti no te van a querer nunca, porque no te dejas, pensó con toda su bilis. Suspiró y agarró el brazo de Marcus. — Vamos. Que no nos estropee el día. — Le susurró, tirando de él. ¿A quién quería engañar? Ya estaba más que arruinado, pero al menos pasarían el resto del día tratando de no pensar en ello. Y ella, concretamente, tratando de olvidar lo que le había dicho Lex. Aunque lo supiera desde siempre, le había dolido especialmente.

Cuando llegó hasta donde estaba Molly, se dejó achuchar con la sonrisa más grande que pudo poner. — Por tu niño lo que sea. Y tenía ganas de ver a los O’Donnell, a veces los Gallia podemos ser agotadores, incluso para otros Gallia. — Dijo, más alegre mirándole. — Somos imparables. — Además de verdad, mi niña. — Se rio cuando empezaron a tirarse pullitas entre los abuelos y alzó las cejas, sintiendo un abismo en el estómago bastante grande. Sí, un alquimista de ojos bonitos, ella sabía bastante bien de que hablaba… No volver a La Provenza podría hasta aguantarlo si le prometieran que Marcus iba a ser suyo para siempre, como claramente Lawrence era de Molly y de nadie más. Suspiró. Nadie podía prometerte tal cosa, y menos con Marcus y ella.

Tan metida estaba en sus pensamientos, que se sobresaltó un poco cuando Lawrence le habló. — ¡Oh! Mi parte… Me da un poco de vergüenza enseñársela… ¡Tonterías! Ya sé que mi nieto es muy grandioso él pero seguro que la hija de William Gallia no se ha quedado corta. — De repente, oyó a lo lejos los bramidos de Lex, y se dio cuenta de que Molly no estaba por allí. Si es que no paraba de confirmar su teoría de que, le trataran como le trataran, siempre reaccionaba igual. Pasaron al salón y le enseñó los cubitos. — ¡Pero esto es muy ingenioso, Alice! — Dijo el hombre examinando los cubitos como si fueran un elemento más de su taller. Ella se encogió de hombros. — Soy más simplita con los juguetes que Marcus. — Lawrence rio y negó con la cabeza. — Siempre os gustaron los cubitos. — Ella frunció el ceño sin perder la sonrisa. ¿Había hablado en plural? — ¿Qué? — El hombre sacudió la cabeza. — A Marcus, quiero decir. Le volvían loco, tenía los de las letras, y uno de colores… — El hombre carraspeó, como si hubiera algo que no quería terminar de decir. — Hija, es que como venís siempre en pack, ya me lío. Para un anciano como yo, el tiempo pasa diferente. — Gal amplió la sonrisa y negó con la cabeza. — Para un maestro como usted el tiempo pasa como él dicte. — Lawrence rio y la rodeó con el brazo. — Bueno y a ver el otro reto, el que aquí mi miniyó no ha hecho. Espere, que lo llevo a la mesa y esperamos a que venga la señora O’Donnell, que le va a gustar.

Llevaban ya unas cuantas horas comiendo dulces de Molly, escuchando sus historias sobre Irlanda, su noviazgo, los retos de ellos… En fin, disfrutando. Y ella estaba feliz, porque Marcus con sus abuelos siempre era feliz, y porque eran gente cariñosa e interesante, pero… No podía evitar pensar en lo que había dicho Lex. No podía evitar mirar a Marcus de reojo y pensar… Nunca seremos ellos. Así que Roma, París y Damasco, ¿eh? — Dijo Molly. Ella la miró y sonrió asintiendo. — No está mal para empezar. Roma lo conoce mi nieto, París lo conoces tú, y Damasco sería vuestra aventura juntos. — Ella amplió la sonrisa. — Ojalá. No sé cómo de caro es hacer todo eso, pero me encantaría. — Molly miró con cariño las flores de espino blanco que había en el mapa de Irlanda que, por supuesto, era el primer sitio que había ido a tocar. — Cuando se tiene vuestra edad, todo acaba siendo posible Alice, ya lo verás. — ¿Se estaría refiriendo…? — ¿Qué flor has puesto en Siria? — Dijo Lawrence señalándolo. — Si vais a ir a Damasco, mejor que la tengáis aprendida. — Gal sonrió y lo señaló con la barbilla. — Compruébelo usted. — Lawrence, con una sonrisita, acarició el mapa de Siria y brotaron unos jazmines rosas. — ¡Oh! ¡Pero que preciosidad! — Exclamó Molly. — De verdad que me encanta este reto. Tenéis que hacer más de estas cosas, niños, que os salen muy bonitas. — Ella se miró con Marcuys, con cariño, con adoración. Sí, hacían cosas preciosas, sin duda.

¡Por aquí traigo a uno que a Damasco no te va a llevar! Pero que insiste en que tiene que aparecerte en otro país antes de las siete. — Dijo Arnold entrando por la puerta del salón con André. — ¡Anda! Habéis venido juntos. — Su primo venía con una gran sonrisa y los ojos brillantes, felicitando el año y la Navidad a todo el mundo. — ¡He pasado la mejor tarde de mi vida! Arnold conoce a todos los aritmánticos del mundo, no he parado de escuchar en toda la tarde, creo que nunca había pasado tantas horas callado voluntariamente. — Se le veía emocionado de veras, pero ella tenía que hacer la broma. — Suena apasionante. — André la pinchó en las costillas y rio. — Tú deja de meterte conmigo y despídete que nos vamos. — Y se dio cuenta de cómo su primo se ponía a hablar con los mayores para darle espacio con Marcus. Ella miró al chicó y señaló el vestíbulo con la mirada.

Allí salieron y se puso el abrigo y, mientras lo hacía, bajó el tono, aunque ahora no tenía ninguna connotación, solo que no les oyeran. — Siento haberme puesto así antes. No quería arruinar el día, ni echar más leña al fuego. — Cogió la mano de Marcus suavemente y la acarició con cariño. — No volverá a pasar, te lo prometo. — Era la última vez que se dejaba provocar por Lex hasta perder los nervios, ella tenía que estar por encima de eso. Se acercó a él y dejó un beso en su mejilla, tierno, pero quizá más largo de lo que era necesario. — Mi premio ya lo he tenido. — Le miró a los ojos y sonrió un poco. — Cada día que pasamos juntos, que hacemos retos, que hablamos de viajes y de alquimia… Es un premio para mí. — Le hizo una señal a André y se despidió de todos rápidamente, porque, de repente, tenía ganas de llorar.

Mientras se desmaquillaba, en la cola de la aduana, André le preguntó, con tonillo. — ¿Qué tal con el inglesito? ¿Ha pasado algo? — Ella suspiró y sonrió. — Lo de siempre. ¿Eso es bueno o malo? — Gal volvió a suspirar y tragó saliva. — Es lo de siempre. Somos los de siempre. Y con eso… Con eso vivo. Lo que no soportaría sería no tenerlo, la verdad. — André la miró con cariño y negó, antes de rodearla por los hombros y dejar un beso en su frente.

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Mar Feb 15, 2022 12:00 am por Freyja

El reto del milenio
CON Alice EN Gran Comedor EL 21 de diciembre de 1999
Pues no, no debería estropearles el día. Era lo que pretendía y no iba a darle el gusto... Aunque aparte de que la pelea con Lex le había dejado muy mal cuerpo, la amenaza de una conversación con su madre directamente se lo había cortado. Pero seguía teniendo ahí a Alice, seguían hablando de sus retos y ahora además estaba su abuelo preguntando, y Marcus era fácil de contentar. De vez en cuando le saltarían las alarmas que le avisaban de que eso que había ocurrido con Lex iba a tener consecuencias, pero mientras estas llegaban, trataría de disfrutar de Alice y sus abuelos.

Sonrió con la reacción de su abuelo a los cubos. - ¡Mira! De haber tenido yo estos de pequeño me habría aprendido los estados antes incluso. - Comentó contento, tanto que no se fijó en que el hombre había dicho que le gustaban los cubos en plural. Se habría confundido, o habría dado por hecho de que Alice y él se parecerían en eso también. Rio. - Sí que me gustaban los cubos, aún los tengo por ahí. Con estos hubiera alucinado. - Sonrió a Alice, tiernamente. Pero ese comentario tan guay le hizo comentar la cabeza. - "Para un maestro como usted el tiempo pasa como él dicte". - Murmuró, mirándola. - Espero que llegue el día en que alguien diga eso de mí. - Lawrence rio. - Lo harán, porque yo con tu edad no ambicionaba a que lo dijeran, y mírame ahora. -

El posible mal rollo que pudiera quedarle se le fue charlando con sus abuelos y con Alice, y por supuesto, comiendo dulces. - ¡Exactamente! - Celebró, apuntando a su abuela con el bizcochito que tenía en la mano. - Alice y yo tenemos muchas aventuras pendientes. - Añadió, mirando a la chica y guiñándole un ojo cómplice. Siguió comiéndoselo y disfrutando de las reacciones de sus abuelos al mapa de Alice, y poco después entraron su padre y André por el salón. - ¡Ey! Me alegro de verte. - Saludó a André, contento. Este le dio un abrazo y, al acercarse, le dijo. - ¿Puedo empezar a llamarte primo ya o todavía no? - Marcus le miró extrañado y el francés soltó una carcajada. - Déjalo, no me hagas caso, vengo demasiado contento. - Eso le hizo reír. El chico venía entusiasmadísimo con la charla, pero con la clara misión de llevarse a Alice de vuelta. Vaya, qué corto se le había hecho el día.

Como André y su familia estaban hablando entre ellos, aprovechó para despedirse de Alice más privadamente. Negó. - No lo sientas, no te disculpes. Lex estaba enfadado conmigo y lo ha pagado contigo. - Chistó con fastidio. - Siento lo que ha pasado, de verdad. No tenía que haberle entrado al trapo, era lo que quería. - Si llega a saber que su hermano iba a decirle a Alice esas cosas, hubiera pasado olímpicamente de la dichosa quaffle y ya estaba. Frunció los labios, aún un poco fastidiado, pero Alice besó su mejilla y él fastidio se le fue de golpe. Cerró los ojos y los abrió lentamente para mirar los suyos cuando se separó, esbozando poco a poco una sonrisa muy boba. - Ese ha sido el mío. - Respondió, convencido, cuando ella dijo que ya había tenido su premio. Maldita sea, habían estado tan cerca de tener... Otro tipo de beso. Pero ese le había gustado igualmente. Todo lo que Alice hacía le gustaba, para qué negarlo. Su amiga se iba, pero antes de que lo hiciera, agarró su mano y dejó un beso en esta. - Alguien me ha dicho que era un caballero. Y los caballeros nos despedimos así. - La soltó y, con una sonrisa cálida, afirmó. - Nos quedan muchos retos que cumplir, Alice Gallia. -

No sabía por dónde paraba Lex ni le interesaba, esperaba no cruzárselo en todo lo que quedara de día si era posible. Estaba en la sala de estar, con el mapa de flores que Alice le había regalado, pasando sus dedos por los diferentes países para verlas brotar. El sonido de tacones de su madre le hizo envararse, sabiendo que ella iba hacia allí. Los pasos de su padre, sin embargo, se habían dirigido al piso de arriba. Tragó saliva. Tan pronto apareció su madre en la puerta, se puso de pie. Esta le miraba altiva, deteniéndose poco después de entrar. - Vale, lo siento, no ha estado bien lo que le he dicho, pero estaba molestándonos muchísimo. - Se apresuró en justificarse. Emma simplemente le miraba. - Solo queríamos estar a nuestras cosas. Me ha hablado mal a mí y le ha hablado mal a ella sin merecérselo, y casi nos da un balonazo, lo ha tirado con muchísima fuerza, podría habernos hecho daño. - Su madre no decía nada, ni parpadeaba. No tenía una expresión especialmente amistosa. No consideraba muy buena idea seguir hablando, pero tampoco es como que quedarse en silencio se le antojara mejor. - Y fuiste a llamarle la atención y no hizo caso a lo que... - Expón tus quejas. No las mías. - Cortó Emma. Marcus cerró la boca. No, mejor no iba a exponer ya nada más, por la cuenta que le traía.

- ¿Sabes lo que es la amargura, Marcus? - Preguntó su madre. La miró y parpadeó, levemente confuso. - ¿Has estado alguna vez realmente amargado? ¿Sabes lo que se siente? ¿Sabes lo que es ser una persona amargada? - Tragó saliva y sostuvo la mirada a lo justo unos instantes, pero acabó bajándola y negando levemente con la cabeza. - En ese caso, no hables de lo que no sabes. Ni mucho menos lo arrojes como un insulto a otra persona. Sobre todo si esa persona es tu familia. No quiero volver a oírte dirigirte en esos términos a tu hermano, ¿ha quedado claro? - Asintió, sin levantar la cabeza. Seguía pensando que estaba amargado y por eso se comportaba así... Pero se ahorraría decírselo. Y, hablando de él, entró también cabizbajo, aunque con un aura mucho más agresiva que la suya y el ceño fruncidísimo, en el salón, con su padre tras él, quien claramente le había llevado allí a rastras. Su madre miró tranquilamente el reloj. - Lex, siéntate ahí. - Señaló. El chico se dirigió donde le decía. Sus cosas de Astronomía seguían regadas por la mesa. - No te quiero ver levantado hasta que no te hayas estudiado todo el contenido del parcial. - Miró a Marcus. - Y tú lo vas a estudiar con él. - ¿¿Cómo?? - ¿¿Perdón?? - Respondieron ambos, a cual más indignado, pero la forma en la que Emma arqueó una ceja les quitó las ganas de replicar más. - Alexander, tienes un parcial, y tu deber es estudiar, no solo jugar al quidditch. Marcus, tienes un hermano menor con dificultades para estudiar y tú eres muy bueno en eso, no deberíamos tener que pedirte que le ayudes. Los gestos caballerosos con tus amigas no sirven de nada si cosas como estas no salen de ti. - Apretó los dientes, mirando a otra parte. ¡¡Pero si su hermano no le quería ni ver!! No le iba a hacer ni puñetero caso, vamos. - De aquí no sale ninguno de los dos hasta que esta lección no esté más que estudiada. Ni para cenar, ni para dormir, ni para volver a Hogwarts si cuando llegue el seis de enero aún no habéis terminado. - Sentenció. Antes de girarse para irse junto a su marido, solemnemente observando la escena desde la puerta, añadió. - Y más os vale a los dos que el parcial sea aprobado. - Se giró y salieron ambos de la sala de estar, cerrando tras ellos. Marcus echó aire por la nariz y se sentó al lado de Lex. Ambos se miraron de reojo el uno al otro, y el menor empezó a pasar las páginas de su manual para ponerla donde correspondía, mientras Marcus hacía acopio de toda la paciencia que iba a necesitar. Porque aquello sí que iba a ser un gran reto.
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