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Mar Feb 15, 2022 12:37 pm por Freyja

Voulez vous?
CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Última semana antes de los EXTASIS. Estaban todos de los nervios, pero quieras que no, tener una novia con la que poder darte cariñitos al final del día y decirte cositas bonitas durante el mismo (cosa que irritaba bastante a sus amigos, a saber por qué) ayudaba considerablemente a estar de mejor humor. Aun así, todos tenían días y días. Haber dado ya el nombramiento a sus sucesores también ayudaba bastante: Kyla y Marcus cada vez delegaban más cosas en Colin y Amber, como los prefectos Bennet y Roslin hicieran con ellos en su día, y así ellos entrenaban y los de séptimo podían centrarse en estudiar. Cedric Greengrass también se estaba encargando de arroparles bastante, al fin y al cabo no se llevaban demasiada edad y el chico había empezado también como prefecto en el último trimestre, un poco atropelladamente, y conocía a Amber del comité de ética. Hacían un buen equipo entre los tres, Marcus estaba muy contento con esa combinación y, poco a poco, iba entristeciéndole cada vez menos abandonar el castillo. Su etapa allí había acabado, tenía muchos proyectos en mente y sabía que dejaba a muy buenos alumnos al mando allí.

Uno de los proyectos que tenía, por ejemplo, era aprender francés. Por fin, después de muchas bromitas durante siete año, Alice le estaba enseñando cositas... Como para no, a Marcus le había dado últimamente por el tema (como si no tuvieran ya bastante con estudiar para los EXTASIS) y cada vez que podía le decía que le dijera palabras o frases para "ir haciendo el oído" o "ampliar su vocabulario". Ingenuo de él, porque con el nivel de estrés con el que andaban, y lo pesadísimo que era, se estaba ganando un ladrido de Alice de un momento a otro... No fue así. Ella estaba encantada con hablarle francés. Quizás... Debió verse venir que aquello podía tener gato encerrado. Pero Marcus, en lo que a aprender y a que le siguieran el rollo de sus tonterías se refería, desatendía bastante las señales de alarma.

- Vale, creo que he captado bien la pronunciación. A ver, repito. - Se aclaró la garganta y se giró hacia Alice, poniéndose muy bien puesto. - "Voulez vous...?" ¿Bien? ¿Convincente? - Vale, ya sabía como se le preguntaba a alguien si quería... Algo. Ya solo le faltaba introducir el algo detrás. Acababan de almorzar y estaban ambos sentados en una de las galerías cercanas a los terrenos, recibiendo aire fresco como a Alice le gustaba. Media horita para reposar la comida antes de meterse a estudiar otra vez, y claro, media horita de Marcus dando la tabarra con el francés. - "Voulez vous... Voulvez vous... Voulez vous..." - Cada vez que lo decía le daba una intensidad distinta, él solo con su discurso en su cabeza. Se mojó los labios, pensativo. - Hillary también sabía francés, ¿no? - Una de esas preguntas que Marcus lanzaba aun sabiendo ya la respuesta. Sabía perfectamente que su amiga tenía nociones de francés, lo había estudiado en los últimos años porque en cuarto, cuando hicieron la reunión para el intercambio, le entró un pánico absurdo con que no sabía ningún otro idioma que no fuera inglés y galés y que lo iba a tener muy difícil en la vida siendo hija de madre muggle así que necesitaba idiomas para prosperar en el Ministerio. Bueno, Marcus no hacía ascos a nuevos aprendizajes nunca. - Ah, pues... Venga, va, voy a practicar. En vivo. Me arriesgo. - Dijo frotándose las manos, emocionado. - Ahora cuando volvamos a la biblioteca, quiero decirle, "Hillary, ¿quieres estudiar conmigo?" - Hizo un gesto con la mano. - Íbamos a ponernos con Runas Antiguas igualmente esta tarde, pero bueno, por hacerlo formal. - Por quedar bien, mejor dicho, porque así era Marcus, le encantaba dárselas de interesante. Hillary y Sean, a pesar de que se solían atacar ante los exámenes, estaban en una curiosa y llamativa calma recientemente. Parecían mucho más reconciliados, y lo ocurrido en el incendio y tras la expulsión de Layne debió darles otra visión de la realidad por la cual no merecía la pena hacer drama por tonterías. A ver cuánto les duraba. - Va. Dime como se dice y entro así. -
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Mar Feb 15, 2022 4:48 pm por Ivanka

Voulez vous?
CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Transformaciones le estaba quitando vida. Literalmente. El resto de asignaturas las tenía listas y preparadas para los repasos finales y dejar el examen pulidito. Pero con Transformaciones NUNCA estaba segura y, a veces, la desesperación y los nervios le jugaban muy malas pasadas. Había estado hasta bien entrada la hora de comer tratando de perfilar la transformación de tres materiales distintos a cáliz de cristal, y nada, se había ofuscado y no le había salido. Y claro, hasta que no lo había conseguido, no había bajado a comer, y con los nervios y el malestar, la verdad es que tenía el estómago cerrado.

Menos mal que tenía a su Marcus para despejarle el mal humor y la preocupación por el examen. Últimamente estaban haciendo hábito lo de quedarse juntitos después de la comida (alejados de los que les llamaban pesados y ñoños y no sé qué más) y simplemente hablaban de planes, comentaban el día o ella le iba enseñando cosas en francés. Era una vida apacible y bonita, y Alice ya podía verse con él fuera de allí, cosa que no le había pasado nunca, haciendo eso mismo pero sobre los exámenes de alquimistas licenciados, quizá en un jardín como aquel que vieron en la sala de los menesteres… Empezaba a valorar aquellos momentos, que antes eran simplemente echar el rato, y ahora significaban que no había problemas, que estaban tranquilos y bien, que las pesadillas de su padre, de Layne y de los Horner habían pasado.

El carraspeo de Marcus la hizo volver al mundo y le miró alzando la ceja. Ahora su nuevo tema favorito era el francés, y como hacía Marcus todo en la vida, tenía que aprenderlo todo, muy bien aprendido y perfectamente pronunciado, y el francés era muy difícil de aprender si no lo hacías desde pequeño. — No lo exageres tanto. — Dijo con una sonrisa. — No sea tan teatrero, que con el francés es muy fácil exagerar y parecer un actor del Barroco. — Se inclinó hacia él con una sonrisita enamorada, mirándole a los ojos. — Voulez-vous… — Dijo en tono susurrado. Se acercó a sus labios y le dejó un besito. — El “je t’aime” te salía muy bien en ciertas circunstancias… — Dijo, sin abandonar el tono, dándole otro besito. — Así es como hay que hablar el francés… Bajito, sin esforzarse… — Se echó para atrás, apoyándose en la pared con cara pilla. Luego asintió. — Sí, en ello está. — Las cositas de Hillary. — Pero no sé qué tal va porque le tengo bastante prohibido hablarme del tema, porque cuando empezó no me dejaba vivir. — Le miró y sonrió. — Y todavía si hubiera sido tan guapísima como mi otro alumno… — Suspiró. — Pero supongo que tengo trato de favor. — Se echó a reír y negó con la cabeza. — Definitivamente, sería una profesora nefasta.

Alzó la ceja cuando Marcus dijo que iba a practicar. Pues sí, suerte con Hillary y su extrema paciencia, pero no iba a ser ella quien le echara para atrás. Mantuvo su mirada, pero encima puso una sonrisita de superioridad y se cruzó de brazos. — Nop. No te lo digo. — Movió un poco los hombros y dijo. — Convénzame usted, señor O’Donnell, de que le diga las palabras exactas. — Y terminó con un guiño. Y al hacerlo sintió cómo se le nublaba un poco la cabeza. Uf, debía ser el cansancio, las dichosas transformaciones la tenían exhausta.

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Mar Feb 15, 2022 5:30 pm por Freyja

Voulez vous?
CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Se puso una mano en el pecho. - ¿Yo? ¿Teatrero? - Le había pillado. Sí que era un poco teatrero, pero su dignidad le impedía reconocerlo en voz alta. - Solo doy lo mejor de mí para sonar lo más francés posible. - Lo dicho, teatrero. Aunque claro, obviamente, a Alice le quedaba mucho mejor que a él. En sus labios sonaba precioso, y él quedaba... Pues eso, teatrero, pero como que se llamaba Marcus O'Donnell que pensaba acabar hablándolo a la perfección. Tras el besito y el comentario, arqueó una ceja. - No me desconcentres, Gallia, que estamos en periodo de exámenes. - Dijo con voz melosa. Ah, quien pudiera irse a ese rincón aislado del mundo del que tanto hablaban a estar solos sin tener que encerrarse a estudiar un día detrás del otro y con la espada de Damocles de los exámenes sobre ellos. Pero ya quedaba una semana, solo una semana, y serían libres de la educación obligatoria, listos para poder dedicarse a lo que quisieran. Se moría de ganas por empezar su vida fuera, una vida que iba a compartir con ella.

Rodó los ojos con superioridad. - Lo de "sin esforzarse" no es lo mío, pero bueno, lo intentaré. - Rodó los ojos hacia ella, picándola. - Lo de hablar bajito y ser discreta no es lo tuyo y te sale, así que supongo que puedo intentarlo. - Y le sacó la lengua, divertido. Rio cuando habló de la prohibición a Hillary. - Recuerdo esa queja, sí. - Comentó entre risas. - Me extraña que Sean no haya querido aprender solo para que ella tuviera con quien hablar... Aunque, ahora que lo recuerdo, estuvo una temporada muy pesadito con el por qué Antares no autorizaba hacer poción idiomática en el Club de Pociones. - Chistó y negó con un suspiro. Debía haberse imaginado a qué venía eso. De verdad, qué obvios eran sus amigos a veces... No como él y su emperre por introducir en el itinerario curricular la poción contraceptiva justo cuando se había echado novia. Menos mal que Zafar tenía la sangre tan espesa que era capaz de aguantar a los pesados de sus alumnos sin despeinarse ni cambiar de opinión lo más mínimo.

Volvió a arquearle una ceja con una sonrisita. - Eso no está bien, profesora Gallia. ¿Qué sería del mundo si todas las figuras de autoridad tuvieran tratos de favor? Te lo dice un prefecto. Muy en desacuerdo con sus procedimientos. - Se arrastró en su asiento para acercarse a ella y le susurró. - Esto es lo que diremos de cara a la galería. Quiero seguir conservando mi trato de favor. - Rio un poco y le dio otro piquito. Podrían pasarse la vida entera así, entre risitas y besos. Pensaba hacerlo, de hecho. A pesar de su petición, recibió una negativa que le hizo abrir mucho los ojos y la boca, teatralmente sorprendido y ofendido al mismo tiempo. Dejó escapar una sarcástica carcajada muda, aún con la boca abierta. - ¡Bueno, lo que tiene uno que escuchar! ¿Y este es el trato de favor que me das? - Chistó y negó. La miró de nuevo, alzando un índice y sin abandonar el barco de la tontería en el que se había subido. - Le voy a decir una cosa, señorita Gallia. Está usted ante una de las promesas de la alquimia a nivel mundial, y es bien sabido que Francia es uno de los países que más valora esta ciencia, donde residen los alquimistas más reconocidos, ¡el mismísimo Flamel! - Cada vez le daba más ímpetu y pomposidad. - ¿Me quiere usted decir, que teniendo la oportunidad de ser NI MÁS NI MENOS que la persona que dote a Marcus O'Donnell, nieto de Lawrence O'Donnell, futuro alquimista carmesí, del don de la palabra francesa, para poder comunicarse ni más ni menos que con Nicolas Flamel, eminencia y mito en el campo de la alquimia, no lo va a hacer? ¿Le va a regatear, encima? - Hizo un gesto con la mano. - Por no hablar de la enorme lucha a la que se enfrenta nuestra querida amiga Hillary Vaughan, que algún día será letrada en el mismísimo Ministerio de Magia, rompiendo todas las barreras. Que contarán su historia y como de manera autodidacta aprendió francés, pudiendo hacerte tú un hueco como su inseparable amiga que la ayudó en ese difícil proceso. - Suspiró. - Pierdes oportunidades, Gallia, así no se hace historia... Pero, si quieres, te lo digo de otra forma. - Se pegó a ella en el asiento y susurró, muy cerca de su rostro. - Tú estás destinada a hacer historia, y a hacerla conmigo. Dame unas palabras que pueda decirle a nuestra amiga, allánanos el camino a la victoria, y yo prometo decirte todos los días... - Se acercó a sus labios, con una sonrisilla, y añadió. - Je t'aime, princesa mía. -
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Mar Feb 15, 2022 6:56 pm por Ivanka

Voulez vous?
CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Se reía a carcajadas con su novio. Era inevitable, sabía hacerla reír como nadie y Merlín sabía cuantísimo lo necesitaba. Alzó la ceja y le dio en el brazo. — Eh, yo sé ser discreta. — Puso cara pillina y dijo. — Cuando quiero que no me pillen haciendo algo que no debería estar haciendo… Tú lo sabes bien… — Le encantaba tentarle y le encantaba entrarle a todos los jueguecitos. Entornó los ojos a lo de Sean y negó con la cabeza. — Si su plan para conquistar a Hillary pasaba por que Antares incluyera nada que no sea lo que hace siempre, era un plan condenado al fracaso. — Y con eso le había dado otro abismo en la cabeza. Pero se había pasado rápido. En cuanto fueran a la biblioteca,s e separaría e iría a por algo de azúcar.

Rio como una niña cuando se acercó a ella y acarició su nariz con la de él. — Ya sabía yo que eras corruptible, perfecto prefecto. — Bueno, pues buena cosa le había dicho a su novio. Le encantaba cuando se parodiaba a sí mismo, y solo podía reírse oyendo aquel discurso. — Verás que conversaciones más filosóficas y susurradas y nada forzadas vas a tener con Flamel, alquimista. — Dijo entre risas, poniendo tono como de importancia de broma. Rio más fuerte a lo de Hillary. — Sí, pues menuda es esa, la quisiera ver yo relatando en un juicio en francés… — Puso cara traviesa y se movió un poco en su sitio. — Mmmmm a ver esa forma…

Cuando Marcus se ponía en modo grandioso ella se dejaba llevar, y simplemente cerraba los ojos y le escuchaba con devoción. Dejó escapar el aire por los labios y suspiró justo después, cuando le dijo la última frase. — No sé por qué haces tanto drama si sabes convencerme perfectamente. — Dejó un beso en sus labios, deleitándose con ellos. — Venga, pero atiende bien. — A ver, Alice tenía una información a la que todavía no le había sacado suficiente partido para su gusto. Necesitaba más risas al respecto. Jugando con ese rollito raro que Marcus y Hillary se habían traído, imaginó en su cabeza una situación bastante cómica y se dispuso a ponerla en práctica. — La frase es “¿quieres estudiar conmigo?” ¿no? — Asintió y carraspeó. — Pues sería “voulez-vous couchée avec moi?Madre mía, si conseguía no reírse antes de llegar a la biblioteca sería un milagro. — A ver, repite conmigo “voulez-vous couchée avec moi?” — Tragó saliva y, para quitarse la risa, pensó en Transformaciones. Le dio la mano y dijo. — Venga, voy contigo, mi sol. Que yo vea cómo controla mi alumno predilecto.


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Mar Feb 15, 2022 7:55 pm por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Puso una amplia y satisfecha sonrisa, de oreja a oreja y con los labios cerrados. - Lo sé. - Dijo muy chulillo. Sabía convencerla, tanto como sabía que ella podía convencerle a él de lo que quisiera. Se removió y abrió todos sus sentidos para escuchar la frase completa. Asintió, reflexivo. Vale, no parecía muy difícil, ese "avec moi" sonaba a "conmigo" y el voulez-vous ya se lo sabía, solo tenía que memorizar el verbo nuevo. Repitió. - "Voulez-vous couchée avec moi?” - Miró al frente, con una cortés sonrisa, imaginando que estaba Hillary delante, y volvió a repetir con elegancia. - "Voulez-vous couchée avec moi?” "Hillary, voulez-vous couchée avec moi?” - Cada vez le sonaba más pomposo, a más dominaba la pronunciación, pero bueno, nada nuevo en él. Dio una palmada y se levantó. - Vale, dominadísimo. - Deseando estaba de ver la cara de su amiga en cuanto le oyera hablar en perfecto francés.

Bien orgulloso que se fue hacia la biblioteca de la mano de Alice. Al acercarse a esta vio a Sean y Hillary a susurritos en la puerta, y en cuanto les detectaron por la vista periférica se removieron y se pusieron a disimular. - Si lo que quieren es esconderse, ya podrían ser más discretos. - Le murmuró a Alice. Vamos, no sería que no habían tenido tiempo de conocer rinconcitos en el castillo, y ahí Alice y él eran la voz de la experiencia. Como aún no habían entrado, volvió a poner su radiante sonrisa, sacó pecho y se dirigió con mucha seguridad hacia sus amigos. - Bonsoir! - Ofú. - Bufó Sean, rodando los ojos. Su amigo estaba harto de las ficcioncitas de Marcus. Ya, pues él estaba harto de que fuera un cenizo siempre, e igualmente no era él con quien quería hablar, sino con Hillary. La cual, por cierto, le miraba con el ceño fruncido y la nariz muy arrugada, como intentando dilucidar qué le pasaba ahora. Verás, vas a alucinar, se te va a quitar en un segundo esa cara.

Se soltó de la mano de Alice y se acercó a Hillary. Bajito y sin esforzarse, susurrado y con delicadeza, así debía hablarse el francés, su novia se lo había dicho, y él pensaba hacer una magistral exhibición en ese momento. - Hillary. - La llamó, cerca de ella y con una sonrisa de lado. No sabía si le miraba con más confusión ella, o Sean desde su posición. - Voulez-vous couchée avec moi? - Esperaba una reacción por parte de la chica, pero no esa. Su amiga dio un paso atrás con los ojos muy abiertos, pero no de sorpresa, casi de horror, o de agobio, y se había puesto muy colorada. A ver, vale que le sorprendiera escucharle hablar francés, pero tampoco era para tanto. - ¿¿PERO QUÉ DICES?? - Le bramó. Ahora el que se asustó fue él. - ¿TÚ, TÚ, TÚ...? - Ya estaba tartamudeando a gritos como cuando algo la desconcertaba tanto que la ponía histérica. ¿¿Pero qué pasaba?? ¡Solo le había dicho que si quería estudiar!

- ¿¿CÓMO... ME...?? ¡¿TÚ ESTÁS MAL?! - ¿¿Pero qué pasa?? - Eso, ¿qué pasa? - Añadió Sean, que por supuesto no había despegado la oreja del momento. Hillary empezó a señalarle, y Marcus de verdad que no estaba entendiendo nada. - ¡Más te vale que sea coña, pero vamos, tío, con tu novia ahí, es que, buf! - ¿¿Pero por qué te...?? - ¿¿TÚ SABES LO QUE ME HAS DICHO, IDIOTA?? - Le gritó. Marcus tenía los ojos como platos. ¿Tan mal lo había pronunciado? Debía haber un verbo que se parecía a "estudiar" en francés y que había provocado esa reacción, pero vamos, juraría que lo había pronunciado bien. - ¡Solo te he preguntado si quieres estudiar conmigo! - PERO PERO PERO SERÁ FALSO EL TÍO. ¡QUÉ CARA MÁS DURA! - ¿Me explica alguien qué pasa? - Preguntó Sean. Sí, pues de camino que se lo explicaran a él, que no se estaba enterando de nada.

Y entonces, presa del desconcierto, miró a Alice para encontrar un punto de apoyo y que le defendiera... Y se la encontró desternillada de la risa. - TÚ. TÚ HAS SIDO LA LIANTA. SI ES QUE ME LO TENÍA QUE HABER VISTO VENIR. - Le gritó Hillary a Alice, señalándola acusadoramente. Marcus frunció el ceño, mirando a una y a otra, abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua. Su amiga se giró hacia él y, con un mohín muy repipi y enfadón, le dijo. - Que sepas que acabas de preguntarme si quiero acostarme contigo. - ¿¿Que qué?? - ¿¿Cómo?? - No sabía quién estaba más desconcertado, si Sean o Marcus. Su amigo le estaba mirando con cara de quien exige una explicación que más vale que sea buena, y él empezó a negar con la cabeza y con las manos. - No no no no, no. Yo te he preguntado si querías estudiar. - ¡Couchée significa "acostarse", idiota! - Marcus descolgó la mandíbula. Sean se había cruzado de brazos, mirándole. - ¡¿Pero cómo te voy a decir yo eso?! - Yo lo he oído perfectamente. - Comentó Sean, en tono pasivo-agresivo. Marcus volvió a negar. - No, no, ha sido una confusión. ¡Yo he dicho estudiar! Le he preguntado a Alice com... - Y mientras hablaba, la miró, y su novia seguía partida de la risa... Y ahí lo entendió todo.

Dejó los hombros caer. - ¡¡Alice!! ¿En serio? ¡No me lo puedo creer, vamos! - Ahí estaba, muerta de risa. Frunció los labios. Menudo ridículo acababa de hacer, luego le diría que le quería y todo. - Esta tía es tonta. - Insistió Hillary, despectiva. - No va y me echa al novio encima. - - Eh eh eh, de encima nada. Esto ha sido un desafortunadísimo malentendido. - Aseguró él, haciendo muchos gestos de negación con las manos. - Malentendido que de ninguna manera se va a repetir. - Pues quisiera yo saber a qué venía tanta cercanía y tanto susurrito y venirme a mí a decirme eso. - Acusó Hillary, con inquina. Marcus se encogió exageradamente de hombros, alzando las palmas. - ¡¡Me dijo que había que hablarlo bajito!! ¡Quería practicar! - ¿Y por qué no practicas con tu novia? - ¡¿Pues no estás todo el día diciendo que necesitas poner en práctica tu francés?! - ¡No diciendo barbaridades, desde luego! - ¡Otra vez! ¡Que no te quería decir eso! - ¿Y entonces qué me has querido decir? ¿Eh? - Te veo yo muy interesada en lo que te ha querido decir. - Volvió a apuntar Sean. Hillary se giró hacia él con una fuerte expresión de confuso desdén. - ¿Tú eres tonto o eres tonto? - Bufó y señaló a Marcus y a Alice, aún muy confuso el primero y aún muerta de risa la segunda. - Aunque vamos, más tonto que estos dos no, desde luego. -
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Mar Feb 15, 2022 9:27 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Asintió al susurro de su novio. — Luego dirán de nosotros. — Dijo con recochineo. Bueno pero ya se iba a vengar un poquito. Esperaba que su novio no se enfadara mucho en el proceso. Sean ya empezaba con mal pie, pero más le valía calmarse, la verdad, no le iba a gustar a priori lo que iba a continuación. Pues si no le gustan las bromas que se vaya del pueblo, como decía siempre su padre.

Y allá fue su novio, con su tono pomposísimo, toda su pose, su acento perfecto, diciéndole a Hillary en francés que se acostara con él. Por supuesto, la reacción de su amiga no se hizo esperar, porque no era poco exagerada ella, y ella ya se permitió reírse. Lo mejor es que Hillary era de bloqueo fácil, y su novio aún no se había dado cuenta de por dónde le venían los golpes, solo tenía una dama muy ofendida, lo cual era muy confuso para un caballero medieval como su Marcus. Y entonces llegó la acusación de Hillary y ella empezó a sentir sin parar de reírse. — Pues sí. Debiste vértelo venir, sí. — Se estaba ahogando de la risa. Y mareando cada vez más, para el caso, pero es que esa escena era demasiado hilarante, con Marcus intentando justificarse, Sean muy confuso y Hillary llena de ira.

Ay, mi amor, es una bromita. Solo quería comprobar si Hills había avanzado en el francés sin mi ayuda. — Intentó calmar la risa, pero le estaba costando. Ya sabía que su novio le iba a ofender, pero bueno, podría ser peor también. Pero es que Hillary no se lo ponía nada nada fácil, venga a soltar improperios contra su novio. — Chiiiiicos chiiiiicos… Tened un poco de humor, por favor. ¿Pero por qué eres tan lianta? — Se quejó Sean. — Justo ahora que…¿Que qué? — Preguntó ella retadora. Ups, se desequilibró un poco, por la deriva de su cabeza. Lo del mareo ese habría que mirarlo. Se agarró del brazo de su novio disimuladamente y les sonrió. — Venga, no seáis así. Os acabo de dar un momento más de los muchos que recordaremos al salir de aquí, y a la sazón, uno de los últimos. — Enganchó con el otro brazo a Sean, y así de paso se daba un poquito más de apoyo, porque veía su equilibrio peligrar, y ya notaba ese abismo en la boca del estómago tan desagradable. — ¿De verdad lo que queréis es enfadaros y no reíros de que vuestra Alice Gallia os ha hecho una bromita de las suyas una vez más? — Dijo poniendo carita y voz de niña buena. — ¡Pues yo paso de tus bromas! No tienen gracia. — Soltó Hillary toda cabreada. — Aaaaaay, Hills… — Le dio un codazo a Sean. — Tú te has reído, ¿a que sí, Sean? — El otro movió la cabeza de lado a lado, pero le veía media sonrisilla. — Eso es un sí, pero no quieres que Hills se enfade contigo. — Luego miró a su novio. — Mi amor, solo era una bromita. No te enfades con tu alumna díscola. — Dijo con carita de ángel. — Te merecerías que le dijera que sí en toda tu cara. Por tonta. — Se encogió de hombros y negó. — No me lo hubiera creído. — Dijo simplemente. Claro, Hills no había estado presente en el momentazo que acababan de tener. Ni en todos los otros, claro.

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Mar Feb 15, 2022 10:46 pm por Freyja

Voulez vous?
CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
- ¿¿Bromita?? - Preguntó, sin dar crédito. - ¡Alice! ¡Te he dicho que lo quiero para mi futuro profesional! ¿Te imaginas soltarle semejante barbaridad a Flamel? - Eso hizo que Sean soltara una fuerte carcajada. - Mira, eso sí que no me lo querría perder. - No tiene gracia. - Espetó, y volvió a mirar a su novia, subiendo los brazos y dejándolos caer con derrota, demandando una explicación. Pero nada, ella venga a reírse. Pues qué bien. Él depositando su futuro como alquimista de prestigio que domina dos idiomas en manos del amor de su vida, y el amor de su vida dándole lecciones confusas. Estupendo, vamos.

Frunció los labios y se quedó con las manos en las caderas, decepcionado, negando con la cabeza con la mirada perdida y mucho dramatismo. Y más dramatismo que pensaba darle, vamos, se iba a arrepentir esa novia suya de sus "bromitas". Tan en su drama estaba que Sean acababa de estar a punto de delatar qué hacían Hillary y él en la puerta cuchicheando, o en qué plano estaban, y no le estaba haciendo el menor caso. Rodó los ojos mirando a otro lado cuando sintió a su novia agarrarse a él, porque claro, él tenía que seguir dignificando su ofensa un rato más. - Un momento para recordar la alta traición de la persona que debería estar facilitando mi camino al futuro. - Dijo, ofendido, lo cual hizo que Hillary soltara un bufido. - Por Dios, O'Donnell. De verdad que no sé cómo se te ocurre, hija, hay que tener ganas de gastarle a este una broma... - Tampoco es como que a ti te haya hecho mucha gracia. - ¡Hombre, te diré! ¡Una aquí tan tranquila y me vienes con esas! Si no me ofendo yo, que soy la agraviada, a ver quien se va a ofender. - ¿Tú eres la agraviada? - Preguntó Marcus, rezumando ironía. - Soy yo quien confiaba en que la persona a la que ama sobre todas las cosas y que habla francés le hiciera aprender correctamente el idioma. Mucho confiar, al parecer. - Afirmó, mirando a Alice de reojo con la cabeza alta y mucha dignidad.

La mantuvo mientras la chica le decía con cara de niña buena que solo era una bromita, a lo que solo contestó con medio gruñido, mirando a otra parte. Ya, pues ahora que se esperara un ratito a que se le pasara el mosqueo. Entraron en la biblioteca, con Alice agarrada de un brazo y llevando a Sean en el otro, y con Hillary unos pasos por delante, enfurruñada. Esta dejó sus libros en una mesa, resoplando. - Ahora no quiero comentarios estúpidos ¿eh? - Le dijo en tono de advertencia. - Nos centramos en Runas. - Ahora resulta que yo hago comentarios estúpidos. - Respondió, y se desenganchó de Alice. Dejó la mochila, pero en vez de en la mesa de Hillary, en la de al lado. - De hecho, me voy a por un libro de Defensa. - ¿Cómo que Defensa? - Preguntó Hillary, indignada. - ¡Íbamos a estudiar Runas ahora! - Ya, pues ya no, he cambiado de idea. - Respondió él. La chica alzó las manos. - ¡Esto es muy grande, vamos! O sea, me faltas el respeto tú a mí, ¡y encima pago yo! - Vas a estar quejándote todo el tiempo y yo así no me puedo concentrar. - La chica soltó un gritito entre la ofensa y la incredulidad, con los ojos y la boca muy abiertos. Marcus entrecerró sus ojos y se acercó a ella. - ¿Y sabes lo que te pasa? Que en el fondo me hubieras dicho que sí, y no de broma, como le has dicho a Alice, y te fastidia que te lo haya dicho de mentira. - ¡¡¡UUUUUUYYYY MIRA, O'DONNELL, HISTÉRICA ME PONES!!! - SSSSSSSSSSSHHHHH. - Ah, bueno, ya estaba tardando mucho la señora Bins en llamarles la atención, pero es que ciertamente Hillary estaba gritando en la biblioteca.

Marcus se irguió, digno y superior, y miró a las dos chicas con una caída de ojos, a una por ofendida y a la otra por ofenderle. - Seguid con bromitas si queréis... - ¡¡¡Pero que yo no he hecho ninguna broma, prefecto estúpido!!! - ...Pero yo tengo cosas útiles y necesarias a corto plazo que estudiar, y no voy a perder más tiempo. - Y se fue, dignamente, hacia las estanterías. Entre estas estaba, buscando un libro de Defensa que ampliara el temario sobre mantícoras porque para su gusto venía muy superficial en el libro de texto, y ya tenía bastante controlado lo que consideraba verdaderamente útil para su vida diaria, así que ahora se estaba dedicando a profundizar en posible preguntas trampa que pudieran caer en el examen. - Tío ¿cómo llevas el Cave Inimicum? - Preguntó Sean a su lado, en el susurro propio de la biblioteca. Al parecer buscaba algún libro también. Marcus se encogió de hombros. - Eso era materia del año pasado. Está superado ya. - Pff, qué sobrado eres. - Respondió el otro. - Es verdad, tío, lo dimos el año pasado. - En mayo. Dimos solo la introducción, lo hemos profundizado este año. - Ya sabes que yo no me dejo nada sin profundizar. - Comentó sin darle importancia, leyendo los tomos de los libros de las estanterías, sacando un poco algunos para ojearlos mejor y volviéndolos a dejar en su sitio.

- ¿Te has enfadado con Gal? - Siseó. - Qué va. No voy a enfadarme porque me haga una broma, ni que no la conociera ya. - Le miró con una ceja arqueada. - Pero se ha reído en mi cara así que ahora se va a esperar un ratito a que se me pase. - Sean chistó, apoyándose con el costado en la estantería. - Joder, qué envidia me dais. - Marcus suspiró. - Tío, no os vayáis de la escuela con este tira y afloja absurdo, por favor... - Ya has visto como se pone Hills con una simple bromita y ni siquiera Gal es su pareja. Si se la hiciera yo, me cortaría los huevos. - Rio entre dientes, sacando un libro más y apoyándoselo en el antebrazo para ojearlo. - Estoy segura de que te consiente más cosas de las que tú te crees. - Comentó. Al menos ya se le estaba pasando el mosqueo y entrando en modo estudio otra vez. Nada como estar entre libros.
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Mar Feb 15, 2022 11:55 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Se aguantó la risa con lo de Flamel porque veía a su novio bastante mosqueado, pero Sean no se lo estaba poniendo fácil. Y a ver, sabía que lo que Marcus estaba haciendo era hacer mucho drama, pero bueno Hillary siempre podía ser más tremenda. — Ay, me estáis encajando dolor de cabeza. — Y no terminaba de ser mentira, sentía agujas por encima de los ojos. Ay. Eso cada vez tenía cada vez más pinta de un desmayo. Tenía que sentarse y beber un poquito de agua aunque fuera. Alzó la mirada hacia Marcus y suspiró, ya dejándose de bromas. — Cariño, si te jugaras algo sabes que no lo habría hecho, solo te he vacilado un poco, que nos hace falta reírnos en exámenes. — Y buena cosa había hecho bajando la cabeza. Ahora no iba a haber quien aguantara.

Y efectivamente, Marcus aprovechó para darle dramatismo a su punto y ella suspiró. Mala idea, las agujas se sintieron más fuertes en la cabeza, y cerró los ojos con fuerza sin poder evitarlo. — Veeeenga, amor, lo siento, ¿vale? — Resopló y se dirigió a la biblioteca con los demás. Se sentó y trató de coger aire con tranquilidad. Puf, y ahora le temblaba el pulso. — Hills, ¿tienes agua?Para ti no. — Dijo la otra muy ofendida. Marcsu se le acababa de perder… Ay… Si es que estaba perdiendo un poco la noción del entorno. — Hills… Toma, pelma. — Dijo tendiéndole una botella. Alice suspiró despacito y bebió, tratando de enfocar la cabeza. — ¿Qué te pasa? ¿Te has rayado por lo de Marcus? Es que tía, te pones a hacer bromas, que parece no nos conoces… — Ella levantó la mano y la movió. Uf, sentía una debilidad que no auguraba nada bueno. — Que no… — Levantó la mirada y le cambió de tema. — Oye… ¿Qué estaba “justo pasando” según Sean? — Preguntó con una sonrisita, tratando de desviar el tema y a ver si se distraía un poco del mareo. Su amiga sonrió con la cara gacha. — No estaba “justo pasando” nada… Es que… Bueno… — La miró. — Quiero intentar hacer las cosas bien. Ser tan valiente como tú. Ya está. — Dijo Hillary refugiándose en los apuntes. — No me distraigas más, anda. Lianta que eres una lianta. — Alice rio, pero en verdad estaba echando un mal rato. Marcus se iba a enfadar, Durrell se iba a enfadar y ella iba a perder la tarde de estudio.

Inspiró y la náusea se hizo más grande. A ver, sería mejor poner en sobreaviso a su novio que desmayarse ahí, asustar a Hillary y que Marcus no supiera qué había pasado y se rayara, y montara otra opereta… Inspirando, se levantó, y tratando de mantener la cabeza recta y apoyándose en las estanterías, fue a buscarle. Había dicho Defensa, ¿no? Pues a ver… Sin saber muy bien cómo llegó allí, donde detectó su voz. — Cariño… — Dijo con la voz un poco más temblorosa de lo que desearía. — Escucha… — Uf le costaba hablar y la visión ya la tenía borrosa. — Creo que no me encuentro muy allá… Como cuando el laboratorio. — Se le estaba poniendo la boca pastosa y no podía hablar. — Llévame… — Pero no llegó a terminar la frase, porque sintió como si el suelo se levantara y se diera la vuelta entero, llevándosela a ella de camino y volviéndolo todo negro.


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Miér Feb 16, 2022 12:31 am por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Sean soltó un suspiro, aún apoyado en la estantería, mirando a la nada. - Dice que quiere hacer las cosas bien. - Marcus alzó los ojos, con una sonrisilla. Sean rodó los suyos. - No cantes victoria todavía. - ¿Yo? - Preguntó, y dejó una risa muda escapar. - Eres tú el que se está conteniendo de ponerse a saltar de alegría. Se te nota en la cara. - Sean tomó aire y se encogió de hombros, pero luego fijó la vista en algo que vio en el pasillo. En alguien, más bien. - Vaya, ¿se avecina reconciliación a lo Ravenclaw en la biblioteca? Lo digo por si me tengo que ir. - Bromeó socarrón. Marcus miró hacia donde su amigo dirigía los ojos y vio a Alice acercarse. Suspiró brevemente, cerrando el libro y dejándolo en su sitio. Si no estaba enfadado, pero a ver, había jugado con su orgullo un poquito. No se lo podía poner tan fácil.

Cuando la escuchó tan temblorosa le dio hasta pena, pero se limitó a escuchar. A ver, tampoco iba a ponerse tan tonto, ya le había dicho que solo había sido una broma, y había tenido su gracia... Bueno, más o menos, ya se reiría si eso en otro momento. Sin embargo, lo que Alice venía a decirle no era una disculpa, que era lo que esperaba por ese tono de voz tan extraño y las circunstancias. Frunció el ceño. - ¿Cómo? - Preguntó, ligeramente confuso, y antes de poder decir nada más, antes de que la petición de que la "llevara" a alguna parte que no terminó de decir le llegara al cerebro, se desplomó. - ¡Hostias! - Bramó Sean. Marcus se había quedado de piedra, pero se lanzó al suelo en el acto. - Alice. Alice, mírame. - Le pidió, dándole levemente en la mejilla, pero no reaccionaba. "Como en el laboratorio". Oh, Dios. Otro desmayo. Se le puso el corazón en la garganta. - Alice, por Dios, dime que es otra broma. - Sería para matarla si fuera otra broma, vamos. - Dijo Sean, con la voz asustada, acercándose a ellos. - Alice, ¡Alice! - Siguió llamándola, pero nada. No tenía más tiempo que perder. Su amigo aún se estaba agachando, preocupado, cuando él directamente la levantó en brazos. - Me voy a la enfermería. - Resolvió, automático y nervioso, y salió corriendo de allí. Hillary le vio nada más abandonó las estanterías y se levantó como un resorte de la mesa. - ¿¿Gal?? ¡POR DIOS! ¿¿Pero qué...? - Pero Marcus había salido volando. Su amiga le llamó a gritos, pero él no se podía detener. Lo único que provocaron sus bramidos fue que la señora Bins saliera de su escondite, refunfuñando, y que Marcus casi se la llevara por delante en la carrera.

- PREFECTO CON ALUMNA ENFERMA, PREFECTO CON ALUMNA ENFERMA. - Iba gritando mientras volaba a toda velocidad por los pasillos, no había corrido tanto en su vida. - PASO, PASO, ¡¡PASO!! - La gente se apartaba como si viera venir un minotauro, pero él ni siquiera veía a nadie, solo veía escaleras, pasillos, enfermería, YA. Menos mal que estaba la puerta abierta, porque le hubiera pegado una patada para entrar si hubiera hecho falta de estar cerrada. - SEÑORA DURRELL. - Vociferó, entrando a toda velocidad. La mujer, que estaba en ese momento de espaldas, empezó a girarse con un suspiro. - Señor O'Donnell, por fav...- ¡¡SE HA DESMAYADO!! - Interrumpió, casi llevándose a la mujer por delante, que justo al girarse se lo encontró encima. Puso a Alice en una camilla y volvió a intentar hablarle. - Mi amor, dime algo, por favor. - Tenía la respiración agitadísima y no solo por la carrera, sino de puro ataque de nervios. - Alice, Alice, abre los ojos. No me hagas esto otra vez, por favor... - O'Donnell, a ver, relájate. - Le dijo la enfermera, comprensiva pero también tajante. - Esto tiene pinta de ser otro desmayo. - ¿¿Cómo lo sabe?? ¡Acabamos de entrar! ¿Y si le pasa otra cosa? - Vaya, qué lástima que no sea yo enfermera. - Ironizó la mujer, pero Marcus estaba demasiado ocupado en mirar a su novia, hiperventilar y agarrarla de la mano. - ¿Cuándo comió por última vez? - ¡Hace un rato! - Respondió, quebrado y como si le estuviera torturando un grupo de aurores. Pero al decirlo, se le vino la imagen a la cabeza. Él había llegado al Gran Comedor antes que Alice y se había sentado a comer. Ella se había entretenido con algo, "luego voy", le dijo. Se sentó con ellos... - No... No estoy seguro. - Dijo, con un hilo de voz y la mirada perdida, tratando de recordar. - Ha... Se ha... Se sentó con nosotros a la mesa, pero... - ¿Pudiera ser... Que no hubiera comido y él, metido en sus cosas, no se hubiera dado cuenta? Acababa de sentir un fuerte latido de culpabilidad en el pecho.

- Algo me dice que esta Ravenclaw cabezota viene sin comer. - Dijo la mujer en un suspiro, levantándole los párpados y apuntándola con la luz de su varita. Marcus seguía agitado. - Lo siento, lo siento, señora Durrell, no me he dado cuenta. Yo siempre miro que coma, se lo juro, creía que había comido. Bueno, no lo sé, a lo mejor sí ha comido y es otra cosa. Ha venido a avisarme, y yo... No... Yo... - Marcus. - Le detuvo. Él la miró con el pecho subiendo y bajando y los ojos vidriosos. - Solo se ha desmayado. Se le habrá olvidado comer, otra vez. Se despertará en unos minutos. - La mujer dibujó una sonrisilla casi tierna y le dijo. - No has cambiado en nada estos siete años. -
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Miér Feb 16, 2022 1:47 am por Ivanka

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CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
"Mi amor dime algo, por favor” eso le había llegado con el efecto pecera que recordaba de cuando el laboratorio de Alquimia. “¡Hace un rato!” y eso le había taladrado el cerebro. La respiración era como una losa en el pecho y era muy molesto, y tenía frío. Se sentía como cuando has dormido muy poco y sigues muy cansado y no puedes levantarte, tratando de abrir los ojos sin llegar a poder. Como no parecía haber nadie llamándola para que se despertara, no era una mañana temprano, decidió rendirse a ese sueño al que casi nunca podías rendirte.

No sabía si había dormido diez minutos o diez horas, pero sí que en cuanto fue abriendo los ojos sintió un frío tremendo. — Tengo frío… — Murmuró, y notó como alguien le tapaba. Para variar, la luz era un problema, así que se llevó la mano lentamente a los ojos. Oía varias frases, pero no lograba darles sentido. — ¿Marcus? — Llamó, flojito. — Vaya, gracias por la parte que me toca. — Esa era Durrell. De hecho le cogió la muñeca, probablemente para tomarle la tensión. — La tensión por los suelos, Gallia. Mal, muy mal. Te voy a quitar las condecoraciones de ayudante de la enfermera.Lo siento… — Murmuró. — ¿Me quita la luz, por favor? — Pidió, lastimera. — Absconditus. — Lanzó la enfermera. Ella suspiró un poco más tranquila y abrió los ojos despacio. Lo primero que vio fue a Durrell, pero sus ojos buscaron rápidamente a Marcus. Estaba a su lado, con los ojos llorosos y cara de angustia. — ¡Ay mi amor! ¡No! ¿Has llorado? — Trató de incorporarse y abrazarle, pero no tenía fuerzas. — Quieeeeeta. No me fastidies Gallia, no podrías levantar ni un pergamino ahora.

¿Tanto había preocupado a su novio? — Lo siento. Se me olvidó comer, estaba con Transformaciones y luego quería descansar… Lo siento. — Le veía sufriendo realmente. Durrell llegó con un vaso. — Bebe.¿Es agua con azúcar? — Preguntó recelosa. Durrell asintió con cara de obviedad y alzando las cejas, pero ella puso cara de asco. — Me da mucho asco, señora Durrell, por favor. Me va a hacer vomitar si me lo bebo ahora. — La otra soltó una carcajada sarcástico. — No, no lo creo. No llevas nada en el estómago, Gallia. — Tomó el vaso con mala cara y, mientras bebía, miraba a Marcus, con preocupación, con un miedo en su interior. No quería verle así, no podía ser que ella hubiese provocado ese estado en su novio. Eso era… Preocupante. Más que que ella se desmayara. Apretó la mano del chico. — Estoy bien. ¿Ves? — Puso media sonrisilla. — No te preocupes más, mi vida. No ha pasado nada. — Durrell la estaba mirando de reojo. Por Dios, a esa mujer no se le escapaba una.

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Miér Feb 16, 2022 11:17 am por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Echó aire por la boca. Durrell tenía razón, debía relajarse... Lo haría en cuanto viera a Alice abrir los ojos. Su mente racional se lo repetía una y otra vez. Solo es un desmayo. Se le ha olvidado comer. Solo es un desmayo. Ya le ha pasado otras veces. Es por no comer. No pasa nada. Sin embargo, el Marcus emocional estaba temblando y los ojos se le llenaban de lágrimas. No dejaba de ser el mismo niño asustadizo y emocional de siempre, debajo de un montón de capas de prefecto O'Donnell. Un niño que no soportaba ver a su pajarito así, sin saber qué le pasaba ni qué hacer, en vez de verle volando y cantando como siempre.

Y, encima, con sentimiento de culpa. - Le juro que nosotros nunca discutimos. Le juro que yo la quiero con mi vida. - Y yo te juro que no sé de qué me estás hablando, Marcus. - Comentó la mujer con tono de hastío, ya que era lo único que podía hacer para rebajarle al chico el nivel de drama. - Que a mí me gustan sus bromas. Dios, es que ¿¿por qué tengo que ponerme tan estúpido?? - Se frotó la cara. Y pensar que estaba haciéndose el digno como un idiota por una simple bromita. Si hubiera estado más pendiente, a lo mejor ni se habría caído al suelo, la habría cogido él antes. No se tenía que haber ido donde las estanterías. ¡Dios, a saber si no había provocado eso él! En lo que se frotaba la cara, arrepentido, oyó la voz de Alice. Se quitó las manos para mirarla con los ojos como platos, e inmediatamente se puso a taparla. - Ya está, mi amor. - No sabía ni qué decir ni qué hacer, pero Alice estaba hablando, eso era que estaba bien, aunque tenía mucho frío, y eso era que no estaba bien, y el que no estaba bien era él que estaba también al borde del desmayo.

Le llamó, y el corazón le dio un vuelco. Agarró su mano y se forzó a sonreír, acercándose a ella y susurrándole. - Hola, princesa. Estoy aquí. No me voy a ninguna parte. - Aseguró con devoción, pero Durrell tenía sus propias gestiones que hacer y el drama de novela le estaba estorbando un poco. Ya, pues a él le estorbaba ella siendo tan protocolariamente enfermera cuando él solo quería demostrarle amor incondicional a su novia... Bueno, no, no le sobraba, quería que hiciera lo que tuviera que hacer para que Alice se pusiera bien, pero también podría ser un poquito más comprensiva con su dolor. La mujer bajó la luz y eso permitió que Alice abriera poco a poco los ojos. Dejó una caricia en su mejilla. - Ey. - Susurró. De verdad que intentaba poner la mejor de sus sonrisas, pero en algún momento debía haber descontrolado sus ganas de llorar sin darse cuenta. Marcus tenía la piel muy clara, en seguida que se emocionaba se enrojecía un poco. Era bastante delator. Aun así, negó con la cabeza, con una sonrisa fruncida, tragando saliva para que no le traicionaran los nervios y se le fuera al traste el fingimiento. - No, no, mi amor. Es solo que te he traído corriendo. - Dijo con una leve risa, pero esta le había sonado un poco acuosa. Vaya. Iba a tener que ensayar más las poses tranquilizadoras, en vez de estudiarse tanto las de dignidad absurda.

Negó cuando empezó a disculparse, agarrando con fuerza su mano y dejando un beso en esta. - Esta noche te preparo yo el plato de la cena y compensas. Ya verás, vas a alucinar. Me han dicho que hay pastel de limón de postre. - Le guiñó el ojo, y luego le acarició el pelo. - Ya me ocuparé yo de que a este pajarito no se le vuelva a olvidar comer. Nos quedan aún muchos exámenes que pasar en nuestra vida, ¿sabes? - Le dijo con cariño. Vamos, desde luego que pensaba encargarse de que no se le olvidara comer ni una vez más, aunque tuviera que atarla a la silla. Esa novia suya, no se enteraba de que uno necesitaba comida para poder mantenerse en pie. Durrell llegó con un vaso de agua con azúcar y, tras un poco de regateo, Alice se la bebió. Sonrió a sus palabras. - Ya te veo. Estás tan guapa como siempre. - Arqueó las cejas. - Pero te vas a quedar aquí reposando de todas formas. - Miró de reojo a Durrell y esta estaba negando con la cabeza. - Probablemente yo fuera la primera persona de este castillo que vio esto venir. - Suspiró. - Me alegro por vosotros, pero me alegraría más si tú comieras. - Señaló a Alice. - Y tú no montaras un drama shakespeariano por un simple desmayo. - Le señaló a él, y Marcus la miró como diciendo no diga que es "un simple desmayo" porque, uno, casi me muero del susto, y dos, así no vamos a convencer a Alice de que esto es grave. - Voy a por una poción para el hierro. Otra vez. Me vas a acabar las existencias, Gallia. - Riñó, aunque no demasiado seria, porque Durrell y Alice tenían una relación muy buena de futuras colegas.

Dejó un beso en su frente y la acarició de nuevo. - Siento haberme puesto antes tan estúpido, mi amor. No me he enfadado, para nada, si ha sido muy gracioso. - Bueno, relativamente, pensó, pero en fin, ahora priorizaba otras cosas. - Yo te quiero muchísimo, tú lo sabes ¿verdad? - Le dijo con amor. Antes de que Durrell llegara, quienes se colaron por allí fueron dos que claramente estaban esperando a que la enfermera se perdiera de vista. - Ay, cariño mío. - Vaya, otra que venía suave y arrepentida de haberse enfadado. Con mucho tiento y mirando a los lados para no ser pillados, Sean y Hillary se acercaron a hurtadillas hasta los pies de la camilla de Alice. - ¿Pero qué le ha pasado a mi niña? - Que susto, tía, te has caído redonda. - Dijeron la chica y el chico, respectivamente. - ¿Estás bien? ¿Te traigo algo? Ay, Marcus, menos mal que la has traído rapidísimo. - Siguió su amiga, con un resuello y las manos en el pecho. Como le fastidiaba reconocer que Hillary y él se parecían en que se les bajaba la dignidad al subsuelo en cuanto la cosa se ponía complicada. - ¿Te has hecho daño al caer? Lo siento, es que ni nos ha dado tiempo a cogerte, de repente ha sido como... - Pero vamos a ver. - La voz de Durrell interrumpiendo hizo a unos tensos y con pinta de fugitivos Sean y Hillary dar un respingo. - Aquí hay un horario de visitas estipulado, y esta es la zona de curas, no el patio de la torre del reloj. - Lo siento, señora Durrell, ya nos vamos, es que nos habíamos quedado muy preocupados. - Respondió Hillary. Durrell suspiró. - Venga, que no ha sido nada, solo una bajada de tensión. Volver a estudiar y luego cuando pase a la cama podéis venir a verla si queréis. - Los dos asintieron y se despidieron de Alice, lanzándole besos en la distancia antes de irse. - Anda que ya te vale, O'Donnell. - Empezó Durrell de nuevo, cuando Sean y Hillary aún se encaminaban hacia la puerta. - En primero me llenas esto de gatos y lechuzas, y ahora te traes a tus amigos. - ¿Acaba de compararnos con un gato y una lechuza? - Oyó la confusa voz de Sean, girándose antes de que Hillary tirara de nuevo de él para sacarlo de la enfermería. Marcus se encogió de hombros. - No soy un prefecto tan bueno como Graves, supongo. - La mujer soltó una risa. - Pues la entrada dramática por la enfermería la has emulado a la perfección. -
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Miér Feb 16, 2022 4:03 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Marcus le estaba hablando con una ternura infinita, y ella le sonreía, pero se sentía cansada, y tenía cierto agobio en el pecho. — ¿Me has traído tú? — Preguntó con cariño. — Como el prefecto Graves… — Dijo con una sonrisa enamorada. — Pero bueno, llevas practicando desde que me bajabas de los árboles en La Provenza, mi vida… — Se le veía muy mala cara, pobrecillo se había asustado mucho. Contuvo un suspiró, y simplemente dejó caer los párpados con cansancio cuando insistió en todo lo que le iba a dar de comer por la noche. Más le valía aceptar, que ya la había liado bastante con el desmayo. — Vale, chef O’Donnell. — Tragó saliva y se frotó un poco los ojos. — Pero no me hables mucho de comida que con la cosa esa del azúcar de verdad que me dan ganas de vomitar. — Sonrió a lo de que estaba guapa, negando con la cabeza, y acarició su mejilla. — Sí, cariño. — Concluyó a lo de que tenía que quedarse ahí. Y la verdad es que se encontraba fatal, lo iba a agradecer. Se tuvo que reír a lo que dijo la enfermera Durrell y suspiró. Sí, Marcus se preocupaba demasiado, pero era tan bueno… Solo podía darle cariño al pobre.

Volvió a entornar los ojos hacia él. — Ya lo sé, mi amor. — Frunció un poco el ceño y suspiró. — Aquí solo hay dos culpables. Yo que me he olvidado de comer, y Fenwick, que con su maldita asignatura me ha hecho olvidarme de comer. — Dijo con tono más bromista, intentando quitarle un poco de hierro al asunto. Acarició su mano. — Yo te amo, Marcus, pero esto no tiene nada que ver con… — Fue flagrantemente interrumpida por Hillary. su amiga, la que hace diez minutos como mucho le estaba negando el agua, ahora estaba muerta de miedo. — Bueno, soy yo, me voy desmayando por ahí. — Dijo con media sonrisa. Pero sus amigos estaban muy preocupados y hablándole así, como si fuera de cristal… Alice no estaba enferma. No había por qué hablarle así… Le costaba respirar, y volvió a cerrar los ojos. Al fin se iba a acabar agobiando con lo que no tenía, vaya. Se removió incómoda en la camilla, cerrando los ojos y tapándose bien. — Estoy un poco cansada… Necesito dormir un poquito. — Lo que quería era quedarse sola y ponerse bien ya. Y que no la trataran como a una enferma.

Menos mal que llegó Durrell, con su habitual diligencia y les echó, haciéndola hasta reír con lo del gato y la lechuza. Pobres sus amigos. Solo estaban preocupados por ella, y lo sabía, pero es que no había de qué preocuparse… O eso quería ella creer. Al final le estaban liando la cabeza. Alargó la otra mano que no estaba monopolizada por Marcus y apretó la de Hillary. — Todo está bien, ¿vale? Solo necesito descansar. Me ha dado muchísimo dolor de cabeza esto, pero la señora Durrell me ha dado agua con azúcar y eso ya va a hacer su trabajo. — Miró a Marcus y amplió la sonrisa. — Y mi príncipe azul me va a hacer una cena a la altura, ha dicho, tarta incluida. — De verdad que estaba agotada, necesitaba cerrar los ojos y silencio, pero sus amigos parecieron darse por satisfechos. — Bueno, pero luego venimos a verte, ¿eh? — Hillary se inclinó y le dio un beso en la frente. — Sí que estás temblando, ¿te traigo el pijama y una sudadera gordita? — Alice asintió. — Por favor. — Les sonrió y dijo. — Sois los mejores. Pero ahora a estudiar, ¿eh? Que no sea yo la razón por la que ningún Ravenclaw deja de estudiar. — Ellos asintieron. — Venga, en un rato venimos a verte. — Terminó Sean, tirando suavemente de Hillary. Su amigo era muy observador, y probablemente se había dado cuenta de que estaba un poco tensa.

Se giró para mirar a Marcus. — Mi amor… — Iba a decirle que se fuera a estudiar, que no le quería entretener, pero no quería hacerle daño o que pensara que estaba enfadada con él por lo de la broma… Pero Durrell, para variar, se le adelantó. — Marcus. — Dijo con suavidad, acercándose y dándole a ella la poción del hierro. Qué lista, se ladaba mientras estaba en pleno discurso con Marcus, así no podía quejarse. — Tengo que hablar con Alice y hacerle unas revisión. Sé que no quieres irte, pero va a ser mejor si nos quedamos solas, y tú estás un poco nervioso. Creo que te va a venir bien darte una vuelta por el castillo, estudiar un poco, y luego vuelves, ¿qué te parece? — Vale, pues Sean no era el único que había notado su incomodidad. Ella le miró con cariño a los ojos y apretó (aunque no muy fuerte) su mano. — Estoy bien, Marcus. De verdad, te lo prometo. Yo te espero aquí, mi vida.

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Miér Feb 16, 2022 5:17 pm por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Sus amigos ya se habían ido y él seguía agarrado a la mano de Alice como si se le fuera a escapar, dándole besos y dispuesto a no despegarse de la camilla ni medio milímetro. En primero no tenía tanta cercanía con ella, ahora podía besarla y decirle que la quería cien veces, y quedarse allí porque era oficialmente su novio y la mejor persona que podía acompañarla y no en base a que la enfermera le concediera el favor. No solo era su novio, es que era prefecto de Ravenclaw, y en su contrato se estipulaba que pasaría la noche en la enfermería con un alumno o alumna enfermo si era necesario. Pues ya estaba, es que no había más que hablar, así que sonrió a Alice, feliz de verla más recuperada, y allí se quedó, dispuesto a no moverse de su lado.

Lástima que la enfermera Durrell tuviera planes mejores, y ya le había quedado muy clarito en esos siete años que, en la enfermería, la autoridad era ella y solo ella. Asintió cuando dijo que tenía que hacerle una revisión, porque no se había parado a pensar que fuera necesario que él tuviera que irse para eso. Cuando se lo pidió, abrió mucho los ojos. - Pero... - Empezó, sin comprender, mirando de hito en hito a una y a otra. De hecho, tiró por la vertiente de la ofensa. - ¿Nervioso? No estoy nervioso. Yo no estoy nervioso, estoy superbién, soy su apoyo moral. - Un poco nervioso sí que estaba, pero a ver, ¡acababa de ver al amor de su vida cayendo redonda al suelo! ¡Como para no! Ni que fuera de acero, vamos. No veía, igualmente, que eso tuviera que ser un motivo para irse. No iban a calmársele los nervios lejos de ella, al revés.

Dar una vuelta. Estudiar. Pf. ¿Que qué le parecía? Pues mal, qué le iba a parecer, una idea absurda. Su novia convaleciente y él dando vueltas por ahí, vamos. Tremendo disparate. Empezó a negar con la cabeza. - No. No, no. Yo estoy bien aquí, y tengo que estar con ella. - La mujer suspiró levemente, no siendo irónica como siempre, más bien tratando de ser comprensiva a la vez que aunaba paciencia. Marcus seguía negando con la cabeza. Estaba seguro de que Alice estaría con él... Pues no. Abrió de nuevo los ojos y parpadeó, confuso, hasta que pudo reaccionar. - Pero, cariño, ¿cómo me voy a ir? - Le dijo con muchísima más dulzura que a Durrell, obviamente, pero también dejando patente que irse le parecía absolutamente descabellado. Siguió agarrando su mano. - ¿Cómo voy a dejarte sola? No me lo perdonaría. - A veeeer, Maaaarcus. - Volvió a insistir la mujer. - Obviando que me hayas ignorado flagrantemente al decir, con todas las letras, que Alice se queda sola, no la dejas en mitad de un páramo helado. Está en la enfermería, bien cuidada, y ya ves que no le pasa nada. - El repaso de las palabras anteriores de la mujer en su cabeza junto con esas nuevas activó una idea en un mente que hizo que se le agarrara el miedo en el pecho. - Y si está bien, ¿por qué tiene que revisarla en privado? ¿Por qué me tengo que ir? - Se puso de pie, muy gallardo en teoría, pero temblando en realidad. - Si pasa algo, quiero saberlo. Exijo saberlo. - ¿Exiges? - Preguntó la mujer, exasperantemente tranquila, con una ceja arqueada. Llenó el pecho de aire y volvió a echarlo en forma de suspiro. - A ver, Marcus. Que lo que tu novia necesita es tranquilidad. - Pues yo se la doy. Soy el hombre más tranquilo del mundo, le daré toda la tranquilidad que me pida. - Solo quiero hablar con ella, de enfermera a enfermera. - Fue a replicar, pero la mujer alzó la palma para detenerle y le tendió un informe. - Mira. Ya relleno, el parte de enfermería, muy completito como al prefecto O'Donnell le gusta. Para que lo tomes de ejemplo y se lo muestres, si la enferma da su consentimiento, a los futuros prefectos Evans y Ming para que el año que viene no haya confusiones. - Cogió lentamente el informe, mirándolo con el ceño fruncido, e igual de lentamente y ceñudo levantó la mirada hacia la mujer. Le estaba comprando con un informe bonito y lo sabía. Demasiado interés en que se fuera de allí.

- Si sigues sin creerme, lee. ¿Qué pone en el diagnóstico? - Insistió Durrell, señalando con un gesto de la cabeza el informe. Marcus, que no había perdido su expresión, bajó la mirada y leyó en voz alta. - "Desvanecimiento por falta de azúcar en sangre. Niveles de hierro bajos". - Volvió a subir la mirada, analítico, y de nuevo se encontró con la ceja arqueada de la mujer, en una pose muy tranquila de manos entrelazadas. - Mi código ético y la legislación de Hogwarts, así como la ley sanitaria mágica, me impiden mentir en un diagnóstico. A Alice no le pasa nada, solo lo que tú ves ahí. Solo quiero hablar un rato con ella y hacerle una revisión más exhaustiva. - La mujer ladeó la cabeza. - Os queda una vida muy larga juntos, eso es lo que queréis, ¿a que sí, cariño? - Qué manera de dulcificarle el tono, realmente quería hablar con Alice a solas. Se lo pensó un poco por si era una pregunta trampa, pero finalmente, asintió. - Y no querrás estar llevándote este mal rato de tanto en cuando y teniendo que aparecerte con ella inconsciente en San Mungo, ¿a que no? - Tragó saliva. Ya le daba igual que fuera una pregunta trampa, tuvo que negar con la cabeza a eso. La mujer sonrió. - Bien, pues tengo una última oportunidad de dejarle claro a esta señorita que tiene que comer, y para eso necesito que nos quedemos a solas. - Señaló la puerta. - Ve a hacer lo que tengas que hacer, y te prometo que te dejo pasar aquí la noche con ella. - Se mojó los labios, pensándoselo. Es que... No quería dejar a Alice sola. Pero al mirar a su novia de reojo, vio su expresión, y parecía bastante de acuerdo con la enfermera.

- Está bien. - Concedió, aunque muy a regañadientes. Volvió a sentarse a su lado y a coger su mano para besarla. - Vengo en una hora, mi amor. - Que sean dos. - Hora y media. - Esto no es un mercado de abastos, O'Donnell, es una enfermería, así que deja de regatear y hazme caso. Vendrás en dos horas ya con la cena y todo preparado para no tener que salir más si quieres pasar aquí la noche. - Echó aire por la nariz. - Vale. - Concedió, nada conforme. Se volvió a centrar en Alice. - Esta noche no me separo de ti, mi amor. Mira por donde vamos a pasar otra noche juntos en Hog... - Ups. Miró de reojo a Durrell. Ceja arqueada otra vez. Tragó saliva. - Una. Quería decir, una noche juntos en Hogwarts. - Te hubiera valido con "otra", te recuerdo que ya la pasaste aquí en primero. - Ya, claro. - Murmuró, y la mujer negó, suspirando. Si es que le delataba su propia conciencia, maldito fuera. Carraspeó un poquito y se recentró. - Si no quieres que me vaya... - Estaba dispuesto a atrincherarse allí, vamos. Pero sí, Alice estaba de acuerdo con Durrell, al parecer, así que no le quedó de otra que resignarse. Le dio un beso en los labios y se despidió, jurándole mil veces que volvería, hasta que la enfermera prácticamente le echó a rastras del lugar.

Aprovechó para informar a sus amigos y recoger todo lo que Alice iba a necesitar esa noche, que ya se lo tenía Hillary preparado casi al completo. Luego, como sugirió Durrell, enseñó el informe de la enfermería a Colin y Amber y aprovechó para explicarles qué se hacía con él antes de dárselo a Kyla para que lo tuviera con el resto de informes y hablara con la señora Granger. Buscó a Cedric, de camino, antes de ir al comedor a por la cena, porque a lo tonto se le iban a echar encima las dos horas entre tanta gestión. Tal y como había pensado en esos días, Cedric sería un buen aliado para Colin y Amber, así que le comentó la circunstancia. - Kyla estará pendiente de todo, pero bueno, solo para que lo tengas en cuenta. - Genial. De hecho, había quedado con Amber mañana, antes de la reunión del comité de ética. - Ah, maldita sea, la reunión. - Se frotó la cara. Los EXTASIS y lo que acababa de pasar le tenían con la cabeza en otra parte, se le había olvidado por completo. Cedric le miró con una sonrisilla comprensiva. - Se te había olvidado ¿eh? - Por completo. - Reconoció Marcus, soltando un bufido. Cedric hizo un gesto con la mano. - No vayas si estás ocupado. Ya te representamos nosotros. - Qué va, tío, te lo agradezco, pero ya es la última. Me hace ilusión despedirme. - El otro frunció una sonrisa y se guardó las manos en los bolsillos. - La última... Qué vértigo debe dar eso. Se te va a echar de menos. -
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Miér Feb 16, 2022 8:27 pm por Ivanka

Voulez vous?
CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Ya se imaginaba que su novio no iba a aceptar irse así como así. Ella le miró con una sonrisa cuando se le dirigió directamente. — No me dejas sola, la enfermera Durrell está conmigo. Y realmente lo único que necesito es descansar. — Dijo con ternura, acariciándole, pero cada vez más tensa. Porque ahora se había rayado ella también. Durrell tenía hasta un informe para espantar a Marcus de allí, o sea que tenía mucho interés en quedarse a solas con ella. ¿Tendría malas noticias que darle y en vista de la actitud de Marcus no quería hacerlo frente a él? — ¿Ves? Un desmayo. Como en primero. Y en primero te fuiste a por mis cosas y no pasó nada. — Suspiró, pero mantuvo la sonrisa. — Claro, que en primero no tenía una semana de cansancio acumulado. Solo necesito dormir un poquito, y tú puedes aprovechar y hacer cosas. — Dijo suavemente, aunque el miedo empezaba a cogérsele en el pecho.

Entornó los ojos cuando Marcus dijo lo de “otra” noche en Hogwarts y rio un poco. Anda, que la enfermera Durrell les iba a decir nada, pero llega a ser Fenwick o Arabella y tienen un problema. — Cuento con ello, mi vida. — Le besó con ternura y dijo. — Aquí mismo te espero. Bueno, en la cama a poder ser. Espero haber dormido y haberme despertado ya cuando llegues. — Eso si sobrevivía a la chapa que le iba a caer, o peor, a las malas noticias. — Yo querría que estuvieras siempre conmigo, pero la salud es la salud, y si la enfermera Durrell lo dice, pues mejor solas. — Y necesitaba un poco de tranquilidad, pero eso no se lo iba a decir. — Te amo, Marcus. No estés preocupado, ¿vale? — Sería más sencillo si la que no estuviera preocupada, por el diagnóstico y por la reacción tan dramática de Marcus, fuera ella en primer lugar. Durrell se acercó a ella y dijo. — ¿Vamos juntas a la cama? Allí vas a estar más cómoda. — Pero nada podía dejarla cómoda ahora hasta que no supiera qué le pasaba realmente.

Una vez asentada y bien tapada en la cama, suspiró y bebió un poco de agua y descansó la vista. A los pocos segundos notó una mano que le daba palmaditas en la suya, y cómo el colchón se hundía, cediendo al peso de alguien que se sentaba al lado. – Fotofobia. Segunda vez que te tengo aquí en mi enfermería por lo mismo, Gallia, voy a empezar a pensar que vienes por mí. – Abrió un ojo y sonrió. – No me regañe, señora Durrell. Ha sido un despiste, estoy muy liada con los EXTASIS. – La enfermera rio y dijo. – Lo que me extraña es que O’Donnell te haya dejado no comer lo suficiente. Ni con agua caliente se separa de ti, chica. – Ella rio un poco. – Por usted se deja echar. Sobre todo si tiene usted algo que decirme… A solas…Pues, realmente, le he echado porque te veía un poco agobiada… ¿Me equivoco? – Eso trabó un poco a Alice. No es que le agobiara Marcus en sí, pero es que… Le veía tan preocupado que eso la acababa preocupando a ella. – No… O sea, es que…

La enfermera Durrell era de esas personas que con una mirada y una expresión te hablan, y ahora la estaba mirando con un mix de preocupación, suspicacia e interrogación. – Gallia. Mírame a los ojos. ¿Ha sido por no comer? – Giró la cabeza. – No hace falta que te pregunte si existe la posibilidad de que estés embarazada, ¿verdad? Porque quiero creer que si tú misma lo sospecharas me lo dirías. – Ella soltó aire por la boca y negó con la cabeza, hasta aliviada. – No. No, no, no es eso. – Volvió a inspirar y se frotó los ojos, pero ella seguía mirándola igual. — ¿Otra noche? ¿De verdad? — Alzó la mirada y la clavó en la enfermera. Anda que tener que estar justificándose de esas cosas… – Yo soy responsable, señora Durrell. Y le aseguro que eso no entra en mis planes. – La mujer rio y ladeó la cabeza. – Ya, ya me imagino… Pero como me parecía que querías que O’Donnell te dejara tranquila… – Suspiró. – Bueno, pues no es por eso. – La enfermera Durrell se quedó en su sitio, mirándola. Alice la conocía lo suficiente como para saber que le estaba dando espacio para hablar, sin presionar, pero sin abandonar.

Ella apretó los labios y se puso el pelo detrás de las orejas. – Me preocupa. Él. A ti. Si eres tú la que te desmayas por ahí. – Respondió con tono sarcástico. – ¡Pues eso! Es un desmayo. Me pasa, a veces me olvido de comer, y tengo el hierro bajo. Y él… Esa angustia, esa preocupación… – Volvió a respirar hondamente, y eso le hizo atragantarse con su propio aire y toser. Eso o que cada vez que se ponía nerviosa tosía. Se quedó mirando su mano hecha un puño, que se había puesto delante de la boca para frenar la tos. – Señora Durrell… – Alzó la mirada y buscó la de ella. – ¿Usted cree… Que yo puedo tener lo mismo que mi madre? – El silencio se hizo muy espeso entre ellas, sosteniéndose la mirada. Finalmente, la enfermera se recolocó en la cama y carraspeó. – ¿Qué harías si te dijera que sí? Si ahora saco de ahí el expediente que te abrí con once años y te digo que en todas las revisiones he ido viendo cómo la enfermedad avanzaba en ti como avanzó en ella.

Por un momento, Alice creyó que no podía respirar, pero del nudo que apareció en su garganta, y notó cómo se mareaba otra vez. Intentó coger poco a poco aire en los pulmones, pero el pecho le dolía un montón. El silencio seguía tenso y latente entre ellas. Iba a abrir la boca para hablar, para decir algo, pero la enfermera levantó la mano. – No hace falta que contestes. – Dejó otro silencio, que fueron segundos pero se le hicieron como cincuenta años. – Porque no es así. Es terminantemente imposible que tengas la enfermedad de tu madre, Alice. Lo supe cuando te ausculté la primera vez, pero había que esperar que fueras una mujer para estar del todo seguros. – Notó como el pecho se le desencogía, y soltaba tanta tensión de golpe que le hormigueaban las manos, el corazón le latía en las orejas y se mareaba muy seriamente otra vez. – Creo que me tengo que tumbar. – Dijo cerrando los ojos y dejándose caer sobre la almohada. Durrell mantenía su mano sobre la de ella, y aunque se sentía mal, también sentía que podía respirar mucho mejor. – ¿Sabes por qué te he preguntado esto?Por torturarme y no sé con qué objetivo, pensó Gal, aún demasiado concentrada en normalizar todo su estado en general. Pero Florence siguió con su discurso. – Cuando eres enfermera o médico nunca te acostumbras a cómo decirle a la gente que se está muriendo. Pero sí aprendes a leer sus caras. Y a ti no te ha sorprendido que te lo dijera. – Alice abrió los ojos despacio y la miró. – Es que no me lo esperaba… Estaba en shock, no podía hablar. – La otra negó. – No. No me engañes, Alice, que te conozco muy bien, y conozco mi oficio. – Le tomó de las manos y la levantó poco a poco, para que le mirara a los ojos. – Habías asumido totalmente que te iba a pasar lo mismo que a tu madre. Lo tenías interiorizado. Y hubieras seguido lo que te queda de vida pensándolo. – Cogió el vaso de agua y bebió un poco, mientras notaba como aún le temblaba el pulso. – ¿Es eso lo que te preocupa de O’Donnell? Que lo pase mal por ti. – Alice soltó el aire y miró hacia el techo, tratando de serenarse y contestar. – ¿Le ha visto? ¿Ha visto su angustia, su temblor, ese miedo en los ojos? Y yo lo he visto cuando me he despertado, cuando no estaba consciente, ha debido ser aún peor. – Florence no dijo nada, porque, obviamente, Alice tenía razón. – ¿Qué cree usted que haría si me pasara algo de verdad? Aunque no sea lo de mi madre… – Giró la cabeza y se quedó mirando a la nada. – Ya he visto esa mirada antes. – Y Marcus sabía mucha más alquimia que su padre y era mucho más sistemático y concienzudo. Mucho más peligroso.

Alice, mírame y escúchame. – Ella volvió a girar la cara y se encontró con sus ojos oscuros y expresivos. – No puedes vivir así. Te estás equivocando. Desde que murió tu madre tienes un afán de mantener el control que no es humano. La vida cambia, y de todo lo que pasa en la vida, te diría que solo está en tu mano la mitad de los acontecimientos. Atormentarte y hacerte ideas y planes por lo que pueda ocurrir, creyendo que lo entiendes y puedes hacer algo respecto a ello, es condenar tu vida. – La tomó de las mejillas y la miró con expresión comprensiva. – Sé sincera contigo misma, y piensa en cuántas decisiones de las que crees que has tomado sin influencia, las has tomado pensando en qué pasaría si te murieras. – Nadie, ni siquiera su tía Vivi la había hablado con tanta claridad nunca. Los ojos se le pusieron brillantes. – Pero, señora Durrell… No puedo hacer como si nada. ¿Cómo voy a permitir que mi padre y mi hermano se queden solos? Que Marcus sufra como sé que sufriría por mi culpa… ¿Cómo voy a tener hijos para dejar unos huérfanos como yo y una familia rota como la mía? – Las lágrimas brotaron de sus ojos, y Florence la abrazó y la dejó caer sobre su hombro, acariciándole la espalda. – Lo sé. Tienes un corazón enorme, Alice. Eres buena, y adoras a los tuyos. Has sufrido, has conocido la oscuridad y el dolor, y no quieres que aquellos a los que amas lo pasen, o que lo pasen dos veces. Pero, querida, permíteme decirte que no puedes. – Volvió a ponerle la mano bajo la barbilla. – Todos lo conocemos. Tarde o temprano. – Se quedaron en silencio, mirándose, comprendiéndose, y Alice sintió que Durrell, sin duda, era una de las figuras más importantes de su vida, su referente, una de las adultas que siempre más había admirado y confiado. — Tiene usted razón. Como siempre. Lo sé. — Dijo satisfecha. —Ahora descansa hasta que llegue tu caballero andante otra vez. Y descansa de verdad, Alice. Ya sabes a lo que me refiero.


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Miér Feb 16, 2022 8:44 pm por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
— Ah, mierda. — Otra cosa que se le había olvidado, maldita sea. Si es que no estaba en lo que estaba. Suspiró, rascándose la frente. — Había quedado con mi hermano para ayudarle con el parcial de Defensa antes de la cena. — Chistó, girándose hacia su compañero. — ¿Me harías un favor? ¿Puedes comentarle lo que ha pasado con Alice, que no se preocupe, que está todo bien, pero que quedamos mañana si no le importa? Después de la reunión con el comité de ética, claro. — La de filigranas que tenía que hacer con su propia agenda. Antes de contestar, Cedric frunció los labios en una sonrisa extraña, bajando la mirada. Marcus se extrañó, pero el chico asintió. — Claro. Yo lo aviso. — No había sido borde, en absoluto, Cedric siempre era educado. Pero había algo en su tono… Extraño. — Si puedes, no quiero que sea molestia. — No, no, tranquilo. — Comentó, aunque se le escapó una especie de risa resignada. Algo no le olía bien.

Se mordió el labio. — Perdona, te tengo un poco de recadero con mi hermano. Ya busco otra forma de… — Marcus, tranquilo, le aviso sin problema. — Dijo el otro, con una sonrisa tranquilizadora. Pero debió detectar que había dejado a Marcus incómodo, así que suspiró. — Te queda muy poco aquí y no quería ser borde, pero… Bueno, ya me he delatado un poco, así que… — Se encogió de hombros. — Igualmente tengo que relacionarme con tu hermano porque es de mi casa, pero… Si pudieras… No pedirme que hable cosas personales con él… Ya sabes… — Marcus estaba extrañado. No, lo cierto es que no sabía, y Cedric detectó que no tenía ni idea de lo que le estaba hablando. Le miró, tomando conciencia de lo descuadrado que estaba, y alzó una ceja. — ¿No… Sabes nada? — Marcus ladeó la cabeza. Le podría cuadrar que alguien hubiera tenido alguna trifulca con Lex y por eso no quisiera hablar con él, o le podría cuadrar que alguien le huyera desde que se sabía que era legeremante. Pero Cedric no le cuadraba con ninguno de los dos perfiles, siendo sinceros.
Su compañero suspiró. — Creo que no le caigo muy bien a tu cuñado. — Marcus alzó una ceja. — ¿Qué cuñado? — El otro soltó una carcajada espontánea. — El que no es un niño de once años que va por el castillo dándole abrazos a todo el mundo. — Menos mal que has precisado lo de los once años, porque si no seguiría sin saber quién es. — Contestó Marcus, aunque dejó las bromas aparte. — Pero en serio, ¿por qué dices que le caes mal a Darren? Debes ser la única persona del castillo, me atrevería a decir del planeta, que le cae mal. Y no recuerdo que me lo haya dicho nunca, dicho sea de paso, ni él ni mi hermano. — Cedric suspiró, con una sonrisa leve. Era un chico extremadamente prudente y pausado, muy educado. A veces se preguntaba en qué estaba pensando el sombrero seleccionador para ponerlo en Slytherin. Debía llevar la ambición muy bien oculta y gestionada por dentro.

— ¿Sabes por qué rompieron Darren e Ethan? — Marcus se extrañó de la pregunta, y reflexionó por unos instantes. — Bueno, porque… No tenían objetivos compatibles a largo plazo. Tenían discrepancia de opiniones. — ¿Y cuál fue el detonante? — Precisó Cedric. Marcus le miraba, aunque la respuesta la dio mentalmente. Que Ethan se acostó con otro. Y, al pensarlo, lo vio claro. Abrió los ojos, ampliamente sorprendido. Cedric frunció los labios, asintiendo con resignación. — Fui yo. — No lo pudo evitar, se le descolgó la mandíbula. Podría ser lo último que se imaginara en la historia. Cedric mostró las palmas de las manos. — Sé lo que iba diciendo Ethan. Sé que quiso darle a Darren en las narices diciéndole que se acostó con otro, y que no especificó quien era… Aunque tampoco es como que el castillo esté lleno de hombres que se acuestan con hombres. No somos tantos, e Ethan nos tiene calados a todos, absolutamente a todos. Y no, no me acosté con él. — Marcus ladeó la cabeza, confuso, y Cedric bufó. — No había cumplido los quince años todavía, e Ethan ya tenía diecisiete. Era mayor de edad. Guapísimo, arrojado… Me pilló en mala época… Estaba tomando consciencia de lo que me atraía, y él estaba justo ahí… Pensé que Darren y él habían roto, venía muy metido en el drama del corazón partido. Pero no me acosté con él, no soy idiota. Había demasiada diferencia de edad, estaba asustado y era novato en esos temas, y él era mayor de edad. No era nada ético. — Pensó que nadie llevaba la ética tan por bandera como él hasta que conoció a Cedric. El comité de ética existía por y para gente como él. — Pero sí nos liamos. — Continuó. — Y después de liarnos, me enteré de todo el drama. Me sentí fatal, intenté pedirle explicaciones y me mandó a paseo. — Rodó los ojos. — Y Darren debió enterarse en algún momento, estoy segurísimo, si no porque alguien se lo contara, el propio Ethan por ejemplo, porque me delatara mi propia cara, porque me moría de vergüenza. Sé como es Darren y no lo va a reconocer, pero me odia, y con motivos. — Se encogió de hombros. — Es probable que se lo haya contado a tu hermano, y si no lo ha hecho, me lo habrá leído en la mente, porque insisto… — Chistó. — No sé disimular el cargo de conciencia. Y me echa unas miradas… — Bueno, por las miradas no te guíes, mi hermano mira así al noventa por ciento de la gente. — Trató de relajar, lo cual hizo a Cedric reír levemente.

Marcus frunció los labios. — Lo siento… No tenía ni idea. No sabía ni que Ethan y tú os conocíais más que por lo obvio. — ¿Por como me llamó “el crío este” cuando el incendio? — Preguntó Cedric con una sonrisa amarga, cruzado de brazos. Negó. — Ya metió la pata con un novio, y el otro estaba delante. No querría hacer lo mismo con este. — Arqueó las cejas. — Y partiendo una lanza en su favor, no querría ponerme en evidencia con su hermana. Ni Eunice ni nadie de su familia acepta que es gay, y ahora Eunice y yo somos compañeros. He sustituido a su ex novio, para ser exactos. No querría que tuviera más motivos para tenerme manía. — Marcus se frotó la cara. — Joder… Lo siento, tío, no sabía que tenías una situación tan complicada. — Cedric se encogió de hombros. — No te preocupes. La sala común de Slytherin es en sí una situación complicada, estoy acostumbrado. — Eso hizo a Marcus reír con los labios cerrados. — Eres un buen tío. Debiste ser prefecto desde el primer momento. — Cedric amplió levemente la sonrisa. — Jacobs confiaba en mí. — Y hacía bien. — Aseguró Marcus. Sí, lo recordaba, recordaba que Hasan apostaba por él. Qué distintas hubieran sido las cosas si Cedric hubiera sido prefecto desde primera hora.

— ¿Puedo… Hacerte una pregunta? — El chico asintió. — ¿Sigues sintiendo algo por Ethan? — El otro bufó con una carcajada. — No, qué va. Ni siento nada ni “sigo” sintiendo nada, porque nunca lo he sentido. Insisto, lo de Ethan me pilló en un momento en el que… En fin, los casi quince años. — Ya. — Reconoció Marcus. Recordaba las sensaciones a la perfección. — Es muy atractivo y sabe como llevarte a su terreno, pero nunca he sentido nada por él, ni lo siento ahora. — Sonrió de lado. — De hecho, estoy… Intentando algo con una chica de mi curso, de Gryffindor. Es muy simpática, y ya sabes, los Gryffindor son por lo general gente con más principios. Me gusta estar con ella, me da tranquilidad. — Marcus le estaba mirando con una cara que hizo a Cedric arquear una ceja. — Sí, has oído bien. He dicho chica. — Ya, ya… — Se excusó. No, si él ya después de las batallitas de Ethan, los comentarios de Pascua de su hermano y Darren, y Oly como concepto, ya no daba por sentado nada sobre preferencias sexuales de la gente. Cedric rio un poco. — Me gusta lo que tenéis Alice Gallia y tú. O Darren y tu hermano, aunque no me atreva a acercarme mucho a ellos. Es bonito, es lo que quiero para mí. — Marcus sonrió. — Lo tendrás. Estoy convencido. — El otro se encogió graciosamente de hombros. — ¡Eso espero! — Se le acercó y, con tono confidencial, susurró. — La verdad es que desde que llevo la insignia… Se ha puesto la cosa muy interesante, ya me entiendes. — Eso hizo a Marcus reír. Y ahí estaba, el puntito Slytherin de Cedric, por algún lado tenía que salir.
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Miér Feb 16, 2022 10:51 pm por Ivanka

Voulez vous?
CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Entonces, ¿no ha empeorado su condición? Porque vaya temporadita lleva. — No, no, está bien, ha sido un sustito. Es que no come. — Contestó Olive, muy diligentemente, con el mismo tono que emplearía una enfermera profesional, al Barón de Cauldron. — ESO SON LOS MATASANOS. Cuanto más lejos mejor LO TENGO DICHO. Sir Garreth, si sigo oyéndolo cerca de mi enfermería, le doy la vuelta a su cuadro y me quedo muy tranquila. Se lo aseguro. — Amenazó Durrell desde su mesa. Eso hizo reír a Alice, antes de mover su alfil sobre el tablero de ajedrez en su regazo. — ¿A quién le tienes más miedo? ¿A memé, a Emma O’Donnell o a Durrell? — Le susurró a su hermano que parecía muy concentrado en el tablero y de repente puso una gran sonrisa, capturando su alfil con cara de victoria. Luego apuntó en la libreta. “A Olive cuando se pone tan seria. Parece mucho más mayor y lista que yo”. Eso hizo reír a Alice, moviendo pieza en el tablero. — Es que las chicas somos más listas que los chicos, patito. Jaque mate. — Su hermano se separó del tablero, moviendo la manos en el aire, con los ojos muy abiertos y una expresión tan confusa que le recordó terriblemente a su padre. — Defensa holandesa. Se parece al mate del pastor. Es cuestión de aprendérsela. Memé lo hace un montón. Chicos cabreos me he cogido yo con ella. — ¡Alice! Estos dicen que son amigos tuyos. — Dijo Olive, entrando con Donna y Andrew detrás. Se sentó a su otro lado en la cama y miró el tablero. — ¿Ya te han ganado otra vez? No levantas cabeza con el ajedrez. — Dijo la niña mirando a Dylan. Alice rio. — Gracias por ejercer de guardia de seguridad, Olive. — Miró a los chicos. — Sí, son amigos míos. — Dijo con cariño, sonriendo a su amiga y a su ahora perpetuo acompañante.

Me acabo de entender, cuando volvía de ver el entrenamiento de Ravenclaw. Lex estaba por allí y ha venido Greengrass a contárselo. — Le haría una broma con el hecho de que estuviera viendo el quidditch, pero es que Donna llevaba toda la vida haciendo eso. Se llevó una mano a los ojos. — En este colegio no puede pasar nada sin que se entere todo el mundo.Bueno, yo me entero ahora de que eres propensa a desmayarte, la verdad. — Dijo Andrew. Dylan le señaló y luego se encogió de hombros mirándola. — Es Andrew Corner, es el capitán del equipo de Ravenclaw. — Ahí ya su hermano pareció caer y luego señaló a Donna y al chico con una ceja alzada, lo cual la hizo reír de medio lado. — No sé, pregúntale a ella. — Su amiga se rio y le guiñó un ojo a su hermano. — Es amigo mío. — Dylan se lanzó a la libreta y escribió “Llevo desde que tengo memoria viendo “amigos”, lo cual hizo reír a las dos chicas. — Ah, ¡ya sé quién eres! A ti te he visto yo animando con Darren en los partidos. — Cayó de repente Andrew. Dylan asintió entusiasmado y Olive sonrió, mirándole. — En verdad tampoco entiende de quidditch, pero las pancartas se le dan muy bien. — Oye qué bien te conocen, eh… — Dijo Donna pinchándole en las costillas a su hermano. — Alice, ¿es verdad que te desmayaste en primero en el laboratorio de alquimia? — Preguntó la niña. — Me sorprende que Marcus no te lo haya contado. — Rio Alice. — Ya ves. Lo ha recordado tantas veces, que yo es como si lo hubiera vivido y ni siquiera había entrado en Hogwarts. — Dijo Donna riéndose también. — Lo malo es que ahora la gente te conoce más y ya están murmurando por ahí… — Alice la miró significativamente y luego movió los ojos de Dylan a Olive, para que su amiga contuviera la lengua. — Pero bueno, ¿a quién le importa lo que se diga por Hogwarts?A los fantasmas y los cuadros. Son supercotillas. Siempre están hablando de condiciones y de ultrajar el honor, y Sir Garret la tiene con Marcus… — Dijo Olive abriendo mucho los ojos, haciendo reír a los mayores. — Pero, tía, ¿por qué te desmayas tanto? — Preguntó Andrew. — Ella se encogió de hombros y suspiró. — No, no tengas morro y te hagas la buena. Es que no come. No le gusta y se le olvida. — Le acusó Donna. — ¡Ostras! ¿Te traemos algo? Creo que ya se lo traen por ahí. — Señaló la chica.

¡Marcus! — Saludó Olive con alegría. Dylan directamente salió corriendo hasta él y le abrazó. — ¿Toda esa comida es para Alice? — Preguntó Olive alucinada. — No se la va a comer. — Dijo con una risita inteligente. — Bueno, hoy, si mi príncipe me lo pide, comeré. — Dijo cariñosa, tendiendo la mano a su novio. — A ver, que se acaban las horas de visitas, todo el mundo fuera. — Dylan la miró con cara de pena y la señaló. — Tranquilo, Gallia. ¿No ves en qué manos se queda tu hermana? — Puso cara de penilla, pero Olive llegó por detrás de él. — Venga, si mañana seguro que sale y nos enseña las pociones que se ha hecho. — Su hermano suspiró y recogió el tablero. — Buenas noches patito. — Dijo dándole un beso en la coronilla. — Y buenas noches, Olive, gracias por hacer de portavoz y guardiana. — Dijo dejándole un besito en la frente a ella también. — Venga, Dylan, vente con nosotros, seguro que a Andrew o a Sean sí que les ganas al ajedrez. ¡Oye! — Se quejó el chico. Pero luego se encogió de hombros. — Pero es probable. — Donna se inclinó y le dio un beso en la frente. — Cuídate. Mañana nos vemos. Gracias por venir. A los dos. — Dijo mirándoles.

Por fin, pudo quedarse a solas con su novio y sonreírle con más calma que la que tenía antes y que la que hubiera tenido hace mucho tiempo. — ¿Cómo han ido esas gestiones? — Vio que le llevaba la bolsa con sus cosas y la abrió inmediatamente. — ¡Oh! ¡Mi pijamita! — Dijo como una niña chica. Fue a desabrocharse la camisa, pero de repente se percató de que Durrell seguía por ahí, rellenando informes y que igual casi desnudarse delante de Marcus no era lo más ortodoxo. — Fermaportus. — Lanzó la mujer a la puerta de la enfermería, sin dejar de mirar los papeles. — Estoy demasiado ocupada y curada de espanto para ver nada. — Y razón no le faltaba. Mientras se cambiaba preguntó. — ¿Has podido hablar con Amber y Colin? Ya me ha dicho Donna que Greengrass estaba enterado, así que he deducido que estabas con él. — Volvió a meterse a la cama y miró la bandeja. — A ver, ¿qué sorpresa O’Donnell me traes aquí?

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Miér Feb 16, 2022 11:59 pm por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Se había quedado bastante pillado tras la conversación con Cedric. Después de lo que le dijo se pensó dos veces pedirle que hablara con su hermano, pero el chico insistió porque vio que Marcus quería hacer muchas cosas en muy poco tiempo y que empezaba a agobiarse. Se fue hasta el gran comedor y montó dos bandejas estupendas con una buena cena para cada uno, y ya equipado con la bolsa que contenía todo lo necesario para Alice, volvió a la enfermería. Al final había hecho tantas cosas en esas dos horas que se le habían pasado volando, pero igualmente se moría por volver y estar con su novia. Por mucho que se quedara con Durrell, se la imaginaba solita y se le partía el alma.

Cual fue su sorpresa cuando llegó al ver que estaba de todo menos solita. Se alegraba muchísimo por Alice, que ciertamente tenía una sonrisa en la cara que no lucía cuando se fue, pero frunció el ceño levemente ofendido. - ¡Vaya! Al final el único que no estaba aquí era yo. - Si no lo decía, explotaba. Dylan se abrazó rápidamente a él y Marcus le rodeó con los brazos. - ¡Ey, colega! Que conste que me han obligado a separarme de tu hermana. Yo creo que aquí traman algo a mis espaldas. - El chico soltó una risita. Abrazó también a Olive, que le había saludado muy efusiva al entrar, y asintió orgulloso a la pregunta sobre si la cena era para Alice. Eso sí, tuvo que poner cara de circunstancias con lo que dijo después. - A ti te han leído la cartilla antes de que yo llegara ¿eh? - Bromeó, dándole con el índice en la nariz, lo que hizo a la niña reír también. - Por la cuenta que le trae se la va a comer, que no sé si os ha dicho por qué está aquí. - Vale, pero no la estreses ¿eh? - Advirtió Olive, y Marcus se cruzó de brazos, mirándola con la boca muy abierta. - ¡Vaya por Dios! Hoy me da órdenes todo el mundo. - Se quejó cómicamente, lo cual solo generó risitas en los dos niños.

Al menos su novia parecía proclive a comerse la comida, y él sonrió, agarrando su mano. Durrell debía haberle echado una buena bronca, al final sí que iba a ser solo eso. La enfermera no tardó en echar a todo el mundo y Marcus guiñó un ojo a Dylan para que se fuera tranquilo, despidiéndose después de todos los demás. - Gracias por venir a todos. - Y, en cuanto se fueron, se giró a su novia, volviendo a besar su mano. - ¿Cómo estás? Aparte de tan guapa como siempre, pero eso te lo dije antes. - Encogió un hombro. - Tienes mejor aspecto ahora, no te voy a engañar. Sonríes más. - Añadió, picando con un dedo justo donde se formaba el hoyuelo de su sonrisa. Asintió a su pregunta mientras respondía. - Bastante bien. Pero ya me conoces, me voy metiendo en una y otra y otra, y por poco se me echa la hora encima. - La miró. - Pero yo no falto a mi palabra y aquí estoy, como un reloj. No pensaba dejar sola a mi princesa ni un segundo más. - Hizo una caída de ojos y dijo con teatralidad. - Aunque veo que estabas bien acompañada, se ve que el que turbaba tu calma era yo. -Comentó muy digno, pero justo después rio y dejó un beso en su mejilla. - Es broma, me alegro de verte mejor y de que no hayas estado sola. Y me ha parecido entender que le has ganado a tu hermano al ajedrez. Tendré que seguir practicando con él. - Bromeó.

Se tuvo que reír con la reacción de su novia por ver el pijama. - Sí, y el mío. - Dijo entre risas, pero vio sus intenciones y la miró ceñudo, mirando también a los lados. - Espera, ¿vas a cambiarte aquí? - Decididísimo, vamos, si hasta Durrell había cerrado la puerta. Pues él no se sentía cómodo cambiándose allí en medio con Durrell mirando (por Alice le daba igual, obviamente). Siguió mirando a los lados mientras se cambiaba para comprobar que ninguno de los otros enfermos pasaba por allí (bueno, alguna miradita furtiva a su novia también echaba) y cuando acabó de vestirse, suspiró. - Como eres... - Definitivamente él no se iba a cambiar ahí en medio, pero bueno, Alice estaba convaleciente, no la obligaría a levantarse.

Asintió. - Sí, he hablado con los tres... Ahora te cuento, porque va para largo. - Comentó entre risas. Tras esto, se sentó junto a su novia y, con una sonrisa orgullosa, comenzó a explicar lo que había en la bandeja. - Salchichas en salsa, riquísimas, mira como huelen. - Movió la mano y cerró los ojos. - Hmmm... Bua, qué hambre. - Solo de verlas ya le empezó a rugir el estómago. - Puré de patatas, guisantes y zanahorias. Ah, y también he robado... ¡Tachán! Unas patatas fritas. - Alzó el platito, triunfal. Solo a Marcus le podría apetecer comer puré de patatas y patatas fritas en la misma comida, y de haber habido patatas asadas, las habría cogido también. - Por supuesto, un buen trozo de pastel de limón, y... - Alzó el cuenquito, guiñándole un ojo. - Arándanos. Me niego a reconocer a cuántos elfos de las cocinas he tenido que sobornar para conseguir esto. - Bromeó. Dejó el cuenco en la bandeja de nuevo y dijo. - Y no me hagas enfadar, Alice Gallia, que ya te estoy viendo arrugar la nariz. Llevas todo el día sin comer, estoy seguro de que te cabe todo esto en el estómago. - Él, por lo pronto, ya había empezado a comer.

- Oye... - Empezó, aún masticando, pensativo. Tragó y enunció lo que iba a decir. - No es que tú y yo seamos muy dados a los cotilleos, pero... - Se mojó los labios y miró a los lados. - Hagamos algo distinto y dediquémonos a eso en la cena. Acabo de enterarme de una cosa que aún estoy procesando. - Se removió en su asiento y miró a Alice con los ojos entrecerrados. - ¿Tú... Llegaron a contarte Ethan, o Darren, por qué rompieron? - Volvió a mirar a los lados. La enfermería estaba tranquilísima, pero igualmente quería asegurarse. Parecía que estaba confesando un crimen en vez de cotilleando. - Por lo visto, Ethan le dijo a Darren que se había acostado con otro y ese fue el detonante para romper... - Ladeó la cabeza varias veces. - Puede... Que me haya enterado hoy de dos cosas. Una, de quién era el susodicho. La otra, de que no se acostaron, fue una exageración de Ethan. Pero sí que se liaron. - Se llevó un trozo de salchicha a la boca y se reclinó en su asiento. - Acepto apuestas. -
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Jue Feb 17, 2022 1:19 am por Ivanka

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CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Sonrió a su novio y dijo. — Estoy mejor. Sigo un poco cansada, porque ya ves que no he tenido mucha paz. Dylan se ha enterado, se han venido, y no he podido dormir mucho. Pero sí, me he quitado un peso gigante de encima, pensó, pero no se lo iba a decir porque entonces tendría que tocar otros temas y no era lo que más le apetecía. — Yo siempre sonrío cuando Marcus O’Donnell está cerca. — Dijo con cariño. Entornó los ojos y suspiró. Ya sabía ella que lo de echarle de la enfermería iba a traer cola, sobre todo con lo dramático que era su novio. — Tú siempre turbas mi calma, porque cada vez que te tengo cerca, mira como me late el corazón. — Dijo cogiéndole la mano y poniéndosela en su pecho. — ¿Te acuerdas de cómo sonaba mi corazón cuando Durrell te dejó oírlo? — Recordó con cariño. Asintió y dijo. — Sí, con una jugada de memé, en verdad estoy un poco oxidada. — Admitió. Pero el pobre Dylan quería practicar y entretenerla, así que no era mala opción. — Creo que lo que mi hermano quería era comprobar que tenía el cerebro intacto.

Le miró con una ceja alzada a sus recelos a cambiarse y dijo en voz bajita y son una sonrisilla. — Vaya, lo dice quien ha admitido delante de Durrell que ha pasado noches en plural conmigo. — Pero se reasentó en la cama, tapadita y muy a gusto, mirando toda la comida que su novio le presentaba. — Guau, cuántas patatas. Eso es muy irlandés, la abuela Molly estarái orgullosa. — Dijo con una sonrisa tierna. Pero Olive tenía razón. No iba a comerse todo eso ni de broma. Se quejó en alusión a su cara y levantó las manos. — ¡Que no he dicho nada! — Pero todo eso no se lo iba a comer. Ya negociarían. De momento, se decidió por el puré de patata para ir abriendo el estómago, y la verdad, es que había sido buena elección. — Que no me voy a quejar. Y menos si mi novio ha tenido que sobornar elfos para conseguirme arándanos. — Puso cara pilla y le dio un codazo suavecito a su novio. — A mí Kramer me los da gratis.

Abrió mucho los ojos escuchando la propuesta del chico mientras se empezaba a comer los guisantes. Pues mira, no estaría mal cotillear y no ser el cotilleo por una vez. — ¿El qué, el qué? — Preguntó, interesadísima, como cuando era pequeña y su padre le contaba cuentos mientras comía. Entornó los ojos, pensando mientras masticaba, y al final asintió. — Ehhhh sí, ¿no? Que Ethan se acostó con otro. — Sí, ese era su amigo. Cuando las cosas le iban bien y se ponían serias, lo dinamitaba todo. Estaba empujando las últimas zanahorias cuando oyó los dos datos, y abrió mucho los ojos mientras terminaba de tragar. — ¿Qué dices? ¿Pero quién te lo ha dicho? — Soltó un grito ahogado. — ¿El susodicho? ¿Y en serio no se acostaron? ¿Y entonces por qué la lio tantísimo con Darren? — Entonces se dio cuenta de que el plato de las verduras ya se lo había comido entero y miró a su novio con cara de circunstancias. — ¿Me estás contando todo esto para hacerme comer como si fuera una niña pequeña, Marcus? — Pero alice no podía evitar dejarse llevar por un reto, así que se puso a pensar.

Bebió un poco de agua, mientras hacía memoria. No había tantos hombres homosexuales o bisexuales en Hogwarts… O al menos que ella conociera. Pero la lista se reducía bastante si Marcus se había enterado de aquello de primera mano. — Espera, espera, ¿no será Colin? Pobrecito mío que está a por uvas… — Pero negó con la cabeza. — No no, fue hace casi dos años, Colin era un bebé… Aunque eso de la exageración… — Se mordió el labio inferior. — Dime que no fue Layne, por Dios, qué asco… No no, Ethan le odiaba profundamente. Espera, espera, emmmmm… ¿Aaron? No, no, no, que no estaba todavía… — Total, que ya se le estaba olvidando hasta por qué estaba en la enfermería. Cogió una salchicha y masticó, pensativa. — ¿Con quién más has estado…? — Y de repente cayó y le señaló, teniendo que controlarse para no gritarlo. — ¡Greengrass! ¡Dios! Dime que se lio con Greengrass. — Se llevó las manos a la frente. — Yo lo flipo con él. O sea, ¿a Greengrass también le van los tíos? ¿Y todo esto lo sabe tu hermano y eso? ¿Se lo habrá leído en la mente a Darren? — Cogió una patata y negó con la cabeza masticando. — Esto es muy entretenido, empiezo a verle el punto. — Luego miró a su novio y le sonrió, apoyando la cabeza en su hombro. — Gracias. Por entretenerme, por traerme comida buena… Por cuidarme tanto. — Le miró a los ojos y le dijo. — Estoy bien, Marcus, te lo juro. Mejor que en mucho tiempo… Lo único que me ha confirmado Durrell es que no tengo que tener miedo por nada. Estoy perfectamente. — Amplió la sonrisa. — Nuestra historia va a ser muuuuy larga. Como a nosotros nos gusta. A lo grande.

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Jue Feb 17, 2022 3:17 pm por Freyja

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CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Dejó que cogiera su mano y la pusiera en su corazón, y sentir sus latidos le hizo sonreír. - Como si hubiera sido ayer. - Sí que recordaba haber oído su corazón, perfectamente. Fue un momento precioso y que atesoraba con mucho cariño. - Recuerdo todas las veces que lo he oído. -Cuando se acurrucaba con ella y dejaba la cabeza en su pecho, las veces que habían dormido juntos. Recordaba sus latidos a la perfección. - Laten a la vez. - Aseguró, repitiendo las palabras que ella misma le dijo cuando niños. Sí que latían a la vez, y esperaba que siguiera siendo así siempre.

Chistó, mirando a otra parte. - Yo no he admitido nada. - Dijo con la boca pequeña. Sí, sí que lo había hecho, pero había sido un patinazo que la propia enfermera había salvado y a eso se pensaba agarrar. - La propia Durrell ha detectado que me refería a la otra vez que dormí en la enfermería. - Nadie se creía eso, pero bueno. Alice ya se había acoplado en la cama y alabó sus elecciones de comida (bueno, quizás no fuera exactamente una alabanza, pero él prefería interpretarlo así). - La sangre tira, supongo. - Dijo entre risas a lo de que traer tantas patatas era muy irlandés. Sí, mejor pensar eso a pensar que era un glotón simplemente. Abrió la boca y la miró con expresión entre sorprendida y ofendida. - Ya hablaré yo con ese Kramer. Conmigo es bastante gruñón. - Sería porque Alice apenas comía arándanos y poco más y Marcus quería arramplar con todo lo que estaban preparando tan pronto pisaba las cocinas.

Su novia entró de lleno en lo del cotilleo, lo cual le hizo bastante gracia, pero él también tenía ganas de divertirse con el asunto solo por lo curioso que era así que le dio aún más bola. Negó exageradamente con la cabeza. - Nop, no se acostaron. Sí se liaron, pero no se acostaron. - Se encogió de hombros. - ¿Quién entiende a Ethan? No me cabe la menor duda de que su intención era acostarse con él, fue el otro quien le paró los pies. Confirmado por él y, sinceramente, me lo creo. Pero querría darle en las narices a Darren como muy mucho... Vamos, querría cortar con él y no sabría como hacerlo sin montar un escándalo en medio. - Sobraba decir que Marcus no aprobaba estos métodos ni muchísimo menos. Bufó. - No solo le es infiel, sino que le miente y lo enrevesa aún más. - Es que en fin. Maneras de hacer las cosas rematadamente mal. No le extrañaba lo más mínimo que Darren hubiera cortado la relación, independientemente de si se acostara con otro o no, solo por la forma de comportarse, porque a Marcus le parecía una falta de respeto. Y, desde el plano egoísta, no les había venido ni mal, porque ahora estaba con Lex, y en esa relación, visto lo visto, salían ganando ambos: Lex por tener a alguien como Darren en su vida, y Darren en comparación con el elemento de Ethan y una familia que nunca le iba a aceptar.

Siguió comiendo y, cuando tenía la boca abierta y el tenedor a mitad de camino, Alice le acusó de estar haciendo eso para distraerla. Miró a los lados en un acto reflejo como si tuviera que buscar una escapatoria, congelado en esa postura tan ridícula. - ¿Quéééé? - Dijo con una voz ridículamente aguda y una risita nerviosa. - Mi amor, yo no te trato como ninguna niña. ¿Estamos hablando de temas de niños acaso? - Preguntó con un impostado tono obvio, encogiendo los hombros con las palmas alzadas. - Si estás comiendo es porque tienes hambre. Debes tenerla, llevas todo el día sin comer. Y porque tu novio te ha hecho una selección de menú buenísima. - Esperaba haberlo salvado con eso.

Abrió mucho los ojos. - No, por Dios, no es Colin. Ni lo menciones, vamos. - Su pobre y mimadísimo alumno aventajado Colin en las garras de McKinley. Se le ponían los pelos de punta solo de pensarlo. Arrugó la nariz. - Ugh, no. - A ese sí que no quería ni recordarlo, a Layne. Lo que les hubiera faltado a los hermanos McKinley para terminar de retorcer esa relación, vamos. Lo de Aaron le hizo reír, porque su novia estaba tan emocionada con el tema que, efectivamente, no se había parado a pensar que el chico ni siquiera estaba en Hogwarts por esa época. Y entonces, Alice dio con la clave. Asintió una sola vez, fuertemente. - Sip. Greengrass. Insisto, reconocido por él mismo. - Como no podía ser de otra manera, su novia estaba alucinando. Rio entre dientes. - Y las tías. - Contestó a lo de si le iban los tíos, llevándose otro trozo a la boca. Terminó de masticar y, mientras cortaba la salchicha, siguió. - De hecho está intentado algo con una chica de Gryffindor de su curso, por lo que me ha contado. Ya sabes, "los Gryffindor en general son gente de principios". - Se llevó el trozo a la boca, ahogando una risa mientras masticaba. - Qué tío, es peor con eso de la ética que yo, que ya es decir. Ese fue el motivo por el que no se acostaron, según él: porque él era muy joven y no estaba preparado, y porque Ethan ya era mayor de edad y la diferencia demasiado grande y no le parecía ético. - Hizo un gesto con los ojos, cortando otro trozo de salchicha. - Increíble. - Él se contuvo bastante con Maggie, pero porque no le gustaba lo suficiente. Con Alice no hacía falta decir, cuando tenían un momento de esos, a donde mandaba la ética.

- Ni que decir tiene que no sabía que tenía novio, al revés, Ethan fue diciéndole que ya había roto con Darren y montando un drama. - Bufó. - Sé que es tu amigo, lo siento, pero ese Ethan... En fin. - Mejor lo dejaba en "en fin". Siguió cortando la comida. - A ver cómo acaba con tu primo. - Se llevó el último trozo de salchicha a la boca. - De hecho ha salido el tema porque le he pedido que avisara a Lex de lo que te ha pasado, porque yo tenía ya que venirme, y me ha dicho que cree que no le cae muy bien. - Arqueó una ceja. - Porque le mira mal. Ya. Lex mirando mal a alguien, inaudito, ¿verdad? - Rio un poco. - Está totalmente convencido de que Darren le odia y por eso prefiere estar lo más distante de ellos posible. Sobre todo ahora que sabe lo de que Lex es legeremante. - No se había corrido demasiado la voz, afortunadamente, la amenaza de los profesores a Lyevin debió ser muy efectiva. Pero, obviamente, el prefecto de su casa lo sabía. No debía ser nada cómodo en esa situación.

Alice se apoyó en su hombro y él sonrió. - No tienes que dármelas. - Lo hacía con todo su cariño, porque quería y porque obviamente era lo que tenía que hacer, era su novio, faltaría más. Sonrió aún más cuando le miró a los ojos y le dijo eso, colocando una mano en su mejilla. - Me alegro. Es lo único que quiero, que estés bien. - Acarició su rostro con sus dedos y susurró. - Nuestra historia va a ser eterna. -
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Jue Feb 17, 2022 8:27 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Biblioteca EL 22 de mayo
Dejó las salchichas, porque con unas poquitas ya había tenido suficientes, y ya sabía que Marcus les iba a atacar y se dedicó a deleitarse con la tarta de limón, que estaba buenísima, poniéndoles los arándanos por encima. Grandiosa combinación. Escuchó el discurso de su novio anti-Ethan y suspiró. — Cariño. Sé que Ethan no es santo de tu devoción, y a mí lo que le hizo a Darren me pareció tremendo, sobre todo porque él se merecía alguien que le quisiese como él necesitaba… Pero fíate de tu novia cuando te dice que Ethan quería a Darren de verdad. Y sí, ya sé que ahora te pondrás en modo caballeresco y dirás que menuda manera de querer a alguien… Pero es que Ethan no tiene la seguridad que podemos tener cualquiera de nosotros para tener una relación. — Le miró a los ojos. — Míranos a nosotros. Tardamos años en decidirnos, pues a esas dudas de base, a la tormenta de sentimientos y de dudas, añádele saber que, ames a quien ames, tu familia nunca te aceptará. — Negó con la cabeza. — Eso te desequilibra un montón. Además, los McKinley no conocen el amor, ya lo viste en lo que contó Andrew… — Negó con la cabeza. — Es muy difícil saber querer, saber qué hacer, cuando te han tratado así. Con suerte, ha salido un libertino y un un cabronazo de manual como Hughes. E inexplicablemente quiere a su hermana, no me preguntes por qué, y la intenta defender y cuidar, aunque le salga así. — Suspiró y negó con la cabeza. — Lo que le hizo a Darren… No está bien para nada, pero… Es mejor no aventurarse a juzgar a los demás. Nunca sabemos lo que llevan por dentro, Ethan menos que nadie.

Eso sí, después del precioso discurso, en cuanto le confirmó lo de Cedric, lanzó la mano al aire. — Buah, qué fuerte. Que tío el Ethan, es capaz de liar al tío más recto que ha pasado por este castillo. — Se llevó una mano a frente, mientras relamía la cuchara. — No me extraña que le parara los pies, era muy chico… — Aunque bueno, con esa edad, Marcus y Alice ya andaban haciendo… Experimentos en los pasillos. Y sin embargo Colin pues… Bueno, cada uno llevaba su ritmo. Ladeó la cabeza a lo de la chica de Gryffindor y dijo. — Oye, pues mira, ni tan mal. Al final todo ha quedado bien, Greengrass con su Gryffindor, Darren y Lex siendo a cada cual más feliz con el otro, e Ethan… Con Aaron, si es que eso fructifera y lo podemos considerar bueno. — Entornó los ojos a su novio y se rio. — Apenas has sonado despreciativo en el comentario, mi vida. — Pero frunció el ceño y negó con la cabeza, picando más arándanos. — Noooo, Darren no odia a nadie. Y tu hermano casi que mejor que se lo agradezca, o no estaría ahora con el amor de su vida. — Dijo sin más. Luego se rio y levantó la cabeza hacia su novio. — Cuando pienso que tú y yo la hemos liado, los demás siempre acaban superándonos, y si no que se lo digan a la letrada Vaughan y a Sean.

Se dejó acariciar por Marcus y dejó caer los ojos. — Mira me lo he comido todo. — Dijo señalando la bandeja. Luego subió la mirada. — Bueno, casi todo, no me juzgues, ¿vale? — Se rio y tiró de él para que se subiera en la cama con ella, apoyándose en su pecho y cerrando los ojos. — Estoy agotada, no he podido dormir nada. — Bajó la voz. — Ha habido… Tantas veces en mi vida que he pasado miedo y me he sentido sola… — Levantó la mirada y la clavó en él. — A veces me centro demasiado en evitar que tú lo pases, mi amor. Pero Durrell me ha dicho antes que… Tarde o temprano, todos conocemos el miedo, la oscuridad… — Cogió la mano de Marcus y la entrelazó con la suya, mirándola. — Pero teniéndonos el uno al otro para cuidarnos… Para tú evitar que se me olvide comer, y yo que tú te angusties… — Ladeó una sonrisa. — La vida será más sencilla. Más dulce. Más larga… — Alzó la mirada. — Eterna. — Suspiró y se arrellanó más a su lado, cerrando los ojos. — Quédate aquí hasta que me duerma. Abrázame. Como en la noche de San Lorenzo, como en el desván de Saint-Tropez… — Rio un poquito sin abrir los ojos. — Como en esa otra noche en Hogwarts… — La voz se le fue bajando, y le rodeó con un brazo. — Si tú estás a mi lado… No tengo ningún miedo.

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Jue Feb 17, 2022 9:14 pm por Freyja

Voulez vous?
CON Alice EN Biblioteca EL 22 de mayo
Suspiró levemente y arqueó las cejas, pinchando la comida de su plato. El podía fiarse de Alice todo lo que quisiera, pero esas no le parecían maneras de querer a nadie... Vaya, sí que le conocía bien, porque estaba diciéndole justo eso mismo ahora. Chistó. - No es caballeresco. Es que no me parece ni mínimamente respetuoso. - Él tenía que seguir defendiendo su teoría. Lo que decía Alice era verdad, la historia de Ethan era muy dura, no querría verse en esa situación... Pero también dudaba de que Ethan amase a Darren como él amaba a Alice, Marcus no le habría hecho a ella algo así jamás, ni se le pasaría por la cabeza. Pero sí, no sabían lo que el chico llevaba por dentro, y desde luego que no tenía una vida fácil, así que... Tendría que juzgarle menos y ya estaba. Al fin y al cabo, no era su problema, y como decía Alice, al final las cosas no habían acabado ni tan mal.

Se llevó una mano al pecho. - ¿Despreciativo yo? - La señaló con el índice. - Que sepas, listilla, que Aaron y yo hicimos las paces. Ya te lo conté en su momento. - Pero seguía sin ser santo de su devoción tampoco. Qué se le iba a hacer, no podía caerle bien todo el mundo. - Eso le he dicho a Cedric, que dudaba mucho que ninguno de los dos le odiara... Pero bueno, podía entender su inseguridad. - Él se sentiría fatal de saber que se había liado con una persona con pareja y que ese había sido el motivo de la ruptura, querría que se lo tragara la tierra.

Empezó a devorar la tarta de limón, la cual estaba buenísima, y su novia le señaló con triunfo el plato vacío. Sonrió. - Así me gusta. - Arqueó una ceja. - Si bien me ha dado la sensación de que las salchichas aumentaban misteriosamente en mi plato... Pero haremos la vista gorda. - Vamos, como que no se había dado cuenta de que, entre la distracción por la conversación, Alice le había dejado caer en su plato alguna que otra de sus salchichas. Pero ciertamente había comido bastante más de lo que quería comer, así que se daba por satisfecho (y las salchichas estaban demasiado buenas como para rechazarlas, eso también). Rio un poco. - No te juzgo, pajarito. - Le dio un toque gracioso con un dedo en la nariz. Si es que tenía el mote muy bien puesto, había visto pájaros comer más que ella. Terminó la tarta y dejó la bandeja a un lado, tras lo cual Alice le pidió que se subiera a la cama con ella. Pasó los brazos por los suyos para rodearla, dejándola apoyada en su pecho. La escuchó, mirándola a los ojos, entrelazando una mano con la suya y acariciando su pelo con la otra. - La vida es perfecta tal y como es, contigo a mi lado. - Dijo de corazón, con una sonrisa. Respiró hondo. - ¿Sabes? Siempre fui un chico asustadizo, pero también he tenido una vida muy tranquila y protegida... Como el niño que vivía en el castillo en el cuento ese que te conté cuando hicimos el reto del milenio. - Rio un poco. - La primera vez que recuerdo haber pasado miedo de verdad... Fue ese día que te desmayaste. - La miró desde su posición. - Reconozco que no fui el heroico caballero que suelo narrar. Aunque algo me dice que ya te lo imaginabas. - Volvió a reír. Los demás se lo tragarían (o no) pero Alice le conocía demasiado bien. Por no hablar de que tenía la cara llena de lágrimas cuando se despertó.

- Sí que pasé miedo... Pero luego pasé una noche alucinante, solo por estar aquí, contigo, hablando sobre alquimia, soñando despiertos. Jamás pensé que en mi primer año pasaría una noche fuera de los dormitorios y durmiendo en el mismo cuarto que otra chica, para mí era como, "oh, por Merlín, estoy rebasando todos mis límites hoy, cómo mola esto". - Volvió a reír y se reclinó un poco más, acariciando su pelo. - Emoción controlada. Era un niño demasiado bueno, cualquier cosa fuera de la norma era un espectáculo para mí. - La miró. - Me das vida, Alice. Le das flores a este espino aburrido y perfectón. - Dejó un beso en su pelo y reclinó la cabeza en la cama. - Y ese día dijiste que te echarías un novio alquimista que te hiciera joyas y fíjate lo bien que me acuerdo. Como que estaba dispuesto a retarme con él a ver quién te hacía la joya más bonita. - Rio de nuevo. Siempre había estado enamorado de Alice, desde el primer día. Había tardado mucho en darse cuenta, sí, como ella decía, habían tenido muchas dudas. Pero su camino se había encontrado cuando tenían que hacerlo, y ahora... Solo tenían que seguir escribiendo su propia historia. Su historia eterna.

La apretó un poco más contra su pecho, cerró los ojos y le susurró. - No dejaría de abrazarte nunca, mi amor. - Dejó que se relajara y se acurrucara con él, acariciándola. - Es lo único que quiero. - Volvió a dejar un suave beso en su frente, y se dio cuenta de que Alice ya tenía los ojos cerrados, y su respiración era mucho más pausada. Sonrió con amor, mirándola, apartándole un mechón de pelo del rostro. - Mientras yo esté... Siempre tendrás una rama de espino en la que apoyarte... Pajarito. -
Merci Prouvaire!


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