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Jue Feb 17, 2022 11:48 pm por Freyja

¿Truco o trato?
CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Jamás pensó que algo pudiera generarle tantísimo estrés, probablemente no hubiera estado tan atacado jamás. De repente todo se agolpaba en su mente y era una fuente de estrés inaudita: ya mismo tendría que preparar también la fiesta de Navidad, y verificar las dinámicas de San Valentín, y ese año tenían los TIMOs, más los deberes y parciales habituales, con vacaciones de por medio, y las gestiones propias de prefectos, que nunca sabías por donde te iban a salir... Por Merlín. Y todo eso no era ni de lejos su problema actual. Su problema actual daba, nunca mejor dicho, verdadero miedo. Porque tenía la fiesta de Halloween absolutamente en sus manos.

Bueno, puede que absolutamente, no. Así lo había percibido él, que llevaba todo el mes de octubre preparándola y... Puede, solo puede, que se le hubiera ido un poquito de las manos. Había empezado a inventar cosas y cosas, a proponer y a organizar, y el resto de prefectos le habían visto tan entregado, tan dispuesto y tan seguro de su control, que le habían dejado. Ahora tenía una cantidad inabarcable de cosas de la que estar pendiente y el resto de sus compañeros iban absolutamente a su remolque. La más colaboradora era Oly, pero claro... Oly. Oly siendo Oly en esencia. A cada cosa que proponía era aún más loca, o "ella en verdad creía que podía ser mejor de esta otra forma, más guay, más cuqui". No. Más caótico. Más desarbolado. No, no y no. No podía dejar las cosas en manos de Oly porque eso sí que era irse de las manos.

- Vale, las calabazas encantadas... Las calabazas encantadas, las calabazas encantadas... - Iba murmurando. Se pasó las manos por el pelo, enterrando los dedos en sus rizos, con la mirada perdida. - No sé qué hacer con las calabazas encantadas. No hay sitio para ponerlas. - Hasan suspiró. - A ver... ¿Te has planteado, simplemente, NO ponerlas? - Se mantuvo con la mirada perdida, pero empezó a negar. No, no podía prescindir de las calabazas encantadas. Es decir, ¡eran calabazas! ¡Eran el emblema de Halloween por excelencia! ¿¿De qué servía todo lo demás si no ponía calabazas?? - Podemos ponerlas así que vayan desfilando entre las mesas y eso... Así como... Tititiriri... - Como Oly se pusiera a cantar otra vez para representar una de las dinámicas en movimiento, se echaba un Avada Kedavra a sí mismo, de verdad que sí. Volvió a negar, con cara de estar en un trance traumático. - Se chocaría con los esqueletos danzantes. Y con los fantasmas. - Eso le hizo caer en algo. Abrió mucho los ojos. - Oh, Dios, el discurso del Barón de Cauldron. ¡Tenía que preparar el...! - Vale, Marcus, escúchame. - Jacobs se puso delante de él y le obligó a mirarle. - Falta una hora para la fiesta. No podemos meter más cosas. -  Pero... Las calabazas... - Hay calabazas dulces. Hay calabazas en la dinámica de juegos perdidos y hay servilletas naranjas y redondas como si fueran calabazas. Hay calabazas de sobra. - Bajó las cejas. - Pero las encantadas eran las mejores. -Bueno, pues para el año que viene. - Pero es que... - Empezó, pero Jacobs alzó una ceja que le hizo detenerse. Echó aire por la boca. ¡¡Es que quería una fiesta épica!! Llevaba cuatro años dando la lata con que el día que él hiciera las fiestas serían una pasada. Y ahora lo que estaba era sobrepasado. Aquello era mucho más difícil de lo que había imaginado, sobre todo si solo colaboraban con él Jacobs y Oly. Kyla, encima, no hacía más que regañarle: "O'Donnell, la que has liado"; "O'Donnell, para qué te metes"; "O'Donnell, a mí no me vayas a liar"; "O'Donnell, eres excesivo". Ya, pues O'Donnell tenía ganas de llorar ahora. Eso sí, no pensaba reconocer delante de ella que puede que se hubiera pasado un poquito.

De repente, cayó en otra cosa. Así llevaba siendo su vida en la última semana, cada minuto caía en una cosa nueva que se le había olvidado hacer. - ¡¡Había quedado con Alice!! - Creía que tenías un juego preparado para los de primero. - Preguntó Jacobs, de nuevo con una ceja alzada. Oly levantó la mano. - ¡Sí! íbamos a hacer un chicos contra chicas con todos los alumnos de primero de las cuatro casas. - Después de la inauguración y antes de la cena. - Volvió a decir, en trance. ¿Y cómo pensaba recoger a Alice, con toda la parafernalia, llevar a sus amigos abajo, verificar que todo estaba en orden, atender a lo que tenía que atender y estar listo para la dinámica con los de primero en un margen prácticamente inferior a quince minutos? En serio, ¿¿en qué estaba pensando cuando organizó eso??

- Vamos a hacer una cosa. - Dijo Hasan, muy tranquilo, porque Marcus estaba otra vez frotándose el pelo con histeria y no dejaba de tener la mirada perdida. - Te has puesto demasiadas cosas, no puedes encargarte de tantas. Dime, ¿qué puedes delegarme a mí? - Marcus se le quedó mirando como si no comprendiera la pregunta. Parpadeó. Estaba tardando mucho en responder. - No pretenderás que me crea que tienes que hacerlo todo, absolutamente todo tú, ¿no? - Frunció los labios, mirando al chico con ojos de cordero degollado. Pues... Que no se lo creyera, pero... Era justo lo que estaba pensando. El otro suspiró sonoramente. - Marcus, tío, venga ya. Llevo siendo prefecto tres años, creo que puedo encargarme de una fiestecita. - Eeem disculpa. - Detuvo, muy altanero. - No es una simple "fiestecita", es un fiestón, mi primer fiestón como prefecto, y llevo currándomelo todo el mes. Te digo más, llevo fantaseando con esto desde que entré en el castillo. Te digo más... - En el tiempo que hace que te conozco te he oído ya tantas "ilusiones de tu vida" que, al paso que vas, le vas a tener que pedir a Flamel el secreto de la vida eterna porque no te va a dar tiempo a todo. - Ironizó Jacobs. - Tío, venga ya, te has pasado tres pueblos con esta fiesta y se te está yendo de las manos. Reconócelo. -  Lo tengo todo bajo control. - No, no lo tienes. Estás al borde del ataque de ansiedad, pero tienes tanta vena de mi casa que no lo quieres reconocer. Y te estás tocando tanto el pelo que se te está quedando como a un espantapájaros. - Eso hizo que le mirara casi con espanto y se tocara un mechón, tratando de mirárselo, poniéndose un poco bizco en el proceso. ¿¿Cómo que un espantapájaros?? ¡Su pelo era una de sus mejores cualidades! Y tenía que estar guapo ese día, que era su primera fiesta organizada, ¡no hecho un espantapájaros! - Te doy unos minutos para que te pienses qué parte me vas a ceder a mí. Te aseguro que no te vas a morir. -
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Sáb Feb 19, 2022 2:34 am por Ivanka

¿Truco o trato?
CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
¿Pero de que vas vestida? — Le saltó Hillary, al bajar las escaleras. Gal se miró de arriba abajo a si misma y agitó la varita. — De hada de los dulces. — Preguntó, un poco desconcertada. — ¿No se nota? — Su amiga arrugó un poco el morro y suspiró. — Pues sí pero es que todos vamos en plan de… Oscuro, tétrico, y tú tan… — Señaló a Gal de arriba abajo. — Alegre. — Ella se encogió de hombros. — Bueno alguien tiene que repartir caramelos a los niños. — Su amiga alzó una ceja. — ¿Desde cuándo te preocupas tú por los niños? — Ella suspiró y puso cara de circunstancias. — Te recuerdo que tengo un hermano pequeño que me adora y que tengo a la espalda todo el día. — Su amiga asintió. — Ajá. Nada que ver con Marcus, ¿no?Pues no… — Sí. Todo que ver con Marcus. O sea, a Gal le encantaban los niños, ella siempre se entretenía con los pequeños y le encantaba ayudar a quien pudiera necesitarlo, además, tenía mucha paciencia. Pero sí, tenía que ver con Marcus. Porque desde que empezara a ser prefecto, le costaba cada vez más ver a su amigo. El curso pasado había sido ella la que se había alejado de todo, pero ahora… Ahora las cosas se habían arreglado. Gal volvía a estar llena de energía, eso ponía contento a Marcus y… Bueno en Saint-Tropez habían pasado cosas, y vale que habían sido cosas de las que se quedan en la playa y aquí no ha pasado nada, pero les había reconectado de lo lindo. Ahora, cada vez que estaban juntos se ponían más cerca, se agarraban de la mano, se abrazaban y tiraban el uno del otro con más libertad, y al cuerno lo que los demás pudieran decir. Pero con el tema de ser prefecto… Veía mucho menos a Marcus. Así que como otra cosa no, pero Gal era una chica muy resuelta, se había plantado a sí misma un papel que le obligaría a estar cerca del prefecto todo el día de Halloween, para que nadie pudiera decirle nada, y no quedara raro, simplemente como una cosa más que tenía que hacer, contribuyendo a la fiesta.

Qué silencio más culpable… — Comentó Hillary. Iba a contestar, pero Sean llegaba por allí, con sus alas de murciélago y se rio también, pero Hillary le miró y se aguantó una carcajada. — ¿Qué pasa? — Sean ya con cara de agobio. — Que pareces Batman. — La cara de Sean no mejoró. — ¿Qué es Batman? Pues por el nombre yo diría que un hombre-murciélago. — Dijo Donna, llegando detrás de él, lo cual hizo reír a Gal. — Igual es una quimera. — Aportó. Ella siempre que podía tirando para la alquimia. — Es un superhéroe de comics muggles, y también tiene series y pelis. ¿Me estás hablando en mi idioma? — Preguntó Sean, parpadeando y Hillary resopló. — ¡Pues sí! Bueno, ¿y qué hace para que le consideréis superhéroe? — Preguntó ella. — Pues… Tiene un coche muy guay, y un traje como el de un murciélago que no deja ver su identidad, y puede volar un poco con él… Y bueno es muy fuerte y tiene un montón de cachivaches. — Los tres la miraban como esperando que terminara, pero por lo visto ahí acababan las cualidades. — O sea… ¿Vuestros superhéroes son tíos ricos que vuelan y pegan fuerte? — Dijo Sean finalmente, a lo que Hillary bufó. — Bueno es que dicho así… ¿Ni novia tiene? — Preguntó el chico. — Pues sí, Catwoman. Puf, qué original. — Aportó Gal, sarcástica. — Pues es muy guay. Va así toda de negro… ¿Como tú? — Preguntó Donna señalándola. — No, yo voy de br… — Y ella sola se paró y les miró. — ¿Los muggles creen que las brujas nos vestimos así? — Dijo la pequeña, alucinada. — Bueno a ver, no brujas como brujas, si no… Más como las de… Los cuentos… Tía me parece hasta ofensivo que crean que vamos así por la vida… — Se indignó Donna. — ¡Sí! Y no hay nada malo en ir de murciélago. — Se sumó Sean. Vale, debate iniciado, Gal se podía retirar sin que siguieran interrogándola, perfecto.

Bajó las escaleras toda feliz, con su cesta aún vacía, pero ya dando saltitos como si flotara, preguntando y buscando a su amigo. Por fin, se dirigió al comedor, donde lo encontró con Olympia y Jacobs. — ¡Holaaa! ¡Ay que me muero toda! ¡Mira que monísima vas, Gal! — Exclamó la chica acercándose a ella. — Tú también, Oly. Mola la felpa de murciélagos. Pegas con Sean. Yo siempre he pegado con Sean, él y yo nos entendemos. — Dijo con una sonrisilla traviesa. — ¡Oh! ¿Las alitas te cambian de color? — Gal se giró y las señaló. — No exactamente. Están hechizadas para que parezcan pompas de jabón, así que más bien es un brillo irisado. Y el vestido, aunque es blanco, tiene el hechizo echado por encima también. ¡Me encanta! — Pero Jacobs y Marcus parecían estar inmersos en una discusión… O más bien, Marcus parecía agobiado. Uf, sí, tendía a agobiarse, así que se acercó para allá. — ¿Qué pasa aquí? — Preguntó con una sonrisa. — ¿Gaaaal? — Exclamó Jacobs, mirándola con los ojos muy abiertos. — Prefecto Jacoooooobs. — Respondió ella exagerando el tono. — Soy el hada de los dulces, no me mires así. Y te puedo dejar sin caramelos, en cuanto mi prefecto me los de… Válgame el cielo. — Dijo el chico frotándose la cara y suspirando. Pero ella tenía una agenda y era Marcus. Se puso frente al chico y sonrió. — ¡Uy! Qué despeinado estás. A ver espérate. — Dijo empujándole de los hombros hacia abajo y sacando la varita de verdad. Le lanzó el hechizo peinador que Monica Fender le había enseñado y sonrió. — Como nuevo, aunque con rizos como los tuyos no hay mucho trabajo que hacer. — Dijo con una gran sonrisa. — A ver, ahora que ya estás tan perfecto prefecto como siempre, ¿qué te agobia? — Preguntó con dulzura, apoyando las manos en sus hombros, ahora ligeramente, sin hacer fuerza, solo por estar en contacto con él. — Cuéntaselo al hada de los dulces, he venido para ayudarte en lo que te haga falta y estar a tu lado cuando te enfrentes a los peques. — Dijo con toda tranquilidad. Cuando Marcus entraba en esos bucles había que mantener la calma, y su primera fiesta como prefecto de Hogwarts debía ser perfecta.

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Sáb Feb 19, 2022 7:41 pm por Freyja

¿Truco o trato?
CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Se quedó un rato pensando... Pero de verdad que no se le ocurría nada que pudiera delegar. - ¿Sabes? Yo creo que no lo tengo tan fuera de control. Si ahora me pongo a... - Marcus. - Detuvo Jacobs, que ya se lo estaba viendo venir. - O me delegas algo, o doy un golpe en la mesa y me encargo yo de lo que me dé a mí la gana y lo hago a mi manera. O lo quito, incluso. - Ansiedad le estaba entrando solo de oírlo. - Es que me cuesta más trabajo explicarte a ti qué tienes que hacer que hacerlo yo. - Vamos a ver, O'Donnell. - Estaba haciendo perder al chico la paciencia, y no quería eso. Al final se les estaba yendo el tiempo en discutir. Entre que le llamaba la atención y le exponía su pensamiento, oyeron a Oly irse hacia alguien que acababa de entrar en el comedor pegando saltitos, pero Marcus estaba tan en lo que estaba que ni se giró. - Solo con lo que hay ya es un gran fiestón, las cosas que aún no están lo más fácil sería decir que no se hacen y punto. Si quieres que se hagan, algunas al menos, o nos dividimos el trabajo, o no se hacen y fin. - Es que yo sé cuáles son las gestiones de las cosas. - Vale, a ver. El juego lo vas a llevar tú porque a saber lo que tienes pensado y yo no me voy a meter en eso, pero yo puedo quedarme... Con el espectáculo de los esqueletos. - No. No no. - Pensó en voz alta, negando rápidamente. - Ese encantamiento lo he lanzado yo, si cambiamos ahora de portador del hechizo se podrían liar... - Vale, pues voy a hablar con los elfos de las cocinas para repasar el menú. - Marcus soltó una carcajada hiriente. - Gracias por quitarme el cargo sobre la comida, claramente lo que más me gusta. - Bueno, entonces me encargo yo de la dinámica de buscar los regalos. - Marcus dejó caer los hombros, mirándole ofendido. - ¡Eso es lo más guay! - ¡Pues nada, lo tienes que hacer todo tú entonces! - ¡Es lo que te estoy diciendo! - ¡Era ironía, Marcus! - Lo dicho, así no llegaban a ninguna parte y solo estaban perdiendo el tiempo.

Volvió a frotarse la cara y, en esas, la persona que acababa de entrar se acercó a él. Así debía estar de agobiado que no se había dado cuenta de que era Alice... Vestida de hada. Cuando se quitó las manos de la cara y la vio, se quedó de piedra, ni siquiera pudo reaccionar como estaba reaccionando su compañero, solo mirarla. Estaba como un idiota, con la mandíbula levemente descolgada, cuando Alice se le acercó y se puso a peinarle. Menuda cara debía tener mientras la miraba, estaba totalmente sin palabras. Alice no le había dicho de qué iba a disfrazarse, ni siquiera sabía que iba a venir disfrazada, mucho menos con un disfraz tan sumamente currado y llamativo, tan original y distinto a todo lo que iban a llevar los demás. Él tenía una sorpresita para ella con el suyo, pero Alice, como siempre "más", le acababa de dejar mucho más sorprendido a él. Lentamente, agarró las dos manos que Alice tenía apoyadas en sus hombros y se levantó, mirándola. - ¿Tú te has visto? - Preguntó, sin dejar de estar anonadado. Los otros dos le miraron un poco tensos en los segundos que tardó en reaccionar, y cuando lo hizo, fue con un estallido de entusiasmo. - ¡¡¡Es perfecto!!! - Oly se echó a reír. - Ay, Marcus, tu aura ahora mismo hace cosquillitas... - ¡¿De dónde... Cómo... Cuándo has pensado un disfraz TAN GUAY?! - No me lo puedo creer... - Volvió a suspirar Jacobs entre dientes, frotándose la cara una vez más. A Marcus ya le daba igual cualquier cosa que dijeran los otros dos. Ahora sí que se creía capaz de todo.

Empezó a darle vueltas a Alice como si fuera una muñeca, sin dejar de mirarla. - ¿Has hechizado el traje? ¿En serio vas a ir repartiendo dulces? ¿¿Pero y estas alas?? - ¿Alguna movida de la infancia con hadas y dulces que tengamos que saber, O'Donnell? - Preguntó Jacobs con un punto ácido. Marcus no le hizo ni caso. - ¿¿Cómo no me lo has contado?? ¡Es justo el toque que le faltaba a la fiesta! - ¡Bueno, más toques! - Saltó Hasan otra vez. Marcus echó aire por la boca y, sin más aspavientos, se abrazó a Alice con todas sus fuerzas. - Gracias. Gracias. Es perfecto. Necesitaba algo guay. - Sí que estaba un poquito agobiado, se notaba en su reacción un tanto desmedida ante el disfraz de su amiga. Sin soltarla, echó aire por la boca y confesó en voz baja. - No quiero que se note fuera. Estoy un poco agobiado. Necesito que me ayudes. - No estaba un poco agobiado, estaba MUY agobiado. Se separó de ella, miró a los otros dos y dijo. - Vale, eeemm... Quedan cuarenta y cinco minutos para que la fiesta dé comienzo oficialmente, ya mismo empezarán a llegar alumnos, así que... - Se mojó los labios, pensando. Señaló a Oly. - ¿Tenemos un listado con todos los alumnos de primero de las cuatro casas? - ¡Súper sí! - ¿Y de segundo? -Oly se quedó pensando. - Mmmm esos creo que no. - Vale, pues hazte con uno vaya que alguno de segundo quiera participar, y los mezclamos en los equipos. - ¡Súper vale! - Y allá que fue Oly a cumplir. En verdad él se sabía de memoria a casi todos los alumnos, solo le estaba dando un oficio para quitársela de en medio. Tras esto, señaló a Jacobs. - ¿Puedes encargarte de ir dando la bienvenida y los panfletos de la fiesta que están en la entrada a todos los que vayan llegando? - Ah, maldita sea, de esa parte quería encargarse él. Estar muy bien puesto en la entrada, ya con el disfraz preparado, recibiendo cual maestro de ceremonias a todos al pasar. Pero no podía ser todo, y prefería coger el protagonismo después, y Jacobs era uno de los prefectos de más edad, así que pegaba que ese fuera su papel. El chico miró a Alice y a él un instante y, tras esto, suspiró y dijo. - Está bien. - Y a ello que fue.

Ahora que estaba a solas con su amiga, podía confesarse. - No he podido colar las calabazas encantadas en ninguna parte. No hay premios de consolación para los que no ganen las dinámicas. Tengo que encantar los esqueletos, no he hablado aún con los elfos de las cocinas, ya mismo se llena esto de gente. ¡No se nada de la música! ¡No hay una temática de disfraces! ¿Y si hay gente que viene sin disfrazar o con un disfraz ofensivo y alguien se enfada y se lía? ¿Y si falta comida? ¿¿Y si sobra comida y los elfos se enfadan conmigo por excesivo?? ¿¿Y si el juego no gusta?? ¿¿Y si es demasiado difícil?? O demasiado fácil, ¿con qué relleno el tiempo que sobre? - Estaba empezando a respirar con dificultad. Miró a su amiga a los ojos y agarró sus manos, casi implorando. - No sabes lo bien que me ha venido esto. No tengo a nadie encargado de llamar a los alumnos para convocarlos al juego, o de supervisar los grupos. - Empezó a negar. - No me fio de Oly. El equipo de las chicas va a ser un caos, y luegos las chicas se enfadarán, y las chicas se enfadan mucho. Mucho mucho. Se van a comer a mis chicos. Las Gryffindor nos van a quemar vivos. Las Slytherin nos van a despellejar. Las Ravenclaw nos van a juzgar. Y no puedo lidiar con las Hufflepuffs llorando, no quiero gente llorando en mi fiesta. - Apretó aún más sus manos. - Dime que puedes encargarte de algo. Lo que sea. Una cosa aunque sea, que de verdad vas a repartir dulces. O a entretener a la gente al menos. - Negó otra vez. - Como confío en ti no confío en nadie. -
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Sáb Feb 19, 2022 10:38 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Por un momento, sintió un abismo en el estómago, temiendo que la pregunta de Marcus derivara en “no pegas nada con la fiesta, ¿por qué haces las cosas a lo loco sin preguntarme?”. Pero no, y de hecho, parecía encantado. — No sabes cómo me alegro de que te guste. — Dijo antes de recibir un bombardeo de preguntas estilo Marcus cuando estaba con los nervios por las nubes. Rio mientras le daba la vuelta y movió los brazos. — Pensé que si ibas a hacerles pruebas a los de primero te haría más falta un hada que algo horripilante, pensé en pequeños Marcus de primero y lo asustoncillo que eras y dije, pues mira, hada de los dulces. — Levantó los brazos sobre su cabeza y dio la vuelta sobre sí misma. — El vestido se lo pedí a Jackie, es lo más sencillo del mundo, tardó más en llegarme que lo que tardó ella en hacérmelo. Pero cuando vi que me quedaba bien, hice las alas y se lo mandé todo a mi padre para que le echara el hechizo de pompa de jabón, me pegaban los colorines con las hadas. — Dijo moviendo el cuerpo para que se viera el efecto de los distintos colores.

Miró mal a Jacobs y dijo. — ¿Algún problema con mi disfraz, prefecto? — Levantó un poco el pie, enseñándoles los zapatos. — Y esto lo he hecho yo. Eran unas bailarinas normales pero les hice un pompón y le eché purpurina, y ahora la voy dejando por todas partes, pero bueno, a mí que le va hasta bien al disfraz. — Terminó con una risita. Lo que no se esperaba para nada era el abrazo, pero ya que estaba, aprovechó y le apretó contra sí. Ah, le encantaba abrazar a Marcus. — De nada. — Dijo con una sonrisa amplísima y un poco alucinada. — No sabía que esto te iba a gustar tanto… — Mantuvo la sonrisa y asintió a lo que le dijo en voz baja. — ¿Pues para qué está la mejor amiga del prefecto? — Sí, ya se había dado cuenta de que estaba en uno de los bucles Marcus, pero ella era experta en lidiar con el caos y con Marcus, así que ningún problema.

En apenas dos órdenes, se había quitado de encima a Oly y a Jacobs, la primera mucho más diligente que el segundo, de hecho, el chico parecía bastante molesto, pero bueno, es que Marcus, si no se le conocía, podía ser un poquito difícil de llevar en situaciones de alta presión. Escuchó todos los dramas de su amigo de uno en uno, asintiendo lentamente con la cabeza, sin dejar de mirarle a los ojos y con seriedad. — A ver, vamos por partes. — Dijo. — Dame a mí las calabazas encantadas y las voy poniendo por ahí, mientras tú te vas a las cocinas a hablar con los elfos. Si resulta que empieza a llegar gente, no será ni raro ver a un hada colocando cosas por ahí. — Dijo con una risita. Luego levantó la cesta. — Llévatela a las cocinas, que los elfos te den todos los dulces que han sobrado, que ya me inventaré alguna historia para que se conviertan en los premios de consolación de los de primero. — Le obligó a sentarse de nuevo, apoyándose en sus hombros. — Escúchame, Marcus. — Puso una sonrisa dulce. — Los elfos siempre se enfadan, son gruñones por naturaleza, solo trátales con respeto, como iguales, no están acostumbrados a ello y eso les ablanda. Tus juegos siempre han sido genial, y este lo has pensado con especial cariño, así que no me cabe duda de que va a quedar perfecto, y adaptado al tiempo sin problema. En Hogwarts nunca ha faltado comida, jamás, no va a empezar cuando eres tú prefecto. Sobre los disfraces… A veces cuando se improvisa y no se tienen normas también sale bien, ¿no crees? — Dijo dando una vuelta sobre sí misma. — Es Halloween, Marcus, la gente está más o menso orientada. ¿Y por qué no le encargamos lo de la música a Oly? Con lo alegre que es, seguro que hace la fiesta divertidísima. — Se separó de él dejando una caricia en su mejilla y cogiendo los calderos donde estaban las calabazas, riendo a lo que decía de las chicas. — Cuenta conmigo para ello, en cuanto haga falta. A mí no se me suben a la chepa y ya sabes que me encantan los cuentos y hacer mucho teatro, así que nos repartimos de la siguiente manera: yo me encargo de las calabazas mientras tu bajas a las cocinas y, cuando Oly vuelva, la haces encargada de la música y yo te espero en la puerta para que nos hagamos cargo de los peques. — Tomó aire, porque había dicho todo eso de carrerilla.

Apretó sus manos de vuelta y puso una sonrisa que debía ser de estúpida enamorada, sin duda. — Y para eso estoy precisamente, para que puedas confiar en mí. — Antes no tenía tanta cercanía física, pero a ver, se habían besado dos veces ya… Por darle un besito en la mejilla no pasaría nada, ¿no? Se puso de rodillas y le dio un besito, mientras sacaba una barrita de chocolate y avellanas en la palma a Marcus. — Mira, eres el primer bendecido por el hada de los dulces. Ahora cómetelo, que discurres mejor con el estómago lleno, y vamos a trabajar. — Y ella, de paso, a calmar cómo se le ponía el corazón cuando Marcus le decía cosas como aquella y mantenían esa cercanía.

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Sáb Feb 19, 2022 11:55 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Se llevó las manos al pecho con mucho aspaviento, sin dejar de mirar el vestido. - Un pequeño Marcus asustoncillo se habría enamorado de ti así. - Ups. Definitivamente había dicho eso sin pensar y presa de los nervios. Rio tratando de salvarlo. - En fin, vas repartiendo dulces. -Era obvio ¿no? Atendió al proceso y descolgó la mandíbula un poco más, negando con la cabeza. - Alucino con que hayas hecho todo eso. - Soltó una risa incrédula y muda entre los labios. - Es genial. Eres genial. - Dijo de corazón, y cuando miró a sus pies y dijo lo de la purpurina rio con ternura. - Así no te pierdes. - Bromeó. Se quedaría más tiempo alabando a Alice si no tuviera tantísimas cosas que hacer que le tenían al borde del ataque de nervios.

Echó aire por la boca, muy agobiado. Sí, necesitaba que fueran por partes, a ver si Alice podía arrojarle un poquito de luz aunque sea porque lo estaba empezando a ver todo muy negro. Asintió y le dio las calabazas encantadas. - Pero que no se choquen con los esqueletos. O se queden por el suelo, la gente se podría tropezar. O se mezclen con las servilletas, que son muy parecidas. Y que no salgan volando, que como se metan en el hechizo del techo voy a tener un problema, que Handsgold me lo ha advertido mil veces. - Lo de dejar algo en manos absolutas de otra persona, definitivamente, no lo llevaba bien. Aunque lo de ver a un hada poniendo cosas por ahí le hizo gracia y no pudo evitar mirar su vestido de nuevo. Esta Alice... Qué cosas tenía... Cogió la cesta, asintiendo, y ya iba a abrir la boca para soltar otra perorata sobre posibles inconvenientes en la ejecución de los planes cuando Alice le obligó a sentarse una vez más. Mejor se relajaba y atendía, empezaba a ir cuesta abajo y sin frenos.

Fue asintiendo poco a poco a lo que le iba diciendo. Su cerebro le daba mil ideas de "ya pero ¿y si?" que podría decir, pero prefirió callarse, porque Alice estaba haciendo un gran esfuerzo por ayudarle y calmarle, y... Estaba monísima con ese vestido, tan graciosa que casi, incluso dentro de su agobio, le daban ganas de reír. Si es que era su mejor amiga por algo, y... Ahora sentía una cosa muy rara en el pecho mientras ella hablaba y él la miraba. Siempre le había tenido muchísimo cariño a Alice, la quería mucho y... Pues sería eso, cariño, mucho cariño, pero muy acumulado en su pecho porque estaba muy nervioso y todo se le multiplicada... Y estaba muy graciosa, también. Es que nunca dejaba de sorprenderle. Rio un poco, con un toque resignado. - Es verdad. - Sí que tenía que haberle encargado la música a Oly. Marcus y su manía de querer hacerlo todo él porque nadie iba a hacerlo mejor. La caricia hizo que la mirara a los ojos, pero ella seguía hablando y él... Un poco cuajado, la verdad. Debería espabilarse, tenía muchas cosas que hacer.

No iba a ser tan fácil, porque justo cuando se propuso levantarse, ella apretó sus manos, se inclinó hacia él y le dio un beso en la mejilla. Podría jugarse una mano y no la perdería a que acababa de ponerse colorado por completo, que él era muy blanquito y el rubor se le notaba en seguida. Dejó una barrita de chocolate en su mano y lo que le dijo le hizo reír. - Soy un afortunado. - Comentó entre risas, y al mirarla, se le escapó en un tono un poco más bajo. - Muy afortunado. - Eso le había salido espontáneo sin tener mucho control sobre ello. Sacudió la cabeza y se puso de pie, espabilando, tal y como se había ordenado a sí mismo. - Vamos a ello. - Sí, perfecto, muy bien, organizado, estructurado, como a él le gustaban las cosas. Marchó diligentemente a por su primer cometido, hablar con los elfos, con la cestita en la mano. Al parecer, a Alice se le había colado un poco de purpurina en la cesta. Él no se había dado cuenta, pero ya se lo hicieron notar los elfos nada más pisar su área de trabajo, porque le cayó una tremenda bronca por el riesgo de llenar sus preparaciones de un material potencialmente tóxico. Tampoco fue muy bien acogido lo de "llevarse los dulces sobrantes" porque "ellos hacían la comida que tenían que hacer, no cosas que sobraran", por no hablar de que más de uno lo interpretó como una glotonería por su parte. A base de hablarles como Alice le había sugerido que lo hiciera, consiguió llevárselos a su terreno (más o menos) y volverse con su objetivo cumplido.

- ¡Oly! - La llamó. La chica se acercó a él dando alegres saltitos que le hacían saltar los murciélagos que llevaba en la felpa del pelo, un pelo que pretendía llevar un tétrico color plateado con vetas negras pero que, en esa luminosidad habitual de Oly, seguía quedando bonito y brillante. - ¿Te encargas tú de la música? - ¡Ya lo he hecho! - Marcus arqueó las cejas, genuinamente sorprendido. - Ah ¿sí? - La chica soltó una risita y le acarició el pelo como si fuera un niño pequeño e ingenuo. - Aaaay Marcus. Yo también soy prefecta, ¿sabes? Y tengo dos orejitas que no paran de escuchar a su compañero diciendo "blablaba la múúúúsica blablabla las calabaaaazas blablabla desaaaastre blablabla..." - Bueno yo no hablo así. -Matizó, pero aquella imitación había rozado demasiado la realidad. La chica hizo un gesto con la mano. - Me gusta la música y estaba viéndote muy a tope y que la estabas dejando para lo último. Lleva organizada ya como cuatro días, y acabo de verificar que todo está en orden. - Le pinzó la mejilla y tiró de su moflete, haciéndole arrugar la cara. - Que yo también sé organizar cositas, aguililla listilla. - Vale, vale, comprendido. - Dijo él, liberándose del agarre y frotándose la mejilla. Ea, colorado otra vez, aunque ahora por causas diferentes.

- ¿Y tu disfraz? Como tengas que ir ahora a cambiarte sí que vas a llegar tarde? - Ahí sí que dibujó una sonrisa de superioridad, alzando un índice. - Para ponerme mi disfraz no necesito ir a mi dormitorio. - La chica abrió mucho los ojos y abrió la boca, con una sonrisilla dibujada. Con una voz muy bajita y mirando a los lados, se acercó a él. - Qué fuerte, ¿te vas a desnudar? - ¿¿QUÉ?? ¡NO! - Se espantó. Si es que solo se le ocurría a él ponerle acertijos a Oly. - Voy a disfrazarme con un hechizo. - ¿Vas a ir disfrazado de hechizo? - CON un hechizo, Oly, no DE hechizo. - Uy, pues sería genial ir disfrazado de hechizo. - ¿Qu...Cóm...? - Mira, no podía ni preguntar ya, es que de verdad, Oly cogía su cerebro y le daba la vuelta y se quedaba tan ancha. Lo peor es que ella no veía donde estaba lo rocambolesco de lo que había dicho. Sacudió la cabeza y suspiró. - Voy a buscar a Alice. - Y se iba a marchar, porque estaba viendo a su amiga en la puerta... Pero se detuvo, sonriendo con malicia, y se giró a Oly. - ¿Quieres ser la primera en verlo? - ¡¡SÍ!! - Dijo la chica, con ilusión infantil. Marcus sacó la varita y se apuntó a sí mismo, después de respirar hondo. Lo había puesto a prueba sobre objetos y había salido bien sin problemas, y confiaba muchísimo en los encantamientos de William Gallia... Esperaba que no hubiera problemas. Y, de paso, darle una bonita sorpresa a Alice.

- ¡¡QUÉ SUPERFUERTE!! - Bramó Oly, alucinada. - ¡¡Pareces un fantasma de verdad!! - Eso hizo a Marcus reír, abriendo los brazos en cruz y girando sobre sí mismo. - ¿Te gusta? - ¡Súperoriginal! - Celebró su compañera. Pues eso era lo que quería, era parte de toda su parafernalia. Contento, se fue a buscar a Alice, a quien vio junto a Sean, Hillary y Donna, que acababan de bajar. Sus amigos le detectaron nada más acercarse. - ¡Hostia! ¡Venga ya! ¡No puedes currarte tanto un disfraz! ¡Mola mil! - Sean, en una misma frase, había mostrado entusiasmo e indignación a partes iguales. Miró a Alice con una sonrisa y, de nuevo, abrió los brazos y giró sobre sí mismo. - ¿Qué? ¿Soy un fantasma convincente? - Puso una pose historiada y dijo. - ¿Tengo aspecto de ancestral prefecto que habita los castillos de Hogwarts? - Rio un poco y confesó el truco a su amiga. - Me has hablado tantas veces de aquella vez que tu padre te dejó en blanco y negro que me pareció brillante para parecer un fantasma. Le escribí y me habló del hechizo, y ¡voilá! Según tu padre se desvanece solo en cuatro horas, pero aun así me sé el contrahechizo para quitármelo. Lo he practicado un montón. - Sonrió. - Espero que te guste esta pequeña adaptación. -Sabía lo mucho que a Alice le gustaban los hechizos de su padre, por eso no le dijo nada y se guardó la sorpresa para él.

- Mola un montón, Marcus. - Reconoció Donna, quien justo después se cruzó de brazos y, con retintín, miró de reojo a Hillary y dijo. - Mejor que el disfraz de bruja de algunas. - ¡Y dale! Es una coña muggle, qué poquito sentido del humor. - Pues hablando de sentido del humor, él tenía que explotar su disfraz, así que se giró a su amigo y dijo. - ¡Mira, Sean! Al final me ha matado Liam Hansen y me he convertido en fantasma. - Hora de celebrarlo, entonces. - Le dijo el otro, hiriente, lo cual le hizo reír a carcajadas. Sean bufó. - Qué idiota eres. Algún día me vengaré de ti y te vas a enterar. -  Lo siento, no puedes, ya estoy muerto. - Se enganchó del brazo de Alice y añadió. - Y muy ocupado, además. - Se apartó un poco con ella y dijo. - ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido lo de las calabazas? Toma, aquí están los dulces. -Le tendió la cesta y luego la miró. - Espero haber acertado con mi disfraz. -
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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
El corazón de Gal iba a acabar por darle un disgusto como Marcus siguiera diciéndole cosas así. De verdad que sí, vaya. Que a ver, se había referido a un caso hipotético, y estaba agotado mentalmente, y hambriento probablemente así que… Bueno que ya estaba. Rio un poco y simplemente dijo. — Claro. Nada mejor para un minimarcus que un hada que le regale caramelos. — En fin, todo eso estaba quedando muy raro. Hundió la cara, con una sonrisilla. — No es para tanto. Me encanta disfrazarme, y más si es para echarte una mano a ti. — Bueno, pues ahora tenía cinco años y era una niña vergonzosa, por lo visto. Qué lástima de ella.

Asintió a todas las condiciones de Marcus y dijo. — Todo estará bajo control, tranquilo. — Aseguró. A ver, iba a tener que pedir ayuda a Jacobs, casi seguro, pero eso no se lo iba a decir a Marcus hasta que volviera un poco más tranquilo. Misteriosamente, dijo un simple “es verdad” y le hizo caso, yéndose a hablar con los elfos justo después. Y ella, muy contenta de haber calmado a Marcus, se fue con los calderos a donde estaba Jacobs, con cara de pocos amigos. — Hoooola… Yo si acepto ayuda, ¿sabes? — Dijo con cara de niña buena. El otro entornó los ojos. — ¿Para qué?Para colocar las calabazas estas, ¿qué te parece? — Él bufó. — No quiero ver las calabazas esas más en mi vida. — Ella se apoyó en el mismo quicio de la puerta, al lado del prefecto. — Veeeeeeeenga Haaaaasan. — Él la miró, alzando las cejas pero con media sonrisilla. — ¿Ahora soy Hasan? — Ogh, el orgullo de machito herido, qué pesados podría ser los hombres. — ¿Te llamo Hassie como Ethan? — Eso le hizo reír y negó con la cabeza. — A ver… ¿Qué quieres hacer con las calabazas esas? Pues mira, ¿sabes algún hechizo levitador, pero a la vez inmovilizador, pero a la vez que no les quite encantamiento a las calabazas? — Hasan rio y la miró a los ojos. — ¿Quieres volar, pero no ir a ninguna parte y no perder encanto todo a la vez? Pues tú me dirás si es posible, ¿no eres un pajarito? — Ella se encogió de hombros. — Yo no soy una calabaza encantada por Marcus para hacer el mismo baile una y otra vez. — Dijo imitando el movimiento de las calabazas y haciendo reír más al chico. — ¿Sí? ¿Tú crees? — Mira, no iba a tomárselo ni mal. Se dio la vuelta, agitando la varita, haciendo ondas en el aire y dirigiéndose al sitio por donde había querido poner las calabazas mientras decía. — Libre como el viento… Ya lo sabes, Jacobs.

Finalmente, entre Hasan y ella, consiguieron dejar las calabazas en suspensión, con su propio radio controlado, para que no se cayeran, ni se chocaran, ni se fueran volando al encantamiento del techo, y además de tener que lidiar con el orgullo de Marcus y el de Jacobs, tuviera que comerse la tremenda chapa de un orgullo Gryffindor como el de Handsgold. Justo bajaban sus amigos, cuando oyó una de las quejas de Sean. Espera, ¿Marcus se había puesto el disfraz ya? ¿Pero cómo había subido al cuarto y…? Cuando se dio la vuelta, no dio crédito. — ¡Qué dices! — Dio unos saltitos en su sitio tapándose la boca. — ¡Nunca lo había visto en otra persona! ¡PERO QUÉ MEGAGUAY! — Realmente parecía un fantasma. — ¡Eres tal cual una foto antigua! Ahora tienes que poner pinta así como de mago interesante y tenebroso y ya lo tenemos todo eso. ¡Por Merlín pero qué chulo queda! — Estaba encantada. Sonrió y asintió cuando dijo que ella siempre hablaba de cuando su padre se lo hizo. — ¡No me puedo creer que le hayas escrito solo para esto! — Se rio y negó con la cabeza. — Vamos, lo normal y natural entre amigos. — Dijo con tono socarrón Sean. — Mamá le tenía prohibido hacerlo en gente… Pero bueno… Si él dice que en cuatro horas se va… Yo confío en vuestra pericia en encantamientos. — Aportó ella con una sonrisita pícara.

Tuvo que darle la risa fuerte con lo de Liam Hansen. — Iba a darte un dulce de consolación por haber aguantado nuestra broma, pero ahora por hacer bromas de mal gusto ya no. — Dijo con tono muy repipi, dándole con la varita en la cabeza a Sean. — Vaaaaaaaa hada de los dulces, dame unoooooo. — Tomó la cesta que le daba Marcus y se enganchó a su brazo sacándole la lengua. — Completa los retos para los mayores e igual me lo pienso. ¿Yo si puedo, Gal? — Preguntó Donna. Ella puso media sonrisilla y le dio un pastelillo explosivo. — Pero solo porque vas adorable de huevo de dragón. — Todo linda ella con sus escamitas en tonos de azul. — Pero ya no me pidáis más. Que os encanto. — Dijo moviendo la varita.

Se alejó un poco con Marcus y señaló la puerta aún cerrada del comedor. — Están fantásticas, mira ven. — Entraron, entornando la puerta tras de ellos y señaló las calabazas. — ¡Mira! No han perdido el encantamiento bailongo, pero solo pueden moverse en un radio controlado, se ven, pero no molestan. — Dijo con una amplia sonrisa. Luego se separó para verle mejor, señalándole y dijo. — ¿Acertado? El prefecto O’Donnell no acierta, marca tendencia. Es una pasada Marcus, no me puedo creer que no se me haya ocurrido antes, da hasta un poquito de yuyu. — Dijo moviendo un poco los hombros. — Me encanta… Lo único malo es que… — Se encogió un poco en sí misma. — No puedo ver el verde de tus ojos de Slytherin. — Dijo dándole con la varita en la nariz. Pero bueno, es que ese no era el punto tampoco… Y hablando de Slytherin. — Oye, ¡Hasan! — Llamó. — Enséñale el encantamiento que has utilizado en las calabazas aquí a Liam Hansen. — Mirra. Marcus y dijo en voz baja, guiñando un ojo. — Me ha tenido que ayudar, porque algunas no controlamos tanto de hechizos, solo tenemos buenas ideas. — Cuando el prefecto se puso a su altura, rio, mirándole de arriba abajo. — Es un disfraz que te mueres, nunca mejor dicho. Muy bien pensado, tío. — Bueno, al menos los dos parecían un poquito más relajados. — ¡Bien! Orden reestablecido. ¿Qué hago ahora?

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Dom Feb 20, 2022 1:43 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Pues sí, a Alice le había gustado su disfraz, había acertado de pleno. Si es que lo sabía, por eso lo había hecho... Bueno, a ver, no por eso exactamente. Lo había hecho porque quería ser el del disfraz más original del castillo, un disfraz hecho con un hechizo, como le gustaba a él hacer las cosas, con encantamientos, y con un encantamiento del mismísimo William Gallia para más señas. Pero también sabía que a Alice le iba a encantar algo así, por lo que... ¿Por qué no? Se llevaría los créditos de todo el castillo pero, sobre todo, se llevaría la alegría de su mejor amiga.

Cuando le dijo lo de la pinta de mago interesante y tenebroso, en seguida se puso a posar, con mucho teatro, lo cual arrancó otro bufido de Sean. - Si a este ya no hacía falta decirle nada y encima se lo dices... - Ni caso, él siguió con sus poses. Rio y se encogió de hombros. - Me gusta escribirle a tu padre de vez en cuando, siempre cuenta cosas interesantes. - Bueno, el año anterior el señor Gallia no había estado demasiado alegre que dijéramos, pero le vio un poco mejor en verano. Le parecía una buena excusa para romper el hielo en su primera carta ese año preguntarle por un hechizo. - Tengo tres pergaminos enteros explicándome la ejecución de este hechizo... Puede que dos de ellos fueran solo de efectos adversos. - Rio un poco, porque ahora podía reír, pero cuando lo vio se había asustado. A Marcus ya le echaría para atrás un solo efecto adverso, aunque bueno, cuando los leyó se dio cuenta de que la mayoría eran consecuencia de una mala praxis. Y si algo Marcus no consentía era una mala praxis, en eso era idéntico a su madre. Por eso ella no creaba hechizos con efectos adversos, ni uno solo.

Se tuvo que reír fuertemente cuando Alice le negó a Sean los dulces y el otro empezó a rogar. Marcus sabía muy bien quien iba a llevarse un dulce en breves: él. Le encantaba ser el niño mimado de todo el mundo, incluso de sus propios amigos. Con Alice se fue, del brazo, bien orgulloso, no sin antes alabar él también el disfraz de Donna. - La mejor de ese trío con diferencia. - La chica puso un mohín contento mientras mordía el pastelito y los otros dos empezaron a soltar comentarios de indignación, pero él y Alice ya se estaban alejando. Cuando vio las calabazas que Alice le señalaba, se le iluminó la cara. - Están perfectas. - Se giró y la agarró de nuevo de las manos. - Mil gracias, de verdad, sabía que podía pedírtelo. - Se frotó la frente con ambas manos y, con la mirada baja, resopló. - Es que no veía donde ponerlas, de verdad que no. Estoy muy saturado. Quiero disfrutar de la fiesta pero... - Echó aire por la boca. - Al paso que voy me va a dar algo y no me va a hacer falta un hechizo para convertirme en fantasma de verdad. - Dijo entre risas, aunque estas sonaron tensas. Sí que estaba agobiado, quería que la fiesta fuera PERFECTA, en mayúsculas y con letras muy grandes, y se la había cargado a las espaldas él solo en un noventa por ciento, siendo su primer año como prefecto. Esas cosas pasaban factura, lo cual estaba descubriendo ese mismo día. No se había parado a pensar que fuera así.

El comentario de Alice le hizo erguirse en toda su altura y volver a poner una pose muy teatral. - "El prefecto O'Donnell no acierta, marca tendencia". Me voy a grabar esa frase a fuego. ¿Puedes hacer que levite por aquí como las calabazas? - Bromeó. Se le pasó la broma con el comentario sobre sus ojos, que le hizo mirarla y sentir un cosquilleo muy agradable en el pecho (contrarrestando la opresión que llevaba sintiendo días y que solo iba a más por culpa de esa condenada fiesta). Arrugó la nariz cuando le dio el toque con la varita, pero no dejó de mirar los suyos. - Por suerte los fantasmas no vemos en blanco y negro. Tú sigues teniendo ojos de Ravenclaw para mí. - Tras decir eso, volvió a erguirse y a dejar caer los párpados. - Tendré que mostrar mi vena Slytherin de otra forma, entonces. - Rio.

Hasan apareció por allí y él volvió a exhibirse para que vieran su disfraz. - Tienes buenísimas ideas, las mejores. - Le susurró a Alice antes de que el chico se terminara de acercar. - ¡Gracias! ¿Y el tuyo? - Hasan suspiró, ladeando la sonrisa. - Yo voy de prefecto anciano que ha empezado el curso cansado ya. - Eso hizo a Marcus soltar una carcajada. - ¡Venga ya! Algo aunque sea. - El otro chasqueó la lengua e hizo un movimiento con la mano. - Ya veremos. - Bueno, tampoco es como que fuera obligatorio disfrazarse, pero en fin. Si iba a ser Hasan el encargado de dar bienvenidas a la gente que entrara, un disfraz no estaría mal... De hecho, oyó un murmullo a la entrada que le hizo girarse para mirar y ponerse nervioso de nuevo. - Vale, la gente está llegando. - Dijo, tratando de sonar seguro y dispuesto a organizar pero un tanto tembloroso. Hasan asintió y se dirigió a la puerta, ya tenía un cometido al fin y al cabo. Marcus buscó a Oly con la mirada. - ¡Oly! ¡Reúne a primero y segundo en aquella zona de allí! - ¡A la orden, mi capitán! - Respondió la chica, bromista y cantarina, y fue rápidamente a buscar a los chicos. Miró a Alice. - Vale, tengo preparado un discursito junto al Barón de Cauldron... ¡Sorpresa! No digas nada ¿eh? - No lo sabía nadie, pero si iba a hacer a Alice partícipe y organizadora se lo tenía que decir. - Oly va a agrupar a todos los de primero en aquella zona para el juego, y yo iré a prepararme junto al Barón. Que, por cierto... -Ya debería estar aquí ¿verdad? - Dijo la voz socarrona del fantasma en su hombro, provocándole un sobresalto. Se echó a reír. - ¡Ay, compañero de muerte en esta animada velada! Sois vos tremendamente asustadizo para no pertenecer ya al mundo de los vivos. - Le miró detenidamente. - Y corpóreo, no os ofendáis. ¡Buen hechizo, no obstante! Pero supongo que dudáis de mi puntualidad porque no os vale para venir volando como hago yo. - Vale, Barón, gracias por acudir, en seguida nos ponemos con lo nuestro. Voy a terminar de organizar esto. - ¡A la orden, mi capitán! - Dijo con voz burlona, pero en vez de dejarle organizar, volvió a intervenir. - Me veo en el deber de preguntar, ¿realmente habéis adquirido recientemente el cargo de capitán, o solo era una broma de esa chica tan colorida? - ¿Cómo voy a ser capitán? ¿Capitán de qué? - ¡Oh, a saber! En mi época, los prefectos ostentaban navíos y propiedades similares. - Ya, no es mi caso. - Suspiró y miró al Barón con ojos de "¿te importa?" y el ente se reverenció y se alejó levitando unos cuantos pasos.

Los alumnos habían comenzado a entrar. - Necesito que te encargues de pasar por las mesas diciendo... Lo que quieras. Repartiendo dulces, haciendo que vean los encantamientos, anunciando que va a haber una sorpresa en breves... En definitiva, que les tengas un poco distraídos. - Para que no se den cuenta de que esto está un poco caótico. Él seguía obsesionado con que la fiesta no llevaba el orden y metodismo que le gustaría a él. - Yo tengo que prepararme con el Barón. - Apretó su mano con una sonrisa y le dijo. - Te veo luego, hada de los dulces. - Y ya sí, se fue junto al fantasma. Cuando todos estuvieron sentados, el Barón salió a dar un discurso que se vio interrumpido por la aparición del fantasma del prefecto O'Donnell. Sí, se habían preparado una especie de teatrillo, y a la gente le gustó mucho, los profesores fueron a felicitarles y todo. Estaba contentísimo, pero seguía tenso por lo que aún le quedaba por hacer, y no paraba de buscar con la mirada a todos los que necesitaba tener localizados. El banquete acababa de comenzar, y tras la comida irían los juegos. Se dirigió a su mesa y se sentó junto a Alice. - ¿Qué tal? ¿Te ha gustado? ¿Qué te ha parecido? ¿Cómo va todo? ¿Está buena la comida? ¿Has tenido algún problema? - Soltó aire por la boca y empezó a comer con un poco de ansiedad... Bueno, con bastante ansiedad. - Dime si ha habido algún percance. Aún puedo solventarlo. -
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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Vaaaaaaaa, Hasan. Vístete de algo así chuli que de miedo… Que es tu último año aquíííí. — Dijo con tono de niña picona. El chico negó con la cabeza, pero se rio, antes de irse. — Eso ha sonado a que sí se disfraza. — Aseguró ella mirando a Marcus y asintiendo. Se recolocó, dispuesta a recibir instrucciones de Marcus, según empezaba a llegar la gente y se rio, señalando a Oly. — Veo que ha ido bien con ella, si es que tiene disposición para todo. — Dijo saludándola con una sonrisa desde allí. No pudo evitar soltar una carcajada cuando el Barón apareció por allí asustando a Marcus, y con aquel discurso tan pomposo. — Sí, sí, él es el capitán del barco de la prefectura de Ravenclaw. — Dijo muerta de risa por la conversación que estaban teniendo.

Pasó por el lado del barón, siguiendo a Marcus y susurró. — Tranquilo, no está enfadado con vos, Barón, solo un poco nerviosito. Es que el liderazgo es muy duro, milady. — Eso le hizo reír un poquito. — Pero detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. — Dijo él, guiñando un ojo. — Eso es un poquito antiguo, excelencia. Marcus y yo siempre vamos al lado el uno del otro. — El Barón rio y señaló con la barbilla. — Pues daos prisa, que se os escapa. — Ella asintió, y con una risa, salió detrás de él. Recibió las consabidas instrucciones con una sonrisa y dijo. — Déjalo de mi cuenta. — Le tomó de los brazos. — Marcus, mírame. — Dijo enfocando sus ojos. — Va a salir perfecto. Todo está bajo control y va a ser una fiesta genial. — Y dicho eso, se fue con su cestita toda feliz.

¡A ver! ¡Los de primero! Que vengan con el hada de los dulces. — Dijo moviendo la varita en el aire. Los niños se empezaron a pegaran a ella. — Bienvenidos a la fiesta más terrorífica que habéis visto nuncaaaa. — Dijo con un tono fantasmagórico. Entonces se acordó de los minimarcus. — ¡Es broma! Hoy celebramos cosas terroríficas, pero a lo que venimos es a pasarlo bien, fijaos qué de cosas guays hay por aquí. — Y señaló los esqueletos, las calabazas y un poco todo lo que había, ante el asombro general de los niños. Movió la cesta. — A ver, al primero que me diga de dónde viene la fiesta de Halloween le doy… Un dulce. — Si es que no se había ni parado a mirar lo que llevaba. — ¡De Samhaim! — Dijo una niña muy mona. — La fiesta de invocación de los espíritus. ¡Sí, señora! — Miró la cesta. — Mira, pastelillo de yogur. — Dijo tendiéndoselo. — Y ahora, como es Samhaim, vamos todos a invocar a los espírtus de este castillo para una sorpresa muy guay. — Dijo cerrando los ojos, para que la imitaran, y moviendo las manos como si estuviera realmente invocando algo, cuando aparecieron Marcus y el Barón. — Se nos ha ido un poco de las manos la invocación y hemos convertido en fantasma al prefecto. — Dijo con un grito ahogado muy exagerado. Pero justo entonces notó un movimiento en la falda de su vestido y se sobresaltó de verdad al girarse y ver a un niño pasando el dedo por la tela. — ¡Qué guapo! ¿Es de jabón de verdad? — Suspiró y agarró la mano del niño, apartándola de sí. — No, es un hechizo. Eres Creevey, ¿no? — El chico asintió con una sonrisilla traviesa. Menudo peligro, lo sabía ella mejor que nadie, a Marcus le traía de cabeza. — Pues no toques a nadie sin su permiso, Creevey. Ni aunque te dé mucha curiosidad. — Los conceptos claritos desde chicos, mejor. — Y tú eres la novia de O’Donnell. Eres Alice Gallia.Soy el hada de las chuches esta noche y la novia de nadie. ¡Vale! Pues se lo voy a decir a O’Donnell, que eres novia de un tal Nadie. — Se rio de su propio chiste y, como una bala, pasó por su lado y se llevó un puñado de chuches. — ¡Adiós, señora Nadie! ¡Píllame si puedes! — No pudo evitar reírse un poco. Aquel crío era muy listo.

Se reunió con Marcus cuando llegó y se puso a comer, porque sabía que verla comer le hacía feliz. — ¡Ha ido mejor que bien! Les he dicho a los niños que os habían invocado, y buah estaban encantados, ha sido superdiver. — Dijo asintiendo, mientras comía las momias de salchichas. Se rio y movió una en la mano. — Me encantan estas tonterías, con esto sí me dan ganas de comer. — Movió las manos mientras terminaba de masticar. — Ningún percance. Solo Creevey, que tiene la mano un poco larga y me ha robado un puñado de chuches, después de distraerme, pero yo me apaño bien con los niños traviesos. — Puso sonrisilla Gallia y dijo. — Todavía soy una un poquito. Menos, desde que tengo al prefecto O’Donnell por aquí. — Terminó con un guiño. — Relájate, Marcus, hasta ahora todo va a pedir de boca. Mira prueba esto que le llaman Lago Ness. — En verdad era rodajas de queso de cabra con mermelada de arándanos encima simulando un lago oscuro. No lo pensó muy bien, y le dio la tostadita directamente, y claro, Marcus se la comió, dejándole un cosquilleo en los dedos. A ver, de pequeño hacían eso todo el tiempo, tampoco tenía nada de raro. Apartó la mano y se recogió el pelo detrás de la oreja. — Que ahora que lo pienso… Habrá sido idea tuya. Está buenísimo. Muy rico. Y original. Y eso. — Rio un poco. Vaya, a ver si empezaba a controlar los nervios. — ¿Qué va ahora? ¿Te ayudo con la dinámica, a preparar algo…?

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Dom Feb 20, 2022 7:26 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Atendió a lo que Alice iba contando, mientras masticaba, y abrió mucho los ojos y se apresuró en tragar para poder responder. - ¿¿En serio les has dicho eso?? - Soltó una fuerte carcajada. - ¡Brillante! - Chistó. - Y yo me lo he perdido. Si fuera un fantasma de verdad, intentaría estar en todas partes a la vez. - Ya lo intentaba sin serlo. Volvió a reír. - ¿O sea que lo que te hace comer es la comida divertida y temática? Tomo nota. - Comentó entre risas, sin dejar de comer él tampoco, porque se moría de hambre y venía tan acelerado que no paraba ni a respirar. Rodó los ojos a lo de Creevey y puso una sonrisilla a comentario de Alice sobre que era un poco menos traviesa desde que él era prefecto, pero no podía decir nada porque tenía la boca llena. Asintió cuando le dijo que se relajaba, pero estaba comiendo a tal velocidad que, de hecho, ella le acercó una tostada de Lago Ness y, sin pensárselo, se la comió directamente de su mano. Estaba ya masticando cuando se dio cuenta de que... Más de uno de su alrededor les estaba mirando, porque eso podía haberse visto desde fuera quizás como... Demasiado íntimo. Bah, le daba igual. Era Alice, era su mejor amiga. Y tenía mucha hambre. Y prisa.

- Sí que está buenísimo. - Aseguró, y luego se encogió de hombros. - Gracias, aunque muchas ideas la tenía apuntadas de fiestas pasadas, he estado investigando, y otras ya pensaban hacerlas los elfos. Yo quería hacer más, pero me han dicho que sería excesivo y no daría tiempo. Para el año que viene. - Se había dejado muchas tonterías en la recámara. La pregunta de Alice le hizo mirar alrededor. Vale, niños de primero controlados, y por lo que veía, Oly estaba entrevistando a algunos de segundo para ver si se iban a apuntar. La mayoría de los platos empezaban a vaciarse, por lo que habría que iniciar las dinámicas en breves. Tomó la servilleta, se limpió y se giró a su amiga. - Vale, se me ha ocurrido lo siguiente. Voy a ir con... - ¡Hola, prefecto O'Donnell! - Dijo una tierna y contenta voz detrás de él. Se giró, y el niño, si bien no perdía esa ilusión que tenía siempre en la cara, se había atribulado un poquito. - ¡Colin! ¿Qué tal, colega? - Bien. - Contestó, sin dejar de mirarle con los ojos brillantes, con su vocecilla habitual. Estaba ya en segundo pero seguía teniendo aspecto de niño mucho más pequeño, los había en primero que parecían mayores que él. - La prefecta Lewyn nos está preguntando a algunos de segundo si queremos jugar al reto de los de primero. - Ahá. - Dijo él. El niño le miraba con una sonrisa leve y casi sin parpadear. Colin siempre le miraba con admiración, aunque había un punto en su expresión esa noche que no lograba detectar de qué podía ser. - ¿Puedo jugar? - Marcus soltó la servilleta en la mesa, con una gran sonrisa. - ¡Pues claro que sí! Lo he hecho pensando en gente como tú. - A Colin le brillaron aún más los ojos. - Va, ve a pedirle a la prefecta Lewyn que te apunte. - En verdad ya me he apuntado... Pero quería pedirte permiso a ti también, porque eres mi prefecto y el que va a llevar el equipo de los chicos. - Marcus rio un poco y le revolvió el pelo. - Permiso concedido. - Ladeó la cabeza. - ¿No llevas disfraz? - El chico se guardó las manos en los bolsillos y agachó la mirada. - Le dije a Amber que podíamos ir de sal y pimienta y me dijo que eso no daba miedo, y yo le dije, bueno, si los confundes y te los comes sin saberlo pues un poco sí, y dijo que eso no tenía sentido, y que para eso tendrían que ser sal y azúcar, que no sabía por qué iba la sal con la pimienta, que el contrario es el azúcar, y yo le dije bueno es que nosotros no somos contrarios ¿no? Y ella me dijo, entonces no entiendo el punto de disfrazarnos juntos, y dije pues es verdad, y ya no se me ocurrió nada más. - Marcus miró a Alice de reojo, aguantándose la risa. - Bueno, si quieres el año que viene te ayudo a elegir disfraz ¿vale? - El niño le miró y asintió enérgicamente, feliz, pero... Otra vez ese toque en la mirada. Parecía como miedo o lástima, no pegaba mucho con el estado general de Colin. El niño miró entonces a Alice y le dijo. - Eres el hada de los dulces. - Rio un poco. - Me gusta tu disfraz. - Y, tras ese alegato, el chico salió corriendo de allí, muy feliz, dispuesto a colocarse en la zona del juego.

Se giró de nuevo a Alice y retomó. - Oly y yo hemos organizado un juego para los de primero y segundo, chicos contra chicas. Yo voy con los chicos y ella con las chicas, pero algo me dice que vamos a necesitar un poco de apoyo, y ya que tú vas de... - La señaló de arriba abajo con ambas manos y una leve risa. - Un ser tan maravilloso y especial al que se le dan bien los niños. - Comentó, riendo. - Podrías arbitrar el juego. Algo me dice que va a hacer falta una visión objetiva y alguien que contente a los perdedores, que luego vienen las lágrimas y los enfados. - Estiró el cuello y vio que Oly ya tenía a casi todos los niños reunidos, por lo que se levantó. - Mejor vamos ya. - Y automáticamente, tomó a Alice de la mano y allá que fueron, de la mano los dos. Cosa que pensaba defender como absolutamente normal si... - ¡Lo ves, lo ves! ¡Sois novios! - Eso. Si alguien le venía con esas. Y quién iba a ser. - Me alegro de verte, Creevey. - ¿Te has muerto o qué? - Preguntó el chico, burlón. Él se irguió, pensando que estaba ante un niño de once años normal al que podía deleitar con un teatrillo, y se puso muy puesto. - Soy el fantasma del... - Solo estás en blanco y negro. Si fueras un fantasma, serías trasparente. - Suspiró. - Un buen Ravenclaw usa correctamente la imaginación. - El niño ladeó una sonrisa maliciosa y dijo. - Estoy de acuerdo. Ahora verás mi disfraz. - Marcus le miró extrañado. - ¿Tienes que subir a los dormitorios? - Ni de broma se fiaba de dejar a ese diablo solo en los dormitorios, pero lo único que hizo fue reírse y mezclarse en el tumulto.

Se colocó junto a Oly y, entre ambos, empezaron a explicar el juego para los niños. De repente, una serie de gritos de terror les interrumpieron y les hicieron mirar, asustados hacia el lugar del sonido. - ¡Esto sí que es un buen disfraz! - Bramó Creevey, que había salido de su escondite y... - ¡Oh, pero Ben! - Dijo Oly, espantada. Marcus también estaba un tanto horrorizado, por no hablar de que había niños aterrados a su alrededor. Una de ellas se había escondido detrás de las piernas de Alice automáticamente. - ¡Creevey! ¿Qué clase de disfraz de mal gusto es este? - Espetó. El chico abrió los brazos en cruz y se miró a sí mismo, orgulloso y con obviedad. - Soy un jugador de quidditch caído y atravesado por su propia escoba. - Desde luego que era una definición acertada. Debía haber hecho algún encantamiento de ilusionismo, porque tenía, literalmente, una escoba atravesándole el estómago, y parecía estar cubierto de sangre. El chico se llevó un dedo a la supuesta sangre y lo chupó. - Es mermelada de frambuesa. - ¿Cómo has hecho esto? - Preguntó Marcus con tono cuestionador. A otro se lo preguntaría con interés, pero se estaba viendo venir que aquello tenía muchas trampas e ilegalidades detrás. El niño se irguió, soberbio, y respondió. - Tengo mis propios trucos, prefecto O'Donnell. - ¡Ha hecho un hechizo convocador! - Chilló la vocecilla de Coraline, señalándole con un índice acusador. - Ha echado un accio a una de las escobas de la clase de Vuelo, lo he oído. - ¡Chivata! - Y ha echado un encantamiento que se llama Delusio Tenebrae, y la escoba se le ha puesto así. - Marcus echó aire por la nariz y avanzó hacia Creevey. Agarró el mango de la escoba con fuerza y tiró de él, provocando amagos de gritos a su alrededor, pero estos se cortaron cuando vieron al prefecto escoba en mano y a Creevey intacto.  - Un poco cutre para un Ravenclaw, ¿no crees? - Le picó, y quizás debería haber tomado nota, con semejante alborotador, de que picarle no era buena idea. El otro se puso aún más chulito. - Ni siquiera sabes cómo lo he hecho. - Lo que sé es que un alumno de primero no debería estar usando hechizos de cuarto curso, y menos aún con material escolar que no es suyo, además de un hechizo que, para simular que un objeto te ha atravesado de esa forma, sí o sí debe ser de magia oscura y peligroso para un chico de once años que apenas lleva dos meses cursando su educación mágica. - Para que veas lo bueno que soy. - Ya, ya veo como eres. - Le dijo, con los ojos entrecerrados, y alzó la mano de la escoba para despegarla ligeramente del suelo. - Una de dos: o reconoces que has cometido una ilegalidad con el hechizo convocador y el de artes oscuras por la cual tendría que restarte puntos ahora mismo y castigarte sin jugar, o peor, sin ir a la próxima clase de Vuelo, que me consta que es tu asignatura favorita... - El niño había tensado los labios. - O rompemos esta pantomima y dejas de asustar a tus compañeros. - Creevey entrecerró los ojos, apretó los dientes y cambió la mirada de sitio. - Lo imaginaba. - Resolvió Marcus, y acto seguido cerró fuertemente el puño que agarraba el mango de la escoba. Esta se desvaneció, dejando a todos con los ojos muy abiertos. - Lección que aprenderéis en el día de hoy: el Delusio Tenebrae es un hechizo-broma derivad, dicho sea de paso, de las artes oscuras. - Creevey soltó una pedorreta, pretendiendo ver que estaba exagerando, pero Marcus siguió. - Se invoca un hechizo cualquiera y se visualiza el objetivo a lograr con él, y acto seguido, se pronuncia la broma. Los presentes podrán ver como si se hubiera llegado a cumplir el objetivo que visualizaba quien lanzó el hechizo, pero no es más que una ilusión bastante mala. Ya habéis visto lo que he tardado en romperla. Vuestro compañero os ha hecho creer que había invocado una escoba y luego ha lanzado este hechizo, visualizando su supuesto disfraz, y todos lo hemos visto porque nos hemos dejado contagiar por el sonido del hechizo previo, aunque no lo hubiéramos percibido directamente, por cercanía. Estoy seguro de que, si en ese momento hubiera llegado aquí alguien que acabara de entrar en el Gran Comedor, hubiera visto a Creevey tan normal. - Le señaló de arriba abajo. - Bueno, cubierto de mermelada de frambuesa en todo caso. Como te pillen los elfos malgastando comida, vas a preferir que te regañe yo, créeme. - El chico seguía mirándole con inquina. Marcus se giró, seguro de sí mismo, y proclamó. - Bien. ¿Algún espectáculo más, o podemos comenzar con las dinámicas? -        
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Dom Feb 20, 2022 11:35 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Colin era lo más bonito que se había encontrado. Era como Marcus pero todavía más adorable, o más de lo que ella lo recordaba, y tuvo que contenerse mucho de achucharle cuando contó la historia con Amber, el pobre. — Gracias, Colin. el año que bien te hacemos uno a ti igual de chulo o más. — Cuando se iba miró a Marcus y se mordió el labio inferior. — Mira, me lo quería comer a besos de mono que es. Me recuerda a ti cuando eras así. — Ups, malinterpretable, pero ahora no podía retirarlo. Carraspeó y se removió en su sitio. — ¡Sí! Yo me encargo. — Dijo en seguida cuando le pidió ayuda para controlar y arbitrar, a ver si así dejaba un poco correr el asunto. Pero le dio la mano para ello, así que probablemente lleva una cara de colgada que no podía con ella.

Por supuesto, Creevey ya estaba preparado para dar la turra correspondiente y tratando de tirarle disfraz abajo a Marcus, pero ella le miró con la ceja alzada cuando aludió a su disfraz. — A ver qué diablura tienes ahora tú en la cabeza. — Pero bueno, atendió a lo demás, resolviendo en bajito dudas y jaleando un poco a la explicación de Marcus para extender el entusiasmo entre los niños. Pero entonces oyó el grito de Creevey y por un momento hasta a ella le dio un salto el corazón. En seguida entendió lo que estaba pasando, pero los niños estaban alteradísimos. Pasó las manos por los hombros de la niña que se había agarrado a ella. — Tranquila, tranquila… Que es un hechizo… ¿Ilusión? — Preguntó, mirando a Marcus un poco confusa, tratando de buscar respuestas. Marcus por lo visto tampoco lo sabía, porque se lo estaba preguntando, y aquello cada vez tenía peor pinta. ¿cómo se podía ser tan liante? Era peor que ella, y ya era decir. Y peor que su padre diría, porque es que el dichoso niño tenía mala idea.

Escuchó la explicación y miró a Creevey, cuestionadora. Ese niño era listo, demasiado para su edad, pero encima tenía una vocación por llamar la atención que no era ni medio normal. — Es un poco chapucero, la verdad. — Dijo sin más, a lo que el niño la miró ofendido. — ¡No lo es! — Pero entonces, Marcus se puso a enumerar las ilegalidades y cómo se hacía, con aquel tono severo y… Oh, por Merlín, ¿por qué le sentaba tan bien ponerse en ese modo? Es que… Hasta en blanco y negro estaba terriblemente atractivo, y juraría que cuando deshizo la ilusión de la escoba, algo se le removió por dentro. Tomó aire y trató de calmar su corazón. — ¡Venga, chicas! Hay que machacar a esos chicos. — Jaleó ella, moviendo a las niñas. — Vuestra prueba empieza por allí. — Y mientras las niñas se iban, se acercó a Marcus. — Te sienta muy bien el cargo y… Se te da de miedo echar broncas. — Dijo en tono susurrado, con una risita al final. Se alejó con cara pilla. — Igual… Cometo alguna ilegalidad… Para que me regañes a mí. — Cogió dos bombones invisibilizadores y se los comió, y mientras se desvanecía dijo. — Si los chicos ganáis os lleváis el premio, pero si ganan las chicas… El hada de los dulces tendrá que darte el de consolación… Tú sabrás O’Donnell. — Y, ya desvaneciéndose, se fue hacia donde estaban las niñas.

Llegó al lado de Oly y susurró en su oído. — Oly soy yo. — La chica parpadeó con una sonrisa. — ¿Yo quién? ¿Qué hechizo o alma? ¿Qué? Oly, soy Gal. ¿Estás en mi cabeza? — Si de verdad pensaba eso, ¿por qué respondía tan tranquila? — ¡No! Estoy invisible… Pero ahora se me pasa el efecto Ah, vale, vale, bien.Diles a las niñas que si encuentran la pista me pueden invocar, está justo ahí, y así me materializo. — La escenita tuvo el efecto deseado, y el espectáculo les encantó a las niñas. — ¿Y a dónde toca ahora, hada de los dulces? — Preguntó Coraline emocionada. — Pueeees, dejadme que mire… — Se giró y justo cruzó la mirada con Marcus al otro lado del pasillo y se rio, no sabía ni por qué, solo por mirarle. — ¡Eh! Hada de los dulces, ¿podemos echar una mano? — Dijo Hills apareciendo con Donna por ahí. — ¡Todo el mundo a seguir a Hillary, que me parece que tiene una pista más. — Dijo recuperando la conexión con la tierra y, muy a su pesar alejándose de Marcus otra vez, no sin antes hacerle un gesto con la varita porque sí, porque podía y quería.


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Lun Feb 21, 2022 12:39 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Echó aire por la boca. Esperaba, quería pensar, que Creevey estaba ya neutralizado. Se giró para comenzar y se topó con Alice diciendo a las chicas que "tenían que machacarles" y luego acercándose a él. La recibió con una ceja arqueada y media sonrisa ladeada. - Creía haberte pedido que fueras una árbitra objetiva. - Le dijo, con tono bajo. Amplió la sonrisa aún más hacia el lado, ahogando una carcajada en los labios cerrados. - Gracias. He tenido con quien practicar. - Eso había sido una indirecta que había sonado... ¿Melosa? ¿Por qué estaba usando ese tono con ella? Últimamente, a veces, se hablaban así. Era muy fácil hacerlo, entrar en ese juego, porque ahora Alice se estaba alejando con esa expresión y diciendo... Esas cosas, que solo hicieron que arqueara las cejas aún más, con una sorpresa muy sutil e impostada en el rostro. - ¿Es que quieres hacer enfadar a tu prefecto? - Preguntó, pero Alice aún no había terminado. Se mordió el labio mientras la escuchaba y... Oh, vaya. Su cerebro acababa de vibrarle en la cabeza y chocarse con todas las paredes. Dulces, Marcus. Es el hada de los dulces y el premio de consolación son dulces. Sí, mejor se seguía repitiendo eso a gritos, porque había otra vocecilla en su interior que... No había barajado como primera opción los dulces, precisamente.

Se quedó en esa misma posición, mordiéndose el labio, con los pulgares enganchados en los bolsillos de su pantalón, mirándola durante unos segundos. Se giró lentamente... Y casi se traga al maldito Creevey, que se había puesto en sus narices. - He oído eso que te ha dicho. - Marcus sonrió, sarcástico. - Muy bien. Ahora, usa esa atención para atender a las normas y en clase y serás un Ravenclaw como Merlín manda. - ¿Te vas a dejar ganar? - Preguntó, hiriente. Marcus soltó una carcajada socarrona. - Qué poco me conoces si piensas eso. - Y a ver qué puñetas hacía él entrando al trapo de semejante niñato. - Eso dicen, que tenías que haber caído en Slytherin. A mí también me lo dicen. - Suspiró. - ¡A ver, chicos, atendedme! En esta prueb... - Me caen bien las chicas. - Insistió Creevey, haciendo como que emulaba su pose de antes, colocándose los pulgares en los bolsillos del pantalón e irguiéndose, muy altivo. - Quizás las deje ganar. - Somos un equipo. Trabajaremos todos en equipo y... - ¡Eh, chicas! - Gritó el niño, llamando la atención de varias. Señaló hacia un lado y estas miraron, abrieron los ojos, aspiraron una exclamación y se fueron allí corriendo. Marcus le miró con los ojos muy abiertos y el ceño fruncido, alucinado. ¿¿Cómo sabía que había una pista ahí escondida para las chicas?? ¿Cuándo la había visto? ¿Cómo podía ser ese crío tan endemoniadamente espabilado y usarlo para lo malo?

Creevey se giró hacia él. - ¿Tú quieres que ganen los chicos, o que Alice Gallia te de un besito? - Arqueó una ceja. - Yo puedo ir a tope con el equipo, o puedo boicotearlo y que ganen ellas. - Puso una sonrisa malvada. - O también puedo hacerla rabiar tanto, y decirle que me mandas tú a molestarla, que se enfade contigo y, al final, ni una cosa ni la otra... - Espero, por tu bien, que no me estés chantajeando. - Cortó Marcus. Se giró al grupo. - ¡Vale, chicos! - Clamó, dando una animosa palmada. - ¡Tenéis la primera pista ahí colgada! ¡Rápido, que nos cogen la delantera! - Los chicos empezaron a moverse a toda velocidad y, cuando su entorno estuvo despejado, se giró a Creevey de nuevo. - Te recuerdo que puedo expulsarte del juego y ninguna de esas brillantes opciones que propones te va a ser posible. - ¿Seguro? ¿Te crees que no puedo boicotear un juego por estar fuera de este? Si quieres lo intentamos. - Comentó con una risa malvada. Marcus negó, mirándole incrédulo. - ¿Por qué te comportas de esta forma? ¿Qué ganas? - El otro se encogió de hombros. - Es divertido. - Dio un paso hacia él. - ¿Truco o trato, O'Donnell? Es muy de Halloween eso. - Se miró las uñas, haciéndose el interesante, y Marcus rodó los ojos. Menudo crío insolente, se creía un mago importante o algo... - Tú me das una cosa que yo quiero, y yo hago lo que tú me pidas, es decir: darle la victoria a los chicos o a las chicas, lo que prefieras. Créeme que puedo equilibrar la balanza. - Te veo muy seguro de tus capacidades, y me alegro. Pero no me vas a chantajear. - El niño le miró y amplió una sonrisa malévola. - Tú lo has querido. - Y, sin que lo pudiera atrapar, salió corriendo.

- ¡Eh, Evans! - Bramó a Colin, y este se giró. - ¡Esa pista es falsa! - ¿En serio? - Dijo el chico, desconcertado y mirando la pista en su mano. Marcus frunció los labios y fue a dirigirse al niño para decirle que no se preocupara, que era mentira, pero Creevey acababa de abrir otro frente. - ¡Alice Gallia es una infiltrada! ¡Chicas, os va a hacer perder, me lo ha dicho O'Donnell! - Se sacó una pista del bolsillo que Marcus no sabía en qué momento había cogido y bramó. - ¡Mirad, me la ha dado mientras estaba invisible! - ¿¿Invisible?? Pero ¿cuándo había sido eso? Estaba absolutamente desconcentrado, pero ahora las chicas estaban mirando a Alice con desconfianza y a él con odio. - ¡No hagáis caso, chicas, solo intenta desconcentraros! Vosotras a lo vuestro. - ¡Que rastrero, O'Donnell! ¡Me está utilizando, me ha dicho que os lo dijera! ¡El prefecto manipula! - Agarró al chico del brazo y tiró hacia sí para retirarlo de la zona de las chicas, apremiándole en un susurro enfadado. - Ya basta, Creevey. - El otro se echó a reír. - Entonces, ¿truco o trato? - Di ya lo que quieres y para quieto. - Estaba demasiado desesperado porque esa fiesta saliera bien y ese niño, al parecer, lo sabía y lo estaba usando como arma en su contra. Pero no podía permitir que la situación se le fuera más de las manos.

- Tus contactos. - Le dijo. Marcus frunció el ceño. - Estás en el curso de Andrew Corner, el guardián de Ravenclaw. El prefecto de Slytherin, Hasan Jacobs, es el capitán de su equipo, y buscador, que es lo que yo quiero ser. Tu hermano, Alexander O'Donnell, también juega en Slytherin, y es buenísimo el tío. Y eres amigo íntimo de la infancia de Peter Bradley, el mejor del equipo de Gryffindor. - Marcus estaba alucinando. ¿Cómo sabía todo eso en el poco tiempo que llevaba allí? - Quiero que muevas tus hilos de prefecto y que me consigas una prueba extraordinaria para entrar en el equipo de quidditch de Ravenclaw. - Eso hizo a Marcus soltar una fuerte carcajada. - Tres cosas. La primera: las pruebas ya han finalizado y la liga ha empezado, solo se repiten en situaciones tremendamente excepcionales, a saber, que se lesione el jugador titular y su sustituto y no haya nadie que les pueda suplir de quienes están ya convocados. La segunda: la edad mínima para entrar en el equipo de quidditch son trece años, es decir, tercer curso, y tú estás en primero. Y tercera y más importante: no pienso cometer una ilegalidad por un chantajito tuyo, ¿dónde te crees que has venido? Esto es el Colegio Hogwarts, no un clan de la mafia. -El otro le miraba impasible. - Pues entonces te voy a boicotear. - Espero no haber oído una amenaza a una figura de autoridad que, además, solo quiere hacer una dinámica dedicada expresamente para ti y para tus compañeros. - Dijo la voz de Arabella detrás de Creevey, haciendo que se le fuera el color de la cara automáticamente. El chico se giró. - Creo que tenemos que hablar, Benjamin Creevey. - Le miró a él y dijo. - Puedes seguir con tu dinámica, Marcus. Me consta que es estupenda. - Muchas gracias, señora Granger. - Dijo, respetuoso. La mujer asintió y le hizo un gesto al otro para que la siguiera. Creevey le miró, y antes de que se fuera, Marcus se acercó a él y le susurró. - Sí que tengo contactos. - El chico entrecerró los ojos, enfadado. - Esto no acaba aquí. - Y se fue, detrás de la mujer.

- ¡Vamos, chicos! ¡Que se demuestre que somos el equipo fuerte! - Animó, ya muy venido arriba, una vez se había deshecho de Creevey. Miró a Alice y se encontró con su mirada. Premio de consolación... Ts... Se mordió el labio de nuevo, y el gestito de su varita le hizo ahogar una risa. Aquello estaba siendo divertido... Muy divertido... - ¡Marcus! ¡Tengo esto! - Bramó Colin. Junto a él apareció también un chico de Gryffindor con otra pista. - Perfecto, y si unís esas dos y la otra que tenéis... - Le miraron, con los ojos como platos. Claramente no habían caído en cual era "la otra pista". Marcus abrió mucho los ojos, queriendo decírselo con la mirada, y se señaló a sí mismo. Un Hufflepuff se había unido al grupito y, rápidamente, le señaló. - ¡¡Eso es!! ¡Un fantasma! - ¿Me llamaban? - Dijo la ceremoniosa voz del Barón de Cauldron, apareciendo por allí. El fantasma dio más pistas y los chicos volvieron a las carreras, buscando cosas por allí como locos. - ¡Venga, venga, vamos, vamos! ¡Por allí! - Corrió, conduciendo a varios chicos de primero de diferentes casas, y al correr con ellos pasó por el lado de Alice. Dio un frenazo y se acercó a su oído solo para susurrarle. - Espero que el premio de consolación te sirva a ti también. - Le guiñó un ojo y, con una sonrisa de seguridad, echó a correr.         
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Lun Feb 21, 2022 5:41 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Sin venir a cuento, oyó cómo Creevey empezaba a chillar ya decir su nombre y le miró con el ceño fruncido. — ¿Cóóóómo? — Preguntó ofendida cuando la señaló como infiltrada. — Eso no es cierto. — Dijo Coraline saliendo en su defensa. — ¡Gal es el hada de los dulces! — Luego la miró a ella y negó con la cabeza. — Si es que no se entera. — La que no se enteraba era ella, que estaba intentando ver el objetivo de Creevey y por qué se la estaba liando tan fuerte a Marcus. No era simple venganza, aquel estaba intentando demostrar algo… Pero las niñas ignoraron pronto a Creevey, y Oly las jaleó. — ¡Vamos chicas! ¡Poder femenino! Demostrémosles a esos niños lo que somos capaces de hacer. — Y siguieron buscando con fruición. Pero ella seguía pendiente del desarrollo de los acontecimientos con Creevey y Marcus, que se vio completamente alterado por la presencia de Arabella. Pues claro, tonto, no s epued ellamar tanto la atención. Eso Gal lo aprendió antes gracias a tener una abuela que daba tanto o más miedo que Arabella. Y justo a tiempo, Marcus pasó por su lado y le susurró aquello. — Ni loca. Los premios esta noche los doy yo, fantasmita, para eso soy el hada de los dulces. — Y, mientras se iba, le tiró un beso y le guiñó un ojo.

Lo bueno era que Marcus pareció recuperar un poco la tranquilidad, y ella pudo irse detrás de las niñas. — ¡Gal! Perdón, hada, ¿cómo sacamos la siguiente pista? — Eso le hizo reír. — Pues a ver… Ahí hay un papel, ¿no? — Todas asintieron. — Sí, pero está en blanco. ¿Seguro? — todas asintieron. — Igual hay algún hechizo que os descubra algo. ¿CUAL CUAL? — Gritaron como pollitos en un nido, mirándla. — ¿Dónde lo habéis encontrado? Ahí en el candelabro. — Gal lo cogió y preguntó. — ¿Sabéis algún hechizo que convoque fuego? Incendio. — Dijo una de segundo. — Pues… Échalo. — La chica lo echó y Gal acercó prudentemente el papel a la llama, apareciendo unas letras allí. A mí no puedes engañarme, O’Donnell, te conozco demasiado bien, pensó con una sonrisilla, notando el cosquilleo que le provocaba saberse en un juego con Marcus. — Ea. Ahí está la prueba. — Y salieron corriendo de nuevo. Ella, discretamente se fue siguiendo a los chicos a ver si podía arañarle unos segundito a Marcus.

Se paró a observarlo ayudando a los niños y le miró con ternura. Qué bien se le daba, tenía miles de ideas, paciencia, ternura… Era perfecto, demasiado. Pero bueno… Estaban jugando, ¿no? Tampoco hacía falta plantearse la idoneidad de alguien como Gal para alguien como Marcus. Puso media sonrisa y se escondió detrás de una cortina. — Pssst. Prefecto. — Dijo en voz bajita, asomando solo la cabeza y haciéndole un gesto con el dedo para que viniera. — Yo también sé hacer acertijos, ¿sabes? Tengo uno para ti y solo para ti, a ver si eres capaz de jugar a dos cosas a la vez. — Alzó una ceja y miró alrededor. — Te voy a dar un acertijo sobre tu premio de consolación para cuando pierdas, porque mis niñas van a tope. Los dulces son para los niños, y para ti… — Se acercó un poco más y le susurró. — Algo inútil para uno, pero absoluto para dos. Del niño es un derecho, del joven deseo y del viejo un recuerdo. — Se separó y salió por el otro lado de la cortina corriendo. — ¡Adivínalo! ¡O no te lo daré! Y si tan seguro estás de que vas a ganar… — Dijo frenándose un poco y encogiéndose de un hombro. — Piensa tú uno para mí. — Y con un movimiento de la varita, salió corriendo, buscando a las niñas en el comedor.

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Lun Feb 21, 2022 6:58 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
- Por aquí por aquí por aquí... Nooooo por aquí por aquí por aquí. - Ahora sí que se lo estaba pasando bien de verdad, riéndose y abstrayéndose del estrés. No paraba de reconducir a los niños, poniéndoles las manos en los hombros y correteando, riéndose entre todos. - ¡Prefecto O'Donnell! ¡Que nos van a ganar! - ¿Cómo va a ser eso? ¡Contáis con el poder y sabiduría ancestrales de dos fantasmas! - Contestó, muy puesto, provocando que el Barón de Cauldron se viniera arriba también. Tenían ya bastantes pistas coleccionadas y en ello estaba, en animar a los niños y en recolectar pistas, cuando oyó que la chica le llamaba. Ladeó la sonrisa, se mojó los labios mirando a su alrededor y se acercó. - ¿Tanto tiempo de sobra tienes que puedes permitirte venir a hablar con el bando contrario? ¿O es otra estrategia para distraerme porque has comprendido que es la única forma de que ganéis? - Pero la chica quería plantearle un acertijo, y aún más, picarle viendo "si era capaz de hacer dos cosas a la vez". Soltó una carcajada y se cruzó de brazos. - Dispara. - Pidió, y entonces la chica lo lanzó, y no de cualquier manera, sino susurrándole, lo cual le puso los vellos de punta. Entornó los ojos para mirarla a los suyos. Vale, no estaba loco, definitivamente era un beso. Hasta el momento se estaba diciendo que el maldito Creevey había conseguido confundirle... Bueno, a quién quería engañar. La que le había hecho plantearse realmente si quería ganar o prefería "el premio de consolación" era Alice, y todo porque se le estaba yendo la cabeza a la noche de San Lorenzo y creía que había posibilidades de que dicho premio fuera ese... "Inútil para uno, absoluto para dos". Es que estaba clarísimo. Tragó saliva para disimular y puso expresión enterada. - Deduzco que ya no tengo el derecho gratuitamente porque no soy un niño... Pero el ser joven me hace tener... Deseo. - "Deseo", ah, esa palabra. También le recordaba demasiado a la noche de San Lorenzo. - ¡Pienso hacerlo! - Gritó a su espalda, con una sonrisa ladeada, cuando ella echó a correr. Por supuesto que pensaba hacerlo...

Un poco ido, y quizás pensando en lo que no debería, se giró para seguir con el juego y, al hacerlo, se topó con ese chico. Ah, maldito fuera, últimamente se lo cruzaba cada dos por tres. El Slytherin suspiró teatralmente, cruzado de brazos. - Ay, prefecto O'Donnell, qué rastrero por tu parte esto. Tienes al hada de los dulces con el útero chillando con ese aspecto de padrazo que me traes. - Cerró los ojos e hizo una mueca. Qué insoportable se le hacía ese vocabulario. - No tengo tiempo, McKinley, estoy en medio de una dinámica. - Por cierto. - Continuó el otro, ignorándole. - Estás monísimo con esa gama cromática tan fantasmagórica, dan ganas de decirte, ay, qué desperdicio de muchacho, que se ha muerto sin poderlo aprovechar. - ¡¡Prefecto, tenemos otra!! - Chilló uno de los niños, corriendo hacia él. Marcus celebró. - ¡Wow, impresionante! Seguid así, ¡esto está ganadísimo! - Oye, a lo mejor te conviene lo del premio de consolación, ¿eh? Ahí lo dejo. - Soltó Ethan. Menos mal que el niño no le escuchó, estaba demasiado ocupado saliendo corriendo a resolver. Marcus suspiró y le miró con cansancio. - ¿Vienes como sustituto de Creevey? - El otro soltó una carcajada. - Ya quisiera ese criajo tener mi elegancia y mi andar sibilino. Aunque eso sí, mala leche tiene un rato. - Se retiró de él un paso para abrir los brazos en cruz. - ¿Es que no me dices nada de mi espectacular disfraz? Me ofendes, creía que tenías muy buen gusto para los atuendos. - Marcus le miró de arriba abajo. Llevaba un traje bastante llamativo y brillante, una camisa con volantes, guantes y un bombín, así como unos zapatos que podrían verse desde su dormitorio. - ¿Y exactamente vas disfrazado de...? - El otro se tiró de las solapas. - Maestro de ceremonias, rey de la carpa, como quieras llamarlo, de un circo de los horrores. - ¿Dónde pone que sea de un circo de los horrores? - En que estamos en Halloween, hijo mío, tiene que ser de algo terrorífico. - A mí más bien me parece que necesitabas una excusa para llamar la atención, pensó, pero prefirió no darle más bola al asunto. Igualmente Ethan no la necesitaba, porque siguió. - Así que ya sabes, voy buscando... - Puso la mano en lo que parecía un látigo que llevaba enganchado en la cintura y se acercó a él. - ...Alguna criatura que se deje domar. - Marcus frunció el ceño con una mezcla entre extrañeza y desagrado en la cara. No sabía si estaba entendiendo por dónde iban los tiros de Ethan y algo le decía que prefería seguir sin saberlo.

- En fin. - Dijo el otro. - Te dejo con tus polluelos, don prefecto. Y yo... - El chico miró alrededor y Marcus lo imitó. Ambos fueron a recabar la mirada en Darren Millestone, ese chico de Hufflepuff que el año pasado le ayudara con la broma. ...Lo dicho, voy a buscar alguna criaturilla interesante y... Potencialmente domable. - Miró a Ethan, y este seguía con los ojos clavados de Darren. Marcus miró de nuevo al Hufflepuff. Estaba hablando muy animadamente con Donna porque, al parecer, ambos habían coincidido en el disfraz, solo que Donna era una dragona azul y Darren tenía las escamas en tonos amarillos y negros, muy a juego con los colores de su casa. - Y estoy viendo un dragoncito que está llamando muuuucho mi atención. - Y, sin más, se fue, y Marcus sintió como si acabara de presencial como un polluelo se metía dentro de las fauces de un león y no hacía nada por sacarlo. Pero, hablando de polluelos y como Ethan bien les había llamado, tenía muchos por allí llamando su atención, así que esperaba que Millestone supiera cuidarse bien solo.

Tenía que centrarse en el juego, demasiadas distracciones, y ahora, encima, ese acertijo de Alice rondando su cabeza. Si la solución era la que creía... Lo quería, y maldito fuera, porque algo dentro de él le decía que no debería quererlo, que tenía que centrarse, que perder a posta y hacer perder a un equipo entero para llevarse un beneficio personal no era ético. Por no hablar de que Marcus era muy orgulloso y, por supuesto, quería ganar. Quería que los chicos ganaran. ¡Ah! Y le había dicho a Alice que arbitrara, y la muy malvada se había puesto descaradamente del bando de las chicas. Le estaba manipulando, sí sí, claramente lo estaba haciendo para distraerle. ¡Pues se iba a enterar! Pensaba ganar esa dinámica como que se llamaba Marcus O'Donnell.

Por esto, en cuanto tuvo la oportunidad, aprovechó que Alice estaba distraída con una de las pistas y pasó por detrás de ella. - No eres tan discreta como te crees, Hada de los Dulces. Por muchas cortinas que uses para esconderte. - Se detuvo junto a ella y la miró con una sonrisa ladina y una ceja arqueada. - Y este prefecto siempre tiene un ojo abierto para ver donde te encuentras. -Se irguió. - Yo también sé dar premios de consolación, aunque sea a traidoras a las que se le pidió una postura neutra y se han pasado al bando enemigo. - Yo quiero seguir siendo tu amiga, Marcus. - Dijo la voz penosa de Coraline, que debía haberle escuchado. Rápidamente trató de arreglarlo con ella. - Ya, Cori, no te preocupes, es solo una broma que tengo con el Hada de los Dulces. Claro que somos amigos. - La chica dio un saltito, sonriente y conforme, y se fue por allí para seguir jugando. Vale, tenía que retomar el hilo, ¿por dónde iba? - Tengo un acertijo para ti sobre mi premio. - Y ahora fue él quien se acercó y susurró. - Es algo que ya te di la última y única vez que hemos estado junto a los cuatro elementos. - Se separó, ampliando la sonrisa dibujada, y caminó hacia atrás para alejarse. - Tu turno, Gallia. Tú decides si quieres ser la imparcial y justa Hada de los Dulces y confiar en el honor de este fantasma... O si prefieres hacer una de las tuyas. La traición a un prefecto podría pagarse cara. -
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Lun Feb 21, 2022 10:06 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Entonces, ¿hay que echar un hechizo tejedor? — Gal alzó las cejas. — Pues eso parece, si queréis unir todas las piezas… ¡Pu..! O sea, hadita mía. — Bien. Ethan controlándose delante de las niñas. Si no, como alguna se escandalizara y Marcus se enterara, drama. — Mi querido Ethan. — Saludó ella. — Toma un pastelito. ¿Viene aliñado? — Preguntó antes de empezar a comérselo. Ella le miró mal. — Como te oiga Marcus… — Él se rio y entornó los ojos. — Ay, nena, tú es que tienes una obsesión en la vida. Y te has vestido como…Como el hada de los dulces. — Aseguró una niña de Hufflepuff, que estaba ahí ayudado a tejer las pruebas. — Exactamente así, cariñito. No veas si es dulce ella. — Ethan bajó el tono y dijo. — Quién querrás de te de un lametón… — Ella le dio en el brazo. — ¡Ethan!Me vas a gastar el nombre chica. — Se echó para atrás y extendió los brazos. — Anda, dime, ¿cómo me ves? — Ella rio y dijo. — Tan excesivo como siempre, me encanta. — Él se acercó y dejó un beso en su mejilla. — Ese es mi putón. — Alzó la voz y miró a las niñas. — ¡Chiquis! La otra pista está ahí. Chicas al poder siempre, yo me encargo de los chicos. — Y ya se le revolucionaron todas las niñas, miró con cara de circunstancias a Ethan y él rio, yéndose. — Quién me lo iba a decir a mí… Mi putón rodeada de niñitas monísimas… Quién la habrá convencido… No tienes idea buena. — Le gritó mientras se iba detrás de todas.

Estaba ayudándolas a resolver el código de aritmancia sencilla que les había puesto (haciéndose un poco la loca, porque si no, se acababa el juego) cuando apareció por allí Marcus, distrayéndola claro. — Sigo siendo escurridiza. — Dijo en el mismo tonito, contenta de que le hubiera seguido el juego. — Tú me dijiste que las chicas se enfadaban y lloraban, y yo estoy arbitrando para que tal cosa no ocurra. — Pero Coraline se metió en la conversación y ella tuvo que taparse la boca para no reírse en toda su cara. Pobrecita, que cuqui era. — Todos somos amigos, Cori. ¡Uy! Corre, que Laker tiene otra prueba. — Y aprovechando que se iba, se giró a Marcus y escuchó el acertijo. Alzó la ceja y puso media sonrisilla. — No sé de dónde vas a sacar lavanda seca en Inglaterra en octubre… — Dijo entornando los ojos y haciéndose la loca. — Pero presiento que me interesa ese premio… Llámalo intuición.— Terminó con una sonrisita sibilina. Corrió hasta él y lo arrastró hasta sí, apartándose en el último momento, pasando por su lado y susurrando. — ¿Quieres neutralidad? — Se giró a las niñas. — ¡Chicas! El prefecto O’Donnell para vosotras solitas.¿Marcus está en nuestro equipo? — Dijo Coraline con ojos brillantes. Gal asintió. — Sí, nos intercambiamos. — Se acercó de nuevo a su oído. — A ver qué haces ahora. — Caos Gallia, le hacía un poquito de falta en aquella noche tan cuadriculada.

Llegó corriendo a donde estaban los chicos y Colin la miró desconcertado. — ¡Gal! O sea… Hada de los Dulces… ¿Dónde está el prefecto O’Donnell? Hemos cambiado posiciones, a ver cómo van mis niños y qué podemos aportar el uno en el equipo del otro. — Uno de Hufflepuff saltó muy ilusionado. — ¡Eso es superbonito! ¡Ayúdanos, Hada! — Y le empezaron a traer pistas y llover teorías, pero Colin puso un poco cara de pena. — Pero entonces el prefecto O’Donnell… ¿Ahora está en nuestra contra? — Gal acarició los rizos del niño y le sonrió con ternura. — No, Colin, si Marcus y yo solo somos árbitros. Nos vamos cambiando porque así vamos variando de puntos de vista. — El chico movió lso ojos y al final dijo. — ¿Se alegrará igualmente si ganamos? ¡Pues claro que sí! Va a estar orgullosísimo de ti. — Eso puso una sonrisita en aquella cara tan tremendamente mona y no pudo evitar proponerse ahora que ganara el equipo en el que estuviera aquel angelito. Vaya si le había salido redondo el negocio. — ¡Venga! Todo el mundo al Gran Comedor, que allí están las últimas pistas y el ganador final. — Jaleó con alegría.

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Lun Feb 21, 2022 11:45 pm por Freyja

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Encogió un hombro. - Los prefectos tenemos muchos recursos. - Honestamente, ni había caído en la lavanda. Pero que Alice siguiera pensando que era lavanda lo que quería darle, o haciéndole creer que no sabía a la perfección que ambos hablaban del mismo premio. - Es que las hadas sois muy intuitivas. - Bromeó. Se estaba alejando de ella cuando, de repente, su amiga la escurridiza le hizo una maniobra inesperada, inesperadísima. Y no se refería a agarrarle y pasar por su lado precisamente, no.

- Espera, ¿qué? - Preguntó, aturdido, pero de repente estaba rodeado por un montón de chicas que le preguntaban por más y más pistas. Y, con todo y con eso, no desconcentraba aquello tanto como el susurro de Alice en su oído. La miró con los ojos entrecerrados mientras se alejaba. - Las hadas no deberían ser tan tramposas. - Comentó, pero si quería que se encargara del grupo de las chicas, eso pensaba hacer. Ahora sí que tenía ganas de ganar.

- Está bien, chicas. - Dio una palmada y se inclinó, con todas rodeándole y mirándole con los ojos abiertísimos, como lechucillas atentas. - Decidme todo lo que tenéis. - Mala idea. Empezaron a hablar todas a la vez. Se aturdió un poco, pero vio algo que iba mucho, muchísimo con él, porque él lo hacía siempre. Esbozó una sonrisa y la señaló: una chica con la mano levantada. Una chica a la que conocía bastante bien a esas alturas. - ¡De una en una! Empieza Amber, por haber levantado la mano. -Gracias, prefecto O'Donnell. - Respondió la niña de segundo, muy correcta. - En primer lugar, quisiera saber si Alice Gallia, o el Hada de los Dulces como ha pedido ser llamada en repetidas ocasiones, y tú, el prefecto O'Donnell o su fantasma en este caso, habéis tenido algún tipo de fricción que pueda perjudicar a la dinámica del juego. No querría estar esforzándome para nada. - Las niñas se habían quedado mirándola en silencio, parpadeando sin comprender. Quizás no había sido tan buena idea darle a Amber Ming el turno de palabra. - Descuida, solo estamos bromeando. - Tengo dificultades para entender las bromas. - No hace falta que lo jures, pensó. Ya le había quedado claro con la historia del pobre Colin sobre su ansiado disfraz de sal y pimienta. - Me tranquiliza, entonces. En ese caso... - Y ya sí, hizo una exposición exhaustiva de todas y cada una de las pruebas recopiladas, tanto que se les estaba yendo el tiempo solo en escucharla, por no hablar de que estaba matando bastante el ánimo.

Y, como cada vez que alguien mataba el ánimo, ya veía el ser más luminoso de la tierra a recomponer la situación. - ¡Pero si es mi Marcusito! ¡Holi! ¿Ya te la ha liado Gal? Ay, como sois. - Dijo Oly entre risas. - ¡Yo creo que vamos ganando! ¿A que sí, chicas? - Sííííí. - Yo creo que ni siquiera sabéis como va el otro equipo, pero bueno. Para Oly era un triunfo todo, consideraría que iban ganando solo por el hecho de estar allí. Para Marcus esto no era suficiente, él quería ganar de verdad. Apenas se le notaba la vena Slytherin. - Esto es lo que vamos a hacer. - Y, con mucho entusiasmo y ánimo, aligeró las pistas de las chicas, mirando de reojo al otro equipo, y empezó a delatar donde estaban los puntos débiles de los chicos. Vale, quizás estuviera siendo un poco traidor, pero... Los niños iban a llevarse todos un premio igualmente. Y él también quería el suyo... Puede que se estuviera involucrando en el jueguecito un poquito de más.

- ¡Vamos vamos vamos! - Dijo mientras corría, con todas las chicas detrás y Oly dando saltos junto a ellos y tocando una pandereta que Marcus podía jurar que no tenía ni la más remota idea de dónde la había sacado. Se estaban acercando cuando, con pavor, vio como Alice, seguida de todos los chicos, corría hacia el centro también. - ¡¡VAMOS, CHICAS!! LOS TENEMOS. - ¡¡¡SON LAS CHICAS!!!! QUE VIENEN. - Dijo uno de los niños, y las chicas empezaron a jalear más fuerte. Iban a toda velocidad, quizás deberían medirla o habría un choque de trenes en el centro del Gran Comedor. - ¡¡Rápido, Úrsula, vamos!! - Azuzó a Úrsula Laker, a la que había detectado como la más espabilada de primero y quien llevaba la prueba final en las manos. La chica dio un fuerte spring, mientras que el chico portavoz del otro equipo hacía lo mismo, pero ella fue más rápida. Lanzó el papel al interior del cáliz y este lanzó una fuerte humareda que dibujó unas palabras en el aire: "enhorabuena, equipo de las chicas". El clamor de estas se debió escuchar por todo el castillo. Entre los saltos de júbilo y las vítores a las que él se sumó como el que más, Coraline dio un salto y se le encaramó como un koala. - ¡¡Hemos ganado, Marcus!! - ¡Las chicas sois las mejores! - Menudo vendido, pero Alice le había regalado la victoria en bandeja poniéndole en ese equipo. Se pensaba regodear. - ¡Le diré a mamá que he ganado un juego que has hecho tú y que estabas con nosotras y para que se lo diga a tu padre que eres el mejor! - Eso le hizo reír. Coraline era la hija de una compañera de trabajo de su padre, lo sabía porque la conoció fuera, cuando ella era muy pequeñita, y porque la niña se había encargado de recordárselo casi a diario desde que entró en el castillo.

La dejó en el suelo y, con el pecho hinchado como un pavo, se dirigió hacia Alice. - Oooh, vaya, ¿el Hada de los Dulces se ha arrepentido de cambiarse de equipo? - Pinchó. Ladeó la cabeza. - Igualmente solo estaba arbitrando ¿no? No le importará que yo haya llegado primero. - Dio un paso hacia ella. - He ganado. Ha sido la sabiduría ancestral, te lo advertí... ¿Sigues queriendo el regalo de consolación o...? - Por el lado de Alice apareció Colin, mirándole muy apenado. No quería dejar el jueguecito que se traía con su amiga, pero es que ese chico le conmovía. - ¡Ey, colega! Qué tristón. No te preocupes, hay premios para todos. - El niño negó. - No estoy triste por perder, me lo he pasado muy bien. Y me alegro por Amber, está muy contenta. - Marcus miró a la chica. Era, literalmente, la única del grupo femenino que no estaba saltando de alegría, sino con una expresión bastante neutral, parada en mitad de todo el jolgorio, mirando a Oly como si intentara comprender por qué estaba tocando una pandereta. No sabía en qué se basaba Colin para decir que estaba contenta, pero bueno. - ¿Entonces? ¿Es porque me he ido del equipo de los chicos? - El niño volvió a negar. - Me ha dicho el Hada de los Dulces que en verdad estáis todos con todos. - ¿Y por qué tan triste, entonces? - El niño arrugó los labios y, tras pensárselo unos segundos, se lanzó hacia él y le abrazó con fuerza por la cintura. - ¡No quisiera que te convirtieras en un fantasma! Yo quiero que estés vivo. - Le abrazó automáticamente, pero compuso una expresión totalmente conmovida, mirando a Alice con complicidad justo antes de agacharse para abrazar mejor al chico. - ¡Pero colega! Que no me he muerto de verdad, que solo es un disfraz. - El niño seguía con carilla apenada. - Ey, cuando volvamos a la habitación, te cuento una broma muy guay que le hice a mi amigo Sean el año pasado que te vas a reír un montón, para que entiendas este disfraz. - Pero no te mueras, ¿vale? - Eso le hizo reír. - Lo intentaré. - Dijo, revolviéndole los rizos. Colin se contentó y se fue, y Marcus, volviendo a ponerse de pie, se acercó a Alice. - Apuesto a que más de uno sí que querría que tu disfraz fuera permanente. - Echó un vistazo a la cesta. - Premio de consolación no, porque he ganado, por si no te has dado cuenta. Pero podrías darme un pastelito, ¿no? -
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Mar Feb 22, 2022 5:31 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
— ¡CHICOS VENGA! ¡ESTO ES VUESTRO! — Les jaleó. La verdad es que Marcus les había llevado por el muy buen camino, pero, para cuando quiso darse cuenta, vio a esa lagartijilla de Ursula Laker llegar corriendo al cáliz, que proclamó ganador al equipo de las chicas. Los chicos se apenaron y empezó a oír bufidos de desacuerdo, así que era momento de hacer su magia. — Eh, eh, chicos, ¿pero en qué equipo está el Hada de los Dulces, vamos a ver? — Entonces, como quince caritas ilusionadas se giraron hacia ella en plan “ES VERDAD” y ya el espíritu general cambió bastante. Empezó a repartir los dulces entre risas, preguntando por los favoritos, cortando de raíz las posibles disputas y haciendo sus bromitas, manchándoles la cara, levitando los caramelos y haciéndoles reír, a todos menos a Colin. Se levantó y se acercó a él. — ¿Qué te pasa, Colin? ¿Estás triste por haber perdido. — El chico negó con la cabeza pero sacó un pucherito. — No me hace gracia Halloween. Me asusta, y todos se ríen, y yo lo paso peor. — Gal le recogió la cara entre las manos. — Ey… Pero no estés triste… Que no pasa nada. ¿A que yo no te doy miedo? — Él negó, pero no levantaba la cara. — ¿Quieres ver a Marcus? — Con Colin esa siempre era buena opción y de hecho, el niño asintió con un pucherito. — Voy a buscarle, ¿vale?

Pero claro, su amigo estaba en plena euforia ganadora y a ver quién era el guapo que le bajaba de ahí. Y qué bien le sentaba ganar, si es que le cambiaba la cara completamente. Y claro, con el jueguecito que se habían traído, venía él muy dispuesto. Y odiaba bajarle de esa nubecita especial de ellos dos, y ya llevaba la cara de “corta corta, que Colin…” Pero ya se presentó él solo, lanzándose a abrazar a Marcus. Y no podía evitarlo, es que se moría de amor con ellos. — Oooooy Colin, no, cariño, si está perfectamente… — Se rio con ternura a lo de no te mueras. — Que no, tú tranquilo que el Hada de los Dulces le cuida. Toma. — Dijo rebuscando en la cesta y tendiéndole una varita de chocolate y caramelo. — Son tus favoritas, ¿verdad? — Colin asintió. — Venga, vete tranquilo. — Y, ya solucionado el tema del chico, podía quedarse tranquila con Marcus.

Entornó los ojos al tirito de Marcus sobre su disfraz. — ¿Porque así sería el mejor amigo del Hada de los Dulces y así tendría acceso directo permanente a todas las chuches que se le antojaran…? ¿O porque a ese alguno le gusta el disfraz? — Puso su media sonrisilla traviesa, porque es que no lo podía evitar, le encantaba aquel jueguecito. Deslizó la mano a la cesta lentamente y buscó un pastelito de arándanos. — Azul Ravenclaw, aunque debería dártelo del color de tu vena dominante ahora mismo. — Bromeó. Le tendió el pastelito y lo retiró en el último momento, alzando el dedo índice. — No, no, no… Tú serás el ganador, pero a mí se me ha prometido un premio de consolación. — Puso una expresión todavía más pícara y quizá con un puntito tentador. — ¿Dónde está mi lavanda seca? ¿O con qué lo vas a sustituir si no lo tienes? — Susurró en tono aterciopelado pero, ciertamente íntimo y retador.

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Mar Feb 22, 2022 11:26 pm por Freyja

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- No he dicho que ese uno necesariamente sea yo... - Comentó, con una caída de ojos. - Pero sí. - Amplió la sonrisa de oreja a oreja. - Es que así estás... Muy dulce. - Le guiñó un ojo muy cómica y exageradamente. Se ponía muy tonto cuando ganaba. - Sí que me gusta el disfraz... Aunque si me pones en comparación el disfraz con tener dulces infinitos a mi disponibilidad siempre que quiera... - Comentó, haciendo gestos con las manos como si fuera una balanza que se equilibraba claramente hacia el lado de los dulces.

Ya se estaba relamiendo solo de ver el pastelito. Rio un poco por la referencia a los colores y alargó la mano para cogerlo, pero Alice lo retiró. Eso le hizo arquear una ceja, con media sonrisa y los labios entreabiertos, fingiéndose sorprendido. - Vaya. Ahora resulta que los perdedores se llevan los premios antes. ¿Dónde se ha visto a un ganador rogando por su premio? - Chasqueó la lengua y bajó la mano que no había podido acceder al pastelito. Pero Alice dijo lo de la lavanda seca y él ladeó la cabeza, con una sonrisa ladeada y de victoria. - Así que lavanda seca... ¿Esa es tu respuesta definitiva? ¿La solución a mi acertijo? - "O con lo que lo vas a sustituir". Si estaban en la misma sintonía, y juraría que sí, y no siendo Alice ninguna tonta porque ya se conocían muy bien, debía saber de sobra que no era precisamente lavanda seca a lo que él se refería, solo que no se lo quería decir directamente, como no le había dicho directamente lo que quería darle sino por medio de un acertijo. Astuta... Pero no tanto como él.

- Es curioso... - Comentó, agarrándose las manos tras la espalda y comenzando a caminar, lentamente, pasando de largo de Alice y de todo el tumulto. Puede... Que en dirección a fuera del Gran Comedor. - Con esa referencia a la lavanda seca me hace pensar que has adivinado a lo que me refería con la vez en la que estuvimos ante los cuatro elementos. - Iba pasando la mirada por el entorno mientras hablaba, como quien no quería la cosa, saludando con gestos de la mano o la cabeza a quienes le iban saludando a él. - Agua, claramente, por el mar; aire, por la brisa marina, sé de alguien que tuvo que ponerse una chaqueta y todo. - Bromeó. - Fuego, por los fuegos artificiales que se estaban lanzando cuando llegamos a la playa, obvio; y tierra... Claramente, la arena sobre la que... - La miró, con los ojos entornados. - Nos sentamos. - Ya. "Se sentaron". Volvió a mirar al frente y se mojó los labios. - Sí que te di lavanda seca ese día... Aunque creo recordar que no fue lo único. Quizás... Te he puesto el acertijo demasiado difícil, claramente no te acuerdas. - La picó. Ya se estaban acercando a la puerta del Gran Comedor cuando se giró. - Quizás debí precisar que nosotros estábamos presentes, así como los cuatro elementos... Pero nadie más. Y que, quizás, para poder darte dicho premio, haya que... Replicar la circunstancia en la medida de lo posible. -
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Miér Feb 23, 2022 1:05 am por Ivanka

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Puso cara de falsa ofensa, se cruzó de brazos y negó con la cabeza. — Debería haberlo sabido. — Dijo con un suspiro. — Dulces antes que Alice… — Pero se echó a reír inmediatamente después. Jugueteó con el pastel en su mano y paseó los ojos por el techo, haciéndose la loca. — La lavanda seca no era ni la primera opción… Pero me costaba pensar en esa opción como la correcta. Porque… ¿No sería una tremenda coincidencia que justo hubiésemos pensado lo mismito? — Dijo exagerando el tono de sorpresa. Sí, querían besarse, lo tenía muy clarito, pero… ¿Cómo iban a besarse así sin más? En Hogwarts, en Halloween… ¿Y luego qué? Que a ver, en La Provenza lo podía justificar, pero… ¿Cómo se lo iba a explicar a sí misma y a Marcus estando allí…

Bueno, pues le daba igual, porque conocía a Marcus, y aquel le estaba entrando al trapo como que ella se llamaba Alice Gallia. Fue caminando a su lado como si tal cosa, con la sonrisita plantada en la cara como si no pasara nada. — Efectivamente. En ese momento justo estaba pensando. — Levantó la ceja a lo de “nos sentamos”. — A ver quién es el que no se acuerda de según qué cosas. — Dijo, picajosa. Se tumbaron. Bajo el cielo estrellado más maravilloso que hubiera visto en su vida, un sueño. — Marcus. — Dijo parándose de golpe y mirándole, aunque sin perder la sonrisa. — Si ahora mismo cerrara los ojos, podría ver cada segundo de esa noche como si lo estuviera viviendo ahora mismo. — Y aquello le había salido directo del corazón, pero en fin, qué más daba ya.

Estaban en la puerta del comedor, y con su última respuesta, le había dejado muy clarito qué derroteros llevaba el juego, así que ella miró a los lados moviendo los ojos y, tras comprobar que no les miraban, tomó la mano de Marcus y tiró de él hacia afuera. En el vestíbulo seguía habiendo gente, pero no tenía prisa, ella también quería jugar. — Es una buena precisión, sin duda… — Levantó un poco el hombro de lado. — ¿Pero cómo vas a replicar los elementos? — Levantó la mano y la pasó por encima de un candelabro. — Por aquí veo fuego… Y si nos acercamos a la ventana hay aire, ¿pero qué vas a hacer con el agua y la tierra? — Se rio un poquito y tiró de él hacia el lateral de las escaleras… — Aunque creo recordar que quedamos en que tú eres la tierra y yo el aire… — Lo dejó muy cerca de ella y soltó su mano, quedándose simplemente mirándole a los ojos. — Tú el agua… Y yo el fuego. — Susurró. Y entonces ladeó la sonrisa y le dejó el pastelito en la mano. — Disfrútalo, campeón. Y no solo por haber ganado con las chicas, si no por haber montado la fiesta más guay de la historia de Hogwarts. Si esta es la primera, no sé cómo de guay va a ser la última. — Ladeó la cabeza y dejó caer los párpados. — Está tan dulce como el hada que te lo da.

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Miér Feb 23, 2022 5:18 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Arqueó la ceja, de nuevo fingiendo sorpresa, cruzándose de brazos. - Ah, que ahora das como respuesta opciones que no son ni la primera. - Comentó en tono burlón. Puso una artificial expresión pensativa. - No sé... Solemos pensar parecido. A mí no me parece tan raro... - La miró, de nuevo con la ceja arqueada. - Pero ¿seguro que es lo mismo? Aún no tengo certezas sobre lo tuyo... Pero, si es lo mismo que lo mío, ya me das pistas... O al menos me da pistas sobre lo que estás pensando... O sobre que estás muy equivocada, quién sabe... - Estaba tan subido con su victoria, y con el hecho de saber que, efectivamente, ambos querían un beso del otro como premio, que se permitía el lujo de liar a Alice con palabrería. Era su forma de jugar con ella, ya no eran dos niños que correteaban por ahí, ahora disfrutaban jugando de otra manera.

Rio entre dientes cuando le dijo que si no se acordaba. No, qué va. Dudaba que se le fuera a olvidar esa noche en toda su vida entera, recordaba cada segundo que habían vivido. Y no era el único, al parecer, porque mientras caminaba con su seguridad y su victoria, Alice se le paró delante y le soltó eso mismo, lo mismo que él había pensado, haciendo que el corazón le golpeara fuertemente en el pecho. Se quedó mirándola tan congelado que ella tuvo que tirar de él. No sabía ni por qué se molestaba en jugar a llevar él el timón de los juegos, si Alice siempre acababa llevándole donde quisiera, y él dejándose llevar con mucho gusto. Escuchó sus palabras, esa especie de reto, y ladeó lentamente una sonrisa. - Yo soy el agua. Y yo soy la tierra. - Contestó, seguro, y con esa voz que solo usaba para hablar con ella. Justo eso mismo reconoció ella, después de tirar de él una vez más y de quedarse bastante cerca. Miró de reojo a los lados. Había gente, pero tampoco tanta, y todos estaban distraídos. No le parecía... Una situación demasiado mala, dentro de lo que cabía, para besarse, aunque fuera un poquito. Porque, en fin... Solo se habían besado dos veces, y no era como que debieran hacer de eso una costumbre, creía. No eran... Más que amigos, los mejores amigos, pero amigos. No es lo que los amigos hacían, pero... Ellos eran Marcus y Alice. Se entendían. Y le apetecía, a ambos les apetecía. Y había sido genial las veces anteriores. No era malo, entonces, ¿no?

Rio un poco cuando le dio el pastelito y se irguió, orgulloso. - Gracias. - Suspiró levemente, rodando los ojos. - Voy a reconocer contigo, y solo contigo... Que se me ha ido un poco de las manos. - Alzó los ojos hacia la puerta del Gran Comedor. - Creo que he planteado más cosas de las que podía abarcar, y que Jacobs se ha guardado las ganas de estrangularme varias veces... Y se me han quedado cosas pendientes por hacer. - Entornó los ojos hacia ella. - Y aunque esté disimulando bastante... Me sigue martilleando en la cabeza pensar qué pueda estar pasando ahí dentro y esté fuera de mi control. - Sonrió levemente. - Aunque no esperaba contar con la aparición del Hada de los Dulces. Me ha ayudado bastante. - Bajó los párpados. - Muchísimo. Como siempre. - Volvió a subir la mirada y amplió la sonrisa. - Pero este juego lo he ganado yo. - Y, tras la reafirmación de la victoria, dio un gran bocado al pastelito. Se mojó los labios, mirándolo. - Buenísimo. - Seguía con hambre, y eso que se había inflado de comer, pero cuando estaba nervioso el hambre no solo no se le quitaba, sino que le daba más. Mientras se relamía para quitarse el glaseado, pasó un dedo por este y dijo. - Deberías probarlo. - Y, antes de que le pudiera esquivar, le manchó la nariz. - Ups, perdona, he apuntado mal. - Se echó a reír y se chupó el dedo. - Ya en serio... - Le acercó el pastelito a los labios con una sonrisa ladina. - Un bocadito de parte del campeón... Mientras llegamos a término con ese premio, que aún no está muy claro si nos referimos a lo mismo o no. -
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Miér Feb 23, 2022 8:55 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Le miró con dulzura y negó con la cabeza. — No tienes por qué dármelas, llevo diciendo mucho tiempo que iba a ser la secretaria del prefecto, para asegurarme de que no se desborda… De que puede volar más alto cada vez. Recuerda que mi palabra favorita es “más”. — Rio recordando el San Valentín anterior y mordiéndose el labio inferior. Había tantas cosas que solo entendían el uno del otro… Se tuvo que reír con lo del control y dijo. — Qué pena que solo haya siete prefectos más que pueden vigilar para que tú te escapes un poquito… También te mereces estar un poco tranquilo… Disfrutando un merecido descanso… — Dijo con tono inocente, aunque los dos sabían que si estuvieran haciendo algo inocente no habrían tenido que salir del Gran Comedor.

Se rio al verle comerse el pastelito, porque no cambiaba su glotonería, si acaso iba a más con los años. No pudo evitar mirar sus labios mientras se los lamía. Qué bonitos los tenía, qué bonito era todo él, aunque estuviera en blanco y negro… Tan absorta se había quedado en admirarle que no se vio venir que le iba a manchar con el glaseado. — ¡Prefecto O’Donnell! ¡Se supone que el maduro y responsable aquí eres tú! — Rio, limpiándose la nariz. Se chupó ella también el dedo y le miró con la ceja alzada. — ¿Has apuntado mal? ¿Dónde querías darme? — Uf ya se habían metido en ese modo otra vez… Se arrastro un poco por la pared, acercándose a Marcus un poco más, sin dejar de mirarle a los ojos. — No quiero ese premio. Quiero el que me has ofrecido tú. — Dijo mirando el pastelito y volviendo a alzar la mirada. — Quiero lo que me diste en la playa, después de la lavanda… — Movió la mano, sin separarla de la pared, para rozar la mano de Marcus. — Después de las meigas fritas. — Bajó la voz y susurró. — Después de contarte que lo que salía en la bola de colores era… El deseo… — El corazón le iba a mil. ¿De verdad iba a besar a Marcus en Hogwarts? ¿Con todo el mundo a una escalera de distancia, en plena fiesta organizada por él?

¡A por ellos! — Oyó, sobresaltándose. Y no solo la sobresaltó el ruido, es que sintió el agua a presión impactar contra su brazo y su hombro, muy descubiertos por el vestido de hada, y pronto en más sitios. — ¿Pero qué? — Todos los de primero estaban disparándoles agua con… ¿Algo? — Muy bien mis pequeños terroristas. Regad bien al fantasma, que ya no siente, y sobre todo el Hada de los Dulces, que para la tela que lleva, no va a tardar nada en secarse. — Ethan, por supuesto, tenías que ser tú. — Dijo antes de echar un Protego ante Marcus y ella, aunque estaban ya considerablemente mojados. — Nooooo, perdona, nenita, yo solo soy el emisario designado por quien le ha dado estos pequeños Nessies a vuestros amados primerizos. — Se fijó más cuidadosamente y, efectivamente, los niños llevaban un monstruo del Lago Ness de plástico, que al apretarse soltaban un chorro de agua. — ¿Pero quién…? — Ethan rio entre dientes y miró hacia el final del pasillo, y Gal siguió la mirada. Apoyado en la pared, a distancia prudencial, vio a Jacobs y no pudo evitar reírse. — Creo que se ha aguantado las ganas de estrangularte pero no de vengarse, es un Slytherin. — Dijo mirando a Marcus. Suspiró, mirándole significativamente. No, ya no iban a poder darse el premio que ambos querían… No con los niños en pie de guerra y con Ethan y Hasan pendientes de ellos… Se encogió de hombros y dijo. — Ya habrá… Otro momento para que nos demos un merecido premio. — Sí, era todo lo que podían hacer. — Solo nos queda presentar batalla, prefecto O’Donnell. — Levantó el escudo y empezó a lanzar Aguamentis a los niños a diestro y siniestro mientras recibía ataques de los pequeños Nessies y se reían.

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Miér Feb 23, 2022 11:41 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Rio fuertemente ante la indignación de Alice. - Eres el Hada de los Dulces. Te pega llevar dulce en la cara. - Bromeó, y a su pregunta, cuyo tono había detectado a la perfección, puso cara graciosa y dijo. - En el piquito, pajarito. - Obvio ¿no? Era un dulce, lo suyo era dejarlo en sus labios... Ay, ¿por qué se estaban haciendo tanto de rogar el uno con el otro? Tenía ganas de besarla, quizás demasiadas. ¿Qué le frenaba? ¿El que hubiera tanta gente por allí? No, más bien les encantaba a los dos hacerse los interesantes y jugar a ese jueguecito de tensarse la cuerda el uno al otro y ver quien decía el comentario más ingenioso. No se había parado a pensar que, entre tanta gente y tanto prolongar, alguien pudiera cortarles el rollo.

Pero pasó, y le dio un coraje que no podía ni medir. Porque justo acababa de ponerse la cosa muy interesante, podía rozar ese beso con la punta de los dedos, literalmente además, porque mientras Alice le decía esas palabras, le dejaba claro lo que quería de él y le iba a acelerando el corazón más y más, había acercado su mano a la suya para rozarle... Él también sentía deseo, y ya no iba a perder más tiempo hablando. Su mirada se posó en sus labios, se estaba acercando a ellos... Y ese maldito chorro de agua a presión, que en su caso fue a caerle directamente en la cara, les interrumpió. Quien fuera dragón para achicharraros ahora mismo a todos, pensó, pero por otro lado, eran sus niños, a los que había "abandonado" por el grupo de las chicas, eran esos chicos por los que se desvivía siendo prefecto y era su fiesta... Ah, y también era Ethan McKinley, maldito fuera. Entre él y Benjamin Creevey le iban a hacer la prefectura bastante larga.

- ¡No os conviene atentar contra un prefecto! - Uy, que no, dice. - Se burló Ethan con una carcajada. - Si no es contra una figura de autoridad, menuda birria de atentado. - Alice había echado un Protego sobre estos, aunque les había pillado tan desprevenidos el ataque que estaban ya bastante mojados. - ¿A que ahora te viene bien que este prefecto aburrido se sepa hechizos de secado? - Le comentó, tras el escudo de la chica. Eso es, Marcus, os quedáis con todas las ganas de besaros y no tienes otra cosa que referenciar que algo que pasó el día que os disteis vuestro primer beso. Si es que no estaba para pensar con claridad. Porque tenía que reconocer que, quizás, no era el sitio ni el momento y no lo habían pensado bien, pero... Nadie se imaginaba el fastidio que acababan de hacerle. Desfogaría con magia, por qué no.

- ¿Pues sabes qué? - Le dijo a Alice, altanero, en cuanto le señaló al ideólogo, que al parecer había sido el mismísimo prefecto Jacobs, y le dijo que ya tendrían otro momento para darse el premio. Sí, por desgracia, pero se pensaba vengar. - Que yo también tengo mucha vena de esa casa. - Y en cuanto ella levantó el escudo, agarró con su mano de la varita la de ella, juntando ambas, y le dijo. - Juntos. - Para, automáticamente y antes de que nadie más reaccionara, lanzar. - ¡Aguamenti! - El hechizo lanzado por ambos a la vez, sincronizando sus poderes, y con la potencia con la que Marcus lanzaba los encantamientos (y puede que un poquito de venganza real) hizo que, con apenas un movimiento de su mano, se creara una espiral de agua que enjauló a todos los niños e hizo que les cayera sobre las cabezas como un cubo. A Ethan también, por supuesto. - ¡MIRA! - Gritó el Slytherin, a quien el sombrero de copa ahora le chorreaba agua por todos lados. - ¡YO ME CAGO EN EL REINO DE LAS HADAS Y EN TODOS LOS ANCESTROS DEL FANTASMA! - Modera ese lenguaje en presencia de los pequeños, McKinley. - A ti te voy a moderar yo, que algo me dice que se os ha cortado el rollito. - No sé de qué me hablas. - Contestó como si nada, bajando la mano de la varita y, ya sí, chistando para llamar la atención de Jacobs en la lejanía. - ¡Eh, colega! Creía que los de tu casa enfrentaban las cosas a la cara. - Los de mi casa enfrentamos las cosas con los recursos que tenemos y sin mancharnos las manos. Pero tranquilo, ya aprenderás. - Contestó el otro, también a voces, apoyado en la pared con una sonrisa ladina y los brazos cruzados. Marcus rio entre dientes.

Se giró hacia Alice. - He pasado la fiesta siendo ayudado por el Hada de los Dulces. - Agarró su mano y dejó un beso en ella. - Eso ya es un premio. - Le guiñó un ojo y se dirigió a los niños. - Que sepáis que le habéis mojado el muffin de premio a vuestro amado prefecto que con tanto cariño os ha preparado este juego. Eso está muy feo. - Hubo varias risas y comentarios bromistas entre ellos. Ethan, aún secándose, le dijo, socarrón. - Parece que al fantasma de pacotilla este el agua le devuelve a la vida. - Primero se extrañó, pero luego se miró las manos. Estaba empezando a recuperar su color. Miró a Alice y, con una risa, dijo. - Tu padre tenía razón. Se quita solo. -
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Jue Feb 24, 2022 9:22 am por Ivanka

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CON Marcus EN Gran Comedor EL 31 de octubre de 1999
Rio a lo que dijo de los hechizos de secado, pero le había dado un vuelco el corazón y el estómago. Aquello fue lo que le hizo en el Lago Negro cuando… Se besaron por primera vez. Y no le venía nada bien ese recuerdo ahora. Suspiró y asintió, no sabía muy bien ni a qué, la verdad. Y encima Marcus sacando la vena Slytherin la ponía… Mira mejor no lo pensaba muy fuerte, porque iba a acabar necesitando un disparito de agua de esos. Le tomó la mano, con media sonrisa y se dejó llevar a lo que Marcus quisiera hacer.

Trataba de concentrarse en el hechizo, pero era muy complicado, viendo la que estaba liando Marcus con la invocación, la cual miraba como si fuera una niña pequeña dejándose impresionar. La impresión se convirtió en carcajada cuando Ethan y todos los niños se empaparon y, por supuesto, Ethan empezó con los improperios, mientras los niños les miraban con cara de saber que se tenían que estar perdiendo algo del conflicto a la fuerza, pero que ahora estaban empapados. Luego dirigió la mirada a Jacobs y alzó una ceja. — Y encima ni se ha disfrazado, tsss… — Dijo, picajosa. — Voy de tío que sabe salirse con la suya, aunque tenga que esperar. — Eso la hizo reír. — O sea de Salazar Slytherin… — Contestó ella, entornando los ojos.

Pero Marcus tomó su mano y la besó y eso no se lo esperaba, sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo, y no pudo evitar mirarle con cariño y corazón a mil, deseando que su mano fueran sus labios, pensando si existiría la posibilidad de llevarse a Marcus lejos de allí y conseguir lo que se proponían. — Mira la cara de boba que se le pone a aquella. — Picó Ethan. Ay, de verdad, qué malas pulgas tenía. Pero lo siguiente que dijo sí que le interesaba. Miró de nuevo a Marcus y esta vez llevó sus ojos de arriba a abajo y se rio. — ¡Sí! ¡Es verdad! ¡Mirad chicos, el prefecto fantasma vuelve a la vida. — Se rio y se acercó un poco a él susurrando. — A mí primero me puso en sepia y luego en negativo y al final dio con el contrahechizo, así que deduzco que el que te mandó a ti estaba más pulidito.

Venga, id pasando por aquí y os voy secando. — Oyó que Jacobs les decía a los alumnos. Muy Slytherin chulito, pero en el fondo era un buenazo y le gustaba ser prefecto. Gal se acercó a Ethan y le enganchó del brazo, dándole un besito en la mejilla. — Venga, no seas quejica, cariño mío. Ve a que te seque el prefecto. — Ethan bufó. — A mí lo que me gustaría es que me mojara, la verdad. — Eso le hizo soltar una fuerte carcajada, chistándole porque aún estaban los niños alrededor. — Oye a mi no me mandes callar, reina, que sé qué estabas haciendo con el prefecto. — Susurró. — Te ha venido hasta bien el remojón. — Ella rio y le empujó contra Jacobs, a lo que Ethan sonrió. — Dale, dale, muñeca. Voy a picarte más menudo. — Jacobs suspiró, quitándoselo de encima y empezó a secarle. — Haga lo que haga acabas liándome, Gallia. — Ella se encogió de hombros y levantó las manos. — Esa soy yo, Jacobs. La pesadilla de los prefectos…Sí, la pesadilla… Menuda es. — Y se alejó tomando la mano de Marcus y tirando de él hacia las escaleras.

Subió unos pocos escalones, y se dio la vuelta para mirarle desde arriba. — Sé que ahora vas a entrar en modo prefecto, guiar a todo el mundo a los dormitorios y todo eso… Y es genial, porque eres un prefecto perfecto. — Dijo con una sonrisa. Se quedó mirando cómo el hechizo se desvanecía. — Pero quería ser la primera en volver a ver tus ojos de su color… — Acarició la mejilla de Marcus. — Has superado tu primera fiesta como prefecto. Ha salido genial, ha sido divertida y has sobrevivido y respondido muy dignamente a la venganza de Jacobs… — Bajó un escalón y se puso casi a la altura de él. — Solo te ha faltado el premio de consolación para la perdedora. — Ladeó una sonrisa y le dio un beso en la mejilla, quizá más largo de lo que se debía. — Pero ya me lo darás. Yo confío en mi prefecto. — Volvió a subir y dejó un beso en su mano de despedida. — Buenas noches, fantasmilla. — Y salió corriendo a su habitación, llena de energía, en un euforia que no sabía explicar y un cosquilleo por todo el cuerpo.

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Jue Feb 24, 2022 12:26 pm por Freyja

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Se echó a reír, mientras miraba como recuperaba poco a poco el color. - Le escribiré mañana para decirle que ha sido un éxito. Y le enviaré... ¿Cuáles de los dulces de esta fiesta crees que le va a gustar más si se lo mando con Elio? - Alzó un índice, porque había tenido una idea. - ¡Oh, ya sé! El que le envíe, se lo enviaré transformado. Pocas cosas le gustan más a tu padre que un hechizo. - Vaya competencia desleal. - Escuchó mascullar a Jacobs, pero cuando se giró hacia él, este simplemente le dijo, con su sonrisilla habitual. - ¡Venga, prefecto O'Donnell, que no puedo secar a todos los niños yo solo! - Voy, voy. - Dijo entre risas, acercándose a los niños para ir haciendo hechizos de secado.

En lo que Alice hablaba con Ethan y luego se lo echaba encima a Jacobs (mejor, Marcus ya había tenido bastante con él), se dedicó a bromear con los niños mientras les iba secando. - Ay que ver, venir a atacarme a mí, después de este juego tan guay... - Es que nos has dejado por las chicas, prefecto O'Donnell. - Te recordaré eso cuando estés en quinto. - Murmuró, pasando a secar al siguiente. - Muy monos los Nessies, pero usarlos para atacar a gente desprevenida... Mal, mal... - Son monstruos. Los monstruos atacan. - Lo tendré en cuenta. Menudos estáis hechos. - Dijo entre risas. Vio a Colin por allí y le saludó. - ¡Eh, colega! Pasa que te seque. - Pero al acercarse se fijó mejor. - Anda, pero si tú no estás mojado. - Es que no me parecía bien lo del ataque, y menos a ti. - Marcus sonrió con ternura. Qué niño más mono, y con lo que le gustaba a él saber que tenía un fan. - Te veo más contento. - El niño asintió enérgicamente y le señaló. - Es que estás recuperando el color. - Volvió a mirarse a sí mismo y rio. - Es verdad. Ya queda bastante claro que sigo vivo. -

Dicho eso, y menos mal que ya casi había terminado, Alice agarró su mano y tiró de él. Sonrió y encogió un hombro. - Es mi trabajo. - Tenía un punto de chulería, como siempre que decía esas cosas, y otro de ruborizarse ante las cosas que le decía Alice, porque con ella siempre le salía así. Sobre todo si le decía cosas como que quería ser la primera en ver sus ojos así y le acariciaba la mejilla. Esa chica tenía una capacidad para dejarle neutralizado que debería hacérsela mirar, porque la sonrisa le había temblado y debía tener una cara de bobo importante. Dibujó una sonrisa ancha. - Gracias. - Respondió de corazón, y entonces Alice mencionó lo del premio y el corazón le dio un violento latido, y por un momento pensó que iba a besarle y le tembló el cuerpo entero como a un idiota... Y le besó, sí, pero en la mejilla. Y, de nuevo como un idiota, se le pusieron todos los vellos de punta. Esperaba un beso en los labios y uno en la mejilla le había provocado un escalofrío tremendo, ¿qué hubiera hecho si le da un beso como el que tenía pensado él darle? ¿Desmayarse? Si es que a veces no se entendía ni él. - Lo haré. - Aseguró, pretendiendo sonar seguro, retador o algo así, y en realidad le había salido casi como un ruego. Sonrió, de nuevo atontado, y se despidió. - Buenas noches, Hada de los Dulces. - Viendo como su amiga se perdía escaleras arriba. Se quedó ahí unos segundos, parado, pensando... Si debía haberle dicho algo más. Era como si tuviera algo dentro que quisiera decir y a lo que ni él mismo supiera ponerle nombre, pero en esos cinco años la había visto tantas veces perderse escaleras arriba rumbo a su habitación... Que solo podía pensar... Ojalá nunca deje de ver esto.
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