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Dom Mar 13, 2022 8:26 pm por Serpensortia
Bring us
sugar and tea and rum






Si hubieras luchado como un hombre, no te habrían ahorcado como a un perro
Siendo el hijo de un pirata y su querida, de Daniel Grass no se podía esperar gran cosa. Habiéndose pasado la vida en un barco y habiendo sujetado una pistola por primera vez a los 5 años, ¿cómo no iba a tener una vida marcada por sus fechorías? Tampoco era que hubiera demasiadas esperanzas para él, pues en el Nuevo Mundo se cometían los mismos errores que en el Viejo.

En una época conocida como la Edad de Oro de la piratería, Daniel heredó el barco de su padre y, con él, la tripulación. Pensar que fue un proceso sencillo es estúpido. Para poderlo hacer, tuvo que luchar contra la tripulación amotinada que asesinó a su padre. Y Daniel podría estar triste y sentir pena por la muerte de su padre, pero siempre recordaría las palabras que su madre dedicaba a los que eran condenados a morir en la horca: si hubieras luchado como un hombre, no te habrían ahorcado como a un perro. Siempre le quedaría el consuelo de que su padre había luchado por su barco y su vida hasta el final. Su madre no había tenido que verlo, había muerto de viruela tres años antes.

Daniel no se tomaba en serio demasiadas cosas, pero la piratería era una de las pocas que sí. Decía que había nacido para ser pirata, para conquistar los siete mares y ser temido incluso entre las piratas, desafiar la ley y beber ron hasta reventar.

Y entonces, un día, secuestró a Ellie, la hija de un noble del Caribe, sólo porque se aburría. Esperaba una mujer sumisa y fácil de controlar. Se equivocó.


Original: Épocas Pasadas


v
Daniel Grass - 35 añosplayer: Serpensortia
pb: Orlando Bloom


_
Elizabeth Potter - 18 añosplayer: Genie
pb: Gabriella Wilde


by emme




rolsito:



Última edición por Serpensortia el Dom Mayo 15, 2022 11:30 pm, editado 1 vez


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Dom Mar 13, 2022 11:34 pm por Genie
Kidnapping the damisel in distress.
Atardecer // Port Royal // 1723
El atardecer estaba a pleno en Port Royal, capital de Jamaica, una colonia de la corona británica. No hacía mucho calor ni mucho frío, estaba ideal para un paseo largo por la orilla de la playa. Y eso hizo Ellie, acompañada de su esclava Rosemary, mojando sus pies en el mar ligeramente cálido. Había quedado con sus padres que regresaría antes de que el sol se perdiera en el horizonte, así que Ellie aprovechó cada segundo de su paseo, manteniendo conversación con Rosemary. Partió desde el puerto, a través de la orilla marítima hasta llegar a un acantilado. Tras larga caminata, tomaron una pausa para ver el sol descender por el horizonte. Entonces, Rosemary se puso nerviosa, porque no cumplirían con la promesa al señor Potter. Ellie tranquilizó a su esclava y emprendieron el camino de regreso.

Pero claro, era la edad de oro de la piratería y Ellie no era consciente de aquello en ese paseo. Pero Rosemary sí, y apremiaba a su señorita a que apurase el paso. Pero Ellie estaba enamorada del atardecer y regresaba lento.—Mira, hay barcos atravesando el océano.—dijo soñadora, sin darse cuenta que uno de ellos era Rugido del Mar, un barco pirata comandado por el pirata más temido de los siete mares. Rosemary comenzó a ponerse más nerviosa, tirando de su señorita para que se apurase a regresar a la tranquilidad y seguridad del hogar familiar. Ellie protestó, dejándose arrastrar pero sin perder de vista los barcos que anclaban. Ella había nacido en Port Royal y no conocía otro mundo que el de su pequeña isla. Envidiaba a todo aquel que se hacía a la mar en busca de aventuras.

Entonces, sucedió el caos y griterío, demasiado lejos del puerto y los soldados asentados allí. Rosemary chillaba como cerdo en matadero, mientras Ellie forcejeaba contra un par de hombres, que no tenían difícil la cosa de atraparla.—¡Rosemary!—chilló la joven rubia, haciendo patadas al aire para zafarse de aquellos hombres mugrientos y rudos.—¡Déjenme!—gritó, pero aquellos piratas hacían oídos sordos. Fue arrastrada a uno de los botes y antes de ser tapada por la bolsa de papas, vio como uno de ellos desmayaba a la esclava, dejándola tirada en la arena. Sus ojos comenzaron a lagrimear sin parar, mientras se daba cuenta que estaba siendo secuestrada por piratas. En el fondo de su corazón, sintió que debería haber obedecido las súplicas de Rosemary. Y entonces, temió por su vida.

Ellie & Daniel

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Sáb Mar 26, 2022 4:55 am por Serpensortia
Kidnapping the damisel in distress.
Atardecer | Port Royal | 1723
En realidad, Rugido del Mar no era el nombre original del barco, pero ni siquiera Daniel sabía (o no recordaba) qué nombre le había puesto su padre. Seguramente tendría algún nombre aburrido, como la mayoría de las embarcaciones que había visto. Lo más probable era que el nombre viniera con el barco. El caso era que a medida que la tripulación iba haciéndose conocida, empezó a hablarse de un barco que navegaba siempre con los cañones listos, y que cuando llegaba a las distintas islas del Caribe era como si todo el mar rugiera. Así pues, no pasó mucho tiempo antes de que Daniel decidiera pintar la proa del barco, por encima de las letras casi despintadas que la habían decorado inicialmente, y renombrar su barco como Rugido del Mar. Era un buen nombre, y en secreto agradecía mucho que alguien lo hubiera inventado. Era una lástima que jamás sabría quien había sido. Seguramente esa persona ya estaba muerta. Probablemente había muerto en sus manos en las de algún miembro de su tripulación.

Aquella tarde, el Rugido del Mar llegó a Port Royal. Realmente el capitán no tenía intención de causar grandes problemas, sólo pretendía llenar las arcas del barco con ron, azúcar y... Bueno, algo de oro, ¿para qué mentir? Pero sin causar problemas. Ni siquiera un gran estruendo. El gran inconveniente en esa historia era que Problemas y Estruendo eran su segundo y tercer apellidos, de modo que los cañones no tardaron en hacerse oír. Daniel disfrutó parcialmente de los gritos de las damiselas de la playa, aunque en general no les hizo demasiado caso. Entonces vio a Ellie.

Bueno, estaba claro que había muchas clases de tesoros en el mundo, esperando a ser descubiertos, y que no todos estaban formados por oro y joyas.

Quiero esa —ordenó a sus hombres, señalando con la cabeza. Sabía que no se confundirían con la esclava, porque era evidente que se refería a la rubia—. Y que corra el ron.

Fue un ataque rápido. Pronto la chica estaba en el bote, bien sujeta mientras dos marineros remaban de regreso al Rugido del Mar, y el resto se apresuraba a cargar los demás botes con ron y oro. Había bastantes soldados, por lo que la lucha final terminó con varias bajas, incluso por parte de la tripulación pirata, pero Daniel se libró con sólo un corte profundo en el brazo y varios cortes más superficiales en el pecho. Era una suerte que no se hubiera llevado un balazo, pero es que el cabrón solía tener más suerte de la que merecía.

¡Izad el ancla! ¡Nos largamos!

Ni siquiera se había dignado a mirar hacia donde habían dejado a la chica.

Tenían que salir de allí cuanto antes, no en vano Port Royal era el puerto más importante de ese maldito mar.

Ellie & Daniel

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Lun Abr 04, 2022 9:07 am por Genie
Kidnapping the damisel in distress.
Atardecer // Port Royal // 1723
En el caos de la retirada del barco pirata, dejaron a Ellie encerrada en el camarote principal, que pertenecía a su capitán. La joven rubia pataleó, golpeó, destrozó medio camarote, desgañitándose en busca de que la liberasen. Pero nadie le hacía caso y vio con horror que se alejaban a toda velocidad de Port Royal a través del gran ventanal del camarote. Las lágrimas corrían por sus mejillas, frustrada porque ya no estaría a salvo en su hogar, enojada porque no le había hecho caso a su doncella, y triste por el destino de esta, fallecida en la playa o quien sabe qué. Volvió a patalear exigiendo su libertad, pero al no obtener respuestas, se quedó afónica.

El cansancio, el stress, todo lo malo, golpeó su menudo y frágil cuerpo, quedándose dormida en un rincón del camarote. Las horas pasaron y Elizabeth no despertó hasta bien entrado el amanecer del día siguiente. Cuando abrió los ojos, se sintió desorientada hasta que cayó en la cuenta de donde estaba y más lágrimas volvieron a caer por sus mejillas. Oyó un ruido de protesta, como si quisieran callarla y volteó para ver a un hombre completamente semidesnudo y acostado en la cama del camarote, pues llevaba al menos unos pantaloncillos que cubrían sus partes pudendas. Ellie cerró los ojos, visiblemente turbada con la imagen pecaminosa, al tiempo que sus mejillas se enrojecían furiosamente; sobre todo porque jamás había visto a un hombre en esa guisa.

—Por favor, déjenme ir...—suplicó al desconocido. Debía haber al menos alguien compasivo que le tuviera pena y decidieran dejarla ir, regresar a su hogar y protegerse por los hombres de su padre. Pero algo le decía que eso sería en vano, muy en vano.
Ellie & Daniel

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