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Lun Mar 14, 2022 4:56 pm por Freyja
Recuerdo del primer mensaje :


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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Había bastante alboroto por los pasillos y en las habitaciones, como siempre el último día de curso, el día de las graduaciones. Ese año... De su graduación. Había llegado el momento, era oficial: se iban, acababan su etapa en Hogwarts. Al día siguiente a esas horas estarían fueras, habrían dejado atrás el castillo y esa noche dormiría en su casa... Bueno, no sabía si iba a dormir mucho la próxima noche porque el grupo había planeado salir de fiesta por Londres. Pero se entendía lo que quería decir.

Pensó que sería más duro, que estaría deshecho, pero lo cierto era que estaba pletórico. Era muy probable que acabara viniéndose abajo en algún momento de la velada, o al día siguiente, pero ya era buen comienzo estar tan contento. Se echó colonia (otra vez) y siguió peinándose rizo a rizo. Sean le miró, aunque en vez de bufar y quejarse como siempre, rio. - Voy a echar de menos no verte emperifollándote cada dos por tres. - Marcus le devolvió una sonrisa enternecida dibujada en los labios, sin decir nada. Eso si hizo a Sean chistar y volver a mirarse al espejo. - No hagas eso. - No he dicho nada. - Pones esa cara que usas para representar la melancolía de la vida. - Es que me vas a echar de menos. Es bonito. - Calla. Sigue peinándote. Te faltan tres rizos. - Yo también te quiero mucho, tío. - Que te peines. Uf, para qué diré yo nada. - Marcus rio y, efectivamente, siguió peinándose, pero estaba detectando el tono de Sean y no era el tono quejoso de siempre. Podía parecer que estaban haciendo el tonto, pero ambos estaban igual: contenidos. Contentos, felices, entusiasmados, pero también conteniendo sus emociones. No había dicho ninguna mentira, quería mucho a su amigo y sabía que era recíproco. Iba a ser raro... No verse tanto el uno al otro y compartir esos momentos de los que tanto se habían quejado esos siete años, y añorarían cuando no tuvieran.

Se acercó por detrás a Colin, que charlaba animadamente con algunos alumnos, y le pinzó ambos hombros, haciendo que el chico se encogiera entre risas. - ¡Prefecto Evas! Aproveche la fiesta de hoy que va a ser la última que no tengas que supervisar. - El chico rio y se giró, y al verle abrió mucho los ojos, retirándose unos pasos para mirarle de arriba abajo. - Wow, Marcus. Espectacular. - ¿Te gusta? ¿Aprobado por parte de la siguiente generación de prefectos? - Comentó chulesco, tirándose de las solapas de su elegante y recién estrenada túnica de graduación y girando sobre sí mismo como si posara. El otro rio un poco más, sin dejar de admirarle. - Aprobado y con nota. - Tss. Yo todo lo hago con nota. - Ambos rieron y una voz que normalmente era socarrona pero hoy tenía un tono que también parecía muy contenido dijo a su espalda. - Y tanto que con nota, que se ha llevado el tío el premio extraordinario al más empollón del castillo. - Marcus se giró con una sonrisa ladina y una ceja arqueada. - No seas envidioso, Benjamin, que tú también eres Ravenclaw. Si quieres, puedes. - El otro bufó con media sonrisa, mirando a otro lado... Y no respondió. Eso era raro. Creevey siempre tenía una réplica.

Marcus se mordió el labio con una sonrisilla y le revolvió el pelo, a lo que el otro chistó con artificial molestia y se retiró. - ¿Hoy vas a refunfuñar? Deberías estar tirando confeti, que ya se va tu peor pesadilla del castillo. - El otro volvió a bufar sin mirarle. - Ahora no le vayas a hacer la vida imposible al prefecto Evans que soy capaz de plantarme aquí solo para regañarte. - Encima lo que me faltaba, vamos. No va y pone al pesado de Evans y a la tía esta de Ming que es más rara que un hipogrifo verde para ya amargarme lo que me queda de historia. ¿Quién va a ser la siguiente para mi último año? ¿La Duvall? - Pues es la idea, sí. - Mira, no me jodas, vamos. Me voy antes ¿eh? - Marcus soltó una carcajada y en ese momento salió Sean de la habitación, también charlando con unos y otros, y pasó rápidamente por su lado dándole un toque en el brazo. - ¡Venga, Rey de Ravenclaw! Que va a bajar tu reina antes que tú. - ¡Uf! - Cayó de repente, mirando el reloj, y rápidamente se dirigió a las escaleras. ¡Que iba a llegar tarde! - ¡Eso! Menudo rey, que se va con la novia y deja al pueblo vendido. - Dijo Creevey a su espalda, y Marcus soltó otra fuerte carcajada y, ya con algunos peldaños bajados, se giró. - De vendido nada. Cualquier sugerencia al reinado a partir de ahora, háblala con mi heredero. - Comentó señalando a Colin, quien rio por la referencia, pero Creevey... Volvió a no contestar y ¿era cosa suya o tenía cara rara? Le daría más vueltas si no fuera porque estaba a mil cosas y, sobre todo, porque tenía algo importantísimo que hacer.

- Yo me he apuntado a este carro, espero que no os importe. - Ya veo, ya. - Contestó Marcus a Sean, entre risas. Alice le había pedido que la esperara al pie de las escaleras... principales. Él siempre la esperaba en las escaleras del dormitorio, las de la sala común, pero hoy quería hacer una aparición estelar, y a Marcus le parecía una idea maravillosa porque tenía a Alice en el pedestal más alto del mundo y merecía más que nadie hacer una entrada triunfal (otra cosa no, pero a Marcus le encantaban esas ficcioncitas). Así que ahí iba, bajando las escaleras al trote mientras saludaban a la gente al pasar, dispuesto a esperarla como se merecía. - Pero las escaleras son muy grandes, así que tú me dejas mi espacio y que Alice baje y... - Bueno, espérate que a lo mejor vienen las dos juntas, ella y Hillary. - O viene ella sola y espera verme a mí solo así que, no fastidies, tío, que esto es un momento importante. - Para ti todo es un momento importante. - Dijo el otro entre risas, y Marcus le miró riendo. De nuevo, no había sonado a queja, sino a... Cosa que echarían de menos el uno del otro.

Ahí llegaron, a las escaleras principales, y él se puso al pie de las mismas, muy ceremonioso, deseando ver a su novia aparecer con su mejor pose de caballero instaurada. Estaba seguro de que le impresionaría al verla, Alice no haría algo así si no estuviera segurísima de sus posibilidades, por no hablar de que Marcus la veía impresionante llevara lo que llevara. Y eso de que se hubiera guardado el secreto del vestido que llevaría como si fuera secreto de estado solo le generaba más expectativas. Lo que sí sabía era que, desde primero, supo que iría del brazo de Alice a la graduación de ambos, aunque no hubiera caído que fuera en carácter de novios. El Marcus de once años soñaba alto, pero el de diecisiete había conseguido volar más alto todavía.
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Mar Mar 22, 2022 5:08 am, editado 1 vez


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Lun Mar 21, 2022 3:34 pm por Ivanka

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Es que era difícil ser sinceros con algo que daba tanta vergüenza, él debía saberlo más que nadie. Y Alice no lo diría, pero lo demostraba y bastante. Y ahora que lo pensaba, él también, con sus acercamientos, sus susurros, el cómo entraba a todas sus provocaciones. Vaya par de idiotas. Pero ahora no hacía falta que se lo dijeran. Y aun así lo hacían, como cuando le oía la palabra “eternamente”. Qué bien sonaba en aquellos labios que tantas veces había mirado con adoración.

Rio entre dientes mientras aumentaba el ritmo de sus caricias. — Sí que lo sé. — Contestó, entre chulita y tentadora. Suspiró al notar la mano de Marcus y el rumbo que estaba tomando. Y le dio tanto placer solo sentirle ahí, que perdió la posición sobre él y se dejó tumbar. Ah, condenado, cómo sabía rendirla. Con el pulso más que acelerado, se portó cual alumna obediente (cosa que no solía ser) y cerró los ojos. Siguiendo sus instrucciones respiró hondo y se concentró… Se concentró solo en los dedos de Marcus en ella, estremeciéndose, como si solo pudiera sentir por ahí. Sus labios se separaron solos, jadeando, y su espalda se arqueó. Llevó una mano a acariciar su cabello, ahora que estaba enterrado en su cuello, pero ahora mismo no era muy dueña de sus movimientos. — Ya lo haces. — Dijo en un gemido cuando dijo que la podía hacer llegar a donde quisiera. Vaya que sí, como que no lo estaba viendo. Se agarró con fuerza a los hombros de su novio, retorciéndose de placer. — No solo lo estoy pensando. — Le advirtió en un susurro desesperado. — Lo estoy sintiendo y mucho.

Pero Marcus le dio descanso (no mucho) y se puso entre sus piernas, justo cuando ella abrió los ojos y le miró, jadeando. — Eres lo más hermoso que han visto nunca mis ojos de Ravenclaw. — Le dijo, tratando de recuperar el aliento, porque, realmente, Marcus era otra cosa. Ver su cuerpo sí sobre ella, sentir su mirada, oírle decir una vez más cómo se amaban. — Oh, ya lo creo. — Contestó con una risita desmayada. — Créeme O’Donnell, esto no ha hecho más que empezar. — Aunque ella ya estuviera bastante acelerada y estimulada. Cuando tomó sus manos ella empujó las caderas hacia abajo para que entrara en ella sin dejar de mirarle, separando los labios de gusto al sentirlo. Se agarró más fuerte de sus manos y clavó la mirada en la suya. — De la mano… Disueltos el uno en el otro. — Subió la cabeza ligeramente para atrapar su labio inferior entre los dientes. — Y qué bien sabemos diluirnos, mi alquimista. — Ella movía las caderas rítmicamente para encontrarse con él. — Pero una buena transmutación es un círculo… A veces estás arriba… — Le rodeó con la pierna y se apoyó en él para darle la vuelta y ponerse sobre él. — Y a veces abajo. — Terminó alzando una ceja. Pero aquella postura le gustaba demasiado, y su propio movimiento sobre Marcus le hizo cerrar los ojos y estremecerse de placer. Se inclinó sobre él, rozando la nariz y los labios y susurrando aterciopelada. — ¿Dónde decías que querías llevarme, mi alquimista eterno?

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Lun Mar 21, 2022 4:41 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Soltó el aire entre los labios, en una especie de risa tímida que no debía tener ningún sentido en aquella situación, pero iba a pasarse toda la vida riendo con timidez y desde el corazón ante los piropos de Alice. - Es mucho más hermoso lo que ven ahora estos ojos de Slytherin. - Respondió, lleno de deseo pero también de amor. Marcus siempre se sentía conectado a Alice, pero en esos momentos, esa conexión se intensificaba muchísimo, tanto que no sabía si eso de que "aquello solo acababa de empezar" no era una apuesta demasiado arriesgada. Aunque ya procuraría él que, como su novia decía, solo estuvieran empezando. Quería prolongar aquella despedida de ese lugar, su lugar, todo lo que su cuerpo le permitiera.

El movimiento de sus caderas le permitió entrar en ella, notando el fuerte tirón en su pecho y en su estómago, cerrando los ojos y ahogando un gemido. ¿Cómo podía ser que siempre, absolutamente todas las veces que habían hecho aquello, se sintiera aún mejor que las anteriores? La miró a los ojos con fiereza cuando apretó más sus manos y apresó sus labios entre sus dientes. - No me muerdas. - Susurró con una sonrisa ladina, en una petición que no se creía ni él. - No seas tan arriesgada, Gallia... - Otra mentira. Quería que lo fuera, esa era su Alice, la que quería más y más, la que le ponía al límite continuamente, la que no dejaba de retarle ni sorprenderle. Y esas frases que le decía... Solo el movimiento de sus cuerpos ya le arrancaba suspiros, pero uno más fuerte salió de entre sus labios por sus alegorías. - Alice Gallia hablando de alquimia... - Enunció, enamorado. - En los puestos más altos de mi lista de cosas favoritas. - Besó sus labios apasionadamente, sin dejar de aferrar sus manos ni de moverse, buscando su lengua, y cuando se separó, añadió. - Cuantísimo te amo, Alice. - Y eso sí que había salido del fondo de su corazón. Era inteligente, era divertida, era hipnóticamente preciosa, sobre todo en esos momentos, así, desnuda, piel con piel, unida a él. Le adoraba, le hablaba de alquimia, reía y sonreía, le miraba como el primer día... Era absolutamente perfecta. Para Marcus, Alice era la mujer perfecta, su luna, su vida entera.

Se la vio venir nada más oyó el principio de la frase, pero estaba demasiado ocupado en sentir y controlar el placer al mismo tiempo como para reaccionar rápido (e, igualmente, Alice siempre reaccionaba más rápido que él, daba un poco igual la circunstancia). Cayó de espaldas con un jadeo, admirándola desde su posición, y soltó una risa breve. - ¿Te crees que vas ganando? - Preguntó chulesco, arqueando una ceja, colocando las manos en sus caderas. - No sabes cuánto me gusta a mí esto. - De hecho, su frase se vio interrumpida por un gemido, mordiéndose los labios y cerrando los ojos. Tenía todos los sentidos a flor de piel, su tacto cálido, el sonido de sus jadeos, su aroma envolviéndole. Si además la veía, así, sobre él... No iba a poder contenerse mucho tiempo más. Pero solo necesitaba un reto más de Alice para ponerse la meta más lejos, como a ambos les gustaba. Se mojó los labios, sonriendo y ahogando su propia respiración, mirándola con deseo, subiendo las manos por su cuerpo, por su cintura y su pecho, admirándola. - A Roma. - Empezó, susurrando, mirando el recorrido que sus propios dedos hacían. Empezó a rozar con un índice su piel como si trazara un mapa. - A Irlanda... A Damasco... A París... Al Cariiiiibe... - Intentó reír, pero solo le salió un gemido más alto que le hizo arquearse y cerrar los ojos momentáneamente de nuevo. Volvió a abrirlos y a clavar la mirada en los de ella. - Donde mi princesa quiera. Todo lo lejos que podamos. - Se inclinó hacia delante, sentándose, pasando los brazos tras su espalda y aferrándose a ella, con sus rostros muy cerca y mirándola a los ojos. - A mi casa. Nuestra casa. A nuestro taller, rodeado de flores. - Juntó su frente con la de ella, entre jadeos, con los párpados bajos. - A nuestra vida, a nuestra habitación, con un cielo lleno de estrellas en el techo. -Alzó los ojos, lleno de amor y deseo, y volvió a mirarla directamente a los suyos. - Pero ahora no. - Movió sus caderas y la apretó contra sí, conteniendo un gemido y apretando los labios, sin dejar de mirarla a los ojos. - Ahora vamos a volar muy alto, muy lejos. Todo cuanto podamos. -
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Lun Mar 21, 2022 5:51 pm por Ivanka

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Lo que estaba viviendo era hiperintenso, le despertaba todas las conexiones nerviosas, pero no podía compararse a oír a Marcus cuánto la amaba. Acarició brevemente su rostro y le miró con todo el amor del mundo. No le salía hablar, pero solo con mirarle, con todo el amor que sentía desde dentro, estaba transmitiéndole cuánto le amaba ella a él, cómo era el amor de su vida. — Mi corazón — susurró sobre sus labios —, mi cuerpo… Mi mente… — Le besó ardientemente. — Son todos tuyos. — Dijo casi sin aire por la intensidad del momento.

Cuando se puso sobre él, tuvo que reírse un poco, aunque se estremeció bajo el tacto de sus manos. — Yo siempre gano cuando estamos así, mi príncipe azul. — Deslizó el dedo por su pecho cerrando los ojos con suavidad. — Eres música para mis oídos. — Susurró. Pero pronto empezaría ella a emitir la misma música, porque las caricias de su novio la hacían suspirar y estremecer su cuerpo entero. — Esas manos… — Dijo hipnotizada, levantando la cabeza hacia el techo y apretándole con sus piernas, tratando de contener un estallido mayor de gemidos y movimientos. Empezó a dibujar una sonrisa mientras notaba cómo le dibujaba un mapa con sus dedos. Siempre era ella la que le decía aquella lista de sitios, y ahora él había añadido un par más. Así eran ellos. Convertían los sueños del uno en los del otro, los agrandaban, y los planeaban juntos. Se le escapó risita cuando dijo lo del Caribe. — Hasta la línea entre el cielo y el mar, mi amor. Allá donde tengamos un sueño, estaremos. — Le dijo con una risita, mientras notaba cómo se intensificaba el ritmo entre ellos.

Cuando tuvo su rostro tan cerca, y la postura le hizo notarle más dentro, arqueó la espalda y le rodeó con todas sus extremidades. — Siempre tienes que ganar, ¿eh? Tú y tu vena Slytherin. — Susurró en su oído, tratando de recuperarse del momento. Miró a sus ojos con aquella cercanía, manteniéndole la mirada. Y el corazón le latía a mil por hora, y no por lo que estaban haciendo, sino por todo lo que Marcus le prometía. — Voy a hacerte el hombre más feliz del mundo, Marcus O’Donnell. — Dijo entre gemido y tono emocionado. — Vamos a tener todo con lo que puedas soñar. — Soltó un grito más profundo y cuando se agarró a ella con aquella intensidad. — Vas a llevarme a esas estrellas de nuestro cielo como sigas así. — Aseguró con una leve risa, sin dejar de moverse para sentirle. — Me descontrolas, Marcus, me llevas a lo más alto… — Lamió sus labios y bajó sus besos y su lengua por la barbilla y el cuello, con deleite. — Quiero hacerte llegar a donde quieras tú también. Dámelo todo de ti, quiero sentirte, quiero sentirlo, llega hasta lo más profundo de mí. — Se separó para mirarle y puso su sonrisa de niña mala, porque sabía que era de las cosas que más le gustaban, pero cogió su mano y la puso en su corazón. — Aquí ya llegaste hace siete años. — Y se entregó al movimiento de sus cuerpos, enredándose en aquel nudo, notando como su éxtasis estaba cercano, cada vez más rápido, más intenso, fusionándose con la piel de Marcus y sin ser capaz de ver nada que no fueran sus ojos y dejando el timón de sus movimientos y sus gemidos a su cuerpo, a lo que quisiera hacer, porque ahora solo podía entregarse a aquel baile.


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Mar Mar 22, 2022 5:25 am por Freyja

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Ladeó una sonrisa, mirándola con chulería, o al menos todo lo que le permitía la intensidad del momento. Pues sí, su vena Slytherin estaba cada vez más marcada, y atrás quedaba el Marcus que se ofendía porque se lo insinuaran siquiera, sobre todo si la que se lo insinuaba era Alice, porque sabía que esa parte de él le gustaba. - Ya lo soy. - Respondió en un susurro. - Soy el hombre más feliz del mundo y el más afortunado. - Dijo entre jadeos, aferrado a ella, y alzó una de sus manos para dejarla en su mejilla y mirarla a los ojos, apoyando la frente en la suya. - Tú vas a serlo conmigo. Siempre. Te lo prometo. - Que Alice siempre sea feliz, su deseo. Algún día se lo confesaría, el día que supiera, que se sintiera con la certeza, de que iba a hacerla feliz el resto de su vida. En cierto modo ya la tenía, pero... Podía alargar ese reto un poquito más. Podía alargarlo toda la vida. Sí, nada le haría más feliz que eso.

Oírla gritar le hacía gritar a él también, agarrarse más a ella, respirar más rápido y acelerarse, cerrando los ojos y dejándose solo sentir. Aunque su frase le sacó una leve risa. - Es lo que me he propuesto. Y yo siempre consigo lo que me propongo. - Llevarla al cielo, a las estrellas, volar juntos como hacían siempre. Volvió a cerrar los ojos al sentir sus besos por su piel, soltando el aire entre los labios, ya sintiendo que llegaba a su límite, que el pecho le iba a estallar. Pero entonces le miró, y ahora sí que iba a explotarle el corazón, cuando le dijo eso y puso la mano en su pecho. La miró a los ojos unos segundos, enamorado, y retiró la mano para dejar un beso allí donde ella la había colocado. - Pienso cuidarlo toda la vida. - Susurró sobre su piel, aprovechando la cercanía para besar su pecho.

El ritmo se estaba acelerando e intensificando cada vez más, necesitaba aferrarse a ella cada vez con más fuerza. Sintió el primer aviso en forma de latigazo que nubló su mente, sabiendo que quedaba ya muy poco de aquel baile. Tomó su mano, como ella había hecho antes, y la puso en su pecho, mirándola a los ojos. - Mira cómo me haces sentir, Alice Gallia. - Subió esa misma mano hasta sus labios y la besó, bajando sus besos hasta la muñeca, donde se encontró con su pulsera. Quiero que lleves siempre una parte de mí. Él solo soltó una breve risa al recordarlo. - Lo tienes todo de mí. Todo mi cuerpo grita tu nombre, ¿lo oyes? - Preguntó con un jadeo urgente, porque debía oírlo, vaya si se les oía a los dos, menos mal que habían echado un Silentium. Giró su cuerpo y se inclinó sobre ella, dejándola de nuevo con la espalda en el suelo, aunque ligeramente inclinados, sin dejar de mirarla a los ojos. - Tú y yo somos el Todo. - Se acercó a sus labios, aferrando su pierna junto a sus caderas, y susurró antes de devorarlos y entregarse al placer. - Tú y yo. Somos la Quintaesencia. -
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Mar Mar 22, 2022 9:51 am por Ivanka

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Dejó caer los párpados cuando Marcus susurró sobre su piel y besó su pecho, dejando salir un gemido involuntario. — Vas a acabar conmigo. — Porque sí, estaba estirando demasiado la cuerda de su autocontrol, mientras seguían moviéndose frenéticamente, llevados por la pasión sin barreras.

Le miró con los labios separados, como si estuviera borracha de aquel placer y asintió. — Pienso hacerte sentir así toda la vida. — Aseguró, clavando las yemas de los dedos en su pecho, donde le había puesto la mano. Pero tuvo que sonreír con adorabilidad, dentro de esa espiral de pasión, cuando le besó en la muñeca. — Y vas a ir siempre conmigo, en mi cuerpo, sobre mi piel. — Pero ante la pregunta, un escalofrío de puro placer le recorrió el cuerpo entero, estremeciéndose. — Claro que te oigo. Tú y yo somos uno. — Dijo, sin poder evitar cerrar los ojos, dejándose llevar por la intensidad del momento.

Estaba tan a punto de llegar al clímax, que cuando Marcus la tumbó, solo pudo recibirle dentro de sí y murmurar, temblando en sus labios. — Todo, Marcus, todo. — Y se dejó llevar por aquella sensación, pegándose a su cuerpo, perdiendo la noción de sí misma al sentirle aferrar su pierna, y abandonándose al placer, mientras dejaba salir los gemidos ahogado en los besos de Marcus y alcanzaba ese momento de placer máximo, que había ansiado tanto como si llevara una eternidad sin tenerlo, sin sentir a Marcus de esa forma en su interior. — Marcus… — Suspiró en su oído y aferrándose a sus rizos con las manos y con piernas y brazos al resto del cuerpo.

Cuando él paró, y aunque estaba sin fuerzas porque en ese momento solo sentía placer pero ninguna fuerza en su cuerpo, hizo ademán de no dejarle separarse de ellas. — No me sueltes. — Susurró con los ojos cerrados, rodeándole con los brazos y acurrucándose contra él. — No me sueltes nunca. No quiero separarme de ti ni un milímetro. — Cuando lo tuvo tumbado a su lado, se inclinó sobre su pecho, mirándole hipnotizada, con una sonrisa satisfecha. — Nunca nos iremos aquí. — Dijo muy segura. — Da igual que vayamos por medio mundo, que tengamos nuestra casa… — Pasó los dedos como su caminara por su pecho, apoyando la cabeza en su otra mano. — Nuestra cama… Que no se rompa. — Dijo con una risita. Ah, sí, qué ganas tenía de reír. — Siempre seremos Marcus O’Donnell y Alice Gallia, el sol y la luna, en ese pasillo. El pasillo de los niños que entraron aquí una noche de tormenta y que volvieron cada vez que necesitaban sentirse… Así. — Se inclinó y besó sus labios suavemente, antes de recostarse sobre su pecho, mientras le hacía dibujos en la piel, revolviéndose de gusto a su lado. — Y… Ahora que te he dado un regalo… ¿Quieres el otro? — Preguntó con toda la intención. Sabía que su novio no podía mantener las incógnitas mucho tiempo.

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Mar Mar 22, 2022 5:04 pm por Freyja

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Sentía el pulso de Alice y eso desembocó el suyo, notando como se aferraban el uno al otro, como temblaba por dentro y por fuera y como ambos se rendían al placer, una vez más, la última entre las paredes de aquel castillo. Algún día estarían en un lugar mucho más cómodo, mucho más suyo, mucho más privado (porque, ciertamente, no tenían ninguna garantía de que aquel escondite no lo conociera más gente y se llevaran un susto, lo cual agradeció pensar después de haber terminado, o se hubiera detenido). Y cuando ese momento llegara, lo disfrutarían, se sentirían afortunados, podrían simplemente abrazarse y echarse tranquilamente a dormir juntos, y no vestirse de nuevo y salir para dormir en camas separadas como ahora. Pero esos momentos... Eran especiales. Esos momentos se quedarían grabados en su piel y en su memoria para siempre, y los evocarían con una sonrisa el día de mañana. No era el sitio objetivamente perfecto, pero lo era para ellos. Para Marcus, todo lo que tuviera que ver con Alice y con su relación, era perfecto tal y como era.

Fue recuperando poco a poco la respiración, con los labios reposando sobre la piel de su cuello, sin soltarla y notando como ella seguía con sus dedos enredados en su pelo. Le encantaba que hiciera eso, le encantaba esa sensación. Le encantaba que le tocara y se aferrara a él, que se agarraran el uno al otro como si les fuera la vida en ello. Cuando le pidió que no la soltara, suavemente, la apretó un poco más. -  No voy a soltarte, mi amor... Te lo prometo. - No te suelto, te lo prometo. Cuantas veces le había dicho esa frase, entre risas mientras se bañaban en el agua del mar de La Provenza, mirándose a los ojos. Sus ojos siempre se veían más azules en verano, en el mar. También le hizo esa promesa la primera vez que entraron al baño de prefectos, en aquel incidente, y cuando luego se coló en su dormitorio porque estaba teniendo una pesadilla y estaba asustada. La abrazó más aún. - No voy a soltarte. - Murmuró, una vez más. Jamás la soltaría, así le fuera la vida en ello, así tuviera que cometer la mayor de las ilegalidades. Ya la agarró para que no se cayera al lago escasos segundos después de verla por primera vez. Y, desde entonces, no la había soltado, y no la pensaba soltar.

Se dejó caer levemente a su lado, sin separarse de su abrazo, y abrió los ojos para mirarla, para admirarla, con una sonrisa placentera y feliz, acariciando levemente su mejilla. - Nuestra cama... Que bien suena... - Aunque lo de que no se rompa le hizo reír. - Por favor. Aunque vamos a ser dos grandes alquimistas, podemos reforzarla muy bien. - Dijo con un gestito gracioso de la cabeza, asintiendo con los ojos muy abiertos. No se le antojaba mala idea lo de reforzar la cama, fuera de bromas. - No... Nunca nos iremos... - Comentó, mirando la pared junto a ellos y acariciando con los dedos levemente el sol y la luna que habían tallado. La miró con ternura y besó sus labios, sonriendo después, llenando el pecho de aire. - Las noches de tormenta... Hemos vivido más de una. - Se arrellanó junto a ella. - Recuerdo aquella de La Provenza, el día que te conté lo del taller que había soñado que tendría. - Rememoró, con la mirada perdida en su mejilla y su pelo mientras los acariciaba. - Fui a buscarte porque tu madre me dijo que estabas asustada. - Añadió, con voz de estar recordando en voz alta. Janet... La echaba de menos. Todos la echaban de menos. Había sido tan buena y... La habían tenido tan poco.

Respiró hondo y, de nuevo, se removió junto a su cuerpo, sonriendo y espantando la melancolía. - Recuerdo la tormenta de cuarto. Uf, qué miedo pasé. Esa fue la primera vez que hablé con Darren. - Se mordió el labio. - Llegué a pensar que te había ocurrido algo malo de verdad, y cuando te vi... - Alzó la mirada, reflexivo, recordando algo que no tenía nada que ver... Y de repente, rio, tras lo cual justificó su risa. - Una vez, cuando yo tenía siete años y Lex tenía seis, fuimos a la feria de Navidad y mi hermano se perdió. Había visto que iba a haber un espectáculo de títeres que jugaban al quidditch o no se qué, algo tendría que ver con escobas porque era lo único que realmente llamaba su atención. Lex siempre iba de la mano de mi madre y yo de la de mi padre, pero ella se abstrajo un segundo mirando un puesto... Y él se fue. Ninguno nos dimos cuenta, de repente, no estaba. A mis padres les iba a dar algo, mi madre estaba desencajada buscándolo, y de repente le vimos, tan tranquilo, haciendo cola donde él había dado por hecho que estaba lo que iba buscando. -Movió la cabeza. - Mi madre se fue para él y... No, no te la imagines si no quieres morirte de miedo. - Rio un poco, pero volvió a subir la mirada, reflexivo. - Recuerdo que pensé... No lo entiendo, ¿por qué se enfada tanto? Estaba al borde de las lágrimas de pensar que le había perdido, le llamaba a gritos por todas partes, estaba muerta de miedo, y mi padre igual... Y, cuando le encontraron, en vez de alegrarse, le cayó una bronca monumental. - Miró a Alice. - Ese día lo entendí. - Suspiró. - Me pasé bastante contigo, lo siento, si es que tiene algún sentido que me disculpe tres años después... Pero creí que te había perdido, y fue tanto el miedo que pasé... Que se transformó en rabia cuando te vi. Pensé "¿por qué me hace esto?" - Rio. - Y al año siguiente fui yo el que salió a los terrenos en plena tormenta a rescatar alumnos... Y, cuando ya estaba en el cuarto, alguien me dijo que tú estabas fuera, buscándome, empapada... Me faltó tiempo para salir. - La miró con cariño. - Y aquí acabamos. - Encogió un hombro. - El destino, supongo. Y tiene sentido que una tormenta haya desencadenado esos momentos tan distintos en nosotros, los planes de futuro, las explosiones, tanto las buenas como las malas... Porque ¿no son las tormentas una expresión extrema e incomprensible de los cuatro elementos? - Reflexionó unos instantes, mirando hacia arriba, y luego dijo. - Lo siento, Alice Gallia, estas cosas que me haces me vuelven un filósofo. - Y se echó a reír, abrazado a ella, de pura felicidad.

Se acomodó junto a su novia, que reposaba en su pecho, cerrando apaciblemente los ojos, prolongando el tiempo un poco más porque sabía que pronto se tendrían que ir... Hasta que ella le dijo lo del regalo y los abrió de golpe. - ¡Oh! ¿Un regalo? - Se le había olvidado por completo, como para no, teniendo en cuenta en lo que habían estado ocupados. Se revolvió un poco, lo justo para mirarla a la cara con una sonrisilla, pero sin soltarla. - No se me ocurre mejor regalo que este... - Estiró un poco el cuello. Sí que había un paquetito envuelto junto a sus ropas, en el suelo. - Aunque ahora tengo curiosidad por ver ese también. -
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Mar Mar 22, 2022 6:23 pm por Ivanka

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Soltó una risita desmayada respecto a lo de reforzar la cama. — Alguien propuso echar poción fortificante a las cosas y la llamaron loca, en tercero. — Dijo arrugando los labios y mirándole con falsa ofensa. Pero se quedó hipnotizada oyéndole hablar de las noches de tormenta que habían vivido. — No sabes lo que es que te asuste algo en una familia como los Gallia. Lo usan contra ti, se ríen… — Le dio con el índice en la nariz y puso una sonrisita. — Pero mi asustoncillo supo comprenderme como no me habían comprendido nunca. Y me contaste aquel sueño… — Suspiró y se dio la vuelta poniéndose boca abajo. — Cada día tengo más ganas de ese taller… — Achicó los ojos y apoyó la barbilla en los brazos cruzados, perdiendo la mirada. — Quién se lo hubiera dicho a los niños de esa tormenta, que quizá algún día irían al monasterio… Como dos alquimistas licenciados. — Se dio la vuelta sobre sí misma y rodeó a su novio con los brazos. — ¿Ves? Nunca dejas de hacerme soñar… — Acarició su mejilla. — Te adoro, amor mío.

Suspiró con lo de la tormenta de cuarto. Pero abrió mucho los ojos oyendo lo de la feria. — Por Merlín. — Le dio un escalofrío. — Si tu madre hubiera sido la mía, habíamos vivido en guerra permanente. O sea, mis padres ya ni me reñían cuando me perdía, dejaban que entrara en pánico sola. — Pero se tuvo que reír un poco imaginando a Lex. — Qué tío, él haciendo cola donde quería estar, sin más. — Y de la risa, pasó al sonido de adorabilidad, cuando le pidió disculpas. — Oh, Marcus… — Enredó los dedos en los rizos de su frente. — ¿Vas a pedirme perdón por quererme tanto como para buscarme por todo el castillo y estar dispuesto a meterte en aquel pasadizo inundado por mí. — Buscó sus labios y se unió con ellos con ternura. — El destino lo que tenía pensado para nosotros era darnos opciones de hacer explosionar los cuatro elementos de otra forma… Y nos ha salido de lujo… — Volvió a sus labios, esta vez echándose sobre él un poco. — Ya te lo dije en Navidad… Tú y yo… Somos el Todo cuando lo hacemos… — Le besó de nuevo. — Por eso nos sale tan bien, futuro alquimista carmesí.

Y hablando del futuro alquimista carmesí, el regalo… Es aun mejor que este para un erudito como tú. — Dejó un besito en sus labios. — Pero tranquilo… Que… Este te lo seguiré dando. — Se arrastró hacia el paquete y lo cogió, volviendo a tumbarse a su lado. — Yo soy un desastre Gallia, Marcus. No somos gente importante o que pueda ofrecer mucho… — Le miró a los ojos. — Pero damos todo por quien amamos, y tenemos un cerebro enorme. Basta que alguien a quien amamos quiera algo… Y ya nos las ingeniaremos para dárselo. — Le besó y sonrió. — Feliz cumpleaños, amor mío. — Y esperó a que abriera el paquete.

La pluma azul de ganso les había hipnotizado desde la primera vez que la vieron, y desde esa primera vez, Alice decidió que iba a ser de Marcus. — Empecé a ahorrar en tercero. E hice bien, porque había mucho que ahorrar. — Se rio y miró al techo. — ¿Sabes? En aquellos días peleados, entre los muchos pensamientos absurdos que tenía, pensé… ¿Y ahora que ya tenía todo el dinero para la pluma y solo me faltaba ir a comprarla… Qué hago con esto? Qué rabia… — Se rio y se apoyó en la frente de su novio. — En cuanto nos arreglamos, fui a por ella. — Le levantó la barbilla y le obligó a mirarla. — Marcus. No hay nada en el mundo que puedas desear, que yo no quiera darte, que no vaya a dar la vida por hacerlo tuyo. — Le besó de nuevo y sonrió. Quiero que tengas esta pluma por tres cosas: para que veas que, por ti, puedo conseguir lo que quieras; para que tengamos la primera cosa que irá dentro de nuestra casa y para que veas que confío infinitamente en que vas a ser el alquimista más grande de nuestro tiempo y quiero que firmes tus libros con esa pluma. — Se inclinó sobre su oído. — Y cada vez que lo hagas te acuerdes de este pasillo, de este momento, los dos desnudos, felices, completos… — Se separó y le miró a los ojos. — De nuestra quintaesencia.


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Miér Mar 23, 2022 5:53 am por Freyja

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- Me gusta esa conclusión. -Dijo con una voz y una sonrisa totalmente embobadas, recibiendo sus besos y abrazado a ella. Se le había olvidado de nuevo lo del regalo ante la perspectiva de seguir así con Alice. - Sí que iba a meterme en ese pasadizo inundado. Luego tengo fama de cobarde. - Dejo escapar con una risa, acercándose a ella para besarla levemente justo después. - Pero, por ti, hago las mayores locuras. - Rodó los ojos con una sonrisilla. - Como compinchar a todos los cuadros del castillo para hacerle creer a nuestros amigos que me iba a caer una maldición milenaria. - Se echó a reír y alzó un índice. - ¿Sabes qué? Tuvimos suerte de que Bennet fuera un blando y Roslin pasara un poco de nosotros, porque reconozco que, si yo llevo a ver eso siendo prefecto, le hubiera quitado puntos a los bromistas. - Se encogió de hombros. - Lo siento, soy más estricto. - Y, aun así, a pesar de que se había prometido a sí mismo que no perdería ni un punto estando en el castillo (cosa que luego no pasó, pero mejor no recordaba el incidente, porque le volvería a dar rabia pensar que había incumplido su promesa por apenas unas semanas), hizo la broma. Lo dicho, todas las locuras las hacía con y por Alice.

Frunció el ceño con curiosidad con esa introducción al regalo, e hizo como que respiraba tranquilo cuando le dijo que "ese regalo se lo seguiría dando". - Pues menos mal, ya me estaba asustando. - Bromeó con una risa. Lo que siguió diciendo le estaba dando aún más curiosidad. ¿Qué le había comprado su novia? No tenía la menor idea, ciertamente. Sonrió con alegría infantil cuando le felicitó el cumpleaños y se puso a desenvolver, ya muerto de intriga. Reconoció el papel de la casa de las plumas cuando quitó el primer envoltorio y miró a Alice con una sonrisilla. Le encantaban las plumas, y las tintas especiales, a lo mejor era algo de eso, un set de plumas o un tintero guay, o un estuchito con tintas... Pero no. Cuando la vio, se quedó en el sitio, con los ojos muy abiertos y los labios despegados. No daba crédito a lo que veía.

Tardó unos segundos en reaccionar, segundos que Alice aprovechó para añadir más información a su regalo. Él la miraba a ella y a la pluma de hito en hito, sin podérselo creer. La preciosa y elegantísima pluma de faisán azul, la carísima pluma de faisán azul porque no, no se le había olvidado el precio, que iba él muy inocentemente decidido en tercero a comprársela y se tuvo que dar media vuelta por tiempo indefinido. Se había quedado tan impactado que seguía en silencio, aturdido y sin saber que decir, cuando Alice apoyó su frente en la de él. De hecho, continuaba pasando la mirada de Alice a la pluma y de la pluma a Alice. - Pero... ¿En serio? - Brillante aportación de un futuro alquimista carmesí, pero es que no sabía qué decir. Tanta cara de tonto debía tener en el momento que Alice le alzó la barbilla, obligando que la mirara a ella y dejara de mirar la pluma como si fuera un espejismo. - Pero, Alice... Esto, es... - Empezó, pero ella siguió aportando argumentos. Cerró la boca al fin y tragó saliva, escuchándola, emocionado. Ya no solo por la pluma (que también, porque era preciosa y no daba crédito de tener algo así en su posesión) sino por sus palabras.

Sonrió levemente, conmovido, mirándola a los ojos. - Lo haré. - Aseguró, y colocó una mano en su mejilla con ternura para dejar un beso en sus labios, un beso que pudiera decirle todo lo que no era capaz de decir con palabras, porque de la emoción no le salían. - Estoy alucinando un poco. - Dijo con una risa, y ya sí sacó la pluma del estuche, con mucho cuidado, y se puso a admirarla. Al trasluz, el azul brillaba, se volvía más oscuro o más claro según la posición. - Es... Es preciosa, es impresionante. -Miró a Alice. - Pero, mi amor, esto es carísimo. - Se sentía hasta un poco mal... Aunque que ella hubiera tenido tan claro desde hacía tanto tiempo eso por él, que hubiera hecho ese esfuerzo, y que se les planteara por delante un futuro tan brillante... Echó aire en forma de risa emocionada entre los labios, mirando la pluma. - Sé lo primero que voy a firmar con ella. - La miró a los ojos. - Las escrituras de nuestro taller en La Provenza. - Dejó la pluma en el estuche y se acercó a Alice. - No sé cómo darte las gracias por esto, pero sobre todo, por hacerme soñar tanto. - Se mordió el labio, mirándola a los ojos con una sonrisa inevitable. - Esta pluma va a firmar todos nuestros sueños. Firmará mis libros, sí, esos libros que llevo deseando escribir toda la vida. Pero firmará también las escrituras del taller con el que me hiciste soñar con tan solo doce años; firmará las escrituras de nuestra casa, de nuestra vida juntos; firmará cada paso que escalemos en la alquimia... Pienso firmar con ella nuestros papeles de boda. - Volvió a reír, emocionado. - Llevamos escribiendo esta historia con nuestros sueños desde que nos conocimos, y ahora tenemos con qué hacerlo. - Besó sus manos, agarrando ambas. - Te amo, mi amor. No hay lugar en el mundo en el que eso no esté escrito. -
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Miér Mar 23, 2022 10:30 am por Ivanka

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Su siempre tremendamente elocuente novio estaba sin palabras y eso le hacía a ella perderse un poco también, porque intuía que es que estaba emocionado, pero quizá se esperaba otra cosa, o quería comprársela él. Rio un poco y asintió. — Y tan en serio. Tuya es, señor alquimista O’Donnell. — Rio otro poco al recibir su beso. — Sé que lo harás. Y quiero que lo hagas con la pluma que mejor le puede sentar al alquimista O’Donnell. De faisán, como me gusta a mí. — Dio con el índice en su nariz. — Y azul, como te gusta a ti. — Rio otro poco con lo de que era carísimo. — Veo que recuerdas el precio. — Se encogió de hombros y se mordió el labio inferior. — Ya te he dicho que empecé a ahorrar ese verano. Espero que cuando empecemos a ganar dinero de la asignación de alquimistas pueda hacerte regalos que no conlleven ahorrar cuatro años.

Pero cuando empezó a decir lo que firmaría con la pluma, le miró y se rio, como si estuviera soñando. — Es como si ya pudiera ver cómo va a ser. Lo veo tan claro, amor mío… — Rozó su nariz con la de él graciosamente. — Muchas escrituras tienes tú para una pareja que ha tardado cuatro años en permitirse una pluma. — Dijo entre risas. Le miró enamorada cuando dijo lo de la boda y asintió. — Me parece ideal. Solo te ha faltado decir que con ella escribiremos nuestras evaluaciones anuales de alquimia y, probablemente, algunas de las cosas más importantes que descubras, que aportes a la alquimia y a la sabiduría del mundo. — Y volvió a besarle con ternura, transmitiéndole todo su amor. — Cuando la gente como tía Vivi te pregunte “¿Señor O’Donnell cómo empezó usted en la alquimia? Tú responderás “bueno, a mí es que me hizo en un taller de alquimia, mi abuelo, el gran alquimista carmesí Lawrence O’Donnell, poniéndome un poquito de todo…” — Se rio, picando un poquito a su novio en la mejilla y las costillas. — “Pero no habría llegado hasta aquí si mi mujer, Alice O’Donnell, no se hubiera colado superfraudulentamente en el taller de alquimia de Hogwarts en primero y no me hubiera regalado esta pluma en nuestra última noche en Hogwarts”. — Se inclinó sobre él y puso una sonrisa ladina. — Y ya ahí deja de dar detalles, porque me convertirías en blanco de las envidias de todas las ex alumnas… — Volvió a besarle con deleite, poniéndose sobre su cuerpo, aunque acabó por separarse suavemente. — Vamos a vestirnos antes de que nos liemos más, prefecto O’Donnell, que aún no has sacado a bailar a Arabella Granger, y va a ser un cantazo que no aparezcamos.

Empezó a ponerse su ropa interior y recogió su vestido, subiéndoselo desde los pies. El peinado parecía bastante firme y el hechizo fijador de maquillaje de Jackie estaba a prueba de tormentas como mínimo, así que no había nada de lo que preocuparse. — ¿Me atas el vestido? — Le pidió dándole la espalda otra vez. — Y no te me vayas a quejar, que tú vas a bailar con la gran señora y con tu adorada Ingrid, si me apuras, con Mustang, que es una crack. ¿Yo que tengo, eh? Silver va a estar solicitado por TODAS las señoritas de séptimo, y mis otras opciones son… Veamos… — Enumeró con los dedos. — El vejestorio rancio de Ferguson… No, vaya, no dejo yo que ese me agarre ni bailando; Weasley, que le quiero mucho pero no está para muchos trotes; Adams que… Puf, mira no me hagas hablar, porque estoy segura de que aprovecha los bailes para recordarnos a las mujeres lo malísimas que somos… Y, mira, Antares es que no creo ni que baile directamente, demasiada poca sangre. — Movió la mano entre risas, como dejando ver que se quedaba sin opciones. Y entonces cayó en algo. — ¡Marcus! — Se dio la vuelta y puso las manos en su pecho, mirándole emocionada. — Hay un sitio al que dijimos en segundo que volveríamos en séptimo antes de irnos… Sé que hemos vuelto por separado… Pero no podemos irnos sin volver juntos otra vez. — Dijo con los ojos brillantes. — ¿Me sigues?

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Miér Mar 23, 2022 4:33 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Rio un poco cuando tocó su nariz, mirándola con ilusión y mirando su pluma en sus manos, como si volviera a tener trece años. Como si acabara de salir de aquella tienda por primera vez pero con esa preciosa pluma consigo. La pluma del alquimista Marcus O'Donnell... Qué bien sonaba eso. Prefirió no pensar más en el precio o se sentiría mal, pero rio con el comentario de su novia y la miró con los ojos entornados hacia arriba. - ¿Sabes lo que se cobra por asignación? - Arqueó una ceja. - Y vamos a ser un matrimonio de alquimistas, y tú además vas a ser enfermera. Vamos a ser ricos, Gallia. - Murmuró, con un toque de ambición considerable en su voz. Marcus nunca había sido especialmente materialista ni hacía nada de eso por el dinero, pero había una realidad: los alquimistas cobraban bastante, lo sabía por su abuelo, y ellos iban a ser dos en la misma casa. Dudaba que les faltara el dinero, la verdad.

Seguía embobado con su pluma, aunque se mordió el labio y asintió. Él también lo veía clarísimo, cada vez más. El toque de Alice con su nariz y su comentario posterior le hicieron reír. - No me rompas los esquemas, que es mi cumpleaños. - Bromeó. Lo dicho, él veía un futuro muy brillante por delante, ya vería como lo gestionaba. Miró hacia arriba, pensando. - Sí, definitivamente también la usaré para eso. - Afirmó, sin poder evitar reír de pura felicidad. La besó con cariño, pero ya tuvo que meterse con él en forma de simulada entrevista de Violet. Suspiró sonoramente, si bien tenía una sonrisilla ladeada. - Ja, ja. Sois muy graciosos suyos. -Se irguió, muy digno. - Y lo que os pasa es que, en el fondo, sabéis que si alguien hubiera sido creado en un taller de alquimia, sería alguien como yo, con semejantes dotes para esa ciencia ancestral. - Marcus siempre hacía eso cuando se metían con él, llevárselo a su terreno, aunque con Alice no le hacía falta, si bien era divertido seguirle el rollo igualmente. Se encogió con una carcajada cuando le picó las costillas, pero oírla decir "Alice O'Donnell" hizo que le brillaran los ojos al mirarla y casi no atendiera  al resto. De hecho, tardó unos segundos en responder, el tiempo de salir del embotamiento. - Lo de la pluma es cierto. Sin detalles, sí. - Dijo riendo, y luego ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos. - Pero lo de la fraudulenta intromisión en un laboratorio me parece una excusa aprovechada, Alice Gallia... Alice O'Donnell. - Cambió, con un cosquilleo en el pecho. Cuantos proyectos tenía, y cuantas ganas de cumplirlos absolutamente todos.

Se dejó inclinar para perderse en ese beso, tan suave y tan cariñoso, acariciando su piel... Pero ya tuvo que decir que se iban, lo cual le sacó un quejido lastimero. Chistó. - Qué bien sabes comprarme. - Porque, claro, no quisiera él perder la oportunidad de sacar a Arabella Granger a bailar. Se incorporó y empezó a vestirse mientras decía. - Algún día... Podremos quedarnos. Algún día no habrá nadie esperando. - Se inclinó hacia ella y dejó un suave beso en su hombro. - Algún día no te soltaré en horas y horas, en toda la noche. - Y quizás todas las cosas que habían dicho eran sueños, era volar muy alto, era proyectos que cumplirían cuando pudieran y algunos les costaría más y otros menos. Pero eso... Eso ocurriría en cuanto pudieran.

Con delicadeza, subió la cremallera del vestido de la chica, aunque casi pierde todo el tacto del ataque de risa que le dio con su enumeración de profesores. - ¡Eh! ¡Te has dejado a Kowalsky! No me puedo creer que no te hayas acordado de Kowalsky. - No podía evitar seguir riendo. - Él tiene corazón Hufflepuff, como tú, y a ti se te dan genial las plantas y juraría que eso a él le gusta... -Porque lo de que el jefe de Hufflepuff estaba detrás de la profesora de Herbología lo sabía todo el mundo a esas alturas. Chistó. - Yo creo que Weasley puede bailar bien, y en cuanto a Antares... Tampoco te creas que su hermana va a ser una fiesta bailando, ¿eh? No me extrañaría que se hubiera ido a dormir ya, de hecho. Pero si bailas con él, dile de mi parte esto: itinerario curricular. -Se echó a reír de nuevo.

Terminó de vestirse y se puso frente a Alice, retocándose la camisa. - ¿Qué? ¿Estoy guapo? -Le guiñó un ojo con una sonrisilla. Entonces ella cayó en algo, y él supo inmediatamente a qué se refería. Amplió la sonrisa. - Estoy deseándolo. - Aseguró. Tomó su regalo, se aseguró de que no se dejaban nada allí... Y miró a su alrededor. Suspiró. - Aquí se queda una parte de nosotros. - Reflexionó, mirando el entorno, dejando una caricia en el grabado del sol y la luna a modo de despedida. Miró a Alice con una sonrisa leve y le dijo. - ¿Sabes qué quiero tener también el día de mañana? Un pensadero. O sea que... En cierto modo, podremos volver. - Dejó un beso en sus labios y tomó su mano para recorrer ese pasillo por última vez, hasta el espejo de la entrada. Lo abrieron, salieron y volvieron a cerrar. Y allí dentro, entre esas paredes, quedaba guardada para siempre una parte de su esencia.

Fueron juntos y de la mano hasta el séptimo piso de nuevo, porque Marcus quería dejar a muy buen recaudo la pluma, no se atrevía a llevarla encima en la fiesta. Entró rápidamente en la sala común y guardó a buen recaudo la pluma, saliendo y volviendo a agarrar la mano de su novia de nuevo, mientras caminaban a su siguiente parada. - Le he echado ya el hechizo anti convocación. Esa pluma no me la quita nadie. - Aseguró. Su madre tenía varias cosas encantadas así y él también, se sabía el hechizo de memoria, y ciertamente tenía pocas cosas más valiosas que esa pluma en estos momentos, así que no veía nada mejor a lo que echárselo. Bajaron hasta la biblioteca y recorrieron el pasillo que llevaba a la sala en la que esperaba el espejo de Oesed, pero en la puerta, se giró hacia su novia. - ¿Crees que habrá cambiado algo? De cuando nos vimos por separado, quiero decir. - Sonrió y acarició su mejilla con cariño. - Esta vez, nada de ponernos primero uno y luego el otro. Plantémonos juntos ante ese espejo. Veamos lo que nuestros corazones quieren decirnos a la vez. Es juntos como vamos a escribir nuestro futuro. -
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Puso una sonrisa traviesa cuando su novio colocó aquella imagen en su cabeza. — Mmmmm… No puedo esperar a ese día. — Suspiró de gusto y acarició su pelo cuando besó su hombro. — Uuuuy, con lo listísimo que eres, alquimista O’Donell… La de cosas que se te pueden ocurrir para hacer horas y horas sin soltarme… — Terminó con tono tentador. Aunque mejor no estiraba más de la cuerda, que no quería enredarse otra vez y, de verdad, quedar fatal en su última noche en el castillo.

Entornó los ojos mientras se apoyaba en la pared y subía los pies de uno en uno para ponerse los tacones. — Oh, por favor, Kowalsky no querrá bailar conmigo, querrá bailar con Gallon, si es que se acuerda de mi cara. Es hasta ofensivo que siendo yo la mejor alumna de Ruth, nunca me recuerde. — Se quedó mirando a la nada y arrugó el gesto, como si se acabara de dar cuenta de algo. — Aunque una cosa te voy a decir… Quizá es por eso… — Le señaló con el dedo índice, como si acabara de descubrir un gran enigma. — ¡Por eso nunca me reconoce! Porque siempre estoy con Mustang cuando me ve y… — Puso una sonrisilla. — Solo la ve a ella. Claro, y solo la escucha a ella. No sabe lo que hay alrededor. — Suspiró y se puso las manos en las caderas. — El pobre, y yo pensando que no le caía bien. — Chasqueó la lengua y negó. — Va a ser que voy a tener que bailar con él. — Le dio la risa cuando su novio mencionó a Radha Antares, pero más cuando le dio su mensaje para el profesor de Pociones. — Ánimo, mi amor, te quedan aproximadamente doce horas en este castillo. Aún puedes convencerle. —

Dejó un beso en sus labios y dijo. — No, no estás guapo. ERES guapísimo. Da igual lo que hagas. — Y carraspeó intencionadamente. Miró al pasillo cuando su novio lo hizo y acarició su grabado con los dedos. — Algo de nosotros se queda aquí, sí. Eternamente. — Le miró a los ojos y sonrió, enamorada. — El sol y la luna, Marcus, son eternos e imposibles de ocultar. — Le dio la mano. — Pero estoy lista para dejar esto atrás. Esto y muchas otras cosas, si lo que nos espera es nuestra vida juntos. — Ella se entendía. Asintió a lo del pensadero. — Como todas tus ideas, prefecto mío, maravillosa. — Pero no salió del pasillo con pena ni mucho menos. Salió llena de amor y energía, segura de quién era y de que Marcus la amaba, y eso era todo lo que necesitaba en ese momento.

Tras dejar la pluma a buen recaudo, se dirigieron al espejo de Oesed, y ella rio y tiró de él por el pasillo, recordando aquella tarde de segundo. — Me acuerdo de que estaba yo ahí sentadita, siendo por una vez una niña buena, y te vi salir corriendo feliz, con cara de pillín, por el fondo de la biblioteca. — Negó con la cabeza sin dejar de reír. — Y ya no iba a poder concentrarme en toda la tarde sin saber en qué andabas. — Tiró de su mano contra ella y dejó un beso en sus labios. — Qué mala influencia, O’Donnell, de verdad… — Le susurró, bromista. Se quedó mirándole cuando se paró y ella suspiró. — En mi caso… Juraría que pocas cosas. — Ladeó una sonrisa. — Estabas en mi reflejo desde el principio. — Pero ella no podía esperar más.

Tiró de Marcus dentro de la sala y le rodeó con los brazos antes de mirar el reflejo. Rio y dijo. — Es un avance que ya no tenga que enseñarme que sales porque ya vienes directamente conmigo. — Se mordió el labio inferior y fue señalando en el reflejo las cosas que iba viendo. — ¡Mira! Nuestra taller de alquimia… Con flores, por supuesto. — Rio un poquito. — Y mis cosas de enfermera están ahí en una mesilla. — Miró al otro lado y puso una expresión tierna. — Llevo un anillo precioso, con una piedra azul que puede parecer... Zafiro o algo así. Alquímico seguro. Aquí está mi padre… Sonriendo… Haciendo bromas. Curado. Y Dylan y Olive juntos… Y tus padres, Lex y Darren… Todos juntos, como nos gusta a nosotros… — Entonces, vio en el reflejo como Marcus ponía la mano en su tripa, con una mirada de infinito amor y ternura, y la lógica la traicionó, mirando a su novio en la realidad, a ese hueco entre los dos. — A veces esto es raro... Es difícil distinguir... — Se intentó justificar. No, él no la estaba tocando, pero el reflejo sí, y cuando volvió a levantar la mirada, toda su familia se había volcado hacia ellos, y estaban felices y… Les estaba felicitando… Los ojos se le empañaron. ¿Y mis miedos, eh? Nunca tienes en cuenta eso, le dijo mentalmente al espejo, con quien ya tenía por costumbre discutir. Pero entonces salió alguien a su lado, poniéndole la mano en el hombro, e inconscientemente se llevó la mano ahí. — Mi madre… — Su corazón nunca jamás dejaría de necesitarla. Ni de añorar esas sonrisa que parecía decirle… “todo va a ir bien, Alice”. Carraspeó y miró a su novio. — ¿Y tú? ¿Qué hay por ahí?

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Se echó a reír al recordar la anécdota. - Acababa de verme a mí mismo siendo un alquimista de prestigio. Creía que esa cosa predecía el futuro, y eso que nunca creí en la Adivinación. - La miró con fingida indignación. - ¿Ahora la mala influencia soy yo? Lo que hay que oír... - Pero iban besándose y riendo juntos, así que podía hacerle todas las bromitas al respecto que quisiera. La miró con cariño. Alice también aparecía en su reflejo, pero no lo hizo desde el primer día, a saber por qué. Supuso que el Marcus infantil era demasiado ambicioso... Y que ella, poco a poco, le hizo ver que había otras cosas que merecían mucho más la pena. Porque si algo tenía claro es que siempre la quiso en su vida, solo que antes pensaba que la fama y la gloria eran lo que le haría más feliz, y ahora sabía que, estando con Alice, sería feliz tuviera lo que tuviera.

Rio junto a su novia cuando ambos se colocaron ante el espejo, abrazados. - Lo cierto es que ahora es un espejo mucho más realista, porque cada vez muestra más fielmente lo que tiene delante. Lo que quiere decir... Que vamos siguiendo el camino de nuestro corazón. - Dejó un beso en su mejilla y escuchó lo que decía, mientras él mismo también miraba su reflejo, sonriente, comprobando como la imagen de Alice y la de él se parecían muchísimo. - Sí, nuestro taller de alquimia... Tiene muchísimas cosas. Flores entre ellas, por supuesto. - Comentó, feliz. Miró a Alice con los ojillos entrecerrados. - Hmm... Así que un precioso anillo azul, puede que un zafiro y seguramente hecho con alquimia. - Sacó un poco el labio inferior, asintiendo con una sonrisa inevitable. - Lo tendré en cuenta. - Le daban ganas de hacer ya su anillo de compromiso para Alice, porque Marcus lo quería todo ya, pero esa era otra de las cosas que su novia le había enseñado en esos años: que el camino podía ser igual de hermoso, si no más, que la meta a conseguir. Y pensaba disfrutar de cada etapa de ese camino con ella, fuera cual fuera y estuviera donde estuviera la meta.

La apretó más contra sí. En su reflejo también salían todos, su familia, la de ambos, Gallia y O'Donnell. Y la que estaban por construir. - La Orden de Merlín. - Susurró con cariño, admirando él también a los cuatro juntos, Darren, Lex, Alice y él en el reflejo. Entonces ella especificó que era raro y difícil de distinguir, y él asintió, porque justo era lo que estaba pensando. - Pues sí, porque veo varias personas que no termino de identificar pero que creo saber quienes son. - Rio un poco. - Porque una es una chica pelirroja que lleva una flor de espino en el pelo, y el otro es una versión de tu padre con el pelo rizado y... La sonrisa de tu madre. -Miró a Alice. - Supongo que son Olive y Dylan... Formando parte de nuestra Orden. De nuestra familia. Haciéndola más grande cada vez. - Y, justo al decir eso, le pareció ver un rápido movimiento detrás del Marcus del reflejo, pero no llegó a ver de qué se trataba. Se extrañó un poco, pero supuso que sería algo del reflejo que se habría movido. En fin, no dejaba de ser un espejo cambiante y mágico... Así que siguió atendiendo a Alice.

Tragó saliva, conmovido, apretando la mano de Alice. - En mi reflejo también sale. - Reconoció. Janet estaba con ellos, con todos ellos, aunque en el fondo... Se sentía diferente. Como si todos supieran que... - Siempre estará con nosotros. Aunque no esté, está. - La miró. - Solo que de otra forma. Pero siempre estará. - Vivía con ellos, en su recuerdo. Llenó el pecho de aire, contento, y volvió a mirar su reflejo para decirle a Alice lo que veía. - Estamos todos, como en tu reflejo. Tú y yo estamos juntos. Llevas un vestido azul... Me gustan tus vestidos. Y me gusta el azul. - Rio, como un niño. - Pero llevas encima del vestido algo que parece una bata de enfermera. Yo llevo un reloj de plata en la mano, y una pulsera. Somos alquimistas. - No podía sentir más felicidad mientras lo decían. - Están mis padres, orgullosos y contentos. Tu padre y tu madre. Están Dylan y Olive, más mayores. Y están Darren y mi hermano, y mi tía Erin y tu tía Violet, cogidos de las manos, felices... Siendo pareja, como lo somos nosotros, sin miedos. - Sin un mundo que les rechazara. Siendo familia. - Mi hermano lleva una equipación muy guay y es una lástima que no pueda verla y decirme "es la de los Montrose Magpies como no lo puedes saber blablabla". - Dijo en tono burlón, y como si Lex estuviera allí, se defendió. - Pues fíjate que bien lo sé que hasta en mi reflejo sale. - Bueno, en su reflejo salía una equipación muy profesional, ciertamente parecida a la que llevaban los jugadores de Inglaterra en aquel partido que vieron en Roma. A saber si era oficial o no, pero a Marcus le valía.

- También están mis abuelos, los O'Donnell. - No, claramente Anastasia no salía, pero sí que había parte de su familia Horner. Los ojos se le iluminaron al verles. - Mi tío Phillip y mi tía Andrómeda. Se les ve... Bien, felices. Están con nosotros. Son... Libres. - Él quería mucho a su familia, la última vez no les había visto bien. Solo les deseaba... Que mantuvieran ese amor que les había hecho enfrentarse a la familia. Que fueran felices. - Mi prima Miranda, intuyo. Es una chica rubia, ya mayor, pero tiene su misma cara... Y ese debe ser Lucas. - Miró de soslayo a Alice, con gestito orgulloso. - En ese reflejo debe tener nuestra edad más o menos. ¿Y sabes qué? Que lleva el uniforme de Ravenclaw. Ahí lo dejo. - Marcus y su campaña por convertir a Lucas en un chico de Ravenclaw. Solo el tiempo diría si lo conseguía o no.

Justo cuando iba a concluir que ya no había nada más, volvió a detectar un movimiento tras el Marcus del reflejo, y esta vez, miró a tiempo. La cara debió cambiársele y el corazón le dio un vuelco. De detrás de sus piernas, escondidito tras estas, apareció una cabecilla de rizos negros con los ojos azules, idénticos a los de Alice, y su misma sonrisilla traviesa. Se estaba riendo, y juraría que era... Él. Él de pequeño, era idéntico, salvo por los ojos azules y esa expresión de hacer diabluras. Entreabrió un poco los labios, con el corazón agitado, y el niño volvió a esconderse detrás de él hasta aparecer por el otro lado de Alice, y de nuevo se escondió. Parecía estar jugando con ellos, yendo y viniendo a toda velocidad... Era... Mi colibrí. El recuerdo del boggart de Alice, una vez vencido, diciéndole eso a su hijo. Sería... ¿Su hijo? Él quería una familia con Alice, quería hijos, lo habían hablado, había generado algún que otro desacuerdo. Tragó saliva. Quizás... Era mejor dejarlo ahí, aunque fuera evidente que era uno de los deseos más fuertes de su corazón. Pero no quería arriesgarse a arruinar el momento. - Eso es todo. - Concluyó, con una sonrisa, viendo como todos en el reflejo reían y sonreían. Apretó más a Alice contra sí y dijo. - Nos espera un futuro brillante, mi amor. -
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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Miró a su novio con cariño y ladeó la cabeza. — Eso es muy cierto, mi amor. — Dejó un besito en su mejilla. — Siempre dices esas cosas tan bonitas… Con tanto sentido… — Negó y rio. — Ya hablas como un mago sabio. — Pero no solo decía reflexiones preciosas, es que su visión era preciosa y muy parecida a la suya, lo cual le hacía alegrarse más todavía, porque quería decir que, realmente, esos sueños suyos iban en la misma dirección.

Hizo un sonido de ternura con aquella descripción de Dylan y Olive. — Qué guapos van a ser… — Rio y se apoyó en su hombro. — Nos van a quitar el puesto y todo. Pero siempre seremos los fundadores de esta orden tan genial. — Dijo, con una risa de simple y sencilla felicidad, solo de imaginar lo que les esperaba. Le miró cuando dijo lo de su madre y asintió. — Vive en nosotros, en todos, en lo que nos quedamos dentro. — Se miró y alzó una ceja. — Y en mí… Ahora sí lo veo. Antes odiaba que me dijeran que me parecía a ella. Era como… Una cruz, después de que se muriera. Pero ahora… — Sonrió mirando el reflejo de su madre tan cerca de ella. — Es un honor, más bien. — Terminó con una sonrisa, que la hacía ser prácticamente igual que ella. Tuvo que reírse con lo de la equipación. — En la mía va con sudadera sin más. Soy como la peor cuñada del mundo.

Asintió con aire de evidencia cuando dijo que los abuelos que salían eran los O’Donnell. Obviamente, con la otra ni contaba. Pero sí tuvo que sonreír a lo de los tíos. — Todos tenemos un pájaro dentro. algunos más demandantes que otros pero… A todos nos sienta bien ser libres. — Sonrió y la estrechó. — Y los de tus tíos empiezan ahora a volar. Y verás qué bien les va a ir. — Eso sí tuvo que reírse de lo de Lucas. — Tú a lo tuyo, prefecto O’Donnell. Tiene el niño un año y ya le ves con el uniforme que te interesa a ti. — Pero, a pesar de las risas y la distensión, no podía apartar los ojos de la escena de su reflejo. Cuando Marcus volvió a hablar ella asintió y sonrió. — Además de verdad. Nosotros lo vamos a hacer brillante… — Y no pudo evitar coger la mano de Marcus y apretarla, aunque a la misma altura que tenía en el reflejo, no sabía si solo por ver cómo se vería en la realidad, o a modo de promesa… — Te amo, Marcus O’Donnell. Y… — Suspiró y ya sí le miró a los ojos. — Voy a hacer lo que haga falta para hacerte feliz. — Le besó y se giró al espejo. — Adiós, espejo de Oesed… Ya no te necesitamos para saber lo que quiere nuestro corazón. — Y tomando la mano de Marcus, le condujo hacia la salida.

Llegaron al comedor y el ambiente seguía bastante por todo lo alto, por lo que no les costó mucho mezclarse con el ambiente, hasta que su amigo el observador ya tuvo una de sus observaciones que hacer. — ¿Dónde estabais?Por aquí. — Contestó ella. — ¿Casi una hora? — Ella suspiró y le miró. — Hemos ido a despedirnos de un lugar con mucha magia. — Sean arrugó el gesto y se llevó las manos a la cara. — No, por Merlín, siempre igual… Es que no paráis… — Ella puso cara de hastío y le empujó flojito. — No es eso. Pero si lo fuera, ¿para qué preguntas?¿Y qué es eso que hace magia? — Ella se encogió de hombros y sacó el labio inferior. — Ah, quién sabe. Creí que no querías saberlo… — Pero el director cortó su charla. — Queridos alumnos, a modo de despedida, como todos los años, me gustaría inaugurar el baile de los prefectos que se van con los profesores y profesoras de Hogwarts. — Alice le dio flojito con el hombro a Marcus y un beso en la mejilla. — A por la jefa, tigre. Y por supuesto, tanto docentes como alumnos pueden hacer sus propuesta a quien deseen. — Ella aprovechó para sentarse un poquito y atender a las preguntas de Olive y su hermano, que ya andaban de nuevo por ahí, cuando vio una mano frente a ella. — Futura enfermera alquimista Gallia, ¿concede un baile a un viejo alquimista? — Se giró y sonrió al señor Weasley, con genuina sorpresa. — Será un honor, señor. — Contestó con una reverencia, tomano su mano.


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Jue Mar 24, 2022 5:36 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Se había perdido un poco mirando ese reflejo y... A ese niño que iba y venía, tan parecido a él pero tan inquieto como Alice. Volvió en sí cuando su novia le habló, apretando su mano y mirándole a los ojos. - Y yo te amo a ti, Alice Gallia. - "Y voy a hacer lo que haga falta para hacerte feliz". Sonrió, y casi le traiciona la mirada y la dirige al espejo de nuevo, pero no lo hizo. Solo tragó saliva, amplió la sonrisa y besó sus manos. Que Alice sea siempre feliz, ese fue su deseo a las estrellas en la noche de San Lorenzo, y pensaba atesorarlo consigo, llevarlo a cabo de todas las formas que pudiera, hasta el fin de sus días.

Rio y se giró él también. - Adiós, primero de nuestros misterios. Ya lo tenemos más que resuelto. - Y justo cuando iba a girarse, el niño del reflejo volvió a salir tras él y le despidió con un gracioso gestito de la mano y una risilla, pero antes de volver a esconderse, su abuelo le cogió en brazos. Marcus atinó a leerle los labios. Larry. Abrió mucho los ojos. ¿Había alguien en el mundo a quien Marcus admirara más que a su abuelo? Si tuviera un hijo... Sería un buen nombre. Pero no era el momento de darle vueltas a eso. Tragó saliva una vez más y se giró, caminando con Alice hacia fuera de la sala, dirección al Gran Comedor. Solo era un reflejo, y había quedado claro que... Ellos conseguirían todo lo que se propusieran. Que serían felices y se harían felices el uno al otro, con todo lo que tuvieran. Que caminaban en la misma dirección. Así que sonrió ampliamente, contento y conforme, apretó aún más su mano y caminó junto a ella, dispuesto a terminar de celebrar su gran despedida de aquel castillo que les había visto crecer.

Sean se fue de cabeza a por ellos, lo cual no le sorprendió en absoluto. Soltó una carcajada. - ¿Nos echabas de menos? ¿No puedes vivir sin tus reyes ni dos minutos? - Qué idiota que eres, de verdad, hasta el último día. - Respondió Sean, y con expresión de burla, insistió. - Y no han sido dos minutos. - Pobrecito, qué largo se le ha hecho. - Bromeó, en complicidad con Alice. ¿Qué iban a hacer sin sus piques diarios con Sean y Hillary? Ya buscarían la manera de continuarlos fuera. El director anunció el inicio del baile de los prefectos. A lo justo, pensó con alivio, porque sí, se retrasan unos segundos más y se lo pierde. Guiñó un ojo a Alice y fue muy decidido a por Arabella, pero Sean le detuvo, tocándole un rizo. - Péinate antes, anda. - Se mojó lentamente los labios y le miró. - ¿Y dónde te has dejado tú a la tuya? - El otro se puso muy digno. - Está con sus amigas. - ¿Te refieres a aquellas? - Señaló Marcus al grupito. Sean lo volvió a intentar, aunque cada vez menos convencido. - Habrá ido al baño.- No me cabe duda. Y te ha dejado a ti montando guardia en la puerta. - Y, justo en ese momento, entró una muy mal disimulada Hillary por la puerta. Soltó una risa de superioridad y, acercándose a su amigo, le dijo. - Dile que se ate bien ese lazo, que lo lleva torcido. - Sean miró a la chica acercarse con una cara de culpabilidad tan delatora que hizo que Marcus se fuera de allí riéndose como un villano.

Se acercó al centro del salón y, con su mejor reverencia y su aún mejor sonrisa, dijo. - ¿Me concede el honor de este baile... Arabella? - La mujer rio y le tomó la mano, saliendo ambos a bailar. - Estás considerablemente menos tenso que en quinto. - Estoy considerablemente menos tenso que en quinto. - Corroboró él, y ambos rieron. - Te voy a dar una mala noticia. - Oh, señora, ¿no le basta con que sea este mi último día? - La mujer volvió a reír. - No soy solo tu jefa de casa, Marcus, también soy la jefa de casa de Kyla. Y no la voy a hacer bailar con un profesor, me parece irrespetuoso para con ella. - Él asintió. - Tiene toda la razón. - Por lo que espero que me dejes libre antes de que acabe la canción. - Vaya, ahí estaba la mala noticia. - Volvieron a reír. La mujer suspiró. - Este colegio necesita renovarse en muchas cosas. En la de que los bailes solo sean entre hombres y mujeres, por ejemplo. - Ladeó una sonrisa. - Varios miembros de mi familia lo agradecerían. - Me consta. Por eso lo digo. - Dijo la mujer entre risas. - Realmente... Es el mundo mágico el que debería de cambiar en general, no solo este colegio. - Reflexionó Marcus. La mujer asintió lentamente, mirándole. - Me pareces un buen agente de ese cambio. - Encogió un hombro. - Ya has visto lo que eres y lo que puedes ser. Eres, en estos momentos, el alumno más influyente de Hogwarts, y sabes de sobra que ese título no lo has ganado esta noche. Hoy solo se te ha reconocido de manera oficial... Como a ti te gusta. - Eso le hizo reír con un punto de timidez. - Pero siempre has tenido ese poder, entre otros. Eres un chico inteligente, de buena familia, con muchas cualidades que despiertan tanto admiración como envidia, pero afortunadamente, en tu caso, ha sido más de lo primero que de lo segundo, aunque siempre habrá de las dos. - La mujer le miró con la cabeza ladeada. - Cuando uno tiene un poder... Debe usarlo sabiamente. - Hizo una pausa. - El mundo ahí fuera es difícil, Marcus. No siempre va a ser normativo como aquí, a seguir un camino en línea recta y establecido como aquí. Y el mundo ahí fuera necesita muchos cambios. Tú tienes en tu mano el poder de que se te escuche, cosa que no todos tienen. Tienes influencia y tienes capacidad de sobra para usarla, y para usarla bien. Úsala bien. Eres de los que pueden cambiar las cosas... No te obsesiones con que el mundo no cambia. Cambia tú, y provocarás cambios a tu alrededor. Te doy mi palabra. - Él sonrió. - Usted también es la mejor para cambiar las cosas. - Amplió la sonrisa. - El director ha elegido una buena sucesora. - La mujer hinchó el pecho y añadió. - En ese caso, hagamos los dos que Rowena se sienta orgullosa. -
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Vie Mar 25, 2022 10:13 am por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
El señor Weasley se movía bastante mejor bailando que de normal, se le veía en su salsa, seguro, le recordaba un poco a cómo bailaba Lawrence. — ¿Está pensando que menuda sorpresa que este señor mayor todavía baile? — Ella rio y negó con la cabeza. — No, claro que no. Pero no esperaba que me sacara a mí primero. — Weasley ladeó la cabeza. — Yo generalmente saco a la prefecta de Ravenclaw, porque para eso uno lo fue. Pero… Arabella me ha dicho que esta noche vamos a quitarnos la caspa de los hombros, literalmente. — Ambos rieron, como si fueran dos niños haciendo una travesura. — Y que con la señorita Farmiga va a bailar ella. Cuando el señor O’Donnell la deje libre, claro. — Alice asintió sin perder la sonrisa. — Era su sueño desde siempre. Llegar a esta noche y poder sacar a bailar a la jefa, que es la mujer que más admira en el mundo. — Weasley asintió. — Contábamos todos con ello. Y yo he pensado, si no me dejan sacar a la prefecta, podré ir a por mi mejor alumna, que a la sazón es la señora del prefecto, yo creo que es más que aceptable. — Alice le miró emocionada y dijo. — ¿Soy su mejor alumna? — El hombre asintió. — Pues claro. O’Donnell y usted. Me dan esperanza en el mundo de la alquimia, como en su día mi querida Anne Harmond. — Rio y entornó los ojos. — Claro que… Esa ya me ha superado a mí. Y ustedes lo harán también, querida. — Ella se encogió de hombros. — No es una carrera, señor. — Él se rio. — Yo diría que sí. Solo soy alquimista de cristal y no de los más buenos. — Alice movió los ojos sin perder la sonrisa. — “Solo”. Señor Waeasley, estoy planteándome si podré llegar a alquimista de acero para poder ser enfermera alquimista y usted con su “solo de cristal” — Weasley chasqueó la lengua. — Anda, anda… De acero y de lo que quieras, pocas veces he disfrutado tanto de una primera clase como cuando O’Donnell y usted hicieron aquella síntesis de la alquimia el primer día… — Ella sonrió satisfecha. — Siempre nos ha encantado. Y se nota. Y juntos saben construir sueños fantásticos, algo muy importante para un alquimista y de lo cual yo carezco un poco… ¿Por qué dice eso? Pues porque siempre pensé que había otros mucho mejores que yo, y eso me coartaba… — Alice asintió y suspiró. — Me suena de algo. — Él asintió también. — Por eso mismo se lo digo. Yo he encontrado la enseñanza muy gratificante, y mucho tiempo para investigar y escribir, que siempre me ha gustado, pero… No deje que los pensamientos le creen un techo de cristal, Gallia. Hay pocas mujeres en la alquimia, y si mujeres como usted y Anne prosperan… Podrán convertirse en el espejo en el que mirarse de las niñas, haciendo que esta ciencia llegue a todo el mundo y deje morirse y de ser privilegio de unos pocos. — Ella le miró con los ojos brillantes y una sonrisa tierna. — Así las niñas no tendrán que soñar y esperar que Fulcanelli era una mujer. — Weasley la miró con un aspecto astuto y alzó una ceja. — Quién sabe, mi querida señorita, Gallia, quién sabe. Demasiado bello e inteligente nuestro Fulcanelli como para no ser una mujer… — Ambos rieron y justo la música cambió y con un saludo final se separaron.

Iba a volver se su sitio o a ver cómo de libre estaba Silver, porque era el único profesor con el que le apetecía bailar, cuando notó unas manos que tiraban de ella hacia atrás. — Señorita Gaaaalliaaaaa. — Se volvió y se le tuvo que escapar una risa cuando vio quien tiraba de ella. — ¿Señora Mustang? — La profesora de Herbología estaba dando saltos gracias a la canción más animada que estaba sonando y la hizo girar bajo su propia mano. — Arabella ha dicho a todo el mundo que se puede bailar todos con todos, así que, ¿cómo no iba yo a bailar con mi alumna aventajada? — Ambas rieron y se dejó llevar por la profesora. — Y deja de llamarme señora Mustang, si no te lo he dicho antes es porque luego nos regañan, pero hoy… ¡A bailar! — Y ambas rieron y empezaron a dar salto y a moverse al ritmo de la música. — Se vienen tiempos de cambio Alice, esto solo es el principio. — Ella sonrió de corazón. — Ojalá que así sea.Tú hazme caso a mí. — La volvió a coger de una mano para hacerla girar y ella también hizo girar a Ruth entre risas. — ¿Sabes lo que no cambia? Aquel. — Dijo señalando a Silver. — Desde el colegio volviendo locas a las muchachas, como uno que conozco yo. — Dijo con tonillo mirando de reojo, buscando a Marcus. — Y al final, no fue para ninguna, se fue un verano a no se qué cuevas y volvió con una prometida. Así hacemos las cosas los Gryffindor. — Alice se rio y entornó los ojos. — Y algunos Ravenclaw, créeme. — Ruth le pasó una copa y le dijo. — Por el cambio, Alice. Por el cambio Ruth.

Tras beber, la mujer siguió con su discurso, pero sin parar de bailar. — Unos de los agentes de ese cambio, ten por seguro que habréis sido vosotros. Gracias a ti y a Marcus, las niñas aprenden que no deben callarse cuando les pasa algo como a ti con Hughes, y los chicos que ellos no deben permitir algo así. — Alice asintió, emocionada. — Y gracias a ti se aprende que el trabajo constante y bien hecho tiene su recompensa. — Ruth le dio en la mejilla con el índice. — Mírala ella, copiando el piquito de oro de O’Donnell. — No sé ni dónde para. — Uhhhh, ¿ya le echas de menos? — Preguntó picona la profesora, a lo cual, Alice aprovechó y señaló al jefe de Hufflepuff, con su mejor cara de Gallia traviesa. — ¡Uy! Pero mire quién está ahí. ¡Si es el profesor Kowalsky! ¡Y bailando con mi cuñado Darren! — Se acercó a Ruth y le susurró. — ¿De quién habrá oído lo de que hay que hacer un cambio y ha obedecido tan diligentemente? — Pero ella no el contestó, solo miraba al profesor con una afable sonrisa orgullosa.

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Mar Mar 29, 2022 3:50 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Vio como la mujer se iba deteniendo poco a poco mientras le miraba con su enigmática sonrisa y una ceja arqueada. Marcus agachó la cabeza con una teatralizada expresión frustrada y dijo. - Tengo que dejarla marchar ¿verdad? - Mucho me temo que sí. - Él suspiró, aunque entre risas para continuar el teatro dramático, pero al detenerse, la mujer puso una mano en su mejilla y le miró a los ojos. - Marcus. - Hizo una pausa, en la que ambos seguían mirándose, y él notó que la emoción le empezaba a brotar. Sabía que esa noche podía llegar a ser... Complicada, según se mirara, porque era la última. Solo llevaba todas esas horas esforzándose mucho por darle un enfoque positivo. - Hay cosas que simplemente terminan, y sí... Hay que dejarlas marchar. - La mujer sonrió. - Pero se quedan contigo. Un hombre sabio no tira en saco roto sus vivencias, estas van con él. Siempre. - Él frunció los labios y asintió, y ella, tras pronunciar la sonrisa, se separó de él y se fue a buscar a Kyla, dejándole reflexivo y nostálgico en mitad de la pista.

Llenó el pecho de aire, conteniendo la emoción, y miró a su alrededor. La sonrisa se le amplió al ver a Alice bailando con el profesor Weasley, y siguió pasando la mirada entre los presentes para ver quienes estaban bailando y quienes no. Él siempre estaba bailando con alguien, puede que fuera la primera vez que... Estuviera solo. Pero quería reflexionar, quería mirar ese Gran Comedor y... Despedirse, en cierta manera. Sonrió levemente, con satisfacción, y caminó entre la gente apenas unos pasos. Y mirando, fue a posar la mirada en un grupito de chicas que le miraban, como si realmente esperaran que se acercara a ellas: Cassey Roshan, Patrice y todas esas chicas a quienes Alice llamaba "la mente enjambre", esas chicas que le hicieron la vida imposible a Donna hasta el punto de que la chica determinaba que prefería estar con alumnos mayores que ella... Y Eunice, con ellas. Apenas cruzaron una mirada helada unos segundos, porque justo detrás de ella, pasando discretamente entre las mesas, sola y rumbo a la puerta del comedor, vio a otra chica. Y con esa sí que podría bailar.

Con paso diligente, fue hacia allí. El grupito se removió un poco, mirándole. No podéis pensar de verdad que voy hacia vosotras, pensó casi con pena y ese punto altivo que le salía de vez en cuando. Sonrió ampliamente y se irguió, y llegó hasta la chica justo cuando estaba bastante cerca del grupito, aunque sin perder la dirección a la puerta. - Morelli. - La llamó pomposamente, y Coraline se giró hacia él, sonriendo brillantemente, con los ojos muy abiertos. - ¡Marcus! Quería felicitarte, pero no te veía y no te quería interrumpir cuando sí te veía y eso pero estabas con gente y... - Agachó un poco la mirada, avergonzada, y se puso un mechón tras el pelo. Coraline era una niña muy inteligente pero que a veces se atribulaba al hablar, las relaciones sociales no eran su fuerte a pesar de ser una chica encantadora. Y gran parte del problema... Eran personas como esa, como Cassey, como Patrice, como Eunice y como todo ese grupito. - ¿Ya te vas? - La chica asintió, con un toque penoso. - Ya es tarde y eso. - Marcus miró de reojo al lugar del que venía. Había otro grupito idéntico al de Eunice, Cassey y compañía pero de tercero, que cuchicheaba y miraba a Coraline. Marcus volvió a mirar a la chica. Esta, con las manos tras la espalda y tímidamente, dijo. - Enhorabuena. Ha estado superguay la ceremonia y te has llevado un montón de cosas. Te... - Tragó saliva y la traicionó la mirada, porque la llevó directamente hacia dicho grupito de tercero. Ya sabía que Coraline pasaba mucho tiempo sola y que sus compañeras no eran muy acogedoras, había tenido alguna que otra conversación con ellas. La promoción de Coraline era difícil, y no solo por Creevey, recordaba lo duro que fue su primer año de prefecto, y primero de esos alumnos, por no hablar de la huelga que organizaron al año siguiente. Ciertamente, esperaba que no se lo pusieran muy difícil a Colin y Amber.

Pero por lo que a él respectaba, aún le quedaba un gesto que hacer. Se mojó los labios, irguiéndose con una sonrisa. Sabía que ambos grupos, las mayores y las pequeñas, no le quitaban ojo de encima a la escena. Espero. Que miren. - Señorita Morelli. - Coraline la miró un tanto extrañada, aunque los ojos casi se le salen de la cara cuando Marcus le tendió la mano con una reverencia. - Espero que no le importe quedarse un poco más si con ello me concede el honor de bailar conmigo. - La chica estaba con la mandíbula desencajada, mirándole con cara de pez asustado y sin responder. Él arqueó casi imperceptiblemente una ceja. Venga, no te lo pongas más difícil a ti misma, pensó, como si ella pudiera entenderle. La chica vaciló unos instantes y, finalmente, asintió muchas veces y con mucha energía con la cabeza. Marcus hizo un muy leve gesto con la mano, porque en fin, estaba claro que a Coraline no le habían ofrecido muchos bailes porque no sabía como proceder. Lo mejor eran las caras y los silencios espesos y alucinados de ambos grupos de chicas. La niña, al fin, captó lo que tenía que hacer y, con una radiante sonrisa, agarró su mano y salió con él a bailar.

Estaba temblando como una hoja y ni le miraba. - ¿Me...? - La invitó a decir, porque la chica se había quedado antes a medias. Con timidez, se encogió un poquito y dijo. - Te voy a echar de menos. - Marcus frunció los labios en una sonrisa emocionada. Él iba a echar de menos a muchas personas y muchas cosas en aquel castillo... Muchísimas. - ¿Nunca antes habías bailado con un chico? - Ella negó, igual de enérgicamente que había asentido, con las mejillas coloradas. - Pues lo primero es... - Puso un par de dedos en su barbilla y empujó levemente hacia arriba. - Tener la cabeza bien alta. - Ella sonrió, tímida. - Mi madre siempre dice que tu padre es un hombre muy bueno. - Se aguantó la risa. Cuando Coraline se ponía nerviosa en presencia de los demás, se retraía como una tortuga y no decía nada, o se iba a leer aparte. Cuando se ponía nerviosa delante de él, sacaba la baza de "mi madre es compañera de tu padre". Eso le resultaba muy tierno. - Siempre me caíste muy bien. - Dijo él, dejando a la chica de nuevo con cara alucinada, mirándole. No estaba mejorando sus nervios, pero no quería irse sin decir eso. - Cuando coincidíamos en el trabajo de nuestros padres, eras una niña muy risueña y dulce, muy cariñosa, que siempre tenía un juego al que jugar, una historia que leerse o que quería que le contaran. Mi padre siempre decía que eras una de las niñas más monas que había visto nunca. - Yo me acuerdo muy bien de ti. - Le dijo con timidez. - Te veía supermayor. - Marcus soltó una carcajada y ella se atribuló un poco. - ¡Pero en plan bien! - Ya, ya, si te he entendido. - Dijo él entre risas. - ¿Y me sigues viendo supermayor? - Ella bajó la mirada y encogió un hombro. - Más bien yo me veo muy chica. - Dices mucho eso. - Coraline se encogió de hombros. - ¿Cuánta gente de tu curso sabe de alquimia? - Ella le miró. - Pues... Todos los que estaban con nosotros cuando Alice y tú nos contabais cosas. - ¿Cuántos de ellos crees que se acuerdan de todo lo que dijimos? ¿O cuántos han investigado más? - Ella pensó unos instantes. - No sé... Algunos. Henry sí ha investigado bastante, a veces ha leído conmigo sobre el tema. - ¿Y cuántos saben detectar cuándo una flor, una constelación o el caminar de un animal está siguiendo la secuencia de Fibonacci? - Ahí sí que le miró con los ojos muy abiertos. Marcus sonrió. - Porque tú sí sabes. - Ella parpadeó. - ¿Cómo sabes eso? - Porque lo recuerdo. Porque cuando yo tenía nueve años y tú solo cinco, en el cumpleaños de mi madre, mi padre llegó con un girasol que le habías dado tú porque "te habías enterado de que era el cumpleaños de su mujer", y que el girasol era tu flor favorita porque "tenían un Fibonacci". Me hizo mucha gracia eso de "tenía un Fibonacci". - La niña rio y él prosiguió. - Poco antes de entrar en el colegio fui al trabajo de nuestros padres y tú estabas allí. Justo cuando entré por la puerta, te vi pasar como un rayo hacia tu madre diciendo "¡otra! ¡He encontrado otra!". Tú madre se puso muy contenta y te felicitó, y mi padre se acercó a ti para preguntarte a qué te referías. Sacaste una lista enorme y dijiste que estabas coleccionando cosas de la naturaleza que seguían la secuencia de Fibonacci y habías detectado otra. - La niña le miraba alucinada. - Te he visto en los terrenos. Veo como analizas las plantas y a las criaturas que ves. Veo como analizas el cielo y lo que te rodea. Y veo tu cara cada vez que reconoces la secuencia. La ves a simple vista. ¿Eres consciente de lo difícil que es eso? ¿Cuánta gente crees que es capaz de hacerlo? Y no me refiero a gente de tu clase, me refiero a gente en general. - La niña no hablaba, solo le miraba.
- Sé que es muy fácil decirte que ignores a quienes se meten contigo, que te de igual lo que piensen de ti. Pero... - De nuevo le puso los dedos en la barbilla, aunque esta vez la niña alzó la cabeza con más seguridad. Marcus sonrió. - La cabeza, siempre, siempre, muy alta. - Coraline frunció los labios. - ¿Y si eres el único que piensa así? - Marcus hizo un gesto con la mano. - Pues busca al prefecto Evans y dile que esto es palabra del prefecto O'Donnell y verás como te dice que él también piensa lo mismo. - Eso hizo a la niña reír, y Marcus detectó por la vista periférica a alguien que le venía muy bien que estuviera por allí. - ¿Y sabes quién piensa así también? - La canción ya se había parado, así que en un gesto cómico, se acercó a saltitos sin soltar a la niña, quien se echó a reír, hasta chocarse deliberadamente con la pareja. - ¡Anda! ¡Donna Hawthrone! ¿Cómo tú por aquí? - Ay, de verdad, qué tontito te pones cuando quieres. ¿Qué le estás diciendo ya a esta pobre chica? - Coraline estaba muerta de risa con la escena, y Andrew también se sonreía. Marcus miró a la niña y dijo. - Mi amiga Coraline está teniendo algún que otro problemilla de... Confianza. - Y al decir la última palabra, señaló con un disimulado gesto de la cabeza y los ojos al grupito de cuarto que no les quitaba la vista de encima. Donna rodó los ojos con un quejido y soltó a Andrew para mirar a Coraline. - ¿Te has fijado en esas chicas de sexto que están con la prefecta McKinley? - Coraline miró disimuladamente y luego asintió. - Pues si hoy día soy amiga del prefecto O'Donnell y todos los que son un año mayores que yo, es porque, cuando entré aquí, me hacían el vacío, se metían conmigo por gustarme el quidditch y, entre otras cosas, me llamaban gorda. - La chica miró a Donna de arriba abajo sin dar crédito. - ¿¿A ti?? - Andrew soltó una carcajada. - ¿Verdad? Con lo buena que está.  - Tío. - Riñó Marcus con un suspiro, porque en fin, vaya manera de cargarse el momento educativo. Aunque por la risa de Donna, pareció hacerle mucha gracia. - Pues sí, he mejorado mucho en mi físico, ¿pero sabes lo mejor? Que me hice amiga del prefecto O'Donnell con las que aquellas se mueeeeeeeeeren por bailar ahora, además de ser amiga de un montón de gente sensacional, y... - Se enganchó de Andrew y, con una caída de ojos, añadió. - Soy novia del capitán de Ravenclaw. - A Coraline le brillaban los ojos, y para arreglarlo, Andrew se acercó a ella y dijo. - Y mira, este capitán de Ravenclaw tenía que haberle hecho caso a Donna mucho antes, y ahora me he dado cuenta de que no te conozco, chica, ¿cómo te llamas? - Coraline Morelli. - Pues Coraline Morelli, no me quiero yo ir de aquí sin bailar con alguien tan parecida a mi Donnita, ¿qué me dices? - La chica pasó los ojos por todos los presentes, alucinando, y finalmente aceptó la petición del chico y se fueron a bailar.

Donna suspiró. - Pues nada. Mi novio se ha ido a bailar con una mujer a la que yo misma he empoderado. - Marcus soltó una fuerte carcajada. - Oye, pues aún puedes conseguir otra proeza. Intenta sacar a bailar a mi hermano, a ver que te dice. - Ahora fue ella la que rio con fuerza. - Querría empezar con buen pie el año que viene... Pero mira, no pierdo nada por intentarlo. Será divertido. - Y, entre risas, se fue de allí. Apenas le dejó solo y Marcus notó como alguien se enganchaba cariñosamente a su cuello por la espalda. Solo por el gesto ya sabía quién era. - Hola, prefectillo bueno. - Giró el cuello con una sonrisa y ahí se la encontró, tan escandalosamente cerca como siempre, pero con esa sonrisa radiante y su pelo multicolor. Así era Olympia. - Yo quiero bailar contigo antes de que nos vayamos. ¿Puedo? - Marcus arqueó una ceja. - Al menos ya sé que no vas a intentar besarme como la primera vez que bailamos... - Uy, con lo cerquita que estamos... - Marcus chistó, porque en fin, él mismo hacía las bromas y él mismo llegaba al límite demasiado pronto. Oly soltó una fuerte carcajada y dejó de abrazarle para ponerse delante de él. - Ahora soy una mujer comprometida, ya no voy dando besos por ahí. - Eso sí hizo a Marcus reír. - Pues a eso me refería. - Una vez más, hizo su pomposa reverencia, haciendo a su amiga reír y dar saltitos como hacía siempre, y pidió. - ¿Me concede el honor de este baile, prefecta Lewyn? -
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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Ruth la hizo moverse al ritmo de la música con una risita. — No me vengas de fina ahora, Alice, que llevo viendo toda la vida cómo jugabas al ratón y al gato con O’Donnell. — Ella puso sonrisilla pícar y entornó los ojos. — Porque te admiro mucho, y quería parecerme a ti, incluso en lo de jugar al ratón y al gato. — Y guió un ojo, haciendo reír a la profesora, que chasqueó la lengua luego. — Bertie es mi amigo de toda la vida. — Luego sonrió y levantó una mano. — Y sí, ya sé lo que acabo de decir. — Ambas rieron. — Pero la vida no es igual a los diecisiete que a los casi cincuenta, Alice… — Ella se encogió de hombros y sacó el labio inferior. — Pues Hogwarts con ochocientos años se está modernizando si tú y yo podemos bailar y tu Bertie también, con un hijo de muggles ni más ni menos… Así que tú me dirás. No sé si estoy interrumpiendo algo. — Dijo una voz a su espalda. — ¡Hombre! El terror de las nenas. Siempre quitándome de encima las muchachitas que suspiraban por Silver Handsgold y venían a ver si les presentaba al muy penco. — Dijo Ruth señalándole. — ¿Vienes a concederme un baile o qué? — Silver chistó. — ¿A ti? Ni loco. Vengo a por mi campeona del club de duelo. — Dijo dándole una mano a Alice. — ¿Concedes, campeona? — Ella asintió con una risa y Ruth les miró riéndose. — Toooooda la vida igual. Una chica guapa se lo lleva y yo me quedo buscando qué hacer. Pues cambia algo de la dinámica. — Contestó ella señalando con la cabeza a Kowalsky, con una risita de Silver a su lado.

No pudo evitar mirar a su alrededor a ver cuántas alumnas de séptimo estaban echándole el ojo y muriéndose de envidia. — No seas malvada, Alice. — Dijo el profesor con mala sonrisa. Ella puso cara de enterada. — Es que estoy acostumbrada a que me miren con inquina, soy la novia del prefecto O’Donnell. Solo quiero comprobar que mantengo mi estatus de chica más envidiada de Hogwarts. — Silver chasqueó la lengua. — Tsss, qué tontería. Te admiran porque eres la primera mujer Ravenclaw en ganar una final de duelo. — Eso la hizo reír. — Seguro que sí. — Silver le hizo girar y volvió a agarrarla con suavidad. — Oye, qué bien bailas. Detecto sorpresa en tu voz y no sé bien a cuento de qué. — Contestó él con voz de falsa ofensa. — No lo contaba entre las virtudes de un Gryffindor.¿Que no? Con lo que nos gusta presumir, vamos. Ya he bailado con mi prefecta, presumiendo de casa, y ahora tengo que bailar con la ganadora de mi club, presumiendo de palmarés. Y de enfermera de emergencia, me parece, que los hechizos sanadores no te los ha enseñado tu adorada alquimia. — Ella rio y asintió. — Sí, eso a los Gryffindor os viene genial. — Silver rio y perdió la mirada como si recordara algo. — No me vendría mal una enfermera próximamente, no… — Ella frunció el ceño. — ¿Por qué? — Silver se encogió de hombros. — Cada sorpresa a su tiempo. Estos Ravenclaws… No se os puede dejar con una dudita… — Ella rio y le miró a los ojos con cariño. — Has sido uno de los mejores profesores que he tenido, Silver. Gracias por haber visto algo más en mí y confiar en ello cuando nadie más lo hacía. — Él amplió la sonrisa. — Te equivocas. Antes de mí, antes incluso de Ruth… Hubo dos personas en este castillo que siempre confiaron en ti. — Ella ladeó la cabeza. — Marcus, ¿y quién más? — El profesor soltó una carcajada. — Bueno, Marcus es evidente, pero me refería a los adultos. — Alice frunció el ceño y empequeñeció los ojos, pensando. — Una está en esta sala y la otra no. — Frunció más el ceño, y entonces dio con una. — ¿No ha bajado siquiera la enferma Durrell? Qué tía. Me concede un honor y ni baja a verme. — Silver asintió bajando los párpados. — Así es Florence. Siempre está esperando el próximo suceso luctuoso que ella tenga que solucionar, y como la corrijas, te mira así. — Frunció el ceño e imitó la expresión de profundo cansancio de Durrell, señal de haberla visto mucho. Ambos se echaron a reír, y ella se prometió que tenía que subir a hablar con la enfermera aquella noche, pero Alice no olvidaba. — ¿Quién es la otra? — Silver suspiró. — Sé que cuando O’Donnell está en la habitación solo ves por sus ojos y sientes por sus manos… Eso no es exactamente así. — Corrigió ella. — Lo que sea. Pero Arabella no solo ve a los prefectos. — Alice tragó saliva. — La jefa siempre me ha ayudado mucho, pero… Le he dado muchos disgustos. — Silver hizo un gesto de evidencia. — Y por eso queda demostrado cuánto confía en ti, Alice. Porque, a pesar de esos disgustos, nunca ha dejado de ver tu brillantez y de sacarte la cara en cualquier circunstancia. — Carraspeó y señaló a la mujer, que se acababa de sentar. — Es un buen momento para ir y agradecérselo. — Ella asintió, hizo una reverencia y estuvo a punto de irse, pero Silver la agarró. — Alice… Siento mucho no haberte ayudado más cuando lo de Layne. En el futuro… No es que no te creyera, pero, en el futuro, intentaré que siempre que una chica o una mujer se sienta desprotegida ante la autoridad… No sea por mí. — Ella apretó la mano. — Todo el mundo vive aprendiendo, Silver. Es algo que los Ravenclaws siempre tenemos presente. Y es bueno. Como tú. — Y con una mirada cómplice, se separaron.

Alice llegó a la altura de Arabella y se sentó junto a ella. — ¿Está ocupado? — La jefa rio y lo señaló con la mano. — Alice Gallia en estado puro. Preguntando después de sentarse en un espacio que no está destinado para ella, pero como no hay ninguna cadena que lo impida lo hace. — Detectó el tono amable en sus palabras y se encogió de hombros. — O sea que no.No, puedes quedarte. — Confirmó la jefa con una sonrisa. — Seré breve, que no soy Marcus. — Eso hizo reír un poquito a Arabella. — Es usted la mejor jefa que la casa Ravenclaw podría pedir. Ha nacido para esto, no solo para enseñar Astronomía, sino para ayudar a los alumnos a aprender, y no solo en la faceta de la inteligencia, aprender a vivir. Gracias por enseñarme el camino cuando no era capaz de verlo. Gracias por confiar en mí cuando yo misma no sabía ni quién era. — La mujer asintió y bajó los ojos. — Fue todo un placer. Sobre todo en vista de los resultados, querida. — Siempre era así, parca en palabras, pero decía lo que tenía que decir. Alice se incorporó. — Voy a buscar a mi novio, ahora que sé cómo buscar, tal y como usted es ahora capaz de encontrar las estrellas. — Arabella asintió. — Esas nos guían siempre, Alice. Haces muy bien en usarlas. — Y con una última sonrisa, buscó a su novio entre la multitud, que ya era mucho rato sin él.

Dio con el chico que estaba bailando con Oly. — ¡Gal! Aquí con nosotros. — Dijo abriendo el abrazo del baile y metiéndola en medio. — ¿Veis como hubiera sido una buena idea? — La chica chasqueó la lengua. — Ahora ya… Demasiado tarde. — Los tres rieron y les miró. — Me gusta así. Nos vibra el aura. — dijo en homenaje a su amiga de Hufflepuff. Enfocó a su novio y le dijo. — Llevo unas cuantas revelaciones en este rato, ¿y tú qué tal?

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Miér Mar 30, 2022 3:55 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Oly bailaba muy exageradamente, moviendo mucho la cabeza y dando brinquitos con cada movimiento, lo cual le hacía mucha gracia. - Me voy a quedar con las ganas de un baile de prefectos antes de irme. - ¿No te valgo yo? - Tú siempre me vales, prefecta Lewyn. Me refiero con mi compañera de Ravenclaw. - Oly chasqueó graciosamente la lengua. - Eso es porque eres muy cuadriculadillo. Yo quiero bailar contigo, la prefecta de Gryffindor seguro que querría bailar contigo, cuando suelte a Silver, claro... - Eso le hizo reír. - Y te aseguro que Eunice quiere bailar contigo. - Pero ahí el que no quiere soy yo. - Ambos rieron, y Oly se encogió de hombros. - Pero oye, mi Ky está hoy de muy buen humor, a lo mejor te llevas la sorpresa. - Le miró como si detectara cosas a su alrededor, como hacía siempre, y amplió la sonrisa. - Aunque no tan contenta como tú. Este aura me suena... - Para. - La chica rio con musicalidad, y luego suspiró. - Qué bonito fue ese momento de oír el amor que Gal y tú... - Por favor, no volvamos a eso... - Si es que sabía que iban por ahí los tiros, y ya se estaba empezando a incomodar, pero su compañera solo rio y le quitó importancia.

- Ha sido guay ¿no? Lo de ser compis prefectos. - Marcus asintió, sonriente.  - Tú lo haces todo más guay. - Oly volvió a reír. - Mini Marcus no pensaba eso. Mini Marcus se estresaba conmigo. - Va, Oly, siempre me caíste bien. - Pero te estresaba. Aún recuerdo tu carilla el día ese que no me llegaba el hechizo. - Marcus rio al recordarlo, y Oly siguió narrando. - ¿Y sabes qué es lo mejor? Que no me venía por tu culpa, de hecho. - Se le cortó la risa y abrió mucho los ojos con genuina sorpresa.  - ¡Vaya! Ahora resulta que era culpa mía. - ¡Pues sí! Estabas tan tenso que tu aura hacía BRRRRRRRR. - La chica empezó a vibrar con el cuerpo entero de una forma tan graciosa que, a pesar de que Marcus no daba crédito de lo que le acusaba, se tuvo que echar a reír. - Y claro, así, ¿cómo quieres que me concentre y me lleguen las cosas? - Llámame loco, pero veía más productivo buscar el hechizo en un libro. - Uy, sí, me quedó claro. - Ambos volvieron a reír, pero Marcus se quedó mirando a la chica, unos segundos en silencio, y... - No lo digas. - Cortó Oly antes de que dijera nada, retirando la mirada, con un punto avergonzado. Se quedaron unos segundos en silencio, hasta que Marcus no pudo evitar romperlo.  - Te debo la vida, Oly. - La chica chistó y negó, sin mirarle. - ¿Por qué no te gusta que te lo diga? - Ella se encogió de hombros, aún sin mirarle. - Porque no soy ninguna heroína. Salió bien de milagro, solo... Actué de corazón. Yo hago esas cosas, y no me siento orgullosa porque estaba muerta de miedo y te tiré al suelo y me quemé y quedé como una idiota... - Oly. - Dejó de bailar y la hizo mirarle a los ojos. - Me salvaste la vida. Eso es un hecho objetivo. - A la chica se le inundaron los ojos, y luego esbozó una sonrisilla. - Has escuchado eso de que un Gryffindor moriría por ti, un Slytherin mataría por ti, un Hufflepuff moriría contigo... Y...   - Un Ravenclaw buscaría la manera de que no muriera nadie. - Completó Marcus, y ambos rieron, pero la chica desvió una mirada melancólica hacia Kyla, que reía con la gente por allí. - Podría habernos hecho daño a los dos... Y temo que... Una persona que hubiera buscado la manera de que no muriera nadie, considere esa maniobra bastante idiota. - Marcus suspiró.  - Kyla te quiere tal y como eres Oly, ¿y sabes por qué? - La agarró de las mejillas. - Porque eres para quererte. - Dejó un fuerte beso en su mejilla, y la chica le miró sorprendida. - ¡Ay, Marcus! Que por un momento pensaba que ibas a besarme en la boca de verdad y ya estaba yo como uuuuhhh. - Se tuvo que reír a carcajadas, y acto seguido le dio un fuerte abrazo a la chica. - Parece que no me conoces de nada. - Ella, sin soltarle, respondió. - Sí que te conozco, pero nunca dejo de intentar las cosas. Si no, no estaría con quien estoy ahora. - Marcus amplió la sonrisa. - Pues es verdad. -

Volvieron a bailar a lo justo para que Alice apareciera por allí. Era verla aparecer y a Marcus se le ponía una sonrisa en la cara bobísima, pero ya no lidiaba con ella si quiera, porque se sentía muy orgulloso de las reacciones que Alice provocaba en él, aunque esas reacciones fueran poner una cara de tonto tremenda. Rieron con los comentarios de Oly y luego miró a Alice con curiosidad. - ¿Revelaciones? ¿Cuáles? Soy prefecto, tengo que saberlo todo. - Noooo ya no eres prefectooooo ya has cedido el puestoooo. - Le picó Oly en la mejilla, y con el mismo dedo empezó a señalar. - A aquel muchachillo de allíííí. - Colin estaba con sus amigos, riendo y conversando, muy alegre. Marcus chasqueó la lengua.  - Pero ella sabe que siempre seré su prefecto. - Le dijo con una sonrisa ladeada, mirando a Alice. Oly no tardó en saltar. - Uuuuhhh esto se esta poniendo caldeadito. - Dijo mientras daba pasitos para atrás. - Yo me voy con mi aguililla y os dejo por aquí. - Y eso hizo, irse, mientras ellos reían. Miró de frente a su novia y preguntó.  - ¿Con cuanta gente has bailado? Yo con... - Pensó, mirando hacia arriba. - Tres, sin contar los bailes de antes de irnos. Y aún me quedan víctimas por ahí. - Bromeó. Iba a bailar con todo el que pudiera esa noche, lo tenía claro.
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Jue Mar 31, 2022 5:11 am por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Sonrió y negó con la cabeza ante la reacción de Oly cuando Marcus le dijo que siempre sería su prefecto. — Díselo a tu aguililla, verás que le gusta también. — Dijo guiñando el ojo, mientras se reía y se agarraba a la cintura de su novio, e iba subiendo los brazos para acabar rodeando su cuello, sin dejar de mirarle con cariño. — Pues… Con un montón de gente que no era tan guapa como tú, prefecto O’Donnell. — Le besó con una sonrisa en los labios y se separó alzando una ceja. — Aunque bueno… Silver es muy guapo… — Rio y negó. — Pero no tanto como mi Marcus. — Se apoyó en su pecho y le abrazó. — He bailado con el señor Weasley, que me ha revelado que existen los alquimistas inseguros, que no confían en sus propias capacidades y que ven la genialidad en los demás y no en sí mismos. — Levantó la mirada y puso media sonrisilla. — He bailado con la señora Mustang que me ha revelado… — Se rio un poquito. — Un secreto a voces, en verdad. — Entornó los ojos hacia el profesor de Encantamientos. — Y Silver me ha confirmado que cuando bailas con los guapos, te miran mal. Ahora soy doblemente odiada. — Se echó a reír, juntando la frente con su novio. — Ya mismo te suelto para que sigas conquistando corazones. Pero es que eres tan guapo y tan bueno… — Le miró a los ojos. — Te he visto bailando con Coraline. Eres el sueño de todas las niñas, y ahora mismo la pesadilla de la mente enjambre, y más concretamente de Eunice.

Pero oyó un carraspeo a su espalda y se giró. — O’Donnell, ¿vas a dejar libre alguna señorita esta noche? No, no, no, el pesado de Adams no. Alice miró a su novio con cara de “es el momento de demostrar que eres un caballero medieval y salvarme. Pero Adams se había tomado la callada por respuesta y ya le había tendido la mano y tiraba de ella. Ella sonrió, pero por dentro se quedó pensando “me vengaré de esto”. Con él no tenía tantas cosas de las que hablar, así que se limitó a bailar, hasta que fue él el que inició la conversación. — Con vuestra edad se siente uno el dueño del universo, ¿eh? — Ella asintió. — Con Marcus es fácil sentirse así. — El otro asintió con pesar. — Ah, sí. Recuerdo cuando mi ex mujer y yo estábamos aquí. Ella era de Slytherin, ¿sabes? Debí vérmelo venir. Pero no lo vi, no. — Ay, por Merlín, allá iban. — Y mira que la combinación Ravenclaw-Slytherin suele funcionar. No en mi experiencia, desde luego. — Se le escapó, con una risita nerviosa. — Ah bueno, no ahora, pero yo recuerdo a cierto prefecto de Slytherin tenerte mucho aprecio, ¿eh? — No se esperaba al profesor Adams fan de los cotilleos. — Qué bien informado le veo, señor. — Se encogió de hombros, manteniendo la sonrisa. — Es que soy Ravenclaw yo también, me gusta fijarme en los detalles. Y yo estaba en la sección prohibida aquel día que Jacobs te sacó fraudulentamente el libro de venenos. — Alice alzó la ceja y le ladeó una sonrisa pilla. — ¿Y qué hacía usted allí? No hay muchos libros de Aritmancia prohibidos. — El hombro chasqueó la lengua y entornó los ojos. — Irrelevante ahora. El caso es que luego busqué a Jacobs y le pregunté por qué te lo había dado. — Ella amplió sonrisa. — ¿Y que le dijo? — Adams negó con la cabeza. — Nada, se quedó como atascado, por primera vez desde que lo conocía. — Ladeó la cabeza. — Suficiente respuesta, no me hizo falta más. Ya, ya lo voy viendo, que no espera usted respuesta, pensó Alice, pero se encogió de hombros. — El amor de mi vida es Marcus. — Dijo simplemente. — Lo sé, se os ve. Y eso es muy bonito. Pero no le hagas daño. No sabes lo que un corazón roto le puede hacer a una mente brillante. — A Alice le dieron ganas de reírse en la cara del profesor Adams. Que no lo sabía. ¿Qué se creía que tenía su padre? ¿Y cómo había llegado a ese punto? Claramente, Adams creía que él mismo era una mente brillante. — Creo que su mente brillante es lo que más me gusta de él, así que le prometo que la cuidaré. — Dijo, con una cortés sonrisa. — Eso es. Y no descuides la aritmancia, Gallia, que sé que quieres ser enfermera, pero tienes un talento para las progresiones que… ¡Señor Adams! ¿Me presta a mi cuñadita un momento? — Oh sí. Su Darren, no fallaba nunca. La cara de desconcierto del profesor lo decía todo. — Eh… Claro. Sí, sí. Gracias por el baile, señorita Gallia. — Ella agachó la cabeza. — Lo mismo le digo señor Adams.

Avanzó con Darren al lateral y empezó a darle muchos besitos en la mejilla. — Mira no te puedo querer más. Chica, es que menudo pesado. Y tenías una cara de tensión curiosísima. — Ambos rieron y Darren se enganchó de su brazo. — Quiero bailar con mi Lexito y más chicos, ya que hemos abierto esa veda, pero me quedo contigo hasta que… — Pero Darren se paró a sí mismo y se quedó mirando a su espalda y ella, como si acabara de quedarse pillado con algo. — ¿Qué? — Y cuando se dio la vuelta, también ella se quedó pillada, no, pilladísima.


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Jue Mar 31, 2022 7:57 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Rodó los ojos, aunque la sonrisilla de bobo y el sonrojo no se lo quitaba nadie. Alice era única lanzándole piropos, desde luego. Recibió su beso, rio a lo de Silver y siguió escuchándola. - Oh, qué honor. - Reaccionó a lo del señor Weasley, asintiendo lentamente a su comentario. Desde luego que, como en todo, había alquimistas de todo tipo, aunque todos parecieran tener ese aura de sabiduría que les rodeaba. Miró con curiosidad a Alice, pero no le dijo el secreto a voces de Mustang sino que cambió de tercio al comentario de Silver, que le hizo reír. - Yo también tengo que estar siendo bastante odiado ahora mismo. Estoy bailando con una princesa. Con la reina de Ravenclaw. - Junto su frente con la de ella y chasqueó la lengua. - No quiero conquistar ningún corazón que no sea el tuyo. - Arqueó una ceja. - Hablando de alquimistas, o futuros alquimistas, que solo ven lo bueno en los demás... Mira quién me viene a decir a mí que soy guapo y bueno. - Para él, Alice era la persona más guapa y más buena del mundo, así que... Así estaban los dos, colgados el uno del otro.

Rodó los ojos y fue a responder a lo de Eunice y su cuadrilla cuando el profesor Adams apareció por allí. Miró de hito en hito al hombre y a Alice, y viéndole la cara a su novia se estaba teniendo que guardar una sonrisilla. Muy ceremoniosamente y tras dedicarle una mirada cómplice a su novia, dio un paso hacia atrás y la soltó. Le estaba viendo la cara, y antes de que la voz a su espalda se lo confirmase entre risas, ya lo pensó él. - Vas a pagar por esa, espero que lo sepas. - Se giró y sonrió a su compañera. - Me acaba de decir que soy muy bueno. Creo que ahora mismo se lo tiene que estar pensando dos veces. - Kyla rio y luego le miró con un punto de cariño. - Eres bueno a tu manera. - Marcus ladeó la sonrisa. - El amor te está ablandando, Farmiga. - Vas a hacer que me arrepienta de querer hacer lo que vengo a hacer. - Eso le extrañó levemente. - ¿Y qué vienes a hacer? - Ahora fue ella la que contuvo la sonrisa y, para su sorpresa, le tendió la mano. - ¿Me concede este baile, prefecto O'Donnell? - Marcus estaba alucinando en esos momentos. Y que se lo estuviera perdiendo todo el mundo, semejante hecho histórico.

- Oh, venga, por Merlín, no tardes tanto en contestar... - Lo siento, es que estoy sin palabras. - Dijo, volviendo en sí, y agarró su mano. - Pero por supuesto, será todo un honor. - Ella rio y empezaron a bailar, tras lo cual suspiró. - Para mí esto es una tontería, pero sé lo importante que es para ti tener tu ansiado y protocolario baile entre los dos prefectos... - Da gracias a que ahora mismo no esté lanzando cohetes al aire para ser el foco de atención de todo el comedor. - Kyla se rio aunque fingió fastidio, chasqueando la lengua. - No seas idiota y déjame terminar. - Hizo una pausa. - Sé que no he sido la compañera que querías tener. - Marcus frunció el ceño. - ¿Estás de broma? Has sido uno de mis mayores apoyos durante la prefectura, Kyla. - He hecho lo que tiene que hacer una compañera, y a duras penas. En quinto me pasaba la mayor parte del tiempo aislada y diciéndote a todo que no. - En quinto estábamos empezando en esto. - Marcus, que el resto de compañeros fueran peores no me hace a mí mejor. - Le miró con los ojos entornados. - Sé que quieres mucho a Oly, pero también sé que su caos te pone nervioso. Con Layne y Eunice todo ha sido un desastre desde el principio. No me hagas hablar de lo ocurrido con Maggie Geller. Tu mayor apoyo en quinto era Jacobs, pero se fue y sé que sentías que tenías que tirar del barco solo. - Marcus negó. - No es exactamente así. - Kyla suspiró con resignación. - Bueno, lo que sea. Sé que tú querías una Anne Harmond de compañera y... Bueno, yo no soy así. - No, no lo eres. Pero eres la mejor compañera que podía tener. Y no, no te estoy regalando el oído. Yo soy pelota pero no regalo el oído, ya me conoces. - Lo había dicho con tanta seguridad que Kyla se quedó mirándole a los ojos. - En todos esos momentos que comentas, la que has estado ahí firme, haciendo lo que tenía que hacer, cumpliendo su función y siendo un apoyo para mí has sido tú. Yo soy muy recto y normativo, pero a veces las emociones me desbordan, y tú me has encarrilado muchas veces. Literalmente impediste que me liara a golpes con Layne, no sé si lo recuerdas. - Kyla chistó. - No estabas en un buen momento... - No, no lo estaba. Y en esos días pasaron muchas cosas, cosas que tú resolviste: la pelea con Layne, tanto la mía como la de Alice, porque fuiste a buscarla en el momento preciso; cuando Alice se puso enferma y tú te encargaste de todo para evitarme a mí el mal rato; me hiciste hasta de contención con mi hermano, que también estaba fatal. Has puesto la racionalidad en todo esto. Y cuando lo de Maggie... Tú me advertiste. Tenías razón. Y cuando luego nos peleamos, si la bronca no fue a más fue porque tú la cortaste. - La chica seguía mirándole, como si no quisiera terminar de creerse que hubiera hecho tanto bien pero no tuviera argumentos para rebatirlo.

Tras una pausa, respiró hondo y dijo. - Pero tú querías una prefecta que figurara contigo y diera discursos, y que hiciera tus ansiados bailes en las fiestas. - Marcus sonrió. - Pues eso estoy haciendo, bailar con ella. - La chica entornó los ojos y se le fue dibujando una sonrisilla poco a poco. - Pues eso, te lo debía. - Marcus asintió. - Gracias, Kyla. - Ella frunció los labios. - A ti, Marcus. - Se quedaron unos segundos en silencio, hasta que él lo rompió. - Y los dos hemos bailado con la jefa. - Bua, ha sido sublime. Me he sentido más importante que en toda mi vida. - Eso le había salido a Kyla tan de corazón que los dos se echaron a reír. - Pues prepárate, porque te quedan muchos bailes importantes en tu vida... Futura Ministra. - Ella rodó los ojos, pero no perdió la sonrisilla, lo que hizo a Marcus venirse arriba. - Aaaanda... Ya no te picas cuando te lo digo. Alguien lo está considerando en serio. - Kyla suspiró. - Pues claro que lo considero en serio... Siempre lo he considerado... Es solo que... No quiero ser la típica Ministra de Magia que ha llegado hasta ahí por ser la hija del Ministro. - Cualquiera que te conozca sabrá que no es así. Dudo que haya nadie mejor que tú para heredar el puesto. - Suspiró. - Mi abuelo me ha advertido mucho sobre eso: si te dedicas a la alquimia, vas a tener que oír muchas voces que hablen de que estás ahí por ser mi nieto. Nos toca demostrar que estamos ahí no porque seamos hijos o nietos de, sino porque lo merecemos. Y tú lo mereces más que nadie. - Puso una graciosa expresión pensativa. - Además... Ministra Farmiga... Suena bien ¿no? Es pegadizo. - Como que llevas quince años oyendo Ministro Farmiga, así de pegadizo. - Marcus se echó a reír y ella le dio en el brazo entre risas, diciendo. - Qué idiota eres. - Ya decía yo que me sonaba estupendamente. - Y siguieron riendo. Sí, su relación con Kyla no tenía nada que ver a como era cuando empezaron, y se había fraguado por el trabajo en equipo. Lo dicho, no podía haber tenido una mejor compañera.

Terminó la canción y se detuvieron, y antes de que la siguiente empezara, Kyla dijo. - Por cierto... Tengo un mensaje de mi chica. Quiere que te diga que hay alguien con quien deberías bailar, y una historia de las auras y de las profecías y de que ella había visto que irías a buscarla y... - Movió la mano. Marcus la miraba un tanto extrañado. - Sabes a quién me refiero ¿no? - Kyla hizo un gesto con los ojos y, cuando Marcus lo siguió, vio que señalaba a la profesora Hawkins. La mujer estaba simplemente parada en mitad de la pista, mirando a los lados con su sonrisa de encantada con el entorno. Él echó aire por la boca y miró a Kyla. - ¿Esta es mi venganza por dejar a Alice con Adams? - Kyla, con una sonrisa de que el tema no iba con ella, se encogió de hombros y se fue. - Se te está pegando de alguien lo de liársela a la gente. - Lanzó el tirito, pero su compañera ya se había ido. Se giró y miró a la profesora en la distancia, suspirando, y frunció los labios. ¿Qué hacía? ¿Iba? Le iba a poner la cabeza como un bombo... Aunque... Sí que sentía como si... Le debiera algo. En lo que se lo pensaba, la mujer cruzó la mirada con él y sonrió, y él le devolvió una sonrisa fruncida. Vio que la mujer soltaba una risita musical, se llevaba la mano al bolsillo, sacaba la varita y, al agitarla, un grupito de pajaritos encantados se dirigían hacia él y le rodeaban, piando alegremente. Vale, captado. Pensó, acercándose a la mujer. Esta volvió a reír y, con su tono etéreo habitual, dijo. - Nada mejor que un pajarito para llamar la atención de Marcus O'Donnell. - Él frunció los labios. - En realidad, pocas cosas llaman más mi atención que un buen encantamiento. - Ella le miró con ternura y, antes de tenderle la mano, añadió. - Ya deberías haber aprendido que las cosas que nos atraen siempre van de la mano, cielo. -
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Jue Mar 31, 2022 3:39 pm por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
¿Director Potter? — Dijo alucinada, mirando al hombre mientras terminaba de darse la vuelta. — ¿Interrumpo algo? — Ella negó con la cabeza, pero Darren estuvo más expresivo y la empujó un poco. — Nada, nada, señor director. Tengo toda la vida para hacer el tonto con mi cuñadita. Cuñada. Bueno, eso, que aquí se la dejo. — Alice trató de asentir de nuevo, pero estaba demasiado impactada. Buscó a Marcus con los ojos, pero no le veía, aunque había una buena cantidad de gente que ya sí que la miraba a ella. — ¿Se encuentra bien, señorita Gallia? — Asintió, y dejó de buscar a Marcus para mirar al director, porque igual era de mala educación no parar de buscar a otra persona cuando se estaban dirigiendo a ti. — Tengo muchos compromisos esta noche para bailar, y me consta que usted también, pero… ¿Me concede un baile un poco más breve que los demás pero que intentaré que esté a la altura? — Alargó la mano para reposarla en la de él y dijo en voz casi baja. — Sí, por supuesto.

Salieron a la pista de baile, con movimientos lentos pero acompasados. No era, desde luego lo mismo que bailar con el señor Weasley que lo hacía como un gran señor antiguo, o Adams, que lo hacía como un galán barato que cree que baila muy bien. — ¿La estoy incomodando, señorita?¿Qué? No, no, para nada, señor. — Tomó aire y ladeó una sonrisita inocente. — Es que no me esperaba que bailara usted esta noche… Y menos conmigo.Bueno, uno fue prefecto de Slytherin también, ¿sabe? Allá por la prehistoria. — Eso la hizo reír un poquito. El director Potter tenía ese humor tan particular pero que a Alice le gustaba bastante. — Y tuve que hacer muchos bailes ceremoniosos. Y en mi época no era un “si quieres” “si te apetece”. No, no, como no bailaras con la prefecta, quedaba como un terrible descastado. — De nuevo, volvió a hacerla reír de forma sincera. — Uf, menos mal, ahí está su risa, ya estaba temiendo que se le estuviera poniendo la misma cara que con Adams. — Y eso le hizo reír más, mientras dejaba que le diera la vuelta. — Nada que ver, señor. — El director se encogió de hombros, con expresión indulgente. — Está pasando una racha difícil el pobre.Sí, creo que quien más quien menos, ya se ha enterado de esa circunstancia. — Ahora el que se rio fue el director. — Esa sinceridad Gallia. Me recuerda a la de su padre, solo que usted solo la saca a veces. — Ella amplió la sonrisa. — Su padre es alguien brillante, y me han dicho que usted ha heredado algunos de sus dones. — Alice entornó los ojos. — Ya me gustaría. Es un as de las transformaciones. Bueno, no tuvo a la subdirectora Fenwick de profesora. Si no, le aseguro que hubiera tenido serias dificultades. — Ambos rieron como niños traviesos que acabaran de decir una barbaridad. — Sin embargo, no soy capaz de imaginar a su padre ayudando en una enfermería, acabaría incendiándola. — Ella tuvo que asentir, con fingida gravedad. — Y no me haga hablar de la que podría liar en un taller de alquimia. — Eso le cogió un pellizquito en el pecho, pero trató de mantener la compostura. — Bueno, no se crea, ahí se queda más o menos tranquilito, cuando está atendiendo es capaz hasta de concentrarse. — El director ladeó la cabeza, como si lo estuviera considerando. — Sin embargo, no me hubiera esperado nunca tampoco a William Gallia en un estrado defendiendo una causa como la que defendió usted contra Layne Hughes. — Ahí le salió una sonrisa más débil. No había visto mucho al director Potter hasta ese entonces, y no le parecía el mejor pie con el que entrar a nadie. — Sé que a veces el director no está muy en contacto con los alumnos. — Dijo, como si pudiera leerle la mente. — Pero su actuación, señorita Gallia, no dejó indiferente a este Slytherin que ya lleva muchos años en este colegio. Y me pregunté, ¿de dónde ha sacado esta jovencita ese arrojo, esa sinceridad, y esa capacidad de ayudar a los demás tal y como hizo en el incendio? — Hizo como si mirara al techo. — Y entonces pensé “tendrá que ser de su madre”. — Ladeó de nuevo la cabeza. — Y pregunté a mis contactos en Ilvermony por si podían contarme algo más de ella, ya que no tuve el gusto de conocerla, pero nada, no pudieron aportarme prácticamente nada.Ya, y tanto, pensó Alice. Slytherins, confían tanto en su red de contactos que no se les ocurrían cosas como que el nombre de su madre en Estados Unidos estaba más que censurado por su familia. — Es que se fue de allí muy joven. — Dijo con una sonrisa sin comprometerse. — Pero sí, era un gran ejemplo. Yo aspiro a parecerme a ella. Ahora y cuando sea madre. — Y eso le había salido tremendamente natural, y como Marcus la oyera, no iba a oír el fin del asunto. — No me cabe duda. Y me alegra de que lo tenga tan claro. Verá, señorita Gallia, a veces, los Ravenclaws como usted se pierden en los detalles, o se obsesionan con cierta parte de la historia. — Volvió a hacerla girar y la recibió de vuelta con una gran sonrisa. — Hogwarts, y los alumnos de Gryffindor especialmente, le deben mucho, señorita Gallia. Y la lucha por un colegio más justo con las mujeres, también. Lo que quede detrás de usted será eso. Siempre será la alumna que ayudó como una enfermera profesional durante el incendio, igual que su amado prefecto fue ese alumno que ayudó a apagarlo. Dejan ustedes una huella muy importante en Hogwarts, y quiero que así lo perciba. No se pierda en los detalles. — Ella puso una sonrisa sincera y notó como se le ponían los ojos vidriosos. — Lo hice encantada, señor. Es lo que más me gusta en el mundo.Oh, querida, no me vaya a llorar. No quiero afrontar la furia de su prefecto, su jefa de casa y puede que incluso de Ruthie y Florence. — Eso le hizo soltar una carcajada. — Gracias, señor. De nada, señorita Gallia. — La hizo girar una última vez y alargó el brazo para liberarla. Ella hizo una pequeña reverencia, y se iba a retirar a buscar a Marcus para flipar juntos, cuando alguien la agarró de los hombros.

Codeándote con la élite, Gallia. ¿Qué se se siente? — Se giró con una gran sonrisa y rodeó a Kyla con los brazos. — Que me gusta, pero, si tengo que elegir entre las élites, me van más los prefectos, ¿qué me dices? Que llevaba años queriendo que estuviera bien visto que una prefecta bailara con una alumna, para tener una excusa a sacarte a bailar. — Justo cambió la música y se puso una más animada y Alice dio un salto, agarrando las manos de Kyla. — No se hable más, prefecta Farmiga. — Dijo tirando de ella hacia la pista de nuevo, entre fuertes risas.


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Lun Abr 04, 2022 10:50 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Tenía que reconocer que se había pensado dos veces lo de tomar su mano y empezar a bailar, ahí parado, con una sonrisa leve y tensa en los labios y casi buscando a Alice con la mirada, pero tan disimuladamente que no la llegó a encontrar. Entre otras cosas porque Deidree Hawkins volvió a soltar una risita musical, aún con la mano tendida hacia él, e interrumpió sus pensamientos. - Siempre con tanto miedo a perder el control... Aunque lo llevas mejor que cuando nos conocimos. - Se mojó los labios y ya sí sonrió con un poco más de naturalidad. - Iba a decir que ni tengo miedo ni temo perder el control, pero... Supongo que no tiene sentido engañarla. - Le entró al trapo, haciéndola reír y, ya por fin, tomando su mano para bailar.

- Pienso mucho en nuestra última conversación. - Trató de disimular, pero sí que estaba un poco tenso. Nunca se sabía por dónde te podía salir un adivino, y menos alguien como esa mujer, y a Marcus no le gustaba que le sugestionaran o insertaran ideas raras en su cabeza... Básicamente lo que hacían los adivinos. - Ese libro que iba leyendo aquel día... El que hablaba sobre el destino... Es precioso, ¿no crees? - Marcus ladeó la cabeza y encogió levemente un hombro. - Lo siento, señora, no he tenido la suerte de leerlo. - La mujer volvió a reír con musicalidad. - No me mientas, querido Marcus. No es bueno que un alumno tan condecorado como tú mienta, y tampoco está bien mentir a un Hufflepuff. No nos lo merecemos. - Eso sí le hizo reír con naturalidad, aunque pensaba rebatir lo de la mentira. La mujer no le dio opción. - No eres el único que lleva un control de sus libros favoritos. La señora Bins, muy amablemente... - Sobre todo amablemente, pensó. La bibliotecaria era de todo menos amable, y siendo la profesora Hawkins, era altamente probable que fuera tan pesada que la otra accediera por tal de no escucharla. - ...Me facilita registros de las entradas y salidas de los materiales que más me interesan. Así veo qué alumnos tienen... Ciertas predilecciones. - Así también adivino yo, volvió a pensar, pero se limitó a escuchar cortésmente, sin decir nada. - Y qué alumnos sacan los libros que a mí me gustan especialmente... Aquellos que brillan con luz propia. - Siguió bailando con tranquilidad y con una sonrisa sutil en los labios, y el silencio se prolongó unos segundos. Ambos se miraban a los ojos, los dos con esa expresión de tener la mano ganadora... Aunque a Marcus esa mujer le ponía muy tenso. Y temía perder la batalla en breves, si bien estaba muy seguro de que no tenía armas contra él.

Se equivocaba. - Me alegra haber visto a un O'Donnell sacando de la biblioteca el libro sobre el destino del que hablamos aquel día. - Marcus no perdió la sonrisa, arqueando una ceja. - No fui yo. - Respondió, tranquilo e impasible. - No soy el único O'Donnell de este castillo. Tengo un hermano, sería él. - No iba a pillarle con el tema del destino... Aunque, al tiempo que decía esto, se preguntaba para qué querría Lex un libro así. Lex ni cursaba Adivinación ni creía en ella, ni era un bebedor de libros ni muchísimo menos, a duras penas leía los obligatorios para las asignaturas y los relacionados con quidditch. Si eso era así, era muy raro... Pero le libraba a él, que era lo importante en ese momento, ya tendría tiempo de averiguar lo otro. Pensó que su imperturbable declaración de inocencia descuadraría a la profesora... Pero nada más lejos. - Lo sé. Vi su nombre, él fue quien sacó el libro. - Se mantuvo lo más inexpresivo que pudo, sin perder la sonrisa, pero lo cierto es que aquella declaración le desconcertaba. En primer lugar, porque lo dicho, no hacía a Lex leyendo esas cosas; en segundo, porque, si la profesora sabía que el libro lo había sacado Lex, ¿por qué se lo decía a él y parecía tan satisfecha? ¿Qué tramaba? Aunque, con lo loca que estaba, a saber si no había nada detrás de aquello, solo hablaba por hablar con intención de liarle... Si es que por algo no le gustaban los adivinos.

La profesora suspiró, mirándole con esa especie de aprecio infinito y como si ambos bailaran en mitad de un idílico jardín lleno de flores. - Un hombre sabio como tú expande sus horizontes, y cree en todo y en nada a la vez. No cree hasta que encuentre pruebas, pero no descarta nada que haya llegado a oír. Y tú estás destinado no solo a ser un gran sabio, sino a transmitir esa sabiduría a quienes te rodean. Necesitas a quienes te rodean. ¿Sabes? Nosotros vibramos con nuestra energía, y esa energía puede mover voluntades en los demás... - Bueno, ya empezaba con el discurso que no entendía. Pero tenía una fachada de perfecto prefecto que baila con una profesora que mantener y así siguió... Aunque ya empezaba a rayarse. Justo lo que no quería. - A veces, sin saberlo, sentimos que ciertas cosas tienen un peso en nosotros, que nos atrae irremediablemente, pero nuestra voluntad consciente no nos deja hacerlo... Y en esos momentos, la inconsciente hace... - Le soltó las manos para hacer un dramático gesto con todo el cuerpo que parecía que estuviera expulsando el alma de sí. Marcus miró de reojo a los lados. De las mejores decisiones de su vida: no cursar esa asignatura. - ...Y llega a los demás. ¡Grita auxilio! - Yo sí que quiero gritar auxilio. La profesora Hawkins había vuelto a agarrarle para bailar y seguía hablando. - Y ahí es cuando las personas que más nos aman, aquellos que sienten nuestra energía, aquellos que están conectados a nuestra alma, sienten que deben hacer aquello que nosotros no podemos hacer... Y lo hacen. - Esperaba que ahora viniera la parte en la que le explicara qué quería decir con todo eso... O mejor no, no sabía si quería saber.

Lo iba a saber. - De ahí que tu hermano pidiera ese libro. - Parpadeó. A ver, era cierto que no tenía ninguna explicación racional a ese hecho en su mano, pero desde luego la hipótesis de la profesora no le convencía. Ella debió verle la cara y soltó una risita. - Es evidente que lo hizo por ti, Marcus. - Ahí sí rio levemente, como quien ya ha pillado por dónde van los tiros. - Lo siento, señora, pero no es el caso. No le pedí a mi hermano que sacara el libro por mi, nunca pido a nadie que saque libros en mi nombre. - Ni me interesa ese libro. Y, aunque hubiera sido el caso, no iba a ser tan tonto de pedirle a alguien con su mismo apellido que sacara un libro que no quería que relacionaran con él, sería como ponerse un cartel de acusación en la cabeza. La mujer, sin embargo, negó. - Sé que no se lo pediste tú con la misma seguridad de que sé que lo sacó por ti. - Volvió a parpadear. - Dime, querido Marcus, ¿por qué querría alguien como Alexander O'Donnell, cuya legeremancia le da una herramienta poderosísima para ver el presente, el pasado y los deseos futuros de los demás, un libro sobre poemas adivinatorios? No necesita mi asignatura, si bien estoy segura de que hubiera sido brillante en ella, aunque... Demasiada sobriedad en su interior. Vuestra madre tampoco era muy dada a las ciencias adivinatorias. - Eso no hacía falta que se lo juraran. Casi podía verle la cara a su madre si escuchara a Hawkins hablar. - Vuestro hermano buscaba en ese libro algo que no podía conseguir por sus propios medios. No había forma de que hubiera conocido un libro que lee una profesora de vez en cuando y que solo algún alumno aventajado de mi asignatura, ninguno de los cuales está en su casi inexistente círculo social, de una materia que él no cursa que está en un área de la biblioteca que seguro que alguien con tan poco interés lector como él no ha pisado jamás. La única forma de que lo sepa es que... Alguien le haya hablado de él. - Marcus frunció el ceño. - Yo no le he hablado de ese libro a mi hermano. No sé ni cómo se titula. - La mujer soltó una risueña carcajada. - Marcus, querido, no digas que no sabes como se titula un libro cuya existencia conoces, que pierdes credibilidad. - Bueno, lo que le faltaba, una adivina hablándole a él de credibilidad. Aunque aquello se estaba tornando bastante extraño.

- Alexander sacó el libro apenas un par de días después de nuestra conversación sobre él en el pasillo. - Ahí sí que se le debió notar la extrañeza en la cara, porque ya había perdido la sonrisa y tenía el ceño fruncido. La mujer siguió. - Lo mantuvo un par de días y, una vez reconciliados Alice Gallia y tú, lo devolvió y no volvió a tomarlo. Ni me dijo nada. Y ambos sabemos no solo que tu hermano no es asiduo de esas lecturas, sino que no es capaz de leerse un libro entero en dos días, salvo que quiera ir a alguna parte concreta, consultar y devolverlo... Cosa que tampoco es su estilo, más bien es el tuyo. - No estaba entendiendo nada, así que se quedó en silencio, pensando. La mujer, con una sonrisa alegre, bailó como si nada, mientras a Marcus le iban los engranajes del cerebro a toda velocidad. Cuando pudo reaccionar, preguntó. - ¿Qué me quiere decir con esto? - Ella amplió la sonrisa. - Que crees más en el destino de lo que quieres reconocer. Que, en el fondo de tu corazón y en lo más oculto de tu mente, resuenan mis palabras, todas ellas. Y que eso es algo que un legeremante como tu hermano percibe tan bien, que cuando tu inconsciente grita auxilio y esas palabras suenan atronadoras mientras tu voluntad se niega a hacer nada con ellas, debe hacer algo por remediarlo. - Se encogió de hombros. - Lo que hizo con el libro, no lo sé. Que lo pidió en la biblioteca por ti... Eso, mi querido espino blanco, es una certeza. - La mujer se detuvo y le acarició la mejilla, mientras la cara de Marcus seguía siendo de desconcierto absoluto. - Un adivino no solo predice el futuro, también percibe el pasado y observa el presente. - Arqueó una ceja, sin retirar la mano de su mejilla. - Y sigue siendo el chico listo que eres y no me preguntes cómo sé lo del espino. Recuerda que fui la primera en mencionároslo. - Soltó una risita de leve satisfacción y volvió a agarrar para bailar a un Marcus que ahora era poco menos que un muñeco de trapo con la mirada perdida, tratando de procesar.

- No os quedan muchas frases por oír, aunque yo diría... Que si bien son pocas, os toca esperar. - Marcus la miró. Ya no iba a corregirla de nuevo y decirle que él no oyó nada, que lo oyó Alice... Tragó saliva, y ella le miró fijamente. - Ya lo sabes, ¿verdad? Lo has visto. - Se quedó unos segundos sin decir nada, pero negó lentamente. - No sé... A qué... - No hay mayor obra de adivinación en el mundo mágico que el espejo de Oesed, mi querido Marcus. - Le puso una mano en el pecho, sobre el corazón, deteniéndose ambos de bailar. - Sé que piensas, muchos lo piensan, que todo esto no es más que obra de la sugestión... Pero el corazón habla, Marcus, y nosotros oímos. Seguimos los dictados del corazón, dejamos que nuestra alma grite... Y la seguimos. Si eso es sugestión o no... - Se encogió de hombros. - No nos importa. Solo estamos seguros de que hay destinos que están escritos, y el corazón lo sabe, nuestra energía lo sabe, diga lo que diga nuestra cabeza. Estamos seguros de que aquello que deseamos marca nuestra vida y nuestro camino, y eso hace muy fácil predecir lo que va a ocurrir. Y tú lo llevas viendo desde que viste ese espejo. Poco a poco has ido viendo lo que va a ocurrir. - Dicen que si miras durante mucho tiempo el espejo de Oesed, te vuelves loco. - Afirmó, con un punto temeroso, y no sabía por qué había dicho eso. La mujer asintió lentamente. - Porque te pierdes en tus deseos y dejas de lado tu camino y tu realidad... Pero tú tienes tan claros tus deseos, que solo has ido a comprobar que seguían ahí. Tienes tan claro lo que quieres hacer, que has ido a despedirte una última vez solo para comprobar... Si realmente sabes de quién es ese corazón que ambos escucháis. - Se quedó unos segundos detenido de nuevo, solo mirándola, y tras estos, negó lentamente con la cabeza. - No lo sé, señora... No tengo ni idea. - La mujer ensanchó una dulce sonrisa y dijo. - En ese caso... Hagamos como que no lo hemos adivinado, y dejémonos sorprender por el tiempo. - Le guiñó un ojo y dijo. - Truquillos de adivina. - Eso le sacó una leve risa. Aunque ahora su corazón, que no ese corazón misterioso, latía a toda velocidad. Y sí iba a ser verdad que había una parte consciente de él que se cerraba en banda a... Creer. Por miedo a perder el control.

- Parece que tu pajarito está muy ocupado. - Al comentario de la mujer, Marcus buscó a Alice con la mirada, y se sorprendió al verla bailando con el director. La mujer rio. - Al menos ya reconoces quién es el pájaro. - Le tomó una mano con las dos suyas, y, palmeándola con cariño, le miró a los ojos. - Mucha suerte en vuestra vida, Marcus. Sed felices. Haced un bonito nido y no dejéis de florecer nunca. - Sonrió de corazón y asintió. - Gracias, profesora Hawkins. - Ella le devolvió la sonrisa y se fue. Marcus soltó aire por la boca, y justo fue a reparar la mirada en Lex, que estaba sentado solo en una de las sillas cercanas a la pista. Sonrió y se acercó a su hermano. Ya había bailado suficiente, ahora solo quería... Estar con quien, había quedado más que demostrado, era una de las personas que más le quería en su vida.
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Lun Abr 04, 2022 12:51 pm por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Se lo estaba pasando como en la vida bailando con Kyla, inventándose pasos, haciendo reír a la chica de verdad y sintiendo que podían hacer lo que quisieran, sin preocuparse del puesto de prefecta, de los profesores mirando ni de nada. — Te veo desatada, Farmiga. — Le dijo, mirándola de lado y alzando las cejas. La chica volvió a reírse a carcajada e imitó su postura. — Igual es que empiezo a parecerme a ti, Gallia. — Ella amplió la sonrisa y negó, con expresión de enterada. — Yo creo que no es por mí, precisamente… Igual tengo que ir a chivarme a la prefecta Lewyn de tu comportamiento a ver qué me cuenta. Yo paso de hacer eso con O’Donnell porque seguro que ya tenéis un retito o jueguecito de los vuestros entorno a eso y no lo quiero saber. — Y ambas se echaron a reír. Alice se acercó a ella y la hizo girar con su mano, agarrándole luego de la otra y haciéndola moverse de un lado para otro.

En verdad, sí que es por ti. — Dijo Kyla, un poco más serena, pero sin perder una sonrisa amable. — Muy poca gente antes que tú se había acercado a mí en tu plan. Simplemente… Abierta a conocerme, desde cero. — Entornó los ojos hacia Olympia. — Mi Oly… Era abrumadora, y quería reciprocidad e inmediatez… Y ahora puedo dársela… Pero esa Kyla de quinto, no podía. — Alice se encogió de hombres y agarró más fuerte las manos de la chica. — Con quince años todos cometemos estupideces. Hemos crecido para bien, y lo que nos queda.Pues yo he crecido gracias a ti. Bueno y a Marcus, y Hills, Donna… Todos los que me habéis dado la oportunidad de ser Kyla… Sin esperar algo que no podía dar. — Alice ladeó la cabeza y la miró juzgadora. — Ky, eres mucho mejor de lo que tú misma crees. Mira, por ejemplo, ¿a que crees que eres supernormativa y lo tuyo no es romper las reglas? — Ella asintió. — Pues mira cómo pasaste la mano cuando Oly me drogó sin querer para salvarnos a las dos y a Marcus de un castigo muy gordo, o la expulsión o la pérdida del puesto para ellos. — Kyla se encogió de hombros. — Eso es porque se distinguir entre el bien y el mal, Gal, nada más. — Ella negó. — Alguien supernormativo, habría pasado del bien y el mal y se habría atenido a las normas lavándose las manos. Pero espera, ¿a que crees también que lo tuyo no son las emociones? — La chica rio un poquito y asintió. — Soy más de hechos objetivos. ¿Quién me encontró cuando me peleé con Marcusy no podía ni moverme ni dejar de llorar? Te digo más, ¿quién me encontró la otra vez, el día de mi cumpleaños, cuando huí de todo? — Kyla se encogió de hombros otra vez. — Es que te conozco bien, y no pude hacer nada por solucionar lo que te pasaba.Escucharme, no juzgarme, poner las cosas en simple… Todo eso no es nada precisamente. Y no me hagas hablar de pasar por salir a bailar con Marcus solo porque sabes que es importante para él, o de cuando ibas detrás de él cuidándole mientras estuvimos enfadados. — Su amiga puso una sonrisa más amplia. — Y espérate, que dices que no eres una persona de fiestas, ¿pero tu estás viendo cómo lo estás dando todo aquí? — Y Alice dio un gritito, poniéndose a dar saltos entorno a Kyla, aunque la música era de bailar tranquila y protocolariamente. — Una prefecta que no es amiga de las fiestas no se saltaría el estilo de música para volverse loca.

Cuando paró la canción Alice se detuvo un momento, jadeando. Kyla no borraba la sonrisa, pero también se la veía agotada, aunque no dejaba de mirarla. — ¿Qué? — Preguntó ella sonriendo. — Nada. Pensaba en lo importante que fue para todos que aparecieras aquel día en la sala de prefectos de Ravenclaw… Y me hablaras sin más. Que no te asustaras de mis borderías y, sobre todo… — Se miraron a los ojos. — Que hayas seguido siendo mi amiga después de lo de tu cumpleaños. — Alice dejó caer los hombros y suspiró. — Kyla, dime, por Merlín, utiliza tu lógica, ¿por qué no iba a serlo? Porque no todo el mundo lo hubiera hecho. Otra ya hubiera andado con mil ojos, hubiera juzgado… Pues te aseguro que eso es lo que NO — enfatizó la palabra —, hay que hacer. Yo no soy mejor por simplemente hacer lo correcto, lo que quería, de hecho, porque te valoro muchísimo como amiga, no quería separarme de ti. — Se abrazaron fuertemente, estrechándose y Alice susurró. — Amigas para siempre, prefecta Farmiga. Quizá hasta empiece a enterarme de política cuando te hagas ministra de Magia, ¿qué te parece? Para siempre, Alice Gallia. — Y entre risas de nuevo, se fueron a sentar, porque hasta les faltaba la respiración.

¡Ehhhhh la doble “p”: putón y prefecta! — Oyó por ahí. Vio sentado a Ethan con Aaron en un banco del comedor y tiró de Kyla hacia allí, sentándose al lado del Slytherin y subiéndole los pies al regazo. — Estoy molida. — Anunció. — Pues nosotros estábamos echándonos unas risas a costa de tu novio bailando con la colgada de Hawkins. — Las chicas miraron hacia donde señalaba y se echaron a reír inmediatamente. — Eso es venganza divina, he tenido que aguantar a Adams porque aquel no ha dicho ni mu cuando me ha sacado a bailar. — Pero la cara de Kyla se había cambiado. — ¡Ay, Dios! Que Oly se ha ido a pedirle bailar al profesor Ferguson. Voy antes de que diga algún improperio y la tengamos el último día. — Ethan la señaló con la mano mientras se iba. — Mira, quién nos lo iba a decir, nuestra doña perfecta enamorada hasta las trancas ni más ni menos que de la Oly, sacándola de los embrollos. — Alice rio y les miró. — Y además de reíros de mi novio, ¿qué hacéis tan tranquilitos aquí? — Aaron sonrió y luego miró a Ethan bastante embobado. — Hablar del futuro. — Alice rio y miró a su novio, también embobada. — Todos hacemos eso esta noche, creo yo.


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Lun Abr 04, 2022 4:46 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Con una sonrisa en los labios, se dejó caer en la silla junto a Lex, mirándole. Su hermano le devolvía una mirada y una sonrisa casi idéntica a la suya, quizás con ese toque más... De Lex. Pero muy parecida. Eran mucho más parecidos de lo que llevaban toda la vida queriendo reconocer. Tras intercambiar la mirada y la sonrisa unos segundos, ambos miraron a la pista de baile en silencio, solo en compañía el uno del otro. - Me gusta verte tan relajado en una fiesta. Sentado, pero oye, no está mal. - Dijo Marcus tras unos instantes. Lex rio mudamente con los labios cerrados y respondió. - He bailado con Darren. - ¿Ah sí? - Respondió Marcus, entre sorprendido y contento, lo que hizo a Lex reír. - Un poco, tampoco te creas, pero es que no podía decirle que no. Estaba demasiado contento y... Bueno, es su último día. - ¿Y dónde está ahora? - Lex señaló con el índice y Marcus se sorprendió al seguir la dirección con la mirada. Arqueó las cejas en silencio y su hermano se encogió de hombros. - Es demasiado bueno. En sus palabras textuales, "ay no puedo irme de aquí con este malentendidillo es que me voy a sentir mal". - Marcus se llevó una mano a la cara para reírse con esa interpretación, pero luego miró la escena de nuevo y suspiró. - Sí que es buena persona. Cedric también lo es. - Porque con ese, nada más y nada menos, bailaba Darren en ese momento. Ahí estaban los dos, riendo y charlando animadamente mientras bailaban, como si no hubiera pasado absolutamente nada entre ellos.

- Con lo poco frecuente que es en mi casa, qué menos que tratarle bien. - Marcus miró a su hermano. - Creo que eso es un mito. - Ahora fue Lex quien le miró, con el ceño fruncido en confusión. - El prefecto Jacobs es buena persona. Mamá es buena persona. El tío Phillip es buena persona. Violet es buena persona. - Ladeó la cabeza y amplió la sonrisa. - Tú eres una de las mejores personas que he conocido. - Su hermano bufó hacia un lado como si se estuviera metiendo con él, pero había visto como su rostro se había perturbado ligeramente. - Ya se te ha subido a la cabeza el... - Lex. Mírame. - Pidió, y su hermano le hizo caso de inmediato. - Si me pongo a enumerar todo lo que has hecho por los demás, pero sobre todo por mí, en tus dieciséis años de vida, pierdo el tren de mañana porque eso serían muchas horas de discurso. - Lex hizo amago de bufar y desviar la mirada otra vez, pero se contuvo, al mismo tiempo que parecía hacerse más pequeño. Marcus miró la solapa de su túnica. - En lo que iba ganando todas estas condecoraciones... Y fingiendo ser el más listo de este castillo... Mi hermano estaba haciendo cosas grandiosas que nadie va nunca a condecorar y yo no me daba cuenta. - Lex bajó la mirada. - No necesito un reconocimiento. - Pues no creo que haya nadie en este castillo que lo merezca más que tú. - Contestó inmediatamente. Marcus miraba a Lex y el otro apenas devolvía la mirada con dificultad, pero se había creado ese silencio en el que ambos sabían lo que se decían. Y no hacía falta hablar.

Se mojó los labios, pensativo, mirando a la pista. ¿Cómo podía formularle a Lex esa pregunta? Es decir... ¡Por eso no le gustaba juntarse con adivinos! Al final, le había acabado rayando la profesora, si es que lo sabía. Se estaba debatiendo entre si darle pábulo o no, creérselo o no o sacar el tema o no, cuando Lex interrumpió. - Sí. Cogí el libro. - Ah, claro, para qué vas a plantearte cómo preguntar algo de manera correcta con un legeremante al lado. Se miraron. - En algo tienes razón de lo que has dicho antes... Para lo bueno y para lo malo, en este castillo he sido bastante invisible para ti. - Marcus hizo un amago de expresión dolida que Lex detuvo. - No es un reproche. Yo quería ser invisible para todo el mundo y eso te incluía. Eras uno de los tíos más populares y sociables del castillo, si no fueras tu hermano, te huiría. Te he huido siéndolo. - Bueno, al menos no era él el único que tenía que haber mejorado cosas en esa relación. Lex volvió a mirar al frente y siguió hablando. - Muchas veces que tú ibas y venías... Yo estaba por allí. Te veía pasar por los pasillos, hablar con la gente... Esconderte con Alice por una esquina. - Marcus rodó los ojos. - En esos días que estuvisteis peleados... Te perseguí más de la cuenta. Estaba preocupado por ti, y no es que tu cabeza fuera un paraíso precisamente, joder, eras un puto dementor macho, chupabas la energía. - ¿Qué hacías siguiéndome entonces? - Lex le miró. - Estabas en la mierda. Y yo... Sabía cosas. Sabía lo de Percival y te lo estaba ocultando, y bueno, leyéndote la mente me enteré de que el motivo de la pelea no fue ese, pero aún así... Me sentía mal. Me sentía culpable pero temía acercarme a ti y que me mandaras a tomar por culo... El día que te topaste con Hawkins, os vi. Bueno, os vio medio colegio. Qué vergüenza, macho. - Ya, gracias por recordármelo, al grano. - Cortó, porque sí, menuda vergüenza de escena, recordaba las caras de la gente mientras les miraba. - Creo que no eres consciente de cómo te pusiste después de esa conversación porque una parte de ti repetía como un poseso "no creo en la adivinación", pero te chillaba el cerebro. Temía que te volvieras loco de verdad. Y bueno... Después fui a hablar contigo, el día que vino tía Erin. Y seguías igual. Seguías dándole vueltas y vueltas al puto libro y la profecía y lo que te había dicho la pirada esa... Así que fui a ver de qué cojones iba el libro. - Se encogió de hombros. - No encontré una mierda, era solo poesía rara. Y encima era como, joder, manda huevos que tenga que venir yo a resolverle el enigma a los dos putos Ravenclaws estos, macho. - Bajó la mirada. - Pero también seguía a Alice, no solo a ti. Estabais muy mal y... Me desesperaba. Y en la desesperación, dije, si encuentro aquí algo... Yo que sé. Se lo digo a Darren, que tiene más labia, y que os lo diga y medie entre vosotros o algo, porque si encima os lo digo yo me cae la bronca por leeros la mente. Pero luego os arreglasteis, así que... Devolví el libro y ya está. Vamos, ya ves que tampoco fue para tanto. -

Marcus se quedó unos segundos en silencio, solo mirándole. Finalmente, dijo. - ¿Por qué no me lo contaste en el momento? -Lex le miró con una ceja arqueada. - ¿De que me he llevado de la biblioteca un libro de una "ciencia" en la que no crees y que te ha rayado durante días por un momento que te ha puesto en ridículo delante de todo el castillo y en el que me he intentado basar para librarte de una rayada que sé que tienes porque te he leído la mente, lo cual odias? - Preguntó irónico. Marcus frunció los labios. - A ver, es que si lo pones así... - Le había quedado tan avergonzado e infantil el comentario que Lex se echó a reír. - Queda en el pasado de los hermanos O'Donnell sin comunicarse entre sí. - Eso le produjo un cosquilleo en el pecho y le puso una sonrisa en la cara, mirándole. - No sé si me gusta más que hables de "los hermanos O'Donnell" o ese futuro de comunicación tan brillante que nos espera. -Lex volvió a reír, tras lo cual chistó y se encogió de hombros. - Somos la Orden de Merlín ¿no? - Marcus frunció los labios de nuevo, pero esta vez emocionado. Se acercó un poco a él con su silla, hombro con hombro, y ahí se quedaron, de nuevo, en silencio y mirando la pista.

- Esto sin ti no va a ser lo mismo. Para nadie. - Lex le miró. - Sobre todo para mí. - Bajó la mirada. - Ahora me arrepiento de haber sido un gilipollas asocial. Tenías razón, hubiera disfrutado más de esto si me hubiera juntado más contigo. - Marcus se encogió de hombros. - No te lo he puesto fácil. No te comprendía. No era tan sencillo como venir y juntarte con nosotros. Te estaba pidiendo adaptarte a mi mundo sin adaptarme yo al tuyo. - Agarró su mano. - Eso va a cambiar a partir de ahora. - Ladeó la sonrisa. - Tú... Ocúpate de sacarte el último curso. Escríbeme y pregúntame de todo, te mandaré todas las cartas que hagan falta con consejos para los EXTASIS. - No quisiera ser yo culpable de la explotación y posible fallecimiento de lechuzas por exceso de carga en el correo. - Ambos se echaron a reír. - Hablo en serio. Estaremos en contacto, y cuando salgas... Tenemos nuestros proyectos. - Lex pareció entristecerse. - Vamos a vernos muy poco, Marcus. Tú vas a tener que estudiar muchísimo, y yo me voy a pasar el día viajando. - Marcus se giró en su asiento para mirarle directamente. - Pues cuando vayas a un país del que deba sacar investigación, me iré yo también, y de paso veo tu partido. - Lex rio. - No te crees ni tú que va a pasar eso, pero vale. - ¡Eh! No quiero fisuras y desconfianzas en mi Orden de Merlín. - Siguieron riendo, y Lex le miró. - ¿Qué vas a hacer si te sale un hijo fan del quidditch? - Bromeó su hermano, pero Marcus, lejos de picarse, sonrió aún más. - En ese caso, espero que su tito Lex le guarde el mejor sitio en las gradas. - Ahora fue Lex quien sonrió de oreja a oreja, emocionado, y respondió. - Cuenta con ello. -
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Lun Abr 04, 2022 6:12 pm por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Ethan resopló e hizo un gesto con la mano en círculos. — Ay, pero vuestros futuros seguro que están llenos de… Estabilidad y dinero ganado y no heredado, y muchos libros, y críos, y eso… — Dijo como si acabara de decir una lista de materiales repugnantes. Alice rio y negó con la cabeza. — También hay viajes, y una casa guay… — Ethan soltó una risa. — Santa Violet Gallia no creo que tenga casa ni nada que se le parezca. — Ella se inclinó hacia su amigo y le dio unos toquecitos en el hombro. — Pues menos risas que ya tiene novia oficial, y en algún momento tendrán que parar en algún lado, así que no lo descartes. — Ethan resopló y se dejó caer sobre Aaron. — Ya no quedan almas libres en el mundo. — Alice señaló a los dos con la barbilla y mirada astuta. — ¿Por ti lo dices? — Él sonrió y se giró para agarrar de los mofletes a Aaron. — Mi leoncito peleón sabe que yo soy un alma libre, igual que el tuyo lo sabe de ti… Nosotros no estamos atrapados, nena. Además, no podemos asentarnos en ningún lado sin que los piscopatillas de tu familia nos persigan. — El chico se lo tomaba a cachondeo o eso quería hacer parecer, pero Alice miró a su primo con cara de pena.

Hablaban muy poco de cómo proceder, de qué significaba para Aaron estar con un hombre abiertamente (y ese hombre, para más señas, que como Ethan se cruzara con Lucy Van Der Luyden, estaba viendo venir el desastre). — ¿Qué vas a hacer? ¿Quedarte aquí? — Sabía que Ethan y su familia tenían casas diversas y recursos, pero los McKinley puede que tampoco fueran la mejor compañía para una pareja como ellos. Su primo se encogió de hombros. — Eso sería tremendamente cobarde. Y tú tremendamente Gryffindor, pensó Alice con un puntito de desesperación. — Mi madre les plantó cara y mira cómo le fue. — Advirtió. — Tu madre se fue. Y no la culpo. Pero mis padres son buenas personas, de verdad, Gal, sé que tiene mal concepto de mi madre, pero solo ha sido una niña asustada toda la vida. Era de Pukwudgie, como tu madre, es buena y simplemente… Le enseñaron a ser así, y a temer por lo que le venía encima si no hacía lo que dictaban sus padres… — Suspiró. — Tengo que volver a por ellos. Convencerles de que hay más mundo fuera de los Van Der Luyden y sus influencias. Quizá así empiecen a ser felices. — Miró a Ethan, un poco embobado. — Y todos podamos intentarlo al menos. — El chico se incorporó y empezó a hacer gestos con las manos como si espantara bichos voladores. — Bueno, ya está bien, ¿no? Por favor, cuánta tristeza. Si la pobre Oly estuviera aquí le habríais puesto el pelo canoso y las auras del color de la tinta china, ¿no os da vergüenza? — Ambos rieron. Ethan, desde luego, era único desdramatizando situaciones. — Tú vas a ir a América ya donde quieras, querido, porque me vas a seguir a mí en mi rutilante carrera como modelo. — Alice le miró con una ceja alzada. — ¿Lo dices en serio?Pues claro, cariño, si yo no tengo ningún talento, a parte de ser una perra malísima, que no sea ser extremadamente guapo. — Dijo pasándose la mano por la cara. — Sabes que hay gente que vive de eso, ¿no? Y antes de que te preguntes por qué tu novio dios griego no puede serlo, te contesto: porque no enseña más de medio centímetro de piel, si puede evitarlo, a ningún espectador que no seas tú. Y yo, ya ves, me desnudo aquí mismo ahora y dejo que me admiren. Si encima me pagan, pues perfecto. — Ella se rio y negó con la cabeza. — No sé yo si la comunidad mágica va en busca de tal cosa. — Ethan entornó los ojos y puso cara de asco. — No, y de hecho, ellos se lo pierden. Pero los muggles sí. — Alice abrió mucho los ojos. — ¿Trabajarías para los muggles? — Él rio. — Pues claro, ¿qué tienen de malo, cariño? No, no, nada. Pero tu familia… — Soltó una carcajada. — Ya me la cortarían si pudieran por ser como soy. Trabajar para los muggles es lo de menos. Y para villana encubierta y perfectona, ya está mi hermana. — Alice se acercó a él y le dejó un beso en la mejilla. — Vas a ser libre, Ethan. Vas a vivir la vida tal y como quieras, y los McKinley no te lo van a impedir— Ahí el chico se giró y la miró, sin perder la sonrisa, pero claramente más en serio. — Nadie me había dicho eso nunca. — Ella sacó los labios. — Pues te lo digo yo, que soy y siempre seré libre como el viento. Me parece el mejor augurio que te puedo echar. — Ethan rio un poquito y la estrechó. — ¡AY MI PUTÓN SI ES QUE DICE COSAS MUY BONITAS ELLA! — Luego señaló en dirección al borde la pista. — Por ahí hay dos O’Donnells haciendo conjeturas, yo de ti, iría para allá. Ah, y otra cosa, dile a tu novio y al otro que mañana nos vamos de fiesta fuerte, de las de verdad, y os quiero ahí sin rechistar. — Ella rio y asintió. — Yo se lo transmito.

Se acercó a lso hermanos y les rodeó a cada uno con un brazo por los hombros, metiendo la cabeza entre ellos. — ¿Qué andáis tramando? — Señaló con la barbilla al frente. — Oly, por lo visto, la Tercera guerra mundial, porque sigue insistiendo a Ferguson con salir a bailar. — Lex rio con astucia. — Si vierais la mente de Ferguson ahora mismo… — Alice se rio también y se giró hacia su novio, y al verle, no pudo evitar dejarle un besito en la mejilla. — Yo vengo a invitaros mañana a lo que Ethan ha definido como una fiesta de verdad. — Clavó los ojos en Marcus. — Y antes de que te quejes: va a ser nuestra graduación, van todos nuestros amigos y es tu cumple. Si hay un día para pasarse, ese es mañana. — Le dio a su cuñado con la cadera. — Apóyame en esto, cuñadito, no me dejes sola en este barco. — Dijo entre dientes, exageradamente, para hacer reír a su novio.


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