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Miér Mar 16, 2022 3:47 pm por Genie

Mother Russia
We will defend your blue skies


Rusia, 1942.
El pacto de no agresión se disuelve cuando los nazis invaden la madre patria de Rusia. Los rusos se toman muy a pecho esa traición y ponen todo de sí para vencer a los nazis en la frontera rusa y las pocas ciudades tomadas. Es cuando las mujeres rusas son aceptadas para pertenecer al ejército, en diversos puestos. Kira Popova acaba como Bruja de la Noche, una piloto excepcional que vuela un bombardero pesado con habilidad. Vasily Egorov es quien acompaña a Kira en los constantes vuelos sobre las ciudades tomadas por los nazis. La afinidad entre ambos crece con cada misión y la tensión sexual también. Viven día a día, exprimiendo al máximo cada segundo de este.

¿Sobrevivirán ellos dos en el aire?


PERSONAJES

Vasily Egorov
25 años - Alexander Petrov - Keifler
Kira Popova
25 años - Astrid Berges Frisbey - Genie
1x1 - INSPIRED: 2ºWW - Acción

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Miér Mar 16, 2022 9:29 pm por Keifler


MOTHER RUSSIA
WE WILL DEFEND YOUR BLUE SKIES

   
   

Hacía poco más de un año que el horror de la guerra había sacudido los territorios de la Unión Soviética, aunque Europa ya llevaba tres años sangrando. Avanzando por el oeste, extendiéndose como una horrible mancha oscura, los fascistas marchaban desde Berlín con su maquinaria de destrucción, arrasando con todo a su paso. Muchas aldeas habían sido reducidas a cenizas, ciudades enteras golpeadas por los incesantes bombardeos de los cañones y la aviación nazi. El poderoso Ejército Rojo, que nunca se rinde, que nunca retrocede, se había visto obligado a entregar posiciones, a retroceder, desde Polonia hasta el mismísimo corazón de la Madre Patria.

Los fascistas estaban a las puertas de Moscú. También Leningrado estaba sufriendo un durísimo asedio, y en las estribaciones del río Volga se libraba una dura batalla en Stalingrado, una batalla que cambiaría el curso de la guerra y de la historia. Más al sur, extendiéndose desde la estratégica península de Crimea, el Eje pretende llegar al Cáucaso. El Ejército rojo les presenta batalla para cortarles el paso antes de llegar a Georgia y que consigan aislarla del resto de la Unión Soviética.

La falta de personal, y sobre todo de personal experto, empieza a hacer mella. Es por ello que algunas oficiales del Ejército Rojo presionan para incluir a mujeres entre las tropas activas, no sólo como enfermeras o ayudando con la logística y el mantenimiento de bases, material y tropa. Moscú es bastante reacio, pero ante la falta de efectivos, empieza a ceder. Se crean unos pocos regimientos de aviadoras, todas ellas mujeres, y empiezan a desplegarse por diferentes frentes.

El 558º Regimiento de Bombardeo Nocturno se despliega en el sur, cerca del río Kubán, para ofrecer apoyo a las tropas que están repeliendo el avance fascista al Cáucaso. Una unidad conformada íntegramente por pilotos mujeres, todas ellas voluntarias, aunque llenaron rápidamente el cupo y tuvieron que cerrar admisiones. Se especializaron en bombardear posiciones enemigas durante la noche, entre reflectores y linternas enemigas.

Aunque no combatían solas. El 359º Regimiento de Aviación de Combate estaba allí para cubrirlas. Si bien esta unidad estaba únicamente conformada por hombres, como era lo habitual, ambas unidades compartían espacio en la misma base aérea. En barracones separados, eso sí, uno en cada extremo de la base, para evitar «contactos indeseados que distraigan a los soldados de su cometido y su objetivo». La mayoría de aviones del 514º eran cazas, y su principal cometido era ofrecer cobertura aérea a las Brujas de la Noche, sobrenombre que se ganaron las muchachas del 558º, en sus salidas nocturnas. Estas bombarderas solían aparecer de la nada, golpeaban rápidamente y luego desaparecían igual de raudas que habían llegado, antes de que el enemigo tuviese tiempo a reaccionar; pero, a veces, el enemigo reaccionaba, o ya tenía patrullas nocturnas volando por el cielo, esperándolas. Por eso empezaron a ser importantes los cazas de escolta para estos bombardeos que destruían la retaguardia y la moral enemiga antes de los combates del resto de fuerzas aéreas y terrestres durante el día.

A pesar de estar separados sus barracones, sus comedores y hasta sus hangares, en diferentes momentos del día ambas unidades compartían espacio, aunque fuese de manera breve. Muchos pilotos varones acudían con desgana a estas reuniones, pues consideraban a sus compañeras inferiores por ser mujeres. Que su lugar debía estar en la enfermería, en los almacenes, limpiando, cocinando, o si no directamente en sus casas. Pero no era así para Vasily Egorov. Él estaba entusiasmado de reunirse con las del 514.

Aún recuerda el primer momento en que la vio. Llegaban en esos pesados y lentos camiones de transportes de tropas, sin apenas escolta. Todo un regimiento de mujeres que venían a pilotar los pesados bombarderos que se salvaron de Crimea o que acababan de llegar desde retaguardia. Había muchas muchachas, pero sólo una llamó poderosamente su atención, hasta el punto de no quitársela de la cabeza. Aunque ni siquiera sabía su nombre.

Pero sí sabía qué avión pilotaba. Aquella noche le tocaba salir, y estaba ya en su cabina, esperando en fila a poder despegar. Mientras hacía la pasada por el carril paralelo, al pasar por el hangar de los bombarderos, pudo ver claramente que era ella. Hablaba con sus compañeras e, incluso, parecía reír. Ahora ya sabía cómo distinguir el bombardero que ella pilotaba, aunque de noche es complicado saber quién es quién en el cielo sin luz.

Todos los aviones despegaron, surcando el cielo nocturno, algo nublado, un poco de viento racheado que sacudía a veces los cazas, no tanto los bombarderos que son más grandes y pesados. «Escuadrón Verde, proteged al Escuadrón Azul», les dijo el comandante de la operación desde la torre de control mientras todas las naves ya volaban hacia posiciones enemigas. Los Verdes eran uno de los dos escuadrones de cazas que volaban esa noche, justamente del que formaba parte Vasily. El Escuadrón Azul eran los bombarderos, donde pilotaba aquella chica.

Vasily se sintió especialmente motivado aquella noche. Si fallaba, algo malo les pasaría a los bombarderos, y uno de los bombarderos que no pasarían de esa noche podrían ser el de su misteriosa piloto sin nombre.


Vasily Egorov - Kira Popova

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Miér Mar 16, 2022 10:05 pm por Genie


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Kira Popova jamás se imaginó que de un día al otro saldría de la granja familiar para pilotar un bombardero pesado en el cielo ruso. Era un cambio extraordinario en su vida del cual tuvo que prepararse a toda prisa y en poco tiempo, pues la urgencia nacional era tal que admitía lo que fuera para la lucha contra los fascistas alemanes. El entrenamiento de Kira causó que eventualmente algunas cosas de su propio organismo no funcionase bien, pero eran detalles menores para ella, pues su urgencia patriótica era mayor a cualquier condición médica deficiente. Kira fue seleccionada entre las mejores pilotos, bautizada unos meses después como Bruja de la Noche y capitana del escuadrón número 514. Allí hizo excelentes migas con otras mujeres pilotos, creando así un grupito ameno con el que salir en las noches libres.

Sin embargo, tanto ella como sus compañeras debían soportar los disgustos masculinos, pues ellas sabían que ellos preferirían que estas estuvieran en el hogar ocupándose de actividades muy femeninas y que les dejasen a estos lidiar con la crueldad de la guerra. Pero el gobierno soviético se hallaba con necesidad de más ayuda, de más soldados; querían engrosar el Ejército Rojo a como diese. En cualquier momento reclutaban niños, aunque a Kira no le extrañaba si ya fueron reclutados. Llevaba meses siendo capitana de vuelo en su bombardero, al que llamaba Mamushka. Mientras tanto, cada día afinaba más su relación con sus colegas pilotos mujeres. Tenía una mejor amiga, que era su copiloto, Ekaterina. Con ella eran muy confidentes y esta fue quien le susurró que un piloto de caza la miraba como idiota, haciendo que Kira echase a reír.

Aunque los soldados masculinos no aceptaban de buena manera el hecho de haber mujeres en el ejército, no podían evitar babear por estas jóvenes, impulsoras de bellezas exóticas a lo largo del territorio soviético. Habían mujeres para todos los gustos y cuando estas se sacaban el uniforme masculino y vestían con vestidos, medias de seda y tacones, más de uno silbaba a su paso, causando las risas femeninas. Kira miró disimuladamente al piloto casi rubio a la distancia y negó con la cabeza, concentrándose más en el bombardero que debía volar. Con una orden seca pero amena, fueron subiéndose en los bombarderos para luego llevarlos a la pista y despegar. Los bombarderos eran pesados y había que maniobrar mucho para lograr el vuelo correspondiente. Eso hacía que Kira soliese tener los bíceps un poco más marcados que la mayoría de las féminas. Tras escuchar al hombre de la torre de vuelo, Kira puso en marcha el bombardero y salió de la pista a los minutos, haciendo fuerza en el timón de vuelo, notando como todo su cuerpo se tensaba y temblaba a la vez.

Una vez en el aire, Kira se comunicó con sus colegas y con el caza que las cuidaba.—Popova al aire, ¿quien nos acompaña en esta aventura nocturna?—habló y preguntó a la vez, queriendo conocer al piloto del caza que les acompañaba, mientras surcaban los cielos rusos.


Kira Popova - Vasily Egorov

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Jue Mar 17, 2022 10:17 pm por Keifler


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Pilotar de noche era especialmente peligroso, por lo que todos los que estaban aquella noche de misión tenían al menos algo de experiencia. En el caso de Vasily, tenía experiencia haciendo algunos vuelos de reconocimiento y participó en algunas misiones de escolta, pero no ha estado todavía en un combate serio. Salían casi todas las noches, pero no había aviones para tantos pilotos, por lo que éstos se iban turnando. Era la tercera vez que salía, las otras dos noches fueron calmadas.

Vasily se mostraba confiado para pasar bien la noche, pero también estaba atento. Aún a pesar de volar de noche y sin demasiada luz, pudo distinguir claramente el bombardero en el que volaba la capitana Popova, a quien admiraba sin apenas conocerla. ¿O era algo más que admiración?
—Al habla el teniente Pushin, liderando el escuadrón Verde. Nosotros seremos vuestra escolta esta noche, camarada capitana.
Habló el superior de Vasily, un teniente joven pero experimentado que ya contaba con algunas bajas enemigas en su haber, como atestiguaban las tres estrellas rojas pintadas en el fuselaje de su avión, bajo la cabina. Por eso era jefe de escuadrón. Vasily se envalentonó para hablar también por radio.
—Eso es, camarada capitana. Pueden pilotar tranquilamente los bombarderos esta noche, confíen en que las vamos a proteger.
Su tono de voz sonó entusiasmado, quizá algo demasiado emocionado, pero nadie se lo recriminó. Mejor ir a combatir con buen espíritu que decaídos, y tampoco sonaron inadecuado ni su comentario ni su tono. Lo cierto es que era la primera vez que podía dirigirse a ella, aunque fuese desde la radio, volando a unos cuantos pies por detrás de ella, mirándola a través de la cabina. O, bueno, el culo de su pesado bombardero. Pero sabía que le había escuchado, y eso le bastaba.

Los aviones volaban en formación, algo elevados para evitar la mayoría de fuego enemigo, así como para hacer menos ruido que alertara a sus patrullas y avanzadillas. Al fin y al cabo iban con bombarderos pesados que podían soltar sus cargas desde bien arriba. «Os acercáis a territorio enemigo. Cortaremos las comunicaciones para que no nos escuchen llegar tampoco por radio. Buena suerte.» Como era habitual en esas operaciones, la señal por radio desde la torre de control se cortó. No se cortó la radio entre los aviones en vuelo, tenían directrices de no usarlas, a no ser que fuera estrictamente necesario; o bien cuando el enemigo ya les hubiera detectado, en cuyo caso se activaban las radios, también con la torre de control, para organizar el combate.

Volar en un caza siempre era mucho más solitario. Aunque podías estar en contacto con radio o volando en formación, estabas solo en esa cabina, que era ridículamente pequeña y angosta, más todavía con los controles encima, que debías evitar rozar con las rodillas o el codo si no querías causarte un problema con un descuido. En los bombarderos iban acompañadas, al menos, con dos pilotos, artilleras de cola y responsable de navegación y bombardeo. También tenían la ventaja de que sabían por dónde estaban, mirando hacia abajo y calculando la ruta a través de mapas. Vasily tenía un mapa, lápiz y goma para seguir el rumbo, pero raramente lo usaba, y menos al volar en formación, porque podía distraerle. También es que volando tan alto y de noche no veía un carajo, y sólo tenía la referencia del reflejo de la luna sobre las aguas del río Kuban. Con eso le bastaba para orientarse. Pero, como además le habían ordenado proteger a los bombarderos, mientras quedase uno volando, él se quedaría pegado a éstos hasta donde sea que lleguen. Como si llegan a Berlín.

Pasaron unos cuantos minutos donde el silencio se hacía pesado, únicamente roto por el constante sonido del motor de su Yak-1. Ese peso de la incertidumbre si sería otra noche tranquila de bombardeo o tendrían problemas. Y, además, el peso de no saber dónde estaban, simplemente que estaban adentrándose en territorio enemigo. Llegado el momento, los bombarderos de las Brujas de la Noche abrieron sus compuertas inferiores para empezar a soltar las bombas sobre los fascistas. Casi inmediatamente se iluminó el suelo con focos y reflectores, sonaban sirenas de bombardeo, pero desde arriba en el cielo no se escuchaban, y menos con el sonido de sus motores amortiguándolo. Pronto empezaría el fuego antiaéreo, aunque a tanta altura no debería suponer un verdadero problema.

Lo que le preocupaba a Vasily, y al resto, aunque no podían manifestarlo por tener las radios cortadas todavía, era si aparecerían aviones enemigos. Vasily miraba más hacia el cielo que hacia abajo, no así las bombarderas que fijaban sus objetivos y trataban de asegurar que las bombas caían donde tenían que caer, y los blancos confirmados que reportar de vuelta a base.


Vasily Egorov - Kira Popova

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Vie Mar 18, 2022 1:03 am por Genie


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El teniente Pushin fue quien habló a través de la radio, pero a Kira le dio curiosidad saber quien era el otro que había hablado tan optimista. Se miró con su copiloto con media sonrisa divertida y volvió a centrarse en el trayecto de vuelo, siendo guiada por sus colegas en el bombardero. El ruido del bombardero hacía estallar sus oídos, pero estaba tan acostumbrada a ello, que se lo tomaba con calma. El viaje no fue eterno y cuando sus compañeras le indicaron, hicieron abrir las compuertas para lanzar las bombas a los fascistas. Segundo después empezó el ataque antiaéreo. Kira hizo maniobras nada elegantes para esquivar los disparos y poco a poco se alejaron de la zona de guerra. Cuando se alejaron por completo, encendió la radio para avisar a la torre que habían logrado su cometido y que se enterarían al día siguiente. Viró el bombardero por otra área del cielo oscuro y regresaron casi todos a la base aérea.

Tras aterrizar aquel mamotreto, Kira se bajó y crujió su cuello para liberar la tensión y que sus oídos dejasen de pitar. Caminaron con las jóvenes para agradecer a la escolta por su compañía y seguridad. Kira estrechó manos con el teniente Pushin e hizo un asentimiento de cabeza.—Os invito a un merecido vodka, camaradas.—dijo, guiándolos al bar de la base aérea y pidiendo vodka para todos. Se sentó en una silla, sacando una pitillera y encendiéndose un cigarrillo, examinó a la escolta con ojo crítico.—¿Quien era el optimista que habló en el vuelo? A él le debemos las gracias de que todo haya salido bien.—preguntó, buscando con la mirada al optimista. El teniente Pushin señaló a un rubio.—Cabo Egorov fue quien habló.—dijo el teniente Pushin, apretando el hombro de Egorov.

Kira examinó al cabo y sonrió.—Muchas gracias, camarada Egorov. Hemos podido sobrevivir gracias a sus palabras de aliento.—comentó y lo invitó a sentarse a su lado, sonriendo con las risitas divertidas de sus compañeras.




Kira Popova - Vasily Egorov

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Vie Mar 18, 2022 4:51 pm por Keifler


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El fuego antiaéreo resultaba lejano y poca amenaza para los pilotos que surcaban el cielo aquella noche. Estaban atentos, no se confiaban de esas explosiones que estaban cada vez más cerca, pero la altura era su aliada y resultaba muy complicado acertarles. El golpe fue rápido y preciso, cuando tenían los cañones calibrados y preparados para disparar, ya se estaban volviendo. Vasily no sabía del alcance del ataque, no podía mirar mucho hacia abajo. Simplemente confiaba en que hubieran conseguido hacer bastante mella en las tropas y líneas enemigas, cumplido la mayoría de objetivos para la noche.

Volaron en formación también de vuelta. No hizo falta romperla porque nadie vino a atacarles. Los del otro escuadrón de cazas se quedaron un poco por allí, haciendo tareas de reconocimiento, pero regresaron todos a la base. Ya no coincidieron en el cielo, les vieron aterrizar  todos y cada uno de ellos, cuando el resto de aviadores, tanto de cazas como de bombarderos, habían tomado tierra y aparcado sus aviones en sus respectivos hangares o posiciones junto a la pista.

Una noche sencilla. Aunque casi tiene un pequeño susto al aterrizar, cuando una ráfaga de viento le sacudió justo antes de tomar suelo y casi se sale de la pista o parte una de las patas de las ruedas.

Vasily hablaba con los mecánicos que habían llegado. Solían llegar entonces, ocupando buena parte de la pista y sus alrededores, para revisar los aviones y realizar las reparaciones necesarias, así como hablar con los pilotos para ver cómo habían respondido sus máquinas, por si había que hacer mejoras o ajustes. Vasily hablaba con un par de ellos, al parecer no pasaba bien el aire por debajo de sus alas al ascender, cuando vio que un grupo de Brujas se acercaba hacia él y el resto de pilotos del escuadrón. Y con ellas estaba la capitana Popova, nada menos. Se quedó sin habla un segundo.

Dejó a los mecánicos a medias, para dar un paso hacia delante, con decisión. Le habían llamado, le buscaban, y tocaba dar la cara. No saludó a su superiora, en ese momento no era necesaria tanta formalidad, pero sí se presentó con rango y nombre completo. Tampoco podía, porque su superior y jefe de escuadrón lo tenía cogiéndole por el hombro y no podía subir el brazo con normalidad.
—Fui yo, camarada capitana. Cabo Vasily Egorov. Me alegra que mi entusiasmo haya resultado útil durante la misión de esta noche. Con nosotros protegiéndolas pueden volar tranquilas.

Habló con una enorme sonrisa, parecía ser un joven alegre y optimista, como demostró en el cielo y ahora también en el suelo. Es complicado encontrar a alguien tan positivo en esas circunstancias, peor nunca venía mal, mientras no fuese en exceso. Vasily quiso ir a beber vodka, de poder tomar algo y quizá seguir hablando con la capitana, pero tenía pendiente lo de su avión. Volteó su cabeza y los mecánicos negaron con la cabeza.
—Tranquilo, Vasily. Ya nos encargamos nosotros de mirarte los flaps y los alerones. Tú ve a descansar, que te lo has ganado.

Se sintió aliviado y agradecido, y caminó con el resto del escuadrón y con las tripulantes del bombardero para ir a tomar algo. Fue justo en ese momento cuando llegaron el resto de compañeros que se quedaron atrás. Fueron contando uno a uno los aviones que iban aterrizando y, al ver que habían regresado todos, hubo resoplidos y gestos de alivio y alegría. No siempre volvían todos. A veces no volvía ninguno.

Se quedó cerca de la capitana mientras repartían ese vodka. No era lo mejor que había probado, pero estaba en el frente: suerte tenía de no estar bebiendo aceite para motores destilado. Escuchó sus palabras y vio cómo le ofrecía asiento a su lado, y no dudó en aceptar su invitación.
—No hay de qué, camarada capitana. Siempre me han dicho que mi entusiasmo es contagioso. Espero que también resulte útil para mis camaradas a la hora de combatir.

También cabía la posibilidad que se estuviesen mofando de él y de su exceso de optimismo, pero tampoco parecía importarle.


Vasily Egorov - Kira Popova

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Lun Mar 21, 2022 9:19 am por Genie


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El cabo Egorov le pareció simpático pero bastante ingenuo en su opinión personal, más no lo transmitió verbalmente.—Nunca está demás un poco de optimismo, camarada.—respondió la capitana, viendo llegar la bandeja con los vasos de vodka, las cuales se repartieron entre los pilotos para beber. Brindaron por un buen ataque nocturno y todos bebieron hasta el fondo de sus vasos, soltando un "Zdorov'ye!".—Hace falta contra esos cerdos fascistas traidores.—comentó Kira con ceño fruncido. Odiaba a los alemanes por la puñalada en la espalda después de haber firmado un pacto de no agresión con Rusia. Aquello había dejado un mal sabor en la población rusa, especialmente en el ejército Rojo.

Kira había sido instruida para trabajar en la granja familiar, con un nivel bajo de educación básica. Aprender a leer y escribir correctamente, como si hubiera nacido en las grandes poblaciones rusas fue a causa del entrenamiento arduo en la academia militar en Moscú. Y aquello le había gustado mucho, poder ser más inteligente, hacer mejores explicaciones a sus colegas de lo que necesitaba en cada vuelo de bombardeo. Ya no podía referirse a modo de ejemplo con zanahorias, papas y demás vegetales. Había demostrado agilidad mental para tomar decisiones bajo presión y con eso se había ganado el puesto de capitana. Y de eso, habían pasado tan solo casi un año de trayectoria. Pero para Kira era como si toda la vida hubiera pertenecido a la alta sociedad inteligente, no a los pobres granjeros que apenas sabían escribir y hablar. Kira tenía un orgullo importante en su alma respecto a su evolución dentro del ejército.

—¿De dónde sois, camarada Egorov?—preguntó, curiosa de saber su procedencia.—¿Ya habíais volado aviones?—continuó con las preguntas. Sus colegas demostraron interés en saber de dónde eran cada uno de los pilotos que las acompañaban y defendían de cualquier ataque. Se sentían agradecidas, a pesar de ser poderosas como las Brujas de la noche. Pero no estaba de más agradecerles por su protección. Kira pidió otra ronda de vodka y se encendió un cigarrillo a la espera de respuestas a sus preguntas.


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Mar Mar 22, 2022 5:39 pm por Keifler


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Vasily contuvo su emoción de poder estar hablando con la capitana, que resultó ser mucho más agradable y simpática de lo que pensaba, y mucho más guapa de cerca. Estaba, incluso, sentado a su lado, tomando vodka para celebrar haber sobrevivido una noche más. Aún iba vestido con el uniforme de piloto, el casco con las gafas. Era ya muy tarde, pero no quería irse a dormir. No ahora.
—No está resultando fácil, pero sé que cada objetivo que conseguimos destruir, en el cielo o en tierra, es un pequeño paso más hacia la victoria contra los fascistas.

El joven piloto no fumaba, no estaba interesado en ello, aunque no lo rechazaría si se lo ofrecían, por educación. Pero sí se dio cuenta que la capitana fumaba bastante. Apenas acababa de aterrizar y prácticamente se encendió uno al terminarse el otro. Ya tenía algo que regalarle, si tenía la ocasión: cigarrillos.

Escuchó su pregunta sobre sus orígenes y su trasfondo. No eran preguntas impertinentes, allí había gente de todos los rincones de la URSS, si bien la mayoría eran rusos o ucranianos. Todos querían conocerse entre ellos, compartir historias, hacer amigos antes de recibir un balazo o acabar sus aviones estrellados contra el suelo.
—Soy de una aldea del oblast de Arcángel, del norte. Por proximidad, supongo que debería haberme enrolado en la Armada, por eso de que Arcángel es un puerto importante y con gran tradición naval en la historia de Rusia. Pero siempre me gustó más volar. Cuando vinieron a mi aldea reclutando a gente pregunté si podía tomar el curso de piloto de combate, y me dijeron que sí. Y aquí estoy.

Ese era su origen y su camino hasta la guerra. No dudó en aceptar ser reclutado, sin que tuvieran que recurrir a la fuerza, pero prefirió volar que hacerlo en una trinchera. El curso de piloto tenía una parte de requisitos físicos para los pilotos, como la resistencia a las fuerzas G o la vista, que debían pasar para ser siquiera considerados para la escuela de vuelo. Con la guerra, muchos de estos requisitos se vieron reducidos, pero eran igualmente exigentes, pues también necesitaban a gente en infantería. Vasily pasó las pruebas y la instrucción, hizo algunas misiones como segundo piloto o como artillero y luego empezó a volar solo, casi siempre de reconocimiento. Ahora volaba como piloto de combate y, además, de noche, cosa mucho más peligrosa, sobre todo al volar sobre zonas del frente que estaban totalmente a oscuras y sin iluminación para evitar, precisamente, bombardeos.
—¿Qué hay de usted, camarada capitana? ¿De dónde es? Y, ¿qué la impulsó a querer tomar los mandos de un bombardero? Además del deber patriótico, claro.


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Lun Abr 04, 2022 8:53 am por Genie


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Le agradaba la forma de pensar de Egorov, pues así tendrían que pensar todos los que luchaban para echar a los fascistas de sus tierras sagradas. Kira procuraba hacer aquello y salvaguardar la dignidad soviética a toda costa, no esperaba menos de ella misma. Prestó atención a las palabras del cabo, no pudiendo evitar sonreír de lado, pues era el mismo sentimiento que tenía ella. Volar era un lujo que accedían unos pocos en esos tiempos, así que tener la oportunidad de hacerlo, aún en medio de una cruenta guerra, era una victoria para Kira.

—Soy de Omsk, más cerca de la tundra siberiana que de otro sitio.—respondió con calma, y levemente nostálgica de sus tierras. De todos modos, sabía que cuando terminase la guerra —no sabía exactamente cuándo— no iba a regresar a su tierra original, sino que se mudaría a Moscú o San Petersburgo, y hacer una vida más apropiada para ella, pues ser granjera no era exactamente su pasión. Sentía hambre de más en la vida y por eso se había alistado en el ejército.—Volar era un lujo que no tenemos todos, y me apetecía tocar el cielo con las manos, por eso de todas las opciones que habían para las mujeres en el ejército, me postulé para ser aviadora y por suerte se me ha dado bastante bien en los exámenes.—respondió a su pregunta, con media sonrisa divertida como orgullosa.

Los demás escuchaban en silencio, intercalando miradas entre la capitana y el cabo. Kira hizo un leve gesto para que las otras aviadoras pudieran conversar con sus colegas. Si bien le gustaba ser el centro de atención, no se sentía cómoda que les mirasen tanto rato. Así que las conversaciones se sucedieron unas a otras, y Kira pudo relajarse mejor, mirando al cabo.—Así que heme aquí, siendo piloto de un bombardero. Aunque no me negaría volar en un caza algún día.—comentó divertida. Si bien, la guerra era muy cruel y todo, Kira pensaba que debían poner un poco más de optimismo al asunto, o vivirían amargados durante la guerra y eso bajaría la concentración. Kira tenía fuertes opiniones sobre todo, pese a ser una humilde granjera y eso le había causado un poco de problemas con sus superiores. Pero no le importaba mientras pudiera seguir volando por los cielos soviéticos.


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Miér Abr 06, 2022 5:25 pm por Keifler


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Fue pasando el tiempo en aquella mesa entre los pilotos. Era habitual que se reunieran tras una salida, sobre todo si había sido exitosa y con pocas bajas, como era el caso; pero no que se alargasen tanto, ni que estuvieran también las pilotos mujeres con los hombres. Los superiores, no obstante, quisieron dejarles para que confraternizaran un poco más, viendo que era una buena ocasión para que tendieran puentes y mejorasen su relación. La velada estaba siendo agradable.

También para Vasily, sobre todo para él. Al fin podía charlar con aquella capitana que le había cautivado y resultó ser mucho más agradable de lo que hubiese pensado, aunque la diferencia de rango entre ambos aún le preocupaba como para intentar acercarse demasiado. Lo cual le recordaba constantemente dónde y con quién estaban. Eso no era un bar de Moscú en una zona civil, era una base del ejército soviético y ellos servían como militares en activo en plena guerra contra los fascistas. Aun así, momentos como ese ayudaban a evitar pensar en lo malo para ayudar a sobrellevar el día a día.
—Nunca he estado en Omsk, ni en la tundra. Ni tampoco en Kazajistán, que está cerca. Pero conocí a unos cuantos kazajos en la escuela de vuelo en Moscú. Muy buena gente.

Pudiera ser que Kira tuviese algo de ascendencia kazaja, pero sobre todo parecía de etnia rusa, como él. No es que le hubiese importado, pero le llamó la atención. Aunque en la URSS no había distinciones, pues los diferentes pueblos como kazajos, siberianos, ucranianos, bálticos, georgianos o rusos eran hermanos, eran todos lo mismo. Vasily así lo creía, ciertamente. Todos bajo una misma bandera, todos hijos del mismo cielo. Un cielo que estaban allí para defender de la amenaza nazi.
—Qué gran verdad. Volar es un privilegio, no todo el mundo es apto para pilotar. Mi viejo abuelo era muy miope, tenía unas gafas como del culo de un vaso. Nunca le hubiesen dado permiso con esa vista tan horrible. Por suerte no la heredé y tengo una vista de lince. Si no, no estaría aquí.

Se dio cuenta de cómo la capitana estaba siendo el centro de atención. No tardó en darse cuenta que tenía ese imán, ese carisma natural que a él ya le había cautivado de algún modo, incluso antes de poder tener una charla con ella. La gente se fue relajando, centrándose en charlas más pequeñas, o directamente retirándose a descansar, que ya era muy tarde. Vasily se quedó charlando con la capitana, casi en solitario.
—Volar en una lata con alas no es lo mismo. Somos mucho más ligeros y podemos hacer maniobras más rápidas, pero también somos mucho más vulnerables. A todo. Y tenemos que volar mucho en círculos, por lo que tenemos que soportar muchas más fuerzas G en una salida normal. Por no hablar de la puntería necesaria para acertar a un avión que se mueve también muy rápido delante de ti. Es bastante exigente.

Y él lo cumplía. Más o menos. Había volado algunas veces, entrado en combate aéreo muy pocas, y aún no había derribado ningún aparato enemigo. Al menos había conseguido volver siempre con vida, cosa que no todos podían decir. Estaban en una guerra, al fin y al cabo. Motivo de más para seguir charlando con Kira, hasta que se hiciera de día, si fuese por él.


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Lun Abr 25, 2022 9:39 pm por Genie


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La realidad era que Kira llevaba un tiempo volando los bombarderos y no tenía intención de dejar de hacerlo, aún acabase la guerra luego. Pero ese era un tema privado que no lo compartía con nadie, solo con su almohada. Miró a Egorov y asintió respecto a los kazajos. Ella había conocido algunos en Omsk, pero tampoco había entablado una relación apropiada con estos. Le agradó ver que Egorov era un hombre de mundo, con miras más amplias que los hombres de su ciudad natal. Aquellos solo pensaban en el campo, las granjas y Kira estaba hambrienta de más. Sabía que cuando acabase la guerra, no volvería a casa. Se iría a Moscú a labrarse una vida mejor.

—Los kazajos son buena gente, sí. Aunque no he tenido mucha relación con estos.—tuvo que admitir con pesar. No pudo evitar reírse cuando mencionó al abuelo y las gafas de culo de botella.—Está perfecto que tengáis vista de lince.—añadió con calma, pero de modo aprobador. Era un requisito más que importante a la hora de volar y más de noche. Hizo un ligero puchero cuando el cabo le explicó lo que se necesitaba para volar un caza, sabiendo que ella no era apta para hacerlo.—Qué pena, con lo que me gustaría probar un caza.—comentó con calma y suspiró pesadamente.

Poco a poco los demás pilotos y soldados de vuelo fueron retirándose a sus barracas para descansar. Y Kira notó cómo el sueño comenzaba a hacerle mella en el cuerpo. No pudo reprimir un bostezo de cansancio y miró culpable a Egorov.—Si no es mucha molestia, me gustaría seguir la conversación otro día...—dijo educadamente posible. Se levantó de la silla, notando la ligera borrachera del vodka en su sangre y parpadeó, sabiendo que al día siguiente amanecería con resaca. No era una buena idea haber tomado tanto alcohol.—Hasta la próxima, cabo Egorov.—se despidió con calma y se marchó a su barraca entre pasos lentos y firmes, para no parecer una borracha cualquiera.


Kira Popova - Vasily Egorov

XIII



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Jue Mayo 05, 2022 12:11 pm por Keifler


MOTHER RUSSIA
Calm before the storm


Aquella noche fue especial. Fue un oasis de luz en medio del mar de oscuridad que era la guerra. Una guerra tan dura y cruel donde miles de compatriotas morían cada día, civiles y militares. De algún modo, todos sabían que tarde o temprano llegaría su hora, que lo harían por una buena causa, pero no durarían. Por eso, Vasily intentaba mantener el ánimo alto y exprimía cada momento en la base, pues podía perder la vida en cualquier momento y no quería pasar sus días hasta ese fatídico momento triste, gris y amargado.

Los barracones de mujeres y de hombres seguían separados, pero cada vez había más relación entre ambos grupos. Al fin y al cabo volaban juntos, servían juntos, sangraban y morían juntos. El vodka después de un regreso exitoso se empezó a convertir en costumbre, y fue el origen de más reuniones entre los pilotos de cazas de la 359º y las aguerridas brujas de la noche de la 558º. No todos estaban de acuerdo con esos cruces, pues la tropa podía distraerse con atracciones y relaciones que estaban terminantemente prohibidas, por buenos motivos, además. Nunca se les negó la camaradería, pero no se permitía nada más allá.

Al cabo de un par de días, el ambiente en la base era el de una calma tensa. Tan sólo salían aviones de reconocimiento en misiones rutinarias y algunas salidas esporádicas. Al parecer, las líneas del frente se estaban moviendo y los soviéticos no podían evitar el avance de las fuerzas del Eje. Eso significaba dos cosas: la primera, que las líneas se movían y no era tan efectivo realizar bombardeos nocturnos, pues las posiciones cambiaban cada pocas horas —por eso no habían salido a bombardear en días—; y la segunda, que los enemigos estaban cada vez más cerca del aeródromo. Por el momento no habían recibido órdenes de despejar o proteger el lugar, pero el oficial al mando de la base aérea ordenó a los suyos reforzar las defensas, así que durante esos dos días Vasily y muchos compañeros suyos cambiaron los controles del avión por la pala y los sacos de arena.

—¿No quieren ser las mujeres igual que nosotros? Pues no las veo cavando en esta zanja de sol a sol.— Se quejó uno de los pilotos, metido su cuerpo hasta los hombros en una profunda trinchera, con cuya tierra removida se llenaban sacos para detener las balas, si llegase la infantería enemiga hasta la base.
—No seas idiota, Sergei. — Replicó Vasily, que cavaba a su lado. —Las mujeres están trabajando tan duro como nosotros, manteniendo los aviones a punto, así como su munición. De hecho, creo que son las que nos están revisando las armas, en caso de que tengamos que dispararlas.
—¿”Tengamos”, te refieres a nosotros, los hombres? Claro, nosotros aquí recibiendo balas en esta trinchera de mierda mientras ellas están cómodas en el búnker esperando a que las salvemos.
—Si los fascistas llegan hasta aquí y tenemos que defendernos sin refuerzos, dudo que se queden escondidas. Tú no has visto a mujeres disparar, y se nota.— En el norte y en zonas de la estepa muchas mujeres se dedicaban también a la caza, por lo que Vasily sabía de lo que hablaba. También había visto a algunas en eventos propagandísticos del Ejército rojo para animar también a las mujeres a combatir, aunque eso no resultaba tan impresionante como una aldeana cualquiera capaz de acertarle a un ciervo con un rifle de caza a más de cien pies de distancia.

Al mediodía le tocó descansar, había terminado su turno, desde casi el amanecer preparando la defensa perimetral de la base aérea, en caso que el frente se acercara demasiado rápido. A la cantina, a tomarse su merecido plato de comida y acompañarlo de un cigarrillo. Cada vez quedaba menos de ambas cosas, pero la gente parecía más preocupada de lo segundo que de lo primero. Llegó a la cantina, como muchos compañeros, hasta arriba de tierra, con su uniforme que se notaba que se acababa de poner por encima después de haber estado trabajando duramente con el torso descubierto durante horas. Tenía tierra en el pelo, en las botas, y hasta debajo de las uñas.


¿Quién? - ¿Cómo? - ¿Dónde?

XIII



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Miér Mayo 11, 2022 11:18 pm por Genie


MOTHER RUSSIA
Calm before the storm


Las primeras noches de ataques nocturnos habían sido un éxito arrasador con muy pocas bajas entre los pilotos soviéticos, y se había hecho la costumbre de hacer correr el vodka en mano y mano en la base aérea donde estaba apostada Kira. La camaradería entre los pilotos era fraternal, pero todos sabían los límites prohibidos por el gobierno y nadie osaba romperlos. Con el pasar de los días, la tensión se acumuló al saberse que las líneas de defensa y ataque se movían cada hora en el oeste de Rusia. Aquello hacía imposible que hubieran bombardeos nocturnos, por lo que las fieras brujas de la noche se encontraron casi sin actividad aérea, más que algún control rutinario en el aire. No les había quedado otra que quedarse en tierra firme, ocupándose de los bombarderos y los cazas, mientras los pilotos masculinos se ocupaban de cavar trincheras a unos pocos kilómetros de la base aérea.

Kira sentía ese escozor en su piel, anhelando estar en el aire y bombardear a los fascistas que se atrevían a destrozar su amada patria. Y le frustraba mucho quedarse tantas horas en tierra firme, puliendo y aceitando las armas de todo el cuartel aéreo. Siempre tenía la mirada fija en el cielo, como si este la llamara seductoramente a que vuelva a sus brazos. Soltó un suspiro, mientras terminaba de chequear un rifle potente, buscando que funcionara como la seda. Las demás pilotos hablaban entre susurros, mientras se oían los ruidos de armas aceitadas y ajustadas. Esa era la canción que ellas interpretaban desde hacía varios días, algunas con más entusiasmo, otras más apagadas como Kira.

Cuando sonó la campana de aviso de almuerzo en la base, las mujeres dejaron bien aseguradas las armas en sus lugares correspondientes, se lavaron férreamente las manos y brazos aceitados hasta quedar limpias. Kira se acomodó el pañuelo en su cabeza, antes de enfilar su camino hacia el comedor de la base. Allí encontró a Vasily, lleno de tierra hasta las cejas y se echó a reír. Hacía tiempo que no se reía con jovialidad.—Dios, que aspecto miserable que tienes, Vasily.—dijo, tuteándolo, después de haber entrado en más confianza en las noches en que bebían vodka juntos.—¿Un cigarrillo, Vasily?—ofreció de su paquete, mientras otros buscaban comida.


Kira - Base Aérea - Rusia

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