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Sáb Mar 19, 2022 2:10 pm por Genie
Recuerdo del primer mensaje :

Humanity is a vampire's
greatest weakness
Londres, 1880, plena época victoriana.

La vida de Josephine Travers es muy tranquila, trabaja para una mujer que tiene una enfermedad que le impide salir al sol. Lo que no sabe realmente Josephine es que su ama es una vampiresa de años. Trabaja como su secretaria, organizando su vida diurna: banco, acreedores y demás tertulias. Lo que sí, por las noches su ama sale de paseo, no sola obviamente. Y Josephine se ocupa del hogar de su ama con mano de hierro.

Entonces, una noche se hace una tertulia en la casa de su ama, donde acuden damas y caballeros de diversos orígenes socioeconómicos. A Josephine se le pide que no esté presente, pero ella es captada por el ojo de Michael Sallow, uno de los invitados de su ama. Y Josephine empieza a notar cosas raras al día siguiente, como sangre derramada. Poco a poco va descubriendo el verdadero origen de su ama, mientras que Michael la seduce por capricho. Josephine no tiene escapatoria, menos cuando Chael la convierte en vampira a las pocas semanas de conocerse.

Su relación se tensa, porque Chael la abandona y ella tiene que sobrevivir por su cuenta, cazando pobres humanos. Pero para no enfermarse, necesita de la sangre de Chael. Lo odia mucho, pero sabe que es la clave de su supervivencia como nueva vampira.

Josephine Travers
25 años — Astrid Berges Frisbey — Genie
Michael 'Chael' Sallow
1064 años — Michael Fassbender — Beckiclaw
ONE ON ONE  — TERROR — VAMPIROS





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Dom Mar 27, 2022 8:51 pm por Beckiclaw
El sol puede matarte.
Pero solo a veces.
Buenos días, Miss Travers.—La saludó cuando entró al cabriolé. Y al poco empezaron a moverse. Mientras recorrían la ciudad, obtuvieron la atención de muchos, pues las personas nuevas solían ser una gran atracción para las miradas curiosas, cuanto más si parecían elegantes y acaudaladas. Michael sopesó darle dinero al Señor Smith para que comprase un carruaje un poco más grande e íntimo. Y tal vez, más adelante, se hiciese con uno de esos vehículos a motor en cuyo desarrollo estaba invirtiendo mucho dinero, esperando que fuesen una innovación aceptable.

Durante el viaje miró de reojo un par de veces a la chica, tenía su olor completamente metido en la nariz y aunque Lady Astor le había pedido encarecidamente que no le hiciese nada, además de dejarle claro que la muchacha estaba bajo su protección... Él era el jodido Michael Sallow, haría lo que quisiera y no iba a pedir disculpas por ello, esa estúpida vampiresa le servía bien, pero dependía de él para sobrevivir de ahora en adelante, así que, ¿quién se creía que era para imponerle reglas a él?

Tengo tiempo.—Afirmó sin mirar a la chica. —Pero no paciencia, señorita Travers. —Le dedicó una sonrisa y devolvió la vista al frente.—Con los obreros adecuados y una buena suma, apenas tardarán unas semanas.—Chael no era estúpido, ya había visto la casa de pasada e incluso los planos, y conocía bien su historia, por no hablar de que en el pasado, muchos años atrás, había asistido a más de una fiesta en aquella mansión. Aquella visita solo era para asegurarse y cerrar el trato.—Pertenece a los Danbury. Nobles, pero arruinados.—Comentó desinteresado mientras observaba el paisaje que se abría ante ellos por los caminos que el cabriolé transitaba.—Allí está.—Señaló con un leve gesto de su mano, hacia el lugar donde la casa se encontraba a lo lejos.

Michael Sallow — Día Nublado — Londres



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Dom Mar 27, 2022 9:00 pm por Genie
El sol puede matarte.
Pero solo a veces.
Le parecía a Josephine que el señor Sallow no fuera un hombre paciente, era uno que quería todo hecho para ayer. Eso hizo pensar a la secretaria de averiguar los obreros más rápidos de Londres para que el señor Sallow se mudase pronto a la mansión antigua. Le sorprendió saber que conocía a los Danbury, unos nobles que habían quedado arruinados. No tardaron mucho en llegar a la mansión y la joven bajó del cabriolé con ayuda de Sallow, entrando por la entrada principal y examinando el edificio casi carenciado.

Con ojo crítico, Josephine fue anotando todos los arreglos por hacer, mientras recorrían la casa enorme. La joven fantaseó con épocas más antiguas en esa misma mansión y la elegancia que debió haber tenido. No dejó de anotar en su pequeño cuaderno con su lápiz bien afilado, recorriendo cada estancia. Hasta que llegaron al salón de baile, el triple que el de la señora Astor y sus ojos brillaron de emoción. Allí colgaban preciosos pero sucios candelabros en el techo y grandes como amplios ventanales que daban a los jardines de la mansión. Josephine se imaginó la clase de tertulias de bailes allí y su rostro se volvió soñador. Sin poder evitarlo, hizo unos pasos de baile por aquel amplísimo salón, imaginándose a un caballero atractivo que la acompañaba en los pasos de baile.
Josephine Travers— Día nublado— Londres



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Lun Mar 28, 2022 7:18 pm por Beckiclaw
El sol puede matarte.
Pero solo a veces.
Michael saludó al señor Danbury con un fuerte apretón de manos y a la señora Danbury con un beso en el dorso de la mano y una sonrisa de las que encendían pasiones. Jacob, que así se llamaba el señor Danbury se sonrojó y la señora agitó la mano dolorida, ¿o quizás fue al revés? Poco importa ya.

Chael y Josephine dieron un paseo, guiados por los señores de la casa. Y mientras Chael iba reviviendo viejos tiempos entre aquellas paredes e imaginaba cómo quedarían restauradas, la joven se dedicaba a apuntar meticulosamente cada detalle. Él la miraba de vez en cuando, impresionado por su eficacia, al tiempo que le resultaba divertido que fuese tan perfeccionista y seria.—Demasiado aburrida.—Se dijo mientras observaba por encima del hombre de la chica las notas que ésta iba tomando.

En un momento, todos vieron a bien que Michael pudiese pasear a solas por el lugar para hacerse una idea mejor de la transacción que iba a realizar, a solas, pero acompañado por su eficiente Josephine por supuesto, pues "a solas" tan solo significaba : "Sin las estridentes voces de los Danbury pegadas a las orejas".

Y ahí fue por primera vez, cuando vio a la chica hacer algo simplemente porque pareció apetecerle, que el vampiro sonrió, y no fue una sonrisa cualquiera, fue sincera y llena de una extraña satisfacción personal. Pues le pareció hermosa, a la par que ingenua y jovial. Y aunque por un momento su gélido corazón encontró algo de calor, este se desvaneció, dejando que el monstruo que era desechase sus pensamientos y los quemase al sol.

No bailas mal para ser una criada.—Afirmó mientras la observaba parado en el mismo lugar.—Me acompañarás a un baile la próxima semana. Iras a comprar un traje, te daré el dinero cuando volvamos.—Lo dio por hecho y no admitiría discusión, ni si quiera con Lady Astor.
Michael Sallow — Día Nublado — Londres



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Lun Mar 28, 2022 7:36 pm por Genie
El sol puede matarte.
Pero solo a veces.
El comentario del señor Sallow hizo que detuviera sus pasos de baile y alzase una ceja, sin saber si ofenderse o no. En sí, no se consideraba una criada de bajo rango, sino más bien la mano derecha de Lady Astor, pero no se iba a enzarzar en una discusión banal. Pero más alzó su ceja cuando el señor Sallow dijo aquello.

—¿Quiere que le acompañe a un baile?—inquirió sin saber si reírse o no. Acabó por reírse jovialmente, negando con la cabeza, mientras retomaba el baile por el salón y cada vez que se detenía, anotaba detalles del salón a mejorar.—Los burgueses o nobles no invitan a criadas a bailes de sociedad.—dijo con retintín.—Y de ninguna manera le acompañaré a eso. Pero puedo conseguiros una dama adecuada o más bien podéis invitar a mi señora.—añadió con calma, mientras se miraba en los espejos de la pared contraria a los ventanales. Aquellos espejos debían arreglarse un poco mejor para dar más lucidez y belleza al salón del baile.

Se imaginó por un breve momento lucir un vestido pomposo, de la mejor calidad de tela, joyas y demás, mientras se miraba en el espejo largo rato.—Yo no soy aceptable para dichos bailes, señor Sallow y si deseáis ganaros buena reputación entre sus pares, no deberíais invitar a la doncella de turno.—comentó, muy estricta con las reglas del juego de sociedad humana. Se movió a lo ancho del salón entre pasitos de bailes, como si flotase, para abrir un ventanal y dejar que corriese el aire fresco, percibiendo aromas de unos rosales asentados allí. No pudo evitar salir al jardín trasero y olisquear los rosales, pensando que debían arreglarlos para que estuvieran en todo su esplendor. Anotó aquello en su cuaderno y miró el salón desde el jardín. Habían que hacer muchos arreglos para que esa mansión volviera a la vida espléndida que supo tener.

Josephine Travers— Día nublado— Londres



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