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Mar Mar 22, 2022 6:23 pm por Maga
El amor sobre toda diferencia social
INSPIRED — SERIES — ONE ON ONE
Las decisiones que toma cada persona en su vida se ven totalmente condicionadas por el entorno y por el momento que estén pasando, eso le había pasado a Margarita cuando dio en adopción a su hijo Ricardo. En pleno estado de adicción, con una pobreza que le calaba los huesos, creyó junto con su marido que era lo mejor que podía ofrecerle a su hijo. Con el pasar de los años no tuvo dudas que realmente fue así, especialmente cuando luego de buscarlo durante tanto tiempo descubrió que había sido adoptado por una pareja de muy buena posición económica, que vivía en uno de los mejores barrios de Buenos Aires.
El único pendiente que quedaba en la vida de Agustina era tener un hijo, lo habían intentado durante años con su marido hasta que decidieron que adoptar sería lo mejor, ya no había tratamiento que funcionara y aquello era una tortura constante para los dos. Cuando Ricardito llego a su vida lleno sus días de luz, se volvió en la principal razón de su vida y desde que lo vio supo que nada la separaría de su hijo. No importaba lo que sucediera, él siempre sería la luz de su vida.
Cuando Marga lo encuentra, sabe que no podrá alejarse de nuevo y por más que sabe que no podrá ocupar el lugar de madre, conseguir estar cerca de él es lo único que desea. Con la suerte de su lado termina trabajando para los Capdeville Inchausti, pudiendo estar cerca de su hijo y todo a escondidas de su esposo que no tiene idea de que lo encontró después de tantos años.
La vida de las dos parece perfecta y soñada, por razones distintas, Marga por haber encontrado a su hijo y poder estar cerca de él, Agustina por sentir que todo va como quiere y que nada se sale de su plan original, especialmente de su deseo para la vida de su hijo. Pero siempre cuando todo va bien el destino está encantado en trastocar las cosas, especialmente cuando sentimientos que no deberían estar ahí empiezan a florecer y, entre ellas, se vuelven su principal fuente de apoyo.
Agustina Inchausti
Bárbara Lombardo — 40 años — Maga
Margarita Pérez
Lali Gonzalez — 35 años — Amaryn




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Jue Mar 24, 2022 6:18 pm por Amaryn
1. Lágrimas
Marga — Cocina de los Capdeville Inchausti — Tarde
Había días que Marga no quería volver a su casa.

No era tonta. No había encontrado a Ricardito por pura fortuna, y notaba que su marido no había dejado su vida anterior, por muchos años que hubiese estado en la cárcel. Margarita había albergado la esperanza de que lo que le mostraba no fueran solo apariencias, pero ya no estaba segura de si confiar en él. Tampoco tenía demasiados motivos para hacerlo.

También estaba su hijo. En realidad, era hijo adoptivo de Agustina y su esposo, ella no pretendía reemplazar a nadie, pero verlo crecer... Hubiera dado tantas cosas por poder ser ella la que lo viera crecer sin tener que ser la cocinera de aquella familia, siendo sencillamente su madre, una madre que Ricardito mereciera... Pero ya no podía deshacer el pasado, por mucho que lo deseara, y sabía y le aliviaba saber que el pequeño estaba en buenas manos. Podía conformarse con verlo desde lejos, pidiéndole una fruta o un pancho los viernes, esto último a veces para disgusto de Agustina, pero ¿quién era Marga para negarle un gusto a Ricardito?

Eran las seis de la tarde y había dejado casi toda la cena lista, estaba terminando de cortar unas cebollas para preparar un picadillo para un pastel. Fue en ese momento que el agobio de la situación le comenzó a pesar, y sin pensar demasiado comenzó lentamente a llorar. No quería esto. No quería tener un pasado de drogadicta. No quería tener a su hijo solo a lo lejos. No quería tener un marido que no había cambiado en nada. Dejó que en silencio las lágrimas corrieran lentamente por sus mejillas, estaba sola en la cocina y nadie le haría preguntas. Y si venía alguien y preguntaba, pues estaba cortando cebolla. Nadie tendría porque darse cuenta de sus propios problemas. ¿O sí?

Sintió unos pasos cerca, pero no se dio vuelta. Se dedicó por entero a la tarea de cortar cebolla y llorar. No le quedaba mucho tiempo... y tener que volver a su casa se le hacía más suplicio de lo que nunca le había pasado en su vida.




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Jue Mar 31, 2022 4:14 pm por Maga
1. Lágrimas
Agustina — Cocina de los Capdeville Inchausti — Tarde
Estaba bastante angustiada, aunque su angustia nada tenia que ver con el hecho de tener problemas económicos o matrimoniales, por lo menos no reamente graves salvo los de la propia convivencia. Su angustia provenía del hecho de comenzar a sentir que realmente no había hecho con su vida lo que quería, porque en el momento en que se caso con Guillermo supo que nunca nada le iba a faltar y siguió el consejo de su madre, ser simplemente la esposa modelo de alguien que se pasaba la vida trabajando. Su destino no era estudiar, no era trabajar a la par ni mucho menos, ella debía procurar que su marido fuera feliz y que todo se diera en el orden establecido. Ni más ni menos.

El problema comenzaba con Ricardito ya a punto de ir a la universidad, lo que claramente iba a implicar una separación mucho más dura de la que esperaba teniendo en cuenta que ya había hablado con Guillermo la idea de alquilar un departamento en el centro para poder asistir sin viajar tanto, y de Guillermo tan metido en su propia clínica que apenas y tenía tiempo para estar un rato con ella algunas horas a la semana por las noches. Entendía el sacrificio, él decía que iba a ser solo el primer tiempo, pero ella comenzaba a dudar que eso fuera realmente cierto.

Sentía que era tarde para plantearse hacer cualquier cosa productiva por su vida, ya era una persona mayor, tal vez debería concentrarse un poco más en el tema de la beneficencia, pero a pesar que le gustaba no era que se imaginara haciendo eso por el resto de su vida.

Se dirigió a la cocina para ver como iban las cosas para la cena de la noche, Ricardito y Guillermo le habían dicho que llegarían a comer, uno por trabajo y el otro porque tenía que hacer unas cosas del colegio con los compañeros. Era de las pocas veces que coincidían los tres en la semana, siempre procuraba agasajarlos con buena comida y que todo estuviera perfecto. Cuando se acerco a Margarita para ver como iba todo noto las lagrimas correr por sus mejillas y frunció ligeramente el ceño, no se sentía que la cebolla fuer atan fuerte y realmente aquellas lagrimas ni su gesto tenia la apariencia que fuera porque estaba cortando cebolla. –¿Esta todo bien, Marga? ¿Paso algo?




Última edición por Maga el Mar Abr 19, 2022 1:29 am, editado 1 vez


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Vie Abr 01, 2022 10:23 pm por Amaryn
1. Lágrimas
Marga — Cocina de los Capdeville Inchausti — Tarde
Marga no se esperó que, de todas las personas que podían pasar por ahí, fuera la señora Agustina la que la viera.

Le parecía una mujer amable. Además de buena madre, nunca la había menospreciado por ser quien era, la respetaba, se encargaba de que le pagaran en tiempo y forma y cuando sin darse cuenta una vez mencionó sus intenciones de abrir un restaurante, le ayudo a crear una cuenta bancaria para que pudiese empezar a ahorrar dinero para eso. Le caía bien.

No sabía hasta que punto su patrona era perceptiva, pero tampoco quería abrumarla con sus propios problemas. Mucho menos decirle la verdad sobre Ricardo. ¿Qué ganaba diciéndole algo así? Decidió mantener lo que pensaba decir, no era mentira después de todo.

- No, señora Agustina, todo está perfecto. Solo que hoy la cebolla ha pegado más fuerte, ¿vio? A veces una está más sensible... Nada de que preocuparse - dijo mirándola sin dejar de cortar cebolla.

Unos instantes más tarde, terminó su tarea y dejó el cuchillo sobre la tabla. El susto de verse descubierta había hecho que dejara de llorar, aunque no había sacado toda la porquería emocional que tenía por dentro. Vio que la señora estaba aún ahí, así que le pareció prudente continuar la charla como si nada hubiese pasado.

- ¿Quiere probar lo que preparé de cena? Sorrentinos a la bolognesa. Pruebe esta salsa, por favor. Está lista - dijo acercándose a la hornalla aún encendida con la olla de la salsa para apagarla. Luego tomó una cuchara para probarla y deleitarse con su creación, y luego otra cuchara para que su patrona probase. La miró sonriéndole, sin miedo a nada, confiada absolutamente en lo que había hecho, mientras le ofrecía la cuchara limpia.




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Mar Abr 19, 2022 1:30 am por Maga
1. Lágrimas
Agustina — Cocina de los Capdeville Inchausti — Tarde
Aquella mujer era la que más honesta le parecía desde que había comenzado a tomar las decisiones para elegir el personal de la casa. En un principio había sido su suegra quien había tomado esas atribuciones, pero luego cuando ella había comenzado a hacerlo las cosas se habían vuelto tan solo un poco más complicadas porque algunas de las que se habían ido a postular muchas veces eran un desastre por más que les daba toda la confianza del mundo.

Su ceño se frunció ligeramente, sabía que le estaba mintiendo pero suponía que si no se lo quería contar era por algo y debía respetarlo. No era lo mejor del mundo, para nada, no le gustaba saber que se encontraba mal siendo una mujer tan buena como le parecía, pero entendía que no todos tenían los mismos tiempos y que definitivamente debía respetarla. – Entiendo, debe haber alguna manera para no llorar cuando cortas cebolla ¿No? – Ella desconocía totalmente sobre eso, si bien la habían educado para ser una gran esposa, la cocina nunca había sido su fuerte y conociendo a su propia familia había sabido que no sería necesario que destacara en ello. Siempre tendría empleadas para que se encargaran de la cocina, ni más ni menos que eso.

Una sonrisa leve se le escapó de los labios, negando mientras se acercaba también. – Cualquiera diría que quieres engordarme. – Bromeo con confianza, abriendo la boca cuando le acerco la cuchara y finalmente comiendo lo que le había dado. Sus ojos se cerraron y se relamió los labios, disfrutando de lo que le había dado y de la mano que tenía para cocinar que era innegable. – Realmente no sé cómo viví tanto tiempo sin comer tus comidas, voy a engordar pero voy a ser feliz.





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Sáb Jul 16, 2022 1:52 am por Amaryn
1. Lágrimas
Marga — Cocina de los Capdeville Inchausti — Tarde
La mujer le sonrió inevitablemente a Agustina cuando hizo el comentario de la cebolla. Sí, Margarita solía tener algunos trucos para no llorar en el momento del corte, pero en honor a la verdad, una necesidad de agasajar de manera invisible a su hijo biológico le jugó una mala pasada, y le hizo apurarse demasiado como para tener en cuenta un detalle tan pequeño. Podía sobrevivir a llorar mientras cortaba cebolla. Claro que no se vio venir su propio acceso de llanto, ni que su patrona la descubriera.

Sin embargo, decidió no darle demasiada trascendencia, a pesar de que ella sentía los ojos ligeramente pesados luego de las lágrimas. Observó como Agustina se deleitaba con la salsa y aunque ella sabía que hacía las cosas de manera excelente por su trabajo, se vio de golpe incapaz de contener otra sonrisa, esta vez de alegría y satisfacción ante las buenas intenciones y halagos escondidos en las palabras de su jefa. En otras circunstancias, se descubrió pensando que no le hubiera molestado ser su amiga, pero tales circunstancias no existían. No cuando ambas habían nacido en cunas diametralmente opuestas. Y eso solo para empezar.

- Me alegro de verdad que le gusten - dijo sin lograr dejar de sonreír sinceramente agradecida - pero para nada quiero que engorde, señora. No es esa mi intención. Solo quiero que disfruten los tres de comida rica y hecha en casa, que siempre es lindo y sobre todo une a la familia.

Volvió a verse pensando en la posibilidad perdida de que Ricardito estuviese en su pequeña casa y no en la mansión, y que ella siendo su mamá le pudiese cocinar con el mismo o mucho más grande amor con el que cocinaba en aquel trabajo. Pero sabía que su oportunidad la había perdido, y debía conformarse con lo que la vida le estaba dando en ese momento. Su sonrisa de golpe perdió color, pero no se disolvió. Podía ser que no tuviese la familia que había deseado, pero podía poner todo ese amor en Ricardito y en sus padres adoptivos. Eso debía ser suficiente.

Mientras volvía a controlar la olla de salsa para que todo siguiera en orden, se le ocurrió una idea. Aún sentía muy por dentro la pesadez de la pena, pero las palabras de Agustina y en parte su presencia curiosamente reconfortante la habían animado bastante. Ella podía decirle que no a la sugerencia que pensaba hacerle, pero le hacía ilusión que le dijera que sí.

- Señora Agustina - le dijo recuperando de pronto en su voz el entusiasmo de instantes atrás - sin intención de ofenderla para nada y discúlpeme de verdad si así lo hago, ¿le gustaría acompañarme a terminar de preparar el picadillo para mañana? Son un par de horas y lo tendremos listo. De paso se entretiene si quiere. Quizás no sea yo la persona más interesante del mundo, pero cocinar es una bonita actividad. Sería agradable compartirla con usted.

Aunque le había resultado una sorpresa a sí misma, en sus palabras no había intención de sacar un beneficio o de aprovecharse de la posible cercanía de Agustina. Incluso hasta más allá de la idea de que era la madre adoptiva de su hijo (y una muy buena) Margarita se sentía cómoda con la mujer. Era inusual, sí, pero no iba a ponerse a pensar en eso.




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Sáb Jul 16, 2022 2:12 am por Maga
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Agustina — Cocina de los Capdeville Inchausti — Tarde
En eso tenía razón, el horario de la comida era el único que compartían al cien por ciento los tres juntos, donde charlaban de su día y compartían un poco de tiempo de calidad. Muchas veces inclusive se encontraba comiendo sola, teniendo en cuenta que su hijo era una adolescente que comenzaba a tener más vida social y su marido siempre que tenía alguna urgencia terminaba yéndose. No lo culpaba, en parte era parte de lo que más amaba de él su vocación pero simplemente le gustaría que tuviera un poco más de tiempo para dedicarle a su familia, como lo había tenido los primeros años. – Siempre es bueno y más cuando es tu comida, que es deliciosa. – Era un plus en su empleada, por eso mismo a pesar de tener un sueldo fijo, cuando le tocaba cocinar porque ellos tenían algún invitado, siempre le daba un plus por el trabajo que hacía.

Se quedó mirando como seguía cocinando, porque siempre se le hacía interesante mirarla en su zona de confort. La verdad era que Margarita sabía lo que hacía y, ella por su parte, cocinaba lo básico porque luego todo le salía mal según su punto de vista. Tenía otros puntos fuertes, eso le decía su esposo, tampoco era que tuviera la obligación de cocinar porque para su suerte en su vida siempre había habido empleadas que lo hicieran, pero consideraba que era algo que debía hacer de vez en cuando. Era un acto de amor, de alguna manera, aunque ella se ocupaba de otras cosas le hubiera gustado tener un poco más de conocimiento en el área durante sus años de juventud.

Al otro día tenían un evento y le había preparado que hiciera alguna de sus especialidades, no le imponía generalmente ningún tipo de menú, confiaba ciegamente en lo que Margarita podía hacer con la comida y que a sus invitados les gustaría. Muchas veces inclusive le habían preguntado si podían contratarla para algún evento, a lo que Agustina negaba inmediatamente, estaba tan acostumbrada a Margarita que veía imposible dejarla ir a trabajar a otro sitio. Un poco egoísta e inclusive retorcido quizás, pero consideraba que era simplemente porque le había tomado cariño a su empleada. – Claro, aunque si lo hacemos vas a tener que enseñarme por lo menos un poco lo que haces. Supongo que de tanto verlo, en algún momento voy a poder hacerlo. – Termino diciendo con una media sonrisa en los labios, de manera leve. – Que raro que no estas tomando mate mientras cocinas ¿No trajiste tu equipo? Te dije ya varias veces que podes utilizar los que hay acá, no hay ningún problema.





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