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Lun Abr 11, 2022 1:12 am por Ivanka
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Quintaesencia
CON Marcus EN Sala común EL 3 de junio del 2002
Yo voy a seguir diciendo que el mejor momento de la historia fue cuando te drogaste, tía. — Alice alzó las cejas y la miró muy fijamente. — O sea todo el drama del miedo que pasasteis y no sé qué, y ahora resulta que te quedas con ese momento mío. — Hillary se echó a reír bajito, para no despertar a Donna. — Es que estabas muy chistosa, de verdad, así, en perspectiva, se ve claro. — Ambas estaba en la cama, tumbadas de lado, mirándose, disfrutando de esos últimos momentos en sus camas, juntas, como les gustaba, como siempre que lo habían necesitado, susurrando y recordando sus mejores momentos. — Pues yo… Creo que nuestro mejor momento… Podría ser cualquiera, que estuviéramos los cinco, en la sala común, simplemente hablando de las clases, del verano, de nuestras familias, o cotilleando… Solo ser nosotros… — Hillary estaba sonriendo ampliamente, pero chasqueó la lengua haciéndose la ofendida. — Eso no se vale… — Se vale si es cierto. Solo quiero conservaros a vosotros, lo demás me da igual. — Y sin previo aviso, notaron como algo se dejaba caer entre ellas. — A mí no me invitáis nunca a hacer esto. — Se quejó Donna. Alice le hizo cosquillas en un costado. — Porque tú eres muy de que la procesión te va por dentro, y no necesitas consuelo físico. — Pero Donna se estaba riendo, Hillary también, y al final acabaron cayéndose por los lados de la cama entre risas, a lo que Hillary apuntó entre carcajadas. — Yo creo que no te lo decíamos más bien porque demostrado queda que no había espacio físico para hacerlo.Igual está hecho a posta. — Dijo Donna. — ¿Para qué? Pues para evitar tríos, que la gente se viene muy arriba. — Y otra vez las tres a morirse de risa por los suelos.

Cuando por fin se recuperaron un poco, se pusieron a recoger, y su habitación se convirtió en una especie de santuario por el que iban pasando todas las chicas con las que habían tenido buena relación, Amber entre ellas. — Hombre, la prefecta Ming. — Saludó Alice mientras doblaba su pijama para meterlo en la maleta. — Venía a decirte que te despreocuparas, que he llegado al acuerdo con Donna de que Beverley y yo nos trasladaremos aquí con ella, así que si te dejas algo, me encargaré personalmente de hacértelo llegar. — Ella sonrió, porque sabía que eso en Amber era una muestra de cariño. — Gracias. Aunque preferiría que no fuera nada que tuviera que ver con la vis íntima de tu relación con el exprefecto O’Donnell, porque creo que os podría hacer sentir ciertamente incómodos. — Eso la hizo reír y se acercó a ella, abrazándola. — Eres una grande, Amber. — Cuando se separó, vio que Beverley también estaba por ahí y la señaló con media sonrisa. — Así que te mudas con las mayores, ¿eh? No parece encajar con las de su edad, y yo no encajo con nadie en general, y Donna parece que tampoco, así que parecía la maniobra más lógica. — Donna la señaló, como si fuera obvio y dijo. — Es que a esa lógica no te puedes resistir siendo Ravenclaw, la verdad. — Alice rio y terminó el baúl. — Pues me alegro mucho por vosotras. Y recordad, entre mujeres… — Siempre hay que ayudarse, que el mundo ya es suficientemente malo con nosotras. — Terminó Beverley. Ella la miró y sonrió con orgullo. — Eso mismo, Bev. — La niña se acercó y la rodeó por la cintura. — Voy a echarte muchísimo de menos, Gal. — Le acarició la cabeza y sonrió también. — Y yo a ti, aguililla. Vas a ser brillante, y sé que serás buena también. — Aunque te cueste a ratillos, pensó, pero no lo dijo, que lo que quería era motivar justo lo contrario. Cori también apareció por allí. — ¡Hombre! Pensé que ibas a ser tú la que te colarías por aquí para el año que viene. — La niña se encogió de hombros y ladeó la cabeza. — Voy a darles otra oportunidad a las de mi curso. Y si no, cuando Donna se vaya el año que viene, vendré aquí con ellas. Pero tú siempre dices que hay que ser buenas entre nosotras. — Hillary rio. — No te pierdas cómo les ha comido el coco. ¿Os ha contado alguna vez que le metió un pisotón a Cassey Roshan en segundo? — Las tres chicas la miraron con la boca abierta y ella levantó las manos. — A ver, había tratado muy mal a Donna, ¿vale? Y no estuvo bien. Y ahí aún no había sido aleccionada por Monica Fender. — Pero veía sus rostro de penilla, porque veían que se acercaba el final. — Ey, vamos a ver, venid aquí. — Se sentó en el borde de su cama y las miró. — Esto no se acaba, ¿vale? Es un alto en el camino. El mundo mágico no es tan grande, y la vida nos espera ahí fuera. No vamos a irnos a ninguna parte. — Abrió los brazos y miró a las mayores también. — ¿Abrazo comunal? — Y todas se echaron encima de todas, hasta que oyó a Ursula Laker. — ¡Gaaaal! El prefecto te está esperando. — ¿Cuántas veces en su vida habría oído eso? Con una sonrisa, cerró el baúl por última vez, y se dirigió escaleras abajo.

Como siempre, allí estaba su novio, con sus ojos preciosos, su sonrisa perfecta y luminosa. — Iluminarías una ciudad entera, mi sol. — Dijo ella, con tono (y seguro que cara) de enamorada y le pasó los brazos por el cuello. — Buenos días, cumpleañero. — Le dio un besito y sonrió. — Voy a darte la satisfacción de hacerme el desayuno más increíble del mundo, pero con una condición. — Ladeó la cabeza. — Tenemos que ir a hablar con una persona que ayer no bajó a la fiesta. Una persona que nos conoce muy muy muy bien y que no abandonaría su puesto por nada, así que habrá que ir a verla.

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Jue Abr 21, 2022 11:24 am por Freyja

Quintaesencia
CON Alice EN Sala común EL 3 de junio del 2002
Antes de salir, le dio un beso a Alice en la mejilla con una gran sonrisa. Sí, para ellos él siempre sería el prefecto y ella la alumna traviesa, y se amaban así. Además, había desviado el foco de atención de lo del libro. Le contaría en otro momento, ya fuera de Hogwarts y tranquilamente, su conversación con Creevey y por qué no había querido mirar el libro. Llegaron al vestíbulo de la mano, junto a sus amigos de su casa, y allí se encontraron a todos los demás. Ya no eran chicos de casas diferentes, a partir de ahora... Eran magos y brujas en el mundo mágico, formando una comunidad fantástica.

Rodó los ojos y miró a Darren con cara de circunstancias, pero vio que Lex se estaba riendo tanto con su burlita, y que su cuñado no podría tener mala idea con sus comentarios ni aunque quisiera, que simplemente negó con la cabeza y rio. Además, ¿a quién querían engañar? Tenía parte de razón, él no abandonaría nunca la escuela si pudiera. Ojalá poder vivir fuera pero ir y venir de vez en cuando a aprender cosas nuevas o a habitar esos pasillos y la sala común. Lo más gracioso era que Peter no parecía entender esta reflexión, porque sí, los Ravenclaw parecían en líneas generales más tristes que todos los demás. Aunque Poppy, siempre queriendo hacer sentir bien a todo el mundo, aportó su opinión. - Bueno, cari, a mí también me da pena irme. - Le dijo a Peter. Él la miró extrañado y ella se encogió de hombros. - Ya no voy a poder tutorizar a mis niños, ni tendremos meriendas con galletitas en la sala común... - No es ese el recuerdo que tengo yo de tu sala común. - Masculló Ethan, que ya estaba tardando mucho en aparecer por allí. Poppy siguió, dándole una caricia triste a Peter en el brazo. - Y aquí he conocido a todos mis amigos, y te he conocido a ti. - Peter hizo una pausa breve y luego chistó, levantando los brazos y dejándolos caer. - No, si al final me hacéis llorar a mí también. - Su queja provocó varias risas. Igualmente, el Gryffindor intentó defender su alegato y acabó acusando a Alice. Marcus se irguió, sacando pecho. - Nosotros hemos respetado en todo momento la separación de dormitorios. - Porque tienen un escondite secreto. - Saltó Ethan. Todos le miraron, incluso los propios Marcus y Alice, que se hicieron los sorprendidos frunciendo el ceño pero, en el fondo, temían ser desvelados de verdad.

Y vaya si lo fueron. El otro, con sonrisa sibilina, se cruzó de brazos y caminó un par de pasos lentos hacia ellos. - Hay un pasillo secreto en el cuarto piso en el que se meten para hacer sus cosillas. - ¿QUÉÉÉÉÉ? - ¿¿CÓÓÓÓÓÓMO?? - Se escuchó en el entorno. Marcus ya estaba visiblemente nervioso, pero chistó con suficiencia, aparentando. - Va, McKinley, no inventes... - Les pillé intentando entrar en quinto después de un calentón en un duelo, lo que pasa es que aquí la zorrilla, que no la zorrita de Peter... - Poppy se puso colorada y Peter hizo una mueca de disculpa. - ...Se fue a hacerse la buena alumna al invernadero en cuanto la pillaron. Y a ti... - Le señaló a él. Marcus abrió mucho los ojos. - ...Te propuse un trato por no desvelarte y no lo aceptaste. ¿Te creías que se me había olvidado o qué? - Ethan chistó. - Tienes suerte de que me haya esperado hasta el último día y no os haya descubierto el polvorín, nunca mejor dicho, desde ese momento... - Quéééé fuerte, vamos. - Respondió Hillary, alucinada y entre risas. Marcus volvió a chistar.  - ¿Pero de verdad os lo vais a creer? No es más que una de sus mentiras. - ¡Yo lo confirmo! - Saltó Sean, levantando la mano. La cara de Marcus era un poema. - Me lo confesó a principio de curso. - ¡¡Tío!! - ¿Sabías semejante dato jugoso y no me lo cuentas? - Alucinó Hillary, agudizando mucho la voz. Sean hizo un gesto despreocupado con la mano. - Hills, es Marcus, tarde o temprano nos íbamos a enterar. - ¡Bueno ya vale! - Cortó Marcus. Donna se cruzó de brazos, chistando. - Tío, ese conocimiento se comparte. -  No hay nada que compartir. - No, no, mejor que no compartan. - Se burló Hillary, provocando una carcajada de Donna mientras esta se enganchaba del brazo de Andrew, que acababa de llegar sonriente al lugar diciendo. - ¿Me he perdido algo? - Sí. - Respondió Oly, toda felicidad, y a Marcus no le dio tiempo a pararla aunque los ojos se le fueran a salir de la cara. - Que acabamos de descubrir que Marcus y Alice hacen el amor en un pasillo oculto del cuarto piso. - ¿¿¿CÓÓÓÓÓMO??? - Andrew soltó una fuerte carcajada. - ¡Pero excelso prefecto O'Donnell...! - ¡Bueno se acabó ya! - Cortó, tirándose dignamente de las solapas. Por fin, al menos se hizo el silencio.

Silencio que rompió, ni más ni menos, la voz monocorde de Kyla. - Y ha dormido en la cama de Alice Gallia. - ¿¿¿QUÉÉÉÉÉEÉ??? - Marcus no daba crédito. La chica se cruzó de brazos y sonrió de lado. - Y nos extorsionó a varios de nosotros para que no contáramos nada. - ¡Confirmo también! Que yo fui uno de los extorsionados. - Dijo Sean. La cara de Marcus era de indignación absoluta, mientras Darren decía. - Qué fueeeerrte. - Vaya, vaya, extorsionando y todo, como buena serpiente... - Comentó Ethan. Peter chistó. - ¡Tío! Que me llevas dando lecciones de moral desde los cuatro años, ¡y hasta tú lo has hecho! - No no no. Yo nunca he extorsionado a nadie, exagerados. Y tú, cuenta la historia entera, porque creo que repercute y bastante a tu novia. - Acusó Marcus a Kyla. Oly alzó las palmas. - Uuuuy qué va, Marcusín, si tú a mí me has dejado muy clarito siempre que líos sexuales conjuntos no quieres... - ¡Que fue el día que drogaste a Alice! - Concluyó él, antes de que Oly siguiera haciéndose la despistada. Más exclamaciones por parte de los presentes, pero ahí quien saltó fue un asustado Theo. - ¿¿Que drogaste a Gal?? - ¡Fue sin querer! - Bueno. - Cortó Poppy, alzando las manos. - Lo que está claro es que seguro que había una buena explicación para todo eso, y que aún nos quedan muchísimas historias por contarnos fuera. - Marcus sonrió. Eso era verdad. Lástima que el comentario de la chica fuera seguido de un suspiro y una conclusión. - Lo digo también porque... Tenemos que bajar, chicos. Que ya es la hora. -

- ¡¡Yuhuuu, nos vamos!! - Celebró Peter, encaminándose, y todos volvieron a las caras apenadas. De hecho, el mismo Gryffindor fue quien notó que Donna estaba llorando. Se fue a abrazar a Donna, y no fue el único, porque aquello se convirtió de repente en un abrazo conjunto. Miró a Darren. - Yo también estoy triste, cuñado. - Darren rio. - Ya tenía yo un muffin para ti. - Le respondió, removiéndole los rizos, y Marcus puso cara de niño contento. Todos se abrazaron, y cuando se soltaron de la piña que habían generado, se dio cuenta de que hasta Lex se había acercado por allí. Miró a su hermano con cariño y este carraspeó un poco y se animó a hablar. - Bueno... Para mí... También va a ser raro. - Se encogió de hombros, cabizbajo. - Tenía que haber aprovechado mejor el tiempo que estabais. Este año... Ha sido guay. - Oooh. - Dijo Darren, conmovido y acariciándole la mejilla. Lex sonrió un poquito y, tras esto, miró a Donna. - Si nos quedamos los dos solos... Podemos estar más tiempo juntos. - Le ofreció. La chica sonrió, aún con Dylan y Olive rodeándola. - Me parece genial. -

- ¡Marcus! - Exclamó Kyla, con una aspiración como si se acabara de dar cuenta de algo. La vio removiéndose y, cuando Marcus se fijó, vio que todos los chicos de primero estaban agolpados en la puerta.  - Ay, por Merlín. - Se acercó al grupito junto a ella, pero oyó las risillas y burlitas de sus amigos, incluido Peter, quien añadía. - Uuuy que ya se le olvidaba su función a los prefectos. - Yo es que ya se lo pedí a Amanda ayer. - Comentó Oly, y eso le dio a Marcus, que la oyó mientras se dirigía al grupito, una gran idea. De hecho, por allí aparecieron Colin y Amber.  - Ey, chicos... - Estos se giraron a ellos con una gran sonrisa. - ¡Marcus, Kyla! Ya creíamos que no os íbamos a ver. - Respondió Colin, alegre. Marcus sonrió, miró a Kyla con complicidad y luego a los chicos. - El año que nosotros empezamos, Bennet y Roslin nos dejaron practicar el último día, con ellos por aquí por si necesitábamos algo. - Señaló al grupito de primero. - Es la primera vez que abandonan Hogwarts tras un curso. Tendríais que dirigirles vosotros y acompañarles en los carruajes. Puede que haya alguno que otro asustado por los thestrals, tendréis que tranquilizarles. - Ambos asintieron. - Nosotros estaremos cerca por si necesitáis cualquier cosa. Al fin y al cabo, la próxima vez que ejerzáis... - Y lo dejó en el aire, que ya se iba a empezar a quebrar, y notaba a Kyla igual a su lado.

Colin dio un paso hacia ellos. - Gracias. A los dos. Habéis sido los mejores prefectos posibles, esperamos estar a la altura. - Lo estaréis. - Aseguró Kyla, con una sonrisa. Colin sonrió y le dio un fuerte abrazo a Marcus. - Recuerda todo lo que hemos hablado. Y recuerda... Que nada es de vida o muerte ¿vale? No te agobies más de lo necesario, no merece la pena. - Le confió, y luego se soltaron. - No voy a olvidar ni una sola de tus palabras, Marcus, te lo aseguro. - Marcus asintió, con una sonrisa emocionada, y Colin se fue a abrazar a Kyla. Amber dio un paso prudente hacia él. - No sé si es del todo correcto que... - Amber, dame un abrazo. - Cortó Marcus, con una sonrisa tierna. La chica sonrió ampliamente y, feliz, se abrazó a él. - Gracias por todo, Marcus. - Mucha suerte, Amber. Lo vas a hacer genial. - Luego la chica fue hacia Kyla y con ella se quedó un poco más, y puede que se le escapara una lagrimilla. Sí, Amber iba a echar mucho de menos a Kyla, como Colin a él. Como él echó de menos en su día a Howard y Anne. Pero algo tenía seguro. - Nos vemos fuera de aquí, chicos. - Y, ya sí, les dejó ir a ejercer por primera vez. Volvió más que feliz junto al resto de sus amigos, con Kyla a su lado, y tomó la mano de Alice. - ¿A que no sabes qué? - Le dijo sonriente a su novia. - Hoy no te abandono en los carruajes. Nos volvemos juntos. -  
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Jue Abr 21, 2022 4:05 pm por Ivanka

Quintaesencia
CON Marcus EN Sala común EL 3 de junio del 2002
Todo muy gracioso hasta que Ethan soltó aquello. Inconscientemente, buscó a Colin y Darren con la mirada, todo fuera que salieran aquellos dos a confirmarlo, mientras ponía cara de no tener ni idea de lo que le estaban hablando. Pero el muy maldito Sean tuvo que confirmar, y ella mirar a su novio con los ojos muy abiertos. — Espera, espera. — Dijo Hillary cayendo de repente. — ¿Es el sitio secreto donde os lo montasteis que no me quisiste decir porque era un sitio vuestro y no se qué más? — Ella se irguió con una sonrisa. — Yo no confirmo nada. Cuando no lo niega es que sí. — Dijo su amigo señalándola con el pulgar. — Sean, eres gilipollas. Lo tenía que decir antes de irnos. — Dijo, tratando de desviar la atención del tema principal. Vaya tela, que les fueran a pillar justo en el último momento. Menos mal que estaba siendo entonces y no cuando Arabella estaba delante, o iba a convertirse en viuda antes siquiera de casarse porque a Marcus le hubiera dado un infarto.

No, pero que tenían más. — Chsstttt, Kyla, Marcus, que todavía podéis buscarle un problema a Oly… — De verdad, que por tal de sacarse los colores los unos a los otros al final iban a acabar teniendo un problema. — Y a callar de una vez a ver si me voy a tener que sacar yo trapos sucios de todo el mundo. — Dijo cruzándose de brazos. Cuando le salía ese tono, todos la miraban como cuando habla una madre. Y no quería ella tampoco quedar como la aguafiestas el último día, vaya. — Bueno u os lo dejáis para esta noche, cuando estemos de farra y no haya oído disciplinarios que hagan que nos pueda caer algo encima. — Dijo levantando una ceja. Ethan se enganchó a ella y la rodeó con el brazo, señalándoles a todos. — Habéis apuntado, ¿no? Esta noche, jueguecito McKinley de destape absoluto, avisados quedáis. — Alice se frotó los ojos. — Ay, madre, buena la hecho. — Sip, no lo sabes tú bien, zorrón.

El momento al menos sirvió para que Donna parara de llorar, y Alice reparó en que Dylan y Olive habían estado ahí todo el tiempo, pero como estaban hablando entre ellos y con Donna, parecía que les daba bastante igual. Y la verdad, Dylan había oído cosas peores de su tata y Olive no parecía ninguna tonta. Solo esperaba que los Clearwater no se escandalizaran con algo que fuera contando la niña. Sonrió cuando Lex se acercó a ellos también. — Lex mola mucho porque delante de él no hace falta hablar. No tienes ni que preocuparte por cómo lo estarás diciendo, él lo lee y ya está. Dyyyyylan… — Le regañó ella. — Hemos dicho que eso no puede decirse delante de cualquiera… — Pero su hermano a lo suyo. La verdad es que, para gente como Dylan o Donna, que también le costaba expresarse, Lex era toda una ayuda. Y ella siempre había pensado que su amiga y su cuñado pegaban mucho: eran muy callados, no les gustaba la gente, eran del mismo año, se les daban bien las criaturas y su pasión en la vida era el quidditch. Y para más señas, ambos habían acabado con dos personas que eran unas castañuelas, habladores hasta el cansancio y el contraste perfecto para el carácter de ambos. — Eh, mirad. — Dijo a Dylan y Olive. — Ellos cuidarán de vosotros por nosotros. — Miró a su amiga y su cuñado. — No hay nadie en quien yo confiara más. — Dijo sonriéndoles de corazón. — Y yo ya llevo mucho tiempo encargándome de Dylan cuando cierta parejita desaparecía por ahí, ¿es o no, colega? — Dijo poniéndole la mano para que chocara. — Y yo siempre me he llevado muy bien con los Gryffindor. — Aportó Donna guiñándole un ojo a Olive. Bien, podía irse tranquila, a falta de una sola cosa.

Mientras Marcus se iba con Kyla a hacer algo, ella se acercó a Aaron, que estaba discretamente detrás de Ethan. — ¿Vas a estar bien? — Le preguntó más bajito. Él, con esa sonrisita que tenía últimamente, pero un deje de tristeza en los ojos, se encogió de hombros. — Sí, no tienes que preocuparte por mí. ¿Cómo vas a volver a América? — Él inspiró y tragó saliva. — En barco. Muggle. Así les distraeré y podré llegar hasta mis padres sin llamar mucho la atención. Tengo una tía que lo hizo. — Ambos rieron y Alice notó cómo se emocionaba un poco. — Si necesitas algo, Aaron, si tu plan no sale como esperabas… Recuerda que tienes una familia en Inglaterra. Nosotros ya nos hemos enfrentado a ellos. — Dijo agarrándole las manos. El chico asintió de nuevo. — Sí, prima Alice. — Ella sonrió a eso último. — Eres la prima más molona que tengo, los otros no merecen nada la pena. — Eso la hizo reír, con los ojos empañados. — Algún día te traeré a mi madre. Verás qué feliz la vas a hacer. — Asintió y se lanzó a abrazarle y le correspondió. — Buena suerte, Aaron. — Y volvió a incorporarse al grupo.

Cuando iba a empezar a colocarse para subir a los carruajes, sintió la mano de su novio. — ¡Oh! ¿Qué…? — Y entonces se dio cuenta, y su cara se iluminó. — ¡Claro! Ya no eres prefecto. — De repente sentía la ilusión de una niña pequeña. Corrió hacia los carros de su mano y le dijo. — Espera. — Se acercó a los thestrals y les acarició un poco en el hocico con una sonrisa, a lo que le relincharon. — Ya sé. Sois más alegres de los que la gente cree. Pero yo os veo. — Les susurró con dulzura, y luego se subió con Marcus. — ¡Supongo que a ese carro nadie está invitado! — Gritó Hillary con una carcajada. Ella amplió la sonrisa y tiró de la puerta. — Pues no. — Y se sentó al lado de su novio, absolutamente feliz. — Siempre me gusta acercarme a los thestral, pobrecitos, la gente o no les ve o les tiene miedo. Se merecen un cariñito. — Le explicó a su novio, dejándose caer a su lado.

Cuando el carruaje arrancó se giró y le miró, con una mirada más triste. — Sabes que yo no suelo arrepentirme de nada, Marcus, que siempre te digo lo de la carretera… — Suspiró. — Pero me arrepiento de no haberte ido a buscarte el año pasado. Cuando iba a en el carro, cuando te vi salir al tren… Solo podía pensar cuánto iba a sentir que nos separáramos, cuánto me iba a doler dejarte ir… Y que tenía que hacerlo por evitarme una ruptura mayor… — Tragó saliva y le acarició la mejilla. — Es el mayor error que he cometido en mi vida. El mayor. Por la noche te había dado todo de mí, y por la mañana solo quería no destrozarme las ilusiones irremediablemente y para siempre, pero fui injusta y egoísta. — Se inclinó y le besó, para girarse justo después hacia la ventana y señalar el castillo. — Pero si algo me ha enseñado la vida es que las primeras y últimas veces son muy relativas. — Le miró y le acarició la barbilla, con una sonrisa enamorada. — El inicio de curso de cuarto, pensé que sería la última vez que montaríamos juntos aquí y mira… — Bajó la mirada. — Nos quedan muchas primeras y últimas veces, algunas de ellas ni siquiera nos las imaginamos. — Se apoyó en su hombro, sin dejar de mirar por la ventanilla. — Vivamos la vida sin miedo a vivirla. Sin perdernos en despedidas ni bienvenidas tajantes… Solo… Vivida, juntos. — Y entrelazó su mano con la de él. Y quién sabía… Quizás algún día regresaran.

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Jue Abr 21, 2022 9:25 pm por Freyja

Quintaesencia
CON Alice EN Sala común EL 3 de junio del 2002
Como si fueran dos niños y esa fuera la primera vez que iban a montarse juntos en los carruajes, corrió hasta ellos de la mano de Alice, con una sonrisa de oreja a oreja. Se había llevado un pequeño regalo de última hora con el que no contaba y lo pensaba disfrutar. Al llegar, sin embargo, su novia se detuvo, dirigiéndose a ese punto que para él era invisible. Sonrió con ternura y notó como el corazón le latía con más fuerza. ¿Que por qué la quería? Por darle vida, por ser su alma gemela, la persona que mejor le entendía y escuchaba, con quien más gustos compartía... Y por eso. Por cosas como esa. Por esa bondad. El día que se montaron en las barcas conoció a la hija de William Gallia. En momentos como ese, veía a la hija de Janet Gallia.

- ¡Venga ya, que tú también tienes con quien compartirlo, deja de quejarte! - Le bramó, bromista y entre risas, a Hillary, cerrando la puerta del carruaje con su novia y él dentro. Como si él no supiera ya que Alice hacía eso por los thestrals porque era la mejor persona del mundo, al menos así lo sentía él y no pensaba dejarse convencer de lo contrario, su novia le dio una explicación. Él colocó las manos en sus mejillas y presionó sus labios con los suyos. - Me gustan tus ojos de Ravenclaw. - La miró a los ojos. - Me gusta esa sonrisilla traviesa que tienes que nunca augura nada bueno. - Dijo con una risita. - Me gusta tu pelo. - Añadió, dejando una caricia en este. - Me gusta que sepas tanto de plantitas. - Dijo con cariño. Hizo una leve pausa y, con una sonrisa sincera, añadió. - Pero lo que más me gusta de ti es tu corazón. Eres guapa, eres lista y eres divertida. Pero sobre todo, Alice Gallia, eres la persona más buena que conozco. Qué suerte tengo de tenerte a mi lado. - Dejó un tierno y breve beso en sus labios. - Así contrarrestas mi vena Slytherin, chica con un diez por ciento Hufflepuff. - Rio brevemente y soltó sus mejillas para agarrar sus manos.

El carruaje arrancó y Alice empezó a hablar, y Marcus detectaba perfectamente cuando su novia hablaba con el alma más aún de lo que habitualmente lo hacía. La escuchó con una leve sonrisa en los labios. Sí, el verano pasado fue duro, separarse fue un error. ¿Pero quién podía entristecerse cuando estaban como estaban en esos momentos? Se les planteaba un futuro brillante por delante que ningún pasado podía oscurecer. Recibió su beso y su reflexión le hizo sonreír aún más, apoyando su cabeza en la de ella cuando Alice la reposó en su hombro. - Tienes razón. - Alzó él también la vista hacia el castillo, notando como sus ojos se humedecían, pero sonriendo. - Quizás... No sea la última vez que vengamos. - Apretó su mano, entrelazada con la de ella, dejando caer la mirada en estas. - Nos quedan muchas cosas por vivir. Muchas primeras veces y muchas últimas, estoy de acuerdo. - Movió ligeramente la cabeza para apoyar los labios en su pelo. - Y si voy contigo, no le tengo miedo a nada. - Juntos habían vencido sus peores miedos, boggarts y cosas peores, y estaba seguro que podrían seguir haciéndolo toda la vida, siempre que estuvieran de la mano.                              

Descendieron de los carruajes al llegar al andén. Allí vio a Darren de espaldas, hablando con Lex, y apenas se acercaron, el chico se giró. Al verle, puso cara de ilusión absoluta y se le acercó, diciendo con voz melosa. - Y aquí está la segunda cosita más bonita del castillo. - Marcus se había quedado con los ojos muy abiertos e inmóvil en su sitio, mientras Darren se dirigía a él como su abuela Molly lo hacía cuando le veía, lo cual era tan confuso que no podía ni parpadear... Ah, claro, es que no iba hacia él. - Mi Elio precioso que su tito Darren le va a regalar una chuche. - Soltó aire por la nariz en un gesto genuinamente aliviado, mientras Darren se inclinaba ante la jaula de Elio y su pájaro revoloteaba por esta, exultante. - Mi pollito bonito y precioso que se va a comer una chuche riquísima de gusarajos y pan frito con un poquitito solo poquitititito de maíz. - Le dio la chuche y Elio se quedó bien contento. En lo que Darren se ponía de nuevo de pie, apareció Lex por allí y, con sonrisilla maliciosa, empezó a decir. - ¿Sabes que este...? - Calla. - Atajó Marcus. Lástima que Darren pareció pillarlo y, ya sí, se fue hacia él diciendo. - Oooooy. - Le puso las manos en las mejillas, ante el asombro de Marcus. - ¿Te creías que la segunda cosita más bonita del castillo eras tú? - Y ya estaba ofendido por ser él la segunda y yo la primera. - Bueno, a ver, eres su nov... ¡Ay, Darren, deja de tratarme como a una lechuza! - Se quejó, zafándose de las manos del otro, que seguía mirándole como si, efectivamente, fuera uno de sus bichos. Lex se lo estaba pasando en grande riéndose a su costa. - No he pensado nada de eso. - Se defendió, muy digno, retirando la mirada. Pero allí todos los presentes sabían que sí.

- ¿Para el mío no hay nada? - Preguntó Donna, apareciendo por allí y mirando con cariño su bolsillo, del que salía el tímido bowtruckle que le regalaron en su cumpleaños. Lex se acercó y lo acarició. - Hola, Nick Carter. - Marcus y Alice se miraron y rieron, y Darren soltó una carcajada. - Cada vez que me acuerdo de que le has puesto a un bowtruckle el nombre de un Backstreet Boy... Mi hermana va a flipar. - Y, dicho esto, Darren le dio al animalillo una chuche. - Donnita, tú me cuidas a mi Lexito y yo te mando cargamentos de chuches para este bichillo el año que viene. - Eso hizo a Donna reír. - Hecho. - Eh, que yo no necesito cuidados. De hecho, ahora voy a ser cuidador. - Se giró, sonriente, y tras su espalda aparecieron Dylan y Olive, a quienes les dijo. - Sí, podéis tocarlos. - Y los dos se acercaron a acariciar tanto al bowtruckle como a Noora. Aaaah... Pensó Marcus, y nada más lo hizo se contuvo y giró la cara... Pero tarde. Ya tuvo que saltar su puñetero hermano a delatarle otra vez. - Joder, Marcus, ¿todavía estabas preguntándote cuál era la cosa más bonita del castillo? - ¡Y dale! ¿Tú no estabas de cuidador? ¡Deja ya de meterte conmigo! - Se defendió... Pero sí, acababa de caer en que Darren no se refería a Lex, sino a Noora, a quien su hermano llevaba colgada al cuello como siempre.

- Pues yo iba a ofrecerte una cosa, cuidador, pero si no quieres... - Saltó Donna con tono intrigante, haciendo que Lex pusiera cara de curiosidad. La chica rio un poco. - Andrew este año va a estudiar para fisioterapeuta de equipos de quidditch y... Bueno, quería informarme de temas administrativos. Ya sabes, qué necesitan los jugadores a nivel... Pues burocrático y eso. - Se encogió de hombros. - Se me da bien el papeleo, la estrategia, quizás la publicidad... Y no me fio de que Peter lo vocifere todo antes de tiempo, creo que me va a generar un estrés innecesario. - Eso hizo reír a todos los presentes. Donna continuó, mirando a Lex. - Si quieres, puedo informarme bien este verano y, el curso que viene, charlamos sobre el tema. Por si te interesa una manager para cuando seas el jugador superfamoso que vas a hacer. - Lex parpadeó, miró un segundo a Darren, luego a Marcus, luego a Alice, y luego a Donna otra vez. - Eso... Está muy bien. Molaría mucho. - Se encogió un poco. - La verdad es que... Me había planteado... Que lo de las entrevistas y hacer negocios y eso... Bueno, las relaciones y demás no se me dan muy bien. - Donna sonrió y le dio un codazo de colegueo. - Puedes dejarlo en mi mano entonces. Lo que necesites. - Y, de repente, eso último hizo que algo hiciera click en el cerebro de Marcus, abriera mucho los ojos y el corazón le diera un fuerte latido.

- Alice. - Le dijo a su novia, girándose a ella con un punto casi asustado. Se apartaron ligeramente, para que los demás siguieran a lo suyo y no interrumpiera, y le dijo. - Se nos ha olvidado despedirnos de un sitio. - Había sido esa frase, justo esa, la que había activado su recuerdo: "lo que necesites". - No nos hemos despedido de la Sala de los Menesteres. -
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Jue Abr 21, 2022 11:33 pm por Ivanka

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CON Marcus EN Sala común EL 3 de junio del 2002
No debía ser muy sano los golpazos de corazón que le daban cuando Marcus le decía esas cosas. Pero es que no podía controlarlo, su corazón se volvía loco, su respiración se agitaba, y algo recorría sus venas y la hacía sentirse la mujer más afortunada del mundo. — A veces me dejas sin palabras, Marcus. Y mira que es difícil dejar sin palabras a un Gallia. — Rio antes de besar sus labios. Desde luego, que si hubiera diseñado ella ese último día, no le habría salido tan idílico y precioso como estaba desarrollándose. — La suerte es mía, que nunca pensé que estaría así, aquí, contigo, en nuestro último día. — Confesó. Luego le sonrió y asintió. — Es posible… — Acarició leventemente la pierna de Marcus y ladeó su sonrisilla traviesa. — Con tu alumna díscola… Nunca se sabe. — Qué le gustaba ponerle nervioso.

Casi de seguido, se bajó del carruaje y se encontró con una escena que no esperaba. A ver, era Darren, sorpresivo tampoco le parecía, pero… Ah, que era a Elio. — Otra igual. Tan listos para unas cosas… — Dijo Lex, levantando la mirada y poniendo los ojos en blanco. — Oye, tú eres muy listo, pero tu novio habla así a las personas también. — Y tuvo que reírse de la imagen entre su novio y Darren. Iban a estar hasta el último momento haciendo el payaso, lo veía venir.

Sonrió cuando Donna apareció por allí, con sus nuevos escuderos que eran Dylan y Olive, por supuesto. Pero se quedó mirando la escena y… Le gustaba la estampa. Donna por fin podría ejercer como la adulta del grupo y no le bebé, como ellos se empeñaban en llamarla y tratarla, Lex podría experimentar la responsabilidad y la familiaridad, Dylan se acostumbraría a gente que no fuera de su familia y entorno más directo, y Olive tendría a tres personas maravillosas pendientes de ella. Y a los cuatro les gustaban las criaturas, y tenían un sistema de comunicación que Marcus y ella nunca habían podido darles, solo tratar de entenderlo y aceptarlo. Al final todo es simplemente como tiene que ser y… Nosotros ya no pertenecemos aquí, pensó, no sin cierta tristeza, pero tranquilidad y también ganas por lo que estaba a punto de empezar como siempre.

Reconectó con la conversación cuando Donna se puso a explicar su plan. Sí, bueno, mente Ravenclaw, a ella no se le había ocurrido que pudiera poner aquellos conocimientos tan amplios que tenía y aquella organización inherente a su ordenado cerebro, al servicio de un jugador de quidditch. Lex, para más señas. Y lo cierto es que para esos temas lo mejor era alguien de confianza y nadie en los O’Donnell tenía suficientes conocimientos de quidditch y negocios como para ello… — Oye, es brillante, Donna. — Miró a su cuñado y sonrió. — Yo ya sabía que esta alianza era buena, ¿sabes? Pero cualquiera os decía nada a ninguno de los dos. — Lex puso los ojos en blanco. — Sí, sí… Los ravenclaw siempre lo sabéis todo. — Ella le señaló con una sonrisita. — Oye, cuidadito ahora que tu hermano, tu cuñada Y TU AGENTE son ravenclaw… — Ethan la rodeó, apareciendo de la nada. — Es que para eso se quiere a los ravens, querida. De persona que te lleva los negocios, hermano listo y cuñada intrépida que te saca de los jaleos.De amantes estamos genial.¡Oh, por Merlín! Me voy. — Se quejó Lex. Qué rápido entraba.

Su novio la sobresaltó al llamarla así, pero cuando le dijo qué pasaba, abrió mucho los ojos. — La sala de los menesteres… — Hacía un año habían tenido ahí uno de los momentos más importantes de su vida, por no hablar de que el dieciséis de enero le había pedido allí que fuera su novia… ¿Cómo no se les había ocurrido? Pero… — ¿Te acuerdas de lo que te dije esa noche cuando me besaste? — Preguntó alzando la mirada para enfocar sus ojos. — Que era una ilusión… — Ladeó la sonrisa. — Lo que la sala te enseña, no es real, solo lo que necesitas… Y yo… Solo te necesito a ti. — Dio un paso hacia él. — Me da igual no despedirme de ella porque de la sala ya me he llevado todo lo que tenía que llevarme. — Le dio un breve beso y miró el tren. — ¿Puedes hacerme un favor? — Preguntó con una débil sonrisa. — ¿Puedes… Ir yendo a la puerta del vagón? — Dijo quedándose un poco atrás. Poco a poco, confundiéndose entre los demás, se fue hacia el sitio donde se había escondido el año anterior. Había cosas que y no se podían cambiar. Pero ella iba a resarcirse, al menos en ese leve gesto que supondría ir hacia Marcus desde allí, como debía haber hecho aquel día, diciéndole lo que deseó decirle, antes de cerrar definitivamente la puerta de Hogwarts.

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Sáb Abr 23, 2022 12:06 pm por Freyja

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CON Alice EN Sala común EL 3 de junio del 2002
¿Cómo podía habérseles olvidado despedirse de la Sala de los Menesteres? Supieron de su existencia desde el primer día que llegaron a Hogwarts, prometieron investigarla juntos y eso hicieron, y habían estado unidos a ella todos estos años. Allí tuvieron su primera vez, allí se hicieron novios, allí vieron lo que podría ser su futura casa... Menudo fallo. El corazón le latía con violencia en el pecho, arrepentido... Pero, como siempre, Alice le curó todos sus males en cuanto empezó a hablar. Parpadeó y, a su pregunta, respondió asintiendo lentamente con la cabeza. Con su conclusión, lo vio claro, y una sonrisa de alivio, tranquilidad y felicidad empezó a dibujársele en la cara. Recibió su beso y la agarró de las manos. - Tienes razón. - Puso una sonrisa amplia. - Si estoy contigo, no necesito nada más. - No se habían acordado de esa sala porque... No necesitaban nada. Se tenían, se amaban, y eso era mucho más grande que cualquier ilusión que ese lugar pudiera crear. Como tantas otras veces habían hecho, sin soltar sus manos, se acercó a ella y apoyó su frente en la suya, cerrando los ojos. - Te amo, Alice. - Los abrió para mirar los de ella y sonrió. - No me podía ir de aquí sin decírtelo una última vez. -

Pero esa novia suya que nunca dejaba de sorprenderle le pidió que se fuera al vagón. No perdió la sonrisa, pero frunció el ceño levemente extrañado. - ¿Qué andas tramando ahora? - Preguntó con una risa leve. Ella se soltó de él y se fue mezclando con los demás, mientras él la miraba ligeramente confuso. Dejó escapar una risa casi muda entre los labios, mirándola escabullirse, y bramó. - ¡Eh! No me harás perseguirte otra vez, ¿no? Pajarito travieso. - Pero nada, su novia se iba, así que solo pudo reír, negar con la cabeza y dirigirse al vagón, tal y como le pedía. Al girarse, su hermano apareció por allí y le puso una mano en el hombro. - Tenías razón. - Marcus le miró. - Lo sé, pero ¿en qué? - Qué idiota. - Bufó su hermano, aunque el final de la frase le salió con una breve risa. - El día que llegamos, me dijiste que esto sería nuestro hogar... Pero que, en realidad, siempre tendría mi hogar... Donde tú estuvieras. - Se miraron un segundo, y Lex sonrió levemente. - Tendréis vuestro hogar allá donde vayáis. - Marcus le devolvió una sonrisa emocionada y asintió, matizando después. - Tendremos. - Encogió un hombro. - Por algo somos la Orden de Merlín. - Lex sonrió ampliamente y se dirigió hacia el tren. - Nos vemos en casa, hermano. -

Volvió a quedarse allí, entre gente que iba y venía, un tanto parado. ¿Baúl? Hecho. ¿Útiles? Hecho. ¿Elio? Hecho. Repasó mentalmente, mirando sus cosas. En el fondo, seguía siendo el mismo niño del primer día. Miró a los lados y suspiró. Estaba cerrando una etapa, y aún tenía un último reto que cumplir, lo último que Alice le había pedido, y no sabía por dónde iba a salirle... Pues como siempre. Así seguirían siendo toda la vida, Marcus y Alice. - ¡Felicidades, Marcus! - ¡¡Gracias!! - Contestó a los compañeros que pasaban por su lado. Casi se le había olvidado que era su cumpleaños, entre tantas emociones. Se colocó en la puerta del vagón y siguió saludando a compañeros al pasar, riendo con ellos, recibiendo felicitaciones. - ¡Eso, vete ya, que estás muy viejo! - Bramó esa vocecilla irritante, que con el paso de los años cada vez sonaba más mayor. Le detectó enseguida. - ¡Y ya ni siquiera te puedo llamar prefecto! - ¡Pero te sigo vigilando, no lo olvides! - Respondió a Creevey, entre risas. El chico, enganchado en una de las puertas de los vagones, rio con malicia y le dijo. - ¡Adiós, Marcus! Ya me he librado de ti. - Marcus sonrió y negó. - De eso nada. Nos vemos fuera, Benjamin. - Y vio la sonrisa del chico, justo antes de escabullirse para meterse en el tren.

La mayoría de los alumnos habían entrado, y él seguía en la puerta del vagón. Miró hacia arriba, hacia el imponente castillo del que hoy se despedían, y llenó el pecho de aire. Cuántas cosas habían vivido allí dentro, cuantas experiencias. Momentos preciosos e inolvidables, y momentos terribles, pero todos marcarían su vida. Se guardó las manos en los bolsillos, con una sonrisa nostálgica, mirando hacia su Torre Ravenclaw, su sala común, su hogar durante siete años. Recordaba perfectamente que fue lo primero que divisó en cuanto la barca de Hogwarts les mostró el castillo, cómo anhelaba estar allí, entrar en esa casa... Y como Alice le dijo que estaba segura de que lo harían, de que ambos entrarían juntos allí, de que ese sería su hogar... Sí... Siempre supieron que su hogar estaría donde estaba el otro.

Bajó la mirada y, a lo lejos, la vio, y sintió de nuevo ese salto en su corazón, y como su sonrisa se ensanchaba solo con verla. Alice... Alice Gallia está en mi lista de cosas favoritas... Alice es mi palabra favorita. Pensó, mirándola, a lo lejos, esperando a que se acercara a él. Y, cuando la chica empezó a caminar en su dirección, de repente, un recuerdo muy lejano atacó su mente.

- Venga, Marcus. Dile al abuelo cuál me has dicho que es tu palabra favorita. - Le pedía su padre, mientras le tenía sentado en sus piernas, en el salón de su casa. Un Marcus de cinco años muy entusiasmado exclamó enseguida. - ¡Alquimia! - Su abuelo soltó una carcajada y le acarició. - ¡Anda! Mi futuro alquimista, qué bueno vas a ser. - ¡Sí! - Celebró él. Su abuelo se inclinó hacia él. - ¿Sabes cuál es la mía? - Marcus negó, sonriente e ilusionado. Lawrence amplió la sonrisa y, entonces, le dijo una palabra que no había oído jamás, y que le sonó hermosísima. - Quintaesencia. - Marcus, obviamente, preguntó. - ¿Qué es eso? - Lawrence habló. - La Quintaesencia es el Todo. La Quintaesencia es la perfección, es el núcleo de toda alquimia. La Quintaesencia es... Eterna, perfecta, inmutable. La Quintaesencia es la esencia de todo, el culmen, es como la imponente sinfonía final de un concierto. Y cuando la ves... Lo sabes. Cuando tienes la Quintaesencia delante, lo notas, lo sientes dentro. Sabes que es ella. Y sabes que es única. -

Y él lo sabía. Amplió la sonrisa, mientras las palabras de su abuelo resonaban al ver a Alice acercarse. Allí, esperando, como tantas otras veces la había esperado. Como la veía cada mañana bajar las escaleras de su habitación, o como la vio perderse en ellas por primera vez aquel primer día. Como cada vez que la veía aparecer en unas vacaciones, o entrar por el Gran Comedor cuando venían de clases separada. Allí estaba, Alice Gallia, su todo. Ella, única. Y ellos, juntos, siendo el Todo, teniendo su propia Quintaesencia, algo que jamás podrían romper. Siendo, por siempre y por toda la eternidad, Marcus y Alice. Y siendo imparables.
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Última edición por Freyja el Sáb Abr 23, 2022 1:44 pm, editado 1 vez


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CON Marcus EN Sala común EL 3 de junio del 2002
El corazón le latía como loco. Hacía un año exacto, en un día muy parecido, había visto a Marcus en ese mismo sitio, tal y como lo veía ahora. La gente pasando por al lado y felicitándole, él feliz y pletórico, un poco confuso por qué estaría ella tramando. No, los Gallia no se arrepentían de lo que hacían. Pedían perdón, eso sí, pero lo que hacían era reconocerlo e intentar arreglarlo. Alice lo había reconocido, y por reconocer que se había equivocado de cabo a rabo aquel día, había logrado al amor de su vida. Hasta ahí todo bien. Pero ahora tenía que arreglarlo, para sí misma también.

No me creo que estés escondiéndote otra vez. — Dijo la voz de Kyla a su lado. Ella rio. — No, estoy intentando arreglar lo que rompí, como buena Gallia que soy. — La chica alzó las cejas. — Yo diría que está más que arreglado. — Alice negó con una risita. — Son cosas mías. — Miró a Kyla. — Pero esta vez, cuando pases por delante del prefecto O’Donnell, sí te dejo decirle dónde estoy. — Miró a su novio y sonrió. — Él ya lo sabe. — Kyla amplió la sonrisa y apretó su mano, dejándola sola, y ella aprovechó para quedarse mirando a ese niño que conoció el uno de septiembre de 1995, que había ocupado su corazón, sus pensamientos y su cuerpo entero en aquellos siete años. La coagulación perfecta, el Todo que formaban. Y así, de repente, lo recordó todo.

Todas y cada una de las frases que la bola le dijo, las reprodujo en su cabeza. La frase que le dijo su tata cuando su madre murió, esa que le cambiaría la vida. Frases que Marcus y ella se habían susurrado en la intimidad cálida y oscura, cuando se amaban. Ese “¡Sal de mí!” desesperado que gritó cuando creyó que no había marcha atrás, y esa frase del precipicio que no había olvidado o la de la “acaba la faena” cuando se pelearon por Jean y Maggie, porque Marcus y Alice no podían negar esos momentos abruptos, formaban también parte de ellos, no tenía sentido intentar eliminarlos. “Yo le amo, y lo más loco de todo es que él me ama a mí también…” Oh sí… Esa frase dicha a la lápida de su madre, confesando todo eso que llevaba dentro y que estaba como loca de gritar a los cuatro vientos. Las frases que hablaban de su padre… De ese momento de locura y oscuridad, que lograron superar gracias al amor que se tenían… Y… ¿No debería sentirme así? ¿Oyes eso… Es el corazón? Esas aún no las había oído… Suspiró y sonrió. — Supongo que es que… Aún queda historia por escribir. — Dijo en voz baja, a la nada, con una sonrisita.

El tren se iba ya y ella tenía que hacer lo que se había propuesto. Levantó la mirada al cielo, inspiró y murmuró. — Es hora de volar, pajarito. — Y sintiendo la brisa y el aire en la cara, corrió hasta la puerta del vagón y se subió de un salto, poniéndose frente a Marcus, apoyándose en su pecho, y besándole acto seguido. Cuando se separó, le miró a los ojos y le dijo. — Te amo. Estoy enamorada de ti desde el primer día. — Los ojos se le empezaron a inundar y sentía una sensación en su pecho imposible de describir. — Te he amado desde que te conocí y te amaré siempre. Quiero ser el pájaro que se pose en tu espino, quiero ser contigo el Todo, caminar siempre a tu lado. Ser tu halcón, que vuele pero siempre vuelva a tus brazos. — Volvió a besarle y soltó un suspirito. — Ahora sí está arreglado. Ahora sí podemos cerrar y empezar algo juntos. — El tren hizo el pitido y la vibración de estar a punto de arrancar. Agarró su mano fuertemente. — Eh, mírame, Marcus O’Donnell, hijo de Arnold O’Donnell y Emma O’Donnell. — Con la otra mano, tomó su barbilla y la alzó. — Aquí tienes a Alice Gallia para ti. — Besó sus labios y sonrió. — Llévame a la próxima aventura.

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