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Sáb Abr 23, 2022 6:25 am por Freyja
Recuerdo del primer mensaje :




El pájaro en el espino
Marcus & Alice | Continuación Golden Shields | Inspired - Libros (Harry Potter Universe)
Estaba escrito. Marcus O’Donnell y Alice Gallia estaban predestinados a estar juntos desde antes de nacer, aunque las vicisitudes de la vida y sus familias, les impidieron conocerse hasta llegar a Hogwarts. Desde el primer día, en las barcas, sintieron esa conexión única que acabaría desembocando en la más bella historia de amor, pero hicieron falta siete años de idas y venidas, de heridas tan dolorosas como la pérdida de una madre o la apertura de secretos familiares que podían traer un terremoto a la vida de todo el mundo, para que acabaran juntos y felices.

Marcus es el primogénito adorado de la importante familia O’Donnell. Criado entre eruditos y con una familia unida, recto, prefecto durante tres cursos completos en Hogwarts, amante de las normas y con una inteligencia privilegiada. Nada haría augurar que acabaría entregando su corazón a Alice Gallia, otra mente brillante de Ravenclaw, pero proveniente de una familia con un pasado turbulento por parte de su madre en América, y mucho menos fan de las normas e inherente al caos. Pero ellos se adoran, las familias han recuperado el vínculo y se apoyan y la alianza O’Donnell-Gallia es un fuerte vínculo que va desde Irlanda a La Provenza.

Juntos fueron los mejores alumnos de Hogwarts, juntos quieren comerse el mundo y ser alquimistas. Ahora saben que se aman y que quieren estar juntos, pero no todo puede ser tan fácil. Les quedan mucho años de estudio y trabajo por delante para llegar a ser quienes quieren ser, las situaciones familiares no son las ideales y aún quedan temas sin resolver.

La historia de Marcus y Alice no podía acabarse al salir de Hogwarts, queda mucha alquimia, mundo que recorrer, momentos felices, dramas y mucha mucha alquimia y magia, que es para los que ambos nacieron. Además, aún no se han cumplido las dos profecías: queda una boda con mucho espino blanco y la creación de un nido… La última página está muy lejos de ser escrita.

Marcus O'Donnell
Alquimista | Timotheé Chalamet | Freyja
Alice Gallia
Alquimista y enfermera | Kaya Scodelario | Ivanka




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Última edición por Freyja el Jue Oct 13, 2022 5:57 am, editado 6 veces


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Miér Sep 28, 2022 4:17 am por Ivanka


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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez| 23 de junio de 2002

Bueno, mucho se había quejado pero no parecía estar muriéndose de hipotermia, así que se limitó a sonreír, abrazada a él y pendiente de la cuenta atrás, meditando su deseo. Cuando la cuenta ya estaba a punto de acabar, inspiró y pensó: dejar de tener miedo. Miedo a enfermarme, miedo a los Van Der Luyden, miedo a los fantasmas del pasado… Poder vivir sin tantos miedos, como estoy ahora, viviendo la vida, no volver a lo de antes. Era difícil, más, desde luego, que lo que le había pedido a las estrellas en su día, o lo que habían pedido anoche, mismamente, pero para eso estaban los deseos lanzados al medio de la noche, ¿no?

Se había hecho un momento de silencio, claramente cada uno pidiendo su deseo o reflexionando, y ella se había abrazado un poquito más fuerte a su novio, hasta que su primo dio una palmada. — Bueno, ahora que mi querida Marine ya está tranquila porque ha empezado el verano, empieza la fiesta. — Alice miró a su novio con una ceja alzada. Cuando estaba en La Provenza, Alice se dejaba llevar mucho por sus primos, que eran muy fiesteros y se acostaban muy tarde, pero su novio era más… ¿Inglés? Y ya era medianoche, no le veía ella muy de quedarse por ahí… — ¡Vamos, inglesitos! ¿No es un poco tarde? — Aventuró Hillary, probablemente pensando en su propio novio, aunque este, por una vez, estaba animadillo. — Ay, ay, ay, rubia, me decepcionas… ¡Ahora empieza lo bueno! ¿Sabes lo que es un mojito? — Hillary asintió. — Pues vas a probar el mejor de tu vida. — Y la tomó de la mano llevándosela a un puesto de la playa. — ¡Eh, eh! Esperadme. — Pidió Sean, casi trastabillando hacia ellos al salir del agua. Alice miró a Marcus y se echó a reír. — Una noche es una noche… Más tarde se nos ha hecho a nosotros otras veces. — Dijo con una sonrisilla maliciosa, antes de tomar la mano de su novio y seguirles.

El mojito ese era un invento del mismísimo satanás. Sabía tanto a hierbabuena y lima, que ni te dabas cuenta de lo demás que llevaba, e iba cayendo uno detrás de otro. No obstante, estaba controlando, porque no quería acabar como en la graduación, fue bochornoso, más todo lo que se rieron al día siguiente de ellos. El que no estaba controlando tanto era Sean, de pie en el círculo formado por todos sentados en la arena. — ¡Y entonces Gal se sube tal que así en la mesa y empieza “hay que caminar por la galaxia” “me alborotas las estrellas, Sean! “Marcus, trae a Kepler”! — Miró a Hillary. — La peor cara la tenías tú, cariño, que parecía que la querías matar por mencionar a Kepler. — Y todos se echaron a reír, Hillary incluida, porque era lo que le pedía el cuerpo, aunque el que más André. — Ese episodio la canija se lo había callado. Porque la canija se enteró este año, verás. Me lo ocultaron todo, probablemente por ahorrarme la vergüenza, la verdad. — Admitió ella. Sean asintió muy gravemente, achicando los ojos. — Menuda reunioncita nos hizo aquí el amigo, poco menos que nos amenazó a todos a punta de varita para que no dijéramos nada. — Alice chasqueó la lengua. — Dudo mucho que el prefecto O’Donnell hiciera tal cosa. Dudabas también que el prefecto O’Donnell se hubiera metido en la bañera del baño de prefectos o que no hubiera delatado a Oly por el uso de drogas ilegales, y mira. — Ella se giró hacia su novio, sobre cuyo pecho estaba apoyada, y se encogió de un hombro. — Eso es verdad, ¿qué tiene Oly para que no la delaten?Que no la delate nadie, además. — Señaló Theo. — Porque la tía no tiene ni un poquito de cuidado. Y es la instigadora de la mayoría de barrabasadas que se hacen en la sala común de Hufflepuff. — André le señaló. — Cuidado con el cuñadito, que a saber lo que ha hecho en esa sala común. — Theo levantó las manos. — Muchas fiestas y alguna que otra primera experiencia y poco más… — Marine se rio y dijo. — Es que con eso de las salas comunes lo tenéis todo hecho. En Beauxbatons no tenemos salas comunes, estamos chicos y chicas separados sin más, y lo hace tooooodo más difícil, a no ser que seas homosexual, que te lo ponen en bandeja. — Hillary apuntó. — Eh, nosotros tenemos también los dormitorios separados, eh. — Pero se puede acceder a ellos desde la sala común, ¿no? — Los cuatro ravenclaws asintieron, como muy evidentemente, diciendo “¿y qué? Están separados” pero André, Marine y Jackie se rieron. — Pues entonces ya está, subes y punto. — Theo no pudo por menos que encogerse de hombros y decir. — No puedo decir que no lo haya hecho. Pero no para eso. Casi nunca. Es que tenía muchas amigas, y a veces necesitaban que subiera por lo que fuera… — Eso hizo reír escandalosamente a los franceses. — ¿De verdad ninguno de los dos subió nunca a los dormitorios de las chicas? — Preguntó en referencia a los Ravenclaw. — ¡No! — Dijo Sean indignado. — Bueno, Marcus pasó aquella noche en la que Alice estaba drogada allí, cuidando de ella, fue bonito. — Apuntó Hillary. Oh, si es que cuando quería era un sol. La miró con dulzura y le tiró un besito. — ¿Y tú a los de los chicos? — Preguntó André mirándola con picardía. — ¡Eh! ¿Por qué yo? — Dijo indignada. — Yo solo incumplía las normas cuando se ponían en el camino del conocimiento. Y podía conocer lo que había en esos dormitorios de otras formas. Yo tampoco me colé nunca en Beauxbatons. — Admitió Jackie. — Tía, ¿y qué hacías con Noel? — Preguntó Marine con curiosidad, pasándole un mojito. — Estábamos juntos todo el día y eso… Pero… Intimidad lo que se dice intimidad… Solo teníamos en La Provenza. — Alice abrió mucho los ojos y vio que no era la única sorprendida. — Claro, vosotros Sala de los Menesteres no tenéis… Uf, qué putada. — Dijo Sean, delatándose también un poco. — ¿Qué es la Sala de los Meneteres? — Preguntó Marine. — Algo, cherie, que si tú y yo hubiéramos tenido, hubiéramos gastado el hechizo de tantas cosas ilegales que se nos hubieran ocurrido. — Alice no pudo más que reírse y volverse hacia Marcus, esperando de verdad que no se estuviera escandalizando demasiado con la conversación.





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Jue Sep 29, 2022 4:25 am por Freyja


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Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 23 de junio de 2002
Hinchó el pecho de aire, con felicidad y satisfacción, sintiendo la brisa marina, el olor de Alice tan cerca de él, el aroma dulce que llegaba de las flores y los dulces de la feria... Era relajante, y una manera perfecta de poner el broche final a ese día tan completo y divertido que quedaría siempre para su recuerdo... O no. Porque, en lo que él fantaseaba con ir todos juntitos y en paz hasta la casa para dormir plácidamente, en el caso de él, en brazos de su amada, los franceses habían decidido que la noche estaba muy lejos de terminar. Parpadeó un poco, mirándoles e intentando evaluar si era una broma, pero el comentario de su novia le sacó de dudas rápido: de broma, nada. Pero bueno, lo cierto era que se lo estaba pasando en grande. Ya tendrían tiempo para dormir, esos días no se desperdiciaban.

Eso sí, el mojito estaba de escándalo. No lo suficientemente de escándalo como para que a Marcus se le olvidara la última vez que se había emborrachado y sus consecuencias, pero estaba muy bueno y no parecía llevar demasiado alcohol. Eso sí, en cuanto empezó a notarse un poquito mareado, puso freno a las dosis de esa bebida tan fresquita de la que podría beberse diez barriles. No quería imaginarse lo que ocurriría si se bebía diez barriles. Mejor se terminaba el que tenía en la mano poquito a poco y detenía ahí el beber. Eso sí, por ver a Sean relatando en mitad del círculo merecía la pena. Entre el mojito, el cansancio y la imagen que tenía delante, estaba desternillado en la arena, caído hacia atrás, teniendo que alzar el vaso para no derramar su contenido. - ¡Eh eh eh! - Empezó a defenderse, aunque no podía controlar la sonrisilla, incorporándose con ambas manos en alto. - Yo era prefecto de nuestro amado castillo, alguien que debía velar por la seguridad del alumnado. - Ya veo como velaste por la seguridad de algunas. - Se burló André, desatando las risas de todos. Marcus le señaló. - ¡Pues sí que lo hice! De ahí que no me despegara de ella hasta asegurarme de que se encontraba bien. - El final de la frase ni se escuchó porque todos les estaban haciendo burlas. Menos mal que Hillary puso un poco de sensatez en todo aquello. - Gracias, letrada. ¿Veis? Alguien que entendió el dramatismo de la situación. - Aunque antes de ello había habido un extenso debate sobre las salas comunes que Marcus se pasó sorbiendo la pajita del mojito, muy tranquilo con su conciencia. - A pesar de nuestro intenso amor que es de todos conocidos, jamás, y digo con orgullo JAMÁS, incumplimos la norma de colarnos el uno en el dormitorio del otro, exceptuando aquel día y por los motivos de gravedad ya expuestos. - Dijo pomposo, aunque la voz un tanto pastosa y las risitas de los demás le quitaban bastante credibilidad a sus palabras. Así como que las dijo con una digna caída de ojos pero mientras machacaba los trocitos de hielo del mojito con la pajita.

Miró a Alice con intensidad cuando dijo que "lo que podía conocer de los dormitorios tenía otras formas de conocerlo", pero el desvío hacia la Sala de los Menesteres y lo que André haría con ella le hizo reír. Definitivamente, el alcohol le estaba desinhibiendo un poquito, de lo contrario estaría escandalizado. Se acercó a Alice y, con una risilla, le dijo en voz baja, señalando  el mojito a base de seguir picando hielo con la pajita. - Creo que debería parar. - Desde su perspectiva se lo había dicho en voz baja, pero al parecer no lo suficientemente baja como para no ser oído por Sean, que enseguida le señaló y le puso de nuevo en evidencia. - ¡Eso, eso! A ver si te vas a poner a cantar en público otra vez. - ¿Que quéééééé? - Saltó Jackie entre risas, siendo coreada por un montón de soniditos de André. Marcus volvió a alzar las manos. - No nos precipitemos... - ¡Os lo perdisteis el día de la graduación cantándole a su enamorada encima de una barra! - Como era de esperar, eso hizo estallar en carcajadas a todo el mundo, aunque André seguía sin salir de su asombro. - ¡No me lo creo! - ¡Pues no sé por qué no! - Dijo Marcus, que había decidido ponerse digno con cualquier ataque a su persona en ese momento. - ¡Me has visto pasar unas pruebas para ganarme la bendición de la familia y la mano de mi amada! - ¡Venga ya, Marcus! ¿En serio te pusiste a cantar borracho en mitad de un bar? - ¡No tiñas mi justa de ridícula! ¡Yo no lo he hecho con la tuya! - ¿Alguien sabe si la idiomática te hace hablar en medieval? Es para echarle un cubo de agua a este a ver si se le pasa el efecto. - Bromeó Sean, y vuelta todos a reírse de su persona. Lo que no sabía su amigo es que le había dado una idea para dignificarse a sí mismo... o así lo veía la mente "contentilla" de Marcus.

- ¿Pues sabes qué te digo? Que es una canción en italiano y que estoy seguro de que podría recitártela ahora mismo en perfecto italiano gracias a la idiomática y te quedarías boquiabierto. - Eso provocó un "uuuuh" coreado. Sean se envalentonó. - Venga, listo, empieza. - Marcus se puso de pie y, mirando a Alice, recitó en un amago de italiano que empezaba a languidecer, que la idiomática no funcionaba tanto tiempo. - "Si se quemara la ciudad, por ti yo..." - No no no no no. - Interrumpió su amigo, poniéndose entre él y su amada, como si quisiera cortar la escena porque la estaban interpretando mal. - Nada de recitar. Canta. - ¿¿Perdón?? ¡No voy a cantar! - ¡Entonces no vale! - ¡¿Cómo que no vale?! - ¡Va, Marcus, queremos verte cantar! - Se metió André, y aquello se convirtió en una jarana de gente pidiéndole a Marcus que cantara y él diciendo que recitar era igual de válido y que eran unos envidiosos que querían hundir su reputación y no siendo oído en absoluto. Hasta que Marine se levantó y se dirigió a él a saltitos. - ¡Cántamela a mí! Como has hecho antes con la irlandesa. - ¡Que no voy a cantar! - ¡Noooo si es para pedírsela por ti al de la música! Me la cantas a mí y yo se la pido de parte del enamorado de la reina Eleanora D'Aquitaine. - Todos empezaron a jalear, y Marcus se lo pensó un poquito. Al final, se alejó unos pasos con Marine, le dijo más o menos la canción al oído y la chica, que debía tener una retentiva espectacular para la música, salió corriendo.

- Mira, como consiga que pongan la canción me caigo muerta ahora mismo, vaya. - Dijo Hillary, muerta de risa. Marcus se sentó, muy digno. - No creo que la tenga porque es antigua, y ya gasté mis bonos de canciones. - ¡Pero si eso te lo has inventado tú! - ¡Bueno pues esta gastado! Y si ahora viene Marine y dice que no la pueden pon... - Pues sí, sí que podían, porque para asombro de todos empezó a sonar. Todo el corro que tenían montado se puso de pie con un alarido de triunfo, recibiendo a Marine, que venía corriendo bien feliz hacia ellos, y empezaron a jalear a Marcus para que cantara. Se tuvo que echar a reír porque, de verdad, aquello le iba a perseguir toda la vida y era extremadamente ridículo, y ni siquiera se sabía la canción, solo había improvisado el estribillo. Pero, cuando llegó este por primera vez, decidió tirar a un lado la vergüenza y, al menos ahora menos negligentemente que el día de la graduación, se puso a hacerse el enamorado desgarrado y a cantarle a Alice la canción, incluso poniéndose de rodillas en la arena, muerto de risa él y todo el mundo. Conforme esta avanzaba, ya todos se habían quedado con el estribillo y lo estaban cantando a voz en grito. Tenía que contárselo a Darren y Lex en cuanto volviera a Londres.




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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez| 23 de junio de 2002

Se le hacía muy gracioso ver a su novio con el puntillo pero poniéndose en modo prefecto muy puesto, porque era como oírle en el colegio pero con el factor alcohol, cosa que él nunca habría probado en el colegio salvo por engaños de Ethan y demás. — Ohhhh mi niño, se quedó conmigo hasta que dejé de tener pesadillas. — Dijo con ternura cogiendo su mano y dejando un beso sobre ella. —

Ah, pero estaba tardando en recordar la noche de graduación. Ella, como buena novia (y también un poco porque no se acordaba mucho de ese momento) se limitó a sonreír y acariciar un poco a su novio, sin unirse a la broma generalizada. Al menos un poquito. Porque en cuanto empezaron a venirse arriba, puso sus mejores ojitos de cordero degollado y miró a su novio diciendo. — Veeenga, mi amor, que yo no me acuerdo mucho de ese momento y quiero verte, me hace ilusión que me cantes a mí. — Y Marine siendo la lianta mayor del reino, se fue a pedírsela al chico de la música, lo cual le ocasionó reírse ya abiertamente. — Menudo peligro tiene aquí la amiga.

Le tuvo que dar la risa floja con lo de los bonos de las canciones, tapándose la cara para contenerse, porque el nivel de ficcioncitas de su novio, aderezado con alcohol, era digno de estudio. Todo para nada, además, porque ahí empezó a sonar la canción, y solo de oír el ritmillo empezó a tener flashes del momento más claro, y se vino arriba. Y si ella se venía arriba, su novio mucho más, y al final tiró de los últimos efectos de la idiomática, poniéndose de rodillas y cantando el estribillo en perfecto italiano, y ella, metida de lleno, llevándose las manos al pecho y entornando los ojos, como si fuera el gesto más romántico que su novio hubiera hecho nunca por ella.

La cosa, desde luego, escaló hasta que todos terminaron cantando, chapurreando el italiano, riéndose y enganchándose de uno a otro. Cuando por fin terminó, se tiró de rodillas al suelo con Marcus y le rodeó con los brazos. — Yo también recorrería el fuego, la oscuridad y lo que hiciera falta por ti, mon amour. — Y se acercó a besarle. — Vaaaaale, ahora sí que es hora de que cada uno se vaya a su cuarto, claramente. — Anunció Sean a voz en grito, pasándole un brazo por los hombros a Hillary. — Mira, vas a tener hasta razón, inglesito suavón. — Dijo André, cogiendo a Marine como un saco y cargándosela a la espalda. — Mañana nos vemos en la playa. Ah, que no duermes en… Vale, vale… — Contestó Sean, parpadeando de incredulidad, al ver a su primo alejarse con Marine en volandas. — Pues claro, ¿qué esperabas? Para ellos el día entero ha sido un prólogo. Y preferirán escribir el resto del libro solos que en una casa llena de parejas y mi memé. — Dijo Jackie, dirigiéndose a casa con los zapatos en la mano. Ella, por su parte sonrió a su novio y dijo. — Yo creo que igual hoy cerramos capítulo… — Se rio y dejó otro beso en sus labios. — Pero juntitos y dándonos amor, ¿no crees? — Le ayudó a levantarse y se dirigió a la cama má contenta que nunca, ella que siempre se quejaba de que llegara la hora de acostarse. Claramente le pasaba porque no era para meterse en la cama con Marcus.






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Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
Ni siquiera se despertó de una sacudida, probablemente su cerebro había decidido que ya había tenido suficiente, pero tenía los brazos tan en tensión que podría estar haciéndole daño a Alice sin darse cuenta, porque uno de sus brazos lo tenía por encima de la cintura de ella y al despertarse la estaba apretando. Tenía el corazón a mil por hora y se notaba las pestañas mojadas y los ojos húmedos, y el cuerpo helado. Bueno, estaba sin camiseta y la sábana le caía por la cintura, aunque no hacía tanto frío como el que él sentía que tenía.

Aunque la estuviera abrazando, lo primero que hizo fue abrir los ojos para comprobar que estaba allí. De hecho, se asomó un poco por encima, pues ella estaba de espaldas y... quería verla respirar. Solo eso. Miró el reloj. Solo eran las cuatro de la madrugada. ¿Cuánto hacía que se habían acostado? ¿Dos horas? Entre lo tarde que llegaron y los besos y arrumacos posteriores... y el sueño había sido largo. Horriblemente largo. Algo debió quedarse en su subconsciente. Su maldito subconsciente que, en algún momento, pensó sin que él le diera permiso que duro debe ser para William dormir en esta cama en la que un día durmió con su mujer. Y pum, ahí estaba. Un sueño terrible. Un sueño... en el que Alice ya no estaba. Se había ido para siempre, y aun despierto, sentía aún la congoja en su pecho, porque en un sueño que sintió que había durado la totalidad de las dos horas que llevaba dormido solo había podido llorar y llorar y llorar con desconsuelo. Recordar todo lo vivido, su sonrisa, los bailes de hoy, la playa, sus proyectos de futuro. Saber que Alice ya no estaban, no poder verla más. Y llorar.

Pero solo había sido una terrible pesadilla, algo que no era real. Solo era... miedo. Y una jugarreta muy mala que le había hecho su cerebro. Soltó aire por la nariz, ya con la presión de su pecho un poco más aliviada, y se pegó al cuerpo de ella, abrazándola un poco más. Rozando su mejilla con la espalda de la chica, que estaba profundamente dormida y por fortuna no se había enterado de nada. Ni se iba a enterar. Porque solo había sido un sueño, y él iba a volver a dormirse inmediatamente, con ella en sus brazos, y a soñar otra cosa. Y a seguir disfrutando de sus vacaciones a la mañana siguiente, dejando aquello atrás como lo que había sido: absolutamente nada.

***

- Tío, yo lo siento, pero no te pega nada. - Dijo riéndose entre dientes mientras seguía cortando trozos de melocotón y llevándoselo a la boca. André insistió. - ¡Pues lo digo en serio! - Ay, André, venga ya, no seas más cateto. - Suspiró Jackie. - "Melocotonero" no es una profesión. - Bueno, pues yo te estoy diciendo que de pequeño quería ser melocotonero. No que sea una profesión. - ¡Pero qué vas a querer tú trabajar en el campo! ¿Y dónde estaba yo mientras eso ocurría, si se puede saber? Porque recordarlo no lo recuerdo. - Es que eras una renacuaja.  - Solo nos llevamos un año. - Lo suficiente. - Marcus seguí a riendo con la boca cerrada mientras intentaba masticar. En el porche se estaba divinamente, al solecito, sentado en una de las tumbonas y comiendo melocotones. Alice estaba sentada en el césped haciéndole una trenza a Hillary, porque la muy envidiosa había escuchado la anécdota y se le había antojado una, y Sean y Theo se habían quedado dentro de casa, ofreciéndose amablemente a ayudar a la señora Gallia a terminar de recoger la cocina. A Marcus le parecía que lo que estaban haciendo era ganarse galones con ella, pero bueno.

- Bueno, me voy. - ¿Ya te vas? - Preguntó Sean, que justo salía con Theo en ese momento en que André había decidido que ya estaba bien de anécdotas y que tenía cosas mejores que hacer. Jackie bufó y le dijo a su amigo. - ¿Pues qué te crees? Este solo viene aquí a comer. - Y a honraros con mi presencia y con anécdotas de mini André siendo el niño más mono del mundo. - Eeeeeh, bueno. - Dijo Marcus, ladeando varias veces la cabeza. - Porque no me conociste a mí con esa edad. - ¿Y qué querías ser tú con cuatro años? ¿Alquimista? - Pues sí. Justamente. - O sea, que eras igual que ahora. - Apuntó a Sean, y todos le corearon con risitas. - Pues lo dicho. Una monería. - Bueno, que me voy. Ahí os quedáis, grupo de macetas. - ¡Nadie te ha dicho que vayamos a quedarnos aquí toda la tarde, listo! - Le bramó Jackie, pero su hermano ya se estaba yendo. La chica se giró a ellos y dijo. - ¿Damos una vuelta o qué? - ¿Podemos reposar la comida primero? - Propuso Sean, dejándose caer en la hamaca de al lado de Marcus con un quejido de señor mayor. - A mí no me importaría dar un paseo por la playa. - Comentó Theo, complaciente. Sean bufó y, acercándose a Marcus, le murmuró. - Vendido... -




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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
Estaba con los ojos entrecerrados, porque estaba de cara al sol, porque adoraba sentir la luz y el calor en la cara, mientras metía a Hillary en el humor provenzal haciéndole una trenza como las que siempre llevaba ella, con esa modorra tan agradable de después de comer, simplemente deslizando los mechones de su amiga sin prisa, dejando la trenza bonita. Sin girarse, se rio un poco y se encogió de un hombro. — André y yo podríamos ser una persona dividida en dos muchas veces. Nos gusta exactamente lo mismo en la comida. — André se rio, porque lo oía. — Naaaah no te confundas canija. Yo no me quedaría con el inglesito cobarde para toda la vida. Y tú ya ahí te has metido de cabeza.Además de verdad. — Ahí sí le miró y sonrió. — Pero si tú querías ser melocotonero, entonces servirá que yo quisiera ser florera. Oye, no es ni tan mala idea, se puede, ¿sabes? Puedes tener un invernadero y vender plantas, a ti no se te morirían. — Dijo Sean.

La conversación se cortó porque André se fue, y ella justo terminó la trenza y se levantó para acercarse a los demás, y aprovechó y miró a Marcus, tendiéndole la mano y dejando un besito en ella. — No ha podido con tu adorabilidad de mini alquimista, mi amor. — Miró a los demás. — No sabéis lo cuqui que podía ser explicando alquimia. No como tú, que eras un plomazo, tía. — Dijo Jackie, echándole crema solar a Theo en las mejillas con delicadeza. Alice le sacó la lengua. — Mira quién habla, que iba preguntando por patrones a todo el mundo…

Justo entonces, salió Sean de terminar de recoger y se tumbó en la hamaca, y ella no pudo evitar chasquear la lengua y negar con la cabeza. — ¡Vamos a ver Hastings! ¿Cuántas veces al año vas a estar a tiro de piedra de una playa como esta, con este sol? En Liverpool, pocas, muy pocas. — Pero su amiga, que estaba más dulcecita que de costumbre, se sentó a los pies del chico, dejando que los pasara por su regazo. — ¿Te gusta la trenza? — Le oyó que le susurraba y eso hacia sonreír a su amigo mientras asentía. Sí, Alice conocía el poder de las trenzas. Ella aprovechó y se recostó en su novio. A ver, tenía que reconocer que tenía su parte buena modorrear ahí, podrían hacerlo. Un ratito. Pero Sean claramente tenía ganas de hablar, no de modorrear.

Oye… ¿De verdad no te habías planteado nunca lo de tener un invernadero? — Preguntó Sean. Ella se rio, pero luego vio que lo decía en serio. — No… Sean, yo quiero ser algo más. ¿Tan malo sería tener una tiendecita de algo? También hacen falta, ¿sabes? Como los de la feria de ayer.Bueno, yo quiero montar un taller de moda, ya lo habéis visto. — Dijo Jackie. — Pero también querría aprender más, tener acceso a cosas más variadas, ampliar… No sé, las ambiciones típicas de cuando quieres que algo que te gusta vaya bien. No tengo de eso. No sé lo que es la ambición, de verdad te lo digo. — Dijo su amigo, y era verdad. De hecho, Sean había deseado el amor de Hillary durante siete años, y si ella no llega a echársele encima, ahí seguiría esperándolo. Era muy de esperar, aunque eso también le daba mucha paciencia, pero a veces era demasiado… Parado. — Estaría genial si eso fuera lo que quisieras… Pero creo que es que estás buscando salidas desesperado y vas a por la más fácil, la segura. — Dijo Hillary, verbalizando lo que Alice ya estaba pensando, pero no se atrevía a decir por no agobiar a su amigo. Pero él no se enfadó, solo se encogió de hombros. — ¿Y qué hay de malo en lo seguro?Nada… — Empezó Jackie. — Pero te lo digo yo, que me anclé mucho en lo seguro, que a veces no es que quieras seguridad, es que estás perdido y solo quieres una tabla en el océano, pero una tabla no es una barca, no te va a llevar a orilla, solo te va a mantener a flote. — Alice la miró y, disimuladamente, apretó su mano con cariño. Jackie lo había pasado muy mal con lo de Noel, pero estaba superándolo muy bien, viendo sus errores y siguiendo adelante. Su prima era mucho más reflexiva de lo que a ella misma le gustaba admitir. — Es decir, no es lo que realmente quieres, simplemente buscas una salida al agobio. — Acabó clarificando, porque la cara de Sean era para verla. — El miedo puede ser muy mal consejero, Sean, eso es verdad. Tienes que preguntarte de verdad si eso te gustaría. Una vida así de... Tranquila, y quizá monótona. — Añadió Theo. — ¿Pero por qué todos pensáis que podría aspirar a más?¿Por qué no lo piensas tú? — Cortó Hillary, muy tranquila, demasiado para ser ella, pero firme también.





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Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
Se comió el último trozo de melocotón y, mientras conducía el hueso con precisión a punta de varita hasta depositarlo en una de los cubos de basura del interior de la casa, colándolo por la ventana, Alice se acercó a él y se recostó a su lado. Le pasó un brazo por encima con cariño y sonrió, escuchando la pregunta de Sean. Su amigo estaba bastante preocupado por su futuro, si le conocía de algo. Le miró y trató de decir en el tono más amable posible, para que no sonara a regañina o le preocupara más... pero sin dejar de intentar abrirle los ojos. - Claro que no tiene nada de malo tener una tienda, Sean. A mí me encantan las tiendas de productos temáticos, ya me visteis ayer por los puestos: creo que hace falta saber muchísimo no solo del tema que vendes, sino de economía, para mantener a flote tu negocio. Pero... las personas que tenemos tantas ansias de cultura y... en fin, grandes capacidades intelectuales, tenemos que intentar llegar más allá. - Se encogió de hombros. - Así lo veo yo. - Que no quería quitar mérito a la gente que trabajaba en tiendas, pero... en fin. Le parecía que una persona con la inteligencia de Sean estaría bastante desaprovechado en una tienda. Sobre sí mismo o sobre Alice es que ni se lo planteaba.

Asintió a los comentarios de Hillary y Jackie, mientras seguía acariciando a Alice por inercia y miraba a Sean, comprensivo. - A mí también me gusta caminar sobre seguro. Quizás... el truco en tu caso no es buscar qué es lo que más ambicionas o lo que más te gusta, sino descartar lo que no quieres. ¿Quieres ser magizoólogo, como tus padres y tu hermano? - Ni de coña, vamos. - Respondió su amigo casi con un escalofrío. - En ese caso, ya tienes una salida laboral descartada. Así con todas, hasta que las que te queden no sean tan fácilmente descartables. Elige entre esas. - Pero Sean suspiró, y siguió insistiendo en que quizás él no podía aspirar demasiado alto, cuestión con la que los demás no estaban demasiado de acuerdo, y así se lo hicieron ver.

- Hay muchos grados en las profesiones. - Aclaró Theo. - Quiero decir, uno puede decidir ser pocionista por ejemplo y dedicarse a hacer pociones básicas para tiendas, o puede ser profesor de Pociones, o puede trabajar en un laboratorio de un hospital haciendo pociones que salven vidas. Diferentes rangos de una misma profesión. - Sean le miró unos instantes antes de preguntar. - ¿Has elegido ese ejemplo por casualidad? - El otro se encogió de hombros. - Lo he elegido porque me parecía ilustrativo y porque sé que te gustan las pociones y se te dan bien. Me ha parecido un ejemplo bien traído. - Y tanto. - Dijo Hillary con una risilla, y luego miró a Theo con ese puntito de picardía maliciosa que se le ponía a veces. - Fíjate lo vocacional que es este que ya sabe hacer cositas raras con la mente. - Eso levantó varios "uuuuh" cómicos en el entorno, pero Theo rodó los ojos con una sonrisilla y chasqueó la lengua. - No hago cosas raras con la mente: escucho a las personas e intento ver qué cosas pueden aplicarse más a ellas y qué otras no. Cuando escuchas a alguien de verdad, no es tan difícil saber qué cosas de las que digas le van a hacer conectar más con tus palabras y qué otras no le van a aportar nada. - Lo dicho: cositas raras con la mente. - Dijo Jackie, pero con un puntito cariñoso y acariciándole el pelo.

- ¿Desde cuándo sabes que quieres ser sanador mental? - Le preguntó Sean. Theo reflexionó unos instantes, y al final dijo. - Creo que... en el fondo siempre ha venido conmigo. Me encanta la Herbología, Alice lo sabe mejor que nadie, y bueno, nunca he sido una persona con una aspiración enorme tampoco. Mis abuelos tienen un huertecito y me encantaba cuidarlo antes de entrar en Hogwarts, pero en los colegios muggles no se estudia mucha jardinería que digamos, como mucho la flora del mundo en libros de naturaleza. Cuando empecé Hogwarts y cursé Herbología, me encantó. Pero lo sentía como... un hobbie. No me veía dedicado a eso toda la vida. En cambio, siempre me gustó escuchar a la gente y sentirme comprendido. Saber cómo pensaba cada uno me fascinaba. No en plan, saber lo que piensa, sino saber por qué piensa como piensa. Y escuchar... No como los Ravenclaw con el sentido de "quiero aprender muchas cosas", sino simplemente por... conocer al otro, ver por qué percibe el mundo como lo percibe. En mi sala común era muy habitual hablar de sentimientos y expresarte sin tapujos, y mucha gente venía a contarme cosas porque se sentía bien al hacerlo... Y eso me hacía sentir... no sé... ¿Útil? Importante, en cierta manera. - Lo último lo dijo con una risita, y luego se encogió de hombros. - Me hace sentir bien, simplemente. Y... sé que hay mucha gente... pasándolo mal, porque su mente le juega malas pasadas. - Había notado como el chico, y también Jackie, reprimían mirar a Alice. Marcus también lo hizo. Todos sabían en quién estaban pensando. - Quiero ayudar a esas personas, y a sus familias, porque son cosas que repercuten mucho. Supongo que, en el fondo, es lo que he querido siempre. -

Hubo un leve silencio. Las palabras de Theo habían dejado a todos pensando, sobre todo... a Marcus. - Joder... ¿Ves? Yo de eso no tengo. - Insistió Sean. - A mí me parece precioso, la verdad. Y admirable. - Insistió Hillary. - Lo mío no es tan bonito, pero también me he pasado toda la vida siendo... contestataria. - Ella rio y todos lo hicieron. - ¿Has empezado a prepararte, Theo? - Preguntó Marcus. - Lo cierto es que siempre he leído cosas sobre salud mental, curiosidades que han caído en mis manos. Me metí en Adivinación precisamente porque escuché que había personas que podían incluso definir su vida en función de lo que oyeran de un adivino, y no me refiero solo a magos y brujas, también muggles. Me parece interesante cómo piensa la gente. - Puso una sonrisa orgullosa y dijo. - Y en septiembre me he apuntado a un curso de sanadores mentales, así que estoy muy contento. - ¡Enhorabuena! - Celebró Marcus... y seguía pensando en... cuánto de la mente podría conocer Theo a esas alturas.

Jackie ni hablaba porque estaba demasiado ocupada cayéndosele la baba con todo lo que Theo decía, pero Hillary aportó. - Yo también empiezo cosas en septiembre. Aunque he visto como cuatro que me interesan, no puedo hacerlas todas. Reflexionaré en verano a ver por qué empiezo. - Se giró a Marcus y Alice y preguntó. - ¿Y vosotros? - Al menos dejaban a Sean al margen de tomar decisiones, que parecía un poco agobiado. A ver si se aclaraba con las suyas.




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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
Alice no conocía esa sensación de no saber a qué dedicarse. Había querido hacer tantas cosas que había perdido la cuenta, aunque básicamente, cuando era pequeña, lo que quería era tener superpoderes para saberlo todo y dedicarse a conocer todo, así que eso de no encontrar a qué dedicarte, era algo que no le había pasado, en todo caso, lo contrario, y sabía que a Marcus le había pasado igual. Y de todos los que estaban allí, todos tenían pasiones bastante definidas (en fin, Hillary encontrando vacíos legales en segundo para poder hacerle el recopilatorio del libro de prefectos a Marcus), así que tampoco es que pudieran dar mejores consejos que aquello de ir descartando lo que no le gustaba. — Yo tampoco sería magizoóloga ni loca, vaya. — Aportó con una risita, mientras se apoyaba aún más en Marcus y se dejaba acariciar con gusto.

Escuchó a Theo y asintió sonriendo. — Bueno, un poco cosas raras con la mente sí que haces. A veces parece que ves el futuro pero en plan de verdad, no como los adivinadores. — Su amigo sonrió. — Pero eso es por lo que os estoy explicando, simplemente escuchó, elaboro en mi mente y extraigo la conclusión más probable. Pero también puedo equivocarme fuertemente, o que la gente me salga por un lado que no me esperaba. Avísame cuando pase. — Dijo ella sin más. Desde hacía un tiempo, escuchaba al chico con más atención, y desde cómo se comportó en Pascua, ya le tenía como un referente del comportamiento humano. Se rio a lo del huerto e hizo un sonido adorable. — Ohhhh ¿y ahora les pones a tus abuelos plantas mágicas en el huerto? Cuidado si algún día les deslizas una mandrágora o algo y la lías. — Theo rio. — No no, zanahorias y patatas y van tirando. — Y atendió a cómo contaba lo de la sala común, sonriéndose. — En verdad los Huffies entienden más de la vida, y es muy bonito que tengan esa confianza y apertura para hablar de los sentimientos. Mi hermano me lo decía mucho, que para qué queríamos hablar tanto si al final no expresábamos lo que sentíamos… — Dijo estrechando la mano de Marcus y dejando un besito en ella. — Yo también te lo dije. — Saltó Sean mirándola. — ¿Y sanador mental lo contemplas? Nope. Pues mira otra menos. — De verdad, qué sentido podía llegar a ser su amigo, había que reconocerle hasta lo más mínimo.

Sonrió a las palabras de su amiga y la señaló guiñando un ojo. — La carrera de la letrada Vaughan despega imparable. — Se alegraba mucho por su amiga, sabía que iba a ser grande (y desde luego ambición y empeño no le faltaban para nada). Y entonces les preguntó a ellos. Alice se giró a Marcus un momento y sonrió. — Yo creo que si por nosotros fuera nos presentaríamos al examen de alquimistas de piedra nada más volver a Londres. ¿Tan sobrados vais? — Preguntó su prima, incrédula. Ella negó y se encogió de hombros. — Siempre hemos ido por delante del temario, hemos practicado por nuestra cuenta… Alquimista de piedra es un rango muy muy básico. Pero te piden mínimo tres meses de aprendiz en un taller de un alquimista licenciado, así que… Pasaremos al menos ese tiempo con el abuelo Lawrence y… A seguir subiendo. — Claro, así es más fácil saber lo que quieres. — Dijo Sean, chasqueando la lengua. Alice tuvo que hacer un esfuerzo por no contestarle con una bordería, porque entendía lo que quería decir su amigo, aunque se estaba quedando un poquito en la superficie para su gusto. — Sé que es lo que parece… Pero yo no me decidí a licenciarme en alquimia hasta hace tres meses. — Sean soltó una risa entre dientes. — Sí, claro… Gal, tía, te colaste en el laboratorio en primero. — Ella ladeó la cabeza y le señaló con la mano. — Pues para que veas, yo creía que no era capaz de ser alquimista. Que no tendría los medios, que no era algo para mí… — Luego miró a su novio con cariño. — Pero había muchas cosas que creía que no sería capaz de conseguir, y ya ves… Me equivocaba.Entonces, de ser enfermera, ¿ya nada de nada? — Preguntó Jackie. — No, voy a ser enfermera, pero enfermera alquimista, y para ser eso tengo que llegar a acero. Además, para lo que quiero conseguir… Voy a tener que saber muuuucha alquimia. Estás con el indicado, desde luego. — Le respondió su prima, picando a Marcus en el brazo. Ella rio y asintió. — La verdad es que sí… ¿Y qué es lo que quieres conseguir? — Insistió Sean, que parecía interesado.

No sabía bien por qué, pero le costaba decirlo en voz alta. A veces se sentía como una niña ilusa al decirlo, y otras veces sentía que le iban a decir “bueno, quizá pongas la primera piedra de ello, pero jamás lo verás realizado”, y la verdad, no quería escucharlo. — Quiero curar a la gente, en general. Pero mi objetivo final… Es curar a la gente con la enfermedad de mi madre. Que nadie más muera por ello, no más huérfanos, no más viudos por culpa de ello… Bueno, enfermedades mortales seguirá habiendo. — Dijo Theo suavemente. — Sí, pero ya he aprendido que no tengo todo el poder del mundo. — Contestó ella. — Y es un homenaje a ella, a lo que fue y sigue siendo para mí. Mi madre era una Hufflepuff de corazón, y le encantaría saber que nadie más iba a sufrir lo que sufrió ella. — Se mordió los labios por dentro y sonrió. — Eso es lo que quiero conseguir, y para eso… — Hizo un gesto con el brazo como abarcando una gran distancia y luego mirando con ojos brillantes, no de tristeza, sino de ansias de crecer, a Marcus. — Tengo que recorrer mucho tramo, y empezar por aquí.

Sean se había quedado pensativo, Hills la miraba con orgullo, pero su prima tenía los ojos inundados en lágrimas. — La tía Janet tiene que estar muy feliz allá donde esté, viendo todo esto. — Les señaló a los dos. — Esto. Y lo que quieres conseguir, lo que vas a conseguir. — Ella sonrió a su vez, aguantando las lágrimas y miró a Theo. — Tú le habrías caído requetebién. — El chico le devolvió la sonrisa, y se oyó un suspiro de Hills. — Creo que… Yo también hago un poco esto por mi madre, ¿sabéis? — Se mordió el labio inferior. — No me gustaría que los señores como mi padre sigan saliéndose con la suya. Simplemente desapareciendo y… Sin aceptar ningún compromiso, ni consecuencias. — Se encogió de hombros y miró a Sean. — Quizá, además de descartar, puedes encontrar algo en ti que quieras cambiar, o en lo que quieras participar, y empezar a andar ese recorrido, como ha dicho Alice. — Ella aprovechó y miró a su novio. — Y Marcus va a llegar todavía más alto. Y si le preguntas al abuelo Larry, va a llegara. ser más grande que él, que me lo ha dicho a mí.





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Devolvió la sonrisa a Alice, asintiendo con seguridad, y respondió él también a Jackie. - La primera licencia no pide mucho más que lo que se estudia en Alquimia en Hogwarts. El profesor Weasley nos ha preparado muy bien, y siempre podemos contar con lo que vaya a enseñarnos mi abuelo en estos meses, que será muchísimo. Lo que hay que tener es la suficiente creatividad para sacar algo que impresione al tribunal, y nosotros de eso tenemos de sobra. - Le guiñó un ojo a Alice. Sí, para el examen de alquimista de piedra iban bastante sobrados, era la verdad. Apoyó la cabeza con cariño un par de segundos en la de su novia cuando hizo referencia a esas cosas que pensaba que no podría conseguir y se equivocaba. - Ambos hemos nacido para la alquimia. - Afirmó, y al pique de Jackie respondió riendo. - Recordad este momento cuando seamos una afamada pareja de alquimistas. Yo quiero llegar hasta carmesí, y Alice va a ser la mejor enfermera alquimista del mundo. Esta historia se escribe sola. - Si no se subía hablando del tema, no era él.

Pero no era habitual que alguien quisiera ser algo tan específico como lo que Alice contaba, y Marcus sabía todo el trasfondo, pero sabía que su novia no había profundizado tanto con los demás. Mientras ella hablaba, de repente sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al acordarse del desagradable sueño que había tenido esa noche, que le hizo contener el aire en el pecho y bajar la mirada. Miraba a Alice de soslayo y pensaba... en lo maravillosa que era y... lo perdido y desolado que estaría sin ella. En que ojalá hubiera en el mundo más personas que, como Alice, quisieran acabar cada vez con más enfermedades, porque si todas ellas ponían de su parte... Ah, pero Theo acababa de dar con la clave: era utópico pensar que desaparecerían las enfermedades mortales del planeta. Y sí, su parte racional decía que sí, pero sus miedos... No era miedo, era pánico lo que sentía de pensar que le ocurriera a ella. No sabía... como Theo podía verlo con tanta entereza... Sí que era verdad que el chico tenía... un don para la mente y esas cosas. ¿Y si... le preguntaba...?

Pisó la tierra otra vez y dejó de divagar, porque Alice le estaba mirando. Respondió con una sonrisa enternecida. - Yo estoy seguro de que lo lograrás. - Dejó un cariñoso beso en su mano. - Y yo haré todo lo que esté en mi mano por ayudarte y apoyarte con ello. - Pensaba inundarla en cacharros médicos de alquimia si era lo que necesitaba, y leerse todos los libros que a ella no le diera tiempo a leerse y resumírselos si hacía falta. Pero seguían hablando de Janet y él estaba orgulloso de Alice y del recuerdo de la que hoy sería su suegra (uf, era raro pensarlo, pero también era bonito), pero estaba empezando a ponerse demasiado triste por culpa del maldito sueño que había tenido que tener justo esa noche (no es que en cualquier otra le hubiera sentado mejor, pero en fin...). Se llevó una mano al pecho mirando a Jackie, agradeciendo sus palabras. Miró a Hillary con admiración: no era habitual oír a su amiga abriendo el alma, pero sus motivos le parecían los mejores del mundo. - Otra que va a hacer historia. Estoy convencido de que vas a ser la mejor letrada del Ministerio, del planeta si me apuras. - Hillary soltó una risita. - Qué te gusta la grandilocuencia, O'Donnell. - Tienes mejores motivos que mi tía Linda y mi primo Percival de aquí a Durmstrang para ser abogada, créeme que prefiero que tú llegues más lejos. Obviamente, eso no lo dijo en voz alta.

Rio y achuchó a su novia con cariño por su declaración. - La estirpe de O'Donnells alquimistas de generación en generación. Nunca se detendrá. - En realidad, con saltos generacionales, si no me equivoco. - Apuntó Sean. - Tu padre y tu tía no son alquimistas. Y creo recordar que los padres de tu abuelo, según me contaste, eran artmánticos. - Marcus ladeó la cabeza, pensativo. - Y mi abuelo siempre contaba que su abuela materna era muy buena en alquimia, pero que solo la practicaba en casa. Que le hacía juguetitos de pequeño. Pero eran otros tiempos y no había mujeres alquimistas. Imagina la edad que tendría la abuela de mi abuelo... - Siguiendo esa regla. - Continuó Sean. - Los alquimistas serían tus nietos. Tus hijos serían aritmánticos. - Marcus miró a Sean con los ojos entrecerrados. Aún no había soltado a Alice y tenía una cómica posición de koala enfadado. - Te dije que te salieras de Adivinación cuando aún estabas a tiempo. - Bromeó. Al menos habían distendido el ambiente y ahora todos reían.

- Ahora que lo pienso. - Reflexionó en voz alta el propio Sean. - Mis padres son magizoólogos, pero sobre todo se dedican a la investigación, más que al cuidado. Mi abuela Ellie es pocionista, todos los sabéis, pero mi abuelo Buddy, su marido, se dedicaba a la investigación en pociones. Me gusta investigar... Me da menos miedo simplemente investigar que ejecutar algo y hacerlo mal. - Miró entonces a Alice. - Supongo que a una señora tan ocupada como usted, alquimista y enfermera con un gran proyecto entre manos, no le vendría mal un amigo investigador. - Marcus rio, feliz, y le dio un toquecito en el hombro a Alice. - ¡Anda, mira! Te ha salido un socio. - Bromeó, aunque no le parecía ni mala idea. Sean rio también y volvió a mirar al cielo. - Me lo pensaré... Supongo que hay que estar mentalmente muy preparado para trabajar en San Mungo. Pero si estoy en el laboratorio... ni tan mal, supongo. - Y, tras esa reflexión, se puso de pie, con el mismo quejido de señor mayor con el que se había sentado. - ¡Ahora sí que me apetece pasear! - ¡Vaya! Ahora el señor quiere pasear... - ¿Sabes que para ser alquimista de piedra hay que NO quejarse tanto? - ¿Ahora quieres ser alquimista de piedra? - Vete a la porra, O'Donnell. Lo dicho, ¿quién se viene a la playa? -




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Marcus tenía mucha fe en su futuro y en sus capacidades y eso le daba más fuerza que nada en el mundo. — Ya te estoy viendo leyéndote libros de anatomía, que tú nunca haces nada a medias. — Se rio. Cuando dijo lo de Hillary, ella asintió. — Pero tiene razón, Hills, y es a lo que tienes que aspirar.Eso ha sonado demasiado Slytherin para ti. — Le dijo su amiga entre risas y ella negó. — Noooo, no, no, es muy Ravenclaw aspirar a la excelencia, y tú eres el mejor ejemplo. Mira, en eso va a tener razón. — Acordó Sean, acariciando con cariño la trenza y mirando a su chica con adoración. Ah sí, de nada por eso, Hills, pensó con media sonrisilla.

Resopló a las indicaciones que estaba haciendo Sean. — Ay, no seas quisquilloso, Sean. — Y no pudo evitar poner una sonrisa más dulce pero moderada cuando dijo lo de los hijos aritmánticos. Quizá lo decían con demasiada ligereza, quizá estaban asumiendo demasiado rápido y ella debería pararles… De hecho, notó cómo Theo la estaba mirando de reojo, pero se limitó a decir, mirando. — Me parece adorable la historia de tu tatarabuela, y querré saber más de ella. — Perdió un poco la mirada en el mar y dijo. — Y aritmántico también es una profesión muy Ravenclaw. — Dejó caer. Ella le prometió una familia a Marcus, y una familia tendrían. Ya vería cómo lidiaba con ello.

Señaló a Sean y asintió a lo de investigar pociones. — ¡Eh! Eso me gusta, y me vendrá genial, porque ya me veía reliada en el laboratorio porque no me fiaría de quien me hiciera las pociones, pero de ti me fío, en el club nos iba genial. — Sean se rio y asintió. — No serías mal socio, señor Hastings. — Dijo guiñándole el ojo. Ah, pero ahora sí les apetecía pasear, y Alice accedió porque estaba demasiado a gusto ahí y estaba por quedarse dormida entre los brazos y las suaves caricias de su novio y con el solecito.

Salieron entre risas hacia la playa, pero Sean y Hillary se habían puesto muy tontorrones, e iba de la manita, susurrándose cosas, y ella decidió dejarles ese espacio que sabía que se buscaba en esos momentos, y ella se enganchó al brazo de su prima. Y al acercarse a ella, vio que le había llegado una carta y la lechuza se estaba yendo justo. — ¡Ey! ¿Qué te cuentan? — La cara de Jackie era un poco de circunstancias, así que tiró un poco de ella y le preguntó en voz baja. — ¿Pasa algo? — Echaron a andar por la orilla, descalzas, detrás de sus amigos. Miró un momento para atrás, pero parecía que Marcus estaba a gusto con Theo, y su prima parecía necesitar hablar. — ¿Malas noticias?Que vienen mis padres… ¿Hoy?Mañana. Dicen que saben que estamos en el castillo, pero que van a estar unos días aquí para ayudar con la obra y eso. — Alice miró a ambos lados y se mordió las mejillas. — Y eso es malo porque… — Jackie ladeó la cabeza y suspiró. — Tía… — Y ladeó los ojos hacia Theo. — Ya, bueno… Es que en algún momento se tendrían que enterar. Bueno pero es que igual se espanta… ¿Quién, Theo? Ay, Jackie… Tía, para ti es muy fácil decirlo, pero es que no solo es por él, es que mis padres no aguantaban a Noel. — Alice hizo una pedorreta. — Ya, y tu hermano tampoco y míralo llamando cuñado a Theo… Te estás rayando, Jackie, y lo estás haciendo a posta. — La otra suspiró y negó. — No quiero tener que volver a pasar por todo esto para nada… ¿Para nada? Estás colgadísima, y él también. — Dijo con una risa incrédula, pero su prima seguía negando con la cabeza. — ¿Y si… Vuelvo a empezar otra vez y… Ninguno de los dos quiere ceder y todo sale mal? — Conocía demasiado bien ese “y si” y precisamente con Theo, ella lo había tratado. Por una vez, quizá pudiera ayudar de verdad a su prima.





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Dom Oct 02, 2022 5:52 am por Freyja


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Sean de repente se había animado con la playa, y obviamente era para hacer manitas con Hillary. Ni le sorprendía ni, ciertamente, lo podía criticar, él también quería pegarse a su novia y darse mimos por la playa... pero tenía un asunto dándole vueltas en la cabeza. Así que se levantó y al primero que se dirigió, con una sonrisa, fue a Theo. - Lo que tiene que aguantar uno por tener vocación ¿eh? - Bromeó, distendido, pero solo era un pretexto para iniciar conversación con él, a ser posible... que Alice no la oyera. Que fuera lo más privada posible, más bien. No por nada, sino porque... bueno, Theo no le iba a malinterpretar, al fin y al cabo eso había dicho ¿no? Que escuchaba a la gente bien y sabían en el fondo lo que querían decir. Ni quería que su novia se asustara ni escuchar las burlitas de los otros, o su condescendencia. Y además, quería indagar un poco en... cosas de la mente. A Marcus le gustaba aprender, también podía hacerlo con esto.

- Parece que Sean empieza a vislumbrar opciones. - Comentó, sin perder el tono distendido, cuando vio a Alice engancharse del brazo de Jackie, lo que le dio a él la oportunidad de quedarse a solas con Theo. El Hufflepuff rio levemente, con ese tono tan empático que parecía salirle por defecto. - Sí. Es que es difícil, realmente. Algunas personas lo tenemos muy claro, pero las opciones son tantas que realmente lo más fácil sería liarse. - Y a Sean se le dan bien muchas cosas, en realidad. Estaría bien en cualquiera. - Es cierto. - Qué incómodo le resultaba cuando quería llevar la conversación a un punto concreto cuando intuía que el otro le iba a ver las intenciones a la legua. Como que no tenía entrenamiento de sobra con su madre... pero Theo no era su madre. Era otro tipo de "verle las intenciones" al que no estaba acostumbrado. - Aunque tiene razón en eso de que para trabajar en San Mungo hay que estar muy mentalizado... Supongo que para ser sanador mental, también hace mucha falta. - Theo ladeó la cabeza. - Hace falta, sí. Pero alguien tiene que hacerlo, es necesario. Y yo creo que se me da bien. A ver... no es que no me afecte lo que le pase a los demás, pero intento... gestionarlo cada vez mejor. Me queda mucho por aprender. - Marcus asintió. Luego alzó la barbilla, mirando a su novia caminar frente a él, y sonrió con orgullo. - Mi Alice es muy valiente. Tiene miedos, pero los vence, y va a trabajar en San Mungo a pesar de su historia, y lo va a hacer genial día tras día. Yo no podría, y sin embargo mírala a ella, tan decidida. - Theo le miró con una sonrisilla y una ceja arqueada. - Desde luego, como hablas de ella no hablas de nadie. - Marcus rio levemente. Era verdad, no podía decir otra cosa.

Pero quizás también era ese buen punto para reconducir el tema. Se mojó los labios. - Hablando de valentía... - Hizo una pausa, haciendo una mueca con los labios como si pensara fuertemente cómo decir lo que iba a decir. - Supongo que habrás leído, o a lo mejor aún no, pero vamos, que tiene que haber, como técnicas o cosas para ser más valiente ¿no? - Theo le miraba con ligera extrañeza. Marcus se explicó. - O sea, no valiente en plan Gryffindor de decir, "¡ahora me lanzo a por todo!", no. - Dijo entre risas. - Sino de... bueno, que se te quiten tus miedos ¿sabes? - Ladeó la cabeza, mirándole con ojos de interés. - ¿Se podrá? O sea, a Alice le ha salido como por inercia. No por inercia, o sea, se ha esforzado mucho, pero.... me refiero... Me entiendes ¿no? - ¿Que si hay alguna técnica para eliminar los miedos? - ¡Eso! - Se alegró de ser comprendido, pero Theo rio como respuesta. Levemente, no en tono de mofa ni mucho menos, más bien como si Marcus fuera un niño pequeño que acaba de decir algo adorable. - Ojalá, pero me temo que no. Los miedos se vencen poco a poco, "por inercia", como tú dices, esforzándote mucho, tratando de pensarlos de otra manera... Pero no es como que haya un truco infalible. - Marcus se quedó en silencio, reflexionando. Notaba la mirada de Theo encima, analítica. Le iba a pillar. Tenía que reconducir el tema, hacerlo parecer mera curiosidad científica, antes de que el otro le descubriese.




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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
Se apretó un poco más con su prima y tomó aire. — Ya no se ve tan fácil, eh. — Dijo con media sonrisilla. — Todos nos decíais a Marcus y a mí que había que ver, que qué fuerte que no nos diéramos cuenta, que mucho habíamos tardado… Pero es que en estas cosas hay muchos factores. — Jackie puso los ojos en blanco. — Alice, Marcus y tú os queréis desde que erais dos renacuajos, solo habéis hecho el tonto… ¿Sí? — Preguntó ella, alzando las cejas y fingiendo sorpresa, y se pasó al francés, para asegurarse de que no las entendían por casualidad. — ¿Sean y Hillary se quieren? — Jackie se encogió de hombros y se rio. — Pues claro. Sí, pues ellos tampoco lo ven muy claro para estar juntos. — Eso son tonterías. — Todo son tonterías menos lo tuyo con Theo. — Su prima negó con la cabeza y perdió la mirada en la lejanía del mar. — No es eso… Es que yo si que he metido la pata amorosamente, vosotros no. No tenéis esa losa ahí. — Alice apretó los labios y oteó el cielo. — Hillary y Sean no se besaron ni una sola vez hasta San Valentín de este año. Y que se quede aquí, pero después de acostarse por primera vez, tuvieron una bronca bestial y estuvieron sin hablarse un tiempo. Como Marcus y yo, dicho sea de paso. Bueno, pero todo eso forma parte de vuestra rayadas. Yo estaba a punto de casarme, Gal, yo empecé una vida, y la corté de golpe. Y sí, era lo que tenía que hacer, pero las piedras de aquello se han quedado en esta mochila. — Dijo señalándose la espalda.

Además, yo ya me había hecho a la idea de irme a París a estudiar moda, mientras intento mantener los encargos aquí para tener dinero… ¿Y Theo? Va a empezar con el curso de sanador. ¿Y si no quiere venirse aquí? Yo no quiero irme ahora que por fin he decidido que me voy a París… — Alice asintió y suspiró. — ¿Sabes que de eso hablé una vez con Theo precisamente? ¿De venirse aquí conmigo? — Ella negó con la cabeza. — De las incompatibilidades a futuro. Cuando estaba enfadada con Marcus y no le veía futuro… Le dije que él quería algo que no le iba a poder dar. — Jackie chistó y se rio. — ¿Como qué?Como estabilidad, porque, bueno, mi padre está logrando curarse, y los Van Der Luyden no han dado más señales de vida, pero… Mi situación era muy fastidiada… Más que la tuya, que tienes un pasado que Theo conoce y que no le importa. — Su prima torció el gesto y asintió un poco avergonzada. — Pero no solo me refería a eso. — Dijo encogiéndose de un hombro. — Aquí todo el mundo habla de una siguiente generación de alquimistas, y esto y aquello… Y a mí me da pánico ser madre. Me da miedo que acabe con mi carrera, me da miedo no ser tan buena como la mía, me da miedo… — Inspiró. — Morirme y dejar otros huérfanos en el mundo. — Su prima se había quedado muda y con la mirada baja. — Lo… Lo entiendo. — Y ahí la que se sorprendió fue Alice. — La gente me suele decir “eso a ti no te va a pasar” y se quedan muy anchos… — Jackie asintió. — Ya pero yo no soy todo el mundo… Tu madre era mi tía, Alice. Yo tenía catorce años cuando se murió… Fue como si una bomba cayera justo al lado de mi propia madre, como si se abriera un mundo de posibilidades que nunca había contemplado. Y ahora es una posibilidad que siempre tengo en cuenta.

Ambas primas se habían quedado muy calladas, sin dejar de andar. Ni Jackie se había planteado que Marcus quisiera, alguna vez en la historia, algo que Alice no, ni Alice había salido nunca de su burbuja de pena personal por Janet. Su burbuja solo englobaba a su padre y su hermano pero… Su madre era querida por todos, y sus tíos y sus primos vivieron con ella, la conocían, disfrutaban de su dulzura y su risa como todos… Y la perdieron exactamente igual, con el mismo dolor. — Nunca me había parado a pensar en lo que fue para vosotros perderla… Siempre habéis sido mi apoyo, siempre enteros, con vuestras risas, vuestro cariño… Ni una sombra de pena. Porque tu pena era más grande, no íbamos a agobiarte con ella. Pero claro que la tuvimos. — Jackie torció la sonrisa. — Yo tampoco había pensado que pudiera haber una sola cosa en la que estuvieras en desacuerdo con Marcus, la verdad. — Ella inspiró y perdió la mirada. — Creo que… Lo estamos solucionando. O yo lo estoy solucionando, que para eso soy yo la del problema… ¿Y eso cómo se hace?






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Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
- Ya, bueno, aunque... - Retomó, fingiendo estar en un debate profundo, tras un rato de pausa. Porque no iba a dejar el tema pasar tan rápido, entre otras cosas porque lo había sacado muy a conciencia y necesitaba llevarse una conclusión. Solo estaba intentando buscar la manera de hacerlo parecer lo más "interés por el conocimiento" posible. - ...Supongo que... es una ciencia en avance ¿no? Que habrá muchas investigaciones. - Sí, por supuesto. De hecho, ahora estoy leyendo un estudio muy interesante sobre... - Y Theo se desvió a un tema que, si bien interesante, no era de lo que Marcus quería hablar.

Le vino bien para interesarse y parecer genuino, pero no tardó en reconducir. Al fin y al cabo, la exposición de Theo no fue tan larga. Marcus las hacía mucho peores. - Y... volviendo al tema de los miedos... - Se mojó los labios. - ¿Has visto como... vencer a un boggart? Por ejemplo. - Theo le miró, un tanto extrañado, aunque no mostró demasiada expresividad en su rostro. Parecía estar intentando comprender qué había detrás de la pregunta de Marcus. - Bueno... a vencer a un boggart, en teoría, te enseñan en el colegio, en tercero. En Defensa. - Ya, ya, sí, si me acuerdo. - Como para no acordarse. El día más humillante de su vida, y su historia a esas alturas ya incluía cantar borracho encima de la barra de un bar. - No me refiero... o sea, sería más bien... - Hizo un gesto con la mano y una mueca con la boca, mientras miraba a la nada, pensativo, buscando las palabras. - Lograr... como controlar la mente ¿sabes? O gestionar tu miedo. De manera que un boggart pudiera no detectarlo. Porque si no tienes miedo, entonces un boggart no puede salir ¿no? - ¿Hemos vuelto entonces al punto de no tener miedos? - Preguntó Theo con una sonrisa leve, pero que empezaba a sonar un poco preocupada. Marcus, que había escuchado perfectamente como sonaba eso, trató sin mucho éxito de matizar. - No no, no es tanto... es más bien... Supongo que habrá gente... Que no tenga boggart ¿no? - Miró a Theo y su tono salió demasiado sincero, rozando lo desesperado, al preguntar. - ¿Se puede? - Y hasta él lo había notado.

El silencio apenas había durado un segundo, porque Marcus se dio cuenta en el acto de cómo habían sonado sus palabras, por lo que retiró la mirada, sacudiendo la cabeza con una sonrisa que pretendía restarle importancia, y dijo. - Da igual, si era una tonte... - Marcus. - Interrumpió el otro, con un tono sereno pero firme que no le había oído nunca. - ¿Qué pasa? - Le miró, y se encogió levemente de hombros. - Nada. Era solo curiosidad. - Ni él se había creído como había sonado eso, y por supuesto Theo tampoco. Soltó aire por la nariz, resignado consigo mismo, bajando la mirada mientras caminaba. - No me gusta que mis miedos me dominen. - A todos pueden llegar a dominarnos en cierta manera. Tenemos días en los que nos sentimos más fuertes y otros en los que sentimos que nos van a vencer, y también hay cosas que atacan más a nuestros puntos débiles que otras. - El Hufflepuff trató de buscarle la mirada. - Los dos sabemos que no has sacado este tema por casualidad. - Ladeó la cabeza. - ¿A qué le tienes tanto miedo como para querer desterrarlo de esta manera, Marcus? No parece una filosofía que vaya mucho contigo, eres probablemente el tío más seguro de sí mismo que conozco. - Marcus torció una mueca, aún con la mirada baja, y dijo. - No es... algo de mí a lo que le tenga miedo. - O no en su totalidad, al menos, aunque sí en parte. Alzó la mirada, y allí estaba ella, caminando por la playa. Sintió una opresión en el pecho. Mejor contaba las cosas desde el principio.

- Prométeme... que esto no va a salir de aquí. Por favor. - Theo se hizo un gesto de cremallera con la boca y dijo. - Secreto terapéutico. - Marcus le miró con los ojos entornados y cara de circunstancia y el otro rio levemente. - Era una broma, para aliviar... Puedes contarme lo que sea, Marcus. Me preocupa que estés tan asustado, la verdad. - Marcus echó aire por la nariz. - He... tenido una pesadilla esta noche. - Theo se detuvo en seco y le miró casi con cara de ruego. - Por favor, no vayas a preguntarme si los sueños son predicciones de futuro. Con la gente aún preguntándome si lo de los posos de té es cierto tengo bastante. - ¿Qué? ¡No! No es eso. - Y, como se le veía ciertamente agobiado, Theo se puso a su altura de nuevo. Marcus soltó aire por la boca otra vez. - Es... ha sido... - Y la mirada le traicionó, porque volvió a ponerla sobre ella, y Theo solo tuvo que seguirla.

- ¿Tienes miedo de que te deje? Supongo que es normal en las relaciones temer que la persona se desenamore de ti, pero creo que puedes estar tranquilo a ese respecto. - No, no es eso... tengo... es... - Tragó saliva. No, no podía decirlo. Afortunadamente, Theo cambió el semblante. Claramente había caído solo. - Tienes miedo a que se muera ¿verdad? - Solo de escucharlo tuvo que retirar la mirada y se le llenaron los ojos de lágrimas. - ¿Ese es tu boggart? ¿La muerte de Alice? - Es peor. - Dijo con la voz quebrada, y sin atreverse a mirarle. - Es... ella... en mis brazos... es saber que no va a volver... Y soy yo... volviéndome loco... tratando de traerla a la vida... sea como sea. - Y sí, esa era la parte en la que tenía miedo de sí mismo.




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Alice inspiró fuertemente y subió las manos, como cuando Dylan no hablaba nada y quería expresar que no tenía ni idea de algo. — Pues mira, en su momento, se lo planteé a Theo y me dijo que la clave estaba en encontrarse a mitad de camino. Y algo así estamos intentando. — Torció la sonrisa y los ojos se le inundaron. — Verás, yo no es que no quiera ser madre porque no me gusten los niños o porque… No me vea capaz. — Su prima asintió. — Además de verdad, llevas siendo un poco madre desde que Dylan nació y a todos nos tratas un poco así. Hasta a tu padre. — Alice suspiró y la miró con evidencia. — Pues precisamente. Lo que me da miedo es dejar tras de mí un desastre como el que dejó mi madre sin querer, solo porque le llegó su hora antes de tiempo. — Tragó saliva. — Y bueno, Marcus… Puede que tuviera una visión de la paternidad y la familia un poquito utópica e idealizada… — Puso las palmas hacia arriba como si comparara dos cosas. — Así que vamos acercando posturas, cediendo un poco los dos. — Levantó una. — Él va admitiendo que tener hijos no es como simplemente decir “eh, mira, un nene, vamos a enseñarle alquimia y a ser un caballero y ya saldrá así”. — Jackie se rio, y mira, eso ya la hizo sentir mejor. — Y yo pues… Se lo expliqué a él con las lavandas, aquel día que nos visteis Theo y tú en el campo. — Jackie abrió mucho los ojos. — Así que realmente no estabais… Pues no, lista. — Pues sí, pero no en ese momento, se dijo a sí misma, pero ya había ganado esa parcela con su prima, no iba a echarse atrás ahora. — Le expliqué que, de la lavanda todo el mundo conoce las flores pero… Que estas solo pueden salir cuando es su momento, y mientras tanto, la planta sigue siendo bonita y útil, y hay que cuidarla igual, pero que ya se ven los capullos. — Su prima la miró parpadeando y parándose en la arena. — Perdón, es que la filosofía herbóloga todavía se me escapa. — Alice suspiró y rio. — Pues que me dé tiempo. Que simplemente necesito no tener presiones hasta que supere mi miedo… — Ahí ya sí, su prima asintió y siguieron caminando.

A ver, eso está muy bien, pero mi problema con Theo es diferente. — Ahí ya tuvo que suspirar impaciente. — ¿Cómo diferente? Vamos a ver, tú no quieres ceder con París, y crees, y digo crees porque tampoco has preguntado, que él no quiere ceder con estudiar en Inglaterra, ¿es o no? — Jackie asintió. — Pues tía, solo tenéis que llegar al punto medio vosotros también. — ¿Calais? — Alice le dio en el brazo empujándola por la arena. — Qué idiota. A ver, Theo se ha apuntado este año a los cursos de San Mungo porque tenía que hacerlo cuanto antes y no sabía qué iba a pasar contigo, pero si lo habláis, estoy segura de que acabáis encontrando una solución. ¿Por qué te adelantas a la catástrofe? — Su prima se cruzó de brazos y perdió la mirada. — Es lo que conozco. Llevarle la contraria a Noel era terrible, era una bronca y un drama detrás de otro. — Alice ladeó una sonrisa. — Pues te aseguro de que Theo es todo lo contrario. En todo caso puede que hasta te harte un poquito el tono tranquilo y de “venga, vamos hablar, tu exprésate” — Y eso las hizo reír a las dos.

¿Y si mis padres me dicen que estoy loca, que qué estoy haciendo otra vez? — Ella levantó las palmas de las manos. — Pues que… Sinceramente, ellos no son quién para opinar. Tus padres se conocieron en el colegio y, según salieron, se casaron, los dos niños, pum pum, negocio y toda la vida a hacer lo mismo. Y eso está muy bien, pero es una lotería, a ellos les tocó, pero no es lo normal. No han lidiado con la dificultades de un amor no correspondido, o tóxico, o vivido a distancia… — Le puso una mano en el hombro. — Y, sinceramente, cuando vengan mañana y vean ese brillo en tus ojos, y tu sonrisa, y lo bien que estás, no creo que tengan ningún problema. Además, tiene la aprobación de tu hermano, y tú sabes que tu madre, lo que diga André, es verdad absoluta— Eso hizo que su prima se riera de nuevo fuertemente y asintiera con la cabeza. — Tienes la luz, Jackie. — ¿Qué es la luz? Es… Ese brillo que se les pone a las parejas felices y enamoradas cuando están juntas, cuando se ven y se sonríen. Y la luz no falla. — Se giró y miró a Marcus en la distancia. Cuando se cruzaron las miradas sonrió y le lanzó un beso. — ¿Qué hacen esos dos? — Preguntó su prima, y ella se encogió de hombros. — No sé, pero me gusta que se lleven bien, siempre pensé que podrían ser muy buenos amigos… Solo no habían tenido la ocasión. — Su prima sonrió como una boba y les saludó también. — Pues ojalá se acostumbren a pasar tiempo juntos… Por ser familia. — Alice rodeó sus hombros con el brazo y le dejó un beso en la mejilla. — Pues ya sabes. Hablar las cosas. Mano de santo. — Y justo entonces notó cómo alguien la levantaba por detrás y dio un gritito. — Si es que no me libro de ellas ni yéndome de casa. — La voz de su primo André. Y al lado, Marine estaba haciendo cosquillas a Jackie, que se había tirado a la arena tratando de evitarla, sin mucho éxito. — ¡Letrada Vaughan! ¡Se está cometiendo un crimen! ¡Letrada! — Y pataleando en el aire trató de enfocar de nuevo a Marcus. — ¡Cariño! ¡Que me secuestran, por Merlín!





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Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 24 de junio de 2002
- Marcus... - Empezó Theo. No sabía cómo podía mantener un tono tan sereno. Él había tenido que desviar la mirada hacia el mar y respirar hondo para no venirse abajo. - Sé que no es consuelo escuchar que todos tenemos miedo, pero sí te viene bien oírlo para dos cosas: la primera, para no atormentarte por tener miedos, porque es natural; la segunda, para tomar conciencia de la realidad. No puedes pretender no temer a nada, y hay cosas en la vida... que aterrorizan. - Intentó buscarle la mirada. - Eres muy inteligente, Marcus. Tanto que temes que tu propia inteligencia se te vuelva en contra. - Le prometí que no lo haría. - Aseguró. Echó aire por la boca, mirándola de soslayo. No quería que le viera así. - Le juré que, si le pasaba algo, no me volvería... -Loco como su padre. - No rebasaría ciertos límites. - Pues eso es algo que no puedes jurar. Uno no puede jurar que su mente se va a mantener estable toda la vida, porque no controlas eso. - No me gusta no tener control sobre las cosas. - Atajó. Se estaba dando cuenta al hablar con Theo de que tenía demasiadas cositas que limar en cómo veía la realidad.

- Si le pasara algo... - Theo suspiró, porque Marcus había dejado la frase en el aire. - Ella tampoco te puede prometer a ti estar viva por muchos años. Hay cosas que no podemos prometer. - No podría soportarlo, Theo. Siento que se me está rompiendo el pecho ahora mismo y ni siquiera ha pasado. - ¿Y por qué le dedicas tanto tiempo a pensarlo? - El chico le miró con intensidad. - Marcus, tener pesadilla con que nuestros seres queridos mueren es normal. Estás afectado por ella porque la has tenido hace unas horas, pero pensar en esto con frecuencia... solo te va a hacer vivir con miedo permanente, y esperando a que ocurra algo que ni quieres que ocurra ni sabes si va a ocurrir. - Sabía que el chico tenía razón. Pero ojalá fuera tan fácil como simplemente saberse la teoría y ya estaba.

- Una de las cosas que acabo de leer es que, por lo visto, el miedo puede hacer que se bloquee el cerebro. Entrar en pánico, no ser capaz de procesar lo que se está viviendo, el miedo que se está sintiendo, puede hacer que el cerebro se cierre en banda, sobre todo a personas con una capacidad intelectual muy grande, que ven más allá en las implicaciones de las cosas y que dominan su propio cerebro como si fuera una máquina a sus órdenes. - Le miró como si tratara de advertirle de algo. - Marcus, no te dejes dominar por tus miedos. Podrían hacerte mucho daño. Eres tan sumamente inteligente que serías capaz de bloquear tu propio cerebro por tal de no ver lo que no quieres ver. - Negó. - No hagas eso. No te dejes controlar por el miedo de esa forma, el miedo juega a la mente muy malas pasadas. Hazme caso, confía en mí. Está bien sentir miedo de vez en cuando, nos ayuda a detectar los peligros y saber qué hacer con ellos. Paralizarnos... no es una buena opción. - Marcus le miró. Aún tenía los ojos húmedos, pero su mirada estaba ya tan clara. Al fin y al cabo, nada que relajara más a un Ravenclaw que una explicación lógica y ordenada. - Es tan doloroso... que cuesta pensar que tenga un buen propósito. - Theo dobló una sonrisa amarga. - Pues lo tiene. Te está ayudando a detectar los peligros que conllevarían una situación de gran dolor para ti. Si llegara a ocurrir... estarías más preparado que si nunca lo hubieras pensado. Porque, mientras temes, buscas soluciones. Siempre y cuando, insisto, el miedo no te bloquee. - Miró al frente, meditando sus palabras. Eso tenía sentido.

- Gracias. - Dijo al fin. Le miró y sonrió. - Vas a ser un gran sanador. - Theo bajó la mirada, ruborizado aunque con una sonrisilla, y se encogió de hombros. - Aún no lo soy... - Pues ya lo haces bien. Vas a ser el mejor de San Mungo... o de París, quien sabe. - Eso hizo a Theo reír y alzar la mirada. - Si ella quisiera, me vendría. En cuanto acabe el curo. - Marcus le miró con las cejas arqueadas. - ¡Díselo! Bueno... - Sopesó. Él mismo había lidiado con los sentimientos de libertad de los Gallia. - Mejor... estabilizaros un poco más. Pero vamos, está bien que sepa que estás dispuesto a venirte aquí por ella, supongo. - Hizo una mueca y chasqueó la lengua. - Lo siento, no soy tan bueno dando consejos como tú. - Theo rio a carcajadas. - No te ofendas, pero ya estoy acostumbrado a que seas especialmente torpe justo conmigo. - ¡Eh! ¿Por qué dices eso? - Venga, Marcus... - No me siento identificado para nada, que lo sepas. No sé ni de qué me hablas. - Pero Theo seguía riendo, y Marcus haciéndose el digno... Aunque, de nuevo, sabía que tenía razón.

Devolvió el beso a Alice en la distancia cuando se lo lanzó, notando el cosquilleo en el pecho. La quería tantísimo... Ah, no podía volver a su bucle otra vez. Ella estaba allí, los dos lo estaban. Y esa visión, verla reír y recorrer la playa, era tan preciosa... que merecía la pena todo lo que estuviera por venir solo por verla así aunque fuera un minuto de su vida. - Anda, mira quién ha vuelto. - Comentó Theo, sacándole de sus pensamientos y señalando con un gesto de la cabeza a André, que se acercaba a hurtadillas junto con Marine hacia las chicas, atacándolas por la espalda. Marcus se echó a reír y, en cuanto las chicas empezaron los gritos y las quejas, le dio un codazo y le dijo. - ¿Preparado para ser un caballero de reluciente armadura? - El otro le miró con una sonrisita tímida y una ceja alzada. - ¿Contra mi cuñado? - Contra la no-novia de tu cuñado, que es la que está atacando a tu amada. De tu cuñado me encargo yo. - Alzó la barbilla y añadió. - ¿Delante de quién mejor que de él vas a demostrar de lo que eres capaz? - Le dio otro codazo. - ¡Hay que venderse bien, Matthews! -

Salieron los dos corriendo y Marcus se acercó a ellos gritando. - ¡VOY EN TU RESCATE, AMADA MÍA! - Theo casi pierde la carrera y tropieza, cayendo de boca a la arena, de la risa que le dio, pero trastabilló y se equilibró a tiempo. - ¡¡VENCERÉ A LOS MAYORES PELIGROS POR TI!! - ¡Cuidado, que no soy una ciudad en llam-CABRÓN! - Bramó André, siendo interrumpido por un placaje de Marcus que le tiró a la arena. Estaban muertos de risa, pero se enfrascaron en una enzarzada pelea en la arena en la que empezaron a rodar intentando coger el poder el uno sobre el otro. - ¡MI AMADA ES MÍA Y YO SOY SUYO! - ¡No me digas cosas guarras, me cago en todo! - ¡Que me he equivocado de poema, jolín! ¡Que la dejes, te digo, VIL VILLANO! - ¡Que alguien me libre de este tío, por favor! ¡Jackie! - Jackie está con su caballero. - Contestó Theo, que ahora tenía agarrada a la chica en brazos, la cual reía sin parar. Marine se encogió de hombros. - Ay, es que ha venido tan mono que le he dejado. - ¡Marine, joder! ¡Mira, no tenía que haber vuelto! -




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Lun Oct 03, 2022 5:26 pm por Ivanka


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Su caballero de brillante armadura llegó (menos accidentado que Theo, todo fuera dicho), en vez de espada en mano, poema en boca y claro, no pudo evitar echarse a reír. — Y eso es un buen caballero Ravenclaw, primito, que batalla por su amada con la palabra.Igual una espada no le hubiera venido mal. — Pero ella seguía riéndose e intentando zafarse, pero cada vez le costaba más soltarse, y al final, con el placaje, acabaron en la arena. Theo, por su parte, ya había rescatado a Jackie, y la adorabilidad de Marine le hizo sacar un pucherito. — Ohhhh, es demasiado buena para ti, André, mira que cuqui. — Su primo la soltó y se incorporó, yendo a por Marine. — No sabes llevar a cabo un plan rubia, te comen los jovenzuelos. — Y cogió a la chica como un saco de patatas y se dirigió con ella, vestido y todo, hacia el agua.

Ella, ya que estaban en la arena, aprovechó y reptó hacia su novio, rodeándole con los brazos y haciéndole rodar para quedar encima de él. — Hola, mi brillante caballero. — Dejó un suave beso en sus labios y sonrió. — Me encanta que vengas a rescatarme. — Rozó su nariz con la suya y sonrió. — ¿De qué hablabas con Theo? — Preguntó con una risita. — ¿No será sobre cierta rayada sobre la distancia, el pasado…? — Rio y negó, mirándolos haciendo el tonto allí cerca suyo. — Ah, por cierto, mis tíos vienen mañana… Verás las risas. Y me temo que los cambios de habitaciones, para quienes tienen que hacerlos, se van a ver afectados. — Se inclinó sobre su oído y susurró. — Qué suerte haber superado ya esa fase… — Y ya que estaba, ahí se quedó. — Me encanta cómo vienes a rescatarme enarbolando poemas… Mon chevalier…

Y estaba ella muy tentadora, allí, susurrándole cositas a su Marcus, cuando vio dos pares de pies a su lado. — Recuerdo esta escena, muy muy parecida, pero al levantar la vista quienes estaban eran nuestros padres. — Dijo, sin apartar la mirada de Marcus a posta. — Pues yo veo al rufián este encima de mi hija y… ¿Y qué? ¿Qué le harías? — Preguntó Hillary a Sean, que se había puesto muy gallito. — No sé, pero no me haría ninguna gracia. Soy el señor O’Donnell y le corto las manos si no puedo verlas. — Alice se levantó de un impulso y aprovechó para tirar de Sean. — Entonces no te dejo que acerques a él, que no puedo permitir que hagas daño a esas manos tan bonitas. ¡Hills, ayúdame! — Y su amiga tiró del otro brazo de Sean hacia la orilla. — ¡Eh! ¡Eh! ¡Al agua no! ¡Alice! ¡Hills! ¡Cariño no me hagas esto! — Y entre risas, divirtiéndose como siempre que estaban juntos, arrastraron a Sean hasta el agua cayendo los tres. Bien, así Jackie y Theo tendrían su momentillo. Y Marcus y ella… Ya tendrían otros, al fin y al cabo, eran los únicos que tenían una habitación legítimamente para ellos, para tener todos los momentos que quisieran.






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Mar Oct 04, 2022 6:15 am por Freyja


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Como caballero quizás tenía que perfilar un poquito las entradas al ataque, no solo por lo de recitar el poema incorrecto (igual recitar un poema no es necesario cuando vas a atacar) sino porque había tirado también a su amada al suelo. Menos mal que a Alice no pareció importarle, porque estaba muerta de risa. En el fondo lo sabía, que esa tontería la haría reír, por eso lo había hecho. - ¡Que la soltéis os digo! - Y sí que lo hizo, pero para irse a por Marine. Jadeando por el esfuerzo de la batalla, se quedó tumbado en la arena disfrutando de su autoimpuesto triunfo, con los brazos en alto.

Su novia no tardó en llegar, ni él en sonreírle y abrazarla. - Hola, mi hermosa dama. - Le encantaba ese jueguecito, a la vista estaba. Pero claro, la curiosa de su novia ya tenía que preguntarle de qué hablaba con Theo. Afortunadamente, y seguramente en relación a lo que ella hablaba con Jackie, tenía una hipótesis que distaba mucho del motivo de su conversación, así que se agarró a ella. - Este caballero también tiene dotes de celestino. - Hizo un gesto con la mano con mucha pompa y añadió. - Cosas de hombres. - Lo de los cambios de habitaciones le hizo reír y achucharla aún más. - Pues sí, somos unos afortunados. - La abrazó contra sí, girando su rostro para mirarla directamente. - Ya lo he dicho: soy tuyo. Todos mis poemas son tuyos, mi reina. -

Y estaban bien a gusto hasta que aparecieron Sean y Hillary. Miró a Alice. - Bueno, bueno, tanto como parecida... - En verdad aquel día llevaban menos ropa, pero también eran considerablemente más inocentes. Miró hacia arriba, clavando los rizos en la arena, porque desde su posición se hacía dificultoso enfocar a los que estaban de pie. - Ya quisieras tú un caballero así para tu hija. No tengo las manos en ninguna parte, le estoy dando un casto y puro abrazo lleno de todo mi amor. - Te voy a dar yo a ti todo tu amor... - Contestó con retintín Sean, muy metido en el papel de suegro de repente. Iba a seguir replicando, pero las chicas fueron más efectivas cortando los comentarios de Sean de raíz. Se echó a reír a carcajadas viendo como se lo llevaban al agua, acercándose al trote tras ellas hasta llegar a la orilla, pero sin meter los pies en el mar. - ¡Así es como acaban los rufianes! ¡No soy yo, oh lord, ningún rufián! - ¡Por las barbas de Merlín! ¿No te cansas? - Le dijo André a Alice a gritos, porque el chico también estaba en el agua con Marine. Todos con ropa, dicho fuera de paso. - Ella no sé, ¡pero yo sí! - Dijo la traviesa voz de Jackie a su espalda, y de repente notó cuatro manos empujándole hacia el agua. - NO NO NO NO NO NO. - Empezó a resistirse a los dos que le empujaban entre risas, hasta que se escurrió, larguirucho como era, todo piernas y brazos y se alejó de allí. Theo y Jackie, en cambio, se metieron en el agua, entre risas, para no ser menos.

- ¡Aburrido! ¡Mira el caballero aburrido, el único que está fuera! - ¡Cállate, Hastings, no estarías dentro si no te hubieran metido las chicas! - ¡Me he dejado meter, tú no! - Y la batalla dialéctica a gritos se hubiera prolongado más si no fuera porque, de repente, en un vil ataque a su persona, todos se pusieron de acuerdo "a la de tres" orquestada por André y empezaron a echarle agua con todas sus fuerzas, lo que hizo que tuviera que alejarse de la orilla otra vez mientras le jaleaban y abucheaban. - ¿Sabéis qué os digo? - ¡No se te escucha, O'Donnell! - Se acercó un par de pasos prudentes, pero sin callarse, por supuesto. - ¡Pues os digo que...! - Y otra vez a echarle agua y él a correr hacia atrás. Así no había forma. Llenó el pecho de aire, lo soltó de golpe y dijo. - ¡Os habéis metido con el caballero equivocado! - Y echó a correr hacia el agua, sin pensar demasiado ni en la temperatura, ni en que llevaba ropa, solo... no pensar, dejarse llevar, divertirse y vivir ese momento. Cayó con violencia en medio del grupo para salpicar lo máximo posible y salió para buscar directamente a su novia y cogerla en brazos, entre risas. - Caballero al rescate otra vez. - Creo que no era ella precisamente la que estaba en peligro. - Ponte a lo tuyo, Hastings. - Replicó, pero luego volvió a mirar a Alice, con una sonrisa. - Eres un pececillo peligroso, ¿lo sabías? Ya hasta te desprendes de tu profesor. - Rio y, acto seguido, besó sus labios. - Te quiero. - Dijo de corazón al separarse. Theo tenía razón, el presente merecía mucho la pena, tanto que no podía dejar que los miedos se lo quitaran. El pasado tenía demasiados fantasmas que llenaban el futuro de miedos. Pero su presente... era maravilloso.




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Mar Oct 04, 2022 10:14 am por Ivanka


Que alumbra y no quema
Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
¡QUÉ DICES! — Te dije que había que advertir. — ¡QUE NOS MATAMOS! — Que no, que hay una pantalla protectora… — La llegada al castillo de Montsegur siempre era… Conflictiva, sobre todo si era le primera vez que ibas. Ya habían avisado, antes de salir aquella mañana, de que el castillo estaba MUY alto. Hasta su tía Simone había insistido. Y Jackie había advertido de que la entrada para magos estaba en un saliente de la ladera, porque tenía que estar lo suficientemente apartada de la mirada de los muggles. El problema era que, cuando ambas habían sugerido advertir de esto último a los demás, André había salido con un — ¿Estáis locas? Los inglesitos ni de coña van a  querer ir si les contamos dónde hay que aparecerse. — Y en parte, tenía razón, así que ella se había limitado a decírselo en bajito a Marcus y describirle por qué todo era perfectamente seguro porque la barrera y patatín patatán. Pero, efectivamente, no le habían dicho nada a los demás, y ahora Sean estaba prácticamente encaramado en André. Ella, por su parte se soltó de Marine y se dirigió a su amigo. — Veeeeeeeen. — Le agarró del brazo y pegço con la mano a la barrera invisible. — ¿Ves? Todo bien, en realidad está alrededor de toda la montaña porque esto es muy alto. — Sean seguía con cara de pánico. — Yaaaa está, venga, tirando para la entrada. — Dijo señalando por el camino que iba hacia arriba. — No, encima hay que subir… — Bueno, que Sean se iba a quejar ni cotizaba, pero ya contaban con ello.

De pequeña, estaba empeñada en que era un castillo de hadas. — Contó ella, para hacer más amena la subida. — Ohhhh que cuqui. — Dijo Marine. — Sí, pues a André no se lo parecía tanto, y el tío no paraba de decirme “ahí lo que pasó es que quemaron a un montón de magos y brujas”. — Él siempre encantador. — Apuntó Jackie. Su primo ni se defendía de las acusaciones, solo sonreía con chulería. — Espera, ¿y es verdad? — Preguntó Sean, a lo que Jackie asintió. — Sí, los cátaros eran magos y brujas en su mayoría, y casi todos sus rituales incluían magia antigua, celta y demás. Oficialmente, les quemaron por herejes, y esta fue su última fortaleza. — Señaló las filas de muggles que esperaban para entrar. — Por eso es un sitio… histórico y lo visitan tanto muggles como magos… — Puso una sonrisita pilla. — Aunque el recorrido es distinto, claro. — Y claro, si había un privilegio, ahí estaba Hillary. — ¿Ah sí? ¿Y qué vamos a ver? Salas de varitas de los cátaros, y hay otra que las paredes están llenas de runas y tiene un trono invocador en medio. Ya verás, una pasada. — Dijo ella, entrelazando su mano con la de Marcus. — Vais a poder poner en práctica vuestros conocimientos. —

Llegaron a la gran puerta de piedra y Jackie señaló una puerta en la que había una cola considerablemente más corta. Cuando pasaron hacia allí, se oyeron las típicas quejas de quienes estaba esperando para la principal. — Oye, ¿y qué les dicen al resto de los muggles cuando nos ven entrar así? — Preguntó Theo. — Pues que tenemos un tour reservado vip especial y que hay que reservar con meses de adelanto. — Contestó André, nos in cierta satisfacción, porque a ese le encantaba tener privilegios. — Y mira, razón no les falta, porque el tour mágico… Es muchísimo mejor.

En cuanto entraron, un fantasma vestido de caballero les recibió en francés. — Bienvenidos al castillo de Montsegur, jóvenes brujos. ¿Qué os trae por aquí? Queremos hacer la visita, en inglés, por favor. — Aclaró André. — Oh, entonces cambiaré a la noble lengua anglosajona. Bienvenidos todos, soy sir Laferrac, cátaro de corazón y residente permanente, desde hace setecientos años, de este bello castillo. Permitidme contaros que en este lugar habitan las almas de todos los que fuimos asesinados aquí dentro por orden del Papa y el rey de Francia. Por eso no dejamos entrar ni a clérigos ni a la familia real francesa, aunque tengo entendido que de lo segundo ya no hay. — Alice rio y negó con la cabeza. — Hace un par de siglos que no. Magnífico, a todo cerdo le llega su San Martín. Debo advertiros que no os apoyéis ni tiréis de ningún lugar del castillo, pues hay infinidad de pasillos y rutas secretas, y, debéis saber que no se pueden realizar apariciones ni hacia dentro ni desde dentro del castillo por una cuestión de seguridad. Seguidme si sois tan amables. — Desfilaron por un túnel de piedra con antorchas con una llama blanca y brillante, más parecida a una bombilla, pero que ardía. — Esta llama tan particular es el secreto mejor guardado de los cátaros, lo que dio nombre a nuestra cruzada: la llama blanca. Podéis tocarla, alumbra sin quemar. Fue nuestra gran victoria y queríamos que fuera el símbolo de nuestra ideología: una religión que alumbra, que acompaña en el camino, pero siempre sin arrasar. — No le hacía falta que se lo dijeran dos veces, a Alice si le daban permiso, miraba, tocaba, entraba. Y no dejaba de alucinarle aquella llama, exactamente igual que cuando era pequeña. — ¿Es una transmutación ígnea por casualidad, sir Laferrac? — El fantasma rio. — Eso, querida señorita, no os lo puedo contar, pero podéis admirarla y venir a estudiarla siempre que lo necesitéis. — Ah, siempre igual, nadie le saciaba su curiosidad. — Acompañadme si sois tan amables a la primera sala: la astronómica, donde nuestros cátaros sintetizaron y hallaron por primera vez la llama blanca





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Miér Oct 05, 2022 3:34 pm por Freyja


Que alumbra y no quema
Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
La exclamación que tuvo que contener cuando aterrizaron en el castillo fue... indescriptible. Estaba admirado de sí mismo de cómo se había contenido, aunque por mucho que había tratado de mantener la calma, en los ojos desencajados que se le habían puesto se delataba que no esperaba que aquello estuviera TAN alto. Había visto ese castillo en fotos de libros, y Alice le había ido haciendo el cuerpo... la realidad lo superaba con creces. Una realidad que incluía a Sean gritando como si se fueran a matar de un momento a otro, lo cual, dicho fuera de paso, no ayudaba.

Ahora todas las confirmaciones de seguridad de Alice le parecían puro adorno, de hecho seguía con los ojos redondos y miraba a su novia de soslayo, como si intentara dilucidar si le había engañado para llevarle allí sin que le dijera "¿tú estás loca? ¿Quieres que nos matemos?". Que, claramente, es lo que hubiera dicho de saber que iban a aparecerse allí. - Que... vistas. - Intentó decir, a ver si así fingía estar contento con aquello, aunque había sonado tan tembloroso que prácticamente había desvelado el miedo que tenía. Además de que no dejaba de mirar al terraplén. - Eso es porque eres una palmera, desde tu cabeza se ve todo más alto. - Miró a Jackie con cara de "no tiene la menor gracia el comentario", pero la chica se estaba riendo como un diablillo. Theo era el que más estaba disimulando el miedo, pero tampoco se le veía especialmente convencido. Cuando Alice se acercó tan al borde con Sean se le puso el corazón en la garganta. Se frotó los ojos. Hay una barrera. Aquí vienen hasta los niños. Tranquilízate, Marcus. Sí, bueno, iban los niños, pero ¿qué niños? ¿Niños como André, Jackie y su querida novia? No le eran buena referencia, la verdad. Él era buena referencia. Y él de niño no se hubiera planteado subir ahí. Ni de adulto. Pero bueno, sabía donde se metía cuando se había comprometido con ese pajarillo inquieto que tenía por novia. Y él, bien enamorado y encantado con ello, sacó la sonrisa más tensa de la historia a relucir como si quisiera decir "qué feliz estoy de estar aquí". Pero no. Estaba deseando entrar en el edificio para dejar de escuchar gravilla caerse que le provocaba visiones de ellos rodando colina abajo.

Se centró en las palabras de su novia y sonrió cuando dijo lo del castillo de hadas, y aunque normalmente la hubiera achuchado contra sí y le hubiera dado un tierno besito, se contuvo: quería moverse lo justo para andar en línea recta. Estaba muy formalito (no como Sean, que menuda cara llevaba) pero aquellas alturas no eran su cosa favorita del mundo. Una cosa era su amada Torre Ravenclaw, bien segura, y otra era una colina por la que él tenía que andar. Que cuando decía que era un águila era una comparación metafórica. Lo de volar, ni con escoba se le daba bien. Lo dicho, mejor se centraba en la conversación, porque cada vez que pensaba en lo escarpado del terreno se le descomponía el cuerpo.

La historia de los cátaros la conocía, lo que le sorprendió fue ver a muggles por allí. - Pero... ¿a ellos también les cuentan lo de la quema y eso? - A ver, fueron ellos quienes los quemaron. Al menos que sean conscientes. - Remarcó André. Visto así, tenía sentido. Lo de la sala de runas le gustó, por lo que sonrió a su novia cuando entrelazó la mano con la suya y luego miró a Hillary. - Fíjate, vamos a poder demostrar lo buen equipo que somos. - Muchas ganas tienes tú de hacer equipo conmigo, O'Donnell. - Deseándolo estoy, ¿no me ves? - Un día con Hillary era un día perdido si no se picaban en algún momento. Las quejas de los muggles le pusieron un poco tenso, y la supuesta excusa de André no le convenció mucho. Puso expresión pensativa, con una mueca en la boca. - Si me dijeran eso a mí, investigaría dicho tour hasta encontrarlo. No me suena como una excusa muy sólida. ¿Tan conformistas son los muggles? - Hillary asintió. - Yo estoy con Marcus. A mí me dicen eso y hasta que no encuentre el tour, no paro. - Lo dicho, rubia: un equipazo. - ¡Ay, cállate un rato! - Entró al castillo junto a su novia y riéndose por lo bajo de lo fácil que era picar a Hillary.

Dentro del castillo se le pasó el susto prácticamente por completo: al fin y al cabo, ya no veía la altura ni el terreno escarpado, y en su lugar ante él tenía unas majestuosas paredes medievales perfectamente conservadas que hicieron que se le iluminaran los ojos y apretara más la mano de su novia. Le encantaba descubrir cosas con ella, y les quedaban tantas... bueno, ella ya conocía el sitio, pero él no. Le valía. Escuchó con atención y la ilusión del niño que en el fondo seguía siendo al fantasma que les hablaba, y frunció los labios conteniendo una sonrisilla cuando dijo que nada de clérigos ni de personas de la realeza. Solo esperaba que a ninguno se le ocurriera sacar a relucir todos los títulos nobiliarios de los que Marcus hacía gala tanto en sí mismo como en su novia cada vez que le convenía. No se dio el caso, por suerte.

Si algo se le daba bien a Marcus O'Donnell eran las normas. Asintió a todas y cada una de las advertencias de sir Laferrac y le siguieron por donde les conducía. - Qué pasada. - Le susurró a Alice, sonriente. Era otra forma de darle las gracias por llevarles allí (una vez más, primero había pasado miedo y luego se había alegrado, como le pasaba con las propuestas de Alice desde que la conoció). La llama que el hombre les mostró le dejó muy atento a su discurso y considerablemente sorprendido. En lo que él atendía, por supuesto, su novia fue por delante y tocó la llama, lo que le hizo contener un pequeño sobresalto en su interior. No le pasó nada, por fortuna, así que se animó él también y, con mucha más prudencia que ella, acercó lentamente la mano hasta la llama. Efectivamente, no quemaba. - Es increíble... - Murmuró, asombrado. Y en lo que él alucinaba, Alice hizo una pregunta que provocó que la mirara con los labios entreabiertos, y que acto seguido mirara al fantasma, ansiando una respuesta. Pero no se la dio. En su lugar, continuó con el tour, pero en lo que se trasladaban de sala se acercó a ella, susurrándole aún con los ojos muy abiertos como si siguiera tocando la llama. - ¿Y esa pregunta? - Se le escapó una risa impresionada, moviendo ligeramente la cabeza, mirándola con admiración. - Te besaría ahora mismo, pero no quiero protagonizar un escándalo medieval en tan sagrado lugar. - Rio levemente. - Pero en serio: podría serlo perfectamente. - Hizo una pausa, mirando al fondo del pasillo, y apenas segundos después determinó. - La encontraremos. - Ladeó una sonrisa y la miró. - Ya tenemos nuevo proyecto, Alice Gallia. - Se acercó a su oído y susurró. - Tu prefecto está muy contento de verte tan aplicada. Diez puntos para Ravenclaw. - Rio entre dientes de su propia broma y volvió a centrarse en la ruta que seguían. Estaban a punto de llegar a la nueva sala.




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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
El castillo de Montsegur podía ser sobrecogedor para cualquiera, y apreciaba el esfuerzo de Marcus por no entrar en pánico como Sean, así que le apretó la mano con cariño. Lo bueno es que sabía que el castillo en sí mismo le iba a encantar, porque era imponente y muy medieval, y su novio ponía en valor esas cosas. Verle admirarlo con los ojos brillantes y la ilusión de un niño, le hacía inmensamente feliz, y se reafirmaba en que aquellas vacaciones eran la mejor idea que había tenido.

Sabía que su novio no iba  dejar pasar lo de la llama blanca, aunque lo de sorprenderle así con la pregunta no había sido intencionado, le había salido del alma, o más bien del cerebro, de ese curioso cerebro suyo, que, efectivamente, compartía con Marcus. Sonrió y se encogió de hombros. — No se me ocurre otra forma de modificar la esencia de una llama, más que haciendo una transmutación ígnea, pero ni me imagino lo difícil que tiene que ser. — Y su sonrisa se amplió con lo de que la besaría. — Guárdatelo para más tarde y me lo cobro con intereses. — Dijo en voz bajita guiñándole un ojo. Asintió a lo de que lo descubrirían, con la ilusión de una niña a la que el prometen un plan guay. — Se nos acumulan los proyectos. No puedo esperar a empezar. — Ah, pero su novio tenía todavía algo que decir, en aquel susurro, y haciéndose el perfecto prefecto… Un escalofrío recorrió toda su espalda y le hizo poner ESA sonrisita. — Cuidado, prefecto, que estás empezando a jugar con fuego y nos queda todo el día por delante aún. — Advirtió. Que ella tenía autocontrol pero no tanto.

Por fin, llegaron a la sala de astronomía y se oyó un “guau” generalizado. En vez de ser azul oscuro como la mayoría de las salas de astronomía, era entera blanca con las constelaciones en dorado y los elementos arquitectónicos resaltados en dorado. La primera vez la vio casi le explota la cabeza incluso a ella por es trangresión del aspecto habitual. — Esta sala siempre despierta muchas suspicacias entre los visitantes. — Explicó sir Laferrac. — Pero es que los cátaros creíamos que el cielo era una cosa más que había iluminar, no literalmente, pero sí metafóricamente, pues en el cielo se hallaban todas las claves para descifrar el mundo debajo. Así fue como descubrimos que según la influencia de ciertas constelaciones se pueden conseguir magias diferentes, más poderosas en según qué aspectos… Por ejemplo… — Hizo un gesto con la mano y se apagaron las luces artificiales y solo quedaron las llamas blancas. En el techo, brillaba con luz dorada la constelación de Cáncer. — Hace tan solo cuatro días que la constelación dominante solar ha cambiado a Cáncer, por lo que los hechizos que mejor funcionaran son los de agua. — Y de repente, las paredes cambiaron y parecieron volverse acuáticas. como si estuvieran bajo el mar. Alice sabía que era un simple hechizo para sorprender a los turistas, probablemente del mismo cariz que el que le hizo ella a Marcus en el techo, pero no dejaba de sorprender (aunque le gustaba más cuando el efecto era aire y parecía que estabas en el cielo. — Y dentro de los hechizos acuáticos, habría que tener en cuenta la ascendente y la luna dominante a esa hora del día y según nuestra posición, y así es como los hechiceros cátaros consiguieron hechizos tan potentes que empezamos a ser perseguidos por la iglesia católica… Aunque nosotros mismos éramos católicos y solo creíamos estar desenterrando tesoros que Dios había puesto ahí para que llegáramos a ellos. — Alice sonrió y susurró a Marcus. — Eran Ravenclaws, sin duda. — Pero entonces, la expresión del fantasma se ensombreció. — Aquí es donde nuestra historia se pone trágica, queridos visitantes.

Siguieron a sir Laferrac por un pasillo que, como buena Ravenclaw que era, le dio un abismo en el estómago. Era un larguísimo corredor lleno de estanterías… Completamente vacías y calcinadas. — Este lugar ha sido creado para la visita, colocando en fila todas las estanterías para libros que había repartidas por todo el castillo para las diferentes salas de estudio… Y que fueron quemadas, con todos los textos cátaros, y los propios miembros de la religión, cuando el papa Inocencio III mandó incendiar el castillo de Montsegur. Como este era el último bastión cátaro, los que morimos aquí, libros y personas, fuimos el último reducto de ellos, y nuestro conocimiento, murió con nosotros. Afortunadamente, la comunidad mágica, en ramas como la Historia de la Magia y la Alquimia han podido ir recuperando pedazos de nosotros. — Podía ver la cara de Theo y Hillary, sintiéndose un poco incómodos allí, aunque sabían que sus amigos nunca les mirarían mal por su origen muggle. Pero a veces todos, magos y no magos, perdían un poco conciencia de por qué los magos eran tan recelosos del secreto de su magia. Y, tal como le pasó la primera vez que fue, notó como se instalaba un silencio respetuoso en aquel pasillo, antes de pasar a la siguiente sala.





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Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
Rio brevemente ante los comentarios de su novia, casi inaudible, comprobando que los demás estaban a lo suyo y no oían sus susurros. Se acercó a ella y dijo un poco más bajo. - ¿Un fuego del que quema... o del que solo alumbra? - Le guiñó un ojo. Si es que les encantaba provocarse el uno al otro, fuera cual fuera la circunstancia. De su mano, avanzaron hasta la sala astronómica.

La impresión que se llevó al entrar le dejó parado en la puerta, con los ojos y la boca muy abiertos. Tenía sentimientos encontrados: por un lado, le chocaba que su adorado color azul no estuviera engalanando la cosa más azul por excelencia que existía, que era el cielo, pero por otro, la vista era espectacular e impresionaba muchísimo. Además, tenía un por qué detrás, y a Marcus todo lo que tuviera un por qué le hacía escuchar. La explicación, de hecho, le hizo sacar el labio inferior y asentir con comprensión. Era una visión diferente pero indudablemente muy interesante. Estaba totalmente metido en aquello, con su cerebro a mil por hora, cuando a su alrededor, a la mención de la constelación de Cáncer, las paredes parecieron volverse de agua. - Wow. - Se le escapó, genuinamente impresionado, mirando a todo su alrededor. ¿Podían ir allí con cada cambio de constelación para ver qué aparecía? Aunque, hablando de aparecerse, la llegada... Se lo pensaría. Desde luego, desde allí dentro sentía que había merecido muchísimo la pena ir. Cuando tuviera que salir al exterior verían si seguía pensando lo mismo.

Sin dejar de mirar a su alrededor, impresionado, chasqueó la lengua y se cruzó de brazos ante la explicación del fantasma. - Es increíble cómo se ha envidiado siempre a quienes más sabían. - Se indignó en voz musitada hacia su novia. Si algo tenía Marcus claro es que el conocimiento era poder, y cada vez que hacían una cruzada contra la gente por su inteligencia se lo confirmaban. De hecho, lo siguiente que iban a mostrarle no solo reforzaba su teoría, sino que hacía crecer más su indignación e incluso su pena. Porque, tras la impresión positiva de la sala de astronomía, vieron algo sumamente impactante, y Marcus volvió a quedarse congelado en el sitio ante tal visión, aunque con unas sensaciones radicalmente diferentes. - Por Merlín... - Susurró espontáneamente, casi sin voz, mirando todo aquello con horror. Cerró los labios tras quedarse con estos entreabiertos durante toda la explicación del fantasma, tragando saliva y notando un nudo en la garganta... y una punzada de rabia.

¿Por qué los magos debían llevar toda la vida escondiéndose? Él no era, nunca lo había sido, clasista. Una de sus mejores amigas era hija de muggles, y Darren, su cuñado, también lo era, y él le había defendido a capa y espada ante cualquiera que se hubiera atrevido a decir algo de él, y seguiría haciéndolo. No podía decir lo mismo de los Horner, ni mucho menos. Cuando oía esas cosas... sentía bastante odio hacia los muggles. También le pasó en Roma. Y bajo ningún concepto pensaba... eso, de Hillary, ni de Theo, ni de sus familias, faltaría más. Eran muggles de otra época. Pero... pensaba ¿sabrán esos que están haciendo cola ahí fuera lo que están visitando? ¿Lo que nos hicieron aquí? Pues no, porque ni siquiera sabían que existían. Y eso... a veces, le molestaba. No era justo que fueran ellos quienes tuvieran que esconderse. Y normalmente vivía con ello, pero cuando veía ante sus ojos cómo habían quemado a sus antepasados solo por ser... como eran, y por conocer cosas, y habían arrasado con todo su conocimiento... La de cosas fantásticas que hoy podrían tener y no tenían por haber quedado reducidas a cenizas... eso le daba bastante rabia.

Se había quedado un silencio incómodo, y notaba la tensión, precisamente, de Hillary y Theo. No, sus amigos no tenían por qué sentirse así por lo que otros habían hecho, así que decidió romper un poco el hielo y decir con una sonrisa leve. - Por algo son mis materias favoritas. - En relación a la utilidad de la historia de la magia y la alquimia. Se seguía sintiendo tenso y sobrecogido, y no podía evitar mirar esas estanterías quemadas. ¿Cuántas cosas se perderían allí? Estaba seguro de que iba a quitarle el sueño esa noche.




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Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
La verdad es que el ambiente se quedaba rarísimo después de ver y oír aquello. Marcus tenía razón, siempre iban a por los inteligentes, a los que se animaban a conocer… Fueran del bando que fueran. — Galileo era muggle, hasta donde yo sé. — Dijo en medio del silencio. — Astrónomo, sí, pero sin poderes. — Todos se giraron hacia ella. — También fueron a por él. Y Veronés, que era pintor, y muy bueno, pero sus cuadros no se mueven, así que era muggle también, y también fueron a por él. Y un montón de muggles que solo sabían de hierbas y ni siquiera sabían hacer magia… — Se mordió el labio inferior. — El miedo es de los poderosos a no poseer un conocimiento superior, no a los magos. — Estrechó la mano de su amiga y le sonrió. — Para eso está sir Laferrac y el castillo, para recordarlo y no caer en los mismos errores. — André asintió. — Y a toda la gente que los reyes mandaron decapitar por pensar diferente… Claramente el problema está con los poderosos. — Eso pareció aliviar un poco el ambiente justo antes de llegar a la siguiente sala, y se alegró, porque esa sala les iba a encantar a Marcus y Hillary.

De hecho, su amiga se quedó parada mirando toda la sala con los ojos y la boca muy abiertos. — ¿Todo esto son… ? — Runas, bella dama. Runas vikingas, celtas, bretonas… Esto, queridos visitantes, es la sala del conocimiento. — Era una sala con paredes de piedra labrada a base de distintas runas, tintadas en negro, azul, morado y verde. Y en el centro había un trono de madera, también labrado con multitud de símbolos antiguos. — Este trono representaba para los cátaros el sumun del conocimiento, quien se sentara en él, ostentaría todo el conocimiento del mundo. Y por eso precisamente, lo tenían vetado para toda persona, nadie podía sentarse en él. — Los que no conocían la historia abrieron mucho los ojos, y Alice sonrió satisfecha, porque le encantaba aquella filosofía. — ¿Y para qué lo tenían entonces? — Preguntó Sean, rodeándolo. — Para recordar su aspiración, el conocimiento universal, pero recordando que, para ser alguien realmente sabio, hay que ser lo suficientemente humilde como para saber que siempre habrá algo más que conocer, que aprender, y nunca se debe dar por sentado que se sabe todo. — Contestó el fantasma, para a continuación pasearse por las paredes señalando. — Los cátaros tratamos de reunir todo el conocimiento mágico que hasta entonces estaba en nuestra mano, bien escaso si lo comparamos con los medios que gozáis hoy en día, pero veo que varias de vuestras mercedes conocen las runas. — Hillary y André asintieron, acercándose a la pared. — Eso es preanglosajón, ¿no? — Así es… — Comenzó sir Laferrac, y Alice quiso dejar espacio a los que sabían mientras paseaba por la estancia con los que habían pasado un poco de las runas.

En el fondo me gustan, es solo que requieren un tiempo que no tenía si quería unos buenos EXTASIS para ser enfermera. — Comentó Alice mientras daban vueltas a la sala, ojeando aquí y allá. — ¡Oh! Este símbolo lo conozco. — Dijo Marine señalando la pared. Sean y Alice se acercaron, y Theo y Jackie parecían estar aprovechando para hacerse y decirse moñerías. — ¿Qué es? — Preguntó ella. — Es un símbolo bretón que indica un portal. Los bretones usaban los círculos de piedra para viajar. — Alice resopló. — No me hables de ese asunto, que una vez casi la liamos Marcus y yo con eso. — Sean se rio y dijo. — Parece un círculo alquímico en verdad. — No, un círculo alquímico es esto. — Dijo ella señalando un poco más allá. — Si te das cuenta, el círculo tiene inscritas varias formas poligonales, y aquí en el portal… — Es un círculo. — Dijo Sean trazando con los dedos las líneas del símbolos. Casi ni le dio tiempo a entender que había pasado.

Durante una milésima de segundo, vio brillar la forma en la pared, pero la siguiente sensación, fue que el suelo desaparecía literalmente bajo sus pies y Sean gritaba. — ¡Alice! — Gritó Marine, tendiéndole la mano, pero la caída era tan libre, que la chica cayó arrastrada por ella. Parecía un tobogán de oscuridad interminable, porque se le hizo larguísima la caída. Y de hecho, mientras caía, solo podía pensar “Marcus se va a poner hecho una fiera con esto”. Finalmente cayeron sobre lo que claramente era un hechizo rebotador, que les hizo aterrizar con suavidad en una sala solo iluminada por llamas blancas. — ¿Estáis bien los dos? — ¿QUÉ ES ESTO? ¿DÓNDE ESTAMOS? ¿CÓMO VAMOS A SALIR DE AQUÍ? — Vale, Sean está bien. — ¿BIEN? ESTOY TREMENDAMENTE LEJOS DE ESTAR BIEN. — ¿Marine? — Sí, sí. — Contestó la chica levantándose y sacudiéndose los pantalones. Miró alrededor y señaló un pasillo. — Por ahí. — ¿Cómo por ahí? — Preguntó su amigo desesperado. — Sean, por algún sitio tendremos que salir, y yo creo que por ahí va a ser lo mejor. — Contestó la chica con tranquilidad. Ah, a Alice le gustaban las personas resolutivas y con iniciativa. — Vamos, hombre, no es tan grave. — Consoló a su amigo. — Ahora en seguida volvemos con los demás.





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Miró a su novia, atendiendo a sus palabras, y reflexionó sobre estas, mirando hacia arriba y ladeando la cabeza varias veces. A ver, la historia de las persecuciones a magos y brujas tenía muchas más páginas que la de persecuciones a muggles por parte de otros muggles... pero tenía razón. Era el conocimiento la clave de las persecuciones, por desgracias. La miró y sonrió levemente. - La sabiduría de una... - No, hemos dicho que nada de jerga nobiliaria en este sitio. - ...mujer sabia. - Un poco redundante, pero no era mentira.

La siguiente sala era absolutamente impresionante, igual o más que la anterior. Ni siquiera decía nada, solo admiraba las paredes, caminando despacio y boquiabierto junto a estas, mirando cada inscripción en la piedra. El nombre de la sala le hizo mirar al fantasma, notando como se le ponían los vellos de punta. "La sala del conocimiento". Definitivamente, su favorita de aquel lugar, y eso que solo llevaban dos vistas. Por supuesto, sus ojos se fueron hacia el trono, que parecía llamarle a sentarse como una fuerza poderosa, como un imán. Y claro, la explicación del fantasma le hizo entender por qué le resultaba tan sumamente atractivo, y las ganas de sentarse se hicieron aún más intensas... hasta que dijo que estaba vetado y por qué. Cerró los labios, que seguía teniéndolos entreabiertos, y agachó un tanto la cabeza casi con humildad y vergüenza. A veces pecaba precisamente de eso: de falta de humildad, y ahí era donde se demostraba que Marcus era muy inteligente, pero que Alice (que, por la expresión que puso, ya se conocía la historia) era más sabia que él. Marcus ansiaba más y más conocimientos y quería ser el que más supiera del mundo. Parecía estar escuchando la voz de su abuelo y de su padre en su cabeza... porque esa filosofía de la humildad eran ellos quienes se la transmitían. De su madre había aprendido muchas cosas, pero digamos que esa no era una de ella.

Enseguida se entusiasmaron con la identificación y lectura de runas. A Marcus le encantaba la historia y las lenguas, y Runas Antiguas había sido una de sus asignaturas favoritas en el colegio (puede que la profesora Handsgold tuviera un papel importante en dicha elección). Sonrió entusiasmado, acercándose junto con André y Hillary donde señalaba el fantasma, participando en dicha identificación. - Cuenta la leyenda... - Comenzó el hombre, después de que debatieran sobre el significado y origen de algunos escritos de la piedra. - ...Que hubo un alma que viajó de generación en generación, en la piel de muchos hombres diversos, y que siempre venía aquí a dejar su huella. Que entre estas inscripciones hay una clave, escrita en los diferentes idiomas que su portador, en sus distintas vidas, hablaba. Y que quien resuelva la clave... - Estaban muy entusiasmados con la historia, pero un estruendo les sacó automáticamente de la narración y les hizo sobresaltarse y girar la cabeza al lugar del que provenía el ruido.

- ¡ALICE! - Gritó, porque la había visto, había visto como desaparecía. Pero fue perderse en lo que parecía un agujero en el suelo que podría jurar que antes no estaba allí, y dicho agujero se cerró. - ¡¡ALICE!! - ¡¡SEAN!! ¿¿QUÉ HA PASADO?? - Al igual que él, Hillary había entrado en pánico inmediatamente también. André, sin embargo, parecía haberse quedado un tanto bloqueado, y Jackie y Theo se acercaron asustados a ellos, sin saber qué había ocurrido y dónde estaban los tres que faltaban. Marcus se había tirado al suelo y estaba dando golpes erráticos por donde creía que estaba el agujero. - ¡¡ALICE!! ¿¿QUÉ ES ESTO?? ¡¡AQUÍ HABÍA UNA COMPUERTA!! ¡¿ME OYES?! - Dudo mucho que le oiga a través de las paredes, joven caballero. - Inició el fantasma, pero ante la mirada asesina que le echó Marcus (que tampoco le serviría mucho a un fantasma, dicho fuera de paso), el hombre reculó. - Quiero decir, estas paredes son toscas y gruesas. Por mucho que gritéis... - ¿Dónde ha caído mi novia? - Preguntó con una voz que no dejaba pie en absoluto a rodeos ni historias medievales, solo a que su pregunta fuera respondida. - Aquí había un agujero en el suelo ahora mismo que se ha tragado a mi novia y a mis dos acompañantes. - ¡¡SEEEEEEEEEEAAAAAAAAAAAN!! - A Hillary tampoco le había convencido la teoría de que no se les pudiera escuchar a través de las paredes, y ahora sus gritos le taladraban el cerebro. Pero seguía esperando respuesta.

- Parece que sus compañeros han descubierto un portal... - ¿Qué portal? ¿Dónde está? - El fantasma parecía incómodo. De hecho, carraspeó. - Temo que mi código de honor me impida... - ¡¡A LA MIERDA SUS CÓDIGOS, OIGA!! - Bramó Hillary, poniéndose de pie, porque al igual que Marcus se había lanzado al suelo para intentar abrir el supuesto compartimento aunque fuera a porrazos. Se fue tan bravía hacia sir Laferrac que Theo y Jackie hicieron amago de ponerse delante por lo que pudiera pasar. - ¡¡YA NOS ESTÁ DICIENDO DÓNDE HAN IDO O...!! - Vale, vale, vamos a calmarnos. - Irrumpió André. Si bien parecía levemente agobiado, también estaba irritantemente calmado teniendo en cuenta las circunstancias en las que se encontraban. - Esto no es la primera vez que pasa ¿a que no? - Este castillo tiene siglos, por lo que es probable que dicha circunstancia... -  ¿¿¡¡TENÉIS ABIERTO AL PÚBLICO UN CASTILLO CON TRAMPAS!!?? - Hillary no iba a tardar en interrumpir la irritantemente normalizada conversación entre André y el fantasma. Sir Laferrac volvió a carraspear e intentó decir con tono cortés, sonando ridículamente antiguo. Ya no les hacía tanta gracia la ficcioncita. - Mi dama, si habéis oído mis anteriores palabras, bien sabréis que son muchas las leyendas que este lugar alberga y... - Hillary hizo otro amago de bramido, por lo que André se interpuso. - Lo que creo que sir Laferrac quiere decir... es que quizás deberíamos... leer estas runas para encontrar algo que... - ¿¿Perdón?? - Interrumpió Marcus, poniéndose él también de pie con muy mala cara, con un ceño muy fruncido y muy cuestionador. - Dudo que Alice, Sean y Marine hayan leido ninguna runa antes de caerse. Esto no es una pruebecita de acertijos. ¡¡No sabemos cómo están!! ¿¿Y si se han hecho daño al caer?? - Vale, chicos, André tiene razón. - Se aventuró Theo, con tono muy suave, acercándose lentamente a ellos. - Perdiendo la calma no vamos a conseguir nada. Quizás deberíamos escuchar, primero calmarnos y... - ¡MIRA, MATTHEWS! - Gritó Hillary, alteradísima. - NO ME VENGAS DE TERAPEUTA AHORA PORQUE NO ¿EH? - Me pierdo un poco entre vuestro lenguaje moderno. - Irrumpió el fantasma. Debía dar gracias de ser ya un fantasma, porque Marcus y Hillary lo querían matar.

- Si a vuestras mercedes les parece bien... Conozco este castillo como la palma de mi mano, mas hay secretos que no puedo desvelar. - Ya estaba Hillary mascullando. Lo dicho, de no estar muerto ya, no sale vivo de esa. - No obstante, hay rutas por las que podríamos encontrar a vuestros amigos si se siguen bien. Puedo acompañar a la parte del grupo que quiera recorrer conmigo estos pasillos, quizás a aquellos menos versados en lenguas antiguas. Los demás, puede que lleguen a desentrañar qué clase de magia ha activado el... - Hillary iba a gritar otra vez, pero Jackie se interpuso. - ¡Vale! Hagamos una cosa. Nos vamos Theo y yo con sir Laferrac, y André, Hillary y Marcus, que son los que saben de runas, se quedan aquí intentando adivinar qué ha pasado. Alguien encontrará a los demás. Y nos reunimos aquí de nuevo cuando lo hallemos ¿estamos? - No me parece una buena idea separarnos. - Dijo Marcus, con el corazón en la garganta. Por Dios, ¿dónde estaba Alice? ¿Estaría bien? Estaba empezando a entrar en pánico. - No tenemos opciones mejores. Cuantas más cosas probemos, mejor, no tiene sentido que nos quedemos todos en el mismo sitio, así que... - André dio una palmada en el aire y determinó. - Vamos al lío. - Rápidamente, Jackie y Theo salieron de la sala. Sir Laferrac tardó en reaccionar. - Oh, deduzco que eso fue un... No estoy versado en lenguas modernas. - Hillary y Marcus estaban mirándole mal otra vez. - Volveré con buenas nuevas. Por mi honor de caballero. - Dijo rápidamente antes de marcharse.




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Mar Oct 11, 2022 4:54 am por Ivanka


Que alumbra y no quema
Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
La verdad es que las antorchas iluminaban más de lo que se pudiera esperar, y, al no quemar, no consumían la madera donde estaban. — Es que qué genialidad… — Dijo en un susurró, acercándose a una de ellas y tocándola con suavidad. — ¡NO ME JODAS, ALICE! — El grito de Sean le sobresaltó y le hizo encogerse como si fuera una niña pequeña haciendo una travesura. — Estamos atrapados, ¿no puedes dejar la alquimia un maldito segundo? ¡Y DEJA DE TOCAR COSAS QUE ES LO QUE NOS HA METIDO EN ESTE LÍO! Sean, ¿siempre gritas tanto? — Cortó Marine, con su tono relajado y su dulce voz de siempre. Eso cohibió un poco al chico, que de repente parecía no saber qué hacer con las manos y con su persona mientras seguían caminando por el pasillo. — Ehm… Yo… Es que… Esto es muy estresante y peligroso. — Marine se giró con su mejor cara de madre comprensiva y dijo. — Pero hombre, Sean, no creerás que nos va a pasar nada. Esto pasa muy a menudo, es un castillo imbuido de magia, ya ves que cuentan tanto con ello que tienen hasta antorchas puestas aquí abajo… — Eso pareció tranquilizar a Sean, que en el estado en el que estaba, no iba a darle muchas vueltas a las cosas, aunque a Alice le preocupó más, porque tenía la sospecha de que aquella famosa llama de los cátaros podía estar encendida cientos de años, y a lo mejor en ese tiempo nadie había bajado, pero mejor quedarse con la visión de Marine.

¿Tenéis un plan o estamos andando a ciegas? — Volvió a la carga el chico. — He ido por el pasillo donde veía luz porque me parecía lo mejor. — Contestó la francesa con tranquilidad. — Pero admito sugerencias. — Alice asintió. — Vamos a llegar al final del pasillo y a ver qué hay ahí, y si no tenemos ninguna pista de cómo salir, sé volver a donde hemos caído. — Iba fijándose en las paredes y estaban llenas de signos de la cruz y otros símbolos cristianos que no conocía demasiado, solo de haberlos visto en algunos rituales o de cuando los mencionaba Fulcanelli, así que si le estaban dando una pista, no se estaba enterando.

Pensar en Fulcanelli le hizo pensar en su novio, y se le puso un nudito en el estómago. — El pobre Marcus estará atacado, parece que le estoy viendo la cara de “no deberíamos haber venido”. — Sean dio la callada por respuesta porque probablemente pensaba igual, pero Marine se rio. — Enseguida te recupera, y más ganas tendrá de verte. — Ella sonrió de medio lado. — André también estará preocupado por ti. — Dejó caer. Y sí, Sean, me parece un momento para sacar el tema, pensó agresivamente como si su amigo fuera Lex y pudiera leerle la mente. Marine, para variar en la vida, se rio. — No, André no se preocupa por nadie. En todo caso por ti, por si sus padres le echan la bronca por perderte, o por si Marcus le hechiza del síncope. — Alice frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir nada, Sean aportó. — Pues como a Hillary le haya dado por preocuparse casi prefiero quedarme aquí abajo. Y más cuando se entere de que he sido yo el que ha invocado la trampilla. — Ella se rio y negó con la cabeza. — Si quieres le decimos que he sido yo, de mí lo espera todo el mundo. — Eso hizo reír a Marine. — A veces André y tú os parecéis mucho. — Y ahí aprovechó para reenganchar el tema. — Pues sí. Y por eso creo que sí que se preocupa por ti, no te trata como a las demás. — La chica volvió a reír, mientras llegaban a una encrucijada, ignorando los caminos laterales y siguiendo de frente. — Será más fácil de recordar si seguimos rectos. — Aclaró, y luego la miró. — Yo también soy “las demás”, Alice. Todas somos “las demás”. — Ella negó. — No, contigo es diferente, te lo digo yo que le conozco y lo veo. — Marine volvió a reír y le apretó el brazo. — Chérie, no te ofendas, pero yo he pasado objetivamente muuuuchas más horas con él que tú, aunque sea tu primo, y te aseguro que yo no tengo nada de especial, más que os caigo mejor que el resto. Será porque veraneo aquí, o porque me río mucho… — Alice se apresuró a asegurar. — Porque eres genial. — Sean se puso a su altura y también aportó. — Eres un encanto, Marine. — La chica volvió a reír. — Gracias, petites, pero soy una más, como André para mí. Nos llevamos muy bien pero… A mí me gusta así. Mirad ahora, yo estoy más tranquila que vosotros, porque sé que André no está pasando un mal rato. Cuando me tenga que ir a Bretaña, o a trabajar a París, no lloraré ni se me romperá el corazón al separarme de él. Vivimos la vida con el presente y nada más, y, para nosotros, es la mejor vida. — Alice y Sean se miraron. Para dos Ravenclaws, incluso si uno de ellos era Sean, con sus inseguridades, eso de vivir al día y no pensar en el futuro, era inconcebible. — Mi tata vivía así y mira ahora… Se ha oficializado y todo. Y si el matrimonio homosexual fuera legal se casaría, te lo digo. — Marine sonrió y se encogió de hombros. — ¿Qué edad tiene tu tata? — No le digas que te lo he dicho, pero cuarenta y uno. — Marine le señaló. — Pues igual si llego a esa edad me lo pienso. — Eso le hizo reír. Incorregible, como André, si es que debían estar ciegos para no verlo.

Llegaron por fin a una sala circular con un gran cilindro en el centro, que parecía una tubería gigante. Espera, no lo parecía… — ¡Esto es el pozo del patio! Lo recuerdo. — Miró hacia arriba. — Estamos bajo el patio principal, esto debería ayudarnos a orientarnos. MUY ASTUTA, MI QUERIDA SEÑORA. — Dio un respingo y se giró. — Sir Laferrac, casi me mata del susto. No tanto como vos a vuestro enamorado, vive sin vivir en él y ¡oh! — Señaló a Sean. — Vuestra dama, caballero, menudo carácter, os esperan años interesantes a su lado, sin duda, se ha mostrado fiera por encontraros. — Eso le hizo contenerse una risa. — ¿Cómo habéis llegado aquí? — Preguntó Marine. — Los fantasmas podemos atravesar paredes. Ahora solo queda resolver cómo llegar de donde ellos se hallan a aquí, a ver si me acuerdo de llegar. Parto presto a dar las buenas nuevas de vuestro estado favorable. No os mováis hasta que os diga. — Alice suspiró y se sentó contra la vía del pozo. — Pues nada, a esperar. — Sean se sentó a su lado, parecía que estaba embobado. — Hillary poniéndolos a todos en solfa por mí… Pellízcame que debo estar soñando.





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Que alumbra y no quema
Con Alice y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
Cerró los ojos y soltó aire por la boca, con los brazos en jarra, tratando de relajarse. Hillary estaba dando vueltas de un lado para otro, y gritos, muchos gritos que Marcus escuchaba de fondo. André ya se había puesto en marcha con las runas, pero las idas y venidas de Hillary claramente no le dejaban concentrarse. - Vale, aquí... parece que pone... ¿Bruma? No... ¿Pluma? - O PUMA, O ESPUMA, O A SABER. - Gritó la otra, dando más y más vueltas con los brazos en alto. - ¡¡O NADA DE ESO, PORQUE ES OTRA LENGUA!! MIRA, ¡¡MIRA!! - Señaló. - ¿¿SABES LO QUE ES ESTE CARACTER?? PORQUE ESTO SIGNIFICA BR, PR, BL, RR... - Bueno, pues entonces es cuestión de ir combinando hasta que tenga sentido... - ¡¡HASTA MAÑANA POR LA MAÑANA PODEMOS ESTAR AQUÍ COMBINANDO HASTA QUE TENGA SENTIDO!! ¡Que no, André, que así no hay manera, que esto no va a ninguna parte...! - Y Marcus, de mientras, parado en mitad de la instancia, intentando regular su corazón y su respiración y ordenar su cerebro para que todo ese pensamiento a mil revoluciones fuera en una dirección resta y no empezara a descarrilar.

Estaba pensando. Intentándolo, al menos, con los gritos de Hillary de fondo y un André que cada vez estaba más cerca de perder la paciencia también. Se acercó al lugar en el que su novia y los demás habían desaparecido. Ahí no había trampilla alguna, por más que miraba... no veía nada que pareciera una compuerta. Tampoco estaba mirando con la mente muy fría: se notaba embotado, como metido en una pecera, con el corazón palpitando en las sientes, los dientes apretados y un temblor que trataba de guardar dentro de sí, porque si lo sacaba fuera le tiraría al suelo. Hablando de suelo... Pisó un par de veces con el pie, como si quisiera comprobar un hielo que no iba a romperse a su paso. Aquello estaba bastante duro, pero... Pisó más fuerte. Se agachó y puso la oreja, dando un par de golpes con el puño. Sonaba hueco. No demasiado hueco, pero no sonaba a la piedra maciza propia de un castillo. Habían caído por ahí.

- ¡¡POR DIOS QUE SE PODRÍAN HABER MATADO Y NOSOTROS AQUÍ PERDIENDO EL TIEMPO!! - Gritó Hillary fuera de sí, una vez más, y ya André se despegó de la pared en la que intentaba leer para enfrentarla. - ¡¿Y te parece más útil estar gritando?! ¡¡Vamos a intentar resolver esto aunque sea, joder!! - ¡¡QUE ESTO SOLO ES UNA COLECCIÓN DE PALABRAS SIN SENTIDO, QUE DE AQUÍ NO SACAMOS NAD...!! - Ey ey ey TÚ, ¿QUÉ HACES? - André se había dado cuenta a lo justo de las intenciones de Marcus, probablemente porque, tras echarle en cara a Hillary que gritando también se perdía el tiempo, su siguiente ataque iba a ser contra Marcus, que de cara a ellos dos debía estar sin hacer absolutamente nada. Y al mirarle, vio como este, con la mirada clavada en el suelo, de repente sacaba la varita y apuntaba. André le detuvo a tiempo, pero tan a lo justo que, justo cuando lo atrapó con ambos brazos, ya estaba saliendo un amago de hechizo de su varita que rebotó en un lugar indeterminado. - ¿¿Se puede saber qué coño pretendías hacer, Marcus?? - ¡Eso está hueco! ¡Han caído por ahí! - ¡¡Eso ya lo sabemos!! ¿¿Tu solución pasa por echar abajo el castillo o qué?? - ¡¡Pasa por saber de cuántos metros es la caída!! - Bramó, zafándose de los brazos de André y mirándole de frente. - ¿Y si estamos hablando de una caída de muchísimos metros? ¿¿Has visto la altura que tiene este castillo?? - Si hubieras roto el suelo, entonces te matas tu con ellos ¿no? ¿Es eso lo que estás diciendo? - ¡¡PUES MIRA, SI SE HA MATADO, PUES YA ESTÁ, ME DARÍA IGUAL MATARME YO TAMBIÉN!! - André bajó los brazos. - Tío, no se han matado. - Eso no lo sabem... - ¡Sí, sí lo sabemos! - Cortó André. Echó aire por la boca y les miró a ambos. Hillary se había quedado callada pero tenía los ojos enrojecidos del disgusto. - Vale, a ver... Solo se han perdido ¿vale? Vamos a enfocar esto... como esos juegos que tanto os gustan resolver. - Marcus no estaba nada convencido. De hecho, ni le devolvía la mirada.

Se generó una pausa hasta que André le puso una mano en el hombro. - No vas a dejar de agobiarte nunca, inglesito cobarde. - Le miró con los ojos entornados y al francés se le escapó una risita nerviosa. - Joder, qué miedo das cuando te pones así. - Le dio otra palmada en el hombro. - Va, Marcus. Están bien, solo se han perdido. Parece que nunca has leído sobre castillos medievales. - Algunos tienen bestias ocultas. - Créeme, si esto tuvo algún día una bestia oculta, como mucho van a ver sus huesos. ¡Este sitio tiene siglos, Marcus, ninguna bestia vive tanto! - Los dragones sí. - ¿Y van a tener un dragón encerrado en el subsuelo de un sitio que visitan los muggles? - La voz de André enfatizaba lo ridículo del planteamiento, y tras lanzarla rodó los ojos y suspiró. - Venga, que se supone que tú eres el listo del grupo. Vamos a resolver esto y a terminar con este drama de una vez. -

- Dejadme a mí las vikingas. Esas me ponen nerviosa. - Dijo Hillary con un movimiento despectivo de la mano, señalando donde estaba André, pero al girarse emitió un grito que sobresaltó a los otros dos. - ¡Perdone, perdone, mi hermosa dama! - JODER, ¿¿CÓMO APARECE ASÍ?? - Mi condición de fantasma me hace perder en ocasiones perspectiva de que no acostumbran los mortales a ver entes que atraviesan paredes. Temo que a la dama del caballero le he causado similar congoja con mi aparición. - ¿¿Alice está bien?? - Preguntó Marcus, abriendo mucho los ojos, porque entre tanta pompa había captado lo que le interesaba. Dio varias zancadas para acercarse a sir Lafarrec, que ya de por sí estaba un poco intimidado por Hillary. Alzó ambas manos. - Sanos y salvos los tres. - ¿¿Y dónde están?? - Atajó Hillary. Marcus tenía el corazón que se le salía del pecho, y una sensación de mareo por el alivio que trataba de gestionar para no perder información de lo que le decían. - Eso... es lo que intento saber. - ¿¿Pero no viene de verles?? - ¡Sí, pero el mapa de este castillo es intrincado! - ¡¡Creía que se lo conocía como la palma de su mano!! - Hillary estaba perdiendo los nervios otra vez. El fantasma estaba a punto de echarse a llorar. Empezaba a quedar ciertamente ridículo. - Mi bella dama, os ruego que no penséis de este humilde servidor... - Mejor vamos a abreviar. - Intervino André, porque Hillary iba a matarlo independientemente de que estuviera ya muerto.

- ¿Estaban los tres juntos? - Formando un pintoresco y unido equipo. - ¿Están heridos? - No me ha parecido verles como tal, caminaban y hablaban con ligereza. - El sitio donde están, ¿es peligroso o agobiante? - Un tanto oscuro, mas cubierto por nuestro preciado fuego eterno. - ¿Estrecho? - ¡En absoluto! Este castillo es inmenso en todas sus cavidades. - Vale, ya sabemos suficiente. - Concluyó André, volviéndose a la pared en la que estaba. Marcus arqueó una ceja. - ¿Sabemos suficiente? - Cuestionó. El francés, con total normalidad, confirmó. - Sabemos que están vivos, que no están heridos, que ellos mismos están buscando la salida y que no están atrapados en ninguna parte, ni bajo la amenaza de ninguna bestia ni en un lugar en el que se puedan quedar sin oxígeno. Ya es cuestión de encontrarles, así que... - Hizo un gesto con las manos y una sonrisita irónica y dijo. - Nos podemos tranquilizar. - Marcus echó aire por la boca. Bueno, él no estaría del todo tranquilo hasta que no viera a Alice, pero tendría que valer. - Ahora más le vale, sir Lafarrec, que no se pierdan también mi hermana y su enamorado. - Dijo eso último con tonito, en clara burla a los tres presentes. - ¡Oh! Buena idea, mi señor. Parto enseguida a comprobar que... no tengamos otro altercado por otra parte. Y a dar las buenas nuevas a ellos también. - Y se esfumó a través de una pared. André rodó los ojos y, mientras pasaba las manos por las inscripciones, murmuró. - Cuidado, a ver si los vas a pillar follando por un recoveco. - Las caras de Marcus y Hillary eran un poema. André chasqueó la lengua. - Es mi hermana, y el otro es un tranquiloide. No me extrañaría ni un pelo. - Les apremió con las manos y dijo. - Venga, a trabajar. Cuanto antes nos pongamos, antes terminamos. -




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Que alumbra y no quema
Con Marcus y toda la tropa| En Saint-Tropez | 26 de junio de 2002
¿Creéis que eso es síntoma de que me quiere? — Preguntó Sean, filosófico. Las chicas le miraron. — Es decir, parece haber aterrorizado a un fantasma preguntando por mí, ¿creéis que me quiere? — Yo ya creía que te quería sin necesidad de aterrorizar a nadie. — Dijo Marine sentándose a su otro lado. Alice se giró a su amigo y dijo. — Te lo ha explicado, Sean. — Su amigo chasqueó la lengua y entornó los ojos. — Vaaaale sí, Sean es tonto… — Alice suspiró y negó con la cabeza. — Pero no por lo que tú te crees. — Se giró de nuevo hacia él. — Eres tonto porque te empeñas en degradarte. Te has sorprendido y hasta sentido aliviado cuando sir Laferrac te ha dicho que Hillary estaba montando un escándalo por ti, y yo no lo he dudado un momento por Marcus. — Se encogió de hombros. — ¿Y cual es la diferencia? — Le preguntó. Sean la miró con cara de evidencia. — Que tú estás muy segura de que Marcus te ama. — ¿Y lo he estado siempre? — Sean cambió la cara y miró a Marine a través de ella. — Tú no te haces una idea de los añitos que han dado. — Eso hizo reír a la chica, pero Alice seguía mirándole con expresión astuta. — ¿Y cuál era la realidad? — Su amigo parecía ir entendiendo por dónde iba. — Que él estaba tan enamorado de ti como tú de él, o más. — Bueno más no. — Aclaró ella. — ¿Te has planteado que te esté pasando lo mismo? — Él la miró y al final suspiró y apoyó la cabeza en su hombro. — Solo espero que no esté enfadada conmigo. Ahora tengo más ganas de verla. — Marine aprovechó y se le apoyó en el otro. — Yo tengo hambre, ¿vale para suspirito también? Vale. De hecho, si tuviéramos a Marcus aquí, algo llevaría encima seguro: grajeas, chocolatinas, algún dulce de la feria del otro día…

Ya se le estaba contaminando el ánimo cuando oyó una voz que no sabía de dónde venía. — ¿Hola? ¿Sois ingleses? — Era el fantasma de una chica muy muy joven. Si no era como ella, debía ser incluso más joven. — Sí… ¿Quién eres? — Me llamo Lorene, soy de Calais, por eso hablo inglés. Encantada, Lorene, yo soy Alice. Mis amigos y yo nos hemos caído por una trampilla, ¿tú no sabrás cómo salir de aquí? — La chica les miró a los tres y dijo. — ¡Ay! ¿Os habéis caído desde la sala del trono? Pasa mucho. Bueno, a ver, habrá pasado unas cuantas veces en estos últimos ochocientos años años… Hay que deducir cómo abrir ese pasadizo. — Señaló un arco cegado. — Eso conecta con lo de arriba… Bueno también podríais intentar bajar por la montaña, pero apareceríais abajo del todo… Pero, sois magos, ¿no? — Ella asintió con una sonrisa. — Qué bonito, me encantaba la magia, aunque yo no lo era. ¿Eras cátara? — Preguntó Marine. La chica asintió. — Sí, pero yo no podía hacer magia. Mi prometido sí, pero tuvimos que separarnos, él se quedó en Puivert y yo… Perecí aquí. — Todos pusieron carita de pena. La chica era tan tan joven y se la veía tan triste al nombrar a su prometido. Suspiró y les miró. — ¿Os espera alguien arriba? — Sí… Mis primos y… Mi novio. — Y mi novia. — Aportó Sean rápidamente. — Puedo intentar encontrarlos. — Ya ha ido Sir Laferrac que estaba haciéndonos de guía. — La chica suspiró. — Sir Laferrac es harto despistado… Buscaré por el castillo a ver si les encuentro y puedo ayudarles un poco a deducir. — Muchísimas gracias, Lorene. — Y la chica desapareció también.

Era una niña cuando murió. — Murmuró Alice. — Es muy triste. — Convino Marine. — Aquí perecieron familias enteras, y probablemente no supiera que fueron los últimos… ¡ALICE! ¡SEAN! ¡MARINE! — ¿Eso era la voz de Jackie? Se acercó al lado de la pared por donde llegaba su voz. — ¿JACKIE? — ¿Estáis bien? — ¡Sí! ¿Dónde estáis? ¿Está Marcus? — Ahora mismo le aviso. Ha venido una chica a buscarnos, y nos ha dicho que por aquí había una antigua tubería, para tirar alimentos y agua desde el patio. Lo malo es que no cabemos. — Alice soltó un suspiró mientras oía a Lorene decir. — Podéis hablar vos también por aquí, caballero. — Gal, ¿estás bien? — Era Theo. Vaya, en qué andarían aquellos dos. — Estamos bien, pero Marcus debe estar histérico. — Tranquila, voy por él y… ¿Sean estás ahí? — Sí, sí. — Por Dios en cuanto llegue Hillary júrale que estás bien. — Los tres rieron. — Hecho. — ¿Angustias por encierro? ¿Os falta el aire? ¿Alguno ha tenido algún ataque de pánico? — Marine está bien a gusto, Sean siendo Sean y yo preocupada por Marcus pero bien. — Vale, quietos ahí, eh. — Lorene apareció a su lado de nuevo y susurró. — Ese no es vuestro prometido, ¿verdad? — Ella sonrió y negó. — No, no, es el novio de mi prima. Ah menos mal… — Suspiró la chica. — No quería romperle el corazón a ninguna mujer con una infidelidad. — Eso volvió a hacerles reír. — Alice, si no encontramos forma de bajar, hemos pensado que podemos encogeros y levitaros por la tubería hasta aquí. — Ella resopló. — Uf, tengo mala experiencia con eso, cuando me empequeñecí sin querer lo pasé muy mal… — Pensó en su Marcus hablando angustiado a la tubería. — Bueno, si no hay otra forma, lo intentaremos. Qué mal que no podamos aparecernos… — A ver si terminaba pronto aquello y podían retomar las vacaciones ideales. Y el tema de la llama blanca, que de verdad, la traía por la calle de la amargura.





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