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Sáb Abr 23, 2022 5:25 am por Freyja
Recuerdo del primer mensaje :




El pájaro en el espino
Marcus & Alice | Continuación Golden Shields | Inspired - Libros (Harry Potter Universe)
Estaba escrito. Marcus O’Donnell y Alice Gallia estaban predestinados a estar juntos desde antes de nacer, aunque las vicisitudes de la vida y sus familias, les impidieron conocerse hasta llegar a Hogwarts. Desde el primer día, en las barcas, sintieron esa conexión única que acabaría desembocando en la más bella historia de amor, pero hicieron falta siete años de idas y venidas, de heridas tan dolorosas como la pérdida de una madre o la apertura de secretos familiares que podían traer un terremoto a la vida de todo el mundo, para que acabaran juntos y felices.

Marcus es el primogénito adorado de la importante familia O’Donnell. Criado entre eruditos y con una familia unida, recto, prefecto durante tres cursos completos en Hogwarts, amante de las normas y con una inteligencia privilegiada. Nada haría augurar que acabaría entregando su corazón a Alice Gallia, otra mente brillante de Ravenclaw, pero proveniente de una familia con un pasado turbulento por parte de su madre en América, y mucho menos fan de las normas e inherente al caos. Pero ellos se adoran, las familias han recuperado el vínculo y se apoyan y la alianza O’Donnell-Gallia es un fuerte vínculo que va desde Irlanda a La Provenza.

Juntos fueron los mejores alumnos de Hogwarts, juntos quieren comerse el mundo y ser alquimistas. Ahora saben que se aman y que quieren estar juntos, pero no todo puede ser tan fácil. Les quedan mucho años de estudio y trabajo por delante para llegar a ser quienes quieren ser, las situaciones familiares no son las ideales y aún quedan temas sin resolver.

La historia de Marcus y Alice no podía acabarse al salir de Hogwarts, queda mucha alquimia, mundo que recorrer, momentos felices, dramas y mucha mucha alquimia y magia, que es para los que ambos nacieron. Además, aún no se han cumplido las dos profecías: queda una boda con mucho espino blanco y la creación de un nido… La última página está muy lejos de ser escrita.

Marcus O'Donnell
Alquimista | Timotheé Chalamet | Freyja
Alice Gallia
Alquimista y enfermera | Kaya Scodelario | Ivanka




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Última edición por Freyja el Jue Oct 13, 2022 4:57 am, editado 6 veces


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Miér Nov 23, 2022 12:55 pm por Freyja


The lenguage of facts
Con Alice | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
Su madre apremió lo suficiente para que Aaron fuera a recoger sus cosas, tras lo cual la mujer fue a convocar un patronus que Marcus intuyó que sería a su padre, aunque viniendo de Emma O'Donnell y su ejército de contactos, cualquiera sabía. La situación que quedó tras ella fue considerablemente tensa, porque Marcus tenía la barbilla alzada con dignidad, como si Ethan no estuviera, y Alice estaba considerablemente enfadada y se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por no ladrarle a Ethan. Esfuerzo que el chico pareció ignorar al hablar con ella. Marcus le miró con considerable altanería, con los ojos entornados y sin bajar la barbilla. La conversación duró poco hasta que Alice dijo que no podía lidiar con eso ahora. Demasiado le había dicho. Aaron volvió y Alice directamente se fue con Emma, sin despedirse siquiera. Marcus iba a limitarse al mínimo gesto de cortesía, pero Ethan tiró su último cartucho. - Marcus... - ¿Podría ser la primera vez que le llamaba con sinceridad? Se le veía verdaderamente agobiado. - Te juro que no sabía nada... - Si mi pareja tuviera en su mano que un niño de doce años pudiera volver con su familia en vez de vivir con unos torturadores, no habría árbol en el que le permitiera esconderse. - Arqueó una ceja, sin quitar la soberbia de su mirada. - Y permíteme que dude que estés más enamorado que yo. - En otras palabras: si Marcus podía exigírselo a Alice, Ethan podía exigírselo al que todos los presentes sabían que solo era el último de sus ligues. Con un gesto de la cabeza, dio la despedida por zanjada y se fue con los demás.

Cuando apareció en su jardín se dio cuenta de que el patronus no era para su padre, tal y como había temido, sino para un hombre que no conocía de nada y que ahora estaba en su casa. Se hubiera tensado más si no fuera por la naturalidad (e incluso familiaridad) con la que le recibió su madre. Edward Rylance, había sido uno de los primeros nombres que su madre le había puesto ayer sobre la mesa, el abogado de la familia. No era la primera vez que oía ese nombre en su casa, si bien no había reparado en él demasiado, y por supuesto no le había puesto cara. Era joven, por lo que cuando él era pequeño probablemente no hubiera empezado a ejercer todavía, o quizás aún no había llegado a la posición actual. Le estrechó la mano y le saludó con cortesía. - Un placer. - Y algo le decía que ese hombre iba a estar más presente en su vida a partir de ahora.

Volvieron a la mesa del comedor, que parecía el centro de operaciones en los últimos días. El hombre parecía preparadísimo en el caso, por un momento Marcus pensó que sabía incluso más que él de los Gallia y los Van Der Luyden... lo confirmó oyéndole hablar. Se mantuvo en silencio, asintiendo a toda la conversación con todos los sentidos más activados que en toda su vida. Todo eran datos situacionales hasta que el propio Aaron poco menos que reconoció que su padre se dedicaba a "estirar los límites de la legalidad". Soltó aire por la nariz. No había confiado en Aaron en ningún momento, y su fuga y el hecho de que ahora les estuviera ayudando debía haber conseguido que disminuyera su hostilidad con él... pero no podía, simplemente no podía. No podía estar reconciliado con nadie que viniera de esa familia, ni que tuviera la corrupción tan cerca. Y quizás estaba siendo muy cerrado, él mismo provenía de una familia con la que no comulgaba en todo. Pero le costaba.

Aunque su respuesta siguiente podía haber ayudado. "Absoluto terror". Marcus miró a Aaron. Menuda condena vivir así... pero, si tanto temían a sus abuelos, si su madre apreciaba a Janet como alguna que otra vez Aaron había insinuado, ¿por qué no huyó ella también? Seguía sin convencerle. Lo que era innegable es que Aaron estaba soltando mucha información sobre su familia sin titubear y, aparentemente, sin mentir ni soltar medias verdades. Sin embargo, Marcus sentía que nada de eso daba muchas pistas sobre el caso de Dylan en concreto, no le veía la luz al asunto y eso le hacía estar tenso. Miró de reojo al abogado. Le transmitía confianza, y era concienzudo y preciso... pero no veía a dónde podían llegar con esa información. Se precipitó, porque algo debió hacer click en la cabeza del hombre, que alzó la mirada hacia su madre y confirmó que debían empezar por el MACUSA. Marcus pasó la mirada por los dos adultos. ¿Quería decir que había un vacío en el Ministerio Americano que podrían aprovechar en su favor? Pero ¿y la representante del MACUSA que se plantó en casa de los Gallia? Iba a necesitar la información más mascada para enterarse, y eso le perturbaba. Marcus no estaba acostumbrado a no enterarse de las cosas a la primera.

El otro órdago del abogado era usar a los padres de Aaron, y por primera vez Marcus estuvo de acuerdo con el Gryffindor: no veía buen camino ahí. Lucy ya había traicionado a Janet una vez, ¿qué no haría con ellos, que ni eran su familia, que ni siquiera le conocían? Por no hablar de que el propio Aaron había confirmado que su padre no era trigo limpio, que estaba metido en más de un asunto de cuestionable legalidad. Marcus ya había bajado la mirada con una mueca de sonrisa irónica en el rostro, resignado, esperando otra vía de escape porque esa no la veía factible, cuando oyó a su madre hablar. - Hay una cosa, Aaron, que algunas de las personas sentadas a esta mesa saben más que bien. - El chico la miró, con ojos asustados. Emma clavaba la mirada en él y, tras una de sus clásicas pausas, dijo. - Con el corazón no es suficiente. - La mujer arqueó una ceja. - Hay que usar la cabeza, Aaron. Y se puede, créeme. No hagamos a todos los Ravenclaw presentes tener que explicarnos cómo se usa la cabeza. - Dijo con media sonrisa, pero que nadie pensara que a su madre le había dado un arrebato de humor. Emma no decía ninguna palabra en balde.

Giró levemente el cuerpo hacia él para mirarle más de frente y Marcus casi pudo sentir el escalofrío del chico. - Sé de primera mano lo difícil que puede llegar a ser enfrentarse a tu propia familia. Tú lo has hecho como lo hizo tu tía Janet en su día: de manera pasional, llevado por el miedo y por el deseo a una vida mejor. Por tu derecho a una vida mejor. - Vio como Emma tomaba la mano de Alice pero no dejaba de mirar a Aaron. Tras otra pausa, añadió. - La valentía de Janet hizo que mi familia sea hoy lo que es. - Marcus bajó la mirada, porque se notó un fuerte nudo en la garganta y los ojos humedecer. Y quería mantenerse firme y sereno. - Pero toda decisión en nuestra vida tiene consecuencias positivas y negativas. Gracias a lo que Janet hizo, Alice está hoy aquí, en mi casa. Quizás haber hecho las cosas de otra forma habría impedido o retrasado todo esto... pero quizás también hubiera prevenido que nos veamos en esta situación. - Se encogió levemente de hombros. - No lo sabremos nunca y, en última instancia, no nos interesa. No es sobre el pasado sobre lo que estamos trabajando, sino sobre el presente. - Soltó a Alice y volvió a entrelazar las manos sobre el regazo. - Aaron, hay medios legales, serenos y, sobre todo, lícitos, para poder desmontar toda esa farsa y ese reino del terror en el que tu madre y tú, y Dylan ahora, os veis obligados a vivir. Solo hay que usar la cabeza, la sensatez... y la información, de manera adecuada. - Miró entonces Rylance a Aaron, entrelazando las manos con tranquilidad sobre la mesa. - No puedo asegurarte que tengamos toda la información necesaria, pero hemos conseguido muchísima en apenas setenta y dos horas. A cada minuto que pasa conseguimos más datos, no tardaremos en llegar hasta el núcleo mismo del MACUSA. Y a nivel legal... - El hombre se removió ligeramente, pero no perdía ni por un asomo su semblante sereno. - Siempre se premia más la colaboración. Siempre. - Marcus volvió a alzar la barbilla y miró a Aaron. Atajarle por el honor y el valor era buena idea, pero atajarle por el miedo... puede que fuera una idea aún mejor.

El chico estaba visiblemente nervioso, moviendo la pierna bajo la mesa y jugando con los dedos entre sus manos, con la mirada baja. - No... no tengo muy buena relación con mi padre, y ni digamos con el resto de mi familia... pero mi madre... mi madre no tiene la culpa, ella... estoy convencido de que no sabe nada de esto. - Le vio tragar saliva y notaba su mirada temblorosa, suplicante, cuando alzó la mirada hacia Emma y el abogado. - No puedo llegar después de haber desaparecido de esta forma y amenazarla. Eso... lo que he hecho no está bien, y si encima entro así... me da igual si me echan de mi familia, pero... - Precisamente es lo que está bien lo que va a marcar la diferencia. - Se animó entonces a hablar Marcus, por fin, después de tanto rato callado. Pero las palabras le salían del alma. - Yo también sé lo difícil que es enfrentarte a tu familia, asumir que tus principios y los suyos no son iguales. Pero es precisamente aquí, en la diferencia entre lo que tú sabes que está bien y lo que no, donde residen las decisiones correctas. O al menos... aquellas que te vayan a dejar tranquilo con tu conciencia. - Negó levemente, mirándole. - A mí, mi conciencia no me permite consentir ciertas cosas... tú sabrás lo que haces con la tuya. -




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Miér Nov 23, 2022 2:33 pm por Ivanka


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Con Marcus | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
Alice había permanecido casi todo el tiempo con la mirada gacha, simplemente esucachondo, tratando de asimilar que, le gustara o no, esa gente de la que Aaron hablaba así era de su sangre, era su familia, por mucho que ella no quisiera saber nada de ellos. Existían, e ignorarlos era parte del problema que les había llevado hasta ahí. Pero cuando Emma dijo aquella frase, levantó la mirada, anegada en lágrimas. Cuántas vueltas le había dado a esa frase, y qué mal la había entendido al principio. Tragó saliva y asintió. Sí, así tal cual era, había que usar la cabeza y usarla bien, y aunque su corazón ahora le gritara que saliera corriendo a por su hermano y le cortara el brazo a cualquier Van Der Luyden que intentara arrebatárselo, ese no era el camino, porque acabaría en desgracia.

Inspiró con admiración cuando dijo lo de la familia. Emma podría haber sido tu madre perfectamente. Pero plantó cara, y te aseguro que sus consecuencias ha sufrido, pensó, para que la oyera Aaron, que la miró de reojo pero mantuvo bien la compostura. Se mordió los labios cuando habló de la valentía de su madre y cómo hoy eran una familia. Su madre hubiera sido feliz viéndola con Marcus, de haber tenido más tiempo, habría recuperado totalmente a Emma, ahora Dylan habría crecido en una familia feliz… Pero como Emma decía, no merecía la pena pensar en lo que pudo haber sido. Lo que era, era, con sus aciertos y errores, y tendrían que vivir y sobrevivir con ambos. No obstante, oír hablar con tanta claridad a Emma sobre los medios lícitos y legales, siempre era un consuelo en aquella vorágine de caos y emociones a flor de piel. Solo podía asentir dándole la razón. No había más que ver lo que habían conseguido en setenta y dos horas, si seguía por ese camino y con el contacto de Aaron, podrían llegar al centro mismo de aquella maldita familia.

Iba a saltar a lo que había dicho Aaron sobre amenazar a su madre, pero Marcus habló primero, y, no es que se hubiera olvidado de su novio, pero oírle hablar así, fue como un soplo de aire fresco en un cuarto oscuro y cerrado. Orgullosa, aunque siguiera abatida, bajó la mano por debajo de la mesa y agarró la de su novio, transmitiéndole su cariño, que seguía allí, escuchándole, amándole, aunque ahora estuviera en un pozo. Luego levantó la vista hacia Aaron. — Como ha dicho Marcus, es una cuestión de conciencia. Mira, Aaron, entiendo que te has criado con ellos, pero lo de amenazar es cosa suya. Ni yo, ni nadie de mi familia te pediría nunca que amenazaras a nadie por nosotros. Tu madre te quiere, igual que quería a la mía, solo necesitamos que le hagas ver que estas de nuestra parte, no de la de ellos. Y que ella puede estarlo también. — Aaron suspiró y negó con la cabeza. — Yo no sé nada del MACUSA, Alice, no sé qué puedo hacer… — De entrada, conseguir un contacto dentro, con su madre. — Aclaró Rylance. — ¿Con qué frecuencia habla con ella? — Aaron negó con la cabeza. — Desde que me negué a volver en Pascua no le he escrito, por si acaso. No sabe nada de mí. Debe estar muerta de miedo, pero no se atreverá a decirlo. — Eso la hizo suspirar. ¿Cómo podía complicarse todo tanto? — Señorita Gallia. — La llamó el abogado. — Parece que la opción obvia pasa por viajar a Estados Unidos. — Se inclinó sobre la mesa y la miró con su expresión tranquila y aséptica. — Las acusaciones sobre su padre se basan en pruebas circunstanciales y relativamente fáciles de desmontar, pero parece que hay algún motivo por el que los Van Der Luyden querían borrar a su madre de la ecuación familiar o bien, controlar a alguno de sus herederos. Desde aquí no se puede hacer mucho más. Por no hablar de que, si ellos renunciaran a poseer la custodia, usted es mayor de edad, así que podría reclamarla de inmediato. — Ella asintió y luego miró a Emma. — Entonces… ¿Tenemos que ir a América? — Emma Alzó las cejas, claramente con pesar y asintió. — Preferiría que no tuvieras que hacerlo, pero eso parece. Esto está demasiado lejos, y aquí tenemos contactos, pero todos los contactos que podamos usar, van a ser más útiles allí. — Rylance señaló a Aaron. — Por supuesto, señor McGrath, usted también viajaría con el representante de los Gallia, bajo la protección de todos nosotros. — Aaron negó, claramente muerto de miedo. — Pero en el momento en el que pisemos América estamos perdidos. Tienen orejas y ojos por todas partes, todo el mundo en las altas esferas sabe quién soy, y Alice es igual que su madre, no tardarán en descubrir quiénes somos y avisarles de que estamos allí. — Rylance negó. — Ni siquiera ellos pueden tocarle ni un solo pelo a una ciudadana británica sin provocar un revuelo que no les conviene para nada. — Ya, pero yo no soy ciudadano británico. — Recalcó, más tenso. — Bueno, eso puede arreglarse antes del viaje, ¿verdad, Edward? — El abogado suspiró un poco pero asintió. — Sí, se hará todo lo rápido que se pueda. — Dijo con tono cauteloso. Luego volvió a mirarle a ella. — Señorita Gallia, no tienen nada contra usted. Nada firme. Olvídese de prejuicios personales y moralidades. Ante un tribunal de menores, usted es tan adecuada para cuidar de su hermano como cualquier otra persona de su familia, y siempre prima que el entorno del menor no cambie, además de que sus preferencias contarán también. — ¿Y lo del encubrimiento? — Rylance negó. — Usted estaba en Hogwarts, y apenas si vio a su padre en vacaciones. Es una medida cautelar, pero es absurda. El problema es que los Van Der Luyden tienen buena mano en la justicia y son rápidos, y saben que ahora que se han llevado a su hermano es más difícil que lo devuelvan antes de un juicio. Si hubiéramos sabido con un poco más de tiempo… — Emma carraspeó. Claramente no quería que Rylance echara más piedras en el tejado de su padre. Bueno, ese tejado estaba ya hundido de todas formas.

Rylance recogió los papeles. — Señor McGrath, necesito que eche un vistazo a ciertas documentaciones que tengo en mi poder sobre su familia, mapas, posesiones, nóminas, testimonios… En fin, un buen legajo de información. Así que tendrá que acompañarme al despacho, si es tan amable. Espera, Edward. — Dijo Emma, haciéndole un gesto con la mano. — Me gustaría que viniera a casa de los Gallia con nosotros. — Alice la miró con cara de terror. ¿Cómo que casa de los Gallia? ¿Quiénes eran nosotros? ¿Ella incluida? Emma debió detectar su agobio, porque habló con un tono mucho más dulce y tranquilizador. — Alice, en algún momento tenemos que sentarnos todos juntos y empezar a tomar medidas. No podemos seguir teniéndoos uno a cada lado del muro. Hay que hacer un plan de acción, juntos. Hay que hablar del viaje a América y organizarse. — Alice se mordió las mejillas pero no dijo nada. ¿Qué iba a decir? Si es que no decía nada en los últimos días, solo dejaba a los demás hacer. — Quiero que vayamos todos juntos. Quiero que conozcan a Aaron y sepan quién es, para dejarnos de una vez de secretos. Y quiero que vengas tú también, Edward, haces falta para convencer de todos los aspectos legales. — La cara del abogado fue de quien en realidad quiere gritar “¿PERO YO POR QUÉ? ¿QUÉ HE HECHO?”. No le arrendaba la ganancia, con lo tranquilo y ordenadito que parecía, lidiar con su familia aquellos días tenía que haber sido una tortura. Aaron también parecía bastante paralizado y ella suspiró, levantándose. — Tranquilo. Están desquiciados por lo que ha pasado, pero no son como los tuyos. No te voy a negar que a lo mejor oyes gritos y reproches, pero en fin, nada grave. — Se frotó los ojos y tomó aire. — ¿Hay que hacer algo más aquí? — Preguntó. Emma negó. — Pues vamos. Cuanto antes empecemos antes terminaremos. — Cogió la mano de Marcus y salieron al jardín, donde se ofreció a aparecer ella a Marcus y que Emma solo tuviera que llevar a Aaron, que bastante había cargado entre una cosa y otra en el día de hoy. — A casa de los abuelos, ¿no? — Emma asintió, y los cinco se dirigieron allí.

Nada más aparecieron en el jardín, su abuelo salió por la puerta de la casa. — ¡Alice! ¡Alice, hija! No sabíamos cómo estabas ni nada. — Se le notaba casi sin aliento y tenía malísima cara. Ella le abrazó y se hundió un poco en su pecho, como una niña pequeña. — Lo sé, abuelo. Ya estoy aquí. Se lo han llevado, hija. ¿Cómo pueden ser tan crueles? No puedo creerlo. ¿Cómo pudieron querer hacer daño a tu madre, que era la mujer más buena del mundo y ahora se llevan a nuestro patito? — Y claro, ya rompieron los dos a llorar, si es que ya lo sabía ella. Y aun así, se había sorprendido de verlo tan mal. Acarició la espalda de su abuelo y se separó. — Venga, vamos dentro, que vamos a hablar de cosas que nos pueden ayudar a traerle de vuelta, ¿vale? — Y se dirigieron hacia la casa.

A la puerta, salió su tía Violet y también corrió hacia ella, estrechándola. — Por Dios, qué cara traes. Pobrecita mía, no quiero pensar lo que han sido estas horas. — Se había enfadado un poco con su tía por, para variar, no estar cuando todo había ocurrido, pero, a decir verdad, ya se le había pasado, simplemente no tenía ganas de manifestar nada. — ¿Quieres que nos quedemos aquí y hablemos un poquito antes de entrar? ¿De papá? — Vivi suspiró y asintió. — Sí, de papá. — Alice miró a Marcus y soltó su mano por primera vez desde que salieran de casa. — Pasad vosotros. Yo voy ahora… — Vivi frunció el ceño y miró a Aaron, confusa, porque claro, algo en él se le hacía familiar, pero antes de que preguntara, Alice aclaró. — Es Aaron McGrath, es… Sobrino de mamá. Ahora te lo explico. — Dejó un beso en la mano de Marcus y dijo. — Entrad, de verdad, ahora voy yo. — Porque dentro quedaban memé y su padre, las dos personas con las que no quería lidiar, y bueno, la pobre Erin, que menudo marrón le había caído encima. Estaría bien si Marcus y Emma templaban los ánimos y neutralizaban un poco todos los sentimientos Gallia antes de que ella entrara y comenzara la auténtica tormenta.






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Jue Nov 24, 2022 3:55 am por Freyja


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Con Alice | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
No pudo evitar devolverle una sonrisa leve a Alice cuando notó cómo agarraba su mano. Tenía la sensación de llevar sin sonreír años... Estaban tan metidos en aquella situación que sus habituales gestos de cariño habían quedado en un segundo plano. Echaba de menos cómo era la vida hacía tan solo tres días, pero ahora tenían una situación que afrontar y, cuanto antes la resolvieran, antes volverían a ser los de hacía tres días.

Sin conocer de nada a Lucy McGrath no podía dejar de alucinar con su postura en la vida: desde que Janet se fue había renunciado a saber nada de ella, ni de sus hijos, ni por supuesto se planteó venir a su funeral. Y ahora que el fugado era su hijo, ¿había tirado la toalla también con él? Se guardó de ser demasiado expresivo pero su actitud le parecía cuanto menos cuestionable. Igualmente, hubo algo que le ayudó bastante a dejar de pensar en su indignación: la decisión del abogado de que había que ir a América. Ahí sí que no pudo evitar mirarle con los ojos muy abiertos. Ciertamente... tenía sentido, pero no por ello dejaba de asustar. Aquello era prácticamente en la boca del lobo... pero, ciertamente, no es como que pudieran hacer mucho más desde donde estaban.

Asintió espontáneamente a lo de que Alice podía reclamar la custodia. Esa no dejaba de antojársele la opción más viable en todo aquel asunto, y a medida que el abogado lo narraba más asentía. Alice llevaba cuidando de Dylan desde que su madre murió, incluso en la distancia, él lo había visto mejor que nadie, y no tenían absolutamente nada contra ella. Ahora quedaba la parte difícil: ir a América. Iban a tener que enseñar muy bien a William para que pudiera ir allí, ahora Marcus estaba seguro de que iba a estar tan destrozado que no sabría ni por dónde empezar... Quizás Violet sería mejor opción, aunque no sabía si del todo diplomática. El comentario de su madre, sin embargo, le hizo mirar a Aaron casi con advertencia. Él iría con el representante de los Gallia. Ya se encargaría Marcus de advertir a esa persona sobre McGrath, y a este más le valía comportarse.

Se ahorró de nuevo la expresión de sorpresa por la rapidez con la que su madre solicitó que hicieran a Aaron ciudadano británico y este dijo que no habría problemas. No pudo contenerla, sin embargo, cuando su madre dijo que se trasladaban todos en aquel momento a casa de los Gallia. Con "casa de los Gallia" intuía que se refería a la de Helena y Robert, y allí estarían... probablemente, todos. Los abuelos, William, Arnold y quizás hasta Violet y Erin. Marcus sintió un escalofrío. Encima, se llevaban a Aaron con ellos. Se frotó la cara, echando aire por la nariz. Aquello podía generar una tormenta dentro de esa casa, Alice seguía muy sensible, imaginaba que todos estarían muy nerviosos, Aaron estaba muerto de miedo y su presencia iba a sentar fatal. A ver cómo lo hacían para contener esas aguas. No le extrañaba que el abogado se hubiera quedado pálido solo de imaginarse el percal. Y porque no conoces a Helena y a Violet, si no, estarías peor.

Alice tomó su mano y se dirigieron sin más dilación hacia su destino. El escalofrío que había sentido cuando su madre dijo de trasladarse allí pareció gritarle "y por esto he salido" nada más aparecerse en el jardín de los Gallia. Tragó saliva y miró la casa con tristeza. De repente se sintió como cuando aterrizaron allí por el funeral de Janet, teniendo que entrar en una casa llena de familiares pasando uno de los peores momentos de su vida, y sintiéndose absolutamente inútil. Aquella casa... se le antojaba un lugar en el que habían vivido momentos muy tristes. Un cambio muy grande debía producirse en ella, algo muy bueno tenía que pasar, para que la percibiera de otra manera.

Robert fue el primero que salió a recibirles y Marcus le vio más destrozado que nunca, lo que le hizo tragar saliva para aliviar el fuerte nudo que se había generado en su garganta. ¿Cómo habría estado su abuelo Larry si a él...? Mejor no lo pensaba. Alice, a pesar de dejarse abrazar por su abuelo, no soltaba su mano, y por supuesto que Marcus no pensaba soltarla a ella. Cuando Robert deshizo el abrazo, Marcus le sonrió con tristeza y también le abrazó. - Hijo... tu madre es una santa. - Podía jurar que era la primera vez que escuchaba a alguien referirse así a su madre, pero lo cierto y verdad es que no le extrañaba que la estuvieran percibiendo así. Se estaba dejando la piel por recuperar a Dylan. Se dirigieron a la casa y de esta salió Violet, que corrió a abrazar a Alice. Su novia seguía sin soltar su mano y a Marcus empezaba a dolerle el pecho. Él no iba a soltarla bajo ningún concepto, pero esa manera de aferrarse a él... Alice estaba muerta de miedo. No quería entrar en esa casa, y eso le partía el alma.

Pero cuando Violet le sugirió a hablar, su novia le miró y le soltó. Marcus entendió la señal. Con un leve gesto de la cabeza, le dedicó una sonrisa cálida a Alice y le dijo. - Voy entrando yo. - En otras palabras: voy calmando las aguas yo para cuando entres tú. Sabía que Alice lo entendería, y él haría lo posible. Miró a Violet con esa misma sonrisa leve y vio como esta simplemente movía los labios para pronunciar un "gracias". Con un gesto de la cabeza, se dirigió al interior de la casa, y no fue el único. Su madre, Aaron y Edward Rylance entraron con él.

Sintió frío solo al cruzar el umbral de la puerta. Los recuerdos del funeral eran demasiado vívidos como para que, en el ambiente que se respiraba ahora, no acudieran a su cabeza y erizaran todos los vellos de su piel. La imagen en el salón era, de hecho, de auténtico funeral. - Emma. Marcus. - Si el alivio pudiera definirse de alguna forma, la máxima expresión había sido ese suspiro y esa leve sonrisa de Erin al pronunciar sus nombres, que la hicieron levantarse de su sitio y dedicarles la mirada de quien ve a personas que quiere muchísimo a parecer por la puerta por primera vez desde hace cincuenta años. Marcus sonrió a su tía y su impulso fue ir a abrazarla, pero instintivamente, desde la puerta, echó una visual por la estancia: Erin estaba sentada en una silla al lado del sofá en el que se encontraba William, con los codos apoyados en las rodillas y las manos cubriendo un rostro absolutamente demacrado que dejó ver, como aturdido e ido, cuando ellos entraron por la puerta. Parecía estar procesando si conocía a las personas que acababan de entrar detrás de un mano de tristeza que dolía solo de verlo. Su padre estaba en otra silla, frente a William, al otro lado de una mesita de té, y a su lado tenía una silla vacía en la que probablemente hubiera estado Robert sentado minutos antes. Violet probablemente estaría en el hueco de sofá que quedaba entre William y Erin. En el otro lado del hombre, también en el sofá, estaba Helena. Su semblante también era preocupado, pero sobre todo parecía alerta y tensa, y pasaba un brazo por encima del hombro de su hijo como si temiera que se lo llevaran a él también. La mirada que les echó fue de desconfianza absoluta, sobre todo cuando reparó en Aaron. De hecho, Marcus estaba bastante seguro de que hubiera empezado a ladrarles... si no fuera porque él mismo tiró de instinto y se adelantó a sus movimientos.

A pesar de sus ganas de abrazar a Erin, se dirigió a paso rápido hacia William y se arrodilló en el suelo, frente a él. El hombre le miraba como si realmente estuviera ido. - William. - Le susurró, buscándole la mirada. Notaba la tensión de Helena a su lado, pero Marcus necesitaba hablar con él. - William, ¿cómo estás? - El hombre parpadeó, con los ojos húmedos. - Marcus... - Le devolvió una sonrisa leve. Vale, al menos le había reconocido... pero el llamarle pareció ser como si rompiera un hielo o un estado de letargo en el que llevaba días sumido, porque pareció empezar a derrumbarse. - Marcus... ¿cómo he podido...? - No le dejó continuar, le dio un fuerte abrazo desde su sitio y el hombre se abrazó a él con fuerza. - William, vamos a traer a Dylan. Estoy contigo, estamos todos los O'Donnell contigo. Te lo prometo. - ¿Dónde está mi Alice? Alice me odia... Hijo, dime la verdad. - Marcus se separó y le miró. - Está muy asustada, y cansada, estos días están siendo muy duros. Solo está muy tensa, William, no sabe qué hacer... - No va a querer verme más. - No, no. Yo no voy a permitir eso. Solo necesita que se le pase. Ya lo verás. - El hombre asintió y volvió a bajar la cabeza, y Marcus no quiso molestarle más.

Soltó aire por la boca y se levantó del suelo, pero notó que Helena le estaba mirando con los ojos llenos de lágrimas. De hecho, no le dejó ir a por su tía, se levantó y le abrazó con fuerza, dándole un montón de besos en la mejilla. - Ay, Marcus, mi niño, qué bueno eres. - Ah, claro. Madres Slytherin, qué le iban a contar a él. Helena estaba en modo protección absoluta de William, y al haber actuado así con su hijo debía de acabar de convertirse en lo más parecido a su persona favorita del mundo. Devolvió el abrazo a la mujer, que le apretaba con tanta fuerza como si llevaba siglos sin abrazar a nadie. - Qué mal lo estamos pasando, mi pobre Dylan, y mi hijo, cuánto estamos sufriendo. - Le soltó, agarrándole por los hombros, y le tocó la mejilla. - ¿Tú cómo estás, cielo? Tu abuela se fue con vosotros ¿verdad? ¿Y Lex, está bien? - Marcus asintió, y a esa última pregunta contestó mirando también a Erin, que sabía que tendría la misma duda. - Está con Darren. - Su tía asintió con una sonrisita muy leve y, de nuevo, aliviada. Estaba prácticamente pegada al brazo de su madre. Marcus volvió a mirar a Helena. - Estamos aquí para lo que haga falta, memé. - Y vuelta a llorar la mujer, y a abrazarle. De verdad que no le estaba haciendo por ganarse ningún mérito como tantas veces que hacía, le salía del corazón. Pero entre Slytherins uno perdía y ganaba medallas casi sin querer.

- ¿Quién es ese? - La reducción de las defensas de Helena había sido un espejismo que duró el tiempo en que tardó en llenar a Marcus de cariño, que tampoco fue mucho, no es que la señora Gallia fuera un derroche de amor. Tan pronto se soltó de su segundo abrazo clavó una inquisitiva mirada en Aaron, que se encogió en el acto. Marcus se dio cuenta de que Arnold se le había colocado al lado. Al fin y al cabo, eran los dos únicos sin atención de aquella sala, y su padre debió considerar que la entrada del chico no iba a ser bien recibida. - Es Aaron McGrath. Es sobrino de Janet por parte de los Van Der Luyden. - Dijo Emma, sin mucho preámbulo. Erin perdió el color de la piel, a pesar de su ya de por sí palidez, y William y Helena le miraron con un resorte. Robert estaba en la puerta del salón, en silencio, Marcus no sabía desde cuando, pero acababa de recabar en su presencia, y parecía no haber entendido la frase de su madre, o no quererla entender. - ¿De esa gente? - Preguntó Helena. Emma hizo un levísimo gesto con la mano. - Es importante que nos sentemos a hablar. Hay que poner muchas cartas sobre la mesa... - Hay que tener mucha desfachatez para entrar en nuestra casa... - Helena. - La detuvo Emma, porque la mujer parecía querer matar al chico y Aaron estaba a punto de echarse a llorar. - Vamos a hablar primero, ¿de acuerdo? - Su madre miró a Marcus y dijo. - Sería importante que estuviéramos presentes todos. - Voy yo a avisar a Alice y Violet. - Se ofreció Arnold, que salió presto del salón. Se generó un silencio incómodo.

Marcus aprovechó para acercarse a Erin. - Hola, sobrino. - Le dijo ella en un susurro, como si no quisiera perturbar el ambiente, dedicándole una leve sonrisa. Marcus le dio un beso en la mejilla. - ¿Cómo estás? - Ante la pregunta, la mujer se encogió de hombros, con los ojos brillantes de tristeza. Ya... así estaban todos. Espontáneamente, ambos miraron a Aaron. Aaron les estaba mirando a ellos también. Ven, pensó, y el chico pareció tratar de disimular la sorpresa que le había causado que Marcus le hablara mediante el pensamiento. Vio como tragaba saliva, pasaba una mirada temblorosa por un salón que tenía todos los ojos excepto los de Emma y el abogado clavados en él y se acercó a ellos dos con pasos prudentes. Marcus miró a ninguna parte, con la cabeza alta y las manos agarradas ante el regazo, en un gesto que le hacía parecer una réplica de su madre. Yo me siento enfrente tuya. Estoy seguro de que prefieres tenerme a mí enfrente en la mesa, ¿me equivoco? Por la vista periférica vio como Aaron tragaba saliva y bajaba la cabeza. Bien, mucho mejor.




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Jue Nov 24, 2022 8:47 am por Ivanka


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Con Marcus | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
¿Sobrino de tu madre? — Preguntó la tata, alucinada, en cuanto se quedaron solas. Ella procedió a hacerle un resumen parecido al que le había hecho a Emma, mientras su tía la miraba con los ojos como platos. — ¿Te estaban espiando en Hogwarts y no nos dijiste nada? — Bueno, es que ya te he dicho que no me estaba espiando realmente, y yo le creo. En fin, a mi madre le pasó exactamente lo mismo con ellos… Y aquí se ha quedado, es que vamos, hace una hora estaba escondido en la corteza de un árbol, con eso te lo digo todo. — Su tía suspiró y miró para dentro. — Ya, en verdad pobre chico… Es que… Es oír Van Der Luyden y me dan escalofríos… — Sí, conozco la sensación. — Dijo con pesar.

Se quedó con la tata dando vueltas por el jardín delantero de los abuelos. El césped estaba agostado, amarillento, y su abuela ya no tenía muchas flores porque pasaba de cuidarlas. No era como que le ofreciera mucho aquel jardín para centrar su atención. — Si vas a intentar defender a mi padre como haces siempre, te advierto que esta vez no va a funcionar. — Decidió decir, para dejar clara su postura. Su tía rio un poco. — No, si nunca funciona… Ni cuando éramos pequeños. No soy capaz de no intentar sacarle del lío… Es mi hermano mayor y le adoro, solo quiero ahorrarle todo el sufrimiento que le pueda ahorrar. Y de momento voy fatal con ello. — Alice levantó la mirada, tragando saliva. — No me hables de lo que hacemos fatal con los hermanos, por favor. — Vivi avanzó hacia ella, suspirando y la agarró de los hombros. — Alice, no. Todo esto no es culpa tuya, nadie podía… ¿Cómo que nadie, tata? Esto lleva gestándose un años, pero todos, unos más que otros, hemos decidido ignorarlo. — Suspiró y negó con la cabeza. — Y el que más lo ha hecho es tu adorado hermano. Todo esto es su culpa, tata, y no vais a convencerme de lo contrario. Los demás asumiremos nuestra parte, pero ya está bien de protegerle. Todos. A mi nadie me protege, y por lo visto, a Dylan tampoco. — Su tía apretó los labios y, de repente, un sollozo se le escapó y sus ojos se desbordaron en lágrimas. — Lo siento, Alice. Lo siento tanto. — Se tapó la cara con las manos y siguió llorando. — Yo se lo dije a Molly, se lo dije, cuando murió tu madre, que yo no podía ser lo que vosotros necesitabais, y me dijo que no pasaba nada, que una se podía equivocar, pero nunca pensé que llegaríamos a esto. Lo siento… — Alice se acercó a ella y le quitó las manos de la cara. — Ha sido una cadena de errores. No te martirices tampoco. Solo os pido que dejéis de defender a mi padre, de verdad, solo eso. Estoy terriblemente cansada de justificarle.

Su tía la miró, sorbiendo y limpiándose las lágrimas. — Pero es que él te quiere tanto, Alice… Es que eres lo más importante que le queda, te necesita. — Alice negó con la cabeza. — No, tata, ahí está el error. Dylan le necesitaba. Yo le necesité durante un tiempo. Ya está bien. En lo que a mí respecta, hemos terminado. — Su tía negó. — No digas eso, por favor. No podemos romper esta familia, no podemos… — Yo no voy a romper nada. Él la ha roto. Él estiró demasiadas veces de la cuerda. No, tata, lo que se ha roto, lo ha roto él. No me carguéis a mí con las cosas como siempre. — Y estaba diciendo eso con un tono de oscura tranquilidad que ni ella misma reconocía pero que parecía haber adquirido aquellos días. Su tía acarició sus brazos. — Solo necesitamos dar con la forma de arreglar esto, darnos tiempo… — Y justo eso era lo que no tenían, porque allí apareció Arnold. — Vivi, Alice, tenéis que entrar. Vamos a hablar con el abogado. Un segundo, Arnold. — Su tía le hizo mirarla. — Dime que me perdonas, Alice, por favor. Sé que me he equivocado, que tendríamos que haber hecho algo más, indagar más… — Ella cogió las manos de su tía y la miró a la cara. — Ya está, tata. Sí, te perdono, si eso te hace más feliz, o te hace estar más tranquila. No soy Dios, tata, no tengo el poder de la indulgencia y de perdonar todo lo que has hecho mal, pero en lo que a mí respecta, todos nos equivocamos, así que no te preocupes por mí. — Pero Violet la estaba mirando más con miedo que con alivio. Bien, pues eso era todo lo que podía conceder en su estado, que se diera por satisfecha. Se dirigió hacia Arnold, y entraron en la casa.

Su abuela la miró desde la distancia. Por supuesto, tenía a su padre cogido como si fuera un tesoro hecho de porcelana, no esperaba menos y, por las caras, alguien había soltado ya la bomba sobre Aaron. — Alice… — Oyó la voz rota de su padre llamarla. Entornó los ojos hacia él, y casi se asustó de sí misma de pensar que, claro, ¿cómo iba a estar? Pues destrozado, pero no sentía pena, no podía sentirla. — Luego. — Dijo tajantemente, sin alzar la voz. — Ahora el señor Rylance tiene que hablar con nosotros. — Y su padre se quedó mirándola titubeante, mientras su abuela le conducía a sentarse con los demás. Por supuesto, ella ni le dirigió la palabra, y no esperaba menos, si no saludaba a su adorado hijo, no iba a recibir saludo, pero es que a esas alturas no podía importarle menos.

Buscó a Marcus rápidamente y se sentó a su lado, pegada a él, a su tacto, como si fuera pleno invierno y él el fuego que le diera cobijo. Y justo en ese momento, su padre afiló los ojos y pareció entender. — Eres el hijo de Lucy. Claro, solo eres un poco mayor que Alice… Yo… conocí a tu madre en Nueva York… — Aaron estaba mirando a su padre como si fuera un animal de zoo que te da pena por estar tristemente enjaulado pero a la vez sabes que descontrolado podría matarte. — Es… Tan… Raro. Es… ¿Cómo has llegado aquí? Me escapé de ellos. Bueno, más concretamente me mandaron a Hogwarts a espiar a Alice. — Su abuela soltó un bufido-carcajada sarcástico. — Pero nunca fue mi intención, y menos después de conocerla. Mandaba reportes vagos, y cuando en Pascua me exigieron volver, yo no lo hice. Nunca había sabido como escapar de ellos, pero les odio, nos han hecho la vida imposible a mi madre y a mí. A mí más. Por ser legeremante y homosexual. — Se oyeron varios gritos ahogados en la sala. No, desde luego que Aaron era único dando noticias. — ¿Y pretendéis que nos fiemos de él así como si nada? — Preguntó su abuela. Por fin se dignó a mirarla. — ¿Te lo has creído de verdad? ¿Y ahora encima lo traes a casa? — Es la verdad, memé. — Dijo simple y llanamente. — Prácticamente ha habido que arrastrarlo aquí porque tiene tanto miedo a su familia que simplemente estaba huyendo donde nadie pudiera encontrarlo. Como hizo mamá en su día. — Helena rio y negó con la cabeza. — No, no, esto es bien distinto. A tu madre nadie la mandó a espiarnos… — ¡Pero no lo hice! ¿Por qué nadie me cree aquí? He sufrido tanto por su culpa como Janet en su día, solo he intentado lo mismo. — Está difícil creernos nada que venga de los Van Der Luyden. Pero el chico tiene razón, tiene tanto contra ellos como nosotros. — Intervino su tía de repente, cruzándose de brazos. — Exactamente. Aaron es nuestra arma más poderosa contra ellos. — Emma acababa de dar la razón a su tía, y el desconcierto entre los presentes era tal que nadie dijo nada más. Bueno, excepto su abuela, que tras unos segundos de silencio solo aportó. — Pues si esa es nuestra arma sí que estamos peor de lo que pensaba. — No, no es la única, y aquí el señor Rylance, nuestro abogado, os va a explicar lo que tenemos que hacer a continuación.

Al contexto de Rylance no atendió mucho, porque estaba demasiado metida en sí misma. Sentía el corazón latir muy fuerte, y un abismo en el estómago de saber que estaba enfrentándose a la familia, a gente con mucho carácter y mucho que decir, pero ella tenía clarísima su postura y lo que tenía que hacer. — Por lo tanto, la solución pasa por que un miembro de la familia vaya a América, al MACUSA, y entre en contacto con la gente que conocía a Janet, que la ayudaron a escapar, y, gracias al señor McGrath, podremos localizar a más gente que este en su contra, con el objetivo de demostrar lo que le hicieron a la difunta señora Gallia y que no son adecuados para cuidar de Dylan. — Y, en un gesto muy típico de su familia, se miraron entre todos como preguntándose “¿y quién será ese que va a ir a América a hacer todo eso?” y ella tenía una respuesta muy clara.

Yo iré a Nueva York. — Todos se giraron hacia ella, incluso su familia política y Aaron. — Alice, ¿qué tontería estás diciendo? Eres una niña y no tienes ni idea de… — ¿De qué, memé? — Preguntó tranquilamente. Se hizo un silencio y la señaló con la mano suavemente. — Dime, memé, ¿de qué no tengo idea? De más que tú de entrada, que no te has enterado de la condición de tu hijo hasta que ha sido demasiado tarde. — No te consiento que me hables así, Alice. — La que está alterada eres tú, no yo. Yo soy la que ha cuidado de Dylan todo este tiempo. — No te atreverás a decir que… — Mimarle y jugar con él no es cuidar, memé. Yo le he explicado el mundo, todo lo que no entendía, yo he dejado de lado mi felicidad por protegerle. Igual no me ha salido como yo esperaba, pero al menos lo intenté. Yo soy la que ha tomado las decisiones, yo he mantenido la casa. — William es su padre. — ¡Un padre al que se lo han quitado! — Y ahí sí subió un poco el tono de voz, así que volvió a respirar para calmarse. — Haceos cuenta de una vez de cómo son las cosas. Cuando Dylan vuelva será bajo MI tutela. — Alice, hija. — Trató de intervenir Robert. — William es vuestro padre… — Ella levantó la mano para que no siguiera argumentando. — A William ya se le han dado muchas oportunidades de ser padre. Ya está bien de hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos. Lo voy a hacer con vuestra ayuda o sin ella, preferiría que fuera con ella. Tiene razón. — Esa voz no se la esperaba, pero Emma siempre era igual de tajante. — Es inteligente, mayor de edad, conoce mejor que ninguno de nosotros a Aaron y ha criado a Dylan. Ya no tiene que volver a Hogwarts, este, ahora mismo, es su deber más grande. — Alice y ella se miraron. — Tienes el apoyo de los O’Donnell, Alice. — Sí, claramente ambas habían llegado a la misma conclusión. Ahora se sentía, de hecho, poderosa y llena de energía. Solo tenía un miedo. Apretó la mano de su novio y le miró. — No quiero dejarte aquí. Pero te juro que volveré cuanto antes con Dylan. Y llevaremos a cabo todos nuestros planes.






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Dom Nov 27, 2022 3:54 pm por Freyja


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Con Alice | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
Su padre tardó unos minutos en volver con Alice y Violet, y el ambiente dentro de la casa era considerablemente tenso. Helena había vuelto a sentarse junto a William y a agarrarle, mirando con desconfianza a Aaron. Marcus se limitó a esperar de pie junto a su madre, adoptando inconscientemente una pose muy parecida a la de ella que no era consciente de que le salía tan natural. Erin se había quedado de pie con ellos, pero estaba más retraída, y de tanto en cuando miraba a Aaron como si le temiera. El chico, por su parte, tenía una muy evidente expresión de querer que se lo tragara la tierra. Si Marcus estaba incómodo, no podía imaginarse cómo estaría él. Claro que Marcus nunca habría consentido llegara a semejante situación, así que...

Había mantenido la esperanza de que Alice se ablandara al ver a su padre destrozado... no fue así, y desde luego que eso tenía mal pronóstico. Marcus estaba convencido de que Alice no se enfadaría con William definitivamente, eso simplemente no podía ser. La familia tenía que estar unida, más en esas circunstancias, lo habían tenido muy claro esos días. Solo... estaba enfadada. Pero él la conocía bien. Hasta que no sintiera que tenía el asunto más controlado, no miraría otra cosa, pero Alice adoraba a su padre y tenía un corazón enorme, ¿cómo no iba a reconciliarse con él? Se sentaron juntos en la mesa y, como le anunció a Aaron, se colocó frente a él, dejando la palabra a quienes debían hablar. Al fin y al cabo, su posición en esa casa había pasado a ser parecida a la de su padre: de apoyo moral.

Bajó la cabeza y parpadeó, sorprendido de hasta dónde podía llegar la insensatez de Aaron. ¿De verdad le parecía lo más oportuno soltar así que le habían enviado a espiar a Alice, aparte de detalles privados de su vida, cuando acababan de conocerle y en las circunstancias que estaban? En fin. Por supuesto, Helena se puso a la defensiva en el acto, y Marcus simplemente miró a ninguna parte, con la cabeza alta. Es que no podía culparla, él tampoco se fiaba y le conocía desde hacía meses y ya había perdido la cuenta de las veces que había escuchado ese discursito. Alice intentó defenderle y, a la primera pregunta que Helena hizo empezó a lloriquear de una forma que le pareció no solo lamentable, sino fuera de lugar. De verdad que no pudo evitar rodar exageradamente los ojos, hasta movió la cabeza. Aún le quedaba para llegar al nivel de contención de su madre. - Es verdad que no hay pruebas de que haya dado datos concretos sobre los Gallia, el señor Rylance nos lo puede confirmar. - Dijo. - No obstante. - Miró a Aaron con ojos afilados. - En estos momentos es comprensible que todos estemos tensos. - Así que deja de hacerte el mártir, pensó, y si le escuchaba, que le escuchase.

Al menos ya dieron por fin paso al señor Rylance, que esperaba prudentemente a que se le concediera la palabra. Se aclaró levemente la garganta y comenzó a poner a los Gallia al día, tras lo cual puso sobre la mesa las opciones que tenían... que no eran muchas, básicamente se reducían a que alguien fuera a América, y ya una vez con el representante allí podrían hacer cosas diferentes. Una vez soltada la bomba, Marcus miró a los presentes. Todos parecían impactados, como era lógico. En vistas de como estaban, seguía pensando que quizás la mejor opción fuera Violet... pero no le dio tiempo a sopesarlo mucho, porque ya hubo alguien que se ofreció voluntaria.

Y no alguien cualquiera. Miró a Alice súbitamente y, tras un par de segundos en los que sintió que se había quedado sin cerebro, porque no era capaz de pensar nada, resucitó para preguntarse a sí mismo cómo podía haber sido tan tonto de no haberse visto eso venir. Alice siempre había sido la más sensata de su familia a pesar de ser la más pequeña sin contar a Dylan, y por supuesto no podía estar aquí de brazos cruzados sin saber qué estaba ocurriendo con su hermano, por no hablar de que conocía su carácter. Evidentemente que se iba a ofrecer... y, a pesar del pánico que le atacó de repente y la opresión que sintió en el pecho de imaginarse a Alice allí... solo necesitó parpadear un par de veces, mirándola, para tenerlo claro: era la persona que debía ir. No tenía duda de que nadie lo haría mejor que ella. Y no era lo único que tenía claro.

Pero guardó silencio, porque el ofrecimiento de Alice había destapado un fuego cruzado en el que no le parecía lo más inteligente meterse. Estaba escuchando con la cabeza respetuosamente agachada, pero el bramido de Alice hablando de William le hizo tensarse tanto que tuvo que contener un sobresalto. Se quedó en su posición solo que mucho más rígido, y discretamente movió los ojos hacia William para comprobar cómo podía haberle afectado al hombre ese comentario, pero seguía pareciendo entre desolado e ido. Pero la que habló entonces fue su madre, y ahí sí que alzó la cabeza. "Tienes el apoyo de los O'Donnell, Alice", tras un discurso que podía secundar palabra por palabra. Se sentía sereno y firme para tomar la decisión que pensaba tomar, y quizás él no contaba con esos apoyos, pero tenía que intentarlo al menos. Y si no lo conseguía, igualmente apoyaría a Alice a como diera lugar. Su novia, en cambio, se adelantó antes de que pudiera hablar.

La miró con serenidad, dejándola terminar, sin inmutar la expresión. Cuando la chica acabó, con mucha tranquilidad, dijo. - No vas a dejarme aquí, Alice. - La miraba a los ojos, sereno frente al silencio generado a su alrededor. - Yo voy contigo. - El silencio se hizo diferente y notaba todos los ojos encima. Sintió a su padre removerse levemente en su asiento. - A ver... - Se aclaró la garganta y, con prudencia, por no iniciar una discusión marital ante tantas personas, miró a su madre. - Yo... podría pedir una excedencia en el trabajo. Puedo acompañar a Alice, o puedo acompañar a Violet, por ejemplo. - Marcus se mojó los labios. Entendía que su padre solo quería protegerles, pero no iba a llegar a ninguna parte. Esa decisión estaba más que tomada, la parte de Alice al menos, solo necesitaba que su madre diera el beneplácito a la suya. - Violet es mucho más útil aquí, moviendo los contactos de los Gallia y siendo nuestro nexo de unión para lo que necesitemos hacer. - Argumentó su madre. Su padre volvió a removerse, incómodo, buscando las palabras. - Pero... - Le vio mirar a Aaron de reojo. - Sé que son adultos, pero acaban de iniciarse en el mundo. Lo digo por ellos, quizás necesitarían... protección. Son personas peligrosas, no sé hasta qué punto es... prudente, enviar a tres chicos de dieciocho años en busca de un niño de doce. - La representante de los Gallia será Alice, e irá con Aaron a América. - Y, ahí, su madre le miró a él y confirmó. - Y Marcus irá con ella. - Sentía a todos tensos, pero sobre todo a su padre. Ambos eran muy educados pero Marcus estaba viendo claramente lo que estaba pasando: tenían opiniones totalmente opuestas en eso.

- Arnold, necesitamos un representante de los O'Donnell en América... - Puedo ir yo, insisto, creo que... - Va a ir Marcus, Arnold. Tú tienes que estar aquí. - Arnold se rascó la barba. Parecía que le estaba oyendo pensar: "¿de verdad vamos a enviar a la boca del lobo a nuestro hijo?" Como si se lo hubiera leído en la mente, contestó Emma por él. - Alguien tiene que quedarse en esta casa haciendo de soporte emocional. - Yo no me voy a mover del lado de mi hijo. - Dijo Helena, que claramente se había sentido ofendida por la necesidad de tener un sustento emocional ajeno a la familia para sobrevivir. Robert suspiró e intervino, casi sin voz. - Helena, Arnold nos viene muy bien aquí. Ya sabes que William con él se relaja... y yo no puedo más, Helena... - A Marcus le partía el corazón, el hombre estaba realmente destrozado. Emma retomó. - Marcus no puede desempeñar ese papel, Arnold, y tú lo sabes. - ¿Y puede hacer el otro? - Yo me encargaré personalmente de prepararle para ello. - Les miró. - Os vais a ir, pero ni que decir tiene que no os iréis mañana ni pasado, y eso sí que no admite discusión. Debemos prepararnos muy bien, cuando os vayáis, no volveréis hasta que no sea con Dylan de vuestra mano, por lo que lo tenemos que tener todo muy bien atado. No podemos dar un paso en falso. - Esto es un disparate. - Se indignó Helena de nuevo, mirando a Emma ofendida e incluso desesperada. - Mi nieto está con una familia maltratadora, no es el momento de viajes románticos de adolescente. - Puedo asegurarte, Helena, que Marcus y Alice no están pensando precisamente en un viaje romántico, por la cuenta que les trae. No lo consentiría si intuyera que es su intención. - Zanjó Emma, que empezaba a tensarse, y Marcus vio que Helena iba a replicar pero se arriesgó a intervenir, girándose hacia ella. - Sé que estás muy asustada. Todos lo estamos. - La mujer le miró con menos suspicacia que al resto, pero con bastante igualmente. - Pero Dylan es mi hermano también, le quiero como si fuera familia mía porque lo es. - Los ojos de Helena se humedecieron, aunque seguía escuchándole con la mandíbula en tensión. Marcus siguió. - Como dice mi madre, no pienso poner un pie fuera de Inglaterra hasta que no me sienta bien seguro de lo que hago. Alice es la persona que mejor conoce a Dylan y que más informada está de esta situación, los dos conocemos a Aaron y es mejor... que venga con nosotros. - Miró al chico de reojo con helor, para que no se le ocurriera contradecirle, y volvió a mirar a Helena. - Y Alice va a estar mucho mejor si yo puedo estar con ella, dándole mi apoyo, como Erin está con Violet, o como mi padre está con vosotros. Helena, te lo prometo de corazón. No pensamos volver sin Dylan, así tengamos que poner patas arriba toda América. - Y con eso esperaba haberla dejado convencida. Porque la decisión, tanto por su parte como, sobre todo, por la de su madre, estaba más que tomada.




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Lun Nov 28, 2022 6:18 am por Ivanka


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Con Marcus | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
Cuando Marcus habló, levantó la vista y la clavó en él. Se había quedado sin palabras. Conocía a su novio, lo conocía como a sí misma, a veces mejor, y sabía cuándo había tomado una decisión, y suerte tratando de decirle lo contrario. De hecho, solo había una persona ante la que se achantara (y no del todo), pero antes de que esa persona hablara, Arnold expresó lo que ella creía que iba a expresar. Aun así, y contraviniendo la opinión de su marido como nunca le había visto hacerlo en público, Emma mantuvo su postura, y para máxima sorpresa de, estaba segura, todos los que estaban ahí, es que añadió que Marcus iría con ella. No se atrevía a decir ni una palabra, porque había sentido tanto alivio de oírle decir eso, que temía romperlo. Ella nunca le pediría a Marca que hiciera algo tan peligroso y duro, pero si él se había ofrecido y Emma creía que era lo más prudente… Eso le daba una seguridad que no se comparaba a nada.

Y además, su suegra tenía mucha pero que mucha razón, Arnold hacía falta ahí, porque claramente los Gallia necesitaban alguien de autoridad para poner cabeza y, a la vista estaba, ella no era nadie de autoridad para su propia familia, y su abuela tampoco, por mucho que quisiera. Eso sí, oír hablar así a su abuelo le partió el corazón, porque lo veía roto como nunca lo había estado. Lo que también la estaba dejando sin palabras era la reacción de Arnold, llevándole abiertamente la contraria a Emma en público, y empezaba a temer haber provocado una pelea en ese matrimonio. Pero ella lo veía claro desde luego: les iban a preparar, iban a ir juntos y traerían a Dylan de vuelta. Puesto así, de plano como hacía Emma, no había duda posible, desde luego. Pero, claro, su abuela ya tenía que intervenir, siempre haciéndola de menos, y aunque Emma volvió a sacarles la cara, ella empezaba a cansarse. Marcus, demostrando que era mucho más maduro de lo que su abuela concedía crédito, y siempre tan correcto. Apretó su mano para demostrarle de nuevo que secundaba y agradecía todo lo que estaba diciendo pero, cuando terminó, se puso en pie y los miró. — Estoy muy cansada de tener que demostrar cosas en esta familia. Muy cansada. Llevo desde los catorce años intentando que esto no se desmorone, buscando uan versión perfecta de mí que no existe, mientras vosotros os habéis permitido a vosotros mismos una cantidad inaceptable de errores, que nos han llevado a esta situación. — Miró directamente a su abuela. — No voy a consentir, memé, que tú precisamente, pongas en duda mis motivos y mis capacidades, porque no tienes ni idea de quién soy. ¿Crees que tú podrías hacerlo mejor? ¿Mi padre que es al que le han quitado a Dylan? ¿La tata, que ha pasado casi veinte años ignorando el asunto de los Van Der Luyden, como todos vosotros? — Ladeó la cabeza y achicó los ojos. — No, no tengáis cara de decirme nada. He levantado mi casa prácticamente sola, he tratado que mi padre no descarrilara en el peor de los caminos y he criado a mi hermano. No tengáis ahora la cara tan larga como para ponerme en duda. — No había levantado la voz, pero la amargura y el veneno estaban presentes en sus palabras, era innegable. — Alice, tu familia no… — Trató de empezar Arnold, pero alguien le interrumpió. — Tiene razón. — Era su tata, que tenía el mismo aspecto que una niña a la que han echado la bronca de su vida, mirando sus manos cruzadas encima de la mesa. — Hemos fracasado. Y la única que ha sabido tomar las riendas más de una vez ha sido ella. Probablemente, si cualquiera de nosotros fuera, la cagaría. Esos somos nosotros, e intentar negarlo es absurdo. — Helena soltó una de sus risas sarcásticas. — Así de crecida está, con todos dándole la razón como si fuera una adulta sabia. — Alice soltó una risa amarga en respuesta. — No tengo por qué pedirte permiso, memé, y no necesito tu bendición, y, sin embargo, voy a traerte al nieto que claramente te importa de vuelta. Quizá entonces empieces a valorar lo que tienes en casa. — Miró a su padre y le hizo un gesto con la cabeza. — Tengo que hablar contigo, pero no aquí. — Y se fue hacia la cocina, para poder cerrarse la puerta.

William la seguía como un perrillo apaleado y confuso, y ya podía ver las millones de disculpas quemarle en la boca, pero no las iba a dejar salir, tenía muy claro lo que iba a decirle. Cerró la puerta tras de él y levantó la mano y dijo. — He dicho que tengo que hablar contigo, no que vayamos a conversar. — Advirtió, en un tono frío como el hielo. — Tú y yo hemos acabado, papá. — Alice, hija… — Ya estaba llorando, pero ella levantó la mano de nuevo, deteniéndole y negando con la cabeza. — No lo intentes. No te rebajes así. Has pedido ya muchas disculpas en cuatro años, sin parar. Y yo te las he concedido porque creía que era procedente, pero ahora veo que solo he alimentado un error detrás de otro. He aguantado muchas cosas, te he disculpado por tu pena y tu dolor, que imagino, de verdad que me lo imagino, ha debido ser terrible. Pero también lo ha sido el mío, y el de tu hijo, y ninguno de nosotros ha cometido los crímenes que pretendías cometer tú, ni ha ido encadenando negligencias una detrás de otra sin consecuencias. Bien, la consecuencia está aquí. — Su padre lloraba desconsolado, y algo dentro de ella empezaba a romperse y quería abrazarle y decirle “papi, no llores”. Pero llevaba haciendo eso mismo desde que su madre murió. — Le prometí a mamá que cuidaría de ti y de Dylan. — Eso hizo que su padre llorara más fuerte y negara con la cabeza, dando vueltas sobre sí mismo. — Ahora he comprendido que una cosa es incompatible con la otra, porque no paras de arrastrarnos al pozo. Así que elijo a Dylan. Lo siento, lo he intentado todo, pero he llegado a mi límite. Alice, Alice, por favor, no hables así, Alice, yo… — Se acercó a ella y trató de agarrarla de los brazos. — No lo intentes. Arregla tu vida, papá, y si, cuando vuelva de América, veo que lo has hecho, te dejaré ser parte de la vida de Dylan si él quiere. Pero tú y yo, hemos terminado. Has volado definitivamente demasiado cerca del sol y yo ya no voy a seguirte más. — Y se dio la vuelta saliendo de la cocina, volviendo al salón.

Allí se agarró de la mano de Marcus y los miró a todos. — No quiero destruirme, no quiero venirme abajo porque toda esta situación me requiere entera, así que me voy con los O’Donnell hasta que me vaya, a coger fuerzas. Antes de irme a Nueva York volveré para despedirme y para deciros si podéis ayudar en algo. — ¿Dónde está tu padre? — Inquirió su abuela. — En la cocina. — ¿Le has dejado solo? — Y se levantó corriendo como si hubiera dicho que había dejado a un bebé frente a un horno abierto, pero ella ni se inmutó. Soltó a su novio y se acercó a su abuelo y dejó un beso en su mejilla, rodeándole los hombros. — Cuídate, ¿vale? Dylan te va a querer ver bien cuando vuelvas. Tómate infusión de baya de espino todas las noches para mantener el corazón a raya. ¿Me lo prometes? — Robert asintió, mirándola con cara de pena. Hija, ¿qué vas a hacer tú allí sola, tan lejos de casa? — Ella inspiró y soltó el aire poco a poco. — Todo lo que esté en mi mano, abuelo. Y no estoy sola, yo ya nunca estoy sola. — Y miró a Marcus con los ojos vidriosos. Ver así a su abuelo le partía el alma. Se acercó a su tata y la abrazó, cerrando los ojos y perdiéndose en ese abrazo. — Gracias por defenderme. — Vivi sorbió, lo que le dio a entender que estaba llorando. — Ojalá lo hubiera hecho mucho más y mucho antes. Ojalá hubiera sabido defender a mi patito. Perdónanos, Alice, perdónanos a todos. — Se separó y la cogió de las mejillas. — Si hay algo, literalmente cualquier cosa, que podamos hacer, dínoslo, por favor, ni te lo pienses por un segundo, estaremos aquí para ti. — Ella asintió y se dirigió a Erin, dándole un fugaz abrazo. — Gracias por estar con ellos. No sabes cómo me alegro de que estés aquí. — Se estrecharon mutuamente y Erin le sonrió al separarse. — Eres una valiente, Alice Gallia. Te lo dice una Gryffindor. — Miró a su sobrino y sonrió más. — Y haces valiente a aquel, sois un gran equipo. No dudo que traeréis a Dylan de vuelta. — Y con una sonrisa de despedida, se acercó a los O’Donnell y el señor Rylance y le hizo un gesto a Aaron. — Vamos, no vas a quedarte aquí, digo yo. — Que parecía que había que decírselo todo a ese chico. Ahora de lo que tenía miedo era de todo lo que se venía, empezando por el momento en el que se quedara a solas con los O’Donnell.





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Con Alice | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
El ambiente era tensísimo, se podía cortar con un cuchillo y Marcus cada vez tenía los músculos más tensos. Sin embargo... sentía una especie de extraña tranquilidad. De seguridad. De saberse respaldado por su madre. Su padre no es que no le hiciera, claro que lo hacía. Le conocía bien... solo tenía miedo. Y en el fondo, Marcus entendía que lo tuviera. Pero ni pensaba dejar sola a Alice con esa gente y tan lejos de su casa, ni iba a pasar más tiempo sin hacer nada porque Dylan volvieran.

Por supuesto que Helena seguía sin estar convencida del plan, y ahí Alice se puso de pie y soltó un alegato cargado de dolor, pero también de dignidad y, sobre todo, de razón. Marcus había apoyado a Alice siempre y seguiría haciéndolo, pero en otras circunstancias quizás le habría pedido que no fuera tan dura o que intentara relajarse y no decir cosas de las que pudiera arrepentirse... No lo hizo en ese momento, porque no lo pensaba. Alice tenía razón. Y Marcus sentía muchísimo el dolor de los Gallia, pero estaba de acuerdo: ya estaba bien. Ya estaba bien de que Alice cargara con todo, él había visto las consecuencias de ello con sus propios ojos y más de una le había caído encima de manera directa. Ya iba siendo hora de que eso cambiase.

Cuando pidió a su padre hablar, en cambio, se temió lo peor. Siguió a William con la mirada como si con esta quisiera decirle no se lo tengas en cuenta, está muy asustada y dolida, se le pasará, porque por ahí sí que no quería pasar. Pero también sabía cuando no debía meterse en una batalla que iba a perder. Recuperarían a Dylan primero, y luego trabajarían sobre esa reconciliación, que quería pensar que llegaría sola. - Tú te quedarás con nosotros, por supuesto. - Le dijo a su madre con tono de voz bajo a Aaron, que la miró y asintió tembloroso, mientras de fondo se escuchaba a Helena mascullar sobre lo indignante que le parecía la actitud de su nieta, sin dejar de tornar la mirada hacia la cocina como si temiera que estallara algo allí dentro. Se generaban largos periodos de silencio que solo se cortaban por el mascullar de Helena, nadie parecía querer hablar. Curiosamente, era Emma, una de las personas más silenciosas que Marcus conocía, la que más estaba hablando. No parecía pesarle en absoluto el mal ambiente. - Iremos ahora a por tu hermano y ya nos quedamos en casa, por hoy está bien. - Le dijo a él. Marcus asintió. Luego miró a Rylance. - Aún queda información por comunicar a los Gallia ¿no? - Correcto. Deberíamos aprovechar y terminar de hablar de los pormenores. No nos llevará más de una hora. - Contestó el abogado. Emma miró a Arnold y el hombre respiró hondo. - Me quedo contigo, Edward. Aunque luego me gustaría volver a casa... - Sí, sí, Arnold, ve tranquilo. - Contestó su tía Erin, que parecía haber captado la tensión del matrimonio. Claramente su padre y su madre tenían una conversación pendiente. La mujer agarró la mano de una Violet que, limpiándose las lágrimas como una autómata, tenía la mirada perdida en ninguna parte. - Yo me quedo aquí esta noche. - Arnold asintió. Pues los papeles estaban repartidos ya.

Ahí llegó Alice, seguida de un William que estaba aún peor que cuando se fueron. Se puso de pie y dejó que ella se despidiera, pero se acercó a William, porque no lo podía evitar. - Mucho ánimo. Le vamos a recuperar. - Me odia... - Fue lo único que el hombre dijo, entre lágrimas. Parecía que ni le había escuchado. Marcus miró a Alice de reojo y, aprovechando que no miraba porque estaba abrazando a Violet, se acercó a él y le susurró. - Vendré a verte antes de irnos, William. Y te prometo, te lo juro, que vamos a seguir siendo una familia. Hablaré con ella. Solo démosle tiempo. - El hombre no dejó de llorar, pero asintió. Tendría que conformarse con eso.

***

La nube de tensión, de tristeza y de desesperación, de necesidad por hacer cosas, por hacerlo todo, y a la vez deseos de descansar durante días seguidos, no se le quitaba ni a él ni a ninguno de los presentes. Marcus y Alice se quedaron con Aaron en casa mientras Emma iba a recoger a Lex y a poner al día a Darren y los Millestone. Se encargó él de poner la cena: necesitaba distraerse. No quería estar cerca de Aaron, así que le enseñó al chico la que sería su habitación y le dejó organizando sus cosas, mientras Alice se daba una ducha. En la cocina, su cabeza no paraba de dar vueltas. Su madre y su padre llegaron casi a la vez, cada uno desde sus respectivos lugares. Lex intentó hablar con el subrepticiamente por las esquinas, tratando de que sus padres no le oyeran, Aaron no le oyera, Alice no le oyera. Marcus solo quería acostarse y dejar ese día pasar. Estaba ya agotado y no quería ni pensar en lo que tenían por delante.

Tras la tensa cena, cada uno se fue a su habitación, pero él necesitaba hablar un poco con su madre antes de que dieran el día por zanjado. Tras la conversación, que fue breve porque el cansancio les podía a ambos, ella le pidió que le llevara a Aaron unas sábanas, pues ni habían tenido tiempo de adecentar la habitación. Así lo haría, y tras eso se iría a dar a Alice las buenas noches y a dormir. Fue al desván a por las sábanas y subió al piso de arriba. La puerta estaba entreabierta, así que dio un par de golpes y terminó de abrir. El chico, que estaba sentando en el borde de la cama al parecer simplemente pensando, le miró desde su posición con ese velo asustado que parecía lucir siempre. Marcus frunció una mueca que pretendía ser una sonrisa circunstancial, pero que convirtió sus labios en una línea fina y tensa. - Toma. - Le tendió las sábanas. El chico se levantó y las tomó, en silencio. Aquello era incómodo. Aaron no le caía bien, y ahora estaría en su casa hasta que se fueran, ¿y cuánto tiempo iba a ser eso? Mínimo una o dos semanas. Por no hablar de que se irían a Nueva York con él... pero no podía estar peleándose con él. Había cosas mucho peores en el horizonte como para andarse con tonterías.

Pero la realidad era que no se caían en gracia mutuamente, así que, cuanto menos hablaran, mejor. Hizo un gesto de la cabeza y dijo. - Buenas noches. - El otro correspondió el gesto, pero su voz le detuvo antes de salir. - He visto cómo les tratas. A los Gallia. - Marcus se detuvo cuando aún estaba girado de lado, y le miró desde su posición, con los ojos entornados. No podía evitar que cada palabra suya le tensase. Pero el chico parecía estar en una posición bastante dócil. - Te he visto con Alice durante todo este curso. Te he visto con los alumnos de primero y con tus amigos. - Marcus no cambiaba su postura. Estaba esperando a ver dónde quería ir a parar. - Pero la mayoría de las veces que te he visto, tú también me has visto a mí. Y delante mía, nunca eres así. - Marcus fue a rodar los ojos y a irse, pero Aaron recondujo. - Quiero decir... que empiezo a entenderte. - Marcus agachó la cabeza con una muda y única carcajada sarcástica. - Te has tomado tu tiempo. - No pudo evitar decir. Con ese chico le salía el sarcasmo por todos los poros.

- No conocía esta faceta de ti, Marcus. - Ni sabía a qué se refería ni con qué intención iba, y debió notársele en la mirada que le dedicó, porque Aaron tragó saliva y matizó. - Esa forma de hablar... con el padre de Alice... y con su abuela... Sabía que querías a Alice, pero no sabía que querías tanto a toda su familia. - Marcus siguió en silencio. Aaron bajó la mirada. - Lo creas o no... siento muchísimo lo que ha ocurrido. Y... me ha cambiado mucho la perspectiva de ti con lo que he visto en esa cara. Muchísimo. - Marcus se quedó donde estaba, pero sus defensas estaban ahora mucho más bajas. Tras unos segundos de silencio, se dirigió a la cama y se sentó, haciendo que Aaron le mirara con ligero desconcierto. Pero el chico se sentó a su lado.

- Mi padre y William se conocieron el primer día de colegio. Los dos iban a Ravenclaw. Se conocen desde los once años, y por lo que me han contado, mi abuelo, el padre de mi padre, también conocía al abuelo de Alice del colegio. - Y empezó a narrar. La amistad de sus padres, las cosas que les habían contado que habían vivido, lo poco que sabía de cuando Janet llegó a Inglaterra y cómo sus padres les habían apoyado. Que Alice y él nacieron prácticamente juntos y que, durante el primer año de su vida, compartieron muchos momentos. Cómo todo esto se rompió precisamente por culpa de las amenazas de los Van Der Luyden, de lo cual apenas se habían enterado hacía unos meses. Le contó que iba al despacho de William cuando era pequeño, y cómo coincidió con Alice en las barcas y se hicieron inseparables desde entonces. - Me da igual... si esto que te voy a decir te suena cursi. - Prosiguió. - Pero amo a esa chica desde que nací prácticamente. He nacido con ella y pienso morir con ella. William ha sido una de las personas más importantes de mi vida, y lo sigue siendo. Lo de Janet... causó un dolor que no soy capaz ni de calibrar. - Aaron le miraba en silencio, pero veía sus ojos húmedos. - Y yo... no puedo juzgarle. Ha cometido muchos errores, pero no sé qué habría hecho yo en su situación. Y Dylan... Dylan es como mi hermano pequeño. Durante muchos años, Alice ha ejercido de madre con él... y yo... - Echó aire por la nariz. Estaba contando todo aquello sin mirar a Aaron a la cara. - Yo no quiero suplantar a nadie, pero sé cómo me percibe él, porque me lo ha dicho. Y ahora mismo... tengo el corazón roto de saberle allí con esas personas. - Se hizo un leve silencio.

Y ya sí, le miró a la cara. - Los Gallia son mi familia. Alice es una O'Donnell tanto como yo un Gallia. No soporto su dolor porque es el mío. - Hizo una pausa. - Y si no conocías esta faceta mía y ellos sí, es porque ellos la han ganado. - Y, tras una nueva pausa, Aaron simplemente dijo. - Ya. - Porque los dos sabían como continuaba esa frase: y tú, no. - Lo siento... lo siento muchísimo, Marcus. Yo... - ¿No sabías todo esto? - Preguntó él, cuestionador. El chico le miró y Marcus continuó. - Dime, Aaron: ¿te has molestado en querer saberlo? - Nunca me has dejado acercarme a ti. - Reconozco que siempre he sido hostil contigo, pero mírame a la cara y dime si no tenía motivos para hacerlo. - Arqueó una ceja. - La respuesta que he recibido por tu parte siempre ha sido la de pretenderte más víctima que todos nosotros juntos. Y créeme que hago todo lo posible por tratar de empatizar contigo, porque lo que has vivido ha debido ser un infierno. Pero es tu actitud, Aaron, unida a todo el sufrimiento que tu familia trae a personas que quiero, la que me hace no solo desconfiar, sino no quererte cerca. Ni de mí, ni de ningún Gallia. Cuanto menos, de Alice. - Soltó aire por la nariz. - Pero aquí ni tú ni yo somos los protagonistas. Hay que traer a Dylan de vuelta. - Para el desconcierto de Aaron, Marcus le tendió la mano. - La libertad de Dylan y la tuya se pagan con el mismo precio. Ayúdanos a traerle de vuelta, y tienes mi palabra de que no voy a poner ninguna traba a tu libertad. Abogaré por ella, de hecho. Siempre tendrás protección en los O'Donnell... pero Dylan primero. - Aaron tragó saliva y, tras unos instantes, le estrechó la mano. Aún la tenía agarrada cuando, mirándole a los ojos, le dijo. - Estás en mi casa. Estás bajo mi protección. Aquí no va a tocarte un pelo nadie... pero no quiero pasos en falso. O saldrás tan rápido como has entrado. - Y el chico, por primera vez, en vez de reaccionar a la defensiva, simplemente dijo. - Entendido. -




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Con Marcus | En Casa O'Donnell | 15 de julio de 2002
Estaba con los ojos cerrados, pero ni siquiera se había metido en la cama, solo estaba… En suspenso, en pausa, simplemente quieta, con la ventana abierta, sintiendo el aire y el olor a jazmín de las noches de verano. Esperaba que Marcus fuera, aunque solo fuera para darle un beso y decirle que todo iría bien… Es decir, no se creía mucho ya, a esas alturas, que todo iba a ir bien, pero el hecho de tener a Marcus yendo a verla para decirle eso era ciertamente reconfortante. Por eso, cuando alguien llamó a su puerta dijo simplemente. — Pasa. — Pero ni siquiera abrió los ojos. — Eh… Si… Es un mal momento… — Abrió los ojos y se incorporó de golpe al escuchar la voz de Lex. — No, no… Pensé que eras tu hermano, perdona. — Se sentó y se recolocó un poco el camisón que, de todas formas, tampoco es que tapara lo suficiente para que Lex dejara de mirar a la pared, así que se metió en la cama, tapándose con las sábanas, pero quedándose sentada. — ¿Tú también lees la mente? — Preguntó Lex con una risita. — Leo las caras. — Dijo con una sonrisa, y le hizo sitio a Lex para que se sentara también.

Tardó unos segundos en arrancar, mirándose el regazo y con las manos en los bolsillos. — ¿Cómo estás? — Pero antes de dejarla responder negó con la cabeza. — Olvida que he dicho eso. Estás hecha una mierda y es normal y no me hace falta leerte la mente para eso, aunque también lo gritas… — Suspiró y casi podía leerle el pensamiento de “voy a empezar otra vez”. — Me da mucha pena verte así. No me gusta veros sufrir. — Ella sonrió y asintió. — Porque eres muy bueno. Sé que no lo estás pasando bien tú tampoco.Todo esto es como cuando se… — Él solo se frenó, pero Alice mantuvo el tono bajo y la compostura. — Se murió mi madre. Sí, tiene que ser una mierda oírnos entrar en pánico mentalmente y culparnos todo el rato. Sobre todo lo segundo. Pero ahora lo tengo más controlado que entonces. — Ella se abrazó las piernas por encima de la sábana. — ¿Cómo ha ido con Darren? — Lex resopló. — Pues ya has visto como son los Millestone… Estaban todos preguntando, y a la vez pensando a toda velocidad, e intentando animarme, y Darren ha pasado el día hablando de todas tus virtudes, pero al final se liaba un poco y acababa contando diabluras vuestras. Un poco sí que me he reído, la verdad. — Ambos rieron, y Alice notó cómo respiraba un poco mejor. Sin embargo, sentía que Lex no había ido allí solo a eso.

He… estado… Bueno, tú lo has visto… Con tu… bueno… Aaron. — De nuevo, asintió, dejándole espacio para expresarse. — Nunca me había cruzado con otro legeramente que no fuera mi abuela Anastasia y, en fin, ya viste por encima que aquello era como una pesadilla. — Se frotó los ojos y se echó el pelo para atrás. — En un momento dado, en Hogwarts, me di cuenta de que Aaron lo era, pero ambos hicimos lo posible por evitarnos… La verdad es que siempre pensé que nos habíamos evitado para siempre, incluso en la graduación y eso, tratamos de darnos espacio… No pensé que fuéramos a vernos así. — Alice asintió y se quedó mirando por la ventana. — Yo tampoco… No sé en qué estaba pensando… Creyendo que ya no vendrían más a por nosotros. Decidí no creerlo supongo. — Sintió cómo Lex la miraba. — No te eches la culpa de esto, Alice. — Ella negó, sin dejar de mirar por la ventana. — No, no lo hago, solo… Ojalá hubiera mantenido la guardia, haber visto venir algo, prepararnos… — Soltó aire y miró al chico. — Perdona, había venido a contarme algo. — Lex se rascó la nuca. — Sí, sí que había venido a eso… Ehm… El caso es que… Ahora no me ha quedado más remedio que estar con Aaron y… — Resopló. — Ese chico no está nada bien. Te lo digo en serio, Alice, hay parte de su mente que… están como en… negro. — Frunció el ceño y le miró. — ¿En negro? — No sé cómo describírtelo, es como oclumancia, pero solo de ciertas cosas, como si… — ¿Estuviera bloqueado? — Sí, algo así. — Pasa con los traumas. — Lex la miró con sorpresa. — Yo escucho a todo el mundo, y Theo nos lo explicó un día. Es bastante habitual. Pues eso, venía a contártelo para que sepas que… Bueno, que no te está mintiendo. Además, su cabeza es un jaleo impresionante, porque notaba muy fuerte cómo quiere ayudaros, por lo visto piensa que os lo debe a Marcus y a ti… Pero está profundamente asustado, y claro, suena como un disco rayado, pero muy mal rayado, una máquina estropeada, no sé cómo describírtelo. — Ella asintió con pena. — Sí, así dejan la cabeza los de su familia. — Chasqueó la lengua y negó con la cabeza. — Demasiadas personas a las que ayudar y no sé ni por dónde empezar, Lex…

Entonces, su cuñado se movió hacia un lado de la cama y palmeó la almohada. — Venga, túmbate. — Ella obedeció, con cara extrañada. — Vamos a intentar hacer lo del otro día, pero hoy quiero que pienses en otra cosa. — Alice cerró los ojos y obedeció, con una sonrisita porque, como buena Ravenclaw, estaba orgullosa de que se le diera tan bien lo de evocar imágenes y que Lex la guiara por ello, era bonito. — La verdad es que tengo bastante miedo de preguntarte por recuerdos con mi hermano y tener una imagen aun más nítida que un par que he tenido que ver de vosotros liándoos. — Eso la hizo reír un poco, y trató de no evocar el aula de Pociones para no escandalizar a su cuñado. — Quiero que pienses en tu madre. — Eso la sorprendió tanto que abrió los ojos y le miró. — Sé… Sé que igual te pone triste. Pero es que yo quería mucho a tu madre, ¿sabes? Y pude disfrutarla mucho menos que tú. Y, seamos sinceros, cuando tu madre estaba aquí todo era mejor y más feliz… ¿Ya que daño puede hacer pensar en ella? — Alice cerró los ojos y asintió. — Pues también es verdad. — Venga, piensa, ¿cuál es el recuerdo más antiguo que tienes de tu madre? — Pues creo que es haciendo masa de galletas… Pero no en Navidad, en verano, en la cocina… Recuerdo el olor del azúcar y la mantequilla, es un olor tan particular… — A veces en casa de la abuela Molly también huele así. — Aportó Lex. — Pero a tu madre la asocio al olor a flores, al campo, porque olía a tierra y a lavanda y… Bueno yo es que no entiendo tanto de flores como tú, pero ya me entiendes… — Y así, como quien no quiere la cosa, se pusieron a navegar por aquellas imágenes de Janet, y ninguno de los dos necesitó esa noche de las infusiones de Arnold.






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Con Alice | En Casa O'Donnell | Del 16 de julio al 1 de agosto de 2002
La intensidad de los primeros días había disminuido considerablemente, y ahora no sabría decir si las sensaciones eran mejores o peores. Tenían mucha más sensación de control que recién ocurrido, porque ahora tenían pruebas tangibles y una hoja de ruta, y sentían que estaban preparándose y que sabían lo que debían de hacer. No sentir esa desesperanza de sentirse inútiles se agradecía. Pero, por contra, cada día que pasaba era un día más que sabían que Dylan estaba allí, en América, con esas personas que tanto daño habían hecho a Janet y tanto maltrato habían infundido en Aaron y sin saber nada de ellos. Y cada vez que lo pensaba, Marcus sentía un desagradable escalofrío por todo el cuerpo, que mezclaba impaciencia, tristeza y una rabia que cada día era mayor. Afortunadamente, no tardarían en pisar América. Y quería pensar que las cosas cambiarían una vez lo hicieran.

Por lo pronto, debían prepararse. No solo prepararse, sino gestionar ciertas cosas que no habían gestionado aún. Su habitual empeño por hacer a Alice feliz había dado paso a un realismo impropio de él, probablemente porque estaba demasiado concentrado en estudiarse al dedillo cada uno de los movimientos de su madre para no dar un paso en falso en cuanto llegaran a Nueva York. Por eso no estaba tan pesado como de costumbre ni pretendiendo imposibles... pero Marcus seguía siendo Marcus y tenía una parcelita especial reservada para el cariño que le tenía a su novia. Pretender que no estuviera agobiada era absurdo, pero tendría que nacer de nuevo para no intentar que se sintiera mejor.

De ahí que decidiera que salir a comer con Sean y Hillary podría ser una buena forma de sacar a Alice de casa, porque últimamente solo veían sus cuatro paredes. Eso y que sus amigos aún no tenían ni idea de lo que había ocurrido, y su padre había traído el día anterior una carta de Hillary a casa de Alice con la normalidad correspondiente a dos amigas que se escriben. No podían tener a sus amigos más tiempo en la inopia (y Darren, que iba a visitarles cada dos por tres para intentar distraerles, empezaba a agobiarse de no poder hablar con naturalidad con nadie), y necesitaban un nexo de conexión con el resto de la gente. Debían informar a Sean y a Hillary.

Le escribió a su amigo diciéndole que se verían en Liverpool. Marcus sabía aparecerse en su casa. Desde allí se trasladarían a la zona muggle, estaba seguro de que Hillary sabría moverse por allí. Sean aceptó, con obvia extrañeza por el plan propuesto por Marcus, pero este le había dicho a su amigo, palabras textuales, que "había ocurrido algo en la familia de Alice que querían contarles, pero era mejor hacer el persona". No hubo más preguntas por su parte. - Si Aaron te cuenta... lo que sea... - Lex asintió. - Descuida. Aunque yo soy casi tan malo disimulando como tú, en base a los últimos acontecimientos diría que hasta peor. Joder, tú empiezas a ser un clon de mamá, y cada vez que estoy con Darren parece que el legeremante es él. - Lex puso una expresión en la cara que pretendía imitar a su novio, aunque por el tono la imitación fue bastante mala. Marcus pilló el punto, no obstante. - "¿Que Alice no ha comido nada desde anoche? ¡Pero Lexito, que se va a morir!", y yo como, "¡pero si solo te he dicho qué tal la tarde, hostia!" - Tampoco tienes que verte obligado a darle conversación. - Recondujo. - Solo que... en fin... - Sí, que no le deje suelto por casa. Pero vamos, le pilla mamá cerca de su despacho y le corta los huevos. - Mamá no va a estar aquí todo el tiempo. Hoy iba a reunirse de nuevo con el Ministerio. - Mamá tiene un radar. Es capaz de aparecerse delante de sus narices tan pronto cruce la puerta. - Lex hizo un gesto con la mano. - Pero sí... estaré pendiente. - Gracias. - Le dio un afectuoso apretón en el brazo y esperó a que Alice bajara las escaleras para dirigirse a casa de Sean.

Sus amigos ya estaban allí cuando se aparecieron en el jardín. Les recibieron con un abrazo, pero vieron sus caras y optaron por no hacer preguntas hasta que no estuvieran debidamente asentados. No en balde eran Ravenclaw, lo suficientemente listos como para no iniciar una conversación incómoda apenas tras un saludo, de pie en mitad de una calle cualquiera. Rápidamente, Hillary dispuso el lugar al que tenían que ir, se aparecieron discretamente en las proximidades y entraron en un restaurante. - ¿Cómo de delicado es lo que nos tenéis que contar? - Preguntó la chica. Sean les miraba con la respiración contenida. Marcus ladeó la cabeza varias veces. - Bastante. - Hillary asintió, miró discretamente hacia los lados y sacó la varita del bolsillo sin ser vista. La vieron agachar la cabeza y, segundos después, la volvió a levantar, guardándose la varita en el bolsillo. - ¿Qué has hecho? - Preguntó Sean con curiosidad. - No os creáis que de repente soy la experta en hechizos silenciosos, me sé este y poco más. Bueno, lo típico, Alohomora y eso para practicar. - Les miró y explicó. - Es de primero de conversaciones confidenciales. Es un hechizo que camufla la conversación. De cara al resto del restaurante, ahora mismo estamos hablando de cualquier banalidad: el tiempo, comida, ropa... Si alguien pusiera el oído, literalmente no escucharía nada interesante. - Joder, cuanto te quiero ahora mismo. - La cuestión es que podemos hablar con tranquilidad. - Comentó la chica, que por respeto a ellos dos había disimulado todo lo posible lo mucho que se había inflado su orgullo ante esa adulación de su novio. Miró a Alice y dijo. - Por favor, ¿qué ha ocurrido? Nos tenéis muy asustados. - Y Marcus decidió callar y dejar a su novia hablar. Le correspondía a ella exponer lo que había pasado.




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Mar Nov 29, 2022 1:20 pm por Ivanka


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Con Marcus | En Casa O'Donnell | Del 16 de julio al 1 de agosto de 2002
Se dejó caer en la cama y se frotó los ojos. Tenía que arreglarse mínimamente, porque no iba a salir a comer de esa guisa. Una vez superada la vergüenza que le daba que Rylance la viera sin maquillar y con sus vestidos de verano, había vivido mucho más cómoda, y aquel hombre tenía la sangre tan fría que cuando hablaba podría ser ella un ficus parlanchín o la reina de Inglaterra que él iba a poner la misma cara flemática inglesa de Ravenclaw práctico. Y esto era importante porque en los últimos días, para su disgusto, había pasado más horas con Edward Rylance que con cualquiera, incluido su novio, empapándose de términos, jerarquías en los Ministerios y en la política, escenarios posibles, frases o actitudes que estaban absolutamente prohibidas… Vamos, lo que le había gustado de toda la vida a Alice: normas, normas y más normas.

Por un lado, no hubiera querido ser Marcus cuando le dijo que salían con Sean y Hillary a comer, porque Alice había entrado en modo Ravenclaw focalizado y no podía hacer literalmente nada hasta que no resolviera al menos la preparación para irse a América, y salir a comer suponía perder muchas horas, así que su cara debió ser de todo menos invitadora. Por otro, estaba exhausta, era posible que su capacidad estuviera a punto de entrar en colapso, y aunque Rylance le repetía los conceptos de forma bastante clara y didáctica las veces que hiciera falta, Alice temía que en cualquier momento dijera “hasta aquí he llegado con esta taruga”, así que, en el fondo, sabía que su novio tenía razón y por eso había asentido a regañadientes.

Pero eso no le había preparado para mirarse seriamente en el espejo después de tantos días solo leyendo, durmiendo fatal y bajo el estrés en el que estaba. Parecía oficialmente un cadáver. Se dio una ducha rápida y trató de arreglarse el pelo un poco, haciéndose una trenza como le gustaba a Marcus. Lo tenía abandonado y lo sabía, solo tenían momento de abrazarse en silencio, momentos que Alice usaba para recargarse de energía, y a veces llorar, pero no estaba siendo la novia entregada y detallista que era ella y sin duda se había convertido en la cosa más en mayúsculas y subrayada de la lista de cosas que había estado descuidando negligentemente. Así que bueno, hacerse un trenza y ponerse un vestido azul clarito era como una tirita en una pierna rota, pero esperaba que él lo entendiera.

Nunca había estado en casa de Sean en Liverpool, no se había dado la ocasión, y le daba pena que estuviera siendo así. Contaba con que Hillary estuviera allí, y contaba con no romperse según la viera, aunque, cuando por fin los tuvo delante, solo quería correr hacia su amiga y decirle “préstame tu cerebro, te necesito, vamos a meternos en la cama y simplemente hacernos compañía como en Hogwarts”. Pero no era el momento, sus amigos lo sabían, y esperaron hasta que llegaron a donde iban a comer para preguntar. No era ni capaz de distinguir el sitio o pensar en comer, como todo lo que hacía últimamente, lo hacía mecánicamente, guiada por los demás. En lo que sí se fijó fue en el hechizo de su amiga, y la miró con una sonrisa (no la más amplia que había puesto en su vida) pero dijo orgullosa. — Una buena abogada Ravenclaw, sin duda. Me lo vas a tener que enseñar, nos va a hacer falta.

Miró a Marcus y se dio cuenta que le estaba dando espacio para hablar, así que se inclinó sobre la mesa y miró con pesar a sus amigos. — Los Van Der Luyden se han llevado a Dylan. — Y esa reacción, esas caras, esas frases que venían detrás. — Eso no puede ser. — ¿Pero cómo que se lo han llevado? Es tu hermano, no pueden quitárselo así sin más, ¿no? — Preguntaba Sean, mirando a Hillary en pánico. Pero Hillary solo la miraba a ella, con pena, y veía en sus ojos cómo estaba contemplando todos los escenarios posibles. — Ha sido una medida cautelar contra tu padre, ¿no? — Preguntó su amiga, y Alice asintió, pero Sean no lo veía tan claro. — Pero, ¿por qué no te lo han dejado a ti? — Porque creen que he encubierto a mi padre. — Sean soltó una risa incrédula. — Tu padre no ha hecho nada. — Alice torció el gesto y se encogió de hombros. — Ellos creen que sí. — Pero no tendrán pruebas. No, pero eso se resuelve en un juicio, y hasta el juicio, ellos se lo llevan, porque de lo que se acusa a mi padre es muy grave. — Sean seguía llevándose las manos a la cabeza. — Sea lo que sea, ellos son peores, mira cómo trataron a tu madre. — Alice asintió con pesar y su amiga suspiró. — Ya habrá oído esto mil veces, Sean. ¿Hace cuánto que fue? — El día catorce. — Hillary se mordió los labios y les miró. — ¿Y qué vais a hacer? ¿Tenéis abogado? Joder, ojalá lo fuera yo ya. Me iba para los Van Der Luyden y les sacaba hasta los hígados. — Y dio un golpe en la mesa, ante la horrorizada mirada de Sean. Alice soltó una risita. — No te haces una idea. Emma y Arnold se están portando mil veces mejor que mi familia en esto. Tenemos abogado y un ejército entero para nosostros. Edward Rylance, ¿le conoces? ¡Y tanto que le conozco! — Dijo Hills abriendo mucho los ojos. — Es metódico hasta el extremo, Gal, los abogados más sensacionalistas lo temen como a la peste. — Ella se rio y se pasó las manos por la cara. — ¿Qué me vas a contar? Me está preparando intensivamente y es como hablar con un libro, por la cantidad de información que tiene y la falta de emoción digna de un objeto inanimado. ¿Prepararte para qué? — Preguntó Sean. Ella suspiró y le dio la mano a Marcus por encima de la mesa. — Nos vamos a América. Hay que luchar desde allí. Tengo que ir a por mi hermano y Marcus ha querido venir conmigo. — Se mordió el labio inferior y le miró. — No sé qué estaría haciendo sin los O’Donnell… Mi familia y yo ahora mismo… — Negó con la cabeza y contuvo las lágrimas. Daba igual cuántos días llevaran en ese estado, seguía haciéndosele todo antinatural y desesperado.





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Jue Dic 01, 2022 3:30 pm por Freyja


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Con Alice | En Casa O'Donnell | Del 16 de julio al 1 de agosto de 2002
No dejaba de doler por más que lo escuchaba y por más días que pasaban. Sentía que estaban viviendo dentro de una pesadilla y que, en algún momento, se despertarían. Que abriría los ojos en su cama con el recuerdo del cumpleaños de Dylan el día anterior, y que simplemente iría a casa de los Gallia a arreglar el estudio de Alice, y que nada de eso habría pasado. Por desgracia, tenía ya más que asumido que eso no era así. Y si bien su reacción habitual habría sido la que estaba teniendo Sean, en negación pura y tratando de agarrarse a un clavo ardiendo, no fue hasta que no vivió como algo ocurría ante sus propios ojos que decidió que esa postura no le llevaría a ninguna parte.

Se mantuvo con la mirada levemente baja y el semblante muy serio, casi parecía que ni respiraba, mientras Alice narraba lo que había sucedido y sus amigos reaccionaban. Se limitó a alzar la cabeza y asentir con una sonrisa cortés al camarero cuando les trajo la comida, mientras el resto estaba enfrascado en la conversación. Aprovechó también para echar un vistazo por su alrededor. Aunque el hechizo de Hillary era muy útil, y aunque estuvieran en al Liverpool muggle, no estaba de más comprobar que no hubiera nadie sospechoso en el entorno.

Hillary estaba siendo considerablemente más prácticas, pero entendía a Sean y su desconcierto. De hecho, su amigo no paraba de buscarle la mirada, y en un momento determinado claudicó y se la devolvió. Debía haber detectado la pena en sus ojos, porque vio como Sean se entristecía aún más y bajaba la cabeza mientras Hillary hablaba. Pues sí, su amigo no era legeremante pero le conocía bien, y sabía lo que Marcus estaba pensando: sí, Sean, se lo han llevado y no hemos podido hacer nada. Eso y que estaba destrozado por ello. Pero lo dicho, lo que tocaba ahora era ponerse manos a la obra para revertir esa situación.

Eso sí, la reacción de Hillary hizo que doblara una sonrisa y la mirara con cariño. - Eso quisiéramos nosotros, tenerte de abogada. - Le dijo de corazón. Hillary le miró y, tras una pausa, chistó. - Calla, O'Donnell. Que intento no derrumbarme. - Pues bienvenida al club, pensó. Al parecer, Hillary conocía a Rylance, lo cual en parte le extrañaba (porque él solo había oído que le nombraban alguna que otra vez de pasada y era SU abogado) y por otro ni siquiera le sorprendía viniendo de su amiga. Marcus asintió. - La verdad es que fue increíble lo que consiguió en los primeros dos días. Consigue datos a cada minuto que pasa... más bien, no solo los consigue, sino que los ordena y organiza de una forma impecable. - Porque estaba seguro de que parte de los datos conseguidos venían de su madre y ese escuadrón que llevaba a las espaldas, que el papel de Rylance era más bien categorizarlo todo y ponerlo sobre la mesa para que lo entendiera hasta un niño de cinco años.

Pero claro, aún quedaba la segunda bomba que soltar. Agarró la mano de Alice con fuerza y se mantuvo sereno. Tan pronto lo dijo, Alice tuvo un amago de derrumbarse, diciéndoles que no sabía qué haría sin ellos. La miró y, con una sonrisa leve, dejó un beso en su mejilla. - Somos una familia. - Miró a sus amigos. - Y la familia lucha junta. - Sean estaba entre la desolación y la sorpresa, pero los ojos de Hillary se habían inundado. La chica se mantuvo unos instantes calladas, probablemente por no romperse. - ¿Cuándo os vais? - Preguntó Sean con un hilo de voz. Marcus encogió un hombro, sin soltar la mano de Alice. - Aún no lo sabemos con seguridad, probablemente en una o dos semanas. Nos estamos preparando muy bien, no podemos dar un paso en falso. Y aún tenemos que hacer papeleos para poder irnos, seguro. - Soltó aire por la nariz. - Nos estamos dejando guiar por mi madre y por el señor Rylance. Realmente... no estamos contactando con mucha más gente, pasamos casi todo el tiempo en casa, ellos son nuestro contacto con el exterior. Somos conscientes de que hay muchísima gente detrás de esto... pero es mejor así. - Ya estaban suficientemente embotados por la tensión, la tristeza y la cantidad de datos, no necesitaban conocer a una cohorte de personas. Con recibir la información era más que suficiente.

- ¿Es estrictamente necesario que vayáis? - Preguntó Hillary. Marcus asintió. - Mi madre está moviendo muchos hilos aquí, pero desde Inglaterra nuestra capacidad de acción es mucho más limitada. Cuando estemos preparado, iremos allí. - ¿Pero os vais a meter en casa de esa gente? - Preguntó Sean, tratando de contener el miedo que le producía. - Es... joder, no... no sé cómo habría que gestionar esto, pero tíos... me parece muy peligroso. - ¿Vais solos? - Preguntó Hillary. Marcus miró a Alice y, tras esto, volvió a mirar a sus amigos y contestó. - Vamos con Aaron McGrath. - ¿Perdón? - Preguntó Sean. Hillary se había limitado a abrir más los ojos, pero en silencio. - ¿Aaron? ¿El de Gryffindor? ¿Tu primo? - Le preguntó a Alice. Habían hecho bien en no transmitir todo aquello por carta.  




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Vie Dic 02, 2022 5:47 am por Ivanka


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Hillary estaba haciendo un esfuerzo por no derrumbarse y ella también, cuando Marcus dijo lo de que la familia peleaba junta. No su familia, que no podían haber resultado más desastre en aquello, tenía que depender de los O’Donnell, y los O’Donnell eran maravillosos, pero todo el rato temía estar ella misma estirando la cuerda demasiado, al estilo Gallia, y eso la atormentaba, y era una espada de damocles más con la que preferiría no vivir para lidiar con todo aquello.

A la pregunta de Sean, Marcus contestó y ella suspiró. — Si me preguntas a mí, me levantaba ahora y me iba, y luego lo pienso de nuevo y todo tiempo que pasemos preparándonos me parece poco contra esa gente… Mi madre se crió con ellos y salió despavorida. — Suspiró y se frotó los ojos, exhausta. Sí, sí que había un ejército detrás haciendo todo eso, y eso solo le hacía sentirse peor. Las caras de sus amigos no estaban ayudando, de hecho, nada estaba ayudando y empezaba a arrepentirse de haber dicho que sí a esa comida.

Levantó la mirada hacia su amiga. — Pues claro que es necesario. No puedo soportar estar tan lejos de Dylan, no puedes aparecerte en América sin más, y si le pasa algo… — Negó con la cabeza y suspiró. — No puedo pensarlo porque me pongo peor. — Y se dispuso a comer algo por tal de no estar simplemente con cara de enfado y preocupación mirando a la nada. Dejó que Marcus dijera lo de Aaron y suspiró más profundamente. Sí, ya había pasado por la fase de “¿estáis locos? Es un Van Der Luyden”. — Sí. Es el que los conoce, nosotros no sabemos nada de ellos, y él… Pues lo sabe todo. Sabe por dónde no nos los vamos a topar, quiénes les odian… — Y ya está, hasta allí llegaba su aguante. Empujó el plato un poco hacia delante y apoyó los codos para poder ocultar la cara tras las manos y llorar. — ¿Cómo he llegado al punto de hablar así, por Dios? — Se preguntó a sí misma entre sollozos.

Tenía los ojos tras las manos, pero se imaginaba lo que tenía delante: a Sean entrando en pánico por creer que había provocado aquello, a Marcus triste, como llevaba desde hacía días, sin ser capaz de levantar el ánimo, como ella, y a Hillary fulminando a los dos en plan “inútiles”. De hecho fue ella quien alargó las manos para separar las suyas de su cara. — No, eso no. — Alice sorbió y trató de limpiarse las lágrimas. — ¿Y qué hago, Hillary? ¿No lloro? — No, llora todo lo que quieras. Por Dylan, por la situación de mierda… Pero no por hacer lo que tienes que hacer. No llores porque “hay qué mala soy que hablo así de la gente” o porque los O’Donnell han desplegado todo lo que tienen por ayudarte, que te conozco, y he visto la cara que has puesto cuando Marcus lo ha dicho. — Tomó sus manos y las reposó en la mesa, agarrándolas. — Alice, no focalices esto en lo que tu haces o dejas de hacer, siempre sales por ahí. Tú no podías hacer nada. — Ella negó, ya llorando abiertamente. — Yo lo sabía… Lo intenté, lo intenté el año pasado, todo el verano, dejé de hablarme con todo el mundo, me centré en ellos, pero dio igual, no sirvió para nada, porque ahora estamos igual… — Miró a Marcus y no pudo evitar pensarlo. Qué distinto hubiera sido todo si su padre simplemente hubiera estado triste, si se hubiera comportado como un padre, si le hubiera contado la verdad cuando podían… — Mi familia ha mirado a otro lado deliberadamente, ignoraron el peligro, y no me han contado nada… Y ahora mi madre ya no está y tengo que confiar en lo que nos cuente Aaron… — De nuevo se tapó la cara y se hizo el silencio.

Gal… Si algo he aprendido es que los “y si…” No conducen a nada. — Dijo Sean, y eso le hizo mirarle. — Yo… Soy inseguro a tope, ya lo sabes, y ha habido tantas veces en mi vida que no he hecho algo por los “y si…” y luego me he arrepentido de no hacerlo y he vuelto a pensar “y si…”. — Se encogió de hombros y negó con la cabeza. — ¿Y si Poppy y Peter no os hubieran encerrado en aquel aula? Ahora te estarías enfrentando a esto sola, y no es así. Os tenéis el uno al otro, tenéis recursos y podéis iros juntos a América, si es lo que hay que hacer. — Sean miró a Hillary. — ¿Preferiríamos teneros más cerca, poder ayudaros? Pues sí… — Levantó las palmas de las manos. — Pero también preferiríamos que Dylan ni hubiera tenido que pasar por esto. Nunca sabes por dónde te va a salir la vida, y lo importante es que nos pille juntos y sabiendo lo que tenemos. — Les miró a los dos. — Y lo que tenéis es un amor precioso. — Y si te da agobio pensar en todo lo que están haciendo los O’Donnell por ti — añadió Hillary —, dime, ¿qué no harías tú por Marcus o por Lex? — La verdad es que la lógica de sus amigos era aplastante. — Y por nosotros estoy seguro de que también. — Añadió Sean. — Así que simplemente dinos qué podemos hacer por ti desde aquí y nosotros lo haremos sin dudarlo un momento. — Su amigo se echó sobre el respaldo. — Incluso si es intimidar a ese McGrath, eh, para que no se pase un pelito. — Y en ese momento, no lo pudo evitar y se le escapó una carcajada. — Tú… ¿Tú conoces a mi suegra? Bueno, pues ni te imaginas en qué modo está. — Hillary se rio. — A tope de rendimiento Slytherin, no me cabe ninguna duda. — Ella asintió riéndose y luego enfocó a Sean. — Y ni te imaginas como le mira tu amigo, lo tiene a raya no, lo siguiente. — Miró con cariño a Marcus y le acarició la mejilla. — Se siente muy bien saber que no siempre tengo que ser la fuerte. — Dijo, desde el corazón. No se imaginaba Marcus cuánto la ayudaba haciendo esas cosas, obligándola a salir, a comer, echándose los pormenores del día a día encima.





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Fue sacar el tema de Aaron y el autocontrol de Alice se acabó. Marcus se destruía y empezaba a dar palos de ciego cuando veía mal a Alice, empezaba a intentar a la desesperada hacerla sonreír o, cuanto menos, que dejara de llorar. Pero ¿cómo iba a hacerlo ahora? Probablemente, después de la muerte de Janet, fuera la vez que Alice tenía más motivos para estar destrozada. Él también lo estaba. Tratar de evitarlo era absurdo, hasta él se daba cuenta.

Por eso simplemente agachó la cabeza con resignación, tratando de mantener la expresión de serenidad, cuando ella empezó a llorar y a lamentarse de cómo habían llegado hasta ese punto. Él también se lo preguntaba. Notó la mirada de sus amigos sobre él, de hecho, porque ambos debían estar muy sorprendidos del cambio de actitud de Marcus. Esperaba que no se confundiera con hartazgo o nada parecido porque no podía distar más de la realidad. Lo que ocurría estaba más relacionado con haber alcanzado un nivel de desesperación tan alto que había generado el efecto radicalmente opuesto al que tenía siempre: ni siquiera intentaba hacer nada. Y mejor no se martirizaba con ello o añadiría un problema inútil a toda la situación que ya de por sí tenían.

En vistas de su inacción, Hillary tomó el testigo. No pudo evitar negar levemente, mirando a la mesa y respirando con resignación. - Todo despliegue es poco y ella lo sabe. - Dijo, no directamente a Alice, no quería que se sintiera atacada por sus palabras, todo lo contrario. Pero sí quería evidenciar que no había razón en derrumbarse precisamente por eso. - Todo despliegue es poco tanto para lo que la queremos como para la situación que tenemos. - Añadió, sereno. Su madre le estaba pegando de verdad la aparente neutralidad al hablar, o sería ese nuevo grado que había alcanzado y que desconocía. Alice había entrado, sin embargo, en el bucle de la autodestrucción, y a Marcus le dolía el corazón de oírla. Ni siquiera la miraba, solo miraba la mesa. La mención al verano... todo aquel dolor, todo aquel sacrificio, hecho por ella sola y para que hubiera acabado así igualmente, haciéndola encima sentir que no había servido para nada. Era tan injusto que quería gritar y plantarse en América en ese mismo instante para traer a Dylan de vuelta aunque fuera por la fuerza. Evidentemente, el arranque no llegaba a salir del rincón de su cerebro en el que se había generado y se diluía en cuestión de segundos.

Lo que le hizo levantar la cabeza fue la aportación de Sean. Miró a su amigo y, tras su alegato, esbozó una sonrisa triste. Quería mucho a las tres personas que estaban en esa mesa... y, por Merlín, qué tremendamente inútil se estaba sintiendo, llevaba sintiéndose así desde que vio a los enviados de los Van Der Luyden aparecerse en el jardín de los Gallia. Esperaba que su amigo hubiera captado que le daba las gracias con la mirada, porque no fue capaz de pronunciar palabra sin riesgo de romperse en el proceso. Hillary añadió otro dato certero: ¿qué no haría Alice por él o por su familia? Miró a su novia. - Haría lo imposible. Lo ha hecho otras veces y siempre lo hace. - Dijo de corazón, mirándola, sin perder la voz taciturna que parecía ya vivir en él, pero sonriendo levemente, colocando con suavidad una mano en la de ella y apretándola.

A pesar de la tensión, la oferta de amenaza de Sean le hizo reír, si bien no exageradamente, parecía que no tuviera fuerzas para hacerlo más alto. Negó con la cabeza, en lo que las chicas aportaban la conclusión más lógica. De hecho, para ilustrarlo, arqueó una ceja a Sean con un gestito chulesco y habló, aunque no en el tono que solía usar en esas veces sino en uno más musitado. - Si te crees que le quito ojo de encima... - Subió ambas cejas. - Y te puedo asegurar que ahora mismo no hay nadie en el mundo que se atreva a toserle a mi madre, cuanto menos el cobarde de McGrath... que vaya poco honor hace a su casa. - Sean soltó una risotada. - Bueno, perdona que te lo diga, pero a tu madre no se atreve a toserle nadie nunca. - Pues hazte una idea de cómo estará ahora. - Apuntó Hillary con una risa que pensaba infundir sarcasmo pero lo que realmente revelaba es ese punto de admiración que su amiga tenía por una Slytherin de categoría como Emma. Hillary hubiera sido de esa casa de poder elegir, estaba convencido.

Soltó un suspiro frustrado, porque fuera de bromas, era consciente de lo que acababa de decir y tenía que matizar antes de que Alice se tensara. - Igualmente, hemos decidido enterrar el hacha de guerra. La situación de Aaron no es nada fácil tampoco y... se puede decir que nos necesitamos el uno a los otros para poder resolver nuestros problemas, que bien grandes son. - Vamos, que no estamos para tonterías, pensó, por no decir que él nunca había estado para tonterías, pero cuando se trataba de Aaron era necesario aclararlo. Cuando Alice le acarició la mejilla, volvió a sonreírla y agarró su mano, dejando un beso en esta, pausando sus labios en ella durante varios segundos, como si quisiera... infundirle fuerza, o cariño, o algo. O creerse él mismo que lo que Alice acababa de decir era verdad. Más bien, con ese beso quería decirle quiero creerte, quiero creer que así es, que estoy ayudándote a no ser la fuerte, que estoy siéndolo yo por ti por una vez... Pero le costaba. Se sentía perdido e inútil, pero diciéndoselo a Alice no arreglaba nada, al revés, solo lo podía empeorar. Si llevar eso por dentro era ser fuerte... era un auténtico martirio. Pero por ella, lo pasaría. Pasaría lo que hiciera falta.




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Ya sabía ella que todo despliegue era poco para ellos, y eso era lo que le preocupaba, que ella no tenía nada que darles a cambio. Docilidad, confianza ciega y tragarse las ganas de gritar y arramplar con todo, pero eso tampoco era mucha recompensa por todo lo que estaba haciendo por ella, más bien simplemente eliminaba obstáculos para hacerles el camino más fácil, qué menos. Y sí, ella haría lo imposible, por supuesto, pero lo imposible para ella y lo imposible para los O’Donnell era remarcablemente diferente, pero no iba a decirle eso a Marcus, que ya parecía estar al límite de sus fuerzas y no necesitaba más cenicidad.

Rio un poco a las afirmaciones de Marcus, Sean y Hillary, pero realmente no estaba allí, y se estaba sintiendo peor solo de pensar en que allí estaban todos, intentando ayudarla, distraerla, y ella mientras tanto dando el espectáculo. Solo puso una sonrisa triste y apretó la mano de Marcus, esa que él besaba con cariño y fuerza, con esa ternura que sus ojos le transmitían… Qué inmensa suerte la suya. — Estás llevando con mucha dignidad tener un Gryffindor penoso en casa, mi amor, no te quites mérito. — ¡Uy! ¿O’Donnell sin quejarse? Eso sí que es un milagro, lo que no haga el amor… — Contestó Hillary, tratando de hacer una broma. Sí, definitivamente eran los mejores.

Oye, ¿y cómo está tu padre? — Ah, ese tema, obviamente tenía que salir. — Destrozado, supongo. No le veo desde hace días. — ¿Cómo? — Preguntaron los dos a la vez abriendo mucho los ojos. Soltó la mano de Marcus y se apartó el pelo, resoplando. — Pues… No tengo fuerzas para hablar con él, la verdad. Todo esto es culpa suya, yo he hecho todo lo humanamente posible por evitarlo y él todo lo contrario… No quiero… No tengo fuerzas para lidiar con sus dramas, tengo que recuperar a Dylan. — El silencio era pesado y atronador, sentía cómo sus amigos sentían lástima por su padre, sabía que era lo que pensaba todo el mundo, pero no eran ellos los que llevaban advirtiendo y evitando el desastre desde hacía demasiado tiempo. — Bueno, en una cosa tienes razón, primero va lo de Dylan y luego ya se verá. — Sí, la concesión de su amiga era lo correcto. No confrontaba directamente pero no cerraba la puerta. Y sabía que no podía, porque ella misma no había perdonado a su propio padre por haberlas abandonado, y no le perdonaría aunque lo tuviera delante y supiera quién era, así que al menos no la presionaba con eso. A Sean parecía que se le iba a salir el alma del cuerpo de no decir nada, pero iba aprendiendo de estar con Hillary a su lado de cuando era mejor callarse.

Bueno y… Perdón si pregunto de más, pero… ¿Qué dice el resto de tu familia? — Preguntó su amiga. Ella suspiró y volvió a revolver un poco la comida en el plato, mientras se encogía de hombros. — Pues… Bueno, el que por está es mi abuelo, me preocupa de verdad su salud, está hundido. Mi abuela pues siendo un déspota insoportable que me odia por hacerle daño a su niño y mi tía Vivi un poco como un pollo sin cabeza. — ¿Y André y los demás? — Suspiró y negó con la cabeza. — Imagino que… Alguien se lo habrá contado. — Alice, ¿no has hablado con tus tíos y tus primos? — Se sentía avergonzada, como una niña que lo ha hecho malamente, y negó con la cabeza. — Estoy preparándome, Hillary. No paro, duermo fatal, estoy hundida… No puedo preocuparme ahora por los demás, estoy muy metida en todo el asunto de América, no puedo pararme. — Hillary suspiró y ya Sean si intervino. — Ya, pero Gal… No puedes evitar a tu familia y menso en este asunto. — No han hecho nada para ayudarme, Sean. — Dijo, ya sí, enfrentando su mirada, desafiantemente. — Bueno igual es que… — No tengo tiempo para excusas, la verdad. — Vio como su amiga ponía la mano sobre el brazo del chico, claramente para que no insistiera por ahí. — Bueno, entonces, ¿quién lo sabe? ¿Es como secreto o podemos decirlo? — Alice miró a Marcus y se rascó la frente. — Fuera de la familia lo sabe solo Darren y, bueno, Ethan, porque tuvimos que ir a buscar a Aaron a su casa. — ¿Y Theo? ¿No se lo había dicho Jackie? — Ella suspiró y asintió, dejando caer los ojos. — Es posible, sí. Pero no lo difundais mucho porque hay ciertas personas que no quiero que se enteren por rumores. — Miró a Marcus y se mordió los labios por dentro. — La pobre Olive, por ejemplo… Poppy y Mina Mackenzie, que siempre han sido tan buenas con nosotros… Pero ahora mismo no tengo muchas fuerzas para contarlo. — Con eso podemos ayudarte, Gal, tú dinos a quién le damos la noticia y a eso vamos.





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Sonrió levemente de lado al comentario de Alice, y rodó los ojos con cara irónica a Hillary, aunque sin perder esa sonrisilla, que en parte agradecía lo que sus amigos intentaban hacer: levantarles el ánimo. Se notaba bajo de fuerzas, salir de la casa, de la vorágine en la que llevaban todos esos días, parecía haberle alicaído hasta tal punto que se sentía sin energías casi ni para contestar. Genial, sacaba a Alice de casa para animarla y acababa destrozado él. Respiró hondo y siguió comiendo, a ver si así se espabilaba un poco.

Aunque los ánimos no iban a mejorarse tan fácilmente, porque mucho tardaba en salir el tema de William, era obvio que sus amigos preguntaran. No le sorprendió en absoluto sus reacciones cuando Alice aseguró que no se veía con él. Le recorrió un escalofrío. Prefería no pensarlo, estaba mentalizado de que ese enfado de su novia se apagaría cuando tuvieran de nuevo a Dylan, que estaba muy incendiada por el miedo y por la rabia de haber luchado tanto para que se lo quitaran igual. Pero cada vez que tomaba conciencia de que William tenía a su hijo en América y que su hija no le hablaba, y que ellos estaban favoreciendo esa circunstancia teniéndola en casa... Dejó el tenedor en el plato lentamente porque se le estaba atravesando la comida.

Y claro, no era William el único Gallia con el que Alice no tenía contacto. Dejó fluir la reacción de sus amigos y luego respiró hondo por la boca antes de contestar. - Ahora lo que toca es prepararse bien. La información... les ha llegado. - Dijo simplemente. Sabía que la familia de Francia estaba debidamente informada porque así lo había autorizado su madre cuando lo consideró oportuno. Al fin y al cabo, ese timón lo estaba manejando ella. - Y... por las circunstancias en las que estamos, quizás no podamos estar todo lo físicamente juntos que nos gustaría, pero la familia siempre está junta aunque no lo esté. Simplemente es un momento delicado en el que tenemos que estar preparándonos, no podemos irnos a América con flecos sueltos. - El tono aséptico y casi institucional con el que había dicho eso no era nada propio de él, de hecho Sean le miraba con el ceño levemente fruncido. Le escudriñaba, más bien. Parecía estar llegándole su mensaje mental: "este no eres tú, Marcus, y no sé muy bien a qué se debe que hables así". Se debía, ni más ni menos, a que no podía meter el dedo en la llaga. A que no había dicho ninguna mentira y había preferido omitir la parte de sus emociones, la que gritaba que deberían estar todos en la misma casa. Preparándose, sí, pero también apoyándose. Se estaba focalizando en ser más hijo de Emma que de Arnold, pero la realidad es que era hijo de los dos.

Hillary no había apostillado nada, pero Sean no pudo aguantar más e intervino. Y maldito fuera él, que el corazón le dolía con cada latido, porque le encantaría estallar y ponerse a gritar que Sean tenía razón, que qué narices estaban haciendo con ese vacío a los Gallia, que todos estaban sufriendo lo mismo. Pero, una vez más, calló. Alice era la debilidad y prioridad absoluta de Marcus y siempre le daba la razón, y cuando consideraba que no la tenía, siempre había una voz en su cerebro que le daba la vuelta para, finalmente, darle la razón. Por si esto fuera poco, su madre parecía opinar como ella. ¿Quién era él entonces para contradecir? Había pasado de líder a peón y, sinceramente, en semejantes circunstancias, estaba conforme con su posición.

Su amiga desvió ligeramente la pregunta. Marcus sopesó, respirando hondo. Realmente, había estado dándole muchas vueltas a eso estos días y tenía una lista mental elaborada, solo que no la había cotejado con Alice. Puede que fuera el momento, quizás entre los cuatro llegasen a una buena conclusión. - Lo cierto es que... uno de los motivos por el que quería quedar con vosotros, aparte de para veros antes de irnos y porque considero que debíais ser nuestros primeros amigos en saberlo, obviamente, era para que nos hicieseis de intermediarios con esto. - Miró fugazmente a Alice y suspiró brevemente, resignado. - No podemos contar esta historia una y otra vez... - Musitó. Porque ya estaban agotados y casi ni habían empezado. - Nos sería de gran ayuda que... con mucha discreción, preferiblemente en persona porque... bueno, es muy poco probable que estéis en el punto de mira, pero acabamos de quedar y una montaña de cartas podría ser, cuanto menos, sospechosa. No queremos problemas con el correo. - Encogió un hombro. - Probablemente Theo ya lo sepa por medio de Jackie. Nos gustaría que Donna lo supiera, pero que le pidierais que no se lo contara a Andrew. Por supuesto que nos fiamos de él, pero no queremos que la noticia se expanda más de la cuenta. - Soltó aire por la nariz y miró a Alice. - Creo que Poppy y Peter deberían saberlo. La familia McKenzie lleva muchos años ligada a la tuya y la Bradley a la mía. Se les pedirá la máxima discreción, es un asunto muy delicado. Pero... creo que lo deberían saber. - Marcus se rascó la frente, pensando. - Puedo pedirle a mi padre que hable con los Bradley... Y, si podéis, id a casa de Poppy para comunicárselo a ella y a los McKenzie. - Se mordió un poco el labio, sin dejar de pensar a toda velocidad. - Kyla es muy probable que ya lo sepa. Su padre debe estar al tanto, y si no nos ha dicho nada será porque ha entendido el carácter de máxima discreción del asunto. Igualmente, intentaré averiguar si lo sabe o no, y si hablo con ella, le diré quiénes de nuestro entorno lo saben. - Hizo otra pausa y concluyó. - Y creo que eso sería todo. Con Olive me gustaría hablar yo personalmente. - Y, tras su exposición, se hizo un silencio en la mesa.

- ¿Por qué no os compráis un móvil? - Marcus frunció el ceño. Los otros dos también miraron extrañados a Hillary, pero la chica parecía muy serena, como si acabara de llegar a una conclusión sencilla y práctica. - ¿Qué? - Un móvil. Los Van Der Luyden, si se vanaglorian de algo, es de su pureza de sangre, de todos sus contactos sangre-pura. No van a caer en que estáis utilizando un método muggle de comunicación. -Marcus parpadeó y la chica siguió exponiendo. - Comprad el móvil en América cuando lleguéis, no levantaréis sospechas. No sé por qué canal de comunicación vais a contactar con vuestras familias, pero... - La chica se llevó la mano al bolsillo y sacó un papelito y un lápiz, y apuntó una serie de números rápidamente mientras seguía hablando. - Este es el mío. Puedo encargarme de comprarle uno a tus padres en Gales, allí tampoco va a investigar nadie, y se lo doy. Cuando tengáis el móvil, me llamáis, y os pongo en contacto con tus padres, Marcus. Es un método de comunicación muggle, no saben pincharlo ni rastrearlo, no cuentan con él, y para comunicarse es muy fácil y rápido. Estoy casi convencida de que Theo y Darren tienen uno, o como mínimo tendrán un teléfono fijo en sus casas. - La chica le tendió el papelito a Marcus, que lo tomó lentamente. Hillary les miró con cierta tristeza. - Por favor. No vamos a poder soportar estar a saber cuánto tiempo sin saber nada de vosotros. -




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El ejército
Con Marcus | En Casa O'Donnell | Del 16 de julio al 1 de agosto de 2002
Se estaba haciendo la tonta bastante deliberadamente respecto a la actitud de Marcus. Sabía mejor que nadie que su novio sufría, y ponía aquel tono de comunicado oficial porque no quería, en medio de lo que estaban pasando, recriminarle algo tan delicado, y ella, silenciosamente, lo agradece. Pero también sabía que su novio no lo verbalizaba porque a Marcus le encantaba ignorar la realidad, y la realidad es que ella tenía motivos de sobra para no querer hablar con su padre, que muchas cosas que habían hecho eran imperdonables, y su familia de Francia… Pues había tenido muchas oportunidades de ayudar, y quizá no era culpa de ellos, pero ahora mismo ella tenía que centrarse en SÍ hacer algo productivo.

Y Marcus sabía muy bien ser productivo. En un momento, había dado una lista de quién debía ser informado, cómo y en qué circunstancias, advirtiendo a la vez a sus amigos de los peligros que había. De verdad, que si él no estuviera ocupándose de esas cosas, no sabría que hacer, andaría tal cual como su tía Vivi. Le miró con cariño y bastante tristeza cuando dijo lo de Olive. — Es lo mejor que puedes hacer, no se me ocurre nadie mejor que tú para hablar con ella. Yo lo haría pero no puedo mirarla y… — Las lágrimas anegaron sus ojos otra vez, pero trató de controlarse, porque Hillary estaba hablando.

No pudo evitar poner una breve sonrisa. — Recuerdo aquel trasto de tu madre… — Pero no hacía falta hacer un ejercicio de memoria, su amiga llevaba uno encima. Realmente… Tenía razón en que los Van Der Luyden no tendrían ni idea de lo que era eso, ni mucho menos cómo intervenirlo… Suspiró y dejó caer los hombros. — Quizá en América nos puedan enseñar a utilizarlo, sí… — Se rascó la frente y arrugó el rostro. — No sé si veo a mi suegra tocando siquiera ese cacharro, pero… Quizá para hablar con vosotros y los chicos… Desde luego para contactar con los demás Gallia estaría bien tener el de Theo. — Se frotó las sienes y los ojos. — Te lo agradezco, de verdad, Hills, pero ahora mismo no me veo capaz de tomar ninguna decisión. — Su amiga le agarró una mano. — Pues, claro, cariño, ya hablaremos del tema… Tú ahora intenta distraerte un poco… — Lo hablaremos con tus padres y Rylance cuando lleguemos. — Dijo mirando a Marcus, porque un buen Ravenclaw siempre sabía apreciar algo que hacía la vida más fácil.

El resto del tiempo pasó hablando de pormenores, cosas de las vidas de sus amigos, por variar del tema y explicaciones de dónde se iban a quedar, todo lo que les quedaba por preparar, impresiones sobre América y Nueva York… — ¿Sabes? Quizá debería callarme, pero… Creo que puede que hasta te venga bien todo esto, Gal. — Dijo Sean. Ella le miró con una ceja alzada. — Lo de Dylan es terrible y ojalá no hubiera pasado, pero… La vida de tu madre siempre ha sido como una bruma en tu vida, te faltan muchísimos datos y… Al fin y al cabo ella fue feliz en Nueva York, allí fue donde conoció a tu padre y… En fin, vas a poder mirar a esa gente a la cara y desahogarte a gusto, cerrar de una vez y para siempre… Puede que, al final del todo, sea para mejor. No más amenazas, no más oscuridad. — Miró a su amigo con cariño. — A veces sabes no ser un gilipollas y ser tremendamente sabio, Sean. — Eso hizo reír un poco a su amigo. — Vaya, gracias. — tomó aire y trató de poner una sonrisa. — Voy a ir al baño un momentito antes de irnos, ¿vale? — Dejó un beso en la mano de Marcus y se levantó.

Realmente, lo que necesitaba era llorar a gusto, sola, aunque solo fuera unos minutos. Unos minutos en los que no era una hermana mayor coraje, responsable, dispuesta a todo, sino una adolescente sin madre, con muchas preguntas y muchos miedos, que solo quería llorar, hacerse una bolita y desaparecer. Solo cinco minutos. Luego saldría y volvería a ser ella. Pero ahora, lloraría y pensaría en ese Nueva York de los años ochenta, en su madre joven y alegre, en su padre alocado pero encantador, de la mano por esa ciudad… Cuando aún no había problemas como los que tenían en ese momento, recordando que, alguna vez, merecieron todas las penas.





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