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Dom Mayo 22, 2022 11:35 pm por Little Cash



«Yo no soy el dueño de mis emociones»
Richard Barnham
Policía. Orlando Bloom . Saint
La línea que separa el bien y el mal suele ser tan fina que, a menudo, solo aquellos de carácter más condescendiente se atreven a clasificar las acciones de sus congéneres para establecer castigos y juicios. Las mismas personas que, a través de entidades e instituciones, decidieron de un día para otro en la época de 1920 prohibir el alcohol en Estados Unidos mientras ellos, totalmente ajenos a sus propios dictámenes, se entregaban al deleite de las bebidas más espirituosas al amparo de la inmunidad.

Sin embargo, no todos estaban dispuestos a seguir las leyes sin sacar provecho de ellas. Hombres como el jefe de Camillo Lombardo vieron una oportunidad de oro para hacerse ricos. Fue así como proliferaron los negocios ilegales en torno a unos productos que muchos anhelaban y solo estos caballeros de fortuna, como diría el ficticio John 'Long' Silver, podían ofrecerles.

Pero, por fortuna o por desgracia, en medio de ese mundo corrompido existían policías eficientes como el veterano Richard Barnham que entregaba día a día su propia vida y la infancia de su hija para combatir el crimen. Redadas, multas, investigaciones. La búsqueda incesante de esas sombras era tan titánica como la de compañeros comprados por los mismos. Una lucha prácticamente perdida en la que un movimiento en falso, le lanzaría a la boca del mismísimo lobo.

ONE ON ONE . ORIGINAL.  ÉPOCAS PASADAS. ROARING TWENTIES
Camillo Lombardo
Mafioso. Michiel Huisman . Little Cash





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Lun Mayo 23, 2022 12:18 am por Saint



Yo no soy el dueño de mis emociones
Richard . Club privado . Medianoche . CON Camilo
En otro momento habría visto lo risible de sus circunstancias. Un policía en un club privado en medio de políticos, mafiosos y prostitutas. No es que sea el único policía ahí metido, pero sí el que parece más indispuesto a aceptar lo que se está llevando ahí acabo. Al final, si está bebiendo es porque no han dejado de presionar los vasos de brandi en su mano cada que ven vacía su copa, y quizás es mejor así, mantener los labios ocupados para evitar atraer la atención de cualquier prostituta con intención de darle quehacer a su boca.

El no es del tipo de hombre que disfrute de esas acciones, y no es porque sea un tipo de moral alta e inquebrantable. Nada de eso, ojalá, pero no. Se trata más bien de que es homosexual. Sus inclinaciones lo han vuelto ciego a la forma femenina, lo único que realmente puede ver es el tipo de belleza que incluye mejillas pobladas de vello, labios delgados, fragancias a madera.

Una melodía conocida lo despierta de sus pensamiento, o quizás más bien fue la presencia de un hombre a su lado que es injustamente atractivo. — No pensé que aún hubiera gente que pudiera moverse sin venirse abajo. — comentó, apreciando lo bello de su rostro. — Aprovechando, ¿le gustaría salir a la terraza a fumar un cigarrillo?

Escuchando sus propias palabras se da cuenta de que está más ebrio de lo que había pensado inicialmente. Lo suficientemente ebrio para dar rienda suelta a los deseos que usualmente intenta reprimir.






Última edición por Saint el Lun Mayo 23, 2022 10:17 pm, editado 4 veces
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Lun Mayo 23, 2022 8:13 pm por Little Cash



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Club privado . Medianoche . CON Richard
Las fiestas clandestinas eran uno de los mejores lugares para cerrar tratos y seguir comprando la voluntad de policías y jueces. Su jefe se encargaba expresamente de la llegada y distribución del alcohol en Estados Unidos y, más concretamente, en Nueva York. Camillo era uno de sus cabecillas, de esos que vigilaban que todo se hiciera según él quería y sin error. No era de los que se manchaba las manos aunque tampoco le temblaba la mano a la hora de apretar el gatillo y volarle a alguno la tapa de los sesos. No había ningún precio lo suficientemente alto si la recompensa era continuar ganándose el favor del jefe.

Lombardo había nacido en Sicilia, igual que muchos de los miembros de la familia. Allí su vida había estado condenada al trabajo y el campo hasta que un día después de una pelea con otro muchacho, le ofrecieron un lugar entre los suyos. Mateo le brindó la entrada a un mundo mucho más beneficioso y trepidante y aceptó. Adiós Italia, hola Nueva York.

Con el paso de los años había ido escalando posiciones hasta ser nombrado consigliere, es decir, consejero directo del don en los asuntos no militares, de eso se encargaba su sucesor, el sottocapo. Había pasado de ser soldato a ser una de las manos derechas del hombre que nunca acudía a las fiestas. Era un rostro desconocido para los que ocupaban rangos más inferiores y ni siquiera estaba presente en las reuniones con el jefe de la policía o el juez supremo. De eso se encargaba el segundo. Así se resguardaba.

Siguiendo la tradición, allí no estaba el don sino Matteo, Camillo y algunos más cada uno inmiscuido en sus propios asuntos. Lombardo contemplaba la aburrida música con tintes clásicos y deseó que fuese jazz, eso sí que era marcha. Sin embargo, habían escogido algo menos contemporáneo para no hacer demasiado ruido. Estaba totalmente centrado en una conversación lejana cuando un hombre se dirigió a él. Camillo se giró para observarlo y consideró que debía pertenecer al cuerpo policial o judicial. No era uno de los suyos. Hubiese recordado la belleza de sus marcadas facciones.

—Nunca subestime al ser humano—apuntó ingenioso el italiano —¿Un cigarrillo?—Camillo elevó una ceja con perspicacia y como no tenía nada mejor que hacer, aceptó —De acuerdo. Un cigarrillo—el secreto de su homosexualidad no era conocido entre los suyos porque temía que lo consideraran débil o blando —Un momento—agarró un nuevo vaso de whisky y esperó a que el otro abriese camino hacia la azotea. Nadie se fijó en ellos, afortunadamente.

—¿Es la primera vez que viene?—preguntó curioso.






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Lun Mayo 23, 2022 9:36 pm por Saint



Yo no soy el dueño de mis emociones
Richard . Club privado . Medianoche . CON Camilo
Eleva una ceja ante las palabras del otro hombre, una sonrisa torciéndole el lado derecho de los labios. Es más que una cara bonita. Piensa para sí mismo mientras inclina el rostro a modo de respeto por las palabras. Aguarda por él cerca de las escaleras que llevan a la terraza, Richard mismo ya no necesita más licor, con el vaso de brandi en su mano aún a la mitad. Aprovecha cuando Camillo está distraído para observarlo mejor, apreciando lo amplio de su espalda. Es delgado, atlético, completamente cómodo con su propio cuerpo. Le resulta intrigante esa seguridad que parece tener ante cada mínimo movimiento. Antes de poder ser atrapado se gira hacia las escaleras, comenzando a subirlas cuando escucha que el otro hombre está detrás de él.

Sí. Nunca he sido del tipo de personas que disfruta de las fiestas. — comenta con honestidad, no específica que de este tipo de fiestas especialmente, no es algo que el otro necesite saber. — Usted por el contrario se mira enteramente cómodo en estas circunstancias. — observa mientras se saca del bolsillo del traje el paquete de cigarrillos, ofreciéndole uno antes de tomar otro para sí mismo. — Quizás no esté bien de mi parte asumir que le gustan, pero si es así, ¿qué es lo que disfruta? — pregunta, acercándole la llama del mechero para que pueda encender su cigarrillo.

Una vez que ha encendido su propio cigarrillo, se relajó apoyando sus antebrazos en la baranda, mirando hacia la ciudad con sus calles vacías. — Que agradable es cuando no hay nadie más alrededor. — comenta, ladeando el rostro para mirarlo mejor. — Salvo la compañía que se elige, por supuesto.  Lo que me lleva a preguntarme cómo es que a aceptado venir conmigo, cuando hay tanta gente que le debe ser más conocida y agradable que este viejo desconocido. ¿Acaso me ha sonreído la suerte?





Última edición por Saint el Lun Mayo 23, 2022 10:16 pm, editado 1 vez
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Lun Mayo 23, 2022 10:12 pm por Little Cash



C1: Interludio
Club privado . Medianoche . CON Richard
Se sabía observado y creía saber muy bien porqué. Cuando un hombre miraba a otro con tanto interés y le invitaba a un cigarrillo existían dos posibilidades. La primera, y más probable, que quisiera tenderte una trampa aprovechando que bajabas la guardia. La segunda, y más difícil, que quisiera desnudarte y clavar sus manos en tu cuerpo. Camillo todavía no estaba seguro de cuál de las dos movía al desconocido.

—Eso es porque nunca ha estado en ninguna que merezca la pena—apostilló el italiano con seguridad —Un caballero debe saber adaptarse a todas las circunstancias posibles. Usted puede verme perfectamente integrado pero nunca sabrá si realmente lo disfruto o no—no era tan transparente, ni mucho menos, bien se había curtido para saber actuar a la perfección y engañar a todo el mundo —No es una mala pregunta—dijo al cerrar tras de sí la puerta y estirar la mano para recoger el cigarrillo ofrecido —La música aunque prefiero el jazz; y también la bebida. ¿No cree que hay algo de placer culposo en ingerir una bebida totalmente prohibida?—su voz se tornó más afilada, casi parecía el lobo tentando a Caperucita en el bosque.

Camillo prendió la trampa de nicotina con los ojos totalmente fijos en los de su interlocutor. Una pequeña nube de humo se interpuso entre ellos tras dejarla escapar por su nariz.

—Es usted un hombre muy solitario por lo que percibo—él no se apoyó en la baranda sino que se mantuvo erguido en su posición y cerca de la puerta por si era llamado —Tampoco es mucho mayor que yo si es que no tenemos la misma edad—aunque Camillo gozaba de un aspecto físico más cuidado —Puede que sí o puede que no. Mi curiosidad me ha traído hasta aquí. ¿Por qué me invita a un cigarrillo?—preguntó sin dar rodeos en esa ocasión.






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Lun Mayo 23, 2022 11:53 pm por Saint



Yo no soy el dueño de mis emociones
Club privado . Medianoche . CON Camilo
Una pequeña risa sale de él ante esa afirmación dada con tanta convicción. — El problema no son las fiestas, sino yo. — acepta sin timidez alguna. Ahí donde Camillo es seguro de sí mismo, Richard se siente cómodo con la persona que es, virtudes, defectos y sinsentidos se los acepta, al final, ha convivido con ellos por cuarenta años como para no haber hecho las pases consigo mismo. A pesar de todo, le resulta interesante, escuchar a alguien que se revela a sí mismo como camaleónico. Esa información, sin embargo, no le confirma realmente si se trata de un político o de un mafioso, pues al final ambas profesiones requieren exactamente de esa habilidad. Técnicamente también sería útil para los policías, pero Richard siempre ha sido demasiado necio para aceptar comportarse de una manera que no le guste, no por nada la mayoría de sus compañeros siempre creyeron que no iba a vivir demasiado tiempo.

Si esa noche iba a ser el momento, la verdad es que se le ocurren peores muertes que la infligida a manos de un hombre tan atractivo, pero quizás eso sea su desviación y el alcohol hablando. — Es una pena que no hayan tocado Jazz entonces. Aunque en lo personal prefiero el swing. — suspiró escuchando su pregunta. — Desear lo prohibido es algo normal, ¿no es cierto? Pero la prohibición no es lo que brinda el placer, la disfruto estando prohibida tanto como lo haría si no lo estuviera. — afirmó antes de dejar el vaso balanceándose precariamente en el delgado espacio de la baranda. — Que no es demasiado para empezar. Mis vicios son otros.

No tuvo problema en sostenerle la mirada, así como tampoco en darle la espalda, está lo suficientemente alcoholizado para sentir cierta emoción ante el peligro. — Lo soy. — respondió con el mismo tono falto de disculpa antes de girarse de nuevo para verlo, apoyando su cintura en la baranda, llevándose el cigarrillo a los labios de nuevo, dándole una calada, manteniendo el humo en sus pulmones como su doctor le dijo que debía hacer. — ¿Por qué no? — pregunta a su vez antes de soltar el humo con una elegancia que parece extraña para alguien que se ve evidentemente más de las calles. — Si es como dice y usted y yo somos de la edad, y si los dos sentimos curiosidad el uno por el otro, entonces ¿por qué no?

En un gesto conciliatorio rescata la copa que había dejado a su costado, tomando el resto del liquido en un trago, antes de dejarla de nuevo en el mismo lugar. — Quizás la vida ha tenido a bien reunirnos en este momento para aprender el uno del otro. — le dijo, observando con atención las facciones del otro, sopesando el riesgo de la reacción que causaría lo que estaba por decir. — Usted me ha enseñado a encontrar placer en algo prohibido sólo en virtud de su prohibición, y quizás yo podría enseñarle a apreciar placeres independientemente de su prohibición. Al final, ya aceptó una vez mi invitación, ¿por qué no otra?

Aún no está seguro de cómo salir de la situación en caso de que las cosas no terminen como espera, pero al menos lo ambiguo de sus palabras y su anonimidad le ofrecen cierta protección.




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Mar Mayo 24, 2022 12:26 am por Little Cash



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Club privado . Medianoche . CON Richard
—Entiendo. Eso sí me parece una afirmación más acertada aunque sigo creyendo que si no son de su gusto es porque no ha encontrado la indicada para su tiempo de gustos—costaba saber a qué se refería exactamente, si a su afán por el licor o a su orientación sexual y la verdad es que nunca lo sabría porque Lombardo era un hombre enigmático.

—Y tanto que lo es. Algunos de esos caballeros siguen algo adscritos a los antiguos gustos musicales y, oiga, no seré yo el que niegue la belleza de una composición de Vivaldi o Bach pero para una fiesta rodeada de prostitutas, es mucho mejor el jazz o el swing—dichos géneros motivaban a las mujeres a moverse y eso provocaba que los invitados consumieran más alcohol y el jefe de Lombardo se lucrase más a base de sus pecados —No lo sé, hay personas muy rectas y justas que siempre caminan por el lado de la ley—no era él nadie para negar que no pudiese existir al menos un individuo que no desease lo prohibido —¿Y cuáles son sus vicios?—preguntó Camillo con una fingida y absoluta inocencia porque se imaginaba cuáles eran. Quizá, ya era hora de descartar que quisiera matarle.

—Tampoco ha sido una conclusión muy difícil de elucubrar. Diría que hasta previsible—el matiz de reproche caló la frase aunque Camillo no se había ido y eso indicaba que había algo que le mantenía allí aunque hubiese preferido que el otro no fuese tan evidente. Le gustaban los retos y ese desconocido no lo era. Prácticamente lo tenía comiendo de su mano y eso que no había usado sus encantos.

—¿Por qué no qué?—siguió con suma atención sus movimientos elegantes y precisos, sobre todo, el pequeño círculo que esbozaron sus labios al absorber la sustancia del cigarro —¿De verdad cree que puede enseñarme algo a mí?—contestó burlón con una primera sonrisa perlando sus perfectos dientes. La valentía contraria le divertía.

—Así que su invitación a fumar es una forma velada de intentar seducirme—se ahorró la ambigüedad en esa ocasión y se mantuvo en su posición —¿Y si yo no compartiese sus vicios? ¿Qué haría entonces?—ladeó el rostro expectante.






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Mar Mayo 24, 2022 1:21 am por Saint



Yo no soy el dueño de mis emociones
Club privado . Medianoche . CON Camilo
Le parece curioso que sea tan difícil de aceptar para Camillo que alguien simplemente no sienta ninguna clase de interés por una fiesta. No responde, sin embargo, porque al final no es de importancia. Tampoco es como si dicha insistencia sea porque Camillo quiera invitarlo a alguna fiesta que crea que sea más de su gusto. Lo que sea que está pasando entre ambos en ese lugar es cosa de una sola noche y los dos lo saben, independientemente de si termina como Richard espera o no. No será la primera vez que las cosas no salen tan bien como quisiera, aunque si la primera en que intenta tener esos avances con otro hombre estando más ebrio que en su sano juicio.

Sin duda carece de instinto de supervivencia como se lo han dicho muchas veces antes. Quiere regañarse a sí mismo, sabiendo que tiene la responsabilidad de una hija pequeña que lo espera en casa de su hermana, pero así es. Nunca pensó que sería padre, no siendo quien es, pero lo era y su mujer lo había dejado solo. Tenía que dejar de comportarse como un jovencito, pero la tentación era demasiada. Sólo esta última vez. Se prometió a sí mismo.

Ah, pero eso es demasiado común, se supone que estamos con gente de altura. El jazz o el swing no representan ese estatus, independientemente de las prostitutas. — replicó con cierta diversión en la voz hasta el siguiente comentario. No puede menos que sonreír. — Usted parece ser bastante más optimista con la gente. — le dice, elevando las cejas. — Entre esto y que no debo subestimar a los ebrios, me está haciendo sentir muy cínico. — si bien hay un dejo de broma en sus palabras, se deja entrever que dice la verdad. — en lo personal no creo que alguien así pueda existir completamente. Creo que todos tenemos algo que preferiríamos proteger por encima de cualquier cosa, incluida la ley, y si hay alguien para quien no es así, entonces debe de vivir una vida extremadamente solitaria.

Encogiéndose de hombros como quien habla de manera casual y no como quien ha pasado tiempo preguntándose a sí mismo en que parte de esa escala está posado, sigue disfrutando de su cigarrillo hasta que Camillo lo obliga a sonreír de nuevo. — Cuando se trata de mis vicios prefiero llevarlos a cabo más que hablar de ellos. Tampoco quiero aburrirlo elaborando al respecto. — Sabe que Camillo lo está poniendo a prueba en esos momentos, pero ya ha sido tan franco como es posible y no le gusta necesariamente ser juguete de nadie, por más atractivo que sea el otro. — ¿Por qué no invitarle el cigarrillo? No sé si lo sepa, pero es bueno para la salud — responde a su duda, inclinando el rostro ligeramente ante el tono burlón de Camillo que le suena a casi indignado. Le hace gracia. — Pues claro que sí, y no es porque sepa más que usted en ningún aspecto en particular, sólo que el camino que he recorrido es muy diferente al suyo. ¿No lo cree? — y si hay un cierto reto en sus palabras eso es algo que solo Camillo puede o no percibir y actuar al respecto.

No puede menos que reír ante su desfachatez, definitivamente no es un político o le habría seguido el juego de la ambigüedad hasta que hubiera concluido en un puñetazo o en un beso. —  Si no lo hace entonces siéntase con la libertad de pelear conmigo o de irse. Al final, usted sabe tan bien como yo que al aceptar venir a solas conmigo y tras todo este rato que pasó, usted sería tan sospechoso como yo del mismo pecado del que me acuse ante el resto. — concluye, la adrenalina le corre por el cuerpo ante la velada amenaza que son sus preguntas y la identidad de mafioso que le ha descubierto. — Pero si comparte el mismo vicio entonces quizás pueda convencerlo de dejar de hablarlo y en su lugar mejor experimentarlo.




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Mar Mayo 24, 2022 1:56 am por Little Cash



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Club privado . Medianoche . CON Richard
Bien. El devenir de la conversación le agradaba porque Richard, a pesar de su evidente estado de embriaguez, era capaz de darle una conversación inteligente. El alcohol manaba de su boca y eso le restaba puntos en cierta manera aunque los estaba recuperando. Camillo se mostró más relajado y hasta entretenido, algo muy difícil en él.

—No se equivoque. El jazz suena en los clubes más distinguidos de la ciudad. Es la música del momento. Nunca los blancos fueron tan hipócritas como pagar unas cifras tan desorbitadas por ver cantar a los descendientes de aquello a los que explotaban con crueldad en las plantaciones de algodón—como italiano se sentía totalmente ajeno a ese pasado, en su país hacía tiempo que la esclavitud se había erradicado; mucho más que en el país americano —No diría optimista pero conozco cuánto se puede conseguir de un hombre apretando en los botones exactos—había torturado y extorsionado a más de uno, se creía una especie de maestro del comportamiento humano. Un pensamiento algo engreído por su parte.

—Puede que lo sea—sugirió con otra sonrisa blanquecina —Interesante razonamiento—se mesó la barba bien cortada durante un segundo —Siguiendo su premisa, no existe nadie capaz de respetar la ley cuando desea proteger lo propio pero ¿habría límites para usted? ¿Quién decide cuándo es más o menos válido actuar al margen de la justicia para salvaguardar lo querido? Porque para usted podría ser una persona y para otros, un negocio o un libro—formuló su supuesto esperando una respuesta a la altura.

—Oh, no. No me aburre. Para nada. Me agrada oírle hablar y sépase afortunado porque la mayoría me hastían—algo de narcisismo había arraigado en su interior —Tan bueno como el alcohol—le mantuvo la mirada más atraído que de costumbre por unos ojos tan marrones —¿Y cómo lo sabe? ¿Tan diferente le parezco a usted?—la respuesta era más que obvia, no se asemejaban en nada. Camillo era manipulador y perspicaz; y su interlocutor, honesto y demasiado confiado.

De repente, una carcajada seca y espontánea brotó de la garganta de Camillo Lombardo porque sabía que solo uno podía salir vivo de esa azotea y era él. Solo tenía que chasquear los dedos para que apareciesen sus camaradas y arrojasen por la baranda al disparatado personaje. No obstante, no iba a hacerlo y tampoco le preocupaba su fama porque, para la mayoría de los de abajo, solo era un rostro. Nadie excepto sus más allegados sabían su nombre real, así que no había una identidad que ensuciar mientras que su compañero de cigarrillo, bueno, él tenía pinta de tenerla.

—No me apetece ensuciarme el traje con su sangre—admitió dándole una nueva calada al cigarro —Le explicaré los términos de ese posible encuentro—se aclaró la voz dando un paso hacia él por primera vez en toda la conversación —Hasta que no acabe esta fiesta no puedo irme, sabe a qué me refiero—admitió tranquilo —No sé hasta qué hora está usted dispuesto a esperarme pero si tanto me desea, tiene dos opciones. O esperar o dejar que le tome aquí mismo—declaró matando el cigarro contra el edificio.






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Mar Mayo 24, 2022 9:20 pm por Saint



Yo no soy el dueño de mis emociones
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Se lo podía imaginar perfectamente, en uno de esos clubes que comenta, con un traje similar adornando su figura, con ese porte que no cree haber visto en nadie más antes que él y eso que en sus largos años de servicio ha servido como protección de gente acaudalada en muchas ocasiones. Sí, Camillo no se parece a nadie que haya conocido antes, y puede que sea precisamente esa la razón por la que encuentra su presencia tan intoxicante, y por el que pareciera que su mente se niegue a ver razones. Cualquier persona con un poco más de cordura y sentido de autoconservación que él jamás habría intentado lo que Richard. Supone que al final es precisamente eso lo que llama la atención de Camillo y la razón principal de que siga ahí, entreteniéndolo.

Se nota que usted no es americano. — le dice, porque hablar de la hipocresía de su gente con tanta tranquilidad no era normal en otros como Richard. Al final eran personas como él los beneficiados por la opresión a las personas de color. Eso lo sabía. — No me malinterprete, lo digo porque es inusual escuchar a alguien hablar de ese tipo de verdades. Aunque no hace daño saber que ese pequeño acento tiene una razón de ser.

No está seguro de dónde viene, pero le resulta placentero, y ese es el dilema, es como un señuelo que atrae a la víctima directo a las fauces del depredador. Pero está bien, Richard no se siente como una presa incluso si puede ahora notar que su vida se balancea tan precariamente como la copa que dejó olvidada en la baranda. No le sorprende que Richard sepa cómo conseguir información o lo que quiera de otra persona. Lo cree sin ninguna duda, porque en ocasiones ha tenido que recurrir a prácticas similares. Gajes del oficio que comparten, aunque en su caso la justificación sí importa en ocasiones. Al final los dos trabajan para organizaciones, la única diferencia es que Richard trabaja para el estado y Camillo para el jefe de la mafia a la que pertenece.

Ah, pero para eso están los demás, ¿no es así? Los demás son el límite. La sociedad es una mano que abarca todo, ¿acaso nunca la ha sentido apretándole el cuello? — pregunta a su vez. — Por ejemplo, la reacción de la sociedad no sería la misma si me mirara robar un trozo de pan para alimentarme a como lo haría si robara para hacerme rico. O al menos eso quiero creer. — porque sabe que hay excepciones. Muchas. — Creo que es ahí donde se cubre lo que se escapa a la ley. Me parece infinitamente más peligroso el juicio de la sociedad que el de un juez.

Acepta el halago por lo que es. A él también le gusta como Camillo lo reta con cada cosa que le dice, es estimulante sin duda alguna saber que está con alguien que es mucho más que una persona atractiva. Si las circunstancias fueran otras, o quizás más bien, si vivieran en un mundo más amable para personas como Richard y posiblemente Camillo, quizás podría verse a sí mismo compartiendo muchas conversaciones más con él, en escenarios menos hostiles, más cálidos. Es una locura siquiera entretener ese pensamiento, pero su padre siempre le dijo que en su corazón era un soñador. — Me parece que nunca he visto a nadie remotamente similar a usted en mi vida. — responde con honestidad. — Y algo debe ver usted en mí si está dispuesto a escucharme, aun creyendo que no tengo nada qué enseñarle. — una sonrisa traviesa le adorna los labios por un buen rato. La risa de Camillo le toma por sorpresa, pero no lo demuestra, manteniéndose ecuánime en todo momento salvo por la ligera curvatura de su boca que se relaja en una línea semi recta al escuchar sus siguientes palabras. Escucha los términos, sabiendo que los habría en caso de que el otro hombre decidiera sucumbir a la misma tentación. Se mantiene quieto incluso cuando Camillo se acerca a él, está comenzando a sentir como su corazón se está acelerando, sólo por la cercanía, no por la admisión. No hace falta reacción ante algo que le pareció evidente de antemano. Sus ojos bajan de inmediato hasta los labios del otro en cuenta escucha las dos opciones que tiene antes de subir de nuevo. — No soy yo quien ha demandado palabras en lugar de acciones todo este rato. — le responde, juguetón, ladeando el rostro por solo un segundo para luego tomarle por la nuca, acercándolo con firmeza a un beso del tipo que deja los labios inflamados.




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Vie Mayo 27, 2022 9:49 pm por Little Cash



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Club privado . Medianoche . CON Richard
—Sí, sería extraño oír a uno estadounidense hablar de los pecados de sus ancestros—Estados Unidos estaba forjada sobre el fuego y la sangre de sus verdaderos habitantes, aquellos hombres de piel más oscura relegados a las reservas. Los supuestos 'americanos' eran descendientes de los primeros colonos aunque se notaba el poder que aquella lejana vida había dejado en ellos.

—¿Mi acento tiene una pequeña razón de ser? ¿A qué se refiere?—Camillo no entendió bien su comentario y se preguntó si se debería a alguna carencia lingüística relacionada con el uso de las expresiones más coloquiales o si, por el contrario, simplemente se trataba de una diferencia cultural. El mafioso contempló interesado al policía.

¿Que si había sentido alguna vez la mano de la justicia aferrándose a su cuello? Por supuesto. El italiano había jugado con fuego en muchas ocasiones aunque ese tipo de presión solo la ejercía su jefe, el ser al que más respetaba y temía decepcionar. Era un hombre ambicioso pero sumamente leal. Prefería ganarse el puesto por méritos propios, no asesinado a su antecesor. El resto de la sociedad, sinceramente, le daba igual; ni siquiera la policía le preocupaba.

—Tenéis razón, en parte. La opinión de la sociedad puede aislar a un individuo pero este siempre podrá cambiar de lugar de residencia para deshacerse de ese estigma mientras que la opinión del juez prevalecerá. No es lo mismo ser un forastero que un forajido—apuntó con su habitual dominio de la retórica.

Sonrió aunque no complacido sino divertido. Camillo poseía un aura atrayente a la que pocos eran inmunes. Mujeres y hombres, todos encontraban en él un motivo para buscarle. Por eso, no se sentía halagado, estaba más que acostumbrado. En cuanto a Richard, poseía una buena percha y una conversación superior a la de la mayoría pero no compartía la fascinación del contrario por él mismo. No podía decir que no hubiese conocido a nadie como él.

—Me entretiene—repitió sin ofrecerle mayor respuesta o mérito —Porque yo no soy el que se siente impaciente—entendía el desasosiego contrario pero tampoco le era compartido. Él podría haber continuado con su vida ignorando ese encuentro pero ese desconocido había caído de lleno en sus encantos. De haber sido empático, hubiese esperado no dejarle marca pero le daba igual. Si él se lanzaba contra sus labios, él le daría lo que buscaba.

El italiano respondió al beso con la misma determinación aunque con menos necesidad. Él no era el sediento del desierto. Él era el agua anhelada. Sabiéndose gobernante de ese encuentro, su boca buscó un respiro y sus manos se aferraron a la pechera contraria. En dos movimientos lo estampó contra el lado contrario de la puerta para que nadie los viera si subía por la escalera. Sus ojos magnéticos recorrieron las facciones del desconocido y sus dedos se precipitaron hacia la hebilla de su cinturón para regalarle una férrea caricia por encima de la entrepierna.






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Sáb Jun 11, 2022 11:40 pm por Saint



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De un americano o de cualquier hombre en general. — comentó, convencido de que hablar de los pecados de sus ancestros tampoco sería algo agradable para cualquier persona, sea respecto a los cimientos de la nación en la que vive o de la familia a la que pertenece. Aún así, mantener en mente las faltas del pasado hacía bien para intentar evitarlas en el presente y el futuro. No que realmente hubiera tanta gente con esas ideas alrededor. La cuestión de la colonia era un punto negro en la historia que todos preferían ignorar.

No se nota demasiado, pero está ahí con la manera en que las palabras escapan su boca, si lo señalo es como parte de un halago no como una falta. — aclara entonces, preguntándose si es que acaso nunca se lo habían comentado, quizás no, temiendo represalias si el italiano se tomaba el comentario a mal, pero las represalias nunca han sido algo que a Richard le preocupara demasiado.

Las palabras de Camilo le hacen elevar ligeramente las cejas, sorpresa que procede a explicar — No esperaba que alguien con su empleo temiera más a la justicia del estado que a la de la opinión pública. Será quizás que el juez no aprueba abiertamente de dichas actividades mientras que el pueblo sí. — se encogió de hombros, pensativo. — Aún así, yo creo que está menospreciando el alcance de la mano de la sociedad, no todos podemos dejar atrás el pecado por el que nos atacaría. Lo seguiríamos llevando con nosotros a dónde quiera que vayamos, rezando que no lo vean los demás porque si lo hacen tendremos que movernos otra vez, nuestra reputación alcanzándonos a dónde quiera que vayamos. Algo de dinero y de poder sirve para silenciar a la justicia en la mayoría de los casos, pero no hay suma de riqueza que pueda silenciar la opinión de la gente.

Y al final ese era sólo parte del problema para alguien como él. Ilegal ante los ojos de la justicia, inmoral desde los de la sociedad y perverso desde los de la religión. No había modo de escapar de todas las miradas, sólo mantenerse tan escondido como fuera posible, aprovechando los minutos de libertad que pudiera encontrar en el refugio de alguien similar a él mismo.

No le sorprende que el halago no sea compartido. Richard no es el tipo más inteligente del lugar, si lo fuera no habría decidido invitar al otro hombre a la azotea, es más, ni siquiera estaría ahí porque habría elegido una profesión distinta; pero es lo suficientemente listo para saber que la posición de poder entre ambos la tiene Camilo, y como es sólo cosa de esa noche, no tiene problemas con ello. Después de ese encuentro no volvería a ver a Camilo salvo si llegase el momento de intentar aprehenderlo como policía.

La respuesta le hace reír y se toma un momento para disfrutar de esa risa porque siente que tenia demasiado tiempo sin salir con la sinceridad con lo que lo hace ahora. — Touché. — murmura con la voz ronca antes de dejarse llevar por el beso que él mismo inició y del que Camilo tomaba ahora las riendas. Era en cierta manera liberador no tener que estar en control en ese momento. Un gruñido se le escapa cuando su espalda aterriza con fuerza en la puerta, pero no hay queja en el sonido, menos aún ante la caricia que de pronto hace que escuche los latidos de su corazón en las orejas. Siente que el cuerpo entero está comenzando a arderle como si lo hubieran encendido en fuego. Decidido a aprovechar el momento, por más breve que fuera, sus manos también van hacia el cinto del otro hombre, abriendo con facilidad la hebilla y desabotonando los botones. — ¿Hay algo en específico que no quieras que haga? — preguntó en voz baja, esperando que Camilo entendiera que se refería a sus límites en cuanto a lo que estaban haciendo, no quería morderlo o dejarle marcas si eso no era algo que a él le gustara.  





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Vie Jun 17, 2022 2:50 am por Little Cash



C1: Interludio
Club privado . Medianoche . CON Richard
—Tiene razón. Los hombres somos muy orgullosos para reconocer que nos hemos equivocado—sus palabras pudieron sonar con una segunda y doble intención pudiendo llegar a referirse a sí mismo y la primera impresión que se había formado de su interlocutor. Puede que solo quisiera sexo pero no era tan estúpido como lo hacía parecer el alcohol.

Para Camillo su acento no era motivo de vergüenza o de deshonra, de hecho, no se molestaba jamás en ocultarlo aunque evidentemente no sonaba con tanta fuerza cuando hablaba en inglés que cuando lo hacía en su lengua natal. El mafioso le dedicó una inclinación agradecida al contrario sin añadir nada más al respecto. Los halagos alimentaban su ego y prefería deleitarse en silencio con ellos.

La mención de su empleo cambió bruscamente el semblante del italiano. No había nada en él que lo desvelase como un mafioso, de hecho, podía ser un político o un empresario honrado. La sospecha le turbó el ánimo y como haría cualquier persona honrada, se defendió de tal afrenta.

—¿Una persona de mi oficio, disculpe?—no había ni rastro de su buena predisposición —No sé qué imagen tiene de mí pero hacer ese tipo de consideraciones es peligroso y arriesgado. ¿Acaso yo le he juzgado por sus evidentes gustos?—buscaba hacerlo sentirse mal y recuperar el control de la situación —No sabe nada de mí. No lo olvide—la idea de continuar con el debate y toda la situación se esfumaron de golpe, de hecho, no correspondió a sus palabras porque quería que viese que se había extralimitado en sus apreciaciones —La sociedad nunca pierde la oportunidad de juzgar, al menos, la mayoría de ella—lo incluyó en el grupo antes de acomodarse las mangas de la chaqueta.

Sus instintos primitivos le llevaron a continuar el beso y arrinconarlo contra la pared para recuperar las riendas de la situación aunque había perdido parte de las ganas de ese encuentro siguiendo el comportamiento de cualquier persona con un mínimo de decencia y decoro. En serio, ¿cuántos hombres se acostarían con alguien que les etiquetaba de criminales sin ningún tipo de reparo? Ninguno. Además, ¿qué de inteligente tenía esa opinión? Nada porque de haber sido de otra forma, la cabeza del otro ya se habría convertido en un amasijo de sesos desparramados.

—Todo—se apartó del contrario recuperando la cordura mientras se volvía a cerrar los pantalones y el cinturón —No voy a continuar con esto porque no me fío de usted—mentía una y otra vez para sobrevivir como tenía por costumbre —Exijo una disculpa inmediatamente—añadió con una voz autoritaria y una mirada severa.






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