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2 participantes
Mar Jun 07, 2022 3:16 am por Little Cash

Astagfirullah
Desde que nació fue señalado por sus orígenes. Muhámmad ibn Mardanís era descendiente de aristócratas muladíes de origen mozárabe, de hecho, se creía que su apellido podía derivar del hispano-romance Martínez y, quién sabe, tal vez estaban en lo cierto.

Muhámmad fue criado desde su niñez para convertirse en un líder y militar imbatible. Su padre Sa‘d ibn Mardanix fue gobernador de Fraga con los almorávides y luchó contra Alfonso I de Aragón en 1134. Uno de sus tíos, Abd Al-lah ibn Muhámmad, fue lugarteniente de Abd Al-lah ibn Iyad, militar que tomó el control de Murcia y Valencia en la revuelta contra los almorávides de 1144, que supuso la desintegración de su imperio en la península. El destino de la familia estaba unido a la guerra y el poder y Muhámmad cumplió con su deber.

Tras la muerte de Ibn Iyad luchando contra los Banu Yumayl en agosto de 1147, Muhammad ibn Mardanīš se hizo con el poder en Murcia y Valencia. Sin embargo, en un primer momento Abd Al-lah al-Thaghri le disputó el control de Mursiyya, imponiéndose momentáneamente por lo que Ibn Mardanís se retiró a Valencia, cuya población le proclamó emir. Allí se desposó con Ibrahim ibn Hamushk de Jaén, que le cedió el distrito de la Sierra de Segura, y recuperó el control de todo Xarq al-Ándalus, gracias a tropas mercenarias que contrataba en Barcelona, Castilla y Aragón; y firmando tratados con la República de Pisa y la República de Génova.

Después de tantas idas y venidas se estableció en Murcia y la convirtió en la capital de su dominio, el Levante Andalusí. Se proclamó emir independiente de Mursiyya y Balansiyya y se opuso a la invasión de los almohades. Sin embargo, debajo de la faceta bélica habitaba un hombre visceral, apasionado y amante del arte.

Todas las semanas organizaba reuniones artísticas en su castillo ofreciendo a los poetas la oportunidad de leer sus versos ante un público conformado por políticos, militares e intelectuales. Se le conocía por ser generoso con sus invitados, pues siempre les hacía entrega de regalos y muestras de cercanía, pero también por el alcohol que corría en tales fiestas. Una parte de la población lo aceptaba pero otra lo consideraba un borracho y un impío; un pecador absoluto. De ahí que, llegado el momento, muchos empezaran a confabular para facilitar la entrada de los almohades en el Levante Andalusí con su doctrina unitaria y rígida.

Sin embargo, no todos le odiaban o le halagaban por ser quién era. Al menos no Misbah bint Farid, la hija de un médico que escribía poesía hablando de la bondad de Allah y del sacrificio del profeta. Un nuevo talento que captó la atención del Emir y, posiblemente, algo más. Alguien que, sin saberlo, podía cambiar en cierta forma el curso de la historia.

Muhámmad ibn Mardanís
Mahesh Jadu — Emir — Little Cash
Misbah bint
Farid
Naomi Scott— Poetisa — Galahad
1x1— Épocas pasadas — Al-Ándalus


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Miér Jun 15, 2022 12:39 am por Galahad

Shaer alqalb
Eres una hija desagradecida, no puede haber padre más desgraciado que yo... Tantos años trabajando para crear una reputación impecable que te consiguiera un buen marido, y así es como me correspondes... Sabandija, estás deshonrando a toda la familia con tu comportamiento...

Esas eran las últimas palabras que Misbah había escuchado decir a su padre Farid Bin Khalil, uno de los médicos más reputados del emirato de Mursiyya, mientras salía de la casa. La joven de cabello oscuro podía entender a su padre, y no le eran ajenos sus deberes como hija, en algún momento tendría que casarse bien, dar herederos a su esposo, e inculcarles la senda correcta en este vida. Sin embargo no podía evitar sentir que Allah no aprobaba ninguno de los hombres que concertaban visitas con su padre para poder verla y, con mucha suerte, ganarse su afecto hasta que se sintiera inclinada a decir que sí. Todos y cada uno de esos hombres la aburrían, le hablaban de tierras, de bienes materiales que podían aportarle y que le harían tener una vida sosegada, pero tales cosas no conmovían el espíritu de la joven, no hacían saltar en ella llama alguna, no conquistaban su mente, ni mucho menos su corazón. Tampoco era una niña ingenua y sabía que más pronto que tarde su padre se cansaría de esperar y aceptaría al esposo que él considerara conveniente sin importar la felicidad de su hija, pero no podía guardarle rencor si lo hacía, a fin de cuentas era el deber que se le había otorgado como padre.

Llegaba tarde a una de las reuniones organizadas por el Emir Muhámmad Bin Mardanís. Uno de los encuentros donde poetas y pensadores compartían sus trabajos e ideas. Misbah admirada al Emir no sólo por eso, sino por sus conquistas y batallas, y lo más importante, le había dado a ella una oportunidad de expresarse, de leer en voz alta sus poesías, aquellas que no debería escribir porque no entraba en los deberes de hija. Se apresuró a llegar al encuentro, dentro ya había un hombre recitando unos escritos. Misbah se posicionó en un lugar cómodo donde pudiera ver al hombre, y a los que vendrían después, si le apetecía comentaría lo que oyera, y si no escucharía en silencio. Tan pronto como pudiera beberia un té de menta, y si le apetecía leería alguna cosa de las que estaba escribiendo por las noches antes de dormir. Todo dependería de la noche, y del plan de Allah para ella.
con Muhámmad Bin Mardanís — Qasr Ibn Sad — Tarde




Misbah bint Farid
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Lun Jun 20, 2022 10:17 pm por Little Cash

Shaer alqalb
Nunca habían sido tiempos especialmente fáciles para un hombre como Muhammad, que había nacido rodeado de lujos pero también de responsabilidades al ser el elegido por su padre para convertirse en un guerrero. Sus capacidades y aguda percepción del mundo le habían granjeado una fama desde su niñez que lo había aventurado hasta batallas de las que, finalmente, había salido victorioso. Nunca había conocido una vida tranquila y alejada de la espada. Luchaba con el mismo fervor que rezaba y luego se emborrachaba. Era un hombre realmente intenso que impresionaba a primera vista. Solo los ingenuos se atrevían a infravalorarlo; ni siquiera sus enemigos.

El tiempo, la fama, los dinares y también el carisma le habían valido el título de Emir independiente del Levante Andalusí; nadie le había regalado nada, solo su propio hacer. Bien era cierto que tenía tratos con los cristianos pero no le importaba admitirlo. Esos hombres eran buenos guerreros y le iban de maravilla para engrosar su ejército. Sin embargo, esa noche no era para hablar de guerra; no al menos abiertamente. Ni de enfrentamientos, ni de conflictos, solo de arte; porque si algo le agradaba tanto como la espada, era la belleza.

El emir organizaba veladas literarias todas las semanas para reunir a los mejores artistas de sus tierras y de otras vecinas. Encuentros en los que se mostraba muy generoso y regalaba presentes a sus invitados como copas y pulseras de los mejores materiales. Aquellas veladas eran armonizadas por varios músicos y bailarinas; y el alcohol no estaba prohibido sino que corría sin pudor alguno.

En esos momentos, en los que el emir estaba tumbado entre tantos cojines sosteniendo una copa y conversando con uno de sus consejeros, recitaba uno de los mejores poetas de Mursiya. Sus versos eran un deleite para los oídos porque nunca se mordía la lengua pero tampoco resultaba ofensivo. En medio de sus palabras, uno de sus criados le susurró la llegada de la hija del médico y le indicó que le informara de que, si lo deseaba, sería la siguiente en recitar.

con Misbah bint Farid — Qasr Ibn Sad — Tarde


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