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Sáb Sep 21, 2019 2:19 pm
Recuerdo del primer mensaje :


The Divine Comedy

 Año 1800, Francia


Dos almas en pena recorren París en la noche.

Philip Lancaster bajo la sombra de todos aquellos que fue alguna vez y los que sigue siendo, buscando poder por fin tener algo a lo que llamar vida sin depender de los ecos de su cabeza.

Christopher Marlowe en concubinato con la bebida y sordo ante la musa de las palabras que ardientemente le visitaba años ha, cuando todos palidecían bajo el mandato de Elisabeth I.

Ambos ignoran, sin embargo, que, de alguna manera, la respuesta a sus lloriqueos está más cerca de lo que piensan.


 
Philip Lancaster
Vampiro
100 años
Inglés
Cody Fern
Phantom
 
Christopher Marlowe
Vampiro
236 años
Inglés
Rufus Sewell
Marlowe

 
CRONOLOGÍA
† Old devils
† Los dos caballeros de Verona
† Hierve la sangre, arde la carne

...
One on one· Original · Épocas pasadas
 




Última edición por Marlowe el Miér Nov 03, 2021 8:57 pm, editado 7 veces


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Miér Sep 25, 2019 5:21 pm

Philip no carecía de razón pero, una vez más, el doble rasero de la sociedad golpeteaba la puerta para hacer acto de presencia:

- La hipocresía es la única realidad válida cuando hablamos de la raza humana -comenzó mientras su mente se retrotraía a un pasado no muy lejano-. No seremos monstruos, pues ya caminamos del lado del Diablo, pero ¡ay de mi aquellos que lo hacen a la diestra del Señor! Y creeme que he conocido a eminencias en cargos destacables cuya sexualidad, de todo menos reprimida, destacaba más incluyo que sus riquezas. Mujeres, hombres, infantes, ¡sangre de su sangre!

El vampiro no se refería a otro que no fuera Alphonse de La Rive, antiguo Cardenal de San Luis de los Franceses y Arzobispo de la archidiócesis de París. Compañero caído en la batalla -en la batalla de la supervivencia misma frente a la propia vida- y ejemplo impío de la decadencia e hipocresía que asolaba París. Con una mujer en su cabeza, hombre en el corazón y hasta su propia hija revolviendo sus sábanas, el Diablo de París que caminaba a la diestra del Altísimo era el mejor ejemplo de la auténtica forma de vivir la sexualidad que experimentaba y a la vez no -de puertas para dentro a ser posible- la sociedad victoriana.

- Es curioso que critiques los prejuicios que nos rodean en cuanto a la sexualidad cuando, al final, no es más que parte de la simpleza del ser humano, poco más allá de sus "instintos" y pensamientos primitivos. ¡Que miedo que un hombre pueda sodomizarme y a mi también me guste! Casualmente los mismos que utilizas tú para defender los actos que perpetúas. Cuando, si en verdad nos dejáramos de tantas excusas, podríamos dejar de morir a manos de los hombres que han llegado hasta nosotros tras la pila de cadáveres que amontonamos -Marlowe no se callaba ni debajo del agua y es que cualquier hilo conductor le servía para intentar llevar siempre la razón-. Los humanos se pudren en su decadencia porque su sino es la muerte. Seamos más inteligentes que ellos, nosotros que viviremos hasta el fin de los tiempos.

Que Marlowe no aceptaba del todo su nueva naturaleza, era algo palpable. Visible incluso a ojos de cualquiera que quisiera echar un breve vistazo. Pero, ¿cómo iba a aceptarla? Si no fue más que parte de un trato del cual luego se arrepintió. Una vana venganza que permaneció en la cabeza del escritor menos de lo que dura un suspiro y fue, finalmente, por un absurdo impulso infantil por lo que se vio obligado a sobrellevar el resto de la existencia a sus espaldas, en la más completa soledad.
¿Y cómo Marlowe va a ser otra cosa sino precursor en el arte de apilar cadáveres después de sus viajes por toda Europa y la pena que anidaba en su ser? Pero, una vez más, no dejemos de lado a Protágoras. El inglés es el único que puede intentar calmar y enmendar todo aquello que perpetuó. Y no es que estemos hablando de un triste vampiro con alma, pero si con un hombre que ha indagado en las heridas internas de todo ser para poder plasmarlas en su obra y es por ello que comprendiendo la realidad y los sentidos del prójimo, la culpa aparece de forma inexpugnable.

- ¿Tú crees? -preguntó el inglés dejando escapar una sonrisa ante la insinuación de que tal vez Philip fuera la auténtica perdición y no el Bardo. ¡Pamplinas! -Yo creo que no -señaló acercándose al otro y rozando su rostro con sus dedos índice y pulgar, pensando en lo angelicalmente afligido que podía llegar a verse Philip cuando Shakespeare no era más que una oscura sombra que los observaba.

Finalmente asió a éste de la mano y tiró de él en dirección al exterior. Con una idea fija en la mente del dramaturgo, ambos caminaron bajo la fría noche prácticamente a temperatura ambiente. ¿Qué cuál era su destino? Las calles se sucedieron mientras la sonrisa en el rostro del inglés permanecía y su mano seguía anclada a su nuevo compañero. En no pocos minutos el edificio Île du Diable parecía dar señales de vida y la decadente buhardilla de Christopher Marlowe esperaba visita.

- ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! -pronunció frente a su puerta-.

Con un golpe seco, el vampiro logró abrir la misma -la entrada al portal carecía incluso de puerta a estas alturas, incitando a cualquiera al delito- e hizo una reverencia a Philip, como el que entra a Palacio antes de su Majestad.

- Bienvenido al Infierno.

Christopher Marlowe · Con Philip Lancaster · Teatro




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Miér Sep 25, 2019 5:53 pm

El sermón moralista que el isabelino estaba pronunciando, dejó un tanto trastocado a Philip, quien no se atrevió a pronunciar palabra alguna por no empezar una discusión en la que él, por como entendía el punto de vista de Marlowe, tenía todas las de perder. Soltó un ligero suspiro, apoyando su peso en su pierna derecha, con la cabeza ligeramente ladeada, observando con atención al hombre que tenía delante.  

Sus formas de ver el mundo y de verse a sí mismos era completamente diferente, Philip hacía años que había renegado de la idea de alma y salvación, era un proscrito de la norma eclesiástica, cuya moral afectiva no le afectaba del mismo modo que a los demás. La definición cristiana del bien y mal no formaba parte de su vocabulario habitual, por lo que excusaba sus actos bajo la norma “querer es poder”. Eso lo convertía a ojos de sus víctimas en un desalmado villano, y, en cierta medida, lo era. Pero más allá de las convicciones éticas y morales, todo eso tenía que ver más con su psicopatía y su inhabilidad a empatizar, que con sus creencias religiosas.

Philip no tenía una innata habilidad para empatizar con desconocidos, a los que veía como potentes alimentos, era incapaz de comprender la noción de pena y amor más allá de su propia persona, por lo que las horas que dedicaba a leer sonetos de amor, lo hacía por el puro placer de querer saber lo que aquello significaba, por intentar sentirlo, y de alguna forma lo ayudaban, pues la devoción que sentía por la lectura, podría entenderse como una especie de amor literario. El único sentimiento apacible que emergía del joven vampiro.  

Cuando los dedos de Marlowe rozaron su rostro en lo que Philip entendió como un acto de acercamiento, no pudo evitar entreabrir ligeramente los labios y recordar aquel beso que William, usándolo como cuerpo conductor, robó a su contemporáneo. Philip sintió cómo la vergüenza invadía su cuerpo, obligándolo a bajar la mirada para no toparse con los enormes – y perfectos – ojos del escritor.  Soltó la respiración como si de verdad necesitase de aire, pero lo hizo con el único propósito de alejar de sus pensamientos el recuerdo de un beso que él no robó y sin embargo sí lo sintió.

En el momento en el que Marlowe tiró de él para salir del teatro, no pronunció palabra alguna, se dejó llevar como un niño perdido. La mano, fría como la suya, de Marlowe, le trasmitía la seguridad que a él le faltaba; sentía que, si éste lo condujera a la muerte eterna, lo seguiría sin rechistar. Y aquel pensamiento le asustó por un momento, pero no pudo evitar confiar en el hombre cuya mano asía, de la manera más ciega.  

Y cuando los pasos cesaron, observó a su alrededor, topándose de frente con un viejo edificio, entonces comprendió que aquel lugar era el hogar de un vampiro centenario.  

Sin duda alguna esto es el hogar de un pobre diablo — aquel juego de palabras hizo referencia a la bienvenida que había pronunciado el isabelino. Philip sonrió levemente, volviendo la mirada hacia su guía. — Veo que nada tiene que envidiar a mi acogedora cripta en el cementerio — aquella broma había delatado su modus vivendi, otorgando una pizca de ironía al carácter de Philip, tan poco respetuoso con la muerte, durmiendo entre cadáveres.

Traspasó el umbral de la puerta y observó el lugar parco en lujos, caminando con las manos en la espalda mientras observaba la buhardilla desde dentro. Nunca se había imaginado el lugar ideal de un escritor, pero aquello no lo decepcionaba en absoluto, pues él mismo encontraba más comodidad en el suelo, apoyado en una esquina, que en las lujosas bibliotecas de una gran mansión.  

Eres tan diferente de todos los vampiros que he conocido... — musitó, mientras se acercaba a una ventana — ¿Sabes? — giró sobre sus talones, con las manos aún colocadas a su espalda, mirando a Marlowe directamente a los ojos. — Pensé que cuanto más tiempo hablara contigo, aún más aumentarían las posibilidades de que William volviese a mí, y sin embargo parece haberme abandonado hoy — se acercó a él, guardando ligeramente las distancias. — Creo que eres un enigma incluso para él — suspiró ligeramente ante el sentimiento de soledad que lo invadía cada vez que pensaba en William y en lo mucho que creía necesitarlo.  

Philip, la rata solitaria, no soportaba la amargura de la soledad. La decadencia eterna de todo vampiro.
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Miér Sep 25, 2019 7:15 pm

Una sonrisa, que no se molestó en esconder, apareció en boca del vampiro más viejo.

- Mi querido Philip, de nuevo caes absurdamente en el tópico marcado por las leyendas que nos han traído hasta aquí. Criptas, monstruos sin alma sedientos de sangre y cautivados por cualquiera de los vicios capitales... pero el arquetipo que se nos presenta no es más que una base de la cual podemos embebernos o no, a decisión propia. Ya que, al fin y al cabo, un vampiro es mucho más de lo que cualquier pluma en mano puede hacernos creer para, únicamente, delimitar nuestra forma de vida, debido al miedo de la propia raza humana. Miedo a lo incomprendido, a lo desconocido.

El miedo mismo creaba iglesias y quemaba erejes todavía en tiempos donde las promesas de cambio y evolución eran un caballo de Troya que dentro ocultaba la misma desdicha y una todavía más marcada separación entre pobres y ricos, poder para los emisarios de Dios y castigos para aquellos que lo desobedecieran.

- ¿Crees realmente que los vampiros no tenemos alma? ¿Crees que los humanos más afincados a la Santa Iglesia y que hablan a diario sobre las ventajas de poseer un ánima saben acaso de lo que hablan? No creas al ignorante por muy convencido que éste hable -como ahora mismo parece hacer Marlowe-. El ánima viene y va con cada uno de nuestros actos, seas humano o hayas abandonado la humanidad.

Una vez dentro de aquel cuchitril lleno de hojas y manchas de tinta, el vampiro no abandonó su faceta parlanchina en ningún momento, contemplando anonadado cada uno de los objetos que atesoraba en el lugar como si fueran ellos mismos los que le prestaran las palabras. Como si acabara de entrar por primera vez en aquel santuario.

- Puedes mirarme extrañado, pero no soy ningún loco. En el 200 a. C., Arquímedes de Siracusa fundamentó la hidrostática, la estática y nos enseñó cual sería en adelante el principio de la palanca. Copérnico y Galileo fueron tachados de locos cuando insinuaron que la tierra podía no ser el centro del universo. Heme aquí pues. Año 1800, Christopher Marlowe asegura que el vampiro no nace, se hace. Y que el miasma al que llamamos alma, entra y sale del ser humano como lo hace del nocturno -refiriéndose a ellos mismos y su propia naturaleza-.

Su cantinela llegó a término cuando Philip pronunció el nombre del Bardo.

- Está bien que te hagas respetar frente a él, viva o no de su renombre.

Pero la realidad era otra. ¿Quería o no Marlowe volver a ver a William Shakespeare? Los siglos podrían amontonarse y el inglés todavía no sabría cuando estaría preparado para semejante empresa. No sabía en verdad si estaba alargando el contacto con Philip por este mismo o por miedo al otro. Y de momento una clara respuesta le era algo muy lejano.

- Soy un enigma incluso para mi -pronunció finalmente apoyándose en la pared y con la mirada perdida en el suelo-.

Una frase cargada de miedo pero que no pensaba acabar con ningún hereje. Al menos no aquella noche.

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Miér Sep 25, 2019 8:58 pm

Philip suspiró una vez más, frunciendo ligeramente el entrecejo, convencido de que su admiración quedaba relegada a las palabras que Marlowe escribía, y no a lo que pronunciaba. Veía dos seres completamente distintos en cada faceta, que terminaba por confundirlo y atrayéndolo, como la gravedad, a la verdad más austera y simple. El escritor no era lo que la imaginación de Philip había creado, la esencia era diferente, y con ella, el novato no se sentía identificado. En cierta medida eso le causaba un punzante dolor en el pecho, pero no podía admitir la derrota tan fácilmente, aunque tampoco podía esconder el desacuerdo que sentía con el vetusto vampiro.

En el tópico se encuentra la ironía y, en cierta medida, también la gracia — no hizo más que encogerse de hombros, apartando la mirada con una sonrisa un tanto burlona y despreocupada. — No me hables de creencias, porque no convencerás al que no quiere ser convencido — volvió a clavar los ojos en la mirada ajena, sin juzgar ni reprochar, simplemente afirmando su verdad. — El alma existe para quien quiere creer en la burda mentira de la dignidad católica. Somos energía y la energía no se puede destruir.

Philip se alejó del isabelino, recorriendo la estrecha buhardilla llena de hojas y manchas de tinta, pasando los dedos por las superficies desprovistas de palabras, mientras lo oía hablar sin parar en ningún momento. A veces tenía la sensación de que el escritor no hacía más que buscar excusas para darle peso y significado a su existencia, mientras que el rubio disfrutaba de su naturaleza voraz de manera más profunda, mimetizándose completamente con su monstruo interior. Un hecho que lo convertía en un despiadado y desalmado asesino. Cosa, que sin duda alguna, lo era.

A pasos lentos, se acercó al vampiro, mirándolo sin parpadear en ningún momento, como si fuera capaz  de devorarlo con la mirada, sin embargo su propósito se alejaba de eso, pues había vislumbrado la tristeza en sus ojos, la soledad en el tono de su voz y la amargura a su alrededor. Por primera vez, Philip se sentía reflejado en él, comprendiendo que todo aquello lo causaba la irrefrenable necesidad del bardo.

La necesidad de Philip por Shakespeare no se comparaba a la de Marlowe, sin embargo el sujeto causante del sufrimiento ajeno resultaba ser el mismo, por lo que la gravedad influía aún más en Philip, quien habia posado una mano en la pared, apoyándose en esta, con la mirada fija en Marlowe, a quien tenía delante, a pocos centímetros de él. Lo observaba como el científico que descubre una nueva molécula danzando bajo la lente de su microscopio.

Tengo la sensación de que solo quieres que te acepten por quien eres, pero al mismo tiempo te aborreces a ti mismo por lo que eres... — con sus dedos índice y pulgar, le sujetó la barbilla con suavidad, levantándole el rostro para que sus miradas se entrecruzasen por fin. — Cuando digo que sin él me siento vacío, quiero decir que es mi única excusa para acercarme a ti, porque yo, por quien soy, no es suficiente para ti — musitó cada palabra con pesado sentimentalismo, dejando que el aire que brotaba de sus labios, golpease el rostro del isabelino, como fugaces caricias, sin manchar su piel con el tacto de sus labios.

Philip había sido valiente por primera vez al confesar aquello sin temor a ser rechazado, porque en cierta medida, tenía el fracaso asumido, por lo que revelarse no significaba ninguna muestra de debilidad si, al fin y al cabo, no tenía nada que perder.
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Miér Sep 25, 2019 9:11 pm

Las velas se movían con cada uno de los suspiros o aleteos ajenos. No sería la primera vez que el basto fuego procedente de una minúscula llama arranca de las manos sin vida del vampiro los escritos que su corazón atesora. Y, sin embargo, éste había logrado comprender que al fin y al cabo la vida era exactamente igual a la llama que arde y que, aquel despropósito de hojas incineradas podía compararse a los fracasos que acompañaban su existencia.

- El que no quiere ser convencido. ¿Hueles eso? Hiere a ignorancia.

Su mirada se mantenía firme, apagada, como si la chispa que hacía brotar vida en ella se hubiera ido de viaje a otra de las estancias internas del vampiro

- El principio de conservación de la energía afirma que la energía no se crea ni se destruye, como tú mismo has indicado. Pero sí que se transforma. Como lo hace el ser humano, como lo hace el vampiro. A pesar de no poder dejarnos barba o el pelo más largo una vez apadrinados -bromeó-. Pero el físico sólo es el disfraz del carnaval que es la propia vida. Así que poco importa.

Las ciencias, desde luego, no eran lo suyo. El poeta se embebe de las letras y hace el amor con ellas en las ramas de los árboles altos mientras que las ciencias sólo pueden observar, carcomidas por la envidia. No obstante, muchas han sido las vidas que el vampiro ha visto pasar ante sus ojos. Propias y ajenas. Las suficientes como para que algo de esa nueva religión que amenaza con alzarse tarde o temprano se haya quedado en la sesera del inmortal. Siempre y cuando podamos engalanar dichos devaneos con bellas metáforas.

Las palabras de Philip despertaron en cierta manera el ego del escritor. Alguien que propiamente se definiría como Odiseo frente a Polifemo: como nadie, pretendía creer que conocía los sinsabores de la no vida del inglés.
Con sus rostros separados por escasos centímetros, Christopher Marlowe sonrió de forma cálida pero condescendiente.

- Vaya, que curioso. ¿Estás hablando de mi... o de ti?

Y tras escuchar aquella oda a la falta de autoestima, no tardó en arrepentirse de su propia pose prepotente.

- Lo que no es suficiente es ese carácter falto de amor propio, ¿de acuerdo? -dijo antes de ladear su rostro todavía en redes ajenas para echar un vistazo de arriba hacia abajo a su compañero-. El resto del châssis -pronunció con acento francés puesto que la palabra lo era- no está nada mal.

Finalmente los dedos del dramaturgo terminaron por recorrer los ornamentos en el traje de Philip, deteniéndose en todos ellos y sin saber como aquellas manos habían llegado a semejante propósito. Con una mueca en el rostro que decía atrévete a coger lo que puede ser tuyo, el vampiro dejó un camino de migas de pan a un joven muchacho asustadizo que tendría que enfrentarse a sus miedos si quería llegar hasta el final del recorrido.

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Miér Sep 25, 2019 9:15 pm

Torpe, en el más puro sentido de la palabra. Así se sentía el joven vampiro, quien no apartaba los ojos de la mirada candente de Marlowe. Había detenido su absurda respiración, a fin y al cabo no la necesitaba, sin embargo, no podía detenerse en falsos ornamentos humanizadores de su figura, por estar absorto en la figura de Christopher, en su mirada y en como movía los labios al pronunciar cada palabra.

Por un momento la inseguridad de Philip le jugó una mala pasada, obligándolo a apartar la mano del rostro del escritor. Creía estar siendo sometido a una burla hacia su persona. Apartando la mirada por un momento, por la incomodidad que le provocaba estar en su propia piel. Suspiró profundamente antes de volver a mirarlo a los ojos; el isabelino no iba mal encaminado, la autoestima de Philip para consigo mismo resultaba nula desde hacía tiempo, un hecho que ya lo tenía asimilado y aceptado, y el cual le había cohibido hasta el punto de no explorar su sexualidad.

De algo estaba seguro, y era el haberse aceptado a sí mismo como homosexual desde que su primer amor, el profesor de piano, había llamado a su puerta en su inminente adolescencia, sin embargo jamás intentó nada con nadie por miedo al hastío y el rechazo, logrando aceptarse a sí mismo sólo cuando quien habitaba su piel no era él, sino una personalidad austera.

No es mi apariencia la que me preocupa — si algo sabía bien, era e hecho de reconocer su belleza, pues pese a no ser la representación de un dios griego, se sabía bien agraciado. — sino el hecho de no inspirar nada en ti... — levantó lentamente la mano derecha, colocando el dedo índice en la sien ajena — aquí —le señaló la cabeza, mientras daba un pequeño paso hacia adelante, logrando que la mano que el isabelino tenía puesta en los pliegues de su traje, palpase de lleno su pecho, rozando el cuerpo ajeno de forma más sentida.

Philip recorrió el rostro de Marlowe con la mirada, como sin intentase memorizar cada rasgo y cada marca  en esta, hasta el punto de no tener necesidad de mirarlo para crearse su propio boceto mental. Sólo le bastaron segundos para lograrlo, y entonces cerró los ojos y apoyó la frente contra la del dramaturgo, chocándose ligeramente con su nariz, pues Marlowe resultaba un par de centímetros más alto que Philip. Su mano izquierda se posó sobre la mano que este tenía apoyada en los pliegues de su traje, acariciando el dorso con el pulgar en suaves y lentos círculos.

Quiero poder ofrecerte la gloria que te fue arrebatada — El silencio que pareció llenar la habitación se vio cortado por las suaves palabras del rubio, quien en un movimiento lento, posó un necesitado beso en la mejilla Christopher, mientras deslizaba los dedos de su mano derecha desde su sien, pasando por su mentón hasta llegar a su cuello. Sentía la frialdad de su piel como la suya propia, sin embargo el la creía tibia por el calor que lo llenaba.

Él no era un hombre valiente y mucho menos de mentalidad sucia, sus peores atrocidades se veían doblegadas por la necesidad de la sangre y la ira de la venganza, pero jamás por necesidad carnal, por lo que en ese campo, resultaba desprovisto de experiencia alguna. Y lo demostró escondiendo su avergonzado rostro entre la curva que unía el cuello de Marlowe con su clavícula, aún con los ojos cerrados y la respiración cortada, como si estuvieran a punto de danzar el más lento de los bailes. Y por primera vez, sin aceptarlo, Philip había desnudado su vulnerable alma.
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Miér Sep 25, 2019 9:27 pm

En menos de lo que el gallo tarda en alzar su voz recién entrado el día, algo se torna distinto en aquella habitación.

Con bastas intenciones rondando la mente del vampiro, su ceño se ve toscamente fruncido cuando el joven decide convertir en palabras cada uno de sus pensamientos. Y doblemente áspero cuando sus frentes se tornan una sola. Sintiendo, tristemente, que tal vez aquello no corresponda. No como correspondería el vacuo sexo.

Su corazón -aquel que ya no tenía- no tardó en palpitar a ritmo más acelerado, no por sentimiento alguno empezando a descarriarse dentro, sino por la incomodidad que el inglés comenzaba a sentir y el miedo a cortar un hilo que tal vez estropeara aquella hermosa prenda para siempre.

Facundo en ardides, como el propio Ulises, el dramaturgo se hizo suavemente con un candelabro que arrojó al suelo. Potenciando así una separación inesperada.

- ¡Vaya! Ha debido de ser de Basil, una de las muchas ratas que comparten conmigo lecho y alquiler.

Decidido a sentarse en aquella silla que había sentido tantos de los brincos del poeta en sus noches de lucha literaria, el inglés cruzó una pierna sobre la otra, apoyó el codo en su respaldo y su mano en el rostro.

- Y dime, ¿qué tal llevas lo de... ya sabes, ser uno de tantos inquilinos? -preguntó con un tono informal que restaba importancia a la escena anterior, como si las conversaciones pasadas que había tenido con Philip no le hubieran dado pistas suficientes de su soledad-. ¿Desde cuándo te sucede? ¿Y tu vida? ¿Puedes acaso tener una con Hänsel y Gretel susurrando en tu oído?

Por aquel entonces acababa de publicarse el cuento de los hermanos Grimm y el más vetusto de los dos tuvo la suerte de haber visitado la ciudad alemana que vio nacer dicho relato, pero no aseguraba que el más joven comprendiera aquella referencia.

Era imposible que la falta de respeto que Marlowe acababa de tener, de alguna manera, con Philip no pudiera palparse en aquel ambiente enrarecido. Sin embargo, ya nada podía hacerse y la incontinencia verbal del chupasangre no ayudaba a purificar el aire.

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Miér Sep 25, 2019 11:09 pm

Y cuando pensaba que aquel abrazo necesitado llenaría todo su vacío, este se desvaneció como el humo que llega a las nubes. Y de nuevo se encontraba con un muro ante sus narices, que le impedía llegar al otro lado de la meta, sólo que aquella vez de manera literal, pues se vio a sí mismo observando una pared vacía, tan blanca como su propia piel.

Qué rata más austera... — se atrevió a pronunciar, mientras su mirada se posaba en el candelabro que aquella rata había tirado al suelo. La levantó y la colocó en su lugar, girándose para apoyar su espalda contra la pared, con la mirada clavada  en el techo, como si pudiese ver las estrellas a través de este.

Durante varios minutos, no se atrevió a mirar a Marlowe a la cara, tal vez por el miedo de que notase el ligero rubor en sus mejillas, o tal vez por vergüenza ante todo lo que se había atrevido a decir. No estaba seguro de ello, pero sólo reconocía la incomodidad en su piel, que hacía que sus vellos se erizaran y que un cosquilleo constante se apoderase de su garganta.

Desde mi más tierna humanidad. — Respondió de manera tajante ante la segunda pregunta que el caballero sentado tras el escritorio había lanzado, obviando completamente la primera. — Al principio sólo éramos dos, pero en el sanatorio todo empeoró. — soltó un ligero suspiro y giró el rostro para mirarlo por fin, acercándose ligeramente al escritorio, donde apoyó las manos para inclinarse ligeramente y clavar la mirada en los grandes ojos de Christopher.

Vida... — sonrió irónico, entrecerrando ligeramente los ojos. — Estoy muerto, no puedo tener una... ¿tienes a caso tú una con tantos nombres? Tsk. — rechinó los dientes, mientras se erguía nuevamente para colocar bien las mangas de su camisa. — me voy. — giró sobre sus talones y le dio la espalda al vampiro, caminando hacia la puerta.

Antes de tomar el pomo, se detuvo y giró la cabeza para que Marlowe escuchase claramente sus palabras: — Tal vez nos volvamos a ver o tal vez no, haré como Hansel y Gretel y dejaré un rastro de migas de pan, que tal vez se los coman los cuervos y hagan que olvide el camino de regreso. — Tras aquella referencia al cuento de los hermanos Grimm, Philip salió por la puerta, sin volver a mirar hacia atrás, porque sabía que no encontraría a nadie a sus espaldas.

Sin rumbo fijo, siguió caminando por las alumbradas calles parisinas, cuando un dolor seco en su garganta, un dolor que confundió con la sed profunda de un vampiro, le recordó que era la hora adecuada para matar.
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Jue Sep 26, 2019 1:08 am

Las respuestas de Philip alertaron al vampiro en cierta medida. La palabra sanatorio tenía ese efecto en las personas, aunque Marlowe no fuera ya una. Por un segundo, sus preguntas tenían respuesta: está loco. Sin embargo, al segundo siguiente recordaba todas aquellas cosas que un simple demente no podría saber sobre su relación con Will y las preguntas volvían a fluir.

- Por supuesto que si -contestó el inglés ante la incógnita de su vida-, y no sólo una, sino cientos. En cada una soy quien quiero ser y al día siguiente soy otra persona. ¿Quién soy en realidad? Eso nadie lo sabe.

Estupefacto ante la idea de no poder continuar su perorata llena de patrañas sobre la vida y la muerte ante la marcha de Philip, Marlowe abrió sus manos en dirección al cielo, dejó caer sus hombros y se preguntó con los labios, sin preguntar con la voz, qué estaba pasando y por qué el de áureos cabellos se iba en mitad de aquella charla. Todavía boqueando al aire ese por qué, escuchó las palabras de un Philip que parecía ir perdiendo paulatinamente el interés por el escritor. Algo que sorprendentemente no agradaba al isabelino.
Y como el que impregna de perfume sus ropajes, Marlowe no duda en hacer lo mismo con su propio orgullo, soltando su mano que, orgullosa también, hace un gesto de despedida poco propio de un caballero, como el que propina un guantazo al aire con el reverso de la mano.

- Ya volverá -se dice para si poco convencido, buscando con los ojos su pluma, pero esperando en realidad encontrar un motivo para dejar de estar molesto. Molesto con una situación que pocas veces veremos en el trascurso de sus absurdos escarceos-. ¿Qué menos que dedicarle un par de frases? - se pregunta pluma en mano, con el carácter a flor de piel y las irrefrenables ganas de plasmar y deshacerse de semejantes sentimientos al mismo tiempo-.

Phineas Lancashire se convertiría en adelante en uno de sus personajes principales y las dos frases que pensaba escribir, en una larga historia. Tan larga como su propia vida.

"Si al manso riachuelo que se desliza con suave murmullo pretendes detenerle,
protestará empujando sus ondas con impaciente estruendo. Pero si libremente le dejas
seguir su curso acariciará con melodioso susurro el esmalte de sus granos de arena,
besando con amor cuantos arbustos halle en su peregrinación, y después de haber
jugueteado dulcemente en mil revueltas, irá a precipitarse en el embravecido mar.
Por tanto, déjame partir y no intentes detener mi curso. Seré tan sufrida como la
apacible corriente, la más dura marcha será para mí un juego hasta que los últimos
pasos me conduzcan ante mi amado. Ya allí, olvidando todas mis penalidades,
descansaré como un alma bendita en el Elíseo. "


-William Shakespeare, Los dos caballeros de Verona.

Christopher Marlowe · Con Philip Lancaster · Buhardilla




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Jue Sep 26, 2019 1:56 am

Hierve la sangre, arde la carne

"Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas:
una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas."
Galileo Galilei


Durante un par de semanas se sintió como un fantasma que atormentaba las calles de París con su presencia desvanecedora. Su existencia giraba alrededor de la sangre, donde cada noche consistía en darse un festín sin razón aparente, incluso la razón había dejado de formar parte de su ser, encontrándose con una mente vacía de pensamientos y desprovista de verdad. Era un fantasma sin tormento, un espíritu del averno, el cual rondaba por el simple deseo de cometer atrocidades en el mundo terrenal.

Das asco y más con esas pintas — su voz resonó en su garganta, como si llevase años sin pronunciar palabra alguna y, tras un repentino milagro, se escuchase a sí mismo nuevamente. — si vas a vagar sin razón alguna, por lo menos piensa en divertirte de una mejor forma — como si estuviese regañando a alguien más, se le oía hablar en voz alta para sí mismo, sin embargo, no era Philip quien se había adueñado de sus cuerdas vocales, sino William, que se había atrevido a hacer acto de presencia tras casi un mes de soledad.

Philip quiso rechinar los dientes y golpearse a sí mismo. Por primera vez no estaba contento con ser la segunda cabeza pensante en aquel sublime cuerpo, estaba enfadado con William y sin embargo tampoco podía desalojarlo de su cabeza sin más. ¿A qué vienes después de tanto tiempo?, preguntó un Philip doblegado a espectador. — ¿Sabes cuál es tu problema? Que confundes deseo con necesidad. — sonrió de manera sombría, mientras sus pasos parecían dirigirse a una dirección en concreta. — ¿Crees que no me he dado cuenta de lo que pretendes con Marlowe? Así nunca llegarás a nada con él, pero esta noche seré tu tutor, así que pon atención y aprende. — Fulminó con la mirada a una joven pareja que lo miraban perplejo por hablar en soledad. William acomodó su blaser y desabotonó su camisa para dejar a la vista algo más de carne, también intentó acomodar los cortos rizos de su corta cabellera ondulada, pues Philip había no ponerse la larga peluca rubia que a William tanto le encantaba, intentando enfadar al isabelino con quien compartía su cabeza. ¿Pretender qué? Me ha quedado claro que no quiere saber de mi. William rió de forma sarcástica, negando con la cabeza. — Al menos él tenía una idea menos patética de lo que hacer contigo. Deja que te lo muestre. — Sus pasos se detuvieron ante la puerta de un burdel, sin embargo nada más entrar, el caldeado ambiente del local, así como los distintos olores que se arremolinaban en el ambiente, hicieron que tanto Philip como William deseasen vomitar.

Algunas mujeres no tardaron en acercarse al caballero que se había detenido en la puerta, sin embargo la cantidad de féminas del local, provocaban aún más malestar en Philip que el olor en sí. William, poniendo los ojos en blanco, volvió a salir del local. — Muy bien, esto no es lo nuestro — accedió a afirmar, mientras volvía a ponerse en camino. Recordó el nombre de aquel íntimo club al que le había echado el ojo tantas veces, y al cual nunca se había atrevido a entrar, pero aseguró que era el momento adecuado para vivir nuevas experiencias, en todos los sentidos.

Una vez más, se encontraba ante la puerta del Molly House, observando dubitativo, como un niño que se pega a la vidriera de una tienda de dulces. — ¿Ahora lo comprendes? — preguntó con las manos en los bolsillos al muchacho virginal que ahora vivía en su cabeza, pero no hubo respuesta alguna por su parte, lo que enfadó a William en primera instancia, provocando un irrefrenable deseo de demostrar todo lo que era capaz de hacer a un cuerpo como el suyo.

¿Comprender qué? — un muchacho de unos veinte y tantos años, respondió detrás de él con una sonrisa ladina. Iba vestido con un traje azul marino y un sombrero del mismo color, lo que hacía que su blanca piel resaltase aún más. Se quitó el sombrero a modo de reverencia, destapando una fina y lisa cabellera negra, que le llegaba hasta poco más de la nuca, y que remarcaba aún más sus finas facciones. Sus ojos algo pequeños y estirados, su iris de un profundo azul cielo, su nariz respingona y sus finos y rosados labios, provocaban un salivar constante en la boca de William, quien tragó saliva antes de inclinar ligeramente la cabeza a modo de saludo, imitando aquella sonrisa juguetona.

Solo me daba la razón a mi mismo en voz alta, y temo que me descubrió en un momento de locura — Estiró una mano para estrechar la del caballero que tenía delante, quien resultaba ligeramente más alto que él.

¿A caso no lo hacemos todos? Hablar con nosotros mismos es más un acto de cordura, dicen que incluso asegura la salud mental — Si tan solo aquel desconocido supiese más de Philip y William, no se atrevería a decir tales sandeces, pero William las pasó por alto gracias a su belleza casi angelical. — ¿Va a pasar? Tengo una mesa esperándome, pero ninguna compañía, ¿vendría conmigo? — No hizo falta la última pregunta para que William decidiese seguir al caballero en cuestión, simplemente asintió y entró tras él, siguiéndole los pasos mientras su mirada recorría el interior del local, donde el olor más fuerte era la mezcla de tabaco y alcohol, y no la de fluidos humanos por doquier.

Esto es mucho más elegante de lo que me esperaba — tomó asiento frente a su interlocutor y pidió un whiskey con hielo al camarero que no tardó en recibir sus órdenes.

¿Es su primera vez aquí? — sonrió casi asombrado, mientras acomodaba su blaser en el reposabrazos del sillón, acomodando las esquinas de su chaleco.

Lo es. — respondió William sin más, levantando su bebida cuando el camarero la deja en la mesa. — William Hathaway, ¿con quién tengo el gusto de beber?.

Louis Chevallier, y el gusto es mío — ambos sonrieron cuando sus copas chocaron y dieron un pequeño trago mientras sus miradas se entrecruzaban.
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Jue Sep 26, 2019 4:49 pm

Los días se hicieron noches y éstas, fisgonas, no quitaban ojo al dramaturgo, enfrascado en sus escritos, usando como tinta la ponzoña que todavía le corroía.

- Y Lancashire murió. -pronunció insatisfecho- No, demasiado fácil. ¡Ya está! Y Lancashire fue devorado por las serpientes del olvido.

'La trágica historia del Doctor Fausto' nunca había tenido tanto de trágica como la tragicomedia del locuaz Phineas Lancashire, que todavía sin salir de un barrizal ya estaba metido en el siguiente. Pero así estaba escrita su vida según Marlowe, porque así lo querían los astros.

- No sin antes recordar que dio la espalda a quién no debería habérsela dado. Dato importante.

Dos semanas suponían demasiado veneno acumulado en el escritor y de sus poros ya sólo emanaba la hiel que inundaba sus pensamientos. Desesperado por la imposibilidad de calmar sus sienes, llegó al entendimiento de que la única forma de subsanar aquello era que alguien succionara su veneno. Chaqueta en mano y un ritmo en el andar bastante violento, Christopher Marlowe se paró en seco frente al burdel que solía frecuentar. No, aquel no era momento para contarle sus penas a ninguna meretriz -prácticamente lo único que solía hacer-. Ni siquiera a Dorabella, su favorita. Por una vez, su miembro inyecto en veneno tomó las riendas y puso rumbo a la Molly House. Tal vez alguien con aureos cabellos, se decía por el camino. Y una vez dentro del local, sus ojos se posaron con pasmosa facilidad en un querubín de mirada triste.

- Demasiado bello para estar tan solo -dijo sentándose en el sofá junto a él-. ¿Qué tal un poco de compañía?

Acababa de sentarse y ya paseaba sus dedos suaves pero decididos sobre el brazo del muchacho, que parecía encantado con la aparición del inglés. Aunque tal vez estuviera encantado de verdad, bajo los embrujos de un vampiro que hace magia con los ojos.

- Me gustan los hombres mayores.
- ¿Y qué más te gusta? -preguntó el vampiro sin olvidar su sonrisa y con sus manos en una dirección más decorosa-.
- Me gusta lo que me estás haciendo.

El vampiro había dejado la suavidad a un lado y había introducido su mano en pantalón ajeno fervientemente.

- Nos están mirando.
- Lo sé, trabajo mejor con público.
- No -señaló tímido el muchacho, sujetando su mano.- Vamos a otra parte.

Como el caballero que antaño presumía de ser, Christopher Marlowe se levantó y tendió su mano al joven. Éste la tomó y juntos emprendieron un camino lleno de miradas con dirección a uno de los dormitorios.

Sin embargo, algo truncaría por el camino las intenciones de Marlowe. Una visión de quien menos esperaba, en el lugar que menos hubiera imaginado.
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Jue Sep 26, 2019 6:21 pm

A penas había dado el segundo trago a su bebida, cuando la puerta principal volvió a abrirse, y como si fuese el fantasma de las navidades pasadas, un espectro ingresó al gran salón, pasando por alto la presencia del perro herido y dirigiéndose directamente a uno con mejor pedigrí. William sonrió entre dientes, observando aquella valiosa imagen, mientras que Philip decidió simplemente ignorarlo.

Muy bien, dos pueden jugar este juego. Pensó William, mientras apoyaba la mejilla en su mano derecha, con la cabeza ligeramente ladeada, volviendo la vista a su acompañante. — Más joven, como en realidad me gustan... — musitó sonriendo, escondiendo sus labios tras la copa que tenía en la mano.

¿Cómo dices? — Louis parecía algo confuso, sin embargo su buena clase y educación le prohibía ser demasiado directo, por lo que a cada palabra suya le acompañaba una amigable sonrisa. Vamos, sé que esperas algo más que simple amabilidad, sé directo. William pensaba en alto, no sólo para que Philip lo escuchase, sino también el cazador cuya arma de fuego apuntaba a un muchacho tan tímido e infantil como podría parecerlo Philip.

Digo que... nunca antes había hecho algo así, ni cuando era más joven — un falso suspiro salió de sus labios, mientras meneaba ligeramente el vaso, degustando hasta el tintineo que realizaban las dos piedras de hielo. — ¿Crees que podrías enseñarme? — se inclinó hacia Louis, para que pudiese oirlo mejor. — soy virgen, en todos los sentidos. — mordisqueó su labio inferior, mientras sentía la sangre del hombre que tenía delante correr aún más rápido, al son de los latidos de su corazón.

Nunca me había imaginado tal cosa — el buen hombre sonrió ruborizado, sin embargo su mirada cambió de pena a deseo en el segundo en el que la mirada de William se posaba en la de Christopher, curvando los labios en una mueca, a la que no podría llamarse sonrisa. Louis tomó a William del mentón, para que su mirada solo se fijase en él.
Puedo enseñarte a llegar a las estrellas, si me dejas.

Pocos eran los centímetros que separaban sus labios. Louis intentó tomar ventaja de aquella situación y robar un beso al pícaro de William, sin embargo Philip, quien parecía un mero espectador dentro de su propia cabeza, giró el rostro, haciendo que los labios del francés se posaran en sus mullidas y sonrojadas mejillas. Ese acto poco y nada le gustó a William, quien tendría que lidiar con la estrechez de Philip para llegar a divertirse esa noche.  
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Jue Sep 26, 2019 6:57 pm

Con unos pies que no habían dudado ni un segundo al pararse en seco frente a aquella visión que le resultaba más que familiar al vampiro, éste posó sin disimulo alguno su mirada en los dos hombres sentados a la mesa, con una de sus más grotescas muecas de asco en el rostro y una ceja arqueada que se preguntaba qué clase de espectáculo era el que estaba presenciando. Y tras la absurda proposición del caballero que su espalda le ofrecía, Marlowe respondió con una frase que esperaba fuera reconocida, pero sin olvidar añadir a su pronunciar enorme desprecio y evidente burla:

- Estrellas, esconded vuestro fuego. No dejéis que la luz vea mis oscuros deseos.

Cupido tal vez comenzara a impacientarse pero en un segundo había pasado a segundo plano y el interés de Marlowe ya sólo estaba puesto en fomentar su propio ridículo incordiando a Philip, sin comprender que era William aquel que tomaba las decisiones.

- ¿Sabes? No creí que frecuentaras esta clase de sitios. Te tenía por un buen chico. Supongo que todos nos equivocamos -dijo finalmente tomando la decisión de sentarse en una de las sillas asiduas a la mesa. -Vamos, siéntate -reclamó a su compañero-.

- ¿Pero no ibamos a...?

- Oh vamos, no seas impaciente. Hay mucha noche por delante, encanto -dijo al mismo tiempo que besaba su mano y le dirigía una mirada que consiguiera convencer a éste de quedarse mientras él seguía con su teatrillo-. ¿Verdad... tú, quien quiera que seas? -preguntó al acompañante de Philip-. ¿Os conocéis desde hace mucho o acabáis de hacerlo?

Sin embargo, Marlowe se volvió antes de que Louis pudiera contestar.

- ¿Y te gusta este? -su mirada parecía dirigirse hacia Philip y su acompañante de forma intermitente, como diciendo ¿estamos viendo lo mismo?- Sabes que podrías aspirar a algo mejor, ¿no? ¡Oh! Olvidaba que eres de esos que sabotean sus propias oportunidades ellos solos.

El alcohol y los celos habían soltado la lengua del dramaturgo y no parecía tener intención de volver a enrollar esta en su boca. No a corto plazo al menos.
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Vie Sep 27, 2019 2:19 pm

Con nobles andanzas, aquel que William deseaba tentar, se acercaba a los dos caballeros, dispuesto a interrumpir el trato que estaban a punto de formalizar. Sonrió de lado, a penas dejando ver sus blancos dientes, mientras que el joven Louis giraba el rostro para fulminar con la mirada a aquel caballero que osaba interrumpirlos. William tomó del mentón a Louis con suavidad y depositó un ligero beso sobre sus labios, cuando la sombra de Marlowe los había eclipsado por fin.

No creí que fueras a buscarme aún encontrándome en un sitio como este — reclamó William con un todo de oscuridad en su voz, sin embargo al levantar la mirada para observar a Marlowe, sus ojos destellaban impaciencia y diversión. — No vivo para cumplir tus expectativas, nunca lo hice — se acomodó en su asiento, llevándose su amarga copa a los labios, mientras observaba la patética escena entre un muchacho que imploraba algo de amor, y un hombre al que poco le interesaba cumplir sus deseos.

¿Un antiguo y celoso amigo? — Louis se atrevió a ignorar las palabras de Marlowe, inclinándose hacia William para que lo escuchase mejor, y también para recalcar el hecho de que la bestia era él y su presa, el joven ingles de rizos dorados.  

William levantó una mano, para indicar a Louis que esperase, pues se estaba divirtiendo con la palabrería del isabelino, mientras él degustaba su bebida ante aquel espectáculo. No es así, dile que no es así, se está formando una mala idea de mí.... De nuevo la voz de Philip en su cabeza hacía acto de presencia. William puso los ojos en blanco, pensando en lo indeciso que era aquel muchacho, primero lo ignoraba y luego rogaba por su atención. Poco y nada podría conseguir con esa actitud.

Se frotó la frente, entrecerrando los ojos y suspirando ligeramente, respondiendo al lloriqueo de Philip en voz alta, mientras su profunda mirada azul se posaba en la de Marlowe. — Creo que aún no te has dado cuenta que no somos dos los que elegimos aquí, sino solo yo — Louis enarcó una ceja al oirlo hablar, pensando que se refería a él, sin embargo decidió ignorarlo, resoplando ligeramente por lo bajo antes de acabarse su bebida de un trago. William por su parte se inclinó hacia Marlowe para continuar hablando: — ¿No te recuerda esto a los viejos tiempos? Cuando discutíamos y al final de la noche me encontrabas ahogando mis penas en alcohol o entre los brazos de un hombre cualquiera en un burdel de las afueras... — Aquel recuerdo solo podía ser entendido por sus dueños, William y Christopher. Posó la mano sobre la pierna de Louis y lo miró: — Esto es como una noche cualquiera, solo he venido a divertirme.

Creí que habías dicho ser virgen... — reclamó Louis, con el ceño ligeramente fruncido, acto que hizo reír a William, pues este parecía más celoso por el hecho de no ser el primero en llegar a la vida del inglés, que por estar charlando con un viejo amor de juventud.

Philip lo es, yo he disfrutado de mi cuerpo desde mi más noble juventud —reclamó el escritor, sin pudor alguno de parecer un loco o estar alucinando.

¿Y quién es Philip? — ante la sorpresa del propio William, Louis persistía con el fin de llegar a lo acordado, ignorando el hecho de que se había delatado insano.

No es nadie — se giró para acariciarle las mejillas con el dorso de la mano, una caricia que Louis recibió de buen grado, apoyando la mejilla más contra la piel fría del vampiro. — O más bien un tonto que pretende ser un sabio, alguien que debería estar muriendo en el armario del olvido, un muchacho cruel enveneado al beber de la copa del amor platónico, un muñeco de papel al que puedo destrozar — Con tales palabras, William dejaba claro su aborrecimiento hacia Philip, quien luchaba por separar su cuerpo de aquel francés engreído. A Louis por su parte, poco le importaban las viejas historias entre William y Marlowe, a quien decidió ignorar por completo, poniéndose en pie para terminar sentándose en el regazo de William, implorando ser su centro de atención.

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Vie Sep 27, 2019 9:02 pm


El rostro del vampiro se llenó de solemnidad. No era difícil comprender que aquel espectro de áureos cabellos respondía a otro nombre distinto al suyo propio y que su alma volvía a corromperse con una visita nada grata. Sus ojos contemplaron el beso de discordia que compartieron aquellos demonios de la carne, sintiendo la incomodidad del que ve lo que otros no pueden ver: a alguien como Lancaster siendo la marioneta de los caprichos más isabelinos y apelando a su libertad a base de silenciosos gritos y secas lágrimas. Tal vez aquello fuera nuevo para él, pero había pasado demasiado tiempo al lado de Shakespeare para no equivocarse de persona.
Como el viento que barre la hoja de papel con pasmosa facilidad, cualquier tipo de orgullo y rencor hacia la huida de Philip de su buhardilla pasó a segundo plano y ya sólo sentía compasión hacia el niño que no le dejaban ser.

Las palabras de William afirmaron finalmente una verdad  susurrada a gritos. El gesto de Marlowe, sin embargo, se mantenía severo. Impasible a las provocaciones de su coetáneo.

- Si has creído cualquier cosa que haya salido de su boca, es que eres más estúpido de lo que pensaba -musitó manteniendo la mirada con el escritor pero dirigiéndose a su nuevo amigo-.

Absurdo, el vampiro tenía intención de coger del brazo a aquel impostor y sacarlo fuera del local. Con la nueva posición de Louis, su actitud debía dar un giro. Continuó manteniendo su mirada firme y de la nada, una mueca de superioridad y mofa apareció en su rostro. Delicada, sencilla... no obstante, efectiva. Con la misma se levantó de aquella silla dejando tras de si el desconcierto y  un regusto avinagrado, esperaba él.

Con los brazos cruzados y su espalda apoyada en la pared del callejón contiguo, esperaría que aquello a lo que Platón llamaba alma concupiscible hiciera mella en William Shakespeare y sus pasiones. La bilis que le corroía por aquel comportamiento tan mesurado en Marlowe terminaría explotando, volviéndolo un animal de instintos. Aquello a lo que Christopher estaba acostumbrado en si mismo pero que por algún motivo no aplicaría en aquella situación. No al menos de momento.

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Sáb Sep 28, 2019 2:54 am

Si la imagen en el macrorrelato de la mente de Philip se pudiese proyectar hacia el exterior, no verían más que un muchacho asustado y corroído por las palabras de aquel que él creía su salvador, William Shakespeare había sido el héroe de sus historias, sin embargo, la realidad resultaba diferente a las palabras tan llenas de encanto que el isabelino había profesado.

William por su parte estalló de risa ante la huída de su coetáneo, provocando una mirada inquisidora en su acompañante. — Creo que te has quedado sin acompañante — miró al muchacho que había seguido a Marlowe, quien se levantó con brusquedad, abandonando el gran escenario. Tú tampoco deberías estar aquí, nada de esto es real, tú no eres real. Un furioso Philip alzaba la voz en su cabeza, lo que provocó un resoplido en el dramaturgo, quien deseaba acallar por siempre a aquella insoportable voz en su cabeza. — El que caerá en el olvido eres tú, yo soy eterno — Louis observaba al hombre hablar en soledad, por lo que algo asustado y cansado del drama gratuito, optó por desaparecer de escena del mismo modo que lo hizo el otro chico anónimo.

Me tienes harto, empieza a escasear el espacio aquí para los dos. — Iracundo y malhumorado, William se levantó de su asiento y se dirigió a la salida. A penas había llegado a la esquina del establecimiento, cuando la presencia de Christopher llamó su atención. — Mira, aquí lo tienes, ahora puedes dejar de llorar y volver a tu maldita jaula — William se acercó a Marlowe con paso acelerado, mientras Philip luchaba internamente con volver al control de su mente y su cuerpo. — Sois un dolor constante de cabeza, uno un llorón y el otro un orgulloso sin sentido —  los gritos internos de Philip Lancaster retumbaban en la cabeza de William: Y tú un impostor, cállate. Cállate. ¡CÁLLATE! Con las manos en la cabeza, tapándose los oídos de manera absurda, pues aquellas palabras provenían de su interior, era ignorante de las gotas de sangre que brotaban de su nariz.

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Vie Oct 04, 2019 7:49 pm


Con la espalda todavía apoyada en la fría piedra, Christopher Marlowe alzó la vista para encontrarse con el cuerpo de Philip pero las palabras de otro.

- ¿Hablas de mi, o de ti? Aferrado a un cuerpo que no te pertenece sólo por no reconocer que tu momento ya pasó hace mucho. ¿Quién es más orgulloso de los dos, William? -aquella forma de dirigirse a él, sin utilizar diminutivo alguno, daba a entender la actitud seria y desafiante del vampiro, cansado de los juego de su coetáneo-.

Por alguna razón que todavía escapaba a su entendimiento, Marlowe parecía dispuesto a enfrentarse al isabelino buscando regresara a su celda. Tal vez sintiera cierto orgullo hacia Philip por la muestra de desprecio que demostró al abandonar su buhardilla. Sin embargo, él mejor que nadie conocía los sinsabores de vivir atrapado con el Bardo. Y no, no le deseaba eso a nadie.

- Vaya - anunció el escritor cuando la primera gota de sangre se precipitó hacia los labios de Philip, usando el dedo índice y tomando ésta,  mostrársela al otro para, a continuación, lamer aquel dedo con su propia lengua-. Creo que ese cuerpo es demasiado para tanto orgullo.

Su siguiente movimiento consistió en acercarse al joven vetusto y retorcer aquella lengua que segundos atrás había probado su sangre, por el labio superior de éste, completamente carmesí. Relamiéndose a continuación, continuó hablando.

- No sabe como la sangre de un humano -declaró pensativo-. Tiene algo de nostálgico que no me acaba de convencer. Sin embargo, ese toque joven y trémulo... me vuelve loco. ¿Por qué no dejas de hacer el ridículo y te vas a dormir? Déjanos hablar a Philip y a mi.

Y con su mirada más firme, juzgó a su antiguo compañero de cama: no te quiero aquí.
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Sáb Oct 12, 2019 2:46 am

William se llevó las manos a la nariz para comprobar que las gotas de sangre seguían brotando. Es sólo falta de sangre. Se dijo a sí mismo, no haciendo caso de las señales que el cuerpo ajeno le enviaba. Su mirada se clavó en la de Marlowe, quien parecía estar dispuesto a negar su poderío sobre Philip; William apartó la mano de Christopher de un golpe, rechinando los dientes con rabia.

Hablas como si el insulso muchacho estuviese bajo un embrujo. Fue él quien, harto de su anonimato, me aceptó como su huésped — se encogió de hombros, curvando los labios en una media sonrisa algo siniestra. — Ahora ya no hay vuelta atrás, si quieres hablar con él, habla, te está escuchando — William apoyó la espalda contra la pared, aparentando un cierto desparpajo y rechazo hacia Marlowe, camuflando de aquella manera el deterioro corporal por el que estaba atravesando, el cansancio y la falta de hemoglobina en su organismo, hacían que el vampiro se deteriorase más rápido, un hecho que el bardo intentaba ignorar para no hacer frente a su doble realidad.

El oxígeno en su cuerpo iba aminorando a pasos agigantados, pues Philip llevaba semanas sin probar un sorbo de sangre y William no se lo había permitido tampoco. Este hecho hacía mella en su organismo congelado, que empezaba a expulsar las últimas gotas de sangre por la nariz y la boca. Al percatarse de ello, William se llevó las manos a la boca, comprobando que lo que estaba expulsando era un coagulo de sangre.
Y pensar que antes rogabas por que estuviese siempre a tu lado... — dejó que el rígido cuerpo de Philip se deslizase hasta el suelo, sin apartar la mirada de Marlowe — No dejaré escapar esta nueva oportunidad, seguirás estando a mi sombra — aquellas palabras de rabia, casi amenazantes, fueron lo último que William pronunció, antes de desfallecer en el baldado cuerpo de Philip.

____________

Confundido y con un dolor punzante en la garganta, Philip abrió los ojos por fin, de vuelta a su realidad habitual. Desconcertado y sediento, intentó incorporarse sin mucho éxito. Ignoraba cuánto tiempo había pasado, podían haber sido solo segundos, sin embargo , él llevaba la vaga idea de haber estado recluido en una jaula dentro de su cabeza desde hacía varias semanas. Se miró las manos para comprobar que era él quien volvía a tener el control de su cuerpo, luego miró a su alrededor, para comprobar que a su lado se encontraba Marlowe, mirándolo con su seriedad habitual.

Carraspeó ligeramente, pasándose luego la lengua por los labios para humedecerlos, probando el sabor metálico de los restos de sangre seca. — Tengo sed — alcanzó a murmurar con ronca voz, mientras una vez más intentaba ponerse de pie.

Sus intentos fueron en vano, pues nuevamente, sus fuerzas volvían a flaquear. Se apoyó en sus manos, cerrando los ojos para intentar concentrarse, pero de poco sirvieron sus intentos de acumular la poca fuerza que le quedaba, ya que su cuerpo parecía negarse a responder. Aquello no distaba mucho de lo que sentía cuando William tomaba el control, ya que perdía la capacidad de decidir sobre sus propias extremidades.

Lo siento, de verdad que lo siento — no sabía muy bien por qué se disculpaba, pero tenía la extraña sensación de que era lo único que podía decir en aquel momento, donde la vergüenza y la culpa de sucumbir a los deseos del bardo, lo habían llevado a actuar de aquella manera. Levantó la mirada, notándose aún más el cansancio bajo sus ojos, y sin embargo, sonrió con pesadez. — No hago más que ser un dolor de cabeza constante, ¿cierto? — cerró los ojos una vez más. — ¿A que soy el primer admirador demente que conoces? — una sincera sonrisa apareció en su rostro, encontrando diversión en sus propias palabras, Philip sonrió sin saber por qué.

Tal vez fuera porque el cansancio y la falta de sangre hacía mella en él, tal vez porque había visto a Marlowe a su lado o tal vez porque había aceptado su locura en un deje de cordura con una naturalidad firme para el propio Philip. Todo ello se juntaba con el alivio de no sentir a William rondando en los escombros de su mente.

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Mar Oct 15, 2019 4:49 pm


Fue él quien, harto de su anonimato, me aceptó como su huésped. Las palabras de Shakespeare retrotrajeron violentamente al vampiro hacia la noche en que tomó el camino del demonio, obnubilado por la idea de superar a su coetáneo escribiendo su nombre por encima del de éste en la propia historia, buscando ser alguien por fin. Momentáneamente, sonrió. Philip y él parecían tener más en común de lo que pensaba.

Preocupado por Philip y lleno de ira a partes iguales por culpa de William, Marlowe se despegaría de la pared, sin quitar el ojo de encima a aquel cuerpo que parecía deteriorarse por momentos y como aquella consciencia cuyo ego era superlativo a su propia existencia, desaparecía.


____________


- Despierta, bella durmiente -dijo el inglés cuando empezó a ver movimiento en Philip, al que había llevado como buenamente había podido hasta su buhardilla una vez más- y bebe del elixir de la vida eterna -proclamó con algo de retintín refiriéndose al jugo escarlata que había conseguido de roedores en el tiempo que Philip había estado inconsciente-. Vamos, vamos, ¿qué haces?

La rapidez con que el joven quiso incorporarse no parecía recomendable para su estado y Marlowe no dudó en impedírselo.

- Me he llevado las manos a la cabeza más veces por ese desgraciado que finge prestarte ayuda que por cualquier otra persona, así que no te preocupes por eso.

Cualquier tipo de rencor que hubiera en el inglés parecía haber desaparecido. Philip no era su enemigo, sino más bien un aliado con el que poder enfrentar al auténtico rival.

- ¿Estás mejor? -preguntó segundos antes de comprender que aquella sangre parecía insuficiente y remangando su camisa, accedió a un abrecartas afilado que decoraba su escritorio arbitrariamente, como cualquiera de los objetos sobre éste- Toma, bebe.

Christopher Marlowe · Con Philip Lancaster · Buhardilla




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Lun Oct 21, 2019 2:20 am

La cabeza parecía darle vueltas. Hacía tiempo que había olvidado aquella sensación tan humana. Miró a su alrededor algo confundido, sin embargo, no tardó en reconocer el lugar; nuevamente se encontraba en la buhardilla del dramaturgo, en quien volvió a reparar cuando le ofreció un líquido de color carmesí.

Philip estiró los brazos con rapidez, para asir la copa que Marlowe le tendió y no tardó un segundo más en llevárselo a la boca. De un trago se lo terminó, sin si quiera reparar en el olor, en cambio, cuando el trago iba bajando por su garganta, el sabor a sangre de roedor impregnó sus papilas gustativas, lo que le provocó arcadas. Se llevó las manos a la boca y echó una mirada entre asesina y disgustada a Marlowe. — ¿Es que me odias tanto? —se quejó, aún con el ceño fruncido y los labios arqueados en una mueca exagerada de tristeza.

Pero cuando Marlowe le ofreció de su propia sangre, su expresión cambió radicalmente, sin poder evitar relamerse los labios mientras observaba la herida que se había abierto con el abrecartas para que la sangre empezase a emanar. El chico de rizos dorados no se negó ante tal ofrecimiento, y con las ansias propias de un sediento en medio de un desierto, se abalanzó contra el vampiro, sujetando so brazo con ambas manos, mientras succionaba el ansiado elixir de la vida.

No fue hasta distinguir un cierto quejido por parte de Marlowe, que Philip se separó de él, relamiéndose las esquinas de los labios en busca de los últimos resquicios de sangre. — Esto sabía mejor, mucho mejor — dijo más calmado, soltando un suspiro de alivio, mientras se incorporaba para sentarse más cómodamente.  

También es un alivio no escucharlo más — se señaló la cabeza, mirando al dramaturgo con cierto miedo a que le siguiese tildando de farsante. Philip se encontraba algo encogido de hombros y con fuerza física nula, por lo que su aire altanero y su mirada desquiciada habían sido sustituidos por una energía más sosegada y algo deprimente, sin embargo había recobrado la cordura momentánea, esa que raras veces lo acompañaba.

Philip Lancaster · Con Christopher Marlowe · Molly House




Última edición por Major Tom el Mar Oct 22, 2019 7:11 pm, editado 1 vez


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Mar Oct 22, 2019 1:19 am


¿Es que me odias tanto?. Alejado de ser verdad, el comentario hizo sonreír al vampiro, acostumbrado ya al sabor de aquel líquido carmesí proveniente de roedores hasta el punto de olvidar como de nauseabundo podía resultar para otros chupasangre. No tardaría mucho Philip en asentir hacia el nuevo ofrecimiento que Marlowe le presentaba, frenando en seco una vez el dramaturgo consideró que era más que suficiente. Y he aquí una peculiaridad acerca de la condición de vampiro y todo lo que implica la eternidad: la sangre es vida, pero un acto como aquel hacía hervir la misma ya fuera en el cuerpo del que la proporcionaba como en el de aquel que la tomaba. Nunca tal acto dejaba indiferente a ningún eterno.

- ¿Crees que si te odiara te habría traído hasta aquí otra vez, después de que te fueras con aquel caracter? -y es que cualquier momento era bueno para el inglés cuando se trataba de echar en cara algo-.¿Estás mejor entonces? -preguntó el poeta con un dedo que se había escapado para enredarse en los rizos áureos de Philip-. No es fácil escapar al embrujo del bardo. Lo sé por experiencia. Deberías sentirte orgulloso aparte de aliviado.

Marlowe abandonó la silla para sentarse en la cama con Philip.

- Vamos, intenta incorporarte -pidió éste mientras ayudaba a Philip, sujetándolo lo suficiente como para que pudiera sentarse-. ¿Sabes? -preguntó cuando el silencio se apoderó de ellos-. Yo si que no estoy muy orgulloso de algunas de las cosas que he hecho para poder librarme de él -refiriéndose evidentemente a su coetáneo de nuevo-. ¿Alguna vez has probado el opio? ¿Sabes lo que es? en China se refieren a él como o-fu-jung, o veneno negro. Todavía son pocos los lugares donde poder adquirirlo y el precio desorbitado pero te aseguro que llega un momento en que cualquier cosa vale para no oir las campanas de boda que aseguran mi unión con ese tormento llamado William Shakespeare.

Si algo no esperaba Marlowe abriéndose a Philip era que éste lo entendiera de forma errónea y comenzar a tontear con dicho veneno. Por el contrario, sí esperaba algún tipo de acercamiento, hacerle ver que no estaba solo en aquel tormento y que alguien como él, que ya había librado una y mil batallas con el otro isabelino, podía comprenderle.

Christopher Marlowe · Con Philip Lancaster · Buhardilla




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Miér Oct 23, 2019 2:13 am

Poco a poco Philip parecía estar recuperando fuerzas, incluso su piel se había tornado de un tono rosa claro, dándole la apariencia de estar casi vivo, pero no del todo. Sentía como todo su cuerpo iba adquiriendo calor, a pesar de que la sangre que había bebido no era fresca, al menos el gusto resultaba mucho más aceptable que el de roedores.

El rubio miró un momento a Marlowe, frunciendo el ceño ante el comentario de su huída. Philip mantenía vivo aquel recuerdo en su cabeza, y lo que él recordaba era al isabelino ignorando su declaración y cambiando de tema con la rapidez misma del viento.  —Fue culpa tuya, te estaba hablando de lo que significabas para mí y tú saliste con el cuento de la rata Basil, a quien por cierto espero no habérmela bebido. No quisiera dejarte sin amigos.— arrugó la nariz y frunció los labios, parecía un niño pequeño en medio de un berrinche.

Poco a poco se incorporó en la cama, sentándose en la cama con ayuda de Marlowe, de quien no despegaba sus azulados orbes. Mientras el dramaturgo relataba aquella leve historia sobre su decadencia en pos de la liberación, Philip apoyaba la cabeza en el hombro ajeno, aún algo resentido con su cuerpo por la falta de sangre cálida.  —El único veneno al que soy adicto es la sangre. Hace pocas semanas atrás me emborraché por primera vez con una humana— su mirada clavada en el suelo, recordó aquella noche de locura, en la que él y su peculiar caza, una muchacha ciega a quién dejó vivir, pasaron la mejor de las noches en un cabaret, en la que él había bebido, bailado y disfrutado por primera vez la más mundana y austera pseudo-felicidad.  —Elisè se llama, es ciega por lo que no pudo ver al monstruo que hay en mí. Bailamos y bebimos y me habló del opio, pero nos quedamos dormidos en la playa antes de si quiera saber dónde conseguirlo— volvió la mirada hacia Marlowe, separándose de él. —Pero supongo que no es una buena idea— sonrió levemente y negó con la cabeza antes de continuar. —Da igual lo que haga, William volverá a mi cuando le apetezca.— llevó una mano a su pecho, donde el calor parecía aglomerarse lentamente, mientras continuaba hablando.

Al principio pensaba que él era la única forma que tenía de escapar de mí mismo, y cuando te encontró, me aseguró que sólo te acercarías a mí por él, así que si quería volver a verte, debía dejarlo estar en mí. Es un gran demagogo, pero absorbe mis fuerzas y se niega a beber sangre para castigarme.— suspiró ligeramente, apoyándose contra el respaldo de la cama. —¿Has encendido alguna estufa? Siento que la temperatura está más elevada de lo normal— Philip se deshizo de la corbata que llevaba, desabotonando el primer botón de su camisa.

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Lun Nov 25, 2019 3:36 am


El ceño del isabelino se frunció al escuchar aquella parte: "lo que significas para mi". Tal vez estemos hablando de alguien que alardeaba de sumar conquistas y como se embebía del prójimo buscando inspiración para sus obras, pero en contadas ocasiones, como aquella parece ser, unirse de algún modo con una persona podía resultarle algo aterrador. Más aún cuando la otra persona ya se encontraba dentro del barco, esperando por él para zarpar.

- Te pido disculpas.

No sabía que más decir. Ni siquiera si quería decir algo más. No sabía nada en aquel preciso momento salvo que había sido un desconsiderado con su amigo, que ahora apoyaba su cabeza en el hombro del dramaturgo. La sonrisa de Marlowe, aunque inapreciable, ahí estaba. Satisfecho el vampiro de proporcionar cierta seguridad al otro, dejó caer su cabeza sobre la de Philip, coincidiendo su respiración -si es que todavía tenía de eso- con el olor que emanaba de los rizos del joven.

- Estoy seguro de que Élise-pronunció con cierto retintín- vio al monstruo dentro de ti. Pero también voy al ángel lloroso que asoma muy de vez en cuando. Y digo ver como el que dice sentir, pues las personas invidentes comprender el mundo  mejor de lo que nosotros a veces lo hacemos.

Culpable se sintió al pensar en lo concerniente a la situación. Tal vez él hubiera sido el culpable de que Philip hubiera tenido que dejar su cuerpo para prestárselo al demonio. ¿Y si...?, se preguntaba el inglés.

- ¿Puedo preguntarte algo? ¿Sabes si existe algún atenuante que cause esa trasformación?No sé si me estoy explicando bien, estoy siendo tan pésimo con las palabras como lo soy con la pluma desde hace unos años. Para que William aparezca, ¿se dan algún tipo de características o situaciones que tengan algo en común? Por ejemplo... -propuso dándose quizás más importancia de la que realmente tenía- ¿que alguien te rechace, o entristezcas lo suficiente como para que tu poder disminuya y él pueda echarte del barco?

Y aunque aquella idea no fuera del todo descabellada, si resultaba cierta, era muy distinta a la situación del propio Marlowe cuando el bardo vigilaba sus sueños y cambiaba de lugar sus pensamientos, únicamente como una voz con el único poder de la convicción.

- Si, es un hijo de puta muy listo. Pero no creas nada de lo que te diga, y menos eso -aseguró mirando a Philip, colocando uno de sus mechones como el que adecenta a un  niño enfermo-. Por algún motivo puedo decir que aprecio tu compañía -no sabía como de lejano estaba siendo y tenía miedo de resultar tan alejado como cercano con aquel tipo de comentarios- y me sincero si te digo que desprecio la suya. Desde hace ya mucho. Desde que bueno, dejó de ser quien solía ser.

La mente del inglés se retrotrajo a una época donde Williams Shakespeare se parecía más al modesto y tímido Philip Lancaster que al propio Bardo de Upon Avon. Rió por no llorar.

- Todavía estás débil. ¿Por qué no duermes un poco más? Cuando despiertes me aseguraré de traerte algo más de sangre.

Aún febril, los ojos de Marlowe seguían contemplando a Lancaster como algo no muy distinto a una estatua de Apolo. Hermoso hasta el último aliento, perfecto en su enferma belleza.

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Sáb Dic 07, 2019 3:48 am

Philip había sido desde niño muy escrupuloso con la comida, los dulces habían dejado de ser de su agrado a la edad de diez años, cuando, por un empacho de comer tantas galletas y pasteles, acabó enfermando del estómago. Desde aquel momento, no soportaba nada que le recordase mínimamente la dulzura del azúcar, y con la sangre resultaba igual de remilgado, si no era de su agrado, todo su organismo acababa rechazándola; por ello, había caído en un estado acalorado, casi similar a la temperatura media de un humano cualquiera, lo que lo llevó a deshacerse del frac que llevaba puesto y a desabotonar los primeros botones de su camisa.

No es que desagradezca tu buena fe, pero creo que la sangre de rata no es realmente lo mío— se llevó una mano a la boca en un intento de esconder una arcada, luego, siguiendo el consejo de Marlowe, se recostó una vez más en la cama, receloso de cerrar los ojos y ver desaparecer a aquella figura angelical que cuidaba de él. —Aunque puede que sea tu sangre y no la de Basil la que aumente mi temperatura, creo recordar las palabras de mi creador, prohibiéndome beber la sangre de otro vampiro— frunció los labios y entrecerró los ojos. —¿Me has envenenado?— bromeó con una fingida mueca de sospecho.

Se aguantó la risa, bajando la mirada a las manos de Marlowe, para luego perderse en sus pensamientos, ¿cuándo había empezado a oír al excelentísimo Shakespeare? Había olvidado ya lo que era ser uno solo en su cabeza, ¿empezó con Shakespeare o con Mozart? Ni si quiera recordaba quién había sido el primero en meterse en su cabeza. Sus recuerdos viajaron hacia su efímera juventud, cuando su corazón aún latía y corretear por el jardín no era realmente lo suyo, se la pasaba tumbado bajo la sombra del nogal durante las tardes de verano, leyendo una y otra vez El sueño de una noche de verano y Doctor Fausto de sus dos autores favoritos.

Todo empezó en mi adolescencia, mi padre tenía por costumbre castigarme con la fusta de los caballos, mientras que mi madre curaba mis heridas con la lectura, Shakespeare llegó a mí con la primera edición de Macbeth, aunque mi favorito siempre fue El sueño de una noche de verano, porque me hacía reír. Empecé a escucharlo en sueños, pero ya no recuerdo cuándo su voz se introdujo en mi cabeza para quedarse, pero fue poco antes de mi nueva vida eterna.— su voz fue apagándose lentamente, mientras sus recuerdos parecían amontonarse en su cabeza, hasta el punto de sentir los latigazos abriendo sus carnes nuevamente.  

Incluso el amor verdadero es efímero— musitó mientras sus párpados se entrecerraban lentamente, presa del cansancio y la debilidad física que seguían acompañándolo.  
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Dom Dic 08, 2019 7:59 pm


Ciertamente Philip había sido envenenado. No por el isabelino -al menos no por aquel del que hablamos ahora-, sino por lo que suponía la inmortalidad y los atroces actos que obligaba a perpetrar a quien quisiera seguirle las huellas a ésta. Un baile cuyo tema principal era la masacre, llevado a término en una sala decorada con vísceras y cortinas color carmesí, protagonizado por un muchacho envuelto por una sombra sin nombre.

- ¿Quién fue tu creador? -se atrevió a preguntar-.

El cuento de aquel joven lleno de heridas -no sólo físicas- que curaba cada una de ellas con el bálsamo de las palabras escritas hizo pensar al vampiro. Y tal vez él fuera un no muerto, un ser de la noche que se alimentaba de la vida de otras personas, pero lo que estaba claro es que William Shakespeare no sólo había sido escritor, sino que no sonaba a locura pensar que había sido un brujo que halló la manera de anclar su alma en cada una de sus epopeyas.

- Es culpa tuya, ¿lo sabes, no? -comenzó como si de una reprimenda se tratara- Si hubieras leído más a Fausto sería yo el que te susurraría y creeme, soy mejor compañero de habitación.

Chistopher Marlowe comprendió que aquella conversación se estaba quedando sin uno de sus sujetos, pues Morfeo tenía otros planes para él.

- Descansa -dijo levantándose-. Te prometo que cuando despiertes tendrás algo más consistente para llevarte a la boca.

Y al instante de pronunciar tales palabras, se arrepintió. La ética era compleja en todas sus vertientes. ¿Dejar morir a alguien o matar para que esa persona no muera? -si podemos hablar de un no muerto como alguien vivo-.

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