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Jue Jun 18, 2020 8:26 am
Sonata for the Inmortal Beloved
Tras la muerte de Beethoven, su familia se pelea sin cesar por ver quién se hace con la herencia del compositor. Y en su búsqueda del testamento, encuentran una carta que lega todo lo que tiene a su amor inmortal. En seguida se desata el caos, pero nadie se da cuenta de que, el destinatario de la carta y heredero universal de Beethoven se haya más cerca de lo que creen.

"Crees conocer una historia, pero sólo sabes como acaba. Para comprender la historia, debes volver al principio."

Año 1805, Napoléon está en guerra con Austria y con prácticamente todas las viejas monarquías Europeas. Para Beethoven, quién siempre se ha caracterizado por ser un rebelde, el general Bonaparte representa la llegada de la Ilustración y el fin del oscurantismo. Hace apenas 5 años que por fin logró que se interpretaran sus obras, aunque aún de vez en cuando tiene que seguir dando clases de piano a los hijos de la nobleza y de sus mecenas. Aunque lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, el compositor se ha ido volviendo más huraño debido al dolor que presenta en los oídos, temeroso de que esto pueda significar el fin de su relación con la única cosa que le ha mantenido a flote a lo largo de toda su vida: La Música.

Es entonces cuando su camino se vuelve a cruzar con Maximilian Breuer, un antiguo alumno suyo que tenía un futuro brillante como intérprete pero que sufrió un accidente que truncó su prometedora carrera. Para sorpresa de todos los que le rodean y se jactan falsamente de conocer al compositor, Beethoven toma de nuevo bajo su ala a Maximilian. Quien se convierte, desde su posición de secretario, en el pilar de los acontecimientos que se sucederán vertiginosamente a partir de entonces. Cada uno de ellos acercando aún más a ambas figuras y convirtiendo a Maximilian Breuer en la inspiración del compositor.



Maximilian Breuer
24 — Douglas Booth — Dafne
Ludwig van Beethoven
32 — Aidan Turner — Polgara
1x1— Épocas pasadas — Romance & Drama


Post de rol:

Código:
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Sáb Jun 20, 2020 3:02 pm
Call it mutual convinence
No pudo reprimir el gesto de desagrado ante la palabrería inútil de su hermano. Quería mucho a sus hermanos, pero Kaspar parecía no entender que necesitaba parar un momento, que el dolor era casi tan fuerte que le costaba permanecer centrado. Pero no iba a decirle a su hermano pequeño sus temores, por varios motivos: Primero, que era su hermano pequeño y su misión siempre había sido protegerle, segundo, porque temía que si decía sus temores en voz alta estos finalmente se cumplirían, tercero: No podía arriesgarse a que se supiera que estaba débil o tendría problemas con los editores. Y otra cosa no, pero Kaspar y Johan vivían de una manera demasiado holgada y raro era el momento en que Ludwig no tenía que costear las excentricidades de sus dos hermanos. Quienes parecían haber heredado de su padre la impresión de que podían exprimirle como si fuese una naranja.

Kaspar frunció el ceño molesto con él y comenzó a acusarle de que su mal humor se debía a que pronto dejaría de trabajar para  él para casarse con su adorada Johana. Ludwig detestaba a Johana, le parecía una mala influencia, pero aquella rubia parecía ejercer sobre su hermano un poder increíble, anulando casi su voluntad. Y su hermano ya le había metido en varios problemas con los editores, así que cuando le amenazó con dejarlo, Ludwig acabó estallando diciéndole que muy bien, que se largase con Johanna. Que no le necesitaba, una mentira obviamente, pero él estaba tan cansado de sentir que esos dos sólo querían chuparle la sangre y el dolor no le ayudaba precisamente a tener mejor humor. Y aunque él siempre había tenido arranques de ira, estos se habían vuelto más frecuentes desde que ese maldito dolor de oídos se empeñaba en amargarle la existencia, proyectando una sombra de miedo a su alrededor. No podía permitirse el perder la Música, si lo hacía se volvería loco, no le quedaría nada por lo que vivir.

No supo cuánto tiempo estuvo caminando por Viena, pero finalmente el dolor remitió, permitiendo que Ludwig se tranquilizara. No, definitivamente lo suyo era la música y no el trato con las personas. Ese aspecto de su vida siempre había sido descuidado en aras de la música, aunque más veces de las que él mismo querría admitir, se encontraba anhelando encontrar a alguien que le quisiera a pesar de todo y que no le viese como un cheque en blanco. Pero eso era una fantasía. Que Kaspar se fuera con Johana, él ya vería como salía adelante. Pero no quería a esa mujer cerca de su obra, capaz era de robarséla y vendérsela a sus enemigos, ya había tenido pleitos con la justicia anteriormente y estaba convencido de que ella no cambiaría. Estaba hecha de la misma pasta que el difunto padre de Ludwig. Dios, esperaba que ese hombre estuviera ardiendo en el infierno. Se veía que tendría que seguir con las clases de piano a los hijos de la nobleza, y como destestaba las clases. No porque no le gustase enseñar, es que la mayoría de sus alumnos, tanto las féminas como los jóvenes, parecían más interesados en el estatus que les daba el decir que le tenían como mentor, como si fuera un perro, que en aprender y valorar la música. Falsedades, hipocresía, dobleces... lo odiaba pero lo necesitaba para sobrevivir.

Sus esperanzas estaban puestas en las ideas que venían de Francia traídas por Napoleón. Tal vez lo que necesitaban era un soplo de aire fresco, un huracán que se llevase todo lo podrido y permitiese que renaciese lo nuevo. Ese pensamiento le hizo sonreír. Sus ojos vagaron por las personas que paseaban por el parque y de repente se posaron un rostro familiar. Era Maximilian y parecía que venía hacia él.

Ludwig van Beethoven— Parques de Viena, 1805— con Maximilian Breuer


Última edición por Polgara el Dom Ago 02, 2020 11:37 am, editado 1 vez


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Sáb Ago 01, 2020 6:43 pm
Call it mutuad convinence
Hubo un día que se prometió a sí mismo que jamás volvería a saber nada de Ludwig Van Beethoven, él no fue el culpable de su accidente, pero sí de repudiarlo como aprendiz, de no tener la valentía suficiente como para seguir con sus enseñanzas, debido a que después de aquel trágico accidente montando a caballo Maximiliam se había destrozado la mano izquierda, perdiendo prácticamente toda su movilidad. ¿Pero acaso ese era motivo suficiente como para no convertirse en un músico de prestigio? El joven confiaba en sí mismo y en su don, pero Beethoven no había hecho lo mismo, tenía decenas de aprendices que como él, creían que podían llegar a lo más alto y optó por dedicarles todo su tiempo, rompiendo así el sueño de Maximiliam.

Fue un golpe duro, pues su familia había volcado todos sus esfuerzos y su dinero en aquellas clases, pensando que algún día serían recompensados por ello, por lo que al descubrir que su único hijo no iba a darles la reputación y la riqueza que merecían comenzaron a verlo con otros ojos. Se convirtió en un juguete roto que ya no les servía para nada, un estorbo, una boca más que alimentar, por lo que en cuanto cumplió la mayoría de edad lo echaron de casa para que se buscase su propia vida.

Max tuvo que endurecerse de inmediato, pues hasta ahora había sido un chico demasiado amable, soñador y confiado y tuvo que aprender a base de golpes que el mundo no era tan idílico como él lo había imaginado detrás de sus composiciones.

Tuvo cientos de trabajos, pero su mano siempre lo limitó y acababan echándolo de todos ellos, actualmente su situación era tan precaria que solo conocía a una persona que podía ayudarlo, puede que ni siquiera se acordase de su nombre o de que existió un día en el que fue su alumno favorito, pero a pesar del orgullo que le gritaba que no se rebajase de aquella manera, no le quedó más remedio que buscar al gran Beethoven.

Y más de siete años después aquí estaba, cara a cara con el hombre al que tanto había admirado y al que ahora detestaba, pero si quería que le otorgase el favor que iba a pedirle no podía mostrarse demasiado enfurecido, por lo que fingió una sonrisa e hizo media reverencia a modo de saludo —señor Beethoven, me alegro de volver a verlo, no sé si me recordará, Maximilian Breuer— el chico que soñaba con convertirse en alguien como usted, se ahorró decir.

Maximilian Breuer— Parques de Viena, 1805— con Ludwig van Beethoven


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Dom Ago 02, 2020 1:00 pm
Call it mutual convinence
La situación le parecía tan irreal y le había dejado tan patidifuso que correspondió a aquella medio reverencia de manera casi automática mientras una tormenta de proporciones colosales parecía desatarse en su interior. La voz de Maximilian preguntándole que se le recordaba le parecía una broma de mal gusto. ¿Que si le recordaba? Por supuesto que sí. Por supuesto que recordaba a quién había sido su mejor alumno, Como recordaba también la manera en la que él había puesto fin a todo, tal vez de forma demasiado brusca, pero a él nunca se le habían dado bien las sutilezas ni tenía demasiada experiencia en el arte de la bondad.

Pero a pesar de eso, de los siete años que hacía que no le veía, Beethoven podía ver perfectamente esa rabia y ese fuego en la mirada de Maximilian. Algo que no había estado ahí antes y que, sabía en su fuero interno, que era parcialmente culpa suya. Antaño, la mirada del joven había sido luminosa, amable, llena de vida. Todo lo contrario a lo que él conocía, pero ahora quedaba demostrado que el mundo podía corromper a quien fuera, incluso a alguien tan luminoso como Maximilian. Y eso, de alguna manera, le resultaba descorazonador.

—Por supuesto que os recuerdo.

Se preguntó si tal vez él pensaba vengarse ahora de él. Venganza, dolor, esos eran unos sentimientos que entendía perfectamente. Su padre se los había enseñado con dedicación cada vez que él se había equivocado en una nota siendo niño, Desde que Mozart había aparecido, la avaricia había hecho presa en el siempre codicioso progenitor del músico. Había mentido sobre la edad de su primogénito y había corregido gracias a su bastón cada error que las inexpertas manos del niño habían cometido. Le había sacado muchas noches del lecho para tocar de madrugada ante gente, jactándose de ser padre de un segundo Mozart, y eso se había traducido en una somnolencia en la escuela, sus maestros se habían quejado y el bastón había caído sobre él en furia ciega porque según su padre había desgraciado su nombre. Era una espiral continua de violencia de la que se había escapado con apenas 18 años, con ayuda de su madre. Con la esperanza de que Mozart en Viena, quisiera ayudarle. Y Mozart había sido diferente a cualquier persona que conociera, había sido uno de las pocas personas en tratarle bien, en enseñarle pero sin renunciar a su propia voz. Y sabe dios que le había dolido horrores descubrir que esa persona había muerto. En un mismo año, había perdido a su mentor y a su madre. Las dos únicas personas en tratarle con dulzura.

Él sabía bien que el mundo era cruel, y ahora Maximilian lo estaba experiementando en carne propia. Pero en lugar de producirle placer le producía la reacción contraria y se sentía en parte responsable, culpable incluso. Algo irracional, lo sabía. Pero se sentía responsable.

—¿A qué debo el honor? ¿Puedo ayudaros en algo, señor Breuer?
Ludwig van Beethoven— Parques de Viena, 1805— con Maximilian Breuer


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Dom Ago 16, 2020 3:28 pm
Call it mutuad convinence
Sintió una punzada en el pecho al escuchar que sí le recordaba, fue doloroso y al mismo tiempo satisfactorio, porque al menos no había sido la más absoluta nada, no había podido cumplir con su sueño de ser un gran músico, de expresarse a través de su arte y de hacer partícipe al mundo entero de sus sentimientos, pero había perdurado en la memoria de un hombre del calibre del gran Beethoven, ¿no era eso algo por lo que sentirse orgulloso? Y por unos instantes lo estuvo, hasta que recordó cómo había terminado aquella relación y de qué manera lo había despachado, como si fuese un trasto viejo que ya no servía para nada.

No podía confundirse, Beethoven era como sus padres, en cuanto había comprobado que no le aportaría reputación y riquezas como mentor, se había deshecho de él.

—Cualquiera lo diría, teniendo en cuenta lo rápido que se olvidó de mi destreza—
murmuró con despecho, pero sin brusquedad, la dulzura de su voz no se asemejaba a la dureza de sus palabras, pero no quería montar un espectáculo, ni ser del todo desagradable, pues aún tenía que llevar a cabo su plan y sabía bien que podía ser su última oportunidad de tener un trabajo en condiciones.

Se incorporó y tomó aire al escucharlo, era el inicio perfecto para la conversación que quería mantener con él, pero le resultó irónico que le llamase señor, hacía años que nadie le otorgaba ese título, ahora era demasiado mediocre como para ser considerado como tal.

—Soy yo el que viene a ofrecerle ayuda, señor Beethoven— su idea inicial era no parecer desesperado, a pesar de estarlo, no quería ganárselo por lástima, si no que comprobase que estaba preparado para cumplir con cualquier cosa que le solicitase y otra cosa no, pero Maximiliam sabía venderse a la perfección.

—Ha llegado hasta mis oídos que tiene cada vez más trabajo, su fama se va extendiendo, los alumnos no dejan de llamar a su puerta— esas palabras fueron como ácido en su garganta —¿cree que un hombre tan ocupado como usted debería entretenerse con cosas tan nimias como atender la correspondencia u organizar su agenda?— negó con la cabeza para dar énfasis a sus palabras —eso le quita prestigio, mi señor, por lo que estaría encantado de postularme como su secretario personal, aunque espero que no tenga ningún otro candidato a la vista— porque entonces él, debido a su tara, no sería capaz de conseguir el empleo.

Maximilian Breuer— Parques de Viena, 1805— con Ludwig van Beethoven


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Sáb Sep 05, 2020 12:02 pm
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Las palabras cortantes del joven y el ácido que desprendían le hicieron hervir la sangre. Las había dicho con un tono dulce que intentaba enmascarar ese ácido pero Ludwig conocía demasiado bien los sentimientos negativos, eran los que entendía, los que al final acababan moviendo su vida. Porque en su vida, las cosas buenas no duraban. Al final todo se acababa rompiendo. Le extrañaba a estas alturas ser capaz de seguir sintiendo dolor a nivel emocional, pero eso era un recordatorio de que estaba vivo. Tal vez era por eso que la tensión se solía colar en sus obras en más de alguna ocasión.

Sus siguientes palabras y su ofrecimiento terminaron por romper cualquier idea que pudiese tener acerca de las intenciones del joven. ¿Pero qué clase de venganza quería llevar a cabo? Una parte de su mente, le susurró que se diese media vuelta y huyese, Era la parte de él que le recordaba que aún se estaba recuperando emocionalmente de la crisis que había sufrido y que le había hecho fantasear con la idea de pegarse un tiro, pero al final se había aferrado a vivir, como lo había hecho desde niño. Ese impulso loco de aferrarse a la vida con uñas y dientes que le había hecho escaparse de casa con apenas 18 años huyendo a casa de Mozart sin saber si este accedería a enseñarle y darle un refugio.

—¿De verdad? ¿De verdad estaríais dispuesto a pasar tiempo junto a mí encontrándome tan detestable?

Eso le hizo pensar en que tal vez, el joven que tenía delante estaba tan desesperado y perdido como lo había estado él entonces. Y aunque no se sentía responsable por el accidente de Maximilian, sus palabras si que le habían dolido. Tanto como si se acabara de llevar un bastonazo a manos de su padre y se hubiera cortado con el mango afilado de la empuñadura. Porque contrario a lo que expresaba, por supuesto que sentía. Pero no podía permitirse el lujo de dejar que esos sentimientos le paralizasen o estaría perdido. Y sin embargo se sentía en parte culpable por las palabras de su interlocutor.

—El prestigio no gatantiza nada. Mozart tenía muchísimo prestigio y le dejaron morir como a un perro: abandonado y solo.  

Y aquello le atormentaba muchísimo, porque después de cómo se había portado con él, oír lo que le habían hecho y no haber podido estar ahí para su mentor y amigo porque tenía que ocuparse de sus hermanos cuando su padre había dado con sus huesos en la cárcel y su madre había fallecido. Mozart no se merecía haber terminado así. Ni Maximilian el haber sufrido ese accidente.  Dios, si es que existía, era un miserable por permitir que a las buenas personas les pasaran cosas así y los canallas como su padre soliesen irse de rositas con sus fechorías.

—Acabo de despedir al anterior secretario porque no hacía su trabajo. Si os diera ese puesto significaría que tendriaís que pasar muchas horas del día o en ocasiones de la noche trabajando codo con codo conmigo, ¿De verdad estariaís dispuesto a eso?

Ludwig van Beethoven— Parques de Viena, 1805— con Maximilian Breuer


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Dom Sep 20, 2020 2:28 pm
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Levantó una ceja al escucharlo, vale, quizás su disimulo no había sido tal y Beethoven había conseguido captar su tono venenoso, pero no era la primera vez que Max tenía que fingir algo que no sentía, lo había hecho con sus padres durante años, hasta que por fin pudo dejar de hacerlo porque dieron con algo que le gustaba realmente, el piano, algo que había considerado una parte más de sí mismo, como si fuese una extremidad que se alargase.

Pero por desgracia, todo se acababa y desde el accidente no había sido capaz de volver a tocar uno, la sola idea de que las yemas de sus dedos volviesen a acariciar las teclas le daba escalofríos, Beethoven se lo dejó claro entonces, ya no servía para cautivar a los demás con sus melodías, no podría transmitir nada con una sola mano y como le habría gustado tener el valor suficiente para demostrarle cuanto se equivocaba.

—Señor, sé muy bien separar mi trabajo de cualquier rencilla personal que pudiese tener con vos, soy un profesional— su tono de voz seguía siendo cortante, pero sin perder suavidad —¿acaso tiene miedo de que planee algún tipo de venganza tal vez? Prometo no envenenarle el té— sonrió de medio lado, obviamente no era un asesino, ni tan cruel como para idear algo así, pero sintió satisfacción al vez bajar la nuez de Beethoven cuando tragó saliva, como si por unos segundos pensase que sí que podía llevarlo a cabo.

Media sonrisa se dibujó en su cara, ¿no sería maravilloso tener a un Beethoven temeroso y dócil en su poder? Soñar era gratis, pues el hombre que tenía frente a él no podía ser definido con ese par de adjetivos, precisamente.

—Eso no le ocurrirá a usted, tiene a su familia— Mozart había acabado solo, pero él siempre estaba rodeado de sus hermanos, para lo bueno y para malo, algo que también envidiaba, porque a Max ya no le quedaba ni siquiera eso, un ser querido al que acudir cuando todo iba mal.

—Le propongo algo, una semana a prueba, le mostraré mis habilidades y que soy más que capaz de hacer mi trabajo, si no le convence me iré— tenía que admitir algo y es que, pese a que el resto del mundo siempre lo sacaba a colación, él en ningún momento había mencionado la incapacidad de su mano izquierda y no pudo evitar sentir algo de respeto hacia él por ese hecho.
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Mar Dic 01, 2020 12:41 pm
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Y aquí estaban intercambiando sarcasmo y veneno como si no hubiera un mañana. Demasiado quemados por la injusticia de la vida y de un mundo que podía destrozarte en un abrir y cerrar de ojos. Y Maximiliam sin embargo no se burló de él cuando dijo lo de Mozart. Hacía años, cuando todavía Maximilian era su mejor alumno le había confesado lo que el músico era para él, como había sido vivir a su sombra... y como había llegado a apreciarle.  

Y sin embargo Ludwig sabía que su propia familia le daría la espalda si caía en desgracia, que le tocaría librar aquella hipotética batalla solo. Porque en el pasado siempre había estado solo cuando de verdad había necesitado ayuda. Bueno, con la salvedad de Mozart... pero a sus hermanos solo les guiaba la ambición. ¿Y él? Él tenía una debilidad. Una que le daba vergüenza admitir: quería ser querido, no por sus obras, sino por su propia persona. Pero ¿Cómo dejar entrar a la gente en su corazón cuando tenía tantas heridas?  Apartó esos pensamientos antes de que fueran a más, pues no podía darse el lujo de derrumbarse.

—Una semana entonces. Pasara lo que pasara os pagaría esa semana, pero os lo advierto, que va a haber momentos muy intensos

Pero Maximilian ya había sido su alumno en el pasado, y sabía perfectamente que Ludwig era bastante exigente. No déspota, pero si exigente, así que seguramente no saldría huyendo si las cosas se ponían feas ante algún imprevisto con sus editores. Aunque algo le decía que era más posible que estallaran en una bronca, pues ambos tenían un carácter fuerte. Pero quería intentarlo. Quería ayudarle.

—¿Caminais conmigo o teneis otro compromiso?  

Aquella oferta salió de sus labios en uno de sus impulsos, esos que siempre le habían caracterizado. Pero si eran capaces de no matarse entre ellos todo pintaba razonablemente bien.
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Jue Ene 21, 2021 5:40 pm
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Levantó una ceja al escuchar la advertencia. Él ya conocía el carácter de Beethoven por experiencia propia, pero había escuchado los rumores que aseguraban que de un tiempo a esta parte había empeorado, pero al parecer nadie conocía el motivo.

No le importaba, aquella era su última oportunidad para tener un buen trabajo y si había conseguido tragarse su orgulloso y pedírselo a la persona que más detestaba en el mundo, también podría aguantar cualquier otro obstáculo que se le presentase.

—Será un placer estar a sus servicios, señor— ironizó una vez más, tirando demasiado de una cuerda que si soltaba podía golpearle con fuerza, pues el hombre no tenía la necesidad de soportar sus comentarios ácidos, seguramente tendría una larga lista de postulantes que estuviesen deseando trabajar para él.

Necesitaba calmarse un poco, dejar que la ponzoña se quedase oculta en su corazón y no se mostrase en sus palabras —si me disculpa, tengo otros asuntos urgentes que tratar— mintió.
Tomar distancia ahora le vendría bien para aclarar sus ideas y fabricar una máscara más dulce y paciente que pudiese mostrarle.

—Mañana estaré en su casa a primera hora, le demostraré cuan valioso soy— volvió a inclinarse en una pequeña reverencia y sin esperar contestación dio media vuelta y se fue.

No quería pasar más tiempo del debido con él, no eran amigos, ni siquiera se soportaban, aquello solo sería una relación laboral.
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Dom Feb 14, 2021 1:11 pm
Something new is coming
Su corazón parecía golpear con insistencia en su pecho, como si presintiera algo malo y todo su ser gritara que tenía que estar en guardia si no quería ser arrastrado a aquella locura. Pero tal vez era que estaba siendo irracional y que estaba aún cabreado con su hermano por desoír sus advertencias y casarse. Ludwig no quería estar en esa boda, pero tenía que hacerlo porque Kaspar seguía siendo su hermano menor y aunque le pesara, aunque su relación se hubiera resentido porque él se había tomado a mal la entrada de Maximilian Breuer en su vida, Ludwig seguía queriéndole.

Aunque en su fuero interno presentía que iba a pasar algo, lo presentía. Preferiría estar trabajando en su sinfonía, su mecenas le estaba metiendo prisa diciendo que con las tropas de Napoleón acercándose a Viena no era momento para estar postergando todo. Hablaba de una guerra, pero Ludwig tenía fe en las ideas de la Revolución Francesa y de hecho le había dedicado la Tercera de sus sinfonías a Napoleón. La verdad era que en en aquel último año el compositor se había puesto a trabajar de manera frenética, temiendo quedarse sin tiempo, pues aquellos dolores y su pérdida de audición cada vez iban a más. Aún podía ocultarlo, incluso a Maximilian que en aquel último año se había hecho indispensable para él... a pesar de que más de una vez habían acabado teniendo broncas monumentales y en las que algunos de los muebles habían salido volando por la ventana. Pero al margen de eso trabajaban bien juntos.

Y la verdad era que en aquel momento preferiría alguno de sus comentarios ácidos que tener que fingir que estaba conforme con algo que lo estaba. Así que se fue de la iglesia lo más rápido que pudo con la intención de encontrarse con Maximilian, pero a medio camino de su casa uno de esos dolores tan fuertes le hizo pararse e hizo que tuviera que apretar los dientes para no gritar. Justo entonces vio a Maximilian ir hacia él a toda velocidad, y aquel presentimiento que no le había abandonado durante todo el día volvió con más fuerza.

—¿Estás bien? Parece que hubieras visto un fantasma.

Ludwig van Beethoven— Casa, 1806— con Maximilian Breuer


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Vie Abr 02, 2021 4:59 pm
Something new is coming
Un año, jamás pensó que aguantaría tanto tiempo al lado de Beethoven y mucho menos que se le pasaría volando.

Cuando echaba la vista atrás aún podía verse furioso con cualquier comentario que el hombre le dedicase o alguna cosa que le pidiese, el rencor se había enquistado en su pecho y durante mucho tiempo se negó a soltarlo, incluso ahora, después de todo lo acontecido, había días en los que no podía evitar odiarlo un poco, cuando lo escuchaba tocar una de sus composiciones su corazón se llenaba al mismo tiempo de calidez y de un vacío inmenso, lo admiraba y del mismo modo lo envidiaba, siempre añorando lo que podría haber sido, en lo que se podría haber convertido, su digno sucesor.

Pero tenía que admitirlo, a pesar de las discusiones, de su mal carácter y de sus exigencias, habían congeniado bien, quizás porque Max había aprendido a no amedrentarse, había pasado demasiado tiempo bajo las órdenes de sus padres y luego buscándose la vida, ya no era un crío, se había convertido en un hombre que sabía lo que quería y que no se iba a dejar pisotear por nada ni por nadie, ni siquiera por Ludwig Van Beethoven y puede que gracias a eso no se hubiesen cansado el uno del otro.

Había aprendido a manejarlo, anticiparse a sus enfados y calmarlos de forma sutil, en modo de retos o comentarios irónicos sobre su proeza, lo que siempre provocaba que el hombre, en lugar de frustrarse, luchase por demostrarle de lo que era capaz y así impresionarlo y oh, si lo conseguía,  algo que no admitiría en voz alta, al menos, de momento.

Salió de casa al comprobar la hora, estaba seguro de que no dudaría demasiado en una boda que estaba claro que no aprobaba, pero la relación que mantenía con su familia parecía ser demasiado complicada y él hacía todo lo posible por no inmiscuirse en ella, ya que si lo hacía lo más probable es que acabase escaldado.

Se giró al escuchar un ruido y al verlo no pudo evitar avanzar hacia él preocupado, en los últimos meses pasaba con más frecuencia de la que le gustaría, él siempre lo zanjaba diciendo que estaba todo bien, pero lo encontraba más distraído y huraño de lo normal, el semblante de su rostro siempre parecía preocupado, como si sufriese algún dolor del que no quería hablar, no había que ser un genio para darse cuenta de que algo malo ocurría.

—Sí, mi señor y lo tengo justo delante— agarró su brazo para que lo pasase por sus hombros y lo ayudó a caminar hacia casa, soportando parte de su peso —tenéis un aspecto lamentable— dijo al comprobar su ceño fruncido y el aspecto blanquecino de cara —parece que la boda ha ido bien— medio sonrió en cuanto escuchó su gruñido, quizás si lo distraía lo suficiente el dolor cesaría.
Maximilian Breuer— Casa, 1806— con Ludwig Van Beethoven


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Jue Jun 03, 2021 3:26 pm
Something new is coming
Fantasma. Le acababa de enviar a la tierra de los muertos pero él estaba muy vivo, aunque si sus temores se hacían reales probablemente Max no andaría desencaminado. Su vida había girado siempre en torno a la música y si perdía el acceso al sentido de su vida, a su único pilar ¿Qué sentido tendría estar vivo? Incluso Maximilian no dudaría en abandonarle si eso sucedía. Pero Ludwig siempre había sido un rebelde, se aferraba a la esperanza con uñas y dientes. Así que intentó componer algo parecido a una sonrisa, pero lo que le salió fue una mezcla entre esa y una mueca de dolor.

—Puedo asegurarte que aún me encuentro en el mundo de los vivos. Y mi intención es permanecer en él todo lo posible.  

Aquella situación le parecía irreal: él, sin salir corriendo ni haciendo leña de él por aquel momento de debilidad, y él mismo permitiéndose mostrar dicha vulnerabilidad con Maximilian. Sin embargo, se aferró a él, demasiado consciente de que en aquellos instantes el joven era lo único que le impedía desmoronarse como un castillo de naipes. Pero debía aguantar, porque la alternativa era aterradora y se había jurado que no iba a volver a sentirse aterrado. Que lucharía para no ser un crío asustado

—Podríamos decir que la Iglesia a vuelto a salirse con la suya y que mi hermano ha entrado "dócilmente" en la jaula de oro que ellos predican. Espero que no salga escaldado, pero si lo hace no podrá decir que no le avisé.  No, no es que no crea en el amor, sé que eso existe. Pero no creo en el adoctrinamiento que se empeñan en predicar desde los púlpitos. Y además, no siempre amor y matrimonio van en la misma frase.   

Y que tenía los recuerdos grabados a fuego en su ser del matrimonio de sus padres. De los gritos, las cosas estrellándose, su madre en el suelo con la cara amoratada por atreverse a ser mejor persona de lo que su padre había sido jamás.

— Todos deberíamos aspirar a alcanzar el amor, pero te aseguro que tengo claro que nunca me casaré.   

A todos los efectos, él ya se había casado con la Música siendo un niño y luego había renovado esos votos. Cierto era que a veces anhelaba algo más humano, pero lo veía complicado. Los matrimonios más que un acto de amor eran un negocio y él no iba a venderse ante nadie. Sabía de primera mano que la vida no era justa, que a las personas buenas les ocurrían cosas terribles que o los destrozaban o hacían que resurgieran de una manera más oscura. Prueba de ello era el propio joven al que ahora se aferraba, o él mismo. Y sin embargo, en el fondo siempre anhelaban la esperanza y por eso todas las obras de Ludwig al final se trataban de eso: de esperanza.

No pudo evitar suspirar de alivio cuando ambos por fin entraron en la casa, sin más ojos acusadores mirando, la verdad, prefería los mordaces comentarios de su compañero a la sensación de que el mundo le miraba esperando un traspié para caer sobre él.

—Gracias.  

Ludwig van Beethoven— Casa, 1806— con Maximilian Breuer


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Dom Jul 04, 2021 3:12 pm
Something new is coming
Usó toda su energía para mantener a Beethoven recto y en sus brazos, pues a pesar de que el hombre se encontraba débil, seguía siendo más fuerte y grande que él, pero no podía dejarlo caer.

Lo cierto era que no soportaba verlo en aquellas condiciones, a pesar de lo mucho que lo seguía odiando a veces, ver como su espíritu luchador en ocasiones desaparecía era como vislumbrar una estrella apagándose en el firmamento, por suerte, con su ayuda, conseguía remontar y mantenerse entero, puede que por vergüenza, por orgullo o porque no estaba dispuesto a dejarse vencer por lo que fuese que le ocurría.

—Cierto, mi señor, usted será eterno— sonó a burla, pero lo pensaba realmente, puede que no terrenalmente, pero estaba convencido de que su nombre viajaría a lo largo del tiempo, indeleble, sería reconocido en todo el mundo, su don era demasiado especial como para que la sociedad fuese tan inepta como para relegarlo al olvido.

Medio sonrió al escuchar su discurso, no era la primera vez que se quejaba de la institución del matrimonio, no conocía su historia, ni por qué tanta inquina, pero no podía evitar que le resultase cómico —si mi madre lo escuchase hablar así de algo tan sagrado como el casamiento no dudaría en darle un par de collejas— y ahí estaba el dolor en el pecho, como siempre que pensaba en alguno de sus progenitores y recordaba como lo habían repudiado y sacado de su vida.

Pero a pesar de todo no los extrañaba, no se permitía hacerlo, solo le quedaba olvidarse de ellos, como ellos habían hecho de él.

—Creo que es en una de las pocas cosas en las que coincidimos, yo tampoco me casaré nunca— aunque en realidad eran muchas más, empezando por la música y terminando por el carácter voluble que ambos tenían. Maximilian, por su parte, no es que odiase el matrimonio, pero hacía tiempo que había asumido que las señoritas no le interesaban de aquella manera, algo, que por supuesto, siempre había llevado en secreto, si lo hubiese revelado sus padres lo habrían desheredado mucho antes, pero no era como si se avergonzase de lo que sentía o de lo que era, solo no conocía a las personas adecuadas con las que compartirlo.

Acompañó a Beethoven hasta su habitación y lo ayudó a sentarse sobre la cama —creo que debería descansar, le prepararé un té caliente que le ayude a dormir— al principio pensó que su trabajo consistiría solo en anotar reuniones en su agenda, en ordenar sus papeles, pero se había convertido prácticamente en su ayudante para todo, casi era como si viviese allí con él, pues solo se marchaba de madrugada para dormir, incluso alguna noche la había pasado en el cómodo sillón de la salita, demasiado agotado como para marcharse a su casa.
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Jue Jul 29, 2021 7:41 pm
Something new is coming
Maximilian nunca solía mencionar a sus padres o cualquier hecho referido a su infancia, pero esta vez lo hizo, y lo hizo de una manera tan espontánea y natural que Ludwig no pudo evitar esta vez sí, sonreír divertido ante aquella imagen. En su fuero interno estaba convencido de que el joven habría sido mejor marido que él mismo, pero Maximilian había elegido su camino y eso era algo que Ludwig respetaba.

Quería protestar y decir que no podía permitirse irse a dormir, que después del fracaso de la ópera Leonore, sentía que todos esperaban un traspies para caer sobre él, que quería tener un colchón en caso de que las cosas fueran a peor... pero significaría admitir en voz alta que estaba más tocado de lo que quería admitir. Sería dar a Maximilian un poder sobre él muy grande. Y sobre todo, sería volver sus demonios reales.

—Quedaos conmigo.  

Las palabras salen de su boca en un impulso de esos que tanto le caracterizan, salen como salen las palabras de las que se arrepiente cuando se enfada, y a estas alturas Max ya ha visto su peor faceta. Y se las ha devuelto sin titubear, de hecho recuerda que la casera en una ocasión quería terminarle el contrato por las sillas que Ludwig había arrojado en pleno arrebato de ira, demasiado cabreado por las palabras que Max le había dirigido. Pero de alguna manera, siempre acababan volviendo el uno junto al otro. Maximilian es de las pocas cosas que le da seguridad y ahora, lo que su corazón necesita tan desesperadamente, es seguridad.

—Por favor, quedaos conmigo. Solo un rato más.  

Su padre no habría consentido aquella debilidad, pero estaba tan cansado de ser fuerte, y sí, quería dormir pero le daba miedo que si lo hacía ahora las pesadillas encontrarían el camino hasta él. Pero si Maximilian se quedaba un rato más estaba convencido de poder lograr doblegar ese miedo.

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Sáb Jul 31, 2021 3:18 pm
Something new is coming
Las palabras impactaron más en él que si se hubiese tratado de un golpe, normalmente Beethoven hacía todo lo posible por no mostrarse vulnerable frente a él, de igual modo que Maximilian escondía todos los días el dolor sordo que sentía a veces en su mano mala, por no parecer débil ante uno de los hombres más importantes que conocía en el mundo y al cual, aún a pesar de todo, admiraba como el primer día.

Ambos eran lo suficientemente orgullosos como para mostrarse fuertes y valientes, capaces de cualquier cosa y sin embargo verlo ahí sentado, con la mirada un poco perdida y suplicando de aquella manera, provocó que su corazón se encogiese un poco, no fue lástima, ni vergüenza, no le pareció patético, en ese momento lo único que sintió fueron ganas de protegerlo, de hacerlo sentir mejor y eso le dio más miedo que cualquier otro sentimiento que se le hubiese manifestado.

Porque en ese momento se dio cuenta de que se sentía más unido y aferrado a aquel hombre de lo que en un principio había previsto, a pesar de que el rencor seguía surcando por sus venas, con el paso del tiempo, algo parecido al cariño, a la simpatía, a la familiaridad había ido cobrando vida dentro de él y no sabía si estaba preparado para sentir algo más que no fuese odio por un hombre como Ludwig Van Beethoven, el mismo al que juró no perdonar tanto tiempo atrás.

Tragó saliva despacio, su mente le ordenaba que se negase, que cumpliese con su cometido, le desease buenas noches y saliese de aquella estancia, aquello era solo un trabajo y harían bien en no cruzar una línea peligrosa, pero finalmente, desoyéndose a sí mismo, asintió con la cabeza y tomó asiento en la pequeña butaca que había frente a la cama.

Normalmente sus charlas se limitaban a la música, lo único que parecía interesarle lo suficiente a ambos, pero en aquel momento ninguno de los dos parecía tener ganas de abordar ese tema, no después del último tropiezo —puedo leeros un poco si lo deseáis, quizás eso os ayude a dormir— propuso con un carraspeo, con la única idea de borrar aquel brillo triste de su mirada y conseguir que descansase un poco.
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Dom Ago 15, 2021 3:30 pm
Something new is coming
Una inmensa ola de alivio se apoderó de su ser cuando Maximilian no le contestó ni con burlas ni con la negativa que había temido que fuera a salir de sus labios. Beethoven asintió con la cabeza, pues en aquellos instantes no se fiaba de su voz. En aquellos instantes todo su ser era una tormenta de emociones, pero no tenía fuerzas para encerrarlas bajo el férreo control al que solía someterlas.

Sabía que esto era diferente a cómo solía ser su relación, que era traspasar un límite. No sabía como iba a afectarles esto al día siguiente, pero en aquellos instantes agradeció a cualquier entidad suprema si es que esta existía el que el castaño estuviera en su vida. Apoyó la cabeza en el respaldo de la butaca en la que estaba sentado, observando a Max es silencio, dejando que la voz de este invadiera la estancia, tenue al principio pero luego subiendo de volumen a medida que él iba ganando confianza. Nunca se había fijado en la manera en la que Maximilian fruncía ligeramente el ceño cuando estaba concentrado en algo, o como ser curvaba su labio cuando leía algo que lo divertía especialmente.

Una pequeña frase musical le asaltó entonces, cuatro corcheas.

Ludwig no lo sabía entonces pero aquella pequeña frase musical iba a acompañarle a partir de entonces el resto de su vida. Aunque en aquel momento la archivó mentalmente, demasiado absorto en la cadencia de la voz del joven, en el tono que parecía encerrar mil secretos.

—Teneis muy buena voz  

Murmuró más relajado.
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