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Lun Feb 07, 2022 7:55 am por Freyja

Piacere, Girolamo Trombetta!
I'm coming for you

Habían soñado con descubrir el mundo juntos, con recorrerlo y llegar hasta el espacio exterior. Con su maravillosa vespa que les llevaría a todas partes. En definitiva, con conocer lo que había en la superficie, con saber más, y con hacerlo de la mano.

Sin embargo, la oportunidad de adquirir todo ese conocimiento y mucho más se presentó para Luca cuando Giulia le abrió las puertas a la educación. Fue a la escuela, mientras Alberto ayudaba al Señor Marcovaldo a pescar y poder mantener a su familia, familia de la que no tardó en formar parte parte oficialmente, pasando a ser hijo adoptivo del pescador. Seguían viéndose en verano, al menos durante un tiempo. Pero los últimos años habían hecho que sus caminos no se cruzaran... Si bien nunca se olvidaron el uno del otro, si bien son conscientes de lo mucho que se echan de menos. Al fin y al cabo, fue su primera amistad... ¿Amistad?

Luca ha viajado por el mundo y pasado tiempo con su familia durante los veranos, mientras que en esta época el trabajo se multiplicaba para los Marcovaldo y Alberto tenía más trabajo que de costumbre. Tres años llevan sin verse, apenas sabiendo el uno del otro por medio de Giulia, divisándose de lejos o coincidiendo cuando se cruzaban en el mar. Pero este verano, Luca ha decidido tomárselo de vacaciones al cien por cien. Al fin y al cabo, empieza la universidad el año que viene y ha sacado unas notas estupendas todos esos años, se lo ha ganado. ¿Y qué mejor lugar para disfrutar sus vacaciones que el pueblo que le dio todas esas oportunidades? Luca acaba de aterrizar en Portorrosso para pasar allí los próximos tres meses... Espera que Alberto tenga hueco para verse aunque sea para pasar un rato juntos. Por los viejos tiempos.



Luca Paguro
18 años - Lucas Jade Zumann - Freyja
Alberto Scorfano
19 años - Olly Alexander - Ivanka


1x1 — Inspired  — Películas (Luca)

XIII



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Última edición por Freyja el Dom Mayo 15, 2022 1:37 pm, editado 1 vez


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Mar Feb 08, 2022 8:59 pm por Ivanka

Il cuore mio non dorme mai
Ma stare con te finirà che mi darà alla testa

Tenía entre las manos un manojo de cuerdas entre las manos, y una navaja peligrosamente abierta en la izquierda, pero era incapaz de tejer aquella red y arreglarla. Y quizá debería, porque estaba rota, y la necesitaban. Pero es que ni siquiera era hora de pescar, él había salido porque no podía dormir y, total, puestos a no poder descansar, mejor hacer algo por su padre y el negocio, ¿no? Seguro que le daba una alegría si al despertar veía todo el pescado ahí y no tenía que salir a por nada. Inspiró y cerró los ojos mientras sentía el sol saliendo. El sol del día en el que Luca volvía. Si es que volvía de verdad. Quería creer en él y en su ahora hermana, en que ese realmente sería su verano.

¿Qué hacía? ¿Iba a buscarle a tren? No sabía ni a qué hora llegaba, tendría que repasar la carta, y aún no terminaba de apañarse con eso de leer… Otro problema. Allí llegaba Luca, después de ver el mundo, de estudiar y él seguía siendo Alberto, el de las historias, los peces y la barca… Rio. No era capaz de pensar en sus momentos con Luca sin sonreír, solo que… ¿Habrían cambiado demasiado? Inspiró profundamente y terminó lo que tenía entre las manos, dispuesto a finalizar su tarea y terminar todo eso en casa. Luca y él eran… Especiales, y en cuanto se vieran, recordarían por qué, y esos tres años no habrían sido nada.

— ¡Buenos días, papa! — Massimo insistía en que le llamara así, y qué menos. Le recordaba a su Giulia, y Alberto solo quería hacerle la vida más luminosa al hombre que lo había acogido y protegido durante ya tanto tiempo. Y cada día tenía más dolores y le costaba más moverse, la vida del mar podía ser dura. — Hola, simpático. — Le dijo a Machiavelli, que, como siempre había levantado la cabeza bufando, por si acaso el que aparecía por allí era un enemigo. A ese sí que le costaba moverse. — Ha sido una mañana productiva. — Dijo con una gran sonrisa, dejando el pescado en la mesa, y Massimo asintió con un gruñido, pero una sonrisa orgullosa bajo el bigote. — Buen chico. — Y Alberto sabía que eso era mucho. Le puso la gran mano en el hombro. — ¿Vas a ir a por Luca y Giulia a la estación? — Él mantuvo su sonrisita, pero tragó saliva. — No, creo que no me da tiempo, quiero descansar… Pero les veré en cuanto despierte. — Dijo asintiendo, sonando muy seguro de su plan. Lo acababa de improvisar. No se atrevía a ir al andén y encontrarse con la indiferencia o el compromiso de Luca. Después de dormir un poco lo pensaría mejor.

Se removió en la cama al notar que alguien se había sentado en el borde. — ¡Ay, Giulia! — Se quejó, dándose la vuelta molesto, pensando que era su hermana incordiándole y despertándole. Pero al girarse, el estómago le dio un vuelco. Lo que hubiera querido decir sería “¡Luca! ¡Cómo te he echado de menos! No sabes para mí lo que es abrir los ojos y verte aquí”, pero en vez de eso, se apoyó en un codo y le miró de arriba abajo con media sonrisita. — ¡Pero si es el chico de la ciudad! — Alargó la mano y le hizo su saludo, ese que tanto les hacía reír en su día. — Piacere, girolamo, trombetta, chaval. — Amplió más la sonrisa. — No me esperaba verte encaramado a mi cama nada más llegar. — Comentó con una risa.


CAPíTULO 1 — 20 de junio —Con Luca

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Miér Feb 16, 2022 2:23 pm por Freyja

Il cuore mio non dorme mai
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- Nerviosiiiiiiiiito está nerviosiiiiiiiito. - Chistó y se revolvió. - ¡Ay, Giulia! - La chica le estaba picando la mejilla con el dedo mientras él se perdía en su mundo mirando a través de la ventana del tren. Soltó esta risa tan contagiosa a la par que escandalosa suya. - No seas quejica. ¿Qué? ¿Estás nervioso o no estás nervioso? - Y dale. ¿Pero por qué iba a estar nervioso? - Su amiga hizo una infantil caída de ojos para picarle. - Por ver a mi hermano. - Luca bufó, como si acabara de decir una tontería, pero no le quedó demasiado creíble. - Ni que lo fuera a ver por primera vez. - Dijo en lo que él consideraba que era tono chulillo, pero que tampoco le salió muy bien. Si es que no estaba hecho para él lo de pavonearse. Suspiró, como si no estuvieran hablando de nada, y volvió a perder la mirada en el paisaje.

Pues no, no era la primera vez que lo veía, pero sí hacía bastante tiempo desde la última. Se habían escrito muchas cartas, pero no era lo mismo que verle y... Le echaba de menos. Se preguntaba si Alberto sentía lo mismo que él. Lo de echarle de menos, quería decir. En estos años no se habían visto, era consciente de que había sido culpa suya, entre los estudios y estar con su familia había estado muy ocupado... Y había dejado abandonado a su amigo. Quizás ahora, después de tanto tiempo, los recuerdos que compartían no fueran más que eso, recuerdos y poco más. Que él tuviera otros amigos. Otras... Personas, que le hicieran sentir mejor que él, que no le abandonaran al menos. Tragó saliva. En fin, le esperaba todo un verano por delante en Portorosso y no ganaba nada empezándolo con tantas inseguridades, aunque no dejara de jugar con los dedos de sus manos y de morderse los labios.

Tenía que reconocer que le había buscado en el andén. Sonrió con tristeza y avanzó, claramente se había equivocado, porque Giulia había bajado muy diligente del tren y había emprendido camino hacia el centro del pueblo, con la seguridad de que nadie iría a recogerles. Ya, si era lo normal, pensar que no irían a recogerles. Era solo que... En fin, que no podía empezar así el verano, lo dicho. - ¡Papá! - Bramó la chica nada más cruzar la puerta de la casa, lanzándose encima del hombre. Aun teniendo solo un brazo era lo suficientemente fuerte como para levantarla del suelo, que Giulia tampoco es como que abultara demasiado. Rio ante la escena, aunque Machiaveli le dio su correspondiente susto al poco de entrar. - Si no ha mordido ya a Alberto, dudo que te haga nada a ti. - Comentó el hombre, con ese extraño humor tan suyo. - Bienvenido de vuelta, hijo. - Mil gracias, Massimo. - El hombre había insistido en que, si no le llamaba por el nombre de pila después de todo lo vivido, lo tiraría al mar y no lo dejaría volver, así que más le valía hacerle caso.

- ¿Dónde está ese penco de Alberto? ¡No me digas que está dormido! - Preguntó Giulia, socarrona y jovial. Massimo rio entre dientes. - Ha tenido una jornada dura y quería estar descansado para cuando vinierais. - La chica soltó una fuerte carcajada. - Pues ya estoy yo sacando la trompeta para despertarle como en los viejos tiempos. - Mejor voy yo. - Se adelantó él, poniéndose de pie. Ambos le miraron. - Si puedo. - El hombre sonrió. - Claro, ve. - Luca sonrió de vuelta y se dirigió a la habitación.

A ver... ¿De verdad iba a despertar a Alberto? Bueno, tampoco tenía por qué, podía simplemente... Verle y ya estaba. Respiró hondo y soltó el aire por la boca lentamente. Ahora en serio, ¿por qué estaba tan nervioso? Si estaba molesto con él, entrar y despertarle quizás no fuera la mejor opción... Aunque también querían aparentar normalidad, ¿no? O sea, como estaban, normales... En ese caso... El Luca normal le habría ido a buscar aunque estuviera durmiendo, así que... Entró en la habitación y, efectivamente, allí estaba, tumbado en su cama. Parecía más alto de como le recordaba y eso le sacó una sonrisa un poco estúpida. Seguramente él también hubiera cambiado en esos tres años. Se acercó sigilosamente y... Se sentó en el borde de la cama, sin pensarlo mucho, y se quedó mirándole. Sonrió un poco. Siempre le había gustado verle dormir, se le veía tan... Ah, mierda, lo había despertado.

Hizo una muequecita con la boca, porque no parecía muy contento, pero también parecía haberle confundido con la chica. Fue a levantarse, pero el otro abrió los ojos y le pilló antes de que se pudiera escabullir. Afortunadamente, Alberto, su Alberto, reaccionó como su Alberto hubiera reaccionado tres años atrás, como siempre. Eso le sacó una genuina sonrisa. - Piacere, Girolamo Trombetta. - Respondió, y luego rio a su comentario. - Ni yo que estuvieras dormido cuando llegaras. ¿Qué formas son estas de recibirme? - Bromeó. Flexionó un poco la rodilla y le miró, abriendo mucho los ojos, como cuando era niño. - Tengo un montón de cosas que contarte. No podía esperar para verte. - Uy, eso último se le había escapado y... Antes se lo decía mucho, pero ahora... Sonaba... Tragó saliva, bajó la mirada y sonrió, ligeramente ruborizado. - Eemm... ¿Cómo estás? - Vaya. Qué manera de conversar fluidamente. - Quería decir que... Me hubiera gustado verte antes. Han sido... Años movidos. - Ah, a la porra. Temía que Alberto no quisiera ser su amigo nunca más, así que, ¿por qué no decírselo directamente? Alzó la mirada y se sinceró. - Te he echado de menos. -

CAPÍTULO 1 — 20 de junio —Con Alberto

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Lun Feb 28, 2022 5:45 am por Ivanka

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Luca siguió el saludo como si fuera el primer día. Era como si volviera a tenerlo delante en su isla, recién salido del agua, sin tener ni idea de cómo seguirle el saludo siquiera. Aún podía contarle historias y soñar juntos. Ahora sería Luca quien le enseñaría cosas sin parar a él. Cosas útiles, no historias de las que él se inventaba… Mejor dejaba de darle vueltas, porque el chico acababa de llegar, era todo felicidad, y no iba a empezar aquel encuentro que tanto había ansiado con nubes sobre sus cabezas. Ladeó la sonrisa cuando el afeó lo de esperarle en la cama y deslizó su mano sobre el costado de Luca, haciéndole cosquillas. — Porque no todos somos señoritos de ciudad… — Subió las manos y le revolvió el pelo. — Con rizos perfectos… — Se puso a hacerle cosquillas y le dio la vuelta, tirándole sobre la cama entre risas. — Algunos tenemos que levantarnos antes que el sol a trabajar. — A pesar de las risas, no quería tampoco… Avasallar a Luca, así que se quitó de encima lentamente, haciéndole sitio en la cama.

Le miró con media sonrisa y asintió. — Estoy bien. Ya te lo he dicho en las cartas, aunque no estén muy bien escritas. Alberto, íbamos a dejar el temita intelectual de lado, se dijo a sí mismo, regañándose. — Es que la vida en Porto Rosso es… Pues ya lo sabes. Pero eh, tengo cosas preparadas para ti. — Inspiró y le rozó el brazo brevemente. — Te dije que te esperaría aquí… Y quiero que te arrepientas todos los días que estés en tu ciudad de humanos fantásticos y estilosos de no estar aquí conmigo. — Igual eso era demasiado intenso. — Y con Machiavelli, y Giulia, y tu padre y tu madre… — Rio y negó con la cabeza. No veas si se liaban hablando, parecían idiotas. Quizá es que ya no eran tan pequeños y la vida no era el agua o Porto Rosso.

Cuando dijo que le había echado de menos, ya sí que se dejó de tonterías y tiró de él a la cama, cayendo los dos el uno al lado del otro, mirándose, como hacían cuando aún dormían en la casa del árbol de su hermana. — Yo también te he echado de menos. Adoro este pueblo, pero… Cuando tú estás es diferente, Luca… — Subió la mano, un poco inconscientemente, hacia su mejilla. — ¿También… Es diferente Génova porque yo no estoy ahí? — Había bajado la voz al decir eso, y estaban medio a oscuras, y en su cuarto, y puede que hubiera imaginado esa situación más de una vez… Pero ya se encargó Giulia de disipar sus dudas. — ¡PERO BUENO! ¡SI ES MI HERMANITO QUE YA ESTÁ DESPIERTO! — Llegó y se tiró en medio de ellos dos en la cama, dándole muchos besos a Alberto haciéndole reír. — Por Luca si te despiertas pero por mí no, eh… ¡Descastado! ¡Ten hermanos para esto! — A todo esto, no paraba de hacerle cosquillas y él de reírse, y la cama estaba demasiado ocupada y un poco en precario equilibrio. Le dio la vuelta a la chica y cayó a plomo sobre ella y Luca. — En la ciudad no os enseñan a defenderos como Dios manda de los ataques, pijitos. — Ah sí, ahora sí podía decir que iba a ser un gran verano, si allí estaban los tres, haciendo todo aquello.


CAPíTULO 1 — 20 de junio —Con Luca

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Dom Abr 24, 2022 12:31 pm por Freyja

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Soltó una carcajada cristalina, revolviéndose cuando le hizo cosquillas, aunque no se movió de su sitio. No al menos hasta que le despistó al tocarle los rizos y aprovechó que se le bajaron las defensas para tirarle en la cama. - ¡Ah! ¡Alberto! - Se quejó entre risas, revolviéndose por las cosquillas. - ¡No seas quejica! ¡Yo también madrugo! - No tanto, obviamente, pero se la tenía que devolver mientras se seguía riendo. Pudo recuperar un poco el resuello cuando el chico paró y le dejó su espacio. Se encogió de hombros, mirándole con una sonrisita. - Sí están bien escritas, lo suficiente como para... Saber cómo te encuentras. - Le encantaba recibir cartas de Alberto. Y, sí, tenían alguna que otra faltilla de ortografía o letra difícil de leer, pero... Él le entendía. Ellos se entendían siempre, o al menos así había sido hasta antes de pasar tanto tiempo sin verse, y en sus cartas.

Abrió los ojos y dibujó una iluminada e ilusionada sonrisa. ¿Tenía cosas para él? Pues ya estaba muerto de curiosidad por saber cuáles. Lo que volvió a despistarle ligeramente fue el roce en su brazo. Miró al lugar de soslayo, sin perder la sonrisilla, aunque esta era más ligera y menos infantil que la anterior, y luego le miró a él. Se sentía las mejillas un poco sonrosadas por lo que le había dicho, pero bueno, tampoco eso era raro en él. Era bastante blanquito, se le notaba el rojo en seguida. - Ya me... - Fue a contestar, pero se detuvo, porque quizás eso sonaba raro. Y falso, porque a ver, arrepentirse no se arrepentía, no era ese el verbo exacto. Era más bien... Que ojalá pudiera estar todo en el mismo sitio. Su colegio, o su universidad para el caso del año que viene, y... Todo lo que Portorosso tenía. Alberto... Y, sí, Giulia, Machiavelli, Massimo, sus padres... - Tampoco son tan fantásticos y estilosos. - Dijo entre risas, lo cual al menos desviaba ligeramente el hecho de que se había quedado cortado a mitad de la frase. Hizo una posturita cómica y dijo. - No son como Ercole. - Se burló, echándose a reír con su amigo. Nunca iban a dejar de burlarse de ese idiota de Ercole que casi les hace la vida imposible nada más llegar allí.

Se le cortó la risa cuando su amigo le lanzó al colchón otra vez, y esta vez, no había bromita que disimulara esa intensidad. Se quedó mirándole mientras le hablaba. Le gustaban sus ojos verdes y su desparpajo, y ese tupé que siempre llevaba despeinado y que cada vez parecía más alto. Sonrió, y podría jurar que se había ruborizado otra vez. - Ah ¿sí? - Preguntó con timidez, como si le pillara por sorpresa que Alberto le dijera que el pueblo se veía diferente sin él. Bajó un poco los párpados. - Génova es... Muy diferente a esto. Y sí... En parte es... Porque tú no estás. - Volvió a mirarle a los ojos. - Si quisieras... Venir... - Empezó, pero no se atrevía a continuar. Otras veces que le había sugerido a Alberto ir con él, ir al colegio y estudiar, vivir en la ciudad, le había dado la sensación de que se había puesto a la defensiva, como si... A Luca no le gustara el Alberto real y quisiera ver en él a uno de esos estirados como él le llamaba. No era para nada eso, era más bien... Que quería tenerle a su lado. Pero a ver cómo decía eso sin espantarle en el proceso.

Giulia les cayó encima con esa nula delicadeza natural en ella, haciéndoles reír y sacándole un poco del embotamiento, lo cual le vino bien. Quizás no se había espabilado del todo, porque antes de que pudiera reaccionar, Alberto cayó sobre Giulia y él y empezó a atacarles de nuevo con cosquillas. - ¡Ah! ¡Socorro! - Dijo entre risas, casi sin aire de tanto reír por las cosquillas. - ¡Bruto, que eres un bruto, te vas a enterar! - Gritó Giulia. - ¡Luca! ¡Somos dos contra uno! - ¡A por él! - Y, entre los dos, le dieron la vuelta a Alberto y devolvieron el ataque. Seguían peleándose a cosquillas cuando el señor Marcovaldo entró en la habitación. - ¿Quién quiere spaghetti al pesto? - ¡Yo! - Saltó la chica automáticamente, pegando tal salto de la cama y cayendo al suelo de pie que dejó a Alberto y Luca prácticamente en el aire. El hombre rio entre dientes. - Pues vamos, que ya está en la mesa. - ¡Yuhu! - La chica salió como un rayo, adelantando a su padre.

Luca, que aún recuperaba el aliento, se puso de pie como pudo y le tendió la mano a Alberto para ayudarle a levantarse. - Venga, que tú estarás muy acostumbrado, pero yo no como esto desde hace años y buf, me muero de ganas. - Solo de recordarlo le rugía el estómago. Se sentaron a la mesa, él junto a Alberto en su sitio de siempre, y en frente de Giulia. Se comió casi medio plato de una sentada. - Está impresionante, Massimo. Santo boquerón, cuánto lo he echado de menos. - El hombre volvió a reír, con esa carcajada profunda de garganta, sin abrir los labios. - Sigues siendo el mismo que cuando llegaste el primer día, ¿eh, Luca? - Es que es venir aquí y acordarse de ciertas cosillas. - Le dijo Giulia con tonillo travieso y una sonrisita, mirando de reojo a Alberto. Luca negó y siguió comiendo, aunque sonriendo... Y mirando a su amigo de reojo también. Sí, estar allí le sentaba bien.

CAPÍTULO 1 — 20 de junio —Con Alberto

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Mar Jun 07, 2022 12:55 pm por Ivanka

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Se rio de lo de Ercole. — Ese pobre besugo no es ni una cosa ni la otra. Es un paleta que solo se cree especial por ser el rico del pueblo. Si viviera en tu gran ciudad, no sería ni un pobre placton. — No, encima eso, se quedaba solo y de las pocas compañías que habían eran Ercole y sus secuaces. Vamos, que al final estaba la mayor parte del tiempo solo con Massimo y su silencio y Machiavelli cuando tenía ganas de mimos.

Pero ahora tenía a su amigo allí, sobre el colchón mirándole… Oh, había cosas que se le cruzaban por la cabeza al ver aquellos ojos tan expresivos brillando… Sonrió cuando le dijo que era porque él no estaba, pero luego se apartó y se tumbó a su lado. No le gustaba aquel tema. — Alberto pertenece a Porto Rosso, Luca… ¿Qué voy a hacer yo en otra parte? Puedo ir y venir pero… No sé hacer otra cosa que estar aquí. — Esa era la verdad, y si Luca no le quería así… Bueno, simplemente se quedarían como ahora, viéndose cuando se pudiera y… Ya está.

Para aliviar la tensión y hacer el loco, siempre se podía contar con Giulia. — ¡No! ¡Estaos quietos! ¡Porca misseria! ¡Sois unos tramposos, niños finos de ciudad! — Rio, tratando de escabullirse de las manos de ambos, con los tres haciendo el bruto en la cama hasta que vino Massimo y Giulia, tan rápido como había llegado, bajó. Qué llena de energía estaba siempre. Él se incorporó y le tendió la mano a Luca para levantarse. — ¿Ves? Aquí las cosas no cambian nunca. — Ni siquiera Alberto. No podía evitar ese cariño, esa fijación por Luca… Dijera él lo que dijese, Alberto no cambiaría, no podría. — Y los spaghetti de Massimo es una de esas cosas que solo mejora cada vez que la pruebas. — Dijo con media sonrisa chulesca, antes de bajar.

Se sentaron a la mesa, y Machiavelli se encaramó a su regazo, como había tomado la costumbre de hacer, y cualquiera se lo impedía. Se dedicó a simplemente mantener una sonrisilla mientras los demás hablaban y miró de reojo a Giulia. ¿Había querido decir…? Bueno, no habría querido decir nada, si Giulia iba loca por la vida y no pensaba mucho las cosas. — Alberto tiene una sorpresa para vosotros. — Soltó Massimo sin más. Había que fastidiarse, no hablaba nunca y ahora… Sentía los ojos de su hermana y su amigo sobre él. — Bueno… Ehm… Es una chorrada, pero vamos a acabar de comer y… — ¡SI HOMBRE! ¿Dónde está? ¿A que la busco por toda la casa? — Alberto carraspeó incómodo. — Bueno está... Ehm… — Suspiró y cogió con delicadeza a Machiavelli para que no le clavara las uñas al asustarse porque se estaba levantando. — Venid, anda…

Salieron al patio y les condujo a donde estaban las tres bicis que llevaba todo el año montando. La de Giulia estaba lacada de rojo, nuevecita, con el sillín cambiado también y un gran foco. La de Luca era azul y tenía conchitas pegadas, y la suya un letrerito de vespa tras el sillín, además del color verde menta característico de las mismas. — Las he arreglado y dejado a punto para que podamos usarlas este verano todo lo que queramos… ¡QUÉ DICES! ¡PERO QUÉ CHULADA! ¡QUÉ HERMANO MÁS APAÑADO TENGO! — Chilló la chica, encaramándose a él y casi tirándole, mientras él intentaba buscar los ojos de Luca. — Y ahora, el tiramisú y el espresso. — Sentenció Massimo desde la puerta, con su tono habitual.



CAPíTULO 1 — 20 de junio —Con Luca

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Mar Jun 07, 2022 5:57 pm por Freyja

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Desde luego, los spaghetti de Massimo solo mejoraban a medida que los comías, en eso Alberto tenía totalmente la razón... En eso... ¿Y en lo demás? ¿Realmente él pertenecía únicamente a Porto Rosso? A Luca le gustaba pertenecer a cuantos más sitios, mejor. Luca era el que pensaba que solo pertenecía al mar, y Alberto quien le enseñó que podía pertenecer a más de un sitio. Al mar y a la tierra. Alberto fue quien le animó a pertenecer también a Génova. Alberto era el que quería recorrer el mundo... con él... Sueños infantiles, al parecer, como cuando pensaban que las vespas volaban. Qué tontos, pensó con una sonrisa, mientras terminaba el plato. Sí... eran muy tontos... pero eran tan felices...

Abrió mucho los ojos y miró a todos los presentes conforme hablaban cuando Massimo destapó que Alberto tenía una sorpresa para ellos. Ya notaba el cosquilleo en el estómago y esa sensación tan agradable en el corazón, mientras miraba a su amigo con ojos brillantes. Se levantó de un golpe, solo mirándole a él y pensando qué podía ser esa sorpresa, pero dio un leve sobresalto al toparse a Machiavelli en el suelo ante él. Ah, ese maldito gato siempre le gruñía, daba igual que oliera a colonia o a su olor natural, el cual claramente confundía con pescado. Pasó por su lado de puntillas, con una muequecita que parecía rogar por su vida, hasta que se pudo poner a la altura de los otros dos y salir, ileso.

Nada más salió y las vio, se quedó clavado en el sitio, con los ojos y la boca muy abiertos. Escuchó las palabras de Alberto sin quitar los ojos de las bicis... Bueno, puede que le mirara a él un segundo con profunda admiración, hasta volver a mirar las bicis. Giulia reaccionó más rápida, por supuesto. Ni siquiera escuchó al pobre Massimo, solo podía mirar a Alberto, y cuando la chica le soltó, dijo con voz emocionada. - ¿De verdad has hecho esto tú? - Le brillaban los ojos y ya le asomaba la sonrisa hasta con la boca abierta. - ¡Es increíble, Alberto! - Se dirigió a su bici y la miró con cariño. - Le has puesto conchitas... - Miró la del otro. - Una vespa... - Le miró a él, con la ilusión brillando en sus ojos. - Me encanta. - Apenas duró un segundo el silencio, en el que solo miraba a Alberto, pero pareció pararse el tiempo, hacerse muy largo. Al menos lo suficientemente largo como para que Giulia lo rompiera. - Bueno, yo voy a por el tiramisú. - Dijo cantarina y, por supuesto, con ese tono que ponía cuando quería tirar OTRO tirito.

Se quedó en silencio y sonriendo, admirando su bici con cara de bobo. - Me encanta. - Musitó. Luego miró a Alberto. - De haber tenido unas tan guais cuando nos conocimos... - Rio con un par de carcajadas mudas y emocionadas. - ¿Te acuerdas cuando pensábamos que las vespas vivían en el prado? - Rio con su amigo y, ya sí, se acercó a él. - Es... Es un gran trabajo. - Se lo pensó un segundo, pero... Ah, no aguantaba más. Le abrazó con cariño y se quedó ahí, simplemente en silencio, cerrando los ojos. Alberto pertenece a Porto Rosso, Luca… ¿Qué voy a hacer yo en otra parte? Sus palabras resonaban en su cabeza y hacían que su sonrisa se perdiera... Pero no, no podía hacer eso, así que volvió a pensar en las bicis, y con ello volvió la sonrisa. - Te he echado mucho de menos. - Dijo en voz baja, aún abrazado al otro, en una frase que le salió directamente del corazón, con total sinceridad. ¿Se lo había dicho ya desde que llegó? No lo recordaba, pero... Bueno. Quería que lo supiera. Que había echado de menos a ese Alberto. El Alberto con el que podría surcar el cielo en bicicleta.

CAPÍTULO 1 — 20 de junio —Con Alberto

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Sáb Jun 25, 2022 4:59 pm por Ivanka

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Todo el trabajo de todo el año merecía la pena por ver aquella luz en los ojos de Luca, se perdería en aquella mirada de emoción. Tampoco es que tuviera mucho más que hacer mientras echaba el año en Portorosso. Se giró a su hermana, porque se veía venir su reacción. — Antes de que digas nada, Giulietta, sí, todo lo que le he puesto a la tuya es reglamentario para la triple carrera, si es que aún quieres presentarte. ¡Pues claro que quiero! Papá ya me ha dicho que va a hacer grandes cantidades de pasta y he estado entrenando estómago, mente y cuerpo en Génova, ¡ya verás! ¿Aún sigue presentándose Ércole? — Alberto se encogió de hombros. No le apetecía hablar de ese precisamente. Pero, como hacía todo siempre Giulia, ya había cambiado el foco y se volvió adentro. POR FIN.

Se acercó lentamente, con las manos en los bolsillos y una leve sonrisa en el rostro. — Sabía que te iba a encantar. — Dijo todo chulesco. — Lo he hecho expresamente para ti — continuó ya más bajadito —, pero no podía dejar a Giulia sin otra, no habría quién la aguantara todo el verano. —Entornó los ojos y amplió la sonrisa, acercándose un poco más al oír aquella suposición. — ¿Te hubieras escapado a ver el mundo conmigo? — Rio y negó con la cabeza. — Luca, si fui yo quien te metió todas esas tonterías en la cabeza… No entiendo nada del mundo. — Se encogió de un hombro y sacó el labio. — Pero sí entiendo algo de bicis, sí.

Y entonces, le sintió sobre él de golpe, y le rodeó por puro instinto, porque así debían estar, ese era su estado natural, ni el agua ni la tierra, juntos. Acarició su espalda y su costado y susurró, junto a su cuello. — Y yo a ti, Luca. Te he echado tanto de menos que no te haces una idea. — Sin dejar de rodearle, se separó un poco, para enfocar su mirada, clavándole los ojos. — Luca… ¿Quieres aprovechar y que vayamos a la playa? Aunque sea solo por recordar los viejos tiempos sin que Giulia nos salte encima veinte veces y Massimo intente matarte… Así… Estrenamos las bicis y… Nos contamos las cosas… Lo que nos tengamos que contar… — Había pasado tanto miedo de que Luca se hubiera enamorado de alguien en Genova… Era un temor real, y no es que hubiera definido nada, pero… Le rompía el corazón pensarlo. Pero no era eso lo que veía en los ojos del chico, y solo quería constatarlo con la intimidad que necesitaba. Solo que no se había enamorado. Solo que sentía algo por él, aunque fuera lo más mínimo que le diera esperanza.



CAPíTULO 1 — 20 de junio —Con Luca

XIII



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