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Mar Dic 29, 2020 8:39 pm por Myshella
Recuerdo del primer mensaje :

As you wish
But take care when you choose your words

       
Once upon a time...

  Un reino andalusí, cuya joya, Madīnat al-Zahrā, albergaba a un príncipe valeroso y estimado.

  Este joven emir, hijo predilecto del malik, había otorgado sus amores a una joven de rango inferior, una muchacha que servía en su palacio.

Llevaban en secreto sus amoríos, aunque bien sabían ambos-más él que ella- que pronto habria de llegar el día en que debiera el noble desposar a una princesa.

Una mujer adecuada. De su misma condición, que trajera honor y riqueza en igual medida a su Qurṭuba.

Más es el destino en ocasiones caprichoso.

Un día el malik anunció, orgulloso, la pronta llegada de la escogida. Y los esponsales, celebrados de inmediato.

La ciudad se cubrió de júbilo, ornamentos y cantos.

Y ella, la joven muchacha, deshecho el corazón, se refugió en su trabajo.
Más fue a dar, justamente, con una habitación perdida, llena de enseres olvidados, en el ala oeste del palacio.
La puerta entreabierta cuando siempre la viera cerrada, parecía la estancia llamarla.

Y dentro de ella, una extraña lámpara. Colocada sobre una mesilla, en el mismo centro.

Una lámpara labrada y bellamente decorada.
Una lámpara extrañamente atrayente.
Una lámpara que parecía estar esperándola.

Y, sosteniéndola entre sus manos, tuvo la extraña necesidad de limpiar esa capa de polvo que la cubría.

La frotó, cuidadosa, con el extremo de su falda.

Y...

Y de ella surgió un torbellino de viento y luz; una vorágine inesperada, que fue a concentrarse ante la joven, dando forma a las leyendas.

Porque, al instante, una Djinn aguardaba, paciente, ante ella.

¿Qué deseas?

Lo que ella más deseaba era que su príncipe no se desposara al día siguiente.

Así, desoyendo cuentos de su infancia, se precipitó a expresar su deseo.

Y la djinn se lo concedió.

Esa noche la genio irrumpió en el dormitorio del príncipe, y se lo llevó consigo.

Lejos.
Muy lejos.
Donde ni su prometida, ni su enamorada, ni sus familiares, podrían encontrarle.

       
PERSONAJES

       
Ahmed
Príncipe Omeya - Pedro Pascal - Timelady
       
       
Ashi
Djinn - Karen David - Myshella
       
CAPITULOS

       

       
1x1 - ORIGINAL - FANTASÍA

       
XIII

       

       

       

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Última edición por Myshella el Lun Jul 04, 2022 8:45 pm, editado 2 veces



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Dom Jun 06, 2021 5:19 pm por Timelady
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La cuestión es que resentimiento y preocupación por su reino a un lado.
Resignación por otro.
No le queda más que pasar el día con aquella criatura mágica con aspecto de hermosa doncella, mientras su mente decide cómo puede utilizarla para solucionar el entuerto. Si es que consigue llegar a hacerse con la curiosa lámpara.

De ahí que no vea ningún problema en permitir que la chica explore ese mundo que él conoce.
Por no hablar de lo divertidas que pueden resultar sus reacciones. El modo en que se levanta de pronto y hace que también él sienta ese leve empujón del aire para seguirla después.
El caminar acelerado entre la poca gente que visita aquel mercado resulta entretenido de seguir.
Pero él creía que llegarían a los caballos.
Cuando lo que aparece es la alfombra de nuevo, duda por un momento. Sin embargo, al final accede y toma asiento.

El viaje es rápido allí arriba y no tan desagradable como cabía pensar.
Antes de que se de cuenta están en la orilla del mar y su inmensidad, que sobrevuelan al poco.

- Supongo que me puedes llamar por mi nombre, hoy. -Se atrevió a bromear, pues aquel día parecía que no era un príncipe sino solo el compañero de aventuras de la djinn.- Y yo debería llamarte Ashi, ¿no? -Consultó.

Pero antes de entrar en los nombres, había preguntado por el mar.- Muy pocas veces he visto el mar, visitando reinos del sur. Nunca he estado sobre sus aguas como ahora. -Explica, no esperando ni de lejos lo que va a pasar a continuación.

Suerte que tenía la boca cerrada en aquel momento y que cerró los ojos, pues antes de pensarlo siquiera se vio empapado por el agua salada del mar al sumergirse.
La burbuja los envuelve de inmediato y él respira aliviado cuando ella se lo indica. Empezando a estrujar un poco sus ropajes.

- Esto es... increíble. -Comenta mientras observa a los peces que nadan a su alrededor, algunos como si ni siquiera estuvieran allí, como si fuera lo más normal del mundo aquello.- ¿Cómo se te ha ocurrido venir hasta aquí para hacer... esto? -Preguntó en el momento, pues lo cierto es que su imaginación nunca habría dibujado tal escena.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Sáb Jun 12, 2021 11:35 pm por Myshella
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Ashi está de lo más entretenida, ella. Sonrisa amplia en el rostro, y mano extendida a tocar de su burbuja de aire, allí donde uno de los peces -este multicolor-se ha acercado a mirarles. Se diría que el pobre animalillo intentara adivinar qué clase de ser marino son ellos dos.

La alfombra se ha replegado un poco, ante la genio, al inclinarse ella hacia el pececillo. Y vuelve a estirarse, cuando se vuelve a Ahmed.

-Claro...¿cómo ibas a llamarme sino?-Amo o Ama es lo que le toca a ella, con respecto a quien posee su lámpara. Pero genio o djinn...bueno, pensándolo bien, sí se han referido así, únicamente, a ella.

La ente alza las cejas y parpadea, entonces.

-¿Hoy?-aún cuestiona- ah bueno.

No importa. Mañana no estará. Ella, que él sí.

Debiera haberle respondido antes, en la superfície. Pero la tarea de sumergirse la ha tenido entretenida, y no ha dicho nada hasta entonces. Justo cuando el príncipe mira, estupefacto, entorno a los dos, y pregunta cómo es que se le ha ocurrido ir a parar justo allí.

-¿No te gusta el mar?-le pregunta, con absoluta atención entonces-son muy bonitos, fíjate. Con ese modo de inflar los mofletes...

Ashi toma al príncipe del mentón, presionándolo un poco, justo para imitar al pez. Aguanta la risa, soltándole.

Que nadie se tomó la molestia de decirle nunca que no se bromea a costa de un hombre de sangre real.

-No, no...este no parece ser tu entorno habitual

Por alguna extraña razón, tiene entonces la sensación de haber hecho mal. Suelta el rostro de Ahmed, cohibida, por un momento. Todo lo que ella es capaz, claro.

Se vuelve al frente, recogiendo en el camino la mano de su peculiar invitado, para llevarla a su cintura.

-Cógete a mí-le dice-vamos a movernos un poco.

Y, tan pronto como le advierte, la alfombra acelera su viaje de manera vertiginosa. Nadan, o flotan, no se sabe, en medio de las aguas con tal premura que el fondo marino cambia a cada instante entorno a ellos. Y se adentran en una cueva. Una cueva oscura, silenciosa y larga, que va a dar a otro punto del mar. Sólo que, en este, parecen ascender.

Del agua surgen en el interior de una gruta plagada de estalactitas y luces verdosas, en donde la alfombra puede deshacer la burbuja de aire, y mantenerles a ras de mar, a tocar con las manos ese agua salada de vivo turquesa en la que los peces siguen su paso.

-Pensé que el mundo sobre la Tierra tú, que vives en él, ya debías tenerlo muy visto-le explica, mirada al frente, y la mano de la djinn sosteniendo aún la del príncipe. -pero podemos volver, si quieres. Sólo tienes que pedírmelo.


       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
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Miér Jun 23, 2021 7:56 pm por Timelady
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Pues Ashi habrá de ser entonces.
Por un día. O por lo que queda de éste, más bien.

El príncipe sigue atendiendo el entorno nuevo y misterioso que le rodea, aquellos peces que podrían acabar en el plato de cualquier casa, la forma de nadar, los sonidos que les envuelven. Todo es nuevo y extraño. Entre emocionante y aterrador, si le preguntan a él.

O lo sería si no estuviera acompañado de una criatura cuyas reacciones le sorprenden a cada paso, como cuando utiliza su propia cara para intentar que imite a un pez de esos. De la propia impresión ni se ríe ni se enfada, simplemente no logra asimilar lo que ha pasado hasta que ya tiene la mano en su cintura.

Duda por un momento, pues la ha visto desvanecerse ante sus ojos antes, convertirse en fuego. Duda de hasta qué punto es un ser tangible. Pero ella misma coloca su mano y puede sentir la carne bajo la ropa, el calor que emana de la piel y sentirla casi humana.

Y no tiene tiempo a cavilar sobre ello, pues el viaje cobra velocidad y sus alrededores cambian con rapidez mostrando diferentes colores, peces y lugares, hasta que se internan en una gruta que les lleva a una cavidad abierta al aire al menos.

- No he dicho que no me guste el mar. -Aclara ante sus palabras, dando un pequeño tirón de su mano para que le mire, sin soltarla aún.- Solo que no lo conozco. Los humanos somos un poco reticentes a los peligros que puedan conllevar lo desconocido. -Confía en estarse explicando, si bien está seguro de que más de una vez se ha visto en situación de comprobar tal cosa.- Tampoco conozco tanto de la tierra. -Añade, si bien no quisiera que sonara como si fuera preso de sus propios deberes, lo cierto es que pocos tienen la posibilidad de conocer lo que hay más allá de las fronteras.- Conozco mi reino y los vecinos, sé por los libros y relatos que hay tierras lejanas donde las gentes tienen otras costumbres, culturas y edificios... e incluso otros colores. -O así lo contaban los viajeros, e incluso había conocido a algunos de ellos.-  Por eso sentía curiosidad, con lo inmensa y variable que son la tierra y sus gentes, que hayas decidido conocer el océano y sus criaturas. -Le resultaba curioso, ciertamente.- Pero no me molesta, te he dicho que puedes decidir tú. Además, no soy yo quien tiene la lámpara. Si bien no estoy acostumbrado a estar completamente mojado y vestido al mismo tiempo. -Se atrevió a bromear.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Sáb Jun 26, 2021 2:16 pm por Myshella
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El tirón de Ahmed la toma desprevenida. Claro que vuelve el rostro, a mirarle, pero es más un qué pasa, qué he hecho, que entender que eso ha sido un modo de llamar su atención.

Porque cuando alguien pretende que la djinn le escuche, suele dar una voz reclamándola.

Es curioso que no resuene más tu condición que tu nombre, seguida de un aspamiento y la correspondiente orden.
Atiende, con bastante más predisposición de lo habitual, precisamente por eso.

Lo que dice es cierto, lo sabe por experiencia. Los humanos son reticentes a muchas cosas. Por ejemplo, a confiar en alguien como ella.

Y no deja de ser curioso, eh. Porque luego son capaces de meterse ellos solitos en cada lío, así, sin magia de por medio, de lo más peculiar y complicado. De esos que acaban fatal. Mucho peor que si hubiera intervenido ella.

Pero parece ser que no se ha equivocado tanto con la ruta escogida. Que a Ahmed le gusta. La queja principal, eso entiende, es que lleva la ropa mojada.

Y Ashi arruga la nariz, intentando descubrir si eso significa que uno no se mete bajo el agua con ropa, o que la ropa debería estar seca. ¿Qué debe preferir? A saber…

Espera…un momento. Recuerda haber tenido una ama que fue a encontrar su lámpara en unos baños árabes, en unas piscinas, precisamente. ¿Qué usaba ella en ese momento? No mucho, que recuerde.

-Oh, perdón, lo siento- se disculpa, mientras el aspecto de uno y otro cambia, más o menos lo que le suena haber visto entonces, en el al-bayt al masiaj. Más o menos, Ahmed se encuentra vistiendo pantalón árabe liso, y Ashi túnica corta, anudada al cuello. Están secos, además.

Y ahora podrá nadar, si quiere, sin que le parezca raro, ¿no? No le faltaba razón en que todas las otras telas dificultaban el avance por el agua.

La alfombra se repliega bajo ellos, y no se caen de culo en la roca de la cueva porque una brisita de lo más oportuna mece al príncipe hasta dejarle en pie.

Y la djinn, pues…caer de pie, como los gatos, forma parte de su naturaleza.

Hay otra cuestión pendiente. Una que ella no acaba de comprender.

-Entonces, ¿tu no vas a donde quieres? También eres prisionero.

Su prisión es más amplia que una lámpara. Pero, por lo visto, tiene límites también.

-Cuando cumplo con los deseos de mi amo-explica-la lámpara desaparece, y aparece en otro lugar. Por eso, personas diversas sí he visto. Unas un poco más, otras menos…los tempos varían. Pero sí, eso sí lo he visto, a retazos. Y estaba convencida de que un príncipe también conocería gentes de toda índole, Ahmed. Nos queda tiempo. Te llevaré después a algún reino lejano.

Quizás al norte, donde las personas tenían los cabellos y la piel mucho más claros que las del príncipe, y se cubrían con pieles suaves.

-Después de nadar. Necesitarás poder respirar en el agua, ¿verdad?

Eso tampoco era difícil.

Ashi se sumergió, primero ella. Salir de la gruta era tan sencillo como descender, cruzar la entrada en la roca, y volver a las profundidades. La alfombra les esperaría.

       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
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Dom Jul 11, 2021 7:55 pm por Timelady
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Las disculpas de la djinn no las espera después de haber hablado. Pero mucho menos se esperaba la sensación de estar seco de forma repentina o el cambio brusco de vestuario.
Las suaves sedas que estaban completamente empapadas cambiadas en un instante por unos pantalones.
Y lo mismo podría decirse de lo que Ashi vestía.
Sus ojos la recorren por un momento y al siguiente ha apartado la mirada por decoro.

Por supuesto no es la primera vez que ve a una mujer con las prendas mínimas, pero aquella criatura no es ni mucho menos una de sus amantes. Si bien era hermosa, mucho y la túnica seguía permitiendo apreciar las curvas femeninas.
Y aquel no era momento para pensar en eso precisamente.

Sin embargo, volvió a mirarla, de soslayo al escuchar su pregunta.
- No, no exactamente. -Aclaró, intentando hacer ver que esa no era la interpretación.- Aún cuando no puedo abandonar mis obligaciones a placer, no son éstas las que impiden que vaya a cualquier parte del mundo... Es más bien un asunto de distancias. -Era mucho resumir, pero en cierto modo, era la verdad.- El mundo es inmenso y los humanos no poseemos alfombras voladoras, únicamente barcos, carros y caballos. Los viajes por un mismo reino pueden tomar varios días, imagina cruzar numerosos reinos... -Serían meses o años de ausencia.- Por no hablar de los peligros de los camino, maleantes, enfermedades, inclemencias... -Cualquier cosa podría pasar.

La oferta de llevarle a algún reino lejano, sin embargo, no pudo rechazarla, por su propia curiosidad e interés en conocer algo de ese vasto mundo que le rodeaba.

Pero claro, primero la djinn deseaba nadar.
Y aunque Ahmed asintió a sus palabras. Porque sí, sería un detalle poder respirar bajo el agua.
Había otro problema que no había tenido en cuenta.

Se quedó a solas en la caverna, mirando las estalactitas del techo y decidiendo que tendría que tragarse su orgullo para poder salir de ahí.

- ¡Ashi! -La llamó, esperando que pudiera escucharle aún estando debajo del agua. Aunque algo le decía que habría escuchado aún si hubiera susurrado su nombre.- Creo que te he dicho que no he visto el mar demasiadas veces, ni he viajado por él... -Empezó a decir una vez que apareció con actitud de escucha.- Nunca he... -Se frotaba las manos ante sí, algo más nervioso de lo que había estado en años.- Nunca he nadado en el mar. -De niño, en los baños había aprendido un poco, a no hundirse al menos. Pero allí había decenas de brazos dispuestos a sacarlo del agua si no lo lograba.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Dom Jul 18, 2021 5:32 pm por Myshella
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El deber y las obligaciones, las obligaciones y el deber. A ella seguía pareciéndole curiosamente similar al vínculo de cualquier djinn con su lámpara. A fin de cuentas, un hilo invisible pero férreo que limitaba tus movimientos y tus deseos. Los propios, que no los de los demás.

Y el detalle de las distancias, claro. Este sí era un añadido nada menospreciable. Por...todas esas cosas que mencionaba. Maleantes, enfermedades...asuntos cambiantes, como las dunas del desierto.

Tampoco quiso proseguir la discusión semántica entorno a esos parecidos que ella veía y él no.

Total, ya se había sumergido en el agua, feliz con la curiosa sensación de libertad que estaba causando en ella la compañía del príncipe-rehén.

¿Rehén? No se había quejado más. Juraría que ya no estaba tan exaltado como al despertar. ¿Podría, entonces, suponer que eso del rehén se le había olvidado, y ya se consideraba un invitado?

A ella le gustaría pensar que sí. Porque, a poca sinceridad que demostrara la djinn ( y la verdad era que no mentía, básicamente porque ni le hacía falta ni sabía) Ashi estaba disfrutando del encargo que su Ama le había hecho. El que ella había interpretado como bien le había parecido, claro.

Pero no alcanzó a dar más que un par de brazadas cuando oyó a Ahmed llamándola.

Volvió a sacar la cabeza fuera del agua, en esa gruta.

-Oh-exclamó, al escucharle, a medio camino entre la sorpresa y un ligero sentimiento de desconsideración.

¿Debería haber preguntado antes?

-¡Oh!-volvió a exclamar, los ojos bien abiertos.

Nadó hasta él.

-Mis disculpas-musitó, acercándose a tocar del príncipe- pero...el problema principal, tu respiración, ya lo tenemos resuelto, así que no debes temer nada- argumentó, tomándole de las manos, para estirar de él hacia el agua- y yo sí se. Puedo enseñarte. Venga, vamos. No habrá mejor oportunidad para que aprendas.

Porque en cualquier otra, estaría ese detallito añadido. El tema del oxigeno.

No quiso darle demasiada oportunidad para pensárselo. Porque incluso los genios árabes saben que, cuando se debe enfrentar un temor, es mejor encontrarse sumergido de lleno en él antes de tener tiempo a sopesar posibles dificultades aladidas.

Rodeó con los brazos el cuello de Ahmed y, estrechándole contra ella, se dejó caer de espaldas en el agua, arrastrándole consigo.

Bajo las aguas, el aferre fue aflojándose un tanto y las manos de Ashi pasaron de su cuello a acomodarse sobre su pecho.

Cabellos flotantes cual hebras de kelp, las burbujitas se agolpaban entre uno y otro ante la risa divertida que tintineaba en las pupilas de la djinn.

Empezó a mover las piernas, para impulsarse, sin soltarle aún, pero indicándole con un gesto de la cabeza que hiciera lo mismo.

       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
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Vie Ago 06, 2021 8:34 pm por Timelady
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Cuando Ashi reapareció a su vista, hubo un instante en el que casi se olvida de lo que estaba diciendo, de lo que le preocupaba. No saber nadar, la vergüenza que suponía reconocerlo en voz alta, especialmente ante una... bueno, no es que fuera una simple mujer tampoco.

El caso es que sus ojos se habían perdido momentáneamente por la belleza que desprendía la djinn, su cabello completamente mojado, su piel más expuesta y húmeda, aquel vestido ligero pegado a sus curvas... una visión nada despreciable, desde luego.

Y posiblemente aquel instante de distracción fue lo que bastó para que ella lo condujera hasta la poza ofreciéndose a enseñarle y sin darle mayor oportunidad de réplica.
Antes de poder reaccionar se vio pegado a ella y zambullido de nuevo en el agua.

Sus manos aferraban la cintura ajena sin desear soltarla, aunque en estos momentos era debido a un miedo que no quería reconocer. Tardó el tiempo necesario en quedarse sin aire para comprobar que no tenía problema para respirar bajo el agua... cosa que le sorprendió y que pareció hacer reír a Ashi.

Seguía pegada a él, pero sus manos estaban en su pecho, aunque él seguía sin soltarla, estaba más relajado, era evidente. Notó el movimiento de sus piernas y vio el gesto que le hizo, comenzando él a hacer lo mismo, provocando así el movimiento de ambos bajo el agua, si bien era algo torpe en principio, parecía que funcionaba al menos, lo que le hizo sonreír un poco e ir dejando de lado aquel temor inicial.


Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Mar Ago 10, 2021 8:53 pm por Myshella
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Si al príncipe le daba vergüenza no saber nadar, era algo de lo que Ashi no había sido consciente. De si la observaba un momento, quizá sí.

Aunque claro, ella bien podía achacarlo al hecho de ser lo que era. Una djinn.

Lo importante es que había logrado meterle bajo agua sin mayor resistencia, y que, lejos de parecer disgustado, se estaba dejando guiar con una deferencia muy elogiable.

Era, pensó ella en el momento en que Ahmed empezó a mover pies y piernas para impulsarse bajo el agua, la ocasión en que más confianza depositaban en ella. Y eso que ni siquiera tenía su lámpara.

Los dos trazaron un par de círculos sobre el mismo lugar, dado que la directora de orquesta era ella y se había quedado un momentito de nada así, algo perpleja, curiosamente halagada, al darse cuenta de ese detalle.

Cuando esa sensación cálida en el pecho se transformó en sonrisa amplia, las manos de la djinn descendieron de su pecho a sus brazos, hasta alcanzar las del príncipe, y llevarle océano adentro.

O abajo, según se mire.

Porque lo que hizo Ashi fue guiarle a través de las profundidades, allá donde  la luz era casi imperceptible. Tanto que hubo de conjurar un pequeño halo entorno a ellos, que captaba, por lo visto, la atención de pequeños bancos de jóvenes peces mariposa, entre otros.

Atravesaron algas, formaciones coralinas y corrientes turquesa, hasta llegar a ver, entre esa frondosidad inusual, los despojos de un barco hundido.

Siguió guiándole hasta allí, hasta meterse, a través de uno de los ojos de buey, en el vientre de ese navío.

Allí, tocaron suelo. O madera, que para el caso venía a ser lo mismo.

Ashi sopló, con suavidad, y el agua fue retirándose, dejando espacio para los dos.

-No se de donde ha salido- confesó- pero debe llevar mucho tiempo aquí.

En las paredes se incrustaban pechinas brillantes.

Recogió una y la dejó, tras tomarle la mano con esa confianza suya, en la palma de Ahmed.

-A lo mejor encontramos perlas-aventuró- ¿no es algo que os resulta valioso? Es decir…-especificó- más allá de bonito, brillante, y esas cosas. Tiene valor para los humanos, ¿verdad? Una vez tuve una ama que quería collares de perlas blancas. Y plumas de aves exóticas.

Ashi se encogió de hombros.

-No se para qué, la verdad.

Y ya que estaba, y le tenia delante, recolocó un poco los mechones de cabello de Ahmed que, justamente, iban a en dirección contraria a como se ordenaban antes.

-¡Ay!-recordó, repentinamente- te molestaba la ropa empapada. ¿La seco?Pero es que al volver va a ser lo mismo.

Al alzar la mirada, aguardando orden o sentencia, se topó con la del príncipe.

Así, muy cerca.

Y en esta ocasión, el semblante de la djinn mudó.

Más serio, tempo contenido por un instante, extrañamente desconocida la impresión en su pecho...un poco...¿rara, no? Cálida. ¿Punzante, quizás?

No dijo nada, ni tampoco bajó el rostro.

Había perdido el hilo de lo que andaba diciendo, o de qué enseñarle a continuación.

       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
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Mar Oct 05, 2021 12:38 pm por Timelady
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Ahmed se dejaba guiar como un niño que confía plenamente en sus tutores. Movía las piernas con relativa facilidad, notando que en el agua los pesos se sienten diferentes.

Ashi le llevó de aquel modo hacia las profundidades, la oscuridad del fondo marino, donde hizo falta un halo de luz para poder ver el camino que seguían, los peces al parecer se sentían atraídos por aquella esfera luminosa que les envolvía y él recordó las historias antiguas de esos peces que atraían a sus presas con una especie de llama.

Fue curioso y sorprendente encontrar allí un barco hundido. Si bien no debía extrañarse, ya que eran muchos los navíos que se perdían a lo largo del año en el mar.

Entraron en él y pudo ver cómo la magia de la djinn hacía que el agua desapareciera a su alrededor.- Sí, parece antiguo. -Reconoció, porque no encontraba nada que lo hiciera similar a los barcos que él estaba acostumbrado a contemplar.- Pudo ser por una tormenta, o por piratas... incluso por alguna criatura marina. -Ahora que la magia de los djinn era real, podía permitirse cuestionar la verdad tras los mitos

Los ojos del príncipe dejaron de mirar los maderos para fijarse en el movimiento de Ashi, tratando de no centrarse demasiado en las curvas destacadas al estar su ropa empapada. Miró la pechina de su mano.- Es posible. -Comentó sobre las perlas, sonriendo con cierto humor al escucharla dudar de su valor real.- Esas cosas son valiosas porque son difíciles de conseguir en algunos lugares. Si cualquiera pudiera tenerlas nadie las querría. -Bueno, al menos nadie de su estatus, desde luego.- Tenerlas implica riqueza.

Se quedó callado en sus explicaciones cuando la chica empezó a pasar los dedos por su pelo, tratando de peinarle, imaginó. De forma suave y continuada, era algo que no podía evitar que le gustase.
Le alertó un poco la exclamación en aquel momento y el comentario sobre lo de estar mojado.

- No, no me molesta ahora, además, pronto volveremos al agua, es cierto. -Asintió, pero no hizo por moverse.- El problema del agua, Ashi, es que te hace mucho más hermosa. -Comentó, desde aquella distancia, con una sonrisa ladina alzando sus dedos para colocar uno de sus mechones tras su oreja.- ¿Nunca te lo han dicho? -Preguntó, intrigado, porque lo cierto es que se movía y actuaba como alguien que no era consciente de nada de eso.

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Lun Oct 11, 2021 5:14 pm por Myshella
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Si cualquiera pudiera tenerlas, nadie las querría.

Eso tenía sentido, por supuesto.
Ya se había dado cuenta ella de que los humanos valoran las cosas en la medida de cuan exóticas son. Es decir, las valoran si  no son corrientes, si no todos pueden poseerlas. No porque realmente les gusten, o de verdad les parezcan bonitas. No. Se trata, más bien, de la opinión que les merece a los demás.

De todos modos no fue esa confirmación acerca de las particularidades humanas la que la sacó de su momentito de ensimismamiento – es instante en que a poco estuvo de asegurar que otro djinn debía andar cerca y había parado el devenir de los acontecimientos, y por eso le parecía a ella que la mirada sostenida del príncipe Ahmed se eternizaba o la absorbía un poquitín-sino lo que le acababa de decir.

No, tampoco era el hecho de que no valiera la pena secar las ropas porque tenían que regresar igualmente a través del mar.

Ese era un razonamiento lógico y pragmático, por el que podía darle las gracias. Porque implicaba no usar magia a lo tonto.

Era otra cosa.

Otra que estaba segura de que no había oído bien. O quizá se había confundido, y había tomado una palabra por otra. Que ya sabemos todos que a esto de no ser exactamente precisos también eran muy dados, los humanos.

Para muestra, un botón.
Podría haber elaborado una lista interminable de imprecisiones aplicadas a sus peticiones de cada uno de los amos y amas que se habían ido sucediendo en sus años-décadas, lustros, siglos, a saber- de esclavitud mágica.
Sí, eso debía ser.

La mano de la djinn había bajado de los cabellos a reordenar del príncipe al hombro de Ahmed.

Ella, que lo de las distancias y espacios personales lo llevaba tirando a mal de serie, tampoco podía entender muy bien entonces porqué justamente en esa ocasión parecía la cercanía, mechón recolocado tras su oreja de por medio, venir tiznada de otro tipo de sensación cálida, para nada común en…en nada. En ningún momento de su extraña vida.

-¿Quién, yo?-preguntó- te has confundido, Ahmed.-le indicó- no se qué palabra estás buscando, pero creo que te has confundido de término. Has dicho hermosa. A ver…¿qué querías decir?- ¿qué debía ser?- ¿Hábil?- ¿escurridiza, por el agua?- ¿transparentosa?-no, ella seguía siendo tangible, no se estaba difuminando.
Y además esa palabra no existía, estaba segura de eso también.

Parpadeó.

No se le ocurrían adjetivos que empezaran con h y acabaran en -osa, y que fueran más acertados, con los que entender qué le decía.

Así que, al fin, se sonrojó.

-Claro que no- concedió, al aceptar que lo mismo, pudiera ser, Ahmed sabía lo que decía-¿Quién va a fijarse en el aspecto que pueda tener una djinn? Si fuera mi lámpara, sería otro cantar. Hay que saber reconocerla, si se la quiere poseer. Pero…¿Qué más da, cómo sea quien la habita?

¿Debía devolverle el cumplido? Lo cierto era que no precisaba mentir, precisamente, para hacerlo. A ella Ahmed le parecía un hombre atractivo. Curiosamente atractivo, a decir verdad. Tenía una mirada intensa que así, vista de cerca, atrapaba la contraria.

Lo mismo era un poco mago y no lo sabía.

Ashi inclinó un tanto la cabeza, ladeándola. Apoyó el mentón en el hombro del príncipe, primero, y acabó de volverse un ápice más, para dejar un beso suave, superficial pero no rápido, en su mejilla.

-Gracias-musitó a su oído- en cierto modo, Ahmed, comprendo a mi ama.

Por una vez, le veía sentido a la desesperación de la humana. Aunque hubiera sido un poquito inepta expresando lo que quería. Y mira, pues tampoco es que le pesara a ella entonces que hubiera formulado el deseo mal.


       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
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Jue Dic 16, 2021 7:50 pm por Timelady
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No era aquella, ni mucho menos, la reacción que había esperado.
Un sonrojo, una leve sonrisa, un corresponder de algún modo el avance... Sí, por supuesto.
Pero no tuvo nada parecido, sino una genuina expresión de desconcierto y una pizca de sorpresa en los ojos de la djinn. Difícil de entender, se mirase por donde se mirase, porque sus atractivos saltaban a la vista. En su opinión, una mujer así debía saber perfectamente las armas con las que contaba.

Sin embargo, al parecer era el primero en hacer notar que era muy bella, o no se explicaría la forma en que trataba por corregirle.- He dicho justo lo que pretendía decir, Ashi. -Replicó él, intentando que dejase de dar vueltas a sus palabras y le escuchara bien.

Le sorprendía ser el primero, pero también había cierto atractivo en ello. En descubrir algo y ayudar a aquella criatura tan curiosa a descubrirlo también con él.

- Cualquiera que te mire por más de dos segundos se daría cuenta de lo bella que eres, Ashi. -A él se lo había parecido nada más verla en sus aposentos durante la noche, antes de que le secuestrara de aquella forma.- Pero supongo que todos están demasiado cegados por sus deseos como para darse cuenta. Imperdonable. -Murmuró con voz grave, ya que no hacía falta elevarla en aquella posición que mantenían.

Posición que se rompió solo para acercarles más cuando Ashi se acercó a besarle en la mejilla y decir aquello. Los profundos ojos del príncipe se quedaron prendados de los preciosos de la mujer.- Ella tampoco debió fijarse en lo bonita que eres. -Pensó en ese momento.- O habría sabido que me sentiría tentado de hacer... esto. -Poco a poco se había acercado de más al rostro de la djinn hasta rozar sus labios con los propios, despacio y sin imponerse.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Miér Dic 29, 2021 11:10 am por Myshella
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¿Hemos dicho ya que la djinn, como muchos otros de su espécie, entendía tirando a poco acerca de distancias, espacios personales y libertades tomadas?
Quizá no todos, pero sí una buena parte de ellos y ellas.
En realidad, podríamos afirmar que, entre los genios árabes, el experto distinguiría, en base a su carácter y el color de su magia, tres grandes grupos.

Los solemnes djinns.
Poderosos señores-y señoras- de la teatralidad, que gozaban provocando en sus amos cierto sentimiento de inferioridad, en base al modo grandilocuente en que se presentaban ante ellos.
Para nada; a fin de cuentas, seguían siendo sus servidores.

Los malignos.
Cuidado con esos, porque nada les delata. Si acaso, el susurro constante a oídos del pobre desdichado que, creyendo manejarle a su antojo, se convierte en marioneta del ser mágico. Y mira, esos tampoco entienden de distancias.

Y los de Ashi.
Puede que ellos fueran, en apariencia, los más jóvenes. Estos genios solían tener tendencia a un trato más...inconsciente, ¿infantil? Simple. Y, no, lo de los espacios personales no lo llevaban muy bien que digamos. A menos que el dueño de la lámpara de turno les soltara una fresca y les recolocara en su sitio, cual niño castigado.

Ahmed no lo había hecho. Y sí, había sido Ashi quien se acercó a él. Como todas las veces anteriores, a cumplir magias diversas o prestar singular atención.

Pero...el contacto sobre sus labios era nuevo.
Nuevo e inesperado. Nuevo, inesperado y cálido. Nuevo, inesperado, cálido y...
Ahí le faltaba un adjetivo que no sabía poner.

Ashi abrió los ojos de par en par, perpleja un ápice de segundo.
Al siguiente, los párpados languidecieron solos y su boca se amoldó a la del príncipe por propia iniciativa.

Y esa melosa sensación en el pecho se intensificó. Hilos brillantes que se extendían, trepaban por su cuello y alcanzaban a acunar su rostro, hasta sus labios y, díria, los de Ahmed.

Rodeó su cuello con ambos brazos, acercándose a él ese par de centímetros que pudieran separarles, si es que aún restaban.

Por un instante más, creyó que su magia se concentraba en ellos dos. Que el mundo entero desaparecía.
No como cuando se sumía en el sueño, dentro de su lámpara, sino todo lo contrario. Todo tornaba en una única cosa importante: ellos dos.

De haberse puesto a razonar, habría encontrado, quizás, la clave a uno de sus tres mandamientos prohibidos. Ella no tenía magia suficiente para provocar esos sentimientos en alguien. No, esta era otro tipo de fuente poderosa.

Y la cuestión es que no debía ir tan desencaminada...porque sí, en efecto.
Perdida la atención de su creadora, el hechizo que mantenía el barco seco cayó, fulminante. Tanto, como la oleada de agua que les empapó a los dos sin previo aviso.

Menos mal que habían empezado por solucionar el tema de la respiración bajo el mar...


Y sin embargo, la djinn no prestó atención aún.

Hasta que algo resonó en su mente.

Ashi

Ashi

Los párpados de la criatura se abrieron de golpe.

-¡Lo siento!-empezó por disculparse, atropelladamente, al tiempo en que procuraba mantener al menos una burbuja seca entorno a ambos.

-Me llama-explicó, enseguida-El ama, me está llamando-a fin de cuentas, era suya hasta alcanzar el siguiente amanecer, cumplido el tiempo mal estipulado- debo ir- no tenía opción.

Pero por supuesto no podía dejar a Ahmed allí.

-Puedo devolverte a la torre-- al oasis no. Si le perdía, no estaba cumpliendo con su parte- porque no puedes regresar a tu palacio ahora. O....-o....- o puedo traerla a ella, si quieres verla.-

No había ninguna clausula en letra pequeña que no dijera que servía como respuesta transpotar al amo, en lugar del genio...¿verdad?

       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
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Mar Ene 11, 2022 3:51 pm por Timelady
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Ahmed era un hombre que no estaba acostumbrado a que se le negara nada. Y aún así disfrutaba del juego de la conquista, de lograr lo que deseaba por sus propios medios. Así era como se había convertido en un seductor, apreciando la forma en que las mujeres bellas se plegaban a él.
Y no iba a ser menos el disfrute cuando se trataba de una criatura mágica.

Por supuesto, se había planteado lo que pensaría Farah de aquella situación. Su descuido a la hora de pedir su deseo, el dejarle un día completo en compañía de una beldad como aquella. Iba a hacer que se arrepintiera de aquello y por qué no empezar por herirla de aquel modo.

Pero poco le duraron los pensamientos en aquella mujer, dado que el beso se volvía intenso y reclamaba su atención. Quizá fuera la naturaleza de la djinn pero se podía decir que sabía diferente, que las sensaciones eran diferentes y despertaban ese anhelo de seguir comprobando hasta qué punto había diferencias.
Sus manos viajaron por las curvas ajenas, aposentándose en su cintura para pegarla aún más a él, una de sus palmas bajando hasta sostener su trasero.

No había notado, por algún milagro de la magia, que el agua había caído de nuevo sobre ambos.
No hasta que Ashi se apartó de él y se disculpó de aquella forma, devolviéndoles a una atmósfera seca.
Por supuesto, el príncipe no pensó siquiera que aquella disculpa fuera por haberle besado, sino quizá por interrumpirlo.

Aunque el motivo le hizo gruñir para sus adentros y cambió la sonrisa seductora por una expresión más adusta en su rostro.

Farah quería verla, seguramente se habría preocupado al ver las consecuencias de su estúpido deseo y su desaparición.
Apenas necesitó unos instantes para saber la respuesta al ofrecimiento que le hacía.

- Llévame a la torre y ve a verla. No tengo intención de tenerla en mi presencia. -Al menos ese día, quizá cuando volviera a verla sería para expulsarla de su vida.

Esperó a que la djinn obedeciera, aún cuando no era su amo. A diferencia del resto del tiempo, aquello sí había sonado como una proncipesca orden.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Miér Ene 19, 2022 6:15 pm por Myshella
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El cambio tanto en la expresión de Ahmed como en el tono usado al dirigirse a ella había mudado en repentino sobrecogimiento la habitual desenvoltura de la djinn.

Porque imaginaba que no le agradaría saber quien la reclamaba. E intuía - o eso suponía, que en esas cuestiones ella no tenía más conocimiento que el que pudiera presenciar de soslayo y por un breve parpadeo, en otros a los que había servido- que le incordiaba tanto como a sí misma interrumpir un instante como aquel; un momento en el que una podría perderse, y dejarse llevar, sin más.

Suponía que la mención del Ama sería mal recibida, sí. Pero la acritud con que ordenó- sí, ordenó- que le devolviera a la torre en donde había despertado aquella mañana...encogió el alma de la criatura de fuego y aire.

No esperaba oír de sus labios una orden tan concisa, tan exigente, como solían sus sucesivos dueños.

Había dejado caer así, lánguidos, los párpados. Resignada. Y había respondido, como era costumbre en ella desde un tiempo que no alcanzaba siquiera a recordar.

-Como desees.

Al instante, Ahmed se hallaba en la torre.
Al instante tiempo, ella se materializaba ante Farah.

-¿Sí, Ama?- había preguntado, aún corazón en un puño- qué extraño ese poder humano, que podía iluminar el alma o encogerla en un ápice de segundo, de un modo tan contundente. ¿Eran ellos conscientes, quizá, de la magia que albergaban? Del poder que poseían.

Posiblemente no. No, o no lo usarían de manera tan aleatoria.

-¿Dónde está?-exigió ella saber.

-¿Quién, Ama?- preguntó Ashi. Ay...esa imprecisión humana.

-¡AHMED, EL PRÍNCIPE AHMED!- gritó su ama.

-Lejos, donde no puede desposarse, como me pediste- respondió Ashi.

La mujer se aproximó a la djinn, ojos encendidos, voz rota.

-Yo-no-te-pedí-eso- castañeó- te pedí que no se desposara...

-...Hoy-acabó Ashi.

Su ama descargó un bofetón que ella encajó, ojos abiertos, llorosa casi.

-NO. Yo encontré tu lámpara y tú debes concederme mi deseo. No descansarás mientras yo no obtenga lo que te he pedido.

-Que no se despose hoy- insisitió Ashi.

-¡Que se case conmigo!-instó ella.

-No me pediste eso- apuntó Ashi- debes ser clara, con lo que deseas. Y ya sabes que yo no puedo hacer que alguien se enamore de otro alguien.

-¡Eso no es preciso!-insistió Farah- él ya me ama.

-No, no te ama- apuntó la djinn. No había en su voz más emoción que aquella que indica una verdad objetiva, conocida y asegurada.

Por eso justamente Farah le dedicó una mirada densa, cargada de desprecio.

-¡Qué sabrás tú, si sólo eres aire y fuego! le gritó. Justo antes de detenerse, a observarla de arriba abajo.

De pronto, la mujer se irguió. Enderezó espalda y endureció expresión, del modo en que sólo puede hacerse cuando una sospecha puznante te enerva.

-Vuelve a tu lámpara, hasta que yo te reclame.

Un torbellino de arenas rojizas arrastró a Ashi, de vuelta a su prisión.

       
Ashi- Madīnat al-Zahrā- Con el Ama

       
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Mar Mar 01, 2022 9:16 pm por Timelady
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Se lamentó levemente al ver la expresión de Ashi antes de responder a su petición, u orden más bien. Hasta aquel momento, quitando los minutos iniciales de su encuentro, se había comportado con ella con confianza, pero en aquel instante el resentimiento por quien una vez fue su amante se hizo dueño de sus acciones y no lo midió.
Pero decidió que simplemente se disculparía más tarde por eso.
Después de todo, la djinn no tardaría en volver.
Y mientras tanto él podía dedicarse a intentar salir de aquel peligroso lío en el que le habían metido.

El palacio era parecido a su hogar, era cierto, Ashi lo había hecho así quizá para su comodidad. Pero había detalles que dejaban a la vista que se trataba de una copia. Algo hecho por quien no había visto más que algún destello.
Salas vacías o con muebles que indicaban un uso diferente al que tenían.
Molduras con poemas inacabados.
Mosaicos y frescos de poca factura, poco dignos de un palacio como aquel.

Pero la distribución, en general, no era tan diferente.
Y así fue como llegó rápidamente a la biblioteca, donde había creído atisbar, desde la alfombra, la figura de una de esas lámparas de aceite que portan leyendas en lugar de luz.

Y si no la encontraba, al menos podría dedicarse a la lectura para entretenerse en aquel tiempo de espera.
O al menos disimular cuando llegase la djinn y fingir que no estaba allí para encontrar la posible escapatoria de aquella maravillosa prisión.

Pero la idea de disimular se esfumó en cuanto al entrar desvió la mirada hacia el escritorio que quedaba junto a la ventana.
Por intervención divina o de cualquier otro tipo, qué sabía él, los rayos del sol en aquel momento incidían justo en el objeto que estaba buscando.
Y el príncipe no se resistió en acudir a tomar la lámpara entre sus manos y examinarla a fin de decidir si era de aceite o la que estaba buscando.

Mas al abrirla, no fue aceite lo que encontró precisamente y la sorpresa se hizo patente en su rostro.- ¿Ashi? -O una versión diminuta de ella, desde luego.- ¿Qué haces ahí?

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Mar Mar 15, 2022 8:46 pm por Myshella
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-Vuelve a tu lámpara, hasta que yo te reclame.

Así, de un plumazo, el mundo se desvanecía ante sus ojos y un sopor absoluto e implacable devolvía a la djinn a su diminuta prisión.

Si su cuerpo se encogía, era éste un mal que Ashi no sufría; hecha de aire y fuego, simplemente, se comprimía toda ella, hasta resultar...del tamaño de un alfil.

Dorado a un lado, dorado al otro...metal que la envolvía.

Los párpados fueron cerrándose, pesados como plomo.

Y ella, al saberse arrastrada a esa pausa impuesta en su existencia, de nuevo, tan sólo llegó a pensar que no podría volver a ver a Ahmed.
¿Qué sería de su príncipe, se dijo? Del príncipe, se corrigió.

Una punzadita de dolor añadido vino a agrandar su tristeza. Le había prometido llevarle a un reino lejano y distinto, para aprovechar esas horas en que aún había de custodiarle, lejos de su palacio. Para que tuviera ocasión de conocer un mundo distinto, antes de que nuevamente las obligaciones ocuparan sus días. Y ahora...ahora no podría cumplir su promesa.

Así, fue una lágrima la que surcó su rostro, antes de volver al sopor de siempre. Hasta nueva orden de quien poseía derecho sobre ella.

Pero entonces...entonces un rayito de sol se coló dentro de su lámpara. Alguien había abierto la tapa superior, allá donde debiera verterse el aceite que ésta no precisaba.

La luz fue a calentar su mejilla, provocando que se moviera, un tanto.

Y una voz la llamó.

No del modo habitual, no. Y, además, esa voz la conocía.

Hizo cuanto pudo por abrir los ojos.

En un esfuerzo considerable, parpadeó y fijó su vista...en un rostro grande, enorme, del que apenas veía un trozo.

Pero era Ahmed, sin lugar a dudas.

¿Qué haces ahí?

¿Cómo tenía él su lámpara?, se preguntó la djinn.

Pero desde luego las fuerzas no daba para tanto; o una cosa-responderle- o la otra-preguntar ella.

Optó por responder.

-Mi ama me manda de vuelta a la lámpara, porque no está satisfecha con su deseo. Considera que no estoy cumpliendo mi parte. No puedo salir hasta que vuelva a llamarme.

       
Ashi- torre en el desierto- Con Ahmed

       
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Última edición por Myshella el Lun Mar 28, 2022 8:20 pm, editado 1 vez



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Vie Mar 25, 2022 1:40 pm por Timelady
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Ahmed tenía demasiadas preguntas sobre aquella situación. Pero la primera y principal era por qué la Djinn se encontraba en la lámpara en lugar de estar presente ante él como había sido desde que se despertó.
Por un instante muy breve, pensó que estaría enfadada por la forma en que la había tratado antes, mas lo descartó pues seguro que no tenía problemas en hablarle de su enfado a la cara si fuera el caso.

Y la respuesta llegó con una levedad casi preocupante.
La voz de Ashi en aquella forma sonaba débil. Y el príncipe recordó sus palabras, cuando estaba en la lámpara se sumía en un profundo letargo que la hacía no ser consciente del tiempo que pasaba o los viajes que realizaba aquella especie de hogar y prisión en que se veía.

El saber que Farah le había hecho aquello, confinarla sin más, no hizo que sus sentimientos hacia la que fuera su amante mejorasen en demasía.
- ¿Hay algo que pueda hacer? -Preguntó, tratando de pensar en algo.- Si no te vuelve a llamar... al terminar el día yo regresaré a palacio y ¿tú? ¿Podría llevarte conmigo, en tu lámpara? ¿Volverte a ver? -Quiso saber, sin estar del todo seguro de dónde nacían exactamente aquellas dudas, aquel deseo de volver a tenerla cerca y en tamaño real.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Lun Mar 28, 2022 8:35 pm por Myshella
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Aún a medio camino entre el sueño mágico y el esfuerzo sobrehumano ( o igualmente por encima de las capacidades de la djinn), Ashi llegó a esbozar una sonrisa endulzada por las preguntas del príncipe.

¿Si podía hacer alguna cosa, por ayudarla?

Su interés ya era una ayuda en sí. Nadie había querido saber, antes, de qué modo podría serle de utilidad a ella, de qué mod ofrecer socorro.
Porque a nadie interesaba, más allá del instante en que su deseo se viera cumplido.

Ashi no tenía tiempo para responder con claridad. No, porque además estaba segura de que cada respuesta generaría una nueva cuestión. Este era un denominador común en la naturaleza humana.

Y a cada instante, a cada ápice de segundo, el letargo iba apoderándose con mayor fuerza de ella.

Así que trazó un chasquido con los dedos, y se dejó vencer, pues no había remedio, por el sueño.

En el momento en que la djinn quedó dormida, un pergamino apareció, sostenido en el aire, ante las narices del príncipe.

Él solito se desenrolló, no con poca vehemencia, y aciendo alarde de cuanto ruido puede provocar un trozo de papel curtido al desplegarse.

A medida que se desenrosacaba, las letras iban trazándose, de derecha a izquierda, en él, línea tras línea.

Deberes y condiciones del djinn

El o la djinn es una criatura de fuego y aire, poseedora de un gran poder, y sometida a cautiverio. El djinn otorga, según la grandeza de su don, un deseo de embergadura, o tres, más limitados. Todos ellos están sujetos a las siguientes condiciones...

Aquellas tres reglas que ella ya le recitara en el momento en que se conocieron, básicamente.

Seguía el pergamino desglosando el modo en que debiera satisfacer el djinn a su amo, y varios detalles más, para acabar, tras recordar que tan sólo abandona la lámpara la criatura cuando se la llama, por decretar que dicho objeto desaparecerá de manos de su amo o ama al dar por concluido el servicio del genio.

Entonces, la lámpara desaparecerá y aparecerá en cualquier punto distante del mundo.

Pero...

Pero las letras parecían dispuestas a seguir. En esta ocasión, tinta roja y caligrafía distinta.

El ama de la lámpara no podia retenerla. Pero...¿qué ocurre si otro ha dado con esa lámpara, y la tiene en su posesión, cuando el deseo del primero acaba?Pues que esa lámpara ya tiene un nuevo amo, y no es preciso que desaparezca.

El pergamino voló, tan poco respetuoso con el espacio personal del príncipe como la misma Ashi, hasta casi su nariz.

Luego cayó al suelo y, en un arrebato, se incendió y consumió.

Dentro de la lámpara, una espesa neblina que no transcendía el interior del objeto mantenía a la genio profundamente dormida.

       
Ashi- torre en el desierto- Con Ahmed

       
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Vie Jun 24, 2022 6:28 pm por Timelady
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El príncipe estaba visiblemente preocupado por la criatura a la que veía encogida y débil en el interior de la lámpara de aceite.
Ni siquiera había pasado un día entero en su compañía, pero Ashi había demostrado ser el tipo de persona, o djinn, capaz de mostrarle un mundo que él no había tenido ocasión de conocer. Recordaba las promesas de mostrarle mucho más que ahora no podría cumplir.

La muchacha no respondió a sus preguntas, a sus intentos de ayudar.
Solo un movimiento leve antes de dejar consumir sus energías por un sueño aparentemente profundo.
Ahmed se lamentó hasta que vio aparecer de la nada aquel pergamino.
Sus ojos se movían por él a medida que las letras iban apareciendo. Parte de aquello se lo había dicho la propia Ashi, parte se conocía por las leyendas. Una última aclaración, llamaría su atención.

Bajó la vista hacia la figura de la lámpara y sonrió de lado mientras el pergamino se consumía en llamas sin que él se preocupase demasiado, ya había entendido que la magia funcionaba de otra forma.
Cerró la tapa con cuidado, notando aquella neblina que crecía en el interior y se llevó la lámpara consigo.

Sin la alegre compañía de Ashi el día se hizo más largo, pero en aquel palacio no le faltaba absolutamente de nada.
Cuando salieron las estrellas a recorrer el cielo en compañía de la luna se retiró a la alcoba que era idéntica a la suya. Aferró la lámpara contra sí, sabiendo que no podía soltarse.

Si todo iba como le habían contado, al día siguiente despertaría en su hogar y tendría que dar muchas explicaciones, pero no sería él el único que lo hiciera.
En cuanto despertara en palacio mandaría detener a Farah y trataría de explicar a su padre lo que había pasado. Al menos, con Ashi de su lado, tendría un testigo de lo sucedido que quizá pudiera exonerarle.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Mar Jul 05, 2022 8:25 pm por Myshella
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Si un sueño mágico se había llevado consigo a la djinn, otro de naturaleza mucho más natural se encargó de cerrar los párpados del príncipe.

Dicen que los eshu cabalgan los vientos, se mueven sobre mareas de dunas etéreas, y llevan consigo cuentos e historias de uno a otro confín.

Que soplan sobre nuestros párpados, instalan mariposas translúcidas en ellos, a fin de que, pesadas, nuestras pestañas ni puedan separarse y permitan así a esas historias poblar nuestro descanso.

Si el príncipe soñó o no esa noche es algo que tan sólo sabe el eshu que llegó hasta él, en aquel palacio surgido de las arenas, y él mismo.

Pero lo que sí se sabe bien es que, al despuntar el alba, mucho antes de que él llegara a despertar, el palacio había sido arrastrado por una de tantas tormentas del desierto, y él devuelto a su hogar.

En Madīnat al-Zahrā muy pocos dormian, en realidad.

El malik había ordenado a medio ejército recorrer calle por calle y casa por casa toda la ciudad. Porque, a sabiendas de cuan honorable era, a la postre, su hijo, no se le ocurría otra posibilidad al hombre que el rapto del príncipe, por supuesto.

Más cuando, de hecho, la mujer que podría haberle causado recelo al tomar esposa se encontraba entre los muros del palacio. Y convenientemente observada, desde luego.

Esa joven, Farah, se mostraba tan nerviosa como esquiva. Por eso mismo se habían asegurado bien de que no ponía un pie fuera de aquellos muros.

Más dentro...su deambular se observaba tan sólo de lejos.

Al despuntar los primeros rayos de sol, sabeedora ella de cual había sido su deseo, se apresuró a escabullirse a los aposentos del príncipe.

Y suspiró, aliviada en parte, al encontrarle durmiendo en su lecho.

Se aproximó, sigilosa....

Y lo primero en que reparó fue en que sostenía entre sus manos la lámpara mágica.

Se descalzó.

Cuidadosa, aseguró la puerta y se aproximó...siempre con exquisito celo.

Alargó la mano, con intención de estirar de la lámpara.

Y entonces ésta se encendió, de tal modo que el metal, repentinamente anaranjado, casi quemaba las manos.

       
Farah- Madīnat al-Zahrā,- Con Ahmed

       
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Miér Jul 20, 2022 9:32 pm por Timelady
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El sueño atrapó a Ahmed como si de magia se tratase. Pero no sería él quien se extrañase teniendo en cuenta las vivencias que le habían sobrevenido durante aquel día.
No hubo sueños, solo cumplió su objetivo. Descansar lo suficiente para poder responder de todo al día siguiente.

Pero los planes se adelantaron cuando la lámpara empezó a brillar.
Los ojos del príncipe se abrieron y vio la mano de aquella mujer cerca de la lámpara. Su mano libre fue a atrapar su cuello, haciéndola rodar en el lecho hasta quedar sobre ella.- Ahora la djinn me pertenece. -Espetó, con una seriedad y furia que Farah jamás había visto dirigida hacia ella.- ¡Guardias! ¡Guardias! -Llamó, sabiendo que acudirían raudos.- Detened a esta mujer, es culpable de cualquier desgracia que sobrevenga sobre el reino por mi ausencia.

Vio como se la llevaban. Trató de arreglar su aspecto en la medida de lo posible, sabiendo que no tardarían en reclamarle, pero antes... sujetó la lámpara y la frotó, esperando volver a ver a Ashi.

- ¿Te encuentras bien? -Pronunció cuando la tuvo frente a sí.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Vie Jul 29, 2022 10:34 pm por Myshella
The end
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Todo volvía a empezar, del mismo modo, una y otra vez.
No importaba si pasaban días, noches, meses o años, desde que la lámpara era reclamada en una ocasión, y la siguiente.

Una mágica calidez se extendía, del metal al interior, revolviendo la prisión de la djinn, despertándola, trayéndola de vuelta, y proyectándola al exterior cuando apenas había logrado focalizar la mirada, abrir los párpados.

Y ella no sabía qué encontraría fuera.

Sólo que, a medida que recuperaba la conciencia, en aquella ocasión, empezó a repetir un mantra, rogándole a los dioses de su creación que no hubieran transcurrido...más de unas horas.

Tan pronto como consiguió materializarse, se topó de frente con la figura de un Ahmed que preguntaba si estaba bien.

Y lo que hizo Ashi fue tomar impulso, viento desértico de por medio, y lanzarse a su cuello. Literalmente, a cerrar los brazos entorno al cuello del príncipe y abrazarle, tan feliz por una vez que casi, casi..casi olvida que la acababan de invocar.

-¡Ahmed!- exclamó, levitando aferrada a él.

Luego algo emitió una punzada en su mente, y abrió los ojos de par en par.

-¡Oh!-exclamó...dándose cuenta de que ahora él poseía la lámpara.

Justo como sus contratos flotantes habían deseado, sí. Pero...un djinn es un djinn, y debe cumplir la reglas.

-Perdón, disculpa-fue diciendo, aun sin perder la alegría en la voz, pero haciéndose un par de pasos atrás.

Se posó finalmente en el suelo, Carraspeó. Cruzó las manos ante sí, y inclinó ligeramente el mentón.

-¿Cual es tu deseo...Ahm...Amo?-preguntó, sujeta a su naturaleza.

Ashi - Madīnat al-Zahrā - con Ahmed


XIII







The Sleeping Sorceress



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Myshella
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Midnight - Nivel 5
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Dom Jul 31, 2022 7:33 pm por Timelady
The end
and a new beginning

Por toda respuesta a su pregunta, lo que recibió fue a la djinn rodeando su cuello.
Eso despertó en él una risa divertida mientras le devolvía el abrazo. Apreciando su cuerpo contra el suyo, la calidez que desprendía y los aromas de especias e inciensos que la acompañaban.

No entendió muy bien por qué se disculpaba, hasta que pronunció aquella pregunta. Lo que le hizo asentir con seriedad, recordando que sí, ahora él era su amo, si bien no pretendía hacer un gran uso de ese poder.- No has respondido a mi pregunta. -Le dijo, con un tono divertido en la voz.- ¿Te encuentras bien? -Después de haberla visto debilitarse de ese modo hasta quedarse completamente dormida en la lámpara, quería saberlo.

- Y no es un deseo, -Aclaró, aunque trató de escoger sus palabras lo mejor posible para que su magia no funcionara en esta ocasión.- pero me preguntaba si querrías venir conmigo para explicar a mi padre lo sucedido. Farah ya ha sido apresada y tendrá que responder por sus actos, mas lo ideal sería tener un testigo y pruebas vivientes de que hubo cierta djinn involucrada. -Quizá eso bastase para evitar mayores problemas. Ojalá fuera suficiente.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


XIII






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