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Dom Jun 13, 2021 1:31 pm por Ivanka
Gone with the sinInspired - Libros (El retrato de Dorian Gray- Frankenstein) - one x one
La carta tembló en sus manos. "Me debes una, Dorian. Dios sabe que no amé a mi esposa y que no fui un buen padre para Benjamin, pero a esa criatura la he querido con devoción. Sé que no puedes entender otro amor que no sea hacia ti mismo, pero espero que a tu honor sí. Y sabes que todo lo que eres me lo debes a mí. A mí y al Maligno. Redímete conmigo, cuida de este alma que te dejo, porque es pura y buena, y quizá si tú cuidas de ella, si le enseñas el mundo y a vivir en él sin que pierda esa bondad, quizás así salves tu alma. Porque al contrario que tu cuerpo, tu alma no es inmortal, Dorian."

Las última voluntad de Basil Hallward. El pintor de su retrato. No lo había matado por poco, y el muy idiota se sintió tan arrepentido de lo que habían hecho que le dejó vivir en sus miseria. Basil HAllward casado con una mujer, vaya espectáculo. Pero de aquello había salido ella. Cathleen Hallward. Recordaba el día en el que fue al funeral del hijo de su examigo. Un horrible accidente en el que habían estado implicado Benjamin, su esposa y su hija de tres años, Cathleen. El no verlo allí, ya le dio una pista, porque sabía de qué era capaz Basil. Y no se equivocó. Había llevado a la niñita al laboratorio de aquel loco, al poco de haber muerto en el hospital... Y ahora volvía a estar viva. Dorian lo vio con sus propios ojos. Le advirtió que aquello nos saldría bien, pero Basil no le escuchó. Dorian y Frankenstein creyeron que la niña no crecería, pero lo hizo, vaya si lo hizo. Encerrada en la casa Hallward, oculta de la vista de casi todo el mundo, sin conocer nada más que a su abuelo, le doctor Frankenstein y a unos pocos visitantes. Y Dorian se olvidó de ello, salió a otro de sus viajes, a sus fiestas... Al fin y al cabo, no era cosa suya. Hasta este día.

Sabía que era mala idea. Que algún día, Basil faltaría y, entonces, ¿qué sería de aquella chica? Pues que se la encasquetaría a él, claro. Estuvo a punto de decir que no, total, ni que a Dorian le importara su alma... Pero algo le llevó a aquel día, el día que la pequeña Cathy había abierto los ojos al mundo por segunda vez. Nadie en el mundo entendía cómo se sentía él al haber burlado al tiempo, y eso a veces le hacía sentirse solo, y Cathy algún día tendría que entender qué le había pasado y qué limitaciones tenía su segunda vida... Quizá... Podrían ser monstruos juntos y podría enseñarle cómo se convive con un secreto tan grande como tu misma vida.

Dorian Gray 22 (aparentes)  - Aidan Turner- Freyja

Cathleen Hallward17 años - Emma Watson - Ivanka


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Última edición por Ivanka el Dom Mayo 15, 2022 7:19 pm, editado 1 vez


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Mar Jun 15, 2021 11:33 pm por Freyja

I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
Me debes una, Dorian. Me debes una, Dorian. Maldito Basil, le deseaba las peores penas del infierno, que estuviera ardiendo allí donde fuera que hubiera ido. ¿Cómo le hacía eso? Ya tenía condena eterna suficiente como para cargar con otra. Condena elegida y deseada, pero condena, condena por él dibujada. Y ahora otra más. Maldito fuera. Que no tuviera descanso eterno, que ardiera en el purgatorio. Al fin y al cabo, jamás se iban a ver.

Ni siquiera conocía a la cría. Bueno, "cría", ¿qué edad tendría ahora? El concepto del tiempo de Dorian era difuso. Y otra cuestión, ¿podía morir? ¿Crecía? ¿Cómo? Si apenas tenía control de su propio cuerpo y estado perpetuo desde que hiciera aquel pacto con el Diablo, cuanto menos del de los demás. Cuanto menos del de esa aberración de la naturaleza. Ese loco de Basil, al parecer no se había quedado contento con lo que había hecho con él, tenía que haber llegado un poco más lejos. Malnacido. Maldita la hora en que pactó con ese desgraciado. Debió matarlo cuando tuvo la oportunidad. Ya no podía ir al infierno de todas formas.

Fue al funeral. Oculto bajo una gabardina y tras unos árboles, fue a comprobar como enterraban a ese ser indigno, a verlo con sus propios ojos. Y de paso, a identificarla a ella. Allí estaba. Creía que ni siquiera salía de casa, aunque claro, si su carcelero ya había muerto... Que menos que ir a su entierro. ¿Podría hacer eso? ¿Podría encerrarla él también? Mala opción no le parecía. Ya tenía su alma encerrada en un cuarto, bajo una sábana y bajo llave. Y su mansión tenía estancias suficientes como para ni siquiera andar por su pasillo si no quería. Eso pensaba hacer como le diera muchos problemas. Basil dijo que se la quedara, y esa era la vida que él le había dado. Podía darle la misma.

No pensaba ir a buscarla, no iba a caer tan bajo. Quizás ella ni siquiera supiera de su existencia. La hizo llamar por medio de una misiva y la citó en su propia casa. El sonido de la aldaba en la puerta le comunicó su llegada. Respiró hondamente y guardó la manida carta en el cajón de su escritorio. Se dirigió a la puerta y abrió. Una joven tan hermosa como cándida, al menos en apariencia. No tan hermosa como él, pero igual de monstruosa. - Puntual. - Dijo simplemente, con su altanería habitual. Esbozó una leve sonrisa de cortesía y abrió más la puerta. - Pase, por favor, Señorita Hallward. Bienvenida a mi hogar. -


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Mar Jul 06, 2021 6:53 pm por Ivanka

I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
Tomó aire y miró el entorno que había sido su único mundo hasta ahora. — ¿Lo tiene todo, amita? — Preguntó su criada caribeña. Ella apoyó una mano en su hombro y paseó la mirada por las paredes desnudas y los muebles tapados con sábanas. — ¿Qué será ahora de todo esto, Harper? No lo sé, amita, el señor doctor no me ha dicho nada mas que que me tengo que asegurar de llevarla a casa del nuevo amo. — Cathleen alzó las cejas con tristeza. No conocía casi a gente, de hecho, podría decirse que lo más parecido a familia que tenía era el doctor, era al que más conocía, desde luego. Y sin embargo sentía que su futuro estaba en las manos de dos desconocidos. Había querido preguntarle por el señor Gray al doctor, y que la acompañara a la casa, pero tenía consulta. Y al fin y al cabo, ni si quiera el doctor Frankenstein era realmente familia suya. Aunque suponía que ahora el señor Gray era su familia, o eso tenía entendido que significaba ser tutor. — El señor Gray no es tu amo, Harper. Tu amo era el abuelo, y ahora yo. Tú solo me obedeces a mí. Ya que no me va a quedar nada, al menos que me quedes tú. — Dijo dándole la mano. Harper sonrió. — Sí, amita. Yo siempre.

Salía en contadas ocasiones con su abuelo, y de esas veces había aprendido que los carruajes la entretenían tanto como la aterraban. El movimiento el bullicio… Ojalá estuviera más acostumbrada a ello. Le atraía, pero le daba pánico desenvolverse en ello. Lo bueno es que tenía tiempo para acostumbrarse a ello, ahora debía pasar el luto, que se guardaba en casa, y nadie notaría la falta de vestidos de fiesta que tenía, porque iría de negro y estaría todo el día en casa. En una casa que no era la suya y con un hombre al que no había visto nunca. ¿Por qué le habría dejado el abuelo su  cargo? ¿Por qué no al doctor? Es que no podía entenderlo. Llegaron rápidamente a la casa en la que a partir de ahora iba a vivir, que no a convertirse en su hogar. Oh, aunque bien podría serlo. Era enorme y preciosa, al menos por fuera. El señor Gray debía tener mucho dinero.

Un hombre abrió la puerta, y para ser del servicio iba muy bien arreglado... Hasta que dijo lo de "mi hogar". ¿Ese era el señor Gray? ¿Pero qué...? ¿No era amigo de la juventud del abuelo? Era imposible. Se giró a mirar a los del coche y a Harper, y otra vez a aquel... Joven tan apuesto. Hizo una breve reverencia y le tendió una mano temblorosa. — Señor Gray... — Tragó saliva y agachó la cabeza, pasando dentro de la casa, y alternando la mirada con Harper para ver cómo descargaban sus cosas. — Discúlpeme, señor Gray es que... — Carraspeó. — Es que no estoy acostumbrada a lidiar con mucha gente y... — Le tembló un poco la respiración también y trató de pasear los ojos por la habitación para calmarse, pero la casa parecía bastante desangelada por dentro, como si al dueño le diera bastante igual que había y lo que no. — Los siento, yo... ¿Le he visto antes, señor Gray? — Porque aquella cara le resultaba terriblemente familiar, como si formara parte de un sueño. — Estoy un poco desorientada todavía, el abuelo no me dejaba salir mucho y no conozco a casi nadie. — No sabía si esa era forma de comportarse con su nuevo tutor, pero era lo más parecido a familia que iba a tener así que...


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Dom Ago 22, 2021 1:35 pm por Freyja

I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
Se ahorró suspirar y la miró desde la puerta, pasando levemente los ojos de arriba abajo, como si la juzgara, pero de un modo sutil. No estaba acostumbrada a tratar con gente. Muy bien, no le extrañaba, como que ni siquiera debería existir tal cosa, un ser recreado, un monstruo como era ella, por mucho que fuera bonita y llevara un vestido elegante. Pero claro, de monstruos iba a hablar él...

¿Que si le había visto antes? Él a ella, sí. Ella a él... También, pero dudaba que la recordara, era demasiado pequeña. Era en otra vida, de hecho, si es que se le podía llamar de esa forma. No lo creo. Hacía tiempo que no visitaba a vuestro abuelo. Y vos no sois muy dada a... Los actos sociales, ¿me equivoco? Preguntó. No tenía por qué rebajar el tono altanero, Basill le había hecho una gran putada con aquello, así que la chica tendría que lidiar con Dorian como le viniera en gana a Dorian comportarse. Igualmente, él mantenía un tono tenue y educado hasta para decir que era superior a ti... Cosa que decía con bastante frecuencia. Pero es que, en este caso, no se podía rebatir que era indudablemente superior a esa dama.

Suspiró y se giró hacia el interior de su casa, pero antes... Había alguien más allí. Volvió a girarse y miró a la criada con una ceja arqueada y la otra fruncida. ¿Usted es? Harper, Señor. Respondió apurada la mujer, con un marcado acento y una aún más marcada reverencia. Dorian la miró de arriba abajo también, aunque aquí disimuló un tanto menos la expresión arqueada. Luego tornó los ojos a la chica. Pensé que solo tendría una huésped. Es mi amita, el Señor Bas... Una huésped que hablaba por sí misma. Cortó él, mirando con tal dureza a la otra mujer que esta dio un paso atrás y agachó la cabeza. ¿Insolente, además? No le sorprendía que Basill no se hubiera dedicado a educar al servicio, teniendo en cuenta que invertía el tiempo en monstruosidades.

Yo tengo criados. Mejores criados. Matizó, mirando a la joven. No le va a faltar de nada aquí, Señorita Hallward. No es necesario que venga usted acompañada de otra persona. Como si a Dorian le faltaran estancias en su casa donde alojarla, pero cuanto más ojos y manos hubiera en su mansión de la vergüenza, más posibilidades había de que un desafortunado incidente dejara su secreto al descubierto. Una criada, cuanto menos, que esas mujeres con la voluntad de limpiar metían el morro en todas partes. Ese Basill se lo iba a poner difícil hasta después de muerto.


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Dom Nov 21, 2021 12:07 am por Ivanka

I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
De acuerdo, no estaría muy acostumbrada a reuniones sociales, pero el tono del señor Gray no era... Amigable. Claramente no la quería allí pero, ¿qué opción tenía? Bueno, siempre estaba el doctor. Podría hablarlo con el señor Gray, claro, y de hecho lo haría, para no tener que pasar mucho tiempo allí. — No, mi señor, y podéis tutearme, soy vuestra tutelada, al fin y al cabo. — Dijo tratando de parecer dulce y dócil, a ver si así se el rebajaba un poco el tono. Con su abuelo siempre funcionaba. — Cuando era pequeña estuve muy enferma, y al abuelo le daba mucho miedo que enfermara de nuevo, así que he permanecido alejada de todo. Creo que no contaba con enfermar como enfermó y dejarme tan pronto. — Suspiró y parpadeó, alejando la tristeza de su mirada.

No contentos con una mansión desangelada como si allí no viviese nadie con alma y un nuevo tutor que al desconcertaba con su edad, sin saber muy bien cuál era el siguiente paso. — Mi señor, si permitís. — Dijo con su tono dulce y sus ojitos brillantes que tenía más que ensayados. — Ruego disculpéis a mi criada, como primera medida. Pero es que ella me ha cuidado toda la vida. Es la que más cosas sabe de mi salud, nadie como ella puede cuidar de mí en caso de que caiga enferma. — La miró con infinita ternura y encogió un hombro. — Y es lo más parecido a una familia que me queda. Por favor, señor Gray, deje que me quede con ella. — Dijo rozándole la mano suavemente y mirándole a los ojos, aunque retirando la mano rápidamente. — Yo la mantendré con mi herencia, no le costará ni un penique.

Tenía que ir preparando el terreno, pero aquel hombre no parecía querer ni enseñarle qué parte de la casa podía ocupar (o qué parte era habitable, directamente) qué relación tenían, ni nada... ¿Así cómo iba a hacer avances o acercamientos? Se acercó a él un poco, agarrándose las manos y con su mejor cara de niña buena. — ¿Podemos hablar en privado, señor Gray? — Miró a Harper y dijo. — Espéranos en la calle, Harper, cuando el señor Gray me lo indique, yo te diré a donde te tienes que decir. — Así le daba a Gray la idea de que estaba totalmente dispuesta a aceptar lo que le mandara, aunque fuera separarse de Harper. Su criada la miró como si se hubiera vuelto loca por dejar a solas con un hombre, pero bueno... Era su tutor, ¿no? — Sí, amita. — Y salió por el mismo sitio por donde había entrado. Cathleen carraspeó y le miró desde la cabeza gacha. — No sé si tenéis esposa e hijos, señor Gray, no sé nada de vos, de hecho.Pero vamos, que casado no está, eso seguro, viendo esta casa. — No sé qué estrecha relación os unía al abuelo, como para que os confiara esta tutela, pero... — Apretó los labios y bajó un poco el tono. — Pero no quiero perjudicarle en absoluto, o trastocar vuestra vida o vuestra familia en modo alguno, así que, si así lo deseáis... Podemos hablar con el Doctor Frankenstein, y que él me acoja y me guíe... Él me conoce bien, me ha tratado desde niña. — Inspiró y miró alrededor. — Pero si el abuelo os escogió a vos yo confío en su criterio, y yo podría aportar todo lo que pueda a vuestro hogar. — Convertirlo en un hogar, de primera hora. Le miró a los ojos y dijo. — Parecéis un hombre de fortuna en la salud y el dinero. Seguro que vos podéis enseñarme a vivir en sociedad y cómo hacer las cosas. — Esperaba que valiera ese órdago que se estaba tirando, porque necesitaba protectores a como diera lugar, hasta que pudiera tomar las riendas de su destino.


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Sáb Mar 19, 2022 5:55 pm por Freyja

I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
Se ahorró los comentario, pues sí, no hacía falta que le recordaba que era su tutelada. Tutearla... Lo haría encantado, no sabía que hacía llamando de usted a un engendro de la naturaleza... Un engendro como él, dirían algunos, puesto que ese malnacido les había sellado el destino a los dos. Pero Dorian no estaba dispuesto a igualarse en condiciones con nadie. Tratarla de usted no era una deferencia hacia ella sino un modo de marcar distancias. Arqueó muy levemente una ceja. ¿Que no contaba con enfermar y dejarla tan pronto? No, claro, por eso el muy cabrón había dejado en sus voluntades que se quedara él con ella. Ese viejo contaba con todo mucho más de lo que hacía creer hasta a su propia familia. Y esa cría no le daba ninguna pena.

Miró a la criada con superioridad y un punto de desprecio, y luego miró a la chica. No quería más invasores en su casa, pero... Bien pensado, si eso era así, como la chica describía... Le quitaría trabajo a él. Vivirían ambas en el mismo anexo de su mansión y no tendrían ni por qué cruzarse. Hasta que la propia criada muriera de vieja y ahí quedaran los dos, claro, malditos y eterno. En lo que pensaba, la niña rozó su mano y él la miró inmediatamente, con un punto entre el desconcierto y la sorpresa por semejante atrevimiento y desfachatez. Sabía de su propia belleza y de su encanto, pero esperaba no haberla cautivado precisamente a ella. No quería nada que ver con semejante carga del diablo. Retiró la mirada, centrándose de nuevo en pensar, o en que lo pareciera, al menos. Llenó el pecho de aire lentamente y, al soltarlo casi imperceptiblemente por la nariz, se forzó en sonreír, aunque muy artificialmente. - Está bien. - Hizo un gesto leve con la mano. - Sea así pues, que quede a su servicio y cuidado. Suyo y solo suyo, será su única función, estar con usted. - No, no había empezado a tutearla. Allí las normas las ponía él y no quería hacerlo.

Una vez concedió el permiso, la muchacha pareció quedar tan complacida y tranquila que pidió hablar en privado con él. Vio como despachaba a la sirvienta y ambos se quedaron a solas. La mujer empezó un alegato y él se limitó a mirarla desde su altanería habitual, valorando cada palabra, midiéndola y sobreanalizándola. No se fiaba de ella, de que fuera una trampa, la última trampa de ese malnacido, un caballo de Troya. Una vez acabó, sugerencias y peticiones incluidas, volvió a pensar durante unos segundos, con la mirada retirada como quien reflexiona con la vista en el horizonte. Finalmente, dijo. - Seguimos en el recibidor. Tenga el gusto de acompañarme a conocer al menos las estancias de la parte de abajo. - Le había desviado el tema por completo, pero necesitaba pensar y necesitaba... Moverla. Descuadrarla. Si estaba intentando atacar a su psique, mejor tomar él el control de la situación. Les quedaba una eternidad a ambos para ser aliados o rivales, y se le antojaba más probable lo segundo, así que tenía que ser él el primero en mover ficha y hacerlo correctamente.

Durante el recorrido solo abrió la boca para enumerar cada estancia por la que pasaban. Cuando terminaron con el ala este, señaló. - Aquella es el ala oeste, probablemente se instalen allí su criada y usted. La veremos más adelante. - Señaló cortésmente uno de los sillones de la última sala en la que habían ido a parar y, tras dejar que ella se sentara, hizo él lo mismo. - ¿Qué sabéis de mí? ¿Qué os ha contado vuestro abuelo? - Ladeó la cabeza. - No me creo que no sepáis nada. Por lo que conocía a vuestro abuelo, dudo que hubiera dejado a su amada nieta en manos de un total desconocido para ella, por mucho que me considerara a mí el más indicado. - Que no lo soy, pensó. Y, dicho fuera de paso, él mismo sabía que lo que decía era falso. Ese hijo del diablo por supuesto que era capaz de vender al monstruo de su nieta por una venganza. Pero la chica había entrado directamente diciendo cosas que le hacían pensar que no era tan inocente como se vendía. Y no pensaba caer en una trampa tan rápido.


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Miér Jun 15, 2022 9:51 pm por Ivanka

I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
La mente de aquel hombre se le antojaba insoldable. Su abuelo a veces lo era también, pero al menos no parecía estar… Odiándolo todo, cuando lo hacía. Inspiró de nuevo. No podía mostrar enfado ninguno, o aquel hombre que tenía su futuro en sus manos le haría la vida imposible. A ver, ¿no conseguía ella todo lo que quería de su abuelo y el doctor Frankenstein? Podría ejercer ese poder de alguna manera sobre el señor Gray, ¿no? De momento, se había quedado a Harper, que era lo primero que había pedido. — Por supuesto, mi señor, os lo agradezco de corazón. — Dijo entrando tras de él, teniendo que apretar un poco el paso, porque la zancada de aquel hombre superaba sus pasitos.

Quería abordar varias cuestiones, pero entre la velocidad y lo enorme de la casa, tampoco parecía encontrar el espacio para ello. — Que… Casa tan grandiosa, mi señor… — Pero llena de polvo, sin muebles, o tapados por telas. Solo veía… Espejos, en los que se veía reflejada prácticamente corriendo detrás de aquel hombre.

Terminaron en una sala que sí tenía asientos y parecía más hogareña, menos mal. Se sentó en el sillón que señalaba. — Con su permiso. — Murmuró, cándidamente y mirando hacia abajo. No tenía ni idea de cómo empezar una conversación con alguien tan importante para ella y a la vez desconocido e inalcanzable que, cada vez lo tenía más claro, no la quería allí. — ¿El ala oeste, señor? Y vos vivís… En esta. — Tragó saliva. — ¿Queréis decir que viviremos separados? — En dos enormes alas. Y todavía quería quitarle a Harper. ¿Y qué iba a hacer ella en un ala enorme sola? Sin nadie que la presentase en sociedad. ¿Marchitarse ahí?

Eso sí, parpadeó incrédula con lo que el propio Dorian estaba diciendo. — ¿Y me lo preguntáis a mí? Mi señor, lo poco que sé de vos es que erais amigo de juventud de mi abuelo, y eso ha quedado demostrado como una mentira atroz en cuanto os he visto, pues no podéis ser… Diez años, como mucho, mayor que yo. No tendréis ni la edad de mi padre, que en paz descanse. — Suspiró y miró a su alrededor. — Sé que pintó un cuadro para vos, pero solo uno, que yo sepa, y no me ha parecido verlo por aquí, sé reconocer sus cuadros. — Inspiró y negó con la cabeza. — Cuando me enteré de que vos ibais a ser mi tutor… No entendí nada. — Levantó levemente la mirada y la dirigió a los oscuros ojos del hombre, mordiéndose el labio inferior. — No sé nada de este mundo, señor Gray, pero veo vuestra casa que es grandiosa, vuestra salud que a la vista está que es rebosante, y vuestra mirada experimentada. Mi abuelo dijo que vos, ese amigo suyo de la supuesta juventud, habíais viajado por todo el mundo… — Encogió un hombro. — Si no fuera porque siento que no me queréis aquí… No se me podría ocurrir nadie más idóneo para tutelarme. — Terminó con tono dulce suave, que viera que no era una crítica, solo… En fin, eso, una realidad.



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