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    Alchemist
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    Dom Jun 13, 2021 1:31 pm
    Gone with the sinInspired - Libros (El retrato de Dorian Gray- Frankenstein) - one x one
    La carta tembló en sus manos. "Me debes una, Dorian. Dios sabe que no amé a mi esposa y que no fui un buen padre para Benjamin, pero a esa criatura la he querido con devoción. Sé que no puedes entender otro amor que no sea hacia ti mismo, pero espero que a tu honor sí. Y sabes que todo lo que eres me lo debes a mí. A mí y al Maligno. Redímete conmigo, cuida de este alma que te dejo, porque es pura y buena, y quizá si tú cuidas de ella, si le enseñas el mundo y a vivir en él sin que pierda esa bondad, quizás así salves tu alma. Porque al contrario que tu cuerpo, tu alma no es inmortal, Dorian."

    Las última voluntad de Basil Hallward. El pintor de su retrato. No lo había matado por poco, y el muy idiota se sintió tan arrepentido de lo que habían hecho que le dejó vivir en sus miseria. Basil HAllward casado con una mujer, vaya espectáculo. Pero de aquello había salido ella. Cathleen Hallward. Recordaba el día en el que fue al funeral del hijo de su examigo. Un horrible accidente en el que habían estado implicado Benjamin, su esposa y su hija de tres años, Cathleen. El no verlo allí, ya le dio una pista, porque sabía de qué era capaz Basil. Y no se equivocó. Había llevado a la niñita al laboratorio de aquel loco, al poco de haber muerto en el hospital... Y ahora volvía a estar viva. Dorian lo vio con sus propios ojos. Le advirtió que aquello nos saldría bien, pero Basil no le escuchó. Dorian y Frankenstein creyeron que la niña no crecería, pero lo hizo, vaya si lo hizo. Encerrada en la casa Hallward, oculta de la vista de casi todo el mundo, sin conocer nada más que a su abuelo, le doctor Frankenstein y a unos pocos visitantes. Y Dorian se olvidó de ello, salió a otro de sus viajes, a sus fiestas... Al fin y al cabo, no era cosa suya. Hasta este día.

    Sabía que era mala idea. Que algún día, Basil faltaría y, entonces, ¿qué sería de aquella chica? Pues que se la encasquetaría a él, claro. Estuvo a punto de decir que no, total, ni que a Dorian le importara su alma... Pero algo le llevó a aquel día, el día que la pequeña Cathy había abierto los ojos al mundo por segunda vez. Nadie en el mundo entendía cómo se sentía él al haber burlado al tiempo, y eso a veces le hacía sentirse solo, y Cathy algún día tendría que entender qué le había pasado y qué limitaciones tenía su segunda vida... Quizá... Podrían ser monstruos juntos y podría enseñarle cómo se convive con un secreto tan grande como tu misma vida.


    Índice de capítulos Capítulo 1: From darkness you must fall

    Dorian Gray 22 (aparentes)  - Aidan Turner- Freyja

    Cathleen Hallward17 años - Emma Watson - Ivanka


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    Mar Jun 15, 2021 11:33 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Me debes una, Dorian. Me debes una, Dorian. Maldito Basil, le deseaba las peores penas del infierno, que estuviera ardiendo allí donde fuera que hubiera ido. ¿Cómo le hacía eso? Ya tenía condena eterna suficiente como para cargar con otra. Condena elegida y deseada, pero condena, condena por él dibujada. Y ahora otra más. Maldito fuera. Que no tuviera descanso eterno, que ardiera en el purgatorio. Al fin y al cabo, jamás se iban a ver.

    Ni siquiera conocía a la cría. Bueno, "cría", ¿qué edad tendría ahora? El concepto del tiempo de Dorian era difuso. Y otra cuestión, ¿podía morir? ¿Crecía? ¿Cómo? Si apenas tenía control de su propio cuerpo y estado perpetuo desde que hiciera aquel pacto con el Diablo, cuanto menos del de los demás. Cuanto menos del de esa aberración de la naturaleza. Ese loco de Basil, al parecer no se había quedado contento con lo que había hecho con él, tenía que haber llegado un poco más lejos. Malnacido. Maldita la hora en que pactó con ese desgraciado. Debió matarlo cuando tuvo la oportunidad. Ya no podía ir al infierno de todas formas.

    Fue al funeral. Oculto bajo una gabardina y tras unos árboles, fue a comprobar como enterraban a ese ser indigno, a verlo con sus propios ojos. Y de paso, a identificarla a ella. Allí estaba. Creía que ni siquiera salía de casa, aunque claro, si su carcelero ya había muerto... Que menos que ir a su entierro. ¿Podría hacer eso? ¿Podría encerrarla él también? Mala opción no le parecía. Ya tenía su alma encerrada en un cuarto, bajo una sábana y bajo llave. Y su mansión tenía estancias suficientes como para ni siquiera andar por su pasillo si no quería. Eso pensaba hacer como le diera muchos problemas. Basil dijo que se la quedara, y esa era la vida que él le había dado. Podía darle la misma.

    No pensaba ir a buscarla, no iba a caer tan bajo. Quizás ella ni siquiera supiera de su existencia. La hizo llamar por medio de una misiva y la citó en su propia casa. El sonido de la aldaba en la puerta le comunicó su llegada. Respiró hondamente y guardó la manida carta en el cajón de su escritorio. Se dirigió a la puerta y abrió. Una joven tan hermosa como cándida, al menos en apariencia. No tan hermosa como él, pero igual de monstruosa. - Puntual. - Dijo simplemente, con su altanería habitual. Esbozó una leve sonrisa de cortesía y abrió más la puerta. - Pase, por favor, Señorita Hallward. Bienvenida a mi hogar. -


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    Mar Jul 06, 2021 6:53 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Tomó aire y miró el entorno que había sido su único mundo hasta ahora. — ¿Lo tiene todo, amita? — Preguntó su criada caribeña. Ella apoyó una mano en su hombro y paseó la mirada por las paredes desnudas y los muebles tapados con sábanas. — ¿Qué será ahora de todo esto, Harper? No lo sé, amita, el señor doctor no me ha dicho nada mas que que me tengo que asegurar de llevarla a casa del nuevo amo. — Cathleen alzó las cejas con tristeza. No conocía casi a gente, de hecho, podría decirse que lo más parecido a familia que tenía era el doctor, era al que más conocía, desde luego. Y sin embargo sentía que su futuro estaba en las manos de dos desconocidos. Había querido preguntarle por el señor Gray al doctor, y que la acompañara a la casa, pero tenía consulta. Y al fin y al cabo, ni si quiera el doctor Frankenstein era realmente familia suya. Aunque suponía que ahora el señor Gray era su familia, o eso tenía entendido que significaba ser tutor. — El señor Gray no es tu amo, Harper. Tu amo era el abuelo, y ahora yo. Tú solo me obedeces a mí. Ya que no me va a quedar nada, al menos que me quedes tú. — Dijo dándole la mano. Harper sonrió. — Sí, amita. Yo siempre.

    Salía en contadas ocasiones con su abuelo, y de esas veces había aprendido que los carruajes la entretenían tanto como la aterraban. El movimiento el bullicio… Ojalá estuviera más acostumbrada a ello. Le atraía, pero le daba pánico desenvolverse en ello. Lo bueno es que tenía tiempo para acostumbrarse a ello, ahora debía pasar el luto, que se guardaba en casa, y nadie notaría la falta de vestidos de fiesta que tenía, porque iría de negro y estaría todo el día en casa. En una casa que no era la suya y con un hombre al que no había visto nunca. ¿Por qué le habría dejado el abuelo su  cargo? ¿Por qué no al doctor? Es que no podía entenderlo. Llegaron rápidamente a la casa en la que a partir de ahora iba a vivir, que no a convertirse en su hogar. Oh, aunque bien podría serlo. Era enorme y preciosa, al menos por fuera. El señor Gray debía tener mucho dinero.

    Un hombre abrió la puerta, y para ser del servicio iba muy bien arreglado... Hasta que dijo lo de "mi hogar". ¿Ese era el señor Gray? ¿Pero qué...? ¿No era amigo de la juventud del abuelo? Era imposible. Se giró a mirar a los del coche y a Harper, y otra vez a aquel... Joven tan apuesto. Hizo una breve reverencia y le tendió una mano temblorosa. — Señor Gray... — Tragó saliva y agachó la cabeza, pasando dentro de la casa, y alternando la mirada con Harper para ver cómo descargaban sus cosas. — Discúlpeme, señor Gray es que... — Carraspeó. — Es que no estoy acostumbrada a lidiar con mucha gente y... — Le tembló un poco la respiración también y trató de pasear los ojos por la habitación para calmarse, pero la casa parecía bastante desangelada por dentro, como si al dueño le diera bastante igual que había y lo que no. — Los siento, yo... ¿Le he visto antes, señor Gray? — Porque aquella cara le resultaba terriblemente familiar, como si formara parte de un sueño. — Estoy un poco desorientada todavía, el abuelo no me dejaba salir mucho y no conozco a casi nadie. — No sabía si esa era forma de comportarse con su nuevo tutor, pero era lo más parecido a familia que iba a tener así que...


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    Dom Ago 22, 2021 1:35 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Se ahorró suspirar y la miró desde la puerta, pasando levemente los ojos de arriba abajo, como si la juzgara, pero de un modo sutil. No estaba acostumbrada a tratar con gente. Muy bien, no le extrañaba, como que ni siquiera debería existir tal cosa, un ser recreado, un monstruo como era ella, por mucho que fuera bonita y llevara un vestido elegante. Pero claro, de monstruos iba a hablar él...

    ¿Que si le había visto antes? Él a ella, sí. Ella a él... También, pero dudaba que la recordara, era demasiado pequeña. Era en otra vida, de hecho, si es que se le podía llamar de esa forma. No lo creo. Hacía tiempo que no visitaba a vuestro abuelo. Y vos no sois muy dada a... Los actos sociales, ¿me equivoco? Preguntó. No tenía por qué rebajar el tono altanero, Basill le había hecho una gran putada con aquello, así que la chica tendría que lidiar con Dorian como le viniera en gana a Dorian comportarse. Igualmente, él mantenía un tono tenue y educado hasta para decir que era superior a ti... Cosa que decía con bastante frecuencia. Pero es que, en este caso, no se podía rebatir que era indudablemente superior a esa dama.

    Suspiró y se giró hacia el interior de su casa, pero antes... Había alguien más allí. Volvió a girarse y miró a la criada con una ceja arqueada y la otra fruncida. ¿Usted es? Harper, Señor. Respondió apurada la mujer, con un marcado acento y una aún más marcada reverencia. Dorian la miró de arriba abajo también, aunque aquí disimuló un tanto menos la expresión arqueada. Luego tornó los ojos a la chica. Pensé que solo tendría una huésped. Es mi amita, el Señor Bas... Una huésped que hablaba por sí misma. Cortó él, mirando con tal dureza a la otra mujer que esta dio un paso atrás y agachó la cabeza. ¿Insolente, además? No le sorprendía que Basill no se hubiera dedicado a educar al servicio, teniendo en cuenta que invertía el tiempo en monstruosidades.

    Yo tengo criados. Mejores criados. Matizó, mirando a la joven. No le va a faltar de nada aquí, Señorita Hallward. No es necesario que venga usted acompañada de otra persona. Como si a Dorian le faltaran estancias en su casa donde alojarla, pero cuanto más ojos y manos hubiera en su mansión de la vergüenza, más posibilidades había de que un desafortunado incidente dejara su secreto al descubierto. Una criada, cuanto menos, que esas mujeres con la voluntad de limpiar metían el morro en todas partes. Ese Basill se lo iba a poner difícil hasta después de muerto.


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    Dom Nov 21, 2021 12:07 am

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    De acuerdo, no estaría muy acostumbrada a reuniones sociales, pero el tono del señor Gray no era... Amigable. Claramente no la quería allí pero, ¿qué opción tenía? Bueno, siempre estaba el doctor. Podría hablarlo con el señor Gray, claro, y de hecho lo haría, para no tener que pasar mucho tiempo allí. — No, mi señor, y podéis tutearme, soy vuestra tutelada, al fin y al cabo. — Dijo tratando de parecer dulce y dócil, a ver si así se el rebajaba un poco el tono. Con su abuelo siempre funcionaba. — Cuando era pequeña estuve muy enferma, y al abuelo le daba mucho miedo que enfermara de nuevo, así que he permanecido alejada de todo. Creo que no contaba con enfermar como enfermó y dejarme tan pronto. — Suspiró y parpadeó, alejando la tristeza de su mirada.

    No contentos con una mansión desangelada como si allí no viviese nadie con alma y un nuevo tutor que al desconcertaba con su edad, sin saber muy bien cuál era el siguiente paso. — Mi señor, si permitís. — Dijo con su tono dulce y sus ojitos brillantes que tenía más que ensayados. — Ruego disculpéis a mi criada, como primera medida. Pero es que ella me ha cuidado toda la vida. Es la que más cosas sabe de mi salud, nadie como ella puede cuidar de mí en caso de que caiga enferma. — La miró con infinita ternura y encogió un hombro. — Y es lo más parecido a una familia que me queda. Por favor, señor Gray, deje que me quede con ella. — Dijo rozándole la mano suavemente y mirándole a los ojos, aunque retirando la mano rápidamente. — Yo la mantendré con mi herencia, no le costará ni un penique.

    Tenía que ir preparando el terreno, pero aquel hombre no parecía querer ni enseñarle qué parte de la casa podía ocupar (o qué parte era habitable, directamente) qué relación tenían, ni nada... ¿Así cómo iba a hacer avances o acercamientos? Se acercó a él un poco, agarrándose las manos y con su mejor cara de niña buena. — ¿Podemos hablar en privado, señor Gray? — Miró a Harper y dijo. — Espéranos en la calle, Harper, cuando el señor Gray me lo indique, yo te diré a donde te tienes que decir. — Así le daba a Gray la idea de que estaba totalmente dispuesta a aceptar lo que le mandara, aunque fuera separarse de Harper. Su criada la miró como si se hubiera vuelto loca por dejar a solas con un hombre, pero bueno... Era su tutor, ¿no? — Sí, amita. — Y salió por el mismo sitio por donde había entrado. Cathleen carraspeó y le miró desde la cabeza gacha. — No sé si tenéis esposa e hijos, señor Gray, no sé nada de vos, de hecho.Pero vamos, que casado no está, eso seguro, viendo esta casa. — No sé qué estrecha relación os unía al abuelo, como para que os confiara esta tutela, pero... — Apretó los labios y bajó un poco el tono. — Pero no quiero perjudicarle en absoluto, o trastocar vuestra vida o vuestra familia en modo alguno, así que, si así lo deseáis... Podemos hablar con el Doctor Frankenstein, y que él me acoja y me guíe... Él me conoce bien, me ha tratado desde niña. — Inspiró y miró alrededor. — Pero si el abuelo os escogió a vos yo confío en su criterio, y yo podría aportar todo lo que pueda a vuestro hogar. — Convertirlo en un hogar, de primera hora. Le miró a los ojos y dijo. — Parecéis un hombre de fortuna en la salud y el dinero. Seguro que vos podéis enseñarme a vivir en sociedad y cómo hacer las cosas. — Esperaba que valiera ese órdago que se estaba tirando, porque necesitaba protectores a como diera lugar, hasta que pudiera tomar las riendas de su destino.


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    Alchemist
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    Sáb Mar 19, 2022 5:55 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Se ahorró los comentario, pues sí, no hacía falta que le recordaba que era su tutelada. Tutearla... Lo haría encantado, no sabía que hacía llamando de usted a un engendro de la naturaleza... Un engendro como él, dirían algunos, puesto que ese malnacido les había sellado el destino a los dos. Pero Dorian no estaba dispuesto a igualarse en condiciones con nadie. Tratarla de usted no era una deferencia hacia ella sino un modo de marcar distancias. Arqueó muy levemente una ceja. ¿Que no contaba con enfermar y dejarla tan pronto? No, claro, por eso el muy cabrón había dejado en sus voluntades que se quedara él con ella. Ese viejo contaba con todo mucho más de lo que hacía creer hasta a su propia familia. Y esa cría no le daba ninguna pena.

    Miró a la criada con superioridad y un punto de desprecio, y luego miró a la chica. No quería más invasores en su casa, pero... Bien pensado, si eso era así, como la chica describía... Le quitaría trabajo a él. Vivirían ambas en el mismo anexo de su mansión y no tendrían ni por qué cruzarse. Hasta que la propia criada muriera de vieja y ahí quedaran los dos, claro, malditos y eterno. En lo que pensaba, la niña rozó su mano y él la miró inmediatamente, con un punto entre el desconcierto y la sorpresa por semejante atrevimiento y desfachatez. Sabía de su propia belleza y de su encanto, pero esperaba no haberla cautivado precisamente a ella. No quería nada que ver con semejante carga del diablo. Retiró la mirada, centrándose de nuevo en pensar, o en que lo pareciera, al menos. Llenó el pecho de aire lentamente y, al soltarlo casi imperceptiblemente por la nariz, se forzó en sonreír, aunque muy artificialmente. - Está bien. - Hizo un gesto leve con la mano. - Sea así pues, que quede a su servicio y cuidado. Suyo y solo suyo, será su única función, estar con usted. - No, no había empezado a tutearla. Allí las normas las ponía él y no quería hacerlo.

    Una vez concedió el permiso, la muchacha pareció quedar tan complacida y tranquila que pidió hablar en privado con él. Vio como despachaba a la sirvienta y ambos se quedaron a solas. La mujer empezó un alegato y él se limitó a mirarla desde su altanería habitual, valorando cada palabra, midiéndola y sobreanalizándola. No se fiaba de ella, de que fuera una trampa, la última trampa de ese malnacido, un caballo de Troya. Una vez acabó, sugerencias y peticiones incluidas, volvió a pensar durante unos segundos, con la mirada retirada como quien reflexiona con la vista en el horizonte. Finalmente, dijo. - Seguimos en el recibidor. Tenga el gusto de acompañarme a conocer al menos las estancias de la parte de abajo. - Le había desviado el tema por completo, pero necesitaba pensar y necesitaba... Moverla. Descuadrarla. Si estaba intentando atacar a su psique, mejor tomar él el control de la situación. Les quedaba una eternidad a ambos para ser aliados o rivales, y se le antojaba más probable lo segundo, así que tenía que ser él el primero en mover ficha y hacerlo correctamente.

    Durante el recorrido solo abrió la boca para enumerar cada estancia por la que pasaban. Cuando terminaron con el ala este, señaló. - Aquella es el ala oeste, probablemente se instalen allí su criada y usted. La veremos más adelante. - Señaló cortésmente uno de los sillones de la última sala en la que habían ido a parar y, tras dejar que ella se sentara, hizo él lo mismo. - ¿Qué sabéis de mí? ¿Qué os ha contado vuestro abuelo? - Ladeó la cabeza. - No me creo que no sepáis nada. Por lo que conocía a vuestro abuelo, dudo que hubiera dejado a su amada nieta en manos de un total desconocido para ella, por mucho que me considerara a mí el más indicado. - Que no lo soy, pensó. Y, dicho fuera de paso, él mismo sabía que lo que decía era falso. Ese hijo del diablo por supuesto que era capaz de vender al monstruo de su nieta por una venganza. Pero la chica había entrado directamente diciendo cosas que le hacían pensar que no era tan inocente como se vendía. Y no pensaba caer en una trampa tan rápido.


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    Miér Jun 15, 2022 9:51 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    La mente de aquel hombre se le antojaba insoldable. Su abuelo a veces lo era también, pero al menos no parecía estar… Odiándolo todo, cuando lo hacía. Inspiró de nuevo. No podía mostrar enfado ninguno, o aquel hombre que tenía su futuro en sus manos le haría la vida imposible. A ver, ¿no conseguía ella todo lo que quería de su abuelo y el doctor Frankenstein? Podría ejercer ese poder de alguna manera sobre el señor Gray, ¿no? De momento, se había quedado a Harper, que era lo primero que había pedido. — Por supuesto, mi señor, os lo agradezco de corazón. — Dijo entrando tras de él, teniendo que apretar un poco el paso, porque la zancada de aquel hombre superaba sus pasitos.

    Quería abordar varias cuestiones, pero entre la velocidad y lo enorme de la casa, tampoco parecía encontrar el espacio para ello. — Que… Casa tan grandiosa, mi señor… — Pero llena de polvo, sin muebles, o tapados por telas. Solo veía… Espejos, en los que se veía reflejada prácticamente corriendo detrás de aquel hombre.

    Terminaron en una sala que sí tenía asientos y parecía más hogareña, menos mal. Se sentó en el sillón que señalaba. — Con su permiso. — Murmuró, cándidamente y mirando hacia abajo. No tenía ni idea de cómo empezar una conversación con alguien tan importante para ella y a la vez desconocido e inalcanzable que, cada vez lo tenía más claro, no la quería allí. — ¿El ala oeste, señor? Y vos vivís… En esta. — Tragó saliva. — ¿Queréis decir que viviremos separados? — En dos enormes alas. Y todavía quería quitarle a Harper. ¿Y qué iba a hacer ella en un ala enorme sola? Sin nadie que la presentase en sociedad. ¿Marchitarse ahí?

    Eso sí, parpadeó incrédula con lo que el propio Dorian estaba diciendo. — ¿Y me lo preguntáis a mí? Mi señor, lo poco que sé de vos es que erais amigo de juventud de mi abuelo, y eso ha quedado demostrado como una mentira atroz en cuanto os he visto, pues no podéis ser… Diez años, como mucho, mayor que yo. No tendréis ni la edad de mi padre, que en paz descanse. — Suspiró y miró a su alrededor. — Sé que pintó un cuadro para vos, pero solo uno, que yo sepa, y no me ha parecido verlo por aquí, sé reconocer sus cuadros. — Inspiró y negó con la cabeza. — Cuando me enteré de que vos ibais a ser mi tutor… No entendí nada. — Levantó levemente la mirada y la dirigió a los oscuros ojos del hombre, mordiéndose el labio inferior. — No sé nada de este mundo, señor Gray, pero veo vuestra casa que es grandiosa, vuestra salud que a la vista está que es rebosante, y vuestra mirada experimentada. Mi abuelo dijo que vos, ese amigo suyo de la supuesta juventud, habíais viajado por todo el mundo… — Encogió un hombro. — Si no fuera porque siento que no me queréis aquí… No se me podría ocurrir nadie más idóneo para tutelarme. — Terminó con tono dulce suave, que viera que no era una crítica, solo… En fin, eso, una realidad.



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    Sáb Oct 22, 2022 9:19 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Una casa grandiosa, sí. Grandiosamente vacía e incluso inhóspita por momentos, pero llena de su presencia. De los espejos que le reflejaban y del latir de ese retrato que, bien guardado, parecía retumbar por las paredes. Como si fuera su alma pidiendo a gritos ser liberada de su condena. Pero al menos tenía su reflejo, ¿qué mejor compañía había que esa, que la promesa de la eterna juventud? No se antojaba tan grata cuando tenía que compartirla con antiguas venganzas. Las cuales, para colmo, probablemente gozaran de una eternidad similar a la suya.

    Arqueó una ceja y, por un momento, una sonrisa casi maligna asomó en sus labios. - ¿Es que mi presencia os agrada? - Rio entre dientes. - No es preciso que contestéis. Ni que finjáis. Deseáis mi presencia tanto como yo la vuestra. Seamos honestos: esto es un trámite que vuestro abuelo se ha visto obligado a hacer y nosotros a cumplir. No será incumplido, pero tampoco tenemos por qué pretender que estamos encantados con ello. - Hizo un gesto con la mano. - Tendréis intimidad y libertad para hacer cuanto os plazca. - Sería la primera muchacha que se quejara de aquello, iba a vivir como una marquesa prácticamente de manera gratuita. ¿O es que pretendía hacerle creer que había quedado tan encandilada de su belleza que le deseaba presente a todas horas? Podría esperarlo de cualquier otra doncella, pero ese monstruo tenía la pérfida mirada de su abuelo. Y seguro que también sus ideas.

    La joven comenzó a hablar y la confusión y la indignación quedaron palpables. Lo dicho, no deseáis mi presencia para nada, pensó, pero esas jóvenes acostumbraban a quejarse en base a la nada. Se tensó cuando afirmó que había quedado demostrado como mentira que su abuelo y él fuesen amigos de la juventud. No era descabellado pensarlo, pero ese botarate, al parecer, no había recabado en las explicaciones pertinentes a dar. O eso, o la trampa que le había tendido era aún mayor de lo que pensaba, pues a ver cómo explicaba él aquello. Echó aire por la nariz mientras seguía escuchando. - No existe ya. - Interrumpió. - El cuadro. Lo destruí. Ahora no es más que ceniza. No lo busquéis, pues no lo encontraréis. - Y esperaba que hubiera quedado zanjado el tema con eso. Hijo de mil demonios, cómo había podido hablarle a su nieta de su pacto con el diablo. Ah ¿acaso no la había reconstruido de la muerte misma? Aún podía haber un hombre con menos escrúpulos de los que él mismo tenía.

    Volvió a arquear una ceja. Esa cría intentaba camelarle como su abuelo intentó tiempo atrás. Tenía demasiada experiencia de más como para caer tan rápido. - ¿Es que queréis viajar conmigo? ¿Que os enseñe el mundo? - Se inclinó hacia delante, apoyando los antebrazos en las rodillas. - Decidme, Cathleen... ¿qué futuro habéis imaginado? ¿Cómo visualizáis vuestra vida? - Ladeó la cabeza. - Intuyo que, siendo vuestro abuelo prácticamente la única persona de vuestra vida, ya os habríais planteado qué haríais tras su pérdida. Qué sería de usted. No pretenderéis hacerme creer que sois tan ingenua como para pensar que su abuelo sería eterno ¿no? La eternidad... no es más que una falacia. -Y torció una sonrisa, tan retorcida como su propio ser. - ¿Qué teníais pensado? Decidme los planes que tenéis para vuestra vida, y yo... veré en qué medida tengo algún papel en estos. -


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    Sáb Abr 08, 2023 11:16 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Cathleen arrugó el entrecejo y negó con la cabeza, desconcertada. — Yo no tengo ningún problema con vuestra presencia, señor Gray. Vos sois mi tutor ahora. Siento si he dado esa impresión, es que no estoy acostumbrada a tratar con gente, he estado siempre sola. — Más intimidad es lo último que necesito, por Dios, voy a perder la juventud en la intimidad, pensó desesperada. La vida le ponía un tutor apuesto, rico y culto en el camino, y él que si quería intimidad. Contuvo un grito ahogado cuando dijo que había quemado el cuadro. Pues sí que estaban bien, aquel señor quemando los recuerdos de su abuelo y ahora le caía ella del cielo, normal que quisiera tenerla en el ala contraria de la casa, visto lo visto.

    Con la cabeza aún gacha, alzó los ojos, agarrándose las manos sobre el regazo inocentemente ante su pregunta sobre los viajes. — ¿Tan terrible sería? Ni siquiera conozco Londres. Nunca he salido de casa. — Nada, Dorian seguía creyendo que… Bueno que ella era una joven cualquiera, y en fin, qué más quisiera ella. Pero aquel tutor era su escapatoria, así que tocaba vadearle como quien sigue un arroyo sin querer mojarse. — ¿Imaginar? Es difícil imaginar nada cuando solo se conocen los libros. Imaginé que mi abuelo se encargaría de dejarme al cuidado de alguien, ya que él me había cuidado toda la vida y me había mantenido alejada de la gente. Creí que me casaría con alguien o que me asignaría un tutor, y ha sido lo segundo. — Y moviéndose muy ligeramente hacia Gray, dijo. — Sinceramente, confío en que un hombre más mayor, tan viajado y culto, sepa mejor qué debo hacer con mi vida que yo. — Suspiró, volvió a su postura original y miró a la nada. — Si lo que me pregunta es qué quiero… Quiero conocer algo más allá, sea la ciudad, sea los países exóticos, la sociedad… — Volvió a mirar a su tutor. — Siento que no conozco nada más allá de los libros, y dígame, señor Gray, aunque existiera la eternidad, ¿de qué sirve si no se conoce nada?



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    Sáb Mayo 20, 2023 6:44 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Por ahora, pensó cuando le dijo que no tenía ningún problema con su presencia. Dudaba mucho que aquella extraña relación que se habían visto obligados a tener fuera a ser bien avenida de ninguna de las maneras. Si bien era cierto que, por la palidez de su rostro, la juventud real que ella poseía y él solo aparentaba, y ese don para la palabra que aún no había discernido si era absolutamente nulo o cuidadosamente estudiado, por no hablar de la truculenta historia que la precedía, sí que parecía que la chica vivía en cautiverio. Pero si pensaba que aquella iba a ser su oportunidad de oro para conocer vida y mundo, estaba muy equivocada.

    Efectivamente, eso parecía querer, conocer mundo. Y Dorian estaba ya considerablemente hastiado del mundo en general, y tu lúgubre y tranquila mansión eran un refugio impagable. Te han legado al maldito equivocado, niña, volvió a pensar, pero no se lo diría por el momento. Quizás cuando se hubiera hartado de ella, o ella de él, o ambos del otro. Cosa que no dudaba que ocurriría más temprano que tarde.

    No pudo evitar ahogar una risa entre dientes. - Y siendo yo el elegido, por fortuna para usted ha sido lo segundo. - Lo que le faltaba a esas alturas de la vida, casarse con una niña. Y no una niña cualquiera, una niña muerta, reconstruida y resucitada, para hacerlo aún todo más turbio... Ah, sí que podía ser más turbio, porque la niña en cuestión no era otra que la nieta de uno de sus antiguos amantes. Casarse... Antes prefería cortarse el cuello a sí mismo con un sable.

    La miró con los ojos entornados. Si intentaba conquistarle, iba desde luego por muy mal camino. Llevaba demasiados años viendo ademanes como ese y no solían acabar bien. - No le enseñó su abuelo a tener criterio propio, por lo que veo. - Apuntilló, cruel. Aunque aún más cruel fue su pregunta final. Se reclinó en su asiento y entrelazó los dedos, con las piernas cruzadas, apoyando las manos en su rodilla. - Lo decís como si tuvierais la eternidad al alcance de vuestra mano. - ¿Lo sabía? ¿Era consciente? ¿Trataba de jugar con él? Desconocía hasta qué punto de su propia historia y de la de él era conocedora esa niña. - Y una mujer con tantas ansias de conocimiento y tanta seguridad en la vida eterna como vos... - Con una sonrisa irónica, hizo un ademán con la mano. - ¿Por qué no sale a recorrer el mundo por su propia cuenta? ¿Por qué no se arma de sus conocimientos e ímpetu y lo intenta por sí sola? ¿Qué ha de pasaros? Y en caso de que algo os sucediera, ¿no es eso mejor que una eternidad cautiva, según vuestras propias palabras? Decís que anheláis vivir experiencia, más no habéis especificado que deban ser todas buenas. También dependerá de lo que considere usted una buena experiencia. - Ladeó varias veces la cabeza. - Eso sí que me lo ha enseñado la vida, que lo bueno es algo muy subjetivo. La idoneidad para unos es inadecuación para otros, y estoy siendo benévolo en los términos. - Ladeó la cabeza hacia un lado y la miró con los ojos entrecerrados. - Decidme, Cathleen. De haber sido vos vuestro abuelo, ¿habríais tomado su misma decisión? -


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    Mar Ene 09, 2024 12:10 am

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Sintió la rabia arder por dentro ante sus palabras sobre el criterio. — ¿Por qué merezco vuestras palabras de desprecio, señor Gray? — Es que vamos, acababa de poner un pie fuera de su casa, y quizá el problema lo tenía con su abuelo, pero es que él le había dejado su tutela, ella no había decidido nada, y, sinceramente, empezaba a estar muy angustiada.

    Arrugó el ceño a esa insistencia sobre la vida eterna. Había sido un comentario sin más ¿por qué se aferraba a ello? — Nadie tiene la vida eterna. — Dijo con desdén, y un poco confundida, porque le molestaba que se hubiera enganchado a ese comentario como si no hubiera escuchado lo demás. Y, por lo que dijo a continuación, es que realmente no había escuchado. — ¿Qué parte de “llevo encerrada toda mi vida” no habéis escuchado, mi señor? Con leer libros o hablar idiomas no basta. No sé nada de la vida, no podría llegar de mi antigua casa a aquí sola. Al menos soy consciente de ello. — Aunque ladeó la cabeza a lo que dijo de la jaula. — En eso tenéis razón, pero no lo vi claro hasta que el abuelo murió. Era feliz en mi jaula porque estaba protegida y con quien quería, pero ahora… — Se encogió de hombros. — Vos me habéis preguntado, yo os he respondido. Podéis hacer como si nada.

    Asintió lentamente y con la mirada perdida a lo de la subjetividad y llenó de aire los pulmones. — Eso es un falso dilema, señor Gray. — Le enfocó con la mirada. — Porque yo no conozco a nadie más que mi abuelo, el doctor Frankenstein y mi servicio. Yo no puedo tomar decisiones, debo confiar en la amabilidad de los desconocidos. — Suspiró y entrelazó sus manos. — Pero bueno, como tampoco he sido tutora nunca, supongo que podéis dejarme en el ala opuesta de la casa y ya veré cómo aprendo. O me buscáis un partido para casarme y sacarme pronto de aquí. — Levantó las palmas de la mano. — O podéis enseñarme algo de lo que sabéis del mundo, si no os importa invertir ese tiempo. Sois un hombre de mundo, sabéis de todo. No puede ser tan difícil contarlo. —




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    Jue Mar 07, 2024 4:13 pm

    I. From the darkness you must fallMansión de Dorian - Día I
    Que nadie tenía la vida eterna, decía. Cuán equivocada estáis. Él la tenía, para empezar. Y, para continuar, probablemente ella, también. O a saber. Quién sabía lo que ese perturbado le había hecho a su propia nieta, si tan solo a su amante le había regalado tener el alma encerrada en un cuadro. O algo así. Porque ni él mismo sabía a veces los términos de su propio pacto, ni quería investigar, por lo que pudiera pasar.

    Hizo un gesto despreciativo con la mano, señalando a la puerta. - Pues salid. Salid cuanto gustéis. ¿Quién os lo impide? ¿Yo? - Rio, sarcástico. - No. Yo solo soy el titular que vuestro abuelo eligió para vos, pero ni os conozco de nada. ¿Quién soy para impediros hacer cuanto gustéis? Eso sí... sabed que, cuando uno vive, decide. Y cuando uno decide, a veces, se equivoca. Y que, cuando se equivoca, tiene consecuencias. - Sonrió con los ojos entrecerrados. - Ya tenéis ahí la primera lección de vida, mi señora. - Se ve que esa a su abuelo se le pasó comentarla.

    Entrecruzó los dedos. Vaya, resultaba que ahora la niña no podía tomar decisiones. Qué fácil se tornaba la vida cuando decidían por ti, al parecer. - En otros términos, queréis conocer mundo, pero no sabéis. Queréis descubrir, mas sin decidir. - Arqueó una ceja. - Y quizás disteis por sentado demasiado pronto mi amabilidad como desconocido. - Soltó una carcajada bufada y masculló. - No soy una casamentera. - Aunque, ciertamente, casarla convertiría aquel problema en causa de otro. La miró con cierta amargura, y no menos inquina. - Os equivocáis. Mi mundo no es mucho más amplio que el de vos. - Gracias en gran parte a vuestro abuelo, dicho sea. - Hace largo tiempo que no abandono esta mansión, o que lo hago para escasos menesteres. Quizás no sea la fuente de información que buscáis. - Se puso de pie. - Pero sea. ¿Quiere conocer el mundo de mi mano? ¿El que yo conozco, el que le puedo mostrar? Le advierto que no sé si será de su agrado, pero sea así, ya que insiste. - Se puso la mano en la solapa y, sin perder la acidez en su rostro, hizo una impostada reverencia. - Y ahora, si me disculpa. - Se giró y salió de la habitación, indicando con gestos al servicio que esperaba directrices que la ayudaran a acomodarse. No tenía ya más que hablar.


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