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Vie Sep 16, 2022 5:28 pm por Freyja
Malos días
Que con suerte me conformo con haberte conocido
El arte se lleva en la sangre, y la lealtad se escribe con ella.

Dos clanes: los Monjes y los Portugueses. Dos familias enfrentadas desde hace tanto tiempo que ya hay más de habladuría que de realidad en los motivos que llevaron a la ruptura, a la guerra abierta. Pero lo que sí es sabido por todos es que la sangre ha corrido más de una vez por los enfrentamientos entre ellos. De ahí que cualquier Monje sea persona non-grata en casa de los Portugueses, así como los Portugueses no deberían poner un pie en el territorio de los Monjes.

Pero no sería la primera vez que estas leyes no escritas se rompen, al fin y al cabo por algo se afilaron las navajas en tiempos anteriores, aunque todos prefieran no precisar el porqué. El Zurdo pasa su vida cantando y tocando la guitarra con la izquierda, para deleite de todos los Monjes, en mitad de las calles que son su territorio. A pesar de su compromiso con el Navajita, a la Chispa le gusta salir, como buena polvorilla que es, trayendo a su padre de cabeza, quien asegura que ni a la puerta de la calle sale sola, aunque ya más de uno habla entre los Portugueses de que esto no es verdad. A un alma que ama tanto bailar como a la de Candela le atraen las buenas voces y los sonidos de guitarra... Y puede que estas le lleven, siguiendo su ritmo y su sonido, hacia el barrio equivocado.

¿Qué puede ocurrir si un Monje y una Portuguesa se encuentran? ¿Volverá a correr la sangre, o se hará por fin una tregua?
Amador Monje "El Zurdo"
21 años — Israel Fernández — Freyja
Candela Montoya "La Chispa"
17 años — Zaira Romero — Ivanka
ONE ON ONE — ORIGINAL — REALISTA





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Última edición por Freyja el Sáb Oct 01, 2022 5:10 pm, editado 1 vez


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Sáb Sep 17, 2022 8:35 am por Ivanka
1. Días extraños
Sé que esto me hará más fuerte
Se quitó la bata que llevaba siempre en el salón de uñas, porque a su abuela no le gustaba el olor de la acetona y los esmaltes que traía pegado a la ropa cuando salía, y en su casa se hacía lo que decía la abuela, lo sabían todos. Pero a Candela le gustaba, lo pasaba bien con las uñas, y sobre todo, podía expresar, cuando las clientas le dejaban, esos dibujos que se le pasaban por la cabeza, esas formas, con mucho dorado y brillos, y se sentía… Completa.

Pero… Cuando salía de trabajar, volvía a sentirse solo… La Chispa. Y ser la Chispa estaba bien, llevaba siendo la chispita de su papa toda la vida, de sus abuelos… Y ahora era la Chispa del Navajita… Y también estaba bien. Pero a veces, también sentía que ella era algo más que esa chispita de toda su barriada. Que querría ser… Candela, una chica que imaginaba cosas, que observaba y se hacía preguntas… Que quería decidir aunque fuera solo una cosa en su vida, que realmente saliera de ella y no de lo que creía que pegaba más con ella.

"Tía, ¿dónde estás?" Mensaje de la Saray. Su mejor amiga andaba loca por buscarse un novio que la pidiera, porque desde que el Navajita le había dicho a la Chispa que la quería pedir, Saray se había empezado a rayar como una loca con que ella tenía dieciocho y ni novio tenía, así que llevaba semanas volviéndola loca con ir de un lado a otro por todo el territorio de los portugueses, paseándose delante de todos los grupos de niños que iban viendo. Y a Candela no le podía apetecer menos, pero era su mejor amiga… Y no quería que se quedara solterona, menudo drama "Saliendo del curro, pero tengo que ir a casa que mi mama ya esta mirando el reloj" "Tus papas están donde los Moyano, que ha tenido ya el niño la Vane y han ido a verla" Se quedaba sin excusa. Le tocaría ser buena amiga otra vez.

Pero, para variar, los niños de su barrio ni las miraban, las tenían muy vistas de hecho. Es más, pasaron por delante del Navajita, que ya le miró con su sonrisita. — Me tienes ardiendo, Chispita. — Ella le tiró un beso y dijo. — Pues no te me quemes hasta el pedido, Navajita. — Y todos se reían. La verdad es que hacían buena pareja, si ella nunca había negado eso, y casi que por eso mismo le había dicho que sí. Total, que la Saray no estaba recogiendo ganancias de sus rutas por tercera o cuarta semana, y, en aquel cansancio y pensamientos raros que venía trayendo, agarró a su amiga del brazo y dijo. — ¿Tú has pensado que vayamos a otro lado que no sea la barriada a buscar niños? — Su amiga la miró abriendo mucho los ojos. — ¿Donde los payos? ¿Tú quieres arruinarme? Que no, niña… Vamos a Puerta del Carmen… Ahí hay gitanos por todas partes… — Saray apretó los labios. — Ahí están los Monjes… — Ella se encogió de hombros. — No solo hay Monjes, tonta, y seguro que no nos reconocen. Allí lo que hay es gitanos que no te han visto en tu vida y que te van a valorar mucho más. Vamos anda… — Y cómo de desesperada estaba su amiga, que dijo que sí.

Y dos horas después, ahí estaba, sentada en un murete, demostrando que había sido buena idea no, lo siguiente. La Saray estaba bailando como una loca, no paraba, rodeada de niños, tocándole las palmas y cantando, pasándoselo como en su vida. Y ella, aunque estuviera sola, sentada, estaba disfrutando por el mero hecho de estar en otro lugar, haciendo algo que no se esperaba de ella, y casi seguro, sin consecuencias, porque se aseguraría de estar en Las Platerías de vuelta a tiempo. Ya solo con eso, habría sido una buena idea. Pero había allí un chaval, un chaval con una guitarra, que parecía apartado de los demás. Era muy guapo, y miraba y acariciaba su guitarra como si fuera lo más preciado de su vida. Si hubiera sido ella otra persona... O si no hubiera estado en un territorio lleno de Monjes... Se habría acercado a él, le preguntaría si le gustaba cantar, porque a ella le gustaba mucho dar las palmas y bailar... Pero... Bueno, era la Chispa, y no debería estar haciendo esas cosas, ella solo había ido a acompañar a la Saray a buscarse novio... Ella ya estaba servida. Se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta yd envió la mirada... Pero entonces empezó a oír una voz... Una voz que le golpeó en el pecho según empezó a cantar.
La Chispa — Viernes noche — Puerta del Carmen





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Sáb Oct 22, 2022 6:06 pm por Freyja
1. DÍAS EXTRAÑOS
Sé que esto me hará más fuerte
- ¡¡Niñoooo!! - Ya venía El Percha pegando gritos. Lo estaba viendo acercarse por la calle, alzando el brazo. - ¡Niñoo! ¿Qué haces ahí solo? - ¡Que solo ni que ná! Estoy aquí con mi guitarra, más bien acompañao. - Y más callao que una tumba. - ¡Anda, anda! ¡Cállate, Percha, que estás colgao! - Se persignó. - Tumba ni tumba, esas cosas ni las mentes. - Qué supersticioso ere, illo. ¡Anda, vente con el grupo, niño! Que estamos ahí más bien que to' las cosas. - Sí, si ya los había visto. Suspiró, agarró su guitarra y se acercó a los demás. En el grupito andaban riendo como siempre, algunos fumando y otros bebiendo.

- ¡Mira, mira a quien traigo! - ¡¡Hombre, Zurdo!! ¿Te vas a casar con la guitarra o qué? No la suelta el tío pa' ná. - Saludó el Zorro. Todos le corearon con risas, pero el Percha volvió a darle en el hombro. - Anda, cántate algo ¿no? ¿O qué? - Que va, illo, no me apetece. - Eso recibió un montón de abucheos. - Primo, no me ha dicho mi omare que te han visto con una paya. - A ti qué te va a decir eso tu omare. No inventes, Zorro, que yo no estoy con niña ninguna. - Pos tienes tú una mala cara que si no es por una niña, a ver por qué va a ser. - Insistió el Percha, pero el Zorro volvió a hablar. - ¿Tú que estás llamando a mi omá mentirosa o qué? - ¡Que no me veo yo con ninguna paya, hombre! A ver de dónde se ha enterao tu omare de eso. - Porque se lo ha dicho la Paca. - ¡Ya está la Paca! ¡Tú parece que no conoces a la Paca! - Yo te digo lo que me ha dicho mi omare. Y que tienes una cara de revenío que no puedes con ella. - Percha volvió a insistir. - ¡Venga ya, cántate algo, primo! Que aburrimiento, suprimo. - Que vale, que vale, ¡pero tocarme las palmas o algo! ¿No? ¿O qué? - Eso animó al grupo, que rápidamente empezó a palmear y a calentarle con olés. Caracol estaba sentado en la caja que siempre llevaba consigo, como Amador su guitarra, y rápidamente se puso a marcarle el ritmo.

Que se escuchen los rumores
los chismes por las esquinas
que salgan los goleores
que salgan afuera a buscarme la ruina

Conforme empezó a cantar se incrementaron las palmas, los ritmos de la caja y los compases a base de patadas en el suelo, de gritos y de olés, que le hicieron sonreír y cantar más alto, más sentido, más metido en la música, rasgando más la guitarra.

A mí me gusta que ladren
a mí me gusta que digan
sepan que las bocas anchas
yo las voy cerrando con palabras finas.
Lerelele lelele lelé.

Así pasaron un buen rato, metidos en esa canción, improvisando, riendo y palmeando. Así fue hasta que algunos se desviaron de la canción, perdiendo la atención y murmurando entre ellos hasta salirse del grupo y dirigirse a otra parte. Ah, habían venido unas niñas, pues ya estaba. A un gitano joven solo había una cosa que le motivaba más que la música: las gitanas. Rio para sí, rasgando la guitarra espontáneamente, como le pedía el corazón. Así fue hasta que se le acercó el Percha otra vez. - Míralas, tío, míralas. Si es que lo sabía. - ¿Qué dices ahora? - El Zorro, que se ha traído a unas Portuguesas. Vamos, primo. - Ah, no no no. Qué dices, primo. - Se levantó, guitarra en la mano. El otro le miró sorprendido. - ¡Payo! ¡No me seas cobarde, primo! - ¡Que no, que no! Que no quiero yo problemas, hombre, qué dices tú. - ¡Suprimo! ¡Eres más aburrío que un puchero sin sal! - Que no me junto yo con Portuguesas, que eso trae la ruina. - ¡Ya está el primo con la ruina! ¡Anda, vete, tusmuerto, con la guitarra! ¡Zurdo, me cago en tó tu estampa! - ¡Que me deje ya! - Y se fue, efectivamente, con su guitarra, a otra parte. No tenía él nada que hacer con nadie del clan de los Portugueses. Amador era un buen gitano, no quería problemas con nadie.

Ya se habían ido todos como moscones a por la gitana, si es que no tenían dos dedos de frente. Miró de reojo. Bien que le tocaban las palmas para que la niña bailaba. Sí que era un saborío, ahí estaba solo perdío, pero es que de verdad que no quería problemas. Que su madre se lo había advertido, a los Portugueses, ni mijita. Pero es que esos primos suyos eran medio tontos, se les iban los ojos detrás de la primera gitana que pasaba. Al final iban a tener problemas. Esa no era su noche, estaba claro, pero no tenía ganas de volverse a casa todavía. Se acompañaría de su música, que era su alma entera al fin y al cabo. Se concentró en sentirla, en acariciar las cuerdas de la guitarra con los ojos cerrados e ir improvisando. A ver qué se le habían perdido a las Portuguesas por ahí, que ese era territorio suyo. ¡Ay, Cristo! Esas sí que se iban a buscar la ruina, que eran niñas y estaban en su territorio. Qué peligro más grande. Con eso bullendo por la cabeza aunque intentara simplemente lanzar sus letras y su música, acabó cantando.

Que no deba yo saber
que camino recorrer.
Ya no paso por tu puerta
pa' no echar más leña al fuego.
Que lástima de esa gitana
Qué lástima de esa gitana
Tan mala de corazón, ay, tan bonita de cara.  

Estaba improvisando una letra que ni siquiera tenía compuesta, con lo que puramente salía de su alma. Y si el ritmo de su guitarra cambiaba, si eso era lo que sus dedos le pedían, él cambiaba con ella.

Te voy a hacer un encargo,
Por si esta noche me muero,
Que a mí me amarren las manos,
Con las trenzas de tu pelo.
El Zurdo — Viernes noche — Puerta del Carmen





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Dom Nov 06, 2022 5:56 am por Ivanka
1. Días extraños
Sé que esto me hará más fuerte
Aquel niño tocaba tan bien que enseguida se le unieron otros, Monjes también, deducía, con el cajón y la guitarra, y de verdad que le estaba quemando el asiento de no salir y echarse a bailar con unas buenas palmas… Pero, si de verdad quería que aquella excursión quedara sin consecuencias, más le valía quedarse en su sitio… Pero es que ahora se puso a cantar… Y Candela tuvo que cerrar los ojos para disfrutar al completo de aquella letra. Porque al principio hablaba de los rumores y la ruina, el día a día de toda niña gitana, pero luego… a medida que se animaban más los otros, y él seguía haciendo llorar a la guitarra de aquella forma…

Y entonces, el niño debió darse cuenta de que la Saray y ella estaban allí, porque empezó a mirar de reojo. Ojalá y no se fuera a bailarle el agua a la Saray como todos… Aunque, bueno, a ella le daba igual, ¿no? Si ella solo estaba allí para controlar que a su amiga no se le fuera la chola con tanto gitano pendiente de ella. Aspiró el aire frío de la noche y metió las manos en los bolsillos, antes de comprobar otra vez el móvil para ver que sus papas no la habían llamado de repente o su hermano se había percatado de que no andaba por ningún lugar de Las Platerías.

Empezaba a aburrirse de estar allí, hasta que oyó, inconfundiblemente, aquella guitarra otra vez. Tuvo que contenerse mucho de no girarse inmediatamente y enfocar de forma directa a aquel niño. Ahora la letra era más… No sabría cómo describirlo pero… Que llegaba más a su corazón. “Tan mala de corazón, ay, tan bonita de cara” y un escalofrío recorrió toda su espalda. Y entonces aquella imagen, aquellas manos amarradas con sus trenzas… — ¡Niña! ¿Qué te pasa ahora? — La Saray la hizo rebotar del susto que le había metido. — ¡Niña, illa, qué susto! ¿Tú no estabas bailando? Qué malaje tiene la jodía… — Pero su amiga se reía, apoyándose a su lado. — Tú, que habías perdido el sentío, Chispa. Eso ha sio el Zurdo. — Dijo un gitano con cara de muy pillo que se puso al lado de Saray. — Toca bien, ¿eh? Ese niño es de lo más mejorcito que tenemos en Puerta del Carmen, nos va a sacá a tos de pobres con los discos de oro, ¿es o no, Caracol? — Ella alzó las cejas y se encogió de hombros, sin sacar las manos de los bolsillos. El mencionado Caracol se acercó también y la miró directamente. — ¿No baila tu amiga, niña? ¿Pa que ha venío entonces? — Saray se rio y se apoyó un poco en el otro. — Ha venío pa ver que los Monjes no me hacen nah. — El otro la rodeó un poco con los brazos. — Oy, sí. No vea to lo que te están haciendo los Monjes malvados, eh… — Y su amiga se reía. — Igual si le toca el Zurdo sí que baila… — El Caracol ese la había calado pero bien, pero ella seguía en su papel de no decir más de la cuenta. — Te ha gustao lo que estaba improvisando, ¿eh? — Miró al dicho Zurdo y le hizo un gesto con la barbilla. — En qué estaría pensando pa cantar esa letra… — Eso se estaba preguntando ella precisamente cuando la estaba escuchando, pero… no podía acercarse a ese niño sin más, ¿no? Pero la Saray se iba a volver a bailar al lado de la candela en breves y ella iba a volver a quedarse… Sola… Cerca del tal Zurdo, y solo sabía que quería que tocara más, que siguiera cantando esas cosas que parecía que viajaban de corazón a corazón. — ¡Zurdo! Aquí tienes una fan, eh, yo no digo ná, primo... — Maldito Caracol, no podría haberse quedado roneando a la Saray.

La Chispa — Viernes noche — Puerta del Carmen





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