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    2 participantes

    Alchemist
    Freyja
    Alchemist
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    Sáb Jul 08, 2023 6:14 pm

    Esta es mi obra
    Y aquí me muestro
    Se enjugó las lágrimas, apenas emergentes, y tragó saliva, aunque el nudo en su garganta era tan fuerte que sentía que iba a estallar. El cómo habían llegado sus cuadros a ese lugar tan maravilloso, tan lleno de obras de autores, tantos hombres y ella mujer... le resultaba inconcebible, y a la vez de justicia, y a la vez... se seguía sintiendo agotada. Su vida había sido una lucha dura, y había vuelto allí, a vivir, a la tierra. Y tal había sido su cansancio en vida que ni la muerte y posterior renacimiento habían logrado quitárselo.

    Tan cansada estaba que, viéndose volver, sintiéndose en otra época y lugar tan diferentes al suyo, la inundaba una profunda sensación de agotamiento solo de tener que pararse a descubrir qué haría allí, por qué y para qué, y por orden de quién, humano o divino (probablemente lo segundo). Aquel enorme edificio recogía tantísimas obras que prefirió postergar los que fueran que fuesen los motivos y adentrarse a admirar... y fue entonces cuando descubrió sus obras. Muchas menos mujeres que hombres (ella era de las pocas), y algunos incluso posteriores a su muerte. Estaba en el futuro, indudablemente. Y solo Dios sabía por qué.

    Los ocho pinceles... Sí, debía ser eso. No quedé trastornada, finalmente: era cierto. O su locura había ascendido hasta tales estadios que la había hecho creer muerta y nacida de nuevo en otra época, con otras ropas y con gente alabando su obra y su nombre. Oh, sí, a locura sonaba, definitivamente. ¿Pero iba a pelear con la locura? Mejor dejarla fluir, que estaba cansada de luchar, de verdad que sí. Y si aquello era sueño, sueño hermoso era. No era habitual verse tan valorada, así que simplemente sonrió y admiró su propia obra, colgada en aquella pared de un futuro, siendo vista por tantos otros ojos.

    Pero no iba a durarle la calma demasiado rato, y sus ojos detectaron unos similares a los de ella por la forma de mirar y de azorarse. Allí había otra mujer, y por los ratos que pasaba parada en los letreros, descubrió que podía tratarse de otra como ella, de uno de esos "pinceles". Sí, se había vuelto a repetir: estaba misteriosamente detenida ante un cartel concreto, de una autora. No era mera sorpresa por una mujer artista, no lo había hecho con su cuadro. Esa mujer se miraba a sí misma ahí reflejada con puro desconcierto, estaba segura. Sutilmente, en uno de los momentos que andaba la muchacha enfrascada en leer el que a todas luces parecía su propio nombre, leyó en susurro a su lado, con una sonrisa tranquila. - "Luisa Roldan." - Alzó la mirada a la obra. - Es preciosa... y descorazonadora. - La miró. - Sois vos la creadora ¿verdad? - Amplió una sonrisa muy sutil y triste. - Se reconocer la nostalgia en los ojos de una mujer cuando contempla cuán lejos ha llegado sin saberlo. -
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    Alchemist
    Ivanka
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    Lun Jul 24, 2023 8:29 pm

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    Brujería, eso tenía que ser brujería y se iba a meter en un problema. Primero, porque claramente había sobrevivido a la muerte, y no solo eso, si no que era más joven, definitivamente más joven, como cuando aún los partos, las horas de trabajo y el frío de Madrid no le habían retorcido los huesos haciéndole más difícil su día a día. Segundo, porque, según había deducido ya, se había trasladado, no estaba en Madrid, en aquella noche heladora en la que un mensaje le había sido transmitido. Eso, el mensaje, todo tendría que ver con ese mensaje. Para seguir, estaba entendiendo la lengua sarracena y estaba casi segura de que aquello era síntoma de tratos con el diablo, porque ella jamás había oído más que de pasada aquel idioma y le había resultado ignoto. Y para rematar, había aparecido en semejante gabinete de curiosidades (había oído algo de Victoria y Albert, que serían los que habían pagado todo aquel dispendio) y su obra estaba allí. Con su nombre. Nada de anónimo. Luisa Roldán, ni siquiera “Roldana” o “artista sevillana”, no. Luisa Roldán. Ojalá Luis Antonio estuviera por allí para verlo también.

    Pero, de momento, solo podía extasiarse viendo su obra expuesta, con todos, hombres y mujeres, viéndola exactamente como ella la veía, como una pieza de arte cuidada hasta la última de sus aristas.

    Y, de repente, una mujer se acercó y dijo su nombre, seguido de un montón de cosas que le hicieron dar un paso hacia atrás — ¿Vos habéis obrado esto? ¿Es un sueño? ¿Es brujería? Me… — Bajó la voz. — Me estaba muriendo en Madrid y de repente… Un mensaje profético, y entonces solo sentí frío, y… Recuerdos confusos, y aparecí aquí. — Tragó saliva. — ¿Vos… sois maga o artista? Yo también puedo ver en vuestros ojos que sabéis apreciar lo que veis, pero parecéis ser la única que se ha dado cuenta de que no pertenezco aquí. — Ya se lo decía siempre su padre, que hablaba demasiado, pero en fin, es que estaba muy confusa.
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    Alchemist
    Freyja
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    Jue Jul 27, 2023 1:31 pm

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    Parpadeó. - Nooo. - Dijo sin poder evitar reír, pero luego recordó todas las veces que se mofaron de ella y le pareció de mal gusto. Carraspeó un poquito y se recompuso. - No. - Dijo con más prudencia y calidez. - Más quisiera yo ser la dueña de algo en mi vida, parece estar complicado. - Murmuró para sí. La muchacha siguió hablando, y Artemisa la miraba con los ojos entornados hacia arriba. ¿Así de fácil? ¿Ocho pinceles, ella uno de los mismos, entendía, y ya tenía ante sí el primero? Demasiado sencillo para algo tan enrevesado.

    Sonrió levemente. - ¿Es que hay diferencia? - Dijo con una mezcla entre ternura, misterio y melancolía en la voz. - A veces, por lo que nuestras obras generan, cualquiera diría que son magia real. Brujería. - Negó. - Soy pintora. - Se giró y señaló discretamente el cuadro expuesto que antes había estado contemplando, en la sala contigua. - Aquel lienzo es mío. - La miró de nuevo, comprensiva. - Al menos nos hemos encontrado la una a la otra... Se ve que no hemos tenido mucho de eso en nuestra anterior vida. - Extendió la mano. - Artemisa Ghentileschi. Un honor y un placer, Luisa Roldán. Queda claro que no somos de la misma patria, lo que desconozco es si somos de la misma época. He oído hablar de muchas artistas pero no de usted... - Volvió a mirar la obra. - Pero, viendo esto... me queda claro que no es por su defecto en fama o talento, sino porque, probablemente, sea usted más joven que yo. -  
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    Jue Sep 21, 2023 8:15 pm

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    ¡Oh una pintora! Dios estaba de su lado, le había mandado una mujer y además artista. Y entonces, señaló el cuadro de la señorita Gentilleschi. Se giró hacia ella con los ojos brillantes y agarró sus manos. — Vos… Vos sois Artemisa Gentilleschi… Vos… Vuestro cuadro… Vuestro cuadro de la Magdalena dormida, tantas veces lo miré en la catedral de mi ciudad, tanto que fingía que rezaba ante él solo por observarlo y yo decía… Esto lo ha pintado una mujer como yo… Y cuánto se nota, oh, señora, esto ha sido la recompensa a mi vida de artista.

    Ya se calmó un poco, porque a ver si la gente iba a empezar a hacer preguntas. Se ruborizó un poco cuando alabó su trabajo y ladeó la cabeza. — Me hubiera extrañado incluso si hubiéramos compartido años, gran parte de mis obras no portaban mi nombre… Y, asumí que con el tiempo dirían que son de mi padre o mi sobrino, incluso de mi marido… — Miró a su alrededor. — Pero decidme, señora, ¿qué es este lugar? ¿Y por qué estamos aquí y tan… jóvenes? Me siento como una chiquilla sin dolores.
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    Mar Nov 14, 2023 4:12 pm

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    No pudo evitar la leve sorpresa, pero sus ojos se anegaron de contenida emoción. Sonrió levemente. - Bueno, confirmamos que sois vos más moderna que yo. - Contestó con una risa sutil, si bien, acto seguido, parpadeó, sin poder evitar la confusión. - ¿Me... conoceis? ¿Tan bien como para... conocer tanto mi obra, mi cuadro? - El pecho se le llenó de un gozo que no podía explicar, porque no recordaba haberlo sentido con demasiada frecuencia en su vida anterior. Era tanta la emoción que se le había pasado un dato, y cuando su mente se lo mostró con evidencia a su despiste, sacudió la cabeza, aturdida. - Esperad, ¿habéis dicho "catedral"? - ¿¿Su obra estaba en una catedral de un país que no era el suyo?? Si no fuera porque se recordaba morir, diría que le estaban gastando una broma. O quizás estaba en una ensoñación paradisíaca. Aquello se parecía bastante al paraíso, desde luego.

    Una lágrima incontenible se desprendió de su ojo con tanta violencia que, cuando fue a llevarse rápidamente los dedos al mismo para limpiársela, la tarea quedó como inútil, pues hacía ya buen rato que el agua estaba más que impregnada en su vestido. Agachó la cabeza. - Disculpad, es... Me impacta sobremanera oír a otra mujer artista, y de semejante talento, hablar así de mi obra. - La miró a los ojos. - ¿En qué año nacisteis? ¿Y dónde? Vuestro nombre sueña español. - Ya tenía verdadera curiosidad por saber cuán lejos había llegado su obra.

    La miró con ternura. - ¿Cuántas mujeres en la historia tendremos dadas por hombres? - Preguntó, aun sabiendo que esa pregunta no tenía para ellas respuesta. Miró a su alrededor. - Parece una galería que acumula obras de arte... Es extraño. Pero hermoso. - Puso una sonrisilla y la miró de nuevo. - Es como si alguien hubiera dicho: voy a recoger todos los lienzos que pueda, los que más me gusten, y los juntaré todos en una sala para que la gente pueda apreciarlos. O compararlos. O simplemente ver qué buen gusto tengo. - Rio un poco y negó. - No me hagais caso, es una bobada. - Se miró a sí misma. - Yo también... Hacía años que no me veía tan joven. Sentirme, como tal... siempre fui un poco vieja de alma. - Suspiró y la miró de nuevo. - No tengo idea alguna de qué hago aquí, ni qué hacéis vos. Ni qué es este sitio. Pero... antes de morir... - Suspiró de nuevo, esta vez por la nariz. - Una... profecía... No me tome por una pagana, pero... es como si Dios quisiera que buscara... ocho mujeres. Bueno, siete, creo ser la octava. Para hacer justicia. No sé cómo ni en qué forma. Pero viéndoos a vos... imagino que serán otras como nosotras. O quizás sea simplemente el premio que merecemos por haber sido invisibles en vida. -
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    Alchemist
    Ivanka
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    Jue Feb 29, 2024 1:51 pm

    Esta es mi obra
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    Luisa asintió como una chiquilla llena de ilusión. — En la catedral, mi señora. Y más alto debiera estar, no hubo un día que esculpiera un rostro femenino en el que no pensara en vuestra Magdalena. Sevilla entera lo veía cada vez que entraba a la catedral, y por ende lo verían, aunque fuera en una pequeña parte, al mirar las vírgenes que tallé. — Sintió hasta que se le llenaban los ojos de lágrimas y se mordió el labio inferior. No, esto era el cielo de los artistas claramente.

    Ella rio ante sus preguntas. — ¿Vos pensáis de veras que lo tengo? Una pintora que ha pintado para papas y reyes… Oh, esto sin duda es un regalo de Dios por todo lo que me dio en vida… — Miró alrededor de nuevo, para asegurarse de que no estaba dando un espectáculo, y bajó la voz. — Nací en el año de nuestro señor de 1652. El último día que recuerdo era… ¿Enero? Lo más crudo del invierno, sin duda, en 1706, una vieja, ya veis. Nací en Sevilla, pero… — Rio y se rascó la frente. — Huí con mi esposo a Madrid, para escapar del taller de mi padre y poder trabajar en la corte. Allí es lo último que recuerdo de mi vida… Normal, digamos. ¿Y vos? Vos sois italiana, eso lo sé… Pero nada más.

    Asintió a su reflexión. Sí, ella también lo había pensado. Sus hermanas, sin ir más lejos, jamás habían firmado nada, y no podían ser las únicas. — Mientras fui muchacha, mantenía la esperanza de ser como vos, o como Sofonisba, una mujer reconocida, especialmente cuando no ponía mi nombre a las esculturas. Eso enfurecía a mi padre como no podéis imaginar… — Rio recordando esa época. — Pero sabía que había otra forma de hacer las cosas. Y lo conseguí, según parece. — Suspiró. — Tanto sufrimiento en vida… Al menos esto quedó de mí. — Asintió a sus palabras y negó. — No es ninguna bobada. No había visto algo así más que en el Alcázar de Madrid, y estoy segura de que ningún rey, ni en mi época ni en una anterior, habría permitido a cualquiera entrar en sus colecciones así. A mí se me permitía por ser artista y necesitar aprender, mas siempre había personajes que pasaban por allí mirándome con mala cara. — Se encogió de hombros. — Aquí veo hasta… Mujeres solas, simplemente admirando el arte. Y si bien todo el mundo va bien vestido… No parecen nobles. O será que los nobles se visten así aquí…

    Se rio a lo de vieja de alma, pero con comprensión, tratando también de dilucidar lo que Artemisa (ay, por todos los santos, estaba pensando en Artemisa Gentileschi como “Artemisa” sin más) iba diciendo. Y entonces dijo lo de la profecía y la señaló. — ¡Eso! ¡A eso me refería cuando os he encontrado! — Miró de nuevo a los lados, parecía una niña que hubiera hecho una trastada. — Os juro que me sentía morir, en una iglesia de Madrid. Morir del dolor de mis huesos, de la pena, del mismo frío y cansancio de andar por las calles heladas, y entonces entré a rezar y recibí esa visión… Una voz que me dijo que sabía que había sufrido y que me daría cinco hermanas y dos hijas… — Los ojos se le llenaron de lágrimas. — ¿Sabéis? Yo… Perdí a toda mi descendencia, uno tras otro, y ya era vieja y hacía años que me despedí de poder volver a abrazar una hija mía contra mi pecho, y mis hermanas… Ah, mis pobres hermanas que eran buenas y talentosas pero nunca tuvieron valentía o ánimo de enfrentarse a mi padre… — Se acercó a Artemisa y dijo, emocionada. — ¿Creéis que están aquí, al igual que vos? Yo tuve cinco hijas precisamente, y también tuve cinco hermanas... — Se limpió las lágrimas que ya habían brotado sin control. — O quizá me estoy emocionando de más. Pero estoy en un lugar lleno de arte ante una de las mujeres que más me han inspirado en mi vida cuando hace nada me estaba muriendo… ¿Por qué no creer?
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    Alchemist
    Freyja
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    Dom Mayo 12, 2024 6:02 pm

    Esta es mi obra
    Y aquí me muestro
    Agachó la cabeza, ruborizada y un tanto sobrepasada por tanto alago, con una sonrisa boba de las que hacía tanto que no esbozaba que llegó a preguntarse si la habría usado alguna vez. - Qué cosas decís, señora... - Suspiró tan bajo que apenas se la oyó. La miró con los ojos entornados hacia arriba. - ¿Inspiración? ¿Lo decís en serio? - Sonrió tímida y levemente, con mirada emocionada. - No puedo esperar a ver su obra. - Se iría ahora mismo si pudiera. Volvió a mirar la escultura junto a la que estaban. - Si son todas tan... apasionantes como esta... - Porque decir que era "hermosa" o "magistral" era usar términos demasiado vacíos para describir aquello. - ...Desde luego que debo sentirme muy honrada de haberos inspirado. -

    Cuando la oyó narrar su historia, la miró y sonrió con ternura. - Oh, sí que sois más joven que yo... Bastante, diría. Estabais naciendo cuando yo me preparaba para morir. - Rio, con una risa baja pero más cristalina y menos amarga que de costumbre. - Oh, no digáis eso. Si los cálculos no me fallan, era yo más vieja que vos cuando Dios me llamó a su lado. - Rodó los ojos. - Y me devolvió a tierra de nuevo, al parecer. Nunca fui buena compañía para hombres, me dirían algunos, ni el propio Dios me aguanta. - Esto divertiría mucho a su Santidad, sin duda, pensó, de nuevo menos amarga y más divertida, y rio sola de su propio pensamiento. - Dicen de Sevilla que es hermosa. Había perdido la esperanza de conocerla, pero... viendo cómo nos encontramos... quién sabe. - Sonrió levemente. Hablar de su vida... no la agradaba, pero había empezado ella preguntando. Sería lo justo responder. - Nací en Roma, en 1593. Debo pareceros toda una antigüedad. - Rio. - Estaba en Nápoles cuando acabó mi vida, en 1653, si no recuerdo mal. También estuve en Florencia... No es muy original por mi parte, como ve. ¿Acaso no se espera de los artistas italianos que pasemos por Roma, Nápoles, Florencia...? - Arqueó levemente las cejas y, perdiendo la mirada, dejó escapar. - Supongo que de las pocas cosas que se esperaba de mí con las que cumplí... -

    Arqueó las cejas. - ¡Oh! ¿Conocéis a Sofonisba? Ella sí trabajó en España, claro. Fue todo un referente. - Se emocionó solo de poder hablar de una de las grandes mujeres que trazó el camino para ellas, que si bien seguía siendo pedregoso, al menos ya era existente. A su reflexión, miró a los lados, suspirando ella también. - ¿Creéis que esto pueda ser... el paraíso? Mas de serlo, yo debería llevar en él más tiempo que vos. Y sin embargo, parecemos acabar de llegar ambas. - Era extraño y sin duda profético. Asintió a lo que dijo sobre la colección. - Tenéis razón. - Mientras no podía evitar contemplar el entorno. - Mujeres solas... ¿Acaso hemos avanzado tanto en el tiempo? De ser así... sea bienvenido el avance. - Sonrió con tristeza. - Si nosotras hubiéramos podido... hasta dónde habríamos llegado... -

    Pero sus ojos se iluminaron, con un velo asustado incluso, ante la revelación de Luisa. - No puede ser... Es tan... Es casi pagano. - Se conmocionó. - Pero no encuentro otra explicación. Yo oí algo parecido también: los ocho pinceles. Siete mujeres, ocho conmigo. Debe ser lo mismo... Debe ser la voz de Dios hablándonos y dándonos un cometido. ¡Oh, sí que han cambiado la historia! De repente los profetas ya no son hombres. - En lo último añadió una risa. - Aunque no sé si me apetece profetizar, perdón si sueno hereje. No tengo la menor idea de qué debo hacer, o si Dios simplemente ha querido concederme un regalo por concedérmelo. Es una amabilidad tan inusitada que no le hallo explicación ni aun siendo esta divina. - La confesión de Luisa la entristeció sobre manera, llenando sus ojos de lágrimas. Dio un paso hacia la mujer y tomó sus manos. - Lo lamento, lo lamento profundamente, cuánto debéis haber sufrido. - Bajó la mirada. - Sé lo que es perder a tus hijos... - Era un sufrimiento que no podía comparar a nada, y ella tenía con qué comparar. Sus preguntas hicieron que la mirara apenada. - No lo sé... - Apretó sus manos, mirándola a los ojos. - No lo creo, Luisa... Lo lamento. - Tragó saliva. - Ojalá... ser el alma alegre que necesitáis en un momento como este. Pero... - Miró de nuevo a su alrededor. - Creo que... demasiado premio es estar ya aquí, y que todo premio tiene un coste, y el coste es que estamos... solas. Solas con respecto a lo que hayamos conocido antes. Solas... entre nosotras. Vos y yo, y el resto de mujeres a las que en algún momento, entiendo, deberíamos encontrar... - La miró de nuevo. - ¿Tenéis alguna idea de quiénes pueden ser? ¿Serán posteriores a nosotras? ¿Previas? ¿Y dónde podrían estar? -
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