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Sáb Mar 13, 2021 10:15 pm por Myshella

       
Bear curse
What the legends hide

       
H
ubo un tiempo en que los cuatro príncipes del Antiguo Reino se vieron enfrentados.

El mayor de ellos, Mor'du, quiso gobernar solo, y recurrió a una bruja para pedirle un hechizo que cambiara su destino.

Pero los encantamientos siempre son caprichosos. Y el príncipe se transformó en oso Así, convertido en bestia, derrotó a sus hermanos y destruyó el reino.

Mérida le conoce bien.

Por su causa, su padre, el rey Fergus, perdió una pierna.
Por su causa, casi pierden la vida ella y su madre.

Su madre...quien estuvo apunto de sufrir un destino similar, transformada en la misma bestia, por el mismo hechizo, provocado por ella.

Quizá por eso sea la persona adecuada para saber que, en ocasiones, las leyendas no nos lo explican todo. Que en ocasiones, las maldiciones no se han generado del modo en que uno cree. Pudiera ser que la historia del antiguo príncipe no ocurriera del modo en que nos la han narrado.

Y puede, quizás, que tras la mirada de la bestia lata aún un corazón humano.

Puede, incluso, que no sea tarde todavía para recuperarle.


       
Mérida
Princesa celta — Amy Manson — Timelady
       
Mor'du
Oso, príncipe maldito — Gerald Butler—Myshella
       

1x1 — Inspired — Películas — Brave

       
XIII

       


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Última edición por Myshella el Lun Jul 25, 2022 10:56 pm, editado 1 vez



The Sleeping Sorceress



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Dom Mar 14, 2021 6:42 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Las partidas de caza no habían cesado en buscar desde que tras las últimas tormentas Mor'du hubiera atacado de nuevo a unos campesinos cerca de una de las aldeas. Decían que había sido herido gravemente y su padre estaba obcecado en no permitir que fuera otro quien terminase con su vida.

Era un día oscuro y Angus y ella se habían separado de la partida principal siguiendo un rastro desconocido. No estaba segura de que fuera nada importante, por eso no les había avisado. Estaban ya cerca de las montañas, donde las cuevas abundaban, era consciente de que en aquella zona un oso como aquel podría haber hallado el escondite perfecto.

Angus resopló y casi retrocedió cuando el primer fuego fatuo apareció en aquella semioscuridad que les rodeaba. Descendió del caballo y sostuvo sus riendas para seguir el camino. Los fuegos siempre habían aparecido cuando había necesitado guías, llegar a un lugar importante. La habían llevado siempre hacia su destino.
La luz azulada de las llamas flotantes se podía apreciar en la entrada de una cueva.

- De acuerdo, Angus... -Empezó a decir a su caballo que parecía de lo más nervioso y asustado.- Quédate aquí, pero estate preparado en caso de que tengamos que salir corriendo. -No es que no confiara en los fuegos, pero ante la posibilidad de que Mor'du estuviera allí prefería estar preparada.

Sostuvo con firmeza su arco y una de sus flechas antes de seguir a los fuegos.

Su instinto no estaba errado. Pronto pudo escuchar la respiración fuerte y casi sofocante del enorme animal que yacía en el suelo y al que apuntó con el arco preparada para responder a cualquier movimiento extraño que hiciera.
Solo que no hubo ninguno apenas.
       

       
Mérida — Gruta en las montañas  — con Mor'du

       
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Mar Mar 16, 2021 4:23 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
El gruñido del oso había roto el silencio de la noche, largo y lastimero, cuando la flecha se había clavado en su costado.

Sus fauces se abrieron, cegada la vista por el dolor, buscando a tientas sobre qué apretar  esos colmillos manchados de sangre y morder. Morder con toda la fuerza de la que el animal era capaz; arrancar de sí el dolor, traspasarlo a quien tuviera delante, animal bípedo o a cuatro patas. Causar daño, lastimero, y huír.

Huír mientras pudiera, instinto de supervivencia ante todo.

Buscar refugio, dejarse caer. Morir o sanar, a capricho del destino.

Jadear, pesada y profunda la respiración; marcados los intervalos de cada inhalación por el dolor que suponía conseguir arrancar esas bocanadas de  oxígeno al aire de su guarida, en las entrañas de la montaña.

Había dejado tras de sí un reguero de sangre que, con suerte, quizá el rocío de la mañana lograría disipar.

A él sólo le quedaba respirar; cerrar los ojos, sentir el dolor, y respirar. Hasta que se le hiciera demasiado pesado como para seguir logrando que su pecho subiera y bajara.

Soñaba entonces en tiempos remotos. Quizás ni siquiera reales. Tiempos en los que su mirada era otra, y caminaba sobre dos patas. Tiempos en que su cuerpo no se revestía de pelaje negro.

¿Cuándo era eso?

No lo sabía. Sólo algo enterrado en su inconsciente.

Oyó ruidos que se aproximaban.

Había visto luces fuera; pequeñas chispas danzantes. Fuegos fatuos.

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No era la primera vez que la bestia los tenía cerca. Estaban, además, presentes también en ese sueño suyo, tan lejano.

Nunca presagiaban nada bueno.

Oyó pasos. Pensó que quizá fuera otro rostro, uno arrugado, el que se acercaría a él. La bruja.

A ella sí la reconocía.

Intentó abrir los ojos.

Pero no; la mano que se extendía, algo más allá de él, seguía a una cabellera roja como el fuego.

El oso gruño levemente, derrotado. Quiso enfocar la mirada vidriosa, sin lograrlo.

Cerró los ojos, ladeó la cabeza, y emitió un último gruñido desolado.

Había llegado su hora. Iba a morir a manos de...¿quien era?

Cabello rojo.

La había visto antes, sí. No conocía su nombre, pero sí la reconocía a ella.
           

               
Mor'du — Gruta en las montañas — con Mérida

               
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Mar Mar 23, 2021 3:51 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
El arco se mantenía tensado en sus manos, muestra de la fuerza que había adquirido con los años. La flecha estaba preparada, afilada. Si tenía que disparar no erraría el tiro.
Solo necesitaba que aquel oso enorme y terrible se moviera para acabar con su vida de una vez por todas. Pero se daba cuenta de que el animal no parecía querer luchar por su vida.

Se acercó un par de pasos más.
Por un momento pensó si debía avisar a su padre, dejar que tuviera al fin la venganza que tanto ansiaba contra aquella criatura.
Pero quizá era la compasión lo que la llevaba a buscar un mejor ángulo con el que atacar.

Sin embargo, los fuegos fatuos no la habían abandonado, seguían a su alrededor y también cerca del oso. No estaba segura de qué era lo que deseaban indicarle.
No obstante, cuando uno pasó ante sus ojos, vio algo extraño.
Se movió para poder tener las llamas flotantes entre ella y el animal herido comprobando así que su imaginación no le estaba jugando una mala pasada. A través de aquella luz se podía ver al hombre que una vez fue.

Pero el hechizo decía que una vez terminado el plazo, se transformaba en un oso completamente, ¿no era así? ¿Por qué si no seguía pudiendo ver su figura a través de aquella magia mística?

Apartó el arco.

- ¿Sigues sin ser completamente un oso? -Preguntó al animal, queriendo saber si había algo de consciencia humana aún en su ser.
       

       
Mérida — Gruta en las montañas  — con Mor'du

       
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Dom Mar 28, 2021 3:29 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
Las luces danzaban entre los dos, entre la joven y él.

Pudo verla a través de los fuegos fatuos, cuando se cruzaron ante sus pupilas. Vio retazos de imagen. Cosas pasadas. Cuando tenia ella al lado aquella otra osa que desprendia, igual que él en un día muy lejano ya, el olor de una pócima inconfundible.
Pudo ver el momento en que casi le dan caza; esa herida que estaba haciéndole agonizar. Casi prefería que acabara ya con él, de una sola vez. Un solo disparo.

Cerró los ojos y esperó.

Pero tardaba; la flecha, tardaba.

Quizá los fuegos no permitían que la joven apuntara bien, a pesar de tenerla justo delante.

Abrió uno de sus párpados, y la buscó, de reojo. En ese instante, las luces mágicas volvieron a cruzarse entre ellos.

Sí, era eso.

Así que volvió a cerrar los ojos, y a estirar la cabeza sobre el suelo frío de la cueva, a la espera del disparo final.

Nada.

Entonces, lo que sí llegó fue su pregunta.

Si seguía...¿su otro yo, el original, dentro de aquel en que se había convertido tanto tiempo atrás?

Emitió una especie de gruñido lastimero, hueco, estirándose un poco.

La cabeza arriba y abajo, levemente, pues le costaba una punzada de dolor cada vez que procuraba dar sentido a alguno de sus movimientos.

Y un nuevo quejido; más largo, más lastimero.

La mirada del oso siguió a los fuegos. Alargó una de las zarpas, como si intentara atraparlos.
           

               
Mor'du — Gruta en las montañas — con Mérida

               
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Sáb Abr 10, 2021 9:19 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Sabía que nunca había sido la persona más cuerda de aquellas tierras. Pero se estaba confirmando a sí misma que estaba rematadamente loca. Y es que, ¿a quién se le ocurría bajar un arco ante un oso como aquel? ¿precisamente ante ESE oso?
Y, lo peor, esperar una respuesta a su pregunta.

Pero los fuegos fatuos mostraban a un hombre, algo mayor que ella. Le miraba a través de ellos, decidiendo que deseaba ver si su humanidad era capaz de responderle o estaba allí como un mero signo de lo que una vez fue. Sin embargo, Mor'du movió la cabeza en un gesto claro de asentimiento.

La bruja había dicho que si no restauraba el vínculo su madre se convertiría en un oso de verdad para siempre, perdiendo su conciencia. Y aquel príncipe perdido había pasado por lo mismo hacía ya demasiados años. ¿Cómo era posible que continuase allí? ¿Habría sido otra bruja? ¿Otro tipo de hechizo?

Dejó el arco en el suelo, pero sacó el cuchillo que guardaba en su bota, después de todo estaba loca, pero no tanto.- Voy a acercarme. -Advirtió.- Si intentas hacerme algo, moriremos los dos. -No era tan tonta como para pensar que podría matarle con un cuchillo antes que él a ella, pero sí que iba irse luchando si era preciso.- Solo quiero ver tus heridas. -Quería ver si tenía salvación, porque de algún modo sentía la necesidad de ayudarle.

Observó a una distancia prudente, aunque no tanto para estar con un oso, las heridas de Mor'du.- Podría cauterizarlas, con una hoja caliente. -Comentó, observando su cuchillo.- Te dolería, pero podrías seguir con vida. -Había una voz en su cabeza que decía que no lo hiciera, que solo estaría aumentando la agonía de sus gentes, ese oso había sembrado el pánico entre ellos durante generaciones. Sin embargo, Mérida había visto al hombre herido y no estaba segura de poder vivir ignorando eso.
       

       
Mérida — Gruta en las montañas  — con Mor'du

       
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Mar Abr 13, 2021 8:16 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
Él la entendía, claro.
Todos los animales entienden a los humanos. Son ellos los que, encerrados en ese orden que le han puesto a sus gruñidos y sonidos, han olvidado interpretar todo lo demás y no consiguen entender mensajes tan claros como los que envían una mirada, un gesto, un erizar el pelaje.
Han llegado a depender tanto únicamente del orden de unos sonidos preestablecidos que ni siquiera se entienden los unos a los otros, si provienen de tierras diferentes.

Recordo que hubo un tiempo en qué a él le ocurría lo mismo. Y lo desesperante que fue intentar comunicarse, en los primeros tiempos de su forma actual.

Ella dejó el arco en el suelo, y el oso alzó la punta de una de sus orejas.
Sacó un objeto punzante del interior de su bota, y la cabeza del animal volvió a caer, resignada, sobre la piedra en que yacía.

No moriría por la punta de una de aquellas flechas; lo haría a golpe de cuchillo.
No tenía fuerzas para luchar y, además, no quería hacerlo.

Quizá fuera mejor así. A camino entre dos almas, la vida se le antojaba tan larga y desesperada, que quizá fuera hora de rendirse.

Sin embargo, la joven de cabellos encendidos parecía tener otros planes.

La oreja volvió a enderzarse. Abrió los ojos, aún tumbado, y emitió otro gemido lastimero, que resonó en la cueva.

Alzó la pata delantera...y la volvió dejar caer.

¿Y cómo se suponía que iba a conseguir darse a entender, entonces, a ver?

Lo mejor era  cerrar los ojos. Permanecer quieto, y dejarla hacer.

Y eso hizo; cerrar los dos ojos, apretarlos, con fuerza.

Aguardar.
Tardaba un poco...
Volvió a abrir uno; uno sólo, para comprobar que seguía allí.

Y sí, allí estaba.

Repitió el gemido, con un tanto de impaciencia esa vez.

Y cerró el ojo, de nuevo, al tiempo en que estiraba un poco el cuello.

¿Y...bien?...¿le iba a curar,no?
           

               
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Jue Abr 22, 2021 2:10 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Pues nada, no era como si pudiera esperar que un enorme oso violento y oscuro fuera a responderle sin más en su propia lengua. Un par de gruñidos fue todo lo que consiguió, pero quizá fuera suficiente, quizá era su forma de darle consentimiento para hacer lo que debiera.

- De acuerdo, necesito fuego... Porque los fuegos fatuos son muy bonitos, pero quemar, queman poco... ¿verdad? -Aquella pregunta fue dirigida hacia los fuegos que flotaban a su alrededor iluminando la cavidad en que se encontraban. La respuesta fue una brisa que casi sonó a risa.
Así que nada, a reunir ramitas.

En la cueva había un par de arbustos, creciendo entre las rojas, con algo de dificultad a pesar de usar su cuchillo los arrancó y colocó de la mejor forma para crear una hoguera. Un par de piedras apropiadas fue lo que utilizó para prender la chispa. Pero aquello no iba a ser suficiente y no dudaría demasiado.
- Voy a por más madera y otras cosas, vuelvo en un rato.

Salió de nuevo al bosque y cogió de la silla de Angus su bolsa y una manta que llevaba atada. Por los alrededores recogió algunas ramas secas y también, quiso la suerte o la magia, que hubiera unas hierbas de esas que ayudan con la curación en las que su madre insistía tanto. Habría estado bien recordar el nombre, pero... tampoco hacía falta.

Cuando regresó al interior el fuego era más tenue, pero no se había apagado al menos. Hizo la hoguera un poco más grande y dejó el cuchillo cerca mientras rebuscaba en su bolsa. Cogió el plato de madera que llevaba consigo y la bota de agua.
Chafó las hierbas haciendo una especie de pasta que utilizaría luego.

- Bueno, esto ya está. -Dijo cuando la hoja ya se tornaba naranja.- ¿Estás listo? Recuerda que no tienes que hacerme nada o será peor para los dos. -Sobre todo para ella.

Con cuidado, arrugó su falda para poder coger el cuchillo sin quemarse ella y lo acercó a la herida del oso hasta que dio con la piel y empezó a salir humo y un olor desagradable a cuero y pelo quemado. Después le untaría la pasta esa para que ayudara en lo que fuera, si es que de verdad hacía algo.
       

       
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Mar Abr 27, 2021 9:24 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
La vio encender aquella pequeña hoguera. Y la oyó afirmar que iba a por leña para avivarla y volvía.

Sí.

Eso fue lo que hizo, y lo que dijo.

Pero la verdad es que él había vuelto a cerrar los ojos, con cierto deje dramático, y casi se había dejado vencer por el sueño.

Creyó que no volvería.

¿Para qué lucha contra lo inevitable? Todo ser muere, en algún momento.

En fin.

Los fuegos fatuos seguían empecinados en danzar entorno a él, en aquel día, e incluso el oso pudo ver, en algún momento, su reflejo en ellos. Pero el anterior, aquel que tenía casi completamente olvidado.

En algún momento pasado había hecho un enorme esfuerzo por que no desapareciera su otro yo. Pero para ese instante...¿de verdad había servido de algo, tanto empeño? No acababa de entender porqué se había forzado tanto a sí mismo.

Quizá era hora de dejar escapar, si no la vida, al menos sí esa otra vida perdida.

Y entonces la joven de cabellos encendidos, volvió.

Tenía la sensación de que podía recordar como la había llamado la mujer; la otra osa, la que había recuperado su forma. De hecho, había prestado atención porque había sentido una punzada de envidia al ver cómo ella lograba regresar del hechizo.

Era algo que empezaba por Mé.

Mérid...no sabía qué más.

Total, que Mé estaba allí. Había regresado, tal como dijo, y había avivado ese fuego.

Entonces, enderezó la parte delantera del cuerpo.

Estirado en la fría piedra, pero con las patas delanteras apoyadas -el antebrazo-y el torso algo erguido, las orejas altas...la nariz arrugada, si es que es posible tal gesto en un oso, y los ojos grandes, abiertos.

¿Qué estaba haciendo con el cuchillo?¿de verdad iba a aplicarle eso sobre la piel?

Habría que apretar dientes. Y ojos. Y aguantar.

Eso hizo, cuando se le acercó.

Y...

Y el alarido de dolor que soltó hizo temblar la cueva hasta tal punto que cualquiera habría dicho que el cielo iba a caer sobre sus cabezas.

Profundamente resentido, además de la debilidad que ya arrastraba, el oso perdió el conocimiento antes siquiera de ser consciente de que aquello que olía tanto a chamuscado era su propio pelo y su propia piel.

A saber qué aspecto habría tenido aquella herida sobre piel humana.
           

               
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Jue Mayo 13, 2021 8:09 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
El rugido del oso retumbó en aquella cueva casi provocando que Mérida soltase el cuchillo o hiciera algo que no debía. Pero logró aguantar sin darse cuenta de que Mor'du había quedado inconsciente hasta que le pareció que había terminado.
Aprovechando que estaba inconsciente, le untó la pasta verdosa de las hierbas en la piel. No sabía qué más podía hacer, así que únicamente le tapó con la manta, al menos la parte que la tela podía tapar al enorme animal.

Podría dejarle allí y simplemente regresar, pero algo la hacía quedarse.
Algo que no eran más que aquellos fuegos azules que flotaban a su alrededor.
Mérida no podía evitar mirar a través de ellos y contemplar al humano que una vez fue. Así dormido e indefenso, no parecía tan fiero y hostil como el príncipe de la antigua leyenda, el que destruyó el reino antiguo.
Terminaba preguntándose cuánto habría de cierto en todo eso.

Decidió quedarse pues allí, controlando el fuego, agazapada contra una roca al otro lado de la hoguera, mirando a aquel ser misterioso a quien tanto había temido hasta hacía poco y al que sabía que quizá no debería perdonar como lo estaba haciendo, pues el mal que había causado en sus tierras había sido demasiado.

Pero si había sido la naturaleza del oso atacar, ¿debía culparse al hombre de ello? ¿Podía ella ser quien tomase esa decisión? Quizá si fuera más sabia...
De momento, creía que si el humano seguía dentro y demostraba, como había hecho con ella, tener algo de conciencia, quizá hubiera forma de retornarlo a su estado original.
Claro que la única persona a la que podía preguntar por eso era a la vieja bruja loca de la cabaña.
Se lo diría cuando despertara y quizá los fuegos pudieran guiarles de nuevo hasta allí.
       

       
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Dom Mayo 16, 2021 1:55 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
Soñó con tormentas y ríos que desbordaban. Con guerras, espadas ensangrentadas y príncipes que se vanagloriaban de victorias en batallas que no habían librado ellos, adueñándose de la heroicidad de otros.

Soñó con combates que no quería librar. Con un rey que le empujaba hasta ellas, con príncipes que le observaban, cuando alzaba la espada en su nombre. Desde detrás, desde las sombras. Soñó con honores y cantos, cuando regresaba vencedor.

Soñó con el miedo mismo. Con el temor a perderlo todo. Soñó que caía y nunca más lograba alzarse. Soñó con miradas vacías, que le juzgaban y le daban la espalda. Soñó con el vuelo de un halcón, que se llevaba con él cuanto honor había poseído.

Soñó con una bruja. Una anciana de voz chillona. Con fuegos fatuos. Con dolor, con una enorme sombra negra que se multiplicaba a sus pies.

Y despertó, confuso, mareado y sediento.

Rugió. Y fue el suyo un rugido desesperado, cargado de angustia.

Miró entorno, e intentó ponerse en pie. Pero no lo logró. Sentía las heridas en su cuerpo, aún.

Gimió, creyendo de nuevo que moriría solo.

Y entonces la vio. La joven de pelo rojo, la humana. Esa muchacha que había cauterizado sus heridas.

Volvió a rugir, con suavidad esta vez, pretendiendo llamar su atención.

Pero antes que ella misma, fueron los fuegos fatuos los que empezaron a danzar frente a su nariz.

Y el oso se puso a darles manotones, molesto, intentando quitárselos de encima.

En cada uno de ellos, se veía a un Mor'du humano, lanzando aspamientos al viento del mismo modo.

Se tapó los ojos con las dos patas delanteras, emitiendo un nuevo gemido. Y levantó sólo una, la derecha...un poco. Para mirar a la pelirroja, suplicando ayuda con aquellas cosas, aquellas malditas llamas mágicas.
           

               
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Jue Mayo 27, 2021 8:14 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Durante el tiempo en que el oso había permanecido inconsciente, a ratos tan silencioso que si no hubiera visto el cuerpo ascender con las respiraciones lo habría creído muerto, Mérida estuvo a punto de dormirse en varias ocasiones.
Pero consiguió mantenerse despierta.
Si bien estaba medio dormida cuando escuchó el gemino del oso al otro lado de la hoguera.

- Te has despertado. -Comentó con una calma de lo más extraña para estar hablando con un enorme y terrorífico oso. Pero estaba bien, eso era bueno... al menos no le había matado en su intento por salvarle, era un buen comienzo.

Los fuegos fatuos también reaccionaron al movimiento y sonidos que provenían del oso acercándose a danzar a su alrededor despertando una reacción curiosa y casi graciosa.
Ante la mirada y el movimiento de la pata creyó entender que necesitaba ayuda para estar tranquilo así que se levantó, sin poder evitar una pequeña sonrisa divertida en los labios.

- Venga, venga. Ya está bien. Dejad en paz a Mor'du. -Empezó a decir, caminando por allí y con el propio movimiento de la falda para ayudarse.

Los fuegos parecían querer jugar, así que tardaron en despegarse de ellos, pero al final lo logró y apenas quedaron dos o tres que servían para iluminarse en la cueva, pero alejados.

- Debes tener sed, después de dormir tanto. -Comentó Mérida, pensando. Utilizó el cuenco que había usado para machacar las hierbas y vertió algo de agua en él. Porque darle directamente de la bota se le hacía más complicado.- Supongo que todavía duele, pero ¿estás mejor?
       

       
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Sáb Mayo 29, 2021 12:35 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
Los fuegos se dispersaron, y Mor'du apartó entonces la pata de su cabeza, para alzarla, así, del mismo modo en que habría levantado el morro un cachorrillo.
Ladeó un poco la mirada, a diestra...a siniestra...

Casi parecía que estuviera sacudiéndose las orejas.

Pero lo que, sin duda, estaba, era aliviado. Aliviado porque esos fuegos habían dejado de atosigarle.

Emitió un gruñido ronco. Y un segundo, demandante, dirigido a Mérida.

Gruñidos que cesaron también de golpe cuando tuvo el cuenco de agua delante, y se puso a beber a lametones que salpicaban aquí y allá.
Cuando volvió a alzar el morro, para atender a lo que ella le decía, tenía empapadas las barbas, la nariz e incluso el pelaje bajo los ojos oscuros.

Soltó un nuevo gruñido, claro. Y abrió los ojos, exageradamente. Ay...los humanos no entienden nada, no entienden a ningún otro animal...
Había animales que aseguraban que es que eran incapaces de hablar. Sólo emitían esos sonidos cantarinos, aunque sin sentidos. Era evidente, decían. Porque el resto de los seres vivos se comprendían-y sin necesidad de tal despliegue de sonidos variados- y en cambio no había manera de conseguir comunicarse con ellos.

Sin embargo, el recuerdo del humano que fue él un día lejano, le llevaba a saber que esa apreciación no era cierta. Sobre todo, porque él sí la entendía.
El problema era...responder.

Le pareció estar casi seguro de que, si movía la cabeza arriba y abajo, ella sabría que sí, que estaba mejor.

Eso hizo.

Eso y alzarse, todo lo corpulento que era, para quedar sentado sobre las patas traseras.

Uno de los fuegos fatuos se escabulló en ese instante, otra vez, entre el oso y Mérida.

A través de su luz encantada seguía viéndose al hombre de antaño.

El oso bufó.

El fuego fátuo tembló.

Y en la imagen danzó, entonces, la hechicera bajita y alocada del bosque.
           

               
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Sáb Jun 05, 2021 10:07 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Mor'du parecía más tranquilo después de que los fuegos se disiparan.
Aunque luego empezó a gruñir y no sabía muy bien por qué era, así que le dio el agua por si acaso. Y por lo visto había acertado, porque poco le faltó para devorar el cuenco incluido.
Claro que era gracioso verle, con su cara levantada y toda salpicada. Nunca había pensado que encontraría gracioso a ese oso en concreto.

Así que le preguntó si se encontraba bien y le vio asentir. Bueno, creía que estaba asintiendo, que bien podía ser un gesto normal y corriente y ella estar intentando darle significado solo para sentirse menos loca.
El caso es que se incorporó y ella se echó ligeramente hacia atrás, Porque el enorme y terrible oso imponía bastante.

Un fuego fatuo apareció entre ellos, lo que la ayudó a calmarse viendo al hombre al otro lado. Tenía mejor cara, o eso le pareció, sería que estaba sanando bien.
Pero ante el bufido, la llama flotante se volvió turbia un momento hasta que le mostró algo extraño.

- ¡La bruja del bosque! -Exclamó cuando reconoció a la hechicera loca.- ¿Fue ella la que te hizo eso también? -Preguntó, inclinando la cabeza para mirar al oso tras el fuego.- ¿Cuántos años se supone que tiene? -Removió la cabeza, sus rizos ondeando ante el gesto. Eso no era lo importante.- Supongo que podríamos ir a buscarla y pedirle ayuda. -Se le ocurrió, pensando que sería terminar con un gran problema para la población y otro mayor para el supuesto príncipe.- Aunque antes... me tienes que prometer que no vas a hacerle nada. -Le miró con seriedad en la cara.

Estaba muy bien que hubiera salido vivo de aquella noche y que hubiera un príncipe ahí luchando por recuperar su cuerpo y dejar los instintos de oso. Pero eso no quitaba todo el daño que había hecho a las personas.
No sabía si era rencoroso, como para imaginarse lo que le haría a la que le había metido en aquello.
       

       
Mérida — Gruta en las montañas  — con Mor'du

       
XIII

       


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Miér Jun 09, 2021 9:30 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
¡Exacto, exacto! La bruja del bosque, esa vieja tramposa que le gritaba a los cuatro vientos que ella era ebanista mientras su escoba barría sola el supuesto taller. La que te dejaba mensajes dentro de un caldero. Esa.

Mor'du movió la cabeza rápido, arriba y abajo, mientras emitía un rugido tras otro. Así, laaargos y pesambrosos.

¡Esa!

Cuando la joven de rizos rojos propuso ir en su búsqueda, el oso se enderezó lo que pudo. Orejas tiesas, mirada brillante y bien atenta para seguirla-si las patas se lo permitían- tan pronto como ella quisiera ponerse en camino.

Lo único, si acaso, que le extrañó, fue que quisiera ayudarle.

Ladeó un poco su cabezón.

Tampoco estaba para hacerle feos, o preguntarse demasiado, si es que iba a acompañarle. Porque la bruja decía no entenderle. Y él lo dudaba, mucho. Pero...no tenía modo de probar que esa vieja tramposa mentía. Sin embargo, con la chica, que hablaba humano, no podría usar esa excusa, ¿verdad?

Le sabía...un poquito mal, ir a recibir ayuda de ella precisamente. Todavía recordaba el sabor de la sangre de la pata de su padre.

No había sido queriendo. Había sido en legítima defensa.

Es que cuando se es un oso legendario, la gente tiene la mala costumbre de asaltarte primero y preguntar después.

Fuere como fuere...intentó ponerse en pie.

Justo antes de recibir las condiciones sine qua non de ella.

No hacerle nada. No atacar, no zarpazo, no mordisco. Ni pequeñito, ni nada.

Volvió a gruñir, con pesar, y se pasó la pata por delante de los ojos un par de veces.

Al fin, bufó, cediendo.

Y...en pie, pero con muuuucho cuidado, dio algunos pasos lentos hacia fuera de la cueva.

Una vez en el exterior, se volvió a mirarla. Rugió.

¡Venga! parecía decir.

El par de fuegos fatuos más insistentes se empecinaron en seguirles, revoloteando entorno a uno y otra.
           

               
Mor'du — Gruta en las montañas — con Mérida

               
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Vie Jun 18, 2021 7:25 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Aunque ella no comprendiera muy bien, o más bien nada, lo que quería decirle el oso la mayor parte del tiempo, estaba claro que él a ella la entendía perfectamente.
Y eso era bueno en parte, porque al menos así no se sentía tan tonta.

Así que cuando le vio predispuesto a ir a buscar a la bruja del bosque para que le ayudase, tuvo que añadir la condición, no fuera a ser que la situación se saliese de las manos (o zarpas) y terminara ella como culpable de una desgracia. No, gracias.

Y aunque le pareció que no le hacía demasiada gracia, terminó asintiendo con resignación. Bien, podían continuar con la extraña alianza.

Recogió lo que todavía quedaba por allí mientras el oso iba hacia la puerta y dio un respingo al escuchar el rugido.- ¡Oye, sin prisas, que tengo que recoger mis cosas! -Le gritó de mal humor, demostrando que le estaba perdiendo todo el miedo... Es lo que tenía haber visto al humano de dentro y recibir cierta colaboración por su parte.

Cuando lo tuvo todo, salió a su lado.- Y no rujas tanto, vas a asustar a Angus y a ver cómo voy yo a la choza de la bruja loca. -Se quejó, acercándose a su montura para guardar las cosas en las alforjas. Su caballo no se había largado de milagro, o quizás por lealtad a ella, pero no dejaba de mirar al enorme oso.- No te preocupes, Angus, no es tan malo como parece. Vamos a ayudarle. -Le contó a su caballo mientras le acariciaba el morro antes de subirse con soltura.

- Bien, si no recuerdo mal... tenemos que ir hacia el oeste. Cerca del río. -Comentó, empezando el camino.- Y si nos despistamos, los fuegos fatuos nos guiarán, espero. -Lo habían hecho con ella otras veces y, hasta donde veía, sentían algo de simpatía o como poco se divertían a costa del oso, así que seguramente les ayudarían un poco más.
       

       
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Dom Jun 20, 2021 2:16 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
Mor'du dejó de gruñir cuando la joven de pelo rojo, Mérida, sacó ese genio tan dispuesto.
Por un vago momento, le recordó a su madre. La de ella...no la suya propia.

La mujer que le había dado la vida era un recuerdo demasiado lejano. Y el tiempo, todo el mundo lo sabe, borra cualquier afrenta o cualquier disgusto y nos deja tan sólo los momentos y las expresiones más bonitas. Las que han acunado nuestro corazón.

Así que, si su madre se enfadaba al reñirles, en el remotísimo tiempo en que eran niños (humanos, por supuesto) pues no lo recordaba. Pero estaba por jurar que, en todo caso, no era él el que merecía más reprimendas.

En cambio, estaba por asegurar que la reina humana, la madre de Mérida, sí era bastante severa.

Mira, ya tenía a quien parecerse, con esas dotes de mando.

Salió tras ella, justo después de que los fuegos fatuos se le adelantaran.

Y se quedó mirando al caballo un poco por encima del hombro.

¿Angus, había dicho?

Pues no entendía para qué tenían que meter a Angus en aquella aventura. Si de no ir a pie se trataba, ya podría haberla llevado él sobre su lomo. Cualquiera diría...

Además, el caballo en cuestión parecía animal de pocos amigos.

Bufo un poco por las narices.
Nadie le había dicho que no pudiera hacer eso, bufar.
Volvió a bufar.

De haber tenido cuerdas vocales humanas, se habría reído.
Aún asi, le tintineaban los ojos, brillantes. Risa contenida.

Antes de que el oso intentara afirmar que sí, que era hacia el oeste y cerca del río, los fuegos se les adelantaron.

Veloces, iban entrecruzándose, avanzando y retrocediendo a buscarles de vez en cuando. Iluminando el camino.
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Mor'du tuvo que espantárselos de delante en un par de ocasiones. ¡No podía ir más rápido, después de todo! Le acababan de curar unas heridas nada despreciables.

Al cabo del rato, llegaron hasta un claro en el que los fuegos se dispersaron tras los árboles.

Delante de los dos, apareció una pintoresca cabaña cubierta de hierbas que bien conocían.

Mor'du se detuvo. Se sentó sobre los cuartos traseros. Alzó las orejas y, tras comprobar que salía humo de la chimenea, se volvió a mirar a Mérida.

Él no cabía por esa puerta...
           

               
Mor'du — Gruta en las montañas — con Mérida

               
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Lun Jul 05, 2021 8:19 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Con el camino claro y los fuegos guiándoles era fácil poder llegar al destino que tenían previsto.
Lo habría podido hacer bastante rápido.
Simplemente bastaba con atusar a Angus para que corriera tras aquellas luces místicas.
Pero no olvidaba... no era fácil debido a la fuerte respiración, que iba seguida de un oso que tenía tantas ganas como ella de llegar.

Los osos son rápidos cuando necesitan serlo, eso es cierto.
Pero aquel en concreto estaba herido y apenas se recuperaba de sus curas, que no eran ni mucho menos expertas.

Así que, como deferencia, redujo el paso.

Tras un buen trecho, la arboleda se abría para mostrar un claro luminoso.
Y justo en frente estaba lo que buscaban.
La cabaña de la dichosa bruja.

Miró con una ceja alzada los movimientos del oso.
Vaya, casi parecía dócil ahí sentado.

- Bueno, pues ya estamos. -Dedujo mientras bajaba de la montura.- Esperad aquí y portaos bien. -Bromeó un poco mirando a los dos animales.

Llamó a la puerta con cierta suavidad y pegó la oreja intentando escuchar respuesta, pero si la hubo no se enteró mucho, aunque dentro se escuchaba un burbujeo.
Bueno, pues a entrar. Ya había llamado.

- ¿Hay alguien? -Preguntó, solo para recibir el susto de la aparición de la vieja chiflada que no había perdido energía desde la última vez que la vio.

- ¡Vaya, pero si eres tú! ¿Qué puedo hacer por ti, niña pelirroja? ¿Alguna talla que llame tu interés? ¿Un regalo para tu madre tal vez? ¡Oh, ya sé, una pierna nueva para tu padre! -No paraba de hablar casi danzando por la cabaña mostrando esa extraña mercancía.

- Eh, eh, un momento. -La paró Mérida.- No es nada de eso... Necesito ayuda del otro tipo.

- ¿Otro tipo? -Inquirió con curiosidad, pero luego volvió a ser la de siempre.- No sé de qué me hablas, solo soy una humilde tallista.

- Ya, seguro... Una con un don para transformar a la gente en oso. -Replicó la princesa con los brazos cruzados.

- Pero si lo tuyo se arregló. ¡Muy bien hecho!

- Ya, gracias. Pero no estoy aquí por mi madre o mis hermanos... Sino por él. -Señaló la ventana para que la vieja bruja pudiera ver al oso que esperaba fuera.
       

       
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Jue Jul 15, 2021 10:24 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
La bruja alzó las cejas.

Una primero, y la otra a continuación.

Rostro ladeado, acabó por levantar las dos, al tiempo en que, quitándose cuidadosamente el delantal que llevaba puesto, hacía chasquear los dedos para que éste volara primorosamente hasta colocarse en el perchero. De madera cuidadosamente tallada, por supuesto.

-Oh- musitó, bien atenta a lo que ocurría más allá de su ventana-¿te refieres al oso...o al caballo?-preguntó.

La tomó del brazo, y la volteó, para que mirara ella también a fuera, a través de esa ventanita. O de la puerta, si lo prefería, que se abría por propia cuenta para satisfacer la curiosidad de la vieja hechicera.

Portaos bien, había dicho Mérida, antes de entrar.

Mor'du había mirado a Angus. Angus a Mor'du.

Había empezado el caballo, desde luego.

Él solo había bufado y se había sentado sobre sus cuartos traseros, mirándole.

Angus había sacado esa lengua suya, larga y viscosa. Y había relinchado, bajito, mientras le atestaba un golpe seco de cola en el trasero.

Entonces Mor'du tuvo que gruñirle. Le enseñó toda su dentadura, en un temblar de labios al son de ese gruñido.

El caballo se irguió y el oso se puso en pie.

El uno se alzó sobre las patas delanteras, y el otro sacudió al aire una zarpa.

Y al momento estaban en círculos, uno frente a otro, prestos a saltarse encima.

Ese fue justo el momento en que la bruja tiró de Mérida hacia fuera.

El caballo se cuadró, frente a su dueña, todo despiste, crines cayendo, perfectamente colocadas, hacia su diestra.

El oso volvió a sentarse sobre sus cuartos traseros y enderezó las orejas.

-No recuerdo con exactitud cuando fue la última vez que le vi. Al oso, por supuesto- meditó la bruja.

Mor'du le gruñó sin disimulo alguno.

-Aunque lo que si recuerdo perfectamente es el vocabulario que se gasta. Los años no mejoran sus modales, niña- se quejó la bruja- menos mal que no le entiendes.

Mor'du volvió a gruñirle. En esa ocasión, más hostil y más grave.

-Bueno, ¿y qué haces tú con este oso ante mi cabaña, si puede saberse?

La bruja se había vuelto, la atención fija en la princesa de cabellos encendidos.

Y el oso y el caballo volvieron a observarse, de reojo, tentado el uno a soltarle un zarpazo al otro...tentado el otro a soltarle una coz al primero.
           

               
Mor'du — Gruta en las montañas — con Mérida, Angus y la bruja

               
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Dom Ago 01, 2021 7:12 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Mérida frunció el ceño cuando la bruja preguntó aquello, ¿qué tenía que ver Angus con sus pociones? A ver si de repente todos los animales eran gente trasformada...
Pero cuando la giró hacia la ventana solo pudo soltar un gruñido de frustración, ¿en serio? ¿no podían aguantar ni cinco minutos?

Se dejó guiar hasta fuera con ganas de echarle la bronca a los dos y la única razón por la que no lo hizo fue que la bruja habló primero. Recordando con facilidad al oso. Espera... ¿ella era la que le había transformado?

- ¿Pero le entiendes? -Preguntó asombrada cuando dijo que tenía mal vocabulario... ya se imaginaba, porque el mal humor lo tenía pintado en la cara peluda.

Entonces se giró para preguntar por qué estaba ahí.- Ah bueno... es una larga historia. -Que supuso que podía resumir para ir al grano, o al menos lo intentó.- Resulta que los cazadores le estaban buscando, porque ha vuelto a hacer de las suyas en una de las aldeas. Me separé un poco del grupo y lo encontré en una cueva... bastante herido, no me habría podido hacer nada. -Más bien parecía dispuesto a morir por sus flechas.

- ¡Angus, portate bien! -Se interrumpió para señalar al caballo que se alejara del oso hacia otro lado.- Perdón... El caso es que estuve a punto de acabar con su sufrimiento, pero los fuegos fatuos no dejaban de cruzarse y a través de ellos le vi... quiero decir, claro, ya veía al enorme oso, pero que le vi a él, al príncipe, al humano. Y sabía la historia... por lo de mi madre, ya sabes. -Claro que lo sabía, la muy lianta.

- Así que... decidí ayudarle un poco. Lo he curado lo mejor que he podido y me sorprende que siga vivo. -Para qué se iban a engañar, tenía de enfermera lo mismo que de urraca.- Luego los fuegos nos han guiado hasta aquí. -Concluyó.- Así que, como he dicho... quiero que lo ayudes a dejar de ser un oso. Resulta que todavía hay un príncipe consciente debajo de todo ese pelo.
       

       
Mérida — Gruta en las montañas  — con Mor'du

       
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Miér Ago 04, 2021 6:21 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
-Pues claro que le entiendo, niña. ¿Cómo no voy a entenderle?- replicó la bruja, como si fuera la cosa más natural del mundo, justo para dar un respingo y volverse a mirar la cabellera roja flotante que así, ladina ella, venía a echarle en cara manejos de mucho antes que ella naciera.

-Es decir. Resuta habitual que las tallistas se entiendan con los osos. Y con otros animales del bosque-ejem- es la soledad, hija. Una agudiza el ingenio. ¿Te parece a ti que tengo yo mucha conversación aquí, en medio de este claro?

Mor'du había vuelto la mueca en sonrisa amplia. No cabía duda ni siendo oso. Había alzado la cabeza bastante satisfecho, cuando Mérida llamó la atención al caballo, pidiéndole que se comportara, pero no le dijo nada a él.

Eso sí.

Tardó nada y menos en ponerse a gruñirle a la anciana.

Grrrrrr
Grrrrrrrrrrr
Grrrrrrrrrrr


Angus resopló, ofendido con su dueña y molesto con los ruidos del otro, y se volvió a darles la grupa.

-¿Ah, sí?-preguntó entonces la bruja, ignorando deliberadamente al animal- ¿estás segura de eso? A ver.

Y no corta ni perezosa, chasqueó los dedos, de modo que uno de esos fuegos fatuos pareció cuadrarse a su lado.

El fueguecillo revoloteó entorno a una anciana que, bien decidida, se plantó ante el oso, le dio un toque encima del morro, como quien riñe a una criatura, cogió la cabezota entre las dos manos menudas y arrugadas, y esperó a que el fuego se colocara entre los ojos del oso y los suyos propios.

-¡Por todos los Dioses, qué cabezonería la suya! Ay, si ya te digo que menudo carácter tiene. Pues sí. Sí. Tienes razón. Sigue ahí.

Le soltó.

El oso empezó a pasarse la zarpa por el morro, como si quisiera borrar todo rastro de olor o contacto de esas manos.

La anciana se acercó de nuevo a Mérida.

-¿Y quieres ayudarle? ¿De verdad? Pues tendré que ver cómo se deshace esto...aunque te diría que no se si he usado el hechizo inverso alguna vez. Diría que no.

Mor'du alzó las orejas y emitió un ruidito lastimero.

-Lo primero, imagino, será que os entendáis, claro. Aguarda un momentito.

Entró a su cabaña, dejándoles de nuevo ahí.

Y regresó, con un botecito que contenía algo azul celeste, de sabor ácido.

-Ten, bébetelo, niña.-le dijo, poniendo el bote en sus manos.

           

               
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Mar Ago 31, 2021 9:07 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
La pelirroja alzó una ceja y se cruzó de brazos cuando la vieja reconoció que podía entender al oso. Sí, claro, tallista...
ERA UNA BRUJA
¿Qué había de malo en admitirlo?
Bueno, aparte de las persecuciones de algunas personas y esas cosas.
Pero ella no estaba pensando en eso precisamente.

Lo que le importaba era conseguir ayuda, para el oso.
Quería sacar al príncipe de su maldición, ahora que sabía que estaba ahí dentro no se podía quitar los ojos azules de la cabeza.

Así que esperó mientras la anciana, la tallista capaz de convocar fuegos fatuos, se detenía a comprobar lo que le había contado. Ella se dedicó a intentar calmar a Angus. A ver si se le pasaba el enfado y dejaba de dejarse incordiar por el oso.
Y su teoría quedó confirmada, aunque seguía resultando un poco inquietante que le conociera de antes. ¿Cuántos años tenía en realidad?

- Sí, si sigue así terminarán matándole sin saber que fue un príncipe en otro tiempo. -Respondió la princesa, que también había estado a punto de matar al oso.- Alguna solución tiene que haber. Porque supongo que lo de "restaurar el vínculo" es ya imposible. -Después de todo, su familia había muerto hacía ya mucho... no quería decirlo en voz alta.

Pero la bruja seguía a sus cosas, diciendo que para ayudar sería bueno que entendiese.- Sí, claro que estaría bien, pero yo no soy... tallista. -Resopló al verla volver dentro. Casi temió que atrancara la puerta y desapareciera de algún modo.

Pero la vieja regresó con algo entre las manos y la primera reacción de Mérida fue apartarse un poco.- ¿Que me lo beba? ¿Sabes lo que hizo la última cosa que me diste? ¿Lo recuerdas? -Añadió señalando al oso, mirando con suspicacia el líquido azul del bote.- ¿Qué se supone que hace? -Preguntó y después miró al oso.- ¿Te fias de ella? Porque si me envenena, será tu culpa.

       

       
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Vie Sep 03, 2021 1:25 pm por Myshella

               
The darkest cave
Capítulo I

               
Restaurar el vinculo, el modo en que la transformación daba vuelta atrás. Porque cada cual que bebía aquella pócima lo hacía para cambiar por completo.

No era culpa de la tallista que no especificaran qué cosa en concreto querían cambiar, de qué modo y para qué. Porque, en tal caso, quizá ella les hubiera dado otro brebaje distinto.

O no. No podía asegurarlo. ¿Cómo tenía etiquetado esto en su estantería?

No importaba.

Para regresar al origen, siempre se necesitaba un vínculo que restaurar.

Quizá no exactamente con las mismas personas. Quizá era suficiente con restaurar un sentimiento, una intención.

No lo recordaba. Estaba mayor y la edad tiene estas cosas.

Había pensado en ello mientras iba y venía de la cabaña.

Justo antes de tenderle a la chiquilla pelirroja esa tisana que rechazó.

-Sí, que te lo bebas-repitió, arrugando nariz y cejas- él no tiene cuerdas vocales adecuadas para pronunciar palabras humanas. Y, además, él a ti sí te entiende.

El oso gruño.
Abrió la boca mucho y emitió un largo y profundo nuevo gruñido, de esos que permiten ver temblequetear la dentadura completa.

¡Él había tenido unas cuerdas vocales perfectamente capaces de emitir sonidos humanos! Y, de hecho, falsas modestias aparte, una voz imponente.

¿De quien era la culpa de que ahora sólo pudiera emitir ruiditos, eh?

Mor’du acercó la cabeza peligrosamente a la tallista.

Entonces volvió la atención a Mérida, porque le miraba a él, y porque le estaba hablando.

Se sentó de nuevo.

Cabeza decaída, tardó un instante corto en responder.

Movió la cabeza de lado a lado, en gesto negativo.

No.

Claro que no se fiaría. Ni un pelo.

La bruja resopló.

¡Par de criaturas cabezotas! Esperad aquí.

Haciéndose la ofendida, paso altivo y mentón tan en alto que casi se diría que iba a caerse de espaldas, volvió a entrar, una vez más, en esa cabaña.

Cerró la puerta a sus espaldas.

Mor’du frunció el ceño, pendiente de cuanto tardaría en volverse a abrir.

Pecando de impaciente, empezó a empujar con la pata delantera a Mérida, por si ella podía ver qué es lo que hacía la bruja dentro a través de la ventana.

Pero la tallista regresó.

Traía en las manos el mismo brebaje, pero vertido en un cuenco pulido. Y una pequeña talla de madera, no mayor que un pulgar, de un osezno. La talla pendía de un cordel de cuero oscuro.


Les miró, a uno y a la otra, y resolpló.

Metió el colgante dentro del cuenco. Y, más que empaparse, el osezno absorbió por completo el líquido.

Luego lo suspendió ante ella, y lo sacudió un par de veces.

Algunas gotas salpicaron aquí y allá, antes de que se lo tendiera a la princesa.

-Ale, ya está. Solucionado. ¿Puedes hacer el favor de colgártelo ya del cuello, o tampoco te fías?

Mor’du la empujó un poquitín, desde su espalda, hacia la figurita tallada.
           

               
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Dom Nov 21, 2021 9:19 pm por Timelady

       
The darkest cave
Capítulo I

       
Al menos el oso se daba cuenta de que no podía pedirle que hiciera algo que él no haría. Porque no, no se fiaba un pelo de beberse nada que le diera esa mujer. Había armado un buen lío la última vez que se habían visto y por poco no lo cuentan.

Para que encima la vieja se hiciera la ofendida.

Mérida la miró incrédula mientras volvía a la cabaña.
Resopló, porque no le apetecía disculparse, pero había decidido hacer eso de ayudar al príncipe oso y necesitaba que estuviera de buenas.
Se habría sentado a esperar de no ser porque el animal enorme la empujaba con la pata.- Estate quieto. -Le chistó, dando un pasito hacia la cabaña para asomarse.

Claro que no llegó a ver nada, más bien dio un saltito atrás cuando la anciana regresó con aquellas cosas en las manos. La miró con atención, poco dispuesta a perderse nada de lo que hiciera, y así pudo contemplar cómo la talla de madera parecía beberse sin descanso aquel líquido extraño, incluso diría que había brillado.

La princesa dudó, como es natural, al serle ofrecido el colgante.
Otro empujón más la hizo girarse.
- Está bien, pero ya sabes que si me pasa algo te perseguiré por toda la eternidad. -Emenazó, dedo alzado, a aquel oso que se la podría comer de un bocado.
Después cogió el colgante de las manos arrugadas y se lo puso al cuello, casi enredándose en su melena.

- Y... ¿cómo se supone que funciona? -Preguntó mientras terminaba de anudarlo.
       

       
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Sáb Dic 04, 2021 6:35 pm por Myshella

               
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Capítulo I

               

-Lo extraño con la loca esta no será el modo en que funcione, sino que de verdad funcione-
soltó Mor'du, en referencia a la bruja y en respuesta hueca a la inusual princesa que tenía delante.

Ya sabía, le constaba, que lejos de los esfuerzos de su madre, en las venas de la hija de Fergus seguía corriendo la sangre encendida de los clanes del Norte. Por fortuna para todos, si es que a alguien importaba la opinión de un oso.

Las señoras de sus tiempos humanos- si mal no recordaba, que le fallaba cada día más la memoria y uno debía ser consciente de ello- no tenían nada que ver con los valores que, por lo visto, esa Elinor había intentado inculcar en su primogénita.

Y menos mal que no la había moldeado, porque a él de poco le iba a servir una dama a la usanza, a la moda o lo que fuera, para intentar arreglar nada.

Elinor era tonta.

¿No era por eso por lo que había acabado siendo osa durante un día también? Si, algo así creyó entender en su momento, cuando casi le matan.

-Pero como a veces sorprende, puede que incluso sea capaz de hacer algo útil que no pase por meterse entre pecho y espalda un brebaje asqueroso con unos efectos secundarios que te lleven a preferir la muerte, quien sabe. Yo que tú me conformaría con colgarmelo del cuello. Cuentas hasta diez...contamos, vamos. Y cuando no pase nada de nada y la bruja empiece a farfullar tonterías sobre lo que no has hecho correctamente, me la zampo por inepta, y tu no dices nada. Y ya está. Vuelta al principio- siguió.

Que total, uno puede decir lo que le venga en gana cuando no le entienden.

-Inepto lo serás tú-farfulló la... tallista, puesto que ella sí le entendía.

Y el oso gruñó.

Gruñó, y volvió a gruñir. Y, en vez de sentarse sobre los cuartos traseros, se tumbó directamente.

Y empezó a contar. Al revés, por añadirle drama.

-Diez. Nueve. Ocho. Siete...¿me la como ya?-
           

               
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