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Dom Jul 18, 2021 9:29 am por Freyja
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Croílár glas
1x1 Inspired - Libros. Spin off El pájaro en el espino (HP Universe)
Ballyknow, Galway, Irlanda, 1953.

Irlanda es una tierra fundamentalmente mágica, casi más que Inglaterra, pero, como en tantos otros casos, el mundo mágico está más focalizado en la isla vecina, y por ello todo el mundo tiende a irse de una tierra empobrecida y sin oportunidades, por muy mágica que sea. No fue el caso de los O’Donnell, una pareja de famosos aritmánticos que permanecen en su pueblo, ni de Margaret Lacey, que tras ser alumna de Hogwarts, volvió a Ballyknow por estar con su madre viuda y porque su sueño era trabajar en la biblioteca del pueblo, renovarla y que fuera un lugar donde poder impartir sabiduría mágica.

Por su parte, el hijo de los O’Donnel, Lawrence, sí que ha optado por viajar por el mundo, estudiando todo lo que ha podido para ser alquimista, y su proyección es llegar a lo más alto de los rangos, ser un erudito y conocer, conocer sin parar. Por ello, sus padres han perdido ya la esperanza de que encuentre una mujer o de que siente la cabeza en algo que no sea un escritorio para crear su próximo libro.

Pero ahora, por cuestiones de sus investigaciones, ha tenido que volver al pueblo que lo vio nacer después de tanto tiempo, y se le hace pequeño, agobiante y falto totalmente de cultura. Por su parte, Margaret acaba de romper su compromiso con su novio desde hace once años porque pretendía que dejara de trabajar al casarse, justo ahora, que su biblioteca empieza a arrancar y va viento en popa, por lo que se ha convertido en la comidilla del pueblo.

No eran amigos precisamente en Hogwarts, pero quizá en Ballyknow, donde cuchichean sobre los dos, y donde el refugio natural de ambos es la biblioteca, quizá el ex prefecto de Ravenclaw y la ex alumna alocada de Gryffindor amante de los libros encuentren justo lo que estaban buscando.
Lawrence O'Donnell
30 años - Alquimista - Ravenclaw - Jude Law - Freyja
Margaret Lacey
28 años - Bibliotecaria - Gryffindor - Holland Roden - Ivanka




Última edición por Freyja el Dom Mayo 15, 2022 12:35 pm, editado 3 veces


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Jue Ago 18, 2022 1:13 pm por Freyja

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Parpadeó, pero muy disimuladamente y mirando la bebida en su mano. Once años... Margaret había estado con su novio once años. Él no había llegado a tener una relación tan larga ni con un libro. Ahora se sentía un poco crío a su lado, a pesar de ser mayor que era. El conocimiento, a veces, te hacía creer que estabas en un estado superior con respecto a los demás... Parecía estar escuchando la voz de Cletus decirle "no sabes nada de la vida, Larry". Iba a ser verdad al final.

Las dudas de Molly sí le hicieron mirarla, aunque de soslayo, casi con un punto temeroso. Un Ravenclaw no llevaba demasiado bien no saber resolver a las preguntas. Solo reaccionó cuando se disculpó. - Oh, no, no no, no tienes de qué disculparte. Es decir... Es normal que lo pienses. - Rio levemente. - Qué te voy a decir, soy mayor que tú. - Aunque no es como que me haya planteado todo eso demasiado, y quizás se le estuviera pasando el tiempo más de la cuenta. Odiaba tener que darle a Cletus la razón. - Aunque, bueno... Siempre tendremos... nuestros libros. - Trató de aliviar, con una sonrisa leve, pero si bien en su cabeza sonaba espectacular, al decirlo le sonó horrible. Sacudió la cabeza y rio, mirando hacia la bebida de nuevo, avergonzado. - Perdón, no me hagas caso. Digo muchas tonterías cuando no estoy leyendo. - Trató de salvar.

La mujer siguió hablando y, en un ataque de clara insensibilidad por su parte, se le escapó la risa con eso de que quería tener muchos hijos varones "como si eso se pudiera elegir". La disimuló con una tos. - Perdón. No, es que... Es verdad, no es como que se pueda elegir. - No me extraña que te aburrieras de semejante cabeza hueca. De pocas cosas se había alegrado más en la vida que de no haber dicho eso en voz alta. Sonrió levemente. - No me das la tabarra, Marg... Molly. - Amplió muy sutilmente la sonrisa. - Haces bien en tener tus propios planes. Planes que pueden planificarse, como bien indica la propia raíz de la palabra, a diferencia de lo de tener hijos varones específicamente. - Negó, riendo nervioso una vez más. - Perdón, no quiero que pienses que me burlo. Es solo que... Eres demasiado inteligente para alguien que piensa una cosa así. - Guau. Menuda confesión. - Quiero decir. Ni mi sobrina pensaría algo así, y tú le das clases. Se te presupone un mayor conocimiento, pues. - Bromeó. Esperaba no estar quedando fatal.

"Se te ve feliz en esa realidad". Sonrió levemente y asintió. Sí... Estaba feliz. Es decir, era la vida que quería, la que llevaba ansiando tener y buscando desde que nació. Al menos Molly lo había captado, no como su familia... Aunque, por alguna extraña razón, al oír por primera vez a alguien decírselo... no se había sentido tan satisfecho como pensó que se sentiría. - Hecho. - Aseveró con respecto al plan de Pascua, y luego se dio cuenta de que no tenía ni idea de hacia dónde le habrían llevado sus estudios en Pascua. Hasta a su madre le había dicho que no sabría cuándo volvería, ¿por qué acababa de comprometerse con Molly a eso? Debería dejar de beber, empezaba a hacer y decir unas cosas que solo podía atribuir al alcohol, porque de normal él no era así.

Se tuvo que reír con la posible despartición de la señora Lacey si se fuera a Nueva York. Las familias irlandesas, parecían que les mataban si se tenían que ir. Él nunca se había sentido tan aferrado a su tierra, eso limitaba demasiado para sus aspiraciones. De hecho, justo eso estaba diciendo ella, y él escuchó en silencio, con una sonrisa tenue, asintiendo lentamente... ¿Qué mujer iba a querer estar con él? Si es que Cletus no se enteraba. Las mujeres, al igual que Margaret, pensaban como ella. Sonreían solo con ver su hogar y pensar en abandonarlo les generaba tristeza. Él era un hombre de mundo, no solo de libros. Y no sabía qué hacía pensando eso ahora, pero es que simplemente... bueno, Molly le estaba dando las pruebas que su familia parecía necesitar para poder darle a Larry la razón.

Si bien el argumento de la mujer le dejó congelado en el sitio. De repente lo había recordado: el hermano de Margaret, Arnold Lacey, fue el superior de su hermano Cletus. Murió cuando él quedó malherido. Lo había olvidado... Tragó saliva. - Lo siento. - Murmuró, educado. No había tenido opción de darle el pésame a la joven, aunque sí lo hizo con su madre en su día. Melancólicamente, tuvo que sonreír oyendo hablar a Margaret de su comunidad. Entendía que no quisiera irse... Lástima que él no pudiera compartir dicho sentimiento. Y eso empezaba a generarle una amargura que no lograba entender, pues era algo que nunca se había planteado.

La mujer volvió a hacerle reír a carcajadas. - Puedo asegurarlo. - Mucho más divertida que la prefecta era, sin duda. Y bailaba mejor. La propuesta le hizo arquear una ceja mientras la escuchaba. Descolgó la mandíbula. - ¿Improvisar? ¿Yo? - Soltó una risa aspirada. - Lo que me faltaba. Creo que se ha quedado usted con la parte fácil del plan, señorita Lacey. - Dijo entre risas. Siguió riendo con sus comentarios. - ¡Eh! Kepler es muy buena compañía. - Hizo una pausa con una sonrisilla y luego dijo en tono bromista. - No digo que mis sobrinos no la sean. - Aunque el reto le hizo abrir los ojos y mirar a los lados. - ¿Cóm... algo que... ahora? - Boqueó. - ¿De irnos de aquí te refieres? - Frunció el ceño, pensando fuertemente. - ¿Pero no venía primero la lista? ¿Cómo sé por dónde quieres empezar? - Mostró las palmas. - Vale, vale. Improviso. Que sepas que aceptar retos de un Gryffindor no es mi estilo, pero... - Suspiró, mirando a su alrededor. - Supongo que estar en una verbena de pueblo tampoco, y aquí estamos. - Y ahora ¿qué hacía? En menudo jardín le había metido esa chica.

Se tiró sus buenos minutos pensando, tanto que temió que Margaret se aburriera y se fuese. En lo que miraba alrededor, dándole tantas vueltas a la cabeza que iba a empezar a salirle humo en breves, detectó una riña en la barra. - ¡He dicho que no te sirvo más, McArthur! ¡Que vas como una cuba! - ¡¡Ponme otra pinta, pedazo de tronco caído!! - ¡¿Ves?! No sabes ya ni lo que dices. - Toma mi dinero. - ¡Que no te pongo más! - Larry frunció los labios, miró de reojo a Margaret y, sin pensárselo mucho (porque como se lo pensara, no lo haría) se levantó de un salto y se dirigió hacia la barra opuesta, donde estaba ese amago de pelea. Porque el borracho empezaba a querer saltar hacia el camarero.

Se coló por detrás de la barra y dijo, tirando de naturalidad, pero con el corazón a trescientos por hora. ¿¿Pero qué estoy haciendo, por Merlín?? - No, no, buen señor, no se preocupe. Lo que mi compañero quiere decirle es que no puede servirle más de ESTA cerveza. ¡Porque tenemos otra mejor! - El borracho se calló, aunque no parecía muy convencido. El que sin duda le estaba mirando sin comprender nada era el camarero. - Ven, la tenemos en aquel tonel de allí. - Le indicó, abriendo mucho los ojos. El hombre, confuso, por tal de quitarse al borracho de encima, le siguió. - ¿Tú no eres el hijo de los O'Donnell, el alquimista? - Preguntó cuando Larry se agachó frente al tonel, con el hombre junto a él, totalmente confuso. En voz baja, le contestó. - Efectivamente. No vas a entrar en razones con ese tipo, así que dale lo que quiere él y lo que quieres tú. - El otro le miró. - No lo entiendo. - Él quiere más cerveza, pero tú no quieres que beba alcohol. - Terminó de dibujar lo que estaba dibujando en el suelo mientras hablaba, puso el tonel en el centro del círculo y juntó las manos. En apenas unos segundos empezó a salir una especie de vapor del interior del tonel que dejó al camarero con los ojos abiertos. - Separación. Ahora es cerveza sin alcohol. - Se puso de pie, se sacudió las manos con una sonrisa satisfecha y dijo. - De nada. - Antes de marcharse con Molly de nuevo para contarle lo que había hecho. Esperaba que lo considerara atrevimiento suficiente.




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Miér Sep 14, 2022 6:50 pm por Ivanka

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Sonrió y rio un poquito a lo de los libros. — Eso sí. No es tan mala perspectiva, ¿no? Los libros siempre son buena compañía. — Y con eso, ella misma había sonado muy Ravenclaw, pero es que los libros podían ser una aventura en sí mismos, y hacerlos llegar a todo el mundo, mucho más. Negó con la cabeza y dijo. — Dudo que un prefecto de Ravenclaw diga tonterías. — Y le dio un sorbo a la cerveza. — Va contra el puesto en sí mismo.

Tuvo que acabar riéndose ella también de lo de los hijos varones y se rascó la frente. — Por cosas como estas me alegro de estar hoy aquí bebiendo cerveza y no celebrando mi banquete de boda. Al final tenía yo bastante razón dejándole. — Suspiró. — Lo malo fue darme cuenta tan tarde, pero supongo que esperaba que algo cambiara o acostumbrarme yo… — Se encogió de hombros. — Es que es tan raro… Encontrar alguien que te quiera así y te mire y veas adoración… Que te dices a ti misma: esto no lo puedo dejar pasar. Pero supongo que era injusto para los dos. — Negó con la cabeza y perdió un poco la mirada. En el fondo no le sorprendía que pensaran mal de ella, había cometido una auténtica estupidez.

Bajó a la tierra solo para oír ese “hecho” a su propuesta. ¿Estaba haciendo planes… con Lawrence? Aparentemente, sí. Pero su interlocutor ya se había quedado taciturno, y no tardó en darse cuenta de que había sido por la mención a su hermano. — Gracias. Pero yo le recuerdo como a él más le gustaba. — Levantó la cerveza. — Bebiendo y bailando en las fiestas del pueblo. — Dijo con una gran sonrisa. — Y siendo alegre como él. — Dio un trago y pensó, por ti, Arnie, te hubiera encantado verme aquí con el hermano de tu gran amigo Cletus.

Y más haciéndole reír como estaba logrando, al parecer. Entre la cerveza y el ambiente, estaba logrando sacar a un Lawrence un poco más espontáneo y distendido. aunque siguiera prefiriendo la compañía de Kepler a la de los seres humanos y se hubiera escandalizado con la insinuación de Molly de improvisar. — Claro, Lawrence, ahora, porque si esperaras a hacerlo, en verdad ya estarías planeando otra vez. — Contestó entre risas. entornó los ojos con una sonrisa y negó con la cabeza. — Veeeenga que no te sienta tan mal, admítelo.

Y tanto que no le sentaba mal, como que se lanzó al otro lado de la barra antes de que Molly pudiera pincharle más o darse cuenta, después del rato que había pasado prácticamente oyendo sus neuronas estrujarse para improvisar. Miró la escena atónita, y hasta le dio un trago de cerveza para asegurarse de que no estaba soñando. Lawrence O’Donnell, el gran alquimista, fingiendo ser camarero con un borracho del pueblo. Parpadeó. Si se lo hacen jurar, pierde el honor. Espera, ¿estaba haciendo un círculo de transmutación en el suelo? No, no, eso no podía ser, hombre… Pues era. Algo le había hecho a la cerveza, pero es que la seguía teniendo atónita. Cuando Larry estuvo a su altura le miró abriendo la boca en una sonrisa. — No sé qué me ha sorprendido más, si la naturalidad con la que te has ganado al borracho o la rapidez de hacer un círculo de transmutación en el suelo, ¿puedo saber qué ha sido eso? — Preguntó con una carcajada. — Vas a obligarme en traerte una planificación a cuatro colores de rutas clásicas de Irlanda.





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Lun Sep 19, 2022 2:24 pm por Freyja

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Todo lo que había intentado alardear y naturalizar ante el tabernero y el borracho se fue desvaneciendo conforme se dirigía de nuevo hacia Margaret. Soltó aire por la boca en un resoplido prolongado, con los ojos muy abiertos, y se dejó prácticamente de caer en el asiento junto a la mujer, casi jadeando. - A diferencia de ese pobre desdichado, creo que yo sí que necesito un poco más de alcohol. - Dio un gran trago a la pinta, tan grande para lo que solía él hacer que, mientras el líquido pasaba a duras penas por su garganta, cerró los ojos con fuerza y, cuando consiguió tragar, tosió un poco.  Casi cuela el intento de hacerse el festivo distendido.

Soltó una única carcajada con la que ladeó irónicamente la cabeza, ya un poco recuperado del trago y tras el comentario de la chica. - Y bien bonita y estructurada espero que sea dicha planificación de colores. Por Merlín, siento que se me va a salir el corazón del pecho. - Y al decirlo, la miró a los ojos, y se le escapó una risa. - Yo no soy hombre de locuras, Margaret. ¿Cómo lo has hecho para lanzarme a una? ¿Con tan pocos Gryffindor me he relacionado en mi vida que no tengo inmunidad alguna ante ellos? - Preguntó bromista, volviendo a reír. Puede que no fueran "los Gryffindor". Puede que fuera ella en concreto la que despertaba cosas en él que hasta ahora no había despertado nadie.

- En efecto, eso que he hecho es un círculo de transmutación. El proceso en concreto se llama separación, y como indica su nombre, consiste en separar las diferentes partes o esencias de las que se compone algo. Lo he hecho en este caso con la cerveza, separando el alcohol del resto de la composición y, añadiendo calor al círculo, haciendo que este se evaporase. Así, el borracho seguirá borracho y pensando que añade más alcohol a sus venas, pero es poco más que cebada y agua. - Eso último lo dijo con una leve risa. - Supongo que... ser un erudito aburrido que vive estudiando en su laboratorio también puede ser divertido. Quién lo iba a decir. Mi hermano no, desde luego. Y si me apuras, ni yo mismo. - Rio de nuevo, y sus risas salían muy espontáneas, un poco nerviosas y aceleradas. No recordaba haberse reído tanto... nunca, prácticamente. No es que él fuera un chico hosco, pero no era una fiesta del pueblo su lugar predilecto. ¿Estaría borracho el también?

Resopló una vez más, aunque con una sonrisa en los labios, dejándose caer rendido en el respaldo de su silla. - Estoy como si me hubieran dado una paliza. No sé si se ha notado, pero he ido muy tenso a hacer todo eso. - Miró a la chica. - Me toca mi premio: esa planificación tan bonita. - ¡¡Vamos!! ¿Por qué hay tanta gente sentada? ¿Dónde están vuestros espíritus irlandeses? ¡¡Es la hora de bailar!! - Vociferó una voz altamente coreada, y ciertamente, eran de los pocos que quedaban sentados. Dejó escapar el aire por la boca con un toque de resignación. Sí que estaba cansado... y había bailado más que en toda su vida ese día, que él no era de bailar. Pero miró a Molly y... tras un par de segundos en blanco, como si no fuera capaz ni de pensar, sonrió. - Podemos salir, si quieres. - Porque él no era muy de bailar, pero ella sí. Y una persona tan alegre como Margaret, y que se lo estaba haciendo pasar mucho mejor de lo que él hubiera imaginado, no se merecía ser de las pocas que quedaran sentadas mientras medio Ballynow estaba bailando.





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Lun Sep 26, 2022 3:40 pm por Ivanka

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Se echó a reír con lo del alcohol y le señaló. — Dale, dale, te lo has merecido más que nadie, alquimista. — Y se terminó ella la suya, más que nada para parar la risa, porque no daba crédito de lo que acababa de ver. Pero volvió a hacerla reír con lo de la planificación. — Tan estructurada que te va a devolver a tu ritmo cardíaco normal, palabra de irlandesa. — Miró hacia atrás y se volvió con cara de niña traviesa. — Pero yo creo que la mujer de McArthur y el bueno de Buddy te deben una. — Y otra vez le entró la risa (puede que la cerveza fuera teniendo algo que ver en Larry soltándose con las gracietas y ella riéndose de todo, pero solo Merlín sabía la falta que le hacía). Se encogió de hombros y agrandó la sonrisa. — A veces merece la pena hacer locuras, Lawrence. Te da vidilla, te cambia la forma de ver las cosas… Y, sobre todo, es divertido, mira cómo te estás riendo. — Dijo, no pudiendo contener ella misma las carcajadas.

Pero paró para atender a lo que le contaba sobre la transmutación, y más aún, para admirar cómo se le iluminaba la cara a Lawrence al explicar la alquimia. De hecho, iba a contestarle y… No le salieron las palabras. Se quedó simplemente con aquella sonrisa que se le había instalado y mirando al hombre… Hasta que pudo decir. — Guau. Suena… Complicadísimo… Nunca hubiera imaginado que funcionaba así. Genial, Molly, acabas de quedar como una auténtica descerebrada de tu casa… Bueno, es que no era difícil delante de alguien tan erudito… Uf, ya empezaba a espesársele el pensamiento.

Ni mal le vino la interrupción de lo de la planificación, porque para planificar bonito y ordenado estaba ella, entre las risas, la cerveza y esa confusión tan rara que le había dado. Larry parecía que estaba un poco de su estilo, pero al final dijo que si quería salir a bailar. — ¿No decías que estabas cansado? — Preguntó con una risita. Pero vio en su cara que su invitación era sincera y dijo. — Bueno… Bailar, sobre todo bailes tradicionales, es bastante estructurado, y también te lo puedo enseñar. — Dijo tendiéndole la mano y llevándoselo a donde bailaban los demás. En verdad, ella misma estaba un poco embotada, pero ¿por qué no? Colocó su manos como si giraran en un corro y dijo. — Media vuelta a la derecha, media a la izquierda, repetimos. — Luego se soltó de una mano con una sonrisa y avanzó hacia delante. — Tres pasos, parada, vuelta, y otros tres pasos. — Concluyendo al volver a la posición. — Y me haces girar. — Dijo mientras lo hacía. Al terminar le sonrió y dijo. — ¿Listo para empezar en cuanto empiece el compás? Confío en tu buena memoria de erudito.






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Jue Ene 19, 2023 1:49 pm por Freyja

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Se encogió de hombros, y sonrió con los labios fruncidos, como un idiota, claramente por efecto del alcohol. No le gustaba no tener su mente lúcida, pero... ¿no le habían dicho sus padres y su hermano que aprovechara las vacaciones y la vuelta al pueblo para desmelenarse un poco? Era el máximo nivel de desmelene que iban a conseguir por su parte así que podían darse todos por satisfechos. Sí, estaba cansado, pero le gustaba la sonrisa de Margaret y cómo reía mientras bailaba, como parecía disfrutarlo. ¿Era malo querer que disfrutara? Se la veía una chica alegre y ese día podría haber estado mucho peor... O sea, quería decir... No peor de que... Que le traía malos recuerdos... Por lo de... ¿A quién se suponía que le estaba dando explicaciones?

Arqueó las cejas, y luego miró a otra parte, pensativo. - Lo cierto es que... los bailes de salón sí que tienen cierta estructura. - Y entonces cayó en algo que le hizo dar una palmada en el aire, con los ojos muy abiertos, y señalarla. - ¡Eh! - Sí que estaba desinhibido. - ¡Me has visto bailar antes! Claro que sí. Yo siempre bailaba con mi compañera prefecta en las galas del colegio. Era el protocolo. - En su cabeza sonaba mucho mejor de como claramente debió haber sonado al decirlo, pero igualmente se irguió con orgullo. - Para que veas, no era tan tronco como se me ha hecho quedar. Aunque a un buen Ravenclaw siempre le gusta aprender, sobre todo desde la estructura, por lo que no me opondré en absoluto a dicha enseñanza. - Rio levemente mientras terminaba la frase. Estaba diciendo más tonterías en ese rato que en toda su vida.

Se dejó arrastrar con una sonrisa y siguió sus pasos. - Ajá. - Contestó, concentrado, a las primeras pautas. La teoría no parecía complicada. La poca costumbre de sus pies a bailar era otra cosa. Siguió haciendo las pautas. Ya estaban siendo demasiados pasos esos. A su frase, rio y fue a responder. - La buena memoria es lo m... Espera. ¿Cómo que listo? - ¿Pero eso no era en sí el baile? No, claro que no. No había ni terminado la pregunta cuando empezó la música, y era más rápida de lo que esperaba. Se aturulló un poco, se le notó en la cara, pero intentó reproducirlo lo mejor que pudo... No le fue muy bien. - Tres pasos, parada, tres... ¡No! - Se tropezó con ella. - ¡Perdón! - La gente ya estaba girando. Se había quedado atrás. Intentó acelerar el ritmo, pero eso hizo que girara a Molly más rápido de la cuenta y cuando ya los demás estaban en otro paso, por lo que trastabilló de nuevo. - Perdón. - Volvió a decir, y miró al resto. A ver, mejor paraba y retomaba... Vale, ya sabía por dónde iban... Pero... - ¡Eh! ¡Ese paso no estaba! - Había una pareja improvisando por ahí. De nuevo tocaba girar, esta vez intentó no ser tan brusco, pero Molly parecía muerta de risa. Frunció el ceño. - ¡No te rías! Esto es un desastre. - Pero le dio la risa a él también, tanto que paró de bailar, echándose a reír, doblando el tronco, pero sin soltar sus manos. - Perdona, perdona. No estamos bailando ni nada al final. - Se aclaró la garganta para espantar la risa, se fijó en el resto y trató de volver. Media vuelta... A la... Nada, ya se le había ido. Le dio por reír de nuevo. Lo mejor que podía hacer era dejarse llevar por Molly y seguir con la mirada a los demás, a ver si se le quedaba el ritmo, pero estaba difícil. Y en uno de los giros, la música se detuvo de repente y se quedó con los brazos rodeándola, riendo ambos, y... Oh, demasiada cercanía para mirarla a los ojos. Se separó, aclarándose la garganta, aunque la sonrisilla no se le iba. - Espero que sea consciente, señorita Lacey, de lo mal que me acaba de hacer quedar ante usted. - Dijo bromista, entre risas. Alzó ambos brazos y los dejó caer. - Para que vea. No es como que a los alquimistas ex prefectos de Ravenclaw se nos dé bien todo, ha quedado demostrado. -




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Dom Ene 22, 2023 9:09 am por Ivanka

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Se tuvo que reír a lo de la estructura de los bailes. — ¿Tú necesitas una estructura para todo? — Dijo riéndose y mirándole con los ojos un poco borrosos ya de la cerveza. — Esto no se puede transmutar, Lawrence, son recuerdos, risas… No tienen estructura. Simplemente hay que vivirlos. — Hizo una pedorreta a lo de la prefecta. — ¡Uy sí! Vaya fiestón traíais la prefecta y tú. Eso no cuenta, hombre. — Dijo entre risas. Nunca pensó que le haría tanta gracia un señor alquimista que en el fondo seguía siendo un buen niño, que ni siquiera se atrevía a bailar algo que no fuera un vals con su compañera. Era como… Todo lo contrario a ella, pero algo había en él que no podía evitar que le encantase.

De hecho, no paraba de reírse al verle bailar. — Eres la persona que menos se deja llevar por la música que haya conocido jamás. — Le dijo sin parar de bailar ni reírse. Cada vez que daba una vuelta sobre sí misma, le veía más perdido, y trataba de tenderle la mano y que no perdiera el ritmo, pero es que era demasiado gracioso. — De perdona nada, hacía no sé cuánto que no me reía así, te lo juro. — De hecho es que no podía parar, era tan incontrolable que estaba llorando. — Es que encima te has parado a regañar a una pareja. — Y más que seguía riéndose, y tratando de bailar algo. Y, de hecho, así de rápido se le había pasado, que la música se paró de golpe y ella apareció en los brazos de Lawrence. Seguía riéndose, pero había bajado considerablemente el ritmo, porque no se lo esperaba. — Ya no te hago bailar más, te lo prometo. — Comentó así, con ligereza, como si fuera lo más normal la cercanía que acababan de tener, y como si no se le hubiera acelerado el pulso tremendamente. Negó con la cabeza. — No es verdad, no has bailado tan mal, es que tienes estándares de alquimistas. — Tenía que mirarse por qué le hacía sonreír tan tontamente esa tontería de “señorita Lacey”. Subió las palmas de las manos con gesto inocente. — No se puede ser perfecto en todo, ya era hora que algún Gryffindor le diera una lección a Ravenclaw. — Amplió la sonrisa y alzó los ojos. — Bueno y… si sigue en pie lo de enseñarte cosas de Irlanda… Puede que te enseñe algo más.

Se sentía extraña, como muy extraña, de hecho, se había quedado sin saber cómo proceder, y eso en Molly era MUY raro. — Bueno, creo que… Ya está bien de fiesta por hoy, que… Bueno, mi madre está sola y eso y… — Se rascó la frente y dijo. — Supongo que un caballero prefecto alquimista de Ravenclaw… Querrá acompañarme a casa. — ¿Por qué estaba diciendo eso? ¿Quería que la acompañara? ¿Que todo Ballyknow les viera? No, no es que quisiera, pero… Al diablo con las habladurías, me puedo dejar cuidar una noche, aunque solo sea una. Echaron a andar por el camino de su casa y ella se cogió las manos detrás como una colegiala, mientras dejaban el ruido de la fiesta a sus espaldas. — Me lo he pasado muy bien… Dales las gracias a Amelia y a tus padres, que han entretenido y cuidado muy bien a mi madre… Y bueno… Gracias a ti también por… Bailar conmigo e invitarme y todo eso. — Ladeó la sonrisa y se giró a mirarle. — Me gusta este prefecto O’Donnell. Puedo acostumbrarme a tenerte por el pueblo… Aunque sea este mes y pico o menos que te queda aquí. — ¿Por qué le pesaba el pecho al decir aquello? — Hoy… Estaba muy triste. O perdida, más bien. Y tú… Bueno, lo has hecho más llevadero y es apasionante oírte hablar de tu trabajo. Gracias. — Ya estaban delante de su puerta y eso la hizo suspirar. — Vivo aquí. — Dijo señalando a su espalda con una risita. — Así que… Supongo que… Nos vemos un día que no tengas mucho lío para que te enseñe o te cuente unas cuantas cosas de Irlanda, ¿vale? — Se acercó y dejó un beso en su mejilla. — Cuando quieras. — Se giró hacia su puerta y dijo antes de cerrar. — Buenas noches, alquimista. — Y, por algún motivo, necesitó dar una profunda respiración en cuanto se vio sola, como si se le hubiera escapado todo el aire de los pulmones.






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Dom Ene 22, 2023 12:57 pm por Freyja

II. Un buen día
Lawrence • 25 de julio de 1953
Rio y asintió, fingiendo alivio y obviedad cuando le dijo que ya no le haría bailar más... aunque... se había divertido. Es decir, no era su estilo, él era más de... estar tranquilo, analizar, estudiar, investigar... charlas, debates... Pero eso había sido ciertamente divertido. No era como que fuera a abonarse a todas las fiestas, entre otras cosas... porque dudaba que con otra chica se lo fuera a pasar tan bien. No era el baile, era la risa de Margaret y su forma de hablar lo que le divertía. Pensaba en repetir aquello o en hacerlo solo o con otra persona y se le ponían los pelos de punta. Pero pensaba, en cambio, en no volver a hacerlo jamás con ella... y le daba cierta pena. Ah, el alcohol, qué de tonterías te hacía pensar...

Arqueó una ceja y rio con lo de que no había bailado tan mal, y esa fue su única respuesta al comentario. Algo le impedía parar de reír, y tenía aún la respiración demasiado acelerada por el baile como para hablar mucho. - Ya era hora, es cierto. - Corroboró, en cambio, a lo de las lecciones, añadiendo otra risa jadeada y pasándose la mano por la frente. Ah, estaba sudando, se notaba los rizos mojados. Menudas pintas debía llevar... Entre lo patoso y lo desaliñado... Vaya impresión. A la chica no parecía importarle, de todas formas. O quizás estaba siendo mínimamente cortés y ya no quisiera verle más tras aquel espectáculo dantesco. No era lo que parecía, no obstante. Sonrió y asintió, con su gesto cortés de cabeza habitual. - Estaré encantado. Un Ravenclaw siempre está dispuesto a aprender, cuanto más, mejor. - A la vista estaba, que hasta bailes se ofrecía a aprender... Bueno, eso algo le decía que no era por su ansia de conocimiento, sino por el poder que esa chica había ejercido en él aquel día.

Pero por hoy se acabó la fiesta. Tragó saliva y bajó la mirada con una sonrisa apurada. Claro, si... en realidad... hacía un rato que debían haberse ido... Era raro, en él sobre todo, que se hubiera liado tanto en una fiesta. - Claro, claro. Por supuesto. - Afirmó, tras lo cual rio levemente. - Aún me puedo ir en alto, si realmente no he bailado tan mal. Repetir correría el riesgo, por increíble que parezca, de empeorarlo. - Bromeó, broma que le sonó un tanto estúpida una vez dicha, pero ya no la podía desdecir. Como mucho podía rascarse los rizos de la nuca y mirar hacia abajo, pensando en lo bobo que podía llegar a ser. Ya pensaba que Margaret iba a salir corriendo cuando le pidió que la acompañara, lo que le hizo subir la mirada súbitamente. Un poco evidente la sorpresa, quizás. - ¡Oh! Claro, claro. Por supuesto, faltaría más. - Claro que iba a ofrecérselo, era la mínima cortesía después de haberla entretenido tanto. Lo sorprendente es que fuera ella quien se lo solicitase primero. Tan parado estás que se te adelanta, Lawrence O'Donnell.

Después de tanta charla, baile y ridículo, ahora no sabía bien qué decir. Caminaba a su lado, pero ambos portaban una sonrisita. Al menos no resultaba nada incómoda la presencia, por lo que a su parte respectaba al menos, lo cual era un avance considerable. La miró cuando habló, parpadeando. - ¡Oh! No, em... No hay de qué, pero no hay que darlas, tampoco. - Ladeó una sonrisa. - Admito que no soy especialmente fiestero, ni amante de estar en el pueblo... por si no ha quedado ya constancia. - Dijo con una leve risa. - Así que a mí también me ha venido muy bien esto. Te agradezco la compañía... Y las clases de baile. - Bromeó, aunque en el fondo lo decía bastante en serio. Lo siguiente le dijo le sonrojó las mejillas de una forma demasiado descarada. A ver qué respondía ahora. - Gracias... - ¿Esa es tu mejor respuesta? - Quiero decir... Está bien saber que... hay más gente por el pueblo con inquietudes culturales... aparte de mi familia... Bueno, y con las que echar un buen rato. - Que no todo es estudiar en esta vida, Larry. Esa frase había sonado en su cabeza con la voz de Cletus. - Me gusta... esta alumna de Gryffindor experta en fiestas y en Irlanda. Supongo que... también podría acostumbrarme... a venir más a menudo y... llevar Irlanda en la piel, como dices tú. - Apuntó, con una sonrisa.

- Ah. Sí. Claro. - Estaban delante de su puerta. Como que no sabía él de sobra dónde vivían las Lacey, que Ballyknow no era tan grande y Lawrence se orientaba muy bien. - Claro. Me encantaría. - ¿Habían acordado verse de nuevo? Eso parecía. ¿Y cómo se procedía a ello? ¿Debía esperar a que ella le avisara, o ir a buscarla? ¿Y si el día que iba a buscarla no le venía bien? ¿Y cuál era el tiempo de espera apropiado? ¿Y si iba demasiado pronto y resultaba un pesado o un acosador? ¿Y si esperaba tanto que parecía un desinteresado? Le preguntaría a Cletus... Ah, no. No tenía ganas de escuchar sus burlas. Se le cortó la divagación de inmediato, porque la chica dejó un beso en su mejilla. Menuda cara de idiota se le debió quedar, había despegado los labios y la miraba con los ojos muy abiertos. - Claro. Claro. - Repitió. Ya habías respondido a eso, Lawrence. De verdad, ¿¿qué diantres estaba haciendo?? Mejor cerraba la boca y sonreía. - Buenas noches... maestra. - Y ella entró a su casa y él se quedó allí, parado, unos instantes. Giró sobre sus talones y desanduvo el camino, con las manos en los bolsillos... pero no perdía la sonrisa, y mientras repasaba en su cabeza las escenas de aquel día, pasó los dedos por su mejilla. Casi podía sentir el beso en ella todavía. Y dudaba que el recuerdo se le fuera a ir en mucho tiempo. Aunque no lo pudiera transmutar, podía llegar a hacerlo eterno.




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Dom Ene 22, 2023 3:35 pm por Ivanka

III. Irlanda en la piel
Margaret • 26 de julio de 1953
Oyó una llamada en la puerta, muy corta, y esperó a que quien fuera entrara. Estaba con el delantal de tener unos cinco hechizos domésticos echados a la vez y estar horneando un pastel de arándanos y limón y haciendo un estofado a la vez, el pelo recogido en un moño y la cara un tanto colorada y sudorosa. Todo con tal de que su madre se estuviera un poquito quieta (no iba a suceder porque ya la estaba viendo mirar con ojos deseosos los cubos de la colada). Le extrañó que quien fuera que había llamado no entrara, porque casi todo el mundo en el pueblo lo hacía así, por lo que se acercó, un tanto acelerada y abrió la puerta.

Cuando se encontró a Lawrence O’Donnell perfectamente vestido y peinado, oliendo divinamente a colonia cara y con esa sonrisita de niño bueno, casi le da un pasmo. Primero por verle allí, segundo por saber que estaba ella en semejante estado, en contraste con él. — ¡Lawrence! Exclamó, saliéndole del alma. — ¡Qué alegría verte! — Paseó de nuevo los ojos por el hombre y se miró a sí misma. — Ehm… Perdona es que no te… O sea es que estaba aquí con cosas de la casa… — El corazón se le estaba acelerando hasta el punto del peligro. — ¿Me das cinco minutos y bajo como una persona decente? — Cerró la puerta de la calle y dejó salir un suspiro entre sus labios, con una leve risa, subiendo corriendo por las estrechas escaleras de su casa. Su habitación era minúscula y tenía muy poca ropa, así que casi todo lo que tenía estaba a la vista. Cogió un vestido azul verdoso con florecitas, que se ponía mucho cuando salía con Graham. Claro que entonces tenía dieciocho años, y bastante lo usó en su día. Pero tendría que valer porque tampoco tenía muchísimas más cosas. La puerta abriéndose de golpe la sobresaltó.

¡Madre! ¡Casi me mata del susto! ¿Qué hace en la planta de arriba? — Su madre, ignorándolo todo, cerró tras de ella con confidencialidad. — Margaret Lacey, ¿es el muchacho de los O’Donnell el que está delante de mi puerta? — Eso le hizo reír, mientras empezaba a desabrocharse la blusa para cambiarse. — Muchacho, dice. El muchacho tiene treinta años y se llama Lawrence, madre. — La otra señaló con el pulgar por la ventana y bajó el tono, como si pudiera oírles desde allí. — ¿Y te está esperando a ti? — Ella se encogió de hombros con una sonrisa y una mirada de evidencia. — ¿Pues usted qué cree? Ha venido él solito a llamar a mi puerta así que… — Su madre la miró de arriba abajo con los ojos muy abiertos. — ¿Me estás queriendo decir que el muchacho de los O’Donnell ha venido a invitarte a salir y no le has dejado pasar? — Molly suspiró. — Madre… — Y no irás a ponerte eso, ¿verdad? — Dijo cogiendo el vestido como si fuera un trapo de cocina. Ella alzó las manos porque acababa de quedarse en combinación, pero su madre le había quitado el vestido que iba a ponerse. — Bueno, ¿y qué sugiere que me ponga? Tampoco tengo tantas cosas. — Su madre suspiró y espantó algo en el aire. — Mañana nos vamos a ir de compras, te he permitido dejarte demasiado tiempo. — Más abrió los ojos Molly. — ¿De compras? ¿Qué somos ahora? ¿Británicas o algo? — Su madre se rio y le acarició la mejilla. — Solo quedamos tú y yo, pastelito. Si no me gasto algo en ti, ¿en qué me lo voy a gastar? — Ella suspiró, pero mantuvo la sonrisa. — Vale, y hasta que vayamos mañana de compras, ¿me devuelve el vestido por favor? — Dijo extendiendo la mano. — No, señora. No serás británica en la cuenta del banco pero es que no lo eres ni en los modales. Vístete, y haz pasar al O’Donnell, invítale a un té o algo, hija. Y yo mientras — dijo agitando el vestido en el aire —, voy a arreglarte esto para que no parezcas una bibliotecaria pueblerina saliendo con un importante alquimista. — Ella se mordió los labios por dentro mientras se subía la cremallera de la falda. — Pues es que soy una bibliotecaria pueblerina, madre, y él es alquimista, pero no tan importante. — Pasó por la puerta y le dijo. — Y no suba más a la planta de arriba, ¿quiere? Que no quiero disgustos.

Bajó de nuevo y abrió la puerta con una sonrisa. — Sé que no me he cambiado, pero es que mi madre está empeñada en que te haga pasar y en arreglarme un vestido que me quería poner… — Se apartó de la puerta y señaló el estrecho pasillo que llevaba hasta la salita-cocina con los cinco hechizos maniobrando por medio. Qué desastre. — Pasa, por favor, ahora en seguida saldrá mi madre… — Estiró la cabeza buscándola. ¿Qué andaría haciendo? Miedo le daba. Cerró tras Lawrence. — Perdona, es que no me gusta que ande sola por la planta de arriba, no está muy fuerte y esas escaleras las carga el diablo… Pero cualquiera le pone límites a Rosaline Lacey. — Le condujo a la modesta salita, donde se juntaban la cocina, la mesa de comer entre medias y los pequeños sofás y la butaca de su madre al otro lado.

Siéntate, por favor. — Dijo señalándole una de las sillas, momento en el que se percató que su canastilla, con todas las cosas del vestido de novia que ya no iba a usar, estaban allí al lado, con el velo sobresaliendo y se apresuró a agacharse. — Perdona, ehm… — Si es que ni intentándolo dejaba de ser la novia abandonada del pueblo. — Es que no sé qué hacer con todo eso, así que sigue por medio. — Le miró y suspiró, con una gran sonrisa. — Pero me alegro mucho de que estés aquí.







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Mar Ene 24, 2023 12:19 pm por Freyja

III. Irlanda en la piel
Lawrence • 26 de julio de 1953
- ¡El tito Larry ha quedado con la profe! - Canturreó Cillian. Larry echó aire por la nariz y, tras ajustarse la corbata en el espejo, se giró hacia Cletus, que aguantaba la risa. - Recuérdame qué hacéis tu hijo y tú en mi cuarto viendo cómo me visto. - He decidido que mis hijos presencien el mayor número de hitos históricos posibles, para que sean personas cultas el día de mañana. Tú eres Ravenclaw, deberías valorarlo. - ¿Y qué hit...? - Ya, era una broma de su hermano, pero por desgracia se había dado cuenta antes de poder plantearse no hacer la pregunta. Ya estaba lanzada. Y por supuesto que Cletus la iba a recoger. - El hecho de ver a mi hermanito el alquimista intentando ligar. - ¡¡El tito Larry tiene novia!! - ¡Qu...! ¡No! ¡Parad! - Se aturulló, provocando las risas de ambos. - Ni est... - ¡¡Hijo!! - Hala, su madre, la que le faltaba. Alzó los brazos y los dejó caer, pero la mujer ya estaba directamente metida en su cuarto, secándose las manos con un trapo de cocina y con el delantal puesto. - ¡Dime que vas a pretender a Margaret Lacey! - Lo que pretende es hacer el ridículo, al parecer. - Contestó Cletus, con voz de protesta, y acto seguido se asomó a la puerta y bramó desde arriba de las escaleras. - ¡EH, PAPÁ! Dile a tu hijo que no se puede ir a buscar a una chica el día después de haberos citado, que a mí no me hace caso. - Se frotó la cara. De verdad que le iban a hacer ir histérico.

- Oy, qué alegría me das. - Dijo su madre, contenta, y ya se acercó a recolocarle la corbata. - Pero ponte esto bien... - Madre. Por favor. - Se apartó. Miró a Cletus y bufó. - Dejadme vestirme, por el amor de Merlín. Y tú, cállate ya. Me estás poniendo histérico, y dando muy mal ejemplo de burla a un adulto a tu hijo. - Háblame de crianzas cuando seas padre. - ¿Quién me llama? - Preguntó el señor O'Donnell, apareciendo por allí. No, por favor, más gente no. - ¡Fuera! - Echó. - ¡Todo el mundo fuera! - ¡Eres un cascarrabias! ¿Qué vas a dejar para los ochenta años? - Si seguís atacando mis nervios de esta forma no llegaré a los ochenta años. - Se quejó, empujando a todo el mundo fuera de su habitación y cerrando la puerta.

Resopló y se miró de nuevo al espejo. ¿Sería verdad? ¿Estaba yendo demasiado pronto? Pero a ver ahora quién decía que no iba, cuando ya se había enterado toda la familia, y como siguieran parloteando así, pronto se habría enterado todo el pueblo. Respiró hondo. A ver... no era... una cita ni nada. Solo quería charlar. Bueno. Pasear. Bueno. Le había dicho que quedarían, ¿qué iba a hacer? ¿Faltar a su palabra? Iba a quedar fatal eso. ¿Pero y si Cletus tenía razón y era demasiado pronto? No, no, solo se estaba metiendo con él, seguro que de dejar más días pasar también diría algo al respecto. Además, Larry no iba a estar toda la vida en Ballyknow, sino el verano nada más. En proporción a toda una vida, quizás lo esperable serían varios días, ¿pero en proporción a un par de meses? Ahí sí veía lógico esperar solo uno... En su cabeza tenía sentido. Esperaba que también en la de Molly.

Bajó al trote las escaleras con intención de abandonar la casa sin ser visto. Como si no estuviera toda su familia esperándole. - Eh eh eh, que se cree que se puede escapar. - Levantó Cletus la liebre. Cillian volvió a correr hacia él. - ¿Vas a llevarle flores? - ¡No! ¡No es una cita, he dicho! - Ay, hijo... - Suspiró su madre con cansancio. - De verdad, no dejes pasar oportunidades... - Está feísimo esperar a que me muera para hacerme abuelo. - ¡¡Padre!! Por Merlín... - Se azoró. Primer tirón a la corbata del puro agobio. - Ya tiene usted tres nietos, ¿le sabe a poco? - Los animales siempre queremos ver perpetuados nuestros genes en el mayor número de ramas posibles. Venimos del animal, Lawrence O'Donnell, nunca lo olvides. Eso le hace a uno tener siempre la cabeza en la tierra... - Me voy. - Remató, porque no estaba para charlas darwinianas, se iba a poner aún más de los nervios e iba a acabar soltándole alguna tontería de esas a Molly, y ya sí que no iban a quedar más. - ¡Ánimo, Romeo! - No es una cita. - Si es que no podía evitar protestar. Si ya estaba para irse, ¿qué hacía girándose para responder? - Ayer quedamos en volver a vernos y me parece descortés tenerla esperando. No quiero parecer un desinteresado. - Eso es precioso, hijo. - Es el mínimo de educación que se espera de alguien de mi posición. - No olvides lo de que somos animales, Larry. - Se burló Cletus, y de verdad que estuvo muy tentado de decirle que se fuera a su casa, que parecía que no tenía una, pero casi mejor se iba él.

Ahora que se veía ante la puerta estaba un poco arrepentido. Igual sí que había sido demasiado pronto... - ¡Buenas tardes! - ¡Oh! Buenas, buenas tardes. - Respondió, nervioso, y las dos mujeres se marcharon de allí, del brazo y cuchicheando. Genial. Lo dicho, se iba a enterar el pueblo entero. ¡Por eso no le gustaba el pueblo! Se nutría de habladurías y no podía uno proceder con naturalidad y sin dar mil explicaciones a las cosas. De haberse quedado el verano entero encerrado estudiando, también habría dado que hablar. Ni respirar podías. Y hablando de respirar... Llenó los pulmones y echó el aire lentamente, tratando de relajarse. ¿Por qué estaba tan nervioso? Ni que no tuviera amigas. Bueno, compañeras de profesión. Molly sería una amiga del pueblo, le venía bien tenerla. Una persona con quien hablar de cosas culturales, despejarse y reírse, en vez de pasarse todo el tiempo simplemente en casa con la familia. Sí, eso. Era normal, natural. Volvía a tener sentido en su cabeza.

Llamó a la puerta, y hasta sus nudillos parecían estar tímidos aquel día, porque en lugar de golpear varias veces con seguridad, apenas dio un toque y parte del otro. A saber si se habría escuchado, pero esperaría, por si acaso... Sí que se había escuchado. Y, definitivamente, había pillado a la joven en mal momento. - ¡Oh! - Exclamó, reajustándose las gafas inmediatamente. ¿Por qué las llevaba? Solo se las ponía para leer de cerca. Se las tenía que haber quitado... - ¡Perdona! Veo que... estás ocupada... - Hizo un gesto hacia atrás. - Puedo... volver otro día si... - Pero ella se le adelantó, entrando de nuevo en casa para cambiarse. Bien... pues... esperaría, entonces.

Se escuchaba el murmullo de las calles, de las personas charlando y los niños jugando, mientras él seguía en silencio en la puerta, esperando. Al cabo de un par de minutos, volvió a caer en lo de antes y, rápidamente, se quitó las gafas y las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta. ¿Por qué se había puesto chaqueta? Hoy hacía calor. Aunque bueno, allí nunca se sabía cuándo podía ponerse a llover. Al cabo de otros minutos, la puerta se abrió de nuevo... y Molly salió igual que antes. No le dio tiempo a pensar, ya le resolvió ella la duda. Sonrió. - No querría molestar... - Pero le estaba invitando a pasar, así que eso hizo, tímidamente. Había varios hechizos danzando por ahí, lo que le hizo sonreír. Sí que estaba ocupada, pero aquello, dentro de la ocupación, emanaba la alegría que ella misma traía siempre consigo. Se sentó donde le indicaba, dándole las gracias con un gesto de la cabeza, pero vio cómo se apuraba en recoger algo que... ah. Parecían cosas de la boda. Desvió la mirada para no incomodarla.

Y entonces le dijo que se alegraba de verle allí. ¿Había acertado, entonces? Sonrió. Bien. Era Ravenclaw, le gustaban los aciertos. - Siento no haber avisado previamente, es... - Se mojó los labios, pensando qué responder. - Bueno, pensé que no iba a estar mucho por aquí y... quería aprovechar la estancia. - ¿Ahora estás justificando por qué has venido tan pronto? Se preguntó a sí mismo. Y en referencia a las cosas, señaló graciosamente la caja e hizo una broma de las suyas. - Si te estorba, lo podría transmutar en otra cosa. - Menuda tontería acababa de decir. Negó con la cabeza. - Perdona, es... Bromas de alquimistas. - Mejor se callaba y la dejaba ir a cambiarse, que al final la iba a incomodar.




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