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Jue Sep 23, 2021 6:28 pm


La Comedia de las Equivocaciones


El que juega con fuego se acaba quemando, pero jugar con el destino... eso ya son palabras mayores. Y es que de todas las realidades donde nuestros protagonistas podían no haberse conocido o incluso llevado una amistosa relación, hasta aquellas donde las ansias podrían haberles reconcomido durante años, Catherine Evans y Adam Lancaster tienen reservado un destino más propicio a lo que cualquiera querría en su lugar: el descubrimiento de un amor, la sensación de flotar, las monstruosas inseguridades que atacan cuando uno menos lo espera, los baches en el camino, mucho Shakespeare y, sobre todo, un mundo compartido entre ambos donde Grecia resplandece en el horizonte y los dioses nunca se han ido.






Catherine Evans
ELLA | EVA GREEN | MARLOWE
No habría sido difícil para nadie reconocer a Catherine Evans en su época de estudiante. Pelo negro como el carbón, eyeliner y ropa oscura, con más ganas de leer, ver películas o escribir que de socializar. Las malas caras o las burlas no faltaban tampoco cuando levantaba la mano y respondía a algo que los demás no sabían o hacía una pregunta que solo ella y su profesora entendían. Perdida en un mundo de fantasía propio que la enfrentaba en muchas ocasiones con la vida real de una forma casi cruel, los años pasan para todos y si a algo ayuda la compleja adolescencia es a madurar. La ropa oscura no empezó a escasear en su armario pero sí fue añadiendo prendas más acordes al tipo de persona que buscaba ser: camisas de seda, vestidos vaporosos, trajes, medias provocativas, comenzó a maquillarse e incluso cambió los chocker por colgantes dorados. Su carácter se abrió al disfrute de la compañía e incluso aprendió (si es que eso se aprende) a salir de fiesta o disfrutar con amigos. A pesar de todo, sabía de sobra que su aura no decía exactamente lo mismo que la de los demás en cuanto a un carácter más social. A veces simplemente intentaba comportarse normal y veía una mirada que le recriminaba no responder como se debía a situaciones que todavía no conseguía asimilar. Otras veces era precisamente esa peculiaridad la que atraía a determinadas personas, fueran finalmente buenas compañías o no.

Por suerte los años no se la llevaron por delante, sino que fue ella misma la que se impuso al tiempo y a los demás forjando el tipo de actitud de alguien más preocupara por sus cosas que por complacer a quienes le rodeaban, sin olvidar, por supuesto, ser absolutamente cordial, ahora que ya tenía algo más de práctica. La universidad fue una ayuda importante en este cometido, pues ya no era el bicho raro que preguntaba cosas que nadie entendía, sino que allí cada tipo de bicho era peculiar en su especie particular y en lugar de sentir el desprecio global de la clase, podía por fin debatir sobre aquello que la traía de cabeza, además de prepararla para el mundo laboral, donde desde un principio tuvo bastante claro que odiaba tanto como amaba aquel ambiente, el académico, y que si podía, inculcaría el mismo amor por las letras y la cultura clásica que le habían prestado sus profesores.

Adam Lancaster
ÉL | TOM HIDDLESTON | PHANTOM
Adam Lancaster es hijo de dos profesores que, durante sus años de juventud, viajaban por el mundo realizando investigaciones en diferentes campos de la lingüística, por ello, fue fácil que creciera amando los libros y los idiomas por encima de todas las cosas.

No fue una sorpresa que eligiera un camino similar a los de sus padres, por lo que optó a seguir la carrera de filología clásica. Fue allí donde conoció a una muchacha inusual, tan singular en gusto como en apariencia, que no le costó terminar haciendo migas con ella, ya que compartían gusto por la literatura y el teatro, lo que los llevaría a formar una amistad casi perfecta.Su nombre, Catherine Evans, la única mujer por la que sería capaz de cometer cualquier locura, y aun así, no llegar a hacerlas.



Original | Realista | AU CLUB DE LOS PRIMEROS AMANTES

PERSONAJES SECUNDARIOS:
Eleanor Evans
MADRE DE CATHERINE | ANNA CHANCELLOR
Richard Evans
PADRE DE CATHERINE | PETER CAPALDI
Thomas Evans
HERMANO DE CATHERINE | JAMES MCAVOY
Amalia Lancaster
MADRE DE ADAM | GILLIAN ANDERSON
Charles Lancaster
PADRE DE ADAM | HUGH LAURIE
RETRATOS DE FAMILIA:

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Última edición por Marlowe el Vie Nov 12, 2021 12:10 pm, editado 10 veces


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Vie Sep 24, 2021 1:44 pm

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

"Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing." W. S
.


Durante su primer año de carrera, Catherine Evans pasaba por nada menos que su tercer encaprichamiento con un chico, pero todavía no lo sabía. El primero había tenido lugar en el colegio y le había durado un día y medio, el segundo había sido con su mejor amigo Will, con el que el destino le había dejado claro que no terminaría por pasar nada serio. El tercero todavía no se había manifestado -aparentemente-, pero sería con el chico que estaba a punto de rechazar.

La historia de su corazón era tan repetitiva como las comedias románticas que ponen las expectativas por las nubes cuando, en la vida real, terminas conformándote con ser la simple amiga del chico que te gusta, y ese era Adam, su primer compañero de pupitre en la facultad, y el último.

Cuando Catherine comenzó la universidad, recuerda muy bien que su asignatura favorita era historia de la literatura y recuerda también que fue su primera clase en aquel primer día que ya quedaba atrás, donde todavía estaba medio dormida, pero no lo suficiente como para no fijarse en uno de sus nuevos compañeros que no dejaba de levantar la mano constantemente y que, curiosamente, pensaba y contestaba precisamente con aquellas ideas que habría dado la muchacha de no seguir dormida. No fue casualidad entonces que, en su segunda clase aquel día, se sentara a su lado y ya más despierta, compitieran por decir casi lo mismo. Aquel chico de rizos dorados se llamaba Adam y durante varios años su nombre le serviría a Catherine como herramienta para jugar con poemas dedicados a nadie -el mismo nadie del que hablaba Odiseo- , aferrándose a esas cuatro letras a falta de recibir todo lo que esperaba de su esencia primaria. Pero eso es algo que todavía no sabía, y no vamos a estropearle la sorpresa por ser demasiado impacientes.


'Te he dicho que no' repitió Catherine una y otra vez a su compañero de clase antes de decir por fin que sí. Y es que puestos a hacer el ridículo sobre un escenario, ella ya tenía experiencia en semejante empresa. No sólo en sus años de instituto había sido amante de una buena declamación, sino que incluso las declamaciones la habían pillado a ella por sorpresa en la compleja senda de los sentimientos cuando su mejor amigo Will y la morena habían tenido que servir de títeres al destino en el último baile que compartirían juntos, que no la última experiencia íntima.

No fue tan difícil como cabe esperar tampoco convencerla, pues su nuevo amigo sabía que dentro de ese pecho tenía que latir una buena tragedia que impulsara a Catherine a ser como era, o sino no había explicación aparente para su amor a lo clásico o su humor grecolatino.

Después de la última clase del día se daría aquella parodia donde dos jóvenes estudiantes estaban pensando probar suerte a ser otra persona y, a su manera, parecía que ambos lo necesitaban. Al menos lo suficiente como para encontrarse a si mismos en el intento.

- Bien, para empezar, todos vais a ir levantándoos uno a uno y vais a contarnos quienes sois. Este va a ser el primer ejercicio de improvisación que vais a hacer, de cabeza a la piscina, para el que tenga esa barrera llamada vergüenza -dijo en algún momento el señor Levinson, el nuevo profesor de los jóvenes en aquellas clases extraescolares, mientras Catherine fulminaba con la mirada a Adam por haberla llevado de la mano a aquella vil trampa.-. Si no me gusta lo que decís os pararé y os pediré que le deis algo más de drama, de comedia, de emoción... ¿de acuerdo? ¿quién empieza?




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Dom Sep 26, 2021 12:22 am

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO

Durante su primer año de carrera, Adam pasaba por su tercer problema existencialista, el primero comenzó a finales de segundo de bachiller, cuando no podía decidirse entre la literatura o la música, el segundo, en cambio, comenzó cuando conoció a Catherine Evans, pero antes de llegar al tercero, hablemos un poco sobre ella.

Tal vez esto recuerde a una escena de alguna comedia romántica, pero lejos de terminar todo en un bonito inicio de relación, Adam se dio de bruces con los spoilers y terminó siendo el mejor amigo de la protagonista, suspirando por ella a escondidas, pero para llegar a ese punto, pasaría un tiempo prudencial desde el primer momento en el que se vieron hasta el día que ambos terminarían dando un paso hacia adelante.

Catherine Evans entró  un lunes por la mañana al aula de lingüística el primer día de carrera, vestía toda de negro, pero con un maquillaje sutil, escogió el asiento que quedaba libre junto a Adam y este solo estiró los labios en una sonrisa incómoda. A penas le prestó atención durante los primeros minutos de clase, pero cuando las preguntas del profesor empezaron a revolotear por el aula, sólo él y ella eran los únicos que se atrevieron a levantar la mano, ella fue la elegida a responder y contestó exactamente lo que él tenía en mente. Aquello le hizo sonreír. “Me llamo Adam, voy a clase de griego ahora, ¿y tú?” se atrevió a preguntar, ella lo miró seria y respondió con un seco “también”, pero al parecer se arrepintió al momento, pues terminó musitando su nombre con la cabeza gacha. Catherine, repetiría entonces Adam en su cabeza cada día. Así fue como la conoció, y sin pretenderlo, se volvieron los mejores amigos de la carrera, allá donde iba una, la seguía el otro, siempre a su sombra, incrustándose como una lapa en una piedra a su círculo de amigos e instigándose mutuamente a realizar locuras que ninguno de los sería capaz de hacerlo en soledad.

Su tercer problema existencialista lo tuvo cuando se planteó probar cosas nuevas en la universidad, y no pensaba en drogas, para eso aún faltaría un par de años en adelante, sino de seguir los impulsos de su lado artístico y es que desde hacía tiempo que andaba con la mosca detrás de la oreja, pero como todo en la vida, siempre le costaba dar el primer paso, por ello, decidió contar con la compañía de su ya mencionada amiga. Así fue como un día, tras mucho insistir, Catherine Evans aceptó ir con él a la que sería su primera clase de teatro. La actuación nunca había sido el camino que realmente quería tomar en la vida, sin embargo, su amor por la literatura y las obras trágicas clásicas, lo habían llevado a intentarlo en su época universitaria.  Adam Lancaster solo quería un poco de acción en su prolijo expediente académico.

Esto va a ser divertido— expresó en un susurro a su acompañante, mientras el señor Levinson explicaba lo que esperabas de ello en aquel primer contacto con las artes escénicas.  

Sentía todo su cuerpo agitado por tener que exponerse ya de primeras ante todo un grupo de jóvenes curiosos como él, aunque su intención no había sido ser el primero, la jugarreta que empezó a emplear con Catherine acabaría por ser devuelta de una forma vergonzosa.  

Comenzó a codear en las costillas a su amiga para que se presentara voluntaria, entre risas y movimientos sinuosos de cejas, esperando que fuera ella la elegida en aquel escenario ficticio. Sin embargo, el profesor de teatro volvió la vista hacia ellos, deteniéndose en el muchacho de pelo rizado.  

Parece que tenemos un primer tributo— Dijo el profesor a viva voz, mientras miraba directamente a los ojos a Adam—. Preséntate ante tus compañeros, por favor.

Adam pudo oír la risa de Catherine en su oreja, mientras que los colores se le subían al rostro como si hubiera pasado todo el verano en Mallorca. Pero lejos de esconderse detrás de su avergonzada sonrisa, carraspeó para aclarar la voz, esperando no soltar ningún gallo.  

Me llamo Adam Lancaster y soy estudiante de filología clásica, me gusta leer sobre filosofía y teatro— comenzó el muchacho tras ponerse de pie. El señor Levinson expresó una clara mueca de aburrimiento, cabeceando delante de todos, lo que provocaría una ligera risa entre los presentes.  

Ahora ya no eres el insípido Adam, eres un filósofo peripatético que nos adormece con su charla. ¡Exprésate como tal!— Se puso de pie de un brinco y comenzó a recorrer la sala detrás de sus alumnos, esperando que Adam se metiera en su papel.

El chico miró a su alrededor, y decidió centrarse en la única mirada que no le avergonzaba, así que con los ojos clavados en Catherine, tomó aire y volvió a hablar.

Durante mis años como estudiante, comprendí que la vida no nos pertenece, sino que todo es obra de un ser superior. No existimos porque lo hacemos, sino porque lo pensamos, y si el pensamiento es obra de Dios, es de buen sabedor aceptar que Dios es eterno, continuo y bueno. A esto lo llamo Metafísica, conocido como el pensamiento del pensamiento.

Adam volvió a tomar asiento y bajó la cabeza, aguantándose la risa causada por el nerviosismo y las constantes miradas.  

Muy bien Aristóteles, ahora es el turno de tu compañera, por favor, preséntate.— El señor Levinson señaló a Catherine esta vez, sin dejar de dar vueltas por la sala. Aquello obligó a Adam a levantar la mirada y susurrarle por lo bajo.

Vamos Lady Macbeth, es tu turno’.




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Lun Sep 27, 2021 10:56 pm

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Catherine no pudo evitar ahogar una risa cuando Adam fue nombrado como primer tributo de aquel matadero llamado improvisación artística, y seguiría sonriendo de una forma más comedida pero suspicaz cuando su amigo comenzó a hablar, esperando si aquel espectáculo sería digno de ver. El muchacho se lo tenía bien merecido, ya que nadie se la jugaba a la menor de los Evans, algo que esperaba le quedara claro en adelante.

A pesar de todo, no compartió reacción con el profesor Levinson ni el resto de la clase cuando Adam fue juzgado, pues Catherine no sólo comprendía que aquello no era fácil para nadie, sino que para su propia desgracia era de esas personas que, de una forma u otra, protegían a los suyos. Aunque poca fue la protección que Adam necesitó en la continuación de aquel discurso que fluía de él como si llevara tiempo queriendo hacerlo. Ahora sí, la sonrisa de Catherine se desvelaba ante aquella parte de su amigo que hasta ese momento no había tenido el placer de conocer. Poco le duró, no obstante, cuando el señor Levinson se fijó en ella como próxima víctima, pero, como sucedería a partir de aquel momento en adelante, las maliciosas palabras de Adam le inspiraron para dar el salto.

Su mirada se tornó seria y profunda y de sus ojos escaparon las chispas que acompañaban a todo lo que estaba a punto de decir.

- Como Lady Catherine aquí me presento. Hija de las letras, hermana del verso blanco y sobrina consentida del lado trágico de la vida. Dos amores tengo yo de disfrute y desesperación, los cuales, como dos espíritus me sugieren que el mejor ángel es un juntaletras isabelino, y el peor espectro, filósofo vespertino -aclaró dirigiendo su mirada hacia Adam-.

- No sé, no sé. Escucho pocos datos sobre quien eres y demasiados sobre quien te gustaría ser. ¿Qué pensáis vosotros?

Aquella contestación fue como un jarro de agua fría para una muchacha encantada con sus juegos de palabras que esperaba se la valorara como amante del teatro que era.

- ¿Alguien que me hable sobre esta chica? Porque está claro que ella no lo va a hacer.

La mirada de Lady Catherine se resistía a dejar el suelo u otear de reojo las puertas de salida de aquel aula en la que ya no quería estar. Trágica podía ser su vida, pero más trágica su decisión de apuntarse a aquellas clases.




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Lun Sep 27, 2021 11:34 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO

Cuando Adam volvió a tomar asiento, su mirada se centró en Catherine, sonriendo divertido cuando el turno había caído sobre ella. Quería verla pasar la misma vergüenza que él, sin embargo, cuando la muchacha comenzó a hablar, su sonrisa cesó y sus ojos se iluminaron de manera centelleante, como si expulsara su fuego fatuo para otorgárselo como ofrenda a aquella dama que encandilaba a todos con sus palabras.

A todos menos al profesor.  

Adam no comprendió las palabras del señor Levinson, a quien le dedicó una mirada confusa antes de volver a posarla sobre su amiga. Tal vez, en lo poco que llevaban conociéndose, ella solo había representado su mejor papel ante él, sin dejarse ver realmente, creando la ilusión tonta de ser el espejo en el que deseaba verse reflejado. No pudo evitar fruncir el ceño y frotarse los labios mientras pensaba en la pregunta del señor Levin.

Está buena.— Soltó uno de los compañeros, provocando la risa de los demás, mientras Adam giraba el rostro para fulminarlo con la mirada.  

No es eso a lo que me refiero, quiero saber qué proyecta ella, qué creéis que esconde...— El señor Levinson parecía estar dispuesto a despellejar a Catherine delante de todos, lo que le provocó un vuelco en el corazón a Adam, sintiéndose culpable del mal rato que debería estar pasando, por ello, levantó la voz, con la mirada aún fija en ella, para comenzar a soltar todo lo que su percepción había entendido a lo largo de los meses que llevaban siendo amigos.  

Ella es como Lady Macbeth, su presencia es poderosa allá donde vaya, en cambio siempre termina siendo espectadora y no creadora, sus manos tiemblan siempre con facilidad cuando no domina algo en su vida, vive en un constante conflicto con los dos ejes de su propio yo, la razón y los sentimientos. Espera que tres brujas le alienten a cometer aquello que ella no se atreve, agitando su espíritu y liberando su alma.

Aquellas palabras salían de su corazón, mientras las pronunciaba, no había podido parpadear ni una sola vez. En realidad, no había querido parpadear ni una sola vez, pues de perderse cualquier mueca realizada por aquella mujer de ojos color verdeagua no se lo perdonaría, ya que valía oro poder ofrecerle aquel recuerdo en el futuro. Si le hubiesen dejado, había recitado incluso un poema sobre sus ojos de lucero, el hoyuelo en su mejilla y las travesuras que soltaba por la boca; pero no quería parecer el amigo desesperado que mete fichas a alguien que solo ve como amiga. ¿Verdad? Incluso se planteó aquella pregunta con aire confundido. Adam Lancaster parecía estar confundiendo la amabilidad de la amistad con algo más.  




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Lun Sep 27, 2021 11:36 pm

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Estoica aguantó todo lo que se le vino encima como la persona fuerte que ya le tocaba ir siendo, lejos de las faldas de su hermano y los brazos de su amigo Will. Al fin y al cabo, aquello terminaría tarde o temprano. Sólo tenía que alejarse lo más posible de la conciencia de su propia vergüenza durante el tiempo que durara. Incluso cuando uno de sus compañeros contestó al profesor hablando del físico de Catherine, ésta pensó en la vulnerabilidad que sentía en aquel momento, como la que camina desnuda sobre cristales, y que lo único que podía hacer era apretar la mandíbula y esconder su mano derecha, aquella que se cerraba sobre si misma clavándose las uñas ligeramente.

Y hablando de vulnerabilidad, la pequeña de los Evans se preguntó si aquella era realmente la imagen que daba, la que su amigo Adam acababa de describir en voz alta. Pues si intentaba ir por la vida con la cabeza alta y fingiéndose segura, de esas que caminan a paso firme y no se dejan amedrentar, no parecía estar funcionando. Llevaba poco tiempo relativamente conociendo al joven, así que ¿por qué esa era la imagen que tenía de ella?, se preguntaba con un interés más personal, casi ofendida por lo certero de aquella visión.

En pocos minutos habían terminado con lo que creía creativo en ella, con su seguridad y con las ganas de pisar ninguna otra clase que no fuera estrictamente curricular.

- ¿Acaso sois novios? - preguntó el señor Levinson maliciosamente mientras apoyaba la mano en el hombro de Catherine y susurraba en su oido- Muy bien hecho. Ya puedes sentarte.

Y así lo hizo, inconscientemente más cerca de su amigo que antes. Ya fuera por su inherente fragilidad o porque había apreciado las palabras de Adam al fin y al cabo.





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Lun Sep 27, 2021 11:49 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO

Aunque las palabras de Adam salían más de su percepción que de lo que realmente conocía sobre Catherine Evans, intuyó que tal vez no le había sentado del todo bien, pues su labio interior temblaba ligeramente, tal vez por la vergüenza de sentirse tan observada, o tal vez por el desconcierto creado a raíz de las palabas del joven Lancaster. Como fuera, Adam solo pretendía echar un cable a su amiga, aun sabiendo que sus palabras no desdeñaban ninguna mentira, rechazando completamente las líneas del señor Levinson, a quien de buenas a primeras ya había tachado de subnormal.  

No...— musitó Adam ante la pregunta del profesor, con las mejillas ligeramente sonrosadas. Cuando Catherine volvió a su asiento, Adam llevó el dorso de su mano sobre su brazo, acariciándoselo levemente mientras la miraba de reojo—. Lo has hecho bien, ese charlatán no sabe de lo que habla.— Musitó para su amiga, mientras volvía la mirada hacia el profesor.

El espectáculo continuó de la misma manera que había comenzado, pasando por cada uno de los presentes, hasta que el reloj indicó el final de la hora. Solo entonces el profesor dejó como deberes a los presentes estudiarse un acto de alguna obra favorita y exponerla delante de los compañeros en la próxima clase.  

Cuando recogieron sus cosas, Adam salió del aula de teatro en silencio junto a Catherine, sin saber muy bien qué decirle. Por un lado, aquel primer encuentro le había parecido divertido en su propia piel, pero si se metía en la piel de su amiga, la diversión se desvanecía, y solo bastaba con verle la cara.

No pienses mucho en esto, es un gilipollas que cree que sabe de teatro, ¿pero sabes lo que dicen, no? Quien sabe de teatro actúa, quien no, se mete a profesor de teatro.— A pesar de que la experiencia parecía haberle agradado lo suficiente como para pensar en volver, el señor Levinson no lo había hecho demasiado, por lo que, en vez de intentar disfrutar de aquello, Adam pensaba ya en la manera perfecta de devolverle las palabras a la boca y demostrar que incluso un simple alumno podría llegar a ser mejor que él.  

Fijo que siente envidia porque has demostrado saber más de teatro que él.— Cuando salieron por la puerta principal del edificio, Adam la miró a los ojos—. Ya no volveré a insistirte en que vengas conmigo, siento mucho si lo has pasado mal.— Le dedicó una sonrisa un tanto lastimera y se encogió de hombros antes de volver a caminar con ella por el campus. —¿Vamos a por un café? Tengo ganas de un bollo de chocolate, cuando me enfado me entra el hambre.




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Mar Sep 28, 2021 12:55 am

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Era sencillo reconocer que las cosas se veían de otra manera cuando no estabas siendo juzgada por un montón de desconocidos, y las palabras de Adam, siempre buscando ayudar a Catherine, eran más que agradecidas aunque a la muchacha no le apeteciera mucho hablar en aquel momento.

- Puedes saber de teatro pero no saber actuar. Como el que sabe de estrategias bélicas, pero no por ello se une al campo de batalla - aclaró la morena recuperando el color en sus mejillas con aquella puntualización que le hacía volver a ser quien era en verdad-. Gracias, en serio, estoy bien. Ha sido una tontería.

Obviamente Catherine no sabía más de teatro que un profesor y ya no por el hecho de ser éste docente, sino porque la muchacha no había tenido tanto tiempo para aprender sobre ello, aparte de que, aunque le gustaba, obviamente no era su vocación principal.

Cuando ambos entraron por la puerta de la cafetería se sentaron cerca de ésta, donde siempre solían hacerlo cuando algún profesor faltaba a clase o sencillamente ellos preferían ser los que faltaban para dedicar su tiempo a cosas más interesantes.

- Oye, ¿te puedo hacer una pregunta? -interrogó Catherine sentada al lado del chico, mirando a éste con una cara no del todo contenta tras sus siguientes palabras-. ¿Es esa la imagen que doy? Lo que has dicho ahí dentro. Ya sabes: espectadora, insegura, controladora, sentimental, cobarde? -casi lo estaba exagerando a posta en parte por bromear y en parte porque fríamente así se sentía, pero la verdad con una sonrisa, aunque fuera triste, es ligeramente más llevadera-.

Antes de que Adam pudiera contestar, el camarero les atendió y Catherine pidió el batido de chocolate más grande que se hacía en aquel establecimiento para así ahogar sus penas en él.




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Mar Sep 28, 2021 10:27 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
Una vez en el café, Adam pidió un bollo relleno de chocolate, con el fin de llenar el vacío que le provocaba su creciente disgusto en el estómago. Pero la pregunta que Catherine le soltó, terminó por desencajarlo completamente, obligándolo a mirarla con el rostro un tanto sonrojado y los labios estirados en una mueca de desconcierto. No porque no fuera capaz de explicar lo que realmente veía en ella, sino porque todo lo veía reflejado en su propio espejo, como la indiferencia con la que un arcoíris fingía no existir en las aguas de un río y engañaba al ciego que no era capaz de ver su propio reflejo.

Creo que has mal interpretado mis palabras, he dicho “presencia poderosa, espectadora pero no creadora y bruja”.— Dando un matiz más divertido a sus palabras, Adam agradeció al camarero que sirvió sus pedidos, hincando el tenedor en el bollo para darle una senda mordida—. Sobre todo bruja— remarcó aquella última palabra con dificultad agregada al hablar con la boca llena, obviando el hecho de que se había manchado la comisura de los labios con chocolate.  

A veces te comportas como un fantasma, eres consciente de tu presencia, pero no te reflejas en nadie, no sé si es por miedo a cautivar o ser cautivada. Eres como una doncella de hierro, pero no olvides que por dentro todos sangramos. —A Adam Lancaster no le costaba sacar su lado filosófico, pero olvidaba el consejo que le daban todos sus profesores de literatura, entender la personificación de un personaje, no era lo mismo que psicologizarlo. Y aquello era un error que cometía constantemente, incluso con las personas de carne y hueso.  

Todos tenemos dos personalidades, la que usamos de escudo en sociedad y lo que somos realmente, así que no le des tantas vueltas a la cabeza, es como si nos pusiéramos a averiguar cómo es el camarero del café, es respetuoso, sonriente, amable, pero esa es su faceta de camarero, puede que sea un asesino en serie, una persona que le gusta disfrazarse de animales peludos o un sumiso...

Se encogió de hombros, intentando quitarle importancia al asunto, mientras volvía a devorar aquel bollo con impaciente hambre, pero con una expresión estúpidamente contenta en el rostro que daba a entender lo mucho que disfrutaba de aquel dulce.  




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Mar Sep 28, 2021 10:45 pm

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

¿Cómo no iba Catherine a sentirse inmediatamente reconfortada con semejante dulce relleno de crema al lado como era su amigo Adam? Al que, por cierto, se vio obligada a hacer de madre limpiándole la comisura de los labios alejando de él aquella mancha de chocolate que le estaba quitando absolutamente toda la seriedad a sus palabras. Y aunque el muchacho se molestaba en explicarse, la morena casi únicamente oía por encima, pues ya se había acomodado en aquellos pensamientos negativos de los que seguramente aquel día ya no sabría escapar.

- Si crees que no soy una bruja es porque no has visto el altar de velas perfumadas y amuletos que tengo en mi habitación al rededor de una foto tuya -bromeó antes de ponerse algo seria-. Si, bueno, pero precisamente si tenemos dos personalidades es por algo. Hoy en día uno no puede ir por ahí sólo con una, ¿no te parece? Ni si quiera me gusta hablar de esto, no sé porque lo estoy haciendo.

Pero la verdad es que aún hablando de un tema tan íntimo, era imposible no sentirse cómoda haciéndolo con Adam, pensado, al mismo tiempo, que estaba segura de que él entendía lo que era tener dos caras

- ¿Te imaginas lo que sería tener dos caras de verdad? Ser como Edward Mordrake y que una cara fuera simpática, fuerte, valiente, y la otra nostálgica, abatida y de mirada perdida? ¿Qué cara del otro crees que nos gustaría más? -preguntó con curiosidad sabiendo ella lo mucho que ese tipo de caracteres depresivos eran los que más casaban con los grandes escritores o poetas a los que dedicaba su tiempo, pero lo doblemente angustiosa que sería su existencia al lado de alguien asi-. ¿Quieres un poco? Es demasiado para mi sola - señaló refiriéndose al batido, pues el camarero se había tomado la molestia de añadir dos pajitas por si acaso -.




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Mar Sep 28, 2021 10:53 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
Sus mejillas volvieron a encenderse cuando la muchacha le acercó la servilleta para limpiarle la comisura de los labios. Adam se había retratado como el pajarillo que acababa de volar del nido, y no como el muchacho seguro de sí mismo que pretendía ser. Aquel simple acto de amabilidad lo avergonzó hasta el punto de obligarlo a apartar la mirada, dirigiendo los ojos a la mesa contigua, dónde un grupo de estudiantes reía animadamente.

Por un momento le vino a la cabeza la común paranoia de que se estaban burlando de él, pero decidió centrar su atención en la conversación que mantenía con su amiga para no caer en la decepción de pertenecer al grupo más común de los mortales y creer que el mundo entero giraba en su contra.

¿Eso es un hechizo de amarre o uno de liberación? Porque de ser lo primero, he de decir que no funciona, lo intenté en su momento con Alyssa Milano pensando en Phoebe Halliwell y no funciona, aún no ha llamado a mi puerta para pedirme matrimonio.—Tras aquella broma, escondió una sonrisa pícara detrás de su mano, con la intención de esconder sus dientes, probablemente manchados de chocolate, de la vista de Catherine.

Lo sé, nadie muestra su yo verdadero ni si quiera al espejo, todos nos miramos pensando ser otra persona, pero en ningún momento he pensado que ocultar quién eres a los demás para no salir herido sea algo malo. Aunque me des la tabarra por miedo a pensar que tu máscara no funciona, he de confesar que tu único error fue haberte topado con un brujo como yo, porque he sido capaz de ver más allá del cristal. Pero no desesperes, Milady, sigues siendo la reina del hielo.

Sonrió de forma maliciosa y estiró la mano para coger el batido que Catherine le ofrecía, dando un trago a aquel líquido espeso repleto de azúcar, con la mirada fija en ella, una mirada que reflejaba la diversión de un niño pequeño compartiendo secretos por vez primera con la que sería desde entonces su mejor amiga, con una luz descarriada fijada en el punto más profundo de su pupila.

Sin duda alguna...— comenzó a hablar, devolviéndole el batido a su dueña mientras se aseguraba de no dejar rastros de nata en sus labios, limpiándose con la servilleta—. prefiero la cara demoniaca, al menos así sabré de antemano quién me puede hacer daño. Pero lo que preferimos a lo que recibimos son dos cosas distintas; el mundo entero suplica por un poco más de amabilidad y los estudios confirman que la sonrisa es el alimento que necesitamos recibir de los demás, lo que me lleva a pensar que tal vez es “la cara demonio” la que presentamos a los demás, guardando para nosotros mismos el ser angelical que creemos ser, por ahorrarnos la pena de ser tratados como muñecos de trapo. Y eso me resulta más desesperanzador, porque quiere decir que nada bueno se puede esperar de nadie.— Adam se encogió de hombros, arqueando los labios en una mueca que indicaba decepción, pero como aquel mal fario duraba tan poco en él, rápidamente volvería a sonreír para Catherine, acercándole la mitad del bollo que minutos antes había estado comiendo.  




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Mar Sep 28, 2021 11:41 pm

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Una ligera risa se le escapó cuando hizo aquella mención a las Embrujadas.

- Eso es que no lo has hecho bien, tú estás aquí. ¡Pero la pregunta más importante! Conque Alyssa Milano...

La intención de Catherine, desde luego, no era la de tontear con su amigo, pero de ella surgió una coquetería inherente a esa malicia suya cuando algo le divertía. O alguien.

- Supongo que mientras no cuentes como soy en verdad delante de un montón de gente... Oh, espera, ¡es justo lo que acaba de pasar hoy! Maldito profesor. Si yo no quiero saber sobre sus tres divorcios, ¿por qué coño le importa mi vida o quién soy? A lo mejor quería ligar conmigo y no se le da nada bien -volvió a bromear-. Dijo: 'espera, a esta parece que le gusta que la humillen. Allá voy'.

Bajo aquella piel de cordero, ya desde el primer día, Catherine había vislumbrado ciertos matices en Adam incapaz ella de encontrarles definición. Se preguntaba cómo tenía la suerte de haber conocido con tanta facilidad a alguien tan encantador, tan inteligente y tan perspicaz al mismo tiempo en aquella jaula de leones llamada campus.

Mientras sus pensamientos divagaban con sus ojos puestos en él, otro brillo malicioso apareció en éstos y con su dedo índice llenó de nata la nariz de su amigo. Tras esperar la reacción de Adam, su lengua galopó ágil como el viento en la labor de deshacerle de aquel exceso de dulce mientras la tarea de no reírse en el intento se le hacía más costosa. Prácticamente imposible.

- Vaya, tus palabras sí que suenan desesperanzadoras, si lo piensas bien. Claro que se puede esperar algo bueno de las personas, pero no sé si será el egoísmo o el miedo, que creo que somos más propensos a hacerlo cuando nos sentimos cómodos: amigos, pareja. 'Tú verás que los males de los hombres son fruto de su elección; y que la fuente del bien la buscan lejos, cuando la llevan dentro de su corazón.' -parafraseó Catherine encogiéndose de hombros-. Deberías saberlo, pues lo dijo uno de los tuyos.

Con una sonrisa agradecida, la muchacha se hizo con la mitad del bollo de Adam, el cual prometía mancharle la boca de igual forma a ella, pero ¿qué puede hacer uno contra el destino ineludible?




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Sáb Oct 02, 2021 11:54 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
De nuevo las bromas volvían a aquella mesa, dejando atrás todo pensamiento filosófico y obligando a los jóvenes a sonreír como de costumbre. Adam asintió fervientemente a las palabras de Catherine, exagerando su mirada de enamorado y colocando ambas manos en su mejilla mientras soltaba un profundo suspiro.

Es que es mucha Alyssa, guapa, morena, con una sonrisa perfecta y además, Phoebe es tan rebelde que es imposible no enamorarse de ella. Mi tipo de mujer ideal, sin duda alguna.— Mientras todo quedara en la fantasía, aquel personaje representaba todo lo él pensaba que le atraía de una mujer, en cambio, en sus más profundas cavilaciones, tenía cierta debilidad por las mujeres de carácter fuerte y gran saber, algo que mantenía para sí mismo.

¡Vale, échame la culpa por todo!— Exageró en su reacción de forma teatral, echándose a reír luego de aquello—. No fue mi intención, de verdad, me quedé mirándote y me salió todo aquello, supongo que influenciado por la broma de Lady MacBeth.

A Adam Lancaster no le costaba nada perderse en sus pensamientos, como un gusto peculiar que sentía por la voz interna de su ser como única compañía, pero últimamente había descubierto que también le gustaba perderse en la mirada de Catherine Evans, como un marinero a la deriva. Cada vez que la miraba, sus pensamientos volaban entre cientos y miles de historias que no habían sido contadas, libros que no habían sido leídos y canciones que no habían sido cantadas; mucho tardaría en darse cuenta de lo que aquello significaba, sin embargo, mientras seguía viviendo bajo el manto de la ingenuidad, le gustaba pensar que existía una especie de unión mental entre ambos, que lo llevaba a pensarla como algún personaje de libro.

Puede que sea su manera de ligar...— abrió los ojos como platos, como si acabara de descubrir la cura para alguna enfermedad—. Solo espero que no sea un creepy.— Agitó la cabeza y todo el cuerpo como si un escalofrío lo recorriera, para luego volver la mirada hacia su amiga. En ese momento, un ataque un tanto sorpresivo lo terminó por desencajar, pues Catherine le había manchado la nariz con nata, y a punto estaba de reaccionar a aquel juego de niños de la misma manera, cuando la ágil lengua de la muchacha limpió todo rastro de nata, dejándolo boquiabierto y un tanto sonrojado por la cercanía de la situación.

Adam Lancaster seguía siendo un muchacho ingenuo y poco dado a las relaciones carnales, por no decir nada, pues en su frente colgaba el título de más virgen que María y menos pícaro que Lázaro, pues ni si quiera sus labios habían sido profanados aún, y el solo hecho de pensar que la punta de su nariz había tenido más cercanía con una mujer que todo su ser, lo hacía sentir como un completo estúpido. No pudo evitar reír nerviosamente y apartar la mirada para terminar escuchando las palabras de su amiga en estado catatónico. Algo sobre Protágoras o Pitágoras había dicho... ya no estaba seguro, por lo que prefirió no dar citas tan profundas y quedarse flotando en la superficie.

¿Me comparas con un filósofo? En qué buena estima me tienes.— Se llevó una mano al pecho y sonrió con sorna, percatándose al momento de la mancha de chocolate que quedó en la comisura de los labios de su amiga, como antes le había pasado a él mismo, por ello, derrochando una amabilidad muy propia en él, terminó por hacer lo mismo que Catherine había hecho; cogió la servilleta y borró aquella dulce venganza que parecía cobrar el bollo cada vez que alguien le daba un mordisco.  




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Dom Oct 03, 2021 12:41 am

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Las palabras de su amigo no la sorprendieron, pero casi la decepcionaron en cierta manera. Ella estaba orgullosa de haber superado pronto aquella etapa en la que te cuelgas del chico guapo pero a la vez idiota y anodino de clase y, por algún motivo, supuso que su amigo podría ser, como ella, de esos que ven la belleza donde no todos suelen hacerlo. No obstante, y tampoco quería ser demasiado dura juzgando algo tan absurdo, su embrujo por Alyssa Milano le daba a entender que en ese aspecto al menos era bastante común. No, ella no quería juzgarlo, pero su mirada decidió hacerlo sin el visto bueno de nadie.

- No sé, supongo que como no me gustan las mujeres -al menos de momento- no entiendo porque a todos os gusta Phoebe. ¿Verías tú raro si te dijera que yo estoy enamorada del bibliotecario de Buffy Cazavampiros? Tímido, inglés, con gafas. Sabe tanto de libros como de lenguas muertas, magia, rituales, leyendas, profecías, demonios...

Y aunque podía haberle echado la bronca por aquella retahíla de confesiones en mitad de toda la clase, estaba claro que no lo haría, pues resultó ser el único que acudió a su rescate aún sin estar en poder de las palabras adecuadas -o tal vez todo lo contrario, demasiado adecuadas-.

- Gracias igualmente por decir algo.

Hasta un ciego se hubiera percatado del tono que cogería el rostro de Adam después de aquella pequeña broma con la nata y, lejos de buscar mofarse de su amigo, Catherine fingió que no había visto tal cosa -si acaso algo así podía fingirse con una sonrisa que evidenciaba que sí lo había visto- y, sobre todo, que no le había parecido absolutamente tierno. Como tierno estaba siendo al limpiar la mancha que el chocolate había dejado en su rostro y que, ahora sí, sonrojó a la menor de los Evans.

Aunque semejante situación no duró mucho, pues por la puerta de la cafetería asomó una cara conocida para la muchacha que terminaría interrumpiéndoles.




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Dom Oct 03, 2021 10:12 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
El joven Lancaster tuvo que hacer un esfuerzo mayor para no mostrar la vergüenza que coloreaba sus mejillas, sin embargo, ver a Catherine del mismo modo, le resultó tan gracioso que no pudo evitar sonreír con gracia, enarcando las cejas en una mueca divertida, pero sin soltar ningún comentario al respecto.

Agradeció que el tópico de la conversación no se centrara en aquello que los había avergonzado, sobre todo en él, pues no quería tener que explicar a su amiga el motivo de su sonrojo, ya que, aunque tuviera que ver con la acción que había realizado, se centraba más en el hecho de que era la primera mujer que se había atrevido a acercarse tanto a él. Sobre su cabeza pendía el cartel de “virgen” con letras grandes y en neón.  

No te puedo culpar, Rupert Giles es elegante y está de buen ver, aunque también demuestra tu claro Daddy Issues— bromeó el muchacho, mientras jugueteaba con la servilleta en sus manos—. Pero bueno, puedes tacharme de mortal común y corriente porque me gusta Phoebe, además Alyssa fue la modelo para Ariel y eso me parece adorable, pese a que mi princesa disney favorita es la Reina Malvada y ni si quiera es una princesa— sonrió nuevamente, mirando a su amiga de manera divertida.

Cuando la puerta de la cafetería volvió a abrirse, una figura familiar para Catherine entró, siendo Adam completamente ignorante de quién era y lo que significaba para su amiga, por lo que apenas prestó atención a las acciones del particular muchacho cuyas historietas conocía, pero al que no había puesto cara aún. William Collins era el mejor amigo de los Evans, título que Adam comenzaría a envidiar en un futuro, sin embargo, en aquel momento, era una figura más del tablero de juegos de Catherine, alguien desconocido para él.  




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Dom Oct 03, 2021 10:52 pm

Píramo y Tisbe
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

- Claro, eso explicaría porque no me pierdo una clase del señor Lieberstein -bromeó la muchacha, que estaba valorando también si mofarse del hecho de que su amigo William tuviera más años que ella-. ¿Qué dices? Tu princesa Disney favorita no puede ser la Reina Malvada. Mírate, eres tan de... No sé, ¿Bella? Sí, claro que sí. Dulce, inteligente, sensible, buena lectora, imaginativa, que se enamora por lo que uno lleva dentro y no por su aspecto físico. Con Phoebe sufrirías, porque si le gusta alguien como Cole, tú no le ibas a gustar -dijo esperando no ofender a su amigo-, pero ¿Bella? No sé, yo os veo juntos. Porque obviamente la Reina Malvada sólo te usaría para engañar a Blancanieves. ¿Y después qué? ¿O es eso lo que quieres? ¿Ser el esclavo de una mujer mayor?

Catherine misma se echó a reír con aquella conversación tan absurda.

- He de reconocer que aunque obviamente los personajes malvados casan mejor conmigo, siempre he tenido esa espinita clavada de que Blancanieves fuera tan tonta porque no puedo negar que me gusta. Ojalá hubiera sido un poquito más avispada, un poquito más guerrera -reconoció encogiendose de hombros-. A lo mejor tienes razón con lo del daddy issues porque Frollo me parece bastante sexy - dijo antes de echarse a reír y continuar con aquel tono bromista-. No sé, el poder, el pecado, la atracción hacia lo prohibido...

Cuando William Collins hizo acto de presencia, Catherine interrumpió la conversación para llamar su atención.

- Adam, este es el famoso Will. Will, este es el famoso Adam - imposible no bromear de semejante manera teniendo en cuenta lo mucho que seguramente hablaba a cada uno del otro sin darse ni cuenta-.

Cuando ambos se hubieron presentado, Catherine aprovechó para levantarse y dirigirse a la barra dispuesta a pagar. Fue entonces que alguien la sorprendió por detrás, abrazándola y preguntándole cómo estaba, pues William sabía que la chica sólo pedía aquellos enormes batidos cuando algo no iba bien.

- Adam y yo nos hemos apuntado a una clase de teatro y el imbécil del profesor me ha hecho quedar como una estúpida ya el primer día. Ojalá hubieras estado allí, habría sido tan memorable como Benedicto amenazando a Claudio.

Pocas cosas alegraban a Catherine Evans cuando no había tenido su mejor día. Una de ellas eran los batidos de chocolate. La otra, los abrazos de su amigo Will.




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Dom Oct 03, 2021 11:41 pm

Píramo y Tisbe
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
¿Lo ves? Daddy Issues...— Adam agitó la cabeza como si un escalofrío le recorriera todo el cuerpo, pues pensar en el profesor Lieberstein como un objetivo romántico, le provocaba ligero desagrado—. Bella tampoco me disgusta, pero prefiero a alguien que me dé caña, ya sabes, que me enseñe cositas— guiñó un ojo a su amiga y luego se echó a reír. Tal vez no le faltara razón del todo, pues Adam era esa clase de chaval que las chicas de su edad no solían tomar en serio y acababan usándolo de sujetavelas o pagafantas, siendo visto como un mero esclavo o personaje secundario que acaba pagando los platos rotos.  

Tus gustos también dan miedo... ¡Venga ya! ¿Frollo? Y luego el del problema soy yo, sin duda alguna se han ido a juntar el hambre con las ganas de comer, tal vez deberíamos ir a terapia en vez de a clases de teatro...— No pudo evitar soltar otra carcajada ante sus propias palabras, mirando a Catherine con un brillo singular en los ojos.

Cuando el amigo de la muchacha apareció, Adam lo saludó agitando la mano y estirando los labios en una sonrisa amable. Aunque conociera algunas historias de aquel muchacho que provocaba sonrisas y suspiros en Catherine, no había sido capaz de imaginárselo, por lo que ponerle rostro por fin al príncipe encantador, le ayudada a formarse una idea más personal.  

Adam los siguió con la mirada cuando Catherine se levantó para ir a la barra, y se les quedó mirando largo y tendido, sin embargo, cuando William la abrazó por detrás, el rubio de rizos apartó la mirada, pensando que sería mejor darles privacidad ante aquella muestra de cariño pública. Sintió como las mejillas se le encendían de nuevo, tal vez por la vergüenza de sentirse un parásito en medio de una bonita relación, o tal vez porque sentirse como un tercero en discordia sin líneas fijas en una obra, le provocaba incomodidad.  

No quiso hacer el papel de sujetavelas de la única muchacha interesante en aquel campus, pese a que solo la veía como amiga, la vergüenza parecía cernirse sobre él como nubes grises en un día tormentoso, así pues, se levantó de su silla y se acercó a la barra para despedirse de ellos, escusándose en que tenía que entregar una traducción para clases de griego, cosa que no era del todo falsa, pero que en verdad no le tomaba tanto como para salir escopetado. Aun así, jugó la carta de la excusa y desapareció del café tan rápido como pudo, preguntándose en sus adentros por qué le molestaba tanto compartir la amistad de Catherine con alguien más.




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Lun Oct 04, 2021 12:21 am

Tragicomedia de lo Inesperado
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Al día siguiente nadie pensaba ver a Catherine Evans entrar por la puerta del salón de teatro. Nadie excepto su profesor, que esperaba no haberse equivocado presionando demasiado a aquel diamante en bruto al que le gustaría moldear personalmente a lo largo del año.

- ¿Me he perdido algo? -preguntó en un susurro la muchacha al sorprender a Adam sentándose a su lado, en un hueco que el muchacho ya imaginaba vacío-.

El profesor Levinson decidió guardarse su mordaz comentario con respecto a la tardanza de su alumna y dirigirse directamente a la clase con su próximo proyecto.

- Vais a poneos por parejas. Cada pareja tendrá que elegir una escena y representarla. Sin embargo, hay únicamente un requerimiento que debéis cumplir a la hora de escoger: deben ser escenas de amor. Podríamos empezar por algo fácil, como unos ejercicios de respiración, pero creo que esto es mucho más interesante. ¿Quién está destinado a ser un actor anodino que se deja llevar por la marea y quién será el huracán de emociones que altere esas aguas?

Catherine y Adam se miraron, al principio decididos a ser pareja y cuando su profesor especificó un poco más acerca de sus ideas, ya no se miraron tan convencidos.

- ¡Ah! Y vosotros -dijo señalando a sus chicos favoritos-, vosotros vais a ser Romeo y Julieta, ya lo tengo decidido. La pareja de parejas.

La muchacha intentó aguantarse la risa. No había podido imaginarse escena más patética que la de Adam y ella recitando a los enamorados y riéndose de ellos mismos a cada frase.

- A no ser que sea demasiado para vuestras cabecitas -contestó Levinson molesto al ver la risa de la alumna-.

- No -respondió Catherine orgullosa buscando darle en las narices a aquel payaso-, lo haremos.

Al fin y al cabo, ya tenía experiencia en eso de subirse a un escenario y hablar de amor con palabras de Shakespeare.




Última edición por Marlowe el Vie Nov 12, 2021 12:13 pm, editado 1 vez


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Lun Oct 04, 2021 5:08 pm

TRAGICOMEDIA DE LO INESPERADO
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
Adam había vuelto a aquella clase de teatro contra todo pronóstico, aunque un tanto decaído por hacerlo solo, ya que por mucho que aguantara esperando a Cath a las puertas del teatro, esta no apareció. Tomó asiento en silencio entre el grupo que cuchicheaba con sus respectivos acompañantes, mientras que él, solitario, se dedicó a contemplar el suelo hasta que el profesor hizo acto de presencia.  

Comenzó a dar un discurso a cerca de las diferentes formas que existían para abordar una obra teatral, y que como ya habían empezado con la improvisación, la clase de ese día se iba centrar en un tema en concreto, algo clásico que levantara pasiones de odio, amistad y amor entre aquellas cuatro paredes. Estaba a punto de exponer el tema de las siguientes clases, cuando la puerta volvió a abrirse, Adam levantó la mirada para encontrarse con su amiga, apenas escuchó lo que dijo a causa de la sorpresa, boquiabierto, tuvo que parpadear varias veces para luego volver a centrarse en las palabras del profesor, sonriendo como un niño alegre por la presencia de Catherine Evans.  

Esta clase parece prometer más diversión que la anterior— musitó a Catherine cuando sus miradas se encontraron, mientras que el profesor, que había escuchado aquel cuchicheo, no tardó en señalarlos y exponerlos nuevamente frente a toda la clase, esta vez, dándoles el rol de los amantes desventurados, una obra que Adam aborrecía con todo su ser por lo repetitiva que se le antojaba.

El muchacho de rubios rizos no pudo evitar poner los ojos en blanco, acto que, junto con la risa de Catherine, fue tomada como un insulto por el profesor, quien no tardó en parodiarlos a viva voz, apelando al orgullo de los jóvenes para convencerlos de aceptar el rol impuesto.

Catherine cayó como mosca en su red, y aceptó el papel por ambos, obteniendo una mirada una tanto confundida por parte de Adam, quien terminaría encogiéndose de hombros.

Hubiese preferido algo de Ovidio, Píramo y Tisbe por ejemplo— dijo el muchacho, mientras cogía el libreto que el profesor les entregaba a cada grupo. —Y teñir un moral de moras blancas en púrpura...

¿Y pasarnos la obra entera representándola desde una grieta en la pared? ¡Necesitamos algo con más vida y más drama!— expuso el profesor al oírlo quejarse—. Vais a leer este fragmento— señaló el libreto de Adam, dejándoles en claro el fragmento que quería oír—. Quiero escuchar pasión y sentimientos, no quiero que os lo toméis como una clase de literatura, no hemos venido a escuchar críticas literarias, quiero personajes reales, psicologizados y de carne y hueso, quiero que os metáis de lleno en el papel y nos lo demostréis.

Al profesor parecía sobrarle aquella pasión que tanto necesitaba, sin embargo, Adam miró el libreto reticente, mirando luego a su amiga con unas ganas terribles de estallar de risa. No lograrían demostrar aquella pasión ni aunque le pagaran por ello, porque cada vez que se miraban a los ojos, las risas salían solas.  




Última edición por Phantom el Lun Oct 04, 2021 11:11 pm, editado 1 vez


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Lun Oct 04, 2021 10:56 pm

Tragicomedia de lo Inesperado
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Catherine Evans estaba tan acostumbrada a su amigo William, que a veces olvidaba que Adam no era él y, aún en esos momentos de lucidez en que conseguía recordarlo, era porque se maravillaba con alguna de sus frases o alguno de sus actos. Píramo y Tisbe, pensó mirando al joven con una sonrisa sorpresiva pero de absoluta aprobación. No todo en la vida va a ser Shakespeare, continuó cavilando pensando al mismo tiempo en lo mucho que agradecía aquellos aportes tan clásicos de parte de un chico que bien podía dedicarse a ir en túnica a todas partes.

Cuando el profesor rechazó la idea de las críticas literarias, Catherine pensó de nuevo en Will, pero esta vez en un contexto más preciso, subiéndose a un escenario sin público mientras intentaban jugar con las siluetas de Benedicto y Beatriz, sin poder evitar criticar lo malo de sus prendas de amor. Buenos tiempos, sin duda, que ahora quedaban ya algo distantes. ¿Pero cómo iba Catherine a hacer aquello mismo con su amigo Adam, por el que no sentía nada? Pues hay sentimientos fáciles de fingir pero el del amor no era uno de ellos.

A pesar de que la joven se desconcentraba cada vez que veía aquella risa floja de diablillo en los labios de Adam, intentó ponerse seria. Intentó mirarle a los ojos y evitar distracción alguna.

- Si la cosa va de enamorarse, no perdamos el tiempo porque vamos a necesitar todo el del mundo -bromeó en voz baja prestando atención a los destellos que surcaban aquel océano en un día soleado-. Mírame a los ojos y cuando me ames dímelo -aquello era cuanto menos divertido e intentando ayudarse del contacto físico, Cath cogió de las manos a su compañero mientras el profesor estaba ocupado dando vueltas echando un vistazo al resto de sus alumnos-.




Última edición por Marlowe el Vie Nov 12, 2021 12:14 pm, editado 1 vez


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Lun Oct 04, 2021 11:13 pm

TRAGICOMEDIA DE LO INESPERADO
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
Adam no pudo evitar poner los ojos en blanco ante el comentario del profesor, acompañándolo con una pequeña mueca de disgusto por tener que representar el tópico más clásico del teatro y no el texto clásico en sí, sin embargo, cuando él y Catherine se alejaron para empezar a leer y practicar sus líneas, no pudo evitar pensar en las palabras de Ovidio en su Metamorfosis, musiándolo por lo bajo.

Esto es pasteloso, no romántico.— Dijo a su amiga, pensando que ella lo comprendería mucho mejor que el profesor, aún a pesar de lo mucho que idolatraba la muchacha a Shakespeare. —Yo así no te puedo enamorar—dijo echándose luego a reír, sin poder evitar mirarla con un marcado destello de diversión. Cada vez que se miraban, una risa escapaba por lo bajo, distrayendo al profesor que ya los había regañado en dos ocasiones, solo para la tercera, Adam decidió ponerse serio y apartar la mirada para no caer en la tentación de seguir riendo como bobalicones, aún tomados de las manos para no perder la concentración.

Carraspeó sonoramente y cerró los ojos, tomando aire para autoconvencerse de que debía permanecer serio. Cuando creyó haberse calmado, comenzó a recitar un texto completamente diferente, con una voz profunda y llena de matices adoloridos, como si aquello que relataba proviniese directamente de su corazón.  

«Envidiosa», decían, «pared, ¿por qué a los amantes te opones? ¿Cuánto era que permitieses que con todo el cuerpo nos uniéramos, o esto si demasiado es, siquier que, para que besos nos diéramos, te abrieras?— Adam levantó las manos de Cath a la altura de su rostro, tomándola entre las suyas como beata que reza un rosario en comunión con la iglesia, y siguió recitando—. Tales cosas desde su opuesta sede en vano diciendo, al anochecer dijeron «adiós» y a la parte suya dieron unos besos cada uno que no arribarían en contra.— A penas rozando la piel ajena, depositó un simulado beso en sus manos, mientras de sus labios aún salían las palabras del buen Ovidio: — «Una misma noche a los dos», dice, «amantes perderá, de quienes ella fue la más digna de una larga vida; mi vida dañina es. Yo, triste de ti, te he perdido, que a lugares llenos de miedo hice que de noche vinieras y no el primero aquí llegué. ¡Destrozad mi cuerpo y mis malditas entrañas devorad con fiero mordisco, oh, cuantos leones habitáis bajo esta peña! Pero de un cobarde es pedir la muerte.»

Y con aquellos versos tuvo que silenciar sus labios cuando una mirada amenazante del profesor exigió silencio por su parte, recordándole que la obra elegida era nuevamente Romeo y Julieta.

¿Te he enamorado ya?— Preguntó burlón a su amiga, mientras miraba de soslayo al profesor, levantando ligeramente la voz para simular que había cambiado a las líneas del bien querido William Shakespeare—. Juro por esa luna santa que platea las copas de estos árboles...— Empezó a declamar, con exagerado ímpetu, sin poder evitar curvar los labios en una bufona sonrisa.



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Lun Oct 04, 2021 11:29 pm

Tragicomedia de lo Inesperado
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

Deliciosos manjares se paladean todavía en la lozanía y lejos de centrarnos en los más imprescindibles, los más tópicos, aquellos que descansan sobre el corazón, Catherine Evans podía escuchar a su amigo Adam y sentir una enorme dicha sólo con sus majaderías: 'Esto es pasteloso, no romántico. Yo así no te puedo enamorar'. Y mientras aquella criatura expectante esperaba a que el otro cargara su arma  más afilada con munición de otra época, la muchacha se sorprendió al oír de boca de su amigo semejante parafernalia que, lejos de divertirla por renegada como era, al igual que su dueño, al papel que les tocaba, le maravilló aquel cegador halo de romance. Le conquistó el saber canalla del chico que, durante unos segundos le hizo creer que podía mirar aquellos ojos de otra manera.

Avergonzada de mente tan febril, con las velas izadas de un barco tan cambiante con la marea, escaso fue el tiempo que la joven se permitió soñar sabiendo que tarde o temprano las olas de la realidad terminarían por hacerla naufragar. Tal vez, pensó en contestación a la pregunta del joven, antes de que el tedio se apoderara del recitar de éste y todo brillo se apagara. En ese mismo momento, Catherine, casi molesta por olvidar la luz que había mostrado recitando a Ovidio, posó su mirada sobre la de él e intentó imitar al joven en pasión y refulgencia.

- Ah, no jures por la luna, esa inconstante que cada mes cambia en su esfera, no sea que tu amor resulte tan variable -mas ella no tenía ningún as en la manga, su único arma era confiar en que, a pesar de rozar lo biensabido ya por todos, la pasión de Julieta estuviera con ella en aquel juego en el cual ni siquiera dejó intervenir a su Romeo-. No jures; o, si lo haces, jura por tu ser adorable, que es el dios de mi idolatría, y te creeré -nunca unas palabras tan dulces, con tanto sosiego en la voz, había dedicado Catherine a su amigo que en aquel momento se convertía en su amante-. No jures. Aunque seas mi alegría, no me alegra nuestro acuerdo de esta noche: demasiado brusco, imprudente, repentino, igual que el relámpago, que cesa antes de poder nombrarlo -en aquel momento sus ojos mostraron la desesperación que el sentimiento de la dama le prestaba, sintiendo ella en carne propia como de escurridiza había sido su dicha al oír aquellos versos de boca de su amigo y como metamorfoseaban sus apegos por él-. Amor, buenas noches. Con el aliento del verano, este brote amoroso puede dar bella flor cuando volvamos a vernos. Adiós, buenas noches. Que el dulce descanso se aloje en tu pecho igual que en mi ánimo.

Suficiente había dicho su rostro, ahora oficialmente de una Capuleto, aún rezando sus palabras por separarse de su amigo, cosa que nunca haría. Y prestándole su corazón con aquella forma de declamar, ella no esperaba menos que lo aceptara o, en todo caso, aceptara que el bardo no tiene nada que desmerecer a los romanos.




Última edición por Marlowe el Vie Nov 12, 2021 12:14 pm, editado 1 vez


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Lun Oct 04, 2021 11:45 pm

TRAGICOMEDIA DE LO INESPERADO
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
La sonrisa burlona de sus labios desapareció entre neblinas de sorpresa, agitando un mar que antes permanecía en calma y no atormentaba aquel joven corazón, que parecía acelerarse a las palabras de una bella muchacha que declama por amor a las letras y no por amor carnal. Alzó la mirada a tiempo que oprimía aquellas ganas de responder a sus palabras con el mismo texto del bardo. Sin embargo, sus manos se aferraron a las ajenas del mismo modo que las palabras nobles y románticas llegaban hasta su jovial corazón, haciéndolo bailar en el ritmo festivo de la inconsciencia de sentir sin saber el qué. Anclado en aquellas arenas sacras, su alegría brillaba como diamantes en sus ojos, disfrutando en silencio el cantar melodioso de la voz de Catherine.

Sintió su pulso acelerarse y sus manos sudar en aquel agarre, porque lo que provocaba aquel regusto presuntuoso de conocimiento literario, hacía que su cuerpo temblara de avergonzado y anonadado. Él, que admiraba los conocimientos literarios de su joven amiga, se veía eclipsado por aquel despliegue artístico para declamar y actuar.  

Solo cuando hubo callado, soltó un suspiro de aliento, incapaz de separar la mirada de su amiga o si quiera de soltar sus manos. Un silencio profundo los rodeó, pese a los murmullos cercanos de los compañeros, Adam era incapaz de escuchar nada más que no fuera el bombeo de su corazón, mientras su mirada seguía admirando aquella belleza llena de ingenio y listeza.  

No recordaba ese pasaje tan romántico como ahora...— sonrió un tanto sonrojado, siendo descubierto entonces por el profesor, quien los separaría con un bramido escondido tras un carraspeo agitante. En ese mismo momento, Adam soltó las manos de su amiga como si hubiese sido descubierto robando algo que no le pertenecía.  

Se miraron de soslayo y volvieron la mirada hacia el profesor, que había dado por finalizada la clase, insistiendo en que cada pareja debería practicar para la siguiente clase, donde comenzarían a demostrar sus dotes de actuación presentando un trozo de alguna escena elegido a predilección.  

Vaya, esta clase siempre se me pasa volando, ¿verdad?— preguntó a Cath mientras recogía su mochila—. Creo que tenemos mucho que practicar, yo no soy tan bueno declamando a Shakespeare como tú, así que deberás enseñarme.— Y lo decía en serio, sentía la imperiosa necesidad de aprender de ella y de conocer cada uno de sus secretos.



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Lun Oct 04, 2021 11:46 pm

Tragicomedia de lo Inesperado
Catherine Evans
CON Adam Lancaster

CLASE DE TEATRO

- Te tomo la palabra -contestó Catherine recogiendo también sus cosas-. ¿Qué te parece si te pasas por mi casa  mañana y jugamos a ser los amantes de Verona?

La muchacha recordó que Adam nunca había pisado aquel lugar y le pareció que, después de aquellos meses siendo amigos, ya iba siendo hora, a pesar de sentirse algo recelosa con respecto a mantener algunas de sus pertenencias todavía bajo el misterio del secreto.

Ambos se despidieron y en menos de veinticuatro horas ya estaban volviendo a verse.

- Hoy a las cuatro, acuérdate -le recordó cuando fueron a despedirse tras las clases-. Ah, y trae... no sé, unas galletas o algo. A mi madre le gustan esas cosas.

Y entonces Catherine se dio cuenta. Desde que se había despedido de Adam hasta que dio señales de vida a la hora indicada, la muchacha había pasado aquel tiempo intranquila: jugó tanto con su anillo en el tren que casi lo pierde, y sus piernas se movían tanto que la persona que se sentaba a su lado tuvo que pedirle amablemente que cesara en aquel pequeño baile. Pero su sonrisa se mantenía, impertérrita, por algún motivo que desconocía.
Su habitación, que siempre estaba bastante desordenada, se convirtió en el templo de la perfección y las velas a olor vainilla en el lema de aquella nación cuyos colores ondeaban entre el blanco, el negro y ese toque ocre que daban el resto de reliquias que Catherine tenía expuestas en su habitación.

Según pasaban los minutos se dio cuenta de que le era imposible concentrarse en sus deberes de literatura. Obviamente achacaba todo esto al hecho de que era una persona a la que le gustaba -tal vez la palabra fuera necesitar- que todo fuera perfecto, que todo estuviera bajo control, y una situación nueva como aquella, ya fuera la presencia de un duque al que tener que hacer una reverencia y besar su anillo o el compañero de pupitre universitario de rizos angelicales, era algo que le ponía ciertamente nerviosa. Por eso mismo se rindió en su empeño y decidió poner música buscando anestesiar sus sentidos hasta que alguien picó a la puerta.




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Lun Oct 04, 2021 11:55 pm

LOS AMANTES AMIGOS DE VERONA
Adam Lancaster
CON Catherine Evans

CLASE DE TEATRO
Nervioso como si estuviera visitando a la verdadera Julieta imbuido en su traje de Montesco, se dirigió a la casa de los Capuleto, portando consigo una caja de galletas danesas como ofrenda a su presencia. Las manos le temblaban casi tanto como la voz, pero se armó del valor suficiente para llamar a la puerta y esperar pacientemente a que aquella madre golosa abriera, sin embargo, su nerviosismo aumentó cuando un muchacho de buen ver, pero con el ceño fruncido, apareció ante él.

Tú debes ser Romeo— Bromeó el chico mientras jugaba con una pelota de tenis en la mano. Adam se preguntó si aquella broma había corrido por todos los habitantes de la casa, lo que le provocó un más que notable sonrojo—.Tom, soy el hermano de Catherine— sonrió notando el nerviosismo de Adam antes de tenderle la mano y presentarse como Dios manda.

¡Ah!¿Ah? ¿Eres retrasado? Se autorregañó cuando de sus labios no salieron más de dos palabras seguidas—. Mucho gusto, soy Adam— añadió después de varios segundos, estrechando la mano de Thomas con debilidad—. Estas galletas son para...— Ni si quiera terminó la frase cuando Tom agitó la mano negando con la cabeza para luego señalar las escaleras que dirigían al piso de arriba.

Son para Catherine, nuestra madre detesta las cosas dulces, por eso no encontrarás ni una sola golosina en casa, usa esa excusa para que el primero que caiga la llene de dulces, pero no le digas que sé su secreto, es su marca personal y no seré yo quien se lo arruine... o sí, tanto me da, tiene que aprovechar ahora que mamá no está.— se echó a reír y lo acompañó hasta las escaleras, jugando a lanzar la pelota en el aire—. Al subir las escaleras, a la derecha, la primera habitación es la de Cath, aprovecha que no tienes que subir por el balcón.

Tras aquel acelerado croquis, Tom se despidió saliendo por la puerta que dirigía al jardín. La curiosidad de Adam lo llevó a mirar a su alrededor y escudriñarlo todo tan rápido como pudo. A penas había fotografías colgadas en la pared, pero las obras de arte llenaban el vacío de una vida familiar pasada. Sin duda los Evans eran una familia de bien, un tanto más acaudalada que la suya, lo que le llevó a preguntarse si sus padres serían tan estrictos como los suyos.

Adam subió las escaleras y llamó a la puerta, cuando Catherine abrió, sintió que por fin podía respirar tranquilamente. No tardó ni medio segundo en entrar a la habitación, con los ojos como platos y el corazón latiéndole a mil por horas.  

Tu hermano me ha dicho que tu madre no está, así que he subido las galletas...— se excusó, dándole aquella caja repleta de dulces. Luego, intentando calmar su nerviosismo, recorrió la habitación con la mirada, maravillándose en aquella decoración tan pulcra y armoniosa, cayendo en la cuenta que era la primera vez que entraba en la habitación de una chica. ¿Son todas así? Se preguntó, por un momento la esperaba un tanto más pastelosa y no tan... dramática. Digno de una reina shakespeariana.  



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